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Moral ferroviaria




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Por Eduardo Levy Yeyati |
31/05/2015 | 01:06

Un tren corre sin frenos. Más adelante hay cinco personas atadas a las
vías. El tren pasa bajo un puente. En el puente hay una palanca que
hace que el tren cambie de vía hacia otra en la que, más adelante, hay
una persona atada a la vía. Usted está en el puente, la mano sobre la
palanca. Cinco por uno. ¿Qué hace? La mayoría de la gente consultada
en base a este problema dice que accionaría la palanca.
Un tren corre sin frenos. Más adelante hay cinco personas atadas a las
vías. El tren pasa bajo un puente. En el puente hay un extraño de gran
tamaño. La única manera de frenar el tren y evitar la muerte de las
cinco personas es empujar al extraño a las vías. Usted está en el
puente, las manos sobre el extraño. Cinco por uno. ¿Qué hace? La
mayoría de la gente consultada en base a este nuevo problema dice
que dejaría que el tren corriera hacia su destino trágico.
La primera formulación del problema es de Philippa Foot (1967), la
reformulación es de Judith Thomson (1976). ¿Qué cambia realmente en
el problema que lleva a cambiar la decisión?
La respuesta racionalista y fría (la del antihéroe de película que deja
atrás al compañero irremediablemente herido para no comprometer la
misión) es utilitarista, al estilo de Stuart Mill y Bentham: cinco por uno es
el mal menor, matar al uno maximiza la suma del bienestar. La
respuesta más emotiva (la del antihéroe de película que tiene una
chance de salvar la vida de los rehenes pero es incapaz de matar al
villano) es kantiana, en la medida en que se basa en un imperativo
moral: no matarás.
De acuerdo al filósofo devenido psicólogo Joshua Greene, la diferencia
entre ambas respuestas tiene una raíz genética asociada a la

resuelve su dilema personal imponiéndose un límite arbitrario: dona un tercio de sus ingresos. En la misma dirección apunta el célebre problema de Peter Singer. Con la segunda muerte. Greene sugiere que nuestras elecciones morales están condicionadas biológicamente. a los argentinos. pero despierta una reacción débil en nuestro lado kantiano. ¿Dónde está la frontera de nuestro involucramiento? (Singer. La primera muerte. nos hace dudar. dice Greene. evolucionamos por razones . como lo indica la huella tomográfica: si la opción es empujar al extraño. utilitarista extremo para quien la convivencia de lujo y pobreza en el mundo es amoral. hasta dónde llega la “projimidad”. sucede lo contrario: nos tiembla el pulso. mueren cinco. en el segundo.) Podríamos adaptar el problema de Singer. saltamos a rescatarlo arruinando nuestro traje de 5 mil pesos. pero no se nos ocurre donar esos 5 mil pesos para salvar del hambre a diez niños en Africa. cuanto mayor la apertura más diluida será la mejora individual. por ejemplo. Somos máquinas adaptativas. Una cosa es dejar morir y otra presionar el gatillo. para hablar del acceso a los servicios públicos de la ciudad rica: ¿deben los hospitales de Buenos Aires atender a los habitantes del Conurbano. más explícita. a la población del Mercosur.“distancia” entre acto y efecto: en el primer caso acciono una palanca que salva a cinco personas. al resto del mundo? Naturalmente. a los residentes. la zona del cerebro asociada a la emoción muestra actividad intensa. que resumo en adaptación libre: si vemos a un niño ahogándose en un río. mato a una persona. Pero el problema de Singer no es económico (distribución de recursos escasos) sino moral: cuánto nos preocupa el prójimo. al costo de una. dados los recursos. aunque cinco se salvan. no así si la opción es accionar la palanca. Podríamos trazar una métrica del distanciamiento moral que uniendo los puntos entre el chico que pide en el semáforo de Recoleta al chico con hambre (pero vivo) en la villa del Gran Buenos Aires al chico que muere de hambre en el Chaco al chico que mueren de hambre en Africa. etc. bajamos el arma resignados. y el utilitarismo manda. nos late el corazón. colateral.

significamos esta práctica dándole su carácter moral. . como marcas de fábrica. dogmas funcionales. nuestras morales se revelan como racionalizaciones a posteriori.históricas: no empujamos a un extraño a su muerte porque las tribus cazadoras-recolectoras donde los conflictos se dirimían a muerte se extinguieron antes. Más tarde. Desaparecidas las necesidades históricas que las motivaron. Cada cultura con los suyos. *Economista y escritor.