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Concertación: ¿Ideología del "Gobiernismo" Vs. Cultura de CentroIzquierda?
Antonio Cortés Terzi

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Diagnosticar que la Concertación ha estado pasando -y está pasandopor "malos momentos", suena a diagnósticos conocidos y reiterados. Hace ya bastante tiempo que los "malos momentos" parecieran formar parte de la normalidad de la Concertación. De lo que habría que preocuparse, en realidad, es si esos "malos momentos" están acotados en sus causas y en el tiempo y resultan dominantemente de cuestiones coyunturales y propias de conflictos menores y naturales a una coalición largamente gobernante o si son momentos acumulativos y cuya recurrencia obedece a la constancia de procesos y situaciones conflictivas de rangos más históricos y permanentes.

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Si bien las opiniones al respecto son de ambos tipos, lo cierto es que el tratamiento que tiende a imponerse en cada una las circunstancias calificables de "malos momentos" es el que dimana de las opiniones que ven los problemas de manera preferentemente coyuntural y originados en cuestiones menores. Pero que así ocurra tiene sus bemoles. La lógica señalada que se impone no lo hace por la sola fuerza y hegemonía de quienes sostienen una convencida evaluación coyunturalista y transitoria de los problemas. Esas visiones influyen, sin duda. Pero si terminan imponiéndose en el terreno político práctico, no es por exclusivo mérito propio. Suman a su favor varias otras condicionantes. Mencionemos algunas de ellas. L os "malos momentos" se expresan con toda su visibilidad y dramatismo en torno a hechos políticos contingentes y que requieren prontas respuestas. André Malraux escribió que la política práctica es maniquea, en el sentido que sus definiciones - al instante de adoptarse- dan por canceladas las reflexiones y "dudas metódicas". En consecuencia, cada vez que surge un "mal momento" se subliman

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los factores coyunturales y las urgencias y, naturalmente, quedan postergados los análisis y discusiones de alcances mayores. Las opiniones que reconocen dificultades más profundas y de más largo aliento en la Concertación tienen matrices doctrinarias, programáticas y políticas bastante diversas. De partida ello implica que no conforman con naturalidad un frente común y competitivo respecto de las apreciaciones contrarias, es decir, de aquellas que no visualizan conflictividades esenciales en la alianza gobernante. Por otra parte, a esa fragilidad se le suman grados importantes de carencias en el plano de lo político-propositivo o políticopráctico. Ahora bien, dada esa heterogeneidad y las debilidades relativas en el terreno de las propuestas políticas 1 -elaboradas y trabajadas como tales -, es casi inevitable que estas visiones sean superadas fácilmente por sus rivales a la hora de los "malos momentos", puesto que en esa hora lo que más pesa es la presión de la crisis y, por ende, los pragmatismos, los discursos, las operaciones, los gestos, etc., compelidos por las urgencias. De lo dicho en estos dos párrafos podría deducirse que, para las miradas más críticas al seno de la Concertación, sería más conveniente enfrentar las controversias en circunstancias alejadas de los "malos momentos", que, por escasas que sean, ofrecerían espacios más saludables y equitativos. Sin embargo, a qu í t am b ién h ay c ues t ion es qu e ju eg an en co nt ra de las po sic ion es má s an al ít ica s.

El Imperio de las Visiones Acríticas

Probablemente, la más importante de todas provenga de la lógica interna -y enteramente congruentede los sectores que desdramatizan los conflictos de la Concertación. Puesto que -para ellos-, desde el punto de vista teórico o intelectual, la Concertación, a lo más, estaría aquejada de algunos achaques ideológicos, no habría razón para someterla a indagaciones conceptuales más relevantes. En otras palabras, sería innecesario y hasta contraproducente abrir controversias que vayan más allá de aspectos puntuales. Ahora bien, esta actitud elusiva de debates conceptuales, se refuerza con otro fenómeno que atañe a la intelligentzia de la Concertación (y quizás del país). La producción intelectual temáticamente más continua y la que concita más la atención del ámbito político y político-intelectual está asociada, principalmente, a las políticas públicas y en sus connotaciones más técnicas y contingentes. Son muy pocos los espacios y las dedicaciones, ya no digamos, a la tradicional crítica reflexiva, sino, incluso a la reflexión históricamente proyectiva. En tal sentido, puede hablarse de una suerte de subordinación del trabajo intelectual a los requerimientos de la política-hacedora y de un relativo abandono del propio mundo intelectual por los tópicos político-culturales e históricos. La intelectualidad concertacionista, en lo grueso y factual, no es un buen aliado "natural" de las posiciones crítico-reflexivas.

1

Este tipo de carencias es más o común en fenómenos como el analizado. Es habitual y comprensible que cuando una corriente política aspira a redefiniciones más conceptuales y de proyecciones más históricas, necesariamente sacrifica en parte las respuestas al aquí y al ahora de la política.

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Por último, las resistencias a las discusiones relevantes o la indiferencia respecto de ellas que se encuentran al seno de la Concertación, tienen que ver también con una realidad de componentes bastante delicados. Por distintas causas -algunas de índole muy simple y otras más intrincadas- al interior de la Concertación se han desarrollado elementos que tienden hacia cierta exacerbación de los rasgos corporativos (o políticocorporativos) que entraña todo cuerpo político de lata existencia y tanto más si esa lata existencia es como fuerza gobernante. En lo sustantivo ello implica una sobrevaloración de un doble objetivo en sí: mantención del poder y su reproducción. Sobrevaloración que conlleva, por cierto, a una subvaloración o subsumisión de aquellos ingredientes que forman parte consustancial a un cuerpo político, pero que intervienen de manera menos directa e inmediata en la defensa u ocupación de posiciones de poder, ingredientes de entre los que destacan las prácticas-teóricas, las revisiones historicistas, las definiciones conceptuales, etc. Cuánto pesa, a estas alturas, el corporativismo en el ser y en las dinámicas concertacionistas, es un asunto difícil de cuantificar. Pero se puede presumir que no pesa poco, porque no sólo circula por la Concertación considerada como un todo, sino que se nutre de intereses partidarios, grupales e individuales. Y más aún, su gravitación es superior a la suma de los actores adscritos al corporativismo, porque el corporativismo como tal es funcional a la Concertación en tanto desempeña roles centrípetos. Ahora bien, el corporativismo es, casi por antonomasia, contrario a las funciones intelectuales de la política y, por extensión, escasamente dado a la discusión conceptual.

En Suma y a Modo de Conclusiones Preliminares

1. En la Concertación se percibe un clima mayoritario que asume que los "malos momentos" son indicadores de la necesidad de abrir procesos de discusión reflexivas que revisen su propia y larga experiencia g ub ernam en tal y qu e co adyu ven a l a rea ctu aliz ación c once pt ual de la cen tro -izq uier da. 2. Sin embargo, y pese a ese clima mayoritario, lo que factualmente predomina en la Concertación es un criterio adverso al debate, puesto que considera que las definiciones tradicionales y programáticas de la Concertación constituyen un sostén "doctrinario" suficiente para su vigencia y permanencia y que los "malos mom ent os" ocu rren por cuestion es m ás bien pu ntu ales y d e alcances menores. 3. Que se imponga de hecho esta posición minoritaria se debe a que coincide con factores más generales que la respaldan y que provienen de escenarios más amplios, a saber, - al coyunturalismo al que propende la política de la Concertación por las presiones que ejerce el practicismo de la acción gubernamental; - a la relativa inorganicidad política y conceptual que muestran las posiciones más proclives a la discusión; - al debilitamiento de una intelligentzia concertacionista autónoma en sus funciones y que ha tendido a subordinarse a las lógicas de las prácticas políticas, con el correspondiente relativo renuncio a la prácticas teóricas;

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- a la presencia de tendencias e intereses corporativistas en la Concertación que, por naturaleza propia, son tendencias de ribetes anti-intelectuales. Si se presta atención a lo dicho en estos puntos, se podrá compartir lo que sigue: muchos de los factores que aquí se exponen como favorables a las posiciones que resisten o eluden el debate conceptual, son factores que forman parte de las causales que hacen de los "malos momentos" de la Concertación un asunto recurrente. Es decir, en gran medida, los "malos momentos" y la elusión del debate crítico tienen mucho en común en cuanto a raíces explicativas.

Reflexiones y Debates Objetivamente Sugeridos

En las líneas siguientes se esbozan -según aquí se piensa- algunas de las reflexiones críticas y algunos de los temas político-históricos que más intensamente reclaman atención político-intelectual de parte de la Concertación. 1.- Una Definición Previa: Lo primero que es conveniente precisar es que la discusiones que apuntan a la renovación y reconsolidación de la Concertación, están forzadas de antemano a una definición: o su propósito esencial es la proyección de la Concertación como fuerza gobernante o es la reactualización de la Concertación como expresión político-cultural de una centro-izquierda moderna y que en tanto tal aspira seguir gobernando. Precisión absolutamente pertinente porque en los escenarios medianamente previsibles la Concertación puede seguir gobernando a costa de sacrificar cuestiones importantes de sus posibilidades de reconstruirse como centro-izquierda moderna e históricamente proyectiva. Pero, a su vez, la prolongación de tales sacrificios augura, para algún momento, una muy probable "crisis catastrófica" de la cultura política de centro-izquierda. Ciertamente, no hay una frontera infranqueable entre una y otra definición, pero sí hay diferencias sustantivas en los enfoques sobre los problemas que implica cada una de ellas. Huelga decir que el prisma analítico aquí empleado responde a la segunda opción planteada. Un segundo alcance necesario se refiere a lo siguiente: sería un grueso error concebir los problemas político-culturales de la Concertación como estrictamente ligados a las diferencias entre sus partidos. En general, los grandes temas político-culturales que conflictúan a la Concertación no están resueltos por sus partidos. Ni siquiera, en muchos casos, son los partidos los ejes ordenadores de las posiciones en conflicto. En consecuencia, sería una ficción o una arbitrariedad abrir procesos de debates interpartidarios com o m ecán ica para b uscar superaci ones d e las d ificul tad es y defic iencias concep tu ales. 2.- Inorganicidad entre Partidos y Realineamientos Político-Culturales: Esta situación -constatable fácilmente en la realidad- está inmersa, precisamente, en uno de los tópicos significativos sobre los cuales es menester reflexionar. Por las características del desarrollo histórico nacional de, más o menos, los últimos veinte años, se ha venido incubando en Chile un suerte de "crisis de organicidad" del sistema de partidos -especialmente en la Concertación-, caracterizada por la desarmonía entre la nomenclatura tradicional de partidos y las recomposiciones y reordenamientos político-culturales impulsadas por las

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adecuaciones discursivas a las estructuraciones sociales y valórico-conductuales producidas por la modernidad. Dicho en pocas palabras y en lo que respecta a la Concertación, la nomenclatura partidaria actual de la centro-izquierda no responde exactamente a los nuevos alineamientos político-culturales que se han venido configurando a lo largo de los últimos años. De por sí esto plantea una distorsión perturbadora en el debate político, puesto que los pronunciamientos y voces oficiales de los partidos en materias sustantivas no siempre dan cuenta exacta de los verdaderos conflictos y controversias que se entablan entre esos nuevos alineamientos político culturales. Y, por otra parte, al no contar los nuevos alineamientos con actores políticos orgánicos, es natural que las polémicas entre ellos tiendan a desarrollarse de manera dispersa y difusa. En el plano político concreto, esta situación inarmónica es la que, en gran medida, explica la emergencia -al seno de la Concertación- de "agendas paralelas" y la proliferación de actores y agrupamient os extraoficiales que reclaman liderazgo. En suma, un debate pendiente y que ronda en la Concertación alude a la necesidad de un "sinceramiento" acerca de cuales son hoy, a la luz de las muchas renovaciones vividas por sus culturas, las verdaderas corrientes político-cult urales de cen tro-izquierda que la int egran y que expresan su plu ralidad. 3.- La Ideología del "Gobiernismo": No obstante, para arribar a ese estado de cosas tendría que pasar por un esfuerzo intelectual previo y que consiste en resolver, abusando de lo esquemático, la contradicción planteada entre lo que se podría denominar "ideología concertacionista" e "ideología de centro-izquierda". Mucho se ha escrito acerca del agotamiento de las bases fundantes de la Concertación, pero normalmente no se tiene en cuenta un aspecto, a saber, el papel "educador" que sobre la Concertación tuvo la experiencia acumulada en la etapa fundacional. Efectivamente las bases fundantes se han extinguido, pero ¿se ha extinguido su legado? El inicio de los gobiernos de la Concertación coincidió no sólo con la "caída de los muros", sino también con un cuadro internacional de grandes convulsiones, crisis y transformaciones político-culturales en las corrientes de centro, de izquierda y de centroizquierda. Fue un período en el que estaban sobre mesa y universalmente la crisis de "los paradigmas", de "los megarrelatos", de "las ideologías" (o como quiera llamárseles). En el fondo, fue una etapa de búsqueda de nuevas identidades para el ser y deber ser de las fuerzas de centro-izquierda afines a las que confluyen en la Concertación. La conducción de la fase transicional evitó que la Concertación y sus partidos pasaran las penurias que, en esos tiempos, pasaron la mayoría de sus pares extranjeros. Primero, porque los fines de la transición eran lo suficientemente fuertes e históricos como para crear o recrear identidad de centro-izquierda. Segundo, porque el entorno transicional facilitó las redefiniciones más resistidas por las tradiciones ideológicas de las fuerzas de la centro-izquierda y que eran reclamadas por el proceso de renovación. Y tercero, porque ese mismo entorno y la condición de gobernante permitió que se aceptara una renovación casi sin debates conceptuales y amparada en la experiencia práctica de gobernar con éxito la fase transicional. La Concertación bien se puede catalogar como una neo-centro-izquierda, en el sentido de que no es sólo un encuentro del centro y la izquierda, sino una coalición que recoge las renovaciones de ambos espectros.

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Pero lo que no se debe perder de vista es que su carácter de neo-centro-izquierda es muchísimo más resultado de una específica experiencia gubernamental que de un significativo proceso de revisión conceptual crítica y reconstructiva. Y en virtud de ese dato es que se puede hablar -metafóricamentede una "ideología concertacionista". Dicho con más precisión: puesto que la renovación político-cultural que entraña la Concertación tiene escasos antecedentes en dinámicas teóricas y en grandes procesos intelectuales, ha sido su propia práctica y experiencia gubernamental la que más ha gravitado en la configuración de su "ideología". Y como buena "ideología" gran parte de su edificio ha sido construido a posteriori de las experiencias, como respaldo discursivo y comunicacional de las mismas. Siguiendo con lo metafórico, la impronta de esa ideología se puede llamar -y por razones más que obvias"gobiernismo". Es decir, su lógica y discursividad tiene como eje y, además, gira en torno al ser y hacer gobierno perennemente, dado que concibe gobierno, política y Concertación en relación simbiótica y 2 autocentrada en la acción y poder gubernamental . El "gobiernismo" fue funcional a la condición de centro-izquierda durante un plazo relativamente extendido. A saber, mientras la normalización democrática era un norte crucial, como lo era también el pago de la "deuda social"; mientras la crítica social podía dirigirse al pasado dictatorial y su herencia autoritaria y mientras las políticas sociales tenían como destinatario a sectores excluidos del mínimo que ofrecía la vida moderna, etc. En otras palabras, fue funcional mientras la centro-izquierda podía parecer tal y conformarse con ofertas y pasos modestos y poco críticos a lo sistémico, pues su gran tarea era la reconstrucción democrática y resolver los problemas sociales más candentes dejados por el régimen dictatorial. Hoy, en cambio, la ideología del gobiernismo es un óbice para los requerimientos de reconstrucción y de reidentificación de un proyecto de centro-izquierda. Y ello por muchas razones, pero hay una que sobresale por su cualidad englobadora: el gobiernismo interna una mentalidad de compromiso sistémico y, por ende, tiende a ser muy refractario a la crítica reflexiva y social. Y si algo debe recuperar la centroizquierda para reconstruirse y revitalizarse son, precisamente, esas cualidades perdidas en los años mozos de la transición: su capacidad de reflexión crítica y su independencia crítica de lo sistémico.

Antonio Cortés Terzi: sociólogo y Director del Centro de Estudios Avance

2

La "ideología del gobiernismo" de ningunas manera es exclusiva del gobierno y de los actores políticos reclutados por funciones

gubernamentales. Es una ideología concertacionista en general que se ha entronizado en su mundo elitario y colectivo, merced a la potencia "ideologizante" que tiene la vivencia de ser gobierno durante 17 años.

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