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Editorial

¿E

s posible señalar qué es el poder? Podríamos
intentar definirlo apuntando a personajes
públicos: políticos, millonarios, líderes de
opinión etc. Sin embargo, darle un rostro al poder no
nos ayuda a definirlo, ya que siempre se oculta detrás
de la sonriente figura del Gran Hermano y, a pesar de
esto, la cultura se ha encontrado varias veces cara a
cara con el poder, tal fue el caso de Mijaíl Bulgákov con
Stalin, o de Mozart con la corte de Viena.
En esta revista creemos que la cultura no debe subordinarse al poder sino que debe ser una resistencia al mismo.
Aunque, tampoco deberá en sí misma encumbrarse en
la soberbia intelectual subestimando el trabajo y conocimiento de los demás.
Suele decirse que el poder es un mal que corrompe,
sin embargo, como apunta el ex presidente de Uruguay
José Mujica “El poder no cambia a las personas, sólo
revela quiénes verdaderamente son”.

La Epístola-Diablo:

Contenido

Bulgákov frente al
poderoso

La Epístola-Diablo
3

7

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25

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25

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La inaceptable soberbia intelectual
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Desde la cárcel, radio para la libertad
3

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¡Yo tengo el Poder!

Texto: Axel Nájera
Imagen: Angelica Estrada

Las clases dominantes en las expresiones musicales
3

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Fausto: Aún así, dime quién eres
Mefistófeles: Una parte de aquella fuerza que siempre quiere el
mal y siempre practica el bien

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Los dioses ocultos de las redes sociales
3

7

11

Fausto, J.W. Goethe

14

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25

28

14

21

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28

Hey, ho, let's go

DIRECTORIO

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7

11

UNAM

RECTOR
Dr. José Narro Robles
SECRETARIO GENERAL
Dr. Eduardo Bárzana García
SECRETARIO ADMINISTRATIVO
Ing. Leopoldo Silva Gutiérrez
SECRETARIO DE DESARROLLO
INSTITUCIONAL
Dr. Francisco José Trigo Tavera
SECRETARIO DE SERVICIOS A LA
COMUNIDAD
Lic. Enrique Balp Díaz
ABOGADO GENERAL
Dr. César Iván Astudillo Reyes
DIRECTOR GENERAL
DE COMUNICACIÓN SOCIAL
Renato Dávalos López

COORDINACIÓN DE
DIFUSIÓN CULTURAL

COORDINADORA
Dra. María Teresa Uriarte Castañeda
DIRECTOR GENERAL DE RADIO UNAM
Fernando Escalante Sobrino

RÚBRICA

DIRECTOR
Carlos Narro
EDITOR
Oscar Gama Herrera
COORDINADOR EDITORIAL
Héctor Zalik
CONSEJO EDITORIAL
Fernando Escalante Sobrino
Santiago Ibarra Ferrer
Josefina King Cobos
Carmen Limón
Marta Romo
ASISTENTE EDITORIAL
Axel Nájera
MESA DE REDACCIÓN
Luis Perea
Francisco Hernández
J.C. Salgado
Miguel Ángel Velázquez Pazarán
Mar Saldaña

DISEÑO EDITORIAL
Alejandra Hernández A.
Ricardo Jaimes
Natalia Cano
ASESORA GRÁFICA
Carolina Árias
PORTADA
Ricardo Jaimes
DISEÑO GRÁFICO
Angelica Estrada
Jessica Navarrete
Yael Rivas
Josué Somarriba
Tania Ortiz
Lizet Morales
Mauricio del Castillo
COLABORADORES
SandraSanabria
Carmen Limón
Iván Medina
El administrador
INFORMES RÚBRICA
www.radiounam.unam.mx/rubrica
redacciónrubrica@hotmail.com
5623-3273

Revista Rúbrica de Radio UNAM es una publicación mensual realizada por la Subdirección de Extensión Cultural de Radio UNAM,
ubicada en Adolfo Prieto # 133 Colonia Del Valle, Delegación Benito Juárez, CP. 03100. Tel. 56233271.
Impresión: Navegantes de la Comunicación Gráfica S.A. de C.V. Calle Pascual Ortiz Rubio #40, Colonia San Simón Ticumac, C.P.
03660, México D.F. Responsable: Arquitecto Matías Méndez Cabello e-mail: navegantes09@yahoo.com.mx
Editor responsable: Oscar Gama Herrera. Distribución: Subdirección de Extensión Cultural de Radio UNAM.

T

e pregunto algo lector: ¿le has visto los ojos al Diablo?
Piénsalo un momento. Ahora pregúntate si estos ojos
tienen color, qué expresarían; ¿acaso serían capaces de
llorar? Te hago estas preguntas porque vamos a hablar de un
autor que, en cierta medida, no sólo lo vio de frente sino que
incluso habló con él.
Antes de otra cosa, tendríamos que decir algo más: el Poder
(así, con mayúscula) es caprichoso; siempre busca perpetuarse, busca sustraerse de los efectos corrosivos del tiempo, y de cualquier cosa en general que sienta que lo corroe.
No es casual que durante una considerable parte del siglo
XX se hayan establecido una serie de dictaduras totalitarias;
veamos: ante la condición que da lugar a la afronta de la relatividad o del psicoanálisis surge un Hitler que anuncia un
imperio de mil años.

3

Sin embargo, esta imagen tan ideal de la dictadura (la raza
alemana, la dictadura del proletariado, etc.) es un relato;
el más grande quizás que se pueda generar dentro de este
sistema. Afuera de esta historia hay otras, muchas otras;
así de duro es esto, aunque crean que la suya es la última
palabra, resulta que no lo es. Una otra historia (o más de
una historia) como la de Mijaíl Afanásievich Bulgákov, un
ruso, autor de El maestro y Margarita.
Mijaíl Bulgákov nace todavía en el Imperio Ruso, el año de
1891, crece en una familia de clase media; de esas mismas
que no vieron con buenos ojos la Revolución de Octubre.
Sin embargo, nuestro autor nunca salió de Rusia, aunque
tuvo oportunidad de hacerlo, ya lo veremos. Para 1929
la vida para Bulgákov era, por decir lo menos, insufrible:
“De modo que en la presente temporada teatral todas mis
obras se encuentran prohibidas. […] Todas mis obras han
recibido críticas desfavorables, monstruosas; mi nombre
ha sido difamado…”.
Estas últimas líneas son una cita del mismo Bulgákov, de
una de las muchas cartas que envía a la Secretaría General
del Partido Comunista, cuyo máximo representante era
Josef Stalin. Hay que aclarar algo: las cartas iban dirigidas
específicamente al camarada Stalin, cosa bastante arriesgada para un autor que ya de por sí era considerado antisoviético. Así, Bulgákov parecía jugarse la vida en un
entramado en el que más de uno perdió la vida.
Acabemos con la semblanza biográfica: a la segunda carta
de Bulgákov responde el mismo Stalin, ¡por teléfono! El
escritor le asegura que no saldrá de Rusia (que un escritor
ruso fuera de su tierra está como muerto), Stalin le garantiza trabajo y, por lo menos durante un tiempo, que su
obra no sea censurada. Esta llamada obsesionaría a nuestro escritor, al grado que se cuenta que murió esperando
otra llamada del dictador.

4

Nuestro autor ruso es conocido por una novela (de la cual
hablaré en un momento, lo prometo). No obstante, las
cartas que mandó a Stalin (a las cuales sólo respondió a la
segunda, mediante la reconocida llamada telefónica) resultan ser un texto tan intenso como El maestro y Margarita. “¿Es posible imaginar en la URSS a una persona como
yo?” es lo que le grita el maestro al hombre poderoso; esta
pregunta podría hacerla cualquiera de nosotros cuando lo
que se pide son las condiciones mínimas para vivir: en el
caso del maestro sólo se trataba de que lo dejaran escribir.
Ceñir la vida y obra de Bulgákov a su relación con Stalin sería repetir el mismo patrón al que lo sometieron los
burócratas soviéticos. A pesar de esto hay un punto al
que debemos volver: las dictaduras sólo fueron (y son)
parcialmente un gran relato. Algún otro discurso es de la
estructura producida durante los regímenes totalitarios
del siglo pasado: una organización centrada en torno a un
grupo o partido; esta estructura permite verificar, censar
y validar (o en su caso, rechazar) las actividades, modos u
opiniones de la población. Bulgákov, por más que gozara
de un extraño favor del dictador, no estuvo exento de esta
estructura, al grado que un primer intento de El maestro y
Margarita fue quemado a fin de evitar a los censores.
“–Desgraciadamente, no puedo hacerlo –contestó el maestro–,
porque la quemé en la chimenea.
–Usted perdone, pero no le creo –respondió Voland–, es imposible, los manuscritos no arden.”

¡Cuidado, lector! Un otro Diablo (no es Stalin) se pasea
por tu ciudad, a su paso –no te lo vayas a topar– la mitad
de la población se vuelve loca (o ya estaban a un paso de
la casa de la risa). Lo curioso es que quienes se ponen a su
paso no son, generalmente, hombres de a pie sino aquellos que se aferran a su hueso. El Diablo, en cierta medida,
demuestra no ser tan malo como se nos ha pintado; él
es esa fuerza que “niega” a los que, a su vez, lo niegan

5

para aseverar triunfalmente el establecimiento de alguna
dictablanda (El Diablo o Voland, junto con su séquito, se
encarga de demostrar lo blanda que es).
Esto que acabamos de describir es, a grandes rasgos, parte de lo que ocurre en El maestro y Margarita, la obra
por la que más se le recuerda a Bulgákov. El Diablo convierte en un imposible (exageramos un poco) la existencia de más de un funcionario soviético: algunos acaban
muertos, uno convertido en vampiro, uno más termina
en el infierno (andamos exagerando, en realidad acabó en
Yalta). Ríete, por favor, lector, de las desgracias de estos
hombres; cualquiera del séquito de Voland lo hubiera hecho: “el gato”, “el tipo de los lentes”, “la mujer pálida” o
“el enano pelirrojo”. Todos demuestran lo ridículos que
podemos llegar a ser los seres humanos.
Ahora, enlazada a esta historia hay una aún más herética:
la novela del maestro, la historia contada por Voland; el
relato de Jesús de Nazaret y Poncio Pilatos. Yoshúa GaNozri no es el carpintero delineado en la Biblia sino que
teme por su vida y en algún momento le ruega a Pilatos
que lo salve. El poderoso pudo haberlo hecho y no lo hizo,
eso le cuesta la paz de sus noches. Jesús ve a la cara al
hombre del que depende su vida y aún en ese instante defiende la libertad del hombre y la posibilidad de que algún
día ningún poder (tiránico) pueda ejercerse sobre éste. Entonces el pleito ya no es precisamente entre Dios (o dios)
y el Diablo sino con los hombres que se creen dioses (así,
en minúscula).
Ahora, lector. Tratarás de imaginar los ojos que se ocultan debajo de aquella capucha, no podrás verlos pero
ellos a ti sí, he ahí su poder. Bulgákov los vio, y quizás
demasiado cerca, el embeleso le ganó; como se dice en
otro libro, que al ver al Diablo a los ojos no se sentía ni
vivo ni muerto. Sin embargo, en ese momento indecidible sí hay una solución: la risa. Otro Mijaíl (Bajtín) fue
desterrado a Siberia por hablar del poder de la risa; a la
larga tendríamos que aprender a platicar (o mandarnos
una carta) con ese otro Diablo que puso los pelos de
punta alguna vez en Moscú.

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La inaceptable

soberbia intelectual
Texto: Sandra Sanabria
Imagen: Josué Somarriba

“En el campo de las letras y las humanidades, los alardes de superioridad
intelectual ahondan innecesariamente el abismo entre la cultura popular
y la alta cultura, para beneplácito de los magnates del espectáculo y de los
editores oportunistas que medran con la ignorancia del público masivo.”

G

enealogía de la soberbia intelectual es un extenso ensayo del escritor Enrique Serna, en cual aborda el
tema de la arrogancia de ciertos intelectuales. Esto se
refiere a la actitud de estos grupos que entienden la cultura
como algo que los define o los diferencia del “vulgo”, algo que
les da un status de superioridad, que los opone a los otros, los
ignorantes. Es decir, estos individuos proponen que sólo algunos grupos de personas (ellos) son capaces de entender la
literatura, el arte plástico, el cine de autor, etcétera, y esto les
da autoridad sobre el hombre común.
Serna hace una cronología en búsqueda del inicio de la discriminación a través de la privatización del intelecto, recopilando
y analizando ejemplos que datan de hace más de 4,000 años. A
lo largo del ensayo resalta el ejemplo del poeta francés Mallarmé, quien según Serna, “quiso que el lector aceptara su superioridad como una petición de principio, sin tenderle puentes
para demostrarla”; en la obsesión del poeta por pasar como
iluminado, era capaz de buscar las palabras más extrañas y
utilizarlas para formar metáforas encriptadas que básicamente sólo él entendía. Lo que al parecer le funcionaba entre sus
contemporáneos.
7

Para justificar lo que Serna nos plantea en este estudio
que le llevó 12 años de su vida, basta aplicarlo a nuestras
propias vivencias.
En primer lugar, es común que, como lo indica el epígrafe con el que inauguro este artículo, existe la tendencia
a separar la cultura en alta cultura y la cultura popular.
La alta cultura tiene que ver con las creaciones que giran
alrededor de las Bellas Artes y sus procesos académicos
o intelectuales como su análisis y clasificación, que erróneamente son atribuidas al sector “educado” o aristócrata
de la población. Por otro lado, la cultura popular se refiere
a las actividades que al parecer no necesitan ningún tipos
de actividad intelectual, y que normalmente son desarrolladas por el pueblo. En realidad, la cultura es un conjunto
de ideas, tradiciones y costumbres que caracterizan a un
pueblo o época. Es lo que nos define como grupos, como
sociedades. Es decir, cualquier actividad o relación que
sobrepase nuestros instintos primos es cultura. En una segunda acepción sí puede interpretarse como el desarrollo
del conocimiento mediante el estudio, pero: ¿existen conocimientos más distinguidos que otros?
Aunque la cultura tiene que ver con todos y es para todos
hay grupos que la hacen su etiqueta, para ellos saber más
sobre lo que sea nos da poder sobre el que no sabe. Su
problema es pensar que si yo puedo nombrar de memoria diez de mis óperas favoritas o recitar 50 de mis sonetos preferidos, me da más caché que el que no puede. El
otro problema que plantea Serna, es la retención de estos
elevados pensamientos, con el fin de conservar su distinción. En eso recae el doble discurso de ciertos académicos
e intelectuales. Por un lado, estos personajes quieren que
entendamos el arte, que nos interese, que estudiemos las
ciencias y la literatura, pues según esto es lo que precisamente nos llevará a ser una mejor sociedad, lo cual parece
una propuesta razonable. Sin embargo, y aunque parezca
ridículo, no están dispuestos a ayudarnos a lograrlo.
Esto me recuerda un coloquio al cual hace poco asistí en
la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. En una mesa
redonda se presentaban los proyectos que se están desa-

8

rrollando en la Facultad. Un hombre, que en mi vida había
visto, hablaba de su nuevo proyecto de la publicación de
traducciones de Giovanni Boccaccio, del italiano al español, en una versión bilingüe. Comentaba que la versión
incluiría anotaciones que les podrían interesar a otros académicos o a los alumnos de Letras Italianas. Un alumno
de la carrera de Geografía, amante de Boccaccio, pregunta
si habría notas al pie de página para la gente interesada,
pero que no fueran estudiantes de esta carrera o académicos, a lo que el ilustre doctor respondió: “Bueno, tampoco es que incluyamos notas al pie señalando en un mapa
dónde está Italia”. El resto del podio doctoral río. Algunos
de los problemas con esta escena son los siguientes: ¿Para
qué escribir un libro que sólo pueda ser leído por otros
doctos hablantes del italiano que entienden del tema?
Y si fuera el caso ¿Por qué incluir el texto en español?
¿Es que se juntan en reuniones privadas a darse de codazos alabándose los unos o los otros? Es decir, este libro
no está hecho para la difusión sino para la presunción
disfrazada de estudios avanzados, como escribe Serna:
“La jerigonza académica los condena a escribir para otros
especialistas, de modo que sus ideas, si de veras aportan
algo, difícilmente pueden repercutir en la sociedad”.
El otro problema que me preocupó, fue el hecho evidente de que el doctor no pudo contestar a una pregunta
muy sencilla. ¿Será que no oye? ¿Será que no puede? Esto
me lleva a reflexionar sobre si es cierto que toda la gente
que tiene un posgrado es realmente inteligente o sólo lo
es en su rama del saber. Mi abuelo nunca terminó la primaria y es el hombre más inteligente que he conocido, en
fin. Lo que realmente sí me aterró fue que tal vez, por la
soberbia de este individuo, hayamos perdido a un lector
de Boccaccio, espero que no.
La privatización de la información puede llevar a sucesos
más extremos, que sólo perder a un lector y su opinión. El
11 de enero de 2013 el joven Aaron Swartz, programador,
escritor y activista, es hallado muerto en su departamento, se había ahorcado, ¿por qué?, bueno, a sus 26 años estaba enfrentando un juicio donde se discutirían 13 cargos
en su contra. El delito de Aaron fue desarrollar un script

9

con el cual podría descargar 4,6 millones de documentos
académicos y científicos, de JSTOR1. En esta página puedes consultar artículos académicos, ensayos, iconografía
antigua escaneada y obras de todos los tiempos, el problema es que no todos pueden hacerlo. Tienes que tener una
cuenta que obtienes pagando o estar inscrito en una universidad que haya comprado la base de datos. El gobierno
de Estados Unidos temió que los compartiera en internet,
temió que todos tuviéramos acceso a ellos y a Aaron le
costó caro; lo trataron peor que a un asesino, a un violador o a un secuestrador, sólo porque defendía la creencia
de que la información es de todos. La privatización de la
información y su venta, o cualquier tipo de transacción
con ella, es lo que debería ser penado. ¿Por qué no todo
el “vulgo” puede tener acceso a la información? ¿De qué
les sirve la información privada o para el VIP? Así no hay
discusión, no hay debate.
Los ejemplos a los cuales hace referencia Serna van desde los clérigos siendo los únicos en poder interpretar los
textos sagrados, poniéndose en un nivel más cerca de
Dios que todos los hombres, y llegan hasta la época contemporánea con las relaciones de los intelectuales con los
políticos. Sin duda un libro imperdible de muchos que
tiene Serna.

La cultura no es un beneficio, no es algo exclusivo de una
élite. Saber más, no nos da poder, no nos coloca encima de
nadie, sino que nos da herramientas para debatir y evitar
abusos. La cultura es para todos y deberíamos de dejar de
pretender que no es así. Y hasta que esto no cambie, seguiremos preguntándonos: ¿por qué la gente no me lee?,
¿por qué no van a ver mi película? Los intelectuales no son
seres súper-dotados e inalcanzables, son gente de carne y
hueso que ha podido dedicarse a cultivarse y ya.

Desde la cárcel,

Radio para la libertad

Texto: Carmen Limón
Imagen: Lizet Morales

E

n el sitio web1 de Tito Ballesteros, incansable
documentalista de la radio hispanoamericana,
leí hace unos años acerca de las diferentes experiencias de radio que se realizan en presidio. En prisión
el mundo parece más redondo, dice Tito. Se repite y se
vuelve a repetir. La cárcel es penosa. Ellas y ellos esperan
y se desesperan. Pero, en medio del silencio interno está
una amiga de los emisores: La radio, pasión para vivir en
prisión.2 En ese artículo escribió sobre varios, digamos,
proyectos exitosos, conmovedores, que contribuían
entonces (2011) a la rehabilitación de los internos en
diferentes reclusorios y gozaban de la simpatía de las
instituciones locales. Para conocer el desarrollo de esas
radios, me di a la tarea de visitar sus sitios en Internet
o de buscar noticias sobre su estado actual. ¿Qué ha
sido de ellas? ¿Siguen operando? ¿Qué resultados han
obtenido? Me encontré con que las páginas de algunas,
como Radio Chévere del Centro Penitenciario de Dones, en Barcelona no están habilitadas; con que iniciativas como A radio, emisora del Centro Penitenciario de
A Lama, en Galicia, no tienen publicaciones recientes
1 Radios de América: http://titoballesteros.blogspot.mx
2 Radio. Pasión y prisión:
http://titoballesteros.blogspot.mx/2011/11/radio-pasion-y-prision.html

1 http://www.jstor.org

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11

que permitan saber de su permanencia.3 Y que Radio sin
número había funcionado satisfactoriamente en la cárcel
de mujeres de Iquique, Chile, hasta abril de 2014, cuando
un temblor dañó las instalaciones del penal y obligó a las
autoridades a mudar a las internas. Sin embargo, hay otros
experimentos que no sólo continúan al aire, sino que han
evolucionado.
En 2007 inició en el Centro de Rehabilitación de Imbabura,
en Ecuador, un gran proyecto dirigido a liberar las mentes
de los internos, a suministrarles herramientas para trabajar
en su rehabilitación y su reintegración a la sociedad. Dentro de éste se contempló la realización de un programa de
radio, La paradoja, producido, conducido, musicalizado
por los reclusos desde la cárcel. Entre otros beneficios, el
programa les permite llevar su voz más allá de los muros
de la prisión, pues se transmite a través de la Radio Municipal de Imbabura. En 2010 las autoridades del Centro
declaraban que La paradoja había contribuido a disminuir
la violencia dentro de la cárcel, y para finales de 2014 era
ya un espacio consolidado, con transmisión semanal y
duración de 90 minutos en los que difunde actividades
de los ámbitos educativo, deportivo, cultural y recreativo,
e incluso formativo, pues ofrece un segmento destinado
a aprender la lengua kichwa, el quechua del norte de la
región. Cristian, encargado de las tareas técnicas, declara:
Hacer radio, para mí, es estar libre. Mi familia y mis amistades me felicitan constantemente por el desempeño que
3 Pueden consultarse videos documentales de estos proyectos en Radio.
Pasión y Prisión.

12

muestro en este espacio, desde hace más de cuatro años.
Me faltan varios años para salir, pero seguiré en esta actividad que tanto me agrada. Luis, otro interno, miembro
del equipo de producción, dice: Integrar ‘La Paradoja’ es
importante, porque somos testimonio de comportamiento
para los demás compañeros.4
La Paradoja se ha convertido en un referente de rehabilitación del que han abrevado dos experiencias más, ambas
en Ecuador: una en el Centro de Rehabilitación de Cotopaxi para mujeres, donde desde hace cuatro años un grupo de internas produce el programa Palabra libre; la otra
se refiere a 22 mil voces, producción a cargo de reclusos
con la ayuda del personal de Radio Pichincha Universal,
emisora que transmite ambos programas los sábados por
la noche. Palabra libre es una radio revista en la que las
mujeres abordan temas de cultura, deportes, salud, gastronomía, turismo, y que les ofrece la oportunidad de establecer un diálogo con la sociedad como seres humanos
en proceso de cambio, de superación. Palabra libre concursó en la pasada Bienal Internacional de Radio y obtuvo
el primer lugar en la categoría de “Programas producidos
por estudiantes”; puede escucharse en la página: http://bienalderadio.info/oficial/index.php/comunidad/programas-producidospor-estudiantes Este es un buen ejemplo reciente de lo que

puede hacerse a través de la radio para la sociedad o para
la libertad, incluso desde la cárcel.
4 http://www.justicia.gob.ec/la-paradoja-es-un-referente-de-rehabilitacion-para-las-ppl-de-ibarra

13

¡Yo tengo

el Poder!
Texto: J.C. Salgado
Imagen: Mauricio del Castillo

C

uando reflexionamos acerca de la naturaleza del poder, es común pensar
que es algo que siempre debe ser compartido, porque de no ser así es capaz de corromper e incluso enloquecer al que lo ostenta. Estas nociones
son parte de nuestra conciencia histórica con justa razón, pero ¿qué tal si no
hemos prestado suficiente atención? ¿Qué tal si no hemos pensado suficiente
en el misterio que representa? Tal vez es más cercano a la realidad pensar que
el poder por sí mismo no es el que corrompe, que como apunta el ex presidente
de Uruguay José Mujica “El poder no cambia a las personas, sólo revela quiénes
verdaderamente son”.
Porque finalmente, la cultura y el entorno es lo que nos define, las decisiones que
tomamos son un reflejo de nuestra vida y nuestras experiencias. En un intento
desesperado de la cultura por transmitir esa verdad, la hemos visto reflejada en la
ficción desde los principios de la humanidad hasta nuestros días. Sin importar si se
trata de una campaña en la Tierra Media o una batalla por el destino de la galaxia,
son nuestras acciones las que definen quienes somos.

El poder y la responsabilidad
Cuando el tímido adolescente Peter Parker es mordido por una araña radioactiva, su
vida da un giro de 180 grados, al obtener la fuerza y velocidad proporcional de una
araña. De pronto Peter, un chico de 15 años, amable y brillante, que ha sido golpeado diariamente por sus compañeros de escuela, recibe asombrosos poderes, que lo
sitúan por encima de todos los seres humanos. Al ser humillado constantemente,
no es extraño que decida utilizar estos poderes de forma egoísta, participando en
demostraciones televisivas bajo el nombre de Spider-Man y compartir las ganancias
de los espectáculos exclusivamente con las únicas personas que lo han tratado bien
en la vida, su tío Ben y su tía May. Al salir de una presentación se encuentra de
frente con un ladrón y a pesar de la súplica de un policía por que lo detenga, decide
hacer caso omiso, solo para llegar a casa y descubrir que el ladrón que pudo detener
con facilidad momentos antes, había asesinado a su tío Ben. Aprendiendo de forma
trágica que un gran poder conlleva una gran responsabilidad.

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El poder y la maldad
En Kirikú y la hechicera, Kirikú, un niño inteligente y valiente –
nacido en el seno de una tribu africana que es dominada por una
hechicera llamada Karaba– realiza proezas para rescatar a los
aldeanos, prejuiciosos e ignorantes, de los maleficios de la poderosa hechicera. Sin embargo, es constantemente despreciado
por los mismos aldeanos que ha salvado. Lo que lleva a Kirikú a
cuestionar el origen de las acciones de su comunidad, preguntando a su madre:
“—Madre ¿Por qué Karaba la hechicera es tan mala?… no es la
única, algunos de los niños a los que le salvé la vida son malos
conmigo… de todos modos ella es mucho más mala que los demás —a lo que su madre responde —o tiene mucho más poder
—”

El poder único
En el Señor de los anillos, el anillo único representa el poder
totalitario, una dictadura, donde la voluntad de una persona o un grupo se imponen a la mayoría. Cuando el Señor de
los anillos fue derrotado, pero el anillo único permaneció, las
estructuras de poder continuaron inafectadas, un solo anillo
seguía dominando el destino de todos los demás, esperando
el regreso de su amo. A Frodo se le encomienda la misión de
destruir el anillo ya que él tiene la fortaleza para resistir la
tentación que representa portarlo.

El poder y la corrupción
Conocemos la historia de Darth Vader, un antiguo caballero jedi
antes llamado Anakin Skywalker, que en una especie de pacto
faustiano en busca de poder, terminó convirtiéndose en un esclavo del sistema, sin voluntad propia. Así, el mayor villano de la
galaxia, con poder sobre innumerables sistemas y personas, es
en realidad un burócrata que solo sirve a la maquinaría imperial.
En Anakin, su arrogancia, miedo y deseo de poder lo llevan al
lado oscuro de la fuerza; vende su alma a cambio de obtener
poder, corrompiendo sus ideales y traicionando a sus amigos.
Entonces, si el poder no puede corromper por sí mismo y solo
son decisiones y libre albedrío; es como dice el mago Gandalf:
“Todo lo que tenemos que decidir es qué hacer con el tiempo
que nos ha sido dado”.

15

Julio 2015

Radio UNAM: 860 AM
HORA

LUNES

MARTES

MIÉRCOLES

06:00 - 06:06
06:06 - 07:00
07:00 - 08:00
08:30 - 08:45
09:00 - 09:30
09:00 - 10:00
10:00 - 10:30
11:00 - 11:30
11:30 - 11:35
11:35 - 12:00
12:00 - 12:45
12:45 - 13:00
13:00 - 13:30
13:30 - 14:00
14:00 - 14:30
14:30 - 15:00
15:00 - 15:05
15:05 - 15:30
15:30 - 15:45
15:45 - 16:00
16:00 - 16:14
16:30 - 16:55
16:55 - 17:00
17:00 - 17:05
17:05 - 17:30
17:30 - 18:00
18:00 - 19:00
19:00 - 19:15
19:15 - 19:35
20:05 - 22:30
21:30 - 21:00
21:00 - 21:15
21:15 - 21:30
21:30 - 22:00
22:00 - 22:30

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Las clases dominantes en las
expresiones musicales

Texto: Miguel

Ángel Velázquez Pazarán
Imagen: Jessica Navarrete

B

ach, Handel, Lully, Clementi, Mozart, Chopin,
Liszt, Beethoven; escuchamos los nombres de estos excelsos compositores que dedicaron todo su
tiempo y vida a la composición de obras maestras inolvidables e inmediatamente podemos empezar a tararear o interpretar en nuestras mentes, por lo menos una
pieza de estos grandes entre grandes. El trabajo de estos
hombres es considerado patrimonio de la humanidad;
pasará el tiempo y siempre escucharemos la Sinfonía
no. 9 de Beethoven, en por lo menos dos estaciones de
radio. Se seguirán produciendo y vendiendo dentro cincuenta años dvd´s o Blu-ray´s con las obras completas
de Vincenzo Bellini interpretadas por Anna Netrebko y
Rolando Villazón. La música de estos genios estará omnipresente por los siglos de los siglos… queramos o no.

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Pero, ¿Quienes fueron las personas que ayudaron y financiaron la obra de estos compositores para hacerla posible?
¿Qué interés tenían en ello? No es común detenernos a
pensar si esas extraordinarias expresiones musicales surgieron de súbito sin ningún apoyo económico o financiero.
¿Me creerías si te dijera que los trabajos de Joan Sebastian
Bach y Mozart fueron obras por encargo?
En aquella época existían dos musas financieras a los que
estos hombres respondían y componían sus obras: las
cortes burguesas (la realeza) y la iglesia. Entre ellas existía una portentosa alianza económica.
Entre cortes burguesas siempre existió una rivalidad en
la cual no se podía medir su verdadero poder, en algunos
casos, con guerras o peleas. El verdadero poder de las distintas cortes yacía en el capital que podían invertir en sus
orquestas para el deleite de sus ocupantes, contrataban
a los mejores músicos, al mejor compositor que podían
pagar. Es decir, se valían de la música para ostentar su
estatus superior. Y no nada más se limitaban a los músicos, sino que influían en los literatos, pintores, escultores,
entre otros.
Los músicos eran muy demandados en la época porque
no existían los discos con las colecciones completas de
Bach o Handel y menos dónde reproducirlos, por eso en
las fiestas llevaban sus propias orquestas, que equivalía a
ostentarse con la expresión “Tengo mi propia orquesta.”
Inclusive, hoy en día, este hecho habla mucho del capital
que poseía la clase alta. Ya con la orquesta puesta ejecutaban las piezas, por así decirlo, de moda o piezas compuestas por el maestro de capilla, en el caso de la iglesia o el
compositor contratado por la corte.
Los burgueses se peleaban por saber quien tenía al mejor músico. Tanto que en algunas reuniones ponían a su
compositor, por lo general pianista, a lidiar con el músico

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de otra corte. Por ejemplo, en una fiesta enfrentaban a
Beethoven con Schubert. La “riña” se basaba en demostrar quién tocaba más rápido, quién podía improvisar mejor, quién podía componer una fuga en el menor tiempo
posible, y el que mejor lo hiciera resultaba el ganador. En
otras palabra, se divertían con el arte.
Los ponían a medirse como si fueran gladiadores; el perdedor tal vez nunca sería contratado de nueva cuenta por
la corte, mientras que el ganador obtenía la gracia y el
respeto de la clase alta.
Para la clase alta, el entretenimiento era un factor muy
importante, todos querían dar las mejores fiestas y todos
querían financiar las operas de los mejores compositores.
Estos fueron hombres muy respetados, tanto por el clero
como por la clase dominante, pero siempre fueron considerados como sirvientes.
Es muy irónico todo esto si lo comparamos con lo que
acontece hoy. En el Barroco, el Clasicismo y el Romanticismo los músicos dedicaban y componían para Dios,
la iglesia y los burgueses que tenían el capital para pagar
una dedicatoria. En estos días muchos músicos expresan
sus sentimientos no necesariamente en forma compatible
con la idea de un dios o en respuesta a un capricho burgués; sus manifestaciones son diversificadas.
Todo el mundo habla acerca de las grandes composiciones que se hicieron en el Barroco, el Clasicismo y el
Romanticismo, pero nunca mencionan que todo lo que
aconteció con respecto al arte de ese entonces fue gracias
a la Iglesia y a las cortes burguesas, ya que sin éstas, jamás hubiéramos escuchado Don Giovani de Mozart, Los
Conciertos de Brandenburgo de Bach o la Sinfonía no. 5
de Beethoven.
En el Barroco, el Clasicismo y el Romanticismo, desde el
punto de vista musical, hay un hilo conductor (leitmotiv):

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la presencia de una clase dominante que puede hacer que las
obras musicales se produzcan o no y que éstas sean las que
la distingan de los demás grupos sociales.
Si bien es cierto, las clases dominantes financiaban y hacían posible las grandes obras musicales que les daban
presencia y acrecentaban su poder, no es menos cierto
que inconscientemente despertaron talentos que trascendieron con el tiempo hasta nuestros días. Es verdad
que las expresiones musicales hoy en día no son privativas de las clases dominantes, pero no podemos negar
que la lucha de clases, en cierto momento de la historia
del hombre, marcó un hito en el desarrollo de la música.
Las clases dominantes, con su gran capital económico y
financiero, han influido en las expresiones musicales a lo
largo de la historia sin limitar la creatividad de sus autores.
Una última reflexión: hoy nadie recuerda, y quizás no haya
memoria histórica de ello, a quienes financiaron y auspiciaron las obras musicales de nuestros egregios maestros;
sin embargo, todos recordamos las obras musicales y a sus
grandes artífices. Y las nuevas generaciones deberán reconocer que detrás de estas expresiones artísticas hubo
quienes, sea por diversión o por manifestar su poder, impulsaron un legado universal.

24

Los dioses ocultos
de las redes
sociales
Texto: El administrador
Imagen: Josué Somarriba

E

n el mundo digital solemos preocuparnos enormemente por
los hackers: ¡que si ya se metieron al Facebook!, ¡que andan
haciendo fraudes bancarios en línea!, que ya nos hackearon el
e-mail… en fin, el miedo crece y crece, y buscamos poner contraseñas alfanuméricas para evitar robos de identidad. Sin embargo, este
miedo surge de nuestra ignorancia respecto del internet, pues de
quien en realidad deberíamos estar aterrados es del administrador
que controla la plataforma o red social en las que estamos inscritos.
Yo no me había dado cuenta del enorme poder que tienen los administradores o webmaster, hasta que la vida me llevó a encargarme de
una pequeña red social que todavía no es lanzada al ciberespacio y
está en modo de prueba. Cuando los programadores me entregaron la
plataforma, un escalofrío recorrió mi garganta; yo, con la clave maestra, me había convertido en un dios de ese pequeño mundo, podía hacer lo que quisiera, hacerle lo que quisiera a quien se inscribiera en
el portal. Con mi clave maestra podía acceder a cualquier perfil de
usuario y editarlo como se me antojara: editar cualquier post, cambiar las contraseñas de los usuarios, cancelar, bloquear… en fin. La
responsabilidad que cayó sobre mis hombros fue gigantesca. Esa
clave maestra no la podía tener nadie más, no podría confiarle a
nadie una responsabilidad ética de tal naturaleza.

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En ese momento entendí las palabras de un funcionario
de Google que vi una vez en televisión: “Google se basa
en la confianza del usuario”. Si yo, con mi pequeñísimo
portal podía hacer todo, ¿qué cosas podrán hacer los gigantes del internet?
Una noticia reciente que hizo revuelo en las redes fue la
de Paavo Siljamäki, director del sello discográfico Anjunabeats, quien visitó las oficinas de Facebook y se sorprendió cuando un empleado de dicha empresa accedió
libremente a su perfil sin necesidad de clave. ¿Cómo sucede esto? Bueno, las redes sociales y, en general, en cualquier plataforma donde se inscriban usuarios, funciona
por medio de permisos. Hay usuarios comunes y usuarios
con privilegios, estos privilegios los establece el administrador o dueño de la red. Así, el administrador les puede
dar a ciertos trabajadores los permisos para acceder, por
ejemplo, a cualquier perfil de usuario; esto, dependiendo de las funciones que tendrán en el organigrama de la
compañía.
Se los voy a decir duramente. Quien tiene la clave maestra del sistema, puede hacer lo que se le antoje con los
usuarios. Es por este motivo que siempre se le obliga al
usuario a aceptar los términos de uso; en resumen, te están pidiendo que aceptes que ellos pueden hacer lo que
se les antoje con tu información. Y la única razón por la
cual los administradores no están borrándonos o alterándonos la información es porque somos cabezas de ganado,
su negocio somos nosotros; entonces nos cuidan como rebaños para que ellos puedan ganar dinero vendiendo estadísticas y publicidad. Hace poco me di cuenta de por
qué sucedían las cosas de esta manera; hablé al soporte
técnico de la empresa a la que le rento unos servidores.
Necesitaba que me ayudaran a rutear un dominio web,

26

y el empleado que me contestó ingresó libremente a mi
servidor e hizo los cambios que le pedí, lo curioso es que
prácticamente no tuve que certificar que yo era el dueño
de esa página…. Y saben por qué… pues porque ellos son
los dueños de los servidores, así como Facebook, Google
e Instagram son los dueños de los servidores donde se
guarda nuestra información.
Tal vez no nos preocupe mucho que los gigantes del internet tengan información intrascendente de nosotros
como: memes, selfies, fotos vacacionales o nuestra ida al
dentista; pero la cosa empieza a cobrar relevancia cuando pensamos en instituciones financieras. Por ejemplo la
banca en línea; o el portal del SAT, que por cierto vivió
momentos difíciles al darse a conocer varios fraudes fiscales relativos a la declaración anual 2015, donde varios
usuarios se encontraron con que sus devoluciones de
impuestos se habían depositado en otras cuentas. Sí, soy
un poco paranoico, y dejaré abierta la cuestión: ¿Cuál es
el poder real de los administradores de sistemas electrónicos financieros? ¿Tienen un poder semejante al de los
administradores de redes sociales? ¿Pueden meterse con
nuestra información financiera? Ahora bien, es interesante ver el asunto en términos políticos: imagínense que
deseamos destruir la carrera política de alguien ¿Qué tan
fácil sería convencer a uno de esos empleados de Facebook para que edite o publique un post comprometedor
usurpando la identidad de algún político?
Nuestra ignorancia hacia las plataformas tipo red social,
nos lleva a desviar la atención hacia el malévolo hacker,
pero es gracias a ellos que se evidencia en dónde radica
el poder real, ese poder oculto de los administradores; a
ellos, creo yo, es a quien más debemos voltear a ver, pues
son como los dioses del universo digital.

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Hey, ho, let´s go
Texto: Iván Medina Castro
Imagen: Tania Ortiz

L

legué por la tarde a la terminal Mucha, bajé del vagón y caminé
por el andén con temor, la estación estaba desolada y las luces
de los pasillos actuaban con intermitencia. Me habían advertido
del desencanto de la zona poniente de la ciudad pero eso no me detuvo,
uno va a donde está destinado a ir. Salí de Mucha y tomé dirección a la
galería Tina Keng para apreciar el trabajo del artista plástico Wu ChiTsung. A las puertas de la galería, me quedé a observar la arquitectura
del edifico fascinado con la vibrante fuerza de los ornamentos e imágenes de poderosas deidades, legendarios héroes y míticos animales proveedores de bienhechora fortuna. A pasos de ingresar a la exposición,
individualicé a una chica, y lo hice porque a diferencia de las demás
personas que pasaban por un momento y desaparecían, ella caminaba
como si flotara sobre la acera opuesta. La mujer se veía retadora: camiseta blanca ajustada, corte de cabello parecido a una taza de pudding,
botas militares y chaqueta negra de cuero con un estampado en la espalda; Blitzkrieg bop. No entendí la razón pero crucé impaciente la calle sin
siquiera observar el flujo vehicular, en eso, ella volteó para mirarme. Los
ojos de ambos se encontraron, ella esquivó mi mirada y yo regresé la
vista sobre mis pasos. En cuestión de segundos miramos lo que somos
y lo que seríamos. Cuando decidí volver a verla, ella ya había desaparecido de mi campo visual. Desilusionado por mi torpeza, me senté en las
escalinatas de la galería e intrigado reconocí que tenía que conocerla.
Ignoré la exposición y decidí regresar a la residencia, pero antes, pasé a
la biblioteca municipal para escuchar un par de piezas de los Ramones.
I wanna be sedated me indujo en un sueño profundo en donde la desconocida y yo nos atascábamos de algunos opiáceos.

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Al día siguiente, sentado en el mismo lugar de ayer, esperé a que
ella pasara mientras fantaseaba con el mejor diálogo a utilizar.
Infinidad de frases volaron por los aires a la espera de ser dichas
pero decidí eliminar lo innecesario de mi mente y enfocarme en
lo sustancial, el acercamiento; veloz y sorpreciso. En eso, ella
apareció, la podía ver andar con su paso levitante al ritmo del
tráfico de la tarde, con la misma vestimenta del día pasado, pero
esta vez con unos pantalones de mezclilla desgarrados que dejaban al aire la pompa izquierda y en ella un tatuaje con unos
carácteres orientales. Ella sabía la razón por la que yo estaba
allí pues fue ella quien inició con las miradas furtivas. Sin embargo, a pesar de la invitación al acercamiento, mi timidez me
volvió a inmovilizar el tiempo suficiente para que cuando reaccioné, la chica se había evaporado entre la multitud expectante
en una justa de artes marciales. Regresé frustrado a la galería
pero ya habían cerrado. De vuelta en la residencia dos artistas
del Congo fumaban hierba, me acerqué a ellos y di un par de aspiradas. Ya en mi habitación, me coloqué los audífonos y escuché a todo volumen Now I wanna sniff some glue hasta quedar
dormido. En mis sueños la desconocida apareció e imaginé el
aporreo de nuestros cuerpos que gravitaban conforme al estridente compás marcado por los cuatro cuartos de algún grupo
japonés de anarco-punk.
Al amanecer, volví a la galería para que al término de la exposición, sentado en las escalinatas, ella hiciera su aparición como
de costumbre. La galería estaba cerrada y ella no se presentó.
Después de semejante despropósito, anduve sin dirección por
un camino esparcido de cajones de madera apolillados hasta
dar a un puente de bambú que desembocó a la calle Huaxi, de
frente a un garito llamado Snake Alley donde pululaban toda
clase de profetas del porvenir. De pronto, como invocada por
el inconsciente, apareció una sibila, sujetó mi mano y súbita
empezó a proferir vaticinios. Me quedé mirándola sin prestar
importancia a lo que decía. Saqué del morral una botella de
alcohol de arroz, obsequio de un artista filipino, y por un momento olvidé en donde estaba. Sorbí un largo trago directo de
la botella y salí de allí mientras la vidente seguía desglosando
mi futuro.
Tomé por un sendero atractivo que se abría paso a través de las
vías del tren y vadeé las tuberías que arrojan las aguas negras de
la ciudad al mar hasta llegar a un callejón. Eran apenas las cinco

29

de la tarde, el sol brillaba sobre mi rostro y por un momento
me cegó. ¡Mierda! Di un salto atrás todo agitado y tembloroso.
Me topé con tres asiáticos pistola en mano que sometían a un
anglosajón. No supe en el momento qué hacer, sólo permanecí ahí. El asiático uno le dijo al anglosajón: “Aquí te traigo un
mensaje”. El asiático dos sacó de un portafolio una notebook y
la activó: “Tienes cinco horas para dejar la pinche isla”. Traté de
tranquilizarme y di un vistazo a las armas de aquellos rufianes:
dos berettas y una metralleta, además, vi el rostro azulado del
anglosajón que observaba la pistola sin parpadear con un único
ojo, pues el otro lucía semicerrado con una gran magulladura
violácea alrededor. Hasta los labios se le habían puesto lívidos.
De la nada, el asiático tres disparó al aire y el anglosajón salió de
prisa, al ritmo del aire. ¡Puta! ¿Ahora qué hago? Miré anhelante
hacia todas partes por lo menos cuatro veces para encontrar la
mejor ruta para escabullirme pero era imposible hacerlo. No había para donde correr en ese atolladero.
-No intentes ninguna pendejada –dijo el asiático dos y me
apuntó.
-¿Qué chingados está pasando? –grité.
El asiático tres por primera vez habló y dijo a los demás: “el forastero está más frío que la muerte, vámonos a la chingada”. El
asiático dos se soltó a reír y cabeceó con aprobación. Enfundó
su pistola y los tres, sosiegos, se subieron a un auto negro Mercedes Benz.
Recuperado del susto, busqué protección en las transitadas
calles. Caminé empujado por el viento frío hasta disminuir mi
paso una vez que di a una calle con establecimientos, reconocí
la zona y me dirigí a la galería para tomar un camión y regresar
a la residencia. Me senté en el paradero y mientras esperaba el
colectivo, a la distancia vi una silueta que resaltaba el contorno
de unos pechos. Una vez que la silueta cedía ante la luz reflejada por el mar, pude apreciar la curva del cuello, el vaho de su
profunda respiración, la boca semiabierta y la negra cabellera
desplegada al aire. Mi corazón se constriñó mientras reconocía
a la chica portando la misma chaqueta de cuero con el logo en
la espalda que con un par de pinturas en aerosol grafitiaba unos
ideogramas en color rojo y arriba de ellos, en color negro, la
“A” circulada en un estilo vangurdista. En eso, a lo lejos escuché
acordes de pinhead que servían como fondo musical a las ilusiones que en ese momento forjaba. Durante mi aproximación,
recordé los vaticinios de la vidente y solté una carcajada. Era el
mejor momento para conocerla; ¡Hey, ho, let´s go!.

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Bulgákov
Texto: Luis Perea
Imagen: Yael Rivas

M

ijáil Bulgákov nació en Kiev en 1891, época en que Ucrania todavía era parte del Imperio Ruso. Primogénito de
una familia religiosa, Bulgakov asistió a la secundaria y
más tarde a la Universidad de Kiev, en donde terminó sus estudios médicos para después ingresar al Ejército Blanco.
Sus experiencias y heridas en la Guerra Civil, el exilio de su familia, el gobierno de Stalin y otras cosas que seguramente no
sabrá nadie más que la memoria muerta del mismo Bulgákov
(gran amante de la medicina), lo llevaron a una fuerte adicción
a la morfina, e incluso a escribir un relato con el nombre de esta
bonita droga que se publicó en 1926, ocho años después de haber
dejado su intravenoso hábito.
La versión que tenemos a la mano de la obra más famosa de Mijáil
Bulgákov, El maestro y Margarita, se dio a conocer 26 años después de la muerte del autor, quien falleció por un problema en los
riñones en 1940. En vida tuvo más fama por sus obras de teatro
que por sus novelas o cuentos, y todavía más fama por sus ideales
y sus críticas implacables contra el sistema soviético, ese gran y
viejo sistema con los ojos rojos y el poder de quemar cualquier
manuscrito y cualquier edificación hecha por los rebeldes.

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BULGÁKOV
(1891-1940)