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LA AGRESIVIDAD HUMANA

Anthony Storr
Alianza Editorial
Madrid, 1970
Introducción
Que el hombre es una criatura agresiva es cosa que
difícilmente discutirá nadie. Salvo la excepción de
ciertos roedores, ningún otro vertebrado mata
habitualmente a miembros de su misma especie. Ningún
otro animal disfruta practicando la crueldad sobre otro
de su misma clase. Generalmente describimos los
ejemplos más repulsivos de la crueldad del hombre como
algo brutal o bestial, y con estos adjetivos damos a
entender
que
semejante
comportamiento
es
característico de animales menos desarrollados que
nosotros. A decir verdad, sin embargo, los casos
extremos de comportamiento «brutal» están limitados al
hombre, y nuestro salvaje trato mutuo no tiene paralelo
en la naturaleza. Lo, tristemente., cierto es que somos la
especie más cruel y despiadada que jamás haya pisado la
tierra; y que, aunque podemos retroceder horrorizados
cuando leemos en un periódico o en un libro de historia
las atrocidades que el hombre ha cometido con el
hombre, en nuestro fuero interno sabemos que cada uno
de nosotros alberga dentro de sí los salvajes impulsos
que conducen al asesinato, a la tortura y a la guerra.
Escribir sobre la agresividad humana es una tarea difícil
porque el término se emplea en muchos sentidos
1

diferentes. Agresividad es una de esas palabras que todo
el mundo conoce, pero que, a pesar de todo, resulta difícil
definir. Tal como la emplean los psicólogos y los
psiquiatras, abarca una gama muy amplia de
comportamientos humanos. El niño de rostro
congestionado que berrea para que le den el biberón se
está mostrando agresivo, pero también lo es el juez que
dicta una sentencia de treinta años por robo. El
guardián de un campo de concentración que tortura a su
indefensa víctima está, como es obvio, actuando
agresivamente. De manera menos manifiesta, pero no
menos cierta, también actúa así la esposa abandonada
que amenaza con suicidarse o trata de hacerlo para
recuperar el afecto de su marido. Cuando una palabra es
tan difusamente aplicada que se emplea tanto para el
esfuerzo competitivo de un futbolista como para la
violencia sangrienta de un asesino, hay que renunciar a
ella o definirla más estrictamente. Agresividad es un
término cubrelotodo que rebosa claramente por sus
costuras. Sin embargo, no podremos renunciar a su uso
hasta que podamos designar y comprender más
claramente los diversos aspectos del comportamiento
humano subsumidos bajo este título.
Una dificultad reside en que no existe una línea
divisoria clara entre las formas de agresividad que todos
lamentamos y aquellas que no podemos desautorizar si
hemos de sobrevivir. Cuando un niño se rebela contra la
autoridad está siendo agresivo, pero también manifiesta
un impulso de independencia que es parte necesaria y
valiosa del desarrollo. El deseo de poder, en su forma
extrema, presenta aspectos desastrosos, que todos
2

Dominamos un tema cuando hemos luchado con él y vencido sus dificultades. estas definiciones imponen unos límites al concepto de agresividad que no están de acuerdo con los hechos subyacentes de la naturaleza humana que el término trata de expresar. del logro de la independencia e incluso de esa propia estimación que le permite al hombre mantener la cabeza alta entre sus semejantes. esperando que nuestro espíritu desarrolle una penetración suficientemente afilada para poder diseccionar mejor un problema en sus partes componentes. Y ésta no es una concepción nueva. En opinión del autor. El historiador Gibbon. pero el afán por superar las dificultades o por conseguir el dominio sobre el mundo exterior constituye la base de las mayores realizaciones humanas. afirmar que todo esfuerzo intelectual es consecuencia de la frustración es atribuir un colorido demasiado negativo al impulso positivo de comprender y dominar el mundo exterior. por ejemplo. 3 . o como «un acto cuyo objetivo-respuesta es causar daño a un organismo (o a un sucedáneo de organismo)» l. Aguzamos el ingenio. Atacamos problemas. Vale la pena observar.conocemos. en un pasaje famoso. Algunos autores definen la agresión como «la respuesta que sigue a la frustración». La parte agresiva de la naturaleza humana no es solamente una salvaguarda necesaria contra los ataques: es también la base de la realización intelectual. Aunque las tareas intelectuales resultan a menudo defraudantes. que las palabras con que acostumbramos a describir el esfuerzo intelectual son palabras agresivas. o les hincamos el diente.

se convierte en el padre de todas las virtudes. un Estado o un imperio pueden deber su seguridad y su prosperidad al valor indomable de un solo hombre.presenta una idea de la naturaleza humana muy parecida a la que mantienen los psicoterapeutas. Gibbon escribe sobre «el amor al placer y el amor a la acción». supuestamente carente de ambas inclinaciones. Así como estos últimos hablan de instintos sexuales e instintos agresivos. produce la mayor parte de la felicidad de la vida privada. podemos atribuir al amor al placer la mayoría de las cualidades agradables. y. Por consiguiente. mejorado por los atractivos del trato social y corregido por la justa consideración que exigen la templanza. una familia. la salud y la reputación. Con frecuencia conduce a la ira. debería ser rechazada. En los caracteres más nobles y virtuosos podemos distinguir dos inclinaciones muy naturales: el amor al placer y el amor a la acción. Si el primero es depurado por el arte y por el estudio. como algo absolutamente incapaz de procurar felicidad alguna al 4 . a la ambición y a la venganza. El amor a la acción es un principio de naturaleza mucho más Inerte y dudosa. pero cuando es dirigido por un sentimiento de circunspección y benevolencia. y al amor a la acción la mayoría de las cualidades útiles y respetables. Un carácter en el que ambos estuvieran unidos y armonizados debería constituir la idea más perfecta de la naturaleza humana. si estas virtudes van acompañadas de iguales talentos. por el consentimiento unánime de la humanidad. La disposición insensible e inactiva.

de no poseer una amplia capacidad de agresión. las defensas internas que impiden a la mayoría de los animales matar a otros de su misma especie. Lo que sigue son las reflexiones de un psicoterapeuta sobre el componente agresivo de la naturaleza humana. no es imposible que aún pueda producir la eliminación total del homo sapiens. puesto que ahora se halla en posesión de armas cuyo poder destructor no tiene paralelo. Las. aunque su conocimiento de unas cuantas 5 . Sin el aspecto agresivo y activo de su naturaleza. y. o siquiera sobrevivido como especie. el hombre sería todavía más incapaz de lo que es de dirigir el curso de su vida o de influir sobre el mundo que le rodea. y le faltan también. Su despiadado impulso por dominar o destruir cualquier obstáculo aparente que se interponga en su camino no se detiene ante sus propios semejantes. Gibbon admite muy claramente que las más lamentables manifestaciones de la agresividad tienen las mismas raíces que las partes más valiosas y esenciales del esfuerzo humano.individuo o beneficio público al mundo. resulta evidente que el hombre no habría alcanzado jamás su dominio presente. al parecer. En realidad. opiniones que se formulan son todo menos dogmáticas. Pero no era en este mundo donde los primitivos cristianos deseaban hacerse agradables o útiles2. Es una paradoja trágica que las mismas cualidades que han producido los extraordinarios éxitos del hombre sean también las más idóneas para destruirle. Todos los psicoterapeutas lamentan el hecho de que.

por ejemplo. Las complejidades de las circunstancias que provocan la guerra son tales que ni una persona aislada ni un único punto de vista son capaces de comprenderlas. Se puede esperar que. Entretanto. debemos hacer lo que podamos con hipótesis incompletas y no probadas. La agresividad. Lo malo de casi todos estos experimentos es que las situaciones en que se basan son tan limitadas que se hallan muy alejadas de la vida real. cabe suscitar y estudiar más o menos separadamente emociones agresivas. El problema de la guerra es más apremiante de lo que jamás lo haya sido en la historia. por ejemplo. Los psicólogos que trabajan en laboratorios pueden construir experimentos en los cuales. muchas de las teorías utilizables en la práctica de la psicoterapia son difíciles de acreditar científicamente. Quien prometa una solución para tan permanente problema es demasiado presuntuoso para 6 . y expresar estadísticamente las conclusiones obtenidas. La preocupación actual de la sociedad occidental por el problema de la agresividad está dictada. se halla inextricablemente mezclada con el temor y con el sexo en muchas situaciones. pues el psicoterapeuta se esfuerza por tratar a la persona como un todo. con el tiempo.personas pueda ser más bien profundo. por el temor a la destrucción por las armas nucleares que a todos nos amenazan. se produzca un rapprochement entre el punto de vista preciso pero limitado del experimentador y las concepciones menos definidas pero más amplias del psicoterapeuta. sus conclusiones proceden necesariamente de una muestra limitada y muy seleccionada de la población. Además. naturalmente.

o si. En este capítulo examinaremos y criticaremos algunos aspectos de la noción de agresividad en Freud. aunque. no puede ser dejado de lado. y aquí no se adelantará ninguna solución tal. el punto de vista psicológico merece igual consideración que los aspectos políticos. sin embargo. Aunque creo que en algunos aspectos sus opiniones fueron erróneas. 1. consiguientemente. que para conseguirse alguna vez la estabilidad en los problemas mundiales. El autor cree. y todavía existe una considerable discusión acerca de si la agresividad es un impulso innato.. Pero no es éste. como el instinto sexual. no puede de ninguna manera proporcionar una respuesta completa.merecer confianza. 7 . El psicoanálisis y el «instinto de muerte» Dado que el comportamiento agresivo es algo tan característico del hombre pudiera suponerse que el origen y los determinantes de la agresividad humana han sido definidos y reconocidos desde hace mucho. sin embargo. por sí solo. tiene interés para el problema de la guerra. trata de expresarse espontáneamente. el caso. por el contrario. que. El estudio de la agresividad humana y de su control. su influencia ha sido tan poderosa y el enriquecimiento que ha aportado a la compresión de nosotros mismos tan enorme que.es simplemente una respuesta a circunstancias exteriores adversas y en absoluto instintiva. instintivo. a pesar de que su idea de un «instinto de muerte» ya no se acepta como válida. económicos y demás.

en su origen. y que sólo se vuelve hacia el exterior. Otros han postulado un impulso agresivo innato. contra otras personas o contra el mundo en general. Sin embargo. pero no puede decirse que los resultados de sus investigaciones y especulaciones hayan sido enteramente afortunadas. pese a la gran importancia de sus aportaciones a nuestro tema. pero con la suposición de que.Durante los últimos sesenta años los psicoanalistas y psicoterapeutas de todas las escuelas se han ido ocupando cada vez más de la agresividad. Se admite que estas fantasías proceden en parte de la agresividad innata. de modo que uno puede ser más sosegado. se dirige destructivamente contra el yo. de modo que no es sorprendente que los analistas atribuyan más importancia como fuente de la agresividad infantil a un entorno hostil o desfavorable que a los factores innatos. la preocupación principal del psicoanálisis es la educación. Está ampliamente aceptado que el niño es potencialmente agresivo desde el momento del nacimiento. naturalmente. más que la naturaleza. 8 . como un fenómeno secundario. La frustración debida al entorno es. Algunos de ellos han aceptado la idea de que el hombre no es agresivo por naturaleza. más ansioso o más activo que otro. y los psicoanalistas con experiencia especial en el tratamiento de niños pequeños pretenden que incluso las criaturas conciben inevitablemente fantasías destructivas de aterradora intensidad. Incluso los psicoanalistas reconocen que hay diferencias temperamentales innatas entre los recién nacidos. sino que sólo llega a serlo a consecuencia de la frustración.

en otro caso. Estamos dispuestos a creer que lo que ahora parecería un estado de cosas utópico puede muy bien 9 .. pese a que pueda existir cierta disposición innata hacia la agresividad.inevitable. entre su odio y su temor. No se puede evitar el preguntarse si el psicoanálisis no está destinado a sobrepasar en su campo de actuación al individuo aislado y a influir sobre la vida de la humanidad en su conjunto. esperarlo— se le puede garantizar una madre . en cambio. ningún bebé humano —aunque él pueda. Los psicoanalistas son muy conscientes de ello. y puesto que la consecuencia de la incapacidad paterna para satisfacer las exigencias infantiles es generalmente la rabia frustrada los psicoanalistas fácilmente se harán una idea demasiado negativa de la agresividad. al reducir la angustia que acentúa estos instintos. La siguiente cita de un artículo de Melanie Klein ilustra adecuadamente este punto. pues a.. entre los psicoanalistas existe la tendencia a tratar la agresividad como algo patológico y a suponer que. pero puede. pero puesto que se ocupan de descubrir de qué modo han dejado de ser satisfechas las primeras necesidades de sus pacientes.que satisfaga cada una de sus necesidades sin tardanza. que actúa incesantemente. En general. Es cierto que no puede suprimir del todo el instinto agresivo del hombre como tal. deshacer el reforzamiento mutuo. los hombres deberían ser capaces de librarse de ella asegurando a sus hijos un entorno perfecto o. sometiéndoles posteriormente al psicoanálisis. descuidando los aspectos más positivos sobre los cuales hemos llamado la atención en la introducción de este libro.

transformarse en realidad en los lejanos días en que. ceda el paso a más afables y confiados sentimientos hacia sus semejantes y la gente pueda vivir junta en el mundo con mayor paz y buena voluntad que ahora. plenamente reconocida. La utópica visión de Melanie Klein es un producto de su entusiasmo y de su confianza terapéuticos. Acaso entonces esa actitud hostil. En realidad. al fin. y sigue sirviendo. en la situación analítica el surgimiento de la emoción agresiva no solamente es tolerado. pues nadie ha sido más consciente que ella de lo agresivos que pueden ser los seres humanos. sino también fomentado. como espero. como lo es ahora la educación escolar. muchos autores nos han trasmitido la impresión de que se trata simplemente de un impulso lamentable. que debe ser eliminado. el análisis de la infancia se convierta en una parte de la formación de toda persona. para conservarnos. justamente. latente con mayor o menor fuerza en todo ser humano y que centuplica en él todo impulso destructor. que los psicoanalistas son mucho más agudamente conscientes que la mayoría de la gente de los impulsos homicidas que pueden advertirse dentro de nosotros. el desarrollo histórico del pensamiento psicoanalítico ha sido tal que aunque la agresividad ha sido. y puede alegarse. y que ha servido. procedente del temor y de la desconfianza. A pesar de todo. Cuando Freud inició sus investigaciones sobre la mente humana a finales del siglo XIX concedió escasa atención 10 . y no de una parte necesaria de nuestra herencia biológica con la que tenemos que aprender a coexistir.

en este ambiente. la agresividad es considerada como un componente del instinto sexual. En la Viena del siglo XIX. y. La sexualidad de la mayor parte de los hombres muestra una mezcla de agresividad. publicada por vez primera en 1900. Ni la palabra «agresividad» ni la palabra «sadismo» aparecen en el índice de La Interpretación de los Sueños. consiguientemente. se sintiera enamorado de sus propias ideas. de tendencia a dominar. un problema. También es probable que Freud. se trataba de una materia sobre la que no se podía discutir libremente y que estaba rodeada de una nube de culpabilidad y duda. existía un clima mental en el que el sexo era un secreto. Se necesitaba un valor considerable para exponer sus teorías sobre la sexualidad infantil contra una corriente de detracción casi universal. el sexo pareciera ser la única causa de los conflictos humanos. cuya significación biológica estará quizá en la necesidad de vencer la resistencia del objeto sexual por medios distintos al proceso de cortejar. con la consecuencia de que inicialmente le repugnara modificarlas. Resulta totalmente comprensible que. publicados en 1905. En esa temprana fecha.a la agresividad. es natural que Freud concediera tan poca importancia a la agresividad en comparación con la sexualidad. como otros genios creadores. y en los Tres Ensayos sobre la Teoría de la Sexualidad. y la oposición con que tropezó muy bien 11 . El sadismo corresponderá entonces a un componente agresivo del instinto sexual que se ha convertido en independiente y exagerado y que se ha colocado en primer término por medio de un desplazamiento.

muy tempranamente en la historia del movimiento psicoanalítico. uno de sus principales miembros llegó a la conclusión de que el componente agresivo de la naturaleza humana era más importante que la sexualidad. parece que muchos de los primeros pacientes de Freud fueron casos de histeria. especialmente. por su insistencia en este punto se alejó. padecen desde hace mucho tiempo de una represión de la sexualidad. cuya aportación a nuestra comprensión del hombre se subestima con frecuencia.pudo reafirmarle en su inclinación a atribuir las perturbaciones neuróticas exclusivamente a trastornos del desarrollo sexual. y. con mayores éxitos prácticos y teoréticos. También es en estos casos donde cabe aplicar el psicoanálisis. Estos pacientes. consiguientemente. de Freud y del psicoanálisis. se ocultan a sí mismos y a los demás los aspectos sexuales de su naturaleza. creía que el «afán de superioridad» era la motivación dominante de los 'seres humanos. en i911. en su forma original. Alfred Adler. El propio Freud admitió su renuencia a reconocer la existencia de la agresividad como entidad distinta. Además. Pocas dudas puede haber de que esta actitud defensiva se vio reforzada por el hecho de que. Recuerdo mi propia actitud defensiva cuando la idea de un instinto de destrucción hizo su aparición por vez primera en la literatura psicoanalítica. Adler fue modificando progresivamente a lo largo de su 12 . o de lo que ahora se denomina histeria de ansiedad. y lo mucho que tardé en aceptarla. y a considerar el sexo como el único principio motor de la conducta humana.

Que no fue así como su idea original apareció a los demás en el momento de su ruptura con Freud queda probado por el cáustico comentario de este último acerca de unas conferencias que Adler debía dar en América: «Seguramente el propósito consiste en salvar. Independientemente de que la deserción de Adler contribuyera o no a la repugnancia de Freud a admitir la agresividad. que estaba totalmente entregado al intento de fundamentar su teoría de la sexualidad y que. diferente de la sexualidad hasta 13 . se mostraba intolerante frente a cualquier divergencia de sus concepciones. Adler sugirió ya en 1908 que podía existir un instinto de agresividad primario. Según Ernest Jones. En sus últimos escritos Adler se refería a este mismo instinto llamándolo «afán de perfección» o «afán ascendente». a su vez. En aquella época. lo cual. al mundo de la sexualidad y basarlo en la agresión».. como todos solemos hacer cuando vigilamos el crecimiento de esas plantas delicadas que son nuestras nuevas ideas.vida ese concepto. Posteriormente lo expresó como una «voluntad de poder». éste no escribió sobre la agresión como instinto primario y. esto era imposible para Freud. Aceptar la idea de un instinto de agresividad primario dirigido hacia el mundo exterior habría significado que el psicoanálisis se inclinara más hacia la aceptación del «impulso de superioridad» de Adler. fue reemplazado por la expresión «afán de superioridad». se trata de una idea tan abstracta y metafísica que no puede ser diferenciada del èlant vital de Bergson o de la fuerza vital de Shaw. a juzgar por la cambiante terminología con que lo fue expresando. por tanto.

y la mayoría de los psicólogos nunca la aceptó. su pensamiento todavía 14 . La idea del instinto de muerte ha sido criticada por muchas razones. A pesar del título que dio Freud al libro en el que elaboró el concepto del instinto de muerte. de las cuales no es la menos importante la de que concebir el instinto como autodestructor va en contra de la noción biológica de los modelos instintivos como aquéllos que tienden a preservar la vida y a fomentar la reproducción de los organismos vivos.1915. La opinión final de Freud. Cuando Freud llegó finalmente a admitir que en el hombre existía algo parecido a un instinto agresivo. que no modificó jamás. una desviación de la energía del «instinto de muerte» que se apartaba del yo contra el cual iba dirigido inicialmente. primariamente. Hacia 1920. La agresividad del hombre era un fenómeno secundario. esta nueva concepción se había elaborado en la teoría del «instinto de muerte». cuando tenía ya cincuenta y nueve años. que se oponen a esta tendencia e intentan retrotraer lo vivo al estado inorgánico. La cooperación y oposición de estas dos fuerzas producen los fenómenos de la vida a los que la muerte pone fin. venía a ser que existían simplemente dos grupos de instintos: Los instintos eróticos. que siempre tratan de acumular más sustancia viva en unidades cada vez mayores. Esta teoría constituye una de las más extrañas desviaciones del pensamiento. y los instintos de muerte. que fue formulada en Más allá del Principio del Placer. en vez de estar dirigido al dominio del mundo exterior. autodestructor. concluyó sorprendentemente que era.

Freud consideraba que el estado ideal a que aspiraba el hombre era un estado de bienaventurada saciedad. todo lo apropiado para elevarla 15 . pues si la labor del aparató psíquico es la de mantener baja la cantidad de excitación. Cuando vemos a un niño que ha saciado su apetito y que se retira del pecho de la madre con las mejillas enrojecidas y una sonrisa bienaventurada para caer en seguida en un profundo sueño. es decir. con un evitamiento de dolor O con una producción de placer. Esta hipótesis viene a expresar en una forma distinta la misma cosa. esto es. creemos que cualquier proceso dado tiene su origen en un estado de tensión desagradable y por lo tanto una dirección tal que su último resultado coincide con una relajación de dicha tensión. como el que supuestamente ha experimentado en la primera infancia. por lo menos constante. En la teoría psicoanalítica de la mente damos por supuesto que el curso de los procesos mentales es regulado automáticamente por el principio del placer. que había constituido el principal apoyo teorético de toda su obra inicial. Los hechos que nos han movido a creer en la supremacía del principio del placer en la vida psíquica hallan también su expresión en la hipótesis de que una de las tendencias del aparato anímico es la de conservar lo más baja posible. no podemos dejar de reconocer en este cuadro el prototipo de la experiencia de satisfacción sexual que el sujeto conocerá más tarde. o. la cantidad de excitación en él existente.estaba dominado por el principio del placer.

El que el fin de la vida fuera un estado no alcanzado nunca anteriormente estaría en contradicción con la naturaleza conservadora de los instintos. tendremos que decir que «la meta de 16 . anterior a que hiciera su aparición la vida misma. Si podemos asumir como una experiencia que no admite excepción alguna que todo lo viviente muere por causas internas y vuelve a lo inorgánico. Esta imagen del organismo que se libera a sí mismo de la tensión y que suspira siempre por una relajación total en un estado de arrobamiento beodo. al estado más primitivo de todos. está en la raíz de la reflexión de Freud sobre el instinto y explica el que no viera en la agresividad nada más que una fuerza destructiva. más allá de la infancia y de la concepción. de obstáculos a superar. La búsqueda de estímulos. Dicho fin tiene más bien que ser un antiguo punto de partida que el ser animado abandonó hace mucho tiempo y al cual vuelve por todos los rodeos de la evolución. de éxito o de poder es extraña a una concepción del hombre en la que sólo se alcanza el placer liberándose de la tensión y sumergiéndose en ese nirvana con el que creía Freud que todos los niños comienzan su existencia y del que se suponía que el trauma del nacimiento les despertaba bruscamente Con esta presuposición. esto es. puesto que la muerte es el estado en que el organismo se ha liberado totalmente de la tensión: la regresión final.tiene que ser sentido como antifuncional. no resulta sorprendente que Freud llegara a creer que toda criatura viva estaba en cierto sentido empujada instintivamente hacia la muerte. como doloroso.

seguramente es injustificable dar por supuesto que estas fuerzas han de ser subsumidas bajo el mismo epígrafe que aquellos instintos que sir-ven para conservarnos o para incitarnos a la reproducción. la agresividad contra el mundo exterior en general y contra otras personas en particular era en último término consecuencia de que el instinto de muerte quedara bloqueado por instintos eróticos y de autoconservación y aunque finalmente el instinto de muerte terminaría por prevalecer. Aunque la aceptación de un instinto de muerte significa en cierto sentido admitir un impulso de agresividad primario. Freud pensaba que. De este grupo. No nos hubiéramos detenido en examinar el concepto de Freud del instinto de muerte de no ser porque ha influido sobre muchos autores posteriores. su expresión natural quedaba inhibida. En la concepción de Freud. incluyendo a algunos que se mostraron luego en desacuerdo con muchas de sus formulaciones. el instinto de muerte es una especie de personificación de la segunda ley de la termodinámica: el reconocimiento sombrío de que la disolución y la dispersión es el destino inevitable de todas las organizaciones de la materia. En esta concepción. y yendo más lejos que «lo inanimado era antes que lo animado». sean animadas o inanimadas. mientras perdurara la vida.toda vida es la muerte». pues lo que todos hemos de morir. el nombre más destacado es el de Melanie Klein. así y todo el concepto implica 17 . Pero aunque hemos de admitir que la entropía aumenta constantemente y que dentro de nosotros pueden existir fuerzas que nos conducen a nuestra muerte final.

que apoye la idea de un impulso agresivo primario. que sirve para orientar al explorador en el 18 . las fantasías primitivas pertenecen a un período de la vida muy anterior a la época en que el niño es capaz de hablar. Puesto que la memoria es. Resulta extremadamente difícil probar objetivamente los conceptos de Melanie Klein. presente ya en el niño desde el comienzo mismo de la vida.todavía que la agresión dirigida contra el mundo exterior es un fenómeno secundario. además. Melanie Klein. aunque quienes creen confiadamente que la agresividad del hombre es invariablemente el resultado de la frustración no hayan aceptado siempre la existencia de un instinto de muerte. Se presume la existencia de este mundo interior principalmente gracias a los recuerdos posteriores de niños y adultos en el análisis. ni siquiera en la obra más tardía de Freud. notoriamente. la sucesora más destacada de Freud en el terreno psicoanalítico. positivo. pues dependen de la idea de que el niño llega a poseer muy pronto un mundo interior de fantasía en el que se alternan y entremezclan violentas emociones de amor y odio pero que resulta inaccesible a la observación directa. sin embargo no hay nada. Así. que no existiría de no ser bloqueado o interferido el instinto primario. poco digna de confianza. ha puesto un particular énfasis en la agresividad. cuyas esperanzas para el futuro hemos ya citado. los conceptos de Melanie Klein se consideran a lo sumo como un esquema explicativo provisional. y de ahí que no haya nada que se oponga obviamente a la idea de que alguna especie de frustración es siempre previa a la agresión. y puesto que.

y. Cree que «la capacidad de experimentar amor e impulso destructivo es. Este impulso agresivo es tan violento que el niño experimenta una intensa ansiedad ante la posible destrucción de quienes cuidan de él y ante la eventualidad de su propia destrucción. La opinión de Melanie Klein es que en todo recién nacido existe un conflicto innato entre el amor y el odio. aunque su fuerza varía individualmente y se halla en interacción desde el principio con las condiciones externas». La lucha entre los instintos de vida y de muerte y la subsiguiente amenaza de aniquilación del yo y del objeto por los impulsos destructivos son factores 19 . en cierta medida. se halla todavía más sujeta a modificaciones que una teoría susceptible de ser probada científicamente. Su creadora imaginación ha proporcionado al analista un esquema de trabajo que hace comprensibles determinados fenómenos psicológicos que de otro modo seguirían siendo oscuros. inevitablemente. constitucional. por tanto. pero es importante recordar que cualquier imagen de lo que ocurre en la psique infantil más bien ha de tener.laberinto del desarrollo infantil pero al que no cabe reconocer todavía la dignidad de una hipótesis científica pues no es susceptible de ser probada o desechada por ninguno de los métodos de que disponemos. Esto no significa denigrar el hallazgo de Melanie Klein. la naturaleza de un mito explicativo que la de una proposición de hecho. presente desde el momento del nacimiento o incluso existente con anterioridad a éste.

que varían de individuo a individuo. Pese a que Melanie Klein acepta que «los impulsos destructivos. incluso en circunstancias favorables». constituyen una parte integrante de la vida mental. y concede escasa atención a los conceptos positivos. 20 . El impulso hacia la muerte puede ser solamente el deseo de un renacimiento bajo el disfraz de los impulsos eróticos. por lo menos en animales distintos del hombre. Ya en 1928. sigue creyendo que estos impulsos se derivan de una reorientación del instinto de muerte hacia el mundo exterior.fundamentales en la relación inicial del niño con su madre. También escribe habitualmente sobre la agresividad en términos de odio. ambición. la cual concluye que. envidia y resentimiento. El impulso hacia el mundo exterior. a quienes aceptan la idea. hacia el apresamiento y la dominación. Este punto de vista es apoyado por la opinión etológica moderna. ver cualquier aspecto de impulso positivo. la agresividad posee una función positiva que tiende hacia la conservación de la especie y del individuo. nos parece tan elemental que no podemos considerarlo como un derivado de los impulsos de autodestrucción. Paul Schilder escribía: Me parece que la existencia de un impulso de muerte es dudosa. La hipótesis del «instinto de muerte» parece implicar que la agresividad es necesariamente destructiva e impedir.