Poder Judicial de la Nación

///nos Aires, 14 de agosto de 2015.
Conforme lo dispuesto por el Superior en el
Incidente de nulidad nro. 3 , cuya copia se agrega a fojas
anteriores, corresponde resolver la pretensión de ser tenida
por parte querellante, introducida el 5 de junio ppdo. (fs.
740/8) por la Diputada Nacional Margarita Stolbizer.
A fi n de determinar su calidad -que no fue
objeto de tratamiento alguno por parte del anterior Juez
instructor

pese

al

tiempo

transcurrido

entre

dicha

presentación y su apartamiento acaecido el 16 de julio
ppdo.-,

resulta

impostergable

entonces

evaluar

los

argumentos en los que sustenta dicha pretensión y que
esgrime en aquella presentación.
En ella sostiene que “…e xisten situaciones,
como la de autos, en las que cada uno de los individuos de
USO
OFICIAL

una

sociedad,

por

esa

sola

circunstancia,

es

portador

concreto de ciertos bienes jurídicos tutelados, por el solo
hecho

de

integrar

la

sociedad.

En

la

actualidad,

la

interpretación extensiva del concepto de víctima se ve
favorecida

–o

exigida-

por

los

Tratados

Internacionales

suscriptos por nuestro país, fundamentalmente en lo que se
refi ere a los delitos de corrupción en la función pública. En
diferentes provincias, con códigos procesales similares, se
ha

admitido

como

querellante

a

los

Diputados

como

representantes de los ciudadanos… ”.
Debe
argumentación,

que

señalarse
en

el

sobre

presente

caso

esta

primera

se

investigan

presuntos delitos contra la administración pública, bien
jurídico

éste

que

se

caracteriza

por

reconocer

las

Poder Judicial de la Nación
expectativas del conjunto de la ciudadanía, en que los
funcionarios

públicos

desempeñarán correctamente y de

acuerdo a su rol, los cargos públicos que ocupan.
Es evidente entonces, que se trata en el caso
de un bien jurídico colectivo, cuya representatividad no
puede ser pretendida, como aquí se pretende, por una
persona

en

particular

-algo

que

la

propia

presentante

reconoce expresamente en su escrito.
En tal sentido, el hecho de que ese particular
ejerza el cargo de Diputado Nacional no modifi ca este
parecer, puesto que -así y todo- su representatividad es
parcial y limitada, y en modo alguno puede arrogarse la
condición de actuar en nombre de toda la sociedad, sujeto
pasivo de los delitos investigados.
Pero aún de ser así, es decir, de atribuírsele la
representatividad de toda la ciudadanía en su conjunto,
USO
OFICIAL

aceptar lo pretendido por la Diputada Stolbizer signifi caría
asignarle

una

competencia

que

no

le

corresponde

de

acuerdo a su cargo, y que llevaría entonces a superponer el
supuesto rol que pretende asumir en la causa, con la
función

que

en

acabadamente

los

el

proceso

desde

representantes

del

su

inicio

Ministerio

ejercen
Público

Fiscal de la Nación, en este caso en concreto, en la persona
del Dr. Carlos Stornelli en primera instancia, y del Dr.
Germán Moldes en la instancia de apelación, quienes sí
resultan ser -por mandato de la Ley procesal vigente- los
legítimos representantes en el proceso de los intereses
generales de la sociedad.
Sobre la base de “representar a la sociedad”,
se

advierte

entonces

aquí,

en

la

actuación

de

la

Poder Judicial de la Nación
peticionante, una evidente confusión entre los roles de
Diputada Nacional y Fiscal de la Nación, que ha llevado a
una constante superposición de planteos similares entre
aquélla (como pretensa querellante) y éstos en la causa,
situación que debe ser corregida y colocada dentro de los
marcos legales nuevamente.
Ahora bien, el hecho de que a la presentante
no le corresponda ejercer el rol de querellante en este
proceso no quita que, en su condición de denunciante,
pueda seguir ejerciendo las facultades –acotadas- que la ley
y la jurisprudencia les ha reconocido, como la de tomar
vista de las actuaciones y estar al corriente de la marcha
del expediente, de ampliar la denuncia originaria a nuevos
sucesos,

o

bien

de

sugerir

o

indicar

la

existencia

de

elementos de prueba de interés para la investigación.
Por otra parte, ello no obsta a que la Sra.
USO
OFICIAL

Diputada Nacional ejerza todas las facultades a que le
habilita la normativa vigente en tanto integrante de la
Honorable Cámara de Diputados de la Nación y en la esfera
propia del Poder Legislativo, como por ejemplo impulsar una
comisión investigadora, pedir informes, o bien proponer en
el

recinto

legislativo

distinto

tipo

de

iniciativas

que

procuren satisfacer demandas propias del mandato popular
que todo legislador debe honrar.
Nótese que, partiendo de la premisa señalada
por la Sra. Diputada Nacional, frente a delitos que afectan
bienes jurídicos colectivos, cualquier persona (incluyendo
los

cientos

de

legisladores

nacionales)

podría

entonces

constituirse en parte querellante y, por el solo hecho de

Poder Judicial de la Nación
formar parte de una sociedad, la Justicia debería admitir a
todos y cada uno como tales.
Va de suyo que no fue ésa la voluntad del
legislador al establecer requisitos formales y sustanciales
para ser acusador particular de la acción penal en las
previsiones

del

art.

82

del

C.P.P.N.

por

lo

cual,

este

argumento, resulta contrario a la legislación vigente.
Nuestro

ordenamiento

procesal

penal

en

la

citada norma legal dispone que toda persona con capacidad
civil

particularmente

ofendida

por

un

delito

de

acción

pública tendrá derecho a constituirse en parte querellante
y, como tal, impulsar el proceso, proporcionar elementos de
convicción,

argumentar

sobre

ellos

y

recurrir

con

los

alcances que en ese ordenamiento se establecen.
En tal sentido Julio Maier ha dicho que el
querellante es “…la persona que, además del ministerio
USO
OFICIAL

público

fi scal,

está

autorizada

por

la

ley

a

perseguir

penalmente en un procedimiento penal. [...] En los llamados
«delitos de acción pública» , incluidos los dependientes de
una instancia para su persecución, se denomina querellante

o

querellante

principio,

particular ,

o

acusador

particular -,

a la persona, de Derecho público

en

o privado,

portador del bien jurídico afectado o puesto en peligro por
el hecho punible que es objeto del procedimiento, esto es,
sintéticamente,

al

ofendido

por

ese

hecho

punible,

lenguaje usual para el Derecho procesal penal

en

[...] Tal

defi nición básica emerge del texto de la propia ley procesal
que,

según

fórmula

común

entre

nosotros,

concede

la

posibilidad de perseguir penalmente a «Toda persona con
capacidad civil particularmente ofendida por un delito de

Poder Judicial de la Nación
acción pública»...” (cfr. Derecho Procesal Penal. II. Parte
General. Sujetos Procesales, 1ª edición, Ed. Editores del
Puerto, Buenos Aires, 2.004, pág. 681).
Es

decir,

que

cuando

la

ley

procesal

hace

referencia al “ofendido por el delito” está haciendo alusión
a la persona que resulta

directamente afectada

por el

delito.
En tal sentido, Guillermo Navarro sostiene que,
para verifi car dicha circunstancia, habrá que conjugar el
verbo a que alude la descripción típica acuñada en la ley
penal, e indica que un elemento clave para determinar
quién es el ofendido por el delito lo constituye la diferencia
existente entre la lesión –u ofensa- y el daño –o perjuiciocausado por el delito. Así, destaca que la lesión será la
razón de ser del proceso penal y el daño solamente podrá
ser introducido en dicho proceso mediante el ejercicio de la
USO
OFICIAL

acción civil (cfr. La querella, 2da. edición, Ed. Pensamiento
Jurídico Editora, Buenos Aires, 1985, pág. 78).
Concluyen entonces Navarro y Daray que “…el
derecho de querellarse (legitimidad) nace de la lesión a un
bien jurídicamente protegido [...] y sólo corresponde a su
titular, no a quien haya sufrido perjuicio, sin ser titular del
derecho...” (cfr. Navarro, Guillermo Rafael - Daray, Roberto
Raúl, Código Procesal Penal de la Nación. Análisis doctrinal
y jurisprudencial. , 2da. edición, Ed. Hammurabi, Buenos
Aires, 2006, pág. 272).
Sobre este punto, Maier, dice claramente que el
ofendido

penalmente

“...no

es

quien

sufre

un

daño

cualquiera a raíz del delito, incluso reparable según reglas
de Derecho privado o público, sino, tan sólo, quien porta en

Poder Judicial de la Nación
el contexto concreto el bien jurídico protegido por la norma
penal

de

prohibición

o

de

mandato

presuntamente

infringida, por tanto, el bien jurídico concretamente dañado
o puesto en peligro, situación que muchas veces se ha
descrito con la fórmula adjetiva: «directamente perjudicado
por el delito» ...” (cfr. Maier, Julio B. J., ob. cit., pág. 681).
Siendo esos los lineamientos fi jados por la
doctrina para determinar cuándo estamos en presencia del
“ofendido por el delito” , corresponde decir aquí que, de
acuerdo a los hechos denunciados en el caso de autos, mal
puede pensarse que la presentante revista tal carácter.
Continuando

con

su

presentación,

la

Sra.

Diputada Nacional citada alude a la existencia de bienes
jurídicos colectivos y señala: “... la difi cultad que en estos
se

posee

para

determinar

cada

una

de

las

víctimas

concretas –que- determinan la necesidad de extender el
USO
OFICIAL

concepto

de

particular

ofendido

mediante

una

interpretación más extensa… ”.
en

Respecto de este argumento, he de señalar que
la

actualidad

es

imperante

la

jurisprudencia

en

la

materia que da un sentido amplio al concepto “ particular
ofendido”.
No obstante, como se verá, no es un concepto
vago,

vacío

de

contenido

y

librado

al

arbitrio

de

los

Magistrados sino que aun cuando sea amplio, se encuentra
regulado

en

nuestro

ordenamiento

ritual,

y

por

esa

regulación se torna indispensable la acreditación de un daño
o perjuicio concreto directo para quien pretende erigirse en
parte.

Poder Judicial de la Nación
En este sentido, es unánime el criterio amplio
sostenido por parte de los Tribunales Superiores, aunque
son contestes en la exigencia de la acreditación de un daño
o

lesión

real

que

afecte

al

pretenso

querellante

para

otorgarle la calidad de parte.
“Desde hace tiempo se viene sosteniendo un
criterio amplio en materia de legitimación para asumir el rol
de

querellante

(ver

causa

13.836,

«Incidente

de

apelación del Dr. Cúneo Libarona» , del 21/11/1997, reg. n°
14.919; causa n° 17.768, «Simón s/ procesamiento» , del
19/11/2001, reg. n° 19.193; causa n° 17.889, «Incidente de
apelación de Simón» del 9/11/2001, reg. n° 19.192; causa
n° 18.377, «Del Cerro» del 27/2/2002, reg. n° 19.492; causa
n° 22.776,

«Rei,

Víctor

Enrique»

del 3/8/2005,

reg. n°

23985, causa n° 25.766 «Incidente de excepción de falta de
acción de Acosta, Jorge Eduardo» , del 2/11/07, reg. n°
USO
OFICIAL

27.626 -entre muchas otras ). [...] Conforme a una exégesis
integral de la norma y no aislada del párrafo tercero, cabe
interpretar que inicialmente -en el primer apartado- se
sienta como principio general el derecho de la persona
«particularmente ofendida» a querellar” ( cfr. CCCFed. Sala
II, in re: "García Holgado, Inés s/ser querellante”, n° 29.331,
rta. 3/09/10, reg. 31.867).
“La fórmula «ofendido por el delito» no vedará
el acceso al procedimiento penal de aquellas personas o
asociaciones que, sin poder verifi car exactamente que son
portadoras individuales y únicas del interés o bien jurídico
protegido por la norma supuestamente lesionada, puedan,
según [...] la naturaleza del bien jurídico concretamente
vulnerado o puesto en peligro, demostrar, en el caso

Poder Judicial de la Nación
concreto, que ellos sufren una disminución de sus
derechos a raíz del delito investigado o les alcanza el
daño o el peligro ocasionado hipotéticamente por él”
(cfr.

Maier,

Julio;

ob.

cit.

pág.668/9

–el

resaltado

me

pertenece-).
Es que más allá del concepto amplio -que se
condice

con

los

Tratados

Internacionales

vigentes

y

la

interpretación de las normas acordes con la última reforma
constitucional-,

es

requisito

indispensable

que,

quien

pretende revestir la calidad de querellante, acredite el
perjuicio o disminución de un derecho.
“El carácter de ofendido por el delito, al que se
refi ere el artículo 82 del Código Procesal Penal de la Nación
sólo se requiere a título de hipótesis, sin perjuicio de lo cual
resulta necesario acreditar un plus en su legítimo
interés que exceda aquél que resguarda el Ministerio
USO
OFICIAL

Público Fiscal, que se revela ante la existencia de un
especial,

concreto

y

directo

perjuicio

para

quien

pretende constituirse en parte , pues su actividad habrá
de estar dirigida al ejercicio en nombre e interés propio de
todos los mecanismos procesales tendientes a obtener, en
defi nitiva, la reparación de su derecho violentado «(ver
causa n° 31.728 "ACIJ s/solicitud de ser parte querellante",
reg. n° 34.438 del 27 de abril de 2012)» [...] Más allá de
[...] la comisión de diversos ilícitos –entre los cuales se
encuentran

aquellos

cometidos

contra

la

administración

pública-, no se observa -aún a la luz de la interpretación
amplia

referida-

la

afectación

de

modo

especial

y

directo que se le exige a quien procura intervenir
como parte querellante en el proceso ." (cfr. CCCFed.

Poder Judicial de la Nación
Sala II, in re "Sbatella, José Alberto s/ ser querellante", reg.
35.287, rta. 30/10/12, y en el mismo sentido CCCFed. Sala I
in re "Vergez, Héctor Pedro”, causa 44.619, rta. 9/09/10,
reg. 870 con citas de causas "Zapletal, Lidia s/denuncia",
n°. 27.886, rta. el 28/8/96, reg. 741; "Pluspetrol Energy S.A.
s/ser tenido como querellante", n° 28.054 rta. 26/11/96,
reg.

1052;

"Spicacci

Citarella,

Aldo

Andrés

s/sobreseimiento", n° 35.540, rta. el 14/8/03, reg. 692;
"Feito, Alfredo Omar s/excepción de falta de acción", n°
44.231, rta. 1/06/10, reg. 505, entre otras).
Y resulta que, además de lo ya dicho, el “bien
jurídico”

puesto

en

peligro

al

que

alude

la

pretensa

querellante -que no individualiza ni menciona pero que sí
califi ca como “colectivo ”-, tampoco es relevante en este
punto puesto que “…se ha sostenido reiteradamente que el
bien jurídico tutelado no es una pauta defi nitoria a fi n de
USO
OFICIAL

evaluar la legitimidad procesal activa en causas penales y
que no existe óbice para que el afectado se incorpore al
proceso como querellante si pudo derivar algún perjuicio
directo y real para él. Es que la afectación directa por el
daño o peligro que el delito presuntamente cometido
acarrea

–aún

condición

con

una

necesaria

interpretación

para

amplia- ,

considerar

a

un

resulta
sujeto

comprendido dentro de los alcances del artículo 82
del Código Procesal Penal de la Nación ” (cfr. CCCFed.
Sala II, in re “Torre Hugo M s/ solicitud ser querellante”, n°
21.589, rta. 7/10/04 con citas de causas "Abundara Bini"
rta.

19.10.99;

“Martínez”

rta.

7.12.99;

"Esquivel"

rta.

12.12.2000, "Monner Sans” rta. 13.3.2001, "Irigoyen", rta.

Poder Judicial de la Nación
12.7.2002, "Rohm” rta. 5.11.2002 y "Urquiola Serrano” rta.
12.12.2002).
Finalmente en su presentación la Sra. Diputada
Nacional agrega “…e n tal sentido, no correspondería negar
la intervención como querellante a quien desea colaborar
con la investigación de los hechos de esta naturaleza. En un
sentido similar, la impunidad en caso de corrupción trae
aparejada una falta de confi anza total en sus gobernantes
afecta a la democracia y al Estado de Derecho. [...] Por lo
expuesto solicito

se me legitime como

querellante con

motivo de mi interés directo en esta investigación judicial
de un ilícito agregando que mi participación [...] más que
obstructiva, es deseable en términos de colaboración en las
tareas del Ministerio Público ”.
Este último argumento tampoco es válido para
fundamentar la petición de ser tenida por parte querellante,
USO
OFICIAL

ya que además de lo señalado previamente, la posibilidad
de colaborar con la Justicia no requiere como condición sine
qua non la calidad de parte querellante sino que lo puede
hacer cualquier persona a través de distintos mecanismos
que el ordenamiento legal prevé, en especial, como es el
caso y como ya lo señalara, a partir de su condición de
denunciante.
En orden a las consideraciones de hecho y de
derechos expuestas, toda vez que los argumentos en los
que se sustenta la pretensión de la Sra. Diputada Nacional
Margarita Stolbizer no resultan atendibles pues de modo
alguno acreditan el carácter de particular ofendido aún en
un concepto amplio del término, corresponde NO HACER

Poder Judicial de la Nación
LUGAR a la solicitud de la nombrada de ser tenida por parte
querellante introducida a fs. 740/8, lo que así RESUELVO.
Notifíquese mediante cédula a diligenciar en el
día a las partes del proceso.
En

relación

a

los

dispuesta por el Superior en el
resolución

se

agrega

a

fs,

alcances

de

la

nulidad

incidente nro. 3 (cuya

anteriores)

y

en

orden

a

expedirme acerca de los alcances de la misma, conforme lo
ordenado, pasen los autos a despacho para resolver.

USO
OFICIAL

Ante mí:

En la misma fecha se cumplió. Conste.

En del mismo notifi qué al Sr. Fiscal y fi rmó, doy fe.