Etiquetas, al dorso

Las etiquetas han conquistado el mundo y parecen definirlo todo; personas,
modos de vida, pensamientos políticos inclusive religiosos o filosóficos
parecen resumirse en una pequeña y a la vez poderosa palabra; nerd,
progre, cool, yuppie, pro, contra, por mencionar algunos. Con la comida y
la bebida también sucede lo mismo, y da la sensación que las etiquetas se
han desprendido de la parte de atrás de los envases y se han adosado a las
personas. Vegetariano, vegano, light, macrobiótica, microscópico, gourmet,
orgánico, foodie, consciente, el mar de términos es vasto y lo interesante es
que, más allá de una costumbre alimenticia, conllevan en su mayoría una
fuerte presencia en convicciones y ética, que crean divisiones entre las
personas, como un clásico River- Boca. Después de todo, somos lo que
comemos, eso claro, cuando pertenecemos al selecto grupo del planeta que
elije qué comer. Aclarando un poco el panorama de muchos parrilleros
confundidos, digamos que la subdivisión que más fuerza ha tomado y que,
inclusive entre ellos mismos, genera fuerte controversia, es entre veganos y
vegetarianos. El vegetariano es aquel que no consume carne de ningún tipo,
pero puede, o no, consumir productos derivados de los animales, llámese
huevos, leche, miel y demás; en contrapartida, los veganos no consumen
carne pero tampoco productos que provengan de los mismos, ya que en
gran parte consideran que son consecuencia de un mercado cruel que
maltrata y hostiga a los animales para poder conseguirlos. El debate es
amplio y realmente asusta, quizás por las verdades que nos escupe en la
cara indagar en una industria que, con la excusa de vender alimentos a la
mayor cantidad de personas posibles en el menor tiempo posible, realizan
prácticas de engorde, crecimiento y tratamientos que pondrían colorado al
rey de la parrilla. Es la ley de selva, pero, paradójicamente en esta selva, no
son los animales los que mandan como la naturaleza indicaría, sino que son
los que se llevan la peor parte. Por suerte, no todo es pata muslo o ensalada
de brócoli. En el mundo hay una contrafuerza que invita a volver a los
orígenes, a comprender, desde un lugar más humilde, que cada proceso
natural tiene su tiempo, su ceremonia, y esto no debe ser alterado.
Propuestas alimenticias orgánicas brotan por doquier, lamentablemente
aún a precios elevados, mucho más caros que el resto. Así volvemos a ver
frutas que son de distinto tamaño, no tan atractivas quizás para la frutera,
ni tan cómodas cual soldados en los cajones de la verdulería, pero más
lógicas con la naturaleza que no repite patrón alguno; o promociones de
huevos y pollos de granja. El mundo debate el consumo responsable, no con
margen ético, pero sí con sentimiento universal de quiénes somos, qué
producimos y de dónde viene. Fueron las necesidades de cumplir con un
mercado insaciable las que nos trajeron a este punto, y en muchos casos la
codicia. Serán las nuevas necesidades de la humanidad las que tomen el
camino inverso, habiendo aprendido en el medio una dura lección. Una
lección de nuevas enfermedades y abuso de los recursos naturales, una
lección de pequeños y medianos productores en vías de extinción, una
lección de conservantes, colorantes y aglutinantes que hacen que todo
tenga el sabor qué nos enseñaron debe tener, y no el que en realidad tiene,

entre otros. una lección de las buenas. y a lo natural y de estación se suma Baraka en 19 de Mayo 465 con una propuesta integral única. Mundo Salad desde Estomba 175. alimentación consciente en Zeballos 228. En Bahía los invito a probar otras formas de alimentarse en Mysha.una lección de esas que generan cambios profundos. .