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Las metamorfosis de la pubertad, de Sigmund Freud

:
Con el advenimiento de la pubertad, la pulsión sexual halla al objeto sexual y surge
una nueva meta sexual. Para alcanzarla, todas las pulsiones parciales cooperan y las zonas
erógenas se subordinan al primado de la zona genital. La pulsión sexual se pone ahora al
servicio de la función de reproducción.
El primado de las zonas genitales y el placer previo:
En la pubertad se desarrolla el aparato sexual, que debe ser puesto en marcha
mediante estímulos que provocan la excitación sexual, que se da a conocer por signos
anímicos (sentimiento de tensión) y corporales (la preparación de los genitales para el acto
sexual).
El estado de excitación sexual presenta el carácter de una tensión, y como tal,
conlleva el carácter del displacer. Aún así, es experimentada como placentera. Las zonas
erógenas brindan, mediante su adecuada estimulación, un cierto monto de placer, del cual
arranca el incremento de la tensión, la que ofrece la energía motriz necesaria para llevar a
su término el acto sexual. Luego, la estimulación apropiada de la zona genital genera la
energía motriz requerida para la expulsión de las sustancias genésicas. Este placer último es
provocado enteramente por la descarga, es un placer de satisfacción y con él se elimina
temporalmente la tensión de la líbido.
El placer provocado por la excitación de zonas erógenas puede designarse como
placer previo y el producido por el vaciamiento de las sustancias sexuales, como placer
final. El placer previo es lo mismo que podía ofrecer la pulsión sexual infantil, pero pasa a
posibilitar, la producción del placer de satisfacción mayor.
Cuando el placer previo demuestra ser demasiado grande y demasiado escasa su
contribución a la tensión, falta entonces la fuerza pulsional para que el proceso sexual siga
adelante, y la acción preparatoria reemplaza a la meta sexual normal. Esto sucede cuando la
zona erógena o pulsión parcial correspondiente contribuyó a la ganancia de placer en
medida inhabitual en la vida infantil. Por el otro lado, encontramos la saludable
prefiguración del primado de las zonas genitales durante la segunda mitad de la niñez.
El problema de la excitación sexual:
La excitación sexual es independiente de la producción de sustancias genésicas y se
debe en realidad a las sustancias químicas que el aparato reproductor produce. Estas
sustancias cargan de tensión sexual a determinados sectores del sistema nervioso central,
generando la excitación sexual.
La teoría de la libido:

cuando por fin el acto sexual es permitido. pasar de unos a otros y. aunque ya en la niñez son reconocibles disposiciones masculinas y femeninas. la pulsión sexual tenía un objeto fuera del cuerpo propio (el pecho materno). El hallazgo de objeto: Durante la pubertad se consuma el hallazgo del objeto. La vemos concentrarse en objetos. Diferenciación ente el hombre y la mujer: Sólo con la pubertad se establece la separación tajante entre el carácter masculino y femenino. se mantiene fluctuante en particulares estados de tensión y es recogida en el interior del yo. La pubertad se caracteriza para la muchacha por una nueva oleada de represión. la mujer ha mudado la zona rectora para su práctica posterior. que afecta a la sexualidad del clítoris. Su subrogación psíquica llamamos libido yoica o narcisista y sólo se vuelve accesible al análisis cuando se ha convertido en libido de objeto.La libido es una fuerza susceptible de variaciones cuantitativas. En este cambio de la zona erógena rectora. el hombre la conserva desde la infancia. y es por tanto homóloga a la zona genital masculina. Cuando la primerísima satisfacción sexual estaba todavía conectada con la nutrición. En cambio. la libido es de naturaleza masculina. la zona erógena rectora se sitúa en el clítoris. a partir de estas posiciones. Las descargas espontáneas del estado de excitación sexual se exteriorizan en contracciones y erecciones del clítoris. Toda vez que logra transferir la estimulabilidad erógena. Sin embargo. Se diferencia de la energía base de los procesos anímicos en general y es brindada por todos los órganos del cuerpo. con lo cual se convierte de nuevo en libido yoica. fijarse a ellos o abandonarlos. y más por el hecho de que esa persona dirige sobre el niño sentimientos que brotan de su vida sexual. Cuando la libido de objeto es quitada de los objetos. el clítoris mismo es excitado y sobre él recae el papel de retransmitir esa excitación a las partes femeninas vecinas. guiar el quehacer sexual del individuo. que podría medir procesos y trasposiciones en el ámbito de la excitación sexual. Después la pulsión sexual pasa a ser autoerótica y sólo luego de superado el período de latencia se restablece la relación originaria. A lo largo de todo el período de latencia. lapso durante el cual la joven es anestésica. residen las principales condiciones de la proclividad de la mujer a la neurosis. en general. A menudo se requiere cierto tiempo para que se realice esa transferencia. así como en la oleada represiva de la pubertad. El trato del niño con la persona que lo cuida es para él una fuente continua de excitación y de satisfacción sexuales. el niño aprende a amar a otras personas que satisfacen sus necesidades. La sexualidad de la niña pequeña tiene un carácter enteramente masculino y. En la niña. el glande. Lo que llamamos .

infaliblemente ejercerá su efecto un día también sobre las zonas genitales. En el caso del varón. la práctica sexual está bajo la tutela de su madre. Por ello. los niños persiguen la imagen mnémica de la figura paterna de sexo opuesto. lo desvían de su propio sexo. ya que por lo general. llegada la madurez.ternura. que influye para que la elección del objeto se haga en el sentido considerado normal. cuyo resultado es un vínculo hostil con su mismo sexo. La educación de los varones por personas del sexo masculino parece favorecer la homosexualidad. hasta la elección del objeto sexual. es fácil comprender que cualquier perturbación de ellos afecte negativamente la vida sexual adulta. . al mismo tiempo que el amedrentamiento sexual que experimentó de parte de su padre y su actitud de competencia hacia él. La elección del objeto se consuma primero en la fantasía y gracias a ella. pues apresurará su maduración sexual y lo hará incapaz de renunciar temporariamente al amor en su vida posterior. se ha ganado tiempo para erigir la barrera del incesto y para implantar en él los preceptos morales que los excluyen expresamente de la elección de objeto. Una de las tareas que plantea la elección de objeto consiste en no equivocar el sexo opuesto. Ni siquiera quien ha evitado la fijación incestuosa de su libido se sustrae por completo de su influencia. Al mismo tiempo que se doblega esta moción. o contentarse con un grado menor de este. Para la muchacha. un exceso de ternura de parte de los padres resultará dañino. Lo más inmediato para el niño sería escogerlos a ellos. Los poderes que previenen una inversión permanente del objeto sexual son la atracción recíproca de los caracteres sexuales opuestos y la inhibición autoritativa de la sociedad. el recuerdo infantil de la ternura de la madre contribuye a dirigir su elección hacia la mujer. Dada esta importancia de los vínculos infantiles con los padres para la posterior elección del objeto sexual. se consuma el desasimiento respecto de la autoridad de los progenitores. pero gracias al diferimiento de la maduración sexual. Y entre estas. vuelven a emerger las inclinaciones infantiles. La ternura que los padres vuelcan sobre el niño ayuda a conducir a este niño. la moción sexual del niño hacia su progenitor del sexo opuesto. sólo que ahora con un refuerzo somático.