Fantasmas El País 07.01.

2005

"Terrible fue la peste de Londres en el año 65. Barrió cien mil almas y sin embargo me dejó vivo". Tal es la conclusión del Diario del año de la peste, de Daniel Defoe. Imposible expresar mejor en sólo tres frases la extrañeza que proporcionan algunas decisiones del destino. Parece un epitafio, un epitafio pensado para un vivo, ya que, pese a la contradicción aparente, los que se quedan necesitan a veces este tipo de sentencias funerarias tanto o más que los muertos. ¿Cómo encerrarse en casa, tras haber sobrevivido al fin del mundo, sin la ayuda de un par de frases que expresen el estado de ánimo al que estás condenado para el resto de tus días? Al tallar una inscripción semejante a la entrada de tu hogar con las mismas herramientas que utilizarías para grabarla en tu lápida, estás proporcionando al visitante más información de la que cabría en una biografía extensa. "Terrible fue la peste de Londres en el año 65. Barrió cien mil almas y sin embargo me dejó vivo". Contemplando estos días las imágenes servidas por la prensa, teníamos la impresión de que los difuntos eran más reales que los vivos. Viéndoles cavar las tumbas con esos monos de color blanco y con las facciones ocultas tras los pañuelos o las máscaras, los supervivientes nos parecían presencias fantasmagóricas, seres a medio camino entre dos mundos. Casi tranquilizaba la contemplación de los cadáveres, convertidos al fin en materia inerte y liberados de la necesidad de atravesar ese infierno en el que uno, aun sabiéndose muerto, continúa atado a la agotadora burocracia de los vivos: cavar fosas, preparar piras, buscar o amortajar parientes, sin olvidar la humillación de correr tras la sombra de los helicópteros. Leo que algunos de estos supervivientes fantasmales, entran en los hospitales y se llevan, como el hombre del saco, a los huérfanos para traficar con ellos en el mercado de la prostitución. "Notamos algo raro antes de la llegada de la ola", aseguran los que escaparon a ella. Muchos continuamos notando algo raro tras su retirada. Y no es sólo la extrañeza de haber sobrevivido al fin del mundo, sino la de no saber para qué. "Terrible fue la peste de Londres en el año 65. Barrió cien mil almas y sin embargo me dejó vivo".

Dimensiones El País 14.01.2005

Un oyente llamó de madrugada a la radio para preguntar si existía algún programa de ordenador capaz de deducir el perfil de un personaje de tebeo a partir de su geografía frontal. Se trataba de un dibujante de animación que tenía problemas con un trabajo de encargo. Recordé que en las fichas policiales retratan a los detenidos de frente y de perfil, como si en cada individuo hubiera dos y fueran tan distintos que necesitáramos fotografías de ambos para reconocerlos. El asunto me quitó el sueño. Yo estaba acostado de frente, con las manos sobre el pecho, jugando a los muertos. Entonces me di la vuelta para ver si me convertía en otro al colocarme de perfil y sólo noté un desplazamiento orgánico. Para mí continuaba siendo el mismo de siempre. ¿Y para los demás? Quizá para los demás no somos los mismos cuando nos mostramos de frente o de perfil. Recordé a una compañera de la facultad con la que en tiempos hice un seminario de marxismo. Como todos, excepto el que lo impartía, éramos de letras, estudiamos El capital de perfil, porque de frente era muy complicado. El seminario duró un par de meses y al terminarlo teníamos todos un perfil marxista, pero de frente continuábamos siendo unos pequeños burgueses. Y así nos hemos quedado, creo yo. El caso es que durante los días que duró este adoctrinamiento tuve delante de mí, siempre de perfil, a la compañera citada más arriba. Era muy seductora mientras duraba la clase, pero cuando se mostraba de frente resultaba decepcionante. Le habría pedido que saliéramos si hubiera sido posible que nos relacionáramos únicamente con nuestros perfiles (yo pierdo mucho también de frente), pero qué le vamos a hacer: los dos éramos bastante tridimensionales. Ignoro si existe algún héroe de tebeo o de dibujos animados al que sólo se vea de perfil, aunque sería interesante. Es más, daría algo por conocer un territorio mítico en el que sólo se mostrara el perfil de las personas y las cosas. Es cierto que la visión frontal añade complejidad, pero se trata de una complejidad sin fundamento. ¿Y qué pasa con la espalda? El dibujante que telefoneó a la radio no preguntó cómo se construye la espalda, como si fuera fácil.

El contexto El País 21.01.2005

El martes no estábamos seguros de lo que significaba la afirmación de Martínez Camino según la cual el preservativo tenía "su contexto en la prevención integral y global del sida", pero el miércoles, dada la reacción del Vaticano, nos dimos cuenta de que había querido decir que el preservativo tenía "su contexto en la prevención integral y global del sida". Todo es muy confuso. Qué manía ésta de expresarse con la mitad de la lengua o con la mitad de la doctrina. ¿Por qué hablar del contexto? Ah, el contexto, el contexto. Asegura Scilingo que conviene entender los crímenes de los que se le acusa en el contexto de la Argentina del golpe de Estado, donde hasta la Iglesia aseguraba que era más piadoso drogar a los prisioneros y arrojarlos al mar que fusilarlos, lúcidos, en tierra. Y no sé si era Marujita Díaz o Belén Esteban la que se quejaba de que le habían sacado algo, quizá unas palabras, de contexto. El caso es que en el contexto en el que monseñor Martínez Camino pronunció aquellas palabras todo el mundo las interpretó como una rectificación. Y resulta que no, que querían decir lo contrario de lo que decían, o sea, que el preservativo es pecado incluso en el contexto de la prevención integral y global del sida. Sorprende la rigidez del Vaticano en este asunto frente a la soltura que demostró la jerarquía católica cuando la aparición de aquel documento histórico, según el cual los obispos africanos violaban a las misioneras blancas por miedo a contraer el sida si se lo hacían con las aborígenes. También entonces, ¿recuerdan?, se mencionó el contexto, para que nos hiciéramos cargo. ¿Que qué fue de aquel informe, de aquellos violadores, de aquellos abortos? Se los tragó el contexto. Cuando uno leyó las primeras declaraciones de monseñor Martínez Camino, creyó que se encontraba ante una sutileza vaticana, porque si al prevenir el sida evitas al mismo tiempo el embarazo, careciendo el sexo de otra razón de ser que la de la procreación, el creyente, si actuaba en el contexto de la lógica, no tenía más remedio que abstenerse. Pero no se trataba de prohibir aparentando que se permitía, que de esas sutilezas se ocupa monseñor Gea, sino de enredar. Y la COPE dice que Zapatero no se aclara.

Intercambios El País 28.01.2005

Como la Guerra Civil arrecia y los periódicos han devenido en sus trincheras, no estaría mal que los directores de los principales medios se reunieran y llegaran a un acuerdo para intercambiar durante unos días a sus columnistas. De este modo, se demostraría a los ciudadanos que las diferencias entre los unos y los otros no son tan profundas que impidan la convivencia entre los otros y los unos. Propondría hacer lo mismo con el personal de las emisoras de radio, para que cuando los piquetes de ejecución se colocaran ante sus puertas, no supieran si estaban fusilando a redactores que se ganan la vida en ésta o en la de más allá. Desde algún lado, en algún momento, se tiene que decretar el alto el fuego. Seamos los primeros. Los columnistas temporalmente traspasados tendrían que escribir de tal modo que, sin renunciar a sus ideas, no ofendieran a los lectores del medio anfitrión. Si el experimento saliera bien, los políticos se verían obligados a continuar ese ejemplo de armonía, intercambiando durante una semana a sus portavoces. Resultaría terapéutico ver a Zaplana haciendo de Rubalcaba y viceversa. No digo que sea fácil, pero rebajaría la tensión imperante y nos arrancaría una sonrisa, sobre todo si logramos que el que le escribe los discursos a Zapatero tenga que escribírselos durante unos días a Rajoy y viceversa. Los perros, por su propia naturaleza, son incapaces de ponerse en el lugar de los gatos, pero a Pedro, que es un bípedo neurótico, no debería resultarle imposible colocarse en el de Juan, que no es más que un bípedo obsesivo. De acuerdo, de acuerdo, todo esto es una ingenuidad, una tontería, no empujen, ya lo sé. Algunos, desde la nueva posición, matarían por defender las ideas de las que ayer abominaban. El fanático es fanático trabaje para el hampa o para las Hermanitas de la Caridad. ¿Acaso notaríamos alguna diferencia si Bush y Bin Laden se pusiera cada uno en el lugar del otro? Desde luego que no. Pero espanta salir a la calle y ver cada día una trinchera nueva, además de las obras. Personalmente, y a la espera de que mis superiores decidan si me cambian por un comentarista deportivo o por un crítico literario, hablaré del tiempo hasta que escampe. Nieve en cotas bajas.

Los Juegos El País 04.02.2005

Si vives en Madrid, y a poca atención que prestes a la política municipal, tarde o temprano te enteras de que la ciudad aspira a convertirse en la sede de los Juegos Olímpicos de 2012. Hay muchas señales, entre las que destacan los cascotes y los discursos. De súbito, un día sales a la calle y comprendes la relación entre los discursos y los cascotes. ¡Eran los Juegos! De ahí a asumir la retórica vigente no hay más que un paso: se trata de un evento (no un suceso ni un acontecimiento, no: un evento) que constituye una oportunidad única para ponernos al día. Todas las ciudades en las que se han llevado a cabo unos Juegos Olímpicos se han modernizado, equipado, transformado. ¿Quién lo duda? ¿Por qué nos mentirían en algo así? Vean, si no, el antes y el después de Barcelona, de Nueva York, de Tokio. Me lo creo y me adhiero, pese a no tener intereses urbanísticos, qué lástima, en el Anillo Olímpico. ¿Son también estos juegos una oportunidad para el alcalde Ruiz-Gallardón? ¿Obtendrá algo si la operación le sale bien? ¿Qué perdería si le saliera mal? No tenemos ni idea, pero conmueve ver los bríos de opositor a notarías que dedica al proyecto. Gallardón ha mejorado mucho desde que dejó de creer en un partido que jamás creyó en él. Ahora nos recuerda al cura de aquella novela de Unamuno, San Manuel Bueno, mártir, que tras perder la fe ejercía con mayor eficacia su ministerio. No hay como dejar de creer en Dios, o en el partido, para convertirse en un hombre. Si Dios no existe, los únicos responsables de lo que ocurra aquí somos nosotros. Algunos artistas hicieron lo mejor de su obra cuando perdieron la fe en la Literatura, en la Pintura, en la Música. ¿Acaso el buen ebanista cree en la Carpintería o el fontanero excelente en la Fontanería? Gallardón salió del último congreso de su partido cargado de hombros, sin futuro, pero también sin el cinismo que le caracterizaba. Hoy no incurriría en la procacidad de colocar a Ana Botella. Resulta enigmático, como toda persona acabada, pero lo más sugestivo de él es esa imagen de obrero manual, de alfarero, empeñado en obtener una pieza perfecta. Y no porque crea en la Alfarería, sino porque cree en las manos. ¿Cómo no desearle suerte?

Coeficientes El País 11.02.2005

En EE UU no te pueden ejecutar si tienes gripe o te has hecho un esguince. Primero te curan, como es lógico. En algunos Estados también te libras si eres tonto, aunque te miden el coeficiente intelectual cada mañana, de manera que si un día lo tienes alto, te gasean. Tal es el caso de Daryl R. Atkins, un negro que entró en la cárcel oligofrénico, y que a base de trabajar y trabajar se ha vuelto lúcido, lo que ha movido a la justicia a terminar con él. El talento no lleva a nada bueno. Cuanto más sabio eres, más expuesto estás a ser víctima de la náusea sartreana o de la silla eléctrica. Qué no daría Daryl por regresar a su estado anterior o, en su defecto, por hacerse un esguince. Pensarán algunos que si su angustia frente a la ejecución superara los niveles de su coeficiente intelectual, siempre podría recurrir al suicidio. Pero los condenados a muerte lo tienen terminantemente prohibido, de ahí que en sus celdas no entre un solo objeto punzante o cortante. Se afeitan con cuchillas blandas. Aseguran los expertos en estos tests de inteligencia que el coeficiente intelectual sube y baja a lo largo de la vida, incluso a lo largo de las horas. Hay días en los que te levantas listo y te acuestas tonto o viceversa. La noticia no señalaba cuál era el coeficiente intelectual de los jueces en el momento de decidir que Daryl había alcanzado ya ese nivel de inteligencia que aconsejaba acabar con él, pero si caes en el corredor de la muerte y una subida de tu coeficiente coincide con una bajada del de los jueces, estás listo. Nada hay más dramático que el desencuentro entre dos coeficientes intelectuales, sobre todo cuando uno de ellos es el que manda. El mismo día en el que le subió el coeficiente intelectual a Daryl R. Atkins, Bush bajó el presupuesto dedicado a gastos sociales para aumentar el militar. Es evidente que se le habían disparado los niveles de agresividad. Aunque la noticia no especificaba la relación existente entre la cólera y el coeficiente intelectual, nos tememos lo peor. ¿Qué pensará Daryl, en su celda de condenado a muerte, de esta curiosa decisión de Bush? ¿Se acordará de cómo era él mismo cuando prefería las pistolas a los libros? ¿Y qué opinión tendrá de la realidad ahora que puede comprenderla?

En resumen El País 18.02.2005

Complejo Azca. Pavoroso incendio. Voraces llamas. Fuego devastador. Corazón financiero. Esqueleto espectral. Perímetro de seguridad. Núcleo de hormigón. Altas temperaturas. Lenguas ardientes. Catarata de lava. Escape de gas. Estrategia defensiva. Gigantesca antorcha. Inmuebles colindantes. Coloso en llamas. El Corte Inglés. Barreras cortafuegos. Estructura caliente. Enfriamiento lento. Plancha de hormigón. Amasijo de hierros. Cristales rotos. Columna de humo. Emergencias sanitarias. Cuerpo de Bomberos. Dotación policial. Autoridades municipales. Sellado hermético. Delegado del Gobierno. Sobrecogedor espectáculo. Equipos autónomos. Mangueras sin presión. Suministro eléctrico. Inmuebles aledaños. Nuevos Ministerios. Servicios de cercanías. Trenes de largo recorrido. Complejo comercial. Tráfico rodado. Restricciones de paso. Licencia de obras. Normativa contra incendios. Situación crítica. Voladura controlada. Enorme tragedia. Licencia municipal. Genaro Alas. Pedro Casariego. Torre Windsor. Responsabilidad civil. Materiales ignífugos. Gas natural. Productos inflamables. Rociadores automáticos. Efecto chimenea. Propagación vertical. Sistemas de evacuación. Daños materiales. Heridos leves. Trama subterránea. Cristal reticulado. Estragos causados. Comportamiento ejemplar. La noche más larga. Compañías aseguradoras. Planta técnica. Carga de fuego. Pérdidas económicas. Materiales combustibles. Imperio inmobiliario. Familia Reyzábal. Valor de mercado. Buque insignia. Pool asegurador. Lluvia de cenizas. Firmas afectadas. Importe de la póliza. Protocolos de seguridad. Zona cero. Tensa espera. Resistencia de materiales. Edificio emblemático. Visión dantesca. Actividad comercial. Gerencia de urbanismo. Hito arquitectónico. Cortocircuito eléctrico. Paseo de la Castellana. Inhalación de gases. Equilibrio inestable. Compás de espera. Informes técnicos. Comprensión ciudadana. Pasto de las llamas. Cadena de fallos. Siniestro total. Labores de extinción. Situación crítica. Virulencia sorprendente. Fuentes de la empresa. Diseño de planes. Cámaras térmicas. Número 112. Tareas de prevención. Numerosos efectivos. Evaluación de daños. Demolición inminente.

Espectros El País 25.02.2005

La noche en la que ardió el Windsor, los reporteros de televisión localizaron a varios trabajadores de las empresas ubicadas en el edificio. Estaban en la calle, observando, perplejos, cómo ardían sus despachos. "Ahí, detrás de esa ventana, me sentaba yo", repetían con incredulidad. Daba la impresión, escuchándolos, de que continuaban en el interior del inmueble, inclinados sobre las mesas inflamadas, realizando, con sus cuerpos en llamas, un asiento contable o un informe. Quizá fuera así. Tal vez una presencia fantasmal de cada uno de ellos seguía, pese a ser sábado, poniendo al día los papeles. Tenemos esa capacidad de permanecer en los sitios de los que nos vamos. Hay personas que, cuando se marchan, se quedan; que, cuando salen, entran. Y se percibe su presencia, su presencia real, durante mucho tiempo. Trabajé hace años en una oficina en la que había un individuo para el que los fines de semana constituían un destierro. Durante el sábado y el domingo apenas salía de su pequeño apartamento, donde pasaba las horas bebiendo frente a la televisión (no siempre apagada) mientras su espectro continuaba en el despacho, llevando a cabo las rutinas salvadoras de los días laborables. El fuego en el Windsor se propagó a tal velocidad porque no hay materia más combustible que aquella de la que están hechos los fantasmas. Arden como la yesca, con una llama intensa, de color azul. Lo señalaban los bomberos también: "Hemos visto llamas azules, como si hubiera gas". No era el gas, eran los espíritus de los empleados. No había más que ver sus caras por la tele para darse cuenta de que una parte de ellos estaba carbonizándose al otro lado del espejo. No vi que entrevistaran, sin embargo, a pie de calle a los propietarios del inmueble. Quizá no habían ido. Después de todo, sólo se estaba quemando su dinero. Dentro de los cajones de las mesas que ardieron como arden las pérdidas (Gamoneda) había documentos confidenciales e informes sobre gestión y libros de contabilidad, pero había, sobre todo, fotografías personales, cartas de amor y números de teléfonos a los que, aun en pleno incendio, continuaban llamando los fantasmas durante la noche de aquel sábado.

Redes El País 04.03.2005

Hay algo peor que un laberinto: un laberinto de cristal en el que la ilusión de haber encontrado la salida te lleva a estamparte una y otra vez contra el muro diáfano, como una mosca contra la ventana; un laberinto en el que puedes ver a los que deambulan por los pasillos cercanos al tuyo e intercambiar miradas de pánico con ellos; un laberinto del que, con el paso del tiempo, empiezas a sospechar que quizá se trate de un pisapapeles de vidrio abandonado sobre la mesa de una habitación vacía, de modo que ni siquiera quede la esperanza de que un niño lo arroje contra el suelo y lo rompa en mil pedazos. Dentro del laberinto de cristal se suceden los días y las noches, las sequías y las lluvias, los sistemas filosóficos y los ordenamientos jurídicos. Caen o surgen imperios militares y maduran o se agostan las cosechas. A veces llueve o nieva también, todo ello con la monotonía cruel de los procesos digestivos. El ya imprescindible diccionario Redes relaciona la palabra laberinto con términos tales como administrativo, burocrático o judicial, y aconseja, si el grado de angustia todavía lo permite, remitirse a los términos madeja, maraña, red y vericueto. Madeja, añadimos nosotros, de cristal; maraña de cristal; red de cristal; vericueto de cristal. Entre los inventos del hombre, el cristal es el que más inventado estaba. El aire es un cristal sutil. Extiendes la mano y adopta la forma de tu mano. La acercas a un rostro y tienes la impresión de estar acariciándolo, aunque entre ese rostro y tus dedos haya un abismo, una pared, una sima, un barranco, un talud, un precipicio. Nunca, digan lo que digan los sentidos, se llega al otro. La transparencia es la forma más diabólica de lo opaco, la más sutil de lo oscuro. No tiene otro objeto que el confundir al ojo. Del término "opaco" no dice nada el Redes. Es una palabra sin amigos, sin relaciones personales, sin cuñados gramaticales. "Transparente", en cambio, aparece asociada a actitud, actividad, acuerdo, agua, ayuda, biografía, concurso, conducta, cristal, crítica, día, diálogo, discurso, elección, empresa, escrito, gestión, información, intención, investigación, juicio, lente, libro... Todo tiende a la transparencia, sí, porque todo, incluido el laberinto de cristal, es opaco.

Es verdad El País 11.03.2005

El PP quiere saber la verdad entera acerca de lo ocurrido el 11-M, cuando el presidente del Gobierno era un miembro del PP, cuando el ministro del Interior era un miembro del PP, y cuando el ministro de Justicia era un miembro del PP. No se enteraron entonces, que ocupaban puestos privilegiados para observar la realidad, y quieren saberlo ahora, quieren saber qué ocurrió, quién fue, a qué hora, y no están dispuestos a firmar ningún papel, por neutro que sea, hasta que no conozcan la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Tienen un temperamento ambicioso. Enhorabuena. Nosotros, gente de a pie, peatones de la historia, auxiliares administrativos de la realidad, tenemos que conformarnos con fragmentos de la verdad global con los que, mal que bien, vamos tirando. Es verdad, por ejemplo, que Aznar nos metió en una guerra de ocupación en la que han muerto miles de civiles, por no hablar de aquellos a los que se les ha arrancado las piernas, se les han reventado los ojos o han sido torturados en las mismas cárceles de las que íbamos a liberarlos. Es verdad que a algunas de estas personas mutiladas, con frecuencia niños, las hemos paseado impúdicamente por el mundo para que la gente apreciara la calidad de nuestras prótesis. Es verdad que a partir de aquella decisión España se convirtió en objetivo de lo que se viene llamando terrorismo islamista. Es verdad que cuando estallaron las bombas, el PP, temiendo que la capacidad asociativa del electorado llegara a la conclusión de que dos y dos son cuatro, puso en marcha una campaña de propaganda infame para que miráramos en otra dirección. Es verdad que el mismísimo Aznar se ocupó de intoxicar a los medios. Es verdad que los espías, Internet y la prensa internacional apuntaron enseguida a Al Qaeda. Es verdad que Acebes aún finge ignorar quién era el ministro del Interior la mañana del 11 de marzo. Es verdad que mintieron y mienten en contra de lo que dicen el juez, la fiscal, la policía, los testigos. Todo esto son verdades pequeñas, sí, pero si hicieran el esfuerzo de unirlas, a la manera de un puzzle, tal vez obtuvieran la verdad grande que todavía andan buscando como locos. El problema es que esa verdad grande es un espejo.

Voces El País 18.03.2005

Un amigo del colegio escuchaba voces, pero no dentro de su cabeza, que es lo habitual, sino dentro de los zapatos. Lo llevaron al psicólogo, donde Luis, que así se llamaba, contó que un día, jugando a los teléfonos, se colocó un zapato de su madre, el derecho, en la oreja y oyó voces que le incitaban a masturbarse con fantasías sexuales propias de esas líneas eróticas que aparecerían muchos años más tarde y de las que este chico fue un precursor. Quizá convenga aclarar, para aquellos a los que resulte extraño que alguien juegue a los teléfonos con un zapato, pudiendo hacerlo con el teléfono mismo, que estamos hablando de una época en la que sólo los ricos disponían de este artilugio. Los pobres y los espías teníamos que hablar por el zapato. El caso es que cuando mi amigo descolgaba el del pie derecho, y a juzgar por las procacidades que le decían desde el otro lado, le salía directamente Sodoma. ¿Y cuando descolgaba el del pie izquierdo? Cuando descolgaba el del pie izquierdo escuchaba unas voces que eran el negativo de las anteriores, porque le aconsejaban que no se masturbase. Como al psicólogo le pareciera que lo normal hubiera sido que las voces que le empujaban al mal procedieran del lado izquierdo y las que le empujaban al bien, del derecho, mi amigo le explicó que era zurdo, por lo que su lado siniestro u oscuro era el derecho. Al psicólogo le pareció una explicación suficiente y dijo a los padres que no se preocuparan, que Luis disponía de una lateralidad bien conformada y que tenía, gracias a Dios, muy diferenciados los conceptos del bien y del mal. Como hombre avanzado que era, hizo un informe para el colegio en el que sugería que no le obligaran a escribir con la mano derecha al objeto de no confundir su universo ético. Todos los días, al salir del colegio, me iba a su casa y nos encerrábamos en su habitación, donde él escuchaba el zapato derecho de su madre y yo el izquierdo, que era el que me excitaba porque soy diestro. En realidad, jamás escuché nada, pero me excitaba igual, porque ya entonces era fetichista. El otro día falleció Luis y ayudé a su viuda a amortajarlo. Le puse el zapato derecho en el pie izquierdo y viceversa, para confundir al diablo. O a san Pedro.

El pacto El País 25.03.2005

A los caballos, como personas humanas que son, les gustaría ser montados por almas sensibles y no por individuos llenos de correajes con una espada en alto. Es injusto (para los caballos) que no haya estatuas ecuestres de músicos, de poetas, de filósofos... ¿A quién le apetece aparecer siempre con un indeseable cargado a las espaldas? Imaginen la humillación que tiene que haber supuesto, para la familia del cuadrúpedo utilizado como modelo en la estatua de Franco, todos estos años de exposición pública frente a los Nuevos Ministerios. Si fuéramos un poco justos, buscaríamos el modo de desagraviar a esa especie animal en cuyos ojos está escrita toda la historia del espanto, pues no se han perdido una batalla, una conquista, una corrida de toros. He ahí el precio de la nobleza. Suponemos que Pinochet tendrá varias estatuas ecuestres en Chile, unas por dictador y otras por general. Esperamos que no le levanten una más por ladrón, ya que mientras sus subordinados se dedicaban a arrancar heroicamente las uñas a los detenidos, el valeroso militar vaciaba las arcas del Estado en beneficio propio. Ya se le han descubierto 125 cuentas secretas, con millones de dólares, en EE UU. Levántenle una estatua si quieren, pero no impliquen, por favor, a los caballos en esta fuga de capitales. Coloquen ahora al dictador a lomos de una chinche o de un piojo, animales parásitos a los que es más afín y que no nos dan ninguna lástima, pues han sido compañeros de viaje incómodos y muy poco solidarios con las clases sociales más desfavorecidas. Está por ver que una chinche anide en las sábanas de seda de un banquero. A quien le sentó fatal la retirada de la estatua de Franco fue a Rajoy. Dijo que se había roto el pacto de la transición, que incluía, además del indulto a los monumentos ecuestres del Caudillo, el perdón a los colaboradores de su banda armada. Pero eso no es cierto, señor Rajoy. Si entonces no se juzgó a nadie, fue porque hicimos esa transición con una pistola en la sien. ¿Por qué ahora, una vez desaparecido aquel ejército golpista, no sanear el paisaje? Si a usted le molesta, es porque está donde está, lo que tampoco es raro teniendo de presidente de honor a uno de los cabecillas de la banda.

Dos frentes El País 01.04.2005

Lo último que se le ha ocurrido a Rodríguez Zapatero es hacer desde Venezuela, y en compañía de otros tres indocumentados como él, unas declaraciones contra el terrorismo y el hambre que no parecen meras formulaciones retóricas. Estos locos ignoran el papel estabilizador de ambas lacras en la economía del mundo. Alguien debería explicárselo antes de que pasen de las palabras a los hechos. De momento, han osado ponerlo por escrito en un papel en el que se comprometen a combatir el terrorismo "con estricto apego al derecho internacional y a las normas de protección de los derechos humanos". Como suena. No pueden ocultar que están en contra de la tortura, quizá también de las detenciones ilegales, y a favor, ¡válgame Dios!, del hábeas corpus. Pero, hombres de Dios, si hasta el más prestigioso politólogo de Harvard ha reconocido ya la eficacia de la picana en la recogida de información. Hay que pararlos. Hay que parar, sobre todo, y por lo que nos toca, a Zapatero. Y conviene hacerlo desde dos frentes que, aunque parezcan intelectualmente incompatibles, a la larga resultarán complementarios. Si en algo tenemos experiencia es en engañar a los votantes. Tachemos pues, de un lado, a Rodríguez Zapatero de ingenuo incorregible; de pacifista idiota; de adolescente tontorrón; de idealista ciego a las limitaciones de la realidad y de los mercados. Convenzamos al contribuyente de que no hay nada más peligroso para nuestro proyecto económico, social e histórico, que esa especie de candidez bobalicona con la que se presenta en las cancillerías, en los mítines y en los consejos de ministros. Pero al mismo tiempo, y desde el segundo frente, llevemos al ánimo de los ciudadanos la idea de que es un monstruo de maldad; una inteligencia calculadora; un perverso que se alió sin perder la sonrisa con los mismísimos terroristas del 11-M para realizar el atentado con el que conquistó el poder. No es que sea el autor intelectual de la matanza, no, es que él mismo colocó las bombas. ¿Dónde estaba, por cierto, aquel día? ¿Se ha verificado adecuadamente su coartada? Si no lo hacemos caer por tonto, en fin, lo haremos caer por listo. Y si nos falla todo, contratamos de nuevo a Ansón.

Conmoción El País 08.04.2005

Llevabas razón, madre, si te significas demasiado, al final te quedas más solo que la una. No volveré a hacerlo. Ahí van, como muestra de mi arrepentimiento, estas líneas hondamente sentidas sobre el Papa: ha muerto un campeón de la libertad, un hombre que llevó a la Iglesia a cotas increíbles de democracia interna y que reconoció los derechos de los colectivos tradicionalmente perseguidos u olvidados, fueran pobres, mujeres, homosexuales o filatélicos (en el caso de que la filatelia sea una opción venérea, que ahora no caigo). Su odio a las tiranías fue tal que administró la eucaristía a Pinochet, también conocido como el libertador del Cono Sur, con el que la Iglesia de Juan Pablo II colaboró activamente y sin complejos. Y hablamos de Pinochet por no mencionar a héroes menores como Videla, que llevó a cabo su misión redentora gracias a la eficaz ayuda de los obispos argentinos. Ojalá que la Iglesia no aproveche este óbito para relegar de nuevo a la mujer a la condición servil de la que Wojtyla la rescató. Ojalá que el Vaticano continúe apostando por las comunidades de base, por los desheredados de la Tierra, como hizo Juan Pablo II al apoyar a los teólogos más comprometidos con la difusión del mensaje de Cristo entre los pobres. Pido a Dios que ilumine a los cardenales para que elijan un sucesor capaz de continuar la revuelta que este hombre llevó a una institución ya de por sí avanzada. ¿O acaso podremos olvidar los españoles la complicidad, dicho sea en el mejor sentido de la palabra, de la jerarquía eclesiástica con Franco, cuyas torturas aplaudió hasta quedarse sin manos? Y es que también Franco, como ha demostrado la historia, era otro campeón de la libertad. ¿Para cuándo su beatificación? No volveré a quedarme solo. En el futuro repetiré lo que ordene la tele, aunque contradiga mi experiencia. Escribo estas líneas al sol de abril, en la terraza de una cafetería. Nadie, a mi alrededor, da muestras de haber sufrido una gran pérdida, pero debe ser un efecto óptico porque los telediarios hablan de un duelo universal, que afecta a todos y cada uno de los habitantes del planeta. Me rindo, mamá, y en este acto abomino del condón y me adhiero al discurso único.

Ven El País 15.04.2005

La realidad es muy tentadora. Si uno acepta sus reglas puede volar, literalmente. Y en avioneta propia, para no sufrir los retrasos del resto de los mortales. Individuos como usted y como yo, que se metieron en la realidad política para forrarse, tienen en la actualidad pisos de más de 500 metros cuadrados en el centro de la ciudad. Y hay personas a las que la realidad económica les permite explotar a seres que viven a miles de kilómetros de su casa y cuyos rostros no verán jamás. Con dinero real puedes comprar niños y niñas como el que adquiere cien gramos de jamón. Y te los puedes comer, porque, además de tiernos, están sin registrar. Han venido al mundo para que un pederasta capitalista con los dos pies en la tierra se mee en ellos antes de abandonarlos en un contenedor. La realidad. La realidad, si te comprometes con ella, te permite bombardear impunemente poblaciones enteras, torturarlas, gasearlas, arrebatarles sus recursos económicos. La realidad es más rica, mucho más, que la imaginación. Por eso no se entiende la manía de los educadores y los padres para traer a los niños a la realidad. Déjenlos ahí, que no hacen daño a nadie. Quizá estén imaginando que se cargan al profesor de Matemáticas, al de Ciencias, al de Literatura, pero eso no perjudica al cuerpo docente, por favor. Lo peligroso es dar el salto de la fantasía a la realidad. Y a esto es a lo que nos invita la pedagogía, a venir a la realidad, a dar ese salto. Y la realidad es muy peligrosa, amigos. Se pasa el día con las piernas abiertas, mostrando las delicias de las que podríamos disfrutar si abandonáramos la imaginación. Vive dios que tiene un sexo atractivo. No hay espectáculo pornográfico con más carne, ni mejor colocada, que la realidad. Mira lo que sería tuyo si te decidieras a especular con la vivienda, con el pan, con las patatas. Mira lo que sería tuyo si te dedicaras al tráfico de esclavos. Mira lo que sería tuyo si te metieras en política, si te apuntaras a una orden religiosa, si estudiaras empresariales en vez de matricularte en Filosofía y Letras... Mira lo que sería tuyo si me dedicaras este artículo, muchacho. Déjate de fantasías, ten los dos pies en la tierra, gánate la vida. Ven.

Preguntas El País 22.04.2005

Ningún premio Cervantes había concitado el entusiasmo del otorgado a Ferlosio. Todos estamos de acuerdo. Enhorabuena. ¿Significa eso que Ferlosio es el paradigma de lo que la crítica llama el "gusto dominante"? ¿Encarnan autores populares como Vargas Llosa o Pérez Reverte el gusto dominante o un gusto dominante cada uno de ellos? ¿Cuántos gustos dominantes hay? ¿Son todos los gustos no dominantes, tal como se predica desde algunos púlpitos, canonizables ipso facto? ¿Se convierte un gusto no dominante en dominante al recibir el certificado de singularidad? ¿Qué atributos deberíamos exigir al expedidor de esos certificados? ¿Currículo? ¿Obra escrita? ¿Titulación académica? ¿Es preferible un producto bueno, aunque hecho para el gusto dominante, que malo, aunque pensado para satisfacer el gusto no dominante? ¿Es más sumiso el lector de Patricia Highsmith que el de Cela? Si una revolución aboliera el gusto dominante, ¿reeducaríamos a los lectores por decreto? ¿Es el fútbol una expresión deportiva del gusto dominante? ¿Debería prohibirse el Marca después de que se hubieran confiscado las obras artísticas destinadas al gusto dominante? ¿Son los métodos de la crítica literaria rigurosa aplicables a la crítica gastronómica? En tal caso, ¿qué rayos significa que el ser humano sea el único mamífero que continúa tomando leche tras el destete? Una vez suprimido el gusto dominante, ¿se perseguirían los productos lácteos y sus derivados? ¿Puede haber gustos dominantes subversivos y gustos singulares reaccionarios? ¿El hecho de que alguien se manifieste en contra del gusto dominante lo convierte en un individuo moralmente más fiable? ¿Será más difícil de corromper, de sobornar? ¿Prevaricará o traicionará con más dificultades un lector de Octavio Paz que uno de John Le Carré? ¿Ha habido obras de arte que, perteneciendo en su época al gusto dominante, han pasado a la historia como modelos del gusto no dominante? Si una de las funciones del crítico fuera la de convertir el gusto no dominante en dominante, ¿debería dimitir en la toma de posesión? ¿Se puede aspirar a degustar obras de vanguardia en un salón de clase media? Todo son preguntas.

Avances El País 29.04.2005

No le quepa la menor duda, amigo: los que hoy se oponen a que usted disfrute de los mismos derechos civiles que yo, sean cuales sean sus preferencias gastronómicas o su orientación sexual, son los mismos que ayer se oponían al divorcio. Y aunque se les intentó explicar entonces que ellos podrían continuar casados, pues no sería obligatorio, armaron la de Dios es Cristo. Todavía los recordamos a las puertas de los grandes almacenes reuniendo firmas en contra del derecho a decidir por uno mismo con quién compartir la vida. Algunos de ellos, como Álvarez Cascos, cuyas homilías en contra del divorcio han pasado a la historia del humorismo universal, se casaron y se descasaron luego de forma compulsiva. No le quepa la menor duda, éstos de ahora son los mismos que en su día estuvieron en contra del giro copernicano y del sufragio universal. Son los mismos que, si en vez de encontrarse aquí, se encontraran allí, serían partidarios de lapidar a las mujeres adúlteras e infligir cien latigazos falsos al adúltero. Vayan a las hemerotecas, repasen la historia y comprobarán que son los mismos que estuvieron en contra de la Constitución; los mismos que para darte un trabajo te exigían un certificado de buena conducta de tu párroco. Son los mismos que prohibían leer a Kafka, a Sartre, a Marx; los mismos que censuraban las películas, los libros, los periódicos. Estos que dicen que casar a homosexuales no es de hombres, son los que hace unos años los metían en la cárcel. Ahí tienen a Jeb Bush (por no citar de nuevo a Cascos), partidario de la silla eléctrica y de la cámara de gas, aunque admirador del Papa, frente a quien se arrodilló piadosamente el otro día. ¿Le riñó Benito XVI por matar? ¿Le incitó a la desobediencia civil frente a esas leyes que usurpan una potestad de Dios? ¿Le hizo alguna insinuación relacionada con la checa de Guantánamo? No, no, qué va, todo eso no altera las leyes naturales y por lo tanto no molesta a Dios. Lo que molesta a Dios y a Ana Botella (no sabe uno a quién tener más miedo) es que usted intente ser feliz sin su autorización. No nos equivoquemos, estos que ahora vociferan son los que antes ladraban, así que algo hemos avanzado.

¡Qué bien! El País 06.05.2005

El progreso no tiene límites. Ya hemos conseguido que la noticia de un puente sean los atascos y no los muertos. En las últimas fiestas se mataron unas 40 personas (no me pidan exactitud en un asunto tan banal) y otras tantas permanecen en los hospitales debatiéndose entre la vida y la muerte o entre la paraplejia y la tetraplejia. Pero la noticia de primera página fue lo que tuvimos que sufrir para darnos un chapuzón en la playa. No nos hemos dejado engañar por el señuelo retórico de los accidentes mortales, no. Lo importante no era la velocidad con la que hemos alcanzado el más allá, sino la demora con la que hemos llegado a Benidorm. Aún tenemos en la retina la expresión de los sufridos ciudadanos entrevistados a pie de atasco, con el volante entre las manos. "Hemos salido de Madrid a las seis y en dos horas hemos recorrido cuatro kilómetros". Un notición, sobre todo comparado con la tragedia que acababa de suceder unos kilómetros más allá, donde una familia entera había perecido al derrapar su coche en una curva. Gracias a la tele, conocemos los rostros de los conductores atascados y parte de sus vidas. Muchos iban con el bebé a pasar unos días en la playa, para que el niño conociera el mar. "Todavía no ha visto el mar, no sabe lo que es una ola." Ahí está la noticia, sí, señor. Qué olfato para captar lo importante, lo singular, lo decisivo, lo conmovedor. Quizá en otras profesiones haya chapuzas, pero en la nuestra no. De hecho, no se sabe de ningún periodista que se haya dedicado a averiguar el nombre de los muertos, sus profesiones, sus deseos, cuántos huérfanos dejan o qué le va a costar su hospitalización o su ataúd a la Seguridad Social. Una vez más, curiosamente tras la equilibrada cobertura que dimos de la muerte del Papa, hemos sabido ver en dónde estaba la noticia y a por ella nos hemos dirigido sin prestar oídos a los ayes de los heridos, a la palidez de los cadáveres, al crujir de las familias rotas... ¿A quién le importan 40 muertos frente a las colas interminables que han tenido que soportar 200.000? Enhorabuena a mis colegas y a todos los periódicos por esas primeras páginas en las que lo secundario quedó relegado, por fin, a un segundo término.

Nada El País 13.05.2005

He leído que dentro de poco los jugadores de fútbol llevarán en la oreja un artilugio por el que el entrenador les dará instrucciones mientras corren por la banda. Cuando metan un gol, no sabremos si ha sido por iniciativa propia o porque han recibido una orden. Muchos escritores aseguran que escribieron lo mejor de su producción al dictado, gracias a un estado de trance en el que ellos eran meros intermediarios. No es fácil entender cómo compatibilizan el conocimiento de que no son los autores de su obra con la jactancia con la que se refieren a ella. Pero es que escuchar voces proporciona, hoy por hoy, más prestigio que emitirlas. Da igual que procedan de Vanderlei Luxemburgo o de Dios. Lo importante es que retumben en el interior del cráneo como una homilía en un templo. Quizá por eso una editorial acaba de anunciar la salida de una revista sin cabecera y sin firmas. Usted leerá un poema sin saber quién lo ha escrito, que es lo más parecido a escuchar una voz. La idea sería perfecta si no supiéramos que la editorial se llama Pre-Textos, una empresa cultural de pocos lectores, pero de gran prestigio. Aunque no leeremos a Fulano o a Mengano, en fin, sabremos que se agrupan bajo un logo que garantiza la calidad. Me lo decía ayer mismo un taxista refiriéndose a su automóvil: "A usted la marca de este coche no le dice nada, pero lleva motor Volkswagen; fíjese, si no, cómo suena". Compraremos la nueva revista cultural porque lleva motor Pre-Textos y nos gratificaremos culturalmente con ella sin necesidad de pedir el carné de identidad a los colaboradores. "Qué bien suena", nos diremos al leerla. Si yo tuviera medios, sacaría una revista sin cabecera, sin firmas y sin colaboraciones. A pureza no me gana nadie. Y ocultaría también el nombre del editor. Lo importante, tras decidir que carecería de contenidos, sería lograr una buena distribución. Con una distribución eficaz, esa revista se comía el mercado. El problema no es cómo fabricar la nada, sino cómo distribuirla. A primera vista hay muchos medios, pero a la hora de la verdad te las ves y te las deseas para llegar a los otros. No basta con no tener nada que decir; hay que disponer de tribunas desde las que no decirlo.

MLNV El País 20.05.2005

Nadie, en la historia de la democracia, ha babeado frente a ETA hasta el extremo de referirse a ella con el nombre de Movimiento de Liberación Nacional Vasco. Nadie, excepto Aznar. Fue su modo de insinuar a los terroristas que él, en la intimidad, además de hablar catalán, pactaba. Estos días hemos visto mucho artificio verbal, mucha retórica, pero nadie ha explicado aún a los contribuyentes por qué antes sí y ahora no. Que nos lo expliquen, que vayan los portavoces del PP a las teles y a las radios para explicarnos por qué debemos condenar hoy lo que nos pedían que aplaudiéramos ayer. Y es que ahí están las hemerotecas y los archivos de voz y las cintas de los telediarios para quien quiera comprobar qué hicieron ellos cuando la fantasía de acabar con la banda empezó a producir jugos electorales en su estómago. ¿Es indecente o no es indecente que vengan ahora Rajoy y Acebes y Zaplana (vaya trío) asegurando que el PSOE pretende obtener réditos de mil asesinatos? ¿En qué pensaban ellos cuando se dirigían a los asesinos con el noble apelativo de Movimiento de Liberación Nacional Vasco? ¿Acaso no es verdad que el primer análisis que hicieron sus expertos la mañana del 11-M fue que si había sido ETA, arrasaban? ¿No es cierto que falsearon la realidad de forma minuciosa durante cuatro días para sacar rédito electoral de los doscientos muertos? Deberían ustedes explicarse o mentir con más pericia. Si Zapatero tuviera una oportunidad entre mil de acabar con ETA, debería intentarlo, y con la ayuda de usted, señor Rajoy. Lo malo es que si a usted y al ventrílocuo en cuyas rodillas continúa meciéndose les quitan el terrorismo, los dejan sin discurso. Eso es lo que pasa, y no que Zapatero sea cómplice de ETA ni que cobre una comisión del impuesto revolucionario. Disponemos de datos para asegurar que Zapatero no es terrorista (¿manda o no manda huevos que esta revelación sea una primicia informativa?). El hombre está haciendo lo que han hecho todos los presidentes del Gobierno con el apoyo de todas las oposiciones. El problema es que la idea de que tenga éxito les pone a ustedes los pelos de punta porque sin ETA, o sin el MLNV, como prefieran, se quedan sin programa.

Contradicciones El País 27.05.2005

Un articulista se manifiesta en contra de los lugares comunes, pero se refiere a ellos con el tópico de "expresiones agotadas". Me recuerda a un escritor con el que coincidí en una mesa redonda y que comenzó a hablar asegurando que él no participaba nunca en mesas redondas. Al poco, le hicieron una entrevista en la que juró que no daba entrevistas. Mañana o pasado, como todos los años por esta época, declarará por la tele, desde una caseta de la Feria del Libro de Madrid, que no va jamás a la Feria. Entre las novedades de este año, por cierto, aparece el libro de un crítico que siempre se ha manifestado en contra del mercado, aunque en esta ocasión ha recurrido a los trucos más bajos del mercado para venderse. Además, en el prólogo asegura no entender la utilidad de que se publiquen libros como el suyo. ¿Por qué lo ha publicado? Para demostrar que jamás publicaría un libro como el suyo. Un arquitecto de vanguardia se quejaba de que la gente prefiriera las casas de campo tradicionales, con vigas de madera y chimeneas de obra, frente a las construcciones modernas. Nunca le habían dejado construir una casa de campo a su gusto, aunque tenía ideas geniales. Le hice notar que iba vestido como un empleado de pompas fúnebres y se enfadó. No comprendía qué relación guardaba una cosa con otra. Yo tampoco. Hice el comentario para señalarle que todos llevamos en la sangre un porcentaje de mal gusto. Que lo proyectes sobre la arquitectura o la indumentaria depende de factores misteriosos. Recuerdo que estábamos comiendo con un escritor experimental que había pedido un cocido galdosiano en vez de una tortilla de patata desestructurada. Contradicciones. El mismo Bush, que está en la cima de la evolución y que es un vanguardista en sus gustos pornográficos (véanse las magníficas fotografías de Sadam Husein en calzoncillos filtradas por los generales de su ejército), se muestra como un pobre conservador en los demás aspectos de su vida. No se puede ir de abanderado del progreso y pregonar que la Biblia, desde el punto de vista científico, es superior a El origen de las especies. Quiere decirse que todos cojeamos de un pie, incluso de los dos. Lo que hace falta es que sea para bien.

La memoria El País 03.06.2005 Parece que Adolfo Suárez no recuerda que fue presidente de España ni qué rayos significa esa palabra, España. Los desagües de la historia no se atrancan jamás. Absorben fechas, nombres, acontecimientos a una velocidad de vértigo. "Ése fue ministro con Felipe González", te dicen en el restaurante. Tú lo miras y te parece que es la primera vez que lo ves. Si acaso, te suena de la cola del pan. ¿Qué ha ocurrido? Que lo ha devorado el tiempo hasta convertirlo en esa especie de fantasma. La palabra tiempo no impresiona como no impresiona hablar de los cien mil espectadores de un estadio, pero cambien los espectadores por bocas: cien mil bocas, con veintiocho piezas dentales cada una, sin contar las muelas del juicio, que estamos a punto de perderlo: casi tres millones de dientes. O doscientos mil labios, o dos millones de dedos si incluimos los de los pies... No piensen en el tiempo, sino en los miles de segundos que como termitas nos atraviesan ahora mismo los párpados dejando un montoncito de aserrín sobre las teclas del ordenador. El tiempo. La memoria. La memoria individual de Adolfo Suárez se ha desleído ya en el océano de la memoria colectiva. Pero a veces llegan a la orilla del presente coágulos o grumos insolubles de aquellos días. La transición, ¿recuerdan? ¿Recuerdan al joven Suárez de la camisa azul? Nos resultaba tan familiar como ese hermano listo y un poco golfo de papá que intuyó antes que nadie el final de la dictadura analógica y el advenimiento de la monarquía digital. Por esas mismas fechas, Fraga Iribarne se refugiaba en la extrema derecha, con los siete magníficos. ¿No se acuerdan de los siete magníficos, aquel conjunto de fascistas recalcitrantes que pensaban más en el coche oficial que en la gobernabilidad de España, España, España, una cosa que ni Adolfo Suárez, que la presidió, recuerda en estos momentos lo que es? Para averiguarlo, y después de años de amnesia, se han empezado a destapar al fin las fosas comunes del franquismo. En esas sepulturas sin nombre se esconde gran parte de la memoria histórica de este país y, por lo tanto, de su verdadera identidad. Si el número de esqueletos no le dice a usted nada, piénselo en corazones rotos.

Bienvenidos El País 10.06.2005

Querido Partido Popular: bienvenido a la puta calle, a la pancarta, a la rima poética ingeniosa ("Dónde está / no se ve / al cabrón de Zetapé"). Dios quiera que le hayas cogido el gusto y vuelvas pronto porque la calle, contra la doctrina de Fraga, es de los partidos políticos y de los directores de cine y de los estudiantes y de los obreros y de los auxiliares administrativos y de los poetas y de los notarios y hasta de los registradores de la propiedad. La calle es de todos. En cuanto a las pancartas, basta con que sean verdaderas o agudas. Tampoco pasa nada si resultan un poco mordaces. Temíamos, querido Partido Popular, que Aznar, en coherencia con su pensamiento filosófico y su rigor mortis, no pudiera salir. Por eso nos dio tanta alegría distinguir su Lacoste entre la multitud. Allí estaba, sí, hecho un pincel, detrás de una pancarta, como un verdadero radical. No sabe cómo le agradecemos que haya logrado radicalizar también a los blandos de Acebes, de Zaplana, de Rajoy; que haya logrado movilizar a la Conferencia Episcopal, desde cuya emisora de radio, hasta ayer mismo, no se escuchaban más que mensajes de paz bobalicones. Bienvenidos a la subversión, queridísimos obispos. Qué alegría este reconocimiento tardío de la calle, este milagro. Ya veréis cómo se os quita la pirosis, el ardor, la úlcera de duodeno. Lo mejor para la digestión es andar y todavía tenéis en el estómago, como una piedra, el 14-M. Lo que estaría bien, querido Partido, es que ahora te retractaras de las cosas horribles que decías, hace apenas unos meses, de quienes salían a la calle, de quienes desfilaban detrás de las pancartas, de quienes coreaban consignas. No esperes 300 años, que es la media de la Conferencia Episcopal, para pedir disculpas. Bastaría con la publicación de una pequeña nota comentando lo interesante que has encontrado la calle y lo conveniente de que todos, incluido Fraga, la tomen dos o tres veces al año. No pasa nada. Y si te queda sitio, querido Partido, no dejes de añadir una posdata reconociendo de una vez por todas que te sentaste con los asesinos, que negociaste con ellos, que los halagaste diciéndoles cosas que da vergüenza reproducir. Rectificar es de sabios. Gracias.

La familia El País 17.06.2005

Imaginen un Estado totalitario en el que la familia estuviera prohibida, de manera que sólo pudiera darse en la clandestinidad. Los cónyuges se harían pasar por sociedades limitadas o anónimas y esconderían a la prole en el armario para no dar con sus huesos en la cárcel. La policía, por su parte, peinaría periódicamente los edificios de las ciudades para desenmascarar a los matrimonios camuflados bajo la apariencia de bufetes jurídicos o dúos musicales. Los ciudadanos de bien denunciarían cualquier indicio de agrupación familiar que observaran en su entorno. "Señor comisario, en el piso de abajo vive un cuñado". "¿Un cuñado? Eso indica algún tipo de actividad familiar. ¿Ha visto algo más?" "Creo que un yerno y una suegra, quizá una nuera, no estoy seguro". "Déme la dirección que enviamos un coche patrulla a todo gas". Imaginen ahora la noticia del periódico: "La policía descubre en un sótano una familia de siete miembros. Y van cinco en dos meses. La subversión no descansa". Pero esto no sucede en la realidad. Ni siquiera en la ficción, aunque sería un excelente material para una comedia de enredo. Sin embargo, según la Conferencia Episcopal y su brazo político, el PP, la familia está seriamente perseguida y a punto de desaparecer. Suena raro, porque aquí se casan hasta los que están en contra del matrimonio, y lo hacen por la Iglesia, aunque no crean en Dios, porque queda más bonito. ¿De qué persecución hablan entonces? ¿Ustedes saben de alguien a quien se le haya prohibido casarse y tener hijos? ¿Han visto a alguna familia detenida en las dependencias policiales por reunirse a comer paella los domingos? ¿Acaso están las cárceles llenas de abuelos, hijos o nietos acusados de ser abuelos, hijos o nietos? ¿Se han vuelto locos los obispos y el PP? Es todo un desatino. Pero, ya puestos a hablar de persecuciones, tendríamos que mencionar aquélla a la que han sido sometidos, desde hace siglos, los homosexuales. Y por parte de la Iglesia y de los parientes del PP, para decirlo todo. Si alguien se merece una manifestación de apoyo, en fin, son estas personas que, paradójicamente, sólo quieren formar una familia. ¿Pero no se trataba de eso?

Rarezas El País 24.06.2005

He leído estos días varios artículos de admiradores de Fraga que lo ponían a parir para ensalzar su figura. Si después de haber sido, dicen, ministro de Franco, de haberse ido de caza cuando el Prestige, de gobernar Galicia como un cacique, de hacer declaraciones machistas y homófobas; si después de comportarse como un maleducado con sus propios colaboradores, si tratándose, les falta añadir, de un individuo impresentable, se ha quedado a un paso de la mayoría absoluta, hay que hacerle un monumento. Pero lo que conviene, sobre todo, es tener todo esto en cuenta para no presentar en las próximas elecciones a una persona aseada. El reto es encontrar un clónico de Fraga, quizá un poco más joven, para proporcionar al pueblo gallego un horizonte horrible de varias legislaturas. Es todo muy raro. Según declaraciones de Xosé Crespo, director de la campaña del PP, acerca de las encuestas, "... el gallego, una cosa es lo que dice y otra lo que piensa". Siempre me ha asombrado que los gallegos no se enfadaran nunca con estas afirmaciones sobre su carácter nacional. Estos días se ha citado también hasta la saciedad, como un elogio, la ocurrencia de Pío Cabanillas al preguntar, tras unas elecciones, "quiénes hemos ganado". Pero como nadie se queja, quizá haya que aceptar que las cosas son como son. Tal vez el gallego, por razones que ahora mismo se nos escapan, dice siempre lo contrario de lo que piensa. En tal caso, los que votaron al PP querrían haber votado al PSOE, de donde se deduce que el que se ha quedado al borde de la mayoría absoluta ha sido Touriño y que Fraga se ha dado una torta histórica. Por lo visto, eso lo sabe todo el mundo, pero nadie se atreve a hacerlo público por la repugnancia ancestral de ese pueblo a la realidad. Así que, para ser justos, conviene añadir que lo que a Fraga le pide el cuerpo es ser respetuoso, delicado, atento, tierno... Si se comporta como un energúmeno es para ocultar su verdadera naturaleza. En cuanto al voto de la emigración, y siempre según esta teoría, se trataría en realidad de un voto inmigrante, pues algunas papeletas pertenecen a personas que, además de haber nacido fuera de Galicia, jamás la han pisado. Qué raro es todo.

Alucina El País 01.07.2005

Trillo no es de los que abandonan el barco. Trillo no ha dejado tirados a sus generales. Trillo no era ministro de Defensa el día de autos. Se lo dijo el mismísimo Aznar: tú no eres responsable de nada del mismo modo que yo no mentí cuando aseguré que había armas de destrucción masiva en Irak o que ETA había sido la autora del 11-M. Quede claro que tampoco Fraga ha perdido en Galicia ni Rajoy se ha dado el cuarto batacazo electoral. Cascos no fue ministro del Prestige ni del AVE, ni se ha casado tres o cuatro veces, ni vociferó contra el divorcio cuando la primera ley. Esa señora que aparece en las fotografías gritando como una energúmena no está insultando a Bono. El PP no se ha beneficiado del terrorismo ni ha roto el Pacto contra las Libertades. Aquilino Polaino no está loco. Y hablando de otras cosas, el PP no creó, cuando gobernaba, un grupo multimedia al servicio de Aznar. Ese grupo inexistente no fue financiado con dinero público procedente de Telefónica ni era dueño, entre otras empresas, de Onda Cero, Antena 3 o Vía Digital. Ese conglomerado de medios, que no nos costó un ojo de la cara, no se llamó al principio Telefónica Media ni, más tarde, Admira Media. No es cierto que la empresa de publicidad a la que se encargó el cambio de nombre hubiera propuesto, por razones evidentes, el de Alucina Media. No es verdad que ese imperio mediático, quizá el mayor de nuestro panorama, se viniera abajo porque sus directivos fueran unos piernas. Villalonga no fue amigo de Aznar. Villalonga no se hizo millonario. Villalonga no huyó a Miami. El año pasado no fueron asesinadas en España 50 mujeres por 50 hombres. Tampoco en lo que va de año han muerto otras 30 a manos de sus cónyuges. No era preciso legislar contra la violencia de género porque no hay violencia, ni siquiera género. En cuanto al divorcio, no era complicado ni lento ni caro. No era preciso demostrar la existencia de un culpable. No hacía falta, en fin, una ley nueva. Los homosexuales, por su parte, no estaban discriminados ni satanizados por la Iglesia ni por la derecha de toda la vida. La derecha de toda la vida no existe. Todo ha sido un sueño, un sueño del que afortunadamente comenzamos a despertar. Buenos días, España.

Diario El País 08.07.2005

Estaba fregando los cacharros de la cena (para cuatro platos no me compensa poner el lavavajillas), cuando salió de entre mis manos una burbuja de Fairy que bailó durante unos segundos ante mis ojos antes de ascender y perderse a mi espalda. Pese a su aparato retórico, dentro de ella no había nada más que aire. Un eructo envuelto en papel de regalo. Al terminar de fregar, mientras me secaba las manos, volví a verla. No había estallado, quizá porque no pesaba tanto como para llegar al suelo ni tan poco como para alcanzar el techo. Había estado bailando entre dos aguas. No pude dejar de vigilarla hasta que estalló. Y aun después continuó flotando dentro de mi cabeza como una melodía escuchada entre sueños. Ya en la cama, le comenté el suceso a mi marido. Como el pobre idiota está leyendo a Paulo Coelho, dijo que era una señal. Por lo visto, la burbuja había flotado alrededor de mi cabeza para proporcionarme pensamientos positivos mientras fregaba los cacharros. Y no se había autorreventado (así lo dijo, autorreventado) hasta que terminé la faena por algún designio superior. Mi marido no sabe que formo parte de un grupo de lectura que se reúne en la biblioteca pública del barrio y en el que trabajamos con textos de Sartre, de Marcuse, de Kafka, de Musil, incluso de Lenin y de Marx, a quien llamamos Carlos. Leer a Coelho después de haberle hincado el diente a Camus es como comer gulas después de haber comido angulas. Pero él ha comenzado por Coelho y tiene una idea completamente loca del canon occidental. Mi marido es director de recursos humanos en unos laboratorios farmacéuticos. Predica que la optimización de los recursos humanos es tan importante como la de los recursos energéticos. Habla así, utilizando términos como "optimización". Pero tiene un costado lírico que le hace disfrutar también de las burbujas de Fairy. Por mi parte, soy atea en todos los sentidos, sobre todo después de haberle visto optimizar la plantilla de su empresa, en la que él continúa injustamente desoptimizado. Sería un excelente friegaplatos por su capacidad para encontrar en las pompas de Fairy un significado trascendente. El problema es que nadie lo ha descubierto.

Ficciones El País 15.07.2005

Hasta la semana pasada, las mujeres solteras tenían que rellenar una casilla con el nombre del padre al inscribir a su hijo en el Registro Civil. "Pero si mi hijo no tiene padre", protestaban algunas. "No importa, ponga uno cualquiera". Somos hijos de la ficción, del cuento, de las quimeras. Imagino a esos niños de mayores, preguntando a sus madres quién era ese tal Luis que aparece en su DNI. "No es nadie, hijo, había que poner un padre ficticio y dije el primer nombre que se me vino a la cabeza". También hasta hace poco, cuando ibas a divorciarte, tenías que rellenar una casilla donde ponía "culpable". Y no se disolvía el matrimonio a menos que uno de los cónyuges fuera un malvado. Muchas parejas lo echaban a cara o cruz: otra ficción, otra novela que el Estado te obligaba a componer para acceder a un derecho real. Y todavía hay gente convencida de que la frontera entre la realidad y la ficción está claramente delimitada. Si somos rigurosos, el mayor productor de ficciones es el Estado, que se pasa el día expendiendo certificados rarísimos e inventando cosas que, como el impuesto sobre el valor añadido, no son sino recursos narrativos para vender más. No soy anarquista porque creo que el hombre no puede vivir sin ficciones. Los relatos ordenan el mundo, lo articulan, le dan sentido. El objetivo último de la anarquía no es que no haya jefes, sino que no haya relato. Los anarquistas pretenden hacernos creer que hay vida más allá de la ficción como los curas quieren convencernos de que hay vida más allá de la muerte. Son dos propuestas sugestivas, pero completamente indemostrables. El hecho de que la culpabilidad ya no sea obligatoria para obtener el divorcio no mejora ni empeora el relato: lo adecua a los tiempos. Me entenderán si les digo que en tan solo una semana han aparecido tres o cuatro libros sobre la felicidad. Una sociedad en la que está de moda la dicha no soporta los argumentos desgraciados. En cuanto a los niños sin padre, ya no les perseguirá un fantasma llamado Luis, o Pedro, que quizá se les aparecía en sueños para reñirles por sacar malas notas. No tendrán, como hasta ahora, un padre imaginario. Aunque, para padres de ficción, los de verdad.

La coma El País 22.07.2005

El Banco de Santander está llevando a cabo una campaña de publicidad en la que aparecen las fotografías de hombres o mujeres (supuestos clientes de la entidad), acompañadas de un texto que reza así: "Gracias Isabel por hacernos el mejor del mundo". No sabemos qué controles ha pasado esta campaña, pero está mal escrita. El texto debería decir: "Gracias, Isabel, por hacernos el mejor del mundo". Isabel va entre comas porque se trata de un vocativo. Es posible que el redactor del texto no supiera utilizar las comas, pero también que las haya suprimido por ese rechazo absurdo que el mundo de la publicidad tiene hacia los signos ortográficos. Hace años, también en una campaña de publicidad, Telefónica, que era una empresa esdrújula, devino en Telefonica, una organización llana. Le arrebataron la tilde a una firma que debía todo a las matildes ¿Pero qué tienen ustedes contra los acentos, contra las comas, contra el lenguaje en general? José Antonio Millán ha publicado un curioso libro, titulado Perdón imposible, en cuyo primer capítulo relata una anécdota demostrativa de cómo el desplazamiento de una coma puede cambiar el sentido de una frase y la trayectoria de una vida. Según la leyenda, le pasaron a Carlos V a la firma una sentencia que decía así: "Perdón imposible, que cumpla su condena". El emperador, que se había levantado generoso, cambió la coma de lugar, dejando el texto de este modo: "Perdón, imposible que cumpla su condena". De este modo, alguien se libró de la cárcel, quizá de la horca. Todos hemos soñado con algún método para quedarnos con la calderilla de los bancos. Si el Santander me pasara las monedas de un céntimo que al final del día se le quedan entre las uñas, continuaría siendo el mejor banco del mundo y yo sería millonario. No lo hace porque sus directivos conocen mejor que nadie la importancia de los matices. Medio punto arriba o abajo en la cotización puede marcar la diferencia entre un buen y un mal ejercicio. Deberían ser con las comas tan escrupulosos como con los céntimos. Gracias, querido Banco de Santander, por escuchar esta recomendación, aunque tengas que modificar los originales de toda la campaña.

¿Qué le debo? El País 29.07.2005

¿Cuántas balas entran en una cabeza? Depende del calibre, pero entre siete u ocho. Es lo que cabe deducir de las que metió la policía de Blair en la de ese pobre chico brasileño. Quizá una o dos menos, si tenemos en cuenta que el muchacho estaba en el suelo, inmovilizado, y que se las pudieron introducir de forma ordenada, como el que guarda lapiceros en un plumier. Una bala con la punta hacia arriba y otra con la punta hacia abajo, para aprovechar bien todos los huecos de la caja craneal. Caben más balas que ideas en una cabeza. De hecho, Blair da la impresión de que sólo tiene una: la de que el mundo es un lugar más seguro desde la reunión de las Azores. ¡Qué concepto tiene este hombre de la seguridad! Hay más balas que ideas, ése es el problema. Si en vez de invadir un país con tanques, provocando la muerte de más de 25.000 civiles, lo hubieran llenado de ideas, quizá no habríamos tenido un 11-M ni un 7-J. Pero es que cuando Aznar, Bush y Blair pusieron sus ideas sobre la mesa, sólo les salió, por más que se rascaron los bolsillos y el encéfalo, la de invadir. Podían haber acudido a un banco de pensamiento, pero acudieron a un arsenal. Tenemos tantas balas que, repartidas entre tantos habitantes, tocan a tantas cada uno. ¿Qué es preferible, atacarlos con una mala idea o con doscientas balas buenas? El caso es que decidieron tapar la falta de pensamiento con metralla y así estamos, en un sinvivir. Y no sólo no muestran arrepentimiento alguno (Rajoy se declaraba hace dos días orgulloso del pleno en el que su partido había votado masivamente la sustitución de las ideas por las balas), sino que continúan empecinados, visto lo visto, en que el mundo está mejor ahora que antes. Blair justificó a la policía y ofreció una indemnización a los padres de Jean Charles de Menezes, el brasileño muerto. Lo hizo de un modo tan grosero que parecía que estaba preguntando ¿qué le debo? ¿Qué le debo por la muerte de su hijo?, y no se suba usted a la parra, porque era un muchacho de tez oscura, un sospechoso. Si la comparecencia hubiera durado 10 minutos más, habría acabado ofreciendo un anticipo a cuenta, por si tiene hermanos. Hay gente con ideas y gente con balas. El mundo está dirigido por los últimos.

Fútbol El País 02.09.2005

La Liga de fútbol es un regulador intestinal, un tonificador cardiaco, un estimulante muscular. Comienza a finales de agosto para atenuar los efectos colaterales del 1 de septiembre en el cuerpo social. Es posible que durante el verano hayamos descubierto que no amamos a nuestra esposa, o que ella nos detesta; tal vez en ese raro instante de lucidez que proporciona la siesta veraniega, nuestra vida nos haya parecido un desastre; es posible que ni siquiera tengamos el proyecto de iniciar una colección de fascículos. Pero nos sentamos frente a la tele, y aparece la Liga como una referencia moral imperturbable. Siempre es la misma, no importa quién gobierne ni el precio del barril de petróleo. Por si fuera poco, en el Madrid ha brotado Robinho como en otras temporadas brotaron a Beckham o Ronaldo. Robinho no es un jugador, es un hechicero. No jugó, hizo magia negra. Crecí convencido de que odiaba el fútbol. Y resulta que me estremece. ¿Puede uno equivocarse tanto y durante tantos años? Es evidente que sí, y en varias direcciones. Un pintor de éxito me confesó este verano que aborrecía el arte. Se había dado cuenta al despertarse de una siesta, en la playa, y ver que el mar real era idéntico a una pintura abstracta. Me gusta el fútbol, aunque todavía no sé lo que me dice. De momento, me ha ayudado a instalarme en septiembre como en el interior de un suéter viejo y protector. Desde ese espacio, escucharé el mensaje del balón hasta que haya logrado descifrar su sentido. No me avergüenza confesar que este cambio tiene todas las características de una conversión religiosa, por lo que me empaparé también de los textos sagrados sobre la materia, bajo cuya luz los partidos alcanzarán un resplandor inédito. No será un camino de rosas. Al fútbol, como a Dios, se puede llegar a través del éxtasis o de la ascesis. Yo soy asceta. Todo lo he conseguido a fuerza de privaciones, de trabajo, de estudio. Sospecho que tampoco en este ámbito del conocimiento se me regalará nada. Desde aquí me encomiendo a Segurola y a De la Morena, cuya guía espiritual me ayudará, una vez que la verdad me haya sido completamente revelada, a saber a qué equipo pertenezco.

Armas El País 09.09.2005

El modelo económico de Estados Unidos es el nuestro, de modo que a la revelación de que los Reyes Magos son los padres y que los niños no vienen de París habrá que añadir en seguida la de que el Séptimo de Caballería no existe. El Séptimo de Caballería era el Estado, que llegaba con su mano (o con su espada, si ustedes lo prefieren) a donde no alcanzaba la del individuo. Cuando uno estaba rodeado por los indios, aislado por la nieve o tirado en medio de la calle por falta de recursos, llegaba el Estado y le rescataba, le lanzaba víveres desde el aire o lo conducía urgentemente al hospital. Todo eso es pura fantasía. Pertenece a una época en la que se aspiraba a alcanzar un equilibrio entre la iniciativa privada y la pública en la convicción de que tenían intereses comunes. A menos Estado, más pánico, de ahí que en Estados Unidos esté permitida la posesión individual de armas. Cuando nosotros, a base de competir por ver quién es el partido político que baja más los impuestos, tengamos un Estado famélico, también exigiremos que nos permitan guardar una pistola debajo de la almohada y un rifle detrás de la puerta, si no para defendernos frente a eventualidades como la del Katrina, para suicidarnos antes de que nos violen contra las letrinas de un estadio. Y no nos engañemos: vamos hacia una organización económica insolidaria, atroz, injusta, antidemocrática, nazi en más de un aspecto, porque nuestro modelo es un país en el que se ha privatizado todo menos la guerra. Los médicos, los ingenieros, los fármacos, los hospitales de campaña se encuentran en Irak, instaurando la democracia, como es bien sabido. Pero no todo es malo en el pensamiento económico de la extrema derecha: ya se anuncian los beneficios de la reconstrucción de Nueva Orleans, bien es cierto que en términos de oportunidad de negocio más que en términos de reparación moral. Las imágenes de los damnificados agitando los brazos desde la azotea del Superdome mientras en los pisos inferiores se producían violaciones y crímenes sin cuento evocaban las de los motines carcelarios. Y es que eran presos, en efecto, de una Constitución cuyo primer artículo debería decir: Sálvese quien pueda.

Intransitivos El País 16.09.2005

Cuando enciendo mi ordenador portátil, lo primero que hace es buscar una red inalámbrica. Si no da con ella, te lo dice con cierto desánimo: "No se encontró una red inalámbrica a la que conectarse". Vaya por Dios, exclamo yo sintiéndolo más por él que por mí, pues aunque trato de que se sienta útil encomendándole diversos menesteres, también sé que su vida no alcanza un sentido pleno hasta que se conecta a Internet, que es su país, su patria, quizá su corazón o su hígado. Sin Internet, se contagia de la opacidad propia del universo analógico y deviene en un trasto, un cachivache, un chisme. Su necesidad de conectarse es tal que ha desarrollado unos órganos internos capaces de detectar cualquier red, por sutil que sea. En situaciones desesperadas, me propone que nos enganchemos a la del vecino, que lógicamente paga él. Le entiendo porque lo primero que hago yo cuando me despierto es asomarme a la ventana para conectarme a la realidad exterior. Todavía en pijama, veo si está nublado, si hace viento, si la chica que toma el autobús en la parada de enfrente se encuentra ahí, como todos los días a esta hora, o ha cogido la primera gripe del otoño. No puedo ni imaginar que una mañana, al levantarme, no fuera capaz de encontrar la ventana. Me asfixiaría o me daría un ataque de angustia. Algo así le ocurre a mi portátil cuando no logra dar con una ranura desde la que asomarse al universo digital. Se niega a trabajar, se cuelga, se ralentiza, se le viene abajo la tensión. Por fortuna, algunos hoteles que ya ofrecían ventanas para los seres humanos, han creado redes inalámbricas para los portátiles. Si hay gente que no está dispuesta a viajar sin su perro, muchos nos negamos a salir de casa sin nuestro ordenador. El problema es que el ejemplo no cunde. La mayoría de los aeropuertos aún no dispone de este servicio, lo que es como si hubiéramos inventado los pulmones antes que el aire o el sacacorchos antes que el corcho. Escribo estás líneas desde Barajas, pero quizá no pueda enviarlas al periódico porque el ordenador no ha detectado ninguna red inalámbrica. Estamos encerrados él y yo en nosotros mismos. En estos instantes, somos completamente intransitivos. ¿Hay alguien ahí fuera?

Coincidencia El País 23.09.2005

Vi a tres personas distintas en tres lugares diferentes leyendo el mismo libro, así que pensé que se trataba de un mensaje y me lo compré. Se titulaba Ven y enloquece y otros cuentos de marcianos. Su autor, Frederic Brown, es un loco que alcanzó cierta fama en los cincuenta con relatos de misterio y ciencia-ficción. El primero contaba la historia de un niño que va con sus padres al teatro, a ver a un mago muy famoso. De camino, entran en la catedral, en cuya pila bautismal, mientras sus padres hablan con el párroco, el niño carga una pistola de agua que le acaban de regalar. Ya en el teatro, el mago reclama la ayuda de algún espectador. El niño se adelanta y el mago, que en realidad es Lucifer, provoca, para acabar en ese mismo instante con el mundo, un extraño fuego que el niño apaga disparando un chorro del agua bendita. Nadie, excepto él, se ha dado cuenta de que el mago es Luzbel. Al regresar a casa, el padre coge una correa para azotar a su hijo. La madre, angustiada, le pregunta por qué. El marido sacude la cabeza: "¿No recuerdas", dice, "que le hemos comprado la pistola de agua de camino hacia el centro y que después de eso no ha estado cerca de ningún grifo? ¿Dónde crees que la ha llenado? La ha llenado cuando hemos parado en la catedral para hablar con el padre Ryan sobre su confirmación. ¡En la pila bautismal! ¡Ha usado el agua bendita para llenar la pistola!". Al poco se escuchan los aullidos del niño y el golpe de la correa sobre sus nalgas. El relato termina así: "Herbie, que había salvado al mundo, recibía su recompensa". La lectura me puso los pelos de punta porque yo mismo, de niño, había cargado una vez mi pistola en la pila que había a la entrada de la iglesia. El remordimiento por aquella acción me persiguió durante todo el día. Me desperté varias veces en medio de la noche con un sudor frío, convencido de que me iba a condenar. Pensé en el suicidio. Y me suicidé a la mañana siguiente, disparándome en la sien un buen chorro de aquel líquido sagrado. Había olvidado aquel episodio de mi infancia cuando el azar trajo a mis manos el libro de Frederic Brown. Después de todo, me dije, quizá yo había salvado también al mundo al suicidarme.

Privatizaciones El País 30.09.2005

Que la muerte sea un negocio resulta triste; que sea un buen negocio, turbador. Las acciones de Funespaña, una empresa funeraria de Madrid con capital mixto, subieron el otro día como la espuma (más del 10%) al detectar los inversores que el Ayuntamiento podría privatizar la parte de la que todavía es dueño. No nos gusta que las pompas fúnebres copien el modelo industrial de las grandes superficies, pero que coticen en Bolsa nos parece excesivo. A este tipo de negocio le viene bien un tamaño familiar, de clase media, que dé para ir tirando. En nuestra imaginación, lo equiparamos a las antiguas mercerías, a los pequeños talleres de reparación de electrodomésticos, a las peluquerías de barrio, donde el trato con el cliente es muy directo, muy personal: todo lo contrario de lo que ofrecen las grandes superficies, a las que no sabes si dirigirte de tú o de usted, sentado o de rodillas. Deberíamos dejar a la muerte fuera de las leyes del mercado para que los enterramientos no perdieran su significado original de devolver el cuerpo a la tierra, de la que procede. Precisamente religión viene del verbo latino religare, que significa unir o volver a unir. Inhumar los restos de un familiar poseía, en ese sentido, una fuerte carga religiosa. Ahora, con la entrada de los grandes capitales en el sector, el cadáver ha devenido en una inversión, o en una desinversión, depende desde el lado del catafalco que lo mires. Cualquier día de éstos llega una industria cárnica y hace una OPA hostil contra Funespaña o cualquier otra empresa de este tipo. Entre nosotros, y perdonen la dureza de la pregunta, ¿quién se tomaría una hamburguesa de esa marca fúnebre? A todo esto, los empleados de Funespaña han anunciado movilizaciones contra la privatización, que se traducirá en un recorte de puestos de trabajo. Una vez que la muerte entra en el mercado, hay que enterrar a destajo y dar el pésame en serie. Estamos de acuerdo con los empleados. Si renunciamos a que las funerarias tengan el tamaño correcto, mantengámoslas al menos como servicio público. El Estado es el que mejor representa los intereses de la comunidad, incluso de la comunidad de los difuntos. Suerte.

Lectura El País 07.10.2005

Una chica iba leyendo en el autobús Si esto es un hombre, el primer tomo de las memorias de Primo Levi, donde narra su estancia en un campo de concentración nazi. Eran las ocho de la mañana, de manera que la mayoría de la gente se dirigía al trabajo. La chica, también. Iba un poco maquillada y con el pelo recién lavado. Exhalaba el mismo perfume que le olí hace dos o tres meses a una pasajera de Iberia que viajaba en primera. Me fijé en sus uñas, que iban pintadas de un color levemente morado, como sus ojos. La del dedo gordo llevaba dibujada, además, una pequeña flor. Parecía un esmalte en cobre, un trabajo de orfebrería. Sus zapatos hacían juego con su bolso. Todo en ella estaba meticulosamente estudiado para que conjuntase. Todo, menos el libro de Primo Levi, una edición de bolsillo algo gastada. Recordé algunas de las atrocidades que se relataban en aquel volumen. Evoqué la imagen de su autor, desnudo, famélico, enfermo, sobre la nieve del campo de concentración. Intenté imaginar cómo penetraba toda aquella información en la cabeza de la chica. El libro describe con una objetividad implacable, y muy eficaz, la vida cotidiana en los barracones, los estragos del hambre, de las enfermedades, la lucha por la supervivencia. La chica se encontraba en dos lugares a la vez: por un lado, en el autobús, junto a todos nosotros, personas de un país en paz que habíamos dormido en una cama confortable y habíamos desayunado bien, quizá demasiado bien; pero por otro, estaba en Auschwitz, hacia 1943, compartiendo con Primo Levi, que se suicidaría en 1987, una experiencia aterradora. Qué versátiles somos. Recordé entonces la situación en la que yo mismo había leído el libro. Fue en verano. Por las mañanas, escribía y bajaba a la playa; por las tardes, leía y caminaba; por la noche, salía a cenar. Me pregunté cómo era posible alternar aquellos placeres con la lectura de Si esto es un hombre y no encontré respuesta. ¿No es sorprendente la facilidad del ser humano para vivir en dos lugares incompatibles a la vez? En la siguiente parada, la chica cerró el libro, se levantó del asiento (era muy alta) y abandonó tranquilamente el autobús.

Clandestinos El País 14.10.2005

Un amigo íntimo me pidió que acudiera el sábado por la noche a su casa para mostrarme algo. Al llegar, abrió la puerta con aire de misterio y me hizo pasar sigilosamente a su cuarto de trabajo. Mientras yo curioseaba entre sus libros, él iba de acá para allá, ofreciéndome té, café, whisky, como si le diera miedo entrar en materia. Tras dejar transcurrir un tiempo prudencial, le pregunté si tenía algún problema. Respondió que no estaba seguro y a continuación, colocando el dedo índice sobre los labios, me arrastró al pasillo, desde donde nos dirigimos con movimientos furtivos al salón, cuya puerta estaba entreabierta. Al asomarme, vi a su hijo, de 18 años, instalado en el sofá, leyendo tranquilamente Madame Bovary. De vuelta a su estudio, me miró con expresión interrogativa. "¿No te parece alarmante?", preguntó. "¿Preferirías que leyera Ana Karenina?", pregunté a mi vez. "Por Dios", gritó, "es sábado por la noche y tiene 18 años; debería estar tomando cervezas con los amigos". No le dije nada, pero lo cierto es que la imagen del joven, devorando aquella obra clásica, me había perturbado. Quizá no fuera un psicópata, pero tampoco se podía negar que le ocurría algo. Se empieza con rarezas de este tipo, que al principio hacen gracia, y se acaba leyendo a Samuel Beckett. "La lectura es buena", le tranquilicé, "en eso está de acuerdo hasta el Ministerio de Cultura". "La lectura", respondió mi amigo, "es buena cuando tus amigos leen, como pasaba en nuestra época. Ahora es un síntoma jodido. Si al menos le diera por El Código Da Vinci, que no hace daño a nadie...". Me pidió que hablara con su hijo. "Después de todo", añadió, "lo conoces desde que era un niño y te escuchará mejor que a mí". A los pocos días, me hice el encontradizo con el chaval y entramos en un bar. Hablamos de literatura y me pidió algún consejo para abordar la lectura de los clásicos latinos, que se le resistían. Le recomendé una edición bilingüe de la Eneida y me ofrecí para que la comentáramos juntos. Pagó él y, al despedirnos, me guiñó un ojo, diciéndome: "De todo esto, ni una palabra a mi padre, que está muy preocupado conmigo". Así que llevamos dos semanas leyendo clandestinamente a Virgilio. ¿Adónde vamos a llegar?

Haro El País 21.10.2005 Ni capilla ardiente, ni funeral, ni catafalco, ni velatorio, nada. Pura disolución. Sus humores, sus músculos, sus entrañas, sus órganos, servirán para que los estudiantes jueguen a los médicos o presuman de haber cortado su cerebro en láminas. Me pregunto si consideró la posibilidad de que lo incineraran. La cremación fue al principio una afirmación de ateísmo. De hecho, la Iglesia tardó años en aceptarla, quizá por miedo a que el día de la resurrección de los muertos fuera más difícil reunir las cenizas de un individuo que los pedazos de un jarrón roto. Acabó admitiéndola por economía, quizá por higiene. Un nicho, no digamos un panteón, cuesta más que una solución habitacional de 30 metros, y es un criadero de bichos. Pero la incineración ha devenido ya en una suerte de rito religioso, a la manera ecologista si ustedes quieren, pero religioso al fin. A los deudos les queda la enojosa tarea de viajar hasta el mar y aventar los restos, o de distribuirlos laboriosamente por los lugares donde el difunto se hizo un hombre. Cuando el viento no colabora, las cenizas se vuelven contra el que las arroja (como la saliva contra el que escupe contra el cielo) buscando los ojos, la boca, los oídos. No tienen gérmenes, de acuerdo, están desinfectadas, limpias, pero al probarlas resulta que poseen el sabor del futuro, cuando uno creía que pertenecían al pasado... La cuestión es que lo que comenzó siendo un acto de laicismo había adquirido, con la evolución de estas liturgias, un aroma espiritual indeseable. Nada de eso. Haro Tecglen, como empezamos a llamarle antes de que se convirtiera en Eduardo Haro, o Haro a secas, ha donado sus dos metros de estatura a la ciencia. Es un modo de no incordiar en alguien que, curiosamente, no hizo otra cosa en vida. Sin duda, juzgó que hay formas de molestar que no tienen sentido. La capilla ardiente es muy aparatosa, pero carece de significado, y el whisky de la cafetería del tanatorio sabe a madera de pino. Posiblemente, no pensó que su cuerpo fuera importante para la ciencia, pero como coartada para desaparecer sin ser visto / oído podía funcionar. No hay nada después de la muerte, quizá antes tampoco. Tomamos nota de su mutis por el foro y evitamos las frases de rutina.

Calorías El País 28.10.2005

Cuando usted, al despertar, tiende la mano hacia el sexo de su cónyuge, provocando un acoplamiento eventual, de martes o jueves, se inflama dentro de sí el carburante que en forma de ensalada o huevo frito ingirió durante la cena. Y cuando una hora después atraviesa corriendo la calle, para no perder el autobús, todo el oxígeno de sus células arde, como el gas de una caldera, al servicio de ese esfuerzo muscular. Pero también cuando permanece sentado, silencioso, en la butaca del salón, levantando una fantasía venérea, una ilusión económica o un teorema, está usted consumiendo una energía de la que previamente se ha cargado a través de la boca. Hasta las imágenes de cinematógrafo que se proyectan en las paredes de su cráneo, mientras duerme, precisan de una llama piloto que siempre está encendida, por si acaso, y que se alimenta de ese yogur o ese bombón que tomó antes de acostarse. De acuerdo con la información difundida por Médicos sin Fronteras, hay en el mundo 800 millones de personas desnutridas, es decir, sin reservas energéticas para follar, para cruzar la calle, para subir las escaleras, para levantar a sus hijos en brazos, para idear un teorema, para soñar. El grado de agotamiento, en algunos casos, es tal que cuando encuentran algo que meterse en la boca, y al carecer el estómago de recursos para metabolizarlo, el alimento permanece como un bulto insoluble en esos territorios abisales del organismo. Cuando caminan, cuando se levantan, cuando se apartan las moscas de los labios, en vez de quemar grasas, que no tienen, las personas desnutridas queman sus propios músculos. Se queman a sí mismos, que es tanto como quemar la olla para calentar el potaje. Médicos sin Fronteras califica esta situación de "emergencia silenciosa" porque estos 800 millones de personas no se encuentran en la azotea de un edificio inundado, levantando los brazos hacia los helicópteros, ni permanecen bajo los escombros de un edifico derrumbado. Son 800 millones de fantasmas mudos, casi invisibles, cuya salvación no precisa de actos heroicos. Se concentran, principalmente, en el Sahel, la región de África compuesta por Mauritania, Mali, Burkina Faso, Níger, Chad, Sudán, Etiopía...

Lástima El País 04.11.2005

Tropezamos tantas veces en la misma piedra porque no escuchamos la voz de la experiencia. Hagámoslo por una vez y concluiremos que el PP adorará en tres o cuatro años el Estatuto tanto como ahora lo detesta. ¿No estuvieron en su día en contra de la Constitución, a la que más tarde convirtieron en un texto sagrado? También se opusieron a la Ley del Divorcio, que Cascos, entre otros cabecillas de ese partido, ha utilizado luego de forma compulsiva. Eso, por no hablar de las firmas que recogieron contra la Ley del Aborto, a la que no tocaron una coma cuando llegaron al poder. Podríamos llenar siete páginas con ejemplos como los señalados, aunque el más conmovedor es que reclamen la vuelta de González y Guerra, a quienes en su día dibujaban con rabo y cuernos. No lo duden, amigos, antes de diez años pedirán la beatificación de Zapatero. Sabiendo que llegan tarde a todo, parecería inútil discutir. Pero hay que hacerlo, porque se detecta en muchos de sus dirigentes el deseo de tropezar en la misma piedra dos veces, que es lo normal, y no 14 o 15 como vienen haciendo. Es verdad que presentaron ante el Constitucional un recurso contra los matrimonios entre homosexuales, pero lo hicieron de forma clandestina, a la hora de la siesta, para que no trascendiera. Y hasta Esperanza Aguirre cree que fue un error. Esperen a que vuelvan al poder y verán cómo no alteran ni una línea de esa Ley, de la que por entonces muchos de sus militantes habrán abusado tanto como Álvarez Cascos de la del divorcio. No podemos decir quién se casará con quién, porque ni los interesados lo saben. Tal es la ceguera que tienen sobre sí mismos. Lo malo es que entretanto el pobre Rajoy no puede hablar de vinos sin declarar que brinda con cava en la intimidad; ni de Barcelona sin añadir que no es anticatalanista; ni de sexo sin especificar que no es homófobo; ni de cine sin matizar que no odia a los actores; ni de árabes sin apostillar que no es racista; ni de religión sin jurar que respeta a los agnósticos. A este paso no podrá hablar de ciclismo sin jurar que no aborrece la Vuelta. Y todo por negarse a repasar no ya la historia de España, que, de acuerdo, es muy larga, sino la de PP, que se resume en un par de folios. Lástima.

Por las nubes El País 11.11.2005

Es un privilegio disponer de tantas palabras, y a tan buen precio, para explicar las cosas. Por un euro, lo que cuesta un periódico, te enteras del avance de la gripe del pollo, del estado de ánimo de Rouco o del precio de una felación. Debajo de la cabecera de los diarios debería poner todo a un euro. Por esa cantidad le damos también un horóscopo, le informamos de la temperatura de la Bolsa y le resumimos los discursos políticos. No hay nada más barato que las palabras. Bastan 166 pesetas, perdonen la tristeza, para llenar la mesa de la cocina de palabras con las que uno descubre que el mal francés venía incubándose desde los años setenta. Dirá usted que cómo no se evitó un incendio preparado con tanta antelación. Pues porque para evitarlo, además de palabras, se habría necesitado un poco de realidad, y la realidad cuesta un ojo de la cara. Todo a un euro. La policía ha desmantelado una red que producía 100.000 discos piratas a la semana. Lo increíble es que disponían de películas no estrenadas. La mafia acabará vendiendo copias de películas que aún no han sido rodadas, de novelas que aún no han sido escritas, de canciones que aún no han sido compuestas. La mafia va por delante de la realidad porque invierte en ella. Es la única forma de Estado para la que bajar los impuestos (ese modo de gritar sálvese quien pueda) no es de izquierdas ni de derechas, porque, como están demostrando los franceses, es de tontos. Todo a un euro, incluido el sudoku. Permítanme además que yo personalmente les regale hoy un trabalenguas. Ahí va: "Los adjudicatarios encargaron la obra a una empresa que subcontrató a otra compañía". Preguntas: ¿Cuántas compañías intervinieron? ¿El gerente de cuál de las empresas subcontratadas acudirá al entierro de los muertos? ¿A cuántos fallecidos tocan por empresa? ¿Cuánta gente sacarán los obispos a la calle para protestar contra el empleo precario?". Por falta de palabras, en fin, que no sea, están tiradas de precio. Ojalá que las que sirven para explicar lo que ocurrió ayer en Francia sirvieran para evitar lo que ocurrirá mañana en España. Pero para eso hay que invertir en realidad, y la realidad está por las nubes. No querrán ustedes que les subamos los impuestos.

Un cuerpo con 22 almas Levante 13.11.2005

La historia de la humanidad es la historia del cuerpo. El cuerpo viene produciéndonos de su aparición una extrañeza tal que no nos cansamos de representarlo, de reproducirlo, de reinventarlo para desgastar la emoción que nos provoca. La arquitectura, el arte, la mecánica no han hecho otra cosa que copiar el cuerpo o sus partes (¿qué es, si no, una casa, una grúa, una estatua?). La clonación es el conmovedor empeño de reescribirlo de arriba abajo, de forma literal, a la manera en la que Pierre Menard, el personaje de Borges, pretendía reescribir el Quijote. La lengua es un intento más de comprender el cuerpo por la vía de calcarlo. Una oración gramatical contiene las mismas dosis de morfología, de sintaxis o de semántica que el organismo de un mamífero. Dios no inventó el bazo ni el páncreas ni el intestino grueso, pero creó la lógica que hizo posible la aparición de las vísceras. Si usted le implanta un trozo de su hígado a un familiar, usted no tiene que darle ninguna instrucción a ese fragmento hepático porque él sabe hasta dónde crecer, y en qué dirección. Si usted pronuncia las tres primeras palabras de una oración condicional, la oración sabe perfectamente en qué tiempo debe ir el verbo. Representamos el genoma con las letras del alfabeto porque no hay reflejo más fiel del cuerpo que la lengua, especialmente la escrita. Sorprende la cantidad de información que cabe en una célula, pero no es menos admirable la que cabe en una conjunción. Álex Grijelmo, en El genio del idioma, demuestra que ningún hablante al que se le propusiera crear un verbo nuevo a partir de un sustantivo preexistente, se le ocurriría terminarlo en er o ir (como temer o partir), sino en ar (como amar). ¿Por qué? Porque hay en el idioma una información genética, un impulso lógico, una poética, que nos obliga, lo pretendamos o no, a terminarlo en ar (nadie deduciría, de chat, chateer o chateir, sino chatear). Cuando movemos los labios, en fin, no decimos lo que queremos nosotros, sino lo que quiere la gramática, del mismo modo que cuando abrimos la mano aparece el número de dedos que quiere la biología. El español es un cuerpo con 22 almas. Compartimos lo esencial (el sistema endocrino, la circulación sanguínea, el aparato digestivo...), pero nos asaltan dudas puntales en el uso, la pronunciación, la ortografía o el significado de determinadas palabras o locuciones. Un conjunto de sabios de las 22 academias de la lengua española ha superpuesto todas esas almas, como el que superpone un conjunto de esqueletos dibujados sobre papel cebolla, para analizar las diferencias y las semejanzas que hay entre ellas. Tras un trabajo de cinco años, han dado a luz un diccionario normativo que sirve lo mismo para un español que para un ecuatoriano; para un mexicano (¿se debe escribir, por cierto, mexicano o mejicano?) que para un salvadoreño; para un chileno que para un costarricense... Si usted busca el término overbooking, utilizado para expresar que una compañía aérea o un hotel han vendido más plazas de las que disponían, el Diccionario panhispánico de dudas le aconsejará utilizar sobreventa o sobrecontratación, que dicen lo mismo, pero con nuestro hálito. Si usted busca Méjico, le remitirán a México, donde le explicarán el porqué de la equis frente a la jota. Si usted no sabe si escribir pábilo o pabilo, cuba-libre o cubalibre, hondear u ondear, píxel o pixel, máster o master, reúma o reuma, no tiene más que abrir el diccionario y dejarse llevar. Los diccionarios de dudas gozan de una tradición importante entre nosotros. Son útiles y divertidos a la vez. Personalmente, los consulto con frecuencia, unas veces por necesidad y otras por vicio. El Panhispánico se dirige por igual a los necesitados y a los viciosos. Es claro, sencillo e implacable, pero impone la norma por vía de la argumentación y del ejemplo. Posee además una unidad de estilo que no es común en las obras colectivas. Y hasta aquí hemos llegado, así que punto final (estuve a punto de escribir punto y final, pero consulté el Panhispánico y me disuadió. La denominación punto y final, creada por analogía de las correctas punto y seguido y punto y aparte, es incorrecta).

Carta 18.11.2005

Querido Dios: espero que al recibo de ésta te encuentres bien. Nosotros, mal, como siempre, ahora por un asunto que quizá te interese y que no es fácil resumir en dos palabras. Resulta que una parte de tus fieles pretende que el Estado financie los gastos inherentes a una asignatura de religión. Como son gente muy belicosa, se les dijo en su día que de acuerdo, que las escuelas ofrecerían obligatoriamente esta materia, aunque sería voluntaria para los alumnos. En principio, parecía una solución equitativa, justa, porque ninguna parte imponía su voluntad a la otra. Pero ahora se han descolgado con que a los que no estudien Religión se les penalice de algún modo, para evitar deserciones. No conciben otra forma de difundir tu existencia que a través del BOE, en forma de decreto. Qué raro que al cabo de los tiempos Dios vuelva a ser lo de siempre: un decreto, un proyecto de ley, una ordenanza impuesta a gritos desde un púlpito radiofónico en el que todos los días se crucifica a alguien en cumplimiento, una vez más, de aquella regla según la cual el crucificado se convertirá en crucificador. Los obispos, que no habían salido nunca a la calle, se han manifestado ya dos veces en lo que va de año, una para exigir a los homosexuales que abracen el celibato, y otra para convertirte en un precepto. ¿Es razonable que individuos que no se movilizan por nada, estando el mundo hecho un cristo (con perdón), se comporten así? Y muchos piensan que mejor no quejarse porque ahora sólo gritan. Hace poco mataban. De hecho, todavía circulan por ahí versiones de ti en las que apareces como un sanguinario que disfruta viendo inmolarse a los suyos mientras siembran restaurantes, plazas o mercados de cadáveres. ¿Pero cómo va a querer Dios eso?, les preguntas y ellos te aseguran que sí, que eso es lo que quiere Dios, eso y la asignatura de Religión obligatoria. Estas letras, querido Dios, son para pedirte que les envíes una señal de que las cosas no son así (como dice el refrán, cada uno en su casa y Dios en la de todos). Pero no quiero despedirme sin trasladarte un par de preguntas de mi hijo: ¿Por qué has puesto el sexo tan cerca del culo y por qué hay obispos castrenses? Muchas gracias.

Aclaraciones El País 25.11.2005

Rajoy no necesita que nadie le ayude a explicarse. Es un parlamentario brillante, un orador incisivo, un conferenciante meticuloso. Y si falla, ahí están Acebes y Zaplana, dos cirujanos del verbo, dos miniaturistas de la gramática, dos talentos de la precisión. Nos permitirá, sin embargo, que le echemos una mano para aclarar que la protesta del día 3 contra el Estatuto no es una manifestación contra los catalanes. No se trata de excitar, una vez más, ese anticatalanismo primario y visceral latente en la sociedad española desde que somos niños. No es un regreso a la época del "Pujol, enano, habla castellano". No hay la mínima intención, pese a la cercanía de las navidades y fin de año, de recordar que existen alternativas al cava o a los planes de pensiones de La Caixa. Tampoco es, créannos, una manifestación contra los homosexuales catalanes. Éstos ya recibieron lo suyo cuando nos manifestamos a favor del celibato. Para nosotros, un homosexual catalán tiene la misma consideración que un marica andaluz, una loca gallega o un sarasa castellano. Ahí no admitimos rasgos diferenciales ni perfiles autonómicos ni coñas identitarias. Ya hablaremos cuando el Constitucional, al que hemos presentado un recurso de amparo, diga lo que tiene que decir. En todo caso, las vías no se agotan aquí. Hay muchos modos de enredar al Parlamento Europeo para que el malestar no cese. También nos importa señalar que por debajo de la manifestación contra el Estatuto, y pese el actual frufrú de sotanas, no estamos propugnando una vuelta al nacional catolicismo. Ese asunto lo despachamos en otra ventanilla. Insistimos: se trata de una protesta contra el Estatuto, aunque a favor del 90% de los catalanes que lo avalan. Si usted no quiere beber cava, no lo beba otro día; si le apetece meterse con los homosexuales, déjelo para enero o febrero; si ha decidido cambiar de entidad bancaria, hágalo el día anterior, o el siguiente. No cometamos errores por los que nos puedan tachar de intolerantes o fanáticos. ¿Que por qué nos manifestamos en Madrid y no en Cataluña, que sería lo lógico? Para desquitarnos del cero a tres del otro día. Pero no se confundan: tampoco es una manifestación contra el Barça.

Definiciones 02.12.2005

La Cumbre Euromediterránea de Barcelona concluyó con una condena sin paliativos al terrorismo. El problema es que sus participantes no se pusieron de acuerdo sobre el significado del término. Tampoco es que se movieran en una ignorancia absoluta. Todo el mundo sabe, por ejemplo, que secuestrar un avión y lanzarlo contra un edificio habitado es un ejercicio de terrorismo (y de los más salvajes, para decirlo todo). Hay cosas, en fin, que saltan a la vista. El problema es cuando desciendes a los matices. ¿Es terrorismo, por ejemplo, invadir un país bajo la coartada de que representa una amenaza que luego se demuestra falsa? ¿Es terrorismo emplear armas de destrucción masiva, como el napalm o alguna o sus numerosas variantes, contra la población civil de una localidad del país indebidamente atacado? ¿Se podría calificar de terrorista, pongamos por caso, la entrada en Faluya? ¿Es terrorismo secuestrar a personas y recluirlas en limbos legales como Guantánamo? ¿Es terrorismo la tortura? ¿Son terroristas las cárceles secretas denunciadas por la prensa norteamericana? ¿Es terrorismo resistirse a la invasión de una potencia extranjera? ¿De qué hablamos cuando hablamos de terrorismo? A la Cumbre Euromediterránea de Barcelona no fueron invitados (al menos que uno sepa) académicos, ni lingüistas ni filósofos. Estos profesionales habrían ofrecido con mucho gusto a los políticos una buena definición de terrorismo. "Pero es que nosotros necesitamos una definición a la carta, es decir, una definición que no nos incluya". Si a Al Capone le hubieran pedido una definición de gánster, habría solicitado lo mismo. Es muy humano. Y ahí está el problema. La definición de gallina incluye a todas las gallinas, y la de mesa, a todas las mesas, y la de hombre, a todos los hombres. La de terrorismo, inevitablemente, incluiría todos los terrorismos. La definición es un invento diabólico, porque explica el significado de las palabras con la exactitud con la que un cronómetro divide en 60 partes un segundo. La definición es un arma de destrucción masiva de la mentira, del engaño. Hay una solución, y es calificar de terrorista la definición de terrorista. Todo se andará.

Filosofía 09.12.2005

Quería ser culto, pero llegaba a casa agotado, sin ánimos para otra cosa que no fuera encender el televisor y narcotizarse con el menú del día. Mientras las imágenes penetraban en su ánimo como las orugas del anuncio por las fosas nasales, imaginaba otra vida en la que leía libros de los que tomaba apuntes en un cuaderno cuadriculado, con las tapas negras. Había oído hablar de un sabio que no tenía televisión e intentaba imaginar su existencia. Lo veía deambulando filosóficamente por las habitaciones de su casa, atento a todos y cada uno de los estímulos de la realidad. En ocasiones, apagaba el televisor e imitaba esa vida superior a la suya. Iba, por ejemplo, a la cocina, cogía un yogur de la nevera, y se lo tomaba intentando establecer una reflexión sobre la fecha de caducidad. Le parecía bien que imprimieran esa información en la tapa. Constituía un síntoma de países avanzados. ¿Pero era aquel pensamiento suyo sobre la fecha de caducidad una reflexión filosófica? Un día, al salir de trabajar, entró en una librería. Una vez superado el miedo a que lo tomaran por un intruso (lo que era), tomó un volumen de filosofía al azar y leyó una página de la que no entendió nada. Esto deber ser la cultura, pensó, así que compró el libro, se fue a casa con él y se puso a leerlo en el sofá, frente al televisor mudo. A la media hora, se encontraba agotado. Aunque el libro estaba escrito en su propio idioma, tenía multitud de palabras que no comprendía. Tras decidir que al día siguiente se compraría un diccionario, cerró el volumen y encendió la televisión, por cuya pantalla empezaron a discurrir en seguida las orugas narcotizantes correspondientes al día y a la hora. El hombre colocó las piernas sobre la mesa y se dejó invadir por el dulce mal. Una vez invadido, observó el volumen cerrado y tuvo una revelación: el libro, aun cuando no lo entendiera, era la vida, mientras que la televisión, a la que entendía, era la muerte, así que se levantó, arrancó el aparato de la estantería y lo escondió debajo de la pila, junto al lavavajillas. Luego comenzó a leer despacio aquellas páginas, moviendo la lengua dentro de la boca, sin entender nada. Y cuanto menos entendía, más sabio era. ¿Quién se lo explica?

Socorro El País 16.12.2005

Una niña de 10 años, escocesa o así, ha escrito un libro titulado Ayuda, esperanza y felicidad, que es una guía para sobrevivir al divorcio de los padres. Nos parece muy bien, pero aguardamos ansiosos que una compañera suya publique un manual de autoayuda para los hijos de los matrimonios estables, que son los grandes olvidados. ¿Cómo se sobrevive a una pareja que se quiere? El libro tendría un éxito enorme en estos días de paz navideña en las que las familias homologadas llegan a las manos por un quítame allá esas pajas. Ahora resulta que los hijos de los divorciados no sólo tienen dos casas, dos regalos y ocho abuelos, sino que disfrutan de una literatura específica para ellos y su problemática. Urge la puesta en marcha de una biblioteca que nos ayude a afrontar las situaciones normales. Ya sabemos cómo se combate el cáncer, la depresión, la ruina económica. Hemos averiguado cómo se espanta la mala suerte, cómo se aprende inglés en tres semanas, cómo se deja de fumar en dos sesiones. Hemos ido a la Luna, a Marte, hemos inventado la hamburguesa. Quiere decirse que lo difícil está prácticamente hecho. Ahora necesitamos asistencia para hacer frente a lo de todos los días. Cómo no desesperarse, por ejemplo, en una lista de espera de la Seguridad Social, cómo asumir una hipoteca de 40 años, cómo sobrevivir a un contrato basura, como pagar un alquiler de 1.000 euros con un sueldo de 800, incluso cómo divorciarse con dos salarios que parecen medio. Muchos críos no podrán disfrutar del libro de Lobby Rees, la niña escocesa de la primera línea, porque sus papás carecen de medios para irse cada uno por su lado. ¿Hay derecho a eso? ¿Hay derecho a que no exista una sola guía espiritual para los más de ocho millones de niños esclavos que hay en el mundo? Por favor, ayúdennos a combatir lo cotidiano: la esclavitud infantil, las hambrunas masivas, el tráfico de armas, la tortura deslocalizada. Explíquennos cómo se defiende uno de personas corrientes como Bush, como Blair, como Rouco Varela, como Schwarzenegger. No tiene sentido que hayamos descubierto el antídoto contra el mal de ojo, que no existe, y todavía no tengamos un remedio contra la malaria. Hagan algo.

Balances El País 23.12.2005

En la puerta del cajero automático en el que esos chicos quemaron viva a una mujer, había al día siguiente un cartel que decía: "Fuera de servicio". Deberían haber puesto "Cerrado por defunción", aunque dado el precio del suelo en ese barrio, no tardarán en abrirlo. Un librero amigo me explicó esta lógica existencial: "Un volumen ocupa equis centímetros cuyo alquiler, si los sacaras al mercado, te produciría equis beneficios. Cuando un libro no es capaz de producir lo que consume, hay que retirarlo". El problema es que esa lógica acaba con el pensamiento, porque el pensamiento no vende. Por eso Rajoy se ha sumado, con gran éxito entre los suyos, al "muera la inteligencia" de la Conferencia Episcopal. Pero volvamos a los libros. Quizá el Estado debería subvencionar una cadena de librerías para aquellos títulos incapaces de defenderse por sí mismos entre los superventas de las mesas de novedades de los grandes almacenes. Hablamos de libros minusválidos. O discapacitados. Libros distintos, en fin, que carecen de recursos para competir con los códigos da Vinci y compañía. Libros indigentes, podríamos decir, que son, no por casualidad, los mismos que se lanzan a la hoguera en los momentos históricos. Recuerden, por citar un caso próximo, el escaparate de la librería Lagun, de San Sebastián, repleto siempre de pensamiento inflamable. Creo que tuvieron que cerrar por la presión del mercado y de la gasolina, una combinación insoportable. La mujer incendiada viva en Barcelona estaba ocupando en ese cajero automático más sitio del que podía financiar. Era minusválida, discapacitada, pobre, como ustedes quieran, y había que lanzarla a la hoguera, como los libros de pensamiento. "Se nos fue la mano", han asegurado grotescamente los chicos, dando por hecho que sólo deberían haberle roto las piernas. Si uno fuera el dueño del banco afectado, convertiría ese cajero en una sala de estar de paredes transparentes, con la imagen de Rosario sentada a una mesa camilla, leyendo uno de esos libros que los bárbaros queman también de manera periódica a lo largo de la historia. Pero uno no sabe lo que vale el metro cuadrado ni lo que cuesta cuadrar un balance.

Una responsabilidad inesperada Levante 27.12.2005 Todos los años, por estas fechas tan señaladas, se me aparece una mosca que ha logrado sobrevivir a los rigores del invierno. No sé de dónde sale, dónde vive, de qué se alimenta. Pero enciendo el ordenador y se materializa de repente ante mis ojos. La pantalla debe emitir radiaciones beneficiosas para estos insectos. De otro modo, no se entiende la pasión con la que se acerca a ella. Ahora mismo, mientras escribo estas líneas, la mosca va de arriba abajo aparentemente absorta. Se detiene en las palabras monosílabas más que en las polisílabas. A veces, sigue el cursor como si siguiera a su madre. Me distrae mucho de mi trabajo, pero no me atrevo a matarla, ni siquiera a espantarla, por una cuestión supersticiosa. Tengo el oscuro convencimiento de que la mosca y el alfabeto están íntimamente relacionados. Quizá si desapareciera ella se borrara una letra del abecedario. La mosca de este año tiene una característica propia en relación a las de los anteriores: es una mosca anciana. Nunca se me habría ocurrido aplicar este concepto a esta clase de bichos. Viven tan poco, que quizá no tengan tiempo de envejecer. Tal vez sólo envejecen las que logran alcanzar el invierno. Me di cuenta de que era vieja ayer, al observarla con más detenimiento del habitual. Caminaba con dificultad, como una persona con artrosis, y sus alas carecían del brillo que tienen las de las moscas estivales. Por otra parte, apenas volaba; daba saltos, en los que se ayudaba de las alas. Observada con una lupa, advertí en su rostro los estragos del tiempo. No voy a decir que tuviera arrugas, porque no es eso, pero mostraba el cansancio característico de quien ha vivido más de la cuenta. Y estaba sola en el mundo. Me produce una piedad sin límites este animal. No hago nada por él, pero tampoco en su contra. También me da miedo. Se trata de una manifestación anómala de la existencia. Es, por decirlo rápido, un bulto que le ha salido a la realidad. Y a mí me ha tocado ser su testigo día a día, hora a hora. En alguna medida misteriosa, soy responsable de ella, pero no sé qué obligaciones comporta tener una mosca. Ahora se ha posado en la manga de mi jersey y me ha mirado. ¿Qué rayos quiere?

GPS El País 30.12.2005

Según una curiosa encuesta hecha pública por una marca de navegadores, cada uno de nosotros pasa un año y medio de su vida perdido. Estamos hablando de 18 meses, o 540 días. En minutos asusta más aún. Pregunten, si no, lo que dura un minuto en tales circunstancias a los niños que se extravían en las ferias del libro o en los grandes almacenes. También los adultos nos perdemos, y no siempre encontramos el camino de regreso. Abundan las estadísticas sobre personas desaparecidas. La cuestión es que, en el mejor de los casos posibles, resulta que uno, al final de su vida, ha estado un año y medio extraviado; un año y medio preguntando por tal calle o tal otra; un año y medio pidiendo a Dios que al dar la vuelta a la siguiente esquina apareciera un edificio familiar, una calle conocida, un rostro amigo. La publicación de la encuesta sugiere que nos podríamos ahorrar un año y medio de vida si dispusiéramos de un navegador. Desde ese punto de vista, salen muy baratos. Ahora bien, yo no cambiaría por nada mi año y medio de desorientación. Debo todo lo que soy a esos momentos de ansiedad en los que no sabía dónde me encontraba. Si Pulgarcito, en vez de miguitas de pan, hubiera utilizado un GPS, nos habríamos perdido uno de los cuentos más importantes de la literatura oral. Precisamente, el GPS dispone de una opción titulada "Casa" para regresar al hogar. Lo mejor es que cuando llegas a la puerta, una voz misteriosa asegura que has llegado a "tu destino". Es ideal para aquellos que tienen dudas acerca de su matrimonio. Lo raro es que la opción "Casa" se activa del mismo modo tanto si vuelves de la iglesia como del prostíbulo. Todo esto no era para hablar mal de los navegadores. Al contrario, me he comprado uno con el que me pierdo de un modo insólito: llegando al sitio que buscaba. Lo que ocurre es que, una vez en ese lugar apetecido, me pregunto con frecuencia qué hago allí. No hay sensación de pérdida más fuerte que la que proporciona haber llegado a donde deseabas. Y para eso el GPS no tiene precio. A veces le propongo direcciones antiguas, de cuando era adolescente, y las encuentra, pero las personas que busco ya no están.