Los suelos

Se denomina suelo a la parte superficial de la corteza terrestre, biológicamente activa,
que proviene de la desintegración o alteración física y química de las rocas y de los
residuos de las actividades de seres vivos que se asientan sobre ella.
Los suelos son sistemas complejos donde ocurren una vasta gama de procesos
físicos y biológicos que se ven reflejados en la gran variedad de suelos existentes en la
tierra.
Son muchos los procesos que pueden contribuir a crear un suelo particular, algunos de
estos son: la deposición eólica, sedimentación encursos de agua, meteorización, y
deposición de material orgánico.
De un modo simplificado puede decirse que las etapas implicadas en la formación del
suelo son las siguientes:
Disgregación mecánica de las rocas.
Meteorización química de los materiales regolíticos, liberados.
Instalación de los seres vivos (microorganismos, líquenes, musgos, etc.) sobre ese
sustrato inorgánico. Esta es la fase más significativa, ya que con sus procesos vitales y
metabólicos, continúan la meteorización de los minerales, iniciada por mecanismos
inorgánicos. Además, los restos vegetales y animales a través de la fermentación y la
putrefacción enriquecen ese sustrato.
Mezcla de todos estos elementos entre sí, y con agua y aire intersticiales. Inicialmente,
se da la alteración de factores físicos y químicos de las rocas, realizada,
fundamentalmente, por la acción geológica del agua y otros agentes geológicos
externos, y posteriormente por la influencia de los seres vivos, que es fundamental en
este proceso de formación. Se desarrolla así una estructura en niveles superpuestos,
conocida como el perfil de un suelo, y una composición química y biológica definida.
Las características locales de los sistemas implicados —litología yrelieve, clima y biota
— y sus interacciones dan lugar a los diferentes tipos de suelo.
Los procesos de alteración mecánica y meteorización química de las rocas, determinan
la formación de un manto de alteración o eluvión que, cuando por la acción de los
mecanismos de transporte de laderas, es desplazado de su posición de origen, se
denomina coluvión.
Sobre los materiales del coluvión, puede desarrollarse lo que comúnmente se conoce
como suelo; el suelo es el resultado de la dinámica física, química y biológica de los
materiales alterados del coluvión, originándose en su seno una diferenciación vertical
en niveles horizontales u horizontes. En estos procesos, los de carácter biológico y
bioquímico llegan a adquirir una gran importancia, ya sea por la descomposición de los
productos vegetales y su metabolismo, por los microorganismos y los animales
zapadores.

El conjunto de disciplinas que se abocan al estudio del suelo se engloban en el
conjunto denominado Ciencias del Suelo, aunque entre ellas predomina la edafología e
incluso se usa el adjetivo edáfico para todo lo relativo al suelo. El estudio del suelo
implica el análisis de su mineralogía, su física, su química y su biología.

Tipos de suelo
Tipos de suelos
Gracias a la erosión y a la actividad de los seres vivos, la porción externa de la
corteza rocosa terrestre, su superficie, se convierte en aquello que conocemos
como "suelos".
Sin el suelo sería imposible la existencia de plantas superiores y, sin ellas, ni
nosotros ni el resto de los animales podríamos vivir. A pesar de que forma una
capa muy delgada, es esencial para la vida en tierra firme. Cada región del
planeta tiene unos suelos que la caracterizan, según el tipo de roca de la que
se ha formado y los agentes que lo han modificado.
Formación del suelo

El suelo procede de la interacción entre la atmósfera, y biosfera. El suelo se
forma a parir de la descomposición de la roca madre, por factores climáticos y
la acción de los seres vivos. Esto implica que el suelo tiene una parte mineral y
otra biológica, lo que le permite ser el sustento de multitud de especies
vegetales y animales.
La descomposición de la roca madre puede deberse a factores físicos y
mecánicos, o por alteración, o descomposición química. En este proceso se
forman unos elementos muy pequeños que conforman el suelo, los coloides y

los iones. Dependiendo del porcentaje de coloides e iones, y de su origen, el
suelo tendrá unas determinadas características.
La materia orgánica procede, fundamentalmente, de la vegetación que
coloniza la roca madre. La descomposición de estos aportes forma el humus
bruto. A estos restos orgánicos vegetales se añaden los procedentes de la
descomposición de los aportes de la fauna, aunque en el porcentaje total de
estos son de menor importancia.
La descomposición de la materia orgánica aporta al suelo diferentes minerales
y gases: amoniaco, nitratos, fosfatos, ... Estos son elementos esenciales para el
metabolismo de los seres vivos y conforman la reserva trófica del suelo para
las plantas, además de garantizar su estabilidad.
Clasificación de los suelos
El suelo se clasificar según su textura: fina o gruesa, y por su estructura:
floculada, agregada o dispersa, lo que define su porosidad que permite una
mayor o menor circulación del agua, y por lo tanto la existencia de especies
vegetales que necesitan concentraciones más o menos elevadas de agua o de
gases.
El suelo también se puede clasificar por sus características químicas, por su
poder de absorción de coloides y por su grado de acidez (pH), que permite la
existencia de una vegetación más o menos necesitada de ciertos compuestos.
Los suelos no evolucionados son suelos brutos, muy próximos a la roca madre y
apenas tienen aporte de materia orgánica. Son resultado de fenómenos
erosivos o de la acumulación reciente de aportes aluviales. De este tipo son los
suelos polares y los desiertos, tanto de roca como de arena, así como las
playas.
Los suelos poco evolucionados dependen en gran medida de la naturaleza de
la roca madre. Existen tres tipos básicos: ránker, rendzina y los suelos de
estepa. Los suelos ránker son más o menos ácidos, como los suelos de tundra y
los alpinos. Los suelos rendzina se forman sobre una roca madre carbonatada,
como la caliza, suelen ser fruto de la erosión y son suelos básicos. Los suelos
de estepa se desarrollan en climas continentales y mediterráneo subárido. El
aporte de materia orgánica es muy alto. Según sea la aridez del clima pueden
ser desde castaños hasta rojos.

En los suelos evolucionados encontramos todo tipo de humus, y cierta
independencia de la roca madre. Hay una gran variadad y entre ellos se
incluyen los suelos de bosques templados, los de regiones con gran
abundancia de precipitaciones, los de climas templados y el suelo rojo
mediterráneo. En general, si el clima es propicio y el lugar accesible, la mayoria
de estos suelos están hoy ocupados por explotaciones agrícolas.

Degradación de suelos
Una tierra fértil expuesta por sequía y agrietada debido a la
falta de lluvia.
La degradación del suelo se define como un cambio en la
salud del suelo resultando en una disminución de la capacidad
del ecosistema para producir bienes o prestar servicios para sus beneficiarios. Los
suelos degradados contienen un estado de salud que no pueden proporcionar los
bienes y servicios normales del suelo en cuestión en su ecosistema.
Las definiciones, las cuales siguen en gran medida la definición LADA de degradación
de tierras, son importantes para capturar la complejidad de los procesos de
degradación y su evaluación subjetiva de los diferentes actores en el suelo y la tierra.

Definiciones
La erosión del suelo es un término común que a menudo se confunde con la
degradación del suelo, ya que realmente se refiere a las pérdidas absolutas de suelo de
la capa superficial y nutriente del suelo. De hecho el efecto más visible de degradación
del suelo, pero no cubre totalmente todos sus aspectos. La erosión del suelo se refiere

a un proceso natural en zonas montañosas, pero con frecuencia se empeora mediante
las malas prácticas de manejo
La degradación de la tierra abarca un alcance más amplio que la erosión y degradación
de suelos en conjunto ya que cubre todos los cambios negativos en la capacidad del
ecosistema para prestar bienes y servicios (incluso biológicos y servicios y bienes
relacionados con el agua – in en visión de LADA- y también su relación con bienes y
servicios sociales y económicos).
La desertificación es otro término común utilizado para a) la degradación de la tierra en
zonas de tierras áridas y/o b) el cambio irreversible de la tierra a tal estado que ya no
puede ser recuperado a su uso originario.
La prevención implica el uso de medidas de conservación que mantienen los recursos
naturales y su medio ambiente productivos.
La mitigación es la intervención pretendida para reducir la degradación en curso.
Resulta en una etapa una vez que la degradación se haya iniciado. El objetivo principal
es de detener la degradación continua y comenzar con el mejoramiento de los recursos
y sus funciones. Los impactos de mitigación tienden a ser visibles en corto y mediano
plazo: proporcionando así un fuerte incentivo para esfuerzos a continuación. La palabra
“mitigación’’ por veces también se utiliza para describir la reducción de los impactos
de degradación.
La rehabilitación es necesaria cuando la tierra ya está degradada hasta tal punto que
su uso original ya no es posible y se ha convertido prácticamente improductiva. En
consecuencia se necesitan inversiones de largo plazo y más costosos para poder
obtener algún impacto.

Destrucción de suelos
La tala de bosques y la erosión
Las cifras indican que la destrucción de bosques llega en nuestro país a niveles
abrumadores. Hace 10 años se hablaba de 400.000 hectáreas anuales. Hoy, los más
optimistas se sitúan en 600.000 hectáreas en tanto que otros consideran que se están
destrozando 800.000.
Datos muy serios afirman que en el término de doce o trece años se habrán agotado
nuestros árboles y será necesario importar toda la madera de consumo.
Con las selvas y los montes, se habrá extinguido también una inmensa variedad de
especies animales y vegetales, que constituyen parte fundamental de nuestro
patrimonio natural y del mundo.
Y con la destrucción de la vegetación, se agotarán también las aguas y los suelos. En la
actualidad cada año sepultamos en el fondo mar cerca de 500 millones
de toneladas de tierra fértil arrastradas por los torrentes que, sin obstáculos,
desmoronan las laderas desprovistas de la protección de la vegetación.

Y los ríos, destruido el equilibrio de sus cuencas, y deteriorados sus cursos por el
exceso de sedimentación, no tienen ya capacidad de navegación ni de contención de
aguas. En consecuencia, cada año aumentan las miles de hectáreas inundadas con
pérdidas incalculables, tanto en vidas humanas como en recursos materiales.
Conservación

Suelo fértil, bien conservado en
Stowbridge, Norfolk, Inglaterra.
La conservación de los suelos se logrará con
la educación de las personas. Debemos tener en cuenta
que un suelo se forma durante un lapso de miles y
miles de años, gracias a la acción de factores como
el viento, la temperatura y el agua. Estos, lentamente van desmenuzando las rocas,
hasta reducirlas a pequeñas partículas, que al unirse con los restos de plantas y
animales conforman el suelo.
Una vez formado, el suelo es protegido y conservado por la vegetación que crece sobre
su superficie. Cuando el hombre corta los árboles y deja expuestas las partículas del
suelo a la acción del sol, el viento y el agua, se produce la temida erosión. La capa
vegetal es arrastrada hacia el fondo de los océanos, y aquellos terrenos fértiles quedan
transformados en desiertos. Dicho empobrecimiento del suelo también es causado por
desyerbar con azadón, por las quemas, por el uso exagerado
de herbicidas y fertilizantes, entre otros.
Para detener la destrucción de este recurso, se hace urgente iniciar la plantación de
árboles y la defensa de los bosques nativos. El agricultor debe adquirir la sana
costumbre de rotar los cultivos, de trazar los surcos en sentido diferente a la pendiente
del terreno, de plantar barreras vivas para evitar el rodamiento de las partículas. De
todos es el compromiso de proteger las fuentes de agua, como ríos y quebradas,
conservando toda la vegetación de la cuenca.

Causa de la degradación o destrucción de suelos
Meteorización: consiste en la alteración que experimentan las rocas en
contacto con el agua, el aire y los seres vivos
Meteorización física o mecánica es aquella que se produce cuando, al bajar las
temperaturas, el agua que se encuentra en las grietas de las rocas se congela.
Así aumenta su volumen y provoca la fractura de las rocas.
Meteorización química es aquella que se produce cuando los materiales
rocosos reaccionan con el agua o con las sustancias disueltas en ella.

Erosión: consiste en el desgaste y fragmentación de los materiales de la
superficie terrestre por acción del agua, el viento, etc. Los fragmentos que se
desprenden reciben el nombre de detritos.
Transporte: consiste en el traslado de los detritos de un lugar a otro.
Sedimentación: consiste en el depósito de los materiales transportados,
reciben el nombre de sedimentos, y cuando estos sedimentos se cementan,
originan las rocas sedimentarias.
Los suelos se pueden destruir por las lluvias. Estas van lavando el suelo,
quitándole todos los nutrientes que necesita para poder ser fértil, los árboles
no pueden crecer ahí y se produce una deforestación que conlleva como
consecuencia la desertificación.

Estrategias para la recuperación de los suelos
El suelo es un recurso natural que necesita de un largo periodo de tiempo para su
formación, lo que hace que se le considere como un recurso natural no renovable. Ante
esta situación se nos presentan dos alternativas: elaborar estrategias para su
conservación o simplemente perder un recurso imprescindible.
Cuando un suelo alcanza su madurez está en equilibrio con sus factores ambientales y
tiende a adquirir, generalmente, unas condiciones adecuadas para una buena
producción biológica. Si este equilibrio se rompe, la evolución natural se modifica y se

desarrollan una serie de procesos que tienden a la disminución de la calidad del suelo y
por consiguiente, a su degradación. La degradación del suelo afecta a extensas áreas
del planeta y suelos que actualmente no están degradados se encuentran amenazados
de serlo en el futuro cercano.
El fenómeno de la degradación se manifiesta en la pérdida de la cubierta vegetal o en
el descenso de la productividad agrícola asociado con cambios importantes en las
características físicas, químicas y biológicas del suelo, lo que incrementa su
vulnerabilidad ante los agentes erosivos. Dentro de los principales cambios que se
producen en los suelos degradados se pueden mencionar los siguientes:
- Pérdida de la estructura del suelo y por ende descenso de la porosidad y del grado de
aireación.
- Compactación y encostramiento de la capa superficial del suelo.
- Disminución de la capacidad de retención de agua, lo que se traduce en una
reducción de la cantidad de agua útil para las plantas.
- Reducción de la velocidad de infiltración de agua lluvia.
- Menor disponibilidad de macronutrientes (principalmente fósforo y nitrógeno
asimilable).
- Descenso de las poblaciones de microorganismos del suelo.
En grandes extensiones del área mediterránea el nivel de degradación es tal que la
productividad del suelo es prácticamente nula, lo que determina la baja rentabilidad
del recurso suelo si pensamos en los diversos usos agrícolas y forestales que podrían
tener. En términos generales, la regeneración de estas zonas se acomete con la
introducción de una cobertura vegetal y con bastante frecuencia las actuaciones de
revegetación están abocadas al fracaso.
Por un lado la concurrencia de los suelos degradados con baja productividad biológica
y, por otro, de condiciones de fuerte déficit hídrico, en la mayoría de los casos
determinan la falta de éxito. Para revertir esta situación es necesario realizar
tratamientos conjuntos del suelo y de la planta que permitan incrementar la resistencia
de las especies vegetales introducidas ante las condiciones ambientales adversas.
En base a nuestra experiencia podemos señalar que en la recuperación de ecosistemas
degradados, como los del área mediterránea, consideramos que la aplicación de una
Enmienda Orgánica junto con el uso de Micorrizas son herramientas claves destinadas
a recuperar la estructura y capacidad biológica del suelo, permitiendo así frenar el
avance de la erosión y la desertificación.
Enmienda orgánica
Un suelo con bajo contenido en materia orgánica y por ende con escasa actividad
microbiana determinan una baja calidad y fertilidad edáfica, lo que finalmente dificulta
la instauración de una cubierta vegetal. En estos suelos degradados, el modo más
eficaz de emprender su recuperación, previo a la introducción de cualquier especie
vegetal, es la mejora de su calidad mediante la incorporación de una enmienda
orgánica.
La introducción de un enmendante orgánico en el suelo promueve el desarrollo de
reacciones químicas, físico-químicas y procesos microbiológicos. Estas reacciones

conducen a modificaciones en las características físicas del suelo, lo que se manifiesta
en aumentos de la capacidad de retención de agua, infiltración, porosidad y estabilidad
estructural (Roldán et al., 1996).
En este contexto, es necesario destacar que las zonas árida y semiáridas presentan la
dificultad añadida de la escasez de recursos hídricos, por lo que cualquier acción
tendiente a mejorar la estructura del suelo redundará en una mayor disponibilidad de
agua para el desarrollo de los procesos biológicos.
Los residuos sólidos urbanos (RSU) constituyen una importante fuente de materia
orgánica, por lo cual se deben aprovechar las ventajas que nos ofrece, es decir, ser un
material de bajo costo, fácilmente disponible, su producción es permanente y además,
sus efectos positivos en el suelo perduran en el tiempo (Figueroa, 2002).
Como el residuo supone una pérdida de energía de nuestro ecosistema y su
acumulación tiene un efecto contaminante, una vía de tratamiento de los RSU en
productos aceptables para la utilización en el sector agrícola o forestal es someterlos a
un proceso de compostaje. El producto así obtenido, compost, presenta una materia
orgánica estable, elementos nutritivos directamente asimilables por la planta y se
puede aplicar al suelo sin riesgo de fitotoxicidad.
Micorrizas
Micorriza es un término que hace referencia a la asociación establecida entre hongos y
raíces, considerada como una simbiosis mutualista multifuncional, cuyos efectos no se
restringen sólo a la nutrición de los cultivos, sino que incluyen también beneficios en
términos del uso sostenido del suelo y la conservación de la diversidad biológica. Cabe
mencionar que los hongos formadores de micorrizas o micorrizógenos son uno de los
principales grupos de microorganismos beneficiosos para mejorar el establecimiento y
desarrollo de las plantas.
Las ventajas que proporciona el hongo a la planta son diversos, destacando por su
importancia: La absorción de agua y nutrientes, gracias al hecho de que el micelio
fúngico al constituirse en una extensión de raicillas explora un mayor volumen de suelo
que una raíz sola, permitiendo la captación de los nutrientes más allá de la zona de
agotamiento de las raíces (Jacobsen, 1992), efecto particularmente importante en
zonas donde las precipitaciones varían tanto en el tiempo como en el espacio.
En las plantas micorrizadas se produce un aumento del contenido de agua, debido
posiblemente a un incremento de la conductividad hídrica de la planta o a una
disminución de la resistencia al flujo de agua a través de ella o es una respuesta
secundaria, consecuencia de la mejora de la nutrición o de algún cambio fisiológico en
la planta hospedadora que, indirectamente, incremente la resistencia a la sequía
(Augé, 2001). Sin embargo, las mejoras de las micorrizas no se limitan sólo al ámbito
de la nutrición mineral, sino que las plantas reciben beneficios adicionales tales como
resistencia a diversas situaciones de estrés: sequía, salinidad, metales pesados,
resistencia de las plantas a lo ataques de patógenos (Pythium, Phytophtora, Fusarium,
Rhizoctonia).
Cabe señalar que esta resistencia o tolerancia no es generalizable, ya que la
efectividad varía con el hongo micorrícico, el patógeno implicado, el sustrato de

crecimiento y las condiciones ambientales. También hemos comprobado que los
hongos micorrizógenos producen un efecto positivo sobre las características edáficas
influyendo en la estabilidad física del suelo ya que facilitan la agrupación de las
partículas (Caravaca et. al, 2002; Figueroa et. al, 2002).
En definitiva, las hifas de los hongos en conjunción con otros microorganismos del
suelo, contribuyen a la formación de agregados estables necesarios para mantener la
estructura y por lo tanto, la Calidad del Suelo. Como perspectiva de futuro el manejo de
los hongos micorrizógenos debe permitir y potenciar el desarrollo de una agricultura
sostenible, que se pueda aplicar en actividades tan diversas como:
- Propagación y producción de planta en vivero (frutales y ornamentales).
- Producción de cultivos forzados (hortalizas) bajo el concepto de reducción de
sustancias contaminantes y optimización de recursos.
- Cultivo de tejidos.
- Regeneración de áreas degradadas.
La simbiosis micorrícica podría ser una alternativa al uso de la fertilización química,
evitando así los factores de riesgo como salinidad, fitotoxicidad, contaminantes
orgánicos y metales pesados que muchas veces limita la utilización de estos productos
químicos en los distintos programas de producción frutícola, hortícola u ornamental.
Finalmente, se debe tener en cuenta que los beneficios de las micorrizas no sólo se
restringen al ámbito de la productividad y optimización fisiológica en el vegetal, sino
que engloban una serie de ventajas medioambientales.
Experiencia en campo
Durante un período de 2 años se comprobó, en campo, el efecto de dos técnicas de
revegetación: adición de un residuo orgánico compostado e inoculación en vivero, con
el hongo Glomus intraradices. Las plantas utilizadas fueron lentisco (Pistacia lentiscus
L.), retama (Retama sphaerocarpa L. Boissier), acebuche (Olea europaea L. subsp.
sylvestris) y espino (Rhamnus lycioides L.). Cabe señalar que estas especies vegetales
se caracterizan por ser autóctonas de la cuenca mediterránea, estar adaptadas a
condiciones de aridez y su uso en programas de recuperación de suelos degradados
cuenta con la subvención de la Comunidad Económica Europea.
Se estudiaron los cambios individuales sobre las propiedades relacionadas con la
calidad del suelo, así como también sobre los parámetros de crecimiento de estas
especies arbustivas.
Los principales resultados fueron los siguientes:
- La adición del residuo orgánico compostado mejoró considerablemente las
propiedades físicas (estructura del suelo), químicas (fertilidad), biológicas y
bioquímicas (activación de los microorganismos) del suelo revegetado con las 4
especies arbustivas. Este hecho se tradujo en un significativo crecimiento de los
arbustos en estudio. La mejora en la calidad del suelo pone en evidencia la eficacia de
este enmendante orgánico como biofertilizante.
- La inoculación micorrícica de estos arbustos estimuló notablemente el crecimiento y
la asimilación de nutrientes.
- La interacción entre ambas técnicas de revegetación mostró un efecto sinérgico en la

producción de biomasa aérea de retama, acebuche y lentisco, así como también en la
biomasa radicular de retama. A los dos años de iniciada la plantación el crecimiento de
estas especies fue espectacular, siendo la producción de biomasa entre un 600 y 900
% (incluso más) superior en relación a las plantas que no fueron micorrizadas y que no
recibieron la enmienda orgánica.
Sin duda, estos resultados, al margen de ser muy positivos e innovadores, plantean el
desafio de orientar las investigaciones a optimizar el funcionamiento del delicado
sistema suelo-planta, a enriquecer la biodiversidad junto con desarrollar distintas
metodologías que faciliten y garanticen la restauración del manto vegetal, ya que esta
acción constituye una de las estrategias más eficaces para combatir la degradación del
suelo y recuperar así, agro ecosistemas degradados.

La importancia de recuperar los suelos
Nadie puede forzar a la tierra para que
vuelva a ser productiva, y menos aún si el
uso de fertilizantes químicos continúa.
Por Heidy Wagner Laclette
A veces la tierra está tan dañada que
parece imposible rehabilitarla hasta un
estado saludable. En lugares donde la
tierra buena se ha convertido en desierto, o donde las sustancias químicas en
el suelo imposibilitan el crecimiento de las plantas, el suelo que alguna vez fue
productivo podría tardar cientos de años en restaurarse. Sin embargo, en
muchos casos, gracias a un trabajo cuidadoso, podemos ayudar a que se
recupere.
Nadie puede forzar a la tierra para que vuelva a ser productiva, y menos aún si
el uso de fertilizantes químicos continúa. Sin embargo, si se presta atención a
los ciclos naturales, es posible ayudar a crear las condiciones que la tierra
necesita para que se restaure ella misma hasta conseguir un estado saludable
y fértil.
Los expertos recomiendan la sucesión natural de la tierra, es decir, dejarla
como está, o ayudarla a recuperarse aplicando medidas sencillas. Se puede
hacer mucho para su recuperación al construir cercas, colocar avisos para
mantener a la gente fuera del lugar o se reduce el ganado que pasta en estos
terrenos.
Cuando se protege al suelo y las condiciones son apropiadas para que la vida
retorne, las plantas vuelven a crecer de acuerdo con su orden natural, una
situación que se conoce como sucesión natural, sin embargo hay que tomar en
cuenta que este proceso puede tardar años.

Ahora bien, es importante tomar en cuenta que la sucesión natural no
restaurará la tierra si en ella no hay fuentes de semillas o de plantas nativas en
los alrededores debido a que plantas que se propagan rápidamente han
invadido y ahogan a las especies buenas, o si la tierra está tan degradada o
contaminada que no crece nada en ella, situaciones sumamente lamentables
sin embargo tienden a ocurrir.
Por ello, una alternativa que en la mayoría de los casos funciona, es sembrar o
plantar especies nativas por que crecen fácilmente en condiciones locales, y
tienden a preservar la biodiversidad atrayendo tanto a insectos como aves y
animales propios de la región.

La restauración de los suelos degradados
es una aspiración que si bien se veía con
cierta desesperanza en las últimas
décadas.
También es menester advertir que la
siembra de árboles y plantas no nativos
pueden ocasionar problemas ya sea
porque utilizan demasiada agua
subterránea, compiten por el agua y los nutrientes con los cultivos y árboles
nativos, se diseminan fuera del lugar, o hacen que los animales y los insectos
busquen otros lugares para vivir.
La restauración de los suelos degradados es una aspiración que si bien se veía
con cierta desesperanza en las últimas décadas, se ha convertido
paulatinamente en un objetivo que las nuevas generaciones demandan con
mayor fuerza. Sin embargo, no es tarea fácil, para llevarla a cabo de una forma
adecuada se debe tener en cuenta el grave nivel de degradación que en el
transcurso de los siglos han sufrido los suelos y con ello los ecosistemas.

Afortunadamente, las tecnologías que de forma progresiva se van
desarrollando se muestran cada vez más eficientes en el objetivo de conseguir
tal restauración. El nivel utópico de la restauración idéntica del estado inicial es
prácticamente inalcanzable en casi todos los casos, por la imposibilidad de
recorrer de nuevo a la milenaria secuencia de escenarios, muchos de ellos
aleatorios, que dieron lugar a las condiciones iniciales.
Sin embargo, es posible en la mayoría de los casos una mejora de las
condiciones de biodiversidad, estructura, dinámica y funcionamiento de
aquellos suelos alterados mediante las tecnologías adecuadas para su
recuperación o su rehabilitación. La erosión de los suelos en diversos puntos de
Querétaro es considerada una problemática ambiental significativa asociada a
una disminución de la productividad y eficiencia de la tierra.
En este sentido, la conservación de aguas y suelos es un aspecto que involucra
a distintos sectores productivos e institucionales como el agrícola, el forestal, el
pecuario y el de infraestructura, entre muchos otros organismos públicos y
privados. Esto es así, porque ambos recursos, suelo y agua, constituyen
elementos fundamentales para la aplicación de esquemas productivos
sustentables de desarrollo.