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Damas y caballeros, sirva la presente para notificarles que, aunque no bailo ni

fumo, brinco de contento por estar aquí frente a ustedes hoy, 9 de marzo de
2005, en la ciudad de Mérida.

Aparte de encontrarme a gusto entre tantos amigos, mi felicidad se debe a que
me pidieron que escribiera unas cuantas líneas sobre lo que le pasa a la
literatura venezolana en estos últimos tiempos y, como comprenderán, eso
representa una oportunidad estupenda para expresar mi modesta opinión
sobre un tema que, supongo, nos interesa a todos.

Para empezar debo advertirles que no voy a hablar mal del prójimo, que no voy
a despotricar (por los momentos) de los críticos literarios, que no voy a
quejarme de su silencio, que no voy a enrostrarles el que sólo se dediquen a
escribir cuando les toque hacer sus trabajos de ascenso, que no voy a burlarme
porque sólo hablen de autores que los legitimen a ellos, que no voy a
fastidiarlos porque no le prestan atención a lo que está pasando en sus
narices... No. No voy a hacer nada de eso porque vinimos a hacer amigos...
Tampoco vine a hablar de política, aunque no está de más que les diga que es
una vergüenza vivir en un país donde tramitar una cédula de identidad es poco
menos que una odisea.

Y ya entrando en materia, acordemos que nuestra literatura vive un momento
muy extraño... Con ella pasa como con la Vinotinto: después de
acostumbrarnos a toda una vida de fracasos futbolísticos, el equipo venezolano
empieza a obtener victorias y uno, como espectador, no sabe qué cara poner.

Decía que con la literatura venezolana nos encontramos en un momento raro
pero luminoso en el que las editoriales se han quitado sus pijamas y se han
puesto los pantalones para seducir al lector. De ahí que hayan desempolvado
la maquinaria que recibe y lee manuscritos, que edita, diseña, imprime,
distribuye y vende libros. El porqué de semejante situación que en otros
lugares es normal y que aquí supone un prodigio, se torna misteriosa. Quizás el
desbordado éxito de los textos que pretenden analizar el desastre político y
social que padecemos, haya abierto el boquete para que los editores, por fin,
se dieran cuenta de que el mercado editorial venezolano no es esa sarta de
lugares comunes que aún se repite como si de un mantra se tratase: “que aquí
la gente no lee, que aquí el mercado es muy reducido, que aquí no hay
escritores, que la literatura venezolana es aburrida...”. ¡Puras necedades! Tal
parece que los editores se dieron cuenta de que las cosas son muy diferentes a
lo que reza la comodidad, que sí hay un público ávido de leer las cuartillas que
escriben no sólo los grandes autores de cualquier parte del mundo, sino las de
los autores venezolanos, y la explicación a este especial fenómeno habría que

buscarla en la necesidad de revisarnos a nosotros mismos que ha generado el
caos que vivimos.

Hagamos un alto y observemos un momento este punto… Para nadie es un
secreto que este país anda mal, muy mal y, curiosamente, la respuesta a esta
tragedia ha generado, según mi humilde parecer, un afán introspectivo (no
crean que a la manera polaca, búlgara, boliviana o checa; nuestro cerebro y
nuestro afán rumbero no dan para tanto) que encuentra cierto refugio en la
lectura y cierta intuición de que en los libros hay respuestas para calmar el
desasosiego imperante, dicho sea de paso, no sólo en nuestro país, sino en el
mundo entero. Esa circunstancia hace que los libros adquieran un nuevo
interés, que los tomos de ensayo, teatro, crónicas y cuentos, las novelas, los
reportajes periodísticos y los poemarios se hayan transformado a los ojos de
nuestros lectores en una suerte de oráculo al que se acude en busca de
respuestas… Es decir: los venezolanos descubrimos a fuerza de sufrimiento
para qué sirven los libros. ¿Y qué? Búrlense todo lo que quieran. Nuestro
desastre político, económico y social habla mal de nosotros; dice que somos
frívolos, que hemos sido indolentes, que estamos pagando el precio de tanta
irresponsabilidad y de tanta rumba, pero ese deseo de buscarnos a nosotros
mismos en los libros es un buen síntoma… No sé de qué, pero es un buen
síntoma.

En ese contexto, creo yo, se está produciendo literatura en este país. Los
escritores, que no podemos escapar a esa dinámica, leemos buscando
respuestas y escribimos sabiendo que, hoy más que nunca, tenemos que
darlas porque allá afuera, en la calle donde te matan para quitarte los zapatos
o te emboscan para secuestrarte y violarte, hay unos lectores que las esperan,
así sea para burlarse o para comprobar que las suyas no distan mucho de las
que encuentran en cada página.

Aparte de las implicaciones individuales que esta hipótesis un tanto
aventurada trae consigo, sería interesante poner también bajo el microscopio
las otras caras de este asunto. Si aceptamos que podemos pasar horas
especulando sobre el nacimiento o no de una nueva actitud del público
venezolano frente a los libros de sus coterráneos, también sería pertinente que
nos preguntáramos sobre las consecuencias que en el ámbito editorial, en el de
la crítica y en el de los autores supondría tal premisa.

En el ámbito editorial, como hemos afirmado, el que haya lectores (sea por las
razones que sea) supone dinero… Porque, damas y caballeros, la literatura es
un negocio. Está muy bien: hablamos de obras literarias, de creación, de
imaginación, de fantasía y de cosas bellas, pero sobre todo hablamos de
billetes que la editorial invierte y que desea recuperar y ver convertidos en

Aunque no lo digan con la voz de Plácido Domingo. No sólo no entienden sus preocupaciones ni sus técnicas ni el desarrollo de unas cuantas y posibles estéticas. Otro típico rasero de la crítica literaria es medirlo todo con el canon de Bloom. la preocupación no se centra en la creación de obras magnas. Grijalbo-Mondadori y de la Fundación para la Cultura Urbana. En otras palabras. Alfaguara. Desde el punto de vista editorial. sino que se empeñan en medirlo todo con los raseros de unos cánones ya vetustos en lugar de inventar unos nuevos… Por ejemplo: si un autor X se empeña en reproducir el tono taimado de una conversación entre dos malandros caraqueños. tengan en regla su depósito legal y estén en las librerías. con el de Steiner. En este particular. ya es “costumbrista”. Como nadie habla de ellos. . lo que ellos hacen. la crítica literaria venezolana adolece de una absoluta incomprensión acerca de lo que están haciendo sus paisanos escritores. las cabezas de Monte Ávila merecen una mención especial porque. dejan de existir aunque estén registrados. y si no se habían dado cuenta o no lo creen. por si no lo saben. se centra en la construcción de una industria. Por eso su trabajo no sólo carece del peso que debería tener en todo este asunto. Habermas o con el de cualquiera de esos grandes chivos que legitiman a todo el que los nombra. pasan sin pena ni gloria. se tocan sus quijadas y escriben desde sus cubículos universitarios para que los lean otros especialistas que también encienden sus pipas y se tocan sus quijadas en sus respectivos cubículos universitarios. Norma. Que midan a todo el mundo con la vara de Borges no sólo es aburrido. Criteria. sin pensar que esa categoría llamada costumbrismo fue propuesta para los autores del siglo XIX y que no se amolda a las características de la narrativa actual.ganancias. Por lo mismo de andar fumando pipa y de andar tocándose las quijadas en la comodidad del claustro. sepan que los han engañado. los críticos literarios encienden sus pipas. sino que se pierde la oportunidad de orientar a los demás en todo lo que se refiere a las obras que salen a la palestra. con el de Todorov. de un negocio que nos permita ganar dinero para irnos a la playa porque. Como es tradicional. con el de Barthes. de leerlas. no tiene nada que ver —al menos directamente— con que en la calle haya o no lectores. analizarlas y despertar en otros el interés por disfrutarlas. han demostrado que usan el dinero en lo que lo tiene que usar (que son los libros) y no en la compra de ametralladoras… En el caso de la crítica literaria las cosas se complican por varias razones. el dinero sí da la felicidad. Alfadil. eso está presente en la mente de los directivos y editores de Planeta. gracias a Dios. Por eso buena parte de los libros que ven la luz en el mercado venezolano. Foucault.

En el caso de la crítica literaria criolla se cumple una de las reglas de oro del ser venezolano: para que algo tenga peso y autoridad debe ser de otro país. lo que les espera a esos débiles de corazón que se dejan llevar por el lado oscuro de la fuerza en el gimnasio. Mejor porque los escritores venezolanos debemos madurar. que habla feo y está lleno de los mismos eventos absurdos que pueblan nuestras calles y nuestra historia. nacido en estas tierras. a encerrarnos en nuestro trabajo y buscar por encima de todo la perfección en lo que hacemos. Tampoco entienden que su misión no es la de instaurarse en jueces inquisidores ni la de sentenciar si una obra les satisfizo o no. En cuanto a los autores. que come perros calientes con aguacate y arepas con pernil. a producir más y más y a convertir su capacidad de creación en una fábrica de salchichas desabridas… Y conste que eso es aquí y en todas partes… De eso están llenas la literatura española. su trabajo consiste en leer las obras y ayudar a que otros las lean para que saquen sus propias conclusiones. es que el pipí se les ponga pequeño o que se mueran de un infarto. es preferible hacer un ejercicio espiritual que apueste por la sinceridad y no escribir pensando en el reconocimiento. a ser estoicos y humildes. De acuerdo: nadie se ha ganado el Premio Planeta ni el Premio Herralde ni ningún otro de esos galardones semejantes al Oscar de la Academia. habría que decir que desde hace años no hay en nuestro país una producción tan interesante y tan sostenida como la que se está llevando a cabo en los últimos tiempos. por la pompa y el boato. la colombiana y la mexicana: de novelas peorras. como les sucede a muchos escritores en esta extraña y corrompida época.sino cómodo y oportunista… Claro: es más fácil escribir sobre un viejo requeteleído. pero fuerzan a quienes los ganan a pasar por inteligentes. Un autor inflado a punta de premios y de reconocimientos no merecidos es como un deportista de músculos agigantados con la ignominiosa ayuda de los esteroides y.. Nada es más feo ni más pernicioso para un escritor que garabatear una oración pensando en el premio tal o en el premio pascual. pero ¿saben qué? Mejor. debemos aprender a ser luz en la derrota y prudentes en la victoria.. como sabemos.. Antes que dejarnos inflar por el mercadeo. para colmo. de obras contrahechas lanzadas con bombos y platillos. Los premios son sabrosos. Los críticos literarios venezolanos no entienden que aquí debemos conjugar esos cánones portentosos de la cultura universal con nuestro propio canon que suena a hip hop.. requete-estudiado y requete-consagrado que romperse la cabeza para estudiar la obra nueva de alguien nuevo y. ¿y para qué? Para nada. .

. Eloi Yagüe. También les recomendaría que practiquen la humildad. señoras y señores. De Lorenzo Barquero a Teodoro Camacho y de Andrés Barazarte a Fernando Castelmar hay un océano de historias que atrae a más y más lectores. Las grandes acciones comienzan así. que escriban poniendo los seis sentidos en la calamidad histórica que estamos viviendo. Los autores venezolanos de las nuevas generaciones (verbigracia: Israel Centeno. aliento. discutir. superar el sinfín de complejos que nos agobian y que nos hacen creer que nuestra literatura va de último. que no crean que “alguien” va a ir a sus casas a “descubrir” sus talentos. que no sean ombliguistas. proponernos cosas imposibles… Porque a nuestra literatura. que lean a los clásicos. le hace falta eso: aspiración. Necesitamos vernos. que viajen. solos. que conversen con la gente. a ungirlos o a legitimarlos. que escriban pensando en que tienen que ofrecer respuestas. muchas veces llenos de odio porque el país se ha vuelto un gran naufragio y porque suponen que nadie los toma en cuenta. detrás del camión de la basura. según sea el caso). ganas. se bañen y que vayan y visiten (eso sí: vestidos) las editoriales. como unos raptos de ingenuidad mezclada con algo que no sé definir muy bien. que se compren un traje. Puede que me digan ingenuo por decir estas cosas. Federico Vegas.. bolas. en las emociones buenas y malas que eso produce. con sus colegas y con sus lectores. pero no me importa. A ellos les propongo que sigan haciendo su trabajo. Necesitamos inventar algo para que los que estamos interesados en la producción literaria en nuestro país no estemos solos. Sonia Chocrón y otros que no nombro porque estaríamos aquí un largo rato) han abandonado aquel excesivo formalismo cuya máxima expresión era el letrerito en la solapa que rezaba: “en esta obra el lenguaje es el protagonista”.Yo veo a mi alrededor a muchos amigos escritores trabajando en sus hogares.. Oscar Marcano. Quizás haga falta trabajar mucho más. la desinhibición de los editores y el trabajo continuo de los escritores en sus obras. Leer esas palabras y no comprar el libro eran una sola acción… Gracias al cielo que nuestros escritores también han abandonado la ojeriza que le tuvieron durante años a las anécdotas y también aquella pretensión psicoanalítica según la cual todos los personajes de sus obras tenían un trauma que los volvía pusilánimes. Rubi Guerra. Supongo que se habrán dado cuenta de que la literatura venezolana vive un momento muy interesante porque en él han coincidido el interés de los lectores. encerrados y malhumorados. pero que supongo hecho con la misma materia de los sueños. deseos de superarse y de que la conozcan en muchos lugares y no sólo en nuestro pequeño y hundido país. que se afeiten (o se depilen. a los grandes maestros contemporáneos y a los que nos antecedieron. los dos Juan Carlos: Méndez Guédez y Chirinos. que no crean que los demás no saben de él porque son brutos.

pero comenzó y es lo que realmente me importa. revistas. Miguel Gomes. No sé cuándo comenzó a ocurrir esto. directa o indirectamente. Norberto José Olivar. en especial a Roberto. Federico Vegas. Sí. Sonia Chocrón. Oscar Marcano. hemos comenzado a ver cómo ha venido creciendo la producción literaria en Venezuela. pero. Gisela Kozak. están involucrados en este momento esplendoroso de nuestra literatura. nunca había sentido a la literatura venezolana más mía como en estos tiempos. comenzamos a perder otra vez. puede que ese espíritu esté oculto soterradamente entre un marasmo de inexactitudes lingüísticas. Lo cierto es que de un tiempo para acá. Eloi Yagüe. y aquí va la primera muestra de apasionamiento irracional. blogs. Fedosy Santaella. Héctor Torres. Importantes editoriales nacionales e internacionales han apostado por una nueva camada de autores que. Porque. hay quienes puedan pensar que es una declaración de enemistad con proyección hacia la militancia. Karl Krispin. les garantizo que es —inequívocamente— puro agradecimiento. sino a todos los hombres y mujeres que. como consecuencia de ello. hay que dejar de una vez en claro. Debo dejar claro que no es ese el espíritu que mueve este escrito. Juan Carlos Méndez Guédez. Nombres como los de Israel Centeno. Roberto Echeto (podría continuar hasta llenar no sé qué tantos folios) comienzan a hacerse conocidos. como responsable directo de muchas de las palabras que aquí explayo. Hay que acotar que este momento lo está protagonizando el género narrativo. sino porque sus firmas se han vuelto constantes en periódicos.Ojalá que este momento luminoso de la literatura venezolana sea mejor y más largo que el que tuvo la Vinotinto hace unos meses… porque cuando aprendíamos a poner cara de ganadores. Alberto Barrera. quisiera dejar algo en claro. páginas web y tantos otros recursos de los cuales se han servido para mostrar que existe una literatura venezolana que presenta . Salvador Fleján. No sólo a Roberto Echeto a quien aparece dedicado. Con enorme seguridad puedo certificar que este texto no está escrito correctamente. en los anaqueles de las principales librerías del país. A veces la pasión no nos permite la objetividad necesaria para mentir. José Irimia Barroso. Sus nombres nos empiezan a resultar familiares. Notas sobre la actual narrativa venezolana Valmore Muñoz Arteaga Comparte este contenido con tus amigos A mi amigo Roberto Echeto Antes de comenzar a desarrollar lo que indica el título de este texto. no sólo por los libros que exhiben las librerías. Rodrigo Blanco Calderón. su calidad literaria se corresponde con este esfuerzo editorial. María Ángeles Octavio. El espíritu que lo mueve es el del agradecimiento.

La situación social. Porque. . por lo tanto el mercado es reducido. Grijalbo-Mondadori. los venezolanos abandonen un poco ese afán “rumbero” y lo desvíen hacia la introspección apuntando hacia actividades como la lectura y el cine (porque este es otro punto digno de tomar en cuenta). Roberto puntualiza en los siguientes aspectos. de alguna manera. muchos escritores con los cuales he mantenido algún contacto me han manifestado que algunos de sus libros están agotados. De hecho. y es que la literatura también es un negocio. en otros países hispanoamericanos como Argentina. en la mayoría de los casos. hace un recorrido pormenorizado acerca de las causas que han originado este ¿boom? de nuestra literatura. que la literatura. Si bien es cierto que. La proliferación de librerías. es aburrida. entro en los puntos que plantea Roberto. en Venezuela no hay escritores. continúo con las editoriales. muy a la sazón por cierto. los escritores que saben muy bien que no venden nada. pueden vender sin repetir los inicuos esquemas de Paulo Coelho. pero antes de entrar en esta parte coloco un compact de Motörhead. Colombia y Chile. El ámbito editorial también ha sido un punto de resaltar. nadie tiene ni quiere un millón de amigos. A menos que ellos mismos los hayan comprado y luego desaparecido en una hoguera en el patio de sus casas. Roberto nos recuerda algo de lo que no les gusta hablar a los escritores románticos. muestren interés en los escritores venezolanos sólo puede significar dos cosas: en ellos hay calidad y que. En un ensayo escrito por Roberto Echeto y que lleva por nombre. para que la dedicatoria sea completa. salvo Roberto Carlos. Eso lo demuestran los premios obtenidos. política y económica que vive el país ha hecho que. debo suponer que fueron vendidos a unos lectores que. no tenían conexión alguna con los autores. Las editoriales invierten un dinero y esperan. páginas web y blogs literarios parecen contradecir el mito. Esto es tan real como el grito que me acaba de dar mi esposa por el escándalo que tengo armado en el estudio. Ya dicho esto. entre otros. Procedo entonces a bajar un poco el volumen a Motörhead. Another Perfect Day. ver las ganancias de lo que han invertido. entre otras. talleres y concursos literarios. El hecho de que empresas como Alfaguara. Habiendo asegurado el almuerzo y llegar a la noche con vida. Planeta. “La literatura venezolana no va detrás del camión de la basura”. El momento que vive nuestra literatura ha echado por el suelo los viejos mitos que hacían vida en las siguientes ideas: a la gente no le gusta leer. por Alberto Barrera y Boris Izaguirre. no sólo venezolana. nadie puede culparlos. no es del todo cierto que aquí no se haga. Norma. para variar.atributos necesarios para salir a competir (aunque no escriben para ello) con otras propuestas hispanoamericanas. se lee más que en Venezuela. o sencillamente.

democratizada. dicen que las consecuencias son truculentas. hasta da la impresión de que saben lo que están escribiendo. Qué se puede decir de ella. Una literatura sin complejos. otros café. que le temo obsesivamente a tener la cara seria. Luego de leerlo y de escuchar. pero por Dios. y en especial. Creo que Roberto ha descrito inmejorablemente la razón de ser de la crítica literaria. hay que aceptar. ese coño es como uno!”. se tocan sus quijadas y escriben desde sus cubículos universitarios para que los lean otros especialistas que también encienden sus pipas y se tocan sus quijadas en sus respectivos cubículos universitarios”. por cierto. entre otras cosas. en el tamaño de la amistad o enemistad que se profesen. los propios escritores. las risas cómplices de los chamos. debo confesar con henchida emoción. para ser más honesto. Debo decir acá que el comentario de Roberto no es del todo cierto. nuestros críticos no sólo se limitan a encender pipas y toquetearse las quijadas. los muchachos han leído cuentos que he sacado de Ficcionbreve. en el tiempo que llevo como profesor. La semana pasada los chamos leyeron. se me ocurre ahora sintonizarme con el país. La humildad. que para un escritor esto tiene que ser más importante que cualquier palabra proveniente de un circunspecto fumador de pipa y toqueteador de quijadas. algo que creo fundamental. Y esto. Se decidieron a escribirle. gente que me lee. eso sí. circunspectos. según sea el caso o. Soy profesor de literatura en la Universidad Católica Cecilio Acosta y en el Colegio Alemán de Maracaibo. aunque. hay quienes fuman cigarrillos. “Ese coño es como uno”. Por ello coloqué hace un rato que por primera vez siento mía a la literatura venezolana. con la gente. no sólo al circunspecto aquel cuya pluma se volcará en elogios o vituperios. y estoy seguro de no equivocarme. de Roberto Echeto. y lo son porque se debaten entre las mismas necesidades que nos debatimos todos en este país. pregunté lo que se pregunta en estos casos: ¿Qué tal? La respuesta casi masiva fue: “¡Valmore. No como yo. Entre los libros que pedí para leer durante el año escolar está la antología realizada por Antonio López Ortega para Alfaguara llamada Las voces secretas.La crítica literaria. entre otras cosas. No creo que se necesite explicar el significado de esas palabras. La literatura que hoy se edifica en Venezuela es una literatura. Sobre este último punto quisiera agregar algo del anecdotario personal. no sé si de manera consciente. algunos más bohemios se lanzan con una cervecita. López Ortega afirma . Creo. sino la humildad en aquello que escribo. el cuento “La escopeta”. Roberto toca. no sólo la humildad en el carácter. No todos fuman pipa.org y algunos textos dispersos en blogs y páginas web. así que procedo a robarle la idea: “Los críticos literarios encienden sus pipas. mi amigo Roberto. No. pero en especial porque se arriesgaron a construir un puente. algunos toman vino mientras escriben. es incluyente. Claro que son como uno. no es una victoria pírrica. nunca había escuchado algo más conmovedor. otros whisky. además de ello. mucho menos de mierda. nadie se ha devuelto. dispuesta a abrirse espacio en quien la tome. Paralelamente. con todos. Por último. nadie les puede negar que sus rostros son severos.

Vila Matas. ni facilismos eruditos ni posturas éticas prefabricadas. Otro aspecto que resalta Barrera Linares es que “el delineamiento y conducta de los personajes marca ya una diferencia notable en cuya explicación no puedo extenderme. Hay. los recuerdos de infancia. Aquí me detengo. Aira o Villoro. entre la violencia colectiva y las tensiones domésticas. The hottest band in the land. para cuyo prólogo escribe Luis Barrera Linares. Entonces. éste último comenta lo siguiente: “Lo que sí hay detrás de todos los textos es una indiscutible ambientación urbana de esta contemporaneidad del siglo XXI que nos ha correspondido compartir”. Ni tampoco preocupaciones telúricas o complejos hacia lo local. la vida en la ciudad o sus periferias. Podría igualmente admitirse como línea afirmativa (y hasta cierto punto continuadora de lo que ya esbozaban los narradores de las décadas anteriores) un interés consistente por la historia (por la necesidad de contar) más allá de las tentaciones (o desvaríos) formales. Dejo de fondo a los carapintadas y continúo en lo nuestro. Lo que sí es común a todos y todas es el desenfado con que asume cada cual la relación de su historia: aquí no hay tapujos. entre la cotidianidad y la trascendencia. Una ambientación que se sustenta las más de las veces en la Venezuela que surge a partir del movimiento social ocurrido en 1989 y las fracasadas asonadas golpistas del 92 hasta la actualidad bonita. Cheever— y valores literarios de la vanguardia iberoamericana —como Bolaño. sí. Cómo no van a ser como uno si cuentan en sus historias nuestras historias. la tragicómica violencia que nos escupe en la cara no es acaso la que queda al descubierto en las historias de Israel Centeno. las relaciones o reminiscencias familiares.en el estudio introductorio a Las voces secretas: “La nueva narrativa venezolana se debate entre el pasado y el futuro. cómo no van a ser como uno. ni pudores.. la manifiesta intención de . Las mujeres ven cómo se desnuda su cotidianidad en los cuentos y novelas de Vivian Jiménez. Y como ejes temáticos. Acaba de terminar el CD de Motörhead y busco a los gloriosos Kiss. Carver. Suena Deuce y la voz carrasposa de Gene. las experiencias foráneas o de desarraigo”. entre la singularidad y la duda. Roberto Echeto o Eloi Yagüe.. Como tampoco aversión hacia lo foráneo.. entre el país real y el país ideal. hecha por Héctor y Ana Teresa Torres. María Celina Núñez o Milagros Socorro. la violencia individual y social. entre valores literarios foráneos —la larga tradición anglosajona que se desemboca en Auster. ¿Puede haber algo mejor que Kiss? No lo creo. entre los estertores de la provincia y las omnipresentes realidades urbanas. la marginalidad social. “You want the best and you got it.. Muchos inquilinos de cualquier edificio acaso no se ven reflejados en historias como las de Luis Medina o Carlos Sandoval. María Ángeles Octavio. Pongo el Alive I. ni posiciones rebuscadas. En otra valiosa antología llamada De la urbe para el orbe. La violencia que vivimos a diario. Kiiiissss!!!”.

Necesitamos vernos. ”Ojalá que este momento luminoso de la literatura venezolana sea mejor y más largo que el que tuvo la Vinotinto hace unos meses. Porque a nuestra literatura. En uno de los puntos que rescato del ensayo de Roberto Echeto hago mención de la humildad que él. bolas. le hace falta eso: aspiración. proponernos cosas imposibles. discutir. Ninguno de los que hoy se están abriendo paso desconoce los méritos de los clásicos. el advenimiento y masificación de las tecnologías de información y comunicación (en particular Internet). la . Termino este escrito robando el final del ensayo de Roberto porque considero que por ahí deben ir los tiros. lo cual me permite decir que. Puede que me digan ingenuo por decir estas cosas. aliento. en la actualidad se reconoce a una tradición literaria y de la cual ellos son herederos. pero que supongo hecho con la misma materia de los sueños. El respeto y consideración hacia los que les precedieron es demostrado sin ningún tipo de complejo. Que así sea. esta literatura venezolana del siglo XXI refleja. Han comprendido que forman parte de una misma línea histórica. nuestros escritores han madurado.. Esta humildad desnuda una faceta poco frecuente en la historia de nuestra literatura. comenzamos a perder otra vez”. casi sin proponérselo. PRESENTACIÓN La literatura venezolana del siglo XXI ha venido experimentando un conjunto de transformaciones que la distancian de su par del siglo pasado. y yo lo secundo en ello. Se hastiaron de ese complejo de hiato con el pasado del cual llegó a hacerse gala alguna vez. Las grandes acciones comienzan así.. señoras y señores.. y un amplísimo programa de publicaciones estatales y privadas. hacia allá debemos apuntar para mantener este esplendoroso momento: “Necesitamos inventar algo para que los que estamos interesados en la producción literaria en nuestro país no estemos solos. A diferencia de pasadas generaciones de escritores. Muchas de estas variaciones se relacionan en mayor o menor grado con la crisis en el modelo político predominante en el siglo XX. En consecuencia. por fin. porque cuando aprendíamos a poner cara de ganadores. pero no me importa. como unos raptos de ingenuidad mezclada con algo que no sé definir muy bien. distingue como característica de los escritores actuales en Venezuela.sintonizar y encantar a los lectores y lectoras a fin de cautivar y mantener su atención”.. deseos de superarse y de que la conozcan en muchos lugares y no sólo en nuestro pequeño y hundido país. ganas.

y los cambios notables que ha experimentado la producción literaria venezolana en los últimos años. sino la aglomeración de autores con cierta fama en el ámbito nacional (pues han venido publicando desde el siglo pasado) y noveles. DESARROLLO DE LA UNIDAD CURRICULAR Debido al panorama tan extraordinariamente diverso de la literatura nacional más actual. También se aúna a esta circunstancia el hecho de que los narradores superan en número a los poetas. la cotidianidad urbana. respecto de la literatura venezolana del siglo XXI. se nos presenta como un correlato de la realidad nacional y occidental contemporáneas. Este realce de la figura del escritor/crítico se aleja del autor erudito de finales del siglo XIX. Por último. Un examen más detallado revelará que la literatura venezolana del siglo XXI no es un movimiento orgánico. Se ha enfatizado. al humor basado en la ironía. y la exploración de diversas temáticas y técnicas de escritura. La crónica. los personajes intranscendentes y el neocostumbrismo que retrata las nuevas tendencias sociales. una visión política más evidente y comprometida. la incorporación del universo adolescente en los textos. más bien. los análisis sociológicos. es necesario acotar la apabullante supremacía de la narrativa sobre la poesía. . No es por falta de imaginación ni vuelo creativo. De allí la ausencia de grupos o talleres literarios. el relato autoficcional. A pesar de editarse casi igualmente que la narrativa. sino porque la poesía ha mantenido un lenguaje y amplitud temática que vienen casi inalteradas desde la década de los noventa del siglo pasado. la poesía no ha concitado ni el ánimo crítico ni la polémica que se concentra en la narrativa. que son hoy parte de la identidad literaria nacional. las alusiones políticas. los neologismos y la imitación del habla urbana. Otra de las señas de la literatura nacional es su heterogeneidad formal y temática. una marca de esta nueva literatura venezolana es la convivencia (más o menos pacífica) entre autores “consagrados” y emergentes. sin arreglo a estética o paradigma alguno. En otras palabras. el “discurso femenino”. pero contribuye al debate sobre literatura y sus desafíos contemporáneos. Así las cosas. se mezclan. la novela histórica. la presentación de textos que dan cuenta de ciertas particularidades. los enfoques antropológicos. la novela policial.influencia de lo “virtual” en el mundo del libro. este programa de Literatura Venezolana del Siglo XXI ha renunciado a presentar una aproximación cronológica del fenómeno literario. al menos en el tiempo que lleva de existencia la nueva centuria. la introspección sicológica. tanto temáticas como formales. la fuerte presencia del escenario urbano. colectivos de creación o manifiestos literarios que intenten desprenderse o cortar con la estética precedente o predominante para imponer una nueva o distinta.

Rodríguez Torres. Un hielo en mi boca.ficcionbreve. en: http://www. y brindarle la ocasión de percibir que la literatura venezolana. Caracas: Editorial El Perro y La Rana. Carola (2011). Caracas cruzada. Caracas: Editorial El Perro y La Rana. Discusiones grupales (debates. Caracas: Correo del Orinoco. la óptica antropológica. Autores y obras seleccionados: Chávez.org/w/2007/01/la-escopeta/ Unidad 2: Humor y neocostumbrismo irónico: El sesgo político. el texto “autorreflexivo”. de asumir de forma indiferenciada el legado cultural del pasado y de evitar confrontaciones inútiles y aspiraciones grupales o generacionales. . Vicente (2006). Tibisay (2006). Echeto. ha experimentado un vuelco innegable en su manera de acercarse al público.Objetivo Formativo: La unidad curricular Literatura Venezolana del Siglo XXI pretende acercar al estudiante a la producción literaria nacional más actual y contemporánea. foros). Qué pena con ese señor. “La escopeta”. Unidad 1: La narrativa urbana y la cotidianidad: La mirada literaria a la realidad diaria de la ciudad contemporánea. Autores y obras seleccionados: Ulive-Schell. Roberto (2007). aunque que no ha pasado sino poco más de una década de este nuevo siglo.

Valora estéticamente las obras seleccionadas. Unidad 3: La ficción pura: Ausencia de la realidad inmediata del escritor en la temática literaria. Caracas: Editorial El Perro y La Rana. Comentario crítico de textos. Silva González. Autores y obras seleccionados: Salazar Tovar. Conferencias: docente (clase magistral). prevalencia del minicuento. El fumador de memorias: Microficciones. Lee en su totalidad cada obra seleccionada. estudiante (exposición oral). . Mi mayor pecado. Identifica y contextualiza a los autores seleccionados. Caracteriza el período histórico-literario en que se inscriben las obras.Talleres de lectura y apreciación literaria. Lázaro (2008). Distingue y especifica los elementos característicos de cada obra. o cada uno de los pasajes escogidos por el docente. César (2006). Caracas: Editorial El Perro y La Rana. Reconoce la importancia y los aportes de cada obra leída en el panorama histórico de la literatura nacional.

pan. Caracas: Editorial El Perro y La Rana. Autores y obras seleccionados: Barrera Linares.D. crónica con temas contemporáneos. lo “virtual” en la literatura. Rosa E. Caracas: Libros Urbe. Alonso e Isabel. Caracas: B. Caracas: Editorial El Perro y La Rana. Juanita Poulin y otras crónicas. . Caracas: Editorial El Perro y La Rana.I. (2006). Retorno al vientre. Caracas: Editorial El Perro y la Rana. Alejandro (1998). discurso femenino. influencia del habla urbana juvenil contemporánea en la narrativa. 2010. Ramón (2007). Marisol (2006). y C. Pin. Reedición de Ediciones Puntocero. los conflictos de la adolescencia. Autores y obras seleccionados: Martínez Mendoza. Luis (2009). Barrera Linares. Cuentos enred@dos / Sobre héroes y tombos. Luis (2007). pun. Crónicas de la Memoria. Unidad 6: La literatura autoficcional: Crónicas de la memoria.Unidad 4: Asunción libre de los géneros literarios: Ficción pseudohistórica.O. Pérez Mendoza. Sin partida de yacimiento. Unidad 5: La perspectiva “existencialista”: El drama psicológico. Autores y obras seleccionados: Marrero. Rebolledo.

htm MUÑOZ ARTEAGA. Carlos y Luis BARRERA LINARES (1992).htm PACHECO.ficcionbreve. Roberto (2008). Caracas: Alfadil. Caracas: Editorial Eclepsidra. “La literatura venezolana no va detrás del camión de la basura” (en línea).BIBLIOGRAFÍA SUGERIDA ARRÁIZ LUCCA. Catalina (2005). Disponible en: http://www.letralia. textos críticos y reseñas de autores de la literatura venezolana). ECHETO. Del cuento y sus alrededores: Aproximaciones a una teoría del cuento. TORRES.com (revista electrónica venezolana sobre literatura. Sitios electrónicos: http://www. Caracas: Monte Ávila Editores. http://www. y Héctor TORRES (2006). El coro de las voces solitarias: Una historia de la poesía venezolana.ficcionbreve. Rafael (2003). Disponible en: http://www. Valmore (2008).com/128/ensayo01.org (repositorio de cuentos. De saberes y miradas: Metaficción y narrativa venezolana contemporánea (en línea). http://www. fotografía y crítica contemporáneas). De la urbe para el orbe: Nueva narrativa urbana.letralia.com/188/articulo01. “Notas sobre la actual narrativa venezolana” (en línea).letralia. Ana T. literatura venezolana e hispanoamericana del siglo XXI) .panfletonegro.com (revista electrónica sobre autores de esta década. Disponible en: http://www.org/w/2008/03/laliteratura-venezolana-no-va-detras-del-camion-de-la-basura/ GASPAR KÁROSY.

a la creación estética. a la crítica. son algunos de ellos. Luis Barrera Linares. o bien como literatura a “espaldas de la historia”. la pérdida de legitimidad de la literatura se produce a menudo en contraposición a otras prácticas culturales que sí se legitiman. descalificación que se extiende a los estudios literarios. Tal vez porque el ejercicio reflexivo que nos acompaña es inevitable. José Balza. en nuestro medio. una lectura dicotómica del mundo ejercida desde un principio de autoridad que soslaya las diferencias y se expresa en principios de valorización y desvalorización. Alberto Carucci. Carlos Pacheco. Julio Ortega. Armando Navarro. Judith Gerendas. Gabriel Jiménez Emán. o aquellas que . Juan Liscano. narrativa volcada a la “experimentación formal” otras.De saberes y miradas Metaficción y narrativa venezolana contemporánea Catalina Gaspar Károsy Comparte este contenido con tus amigos “El libro que se escribe a sí mismo”. Ángel Rama. Alexis Márquez Rodríguez. Ello involucra. Julio Miranda. o que califican dramáticamente a un periodo —siempre arbitraria demarcación— como literatura del “vacío” unas veces. Raúl Bueno Chávez. Luz Marina Rivas. Rafael Di Prisco. Juan Carlos Santaella. gustos y expectativas del lector. Osvaldo Larrazábal. Douglas Bohórquez. Recordé textos memorables: los de Víctor Bravo. retumbando. otros cuyas ideas permanecían gravitando. y situada como una práctica cultural que ha de ser descentralizada y descanonizada. Identificada con un ejercicio de poder. Antonio López Ortega. incomodando: la conjunción de propuestas disímiles en visiones homogeneizadoras que privilegian sólo algunas de ellas y soslayan otras. Javier Lasarte. Y junto a éstos. en general. José Napoleón Oropeza. con el reino del discurso privilegiado. a la lectura misma y. disociarme de la certidumbre de la existencia de un ámbito descalificador que hoy rodea entre nosotros a la literatura frente a lo que se ha denominado lo “extraliterario”. También aquellas caracterizaciones en torno a toda una década narrativa —en particular la del ochenta— como incapaz de formular sentidos y de cumplir con las costumbres. Tampoco pude disociarme de los textos críticos y de las perspectivas desde las cuales leemos entre nosotros la narrativa venezolana contemporánea. Carmen Bustillo. para nosotros. No me es posible pensar actualmente en literatura al margen del profundo proceso autorreflexivo que acompaña nuestra cultura. Janusz Kapusta Escribir un ensayo sobre la narrativa venezolana contemporánea es hoy. y la conciencia de lo irresuelto una certeza. una empresa no por sugestiva menos ardua.

cuando su ser es exceder cualquier presunción para tejerse y destejerse. como las caracterizaciones de la literatura venezolana— demandan ser contrastadas con el clima cultural de nuestra contemporaneidad. cuya praxis se articula en las diferencias y las disonancias.lamentan —y reclaman— nuestra incapacidad de producir una “narrativa edificante”. en fin. Estas perspectivas —tanto las relativas a la práctica literaria en general. cuyo estatuto se refunda constantemente para refutarse. en tanto texto —tejido — con el tejido de la cultura. “realidad”. miradas y saberes. desde las propuestas que funda la literatura. y una literatura “evasiva”. Afortunadamente. prestos a abrir espacio a lo que emerge. en procura de nuevos paradigmas. que frente al árbol logocéntrico de la cultura occidental supera el sistema dicotómico que lo ha regido. y por su comprensión del carácter narrativo de la historia y la consciencia de la imposibilidad de hacer coincidir el mapa con el territorio. No es posible entonces. Nuestra época se signa por el agotamiento de los tradicionales contenidos de realidad. Precisa entonces de una crítica y de unos estudios humanísticos que no la encasillen en lo “literario” versus lo “extraliterario”. “historia”. Entendemos la identidad como un profundo proceso autorreflexivo y reconocemos la constitución de sujetos alternos. cognoscitivo. a pesar de ello. nuestro ejercicio intelectual. parecería encontrase aún prisionero de un acercamiento autoritario y dicotómico. a menos que incurramos en una de las paradojas de la . a lo que es diferente. nos hallamos. “incomunicada”. en la enfatización del ser de la literatura que Luis Miguel Isava (1989:48-49) enunciara como la exploración de su propia contingencia histórica y la reformulación de aquello que la anima: un espacio altamente problemático. lo representado y la representación. “sujeto”. heterogéneos y descentrados. de los privilegios de poder desde los cuales se enuncian los discursos que asumimos como “verdad”. nos sabemos prisioneros en el tejido del lenguaje y hechos de la esencial narratividad de nuestra cultura. nuestra literatura profundiza el espacio narrativo como ámbito del despliegue de la intertextualidad. Y. y a atender el latido singular y el impulso plural de las múltiples subjetividades que colman la escena de lo social. descentrar lo literario. o las que siempre dicotómicamente establecen una demarcación de carácter valorativo entre lo que llaman una narrativa de contenido social. nos sabemos híbridos y problematizados. dispuestos a hacer tabla rasa de los cánones. “experimentalista”. “de cara a la realidad venezolana”. sin embargo. Estamos aparentemente inmersos en el fecundo debate de nuestra cultura contemporánea. hemos desnaturalizado nuestra experiencia de lo estético y estamos abiertos a la pluralidad de estéticas y saberes.

plantear aparentemente desde el anticanon. fundamentalmente. generan alteridades de lo real. legitima. y sin atender a la particularidad de cada práctica discursiva. la propia escritura y la de otros. ya que estas formas culturales que solemos llamar literatura soy hoy ellas mismas descentradas y productivamente descentradoras. gracias a un reductor esencialismo. darle una alta valoración a lo opuesto: ella descentra nuestros cánones de lectura porque más que apelar a un compañero de ruta. Victoria de Stéfano. el habla marginal y la poesía. Wilfredo Machado. canoniza. la reflexión teórica y el lirismo. porque cualquiera que sea la perspectiva que adoptemos para su estudio. entrecruzan ficción y ensayo. y desde la antiautoridad el “desplazamiento de lo literario” supone justamente una noción canónica de la literatura. Por ello su estudio podría invertir el lugar de la mirada. José Napoleón Oropeza. cuya delimitación. Milagros Mata Gil.modernidad. Así. nuestra mirada la que domestica. el ejercicio de vida. desde las propuestas metaficcionales que nos brinda nuestra literatura. Y en tanto discutimos la preeminencia de un discurso sobre otro. nuestras nociones canónicas de lo literario las que deben ser desplazadas. la que dirime lo plural en la interpretación hegemónica y autoritaria. en el cambio de paradigmas teórico-críticos de nuestro fin de siglo. correspondiente al enunciado “lo literario” podría. Nuestra perspectiva es que el cambio de paradigmas crítico-literarios que signa nuestra época no puede ejercerse invocando la pérdida de privilegio de la literatura cuando es ella la que reformula permanentemente su propio canon y desde su textura finisecular se proclama ajena a los cánones. son tal vez. más que la literatura. que la concibe como una estructura cerrada sobre sí misma. el de la lectura y el de la escritura. hibridan géneros y códigos. a aquéllos con los que la leemos y la constituimos como literatura. Ángel Gustavo Infante. Gabriel Jiménez Emán. Es. entonces. estetizan la experiencia cotidiana. ser posible. José Balza. más que plantearnos su “imposibilidad” sustentada en que no complace las expectativas y gustos del lector. a menudo en torno a la ambigua — y peligrosa— noción de “eficacia”. Antonio López Ortega. Denzil Romero. la memoria personal y la memoria histórica. homologando desde ciertos raseros a disímiles discursos. Laura Antillano. excluye. podríamos. Si algo puede decirse de la literatura venezolana de las últimas décadas es que ella reformula el status de lo literario y también el de la lectura. a . no sólo a los que le achacamos sino. ya en la década del ochenta textos como los de Luis Britto García. Salvador Garmendia. la que homogeneiza las diferencias. soslaya. para acallar las voces plurales de todo texto.

Pero. los códigos. los cuerpos sociales— que aspiran a la totalidad y apuestan a todas las utopías: las del amor. en la activación del complejísimo proceso intertextual que constituye. como plantea Memorias de una antigua primavera. Y en tanto se afirma el desplazamiento de lo literario por formas culturales no literarias. testimonio. urden el escenario no sólo de la intertextualidad y la polifonía discursiva sino también de la transdisciplinariedad. significativamente. de Salvador Garmendia. su materialidad. las existenciales. que es ficción. y hacen de la memoria un tejido procesal. de Antonio López Ortega. La noche llama a la noche.un lector cómplice. en los órdenes en que se juega su relación con lo otro y el otro. Nuestra textura finisecular es aquí la expresión de ámbitos íntimos y colectivos que encuentran en texturas discursivas no canonizadas espacios propicios para el relato. de Carlos Noguera. “Es hora de nombrar el mundo. en un universo que en el umbral de la década del ochenta nos muestra metaficcionalmente nuestro rostro: el de los discursos — los lenguajes. en términos de Beverly (1993). crean un entramado de discursos sociales “extraliterarios”. la revolución. En ellos. una de las características fundamentales de nuestra cultura contemporánea. exige no sólo su participación sino también su responsabilidad en la generación de la significación. su lirismo. desde la ficción. me digo”. y juega su propia capacidad de crear un entramado que disuelva las fronteras entre literatura y vida. la literatura como zona de contacto. exploran las alteridades de lo real. El único lugar posible. a “la supervivencia de la realidad”. porque “jamás podremos hacer nuestro el mundo que pisamos” y por ello “huiré como prófugo que. prefiriendo la palabra a una soga. el despliegue del discurso muestra su espesor. las metafísicas. como . de Victoria de Stéfano. desde la fragmentación y la hibridez que conforman un universo discursivo de partículas disgregadas que caóticamente se dirigen a la entropía final. como sabemos. o enuncian en Cartas de relación. Cartas de relación. El bosque de los elegidos. y de explorar la difícil intimidad del sujeto. discuten el espacio de la representación. Es entonces la palabra la que hace de la escritura la posibilidad de mirar la propia existencia y la de los otros como relato. de Milagros Mata Gil. Como Inventando los días. de Antonio López Ortega. de Luis Britto García. quedó colgado en la vasta interrogante de la mañana”. los sujetos. afirmando. que aspiran. propuestas metaficcionales que replantean la mimesis. “¿por dónde empezar”. historia. sólo posible en la ficción. su despojamiento. textos como Abrapalabra. la historia. estos textos son. las estéticas. en su capacidad de ser carta mayúscula y minúscula del mudo: confiar en la palabra poética como relación. de José Napoleón Oropeza. el poder.

lo doméstico. y El bosque de los elegidos. exploratorio. del vacío. de la negatividad. canción. la memoria. con humor. o José Napoleón Oropeza traza el itinerario del espacio poético de un bosque donde poblar los sentidos. Orlando Chirinos. desde el habla de barrio. propuestas intertextuales desde lo fragmentario y lo singular. trazan otras cartografías y otras racionalidades en también otros códigos. es verdad. sólo que este saber se sabe deudor de los pliegues. la cotidianeidad. de José Napoleón Oropeza. Confiar. desde una mirada ajena. el humor. un recorrido lírico que narra el trayecto de la imagen. a los alegatos y alecciones. diario íntimo. de testimonio. . que crea en otro nivel. no subsidiario. de los intersticios desde los cuales López Ortega escribe ficción que es testimonio. crudeza y poesía. de lo real. de historia. Deslegitiman las voces autoritarias. Perfume de gardenia trama la subjetividad en la memoria familiar y en la histórica: es escritura amorosa. recuento. La construcción del sujeto se aleja del yo que narra su sucesivo acontecer para ser identidades proliferantes instaladas en las grietas del tiempo.entramado. y desde los márgenes. documento. es un proceso abierto. En estos relatos la escritura no es un esfuerzo de creación “edificante”. no canónicas. términos que parecerían siempre prestos a ser endilgados a nuestra literatura. del bar. Son textos de memoria. Porque más que la apropiación totalizadora de lo real que nos signó. del vértigo. que desde la sensorial intimidad instalan lo privado en el espacio de lo que también es público. metatexto. desde las voces que hoy algunos llaman del “subalterno”. de la música. las de la subjetividad. de la locura. del bolero. de la intrascendencia. de la rumba. las situaciones límites. graffiti. poesía y epístola. y también propuestas metaficcionales en torno al poder de la escritura y a la escritura del poder. Gabriel Jiménez Emán y Juan Calzadilla Arreaza elaboran. confesión. Luis Barrera Linares. Los textos narrativos de Ángel Gustavo Infante. en el plural texto de la cultura. Pero ella no renuncia al saber. la literatura de estas décadas explora las otras formas. Milagros Mata Gil. a la narrativa “edificante”. cuyo relato es búsqueda y extravío. lo fantástico. o Laura Antillano urde los saberes hechos de error y de nostalgia. en el yo del sujeto que se torna otro al convocar el lenguaje. del cuerpo: espacios de lo marginal que fotografían la naturaleza incierta y poética del mundo de la que nacen las múltiples pulsiones del deseo. la otra historia. de Laura Antillano. César Chirinos. slogan. de la imposibilidad. y ello no la torna solidaria de la incomunicación. como Perfume de gardenia. algunos de ellos en estructuras de mosaico y de visiones que José Napoleón Oropeza caracterizó como caleidoscópicas (1999).

Así. en palabras de Noguera. en aras de lo anticanónico. El relato deconstruye su propia representación y su fidelidad referencial. por fin. también la llamada ficción “histórica” resemantiza aconteceres y personajes. es primaria. por primera vez. recubre. en la apelación a la intimidad. Porque nuestra narrativa parece proponernos. original. desdibuja. trastoca el lugar de la enunciación y de la lectura de los relatos que nos conforman. Quizás la respuesta resida en el ejercicio múltiple que esta literatura propone al lector en el cuerpo de su hibridez. urde imaginarios otros. teje el universo finisecular y en él. sin embargo. urden una imaginería que postula no sólo una contrahistoria sino también una poética de ficción. deconstruye la fidelidad histórica al instalar en ella la corrosiva mirada postmoderna. no sólo los modelos. realidad e historia. el del relato: dibujar un lienzo que dialoga. desplazamos para ignorarlo. en aras de la postmodernidad. como si nombrara. Y tal vez entonces el problema consista en la mirada. Así. una imaginería para la historia: para la ficción. fundamentalmente. o como si. o al que desde una mirada canónica.Para nosotros. inventara los días. la narrativa venezolana contemporánea desafía saberes y prácticas. Esta mirada es en extremo sugestiva en La tragedia del Generalísimo de Denzil Romero que. En La tragedia del Generalísimo. comunicación/incomunicación. a la validación del esplendor de su práctica cultural. intercepta. el desplazamiento de la mirada. en leer de otro modo. documentos y hechos históricos sino. Sin estridencias. realidad y ficción se muestran por igual como tramado de ficciones con el que la voz narrativa descentra nuestros imaginarios y urde. el de Michelena. aparentemente regodeada en la detallista reconstrucción fiel de cada una de las etapas de la vida del personaje. a la urdimbre de otra historia. y trascendiendo la trampa de las dicotomías representación/antirepresentación. a la memoria. y subvierte anticanónicamente. la intertextualidad. metaficcionalmente. desde la primera materialidad del lenguaje sólo reconocible en un espesor que contradice saberes y miradas. la carnavalización. la mirada que los construye. a hacer de la literatura un objeto al que demandamos todas las confirmaciones a nuestras disímiles certidumbres —o incertidumbres—. sin renunciar. desde una profunda decantación. social/existencial. Cada una de las partes del cuerpo del prócer es exhaustivamente descrita sólo para tejer el cuerpo otro. una vez más. en renunciar. . la parodia. el referente para la supuesta reconstrucción histórica del personaje de Miranda es otra ficción: el lienzo de Miranda en La Carraca.

cómo nos reconocemos. que parecerían ajenos a la producción literaria que ha desplazado —siempre— nuestra cultura. de la institución. que desplazan también la voz autoritaria. explora otros códigos lingüísticos. que se mueven en el recorte nítido entre lo que es literatura y lo que no lo es. de la inefable historia. Asumimos como propias. como si se tratara de un fútil juego estructural y lingüístico que nos colocara a espaldas de la certera significación. qué decimos. afirmaciones que deslindan lo literario de lo extraliterario. reformula incesantemente sus propios cánones. se pregunta siempre por el gran logro. Sólo una mirada domesticada. “Experimentación” que curiosamente apreciamos en otras literaturas una vez que ellas han sido legitimadas. con total naturalidad. como si una extraña culpa nos persiguiese. nos pide que atendamos a lo que esperamos. las voces plurales. de los espacios en que el sujeto se construye. otros modos discursivos. desde los mismos espacios que desplazan la literatura en aras de otras producciones culturales. lo que irrumpe y abre otros horizontes de sentidos en nuestro universo. no aspira a brindarse como práctica discursiva que satisfaga un acto de lectura previsible. canónica. que no resisten los desplazamientos. de la posibilidad de representar. todo lo extraliterario le pertenece. los registros múltiples del habla. y justamente por no ser legitimadora y canónica. académico. divergentes.Y no por obra y gracia del desdeñado afán experimentalista que también se achacó en bloque a nuestra narrativa del ochenta —y también a la del setenta —. la literatura se piensa a sí misma ajena a la literariedad. es lo que rebasa nuestro horizonte de expectativas. de los medios. se elaboran discursos canónicos. Paradójicamente. por la inefable unidad que nos nuclee a todos en un mismo proyecto que nos catapulte en la posibilidad de ofrecernos contundentemente —homogeneizadamente— en el universo literario. Y se trata es justamente de que aquello que transgrede. . de lo que canónicamente entendemos como el deber ser de la literatura. de la academia. previsible. Pero nuestra literatura se ha ido escribiendo desde otras orillas: no quiere colmar las expectativas del lector. por la gran novela. institucional. de la mirada. discursos de poder. al tiempo que le pedimos a la literatura respuestas a las preguntas —tantas veces homogeneizadoras y canónicas— que lejos de ella formulamos al estilo de quiénes somos. pero despreciamos en la nuestra. la fragmentan y dispersan para acoger la voz descentrada de ficción y realidad. otras construcciones narrativas. Mientras tanto. renuncia a privilegiar el nivel del significado y cuestiona también al lenguaje mismo. desde la misma mirada que se concibe capaz de señalar “lo nuevo” y lo que “vale”. como si fuese posible disociar la experimentación de la producción de significación. Busca desde lo privado lo público.

que proclama la descentralización de lo literario sin reconocer que ella se encuentra. en fin. Oropeza. Año 6. justamente. que irrumpe —afortunadamente— en nuestro horizonte de expectativas y en esa relación con la alteridad que es el lector. Against Literature. la narrativa contemporánea explora otros niveles de sentido y con ello nos ofrece un acto difícil. University of Minnesota Press. en definitiva.Trato. 35-50. hace de la realidad. cada día. formas de realidad. y de la literatura. más que dibujarnos para esclarecer y dotar de significación nuestros referentes. sujetos y racionalidades que nos figuran como alteridades. literatura. que no responden a lo que creemos ser y conocer sino que sugieren otros saberes. Minneapolis. Y ello es. la siempre cambiante constelación de sentidos que nos constituye. Revista de Investigaciones Literarias y Culturales (Caracas). Luis Miguel (1998). José Napoleón (1999). porque nos dibuja otros rostros. “Los ojos de un pez: tendencias y nombres en la novela venezolana de finales de siglo” (inédito). . “La herejía de las refutaciones: reflexiones en torno a la noción de crítica como articulación de los discursos filosófico y literario” Estudios. pp. John (1993). y tal vez por eso la desconocemos. Bibliografía citada Beverly. de decir. lo que nos urge: tramar. en los márgenes. Nº 11. que más que legitimar nuestras preguntas y otorgarnos respuestas. otros despliegues de la significación. Isava. en la periferia. Ella nos pide que no convirtamos nuestro acercamiento a la literatura en una actividad autoritaria y canonizadora.