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Facultad de Estudios Jurídicos y Políticos

Escuela de Estudios Liberales

Análisis Político- Social del Rol Cumplido por el Fútbol en Argentina a lo


Largo del Siglo XX

Daniel Cadena Jordan


Tutor: Jorge Portilla
Caracas, enero de 2010
Contenido

Resumen i
Introducción 1
Capítulo I. Relación del Fútbol y la Política
I.1 Sociedad- Fútbol- Gobierno 7
I.2 General Juan Domingo Perón 16
I.2.1 Aporte Peronista al Deporte 18

I.2.2 Aporte del Deporte al Peronismo 20


I.3 P. R. N., presidido por el General Jorge Rafael Videla 24
Capítulo II. El Fútbol y la Sociedad
II.1 Evolución del Fútbol: de la Élite, al Pueblo, a la
Globalización 33
II.2 Fenómenos de Hinchas y Barrabravas 40
II.2.1 Hinchas 41
II.2.2 Barrabravas 45
Conclusiones 53
Bibliografía 56

Apéndices 59

2
Resumen

ANÁLISIS POLÍTICO-SOCIAL DEL ROL CUMPLIDO POR EL FÚTBOL A LO


LARGO DEL SIGLO XX EN ARGENTINA

Autor: Daniel Cadena Jordan

Tutor: Jorge Portilla Caracas, enero 2010

El fútbol ha llegado a jugar un papel considerable en la dinámica


socio-político argentina, y a través de ella, se ven reflejados diversos
aspectos de la cotidianeidad de los argentinos. Mediante un estudio del papel
político cumplido por el fútbol durante dos momentos de suma importancia en
la historia contemporánea argentina, como lo fueron los años del peronismo,
y el Proceso de Reorganización Nacional, se busca analizar qué rol cumplió
el fútbol en dichos momentos.

También, se vislumbran diversos asuntos sociales, que vistos a través


del balompié, resulta posible ahondar en ellos. Problemas como la violencia
en el fútbol, y sus más relevantes partícipes –hinchas y barrabravas-; el
conflicto entre las clases socio-económicas, y un problema de educación en
los sectores más pobres, son reflejados de la fenomenología del fútbol en
Argentina.

3
Introducción
La realidad de un país resulta de la conjunción de múltiples factores:
económicos, sociales, políticos, culturales, entre otros. Cada uno de ellos
puede desagregarse en subfactores que, de un modo u otro, conforman la
identidad de una nación. Nuestro estudio se concentra en un deporte, el
fútbol, el cual, en países del cono sur y, particularmente en Argentina, tiene
una gran importancia para la sociedad, la economía y la política.

Aunque hay otros antecedentes al respecto en el mundo, el fútbol va más


allá de ser un simple deporte en Argentina. En efecto, se trata de un
fenómeno que suscita una pasión muy acentuada en vastos sectores de su
población. Ello no pasaría de ser un dato novedoso o curioso si no fuera
porque sus efectos se hacen sentir con tanta intensidad en ámbitos sociales,
culturales, económicos y políticos que se suscita el siguiente fenómeno:

a. Se desarrolla un uso secundario, por así decirlo, del balompié,


dirigido a cumplir propósitos particulares distantes de la mera
actividad deportiva.
b. Se produce una fuerte correlación entre los sectores nombrados y
la práctica del deporte, de modo tal que el fútbol afecta dichos
ámbitos, pero estos también inciden en él.

Estos efectos y sus vinculaciones mutuas, conformarán el tema de


estudio de este trabajo.

En Argentina, resulta poco frecuente el caso de alguna persona que no


demuestre simpatía hacia un equipo en particular; o su equivalente, la
antipatía por un equipo o equipos particulares. Tampoco es común conocer a
una persona que no conozca sobre la realidad futbolística local, con matices
en cuanto a la imparcialidad y la profundidad asumidas dentro del juicio de
individuos. Tanto el público como los medios de comunicación se nutren de

4
noticias sobre la actualidad de cada club en las principales divisiones del
sistema futbolístico argentino.

Tal producción de noticias, perfectamente normal en otras comunidades,


alcanza en ese país alturas muy significativas. La vida del jugador se explora
a niveles solo apreciados en la prensa especializada del mundo del
espectáculo. Esto se debe, en parte, a la exposición que los jugadores
reciben a los medios comunicacionales. No es de extrañar que la
superposición de estos dos mundos –futbolistas vinculados a estrellas y
viceversa- sea más común de lo que pudiera esperarse. Cuantitativamente,
se verifica una espiral creciente que se retroalimenta: el público quiere más
información, la prensa la produce, el público más informado requiere más
información.

Es difícil encontrar una influencia mayor de una actividad recreativa que


la que produce el fútbol. No por nada es el deporte más popular del mundo y
esa influencia es perceptible de forma casi universal; si bien el caso
argentino es muy singular, dado su alcance, existe una presencia mundial del
fútbol. Prueba de ello, la cantidad de federaciones nacionales inscritas en la
Federación Internacional de Futbol Asociado (FIFA) – el ente institucional
mundial del fútbol-, presente en 213 países (veinte más que las Naciones
Unidas).

Esa singularidades propias del caso argentino nos motivaron a


seleccionarlo como tema de estudio, ya que los ámbitos de influencia y la
tipología de ésta, coinciden perfectamente, a nuestro juicio, con aspectos
socio-políticos, culturales y económicos que conforman el campo donde se
desenvuelve o debiera desenvolverse, un egresado de la carrera de Estudios
Liberales.

La realidad argentina presenta un panorama en el que el fútbol toma cada


vez más protagonismo, en parte alentado por los medios de comunicación al
5
describir –a veces con un altísimo nivel de detalle- y transmitir las actividades
previas de los partidos, las propias de los juegos y los comentarios
posteriores al mismo. Más allá de la dinámica mediática que tiene el fútbol, la
influencia que logra tener el club de fútbol, y su grupo de seguidores
incondicionales divididos en hinchas (es decir, “fanáticos”, para nosotros) y
barras bravas (grupos de fanáticos desaforados) por Juan José Sebreli
(1998) en la sociedad Argentina, suelen convertir los cotejos futbolísticos en
escenarios en los que se promueve el conflicto verbal e, incluso, la
confrontación física.

Estas barras representan un problema socio-deportivo complejo y llegan


a ser, socialmente repudiables. Destruyen vehículos, vitrinas, etc.; agreden a
simpatizantes de otros clubes o, simplemente, a quien se cruza en su
camino. Generan violencia, acosan, roban, molestan, ensucian. El ciudadano
decente desea evitarlas: un modo de lograrlo es no estar cerca de los
estadios en los momentos deportivos.

Aparentemente, podrían combatirse policialmente o, lo que es un reclamo


para muchas otras cosas, elevando las condiciones socio-económicas o
culturales, estas últimas por vía de la educación –a través de la educación se
generarían soluciones de gran alcance, dada la universalidad de la
educación primaria en Argentina, así como soluciones a largo plazo-.

Pero la complicación es mayor cuando se observa el apoyo que brindan a


estas “barras bravas” los propios clubes deportivos. En efecto, desde la
provisión de entradas gratuitas para que ellos las revendan, hasta la
permisividad ante delitos o cuasi delitos, las instituciones formales de ese
deporte estimulan de algún modo la existencia de estos grupos. Algunos
clubes suministran fondos para que las barras se presenten en otros
estadios, con las posibles consecuencias que son de esperar. Incluso, lo
descrito suele ocurrir con las barras en encuentros de la selección nacional;

6
entradas son otorgadas a diversos cabecillas de las barrabravas para su
distribución. Los pasajes, la estadía y el transporte suelen ser auspiciadas
por la misma AFA, Asociación de Fútbol de Argentina.

Como contrapartida, las barras influyen en decisiones sobre adquisición o


no de jugadores, remoción o permanencia de directores técnicos y hasta de
dirigentes de los clubes. Sería ingenuo no pensar en la conveniencia que
pueden encontrar en aprovechar estas presiones personeros de las
dirigencias de los clubes. Se forma así un circuito que se retroalimenta
mutuamente entre intereses internos de los clubes e intereses de los
componentes de los grupos informales –barras-.

La constante querella entre diversos bandos, puede relacionarse con la


evolución histórica latinoamericana, en la cual la violencia ha jugado un papel
de importancia para el desarrollo o el atraso de cada nación y ha hecho de la
coerción una presencia. En el caso puntual de Argentina, también la violencia
está presente a lo largo de su desarrollo histórico, desde los períodos
independentista y post-independentista. Tal dinámica siguió presente incluso
bien adentrado el siglo XX, siendo el Proceso de Reorganización Nacional,
que gobernó en la década de 1970 y parte de la de 1980, el ejemplo más
reciente de violencia sistemática.

Todos estos análisis sociológicos representan el sustento para poder


desarrollar el tema de la influencia mutua entre ese deporte y la política,
preocupación central de nuestro trabajo.

Para lograr analizar el fenómeno socio-político del fútbol a lo largo del


siglo XX, se tiene que analizar el rol cumplido por dicho deporte desde su
llegada a Argentina. Por ello, un análisis de su evolución histórica, así como
un estudio del uso político dado por el gobierno –particularmente los casos
del General Juan Domingo Perón y del Proceso de Reorganización Nacional,
presidido por el General Jorge Videla- es menester.
7
Ambos Generales a cargo del gobierno argentino, en dos momentos
históricos diferentes, hicieron uso del fútbol como una herramienta
propagandística, dedicándole una cuantiosa cantidad de recursos para su
desarrollo y fomento. A pesar de las similitudes en cuanto a la finalidad
política del fútbol, los métodos empleados por ambos presidentes difiere de
manera considerable.

Para el General Perón, el deporte era parte fundamental de su visión de


la Nueva Argentina, término que titula el proyecto político del peronismo. En
cambio, durante los años del Proceso de Reorganización Nacional, fue
evidente el interés en promover particularmente una excelente organización
de un Mundial de Fútbol en el año 1978, con fines propagandísticos. El
triunfo de la selección argentina en dicho torneo, de una manera u otra,
confirma el inmenso apoyo y aúpe recibido de parte del Estado.

Consecuentes con estas apreciaciones, procuramos analizar la influencia


del fútbol en la sociedad argentina y viceversa. Según lo adelantado,
consideraremos factores políticos, mediáticos, etc., influyentes e influidos
respecto al binomio fútbol-sociedad argentina.

Más específicamente, el objetivo general de este trabajo será analizar e


interpretar el rol político y socio-cultural del fútbol en la sociedad argentina
del siglo XX. Se busca lograr dicho objetivo partiendo del estudio de
aspectos particulares de la sociedad argentina y su cultura, así como del
análisis de momentos específicos en la historia política de Argentina. En ese
sentido, el trabajo se divide en los siguientes capítulos:

1. La relación del deporte y la política


a. Relación sociedad- fútbol- gobierno.
b. El deporte durante el Peronismo.

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c. El Campeonato Mundial de Fútbol de 1978, durante el mandato del
Proceso de Reorganización Nacional, presidido por el General Jorge
Rafael Videla.
2. La relación sociedad- deporte en Argentina a lo largo del siglo XX.
a. Los tres momentos del fútbol en Argentina: actividad elitista y foránea;
deporte popular y desligue de la élite; masificación del fútbol.
b. El fenómeno de las barras bravas y los hinchas.

Uno de los apoyos fundamentales de nuestro trabajo lo constituye el


aporte de Juan José Sebreli, particularmente en su obra La Era del Fútbol
(1998), donde el autor, mediante una relación interdisciplinaria entre la
filosofía y las ciencias sociales estudia a la sociedad argentina en su
cotidianeidad.

En la realidad de la política argentina, también pueden verse nexos


entre el fútbol y el desarrollo político argentino, más allá del propio
funcionamiento institucional que existe en el balompié.

Dichos nexos suelen darse en diferentes niveles; figuras de


importancia y relevancia política han tenido vínculos con el fútbol. Tales
vinculaciones han tenido efecto sobre el deporte. Así como líderes de clubes,
como presidentes, que pudieron usar el fútbol como una base sobre la cual
construir una carrera política. Y ocurre también, en un ámbito menos formal,
como el mundo de las barrabravas, donde ha habido contactos entre líderes
de hinchadas y personajes político- jurídicos.

Por ser un tema que cubre una realidad compleja y relativamente poco
estudiada, la crítica se va a fundamentar principalmente en la evolución
histórica del fútbol en Argentina, y en la relación del fútbol con la sociedad,
dentro de la cual ocurre el aspecto violento descrito previamente. Aunado a
ello, el trabajo tratará el desarrollo socio-político del fútbol.

9
Capítulo I: Relación del Fútbol y la Política

Sociedad-Fútbol- Gobierno:
No resulta novedoso anunciar que el fútbol representa un elemento de
considerable importancia para la sociedad argentina, en particular para los
sectores de menor poder adquisitivo. “Según encuestas, entre los diez
programas de televisión argentina de mayor audiencia figuran siete de fútbol“
(Sebreli, 1998).

Tal deporte pareciera tener sobre la sociedad un efecto casi místico,


en cuanto a lo que representa para las personas. “Las características de la
ceremonia religiosa se mantienen en la principal forma de juego del siglo XX:
el fútbol” (Sebreli, 1998). La habilidad de congregar personas en un estadio,
cancha, etc. que tiene el fútbol, resulta similar a la capacidad de la iglesia de
congregar feligreses todos los fines de semana. No solo la similitud en
cuanto a capacidad de congregación de multitudes, sino también en la
habitual estructura –el ritual- que acompaña dicho juego: la llegada al
estadio, el congregarse en las graderías, alentar con cánticos e himnos al
equipo, y el retirarse del estadio.

Más allá de las similitudes ritualistas, también existe un parecido en


cuanto a lo que viene a ser el fútbol para los estratos más pobres. Para las
clases más bajas, la religión formal no parece formar parte de su formación
integral. Más bien, son las clases pudientes las que profesan comúnmente su
fe, mientras que las más humildes dedican su tiempo de ocio a actividades
banales, tales como el fútbol.

Es importante destacar que la asistencia escolar de estos niños y jóvenes (de las clases
de mayor pobreza), si bien es prácticamente universal en los primeros años de estudio,
comienza a decrecer significativamente a partir del 7° grado/ año de estudios. La
deserción escolar de los jóvenes y adolescentes sin duda aparece como un fenómeno
asociado fuertemente a las condiciones de pobreza. Los porcentajes de finalización del
nivel secundario son ejemplo de este fenómeno y de las desigualdades sociales vigentes.

10
De los alumnos que pertenecen a las familias con menores recursos, sólo el 27,3%
termina el colegio mientras que en los alumnos de clase media lo hace el 73,1%
(Kochen, 2005).

Queda claro queda que la pobreza sí influye sobre la educación,


logrando condicionarla e incluso limitarla. Parte de esto podría atribuirse a la
necesidad de recursos que tienen las familias menos pudientes, por lo que
se promueve la búsqueda de un trabajo de baja remuneración y de carácter
temporal –usualmente-, en vez de incentivar la permanencia en la escuela.
El Programa Nacional de Inclusión Educativa „Todos a Estudiar‟, puesto
en funcionamiento durante el gobierno de la Presidenta Cristina Fernández
de Kirchner, busca trabajar en torno a lo que se denomina la situación de los
jóvenes –aludiendo a los motivos por los que se suele abandonar la escuela-.
Tal situación hace mención de dos ejes centrales, causantes de la deserción
educativa:
1. Causas externas a la escuela las carencias que traen consigo los estudiantes
de clases bajas, principalmente. Dichas carencias juegan un papel
determinante en la decisión de los padres de los estudiantes al momento de
elaborar el presupuesto de gastos, usualmente relegando la educación de
sus hijos a segundo plano. Incluido en este eje, también está la posible
necesidad de buscar un trabajo desde una temprana edad. (Kochen, 2005,
p.19).

2. Causas internas de la escuela:


Podría decirse que la fragmentación entre la cultura escolar y la cultura de
los jóvenes se profundiza en las instituciones que atienden a sectores
populares, en la medida en que aumenta la distancia entre sus códigos,
sus costumbres y principalmente sus horizontes (Kochen, 2005).

11
El rol histórico de la escuela como la institución destinada a la producción, apropiación y
distribución de los bienes culturales de una sociedad determinada ha cambiado. En la
actualidad, la escuela no detenta el monopolio de estas funciones (Kochen, 2005).

Aunado al fenómeno de pobreza en Argentina, existe también otra


constante de la región latinoamericana, que entra en juego como un
elemento que trata de solucionar temporalmente el problema de la pobreza,
lo que logra ocasionalmente es más bien crear ciudadanos dependientes del
Estado. Nos referimos al fenómeno del paternalismo de Estado.
Si bien es la intención tratar de solventar el problema, ocurre que no
siempre lo logra. En la Argentina, el Estado cumple un rol de facilitador de
recursos a las poblaciones menos favorecidas, buscando con ella una
repartición más equitativa y justa de las riquezas nacionales. Si bien sí existe
una deuda social dentro de la sociedad argentina –como en la mayoría de las
sociedades suramericanas y centroamericanas- , tales acciones solo logran
fomentar el paternalismo libertario, filosofía política basada en la presunción
de que el Estado puede ayudar al ciudadano a tomar las decisiones que éste
hubiera elegido con mayor fuerza de voluntad y conocimientos (Sunstein &
Thaler, 2003).
La asistencia social brindada por los Estados ha logrado darle
soluciones de carácter inmediato a las personas más necesitadas, pero ha
fallado en brindar verdaderas soluciones, que fomenten la movilidad social, el
acceso a mejoras substanciales en la calidad de vida, y que no exista la
necesidad de un sistema de asistencia material a sectores inferiores. Solo ha
logrado crear una distribución algo más equitativa de bienes materiales, no
de acceso al conocimiento o información; igual oportunidad en el mercado
laboral.
Dentro de toda lo referente a la pobreza, el problema de la movilidad
social, que en el caso suramericano en general requiere esfuerzos y
sacrificios enormes lograr ascender, cuenta con una carencia de

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oportunidades para verdaderamente abandonar la condición de pobreza. El
fútbol en Argentina ha logrado convertirse en parte de la dinámica socio-
económica, a través de la creación de espacios de movilidad, previamente de
menor alcance. Si bien no es ni debe ser la solución última para lograr la
creación de oportunidades, logra ser el comienzo, dándoles oportunidades a
personas que previamente no contaban dichas oportunidades. Casos de
futbolistas, que salen de los círculos sociales de peor ingreso y calidad de
vida, y se convierten en figuras populares existen en cantidades
considerables.
Jugadores de fútbol como Diego Armando Maradona, campeón en el
Mundial de Fútbol de 1986 y Mario Kempes, campeón en el Mundial de
Fútbol de 1978, entre otros casos, comparten el haber nacido en el seno de
familias humildes, incluso –en ciertos casos- salidos de las denominadas
villas miseria –agrupaciones urbanas marginales observables en los
cinturones de miseria de las ciudades importantes latinoamericanas.
Si bien brinda la oportunidad económica de salir de dicha condición de
pobreza, no solía acostumbrarse que los clubes, donde los jugadores
jugaban, aportaran algo más que un salario para ellos.
A partir de la década de los noventa, una ola de creación de
instituciones dentro de los diversos clubes de fútbol en Argentina tuvo lugar.
Tales instituciones buscaban complementar y mejorar los estándares de vida
de los niños, que en sus categorías inferiores militan; así como para
devolverles algo a las comunidades, de donde proceden sus jugadores
inscritos y donde se ubica el estadio. Ejemplo de dichas instituciones podrían
ser las fundadas por el Club Atlético Boca Juniors, bajo la dirección de
Mauricio Macri, en los noventa. Hoy en día existen programas de apoyo
escolar; talleres de recreación para jóvenes de distintos colegios, comedores,
hogares de infancia, etc.; así como la creación del programa Los Chicos
Xeneizes, que es un acuerdo firmado entre el C.A. Boca Juniors y la
Fundación SOS Infantil (Club Atlético Boca Juniors, 2006).
13
Entonces, tales frustraciones –desempleo, una carencia de
oportunidades para surgir, carencia de recursos, entre otros- parecen ser
comunes denominadores en quienes van a los partidos y pertenecen a
sectores sociales desfavorecidos. Sumado a esto, un pobre desarrollo
espiritual –debido a la baja importancia que se le asigna- , se tiene a un
conjunto de personas que ha quedado estancada en su clase social, sin
mayor interés en tratar de mejorar sus estándares de vidas. La cancha de
fútbol se convierte así en un lugar idóneo para descargar tensiones del día a
día; resulta una especie de válvula de escape.
El sentimiento de pertenencia resulta primordial en el ser humano. El
sentirse miembro de algo es un instinto que poseemos como especie, pues
al fin y al cabo somos animales sociales. Dado que las clases bajas tienden a
sufrir serio rechazo de parte de las más altas, nacen tensiones sociales, que
en el caso de las clases más bajas, derivan en presiones externas.

Entonces, en un estadio, donde acuden miles de personas que sufren


del mismo síndrome de presión y tensión social, se logra crear un ambiente
en el que el pobre se siente parte de algo, quizás por primera vez en su vida.
Esto genera en él más que una sensación de pertenencia, sino también el
querer defender a su estadio y a su equipo contra lo externo, sean distintos
clubes, otras clases sociales, etc.

Si bien los mismos fanáticos1 son los que llevan a cabo destrozos de
los estadios, parte de esto podría ser atribuido al fervor con el que
presencian los juegos. Suele no importarles el bienestar ajeno, o siquiera el
propio. Al momento de anotar un gol, tal euforia lleva a asaltos contra el

1
Se tiene que aclarar que el uso de la palabra fanático hace referencia especial a los que obran en
estado de fanatismo durante un juego. Sujetos que se denominan tal, son personas que entran en un
estado de fervor y euforia, donde suelen convertirse en quienes obran sin uso de la razón alguna.
Ejemplos de tales fanatismos, trepar la alambrada, sin importar rasgarse las vestimentas o cortarse
con las púas; destrucción del mismo estadio, etc.
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estadio, causando serios daños. De igual manera ocurre cuando se recibe un
gol. La frustración o euforia se apodera del intelecto, llevando a los sujetos a
obrar sin pensar verdaderamente en sus acciones, y menos aun en sus
consecuencias.

Podría considerarse al sentimiento de pertenencia como una posible


causante de la violencia y el rechazo a lo ajeno, que logra ser transmitida
física y verbalmente por los hinchas y los barrabravas. La destrucción es
producto de la violencia, que es un reflejo de una frustración no resuelta.
Cuando se atacan a trenes, buses, carros, aceras, fachadas de edificios,
etc., se refleja una innegable insatisfacción por el status quo, por la sociedad
que los ha rechazado continuamente.

Tal desprendimiento de propiedad pública y colectiva es evidencia de


una clara insatisfacción con dicha sociedad; pues al atacar sus medios de
transporte, sus calles, casas, establecimientos, etc., logran satisfacer una
necesidad de venganza contra quienes los han rechazado, humillado,
desprestigiado. Se debe recordar que el problema de la violencia del fútbol
en Argentina es un asunto de suma importancia.

Cada año –en promedio- mueren entre 3 y 4 personas en


enfrentamiento de barras, o por acciones de represalia de la policía a dichos
enfrentamientos. Un total de 224 muertes se han registrado desde que se
comenzaron a contar las muertes en la denominada lista negra, en 1939
(Diario la Provincia, 2008). De tal magnitud resulta el fenómeno de la
violencia en el fútbol, que hoy en día ya existe una organización cuyo fin es
“un fútbol sin violencia ni corrupción” (Salvemos al Fútbol).

Ante tal alcance del uso de la violencia en el fútbol como válvula de


escape para las tensiones vividas por los ciudadanos de menores ingresos,
cabe la interrogante de por qué no se le ha dado suficiente estudio al fútbol
como un claro fenómeno social.
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“Cuando un deporte comienza a importarle a miles de millones de
personas, deja de ser sólo un deporte” (Giullianotti, 1999). Si dentro del
accionar del fútbol en un país se producen acciones que tienen efectos fuera
del deporte, es porque para tal sociedad, dicho deporte en particular pudiese
traer consigo una connotación y un valor social propio. Un ejemplo contrario
a lo que representa el fútbol para Argentina, podría ser el béisbol en
Venezuela: si bien es el deporte más popular, con una asistencia de par de
decenas de miles de personas por juego, no es algo que traspasa a lo social,
mucho menos a lo político. Solo en contadas ocasiones el béisbol en
Venezuela ha servido como válvula de liberación –la más reciente siendo el
coreo de „y va a caer, este gobierno va a caer‟ durante los encuentros-. No
se busca decir que no cuente con una connotación cultural, pues sí la tiene.
Al ser el deporte nacional, resulta lógico que tenga cierta relevancia cultural.

Lo que se expone, es cómo en el caso de estudio, el fútbol y todo lo


que lo rodea –su violencia, el misticismo que dentro de sí hay, etc.-
trasciende la barrera de lo deportivo y logra convertirse en un asunto político-
social. Entonces, tales hechos, que parten del fútbol como tal, le dan una
significación importantísima a la vida de las clases bajas, en particular –no
olvidando que la clase media y alta siguen y practican el deporte, pero con
menos rigor y fanatismo que las clases más pobres-. Convierten al fútbol en
mucho más que un deporte. Representa un lugar –tanto abstracto (idea de
pertenencia en sí) como tangible (el estadio, el club de fútbol)- al que
pertenecen, un hogar si se quiere, donde se sienten protegidos.

Tal apego de la población por el fútbol es un elemento que ha podido


ser capitalizado políticamente por diversas figuras políticas en el transcurso
de la historia contemporánea argentina. Los políticos han sabido ver al
balompié como un capital político importante. No necesariamente en una
relación directa con algún club –asunto muy bien manejado por quienes
opten a cargos públicos, pues el ir por un equipo automáticamente excluye ir
16
por otros-, pero sí en darle cabida dentro de los discursos, lemas, e incluso
consignas. Un ejemplo de esto podría ser la fotografía del futbolista Diego
Maradona junto al ex presidente Carlos Menem. A pesar de ser conocido
como un hombre de la izquierda, Maradona posó al lado del hoy día ex
mandatario, ligado con partidos de centro-derecha.

Luis Elías Sojit, el showman deportivo, databa de la época peronista, y fue el primero en
advertir las grandes posibilidades de fusionar el fútbol con la política. Su sentido de
propaganda política lo convirtió en pequeño Goebbels del deporte argentino (Sebreli,

1998).

Más allá de campañas electorales y discursos, siempre ha existido un


interés dentro del gobierno –local y nacional- en el fútbol como fenómeno
social. La simbología y lo mítico que yace dentro del deporte es algo
manejado con sumo cuidado para el beneficio del gobierno, a veces logrando
hacer difícil diferenciar qué es relativo al fútbol y qué es relativo a lo político.

Incluso, muchos dirigentes de clubes de fútbol ven sus cargos de


presidentes de una institución partícipe en la actividad que mayor interés
despierta en la sociedad como el propulsor perfecto para una carrera en la
administración gubernamental (Sebreli, 2008). Un caso reciente y de
cobertura mediática considerable –en parte por los éxitos logrados- es el de
Mauricio Macri, ex presidente del Club Atlético Boca Juniors, hoy día alcalde
de Buenos Aires.

Apartando el uso del cargo presidencial en un club como herramienta


política de algunos, los intereses políticos dentro de los clubes, como en los
gobiernos, genera diversas rivalidades, las cuales desembocan –
usualmente- en confrontaciones entre diversos sectores de las barrabravas.
Si bien no resulta siendo la totalidad, siquiera la mayoría de los
enfrentamientos entre hinchadas, el 10% de los enfrentamientos es producto
de rivalidades internas (Frydenberg, 2004) (ver apéndice A).

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Podría considerarse aceptable dicha utilización del fútbol de parte de
entes gubernamentales, si la retribución política al fútbol fuese igual de
provechosa. Resulta, en la práctica, que a pesar de ser autoridades
dirigentes, y considerando toda la violencia que rodea al fútbol en Argentina,
no sería osado afirmar que, la principal acción de parte del Estado en cuanto
al fútbol –más que aupar al deporte- sería sanear la práctica de dicho
deporte, eliminando en buena medida las raíces de la delincuencia que opera
directamente con las instituciones de los clubes. Se castigaría de manera
similar a los hinchas y a las barrabravas de una forma similar a la empleada
en Inglaterra contra los hooligans, término empleado para referirse a la
versión sajona de hinchas. Incluso, la prestigiosa policía de Scotland Yard
habría creado una brigada especial para el fútbol y la violencia que se desata
en las inmediaciones a los estadios o vecindades, en las que hay estadios
(Sebreli, 1998).

Suele ocurrirlo contrario en el caso argentino. No solo existe una


tardía y tímida respuesta de parte de las autoridades, a pesar de considerar
–al igual que la mayoría de los ciudadanos- a las barrabravas como un
verdadero problema social; sino que dicha respuesta no es parte de una
política de presión constante ante las hinchadas. A pesar de ello, ha ocurrido,
y de manera frecuente, enfrentamientos entre la policía y los grupos de
hinchas, usualmente concluidas en técnicas de dispersión de multitudes
(Salvemos al Fútbol).

El problema de la violencia en el fútbol, entonces, no debería ser solo


asunto del Estado dadas las implicaciones sociales que consigo trae, sino
también por las reacciones desmesuradas y poco coordinadas que se han
dado en varios caos de parte de la policía. De las muertes contabilizadas, el
13% son producto de la represión policial (Frydenberg, 2004) (ver apéndice
B).

18
Una medida comúnmente tomada por el Estado, junto con la AFA, la
Asociación de Fútbol de Argentina, es la clausura de estadios por una
cantidad determinada de juegos. Ello con la finalidad de servir como agente
de presión a dirigentes de los clubes a lograr mantener el orden de sus
barras; así como un castigo directo a las barras, al quitarles el lugar a donde
suelen acudir los fines de semana. Dichos cierres suelen tener otro efecto
sobre las hinchadas, que es el cortarles los ingresos percibidos por reventa
de boletos, venta de mercancía, y algunas actividades delictivas –robo de
personas o locales-, que suelen hacerse más fáciles los días que hay
encuentros.

Entonces podríamos hablar de una relación fútbol- gobierno como una


consecuencia de la relación fútbol-sociedad. Los efectos sociales del fútbol
resultan difíciles de apartar de los aportes –positivos y negativos- de la
sociedad al fútbol. De la retribución entre ambos se genera un interés político
de parte de figuras ya involucradas directamente con el ámbito futbolístico –
el caso de Mauricio Macri, por ejemplo-, y en ocasiones, involucrando a
personas ajenas al deporte, pero con intereses en el fútbol, más allá del
deportivo; más bien, capital político y oportunidades de negocio.

Si bien hemos expuesto cómo ha sido la dinámica del uso político


actual, existen particularmente dos casos de estudio, donde la utilización
política del fútbol resulta más palpable. Se trata de los gobiernos del General
Juan Domingo Perón, donde el deporte cobró prioridad y relevancia dentro
del discurso oficial2; y durante los años del Proceso de Reorganización
Nacional, específicamente el mandato del General Jorge Rafael Videla.

2
La referencia más notoria sería el discurso del General Perón “Hacia la Formación de un Pueblo
Espiritual y Físicamente Sano”, durante la Segunda Conferencia Nacional de Delegados Deportivos, en
el año 1955.
19
General Juan Domingo Perón
Conocido como el Primer Trabajador, pero también como el Primer
Deportista de la Nación (ver apéndice C), el General Juan Domingo Perón
llega al poder como parte de una Junta Militar, resultante de un golpe de
Estado que le dio fin a un período de la historia argentina conocida como la
Década Infame –dada la turbulencia e inestabilidad política que existió-, en
1945. Pero como presidente, es electo en 1946 para su primer período
presidencial, 1952 para su segundo período, el cual no logra culminar –sería
derrocado en 1955-, y nuevamente en 1973, año que muere en el cargo.
Comienza su carrera política con un fuerte discurso nacionalista, el cual se
mantendría a lo largo de su vida pública.

Donde sí existió un cambio de concepción –muchos escritores lo


atribuyen a un asunto coyuntural-, fue en la visión político- ideológico de
Perón. En sus comienzos, la retórica y acción peronista era
considerablemente similar a la del proto-fascismo3, sin desligarse con el
populismo. Ya en su tercer período, su discurso empleaba términos
característicos de la retórica de izquierda. Otro detalle pertinente sobre Juan
Domingo Perón, era su crianza deportiva; se trataba de un hombre siempre
expuesto a la práctica deportiva, a lo largo de su niñez, adolescencia y joven
vida adulta. Ello pudo haber predispuesto a Perón a una forma particular de
ver a los deportes.

El deporte jugó un crucial papel durante los años de gobierno de Juan


Domingo Perón. La cantidad de dinero invertida en eventos deportivos,
estadios, canchas, pistas, torneos, etc., es –incluso hasta la actualidad-
considerable. Iniciativas como el Campeonato Evita, del cual quedó un
residuo en la sociedad –la cantidad de jóvenes inscritos y de bienes

3
Hablamos de proto-fascismo en vez de fascismo, pues nunca pudo llevarse a cabo con cabalidad los
principios fascistas de desarrollo mediante la industrialización. Tampoco existió un interés en Perón
en llevar a cabo un proyecto político del corte de Mussolini. A pesar de ello, sí pudo plasmarse en la
política gubernamental una influencia del temprano pensamiento fascista.
20
repartidos a lo largo de la nación, generó dentro de la población euforia y
sentimiento de pertenencia palpable-.

Los Campeonatos de Fútbol Evita eran campeonatos cortos


organizados por el gobierno, en donde niños de toda la República de
Argentina podían inscribirse. Eran gratuitos, se equipaba a los jóvenes con
uniformes y balones; y los equipos ganadores recibían premios, tales como
bicicletas, balones, nuevos uniformes, etc. (Ferioli, 1990). Aunado a estos
premios, se les sumaban otros premios, que lograban generar dentro de la
sociedad espacios, donde el fútbol podía institucionalizarse, sin la necesidad
de una presencia del Estado. Esto daría paso a que existieran inversiones a
largo plazo en instalaciones deportivas, que solían carecer de calidad. “A los
equipos ganadores se les otorgaba un campo deportivo y dinero para
mejorar las instalaciones de los clubes locales” (Pons, 2005).

Si bien no era la única actividad deportiva a la que se fomentaba, a


través de los Campeonatos Evita podría verse el reflejo del papel
desempeñado por el deporte durante el peronismo. De igual manera, el papel
tuvo el peronismo en el deporte argentino. Es decir, la relación retributiva
entre el deporte y el peronismo. Tal afirmación podría reafirmarse con la
frase “Perón le daba todo al deporte, y el deporte le daba todo a Perón”
(Pons, 2005).

Aporte peronista al deporte


No se debe olvidar que durante los años del peronismo, el deporte
argentino vivió en una paradoja: Si bien Argentina había logrado dos
medallas de oro, tres de plata y once de bronces, con una delegación de 274
atletas en las Olimpíadas de Londres en1948; ganado el Mundial de
Básquetbol en 1950; haber ganado 153 medallas (66 de oro, 50 de plata y 37
de bronce) en los Juegos Panamericanos de 1951; triunfos de envergadura
en el automovilismo, a manos de los hermanos Gálvez en el turismo

21
carretera (hoy día conocido como rally), Froilan González en la Fórmula 1, y
Juan Manuel Fangio, campeón mundial, también en Fórmula 1, en dos
ocasiones -1951 y 1954-; de igual manera, el alto nivel del boxeo con
boxeadores como Gatica y Pascual Pérez. La selección de fútbol argentina
se ausentaría de los Mundiales de Fútbol 1950 y 1954 –cabe recordar que ya
Argentina había alcanzado el subcampeonato en 1930-, lo que resulta
contradictorio en el plano futbolístico, si se considera las masivas inversiones
hechas en dicho deporte mediante la construcción y mejora de estadios,
instauración del deporte como parte de las políticas públicas nacionales y
con los torneos de los Campeonatos Evita.

El deporte durante los años de gobierno de Juan Domingo Perón


pasaría a ser parte de la política pública nacional, así como un tema a lo que
se aludía con frecuencia en los discursos de Perón: “Todas las fuerzas de la
Nación- en la tarea de formar hombres fuertes y buenos-, vamos a
dedicarnos a que todos los instrumentos de enseñanza y de educación del
país tenga un aspecto deportivo” (Perón, 1955). Las grandes inversiones
demuestran que sí hubo un gran compromiso con el desarrollo deportivo.

Más que una política pública, el deporte recibiría un apoyo en lo


teórico. Dadas las influencias del fascismo adquiridas durante la estancia de
Perón en Italia, dentro de lo que existe un culto al físico y a la buena
condición de él, el deporte en general se vería aupado con más que
inversiones en infraestructura y bienes para la práctica (Pons, 2005). Era
parte fundamental de la visión de la Nueva Argentina peronista, donde la
mente y el cuerpo debían ser sanos (Obras Completas, 1948).

Otro aspecto en el que el peronismo y el deporte se relacionan, es los


programas de salud pública que se les brindaba a los participantes de los
diversos torneos. Todos los niños inscritos en los Campeonatos Evita, debían
ser sometidos a exámenes médicos, llevados a cabo por personal del

22
Ministerio de Salud Pública. Aun aquellos que no podían participar por
condiciones físicas, se les trataba de forma gratuita (Plotkin, 1998). Esto
demuestra el compromiso por el bienestar ciudadano del gobierno peronista
con la sociedad.

Aporte del Deporte al Peronismo


Parte del gran legado peronista al deporte, se ve reflejado en el
discurso de Perón, donde surgió el culto al individuo. No se trataba de un
individuo en sí, sino del concepto de individuo bajo la concepción de mens
sana in corpore sano, cuerpo sano, mente sana.

Lo que preciso ahora es que echemos mano a la familia y a la vida misma para educar el
alma, y hace falta también que recurramos a la familia, al Estado, a la sociedad y al
pueblo para conservar esa alma buena y esa inteligencia despierta en un cuerpo sano y
vigoroso (Perón, 1955).

La insistencia en un cuerpo vigoroso y una mente sana y ágil, que se


puede notar en diversos discursos dados por Perón, nace del concepto de la
Nueva Argentina. Esta es la visión de la Argentina que Perón anhela
construir. No se trata necesariamente de una reconstrucción material y
tangible de Argentina, sino más bien, de una redefinición de los valores de la
sociedad, la moralidad nacional y los roles de la sociedad y el Estado.

El papel que va a desempeñar el deporte, bajo la concepción de una


nueva nación, que pretende construir Perón, va a ser una de las
herramientas para moldear al buen ciudadano (Pons, 2005).

El deporte enseña a forjar carácter, a templar el alma y formar esa naturaleza de


vencedor que debe tener el ciudadano argentino (…) sin otra gratificación que la gloria
misma de vencer el esfuerzo honrado de todos los días (Obras Completas, 1948).

No solo es el deporte un moldeador de valores y forjador de carácter,


sino que a través de él se generará la moralidad dentro del pueblo argentino
para sentirse bien sobre su trabajo, que es lo que en el fondo busca decir. Se
23
hace una relación entre el deporte y el trabajo. Si bien el deporte es una
actividad netamente física, el uso que le dio el peronismo estaba más
interesado en los valores que el deporte trae consigo, que en el deporte
como tal.

El uso del deporte en lo relativo a la Nueva Argentina se evidencia con


las grandes campañas propagandísticas hechas con cada gran logro
deportivo alcanzado por las selecciones nacionales. Tales campañas
enaltecían a los jugadores, y sus logros; así como también buscaban ligarlos
con el proceso de la Nueva Argentina peronista. “La Argentina se dirige con
paso firme hacia la plenitud de su destino (…) Es lógico que esa favorable
situación haya tenido un brillante reflejo en el triunfo deportivo de que nos
congratulamos” (Obras Completas, 1948).

Cuando los equipos perdían, o no alcanzaban el cometido, era poco


más que una nota de prensa lo que podía encontrarse en los medios oficiales
(Pons, 2005).

Dentro de todo el aparato propagandístico de la Nueva Argentina, el


deporte ha ocupado un papel mayor que el debido. Se le ha dado al
deportista una connotación social, la cual lo convirtió en el modelo a seguir.
Al discurso sobre el cuerpo sano y mente sana, se le agregarían valores
sociales y políticos, los cuales el peronismo buscaría aprovechar al máximo.
El deporte es elevado a la categoría de noble, mediante la cual se saneará a
la raza, logrando el cometido de Perón, de crear una sociedad de individuos
fuertes, tanto física como moralmente (Pons, 2005). El papel del deporte,
particularmente del fútbol, durante los años del peronismo pasa entonces a
ser algo más que una actividad recreativa, tanto para el gobierno como para
la sociedad.

El origen de la magnificencia del fútbol en Argentina podría yacer


justamente en la búsqueda de valores ajenos al deporte, dentro del mismo
24
fútbol. Si es cierto que el fútbol trae consigo un código ético; de sana
competencia; trabajo en equipo; esfuerzo por lograr lo propuesto –el triunfo-;
mejora de lo propio sin atentar contra lo ajeno, etc., no es oriundo al fútbol, el
conjunto de descriptivos que el peronismo le iría añadiendo, a medida que
los resultados tanto deportivos como políticos se iban consiguiendo. De igual
manera, los valores promovidos por el deporte, que se mencionan
previamente, van a ser utilizados en la retórica peronista, dirigiéndose a la
sociedad como un “gran equipo”, y para el que los logros de los deportistas
eran “triunfo de todos” (Pons, 2005).

El deportista es visto como el buen ciudadano y el buen trabajador


(Pons, 2005); como figura patriota; como ídolo nacional, que lucha por el
bienestar de la patria (Pons, 2005). A través de él como deportista, y del
gremio general del deporte, se promueve la solidaridad, cooperación,
organización, disciplina, obediencia al líder y la alta productividad, como
valores necesarios en el desarrollo de la nación, enmarcado dentro el
discurso de la Nueva Argentina.

Un aspecto sobre el deporte, que cabe destacar, es el del culto al


físico masculino. Se habla de mente y cuerpo sano, en el sentido literal, no
figurativo. El deporte sería pues, el mecanismo idóneo para promover la vida
sana y saludable de la población económicamente productiva: la necesidad
de contar con hombres físicamente aptos para el trabajo de mayor esfuerzo –
trabajar en fábricas, por ejemplo-, es el fin último del discurso peronista.
Aunado a ello, una integridad mental, que garantice que logre su cometido en
la sociedad. Se tiene un intento de fomentar la fortaleza física, promoviendo
los valores mencionados, dentro de los cuales se destaca el de ser
productivo.

Así pues, el deporte como política estatal logra ser introducida a la


sociedad como un conjunto de valores, de los cuales se podrían beneficiar,

25
tanto la sociedad, como el gobierno. Detrás de ello, yace la voluntad de
Perón, buscando forjar una nueva identidad nacional, dejando atrás a la
Argentina, que deportivamente estaba demarcada de forma clara entre lo
rural y los citadino (Archetti, 2005); y buscar la creación de una nueva
nación, con Juan Domingo Perón al mando. Se buscaba olvidar a la Década
Infame4, al pasado turbulento que llevó al golpe militar de 1943.

Mediante el deporte Perón logró consolidar su popularidad, pero al


mismo tiempo construyó los fundamentos de programas sociales de gran
alcance y éxito, pero carentes de continuidad; siendo los Campeonatos Evita
los más relevantes. A través de estas iniciativas, los programas y jornadas de
salud pública pudieron ser hechos. Como requisito para la participación en
los torneos, un chequeo médico era necesario. Tanto los que aprobaban
como los que no pasaban el examen médico, recibían atención de salud.

Los premios entregados por Campeonato Evita fomentaban el buen


manejo de recursos, el invertir a largo plazo y fomentar la sana práctica del
fútbol. Todo esto hecho mediante construcción de instalaciones, dotación del
equipo necesario –principalmente uniformes y balones-; pero de igual
manera se les obsequiaba a los ganadores bicicletas, que además de ser un
premio de considerable calidad, sobre todo para los niños de bajos estratos
sociales, también promovían el deporte.

Si bien las iniciativas de salubridad y los premios de los Campeonatos


Evita son más que muestras de buena voluntad, son en efecto, aportes
directos del Estado a los estratos más necesitados de la sociedad; es por
estas contribuciones y promoción de deportes, que se puede ver la intención
del peronismo: la necesidad de construir una masa trabajadora fuerte

4
Hace referencia al período comprendido entre 1930 y 1945. En 1930, el presidente Yrigoyen fue
derrocado por el General José Félix Uriburu, seguido por Agustín Pedro Justo, electo –
supuestamente de forma fraudulenta- en 1932. En 1938, Roberto M. Ortiz se convertiría en el primer
civil en ocho años en ser electo presidente. Su salud se deterioró, y en 1940 renuncia al cargo, y deja
al mando a Ramón Castillo; quien sería Presidente hasta el golpe de Estado de 1943.
26
físicamente, en aptas condiciones para trabajo pesado. Además, con la
promoción de deportes como el fútbol y el básquetbol (por mencionar
algunos), que son deportes de conjunto, se trabaja la promoción de ciertos
valores, como los mencionados previamente: la solidaridad, cooperación,
organización, disciplina, obediencia y productividad. Dichos valores
introducidos al germen de la sociedad, lograrían llevar a cabo el plan de la
Nueva Argentina, con el que tanto énfasis promovía el gobierno.

Durante el peronismo, se tiene que hablar del deporte como una


herramienta para la mejora social, así como también, una herramienta para
la promoción de ideales políticos –la Nueva Argentina-, dentro de lo que cabe
la concepción del hombre nuevo, el nuevo papel de la sociedad y el Estado,
la nueva forma de obrar y la nueva visión nacional, con Perón al mando. “A
partir de una peronización del deporte, y una nacionalización del cuerpo viril,
fuerte y atlético, del deportista/trabajador, quien se vincula a una ética
masculina y patriótica que lucha por la grandeza de la Patria” (Pons, 2005)

Podríamos hablar de una intención banal y retributiva en cuanto al uso


político del deporte de parte de Perón, pues en él sí había un verdadero
interés en crear infraestructura de diversos tipos –estadios, canchas, pistas,
gimnasios, etc.- y en formalizar al deporte como una profesión
ejemplarizante. Sus halagos a las selecciones nacionales en varias
disciplinas reflejan un apoyo incondicional al deporte en la nación. Si es
cierto que el peronismo dejó aspectos positivas en el deporte, también se
debe recordar el culto al físico viril y fuerte de parte de Perón. En repetidas
ocasiones hablaba de la mente sana y el cuerpo sano, que reflejaba su
influencia fascista, legado de su estadía en Italia durante los años de
Mussolini. “Como orientación definitiva de la cultura argentina, el hombre
culto debe tener armónica y equilibradamente desarrolladas tanto su
inteligencia como su alma y su cuerpo” (Obras Completas, 1948).

27
Proceso de Reorganización Nacional, Presidido por el General Jorge
Rafael Videla (1976-1980)
Durante una de las dictaduras más férreas que el continente
Suramericano ha vivido, el deporte más popular de Argentina se empleó
como una herramienta maquilladora de las verdades y realidades de un país
a punto de ser sede del Mundial de Fútbol FIFA 1978. La euforia en la
sociedad por el venidero Mundial era notable; de igual manera ocurría en el
gobierno: grandes inversiones en infraestructura –ejemplo emblemático de
dichas construcciones es el Estadio Olímpico de Córdoba, que costó 42
millones de dólares (Farías, 2003) -, fueron realizadas para lograr crear una
imagen de progreso y avance en Argentina, ante los ojos de jugadores y
turistas extranjeros.

La necesidad de la creación de grandes campañas publicitarias que


denunciaban una supuesta conspiración „anti argentina‟, en boca de los
centenares de argentinos exiliados nace de la precaria situación de Derechos
Humanos que se vivía en la Argentina. Dicha campaña „anti argentina‟,
tildada así por el gobierno, era la retaliación a las denuncias hechas en el
exterior por ciudadanos argentinos que se fueron del país. Dada la escalada
en el número y formas de represión, ellos decidieron emigrar.

Entre las medidas represivas y de censura, se pueden resaltar la


intervención de los sindicatos, la anulación de toda actividad legislativa en el
Congreso, la revalidación del estado de sitio vigente desde 1974 –durante el
gobierno de Isabel de Perón5, quien toma el poder tras la muerte de Juan
domingo Perón-, la persecución, el secuestro, la tortura, la desaparición y el
asesinato de dirigentes obreros, estudiantes, artistas, políticos, y de quienes
no compartieran la “filosofía procesista” (Sociedad de la Información en el
Periodismo y los Medios, 2004). (ver apéndice D).

5
Dicho toque de queda se puso en práctica para evitar saqueos y conflictos sociales, tras la muerte
de Perón.
28
Nos referimos a dichos hechos como una política represiva formal,
dado a que fue una sistémica puesta en práctica de las actividades
previamente mencionadas. No se trata de hechos puntuales, ni excesos
cometidos en casos particulares. Tales hechos llevaron a diversos países a
pronunciar su preocupación sobre la violación de los derechos humanos en
Argentina, las cuales consideraban vulneradas. La problemática social vivida
en Argentina durante el Proceso de Reorganización Nacional –el pomposo
nombre que recibía la junta militar de gobierno- parecía ser opacada por la
organización de un Mundial de fútbol en distintos niveles: En un plano –el del
gobierno-, la prioridad que tomaba la realización de dicho evento –el cual
terminó costándole al Estado entre 520 (Berns, 2006) y 700 (Scher, 2006)
millones de dólares -, llevó a Videla a fundar el Ente Autárquico del Mundial.
El EAM se encargaría de todo lo relativo al Mundial.

Sería una dependencia más del gobierno dedicado a la ejecución de


las obras y la coordinación de la logística que un torneo deportivo de la
magnitud del Mundial de Fútbol FIFA conlleva. Para comprender mejor cuán
grande fue el gasto del gobierno argentino en la organización del Mundial,
vale recalcar que el Mundial realizado en España en 1982, cuatro años
después, le costó al gobierno español cerca de los 180 millones de dólares
(Berns, 2006).

Los costos no solo se concentraron en la construcción y


modernización de estadios, sino también en gastos usualmente no asociados
con torneos deportivos, como lo fueron la construcción de muros con casas
típicas de la clase media pintadas, para evitar que las personas que viajasen
hacia el interior pudieran ver las villas miserias (Miller, 2008), y también la
contratación de Burson Marsteller & Asociados, “la agencia estadounidense
contratada para silenciar y desmentir a quienes militaban en la defensa de
los Derechos Humanos” (Berns, 2006). De esta compañía sale la frase o
eslogan con la que la Junta Militar contraatacaba a los grupos de Derechos
29
Humanos: “los argentinos somos derechos y humanos” (Morales, 1976). (Ver
apéndice E)

Aunada a la campaña prestada por el gobierno, los medios oficiales –


aquellos con una línea editorial similiar a la de la Junta- defendieron la
organización del torneo al punto que Aldo Prietto, subdirector de la revista
Goles dijera que “…todo aquel que se opusiera al Mundial 1978 era un
enemigo del país porque el espectáculo era más que una mera competencia
deportiva” (Berns, 2006).

En cierta forma, Prietto tenía razón. Se trataba de más que un simple


torneo deportivo, dado que podía ser la única oportunidad verdadera, en la
que Videla y su gobierno podrían mejorar substancialmente la imagen de
Argentina en el exterior. La campaña sobre la violaciones de Derechos
Humanos llevada a cabo internamente por las Madres de Plaza de Mayo, y
en el exterior por un considerable grupo de argentinos exiliados, así como
por organizaciones como la COBA6, que lograron despertar interés en
diversos países, principalmente europeos, respecto a la situación de los
Derechos Humanos, y los casos de los desaparecidos; sería uno de los
principales problemas a solventar por el Proceso.

La realidad de lo que ocurría en Argentina obligaba al gobierno a


hacer esfuerzos considerables para ocultar lo que pasaba en varios centros
de detención. Dichos centros de detención eran los lugares a los que
ciudadanos „indeseables‟ eran trasladados. Existían 340 campos de
detención en toda Argentina –algunos de los más conocidos eran la ESMA,
el Garage Olimpo, el Pozo de Banfield, y la Perla-.

Locales civiles, dependencias policiales, o de las propias fuerzas armadas fueron


acondicionados para funcionar como centros clandestinos. Estas cárceles clandestinas
tenían una estructura similar: una zona dedicada a los interrogatorios y tortura, y otra,

6
COBA: Comisión para la Organización del Boicot al Mundial en Argentina.
30
donde permanecían los secuestrados. Ser secuestrado o „chupado‟, según jerga
represora, significaba ser fusilado o ser arrojado al río desde un avión o helicóptero
(Ministerio de Educación).

La situación interna de los derechos ciudadanos era crítica. El


Proceso de Reorganización Nacional había tomado medidas que atentaban
contra todo tipo de libertad civil que existía, dentro de las cuales figuran la
suspensión de los derechos de los trabajadores; la prohibición de huelgas; la
disolución de partidos políticos; la destitución de la Corte Suprema de
Justicia; la clausura de locales nocturnos; el orden de corte de pelo para los
hombres; la quema de libros y revistas considerados peligrosos, y la censura
de medios de comunicación (Ministerio de Educación) (ver apéndice D). Con
estas medidas, resulta evidente que las libertades quedaron coartadas y
condicionadas.

Aunado a estos límites, la forma en que se actuó cuando no se


cumplían dichas disposiciones, llevó a la creación de movimientos de
resistencia en aras de los Derechos Humanos, siendo las Madres de Plaza
de Mayo el grupo más conocido.

La finalidad última del Mundial era para el gobierno, una ocasión en la


que se pudieran callar las críticas al régimen dictatorial, y lograr un
sentimiento nacionalista en Argentina, que se traduciría en apoyo a la Junta
Militar. La necesidad de apoyo popular nace en la oposición y fricción interna
que generaban acciones y medidas tomadas.

Resulta útil mencionar el uso del nacionalismo en momentos de crisis


interna, de parte del Proceso. En un comienzo, se llega al borde de una
guerra con Chile, sobre la disputa del Estrecho de Beagle, que le cedía
derechos territoriales Chile sobre la Patagonia. Luego, el Mundial de 1978,
en el cual sí se logra una victoria en todos los ámbitos: la organización fue –
salvo casos puntuales, como la protesta de Sepp Maier, arquero de la

31
selección alemana, junto a las Madres de la Plaza de Mayo (Sebreli, 1998), y
los gestos de parte de la selección holandesa, quien se negó a recibir la
medalla repartida por Videla (Sebreli, 1998)- impecable, las críticas a la
actitud del régimen ante los Derechos Humanos parecieron menguar tras el
Mundial, se consolidó la popularidad del régimen y la selección argentina
resultó campeona del certamen. En lo único que no podía hablarse de
victoria, era en materia económica. Para un país con una inflación de
aproximadamente el 170% anual, el organizar un evento que costara 700
millones de dólares y sólo recaudara menos de veinte, limitó el capital
público (Berns, 2006).

El último gran momento durante la junta militar, en que se apeló al


argumento del nacionalismo argentino, fue la Guerra de las Malvinas, en
1983 (Ministerio de Educación). Tras la invasión de las Malvinas, el Reino
Unido contraatacó a un ejército argentino mal equipado y poco, quien se
retiró de las Islas Malvinas al poco tiempo. Dicho evento produjo la caída del
Proceso, y a sentencias de aprisionamiento de por vida a los mandatarios de
la junta (Ministerio de Educación).

Así pues, se utilizó al nacionalismo como herramienta el Proceso de


Reorganización Nacional en tres momentos cumbres en las décadas de 1970
y 1980. En uno de los casos, el nacionalismo argentino estuvo íntimamente
ligado al fútbol, y curiosamente, fue el único caso, en que el Proceso de
Reorganización Nacional salió favorecido. Recordemos que gobiernos de
corte dictatorial suelen ser –aunque hay excepciones- gobiernos de poder,
no de gestión.

El Mundial de 1978 sirvió como plataforma popular para aglutinar a la


mayoría ciudadana tras el gobierno, en un evento que sería vendido como „la
Copa de la Paz‟. Contando con apoyo popular necesario, las críticas sobre la

32
actuación del gobierno parecían perder peso frente al sentimiento común de
las personas, generado por el Mundial de Fútbol.

La organización de un evento internacional de por sí, era un logro del


Proceso de Reorganización Nacional; sin embargo, el objetivo de la
selección argentina era lograr salir campeones. Esto suponía mostrar, más
que un triunfo de la calidad futbolística de Argentina, un triunfo del país –y el
PRN- general. Era el tomar el logro de unos cuantos, y convertirlo en un hito
alcanzado por la nación completa, gracias al apoyo del gobierno al deporte y
al fútbol en particular.

Si bien se logra organizar y ganar el evento, no ocurrió sin


contratiempos. La final se le gana a una selección holandesa sin su capitán
Neeskens, ni su figura principal, Cruyff. Ambos jugadores, junto con el
defensa alemán, Paul Breitner, decidieron no asistir al Mundial 1978, por ser
organizado por un gobierno sin consideración a los Derechos Humanos
(Sebreli, 1998). No se trató solamente de estos tres jugadores; el sentimiento
general dentro de distintas selecciones era de recelo ante el visto bueno
dado por la FIFA de organizar el evento principal de la federación, en un país
tan criticado por las medidas represivas que había tomado (Miller, 2008).

Con el total respaldo de Joao Havelange –el presidente de la FIFA-,


se le otorgó a Argentina la organización del Mundial. Duramente criticado por
no haberle revocado la sede a Argentina, Havelange argumentaba la
capacidad técnica y logística que expusieron los argentinos, que resultaba
mayor y más realista de cumplir a la de cualquier otra propuesta –incluida la
de España, quien sería sede el Mundial entrante, el año 1982- (Sebreli,
1998).

Se trató de un Mundial, donde la política pareció ser tan relevante


como el deporte mismo. La prensa internacional reseñaba los partidos, así
como las pocas protestas a las que se les permitió asistir (Galeano, 1998). El
33
gobierno argentino logró su cometido: organizar y ganar un torneo como el
Mundial de Fútbol de 1978 por primera vez en la historia. Al mismo tiempo
que logró esto, fue capaz de aplacar las críticas y denuncias de parte de las
diversas organizaciones en defensa de los derechos humanos.

Mediante una elaborada campaña propagandística, usando al Mundial


de Fútbol como eje central, a la sociedad entera se les hizo creer que era en
el exterior que se fabricaban mentiras sobre Argentina. El fervor nacionalista
generado por el Mundial era innegable. Un fenómeno rara vez visto antes y
después; similar al vivido antes de la Guerra de las Malvinas. La relación del
fútbol, el gobierno y la sociedad durante los años de gobierno del Proceso de
Reorganización Nacional, puede simbolizarse con el centro de detención de
la ESMA y el Estadio Monumental Antonio Vespucio Liberti.

La que en realidad ocurrió, así como una realidad propuesta por el


Proceso de Reorganización Nacional; aunado a una masiva campaña de
desinformación dirigida a la sociedad, de la cual el Mundial jugó un papel
clave, permanece siendo uno de los acontecimientos mediáticos más
importantes a nivel mundial. Los hechos contenidos dentro del este momento
en la historia argentina, particularmente los años 1977, 1978 y 1979 –años
de mayor énfasis mediático, debido al Mundial de Fútbol (Sociedad de la
Información en el Periodismo y los Medios, 2004)-, puede ser considerado un
caso de estudio de relevancia, cuando se discute el uso de medios
comunicacionales en manos del gobierno.

Al organizar el Mundial de fútbol, el deporte más popular del país, y


llevar a cabo todo lo que ello conlleva, es decir, inversión en infraestructura
vial, turística, deportiva, saneamiento y limpieza de las ciudades,
mantenimiento a plazas y espacios públicos, etc., lograban generar en la
opinión pública, una sensación de trabajo e inversión de parte del Estado; es
decir, el ciudadano común podía ver y sentirse positivamente afectado por el

34
gasto público, que implicó organizar un evento de tal magnitud. Además de
ello, podía desviar la atención de la sociedad con respecto a las diversas
ilegalidades contra las libertades ciudadanas, en específico referente al caso
de los desaparecidos. Ya organizaciones como las Madres de la Plaza de
Mayo existían y eran activas en la denuncia de detenciones y desapariciones
de personas allegadas a ellas, usualmente hijos o nietos.

El Proceso de Reorganización Nacional, presidido por el General


Jorge Rafael Videla7, fue un período de la historia argentina meritoria de
análisis y estudio considerable, dada la dinámica socio-política en ella
comprendida.

El deporte fue crucial para que el gobierno fuera capaz de llevar a


cabo las medidas represivas sin generar mayor descontento en la población.
El fin último del fútbol durante el turno de Videla fue entonces, el ser
catalizador a tensiones sociales evidentes, reflejadas en organizaciones
reclamando justicia en el caso de los desaparecidos. El hábil uso de un
evento de la magnitud como lo es el Mundial de Fútbol y las inversiones
requeridas por dicho evento, así del nacionalismo que suele generar el fútbol
a nivel de selecciones, fue un rasgo definitivo del gobierno militar. El uso
propagandístico de los logros de la selección como si se tratara de batallas
libradas en nombre de Argentina, aseguró a Videla un descontento lo
suficientemente bajo, como para desarrollar a cabalidad su proyecto político.

7
Se hace la distinción del General a cargo del Proceso de Reorganización Nacional, dado que contó
con tres líderes diferentes entre los años 1976-1983: Videla, Galtieri y Bignone.
35
Capítulo II: El Fútbol y la Sociedad

Evolución del Fútbol: De la Élite, al Pueblo, a la Globalización


No se podría concebir realizar un estudio sobre el fútbol, sin considerar
primero, el contexto en el cual se iría a desenvolver dicho deporte. A pesar
de tratarse de una actividad meramente recreativa, con el pasar del tiempo,
el fútbol se iría a convertir en un fenómeno socio-económico, con vigencia en
temas de la política, la sociología, e incluso la antropología. Esto sin
mencionar, el propio estudio histórico que del fútbol puede desprenderse.

Para poder entender el fenómeno del fútbol en Argentina, nos tenemos


que remontar a su origen a mediados del siglo XIX y buscar entender el
proceso evolutivo de dicho deporte en la sociedad argentina del siglo XX. Si
se aceptan los planteamientos de Juan José Sebreli (1998), expuestos en su
libro La Era del Fútbol, la relación fútbol-sociedad cumple un papel crucial en
la historia urbana de Argentina en general, Buenos Aires en lo específico.
Sebreli divide el proceso evolutivo de tal relación en tres grandes etapas:

La primera etapa, el fútbol desde fines del siglo XIX hasta poco antes
de la profesionalización8 del balompié- habría sido elitista. Tanto jugadores
como público se reducía a una minoría privilegiada. En un principio era
reservado para los ingleses y argentinos más pudientes:

Fueron funcionarios de la Embajada Inglesa, empleados de los ferrocarriles ingleses, de


las compañías de gas, tranvías, empresas navieras, concesionarios de importaciones
quienes introdujeron los primeros equipos (de fútbol)…Los deportes en general y el fútbol
en particular, no fueron creados por el pueblo, ni fueron propagados por el pueblo, ni
estaban dirigidos al pueblo. Surgen de las clases dominantes y son luego copiados y
alterados por las clases subalternas (Sebreli, 1998).

8
La homogeneización del proceder dentro de los clubes de fútbol, así como la fundación de una
federación o asociación.
36
En la segunda etapa, el fútbol se convierte en el deporte popular por
excelencia. Esta vez, va a ser adoptado por argentinos de clases más bajas,
pero imitando la práctica del deporte de otro grupo de ingleses, los
marineros. Sebreli de igual manera expone:

Si los colegios privados ingleses fueron los modelos de fútbol oligárquico, los gurúes de
las clases populares fueron los marineros ingleses que llegaban a los puertos de Buenos
Aires, Montevideo y Río de Janeiro, desde aproximadamente 1860, como consecuencia
del intenso tráfico comercial… Eran observados (los marineros) por los peones de los
astilleros de los muebles o por los jóvenes de clase baja que vivían en los alrededores
(Sebreli, 1998).

En la tercera etapa, el fútbol deja de ser protagonizado por una


clase en particular, y pasa a formar parte de la vida de todos los estratos
sociales. En esta etapa, los medios de comunicación juegan un papel
importante en el proceso de homogeneización de la cultura, evitando así que
se imponga la elitista sobre la popular o viceversa. Sebreli señala que “la
cultura de masas tiende a construir idealmente un gigantesco club de
amigos, una gran familia no jerarquizada” (1998).

Dentro de estas etapas, Sebreli describe cómo fue cambiando el papel y


los protagonistas del fútbol, hasta llevarlo a lo que es hoy día, un fenómeno
socio-político-cultural que trae consigo connotaciones en lo económico e
histórico.

En su esencia, la evolución social del fútbol en Argentina puede


describirse como una actividad importada en manos (o pies) de marineros,
comerciantes y obreros ingleses, que logró encontrar cabida en la vida
cotidiana de los argentinos. La facilidad de desarrollar dicho deporte –pues
cuenta con reglas sencillas y pocos requisitos para jugar- logró permear

37
estratos sociales, y hacer que clases ajenas a la aristocracia porteña9 e
ingleses, llegaran a tener interés en el fútbol.

La sencillez del fútbol fue, en parte, lo que propulsó el paso desde las
clases sociales más altas a clases bajas. Las reglas oficiales del juego son
pocas – diecisiete en total-, y los requisitos materiales son escasos. Hacía
falta un terreno baldío, un número par de personas y un balón de juego. Un
balón podían ser varias medias enrolladas juntas, por ejemplo. La pelota era
cualquier objeto remotamente redondo, fácil de patear y posible de atajar. Al
contar con tan pocos requerimientos, las clases bajas no encontraron mayor
obstáculo al momento de ponerse a jugar, salvo quizás la protesta de
aristócratas, firmes en su creencia que el fútbol es un deporte de pudientes.

De los deportes introducidos por los ingleses, éste era el que menor
cantidad de requisitos necesitaba. Para el polo, había que tener acceso a un
caballo y al equipo de juego pertinente –dentro de lo cual se incluye una
esfera de cerámica, usualmente costosa-. El rugby, si bien requería de
menos objetos que el polo, sí resultaba indispensable ser corpulento, lo que
implicaba ejercitarse frecuentemente y comer lo suficiente para desarrollar
una musculatura robusta. Con horarios exigentes de trabajo y una
alimentación poco sana, jugar rugby era posible, pero jamás con el esmero y
dedicación que miembros de la clase media y alta podían hacerlo. El fútbol
era pues, el único deporte recién traído por los ingleses que podrían practicar
sin mayores dificultades.

Como reacción al jugar fútbol de parte las clases bajas, la aristocracia y


la clase media comenzó a desligarse poco a poco del balompié. Suele
ocurrir, que las clases pudientes practican deportes o actividades que
resultan exclusivas a ellos y ajenas a los demás. De allí el término de
deportes elitescos, expresión que se refiere a los tradicionalmente
9
El término porteño se refiere específicamente a los habitantes de la ciudad de Buenos Aires. A los
habitantes de la Provincia de Buenos Aires, se les conoce como bonaerenses.
38
practicados por las clases media y alta. Suelen estar, entre muchos otros, el
tenis, rugby, el remo, el polo, la esgrima y el automovilismo.

Tal desligue facilitó la penetración del fútbol en la sociedad argentina. Ya


era visto como una actividad recreativa de la mayoría, no de los extranjeros y
pudientes. Dado esto, podríamos afirmar que la desconexión entre las clases
altas y el fútbol, fue uno de los elementos que permitió el crecimiento
voluminoso del fútbol. Aunado al interés de las clases bajas y relativo talento
que en ellas yacía, el fútbol comenzó a crecer en tamaño –frecuencia de
juego y multiplicación de lugares donde se jugaba-, y en calidad –nivel de
juego de quienes practicaban dicho deporte-. No en vano puede decirse que
la Argentina, paulatinamente comenzaba a convertirse en un centro
futbolístico importante.

Según el periodista deportivo argentino, Dante Panzeri, “el fútbol ha sido


en su nivel de mayor brillantez un innegable hijo de la miseria en la
Argentina, Uruguay y Brasil” (1967). Con ello se refiere a que el mayor
talento del fútbol en estos tres países ha nacido en barrios de clase baja,
producto del ocio y el desempleo. Estos factores –ocio y desempleo- se
convertirían rápidamente en un factor que condicionaría para bien, el
desarrollo del fútbol en Argentina y Suramérica toda. A diferencia de las
clase media y clase alta, donde la cultura, el conocimiento y las artes suelen
formar una gran parte del tiempo de ocio, en las clases marginadas tales
actividades no suelen ser una opción –sea por falta de interés o por
incapacidad a acceder a ellas-.

Resulta importante resaltar cómo y en dónde se venía dando el


desarrollo futbolístico en el mundo.

Si hacemos un mapa de la expansión del fútbol, entre fines del siglo pasado (s. XIX) y
éste (s. XX), vemos que ocurre en las etapas de industrialización, en las regiones
carboníferas de Inglaterra, en Escocia e Irlanda; en las pequeñas ciudades siderúrgicas

39
del Ruhr en Alemania, en algunas ciudades italianas, en Budapest, Madrid, Barcelona,
Viena, Montevideo, Buenos Aires, San Pablo. En todas estas ciudades, la expansión del
fútbol era simultánea al proceso de desarrollo de una economía industrial moderna
(Sebreli, 1998).

Con lo previo, buscamos resaltar que durante la industrialización fue


cuando el fútbol se convirtió en una actividad deportiva popular, practicada
principalmente por la clase obrera. Hasta esta instancia, el proceso argentino
era similar al de muchos lugares del mundo, como puede evidenciarse. Aun
no influía la dinámica interna directamente sobre el deporte, como iría a
hacerlo posteriormente, cuando el fútbol se convertiría en un fenómeno
social sin comparaciones en Argentina.

Ya para el año 1914, el balompié estaba considerablemente bien


establecido en la provincia entera de Buenos Aires, y los principales centros
urbanos del país. Tal arraigo había conseguido el fútbol en la sociedad, que
ya para dicho año se había conformado el primer equipo integrado
enteramente por jugadores argentinos, sin la presencia de ningún inglés en
la plantilla (Archetti, 2005).

Con esto comenzó pues, una nueva etapa en el proceso evolutivo del
fútbol en Argentina. Prueba clara de esto puede tomarse de los nombre de
los clubes fundados, que no solo se diferencian por ser nombres en español,
sino por contar con cierto apego hacia la historia argentina.

Hasta 1910 predominan los nombres asociados a lugares y barrios, como Boca Juniors,
River Plate, Tigre, Lanús o Quilmes (…). A partir de ese año (1910) aparecen nombres
que muestran un cierto apego a los próceres nacionales o a las fechas patrias, como
Almirante Brown, Vélez Sarsfield, Belgrano, San Martín, 25 de Mayo, 9 de Julio o Sol de
Mayo (Frydenberg, 2004, p.3) (ver apéndices F y G).

De lo citado, podemos resaltar dos importantes diferencias en los


nombres de los clubes:

40
1. Los nombres de los clubes, más allá de abandonar la tradición
de nombrar al club con el barrio o localidad en la que se ubican, también
dejan de contar –en ciertos casos como Boca Juniors, River Plate, Newell‟s
Old Boys, etc.- con referencias anglosajonas. Si bien son clubes argentinos,
sus nombres indican una influencia inglesa directa.
2. Al cambiar los nombres de las localidades por nombres de
figuras o fechas patrias, se refleja una clara intención de hacer conexión o
reconexión con la historia nacional. Esto evidencia una reafirmación de la
identidad argentina en lo futbolístico, frente a lo que venía dándose hasta
aquel momento; la influencia inglesa previamente mencionada y una especie
de regionalismo reducido a su mínima expresión, el barrio.

Otra terminología empleada por clubes era la de „Argentinos‟. Aparece


entre los años 1900 y 1910, en el seno de la gran ola de inmigración europea
(Mendoza & Cabana, 2008, p.4). Durante dichos años, la población nacida
en el exterior llegó a representar el 30.3% de la población total argentina
(Mendoza & Cabana, 2008, p.4).

De esto, se desprende un asunto de identidad en una porción


considerable de la sociedad.

En Buenos Aires, las masas populares sufrían en la época del surgimiento del fútbol la
doble falta identidad; la de nacionalidad –hijos de inmigrantes europeos o inmigrantes
ellos mismos- y de estructura social, trasplantados de una sociedad campesina –sur de
Italia, España, principalmente- a una urbe industrial (Sebreli, 1998).

Este nombre (Argentinos) se usaría para diferenciarse de los clubes


ingleses –de dueños ingleses-, así como reflejo de la necesidad de la
creación de una identidad propia; muchos de los fundadores de clubes o
entidades de fútbol era hijos de inmigrantes, bien sea españoles, italianos o
ingleses. Ya a comienzos del siglo XX, puede comenzar a apreciarse un uso
del fútbol como identidad propia. Si bien aún seguía siendo un fenómeno

41
deportivo similar al dado en diversas zonas de Europa y Suramérica, el roce
y rivalidad –no solo futbolístico, puesto que deportes como el polo y el rugby
también existió tal rivalidad- entre argentinos e ingleses era notoria.

Aquel desligue de lo inglés y apego hacia lo argentino logra permitir la


evolución del fútbol, creando su propia mística, estilo de juego y forma de ver
al balompié. Con el pasar de los años, Argentina comenzó a convertirse,
poco a poco en una potencia del deporte.

El primer gran logro de la selección nacional de considerable


importancia, ocurre en 1930, cuando se logra el subcampeonato en la
primera Copa Mundial de Fútbol, en Uruguay. Si bien Argentina había
logrado el sub campeonato y dos campeonatos en ediciones previas al
Mundial de la Copa América –previamente Campeonato Suramericano-, no
puede hablarse de grandes logros con estos torneos, dado que eran
cuadrangulares y en el caso de 1925, un torneo de tres países, dentro de los
cuales no se encontraba Uruguay, el primer campeón del mundo 10.

Ya para dicha edición de la Copa Mundial, los nombres de origen inglés


no formaban parte de la selección, en contraste con la selección de 1916 –
primera edición del Campeonato Suramericano-, cuando todos los jugadores
eran de origen inglés (Archetti, 2005). En catorce años se cambió por
completo la plantilla de jugadores, sin incorporar a alguien con algún apellido
de origen distinto al español o italiano, que suelen formar la vasta mayoría de
nombres en el fútbol argentino, hasta la actualidad.

El proceso social del fútbol, divido en tres etapas por Sebreli (1998),
hace de esta etapa la más extensa; desde que el deporte abandona su
origen aristocrático y se convierte en juego de multitudes, hasta el

10
Tal término resulta engañoso, dado que los países europeos boicotearon el Mundial de 1930, por
esta en desacuerdo que se disputara fuera de Europa. Solo asisten Bélgica, Francia, Rumania y
Yugoslavia como representantes del viejo continente. Sin embargo, sí logra ganar el campeonato, por
lo que es correcto adjudicarle el título de Campeón del Mundo
42
reencuentro de las clases altas con el fútbol, ya en el último cuarto del siglo
XX. Es justo con un momento clave de la historia del balompié argentino
cuando dicho reencuentro ocurre. Se trata del Mundial de 1978 organizado
por Argentina, bajo tutela del Proceso de Reorganización Nacional. Es allí
cuando podríamos comenzar a referirnos al fútbol como un fenómeno sin
distinción de barreras sociales y como un deporte verdaderamente
globalizado; en parte por las inversiones hechas en telecomunicaciones de
parte del régimen militar, en parte por un interés de la misma Junta Militar en
aglutinar a las distintas clases bajo la bandera argentina.

“25 millones de Argentinos jugamos al Mundial”, era el slogan ideado por


el Ente Autárquico del Mundial (Berns, 2006); prueba de la búsqueda de una
sociedad unida detrás de la selección. El gran resultado fue la creación de la
tercera etapa del fútbol en Argentina; etapa que continúa hasta hoy en día. El
interés en el deporte se hizo universal, lo que solidificó la creencia de que el
fútbol era la actividad deportiva más popular en todo el país.

Los medios de comunicación pasaron a convertirse en parte de la


dinámica futbolística nacional, donde ocuparían más funciones de las que
usualmente corresponden a los medios. Un equipo de transmisión típico en
Argentina suele contar con un narrador, un comentarista –en algunos casos,
usualmente en torneos de importancia como los Mundiales, por ejemplo,
hasta tres comentaristas-, un reportero afuera del estadio, uno dentro del
estadio, y un comentarista que ocasionalmente actualiza los cambios de
jugadores, estrategias y ánimos en los bancos de suplentes. Se comenzó a
masificar la información sobre el fútbol de una manera que pocos eventos
sociales suelen hacerlo.

El fútbol ha logrado convertirse en un tema de todos los días, en el que


todos discuten y debaten. La confrontación no solo queda en palabras y
suele ser entre fanáticos a equipos distintos. Tales enfrentamientos han

43
llegado a cobrar cerca de centena y media de vidas desde 1967 (Salvemos
al Fútbol), a una tasa de entre tres y cuatro muertes violentas por año. La
violencia se convirtió en un tema cotidiano en el deporte; la lucha entre
barras enemigas sigue siendo parte de la fenomenología del fútbol en
Argentina, al punto que es un asunto que la solución, necesita de la
participación del Estado.

Fenómeno de Hinchas y Barras Bravas


Dentro de la problemática que es la violencia en el fútbol argentino, hay
dos actores principales, quienes suelen ser los culpables de los diversos
estragos que ocurren con regularidad. Se trata de los hinchas y las barras
bravas. No puede hablarse del segundo término sin hacer referencia al
primero, pues están estrechamente ligados.

Hinchas
Un hincha es el individuo que posee rasgos muy particulares, que,
estudiados desde un punto de vista psicológico, suelen responder a dos
principales rasgos: el autoritarismo y la falta de identidad, lo que deriva en
autoritarismo pasivo, según Sebreli (1998).

Se somete ciegamente a la autoridad y es fácilmente sugestionable, adhiere al cuadro


por lo que la gente que lo rodea dice de él, respeta la opinión reinante sin formularse
dudas ni reflexiones sobre la calidad del mismo. Carece de espíritu crítico y de sentido
del humor, apoya todos los convencionalismos consagrados por el grupo en que se
mueve. Es incapaz de ir contra la corriente, por falta de voluntad e imaginación. Es
intolerante, susceptible, orgulloso, y con un sentido de irresponsabilidad surgido de la
ilusión de poder que le da su pertenencia a un club (Sebreli, 1998).

Se trata pues, de una clase de persona, con rasgos sociales muy


demarcados, que, aunados con una alta probabilidad de pertenecer a un
estrato social marginado –lo que conllevaría a una más alta posibilidad de
deserción escolar, falta de interés en el conocimiento, carencia de valores y
respeto a lo ajeno-, lo convierten en un sujeto pasivo, dispuesto a hacer lo
44
que los demás harían, sin interés en resguardar el bienestar social. Es un
individuo violento, listo para tomar órdenes de las cabecillas de las
hinchadas.

Suelen regirse bajo un principio, que resulta fundamental en sus vidas; y


es que según Sebreli, “se puede cambiar de pareja, de amigos, de país, de
partido, de ideas, hasta de religión; pero nunca de equipo” (1998). Esta frase
refleja ideas merecedoras de ser desglosadas:

1. Prioridades erróneas: Resulta la más aparente al observar la frase sin


mayor detenimiento. Da a entender la necesidad de alguna forma de
estabilidad en la vida, la cual sea incapaz de hacerle daño directamente al
hincha –cuando se pierde un partido o tiene una temporada negativa, el daño
lo sufre el club en sí; los demás afectados, los hinchas principalmente, sufren
efectos de carácter repercusivo, al no ser ellos involucrados en lo ocurrido,
sino meros observadores-. Una pareja, el país, incluso la misma familia,
tienen la capacidad de poder afectar manera directa y tangible a los hinchas.
Esto refleja en él –el hincha- una sensibilidad y fragilidad emocional, típica en
quienes no han tenido una infancia satisfactoria, psicológicamente. El no
haber sido capaz de madurar emocionalmente, producto de cualquier
cantidad de variables, ha llevado al hincha a reaccionar bruscamente, sin
dejar de sentirse vulnerable.
2. Un “falso” sentido de pertenencia: Como hemos mencionado
previamente, el sentido de pertenencia forma parte crucial de la dinámica del
fútbol en Argentina. Si bien el común denominador, entiéndase personas
ajenas al término hincha, logra sentir el apego a un club de fútbol en
particular –a veces como algo más que una mera simpatía, sino verdadero
arraigo al equipo-, en el hincha tal sentido de pertenencia se convierte en
una condición de la que pierde capacidad de controlar. Los constantes
ataques a autobuses, trenes, fachadas de edificios, incluso a la misma
infraestructura del club; sin mencionar las agresiones verbales y físicas a
45
individuos de clubes ajenos, reflejan una carencia total de control emocional
sobre lo que, según el hincha, es suyo; es decir, el club de fútbol.
Hablamos de falso sentido de pertenencia, dado que dicha pertenencia
ocurre solo en la mente de los hinchas. Si bien suelen ser inscritos al club 11,
los abusos cometidos en nombres de su club, como una especie de ofrenda
o tributo al club, no suelen ser respaldadas por la institución a la cual están
inscritas; justamente por ser acciones delictivas.

La noción de pertenencia del hincha limita su capacidad de


desenvolverse socialmente. Al ser una persona pasivamente autoritaria, es
decir sumisa a órdenes, sus habilidades sociales son rara vez puestas en
práctica, fuera del círculo de hinchas con quien está. Al tener poco roce con
personas fuera del ámbito del fútbol e hinchadas, su personalidad se vería
seriamente afectada por, no solo dichos individuos, sino el club al cual
„pertenece‟. “Ser uno mismo significa para el hincha ser del cuadro (equipo)
X” (Sebreli, 1998).

La dinámica del hincha se desenvuelve necesariamente en el ambiente


en el cual está familiarizado. Su fragilidad psicológica le exige no correr
riesgos a exponerse ante otras realidades. Si se considera el hecho que solo
pasa tiempo con personas que comparte la condición de ser hincha –tales
ataques a objetos o personas son perpetuados en su vasta mayoría de casos
por un grupo de hinchas; actos individuales suelen ser aislados y de reducido
impacto-, la camaradería y el compadrazgo también juegan papeles
importantes en el fenómeno de la hinchada.

Parte de la motivación nace de la necesidad de agredir y ofender al


equipo contrario –y sus respectivos hinchas y barras- . No se trata

11
Es práctica común a nivel mundial, de personas inscritas en los clubes de fútbol, pues ofrece ciertas
ventajas que solo son obtenidas por miembros del club. Algunas de dichas ventajas son: participar en
las elecciones de cargos de los clubes, descuentos en entradas y mercancía, acceso a instalaciones
(de contar con instalaciones públicas), entre otros.
46
exclusivamente de defender a los suyos, sino que incluso, en ciertos casos,
produce más placer derrotar al otro, que la propia victoria. Se cuenta
entonces con dos motivaciones principales, que llevan al hincha a actuar de
la forma en que lo hace. “La agresividad hacia el contrario es un elemento
tan necesario como la solidaridad del hincha con los suyos” (Sebreli, 1998,
p.49).

Una posible causa de por qué cobra tanta vigencia la hinchada en


Argentina, desde la misma llegada del fútbol a Buenos Aires, podría ser
precisamente esa crónica falta de identidad que han sufrido algunos
argentinos a lo largo de la historia: en algún momento de la historia
contemporánea, como hemos mencionado previamente, una cantidad
considerable de habitantes argentinos eran inmigrantes. Sus hijos, carentes
del arraigo hacia Argentina, pero también del país de sus padres, nacen sin
una noción de identidad propia, o algún valor común que los logre identificar.
Similar a los hijos de inmigrantes musulmanes en Europa actualmente, son
jóvenes que se encuentran desde muy temprano con la diatriba de una
pregunta, que resulta fundamental para la psique humana: ¿quién soy?

El nacionalismo suele dar una vaga sensación de pertenecía, con la que


no se cuenta, en el caso de los hijos de inmigrantes de los albores del siglo
XX. Pero justamente se recurre al nacionalismo solo en instantes cuando la
selección nacional juega. De allí el surgimiento de un regionalismo
considerablemente focalizado, el del barrio. El arraigo al barrio en Argentina
puede comprobarse con la cantidad de equipos de fútbol existentes en
Buenos Aires. Incluso, en algunos casos, se cuenta con más de un equipo en
la localidad. Ello refleja la necesidad de una identidad, la cual se busca a
través del deporte.

El caso de Buenos Aires resulta particularmente interesante, dado que, si


bien es la ciudad más grande de Argentina, con doce millones de personas –

47
el territorio denominado Gran Buenos Aires-, ello es un tercio de la población
nacional. A pesar de esto, de los veinte equipos actualmente en la Primera A,
máxima categoría de fútbol de clubes en Argentina, trece pertenecen a la
Gran Buenos Aires (Argentinian Leagues), lo que representa dos tercios de
la totalidad de equipos en la Primera A. En la Primera Nacional B, la segunda
categoría, diez de veinte clubes son de conurbano de Buenos Aires
(Argentinian Leagues). Lo relevante a algo que sería anecdótico usualmente,
es que Gran Buenos Aires y Buenos Aires representan el 50% de los casos
de homicidios relativos a enfrentamientos de hinchadas (Frydenberg, 2004)
(ver apéndice H).

Otro ámbito donde la pertenencia social ha jugado un rol activo, es en el


socioeconómico. Como expresamos en el capítulo previo, las clases
marginadas suelen sentir una desconexión con la sociedad, dado un rechazo
a la pobreza; y en consecuencia, a los pobres. De este rechazo surgió
además una insatisfacción con el status quo, el cual es reflejado en los
ataques a propiedades públicas o pertenecientes a alguien más.

Es así como se conforma la hinchada, un aspecto de la violencia del


fútbol en Argentina, que no debe pasarse de largo. Si bien comparte remotas
similitudes con las torçidas brasileñas, los hooligans ingleses y los tifosi
italianos, su magnitud y su origen –el cual incluye asuntos de identidad
derivadas de la migración- la diferencian de las demás.

Barrabravas
Las barrabravas son bandas compuestas por algunos hinchas fanáticos
de un club,

Que consagran su vida al mismo, y a la vez viven de él, organizados y armados para
provocar tumultos en los estadios, agredir y en ocasiones matar a los adversarios, así

48
como también presionar a dirigentes, jugadores y técnicos del propio club, mediante la
12
amenaza, la intimidación y el „apriete‟ . (Sebreli, 1998).

Usualmente conformados por hinchas y líderes que guían a la hinchada,


las barras bravas complementan al fenómeno de la violencia en el fútbol
argentino, dado que es de allí donde surge la mayor cantidad de
enfrentamientos. Rara vez se habla de enfrentamientos entre hinchas; la
referencia suele ser a las barras bravas.

Si bien la violencia en el fútbol es un fenómeno típicamente asociado a la


segunda mitad del siglo XX –incluso, trasciende el debate sobre si surge con
la democracia y las libertades de toda índole, dado que los enfrentamientos
se daban también en tiempos de dictadura-, su origen se remontan a la
misma llegada de los inmigrantes europeos a comienzos del siglo XX
(Sebreli, 1998). La dinámica era diferente en aquél entonces, lo que permite
analizar a las barras bravas por etapas, según su desarrollo histórico:

1. La barra espontánea y sin estructura: Se trataba de una concepción


completamente distinta a la que se tiene hoy día de las barras bravas, pero
aun así, cabe bajo tal categoría, dado que eran conformadas por hinchas,
tenía el mismo fin –el defenderse de hinchas de otros clubes, y por ende,
agredir a hinchas de otros clubes-, y era un fenómeno de violencia diferente
al crimen común, e incluso, al crimen organizado. Escribía Roberto Arlt en el
periódico El Mundo:

Tan necesario es que los hinchas de un mismo sujeto (equipo) se asocien para
defenderse de las pateaduras de otros hinchas y que son como escuadrones rufianescos,
brigadas bandoleras, barras que como expediciones punitivas siembran el terror en los
stadiums, con la artillería de sus botellas. Esas barras son las que se encargan de
incendiar los bancos (asientos) de las populares13, esas mismas barras son las que
invaden la cancha para darle el „pesto‟ a los contrarios, y en determinados barrios han

12
El apriete se refiere a la coerción verbal y al chantaje.
13
Se refiere a la gradería popular, la gradería de menor costo.
49
llegado a construir una mafia, algo así como una camorra, con sus instituciones, sus
broncas a mano armada (Sebreli, 1998).

2. Las barras mortales: Se refiere al período en que las barras bravas


pasan de simple vandalismo hacia edificaciones y personas, y comienza un
proceso que lleva a la muerte de varias personas. Podría considerarse el
inicio de esta etapa entre la década de los cincuenta y sesenta.
Una característica resaltable de esta etapa, es el desconocimiento de
parte de la autoridad a la condición de bandas organizadas, considerándolas
–a las barras bravas-, aun como una derivada forma de delincuencia común.
Prueba de esto, es el asesinato de Héctor Souto, un adolescente que muere
aplastado sistemáticamente –pisoteado en el pecho y abdomen
repetidamente, mientras otros aplaudían y vitoreaban- por un hincha,
perteneciente a la barra del club Huracán, apodado Cinco Dedos. La
Asociación de Fútbol Argentino (AFA) sancionó a Huracán con seis
encuentros; sentencia que luego fue reducida a dos (Romero, 1986). Tal
reacción de parte de una institución ante el hecho, demuestra el menosprecio
al fenómeno de barras fuertes, como se les conocía en un comienzo. La
fecha en que comienzan estas barras no resulta casual:

Si los hinchas de antaño descendían de la inmigración europea de comienzos del siglo


XX, la generación de las barras bravas organizadas era la de los hijos de inmigrantes del
interior que fueron a habitar el cinturón obrero del Gran Buenos Aires (Sebreli, 1998).

3. La barra organizada y con influencias: Comenzando la década de los


ochenta, y tras un enclave crucial de la historia del fútbol en Argentina, el
Mundial de 1978, el país vivía cambios considerables; la Guerra de las
Malvinas y la eventual caída del Proceso de Reorganización Nacional, marca
el comienzo de la democracia en 1983. Para esta década de cambios, las
barras bravas ya habían cambiado de igual manera. Con una estructura
interna más compleja, y con más formas de percibir ingresos –dentro de las
que cabe la reventa de entradas, venta de mercancía, y en algunos casos,
50
narcotráfico-, las barras habían logrado crear dentro de sí mismas una
institucionalidad, que logró convertirlos en parte de la esfera capaz de tomar
decisiones en los clubes. Las barras comienzan a viajar a encuentros fuera
del cono urbano bonaerense, e incluso al exterior.

Las barras comenzaron a trasladarse por la facilidad de las comunicaciones, con la


complicidad de los dirigentes que les pagaban pasajes y la estadía dentro del país, y al
exterior, con los Mundiales, con la Copa Intercontinental14 (extinta) y la Copa América
(Sebreli, 1998).

Las barras bravas se han convertido hoy día en senos de criminalidad,


negocios ilícitos y corrupción sin mayor control. Para sus dirigentes y figuras
más importantes –de las barras-, es su trabajo del día a día. Ellos viven de lo
recaudado en reventa de boletos, robos a personas –a veces a pequeños
negocios, incluso-, venta de mercancía del club y cualquier otro ingreso que
pudiere tener una barra (Sebreli, 1998). Tan importante resulta el fenómeno
de violencia, que han logrado acceso a influencia interna de los clubes por
los cuales hinchan. Coaccionan a jugadores, técnicos y al mismo club para
realizar lo que sea que convenga a la barra en ese momento. Incluso,
trasciende del fútbol, la influencia de algunas de las barras más grandes,
colándose en la política, a través del apoyo de candidatos de su preferencia;
creando así, una forma peculiar de fuerzas de choque, y un volumen capaz
de convocar a mítines y discursos a diversa variedad de personas.

Si bien las barras bravas son, históricamente, un asunto deportivo, sin


alguna ideología como tal, sí existen casos puntuales sobre barras
politizadas, con ideologías, usualmente radicales. Es un fenómeno común en
otros lugares, donde la violencia en el deporte puede o no jugar un papel
fundamental. Casos como las barras de clubes del norte de Alemania,
específicamente el Hansa Rostock y Holstein Kiel; o clubes „populares‟ en

14
La Copa Intercontinental fue reemplazada por la Copa Mundial de Clubes, donde los campeones de
todos los torneos continentales se miden.
51
Austria, como el Rapid Viena y Sturm Graz, donde el grueso de barras
bravas, por tildarles de alguna manera, suelen estar asociados al neo
nazismo. En Italia, los teppisti15 del club romano AS Lazio, son de corte
fascista. Ocurre también de parte del comunismo radical, específicamente el
caso del Partizan de Belgrado, barra la cual colaboró con el ejército
paramilitar serbio en el genocidio croata-bosnio (Foer, 2006, p.53).

En Argentina, ocurre en casos puntuales, como la barra brava del club,


Tigre, conformada por un grupo de neo nazi. Parte del por qué no suele
haber mayor nexo entre grupos políticamente radicales y barras bravas, yace
en el caos y la anarquía que suele operar en ellas. “Las barras son
demasiado indisciplinadas y caóticas, difícilmente encuadrables en la
estructura de un partido y demasiado incultas como para intentar explicar su
violencia y xenofobia con una ideología, por más elemental que sea” (Sebreli,
1998, p.59).

Hoy día la relevancia de las barras y los hinchas en la dinámica del fútbol
argentino resulta innegable y poco probable de cambiar para mejor. Del
deporte se pasó al negocio y al crimen; las prioridades de la barra difieren
enormemente de las del fanático típico. Para ellos, el ir a un encuentro no es
ir a ver el partido, sino a trabajar; la reventa de las entradas, la venta de
mercancía, el robar a personas, etc., ocupan lugares más altos en las
prioridades de la barra, que el deporte en sí.

La violencia generada en el fútbol de parte de las barras bravas e


hinchas, es producto de una confrontación entre diversas bandas delictivas
armadas, que suelen alentar a clubes diferentes (ver apéndice I).

Si bien el enfrentamiento en sí es meritorio de análisis y detenimiento,


son los daños y las consecuencias lo que incumben a este trabajo. Suelen
ser violentadas áreas públicas o comunes, de las que suelen beneficiarse los
15
El equivalente italiano a las barras bravas.
52
vecinos de la zona donde se pelea. El caso más típico, suele ser el de las
estaciones de buses y trenes, así como los propios medios de transporte;
rayados, rasgados y en muchos casos rotos, los enfrentamientos entre
distintas bandas dejan destrozos que hacen de las riñas, problema de la
comunidad.

Otra característica significante es el momento en que ocurren dichos


enfrentamientos, si bien poco más de los muertos resultantes de las riñas
ocurren después de los partidos (53%), el restante 47% ocurrieron en algún
momento antes del partido, durante el juego, o en casos que el partido es
cancelado por los enfrentamientos físicos entre las barras (Frydenberg,
2004) (ver apéndice J).

Aunado a los enfrentamientos entre barras rivales, surgen también los


conflictos internos, entre la alta dirigencia de las barras bravas de un mismo
club. En ciertos casos, dichos enfrentamientos no son solo verbales, sino
encuentros violentos, en los que igualmente, la infraestructura aledaña suele
sufrir serios daños.

Ello ocurre por una innata necesidad del conflicto en los hinchas, que,
aunado a los considerablemente altos recursos monetarios que están en
juego como alto dirigente de una barra, lleva a conflictividad interna; esto
hace a las barras aun más difíciles de controlar y predecir, de parte de las
autoridades. Es un fenómeno social –y económico, si se consideran los
intereses monetarios tras cada enfrentamiento, de alto peligro para la
estabilidad interna de la sociedad. Lo volátil que resultan ser las barras,
tiende a ser una amenaza para residentes en sectores de la ciudad cercanos
a estadios, quienes han tenido que adaptarse a una presencia constante de
dichos grupos.

Los enfrentamientos suelen ocurrir por intereses económicos más que


por cuestiones políticas. A pesar de ello, no se niega que exista una cantidad
53
considerable de riñas de barrabravas con algún motivo político. Si bien es el
dinero lo que motiva usualmente a las barras a actuar –principalmente por el
hecho que se trata de un ingreso para el grupo de hinchas-, ocurre que la
esfera de influencia de las barras suele trascender lo económico, y se
transforma en una forma de coaccionar a dirigentes de clubes –incluso de la
Asociación de Fútbol Argentino-, para tomar una u otra postura sobre algún
tema en particular.

Incluso, los enfrentamientos internos cargan un componente


considerable de esto. La lucha por los beneficios económicos de ser líder de
las barras son considerables, pero de la misma manera en que ocurre dentro
de partidos políticos, los miembros de las barrabravas suelen tener diversas
opiniones respecto a quien podría ser electo nuevo presidente, entrenador,
etc., del club.

La violencia en el fútbol no se trata necesariamente de un fenómeno


universal. Si bien existe en la vasta mayoría de los países practicantes del
deporte, en pocos suele ser una generalidad, y se trata más bien la
excepción. En Argentina, el país con mayor cantidad de muertes por año a
causa de pleitos relacionados al fútbol, ocurre de una forma sistemática. El
asistir a un encuentro de balompié implica tomar un riesgo que en otros
lugares no se catalogaría como ello. La violencia ha pasado de ser la
excepción a ser un asunto de seguridad pública. La necesidad de reformas
en la forma como se ha venido manejando el asunto ha llevado a este
problema social a manos del Estado, quien tampoco ha podido mermar el
número de incidencias.

Se podría decir que el aspecto violento del fútbol podría condicionar de


alguna manera al deporte en el país. Si bien ya se han venido cerrando
estadios, produciendo arrestos, etc., los enfrentamientos siguen siendo igual
de cuantiosos. Resulta desalentador saber el alcance de la influencia de las

54
barrabravas en el ámbito institucional de los clubes. Más que socios, se han
convertido en un bloque con suficiente preponderancia en sí como para
podérselo remover. Las barras se han convertido pues, en una amenaza
para el mismo orden institucional de los clubes a los cuales apoyan.

55
Conclusiones:
A lo largo de la historia argentina, han existido dos grandes
momentos, en que el deporte fue usado como una herramienta por los
gobernantes de turno. Se trata pues, de los años del peronismo y los años
del Proceso de Reorganización Nacional, específicamente durante el
mandato del General Jorge Videla. Con dos diferentes visiones sobre qué
podría representar el fútbol para la sociedad, y por ende, dos formas
diferentes de actuar hacia él, ambos regímenes hicieron uso del deporte
como una herramienta política de forma tal que merezca ser estudiado y
analizado con detenimiento.

Los casos previamente expuestos reflejan una intención –en cuanto a


Perón, algo banal y retributiva- de utilizar al deporte políticamente. Si bien los
mecanismos usados y los fines últimos de ambos períodos difieren
enormemente, sí hubo un claro uso de parte de Perón y Videla del deporte,
como parte de un programa nacional, cuyo fin político era fortalecer la solidez
popular del régimen.

El peronismo es un momento histórico de suma importancia en el


desarrollo de Argentina. Si bien dejó un legado positivo –sistema de
hospitales públicos, bibliotecas, infraestructura de diverso uso, etc.-, dentro
de los cuales encajan triunfos deportivos en diversas áreas, como el
automovilismo, el boxeo, entre otros; no puede negarse a expensas de qué
se logró dicho legado. La persecución política de opositores al régimen
peronista, así como el despilfarro de las reservas con las que se contaba.
Argentina pasa de ser una de las más importantes economías del mundo, a
ser un país promedio de América Latina.

Otro aspecto determinante del peronismo, era una necesaria creación


de una nueva concepción sobre lo que era Argentina. Dicho juicio resulta
relevante al estudio que realizamos, dado que el deporte, como medio de
56
obtención de un físico envidiable, jugaba un papel de suma importancia
cultural en la „Nueva Argentina‟ peronista. Se trata de desligar en todos los
aspectos al turbulento pasado, sobre el cual Perón parecía un resplandor de
estabilidad interna. Dado esto, junto con otros factores, se iría forjando en la
sociedad la creación del mito Perón.

En cuanto al uso del fútbol durante los años de mandato de Videla,


específicamente 1978, el año del Mundial auspiciado por Argentina, tenía
una intención meramente política. Se invirtió una suma siete veces superior a
la invertida por España, cuatro años antes. El Mundial representó para la
Junta de gobierno, la oportunidad de al menos intentar limpiar su imagen
ante el mundo. Hubo fuertes denuncias y rumores sobre la violación
sistémica de los Derechos Humanos en Argentina, a manos del gobierno.

En fin, para el Proceso de Reorganización Nacional el Mundial fue la


oportunidad perfecta para contraatacar y hacer parecer infundadas las
acusaciones sobre violaciones de Derechos Humanos, hechas por diversas
organizaciones, tanto dentro como fuera de Argentina; así como lograr
unificar, bajo el nacionalismo implícito que surge durante un Mundial de
selecciones nacionales –que solo puede ser magnificado si el Estado decide
repartir banderas y decorar calles y plazas con colores patrios- a toda la
sociedad, evitando así roces o tensiones mayores ante extranjeros en el
país. Tal unión que vivió la nación entera durante el mes que duró el Mundial,
le garantizó el futuro inmediato al régimen.

En el desarrollo histórico del fútbol en Argentina, puede verse un claro


proceso de penetración del deporte en las masas; comenzando como una
actividad practicada por extranjeros pudientes, el fútbol logra convertirse en
el deporte más popular y de mayor juego en toda la Argentina, en
aproximadamente un siglo. Y a través del balompié, pueden realizarse
estudios sobre diversos fenómenos, si bien universales –presentes

57
prácticamente en todos los países-, con la particularidad de su desarrollo en
tierra argentina: la delincuencia organizada, el problema de la educación, las
limitantes socioeconómicas, los roces inter clases, así como el legado
histórico de un pasado particularmente turbulento e inestable, por mencionar
algunos.

La dinámica deportiva argentina resulta única si se considera el


alcance que logra tener el deporte dentro de la sociedad y la política local. Si
bien el fútbol –por el volumen de dinero que involucra y la popularidad que
como deporte tiene- de por sí es un factor atractivo para esferas de poder
dentro de la política del balompié, es decir, todo el aparato institucional que
yace en la FIFA y las seis confederaciones regionales que existen, son
contados los casos en que el deporte suscite relevancia en el escenario
político de alguna nación; y por lo palpable del caso argentino, éste resulta
un fenómeno único.

En Argentina, existe una gran diversidad de talento deportivo, en un


gran conjunto de disciplinas, pero a pesar de ello, pocos son los eventos que
logran desplazar al fútbol como tema central de discusión.

A pesar de la violencia que en torno al fútbol se genera, no deja de


representar una oportunidad para surgir y salir de las villas miseria para
varios jóvenes en las principales ciudades argentinas.

Claro está que no ha de ser el único medio de movilidad social


disponible en la sociedad, pero es, al menos, un desahogo para quienes
cuentan con la capacidad y el talento de poder surgir como atletas
profesionales; y aun para quienes no logran convertirse en jugadores de
algún club de fútbol, sigue representando un lugar donde la realidad suele
quedar en el segundo plano, desplazada por el deporte. No ha perdido la
capacidad de congregar gente, ni de llenar de euforia a la sociedad entera.

58
Dentro de toda la manipulación política que ha recibido, así como de
la violencia de ella surgida, no ha cambiado de manera substancial el fútbol,
desde la época en que fue traído por los ingleses a mediados del siglo XIX; y
a pesar de los avances y retrocesos a lo largo de la historia, el fútbol
permanece –y todo pareciera indicar que permanecerá-, como una de las
pocas constantes socio-políticas en Argentina.

59
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62
Apéndice A:

http://www.efdeportes.com/efd132/violencia-y-muertes-en-el-futbol-argentino-
estadistica.htm

63
Apéndice B:

http://www.efdeportes.com/efd132/violencia-y-muertes-en-el-futbol-argentino-
estadistica.htm

64
Apéndice C

Portada de Mundo Deportivo, en su edición 246 (Diciembre, 1953)

65
Apéndice D
Lista con algunas de las medidas tomadas por el Proceso de Reorganización Nacional, así
como el porcentaje de las víctimas de persecución, según profesión. (Tomado de la página
web del Ministerio de Educación argentino, www.me.gov.ar)

1. Suspende la actividad política


2. Suspende los derechos de los trabajadores.
3. Interviene los sindicatos.
4. Prohíbe las huelgas.
5. Disuelve el Congreso.
6. Disuelve los partidos políticos.
7. Destituye la Corte Suprema de Justicia.
8. Interviene la CGT.
9. Interviene la Confederación General Económica (CGE).
10. Suspende la vigencia del Estatuto del Docente.
11. Clausura locales nocturnos.
12. Ordena el corte de pelo para los hombres.
13. Quema miles de libros y revistas considerados peligrosos.
14. Censura los medios de comunicación.
15. Se apodera de numerosos organismos.

Distribución de desaparecidos según profesión u ocupación

Obreros......................................................................................... 30,0%
Estudiantes................................................................................... 21,0%
Empleados.................................................................................... 17,8%
Profesionales................................................................................. 10,7%
Docentes....................................................................................... 5,7%
Conscriptos y personal subalterno
de las Fuerzas de Seguridad........................................................... 2,5%
Amas de casa............................................................................... 3,8%
Autónomos y varios........................................................................ 5,0%
Periodistas.................................................................................... 1,6%
Actores y artistas........................................................................... 1,3%
Religiosos..................................................................................... 0,3%

66
(Informe de la Conadep, Nunca Mas, Eudeba, 1984)

67
Apéndice E

Publicidad Oficial publicada en la edición del 5 de Septiembre, 1979, Diario la Prensa.

68
Apéndice F:

Nombre Porcentaje

"Argentino/s" 6%

"Unidos", "Defensores", "Unión" 8%

"Estudiantes", "Estudiantil", "Juniors", "Juventud" 15 %

Deporte, competencia 6%

Nombres ingleses 9,6 %

Nombres ni ingleses, ni argentinos 8%

Fechas patrias y personajes de la historia argentina 19 %

Lugares 25 %

Religión, Política, "Porteño", "Central", "FFCC", "Buenos Aires" 3,4 %

Los nombres de clubes existentes. 1907.


Fuente: Sección deportiva del diario "La Argentina"

http://www.efdeportes.com/efd2/22jdf13.htm

69
Apéndice G:

A. Próceres
nacionales
B. Nombres
extranjeros no
ingleses
C. Inglés
D. Gimnasia y Esgrima
E. Buenos Aires
F. El...
G. Establecimientos
educativos
H. Juniors
I. Estudiantes
J. Política
K. Defensores
L. Unión
M. Unidos
N. Argentinos

Los nombres elegidos a través del tiempo.


Fuentes: Historias del fútbol argentino. Diarios: El Diario, La
Nación y La Prensa.

http://www.efdeportes.com/efd2/22jdf13.htm

70
Apéndice H:

GBA: Gran Buenos Aires

71
http://www.efdeportes.com/efd132/violencia-y-muertes-en-el-futbol-argentino-
estadistica.htm

72
Apéndice I:

La rivalidad referente a los clubes en cuestión. Regular, es la condición en que no existe


mayor connotación al partido. Clásico se refiere a los encuentros entre equipos rivales, como
Boca Juniors- River Plate, por ejemplo. Rivalidad se refiere a la existencia de eso mismo
entre dos clubes, pero que no logra ser lo suficientemente exacerbada para ser considerada
un clásico.

http://www.efdeportes.com/efd132/violencia-y-muertes-en-el-futbol-argentino-
estadistica.htm

73
Apéndice J:

http://www.efdeportes.com/efd132/violencia-y-muertes-en-el-futbol-argentino-
estadistica.htm

74
Apéndice K

Bendito y Maldito el Fútbol (Comercial de Cerveza Quilmes, 2006)

Bendito sea el Mundial con el que soñamos


Bendito cada nombre que ha sido designado
Benditos los pibes que siempre sacamos
El peso de la historia, el respeto ganado
Malditos sean los recuerdos dolorosos
Maldita la impotencia y la injusticia que vivimos
El volvernos a casa cada uno por su lado
Las finales sin jugar, el quedar en el camino
Bendita la anestesia generada por los dolores
Las tristezas que curamos con abrazos
Las gargantas que se rompen por los goles
El sentirnos los mejores por un rato
Malditos los sorteos y los grupos de la muerte
Los controles sin azar que signaron nuestra suerte
Malditos los mezquinos que juegan sin poesía
Los que pegan, los que envidian
Los que rompen y lastiman
Bendito sea el orgullo con el que entramos a la cancha
El porte y la pelota no se manchan
La TV que repite la gambeta
Inflar las redes de los otros
Inflar el pecho de los nuestros
Merecer la camiseta
Los turistas, los cronistas
Los sponsors, los amigos
El himno, las mujeres siguiendo los partidos
Benditas las cábalas que dan resultado
Las risas y el llanto que guardaremos tanto
Y bendito ese momento que nos regala el futbol
De poder cambiar nuestro destino
Sentir otra vez y frente al mundo
Lo glorioso, lo groso
De ser argentino

75
Al tratarse de publicidad, el comercial estaría dirigido a un sector particular de la población.
Con el tono nacionalista relativo al fútbol, la principal porción poblacional a la que se le dirige
el mensaje es a quienes siguen de cerca a la selección nacional, típicamente una población
masculina, de dieciocho años en adelante –dada la naturaleza del producto-, con interés en
el fútbol. Se apela a la emotividad que genera el fútbol en la población.

76