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El 5 de febrero la doctora María E. Cimadevilla, dispone la DESESTIMACIÓN (art.

270
C.P.P., Ley 5.478) de los presentes autos.

Entre de los fundamentos dice: … “y no surgiendo un hecho delictivo corresponde


desestimar la presente denuncia. En relación a las manifestaciones del señor R.( la
víctima) que al momento de ingresar al HZE tenía pertenencias en su ropa (el
documento de identidad) y esta fue quemada deberá recurrir a realizar reclamos
pertinentes a las autoridades de dicho nosocomio”.

Agrega además que, “…y atento el estado de posible alteración psíquica y falta de
familiares y contención remítase copia a la Asesora de Incapaces con copia de
legajos12213 y 11838 y SERVICIO DE PROTECCIÓN DE DERECHOS”.
Es interesante por lo ininteligible el texto de dicha cédula de notificación en tanto las
fechas allí transcriptas. Además del patrón usado como descripción del enfermo,
víctima en varios aspectos.

El jueves 11 de febrero, una madre expone por LRA9, radio Nacional Esquel, la golpiza
propinada a su hijo, menor de edad a manos de la policía local. En el mismo espacio
radial, otra madre narra el episodio sufrido por su hijo, también menor de edad, de la
paliza descargada por personal policial de Esquel.

No es descabellado preguntarse ¿a quién debe recurrir el desprotegido, el vulnerable?


¿O es que la policía `rostrea`? ¿Será que los guardianes del orden por la violencia que
ejercen física, verbal y moral tienen mala imagen, son inimputables y la sociedad en su
conjunto les teme como para seguir mirando a un costado?

Funcionarias/os afirman que los padres deben hacerse cargo de sus hijos en cualquier
circunstancia. Sólo que ante estos acontecimientos extra-ordinarios es el Estado quien
tiene la obligación de proteger a la ciudadanía.

Entonces, pibe, ante la violencia moral y física es papá o mamá el que tiene que
defenderte de los otros varones, y si él o ella hace eso es una situación paradojal
aterradora. Esta sociedad neoliberal, postmoderna, de una cultura que se desintegra, deja
lugar a otra. ¿Será este el pasaje, y en el conflicto de cambio, no debiera estar la
mayoría para que de la crisálida salga una mariposa (como todo padre anhela, no sólo
algunos) y no una cucaracha?

Los jóvenes están desarrollando una cultura nueva, en ellos se pone esperanza. Son
desprolijos, rompen vidrios, hacen lío, pero hay una nueva moral de lealtad. También
son tolerantes, no hay hipocresía. Tienen un trabajo heroico por hacer, e inventan un
mundo nuevo que será más justo y creativo. Si el joven no es transgresor, no inaugura
una nueva etapa en la cultura.

Los adultos les dejamos un mundo bastante destruido. “Es un época en donde hacen
falta conciencias y no recetas”.-

Abla Carballo – DNI 4159560 -