Opinión pública y medios de comunicación

Según el artículo 19º de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 “Todo
individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser
molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de
difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”1, lo que en otras palabras
significa que la libertad de expresión es un derecho fundamental, un derecho humano. Por ello, en
los países con regímenes democráticos, que validan este concepto, los medios de comunicación
pasan a ser un instrumento clave a usar por los ciudadanos para informarse y así tener opinión para
poder deliberar.
Al hablar de opinión pública se debe tener cuidado en distinguir que ésta puede reflejar lo que
piensa la mayoría de las personas que componen la sociedad respecto a un tema específico tras
haberse informado y analizado esa información o la opinión que los medios de comunicación
quieren entregar para influir en la sociedad. Sea cual sea el origen que crea la opinión pública, en
muchos casos se convierte en la expresión de la soberanía popular, que busca representar el peso
del pueblo en las tareas de gobierno, legitimando y controlando el poder y el sistema democrático;
es una especie de fuerza política que la masa utiliza para controlar lo que tiene lugar en lo público;
elucubrando, lo podríamos definir como un cuarto poder que fiscaliza a los tres poderes del Estado.
De ese modo se crea un circuito retroalimentado, donde la opinión pública influye en las decisiones
que toman los gobernantes y éstos, a su vez, influyen en la opinión pública. Ahora, debe
considerarse que el entorno en el cual se mueve un grupo social específico también va a influir en la
formación de la opinión pública de ese grupo. Igualmente, las opiniones individuales y los patrones
culturales también ayudan a modelar la opinión pública.
En los tiempos actuales debe entenderse que los medios de comunicación tradicionales, a
pesar de seguir vigentes, están teniendo una menor influencia tras la aparición y desarrollo de
internet y las redes sociales, que han producido cambios significativos en el modo en que se forma
la opinión pública y en su contenido, pasando los individuos, que antes sólo se nutrían de
información desde los medios, a ejercer un rol más activo en la comunicación al tener la posibilidad
de ser parte integral de la retroalimentación, pudiendo cualquiera publicar noticias en las redes y/o
comentar las difundidas por otras personas o instituciones. Así, la información se ha descentralizado
y cualquiera que participe estas redes podrá interactuar como emisor y/o receptor, cosa que hace
25 años no sucedía con los periódicos, con la radio ni con la televisión. Si bien es cierto que esto ha
producido un cambio en como nos comunicamos e informamos, debemos considerar que por este
mismo motivo tenemos que ser más desconfiados de la información que a través de estos sistemas
se transmite, toda vez que podríamos no tener la certeza de su fuente de origen. Sin embargo, la
comunicación a través de medios digitales tiene una gran cualidad y es que se puede propagar de
manera rápida y extensa, en cantidad de información y en lugares donde llega esa información. Ya
no se necesita más que ingresar a alguna red para conocer en Chile, prácticamente sin retraso, el
supuesto fusilamiento de un Ministro en Corea del Norte o los efectos del referéndum de
autodeterminación en Crimea. Esta característica está siendo aprovechada por movimientos
sociales que generalmente no pueden acceder a los medios de comunicación tradicionales por el
elevado costo y porque, normalmente, se encuentran en manos de grandes empresas, quienes no
necesariamente comparten sus ideologías, y así influir en la opinión pública de manera rápida,
potente y universal.

1 http://www.un.org/es/documents/udhr/