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LIBRO PRIMERO
DEL

VERGEL ESPIRITUAL DEL ÁNI~1A RELIGIOSA
qUE DESE! SENTIR EN sI yEN SU CUERPO LOS DOLORES YPASIONES DE JESÚS YCONFORMARSE CQN ÉL EN VIDA r EN MUERTE
POR

FRAY JU A N DE LOS ÁNGELES
PREDICADOR

OENE~AL

y DE LA S. C. R. ·M. DE LA EMPERATRIZ, CONFESOR,

Y PE LA SERI!NISIMA INFANTA, SU HIJA, Y DEL CONVENTO REAL DE LAS SI!/ilORAS DESCALZAS EN MADRID,
Y PADRE DE LA PROVINCIA DE S. ]OSEF, MENORES DESCALZOS DE LA OBSERVANCIA REGULAR

DIRIGIDO A LA C. R. M. DEL REY DON FELIPE TERCERO

ArlO 1610. En Madrid. En la Imprenta Real. Véndese en casa de Francisco del Val.
N. B.-Tras la hoja de la portada, cuyo reverso está en blanco, se intercala. una hoja con un grabado que
representa á Jesús adolescente, vestido de túnica ceñida con una cuerda y manto, caminando peregrino
por una llanura yerma, en la cual se vislumbra á lo lejos una ciudad fortificada y colinas que han de atravesarse antes de llegar á ella. Mira Jesús hacia el suelo y lleva sobre el hombro izquierdo, como en gavlIIa,
una cruz, un palo con esponja y una lanza; y sobarcado en el brazo derecho un canastillo abierto que contiene azotü, tenazas, clavos y martillos. Al pie del grabado la leyenda: IN LABORIBUS A ]UVENTUTE MEA.

APROBACIÓN

LICENCIA

Por comisión del Supremo y Real Consejo
de Castilla, he visto un libro intitulado Vergel espiritual, que trata de la Pasión de Jesucristo nuestro Señor en general, cuyo autor
es el muy docto padre fray Juan de los Ángeles, confesor del Real Monasterio de las
Descalzas, que contiene en el original que se
me entregó ciento ochenta y cinco hojas, que
al fin de la margen de cada plana van rubricadas con mi rúbrica, y es así que yo no he
hallado en él cosa ninguna que sea contraria
á nuestra santa fe católica ni á las buenas
costumbres, antes contiene muy buena doctrina y tantas y tan devotas consideraciones
del misterio de la Pasión, que es la mina de
la sabiq,uría cristiana, que no sólo me parece
que se puede imprimir, sino que conviene, por
su mucha piedad y erudición, que se imprima.
En fe de lo cual di e3ta firmada en mi nombre.
En Madrid 19 de julio de 1609.-EI Doctor Molina, Capellán de su Majestad.

Fray Pedro Oonzález de Mendoza, Comisario
general y siervo de toda la Orden de nuestro
.padre San Francisco en la Familia Cismontana, etc., al padre fray Juan de los Angele¡;,
Padre de nuestra Provincia de San Josef,
Descalzos de la regular observancia, y Vicario en nuestro Convento Real de las Descalzas desta villa de Madrid, salud y paz en el
Señor.
Por cuanto vuestra· Paternidad me ha hecho relación que tiene compuesto un libro intitulado Vergel espiritual de la sagrada Pasión de Cristo nuestro Señor, el cual, por la
experiencia que tengo del provecho grande
que V. P. ha hecho en los fieles .por sus escritos, será de grande utilidad en la república
cristiana. Por las presentes concedemos licencia á V. P. para que, habiéndole visto primero y aprobado el padre fray Josef Vázquez,
Lector de Teolog!a de nuestro Convento de

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VERÚEL ESPIRITUAL DEL ÁNIMA RELlOIOSA

San Francisco de Salamanca, le pueda presen- se hicieron las diligencias que la premática
tar en Consejo é imprimirlo, observando en' 'por Nos ultimamente fecha sobre la impretodo lo que el Santo Concilio de Trento man- sión de los libros dispone, fué acordado que
da y nuestros Estatutos disponen. Dado en debíamos mandar dar esta nuestra carta para
nuestro Convento de San Francisco de Ma- vos en la dicha razón, y Nos tuvímoslo por
drid á 6 de Junio de 1609.-Fr. Pedro Gonzá- bien, por la cual, por os hacer bien y merced,
os damos licencia y facultad para q~e, •por
lez de Meildoza, Comi$ario general.
, tiempo de q.iez años primeros sigtiié¡jt~s,:,qlie
corran y se cuenten desde el día de la fecha
APROBACIÓN
della, vos ó la persona que, vuestro poder huFray Josef Vázquez, Lector de Teología en' biere,' y no' otro alguno, podáis' imprimir y
el Convento de San Francii?co de Salamanca, vender el dicho libro que de suso se hace
por comisión de nuestro reverendísimo pa- mención por el original que en nuestro Condre fray Pe,d,ro Gonzájez de Mendoza, Comi- sejo se vió, que va rubricado y firmado al fin
sario general 'de la fainilia Cismontana de dél de Cristóbal Núñez de León, 'nuestro esnuestro seráfico padre San Francisco, vi, y cribano ,de Cámara, de los que en él residen,
con" mucha atención lei',un, libro intitulado con que antes que ,se venda lo traigáis ante
Vergel espiritual de la Pasi6n de Cristo nues- ellos juntameilte ton el 'dicho original, para
tro Redentor, compuesto por el muy reveren- que se vea si la dicha impresión está confordo padre fray Juan de 10s'Ángeles, Predicador me á él, ótraigáis fe en pública forma cómo
y Padre de la Provincia de San Josef, Meno- por corrector por Nos nombrado se vió y cores de la' Observancia regular, y Vicario del rrigió la dicha impresión por su ofiginal; y
Convento Real de las Descalzas de M:tdrid. mandamos al impresor que imprimiere dicho
y,fuera de qu.e en él no he hallado cosa que libro no imprima el principio y primer pliego,
contradiga á nuestra santa fe, ni desdiga de ni entregue mas de Uil solo libro con el origila doctrina delos Santos, hallo en él mucha' nal al autor ó persona á cuya costa se' impri~
erudkión, piedad y devoción singular, con miere, y no otro alguno, para efecto de ia di~
gracio~o y levantado estilo, de manera que se
cha corrección y tasa, hasta qué primÚq el
descubre bien en él el espífitu y suficiencia' dicho libro; esté corregido y tasado ¡jór los-del
del autor, y nos podemos prometer grandes nuestro Consejo; y estando así, y no de otra
frutos en la Iglesia católica de su lección. Y manera, pueda imprimir el dicho libro, princiasí me parece que se le debe dar licencia, pio y primer pliego, en el cual seguidamente
yaun mandarle que lo imprima y saque á luz está mi licencia y privilegio, y la aprobaciólI,
con brevedad. En fe de lo cual di esta, firma- tasa y erratas, so pena de caer é incurrir en
da de mi nombre, en 31 de Mayo de 1609.~ las penas contenidas en la premática yleyes
de nuestros reinos que sobre ellos disponeh.
Fr. Jose! Vázquez.
y mandamos que durante el tiempo de los
dichos diez años persona alguna sin vuestra
EL REY
licencia no le pueda imprimir ni vender, so
Por cuanto por parte de vos, fray Juan de pena que el que lo imprimiere haya perdido y
los Ángeles, de la Orden de San Francisco, pierda todos y cualesquier libros, moldes y
Descalzo, Predicador de la Provincia de San aparejos que del dicho libro tuviere, y más inJosef y Vicario de nuestro Convento Rear de curra en pena de cincuenta mil maravedísj la
las Descalzas de la villa de Madrid, nos fué cual dicha pena sea la tercia parte para la
fecha relación que vos habíades compuesto nuestra Cámara, y la otra tercia parte para el
u,n libro intitulado Vergel espiritual, en el cual Juez que lo sentenciare, y la otra tercia, parte
se trataba de la Pasión de Cristo nuestro Se- para la persona que lo denunciare; y mandañor, y le había des compuesto con mucho es- mos á los del nuestro Consejo, Presidente'y
tudio y trabajo, y nos fué pedido y suplicado Oidores de las nuestras Audiencias, Alcaldes,
os mandás1!mos dar 'licencia para le poder Alguaciles de la nuestra Casa y Corte yChanimprimir, con privilegio por diez años ó como cillerías, y á todos los Corregidores, AsIstenla nuestra merced fuese; 10 cual visto por los tes, Gobernadores; Alcaldes mayores y ordidel nuestro Consejo~ y como por su mandado narios, y otros jueces y' justicias cualesquier

TASA Y DEDICATORIA DEL LIBRO Á FELIPE 111

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de todas las' ciudades, villas y lugares de villa de Madrid á veinte y siete dias del mes
los nuestros reinos y señoríos, ansí á los que de Febrero de mil y seiscientos y diez años.-agora son como á los que serán de aquí Cristóbal Núñez de León.
adelante, que vos guarden y cumplan esta
nuestra cédula, y contra su tenor y forma y A la C. R. M. del Rey nuestro Señor Don Felide lo en ella contenido no vayan ni pasen, ni
pe Uf, que la Majestad de Dios guarde largos
consientan ir ni pasar en manera alguna, so
años, fl ay Juan de los Angeles, su vasallo y
pena de la nuestra merced y de diez mil macapellán, desea salud y perpetua felicidad.
ravedís para la nuestra- Cámara. Y esta
nuestra cédula y otra que dimos del mismo
Por ser V. M. mi Rey y Señor natural, natenor y para el mismo efecto, de pedimiento turalmente le amo y deseo servir; y si fuera
del dicho fray Juan de los Ángeles, su data necesario para su conservación y vida prósen Segovia en siete de Agosto del año pasa- pera dar yo la mía, sin duda alguna la diera
rlo de mil y seiscientos y nueve, firmada de con liberalidad y gusto; y haría poco en ello;
porque, naturalmente, los miembros todos del
mi real mano y refrendada de Jorge de Tobar,
mi Secretado, sea y se entienda ser toda una cuerpo favorecen á su cabeza; y en razón
desto ninguno rehusa el perderse por que
y un mismo privilegio; por cuanto este le
mandamos dar por haberse perdido el dicho . ella se conserve; lo cual hace una serpiente
primer privilegio, á instancia de Francisco del amaestrada de sola la naturaleza, y por venVal, librero. Dada en Madrid á diez días del tura por ello la llamó Cristo en su Evangelio
mes de Febrero de mil y seiscientos y diez prudente; y aunque parece esto lo más que
años.-Yo EL REY.-Por mandado del Rey un vasallo puede hacer por su rey y señor,
en mí es 10 menos, porque al amor natural
nuestro Señor, Jorge de Tobar.
.
que á V. M. tengo desde la cuna se añade
otro tan aventajado y de otras calidades tan
(Este libro está impreso conforme á su ori- diferentes, tan afectuoso y ahidalgado, que
ginal y no tiene errata alguna que notar. Y son pocas las horas en que no me le reprepor verdad lo firmé en Madrid á 20 de Enero senta y pone delante en una tan apacible y
de 1610 años.-El Licenciado Murcia de la agradable figura cuanto puede ser; y de aquí
. me nace un ansioso deseo del bien de V. M.,
Llana.)
y el pedir continuamente á Dios el acierto en
TASA
todas las cosas que están á su cargo: la liYo, Cristóbal Núñez de León, escribano de bertad de su espiritu, la ejecución en las macámara del Rey nnestro Señor y uno de los terias de justicia y de gracia, la salud para
que en 1su Consejo residen, doy fe que, ha- tantos trabajos y las fuerzas para contrastar
biéndose visto por los señores dél un libro los enemigos de la Iglesia y los particulares
intitulado Vergel espíritual del ánima religiosa de su alma, que sobre todas las demás cosas
que desea sentir en si y en su cuerpo los do- amo; y aunque nunca he manifestado á V. M.
¡ores y pasiones de Jesús, y conformarse con este afecto, ansí por la poca importancia déJ
él en vida y muerte, compuesto por el padre como por mi encogimiento y cobardía y por
fray Juan de los Ángeles, de la orden de San no dar lugar á algún pensamiento de retorno,
Francisco, Descalzo de la Provincia de San á que no alcanzan méritos ni deseos, agora me
Josef, que con licencia de los dichos señores atrevo á decirlo y firmarlo de mi nombre, para
fué impreso, tasaron cada pliego del dicho li- que V. M. sepa que tiene quien le ame desinbro á cuatro maravedís, el cual parece tener teresadamente, cosa rara y pocas veces contreinta y un pliegos, que al dicho precio mon- cedida á los reyes y potestades de la tierra;
ta ciento y veinte y cuatro maravedís en pa- y si aquí se hallara igualdad, como la piden
pel; y á este precio y no más mandaron se Jos filósofos para la amistad verdadera, dijera
venda, y que esta tasa se ponga al principio yo lo que Séneca: Ego amicum quaero, cui serde cada libro de los que se imprimieren. Y viam, el pro qua mori valeam, et a qua nulla
para que dello conste, de mandamiento de los munera recipiam: Busco amigo á quien sirva,
dichos señores del Consejo y pedimiento de por quien pueda morir y de quien ningunas
Francisco del Val, librero, doy esta fe. En la mercedes reciba; porque la amistad á sí mis-

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VERGEL ESPIRITUAL DEL ÁNIMA RELIGIOSA·

ma se tiene por premio y de ninguna otra
cosa hace caso. Ya veo que son atrevimientos
éstos; pero V. M. los habrá de perdonar. porque la pluma escribe lo que el corazón le dicta, y el corazón dicta lo que el amor le enseña y ordena. Según esto, no seré juzgado de
atrevido si á los pies de V. M. pusiere lo más
lucido de mis estudios y el Benjamín querido
de mi alma, que es el tratado que últimamente he compuesto de la sagrada Pasión de
Cristo Señor nuestro, Rey de los reyes y Señor de señores, para que debajo de su real
protección salga á luz y corra sin temor por
todo el mundo, en el tiempo que más olvidada
la tienen los cristianos y más desterrada de
la consideración algunos maestros, siendo,
como es, la cosa más necesaria y de mayor
importancia para el acierto y reformación de
la vida, para la unión con Dios y para los excesos mentales; y aunque el amor me daba
suficientes alas para subir con mis deseos á
tan grande alteza, todavía temiera este acometimiento si V. M., por su clemencia, no se
hubiera dignado de darme su licencia y beneplácito para hacerle esta dedicación y consagrarle estos trabajuelos, indignos por su
autor y dignísimos de su real persona por la
materia; porque á los reyes tan poderosos
como V. M., tan cristianos y de tanta piedad
y devoción, más que á otras suertes de gentes les conviene ponderar, pesar y meditar
siempre las afrentas y fatigas del Salvador
para freno de su libertad y salsa de sus contentos, espejo en que se miren, moderación
de la gloria deste mundo y desprecio della en
lo interior del alma. ¿Y quién no temerá ofender á un Señor, aunque tenga la grandeza
. que V. M. tiene, que por destruir el reino del
pecado y comunicar á los hombres la santidad murió con dolor y afrenta en una cruz?
La sagrada Pasión es arma segura contra las
tentaciones de Satanás, y su pensamiento,
como lo dijo San Pedro y lo confirmó San
Pablo, nos defiende de nuestros enemigos visibles y invisibles: es la carta de la navegación que hacemos para el cielo, sin la cual es
imposible tomar derrota cierta ni puerto se·
guro; es la botica adonde se hallan todas las
medicinas contra los pecados; es la escuela de
todas las virtudes; es el manojuelo de mirra
que puesto entre los pechos de la Esposa la
libra de toda corrupción espiritual; finalmente, es el jardín adonde V. M. se ha de espaciar

y recrear y respirar de los cuidados que continuamente combaten y ahogan su corazón.
Un rey con otro rey se consuela en sus trabajos, y con el Rey de la gloria, afrentado y
trabajado, los reyes todos de la tierra. Aquel
lugar de los Cantares (cap. 7) que el pacífico
rey Salomón compuso, adonde, alabando el
divino Esposo los cabellos de su Esposa,
dice: Tu crencha ó madeja de cabellos, querida mía, como la púrpura del rey bien entrapada en el tinte y atada junto á las canales
por donde corre, trasladaron los Setenta en
esta forma: Cesaries capitis tui sicut purpura;
Rex ligatus in canalibus: Los cabellos de tu
cabeza, del color de púrpura; el Rey atado en
las corrientes ó canales. Lugar es escurísimo
y que ha dado en qué entender á los intérpretes. Muchos lo entienden de Cristo, preso del
amor de las almas, puesto y fijado en la Cruz
y derramando su sangre por cinco llagas Ó
canales, con el título que dice l. N. R. l. Por
los cabellos entienden algunos los pensamientos de un alma metida con la consideración en
la sangre de Cristo Señor nuestro; y sonle tan
agradables, que le prenden y le atan á la voluntad della. Otros dicen que los cabellos teñidos y entrapados en el color de púrpura
son los mártires que lavaron sus estolas en
la sangre del Cordero. Yo diria que los justos
todos son el ornato y ata vio de la cabeza de
Cristo, que, como cabellos, la hermosean y
hacen bellísima; y ocupándose en la meditación de su Pasión sacratísima, y teniendo alií
sus pensamientos, arrebatan y llevan para sí
los ojos de Dios. Rex ligatus in canalibus. El
rey, que en la Iglesia tiene lugar eminente,
no como quiera ha de pensar en esta Pasión,
que da lustre y hermosea las almas, sino que
ha de estar atado y preso á las llagas de Cristo, chupando dellas la virtud y la santidad y
la devoción y el espíritu; los deseos del reino
soberano que tan á su costa le compró el
Rey de los cielos; el espanto del infierno, que
para librarle dél fué menester tan costoso remedio; el miedo de los pecados, cuya consideración hizo temer y entristecerse y tener pavor al todopoderoso Dios; y la estima de su
alma, para cuyo rescate el mismo Dios dió su
vida y sangre. ¡Oh qué rey se formaría si con
atención He considerasen las acciones y pasiones de nuestro Rey Cristo, Rey manso,
como dice Zacarfas (cap. 7), humilde y apacible, que en la mayor honra, representándose-

PRÓLOGO EXPLICANDO EL INTENTO DE LA OBRA

le la calamidad que había de venir por su
pueblo, derrama lágrimas y las mezcla con las
aclamaciones, como quien templa vino para
que no robe el juicio! Al fin, Rey más para los
suyos que para sí, cuyo imperio sobre sus
hombros, dijo Isaías, porque á su costa reinó;
y por ello no consintió que, despojándole de
sus vestiduras todas, le quitasen el título honradisimo de Rey, el cual tuvo sobre su cabeza, así por la estimación como porque fueron
menester fuerzas de Dios para sustentarle.
Por Rey le co~oció el ladrón en aquella figura, y como tal le pidió reino; y yo suplico á
V. M. rumie atentisimamente 10 que este gran
Rey hizo y padeció, que para gobernarse á si
y gobernar su reino ninguna otra guía ni dechado ha menester; y aunque todo lo que yo
soy y valgo es muy poco para ofrecérselo á
V. M., desde hoy le hago señor de todos los
frutos que nuestro Días tuviere por bien sacar des te libro que le dedico, que no serán
pocos siendo tan deseado y, esperado. Guarde Dios á V. M. y prospérele en todas las cosas y de todas maneras para el bien de la
Iglesia y de sus vasallos. Amén. - Capellán y
siervo de V. M., Fr. Juan de los Angeles.

se hallan y conservan. El que,á todas sus criaturas administra el sustento en el tiempo oportuno. El que, abriendo su mano, por su sola
bondad llena de bendición y harta todo animal. Digo que convida á aquel pan que descendió del cielo y da vida al mundo, y que á
todas las cosas de propia fuente reparte y
infunde vida. Mucho es, por cierto, que convide un ánima detenida en cuerpo de barro
corruptible y atada con grillos y cadenas de
carne al Verbo Divino, que mora y existe ab
aetemo en el seno del Padre; atrevimiento parece más que humano. ¿Sabes á quién convidas, ánima religiosa, dice el mismo Niseno?
Pero al que ama, dice Bernardo, no se le ha
de atribuir á vicio esto, porque su voz es:
Recibí más y mejores cosas que merezco, empero inferiores mucho á mi deseo: él me lleva,
y no la razón. No acuséis de presuntuoso al
que la afición ocupa y tiene poseído su corazón. Lo que aqui hay de consideración es que
convida la Esposa al Esposo á su huerto, al
que él labró, cercó, plantó, regó y cultivó., Dei
agricultura estis, Dei aedijicatio estis, declarando en esto y mostrándose humilde, conocida
y agradecida. Nada de lo que alabó el Esposo
atribuye á sí, con nada se alza de cuanto tiePRÓLOGO Ó INTRODUCCIÓN Á LA OBRA ne; á Dios lo refiere, del cual lo recibió. El comedat fruclum pomorum suorum. Este es el fin
Venga mi querido á su huerto, dice la Es- del trabajo y sudores del labrador; para eso
posa (Cant., 5), y coma el fruto de sus frutales.
labra el jardín; para eso le planta, y le poda,
Otra letra dice (Sepluaginla): Descienda mi y le riega. ¡Oh, qué- de trabajo le han costado
hermano á mi huerto y coma del fruto de sus al divino Esposo estos espirituales jardines y
nogales. Sanctes Pagnino dijo: Fruto de sus, racionales huertos! Por premio de todo esto
árboles delicados. El Hebreo: Fruto de delicias quiere coger fruto. Pro ea quod laboravit anima eius, v idebit, el saturabilur (Esaiae., 53),
ú delicado. Vatablo tradujo (Vatablo, Canfic., 4
infine): Fruto de suavidades. Bien se puede Verá los frutos y hartarse ha de ellos. El hambre de Dios es de obras, que son como grano
Dios convidar á este huerto y á e,stas frutas,
escogido, que palabras sobradas andan dony bie:1aventurada el alma que mereció nomdequiera. Maldijo el Señor á la higuera que
t)l'e de huerto y de producir dentro de si fruno tenia fruto (Marc., 11), y no era tiempo de
tos dignos de Dios, delicados, suaves y de
tenerle, y, por consiguiente, no parece que,
regalo. San Gregorio Niceno (Nisenus, in Canmereció aquella maldición, y al fin la maldijo y
tic.), considerando este convite de la Esposa,
se secó: por la significación, significaba las aléxclama diciendo: ¡Oh voz atrevida y libremente pronunciada! ¡Oh ambiciosa y magní- mas infructuosas, que se contentan mucho
¡¡ca ánima en donar, que sobrepuja toda mag- con dar hojas, como Israel, de quien Oseas
nanimidad por grande que sea! ¿Quién es el (Ose., 10): Vitis frondosa Israel. Y el Salvador
de los suyos (Mat., 15): Populus f¡ic [abiis me
convidado á quien convida á la fruta de sus
manzanos, á quien apareja de sus bienes" honorat. A 10 menos, el jardín del Esposo y de
manjar de deleites, á quien atrae á la frui- la Esposa no es de solas flores para recrear la
dón de las cosas que tiene sazonadas? Aquel vista y entretener el tiempo, sino de: árboles
es, sin duda, de quien todas las cosas proce-, que llevan fruta, y fruta dulcísima, y de regalo
den y manan, por quien todas son y en quien para Dios; fruto delicado, de delicias, suave y
Ouu

"i¡"leAS DEL

P. ANa.us.-3l

482

VERGEL ESPIRITUAL DEL ÁNIMA~ RELIGIOSA

exquisito. Pero sepamos, ¿ aceptó el Esposo
este convite de su Esposa? Luego al punto.
Vine á mi huerto, hermana y Esposa mía, segué mi mirra con las demás yerbas mías olorosas y aromáticas. Comí mi panal con mi miel,
bebí mi vino con mi leche: comed los amigos,
y bebed los amicísimos :hasta la embriaguez.
El pretérito veni, de parecer de hombres doctísimos y del uso de las santas Escrituras,
está puesto en lugar de futuro, como si dijera:
Yo haré, ¡oh Esposa mía querida!, lo que me
habéis pedido: vendré á mi huerto, segaré y
cogeré mi mirra, con las demás yerbas de olor;
comeré mi panal con mi miel y beberé mi vino
con mi leche, etc. Palabras son estas que me
embazan y ocupan de manera que no sé cómo
interpretarlas. Remito á los lectores á lo que
en nuestros Comentarios sobre los Cantare.~;
escribo sobre ellas, y noto aquí brevemente
algunas cosas á mi propósito. La primera,
que habiendo en este jardín frutas por excelencia buenas y de lindo sabor, de lo qúe echú
mano en entrando fué la mirra, como la cosa
más medicinal y de más provecho. Dificultad
tiene la virtud, pero hála de vencer el hombre
sabio por la salud del alma, de que fué símbolo la comida del cordero pascual (Heb., 12),
que siendo él sabroso, le remojaban en salsa
de lechugas amargas. Adonde advirtió, y bieT',
Filón Judio (Lib. de Vita Moysi, tomo 11, pág. 64)
que, en la piedad y observancia de la ley, d~
tal manera se hallan y mezclan amarguras,
que no faltan gustos y sabores á los observadores de ella. Amargas las lechugas, pero sabroso el cordero. Y llama este sapientisimo
varón á las amarguras que acompañan á la
virtud útiles y medicinales y que de ninguna
manera se han de huir. Al fin, lo primero en
el banquete de Dios es la mirra: esta cogió en
entrando en su huerto. Messui: segué. Los hebreos, Evulsi: arranqué y cogí en manojuelos.
Los Setenta, Vindemiavi: vendimié. Notable
cosa, digo otra vez, y llena de misterio, que,
entrando el Pastor divino en el vergel de su
Esposa y suyo, no haga mención de la azucena, ni del clavel, ni de la violeta, ni de la
rosa, ni de la fruta del camueso, manzano y
peral, ni de los más árboles generosos á que
es convidado, sino de sola la mirra, y esa
agostada y segada ó vendimiada. El secreto,
á mi juicio, es que para conservarse en el
alma, que es jardín de Dios, las virtudes, y
para parecer bien en los divinos ojos, no le

ha de faltar la mirra, de la· cual, como lo advirtieron San Ambrosio, San Gregorio Niseno
y otros muchos y graves autores, se hacía la
confección aromática para ungir los cuerpos
de los muertos antes de sepultarlos, para
conservarlos sin corrupción. Por esto tiene
significación y es jeroglífico de la memoria de
la muerte, que se ha de hallar en el estado
virtuoso en que se determina vivir el hombre
cristiano; porque si ésta le faltare, no será
vergel de flores, sino erial de malezas; ni ~en­
drá atavío de virtudes, sino fealdad de vicios.
y no quiero alargarme en este pensamiento,
del que pudiera escribir un libro entero, por
ser materia tan copiosa y de que las letras
divinas y humanas dicen mucho, sino convertirme á lo que pretendo en este Prólogo, que
es dar á entender en cuánto estima el celestial Esposo en el ánima la memoria de su Pasión y muerte sacrosantas. Su mirra es su
muerte, y su memoria en nosotros, su regalo,
su entretenimiento, su miel y su leche, y supan y su vino. ¡Oh, dichosos huertos que tales árboles crían, plantados de mirra, que por
fruta dan lágrimas que preservan de corrupción y hacen la vida olorosa y de buen sabor
y gusto para Dios! Y si no hay quien sienta lo
contrario, diría yo que lo que se sigue es
oposición de esto que precede: cdmí mi panal
con mi miel, bebí mi vino con mi leche; porque entonces es Dios banqueteado de un
alma, entonces come panal con miel y bebe
vino con leche, y convida á sus amigos á que
coman y beban hasta la embriaguez, cuando
la considera ocupada toda en la memaría de
sus dolores y dura muerte. En muchos lugares de este libro santo se hace mención de
este arbolito de la mirra y de su fruto ó goma.
En el capítulo primero: Fasciculus myrrhae dilectus meus mi/zi; inter ubera mea commorabitur. En el tercero: Sicut virgula ¡umi ex aromatibus myrrhae. En el cuarto: Ibo ad montem
myrrhae, el ad collem tfzuris. En este quinto:
Messui myrrham meam: et manus meae stillaverunt mylfham, et digiti mei 1pleni] myrr/za
probatissima, el labia eius distillantia myrrham
primam. Mirra es el Amado para la Esposa en
su pasión, y cuando más amargo, más entrañado y guardado en su pecho. Mirra es la
Esposa olorosa y llena de incorrupción cuando en la oración contempla á Cristo crucificado. Al monte de la mirra se va el querido. á
pasear y á entreten~rse, esto es, en la alteza

PR'ÓLOGO EXPLICANDO EL INTENTO DE LA OBRA

y soberanía de los pensamientos de su muerte. En su huerto, lo que nace y se cría y se
coge para todo el año es mirra. Las manos
trae la Esposa untadas y vertiendo mirra, y
sus dedos goteando mirra preciosísima, y el
amado, cuanto habla y echa de su boca es
mirra prima. En la casa de Dios, todo anda
untado con mirra y oliendo á mirra, hasta los
cofres y ropas del Mesías (Psal. 44). Myrrha,
el gutta, et casia a vestimentis tuis, a domibus
eburneis, ex quibus delectaverunt te filiae regum
in honore tuo. Los hebreos: Myrrha sunt vestimenta tua. Los Setenta: Fluunt vestimenta tua
myrrham. De tus ropas sale olor de mirra y
las arcas de marfil quedan oliendo á mirra, y
las princesas, hijas de reyes y las infantas os
regalan y os recrean en vuestra mayor honra
con estos olores. Con mirra se come, y se
bebe, y se duerme, y se vela, y esa es la especia con ql.\e todo se guisa y la salsa con
que todo se come: memoria de la mortificación y muerte de Jesús, amargado en su Pasión. Ella es la que nos conserva, la que nos
defiende de toda corrupción de pecados, la
que nos humi11a en lo próspero y nos sustenta en lo adverso, y la que modera todas nuestras cosas, para que ni nos ensoberbezcamos con unas, ni nos acobardemos con
otras. Y si con razón llamó Séneca á la memoria de nuestra muerte moderación de todos los actos humanos, y San Jerónimo, la
que lo hace despreciar todo, y el Eclesiástico,
la que nos lleva sin errar á nuestro fin, y
puerto deseado, ¡cuánto será más poderosa
para esto la memoria de Cristo crucificado y
muerto por nosotos! Esta es la mirra que se
coge de los corazones de los hombres que Él
cultiva y labra como huertos y vergeles suyos, si ya no decimos que su vergel es la
Iglesia Santa Católica y Apostólica; pero todo
es uno; porque, como lo advirtió, y bien, San_
to Tomás, lo que en universal se dice de la
Iglesia se verifica en particular de cualquier
ánima religiosa que está en ella. Para enseliarnos, pues, Cristo esta tan alta y admirable
filosofía de la memoria de su Pasión y muerte, á tiempo que sobremesa le ungía con
preciosos ungüentos Magdalena, murmurando de ello el malvado Judas, dijo (loan., 12):
Sinite illam, ut in die sepulturae meae servet
illud. Y aunque tiene grandes ponderaciones
esta razón del Salvador, yo me contento con
l:'ntender de ella el cuidado que traía y la

483

memoria de su muerte y de su sepultura. Comiendo estaba, y el: banquete era solemne, y
no se olvidó de que se había de morir, y el
ungüento olorosísímo y de gran precio le olía
á muerte. Todos se recrearon cuando Magdalena lo derramaba, por su mucha fragancia;
sólo Cristo se acordó de la sepultura. Y para
que se acabe de entender la importancia de
esta saludable mirra, debemos considerar que,
dándonos este soberano Señor su santísimo'
cuerpo y preciosísima sangre en comida y en
bebida, ninguna otra cosa nos encargó sino
que nos acordásemos de su muerte. Haec
qllotiescumque feceritis, in mei memoriam facietis (Mat., 26). Y el Apóstol en concordia:
Quotiescumque manducabitis panem hUTlc et calicem bibetis, mortem Domini anllntiabitis, donec
veniaf (1 Cor., 11). Notable sentimiento del
divino Maestro. Echó de ver lo mucho que
interesamos en acordarnos de su muerte y
obligónos á este recuerdo con darnos lo mejor que tiene el cielo, que es su cuerpo santísimo y sangre preciosísima, unidos con
su divinidad, y dárnoslo no menos que en
manjar y en bebida, para que comamos y bebamos esta memoria y vivamos de ella; y
como no podemos olvidarnos del comer y del
beber, porque hay dentro de nosotros quien
gaste y nos despierte y obligue y necesite á
tratar de esto, así no nos olvidemos, aunque
queramos, de su muerte y, de camino, de la
nuestra. Al fin, quiere que esta memoria sea
perpetua en nosotros, y de cada día (S. Tomás, Opúsculo de Sacramento); para ello hace
pan de cada día el pan de los ángeles, el que
es bastante para dar al alma vida eterna cada
vez que se come bien comido. Un doctor moderno (Almonacid, in Cant.), declarando este
lugar de los Cantares, dice que la primera
cosa de que echó mano el divino Esposo, entrando en el mundo, fué de la mirra, porque
en el mismo instante que encarnó en las entrañas de la Virgen se puso, como veremos,
en una cruz mental, que es lo que dijo' San
Pablo á los Hebreos (Heb., 10): Ingressus in
rlllllldllm, dicit, sacrifidum et oblationem noluisti, corpus autem aptasti mihi. Tunc dix[:
Bece venia (Psal. 39). Veisme aquí, vengo á
morir, y desde allí comenzó su pasión y muerte, porque se puso en la cruz de su deseo y
de la voluntad de su Padre, que era de que
muriese crucificado. Pues mírese si coge mirra en naciendo. ¡Oh j Niño delicado! ¡Oh, Niño

I

484

VERGEl ESPIRITUAL DEL ÁNIMA RELIGIOSA

tiernol Acabado de nacer, descendéis á vuestro huerto y cogéis mirra:

, Vagit infans inter arcta,
Conditus praesepia, etc. (') (Luc. 2).
Luego la Circuncisión. Y en el huerto de
Gethsemaní, ¿qué cogió sino amarguísima mirra? Y en el Calvario, para que
viese cuán
aficionado era á esta yerba, permitió que le
, diesen á beber vino mirrado. Y de camino se
note que no dice ~implemente: Cogí mi mirra,
sino: Cum aromatibus meis: con mis aromáticos; porque, en el acatamiento del Eterno
Padre, las lágrimas de Cristo, sus gemidos y
su, sangre derramada y sus pasiones todas,
hasta expirar en la Cruz, fueron de admirable
olor y fragancia, y el mismo Cristo se regalaba y no cabía de gozo su espíritu padeciendo por la salud de los hombres. Y por ventura, pudiendo el intérprete latino decir, conforme el hebreo: Cogí ó arranqué mi mirra,
que parecía más propio y natural, dijo: Segué, y los Setenta: Vendimié, para significar
la alegría de su corazón en aquel ejercicio
de padecer y morir; porque de ordinario los
segadores y vendimiadores andan alegres y
cantando, siendo sus oficios los más trabajosos que se conocen en el mundo. Laetabunfur
eoram te sieut qui laetanlur in messe (Esai., 9).
De aquí es que el divino Esposo, enamorado
de las almas, hallando tanto gusto y provecho
en sus pasiones, tomadas para remedio y
rescate nuestro, 110S convida á ellas, no á
todos sin diferencia, sino á 'los amigos y compañeros. Comedite, amici: bibite el inebriamini,
clzarissimi. Háse de comer y beber la pasión
del Señor con la consideración atenta y devota, hasta llegar, en cuanto fuere posible, á
la embriaguez. Calix meus inebrialls, quam
praeclarus est (Psal. 22). ¡Oh, qué de almas
hémos visto embriagadas deste cálizl De muchas haremos mención en este 'tratado, para
asombro y confusión de los negligentes y
descuidados que en to da la vida no se
acuerdan de lo que el Hijo de Dios hizo y padeció por ellos, siendo verdad que le debe-

se

(tI «Llora el infante reclinado en humilde y estrecho pesebre, etc.». De la quinta estrofa del himno

Pange lillgua gloriosi
Lauream certaminis, etc.,
que se canta en algunas fiestas de la Pasión y en la
procesión del Viernes santo.

mas más por ~ habernos redimido tan á 5U
costa que por habernos criado por su palabra. Al fin, mi intención es, en este tratado,
recoger en uno cuanto de consideración hallare, así en las Santas Escrituras como en
los doctores de .la Iglesia y particulares personas, notables en el ejercicio y meditaciones
de la sagrada Pasión, hombres y mujeres,
canonizados y por canonizar, de i:uyas vidas
se tenga gran satisfacción y edificación en la
Iglesia 'Católica, adonde se verá lo que vale
la memoria de Dios muerto por nosotros,
los efectos maravillosos que ha obrado en
las almas, los frutos que se han cogido tan
copiosos de virtudes, los sentimien tos tau
notables en personas sencillas y afectuosas,
la reformación de las costumbres en gente
distraída, los excesos y arrebatamientos nunca vistos por este camino, y otras cosas muchas que en el discurso de la obra se irán
descubriendo. Y he querido intitularla Vergel del Anima ReligIOsa por que sepa cada
cual que la memoria de la sagrada pasión del
Reden tor ha de servir de recreación y entretenimiento, y ha de ser de cada día, y de
cada hora, y de toda la vida, y que se ha de
entrar en él para coger diversas flores y hacer
vistos05 ramilletes que anden entre los pechos y preserven el alma de corrupción y la
defiendan de los pecados. Cristo padeció pOI
nosotros, dijo San Pedro (1 Pe tri, 4), dejándonos ejemplo de lo que habemos de hacer,
conviene á saber: irnos tras de Él por el ras·
tro de la sangre y por las pisadas de su salltísima vida y muerte. Aquí pondré, con el
mejor orden que supiere, los principales lugares que en la Santa Escritura hablan de la
pasión del Señor, los conceptos diferentes de
los 'Santos en esta materia, los gustos dé
muchos hasta la embriaguez. Y aunque pretendo reducirlo todo á lugares comunes, cuando llegáremos á tratar de particulares personas aventajadas mucho en este ejercicio,
referiré lo que en el discurso de sus vidas
dijeron y sintieron, por no tener que alegar
sus dichos y sentimientos en diversas ocasiones, sino que se entienda el camino que
llevaron y lo que medraron y ganaron en él.
Reciban los lectores mi buen deseo y estimen
mi trabajo, que con tan poca salud y sobradas ocupaciones no puede ser poco, y crean
que la que tengo me la dió el Señor para
acabar esta obra tantas veces en los demás

CAP. l. DIFICULTAD DE HABLAR CON SATISFACCIÓN DE LA PASIÓN DE CRISTO

libros prometida. Y no alabando, como dicen,
mis agujas por venderlas, porque todo el
mundo sabe la libertad de mi espíritu en materia de intereses, digo que he guardado para
el fin de mis estudios y escritos el mejor
vino, porque, verdaderamente, el conocimiento de 10 que Dios padeció por el remedio y
rescate de los hombres, y la atenta consideración de ello, es lo más provechoso y de mayores ganancias en la vida espiritual. Acompañemos al Esposo, que desciende de buena
gana á su vergel, y seguemos y vendimiemos
su mirra con el gusto y alegría interior que
siegan y vendimian los labradores, y estos
sean nuestros banquetes y nuestras fiestas,
nuestro panal con nuestra miel, nuestro vino
con nuestra leche; comamos como amigos
y bebamos como amicísimos hasta que, embriagados con el amor del Redentor, podamos
decir: El cáliz del que embriaga, ¡cuán hermoso es! l'alete et orate pro me.

LIBRO PlUMERO
DEL VERGEL ESPIRITUAL DE I"A SAGHADA PASIÓN DE CRISTO NUESTRO

REDENTOR.

CAPITULO PRIMERO

De la gran dificultad que tiene hablar con satisfacción de la Pasión de Cristo Señor
Nuestro.
§ I

Si en las causas de los mortales, los oradores antiguos muchas veces temieron y se confesaron insuficientes para declararlas; si algunos con miedo y espanto de verse ante los
emperadores, personas graves y copioso pueblo, perdieron el natural color y quedaron
blanquecinos sus rostros, recogida la sangre
al corazón l ¿quién podrá hablar como conviene en esta causa divina de tantos y tan celestiales misterios llena? ¿ Podrá alguno con
palabras propias y con bastantes razones declarar los oprobios que el Salvador recibió,
las blasfemias que oyó, los azotes que descargaron sobre sus espaldas, las lágrimas
que derramó, la sangre que vertió y, finalmente, los dolores todos que en su cuerpo y
ánima padeció? ¿Y quién podrá decir estas
cosas de manera que así como ellas fueron

485

graves, acerbas y de compasión, as! se representen á los lectores? Y si alguno alcanzare
esto, ¿podrá por ventura mostrar con su oración la caridad infinita, la paciencia inmensa
y la humildad profundísima del Señor? Toda
palabra es muda, si con lo que pasó en el hecho se compara. ¿Qué haré, pues? ¿A dónde
me convertiré? No llamaré en mi favor las
musas fingidas que invocaban los antiguos
poetas; no á Júpiter, como le invocaban los
oradores, sino á Jesús, Dios verdadero y
humbre verdadero: Él es el que obró y el que
padeció: Él es el Verbo supremo yeminentísimo del Eterno Padre, que crió todas las cosas, que tocando las más firmes las mueve, y
movidas las endereza y encamina, y el que las
lenguas de los niños hace discretas y elocuentes. Él me acompañe, Él me alumbre y Él sea
lámpara ó hacha encendidísima de mi inge-·
nio: influya á la manera de caudaloso y corriente río y administre aquellas cosas de que
fuere su voluntad que yo trate en esta sagra~
da historia de su Pasión, para que, hablando
como conviene, los lectores lean con aprovechamien too Concédeme esto, Cristo san to,
por la misericordia infinita que muriendo
mostraste á los hombres, por las omnipotentes manos tuyas, que confieso enclavadas en
un madero; por la real corona, con cuyas agudísimas y duras espinas tu diviria cabeza fué
traspasada; por tu pecho santísimo, que con
ct'uellanza permitiste que fuese abierto para
nuestro' refugio, y, finalmente, por la venerabiHsima cruz en que tú, Dios inmortal, por el
remedio de los mortales quisiste morir. ¡Oh
vosotros los que léeis esto, no endurezcáis
vuestros corazones, sino revienten en lágrimas vuestros ojos; riéguense con ellas vuestras mejillas; salgan y broten de vuestros pechos profundos súspiros y gemidos cordiales!
Es atado y llevado preso el que mantiene y
conserva todas las cosas y las encamina y
guía. Es entristecido el que es solaz de los desconsolados y tristes. Es coronado de espinas
el que administra rosas y flores para las coronas de los demás. Es juzgado y condenado
el juez de vivos y muertos. Tiene sed el que
por venas secretas comunica agua á las fuentes; y es mal herido y l:lstimado el que es salud verdadera de todos los heridos. Muere la
vida de todos los vivientes; recibe afrentas
de todos el que honra á sus siervos y amigos y de quien se derivan todas las honras.

486

VERGEL ESPIRITUAL DEL ÁNIMA RELIGIOSA

Mas ¿qué diré de su silencio? Preguntado
muchas veces y repreguntado de los jueces,
calla, y callando sufre y quiere padecer á la
voluntad y albedrío de sus enemigos. Heríallle los judios, herianle los soldados, escarnecían le, escupianle, azotábanle, coronábanle y
crucificábanle; y Él no despegaba su boca ni
hablaba palabra entre ellos. Y si, como es razón, lo que habemos de escribir lo habemos de
pasar por la consideración atenta y revolver
y rumiar muchas veces, porque lo que de esta
manera primero no se organiza allá dentro en
la mente no puede tener razón ni satisfacción
entera, ¿cómo me pondré yo á escribir la
amarguísima pasión de mi Redentor sin que
mis entrañas se conmuevan con amargura
amarguísima? ¿ cómo no se harán mis ojos
ríos de lágrimas? ¡Oh dura por extremo empresa! ¡ Oh predicación atrevida! ¡Jesús, el
Unigénito de Dios, el Hijo de María Virgen,
es puesto y fijado con clavos en una cruz! ¡Oh
espectáculo horrendo! ¡Oh ejemplar cruel en
gran manera! ¡Jesús, Señor de cielo y tierra;
Jesús, cordero inocente y manso, que ni cometió pecado ni en su boca se halló engaño ni
mentira, es condenado á muerte torpísima,
contado entre facinerosos, levantado entre ladrones y puesto en el medio como capitán de
ellos! ¿Quién oyó tales cosas en algún tiempo ó quién tuvo ojos para mirarlas? ¡ El que
nunca pudo ser convencido de pecado, el que
siempre amó y dijo la verdad, el que pasó la
vida haciendo bien á todos y sanando los poseídos y maltratados de los demonios, el que
restituyó á los muertos la vida, muere y acaba con muerte cruel? ¡Oh maldad nunca oída!
Para no verlo, el sol retrajo· sus rayos y se cubrió de espes·a nube; la tierra, con la pesada
carga de tal culpa oprimida, fué forzada á estremecerse y temblar; las piedras se quebraron unas con otras; el velo del templo se rasgó de alto á bajo; los sepulcros de los muertos se abrieron; el cielo se alborotó; las columnas dél se estremecieron y los ángeles
de paz (si fueran capaces de ello) lloraron
amargamente. ¡Ay de mí! ¿Qué haré? Adonde
quiera que me vuelvo oigo gemidos, veo lágrimas y considero amarguísimos desconsuelos de los piadosos ánimos; y yo persevero
seco y tan sosegado como si escribiera estas
cosas de un hombre puro y que nunca hubiera conocido, siendo admirables y para sacar
de sí al que con atención las considerare.

§ JI
A mí, á lo menos, lo que más me declara la
dificultad del bien decir en esta materia de la
Pasión del Salvador es ver que todas las veces, ó las más, que Dios reveló á los patriarcas y profetas este misterio, se lo reveló por
raptos, admiraciones y espantos grandes (Génesis, 3), como saliendo fuera de sí, todos absortos y abobados y admirados de cosa tan
estupenda y sobre la razón humana. Y comenzando de Adán, luego que Dios le mostró
cómo había de enviar á su Hijo al mundo para
que muriese por los hombres, quedó fuera de
sí y padeéió éxtasis admirable; de manera que
pudo, sin sentirlo él, sacarle Dios una costilla
de las suyas para la formación de Eva, figura
ele lo que pasó Cristo en la cruz, que, durmiendo en ella el sueño de la muerte, sacó Dios de
su lado abierto la Iglesia y manó la virtud de
los Sacramentos (Aug., lib. 18 de CM. Dei,
c" 28). Noé, descubierto y fuera de sí, no
tanto por el vino que había bebido cuanto
lleno de espanto por la revelación que había
tenido luego que salió del arca y ofreció sacrificio de lindo olor para Dios (Génes., 8),
figuraba la embriaguez de Dios humanado
que, descubierto y á la vergiienza, muere en
la: cruz tomado del vino del amor. Abraham
ofreció (Génes., 15) una vaca, una cabra, un
carnero, una tórtola y una paloma, y ya que
se iba á poner el sol, súbitamente le sobrevino un profundo sueño y un pavor ó miedo
lleno de tinieblas, y quedó fuera de sí y tuvo
revelaciones admirables, y la principal y la
que le causó mayor espanto y venció la luz
de su entendimiento y le atemorizó y erizó
los cabellos, fué que de su carne había de tomar carne el divino Verbo y en ella había de
padecer grandes trabajos y la dura yafrentosa muerte. Isaac fué figura de Cristo, y particularmente cuando su padre le llevó al monte
para sacrificarle con la leña acuestas para el
sacrificio (Génes., 22); pero adonde le descubrió ~I Señor la muerte de su Hijo y los bienes que de ella se habían ele seguir fué en el
engaño que le hizo Jacob, hurtando la bendición de Esaú. Expavit Isaac siapore vehementi
et l~ltra quam credi potest admirans. La voz,
dijo, voz es de Jacob, pero las manos, manos son de Esaú, y creyendo más á lo que tocaba que á lo que oía, dió la bendición al menor, dejando al mayor sin ella. ¡Qué de mi!>:-

CAP. I. DIFICULTAD DE HABLAR CO~ SATISFACCIÓN DE LA PASIÓN DE CRISTO

terios! Era profeta Isaac y tuvo revelación
de que el verdadero Jacob había de ser cubierto de pellejos de cabritos, tomando sobre
si los pecados de todos los hombres para recibir para ellos la bendición de su Eterno Padre, y había de ser clarificado de Él y declarado por mayorazgo; y por su cuenta, el pueblo
gentílico, que era el menor, había de ser preferido al judaico, que era, el mayor. Esto le
sacó de sí y le hizo pasmar. Expavit stupore
vehementi et ultra quam credi potest admirans.
Sale de sí un honibre cuando atentamente
considera á Dios muerto y en cruz por los
hombres: misterio es que excede y sobrepuja
la razón y que para entenderle es necesaria
la fe divina y tiene bien que hacer el hombre
para admitirle. El santo Job decía (Iob., 17)
que los que supiesen lo que habia padecido
pasmarían. Stupebunt iusti super hoc. Y á la
verdad no se espantan de trabajos de hombres los justos, sino de ver al Hijo de Dios trabajado, afrentado y mal herido y al fin crucificado. De este Señor fué figura Job, y de lo
figurado se espantan y padecen· pasmo los
justos. ¿Quién no pasma y sale de sí considerando á Dios en el muladar hediondo del
Calvario, entre huesos y calaveras de muertos, feo y asqueroso, y que muchos se tapaban los rostros para no verle, como leproso y
hecho el desecho de los hombres y el abatimiento del pueblo? El santo Moisén, cuando
en lo interior del monte vió la zarza (Exod., 3)
y á Dios enzarzado en medio de ella, tuvo revelación de la encarnación y muerte del Salvador; y quedó como pasmado y dijo: Vadam
p[ videbo vissionen hanc magnam: Iré y veré
esta visión grande; y cuando pidiendo él mismo que le mostrase Dios su cara le mostró
las espaldas, entendiendo el misterio de nuestra redención, como fuera de sí quedó diciendo (Exod., 34 ): Dominator Domine Deus, misericors et clemens, patiens et multae miserationis
ac verax, qui cusfodis misericordiam in millia,
qui aufers iniquitalem, el scelera, atqae peccata:
nullusque apud te per se innocens est ('). El
cordero que se había de comer en la Pascua,
mandaba Dios que se comiese de prisa. Fes(') «Oh Señor Dios dominador, misericordioso y
c1einente, sufrido y de mucha piedad y veraz, que
atesoras misericordia para miles de personas, borras la iniquidad y los crímenes y pecados, y ante
quien nadie es por si mismo inocente.» El impreso
antiguo pone se en vez de te después de ppud.

487

tinanter. (Exod., 12). La cual palabra trasladan
algunos del hebreo: Cum pavore. Con miedo y
espanto, con pasmo y admiración, porqué significaba la muerte de Cristo y era figura suya
expresa. Arrebatado y en éxtasi estaba el
santo Profeta cuando extendió la mano al cáliz
de la pasión de Cristo Señor Nuestro. Ego dixi
in excessu meo: Omnis homo mendax. Arrobado
conoció y entendió la verdad de Dios en sus
promesas y las mentiras de los hombres; y en
este arrobo tuvo revelación de la muerte del
Señor y dijo: Tomaré el cáliz de la salud, esto
es, de las pasiones y muerte de Cristo, como lo
declara San Basilio (Basilius, in Psal.). Isafas,
con admiración extraordinaria, considerando
la alteza de este misterio, dice (Esai., 53, a):
¿Quién creyó ó dió crédito á lo que habemos
oído? Y el brazo de Dios en obrar nuestra
redención, ¿á quién se ha manifestado? Subirá como un pimpollo ó renuevo (por la
edad infantil de Cristo, que fué creciendo
en el cuerpo y en el saber experimental
como los otros niños). El siCllf radix de terra
sitienti, como raíz de tierra seca ó sedienta,
esto es, del vientre virginal, adonde no se
halló el humor que procede de carnal ayuntamiento. (Sic Septuaginta, sic Cirilus Hieros.,
Cafhechesi de Christi passione). Aquila: De tierra no pisada, por la pureza y por la virginidad de que gozó en el parto, y después
San Cipriano dice que cuando los apóstoles
predicaban á Cristo crucificado, pasmaban
los hombres y no podían creer cosas tan extrañas y ajenas de Dios á su parecer, y ellos
son los que dicen: Domine, quis credidit audilui nostro? ¿Quién creyó lo que de Dios
muerto habemos predicado? Stupuerunl S1lper eum multi. Dice el mismo Isaías antes
de esto: Pasmaron sobre él muchos. Los
gentiles juzgaron por lo mua este hecho, y
por escándalo los judíos, y los apóstoles no
lo creen cuando se lo predica y enseña
Cristo. (Lege Triumphos amoris, pág. 2).
Jeremías (Hier., 32; Justin. martir, q. 7) pasmaba y no osaba hablar cuando se le representaba lo que Dios había de padecer
hecho hombre. Daniel cayó en tierra como
muerto revelándole el ángel en las Hebdomadas la muerte de Oristo Señor Nuestro,
tan claramente como si fuera evangelista
que se hallara presente. San Agustín (lib. 18
de la Ciudad de Dios, c. 32) hace grande
caso para el propósito de la profecía de Ha-

488

VERGEL ESPIRITUAL DEL ÁNIMA RELIGIOSA

bacuc (Habacuc, 3). Domine, audivi auditionem iuam, et timui. Domine, opus tuum in medio annorum vivica illud, etc. Señor: oí lo
que me revelaste de la encarnación de tu
Hijo y de su muerte y quedé atónito y fuera
de mi. Esta es, Señor, tu obra: en lo florido
de tus años la vivifica, yen el medio de ellos
la manifestarás al "mundo, y cuando pareciere que estás más airado mostrarás más
tu misericordia. Al fin, por excelencia y antonomasia, entre tantas obras como hizo Cristo viviendo entre los hombres, esta del morir es la que llama absolutamente obra suya.
Passlo enim Domini, dice San Agustín (S. Aug.,
epístola 171) pretium est orbis terrarum: La Pasión de Cristo es el precio del mundo. Lo cual
sabemos del Evangelio de San Juan (loan., 17),
adonde el mismo Señor, hablando con su
Padre, dice: Opus consummavi, quod dedisti
nzilzi, ut faciam (Aug., tracto 115, et loan., 4):
Acabé con perfección la obra que me enco~
mendas te para que yo la hiciese. San León
Papa dice (S. León, ser. 11 de Passione) que
la contemplación de la Pasión de Cristo es la
cosa que más recrea nuestra mente y más
sobrepuja nuestro entendimiento. No parece que le quedó nada por hacer el día que
murió por nosotros. Pareció que estuvo demasiado, y por esto interpretó San Lucas
(Lucae, 9) esa muerte con nombre de exceso: Loquebantllr de exceSSUj porque mostró el excesivo amor que nos tenía. San Pablo llamó á esta caridad Nimiam, demasiada. Y San Bernardo allí (Bernardo, ser. de

Passione Domini): Vere nimiam, quia et mensuram excedit, modum superat, p[Ulze supereminens Ilniversis: Verdaderamente demasiada,
porque excedió la medida y sobrepujó el modo
corno sobreeminente á las demás obras.Origenes (homilia t.a in. lib. ludicum) dice: Ego qui-

dem arbitror, qaod omne opus Dei magnam est,
sed si afia eías opera Cllm eo compares, quod ita
dilexit Izunc mundum, uf Filium SUllln unigenifum daret pro salute mundi, invenies, omnia
illa, parva esse ad !lUius operis magnitudinem. Yo pienso que cualquier obra de Dios
es grande, pero si la quisieres comparar con
lo que fué dar su Hijo por la salud del mundo, enamorado del mundo, hallarás que las
demás son pequeñas respecto desta. San
Agustín decia que eran muchos ó innumerables y grandes sobremanera los beneficios
que de Dios había recebido por los cuales

debía amarle y alabarle siempre, pero uno
es, dice él (Aug., lib. 2 Meditac., c. 16), el que
me enciende más que todos, el que más me
aprieta, mueve y fuerza á que te ame, Señor mio: sobre todas las cosas te me hace
amable i oh buen Jesús! la afrentosisima y
amarguisima muerte que sufriste, obra digna
de quien eres y necesaria para nuestro rescate y redención. Esto sólo es lo que arrebata
para si toda nuestra vida, todo nuestro trabajo, todo nuestro servicio y todo nuestro
amor; es, finalmente, la mayor de las obras
de Dios, y por eso inefable y incomprensible.
§1lI

Pues ¿cómo hablaré yo bien y con satisfac~
ción de ella? San León Papa dice (Serm. 11 de
Passione Domini) que no es á propósito el silencio, ni se sufre callar los misterios de la
sagrada Pasión, aunque andemos de fiesta y
rodeados de cosas alegres; que Cristo en su
transfiguración y los Santos en su santa gloria,
ni se olvidó ni se olvidan de ella. Quia etsi
difficile est, dice San León (Matt., 17; Lucae, 9;
Apocal.), de eadem solemnitate saepius, digne,

aptequej dissererp, non est tamen liberum sacerdoti, in tanto divinae misericordiae sacramento,
fldelibus poplllis subtralzere sermonis offlcium,
cum ipsa materia; eo quod sil ineffabilis, fandi
tribllat facultatem; nec possit deflcere quod dicatar, dum IZon potest satis esse quod dieitur.
Inefable es, porque aunque es dificultoso hablar muchas veces á propósito, y como conviene, de una misma solemnidad, no tiene el
sacerdote libertad en este Sacramento de la
divina misericordia quitar á los fieles el oficio
de la predicación, como sea ansí que la misma
materia, por ser inefable, dé facultad para
hablar; ni pueda faltar qué decir, cuando lo
que se dice no basta; y por esa parte ofrece
copiosamente qué decir, y no pueden faltar
razones cuando lo que se dice nunca puede
ser bastante. Ríndase, pues, la flaqueza humana á la gloria de Dios, y para declarar las
obras de su misericordia, siempre se confiese
y conozca insuficiente y desigual. Laboremus

sensu, Izaereamus ingenio, deflciamus eloquio:
'bonum est, ut nobis parum sit, quod etiam
recte de Domini maiestate sentimus. Entre
todas las obras del Señor, en que la intención
de la admiración humana se fatiga, ¿qué hay
que se vaya de vuelo en la contemplación- de

CAP. 11. DEL ACUERDO DE REDIMIR AL HOMBRE EN FORMA DE DISPUTA

489

la mente como la Pasión del Salvador? De .en esta obra del poder y saber de Dios, la fe
cuya omnipotencia, que á Él es común con el las allana, y á nuestra voluntad helada y lerda
Padre y el Espíritu Santo, cuantas veces como la caridad la enciende y la ablanda, y nos
podemos pensamos, mucho más nos admira asegura y hace ciertos que ella sola le vistió
en Dios la humildad que la potestad, y con de carne, ella le prendió y le ató y le hizo ofremás dificultad se entiende el haberse Dios cer el rostro bellísimo á los que le escupían y
agotado que el haber levantado al hombre á daban bofetadas (loan., 14), la que le tuvo
tanta grandeza. Pero mucho nos ayuda para amarrado á la columna sufriendo crueles azola inteligencia de cosas tan admirables saber tes, la que le traía y llevaba ante los jueces y
que, aunque es una cosa el Criador y otra la la que le puso en la cruz entre facinerosos.
criatura, una la deidad inviolable, otra la Digo, que para no anegarnos en el archipiécarne pasible, concurren en una persona di- lago de la Pasión del Salvador, han de andar
vina la propiedad, ó lo que es propio de una juntas y de compañia entendimiento y voluny otra sustancia; de manera que en las en- tad, fe y caridad. Entendimiento que busque,
fermedades y 'en las virtudes, en lo flaco y en fe que dé luz y enfrene sus atrevimientos y
lo fuerte, de ese mismo sean las afrentas satisfaga á sus dudas, caridad que ~ncienda
cuya e$ la gloria. Al fin, al que confesamos el afecto y nos asegure que son obras de
Hijo único del Eterno Padre, todopoderoso, amor las que el Hijo de Dios hizo y padeció
confesamos también Hijo de María Virgen; y en la obra maravillosa de nuestra redención.
cuando creemos que fué crucificado, muerto Él sea glorificado de todas sus criaturas, en
y sepultado, y que resucitó al tercero día, en tiempo y por toda la eternidad. Amén.
ninguna manera nos apartamos de su admirable Majestad; Dios es el que padece, y
CAPÍTULO JI
Hombre el que sana y resucita á los muertos.
y acabo este discurso con esta advertencia:
Del divino acuerdo y altísimo consejo de las
que para alcanzar en alguna manera los mistres divinas personas sobre la salud JI remeterios altísimos de la sagrada Pasión, y en la
dio de los hombres por la Pasión JI muerte
consideración de eilos ablandarse y derretirse
del Verbo eterno encarnado.
nuestros corazones, aunque sean de piedra,
siempre han de ir de compañía el entendi§ 1
miento y la voluntad, como la fe y la caridad,
que en estas dos potencias residen. San Pablo
Francisco Somnio, varón gravísimo (Tracllamó al Sacramento de la Cruz sabiduria y tatu de Passione Domini, cap. 6), recogió de San
v;rtud de Dios (J ad Cor., 1 d): sabiduría, por- Agustín, San Bernardo, Haymóll y otros paque suspende y eleva el entendimiento; vir- dres de la Iglesia una como disputa forense
tud y poder, porque ablanda y enternece el entre las divinas virtudes Sabiduría, Justicia,
,¡Jedo y rinde y mueve la voluntad. La falta Misericordia, Verdad y Paz, sobre la salnd y
de estas dos virtudes, fe y caridad, hizo que remedio de los hombres. No porque en Dios
este Sacramento fuese á los judíos escándalo hubiese pensamientos encontrados, ni que
y piedra en que tropezasen, y á Jos gentiles
sucediesen de nuevo, sino para acomodarse á
pareciese locura y disparate, siendo á los fieles la flaqueza de nuestros eÍltendimientos, que
virtud de Dios y sabiduría suya. Sin estas dos si no es por semejanzas corporales, las más
acompañadas, no puede, sin notable peligro, veces se quedan ayunos en estas materias tan
entrar el juicio humano á considerar misterios altas, y con ellas entendem9s algo, aunque
tan soberanos; escurecerse ha y anegarse ha. poco, de los juicios de Dios y recibimos alivio
Si la fe le falta, diremos lo que los judlos: y consolación (Psal. 118: Memor fui iudlciorum
que fué cosa escandalosa morir Dios, y lo tuorum a saeculo Domine, et cOllsolatus sum)~
que los gentiles: que fué locura. La fe descu- En esta disputa y controversia tomó la mano
bre la necesidad de remedio tan costoso para y el primer lugar la Misericordia de Dios, y
la reparación del hombre, y la caridad la deseando á Dios propicio sobre la miseria y
grandeza de la caridad de Dios, que le quiso pecados de los hombres, hablo ansi: Sua ve sois,
tomar y poner por obra; las dificultades que Señor, y vuestras misericordias ni tienen tasa,
el' entendimiento mueve, entrando á pensar I número, ni fin; por tanto, yo os ruego que

490

VERGEL ESPIRITUAL DEL ÁNIMA RELIGIOSA

tengáis memoria de los hombres para perdonarles sus pecados, por vuestro nombre y por
vuestra infinita bondad. Salió la justicia y
dijo: Justo sois, Señor, y vuestra justicia permanece para siempre; si perdonáis á los hombres, sin tomar deIlos justa venganza, ¿qué
dirán aquéllos á los cuales tenéis mandado
que hagan justicia? Favoreció la Paz las partes de la Misericordia, diciendo: Vos, Señor,
no sois Dios de disensiones, sino de paz y de
toda consolación; el vengaros y el destruir y
asolar los hombres más es de los que sustentan bandos y enemistades que de un Dios
que de su naturaleza es bueno y pacífico.
Contradijo la Verdad, y resistiendo dijo: ¿Por
ventura entre los ángeles, ansí. como á los
buenos los juntastesá Vos inseparabiemente,
así no destruistes á los malos sin algún reparo? ¿Por ventura no maI¡dastes escribir en
el volumen de vuestra ley (Sap., 14): Aborrecible es á Dios el malo y su maldad? ¿Yen
otra parte (Deut. 25): Á la medida del delito
será el modo de los azotes? ¿ A dónde están
vuestras leyes? ¿A dónde vuestras amenazas?
¿A dónde lo que se dice: Dios es pura y primera verdad? Si lo que la Misericordia pide
pasa adelante, hallarse ha sin duda mentira
en las bocas de todos vuestros profetas. Acudió la abogada de los hombres, Misericordia,
y dijo: ¿A dónde, Señor, está la multitud de
vuestras misericordias? ¿ Hánse, por ventura,
agotado y estancado? ¿Vos no sois bueno, y
infinitamente bueno, y la misma bondad?
Pues ¿por qué no os habéis de apiadar del
hombre caído por enfermedad y flaqueza?
Replicó la justicia: Si la malicia queda sin castigo, todo el mundo se llenará de injusticias,
de pecados y de impiedades, y quedaréis sin
reino en la tierra; porque el establecimiento
del reino, la tutela de la inocencia, el nervio
de la disciplina, el magisterio de la virtud y
la guarda de la paz, la justicia es. Acudió la
Misericordia, diciendo: Ni yo seré amable
entre los hombres, ni podré más ofrecer perdón á los afligidos y desconfiados si por
vuestra graciosa piedad no perdonáis la culpa. Ni yo, dice la Justicia, seré espantosa á
ninguno si conforme á su merecido no se
castigan (1) las maldades. -Salió la eterna Sabiduría y habló en esta forma: Justa es, Señor,
la querella que de una parte y otra dan Mi(1) El impreso antiguo dice: castiguen.

sericordia y justicia. Porque si el castigo no
iguala con la culpa, perece la Justicia y la
Verdad, y perece también la Misericordia si
os enojáis para siempre contra aquél que,
concebido en pecados, de su naturaleza persevera inclinado al mal, iÍ quien la ley de los
miembros ó la carne que desea contra el espíritu, y aun el propio lugar en que vive, apenas le dejan ó ser bueno ó conocer la ver··
dad. Lo que yo juzgo es que se ha de acudir
al juicio de igualdad, de manera que el pecado
del hombre, por la Verdad, que así lo pide, se
castigue con muerte, y por la Misericordia se
perdone graciosamente. Sea el rigor de ven··
ganza cuanto baste para satisfacer á la Justicia. Haya esperanza de perdón, cuanto pueda
desear la Misericordia. Un inocente y de continente ánima, que no tiene ponderación digna,
pague por todos, y todos en Él alcancen mi··
sericordia (Eccles., 26 b). Ansí pague uno, que
se dé el precio condigno por los pecados de
todos, para que cese tu querella ioh Justicia!
y por el mérito deste uno, misericordiosamentr
se ofrezca, no. solamente la gracia, sino la
vida, la salud y, finalmente, la gloria de hijos
de Dios, para que tu queja ioh Misericordi<d
cese del todo. Por este medio, tú ioh justi·
cia! permanecerás temida y reverenciada con
el peso en la mano, dando á cada uno lo que
le pertenece conforme á sus merecimiento:;
(Rom., 2). A los que en el obrar bien tuvieren
paciencia y perseverancia, gloria y honra y in··
corrupción, y á los contenciosos y que no se
sosiegan con la verdad, antes dan crédito ;\
la maldad, ira y indignación. Y tú, Misericordia, quedarás amable á los· hombres, dando ¡'\
todos esperanza de perdón si hicieren penitencia; el hombre quedará instruido viendo
que ningún mal queda sin castigo, ni bien sin
premio, ni pecador, por grande que sea, desahuciado de alcanzar remedio á sus pecados.
Este parecer y corte divino de la eter:1a Sabiduría satisfizo de manera á las divinas virtudes, que luego, como lo dice el Profeta (Psal.
84), la Misericordia y la Verdad se abrazaron,
y la Justicia y la Paz se dieron beso de concordia y amistad.
§ 11

Pero levantóse aquí otra cuestión sobre
este uno que satisficiese por todos. La Misericordia dijo que entre los hombres se halla-

CAP. II. DEL ACUERDO DE REDIMIR AL HOMBRE EN FORM.A DE DISPUTA

ría. La Justicia replicó que en ninguna manera, porque todos pecaron y quedaron inútiles,
y ninguno hay que haga bien; ni uno sólo.
¿Cómo podrá satisfacer por todos el adeudado
y que debe por sí más de lo que puede pagar?
Respondió la Misericordia: Envíese un ángel.
Ni tampoco eso ha lugar, dijo la Justicia,
porque la hermosura del universo y el juicio
de igualdad piden que allí se ejecute la pena
adonde se cometió la culpa; allí la muerte
adonde el pecado; los ángeles buenos ningún
pecado cometieron; los malos y condenados
no pueden merecer, ni para sí, ni para otros.
Replicó la Misericordia: Tome carne un ángel
del linaje de Adán y satisfaga en carne humana por los hombres. Respondió la Justicia:
Adonde por razón seminal se traspasa la naturaleza, allí está la culpa y original pecado;
y á la verdad el que tiene pecado, ni basta
para sí ni menos para los otros. Dijo la Misericordia: Tome carne de la sangre de Adán, y
no traspase en los demás la naturaleza, ó
críese un hombre nuevo, como en el principio
del mundo le crió Dios en el Paraíso. Respondió la Justicia que ni lo uno ni lo otro se podía
hacer, porque el uno y el otro temían naturaleza finita, la cual por culpa infinita y de
todos los pecadores de todo el mundo no
puede hacer satisfacción con digna; y el que
se criase de nuevo, de todo en todo no estaría en los lomos de Adán, ni temía carne ni
sangre de la naturaleza que pecó. Y adonde
no hay comunicación en la naturaleza, no
habrá participación de merecimientos. Aquí
entró la eterna Sabiduría, y convirtiéndose á
la Divinidad, dijo: Dios bueno, que después
de la tormenta traes la serenidad y bonanza,
y que no te deleitas en las pérdidas de los
hombres, óyeme un poco, suplícotelo, pues
soy la que asisto contigo en todos tus juicios
y determinaciones. Un solo medio veo que
resta, con que podrás salvar el pueblo que
criaste y excluir del todo las objeciones que
ponen la Justicia y la Misericordia y descubrir al mundo la mayor señal de amor que
.iamásse ha oído ní visto en él desde ab initia. El medio es enviar una de las personas de
la beatísima Trinidad, para que se haga homhre, y en la humana naturaleza que tomare
del pecador Adán sufra el castigo de la muerte que los hombres pecando merecieron. Ni
hay aquí en qué reparar ni detenernos, porque lo que digo se puede ejecutar sin dero~

491

gar en cosa alguna á tu eterna Majestad, porque es impasible y inmutable, y con grande
ilustración de tu bondad acerca del género
humano, porque sumamente parece bueno el
que da por sus enemigos, y que no se lo merecen, lo más precioso y á sí más íntimo, y será
sin injuria ni daño de la persona que hiciere
esta obra: sin injuria, porque lo hará de su voluntad; sin daño, porque después de acabado
el misterio de su Pasión, la misma naturaleza humana asumpta la podrás resucitar á
nueva vida cuando' por bien tuvieres, y que
así resucitada y viva gane más que había
percUdo muriendo. Y fuera desto, la satisfacción por todos será llena y sobreabundante. El que padecerá será Dios y Hombre
juntamente, inocente y viador, Padre del siglo futuro por la fe, como Adán padre del
primer siglo por la carne (Es aL, 9), por 10
cual su pasión será de infinito mérito, provechosa á todos aquellos que por fe estuvieren incorporados en Él, como la descortesía
de Adán dañó y infeccionó á todos los que
se hallaron en él por carne.
§I1I

Oyendo este parecer el Híjo eterno del eterno Dios, que no por hurto se conoce y es
igual á Dios, se agotó á Sí mismo entonces en
el deseo y determinación, y después por la
humanidad asumpta, diciendo á su Padre
(Philip., 2): Veisme aquí, enviadme, porque
como yo ab eterno soy Hijo vuestro y coeterno á Vos, así el hombre, hecho á nuestra imagen, comenzó en tiempo á ser hijo de esa misma divinidad nuestra por gracia. Y por eso
en parte es y se debe llamar mi hermano. Yo,
pues, si á Vos ¡oh Padre! os es agradable,
predicaré á mis hermanos vuestro nombre
y en medio de la Iglesia os alabaré (Psal. ZI).
Fuera desto daré mi vida por ellos, pagando
por sus pecados lo que es imposible pagar
ellos, porque redimidos con mi sangre sean
una cosa con, nosotros, divinos y deificados y
coherederos de la gloria que yo agora tengo
común con Vos. No conviene que Vos ¡oll Padre! toméis esta empresa y legacía, porque
sois Padre y Principio Primo primum, como
dicen los teólogos, que es lo mismo que principio sin principio; ni tampoco conviene que la
tome 'el Espíritu Santo, que como es entre nosotros amor común, ansí después de hecha la

492

VERGEL ESPIRITUAL DEL ÁNIMA RELlGlO5A

redención lo será también entre los hombres y
nosotros, santificándolos y uniéndolos con
nosotros con atadura de amor, como Vos ¡oh
Padre mío! y yo hecho hombre seremos una
cosa. A mí, que también soy Hijo como lo son
eUos, me conviene ser semejante á mis hermanos, sin nota ni rastro de pecado, naciendo
en carne como ellos, viviendo debajo de las
miserias, incomodidades y tentaciones como
ellos, y en el valle de lágrimas adonde viven
ellos. No viviré como ellos pecando y ofendiendo y quebrando vuestras leyes, sino inocentemente y obedeciendo á Vos de todo en
todo, para ejemplo suyo dellos, y al fin muriendo, no de necesidad de naturaleza ó por
culpas que haya cometido, sino ofreciéndome
espontáneamente á la muerte para su rescate
y redención; y desta manera seré para ellos
Salvador, por el precio de mi sangre que interpongo, y espejo de paciencia en las calamidades del mundo, y ejemplo de vida virtuosa y acertada; y, finalmente, su consolador
Fácil para compadecerme dello s, tentado de
todas maneras como ellos. Esto así hecho,
concluyó la beatísima Trinidad un decreto inmutable, conviene á saber: que se hiciese lo
que la eterna Sabiduría había propuesto, y que
su Hijo lo ejecutase como lo deseaba y pedía,
como ·10 hizo en la plenitud de los tiempos,
encarnando en las entrañas sacrosantas de la
sacratísima Virgen. Eso dice San Pablo (Galat., 4): Quanda venit plenitllda temparis, misil
Deas Filium saum, jactum ex muliere, jactum
sub lege; ut eos qui sub lege eranf, redimeret el
adoptionem filioTUm reciperemlls. ¿Qué plenitud de tiempo es ésta que vino para que el
Hijo eterno fuese enviado de su Padre? La
que quedó determinada en el Consistorio divino cuando se trató del remedio de los hombres, por la muerte y pasión de Dios encarnado. Envióle hecho de mujer por lo miraculoso y extraordinario, y debajo de la ley poi
lo humano, para que redimiese y sacase de la
servidumbre legal á sus hermanos y les diese
la filiación admirable, 110 natural (que eso no
fué posible), sino adoptiva; no en sólo el hombre, sino en el hecho: Uf filii Dei nominemur
el simus (1 loan., 3). Et Verbum caro jactam est
el habitavit in nobis (loan., 1). Anduvo entre
nosotros, conversó y vivió, y diónos autoridad y poder, ¡ílíos Dei fieri. Que seamos hechos hijos de Dios, que es una cosa que fué
menester ser Dios el que lo dice y promete

para que se crea. Y de aquí se entenderá,
aunque de paso, la conveniencia que halló
Cristo en su muerte, de que tantas veces
hace mención con el verbo Oporlel: conviene
que el Hijo del hombre muera. Y no digamos
más deste divino consejo y acuerdo soberano, porque digamos cuán de corazón tomó el
Hijo amado el remedio de los hombres, y cuán
temprano comenzó á padecer por eUos, y cómo
jamás se le apartó ni borró de la memoria, ni
por un instante, esta su obra. Bendíganle los
ángeles para siempre, y mi alma, y cuantas
cosas dentro y fuera de mí están.
CAPITULO III

Cómo desde el punto que el divino Verbo encarnó en las entralías de la Virgen nuestra Señora, para redimir los hombres, nunca se olvidó desla su obra, y siempre anduvo en
una cruz mental !zasta que expiró en el
Calvario.
§ l
Si el h~blar de una cosa frecuentemente y
con gusto es argumento de que ocupa el corazón y está bien arraigada en él, sin dificultad se colige que ninguna había en el de
Cristo que tuviese mejor lugar que su Pasión
sacratísima, porque sus pláticas y conversaciones ordinarias eran della. La voluntad es
. como primer móvil que lleva tras de sí las po··
tencias y sentidos á lo que ella quiere y ama.
Mueve al entendimiento para que pienSf
dello; á la lengua para que hable, y á los ojo~
para que lo contemplen y miren. Ansí vemOf
que el avariento habla de sus ganancias torpes; el soberbio, de sus vanas honras; el aira··
do, de sus venganzas; el deshonesto, de sus
amores y asquerosos gustos. Dixit inimicus.
Dijo Faraón, cuandQ seguía al pueblo de Oi05
(Exod., 15): Persequar, et comprehendam, dividam spolia, implebitur anima mea; evaginabo
gladium meum, illferficiet manus mea. ¡Qué
ocupado y qué engolfado iba en laque deseaba! Perseguirlos he; comprenderlos he; dividiré los despojos; llenarse ha mi ánima; desenvainaré mi espada, y matarlos ha mi mano.
Ansí Cristo, señor nuestro, deseoso úe lasalud de los hombres, hablaba de su Pasión ordinariamente como de medio eficacisimo para
sanarlos. Era esta su obra, y traía la, como dice
Isaías (Esai., 40) delante de sus ojos y en me-

CAP. 111. CÓMO CRISTO LLEVÓ LA CRUZ MENTAL TODA SU VIDA

493

dio de su corazón. Opus dus cor6m illo sempero Por San Juan la llamó Él obra de su eterno Padre (loan., 4). Meus cibus est, ut faciam
voluntatem eius, qui misil me, ut perficiam opus
eius. Convidaban los apóstoles á Cristo á que

faltara poder para salir con ella; pero, como
dice Isaías, su consejo ha de estar y su voluntad se ha de cumplir, aunque todo el infierno resista. Consilium meum stabit, dice Él
(Esai., 46) et omnis voluntas mea fiel, vocans

comiese unos bocados, estando ocupado en
la conversión de la Samaritana y de los Sichimitas; era tarde y no había comido' aquél
día, y respóndeles: que su comida regalada
era hacer la voluntad de su Padre, que este
fué el fin de su misión y venida al mundo. Y
declarándoles qué voluntad fuese ~sta del Padre, añadió: Uf perficiam opus eius: Acabar su
übra. Significando en esto que la obra de
Dios es salvar almas, y esa salud y salvación
se les había de dar por Él, que es salud y ejecutor del gusto del Padre, y el que de todo
en todo cumple su voluntad. Levantemos algo
más este discurso. Cuando Dios crió todas las
cosas, dice el sagrado texto (Genes., 2) tlue las
miró, y como las vió tan bien acabadas, dijo
que eran muy buenas y que estaba muy pagado deBas. Empero, del homJre no dijo
nada: ni lealabó ni le vituperó. Yo pienso que
rué porque había de perseverar poco en aquel
estado en que le había puesto de tanta honra
y perfección, en la cual no le confirmó, mas
dejóle libre para que como tal eligiese el bien
ó el mal, la muerte ó la vida. A las demás
criaturas dióles lo que se les pudo dar: de
ulla vez tuvieron su perfección, de que nunca
pudieron caer, y así dijo que eran muy buenas. ¿V el hombre, Señor? Ello dirá; sus obras
le alabarán ó vituperarán. Fué obra no acabada; comenzóla Dios, y no la dió la última
mano; su Hijo trata de eso. Uf perficiam opus
eius. Y la Iglesia canta ('):

ab Oriente avem, et de terra longinqua virum
volunlatis meae. Yo no me mudo, dice Dios, ni

Ad opus~sullm exiens,Venit ad vitae vesperam:

Vino Dios al acabarse el día de la vida á acabar lo comenzado. San Agustín dice que el
¡in que tuvo Dios en criar al hombre fué que
le conociese y, conocido, le amase, y amánJOle, obrase conforme á sus leyes; y obrando
desta manera, gozase de Él para siempre.
este fin y estos intentos de Dios quiso atajar el demonio, y el medio que tomó fué el
pecado, y fuera buen medio para su pretensión si Dios no quisiera tanto su obra ó le
(') En el himno de Laudes Verbum sllpernulIl
prodiens, etc. del oficio del Corpus.

soy in~onstante en mis propósitos y determínaciones; mi consejo estará fijo y firme, y mi
voluntad primera, que tuve en criar al hombre para mi gloria, se cumplirá á la letra. Neque nocebo in veritate mea (Psal. 88). Y ¿qué
medio tomáis para esa vuestra pretensión tan
ardua y dificultosa? Vocans ab Oriente avem, el
de terra lvnginqua virunz voluntatis meae. Nótese aquí, lo primero, que la obra de la encarnación y redención de los hombres por la muerte de Cristo se llama absolutamente y por
excelencia consejo de Dios; porque ni los
hombres ni Jos ángeles fueron admitidos á
él, ni todos los hombres, ni todos los ángeles,
dieran en semejante traza, aunque sobre ello
se juntaran de acuerdo por una eternidad de
años. Este consejo dice que nunca se variará, que será estable y firme, aunque le cueste
mucho, y que á su costa salió con él. Vocans
ab Oriente avenz. Ave de Oriente se llama
Cristo, porque en el pecho y corazón del Padre, que es principio sin principio, allá en la
eternidad hace su morada y tiene su nido; y
como ligerísima ave se abatió y inclinó al
hombre y se juntó con él en las entrañas dé
la Virgen, con tan estrecho y apretado abrazo,
que Dios quedó en él hecho hombre y el nombre Dios. El de terra longinqua virum voluntatis
meae. L1ámase Cristo varón, y de tierra remota; varón, porque desde el día y punto que encarnó fué hombre perfecto y consumado en
todo género de perfección. Que es lo que dijo
Jeremías: Faemina circumdabit virum (Hier., 31).
Dícese de tierra lejos, por la distancia grande
que hay de Dios al hombre; la que hay de lo
finito á lo infinito, esa hay desde donde palte
este varón y esta ave hasta llegar al hombre.
Parte de la divina y eterna naturaleza á la temporal y limitada del hombre, de que se espantan los ángeles, pasman los cielos, la lengua
enmudece y el entendimiento desfallece. Y por
ventura es este el altibajo de Isaías (Esai., 9).

Sive ilZ profUfzdun! infemi, sive in excelsunz supra. Tierra lejos cuanto puede ser, y as! había de ser, porque por acá, entre nosotros, y
de cerca, no había tal varón como este. Virum

494

VERGEL ESPIRITVAL DEL ÁNIMA RELIGIOSA

voluntatis meae. Varón de mi voluntad, ajustado á mi querer, cortado á mi deseo. Ninguno de los hombres del mundo cuadró de
todo en todo y sin faltar hebilleta ni tilde á la
voluntad de Dios, como Cristo, en el cual se
complació bien. Qui factus est ei ex semine
David secundllm carnem (Rom., 1). Fué hecho
para su Padre de la familia de David, según
la carne; fué hombre hechizo para Dios, Hijo
suyo para su regalo y gusto, ejecutor de su
voluntad y de su eterno consejo. Mi comida
es, dice el Hijo amado (loan., 4), hacer la voluntad de mi Padre que me envió; y mis intentos todos, y mis cuidados, acabar la obra
suya. Utperjiciam opus eius. Sobre estas palabras dice Cirilo (Ciri!., in loan): Cum igUur
ipse Filius voluntas Patris sil, opus eills perftcit
iis, qlli credunt in eum salutem largiens. Pues
cómo el mismo Hijo sea voluntad de su Padre, acaba su obra dando salud a los que
creen en Él.

§ II
Al fin, la redención de los hombres es obra
del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;
empero, particularmente lo es del Hijo, y á su
cuenta estuvo el acabarl¡¡.; y entonces la acabó cuando acabó su vida en la cruz, diciendo:
Consummatum est (loan., 19). Hasta allí la
trajo siempre delante de sus ojos, y en el deseo della anduvo crucificado; y el deseo era
tan vehemente, que en cuantas ocasiones
hallaba hablaba della y procuraba introducirla en los corazones de los suyos. Por San
Mateo se la representó como en parábola
(Matth., 12): Sicut lonas fuit tribus dieblls, el
tribus noctibus in ventre ceti, ita erit Filius hominis in corde terrae ('). Por San Juan lo dijo
. otra vez, debajo de la figura del templo (loan.,
2): Solvite templllm hoc, el in tribus diebus excitabo illud. Y en otra parte (loan., 3): Modicum
et IZOIZ videbitis me, et iterum modicum et videbilis me, quia vado ad Patrem (2). Otra vez habló de su muerte debajo de la figura de la serpiente (loan., 16): Sicut Moises exaltavit serpentem in deserto, ita exaltari oportet Filium
IlOminis. Todas estas veces trató de su pa(') «Así corno Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre de la ballena, así estará el Hijo
del hombre en el centro de la tierra».
(2) «Un poco y no me veréis, y otro poquito y
me veréis, porque me voy al Padre».

sión con algtl'na oscuridad, por no espantar á
sus discípulos; mas por San Mateo se la dijo
tres ó cuatro veces claramente y sin rebozo.
En el cap. 16 dijo (Matt., 16): Oportet multa pati
a seniol ibus, et scribis, et przncipibus sacerdotum, et occidi ('). En el cap. 17 se declaró algo
más (Matt., 17): Et FilillS hominis tradendus
est in manus peccatorum, et occiden tillum (2).
En el cap. 20, añadió (Matt., 20): Tradetllr
gentibus ad illudendum, et jlagellandum, el
crucijigendum (3). Por San Lucas dice (Luc., 18):
COllsummabuntllr omlZla, quae seripia sunt per
Prophetas de Filio hominis (4). Y cuenta por menudo sus pasiones, como las pudiera contar
de otro hombre que no le tocara. Transfigurado, la plática que tuvo con sus amigos Moisén y Elías fué de su pasión, debajo de nombre de exceso, anteponiéndola á la gloria que
alli gozaba, como cosa de mayor gusto para
Él. Cuando instituyó el Santísimo Sacramento
de su cuerpo y sangre, el fin que tuvo fué dejárnosle para anillo de memoria de su pasión
y muerte (Mat., 17: Euthimius loquebatllr de
gloria). Cuando venga á juzgar, dice (Mat.,
24), que traerá consigo, y en su compañía, la
cruz en que murió y obró nuestra redención;
como diciendo que no se halla sin ella. En
el cielo, la mayor fiesta que le hacen los ángeles y los Santos es cantarle la pasión: DigIZUS es! agnus, qui OCciSllS est, etc. (A po c., 5).
y para que viésemos cómo andaba crucificado en su deseo, dijo por San Lucas (Luc., 12):
Baptismo habeo baptizari, et quomodo coarelor
llsque dum perftciatur. ¡Ay, que me tengo de
bautizar en mi sangre, y cómo se me estrecha
y aflige el corazón hasta que esto se cumpla!
y ese era el deseo doblado de cenar con los
suyos la Pascua: morir corporalmente, por no
morir esta tan trabajosa muerte espiritual y
mental. Escribiendo la gloriosa Santa Catalina de Sena á un gran prelado 'de cómo le
habia atormentado más á Cristo el deseo de
redimirnos que los tormentos que en razón
desto padeció, dice así (Epíst., 44): Acué\'(') ·Conviene que padezca muchas cosas de parte
de los ancianos, escribas y príncipes de los sacerdotes, y que lo maten •.
(') «El Hijo del hombre ha de ser entregad(J t'1I
manos de los pecadores y lo matarán».
(3) -Será entregado .á los gentiles para ser afrentado, azotado y crucificado».
«Se cumplirán todas las cosas que escribieroll
los profetas sobre el Hijo del hombre •.

«)

CAP. III. CÓMO CRIStO LLEVÓ LA CROZ MENTAL TODA SO VIDA

dome que el dulce y buen Jesús manifestaba
una vez á, una sierva suya que consideraba
en Él la cruz de su deseo, y juntamente en la
de su cuerpo. Ella le decía: Jesús mío dulcísimo, ¿cuál te causaba mayor pena, la que padecías en el cuerpo ó la que te atormentaba
con el deseo? El Señor respondía dulce y beI1ignamente: Hija mía, no dudes que como
ninguna comparación se puede hacer de lo
finito á lo infinito, ansí no la hay entre la pena
del cuerpo y la del deseo: la del cuerpo se
acabó, que era finita, mas la del deseo no tiene fin. Por esto, desde el instante de mi .concepción, siempre anduve puesto en la cruz
del deseo, y en razón ,de lo que digo, si te
acuerdas bien, mostrándote una vez mi naeimiento, tú me viste Niño pequeñito, recién nacido, con la cruz á cuestas. Qui por-

495

chado delante de nuestros ojos intelectuales,
procurando morir por santo y verdadero deseo de la honra de Dios, salud de las almas
y ensalzamiento de la fe carólica. ¡Ay, si creciésemos tanto en esta hambre que quedásemos muertos á todo amor propio y á toda pasión de sensualidad, y quedase muerta nuestra voluntad y el apetito de los estados, honras, deleites y placeres del mundo y sus pompas todas!
§III

En el capítulo sexto de su vida se escribe
que, hablando un día con su confesor, le dijo
Santa Catalina que desde el instante de su
concepción siempre trajo Cristo la cruz y
pasión en su ánima; porque en aquel mismo instante fué lleno de gracia, de sabiduría
lamini a meo atero, qai gestamini a mea vulva y de caridad. Y no fué necesario que en esas
(Esaí.,46 b). Et in laboribus a iuventufe mea cosas creciese con el tiempo, porque desde
(Psal. 87 d). En el vientre de mi Madre se co- aquel punto fué de todo en todo perfecto;-y
menZó la cruz del deseo de cumplir la obedien- como perfectísimamente amase ú Dios y al
cia de mi Padre, que me ordenó el morir por el prójimo, y viese á Dios privado de su honra
remedio y rescate de los hombres, y esta cruz y al hombre del fin para que había sido criame atomentaba más que otra alguna mate- do, era atormentado fuertemente, hasta que,
rial. Y por esto mi espíritu se alegró de' ale- como medianero entre Dios y los hombres, por
gría grandísima cuando me vi, en lo último de su pasión y muerte restituyese á Dios la
mi vida, ya cercano á mis pasio,nes. Lo cual honra de la debida obediencia, y á los homyo manifesté á mis discípulos el jueves .de bres la salvación y gloria para que los crió.
la Cena con aquellas palabras (Lucae, 22): Este deseo fué tan grande en Cristo, que n~
Desiderio desideravi ¡lOe Paseha manducare le podía disimular; y así dijo á los suyos, ce}lobiscum antequam paliar. Digo, hija, que nando con ellos, aquellas palabras, nunca peestaba mi ánima llena de gozo cuando veía sadas ni entendidas como merecen (Luc., 22):
que se llegaba el tiempo de quitar de mí Con deseo he deseado cenar con vosotros
esta cruz del deseo, y cuanto más yo me acer- esta Pascua, antes que padezca y muera. Lo
caba á los azotes y tormentos del cuerpo, tan- cual dijo porque en aquella cena les había de
to más se me aflojaba la pena de mi espí- dar la prenda única de su salud, que fué su
ritu, porque la cruz material aligeraba y ha- cuerpo y sangre; la cual Él había de obrar ancía fácil la cruz espiritual. A esto replicó la tes que otra vez comiese con ellos. Y traía la
sierva de Dios: ¿Por ventura, Señor mío, per- Santa á su propósito aquel lugar: Pater, si
distes, puesto en la cruz material, ese deseo possibile est, transeat a me calix iste (loan., 19;
de mi salvación y de los demás por quíen os Math., 27). Y declarábale gloriosamente dipusistes en ella y hicistes oficio de Reden- ciendo que no pedía Cristo, como flaco y metor? Hija, respondió, la pena del santo de- droso de la muerte, que su Padre le quitase
seo que tenía de morir, muriendo en la cruz el beber el cáliz de sus pasiones, cosa que Él
del Calvario se me acabó; mas el deseo y tanto deseaba, sino que, pues Él le había behambre que yo tengo de vuestra salud, ni bido continuadamente desde que fué concebise acabó ni se podrá jamás acabar; sería do en el vientre de la Virgen Nuestra Señora;
acabarse el amor que tengo al linaje huma- y entonces, por la cercanía del tiempo, le apreno y acabaros vosotros juntamente con él. taba más el deseo de la salud de los hombres,
Al fin muere Jesús de hambre y de sed de que le acongojaba mucho, pide que se acabe
nuestra salud, y esta hambre y sed habíamos ya aquel cáliz que ha ido bebiendo por todo
de tener siempre en la memoria y como de- el discurso de su vida. Que, bien considerado,

496

VERGEL ESPIRITUAL DeL ÁNIMA RELIGIOSA

Imposible cosa es á los hombres y los ángeles comprender y apear el abismo profun-

,dísimo y piélago inmenso de las pasiones de
Cristo Señor nuestro; suya es aquella voz
que lo dice (Psal. 37): Aflictus sum, et humiliatus sum nimis, rugiebam a gemitu cordis meí.
Afligido estoy y humillado en demasía, bramaba yo del gemido de mi corazón. Mas para
que en alguna manera entendamos la incomprensibilidad de ellas, según la doctrina de
San Bernardino de Sena (S. Bernardinus Senens, de Passione Domini, feria 6 in Parascev.,
ser. 6), de nuestra sagrada Religión, debemos
considerar tres cosas en Cristo: la plenitud
de conocimientos, la grandeza de ocasiones y
la multitud de razones. Y cuanto á lo primero, digo que en el ánima de Cristo hubo un
plenísimo conocimiento ó conocimientos, desde el instante de su concepción (por virtud de
la unión hipostática del divino Verbo), de las
cosas pasadas, presentes.y por venir, adonde
como en tres montes altísimos se levantó y
fundó esta su mental cruz; aunque este cono ..
cimiento general de las cosas, principalmentl'
le tuvo y tenía siempre de los pecados que
contra Dios se habían cometido desde el principio del mundo, y de los que entonces se co·
metían, y de los que. se habían de cometer en
el tiempo venidero. Otrosí conocia y tenía
delante de sí los tormentos todos que hab{¡¡
padecido (loan., 18), y que entonces padecía,
y hasta expirar en la cruz había de padecer.
Veía también, y tenía presentes, todos los
martirios, fatigas y trabajos qUe sufrieron too
dos los justos que entonces vivían y qUl~
habían de nacer y vivir hasta la fin del mundo, cuya cabeza Él era. Todo esto conocía y
veía con mayor claridad y distinción que ninguna criatura racional conoce y ve un particular y singular adecuado á su capacidad.
Las ocasiones que tuvo Cristo para que en Sli
corazón se plantase esta cruz mental fueroll
muchas, como veremos, pero principalmente
habia en Él tres cosas, de que se formó. Hubo,
lo primero, amor inmenso. Lo segundo, inmenso dolor. Lo tercero, inmenso gozo. Del
dolor y gozo se formó la cruz, como de dos
maderos atravesados. El gozo se levantaba
en lo alto y formaba la cabeza, porque miraba
la honra de Dios; el dolor atravesaba por medio, haciendo forma de cruz, con la represen·

(') «Lo que haces acábalo presto».
(') Hasta aquí Fr. Bernardino Laredo en el libro
cito epístola 9. "Escrita ,í un perlado, en la secuela
de Cristo y en su doctrina Y, amor curialmente cui-

dadoso, etc.» El texto lo cita el p, Angeles con alguna variante v. g., obediencia sin medida por desmedida; valentísimo por fortísimo, etc.
.

no fué pedir que le librase de las pasiones,
como dije, que en breve esperaba, sino que
el padecerlas y acabar con el remedio de
los hombres se abreviase; que viene bien con
lo que dijo á Judas (loan., 13): Quod fads, fac
citius (1). De manera que por este cáliz no entiende el Señor la pasión por venir, sino pasada y presente, que desea ver acabada. Hasta
aquí Santa Catalína de Sena. Desta cruz
mental han hablado algunos contemplativos;
pero ninguno, en pocas razones, dijo lo que
el autor del libro llamado Subida del monte
Sión, y con ello acabaremos este discurso.
Escribiendo, pues, este grande contemplativo
á un religioso (Epíst., 9, extravag.) de las
dos cruces, mental y real de Cristo, y cómo
lo que enseña á sus seguidores se lo da escrito en el libro de la cruz, entre otras cosas
dice: «Pues como esta lección no consista~en
palabras, necesario es avivar, pues habéis
oído que es la cruz en que vivió Cristo fabricada de pobreza estrecha y de extremado
dolor, acabado menosprecio y obediencia sin.
medida; los cuales brazos de cruz tomó cuando vino al mundo, y dejólos en la otra cruz
de madera al punto postrimero de su vida,
cuando con fuerte clamor expiró en ella, mos- .
trándonos el valentísimo amor con que allí nos
amó y el desmedido rigor con que en aquel
tiempo, y 110 antes, la dejó» f). Sea, pues,
¡oh ánima mia!, tu consolación, si buscas á
Dios, crucificarte con Cristo, pronta en la obeciencia, humilde en los favores, deseosa de
menosprecios en las mayores honras y de
sufrir por tu celestial Esposo y Maestro cualesquiera trabajos y persecuciones, y si faltaren las fuerzas, suplan los deseos.
CAPÍTULO IV

En que se prosigue la materia de la cruz mental, y se declara cuánto mayores fueron las
penas que Cristo sintió. en Sil ánima que las
que padeció en el cuerpo, y del .til11damento
desfa doctrilla.
§ 1

CAP. IV. EXTENSIÓNÉ INTENSIDAD DE LA CRUZ MENTAL EN CRISTO

tación de nuestras maldades, yel amor, como
clavo, juntaba los brazos con el árbol derecho. 'Al fin, la primera medida, que no puede
medirse de ninguna criatura, de la Pasión del
Señorfué el inmenso amor, de donde ella tuvo
su principio; porque fué tan grande cuanto
era el amor para con Dios y par9 con el prójimo. Y porque fué unido al Verbo con unión
personal toda la capacidad de la misma naturaleza, que por la dicha unión fué dilatadísillla y capacísima, fué llena de amor Ó, por decir mejor, fué amor en el Verbo. La segunda
medida de la cruz del Salvador se tomó del
dolor qtié hubo en su ánima y en su carne,
que fué inmenso. Alejandro de Alés, in tertio,
dice que los dolores de Cristo fueron penosísimos por dos razones: La primera, porque
afligían mucho la naturaleza del que los padeda. La segunda, porque eran contra la voluntad natural de la sensualidad que rehusaba
cuanto podía el padecerlos. Fuera desto, se
debe notar que estos dolores mentales difieren materialmente de los dolores corporales;
porque las penas se varían y diferenciati en
los miembros del cuerpo según la diversidad
de las mismas penas, y vivacidad y sensibilidac! de los mismos miembros; los dolores
mentales se varían en el ánima según la variedad della y la disposición natural ó accidental, y también según la variedad de los
¡)bjetos de esos mismos dolores. Y lo que
hay aquí de mayor consideración es que la
pena de los miembros, en un momento, por el
dolor, se comunica al alma, y el dolor del alma
casi sin tardanza se comunica al cuerpo. De
donde se sigue que todos los dolores mentales
que desde el instante de su concepción estuvieron en la mente de Cristo, por diversas y
inexplicables penas, se resolvían y iban á parar á su santísimo cuerpo, según la diversidad
de los objetos de sus dolores. Y también
todas las penas corporales, según la diversi·
dad y acerbidad dellas, se resolvían, por un
modo inexplicable, en los mentales dolores
de Él. De manera que había entre el ánima y
el cuerpo una tan admirable simpa tia, que las
penas y dolores eran comunes, y ni el cuerpo
tenía dolor pequeño ni grande que no le comunicase al alma, ni el alma congoja ni fatiga
que no la. sintiese y padeciese el cuerpo. Al,
fin, tanto cua,nto fué el amor para con Dios y
para con el prójimo, tanto fué el dolor que
sintió de las ofensas del ofendido y del ofeno••u MíSTICAS DEL P. ANGBLES.-32

497

sor. La tercera medida no medida ni mensurable de la cruz de Cristo fué el inmenso
gozo del mismo Señor; porque según doctrina de Alejando de Alés, in tercio, por esto
fllé meritoria la pasión, porque fllé en la parte racional, como cosa querida y amada; fué
inestimable el gozo, porque lo era el deleite
en la parte superior, en la cual gozaba, como
bienaventurado, de la visión beatífica de la
divinidad. Y si padeciera no queriendo, no
fuera su dolor virtuoso, ni meritorio, ni grato
á Dios. Por eso, á este dolor, como cosa á Sí
muy agradable y sobremanera querida y amada, era llevado con todo el afecto y gusto y
conato de su alma.
De la multitud de razones que se hallan
para entender el inmenso dolor de Cristo, desde el instante de su concepción, recoge doce
nuestro Santo (1), y multipIícalas en otras
doce, con tanta sutileza, que apenas me atrevo á tratar dellas aquí. El primer lugar tiene la
ofensa. El segundo, la ignorancia de los hombres. El tercero, el haberse de apartar del\os
por la muerte. El cuarto, la reverberación ó
reciprocación compasiva de su dulcísima y
afligidísima Madre. El quinto, la compasión á sus miembros místicos. El sexto, el
cuchillo que los cortaba y pretendía apartar
de Sí. El séptimo, la deformación del ánima,
imagen de Dios. El octavo, la fornicación espiritual y adulterio contra su legítimo Esposo,
Dios. El nono, la contrición ó quebrantamiento de ver la multitud y grandeza de los pecados de los que se habían de condenar por no
dolerse dellos. El décimo, la privación de la
gloria de los condenados. El undécimo, la
obligación de las penas y tormentos eternos
y odio del Criador. El duodécimo, la brevedad con que había de padecer y ser entregado
en las manos de los pecadores.
§ 11

Cuanto á la primera razón de ofensa, se ha
de considerar que en el ánima de Cristo había dos respetos que acrecentaban sus penas
y hacían esta su mental cruz írabajosísima:
el primero, á Dios amantísimo; el segundo, al
prójimo, que Él tanto quería. Y así es que á
la medida del amor que tenía á su Padre
eterno era el dolor de cualquiera ofensa que
(') Esto es San Bernardino de Sena.

498

VERGEL ESPIRITUAL DEL ÁNIMA RELIGIOSA

se le hacía. Y cuanto amaba su gloria tanto
sentía la ignominia del pecado contra Él. Y
añadamos á esto, que tomó tanto dolor por
cualquiera culpa, cuanto era grande la injuria
hecha contra su Padre cuanto pedía la enmienda. Y si la gr::lvedad de una injuria mo:'tal es infinita, ¿cuánta sería la de todas juntas? Todas las tenía presentes y cada una
de por sí le dolía y afligía s~ corazón. Si no,
dime ¿qué hiciera y qué sintiera el hijo del
emperador si viera á su padre maltratado y
traído por el lodo y por el estiércol por un
ganapán, hombre vilísimo? ¿Qué si le viera
mesar las barbas? ¿Qué si los cabellos de
su cabeza? ¿Qué si le viera dar bofetadas en
el rostro? ¡Oh qué dolor sería el suyo! A la medida del amor y respeto que tuviese á su padre. Pues, ¿qué sentiría el Hijo amado, Cristo
'Jesús,cuando viese ofender á su eterno Padre,
blasfemar su nombre y despreciar su grandeza? Piénselo el alma, que la lengua enmudece,
Pues cuando pusiese los ojos en el prójimo,
que tan tiernamente amaba y que tan sin respeto ofendía á su Padre, tanto se dolía cuanto
era el amor que le tenía. Mas ¡qué redoble!
grande amor al ofendido y grande amor al
ofensor. ¡Oh, cómo te dolía, Jesús bueno, el
ver ofender á tu Padre!; pero como te habías
transformado en el hombre y eras fiador suyo,
ansí sentías el daño suyo dél como si fuera
daño tuyo propio; doIíate la ofensa de tu
Padre, y doIíate el desacato del hombre, y
así, á cualquiera parte que te convertías hallabas materia de dolor. Pues tomemos entre
manos la razón segunda, de ignorancia, y veremos las olas de penas que vienen contra Sl!
ánima, que parece quererla anegar. Miraba
Cristo y ponía los ojos en el género humano,
y veíale ignorar dos cosas: La primera, cuán
grande beneficio fué el de la Encarnación, el .
haberse Dios humanado y hecho hombre. La
segunda, la grandeza del amor, que le obligú
á vestirse de carne y conversar y tratar COIl
los hoinbres en este destierro y penosa peregrinación. Pues tan grande fué el dolor en el
ánima de Cristo cuanto fué el beneficio de
hacerse Hombre, y el amor y caridad que le
puso en ello y le obligó á morir por nosotros
en la cruz. San Ambrosio dijo que la profunda tristeza que Cristo tuvo en el huerto, en
la víspera de su muerte, había sido por dejar
á los suyos pequeños en la virtud y ignorantes del beneficio de la Encarnación y del amor

y

'que le encarnó y puso en tan grandes traba-jos. ¡Gran beneficio hacerse Dios hombre!
¡gran caridad la que le obligó á ello, y á morir
por los hombres! ¿Quién pudo pesar 10 uno y
10 otro?' Ni hombre, ciertamente, ni ángel. Y
lo que sintió Cristo esta ignorancia, ¿quién
lo pesará? Ni todos los hombres, ni todos los
ángeles. ¡Oh, ingratos hijos de Adán! Pues
vamos á la razón tercera, que verdaderamente pone á Cristo en grande aprieto. Entendía
exactísimamente la grandeza de la pena de
que había de morir y conocía cuánto era el
amor que á Sí se tenía, que hacía espantosa la
muerte. Oeste conocimiento se engehdraba eli
su alma un dolor grandísimo, tan grande como
era la pena que le poseía el corazón, y el amor
que á Sí se tenía y se debía tener. Y porque
ninguno en la humana naturaleza bastó para
entender esto y compadecerse de Él, ni toda la
naturaleza junta, por eso en vez de todos los
escogidos, por ellos, digo, y en su nombre, se
condolió de Sí mismo, como de Dios, que en
aquel hombre padecía por el género humano.
De donde, como en las demás cosas, ansí 1'11
esto suplió el defecto de sus escogidos, empleándose todo en dar gracias á Dios Padre y
á Sí por tan grande beneficio hecho á los hombres; y en sí mismo nos hizo reconocerle, y
allí somos reputados por agradecidos CUIllplidamente á tanta gracia y á tan copiosa misericordia. Síguese la cuarta razón, de reverberación, adonde considero al Hijo de Dios
angustiado y afligido sobre manera porque
traía siempre en su alma dos respetos á su
Madre: el uno, á su amor; el otro, á su dolor.
El amor era aventajadísimo sobre el de todas
las criaturas juntas, y el dolor que de ahí resultaba no puede declararse. Por esto los dolores de Cristo, en su mente, eran tan grandes
como el amor que la tenia, y cuanto graves
ellos, por 10 mucho que amaba á su Hijo. Y
como la bienaventurada Virgen fuese alumbrada en el conocimiento de todos los ,dolores de Cristo y sublimada en la caridad perfecta de su Hijo, tanto se dolió dellos cuanto
pedía el estado de Madre tan excelente; y
estos dolores de la Madre eran como saetas
que continuamente estaban asestando al corazón del Hijo y lastimándole.
§III

Pues ¿ qué diremos de la compasión que
Cristo tuvo á las penas de todos los mártires

CAP. IV. EXTENSIÓN É INTENSIDAD DE LA CRUZ MENTAL EN CRISTO

499

':! á los trabajos y fatigas y obras meritorias hallar una doncella con quien casarse: hallóla
de todos los predestinados? Aquí se funda la y casóse, y hízola reina nobilísima y señora
quinta razón de la cruz mental del Redentor, de sus estados. Si ella, olvidada de tanto beque la hace rigurosa sobre· manera. Mucho neficio, en presencia de su marido se amigase
más sentía el Señor las fatigas, los tormen- con un .vilísimo leproso, y le amase y diese
tos, los dolores y trabajos de sus predestina- su corazón, y con estiércol se ensuciase la
dos que ellos mismos, sin comparación algucar~ y se afease y desta manera se llegase al
na. Pues ¿qué dolor sería este que en el áni- rey y le pidiese abrazos y besos de paz, dima de Cristo se engendraría de la vista y ciendo: En esta figura, y no en otra, me haconocimiento claro de tantos mártires juntos, béis de gozar, ¿qué dolor sería el de aquel
de tantos dolores y fatigas como contempla- rey? Pues sería como pintado respecto del
ba en todos sus predestinados? ¿Qué mucho que Cristo' tenía en su alma cuando miraba
que se desangre en el huerto con esta viva las manchas y fealdades de las almas por
representación? Pues cuando se le represen- quien Él moría, preciándose muchas veces
tasen todas nuestras culpas mortales y todas ellas de ellas, y gloriándose en ellas.
Síguese que digamos la nona razón, que
nuestras enfermedades, ¿ qué sentimientos
tendría? ¿qué dolor? ¿qué angustia? ¡Oh, _llamamos de contrición, en la cual tuvo Cristo
dos respetos: el uno, á la grandeza de los pecómo le dolía ver apartarse de Sí sus miembros por los pecados y las enfermedades cor- cados; el otro, á la multitud. De aquí le nacía
un dolor tan grande de las ofensas de los que
porales y espirituales des tos miembros, así
cortados y separados! Él fué el penitenciado se habían de condenar, cuanta era la multitud
por todos, y el que lloró las culpas de todos, y de los pecados, y parece que se le dijeron á
Él las palabras de Jeremías (Tren., 2): Magna
por quien en el cielo hubo gran fiesta entre
los ángeles, viendo su penitencia. Síguese la est velllt mare contritio tl/a: Grande es el mar
séptima razón de la cruz mental, que se toma en la cantidad y grande en el número de las
de la deformación del ánima; que por el pecado gotas de que consta. Ansí se considera el corazón de, Cristo poseído de gran dolor, el
le cayó como un gran borrón en la cara y la
dejó más negra que los carbones, aborrecible
cual no era de por junto y en común, sino en
particular por cada uno de los pecados que
á Dios y á los ángeles. ¡Qué hermosa salió de
las manos de Dios, hecha á su imagen y se- se habían cometido, y se cometían de presente, y de futuro se habían de cometer. Al fin,
JIlejanza!: á su imagen en lo natural y á su secomo Cristo Señor nuestro vino á reparar el
mejanza en lo gratuito, y ¡qué fea la dejó el
reino de gracia, y el pecado mortal, en cuat;pecado! Pues cuando el Señor miraba la fealto en sí es, le destruye, síguese que ha de abcciad del ánima racional y la belleza y hermorrecer y dolerse de cada pecado mortal cuaesura de que había caído, era su dolor interior
to la multitud y grandeza de los pecados hajan grande, que es imposible ni sentirse ni
decirse.
cen mayor estrago en su rdno. y añado á lo
dicho que como Cristo vino para pagar por
Acrecentaba este dolor la razón de matrimonio, que siendo Él amador de las almas y nuestras deudas todas y librarnos de las infernales penas, tanto dolor y más tuvo por
marido de ellas, con desamor y desprecio anteponían á Él las criaturas; y considerando cada una de las culpas cuanto fue menester
en todo rigor para satisfacer ú la divina jusestos adulterios espirituales, tanto se dolía
cuanto era el amor que les tenía como á es- ticia.
posas suyas y cuantas eran las que le agra§ IV
viaban. Con qué sentimiento se queja Él por
Pues ¿quién podrá con ningunas palabras
Jeremías (Hier., 3): Tu fomicata es CUlll amatoribus mllltis ('). Como si un poderosísimo rey, significar el dolor que se forjaba en el ánima
de Cristo, cuando ponía los ojos en la glode gracioso rostro, de disposición gallarda,
ciotado de muchos y preciosos dones natura- ria de los bienaventurados y en la duración
les y perfectísimo en todo, hubiera cercado la della, de que se privaban los hombres por
mar y peregrinado por la tierra con fin de seguir sus antojos y las vanidades deste
nial mundo? Mirad vos lo que es y vale el
reino de la gloria, que pierden por sus cul(,) «Tú has adulterado con muchos amadores».

500

VERGEL ESPIRITUAL DEL ÁNIMA RELIGIOSA

pas los pecadores, y lo que ha de durar aquella privación en que incurr~n, y luego la infinita caridad de Cristo, y que su venida del
cielo á la tierra y el haber de morir en cruz
era por remediar un mal tan grande, y que en.
muchos se había de perder beneficio tan crecido; y luego veréis, con alguna mayor luz, la
aflicción y dolor de su corazón, inmenso, por
cierto, y que excede todo encarecimiento y
ponderación.
Pues cuando se le representaban los castigos y tormentos de los condenados y el odio
dellos contra Dios y de Dios contra ellos, sin
esperanza de reconciliación, ¿qué dolor sentiría en su ánima? A la traza del que eternalmente habían de sufrir los miserables, y á la
del odio que entre ellos y Dios eternalmente
ha de haber. Fuerte razón, por cierto, y que
descubre un peso infinito de penas y dolores
en el ánima de Cristo y hace su cruz intolerable.
. y no es menos fuerte la razón de abreviación que las pasadas, porque considerándose
con brevedad en ella y poniendo los ojos de
su alma, lo uno en el mérito de su P~sión, lo
otro en el fruto de su cruz, tanto se dolió
porque no pudo dilatarse su padecer por más
tiempo, cuanto entendía lo que merecía doliéndose, y el fruto que de aquí se había de
seguir cuán colmado y precioso. Digo, y pido
atención para ello, que doliéndose Cristo de
que en alguna manera no pudo su dolor ser
perpetuo, mereció acerca del Padre como si
fuera eternamente atormentado. Por eso dijo
Isaías (Esaie., 53): Vere languores nostros ipse
¡u lit, el dolores noslros ipse portavit ('). Luego,
para adquirirnos la gloria sempiterna en Dios
por el deseo y voluntad, dilataba y extendía
toda su vida á un vivir infinito y á la tolerancia de una infinita materia de muerte, comunicándose todo y convirtiéndose á cada una
destas razones y al objeto de cualquiera culpa mortal, para que perfectamente en esta
forma satisficiese á su eterno Padre. Y esta
voluntad, así dilatada y infinita, su eterno Padre ansí la aceptó plenísimamente para todo
aquello que ella se dilataba y extendía, como
si realmente y en el hecho lo hicíera. Pues
siendo esto ansi, como lo dicen y sienten los
doctores, ¿cómo fué posible no morir Cristo
(') «En verdad Él mismo llevó lluestras enfermedades y soportó Iluestros dolores».

en cada cual destas razones y en las ocasiones casi infinitas que tuvo de dolerse?, Respondo que el hombre no puede morir si el
dolor interior que tiene no se comunica á los
sentidos del cuerpo y á sus partes sensitivas,
y como Cristo así vi!rdadera y realmente se
enseñoreaba de sus innumerables dolores,
que no permitía que se comunicasen á los
sentidos corporales ni á alguna parte sensitiva, de manera que antes del tiempo ordenado
y dispuesto en el eterno consejo le pudiesen
privar de la vida, sufríalos el ánima todos con
el rigor que habemos dicho, y el cuerpo Con
la moderación posible, porque no acabase con
brevedad. Otras muchas cosas trae este santísimo varón San Bernardino, que por la dificultad dellas y por este lenguaje, que se extiende á los doctos y á los indoctos, dejo; y
pondré aquí un gracioso discurso que al mismo propósito hace Nicolao de Nísa (Mag. Ni··
colao de Nisa, in suo Quadregesimali), fraile
menor de observancia, varón doctísimo y
doctor parisiense, de que yo estoy muy satisfecho, aunque se hayan de repetir algunas
cosas dos veces.
CAPÍTULO V

y discurso notable, en que se prosigue la matfria de la cruz mental de Cristo y se descubre la grandeza de los dolores de su alma.

§ I
Pregunta este doctor si el dolor de Cristo
fué el mayor entre todos los dolores, y para
probar que sí trae tres principales razones
de donde procedía que fue&e tan grande: la
causalidad, la modalidad y la calidad. Padeció,
dice Santo Tomás (3 p., q. 46), no por culpas
propias, sino ajenas; no por amigos, sino por
enemigos, y por aquellos que veía ingratos á
tanto beneficio. Vió el Salvador, como dijo
San Bernardino, las culpas de todos los hombres, presentes, pasadas y por venir, y la gravedad de cada una dellas, y por todas en general y por cada una en particular se dolió y
hizo penitencia. Fray Francisco ]iménez, Patriarca Hierosolimitano, dice (In lib. Angel.,
par. 3, cap. 24): Que cuando Cristo nuestro
Señor andaba por el mundo, durmiendo los
apóstoles muchas veces por los campos, Él
se apartaba algo lejos delIos, y clamando con

CAP. V. RAZONES y REVELACIONES QUl1. DECLARA:-I MEJOR LA CRUZ MENTA L DE JESÚS

.'501

lágrimas suplicaba por los pecadores á su ración y destierro de la bienaventuranza. Haseterno Padre, con tanta eficacia y virtud, que ta aquí fray Hubertino.
no hay entendimiento de algún hombre mortal que pueda pensar cómo esto era. Lloraba,
§ 11
y con voces grandes pedía, las rodillas por el
La segunda razón del crecido dolor de
suelo y prostrado. De manera que pudo muy
bien decir (Idem, c. 31): Torrentes iniquitatis Cristo se tomó del modo que tuvo en el paconturbaverunt me: Los arroyos de la maldad decer, que aunque toca en parte á otra conme conturbaron. Fray Hubertino de Casal sideración, de que adelante trataremos co(F. Hub., li. 4), religioso menor, en un libro piosamente, agora, como de paso, diremos lo
que intituló Arbol de la vida crucificada de que basta para el propósito. En el modo de
Cristo, esto es, de Cristo mentalmente puesto padecer se considera la continuación de las
en cruz, desde el instante que encarnó en el penas, que unas á otras se atropellaban
vientre virginal hasta que expiró en el Calva- como olas que le querían cubrir y anegar. Et
rio, entre muchas cosas al propósito, dice omnesfluclus tuos induxisti super me (PsaI. 87)
que veía Cristo los pecados pasados, presen- Considerábase crucificado tantas horas, y que
tes y por venir con más claridad y distinción los clavos le afligían cada hora más, rasganque algún hombre particular pudiera conocer do con el peso del cuerpo y haciendo mayouno en singular; los cuales pecados, digo cada res los agujeros de los pies y de las manos.
uno de por sI, le hacía y causaba en su ánima Desde que oró en el huerto hasta que expiró,
cinco dolores de excesivo sentimiento, y era siempre estuvo en angustia y congoja grancomo una alabarda de cinco puntas, que de un de. Fueron sus dolores purísimos, sin mezcla
golpe hacía cinco terribles llagas. Lo prime- alguna de consolación, como se halla en otros
ro, porque el pecado es enojoso á Dios. Lo que padecen, que se mitiga el dolor y la trissegundo, porque es provocativo de su ira y teza en ellos, así interior como exterior, de
venganza. Lo tercero, porque induce en el áni- alguna consideración de la razón, por una
cierta derivación ó redundancia de las fuerma, esposa de Cristo, mancha asquerosa y feísima. Lo cuarto, porque es destruidor y atala- zas superiores á las inferiores, lo cual no
dor del reino de gracia. Lo quinto, porque nos hubo en Cristo, porque, como dice Durando,
acarrea pena eterna. Y como Cristo, según la á cada una dellas se le concedió que obrase
naturaleza pasible, hubo de aborrecer estas y hiciese conforme á lo que le era natural y
cosas y dolerse delIas cuanto pedia la regla propio, y así la parte pasible padecia cuanto
de la perfecta justicia que en Él estaba, tanto ·le era posible.
Entre agora la generalidad de las pasiones,
fué su dolor como Él era justo. Aumentaban
mucho este dolor excesivo cínco condiciones que todas las estaba mirando y consideranó circunstancias que en Él había. La primera, do el ánima de Cristo desde su concepción,
que fué grande amador de la gloria del Padre. y por ventura nos anegaremos en ellas. Tuvo,
La segunda, medianero de paz. La tercera, es- dice Bernardo (D. Ber., ser de Pas.), en sus
poso de las ánimas. La cuarta, celador del rei- palabras, contradictores; en sus milagros,
no de gracia. La quinta, restaurador y Reden- blasfemadores; en sus predicaciones, despretor de todos los que se habían de salvar. Así ciadores; en sus hechos, acechadores y obfué, que tanto cuanto Cristo amaba la gloria servadores; en sus penas, escarnecedores; en
de Dios, tanto se dolió de las ofensas hechas su muerte, reprensores y baldonado res. De
contra Él, las cuales claramente conocía y todas maneras y diferencias de gentes se
veía; y cuanto amó la paz entre Dios y la cria- hallaron en su pasión y le acrecentaron sus
tura, tanto se dolió de la enemistad contraída penas: judíos, gentiles, príncipes y ministros,
por el pecado; y cuanto amó la hermosura del populares y religiosos, extraños y conocidos,
ánima, tanto se afligió de ver su feaJ.dad; y ignorantes y letrados, hombres y mujeres.
cuanto amaba el reino de la gracia y de la Pedro le niega, Judas le vende, los discípulos
gloria, tanto se dolía de ver su destruición; y huyen, la Madre que le asiste, traspasada de
cuanto amaba la quietud de la criatura racio- dolor, le traspasa. ¡Oh, cómo le atormentaba
nal en Dios, tanto se dolía de los eternos tor- la ofensa que se hacía á su Padre en todas
mentos que la esperaban y de la eterna sepa- estas cosas! Dolías e, como vimos, y lo decía

502

VERGEL ESPIRITUAL DEL ÁNIMA RELIGIOSA
i

fray Hubertino (Lib. 6 De Arbor.), de todas la
pasiones, trabajos y dolores, martirios y tormentos que en algún tiempo padecieron ó
habían de padecer todos los predestinados,
los cuales todos tenía y sentía en su corazón más distinta y claramente que los mismos los habían de sentir. Y ¿quién podrá
considerar el sentimiento que le causaba el
haberse de ver justiciado en compañía de ladrones, como ladrón y capitán de ellos? Callo
las deshonras, blasfemias, vituperios, el despojarle de sus vestidos, el darle á beber hiel
y vinagre, la condenación injusta, la aflicción de su ánima inocentísima y la pérdida
de su nobilísima vida. Callo los dolores de
la cabeza coronada con agudos espinos, la
cara abofeteada, las barbas mesadas, el cuello lastimado con la soga, las espaldas maltratadas de la cruz pesadísima, los pies y
manos enclavados, el costado abierto con
dura lanza y el corazón traspasado, la desnudez y los azo'tes sembrados por todo el cuerpo, la extensión penosa de los nervios y desencajamiento de brazos y piernas, el derramamiento de toda su sangre y la sequedad
lastimosa de todos sus miembros. Suya es
aquella voz (I?sal. 22): Como agua fuí derramado, y mis huesos descoyuntados; mi corazón es hecho como la cera derretida con el
fuego en medio de mis entrañas; secóse mi
virtud como la teja, y mi lengua seca se pegó
al paladar. Pero, ¿qué sentido quedó sin tormento? En los ojos, lágrimas; en los oídos;
blasfemias; en el olfato, el mal olor del Calvario; en el gusto, hiel amarga; en el tacto,
aberturas y heridas por todas partes. En la
parte superior de su ánima se dolía de las
ofensas hechas á su Padre; en la inferior le
afligía la aflicción de la Madre y de los discípulos; en la parte sensitiva, las mortales heridas de su cuerpo. Pudo muy bien decir (Psal.
87): Repleta está de males mi ánima.
La tercera razón con que se prueba el rigor
de los dolores de Cristo se toma de la calidad
de su persona. Tenía grande igualdad en los
humores y gran viveza de sentido, por la
admirable complexión de su cuerpo, COIllO
inmediatamente formado del Espíritu Santo;
era por esto tiernisimo y delicadísimo y sobremanera sensible. Fray Francisco jiménez,
Patriarca Hierosolimitano, dijo (Lib. de Angelis, parte 3. a ): que era de tal suerte sensible el
cuerpo de Cristo, que le afligían y dolían más

las chinitas que pisaba con los pies descalzos, que á cualquiera de nosotros le dolieran
saetas, si entraran por nuestros ojos. Y si
tanto sentía en los pies, ¿qué sentiría en la cabeza espínada? Piénselo y péselo el ánima
devota, y discurra por los miembros todos
lastimados, y compadézcase de su Redentor,
que en ningún ejercicio ganará más y á menos
costa que en éste.
§III

La santa Ángela de Fulgino, tratando de
la vida de Cristo, entre muchas cosas notables que le comunicó y reveló nuestro Señor,
dice: que todo el tiempo que vivió en el mundo anduvo crucificado, lleno de fatígas y dolores. Y particularizando más esto, dice quc
su santísima vida fué siempre acompañada
de soberana pobreza, de extremado menosprecio y de continuo dolor. Y porque en la
tercera parte des te Vergel hablo en particular de los dos acompañados de Jesús, pobreza y menosprecio, de sólo el dolor trataré
aquí con la brevedad posible. La tercera compañía, dice la santa (cap. 16, fol. 273) que
tuvo Cristo Nuestro Señor más continua y
más experimentada fué el sumo dolor, de que
fué llena su ánima desde el instante de su
concepción. Porque luego allí, en aquel instante, fué unida al cuerpo y á la divinidad y
llena de suma sabiduría: y fué Cristo viador
y compren sor, y al punto comenzó á sentir
dolor inmenso, sabiendo, viendo y entendiendo universal y particularmente todas las
penas, y cada una dellas de por sí, que aquella
ánima santísima había de experimentar y
sufrir por nosotros en su santísimo cuerpo. Y
ansí como cuando estuvo cercano á la muer,
te fué puesto en agonía y en tanta tristeza
que sudó gotas de sangre que calaban el
vestido y remojaban la tierra, por la crueldad,
de la muerte que en breve esperaba, ansí encerrado en el vientre de su madre, contemplando y viendo su ánima los mismos tormentos y dura muerte, se dolía de dolor gravísimo, aunque el cuerpo no experimentaba
entonces tanto como después, cercano ¡í su
pasión, y en ella. Allí tuvo vivísima representación de las lenguas más que navajas afiladas de los judíos, y de las palabras ponzoñosas con que le habían de afrentar y acusar,
delante de los jueces; sabía, y continuamente

CAP. VI. CUÁN DEBIDA ES LA MEMORIA DE LA PASIÓN EN EL CRISTIANO

503

consideraba, cómo y cuándo, y de qllién y de el sentil11iento infinito, por ser de sllplles to
cuáles había de ser' afligido, escarnecido y infinito, y infinita la ofensa, por ser contra
muerto. Pesaba la venta, la entrega, la pri- Dios. Y con ser esto así, y por una manera
sión, las ataduras, la negación del discípulo, inefable el dolor que padecía inmenso, ni
el desamparo de los suyos, las bofetadas, es- amenazaba, ni maldecia, ni se defendía, ni
carnios, azotes, las acusacíones, su condena- se acusaba: escupíanle, y no apart,aba su cara;
ción, la cruz rigurosa en que había de morir, ofrecía el éarrillo á la bofetada, y dejábase
la desnudez extremada, la compañia de los estirar y descoyuntar los brazos para ponerle
ladrones,.los clavos y lanza cruel. Pesaba lo en la cruz, y no los retraía ni encogía. Buscáque dolían estas cosas todas, y sabíalo antes
ronle para prenderle, y no se escondió. Rogó
que llegasen á las manos: y por esto nunca por sus enemigos, y obró nuestra redención
su ánima se halló en este mundo sin tristeza cuando menos se lo merecían, pagándoles el
y dolor y cruz penosísima, attilque invisible. matarle con redimirlos con aquella misl11a
Para todo esto fué necesario dispensación de sangre que ellos derramaban como agua. Y
la Divinidad, la cual le acompañó siempre, de
no digamos más, porque tratemos ya de la
manera que pudiese padecer sumo dolor, el obra de la Pasión y la dividamos como la dicual fué mayor cuanto esta dispensación era viden los Santos, con que se aclarará más/
más maravillosa. Por lo cual digo, que nin- la doctrina y las almas llevarán más gusto y
gún entendimiento se ha hallado tan capaz, consuelo espiritual, leyendo y meditando en
que en algún tiempo haya podido compren- ella.
der la grandeza del dolor de Cristo, porque
CAPíTULO VI
uace y tiene su principio en la dicha dispensaDe cuán debida es la memoria de la pasión
ción divina, y en ella se acaba. Y como no es
de Cristo Señor nuestro en el hombre crisposible que alguna criatura racional comprentiano.
da la caridad de Cristo en querer morir por
nosotros, asi es imposible que comprenda el
§ 1
inmenso y excesivo dolor de su alma, doliénSi aquel pueblo hebreo con ceremonias sodose de nosotros, dispensando, como he dicho,
la Divinidad; porque fué conforme á la inmen- lemnes ofrecía y comía el místico cordero, sin
sa luz que le era dada á su bienaventurada que ninguno para no comer y sacrificar puánima, y la transformación que el amor había diese alegar pobreza (Exod., 12), porque por
hecho, de que estuviese más el amador de los ley divina estaba mandado que los ricos fahombres, Jesús, en ellos que en sí mismo. ¡Oh voreciecen á los pobres en el caso, de manera
que el sacrificio y la comida fuesen comunes
dolor sin medida! ¡Oh amor inefable!
Aquí pone la santa, Ángela las ocasiones y á todos, lo cual hacía en memoria de aquel
causas del dolor de Cristo, de que ya queda singular beneficio de haberlos librado el Sedicho mucho, y añade: No piense alguno que ñor de la servidumbre de Faraón, ¿con cuánta
solamente en la cruz padeció dolor y angustia más razón y justicia nos debemos acordar los
cristianos del divino Cordero que aquel otro
el Señor, porque luego al punto que fué su
otro cordero figuraba, que no de la servidumcuerpo formad8 y organizado en las entrañas
de su Madre, y su alma llena de sabiduría bre de Egigto libró un pueblo, sino [á] todos.
por la unión de eritrambos con el divino Ver- los hOl11bres de la cruelísima cautividad de los
bo, fué, como queda dicho, viador y compren- demonios, restituídos á la heredad del celestial reino? Y si la memoria de aquel beneficio
sor, y juntamente con Él, y en el mismo
vientre, se engendró el dolor y fué puesto era tanta que todos los años los judíos la ceen cruz mental. Y cuanto más santa y noble lebraban, concurriendo de todo aquel reino á
era el ánima de Cristo, tanto más atormenta- Jerusalén, ¿cuánta debe ser la deste divino
da y afligida era y más excesivo y agudo su beneficio, que en grandeza de utilidad excede,
dolor. ¡Oh, cómo sentía las injurias, los bal- y es tan amplio y tan copioso y tan extendido
dones y los dolores que en su muerte había que abraza las naciones todas del mundo, y
de padecer! Era Dios, era persona divina, y . cuánto va de la figura á lo figurado? Luego
toda injuria y ofensa que se le hacía contenía más atentos debemos estar nosotros á I~ veren si infinita gravedad y malicia. Por eso era dad que ellos lo estuvirol1 á la sombra. Pero

504

VERGEL ESPIRITVAL DEL ÁNIMA RELIGIOSA

.cuán necesaria y cuán agradable á Dios sea la
memoria deste beneficio, muéstralo claramente 10 que el Salvador, como ya dijimos, hizo
en aquella su última cena, que asentado con
sus discipulos, para que ellos ni nosotros en
ningún tiempo, ni con ninguna ocasión, nos
olvidásemos de su muerte, instituyó el santísimo Sacramento de su cuerpo y sangre, que
sirviese de memorial perpetuo de aquella
obra de tan inmensa caridad. De los atenienses, que entre los pueblos floridos de Grecia
en armas y riquezas se aventajaban, se escribe (Antonius. Nata.) que por muchos años
acostumbraron tener sermón de difuntos, que
llamaban Epitafia, por el más famoso orador
que se hallaba entre ellos, para que los que
peleando en favor de su patria morían en la
guerra, por no verla sujeta á enemigos, sino
que como la habían recebido de sus mayores
la conservasen libre, y así la dejasen á sus
sucesores (y muchos de aquellos sermones se
hallan ahora escritos y declamados por el
Platón divino, Tucidides y Demóstenes, príncipes de la elocuencia y bien decir); porque
tenían por cosa grandiosa mucho el vivir con
sus leyes en paz y con libertad, sin sujeción
de imperio de reyes ni de pueblos. Por esto,
aquellos soldados que por la libertad de la
patria morían, defendiéndola con armas, ofreciéndose valerosamente y sin temor alguno á
la muerte para no servir, los tenían por dignos de toda honra, y la virtud y fortaleza
lleIlos en cada un año en día particular, la
traían á la memoria y la referían al pueblo. De
aquí las madres, cuando oían decir que sus
hijos habían muerto peleando, se alegraban y
se gloriaban de haber parido hijos tan valerosos y defensores de su patria. ¿Qué diré de
aquellos que, juzgando por cosa indigna el
servir á los tiranos y que, no pudiendo sufrir tal sujeción, sacudieron de sí esta tiranía y, desterrando los enemigos, restituyeron á su libertad á sus ciudadanos? ¿Con qué
honra, con qué veneración los señalaban?
¿Cómo levantaban hasta el cielo su nombre?
¿Por ventura aquel día de su libertad no le
añadían á los festivales y más solemnes, y lo
celebraban ellos y sus mujeres y hijos con sacrificios anuales, con todas las ceremonias
que podían hacer más solemne su fiesta, dando gracias á los inmortales dioses que por
tales varones los hubiesen dado tanta salud?
Todo esto se hacía entre gentiles. Y agora

me corro yo y me confundo mucho de cotejar
estas ·cosas con las nuestras, si en alguna
manera se deben ó pueden cotejar. ¿Por ventura, si es posible, no debemos con mayor facundia, ó á lo 'menos con mayor piedad de
ánimos, recurrir y traer á la -memoria aquel
cIía en que el unigénito Hijo de Dios nos restituyó á la celestial patria, de que por el pecado eramos excluídos, y ele la servidumbre pésima de los demonios, en que estábamos aherrojados, nos libró, y con su muerte mató
nuestra muerte y la despeñó en el infierno
para siempre? Y no fué sola salud de ánimas
la que 1IOS ganó Cristo, sino también ele cuerpos; lo que se verá claramente cuanelo en el
día último del juicio resucitemos todos para
la inmortal vida. Esta liberación de Cristo,
cuánto diste de otras cualesquiera, cada uno
lo puede considerar y ver sin que sea necesario detenernos en declararlo. Es la distancia
tanta como la que se halla entre el bien celestial y el terreno, entre lo divino y lo humano y entre lo público y particular. Y no sólo
es más útil que todas esta libertad nuestra,
sino más noble; porque las demás se hicieron
por ministros, y ésta por el mismo Dios.
Egressus es in salutem populi tui (Habacuc, 3).
Si el César, venciendo una batalla y dando
salud á unos pocos, es alabado de Cicerón
y puesto junto á los dioses, ¿qué diremos de
Cristo, que á todo su pueblo y á todos los
mortales se la ganó y ofreció, que con su sangre y sus dolores nos libró de los pecados y
nos soltó de los lazos de Satanás y nos hizo
idóneos para su reino? Bien entendió el divino
Pablo la importancia y la obligación desta memoria de la Pasión de Cristo Señor nuestro,
cuando encomendándola á los Hebreos les
dijo (Heb., 3): Recogitafe eum, qui talem sustinuif a peccatoribus adversum semetipsum COI/tradictionem; uf ne fatigemini animis vesfris deficientes. Nondum enim lIsqlle ad sanguinel11
restitistis,' adversus peccatum repugnantes. Son
palabras de exhortación con que el Apóstol
anima á los Hebreos á la perseverancia en
el bien, entre tantas cosas de adversidad y de
pena que los podían volver atrás. Como si dijera: Considerad con alto y profundo pensamiento en Aquel que es vuestro ejemplar,
vuestro dechado, vuestra cabeza, vuestro Señor y Dios, la contradicción que sufrió, no de
los justos y santos patriarcas y profetas,
sino de los pecadores, escribas y fariseos,

CAP. VI. CUÁN DEBIDA ES LA MEMORIA DE LA PASIÓN EN EL CRISTIANO

505

de los sacerdotes Anás y Caifás, de los presión y muerte obrada. Al fin, la imagen de
sidentes y visorreyes Herodes y Pilatos; no . mayor veneración es el crucifijo. En el Éxocontra la Iglesia ni contra sus amigos, sino do mandaba Dios (Exod., 30) que los perfucontra sí mismo, contra su misma persona, mes que le ofrecían, que eran figura de la saDios y. hombre, y su Mesías y su Rey, y el grada Pasión, fuesen molidos en menudos
que venía á redimirlos. Uf ne fatigemini. polvos, para significar en esta diligencia la
Para que no os fatiguéis y desfallezcáis en que habemos de poner en meditar y rumiar
las persecuciones, considerando que aun no por menudo los dolores, fatigas y cansancios
habéis resistido hasta derramar vuestra san- del Salvador y sus pasiones todas. Fasciculus
gre, ni perdido la vida resistiendo al pecado myrrhCE, decía una ánima santa, dilectus meus
y haciéndole guerra por no rendiros á él.
milzi, ínter ubera mea commorabitllr: Manojuelo de mirra es mi amado para mí, entre mis
pechos morará (Cant., 1). Como si dijera: Mi
§ JI
amado, hecho un mar de amarguras, amargaEste lugar del Apóstol es de mucha consi- do y aheleado en su pasión y muerte, no me
deración, y á nuestro propósito ninguno como contentaré yo de tenerle en mi aposento ó en
él; y así nos obliga á detenernos en la decla- mi oratorio, ó colgado del rosario, sino en
ración dél y á ponderar sus palabras todas. medio de mis pechos, metido en mi corazón
Recogitate. No dice simplemente pensad, sino y en el centro de mi alma; no de paso, ni en
repensad, considerad profundamente, rumiad tal ó tal dia ó hora en que se medita su
con atención la persona que padece y lo que pasión, sino de asiento. Commorabitur. De mopadece. Qui talem sustinuit adversus semetip- rada, de espacio, hecho huésped continuo y
Sllm a peccato¡:;iblls contradictionem. Y sacad perpetuo. Muy santo ejercicio es el de los
de ahí el fruto que Él quiso que sacásedes de que cada día meditan en un paso de Pasión;
sus fatigas en las vuestras, y la guerra que pero ha de ser esto de manera que en salienhabéis de hacer á los pecados, que á Él le do del oratorio ó de la iglesia no se eche al
obligaron á padecer tantos trabajos hasta ex- tranzado, que eso sería de poco fruto. Todo
pirar en la cruz. No hay cosa que mayor con- el día ha de andar en la memoria lo que se
sideración, ni que más atenta y profunda la meditare por la mañana, para remedio y repida, que la Pasión del Hijo de Dios; lo cual paro contra los pecados, y para conservar en
muestra bien el cuidado de la santa Iglesia en el alma el calor y fuego de la devoción, y para
traérnosla á la memoria por todos los caminos espanto de los demonios, y para la preservay medios que puede. Para eso tiene señala- ción de las corrupciones de las culpas. Infer
dos los viernes de todo el año; para eso la ubera mea commorabitur (Cant., 1). Los grieCuaresma, y en especial la Semana Santa, gos leen: Fasciculus stacies, ve! alligamentllm
con tantas ceremonias, que provocan lágri- guttae: Manojito de la resina de la mirra, ó
mas y sentimientos de Dios, muerto por los trapito de gota. Los que leen desta manera no
hombres; para eso las procesiones de sangre; se persuaden que la mirra se siegue en mapara eso las cruces por los caminos, en los nojos, sino que es resina deste arbolito que
altares, en los cruceros de las iglesias; para con propiedad llamaremos gota ó goma. Esta
eso las Misas y las Horas canónicas, que to- se molía y haCÍa polvos muy menudos para la
das representan la tragedia lamentable de la composición de olores, de que se hace menPasión del Señor; para eso los humilladeros á ción en el Éxodo (Exod., 30) y en Ecequiel
las entradas y á las salidas de los pueblos. (Ezech., 27). Y es muy á propósito de 10 que
Esto representan los Sacramentos todos, vamos diciendo; porque el divino Esposo,
cuya virtud manó del costado de Cristo
Cristo, ha de andar en nuestro corazón desabierto con dura lanza; y en el Baptismo: menuzado y reducido en polvos por la contique, según la doctrina del Apóstol, es viva nua meditación, no de otro material que de
representación de la muerte de Cristo, la se- mirra, porque sus pasiones han de ser conJ'íal de la cruz es la que más se repite sobre servadas y guardadas entre los pechos para
los baptizados, porque con el nuevo ser vay~ Ilunca jamás olvidarlas. Trapito de gota de
embebida y como enjerida la memoria de Dios agotado, y amenguado, y deshecho, y
nuestro Redentor y redención por su pa- desfigurado, y que apenas, puesto en la cruz,

506

VERGEL ESPIRITUAL DEL ÁNIMA RELIGIOSA

parecía hombre. Alligamentum guttae. Todo él
es amargura de dentro y de fuera, porque hasta su ánima entraron las aguas de sus pasiones (Psal. 6'3). San Buenaventura dice (Bonaventura, in Meditatione vitae Christi) que la meditación de la Pasión· del Señor ha de ser el
pan de cada día, para sustento del alma, que
nunca ha de faltar. De manera que así como
en las casas de los señores, aunque se diferencien los manjares, según las ocasiones y
tiempos, no por eso falta de sus mesas el pan,
porque sin él nada satisface ni parece que
se come, aunque se coman muchas cosas de
regalo, ni el' almuerzo, ni la comida, ni la merienda, ni la cena se ordenan sin pan, siempre
se come y con todo se come, y si él faltase
parecería que faltaba todo; ansí, digo yo, que
aunque las meditaciones de la muerte, del infierno, de la gloria, de los beneficios y de la
vida de Cristo son buenas y celebradas mucho de los Santos, la de la Pasión ha de ser el
Panel1l llostrtll1l quotidianum, que jamás ha de
faltar de la mesa. De manera que con cuanto
se meditare se medite un poco della, aunque
la meditación sea de la Santísima Trinidad y
de la gloria de los bienaventurados; los cuales todos la tienen siempre en la memoria y
la celebran y agradecen y agradecerán por
toda la eternidad, como se colige de muchos lugares de San Juan en su Apocalipsi.
Si esta meditación falta; no hagáis cuenta
que comistes el pan de cada día. Lanspergio dice (Lansperg., in Praefatione Passionis) que en todo tiempo habemos de traer
la Pasión delante de nuestros ojos interiores,
por contemplación, porque en todo tiempo
estamos gozando de los frutús deHa. Pone
ejemplo en el Baptismo, en el cual mediante
la Pasión del Señor somos limpios de todo
pecado, incorporados en Cristo, confortados contra las tentaciones del enemigo, enseñados en las virtudes y hechas meritorias y agradables el Dios nuestras acciones
todas.
Yo digo que lo mismo se puede considerar
en los demás Sacramentos en los cuales ex
opere opera to, que dicen los teólogos, obra
nuestra santificación. En la Confirmación, en
la Penitencia, en la Eucaristía, en el Matrimonio, en la Extremaunción y en el sacramento
del Orden sacerdotal obra la Pasión de Cristo más ó menos, según el mayor ó menor
aparejo de lós que los reciben. El mismo doc-

tor seráfico, en el Fasciculario ('), dice (tom. 2,
Fascicul., fascículo 6) que la meditación de la
Pasión, no solamente reforma la memoria, inflama el deseo y le enciende en devoción, sino
que particularmente alumbra el entendimiento y le trae al conocimiento de la verdad.
Mire el lector si es razón que sean admitidos
los que quieren impedir un bien tan grande,
dando por tiempo perdido el que se gasta en
la meditación de Cristo crucificado. Vaya lejos de la Iglesia Católica tal doctrina, y
oigamos á Laurencio Justiniano, doctor admirable y de rara santidad, que en el tratado
que compuso de Agone triumphale Christi
(S. Iustinianus, c. 20), dice que, de todas cuantas cosas contiene la Sagrada Escritura y se
nos enseñan en la Iglesia Católica, ninguna es
tan poderosa para desp.ertar y mover nuestros afectos, para levantar nuestro espíritu,
para templar los trabajos, para quitar el enfado y tristeza de la peregrinación en que
vivimos y para darnos una firme esperanza de
nuestra salvación y bienavenÜlraza como la
consideración de la Pasión de Cristo nuestro
Redentor; porque allí se descubre la puerta
del cielo, allí se ve la latitud de la caridad de
Dios, y muy claro se manifiesta lo que es y
vale el hombre, que no puede ser vil ni de
poco precio lo que se restauró y redimió con
sangre y vida de Dios. Y no dejaré de referir aquí lo que el divino Ambrosio medita sobre aquel verso del salmo 118 (Ambros., in
Psal. 118): Iustificatiolles tuas clIstodiam, flon
me derelinquas usquequaque; el cual hace justicias de Dios ó jnstificaciones las pasiones
de Cristo, sus clavos, su cruz, su lanza y los
dolores y tormentos que padeció por nuestra
justificación. Lo cual todo ha de andar C01110
en depósito en el cofre de nuestra memoria
para nunca perderla de lo que debemos á
nuestro Redentor, según lo que el Sabio dejó
escrito (Ecles., 29): Gratial7l fideiussoris tui /le
obliviscaris.
§1Il

¿Y quién puede olvidarse de ti, Cristo santo, habiendo recibido tanta gracia, que seas
Tú su fiador y el obligado á tantas deudas?
(') Es una de las obras falsamente atribuidas á
San Buenaventura, y según los padres de Quaracchi
está extractada de un libro escrito por Oerardo de
Ztltphania (t 1398). Véase la Dis. 1 del tomo X. Opera omnia D. Bonaventurae ya citadas, pág. 22.

CAP •. VI. CUÁN DEBIDA ES LA MEMORIA DE LA PASIÓN EN EL CRISTIANO

¡Qué de fiadores mueren en las cárceles pereciendo de hambre porque se obligaron por
gente perdida! Y Tú mueres en la cruz, entre
ladrones, pagando deudas ajenas; allí, como
lo dice tu Apóstol (Colossen., 1), se rescindió
el contrato infame entre el demonio y ellinaje de Adán, y con tu sangre preciosísima
se canceló la escritura que contra nosotros
tenía. En la cruz la fijaste contigo mismo, y
la borraste y dejaste á la vergüenza. El príncipe de la Iglesia, San Pedro, queriendo armar
á sus discipulos contra las persecuciones que
se les ofreciesen, les dice así (1 Petri, 4): Chrisfo igitur in carne passo, eadem [et] vos cogitatione armamini. Son palabras para mí gravfsimas y llenas de misterios. ¡Qué de pensamientos debió tener Cristo en su pasión, que le esforzaron y alentaron para correr como gigante
aquella carrera y á no volver atrás de lo comenzado, aunque la representación deHo le
hizo sudar gotas de sangre! La obediencia
del Padre y su gloriá, la salud de los hombres, la destruición de los pecados, la estimación de la virtud, la gloria de su cuerpo y la
de nuestras almas y glorificación de nuestros
cuerpos, el aprovechamiento de los redimidos, etc. Esto pensaba cuando padecia, y con
estos pensamientos y otros más profundos se
armaba; por eso dijo San· Pedro: Eadem et vos
cogitatione armamini. Armaos también vosotros con el mismo pensamiento; luego el pensamiento, ó los pensamientos, ó lo que pensó
Cristo le sirvió de armas y de defensa contra
lo flaco de su carne, que rehusaba el morir, y
contra las voces y clamores de los que pedían
su muerte. Qui proposito sibi gaudio, sustinuit crtlcem confusione contempta (Hebr., 11).
Digo, y no quisiera decir más, que la meditación y pensamientos que en ella se ofrecen de
Dios muerto son las más fuertes armas del
. hombre cristiano y el más acerado y firme
peto que puede traer para defenderse de todos sus enemigos visibles y invisibles. Yeso
es lo de San Pablo. Recogitate eum, qui talem
sustinuit adversus sel71etipsllm contradictionem,
ut nefatigemini, anil71is vestris deficientes. NondUI71 enil71 usque ad efussionem sanguinis (1)
restitistis, adverslls peccaful71 repugnantes. El
glorioso Bernardo afirma de sí que sus armas
(') Debía decir solo ad sanguinem, según lo cita
al fin del párr. 1 de este mismo capitulo, 'londe puede
verse también la versión parafrástica del texto.

507

contra los demonios, contra los pecados y
contra todo género de tentaciones era la Pasión del Señor, y por eso le pintan con todas
las insignias deHa hechas un manojo, y cargado deHas. ¿Cómo puedo pecar, dice el santo, habiendo Dios muerto por mis pecados?
Buen pensamiento y poderoso para sufrir mil
muertes antes que ofender al que considero
en una cruz por mí. De aquí salieron los
mártires y los anacoretas y todos los famosos
en santidad, y ninguno tiene fuerzas si no se
las da y comunica la sangre del Señor. III quo
omnes c1I1cifixi, omnes consepulti, omnes etiam
sunt resuscitati (Antbemius, Patriar. Constantinopolit.), en el cual todos fuimos crucificados, sepultados y resucitados. Recogitate eum.
¿Quién es éste que habemos de pensar y rumiar y tener en la memoria? Eum, aquel que
enamorado de los hombres, del seno del Padre vino al vientre de la Virgen, y entrando
en el mundo fué como señal ó blanco puesto
á las saetas de todos, sufriendo contradicciones de todas maneras. San Bernardo se sentía obligadísimo á Cristo, y era todo arrebatado en El cuando le consideraba en su Pasión. Mil cosas, dice él, me obligan ¡oh buen
Jesús! á que yo te ame; mas sobre todas me.
roba el corazón el cáliz amarguísimo de tus
pasiones que bebiste por mi redención. En la
fábrica del mundo no hubo quien te contradijese; mandástelo, y fué hecho; mas en esta
obra de mi redención, en las palabras sufriste contraditciones, en las obras emulaciones,
en las penas escarnecedores y en la muerte
mofadores; y no se tenía por buen judío el
que no sacaba alguna invención que acrecentase tus penas. Bien pudiera Dios, dice Cipriano, sin esta manera de holocausto perdonar tan gran pecado: Sed facilitas vcniac laxaret habenas peccatis cffrenibus; quae eUanz
Cflristi vix co/libent passioncs; quae vix sceleratos animas a voluptatulIl foece avellunt; vulncri
salle talll putrido, et antiquarum cicatricum faetori non inveniebatur fllcdicamentunz con veniens, nisi l/Izguento sanguÍlzis huias, plaga vetus liniretar, et malagmate camis in cruce cxtensae siccarentur vencna, quae· culcanco primi
flominis, et omni posteritati eias serpens ille
seductor antiquus effllderat. Haec una medella
corrosit illas, qllae in immensul/l creverant, cicatrices, et vim suam concupiscentiarulll perdidit
corrllptella; el delela damnatiollis conscriptione,
novis litferis assignata est, restituta libertas,

50S

VERGEL ESPIRITUAL DEL ANIMA RELIGIOSA

privilegio dato, charta induigentiae, sigillo pla.:.
, gae lateralis firmata. Pero la facilidad del perdón soltara las riendas á los desenfrenados
pecados que apenas enfrenan las pasiones de
Cristo; y con dificultad retraen los ánimos f1agiciosos de las heces de los deleites. Para
llaga tan podrida y afistolada y hedor tan
grande de las cicatrices antiguas, no se hallaba medicamento conveniente sino en el ungüellto de la sangre deste Señor, de cuya carne en la cruz extendida se hizo emplasto con
que los venenos que la serpiente engañosa y
antigua arrojó al calcañar del primer hombre
y á su posteridad toda se secaron. Esta una y
sola medicina atajó y sanó y royó aquellas
cicatrices que tanto habían crecido; y la corruptela ó corrompimiento de las perversas
concupiscencias perdió su fuerza, y borrada
la antigua escritura de nuestra condenación,
con nuevas letras se escribió la restituida
libertad con privilegio rodado y carta de indulgencia, sellada y firmada con el sello de la
llaga del costado. Profunda cosa y con 'que
se declaran admirablemente los pensamientos
de Dios en su pasión. Qui talem sustinuit a
peccatoribus adversus semetipsum contradictionem. Esta palabra Talel71 dice un peso infinito de pasiones de todas maneras en Cristo,
aquel que tal contradicción padeció de los pecadores. La exposición della pertenece á la
historia de la pasión; quédese para allí, y aquí
baste decir que fué tal que le llevó hasta el
Calvario y le puso y acabó en la cruz. ¿Y qué
saca de ahí San Pablo? El esfuerzo que'debemos tener nosotros en nuestros trabajos; que
si fuere necesario derramar la sangre como
la derramó Cristo, resistiendo al pecado, la
derramemos y muramos en la demanda como
Él murió. Bravo esfuerzo comunica la muerte
de Cristo á quien atentamente la considera y
rumia. La falta desta consideración lloraba
¡saías, diciendo (Esai., 57): El Justo muere, y
no hay quien de corazón piense en ello. Así
nos criamos afeminados y delicados, y de tan
poca virtud y esfuerzo, que no le tenemos
para sufrir un papirote por Dios (Tertul.).
San Basilio declara aquellas palabras como ya
lo tocamos arriba: Calicem salutaris accipiam,
de la pasión del Señor, y dice que es bebida
de grande esfuerzo, como se vió en los apóstoles, que acabando de beber el cáliz, que
figuraba la pasión del Señor, salieron como
unos leones y su maestro con ellos á padecer.

Y San Pablo dice á los de Corintio que la caridad de Cristo crucificado y muerto le hacia
cierta manera de fuerza y le violentaba para
padecer y morir por aquel Señor que dió por
él su vida, y le parecia que no vivía á sí, sino
á Aquel que murió por él y resucitó.
CAPÍTULO VII
En que se prosigue la misma materia, y en especial se trata de cuán amorosa, cuán agradable y cuán provechosa es la memoria de la
sagrada Pasión y cómo abraza en si toda
perfección.
§ 1
Recogitate. Cuando tomáis una pastilla muy
cordial en la boca, poco á poco la vais deshaciendo para que os entre más en provecho, y
por el buen sabor no querríades que se acabase, como dice Job del pecador, que se relame en el pecado cuando no repara más que
en lo dulce que se ofrece á los sentidos exteriores. Así ha de andar la Pasión de Cristo
como pastilla de boca muy cordial. Un sabío
la llamó sánalotodo; medicina que sanaba
cuando se confeccionaba en el Calvario, y antes que se efectuase, y después que pasó; todos cuantos se salvaron desde el principio del
mundo se salvaron en orden á la Pasión de
Cristo; hasta los ángeles que vencieron á los
apóstatas ángeles (Apoc., 12), vencieron en la
sangre del Cordero; y en la cruz se salva el
ladrón, y se convierten muchos por ella, y de
aquí á que el mundo se acabe tendrá virtud y
eficacia para sanar pecados y dar vida á las
almas. Por eso se debe traer siempre en la
memoria. Divina alcorza, que deshecha allí
por la meditación devota y atenta, se incorpora en nosotros y como que se resbala y
cuela por toda la región del alma y pega virtud, y comunica salud, y da fortaleza, y resiste al pecado, y ahuyenta al demonio, y desbarata las tentaciones, y aclara el entendimiento, y ablanda la voluntad, y enriquece todo el
hombre, Pero ¿quién podrá encarecer bastantemente la suavidad y dulzura que se derrama en nosotros por esta memoria? Sobre todas las cosas me hizo amable á Jesús, di.lo
Bernardo, como ya vimos, el cáliz de su pasión y la obra de nuestra redención. Enamora
fuertemente, atrae con violencia suave, pide
de justicia nuestro amor, átanos con grande

CAP. VII. CUÁN AMOROSO, AGRADABLE~ Y PROVECHOSO SEA MEDITAR LA PASIÓN

estrecheza y aficiónanos poderosamente. Mi-:rad si le era dulce la memoria de Cristo crucificado al que decía (Galat., 6): Nunca Dios
permita que yo me glorie en otra cosa que. en
la cruz de mi Señor Jesucristo, por el cual el
mundo está crucificado á mí y yo al mundo. No
puede dejar de serIe grata la deshonra de la
cruz al que no es ingrato al Crucificado. ¡Oh
quién me diese, dice Ricardo, que yo muriese por Ti, Dios mío, que con tanto afecto y
gusto moriste amándome á mí! Y en tanto
que esto no me viene, sea paramí dulce lecho
el madero de la cruz, en el cual dulcemente
repose y descanse; séame tu corona de espinas dulce y regalada almohada para que mi
cabeza suavemente se incline sobre ella, para
que á la compasión de tus pasiones se siga el
reino de tu gloria. ¿A dónde se ha de gloriar t:I
cristiano, y tener su esperanza, y buscar el
alegria de su corazón, sino en el preciosísimo
tesoro de la Pasión elel Señor, en el cual
abundantemente se exprime y derrama el bálsamo del divino amor? Sea, pues, nuestro deleite retenerla siempre en el corazón y ocuparnos en ella, y nunca en 1I0sotros se marchite; siempre se renueve, y brote, y fructifique. Porque si alguno desea la eterna salud,
afluencia de merecimientos; si ganar el alcázar de las virtudes; si ciencia y sabiduría del
cielo; si firmeza y constancia en las cosas
prósperas y adversas, y camino seguro y sin
estropiezo, traiga la mirra amarguísima de la
Pasión del Señor hecha polvos ó manojuelo,
como le traía la Esposa en sus pechos, esto
es, en lo íntimo del corazón, no sólo por compasión, sino· por imitación, porque es el libro
de la vida, que contiene en sí todas las cosas
necesarias á la salud y que aprovecha eficazmente para el desprecio del mundo y para el
crecimiento en el amor de Dios. Laurencio
Justiniano dice á este propósito admirablemente (cap. 20 de Agone Cllristi): Cristo crucificado es el libro escrito de dentro y de fuera, levantado en el aire, puesto por el Padre
en lugar tan público á vista de todo el mundo
para que todos le puedan leer; no con palabras elegantes compuesto, ni con letras doradas escrito, ni con retóricas y artificio de la
humana sabiduda, sino con el dedo de Dios,
interviniendo el furor y saña de los pérfidos
judíos y desconocidos gentiles. Está escrito y
iluminado con su propia sangre y con cardenales de diversos colores en lo ~e fuera; lilas

509

por la virtud y sabiduría divina formado y
compuesto admirablemente allá dentro, lleno
de inefables sacramentos y doctrinas. En lo
de fuera halla el simple que leer y que mirar
y que rumiar; y en lo interior tiene el sabio y
espiritual que entender y en que se deleitar;
y debajo del velo de la carne están escondidos innumerables misterios, los cuales solos
los varones espirituales han de juzgar espiritualmente. Alégrase y compúngese el simple
con la lección deste libro, y el más ejercitado
y sabio recibe luz y es inflamado en el amor
de su Criador. Infinitos libros hay escritos en
todas las facultades que se alcanzan en el
mundo, y, como dijo el Eclesiástico: No terná
fin el escribir hasta que le tenga este siglo;
pero ninguno enseña mejor, ni con más satisfacción, ni más provechosamente, que este
libro de vida. Es libro de sabios y es libro de
ignorantes; leen los letrados y leen los idiotas; leen los hombres, y leen las mujeres, y
leen los ángeles; es libro en que están abreviados todos los libros, Ó, por decir mejor, todos son abreviaturas des te Mare magllum de
las misericordias de Dios. ¿Qué Contemplus
mundi, como Cristo crucificado? ¿Qué Guía de
pecadores, como Jesús puesto en la Cruz, que
desde ella llama y convida á los que lo son,
ofreciéndoles el perdón y el remedio de sus
culpas? ¿Qué memorial de amor santo, como
Dios puesto en un palo enamorado de los
hombres? ¿Qué libro de La Vanidad descubre
tan bien la qne se halla en el mundo, como
Cristo desnudo y á la vergüenza, y despreciando los cetros, y las coronas, y los imperios, y las riquezas y todas las cosas tras que
andan los hijos d~ste siglo y amadores de sí
mismos? Este es el paraíso del alma adonde
recibe recreación y consuelo. Este es el «Oratorio de religiosos y ejercicio de virtuosos», y
todos los demás que persuaden con eficacia
deste libro la tienen. ¡Oh, qué de maravillas
abrevió el saber de Dios en tan pequeño volumen? Aquí están abreviados los Sacramentos legales; aquí está como en compendio la
caridad; aquí la alteza de la perfección y el
dechado de las virtudes todas, y el orden y
el modo y la justicia de la humana redención.
y por vertura aquella palabra que Cristo dijo
en la cruz: Consummatl/m est, significó que
ya no había más que escribir, ni que hablar,
ni que hacer. Este es el libro que mandó Dios
á Ecequiel que se le comiese (Ezech .. 3), y que

510

VERGEL ESPIRITUAL DÉ¿ ANIMA RELIGIOSA

confiesa el profeta que en su boca y garganta
le fué hecho como la miel. A lo menos la Iglesia santa, regida por el Espíritu Santo, á los
instrumentos de la sagrada pasión llama dulces. Dulce madero, clavos dulces, peso dulce.
y yo añado: dulces espinas, lanzada dulce y
dulcísimo corazón á donde todo se endulceció.

§ II
y si tengo de decir -lo que siento, en breves
palabras digo que el mayor encarecimiento
que hallo de 10 que es este divino libro y lo
que su lección nos importa, es 10 que leo de
San Pablo (H ad Cor., 12), que después que
fué arrebatado hasta el tercer cielo, y oído
cosas que no es lícito el hablarlas por la incapacidad de los oyentes y la soberanía y alteza
deIlas, con un afecto más que de azúcar dijo:
Yo no sé entre vosotros otra cosa que á Cristo crucificado: esta es mi teología, y mis leyes,
y mis cánones, y mis matemáticas; y mi líbreria toda se cifra en este libro. Y considero yo
aquí que lo mejor y más alto que supo San
Pablo fué esto que dijo: No sé más q"ue ú
Cristo crucificado. En el cielo le enseñaron
esta ciencia, y deIla estaba profetizado que se
había de llenar toda la tierra (Esai., 11). San
Agustín dice que no sólo lo que de bien hizo
Cristo en la tierra, sino lo que padeció de mal,
fué todo doctrina y ensefíamiento nuestro;
porque su pasión santísima abraza en sí toda
la perfección posible al hombre en esta
vida, y todas las obras que de perfección hizo
en su vida y enseñó en su Evangelio de palabra, todas las cumplió perfectísimamente en
su pasión con admirables ejemplos. Mira tú
agora, dice Harpio (Harpius, Tlzeolog. Mis!.),
10 que hizo el Unigénito Hijo de Dios para engendrar muchos hijos á Dios y para adquirir
para sí muchos hermanos. Compró para sí
¡oh cara compra! con su propia sangre hermanos para no volverse solo á su reino. Probó el que fué reprcbado, redimió el que fué
v~ndido, honró el que fué injuriado, vivificó
el -que fué muerto. Y como estuviese en la
forma de Dios, recibió en sí forma de siervo
por la salud ele los siervos, y siendo Él árbol
de vida, en el árbol de la cruz, como en un
peso fidelísimo, fué pesado para precio de los
perdidos (Philip., 2). Con esta consideración
exclama San Bernardo (Bern., de Passione):

¡Oh miseración no debida! ¡Oh graciosa y probada dilección! ¡Oh nunca pensada dignación!
¡Oh espantosa dulzura! ¡Oh mansedumbre no
vencida ser crucificado el Rey de la gloria yel
Señor de la Majestad, por tan viles y despreciados gusanos! Fulcite me jloribus, stipate me
mutis, quia amore langueo (Cant., 2): Sustentadme con flores y fortaleced me con manzanas, que estoy enferma de amor. Palabras son
de ánima desmayada por la grandeza del amor.
Contempla la Esposa, dice Bernardo, al rey
Salomón con la corona con que le coronó su
madre, al Unigénito del Padre con la cruz ,í
cuestas, al Señor de la majestad herido yescupido, al autor de la vida y de la gloria fijado en
un madero con clavos, traspasado con lanzada
y harto de oprobios, y al fin que pone su ánima querida por sus amigos; contempla y rumía
estas cosas, y traspasada con el cuchillo del
amor dice: Fulcite me floriblls, stipate me malis, quia amore langlleo. Estas flores y estas
manzanas que para su sustento y esfuerZll
pide, son las perfecciones de las interiores
virtudes y las ejercitaciones exteriores de sus
pasiones, que Cristo antes de su muerte mostró y sufrió, y en que acabó la vida, y con
ellas pide ser sustentada ó sostenida y esforzada; porque, á la verdad, 110 hay esfuerzo
para el alma desalentada y enferma de amor,
como este aspire, pues, frecuentemente á estas flores y frn tas yen la memoria dellas descansa suavemente; y en tanto que se hace
idónea de contemplar cara <Í cara la gloria de
Dios, gIoriese de la ignominia de su cruz y
pasión, abrazando á su Esposo desnudo y
pendiente del madero santo (H Cor., 8). y
considerando su profundo abatimiento, fuera
de toda humana estimación, su paciencia nunca agotada, y finalmente su eminentísima caridad, que así inseparablemente unió su divinidad á nuestJa carne, posponiendo ó renunciando todo refrigerio de humana ó divina
consolación, que con desnudo amor venció
todas las injurias y penalidades, álcanzando
de todo victoria gloriosamente paraelamos
redención copiosa y ofrecemos forma de perfectísima conservación, diciendo: Ejemplo os
he dado para que hagáis 10 que yo y C0l110
yo. Esto ha de meditar el ánima devota, y este
dechado ha de poner ante sus ojos en todo
tiempo, lugar y negocio, ocupación y holganza: si comes, moja el bocado en su corazón; si
bebes, ten memoria de la bebida que de su-

CAP. VII. CUÁN AMOROSO, AGRADABLE Y PROVECHOSO SEA MEDITAR LA PASIÓN

sangre te ordenó; si duermes, reclínate sobre
su corona de espinas y tu cuerpo sobre su
pesada cruz; abraza amorosamente estas cosas y con afecto te zabulle en Aquel al cual
deseas ofrecerte toda, conformarte toda y
unirte toda, y por quien y en quien pretendes
ser transformada y incorporada.
§III

El extático y singularísimo Taulero, en el
prólogo del tratado verdaderamente dorado
que compusq de la Pasión, dice así: Venid
aquí todos los que por la inocentísima sangre
del cordero Jesús fuistes redimidos, para que
veáis y entendáis cuáles y cuántas cosas padeció por nuestras maldad,es. Ya se abre el
libro de la vida y se desatan y descubren los
siete sellos, á donde resplandece la verdad y
los tesoros escondidos de la sabiduría y ciencia de Dios y manan doctrinas saludables y .
abundan misterios soberanos. Ya se propone
á todos claramente el espejo de todas las virtudes; ya el antiguo velo se rasga de alto
á bajo, y se quitan los rebozos y envoltorios
de las figuras antiguas. Abrese el Sancta Sanctorum por el sumo pontífice Cristo Jesús, porque ofreciendo en sacrificio su propia sangre,
reveló y manifestó todo lo que de santidad
había escondido: los sacramentos ocultos y
los misterios sacratísimos. Ya el pozo hondo
de Jacob patriarca, de que salen ríos caudalosos yaguas corrientes, se nos muestra, del
cual no sólo los israelitas sino los samaritanos sacan agua, y muchos ganados son abrevados y recreados, y todo lo que hay de inmundicias es lavado y limpio. Aquí se muestra el ancho y profundo mar de las afliciones
y tormentos, que si hasta agora era tan horrible y que sólo el nombre espantaba y atemo~
rizaba los hombres, después que el verdadero
Jonás de su voluntad se mandó arrojar en él,
ansí convirtio su amargura en dulcedumbre y
así apaciguó toda tormenta y borrasca, que
no de otra manera que en un regalado baño
los hombres se entran en él y en él se limpian,
y perdido el espanto se glorian en la cruz de
nuestro Señor Jesucristo, con la cual á cuestas
siguen con gallardía de ánimo al mismo Cristo
Jesús. Aquí se nos propone y repesenta á los
ojos la escala de Jacob, cuyo remate no sólo
toca en el cielo, sino en el seno del eterno Padre, por la cual no ángeles tan solamente su-

511

ben, sino el mismo Señor de los á'ngeles,
acompañándole y siguiéndole los publican os y
pecadores; en cuyo remate, digo, asentado el
Padre de las misericordias, desplegado y
abierto su seno, amabilísimamente recibe y
acaricia á todos aquellos que á su Hijo han
amado y deseado. También se nos trae á la
memoria aquella milagrosa piscina que estaba en Jerusalén, que agora sin medida ni
tasa es turbada y movida por el descendimiento del ángel de! gran Consejo, Cristo
Jesús; de manera, que ya no un enfermo,
sino muchos, y todos aquellos que se confiesen estarlo, son sanos y quedan lavados
y limpios, entrando en la salutífera agua de
las pasiones y aflicciones del Salvador. Ya se
nos abre el inmenso tesoro del riquísimo Padre de familias,· del cual los pobres, los enfermos y los oprimidos son recreados y enriquecidos con dones larguísimos y copiosisimos,
y de manera que á cada uno es lícito y concedido de las sacrosantas entrañas de Cristo
Jesús sacar lo que hubiere menester y por
bien tuviere. Ya se celebra la victoria gloriosa de los cristianos, cuando el verdadero
David Cristo, en lo de fuera humilde y pequeño y corno despreciado, pero de grande destreza y fuerzas, no amparado con las armas
de Saúl, sino con el báculo de la cruz y cinco
limpísimos pedernales, acometió sin miedo al
sangriento Goliath, enemigo capital del pueblo de Israel. Aquí se nos declara un admirable sacramento y alto misterio: que el Señor
de los ángeles se dignó de parecer y ser hecho
el desecho del pueblo; y el Altísimo el más
bajo de los hombres, y el Unigénito del Padre
ele su voluntad se ofreció por los pecadores á
la muerte de cruz, fijando en ella el pecado,
matando allí la muerte y borrando la escritura de nuestras deudas con su preciosa sangre.
Finalmente, "quel fuego que el Padre envió á
la tierra, de manera se ha encendido, que su
llama llega á los cielos, y por la destemplanza
de su calor ha ablandado las duras piedras y
caldeado la tierra fría y helada; y cualquiera
que con devota meditación se allegare á este
fuego, en ninguna manera podrá escapar deste glorioso incendio. iAy, fuego divino, abrasa
este mi corazón más que el pedernal duro y
más que los carámbanos helado! Hasta aquí
Taulero. Y si esto no basta para aficionarnos
á la memoria de la Pasión de Cristo, Señor
nuestro, no sé qué pueda bastar. ¡Oh, Jesús!,

512

VERGEL ESPIRITUAL DEL ANIMA RELIGIOSA

¿qué es el hombre, que as! le estimas? ¿Y
para qué ocupas en él y con él tu corazón?
CAPÍTULO VIII
De ufla maravillosa división que hacen de la
Pasión de Cristo Señor nuestro San Buenaventura, Santo Tomás, San Bernardo y Henrico Harpio.
§ 1

hizo y padeció. Y tenga el primero lugar lo
que primero se pregunta.
Si fué necesario padecer y morir Cristo Seiíor nuestro por salvar el género humano. La
razón desta pregunta nace de las palabras de
Cristo Señor nuestro, muchas veces repetidas, hablando de su Pasión (Mar., 8): Oportet
Filium Ílominis multa pati... a principibus saeetdotulIl, d scribis, et pharisaeis ('). Y en otra
parte: Nonne haee oportuit Filium hominis pati,
eí ita illtrare in gloriam suam? (2). Yen otro lugar: Quoniam sic scriptum est, el sie oportebal
Christllm patio Y por San Lucas, en el capítulo 22 (Lucae, 22) (3): HlillS hOlllinis secunduTII
quod deffinitum est, vadit. Y por San Juan
(loan., 3): Oportet exaltari Hlium lzominis. Sí,
que la voz Oporte! importancia dice, y conveniencia y aun necesidad. Esta nació, lo primero, del decreto que en el Consistorio de la
beatísima Trinidad se dió antes de los siglos,
y por largos años se promulgó y notificó al
mundo por los santos profetas, como el mismo Cristo lo dijo á sus apóstoles después de
su resurrección (Lucae, ult.): Haec Slln! Jlerba,
quae IOqlllltUS Sllm ad vos, eum adhue essem
vobiscum, quoniam necesse esl impleri omnla,
quae seripta sunt in lege Moysi, et Prophetis, el
Psalmis de me e). Entonces les manifestó las
Escrituras y les dió la ,inteligencia verdadera
della s, y les dijo: Quoniam sic scrlptllm es!,
el sic oportuit Chrislllm pati, el resllrgere terfia
die. Fué decreto de las tres divinas personas
y fué necesario que se cumpliese. Lo segun-

Santo Tomás, en su tercera parte, cuestión 45, considera tres cosas en la Pasión de
Cristo Señor nuestro: la obra, la causa eficiente y el fruto; y en la cuestión 48 considera el modo. Esta misma división, aunque en
diferente manera, hicieron San Bernardo y
el autor de la Mística Teología. El Dador Angélico, acerca de la obra, pregunta muchas
cosas: Si fué necesario p.adecer Cristo por la
salud de los hombres. Si fué posible por otro
camino darles esta salud, y si fué éste el mejor modo de todos cuantos se pudieron hallar.
Si convino, ya que murió, que muriese crucificado. Si el tiempo y el lugar de su pasión y
la compañía de los ladrones fueron á propósito. De la generalidad de las pasiones, de la
grandeza del dolor; si padeció toda su ánima, y si el padecer tantos tormen tos y tan
graves impedía y hacia estorbo al gozo que
en la porción superior había de la vista de
Dios. Y, finalmente, si la pasión y muerte de·
Cristo se ha de atribuir á la Divinidad ó decirse que sola la humanidad padecía. Otros
(') < Conviene que el Hijo del hombre padezca
doctores preguntan si fué conveniente que muchas cosas de parte de los príncipes de los sacertratara Dios del remedio del hombre; ó si lo dotes y escribas y fariseos.» Por distracción del
fuera más dejarlo sin remedio, como á los autor ó errata del cajista citase á San Mateo, cap. 27,
apóstatas ángeles. Si en su Pasión tuvo lo que dicen San Marcos, lug. cit., y San Lucas
Cristo pasión de temor. Si se entristeció (IX-22)j pero ningún evangelista nombra á los fariseos. También son míos los puntos suspensivos para
como los demás hombres; y si estas pasio- indicar las palabras que se omiten.
nes fueron naturales ó voluntarias; y si la
(~) «¿Por ventura no convino que el Hi;o del homtristeza llegó á la porción superior. Si de bre padeciera estas cosas y de este modo entrase
necesidad murió Cristo. Seria nunca acabar en su gloria?» La Vulgata dice Christum en vez de
querer satisfacer á las dudas que se ofrecen Filiunz hominis. Véase el cap. XXIV-26 de San
en esta tan copiosa materia de la Pasión y Lucas.
(3) Tanto en el texto, donde está impreso en letras,
resolver las cuestiones que la teología ha
como
en la nota marginal puso cap. 24 en vez de 22,
despertado y despierta cada día. Por esto me
y por esto lo corrijo, como otras muchas veces que
pienso recoger, y recoger en breve número,
no lo advierto para no multiplicar las llamadas.
los capítulos que faltan á este mi tratado,
«) «Estas palabras os dije cuando aún vivía con
tratando solas aquellas cosas que sirvieren vosotros, que era necesario que se cumpliese todo
más á la piedad cristiana y al sentimiento . cuanto fué escrito en la ley de Moisés y en los Proque debemos á lo que Cristo por nosotros fetas y Salmos acerca de mí.»

CAP. VIII. OlVÍDESE LA PASIÓN EN OBRA, CAUSA, FRUTO Y MODO

do, fué necesario el morir, porque Cristo en
cuanto hombre recibió de su Padre mandato
para ello. De que hizo mención por San Juan:
Et sicut mandatum dedit mihi Pater, sic facio.
Surgite, eamus hinco Como si dijera: Mi Padre
quiere que muera y me lo ha mandado, y Yo
lo hago de buena gana; levantaos y vamos de
aquí; conviene á saber, al ejercicio ó á la ejecución de mi Pasión. Lo tercero, digo que esta
necesidad de morir nació del fin que se tuvo,
que fué la redención del género humano, tal
que resplandeciesen en ella juntamente la misericordia de Dios y la justicia; el cual fin no se
pudo conseguir, supuesto el divino decreto,
sin derramamiento de sangre; como lo prueba con muchas razones el Apóstol en la
Epístola ad Hebreos (Heb., 9). Pero adviértase que el decreto de la Santísima Trinidad, el
mandamiento del Padre y la determinación
del medio para el fin propuesto, presuponen
voluntad libre en el Hijo, que voluntariamente, condoliéndose del hombre, aceptó el morir. Y así como es cosa indecente, torpe y inicua arrebatar á uno, no queriendo, para los
castigos que otros merecieron, estando él
inocente, así es cosa decentísima aceptar la
hostia y sacrificio del que de su voluntad se
ofrece por la libertad de su patria, deudos
y amigos. De que nos da algunos ejemplos
la antigüedad, que levantó estatuas, ad perpetuam rei memoriam, á los que por St~ república se ofrecieron á la muerte, puesto que
sin esperanza de resurrección, la cual tuvo
Cristo certísima: Quoniam non derelinques
allimam meam in inferno: nec dabis sanctum
tllam videre corruptioncm. Notas mihi fecisti
vias vitae, adimplebis me laetitia Cl/m Vllltl/
tuo, etc. (Psal. 15; Act., 2). Al fin, la obra de la
redención por las pasiones del Hijo inocentísima, de todas partes tuvo hermosura, conveniencia y utilidad, y la mayor señal ó símbolo de caridad que se había visto en el mundo ni se verá jamás. ¿Qué cosa más hermosa
para el Padre que tener en todo un Hijo tan
obediente? ¿Qué cosa más hermosa para el
Juez eterno que haber así templado la justicia con la misericordia, que, castigando los
pecados conforme á su grandeza y merecido,
no interviniese más que la muerte de uno, el
cual, múriendo, para sí y para los demás hallase los caminos de la vida? ¿Qué cosa más
hermosa para el Hijo que, obedeciendo á su
Padre hasta la muerte, heredase para Sí un
OBRAS M(STICAS DEL

P. ANGELES.-33

513

nombre sobre todo nombre, al cual doblasen
la rodilla los del cielo, los de la tierra y los
del infierno y que toda lengua confesase que
Jesucristo, Señor nuestro, está en la gloria
de Dios Padre? ¿Qué cosa de mayor hermosura para el género humano que tener un
Pontífice salido de sus entrañas, como lo dijo
el Apóstol á los Hebreos? (Hebr.,5). Y ¿qué
mayor congruencia que tener un Pontífice
que se pueda condoler en nuestras enfermedades y miserias, tentado de todas maneras,
por parecerse á los hombres, aunque sin pecado?
§ II
También podemos decir que la muerte de
Cristo fué útil (en la fOfma que esto se puede
afirmar del que no tiene necesidad de nuestras obras) á Dios Padre, porque en Cristo se
restauraron todas las cosas (Ephes., 1), ansí
en el cielo como en la tierra; y lo que es útil
al universo lo es al Señor, á cuya cuenta está
su gobierno y provisión. Fué útil á Cristo por-·
que, obedeciendo hasta morir, fue constituído
Juez de vivos y muertos por su Padre Dios,
que le dió y puso en su mano todo el juicio y
toda la autoridad y potestad, ansí en la tierra
como en el cielo. ¿Y á nosotros no fué útil?
Utilísimo; porque por la muerte de Cristo
somos trasladados de la muerte á la vida, y
adelante lo seremos del destierro á la patria;
de las miserias presentes á la felicidad de la
gloria sempiterna. Fué útil á los santos ángeles, porque por ella cada día se van reparando las caídas de los malos con las ánimas justas. Finalmente, fué útil á los que estaban en
el limbo, porque escrito está (Ose., 13): ¡Oh
muerte! yo seré tu muerte, y tú mordisco ¡oh
infierno!
Que la Pasión tenga de todas partes símbolo de caridad ardentísima, está claro; porque no puede ser mayor que dar el Padre su
Hijo unigénito por sus enemigos, injustos y
rebeldes (Rom., 5). Y el Hijo ¿no amó cuanto
pudo amar, pues dió la vida por sus enemigos? (loan., 5). ¿Y puede haber más puro afecto en el Hijo que el que tuvo Cristo con su
eterno Padre, que por obedecerle y agradarle se ofreció á la muerte, y muerte de cruz
(Philip., 2), sin hacer caso de la afrenta ni de
la deshonra en que se había de ver padeciendo? ¡Oh, cristianos, si nos fuese concedido del
Padre de las misericordias que, arraigados y

514

VERGEL ESPIRITUAL DEL ANIMA RELIGIOSA

fundados en la caridad, lo que pide el Apóstol de rodillas, pudiésemos comprender con
todos los Santos qué sea la anchura, longura,
altura y profundidad de los consejos de Dios
en la obra de nuestra redención, y apear y entender la caridad de Cristo, que sobrepuja todo conocimiento y toda ciencia, la cual
mostró padeciendo y muriendo por nosotros
cuando menos lo merecíamos! Esta caridad
no se alcanza tanto con' agudeza de ingenio
cuanto con afecto de amor; por eso nos quiere el divino Apóstol arraigados y fundados en
caridad; porque la fuerza del amor de Cristo
y su gran peso, no tanto se deprende cuanto
se siente; y cuanto mayor fuere nuestro amor
para Él, tanto lo será el conocimiento; y porque de sta caridad habemos de hacer especial
capítulo y capítulos, aquí no más, sino responder á una pregunta que llegando á este paso
me hicieron, y en que hallarán dificultad los
que pesaren bien esta doctrina; conviene á
saber: Que no parece cosa digna del Padre
eterno haber puesto á su Hijo en tantos trabajos y sujetádole á tan crueles tormentos y tan
infame muerte sin culpa suya, antes con inocencia grande. Digo que una es la pena de la
divina venganza, que se da al que la rehusa y
huye, y esa sólo le compete al que pecó tan
solamente; otra es pena de la divina placación,
ó desenojo de Dios, voluntariamente tomada
por la reconciliación de otros, la cual conviene á sólo Aquel que no cometió culpa; pero de
su voluntad, doliéndose de los culpados, la
recibió en sí, para que ellos tengan el bene~­
cio de la redención y en ellos también sea
Dios glorificado. Y aunque Dios no se deleita
ni puede deleitarse en la pena y perdición del
inocente, con todo eso se complace y se agrada de la caridad del que por su voluntad se
ofrece á padecer por la salud de otros; porque esto es muy propio y particular de la
bondad de Dios, que se da, y sus cosas todas
de misericordia, por la salvación de aquéllos
que sin esto perecian. Desto trata el Apóstol
á los Romanos, cap. 8 (Rom., 8): Qui proprio
Filio suo, etc.; y á los de Corintio (1 Cor., 5):
Eum, qui non noveral peccatum, pro nobis peccatum fecit. Hízole hostia ó sacrificio por los
pecados y no le hizo el Padre injuria ni injusticia, porque el mismo Hijo lo quiso (Ose., 4),
y el Derecho dice: Scienti el cansen cien ti non
fit iniuria; y por Isaías dice: Mi cuerpo di á
los que me azotaban y daban golpes; mis bar-

bas á los que me las querían mesar (Esai., 50).
y por San Juan dijo (loan., 10): Por eso me

ama mi Padre, porque pongo mi vida por
mis ovejas: no me la quita nadie contra mi voluntad, que yo la pongo con ella y de mi bella
gracia.
CAPÍTULO IX
De cómo por su voluntad, sabiéndolo y queriéndolo, se entregó Cristo á la muerte por la salud y remedio de los hombres, para obligarnos más á servirle y amarle por este camino.

§ 1
De la voluntad y gusto con que se ofreció
Cristo Señor nuestro á padecer y morir por
redimir el género humano hay grandes testimonios; y porque importa mucho para muchas cosas enterarse el cristiano desta verdad, especialmente para la inteligencia y debida ponderación de lo que queda dicho y se
ha de decir, se ha de notar que esta su voluntad la solemnizó Dios de muchas maneras,
para que ninguno la ignorase y todos la estimásemos, y con ella lo que hizo y padeció, y
la muerte, que sin ella fuera castigo y no remedio. Fué prefigurada en la ley; profetizada
de todos ó casi todos los profetas; dicha y intimada muchas veces por el mismo Cristo;
autorizada con la institución del divino Sacramento de su cuerpo y sangre; asegurada con
la ida del Cenáculo al monte de las Olivas y
huerto de Getsemaní, adonde solía retirarse
muchas veces á orar, y sabía Judas el lugar y
los tiempos; declarada en aquella oración devotísima: No lo que yo quiero, Padre mío, sino
lo que Tú tienes ordenado se haga, y, finalmente, consagrada en aquel encuentro que
con pecho generoso y de gran Rey hizo á sus
enemigos diciendo: ¿A quién buscáis? Si á Mí,
veis me aquí á vuestra voluntad; á mis discípulos no toquéis. Y á Judas le saluda y llama
amigo y le da un beso de paz, como diciendo:
Pacificamente me entrego en vuestras manos.
Muchas figuras precedieron de la muerte de
Cristo, claras cuanto pudieron ser, y en ellas
declarada su voluntad en el morir. La de
Isaac (Genes., 32), que voluntariamente llevaba el fuego y la leña sobre sus hombros para
el sacrificio. ¡Oh qué fuego llevabas en tu corazón cuando con la cruz á cuestas caminabas
al Calvario! La de Sansón (Iudic., 16), que de

CAP. IX. CON CUÁN GRAN VOLUNTAD SE ENTREGÓ CRISTO A LA MUERTE

su voluntad se abrazó con las dos columnas
del templo, y dijo: Moriatur anima mea cum
Plzilistiím. Ansi Cristo, tomando los dos cuernos de la cruz en las manos, hirió á los demonios y quebrantó sus poderes, como se escribe en Habacuc (Habacuc, 4): Cornua in manibus eius; ibi abscondUa est fortitudo eius; ante
faciem eius ibit mors: L os cuernos en sus manos, allí estuvo escondida su forta.leza, y de
su cara huirá la muerte. La figura famosa, y la
que basta, es la del cordero pascual, con cuya
sangre se untaron los postes y los umbrales
de las puertas de las casas de los israelitas
(Exod., 12), y así fueron libres del ángel percudente y llevados de Egipto á la tierra
de Promisión, que es lo que canta la Iglesia
(Esai., 53) (1):

Protecti paschae vesperae
a devastan te Angelo,
erepti de durissimo
Pharaonis imperio.
lam Pascha nostrum Christus est,
qui immolaius agnus est:
Nuestra Pascua es Cristo, que como cordero fué por nosotros sacrificado. ¿ Cómo
se sacrificó? De su voluntad. Quia ipse vo[uU. ¿Cómo entró el día de los Ramos, cinco días antes de la Pascua del cordero? Caba11ero, y de fiesta, por el gusto y voluntad
con que víene al sacrificio; á cabaIlo, por hacer solemnizar su pasión y muerte. Pues dejemos las figuras y vengamos á las profecias,
y veráse evidentísimamente cuán voluntaria
fué su pasión y el excesivo gusto con que
muere. Isaías, por todo el capítulo 53 y 55,
no trata de otra cosa. Jeremías, cap. 11: Ego
quasi agnus mansuetus qui portatur ad victimam: Yo como cordero manso, que es I1evado
al matadero sin hacer resistencia. Daniel, capítulo IX-26, hace la computación de las Hebdomadas que faltaban para que Cristo murie(') Esta cita de ¡saías es el lugar en que funda la
Iglesia las estrofas del himno Ad coenam Agní providí, que se cantaba en tiempo pascual. Ahora está
tan modificado que 110 parece el mismo. Bastará citar las estrofas que corresponden á las susodichas:

"Sparsllm cruorem postibllS
Vastator horret angelus,
Fugitque divisum mare
Merguntllr 110stes fluctibus.
lam Pascha nostrum Christlls est
Paschalis ídem víctima, etc.»

515

se, y dice con palabras expresas: El post Hebdomadas sexaginla duas occidetur lesus (1).
§ II

Síguese el tercero argumento de su voluntad: haber dicho Él mismo tantas veces á los
suyos su pasión, como ya vimos (Mat., 16;
Lucae, 18; loan., 16). Y á los judíos les dijo un
día que debían de tener gana de matarle (loan.,
13): Ego vado el quaeretis me, el non invenielis, etc., ubi ego sum vos non potestis venire. Yo
ando de camino y me voy á la muerte de mi
voluntad; y aunque vosotros queráis apresurarla no os ha de aprovechar, porque está en
mi mano y no en las vuestras el morir. Buscaréisme para matarme y no me haIlaréis. Y
estaba· rodeado de muchos, porque era lugar
público aquel adonde los hablaba; conviene á
saber: el Gazofilacio, adonde tenían el tesoro del templo, y convenían allí de todo género de gentes al olor del dinero; y dice que le
buscarán, aunque sea allí luego, y que no le
hallarán. Así les sucedió algunas veces que,
queriendo apedrearle y despeñarle, se hacía
invisible ó se escondía y libraba de ellos; pero
la sangre que suda en el huerto da testimonio
de que su muerte es con su gusto, pues con
tanta furia le sale que riega la tierra y cala el
vestido, sin que intervengan clavos, ni azotes,
ni lanza, ni corona; fué sangre de voluntad
enamorada: estaba reventando por salir. Yo
pienso que todas las veces que se alaba en los
. Cantares (Can t., 1 y 5) la mirra prima, Ó
principal, ó probatísima, se alaba la voluntad
de Cristo en sus pasiones; y para que esto se
entienda se debe considerar que los árboles
aromáticos dan sus resinas ó gomas de dos
maneras: ó con violencia de hierro, que los
lastima y hiere para que goteen, ó de suyo,
con la fuerza del calor del verano; y esta postrera es la goma más fina, y la primera, principal ó probatísima. Voz es de Cristo, asegurándonos de su voluntad en el morir y de derramar su sangre, aquélla del Eclesiástico
(Eccles., 24): Ego quasi Libanus non incisus
vaporavi habitationem meam: Yo, como Iíbano
no herido, evaporé y perfumé mi habitación.
Con este lugar se declara lo que habemos dicho de la mirra. Yo como árbol aromático, no
(') La Vulgata dice Chrístus. «Y pasadas las sesenta y dos semanas será muerto Cristo.»

516

VERGEL ESPIRITUAL DEL ANIMA RELIGIOSA

hendido ni tocado con los instrumentos de
pasión, sudé el suavísimo y primer licor y
mirra probatísima de mi sangre en el huerto.
Mirra fué toda su pasión, ansí por la amargura de su persona como por el olor suavísimo
que dió á su eterno Padre. Mirra fué, no sacada con la fuerza de los tormentos y heridas,
sino con la fuerza del amor que le lleva á las
pasiones. De su voluntad rindió su espíritu en
las manos de su Padre, y dijo luego: Consummatum est, y inclinó la cabeza y invió aquella
santísima ánima al limbo, á sacar consigo las
de los Padres y Santos que le esperaban y en
cuya esperanza vivían.
§1II
y es cosa maravillosa que, intentando sus
enemigos algunas cosas en su Pasión que Él
no quiso que se hiciesen, no salieron con
ellas, ni salieran aunque sobre el caso se juntara todo el mundo. Quisieron que bebiese
hiel y vinagre y vino mirrado para restañarle
la sangre, porque no muriese tan apriesa y
hubiese lugar de quebrarle las piernas, y no
quiso beberlo ni chuparlo de la esponja (Cesar Baron., tomo 1, Bebedizos extintos que de-

tienen la sangre). Et cum gustasset noluit bibere.
Ni que le quebrasen un solo hueso, por 10
que estaba escrito (Exod., 12): Os non comnzinuetis ex ea. No daba el sayón un golpe
más cuando remachaba el clavo, ni un azote
los verdugos, siendo tantos y tan despiadados, fuera de los que estaban en el Consistorio divino determinados. Hay un lugar de
Zacarías admirable á este propósito (Zachar.,
3): Sobre una piedra están siete ojos, y yo
tengo de labrar su escultura. Son palabras
del Padre, que á su Hijo llama piedra por
su grande sufrimiento y paciencia en sus pasiones. Sobre esta piedra estaban siete ojos,
como si dijera toda llena de ojos, que, á mi
parecer, nos dan á entender una de dos: ó el
cuidado y providencia del Padre eterno con
su Hijo, ó el sentimiento del Hijo en sus trabajos, que era tan delicado y sensible, que no le
tocaban con el látigo en su cuerpo, ni le herían
en parte alguna que no le lastimasen en los
ojos. Pero aunque tan solícitos en labrar esta
piedra con tantos y tan crueles instrumentos,
ningún golpe se dió demasiado y sin orden;
porque el artífice y maestro mayor desta
obra era el mismo Dios. Ego celaba sculptu-

ram eius. Él dió la traza y el modelo. y los canteros, que eran gentiles y judíos, no salieron
de lo que Él les ordenó. Queremos quebrarle
las piernas. Eso no, dice Dios; enteras le han
de quedar. Beba hiel y vinagre y vino mirrado: Cum gustasset noluit bibere. Todo esto,
¿no dice la voluntad con que Cristo muere?
Pues también lo dice la institución del santísimo Sacramento al tiempo que ha de morir,
y en Jerusalén, adonde consagró el Señor su
cuerpo de por sí y su sangre de por sí, para
que se nos acuerde cómo se apartaron el
cuerpo y la sangre en aquella hora. Y declarando su fin en esta consagración, dijo (Mat.,
27): Hoc facite in meam commemorationem:
Esto haced en memoria de mi pasión voluntaria y de mi gusto, pues 10 uno y 10 otro declara bien en la entrada del huerto, que parece que se encarceló para que á su voluntad le
prendiesen y llevasen los soldados. Pues la
oración que allí hizo ¿pudo ser más devota ni
más declaradora de su deseo que de morir tenía? ¡Oh Cristo mío, cuánto más te debo por
la voluntad con que moriste por mí que por
la misma muerte! Muchas llagas te hicieron
los sayones; pero mayores te las hizo el amor.
Por la mayor que aquéllos hicieron apenas
cabe una mano, y por la menor que labró el
amor caben todos los predestinados. Una vez
te crucificaron los hombres, y desde el vientre de tti santa Madre anduviste crucificado en
la cruz de tu deseo. Et quomodo coarctor. Nadie te quita la vida; Tú la ofreces, y para que
te maten los sayones te entregas enl1lanos de
gentiles. San Marcos dice una cosa, para mi
de grandísima consideración: que subiendo
Cristo á Jerusalén á morir en compañía de los
suyos (Marc., 10), Praecedebat eos, et stupebant, et sequentes timebant: Apresuraba el
paso en la subida y iba delante de todos, y
todos le seguían como atónitos de verle ir COIl
tanta priesa á la cruz. Fué el primero que la
honró, y así fué animosamente á ello. Sustinuil
crucem, dijo San Pablo (Heb., 12), confusione
contempta; como si dijera: Sólo Cristo llevó la
confusión de la cruz y dejó la honra della para
los mártires.

§ IV
Saquemos de aquí algunas doctrinas importantes, y sea la primera: Que la obra más costosa que podemos hacer en servicio de Dios
le es desabrida y ingrata y ofende sus divinos

CAP. X. SI PODÍA SALVARSE EL HOMBRE SIN MORIR CRISTO, Y CÓMO ÉSTO FUÉ LO MEJOR

ojos si le falta voluntad, porque el mérito de
nuestras acciones procede y nace de la gracia que Dios pone y de la voluntad que ofrecemos nosotros, y cualquiera destas dos cosas que falte, no hay mérito. En el Levítico
mandaba Dios que cuando se le ofreciesen
espigas de trigo verdes las rociasen por cima
con aceite y polvoreasen con incienso; la cual
ofrenda figuraba á Cristo, que tuvo aceite en
abundancia y incienso no con mano escasa
cuando se ofreció en sacrificio por nuestros
pecados. Fué su voluntad muy llena y cumplida, tuvo mucho aceite (Psalm. 44): Prae consorfibus suis. Y fué aceptísimo al Padre p~r el
mucho incienso. Sacamos de aquí lo segundo
para nuestro consuelo: que en las obras que
hacemos, aunque sentimos dificultad y pesadumbre, como sean voluntarias y no faIte la
gracia, merecemos mucho y somos aceptos á
Dios en ellas. Si me hubiesen de cortar á mí
una pierna y de mi voluntad me entregase al
cirujano, cuando me viese atado y viese también la sierra y los cauterios de fuego para
restañar la sangre, ¿no me alborotaría y forcejaría por soltarme? Claro está; pero no por
eso se diría que sufrí la cura contra mi voluntad, p'Jrque con ella me dejé poner en el potro y atarme de pies y manos, y en virtud
del!a padecí voluntariamente y quedé sin
pierna. Así pasa en el cristiano, que lo es de
su voluntad, cuando ayuna, ó se azota, ó perdona la injuria, que aunque sienta contradicción y repugnancia, agrada mucho á Dios,
porque no falta el aceite en esas obras: son
voluntarias en virtud de la primera voluntad
con que se ofreció y obligó á ellas. Eso pretende Cristo que sepan los hombres: que
muere de voluntad y con gusto por ellos: Ecce
venio (Psalm. 39). Véisme aquí, aparejado
para morir.
La tercera dodrina, y con que acabaré este
capítulo, es que en cualquiera servicio que se
hace á Dios ó á los hombres se han de mirar
dos cosas: la primera, que no sea deuda; la segunda, que no sea [por] fuerza, porque ni lo
que se me debe ni lo que forzosa y violentamente se me da me obliga á ser agradecido. Y
es pensamiento este de San Pablo, que escribiendo á los de Corintio, dice (Il Cor., 9): Non
ex tristitia, aut ex necessitate, hilarem enim datorem diligit Deus. Ayude cada uno con la limosna qu~ pudiere y hubiere determinado en
su corazón; pero mire que lo dé de buena

517

voluntad y no por necesidad y á más ne
poder, porque no se agrada Dios de servicio~
desgraciados, involuntarios y de por fuerza,
De Artajerges, rey de los persas, cuenta
la an tigüedad que pasando con tltl copioso
ejército por un monte solitario y seco, un
rústico pastor le salió al encuentro con una
poca de agua en la copa de su sombrero, y
estimóla el rey tanto por la buena voluntad
que conoció en el villano, que nunca acababa
de agradecerlo. Ya io tengo dicho en otras
ocasiones, y lo diré siempre que se me ofreciere, que la mayor obra que Dios hizo en
beneficio de los hombres fué el morir por
ellos: y para que la estimasen en lo que e5
razón, antes mucho que muriese quiso averiguar dos cosas: la primera, que no era
deuda; la segunda, que moría de su voluntad. Ambas á dos cosas tocó el Apóstol
(Rom., 5). Vix enim pro illstO qllis moritllr,
nam pro bOllO forsitam qui audeat moré? Apenas se halla en el mundo quien muera por
un hombre justo, ni aun por uno que es provechoso y bueno para todos. Commendat autem charitatem suam Dells in nobis, quia CU/1l
inimici (') essemus, Clzristus pro llobis mortllus
esto El sentido que hacen las palabras del
Apóstol es que si Cristo muriera por h0111bres justos y buenos, pareciera su muerte
debida á la bondad y justicia; que aunque se
hallan pocos que por ella mueren, no da por
imposible el hallarse alguno;. pero ¿ quién
como Cristo, que ni por justos ni por buenos muere, sino por pecadores y enemigos
suyos? Luego de su voluntad y con amor excesivo, y que nunca se acabó ni acabará de
entender su grandeza, ni de los hombres, ni
de los ángeles. Alábenle por ello ángeles y
hombres por toda la eternidad. Amén.
CAPÍTULO X
En que se trafa si fué posible salvarse los llOmbres por otro camino que el de la muerte de
Cristo Nuestro Redentor y si fué este el mejor medio de todos.

§ 1

De muchas maneras pudiera Dios redimir
el género humano, como todopoderoso y infinitamente sabio, sin que ninguno se pudiera
.(') La Vulgata adhuc peccatores.

518

VERGEL ESPIRITUAL DEL ANIMA RELIGIOSA

quejar ni dar por agraviado. Lo primero, porque Dios es Señor de la vida y de la muerte y á ninguno puede ser hecho deudor, ni
hay quien resista á su voluntad. Lo segundo,
porque todo el género humano era una común masa de perdición, y pudiera Dios dejarnos á todos sin remedio en aquella común
masa maldita, sin que hubiera quien se lo
demandara. Quis tibi imputabit si perierint omnes nationes terrae? Y pudo también traer
á ~u Hijo algunos, para que en su sangre se
salvasen, y dejarse otros perdidos, como Él
lo dice por Malaquias (Malach., 1): Iacob dilexi, Esau autem odio habui. Y San Pablo dijo
(Rom., 9) que Dios tiene misericordia del
que quiere y permite que por su obstinación
algunos se endurezcan y se pierdan. Lo tercero, pudiera ó por sola su misericordia, ó
por sola su palabra, ó cón una sola gota de
sangre ó de sudor, ó por otros medios á su
voluntad, sin aquellos rigores de la pasión
de su Hijo y sin aquel tan riguroso y abominable castigo de muerte. Como un rey
temporal, á nadie sujeto, puede librar de la
muerte al malhechor, ó perdonarle pura y
libremente su maleficio, ó con la esperanza
de algún servicio que le podrá hacer, ó por
alguna manera de satisfacción, como si alguno pagase por el culpado cuanto se le pidiese. Con todo esto, decimos que fué cosa
congruentisima, que no por otro medio que
el que se decretó en el Consistorio de la Santísima Trinidad se reparase el género humano, conviene á saber, por las pasiones de
la afrentosísima muerte del Hijo de Dios;
para que se hallan algunas y muchas razones, y principales cuatro. La primera, porque
por este medio se hace un sacrif¡'cio para
aplacar la ira de aquel que estaba ofendido
aceptísimo. La segunda, porque este modo
de redención fué congruentísimo para declarar juntamente la misericordia y la justicia. La tercera, porque para curar la enfermedad de la humana miseria fué muy á propósito. La cuarta, porque para vencer al enemigo del género humano con grande sabiduría fué bien ordenado. San Agustín, en el 13
libro de Trinitate, dijo (Aug., de Trinitate,
lib. 13, c. 10, tomo 3.°): No le faltó á Dios
otro medio posible para librar al hombre;
mas para sanar nuestra miseria ninguno más
conveniente que éste, con el cual no sólo nos
dió remedio sino también ejemplo de humil-

dad, de paciencia y de amor. San Bernardo
dice ansí: Lícito me es saber que así lo hizo
Dios; mas por qué así y no de otra manera
no me es lícito ni investigarlo con curiosidad y atrevidamente. Y añade San Agustín:
De cualquiera otra manera que lo hubiera
Dios hecho, siempre la necia criatura dijera:
¿Por qué por ese camino y no por otro lo hizo
El que en sí encierra otros modos sin número?
El Maestro de las Sentencias (Sent., lib. 3,
dist. 20) dice que ningún mejor modo se halló ni fué posible hallarse para librar al hombre que la muerte de Cristo. Porque, ¿qué
cos~ levanta tanto nuestras almas y las libra de la desesperación de la inmortalidad
como el haber Dios estimádonos en tanto que
tuvo por bien trabar con nosotros parentcs-·
co y buscar nuestra compañía para sufrir
nuestros males muriendo? Y añade que la
mayor hidalguía de este medio fué porque
por él vencia al demonio por justicia y no
por potencia. Y más abajo pregunta: ¿Cómo
fué vencido por justicia? Porque no hallando
en Cristo cosa digna de muerte, le mató. Y
fué justo que los deudores que tenía los
dejase libres creyendo' en Aquél que sin
deberlo mató. La razón porque no quiso vencer por potencia es porque el demonio, por
el vicio de su perversidad, es amador de su
potencia y desamparador y opugnador de la
justicia: en lo cual más que en otra cosa
los hombres le imitan, pues teniendo la justicia en poco y aborreciéndola por sus casas,
trabajan más en ser poderosos. Por eso le
plugo á Dios librar al hombre por justicia,
para que deprendiese á imitarle en ella. Postposuit Christus quod potuit, ut prius ageret
quod oportuit. Illstitia ergo humilitatis hominem liberavit, quem sola potentia aequissime liberare potuit. No hizo lo que pudo como
todopoderoso, sino lo que me estuvo mejor
á mí, aunque tan á costa suya. San Buenaventura, sobre esta distinción, dice adl11irablemente (In tert:'Sentent., d. 20, q. 5, in lespons. ad arg.): Este modo fué nobilísimo sobre todos los modos que se pudieron investigar, y por eso dignísimo de que Dios le
aceptase sobre todos los demás. Fué aceptísimo para desenoja.- á Dios, congruentísimo
para curar nuestra enfermedad, eficacisimo
para atraer y robar á sí los hombres, prudentísimo para hacer guerra al enemigo del género humano. De lo primero dice San Ansel-

CAP. X. SI PODÍA SALVARSE EL H01l1BRE SIN MORIR CRISTO, Y CÓMO ESTO FUÉ LO MEJOR

mo (Ans., Curo hom., c. 11): Ninguna cosa más
áspera ni más dificultosa puede padecer el
hombre por la honra de Dios, de su voluntad
y no por deuda, que la muerte. Y en ninguna
manera puede hacer de sí mayor entrega que
cuando se ofrece y entrega á morir por la
honra de Él. Tradidit semetipsum oblationem
et hostiam Deo, in odorem suavitatis (Ephesios, 5). Pues para curar nuestras enfermedades, ¿qué medicina más á propósito? Enfermó el hombre primero por soberbia, gula
y inobediencia. Trató Dios de la cura y hízola por aflicción, humillación y cumplimiento de la divina voluntad (Philip., 2) De la
eficacia que tuvo es'te medio para atraer al
género humano habemos dicho y diremos en
muchas ocasiones. Et ego si exaltatus fuero
aterra, omnia traham ad me ipsum (loan., 12).
y al propósito Hugo (Hugo, de Arra Sponsae):
Para mostrarte cuánto te amaba no te quiso.
librar sino muriendo, para que no solamente
te hiciese beneficio, sino para que claramente
conocieses el afecto de su inmensa caridad.
¡Ay, Dios! ¿por qué no me llevas y' arrebatas
en pos de Ti? ¿Tú en la cruz y yo en la tierra?
¿Tú muerto por mi remedio y yo olvidado de
mi remediador? Pero ¡qué prudencia en contrastar al demonio y darle zancadilla! Astutamente venció Satanás al hombre, y prudentísimamente le sobrepujó y venció Dios hombre, como 10 dijo el santo Job (Iob, 26): Pru-,
dentia eius percllssit sllperbllm: La prudencia
de Él hirio al soberbio. Y Dios á Job (Iob, ult):
Numquid poteris capeTe Leviatam hamo? ¿Por
ventura podrás pescar á Leviatán con un anzuelo? Vino el Redentor, dice el Maestro de
las Sentencias, y fué vencido el engañador;
hizo de su cruz mirlocha ó alzapié ó cepo,
puso su sangre y su carne por cebo, acudió
el enemigo, creyó que tragaba sola carne y engulló el anzuelo de la divinidad. Fué, como dicen, trasquilado el que había venido por lana.

§ II
San León Papa dice (Leo Papa., ser. Dominica in Ramis): La omnipotencia del Hijo de
Dios, que por ser una esencia con el Padre
es igual á Él en el poder, amique pudiera
librar al hombre con sólo quererlo ó mandarlo, por las congruencias que halló en favor de
los hombres muriendo, y por vencer al enemigo por el camino que nos habla vencido,

519

de todos tomó éste como más provechoso y
de más costa para sí (Heb., 2: Decebat Auctorem salutis per passionem consummare). San
Gregario, en los Morales, se atreve á decir
que el que nos hizo de nada que fuésemos,
no pudo revocarnos sin padecer y morir. Y la
Glosa dice que si Cristo no muriera por el
hombre no fuera redimido, y no redimido
pereciera, y todas las cosas fueran en vano
y de balde criadas. San Anselmo confirma esta
imposibilidad, diciendo (Cur. Deus homo, lib. 2,
c. 10) que no fué posible salvar el mundo sino
por la 'muerte de Cristo. Resume San Buenaventura todo lo dicho en pocas palabras,
diciendo que de parte de Dios no pudo haber
necesidad ni se pudo poner límite á su poder; siempre quedó libre para disponer de
otra manera el remedio de los hombres si
quisiera; ni se ha de limitar la potencia divina, ni estrecharla á este ó á aquel modo,
como dicen los Santos, sino afirmar que como
con sólo querer crió todas las cosas, así pudo
repararlas pOI sola su voluntad. Otra cosa
es tratando de la potencia por parte del género humano reparado. Que se ha de decir
que limitó Dios su poder en este caso (Rom., 1,
secundum spiritum sanctificationis), y puédese
conceder que no pudo el hombre ser reparado de otra manera. Como decimos que no
hay debajo del cielo nombre en que podamos salvarnos, sino el nombre de Jesús, Señor y Redentor Nuestro, aunque pudiera
Dios librar nuestra salud en otro, cual El
quisiera. Santo Tomás responde (3 p., q. 46,
art. 1, in corp.) que fué necesario morir Cristo, no de necesidad de por fuerza, de suerte que no se pudiera hacer otra cosa, que
así ni de parte de Dios ni de parte del hombre hubo esa necesidad, sino necessitate finis,
teniendo atención á su verdad en los profetas, á la honra de su Hijo, que por la humildad de la cruz mereció la exaltación que dijo
el Apóstol (Reb., 2): Videmus Iesum propter
passionem mortis, gloria et honore coronatum;
y á nuestra liberación que por ese medio y
no por otro estaba librada y determinada. Y
en el artículo segundo dice que de dos maneras se dice una cosa posible ó imposible:
ó simple y absolutamente, ó suponiendo algún
particular. Si hablamos absolutamente de la
necesidad del morir Cristo por la redención
del género humano, muy posible le fué á Dios
otro medio y otros medios. Quia non est im-

520

VERGEL ESPIRITUAL DEL ANIMA RELIGIOSA

possíbile apud Del/m omne verbum (Lucae, 1).
Si hablamos ex aliqlla suppositione, imposible fué; porque como es imposible engañarse la preciencia de Dios y quedar frustrada
su voluntad y d·isposición, supuesta la precencia y ordenación divina en el caso, no fué
juntamente posible no padecer Cristo ó librarse el linaje humano por otro camino que
el de su pasión. ¡Ay, Cristo santo, cuánto nos
amaste, pues pudiendo remediarnos por tantos caminos de ti sabirios y conocidos, y
sin costarte nada, quisiste hacerlo á tanta
costa tuya, sufriendo penas y dolores por
nosotros! Bien dijo Galeno, en la Vida de Alejandro, que aquél ama de veras que no se
cansa y enfada con el amigo puesto en miseria. Y Aristóteles, que el bienafortunado
tenía necesidad de amigos, no para recibir
beneficios deBos, sino para hacerlos beneficios. Este fué el amor de Cristo, que nos
quiso,no para sus comodidades, sino para
nuestro provecho. ¡Oh amor cordial, que ningún trabajo rehusó ni el mayor de todos, que
es el morir! Divinamente dijo San Bernardo
(Bem., in ser. de Sacram. Eucharist.): La
muerte y pasión de Cristo es obra sin ejemplo, es gracia sin mérito, es humildad sin
modo, es don sin precio. Lo primero mira á
la acerbidad y rigor de su pasión. Lo segundo, á la caridad de Dios no merecida. Lo tercero, al ejemplo nunca oído ni visto. Lo cuarto, á la fecundidad de muchas maneras en
favor de los hombres.
CAPÍTULO XI
En que se trata de las conveniencias que Izubo
en morir Cristo (ya que escogió la muerte)
crucificado.
§ l
El Doctor Angélico, en su Suma, trata esta
cuestión (S. Tho., 3. p., q. 46, aro 4): Si cOllvino
que Cristo, ya que con su muerte quería redimir el género humano, muriese crucificado·
y responde que no sólo fué conveniente,
sino, en superlativo grado, convenientísimo.
y pruébalo con muchas razones, y aunque algunas son dé moderada congruencia, todas
juntas prueban el intento. La primera, para
ejemplo de virtud, porque no hay género de
muerte más temeroso. La segunda, para satisfacer en madero lo que en madero se pecó.
La tercera, para santificar el aire, contami-

nado con los pecados de los hombres. La
cuarta, para acercarnos más al cielo y enseñarnos el camino, arrebatándonos para sí.
La quinta, para mostrar que el morir era
por todos los hombres universalmente, á los
cuales abrazaba en aquella figura, extendidos
los brazos y descoyuntados los miembros.
La sexta, por el magisterio de muchas vil"
tudes que en la cruz resplandecen y se nos
representan. La séptima, por el cumplimiento
de muchas figuras que pedían este género de
muerte. San Agustín dice (lib. 83, q. 25, t. 1)
que encarnó la Divina Sabiduría y se hizo
Hombre, para que los hombres tuviesen á
quien mirar para vivir concertadamente. Y
dice el Doctor santo, que entre las cosas que
pertenecen á la vida bien ordenada es una
no tem~r lo que no es para temerse. Y aunqlle hay hombres qué no temen la muerte,
. temen mucho la que es afrentosa; pues esa
toma Cristo para sí, porque yo no la tema.
Aristóteles, en el tomo III de las /Etlzicas, dice
(Arist, III /Etlzic.): Laudabilis est fortis circa
maxima mortis pericula víriliter agens:. Digno de alabanza es el varón fuerte que en
los grandes peligros varonilmente procede.
¿Quién tan fuerte como Cristo, que abrazó
el morir por la salud de los hombres y no le
espantó la muérte más afrentosa y trabajosa
que entonces se daba á los sediciosos y facinerosos? En el libro de la Sabiduría (Sap., 2)
se llama muerte torpísima. San Juan Damasceno la llamó detestable y ignominiosa y sobre
manera dolorosa. San Isidoro (Isidor., lib. 3
Orig., C. ultim.) hace diferencia entre la cruz
y el patíbulo. Y dice que la muerte en la cruz
era más penosa que la del patíbulo, porque
los ahorcados mueren con mucha brevedad y
acaban presto su trabajo; los crucificados
muy de espacio, con grandes fatigas y congojas. Por esto quebraron las piernas á los
ladrones, por abreviar con ellos de manera
que el sábado no estuviesen en las cruces.
y San Agustín (Trae. 31 ín loan): Suppliciul1l
crucis ideo durius erat, quía dilltiUS Cl'llciabat
et omnes crucifixi longa morte necabantur: El
suplicio de la cruz era más duro de sufrir,
porque atormentaba más tiempo, y todos los
crucificados morían una muerte espaciosa y
prolija. Y ese fué el espanto y admiración de
Pilatos y de otros muchos, que se admiraron
de ver que con tanta priesa hubiese muerto
, Cristo Nuestro Señor, muriendo tan de espacio

CAP. XI. CONVENIENCIAS DE MORIR CRISTO CRUCIFICADO

los demás. El mismo San Agustín dice á nuestro propósito: Si la flaqueza rehusa el género
de muerte trabajoso y afrentoso, ninguna
más afrentosa y trabajosa, en aquel tiempo,
que la de la cruz. Y por eso hizo el Apóstol
aquel redoble, nunca pesado como es razón
(Philip., 2): Humillóse á sí mismo el Señor
Jesús hasta la muerte, y muerte de cruz. La
cual partícula ponderó Crisóstomo con grande energía, diciendo (Chrys , serm. 7 iil Epistolam ad Philipens., 2): Pape, quall1 magilum,
et vehementer inejjabile est, quod servus jactus
est; quod vera mortem sustinuit, multo plus
est; sed est el quiddam isto maius, et admirabiUus. iOh cosa espantosa, grande y inefable,
que el Verbo eterno se haya humillado á tomar nuestra servidumbre! Pero poco es esto
para lo que se siguió, que es haber muerto
por nuestra salud; y nada tan admirable como
el género de muerte que escogió, muerte
afrentosísima, maldita y llena de deshonra.
Santo Tomás advirtió sobre las mismas palabras del Apóstol: Mortem aufem crucis, que
se nos quiso dar á entender en ellas el valor
de Cristo, que la muerte, que á todos espantaba y de que todos huían, Él no la rehusó,
ni temió, ni le hizo asco. Y Lactancia Firmiano
pregunta (Lib. 4, Divinar. mist., cap. 26) que
¿cómo Cristo no murió como hombre honrado,
sino como esclavo y facinoroso, muerte ele
afrenta y de infamia, iudigna de persona libre
aunque malhechora? Y responde que lo quiso
y ordenó así su misericordía para consuelo y
alivio de los hUl!lÍldes, flacos y desechados
en el mundo, que de aquella manera se hace
justicia dellos y se castigan sus culpas, para
que no hubiese hombre de cualquiera condición que fuese que no pudiese imitarle.
Hizo el Señor la salva á todas las maneras de
penas que suelen sufrir los hombres, y tomó
sobre sí asaz gran parte dellas para quitar~
nos el horror y el miedo y darnos ánimo y
esfuerzo contra ellas. San León, Papa, considerando el valor de Cristo puesto en la cruz,
exclama y dice (Serm. 2): iOh admirábie poder el de la cruz! ¡Oh inefable gloria la de la
Pasión, en la cual el tribunal del Señor, el
juicio del mundo y la potestad del crucificado
se hallan!
§ II
y aunque lo dicho levanta mucho esta ra-

zón de morir Cristo en la cruz, levántala

521

mucho más el conocimiento de la voluntad
de los judíos en esa obra, que fué con tal
género de muerte hacerle asqueroso, infame
y sin alguna honra, para que por este medio
estorbasen á los hombres el seguirle y andarse tras de Él. Como si dijeran (Chrisos.,
ser. 7 ad Philíp): Si no le dejáis porque muere,
será fuerza el dejarle, porque muere como
infame, como siervo herrado y como sedicioso. Que, bien considerado, es lo que se escribe deBas en Jeremías (Hier., 11): lfcnitc,
nzittamlls lignum in panem eius, et eradamus
eum de terra viventiunz, el nomen eius non memoretur amplius: Venid, metamos el madero
en su pan y borrémosle de la tierra de los
vivientes, y no se haga más memoria de su
nombre. Pero engañáronse en su pensamiento, porque por aquí resplandeció más la verdad y se hizo más ilustre. Pensaron hacerle
abominable y abominabilísimo con aquel género de muerte, y no hicieron nada, porque
campeó más por ese camino su virtud y hizo
el Señor mayor demostración de su poder.
La segunda razón, aunque ordinaria, corre
muy bien y favorece á algunos misterios y
sacramentos de la cruz. Pagóse en ella lo
que el primer Adán pecó en el árbol de la
ciencia del bien y del mal. Cogió y comió la
fruta vedada el hombre primero, y perdió el
tesoro grande de la amistad de Dios, que
tení~ como en depósito. Subió Cristo á la
cruz para restituirnos tanta riqueza. Quae
non rapui, tune exolvebam. Y la Iglesia canta (1):
Et medelam ferrel lnde,
lzostis unde laeserat:
Sacó la medicina de donde había salido el
veneno. Por el madero, dice San León (Sermón 6 de Passione), se levanta el ca ido en el
madero, y con el gusto de la hiel y del vinagre se deshace el bocado de la culpa. Y Damasceno (Lib. 4, c. 12): porque por el madero
se le abrió puerta al pecado, fué cosa conveniente que por el madero se nos diese vida y
resurrección. Y San Jerónimo: Estuvo el Señor pendiente en el madero, para que el pecado que habíamos cometido en el madero
de la ciencia del bien y del mal, subido en el
madero le borrase. Al fin, tiene grande con(') En el himno

Pange ¡¡ngua gloríosí
Lauream certaminís, etc.

522

VERGEL ESPIRITUAL DEL ANIMA RELIGIOSA

gruencia que Dios haya vencido al demonio, ribus iuslitiae, quae fecimus nos, sed secundum
enemigo nuestro, con las armas que él nos suam misericordiam salvos nos fecit (Ad Tivenció. La desobediencia de Adán nos destru- tum, 3). ¿Quién pudo pensar jamás que del
yó, y la obediencia de Cristo nos reparó. Pa- pecado y 'ofensa había de salir la mayor glolabras son del divino Esposo aquellas de los ria de los hombres y la mayor caridad de
Cantares en que, haciendo mención desta Dios? El ipsa indignatio auxiliala est milzi,
obra, le dice (Cantic., 3): Sub arbore malo sus- dijo Dios por Isaías (Esai., 63): El enojo que
citavi te: ibi corrupta est mater tua, ibi vio lata tomó con el pecado le ayudó para tan grande
est genitrix lua: Debajo del manzano te desper- obra como lo fué la de nuestra redención. Dité del sueño pesado de la muerte, que es el pe- vina consideración verdaderamente y para
cado. Allí fué corrompida tu madre y violada abrasarse un alma en el amor de su Dios, que
la que te engendró. El verbo suscitavi tras- recurriendo á los motivos .de sus larguezas
ladan muchos excilavi: allí te desperté. Y aun_ y misericordias halla que fueron pecados
que comúnmente se atribuyen al Esposo es_ (Rom., 9). Que lo.; vasos, que eran de ira,
tas palabras, muchos y graves autores, á la esos lo hayan sido de las riquezas de Dios,
Esposa, y son de admiración. Habla como cosa es que no cupo en pensamiento de homespantada y fuera de sí, considerando la ca- bres ni de ángeles tampoco. Sólo Dios lo
ridad de Dios, que de donde pudo tomar pudo pensar y hacer, como de hecho lo hizo.
mayores motivos para destruir los hombres
Qui dilexit nos, el lavit nos a peccatis uostris
los tomó para hacerlos bien y salvarlos. Como in sanguine suo: Amónos y lavónos de nuessi dijera: no sé por qué me amaste ni de dón- tros pecados en su sangre (I loan., 1). Filón
de tomaste ocasión para padecer por mi re- Carpatio entiende por este árbol el de la
medio tan grandes trabajos y tan dura muer- cruz, cuya consideración despierta las almas
te. Lo que dió principio á nuestra apostasía, al amor de su Redentor y las confirma en la
le dió á tu misericordia. El árbol que fué fe y en la caridad. Es gran cosa para destestigo de nuestra desobediencia lo fué de helar los corazones considerar á Dios muerto
la promesa grande de nuestra redención; al1í en un palo, como adelante veremos. En la
te despertamos y provocamos, y sacamos á cruz, dice este doctor, con dolor de corazón
luz eí amor que en tu pecho estaba escon- y de cuerpo salió á luz la Iglesia, porque
dido y de secreto, y dimos ocasión para que siendo atormentada la carne de Cristo y aflise manifestase tu grandeza. Allí quedó de- gida su ánima, le dió sér y vida y la lavó y
terminado el hacerte hombre, y nuestro des- santificó con la sangre yagua que de su costado abierto manó. ¿Y cómo se puede pagar
peñadero fué motivo y aun causa de tanta
humillación, hasta la forma de siervo y muer- deuda tan grande? Haciendo lo que se sigue:
te de cruz. Allí tomamos la carrera huyendo Pone me uf signaculum super brachium tUl/m
de Ti, y desde allí comenzaste á seguirnos, uf signaculum super cor tuum: Ponme como
hasta trabar de nuestr::! naturaleza y vestirte señal ó sello sobre tu corazón y sobre tu
de ella. Semen Abrahae apprehendit (Hebr., 2). brazo (Cant., 8). Lo cual entiende Filón de la
Allí fué corrompida tu madre E.va por per- señal de la cruz, que siempre ha de estar
suasión de la serpiente, y allí te parió en el delante de los ojos del alma, así para que los
deseo, porque les revelaste y pusiste en los pensamientos sean castos y limpios, como
'corazones á los dos casados el misterio de para que las obras sean reguladas por el
tu encarnación.lesus cor eorum: Jesús, el co- gusto de Dios, rociadas con su sangre.
razón dellos (Pet. Galat., De Mirab. Sacro
Scrip., Apo., 9). Naciste en el deseo y comen§III
zó de hecho á obrar tu muerte, Cordero muerSíguense la tercera y cuarta razones, que
to desde el principio del mundo. Con esta concepción y nacimiento fué concebida y na- sólo tienen algunas congruencias, porque mució nuestra esperanza, nuestra salud y toda' riendo Cristo en la cruz santificó el aire, prenuestra felicidad. Al fin, alcanzamos pecando, cipitó al demonío que, cayendo del cielo, se
por su sola bondad y misericordia, lo que , quedó en él como puesto al paso para impeobrando bien no pudieran en ningún tiempo dir á los hombres el camino de la gloria, y
merecer todos los hombres. Quia non ex ope- hizo más pública y más manifiesta su muerte

I

CAP. XI. CONVENIENCIAS DE MORIR CRISTO CRUCIFICADO

,á los hombres porque su resurrección fuese
más admirable y cierta, y la victoria de la
muerte más ilustre, porque la provocó y á
vista de todos la mató. Nam quoniam is, qui
patibulo suspenditur, dice Lactancio (Lactan.,
lib. 4 de Vera sap., c. 26), et conspicuus est

omnibus, et caeteris altior, crux potius electa
est, quae significaret illum tam conspicuum,
tamque sublimem futurum, ut ad illllm cognoscendum, pariter et colendllm, cwzctae nationes
ex omnibus cOT/currerent: El que está colgado
en el patíbulo está á vista de todos y más
alto que todos; todos le miran y de todos es
conocido. Por esto escogió Cri,sto más morir
en cruz que de otra manera, para que se entendiese que, puesto en ella, había de levantarse tanto y campear de manera que todas las
naciones del mundo habían de correr á conocerle y servirle y honrarle. Éllo dijo (loan., 12):
Si me levantaren en el aire, todas las cosas
atraeré á Mí. La quinta y sexta razón proceden del suplicio de la cruz, en cuanto á la
figura y modo de estar Cristo en ella, extendidos los brazos, recibiendo, como la gallina debajo de sus alas sus pollitos todos, debajo
dellos todas las naciones del mundo, extendida su caridad á amigos y enemigos. San Atanasio dijo: Si la muerte de Cristo es la redención de los hombres, ¿cómo nos había de llamar y juntar si no fuera puesto en la cruz?
En sola la cruz se sufre la muerte los brazos
abiertos, y por eso convino que Cristo muriese en esta figura, para que con una mano recibiese el pueblo judaico y con la otra el gentílico, y ambos los juntase en uno. Y yo diría
que el morir los brazos abiertos fué declarar
el gusto y la gana con que moría, porque las
cosas que mucho amamos y deseamos extendemos á ellas los brazos y las apretamos y hacemos una cosa con nosotros. Santo Tomás
interpreta de la cruz con San Agustin aquellas
cuatro dimensiones del Apóstol: Longitlldo,
latitudo, sublimitas et profundum. (Epist. 120
á medio, tomo 2). En la latitud, que es el
madero que extiende los brazos y manos,
las obras; en 10 largo que hay desde el crucero á la tierra, la longanimidad y perseverancia
en el bien; en la cabeza, que es 10 más alto,
la esperanza de los bienes futuros; en lo que
se esconde en tierra, la profundidad de la gracia, que graciosamente se nos comunica por
el mérito de Cristo. Lactancio y San Atanasio,
en lo ancho entienden el general fruto de la

523

muerte del Redentor, que se héjbía de derramar por todo el mundo; en lo alto, largo y
profundo, la eficacia en el cielo y en la tierra
y debajo de la tierra.'Pacificans per sanguinem

crucis eius, et (') quae in coelis, et quae in terris
(Collos., 1). y si yo supiese poner aquí lo que
San Gregorio Nacianzeno dice (Gregor., Oratione princ. apologeti.) , contraponiendo las
manos de Adán á las de Cristo, y el árbol del
Paraíso al del Calvario, quedaría muy contento, porque dice elegantísimamente y con espiritu del cielo: Por tanto, un madero con tra
otro madero y dos manos contra una mano,
aquéllas fuertemente extendidas contra la incontinentemente extendida; aquéllas fijadas
con clavos, constreñidas y apretadas contra
la suelta y atrevida; aquéllas tocando yabrazando los fines del mundo contra aquélla que
á Adán lanzó del Paraíso. Por eso la altura
contra lo caído; la hiel contra el gusto; la corona de espinas contra el perverso imperio;
la muerte c0ntra la muerte; las tinieblas contra la lumbre; la sepultura contra la incineración y conversión en tierra, y la resurrección
por la resurrección. Hasta aquí Gregorio. Y
San Bernardo exclama: ¿Quién, oh Cruz bendita, podrá dignamente investigar tu longitud,
latitud, alteza y profundidad? Porque tu longitud hasta el día postrero favorecerá á todos
los que te llamaren; tu latitud llena todo el
unive-rso; tu alteza restaura las quiebras de la
celestial Jerusalem, y tu profundidad halla la
redención para los que asentados en sombra
de muerte y en tinieblas la esperaban. Y en el
sermón 65 in Cantica considera la paciencia,
la humildad, la obediencia y la caridad; ésta
en lo alto, la humildad en lo profundo, á la
diestra la obediencia y á la siniestra la paciencia. Este lugar del Apóstol han tomado
entre manos muchos Santos, y declará'ldole
de muchas maneras, comúnmente se entiende de la cruz y de sus misterios, y deste en
particular, de morir Cristo en ella (Aug., serlll.
de passione Domini). Y sea la séptima razón
que le precedieron muchas figuras. El arca
de Noé, en que se salvaron los pocos que
escaparon del diluvio. La vara de Moisén,
que sacó de la piedra agua, que abrió el
mar y anegó á Faraón y su gente y dió paso
al pueblo de Israel, y las aguas amargas vol(') En la Vulgata este et es sive en ambos miembros, y pone antes terris que coelis.

524

VERGEL ESPIRITUAL DEL ANIMA RELIGIOSA

vió dulces y. de buen sabor. El arca del
Testamento, que se entiende haber sido de
madera, para depósito de la ley de Dios, que
abrió el Jordán y detuvo su corríente y dió
paso al pueblo de Israel, seco y enjuto para
el de los Cananeos; que dando vueltas á Jericó con ella, cayeron sus muros; que llevada al templo de Dagón, le derribó en tierra;
que lastimó y afligió á los filisteos, y á Oza
le mató con espanto de todos. El cruzar de
manos de Jacob para la bendición de sus
nietos Efraim y Manasés, habiendo adorado
lo alto de la vara ó cetro, que era el título
Ieslls Nazarenus, Rex judaeorum. La serpiente
de metal pues ta en el madero y la salud librada en mirarla; el Cordero Pascual que, como
lo afirma San Justino mártir, solían asar en
dos palos atravesados en forma de cruz. Moisén orando en figura de crucificado libró el
pueblo de Amalech, contra quien peleaba, por
el misterio de la cruz. Y no digo más aquí,
por no alargar este capítulo, y porque para
otro, al mismo propósito, sobra materia.
CAPÍTULO XII
En que se continúa el misterio de la cruz y de
Cristo crucificado ell ella, y si flié injustamente condenado á ella; por qué la llevó sobre
sus hombros, y si verdaderamente le fijaron
con clavos en ella.

§ 1
No es mi intención escribir aquí alabanzas
de la cruz, después que Cristo Señor nuestro
subió en ella y obró nuestra redención, que
eso pide especial tratado, y hay muchos y muy
copiosos. Lo que pretendo es que se entienda
lo mucho que el- Hijo de Dios hizo por nosotros escogiendo este género de muerte, y
cuánto le debemos por ello. Cuán aborrecible
fuese la cruz en el pueblo romano decláranlo
las palabras de Marco Tulio (In orailone pro
C. RaOirio): Misera (inquit) est ignominia iudiciorum publicorum, misera mulctatio bonorum,
miserum exiliunz; sed tamen in omni calamita fe
retinetur aliquod vestigillln lióertatis; mors denique, si proponitur ill liberta fe moriamur. Carnifex vero, et obductio capitis, et nomen ipsum
crucis, absit non modo á corpore civium Romanorum, sec etiam a cogitatione, oculis, aurióus. Harum ellim omllium rerum 1l01l solum

evenfus, afque perpessio, sed etiam conditio, expectatio, mentio ipsa denique illdigna cive Romallo atque homine libero est. Lo que dice es
que toda afrenta pública es miserable; pero que
en cualquier calamidad queda siempre algún
tanto de libertad; mas la muerte de cruz es
tan infame, tan vil, tan horrenda, que sólo el
nombre espanta; y ha de estar lejos, no sólo
del cuerpo del romano ciudadano, sino del
pensamiento, de los ojos, de las orejas; el tomarla en la boca y el acordarse deJla es cosa
indigna de hombre libre. Favorece Séneca (libro de Beneficiis) diciendo: Acerbissinza crudelitas est, qua e pellam trahit, el nzisericordiae
gelllls est, cito occídere, quia tOfllzentum ultimum finem sui secunz affert. Por eso se llamaba la misma cruz muerte acerba, porque atormentaba de espacio á los crucificados y les
daba doblada molestia. Y aun de aquí nació
el proverbio común en las comedias, cuando
abominaban de alguno y le maldecían y echaban en hora mala, decir: Abi in malam crucem.
y entre los hebreos era maldíto el que moría
en cruz: Malediclus omnis, qui pendet in ligllo.
El cual género de muerte se daba á homicidas
y á ladrones; y por estos dos títulos de ladrón y de matador estaba preso Barrabás y
sentenciado á muerte de cruz, y como Pilatos
les dió á escoger entre Cristo y Barrabás, pidieron al ladrón y homicida, con fin de que
entrase en su lugar Cristo y pasase por la
pena y Cástigo infame á que él estaba condenado. Y así, hecha esta elección, dieron voces,
(Lucre, 23; loan., 19), diciendo: Crucifige, crucifige eum.
§ II

1

Por excusar á Cristo de la maldición de la
ley, hubo herejes que dijeron que no habia
Él muerto crucificado, sino Simón Cirineo, que
llevó la cruz hasta el Calvario porque no se
les muriese el Redentor con la carga tan pesada en el camino (Basilides haereticus, de qua
lrineus, lib. 1 Contra haeres., cap. 23, et alii). De
fe es que murió Cristo cruCificado, como consta de muchos lugares de la santa Escritura:
Mortem autenz crucis (Ad Philipenses, 2). El
hunc crucifixum (1 Cor., 2).Erit vita lua pendens
ante te (Deut., 28). Y es profecía del crucificado Jesús, como lo testifican San León, Papa
(Leo., serm. 8 Pac;.), San Agustín (Aug., Contra Favi c. 22, 23), San lrineo (lren., lib. 5 Contra Jud., cap. 11 et 12), Tertuliano y otros San-

CAP. XII. MISTERIOS DE LA CRUCIFIXIÓN Y DE SUS CIRCUNSTANCIAS

tos. Cipriano lee (Ciprian., lib. 2 ad Quirinum,
c. 20): Erit vifa tua pendens in [¡gno ante oculos
tuos, de que también profetizó David en el salmo 95: Dicite in gen tib us, quia Dominus regnavit a ligno. Ansí trasladaron los Setenta
este verso, y ansí leen muchos de los Padres
de la Iglesia griega y latina, y San Justino, mártir (Diálogo contra TripllOne) trabaja en probar que la partícula a ligno estaba en el Hebreo y que maliciosamente la quitaron los judíos por no confesar el misterio de la cruz,
desde la cual reinó Cristo de la muerte y del
pecado y de sus enemigos todos. Y la Iglesia lo confirma en uno de los himnos de la
CflIZ (1) (Pamelius., Super Tertul.):

lmpleta sunt quae concinit
David jideli carmine,
Dicendo nationibus
Regnavit a lígno Deus.
Lo mismo prueba aquel lugar de Jeremías
(Hiere., c. 11) en persona de los judíos que
crucificaron á Cristo, queriéndole infamar y
desacreditar en el pueblo. Venite, mittamus
lignum in panem eius, etc.: Metamos la cruz
en su pan; esto es, corno lo declaran casi todos los Santos (Tertul., lib. 3 Contra JVfar~
don, c. 19 et alií multi), en su cuerpo, que es
pan de vida. Y en el Deuteronomio (Deut.,
33), bendiciendo Moisén á Josef, dijo: Quasi

primogeniti tauri pulchritudo eius, et comua
rinoceronfhis in manibus eius, in illis ventilabit gentes usque ad terminos eius: Como del
primogénito del toro, la hermosura dél, y en
sus [manos] cuernOB de rinoceronte; en ellos
aventará las gentes hasta los términos dél
(Tert., lib. Contra lud., c. 10; Iust., dialogo citatojo Llama cuernos del rinoceronte los brazos
de la cruz, adonde, conforme á la profecía de
Habacuc (Habacuc, 3), tenía Cristo su fortaleza
escondida. Lo que aquí hay de consideración
es que en ninguna manera contradice á lo que
habemos dicho lo que se escribe en el Deuteronomio (Deut., 21) de los crucificados, que por
el mismo caso eran malditos. Lo primero, porque la caridad de Cristo fué tan grande, que,
como lo dijo San Pablo (Galat., 3), nos redimió
(1) A saber:

Vexilla Regis prodellnt, etc. La es-

trofa citada puede traducirse:
«Cumplidas están las cosas
Que David cantara en metro,
Al decir á las naciones'
Que Dios reinó desde un leño.»

525

de la maldición de la ley hecho por nosot~os
maldición. Y allí San Agustín (Aug., lib. 4 contra Faustin, cap. 2 y 12): Aufert Christlls de ll1a-

ledicto ll1aledictum, quomodo de 1l10rte mortem,
et de peccato peccatull1. De manera que no fué
otra cosa en Cristo aquella maldición que
la muerte ó la pena del pecado, no propio,
sino nuestro. Aunque San Jerónimo y otros
padres interpretan á la letra aquel lugar de
los malditos por sus culpas. Y á la verdad,
la maldición no caía sobre los que padecían
en la cruz (Psal. 118), sino sobre los que lo
merecían, que esos son los que Dios aborrece y maldice. Claro está que si Mardoque o, hombre inocente, muriera en cruz, que
no fuera maldito como lo fué Amán, que era
culpado (Esther, 7). Así fué Cristo libre de la
maldición, aunque puesto en la cruz, porque
fué inocentísimo; sino es que digamos que
como tomó semejanza de pecado, siendo la
misma justicia, ansí tomó lo aparente de la
maldición, no habiendo en sí causa para ser
maldito. San Jerónimo lee así este lugar, y
dice que se lo enseñó un hebreo muy docto:

Non permanebit cadaver eius in (igno, quia
contumeliose l)eus suspensus es!, lo cual redunda en honra de Cristo, que por su respeto se mandaba que los cuerpos de los justiciados no quedasen en las cruces, sino que
se les diese sepultura; porque Dios afrentosamente había de ser puesto en la cruz; Contllmeliose. Y porque no faltase género de
crueldad á este género de muerte, dice Alfonso Paleoto, Arzobispo Beneventano (Alf.
Paleotus, de Sacra Sindone, cap. 6), que
siempre que crucificaban á alguno le ponían
la cruz cn lugar alto y eminente y frecuentado de muchos, como en las estradas públicas, para que el justiciado fuese visto de
todos y de todo punto deshonrado; y como
dice Quintiliano (Quintil., in Declamafioniblls),
todos escarmentasen en él y temiesen caer
en manos de la justicia: Quoties (inquit) noxios

crucifigimus, celeberrimae eligantur viae, ubi
plurimi commol'eri, plurimi llOC, mctu intueri
possint. Y Tulio (Oratione in Verrem) dice que
en la vía Pompeya estuvo levantada una cruz
para justiciar á los malhechores. Yeso mismo
Cornelio Tácito. Ansi se hizo con Cristo Señor nuestro, que le pusieron la cruz en el
monte Calvario, que entre los demás montes
se levantaba, para que de tocios fuese visto,
como lo afirma Policrates (lib. 6).

526

VERGEL ESPIRITUAL DEL ANIMA RELIGIOSA

§III

Santo Tomás pregunta (3 p., q. 46, aro 1O,in
responsionib. ad arg.) si Cristo padeció en
lugar conveniente, y responde que sí; porque
todas las circunstancias que hubo en la pasión y muerte del Señor fueron convenientísimas, como ordenadas y dispuestas con particular y especial providencia por el mismo
Dios. Aquí hacen dos lugares de los Actos
Apostólicos, uno del capítulo 2, que dice: Hunc,
definito consilio et praescimtia Dei, traditum
per manus iniquorum afftgentes, interemistis (1). Otro del capítulo 4: Convenerunt... in civitate ista adversus sanctum puerum tuum Iesum ... facere, quae manus tua et consilium tuum
decreverunt fteri (2). Los cuales dos lugares,
porque tienen mucha dificultad y llevo gana de
acabar este capítulo, dejo para otra ocasión,
sólo con decir que la Pasión, en cuanto determinada y ordenada por la absoluta voluntad de Dios para remedio del género humano,
y amada del Hijo con voluntad absoluta, es
bonísima y aceptísima; pero considerada la acción de los judíos, que de todas maneras es
mala, no fué determinada de Dios con voluntad eficaz, sino permisiva; permitió que hiciesén en su Cristo tal estrago.
Pero viniendo á las conveniencias del lugar, dice el Angélico Doctor que hubo muchas: La primera, que como Jerusalén era
lugar escogido por Dios para los sacrificios,
y los de la vieja ley figuraban á Cristo, convino que allí se ofreciese el verdadero, adonde se ofredan los figurativos. (Ephes., 5:
Tradidit semetipsum obtationem et hostiam
Deo). Por esto, el mismo Señor, como lo notó
Beda (Hom. in Dominica palmarum), acercándose el tiempo de la Pasión, se acercó á Jerusalén; esto es, en la décima luna, cuando los
corderos que se habían de ofrecer se traían á
casa; aunque diremos mejor que porque Cristo había de sacrificarse en Jerusalén se hadan
allí los demás sacrificios, que la Pasión de
Cristo fué causa ejemplar, yen alguna manera
(1) «A éste (jesús), entregado por manos de mal·
vados, lo matásteis clavándolo en un palo, según el
acuerdo resuelto y presciencia de Dios».
(2) «Se reunieron en esta ciudad contra tu santo
niño Jesús ... para hacer lo que tu mano y consejo
determinaron que se hiciese». He puesto puntos
suspensivos para indicar que el autor se dejó algunas palabras.
'

. final de todos ellos. La segunda razón toma
Santo Tomás del salmo 73 (Padre Juárez, in
Thomam ibi), adonde se dice que Dios obró
nUestra salud en medio de la tierra porque la
virtud de su pasíón se había de comunicar á
toda la redondez del mundo (Tert., contra
Mar., lib. Carmin, C. 4). Y particulariz:lI1do más
el lugar, dice el Santo que convino que muriese Cristo, no en el templo, ni en la ciudad,
ni en casa alguna particular, sino allá fuera,
en el Calvario. Lo primero, porque la verdad
respondiese á la figura; porque el becerro y
el cabrón que para expiación de la multitud
se ofrecían, fuera de la ciudad se quemaban (Leviti, 36; Hebr., 13). Lo segundo, para
darnos ejemplo de cómo habiamos de salir
de la conversación dañosa del mundo; y aun
porque para meditar y contemplar en Cristo
crucificado se requiere soledad y quietud, lo
cual en las ciudades falta de ordinario. Lo
tercero, porque no se alzasen los judíos con
este divino sacrificio que por todo el mundo
se ofrecía. Y podemos añadir á lo dicho la
muerte de Abel, figura certísima de Cristo,
que para matarlo su hermano le sacó de casa
al campo (Genes., 4). Pero la razón literal es
porque á los malhechores, para hacer justicia
dellos, ordinariamente los sacaban de la ciudad; y aUn porque en la ley de Moisén se
mandaba que los blasfemos muriesen extra
castra, fuera de poblado. Y por malhechor,
que ansí llamaban á Cristo los judíos, y por
blasfemo, que ese era el ordinario título que
le daban, no quisieron que muriese dentro
de los muros de su ciudad, sino fuera, adonde morían los facinorosos; esto es, en el
monte Calvario con los condenados. Y hallan
en esto los Santos grandes conveniencias;
porque de común sentencia en aquel lugar
fué sepultado Adán, y por eso se llamaba
Calvario, porque estaba allí la cabeza del
padre de todos los mortales. A San Jerónimo
no le asienta esta opinión; pero teniendo tan
grandes Doctores y Santos que la sustentan,
(Hanc sententiam tenent.: Basil., in c.5 Esaiae;
Orig., tractat. 35 in Math.; Tertul., lib. 2 Carnzi.
contra Mar, C. 4; Achan, ser. de Pasion.; Epiph.,
Heres., 46; Crisost. hom. 8 in loan; Aug.,
ser. 78 de Tempore; Cateclzes., 13), no sé por
qué no la hayamos de abrazar como misteriosa y llena de piedad. Yo creo que de la
multitud de las cabezas que allí se cortaban
á los justiciados se llamó Calvario. Si no es

CAP. XIII. DESHONRAS DEL CRUCIFICADO PARA NOSOTROS HONROSAS

que creamos á San Cirilo Hierosolimitano,
el cual afirma que se lIam:!ba ansí, proféticamente, porque allí había de estar puesta en
la cruz la cabeza de todos los Principados
y de la Iglesia, Cristo. O magnam, dice, propheticam appellationem. Lo que enseña este
nombre es que no mires á Cristo en el Calvario como á hombre puro, porque es cabeza
de todo principado y potestad en el cielo y
en la tierra.
CAPÍTULO XIII
De muchas cosas que en la crucifixión de Cristo
pasaron de grandlsima deshonra para Él y
consuelo para nosotros.

§ I

Muchas cosas pasaron en la crucifixión de
Cristo dignas de ponderación, que dejo para
la tercera parte deste libro, cuando en particular tratemos cteste misterio, y agora solas
aquellas diré que hacen á la deshonra y afrenta del Señor: el tiempo, la compañía de los
ladrones, la desnudez, la corona de espinas
y el título que declara la causa de su muerte.
Del tiempo disputa Santo Tomás y dice (S.
Tho., 3 p., q. 46, art. 11) que fué convenientísimo. Pué en la Pascua del Cordero, cuando
de todas partes se juntaban al sacrificio y estaba Jerusalén llena de gentes de todas las
naciones del mundo: Ut a mundo, mundi Dominus ante per poenam, quam per gloriam nosceretur: Porque le costase mayor vergüenza, dice
Crisóstomo, y para que fuese conocido del
mundo el Señor del mundo, antes por la pena
que por la gloria. Porque como el principal
fruto de su pasión era mover los corazones
á amarlo, quiso que supiese primero el mundo las razones que tenía para amarlo y honrarlo. Y así para los milagros, que declaraban
su gloria, no andaba buscando lugares públicos; mas para las deshonras, que eran ciertos
indicios de su amor y de las grandes obligaciones en que nos ponía de amarlo, escogió
el tiempo en que más gente hubiese en Jerusalén, y quiso que fuese primero el mundo
todo testigo de su amor que de su gloria.
De la compañía de los ladrones quisiera
decir mucho, mas no puedo en este lugar;
sólo diré que fueron, para su mayor deshonra, sentenciados juntamente con Él y crucifica-

527

dos, que al fin se juzgó de todos de una manera. Et cum iniquis, vel sceleratis reputatus eSf
(Esai., 52). Tuviéronle por ladrón y facinoroso
como á ellos; eso fué de la mente y intención de
los judíos; pero en la de Dios tuvo misterios,
porque como por nosotros fué hecho Cristo
la maldición de la cruz, así por la salud de
los culpados quiso parecer culpado y crucificado como tal (Crisóst., homil. 88; D. Thom., 3
p., q. 46, art. 11; Hieran., in Mat., 27.). San
León, Papa (S. León, ser. de Paso Domini),
considera en la cruz cierta forma de juicio,
que se salva uno y se condena otro. San
Agustín (Aug., tracto 31 in Ioannem) llama á
la cruz tribunal de Cristo, adonde salvará á
los que estuvieren á la mano derecha y condenará á los desdichados de la izquierda. Yo
pienso que fué como profecía esta postrera,
como lo fué lo que Caifás dijo y el título que
sobre la cruz puso Pilatos. La razón, porque
como la muerte de Cristo no era sino tomar
sobre sí los pecados de todos, ningún oficio
le cuadraba mejor que capitán de ladrones y
de malhechores, y esto parece que quiere decir aquello del Exodo (Exod., 15); Dux fuisti in
misericordia populo, quem redimisti. ¿Qué pueblo es este que redemistes? ¿Es de santos ó
de pecadores? ¿Es de justos ó de ladrones
infames, deshonestos y de mala vida? Si este
es el pueblo que redemistes, deste os hizo la
misericordia capitán, porque la primera misericordia que con ellos usastes, fué tomar sus
maleficios sobre vuestras cuestas para de ladrones hacerlos santos. San Ambrosio se maravilla mucho de la petición del buen ladrón á
Cristo: Domine, memento mei dUI11 veneris in
regnul11 tuum (Lucae, 22). ¿Qué ves en ese
hombre para que creas y le confieses por Rey?
¿Cruz, clavos, deshonras, que nunca fueron
insignias de reyes? Responde elmisll10 santo:
Supo el ladrón que aquellas llagas y heridas en
Cristo no eran de Cristo, sino del ladrón, y
por eso le conlenzó á amar más particularmente después que reconoció sus llagas en el
cuerpo del Señor. Como si dijera el ladrón: Si
aquellas llagas fueran suyas, no le tuviera
por rey, mas como son mías, no pueden ser
insignias de reino más ciertas; porque cuando no lo fuera, por sólo eso merecía serlo.
Así me parece á mí que uno de los más temerosos días para el demonio, después que cayó
del cielo, fué cuando vió entrar por las puertas del infierno un ladrón en compañía de

528
VERGEL ESPIRITUAL DEL ANIMA RELIGIOSA
Cristo, exento y libre de su jurisdicción. Dió- p. 2, C. 63), delante de toda la multitud, y cumse entonces por perdido del todo, porque no
plióse 10 que mucho antes había profetizado Miq ueas (Mich., 1), diciendo en nomtener jurisdicción sobre santos, siempre lo
experimentó; mas sobre ladrones, esta fué la bre del Señor: Vadam spoliatus et nudus, faprimera vez. Y advirtió aquí San Juan Crisós- ciam planctum, etc.: Iré despojado y desnudo.
tomo que el primero hombre á quien se abrie¿Á dónde, Jesús mío? Á la cruz, á donde lloron las puertas del cielo fué el ladrón. Per raré y daré voces, derramando á una agua y
portam, quam fur clauserat fur prius intrave- sangre; agua de los ojos, y sangre de las venas.
raf. Por que se vea la grande misericordia de
iAy Jesús, cuán de atrás estaba esta tu desnudez figurada en Noé, que tomado del vino
Dios en querer morir crucificado entre ladrones. San Agustín dice (serm. 120) que se enquedó desnudo y á la vergüenza, burlando
dél su hijo primogénito Can! y más que contregó Cristo á la confusión y afrenta de la
cruz, uf lafronem glorificaret. Sentimiento ad- vino así (Cipria., epistot. 63; Augus., Ruper.,
mirable, que parece que quiso este gran Pa- Eucher.). Exuebat vestimenta sua dice San Ata·
nasio (Athan., Orat. de Pas.), decebaf enim, ClIm
dre de la Iglesia decir que por la gloria de un
ladrón quiso Cristo morir m uerte tan infame. hominem introduceret ill paradisum, exuere tu/licas, quas accepit, a paradiso eiiceretur: Sólo
aquel vestido tenía del viejo Adán que para
§ II
cubrir su desnudez le había dado Dios des¿Pero qué diré de la desnudez? De buena pués del pecado, y ese se despoja para camigana no hablara de e50 y lo dejara para la nar al Paraíso. Tal subió á la cruz, dice San
Ambrosio (Lib. 10 in Lucam), cuales nos forconsideración de los contemplativos, porque
más es para callado que para escrito ni predi- mó naturaleza, cuyo autor es Dios. Tal mocado. Artemiodoro (Arthem., Ii. 2, cap. 18),
raba en el Paraíso el primer hombre, y tal el
hablando de los crucificados: Crucifigi (inquit)
hombre segundo entró en el Paraíso. Algunoxium eral' div iti, quia pauper redigebafur, cum
nos l1an querido decir que le cubrieron las
nudus crucifigeretur. Hacian esto los tiranos
partes de la honestidad con algún lienzo, funpara mayor deshonra y afrenta de los que cru- dados en una revelación de Santa Brígida,
ciJicaban. Hacian la cruz y tendíanla en el que veremos en la cuarta parte, y parece que
suelo, barrenaban por los clavos, y en tanto 10 había el Señor de querer ansí, por la indese desnudaba de todos sus vestidos el reo,
cencia que consigo trae la desnudez b un
hasta de la camisa, y tendido sobre la cruz hombre grave y honesto. Y parece también
le enclavan. Otras veces la fijaban en tierra y ser esto ansí de las pinturas antiquísímas del
subían en un tablado al ladrón y con sogas
Crucifijo, que todas tienen velo que cubre
sustentaban los brazos y los apretaban á la
aquel lugar (Tostatus, Onchelo, et Lyranus,
cruz para fijarlos con clavos. Del santo mar- in capit. 3 Genesis). Peró la sentencia común
es, y lo que yo creo, que subió á la cruz destir Dion leemos (Anta. Gallonius, de Sanctomm Marfyriis, 1. 1), que para crucificarle le nudo, en cueros, sin hilo de ropa. (Asserunt,
desnudaron en cueros, y él, los ojos en el cie- quod Clzrisfus uf Pafrem placaret, qui ab occilo y dadas gracias á Dios, se extendió en la dente maledixeraf Adam nUdum, in cruce Illldas
cruz á donde había de ser puesto y enclava- occiden/em respiciebat, dicens: Asfabo tibi, et
do. ¡Ay Cristo santo, que no te perdonaron en
videbo; quoniam nOll Deus volens iniquitatem
files) (1). Ansí 10 sienten los autores citados, y
esta ocasión tus enemigos! Desnudáronte de
tus vestidos y repartiéronlos entre los sayo- San Buenaventura y Rodulfo, de que arriba hines y ministros de justicia (Mat., 27; Mar., 15; cimos mención. Y es conjetura no pequeña el
Lucae, 23; loan., 19). Y esta filé la tercera vez,
desnudo de todo en todo para amarrarle á la
como 10 afirma San Buenaventura (Meditaciotiones vitae Clzristi secllndum Bonavenfuram. Véanes vitae Christi (1); Landulphus, Vitae Clzristi,
(') Tampoco reconoccn los Padres de Quarachí
como obra del Doctor Seráfico este opúsculo que,
según Bartolomé de Pisa, escribió un franciscano
llamado Fr. Juan de Caulibus con el título Medita-

se la Disertación antes citada, pág. 25.
(1) «Afirman algunos que Cristo para aplacar á su
Padre, que desde el Occidente había maldecido á
Adán dormido, miraba estando cn la cruz hacia
Occidente, diciendo: «Me pondré en tu presencia y
te miraré, porque eres Dios que 110 quiere la maldad.»

CAP. XIII. DESHONRAS DEL CRUCIFICADO PARA NOSOTROS HONROSAS

columna, á donde habia de ser azotado en
todo el cuerpo; cosa en que ninguno hasta
hoy puso duda. Y de la impiedad de sus enemigos todo esto se puede presumir, á cuya
voluntad le entregó Pilatos. Y cuando alguno
de los amigos quisiera cubrirle, ¿cómo se había de atrever entre tantos enemigos? Y si
levantamos la consideración á la divina providencia, ningún inconveniente se ofrece en
que consintiese ser despojado y desnudo el
que venia con su desnudez á cubrir la nuestra y mostrar á todo el mundo una perfectísima renunciación de todas las cosas temporales.
§II1

Dúdase si le crucificaron con la corona de
espinas, y responde el muy religioso y muy
docto padre Juárez que si, y que es sentencia común de todos los Santos, aunque algunos tienen lo contrario. En la tercera parte lo diremos, y 1:lqui no más de esto, por decir del titulo que en lo más alto y cabeza
de la cruz le ponian para aumentar más la
deshonra del que moría crucificado. Así se
colige de Suetonio Tranquilo (In Caligula,
c. 38) y Dion lo dice por estas palabras (In

Domitiano, c. 10): Litteris causa mOl lis aperiebatur ('). Esa manera de deshonra no le faltó
á Cristo, porque los Evangelistas todos lo
dicen, aunque por diferentes palabras. San
Juan le llamó titulo. San Lucas, sobr~escri­
to: Erat autem superscriptio: San Mateo, causa: lmposuerant super caput eius causam ipsius
scriptam. San Marcos, recogiendo en uno lo
que San Mateo y San Juan dijeron, dijo: Erat
titulus causae eius inscriptas. La razón desta
ceremonia se fundaba en la atrocidad que
trae consigo el matar, queriendo, á un hombre, y la satisfacción que esto pide en los
que lo hacen yen los que lo miran. De manera que para que no sea juzgado por tirano
el principe, haciendo justicia de algún hombre, manda que lleve escrita su causa ó que
á voces la publique el pregonero. El título
de Cristo manifestaba la persona, la patria
y la causa de su muerte: lesus Nazarenas, Rex
ludaeorum. Jesús ·dice la persona; Nazarenus, la patria; Rex ludaeorum, la causa. Y porque les pareciá á los judíos que ésta no se
(') «Con letreros se manifestaba la causa de la
muerte»
OUIUS MíSTICAS DSL

1'.

ANGELES.-34

529

declaraba suficientemente, se fueron á Pilatos y le dijeron (loan., 19): NoZi scribere Rex

ludaeorum, sed qaia ipse dixit Rex sam ludaeorum (i). Esta causa se escribió en tres lenguas, griega, hebrea y latina, para que todos
los que en Jerusalén había de diversas naciones, principalmente griegos, hebreos y latinos, á los cuales más que á otros se comunicó el fruto de la pasión, la leyesen y entendiesen. Y aunque han querido decir algunos que estas letras se escribieron en la cabeza de la cruz, lo certísimo es que las mandó Pilatos escribir en una tablilla y fijarlas
con tres clavos en 10 más alto della. Lo
cual se colige de las palabras de San Juan:

Scripsit aatem el titulum Pilatus et posuit super crucem: Escribió aparte el título y púsole
después de Cristo crucificado en la cruz. Y
es autor Rufino (1 Hist., c. 1): que en la invención de la cruz el título se halló aparte, y
se muestra hoy en Roma e n la iglesia titulo
Sanctae Crucis. San Cipriano dice (Lib. de
montibus Sion et Syna) que inspiró Dios á
Pilatos para que pusiese este título. Santa
Brígida (lib. 4, c. 70) dice que estaba escrito
en una tablilla, y que le pusieron en lo más
alto de la cruz, para que fuese manifiesta á
todos la temeridad de un hombre que se hacía rey no lo siendo. San Juan Crisóstomo
dice (Hom. 84 in loan.) que fué este título
para quitar la infamia de la muerte, que si
moría Cristo crucificado, al fin era Rey. Otros
dicen que fué para afrenta de los judíos, que
á su rey crucificaban. Y así lo dijo Pilatos:
Regem vestrum crucifigam? Y esa fué la
porfía dellos para que el visorrey quitase
aquel título y /la perseverancia dé!. Quod
scripsi, scripsi. Algunos lo atribuyen á la vanidad de Pilatos, que escarneció de Cristo y
se quiso gloriar de que había hecho justicia
de un rey de judíos. Yo creo que fué para escarnio de Cristo; que como burlando de Él
le pusieron cetro y corona, ansí le pusieron título de rey. Ave, Rex ludaeorum, decian
los sayones, y Pilatos: lesus Nazarenus, Rex
ludaeorum (Euseb., lib. 5, c. 1). Empero como
en el hecho de la verdad .era rey dellos, fué
providencia de Dios que se le pusiese el tí(') «No quieras escribir Rey de los judíos, sino
que él mismo dijo: Yo soy Rey de los judios». Por
distracción citó el autor al margen el cap. 3 de los
Hechos apostólicos, lo que es de San Juan.

530

VERGEL ESPIRITUAL DEi.. ANIMA RELIGIOSA

tulo en esa forma y que el juez 110 le mudase ni quitase. Oyó á su difunto el Padre
Eterno, que en el salmo 56 le dice: In finem,
ne disperdas pro tituli inscriptione: No consientas, Padre mío, que se borre el título de
mis deshonras Ansí lo sienten Cirilo, Isidoro, Eutimio y Teofilato; f!J yo digo que todas estas circunstancias que en la muerte
del Señor se hallaron, para su deshonra, se
convirtieron en honra y gloria suya. Y una
de las señales más ciertas de que es Dios
el que muere en la cruz.• á mi parecer, es
haber levantado tanto el instrumento de su
infamia y héchole tan glorioso que los cristianos le deseen y los demonios le teman.
Los antiguos levantaban la cruz para colgar
della los trofeos y armas de los enemigos.
Desmochaban un árbol, y en lo alto dél la
clavaban en aquel lugar en que los contrarios habían acogidose á los pies. Fué la cruz
monumento ó acuerdo de nuestra salud y de
la victoria de Cristo. Y en v.erdad que he
juzgado por buen pensamiento el de un moderno que la señal que dijo Simeón, teniendo
á Cristo en los brazos, que había de estar
puesta en el mundo para contradicción, lo entendió de la cruz (Luc., 2): Hic positus est in
ruinam, et in resurrectionem muliorum in Israel, et in signum, cui contradicetur. Porque,
como dijo el Apóstol (1 Cor., 1), la plática ó lenguaje de la cruz en los precito s ó reprobados es necedad y locura; mas en los
predestinados, virtud y sabiduría de Dios.
Es aquella señal que dijo Isaías (Esai., 11):
In die illa, radix Iesse, qui siat in signum populorum, ipsum gentes deprecabuntur, et erit
sepulchrum eius gloriosum: En aquel día la
raíz de Jesé,. que está en señal de los pue-'
blos, á él harán oración los .pueblos, y su sepulcro será glorioso. Habla de Cristo á la
letra, y al parecer crucificado, porque tras la
señal levantada puso la sepultura, que al
fin se siguió á la crucifixión el entierro.
Está puesto por señal de misericordia en
la cruz, y comq victorioso y ,triunfador de la
muerte, del pecado y del demonio, para consuelo y esperanza de los pueblos y para que
las gentes hagan oración á Él Y esperen en Él,
que la cruz altar es á donde se hizo aquel divino sacrificio que desenojó al Padre y reparó
al mundo. Y según el parecer de hombres doctos, de la cruz se entiende aquello del mismo Isaías (Esa!., 19 d; Alfons. Paleot., de

Sacra syndone, c. 6): In illa die eri! aliare
Domini in medio lerrae Egypti, el titullls Domini iuxla lerminum dus: el erit in signum el
testimonium Domino, et mittet eis salvatorem
et PI opugnatorem, qui liberel eos: En aquel
día, conviene saber, en que Dios habia de
morir, habrá un altar del Señor, que será la
cruz, en medio de la tierra de Egipto, esto es,
en Jerusalén, que por afrenta se llama Egipto, porque los judíos vivían como gitanos
(Mag. Leo, in Esaiam) ó como quieren algunos, y bien (Tertul., in lib. de Spectaculi~), y
parece insinuarlo San Jerónimo, en Inedio
del mundo, que al fin Egipto faltó y está poseído de bárbaros idólatras y sin el conocimiento de Dios verdadero. Et titulus Domini iuxla terminum eius. Septuaginta, ad fines
eorum Domino. Algunos, pro título, trasladan columna. Y si dijéremos que es la Iglesia católica, tendremos de nuestra parte á
San Pablo, que en la primera caita á Timoteo la llama así (I ad Thim., 3). La palabra
hebrea significa estatua y columna. Vatablo,
Statua iuxta terminum eius Deo. Y podemos
decir que esta estatua es la imagen de Cristo crucificado, que se levantó y puso para ser
adorada en los fines de Egipto, ó por todo el
universo del un polo al otro, pronóstico cierto
de la abrogación de la vieja ley y introducción de la nueva en el mundo. Usque ad fines
orbis. Ita Tertulianus. Pué una como repre~
sentación de lo que es el mundo la tierra de
Egipto, que toda ella hervía en vicios y pecados abominables. Et erit in signum el testimonillm Domino exercitullm, tetra Egypti.
San Jerónimo interpreta esta señal de la cruz
sacratísima, que quedó en el mundo para
memorial de la Pasión del Redentor, que es
el Salvador y defensor que aquí (1) promete
Isaías de parte de Dios á los hombres. Et
aspicient in eum, quern confixerunt. Mirarán y
pondrán los ojos en aquél que enclavaron en
la cruz.
Para eso se puso en ella, para ser mirado
de todos y adorado como Dios, y vencer al
demonio que vencía en el madero, y que saliese la vida de donde había salido la muerte, como ya dijimos.
(') En el texto anterior, tomado del cap. 19; porque la autoridad que sigue (Mirarán al que enclavaron ó traspasaron) es del profeta Zacarias, capítulo 12, donde dice me en vez de eum.

CAP. XIII. DESHONRAS DEL CRUCIFICADO PARA NOSOTROS HONROSAS

§ IV
y porque echemos el sello á esta doctrina,
quiero referir aquí unas razones de San Andrés apóstol y acabar con ellas el capítulo.
Habla con Egeas, Procónsul, que contra Cristo blasfemaba. El primer hombre, dice el
santo, por el árbol de la prevaricación ó
transgresión introdujo la muerte en el mundo, y era necesario al género humano que
por el árbol de la cruz la muerte que había
entrado saliese y fuese expelida; y porque de
tierra no maculada había sido formado el
primer hombre que por el árbol de la prevaricación habla introducido en el mundo la
muerte, necesariamente hubo de nacer de
la inmaculada Virgen un perfecto hombre, en
el cual el Hijo de Dios que crió al primero
hombre, reparara la eterna vida y se la restituyera á los hombres, la cual por Adán habían perdido, y por el árbol de la cruz excluyese el árbol de la concupiscencia, y extendiese sus inocentes manos en la cruz por
las incontinentes manos que se extendieron
á la fruta vedada, y por el suave bocado que
le era vedado gustase hiel amarguísima, y recibiendo en sí nuestra mortalidad nos ofreciese su inmortalidad. Esto es de San Andrés. Y es advertencia de los Padres de la
Iglesia que en la misma hora que Adán cogió y comió el fruto vedado, que fué la sexta, en esa misma subió Cristo en la cruz, y
en la hora que Adán fué lanzado del Paraíso,
que fué la nona, en ella abrió Cristo con su
muerte el Paraíso. Y también cuadra aquí
que el hombre fué formado en el princip,io
del mundo en la feria sexta, que es el viernes, y en el mismo día, habiendo pecado y
caido de aquel estado felicisimo, fué reparado por Cristo; y como desnudo Adán perdió á los hombres, así los amparó Cristo en
la cruz desnudo. Y si queremos pasar adelante en esta contraposición, hallaremos que
Adán nos destruyó en un huerto, que los
griegos llaman paraíso, y Cristo fué preso en
otro huerto para que de allí comenzase la satisfacción de donde había comenzado la rebelión. Esto es lo que Adán entonces hizo: él,
con su libertad, nos hizo cautivos; Cristo, con
su cautividad, nos libertó. Y como Adán, sin
recibir por ello premio alguno, nos entregó
al demonio; así Cristo nos redimió de balde,
según que lo dijo Isaías (Esai., 9): Gratis ve-

531

numdati estis, et sine argento redimemini. Sin
dinero, mas no sin sangre, como lo dijo San
Pedro (1 Petri, 1): Non corruptibilibus aura, vel
argento redempti estis.. sed pretioso sanguine, etc. San Agustín dice (Lib. Doctrina Christiana) que la cura de nuestra enfermedad se
hizo como las de otras enfermedades: por
cosas contrarias y semejantes. Por contrarias, porque con su humildad desterró la soberbia, y porque por el corrompimiento del
ánimo de Eva entró la enfermedad, se ordenó
que por la integridad del cuerpo de María
procediese la salud. Por semejantes: vemos
que los engañados por mujer, nacido Cristo
de mujer, hombre y mortal, libró á los hombres mortales, y á los muertos, de la muerte.
Servio, gramático, es autor que se les ofrecían
á sus falsos dioses sacrificios semejantes y
contrarios. A Plutón negro, el ganado negro;
el caballo al sol, por su ligereza; á la diosa
Ceres, la puerca,'que destruye las mieses, de
que ella es defensora; el cabrón, que tala
las viñas, á Libero; á Esculapio, dios de la
salud, la cabra, á la cual jamás faIta calentura (Ovid. et Virg,). Estos gentiles ofrecían
á sus ídolos sacrificios semejantes y contrarios, y nuestro Dios quiso que en el negocio
de nuestra salvacíón, para su hermosura, se
hayan buscado tales (Benavides, c; 4). Yo digo
que por la ignobilísima cruz quiso Dios destruir la arrogancia hinchada del siglo y confundir la vana (') sabiduría. Ninguna cosa más
asquerosa que la cruz ni más aborrecible,
como queda dicho, y tanto que la hacían de
árboles infelices ó desdichados (Plin , lib. 10,
c. 27; Macrob., lib. 3 Saturn.; Franciscus Sylvius; Rodigeni, lib. 1 Lect. antiquorum, c. 7)
ó porque servían á este ministerio de matar
los hombres, ó porque eran infructuosos y
de los que ni se plantan ni se cultivan. Pues
á esta cruz infame y desdichada se rindieron
todas las cosas: la' doctrina de los hombres
más agudos, la elocuencia de los mayores
oradores, la potencia de los mandones, como
lo dice San Pablo muy á la larga escribiendo
á los de Corintio. ¿Por qué escogió Cristo la
cruz, Apóstol santo y Doctor de las gentes?
Escogió las cosas ínfimas, enfermas, estultas
y sin nobl\:!za para confundir las contrarias.
Lo cual enseñó claramente la experiencia;
porque la cruz predicada por unos pocos
(1) El impreso dice una.

532

VERGEL ESPIRITUAL DEL ANIMA RELIGIOSA

hombres indoctos, sin nobleza y pobres, sobrepujó yatropelló y rindió las riquezas, la
doctrina, la nobleza y la potencia. La cruz, que
de antes se daba por pena de culpas gravísimas, ahora está en sumo precio, no causa horror ni comunica sino honra. No es cosa grande ver que se honren las riquezas y que la potencia se reconozca y se venere, ni que.la
doctrina sea amada, pero fuélo que todas
estas ventajas, privilegios y honras se le dan
á la cruz, y á la pena, y al castigo. An,tiguamente decían los gentiles á los cristianos: ¿Qué
corazón es el vuestro que adoráis un Dios
crucificado? Y respondían ellos con el Apóstol: Vosotros sois sabios y nosotros insipientes; pero más queremos ser necios con
Dios que con vosotros sabios. Y á la verdad; mirado con la prudencia de carne, que
San Pablo dijo enemiga de Dios, ninguna
cosa tan estulta como, pudiendo Cristo con
una palabra derribar á todos sus enemigos y
alcanzar victoria deIlos, quisiese ser preso,
azotado, escupido, abofeteado, coronado de
espinas y puesto en una cruz entre dos ladrones. Necedad parece, mas esta necedad
vence toda la humana sabiduría. Sucedió
como si viendo un indiscreto en tiempo de
sementera arrojar el trigo en la tierra, juzgase del labrador que era necio y que iba
perdido aquel grano porque se había de corromper; pero en el hecho de verdad, el labrador piensa, y es eIlo ansí,. que obra con sabiduría, considerando que á su tiempo ha de coger
multiplicado su trigo. Al fin, no se ha de huir
la corrupción que nos es causa de bienes
multiplicados y crecidos. ¿Quién sin lumbre
de fe miró á Cristo crucificado que no haIle
allí algo de estulticia y necedad? Pero el cristiano, alumbrado con la lumbre de la fe, alli
medita y contempla la mayor sabiduría, porque aquella muerte parió la vida y la inmortalidad y frutos que no pueden numerarse. y
basta lo dicho, por que pasemos á otras cosas.
CAPíTULO XlVi
De la generalidad de las pasiones de Cristo y
grandeza de sus dolores, y de cómo se compadecían en Él sumo gozo y suma, tristeza.
§I
Antes que lleguemos á tratar de la multitud y generalidad de las pasiones y penas de

Cristo, me pareció necesario prevenir á los
lectores con una doctrina, á mi parecer, importantísima. Que no usó Dios de milagro
con su Hijo para que en sus tormentos no
sintiese lo que un hombre puro suele sentir
en los suyos (Somnius, de Passio, c; 3), como
lo hizo con muchos de los Santos que, padeciendo, se reían de los que los martirizaban
y d"e los martirios. Como San Lorenzo, que,
puesto á asar en las parrillas, dice al tirano
que las brasas le sirven de refrigerio. Y San
Esteban, que á las piedras llamaba dulces. Y
San Andrés, que se regala y requiebra con la
cruz y la saluda de lejos. No dijeron de Cristo cosa semejante los Evangelistas. ni los
Profetas nos lo dejaron escrito; lo contrario,
sí; porque instando la hora de su pasión,
comenzó á tener miedo, tedio, tristeza y desconsuelo grande, y dijo (Mat., 26; loan., 19;
Luc., 21; Esai., 53): Triste está mi ánima hasta
la muerte; y en ella se queja al Padre, y dice:
¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me habéis desamparado? Y en los salmos se hallan quejas
suyas (Psal. 21): Tus espantos me han conturbado; humillado estoy y turbado en gran
manera. Admirable y sacrosanto misterio el
de la unión hipostática, por la cual se hallaron juntas en Cristo dos naturalezas, divina
y humana, en unidad de supuesto, con tan
maravilloso artificio, que ni la divina impidiese las propiedades, acciones y pasiones de la
humana, ni la humana excluyese la omnipotencia ni los otros atributos de la divina. Y así fué que, para que el sacramento
de nuestra redención fuese consumadísimo y
perfectísimamente acabado, tanto padeció la
humana naturaleza de Cristo, cuanto en cualquiera hombre puro pudiera padecer, no impidíendo en alguna cosa la divinidad el sentimiento del dolor. Y para que esto se entienda mejor y ninguna ocasión quede de turbación á los menos sabios, se ha de notar (presupuesta la unión de las dos naturalezas en
una persona divina) que se hallan en las
Santas Escrituras tres diferencias de obras
atribuídas á Cristo: unas, que son de sólo
Dios, como vivificar, justificar, perdonar pecados, beatificar y cosas semejantes; otras,
que en ninguna manera le pueden convenir á
Dios, en cuanto Dios, sino en cuanto hombre, como obedecer, orar, sacrificar, agonizar,
sufrir tormentos, haber miedo, entristecerse
, y morir; otras, que ni son de puro hombre ni

CAP. XIV. CÓMO EN LOS GRANDES DOLORES DE CRISTO SE UNIÓ SUMO GOZO Y TRISTEZA

de Dios á solas, sino de Cristo Dios verdadero y Hombre verdadero, como poner su vida
á su voluntad y volverla á tomar, resucitarse
á sí mismo de los muertos, pagar el precio
condigno por todos los pecados del mundo.
Nótese 10 segundo, que conforme á estas dos
naturalezas tan diferentes y distantes entre
sí, hubo en Cristo una vida doblada Ó, por
decirlo más claro, dos vidas, una increada,
que es la sempiterna deidad, que no puede
morir; otra criada, que es de la humana naturaleza, que consta de carne y de ánima
racional; según la cual, nos dicen los Evangelistas (Math., 27; loan., 19; Marc., 15) que murió Cristo en la cruz por la separación ó
apartamiento del ánima de su cuerpo. Y conforme á esta advertencia, consideramos también sabiduría doblada, potestad doblada y
doblada voluntad; conviene á saber, criada é
increada. La voluntad criada en Cristo, como
en los demás hombres, es en dos maneras:
una natural, según el sentido de la carne, que
naturalmente apetece la vida y naturalmente aborrece la muerte, de que consecutivamente le viene el temer, el tener tedio y el
entristecerse y el sudar sangre con la representación del rigor de la Pasión, que esperaba en breve; la otra es racional, que según
la razón de la mente halla y determina que
se ha de dar la vida por la salud de los hermanos y por obedecer á Dios en todas las cosas.
Verumtamem non mea voluntas, sed lua f¡al
(Luc., 22). Lo tercero que se ha de notar es
que el ánima de Cristo, que es la otra parte
de la naturaleza humana, como en los demás
hombres, tuvo dos porciones: una superior,
con que contemplaba las cosas divinas y celestiales; otra inferior, con que atendía á
las cosas que pertenecen al cuerpo, que está
vecina á los sentidos. Según la primera y superior, ansí en los tormentos como en la muerte, siempre gozaba de la contemplación de la
divinidad; según la inferior, vecina, como
dije, de los sentidos, temía y se dolía y estaba triste y rehusaba el morir. De manera que
por divina dispensación ansí estaba ordenado
en esta dualidad de naturalezas, voluntades y
partes del ánima, que el sumo gozo de la divina fruición no quitase ni mitigase en Cristo el sentimiento de ningunos tormentos ni
penas, ni los dolores terribilísimos del cuerpo
disminuyesen un punto el sumo gozo. Zarza
que vió Moisén .(Exod., 3) toda bañada de

533

fuego, y con su verdor natural, figura certisima de la Encarnación del divino Verbo y
del misterio de que voy hablando.
§ II
y aunque parece imposible que uno mismo
se goce y se duela en un mismo tiempo, sin
que la pasión disminuya la fruición ni la fruición menoscabe el dolor (S. Th., q. 46, art. 7
y 8), no lo es si se consideran diferentes
naturalezas y partes divisas de una naturaleza; como si dijésemos padecer según la carne y los sentidos, y gozarse según el espírítu, como de muchos Santos lo tenemos leido
y lo creemos de los apóstoles (Actuum, 5),
que salían de las audiencias llenos de afrentas y llenos de consuelos. Y si ningún tormento ni adversidad apartan al hombre santo
de la fe, confianza y amor con que firmísimamente se llega á Dios, ¿qué maravilla que
nada des o impidiese en Cristo la fruición de
que se gozaba, según la porción superior de
su ánima, por la unión que los teólogo~ dicen
hipostática? (Franciscus Somnius, de Pasione Domini, c. 3). Y si la fe, esperanza y amor
con que los mártires se llegaban á Dios no
les quitaba el sentido para los dolores, ¿qué
mucho que la divina fruición, que estaba en
la porción superior del ánima de Cristo, no
le quitase la tristeza, el dolor, el tormento y
la muerte que se padecia en la carne y porción inferior del ánima? Añadamos á lo dicho
lo qu~ valdrá para muchas ocasiones. Si en
el hombre pio y santo hay dos maneras de
vida, una divina y eterna, otra humana y
mortal, y muriendo la humana vida por la separación del i\nima de su cuerpo, se queda la
otra en su inmortalidad, por la conjunción del
ánima con Dios, mediantes los dones de gracia, de manera que el ánima del justo vive
continuamente en los tormentos y en la
muerte y después de la muerte corporal
¿ qué maravilla que en Cristo hubiese dos
vidas y que muriese, según la una, por la separación del ánima de su cuerpo (como de
hecho murió en la cruz), quedándose la otra
en su eternidad? Sí, que la unión hipostática
de la humanidad con la divinidad siempre
perseveró en la vida, en los tormentos y en
la muerte y después de la muerte de Cristo.
Que, como los teólogos dicen, lo que una
vez Dios tomó, nunca lo desamparó, ni des-

534

VERGEL ESPIRITUAL DEL ANIMA RELIGIOSA

ampara tampoco al hombre justo que una
vez recibió en su gracia, si él por el pecado
no se aparta y se aleja de El. La conclusión
de lo dicho es que en Cristo hubo verdadero
tedio, verdadero temor, verdadera tristeza,
verdadero dolor, verdadera aflicción, verdaderos tormentos, verdadero desfallecimiento de
las fuerzas naturales, hasta apartarse el ánima del cuerpo, no obstante que era Dios y
que perpetuamente y sin ninguna interpolación ni de un instante permaneció en Ella fruición de la divinidad, según la porción superior de su ánima. Lo cual tiene Santo Tomás
en el art. 8 de la 3 p., q. 46, en el cuerpo del
artículo. Consequens est (dice) quod saperío,.
pars animae perfectefruebatur, Christo patiente.
Ansí lo sienten comúnmente los doctores.
Pero quédese esto por agora, y hablemos
aquí, si podemos, de la generalidad de las
penas y dolores de Cristo Señor nuestro y
de su rigor; aunque tratando de la cruz menmal dijimos mucho; pero no quede excusado
por eso de tratar de lo corporal y real, de lo
que agora hablamos de propósito.
§I1I

Pregunta Santo Tomás si padeció y sufrió
Cristo todas las pasiones que sufrieron todos los hombres ó todas las que pudo sufrir
un hombre. San Hilario parece que da ocasión
á esta pregunta, porque en el libro 10 de Tri!zitate dice (I-lilar., lib. lO, in. 2 folio á principio libri) que padeció todo género ele pasiones humanas. Y de aquel lugar de Isaías
(Esai., 25): Ecce intelliget servus meus, ef exalfabitur, et elevabitur, et sublimis erit valde;
sicat obstupuemnt super el/m 11ll/lti, sic inglorius erit infer viros aspectl/s eius, et forma eil/s
¡Ilter filios h011linum, se colige lo mismo; porquc si conforme á la exaltación en la ciencia y en la gracia, de que muchos se admiraron y pasmaron, hubo de ser el abatimiento
y el desprecio de su persona, bien parece que
se sigue que ningunas penas había de haber
en los hombres que no se registrasen y probascn en El, tan abatido como engrandecido.
Tuvo toda gracia y toda sabiduría y toda la
riqueza del cielo; luego pasó por todas las
pasiones que le pudieron poner en estado
que de verle pasmasen los hombres, no viendo en él hermosura ni figura de hombre. Y si
la pasión de Cristo se ordenó para librar de

todo pecado al hombre, bien viene que se
diga que padeció todo género de pasiones.
Responde el Doctor santo en el cuerpo del
artículo, que aquí se trata de las pasiones
que padeció Cristo en lo de fuera, por manos
de hombres, no de las causadas de lo interior, como las enfermedades, que esas no las
padeció ni convino que las padeciese, ni que
padeciese todas las especies y diferencias
de pasiones, porque unas á otras se contradicen y no es posible hallarse en un hombre;
como si uno muriese ahogado no podría morir quemado. La verdad es que padeció todo
género de pasiones humanas, en este sentido liso y llano. De parte de los hombres
fué su pasión universal, porque padeció de
los gentiles y judíos, varones y mujeres; de
los príncipes y sus criados, de los reyes y
de los populares, de sus familiares y más
conocidos, que uno le vende y otro le niega,
y los demás huyen. De parte de las cosas
en que los hombres pueden padecer y ser
damnificados, padeció Cristo en los amigos,
que le faltaron en aquel tiempo; en la fama,
de muchos que le blasfemaron; en la honra
y gloria, por las afrentas y escarnios con
que le baldonaron; en la hacienda, dejándole despojado de sus vestidos y repartiéndolos entre sí los soldados; en el ánima,
por tristeza, tedio y miedo, de que se vió
llena y muy rodeada; en el cuerpo, por llagas
y azotes. Y decendiendo, en particular, á los
miembros dél, ¿cuál dellos quedó sin dolor?
Padeció en la cabeza, con la corona de espinas; en las manos y pies, con los penetrantes
clavos; en el rostro, bofetadas y esgarros, y
en todas partes crueles azotes. Pues, los sentidos, ¿quedaron sin su propio dolor? No por
cierto; porque por el tacto padeció con los
azotes y clavos; por el gusto fué atormentado
con hiel y vinagre; por el olfato padeció los
malos olores del Calvario, lugar de muertos,
adonde había cantidad de huesos y calaveras;
por los oídos padeció blasfemias y malas palabras, y por los ojos, con la vista de la afligidísima Madre y del amado discípulo, que
lloraban amargamente viéndolo padecer y morir. Esta doctrina es llanísima, y no le contradice 10 que pusimos de Hilarío, porque no dijo
que padeció Cristo todas las especies de pasiones, sino todo' género de pasiones, en el
sentido que habemos ido siguiendo. Y el profeta Isaias no trató del número de las pasiones

CAP. XIV. CÓMO EN LOS GRANDES DOLORES DE CRISTO SE UNIÓ SUMO GOZO Y TRISTEZA

contraponiéndole al número de las gracias,
. sino del ensalzamiento y abatimiento, que á
la medida de lo primero había de ser lo segundo. Y si dijimos que la pasión de Cristo
se ordenó para la liberación de todo pecado,
y que convenía que fuese universalísima, decimos que la más pequeña gota de sangre
bastara para ello, mas no quedara satisfecho
Cristo (tan grande era el amor con que moría) si le quedara alguna en su cuerpo que
no la derramara. De manera que lo más que
Cristo padeció fué para satisfacerse á sí, y
lo menos, para redimirnos á nosotros. Quiso
que viésemos su amor en nuestra necesidad,
excediendo en el remedio, porque campease
más y diese q1ayores llamaradas su tanta caridad. Cayetano advirtió agudamente que los
males de pena, por haberlos probado Cristo
y padecido, quedaron como deificados y endiosados y dignos de que los deseemos y
nos gloriemos en ellos, cuando por su amor
se nos ofrecieren. Y mucho antes lo había
dicho Damasceno en una palabra (Lib. 3 de
Fide, cap. 20): Omnia haec assumpsit ut sanc-

535

gas del Señor, ni se entenderá hasta el juicio
final. Y si, como dijo Isaías (Esai., 53), quiso el
Señor moler á Cristo y herirle en su carne
mortal y enferma, entregándole á tan malos
y per:versos ministros, ¿qué podemos pensar
de sus pasiones que no quedemos cortos? Lo
que digo es que no debe alguno fingir nuevas
maneras y modos de pasiones, porque no dé
en algún engaño peligroso ó por lú menos
en temerario. .
§IV

Lo que yo pido á los lectores es que cuando se pusieren á meditar en la pasión y muerte de Cristo no se dejen llevar Iivianamel!te de pensamientos impertinentes, fingiendo
para su devoción lo que ni los Evangelistas
dijeron, ni se puede colegir dellos, ni de lo
que los Doctores de la Iglesia escribieron.
Bien pueden los fieles piadosamente meditar
el rigor y acerbidad de las penas del Salvador y entender que fueron gravísimas, de lo
que hallan escrito y de las circunstancias
que, á nuestro modo de entender, la acompañaron. Que si dice Cristo á sus enemigos
(Luc., 21): Haec est hora vestra, et potestas tenebrarum, bien se puede pensar que le tratarian con grandísimo rigor en aquel tiempo. Y
que si conforme á la sed que tenían de la
vida de Cristo y de su sangre habían de proceder, que sería grande la priesa que se dieron para acabar con El, y que inventarían,
como inventaron, todas las maneras de tormentos, ansí del cuerpo como del alma, á ellos
posibles. Y como los demonios los instigaban,
movían y aconsejaban, no se puede acabar de
entender la grandeza de las pasiones y fati-

Yo creo, y en parte queda ya dicho, que
los dolores de Cristo fueron gravísimos y los
mayores que ningún hombre mortal sufrió
jamás ni pudo sufrir, como lo prueba Santo
Tomás (q. 46, art. 6, in corpore articuli). El
dolor en Cristo, dice el Sal1to, ansí exterior
como interior, fué verdadero y sensible: el
exterior se causa de algún damnificativo corporal, herida ó golpe o cosa semejante; el
interior, de la aprensión de alguna cosa dañosa, y lIámase tristeza. El exterior fué en
Cristo el mayor entre los dolores de la vida
presente por cuatro razones: La primera, por
las causas dél, que fueron muchas: conviene á saber, azotes, espinas, clavos, cruz, bofetadas, etc. La segunda, por la generalidad
de las penas, de que ya dijimos. La tercera, del género de muerte cruelísima, porque
á los crucificaLlos los atormentaban rigurosamente con los clavos en partes nerviosas y
muy sensibles, como son las manos y los
pies; y el peso del cuerpo, en tanto que el crucificado vive, le atormenta mucho. Y la duración, ¿no atormenta? Mucho, porque no
mueren de presto, como los degollados ó
ahorcados, sino despacio y lentamente. Las
razones y causas del dolor interior, sobre todos los dolores grande, Íueron gravísimas.
La primera, la multitud de los pecados de los
hombres, por los cuales satisfacía padeciendo, hechos tan suyos, como si los hubiera cometido, como Elmisl110 lo da á entender en el
salmo 21: Longe a salute mea verba delictorum
meorum ('). La segunda, la caída de los judíos, sus naturales, y de los que en su muerte fueron culpados; la fuga de sus discípulos,
la pérdida de la vida corporal, que naturalmente es horrible á la humana náturaleza.

{'} -Tomó todas estas cosas para pagarles á todas
su santidad•.

{J} «Los gritos de mis delitos apartan de mi la
dicha>.

titatem omnibus afferret (1).

536

VERGEL ESPIRITUAL DEL ANIMA RELIGIOSA

Puédese lo tercero considerar la grandeza
del dolor de Cristo por parte de la perceptibilidad del que padece, así, según el ánima
como según el cuerpo. Mas, ¿qué complexión
la de Cristo, para no padecer mucho en. cualquiera trabajo, así corporal como espiritual?
¿Qué ánima tan viva y tan inteligente como
la suya? Ninguna; ni que así pesase y aprendiese las causas que le podían acarrear tristeza y dolor. Pues consideremos cuán puro
bebió Cristo el cáliz de su pasión: ningún
rastro de consuelo se halló en él que mitigase é impidiese en alguna manera el sentimiento della, como se suele hallar en los
demás hombres que padecen, que se valen
de la consideración de la razón, y della se
deriva á toda el ánima consuelo, que redunda
también á veces en el cuerpo, lo cual no sucedió en Cristo, que, como advirtió Damasceno (Lib. 3, cap. 15 á medio), dejó á sus fuerzas naturales lo que á cada una le era propio,
Añadamos la cuarta razón, que hace gravísimo el dolor de Cristo en sus pasiones: el
haberlo El tomado voluntariamente, con el fin
de librar á los hombres del pecado, y ansí
tomó tanta cantidad de dolor que tuviese
proporción con la grandeza de los frutos que
de ahí esperaba; que aunque parece que esta
razón se nos entra á la sorda y que es poco
lo que engrandece el dolor de Cristo, para
mí es admirable y digna de pesarse y ponderarse, porque los frutos, como adelante veremos, fueron sobremanera grandes y muchos y que exceden todo número y estimación. y si conforme á ellos tomó' Cristo las
pasiones y dolores, lo uno y lo otro pese
quien supiere, que yo no lo alcanzo ni sé que
algún hombre mortal pueda alcanzarlo. Ansí
lo dejo en este punto para la consideración,
suplicando á Dios nos lo cié á entender, y el
sentimiento que merece. Y quien gustare de
ver esto tratado más copiosamente, lea á
Francisco Somnio (Lib. de Passione, cap. 2) y
lo que queda dicho tratando de la pasión
mental, que es mucho y bueno.
CAPÍTULO XV

Que se debe llorar la muerte de Cristo Señor
nuestro, aunque hay materia de gozo en ella.

§ 1
Preguntan los Doctores y Santos si es bien
y cosa conveniente y acertada llorar la muer-

te de Cristo Señor nuestro, como la celebra
y llora la Iglesia cada año en la Semana San:..
tao Algunos, considerando el grandísimo y
hermosísimo fruto de nuestra redención, dicen
que no. Paréceles que sería necedad dolernos
de nuestra buena suerte y felicidad tan deseada. L1ámase, dicen ellos, la culpa dichosa
por haber merecido tal Redentor, y ¿ no se
llamará felicísima la misma obra de nuestra
redención? A lo menos, al parecer, tienen
éstos en su favor á Cristo, que viendo llorar
á las mujeres devotas que le seguían cuando
iba con la cruz á cuestas, siendo sus lágrimas
con grande ternura, devoción y amor derramadas, les dijo (Luc., 23): Nolite flere super me,
sed super vos ipsas flete, etc. Como si dijera:
Yo no he menester vuestras lágrimas, que
no muer~ por culpas propias; vosotras las
habréis menester en breve, que los males
que amenazan á esta ciudad y tierra vuestra
os obligarán á derramarlas. Tiempo vendrá
en que digáis: Bienaventuradas las estériles
y las que no parieron, porque no tendrán que
llorar las muertes de sus hijos; sería más tolerable que os cubriesen los montes y que
los collados cayendo sobre vosotras os enterrasen vivas, que ver el estrago que por
todas ha de venir, porque si en mí, que soy
árbol verde y fructuoso, pasa lo que veis,
¿qué pasará en el seco? Palabras son estas
de Cristo Señor nuestro que me han dado
qué pensar algunas veces; porque, en realidad de verdad, las lágrimas que estas mujeres derramaban eran debidas á lOs trabajos
y fatigas de nuestro Salvador, y parece que
fuera mucho más conforme á razón, y á la divina providencia, que en cada una criara Dios
una fuente, y que los ojos de todos fueran
arroyos de lágrimas, no de agua solamente,
sino de sangre, como la que el Señor derramó
en el huerto con la aprensión de los dolores
que iba padeciendo, cuando ellas le lloraban,
que no que se les dijera: No lloréis. Jeremías, cuando vió la perdición de su pueblo y
los muchos que habían de morir á cuchillo,
¿no pide á Dios (Hierem., 9) que le dé una
fuente de agua en su cabeza y arroyos de
lágrimas á sus ojos, para de día y de noche
llorar los muertos de su pueblo? ¿No lloró David la muerte de Saúl, su enemigo (I1 Reg., 1),
y convidó á las mujeres israelitas á que llorasen? Filiae Israel, super Saul flete, qui vestiebat vos coccino in deliciis, qUÉ praebebat in-

CAP. XV. CÓMO SE HA DE LLORAR LA MUERTE DE CRISTO CON MEZCLA DE GOZO

dumenta aurea cultui vestro: Que os vestía de
púrpura y os daba ropas de tela de oro para
vuestro ornato y atavío. ¡Qué razones estas
para lágrimas y qué diferentes las de las
mujeres jerosolimitanas cuando lloraran á
Cristo! Y si aquéstas justas, ¿por qué aquélIas se condenan? ¿No se lloró, y por muchos
días y años, la muerte del rey Josías (I1 Paralip., 35), porque murió en defensa de su
pueblo? Lloróse, y lloróse de todos, chicos y
grandes, y lIoróse de manera que quedó como
en proverbio, cuando alguna calamidad ó
.pérdida se había de llorar, que se llorase
como se lloró la de Josias en el campo Magedon (Zach., 12). Si Matatías y sus hijos
(I Mach., 2), viendo los males de su pueblo,
rompen sus vestiduras y se visten de cilicios,
y lloran sin algún consuelo, y se juzgan por
lágrimas virtuosas, y se dan por bien empleadas, y las celebra la Escritura Santa,
¿por qué á las mujeres que lloran á Dios hombre con una cruz á cuestas, acompañado de
ladrones, con una soga á la garganta, desfigurado de la mala noche, azotes y corona
de espinas, y que le llevaban á crucificar, no
han de ser admitidas ni acepto aquel su tan
loable servicio? «No lloréis». ¿Por qué no han
de llorar, Señor? ¿Llórase josías muerto y no
Dios que va á morir? ¿Llórase Saúl, rey reprobado de Dios, y no el Rey de los cielos?
¿Llóranse los males que vienen sobre jerusalén, y no los que padece la humanidad sacratísima del Hijo de Dios? Llorad, mujeres.
No lloréis, que lo manda Jesús (Luc., 23). ¿No
llorásteis vos la destrucción futura de Jerusalén (loan., 12), cuando con tanta honra entraste en ella el Domingo de Ramos? ¿No
lloraste sobre Lázaro, de cuatro días muerto?
¿Pesa menos vuestra muerte que la de vuestro amigo? ¿Es más para llorar la pérdida de
jerusalén que perder vos la vida, que es vida
de Dios? ¿Quejáisos que os han dejado solo,
pisando el lagar, y que no hay hombre que
se duela y os acompañe, y á las que hacen
esto desecháis? Nolite flere. Muchas cosas
se me ofrecen para desatar esta dificultad,
y no sé cómo me sirva deIlas. Digo lo primero, que no condenó Cristo Señor nuestro
absolutamente las lágrimas de estas devotas
mujeres, porque, como ya dije, eran muy debidas en aquella ocasión, pero quiso que las
mejorasen. Eran de una compasión natural,
que suele llorar los daños del prójimo fácil-

537

mente, y tenían poco de consideración, pidiéndola muy grande el caso, y olvidado de
sí mismo (¡qué alivio fuera que le lloraran
todos!), remitiólas á la causa de sus dolores
pasiones y muerte, ansí general, ansí durisim~
y ansí afrentosa, diciendo: No lIoréis sobre mi,
sino sobre vosotras mismas. Como si dijera:
No paréis en mí con vuestras lágrimas, poco
más que naturales, sino pasad con elIas adelante; llorad vuestros pecados, por los cuales
tales cosas, como veis, padezco. Desta manera se ha de considerar y llorar la pasión
de Cristo, que luego inmediatamente nuestra
ánima conciba odio y aborrecimiento contra
los pecados por los cuales jesús murió. Y el
que oyere predicar ó leyere que fué azotado, indígnese fuertemente contra sus culpas,
de donde tales castigos saliero.n para el Salvador, y diga: Yo, Señor, soy el que pequé y
el que hice mal; pero vos, que como oveja
sois llevado al matadero, ¿qué pecastes? Yo
comí las uvas mal maduras, y vuestros dientes sienten su aspereza. Estas cosas eran las
que daban fuerzas á los sayones, que sin
ellas no pudieran levantar la mano contra
jesús. Al fin, tiene verdad lo que en otra
ocasión dijimos: que la disciplina de nuestra
paz sobre El, con cuyos cardenales quedamos
sanos. Los Hebreos leen este lugar ansí: Castigatio pro pace nostra super eum (Esai., 53).
La libertad y licencia de los hombres en pecar ató á Cristo y le amarró á la columna;
los hurtos de los hombres le azotaron; la soberbia de los hombres le coronó de espinas;
la lujuria de los hombres le llagó de pies á
cabeza. Por lo cual, como solemos repentinamente encolerizarnos contra judas, cuando
oimos, que vendió y entregó á Cristo, y contra Maleo, que le hirió en el rostro, y contra
los judíos, que 'le quitaron la vida, ansi nos
debemos'encolerizar y indignar contra nuestros pecados, que les dieron á todos fuerzas
para t(!.n grande maleficio. Diga cada cual por
si lo que jonás (lona., 1), cuando considerare
esta tan extraña tormenta sobre el Salvador:
Si por mí se ha levantado, tomadme y echadme en la mar y sosegarse ha. ¡Oh quién me
diera que de las lágrimas de mis ojos se hiciera un mar de agua, para arrojarme en él
y llorar de día y de noche los pecados que
tengo cometidos, por los cuales veo á mi
jesús entre las olas hinchadísimas de sus pasiones!

538

VERGEL ESPIRITUAL DEL ANIMA RELIGIOSA

§ II
Llorad, hijas de Jerusalén, no como lloráis,
sino como quiere Cristo que lloréis; primero
por vuestros pecados, como de causa de sus
dolores, y luego y juntamente de compasión
dellos, como de efectos. Fletus deducite, ocuU
mei, dice San Bernardo (San Bem., ser. de
passione Domini), et liquesce, anima mea, igne
compasionis super contritione amabilis vid
huias, quem in tanta amaritudine, tot vides
affeetum doloribus. Ojos míos, haceos ríos de
lágrimas, llorad y no ceséis; y tú, ánima mía,
ablándate, y derrítete, y conviértete en agua
de amarguras con fuego de compasión sobre
el quebrantamiento de Jesús, varón amable,
que en tanta amargura ves rodeado y lleno
de dolores. Y Casiodoro dice (Casiodoro, in
Psal.): Quis illo flente, non fleret? Quis illo
do lente, non gemeret? Quando pro gemmato
diademate, Rex cinerem portat in capite, canus
pulvere, non aetate? ¿Quién será tan duro y
tan obstinado que llorando Cristo, Redentor
nuestro, no llore, y que doliéndose no gima
cuando considera que por corona de oro ó
de piedras preciosas el Rey de la gloria lleva
ceniza en su cabeza, cano por el polvo y no
por los años? Lindas palabras verdaderamente, y para pesarse mucho y estimarse.
San Agustín decía que ningún hombre era
idóneo y suficiente para derramar las lágrimas que merecieron los dolores de Cristo.
Ansí es, que la Iglesia católica, inspirada y
enseñada por el Espíritu Santo, de todas
las maneras posibles hace demostraciones de
la tristeza que ,tiene, pensando en la pasión
y muerte de su esposo Cristo: se enluta y
cubre los Santos, y desnuda los altares, y esconde los sacerdotes, y quita el Viernes Santo la celebración de las misas y la comunión
de los fieles, y busca predicadores devotos
que prediquen y provoquen á lágrimas á los
oyentes, y no se oyen las campanas, sino alguna tabla ronca y de sonido triste. En un Concilio de Toledo, en tiempo de Honorio primo
(Concil. Tole. 4, celeb. temp. Honor. 1, canone 10), en 'que se hallaron los obispos de España y Francia, se determinó y decretó que
los días de la Semana Santa no fuesen de
alegría, sino de tristeza, y que se quitase de
todas las horas el Aleluya. Statuimus ut in
omnibus dieblls Quadragesimae Alleluia non
cantetur, quia tempus moeroris esto Y en el mis~

mo Concilio, canon 6, se ordenó que el que
no ayunase el Viernes Santo, que particularmente está dedicado á la sagrada Pasión del
Salvador, no participase de la alegría de su
santísima resurrección. Quieumque in die passionis Domini, ieiunium, praeter parvulos, senes, et languidos, ante peractas indulgentiae
. preces non solverit, a Pasehali galldio depellalur: neque in ea Saeramentumeorporis et sanguinis Domini percipiat, qui, diem passionis
eills, per abstinentiam non honoraverit. San
Epifanio trata mucho de los rigores con que
en la primitiva Iglesia ayunaban y se afligían
los fieles en la semana que llamaron penosa
(Lib. 3, tom. 1, Contra Aerio). Caeterum per
sex dies ipsius Pasehatis, omnes popllli in
sieeorum esum perseverant; pane (inquam) et
sale, et aqua, tUlle veteres ad vesperam. Sed
et pietatis studiosi duplas et triplas, ac quadruplas traflsmittunt, el aliqui totam Izebdomadam
usque ad gallicinium Dominicae illucescentis;
vigilias autem agunt per sexo Que pasaban algunos dos y tres y cuatro días, y la semana
entera, con riguroso ayuno, sin comer cosa
alguna, honrando con estos ejercicios la pasión de Cristo nuestro Redentor, y,sintiéndola en sí mismos. Y no quiero dejar de escribir aquí lo que el devotísimo Bernardo escribe en el sermón 4 de la Feria de Semana
Santa, cuyas palabras en sentencia son éstas
(Bem., Serm. 4 hebdomadae penosae): Todos
los fieles cristianos en esta Semana sagrada, ó más, ó fuera de lo acostumbrado, honran la piedad, demuestran la modestia, siguen la humildad, vístense de gravedad para
compadecerse de Cristo, que por ellos padece: porque ¿quién tan irreligioso que no
se compunja? ¿quién tan insolente que no se
humille? ¿quién tan iracundo que no perdone?
¿ quién tan regalón que no ,se abstenga?
¿ quién tan fIagicioso que no se modere?
¿quién tan malicioso que no se duela en estos días? Y con razón, verdaderamente, porque tenemos presente la Pasión del Señor,
que hasta hoy mueve la tierra, quebranta las
piedras y abre los sepulcros. Y más adelante: Ninguna cosa se pudiera ordenar en el
mundo ni mejor ni más provechosa que la
celebración de la Pasión del Salvador, con
ceremonia ó rito perpetuo hecho memorial de todos los años en el deseo del ánima,
para que regüelde la memoria de tanta suavidad.

CAP. XV. CÓMO SE HA DE LLORAR LA MUERTE DE CRISTO CON MEZCLA DE GOZO

§1Il

Escribiendo este santísimo varón en un
libro que intituló de la Forma de la vida honesta (Bernar., in lib. joml. vitae /zonestae):
entre otras cosas maravillosas de Cristo crucificado, dijo éstas: Sea siempre á ti jesús en
el corazón, y nunca la imagen del Crucificado
se aparte de tu ánima. Éste sea á ti manjar y
bebida, dulzura y consolación tuya, tu miel,
tu deseo, tu lección, tu meditación, tu. oración, tu contemplación, tu vida, tu muerte y
tu resurrección. Siempre piensa en El: unas
veces puesto en el pesebre, envuelto en pañales pobres, otras veces en el templo, presentado allí de sus padres; unas veces huyendo á Egipto, y que padece extremada pobreza cntre aquellos idólatras y cuando de
allí sale y vuelve á su tierra, vuelve con grande trabajo; otJ;as veces disputando con los
doctores de la ley, en medio dellos, ignorándolo su madre y el santo Josef, su ayo y custodio; pero luego, sujeto á ellos, siendo suyo el
derecho de que le obedezcan y sirvan todas
las criaturas. Considera luego al que es pan
de vida y fuente de sabiduría, que se apacienta entre lilios y llena todo animal de bendición, que padece hambre y sed en el desierto. Mírale fatigado del camino, sentado sobre
el brocal del pozo de jacob, al medio día, hablando con una mujer de cántaro, rigiendo El
toda la máquina del mundo. Contémplale en
el huerto, sudando con agonía y congoja
grandes gotas de sangre, hasta regar la tierra, con la representación de su muerte que
en breve esperaba, y cómo ora prolijamente
y le consuela el ángel, siendo Él consuelo y
dulzura de los ángeles y de los hombres.
Considérale á la columna atado, siendo Él el
sustento del mundo: y El que es resplandor
del Padre, azotado y escupido, herido su rostro y coronada con espinas su cabeza y harto
de oprobios. Finahnente, le has de contemplar reputado por malhechor entre malhechores, y pendiente como uno dellos del madero
de la cruz, y muriendo y encomendando su
espíritu en las manos de su Padre. Ansi será
verdaderamente manojuelo de mirra tu querido (Cant., 1), y desta manera de todas las
aflicciones y amarguras de tu Señor Dios recoge uno como hacecillo, para que conficiones para ti una amarga bebida de lágrimas.
Hasta aquí San Bernardo. Y Lactancia Firmia-

539

no (Lactan tia, Institut., lib. 4 de vera sapientia, 17), con grandísima elegancia, tratando
del sentimiento con que habemos de llorar la
Pasión y muerte del Salvador, dice: Quid hie
ergo in tanto jacinore deplorem, aut qllibus verbis tantum nejas eonquerar? En una maldad
como esta, ¿que lloraré? ó ¿con qué palabras
me quejaré de tan grande sacrilegio? No describimos aquí la cruz de Gabio, de que Marco
Tulio escribió, probando con su admirable
elocuencia haber sido cosa horrenda y indigna de un ciudadano romano crucificarle, quebrando las leyes hechas en favor de los nobles de Roma, que aunque fuese inocente y
indigno de aquel castigo, era mortal; y su
juez perverso pudo ignorar su justicia. Pero
¿qué diremos de la indignidad desta cruz, en
la cual Dios fué colgado, de los que se gloriaba:n de cultores de Dios? ¿Quién tan facundo
y con tanta copia de palabras y de cosas
instruído? ¿Qué oración tan corriente, con
abundancia de afluencia, que debidamente celebre y llore aquella cruz que el mismo mundo y todos los elementos lloraron? La Virgen
sacratísima dijo á su devoto San Anselmo en
un razonamiento que tuvo con ella. Talia, et
tanta passus est Filius meus dilectus, quod
nema Christianus potest, sine laehrymis, exprimere: Tales y tantas cosas padeció mi querido Hijo, que ningún cristiano podrá, aunque
quiera, declararlas sin lágrimas. Et aspicient
in me, dice el mismo Dios (Zach., 12 y 13),
quem eonfixerunt. Y en otra parte: Et plangant
eum planetu quasi super unigenitum, et dolebunt super eum, lit doleri solet, in morte primogeniti. In die illa erit planetus magnas ill
Hierusalem: Miraranme á mí, puesto por sus
manos en una cruz y cosido en ella con clavos. y llorarme han con lloro grande, como
se suele llorar el primogénito que era solo
y heredero de la casa de sus padres. En
aquel día habrá grandes llantos en jerusalén. Y ¿quién dudará de que esta letra, ansí
como suena, se entienda destas mujeres, á
las cuales, llorando ellas amargamente su
Pasión, les dice Cristo: Nolite flere super
me? Teofilacto y el venerable Beda (Theoph.;
Beda, in Luean) escribiendo sobre estas palabras, dicen que muerte tan voluntaria y
provechosa, y que en breve esperaba tan
admirable resurrección, no se había de llorar ansí inconsideradamente y con natural
afecto, y de mujeres, como éstas le lloraban,

540

VERGEL ESPIRITUAL DEL ANIMA RELIGIOSA

sino con más alta consideración y más profundo pensamiento. No era muy somero, y en la
sobrehaz el de San Agustín, cuando en la contemplación de la Pasión de Salvador decia: Ad-'

miremur, gratulemur,iucundemur, amemus, laudemus, adoremus, quoniam per Redemptoris nostri mortem, de tenebris ad lucem, de morte ad vitam, de exilio ad patriam, de luctu ad gaudium
vocati sumus: Admirémosnos, agradezcamos,
regocijémonos, amemos y alabemos y adoremos; porque por la muerte de nuestro Redentor somos llamados de las tinieblas á la luz, de
la muerte á la vida, del destierro á la patria y
del llanto al gozo. Herejes fueron los que se
atrevieron á decir que no se había de llorar ni
sentir la muerte del Salvador, condenando lo
que la Iglesia hace en el caso, y para decirlo
se ayudaron desta sentencia de San Agustín,
y de lo que Teofilacto y Beda dijeron; empero
fueron necios y blasfemos, afirmando cosa tan
temeraria contra los decretos de la Iglesia y
corriente de los Santos, que llorando la pasión
del Señor perdieron la vista de los ojos. Es verdad que hubo cosas en ella muy para alegrarse los cristianos, como lo hace San Agustín;
empero también las hay para las lágrimas,
como al principio dijimos. Lloro mis pecados,
que causaron taMos dolores en el Salvador, y
compadézcome de El, aunque voluntariamente padece, porque padece por mí. De manera
que se compadece la tristeza con el alegría y
con el llanto el raga cijo, como lo podemos ver
en el lugar citado de Zacarías (Zach., 13), que
después de haber dicho cómo habían de llorar
por famiIi~s al Salvador muerto, se convierte
al Padre Eterno y le dice: Framea suscitare
super Pastorem meam: Padre Eterno, desnudad la espada y matad á mi pastor. Pues la
oveja, que no tiene otra defensa sino la de su
pastor ¿pide que se le maten? Sí. Porque considera los provechos grandes que por su
muerte le. han de venir. lsaías dijo (Esai., 53):
Deseámosle desfigurado, sin lustre y sin hermosura, varón de dolores y que sepa de enfermedad. ¿ Qué deseos son esos, profeta
santo? Las cosas prósperas y alegres se desean y las tristes se huyen y se aborrecen.
Consideraba grandes bienes en la muerte de
Cristo, en beneficio de todo el mundo, y aunque le afligía la consideración de Dios muerto, le lIevabam ás la de nuestro remedio, y
ansí desea y pide lo que al parecer había de
rehusar y aborrecer.

§ IV
¡Ay, mi Jesús!, que tu enfermedad me da
salud á mí, tu fealdad me hermosea, tu humildad me levanta, tus desprecios me dan honra
"f tu muerte me da vida. Lloro el haber yo
dado la causa para tan grand,es males; pero
agradezco, estimo, reverencio y adoro tu infinita caridad; ésta me alegra y enjuga las lágrimas y hace prestar consentimiento, por
conformarme con la voluntad tuya y de tu
Padre, á tantos males como considero sobre
ti. Tu sangre me alimpia y es el precio de mi
redención, y no sé si ría. ni si llore cuando
cosas ansí encontradas se representan yofrecen á la consideración. Es Cristo en su pasión aquel libro que vió Ecequiel (Ezech., 2)
y se le mandaron tragar, escrito de dentro y de
fuera, y escritas en él lamentaciones yamenazas y cantares de alegría. Divino libro, escrito
de fuera con clavos, espinas, bofetadas, salivas y esgarros, y de dentro con tedios, miedos
y espantos, tristezas y congojas. E·n él hay cosas que pueden espantarnos. Si in ligno viridi
hoc faciunt, in arido qaid fiet? Si en el árbol
verde ansí emprendió el fuego de la divina
justicia, ¿qué hará en el seco, dispuesto por
muchos años para los tormentos eternos?
Hay que llorar mis pecados, que ansí trataron
á mi Salvador; nero también hay canciones
alegres y festivales, porque en los dolores de
mi Rede~tor está mi salud, mi remedio, mi redención, el desenojo del Padre y el reparo del
mundo y su reformación. Aquí se acabó la
maldición de la ley y se nos dió la bendición
eterna. Y si contemplo herida la piedra, hallo
aguas en abundancia para que mate la sed
el pueblo de Dios, seco en el desierto del
mundo.
y para echar el sello y acabar este capítulo, quiero ponderar las palabras de Jeremías (Tren., 4), que llorando se alegra en la
consideración -deste misterio: Spiritas oris

nostri, Christas Dominas, captas est in peccatis
nostris, cai dixinws: In ambra taa vivemas inter
gentes (Hieronym., Aug., Bern., de Christo intelligunt haec yerba ad literam; alii de losia).
El resuello de nuestra boca, por quien vivimos, Cristo Señor nuestro, fué preso como
una fiera en nuestros pecados; que esas fueron
las sogas y las cadenas de su prisión; preso,
digo, con alegría de todo el pueblo; como la
tienen los monteros cuando andando á caza

CAP. XVI. TíTULOS Y TEXTOS QUE DEBEN AYUDARNOS A LLORAR LA PASIÓN

descubren el jabalí y echándole los lebreles le
(Ps¡¡.1. 68). Adversum me loquebantur,
qui sedebant in porta, et in me psallebant qui
bibebant villum. Fué el día en que á Cristo
prendieron y le trajeron de un juez en otro el
más alegre del-mundo para los perversos judíos y ministros de justicia; en las tabernas y
bodegones se brindaban los pícaros y gente
menuda; había risadas grandes y chacotas y
gritos de placer de la pasión y malos tratamientos de Jesús. También se consuela el
Profeta, no de lo que ellos ni como ellos, sino
atendiendo á los frutos innumerables desta
pasión y muerte. Quoniam in umbra illius vivemus inter gentes. Salió de allí nuestra vida y
nuestro refrigerio; ¿por qué no nos alegraremos, no como el hombre sin fe, que no estima
la pasión del Redentor ni le considera Hijo de
Dios, ni que muere por nuestras culpas, sino
como la Iglesia Católica, que se compadece
de su Esposo y llora su muerte, y se alegra
en su resurrección de todas las maneras que
puede? La mujer que concibió de adulterio,
cuando se ve parida, ¿no puede juntamente
alegrarse del hijo parido y tener dolor del
pecado que cometió? Los jueces que sentencian á muerte á los reos, ¿no acontece muchas veces estar muy contentos firmando la
sentencia y súbitamente reventarles las lágrimas con la natural compasión? De Torcuato, emperador romano, se lee que, por no
haber guardado su hijo las leyes de la guerra,
le mandó cortar la cabeza, Ilorándole y alegrándose, celebrando por una parte la justicia
con alegría, y por otra, haciendo oficio de
padre, derramando muchas lágrimas. ¿ y
quién no sabe que en medio de las lágrimas
hay gozo y consuelo increíble en los hombres
santos?
Sea la conclusión de todo, que no reprende Cristo las lágrimas de las devotas mujeres porque sean culpables Ilorándole á Él
en aquel estado que le veían, sino avísalas de
los males que les esperan para que los lloren;
significando en esto dos cosas notables: el
valor de las lágrimas para desenojar á Dios,
cuando le sentimos airado contra nosotros y
que nos amenazan grandes males; lo segundo, su caridad infinita, que no hace caso de
sus dolores que de presente padecía y sufría,
y hácele de los peligros y males en que se
habían de ver estas mujeres, para que tratasen del remedio.
p~enden

541

CAPÍTULO XVI

De los títulos que agravan la muerte de Cristo,
y de los lugares que se hallan en ella que
pueden y deben movernos á compasión y lágrimas.
§ I
Bonifacio, monje de la gran Cartuja, en un
tratado que escribió de Passione Domini, pondera mucho y engrandece, y con grande razón, los títulos que se hallan en Cristo que
pudiero n retraer á los judíos de tan grande
maleficio como fué matarle ansi afrentosa y
cruelmente, siendo su Mesías, su bienhechor,
y el que los venía á redimir: hombre, legislador, profeta, sacerdote, rey y Dios .. Grave
delito matar un hombre justo; mayor matar
un profeta, por quien Dios habla y despacha
los negocios de los otros hombres; mayor
mucho matar á un legislador y á un sacerdote sumo y á un rey y al mismo Dios, criador
ySeñor del cielo y tierra. Ahí enmudece la
lengua, ahí se agota el entendimiento, ahí pasmanJos cielos, ahí se estremece la tierra, ahí
hacen sentimiento las cosas insensibles, y el
sol y la luna pierden su luz y se viste de tinieblas el mundo. Y porque ansi junto todo
no nos confunda y á cada título demos el
sentimiento que conviene, considerémoslos
de por sí; y primero el prímero que dió atrevimiento á los judíos deicidas para prender á
Jesús y quitarle la vida. Qui cum informa Dei
esset, dijo San Pablo (Philip., 2), que estando
en la forma de Dios, resplandor del Padre y
figura de su substancia y Dios verdadero, y
que no lo hurtó á nadie, porque con la eterna
generación le comunicó su Padre su ser y su
esencia; á sí mismo se agotó, y como si dijésemos se vació, tomando forma de siervo, y
hallándose en el hábito y traje hombre; fué
hallado en el hábito como hombre, dice el
Apóstol San Pablo. ¿De quién fué hallado? De
los judíos; no en la forma de Dios, que en ella
es insensible, inmortal y eterno, y inaccesible á los hombres, y dél se escribe en esa forma (Psal. 96): Non accedet ad te malum, el flagellum non appropinquabit labernaculo tuo (1).
Fué hallado en el hábito hombre. Por eso le
acometieron, por eso le azotaron, por eso le
(') «No te visitará el infortunio ni el azote se acercará á tu vivienda •.

542

VERGEL ESPIRITUAL DEL ANIMA RELIGIOSA

maltrataron hasta ponerle en la cruz; que si
no le hallaran hombre, no le prendieran ni
le crucificaran. Convino que por un hombre
se reparase lo que por otro. hombre estaba
caído, y que un hombre diese ejemplos de
vida, porque otro hombre los había dado de
muerte; aquél nos mató y éste nos vivificó.
Título para Dios honradísimo, y que si fuera
capaz de crecer, creciera el día que encarnó.
Ansí se preció siempre de llamarse hombre,
como honrándose de serlo. Hombre, que le
vió Daniel en ese traje, vestido de blanco, y
que, llegando hasta el antiguo Dios, que es el
Padre eterno, le dió el principado y el imperio de todas las gentes para siempre, y el
aplauso de la Esposa, y el convocar á todas
las hijas de Sión á que vean al rey Salomón
con la corona que le coronó su madre en el
dia de su desposorio y de la alegría de su corazón. Esto significaba al Verbo eterno vestido de nuestra humanidad, tan gozoso y tan
alegre, que al día de su encarnación llama
día de su alegría y de sus desposorios; y 10
que yo más pondero, declarando este lugar
en nuestros Comentarios, es que llama corona á la carne de que se vistió; tan lejos está
de arrepentirse de haberse vestido della. ¡Oh,
Hijo del hombre, entre los hombres tratado no como hombre, sino como una fiera, y
peor mucho!
§ Il
Pero, Señor mío, ya que no tuvieron respeto los hombres á que eras hombre entre ellos,
¡tuviéranle á que eras su Legislador! ¡ Qué
preceptos tan nuevos, tan amorosos y tan fáciles les distes! ¡Qué leyes tan llenas de caridad! ¡Qué Sacramentos tan diferentes de
los de la vieja ley! ¡Qué sacrificio por qué sacrificios! ¡Qué cumplimiento de figuras! ¡Qué
borrar de sombras! ¡Y qué establecimiento y
asiento de verdades! Dominus iudex noster:

Dominus legifer noster, Dominus rex nosfer:
ipse salvabit nos. Es el título de legislador
honradísimo y de grande autoridad y veneración en todas las naciones y repúblicas del
mundo; sólo en Cristo no tuvo la honra que
hubiera de tener, ni sus leyes la estimación
que merecían. Por todo rompieron sus naturales, y todo 10 atropellaron, sin respetar persona ni oficio. Pues vengamos al tercero título de Profeta, honradísimo en el pueblo de
Israel. ¿Por ventura no profetizó Cristo? Pro-

fetizó de su Pasión, del odio contra sus discípulos por serlo suyos, de la destruición de
Jerusalén y del juicio final; y como los otros
profetas obraban maravillas, las hizo Él espantosas, como consta en los Evangelios, y la
gente popular, vista su santidad y la verdad
de sus predicaciones, y los milagros extraordina.rios, le tenían por profeta; y la Samaritana,
visto que le leía el corazón, le dijo: Domine,
ut video, Propheta es tu. Pero sepamos: ¿respetaron esta dignidad tan grande en el Hijo
de Dios? No por cierto, antes hicieron en El
cuantos ·maleficios pudieron, porque les reprendía sus culpas y no les disimulaba sus
transgresiones y desconciertos. ¡ Con qué
sentimiento lloraba Cristo Redentor nuestro
á Jerusalén, viendo sus castigos tan cercanos, por haber muerto á los profetas santos!

Hierusalem, Hierusalem, quae oecidis prophetas, et lapidas eos, qui ad te missi sunt. (Matth.,
21). Pues ¿por qué no se llorará la muerte del
gran Profeta, poderoso en obras y palabras?
La Escritura está llena de quejas que da Dios
de los malos tratamientos hechos en sus profetas, que en rigor fueron embajadores suyos,
á los cuales se suele hacer la honra que al
mismo señor cuya legacia hacen y cuya persona representan. Y pienso yo que agravó
mucho, y pesó infinito el agravio que se hizo
á Cristo quitándole la vida, por la parte que
era profeta, tanto y más que por los que habemos dicho. ¡Oh, gran Profeta, muerto por
decir verdades! ¿Y quién las dice, que no experimente los colmillos de ·Ios desalmados y
el cuchillo de los tiranos? Formido, et laquel/s,
et Jovea Jacta est nobis vaticinatio (Hier., Tren.,
3). Y no digamos más, por no exceder, que
pueden mucho para esto las sinrazones hechas á los ministros del Evangelio, por decir
lo que no pueden callar, llevados del celo de
Dios.
§ IlI'
Síguese que tratemos del título de sacerdote. Fuelo Cristo según el orden de Melquisedec (PsaI. 109) y fuelo del Nuevo Testamento, y no falta quien diga que también del
Viejo, por lo que hizo entrando un día en la
sinagoga de Nazareth, que tomó de la mano
del lector el libro de la ley, y abriéndole le
cupo en suerte lo que del Mesías dijo Isaías
profeta: Spiritus Domini super me, etc., lo cual
interpretó de sí mismo, y paréceles que no

CAP. XVI. TÍTULOS Y TEXTOS QUE DEBEN AYUDARNOS A LLORAR LA PASIÓN

se hicieran con Él aquellas ceremonias si no
le tuvieran por Sacerdote, pero á mí no me
satisface esta razón. Y si esto pareciere que
tiene duda, no la puede tener lo que en el
salmo citado se dice: Tú eres sacerdote para
siempre, según el orden de Melquisedecj que
el uno y el otro ofrecieron en sacrificio pan y
vino, salvo que el pan y el vino de Melquisedec no fueron más que pan y vino á secas,
y el pan y vino de nuestro sacerdote Cristo,
pan y vino en los accidentes, yen la substancia cuerpo y sangre de Él mismo. Y por
ventura, ofreciéndose á Sí en sacrificio al Padre por nuestros pecados en el altar de la
cruz ¿no hizo oficio de gran Sacerdote? Zacarías le llamó así con este epíteto grande: Vidi
Iesum Sacerdotem -magnum stantem, indutum
vestimentis sordidís. Y quien quisiere saber
más en particular del sacerdocio de Cristo y
del sumo Pontificado, lea la epístola de San
Pablo á los Hebreos, que en todos los capítulos della trata de esta dignidad, y haciendo conferencia entre Moisén y Cristo, antepone á Cristo á Moisén en muchas cosas;
pero los suyos le pospusieron á Barrabás,
y á voces clamaron: Crucifige eum. Y Pilatos:
Regem vestrum crucifigam? ¿Luego rey? Así
lo dijo Zacarías, previniendo á su pueblo
para que como á rey le saliese á recebir y
le diese la honra y obediencia. Ecce Rex
tl/US venit tibi, il/stus, et Salvator, ipse pauper, ascendens sl/per asinam, et super pulll/m
fllil/m asinae. Y en el segundo salmo dice Él
mismo (Psal., 2). Ego al/tem constitutus sum
Rex ab eo, super Sion montem sanctum eius.
Al fin crucificaron á su Rey, habiéndole de
defender, dando sus vidas por la suya dé!.
Pero los que se atrevieron á Dios, ¿qué respeto habían de tener á su Rey? Y aunque
siempre han porfiado los judíos que su Mesías ha de ser puro hombre, la verdad no se
puede encubrir, ni solapar, porque de las Escrituras consta más claro que el medio día
que, siendo hombre, es juntamente Di0s. Ecce
Deus vester, dice ¡saías (Esai., 35), ultionem adducet retributionis, ipse veniet, et salvabit vos (1).
y en el capítulo 9, contemplando el profeta
santo á Cristo recién nacido, entre los pañalitos y las mantillas, y sus niñeces todas, le
llama Dios: Parvulus natus est nobis, et jilius
(') • He aquí vuestro Dios que traerá la vengaIiza
á quien corresponda; Él mismo vendrá y os salvará».

543

datus est nobis, cuius imperium super humerum eius (Esai., 9). iQué temprano se cargó
del imperio! Cuando nace, nace con la cruz
á cuestas, y en el vientre de su madre anduvo cargado deHa, y tuvo necesidad de buenos hombros para tan grande carga, hombros de Dios. El vocabitur admirabilis, consiliarias, Deus, jortis, Pater juturi saeculi, Princeps pacis. Y en un salmo se escribe de Cristo
encarnado: Verumtamen prope fimentes Deum
salutare ipsius, ut inhabitet gloria in terra nostra (l). Y en el Levítico, significando Dios su
pretensión en Cristo, dijo: Ambulabo in medio
eorum. y en otro salmo: Videbitur Deus deoram in Sion e). y Baruc (Baruc, 3): In terris visus est, et cum hominibus conversatus [est]. Hic
est Deus, Deus noster, etc. (3). Y todo el salmo
44, que trata del Mesías, está lleno de títulos
de Dios, ó que á solo Dios competen. Y siendo
esto ansí, osamos decir que Jesús fué crucificado y muerto. Y en el símbolo de los Apóstoles puso San Juan Evangelista este artículo:
Passus sub Pontio Pilato, crucifixus, mortuus,
et sepultus esto Palabras son que me hacen temblar. ¡Cosa grande, que se diga y se crea que
los hombres matasen á Dios y le pusiesen en
un palo! San Bernardo llamó á los que le crucificaron deicidas, matadores de Dios. ¡Qué
de títulos para mover á compasión: Hombre,
Legislador, Profeta, Sacerdote, Rey, Dios!
Tocar á Cristo fuera gran temeridad y sacrilegio horrendo; pues ¿qué diremos viéndole
prender, azotar, escupir, coronar de espinas,
burlar de El, y con cruz á cuestas, y pregonero delante, y ladrones á los lados, llevarle al
Calvario y crucificarle?
§ IV
Entren aquí los lugares que nos pueden
mover á compasión, y sea este el primero, la
persona. ¿Quien es el que padece y muere?
Dios hombre, Legislador, Profeta, Sacerdote,
(') .Pero cerca de los que temen á Dios estará
su Salvador para que la gloria more en nuestra tierra». Del Salmo 84, donde dice eum lo que el autor
cita Del/m.
(i) Salmo LXXXIII-8: "Será visto el Dios de los
dioses en Sión».
0) .Fué visto en la tierra y conversó con los
hombres. Este es Dios, Dios nuestro, etc.». La segunda parte del texto no es de Baruch, sino de David, salmo 47.

544
Admirable doc-

VERGEL ESPIRITUAL DEL ÁNIMA RELIGIOSA

Rey, Dios. El seráfico doctor

~~::a:e~lt!~: San Buenaventura, advirtiendo

de algunas cosas necesarias al
que medita en la pasión del
Salvador, dice ansí: Cuando en tu memoria
revuelves el sacramento de la pasión del Señor, para que con aprovechamiento la medites y pienses, has de trabajar en esto: Que
todas las veces que oyes, ó lees, que Cristo hizo ó sufrió tal cosa, por nombre de Jesús ó de Cristo, se represente en tu alma,
ni solo Dios, ni solo hombre; ni sola deidad,
ni sola humanidad; sino forma luego en tu
mente un concepto de una persona que juntamente es Dios y hombre, y en la cual, sin
mezcla de las esencias, la humanidad y la divinidad convinieron en un supuesto. Y ansí
es, que cuando se nombra Jesús, ó Cristo, se
señala y demuestra Dios verdadero y hombre
verdadero, una persona divina en dos naturalezas. De manera, que cualquiera cosa que
decimos que hizo Dios, según nuestra fe,
firmemente creemos y confesamos que lo-hizo
ese hombre Cristo, y lo que sufrió y padeció
este hombre, que lo sufrió y padeció Dios·
¿Oyes decir que lloró Cristo sobre Jerusalén
y en la muerte de Lázaro? Concibe luego en
tu alma, no al hombre desnudo y á solas, porque entonces no parecería cosa nueva ni admirable haber llorado un puro hombre. Cuando lees que Cristo estuvo colgado de la cruz,
no le consideres hombre á secas, que te quedarás seco; sino piensa atentamente que es
hombre y es Dios, y de ahí te nacerá grande
admiración y espanto, y serás más encendido
en su amor, y te moverás más á devoción y
lágrimas. Y aunque es ansí que Jesús, ó Cristo,
á todos los fieles representa á Dios hombre,
cuanto con más claridad conocieres esto y lo
pesares mejor, tanto más· devoto te hallarás
en la vida de Cristo, en sus hechos, en sus
milagros, en sus doctrinas y muerte. Gran
cosa, como ya dije, y que sobrepuja todo encarecimiento y estimación, y que saca de sí al
hombre, y de que pasman los ángeles, y que
la tierra no lo sufre, y se estremecen las columnas del cielo, y que agota toda la elocuencia y entorpece el más delicado y acendrado
juicio, y enmudece la lengua más fecunda, y
que hace llorar amargamente á los ángeles de
paz, oir decir y creer que Dios es vendido, y
azotado, y abofeteado, y blasfemado, y que
muere entre dos ladrones, y en.cruz como
in Fa8ciculario, cap. 8.

ellos. Y cuando se te representare entre los
azotes y blasfemias, muriendo y desangrándose, ó en otro cualquiera paso doloroso, no
repares en sola la pena exterior, sino con sidérale ansí afligido en lo de fuera, que en lo de
dentro lo está mucho más; y tanto, que el entendimiento humano no puede comprenderlo.
y cierto que si considerando de esta manera
á Cristo puesto en tanta aflicción no te condueles y compadeces de El, que es una grande maravilla, y que podrás pedir á Dios que
el corazón que te prometió de carne, en lugar
del duro que poseías, te le quite y te le dé de
piedra, pues las piedras se quebrantaron muriendo el Criador, y tú, muriendo por ti; - te
quedas sin sentimiento y sin dolor. Y ¿quién
viera una fiera en esta forma afligida que no
se compadeciera della , aunque fuera fiera
como ella? ¡Oh más que fiera, si viendo al Hijo
de Dios muerto no te mueves á compasión,
ni te dueles, siendo, como eres, la causa de
tan cruel muerte!

§ V
y si preguntare alguno, ¿cómo se puede
decir que Dios padeció y murió, siendo impasible é inmortal? respondo que éste es
lenguaje de la Escritura y Santos, y recibido
y venerado en la Iglesia. San Pablo dijo
(1 Cor., 2) que los judíos crucificaron y mataron al Señor de la gloria. Y San Pedro (Actuum Aposto!., 3), al Autor de la vida. Y el artículo de fe le confiesa crucificado, muerto y
sepultado. No porque Dios, en cuanto Dios,
padeciese en sí mismo, que Dios no es capaz
de padecer, sino en el hombre, al cual juntó á
sí con tanta firmeza y estrecheza, que en
ninguna manera se deshará aquel ñudo; tan
uno, que al que recibió en sí la humana naturaleza, ninguna cosa le falte humana, ni al
asumpto alguna divina. Pué tan estrecha esta
unión, que se puede decir esta proposición:
Dios padece y Dios muere. Y hace este sentido: Este hombre, que juntamente es Dios,
padece y muere. O digamos esto como lo
dicen los teólogos: Si miramos en Cristo una
persona divina en dos naturalezas, tiene
verdad esta proposición: Dios fué crucificado
y murió. Si miramos dos naturaiezas, no
puede decirse; porque en la humana pudo
padecer, pero no en la divina. San Agustín lo dijo galanamente: Murió el Hijo de

CAP. XVI. TÍTULOS Y TEXTOS QUE DEBEN AYUDARNOS A LLORAR LA PASIÓN

Dios, y murió según la carne, rio según aquello que era Verbo eterno del Padre; murió, no
por aquella parte que hizo todas las cosas y
hace todos los hombres, sino por aquella que,
quedándose Dios, fué hecho hombre; porque
no comunicó Dios á aquel hombre que en sí
tomó la divinidad suya, que si ello hiciera
fuera aquel hombre inmortal y impasible; pero
Dios no puede comunicar á otro su naturaleza. ¿Pudo alguna otra cosa, conviene á saber, juntar á sí lo que no era Dios? San Cirilo
dice que se puede hablar en esta forma: El
Unigénito de Dios padeció, no divina, sino
humanamente. El ejemplo de la vestidura real
declara esta doctrina; que si se la rasgan al
rey y se la maltratan y hacen pedazos, no es
visto padecer el rey en su cuerpo, sino en su
ropa. ¿Pero qué tiene que ver lo uno con lo
otro? La ropa no está tan conjunta y tan una
con el rey que constituyan una persona; empero ansí unió Dios á sí al hombre, que no se
puede tocar al hombre sin tocar en el hombre á Dios; no porque padezca en sí, sino en
el hombre. Santo Tomás dice (S. Thom., q. 46,
art. 2, in corpore), que presupuesta la unión
hipostática del Verbo con nuestra naturaleza, la pasión y muerte se ha de atribuir al
supuesto de la divina naturaleza, no por razón de la naturaleza divina, que es impasible, sino por razón de la naturaleza humana. Sinodal es este canon: Si quis non confi-

tetur Dei Verbum passum carne, et crucifixum
carne, anathema sU (1) (Habetur in I Sino do).
Luego la pasión y muerte de Cristo pertenece al supuesto de la divina naturaleza,
por razón de la humana pasible de que se
vistió; no de la divina, que ni puede padecer ni morir. ¡Ah, judío, que te aseguras mucho que no "fué más de hombre el que mataste, cómo te engañas! Dios es sin alguna
duda: hombre lo que veías, y Dios lo que no
veías; porque, "como dijo el apóstol (1 Petr., 4),
Dios estaba en Cristo reconciliando á Sí al
al mundo. En la carne padece y muere Dios.
Desta materia tratan mucho los doctores (en
el tercero de las Sentencias, disto 21, dub. 3). Y
San Buenaventura (D. Bonav., in 3, q. 3, art. 2),
con razones y autoridad de la Sagrada Escritura y Santos, prueba este lenguaje: El Hijo de
(') «Si alguno no confiesa que el Verbo de Dios
padeció y fué crucificado en la carne, sea excomulgado •.
OSIlAS llíSTICAS DEL

P.

ANGBLBS.-35

545

Dios padeció y murió; que es harto para ponderarse, como lo ponderó San Ambrosio, encareciendo y agravando nuestros pecados,
que fueron de manera que si el Unigénito de
Dios no muriera por nosotros, deudores de
eterna muerte, no pudiéramos salvarnos. Y
aunque parece que las orejas cristianas se escandalizan oyendo Dios muerto, todo horror
se quita y todo escándalo cesa si se considera la comunicación de los idiomas ó lenguajes en Cristo, como ya dijimos en el capítu14 desta primera parte. Y respondiendo el
Doctor seráfico á los argumentos en contra,
dice: que esta manera de hablar en nada deroga á la majestad y grandeza divina, y que
hace dulce consonancia á la piedad cristiana;
porque ninguna palabra puede sonar en los
oídos del corazón humano de mayor dignación que ésta. El Unigénito Hijo de Dios murió por los que debíamos morir para siempre.
y ansí no sólo se ha de creer y confesar esto,
como verdadero y de fe, sino rumiarlo y repasarlo frecuentemente. ¿Dios muerto por mí?
Esto me arrebata, esto me suspende, esto me
lleva, esto me enamora, esto me despierta y
me fuerza á amar, y reverenciar, y respetar,
y adorar á aquel Señor que por mí padeció
y murió. ¿Y quién no se compadecerá en la
considera€Íón de Dios, padeciendo sin culpa
por sus culpas? Pesa esto, cristiano, que
pesa más que cuanto lees y crees que Dios
hizo por ti: mira que lo sienten los cielos, y
la tierra, y las piedras, y los sepulcros de los
muertos.
§ VI
Con esta consideración de que es Dios el
que padece, discurre por toda la Pasión y
mira qué de cosas la engrandecen y hacen
acerbísima sobremanera y digna de que se
sienta y se llore incansablemente. Mira los
personajes por cuyo consejo y industria el
Hijo de Dios padece; mira los acusadores;
mira los testigos falsos; mira la multitud de
las llagas, heridas y golpes y la gravedad de
todas; mira los sentidos del cuerpo, cada cual
con su propio tormento; mira la continuación
y corriente, que ni una hora descansó desde
la prisión hasta la crucifixión; mira los escarnios y mofas, tantas y de tantas maneras y
de tantos; mira los oprobios; mira la soledad
del que padece, qué acompañado hasta allí y
allí qué solo; mira los amigos huyendo y los

546

VERGEL ESPIRITUAL DEL ANIMA RELIGIOSA

enemigos riéndose y holgándose en tanto
desamparo y entre tantas fatigas; mira la
inocencia del paciente; mira su poca ó ninguna defensa: aunque pudiera juntamente defenderse, sin oirle le arrebataron, y atropelladamente y á grandes voces le condenaron;
mira las lágrimas y profunda tristeza de la
Madre y de San Juan y de otras santas mujeres, rodeadas de la cruz, que con su vista le
acrecientan sus penas; mira el lugar infame,
el tiempo tan festival: la Pascua del cordero,
la cual quisieron solemnizar extraordinariamente con la muerte de Cristo; mira la edad
florida en que muere; mira despojado de toda
honra al que tan honrado se había visto en
el día de los Ramos; mira los dolores tan
extraños, y lo que más es, y que más le lastimó, el poco fruto que de todo esto se sacó
en aquellos por los cuales tales cosas padeció. Cada cosa destas pide consideración y
tiene mucho que examinar; mas yo las dejo
todas para el discurso cristiano, asegurando
á los lectores que meditando en esta forma la
sagrada Pasión hallarán lo que desean: materia suficiente, sentimientos compasivos, conocimiento de sus culpas; la caridad de Dios
en su punto, estimación de la virtud, espanto
del infierno, odio de los pecados y el camino
seguro y cierto de la gloria sempiterna que
promete al Apóstol á los que se compadecieren de Cristo Señor nuestro y padecieren juntamente con El. El sea glorificado para siempre. Amén.

ticular. Ni dijeron de las espinas si fueron
pequeñas ó grandes; ni del número ó crueldad
de los azotes; ni se acuerdan de los clavos,
sino que fué crucificado; y la admiración de
Pilatos de que tan apriesa hubiese muerto
parece que está diciendo que no fueron las
penas tan grandes que con tanta brevedad le
hubiesen acabado. Duro era el castigo de los
crucificados, no por la intensión, sino por la
duración; morían despacio, como parece en
los ladrones, que para que muriesen presto y
así los pudiesen quitar de las cruces, por
amor de la Pascua, los quebraron las piernas.
y la voz grande que el Señor dió antes que
expirase ¿no muestra que tenía vigor y fortaleza para vivir más tiempo? Lo cierto es
que aunque yo tuviera más lenguas que miembros en mi cuerpo, y todas las ocupara en declarar la acerbidad de las pasiones del Salvador (Hebr., 5), quedara sin alguna duda corto.
Si los Evangelistas hablaron con brevedad y
simplicidad, fllé porque hicieron oficio de meros historiadores, que cuentan las cosas como
pasaron y dejan la ponderación y el sentimiento dellas á los ánimos píos y devotos. Y
porque se asiente mejor esta doctrina en los
corazones de los fieles, cosa de tanta importancia y tan necesaria, con la brevedad posible (reservando para la tercera parte la consideración de cada misterio) diré aquí algo de
las espinas, clavos, azotes y otras cosas particulares que afligieron al Salvador, sobre lo
que la humana inteligencia puede alcanzar.

CAPÍTULO XVII

§ II

En que se ponderan algunas cosas de las que
padeci6 Cristo, con que se declara como es
posible á nuestra rudeza la gravedad de su
Pasi6n.
§ I

El tormento de la corona fué tan grande,
que sólo bastara para quitar la vida al Salvador. San Vicente afirma (S. Vic., ser. in Paras.),
y parece habérselo así revelado Dios, que le
hizo setenta y dos heridas en la cabeza, por
lo cual creo y tengo por sin duda que no fllé
corona como acá hacemo¡;; de flores las guirnaldas, sino en forma de capacete ó de corona imperial, que rodeaba y cubría toda la cabeza. En la forma concuerdan muchos doctores y santos: Juan Echio (Echius, ser. de Pass.,
art. 4, cons. 5), Lanspergio (Lansperg., hom.
33 de Passione), Teodoreto (Theod., lib. 3,
Elucid.), Guillelmo, Durantes (Durantes, libro
Ration. divinorum officior.), fray Felipe Díaz y
otros. Y parece cosa puesta en razón; porque,
como dicen San Crisóstomo y San Bernardo,

Cuando me pongo á considerar el estilo
humilde y llano y menos encarecido de los
sagrados Evangelistas tratando la pasión de
Cristo Señor nuestro, me viene al pensamiento lo que á muchos: que no fué tan terrible y
amarga como habemos dicho. Parece que escriben de un puro hombre: fué atado, fué llevado á los jueces, diéronle bofetadas en su
rostro, azotáronle, coronáronle de espinas,
crucificáronle, y de cada uno des tos martirios
ni de su grandeza no hablan palabra en par-

CAP. XVI!. DECLÁRASE LA CORONACiÓN DE ESPINAS Y DOLOR DE LA CRUCIFIXiÓN

tenía mil espinas. Y San Anselmo (Anse!.,
ser. 15) siente lo mismo. Y Santa Brígida
dice (B. Brig., lib. 1, cap. 11), haberla hablado
el Señor y dicho: Cumque caput meum undique corona esset cruentatum. Y como toda mi
cabeza por todas partes estuviese lastimada
con la corona. Y hablándole la Virgen Santísima (lib. 1, cap. 10), entre otras cosas de
grande lástima le dice que después que los
verdugos hubieron azotado á su amantísimo
Hijo, compusieron y tejieron una corona de
espinas y le rodearon con ella la cabeza reverendísima, con tanta crueldad apretada, que
de la sangre que corría se le llenaron los ojos
de manera que no veía, y las orejas se le taparon, y toda la barba se entrapó y vertía
sangre en abundancia. Y lo mismo dice en el
lib. 4, cap. 70: Corona (inquit) spinea capiti
eius arctissime fuit posila. Y en el lib. 7, capitulo 2, dice así: Quae tan fortiter pupugil reverendum caput eias, qaod oeuU eius repleti
sunt iZlico sanguinefluente, etc. Adonde se descubre claramente la crueldad de los ministros
infernales, que no se contentaron con ponerle
por ceremonia la corona, de manera que sirviera para sólo escarnecerle, sino con tan
grande fuerza y violencia, que pudo servir
para matarle. Algunos y muchos y muy graves autores dicen (Greg. Tur., lib. 1 de Gloria
Martyr, n. 17.; Anse1., Dialog. de Pass ion e; Lyr.,
in. cap. Matth., 27; Landulph., de Vila Christi;
Hug. Card., in loan.; Tole. Card., in loan, annot. 2, in cap. 19; Suárez, 3 p., q. 46, disputo
35, sectione 3) que fué de juncos marinos
agudísimos y muy dispuestos para hacer heridas y sacar sangre. Empero yo sigo la opinión de otros doctores por más cierta y más
conforme al Evangelio y á la razón: que fué
de verdaderas y propias espinas compuesta,
como lo tiene el ilustrísimo Cardenal Baronio (Baron, too 1, annot. 34, nu. 8-6.), el cual
reprende á los que dicen que fué de juncos.
Nullatellus (inquit) audiendos puto, qui ex
iunco marino Domino coronam contextamfuisse
dixere. La razón, porque consta de San Lucas
y de San Juan que fué compuesta de espinas,
lo cual no se puede decir de los juncos marinos, que son lisos todos hasta lo sumo, que
allí están agudos. Y ¿á dónde se habían de hallar juncos marinos estando de Jerusalén la
mar tan apartada? Fuera desto, las espinas
que en diversas partes se tienen como reliquias admirables no son de juncos. Y yo soy

547

buen testigo de que el pedazo de corona que
en su tesoro tiene el rey de Francia, y el de la
Iglesia catedral de París, no son de juncos,
sino de espinas espesísimas y muy agudas.
Algunos quieren que sea la corona del ramno ó cambronera, que donde quiera se halla
y es todo espinoso, cruel y sanguinolento, y
que echa de sí fuego y tiene muchas significaciones místicas, muy acomodadas al misterio, de que yo no trataré agora; sólo referiré
algunos dichos de Santos, que declaran el
tormento que padeció el Señor cuando le coronaron y por todo el tiempo que tuvo la corona wbre su cabeza. Laurencio Justiniano,
varón santísimo y gravísimo, en el libro que
compuso de Triumphali agone, dice (Iustin.,
de Triumph. agon., cap. 14): Spinarum pUIlCtiolles cerebrum perforantes. Tan agudas y tan
fuertes eran las espinas, que le rompieron y
horadaron el cerebro. Y luego dice: Debuit
piane mori, tallto dolare trallsfixus, se tamen
reservavit ad vitam, ut his etiam graviora perferret: Hubiera de morir con la fuerza del dolor si no reservara su vida para otros mayores. Y San Vicente dice: Quis satis cogitare
potest, qualltus dolor venerandum illad capat
tot aculeis confixJ1m affecerit: cum IIOS valde
unias spinae pancturam fere intolerabili dolare
vexemur? ¿Quién podrá pensar bastantemente cuánto fué el dolor de la cabeza de Cristo,
con tantas espinas traspasada y herida, pues
que apenas podemos nosotros sufrir una que
se nos hinca en el pie ó en la mano? Cornelio
Jansenio notó, y bien, sobre aquellas palabras
de San Marcos y San Juan (Ians., in loan, 19,
Coron.): Imposuerunt in capite eius coronam:
que se la apretaron fuertemente, para que le
sirviese de escarnio y de pena. Y viene aquí
muy á propósito lo que San Bernardo dice
(Bernard., Tract. de Pasione, C. 39) al nuestro:
Corona spinea non leviter impressa, sed invide
impressa. No la fijaron ansí como quiera, no
livianamente y por ceremonia, sino invidiosamente. Como si dijera: invidiando SLl gloria
y deseando oscurecerla y atormentarle de
camino. Ut qui oderant veritatem, non soll/m
opprobrium illias requirunt, sed etiam supplidam. El bienaventurado San Atanasio, San
Jerónimo, San Cirilo Alejandrino y el glolÍoso
San Bernardo, sobre aquellas palabras de San
Mateo, 27, y de San Marcos, 15: Et arundine
percatiebant caput eius, dicen que con la caña
le dieron muchos golpes para que se encaja-

548

VERGEL ESPIRITUAL DEL ANIMA RELIGIOSA

se bien la corona en la cabeza y no les para- penas! Esa es la fruta de la tierra que vos,
se á ellos perjuicio si con las manos la apre- Señor, maldijistes: Spinas et tribulos germinataran. Detente aquí un poco, ánima mía, dice bit (') tibi (Genes., 3). Sobre la cabeza lleva la
Laurencio Justiniano (Laurent. Iustin., de Ago- fruta de la maldita tierra, que se la lastima y
ne, c. 14), y fija los pasos de la considera- \ maltrata. Para Ti son, Señor mío, las espinas y
ción y mira el dolor intolerable de tu Reden- los abrojl1s. Ideo (dice San Agustín) non fuit
tor; considera la sensibilidad de la cabeza de- corona gloriae, sed doloris, in corona autem
licada; admírate de las heridas de las espinas spinea maledicfum solvit antiquum (2). Y aunque traspasan el divino cerebro, y con abun- que se me descubría aquí un campo muy andancia de lágrimas de tus ojos lava y limpia cho para alegorizar esta corona, por haber
la mucha sangre que por tantas partes corre. escrito de ella tanto los sagrados doctores,
Tamquam Gigas fortissimus imperterritus ste- no pasaré de aquí, por decir algo de los clatit, et coronationis poenan, immutata mente vos y de otros particulares, aunque para
sustinuit. iAy, cuánto más tolerable fuera para vencer el pensamiento de los que han quemí el morir que verte, oh Cristo Santo, coro- rido decir que la Pasión no fué la más rigunado de espinas!
rosa y terrible que persona humana pudo padecer, lo que se ha dicho de la corona basta.
§III

Lanspergio (Lansp., de Passione) y Teodoro
(Theod., 19) meditan cuán penosa y cuán
llena de tormento fué esta coronación, porque
la corona era tejida de espinas largas y agudas y penetradoras, y de tal hechura, que
dando vuelta á toda la cabeza, punzando por
todas partes, la hería; y no menos el colodrillo que las sienes se cubrían con ella. Cuan-'
do la Vírgen Santisima meditaba en este paso,
dice á Santa Brígida (lib. 1, Can. 27), que le
parecía atravesarle el corazón una lanza. iOh
lilio entre las espinas, herido y lastimado delIas sin piedad alguna! (Can tic., 2). Una sibila,
como lo refiere Lactancia (Adrian. Finus, libro 6 Flagelli contra lud.), profetizó desta corona con palabras de gran significación. Habla con la Sinagoga: Stuita, Deum tuum non
cognovisti, medentem mortalium mentibus, sed
ex spinis coronasti corona: ¡Oh necia, que no
conociste á tu Dios, que curaba las almas de
los mortales, y ansí le coronaste con corona
de espinas. Pero no sin misterio, porque,
como dice San Atanasio (Athanas., ser. de
Pass. Domini), esta corona de espinas sobre
la cabeza de Cristo significa la maravillosa
viCtoria que alcanzó, librándonos de las espinas de nuestros pecados. Miraculum novum,
et incredibile, el magnae sine dubio victoriae
insigne. Remigio siente lo mismo: Per spineam
coronam susceptio peccatorum nostrorum designatur, quia in similitudinem carnis peccati
apparuit. ¡Oh cosa de grande admiración, que
tome el Hijo de Dios nuestros pecados sobre
su cabeza! Las penas digo. ¡Y qué honradas

§ IV

De los clavos con quefueron fijadas las manos
de Cristo Señor nuestro en la cruz.

Si tuviéramos el afecto, considerando los
pies y manos del Salvador barrenados, que su
Madre santísima cuando bajándole de la cruz
se le pusieron en su regazo, no había para
qué pasar de aquí; por palabras diéramos .Iágrimas, y icuán debidas á este paso! Cum vera
considerabam loca clavorum in manibus et pedibus, oculi mei lachrymis replebantur, et cor
meum cuasi scindebatur prae trisalia (S. Brig.,
lib. 1, c. 10): Cuando consideraba los lugares
de los clavos en los pies y manos de mi Hijo,
mis ojos se arrasaban de lágrimas y mi corazón se partía de tristeza. iAy, Señor, que me
pongo á escribir y á considerar los clavos y
sus heridas, y no derramo siquiera una lágrima de compasión! Los dolores grandes piden grande el sentimiento; y ¿qué tan grandes
los que sintió y padeció Cristo cuando le barrenaban los pies y las manos con gruesos
clavos? Lanspergio refiere de algunas personas espirituales que para que los clavos entrasen hasta llegar con las cabezas á las manos, y apretarlas con la cruz, se les dieron
veinte y seis martilladas á cada uno, cosa que
espanta y pone horror grande. Colígese que
(') El impreso dice generabil.
(") .Por esto no fué corona de gloria sino de do·
lor, y con esta corona de espinas deshizo la antigua
maldición.,

CAP. XYII. DECLARASE LA CORONACIÓN DE ESPINAS Y DOLOR DE LA CRUCIFIXIÓN

eran grandes y gruesos, y que no entraron
por lo más delgado ó flaco de las manos, sino
por lo más sólido y llegado á la muñeca, porque no pudieran sustentarse los cuerpos de
los crucificados si esto ansi no se hiciera. Algunos dicen que le enclavaron los brazos, mas
no tienen fundamento para ello ni razón, porque está la Escritura en contrario (loan., 20;
Zach., 9): Quid sunt plagae istae in medio manuum tuarum? Ansí se muestra en la sagrada
sábana, adonde también se ve claramente que
los clavos eran gruesos y redondos, porque
los agujeros tienen esa forma; y son tan anchos, que cabe un dedo por cada uno. Y no
dudó Tomás de que cupiese el suyo (loan., 20)·
Al fin habían de ser grandes para sustentar los
cuerpos por largo tiempo, que hasta corromperse y caerse á pedazos los dejaban estar en
las cruces los romanos. ¡Oh crueldad nunca
vista! Destas llagas de pies y de manos profetizó David á la letra (Psal. 21), según que lo
tiene recebido la Iglesia católica, diciendo en
persona de Cristo, Foderunt manus meas et
pedes meos; dinumeraverunt omnia ossa mea·
y dice dos cosas. La enclavación de pies y
manos y la extensión de todo el cuerpo en la
Cruz. ¿Cuyas manos, dice San Agustín, y cuyos
pies agujerearon, y cuyos huesos contaron?
De Cristo. Porque todos los padres entienden
de El ese salmo. ¿Y quién hizo ese tamaño
estrago? Las palabras que inmediatamente
preceden nos lo declaran. Circumdederunt me
canes multi, concilium malignantium obsedit
me. Y síguese luego: Foderunt manus meas et
pedes meos; dinumeraverunt omnia ossa mea.
Perros fueron los que barrenaron y taladraron los pies de Cristo y las manos, que es
cosa harto nueva; y en ellos entienden Eusebio, Teodoreto, Didimo, Hilarío, Ambrosio,
San Agustín, San Jerónimo y otros Santos á
los gentiles, á los cuales fué Cristo entregado para que hiciesen justicia de Él. Y el mismo
Cristo los llamó así por San Mateo (Matth., 7),
diciendo á la Cananea: Non est bonum sumere
panem filiorum et mittere canibus ('). Y aunque
este cercar á Cristo se puede acomodar al
prendimiento, más á propósito viene que lo
entendamos del Pretorio de Pilatos, adonde
se congregó toda la cohorte ó escuadrón de
los soldados para maltratar á Cristo Señor
(') «No está bien tomar el pan de los hijos y
echarlo á los perros •.

549

nuestro y acabar con Él poniéndole en la cruz.
Dinumeraverunt omnia ossa mea. Santa Brigida, contando la crucifixión de nuestro Salvador, dice (Lib. 1, c. 10; lib. 4, c. 70): que primero le enclavaron la mano derecha, y vinien-do á enclavar la izquierda, hallaban que no
llegaba al agujero, y atándola con una soga,
estiraron fuertemente para que llegase al barreno; y de aquella fuerza se des encasaron
los brazos y se le parecieron las costillas y
los huesos, de manera que se pudieron contar.
Pero es de consideración el término con que
el Profeta dice este agujerar de pies y de manos. Foderunt manus meas, etc. Parece cosa
nueva decir: Pies cavados ó fosados, y fosadas manos; porque la palabra latina, recebida
de la universal Iglesia, propiamente significa
cavar ó hacer fosa ó zanja. Y si son canes los
que cavaron estos pies y estas manos, más
novedad trae consigo. ¿Caváronlos con los
dientes por ventura? Porque no tienen otros
instrumentos. De los azotes dijimos que habia quedado el cuerpo del Señor como arado
ó sulcado con ellos; pero de las manos y de
los pies, que los cavaron profundamente. El
Cardenal Carense, sobre este salmo y palabra,
dice delgadamente (Caris. Cardin., in PsaI. 21):
Foderunt (dixit) non transfixerunt, quia ex profunda hac excavatione, ad instar fossae, exprimitur fructus, qui inde prosiliit: fossis enim
agros circundamus, ut ex his fructus copiosos
exhauriamus. Sic quidam.
Fossa parit tellus, optato tempore fructus.
Fossa caro Christi, caelica regna dedit (').

Foderunt. Hicieron fosas en el cuerpo de
Cristo, para que nos diese los frutos de la
eterna vida. (Vastitatem plagarum ostendit.
Anton. Nata). Y porque no atiendo agora á
sacar alegorías, sino á probar la acerbidad de
los dolores de Cristo, digo que el que sufrió
de los clavos fué tan grande, que no sé cómo
se pueda declarar. Todos los Santos y Docto(,) «Cavaron, dijo David, no traspasaron, porque
con esta profunda excavación, á manera de fosa, se
expresa el fruto que de allí salfó, pues de hoyos
cercamos los campos para recibir de ellos frutos
más abundantes. Y asi dijo cierto poeta:
Cavada bien nuestra tierra
Buen fruto rinde á su tiempo,
Cavado el cuerpo de Cristo
Nos dió su celestial reino •.

550

VERGEL ESPIRITUAL DEL ANIMA RELlGIOSA

res dicen que fué sumo. (Bern., Tract. de Pass.
Domini, cap. 7). Y Santo Tomás (3 p, q. 46,
arto 6) lo prueba de los lugares nerviosos y
muy sensibles por donde entraron. Cábele al
dolor que allí se siente, causar pasmo y enajenar un hombre, y entorpecer los miembros'
Juan Echio (Tract. de Pass. Domini, art. 5,
cons. 3), autor gravísimo, dice que así estiraron
el cuerpo de Oristo, cuando le pusieron en la
cruz, como se estiran las cuerdas de un salterio; y así sus miembros todos, sus nervios,
sus venas y arterias y sus costillas, sin alguna misericordia fueron estirados y rompidos.
y LanduIfo alega una revelación hecha á un
siervo de Dios, en que le reveló el Señor que
el mayor dolor que sintió en su Pasión fué al
tiempo que le enclavaron y extendieron en la
cruz. y por Santa Brígida llama Cristo á los
clavos acerbos (Brig., lib. 7, cap. 15). Y si decimos que el sensorio del tacto está en los
nervios, como lo está, porque mediante ellos
se hace la sensación, que es aquella obra del
sentir por el tacto, entenderse ha algo de la
grandeza del dolor de Cristo en este paso.
Desencasáronse muchos huesezuelos de los
que tienen los pies; lastimaron los músculos
nerviculosos y los ligamentos en que todos
los miembros están asidos unos de otros; y
como el clavo iba entrando iba haciendo lugar,
apartando, como digo, unos huesos de otros,
y los nervios; en la cual convulsión de los
pies no se puede decir cuánto fué el dolor y
la pena del Salvador. Lo cual supo por revelación la devotísima Brígida, y da testimonio
dello en esta forma (Lib., 1, c.): Dolor nervorum perforatorum accessit inconsolabiliter ad
cor eills; et de corde iterum ad nervoso Appropinquante autem morte eius prae intolerabili
dolore, Cllm rumperetllr cor, statim contremuerunt membra eius. Son palabras ternísimas y
poderosas para enternecer las piedras. El dolor de los nervios horadados, inconsolable_
mente acudió al corazón y le lastimó, y del
corazón iba y volvía á los nervios. Mas allegándose la muerte, por el intolerable dolor,
como se le rompiese el corazón, todos sus
miembros temblaron y se, estremecieron. Casi
lo mismo dice en el capítulo 51, aunque añade que fueron dos los clavos de los pies, uno
hincaron primero en el pie izquierdo y pusieron sobre él el derecho, y con otro clavo
muy largo los cosieron ambos en la cruz. Y
confiesa el Señor que como no tenía sobre

qué sustentar el peso del cuerpo, sino los clavos de los pies, que padeció íncreíbles dolores. y más adelante, en el mismo capítulo, dice
el Señor á su sierva que de la congoja y fatiga grande y violencia notable del dolor el corazón se le partió, y que el ánima muy apriesa se le salía del cuerpo.
§ V

De manera que cuando el Salvador, cansado, se quería cargar sobre los pies todo, las
manos se rasgaban y los agujeros deBas se
hacían mayores, y el dolor de los pies era gravísimo. Y al fin había de estar inquieto aquel
cuerpo, no hallando sobre qué descansar ni
por un brevísimo espacio de tiempo. Allí dijo
(Psal. 21): Sicut aqua eflusslls sum, et dispersa
sunt omnia ossa mea: Yo fui derramado como
agua, y mis huesos todos se desenlazaron y
desasieron entre sí. Mira, cristiano, qué dolor'
Factum est cor meum sicut cera liquescens in
medio ven tris mei: aruit tamquam testa virtus
meo, et lingua mea adhesit faucibus meis, et in
pulverem mortis deduxisti me ('). Todas estas
comparaciones significan la vehemencia de su
pasión, el vigor casi del todo consumido y la
sed que por la mucha sangre derramada le
atormentaba y afligía en la cruz. De manera
que tenía la lengua tan seca y pegada al paladar, que apenas la podía mover para hablar
las pocas palabras que habló. A lo menos los
griegos encarecieron tanto el trabajo de la
sed, que se les quedó en proverbio que ella
era el tormento del hombre: Tormentum hominis sitis. El profeta santo Isajas (Esai., 53), habiendo dicho de cómo Cristo había de ser levantado en la cruz y puesto á vista de todos,
y de cómo no había de quedar en él rastro
de hermosura, siendo el más hermoso de los
hombres, añade: Ipse vulneratus est propter
iniquitatis nostras, aftritus est propter scelera
nostra. Y señalando el autor desta obra
añade: Voluit eum Dominus conterere in iTlfirmitate. Tanto nos amó Dios, que quiso
que su Hijo unigénito fuese así maltratado y
quebrantado para nuestra salud y remedio.
La palabra conterere es muy significativa. Qui(') «Mi corazón tornóse como cera que se derrite
en mis entrañas; secó se mi vigor como un tiesto; mi
lengua se pegó á mi paladar y me has conducido
hasta el polvo del sepulcro».

CAP. XVIII. CÓMO CRISTO DESHONRADO EN LA CRUZ PUÉ HONRADO POR SU PADRE

so que fuese molido. Como si dijésemos,
en partes muy menudas. Quiso que entendiésemos en este modo de decir la multitud y
gravedad de los tormentos de Cristo, en cuyo
cuerpo no quedó miembro sin dolor. Y es lo
mismo que en el salmo citado dijo el profeta
en su nombre (Psal 21): Et in pulverem mortis
deduxisti me. ¿Qué otra cosa es reducir á uno
en polvo de muerte que molerle y matarle á
puros tormentos? En un autor grave leí que
entre los oráculos que de las sibilas- se hallaban había leído uno que decía que el pueblo nuevo había de adorar un Dios quebrantado y molido. ¡Ay, Jesús, quebrantado y molido con tormentos! ¿quién te mirara con los
ojos del alma pendiente en la cruz, con corona de espinas coronado, estiradas las venas
y los nervios, descoyuntados los miembros,
las manos extendidas y enclavadas y los pies
cruelmente lastimados; todo el cuerpo llagado
y despedazado á puros azotes; el pecho abierto; el rostro pálido, color de la obscura muerte; los ojos escurecidos y llenos de sangre; la
lengua pegada al paladar, y la garganta seca;
la cerviz inclinada; desnudo en cueros delante
de tan cnleles enemigos, todos burlando y
riendo de verte en tal fatiga y figura, que no
reviente de dolor, y que sus ojos no cieguen'
llorando? Pero descansemos un poco deste
discurso, porque nos queda un buen pedazo
por andar, en razón de la acerbidad de la pasión y muerte del Salvador, á quien sea gloria y honra por todos los siglos de los siglos,
Amén.
CAPÍTULO XVIII

En que se prosigue la materia del pasado y se
trata de los improperios de la cruz, y milagros con que el Padre eterno honraba á su
Hijo en tanta deshonra, y mostraba ser Dios
cuando apenas pareela hombre.
§ 1
Muchos otros testimonios hay en las divinas Escrituras de los profetas santos, con que
se manifiesta y descubre claramente la grandeza de los dolores y pasiones de Cristo;
como aquel de Jeremías (Trenor.,3): Dará su
rostro para que le den bofetadas y hartarse ha
de oprobios; que si se supiera pesar la hambre de Cristo de padecer por la salud de los
hombres, por ventura nos enseñara más esta
palabra que cuantas hasta agora habemos di-

5bl

cho. Quédese á la consideración de los que
saben apreciar cosas tan grandes, y pesemos,
si podemos, lo que el mismo Señor dijo por
el Profeta santo en el salmo 128: Supra dorsum

meum fabricaverunt peccatores, prolongaverunt
iniquitatem suam. La traslación Caldaica dice
Araverunt: Sobre mis espaldas araron los pecadores y alargaron su maldad. Quedó el cuerpo de Cristo como arado y sulcado de los
azotes. Como la tierra, que para que dé fruto
se ara y sulca, y luego se le comete el trigo·
¡Oh qué fruto tan colmado dió este campo divino, arado y sembrado de azotes! El mismo
Señor manifestó el estrago que los impíos y
crueles enemigos habían de hacer en su cuerpo inocentísimo, y el fruto que de ahí se había de sacar, diciendo (loan., 12): Nisi granunz

frumenti cadens in terram, mortuum juerit, ipsum solum manei, si autem mortuumfuerit multumfructum affert. Lo que sabemos es que el
grano de trigo arrojado en tierra, con el calor
della se desata y como que se derrama y deshace y derrite, ~e manera que de su antigua
especie ninguna cosa queda, salvo aquella natural virtud de fructificar que la semilla de su
primera institución tiene comunicada por el
mismo Dios. Considérese cuál quedó Cristo
por su pasión y muerte, como derretido y
deshecho, sin figura de hombre, como dijo
Isaías; mas no sin virtud de fructificar. Sicut
aqua effusus sumo Como se derrama un caldero de agua en la calle para que la pisen todos
y parece que no queda de agua más de lo que
se mojó en la tierra, ansí fué Cristo derramado y como arrojado, y de manera maltratado,
que no quedó en su cuerpo más que el esqueleto y lo que bastó para que se entendiese
que era hombre. Y porque de propósito tengo de escribir de las congojas del huerto, del
ir y venir al Padre y á los discípulos, y del
ángel confortante, y sudor de sangre hasta
correr en la tierra, cuya consideración basta
para entender lo que aquí yo pretendo, que
fué la pasión de Cristo amarguísima más de
lo que el entendimiento humano ni ángeles
pueden alcanzar (Matt., 17), no hablaré aquí
nada del particular: sólo digo que para mí
el mayor encarecimiento de los dolores que
Cristo padeció en su muerte es haberla llamado San Lucas exceso (Luc., 9). Loqueban-

tur de excessu (1), quem completurus erat in Hie(') La Vulgata pone:

Dicebant excessunz.

552

VERGEL ESPIRITUAL DEL ANIMA RELIGIOSA

rusalem. Esta plática tuvo Cristo Señor nuestro con sus amigos Moisén y Elías, oyéndola San Pedro, San Juan y Santiago, en el
monte Tabor, estando transfigurado delante
de todos ellos. Y aunque me quise pasar de
largo, por no mezclar gloria con pasiones, por
haber juntado el Señor su muerte con la gloria de su cuerpo me detendré un poco, y diré
algunos buenos pensamientos que en particular se me han ofrecido, que sin duda serán de gusto y consolación para los lectores.
§ 11

Loquebantur de excessu. En el contexto griego se lee: Loquebantllr de discessll. Eutimio
lee: Loqllebantllr de gloria. Digamos primero
del exceso, que, refiriéndose á Cristo, en ninguna manera parece que le conviene; porque
le confesamos Hijo de Dios, y Dios con su
Padre, que todas las cosas crió y ordenó con
peso, número y medida. Lo cierto es que si
un puro hombre hiciera por otro hombre lo
que Dios hizo y padeció por los hombres, ningún nombre se le pudiera dar sino este: exceso. Quédese, pues, á un cabo la consideración de que es Dios el que padece por los
hombres, y pongámosla por un poco de tiempo en que no es más que ·hombre. ¿Quién no
dirá que en esta obra perdió los estribos?
¿Quién no dirá que salió de si y excedió los
límites de la razón, y que estuvo demasiado?
¡Qué de trabajos! ¡Qué de persecuciones! ¡Qué
de afrentas! ¡Qué de miserias! j Qué muerte
tan cruel! ¿Hay guarismo con que se numeren
sus dolores? ¿Hay peso con que se pesen sus
tormentos? ¿Hay medida con que se midan
sus penas? Padece cárceles y cadenas, como
flaco; padece escarnios y baldones, como necio; padece y sufre bofetadas y salivas, como
blasfemo; sufre azotes y muerte de cruz, como
facinoroso y malhechor. Isaías, como ya vimos,
le llamó Varón de dolores; ó porque con ánimo varonil los padeció, ó porque ningún dolor
hubo que no se registrase en Él. Fué su pasión, como queda dicho, universal, así por la
universidad de los atormentadores y penas,
como porque padeció en todos los bienes que
llamamos de fortuna, y en sus miembros todos, sin quedar uno reservado de padecer.
Pues, pregunto yo á los lectores piadosos:
Este hombre, que voluntariamente y con tanto amor tales cosas padece, ¿está en sí ó fuera

o

de si? ¿No son todos estos excesos? Pues
juntemos á Dios en este hombre, y volvamos
á andar las estaciones que con solo el hombre habemos andado. ¿Qué tiene que ver el
Todopoderoso con las cárceles y cadenas?
¿Qué la Sabiduría eterna del Padre con las
afrentas y escarnios? ¿Qué la Bondad infinita con las bofetadas y salivas? ¿ Qué los
azotes y la horrible y espantosa muerte de
cruz con el que es la misma Justicia? Afirmad la consideración en este punto, que no
es puro hombre el que hace estos excesos,
sino Dios hombre. Loquebantur de excessu.
San Pablo, escribiendo á -los de Éfeso, dijo
(Ephes., 2) que estuvo Dios demasiado (si
así se puede decir) cuando envió su Hijo
al mundo para que con su muerte nos diese
vida. Y el mismo Señor se confiesa herido del
amor de su Esposa la Iglesia (Cantic., 4). Vulnel asti cor meum, soror mea, Sponsa, etc. Los
Hebreos leen: Excordasti, velfascinasti. Cuando un hombre hace desatinos por alguna mujer que quiere bien, acostumbramos á decir
que está hechizado ó desacordado; que hay
allá adentro otro que manda más que él. Pues
¿qué diremos de Dios, azotado, escupido,
puesto entre dos ladrones' y muerto por los
hombres? ¿Que hace excesos? Poco es. Diremos que está hechizado, ó desacordado, ó tomado del vino del amor. ¿Quién descubrió á
Noé, y le sujetó á que su hijo mayor mofase
y burlase dél? El vino, sin ninguna duda; porque él hombre justo y honesto era: que por eso
vuelto en sí maldijo á su hijo; el vino le descubre y le saca á la vergüenza. Y á Dios, ¿quién
le tiene desnudo en la cruz? ¿quién le manda?
¿quién le rige? ¿quién le gobierna? El amor·
Por eso hace excesos, porque el amor es excesivo. Y si leemos, como los griegos, Loquebantur de discessu: de la partida, tanto nos
declara su amor llamando partida á su muerte como llamándola exceso. Grande amor el
que hace que se sienta más la partida y el
despedirse de lo que se ama que la propia
. muerte. Y á la verdad, entre los fieles y finos
amantes más se siente el apartarse que el
morir; porque muriendo mueren muchas causas de dolor, y ausentándose nacen de nue_
vo: comienzan los celos, y las desconfianzas,
y los miedos, y los olvidos, y las mudanzas,
que son púas agudas que atraviesan el alma
del que se ausenta. La mujer se entibia en el
amor de su marido ausente y falta muchas
o

o

CAP. XVIII. CÓMO CRISTO DESHORADO EN LA CRUZ FUÉ HONRADO POR SU PADRE

veces á la fe prometida; el hijo se olvida de su
padre, y el amigo de su amigo; y todos vivimos d~sacordadamente y faltamos á nuestras
obligaciones cuando nos parece ó se nos antoja que está lejos de nosotros Dios. Bendito sea Él, que siente á par de muerte, ó más
que la muerte, dejar á los suyos, habiendo de
ir á su Padre y á su gloria. Pero no me parece pasar de corrida por el tiempo en que tuvo
esta plática, que si vamos buscando grados
de amor, el que aquí se nos representa sobrepuja todo encarecimiento. Una sola hora concedió á su cuerpo lleno de cansancios y fatigas, para que la gloria del alma se le comunicase, y no quiso que fuese sin el sentimiento
de su muerte. Tanto nos amó, que tomó por
gloria el morir por nosotros en una cruz.
Estando de partida, dijo á su Padre (loan., 17):
Pater, venit hora, clarifica me. Hora de su clarificación llama á la hora de su muerte afrentosa, haciendo gloria de sus penas que padece por los que ama, como grande amador y
enamorado. Y entra aquí muy bien lo que dijo
Eutimio, que en algunos ejemplares griegos
por exceso halló gloria. Como si dijera el
evangelista: Hablaban de la muerte de cruz,
que fué gloria para Cristo. Solía ser pena y
castigo de pecados gravísimos, y de malhechores, mas en Cristo fué gloria, y la que más de·
claró la grandeza de su amor para los hombres. ¿Y qué hombre habrá que, siendo de
ánimo agradecido, oyendo decir que el que
era dignísimo de toda honra sufrió con amor
tales, afrentas, que no le glorifique? Grande
ponderación del amor de Cristo, dice Crisóstomo, que, hablando de la ignominia de la
cruz, diga San Lucas que hablaban de la gloria. Compararon los antiguos el amor al fuego, con grandísima propiedad; porque como
el fuego hace sus operaciones conforme á la
materia en que se ceba: que en la paja liviana
y en la estopa seca se acaba de presto, y en
la encina fuerte y robusta dura mucho, y en
la pólvora es tan furioso que todo lo atropella, derriba y asuela, ansí el amor obra conforme al corazón en que prende. Amor encendido en corazón de hombre hace efectos conformes al valor ó flaqueza del hombre; mas
encendido en corazón de Dios, ¿qué ha de ser
sino divino? ¿qué ha de producir sino afectos celestiales? Ese le hace á Cristo tener por
fácil 10 más dificultoso y por suave 10 más
terrible y amargo, como lo es la muerte, y por

553

exaltación y gloria el abatimiento de la cruz.
Sacamos de 10 dicho, para consuelo de nuestras almas, que la muerte de Cristo se llama
exceso, partida y gloria: exceso, porque excediendo en el amor excedió en las pasiones, y
pudiendo redemirnos con sola una gota de
su sangre, no quiso que le quedase gota en su
cuerpo; partida, porque el apartarse de los
suyos le fué no menos molesto que la muerte; gloria, porque se ve cuánto pudo el amor,
pues volvió las deshonras en honra y en gloria las afrentas de la cruz. En el Tabor se habla del exceso, y en el Calvario se ven muchos excesos. ¿Quién vió á Job en su palacio,
como grande entre los orientales, vestido
como vestían los reyes (Iob., 1), Y le vió después en un muladar, desnudo y lleno de lepra,
que no saliese de sí con admiración y pasmo?
Siete días estuvieron sus amigos sin hablar
palabra, espantados de tan gran mudanza,
cotejando el muladar y el palacio. iOh montes
divinos, cuánta es vuestra diferencia y disimilitud! El Tabor parece cielo: los peñascos y
las rocas llenas de luz, los árboles vestidos
de claridad, Pedro arrebatado y cuanto all!
se ve rebosando gloria; mas el Calvario, que
está defrente, lleno de huesos secos y de calaveras de justiciados, las piedras rociadas de
sangre y las criaturas enlutadas. San Juan
Crisóstomo, declarando aquellas palabras de
David (1I Regum, 1): Montes Gelboe, nec ros, nec
pluvia veniant super vos, etc., dice ansí: ¡Oh
montes!, ¡oh montes!, no merecéis ser regados con aguas del cielo, pues lo fuístes con
la sangre de tantos nobles. Allí perdió su
honra Israel; Saúl y Jonaíás las vidas; y allí
cayeron los fuertes de Israel. En el monte
Calvario cayó Jesús; allí burlaron de Él sus
enemigos; allí se quebrantó y rompió aquel
lazo dorado con que aquella santísima ánima
estaba unida al inocentísimo cuerpo; alli, finalmente, fué crucificado y puesto en medio de
ladrones el que tiene su asiento á la diestra
del Padre, rodeado de ángeles. iOh monte
Calvario, adonde cayó el fuerte de Israel y
su Madre llena de compasión quedó casi
muerta! allí fué afligido el hermoso Nazareo,
hasta desconocerle Isaías (Esai., 53), hallándose muy cerca de Él en espíritu. Muy bien
pudiera decir en este monte lo que el santo
Job en su muladar: Fratres mei praeterierunt
me sicut torrens, qui raptim transit in convallibus: Por no apiadarse de mí los míos, ni aun

554

VERGEL ESPIRIT1)AL DEL ANIMA RELIGIOSA

los ojos me quisieron dar; pasáronse de largo
con la priesa que la garganta ó río que desciende de alguna alta sierra, ó como el aguacero que arrebatadamente se causa con las
muchas aguas del verano.
§III

y fuera poco pasarse de largo los amigos,
si los enemigos no le trataran mal con palabras y movimientos feos, como lo dicen los
evangelistas. Empero mucho antes lo había
profetizado el rey santo, en aquel famoso
salmo que como otro San Mateo ó San Juan
describe la pasión de nuestro Salvador (Psal·
21). Omnes videntes me, deriserunt me, locuti
sunt labiis, et moverunt caput: Todos los que
me vían puesto en la cruz burlaban de mí,
hablaron palabras de afrenta y movieron la
cabeza. Esto dice el Profeta, y muchas otras
cosas, de que dan claro testimonio los evangelistas sagrados. Et praetereuntes, dice San
Mateo (Matt., 27): movebant capita sua, dicentes: Vah, qui destruis templum Dei, et in
triduo reaedificas illud. La palabra Vah es
interjeción, y entre los latinos significa cierto modo de escarnio, con la boca más abierta y desplegada, medio sacada la lengua, y
los ojos desgarrados y en blanco. Aperuerunt
super me os sUllm, sicut leo rapiens et rugiens·
y el mover la cabeza diciendo esto también
tiene su manera de gravedad, que levanta
de punto el escarnio. Pasaban de largo, y
meneando la cabeza y abriendo la boca decian: Vah, etc. Burlaban del Señor en esta
figura, porque había dicho en cierta ocasión:
Solvite templllm Izoc, et in tribus dieblls excitabo illud. Y.fué porque no le entendieron
que Él hablaba de su muerte y resurrección,
llamando á su cuerpo templo, que muriendo
se había de descomponer y se había de desatar el ánima dél, y resucitando se había de
reedificar y levantar de nuevo; y ellos lo entendieron del templo de Salomón; y por eso
le calumniaron delante de Caifás, añadiendo,
como dice San Marcos: Templum hoc manujactum; porque no hubiese razón de dudar y
fuese la acusación más fuerte, como si le faltara poder para reedificar en tres días el templo de Salomón material al que después de
muerto se resucitó á sí mismo. Al fin fué
burla y acusación. Errlpero más afrentosa fué
la que siguió. Si Filius Dei es, descende nunc de

cruce, et credimlls tibi (f). Paré cese esta tentación á la de Satanás, que puesto Cristo sobre
el pináculo del templo, le dijo (Matth., 4): Si Fi, ¡¡liS Dei es, métte te dl!orsum. Al demonio pudiéramos decir que Dios no puede despeñarse; y á sus hijos, que por ser Hijo de Dios no
desciende de la cruz. Estimaba en más la salud
de los hombres, por los cuales había subido
en ella, que la suya misma y que la vida tan
amada; ansí no hizo caso deste ofrecimiento:
lo uno, por no dejar su obra comenzada; y lo
otro, porque la promesa de creer en Él era
mentirosa. Lo cual se vió en su -esurrección,
que aunque resucitó, y dello hubo testigos de
los suyos, no creyeron en Él. De manera que
estas palabras: Si Filius Dei es, descendat nunc
de cruce, et credimus, etc., fueron sin ninguna
duda irrisorias y de escarnio y mofa, para afligirle más y hacer su pasión más amarga. Hablan como seguros de que no bajará, porque no
tiene poder para ello. Y vese claramente por
lo que añaden: Alias salvos jecit, seipsum salvare non potest. En un sentido son verdaderas estas palabras y en otro son falsas: verdaderas, hablando de la verdadera salud, que
la dió á los otros y á sí no, porque no la hubo
menester, que era justo y era Dios; falsas, tratando de la salud corporal, porque el que la
dió á muchos no fué impotente para dársela
á sí.. Bien dicen: Alias salvos jecit, porque á
Lázaro resucitó después de cuatro días muerto, y á otros sanó de varias enfermedades, y
á muchos libró de la tiranía de los demonios;
pero mal dicen: Se ipsum non potest salvum jacere~ Poderoso para los otros y flaco y impotente para sí, ¿cómo puede ser? Si dijeran: A
sí mismo no quiere librarse, dijeran verdad;
porque como pudo resucitarse después de
muerto, pudo bajar de la cruz y sanar de sus
heridas antes de morir. Pero Señor, ¿qué fuera de nosotros si como os lo pedían los judíos bajárades de la cruz? Ninguno se salvara, porque la salvación de los hombres estaba
librada en vuestra muerte, y muerte de cruz.
Síguese: Conftdit in Deo, liberel eum, si vult
eum; dixit enim quía Filius Dei sum: Confió en
Dios, Iíbrele agora, si quiere, porque Él dijo:
Hijo de Dios soy. ¡Qué mal arguyen estos letrados! Sí, que no por confíar los Santos en
Dios les libra siempre de sus trabajos, en los
(') «Si eres Hijo de Dios, baja ahora de la cruz, y
creemos en tí •.

CAP. XVIII. CÓMO CRISTO DESHONRADO EN LA CRUZ PUÉ HONRADO POR SU PADRE

cuales muy de ordinario les libra su salvación
y acrecentamiento en la virtud y merecimientos. ¿Y por qué había el Padre de librar al Hijo
muy amado de los tormentos de la cruz, habiéndole de honrar, como le honró después,
por haberla sufrido? ¿Qué de gloria se le siguió? Más que á todos los otros hombres de
sus muertes y pasiones, porque era Hijo de
Dios. ¿Qué potestad? ¿Qué judicatura? ¿Qué
nombre? Estas burlas y escarnios de Cristo
y consejos de los judíos, están así declarados
en el libro de la Sabiduría (Sap., 2), que más
parece el escritor evangelista que se halla presente que profeta de cosas por venir. Allí lo
podrá leer el lector curioso, que para mis intentos bien me basta lo que hallo escrito en
los evangelios. Et accedentes milites illudebant
ei: si tu es Rex Iudaeorum, salvum te fac. No
dicen: si eres Dios, sino: si eres Rey de los judíos. Eran gentiles los que esto deCÍan, y no
conocían divinidad en Cristo, sino humanidad
tan solamente, y eran de los que le acusaban
que afectaba el reino y que se hacía rey; por
eso le dicen: Si eres Rey de los judíos, desciende de la cruz, como si el más poderoso rey
del mundo, puesto en una cruz como lo estaba Cristo, lo fuera para librarse por sí solo.
Fué mofa, como las demás.
§ IV

555

concierta á San Mateo y San Marcos con
San Lucas. Ellos dicen: Y también los ladrones burlaban del Señor. El dice que uno de1I0s era el blasfemo, y todos dicen verdad,
porque hablan al uso, de muchos por UIlO.
Como San Pablo á los Hebreos, tratando de
las maravillosas obras de los Santos (Hebr.,
11): Obturaverunt ora leonum, no habiendo
más que un Daniel que lo hubiese hecho. Secti sunt. Habla de muchos asserrados, y no hubo
hasta él más que un Isaías. Y en el salmo 2:
Astiterunt reges terrae, y no hubo sino Herodes y Pilatos en la muerte de Cristo. Y yo
digo muchas veces: los Hilariones, los Macarios, los Antonios, y no hubo más que un Hilarión, y un Macarío, y un Antonio. Pero qué~
dese esto para más largo discurso, y pongamos los ojos y la consideración en las maravillas que acompaílaron á tantas y tan graves
ofensas y afrentas, que parece que andaba
Dios á porfía con los enemigos de su Hijo;
ellos buscando modos exquisitos para deshonrarle y afligirle, y Él amontonando milagros
para honrarle y declararle por Dios. Notable
maravilla entre todas, que el Centurión y los
que estaban con él, viendo las cosas que pasaban en la muerte de Cristo, dándose golpes
en los pechos dijesen: Vere Filius Dei erat iste.
San Agustín y San Jerónimo atribuyen este
milagro á la voz grande y esforzada con que
Cristo expiró. Videns autem Centuria, quia sic

Y no sólo los soldados se descomidieron, clamans expiraset, ail: Vere hic homo Filius
sino, como dice San Mateo y San Marcos, los Dei erat (Mar., 15). Milagrosa voz, y obradora
ladrones que le acompañaban en sus cruces, de milagros, que por ella se compungió el
por ventura llevados del mal ejemplo de los Centurion, y otros con él, y confesaron por
mayores, que hacían lo mismo, ó por lisonjear Hijo de Dios al que vían morir tan miserableá los judíos, que tan emperrados vían contra mente. Los dos doctores citados atribuyen
Cristo, esperando por aquel camino escapar- esta voz él la divinidad de Cristo, que muere
se de la muerte. Lo certísimo es que ambos cuando quiere y como quiere. Potestatem Izaladrones blasfemaron de Cristo al principio; bea ponendi animam meam, et ilerUlll sUlllendi
pero el uno por la misericordia de Dios cayó eam. Murió porque quiso, y, no muriera si no
en la cuenta y se arrepintió y pidió á Cristo quisiera. Por esto dió tan grande voz, porque
que se acordase dél cuando estuviese en su se vea que tiene vigor para vivir y que quieReino. El malo decía, haciendo burla: Si tu es re morir. No le echan del cuerpo por fuerza,
Christus, salvum fac temetipsum et nos. San que ninguna hay contra Él; Él se sale de su voAgustín, en aquel libro dorado que escribió luntad. Escogió el género de muerte que quiDe cansensu Evangelistarum, dice que es muy so, y estuvo penando en la cruz lo que quiso;
común en la Escritura usar del número plural . cuando le pareció, expiró; en el sepulcro estupor singular, y lo mismo usaron los antiguos vo lo que fué su voluntad; y cuando resucitó,
fué como si despertara de un sueño dulce y
oradores; y es lenguaje común entre nosotros
Fulano tiene hijos, y no tiene más que uno. se levantara de la cama. Grande y estupenda
A Fulano tengo cometidos mis negocios, y es maravílla fué escurecerse el sol desde la hora
un negocio tan solamente; y desta manera de sexta, hasta la nona, que el Señor expiró

556

VERGEL ESPIRITUAL DEL ANIMA RELIGIOSA

dejando toda la tierra en tinieblas (Matth.,
27; Marc., 15; Luc., 23): Tenebrae Jactae sunt
super universam terram, no por algún eclipse
natural, sino retrayendo el sol maravillosamente sus rayos y escondiendo su luz al mundo, y haciendo noche profunda por aquel
tiempo. ¿Y con qué fin todo esto? Unos dicen
que fué para significar las interiores tinieblas
de los judiós; otros, que para mostrar que el
que padecía y morfa asi desfigurado y maltratado era Señor y Criador de todo el universo;
otros dicen que lloró Dios de la manera que
pudo, dando señales de llanto, á la traza de
aquellos que en la muerte de sus amigos se
esconden y huyen de la luz y hacen tinieblas
artificiales, cerrando puertas y ventanas, y enlutándose á sí y á sus domésticos, y entapizando de negro sus aposentos. Al fin llora
Dios como puede en sus criaturas; y cuando
más se descubre la enfermedad de la carne
de que se vistió en su Hijo, que fué muriendo
en la cruz, más mostró su gran poder cerrando los ojos al mundo, esto es, escureciendo el
sol y la luna, que entre las lumbreras del
cielo tienen el principado; lo cual sucedió estando Cristo colgado del madero de la cruz,
y enviando, como dije, su espiritu al Padre·
Empero después de Él muerto, Velum templi
scisum est in duas partes, a summo usque deorsumo Como si dijera Dios: Ya no hay figuras,
esta es.la verdad de todas ellas; ya la divinidad de Cristo se ha manifesfado á los hombres, y sus misterios, con grande razón hasta
agora escondidos; ya no hay velo que impida
á los hombres la entrada del Sancta sanctorumo Y, como dice San Jerónimo, el cielo se
abrió en aquel punto por la muerte del Salvador.

§ V
Síguense otras maravillas no menores; una,
que las piedras se quebraron; otra, que la tierra se estremeció; la tercera, que los sepulcros de los muertos se abrieron. Como si se
nos dijera: Causó tan grave dolor en las criaturas la muerte del Criador, que las cosas
durísimas se quebrantaron, y las que no se
mueven se movieron, y los muertos salieron
de sus sepulcros para ver tan grande y tan
espantosa maravilla como fué morir Dios. Y
para acabar con este capítulo, en una palabra diré lo que pide un largo tratado: que viniendo los soldados á quebrar á Cristo las

piernas, para abreviar con Él como con los
ladrones, hallándole ya muerto: Unus militum
lancea latus eius aperuit, el continuo exivit sanguis el aqua. iOh pertinacia de judíos! Muerto
Cristo, le quisieron afrentar abriéndole el costado con una lanza; y por ese camino hizo Dios
un gran milagro, que fué sacar agua y sangre de un cuerpo muerto. San Agustín, sobre
estas palabras, dice divinamente: Vigilan ti verbo evangelista usus esl, ut nom dicerei: Latus
eius percussit, aut vulneravit, sed aperuit; ut
illic, quodammodo vitae ostíum panderetur: und~
sacramenta Ecclesiae manaverunt, sine quibus
ad vitam quae vere vita est; non intratur. Unde
sequitur: Et continuo exivit sanguis et aqua. Ille
sanguis in remissionem peccatorum Jusus est:
aqua illa salutare temperat poculum, hoc et lavacrum praestal el potum. O mors, unde mortui reviviscunt! Quid isto sanguine mundius?
Quid isto vulnere salubáus? Con palabra advertida y de consideración habló el evangelista, que no dijo: hirió, sino: abrió su costado
con la lanza; para significar que alli en su
manera se abría puerta de vida, de donde los
Sacramentos de la Iglesia manaron, sin los
cuales á la vida que es verdadera vida no se
entra. Síguese: y luego salió sangre yagua;
aquella sangre para remisión de pecados se
derramó, y aquella agua tiempla una saludable bebida; y uno y otro nos dan bebida
y lavatorio. ¡Oh muerte de donde los muertos
reviven! ¿Qué cosa más limpia que esta sangre? ¿y qué cosa más saludable que esta
llaga?
CAPÍTULO XIX

De algunas razones que obligan á la compasión
de Cristo crucificado, sacadas del seráfico
doctor San Buenaventura ('), del libro que
intituló «Estimulo de amor» (capitulo 2).
§ I
Para compadecernos de Cristo crucificado,
cosa de tan grande importancia al ánima reli(') Los Padres de Quaracchi, en la edición crítica
de las Obras de San Buenaventura (tomo X, página 23), prueban que es obra de uno de sus discípulos, el P. Fr. Jaime de Milán, el cual tomó mucho de
su maestro y dió ocasión con ello para que el Stimulus amorís se lo adjudicaran al Doctor seráfico'
Puede verse también el prólogo de la nueva edición
de este libro, hecho en Quaracchi, año 1905.

CAP. XIX. RAZONES QUE AYUDAN A LA COMPASIÓN DE JESÚS CRUCIFICADO

giosa y que desea aprovechar en la vida espiritual, pone el seráfico doctor San Buenaventura cuatro razones, admirables verdaderamente y sobremanera eficaces y obligatorias: La primera, y la mejor, y la más levantada de punto, es que estudiemos cuanto nos
fuere posible unir á Él nuestro corazón por
fervoroso amor; porque cuanto más suficientemente le amáremos, tanto más nos compadeceremos de sus pasiones; que la compasión,
como dicen sabios, es hija legitima del amor
y efecto suyo propio; y el afecto se enciende
más cuanto la compasión es mayor, y alternativamente crecen y se aumentan entre sí amor
y compasión, hasta llegar á la perfección, como
de nuestra parte no haya algún estorbo, ó
impedimento, ó miseria voluntaria. Y aunque
puede haber muchas, principalmente lo son
la presunción, y la desconfianza, y la negligencia, de que habemos de huir con todas nuestras fuerzas. Porque obra de tanta nobleza
como ésta, debe el hombre acometerla y emprenderla con humildad, con confianza, instante y perseverantemente, y con toda la limpieza de corazón que pudiere. Y si le pareciere que es indigno y grande pecador para
esta empresa tan gloriosa, no por eso se desanime ni desista, que por los pecadores fué
Cristo crucificado. ¿Pero de qué manera me
tengo de unir por amor con Cristo? Que ya tu
corazón más parezca ser corazón suyo que
tuyo; mas uno con Él que contigo. ¿Y cómo, si
esto alcanzas, no sentirás sus heridas? ó
¿qué pasiones tendrá que no redunden á tu
alma y se comuniquen á tu corazón? Trabaja,
pues, cuanto pudieres que tu corazón totalmente entre en Jesús; y á ti te reputa y estima
en nada fuera de Él, porqúe en verdad nada
eres y como de nada cuidarás de ti. Tu cuidado
todo, cuanto al estado y tiempo presente,
ha de ocuparse y revolverse acerca de Cristo crucificado y rodeado de pasiones; porque
lo que eres, de Éllo eres, ni con buen derecho
puedes de ti dar algo á ninguna criatura. Y si,
como tengo dicho, te trasladares todo en Él,
no puedo creer que no seas juntamente llagado con Él y que no sientas sus afrentas, oprobrios y desprecios. Y entonces cuánta dulzura
y contentamiento recebirás no lo sabré yo declarar ni con la lengua, ni con la pluma; sólo
pido y suplico al Señor que por su infinita
misericordia te lo deje experimentar. Y si esto
te pareciere muy dificultoso, y tu entendi-

557

miento no penetrare mi razón, atiende al segundo ejercicio, más casero y manual. Piensa
cuánto dolor sintieras, cuánta pasión y fatiga,
si como á San Bartolomé te desollaran vivo,
ó te asaran como á San Laurencio, ó te rasgaran tus carnes hasta que se vieran huesos y
costillas, como con muchos mártires lo hicieron los tiranos. O considera otros géneros de
tormentos y pasiones más atroces ó de mayor
espanto para ti; y cuando pensando y considerando estas cosas sobre ti concibieres un cierto horror de una pena grande, entonces revuelve la consideración á Cristo, que por ti,
pecador vilísimo, sufrió en la cruz más graves
y más intolerables dolores que tú pudieras, ni
otro alguno, sufrir en las cosas referidas. Piensa entonces, y rumía en tu corazón, cuánta
angustia sufrió, y cuánta aflición, y cuán grande fué el amor que á eso le movió y obligó; y
así meditando, sienta tu corazón aquellos dolores cuanto pudiere, y como !>i los padecieses derrama devotas y amarguísimas lágrimas. Y no dudes que se convertirán en grande dulcedumbre espiritual.
§ 11

Y si ni esto te aprovecha para el fin que
pretendes, experimenta otro medio más eficaz.
Toma unas diciplinas que lastimen y no llaguen ni maltraten mucho la carne, y, puesto
en lugar escondido y secreto, azótate valerosamente, no perdonando á tu cuerpo hasta
que el dolor le rinda; y cuando te vieres así
dolorido y afligido, convierte tu pensamiento
á Cristo, lleno de pasiones y afliciones, y medita y piensa que tu dulce y amado Esposo,
tu amor, el deseo de tu ánima, el solaz de los
ángeles, premio de los bienaventurados, Jesucristo, Dios y Señor de todas. las cosas, quiso
por ti, estiércol vilísimo, sufrir en su cuerpo
sin comparación mayores y más intensos dolores. Y no dudes de que este remedio te ha
de valer mucho, porque por las pasiones propias deprenderás á compadecerte del Señor
que por ti padece. Y advierte que á todo lo
dicho has de añadir la oración; de manera que
casi continuamente pidas á Dios que con sus
llagas llague tu ánima, y por las mismas llagas y pasiones impetres de su largueza lo que
pretendes. Y si por la dureza de tu corazón
todas estas cosas no te son de provecho, aborreciéndote como si fueras un montón de es-

558

VERGEL ESPIRITUAL DEL ANIMA RELIGIOSA

tiércol, llora sobre ti amargamente y dí: ¿Has- estamos cortados y separados de Cristo, nuesta cuándo la malicia y miseria de mi corazón tra cabeza; porque estando llagado por nosprevalecerá contra Jesús, que por mí padeció otros, no sentimos sus llagas. ¡Ay, Jesús mío!
y murió, cuyas llagas vencieron sobre la po- ¿por qué me hiciste, si no tengo de estar unitestad del demonio, sobrepujaron los encan- do á Ti? Y si estoy conjunto á Ti, ¿por qué juntos y hechizos del primer padre, quebranta- tamente contigo no estoy llagado? Por mí
ron las puertas del infierno y abrieron las del ¡oh Jesús bueno! fuiste llagado, por mí, que no
paraíso? ¡Ay corazón! ¿es posible que sea tu por Ti; y Tú solo sufres las llagas, y yo no las
malicia tanta que no la venza la excelentísima siento. Yo debo de ser el sujeto de las llagas,
bondad de tu Criador? ¿Qué cosa puede ha- y no Tú, porque yo soy el que pequé yel que
ber peor que yo? ¿Qué malicia mayor que la obré mal; pero Tú, que eres cordero inocente,
de mi corazón? ¡Ay de mí! ¿qué haré, que mi ¿qué pecaste? Vuélvanse, ¡oh Señor! esas llaenfermedad es tal que ni de la pasión de mi gas á mí y á la casa de mi padre; restitúyeSeñor Jesucristo recibo medicina? No cesen nos, Señor, restitúyenos nuestras llagas, para
mis ojos de llorar hasta que las muchas lágri- que Tú, que eres inocente, no parezcas culpamas dellos ablanden tanta dureza. ¡Ay, ay! do, retiniendo Hagas ajenas, ó por lo menos
¿á donde iré huyendo de tu espíritu? ¿Qué con Vos llagad nuestros corazones. Señor mío,
haré, cuando no sé hallar la vida de mi ánima y morirme quiero si no llagáis mi ánima; aborrezgustar la suma largueza de la divina clemen- co ver mi corazón no llagado, considerándoos
cia acerca de mi? Sentaréme en un muladar, á vos, mi Salvador, crucificado ror mi salud.
y con una teja raeré la lepra de mi alma; afli- . O me llagad con Vos, ó me dad licencia para
giréme de aquí adelante, y en ninguna mane- herirme yo á mí mismo y llenar de llagas mi
ra me perdonaré hasta que en mi aflicción cuerpo; porque no quiero vivir sin Bagas, conhalle á mi Señor Dios afligido. Maravilla gran- templando tantas en Vos.
de es que el hombre tenga paciencia consigo
y que viendo la malicia de su corazón no se
§III
duela. ¡Oh cOFazón pésimo, ó por mejor decir
y si todas estas cosas no valieren para modiabólico! ¿Hasta cuándo has de resistir á la
inmensa largueza? ¿Por qué te deleitas más verte á compasión, piensa que de un tan noen las l\agas del pecado que en las llagas de ble beneficio eres indigno; y de ahí adelante
Jesucristo? ¿Por qué te compadeces más de no te cuentes entre las criaturas racionales,
un pequeño golpe de tu pie que de la gravísi- sino entre las bestias fieras, y con ellas prema y afrentosísima muerte de tu Señor Dios, y tende hacer tu morada. Y si acaso te humilladel intensísimo dolor de tu Cabeza, y de la res mucho, aquel que miró la humildad de su
vida de tu ánima, Cristo? ¿A dónde se vió ni Sierva mirará la de tu ánima y te dará coramayor flaqueza ni mayor locura? ¡Oh hombre! zón nuevo para que conozcas á tu Señor Dios,
¿no miras que amas más á aquel del cual más que por ti padeció y murió. Pero ¿cuándo ¡oh
te compadeces en su dolor? Pues si te dueles Jesús bueno! cuándo será esto? El diferirlo
más de tu pie lastimado ligeramente, y com- es mi muerte; y si mucho te tardares, por
padeciéndote dél inclinas á él tu corazón, que ventura con la fuerza del deseo me derretide Cristo en sus grandes y terribles afliccio- ré; y después en lo líquido no se podrán imnes (porque ni de Él ni della s te acuerdas en primir llagas .que duren. Mi ánima comienza
mucho tiempo; y cuando las piensas, ó no las ya á enfermar y desfallecer, y yo me voy resientes, ó es con tanta moderación como si duciendo en nada, deseando ser consolado
fueran de puro hombre y no bienhechor ni con tus llagas. ¡Oh Señor! ¿á dónde está vuesamigo), ¿no quedas convencido de que estimas tra sabiduría? ¿Ignoráis acaso que es mejor
en más y amas con mayor amor á tu pie que que tengáis vuestra criatura llagada que aniá tu Señor Dios? ¡Oh ceguedad inmensa! ¡Oh quilada? No, pues, dilates elllagarme, porque
hombres peores mucho que las serpientes, por la mucha dilación na pierdas al que con tu
que compadeciéndose en sus trabajos de su preciosa sangre redimiste Corre. corre, Señor
cabeza, la cubren y guardan exponiendo á las Jesús; corre y lIágame, que podrá ser quel si
heridas y golpes todo el cuerpo! Parece ver- esperas mucho no halles de mí nada. Mas
daderamente que, como miembros podridos, ¡ay de mí! ¡cuán vil soy hecho, pues que pare-

CAP. XX. CONSIDERACIONES PARA APROVECHAR MEDITANDO LA PASIÓN

ce que el Señor, que á sus enemigos ama, á
mí me está aborreciendo! Señor, ¿por ventura
soy hecho más que enemigo? Paré celo, pues
por la redención de tus enemigos quisiste ser
llagado, y yo desfallezco, y no parece que me
quieres curar. No pido que por mí sufras llagas otra vez, sino que á mí, casi muerto, apliques tus llagas para que reviva. Señor Jesús,
si distes lugar al hierro, criatura vuestra insensible, para que, haciendo herida, entrase
en vuestro cuerpo, ¿por qué me negáis á mí,
criatura vuestra racional, la entrada por las
llagas ya hechas? ¿Qué es esto? ¿Es por ventura mi corazón más duro y más vil que el
hierro? ¿O pensáis que será más cruel? No lo
será, Señor; y si lo fuere y entrare, mi crueldad no te ofenderá, porque ya eres impasible.
De manera, que como quiera que yo entrare
por tus llagas y discurriere, y por la grandeza
del amor comiere tus carnes, siempre perma:
necerás impasible; y mi apetito se satisfará,
de suerte que se encienda más. Empero,
¿para qué doy más voces? Tardas y no vienes;
y ya cansado del deseo, comienzo á desvariar.
El amor rige, y no la razón; y corro con ímpetu á donde me quieres inclinar. Los que me
vieren burlarán de mí, porque no entenderán
que esta embriaguez es causada de tu amor.
Ignoran que ese tu amor encendido impide el
uso del sentido, y que el que á ti fervientemente busca, á sí y á todas las cosas desampara; y el que con puro corazón te ama, muy
poco caso hace de las cosas exteriores y muchas veces no advierte á lo que hace, ó acerca
de sí pasa. Ven, pues ¡oh Jesús bueno! ven y
no quieras tardar, para que, por el deseo grande, no quede sin algún sentido. Pero, ¿qué
digo? Por ventura es eso lo que tú buscas, que
abstraído y apartado lejos de todas las cosas
entre puro por tus gloriosas llagas, con las
cuales entonces plenariamente llagues mi ánima, que te ama. Allí clamaré y diré: ¡Ay mi
Señor Jesús! ¡cómo te veo cruelmente llagado
y de cuánto dolor te contemplo agravado!
¿Quién me dará que por Ti muera? Ni puedo
vivir viéndote en tanto dolor, ni puedo dejar
de espantarme considerando tus penas, ni oso
decir que n'o mueras, ni puedo sufrir tu muerte; de todas partes me rodean angustias, y no
sé lo que elija, sino es que juntamente contigo sea crucificado; considerando tus pasiones
en mí mismo desfallezco y por el dolor quedo
sin aliento. ¿Qué hiciste, Señor? ¿Por qué por

559

mí, vilísimo, subiste en la cruz? ¿Y qué soy yo,
vilísimo gusano, podre abominable, por quien
Tú, Señor de todas las cosas, hayas de ser
así enclavado, siendo como eres Sabiduría del
Padre? ¿Por qué hiciste tal conmuta, que dieses
la vida por la muerte, la verdad por la vanidad,
la gracia por la malicia, y por la miseria la
gloria? ¿Quién alcanzará el secreto desta obra?
¡Oh caridad nimia ó excesiva, como lo dijo
tu Apóstol, adonde se descubrió y apareció
el abismo grande de tu inmensa piedad! Yo
no hallo en Ti otra causa de muerte sino tn
infinita caridad. Pero, Dios mío, ¿no fuera mejor que yo no fuera, que no, siendo, ser causa
de tu muerte? ¿Cómo no rasgo mis carnes y
las como á bocados por el gran dolor? ¿O cómo
todas las criaturas no me acometen y quitan
la vida, pues la quité yo al autor della? Sufriréme con paciencia, como sufriría en mi presencia algún enemigo mío, que, deseando matarle y acabar con él, por alguna razonable
causa no me atreviese á ponerle las manos·
Lo peor es que después de tan admirable beneficio como fué morir por mi salud y remedio, como si no fuera nada lo que hiciste, te
ofendo y no ceso de pecar en tus ojos; de manera que de la medicina saco ponzoña y, como
ingrato, por tan grande bien vuelvo tan grandes males; conviértome á las cosas vanas,
como si no conociese que en Ti está mi salud
eterna; aIlégome á las criaturas con atadura
que no se puede deshacer, y de Ti, vida verdadera, me aparto y voy huyendo. Pero, Señor
mío, ¿por ventura quisistes morir por mí de
balde? ¿Queréis que se pierda el que comprastes tan caro? Mátame contigo, y contigo
me crucifica, para que de Ti jamás me aparte,
y contigo viva para siempre. Amén.
CAPíTULO XX
De seis consideraciones en que se ha de ejercitar el que con aprovechamiento quisiere meditar en la Pasión de Cristo nuestro Redentor.
§ I

La Pasión del Señor, meditada y rumiada
atenta y devotamente, engendra en el alma
varios afectos de imitación, de compasión, de
admiración, de gozo, de resolución y de quietación (San Buenaventura, 1 p. del Estímulo
de amor, capit. 4, ex Rom. impreso Pii 6). Digo

560

VERGEL ESPIRITUAL DEL ANIMA RELIGIOSA

que podemos meditar en ella para uno de seis
fines: ó para imitar, ó para compadecernos
del que la padece, ó para admirarnos viendo
que es Dios el que padece, ó para alegrarnos
y regocijarnos por ser ella la medicina de
nuestros males y el remedio único de nuestras
miserias todas, ó para derretirnos ó transformarnos en Cristo crucificado, ó para quietarnos, hecha esta resolución, en el mismo Cristo, nuestra salud y centro verdadero. La imitación sirve á la purgación de la mente, y para
el crecimiento del amor; la compasión, para
el amor y estrecha amistad; la admiración,
para la elevación y enajenamientos amorosos;
el gozo, para la dilatación del corazón; la resolución ó derretimiento, para la perfecta enfermedad ó transformación; la quietud y pausación, para la composición y conservación
de la devoción. Y aunque para los ejercitados
en las materias espirituales bastara esto ansí
dicho á la ligera y en compendio, escribiendo
para doctos y no doctos menester es que me
declare más y que detenga la consideración
un poco en cada uno des tos afectos.
Lo primero, pues, para que sirve la meditación de la sagrada Pasión es para imitar á
Cristo crucificado, que en esto consiste la imitación perfecta del cristiano y la suma de
nuestro bien vivir, y la perfecta religión, y religiosa perfección. En una palabra, digo que
la regla y ejemplar de toda perfección de la
vida virtuosa es imitar á Cristo en su pasión
y muerte. Al fin, la regla de nuestro bien vivir
la pasión del Salvador es, y tanto más nos debemos consolar cuanto más conformes á Cristo nos halláremos. Y sea nuestro desconsuelo
tan grande cuanto lejos nos viéremos de nuestra regla y ejemplar divino. Siempre, pues, habemos de desear cuanto es de nuestra parte
ser de todos acoceados, despreciados y perseguidos, azotados y en los divinos servicios
reprendidos y exasperados. Seamos desnudos
con Jesús desnudo, y ninguna cosa deste mundo queramos tener, antes el tenerla nos sea
pena y dolor penosísimo; y el no tener ni poseer nada, gloria y consolación muy alegre.
Aborrezcamos gustar las cosas dulces y deleitosas, y contentémonos con los manjares
viles desabridos, y apetezcamos más en lo
que comiéremos lo amargo de la hiel que lo
dulce de la miel, porque con hiel y vinagre fué
abrevado Cristo. Y para decirlo todo en una
razón, consideremos lo que por nosotros su-

frió, y de la manera que se hubo en sus pasiones; y nosotros, conforme á nuestra .pequeñez, y á nuestro modo, trabajemos por conformarnos con Él; porque; como dijo San Pedro (I Petr., 2), padeció, dejándonos ejemplo
para que sigamos sus pisadas.
En el segundo lugar entra la compasión, debida mucho y en gran manera á las pasiones,
fatigas, afrentas, escarnios y dolores del Salvador, como largamente queda probado en el
capítulo pasado. Ea, pues, cristiano, vuelve y
revuelve estas cosas en tu corazón, y llénale
todo de aquellas amarguras de cuerpo y alma
de tu Redentor. Y si por amor estuvieres bien
unido á Él, cierto es que te compadecerás de
Él; y si no sientes el dolor de tu cabeza, ¿cómo
puedes decir ni pensar que eres una cosa con
Él? y si de la cabeza mal afecta nos compadecemos más que de ninguno de los miembros
de nuestro cuerpo, ¿con cuánta más razón nos
debemos compadecer de Cristo, que lo es
nuestra, que de ninguna otra persona, cuanto
quiera que amada y querida, sea hijo, sea amigo, sea bienhechor, ó sea yo mismo, que tanto
me amo y me duelo de mis propios males?
Ea, pues, carísimos, embriaguémonos de la
hiel, del absintio y de la mirra, y solas las heridas de Jesús sintamos. Traspasen lo íntimo
de nuestros corazones las afrentas, los azotes y llagas de Él, y ninguna cosa haya en
nosotros que no la penetre y bañe el dolor
de la compasión y que no sea afligida intensamente.
Consideremos 10 tercero la pasión para admirarnos; porque si consideramos la persona
que padece, lo que padece y por quién lo padece, sin ninguna duda saldremos de 110sotros
con grande y espantosa admiración. Pese el
ánima que es Hijo de Dios verdadero, omnipotente, infinitamente sabio y bueno; y que
cuanto de nobleza quisiéremos atribuirle es
nada respecto de lo que Él es en sí mismo.
Las cosas todas, por buenas que las queramos considerar, son vanidad en su comparación. ¿Pero qué padeció? Dígalo otro, que yo
no sé: peregrinaciones, fugas, hambre, sed,
calor, frío, tentaciones, espantos, persecuciones, salivas, oprobrios, cadenas, azotes,ilusiones, dolores, llagas y heridas. Es escupida la
gloria, condenada la justicia, juzgado el juez
de vivos y muertos, culpado el que no conoció lo que era el pecado, infamado el inocente,
blasfemado Dios, Cristo acoceado y hollado,

CAP. XX. CONSIDERACIONES PARA APROVECHAR MEDITANDO LA PASiÓN

muerta la vida, escurecido el sol, enlutada y
denegrida la luna, las estrellas esparcidas. Y
estas cosas las sufre con paciencia, como
mansuetísimo cordero, pudiendo con sólo el
guiño de su ojo echar las criaturas todas en
el profundo del infierno, Pero ¿quiénes son
por los cuales estas cosas padece? Por vilísimos esclavos, por enemigos flagiciosisimos,
por hombres endemoniados y hijos del demo'"
nio por imitación, por los despreciadores de
la Majestad divina y por los ingratos á la divina Bondad. ¡Oh gran Señor, que tales y tantas cosas padeces por hombres tan viles y
tan abatidos! Mas ¿de quién sufrió tales cosas? De aquellos que especialmente amQ,
y de muchos á los cuales mostró toda benignidad; de los bajísimos, el Altísimo; de los necios, el Sapientísimo, que Él es Verbo de Dios
y Sabiduría del Padre; de los impíos, el sumaJ11ente piadoso; de la lepra asquerosísima, el
resplandor eterno. ¿Quién considera esto que
110 se admire, que no pasme, que no salga
de sí?
§ II
El cuarto afecto es de gozo y de alegría
grande, por la redención humana, por la restauración angélica y divina clemencia. ¿Quién
no se alegrará y regocijará cuando se consiclerare á sí mismo por esta beatísima Pasión
libre de la condenación eterna, de la ignominia de la culpa y de la potestad del demonio?
¿ y quién no saldrá de sí de placer cuando
considerare á Dios tan su enamorado yamante que voluntariamente por él se sujetó á
tanta vileza y tan grande penalidad? No digo
que se goce· alguno de ver á Dios tan amen ...
guado y envilecido en su pasión, sino por los
efectos maravillosos y por la manifestación
de su afecto y amor para los hombres. ¿Qué
príncipe, viéndose amado del rey, ó del emperador, de tal manera que pusi~se la vida
por él, no se alegraría? Pues, ¿cuánto más debemos alegrarnos nosotros, vilísimos esclavos
y perversísimos pecadores, viendo al Rey de
reyes y Señor de señores y á nuestro Criador, Jesús, amarnos tanto que s,e haya ofrecidopor nosotros en sacrificio, muriendo tan
afrentosamente? Gocémonos y alegrémonos,
porque por la pasión de Cristo fué restaurada la
caída de los ángeles. Que muy para alegrarnos
es ver que por la muerte de Cristo se haya
reparado u11 tan noble
colegio de nosotros,
,
Osu,s

MÍSTICAS DHL P. ANGRLF.S.··-36

561

hombrecillos de poca sustancia, de manera
que de unos y otros se haga un aprisco y un
rebaño, debajo de una cabeza y un admirable
pastor. ¡Oh ciertamente amable y saludable
pasión, que ansí juntas las cosas apartadas, y
ansí unes las cosas diversas, y ansí las atas
con lazo de amor consumado y con felicidad
de gozo sempiterno! El principal motivo de
alegría y júbilo perpetuo nos da la clemencia
de nuestro Salvador, que en su pasión y
muerte se nos descubrió. Esta píenso que es
la suma gloria de los buenos, ansí hombres
como ángeles, cuanto más íntimamente y más
profundamente contemplan la clemencia y benevolenciade Dios, y la inmensa bondad suya.
En ninguna parte se manifestó más la difusión ó derramamiento de la divina bondad
del dulcísimo y amantísimo Padre y Señor
Jesús, que en su pasión, á donde tales cosas,
tantas, tan feas y tan graves quiso sufrir por
librar él su enemigo y glorificarle, por la vanísima vanidad digna de muerte eterna. En este
gozo entre el hombre, y sea recreado con la
magnificencia de la divina benignidad. Acérquese el hombre al corazón alto y profundo,
y será ensalzada la sobrexcelentísima y inenarrable clemencia de Cristo crucificado.
El quinto afecto que despierta en nosotros
la memoria de la sagrada Pasión es de resolución óderretimiento, que vale para la perfecta transformación en Cristo. Lo cual viene
ó sucede cuando el hombre no ,solamente
imita, y se compadece, y se admira y alegra,
sino cuando todo se convierte en Cristo Jesús
crucificado, de manera que adonde quiera que
se halle (I) se le represente en esta forma,
y porque digamos esto mejor y más claro, entonces se resuelve el hombre en Cristo, cuando,
saliendo de sí y sobrepuesto á todas las criaturas, puesto sobre sí y abstraído de todas
las cosas, tocio está convertido en su Señor,
que. padece y lIIuerepor él; de suerte que
lIinguna cosa vea ni sienta denJro de sí sino
ú Cristo crucificado, escarnecido, burlado y
lleno de pasiones por nosotros. Que fácil es
imprimir el sello en la cera blanda y tratable,
que no recibe la dura y fría.
Lo sexto, consideremos la Pasión sacratísima para la quietud de dulzura interior, la cual
se hace cuando derretido el 110mb,re, como
dije, y sediento, no cesa de rumiar esa misma
{I} El impreso antiguo dice fiable.

562

VERGEL ESPIRITUAL DEL ANIMA RELIGIOSA

paslUlI, y entrando según su posibilidad en
aquel tesoro infinito, humilde y devotamente
se derrite con amor devoto, y con devoción
ferviente, ó fervoroso amor desfallece de sí y
descansa en Cristo crucificado, Vcuando más
se llega á Él, tanto más desfallece en sí y se
resuelve con devotísimo amor; y cuanto más
desfallece de sí con amor y devoción, tanto
más se junta al Querido muerto por él; y así
alternativamente se aumenta la adhesión ó
allegamiento de amor y la devoción, hasta que
toda la Esposa esté absorbida de aquel encendidísimo horno del amor de la pasión del
Querido, á donde clama y dice el Esposo
(Cant., 2): Conjúroos, hijas de Jerusalén, por
las cabras y por los ciervos de los· campos,
que no perturbéis ni despertéis á mi Querida
hasta que ella quiera.
En este libro, que el glorioso doctor San
Huenaventura intituló Estímulo de amor, hace
algunos capítulos de la Pasión del Señor,
devotísimos verdaderamente y de gran provecho para la meditación y ejercicios della,
de que yo no puedo tratar aquí por no hacer
este volumen más crecido. En el capítulo
quinto trata de cómo habemos de meditar la
Pasión por las cuatro pasiones ó afectos del
ánima: gozo, dolor, esperanza y temor¡ y en
cada cosa destas pone consideraciones con
que se administra materia copiosa á la contemplación. ¿A dónde más razones de alegría?
¿A dónde más debido dolor? ¿A dónde más
bien fundada nuestra esperanza? ¿Y á dónde
el temor más vehemente? Porque si por nuestros pecados padeció Dios hombre, en el cual
no pudo haber pecado ¿cuánto más padecerán
los pecadores si de tanto beneficio no se
aprovecharen? ,Así lo dijo Cristo á las que
lloraban: Si en el madero verde así emprendió
el fuego de la divina justicia ¿qué será en el
seco?
En el capítulo sexto acomoda la Pasión á
las virtudes, y particularmente á la fe, porque
allí estriba toda ella y de allí se fortalece y
confiesa que es Dios el que no lo parece, ni
hombre tampoco; así quedó desfigurado.
En el capítulo séptimo ¿rata de cómo resplandecen en la Pasión los siete dones del Espírítu Santo. Y cierto dice esto con admirable
artificio, porque va subiendo como por grados
el ánima contemplativa hasta el temor de
Dios, de donde toda la perfección de la [vida]
activa y contemplativa se sustenta y conserva.

Léanlo los curiosos, y hallarán mucho entretenimiento y gusto; hallarán en la Pasión sagrada perfectísimamente las ocho bienaventuranzas, los doce frutos del Espíritu Santo, el
cumplimiento de los diez Mandamientos del
Decálogo, cómo della tienen vírtud los divinos
Sacramentos de la Iglesia y cómo es imposible sin ella entender la sagrada Escritura.
Hallarán los oficios todos de las celestiales jerarquías en su punto y con toda perfección; y
descubrirán los divinos atributos, omnipotencia, sabiduría, bondad y misericordia, y, lo que
más es, el rigor de la eterna justicia, que aquí
más que en otra parte se conocen y se deben
adorar y reverenciar. Sea por todo su Majestad glorificado. Amén.
CAPÍTULO XXI

que se declara UIl lugal de San Pablo, al'
cómo en la obra de nuestra redención resplandecieron justicia y misericordia, y de los frutos della.

En

§

Hablando el divino Apóstol San Pablo
(Rom.,3), del rigor con que trató el Padre
eterno á su amantísimo Hijo, y de la justicia
que hizo en Él, dice: Quem proposuit Deus pro-

pitiatorem (1) per fidem in sanglline ipsius, aa
ostensionem illstitiae suae, propter remissionem
praecedentium delictorum. Si el señor, que al
siervo ó esclavo que no hace su voluntad
rigurosamente le castiga hasta pringalle,
muestra sin duda su justicia; si castigase por
el esclavo al hijo único de su querer, hasta
acabarle la vida con tormentos, ¿no diríamos
que hacia ostentación, no sólo de su justicia,
sino de su misericordia? Justicia, en la venganza que tomaba de la ofensa; misericordia, en
el perdón del esclavo á costa del hijo. Esto es
lo que dice San Pablo: Propuso Dios ab aeterno darnos su Hijo para que pagase por nosotros;
y llegado el tiempo determinado en su consejO eterno, apareció y se manifestó en carne,
para con efecto pagar lo que se nos había prometido por su palabra. Per fidem in sanguinc
ipsius. Cristo es nuestro propiciador, ó propiciatorio, y nuestra redención; pero aplícasenos
su mérito por la fe; porque quien no cree que
(1) Nuestra Vulgata dice propitiatiolll'm.

CAP. XXI. EN LA REDENCIÓN RESPLANDECIERON JUSTICIA y MISERICORDIA

Cristo murió por nosotros no tiene al Hijo de
Dios, y quien no le tiene no tiene vida. Ad
ostensionem iustitiae suae (1 loan., 5), para que
se conozca la gravedad de los pecados, para
cuya satisfacción no se contentó Dios con
menos que con sangre y vida de su Hijo. Si
los montes altísimos, si los cielos y sus virtudes se cayeran, si toda esta máquina viniera
al suelo y se deshiciera, si todos los hombres,
sin quedar uno, se condenaran y se los tragara la tierra, como tragó á Datán y á Abirón;
si el fuego del infierno subiera hasta nosotros,
y, finalmente, todo lo criado se aniquilara, no
se descubriera tanto la-justicia de Dios como
se descubrió en el derramamiento de la sangre de su Hijo. Porque la vida de Dios homhre pesa más que todo el universo, y de cualquiera otra forma que se pusiera á castigar
los pecados, manifestara su justicia cuando
mucho, pero no hiciera ostentación della como
lo hizo derramando como agua la sangre de
su Hijo; subió de punto cuanto fué posible,
rebosó y trasvertió la justicia, como 10 dijo
Isaías (Esai., 16). Consummatio abbreviata inun-

dabit iustitiam. Consummationem et abbreviationem Jadet Dominus in medio universae terrae.
Habla sin ninguna duda de la redención del
género humano, hecha por Cristo en medio
de la tierra, que es jerusaléll. Y Ilámala abreviatura y consumación: abreviatura, por lo
que dijo San Pablo (Ephes., 1): Proposuit Deus

instaurare omnia in Cllristo, et quae in coelis el quae in terris. San jerónimo lee: Recapitulare. Como si dijera: Determinó Dios de hacer una abreviatura, y sumar y recapitular en
ella cuanto hay de bueno en el cielo, y cuanto
hay de pena en la tierra. Juntas están en Cristo la pena y la gloria, la salud y la enfermedad, el descans'o y los dolores, la muerte y la
vida, la santidad y las apariencias de pecador, la libertad y la servidumbre. Es recapitulación y cifra de todo, y -es consumación, porque en ella se dió la última mano á todas las
cosas. y parece que no tuvo Dios más que
hacer, ni el hombre más que pedir. Consummatum est, dijo Cristo cuando hubo de expirar. y de ahí le llamó San Pablo consumador
(Heb., 2 y 12). Y el Eclesiástico (Eccl., 43):
Consummatio Ser1710nl/171 ipse esto Y Esaías
(Esai.,lO): Verbum abbreviatl1171 Jaciet Dominus
super terram. jeremías, 3; Ecequiel, 11; Naum.,
1; Sofonías, 1; San Lucas, San Juan, 17, y el
Rey santo (Psal. 118): Omnis consl1m171ationis

563

vidi finem, Latum mandatum tuum nimis. Cumo
si dijera: Ví en espíritu la muerte del Salvador,
que fué el fin del misterio de la pasión, y 10 que
entendí de allí fué que tu mandamiento es ancho y dilatado sobre man~ra; porque allí se
vieron y conocieron tus entrañas llenas de caridad y amor para los hombres y de rigor
para tu Hijo: Inundabit iustitiam. La palabra
Inundare significa salir de madre los ríos, rebosar y trasverter, hincharse y crecer sus
olas como si hubiesen de anegar la tierra.
Nunca se vió tal rigor de justicia, ni se oyó
jamás, como el que mostró Dios redimiendo
al hombre: pareció que se quería anegar el
mundo, ansi se alborotó en la muerte del Salvador; y así lo pensó en Atenas el grande
Dionisia, cuando vió tinieblas sobre toda la
tierra y temblores terribles en ella. Ese es el
espanto y la admiración de la Iglesia. Ut servum redimeres, Filiu171 tradidisti. ¿Qué mayor
justicia que, siendo el pecado tan abominable
y de tanta malicia que no se pudiera castigar
bastantemente en puras criaturas, por no ser
capaces de infinito castigo intensivo, y por
no tener dignidad infinita que satisficiese á
infinita deuda, quisiese castigarle en su Hijo,
para que, como Dios había sido el ofendido,
fuese también el que pagase'? San Bernardo
dice (Ber. ser. 3, Natf.) que no conociera él
cuánto era su peligro si no considerara la cantidad y calidad del remedio. Sanus milli vide-

bar, el ecce mittitur Virgiflis Filias, el Filius Dei
de altissimo, et iubefur oecidi, uf vullleribus
meis pretioso sanguillis illius balsamo medeatur. Agnosce, !zomo, quam gravia sllllf vulllera,
pró quibus neeesse est D017lÜlllTll Clirislum vulnerari:A mi parecer yo estaba sano,y véis aquí
es enviado el Hijo de la Virgen, y el Hijo de
Dios de 10 altísimo, y se le manda que muera
para que con el bálsamo precioso de la sangre
de sus venas se curen mis llagas. Conoce,
hombre, qué grandes son, pues para la cura
dellas fué necesario ser llagado y morir Cristo
nuestro SeI1or. Al fin, de la gravedad del castigo se conoce la gravedad del pecado. Poco le
pareció á Adán quebrantar el divino mandamiento; y al fin vimos que luego al punto le
echó Dios del Paraíso, y no se dió por satisfecho hasta que su propio Hijo, para su remedio,
derramó su preciosa sangre. Pequeña culpa
juzgó David que había sido contar el pueblo
de Dios; mas la gravedad de la pena le desengañó y le hizo conocer la de su pecado.

564

VERGEL ESPlRlTUAL DEL ANIMA RELIGIOSA

Elige unum, quod volueris, le dice un Profeta (U Reg., 24), aut septem annis veniet tibi fa-

postquam peccatís mOl·tui fueramus (1). Por las

mes; aut tribus mensibllsfugies adversarios tuos;
aut tribus diebllS er¡t pestilentia in terra fua: De

y muerto volvió á la vida por las i1tismasora-

tres castigos escoge el que quisieres: ó siete
años de hambre general, ó tres meses de gue..
rra huyendo de tus contrarios, ó tres días de
peste en tu reino. ¿Quieres. conocer ¡oh cristiano! 10 que pesan tus pecados? Mira la justicia que hace dellos el Padre eterno en su
Hijo. Al fin paga el justo por los pecadores; y
el perdonarnos y el salvarnos todo es á costa
de la sangre de Cristo, inocentlsimo Cordero.
§1I

Advirtió, y muy bien por cierto, un sabio,
sobre aquel lugar de San Juan (loan., 1): QllOd
Jactllm est in ipso, vita erat: lo que fué hecho
en el Verbo, era vida, que tomar el divino
Verbo carne fué para que nosotros tuviésemos vida, no como en idea, vel in esse cognito,
que dicen los teólogos, sino real y existente,
porque siendo aquella carne carne del Verbo
que esencialmente es vida, nosotros también
la tuviésemos, por ser carne nuestra y nosotros carne suya. Y para que esta razón se
entienda mejor, se ha de presuponer que todo
cuanto fuera de sí ad extra hizo Dios, en el
Verbo, como en dechado y primero original,
estaba y tenía vida y era una misma cosa
con Dios; porque la idea de cualquiera criatura es la misma criatura conocida de la divina
esencia, y aquel conocimiento es la misma
esencia que vive. Quod Jactum est, in ipso vita
erat. Es á propósito el ejemplo del artífice que
hace una arca, que hecha es visible, ycorruptibie, y ocupa lugar; mas en su entendimiento
es invisible, es concepto y forma secreta, y no
tiene ser a parte rei. Así es que las criaturas
todas, sacadas á luz tienen sér de por sí y son
corruptibles, mas en el entendimiento divino
son vida y no pueden desfallecer ni corromperse; y dicense estar en el Verbo, y no en el
Padre ni en el Espíritu Santo, porque el Verbo
y no el Espíritu Santo se dice y es concepto y
noticia del Padre, y alli resplandecen todas las
cosas como en dechado y origfnal. Y de aquí
vino San Agustín á llamar al Verbo arte del
Padre. Y de aquí también se colige la conveniencia que hubo en que el Hijo fuese el que
tomase carne y nos redimiese: Ut per illum, in

quo Juimus vita, vitam Ilaberemus aete! nam,

oraciones del Eliseo tuvo la Sunamitis un hijo,
ciones (IV Reg., 4). Que es 10 que el Apóstol
santo dijo (Ephes., 2): Propter nimiam cllarita-

tem suam, qua dilexit nos Deus: Cllm eSSel/lllS
mortui peccatís, convivificavit nos Cllrisfo. Como
si dijera: Por la gracia éramos vivos y gratos
á Dios; por el pecado quedamos muertos; vivificónos por Aquel en el cual como en original y dechado éramos vida antes que fuésemos en iJ. mundo, y como en Él fuésemos una
cosa y ninguna distinción hubiese entre el
Criador y la criatura en su mente divina, y por
la creación se hiciese distinción, para que las
criaturas volviesen á unidad con su Criador
quiso unir y juntar á Sí al hombre, con el cual
todas convenían y emparentaban, para que
en alguna manera fuesen en Él uno en el mismo
Dios, no sólo cuanto al sér cognito ó ideal, sino
cuanto á su existencia. Y pasando másadelante, como fuésemos una cosa con Dios poi'
gracia, cuya propiedad es unir, y por el pecado estuviésemos separados y lejos de Él, que
es el que nos divide y aparta de Dios, queriendo Dios castigar el pecado y tomar dél
justa venganza, y pretendiendo, como pretendió, coger á todos en uno y herirlos de un
golpe, ordenó de herir y castigar á Aquel en
el cual éramos vida y éramos uno. Lo cual
dijo lsaías con palabras pocas, pero de grande
ponderación (Esai., 53): Omlles !IOS quasi oves

erravimus, ullusquisque in viam suam declinavit;
el posait Deus ill eo iniquita~el/l omniulTl nostrum n. Siguióse de aquí lo que se pretendía
y dijo el Apóstol (Ephes., 2): Qui eratis longe,
facti estís prope in sanguine ipsius. Estábamos
apartados y lejos de Dios, como ya dije, por
el pecado, y por la sangre de Cristo nos acercamos y juntamos con Él. Sirvió la sangre
de liga ó de consuelda y de bula de unión;
aplacó al Padre enojado; comunicónos la gracia que une y nos ayunta á Dios, que parece
que es condición y propio de la sangre de
Cristo el unir. Como lo dijo San Juan (loan.,
11): lesus morilurus erat... nOIl solum pro gente,
sed ut eos, qui dispersi erant, congregaret in
(,) .Para que tuviéramos vida eterna por medio
de Aquel en quien fuimos vida después que habíamos muerto por el pecado».
(') «Todos nosotros hemos descarriado como ovejas, y cada cual se desvió por su camino, y en J2I
pliSO Dios la maldad de· todos nosotros».
;,.•

CAP. XXI. EN LA REDENCIÓN RESPLANDECIERON JUSTICIA y MISERICORDIA

unum (1). Cuando le cortan á uno un pedazo
de oreja, dicen los cirujanos que no puede reunirse sin nueva efusión de sangre, porque con
aquella sangre caliente derramada de nuevo
las partes divididas y separadas se vuelven á
juntar y reunir. Nosotros éramos parte apartada de Dios por el pecado, quiso volvernos á
juntar consigo como se juntan los miembros
vivos con su cabeza; el medio que tomó fué
la sangre de su Hijo; sirvió de liga y de consuelda para esta unión.
§Ill

¡Oh cristiano! no te apartes de Cristo, que
le costó sangre juntarte á Sí, Y si te apartas
de Él, no te podrás reunir á Él sin esta sangre.
Que sin efusión de sangre, como dijo San Pablo, ni se hace remisión ni unión; y nunca
oigas á quien dice y enseña que para unirnos
con Dios no sirve la meditación de la Pasión
y muerte del Señor, que es intolerable disparate y engaño manifiesto. Por gran cosa se
pudiera tener si un hombre libre de su vo ...
luntad se hiciera esclavo de otro; pero mucho
más fuera si en aquella esclavitud quisiera
perseverar para siempre. Mas ¿qué estimación
tuviera, ó cómo se estimara, si por él se pusiera á riesgo de perder la vida, y al fin por
su salud y vida derramara su sangre y muriera? ¡Oh Dios eterno, que no sólo te diste á
los hombres para ministralles, sino que te diste por toda tu vida, y diste tu cuerpo, tu alma,
y tu misma sangre, y toda tu sangre! ¡Oh inmensa liberalidad! ¡Oh donación nunca oída!
Muchas veces los médicos, tratando de la salud del enfermo, le sangran de la vena de la
cabeza, y esto mismo hace con nosotros, enfermos en pecados y deshauciados, nuestro
tro celestial médico: sangrarnos de nuestra
cabeza que es Cristo, y la sangre de sus venas
nos la da y ofrece para que la beban os, al revés de lo que pasa en los enfermos corporales, que la sangre que les saca el barbero la
derraman como cosa de ninguna estimación.
Cristo se sacó su sangre para nuestra cura y
salud; y esa misma nos ofrece en bebida. Ac('ipite et bibite ex eo omnes. Tomaldo y bebeldo,
(t) <Jesús habia de morir no sólo por su pueblo
sino para reunir en uno solo á todos los que estaban
dispersos». El non solum, en la Vulgata es 11011

fal1tuln.

565

que Yo os lo doy (Matt., 26). Dádiva es que
se debe recibir y aceptar con suma reverencia, porque es sangre que une y da vida. QUi
pro vobis et pro multis effundetur in remisionem
peccatorunz. ¡Ay Dios, y quién supiera ponderar esto y entender la obligación que de aquí
nos nace para amar á este Dios que á Sí se desangra, como el pelícano, para darnos la vida
perdida por nuestros pecados! ¡Oh con cuánta verdad dijo el Profeta (PsaI. 22): Donzinlls
sollicitus est mei: Dios anda cuidadoso de mí!
¡Oh duros y empedernidos hijos de Adán, á
los cuales no ablanda tanta benignidad, tan
crecida llama, tan grande ardor de amor y
amador tan vehemente, que por mercaduría
tan vil dió riquezas tan grandes! Porque no
con cosas corruptibles, como lo son la plata
y el oro, sino con su sangre preciosa nos redimió el Señor; la cual derramó abundantemente, manando por cinco bocas copiosos
arroyos della (Rom., 8; 1 Petri., 1). Pero dime,
hombre, el que con tanta solicitud te buscó y
te, redimió, ¿qué querrá de ti? Que andes solícito delante de El; lo cual particularísimamente se hace por la continua memoria de su sacratísima Pasión. Cierto es, dice San Gregorio
(Greg., inilLud ad Collos., 3: Mortificate menzbra
vestra)', que adonde la muerte de Crísto se
trae de memoria, que no puede reinar el pecado; porque es tan grande la suavidad de su
cruz, que si se pone delante de los ojos y fielmente se conserva en el corazón, de manera
que la mente con atención mire y contemple
esa pasión y muerte, ningún deseo malo, ningún furor de cólera, ninguna codicia de ojos
ó de carne podrán contra ella. ¡Oh cuán feliz
y cuán saludable es la memoria de la pa'siólr
de Cristo; porque su carne nos dió en man.iar
y en bebida su sangre, ya de partida para padecer! In qua nocte tradebatur. Su ánima ó su
vida nos dió en precio, sus llagas en remedio,
sus brazos en refrigerio, su cruz en escudo,
su sudor en medicamento, sus clavos ill sal·
sanzentunz, su corona de espinas en ornamento, su lado abierto en señal de amor crecido,
el agua de su lado en baño muy suave, toda
su vida y muerte en ejemplo, conviene á saber,
de la perfección cuadrada, ó conforme á la
cruz, para que en la cruz de las virtudes nuestro corazón esté fijo y espiritualmente nues-'
tra afición y amor juntamente se engrosezcan.
Finalmente, en la cruz se humille nuestra so~
berbia, y se dilate nuestra caridad, y se pro-

566

VERGEL ESPIRITUAL DEL ANTMA REUGIOSA

longue nuestra perseverancia, y se levante
nuestra esperanza; y nuestro corazón todo, y
nuestra boca, y nuestras obras, cruciformemente se conformen en Él, como de su sola y
estupenda caridad tuvo por bien, por redimirnos, morir. ¡Oh suma dulcedumbre de la
divina bondad y benignidad! iOh inmensa caridad de la divina largueza! ¡ Oh espant osa
prodigalidad de Dios hombre, Cristo Jesús!
acerca del cual está la cumplida remisión de
los pecados, la exhibición de la piedad, el
aumento de los méritos, el remedio de los enfermos, el refrigerio de los caídos, el refugio
de los tentados, la incolumidad de los sanos,
la serenidad de los quietos y la felicidad de los
bien afortunados. ¡Oh espejo de limpieza, objeto de virtudes y gracias y de todas las hermosuras, de tantas maneras manchado por la
malicia y crueldad de los impíos ministros! ¡Oh
quién diese á mi corazón un afecto de compasión tan principal, que con su grandeza sobrepujase las devotas compasiones de todos los
más aventajados en amor singular! Porque, Señor mío, cuanto por la inmensidad de los dolores y del amor más feo, más descolorido y
denegrido y cárdeno quedaste en tu pasión,
tanto más hermoso y más amado fuiste al corazón amante y al alma más dispuesta; porque como el amante naturalmente pretende y
busca ser amado, ansí busca y procura del
amado la manifestación de su amor. Por lo
cual la exterior fealdad tuya en la cruz es reputada por extremada helleza; porque no cual
apareciste, sino qué cosas padeciste habemos
de considerar, conviene á saber: cómo con tu
deformidad nos hiciste hermosos, y principalmente cómo por tu sola caridad sufriste todas las cosas adversas para redimirnos, y con
tus cardenales nos sanaste, y con tu muerte
nos vivificaste.
§ IV

De aquí es que la memoria de tu Pasión
con tanta devoción de espíritu distila, que
parece engordar y como lardar con enjundia
de celestial gusto y llenar las ánimas de los
que piensan en ella; porque tu grande caridad no se ha de medir ni estimar tanto de
lo que en la cruz padeciste cuanto del ánimo que padeciendo tuviste; porque así padeciste una vez muerto por nosotros, que si
fuera conveniente padecer mil muertes, mil

muertes padecieras; y así padeciste la amar
ga muerte, que estuviste aparejado á sufriotra cualquiera pena incomparablemente mar
yor si ansf conviniera; mas con esa disposición no lo permitiste, porque no convino. Y
por esto, aunque mil veces muramos y empleemos en esto todas las fuerzas, ansí del
cuerpo como del alma, ninguna cosa hacemos
digna de los inestimables beneficios que de
tu liberal mano recibimos (Psal. 176). Ejercitémonos, pues, en cuanto viviéremos en estos
pensamientos, porque bienaventurado el que
llenare su deseo deIlos. Notable cosa es lo
que se dice en el libro de Mixtionibus elementorum: (Ego testificor tanquan oculatus teslis, sed causam ignoro penitus). Que si uno
mata á otro, pasando el matador á vista del
muerto las heridas se refrescan y manan sangre; pero más notable será si considerando
nosotros atenta y devotamente á Cristo, muerto por nuestros pecados, y crucificado, no
sentimos manar su sangre fresca en nosotros
por compasíón verdadera. Que como de la reflexión de los rayos del sol, hiriendo en un espejo cóncavo, se enciende fácilmente un paño,
ansí de la reflexión de nuestra inteligencia en
el espejo de la Pasión del Señor se enciende
en nosotros el fuego de su divino amor. ¿Qué
corazón no se encenderá, si con atención
pone los ojos en Cristo crucificado, y crucificado por su amor? La mayor recomendación
de la caridad de Cristo halló el Apóstol (Rom.
5) que era haber muerto por nosotros cuando aún éramos pecadores y enemigos suyos,
de que admirados los espíritus angélicos á
voces dicen (Apoc., 15): ¡Grandes y maravillosas son tus obras, oh Señor Dios todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos.
oh Rey de los Santos, y de los siglos! ¡Oh
ánima mía! levanta agora tus ojos á la fuente
des.ta luz ardiente, para que con la inquisición
de su Pasión tu ignorancia sea alumbrada, y
tu aborrecible tibieza tome calor; y si se nos
ofrecieren cosas contrarias y de pesadumbre,
persecuciones, detracciones, enfermedades,
contradicciones y otras angustias, mirando
como dijo el Apóstol (Hebr., 12), al Autor de
la fe y perficionador, Jesucristo, corramos
armados de paciencia á la batalla propuesta,
púes con la representación del gozo que de
habernos redimido tuvo sufrió la cruz sin hacer caso de la confusión presente. En estas
cosas pido y suplico á los piadosos lectores

CAP. XXi. EN LA REDENCIÓN RESPLANDECIERON ¡USTICIA y MISERICORDIA

que se zabulIan, porque ocuparse frecuentemente en ellas es grande sabiduría; y de
otra manera tengo por dificultoso que alguno
llegue á alcanzar perfectamente la luz verdadera, los gustos divinos y el sentimiento de
la gracia singular. Porque el lenguaje de la
cruz, ansí como á los perdidos es locura, ansi
á los que se salvan es virtud y sabiduria de
Dios (1 Cor., 1). Luego, ánima mía, conviérte-

567

te á tu descanso,conviértete á tu Dios con afición y por imitación, para que en ti, como en
espejo, represente su imagen y inefablemente
se deleite en ti, y contigo se congracie familiarmente, renovándote te> levante, hermoseándote te renueve, amándote te hermosee,
habitándot¡; te ame, previéndote te libre de
caídas, y te alegres dándole gracias de haberte convertido.

LAUS DEO

En Madrid. Por Juan Flamenco. Año M.De./x.

N. B.-Tras el colofón siguen: «Tabla de los capítulos>, 2 folios; <Tábla de cosas notables>, 8 folios; un
Index locorum Sacrae Scripturae, 5 folios, y, por último, la palabra FINIS.

ÍNDICE GENERAL

INTRODl:JCCIÓN BIO-BIBLIOGRÁFICA

Á

LAS OBRAS MíSTICAS DEL P. ÁNGELES.' . . . , . . . . ..

Página

SUMARIO.-l. Esperanzas y promesa cumplidas.-2. De qué padre Ángeles se trata.:-3. ¿Dórtde y cuándo
nació?-4. Sus estudios antes de entrar en la Orden Seráfica.-5. Su entrada y profesión en la Provincia
descalza de San José antes de 1562.-6. Educación religiosa y cientifica del padre Ángeles.-7~ El Lector
de Sagrada Teologia.-8. El Conventual de San Bernardino amigo del Beato Nicolás Factor.-9. El predicador conventual de Zamora en 1582, y lo que le pasó con Fr. Bartolomé de Aranda.-lO. p'oeta y ver"
sificador antes que prosista.-ll.-Preparación é impresión de los Triunfos del amor de Dios.-12. El
fundador de San Diego en Sevilla, donde escribe sus Diálogos de la Conqúistu' (1589-1592).- i3.De
Sevilla á Lisboa y vuelta á Madrid (1593).-14. El Visitador general de la Provincia de San juan Bautista
en 1594. -15. En Madrid editando los Diálogos de la Conquista (1595). Descripción de las ediciones ¡111tiguas de esta obra.'--16. A Guadalajara como Guardián y á S'alamanca como Custodio para la Congregación general.-17. El Guardián de San Bernardino de Madrid. Interrupción gloriosa de su ofiCio visitando la Provincia de San Gabriei.-18. Peregrinando por Italia y Francia con ocasión del Capítulo gerteral de 1600. Visita á Monserrat.-19. Fin de la guardianía é impresión de la Lucha espirituul.~20·. Es
electo Provincial de su Provincia en 1601. Recuerdos de su gobierno.-21. Por' qué renunció el provincialato y cómo lo juzgaron por esta resolución. Explicaciones oportunas -22. El predicador imperiaf sin
dejar de ser apostólico;- 23. Documentos que daba para predicar 'con fruto.-24. Correspondencia del
padre Ángeles á las finezas de la emperatriz María de Austria.-25. Pónese un esqueleto de la oración
fúnebre que le predicó en sus exequias (1603).-'26. El confesor de las Descalzas Realei? y de la Iüfalita
Sor Margarita.-27. Opúsculos que á ésta le dedica y recuerdos de su dirección espirituai.--'28. Extensión y amplitud del magisterio místico del padre Ángeles con ricos y pobres.-29. Otros testiillonios de
sus relaciones con altos personajes del clero yl1obleza.-30. Prepara el viaje á la eternidad trabajando
sill tregua y haciendo obras de ·misericordia.-3J. Antecedentes de su Illnerte yel Vergel del ánima religiosa. Fecha aproximada de su muerte. Obras que dejó sin editar.-32. Fama póstuma del escritor. Juicios y elogios de sus contemporáneos.-33. Rehabilitación del padre Ángeles en los tiempos Illodernos.
Lo que sienten de él Rouselot, Menéndez Pelayo, don Miguel Mir y el Sr. Torres Galeote.-34. El P. Miguélez y su elogio salpicado de censura.-35. Dos palabras más sobre la presente edición. Despedida.
ApÉNDlcE.--Oradón fúnebre en las exequias de la emperatriz María ....

1.

. ............ "

LlX

TRIUNFOS DEL AMOR DE DIOS

Aprobación, erratas y privilegio . . . . . . . . . .
Dedicatoria á Andrés de Alba,secretario del Rey. 2
Versos encomiásticos de Fr. Antonio de Santa
Maria, Fr. Ángel de Badajoz, Fr. Francisco
de San José y Francisco Lobato. . . . . . . . . 3
Recomendación de la obra por Fr. Ángel de
Badajoz . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4
Tabla de los capitulos que contienen los Triullfos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5
Prólogo del autor al lector. . . . . . . . . . . . . 6
Nota que explica por qué sólo se imprime el
11
capitulo último . . . . . . " . . . . . . . . .

Capitulo XVI Y último.- Que enseña cómo se
ha de encender y perpetuar el fuego del amor
de Dios en el altar de nuestro corazón. Dividese en siete consideraciones, para los siete
días de la semana. . . . . . . . . . . . . . ..
COllsideración l.-De la muchedumbre de cosas que nos incitan y provocan al amor divino.. . • . . . . . . . . . . • ... . • • . .
Consideración /J.-De la suavidad grande de
Dios. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Consideración Jl/.-De las perfecciones divinas
i ' Y particularmente de la bondad de Dios. • .•

11

12
14

lG

570

INDlCE GENERAL

Consideración IV.-De los beneficios divinos..
Consideración, V.-Del parentesco que tenemos

17

Consideración VI,.-De las calidades del amor

de Dios para ~on el hombre. . . . . . . . ..
24
Carta del autor á una señora devota, con diez
documentos para su aprovechamiento espiritual. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 2tl

con Dios. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . " 19
Consideración VI.-Dc algunas otras razones
que se hallan en Dios para ser amado. . . " 22

11. DIÁLOGOS DE LA CONQUISTA DEL ESPIRITUAL Y SECRETO REINO DE DIOS
Aprobaciones de la Orden y del Consejo Supremo.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ..
Li .encia del P. Provincial, privilegio y tasa..
Dedicatoria al Cardenal Alberto, Archiduque
de Austria. . . . . . . . . . . . . . . . . . . ..
Prólogo al lector, donde explica por qué escribe en diálogos, el titulo y orden con que procede. • . . . . . . . . . . . • . . . . • • . . ..
Diálogo l.-De la vida interior y centro del
alma ó Reino de Dios. De fa armonla del
hombre y de la verdadera inteligencia del
mandamiento del amor . . . . . . . . . . . ..
Diálogo 1I.-Cómo la conquista tle este reino
principia por la verdadera penitencia y destierro de los pecados que lo destierran de
nuestra alma. . . . . . . . . .. . . . . . . . .
Diálogo 111.- De cuatro puertas ó entradas
para el Reino de Dios. Trátase de la primera, que es la humildad y medios para
adquirirla con perfección, y de la segunda, que es la abnegación de la propia voluntad . . o . . . o . o . . . . . . . .
Diálogo lV..- De la tercera puerta por donde
se entra al Reino de Dios, que es la tribulación sufrida con paciencia. Tócanse sietecausas del desamparo espiritual. . . . .

Diálogo V.-Puerta cuarta, de la pasión del
Hijo de Dios, Redentor y Señor único de los
hombres . . . . . . . . . . . . . . o .....• ,
Diálogo VIo-Prosigue la materia de la pasión
y de lo que obró su atenta consideración en
n.uestro padre San Francisco y otros Santos,
y del primer jayán y enemigo que defiende la
entrada del Reino de Dios. . . . . . . . . "
Diálogo VII.-De los otros once enemigos que
defienden la entrada al Reino de Dios, conviene á saber: Sensualidad, Bien me quiero,
Amor de alabanza, Pertinacia, Negligencia,
Escrupulosidad, Solicitud temporal, Accidia,
Gula espiritual y Especulación o . . . . . ..
Diálogo VIII.-De cuatro ejercicios en que se
ha de ocupar el que ya descubrió el Reino
de Dios. Trátase del primero y segundo, que
son: subir á Dios con hacimiento de gracias
y bajar por humildad al negamiento de si
mismo . . . . . • . . • . . • . . . . . . . . . .
Diálogo IX-De cómo el alma ha de salir á
las criaturas y encerrarse dentro de sí
misma .. "
. o...............
Diálogo X.-De la uniformidad de las introversiones ó entradas del alma á su Intimo ó
centro, y del recogimiento. . . . . . . . . ..

33
34
34

35

38

;lO

lil

74

85

!.Hi

11\5

120

129

141

111. SEGUNDA PARTE DE LA CONQUISTA Ó MANUAL DE VIDA PERfECTA
Tasa del libro por Cristóbal Núñez. o o . . . ..
Aprobaciones, censura y privilegio real o .
Epístola dedicatoria á D. Maximiliano de Austria. . . . . . • . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Prólogo y epístola al lector estudioso de humildad y valiente en el divinQ servicio. o ...•
Diálogo l.-En que se divide la obra y se declara el argumento de ella. Trátase del ejercicio puramente corporal y del corporal es·
piritual, y condénanse las amistades de hombres y mujeres, dando las señales del amor
carnal, con otras particulares doctrinas sobre
el ejercicio puramente espiritual. . . . . . . .
Diálogo 11. - Continúa la materia del tercer
estado, y declara qué cosa sea ejercicio mental y lo que para él se requiere, y desvanece
muchas dudas sobre el conocimiento de los
espiritus..
o

•••••••••

o

•••••••••

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156
157
158

159

176

I

Diálogo Ill.- En que se prosigue la materia
de los espíritus y se trata de las revelaciones falsas y verdaderas, de las condiciones
del maestro espiritual, señales de aprovechamiento, males de la tibieza, y su remedio,
y necesidad de evitar las faltas leves, especialmente las mentiras. • • . . . . . . . . .. 191
Diálogo IV.- De cómo conviene retirarse y
buscar la soledad por algún tiempo el varón
espirtual, y cómo se ha de mortificar el entendimiento y la memoria, y del ejercicio
de estas potencias y de la voluntad. De la
preparación para la oración, asistencia particular de Dios á los que oran, y de un toque
divino con que nuestra alma es llevada á
Dios y sale á los prójimos. . . . . . . . .• o 207
Diálogo V. - Del cuarto estado de perfección llamado sobrenatural. De muchas du-

INblCE GENERAL
das en materia de contemplación desatadas,
y de un ejercicio de amor unitivo en cuatro

actos, de ofrecer, demandar, conformarse y
unirse con Dios . . . . . . . . . . . . . . .. 223
Diálogo VJ.-En que se trata de los ejercicios
de la voluntad, afectos y aspiraciones con
que se ha de despertar el alma y levantarse
á Dios, fundados especialmente sobre los
principales misterios de la vida, pasión y
muerte del Salvador. . . • . . . • . . . . •. 237
ROSARIO DE MEDITACIONES SOBRE LOS MISMOS
MISTERIOS • • • • • • • . • • • • . • • • •

239

Decenario J.-Meditación l." y afectos á la .

beatísima Trinidad . . . . . • . . . • .
Meditación 2.a y afectos á la Encarnación..
Meditación 3." y afectos á la Visitación de la
Virgen Maria. . . . . . . . . . . . • .
Meditación 4." y afectos al Nacimiento del
Salvador. • . . . . . . . . . . . . . . . ..
Meditación 5.' Y afectos á los pañales y pesebre de JeSús. . • . . . • . . . . . . . ..
Meditación 6." y afectos á la Circuncisión del
Senor. . . . . . . . . . . . . • . . . . . • .
Meditación 7." y afectos á la Virgen en la misma Circuncisión. . . . . . . . . • ..• ' .
Meditación 8." y afectos al dulcfsimo nombre
de Jesús. • • . . . . . . . . . . • . . . ..
Meditación 9." y afectos en la Adoración de
los Reyes. • • . . . . • . . . . • . . . . ..
Meditación 10." y afectos á los Reyes postrados delante de jesús. . . .. • • . . . .
Decenario I/.-Meditación l." y afectos al Niño
perdido y á su Madre. . . • . . . • . • "
Meditación 2." y afectos al mismo Niño perdido. • . . . . . . . . . . . . . • . • . ..
Meditación 3." y afectos á la Presentación..
Meditación 4." y afectos al Niño Jesús redimido de su Madre. • . . . .. . . . . • .
Meditación 5." y afectos al NiIiu que huye á
Egipto . • • . . . . . . . . . . . . . . . . .
Meditación 6." y afectos á Jesús bautizado.
Meditación 7." y afectos al ayuno de Cristo.
Meditación 8.a y afectos á la predicación y
trabaJos de Cristo. . . • . . . . . . . . ..
Meditación 9." y afectos á la entrada de je.
rusalén. . • . . • . . . . . . . . . . . . ..
Meditación 10." y afectos á la venta. . . ..
Decenario JI/.-Meditación t.a y afectos al lavatorio de los pies y cena mística. . . ..
Meditación 2." y afectos á la oración del
Huerto. . . . . . . . • . . . . . . . . . .•
Meditación 3." y afectos al Prendimiento ..
Meditación 4." y afectos á la presentación
ante los jueces. . . . . . . . . . . . . . ..
Meditación 5." y afectos á la bofetada. . . .
Meditación 6." y afectos á la negación de
San Pedro . . . . . . . . . . • • • • • • "
Meditación 7." yafectos á las afrentas de los

239
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571

judlos y reprobación de Cristo en campe·
tencia con Barrabás. . . . . . . . . . . ..
Meditación .8." y afectos á los azotes. . ..
Meditación 9." y afectos á las burlas en casa
de Pilatos. . . . . . • . . . . . • . . . . ..
Meditación 10." y afectos al Ecee Horno. "
Decenario IV. - Meditación 1." y afectos al
clamor del pueblo pidiendo la crucifixión.
Meditación 2." y afectos á la sentencia de
muerte • . . • . . . . . . . . . . . . . • . .
Meditación 3." y afectos al tomar jesús la
cruz á cuestas . . . . . . . • . . . . . . ..
Meditación 4." y afectos al encuentro de la
Virgen y su Hijo camino del Calvario. •.
Meditación 5.a y afectos al tomar de la medida de la cruz para los barrenos. . . . . •.
Meditación 6." y afectos al barrenar la cruz
y extender á Cristo en ella . . . . . . . "
Meditación 7." y afectos al quitar de las ves·
. tiduras y corona.. . . . • . . . . . . . .
Meditación 8. a y afectos á un ofrecimiento
que de si hace Cristo al Padre. . . . . ..
Meditación 9." y afectos al crucificar á jesÍls.
Meditación lo.a y afectos á la Virgen NuestraSeñora en este tiempo.. . . . . . . . ..
Decenario V.-Meditación 1." y afectos al levantar á Cristo en la cruz. .. ., . . ..
Meditación 2." y afectos al Calvario. . . ..
Meditación 3." y afectos al desamparo de
Cristo en la cruz.. .. . . • . . . . . . .
Meditación 4." y afectos á Jesús con los ladrones. . . . . . . . . . . . . . . . . . ..
Meditación 5." y afectos á la santisima cruz.
Meditación 6. a y afectos al repartimiento de
los vestidos. . . . . . . . . . . . . . . ..
Meditación 7.a y afectos al ánima devota para
que suba al Calvario . . . . . . • . . • •.
Meditación s.a y afectos á los improperios
de los judios contra Jesús. • . • • . . ..
Meditación 9." y afectos á la Virgen cuando
la habla jesús . . . . . . . . . • . . . . "
Meditación lO." y afectos cuando jesús ruega por sus crucifixores. . . . . . . . . . ..
Qllinquenario.- Meditación 1." y afectos á la
conversión del buen ladrón.. . . . . . •.
Meditación 2." y afectos á la sed que Cristo
padece en la cruz . . . . . . • . . . . . .•
Meditación 3." y afectes al expirar Cristo..
Meditación 4." y afectos á la Virgen cuando
expira Cristo y le alancea el soldado. • ..
Meditación 5." y afectos al descendimiento
de la cruz y sepultura. . . . . . . . . . . .
Dos oraciones á Cristo crucificado y conclusión del diálogo sexto. . . . . . . . . . . . •.
OPÚSCULO DE AFECTOS DIFERENTES dedicado á
la Infanta Sor Margarita. . . . . • . . . ..
l. Afectos de ánima penitente. . . . . . . .,
n. Afectos del ánima confiada en Dios. . .•

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572

INOICE ,GENERAL

III. Afectos de admiración de las grandezas
de Dios . . . . . . . . . . . . . . . . . . • . . 265
IV. Afectos de agradecimiento y alabanza
265
por los beneficios divinos. . . .
V. Afectos del ánima acongojada. . . . . .. 267

IV.

VI. Afectos de temor á los malos.
269
VII. Afectos amorosos y de unión con Dios. 269
VIII. Afectos de quietud mental . . . . • . .270
IX. Afectos del ánima deseosa de la gloria.. 27 l
ROSARIO DE AFECTOS DE ALABANZAS Á Oros. 272

LUCHA ESPIRITUAL Y AMOROSA ENTRE DIOS Y EL ALMA

Tasa, sUIlla del privilegio real y erratas . . ..
Aprobación de la Orden. . . • . . . . . • .
Aprobación del Consejo Supremo y licencia del
Ministro Provincial. • . . . . . . . . . . . ..
DedIcatoria del autor á su madre la Provincia
de San José
. . . . . . . . . . •.
Prólogo que declara el intento del autor en esta
obra. . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Proemio y argumento de toda la obra.. . . ..
PARTE l.-Capítulo l.-De algunas diferencias
de amor, y en especial del amor extático y
fruitivo de que particularmente se hace
mención en este tratado.. . . . . . . . ..
Cap. IJ.-De la prinCipal fuerza del amor, que
es mudar y convertir el amante en la cosa
amada. • . . . . . . • . • • . . . . .
Cap. lII.-Cómo el amor se extiende á todo
lo que la cosa principalmente amada, y lo
que el alma gana de transformarse en
Dios. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ..
Cap. IV.-Cómo sólo el amor triunfa de Dios
y se tiene con Él á brazo partido, y del
tiempo y lugar de esta lucha . • . . . . .,
Cap. V.-De algunas tretas y cautelas de que
se ha de aprovechar el alma para rendir á
Dios en esta lucha. . . . . . . . . . . . ..
Cap. VI.- De cómo luchando el alma con
Dios'le hirió y le hiiosu prisionero.. . ..
Cap,. VIl.-Del lugar de la herida en Dios,
que es el corazón.. . . . . . . . . . . . .
Cap. V/II.-Del instrumento con que confiesa Dios haber sido herido. . . . . . . .,
Cap. IX.- En que particularmente se dedara qué ojo es en el alma el que hiere á
Dios ...•. _ . . . . . . . . . . . . . . . . .
Cap. X.-Prosigue la misma materia y trata
de la necia sabiduría que vence toda hulIIana sabiduria. . . . . • . . . . . . . . ..
Cap. XI. - De las divinas tinieblas adonde
entra el alma que camina por la vfa afectiva. • . . . • . . . . . . . . . : . . . . . ..
Cap. XI/.-De dos maneras de conocimiento, tillO de vi adores y otro de compninsores. . . . . . . .. . . . . . . . . . . . . •
Cap. XI//.-Cuestión única, en que se trata si
es necesario que en esta mistica 'teología
preceda ó acompañe el entendimiento al
afecto. . . . . . . . . . . . . . • . . . . ..

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307

Cap. X/V.-De las oraciones jaculatorias de
que de ordinario se ha de aprovechar el
alma para herir á Dios. . .. ..
Cap. XV. -- Del mayor impedimento que
tiene la vida espiritual, que es el amor
propio. . • . . . • . . . . . . . . . . . ..
, Cap. XV/.-De cómo el amor de Dios, siendo en nosotros ei primero, es raíz de todos los bienes, y el propio lo es de todos
los males . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Cap. XV//.":"De cómo el amor propio divide
á los hombres, y el de Dios los une y hace
una cosa.. . . . . • . . . . . . . . . . .
PARTE n.-En que se trata de cómo Dios por
amor triunfa del ánima racional . .. "
Cap. /.- Del mi~ar de Dios y de la virtud maravillosa de sus ojos, y del primer triunfo,
que es herir el alma. . . . . . . .. . . .
Cap. /l.-De las,saetas del amor y de su eHcacia- probada con ejemplos. . . . . • ..
Cap. /I1.-De las cadenas' del amor y del segundo triunfo . . . . . . .
Cap. /V.-Del triunfo tercero, que es lá enfermedad del amor . .
. .. .. ..
Cap. V.-De la insaciabilidad del amor y de
cómo no se contenta con lo posible. . ..
Cap. V/.-Del regalo que siente el alma con
la presencia de Dios, y de dos maneras de
gustos: uno puro y otro mezclado. . . ..
Cap. V/l.--Del segundo gozo mezclado y del
amargura que siente el alma en la ausencia de Dios.. . . . . . . . . . . . . .
Cap. V/l! - De un efecto maravilloso que
causan en el alma las ausencias oe Dios, y
del desfallecimiento del amor. . . . .
Cap.IX.-De la suspensión del alma en
Dios y de su perfecta mortificación . • "
Cap. x'-De la bienaventurada unión que
puede haber entre Dios y el alma . . . ..
Cap. X/.-De la oración, que es la casamentera entre Dios y el alma, y medio admirable para esta unión
. . . . ..
Cap. XII. -De la unión que pretende Cristo
entre El y nosotros mediante el Santísimo
Sacramento del altar.. . . . . . . . . •.
Cap. X//l.-De la similitud que se requiere
entre Dios y,el alma que le recibe sacramentado, . . . . . . . . . . .'. . . . . ..

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33í

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347

fNDICE GE.NERAL

Adicion á este capitulo.-Sentimientos admirables de un religioso sacerdote acerca
del Santísimo Sacramento del altar.. . . . 351
Cap~ XI V.- De la transformación ó muerte del alma, que es el último triunfo del
amor. . .~~. . . . . . . . . . . . . . . . .. 353

573

Cap. XV.-De la embriaguez del amor y sus
efectos. . . . . . . . . . . . . ; • • . . .. 357
Cap.XVI.-Qué cosa sea rapto, y de muchas
maneras que hay de raptos y de la diversidad de nombres que tiene en la Escritura; es para pocos . . . . .' . " . . • ~. .' 36 O

V. TRATADO ESPIRITUAL DE LOS SOBERANOS MISTERIOS DEL DIVINO SACRIFICIO
DE LA MISA
Erratas, tara y censura de la Orden . . . . ..
Licencia del Comisario general, aprobación del
Consejo y privilegio real. . . . . " . . ..
Dedicatoria á Doña Catalina de Zúñiga, condesa de Lemos. . • . . . . . . . . . . . . . ..
Prólogo al lector. . . . . . . . . . • . . . . ..
Diálogo l.-De la reverencia que se debe á
los templos y lugares sagrados, y de la presencia de Cristo en ellos por el Santísimo
Sacramento del altar; de la grandeza del sacrificio de la Misa, las causas de su institución, por qué juntó Cristo en uno comida y sacrificio. De lo que significa esta palabra Misa, y en qué difieren sacramento y
sacrificio. . . . . .. . . . . . . . . . . . ..

363
364
365
366

Diálogo /l.-De la preparación del sacerdote
para .decir Misa; y del que comulga, para que
le entre en. provecho. De la sacristía y entrada en ella; y de los ornamentos sacerdotales y altar. . . . . . . . . . • . • . . . . ,. 381
Diálogo 111. - De los misterios de la Misa,
396
desde que se comienza hasta el Credo
Diálogo IV. - De los misterios de la Misa,
desde el Ofertorio hasta la consagración. " 411
Diálogo V.-En que se trata de la consagración del cáliz y de las demás cosas, hasta
acabar la MiSa . . . . . • • • . . . • . . . 426
SALTERIO

ESPIRITUAL Ó

EJERCICIO DE CADA

en el cual enseña con diez docume.ntos
á ordenar la vida cristiana y piadosamente.. 443
DÍA,

366

VI. TRATADO ESPIRITUAL DE CÓMO EL ALMA HA DE TRAER SIEMPRE Á DIOS
DELANTE DE sí
Tasa, suma del privilegio y aprobación. . . ..
Aprobación del Consejo y prólogo al lector ..
Dedicatoria á la Infanta Sor Margarita de la
Cruz y división del tratado. . . . . .
PUNTO l.-Cuál! encomendado ha sido de los
Santos este ejercicio.. . . . . . . . . . .
PUNTO n.-De la importancia y frutos de
este santo ejercicio.. . . . .. . . . . . . .
PUNTO IIl.-De las cosas que ayudan para
alcanzar este bien tan grande de andar
siempre en la presencia de Dios. ". . . '.
PUNTO IV.-De cuatro maneras de presencia
de Dios, primera sacramental . . . . . . . ,
§ 1. - De la manera que debemos asistir al
oficio divino.. . . . • . . . . . . . • • .
§ Il.-Requisitos para que el oficio divino se
rece con satisfacción. . . . . . . . . . . ..

VII.

447
448
448
448
450

452
454
454

§ 11 l.-Atención, devoción y reverencia se
requiere en el oficio divino. . . . o • • .'.
S IV.-Rezar sin espíritu es de 'poco provecho. . . . . '. . . . . . . . . . •
§ V.-Acabado el oficio qué debemos hacer.
§ VI.-En qué se ha de ocupar el que comulga el día de la comunión . . . . . . . . ,.
Del segundo modo de traer á Dios presente,
que se dice imaginario, ó de la imaginación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Del tercer modo de presencia de Dios, que se
dice intelectual ó de entendimiento . ... '.
Del cuarto modo de andar en la presencia de
Dios, que se dice de la mente ó mental ó
activo . . . . . . . . . . . . "
......

456
457
458
.
459

·.4üO

463

465

EJERCICIO ESPIRITUAL PARA ANTES DE LA SA-

455

GRADA COMUNiÓN. • • . . • . . . . • . . . ••

471

LIBRO PRIMERO DEL VERGEL ESPIRITUAL DEL ÁNIMA RELIGIOSA

Aprobación del Consejo Supremo y licencia..
Aprobación de la Orden y privilegio . . .
Tasa y dedicatoria ¡í Felipe III. . . . . . . . ..
Prólogo. . . . . . . . " .,. . . . . • . . ..
LIBRO PRIMERO DEL VERGEL ESPIRiTUAL DE LA

477
478
479
479

SAGRADA PASIÓN DE

CRISTO NUESTRO

RE-

DENTOR.

Capítulo 1.- De la gran dificultad que tiene
hablar con satisfacción de la Pasión de Cris·
to Seiior Nuestro.. . . . . . . . . . . • . .. 48:i

574

íNDlCI! GENERAL

Cap. I/.-Del divino acuerdo y altisimo con-

sejo de las tres divinas personas sobre
la salud y remedio de los hombres por
la Pasión y muerte del Verbo eterno encarnado. . . . . . • • . . . • . . . . . . . . . ..
Cap. /I/.-Cómo desde el punto que el divino
Verbo encarnó en lás entrañas de la Virgen
nuestra Señora, para redimir los hombres,
nunca se olvidó desta su obra, y siempre anduvo en una cruz mental hasta que expiró
en el Calvario. . . . . . . . . . . . . . . .,
Cap. /V.-En que se prosigue la materia de la
cruz mental, y se .declara cuánto mayores
fueron las penas que Cristo sintió en su áni·
ma que las que padeció en el cuerpo, y del
fundamento desta doctrina. . . . . . . . ..
Cap. V.- y discurso notable, en que se prosigue la materia de la cruz mental de Cristo y
se descubre la grandeza de los dolores de
su alma.. . . . . . • • . . .. . . . • . . .
Cap. V/.-De cuán debida es la memoria de la
pasión de Cristo Señor nuestro en el hombre cristiano. :. . . . . . . . . . . . . . •.
Cap. VI/.-En que se prosigue la misma materia, y en especial se trata de cuán amorosa,
cuán agradable y cuán provechosa es la memoria de la sagrada Pasión y cómo abraza
en si toda perfección. . . . . . . . . . . . ..
Cap. VI//.-De una maravillosa división que
hacen de la Pasión de Cristo Señor nuestro
San Buenaventura, Santo Tomás, San Bernardo y Henrico Harpio. . . . . . . . . . ..
Cap. IX-De cómo por su voluntad, sabiéndolo y queriéndolo, se entregó Cristo á la
muerte por la sa1nd y remedio de los hombres, para obligarnos más á servirle y amarle por este camino.. . . . . . . . . .
Cap. X-En que se trata si fué posible sal varse los hombres por otro camino que el de la
muerte de Cristo Nuestro Redentor, y si fué
éste el mejor medio de todos. . . . . . . ..
Cap. X/.-En que se trata de las convenien-

489

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514

517

das que hubo en morir Cristo (ya que escogió la muerte) crucificado. . • . . . . . . ••
Cap. XI/.--En que se continúa el misterio de
la cruz y de Cristo crucificado en ella, y si
filé injustamente condenado á ella; por qué
la llevó sobre sus hombros, y si verdaderamente le fijaron con clavos en ella. . . . .,
Cap. XI//.-De muchas cosas que en la crucifixión de Cristo pasaron de grandisima deRhonra para Él y consuelo para nosotros. ..
Cap. X/V.-De la generalidad de las pasiones
de Cristo y grandeza de sus dolores, y de
cómo se compadecían en Él sumo gozo y
suma tristeza. . . . . . . . . . . . . . • . .'
Cap. XV. - Que se debe llorar la muerte de
Cristo Señor nuestro, aunque hay materia de
gozo en ella. . . . . . . . . . . .
Cap. XVI.- De los títulos que agravan la
muerte de Cristo, y de los lugares que se
hallan en ella que pueden y deben movernos
á compasión y lágrimas, . • . . . . • . . •.
Cap. XV/I.-En que se ponderan algunas cosas de las que padeció Cristo, con que se
declara como es posible á nuestra rudeza la
gravedad de su Pasión. . . . . . . . . ..
Cap. XV/I/.-En que se prosigue la materia
del pasado y se trata de los improperios de
la cruz, y milagros con que el Padre eterno
honraba ü su Hijo en tanta deshonra, y mostraba ser Dios cuando apenas pareela hombre.
Cap. X/X-De algunas razones que obligan á
la compasión de Cristo crucificado, sacadas
del seráfico doctor San Buenaventura, del
libro que intituló Estimulo de amor. . . ..
Cap. XX.-De seis consideraciones en que se
ha de ejercitar el que con aprovechamiento
quisiere meditar en la Pasión de Cristo
lluestro Redentor . • . . . . . . . . • . • •.
Cap. XX/.-En que se declara un lugar de San
Pablo, de cómo en la obra de nuestra redénción resplandecieron justicia y misericordia,
y de los frutos della. . . .
. ... "

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LAUS DEO, B. MARIA E IMMACULATAE, BEATOQUE FRANCISCO, AMEN.

520

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