Cuando el Banco Central se convierte en el peor

enemigo de la democracia y los derechos sociales:
anatomía de un instrumento de intimidación
"monetaria"
Alejandro Ramirez · · · · ·
19/07/15
El reciente enfrentamiento entre el gobierno griego y el Eurogrupo nos ha vuelto a ofrecer una viva
demostración de la capacidad de aterrorizar gobiernos y de subvertir la voluntad democrática de pueblos
enteros que tiene un arma cuyo nombre se reduce a tres letras siniestras: “ELA”, las siglas en inglés de
la "facilidad de liquidez de emergencia" del Banco Central Europeo (BCE).
El bloqueo del ELA por parte del BCE fue lo que impidió que los ciudadanos griegos pudiesen acceder a
su propia dinero y sus ahorros por haberse atrevido su gobierno "soberano" a convocar un referéndum
sobre la austeridad. El Presidente del BCE intenta ahora disimular sus vergüenzas alegando,
cínicamente, que solo el gobierno heleno tiene la autoridad y la responsabilidad de haber impuesto a los
griegos el ´corralito´ sobre los depósitos y los controles de capitales inmediatamente después del
bloqueo de ELA. Pero, ¿qué alternativa le quedaba al gobierno una vez que el bloqueo del ELA cortaba
de raíz la capacidad de la banca griega de financiar la compra y el suministro de billetes a sus
depositantes? ¿Cómo no iba el gobierno a racionar el suministro de billetes después de que el BCE
limitase la liquidez necesaria para seguir suministrando esos billetes? Mentiras tan crudas ya no son
capaces de engañar a nadie.
En la conferencia de prensa del 16 de julio, Draghi dio a entender que una de las razones por las que el
BCE bloqueo el ELA fue para evitar seguir financiando la fuga de depósitos, que se aceleraba. Pero,
¿cómo no se va a acelerar la fuga de depósitos, si la ciudadanía no puede ni siquiera confiar en que su
propio banco central vaya a estar dispuesto "a hacer lo que sea" para garantizarle el suministro de su
propia moneda? ¿Cómo puede haber confianza en el suministro de moneda por parte del banco central
si este transmite constantemente la impresión de estar dispuesto a conspirar para expulsar a uno de sus
propios estados-miembros de la zona euro si las decisiones políticas de sus ciudadanos no son de su
agrado?
Los jerarcas del BCE, la Comisión Europea y del Eurogrupo actuaron plenamente conscientes de que la
capacidad del ELA de intimidar a la población constituiría, sin lugar a dudas, el principal activo de la
campaña a favor del "Si" a sus propuestas de austeridad. Confiaron ciegamente en el activo del miedo.
No tenemos más que recordar las infames palabras del Vice-Presidente del BCE, citadas en la prensa
dos días antes del referéndum del 5 de julio, advirtiendo públicamente a los griegos de que si se atrevían
a votar "No" sería muy difícil que el BCE pudiese continuar el suministro del ELA. El presidente de la
Comisión Europea, diversos gobernadores del Eurosistema y un coro de ministros del Eurogrupo se
pronunciaron en el mismo sentido a lo largo de la semana previa al 5 de julio.
Cuando ese día la mayoría de los votantes griegos cometieron la osadía de desobedecer y desafiaron la
campaña de miedo y de chantaje del BCE y las instituciones Europeas, el ELA fue de nuevo la principal
arma de la que se valió el Eurogrupo para obligar al gobierno griego a traicionar el veredicto aplastante
contra la austeridad del referéndum. Aunque se ha convertido en lugar común comentar que los Tratados
Europeos no contemplan la posibilidad legal de que un país sea expulsado o abandone el euro, en
verdad, poca falta hace: la experiencia reciente demuestra que el uso del ELA para negar el suministro
de euros a un país miembro de la zona euro constituye el instrumento más efectivo para expulsar de
facto a cualquier país de la unión monetaria.
Un largo historial de intimidaci ó n
El uso del ELA contra los pueblos de Europa no empezó con el referéndum griego, ni siquiera lo hizo con
Grecia. No. Desgraciadamente el uso intimidatorio del ELA tiene una trayectoria mucho más rica que
recorre buena parte de la historia de la última crisis financiera en el viejo continente. Las cartas dirigidas
por el ex Presidente del BCE, Trichet, en 2010 al entonces ministro de finanzas irlandés nos ofrecen un
vivo ejemplo de ello. El BCE se vio obligado a hacerlas públicas en 2014. En estas cartas, se puede
apreciar como la amenaza directa del BCE de no continuar suministrándo liquidez de emergencia, a
través del ELA, a la asfixiada banca irlandesa obligó finalmente a un reticente gobierno irlandés a
plegarse y suplicar un programa de "rescate" neoliberal a la Troika. El tono de la segunda carta (19 de
noviembre 2010) de Trichet al ya desesperado ministro irlandés no tiene desperdicio: " …solo si
recibimos por escrito un compromiso firme del gobierno irlandé s hacia el Eurosistema sobre los cuatro

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puntos que paso a enumerar podremos autorizar un aumento del ELA a las instituciones financieras
irlandesas". Los ´puntos´ consistían en: pedir un programa de ´rescate´ al Eurogrupo y comprometerse a
´tomar acciones decisivas´ en cuanto a ´consolidación fiscal´, ´reformas estructurales´ y a ´restructurar su
sistema financiero´. Algo que pudiese parecer completamente surrealista en cualquier otra parte del
mundo se convertía en práctica habitual en la zona euro: el Presidente de un banco central le dictaba las
políticas económicas a sus propios gobiernos bajo la amenaza de no continuar ejerciendo funciones
básicas de un banco central, como son actuar de prestamista de última instancia durante una crisis
bancaria o suministrarle el medio de pago a uno de sus países.
El 21 de marzo de 2013, también bastó un comunicado del BCE amenazando con cancelar el suministro
del ELA a los bancos chipriotas, para doblegar al parlamento de ese país, que hasta entonces se había
resistido a aprobar el programa neoliberal que la Troika le querría imponer a su gobierno. ¿Suena
familiar? Debería, porque siguió un procedimiento muy parecido a lo que acabamos de presenciar en
julio de 2015 en Grecia. El BCE también condiciono el suministro del ELA a Grecia al voto favorable del
parlamento heleno al humillante acuerdo del 12 de julio de Tsipras con Merkel y Hollande.
Con estos antecedentes, ¿Cómo es posible que el gobierno Tsipras se quedase paralizado ante el
empleo de la misma arma que ya había empleado el BCE, actuando de matón del Eurogrupo, para
doblegar al menos a otros dos gobiernos antes que al suyo? Sin duda pensaron que la amenaza de
impago, acompañada de pequeños actos de demostración, como el impago al FMI a finales de junio,
bastarían para impresionar al Eurogrupo. Ciertamente ni el gobierno irlandés ni el chipriota se habían
atrevido a tanto antes. Pero la amenaza de un impago gradual nada podía contra la capacidad del BCE
de dejar a Grecia sin moneda de la noche a la mañana.
Rindiendo cuentas sobre el uso del ELA
Se nota que esta vez el escándalo público suscitado por el acto intimidatorio del BCE hacia el gobierno y
el pueblo griego ha sido mayúsculo. Durante la conferencia regular de prensa del BCE sobre política
monetaria del 16 de julio, el Presidente del BCE, Mario Draghi, se vio obligado a dedicarle nada menos
que las dos terceras de la misma a responder a preguntas detalladísimas de los periodistas sobre el
bloqueo del ELA a Grecia. Nunca antes el ELA había recibido tanta cobertura. Durante la conferencia se
podía apreciar a un Draghi claramente incómodo y a la defensiva, que soltaba un cumulo desordenado
de razonamientos, a veces medio legales, otras cargados de falsa moralidad, y a menudo contradictorios
entre sí para tratar de justificar como fuese el bloqueo del ELA.
Los gobernadores del BCE nos aseguran cínicamente que el banco central es una institución
´independiente´, ´sujeta a reglas´ y que nunca toma decisiones ´políticas´. Dejemos de lado por un
momento el hecho de que no deja de ser curioso interpretar que congelarle el suministro del ELA a un
país expresamente por haber convocado un referéndum no tiene un marcado carácter político. Pero si
esto fuese realmente así, ¿porque no se permite a la ciudadanía comprobarlo rindiendo cuentas de las
discusiones en el seno del Consejo de Gobierno del BCE que llevaron al bloqueo del ELA? ¿Por qué no
muestran las actas de esas reuniones? Parecería lo mínimo que se merecen los ciudadanos europeos,
cuyo banco central puede decidir de la noche a la mañana negarles el uso de su propia moneda. ¿Qué
es lo que temen no poder ocultar? Algunas de las preguntas dirigidas a Draghi durante la conferencia de
prensa apuntaban en esa dirección.
En los EE.UU, el Gobernador del banco central estaría sin dudar acudiendo ya obedientemente al
Congreso americano para someterse a un interrogatorio implacable por parte de los congresistas. Claro
que los EE.UU tiene una constitución que especifica que la política monetaria es responsabilidad del
Congreso y que el banco central actúa simplemente como un ´servidor´, ´un agente´, en el que el
Congreso ha delegado una tarea concreta. En la ´democrática´ U.E. el Parlamento Europeo no tiene
absolutamente ninguna autoridad sobre el BCE y sus opiniones sobre lo que hace o deja de hacer su
banco central pueden ser simplemente ignoradas por este a conveniencia. En la U.E., como estamos
viendo, el amo es el banco central y los siervos los parlamentos nacionales, que implementan la
legislación económica neoliberal a la que este condiciona el suministro de la moneda.
Manual de empleo del ELA: ¿ reglas de juego o fuego a discreci ó n?
A pesar de su relevancia para la vida social y política de millones de ciudadanos europeos (o
precisamente debido a ello), las discusiones, justificaciones legales y decisiones que rodean el uso del
ELA continúan hoy rodeadas de un secretismo y falta de transparencia casi absolutos. Por no hablar de
la falta de consistencia lógica de las reglas del ELA que se han dado a conocer públicamente. Solo en los
últimos años ha comenzado el BCE a publicar unos documentos cortos (2 paginas) describiendo de
modo muy general las condiciones que justifican su uso.
En estos reglamentos, el propio BCE explica que el uso del ELA está legalmente cubierto por el artículo
14.4 de sus estatutos. Este último establece que el ELA es una “tarea nacional” bajo la responsabilidad
de los Bancos Centrales Nacionales (BCNs) que forman parte del Eurosistema. La implicación legal es
que la decisión y la iniciativa de conceder el ELA, en principio, recae exclusivamente en los BCNs. Al
contrario que las operaciones normales de provisión de liquidez del Eurosistema a la banca, el riesgo y
los costes de impago del ELA corren exclusivamente a cargo del BCN relevante y no son compartidos
con el resto de los BCNs que componen el Eurosistema. Parece lógico: el BCN decide conceder ELA a
los bancos de su país, y el BCN asume todos los riesgos de esa decisión.

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Sin embargo, existen dos condiciones que legalmente justifican el veto del Consejo de Gobierno del
Eurosistema a la decisión de conceder ELA de un BCN a sus propios bancos: primero, que el supervisor
competente establezca que los bancos que se van a beneficiar de ELA son insolventes; segundo, que la
concesión de ELA no interfiera con los objetivos y tareas del Eurosistema-BCE contemplados en los
artículos 2 y 3 de los estatutos. El veto del Consejo de Gobierno a una petición del BCN solo se puede
imponer con el voto de las dos terceras partes de los gobernadores y miembros de la ejecutiva del BCE
que lo componen. En la conferencia de prensa del 16 de julio, Draghi clarificó que, en realidad, esto
significa que las dos terceras partes de los miembros del Consejo tienen que votar diciendo que ´no
tienen objeciones´ a la petición de ELA. Un doble negativo, que significa que, de hecho, las dos terceras
partes tienen que votar activamente a favor de la petición de ELA, cuando en realidad el artículo 14.4
dice que la concesión de ELA es fundamentalmente una responsabilidad del BCN, que solo se puede
vetar de manera excepcional. Esta técnica del ´doble negativo´, descubierto hace mucho por la Comisión
Europea para dificultar la votación a favor de excepciones a la aplicación de las reglas de disciplina
fiscales, asegura que lo que se convierta en excepción no sea el veto a ELA, sino su concesión.
Como todos los textos legales, las disposiciones sobre la concesión del ELA incurren en todo tipo de
contradicciones. Por ejemplo, el artículo 3 especifica que legalmente una de las tareas fundamentales del
Eurosistema es la de "promover el buen funcionamiento del sistema de pagos" (3.1) y "contribuir a la
estabilidad del sistema financiero" (3.3). A cualquiera puede parecerle obvio que negarle el suministro de
su propio medio de pago a un país miembro de la zona euro, bloqueando el ELA, entra en flagrante
contradicción con la tarea de "promover el buen funcionamiento del sistema de pagos" y "contribuir a la
estabilidad del sistema financiero".
Durante la conferencia de prensa del 16 de julio, Draghi tuvo la desfachatez de explicar que eso de ser
responsable del buen funcionamiento del sistema de pagos se refiere a ¨Target-2¨ (el sistema de pagos
en euros de dinero electrónico de banco central) y a la distribución de billetes físicos, pero que nada tiene
que ver con la provisión de liquidez a través del ELA. Como si el buen funcionamiento de Target-2 y el
suministro de billetes no tuvieran nada que ver con el acceso del sistema bancario al suministro de
liquidez del banco central. El sistema bancario de hecho solo puede adquirir billetes físicos financiando
su compra con la financiación obtenida del banco central. Quizás lo que Draghi intentaba hacerle creer al
periodista es que en realidad estaba hablando con el Presidente de una empresa de transporte de
billetes y no de un banco central.
En la misma conferencia, Draghi reconoció que a menudo justificar los distintos objetivos detrás de las
decisiones sobre ELA del BCE puede resultar ´complicado´. A veces hay que ponderar si el daño que
puede causar la decisión de bloquear ELA a la capacidad del Eurosistema de cumplir con sus tareas
legales se debe anteponer o no al beneficio de proteger al Eurosistema contra el riesgo de un potencial
impago. ¡No es fácil, señores!
Uno podría esperar, por lo tanto, al menos una explicación de cómo se ponderan los costes y beneficios
relativos de bloquear ELA en cada caso concreto y cuáles son los límites legales de cada interpretación
concreta de las reglas. Por ejemplo, ¿Cómo se puede justificar la restricción de ELA bajo el pretexto de
contribuir a la estabilidad financiera, cuando la misma medida puede dañar también la estabilidad
financiera de un país y el funcionamiento de su sistema de pagos? Sin embargo, los escuetos
comunicados publicados por el BCE anunciando decisiones importantes sobre ELA ni tan siquiera
pretenden dar semejantes explicaciones.
En el comunicado que el BCE publico el 28 de junio anunciando que había decidido bloquear el
suministro de ELA a Grecia, brilla por su ausencia cualquier referencia a las dos únicas razones que, de
acuerdo a las propias reglas del BCE, permiten tomar una decisión tal: insolvencia del sistema bancario o
interferencia con los objetivos y tareas del Eurosistema. En cambio, se menciona que la decisión ha sido
desencadenada por la iniciativa del gobierno griego de convocar un referéndum y por la falta de acuerdo
de ese gobierno con el Eurogrupo para prolongar el programa de ajuste de la Troika. Dos factores estos
totalmente ajenos a las propias reglas del BCE que determinan el uso o no del ELA. El mismo
comunicado, sin embargo, menciona cínicamente que el Consejo de Gobierno del BCE continuará
trabajando estrechamente con el Banco Central Griego para mantener la estabilidad financiera. Curioso
modo de contribuir a la estabilidad financiera (uno de las tareas fundamentales del BCE de acuerdo al
artículo 3 de sus estatutos) al bloquear el sistema de pagos de un país y provocar la imposición de un
´corralito´ que restringe el acceso a su propia moneda a los ciudadanos de un estado miembro de la
unión monetaria.
El BCE a menudo se defiende alegando que legalmente no puede financiar a bancos o sistemas
bancarios ´no solventes´ y que hacerlo sería, además, equivalente a ´financiar al gobierno´ (algo
terminantemente prohibido por el artículo 123 del Tratado de la UE). La razón es que son los gobiernos
los encargados de financiar fiscalmente la resolución o recapitalización de entidades bancarias no
solventes y no el banco central, que debe centrarse en la política monetaria sin interferencias de la
política fiscal. Pero, ¿quién decide que banco o bancos son solventes y cuáles no? El supervisor
bancario. Pero se da el caso que, ni el nuevo supervisor único europeo ha hecho ninguna declaración
diciendo que los bancos griegos han dejado de ser solventes, ni en el pasado lo hicieron los supervisores
irlandeses o chipriotas cuando el BCE amenazaba a sus gobiernos con denegarles el ELA.
En la conferencia de prensa del 16 de julio Draghi admitió que, de acuerdo con el supervisor, el sistema
bancario griego era solvente cuando decidieron bloquear el ELA y que seguía siéndolo entonces. Sin
embargo, se justificó alegando que una cosa es que los bancos sean solventes en un momento dado

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yotra que exista un riesgo de que puedan dejar de serlo en el futuro debido a la posible insolvencia
tambié n futura de su gobierno. El BCE juzgó que existía un riesgo de insolvencia del gobierno griego,
que se traduciría en riesgo de solvencia de su sistema bancario y, por lo tanto, también en riesgo de
solvencia del banco central griego. Parece obvio que el propio BCN griego no consideraba que
concederle más ELA a sus bancos podía poner en peligro su propia solvencia, ya que de otra manera
nunca hubiese formulado una petición de ELA. Esto implica que, aunque no haya explicado bajo que
reglas, por lo visto el BCE piensa que se puede atribuir la capacidad de anular la opinión de un BCN
sobre el riesgo que corre su propia solvencia y bloquear así su petición de ELA. Curiosamente, en cuanto
el gobierno griego aceptó un nuevo programa de ajuste neoliberal de la Troika, este potencial riesgo
futuro de insolvencia desapareció repentinamente del horizonte y permitió desbloquear el suministro del
ELA. La intención es clara. Al recurrir a un ´potencial´ riesgo futuro de insolvencia, el BCE queda exento
de la responsabilidad de tener que justificar detalladamente cualquier problema de insolvencia realmente
existente en el momento que convenga bloquear ELA. La vaguedad interpretativa da mayor flexibilidad.
El último recurso del BCE, por lo tanto, es decir que si no se aplican los programas de ajustes
neoliberales de la Troika hay un riesgo sistémico de que el sistema bancario de ese país pueda
convertirse en no solvente y que, entonces, el banco central se tiene que proteger limitando su
exposición al ELA. ¿Hablamos en serio, señores? ¿Qué deberíamos entonces pensar del caso griego,
donde los resultados de 5 años de aplicación de las recetas de la Troika parecen haber empeorado
notablemente la situación del sistema bancario de ese país simplemente a juzgar por el hecho de que,
durante ese periodo, los créditos morosos han aumentado hasta acaparar casi la mitad de las carteras
crediticias de los bancos griegos? El mayor riesgo de solvencia de la banca griega parecería ser el daño
que le va a hacer a su economía un nuevo programa de ajuste neoliberal. Si hay un riesgo potencial de
insolvencia, ¿No parece raro ayudar a que ese mismo riesgo se materialice, cortándolo el suministro de
liquidez a todos los bancos de un país entero? ¿No repite públicamente una y otra vez el BCE que una
de las lecciones de la crisis es que hay que desligar el riesgo de impago soberano del bancario?
Entonces, ¿por qué le corta el suministro de liquidez al sistema bancario por un problema de la Troika
con su gobierno? ¿No es acaso esta la mejor forma de garantizar que los bancos y el gobierno de un
mismo país siempre se hundan juntos? ¿Deberían los bancos de un país dejar de recibir financiación de
su banco central porque la Troika ya no quiere financiar a su gobierno?
Lo cierto es que el ELA, es el arma más eficaz de que dispone hoy la oligarquía europea para imponerle
el programa neoliberal a los pueblos de la zona euro, arrasando a cualquier gobierno o parlamento
democráticamente elegido que se le resista. Si no comprendemos como funciona y se emplea esté arma
difícilmente podrán los pueblos que aspiran a construir una sociedad más justa y democrática hacer valer
su voluntad.
Grecia ha perdido una batalla, le queda por ganar la guerra
Muchos piensan que, tras la claudicación de Tsipras, está todo perdido. Sin embargo, muy pronto se verá
como el acuerdo del 12 de julio es solo una batalla que forma parte de una guerra mucho más larga, que
en realidad acaba solo de empezar. La propia Troika sabe muy bien que a medio plazo no puede confiar
ni en Tsipras ni en un gobierno de Syriza para llevar a cabo el programa de ajuste. La razón es que sabe
que ni uno ni otro creen en ese programa y que son demasiado influenciables por el espíritu de
resistencia del pueblo griego. Hasta el propio Tsipras declara en sede parlamentaria que es un mal
acuerdo y solo lo justifica por la falta de alternativas en el momento en que se vio obligado a firmarlo.
El objetivo de la Troika, por tanto, no puede ser otro que el de ganar tiempo hasta finalmente poder
derrocar al gobierno de Syriza. Objetivo este que la Troika se vio temporalmente obligada a posponer
tras el inesperado resultado del referéndum del 5 de julio. En los próximos meses la Troika se centrará
en desmoralizar, dividir y debilitar a Syriza, y en anegar la voluntad de resistir de ese ´terco´ e ´insumiso´
pueblo griego. Ahora corresponde al gobierno griego prepararse mejor para el próximo asalto. Cuando
llegue ese momento, sería conveniente que contase con un verdadero plan de actuación y de medidas
que ofrezcan un contrapeso real al arma más mortífera de la que continuará disponiendo la Troika en su
arsenal. Un arma que sin duda volverán a usar: lo llaman ELA. La próxima vez no nos volvamos a dejar
sorprender por ella.

Alejandro Ramírez, analista financiero, es amigo y colaborador habitual de Sinpermiso.
Sinpermiso electrónico se ofrece semanalmente de forma gratuita. No recibe ningún tipo de
subvención pública ni privada, y su existencia sólo es posible gracias al trabajo voluntario de
sus colaboradores y a las donaciones altruistas de sus lectores.
www.sinpermiso.info, 19 de julio de 2015

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