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Informe N° 617
Política Nacional
12/07/2007

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05/07/2007 Economía

La Arrogancia de Ciertos Economistas
Genaro Arriagada

La CASEN 2006, Buenas Noticias
29/06/2007 Política Nacional

El Fin del Proyecto Nacional
25/06/2007 Política Nacional

La Democracia Cristiana y el Modelo Económico
20/06/2007 Economía

En enero de este año, en Washington, fui invitado a comentar el libro de Javier Santiso Latin America´s Political Economy of the Posible. Beyond Good Revolutionaries and Free Marketers, publicado el año pasado por The MIT Press. Mis comentarios fueron críticos de algunas de sus afirm aciones cent rales y de lo que consideré omisiones o apreciaciones erradas respecto de las relaciones entre economía, Estado, democracia y mercado.

Nada Personal Balance Estructural: Descargando Presiones
13/06/2007 Política Internacional

La Realidad de la Integración Latinoamericana
06/06/2007 Economía

Recientemente, un graduado de la Universidad de Yale, que prepara su tesis doctoral, me ha pedido el texto de lo expuesto en esa ocasión. Lo he vuelto a leer y me ha parecido útil como base de un artículo acerca de la arrogancia de ciertos economistas. Debo aclarar que no es la arrogancia de Javier Santiso, que es como economista y como persona muy estimable, sino de conceptos que sirven de base para atribuir a los miembros de esa profesión un rol desmedido en las transformaciones económicas y políticas habidas en América Latina en las dos últimas décadas. En su prim er concepto central, el libro de Santiso es un fuerte argumento en contra de los "paradigmas", que para él son una forma de pensar y actuar en política que partiendo de una utopía, una falta de sentido de la proporción y una desconsideración por los problemas concretos de las personas, postulan revoluciones y la construcción de un "hombre nuevo" y de un orden perfecto. Los paradigmas, nos dice, están superados. ¿Cuáles? Desde luego el marxismo-leninismo pero también el fundamentalismo neoliberal y, otras formas que el autor menciona sin describir, tal vez, en razón de una atendible economía de palabras y páginas. Es cierto que hoy, en América Latina, se vive un mejor ambiente político e intelectual, porque se han abandonado las utopías o, como lo dice Santiso, los paradigmas. América Latina es cada vez menos una tierra de extremos y extremistas. Y, por supuesto, comparto su idea de que las utopías conducen a la tentación de una política no democrática e incluso, a veces, a una política totalitaria. Cuando lo que se está buscando establecer es un mundo perfecto, el sacrificio presente del pueblo no tiene importancia. Si de lo que se trata es de establecer el paraíso en la tierra es casi estúpido detenerse en

Mensaje Presidencial, Señales y Ausencias
01/06/2007 Política Nacional

El Desprestigio de la Política
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reglas, procedimientos, balances de poder. El valor tan superior de las metas hace carente de sentido d et en ers e e n el s uf rim ie nt o d e i nc lu so d e u n a o va ria s g en era cio n es de pe rso na s.

Economistas Fundamentalistas

Lo anterior es cierto, pero ese es un cambio en el pensamiento al que la economía hace un aporte más bien modesto si se le compara con la contribución de la ciencia y filosofía política. La búsqueda de un sentido de la proporción y equilibrio en los proyectos políticos es un hecho valioso y notable, pero decir que ello fue el resultado de una generación de economistas es inexacto. Tampoco de la economía, pues como el libro de Santiso a ratos lo sugiere, y en el caso de Chile lo recuerda, durante los ochenta y parte de los noventa, la disciplina, bajo la inspiración de versiones abreviadas y simplistas del pensamiento de Hayek y Milton Friedman, andaba m ás cerca de los fundament alismos que de la moderación. Al abordar la contribución al abandono de los paradigmas no hay, en el libro de Santiso, una sola referencia a los partidos políticos -simplemente no existen-, a los cambios que introdujeron en sus programas, la autocrítica de sus experiencias históricas. Igual o peor, no hay una referencia al aporte hecho por políticos e intelectuales de otras disciplinas (o por economistas escribiendo de política) que fueron decisivos en el empeño que comentamos. En este sentido, en el caso de Chile, hay un excelente libro que describe el proceso intelectual de superación de las viejas utopías para la construcción de un nuevo acuerdo en lo fundamental (Jeffrey Puryear, Thinking Politics. Intellectuals and Democracy in Chile, 1973-1988; Baltimore: The Johns Hopkins University Press, 1994). El reconocimiento a CIEPLAN, reiterado una y otra vez en escritos de economistas radicados en Estados Unidos, siendo muy merecido, no puede llevar a olvidar la contribución de un enorme listado de think tanks, constituidos por intelectuales vinculados a los actuales partidos de la Concertación, que desarrollaron un papel igualmente importante como FLACSO, CED, la Academia de Humanismo Cristiano, ILET, ICHEH, CPU, ILADES, SUR, VECTOR, CERC, PET, CISEC y aún otros más.

¿Quiénes Fueron los Líderes Tecnocráticos?

Pero la mayor vulnerabilidad del libro de Santiso radica en su intento de definir las características e incluso el listado de estos líderes tecnocráticos, casi todos ellos economistas, que han producido el cambio. Según el autor, ellos registran dos características principales: una, que "tienen en común una alta incidencia de educación en el extranjero" que, para ser claro, significa en facultades económicas de Estados Unidos; y, dos, que "son gente que comparte una concepción del mundo y que valoran por igual el libre mercado y la democracia liberal". La pregunta obvia es ¿quiénes son estos buenos muchachos? Y Santiso no duda en entregar una lista: son "Menem y Cavallo en Argentina, Salinas y Zedillo en México y en Chile los Chicago Boys y luego Aylwin y Frei ... en México Pedro Aspe y en Chile Alejandro Foxley, Hernán Buchi y Carlos Ominami…." Además, Santiso nos dice, están lo que llama los "camaleones populistas" esto es, aquellos que "eran intervencionistas el día antes de las elecciones pero que se transformaron en libre mercadistas neoliberales la noche en que entraron al palacio presidencial". Estos camaleones son muy útiles, nos dice, porque ellos han

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facilitado el trabajo "de un competente equipo de asesores económicos que se han beneficiado de un s in g ul ar pa rag u as p ol ít ic o. .. el pa ra gu as so st e ni d o p or lo s c am al eo n es p o pu l is ta s" . No es del caso detenernos en esta lista carente de estructura y sentido. ¿Creer que Buchi y Foxley comparten una misma visión del mundo y que valoran del mismo modo la democracia liberal y que entre Salinas de Gortari y Zedillo ocurre lo mismo? La referencia a los "camaleones populistas" es lamentable; e inaceptable cuando llega a la exaltación de su "utilidad" por haber sido "paraguas" a "un competente equipo de asesores económicos" que compartían, entendemos "una misma visión del mundo y que valoran del mismo modo la democracia liberal" y que se fueron a trabajar con Fujimori que destruyó la democracia, suprimió el parlamento y la libertad de prensa. Faltó para completar el bestiario una referencia a los "camaleones dictatoriales", digamos Pinochet, que también sirvió de "paraguas" a otro competente equipo de asesores económicos. ¡Demasiado!

La Importancia de la Democracia y Mercado

Pero más allá de errores y exageraciones, el pilar fundamental del libro es que, superados los paradigmas, lo que ha quedado vigente, y ese es el corazón de su argumento, es una elite latinoamericana que cree en dos conceptos que, a juicio de Santiso están creando mejores propuestas en la vida económica y política. Esos conceptos son "Democracia" y "Mercado". "Un entero nuevo vocabulario y una nueva gramática de economía política cuyo alfabeto consistentemente se expresa en Mercado y Democracia (ambas con mayúsculas en el libro)". Estaríamos, pues, ante una suerte -para emplear los términos de Fukuyama- de "fin de la historia" al que habríamos llegado después de un camino de errores que han significado los "paradigmas". Tras una larga marcha a través del estructuralismo, el marxismo-leninismo, el fundamentalismo neoliberal, después de décadas de "esta incansable y a veces trágica búsqueda" la guerra ha terminado y ahora todos nos encontramos en un terreno común que es "Mercado y Democracia". Personas de las más diversas orientaciones ideológicas, que han trabajado bajo muy diferentes gobiernos, ahora comparten un mismo punto de vista frente a los problemas de la política y la economía en América Latina. Si "Mercado" y "Democracia" no están claramente definidos -y el libro de Santiso no lo hace- no son conceptos suficientes para crear ese terreno común y, aún más, pueden crear mayores confusiones y problemas. La relación entre mercado y democracia es complicada y difícil. Es muy frecuente la idea de que la democracia es una amenaza al funcionamiento de los mercados y, como una imagen en el espejo, también la de que el mercado es un enemigo de la democracia.

Economistas que Quieren "Suspender" un Tiempo la Democracia

La historia reciente de América Latina está llena de ejemplos donde poderosos sectores políticos, líderes empresariales, autocracias militares y, lo que más importa a este análisis, destacados grupos de economistas, han sostenido que para construir una economía de mercado es necesario suspender el funcionamiento

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de la democracia. Es la entera historia de los "Chicago Boys" en Chile; también la de algunos "camaleones populistas", como Fujimori, pero incluso Menem, cuyos experimentos neoliberales se fundaron en la c or ru p c ió n , l a de st r u cc i ón de l s is t em a d e p a rt i do s y l a fa lt a de r es p on s ab i li d ad . Alguien podrá decir que ese es un asunto del pasado; pero no soy tan optimista. ¿Por qué razón, en el futuro, estaremos libres de nuevos grupos de "competentes asesores económicos" que decidan construir economías de mercado bajo el paraguas de camaleones populistas o incluso bajo el de nuevos dictadores? Pero saliendo del pasado, en términos teóricos, un mercado libre puede llevar al deterioro e, incluso, la anulación de la democracia. Esto es algo que no un socialista, sino el más importante filósofo liberal del Siglo XX, planteó. Me refiero a Popper, cuando describió la así llamada "paradoja de la libertad", señalando que "la libertad si es ilimitada se anula a sí misma. La libertad ilimitada significa que un individuo vigoroso es libre de asaltar a otro débil y de privarlo de su libertad... Estas consideraciones destinadas originalmente a aplicarse a la esfera de la fuerza brut a o de la intimidación física, deben aplicarse también a la económica....La libertad económica ilimitada puede resultar tan injusta como la libertad física ilimitada, pudiendo llegar a ser el poderío económico casi tan peligroso como la violencia física...Suponiendo que el Estado limite sus actividades a la supresión de la violencia (y a la protección de la propiedad) seguirá siendo posible que una minoría económicamente fuerte explote a la mayoría de los económicamente déb iles". (Karl Popp er, La Sociedad Abiert a y sus En emigos, Bu en os Aires: Paidos, 1 957 ).

Cuando la Democracia no se Entiende con el Libre Mercado

Pero si se mira esta relación desde el otro lado de la ecuación, es claro, también, que la democracia no siempre es amistosa con una economía de mercado. Al respecto podría señalar varios casos de malos escenarios; por ejemplo, Carlos Mesa, ex presidente de Bolivia, cuando llama a un referéndum en el cual el pueblo debe decidir si los derechos de propiedad de las empresas extranjeras de petróleo y gas deben o no ser respetados. Eso es lo que un destacado filósofo político -J. L. Talmon- llamó, acertadamente, una "democracia totalitaria". Hoy día, mediante sufragio universal, los ciudadanos deciden que no hay derechos de propiedad para las empresas transnacionales, pero ¿qué pasa si mañana, en un nuevo referéndum ellos acuerdan que no debe haber parlamento o que los comunistas, o los judíos o palestinos, no deben ser respetados incluso en sus derechos humanos fundamentales? La democracia es el mejor sistema para los mercados cuando se tienen no sólo elecciones periódicas sino, además, leyes y normas confiables, consistentes y transparentes, seguridad para los derechos de propiedad y una judicatura que aseguran la validez y la posibilidad de defensa de esos derechos. Hoy existen democracias que no alcanzan esos estándares; lo anterior significa que, para muchos, entre los que me cuento, no existe un terreno común con democracias como la de Putin en Rusia o la de Chávez en Venezuela. Si somos justos es necesario reconocer, también, que no hace mucho, habían personas, y entre ellos no pocos "competentes equipos de asesores económicos" que andaban diciendo entre nosotros que a ellos nos les preocupaban las elecciones libres, sino solamente el Estado de derecho e, intentando afirmarse en Friedrich Hayek, sostenían que incluso bajos algunas dictaduras había más libertad que bajo una democracia representativa. Este conflicto que es tan frecuente entre democracia y mercado debe ser asumido y, además, en él es

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necesario tomar partido. Si hay un conflicto ¿qué debe ser primero? Hay alguna gente que (por supuesto no van a decir directamente que están en contra de la democracia porque sería imprudente y políticamente incorrecto) consideran a la democracia como un valor de segundo grado. Para ellos el libre mercado es la cosa realmente importante y la democracia, llegado el caso deberá ser pospuesta pues ella -argumentanserá el resultado natural del funcionamiento de un mercado libre. Es interesante el tipo de reflexión que Milton Friedman hizo hacia el final de su vida, en 2002, cuando conversando acerca del conflicto entre privatizaciones y el Estado de derecho, reconoció que una década antes él habría recomendado tres palabras a los países que estaban haciendo sus transiciones desde el socialismo "privatizar, privatizar, privatizar. Pero yo estaba equivocado -continuaba Friedman- pues se ha venido haciendo claro que el E s t a d o d e d er ec h o es p ro b a b le m e n t e m á s fu n d a m e n t al q u e la s pr i va t iz a ci o n e s" .

Mercado y Estado

Pero si para alcanzar un terreno común es necesario un claro concepto de democracia, tenerlo sobre el mercado es tanto o más importante. En términos de políticas públicas, el mercado es una pobre definición si no va acompañada de una clara explicación de su relación con el Estado. En este cam po, lo que verdaderamente importa a la hora de establecer una política pública es el balance que se propone entre Estado y Mercado. Valga como ejemplo que, en los últimos treinta años, Chile ha vivido bajo tres diferentes concepciones de esta relación. La primera fue una definición neoliberal extrema. En el ámbito de la economía lo que se sostuvo fue una política de extremo liberalismo. Para decirlo de una manera más intelectual, es la idea de que el mercado es una esfera de intercambios automáticos reglados por leyes inmutables. Esa fue la primera definición de los "Chicago Boys" en su primer período, esto es entre 1975-1981. Al término del gobierno de Allende todos los bancos, con la excepción de uno o dos, estaban en manos del Estado. Se hizo una rápida y poco transparente privatización sin un adecuado marco regulatorio, por no decir ninguno. Esto condujo a la paradoja que Carlos Díaz Alejandro describe y que Santiso cita en su libro: "guiado por capacitados economistas comprometidos con el laissez-faire, mostraron al mundo otro camino hacia una socialización de facto del sistema bancario". En el mismo sentido he señalado que el extremo liberalismo de la primera etapa de los "Chicago Boys" es un caso clínico de una política que terminó destruyendo su propio objeto. La segunda, fueron los últimos seis años del régimen de Pinochet, donde bajo el Ministerio de Hacienda, dirigido por Hernán Buchi, se hizo una rectificación. Es el caso de mercado con un Estado mínimo, pero Estado al fin. De partida la segunda ola privatizadora de los bancos se hizo bajo marcos regulatorios, aunque todavía débiles, más satisfactorios. Sin embargo, intentaron retirar el Estado de diferentes áreas como vivienda, salud y educación. No existían marcos regulatorios de ningún tipo en áreas como el medioambiente o extremadamente pobres en la protección de los derechos de los trabajadores. El resultado fue una razonable tasa de crecimiento, pero una verdadera catástrofe social con 44% de la población viviendo bajo la línea de pobreza. La tercera definición tiene lugar bajo la Concertación, esto es, los gobiernos de Aylwin, Frei y Lagos. Es mercado con un Estado fuerte. La relación entre mercado y Estado no es un juego de suma cero sino

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una en que se necesitan recíprocamente. Un mercado consolidado y funcionando bien, supone un Estado fuerte. El Estado, bajo los gobiernos de la Concertación, se ha reducido en alcance -fundamentalmente en el plano empresarial, aunque sin abandonar del todo ciertas áreas estratégicas-, pero se ha fortalecido en fuerza en aquellas áreas que es esencial, tanto como proveedor de servicios básicos, por ejemplo en salud, como en fu ncion es regu ladoras en áreas como las bancaria, laboral, medioambiental.

Economistas y Ministerios de Finanzas

La idea de muchos economistas que escriben artículos académicos y periodísticos sobre las políticas económicas de la región, es que el manejo del área debe corresponder a un economista ubicado en los poderosos ministerios de Hacienda (en otros países su equivalente es el Ministerio de Economía o de Finanzas) y que, investido en la condición de jefe del equipo económico, es la autoridad única en la definición de las políticas económicas. Aunque no siempre se haga explícito, en estas formulaciones reaparece la idea de que la política, en este campo, juega un rol subordinado e, incluso, que su más deseable función es que no tenga ninguna. El sueño tecnocrático de un Ministerio de Hacienda por sobre los partidos, que es un compartimiento estanco respecto de los ministerios políticos, ajeno a las presiones sociales y estamentales, bajo la única subordinación de un presidente que no le discute, sino que lo respalda con todo su poder. No es extraño, por tanto, que libros como el de Santiso -pero, para ser justos, la mayoría de los trabajos de economistas profesionales sobre estos asuntos- no hagan referencia ni a partidos, coaliciones, ni a las ideas o dilemas de los presidentes, ni a los procesos de articulación y coordinación política. Tampoco a los dilemas y exigencias planteados por los procesos políticos o los movimientos sociales. Esa visión es profundamente equivocada. La historia reciente de América Latina está marcada por un largo listado de ministros de Hacienda que al desatender las realidades políticas fracasaron absolutamente. Por el contrario, los casos exitosos son aquellos donde en la conducción general del gobierno, pero también de la economía, hubo un claro predominio de la conducción política sobre cualquier otra perspectiva. Esta realidad es también muy marcada en el caso chileno. Durante el régimen militar los ministros de Hacienda hicieron lo que el poder militar los autorizó a hacer y si no tuvieron condicionantes políticas, por decirlo de un modo directo, fue porque los militares arrasaron con la política, esto es con la oposición, los partidos, sindicatos, movimientos sociales incluso gremios empresariales. Si miramos a la experiencia de los gobiernos de la Concertación, el rol de los ministros de Hacienda, se define en los gobiernos de Aylwin, Frei y Lagos en una doble afirmación: son miembros del comité político de ministros; pero sin que lleguen a predominar en esa instancia. Nunca, en esos gobiernos, los ministros de Hacienda predominaron sobre el equipo político y, aun más, en los contados casos en que intentaron hacerlo fueron cuestionados duramente por sus pares y por los propios presidentes. En contra de lo que pudiera creerse los ministros de Hacienda más débiles son aquellos que se aíslan y pretende gobernar a solas, afirmados en la aplicación de sus prerrogativas. Por el contrario la experiencia de los gobiernos de Aylwin, Frei y Lagos apunta a una conclusión opuesta: la fuerza de un ministro de Hacienda está en ser parte de un equipo político que colabore con él, que lo oriente en asuntos claves y lo apoye frente a las presiones de gasto. En caso que el ministro de Hacienda

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tenga discrepancias con las opiniones y criterios aprobados por el comité político de ministros, siempre tendrá el recurso de acudir al presidente para que resuelva. La idea de que Hacienda maneja soberanamente el gasto público, decide privatizaciones, fija unilateralmente las remuneraciónes de los militares y las más influyentes burocracias del Estado, sin "interferencias" de las instancias de conducción y estrategia política fue considerada simplemente absurda. A su vez la conducción política supone definiciones económicas, pues son contadas con los dedos de una mano las acciones u operaciones de conducción política que no importan una partida en el presupuesto, del mismo modo que, en un plano más general, no hay derechos, n i económicos ni sociales, ni políticos, sin una correspond ien te part ida en el presu puesto. Los errores de perspectiva que comentamos trascienden el libro de Javier Santiso y, no obstante lo feble de los argumentos, tienen una influencia no menor, especialmente porque alientan conducciones económicas equivocadas, que causan daño. Una suerte de sociedad de halagos y ayudas mutuas aprovecha los espacios que generosamente les ofrecen las páginas económicas de los diarios, para crear un mundo autorreferente de economistas, que escriben y actúan en un constante juego de críticas, alabanzas y respaldos entre ellos, como si efectivamente fueran el centro del universo, los dioses tutelares de las políticas públicas de nuestros países.

Genaro Arriagada Herrera: Director de www.asuntospublicos.org

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