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ASPARTEME

ANÁLISIS EXTERNO
Coca-Cola Zero es una bebida producida por la empresa The Coca-Cola Company, que es un versión
de Coca-Cola sin azúcar. Su eslogan en Estados Unidos es "Zero calorías", sin embargo, en otros países es
"Zero azúcar".
Índice
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1 Ingredientes

2 Controversia y reformulación en Latinoamérica

o

2.1 Prohibición en Venezuela

3 Marketing

4 Variantes

5 Distribución

6 Referencias

7 Enlaces externos

Ingredientes[editar]
La Coca-Cola Zero es endulzada con los edulcorantes aspartame y acesulfame-K:

Aspartamo (APM): Producto químico utilizado como medicamento en el tratamiento para bajar de
peso y en el tratamiento de la diabetes tipo 2. También es un edulcorante peptídico artificial utilizado en la
industria de la alimentación como endulzante. El aspartamo está aprobado en más de 100 países de todo
el mundo. Un reciente análisis1 exhaustivo por parte de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria
(European Food Safety Authority, EFSA) determinó a finales del 2008 la seguridad del aspartamo.

Acesulfamo Potásico (Ace-K):2 Se usa en alimentos, bebidas y productos de higiene bucal y
farmacéuticos alrededor de 90 países. Es un compuesto químico relativamente sencillo, descubierto casi

por azar en 1967. Es aproximadamente 200 veces más dulce que el azúcar, con una gran estabilidad
ante los tratamientos tecnológicos y durante el almacenamiento. El cuerpo no metaboliza el acesulfamo
potásico, por lo tanto no aporta calorías.
Otro de los ingredientes indicados es la fenilalanina

Coca Cola Zero

Controversia y reformulación en Latinoamérica[editar]
La polémica surgió principalmente en países de Centroamérica, Sudamérica y México por rumores que
circulaban en Internet y que vinculaban, mediante estudios, a la Coca-Cola Zero con el edulcorante ciclamato
de sodio, prohibido por la FDA en 1969.
Sin embargo, según los análisis de la Organización Mundial de la Salud se trata de un edulcorante sin
perjuicios para la salud y lo catalogó en su 'grupo 3' de sustancias no cancerígenas. Además, señala que
la ingesta diaria admisible es de 11 miligramos por kilo de peso corporal, mientras que el producto contiene de
18 a 22 miligranos por cada 100ml.3 Es decir, que una persona media de 70 kilos debería ingerir más de 3,85
litros de esta bebida cada día de su vida para que «represente algún riesgo apreciable para la salud».
La posición oficial de la empresa es que el producto utiliza estos endulzantes permitidos en busca de mejorar
el sabor sin afectar la salud de sus consumidores.

ANÁLISIS ESTRATEGICO
ASPARTAMO - ENDULZANDO SOSPECHOSAMENTE
NUESTRAS VIDAS
Descubierto en 1965 por error cuando James Schlatter, un
químico de la G.D. Searle and Company (actualmente Pfizer)
estaba investigando un medicamento para el tratamiento de
úlceras, el aspartamo es un edulcorante no calórico de gran
poder endulzante, pues es de 150 a 200 veces más dulce que
el azúcar.
Estructura del aspartamo

Este sabor lo consigue gracias a contener en su composición
el denominado triángulo del dulzor, consistente en grupos NH,
hidrófobos y átomos de O y N colocados a unas determinadas
distancias, que hacen que cualquier compuesto que lo
contenga en su estructura pueda ser reconocido fácilmente
por cualquier paladar.
El aspartamo es el segundo edulcorante sintético más

utilizado después de la sacarina (respecto a la cual mantiene
un sabor más fiel al azúcar al que sustituye), siendo
consumido diariamente por unos 350 millones de personas en
todo el mundo en más de 6000 alimentos y bebidas.
Bebida de cola edulcorada con aspartamo

Es por tanto un componente habitual de muchos productos
que consumimos a diario, a pesar de que en muchos casos
quede oculto dentro de las listas de ingredientes bajo el
código E951. Bollería industrial, chicles e incluso productos
farmacéuticos (pues se usa como excipiente en algunos
medicamentos) son algunos ejemplos; aunque como es lógico
por tratarse de un edulcorante bajo en calorías, su gran nicho
de mercado está en los productos “light”. Es casi imposible
que cualquier persona que trate de reducir las calorías de su
dieta no se tope de frente con el aspartamo. Bien a través de
las versiones dietéticas de yogures, helados u otros postres, o
sobre todo gracias a las alternativas bajas en calorías de las
más famosas bebidas refrescantes, de donde seguramente
muchos han empezado a descubrir este compuesto químico,
como lo hizo en su día un servidor.
Pues bien, investigando un poco, rápidamente podemos
comprobar como el aspartamo, al igual que muchos otros
edulcorantes y aditivos alimentarios, no está exento de
polémica, y se asocian a él diversas enfermedades, desde
lupus o esclerosis múltiple hasta diversos tipos de cáncer. De
hecho hay quien llega a argumentar (como es el caso de
Russel Blaylock, ex-cirujano reconvertido en activista contra
las farmacéuticas) que forma parte, junto con otros químicos,
de un complot masivo de los gobiernos para el control mental
de los ciudadanos haciendo descender colectivamente la
inteligencia de la sociedad, es decir, “estupidizándola”
químicamente.
Hay estudios de todo tipo, aunque en general prevalece la
opinión de que el aspartamo es seguro, de hecho ha sido
calificado como apto para consumo humano por la FDA en
Estados Unidos y por la EFSA en la Unión Europea, siendo

estos dos organismos los responsables en materia de
seguridad alimentaria en sus respectivos territorios. La dosis
diaria recomendada se fija en 50 mg por kg de peso corporal y
día según la institución americana y en 40 en el caso europeo,
siendo algo más estricto el valor para este último. De
cualquier modo, son valores muy altos, ya que por ejemplo un
adulto medio tendría que tomarse más de 15 latas de
cualquier refresco edulcorado con aspartamo para
alcanzarlos.
Es en la propia composición del aspartamo donde empiezan a
surgir las dudas sobre su seguridad. Se compone de dos
aminoácidos, el ácido aspártico y la fenilalanina. De este
último se indica en muchas fuentes que podría alterar
químicamente al cerebro e incluso que podría provocar la
destrucción de las células nerviosas de forma similar al
Alzheimer. Lo que se obvia en estas alarmistas informaciones
es que la fenilalanina es en realidad uno de los 10
aminoácidos esenciales para el ser humano y que está
presente en una gran cantidad de alimentos, tanto de origen
animal como carne roja, pescado o huevos, como de origen
vegetal en el caso por ejemplo de espárragos, garbanzos o
lentejas. Únicamente puede tener un riesgo real en personas
que sufran fenilcetonuria (también conocida como PKU), un
trastorno genético en el cromosoma 12 que afecta a 1 de
cada 15.000 personas y que, por falta de una enzima
específica, impide metabolizar la fenilalanina. Pero de igual
forma, el hecho de que tantos otros alimentos contengan esta
proteína hace que el aspartamo simplemente sea una piedra
más en el camino para estas personas y no la causa de la
enfermedad en absoluto.
En su descomposición el aspartamo genera metanol, que
luego deriva en formaldehído, una substancia reconocida
como cancerígena y blanco perfecto de nuevo para los
ataques de los más críticos. Pero este carácter cancerígeno
necesita de una exposición a una dosis determinada, que en
absoluto se alcanza durante la digestión del aspartamo, ya
que en ella se producen cantidades inferiores a las generadas
en la digestión de cualquier fruta.
De este modo, parece que las críticas vertidas contra el

aspartamo en general se desvanecen, aunque siempre
quedarán las dudas, en gran medida motivadas por la
controversia que supone que hayan sido los estudios
financiados por la industria, en parte (aunque por supuesto
también los haya de agencias independientes), los que le
hayan dado con el paso de los años el OK al aspartamo;
mientras que los pocos que han denunciado sus posibles
efectos dañinos, hayan estado ligados fundamentalmente a
financiación independiente. Esto nos puede llevar a pensar en
posibles presiones, pues se trata de un mercado de más de
450 millones de euros al año el que mueve este edulcorante y
con muchas y muy grandes empresas implicadas.
Esta teoría de la conspiración ha sido auspiciada en los
últimos años por diversos estudios, como el realizado en 2010
en la European Ramazzini Foundation of Oncology and
Environmental Sciences de Bolonia por Morando Soffritti en
ratas, que asegura que el aspartamo podría aumentar el
riesgo de contraer ciertos tipos de cáncer, en especial los
ligados a la sangre (leucemias y linfomas), con dosis bajas,
incluso inferiores a las recomendadas como máximas por las
agencias responsables de la seguridad alimentaria en Europa
y Estados Unidos que comentábamos anteriormente.
Estas organizaciones lo han tenido en cuenta y han
reevaluado en los últimos años la seguridad del aspartamo. En
particular la EFSA (Autoridad Europea para la Seguridad de los
Alimentos), cuyo último análisis es el más reciente pues trata
de diciembre de 2013, concluye en su revisión, a partir de los
numerosos estudios realizados a lo largo de los años, que el
aspartamo es seguro para la población general, incluidos los
colectivos de riesgo de niños y mujeres embarazadas. Además
también mantiene la cantidad diaria recomendada máxima de
40 mg/kg y día que habíamos mencionado anteriormente.
Definitivamente, para los organismos oficiales el aspartamo
es seguro. Pero la polémica está servida por todo lo
comentado hasta ahora, aunque lo que es cierto es que nada
es completamente seguro al 100% y más de 200
investigaciones en 40 años demostrando su carácter
inofensivo, como bien nos destacan las campañas de las
grandes marcas implicadas, algo tendrán que decir a favor de

este compuesto, que por el momento, seguirá endulzando
nuestras vidas.