Facultad de Estudios Jurídicos y Políticos Escuela de Estudios Liberales

Análisis Político- Social del Rol Cumplido por el Fútbol en Argentina a lo Largo del Siglo XX

Daniel Cadena Jordan Tutor: Jorge Portilla Caracas, enero de 2010

Contenido
Resumen Introducción Capítulo I. Relación del Fútbol y la Política I.1 Sociedad- Fútbol- Gobierno I.2 General Juan Domingo Perón I.2.1 Aporte Peronista al Deporte I.2.2 Aporte del Deporte al Peronismo I.3 P. R. N., presidido por el General Jorge Rafael Videla Capítulo II. El Fútbol y la Sociedad II.1 Evolución del Fútbol: de la Élite, al Pueblo, a la Globalización II.2 Fenómenos de Hinchas y Barrabravas II.2.1 Hinchas II.2.2 Barrabravas Conclusiones Bibliografía Apéndices 33 40 41 45 53 56 59 7 16 18 20 24 i 1

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Resumen

ANÁLISIS POLÍTICO-SOCIAL DEL ROL CUMPLIDO POR EL FÚTBOL A LO LARGO DEL SIGLO XX EN ARGENTINA

Autor: Daniel Cadena Jordan Tutor: Jorge Portilla Caracas, enero 2010

El fútbol ha llegado a jugar un papel considerable en la dinámica socio-político argentina, y a través de ella, se ven reflejados diversos aspectos de la cotidianeidad de los argentinos. Mediante un estudio del papel político cumplido por el fútbol durante dos momentos de suma importancia en la historia contemporánea argentina, como lo fueron los años del peronismo, y el Proceso de Reorganización Nacional, se busca analizar qué rol cumplió el fútbol en dichos momentos. También, se vislumbran diversos asuntos sociales, que vistos a través del balompié, resulta posible ahondar en ellos. Problemas como la violencia en el fútbol, y sus más relevantes partícipes –hinchas y barrabravas-; el conflicto entre las clases socio-económicas, y un problema de educación en los sectores más pobres, son reflejados de la fenomenología del fútbol en Argentina.

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Introducción
La realidad de un país resulta de la conjunción de múltiples factores: económicos, sociales, políticos, culturales, entre otros. Cada uno de ellos puede desagregarse en subfactores que, de un modo u otro, conforman la identidad de una nación. Nuestro estudio se concentra en un deporte, el fútbol, el cual, en países del cono sur y, particularmente en Argentina, tiene una gran importancia para la sociedad, la economía y la política. Aunque hay otros antecedentes al respecto en el mundo, el fútbol va más allá de ser un simple deporte en Argentina. En efecto, se trata de un fenómeno que suscita una pasión muy acentuada en vastos sectores de su población. Ello no pasaría de ser un dato novedoso o curioso si no fuera porque sus efectos se hacen sentir con tanta intensidad en ámbitos sociales, culturales, económicos y políticos que se suscita el siguiente fenómeno: a. Se desarrolla un uso secundario, por así decirlo, del balompié, dirigido a cumplir propósitos particulares distantes de la mera actividad deportiva. b. Se produce una fuerte correlación entre los sectores nombrados y la práctica del deporte, de modo tal que el fútbol afecta dichos ámbitos, pero estos también inciden en él. Estos efectos y sus vinculaciones mutuas, conformarán el tema de estudio de este trabajo. En Argentina, resulta poco frecuente el caso de alguna persona que no demuestre simpatía hacia un equipo en particular; o su equivalente, la antipatía por un equipo o equipos particulares. Tampoco es común conocer a una persona que no conozca sobre la realidad futbolística local, con matices en cuanto a la imparcialidad y la profundidad asumidas dentro del juicio de individuos. Tanto el público como los medios de comunicación se nutren de
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noticias sobre la actualidad de cada club en las principales divisiones del sistema futbolístico argentino. Tal producción de noticias, perfectamente normal en otras comunidades, alcanza en ese país alturas muy significativas. La vida del jugador se explora a niveles solo apreciados en la prensa especializada del mundo del espectáculo. Esto se debe, en parte, a la exposición que los jugadores reciben a los medios comunicacionales. No es de extrañar que la superposición de estos dos mundos –futbolistas vinculados a estrellas y viceversa- sea más común de lo que pudiera esperarse. Cuantitativamente, se verifica una espiral creciente que se retroalimenta: el público quiere más información, la prensa la produce, el público más informado requiere más información. Es difícil encontrar una influencia mayor de una actividad recreativa que la que produce el fútbol. No por nada es el deporte más popular del mundo y esa influencia es perceptible de forma casi universal; si bien el caso argentino es muy singular, dado su alcance, existe una presencia mundial del fútbol. Prueba de ello, la cantidad de federaciones nacionales inscritas en la Federación Internacional de Futbol Asociado (FIFA) – el ente institucional mundial del fútbol-, presente en 213 países (veinte más que las Naciones Unidas). Esa singularidades propias del caso argentino nos motivaron a seleccionarlo como tema de estudio, ya que los ámbitos de influencia y la tipología de ésta, coinciden perfectamente, a nuestro juicio, con aspectos socio-políticos, culturales y económicos que conforman el campo donde se desenvuelve o debiera desenvolverse, un egresado de la carrera de Estudios Liberales. La realidad argentina presenta un panorama en el que el fútbol toma cada vez más protagonismo, en parte alentado por los medios de comunicación al
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describir –a veces con un altísimo nivel de detalle- y transmitir las actividades previas de los partidos, las propias de los juegos y los comentarios posteriores al mismo. Más allá de la dinámica mediática que tiene el fútbol, la influencia que logra tener el club de fútbol, y su grupo de seguidores incondicionales divididos en hinchas (es decir, “fanáticos”, para nosotros) y

barras bravas (grupos de fanáticos desaforados) por Juan José Sebreli (1998) en la sociedad Argentina, suelen convertir los cotejos futbolísticos en escenarios en los que se promueve el conflicto verbal e, incluso, la confrontación física. Estas barras representan un problema socio-deportivo complejo y llegan a ser, socialmente repudiables. Destruyen vehículos, vitrinas, etc.; agreden a simpatizantes de otros clubes o, simplemente, a quien se cruza en su camino. Generan violencia, acosan, roban, molestan, ensucian. El ciudadano decente desea evitarlas: un modo de lograrlo es no estar cerca de los estadios en los momentos deportivos. Aparentemente, podrían combatirse policialmente o, lo que es un reclamo para muchas otras cosas, elevando las condiciones socio-económicas o culturales, estas últimas por vía de la educación –a través de la educación se generarían soluciones de gran alcance, dada la universalidad de la educación primaria en Argentina, así como soluciones a largo plazo-. Pero la complicación es mayor cuando se observa el apoyo que brindan a estas “barras bravas” los propios clubes deportivos. En efecto, desde la provisión de entradas gratuitas para que ellos las revendan, hasta la permisividad ante delitos o cuasi delitos, las instituciones formales de ese deporte estimulan de algún modo la existencia de estos grupos. Algunos clubes suministran fondos para que las barras se presenten en otros estadios, con las posibles consecuencias que son de esperar. Incluso, lo descrito suele ocurrir con las barras en encuentros de la selección nacional;
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entradas son otorgadas a diversos cabecillas de las barrabravas para su distribución. Los pasajes, la estadía y el transporte suelen ser auspiciadas por la misma AFA, Asociación de Fútbol de Argentina. Como contrapartida, las barras influyen en decisiones sobre adquisición o no de jugadores, remoción o permanencia de directores técnicos y hasta de dirigentes de los clubes. Sería ingenuo no pensar en la conveniencia que pueden encontrar en aprovechar estas presiones personeros de las dirigencias de los clubes. Se forma así un circuito que se retroalimenta mutuamente entre intereses internos de los clubes e intereses de los componentes de los grupos informales –barras-. La constante querella entre diversos bandos, puede relacionarse con la evolución histórica latinoamericana, en la cual la violencia ha jugado un papel de importancia para el desarrollo o el atraso de cada nación y ha hecho de la coerción una presencia. En el caso puntual de Argentina, también la violencia está presente a lo largo de su desarrollo histórico, desde los períodos independentista y post-independentista. Tal dinámica siguió presente incluso bien adentrado el siglo XX, siendo el Proceso de Reorganización Nacional, que gobernó en la década de 1970 y parte de la de 1980, el ejemplo más reciente de violencia sistemática. Todos estos análisis sociológicos representan el sustento para poder desarrollar el tema de la influencia mutua entre ese deporte y la política, preocupación central de nuestro trabajo. Para lograr analizar el fenómeno socio-político del fútbol a lo largo del siglo XX, se tiene que analizar el rol cumplido por dicho deporte desde su llegada a Argentina. Por ello, un análisis de su evolución histórica, así como un estudio del uso político dado por el gobierno –particularmente los casos del General Juan Domingo Perón y del Proceso de Reorganización Nacional, presidido por el General Jorge Videla- es menester.
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Ambos Generales a cargo del gobierno argentino, en dos momentos históricos diferentes, hicieron uso del fútbol como una herramienta propagandística, dedicándole una cuantiosa cantidad de recursos para su desarrollo y fomento. A pesar de las similitudes en cuanto a la finalidad política del fútbol, los métodos empleados por ambos presidentes difiere de manera considerable. Para el General Perón, el deporte era parte fundamental de su visión de la Nueva Argentina, término que titula el proyecto político del peronismo. En cambio, durante los años del Proceso de Reorganización Nacional, fue evidente el interés en promover particularmente una excelente organización de un Mundial de Fútbol en el año 1978, con fines propagandísticos. El triunfo de la selección argentina en dicho torneo, de una manera u otra, confirma el inmenso apoyo y aúpe recibido de parte del Estado. Consecuentes con estas apreciaciones, procuramos analizar la influencia del fútbol en la sociedad argentina y viceversa. Según lo adelantado, consideraremos factores políticos, mediáticos, etc., influyentes e influidos respecto al binomio fútbol-sociedad argentina. Más específicamente, el objetivo general de este trabajo será analizar e interpretar el rol político y socio-cultural del fútbol en la sociedad argentina del siglo XX. Se busca lograr dicho objetivo partiendo del estudio de aspectos particulares de la sociedad argentina y su cultura, así como del análisis de momentos específicos en la historia política de Argentina. En ese sentido, el trabajo se divide en los siguientes capítulos: 1. La relación del deporte y la política a. Relación sociedad- fútbol- gobierno. b. El deporte durante el Peronismo.

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c. El Campeonato Mundial de Fútbol de 1978, durante el mandato del Proceso de Reorganización Nacional, presidido por el General Jorge Rafael Videla. 2. La relación sociedad- deporte en Argentina a lo largo del siglo XX. a. Los tres momentos del fútbol en Argentina: actividad elitista y foránea; deporte popular y desligue de la élite; masificación del fútbol. b. El fenómeno de las barras bravas y los hinchas. Uno de los apoyos fundamentales de nuestro trabajo lo constituye el aporte de Juan José Sebreli, particularmente en su obra La Era del Fútbol (1998), donde el autor, mediante una relación interdisciplinaria entre la filosofía y las ciencias sociales estudia a la sociedad argentina en su cotidianeidad. En la realidad de la política argentina, también pueden verse nexos entre el fútbol y el desarrollo político argentino, más allá del propio funcionamiento institucional que existe en el balompié. Dichos nexos suelen darse en diferentes niveles; figuras de importancia y relevancia política han tenido vínculos con el fútbol. Tales vinculaciones han tenido efecto sobre el deporte. Así como líderes de clubes, como presidentes, que pudieron usar el fútbol como una base sobre la cual construir una carrera política. Y ocurre también, en un ámbito menos formal, como el mundo de las barrabravas, donde ha habido contactos entre líderes de hinchadas y personajes político- jurídicos. Por ser un tema que cubre una realidad compleja y relativamente poco estudiada, la crítica se va a fundamentar principalmente en la evolución histórica del fútbol en Argentina, y en la relación del fútbol con la sociedad, dentro de la cual ocurre el aspecto violento descrito previamente. Aunado a ello, el trabajo tratará el desarrollo socio-político del fútbol.

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Capítulo I: Relación del Fútbol y la Política
Sociedad-Fútbol- Gobierno: No resulta novedoso anunciar que el fútbol representa un elemento de considerable importancia para la sociedad argentina, en particular para los sectores de menor poder adquisitivo. “Según encuestas, entre los diez programas de televisión argentina de mayor audiencia figuran siete de fútbol“ (Sebreli, 1998). Tal deporte pareciera tener sobre la sociedad un efecto casi místico, en cuanto a lo que representa para las personas. “Las características de la ceremonia religiosa se mantienen en la principal forma de juego del siglo XX: el fútbol” (Sebreli, 1998). La habilidad de congregar personas en un estadio, cancha, etc. que tiene el fútbol, resulta similar a la capacidad de la iglesia de congregar feligreses todos los fines de semana. No solo la similitud en cuanto a capacidad de congregación de multitudes, sino también en la habitual estructura –el ritual- que acompaña dicho juego: la llegada al estadio, el congregarse en las graderías, alentar con cánticos e himnos al equipo, y el retirarse del estadio. Más allá de las similitudes ritualistas, también existe un parecido en cuanto a lo que viene a ser el fútbol para los estratos más pobres. Para las clases más bajas, la religión formal no parece formar parte de su formación integral. Más bien, son las clases pudientes las que profesan comúnmente su fe, mientras que las más humildes dedican su tiempo de ocio a actividades banales, tales como el fútbol.
Es importante destacar que la asistencia escolar de estos niños y jóvenes (de las clases de mayor pobreza), si bien es prácticamente universal en los primeros años de estudio, comienza a decrecer significativamente a partir del 7° grado/ año de estudios. La deserción escolar de los jóvenes y adolescentes sin duda aparece como un fenómeno asociado fuertemente a las condiciones de pobreza. Los porcentajes de finalización del nivel secundario son ejemplo de este fenómeno y de las desigualdades sociales vigentes.

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De los alumnos que pertenecen a las familias con menores recursos, sólo el 27,3% termina el colegio mientras que en los alumnos de clase media lo hace el 73,1%

(Kochen, 2005). Queda claro queda que la pobreza sí influye sobre la educación, logrando condicionarla e incluso limitarla. Parte de esto podría atribuirse a la necesidad de recursos que tienen las familias menos pudientes, por lo que se promueve la búsqueda de un trabajo de baja remuneración y de carácter temporal –usualmente-, en vez de incentivar la permanencia en la escuela. El Programa Nacional de Inclusión Educativa „Todos a Estudiar‟, puesto en funcionamiento durante el gobierno de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, busca trabajar en torno a lo que se denomina la situación de los jóvenes –aludiendo a los motivos por los que se suele abandonar la escuela-. Tal situación hace mención de dos ejes centrales, causantes de la deserción educativa: 1. Causas externas a la escuela las carencias que traen consigo los estudiantes de clases bajas, principalmente. Dichas carencias juegan un papel determinante en la decisión de los padres de los estudiantes al momento de elaborar el presupuesto de gastos, usualmente relegando la educación de sus hijos a segundo plano. Incluido en este eje, también está la posible necesidad de buscar un trabajo desde una temprana edad. (Kochen, 2005, p.19). 2. Causas internas de la escuela: Podría decirse que la fragmentación entre la cultura escolar y la cultura de los jóvenes se profundiza en las instituciones que atienden a sectores populares, en la medida en que aumenta la distancia entre sus códigos, sus costumbres y principalmente sus horizontes (Kochen, 2005).

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El rol histórico de la escuela como la institución destinada a la producción, apropiación y distribución de los bienes culturales de una sociedad determinada ha cambiado. En la actualidad, la escuela no detenta el monopolio de estas funciones (Kochen, 2005).

Aunado al fenómeno de pobreza en Argentina, existe también otra constante de la región latinoamericana, que entra en juego como un elemento que trata de solucionar temporalmente el problema de la pobreza, lo que logra ocasionalmente es más bien crear ciudadanos dependientes del Estado. Nos referimos al fenómeno del paternalismo de Estado. Si bien es la intención tratar de solventar el problema, ocurre que no siempre lo logra. En la Argentina, el Estado cumple un rol de facilitador de recursos a las poblaciones menos favorecidas, buscando con ella una repartición más equitativa y justa de las riquezas nacionales. Si bien sí existe una deuda social dentro de la sociedad argentina –como en la mayoría de las sociedades suramericanas y centroamericanas- , tales acciones solo logran fomentar el paternalismo libertario, filosofía política basada en la presunción de que el Estado puede ayudar al ciudadano a tomar las decisiones que éste hubiera elegido con mayor fuerza de voluntad y conocimientos (Sunstein & Thaler, 2003). La asistencia social brindada por los Estados ha logrado darle soluciones de carácter inmediato a las personas más necesitadas, pero ha fallado en brindar verdaderas soluciones, que fomenten la movilidad social, el acceso a mejoras substanciales en la calidad de vida, y que no exista la necesidad de un sistema de asistencia material a sectores inferiores. Solo ha logrado crear una distribución algo más equitativa de bienes materiales, no de acceso al conocimiento o información; igual oportunidad en el mercado laboral. Dentro de toda lo referente a la pobreza, el problema de la movilidad social, que en el caso suramericano en general requiere esfuerzos y sacrificios enormes lograr ascender,
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cuenta

con

una

carencia

de

oportunidades para verdaderamente abandonar la condición de pobreza. El fútbol en Argentina ha logrado convertirse en parte de la dinámica socioeconómica, a través de la creación de espacios de movilidad, previamente de menor alcance. Si bien no es ni debe ser la solución última para lograr la creación de oportunidades, logra ser el comienzo, dándoles oportunidades a personas que previamente no contaban dichas oportunidades. Casos de futbolistas, que salen de los círculos sociales de peor ingreso y calidad de vida, y se convierten en figuras populares existen en cantidades considerables. Jugadores de fútbol como Diego Armando Maradona, campeón en el Mundial de Fútbol de 1986 y Mario Kempes, campeón en el Mundial de Fútbol de 1978, entre otros casos, comparten el haber nacido en el seno de familias humildes, incluso –en ciertos casos- salidos de las denominadas villas miseria –agrupaciones urbanas marginales observables en los cinturones de miseria de las ciudades importantes latinoamericanas. Si bien brinda la oportunidad económica de salir de dicha condición de pobreza, no solía acostumbrarse que los clubes, donde los jugadores jugaban, aportaran algo más que un salario para ellos. A partir de la década de los noventa, una ola de creación de instituciones dentro de los diversos clubes de fútbol en Argentina tuvo lugar. Tales instituciones buscaban complementar y mejorar los estándares de vida de los niños, que en sus categorías inferiores militan; así como para devolverles algo a las comunidades, de donde proceden sus jugadores inscritos y donde se ubica el estadio. Ejemplo de dichas instituciones podrían ser las fundadas por el Club Atlético Boca Juniors, bajo la dirección de Mauricio Macri, en los noventa. Hoy en día existen programas de apoyo escolar; talleres de recreación para jóvenes de distintos colegios, comedores, hogares de infancia, etc.; así como la creación del programa Los Chicos Xeneizes, que es un acuerdo firmado entre el C.A. Boca Juniors y la Fundación SOS Infantil (Club Atlético Boca Juniors, 2006).
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Entonces,

tales

frustraciones

–desempleo,

una

carencia

de

oportunidades para surgir, carencia de recursos, entre otros- parecen ser comunes denominadores en quienes van a los partidos y pertenecen a sectores sociales desfavorecidos. Sumado a esto, un pobre desarrollo espiritual –debido a la baja importancia que se le asigna- , se tiene a un conjunto de personas que ha quedado estancada en su clase social, sin mayor interés en tratar de mejorar sus estándares de vidas. La cancha de fútbol se convierte así en un lugar idóneo para descargar tensiones del día a día; resulta una especie de válvula de escape. El sentimiento de pertenencia resulta primordial en el ser humano. El sentirse miembro de algo es un instinto que poseemos como especie, pues al fin y al cabo somos animales sociales. Dado que las clases bajas tienden a sufrir serio rechazo de parte de las más altas, nacen tensiones sociales, que en el caso de las clases más bajas, derivan en presiones externas. Entonces, en un estadio, donde acuden miles de personas que sufren del mismo síndrome de presión y tensión social, se logra crear un ambiente en el que el pobre se siente parte de algo, quizás por primera vez en su vida. Esto genera en él más que una sensación de pertenencia, sino también el querer defender a su estadio y a su equipo contra lo externo, sean distintos clubes, otras clases sociales, etc. Si bien los mismos fanáticos1 son los que llevan a cabo destrozos de los estadios, parte de esto podría ser atribuido al fervor con el que presencian los juegos. Suele no importarles el bienestar ajeno, o siquiera el propio. Al momento de anotar un gol, tal euforia lleva a asaltos contra el
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Se tiene que aclarar que el uso de la palabra fanático hace referencia especial a los que obran en estado de fanatismo durante un juego. Sujetos que se denominan tal, son personas que entran en un estado de fervor y euforia, donde suelen convertirse en quienes obran sin uso de la razón alguna. Ejemplos de tales fanatismos, trepar la alambrada, sin importar rasgarse las vestimentas o cortarse con las púas; destrucción del mismo estadio, etc.

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estadio, causando serios daños. De igual manera ocurre cuando se recibe un gol. La frustración o euforia se apodera del intelecto, llevando a los sujetos a obrar sin pensar verdaderamente en sus acciones, y menos aun en sus consecuencias. Podría considerarse al sentimiento de pertenencia como una posible causante de la violencia y el rechazo a lo ajeno, que logra ser transmitida física y verbalmente por los hinchas y los barrabravas. La destrucción es producto de la violencia, que es un reflejo de una frustración no resuelta. Cuando se atacan a trenes, buses, carros, aceras, fachadas de edificios, etc., se refleja una innegable insatisfacción por el status quo, por la sociedad que los ha rechazado continuamente. Tal desprendimiento de propiedad pública y colectiva es evidencia de una clara insatisfacción con dicha sociedad; pues al atacar sus medios de transporte, sus calles, casas, establecimientos, etc., logran satisfacer una necesidad de venganza contra quienes los han rechazado, humillado, desprestigiado. Se debe recordar que el problema de la violencia del fútbol en Argentina es un asunto de suma importancia. Cada año –en promedio- mueren entre 3 y 4 personas en enfrentamiento de barras, o por acciones de represalia de la policía a dichos enfrentamientos. Un total de 224 muertes se han registrado desde que se comenzaron a contar las muertes en la denominada lista negra, en 1939 (Diario la Provincia, 2008). De tal magnitud resulta el fenómeno de la violencia en el fútbol, que hoy en día ya existe una organización cuyo fin es “un fútbol sin violencia ni corrupción” (Salvemos al Fútbol). Ante tal alcance del uso de la violencia en el fútbol como válvula de escape para las tensiones vividas por los ciudadanos de menores ingresos, cabe la interrogante de por qué no se le ha dado suficiente estudio al fútbol como un claro fenómeno social.
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“Cuando un deporte comienza a importarle a miles de millones de personas, deja de ser sólo un deporte” (Giullianotti, 1999). Si dentro del accionar del fútbol en un país se producen acciones que tienen efectos fuera del deporte, es porque para tal sociedad, dicho deporte en particular pudiese traer consigo una connotación y un valor social propio. Un ejemplo contrario a lo que representa el fútbol para Argentina, podría ser el béisbol en Venezuela: si bien es el deporte más popular, con una asistencia de par de decenas de miles de personas por juego, no es algo que traspasa a lo social, mucho menos a lo político. Solo en contadas ocasiones el béisbol en Venezuela ha servido como válvula de liberación –la más reciente siendo el coreo de „y va a caer, este gobierno va a caer‟ durante los encuentros-. No se busca decir que no cuente con una connotación cultural, pues sí la tiene. Al ser el deporte nacional, resulta lógico que tenga cierta relevancia cultural. Lo que se expone, es cómo en el caso de estudio, el fútbol y todo lo que lo rodea –su violencia, el misticismo que dentro de sí hay, etc.trasciende la barrera de lo deportivo y logra convertirse en un asunto políticosocial. Entonces, tales hechos, que parten del fútbol como tal, le dan una significación importantísima a la vida de las clases bajas, en particular –no olvidando que la clase media y alta siguen y practican el deporte, pero con menos rigor y fanatismo que las clases más pobres-. Convierten al fútbol en mucho más que un deporte. Representa un lugar –tanto abstracto (idea de pertenencia en sí) como tangible (el estadio, el club de fútbol)- al que pertenecen, un hogar si se quiere, donde se sienten protegidos. Tal apego de la población por el fútbol es un elemento que ha podido ser capitalizado políticamente por diversas figuras políticas en el transcurso de la historia contemporánea argentina. Los políticos han sabido ver al balompié como un capital político importante. No necesariamente en una relación directa con algún club –asunto muy bien manejado por quienes opten a cargos públicos, pues el ir por un equipo automáticamente excluye ir
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por otros-, pero sí en darle cabida dentro de los discursos, lemas, e incluso consignas. Un ejemplo de esto podría ser la fotografía del futbolista Diego Maradona junto al ex presidente Carlos Menem. A pesar de ser conocido como un hombre de la izquierda, Maradona posó al lado del hoy día ex mandatario, ligado con partidos de centro-derecha.
Luis Elías Sojit, el showman deportivo, databa de la época peronista, y fue el primero en advertir las grandes posibilidades de fusionar el fútbol con la política. Su sentido de propaganda política lo convirtió en pequeño Goebbels del deporte argentino (Sebreli,

1998). Más allá de campañas electorales y discursos, siempre ha existido un interés dentro del gobierno –local y nacional- en el fútbol como fenómeno social. La simbología y lo mítico que yace dentro del deporte es algo manejado con sumo cuidado para el beneficio del gobierno, a veces logrando hacer difícil diferenciar qué es relativo al fútbol y qué es relativo a lo político. Incluso, muchos dirigentes de clubes de fútbol ven sus cargos de presidentes de una institución partícipe en la actividad que mayor interés despierta en la sociedad como el propulsor perfecto para una carrera en la administración gubernamental (Sebreli, 2008). Un caso reciente y de cobertura mediática considerable –en parte por los éxitos logrados- es el de Mauricio Macri, ex presidente del Club Atlético Boca Juniors, hoy día alcalde de Buenos Aires. Apartando el uso del cargo presidencial en un club como herramienta política de algunos, los intereses políticos dentro de los clubes, como en los gobiernos, genera diversas rivalidades, las cuales desembocan –

usualmente- en confrontaciones entre diversos sectores de las barrabravas. Si bien no resulta siendo la totalidad, siquiera la mayoría de los enfrentamientos entre hinchadas, el 10% de los enfrentamientos es producto de rivalidades internas (Frydenberg, 2004) (ver apéndice A).
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Podría considerarse aceptable dicha utilización del fútbol de parte de entes gubernamentales, si la retribución política al fútbol fuese igual de provechosa. Resulta, en la práctica, que a pesar de ser autoridades dirigentes, y considerando toda la violencia que rodea al fútbol en Argentina, no sería osado afirmar que, la principal acción de parte del Estado en cuanto al fútbol –más que aupar al deporte- sería sanear la práctica de dicho deporte, eliminando en buena medida las raíces de la delincuencia que opera directamente con las instituciones de los clubes. Se castigaría de manera similar a los hinchas y a las barrabravas de una forma similar a la empleada en Inglaterra contra los hooligans, término empleado para referirse a la versión sajona de hinchas. Incluso, la prestigiosa policía de Scotland Yard habría creado una brigada especial para el fútbol y la violencia que se desata en las inmediaciones a los estadios o vecindades, en las que hay estadios (Sebreli, 1998). Suele ocurrirlo contrario en el caso argentino. No solo existe una tardía y tímida respuesta de parte de las autoridades, a pesar de considerar –al igual que la mayoría de los ciudadanos- a las barrabravas como un verdadero problema social; sino que dicha respuesta no es parte de una política de presión constante ante las hinchadas. A pesar de ello, ha ocurrido, y de manera frecuente, enfrentamientos entre la policía y los grupos de hinchas, usualmente concluidas en técnicas de dispersión de multitudes (Salvemos al Fútbol). El problema de la violencia en el fútbol, entonces, no debería ser solo asunto del Estado dadas las implicaciones sociales que consigo trae, sino también por las reacciones desmesuradas y poco coordinadas que se han dado en varios caos de parte de la policía. De las muertes contabilizadas, el 13% son producto de la represión policial (Frydenberg, 2004) (ver apéndice B).

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Una medida comúnmente tomada por el Estado, junto con la AFA, la Asociación de Fútbol de Argentina, es la clausura de estadios por una cantidad determinada de juegos. Ello con la finalidad de servir como agente de presión a dirigentes de los clubes a lograr mantener el orden de sus barras; así como un castigo directo a las barras, al quitarles el lugar a donde suelen acudir los fines de semana. Dichos cierres suelen tener otro efecto sobre las hinchadas, que es el cortarles los ingresos percibidos por reventa de boletos, venta de mercancía, y algunas actividades delictivas –robo de personas o locales-, que suelen hacerse más fáciles los días que hay encuentros. Entonces podríamos hablar de una relación fútbol- gobierno como una consecuencia de la relación fútbol-sociedad. Los efectos sociales del fútbol resultan difíciles de apartar de los aportes –positivos y negativos- de la sociedad al fútbol. De la retribución entre ambos se genera un interés político de parte de figuras ya involucradas directamente con el ámbito futbolístico – el caso de Mauricio Macri, por ejemplo-, y en ocasiones, involucrando a personas ajenas al deporte, pero con intereses en el fútbol, más allá del deportivo; más bien, capital político y oportunidades de negocio. Si bien hemos expuesto cómo ha sido la dinámica del uso político actual, existen particularmente dos casos de estudio, donde la utilización política del fútbol resulta más palpable. Se trata de los gobiernos del General Juan Domingo Perón, donde el deporte cobró prioridad y relevancia dentro del discurso oficial2; y durante los años del Proceso de Reorganización Nacional, específicamente el mandato del General Jorge Rafael Videla.

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La referencia más notoria sería el discurso del General Perón “Hacia la Formación de un Pueblo Espiritual y Físicamente Sano”, durante la Segunda Conferencia Nacional de Delegados Deportivos, en el año 1955.

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General Juan Domingo Perón Conocido como el Primer Trabajador, pero también como el Primer Deportista de la Nación (ver apéndice C), el General Juan Domingo Perón llega al poder como parte de una Junta Militar, resultante de un golpe de Estado que le dio fin a un período de la historia argentina conocida como la Década Infame –dada la turbulencia e inestabilidad política que existió-, en 1945. Pero como presidente, es electo en 1946 para su primer período presidencial, 1952 para su segundo período, el cual no logra culminar –sería derrocado en 1955-, y nuevamente en 1973, año que muere en el cargo. Comienza su carrera política con un fuerte discurso nacionalista, el cual se mantendría a lo largo de su vida pública. Donde sí existió un cambio de concepción –muchos escritores lo atribuyen a un asunto coyuntural-, fue en la visión político- ideológico de Perón. En sus comienzos, la retórica y acción peronista era considerablemente similar a la del proto-fascismo3, sin desligarse con el populismo. Ya en su tercer período, su discurso empleaba términos característicos de la retórica de izquierda. Otro detalle pertinente sobre Juan Domingo Perón, era su crianza deportiva; se trataba de un hombre siempre expuesto a la práctica deportiva, a lo largo de su niñez, adolescencia y joven vida adulta. Ello pudo haber predispuesto a Perón a una forma particular de ver a los deportes. El deporte jugó un crucial papel durante los años de gobierno de Juan Domingo Perón. La cantidad de dinero invertida en eventos deportivos, estadios, canchas, pistas, torneos, etc., es –incluso hasta la actualidadconsiderable. Iniciativas como el Campeonato Evita, del cual quedó un residuo en la sociedad –la cantidad de jóvenes inscritos y de bienes
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Hablamos de proto-fascismo en vez de fascismo, pues nunca pudo llevarse a cabo con cabalidad los principios fascistas de desarrollo mediante la industrialización. Tampoco existió un interés en Perón en llevar a cabo un proyecto político del corte de Mussolini. A pesar de ello, sí pudo plasmarse en la política gubernamental una influencia del temprano pensamiento fascista.

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repartidos a lo largo de la nación, generó dentro de la población euforia y sentimiento de pertenencia palpable-. Los Campeonatos de Fútbol Evita eran campeonatos cortos organizados por el gobierno, en donde niños de toda la República de Argentina podían inscribirse. Eran gratuitos, se equipaba a los jóvenes con uniformes y balones; y los equipos ganadores recibían premios, tales como bicicletas, balones, nuevos uniformes, etc. (Ferioli, 1990). Aunado a estos premios, se les sumaban otros premios, que lograban generar dentro de la sociedad espacios, donde el fútbol podía institucionalizarse, sin la necesidad de una presencia del Estado. Esto daría paso a que existieran inversiones a largo plazo en instalaciones deportivas, que solían carecer de calidad. “A los equipos ganadores se les otorgaba un campo deportivo y dinero para mejorar las instalaciones de los clubes locales” (Pons, 2005). Si bien no era la única actividad deportiva a la que se fomentaba, a través de los Campeonatos Evita podría verse el reflejo del papel desempeñado por el deporte durante el peronismo. De igual manera, el papel tuvo el peronismo en el deporte argentino. Es decir, la relación retributiva entre el deporte y el peronismo. Tal afirmación podría reafirmarse con la frase “Perón le daba todo al deporte, y el deporte le daba todo a Perón” (Pons, 2005). Aporte peronista al deporte No se debe olvidar que durante los años del peronismo, el deporte argentino vivió en una paradoja: Si bien Argentina había logrado dos medallas de oro, tres de plata y once de bronces, con una delegación de 274 atletas en las Olimpíadas de Londres en1948; ganado el Mundial de Básquetbol en 1950; haber ganado 153 medallas (66 de oro, 50 de plata y 37 de bronce) en los Juegos Panamericanos de 1951; triunfos de envergadura en el automovilismo, a manos de los hermanos Gálvez en el turismo
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carretera (hoy día conocido como rally), Froilan González en la Fórmula 1, y Juan Manuel Fangio, campeón mundial, también en Fórmula 1, en dos ocasiones -1951 y 1954-; de igual manera, el alto nivel del boxeo con boxeadores como Gatica y Pascual Pérez. La selección de fútbol argentina se ausentaría de los Mundiales de Fútbol 1950 y 1954 –cabe recordar que ya Argentina había alcanzado el subcampeonato en 1930-, lo que resulta contradictorio en el plano futbolístico, si se considera las masivas inversiones hechas en dicho deporte mediante la construcción y mejora de estadios, instauración del deporte como parte de las políticas públicas nacionales y con los torneos de los Campeonatos Evita. El deporte durante los años de gobierno de Juan Domingo Perón pasaría a ser parte de la política pública nacional, así como un tema a lo que se aludía con frecuencia en los discursos de Perón: “Todas las fuerzas de la Nación- en la tarea de formar hombres fuertes y buenos-, vamos a dedicarnos a que todos los instrumentos de enseñanza y de educación del país tenga un aspecto deportivo” (Perón, 1955). Las grandes inversiones demuestran que sí hubo un gran compromiso con el desarrollo deportivo. Más que una política pública, el deporte recibiría un apoyo en lo teórico. Dadas las influencias del fascismo adquiridas durante la estancia de Perón en Italia, dentro de lo que existe un culto al físico y a la buena condición de él, el deporte en general se vería aupado con más que inversiones en infraestructura y bienes para la práctica (Pons, 2005). Era parte fundamental de la visión de la Nueva Argentina peronista, donde la mente y el cuerpo debían ser sanos (Obras Completas, 1948). Otro aspecto en el que el peronismo y el deporte se relacionan, es los programas de salud pública que se les brindaba a los participantes de los diversos torneos. Todos los niños inscritos en los Campeonatos Evita, debían ser sometidos a exámenes médicos, llevados a cabo por personal del
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Ministerio de Salud Pública. Aun aquellos que no podían participar por condiciones físicas, se les trataba de forma gratuita (Plotkin, 1998). Esto demuestra el compromiso por el bienestar ciudadano del gobierno peronista con la sociedad. Aporte del Deporte al Peronismo Parte del gran legado peronista al deporte, se ve reflejado en el discurso de Perón, donde surgió el culto al individuo. No se trataba de un individuo en sí, sino del concepto de individuo bajo la concepción de mens sana in corpore sano, cuerpo sano, mente sana.
Lo que preciso ahora es que echemos mano a la familia y a la vida misma para educar el alma, y hace falta también que recurramos a la familia, al Estado, a la sociedad y al pueblo para conservar esa alma buena y esa inteligencia despierta en un cuerpo sano y vigoroso (Perón, 1955).

La insistencia en un cuerpo vigoroso y una mente sana y ágil, que se puede notar en diversos discursos dados por Perón, nace del concepto de la Nueva Argentina. Esta es la visión de la Argentina que Perón anhela construir. No se trata necesariamente de una reconstrucción material y tangible de Argentina, sino más bien, de una redefinición de los valores de la sociedad, la moralidad nacional y los roles de la sociedad y el Estado. El papel que va a desempeñar el deporte, bajo la concepción de una nueva nación, que pretende construir Perón, va a ser una de las herramientas para moldear al buen ciudadano (Pons, 2005).
El deporte enseña a forjar carácter, a templar el alma y formar esa naturaleza de vencedor que debe tener el ciudadano argentino (…) sin otra gratificación que la gloria misma de vencer el esfuerzo honrado de todos los días (Obras Completas, 1948).

No solo es el deporte un moldeador de valores y forjador de carácter, sino que a través de él se generará la moralidad dentro del pueblo argentino para sentirse bien sobre su trabajo, que es lo que en el fondo busca decir. Se
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hace una relación entre el deporte y el trabajo. Si bien el deporte es una actividad netamente física, el uso que le dio el peronismo estaba más interesado en los valores que el deporte trae consigo, que en el deporte como tal. El uso del deporte en lo relativo a la Nueva Argentina se evidencia con las grandes campañas propagandísticas hechas con cada gran logro deportivo alcanzado por las selecciones nacionales. Tales campañas enaltecían a los jugadores, y sus logros; así como también buscaban ligarlos con el proceso de la Nueva Argentina peronista. “La Argentina se dirige con paso firme hacia la plenitud de su destino (…) Es lógico que esa favorable situación haya tenido un brillante reflejo en el triunfo deportivo de que nos congratulamos” (Obras Completas, 1948). Cuando los equipos perdían, o no alcanzaban el cometido, era poco más que una nota de prensa lo que podía encontrarse en los medios oficiales (Pons, 2005). Dentro de todo el aparato propagandístico de la Nueva Argentina, el deporte ha ocupado un papel mayor que el debido. Se le ha dado al deportista una connotación social, la cual lo convirtió en el modelo a seguir. Al discurso sobre el cuerpo sano y mente sana, se le agregarían valores sociales y políticos, los cuales el peronismo buscaría aprovechar al máximo. El deporte es elevado a la categoría de noble, mediante la cual se saneará a la raza, logrando el cometido de Perón, de crear una sociedad de individuos fuertes, tanto física como moralmente (Pons, 2005). El papel del deporte, particularmente del fútbol, durante los años del peronismo pasa entonces a ser algo más que una actividad recreativa, tanto para el gobierno como para la sociedad. El origen de la magnificencia del fútbol en Argentina podría yacer justamente en la búsqueda de valores ajenos al deporte, dentro del mismo
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fútbol. Si es cierto que el fútbol trae consigo un código ético; de sana competencia; trabajo en equipo; esfuerzo por lograr lo propuesto –el triunfo-; mejora de lo propio sin atentar contra lo ajeno, etc., no es oriundo al fútbol, el conjunto de descriptivos que el peronismo le iría añadiendo, a medida que los resultados tanto deportivos como políticos se iban consiguiendo. De igual manera, los valores promovidos por el deporte, que se mencionan previamente, van a ser utilizados en la retórica peronista, dirigiéndose a la sociedad como un “gran equipo”, y para el que los logros de los deportistas eran “triunfo de todos” (Pons, 2005). El deportista es visto como el buen ciudadano y el buen trabajador (Pons, 2005); como figura patriota; como ídolo nacional, que lucha por el bienestar de la patria (Pons, 2005). A través de él como deportista, y del gremio general del deporte, se promueve la solidaridad, cooperación, organización, disciplina, obediencia al líder y la alta productividad, como valores necesarios en el desarrollo de la nación, enmarcado dentro el discurso de la Nueva Argentina. Un aspecto sobre el deporte, que cabe destacar, es el del culto al físico masculino. Se habla de mente y cuerpo sano, en el sentido literal, no figurativo. El deporte sería pues, el mecanismo idóneo para promover la vida sana y saludable de la población económicamente productiva: la necesidad de contar con hombres físicamente aptos para el trabajo de mayor esfuerzo – trabajar en fábricas, por ejemplo-, es el fin último del discurso peronista. Aunado a ello, una integridad mental, que garantice que logre su cometido en la sociedad. Se tiene un intento de fomentar la fortaleza física, promoviendo los valores mencionados, dentro de los cuales se destaca el de ser productivo. Así pues, el deporte como política estatal logra ser introducida a la sociedad como un conjunto de valores, de los cuales se podrían beneficiar,
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tanto la sociedad, como el gobierno. Detrás de ello, yace la voluntad de Perón, buscando forjar una nueva identidad nacional, dejando atrás a la Argentina, que deportivamente estaba demarcada de forma clara entre lo rural y los citadino (Archetti, 2005); y buscar la creación de una nueva nación, con Juan Domingo Perón al mando. Se buscaba olvidar a la Década Infame4, al pasado turbulento que llevó al golpe militar de 1943. Mediante el deporte Perón logró consolidar su popularidad, pero al mismo tiempo construyó los fundamentos de programas sociales de gran alcance y éxito, pero carentes de continuidad; siendo los Campeonatos Evita los más relevantes. A través de estas iniciativas, los programas y jornadas de salud pública pudieron ser hechos. Como requisito para la participación en los torneos, un chequeo médico era necesario. Tanto los que aprobaban como los que no pasaban el examen médico, recibían atención de salud. Los premios entregados por Campeonato Evita fomentaban el buen manejo de recursos, el invertir a largo plazo y fomentar la sana práctica del fútbol. Todo esto hecho mediante construcción de instalaciones, dotación del equipo necesario –principalmente uniformes y balones-; pero de igual manera se les obsequiaba a los ganadores bicicletas, que además de ser un premio de considerable calidad, sobre todo para los niños de bajos estratos sociales, también promovían el deporte. Si bien las iniciativas de salubridad y los premios de los Campeonatos Evita son más que muestras de buena voluntad, son en efecto, aportes directos del Estado a los estratos más necesitados de la sociedad; es por estas contribuciones y promoción de deportes, que se puede ver la intención del peronismo: la necesidad de construir una masa trabajadora fuerte
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Hace referencia al período comprendido entre 1930 y 1945. En 1930, el presidente Yrigoyen fue derrocado por el General José Félix Uriburu, seguido por Agustín Pedro Justo, electo – supuestamente de forma fraudulenta- en 1932. En 1938, Roberto M. Ortiz se convertiría en el primer civil en ocho años en ser electo presidente. Su salud se deterioró, y en 1940 renuncia al cargo, y deja al mando a Ramón Castillo; quien sería Presidente hasta el golpe de Estado de 1943.

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físicamente, en aptas condiciones para trabajo pesado. Además, con la promoción de deportes como el fútbol y el básquetbol (por mencionar algunos), que son deportes de conjunto, se trabaja la promoción de ciertos valores, como los mencionados previamente: la solidaridad, cooperación, organización, disciplina, obediencia y productividad. Dichos valores

introducidos al germen de la sociedad, lograrían llevar a cabo el plan de la Nueva Argentina, con el que tanto énfasis promovía el gobierno. Durante el peronismo, se tiene que hablar del deporte como una herramienta para la mejora social, así como también, una herramienta para la promoción de ideales políticos –la Nueva Argentina-, dentro de lo que cabe la concepción del hombre nuevo, el nuevo papel de la sociedad y el Estado, la nueva forma de obrar y la nueva visión nacional, con Perón al mando. “A partir de una peronización del deporte, y una nacionalización del cuerpo viril, fuerte y atlético, del deportista/trabajador, quien se vincula a una ética masculina y patriótica que lucha por la grandeza de la Patria” (Pons, 2005) Podríamos hablar de una intención banal y retributiva en cuanto al uso político del deporte de parte de Perón, pues en él sí había un verdadero interés en crear infraestructura de diversos tipos –estadios, canchas, pistas, gimnasios, etc.y en formalizar al deporte como una profesión

ejemplarizante. Sus halagos a las selecciones nacionales en varias disciplinas reflejan un apoyo incondicional al deporte en la nación. Si es cierto que el peronismo dejó aspectos positivas en el deporte, también se debe recordar el culto al físico viril y fuerte de parte de Perón. En repetidas ocasiones hablaba de la mente sana y el cuerpo sano, que reflejaba su influencia fascista, legado de su estadía en Italia durante los años de Mussolini. “Como orientación definitiva de la cultura argentina, el hombre culto debe tener armónica y equilibradamente desarrolladas tanto su inteligencia como su alma y su cuerpo” (Obras Completas, 1948).

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Proceso de Reorganización Nacional, Presidido por el General Jorge Rafael Videla (1976-1980) Durante una de las dictaduras más férreas que el continente Suramericano ha vivido, el deporte más popular de Argentina se empleó como una herramienta maquilladora de las verdades y realidades de un país a punto de ser sede del Mundial de Fútbol FIFA 1978. La euforia en la sociedad por el venidero Mundial era notable; de igual manera ocurría en el gobierno: grandes inversiones en infraestructura –ejemplo emblemático de dichas construcciones es el Estadio Olímpico de Córdoba, que costó 42 millones de dólares (Farías, 2003) -, fueron realizadas para lograr crear una imagen de progreso y avance en Argentina, ante los ojos de jugadores y turistas extranjeros. La necesidad de la creación de grandes campañas publicitarias que denunciaban una supuesta conspiración „anti argentina‟, en boca de los centenares de argentinos exiliados nace de la precaria situación de Derechos Humanos que se vivía en la Argentina. Dicha campaña „anti argentina‟, tildada así por el gobierno, era la retaliación a las denuncias hechas en el exterior por ciudadanos argentinos que se fueron del país. Dada la escalada en el número y formas de represión, ellos decidieron emigrar. Entre las medidas represivas y de censura, se pueden resaltar la intervención de los sindicatos, la anulación de toda actividad legislativa en el Congreso, la revalidación del estado de sitio vigente desde 1974 –durante el gobierno de Isabel de Perón5, quien toma el poder tras la muerte de Juan domingo Perón-, la persecución, el secuestro, la tortura, la desaparición y el asesinato de dirigentes obreros, estudiantes, artistas, políticos, y de quienes no compartieran la “filosofía procesista” (Sociedad de la Información en el Periodismo y los Medios, 2004). (ver apéndice D).

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Dicho toque de queda se puso en práctica para evitar saqueos y conflictos sociales, tras la muerte de Perón.

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Nos referimos a dichos hechos como una política represiva formal, dado a que fue una sistémica puesta en práctica de las actividades previamente mencionadas. No se trata de hechos puntuales, ni excesos cometidos en casos particulares. Tales hechos llevaron a diversos países a pronunciar su preocupación sobre la violación de los derechos humanos en Argentina, las cuales consideraban vulneradas. La problemática social vivida en Argentina durante el Proceso de Reorganización Nacional –el pomposo nombre que recibía la junta militar de gobierno- parecía ser opacada por la organización de un Mundial de fútbol en distintos niveles: En un plano –el del gobierno-, la prioridad que tomaba la realización de dicho evento –el cual terminó costándole al Estado entre 520 (Berns, 2006) y 700 (Scher, 2006) millones de dólares -, llevó a Videla a fundar el Ente Autárquico del Mundial. El EAM se encargaría de todo lo relativo al Mundial. Sería una dependencia más del gobierno dedicado a la ejecución de las obras y la coordinación de la logística que un torneo deportivo de la magnitud del Mundial de Fútbol FIFA conlleva. Para comprender mejor cuán grande fue el gasto del gobierno argentino en la organización del Mundial, vale recalcar que el Mundial realizado en España en 1982, cuatro años después, le costó al gobierno español cerca de los 180 millones de dólares (Berns, 2006). Los costos no solo se concentraron en la construcción y

modernización de estadios, sino también en gastos usualmente no asociados con torneos deportivos, como lo fueron la construcción de muros con casas típicas de la clase media pintadas, para evitar que las personas que viajasen hacia el interior pudieran ver las villas miserias (Miller, 2008), y también la contratación de Burson Marsteller & Asociados, “la agencia estadounidense contratada para silenciar y desmentir a quienes militaban en la defensa de los Derechos Humanos” (Berns, 2006). De esta compañía sale la frase o eslogan con la que la Junta Militar contraatacaba a los grupos de Derechos
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Humanos: “los argentinos somos derechos y humanos” (Morales, 1976). (Ver apéndice E) Aunada a la campaña prestada por el gobierno, los medios oficiales – aquellos con una línea editorial similiar a la de la Junta- defendieron la organización del torneo al punto que Aldo Prietto, subdirector de la revista Goles dijera que “…todo aquel que se opusiera al Mundial 1978 era un enemigo del país porque el espectáculo era más que una mera competencia deportiva” (Berns, 2006). En cierta forma, Prietto tenía razón. Se trataba de más que un simple torneo deportivo, dado que podía ser la única oportunidad verdadera, en la que Videla y su gobierno podrían mejorar substancialmente la imagen de Argentina en el exterior. La campaña sobre la violaciones de Derechos Humanos llevada a cabo internamente por las Madres de Plaza de Mayo, y en el exterior por un considerable grupo de argentinos exiliados, así como por organizaciones como la COBA6, que lograron despertar interés en diversos países, principalmente europeos, respecto a la situación de los Derechos Humanos, y los casos de los desaparecidos; sería uno de los principales problemas a solventar por el Proceso. La realidad de lo que ocurría en Argentina obligaba al gobierno a hacer esfuerzos considerables para ocultar lo que pasaba en varios centros de detención. Dichos centros de detención eran los lugares a los que ciudadanos „indeseables‟ eran trasladados. Existían 340 campos de detención en toda Argentina –algunos de los más conocidos eran la ESMA, el Garage Olimpo, el Pozo de Banfield, y la Perla-.
Locales civiles, dependencias policiales, o de las propias fuerzas armadas fueron acondicionados para funcionar como centros clandestinos. Estas cárceles clandestinas tenían una estructura similar: una zona dedicada a los interrogatorios y tortura, y otra,

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COBA: Comisión para la Organización del Boicot al Mundial en Argentina.

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donde permanecían los secuestrados. Ser secuestrado o „chupado‟, según jerga represora, significaba ser fusilado o ser arrojado al río desde un avión o helicóptero

(Ministerio de Educación). La situación interna de los derechos ciudadanos era crítica. El Proceso de Reorganización Nacional había tomado medidas que atentaban contra todo tipo de libertad civil que existía, dentro de las cuales figuran la suspensión de los derechos de los trabajadores; la prohibición de huelgas; la disolución de partidos políticos; la destitución de la Corte Suprema de Justicia; la clausura de locales nocturnos; el orden de corte de pelo para los hombres; la quema de libros y revistas considerados peligrosos, y la censura de medios de comunicación (Ministerio de Educación) (ver apéndice D). Con estas medidas, resulta evidente que las libertades quedaron coartadas y condicionadas. Aunado a estos límites, la forma en que se actuó cuando no se cumplían dichas disposiciones, llevó a la creación de movimientos de resistencia en aras de los Derechos Humanos, siendo las Madres de Plaza de Mayo el grupo más conocido. La finalidad última del Mundial era para el gobierno, una ocasión en la que se pudieran callar las críticas al régimen dictatorial, y lograr un sentimiento nacionalista en Argentina, que se traduciría en apoyo a la Junta Militar. La necesidad de apoyo popular nace en la oposición y fricción interna que generaban acciones y medidas tomadas. Resulta útil mencionar el uso del nacionalismo en momentos de crisis interna, de parte del Proceso. En un comienzo, se llega al borde de una guerra con Chile, sobre la disputa del Estrecho de Beagle, que le cedía derechos territoriales Chile sobre la Patagonia. Luego, el Mundial de 1978, en el cual sí se logra una victoria en todos los ámbitos: la organización fue – salvo casos puntuales, como la protesta de Sepp Maier, arquero de la
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selección alemana, junto a las Madres de la Plaza de Mayo (Sebreli, 1998), y los gestos de parte de la selección holandesa, quien se negó a recibir la medalla repartida por Videla (Sebreli, 1998)- impecable, las críticas a la actitud del régimen ante los Derechos Humanos parecieron menguar tras el Mundial, se consolidó la popularidad del régimen y la selección argentina resultó campeona del certamen. En lo único que no podía hablarse de victoria, era en materia económica. Para un país con una inflación de aproximadamente el 170% anual, el organizar un evento que costara 700 millones de dólares y sólo recaudara menos de veinte, limitó el capital público (Berns, 2006). El último gran momento durante la junta militar, en que se apeló al argumento del nacionalismo argentino, fue la Guerra de las Malvinas, en 1983 (Ministerio de Educación). Tras la invasión de las Malvinas, el Reino Unido contraatacó a un ejército argentino mal equipado y poco, quien se retiró de las Islas Malvinas al poco tiempo. Dicho evento produjo la caída del Proceso, y a sentencias de aprisionamiento de por vida a los mandatarios de la junta (Ministerio de Educación). Así pues, se utilizó al nacionalismo como herramienta el Proceso de Reorganización Nacional en tres momentos cumbres en las décadas de 1970 y 1980. En uno de los casos, el nacionalismo argentino estuvo íntimamente ligado al fútbol, y curiosamente, fue el único caso, en que el Proceso de Reorganización Nacional salió favorecido. Recordemos que gobiernos de corte dictatorial suelen ser –aunque hay excepciones- gobiernos de poder, no de gestión. El Mundial de 1978 sirvió como plataforma popular para aglutinar a la mayoría ciudadana tras el gobierno, en un evento que sería vendido como „la Copa de la Paz‟. Contando con apoyo popular necesario, las críticas sobre la

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actuación del gobierno parecían perder peso frente al sentimiento común de las personas, generado por el Mundial de Fútbol. La organización de un evento internacional de por sí, era un logro del Proceso de Reorganización Nacional; sin embargo, el objetivo de la selección argentina era lograr salir campeones. Esto suponía mostrar, más que un triunfo de la calidad futbolística de Argentina, un triunfo del país –y el PRN- general. Era el tomar el logro de unos cuantos, y convertirlo en un hito alcanzado por la nación completa, gracias al apoyo del gobierno al deporte y al fútbol en particular. Si bien se logra organizar y ganar el evento, no ocurrió sin contratiempos. La final se le gana a una selección holandesa sin su capitán Neeskens, ni su figura principal, Cruyff. Ambos jugadores, junto con el defensa alemán, Paul Breitner, decidieron no asistir al Mundial 1978, por ser organizado por un gobierno sin consideración a los Derechos Humanos (Sebreli, 1998). No se trató solamente de estos tres jugadores; el sentimiento general dentro de distintas selecciones era de recelo ante el visto bueno dado por la FIFA de organizar el evento principal de la federación, en un país tan criticado por las medidas represivas que había tomado (Miller, 2008). Con el total respaldo de Joao Havelange –el presidente de la FIFA-, se le otorgó a Argentina la organización del Mundial. Duramente criticado por no haberle revocado la sede a Argentina, Havelange argumentaba la capacidad técnica y logística que expusieron los argentinos, que resultaba mayor y más realista de cumplir a la de cualquier otra propuesta –incluida la de España, quien sería sede el Mundial entrante, el año 1982- (Sebreli, 1998). Se trató de un Mundial, donde la política pareció ser tan relevante como el deporte mismo. La prensa internacional reseñaba los partidos, así como las pocas protestas a las que se les permitió asistir (Galeano, 1998). El
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gobierno argentino logró su cometido: organizar y ganar un torneo como el Mundial de Fútbol de 1978 por primera vez en la historia. Al mismo tiempo que logró esto, fue capaz de aplacar las críticas y denuncias de parte de las diversas organizaciones en defensa de los derechos humanos. Mediante una elaborada campaña propagandística, usando al Mundial de Fútbol como eje central, a la sociedad entera se les hizo creer que era en el exterior que se fabricaban mentiras sobre Argentina. El fervor nacionalista generado por el Mundial era innegable. Un fenómeno rara vez visto antes y después; similar al vivido antes de la Guerra de las Malvinas. La relación del fútbol, el gobierno y la sociedad durante los años de gobierno del Proceso de Reorganización Nacional, puede simbolizarse con el centro de detención de la ESMA y el Estadio Monumental Antonio Vespucio Liberti. La que en realidad ocurrió, así como una realidad propuesta por el Proceso de Reorganización Nacional; aunado a una masiva campaña de desinformación dirigida a la sociedad, de la cual el Mundial jugó un papel clave, permanece siendo uno de los acontecimientos mediáticos más importantes a nivel mundial. Los hechos contenidos dentro del este momento en la historia argentina, particularmente los años 1977, 1978 y 1979 –años de mayor énfasis mediático, debido al Mundial de Fútbol (Sociedad de la Información en el Periodismo y los Medios, 2004)-, puede ser considerado un caso de estudio de relevancia, cuando se discute el uso de medios comunicacionales en manos del gobierno. Al organizar el Mundial de fútbol, el deporte más popular del país, y llevar a cabo todo lo que ello conlleva, es decir, inversión en infraestructura vial, turística, deportiva, saneamiento y limpieza de las ciudades,

mantenimiento a plazas y espacios públicos, etc., lograban generar en la opinión pública, una sensación de trabajo e inversión de parte del Estado; es decir, el ciudadano común podía ver y sentirse positivamente afectado por el
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gasto público, que implicó organizar un evento de tal magnitud. Además de ello, podía desviar la atención de la sociedad con respecto a las diversas ilegalidades contra las libertades ciudadanas, en específico referente al caso de los desaparecidos. Ya organizaciones como las Madres de la Plaza de Mayo existían y eran activas en la denuncia de detenciones y desapariciones de personas allegadas a ellas, usualmente hijos o nietos.

El Proceso de Reorganización Nacional, presidido por el General Jorge Rafael Videla7, fue un período de la historia argentina meritoria de análisis y estudio considerable, dada la dinámica socio-política en ella comprendida. El deporte fue crucial para que el gobierno fuera capaz de llevar a cabo las medidas represivas sin generar mayor descontento en la población. El fin último del fútbol durante el turno de Videla fue entonces, el ser catalizador a tensiones sociales evidentes, reflejadas en organizaciones reclamando justicia en el caso de los desaparecidos. El hábil uso de un evento de la magnitud como lo es el Mundial de Fútbol y las inversiones requeridas por dicho evento, así del nacionalismo que suele generar el fútbol a nivel de selecciones, fue un rasgo definitivo del gobierno militar. El uso propagandístico de los logros de la selección como si se tratara de batallas libradas en nombre de Argentina, aseguró a Videla un descontento lo suficientemente bajo, como para desarrollar a cabalidad su proyecto político.

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Se hace la distinción del General a cargo del Proceso de Reorganización Nacional, dado que contó con tres líderes diferentes entre los años 1976-1983: Videla, Galtieri y Bignone.

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Capítulo II: El Fútbol y la Sociedad
Evolución del Fútbol: De la Élite, al Pueblo, a la Globalización No se podría concebir realizar un estudio sobre el fútbol, sin considerar primero, el contexto en el cual se iría a desenvolver dicho deporte. A pesar de tratarse de una actividad meramente recreativa, con el pasar del tiempo, el fútbol se iría a convertir en un fenómeno socio-económico, con vigencia en temas de la política, la sociología, e incluso la antropología. Esto sin mencionar, el propio estudio histórico que del fútbol puede desprenderse. Para poder entender el fenómeno del fútbol en Argentina, nos tenemos que remontar a su origen a mediados del siglo XIX y buscar entender el proceso evolutivo de dicho deporte en la sociedad argentina del siglo XX. Si se aceptan los planteamientos de Juan José Sebreli (1998), expuestos en su libro La Era del Fútbol, la relación fútbol-sociedad cumple un papel crucial en la historia urbana de Argentina en general, Buenos Aires en lo específico. Sebreli divide el proceso evolutivo de tal relación en tres grandes etapas: La primera etapa, el fútbol desde fines del siglo XIX hasta poco antes de la profesionalización8 del balompié- habría sido elitista. Tanto jugadores como público se reducía a una minoría privilegiada. En un principio era reservado para los ingleses y argentinos más pudientes:
Fueron funcionarios de la Embajada Inglesa, empleados de los ferrocarriles ingleses, de las compañías de gas, tranvías, empresas navieras, concesionarios de importaciones quienes introdujeron los primeros equipos (de fútbol)…Los deportes en general y el fútbol en particular, no fueron creados por el pueblo, ni fueron propagados por el pueblo, ni estaban dirigidos al pueblo. Surgen de las clases dominantes y son luego copiados y alterados por las clases subalternas (Sebreli, 1998).

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La homogeneización del proceder dentro de los clubes de fútbol, así como la fundación de una federación o asociación.

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En la segunda etapa, el fútbol se convierte en el deporte popular por excelencia. Esta vez, va a ser adoptado por argentinos de clases más bajas, pero imitando la práctica del deporte de otro grupo de ingleses, los marineros. Sebreli de igual manera expone:
Si los colegios privados ingleses fueron los modelos de fútbol oligárquico, los gurúes de las clases populares fueron los marineros ingleses que llegaban a los puertos de Buenos Aires, Montevideo y Río de Janeiro, desde aproximadamente 1860, como consecuencia del intenso tráfico comercial… Eran observados (los marineros) por los peones de los astilleros de los muebles o por los jóvenes de clase baja que vivían en los alrededores

(Sebreli, 1998). En la tercera etapa, el fútbol deja de ser protagonizado por una clase en particular, y pasa a formar parte de la vida de todos los estratos sociales. En esta etapa, los medios de comunicación juegan un papel importante en el proceso de homogeneización de la cultura, evitando así que se imponga la elitista sobre la popular o viceversa. Sebreli señala que “la cultura de masas tiende a construir idealmente un gigantesco club de amigos, una gran familia no jerarquizada” (1998). Dentro de estas etapas, Sebreli describe cómo fue cambiando el papel y los protagonistas del fútbol, hasta llevarlo a lo que es hoy día, un fenómeno socio-político-cultural que trae consigo connotaciones en lo económico e histórico. En su esencia, la evolución social del fútbol en Argentina puede describirse como una actividad importada en manos (o pies) de marineros, comerciantes y obreros ingleses, que logró encontrar cabida en la vida cotidiana de los argentinos. La facilidad de desarrollar dicho deporte –pues cuenta con reglas sencillas y pocos requisitos para jugar- logró permear

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estratos sociales, y hacer que clases ajenas a la aristocracia porteña9 e ingleses, llegaran a tener interés en el fútbol. La sencillez del fútbol fue, en parte, lo que propulsó el paso desde las clases sociales más altas a clases bajas. Las reglas oficiales del juego son pocas – diecisiete en total-, y los requisitos materiales son escasos. Hacía falta un terreno baldío, un número par de personas y un balón de juego. Un balón podían ser varias medias enrolladas juntas, por ejemplo. La pelota era cualquier objeto remotamente redondo, fácil de patear y posible de atajar. Al contar con tan pocos requerimientos, las clases bajas no encontraron mayor obstáculo al momento de ponerse a jugar, salvo quizás la protesta de aristócratas, firmes en su creencia que el fútbol es un deporte de pudientes. De los deportes introducidos por los ingleses, éste era el que menor cantidad de requisitos necesitaba. Para el polo, había que tener acceso a un caballo y al equipo de juego pertinente –dentro de lo cual se incluye una esfera de cerámica, usualmente costosa-. El rugby, si bien requería de menos objetos que el polo, sí resultaba indispensable ser corpulento, lo que implicaba ejercitarse frecuentemente y comer lo suficiente para desarrollar una musculatura robusta. Con horarios exigentes de trabajo y una alimentación poco sana, jugar rugby era posible, pero jamás con el esmero y dedicación que miembros de la clase media y alta podían hacerlo. El fútbol era pues, el único deporte recién traído por los ingleses que podrían practicar sin mayores dificultades. Como reacción al jugar fútbol de parte las clases bajas, la aristocracia y la clase media comenzó a desligarse poco a poco del balompié. Suele ocurrir, que las clases pudientes practican deportes o actividades que resultan exclusivas a ellos y ajenas a los demás. De allí el término de deportes elitescos, expresión que se refiere a los tradicionalmente
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El término porteño se refiere específicamente a los habitantes de la ciudad de Buenos Aires. A los habitantes de la Provincia de Buenos Aires, se les conoce como bonaerenses.

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practicados por las clases media y alta. Suelen estar, entre muchos otros, el tenis, rugby, el remo, el polo, la esgrima y el automovilismo. Tal desligue facilitó la penetración del fútbol en la sociedad argentina. Ya era visto como una actividad recreativa de la mayoría, no de los extranjeros y pudientes. Dado esto, podríamos afirmar que la desconexión entre las clases altas y el fútbol, fue uno de los elementos que permitió el crecimiento voluminoso del fútbol. Aunado al interés de las clases bajas y relativo talento que en ellas yacía, el fútbol comenzó a crecer en tamaño –frecuencia de juego y multiplicación de lugares donde se jugaba-, y en calidad –nivel de juego de quienes practicaban dicho deporte-. No en vano puede decirse que la Argentina, paulatinamente comenzaba a convertirse en un centro futbolístico importante. Según el periodista deportivo argentino, Dante Panzeri, “el fútbol ha sido en su nivel de mayor brillantez un innegable hijo de la miseria en la Argentina, Uruguay y Brasil” (1967). Con ello se refiere a que el mayor talento del fútbol en estos tres países ha nacido en barrios de clase baja, producto del ocio y el desempleo. Estos factores –ocio y desempleo- se convertirían rápidamente en un factor que condicionaría para bien, el desarrollo del fútbol en Argentina y Suramérica toda. A diferencia de las clase media y clase alta, donde la cultura, el conocimiento y las artes suelen formar una gran parte del tiempo de ocio, en las clases marginadas tales actividades no suelen ser una opción –sea por falta de interés o por incapacidad a acceder a ellas-. Resulta importante resaltar cómo y en dónde se venía dando el desarrollo futbolístico en el mundo.
Si hacemos un mapa de la expansión del fútbol, entre fines del siglo pasado (s. XIX) y éste (s. XX), vemos que ocurre en las etapas de industrialización, en las regiones carboníferas de Inglaterra, en Escocia e Irlanda; en las pequeñas ciudades siderúrgicas

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del Ruhr en Alemania, en algunas ciudades italianas, en Budapest, Madrid, Barcelona, Viena, Montevideo, Buenos Aires, San Pablo. En todas estas ciudades, la expansión del fútbol era simultánea al proceso de desarrollo de una economía industrial moderna

(Sebreli, 1998). Con lo previo, buscamos resaltar que durante la industrialización fue cuando el fútbol se convirtió en una actividad deportiva popular, practicada principalmente por la clase obrera. Hasta esta instancia, el proceso argentino era similar al de muchos lugares del mundo, como puede evidenciarse. Aun no influía la dinámica interna directamente sobre el deporte, como iría a hacerlo posteriormente, cuando el fútbol se convertiría en un fenómeno social sin comparaciones en Argentina. Ya para el año 1914, el balompié estaba considerablemente bien establecido en la provincia entera de Buenos Aires, y los principales centros urbanos del país. Tal arraigo había conseguido el fútbol en la sociedad, que ya para dicho año se había conformado el primer equipo integrado enteramente por jugadores argentinos, sin la presencia de ningún inglés en la plantilla (Archetti, 2005). Con esto comenzó pues, una nueva etapa en el proceso evolutivo del fútbol en Argentina. Prueba clara de esto puede tomarse de los nombre de los clubes fundados, que no solo se diferencian por ser nombres en español, sino por contar con cierto apego hacia la historia argentina.
Hasta 1910 predominan los nombres asociados a lugares y barrios, como Boca Juniors, River Plate, Tigre, Lanús o Quilmes (…). A partir de ese año (1910) aparecen nombres que muestran un cierto apego a los próceres nacionales o a las fechas patrias, como Almirante Brown, Vélez Sarsfield, Belgrano, San Martín, 25 de Mayo, 9 de Julio o Sol de Mayo (Frydenberg, 2004, p.3) (ver apéndices F y G).

De lo citado, podemos resaltar dos importantes diferencias en los nombres de los clubes:
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1.

Los nombres de los clubes, más allá de abandonar la tradición

de nombrar al club con el barrio o localidad en la que se ubican, también dejan de contar –en ciertos casos como Boca Juniors, River Plate, Newell‟s Old Boys, etc.- con referencias anglosajonas. Si bien son clubes argentinos, sus nombres indican una influencia inglesa directa. 2. Al cambiar los nombres de las localidades por nombres de

figuras o fechas patrias, se refleja una clara intención de hacer conexión o reconexión con la historia nacional. Esto evidencia una reafirmación de la identidad argentina en lo futbolístico, frente a lo que venía dándose hasta aquel momento; la influencia inglesa previamente mencionada y una especie de regionalismo reducido a su mínima expresión, el barrio. Otra terminología empleada por clubes era la de „Argentinos‟. Aparece entre los años 1900 y 1910, en el seno de la gran ola de inmigración europea (Mendoza & Cabana, 2008, p.4). Durante dichos años, la población nacida en el exterior llegó a representar el 30.3% de la población total argentina (Mendoza & Cabana, 2008, p.4). De esto, se desprende un asunto de identidad en una porción considerable de la sociedad.
En Buenos Aires, las masas populares sufrían en la época del surgimiento del fútbol la doble falta identidad; la de nacionalidad –hijos de inmigrantes europeos o inmigrantes ellos mismos- y de estructura social, trasplantados de una sociedad campesina –sur de Italia, España, principalmente- a una urbe industrial (Sebreli, 1998).

Este nombre (Argentinos) se usaría para diferenciarse de los clubes ingleses –de dueños ingleses-, así como reflejo de la necesidad de la creación de una identidad propia; muchos de los fundadores de clubes o entidades de fútbol era hijos de inmigrantes, bien sea españoles, italianos o ingleses. Ya a comienzos del siglo XX, puede comenzar a apreciarse un uso del fútbol como identidad propia. Si bien aún seguía siendo un fenómeno
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deportivo similar al dado en diversas zonas de Europa y Suramérica, el roce y rivalidad –no solo futbolístico, puesto que deportes como el polo y el rugby también existió tal rivalidad- entre argentinos e ingleses era notoria. Aquel desligue de lo inglés y apego hacia lo argentino logra permitir la evolución del fútbol, creando su propia mística, estilo de juego y forma de ver al balompié. Con el pasar de los años, Argentina comenzó a convertirse, poco a poco en una potencia del deporte. El primer gran logro de la selección nacional de considerable importancia, ocurre en 1930, cuando se logra el subcampeonato en la primera Copa Mundial de Fútbol, en Uruguay. Si bien Argentina había logrado el sub campeonato y dos campeonatos en ediciones previas al Mundial de la Copa América –previamente Campeonato Suramericano-, no puede hablarse de grandes logros con estos torneos, dado que eran cuadrangulares y en el caso de 1925, un torneo de tres países, dentro de los cuales no se encontraba Uruguay, el primer campeón del mundo 10. Ya para dicha edición de la Copa Mundial, los nombres de origen inglés no formaban parte de la selección, en contraste con la selección de 1916 – primera edición del Campeonato Suramericano-, cuando todos los jugadores eran de origen inglés (Archetti, 2005). En catorce años se cambió por completo la plantilla de jugadores, sin incorporar a alguien con algún apellido de origen distinto al español o italiano, que suelen formar la vasta mayoría de nombres en el fútbol argentino, hasta la actualidad. El proceso social del fútbol, divido en tres etapas por Sebreli (1998), hace de esta etapa la más extensa; desde que el deporte abandona su origen aristocrático y se convierte en juego de multitudes, hasta el
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Tal término resulta engañoso, dado que los países europeos boicotearon el Mundial de 1930, por esta en desacuerdo que se disputara fuera de Europa. Solo asisten Bélgica, Francia, Rumania y Yugoslavia como representantes del viejo continente. Sin embargo, sí logra ganar el campeonato, por lo que es correcto adjudicarle el título de Campeón del Mundo

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reencuentro de las clases altas con el fútbol, ya en el último cuarto del siglo XX. Es justo con un momento clave de la historia del balompié argentino cuando dicho reencuentro ocurre. Se trata del Mundial de 1978 organizado por Argentina, bajo tutela del Proceso de Reorganización Nacional. Es allí cuando podríamos comenzar a referirnos al fútbol como un fenómeno sin distinción de barreras sociales y como un deporte verdaderamente globalizado; en parte por las inversiones hechas en telecomunicaciones de parte del régimen militar, en parte por un interés de la misma Junta Militar en aglutinar a las distintas clases bajo la bandera argentina. “25 millones de Argentinos jugamos al Mundial”, era el slogan ideado por el Ente Autárquico del Mundial (Berns, 2006); prueba de la búsqueda de una sociedad unida detrás de la selección. El gran resultado fue la creación de la tercera etapa del fútbol en Argentina; etapa que continúa hasta hoy en día. El interés en el deporte se hizo universal, lo que solidificó la creencia de que el fútbol era la actividad deportiva más popular en todo el país. Los medios de comunicación pasaron a convertirse en parte de la dinámica futbolística nacional, donde ocuparían más funciones de las que usualmente corresponden a los medios. Un equipo de transmisión típico en Argentina suele contar con un narrador, un comentarista –en algunos casos, usualmente en torneos de importancia como los Mundiales, por ejemplo, hasta tres comentaristas-, un reportero afuera del estadio, uno dentro del estadio, y un comentarista que ocasionalmente actualiza los cambios de jugadores, estrategias y ánimos en los bancos de suplentes. Se comenzó a masificar la información sobre el fútbol de una manera que pocos eventos sociales suelen hacerlo. El fútbol ha logrado convertirse en un tema de todos los días, en el que todos discuten y debaten. La confrontación no solo queda en palabras y suele ser entre fanáticos a equipos distintos. Tales enfrentamientos han
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llegado a cobrar cerca de centena y media de vidas desde 1967 (Salvemos al Fútbol), a una tasa de entre tres y cuatro muertes violentas por año. La violencia se convirtió en un tema cotidiano en el deporte; la lucha entre barras enemigas sigue siendo parte de la fenomenología del fútbol en Argentina, al punto que es un asunto que la solución, necesita de la participación del Estado. Fenómeno de Hinchas y Barras Bravas Dentro de la problemática que es la violencia en el fútbol argentino, hay dos actores principales, quienes suelen ser los culpables de los diversos estragos que ocurren con regularidad. Se trata de los hinchas y las barras bravas. No puede hablarse del segundo término sin hacer referencia al primero, pues están estrechamente ligados. Hinchas Un hincha es el individuo que posee rasgos muy particulares, que, estudiados desde un punto de vista psicológico, suelen responder a dos principales rasgos: el autoritarismo y la falta de identidad, lo que deriva en autoritarismo pasivo, según Sebreli (1998).
Se somete ciegamente a la autoridad y es fácilmente sugestionable, adhiere al cuadro por lo que la gente que lo rodea dice de él, respeta la opinión reinante sin formularse dudas ni reflexiones sobre la calidad del mismo. Carece de espíritu crítico y de sentido del humor, apoya todos los convencionalismos consagrados por el grupo en que se mueve. Es incapaz de ir contra la corriente, por falta de voluntad e imaginación. Es intolerante, susceptible, orgulloso, y con un sentido de irresponsabilidad surgido de la ilusión de poder que le da su pertenencia a un club (Sebreli, 1998).

Se trata pues, de una clase de persona, con rasgos sociales muy demarcados, que, aunados con una alta probabilidad de pertenecer a un estrato social marginado –lo que conllevaría a una más alta posibilidad de deserción escolar, falta de interés en el conocimiento, carencia de valores y respeto a lo ajeno-, lo convierten en un sujeto pasivo, dispuesto a hacer lo
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que los demás harían, sin interés en resguardar el bienestar social. Es un individuo violento, listo para tomar órdenes de las cabecillas de las hinchadas. Suelen regirse bajo un principio, que resulta fundamental en sus vidas; y es que según Sebreli, “se puede cambiar de pareja, de amigos, de país, de partido, de ideas, hasta de religión; pero nunca de equipo” (1998). Esta frase refleja ideas merecedoras de ser desglosadas: 1. Prioridades erróneas: Resulta la más aparente al observar la frase sin mayor detenimiento. Da a entender la necesidad de alguna forma de estabilidad en la vida, la cual sea incapaz de hacerle daño directamente al hincha –cuando se pierde un partido o tiene una temporada negativa, el daño lo sufre el club en sí; los demás afectados, los hinchas principalmente, sufren efectos de carácter repercusivo, al no ser ellos involucrados en lo ocurrido, sino meros observadores-. Una pareja, el país, incluso la misma familia, tienen la capacidad de poder afectar manera directa y tangible a los hinchas. Esto refleja en él –el hincha- una sensibilidad y fragilidad emocional, típica en quienes no han tenido una infancia satisfactoria, psicológicamente. El no haber sido capaz de madurar emocionalmente, producto de cualquier cantidad de variables, ha llevado al hincha a reaccionar bruscamente, sin dejar de sentirse vulnerable. 2. Un “falso” sentido de pertenencia: Como hemos mencionado

previamente, el sentido de pertenencia forma parte crucial de la dinámica del fútbol en Argentina. Si bien el común denominador, entiéndase personas ajenas al término hincha, logra sentir el apego a un club de fútbol en particular –a veces como algo más que una mera simpatía, sino verdadero arraigo al equipo-, en el hincha tal sentido de pertenencia se convierte en una condición de la que pierde capacidad de controlar. Los constantes ataques a autobuses, trenes, fachadas de edificios, incluso a la misma infraestructura del club; sin mencionar las agresiones verbales y físicas a
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individuos de clubes ajenos, reflejan una carencia total de control emocional sobre lo que, según el hincha, es suyo; es decir, el club de fútbol. Hablamos de falso sentido de pertenencia, dado que dicha pertenencia ocurre solo en la mente de los hinchas. Si bien suelen ser inscritos al club 11, los abusos cometidos en nombres de su club, como una especie de ofrenda o tributo al club, no suelen ser respaldadas por la institución a la cual están inscritas; justamente por ser acciones delictivas. La noción de pertenencia del hincha limita su capacidad de

desenvolverse socialmente. Al ser una persona pasivamente autoritaria, es decir sumisa a órdenes, sus habilidades sociales son rara vez puestas en práctica, fuera del círculo de hinchas con quien está. Al tener poco roce con personas fuera del ámbito del fútbol e hinchadas, su personalidad se vería seriamente afectada por, no solo dichos individuos, sino el club al cual „pertenece‟. “Ser uno mismo significa para el hincha ser del cuadro (equipo) X” (Sebreli, 1998). La dinámica del hincha se desenvuelve necesariamente en el ambiente en el cual está familiarizado. Su fragilidad psicológica le exige no correr riesgos a exponerse ante otras realidades. Si se considera el hecho que solo pasa tiempo con personas que comparte la condición de ser hincha –tales ataques a objetos o personas son perpetuados en su vasta mayoría de casos por un grupo de hinchas; actos individuales suelen ser aislados y de reducido impacto-, la camaradería y el compadrazgo también juegan papeles importantes en el fenómeno de la hinchada. Parte de la motivación nace de la necesidad de agredir y ofender al equipo contrario –y sus respectivos hinchas y barras- . No se trata

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Es práctica común a nivel mundial, de personas inscritas en los clubes de fútbol, pues ofrece ciertas ventajas que solo son obtenidas por miembros del club. Algunas de dichas ventajas son: participar en las elecciones de cargos de los clubes, descuentos en entradas y mercancía, acceso a instalaciones (de contar con instalaciones públicas), entre otros.

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exclusivamente de defender a los suyos, sino que incluso, en ciertos casos, produce más placer derrotar al otro, que la propia victoria. Se cuenta entonces con dos motivaciones principales, que llevan al hincha a actuar de la forma en que lo hace. “La agresividad hacia el contrario es un elemento tan necesario como la solidaridad del hincha con los suyos” (Sebreli, 1998, p.49). Una posible causa de por qué cobra tanta vigencia la hinchada en Argentina, desde la misma llegada del fútbol a Buenos Aires, podría ser precisamente esa crónica falta de identidad que han sufrido algunos argentinos a lo largo de la historia: en algún momento de la historia contemporánea, como hemos mencionado previamente, una cantidad considerable de habitantes argentinos eran inmigrantes. Sus hijos, carentes del arraigo hacia Argentina, pero también del país de sus padres, nacen sin una noción de identidad propia, o algún valor común que los logre identificar. Similar a los hijos de inmigrantes musulmanes en Europa actualmente, son jóvenes que se encuentran desde muy temprano con la diatriba de una pregunta, que resulta fundamental para la psique humana: ¿quién soy? El nacionalismo suele dar una vaga sensación de pertenecía, con la que no se cuenta, en el caso de los hijos de inmigrantes de los albores del siglo XX. Pero justamente se recurre al nacionalismo solo en instantes cuando la selección nacional juega. De allí el surgimiento de un regionalismo considerablemente focalizado, el del barrio. El arraigo al barrio en Argentina puede comprobarse con la cantidad de equipos de fútbol existentes en Buenos Aires. Incluso, en algunos casos, se cuenta con más de un equipo en la localidad. Ello refleja la necesidad de una identidad, la cual se busca a través del deporte. El caso de Buenos Aires resulta particularmente interesante, dado que, si bien es la ciudad más grande de Argentina, con doce millones de personas –
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el territorio denominado Gran Buenos Aires-, ello es un tercio de la población nacional. A pesar de esto, de los veinte equipos actualmente en la Primera A, máxima categoría de fútbol de clubes en Argentina, trece pertenecen a la Gran Buenos Aires (Argentinian Leagues), lo que representa dos tercios de la totalidad de equipos en la Primera A. En la Primera Nacional B, la segunda categoría, diez de veinte clubes son de conurbano de Buenos Aires (Argentinian Leagues). Lo relevante a algo que sería anecdótico usualmente, es que Gran Buenos Aires y Buenos Aires representan el 50% de los casos de homicidios relativos a enfrentamientos de hinchadas (Frydenberg, 2004) (ver apéndice H). Otro ámbito donde la pertenencia social ha jugado un rol activo, es en el socioeconómico. Como expresamos en el capítulo previo, las clases marginadas suelen sentir una desconexión con la sociedad, dado un rechazo a la pobreza; y en consecuencia, a los pobres. De este rechazo surgió además una insatisfacción con el status quo, el cual es reflejado en los ataques a propiedades públicas o pertenecientes a alguien más. Es así como se conforma la hinchada, un aspecto de la violencia del fútbol en Argentina, que no debe pasarse de largo. Si bien comparte remotas similitudes con las torçidas brasileñas, los hooligans ingleses y los tifosi italianos, su magnitud y su origen –el cual incluye asuntos de identidad derivadas de la migración- la diferencian de las demás. Barrabravas Las barrabravas son bandas compuestas por algunos hinchas fanáticos de un club,
Que consagran su vida al mismo, y a la vez viven de él, organizados y armados para provocar tumultos en los estadios, agredir y en ocasiones matar a los adversarios, así

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como también presionar a dirigentes, jugadores y técnicos del propio club, mediante la amenaza, la intimidación y el „apriete‟ . (Sebreli, 1998).
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Usualmente conformados por hinchas y líderes que guían a la hinchada, las barras bravas complementan al fenómeno de la violencia en el fútbol argentino, dado que es de allí donde surge la mayor cantidad de enfrentamientos. Rara vez se habla de enfrentamientos entre hinchas; la referencia suele ser a las barras bravas. Si bien la violencia en el fútbol es un fenómeno típicamente asociado a la segunda mitad del siglo XX –incluso, trasciende el debate sobre si surge con la democracia y las libertades de toda índole, dado que los enfrentamientos se daban también en tiempos de dictadura-, su origen se remontan a la misma llegada de los inmigrantes europeos a comienzos del siglo XX (Sebreli, 1998). La dinámica era diferente en aquél entonces, lo que permite analizar a las barras bravas por etapas, según su desarrollo histórico: 1. La barra espontánea y sin estructura: Se trataba de una concepción completamente distinta a la que se tiene hoy día de las barras bravas, pero aun así, cabe bajo tal categoría, dado que eran conformadas por hinchas, tenía el mismo fin –el defenderse de hinchas de otros clubes, y por ende, agredir a hinchas de otros clubes-, y era un fenómeno de violencia diferente al crimen común, e incluso, al crimen organizado. Escribía Roberto Arlt en el periódico El Mundo:
Tan necesario es que los hinchas de un mismo sujeto (equipo) se asocien para defenderse de las pateaduras de otros hinchas y que son como escuadrones rufianescos, brigadas bandoleras, barras que como expediciones punitivas siembran el terror en los stadiums, con la artillería de sus botellas. Esas barras son las que se encargan de incendiar los bancos (asientos) de las populares13, esas mismas barras son las que invaden la cancha para darle el „pesto‟ a los contrarios, y en determinados barrios han

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El apriete se refiere a la coerción verbal y al chantaje. Se refiere a la gradería popular, la gradería de menor costo.

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llegado a construir una mafia, algo así como una camorra, con sus instituciones, sus broncas a mano armada (Sebreli, 1998).

2. Las barras mortales: Se refiere al período en que las barras bravas pasan de simple vandalismo hacia edificaciones y personas, y comienza un proceso que lleva a la muerte de varias personas. Podría considerarse el inicio de esta etapa entre la década de los cincuenta y sesenta. Una característica resaltable de esta etapa, es el desconocimiento de parte de la autoridad a la condición de bandas organizadas, considerándolas –a las barras bravas-, aun como una derivada forma de delincuencia común. Prueba de esto, es el asesinato de Héctor Souto, un adolescente que muere aplastado sistemáticamente –pisoteado en el pecho y abdomen

repetidamente, mientras otros aplaudían y vitoreaban- por un hincha, perteneciente a la barra del club Huracán, apodado Cinco Dedos. La Asociación de Fútbol Argentino (AFA) sancionó a Huracán con seis encuentros; sentencia que luego fue reducida a dos (Romero, 1986). Tal reacción de parte de una institución ante el hecho, demuestra el menosprecio al fenómeno de barras fuertes, como se les conocía en un comienzo. La fecha en que comienzan estas barras no resulta casual:
Si los hinchas de antaño descendían de la inmigración europea de comienzos del siglo XX, la generación de las barras bravas organizadas era la de los hijos de inmigrantes del interior que fueron a habitar el cinturón obrero del Gran Buenos Aires (Sebreli, 1998).

3. La barra organizada y con influencias: Comenzando la década de los ochenta, y tras un enclave crucial de la historia del fútbol en Argentina, el Mundial de 1978, el país vivía cambios considerables; la Guerra de las Malvinas y la eventual caída del Proceso de Reorganización Nacional, marca el comienzo de la democracia en 1983. Para esta década de cambios, las barras bravas ya habían cambiado de igual manera. Con una estructura interna más compleja, y con más formas de percibir ingresos –dentro de las que cabe la reventa de entradas, venta de mercancía, y en algunos casos,
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narcotráfico-, las barras habían logrado crear dentro de sí mismas una institucionalidad, que logró convertirlos en parte de la esfera capaz de tomar decisiones en los clubes. Las barras comienzan a viajar a encuentros fuera del cono urbano bonaerense, e incluso al exterior.
Las barras comenzaron a trasladarse por la facilidad de las comunicaciones, con la complicidad de los dirigentes que les pagaban pasajes y la estadía dentro del país, y al exterior, con los Mundiales, con la Copa Intercontinental14 (extinta) y la Copa América

(Sebreli, 1998). Las barras bravas se han convertido hoy día en senos de criminalidad, negocios ilícitos y corrupción sin mayor control. Para sus dirigentes y figuras más importantes –de las barras-, es su trabajo del día a día. Ellos viven de lo recaudado en reventa de boletos, robos a personas –a veces a pequeños negocios, incluso-, venta de mercancía del club y cualquier otro ingreso que pudiere tener una barra (Sebreli, 1998). Tan importante resulta el fenómeno de violencia, que han logrado acceso a influencia interna de los clubes por los cuales hinchan. Coaccionan a jugadores, técnicos y al mismo club para realizar lo que sea que convenga a la barra en ese momento. Incluso, trasciende del fútbol, la influencia de algunas de las barras más grandes, colándose en la política, a través del apoyo de candidatos de su preferencia; creando así, una forma peculiar de fuerzas de choque, y un volumen capaz de convocar a mítines y discursos a diversa variedad de personas. Si bien las barras bravas son, históricamente, un asunto deportivo, sin alguna ideología como tal, sí existen casos puntuales sobre barras politizadas, con ideologías, usualmente radicales. Es un fenómeno común en otros lugares, donde la violencia en el deporte puede o no jugar un papel fundamental. Casos como las barras de clubes del norte de Alemania, específicamente el Hansa Rostock y Holstein Kiel; o clubes „populares‟ en
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La Copa Intercontinental fue reemplazada por la Copa Mundial de Clubes, donde los campeones de todos los torneos continentales se miden.

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Austria, como el Rapid Viena y Sturm Graz, donde el grueso de barras bravas, por tildarles de alguna manera, suelen estar asociados al neo nazismo. En Italia, los teppisti15 del club romano AS Lazio, son de corte fascista. Ocurre también de parte del comunismo radical, específicamente el caso del Partizan de Belgrado, barra la cual colaboró con el ejército paramilitar serbio en el genocidio croata-bosnio (Foer, 2006, p.53). En Argentina, ocurre en casos puntuales, como la barra brava del club, Tigre, conformada por un grupo de neo nazi. Parte del por qué no suele haber mayor nexo entre grupos políticamente radicales y barras bravas, yace en el caos y la anarquía que suele operar en ellas. “Las barras son demasiado indisciplinadas y caóticas, difícilmente encuadrables en la estructura de un partido y demasiado incultas como para intentar explicar su violencia y xenofobia con una ideología, por más elemental que sea” (Sebreli, 1998, p.59). Hoy día la relevancia de las barras y los hinchas en la dinámica del fútbol argentino resulta innegable y poco probable de cambiar para mejor. Del deporte se pasó al negocio y al crimen; las prioridades de la barra difieren enormemente de las del fanático típico. Para ellos, el ir a un encuentro no es ir a ver el partido, sino a trabajar; la reventa de las entradas, la venta de mercancía, el robar a personas, etc., ocupan lugares más altos en las prioridades de la barra, que el deporte en sí. La violencia generada en el fútbol de parte de las barras bravas e hinchas, es producto de una confrontación entre diversas bandas delictivas armadas, que suelen alentar a clubes diferentes (ver apéndice I). Si bien el enfrentamiento en sí es meritorio de análisis y detenimiento, son los daños y las consecuencias lo que incumben a este trabajo. Suelen ser violentadas áreas públicas o comunes, de las que suelen beneficiarse los
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El equivalente italiano a las barras bravas.

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vecinos de la zona donde se pelea. El caso más típico, suele ser el de las estaciones de buses y trenes, así como los propios medios de transporte; rayados, rasgados y en muchos casos rotos, los enfrentamientos entre distintas bandas dejan destrozos que hacen de las riñas, problema de la comunidad. Otra característica significante es el momento en que ocurren dichos enfrentamientos, si bien poco más de los muertos resultantes de las riñas ocurren después de los partidos (53%), el restante 47% ocurrieron en algún momento antes del partido, durante el juego, o en casos que el partido es cancelado por los enfrentamientos físicos entre las barras (Frydenberg, 2004) (ver apéndice J). Aunado a los enfrentamientos entre barras rivales, surgen también los conflictos internos, entre la alta dirigencia de las barras bravas de un mismo club. En ciertos casos, dichos enfrentamientos no son solo verbales, sino encuentros violentos, en los que igualmente, la infraestructura aledaña suele sufrir serios daños. Ello ocurre por una innata necesidad del conflicto en los hinchas, que, aunado a los considerablemente altos recursos monetarios que están en juego como alto dirigente de una barra, lleva a conflictividad interna; esto hace a las barras aun más difíciles de controlar y predecir, de parte de las autoridades. Es un fenómeno social –y económico, si se consideran los

intereses monetarios tras cada enfrentamiento, de alto peligro para la estabilidad interna de la sociedad. Lo volátil que resultan ser las barras, tiende a ser una amenaza para residentes en sectores de la ciudad cercanos a estadios, quienes han tenido que adaptarse a una presencia constante de dichos grupos. Los enfrentamientos suelen ocurrir por intereses económicos más que por cuestiones políticas. A pesar de ello, no se niega que exista una cantidad
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considerable de riñas de barrabravas con algún motivo político. Si bien es el dinero lo que motiva usualmente a las barras a actuar –principalmente por el hecho que se trata de un ingreso para el grupo de hinchas-, ocurre que la esfera de influencia de las barras suele trascender lo económico, y se transforma en una forma de coaccionar a dirigentes de clubes –incluso de la Asociación de Fútbol Argentino-, para tomar una u otra postura sobre algún tema en particular. Incluso, los enfrentamientos internos cargan un componente

considerable de esto. La lucha por los beneficios económicos de ser líder de las barras son considerables, pero de la misma manera en que ocurre dentro de partidos políticos, los miembros de las barrabravas suelen tener diversas opiniones respecto a quien podría ser electo nuevo presidente, entrenador, etc., del club. La violencia en el fútbol no se trata necesariamente de un fenómeno universal. Si bien existe en la vasta mayoría de los países practicantes del deporte, en pocos suele ser una generalidad, y se trata más bien la excepción. En Argentina, el país con mayor cantidad de muertes por año a causa de pleitos relacionados al fútbol, ocurre de una forma sistemática. El asistir a un encuentro de balompié implica tomar un riesgo que en otros lugares no se catalogaría como ello. La violencia ha pasado de ser la excepción a ser un asunto de seguridad pública. La necesidad de reformas en la forma como se ha venido manejando el asunto ha llevado a este problema social a manos del Estado, quien tampoco ha podido mermar el número de incidencias. Se podría decir que el aspecto violento del fútbol podría condicionar de alguna manera al deporte en el país. Si bien ya se han venido cerrando estadios, produciendo arrestos, etc., los enfrentamientos siguen siendo igual de cuantiosos. Resulta desalentador saber el alcance de la influencia de las
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barrabravas en el ámbito institucional de los clubes. Más que socios, se han convertido en un bloque con suficiente preponderancia en sí como para podérselo remover. Las barras se han convertido pues, en una amenaza para el mismo orden institucional de los clubes a los cuales apoyan.

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Conclusiones:
A lo largo de la historia argentina, han existido dos grandes momentos, en que el deporte fue usado como una herramienta por los gobernantes de turno. Se trata pues, de los años del peronismo y los años del Proceso de Reorganización Nacional, específicamente durante el mandato del General Jorge Videla. Con dos diferentes visiones sobre qué podría representar el fútbol para la sociedad, y por ende, dos formas diferentes de actuar hacia él, ambos regímenes hicieron uso del deporte como una herramienta política de forma tal que merezca ser estudiado y analizado con detenimiento. Los casos previamente expuestos reflejan una intención –en cuanto a Perón, algo banal y retributiva- de utilizar al deporte políticamente. Si bien los mecanismos usados y los fines últimos de ambos períodos difieren enormemente, sí hubo un claro uso de parte de Perón y Videla del deporte, como parte de un programa nacional, cuyo fin político era fortalecer la solidez popular del régimen. El peronismo es un momento histórico de suma importancia en el desarrollo de Argentina. Si bien dejó un legado positivo –sistema de hospitales públicos, bibliotecas, infraestructura de diverso uso, etc.-, dentro de los cuales encajan triunfos deportivos en diversas áreas, como el automovilismo, el boxeo, entre otros; no puede negarse a expensas de qué se logró dicho legado. La persecución política de opositores al régimen peronista, así como el despilfarro de las reservas con las que se contaba. Argentina pasa de ser una de las más importantes economías del mundo, a ser un país promedio de América Latina. Otro aspecto determinante del peronismo, era una necesaria creación de una nueva concepción sobre lo que era Argentina. Dicho juicio resulta relevante al estudio que realizamos, dado que el deporte, como medio de
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obtención de un físico envidiable, jugaba un papel de suma importancia cultural en la „Nueva Argentina‟ peronista. Se trata de desligar en todos los aspectos al turbulento pasado, sobre el cual Perón parecía un resplandor de estabilidad interna. Dado esto, junto con otros factores, se iría forjando en la sociedad la creación del mito Perón. En cuanto al uso del fútbol durante los años de mandato de Videla, específicamente 1978, el año del Mundial auspiciado por Argentina, tenía una intención meramente política. Se invirtió una suma siete veces superior a la invertida por España, cuatro años antes. El Mundial representó para la Junta de gobierno, la oportunidad de al menos intentar limpiar su imagen ante el mundo. Hubo fuertes denuncias y rumores sobre la violación sistémica de los Derechos Humanos en Argentina, a manos del gobierno. En fin, para el Proceso de Reorganización Nacional el Mundial fue la oportunidad perfecta para contraatacar y hacer parecer infundadas las acusaciones sobre violaciones de Derechos Humanos, hechas por diversas organizaciones, tanto dentro como fuera de Argentina; así como lograr unificar, bajo el nacionalismo implícito que surge durante un Mundial de selecciones nacionales –que solo puede ser magnificado si el Estado decide repartir banderas y decorar calles y plazas con colores patrios- a toda la sociedad, evitando así roces o tensiones mayores ante extranjeros en el país. Tal unión que vivió la nación entera durante el mes que duró el Mundial, le garantizó el futuro inmediato al régimen. En el desarrollo histórico del fútbol en Argentina, puede verse un claro proceso de penetración del deporte en las masas; comenzando como una actividad practicada por extranjeros pudientes, el fútbol logra convertirse en el deporte más popular y de mayor juego en toda la Argentina, en aproximadamente un siglo. Y a través del balompié, pueden realizarse estudios sobre diversos fenómenos, si bien universales –presentes
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prácticamente en todos los países-, con la particularidad de su desarrollo en tierra argentina: la delincuencia organizada, el problema de la educación, las limitantes socioeconómicas, los roces inter clases, así como el legado histórico de un pasado particularmente turbulento e inestable, por mencionar algunos. La dinámica deportiva argentina resulta única si se considera el alcance que logra tener el deporte dentro de la sociedad y la política local. Si bien el fútbol –por el volumen de dinero que involucra y la popularidad que como deporte tiene- de por sí es un factor atractivo para esferas de poder dentro de la política del balompié, es decir, todo el aparato institucional que yace en la FIFA y las seis confederaciones regionales que existen, son contados los casos en que el deporte suscite relevancia en el escenario político de alguna nación; y por lo palpable del caso argentino, éste resulta un fenómeno único. En Argentina, existe una gran diversidad de talento deportivo, en un gran conjunto de disciplinas, pero a pesar de ello, pocos son los eventos que logran desplazar al fútbol como tema central de discusión. A pesar de la violencia que en torno al fútbol se genera, no deja de representar una oportunidad para surgir y salir de las villas miseria para varios jóvenes en las principales ciudades argentinas. Claro está que no ha de ser el único medio de movilidad social disponible en la sociedad, pero es, al menos, un desahogo para quienes cuentan con la capacidad y el talento de poder surgir como atletas profesionales; y aun para quienes no logran convertirse en jugadores de algún club de fútbol, sigue representando un lugar donde la realidad suele quedar en el segundo plano, desplazada por el deporte. No ha perdido la capacidad de congregar gente, ni de llenar de euforia a la sociedad entera.

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Dentro de toda la manipulación política que ha recibido, así como de la violencia de ella surgida, no ha cambiado de manera substancial el fútbol, desde la época en que fue traído por los ingleses a mediados del siglo XIX; y a pesar de los avances y retrocesos a lo largo de la historia, el fútbol permanece –y todo pareciera indicar que permanecerá-, como una de las pocas constantes socio-políticas en Argentina.

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(n.d.).

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62

Apéndice A:

http://www.efdeportes.com/efd132/violencia-y-muertes-en-el-futbol-argentinoestadistica.htm

63

Apéndice B:

http://www.efdeportes.com/efd132/violencia-y-muertes-en-el-futbol-argentinoestadistica.htm

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Apéndice C

Portada de Mundo Deportivo, en su edición 246 (Diciembre, 1953)

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Apéndice D
Lista con algunas de las medidas tomadas por el Proceso de Reorganización Nacional, así como el porcentaje de las víctimas de persecución, según profesión. (Tomado de la página web del Ministerio de Educación argentino, www.me.gov.ar)

1. Suspende la actividad política 2. Suspende los derechos de los trabajadores. 3. Interviene los sindicatos. 4. Prohíbe las huelgas. 5. Disuelve el Congreso. 6. Disuelve los partidos políticos. 7. Destituye la Corte Suprema de Justicia. 8. Interviene la CGT. 9. Interviene la Confederación General Económica (CGE). 10. Suspende la vigencia del Estatuto del Docente. 11. Clausura locales nocturnos. 12. Ordena el corte de pelo para los hombres. 13. Quema miles de libros y revistas considerados peligrosos. 14. Censura los medios de comunicación. 15. Se apodera de numerosos organismos. Distribución de desaparecidos según profesión u ocupación
Obreros......................................................................................... Estudiantes................................................................................... Empleados.................................................................................... Profesionales................................................................................. Docentes....................................................................................... Conscriptos y personal subalterno de las Fuerzas de Seguridad........................................................... Amas de casa............................................................................... Autónomos y varios........................................................................ Periodistas.................................................................................... Actores y artistas........................................................................... Religiosos..................................................................................... 30,0% 21,0% 17,8% 10,7% 5,7% 2,5% 3,8% 5,0% 1,6% 1,3% 0,3%

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(Informe de la Conadep, Nunca Mas, Eudeba, 1984)

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Apéndice E

Publicidad Oficial publicada en la edición del 5 de Septiembre, 1979, Diario la Prensa.

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Apéndice F:
Nombre "Argentino/s" "Unidos", "Defensores", "Unión" "Estudiantes", "Estudiantil", "Juniors", "Juventud" Deporte, competencia Nombres ingleses Nombres ni ingleses, ni argentinos Fechas patrias y personajes de la historia argentina Lugares Religión, Política, "Porteño", "Central", "FFCC", "Buenos Aires"
Los nombres de clubes existentes. 1907. Fuente: Sección deportiva del diario "La Argentina"

Porcentaje 6% 8% 15 % 6% 9,6 % 8% 19 % 25 % 3,4 %

http://www.efdeportes.com/efd2/22jdf13.htm

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Apéndice G:

A. B.

C. D. E. F. G. H. I. J. K. L. M.

N.

Próceres nacionales Nombres extranjeros no ingleses Inglés Gimnasia y Esgrima Buenos Aires El... Establecimientos educativos Juniors Estudiantes Política Defensores Unión Unidos Argentinos

Los nombres elegidos a través del tiempo. Fuentes: Historias del fútbol argentino. Diarios: El Diario, La Nación y La Prensa.
http://www.efdeportes.com/efd2/22jdf13.htm

70

Apéndice H:

GBA: Gran Buenos Aires

71

http://www.efdeportes.com/efd132/violencia-y-muertes-en-el-futbol-argentinoestadistica.htm

72

Apéndice I:

La rivalidad referente a los clubes en cuestión. Regular, es la condición en que no existe mayor connotación al partido. Clásico se refiere a los encuentros entre equipos rivales, como Boca Juniors- River Plate, por ejemplo. Rivalidad se refiere a la existencia de eso mismo entre dos clubes, pero que no logra ser lo suficientemente exacerbada para ser considerada un clásico.

http://www.efdeportes.com/efd132/violencia-y-muertes-en-el-futbol-argentinoestadistica.htm 73

Apéndice J:

http://www.efdeportes.com/efd132/violencia-y-muertes-en-el-futbol-argentinoestadistica.htm

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Apéndice K

Bendito y Maldito el Fútbol (Comercial de Cerveza Quilmes, 2006) Bendito sea el Mundial con el que soñamos Bendito cada nombre que ha sido designado Benditos los pibes que siempre sacamos El peso de la historia, el respeto ganado Malditos sean los recuerdos dolorosos Maldita la impotencia y la injusticia que vivimos El volvernos a casa cada uno por su lado Las finales sin jugar, el quedar en el camino Bendita la anestesia generada por los dolores Las tristezas que curamos con abrazos Las gargantas que se rompen por los goles El sentirnos los mejores por un rato Malditos los sorteos y los grupos de la muerte Los controles sin azar que signaron nuestra suerte Malditos los mezquinos que juegan sin poesía Los que pegan, los que envidian Los que rompen y lastiman Bendito sea el orgullo con el que entramos a la cancha El porte y la pelota no se manchan La TV que repite la gambeta Inflar las redes de los otros Inflar el pecho de los nuestros Merecer la camiseta Los turistas, los cronistas Los sponsors, los amigos El himno, las mujeres siguiendo los partidos Benditas las cábalas que dan resultado Las risas y el llanto que guardaremos tanto Y bendito ese momento que nos regala el futbol De poder cambiar nuestro destino Sentir otra vez y frente al mundo Lo glorioso, lo groso De ser argentino

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Al tratarse de publicidad, el comercial estaría dirigido a un sector particular de la población. Con el tono nacionalista relativo al fútbol, la principal porción poblacional a la que se le dirige el mensaje es a quienes siguen de cerca a la selección nacional, típicamente una población masculina, de dieciocho años en adelante –dada la naturaleza del producto-, con interés en el fútbol. Se apela a la emotividad que genera el fútbol en la población.

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