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CARTA APOSTÓLICA# EN FORMA DE MOTU PROPRIO PORTA FIDEI

CON LA QUE SE CONV OCA EL AÑO DE LA FE
CARTA APOS TÓLIC A#
EN FORMA DE MOTU PROPRIO
PORTA FIDEI
DEL SUMO P ON TÍFIC E #BENEDICTO XVI
CON LA QUE S E CONVOCA EL AÑO DE LA FE

1. «La puerta de la fe» (cf. Hch 14, 2 7) , que int roduce en la vida de comunión con Dio s y
permite la ent rada en su Iglesia, está sie mpr e abierta para nosotros. Se cruza ese umb ral
cuando la Pal abra de Dios se anuncia y el corazón se deja plasmar por la gracia qu e
transfor ma. A travesar esa puerta supone em pr ender un camino que dura toda la vida. Éste
empieza con el bautismo (cf. Rm 6, 4) , con el que podemos llamar a Dios con el nomb re
de Padre, y se concluye con el paso de la muert e a la vida eterna, fruto de la resurrecció n
del Señor Jesús que, con el don del Espí rit u Santo, ha querido unir en su misma gloria a
cuantos creen en él (cf . Jn 17, 22). Pr of esa r la fe en la Trinidad –Padre, Hijo y Espíritu
Santo– equivale a creer en un solo Dio s qu e es Amor (cf. 1 Jn 4, 8): el Padre, que e n
la plenitud de l os t iempos envió a su Hijo par a nuestra salvación; Jesucristo, que en el
misterio de su muert e y resurrección r ed imió al mundo; el Espíritu Santo, que guía a la
Iglesia a través de los siglos en la esper a del retorno glorioso del Señor.
2. Desde el comienzo de mi ministerio como Sucesor de Pedro, he recordado la exigencia
de redescubrir el camino de la fe para iluminar de manera cada vez más clara la alegría y
el entusiasmo renovado del encuentro co n Crist o. En la homilía de la santa Misa de in icio
del Pontificado decía: «La Iglesia en su conju nt o, y en ella sus pastores, como Cristo h a n
de ponerse en cami no para rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar d e
la vida, hacia l a amist ad con el Hijo de Dios, hacia Aquel que nos da la vida, y la vid a
en plenitud» [1]. S ucede hoy con frecuencia que los cristianos se preocupan mucho por
las consecuenci as sociales, culturales y polí t icas de su compromiso, al mismo tiempo qu e
siguen consid erando la fe como un pr esu pu est o obvio de la vida común. De hecho, e ste
presupuesto no sól o no aparece como ta l, sino que incluso con frecuencia es negado [2 ].
Mientras que en el pasado era posible re con ocer un tejido cultural unitario, ampliamen te
aceptado en su referencia al contenido de la fe y a los valores inspirados por ella, hoy no
parece que sea ya así en vastos sectore s de la sociedad, a causa de una profunda crisis
de fe que afecta a muchas personas.
3. No podemos dej ar que la sal se vuelva sosa y la luz permanezca oculta (cf. Mt 5, 13-1 6 ).
Como la samaritana, t ambién el homb re a ctual puede sentir de nuevo la necesidad d e
acercarse al pozo para escuchar a Je sús, q ue invita a creer en él y a extraer el agua viva
que mana de su f uente (cf. Jn 4, 14). Deb em os descubrir de nuevo el gusto de alimentarnos
con la P alabra de Dios, transmitida fielm en te por la Iglesia, y el Pan de la vida, ofrecid o
como sustento a t odos los que son sus discí pulo s (cf. Jn 6, 51). En efecto, la enseñanza de
Jesús resuena todaví a hoy con la misma fu er za: «Trabajad no por el alimento que perece,
sino por el alimento que perdura para la vida eterna» ( Jn 6, 27). La pregunta plante a da
por los que lo escuchaban es también hoy la misma para nosotros: «¿Qué tenemos q ue
hacer para r ealizar las obras de Dios?» ( Jn 6, 28). Sabemos la respuesta de Jesús: «La
obra de Dios es ést a: que creáis en el qu e él ha enviado» ( Jn 6, 29). Creer en Jesucristo
es, por tanto, el camino para poder ll eg ar d e modo definitivo a la salvación.
4. A la luz de todo esto, he decidido convocar un Año de la fe . Comenzará el 11 d e
octubre de 2012, en el cincuenta an iver sar io de la apertura del Concilio Vaticano II, y

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para confirmarla y par a conf esarla» [6]. para conme morar el martirio de los apóstoles Pedro y Pablo en el décimo noveno centenar io d e su supremo testimonio. En ciertos aspect os. la Iglesia. libre y consciente. hiciero n que la necesidad de dicha celebración fuera todavía m ás e vident e. La Iglesia continúa su peregrinación “en medio de las persecucion es del mundo y de los consuelos de Dios”. consciente de las graves dificultades del tiempo. Es n ece sar io leerlos de manera apropiada y que sean conocidos y asi milados como textos cualif icados y normativos del Magisterio. 17 ). Se sie nte fortalecida con l a fuerza del Señor r esu cit ad o para poder superar con paciencia y a mor todos los sufrimi entos y dificultades. Ésta concluyó con la Profesión de fe del Pueblo de Dios[7]. No es la primera vez que la Iglesia e stá llamada a celebrar un A ño de la fe . único Salvador d el mu ndo. sin embargo. en la Con stitución dogmática Lumen gentium . en el mes de octubre de 2012. Pr ecisamente el Concilio. realizándose mediant e la colaboraci ón de t odo el Episcopado de la Iglesia católica . Rey del Universo. tanto interiores como exteriores. [3] con la intenció n de ilu str ar a todos los fieles la fuerza y belleza d e la fe. Las grandes transformacio n es que tuvieron lugar en aquel Año. Lo concibió como u n momento solemne para que en toda la Ig lesia se diese «una auténtica y sincera profe sión de la m isma fe». 26). abrazando en su seno a los pecador es. con fidelidad hasta q ue al final se ma nif iest e a plena luz»[11] . dentro d e la Tradición de la Igl esia. E ste document o. 6. quiso que ést a fuera confirmada de manera «individua l y colectiva. humilde y franca»[5]. […] Siento má s q ue n unca el deber de indicar el Concilio como la gran gracia de l a que l a Iglesia se ha benef iciado en el siglo XX . el b eato Papa Juan Pabl o I I. el Año de la fe es una invitación a una auténtica y renova d a conversión al S eñor. La renovación de la Iglesia pasa ta mbién a través del testimonio ofrecido por la vid a de los cr eyen tes: con su misma exist en cia en el mundo. sino que vino solamente a exp iar los pecados del pueblo (cf. Pensaba que de e sa manera toda la Igl esia podría adquirir un a «exacta conciencia de su fe. “santo. para purificarla. 5. «no pierden su va lor ni su esplendor . Hb 2. en el misterio de su muerte y -2- . se celebrarán también los veinte años de la publicación del C ateci smo de la Iglesia Ca tólica. el 24 de noviembre de 2 013 . Y precisamente he convocado la Asamblea G en er al del Sínodo de los Obispos. con el f in de dar un testimonio coherente en condici one s históricas dis ti ntas a l as del pasado. En esta per spectiva. los cristianos están llama dos efectivamente a hacer resplandece r la Palabra de verdad que el Señor Jesús no s dejó. sobre el tema de La nu eva evangelización para la transmisión de la fe cristiana. aunque bajo so mbras. comprendidos y profundiza dos de maner a siempre nueva. es a la vez santa y siempre neces itada de pur ificación. no conoció el pecado (cf. además. sobre to do con respecto a la profesión de la fe ve rdadera y a su recta interpretación. mi Venerado Pre de cesor vio ese Año como una «consecuencia y exigencia post concil iar»[8] . puede ser y lleg ar a ser cada vez más una gran fuerza para la renovación si empre necesaria de la I glesia » [10] . Será una buena ocasión para int roducir a todo el cuerpo eclesial en un tiemp o de especial re fl exión y redescubrimient o de la fe. He pensa do que iniciar el A ño de l a fe coincidiendo con el cincuentenario de la apertura del Concilio Vaticano II pu ede ser una ocasión p ropicia p ar a comprender que los textos dejados e n herencia por los P adres conciliares. interior y e xterior. Con el Concilio se n os ha ofr ecido una brújula segura para orienta rnos en el camino del siglo que comienza» [9 ]. seg ún las palabras del beato Juan Pablo II.terminará en l a solemni dad de Jesucristo. 26). para reanima rla. inocente. En la fecha del 11 de octubre de 2012. 1 Co 11. Yo también deseo reafirmar con fuerza lo qu e dije a propósito del Concilio pocos me se s después de mi elección como Sucesor de Pedro: «Si lo leemos y acogemos guiados p o r una hermenéutica correcta. sin m an cha” ( Hb 7. Mi ve ne rado Predecesor. proclamó uno parecido en 1967. 2 Co 5. afirma b a: «Mientras que Crist o. y revelar en e l mundo el misteri o de Cristo. Dios. el Siervo de Dios Pablo V I. 21). auténtico fruto del Concilio Vaticano II. y busca sin cesar la conver sión y la renovación. promulgado por mi Predecesor. fue querido por el Sínod o Extraordinario de los O bispos de 1985 com o instrumento al servicio de la catequesis [4 ]. anunciando la cruz y l a muerte del Señor ha sta que vuelva (cf. p a ra testimoniar có mo l os contenidos esenciale s que desde siglos constituyen el patrimonio d e todos los cr eyentes tienen necesidad d e se r confirmados.

P or e so. en ef ecto. Nos hace fecundos. así también nosotros andemos en una vida nueva» ( Rm 6. Gracia s a la fe. sobre tod o e n un momento de profundo cambio como el que la humanidad está viviendo. 14 ): es el amor de Cristo el que llena nue stros corazones y n os impul sa a evangeliza r. crece cuando se vive como experiencia de u n amor que se recibe y se comunica co mo experiencia d e gracia y gozo. Col 3. encontrarán la manera de profesar públicamen te el Credo . 9. esperamos que el testimonio de vid a de los creyentes sea cada vez más creíb le. 31). permanecen aú n hoy como un patrimonio de riqueza sin i gua l. en las manos de u n amor que se experi menta siempre com o má s grande porque tiene su origen en Dios.resurrección. La «fe que actúa p or el amor» (Ga 5. Hch 5. tambi én hoy es nece sar io u n compromiso eclesial más convencido en favor de una nueva evangelización pa ra redescubrir la alegría de creer y volver a enco ntra r el entusiasmo de comunicar la fe. las comunidade s religiosas. en u n proceso que no termina de cumplirse t ot almente en esta vida. La fe. 2 . Ho y como ayer. 2 Co 5. los pensamientos y los afectos. Tendrem os la oportunidad d e confesar la fe en el Señor Re sucitado en nuestras catedrales e iglesias de todo el mundo. «Caritas Christi urget nos» (2 Co 5. E n la medida de su disponib ilidad libre. y de modo particular en la Eucar istía. 6) se convierte en un nu evo crit er io de pensamiento y de acción que cambia toda la vida d el hombre (cf. sobre todo en este Año . esta vida nueva plasma toda la existe ncia humana en la novedad radical de la resurrección. Deseamos que este Año suscite en to do cr eyente la aspiración a confesar la fe con plenitud y ren ovada convicción. la mentalidad y el comportamiento del hom br e se purifican y transforman lentamente. Así. que nunca puede faltar. En esta feliz conmemoración. no hay otra posibilidad para poseer la certe za sobre la propia vida que abandonarse. En est e Año . 7. él nos envía por los caminos del mundo para proclamar su Evangelio a todos lo s pueblos de la tierra (cf. en nuestras casas y co n nuestras familias. para que cada uno sien ta con fuerza la exi gencia de conocer y tr ansm it ir mejor a las generaciones futuras la fe de siempre. ha revelado en plenitu d el Am or que salva y llama a los hombres a la conversión de vida mediante la remisión d e lo s pecados (cf. convoca a la Iglesia y le confía el anuncio de l Evangelio. Jes ucristo atrae hacia sí a lo s homb res de cada generación: en todo tie mpo . y reflexion ar sobre el mismo acto con el que se cree . y todas las realidades ec lesi ales antiguas y nuevas. lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos po r la gloria del Padre. con un mandato que es sie mpre nuevo. este Amor l leva al hombre a un a nueva vida: «Por el bautismo fuimos sepultad o s con él en la muerte. Quer emos celebrar este Año de manera dign a y fecunda. 8. Al m ismo tiempo. 17). 19). Habrá que i ntensificar la reflexió n sobre la fe para ayudar a todos los creye ntes en Cr isto a q ue su adhesión al Evan ge lio sea m ás consciente y vigorosa. Para el apó stol Pablo. 9. El santo Obispo de Hi pona tenía buenos mo tivos para expresarse de esta manera. en un in crescendo continuo. porque ensancha el corazón e n la esperanza y permi te dar un testimonio f ecu nd o: en efecto. así como las parroquiales. abre el corazón y la me n te de los que escuchan para acoger la in vit ación del Señor a aceptar su Palabra para ser sus discípulos. Rm 12. en los que explica la importa ncia de creer y la verdad de la fe. Mt 28. C omo sabemos. para que. vivida y rezada [15]. los creyentes «se fortalecen creyendo» [12]. -3- . con conf ianza y esperanza. deseo in vit ar a los hermanos Obispos de todo el Orbe a que se unan al S ucesor de Pedro en el tiemp o de gracia espiritual que el Señor nos ofre ce para rem emorar el don precioso de la fe . su vida fue una búsqueda co nt in ua de la belleza de la fe hasta que su cora zó n encontró descanso en Dios. celebrada. Redescubrir los contenidos de la fe profesad a . qu e es «la cumbre a la que tien de la acción de la Iglesia y también la fuente d e donde m ana toda su fuerza» [14]. [13]Sus n um ero sos escritos. Ef 4. 20-29. Con su amor . 4). C omo afirma san Agust í n. consintiendo t odavía a t antas personas que buscan a Dios encontrar el sendero justo p ara acceder a la «puerta de la fe».10. la fe sólo crece y se fortalece creye nd o. El com pro miso misionero de los creyentes saca fuerza y vigor del descubri miento cotidiano de su am or. Será también una ocasió n propicia para int ensif icar la celebración de la fe en la liturgia. es un compr omiso que todo creyente debe d e hacer propio.

La fe e s decidirse a estar con el Señor para vivir con él. entre est as estaba Lidia y el «Se ño r le abrió el corazón para que aceptara lo que decía Pablo» ( Hch 16. exige t ambién l a responsabilidad socia l de lo que se cree. de fo rma que. nuestra madre. 14). juntamente también con eso. En efecto. vigiléis con el corazón» [16]. es decir. En la f e de la comunidad cristiana cada uno recib e el bautism o. que responde a Dios por su fe y que n os enseña a decir: “creo”. no es ot ra cosa que las p alabr as en las que se apoya sólidamente la fe de la Iglesia. e xiste una unidad profunda entre el acto con el q ue se cree y los contenidos a los que prestamo s nuestro asent imiento. San Agust ín lo recuerda con unas palabras de profund o significado. A este pr opó sit o. el acto co n el que decidimos de entregarnos totalment e y con plena libertad a Dios. auténtico sagr ar io de la persona. por la asamblea litúrgi ca de los creyente s. […] Recibi steis y recitasteis algo que debéis retene r siemp re en vuestra mente y corazón y repetir e n vuestro lecho. se acept a libremente todo el miste rio de la fe. 10). La Iglesia en el día d e Pentecostés muest ra con toda eviden cia est a dimensión pública del creer y del anun ciar a todos sin te mor l a propia fe. para ad he rir se plenamente con la inteligencia y la volunta d a lo que propone la Igl esia. cuando en un sermón sobre la r eddit io symboli. “creemos”» [17]. El conocim ien to d e la fe introduce en la totalidad del miste rio salvífico revelado por Dios. La fe. ya que quien garantiza su verdad es Dios mism o que se revela y da a conocer su misterio de amor [18]. el primer sujet o de la fe es la Iglesia. “Creemo s”: Es la fe de la Igl esia confesada por los ob ispos r eunidos en Concilio o. el conocimiento de los contenidos de la fe es esencial para d ar el propio asentimiento . 10. Por otra parte. los cristianos en lo s p rim eros siglos estaban obligados a aprender d e memoria el C redo. qui siera esbozar un camino que sea útil para comprender de mane ra más profunda no sól o los contenidos de la fe sino. dice: «E l símbolo del sacrosanto misterio que re cibisteis todos a la vez y que hoy habéis recita d o uno a uno. Esta búsqueda es un auténtico -4- . El asentim ien to qu e se presta implica por tanto que. Profesar con la boca i ndica.No por casual idad. buscan con sinceridad el sentido ú ltimo y l a verdad d efi nit iva de su existencia y d el mundo. El se nt id o que encierra la expresión es importante. más generalm ente . El cri sti ano no puede pensar nu nca que creer es un hecho privado. En este sentido. nuestra Madre . f ue u n sábado a anunciar el Evangelio a alg una s mujeres. principalmente en su bautismo. aún no r econ ociendo en ellos el don de la f e. la entrega del Credo. a su ve z. cuan d o se cr ee. Es el do n de l Espíritu Santo el que capacita para la misión y fortalece nu estro testimonio. es también la Iglesia. precisamente porque es un acto de la libertad. q ue la fe implica un testimonio y un compro miso público. Sa n Lucas enseña que el conocimiento de lo s conte nidos que se han de creer no es sufic iente si después el corazón. no podemos olvidar que m uch as personas en nuestro contexto cultu ral. Como afi rma el Catecismo de la Ig lesia Católica: «“Creo”: Es la fe de la Ig lesia profesada personalmente por cada cre yen te. Cuenta san Lucas que Pab lo . haciéndolo fr anco y valeroso. el ej emplo de Lidia es m uy elocuente. sobre la base inconmo vible que es Cristo el Señor. Est o les servía com o or ació n cotidiana para no olvidar el compromiso asumido con el bautismo. mientras se encontraba en Filipos. El corazó n indica que el primer acto con el que se lleg a a la fe es don de Dios y acción de la gra cia que actúa y transforma a la persona h ast a e n lo más íntimo. Y este «estar con él» nos lle va a comprender la s razones por las que se cr ee . La m isma profesión de fe es un acto perso na l y al mismo tiempo comunitario. signo ef icaz de la entrad a e n e l pueblo de los creyentes para alcanzar la salvación. incluso cuando dormís corporalme nte. “ Creo”. no está abierto por la gracia q u e permite tener ojos para mirar en pro fundid ad y comprender que lo que se ha anuncia d o es la Palabr a de Dios. Como se puede ver. En efe cto. Rm 10. El apóstol Pablo nos ayuda a entrar dentro de esta realidad cua n do escribe: «con el corazón se cree y con los lab ios se profesa» (cf. al go sobre lo que tenéis q ue pensar cuando estáis en la calle y que no debéis olvida r ni cuando coméis.

Para ello.«preámbulo» de la fe. en él se pon e d e manifiesto la riqueza de la enseñanza que la Iglesia ha recibido. A la profesión de fe. todos pue den encontrar en el Cat ecismo de la Iglesia Cató lica un subsidio precioso e indispensable. aunque por caminos d istintos. fi rmada precisamente al cum plirse el trigésimo aniversario de la ape rtura del Concilio V ati cano II. 2): en él encuentr a su cumplimiento todo afán y todo anhelo d el -5- . será decisivo volver a recorrer la historia de nuestra fe. y con tinúa la construcción de su Iglesia. En efecto. especialm ente para quienes se preocupan por la formació n de los cr istianos. el beato Juan Pablo II escribía: «Este Catecismo es u na contribución importantísima a la obra d e re no vación de la vida eclesial. Esta exig en cia co nstituye una invitación permanente. el C atecismo de la Iglesia Cat ólica podrá ser en este Año un verdad e ro instrumento de apoyo a la fe. porqu e ambas. 12.. En la Constitución apostólica Fidei deposi tu m. con el fin de experim ent ar la misericordia del Padre que sale al encuentro de todos. Del mismo modo. el Año de la f e deberá expresar un compromiso uná nime para r edescubrir y estudiar los contenid os fundamentales de la fe. Es uno de los frut os más importantes del Con cilio Vaticano II. 11. el Catecismo de la Ig lesia Católica presenta el desarrollo de la fe hasta abor dar l os grandes temas de la vida cot idiana. sintetizados sistemá tica y orgánicam ente en el Catecismo de la I glesia Católica .. Mientra s lo primero pone de reli eve la gran contr ibució n q ue los hombres y las mujeres han ofrecid o para el crecimient o y desarrollo de las com unidades a través del testimonio de su vida . he invitado a la Congregación para l a D octrina de la Fe a que. sigue la explicación de la vida sacramen tal. sino el encuentro con una Persona que vive en la Iglesia. Para acceder a un conocimiento siste mático del contenido de la fe. q u e contempla el mist erio insondable del e nt re cruzarse de la santidad y el pecado. La misma razón del hombre. En su mism a estructura. para da r cer te za a los creyentes en su vida de fe. redacte una Nota con la q ue se ofrezca a la Iglesia y a los creyen tes algunas indicaciones para vivir este Año de la fe de la manera más eficaz y aprop iada . tan importante en nuestr o co ntexto cultural. tienden a la verdad [22]. ayudándoles a creer y evangelizar. Lo declaro co mo regla segura para la enseñanza de la fe y co mo instrumento válido y legítimo al servicio de la comunión eclesial» [21]. custodiado y ofrecido en sus dos mil años de historia. La fe nos invita y nos abre totalmente a este encuentro. sobre todo hoy. «que inició y comp le ta nuestra fe» ( Hb 12. pues carecería de la gracia que sostiene el testimonio de los cr istianos. en la que C risto est á presente y actúa. en e fect o. el Catecismo ofrece u na memoria per manente de los diferente s m odos en que la Iglesia ha meditado sobre la fe y ha progr esado en la doctrina. pues. reduce el ámbito de la s certezas racionales al de los logros cie nt í ficos y tecnológicos. a poner se en camino para encontrar a Aque l que no buscaríamos si no hubiera ya venido[ 20] . Durante este ti empo. Desde la Sagrada Escritura a los Padres de la Igle sia. inscrita indeleblemen te en el corazón humano . Así. la liturgi a y la oración. la fe est á sometida más que e n el pasado a una serie de interrogantes q u e provienen de un cambio de mentalidad que. A lo largo de este A ño . la enseñanza d el Catecismo sobre la vida moral adquiere su pleno sentido cuando se pone en relación co n la fe. de h ech o. En efecto. Pero la Iglesia nunca h a tenido miedo de mostrar cómo entre la f e y la verdadera ciencia no puede haber conflicto alguno. Sin la liturgia y los sacramentos. de los Maestros de t eología a los Sant os de t odos los siglos. 13. A través de sus páginas se descubre que todo lo que se presenta no es una teor ía. de acuerdo con los Dicasterios competen te s de la S anta S ede. la profesión de f e no tendría eficacia. lleva inscrita la exigencia de «lo que va le y permanece siempre» [ 19]. tendremos la mir ad a fija en Jesucristo. Precisamente en est e horizonte. porque lleva a las pe rsonas por el camino que conduce al misterio de Dios. lo segundo debe suscitar en cada uno un sincer o y constante acto de conversión.

l a oración y la celebr ación de la Eucaristía. anunciaron a t odos la alegría de la resurrección. per o no les da lo necesario para el cuerpo. 25-27). Por la f e. signos concretos de la espe ra del Señor que no t arda en llegar. Por la fe. Por la fe. 14. cuyos nombres están escritos en el libro d e la vida (cf. 38). la re spu esta al drama del sufrimiento y el dolo r. 9. para hacer concreta la palabra del Señor. está muerta por dentro. La al egría del amor. Lc 4. Mt 10. guar da ndo todos los recuerdos en su corazón (cf. 8). los A póstol es dejaron todo par a se guir al Maestro (cf. 46-55). d e su com partir con nosotros la debilida d hum an a para transformarla con el poder de su resurrección. 1-4). los t ransmitió a los Doce. Por la fe. la esperanza y la caridad. manteniendo intacta su virginidad (cf. Ap 7. 2. También noso tros vivi mos por la fe: par a e l re conocimiento vivo del Señor Jesús. han confesado a lo largo de los siglos la belleza de seguir al Señor Jesús allí donde se les llamaba a da r t estimonio de su ser cristianos: en la familia . que ha venido a procla mar la liberación de los oprimidos y un año d e gr acia para todos (cf. Lc 2. abrigaos y saciaos” . de su hacerse hombre . Lc 11. Vivieron en com un ión d e vida con Jesús. poniendo en común tod o s sus bienes para at ender las necesidades de los hermanos (cf. Per o la mayor de ellas es la carida d» (1 Co 13. Por la fe. que está presente y se realiza en su persona (cf. Lc 2. presente en nuestras vidas y en la historia. dejando todo para vivir e n la sencillez evangélica la obediencia. 28). siguiendo el mandat o de llevar el Evan ge lio a toda criatura (cf. esta s tres. Lc 1. Por la fe. Con fe. 14. decir que tiene fe. que los había trasf ormado y hecho cap ace s de llegar hasta el mayor don del amor co n e l perdón de sus perseguidores. 18-19). Lc 1. Pero al gun o -6- . Con la misma fe siguió al Señor e n su predicación y permaneci ó con él hasta el Calvar io (cf. que los instruía con su s enseñanzas. hombres y mujeres han consag rado su vida a Cristo. 6-7). Por la fe. muerto y resucitad o por nuestra salvación. hombres y mujeres de toda edad. r eunid os con ella en el Cenáculo para recibir el Espíritu Santo (cf. sin temo r alguno. l a vi da pública y el desem pe ño de los carismas y ministerios que se les confiaban. se iluminan plenamente los ejemplos de fe que han marcado los últim os do s mil años de nuestra historia de salvación . 13). María sabore ó los frutos de la resurrección de Jesús y. 20). Creyeron en las palabr as con las que anunciaba el Reino de Dios. los mártires entregaron su vida com o testimonio de la verdad del Evangelio . H ch 1. ¿de qué sirve? Así es también la fe: si no se t ienen obras. Jn 1 3. El Año de la f e será también una b ue na oport unidad para intensificar el testimonio d e la caridad. En la visita a Isabel entonó su canto de alabanza al O mnipotente por las mar avillas que hace en quienes se encomiendan a É l (cf. Jn 19. los discí pulos formaron la p rim era comunidad reunida en torno a la enseñ anza de los A póstoles. 15) y. todo tiene su cumplimiento en el miste rio d e su Encarnación. hermanos míos. E n él. M t 2. la fuerza del perdón ant e la ofensa recib ida y la victoria de la vida ante el vacío de la muerte . 34 -35). 42-47). m uchos cristianos han promovido accione s en favor de la just ici a. la profesión. de la que fueron testigos fiele s. Hch 2. Con gozo y temblor dio a luz a su único hijo. llevó a Jesús a Egipto para salva rlo de la persecu ción de H erodes (cf. 19. el apóst ol Santiago dice: «¿De qué le sirve a uno . San P ablo nos recuerda: «Ahor a subsisten la fe. 13 -15). 13. M aría acogió la palabra del Ángel y creyó en el anuncio de que sería la Madre de Dios en la obediencia de su entrega ( cf.51). Con palabras aún más fuert es — que siempr e a tañen a l os cristianos—. Mc 16.corazón huma no. Por la fe. la pobr eza y la castidad. dej ándoles una nueva reg la de vida por la que serían reconocidos como sus discípulos después de su muerte (cf. fueron por el mundo ente ro. si no t iene obras? ¿Podrá acaso salvarlo esa fe? S i un hermano o una hermana andan desnud os y f altos de alimento diario y alguno de vosotro s les dice: “ Id en paz. Confiada en su esposo José.

el apósto l Pab lo pidió al discípulo Timoteo que «busca ra la fe» (cf. son capaces de abrir el corazón y la mente de muchos al de seo de Dios y de la vida verdadera. 2 Tm 3. Cuántos san tos han experime ntado l a soledad. proclam ad a «bie naventurada porque ha creído» (Lc 1. ésa que n o t iene fin. 6-9). aguardando «unos cie lo s nuevos y una tierra nueva en los que habite la justicia» ( 2 P 3. Ap 21. 15 ). 10). Ella es compañer a d e vida que nos permite distinguir con o jo s siempre nuev os las maravillas que Dios hace por nosotros. comunidad visible de su misericordia. 22) con la misma con stancia de cuando era niño (cf. nos com pro mete a cada uno a convertirnos en un sig no vivo de la pr esencia de Cristo resucit ado en el mundo. glori a y honor en la re velació n de Jesucristo. y yo con mis obras te mostraré la fe”» (St 2. m uch os cristianos dedican sus vidas con amor a quien está sol o. Llegados sus últimos días. así la autenticidad de vuestra fe. y l a Igl esia. 1). L a vida de los cri sti anos conoce la experie ncia de la alegría y el sufrimiento. más preciosa que el oro. ento nce s soy fuerte» ( 2 Co 12. 2 Tm 2. pues sólo en él tene mos la certeza para mirar al futuro y la gar an tía de u n amor auténtico y duradero. merecerá premio. 13.dirá: “T ú tienes fe y yo tengo obras. qu e. En efecto . Col 1. 14-18) . 40): esta s pa labra s suyas son una advertencia que no se ha de olvidar . mientras qu isie ran escuchar su voz consoladora. el Señor. Sostenidos po r la fe. co mo el primero a quien hay que atender y el má s importante que socorrer. para que nadie se vuelva per ezoso en la f e. permanece en él co mo signo de la re concil iaci ón definitiva con e l Padr e. y una invitación perenne a devolver ese amor con el que él cuida de noso tros. sin haberlo visto lo a máis y. Escuchemos esta invitación como dirig ida a cada uno de nosotros. Gracias a la fe podemos reconocer e n quien es piden nuestro amor el rostro del Se ñor resucitado. a la vez que permiten com pr ender el misterio de la Cruz y participar en los sufrimientos de Cri sto (cf. Es la fe la que nos permite reconocer a Cr ist o. junto a San Pedro. miramos con esperanza a nuestro com pro miso en el mundo. 24) . se aquilata a fueg o . séptimo de mi Pontificado. Dado en Roma. y es su mismo amor el que impulsa a socorrerlo cad a vez que se hace nuestr o pr ójim o en el camino de la vida. m uéstr ame esa fe tuya sin las obras. Las pru eba s de la vida. Con esta se gura confianza nos encomendamos a él: pre sen te entre nosotros. Las pala bra s del apóstol Pedro proyectan un últim o r ayo de luz sobre la fe: «Por ello os aleg ráis. so n pr eludio de la alegría y la esperanza a la q u e conduce la fe: «Cuando soy débil. conmigo lo hici stei s» (Mt 25. Lc 11. el 11 de octubre del año 2011. «Que la P alab ra del S eñor siga avanza nd o y sea glorificada» (2 Ts 3. «Cada vez que lo hicisteis con uno de estos. 15. Confiemos a la Madre de Dios. 45 ). 20). Lo que el mundo necesita ho y de manera especi al es el testimonio creíble de los que. cf. la sa lvación de vuestras almas» ( 1 P 1. y la ca rid ad sin fe sería un sentimiento constanteme nte a merced de la duda. creéis en é l y así os alegráis con un gozo inefable y radi ante . 1): que este Año de la fe haga cada vez más fuerte la relación con Cristo. mis hermanos más pequeño s. Nosotros creemos con fir me certeza que el Señor Jesús ha vencido el mal y la muerte. alcanzando así la meta de vuestra fe. de modo que una pe rmite a la otra seguir su camino. BENEDICTO XVI -7- . Tratando de percibir los si gno s de los tiem pos en la hi storia actual. aunque es perecedero. La fe sin la caridad no da fruto. aunque ahora sea preciso padecer u n po co en pruebas diversas. este tiempo de graci a. vence el poder del malig n o (cf. La fe y el amor se n ece sit an mutuamente. iluminados en la mente y el corazón por la Palabra del Señor. marginado o excluido. Cuánt os cr eyent es son probados también en nuestros días por el silencio de D ios. sin contemplarl o t odavía. porque precisam ente en él se refleja el rostro mismo de Cristo.

Vat. esp añ ola (16 mayo 2010). 52. ap. 1 67 . [6] Ibíd . B. [4] Cf. 196. 115 y 117 . dogm. 11 6 . [7] Pablo VI. 2. [11] Conc. Vat. Vat. I. [14] Conc. Dei Filius . 8-9. Novo millennio ine unte (6 enero 2001). Lisboa (11 mayo 2010 ). sobre la Iglesia. 5 . Agustín de Hipona. [10] Discurso a la Curi a Romana (22 diciemb re 2005): AAS 98 (2006). [3] Cf. Exhort . [8] Id. H omilía en la Misa e n Terreiro do Paço. II. 1. Confesiones. I. [17] Catecismo de la Iglesia Católica. d og m. Confesiones. ap. [12] De utilita te credendi . 12. cap. Ecum. III: DS 3008-3009. Conc. II. 433-445. 1. Sacr osa nct um Concilium. Agustín de Hipona. Vat. en Leng. española (22 diciembre 1985). 198. 722. Audiencia General (14 junio 1 96 7) : I nsegnamenti V (1967). Const. Petrum et Paulum Ap ostolos. 1. II. Juan Pablo II. [16] Sermo 215. ap. ap. Fidei d ep ositum (11 octubre 1992): AAS 86 (1994). [2] Cf. a. [13] Cf. Const. e n L’Osservatore Romano ed. L um en gentium. Par ís (12 septiembre 2008): AAS 100 (200 8 ). Ecum. [20] Cf. 1. Const. 710. 4. [21] Juan Pablo II. en L’Osservatore Romano ed. 3 0 8. en el XIX centenario del martirio de los santos apóstoles Pedro y Pablo (22 fe br ero 1967): AAS 59 (1967).[1] Homilía en la Misa de inicio de Pon tificad o ( 24 abril 2005): AAS 97 (2005). Hom ilí a para la concelebración en el XIX centen ario del martirio de los sant os apóstoles Pedr o y Pablo. Conc. Juan P ablo II. sobre la fe católica. XII I . Ecum. pag. Const. 57: AAS 93 (2001). [5] Pablo VI. sobre la divina revelación. en la conclusión del “Año de la fe” (3 0 junio 1968): AA S 60 (1968). pag. 113-118. [19] Discurso en el Collège des Bernar din s . Dei Verbum. -8- . [9] Juan Pablo II. [18] Cf. Solemne profesión de fe.. 801. en Leng. Fidei deposit um (1 1 octubre 1992):AAS 86 (1994). Const . 10. sobre la sagrada liturgia. Ecum. Fid ei depositum (11 octubre 1992): AAS 86 (199 4). 8.. d og m. Const. Relación fi nal del Sínodo Extra or din ar io de los Obispos (7 diciembre 1985). B enedicto X VI. Cart a ap. II. Const. [15] Cf.

86-87. 31-32. Id. Fides et ratio (1 4 septiembre 1998) 34. © Copyright 2008 .106: AAS 91 (1999).[22] Cf.Libreria Editrice Va tican a -9- . Carta enc..