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Instituto Superior Alfredo R. Bufano.

Sujeto, Aprendizaje y Contexto / Psicología Evolutiva
Profesor: Paolo Signorelli
Alumno: Juan Agustín Ambrosini
Año: 2015
TRABAJO PRÁCTICO
Sobre libro “FUNDAMENTOS Y FINES DE LA EDUCACIÓN” de Francisco Ruiz Sánchez
1. Hacer un resumen de la Primera Parte de la obra: los fundamentos de la educación

El estudio de los fundamentos de la educación, que es el objeto de toda esta
primera parte, busca profundizar en la realidad humana para conocer la verdad
objetiva del hombre y la necesidad que en ella se descubre de la labor
pedagógica1, con las notas acordes que tal enseñanza 1 ha de tener para cumplir
con su función de ayudar al hombre a alcanzar la plenitud o perfección. En este
sentido esta primera parte se ordena directamente a “restaurar un concepto de
educación acorde con la exigencia de la naturaleza humana”, que es el fin de toda
la obra (según viene indicado por el autor en el prólogo), y que va a ser
completado con el estudio de los fines de la educación (2° parte).
Ahora bien, esta realidad humana que ha de ser estudiada, puede ser enfocada de
diversos ángulos que van a permitir un análisis más preciso con el fin de
descubrir lo que funda el hecho educativo en cuanto tal. Así, al hombre, se lo
puede considerar como un todo sustancial (y en este sentido emergerán los
fundamentos antropológicos de la educación), se lo puede estudiar como parte
de un todo moral (y aquí se descubrirán los fundamentos sociológicos de la
educación) y por último se lo puede estudiar en cuanto al deber ser o la
perfección que debe alcanzar (y en esto se hallarán los fundamentos éticos de
la educación).
Respecto a los fundamentos antropológicos, 13 aspectos se pueden distinguir,
para profundizar en la necesidad pedagógica del hombre como un todo:
1. El hombre: persona.
El concepto clásico de persona (de Boecio) la define como “sustancia individual de
naturaleza racional”. Este concepto es ciertamente análogo y puede aplicarse,
con las debidas salvedades, desde las personas divinas hasta las humanas. Sin
embargo en cuanto persona “humana” este concepto se aplica a un ser compuesto
de materia y forma, esencia y ser, lo que lo determina a ser limitado, en cuanto no
posee todo el ser pero es perfectible. Esta composición perfectible consiste
precisamente en una materia organizada por un alma espiritual, la cual tiene
operaciones propias como la inteligencia y voluntad. En esta perfectibilidad de la
persona humana es precisamente donde se funda y debe proyectarse la educación
que ha de tener en cuenta tanto la jerarquía de la composición del hombre,
cuanto la distinción entre lo que es y lo que debe ser.
2. El hombre es un ser dinámico

1 Uso los términos pedagogía y enseñanza en sentido amplio, como equivalentes a educación. En la obra, en
cambio, se usa especialmente pedagogía como “ciencia que se ocupa de la educación y la enseñanza”, y
enseñanza como la educación restringida al campo del conocer y el pensar.

El dinamismo humano es un hecho de experiencia, mas es preciso señalar que el
proceso se realiza bajo la primacía del espíritu. En el hombre podemos distinguir
un triple dinamismo interrelacionado: un dinamismo interno (de las partes entre
sí y con el todo según un principio interno que organiza), un dinamismo evolutivo
(como un todo que busca plenificar su totalidad), y un dinamismo relacional (por
el que el espíritu se pone en relación con las cosas). Cada uno de estos supone el
anterior a la vez que es fin de aquél. De este modo el hombre se presenta como
un ser relativo con apertura hacia las cosas y con la necesidad de una búsqueda
objetiva de aquello que lo perfecciona. Mas en esta búsqueda puede haber fallas o
necesitar de asistencia, lo cual funda la necesaria educación para ayudar en la
guía de este proceso perfectivo.
3. El hombre, ser con interioridad
Sin embargo, el hombre no es pura proyección, sino que es capaz de volver sobre
su interioridad por medio de la reflexión. Dentro de las capacidades de su
intelecto está la de juzgar (afirmando o negando), lo cuál puede hacerse o bien
sobre un orden dado (especulativo), o sobre lo que debe hacer (práctico). Ahora
bien, acorde a esta capacidad de juicio práctico y a su interiorización, el hombre
no sólo puede hacer juicios reflexivos puntuales sino que es capaz de elaborar un
proyecto que luego ha de realizar y llevar a la práctica (proyecto que es ámbito
propicio de la guía educativa).
4. El hombre, capaz de autoconducción
Mientras los animales son meros actores del proyecto de vida, el hombre es autor
de su proyecto, conforme a lo que se dijo. El fundamento de esto es que conoce el
fin y es capaz de disponer de los medios, realizando el sentido propio el concepto
de “conducta”, es decir, de ser guía de sus operaciones. Así el hombre en cuanto
conductor ha de tener la asistencia educativa que le ayude a descubrir la meta,
los medios y el modo eficaz de actuar su vida según esto.
5. El hombre, capaz de elegir
El campo de elección del hombre no es absoluto (vgr. no puede elegir el fin último
de la naturaleza, ni el fin del bien común político o de la familia). En cambio es
objeto de elección todos los fines que tengan carácter de medio (ya que elige algo
en cuanto medio). Ahora bien, en esta elección, tanto el intelecto puede fallar por
ignorancia o error, cuanto la voluntad, la cual puede distorsionar el juicio
intelectual movido por tendencias inferiores que subyugan el querer. Se hace
indispensable por tanto la educación para evitar estas falencias y lograr la
capacidad de organizar la vida y elegir, según la jerarquía objetiva de valores.
6. El hombre, capaz de ser libre
Se pueden distinguir tres sentidos de libertad: el primero es la libertad física (que
en sentido negativo implica no tener ligaduras físicas), el segundo es el de
libertad síquica y el tercero es la libertad moral. El segundo concepto puede
entenderse negativamente como no estar atado síquicamente, determinado a
obrar de cierto modo por impulsos, y así, en sentido positivo propio, significa el
domino de la conducta con la consiguiente capacidad real de elegir y
autodeterminarse. Esta libertad es necesaria para la perfección del hombre y
fundamenta la necesidad de la educación que debe guiar al hombre de la
posibilidad de ser libre al ejercicio de la libertad (liberándolo de los impulsos, las
ideologías, etc.). En cambio, la libertad moral es el no estar atado por una
obligación moral: sin embargo esta libertad no implica necesariamente la

perfección del hombre, sino que, por el contrario, una obligación moral cumplida
perfecciona y plenifica al hombre. Es por esto que la educación, en este campo,
debe enseñar a reconocer y cumplir las obligaciones morales (no “liberar” de
ellas) a la vez que enseñar a elegir dentro del campo de libertad al interno del
mismo deber moral : esto ha de lograrlo por la formación de virtudes y de la
conciencia.
7. El hombre: pluralidad de tendencias
El hombre busca la perfección en cosas objetivas distintas de sí, pero lo hace
según diversas y múltiples tendencias a objetos diferenciados, siendo muchas
veces divergentes o contradictorias. Por lo tanto es preciso, para que alcance la
perfección, el poder ordenarlas, pues de otro modo se seguiría la anarquía. Este
campo es terreno propicio para la labor propiamente educativa.
8. El hombre: multiplicidad de dimensiones
En el hombre encontramos por una parte una “dimensión intrapersonal”, de la
interioridad, donde nadie puede llegar más que él y donde se forja o se deja de
realizar el proyecto personal. Esta dimensión, espontáneamente desordenada, ha
de ser ordenada por el sujeto con la ayuda educativa. Luego están las
“dimensiones relacionales” que son aspectos reales de la personas (como
accidentes en la sustancia). Estas relaciones (vgr. paternal, amicial, profesional)
comportan a su vez una conducta a observar y, según se obre en consonancia, una
cualificación de la persona (vgr. ser buen padre). Estas relaciones no se limitan al
campo individual sino que se dan también en relación a instituciones (respecto a
un Bien Común) y pueden diversificarse según qué facultad prime en la relación o
el modo de relacionarse con las cosas. La educación en este campo ha de consistir
en capacitar en el conocimiento y virtudes necesarias para cumplir las
obligaciones éticas que se desprenden de estas relaciones.
9. El hombre: ¿ser dependiente?
El hombre, lejos de la absoluta independencia pretendida por ideologías
modernas, es un ser dependiente de otras realidades y esto en 5 ámbitos: físico
(de leyes de la materia), biológico (para vivir depende del funcionamiento de
organismos vivos), psíquico (dependencia del intelecto, la voluntad y los
movimientos de la afectividad respecto del objeto), ontológico (en cuanto su ser
en absoluto depende de El Ser y al interno del hombre la sustancia como
fundamento de todas sus perfecciones) y social (en cuanto al influjo de la familia y
otros agentes). Esta última dependencia puede ser favorable en cuanto tienda a
un auténtico bien común y en ella se encuadra la dependencia educativa e incluso
la sobrenatural (de parte de la Iglesia). En este último ámbito, resalta la
dependencia particular de la cultura sobre el hombre, que es particularmente
significativa, y en cuanto sea acorde a la naturaleza humana, lo ayuda a
perfeccionarse como hombre y como hombre de tal lugar. Por eso es tan
equivocado el avasallamiento cultural del liberalismo, cuanto la pretendida
liberación de toda cultura propugnada por el marxismo.
10.

El hombre: ser condicionado

Por condicionamiento se entiende todo influjo en la conducta del hombre sin que
llegue a determinar o a ser impedimento para su operación. Pueden ser
condicionamientos naturales (geográficos, etc.) o humanos (nivel socioeconómico, cultural, etc). Estos condicionamientos, que deben considerarse en la

labor educativa, pueden ser positivos o negativos, en cuanto ayuden o
entorpezcan a la perfección del hombre.
11.

El hombre: ser falible

La falibilidad del hombre es una de sus notas propias, y no hay que ubicar la
causa de este fenómeno en la libertad misma (en cuanto capacidad de elegir),
sino que proviene directamente de otras causas: la ignorancia práctica (por la que
se desconoce el fin o los medios), el error (como juicio no acorde a la realidad),
las inclinaciones desordenadas (en cuanto contradicen lo que conduce a la
perfección) y la voluntad débil (o mal guiada por la inteligencia o que a sabiendas
elige lo menos perfectivo). Sin embargo, hay que afirmar que la causa ulterior de
esta falibilidad es teológica (el pecado original) y se extiende a todos los campos
humanos. Central es este tema respecto a la educación, en cuanto pone de
manifiesto la necesidad de esta, a la vez que determina el campo y los fines que
debe buscar.
12.

El hombre: ¿ser histórico?

El ser histórico implica un aspecto de cambio (en el tiempo) y uno de
permanencia (de un sujeto que subyace a los cambios). Ahora bien, en el caso del
hombre, como ser libre, él se constituye en el arquitecto de su propia historia,
que, aunque pueda ser condicionado, sin embargo su futuro siempre estará sujeto
a su elección. Es cierto que se pueden hacer conjeturas, según el modo habitual
de ser, sobre cómo ha de obrar un hombre pero jamás se puede asegurar con total
certeza. Esto, proyectado a nivel social, implica que en las sociedades hay una
permanencia constitutiva con caracteres propios, que debe ser respetada en
cuanto conforme a la naturaleza humana y ordenada al bien común, a la vez que
el cambio dependerá de la acción libre del hombre, que para ser perfectiva, ha de
ser conforme a los elementos positivos de esa tradición. En este orden social
histórico es imposible prever con certeza el futuro, aunque pueda conjeturarse,
porque en último término depende del actuar libre del hombre. De todo esto se
desprende la falacia de ciertas ideologías modernas, que parten por negar la
libertad del mismo individuo (sosteniendo un determinismo), profetizan
científicamente el futuro de la historia de la humanidad (generalmente en un
paraíso socialista), buscan apartar al hombre de sus raíces sobre las que ha de
construir el futuro (proclamando la revolución) y buscan de avasallar todo
movimiento contrario del espíritu queriendo anular el único factor no
determinado: la libertad (por medio de la imposición de una mentalidad). Contra
esto está la verdad de que Dios es el único que conoce el futuro y que a nadie lo
ha revelado, y que por el mismo hecho de la redención manifiesta la realidad de la
libertad y responsabilidad del hombre. Por eso es preciso que padres, docentes y
gobernantes sepan educar en la libertad para formar mejores hombres en el
presente capaces de actuar un futuro más propicio para el hombre.
13.

El hombre: ser religado

El hombre, aun siendo libre, tiene muchas dependencias y vínculos (algunos ya
vistos), los cuales se dan de hecho o le sirven para su perfección. Estos vínculos
pueden por lo tanto ser libres o no, y en algunos casos se puede influir sobre el
vínculo mismo mientras en otros, no. A todos los vínculos ya desarrollados (físico,
químico, síquico, social y religioso), es preciso añadir el vínculo religioso que nos
pone en relación a Dios como causa y que es fundamental en cuanto incluye a
todos los otros (este vínculo está presente en todo hombre aunque no

necesariamente hay una ligación sobrenatural con Dios, la cual se da por la
gracia). Ahora bien, este vínculo moral, exige para que el hombre se perfeccione
una respuesta de su parte respecto a Dios mismo y a las demás cosas en cuanto
fundadas por él, y esto es la religación (o religión). Esta consiste por tanto en una
ratificación con la vida del vínculo con Dios. Al ser un vínculo moral, cabe la
falibilidad de lo humano, y una liberación del vínculo en este campo sería
propugnar un abandono de la posibilidad perfectiva del hombre. Por eso, este
campo, es fundamento de la necesidad educativa, en cuanto a ésta le compete
enseñar a reconocer y cumplir las obligaciones que se desprenden de los vínculos,
incluido el religioso, en orden a la perfección.
-----------------------------------Habiendo considerado los fundamentos de la educación partiendo del hombre
como un todo físico, es preciso ahora estudiarlo como una parte moral de ese todo
moral que es la sociedad, de donde surgen otros tantos aspectos fundantes del
hecho educativo (fundamentos sociales de la educación). Por eso, lo primero a
considerar, es que el hecho de que la sociedad sea un todo (moral), no anula
(como pretenden los socialistas) la condición sustancial del hombre y por lo tanto
permanece vigente todo lo dicho sobre el fundamento antropológico. El aspecto
social es complemento de la visión del hombre sustantivo y el fundamento está en
el mismo hombre, el cual, por su misma indigencia y falibilidad, se muestra
necesitado para su progreso biológico y espiritual de una sociedad que tiene la
capacidad de subsanar esa necesidad. Y aquí encontramos el primer aspecto
relevante en el tema que nos ocupa, en cuanto la educación es un elemento social
importante, en cuanto capacita a afrontar la falibilidad y es capaz de formar las
cualidades de las que el individuo está necesitado.
La sociedad constituye un todo moral en cuanto hay un ordenamiento de los
hombres hacia un fin común. Así, el primer orden objetivo social que surge entre
los hombres es la familia ya que el varón y la mujer constituyen un todo en pos de
un fin común: su mutua perfección y la procreación de los hijos. Mas, en este
procrear, el hijo llega al mundo indigente y necesitado: necesidad que debe ser
complementada por la familia no sólo en lo que hace al aspecto biológico, sino
también al espíritu. De aquí que sea un fin esencial de la familia la educación de
los hijos. Esta educación es tan importante para el niño ya que constituye el
primer ambiente psíquico moral según el cual irá formando sus criterios.
Respecto a los límites, hay que decir que en cuanto a dimensiones educables no
tiene límites (debe ser integral), pero debe respetar lo que está más allá de los
fines propiamente familiares (dando los principios para la autoconducción) y
siempre está condicionado por el nivel económico social. Este fin esencial de la
familia es un derecho insustituible que otras instituciones pueden solamente
subsidiar.
Sin embargo hay tendencia a bienes que trascienden la familia, y por esto el
hombre forma parte de otras sociedades (política e intermedias). Estas implican
relaciones reales con exigencias a cumplir, en orden a los fines de cada sociedad,
y que el hombre debe ser educado para cumplir para alcanzar su perfección (por
el hecho de que es la libertad la que entra en juego en esta armonía). Sobre todas
las sociedades intermedias está la sociedad política, como sociedad perfecta. Si
consideramos sus causas podremos distinguir también otros tantos aspectos en
relación a la educación:

Causa material: está compuesto por personas, tanto individualmente como
en sociedades inferiores, las cuales han de estar dispuestas para
subordinarse al fin común. Mas la persona es originariamente un elemento
indeterminado y solo dispuesto en potencia para esta colaboración por lo
que la educación debe disponerlo en acto para tender al fin común.

Causa formal: es el orden dinámico de personas y sociedades hacia el bien
común específico y la relación de las partes para la consecución del fin.
Debe educarse por tanto en el tender al Bien Común (armonizando otros
fines y en la relación con otras partes), pues sin esto no hay verdadera
sociedad política.

Causa eficiente: en cuanto al imperio, es el gobernante, y en cuanto a la
aceptación del orden al bien común y su puesto en la sociedad, es el pueblo.
Por un lado es preciso que el gobernante realice una labor pedagógica
(incluso con las leyes), mientras que se hace necesaria la educación del
pueblo en la libertad para que contribuya al bien del todo.

Causa final: es el bien común político como bien del todo del que participan
las partes. Hay que educar en el reconocimiento del Bien Común como
perfección del sujeto (junto a lo ya mencionado de las subordinaciones de
otros fines a este bien).

De este modo en la naturaleza de la sociedad política está incluida la necesidad
educativa ya que esta permite la ordenación al Bien Común de las partes, el cuál
es, a la vez, necesario para la perfección del mismo hombre. Sin embargo, la
educación debe ser diferenciada, respetando la libertad y vocación, para la
armónica coordinación de diversas funciones sociales. Además, valga aclarar que
la promoción educativa del Estado debe contribuir a la perfección de todo el
hombre, como subsidiario de la familia, incluyendo todas sus dimensiones sociales
y, en especial, lo referente al bien común (de modo específico el bien común
político, pero también, por su influjo, el bien común trascendente).
Por último es necesario analizar los fundamentos éticos de la educación, esto
es, cómo del análisis del obrar humano y de su bondad se descubre la necesidad
(y en parte la naturaleza) de la labor educativa. Por esto es preciso, primero,
considerar el obrar humano, que brota del uso de las facultades superiores
(inteligencia y voluntad), y que puede sintetizarse del siguiente modo (según las
palabras del mismo autor):
“En resumen, surge del análisis del acto humano, por muy somero
que sea, la incidencia que tiene la ignorancia (acerca de fines y
medios), la posibilidad de errar (id), la debilidad de la voluntad y la
multiplicidad de movimientos afectivos, en la génesis y realización
del acto” (p. 264)
De todos estos “aspectos falibles” brota la necesidad y campo de operaciones de
la labor pedagógica que debe guiar a la superación de la ignorancia, la
reafirmación de la inteligencia y la voluntad en la verdad y en el bien y el orden
de los apetitos inferiores.
Sin embargo es necesario, para tener una visión acabada de la educación en
relación al obrar, el campo específicamente ético o moral, que tiene como raíz
metafísica el hecho de que el hombre puede perfeccionarse por medio de
accidentes (operaciones) dependiendo de la calidad del objeto en el que entra en

relación (esto supone que puede haber accidentes que no perfeccionen su
naturaleza, y para la bondad en cuanto tal es preciso, no solo la bondad del
objeto, sino el acto mismo).
Es por esto que la educación debe afrontar el problema moral como campo
específico, en el que el hombre puede fallar al discrepar ser de deber ser (puede
obrar bien o mal). Y esta labor se ha de desarrollar en varios aspectos:






Formar la inteligencia para que pueda conocer los fines y ordenarlos (fines
generales, propios y el de cada obra)
Formar el querer recto para que siga el juicio verdadero de la inteligencia
Guiar en el descubrimiento de la norma moral recta, como aquella que
muestra las realidades perfectivas de la naturaleza.
Desarrollar la conciencia moral que permite juzgar la bondad de una obra
(sin que haya ignorancia, error ni autoengaño).
Desarrollar hábitos perfectivos operativos (virtudes) que hacen buena la
obra y al hombre mismo.
Llegar a lograr la integridad del hombre como cierta estabilidad en el bien
en todas sus conductas y actos.
Educar en la objetividad evitando el error moderno del relativismo que no
reconoce las exigencias morales que brotan de la misma naturaleza.