“Las tentaciones de Jesús y nuestras tentaciones”

+ Fernando Mario Chávez Ruvalcaba Obispo Emérito de Zacatecas

Hermanos: una vez más hemos comenzado el tiempo de la Cuaresma correspondiente al presente año litúrgico. Cuaresma viene del latín y significa cuarenta días antes de la Pascua de Resurrección. Este santo tiempo nos hace subir al monte del misterio pascual, de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, Señor nuestro y

principio y fuente de nuestra salvación temporal y eterna. El Miércoles de Ceniza que hemos celebrado, ha dado inicio a este espacio temporal que nos incorpora a la historia de la salvación en la cual alcanzamos los frutos de la redención que Dios Padre nos ofrece por medio de su Hijo encarnado y con la gracia del Espíritu Santo, quien nos dignifica y nos hace verdaderos hijos de Dios Uno y Trino. La Cuaresma se originó en el siglo IV, se caracterizó por el ayuno y la penitencia en orden a purificar los corazones del pecado y liberar de la acción del

Maligno, el cual, como león rugiente ronda a los hombres para ver a quién devorar y al cual se debe resistir con firme fe, confiando en la misericordia y el perdón que brotan abundantemente de la vida divina como fuente de paz, esperanza y consuelo. El Primer Domingo de Cuaresma que hoy celebramos dentro del Ciclo C, nos presenta las Tentaciones de Jesús que en la actitud de su fidelidad al Padre, triunfa de las insidias del Demonio y nos enseña a luchar y a superar con la ayuda y asistencia de la gracia divina, nuestras propias tentaciones.

2.- LAS TENTACIONES DE CRISTO EN EL DESIERTO.

El evangelio de San Lucas nos narra: “En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, regresó del Jordán y conducido por el mismo Espíritu, se internó en el desierto, donde permaneció durante cuarenta días y fue tentado por el demonio”. ¿Cuáles fueron esas tentaciones que de parte del Diablo sufrió Jesús?: La primera tentación quiere resolver el hambre de Jesús: Dile a esta piedra que se convierta en pan. El tentador le propone a Jesús un modo fácil que es contrario a la voluntad

divina, con el afán de aligerar la condición humana. La segunda tentación se refiere al uso del poder: “Todo esto será tuyo si te arrodillas y me adoras”, le dice el Demonio. Jesús se muestra inquebrantablemente fiel a su Padre y manifiesta que sólo servirá a Dios sin buscar su propia complacencia y seguridad sin pruebas. La tercera tentación quiere implicar a Cristo con su misión salvadora: “Si eres el Hijo de Dios, arrójate desde aquí, porque está escrito que los ángeles del Señor tienen órdenes de cuidarte

en sus manos para que tus pies no tropiecen con las piedras”. De estas tentaciones sale victorioso Jesús, enseñándonos a vencer nuestras propias tentaciones. Cristo se deja tentar no como Dios sino como hombre, queriéndose hacer igual a los hombres, menos en el pecado, del cual nos libera y darnos un ejemplo a seguir.
3.- NUESTRAS PROPIAS TENTACIONES.

Los hombres tenemos una naturaleza débil y frágil. La concupiscencia, como desorden

del hombre debido al pecado, lo inclina al mal. Los deseos malsanos y perversos, inclinan al ser humano a la corrupción; a la rebeldía en contra de Dios, dejándose arrastrar por la acción del Demonio que incentiva el mal en las conciencias apartándolas de la voluntad de Dios. Hoy como ayer y siempre, la salvación que Dios ofrece a los mortales, exige la lucha para apartarse y rechazar las insidias diabólicas y las malas tendencias que envilecen y hacen caer en la desgracia de crímenes, apetencias de poder egoísta que produce frutos amargos de luchas fratricidas, corrupción y

amarguras que son el pan de cada día en nuestra convivencia eclesial y social. 4.- CONCLUSIÓN. La Cuaresma nos exige un cambio radical de vida. Nos compromete a renunciar al Maligno y a la vida pecaminosa, para ser hijos dignos del Dios altísimo; como verdaderos y auténticos hermanos de Cristo salvador, ejerciendo el amor, la misericordia, el perdón y el buen entendimiento con nuestros semejantes. Dios por Cristo, nos llama a ser promotores del amor que supera los odios y venganzas y que dispone y

capacita para reconciliarse con Dios y por esto mismo con nuestras hermanos. ¡Pidamos al Señor que nos acompañe y sostenga siempre con su fuerza y poder que nos comunica, a lo largo del tiempo cuaresmal, como oportunidad de reconciliación con Él y de arrepentimiento, con los propósitos de ser mejores, viviendo en plenitud de entrega y servicio a Dios y a los hermanos, dejándose guiar con la asistencia y la luz del Espíritu de amor que el Padre y el Hijo hecho hombre nos hacen participar!.... Las prácticas cuaresmales del

ayuno, la abstinencia, las oración intensificada y la limosna a los pobres, junto con el ejercicio de las obras de misericordia corporales y espirituales, nos purificarán y nos capacitarán para aprovechar cumplidamente el santo tiempo de la Cuaresma que nos prepara a celebrar la Pascua de Cristo, principio y fuente de nuestra santificación.
Ciudad de Nuestra Señora de los Zacatecas, a 21 de febrero de 2010.

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