Orlando Zapata

El doble crimen

A la memoria del poeta y activista por la democracia

Pedro Luis Boitel
quien se inmoló frente a la sevicia totalitaria y al silencio cómplice Por la libertad de su patria.

La muerte y la muerte de Orlando Zapata Tamayo
Por Aquiles

Julián
Orlando Tamayo, al igual que Quincas Berro Dagua, aquel personaje inolvidable del relato de Jorge Amado que murió dos veces, está siendo doblemente asesinado. Su primera muerte, la física, ocurrió hace poco frente a la indiferencia y la pasividad mundiales. Se inmoló. 85 días de huelga de hambre, iniciada el 3 de diciembre del 2009 y favorecida por sus carceleros que, como el director del penal de Kilo 8 en Camagüey, le impidió ingerir agua por 18 días buscando quebrantarle su decisión, lo que le provocó un fallo renal, le abatieron. El cuerpo, debilitado, colapsó el 23 de febrero del 2010.

Orlando Zapata hizo uso de lo que el psiquiatra austríaco Viktor Frankl, quien padeció al igual que él los rigores de las prisiones y campos de concentración totalitarios, bien denominó en su libro El hombre en busca de sentido la última de las libertades humanas: la de elegir la respuesta a lo que nos sucede. Él, Orlando, hizo una elección: plantarse, arriesgar su vida en una huelga de hambre contra un sistema insensato, obtuso, criminal. Golpizas, maltratos, restricciones, supresiones como la del agua, todo se empleó para reducirlo a la “obediencia”. Y Orlando Zapata se creció, y lo hizo hasta la estatura del héroe; prefirió el martirio a la pasividad; la muerte a la colaboración. Murió frente a la indolencia y a la permisividad alegre del régimen, que lo facilitó calculando que su muerte desalentaba al versátil y cada vez mayor movimiento interno por la democracia y la libertad en Cuba. Y ya verificada la primera muerte, entonces han procedido a iniciarle la segunda: enlodarle. Y aquí se intenta todo: el silencio, la desinformación y el crimen peor: la calumnia barata. Y para eso han templado la matraca canalla, el aparato de difundir infundios que mantiene el Estado totalitario cubano, coordinado por sus agentes de espionaje y desinformación, e integrado por todo tipo de descerebrado, por todo tipo de idiota, ya no sólo latinoamericano, pues la incapacidad de discernir y evaluar hechos, de formarse una opinión independiente, como dice la canción “no tiene tiempo ni tiene edad”, ni región del mundo ni nacionalidad, añado yo.

Así, leo en El País, de España (www.elpais.com/global ), la declaración de un bonitillo del cine español que afirma que Orlando Tamayo era un delincuente. El primer “delincuente” en el mundo, añado yo, que se inmola en defensa de sus ideales y de la libertad de su pueblo. Pero, recuerdo también, al mismísimo Jesús lo tildaron de delincuente. El caribonito “Willy” Toledo, en una actividad de relaciones públicas, de esas que se realizan para ganar cámara y sonar en la prensa a costillas de una buena causa, creando una imagen de sensibilidad social según el diseño de sus asesores de imagen, se dispara con la siguiente declaración: "No son simples disidentes ni prisioneros políticos", ha asegurado el actor, quien ha añadido -en referencia a Orlando Zapata- que "este señor, al que se llama disidente, no era más que un delincuente común, que ha sido forzado y manipulado por otras personas parece ser que para ponerse en huelga de hambre y llegar al extremo de dejarse la vida" (El País). Es evidente que cuidar tanto la facha, de la que vive, no le ha permitido pulir otras áreas menos visibles, de su anatomía, ya que, supongo que partiendo de sus propias vivencias, juzga que Orlando Zapata fue “forzado y manipulado por otras personas para inmolarse”. Era un mequetrefe. Un pelele. Un individuo sin criterio. El perfil de un idiota, no de un delincuente. Un ser sin carácter al que le ponen a hacer cosas. ¿Estaba hablando de Orlando o de sí mismo? S. I. Hayakawa, en su libro El lenguaje en el pensamiento y en la acción, que de seguro el docto actor ha devorado (hombre de criterio propio el “Willy”, de opiniones documentadas, capaz de discernir y superar las apariencias), me enseñó que mi experiencia era la fuente primaria de mis saberes. Así, una afirmación rotunda como que Orlando Zapata era “un delincuente común”, asegurada con esa rotundidad que manda madre, sólo puede derivar de tres experiencias directas que lo justifiquen: a. Es un delincuente común pues delinquí con él, fui su cómplice b. Es un delincuente común porque me abusó: fui su víctima c. Es un delincuente común porque le vi cometer el delito: fui testigo Si el caribonito de marras no fue cómplice, ni víctima ni testigo, entonces está calumniando a una persona que no puede defenderse porque fue dejado morir. No sólo

es un calumniador, también es un imperdonable cobarde. Y si, aún peor, simplemente repite el guión que le dieron, entonces su infamia es más grave, pues acusa a Orlando Zapata de ser manipulado por otras personas, cuando quien repite como papagayo una acusación de la que no tiene prueba alguna, sumándose a una campaña de calumnias diseñada por los titiriteros de La Habana para enlodar la memoria de este mártir de la libertad cubana, es él, el “Willy”. Y lo hace aprovechándose de su fama temporal y del gusto por el escándalo de la prensa. Y que el periódico El País le amplifique como si esta infame calumnia tuviera algún asidero, sabedores ellos de que no, es un uso bien lamentable e indignante de la libertad de información, pues en la calumnia del “Willy” Toledo (así, en inglés, con glamour, antiimperialismo acomodaticio que se le descorre como el mal maquillaje en el apodo agringado), no hay información alguna, simple pathablar orwelliano, simple repetir el guión de la infamia, simple atropello cobarde. Orlando Zapata fue detenido el 6 de diciembre del 2002 durante la batida que redujo a prisión a 75 opositores al régimen de Castro. Fue condenado a tres años por “desacato, desorden público y desobediencia”, que es lo que el “Willy”, así de chic su apodo, tilda de “delincuencia común”. Lo excarcelan el 7 de marzo del 2003 y el 20 de marzo del 2003 lo reapresan, mientras participaba en un típico acto de delincuencia común , como el “Willy” bien dijo: participaba en un ayuno junto a Martha Beatriz Roque Cabello y cuatro personas más, a favor de Oscar Elías Biscet González y demás activistas por la democracia presos en Cuba. ¿Qué se evidencia, la delincuencia o la calumnia, “Willy”? Su actitud contestataria en prisión provocó que le acusaran de nuevos delitos. Fue sometido a frecuentes palizas, una de ellas en octubre del 2009 en la prisión de Holguín (de seguro por carceleros de Guantánamo, según Raúl Castro). Ahora empieza la rumba de infamias y denuestos para matar moralmente a Orlando Zapata, su segunda muerte. ¿Podrán? Es difícil cuando hay un ejemplo extremo de coherencia, de congruencia. No es lo mismo hacer una rueda de prensa en Madrid para aprovechar una situación, la saharaui, y ganar cámara y reseñas (actividad programada, bien lo sabemos, por los burós de relaciones públicas que trabajan la imagen del “producto”, que no otra cosa es nuestro bonitillo, luego de hacer el oportuno estudio de opinión, para conectar con la vibra del mercado), repitiendo líneas ensayadas y aprendidas, como buen comediante, según el libreto del director de RRPP que fija las pautas en busca de un efecto; que llegar al extremo de perder la vida por una causa en la que se cree y por la que se vive y se muere.

A Orlando Zapata más de una vez le pidieron levantar la huelga. Y se negó. Quería que no se le apaleara. Quería mínimos derechos, como el de comer la comida que su mamá le llevaba. Pero en Cuba no hay derecho alguno para la población, sometida a la arbitrariedad totalitaria de los Castro, un estado estalinista puro. Lenín solía repetir que quien cree en las palabras de alguien es un perfecto idiota. Sin embargo, manipular las palabras y confundir, engañar y desinformar es tarea en la que se goza ese encantador de mentes cándidas y buenas conciencias que es el padrecito de los pueblos y revolucionarios del mundo, el señor Fidel Castro. Así, Castro, ya que lo senil no quita lo indecente, declara solemnemente, para que los “Willy” Toledo del mundo repitan como buenas cotorras parlanchinas, que “Cuba nunca ha asesinado a un adversario”, lo cual, en stricto sensu, es verdadero: Cuba, una entidad abstracta, una denominación política de un territorio, no puede, por abstracta e incorpórea, asesinar a nadie, pero el gobierno dictatorial cubano sí. ¿No es acaso lo típico del comportamiento de los gorilas autoritarios? Y el de Cuba es una dictadura militar y, peor todavía, fascista, totalitaria. Aceptemos, entonces, que Cuba, al no existir en la realidad tangible sino ser un concepto abstracto, ni ha asesinado, ni ha hecho nunca nada. Hablemos de la dictadura militar cubana que lleva ya 51 años de latrocinio, incompetencia y letalidad. ¿Nunca ha asesinado a un adversario? Bueno, esto ya es harina de otro costal, sobre todo una dictadura militar que comenzó fusilando a diestra y siniestra, aplicando juicios sumarísimos y popularizando los “paredones”. ¿Eran adversarios políticos los que fueron fusilados? Evidentemente. Aunque la medida se extendió a los partidarios incómodos, aquellos compañeros de ruta que ayudaron en la lucha antibatistiana pero que eran luego obstáculo en el plan de derivar la revolución libertadora en tiranía totalitaria estalinista. Se les levantaron expedientes falsos. Se les juzgó sumariamente. Y se les fusiló o se les encarceló, mientras se amplificaban todo tipo de infundios y bajezas incriminatorias. ¿Y terminó allí la práctica? ¿No se permitió la muerte de Pedro Luis Boitel, quien sucumbió también en una huelga de hambre, la resistencia civil, no violenta, frente a la prepotencia criminal de los ensorbecidos comandantes? Las barcazas ametralladas ¿no existen? ¿Y que tal de Arnaldo Ochoa y demás fusilados, luego de una comedia de proceso legal, tan al gusto de los estalinistas tropicales y no tropicales? ¿Cómo es que tenemos tanta sangre entre las pezuñas y seguimos mintiendo con descaro? ¿No es la misma dictadura comprometida hasta el tuétano con la narcoguerrilla colombiana, con los terroristas de la ETA y con el

tráfico de drogas? Declaraciones de hojalata de un tirano facistoide, admirador de Hitler al que la historia ya le tiene su tristísima condena sin ninguna absolución posible. Lo de fascistoide es viejo en Fidel Castro, a quien le encantan los pastiches de los discursos nazis y fascistas. Así, su best-seller “La historia me absolverá”, fue un plagio grosero de Adolf Hitler. ¿Y qué le parece esta perla de Mussolini? “Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado”, que el preclaro comandante en jefe ¿comediante en jefe, como precisa, aguda, Zoé Valdez?, reescribió con su talento de siempre, cuando expresó en la reunión con los intelectuales en Cuba, que hizo temblar al gran Virgilio Piñera viendo lo que venía: “Con la revolución todo; contra la revolución nada”. Así, el Líder Máximo no cita a Marx ni a Lenín ni a Stalin, cita a Hitler y Mussolini; peor aún, no los cita, los plagia. Mussolini, su viejo referente, ya escribió sobre el modelo fascista: “ La concepción fascista del Estado lo abarca todo; fuera de él no pueden existir, y menos aún valer, valores humanos y espirituales. Entendido de esta manera, el fascismo es totalitarismo…” ¿Y no está retratando al Estado castrista? Los viejos sanbenitos: “agentes pagados del imperio”, se descalabran. El descrédito de un régimen de fuerza, del último gobierno gorila de Latinoamérica, es cada vez mayor. Un gobierno militar sumamente inepto, altamente incompetente, supremamente dañino, increíblemente represivo, ostensiblemente inmoral, letalmente inhumano, inconcebiblemente infuncional, extraordinariamente anacrónico, un vejestorio (y relleno de vejestorios y oportunistas que medran a costillas del exangüe Estado cubano), que emite sus últimos estertores, incapaz de darle una mínima existencia digna a su población que lo padece por la imposición de las botas que no piensan, ejecutan. Raúl Castro, en un ejercicio de cinismo, declaró: “No existen torturados, no hubo torturados, no hubo ejecución. Eso sucede en la base de Guantánamo”. Próximamente veremos cómo agentes del imperialismo norteamericano, topos de la CIA, hicieron morir de inanición a Orlando Zapata. Si es que admitimos su existencia y su muerte, porque también podemos decir que es un show mediático montado por los periódicos miembros de la Sociedad Interamericana de Prensa, SIP, pagado con fondos de la CIA y los “gusanos” cubanos. ¿Y de paso no podemos también echarle la culpa de su muerte al bloqueo?

Esta tiranía totalitaria cubana es la última dictadura latinoamericana, la más terrible, la más prolongada, la peor. En un continente lleno de ejemplares nauseabundos, de engolados caudillos siniestros, de los Yo, El Supremo típicos, en este continente de los patriarcas que prolongan sus otoños para desgracia de sus conciudadanos, la dinastía cubana de los Castro ha sobrepasado todos los récords. Son los últimos gorilas, los últimos generalotes de horca y cuchillo, los últimos especímenes de una amarga especie que ha sembrado de oprobio nuestra historia y ha retrasado en décadas nuestra madurez como naciones en donde la voluntad democrática de la mayoría se respeta y la disensión y la oposición de las minorías no sólo se toleran, se estiman y valoran, como la contraparte importante del juego democrático. Muere manchándose de sangre todavía más. Y esa sangre digna resplandece y nos revela nuestra miserable cobardía al no protestar virilmente tanta vesanía. Y es que, recuerden, ellos no creen en “valores espirituales y humanos”, pero ¿tampoco nosotros?

Dossier de prensa

Fidel Castro: "Cuba nunca ha asesinado a un adversario"
El ex presidente sale al paso de las críticas internacionales por la muerte del opositor Zapata.- Dos presos abandonan la huelga de hambre que seguían en protesta contra el régimen, aunque al menos dos más y el periodista Fariñas persisten en el ayuno
AGENCIAS / EL PAÍS - La Habana / Madrid - 02/03/2010

"Jamás Cuba ha ordenado el asesinato de un adversario". Así lo asegura Fidel Castro en un artículo leído por un locutor en la televisión nacional, con el que el líder cubano sale al paso de las críticas internacionales contra el Gobierno de la isla por la polémica muerte del opositor Orlando Zapata, fallecido la semana pasada al cabo de 85 días en huelga de hambre. En la nota, el ex presidente cubano defiende especialmente al mandatario brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, a quien en los últimos días se ha acusado de ignorar el caso de Zapata en su reciente visita a La Habana. "Algunos envidiosos de su prestigio y de su gloria, y peor aún, los que están al servicio del imperio (EE UU), lo criticaron por visitar Cuba", escribe. Pero "Lula conoce desde hace muchos años que en nuestro país jamás se torturó a nadie, jamás se ordenó el asesinato de un adversario, jamás se mintió al pueblo. Tiene la seguridad de que la verdad es compañera inseparable de sus amigos cubanos", agrega. El presidente brasileño se reunió el miércoles pasado en La Habana con Fidel Castro y con su hermano y sucesor en la presidencia, Raúl, que pronunció ante él las primeras palabras sobre el caso Zapata a periodistas de la comitiva de Lula. "No hubo torturados, no hubo ejecución. Eso sucede en la base de Guantánamo", dijo el actual mandatario. Después, Lula partió hacia Haití y El Salvador, desde donde declaró que no se puede juzgar el gobierno de un país por la actitud de un ciudadano que se declara en huelga de hambre. "Un ciudadano que entra en huelga de hambre está tomando una opción. En mi opinión, una opción equivocada", dijo, recordó además que él mismo recurrió a este tipo de protesta en Brasil cuando era dirigente sindical, pero que "jamás" haría huelga de hambre de nuevo. Dos presos abandonan la huelga de hambre Mientras, dos disidentes cubanos encarcelados decidieron ayer abandonar la huelga de hambre que comenzaron la semana pasada tras la muerte Zapata, mientras que al menos dos más y el periodista Guillermo Fariñas persisten en esa medida, según fuentes de la disidencia. Diosdado Gonzalez, que cumple una condena de 20 años en la cárcel Kilo 5 de la provincia occidental de Pinar del Río, ya ha dejado el ayuno, y Eduardo Díaz Fleitas, recluido en el mismo penal con una sentencia de 21 años, ha anunciado que lo hará este martes, cuando se cumplen siete días de la muerte de Tamayo. Según el portavoz de la Comisión de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN), el opositor Elizardo Sánchez, mantienen el ayuno Nelson Molinet, también de la cárcel Kilo 5, y Fidel Suárez, del penal Kilo 8 en la misma región, cada uno con condena de 20 años. Además sigue en huelga de hambre y sed en su casa de la ciudad central de Santa Clara el psicólogo y periodista Farinas, que ha hecho caso omiso de las peticiones de Sánchez, sus familiares y otros opositores para que abandone el ayuno.

El portavoz de la CCDHRN cree probable que en breve acaben todas las huelgas de hambre en las cárceles y sólo persista Fariñas, que pide la liberación de los aproximadamente 200 presos políticos que hay en Cuba. "Sigue persistiendo en mantener la huelga de hambre que comenzó pese a los llamados que se le han hecho para que la abandone, por las secuelas que arrastra de las que realizó en años anteriores. Pero nadie ha logrado convencerlo, ni la madre, ni la esposa, ni la hija", asegura Sánchez. Fariñas ha hecho 23 ayunos desde 1995, el más sonado de seis meses en 2006 -con intervalos en el hospital, donde fue alimentado por vía intravenosa- para exigir acceso sin restricciones a Internet, algo que sigue sin existir en la isla gobernada por los hermanos Fidel y Raúl Castro desde hace 51 años. "Tiene síntomas de deshidratación, dolores de cabeza y articulaciones (...), tiene la piel seca y elimina menos y muy concentrado (...). Está decaído, pero no ha perdido el conocimiento ni muestra incoherencias", ha declarado la madre del periodista. Según relató el propio Fariñas el pasado viernes, dejó de comer y beber el miércoles, cuando fue detenido y golpeado por policías que le impidieron ir a Banes, pueblo del oriente de Cuba donde fue enterrado Zapata entre grandes controles de la seguridad del Estado. Las fuerzas de seguridad cubanas efectuaron al menos 126 detenciones o retenciones "arbitrarias" tras la muerte de Zapata, aseguró la misma comisión opositora. Un comunicado de la CCDHRN anexa una "lista parcial" de afectados, que, según dice, "refleja, aunque no en toda su magnitud, la oleada de represión política desatada por el gobierno de Cuba la semana pasada, en conexión con la muerte y los funerales" de Zapata. Añade que "todos los detenidos fueron liberados en menos de 24 horas o al cabo de varios días, excepto Israel Poveda Silva, quien ha sido internado en la prisión de alta seguridad de Guantánamo". En la lista están Fariñas, la bloguera Yoani Sánchez y Manuel Cuesta Morua, dirigente del grupo opositor Arco Progresista.

ENTREVISTA: GUILLERMO FARIÑAS / Disidente cubano en huelga de hambre

"Hay momentos en la historia en que tiene que haber mártires"
"Si muero, que el mundo se percate de que el Gobierno deja morir a sus opositores y que lo que le ocurrió con Orlando no es un caso aislado"
MAURICIO VICENT - La Habana - 02/03/2010

El psicólogo y periodista disidente Guillermo Fariñas tiene 48 años y 23 huelgas de hambre a sus espaldas. Desde que entregó el carné de la Unión de Jóvenes Comunistas, en 1989, en protesta por el fusilamiento del general Arnaldo Ochoa, entró en la oposición y desde entonces ha pasado 11 años y medio en la cárcel. Es considerado un duro. Su última huelga de hambre, en 2006, para pedir acceso libre a Internet para todos los cubanos, duró meses y tuvo que ser operado en varias ocasiones para salvarle la vida. Le quedaron numerosas secuelas y su familia teme que en esta ocasión pueda producirse un desenlace fatal con bastante celeridad. En su casa de Santa Clara, acompañado de una veintena de opositores, Fariñas recibe a EL PAÍS cuando lleva siete días sin ingerir alimentos ni agua. Está extremadamente débil, aunque consciente, y todavía puede caminar. Tiene la mirada iluminada, y dice -asusta- que quiere morir para convertirse en un "mártir" y tomar el relevo de Orlando Zapata . Ve su cuerpo como un instrumento más "para alcanzar la libertad de Cuba". Su madre, Alicia Hernández, y su esposa, Clara, se oponen radicalmente a esta protesta, aunque respetan su decisión. Es visitado a diario por dos médicos, uno disidente y otro del Estado, que siguen constantemente su evolución. Pregunta. ¿Qué objetivos persigue con esta huelga? Respuesta. Lo primero, que el Gobierno pague un alto costo político por el asesinato de Orlando Zapata Tamayo. En segundo lugar, si las autoridades no son crueles e inhumanas, que liberen de inmediato a los presos políticos que están enfermos y pronto pudieran convertirse en otros Zapata. El tercer objetivo es, si muero, que el mundo se percate de que el Gobierno deja morir a sus opositores y que lo que le ocurrió con Orlando no es un caso aislado. P. Pero ¿cuál es su petición concreta? R. Que el Gobierno libere a esos 26 presos políticos que están enfermos, y que hasta los propios servicios médicos del Ministerio del Interior consideran que deben ser puestos en libertad, pues no van a sobrevivir en prisión. P. ¿Y si no los excarcelan? R. Seguiré hasta las últimas consecuencias... P. ¿Usted quiere morirse? R. (Silencio)... Sí, me quiero morir. Ya es hora de que el mundo se percate de que este Gobierno es cruel, y hay momentos en la historia de los países en que tiene que haber mártires...

P. ¿Usted quiere convertirse en mártir conscientemente? R. Hasta los psicólogos del Ministerio del Interior dicen que es mi perfil: yo tengo alta vocación de mártir... Orlando Zapata fue el primer eslabón en la intensificación de la lucha por la libertad de Cuba. Yo fui el que agarré el bastón de su relevo, y cuando yo me muera otro lo va a tomar. P. ¿Está seguro? ¿Cree que esto va a suponer un revulsivo para un cambio en su país? R. Yo soy pesimista. Pienso que el Gobierno no va a cambiar. No tengo esperanza. El Gobierno cubano está aferrado, está en un momento muy difícil, y no van a cambiar hasta que estemos 50 opositores en huelga de hambre, eso sí sería un problema a nivel de toda la sociedad. P. Su padre combatió con el Che Guevara en Congo. Su madre siempre fue revolucionaria. Usted mismo fue militar y estudió en la Unión Soviética ¿Cómo llegó a la disidencia? R. Fue un proceso largo. El primer desencuentro fueron los sucesos de la Embajada de Perú, en 1980. A mí me tocó mantener el orden. Eran decenas de miles de personas que se querían marchar. En la URSS me di cuenta de muchas perversiones de aquel régimen al que en teoría nos debíamos parecer. En 1989, con el fusilamiento de Ochoa, rompí del todo. Desde entonces no me he callado y no me voy a callar hasta que muera. P. ¿Qué pasará ahora? R. Yo ya me siento muy débil, tengo dolores de cabeza y me empiezo a deshidratar. Llegará un momento en que colapsaré y perderé la conciencia. Entonces mi familia decidirá [la madre y la esposa dicen que en ese momento lo ingresarán en el hospital y lo alimentaran por vía parenteral]. P. Y cuando despierte en el hospital... R. Si me ponen en un cubículo cerrado, donde no pueda recibir visitas de mis hermanos de lucha, pediré que me retiren la alimentación parenteral. Si me ponen en un lugar en que pueda recibir la visita de mis compañeros, aunque sea a través de los cristales, en la sala de terapia intensiva, durante los horarios reglamentarios de visita, permitiré la alimentación parenteral, aunque no voy a comer ni beber. En ese caso puedo vivir hasta que Dios quiera. P. ¿Qué cree que piensa de esto su mujer, su hija, su madre? R. Bueno, cuando tomé la decisión de entrar en huelga de hambre mi madre estuvo 16 horas sin hablarme. Ahora, aunque se oponen, respetan mi decisión. Pero yo les digo que para hacer patria la familia tiene que sufrir. Supongo que la madre de Martí haya sufrido, y también la de Antonio Maceo [dos próceres de la independencia de Cuba].

La muerte valiente de Zapata
El castrismo desacredita al disidente fallecido tildándole de "preso común" - Sus compañeros de lucha recuerdan su humildad y destacan su coraje
MAURICIO VICENT - La Habana - 28/02/2010

Antes de convertirse en mártir y símbolo de la disidencia cubana, Orlando Zapata Tamayo era un opositor desconocido, callado y con poco peso específico. Nunca destacó ni tuvo afanes de protagonismo. Quizás por ello el 20 de marzo de 2003, día en que fue detenido en La Habana junto a Marta Beatriz Roque y otros cuatro disidentes, el Gobierno lo excluyó del grupo de los 75 a los que enjuiciaría después por "conspirar" con Estados Unidos. A Zapata lo dejaron morir tras una huelga de hambre que duró 85 días En los años noventa emigró a la capital cubana y trabajó duro como albañil Nunca formó parte del Grupo de los 75, los llamados disidentes ‘oficiales’ Su caso ha alentado la unidad y servido de acicate para la dividida oposición Mientras éstos fueron condenados de inmediato a penas de prisión de hasta 28 años de cárcel, Zapata, un humilde albañil negro que entonces tenía 35 años, quedó fuera del escarmiento. Su juicio no fue sumarísimo. Se realizó meses después y fue sancionado a tres años de privación de libertad por desobediencia y desacato. Orlando Zapata nunca llegó a ser el número 76 de aquel grupo selecto de disidentes, pero al final se convirtió en el primero de la lista debido a una huelga de hambre de 85 días que lo dejó en el camino y que ha movilizado como nunca antes al movimiento opositor cubano. Activistas de la vieja guardia como Óscar Espinosa Chepe, uno de los 75 condenados aquella primavera de 2003, asegura que su muerte ha provocado una "conmoción sin precedentes" en las filas de la disidencia. "En los últimos 50 años no sucedía nada así", afirma este economista de 70 años de edad, condenado a 20 de prisión en aquellos procesos y luego puesto en libertad con una 'licencia extrapenal' por motivos de salud. "Era un hombre muy humilde, no quería hablar ni aparecer en las fotos. Fue el régimen el que lo convirtió en líder y en mártir con su intolerancia", piensa Chepe. A su entender, la muerte de Orlando Zapata marca un "antes y un después" en su país, "y no sólo para la disidencia, también para el Gobierno". De modo similar piensan todos los opositores consultados para este reportaje, de todas las tendencias (y muchas veces no bien avenidos): el criterio general hoy es que el "caso Zapata" ha fomentado la unidad y servido de acicate al movimiento opositor, mientras que para el Gobierno, en términos de imagen, el resultado es demoledor. En los últimos días, media docena de presos políticos y un periodista disidente se han declarado en huelga de hambre en la isla, además de varios más en ayuno, para protestar por la muerte de Orlando Zapata. También exigen la liberación de todos los prisioneros políticos, que según datos de la Comisión de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CDHRN) son alrededor de 200, de ellos 65 adoptados por Amnistía Internacional como prisioneros de conciencia. Orlando Zapata Tamayo era uno de esos presos de conciencia. Pero la historia de cómo ese joven albañil negro de una pequeña localidad del oriente cubano llegó a convertirse en el mártir de la disidencia que es hoy, es larga y gris. Zapata era el segundo hijo de una familia humildísima de Banes, un pueblo de 35.000 habitantes situado

a 830 kilómetros al este de La Habana. De allí era oriundo Fulgencio Batista, contra quien se alzaron en armas Fidel y Raúl Castro, que nacieron a pocos kilómetros del lugar, en el asentamiento de Birán. Zapata nunca destacó ni tuvo carisma, está claro. Sus compañeros de disidencia lo recuerdan como alguien "muy sencillo" y de "pocas palabras", pero "valiente". "No tenía miedo", asegura Marta Beatriz Roque, la disidente del grupo de los 75 que fue arrestada junto a él aquel 20 de marzo de 2003. "Aquel día, cuando llegó la policía y nos detuvo, le pegaron: a cada golpe gritaba ¡vivan los Derechos Humanos¡". Marta Beatriz Roque (sancionada a 20 años de cárcel, en libertad por motivos de salud) admite que entonces casi nadie lo conocía y que hasta hace no mucho eran pocos los que se preocupaban por su situación, "aunque ahora todo el mundo habla de él y lo quiere mucho". Está claro que Orlando Zapata no era un disidente mediático y además había llegado relativamente tarde a la oposición. En los años noventa del pasado siglo emigró de Banes a la capital cubana y se buscó la vida como pudo, fundamentalmente de obrero y albañil. Cuenta Roque que tuvo muchos problemas... "Le pagaban poco, lo trataban mal, se sentía engañado y decía que constantemente violaban sus derechos... Fue así como poco a poco entró en contacto con el movimiento de derechos humanos". Inicialmente se vinculó al grupo de Oscar Elías Biscet, líder de la Fundación Lawton, y también apoyó en las calles la iniciativa del Proyecto Varela, de Oswaldo Payá, y militó en el Movimiento Alternativo Republicano, un pequeño grupo opositor. Pero su trayectoria como activista fue corta. La policía la interrumpió en diciembre de 2002, cuando se dedicaba a actividades opositoras junto a Biscet. Fue acusado de "alteración del orden" y "desórdenes públicos", pero el 9 de marzo de 2003 salió en libertad condicional. A los pocos días se sumó a un ayuno en demanda de la libertad de Biscet que organizaban Roque, el opositor Nelson Molinet -otro de los presos del grupo de los 75, condenado a 20 años de cárcel- y tres disidentes más. De aquí en adelante su historia es conocida. Descartado como disidente de primera división, los tribunales lo condenaron a una sanción menor fuera del grupo de los 75. Tres años de privación de libertad. "Pero Orlando era de los bravos, de los que no se doblegan ni tolera las injusticias", recuerda Oswaldo Paya. "En la cárcel lo maltrataron brutalmente, pero el siempre se rebeló", asegura el opositor, que explica que sólo así, "por la saña de los carceleros", pudo acumular 36 años de condenas en juicios realizados dentro de la propia prisión. Elizardo Sánchez, presidente de la CDHRN, considera que la "intolerancia del régimen totalitario" y el "ensañamiento" de sus victimarios fue lo que convirtió a Orlando Zapata en un símbolo de la disidencia y en un "mártir de la nación cubana". "Sólo de ellos es la responsabilidad, y aunque ahora van a tratar de desprestigiarlo su muerte va a suponer un punto de inflexión". Sanchez recuerda que Zapata inició la huelga de hambre sólo para exigir un trato humanitario. Pero ahora, dice, su símbolo va a "radicalizar el discurso y las acciones" del movimiento opositor y esta "indignación" se va a traducir en una mayor "unidad". "Ya estamos viendo movilizados juntos a los grupos de la disidencia tradicional con las Damas de Blanco y los blogueros y ciberdisidentes", opina. Ayer, cinco días después del fallecimiento de Orlando Zapata, la prensa cubana mencionó por primera vez su caso y, efectivamente, lo hizo para desacreditarle. Según Granma, "pese a todos los maquillajes" Zapata era un simple "preso común". El diario comunista dice que fue "procesado por los delitos de violación de domicilio (1993), lesiones menos graves (2000), estafa (2000), lesiones y tenencia de arma blanca (2000: heridas y fractura lineal de cráneo al

ciudadano Leonardo Simón, con el empleo de un machete)". El periódico asegura, además, que "adoptó el perfil político cuando ya su biografía penal era extensa" y ratifica la posición oficial: todos los opositores son "mercenarios" al servicio de Washington. Disidentes de todas las tendencias, de nuevo unidos, criticaron al Gobierno por la "canallada" de estos argumentos. La mayoría coincidieron en que si Zapata tuvo antecedentes, también los tuvieron muchos próceres cubanos y eso no les resta méritos. Activistas de línea dura y socialdemocratas como Manuel Cuesta Morúa consideran que "lo importante es que estuvo dispuesto a dar la vida pacíficamente por demostrar la soberbia del Gobierno". Afirma Cuesta Morúa que "curiosamente, el Gobierno lo subestimó por ser negro, ser humilde y no pertenecer a ningún partido opositor conocido"; y ahora, aquel "a quien dejó morir", el preso que nunca fue de los 75, "se ha convertido en el símbolo de una sociedad que vive en un minuto de desesperación histórica y que merece la atención del mundo".

El actor Willy Toledo afirma que Orlando Zapata "no era más que un delincuente común"
Significado por su activismo político, el artista exige a Zapatero que "deje de joder" al Sáhara
AGENCIAS / EL PAÍS - Madrid - 01/03/2010

Distintos actores y personalidades del mundo de la cultura se han reunido hoy en Madrid con el objetivo de hablar de los derechos de pueblo saharaui, pero en el acto han irrumpido los recientes acontecimientos en Cuba, con la muerte del disidente Orlando Zapata tras una huelga de hambre de tres meses. Willy Toledo, uno de los actores más beligerantes en 2004 al frente del movimiento del No a la guerra (en contra el conflicto armado en Irak) y también en la causa de los saharauis, ha señalado hoy que Zapata "no era más que un delincuente común". "No son simples disidentes ni prisioneros políticos", ha asegurado el actor, quien ha añadido -en referencia a Orlando Zapata- que "este señor, al que se llama disidente, no era más que un delincuente común, que ha sido forzado y manipulado por otras personas parece ser que para ponerse en huelga de hambre y llegar al extremo de dejarse la vida". No obstante, Willy Toledo ha lamentado "absolutamente" la muerte "de cualquier ser humano, y mucho más la de alguien encarcelado y en huelga de hambre, que es algo terrible", y ha considerado que el Gobierno cubano "debería haber hecho algo más por salvar la vida de esta persona, haya hecho lo que haya hecho, y no permitir que un ser humano muera bajo su tutela". Entre los actores presentes estuvieron, además de Toledo, Pilar Bardem, Berta Ojea o Xabier Elorriaga, así como la cantante Carmen París, mientras que del mundo de la política acudieron Cayo Lara, coordinador general de IU, e Inés Sabanés.

Que Zapatero deje de joder En cuanto a la situación en el Sáhara, los actores han pedido que en la próxima cumbre de la UE se presione a Marruecos para que respete los derechos humanos. Willy Toledo ha vuelto tomar la palabra y exigido al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que "deje de joder" al pueblo saharaui si no apoya al Ejecutivo de la República Arabe Saharaui Democrática y ha criticado que el rey Juan Carlos mantenga relaciones con el rey Mohamed VI, al que ha acusado de estar "torturando, asesinando, persiguiendo y violando" a ciudadanos del Sáhara Occidental. Toledo vertió estas opiniones ante 40 personalidades del mundo de la cultura, que leyeron un manifiesto en defensa de la autodeterminación del pueblo saharaui. Por su parte, Pilar Bardem consideró que el problema del Sahara pasa "por el referéndum y el proceso de autodeterminación", y aseguró que el pueblo saharaui "siempre ha tenido un apoyo total de los ciudadanos españoles, que tienen muy arraigado el problema porque son muchos años luchando para que el pueblo saharaui pueda disfrutar de su libertad". Para el coordinador general de IU, Cayo Lara, la resolución del conflicto pasa por que Marruecos "cumpla con sus propios compromisos y las resoluciones de la ONU, y sencillamente con eso se resuelven todos los conflictos con el pueblo saharaui". Sin embargo, Lara estimó que la próxima Cumbre UE-Marruecos "no pinta bien, porque parece que la tendencia no camina en la dirección de hacer cumplir a Marruecos con la resolución de la ONU, es más quieren darle la categoría de Estatuto avanzado en las relaciones, que es un paso más en el acuerdo de asociación".

¿Quién mató a Orlando Zapata?
YOANI SÁNCHEZ 26/02/2010

El cuerpo enflaquece, la mente se va y los miembros inferiores comienzan a hincharse. Una huelga de hambre hace que la existencia se escape poco a poco, hasta que se desdibuja el rostro de la madre sentada frente a la cama y pierde fuerza el rayo de luz que entra por la ventana. Durante 86 días Orlando Zapata Tamayo transitó del desconsuelo a la muerte. Se fue apagando, con una voluntad que ha dejado consternados a los amigos y molestos a sus opresores. Acostumbrados a disponer de su cuerpo y del herrumbroso cerrojo de su calabozo, los carceleros sienten ahora que este hombre de 42 años se les ha ido por la única salida que ellos no pueden controlar: la muerte. Juzgado a la velocidad del vértigo en marzo de 2003, Zapata Tamayo fue víctima de aquel escarmiento conocido como la Primavera Negra- que el gobierno cubano quiso darle a la oposición. Era fundador del partido Alternativa Republicana y activista frecuente a la hora de demandar la liberación de sus compañeros de causa. Después de su llegada a prisión lo condenaron en nueve juicios sumarios a penas que llegaron hasta los 56 años. Un gesto "magnánimo" los redujo a 25 largos veranos tras las rejas. Todo esto fue dictaminado en tribunales que parecían obedecer más a códigos militares que civiles. Después llegó la soledad de una celda

tapiada, los malos tratos, las palizas y con ello terminó la ilusión de que un preso no condenado a muerte tiene derecho a que le respeten la vida. Al cancelarse la visita a Cuba del relator de las Naciones Unidas contra la tortura, terminó para muchos la esperanza de ser rescatados de los malos tratos en los penales. Aprovechándose de su impunidad, los guardas metieron a Orlando en un espacio breve, donde tenía que compartir el suelo con las ratas y las cucarachas. Le gritaban por la rendija de una puerta de hierro que no iba a salirse con la suya, pues en una prisión revolucionaria un preso político equivale a los gorgojos que acompañan -permanentemente- al arroz. Se resistió a ponerse el uniforme de presidiario y eso le trajo otra andanada de golpes y el punzante castigo de reducirle las visitas de sus familiares. Cuando abrieron el sitio donde lo habían enterrado vivo, ya el daño era irreversible y la culpa salpicaba hasta la mismísima silla del actual presidente cubano. A Zapata Tamayo no lo mató la huelga de hambre, sino el sombrío oficial que lo encerró en aquel hoyo y el director de la prisión Kilo 8 en Camagüey que ordenó su castigo. Contribuyeron también a su deceso las manos enfundadas en guantes de látex que prefirieron mantener el empleo en el hospital antes que denunciar el estado maltrecho al que habían dejado llegar su cuerpo. La máxima responsabilidad de su final la tiene un gobierno que prefirió mostrarse intransigente y enérgico antes que proveerle de ciertas mejorías en su vida carcelaria. Para confirmarnos en esa idea, un día después de ocurrida la muerte, Raúl Castro perdió la oportunidad de acortar la distancia entre lamentar su deceso y pedirles disculpas a sus familiares. Con sus breves palabras exentas de autocrítica, nos corroboró lo que muchos sospechábamos desde el principio, que el general no era ajeno al maltrato, la dejadez y el terror que terminaron con Orlando.

MOISÉS NAÍM Los derechos humanos en Cuba

Tramposos, hipócritas y mentirosos
MOISÉS NAÍM 28/02/2010

Estamos acostumbrados a que los políticos nos mientan. O que nos digan una cosa y hagan otra. En algunos países los gobernantes no parecen incurrir en mayores costes cuando mienten, o cuando prometen lo que todos saben que no se cumplirá o describen la realidad de maneras que nada tienen que ver con lo que de verdad sucede. Estas son tendencias universales y son excepcionales los países en los cuales esto no ocurre. Pero es peligroso acostumbrarse tanto. Esta tolerancia ha hecho que en algunos países la complacencia del público con las flagrantes mentiras de los gobernantes o con la hipocresía de los políticos alcanza niveles insólitos. Nos hemos acostumbrado tanto a que nos mientan que ya no nos importa; es parte de un juego en el que todos participamos. Los gobernantes mentirosos saben que sabemos que nos están mintiendo y que, o no nos importa, o no hay nada que podamos hacer al respecto. Cuentan también con el hecho de que la mayor parte de la población no presta mucha atención a lo que dicen, y que quienes sí prestan atención tiene la memoria corta. En todo esto juegan un rol crítico los medios de comunicación y la buena noticia es que las nuevas tecnologías como Google o YouTube facilitan el recuento de las promesas incumplidas, las mentiras y las contradictorias

posiciones de gobernantes y políticos. Siempre y cuando, claro está, esos líderes no tengan el control de los medios, incluyendo Internet. O que a la población le importe que le mientan. Los ejemplos sobran y en cada país -y continente- se pueden hacer largas listas de las mentiras gubernamentales o de los políticos que engañan haciendo trampas con el idioma. América Latina, por ejemplo, es una fuente inagotable de hipocresía gubernamental. Hace poco, en Cancún, los presidentes latinoamericanos crearon una nueva organización que quizás se llame Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños. Sus integrantes son todos los países del hemisferio menos Estados Unidos, Canadá y... Honduras. ¿Por qué no Honduras? Porque su nuevo Gobierno, elegido en un proceso que nadie objeta, es el sucesor de un Gobierno que derrocó a un presidente democráticamente electo. Pequeño detalle: Cuba, ese bastión de la democracia, es miembro de la nueva Comunidad de Estados Latinoamericanos. Cuba sí; Honduras, no. ¿No les da vergüenza? Otro pequeño detalle: esa reunión, convocada con el nombre de la Cumbre de la Unidad (¿será por eso que no se invitó a Estados Unidos?) incluyó violentos intercambios de insultos entre los presidentes de Colombia y Venezuela y mostró claramente que hay más unidad entre muchos países de la región con Estados Unidos que entre ellos mismos. La nueva organización incluye entre sus principios fundacionales "promover el respeto al derecho internacional". Este sagrado principio fue aclamado por los mismos presidentes que no dijeron absolutamente nada cuando uno de ellos, Hugo Chávez, un día decidió prohibir, arbitraria y unilateralmente y en contra de todas las normas del derecho internacional, el comercio entre su país y Colombia. El embargo aún se mantiene y las empresas brasileñas lo han aprovechado para quitarle el mercado venezolano a los exportadores colombianos. ¡Viva la unidad! En las reuniones del Grupo de los 20, la presidenta Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, truena contra las manipulaciones y la falta de transparencia del sistema financiero internacional. Tiene razón. Pero que esto venga de una presidenta cuyo país ha caído al foso de la lista de los países más corruptos del mundo compilada por la organización Transparencia Internacional es una deliciosa ironía que no parece importarle. Para ella esta contradicción no tiene consecuencias. "No se puede juzgar a un país o la actitud de un gobernante en función de la actitud de un ciudadano que decide empezar una huelga de hambre", dijo el presidente brasileño Lula da Silva minimizando la muerte del cubano Orlando Zapata, fallecido en la cárcel después de un prolongado ayuno en protesta contra las torturas y maltratos que allí sufrió. Lula aceptó que en su época de líder sindical había hecho huelgas de hambre, pero que "jamás" lo volvería a hacer. Sobre esto último estoy seguro de que es absolutamente sincero. Sobre el tema de la sinceridad vale la pena recordar a George Orwell: "La gran enemiga de la claridad en el lenguaje es la insinceridad... El lenguaje político está diseñado para hacer que las mentiras parezcan verdades y que el asesinato parezca respetable...". mnaim@elpais.es

Réquiem por Orlando
JOSÉ IGNACIO TORREBLANCA 01/03/2010

La muerte de Orlando Zapata pone en evidencia el completo agotamiento y la extrema fragilidad del régimen cubano. Que después de más de 50 años de control de todos los resortes de poder (político, económico y cultural), un régimen tenga que reprimir tan brutalmente a un albañil cuya única forma de resistencia ha sido pacífica y de palabra sólo significa una cosa: que el régimen cubano tiene tanto miedo a sus ciudadanos como ellos al régimen, o incluso más. Las intuiciones no suelen ser buenas consejeras, ya que a menudo son simples formas de confundir la realidad con nuestros deseos. Pero a la luz de lo ocurrido con otros regímenes de corte totalitario (piénsese en la Rumania de Ceausescu), un colapso repentino del régimen cubano debería ser mucho más probable de lo que pudiera parecer a primera vista. Si como nos dice el Gobierno cubano, 65 personas (presos de conciencia, según Amnistía Internacional) pueden subvertir sólo con sus palabras un régimen que presume de ser una revolución popular, lo que en realidad nos están diciendo los Castro es que son perfectamente conscientes de que los 50 años de revolución apenas durarían 50 horas si el régimen renunciara a la coacción física. A estas alturas es poco discutible que la revolución cubana ha desembocado en una tiranía sostenida simplemente por la fuerza bruta. Pero para quienes todavía tengan sus dudas, el caso de Orlando Zapata nos ofrece un detallado estudio de caso de cómo los totalitarismos doblegan la voluntad de las personas. Primero, tres meses de prisión por quejarse públicamente "de lo mala que estaba la cosa"; luego, tres años de condena por participar en un ayuno opositor; y, finalmente, una vez en prisión, condenas sucesivas de hasta 36 años y continuas palizas y malos tratos por negarse a ser tratado como un preso común. Es por eso que la lucha entre Orlando Zapata y el régimen cubano ha sido a muerte: ambos sabían que cuando alguien se resiste de la manera que lo ha hecho Orlando (pacíficamente y hasta el final), no hay régimen que aguante. Es cierto que 50 años de confrontación con el régimen cubano sólo han contribuido a reforzar al régimen. Pero al diálogo sin condiciones con el régimen, que es la otra opción (favorecida, entre otros, por España), tampoco parece haberle ido mucho mejor: si las cosas marchan bien, hay que dialogar mucho, pero si las cosas van mal (como ahora), mucha más razón para dialogar más intensamente todavía. Y lo mismo, pero al revés, respecto al diálogo con la oposición cubana: si las cosas van bien y hay señales de voluntad de cambio dentro del régimen, no vamos a estropearlo hablando con la oposición; y si las cosas van mal, qué vamos a ganar hablando con la oposición, ¿poner aún más nervioso al régimen y endurecer aún más la represión? Como politólogo, es difícil aceptar que un proceder así constituya una "política". Más bien, al contrario, si entendemos la política como la aplicación de medios para lograr fines (y el sucesivo ajuste de esos medios a la luz de los resultados obtenidos), este proceder representa la negación de la política: se sabe lo que se quiere (un cambio pacífico hacia una democracia), pero no cómo lograrlo. Que España carezca de una política hacia Cuba digna de ese nombre se debe a varias razones: en primer lugar, España está tan enredada histórica y emocionalmente en Cuba que difícilmente puede partir de cero y examinar los méritos relativos de todas las opciones sin prejuicios; en segundo lugar, la falta de consenso interno en España sobre el tema (compárese el caso Zapata con elcaso Haidar) debilita de antemano la eficacia de cualquier política hacia Cuba; y, en tercer lugar, incluso aunque España tuviera una política hacia Cuba, su margen de influencia sobre los

acontecimientos internos sería pequeño mientras Brasil, Venezuela y muchos otros sigan creyendo, como Gaspar Llamazares, que se puede ser a la vez "amigo del régimen y de los cubanos" pese a la evidencia de que régimen y cubanos hace tiempo que han dejado de ser amigos entre ellos. Todo ello explica que la (no) política de España hacia Cuba consista simplemente en mantener abiertos los canales de diálogo con el régimen para poder detectar una eventual voluntad de cambio con antelación, interceder ocasionalmente a favor de algún disidente (pero a cambio huir de los contactos a alto nivel con la oposición) y, por último, ofrecer al régimen cuantas oportunidades de apertura y desarrollo económico sean posibles (incluido un acuerdo de cooperación con la UE que no incluya condicionalidad política). No es nada descabellado, pero no llamemos política a lo que simplemente es la suma de algunas esperanzas débilmente hiladas entre sí. Ellos, como dice Raúl Rivero, sin pan ni palabras; nosotros, instalados en la impotencia. jitorreblanca@ecfr.eu

La disidencia cubana pide que se suspendan las huelgas de hambre
La esposa de Fariñas asegura que el opositor está débil y no puede tenerse en pie
MAURICIO VICENT - La Habana - 28/02/2010

La mayoría de la disidencia cubana ha expresado en las últimas horas su oposición a que continúen las huelgas de hambre en las prisiones. Activistas de derechos humanos y familiares de los presos tratan de convencer a los huelguistas de que depongan su actitud, con el argumento de que el Gobierno será "insensible" a este tipo de acciones pacíficas de presión, y que lo más importante es preservar la salud. Al menos cinco opositores se han sumado a la protesta, de los cuales cuatro son del Grupo de los 75 y están considerados por Amnistía Internacional como prisioneros de conciencia. La situación en las cárceles es confusa, no está claro el número total de opositores en huelga de hambre . Según la Comisión de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CDHRN), de Elizardo Sánchez, en la cárcel Kilo Cinco y Medio de Pinar del Río están en huelga Diosdado González Marrero, de 47 años, Nelson Molinet, de 45, y Eduardo Díaz Fleitas, de 59, los dos primeros condenados a 20 años de cárcel y el tercero a 21. En la prisión Kilo Ocho de la misma provincia Fidel Suárez Cruz, de 39 años y condenado a 20, se sumó a la protesta. Todos son miembros del Grupo de los 75. Opositores como Marta Beatriz Roque elevan la cifra de huelguistas a seis. Según sus datos, Prospero Gainza, del Grupo de los 75, y Antonio Díaz, de 47 años y miembro del Movimiento Cristiano de Liberación, están también sin comer en las cárceles donde cumplen sentencia, en Holguín y Ciego de Ávila. En todos los casos los ayunos comenzaron en solidaridad conOrlando Zapata -fallecido el 23 de febrero después de 85 días en huelga de hambre- y para demandar la liberación de todos los presos políticos (unos 200, según la CDHRN). Además de los prisioneros políticos, está el caso del psicólogo y periodista disidente Guillermo Fariñas, que a corto plazo es el que más preocupación provoca en medios diplomáticos y disidentes. Fariñas ha realizado más de 20 huelgas de hambre que le han dejado secuelas de consideración. El último ayuno, hace tres años, en demanda de acceso libre a Internet, duró varios meses y estuvo a punto de costarle la vida.

El activista, de 48 años, ha declarado ahora su voluntad de "inmolarse". No está ingiriendo alimentos sólidos ni tampoco agua desde que fue detenido el 24 de febrero para que no pudiera asistir al funeral de Zapata en la localidad de Banes. Tras ser liberado, Fariñas explicó que ve la muerte de Zapata como el primer eslabón de una cadena que conducirá a la "transición" y a la "libertad" de Cuba. Su demanda concreta es que se libere de inmediato a una veintena de presos políticos que padecen problemas de salud. "O los excarcelan o me muero", ha dicho. Sánchez aseguró que ha hablado personalmente con Fariñas en varias ocasiones para conminarle a que abandone su actitud. "Pero no quiere atender a razones", afirma. Ayer su esposa informó desde Santa Clara que se encuentra muy débil y que ya no puede levantarse de la cama. Pese a haber bastante consenso en la oposición de que las huelgas de hambre no son el camino para protestar contra el Gobierno, algunos las apoyan. "Por eso no se ha hecho hasta ahora un documento conjunto para pedir que abandonen su protesta", dijo Marta Beatriz Roque, antes de manifestar su "desacuerdo total" con que los presos se "sigan sacrificando". "Los que estamos afuera somos los que tenemos que llevar adelante la lucha", opinó la disidente de línea dura. El movimiento de las Damas de Blanco y la oposición moderada también demandan a los presos que actúen con mesura. El Gobierno de momento no habla y en la calle, mientras tanto, la mayoría de los cubanos siguen ajenos a lo que está sucediendo en las cárceles y al escándalo fuera de su país.

MANUEL CUESTA MORÚA Opositor socialdemócrata

"Se ensañaron con él por ser negro"
M. VICENT | La Habana 25/02/2010

El miércoles pasado el disidente socialdemócrata Manuel Cuesta Morúa fue detenido junto a otros siete opositores cuando llegaba a casa de Laura Pollán, una de las líderes del movimiento de las Damas de Blanco, para firmar un libro de condolencias abierto por lamuerte de Orlando Zapata . Morúa fue liberado en la madrugada de este jueves, como la mayoría de los activistas detenidos o retenidos por la policía (unos 60) para evitar que participaran en el funeral del prisionero de conciencia. Su caso es significativo, pues Morúa siempre ha defendido la posición de España y de la UE a favor del diálogo con las autoridades cubanas, en contraposición de los sectores más duros del movimiento opositor. Como el resto de sus colegas, cree que la muerte de Zapata marca "un antes y un después para la disidencia". "Ahora está claro que lo más importante es trabajar en una agenda común por la liberación de todos los presos políticos y para concienciar sobre la situación de los derechos humanos en la isla". Afirma que "en términos de imagen", para el Gobierno también hay "un después" de Zapata, y piensa que lo sucedido tendrá repercusiones internacionales para las autoridades. "Desde luego, no se trata de tomar posiciones ideológicas extremas, ni de volver atrás o romper el diálogo con Cuba, ni nada que se le parezca". Morúa piensa que, eso sí, debe reenfocarse el diálogo de "doble vía", y al tiempo que se habla con el Gobierno se

debe mantener también contactos de nivel con la oposición y "reconocer explícitamente su labor". "El tema de los derechos humanos es fundamental", concluye el fundador del Arco Progresista, con excelentes contactos con el PSOE. Morúa es uno de los pocos disidentes negros cubanos y es militante en la causa contra el racismo. Hace dos semanas, cuando se conoció que el estado de salud de Zapata empeoraba, fundó un comité para tratar de salvarle la vida. Considera que el hecho de que Orlando fuera negro fue "un elemento que contribuyó a la saña psicológica de los carceleros". "Es el viejo argumento de que por ser negro no se tiene derecho a protestar, porque la revolución te lo dio todo". Morúa pide ecuanimidad: "Pese a lo dramático de lo ocurrido hay que pensar con la cabeza fría, y nunca dejar de dialogar".

"Ha sido un asesinato premeditado"
La madre de Zapata pide la solidaridad internacional con los presos cubanos
MAITE RICO | Madrid 24/02/2010

"La muerte de mi hijo ha sido un asesinato premeditado. Mi hijo ha sido torturado todo el tiempo que ha estado en las prisiones". Reina Luisa Tamayo, madre de Orlando Zapata, aún tenía fuerzas ayer para hablar con la bloguera Yoani Sánchez, que se acercó grabadora en mano a la morgue de La Habana, esquivando el cordón de seguridad, y que ha colgado el testimonio en su blog Generación Y. "Lo he acompañado antes de morir, lo vi muerto ya y ahora espero tener valor para vestirlo", cuenta Reina.

Valor le sobra a esta campesina oriunda de un caserío de Güira de Banes, en la provincia oriental de Holguín, a 500 kilómetros de La Habana, que ha pasado los últimos años recorriendo las cárceles de la isla en pos de Orlando, el segundo de sus cuatro hijos, detenido en la oleada represiva de la Primavera Negra de 2003. Los malos tratos y los continuos traslados del disidente fueron también una tortura para Reina, una mujer semianalfabeta y sin recursos. Entre las humillaciones sufridas, cuenta la bloguera cubana Tania Quintero, está la ocasión en que unos guardias le confiscaron las bolsas de galletas y leche en polvo que llevaba a Orlando y le pusieron una multa por "acaparamiento" de 60 pesos, una fortuna para un cubano. Decidida a movilizarse por su hijo, Reina pidió un día a una vecina que le prestase una blusa blanca y se plantó en La Habana para unirse a una manifestación de las Damas de Blanco, organización que agrupa a esposas y familiares de disidentes presos. Ahí ha tenido uno de sus principales apoyos. Ahí, y en su aldea. "Mis vecinos son pobrísimos, pero son muy solidarios conmigo", suele decir. Ayer le aseguraba a Yoani Sánchez que velaría el cuerpo de Orlando en su casa las horas que fueran necesarias. "Desde mi dolor profundo pido al mundo que exija la libertad de los demás presos y de los demás hermanos que se encuentran encarcelados injustamente para que no vuelva a suceder lo que ha sucedido con mi hijito, que no deja tan siquiera una muestra, porque no tiene hijos ni mujer... Muchas gracias".

EDITORIAL

Credenciales cubanas
Ni Europa ni América Latina, especialmente Brasil, pueden ignorar la muerte de un disidente
25/02/2010

El presidente brasileño Lula da Silva inició ayer su cuarta visita oficial a Cuba, considerada como la de despedida. Poco antes de aterrizar en La Habana, supo de la muerte del preso político Orlando Zapata a consecuencia de una huelga de hambre mantenida durante 85 días. Su familia denunció malos tratos a lo largo de los años de cárcel y aseguró que no recibió atención médica adecuada hasta que su estado de salud empeoró de manera irreversible. La muerte de Zapata constituye un acta de acusación adicional, y un motivo de enérgica condena, contra la dictadura más longeva de América Latina y una de las más liberticidas de la historia del continente. Pero es también una prueba decisiva para la comunidad internacional y para el presidente Lula, que tiene en su mano ejercer como portavoz tanto por su ascendiente latinoamericano como por el hecho de encontrarse en la isla. Con esta visita a La Habana, coincidente con la muerte de Zapata, Lula tiene la ocasión de demostrar que el creciente papel internacional de Brasil no significa sacrificar el principal capital político que ha cosechado: la opción por una izquierda capaz de ofrecer progreso y bienestar mediante el fortalecimiento y la gestión de las instituciones y los procedimientos democráticos. El silencio de Lula frente a una dictadura como la castrista seguido de la timorata reacción de la UE, a empezar por el inane y críptico mensaje de Rodríguez Zapatero en Ginebra- empañaría lo que él representa, tan importante para América Latina y, en la medida en que Brasil afianza su posición de potencia emergente, para el resto del mundo. Un grupo de disidentes cubanos ha solicitado al presidente Lula que interceda por la suerte de los presos. El compromiso que Brasil ha demostrado con los derechos humanos sería suficiente para justificar esta gestión, pero la muerte de Zapata la hace inexcusable. El trato con La Habana y, sobre todo, con el mito que la revolución castrista sigue representando para parte de la izquierda latinoamericana, sitúa en una difícil posición a cualquier dirigente de la región, pero más todavía al presidente brasileño. Pero las dificultades para gestionar las relaciones con ese mito no pueden llevar a cerrar los ojos ante los atropellos que se cometen en Cuba, y que en este caso se han saldado con la muerte de un preso político. El castrismo ya no puede extender credencial alguna de progresismo. Por el contrario, es su gestión al frente de Brasil la que constituye el ejemplo alternativo. Sin las cortapisas regionales de Brasil, y sin los equilibrios que exige una visita oficial, es inaceptable que la Europa en la que España ejerce la presidencia se limite a lamentar la muerte por inanición de un preso político. El régimen cubano es responsable de la vida y la integridad de quienes ha condenado a pudrirse en sus mazmorras. Mucho más cuando esa condena sólo obedece a decisiones tiránicas de una saga familiar.

Los derechos humanos en Cuba

Lula "lamenta profundamente" la muerte del opositor Zapata
El presidente brasileño se reúne en La Habana con Fidel Castro, al que vio "excepcionalmente bien"
AGENCIAS / EL PAÍS - La Habana / Madrid - 25/02/2010

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, ha dicho este miércoles desde La Habana, donde se encuentra de visita oficial, que "lamenta profundamente" la muerte disidente y preso político cubano Orlando Zapata. Lula ha realizado estas declaraciones a los medios antes de reunirse en el Palacio de la Revolución con su homólogo cubano, Raúl Castro, quien poco antes también había dicho sentir el fallecimiento de Zapata si bien responsabilizó del hecho a Estados unidos por su política de hostilidad hacia la isla y negó que en su país hubiera presos políticos ni torturados. En el transcurso su estancia en Cuba, Lula ha sido recibido por el ex presidente cubano Fidel Castro. Tras el encuentro, en el que también ha estado presente Raúl Castro, Lula ha explicado a los medios brasileños que ha visto al ex presidente Fidel Castro " excepcionalmente bien". El mayor de los hermanos Castro no aparece en público desde julio de 2006, cuando debido a una enfermedad cedió el poder a su hermano Raúl, aunque mantiene el cargo de primer secretario del gobernante Partido Comunista. En relación a las críticas vertidas hacia él desde la disicencia cubana, el presidente brasileño ha negado haber recibido ninguna carta de los presos políticos en la que se le pidiese su intervención ante los hermanos Castro. La oposición interna cubana había acusado a Lula de ser "cómplice" de las violaciones de los derechos humanos en la isla por su negativa a recibirles en sus últimas visitas a Cuba. Apoyo de Lula a los Castro Antes de encontrarse con Fidel Castro, Lula y el general Raúl Castro visitaron el puerto de Mariel, al oeste de la capital, para cuya ampliación y modernización Brasil ha prestado 150 millones de dólares. A la prensa extranjera acreditada en Cuba no se le ha permitido la cobertura directa de la visita de Lula, salvo la llegada al aeropuerto, donde no dio declaraciones. Según la prensa oficial cubana Fidel y Raúl Castro hablaron con Lula acerca de la XV Conferencia Internacional sobre el Cambio Climático, celebrada en diciembre pasado en Dinamarca, y acerca de los resultados de la reciente Cumbre del Grupo de Río, entre otros temas. Éste es el cuarto viaje de Lula a la isla en sus ocho años de presidente, y la visita tiene dos objetivos principales: afianzar su apuesta política por la revolución castrista antes de marcharse, y respaldar sectores estratégicos de la economía cubana, como las infraestructuras o el petróleo, en momentos en que la falta de liquidez y la crisis asfixian a las autoridades de la isla. En la agenda no hay espacio para los disidentes, algo que no ha sorprendido, pues Lula es un viejo aliado.

Los derechos humanos en Cuba

La disidencia se moviliza contra el régimen
Decenas de detenciones en varias ciudades para evitar que los opositores acudan al sepelio de Orlando Zapata - Raúl Castro culpa a EE UU de la muerte del prisionero
MAURICIO VICENT - La Habana - 25/02/2010

La muerte del opositor y prisionero de conciencia cubano Orlando Zapata Tamayo después de 85 días de huelga de hambre desató ayer una ola de indignación en el movimiento disidente. Tanto opositores moderados como de línea dura condenaron en términos enérgicos lo que califican como un "crimen premeditado" y un abuso de poder, mientras decenas de activistas se movilizaron para protestar pacíficamente y asistir al entierro, previsto para esta mañana en la localidad de Banes, a 830 kilómetros al este de La Habana, en la provincia de Holguín, de donde era oriundo Zapata. Fuentes de la disidencia denunciaron que el Gobierno practicó decenas de detenciones y retuvo en sus casas a numerosos opositores para impedir que acudieran al sepelio. La Comisión de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, que preside Elizardo Sánchez, aseguró que durante todo el día de ayer se produjeron detenciones en las provincias centrales y orientales del país, desde Villa Clara hasta Manzanillo, para evitar que los opositores llegaran a Banes. "Tenemos confirmadas al menos 30 detenciones y otros tantos arrestos domiciliarios, con la amenaza de que si salen irán a la cárcel", aseguró Sánchez. Martha Beatriz Roque, miembro del grupo de los 75 y con una licencia extrapenal por motivos de salud, partió desde La Habana hacia Banes en un microbús en compañía de una decena de damas de blanco y opositores como Vladimiro Roca. Roque aseguró telefónicamente que aunque a ellos no les habían impedido viajar, otros activistas de la capital fueron detenidos preventivamente. "La muerte de Orlando sin duda es un reto para la oposición; y para el Gobierno es un problema muy grave: quien permitió que esto sucediera no midió el alcance político", afirmó la disidente. Mientras, más de medio centenar de activistas y damas de blanco se reunieron en casa de una de las líderes del movimiento, Laura Pollán, en pleno barrio de Centro Habana. La vigilia, para expresar las condolencias por el fallecimiento de Zapata, duró todo el día y fue seguida de cerca por un considerable despliegue policial. Fuentes diplomáticas europeas dijeron que la muerte del prisionero de conciencia va a tener repercusiones considerables. El propio Raúl Castro se refirió ayer a lo sucedido durante una visita que realizó al puerto del Mariel en compañía del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, quien realiza su cuarto viaje oficial a la isla desde que llegó al poder. El presidente cubano lamentó la muerte de Zapata, si bien responsabilizó del hecho a EE UU por su política de hostilidad hacia la isla y negó que en su país hubiera presos políticos ni torturados. "No existen torturados, no hubo torturados, no hubo ejecución. Eso sucede en la base de Guantánamo", aseguró Castro, según versiones de webs oficiales. Desde el pueblo de Banes, la dama de blanco Berta Soler dijo a EL PAÍS que la localidad estaba tomada por agentes de la seguridad del Estado que impedían el acceso de los opositores. Pese a ello, unas 40 personas lograron llegar a la casa de la familia de Zapata, donde ayer fue velado el cadáver. La policía se encargó de trasladar los restos del opositor desde La Habana y conminó a los familiares a enterrarlo de inmediato. Según Soler, tras una tensa negociación, la familia logró de plazo hasta hoy por la mañana para velar el cuerpo.

La Embajada española hizo llegar el pésame a la madre del opositor, Reina Luisa Tamayo, quien calificó su muerte de "asesinato" y pidió la libertad de los demás presos políticos "para que no vuelva a suceder" lo que ocurrió con su hijo. La muerte de Zapata provocó una ola de indignación en el movimiento disidente como no ocurría hacía tiempo. Opositores de todas las tendencias denunciaron el "crimen" del Gobierno de Raúl Castro. El socialdemócrata Eloy Gutiérrez Menoyo, quien pasó 22 años en cárceles cubanas, recordó que él realizó varias huelgas de hambre y que las autoridades nunca cedieron. "Con el argumento de que no negocian bajo posiciones de fuerza dejaban morir a la gente, y eso es lo que ha sucedido ahora", afirmó. Zapata, de 42 años y albañil de profesión, fue detenido en 2003 y condenado a tres años de prisión por desacato. En la cárcel, por su actitud de rebeldía y enfrentamiento a las autoridades, fue sometido a varios juicios y acumuló condenas por más de 30 años de prisión. Fuentes familiares dijeron que comenzó la huelga de hambre a principios de diciembre en protesta por las palizas constantes que recibía en la cárcel de Holguín, donde cumplía sentencia. De Holguín fue trasladado a otra cárcel en Camagüey, y de allí, cuando se agravó su estado, al hospital de la principal prisión de La Habana. Zapata murió el martes a mediodía en el hospital Hermanos Almeijeiras.

Los derechos humanos en Cuba

El exilio cubano reprocha el silencio sobre los presos de conciencia
La oposición considera insostenibles las políticas de acercamiento al régimen
JUAN JOSÉ FERNÁNDEZ / M. RICO - Miami / Madrid - 25/02/2010

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La agonía y muerte de Orlando Zapata muestra la ferocidad del sistema represivo cubano y debería servir para sacudir la conciencia internacional sobre la situación de los más de 200 presos políticos en la isla. Ésta es la opinión expresada de forma casi unánime entre los exiliados cubanos en Estados Unidos y España, que insisten también en la necesidad de que los Gobiernos (y muy en concreto, el español) exijan de forma más enérgica al régimen castrista el respeto a los derechos humanos. El mismo día en que los analistas se aprestaban a evaluar en Miami los dos años de Raúl Castro en el poder y a conmemorar el aniversario del derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate, el guión cambió bruscamente. "La muerte de Zapata es un crimen que nunca será olvidado, ni prescribirá jurídicamente en el futuro", declaró el congresista republicano Mario Díaz Balart. El régimen cubano, recuerdan en el exilio, había ignorado las gestiones a favor del preso que habían realizado en las semanas previas desde Hillary Clinton al Vaticano. "La responsabilidad de la muerte de Zapata es de Raúl y Fidel Castro, porque ellos son los que determinan la vida y la muerte de los presos políticos", asegura Omar López, de la Fundación Nacional Cubano Americana.

"Es una vergüenza que en el siglo XXI se permita que un Gobierno deje morir a un ser humano en esas condiciones sin que haya consecuencias".

Opositores al régimen de los Castro, ante la casa de la líder de las Damas de Blanco Laura Pollán.

Y las consecuencias pasan porque la comunidad internacional reaccione de forma enérgica. Díaz Balart cree que Barack Obama debe cesar en su política de acercamiento y concesiones unilaterales a Cuba. Pero las miradas del exilio se dirigen sobre todo a la UE, en el momento en el que España pretende poner fin a la llamada Posición Común, que condiciona cualquier acercamiento a la mejora en la situación de los derechos humanos. "Esto debería convencer a la Cancillería española de que no continúe intentando desbaratar la Posición Común europea, que es uno de los pocos instrumentos de presión sobre la dictadura cubana", asegura el escritor y periodista Carlos Alberto Montaner. "Es inexplicable que, después de casos como éste, el ministro Miguel Ángel Moratinos continúe insistiendo en que hay síntomas leves de apertura en Cuba. No hay ninguno, nada que no sea la más obvia dictadura estalinista". Según Montaner, no sólo va a haber más denuncias internacionales, sino que se recrudecerá el problema racial: "Es evidente que ya existe con la población negra, más del 50% del total. Ya están los casos de Óscar Elías Bizet, el Mandela Cubano, o de Jorge Luis García, Antúnez, pero es que las cárceles están llenas de jóvenes demócratas que además son pobres y negros". La postura de la diplomacia española se ha hecho insostenible, coincide Antonio José Ponte, subdirector del digital Diario de Cuba, en Madrid. "La muerte de Zapata puede ser el principio del fin, no del régimen, pero sí de la benevolencia de una parte de la opinión pública". En el mismo sentido se pronuncia, desde Barcelona, el escritor Ernesto Hernández Busto, director del portal Penúltimos Días. "Espero que la muerte de Zapata despierte la conciencia sobre la situación de las

cárceles cubanas. Podría pensarse que Orlando Zapata se ha sacrificado por un ideal. Pero hay detalles que te dan otra perspectiva, como el hecho de que este hombre sufrió torturas y malos tratos en la cárcel. En octubre pasado, sin ir más lejos, lo golpearon salvajemente. Y le aumentaron la pena de tres a 36 años por su rebeldía, porque quería ser tratado como un preso de conciencia". Lo terrible, añade Hernández, es el contraste entre las violaciones de los derechos humanos "y la anuencia de los Gobiernos latinoamericanos y de España con un régimen que hace lo que le da la gana. No pueden entenderse esas visitas a la isla sin que medie una sola declaración expresa a favor de los presos políticos".

Muere el preso político cubano Orlando Zapata

POR JUAN O. TAMAYO JTAMAYO@ELNUEVOHERALD.COM

Un disidente cubano que estaba encarcelado y llevaba 83 días en huelga de hambre murió el martes, informó su madre. Es la primera vez en casi 40 años que un activista de la isla muere de hambre para protestar por los abusos del gobierno. "Ya asesinaron a Orlando Zapata Tamayo, ya acabaron con él. La muerte de mi hijo ha sido un asesinato premeditado'', afirmó a El Nuevo Herald Reina Luisa Tamayo, refiriéndose a las autoridades cubanas. "Lograron lo que ellos querían. Acabaron con la existencia de un luchador por los derechos humanos''. Es la primera vez que un opositor del gobierno comunista de la isla muere debido a una huelga de hambre desde que en 1972 falleció en la cárcel Pedro Luis Boitel, poeta y líder estudiantil que luchó primero contra la dictadura de Fulgencio Batista y luego contra la de Fidel Castro.

Zapata Tamayo, de 42 años, que era plomero y albañil, dejó de ingerir alimentos sólidos el 3 de diciembre pasado, para protestar lo que describió de golpizas sistemáticas de los guardias y muchos otros abusos que se cometen en la prisión de Kilo 7, en la provincia de Camagüey. Activo en varias organizaciones de disidentes, Zapata Tamayo fue arrestado en el 2003 en medio de una ola de represión del gobierno que condenó a 75 críticos del gobierno a largas sentencias de cárcel. Amnistía Internacional lo declaró prisionero de conciencia. Acusado inicialmente de desacato, desorden público y ‘‘desobediencia'', y sentenciado a tres años, fue hallado culpable de otros actos desafiantes cuando estaba preso y en el momento de su muerte enfrentaba un total de 36 años de prisión. La prensa cubana, controlada por el gobierno, no ha informado de su muerte y el portavoz de la misión diplomática cubana en Washington no pudo ser localizado para conocer sus comentarios. El martes se informó que en las calles de varias ciudades cubanas se podía ver una presencia policial mayor, tal vez para evitar cualquier estallido de protestas a favor de Zapata, según el Directorio Democrático Cubano, un grupo de Miami que apoya a los disidentes en la isla. El caso de Zapata desató varias protestas callejeras de críticos del gobierno a principios de este mes, como una donde la policía de Camagüey detuvo a unas 35 personas durante varias horas. Los detenidos después se quejaron de que algunos fueron golpeados durante las redadas. La muerte de Zapata Tamayo ha desatado una ola de protestas en la delegación floridana al Congreso federal. El representante republicano Mario Diaz-Balart pidió al gobierno del presidente Barack Obama que "se solidarice con el pueblo cubano y deje de apaciguar al régimen castrista con conversaciones directas y concesiones unilaterales, mientras héroes como Orlando Zapata siguen muriendo en las cárceles castristas''. Por su parte, el representante republicano Lincoln Diaz-Balart declaró que la muerte de Zapata es un crimen que "nunca será olvidado, ni prescribirá jurídicamente en el futuro''. El representante demócrata Kendrick Meek declaró que la huelga de hambre fue "un acto de convicción, un llamado a la libertad frente a la opresión''. "Tenemos la fuerza de continuar esta lucha por los derechos humanos'', afirmó por teléfono a El Nuevo Herald José Ortiz Molina, padrastro de Zapata, quien habló desde La Habana mientras su esposa firmaba los documentos oficiales para recoger de una morgue capitalina el cadáver de su hijo.

Payá culpa al Gobierno de muerte de Zapata y dice oposición seguirá sin odio
POR EFE LA HABANA

El opositor cubano Oswaldo Payá, Premio Sajarov del Parlamento Europeo en 2002, culpó hoy al gobierno del general Raúl Castro de haber ‘‘asesinado lentamente'' al preso político Orlando Zapata Tamayo, y afirmó que la oposición continuará su lucha "sin odio''. ''Fue asesinado lentamente durante muchos días y muchos meses en todas las prisiones en las que fue confinado'', afirmó Payá en una declaración entregada a Efe en La Habana, en la que denuncia los "ultrajes, desprecios racistas y abusos'' que sufrió Zapata por parte del gobierno. Zapata, un albañil de 37 años, falleció ayer en el hospital Amejeiras de La Habana, al que fue trasladado desde un centro médico para reclusos tras pasar 85 días en huelga de hambre. El disidente exigía ser tratado como "prisionero de conciencia'', condición que le reconoció Amnistía Internacional (AI) en 2004, informaron fuentes opositoras. La declaración de Payá, líder del Movimiento Cristiano Liberación (MCL), resalta que debido a las "golpizas'' y "tratos inhumanos'' recibidos en prisión, la salud de Zapata Tamayo "estaba deteriorada''.

''Denunciamos al gobierno cubano por ser responsable del encarcelamiento injusto y arbitrario y muchos abusos y ultrajes contra Zapata'', agrega la nota del premio Sajarov de 2002. ''Denunciamos a sus verdugos carceleros y a los agentes de todos los cuerpos represivos que ejecutaron con sadismo esta acción lenta pero igualmente criminal'', añade. El líder del MCL también acusa a los tribunales "que tuvieron la inmoralidad de condenarle'' y "a todos los que son protagonistas en los medios de prensa oficiales y oficiosos'' que con sus "mentiras y silenciamientos justifican, alientan y hacen posibles estos crímenes''. ''Denunciamos -continúa- a todos esos gobiernos que en este continente y en el mundo junto a muchas instituciones y personajes prefieren la relación armoniosa con la mentira y la opresión a la solidaridad abierta con el pueblo cubano. Todos son cómplices de lo que ocurre y de lo que ocurra''. La oposición no ha buscado "mártires'' y continuará "la lucha, sin odio, pero determinados hasta que Cuba sea libre y los cubanos dejen de sufrir esta humillación penosa que es vivir sometidos a la mentira por el miedo'', dice la declaración. Este miércoles Payá también acusó al presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, que este martes inició una visita a La Habana, de ser cómplice de las violaciones de los derechos humanos en Cuba. En una entrevista publicada por el diario brasileño O Globo, el opositor cubano afirmó que el Gobierno de Lula "no ha dado ninguna palabra de solidaridad para con los derechos humanos en Cuba'' y "ha sido un verdadero cómplice'' de su violación

Los derechos humanos en Cuba

Zapatero rectifica y pide a Cuba que devuelva la libertad a los presos de conciencia
El presidente del Gobierno alza la voz tras una declaración ayer en la que no quedó claro que hablase sobre la muerte del disidente cubano
EL PAÍS / AGENCIAS - Madrid / La Habana - 25/02/2010

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha lamentado esta mañana "profundamente" la muerte del disidente cubano Orlando Zapata tras 85 días en huelga de hambre y ha exigido al régimen castrista que "devuelva la libertad a los presos de conciencia y respete los derechos humanos". Zapatero ha asegurado que se trata de una "exigencia fundamental de toda la comunidad internacional" y la ha formulado como presidente de turno de la UE, al inaugurar en el Congreso de los Diputados la reunión de presidentes de comisiones de Exteriores de los países de la Unión. La UE, ha sostenido, debe estar a la vanguardia de la defensa de los derechos humanos y por ello debe exigir a Cuba que los respete y libere a los presos de conciencia. El jefe del Ejecutivo español intervino ayer en la Sala de los Derechos Humanos de la ONU en Ginebra en el IV Congreso Mundial contra la Pena de Muerte en el que sólo hizo una velada referencia a la muerte de Zapata, que pasó desapercibida para los periodistas. Fue el equipo de Zapatero el que explicó posteriormente que el presidente había improvisado un párrafo final en su discurso pensando en el opositor y preso político cubano. La prensa española destaca hoy que Zapatero no mencionó ni a Cuba ni a Zapata en Ginebra. Hoy, el jefe del Ejecutivo español no ha tardado ni unos minutos en hacerlo. Poco antes, el número tres del Ejecutivo, Manuel Chaves, vicepresidente y ministro de Política Territorial, ha señalado a RNE que el Gobierno español seguirá manteniendo el mismo nivel de relaciones diplomáticas y comerciales con Cuba porque todo boicot hace "que se adopten posiciones numantinas y se perjudique a la

sociedad cubana". "Eso no quiere decir", ha subrayado, que "España se inhiba en relación con la política de derechos humanos que denunciamos en Cuba". "Trabajamos para la liberación de los presos políticos en Cuba. Existe un déficit muy claro de derechos humanos que ha supuesto un desenlace lamentable", ha añadido en referencia a Zapata, que falleció ayer en el hospital Hermanos Almeijeiras de La Habana, a donde llegó desde el hospital de la prisión del Combinado del Este, también en la capital. Debido a su estado de salud, fue trasladado hace una semana de la cárcel donde cumplía condena en Camagüey, demasiado tarde como para salvarle la vida, según los disidentes.

Los derechos humanos en Cuba

Muere un preso político cubano tras pasar 85 días en huelga de hambre
El albañil Orlando Zapata, de 42 años, fue condenado en 2003 por desobediencia
MAURICIO VICENT | La Habana 24/02/2010

El prisionero de conciencia cubano Orlando Zapata Tamayo murió ayer en La Habana tras pasar 85 días en huelga de hambre, confirmaron fuentes de la disidencia, que acusaron al Gobierno de permitir su muerte premeditadamente. "Es una terrible tragedia, la muerte de Orlando fue perfectamente evitable. Puede considerarse que ha sido un asesinato con ropaje judicial", declaró anoche Elizardo Sánchez, presidente de la Comisión de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional. Sánchez explicó que desde hace días el estado de salud de Zapata era sumamente grave, y denunció que las autoridades esperaron hasta hace una semana para trasladarlo al hospital de la prisión del Combinado del Este, en La Habana, desde la cárcel donde cumplía sentencia en Camagüey. "Sólo a última hora fue ingresado en el Hospital Hermanos Almeijeiras, cuando ya era tarde", dijo. El Gobierno cubano hasta el momento no ha hecho ningún comentario oficial, aunque en un hecho inusual, el Hospital Almeijeiras, de La Habana, confirmó a la agencia France Presse que el opositor había muerto alrededor de la una de la tarde (siete de la tarde en la España peninsular). Por decisión de la madre de Zapata, Reina Luisa Tamayo, el entierro se realizará en la localidad oriental de Banes, 700 kilómetros al este de La Habana. Sánchez señaló que la madre se encontraba "muy afectada" y que no contestaba el teléfono. Zapata, de 42 años, fue detenido en 2003 en el marco de la redada que llevó a 75 opositores a prisión acusados de conspirar con EE UU. Las condenas fueron muy altas, hasta de 28 años de cárcel, pero Zapata en realidad no pertenecía al llamado Grupo de los 75, sino que fue sentenciado a tres años de prisión por desacato, desorden público y desobediencia. Fuentes del movimiento de derechos humanos aseguran que debido a su actitud de desafío a las autoridades en prisión fue acusado de nuevos "delitos" y así fue sumando condenas hasta casi una treintena de años. Zapata dejó de ingerir alimentos sólidos a principios de diciembre, en protesta por lo que describió como continuas

golpizas de los guardias y otros abusos en prisión. Según Sánchez, las autoridades le dejaron agonizar durante semanas en celdas de aislamiento sin darle una atención médica adecuada. Zapata era de raza negra y de profesión albañil. "Su procedencia era muy humilde, y desde hace tiempo familiares y prisioneros alertaban de su precario estado de salud y pedían que se le tratase como un caso humanitario", aseguraron ayer fuentes diplomáticas. Fuentes de la familia dijeron hace días que estaba siendo alimentado por vía intravenosa contra su voluntad. Su caso fue tratado por las autoridades españolas con funcionarios cubanos durante un encuentro bilateral en Madrid la semana pasada. Según Sánchez, la muerte de un opositor al Gobierno de Fidel y Raúl Castro debido a una huelga de hambre sólo tiene como antecedente la del dirigente estudiantil Pedro Luis Boitel, a comienzos de los años setenta. "La diferencia es que entonces casi nadie se enteró y esto ahora va a ser un escándalo", dijo el activista de los derechos humanos. La muerte de Zapata se produjo pocas horas antes de que aterrizara en La Habana el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, en visita oficial. En vísperas de su llegada, 50 presos políticos cubanos dieron a conocer una carta en la que pedían a Lula que gestionara su libertad ante los Castro, con mención especial a Zapata.

Los derechos humanos en Cuba

La disidencia cubana protesta por la muerte de Orlando Zapata Tamayo
Decenas de detenciones preventivas para evitar que los opositores acudan al sepelio
MAURICIO VICENT - La Habana - 24/02/2010

La muerte del opositor y prisionero de conciencia cubano Orlando Zapata Tamayodespués de 85 días de huelga de hambre ha destado este miércoles una ola de indignación en el movimiento disidente. Tanto opositores moderados como de línea dura han condenado en términos enérgicos lo que califican como un " crimen premeditado" y un abuso de poder, mientras decenas de activistas se ham novilizado para protestar pacíficamente y asistir al entierro en la localidad de Banes, 830 kilómetros al este de La Habana, en la provincia de Holguín, de donde era oriundo Zapata. Fuentes disidentes han denunciado que el Gobierno practicó decenas de detenciones y retuvo en sus casas a numerosos opositores para impedir que acudieran al sepelio.

La Comisión de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, que preside Elizardo Sánchez, ha asegurado que durante este miércoles se produjeron detenciones en las provincias centrales y orientales del país, desde Villa Clara hasta Manzanillo, para evitar que los opositores llegaran a Banes. "Tenemos confirmadas al menos 30 detenciones y otros tantos arrestos domiciliarios, con la amenaza de que si salen irán a la cárcel", ha asegurado Sánchez a mediodía. La disidente Martha Beatriz Roque, miembro del grupo de los 75 y con una 'licencia extrapenal' por motivos de salud, partió desde La Habana hacia Banes en un microbús en compañía de una decena de Damas de Blanco y opositores como Vladimiro Roca. Roque aseguró telefónicamente que aunque a ellos no les habían impedido

viajar -se encontraban cerca de Holguín en el momento de la comunicación- otros activistas de la capital fueron detenidos preventivamente. "La muerte de Orlando sin duda es un reto para la oposición; y para el Gobierno es un problema muy grave: quién permitió que esto sucediera no midió el alcance político", ha afirmado la disidente. A esa misma hora, más de medio centenar de activistas y Damas de Blanco se encontraban reunidas en casa de una de las líderes del movimiento, Laura Pollán, en pleno barrio de Centro Habana. La vigilia, para expresar las condolencias por el fallecimiento de Zapata, se extendiende todo el día y es seguida de cerca por un considerable despliegue policial. Repercusiones Fuentes diplomáticas europeas han dicho que la muerte del prisionero de conciencia va a tener repercusiones considerables. El propio Raúl Castro se ha referido hoy a lo sucedido durante una visita que realizó al puerto del Mariel en compañía del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, quien realiza su cuarto viaje a la isla desde que llegó al poder. El presidente cubano ha lamentado la muerte de Zapata, si bien responsabilizó del hecho a Estados unidos por su política de hostilidad hacia la isla y ha negado que en su país hubiera presos políticos ni torturados. "No existen torturados, no hubo torturados, no hubo ejecución. Eso sucede en la base de Guantánamo", ha asegurado Castro, según versiones de webs oficiales cubanas. Desde el pueblo de Banes, la dama de blanco Berta Soler dijo a EL PAÍS que la localidad estaba tomada por agentes de la seguridad del Estado que impedían el acceso de los opositores. Pese a ello, unas 40 personas lograron llegar a la casa de la familia, donde ayer fue velado el cadáver de Zapata. La policía se encargó de trasladar los restos del opositor desde La Habana y conminó a la familia a enterrarlo de inmediato. Según Soler, tras una tensa negociación, los familiares lograron de plazo hasta hoy por la mañana para velar el cuerpo. La embajada española hizo llegar el pésame a la madre de el opositor, Reina Luisa Tamayo, quien calificó su muerte de "asesinato" y pidió la libertad de los demás presos políticos "para que no vuelva a suceder" lo que ocurrió con su hijo. Reacciones La muerte de Zapata provocó una ola de indignación y de protesta en el movimiento disidente como no ocurría hacía tiempo. Opositores de todas las tendencias denunciaron el "crimen" del Gobierno de Raúl Castro, e hicieron notar que esta muerte se produce justo cuando se cumplen dos años redondos de su investidura como presidente. "Esto es todo lo que se puede esperar", ha asegurado Oswaldo Payá, quién criticó al presidente de Brasil por expresar su respaldo político al régimen cubano en estos momentos. El socialdemócrata Eloy Gutierrez Menoyo, quien paso 22 años en cárceles cubanas, ha recordado que él realizó varias huelgas de hambre y que las autoridades nunca cedieron. "Con el argumento de que no negocian bajo posiciones de fuerza dejaban morir a la gente, y eso es lo que ha sucedido ahora", ha dicho. Zapata, de 42 años y albañil de profesión, fue detenido en 2003 y condenado a tres años de prisión por desacato. En la cárcel, por su actitud de rebeldía y enfrentamiento a las autoridades, fue sometido a varios juicios y acumuló condenas por más de 30 años de privación de libertad. Fuentes familiares dijeron que comenzó la huelga de hambre a principios de diciembre en protesta por las golpizas constantes que recibía en la cárcel de Holguín donde cumplía sentencia, y para demandar un buen trato y ser reconocido como preso político. De Holguín fue trasladado a otra cárcel en Camaguey, y de allí, cuando se agravó su situación, al hospital de la principal prisión de La Habana . Zapata murió el martes a mediodía en el Hospital Hermanos Almeijeiras.

TRIBUNA: Los derechos humanos en Cuba ANTONIO JOSÉ PONTE

Y sigue la maquinaria represiva
"La muerte de Orlando Zapata Tamayo fue anunciada desde hace mucho tiempo. Durante casi tres meses, el reo de conciencia ejerció su derecho último a la huelga de hambre"
ANTONIO JOSÉ PONTE 24/02/2010

La muerte de Orlando Zapata Tamayo fue anunciada desde hace mucho tiempo. Durante casi tres meses, el reo de conciencia ejerció su derecho último a la huelga de hambre. Había sido encausado por una causa insostenible en cualquier país relativamente democrático y, ya dentro de la cárcel, sufrió vejaciones y golpizas. En marzo del año pasado debió ser sometido a una operación por el coágulo cerebral producido a golpes por sus carceleros. Su libertad, en suma, fue coartada hasta tal punto que el único modo de protestar que le quedó fue la huelga de hambre. La decisión de que esa huelga terminara en muerte debió ser estimada concienzudamente por las autoridades cubanas. Pues no vale la excusa, tan socorrida para el régimen castrista, de desconocimiento. No vale el que ahora se procuren un jefe intermedio a quien culpar de ineficacia. No vale el cuento del carcelero ensañado con el preso, ni el cuento del fallo de interpretación en la cadena de mando. Tales mentiras no funcionan desde el momento en que lo ocurrido a Zapata Tamayo fue motivo de discusión en diversas citas internacionales. La semana pasada, 40 presos políticos cubanos habían pedido la intercesión del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, que visitaría Cuba. Y, muy especialmente, pedían que se interesara por la suerte de Orlando Zapata Tamayo. Por esos mismos días, el congresista demócrata por Nueva Jersey, Albio Sires, reclamó a Hillary Clinton, secretaria de Estado, y a la representante permanente de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, que examinaran y monitorearan el caso. Asimismo, la senadora cubanoamericana Ileana Ros-Lehtinen, republicana de mayor rango dentro del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, dirigía una petición al papa Benedicto XVI en el mismo sentido. Hace tan sólo una semana, las conversaciones celebradas entre Cuba y España trataron "sin ningún tipo de restricciones" (según afirmó el portavoz de la cancillería española) acerca de este caso. Y los representantes del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, de la Asamblea Nacional del Poder Popular y de la Fiscalía General de la República de Cuba, quienes constituían la parte cubana en esa cita, escucharon hablar del tema. Contando con todos estos avisos, las autoridades cubanas debieron decidir la muerte del albañil negro de Banes a quien habían sentenciado por desacato, desorden público y desobediencia. De lo contrario, de haber querido evitar su fallecimiento, se hace difícil creer en una chapucería tan grosera dentro de un sistema que resulta, probadamente, el mayor logro del régimen revolucionario (no la sanidad ni la educación publica): la maquinaria policial-represiva. De haberlo querido con vida, queda hoy en entredicho el tan publicitado sistema sanitario del país. Más probable resulta la hipótesis de que ambos dictadores hermanos aceptaron el reto que les tendía un preso. Tratándose de un asunto de soberbia, ni el gobierno estadounidense, ni la Santa Sede, ni el gobierno de España,

ni toda la opinión pública internacional, se interpondrían. Ninguna protesta vendría a menoscabar la total impunidad con que medran los carceleros Fidel y Raúl Castro. ¿Cuánto pesa un huelguista de hambre muerto cuando se tiene la eterna coartada del bloqueo estadounidense? Las coartadas de libertad e independencia nacional, perfectamente comprobadas por el régimen desde hace medio siglo, han de prestarse ya a tapar este escándalo. Y, una vez más, se le abrirá expediente al asesinado, inventándole alguna misión de inteligencia estadounidense o destino parecido. Mientras escribo estas líneas ocurre un fuerte movimiento policial alrededor del funeral de Zapata Tamayo. Se producen detenciones y golpizas. La maquinaria represiva no puede estar de duelo cuando más trabajo tiene por delante. Pues la muerte de un preso político no es, para ella, el final de un caso, sino el inicio de otros muchos. Ojalá que, en contra de los designios de esa maquinaria, el ejemplo de Orlando Zapata Tamayo consiga despertar la indignación internacional y reste a diplomáticos y mandatarios extranjeros (pienso en España, especialmente) el montón de excusas con que intentan disculpar la falta de libertades dentro de Cuba.

Los tres asesinatos de Orlando Zapata Tamayo.
Tras 85 días de huelga de hambre, murió el preso político cubano Orlando Zapata Tamayo. Murió asesinado tres veces en pocas horas. Nunca conocí en vida a Orlando Zapata Tamayo. Solo he visto de él una foto colocada de mil maneras en internet. Posiblemente nunca hubiera conocido que existía si no fuera porque decidió hacer una huelga de hambre por razones que aun no conozco bien y murió en su empeño. Es decir, decidió hacer uso del único recurso que le queda a un recluso –la vida- y exponerla para dar una batalla moral ante el estado cubano. Este tipo de hecho no es nuevo. Recuerdo, por ejemplo, que en 1981 un grupo de jóvenes del IRA apelaron al mismo recurso contra la conservadora Margaret Thatcher, y diez murieron. Entonces el Granma contaba cada día los pormenores de las huelgas de hambre y cuando moría algún joven lo reseñaba en primera plana, para consternación e indignación de sus lectores, entre ellos yo. Esta vez el Granma no ha dicho nada, porque esta vez el Granma es parte de la maquinaria que asesinó tres veces a Orlando Zapata Tamayo.

En resumen, no se exactamente quien era Orlando Zapata Tamayo. Los partes de la disidencia indican que se trataba de un obrero negro de 43 años que fue encarcelado por participar en varias acciones pacíficas no permitidas por el gobierno cubano –entre ellas el Proyecto Varela que buscaba recoger firmas para promover una reforma constitucional en el parlamento cubano- y que mantuvo una posición vertical en la prisión lo que le valió maltratos y el alargamiento de su condena de tres años iniciales a una cifra que he leído iba de 25 a 36 años. Según el gobierno cubano y sus relacionistas públicos, cubanos y extranjeros, se trataba de un delincuente común con una hoja de delitos baratos fomentada desde que tenía 22 años, y que posteriormente decidió enrolarse en la disidencia para continuar su carrera delictiva. Es decir que la víctima pasó de robar carteras a promover un cambio constitucional y exponerse a altas penas de prisión. En realidad los argumentos del gobierno cubano me resultan muy dudosos. No entiendo como un ladrón vulgar de carteras puede pasar de improviso a promover un cambio constitucional exponiéndose de paso a largas condenas de cárcel. Tampoco como un delincuente común y además oportunista, se deja morir de hambre, durante un largo proceso en que tuvo 85 días para arrepentirse. Y si estaba preso por los delitos que mencionan, me parece extraño la tremenda cantidad de años que establecía la condena. Tampoco puedo explicarme como es posible que alguien se suicide por conseguir, dice el gobierno, un teléfono y una cocina para su celda, aunque fuese una cocina similar a la que tenía Fidel Castro en el presidio de Isla de Pinos cuando fue encarcelado por la bárbara tiranía de Batista por asaltar un cuartel militar en 1953. Es evidente que tantos años sin una opinión pública crítica ha reblandecido el sentido común de los propagandistas del gobierno cubano. Y finalmente dudo de lo que dice el gobierno cubano porque si algo conozco bien es como la élite cubana es capaz de manipular la información, mentir, e intoxicar a la opinión pública donde no hay fuentes alternativas de comunicación, para conseguir cualquiera de sus objetivos. Es lo que convirtió súbitamente en 1989 a

un héroe nacional en un corrupto, aburguesado y abusador, digno del fusilamiento; o a un brillante canciller que era capaz de interpretar como nadie el pensamiento del Comandante en Jefe (cualidad insuperable en una monarquía faraónica) en una soez sabandija envilecida por las mieles del poder. De cualquier manera, para los fines de lo que quiero decir ahora, no me interesa saber quién era Orlando Zapata Tamayo, ni porqué estaba preso. No tengo dudas de que el gobierno cubano nuevamente ha sacrificado la vida de un cubano para dar una demostración de firmeza represiva ante la oposición. Que el gobierno cubano ha permitido la muerte de un recluso. Y que, por consiguiente, el gobierno cubano ha cometido una acción criminal. Cuando el gobierno cubano decidió utilizar al presidiario fallecido como caso prueba para sus forcejeos políticos, decretó su asesinato: el primer asesinato. No es un hecho inédito en Cuba. La naturaleza autoritaria del sistema político cubano incluye entre sus arbitrariedades el uso de casos para producir respuestas ejemplarizantes de cara a espectadores hostiles o poco confiables. Fue lo que sucedió cuando fueron ejecutados los implicados en la causa 1 de 1989, una pandilla de rateros desaforados pero que legalmente no merecían el fusilamiento. O en 2003, cuando fueron fusilados tres jóvenes, también negros, por intentar secuestrar una lancha para emigrar a Estados Unidos. Los fusilaron 72 horas después de sus apresamientos, en un juicio sumario propio de capitanes generales, sin siquiera permitir una despedida familiar. Y ahora esta muerte consentida que envía un mensaje muy claro a la oposición y al posible surgimiento de otros huelguistas. A la muerte física de Zapata sucedió un segundo asesinato: una avalancha de difamaciones organizada por el gobierno cubano. Utilizando para ello a algunos intelectuales devaluados del patio y a la red de voceros estalinistas que medran en la izquierda mundial, han dicho que la víctima era un preso común (culpable de exhibicionismo, de portar armas blancas, de cometer hurtos, de producir escándalos públicos e incluso de vender drogas a turistas), que exigía privilegios desmedidos para un presidiario, que atacaba a los

guardias carcelarios, y hasta que era esquizofrénico y bipolar. De igual manera, no han escatimado esfuerzos para desnaturalizar el hecho, envolverlo en el conflicto Cuba-Estados Unidos y compararlo con no sé cuántas muertes que desgraciadamente ocurren en otras latitudes como Irak y Afghanistan. Es decir, para sacar el crimen del escrutinio público en nombre de la defensa de una revolución socialista que hace ya mucho tiempo no es revolución y nunca fue socialista. Es otra técnica: inhibir a los sectores democráticos y de izquierda del planeta agitando el espantajo de la agresión imperialista, como si los muertos que ocurren en otros lugares, como si el bloque/embargo, como si una sola de las conquistas sociales que han ocurrido gracias a la acción del pueblo en el último medio siglo, como si uno solo de esos hechos pudiera justificar el crimen cometido contra Orlando Zapata Tamayo. Y luego Zapata Tamayo ha sido asesinado cuando el presidente/general Raúl Castro, haciendo un alarde del más procaz cinismo, lamentó públicamente la muerte de un presidiario a quien su gobierno dejó morir. Ha sido su tercer asesinato en unas pocas horas. Para la izquierda el crimen contra Orlando Zapata Tamayo es un reto. Nada aquí puede ser justificado, y solo puede ser explicado como la reacción criminal y represiva de una elite autoritaria y decadente que pisotea cada día al socialismo hablando en su nombre, mientras prepara su propia conversión en una nueva burguesía. En la misma declaración en que impúdicamente lamentó la muerte de su víctima, el general/presidente Raúl Castro afirmó que estaba dispuesto a discutirlo todo con Estados Unidos. Yo diría que también a negociarlo todo, a excepción claro está, de los propios poderes del Clan Castro y sus apoyos militares. Y para llegar a esa meta (tan prosaicamente contrarrevolucionaria) ¿qué importa Orlando Zapata Tamayo?. Haroldo Dilla Alfonso