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AÑO II NÚMERO XV EDICIÓN DE FEBRERO DEL 2010

LA SANTÍSIMA
TRINIDAD DE LAS 4 ESQUINAS
Editado en Arica- Chile 2010
Diseño: Daniel Rojas Pachas y Milvia Alata Tejedo
Cinosargo © Daniel Rojas Pachas y Milvia Alata 2000-2010
Contacto: carrollera@gmail.com
Web: www.cinosargo.cl.kz

Cinosargo by Daniel Rojas Pachas y Milvia Alata Tejedo
Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras
derivadas 2.0 Chile
LA PRESENTE EDICIÓN DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD...

...ve la luz en un terrible momento para Chile, el reciente terremoto
que azotó la zona sur ha mostrado la fragilidad del país, nosotros desde
el norte sólo hemos podido ser testigos de las desoladoras imágenes.
Acongojados por la impotencia y el dolor de nuestros hermanos hemos optado
por no quedarnos cruzados de brazos, en este momento la fraternidad nos mueve a
apoyar por todas las vías posibles a los que han perdido todo y en el quehacer de
reconstruir una nación hemos decido seguir con nuestro trabajo que mes a mes nos
convoca en torno a la literatura nacional. La fuerza está con nuestros amigos y familiares y
con todos los que están pasando estos duros momentos en el centro-sur de Chile
especialmente en las regiones del Maule y Concepción. Para ellos va dedicado este ejemplar.

Podemos añadir que tras cumplir nuestro primer año de vida, evaluamos las sendas que hemos
recorrido dentro del estudio y valorización del arte literario nacional, en esta ocasión el esfuerzo que
constituye La Santísima viene dedicado a múltiples focos y surge de la mano de variadas y ricas
voces.

Daniel Rojas Pachas nos habla de la Revista Antítesis de Valparaíso y propone un diálogo y
respuesta ante la lectura aberrante que escritores nacionales hacen de sus pares. Rolando Gabrielli
nos comunica con Bolaño debido a la reciente aparición de la obra póstuma "El Tercer Reich" y nos
cuenta de la tradición poética que sostiene con Oliver Welden con motivo de la celebración del
cumpleaños del redactor. Carlos Amador Marchant nos entrega una crónica sobre su dilatado
retorno a Iquique. Eduardo Farías presenta una lectura de la novela Camanchaca y la obra poética
de Florencia Smiths, Rodrigo Ramos Bañados nos da a conocer una ácida crítica al devenir
político nacional y Nelida Baros analiza el recorrido que el premio Lagar originado en Serena ha
tenido a un año de la entrega de sus resultados ante la reciente publicación de la antología que
da muestra de los ganadores, finalmente también desde Serena, Dennis Páez nos presenta
una lectura del premio nacional Humberto Díaz Casanueva. Todo esto y más en esta XV
edición de la Santísima.

...ESPERAMOS DISFRUTEN!!!!!!!!!!!!!!!!
LA SANTÍSIMA, SIEMPRE DEDICADA A LA LITERATURA NACIONAL...

MILVIA ALATA TEJEDO
03/03/10
Todo cae por su propio peso: A propósito de ciertas lecturas
Por Daniel Rojas Pachas

Publicado originalmente en papel en Revista Vomitiva -La
Serena y en el Archivo Bolaño.

El presente artículo sin ánimo de polemizar o constituirse
en una apología de Bolaño y sus obras, de modo más
específico 2666, voz y escritura que habla por sí sola,
además como diría un amigo -aquí todos somos
grandecitos y cada cual puede defenderse solo- nace a
raíz de la lectura de un texto publicado por Raúl Zurita allá
por enero del 2008 en el periódico literario Carajo en su
novena edición.

En el artículo titulado “2666 de Roberto Bolaño. Un asunto
irresuelto” el autor de Purgatorio lanza unas aventuradas
opiniones acerca de la novela mamut del desaparecido
escritor, mismas que a la fecha, si consideramos el año
de publicación del artículo en cuestión “2008” y todo lo
que se ha dicho a esta altura con respecto a la novelística
de Bolaño, nos lleva a preguntar ¿Qué acaso no hay
temas más pertinentes que tocar? Desde luego, algunos
pueden y tienen todo el derecho de pensar que la
discusión en torno a aquellas opiniones del premio
nacional ya fueron zanjadas por ende es válido considerar
la siguiente redacción de mi autoría como fútil e inoficiosa;
de cualquier modo a favor de ella y pese al desfase de mi recepción y respuesta ante la lectura
invectiva que Zurita hace de 2666 se puede mentar entre otras variables dignas de atender, el que no
hayan existido, exceptuando una postdata de Carlos Almonte, respuestas contundentes al respecto y
por otra parte, hay que prepararse ante la batahola de artículos como éste de Zurita que surgirán
frente a la reciente publicación de otro anticipado título póstumo de Bolaño “el Tercer Reich” que ya
fue lanzado en España y que se haya pronto a anexar América a su conquista a través de la conocida
cadena editorial Anagrama, misma que ha publicado la mayoría de títulos conocidos de Bolaño y que
de seguro se hará cargo de los que quedan por aparecer.

Este peculiar fenómeno e inusual moda, circunstancial a la escritura y su calidad, aunque claro,
regularmente va en desmedro de ella pues no es el creador ya quien tiene la última palabra sobre su
obra sino los editores y sus intereses, mantiene una importante relación no sólo con el texto de Zurita
sino con el estado del arte de la narrativa latinoamericana y chilena y desde luego importa a la
situación del libro como objeto dentro de las sociedades actuales y el tratamiento general que estas
dan al arte. Recordemos que Bolaño pensó entregar originalmente 2666 como cinco novelas
interdependientes, ligadas por vasos comunicantes como Archimboldi, la vida y obra de éste ficticio
escritor europeo y claro, Santa Teresa, trasunto de Ciudad Juárez. Interesante hubiese sido ver cuán
diferente pudo ser el destino de la obra, su recepción critica, la distribución, el juego de las
expectativas, el precio de los libros, su impacto y quizá lo más importante, la interacción de los
destinatarios entre cada parte mas allá de la linealidad a la que nos somete el mamotreto preparado
por Echevarría.
aberrantes de escritor a escritor.

Hoy todo lo expuesto se podría argumentar a cabalidad en torno al Tercer Reich o los textos recientes
de Donoso y los que de seguro vendrán de Salinger, pero ese factor no se cuestiona o considera en lo
absoluto en el articulo del ex miembro de CADA lo cual es injusto ante una aseveración como la que
usa para abrir su comentario acerca de 2666, marcando de inmediato la tónica y talante que
desarrollará en extenso a la manera de aquellos emperadores romanos dirimiendo la vida de sus
esclavos en una justa de circo: 2666 me intriga, y no porque sea una obra maestra, por el
contrario, es una novela convencional que tiene un problema grave y sin solución intermedia:
o le sobraron 800 páginas o le faltaron 800 páginas.

La pose de crítico demoledor y antojadizo no escatima en artillería y de modo caprichoso pone en
tela de juicio la calidad autoral de Bolaño, sobre todo la de su poesía, tal como demuestra la
siguiente cita: Su transacción fue un triunfo personal pero, más que eso, es el triunfo de la
economía: era finalmente lo suficientemente bueno como para que tuviera que transar.
Tampoco se trataba de que se dedicase a escribir poemas, para eso Bolaño era tan poco
dotado como Cortázar, Faulkner y Joyce.

Faltó considerar aquí lo poético que dentro de su prosa es Bolaño, a la manera de Woolf, Rulfo y el
mismo Joyce, además fuera de lo discursivo el logro de la obra en juicio y su ambiciosa propuesta
está en la solución que da a su trama y 2666 a diferencia de Los Detectives Salvajes, la cual no
busca repetir, se construye más que en la polifonía y fragmentación en la unidad transversal que
otorga la atmósfera y estética del mal que en un sentido apocalíptico desborda las pesadillas que
signan a todos sus hablantes y la memoria universal, mixturando genocidios y conflictos bélicos con
actos de violencia a veces aislados y otras tantas veces sólo caprichosos o ideológicos, como es el
caso del arte y sus -ismos, Las Panteras Negras representadas por Barry Seaman, el Cine Snuff, una
pelea de box arreglada o un pueblo pauperizado lleno de pescadores víctimas de cáncer a la piel,
sobrepasando en tal medida cualquier ejercicio de racionalidad y escepticismo, allí reside a fin de
cuentas la poesía en su sentido extenso, como creación pura y abarcadora, por tanto insubstancial
es la distinción entre lírica, drama y narrativa, manida lucha y separación entre géneros que Zurita
arguye de esta forma, El nudo central es que su dilucidación jamás será posible dentro del
mercado, o sea, dentro de la novela. (…) ¿Por qué haberle inventado una dudosa trama de
novela negra a algo que es artísticamente más fuerte que eso, que es en realidad infinitamente
más fuerte que eso? ¿Por qué no haber dejado desnudos los informes clínicos de las
muertes? Haberle posiblemente agregado un párrafo de una belleza, de una belleza literaria
límite, dura, esplendorosa, al principio o al final. (…) era imposible que lo hiciese porque
escribirlo así es algo que le competía a la poesía.
Luego remata su texto añadiendo: Un autor o autora de novelas si no es un fabricante de
mercancías es simplemente una mala o un mal escritor. Lo demás queridos amigos, es
simplemente poesía. De esta manera Zurita precisa que ciertas atmósferas pueden desarrollarse
mejor bajo ciertos discursos y diseños, sobre todo cuando no duda en acusar a la novela de ser un
nicho de mercado en arriendo, lo cual torna la discusión y los argumentos como un enojoso juego de
artificio pues en el mismo sentido vale la pena discutir la poesía hoy en Chile y Latinoamérica, cuna
desmedida y edificio ocupa o terreno de invasión para cualquier impúber estilizado que escribe
verticalmente en su blog y hace caligramas en un fotolog.
Por ello la crítica no da la talla al señalar el
fracaso de la Parte de los crímenes al elegir
como recurso la novela negra, la crónica
periodística y la descripción forense y en tal
sentido no alcanzar la magnitud de lo sublime
arruinando la belleza de un tema pues este ya
no podrá volver a ser abordado. Si pensamos lo
que decía Borges, “siempre estamos
condenados a leer y escribir las mismas
historias”, como aceptar una opinión tan
peregrina como esta de Zurita: (…) era
imposible que lo hiciese porque escribirlo
así es algo que le competía a la poesía. Pero
el problema concreto es que la poesía no lo
hizo. Y si lo hiciera ya no podría poner los
informes como los puso Bolaño y por lo
tanto, ya no lo hizo y no tiene remedio. Esa
fue la genialidad y la fuerza de "La parte de
los crímenes", los informes y el nombre del
basural, y ya no se puede hacer otra vez, y
no por un problema de "propiedad
intelectual" o de obscenidades de ese tipo,
sino porque su poder artístico radica
también en su primera vez.
Entonces piensen, que sentido tendrían los diálogos y coqueteos que él realizó con la obra de
Dante o luego con Kurosawa si ellos ya lo dijeron o si antes, todo lo plasmado por otros “maestros”
ya estaba en el Ramayana o El Gilgamesh y luego en Kafka y Proust.

En todo caso, dichos como estos sólo tienen un valor secundario, anecdótico y que solo hay que
tocarlos de modo tangencial y cuando sea exclusivamente necesario, vale más priorizar ciertos
temas del artículo del autor de Anteparaíso que se pueden rescatar, los que sin embargo, al igual
que aquellos que penetran en el ámbito de la opinión personal sobre el valor del escritor y su
integridad más que al argumento y critica, se deben aterrizar y pasarlos por un tamiz que los libere y
dote del valor de fondo que se proponían y pudieron tener. Algunos de estos apartados
desarrollados a medias por Zurita son por ejemplo la ya mencionada disyuntiva realidad ficción y el
peso que la primera tiene en relación a un tema no menor e irresoluto como la grotesca ola de
femicidios en Ciudad Juárez (leitmotiv en la ficticia Santa Teresa) y como el arte, no digo que este
sea el caso, puede tender a trivializar o ser un espejo superficial de lo que se pretende representar.
Tal como diría Avelar: El problema para el sujeto testimoniante se complica en tanto que el sólo
hecho de incluir lo vivido en una secuencia temporal y narrarlo, supone de por sí una traición a
la experiencia. La inconmensurable distancia que media entre ésta y su relato implica una
profunda resistencia a la metáfora: la pérdida no puede traducirse en lenguaje y mucho menos
cuenta con un auditorio capaz de traducir estas palabras en algo visible y/o tangible. De
cualquier modo a riesgo de sonar majadero la banalización de los medios y entre ellos la novela, no
excluye a la poesía, dotándola de una sacramentalidad a prueba de fuego.

Pero no excluyamos por ello un tema de interés y que pudo aprovechar Zurita en su artículo y que
sutilmente llego a rozar, se trata de la critica a las editoriales y su manipulación, sobre todo en el tema
difusión y la creación de una imagen, esa tarea que inunda las micros con pancartas, genera artículos
en las revistas de las aerolíneas y ampara la creación de consabidos slogans que tienden a agrupar
autores por temáticas, droga, sexo, contracultura y reducirlos a una colección colorida para lectores
adolescentes o trasnochados admiradores de las vanguardias y su rupturismo, así en la estantería de
Herralde podemos ver casi en una mismo nivel El Almuerzo Desnudo y alguna obra de Bayly, a
Navokov junto a Cueto entre otros pares inimaginables, y como obviar las citas de afiche
hollywoodense “la mejor obra de los últimos 30 años” o “un carpetazo a…”, esos cuestionamientos
Zurita apenas los atisba, uno debe intuirlos o sacarlos a sablazos del artículo pues se pierde en una
diatriba política que apunta a las multinacionales lo cual recuerda los ilustrados discursos que Chávez
dirigía a Mr Danger cito textual: El costo también fue alto: el de ser el "mejor novelista de su
generación". Qué duda cabe, pero todo aquello que es "lo mejor de su generación" contiene
algo siniestro, en realidad es la forma más grosera del menosprecio (¿fue Dante el mejor poeta
de su generación?), y cuando el merchandising califica así a un creador recuerda el típico trato
de los patrones de fundo a sus peones favoritos.

Sin embargo hay unos puntos altos en la reseña, creo que el poeta busco dar en el clavo al criticar a
los lectores promedio de Bolaño y en general de toda la llamada mafia amarilla, caricaturizándolos del
siguiente modo: Roberto Bolaño al optar por la novela optó por una transacción. Es decir: optó
por no llevar las cosas a sus límites, por autolimitarse como artista, pero, a cambio, pudo
decirles al menos algo a los lectores que decidió no perder. Se trata de un tipo de lector
registrado en los manuales básicos de los estudios de mercado: literatoso, intelectualoso,
eterno aspirante frustrado a ser Arthur Rimbaud. Lo trágico es que termina por echarse no sólo al
bolsillo a los lectores de Bolaño sino a los de Auster, Sada, Fadanelli, Pauls, Piglia, Pedro Juan
Gutiérrez, Rey Rosa, Puig, Bukowski, Faulkner y a los mismos autores que no tienen al final la culpa
de quienes operan o lucran con el destino de sus obras o más aún, quienes las actualizan, ya sea en
concordancia a lo que se proponía el texto o acorde al uso aberrante que cada cual puede dar a una
obra al interpretarla, sobre todo si lo mismo dicho más arriba sobre la distinción de géneros opera
aquí, si optamos por caricaturizar al lector de poesía como Zambra lo hace magistralmente en un texto
titulado “Contra los Poetas”, pensemos sino en todos los huérfanos suicidas arroja versos que deliran
buscando en Pizarnik a su madre-amante y en el transgresor de turno a un gurú a seguir, a su
progenitor dispuesto a escribirle un prólogo que le abra el Olimpo.
Como cierre atiendo lo más importante a lo que nos puede llevar a reflexionar el texto original de
Zurita, la técnica narrativa del autor y no tanto por presencia y detalle en el artículo sino porque la
escamotea por completo a través de una abusiva y reduccionista comparación con Finnegans Wake,
cito: pero ¿el más "revolucionario" autor de los últimos tiempos? ¿Y un lector de Joyce? ¿Y
que conocía bien el Finnegans Wake? ¿Y en una novela de la ambición artística de 2666? No,
allí hubo un problema económico; es evidente que si la obra hubiese sido construida en base a
una lengua que incorporara el alemán, inglés, mexicano y ruso, concreta, materialmente, como
tal vez lo habría hecho un artista radical, habría significado mínimos lectores o, en el peor de
los casos, pasar a la categoría de "demente" Pasando por alto ese parangón innecesario se hace
importante no eludir la debida mención a la ironía intertextual la metatextualidad, el doble código y el
diseño del narrador y voces que se entrecruzan y que Bolaño detenta pues ahí está su herencia, no
en una alucinada y mal entendida pretensión del autor de Los Detectives Salvajes por romper la
literatura y la comunicación creando una antinovela o el experimento último de la narrativa
latinoamericana, esa es una responsabilidad que el mismo creador jamás se puso encima y que en
todo caso ya lo han intentado otros como Calvino, Perec, Beckett y muchos más. Bolaño sin negar la
admiración a estos proyectos edifica su propuesta al menos en 2666 y en muchos otros de sus textos
conforme a fines distintos, a favor de la novela buscando ser hiperbólico y dialogante, aglutina
información y hace que el lector se disperse en una búsqueda incesante de fuentes como si se
paseara por una hiper-biblioteca o fuese absorbido por el Aleph.

En lugar de tender a la mudez, busca la sobrecarga y eso se aprecia además en su poesía, en un
paseo por la literatura o los neochilenos, no va contra la literatura y sus bordes y si eso se busca en el
autor, quizá el proyecto más cercano a tal intención sea Amberes, una de las más alucinadas de sus
prosas y que podría con esfuerzo entrar a cuestionarse bajo ese prisma mientras que 2666 y las otras
obras buscan ampliar la idea de el escritor-lector con un soporte semiótico en el contenido y
cuestionando en lo posible los simulacros de esta hiperrealidad llena de espectros y máscaras, y que
otros como Zambra en Bonsái o recientemente Zuñiga en Camanchaca están explotando
conscientes, agregando a su lectura de la realidad, maneras de los sistemas de masa, la inmediatez y
fugacidad de la comunicación y la potencia que para algunos tiene una frase en el Twitter, un mensaje
de texto, post de blog o estado de facebook en relación a la memoria personal y colectiva y la
percepción de lo verosímil, lo cual Bolaño puso en el tapete de la narrativa acercando un público
lector y escritor a los abismos de la cotidianeidad, siendo accesible en su quehacer pero no ingenuo o
fácil al punto de ser calificado de espíritu decimonónico, pues bajo la superficie subyacen los rasgos
de una postmodernidad tan cara a la literatura de hoy (incluida la llamada neo-vanguardia) que ha
buscado y seguirá construyendo desde las ruinas de la sobreexplotación y el maniqueísmo, sus
estrategias, mismas que no podemos medir como profesor de liceo a la luz del Quijote, La Divina
Comedia o el mero siglo de Oro u otros proyectos que son parte de nuestra propia obsesión y
autocomplacencia, sino epocalmente, e ahí su aporte y el de aquellos que apuntan a una cuarta
dimensión pero sin atarse al retoricismo abstracto de esferas opacas pues como dijo el mismo Bolaño
en su discurso de Viena a propósito del artefacto de Parra referido a los poetas de Chile, todo cae
por su propio peso, no sé si se entenderá el término caer por su propio peso, imaginaos una
estatua hecha de mierda que se hunde lentamente en el desierto, bueno, eso es caer por su
propio peso. Lo demás queridos amigos, es simplemente literatura.
Autor: Daniel Rojas Pachas
Camanchaca, cuando la niebla cubre el alma
Por Eduardo Farías Alderete

Camanchaca lleva por nombre la primera novela de Diego Zúñiga, desde los primeros párrafos
asalta esa idea de la distancia que antepone el protagonista a todo lo que ve, a todo lo que siente, el
viaje a Iquique y luego a Tacna, no es más que un iter escabroso entre la conciencia, la historia
personal, la historia de disgregación familiar, leitmotiv de la obra en si.

Este desapego este muro de falta de comunicación, secretos, verdades a medias y mentiras a
secas tiene un límite: La relación del protagonista con su madre, piedra angular de muchos de los
hilos paralelos de la historia, ya que hay dos grandes afluentes en la historia de este joven de 20
años. Ahora la ambientación, el desierto, el camino extenso, los cerros que dan un aspecto de
cementerio de dragones, una ciudad, Iquique, con sus locales, sus calles, su mítico Tsunami (acá en
Antofagasta tenemos algo parecido, y que cada cierto tiempo aparece) las precauciones al respecto,
la señalética, El Morro, una pasada rápida por Alto Hospicio, la soledad de los habitantes del
desierto, se convierten en un todo con el aparente “frío equidistante” del protagonista.

Sin duda, ayuda la narración hecha en párrafos separados para llevarnos a una suerte de viñeta
distinta, a un lenguaje corto, preciso, no mezquino, sino el suficiente como para darte con las
narices en otra de las dinámicas interpersonales distantes, gélidas, algunas con culpa, otras
rayanas en religiosidad absurda.

Tal vez, aquel que no conoce el desierto y sus ciudades pensará en que sus habitantes son de alma
árida, quizás, en algún porcentaje, no lo sé, he vivido toda mi vida aquí. Ahora, al lector, que camine
en pie seguro, y asienta con la cabeza como lo hace el protagonista un millar de veces, y entre a
esta camanchaca, neblina personal, en este caso, para entrar a un camino que quizás jamás
termine.
Notas para una aproximacion a la poesia de Humberto Diaz
Casanueva

Dennis Páez M. 16/12/09

(…) no escribo para agradar sino para explorar.
La experiencia poética me interesa como un modo
de transparentar la existencia humana (…)”

H.D.C

Abordar uno de los premios nacionales tal vez más poco explorados no es tarea fácil.

Un cúmulo de obras, tachadas de herméticas por una crítica que no se ha logrado hacer cargo de
magna reliquia que nos herenció el poeta nacional, dan cuenta de que no es un autor transparente,
evidente, fácil, o tal vez claro y comprensible de buenas a primeras. Por el contrario, Díaz-
Casanueva, de una envidiable formación en filosofía, entre las cuales se encuentran en su currícula
más de unas cuentas clases con el filósofo alemán Martín Heidegger, es un poeta que aun
permanece en el sombrío pantano de nuestra literatura nacional. Sombrío pantano del cual nadie ha
logrado rescatarlo eficazmente, a excepción sólo de unos cuantos artículos que tal vez no develan
detalles propios de su escritura, y que no han logrado atraer a lectores comunes de poesía, fuera de
sus fieles seguidores, en su mayoría poetas, que van tras las pistas de códigos encriptados en las
páginas de sus variados libros.

Si bien la obra de Díaz-Casanueva empieza a gestarse paralelamente a la decadencia del
romanticismo y las tendencias modernistas precedentes, instauradas en la literatura nacional con
plumas como la de Pezoa Veliz o Magallanes Moure, también coinciden sus inicios en la escena
literaria con la oleada vanguardista que desde la segunda década del siglo XX en adelante no
cesará de remecer las letras nacionales, con propuestas que cada vez más irían en búsqueda de
una renovación en la tradición, instaurando nuevas formas poéticas que tendrían pleno desarrollo
con el Neruda de Residencia, con el Huidobro de Altazor, con el de Rokha de los Gemidos, y más
tarde con La Mandrágora y todos sus secuaces, quienes levantarían la bandera de Bretón en estas
tierras hasta los extremos del llamado surrealismo negro.
Sin embargo, el poeta pese a encontrarse rodeado por estas tendencias, asume un cariño y un
aprecio intenso (e inmenso) hacia los románticos alemanes, y a decir verdad, hacia toda la cultura
germánica. Serán autores como Rilke, Hölderlin, Goethe, Trakl y Novalis los que lo cautivarán en todo
su esplendor. Además, claro está, de la influencia que poseen en la gestación de su obra las lecturas
de Nietzsche y Heidegger, dos pensadores que dejarán una sutil presencia perceptible en algunos
textos del basto legado del galardonado con el premio nacional en 1971 y a los que nos remitimos
brevemente en las líneas siguientes.

De Nietzsche el poeta nos dirá que su primer gran libro leído comprensivamente, y que lo cautivo por
completo, fue El origen de la tragedia. Y es posible rastrear en su obra alguna de las ideas del
pensador, como los conceptos de lo Apolíneo y lo Dionisíaco. En la extensión de su poesía, se
aprecia una pugna entre estos dos polos, en los que inevitablemente resulta dominante Dionisios, de
manifiesto con un lenguaje invadido por lo confuso, la deformidad, el caos, la noche, las pasiones en
su máxima revolución, lo instintivo exacerbado, todo ello permeado por lo inconsciente, lo irracional,
la negación del logos en general:

“si muevo la mano alrededor de mi alma encuentro una luz ciega
una zanja llena de hojas escritas
costumbres y creencias, muñecas nudosas, esplendores
nocturnos, fundición de ídolos.”

De Heidegger la influencia es distinta. Ya no es una lectura, sino que son clases o seminarios a los
que asistió Humberto, y más aun, las clases sobre poesía en las que Heidegger se abocó a filosofar
sobre Hölderlin con mayor entusiasmo, y que por estos días llegan por medio del FCE en una edición
titulada Arte y Poesía.
En razón de lo anterior, hay ciertos conceptos heideggerianos como el da sein, el llamado ser ahí, el
ser para la muerte, o simplemente el ser, en su total desnudez, que se ven de cierto modo
involucrados en el entramado textual creado por Casanueva. Dichos conceptos pareciesen despertar
sentido en la lectura del poeta si leemos en sus textos insitencias sobre la temática de la existencia.
Bástenos leer la pregunta que inicia uno de los poemas del libro La estatua de sal y la afirmación con
la que culmina el mismo verso para entender cómo nos lo manifiesta:

Qué soy para vosotros? un moribundo? Yo no sé lo que soy,
Yo os ofrezco un poco de luna desfallecida en el desierto,
Una sal bañada por mis ojos que cae sin cesar
Y un canto callado.

Esta insistencia en la búsqueda del ser, saber quién soy, qué soy, porqué soy, pregunta existencial
que pareciese reiterativa, adquiere nuevas dimensiones al interior de los versos del poeta cuando la
óptica se configura en razón de una exploración ciega, exploración a obscuras, entre sombras,
trampas del lenguaje, prejuicios y vicios del idioma que nos obligan en reiterados momentos a creer o
admitir que somos tal o cual ente o ser. En un breve texto titulado Poesía, escrito en Alemania en
1934, el poeta declara:

Es bello y heroico asistir a las batallas del ser, rehuir todo libertinaje y facilidad y aceptar el cilicio.

De este modo, Díaz-Casanueva, evadiendo todo ello, vierte al interior de sus versos el suspenso,
posiciona la sospecha de no tener claridad ni plena consciencia de su ser, aunque sí de las acciones
que puede lograr realizar tal ser.
En el mismo poema, versos más abajo se lee:

Yo desnudo la sombra dentro de vosotros que es tumba
Y os dejo en el cuerpo un incendio lejano.

Al interior del citado poema canto II del libro la estatua de sal, se nos reiteran incesantes los
imperativos. El hablante poético manda: aceptad, apartad, dejad, cerrad. Desde esta óptica, la
posición que adquiere el poeta es la de un supremo omnisciente, quien ordena, manda y exige, y al
cual jamás percibimos frontalmente, jamás reconocemos quien es, sino que sigue siendo una
incógnita, perpetuamente un otro para nosotros.

Ahora bien, en su obra el poeta es claro o es oscuro, pero a medias jamás. Así en uno de sus últimos
libros publicados, titulado El niño de Robben Island, deja ver con claridad las ideas que pretende
desarrollar en el poema, mostrando a la vez toda esa faceta humana que durante tantos años le
significó ser embajador, defender los derechos humanos y la segregación racial. En dicho texto, el
poeta no encripta el significado, sino por el contrario, manifiesta explícitamente y con claridad
expresiva todo lo que pretende decir en relación con la segregación de los niños africanos. Tal vez
éste texto pueda ser el único en el que predomina el carácter apolíneo sobre el dionisiaco como se
expreso líneas atrás. Por medio de un solo poema extenso, desglosa el origen de la diferencia que
se establece entre blancos y negros, pintándonos imágenes que destilan una fría y desinteresada
labor de las naciones, las cuales, en intento de imponerse sobre otras en beneficio propio para la
obtención de materias primas, arrasan a la vez con una comunidad, con un cúmulo de personas a
quienes se les extirpa toda noción de derechos que puedan tener, abusando moralmente de todo sus
ser derruido por la imposición de otra cultura.

Para culminar, esperamos que este limitado e inacabado introito sea de utilidad a quienes se
interesan por la obra poética del autor nacional. Hemos de esperar de igual forma, que la crítica deje
de lado Réquiem, poema archicitado del autor, y comience a indagar en otros textos del poeta, de
igual y tal vez mayor calidad poética como aquel. Nosotros nos limitamos en este estrecho texto a
referir mínimos aspectos de la obra del poeta, esperando incitar a la aproximación a quienes parecen
estar distantes de leer al autor de La hija vertiginosa. A aquellos ya iniciados en su lectura,
esperamos estas notas sean una razón más para seguir urgetiando entre símbolos de una poesía
que tenemos para bastante tiempo más hasta develar la avasalladora presencia de signos y
lenguajes, códigos de una realidad en permanente búsqueda que a lo mismo nos invita: iniciar el
recorrido o la búsqueda de la búsqueda iniciada por Díaz-Casanueva en su poesía.

Referencias:
-Díaz-Casanueva, Humberto. El niño de Robben Island. Ediciones Manieristas. Santiago de Chile.
1985.
- Díaz-Casanueva, Humberto Antología poética. Santiago de Chile. Editorial Universitaria. 1970.
Dios bendijo a la aristocracia chilena
Con Bachelet pensé que mi hija podía soñar alguna vez con ser Presidenta de la República. Mi hija
de seis años y sabe quien es Bachelet, pero no le interesa. Prefiere jugar con unos perros de
plástico del tamaño de un damasco. Por esto llaman la infancia la etapa más bonita de la vida.
Disfruto su espontaneidad y verla jugar. Armaba un rompecabezas con ella, cuando por la
televisión apareció Piñera y entregó los nombres de su gabinete ministerial. De inmediato recordé
mi paso por el colegio más caro de Antofagasta. Fueron dos años donde conocí la manera de
relacionarse de la proto aristocracia antofagastina. Sus competencias. También de confusión.
Nunca antes participé de un grupo tan clasista como aquel. Empecé a ver las cosas de otro modo.
También me transformé en clasista. Deseé que alguna vez me vinieran a buscar en un Mercedes
Benz. Mi realidad era distinta. Si no vivías en los Jardines del Sur, entonces pocos iban a tus
cumpleaños. Fueron dos años en que mandaron mi infancia a la UCI.

Revivía aquellos años cuando Piñera nombró a sus ministros. Todos de apellidos rimbombantes o
de vinos. Después confirmo por la prensa que aquellos son los dueños de medio de Chile. Era
obvio. Pensé que Piñera sería más astuto, es decir nombraría a un par de personajes con nombres
más cercanos a la gente, profesionales de la clase media, pero no. Se mantuvo el orden
jerárquico. Sabido es que la clase alta en Chile, la aristocracia, mantiene el status quo. Hay que
nacer ahí, de lo contrario no se es. No se entra. Varias cosas de ellos me llaman la atención, en
particular una: su peculiar manera de percibir a Dios. Sabido es que Dios es un comodín. Ellos son
agradecidos de Dios por nacir ahí y por esa posibilidad de mandar. También son agradecidos de
Dios por la gente buena que los sirve tanto en su casa y sus empresas. Dirán que Dios es sabio,
pues ubicó a la gente en lugar que le corresponde o merce. Los pobres no dejarán de ser pobres,
pero con Dios serán pobres buenos. La clase media no subirá a más a pesar de las ínfulas
aspiracionales de un gran porcentaje, pues ellos, la aristocracia sabrá contener a quien se pase de
la raya. Exclusivos.

Hablando sobre el gabinete con un amigo, me contaba que años atrás tuvo una experiencia
decidora con la nombrada ministra del trabajo, Camila Merino. Ella se desempañaba como jefa de
Recursos Humanos de la empresa SQM. A mi amigo, escritor, le tocó revisar unos cuentos para un
concurso que organizó la empresa. Dijo que ella ni siquiera lo miró cuando se la presentaron.
Resumo: lo hizo sentir como una rata. Lo peor que otras personas relacionadas con SQM
concuerdan en el perfil clasista de Camila Merino. Al final ella, me dijo mi amigo, le interesa saber
quien eres y de dónde eres para entablar algún tipo de relación. La de mi amigo también puede ser
una apreciación demasiado personal, sin embargo cuando se suman otras opiniones sobre lo
mismo entonces el asunto cambia. La imaginó negociando con impulsivos dirigentes de
trabajadores. La imaginó pronunciado: que quieren estos hombrecitos. No deja de tener razón
Jorge González, cuando canta si tu apellido no es González ni Tapia. Con este gabinete quedó
claro que con Piñera las cosas se mantendrán igual que siempre aunque esta vez con la clase
dominante, los dueños de Chile, restregando al resto que Dios los bendijo con la gerencia del país.

Mejor termino de armar el rompecabezas.

Por Rodrigo Ramos Bañados en Escritores desde el límite.
Bolaño vs Bolaño
Rolando Gabrielli

Por la ventana entra el rumor del mar mezclado con las risas de los últimos noctámbulos, un ruido
que tal vez sea el de los camareros recogiendo las mesas de la terraza, de vez en cuando un coche
que circula con lentitud por el paseo marítimo y zumbidos apagados e identificables que provienen
de las otras habitaciones del hotel. Ingeborg duerme; su rostro semeja el de un ángel al que nada
turba el sueño..." El Tercer Reich

Pareciera todo indicar que esta novela de Roberto Bolaño, El Tercer Reich, que saldrá a circulación
el próximo 4 de febrero, no contaba con el aval editorial de su autor. Relegada desde 1989 en un
cajón de Blanes, el mítico autor de Los Detectives Salvajes, la calificaba de "una mierda insalvable".
Dueño de una retórica sin servilleta ni smoking, Bolaño así se refería a su única novela inédita de
400 páginas, en una entrevista brindada en el 2001 al periodista Antonio Lozano. Ya no está
físicamente el prolijo y meticuloso cirujano de la palabra, Bolaño, para enmendarse planas así
mismo. Uno de sus últimos esqueletos ha salido del closet y se expondrá al juicio de los lectores y
crítica, y en su ausencia, muchos verán a Bolaño vs Bolaño, en una comparación retrospectiva de su
obra. Cuando un pelo del lobo anda suelto es que la propia bestia anda suelta.

Juegos de guerra y ficción, mundos terminales de Roberto Bolaño desarrollados en la Costa Brava,
algunas luces y embriones, pistas, del formidable narrador que conoceríamos después. Se habla de
una novela primeriza, pero cerrada, no quemada, y los Max Brod que le rodearon, dos
específicamente, advierten de alguna manera que si no la mandó a quemar es por que es publicable.
El poeta chileno Bruno Montané, uno de sus amigos, es una historia ya conocida, dijo que Bolaño le
llamaba a esta novela La estrategia del Mediterráneo y que le paresia que tenía una estructura
demasiado lineal, alejada del novelista que llegó a ser. Jorge Luis Borges, uno de los referentes de
Bolaño, retocó su primer poemario y otros libros, que consideró no tenían la madurez y maestría que
él le asignaba a su palabra. Bolaño no tuvo la oportunidad con una serie de materiales que dejó
antes de morir prematuramente. Su fama había llegado poco antes de morir y se había transformado
un referente post boom en América latina, que después desembocaría en un autor de culto también,
por carambola, en Estados Unidos, y sobre todo el olfato, ojo, instinto , valor y generosidad de Susan
Sontag, quien lo introdujo al país del norte.

A Lozano, Bolaño le dijo casi en un mea culpa, que nunca más escribiría una novela sin tener
clarísima la estructura, la forma y el argumento. Esto es en su opinión, sin tener la historia en la
cabeza y a su gusto. A Bolaño le gustaban los juegos estrategos y la novela, en forma de diario, es un
ensayo de estos juegos, el llamado El Tercer Reich, y cuyo personaje, Udo Berger, es un campeón en
su país. A Bolaño le obsesionaba el nazismo y era un conocedor profundo de la Segunda Guerra
Esta novela primeriza, que no de principiante según el crítico Ignacio Echeverría, había saltado del
cajón y mecanografiada perfectamente, al ordenador, unas 60 páginas, lo que hace suponer que
Bolaño le metería mano. Aunque existen huellas de su trabajo de corrección a mano en las páginas
mecanografiadas.

Una novela, sin duda, nunca termina de afinarse por a b c motivo, falta algo, sobra y se hace
necesario el bisturí final que disecciona el cuerpo para darle más vida y no convertirlo en un cadáver.

La suerte está echada, el gran patrocinador de la obra de Bolaño, el español Herralde, está feliz y
considera que su lanzamiento es un acierto. Ha dicho que se trata de una obra que crea una
atmósfera ominosa, de peligro y horror latente.

Bolaño mantuvo la novela como un proyecto posible hasta el final de sus días. Dejó otros
inconclusos, como Los sinsabores del verdadero policía y Diorama, retazos de novelas. Pablo
Neruda, en quien Bolaño no confiaba, pareciera haber vaticinado su destino señalando antes de
morir: me publicarán hasta los calcetines. Dicho y hecho.

http://rolandogabrielli.blogspot.com/
EL MARGEN DEL CUERPO DE FLORENCIA SMITHS: LA MATERIALIZACION DE UNA POLISEMIA

Por Eduardo Farías Alderete

La palabra como herramienta fundamental del oficio de escribir, es en la más sutil de las
concepciones una ágil daga que atraviesa los sentidos, este es uno de esos casos en que un autor,
nos toma fuerte de las manos o simple y llanamente nos empuja dentro de los laberintos de su
existencia, verso tras verso, en un poema o línea tras línea en prosa.

Florencia Smiths nos sobrecoge en una prosa poética desencarnada, a ratos áspera, adjetivada y
vigorosa. Nos arrastra a situaciones vividas por un alter ego sensible. Surge la duda lógica de quién
describe a quién: Si es el Yo lírico que observa con sesgo de crueldad al sustrato real donde esta
contenido, así las cosas, jugando el rol de observador impasible o una persona que utiliza la poesía
como acto de catarsis infructuosa. El sesgo de crueldad es tangible en las adjetivaciones que
menoscaban el actuar del otro, así es lector, hay un cisma que hace que el hablante lírico se
describa como en tercera persona, esa falta de compasión divide el espejo de la realidad, creando la
ficción de dos universos diferentes.

La catarsis de hablar, la sanación del espíritu como meta, es un albur que no se materializa, este
cuerpo es vigilado por otra entidad al margen de él, recopila sus datos, sus experiencias, cruza el
Rubicón cuantas veces sean necesarias para crear imágenes poéticas en el delicado arte de
desnudar el espíritu, no falto de un ojo clínico rayando en lo científico: “Escribiendo acude a las
superficies, a la escara, a la sutura, puede nombrar cuanto existe, hacerlo existir, como si tuviese
desde mucho antes la experiencia de la sintaxis, en contraposición de ese defecto de la adaptación”

No se debería pensar en que esto enfría el temple de la poeta, la pasión se encuentra explícita e
implícitamente en extensos pasajes de esta obra: “Tuvo que enseñarse a combatir esa dual desidia,
esa doble batalla de elegirse opuesta y correr el riesgo de suspender acaso siempre- la otra mitad”

Se cree que la Poesía tiene la cualidad que posee el agua, en cuanto a la adaptabilidad del
continente y el contenido, puede ser, que el yo poético subsista con esta cualidad dentro del cuerpo
del poeta. No es este el caso. Y aquí descubrimos el primer significado de cuerpo, y porque está al
margen, escindido de una manera fatal que se descubrirá en las últimas palabras de este libro. El
segundo significado es meramente estético, se nos presentan los textos en amplia mayoría como un
párrafo compacto, en que hay poco espacio para el lúdico ejercicio de los silencios. Salvo, en los
versos en que se crea un efecto de vacío que invita inevitablemente a la reflexión, no es un
descanso a la mente escrutadora del lector, es la ductilidad del vértigo propio del avance del texto y
del silencio.

Los márgenes en contraposición al texto, impresionan notablemente. Ese es el segundo significado
del cuerpo. Continuamos en esas líneas que nos imponen entereza, en ese filo del espejo que a
veces, nos es imposible asir sin herirnos.
Revista de poesía Antítesis: Fuga de lo presente como gesto de actualidad.
Autor: Daniel Rojas Pachas

Revista de poesía Antítesis número cinco, es la última entrega de un proyecto dirigido por Gonzalo
Gálvez que constituye dentro del atiborrado panorama de publicaciones nacionales tanto en papel
como digital, una propuesta innovadora en la medida que manifiesta dos intereses divergentes a lo
que nos tienen acostumbrados durante el último tiempo, los medios de difusión y diálogo en el país;
la mercantilización de la publicación y sus actores y por otra parte, la excesiva preocupación de la
coyuntura, una atención desmedida a lo inmediato y fugaz, sustentado más en el slogan y escándalo
que en el ejercicio mismo de escritura.

Por ello desde el 2006 el esfuerzo de Antítesis tanto en la constitución de la revista como en la
publicación de plaquettes, cuadernos de poesía editados bajo el mismo sello y que incluye a voces
como las de Luis Andrés Figueroa con “Una forma de huella en la arena”, Sergio Madrid con “El
Esplendor” e Ismael Gavilán con “Raíz del Aire” persigue tal como señalan en la editorial de esta
edición de primavera del 2009, proyectarse desde Valparaíso pero no en un sentido regionalista o
con localismos chauvinistas sino como una manera de aproximarse desde un lugar/territorio (real o
ficticio) como plantea Rodrigo Arroyo en su artículo dedicado a la poética de Eduardo Correa.

Este último es parte de los poetas revisitados por Antítesis y que junto a otras voces como las de
Ennio Moltedo, Rubén Jacob, Renán Ponce, Virgilio Rodríguez y Alfonso Alcalde, Juan Luis Martínez
o Waldo Rojas, constituyen discursos y voces de interés que han contribuido a crear un corpus pero
con un trazo más largo y cito textual del prólogo de esta edición: “Antítesis no milita en las acaloradas
discusiones de la coyuntura” por ello la fuga de lo presente la reconocen como su gesto más actual,
de allí el nombre: “antítesis como contrariedad a la alta exposición que tiene hoy lo más inmediato y
visible de lo que se está escribiendo, así como la que se da a las reacciones apasionadas de sus
comentaristas”

Sin duda Antítesis en esos cinco números que llegó a entregar, nos ha permitido revisar el panorama
no sólo de la quinta región sino observar desde ese territorio de ecos y no de voces como dice
Correa en su entrevista titulada “Muerte y delirio en el Valparaíso de Correa”, las resonancias
nacionales ajenas al ruido y las luces artificiales que distraen de lo que importa, la literatura.

En definitiva como lectores se agradece el esfuerzo y el brío de la publicación por no apostar a las
masas y a la facilista inmediatez, sino que instando en todo momento a la reflexión en las líneas
profundas de la creación, así lo demuestra esta edición que nos entrega una completa entrevista,
lectura y selección de poemas de Eduardo Correa a cargo de Arroyo Castro y Rioseco Aragón, un
dossier de Alfonso Alcalde a cargo de Cristian Geisse Navarro, que en el último tiempo se dedicara
febrilmente a entregar una completa recopilación del llamado primer beatnik chileno. En poesía
podemos revisar textos inéditos de Waldo Rojas “Círculo de Boj” y una carta a J.L Martínez escrita
por Rubén Jacob y en traducción a Margherita Guidacci entre otros artículos de interés, que nos
llevan a esperar la aparición de otros medios que al igual que Antítesis permitan como dice Gálvez:
“un punto de encuentro entre creadores y lectores, un punto medio entre palabra creadora y reflexión,
un halito por nadie, un viento”
VISITE LA SANTÍSIMA TRINIDA
AD DE LAS CUATRO ESQUINAS
ANDA LIBRE EN EL SURCO Premio Lagar
Autora: Nélida Baros Fritis; Poeta e historiadora de Copiapó

Premio Lagar es en este último tiempo uno de los Concursos más grandes del Norte de Chile, creado
en homenaje a nuestra premio Nobel, Gabriela Mistral.

Crear un concurso nacional de tales características es tarea titánica, tanto por el financiamiento y la
designación del jurado. El compromiso de la ejecución y realización estuvo a cargo la Sociedad de
Acciones y Creaciones Literarias de la Región Coquimbo (SALC) y el Consejo de Cultura y las Artes
de la Región de Coquimbo.

El énfasis por descubrir obras inéditas en poesía y ensayo contó con la participación de más de
seiscientas personas, desde Arica a Magallanes contando las islas Juan Fernández y de Pascua,
además de chilenos residentes en el exterior. El interés demostrado en participar, genera el
convencimiento que los chilenos necesitan de los concursos, no tanto por los premios materiales,
sino también lo consideran un puente para mostrar sus creaciones.

El resultado se tradujo en la realización del libro “Anda Libre en el Surco”, el cual fue presentado en el
Colegio de Profesores de La Serena, el 17 de enero del presente año.

El libro encierra una mirada a las variadas identidades de nuestro país, que representan diversos
autores, se puede descubrir en la poesía, nuevos pulsos, otros paisajes, formas de mirar la vida y la
muerte, la marginalidad tan cerca de nosotros, muchas veces ignorada.

En la médula de cada poema descubrimos peculiares acentos que se expresan en verso libre,
similares a esa búsqueda incansable de Gabriela, esa ardiente pasión y visión del mundo que los
rodea, donde cada palabra, cada gesto identifica la obra y le da vida. Los poetas se van descubriendo
a través del verso en ese continuo viaje a un final definitivo, dejan un retazo de su alma herida o
fragmentos de alegría en la cotidianidad.

La visión de los creadores arranca de la existencia misma y de los senderos que caminaron y
desandaron; del entorno mediático, del espacio físico que habitan, desenvolviéndose y haciendo suyo
aquello que los identifica.

En los fragmentos de poemas que corresponden a los primeros lugares y otros a menciones
podemos apreciar que las cosas más simples tienen sentido propio, están habladas con el lenguaje
de la infancia o el verbo de la pasión.
Leonardo Sanhueza, poema: “Louise Follin (primer lugar): “Yo también fui hija prestada y tuve
trenzas/ de oro que brillaron en toda la Selva Oscura/ cuando un joven de apellido Moreno, no
recuerdo/su nombre, no por nada han pasado siete años,/me atrapó del talle y al galope me llevó/
hasta un refugio que él tenía en el bosque./Fue muy amable y cariñoso, pero yo tenía miedo/ y
entendía bien poco sus palabras chilenas,/ y por eso fue un alivio cuando los trizanos/ llegaron a mi
rescate. “Te quiero”, me dijo,/ “te quiero, bella Louise”, mientras lo arrojaban/ al anca del caballo,
amarrado de pies y brazos/ como un cordero. Cuando volvimos a Victoria,/ me enviaron a la casa de
Jacob Müller,/ que había pagado quinientos pesos por mi/ a Joseph Charles: si es por barrer, me
dije,/ todos los pisos son iguales, pero el juez Riffo/ armó la grande y habló de trata de menores/ y
los colonos dijeron xenofobia y el escándalo/ no tardó en llegar a oídos de las autoridades/ y para
taparlo todo me repatriaron a Friburgo./ ¿Cómo se llamaba? ¿Álvaro? Álvaro se llamaba,/Álvaro
Moreno y tenía los ojos verdes como la noche”.

Rolando Martínez Trabuco, poema: “Provincia” (segundo lugar): “Ciudades a lo largo de este país de
costa/ ciudades que embanderan su puñado de gaviotas/ y no sólo polvo/ memoria y gatos viejos/
sino jóvenes sin gloria caminando cuesta arriba/ sin imaginar que alguien/ escribe para ellas”.

Oscar Burgos Belmar, poema: “Juanito Pistola me llamo yo” (tercer lugar): “¿Cuál es tu nombre?/ Mi
nombre es legión porque somos muchos./ No tengo nombre/ no tengo rostro/ lo que ves de mi lo ves
de todos./ ¡muéstrame tu brazo!/ Intentas leer mis tatuajes/ pero no puedes descifrarme/ lo único
que sabes es que soy peligroso./ Yo soy Juanito pistola/ Juanito malilla/ Juanito cuchilla,/ Si hoy he
caído preso/ no fue porque ustedes me atraparon./ YO LOS HE ATRAPADO A USTEDES”.

Primera mención honrosa correspondiente a Cristian Geisse Navarro, poema: Sueños de Agua:
“¡Dios mío, tengo sed! ¡Dios mío, tengo sed!// A la mitad de este desierto, de estos destellos, de este
cuero que cruje entre polvo y piedras, tengo sed, tengo una sed insoportable.// Yo siempre lo supe,
el infierno no está hecho de hogueras ni de relámpagos negros, esos son cuentos de vieja: el
infierno está hecho de sed. Sus delirios son polvo y sed; su fiebre, páramos y sed, grietas y sed,
voces y sed, angustia y sed. Sed y no fuego: sed”.

Distintas esferas de la realidad están delimitadas, pero sin fundirse, se abrazan los mundos de la
realidad y la ficción en expansión creadora, las cosas parecen vivas sin deformarse. Los ensayos
reivindican la identidad, esa identidad que lentamente va quedando socavada por la
transculturación, por el avance de las sociedades, los cambios políticos y socioculturales, por la
centralización del poder y sin darnos cuenta, olvidamos nuestras raíces, el terruño. Creo que los
autores de los ensayos recordaron siempre a Gabriela Mistral y siguiendo su ruta comprendieron
como ella, que el entorno era primero y luego las ideas. Ya nuestra Premio Nobel lo expresó en una
frase para el bronce: “La región contiene a la patria entera y no entiendo el patriotismo sin emoción
regional”. El escritor y experto mistraliano Jaime Quezada, refiriéndose al Premio Lagar, dijo: “Esa
emoción regional en su identidad esencial de hoy, es razón fundamental del Premio Lagar”.

Gabriela sigue viviendo en el corazón de su pueblo a pesar del tiempo transcurrido desde su paso
por la tierra y esa es la razón fundamental para crear concursos en su memoria.
Felicitaciones a los creadores que desde hoy se integran al mundo de la literatura con sus obras.
IQUIQUE Y EL VALS DE LOS RECUERDOS
Escribe Carlos Amador Marchant

Treinta años sin visitar la ciudad donde nací produjo una opción difícil de asumir.¿Es bueno volver al
pasado?. No supe responderme.
Reencontrar a Iquique fue el desafío.

Me decían que ahora es cosmopolita de grandes edificios frente a la costa, de casas que se extienden
hasta el Cerro El Dragón, el lejano, aquel que parecía vigilar la ciudad sufrida por la historia.

De tantos dichos, entonces, fue necesario tomar un avión y visitar de nuevo este reducto minero, este
sitio de mar azul, de cerros interminables, de soledades, de rocas sulfurosas.

Si atravesar el desierto en tren, en el antiguo Longino (longitudinal norte), era una proeza, sólo los
pampinos y allegados a esas soledades, se arriesgaban al azote quemante de la pampa. Hernán
Rivera Letelier narra con genialidad esta travesía en “Los trenes se van al purgatorio”, libro editado el
año 2000. Lo concreto es que, al margen de tanta miseria y sacrificio, en esos dos días y dos noches
asfixiados en aquellos pequeños vagones, por lo menos existía “el encanto” en cuanto a que los
pasajeros se las ingeniaban para vivir de manera intensa dentro de la caldera. Cantos, risas, amores,
no faltaban. Tampoco vino tinto y del otro. Tampoco las empanadas. Tampoco el llanto. Era el
sufrimiento hecho risa.

De esos tiempos, hasta cercana la década del setenta, una vez que las flotas de buses se adueñan de
las nuevas carreteras eliminando a los trenes y los rieles que subían por el gran cerro de la costa
alcanzando al desolado Alto Hospicio (hoy comuna), se inicia otra nueva insondable travesía, la
asfixiante, la traumática. Sin duda, en esos años los buses representaron la nueva atracción, se
hablaba de un mayor confort, donde el petróleo daba paso al exterminio de las locomotoras a carbón.

Con el paso de los lustros, quienes nos transformamos en asiduos viajeros, fuimos percatándonos
(nos percatamos ahora) que aquellos medios de locomoción ya no representan el gran confort para el
desierto. Las distancias largas, las 17 o más horas de viaje encerrados entre cuatro latas,
desayunando y almorzando y cenando, con un baño sin gran ventilación, hacen de estos viajes
pesadillas poco higiénicas. Por estas u otras razones, hay quienes añoran la vuelta de los trenes, pero
los de ahora, los trenes rápidos, con más tecnología. Si bien queríamos en esta ocasión llegar rápido
a destino, las dos horas del avión entre Santiago a Iquique sólo nos permitió observar la pampa a
través de aquella minúscula ventanilla.
30 años habían pasado sin regresar a esta que es mi tierra y sólo en dos horas me fundía con el
pasado. Dos escasas horas sin saber de nadie, sin siquiera percatarme si los de mi generación
estaban en ese sitio o habían emigrado a otros lugares de Chile, sin saber si los que estuvieron y
caminaron conmigo en la década del 60 estaban enfermos, ancianos o se habían muerto.

Curiosamente, antes del viaje, casi intuitivamente, como deseando no encontrarme con nadie, sino
más bien con la ciudad histórica, sabiendo que no me contestarían un tímido mail que hice llegar a
un poeta que sé no se comunica mucho por este medio, anuncié mi visita. Dicho y hecho. No fue
contestado el anuncio y en consecuencia mi retorno se realizaría como lo deseé en un comienzo, sin
que nadie se percatara de éste. Durante el viaje, observando desde más de 11 mil metros de altura el
inmenso panorama del desierto con algunas minúsculas rayas de ríos endebles, se echa de menos
que desde la cabina o por algún sistema de audio interno se entregue alguna información sobre los
lugares por donde se va volando. Una mujer de edad se lo hizo saber a la azafata y ésta la miró con
sorpresa.

Volar a esas alturas por la pampa me trajo al mismo tiempo la travesía de Pedro de Valdivia en 1540,
quien saliendo desde Tacana (actual Tacna-Perú), llegó con escasos hombres hasta Cosayapu
(actual Copiapó-Chile). Sobre el tema del cronista Gerónimo de Bibar ya escribí en “Extramuris83”
(actual revista virtual), pero me ha interesado recoger este enlace antes de entrar al tema de la
histórica ciudad de Iquique, por la connotación de los pueblos precordilleranos que fueron fundando
al paso de los años. Lo concreto es que por el sector de la precordillera se van entrelazando
poblados entre Arica, Pisagua e Iquique. La trascendencia de esto, y por eso la reflexión, es que este
puñado de hombres entró por el valle de Lluta y fue fundando pueblitos como Socoroma, Putre que
están a más de tres mil metros de altura. Y más tarde Belén, subiendo y bajando, Ticnamar, Codpa,
Esquiña, Camiña, Tarapacá, Pachica, Pica. Y mucho más tarde, emprendiendo hasta Copiapó. Eran
hombres de a caballo y de a pie, que con su sed de riquezas doblegaron a los originarios. Sólo esa
sed los guió por estos inhóspitos territorios. Desde las alturas logro divisar el desierto pleno y pienso,
pienso, en ese otro pasado terrible para los que habitaban estas tierras y también para los que
llegaron a dominarla.

Por los senderos del Iquique antiguo

La primera visión desde el avión al situarnos sobre el aeropuerto Diego Aracena, distante a 45
kilómetros de la ciudad de Iquique, es el mar de un azul sorprendente. Al lado el color café de la
pampa. Café y azul son dos colores que dan el retorno a este sitio. Si bien El Aracena se encuentra
en remodelación, deja ver el contraste. Aquí se observa la pampa, el sol que golpea las espaldas, la
piedra de los cerros pelados y la gente que se traslada de un lugar a otro en forma distinta. Recuerdo
que su nombre antiguo era Chucumata.

El transporte hasta llegar a Iquique es viendo el mar del lado sur del puerto, y tras 30 minutos de
camino comienzo a divisar el inmenso panorama de la Cordillera de la Costa, el Cerro El Dragón
lejano, sólo que ahora terriblemente poblado. El conductor del auto me va conversando sobre los
adelantos de la ciudad, los grandes edificios, el balneario y sus lujos recientes, las lejanías que ahora
son cercanías de espacios. Y sin embargo no digo nada, no aporto nada, parece que sólo me
interesara el pasado de Iquique, el remoto, el de las casas viejas, el escenario doblegado por los
recuerdos de las salitreras en desmedro, de las pesqueras de la década del 60, de los obreros y sus
recuerdos, de las casas donde la madera habla.
Así pues culminé mi presuroso primer día en el Iquique legendario. Abracé a mis padres ancianos,
conversé con ellos, con mi hermana, divisé desde los ventanales de la casa el árido panorama sin
atreverme aún a salir a la calle.

Volveré a Iquique me dije un día. Esa noche todavía no estaba seguro si me encontraba en la ciudad
donde nací en la primera mitad del siglo 20. No estaba seguro.

Por esta razón, a la mañana siguiente, acompañado de familiares, pedí me trasladaran al lugar donde
inicié mis estudios primarios: La Escuela Santa María.

En el trayecto, mientras nos internábamos en el casco viejo de Iquique, no reconocí el nombre de
numerosas calles, sólo la madera me fue transportando a un pasado lejano aunque reciente para el
tiempo del universo.

La llegada sorpresiva al sitio, las calles asfixiadas por el calor, la madera entreverada con el adelanto,
no me permitieron identificar el establecimiento. Asentados en la calle Barros Arana, en una esquina,
me expresaron que la escuela estaba al frente.
Salí del vehículo acompañado de mi máquina fotográfica. Apresurado crucé la calle. Antes, mi
hermana me había dicho que era necesario eternizar esas paredes, porque posiblemente el
establecimiento sería demolido. Recorrí la edificación, ahora transformada en un sitio pintarrajeado
con consignas políticas, descascarado, por todos los contornos, por las calles Barros Arana, Zegers,
Latorre y Amunátegui. De improviso me situé en el pasado, en aquel lugar donde entraba con mi
bolsón de escolar y mis carnes nuevas, mis cuadernos impecables, los pantalones cortos. Recordé al
profesor Alberto Chang que no sé si vivirá aún, las largas jornadas en salas limpias y pasillos
encerados. Quise recorrer sus salas, el salón de actos donde alguna vez representamos a los Beatles
como humorada estudiantil. Me situé en el frontis de la calle Zegers y recordé esa escalera por donde
bajaban los estudiantes en escuadrones para los ensayos del desfile del 21 de Mayo. Quise subir de
nuevo esas escalas, pero me encontré con enrejados metálicos, los mismos de la década del 60, sólo
que ahora estaban oxidados, las puertas interiores descascaradas y sucias, los vidrios de las
ventanas quebrados. Vi salir por ahí a los personajes de mis novelas, el Rojitas y el Matus, los mismos
que seguirán vivos en otras aventuras novelísticas. Esa escuela, esa escuela impecable, esa
edificación con su historia, ahora estaba abandonada.

Este sitio, el mismo, el mismísimo donde fueron acribillados más de 3.000 obreros de la pampa
salitrera en 1907. Este lugar, esta tierra donde corrió la sangre y donde los gritos se entreveraban, los
gritos de espanto, ahora estaba abandonado.

Entonces, en esos no más de 30 minutos en que saqué fotos y sudé, me transporté desde la época de
estudiante de 6 años a los obreros que fueron hacinados y engañados tras recorrer el desierto y bajar
por el inmenso cerro que acorrala a Iquique.

Me pareció ver al Intendente Carlos Eastman, desesperado y eufórico, gritando a los cuatro vientos,
dialogando con los adinerados, vociferando que los pampinos, que los llamados delincuentes, que los
insurrectos, habían caminado en masas por el desierto adueñándose del puerto, que era posible que
saquearan las casas, que violaran a las mujeres, incendiaran la calle Baquedano. Y me pareció
escuchar la voz del Presidente Montt conversando con el Ministro Rafael Sotomayor, dando órdenes
al General Silva Renard, todos macabros personajes.
Y observé a la tracalada ser conducida a esta escuela, a ese reducto de madera de la época, a este
sitio donde me encontraba ahora tras treinta años de ausencia. Mi hermana miraba absorta. Ahora me
encontraba sacando fotos al monolito de los caídos. Al monolito de los que habían bajado al puerto a
pedir sólo un mejor trato laboral. El sol quemaba, como quemó en esos años a los pampinos,
acostumbrados a esas calderas del norte.

El edificio en cuestión, el actual reducto abandonado, no fue precisamente el que albergó a los
obreros de la pampa antes de ser masacrados. La tierra donde fue construido, en cambio, es el mismo
cimiento donde la sangre, donde los cadáveres se hacinaron en la época. El antiguo era un caserón
de madera que alcanzaba incluso hasta el Mercado Centenario, levantado en maderas en 1883 ad
porta de la Guerra Civil del 91. Dicha construcción, más allá de los acontecimientos narrados, alcanzó
a mantenerse en pie hasta 1928, año en que fue consumida en gran incendio un día 7 de marzo. 8
años más tarde, en 1936 se levantó el actual edificio en abandono con un material más sólido y por
donde pasaron numerosas generaciones de estudiantes.
Tanta historia encerrada en estas paredes que ahora se encuentran rayadas con consignas políticas.
Tanto abandono en ese monolito ubicado a un costado del edificio. Me pregunté qué pudo haber
pasado. Fueron varios días consultándome, indagando. La realidad es que hasta el año 2005, tras el
terremoto del 15 de junio quedó inutilizable, y en consecuencia, abandonada como centro estudiantil.
En el frontis, en medio de la hediondez del entorno, se mantiene un lienzo que anuncia matrículas
para el presente año 2010, designando un nuevo lugar transitorio de docencia: la Avenida Salvador
Allende, casi a las laderas del cerro El Dragón. De acuerdo a algunas informaciones de prensa, la
restauración del edificio se realizaría el año 2012, tras ser tramitados fondos para estos efectos por el
Consejo Regional de la zona. El dilema es si se mantendrá como escuela o si se transformará en
museo histórico. Hay quienes se inclinan por la segunda opción. Habrá que esperar.

La Escuela Santa María no sólo se caracterizó por ser un lugar donde se entregaba una excelente
educación, sino también por los fenómenos paranormales que se producían. En la década del 60,
tiempo en que me tocó estudiar, era común escuchar voces y ruidos de seres invisibles que
deambulaban por los pasillos a eso de las 7 de la tarde, cuando el profesor nos castigaba por mala
conducta. Más tarde las generaciones posteriores, los guardias del establecimiento, fueron narrando
cosas similares, lo que se transformó en pan de todos los días, golpeteos de puertas, lamentos a altas
horas de la noche.

Mi hermana estaba absorta. Yo seguía sacando fotos. Los obreros masacrados, los más de 3 mil, no
han podido descansar.
Las calles de antaño y sitios de mi infancia

Ignoro si hay otro centro comercial en la ciudad. Es posible.
Como dije al comienzo, me interesaba recorrer las calles antiguas, las casas de maderas que se
mantienen desde el siglo 19. Iquique es hoy, sin duda, una ciudad que ha alcanzado un alto nivel de
construcciones nuevas al lado sur.
Los lugares de mi infancia transcurrieron en el sector de los colectivos O´Higgins con Patricio Lynch, al
frente de lo que es hoy el Palacio Astoreca, edificio construido en pino oregón y que funcionó como
Intendencia Regional a partir de 1909. La mandó a diseñar Juan Higinio Astoreca, dueño, además, de
tres oficinas salitreras. Ahí vivió junto a su familia hasta 1904.

Los colectivos dejaron de construirse al mediar 1942. Se caracterizan por ser dos edificios con
caracoles y de cemento duro, apto para la zona norte y capaz de resistir terremotos. Fueron ejecutados
por el arquitecto Luciano Kulczewsky, quien además fue administrador de la Caja de Seguro
Obligatorio. En los tiempos de depresión por los que pasaba el Norte Grande de Chile, tras la crisis
salitrera, curiosamente fueron edificados para los asegurados del sector en las ciudades de Arica,
Iquique, Antofagasta y Tocopilla. En ningún otro lugar se verán construcciones como éstas. Vienen
siendo verdaderas reliquias.
En mis tiempos de niñez veía todo casi lejano. Desde el Colectivo al Mercado Centenario, a la Escuela
Santa María, a la Avenida Balmaceda. En este retorno me siento en la obligación de decir que todo es
cercano, es decir, son sólo caminatas de minutos.
Mi vida transcurría entre los colectivos, la Plaza Brasil, la calle Baquedano, la Plaza Prat, el mercado,
la escuela, el Liceo de Hombres, el de Niñas, la Plaza Condell, la Playa Cavancha, el Micro Estadio, la
Plaza Condell, el Barrio El Morro, el Norteamérica, la calle Vivar, la calle Tarapacá, la Radio Esmeralda,
La Patricio Lynch, El Salitre. En esa semana de visita al puerto histórico me convocaba revivir todos
estos sitios, los mismos donde se generaba la actividad social y política del puerto.

En mi Juventud Iquique estaba pisoteado por las pesqueras y su hedor diario. La ciudad invadida por
las pestilencias, la ciudad, incluso, de las banderas negras por la depresión. La proliferación de locos
por las calles, las huelgas estudiantiles que partían siempre del Liceo de Hombres y que muchas veces
fueron apoyadas por el jovencito choro Soria de la época. De pueblo sufriente, de pueblo de sudor, aún
se conservan muchas construcciones, aunque le han puesto el timbre de los nuevos tiempos.

Mi infancia transcurrió en la Plaza Brasil (ahora tiene otro nombre) ubicada al frente de los Colectivos.
Era una plaza amplia con palmeras. Ahí lanzábamos piedras para comer dátiles. Hoy es pequeña sin
mucha vegetación y los escasos árboles que se conservan, han sido invadidos por los patos yecos que
los destruyen día a día con su excremento. El mismo avance urbano de la ciudad ha sido el culpable
de esta proliferación. Le han robado el hábitat y no les ha quedado más remedio que entrar a la ciudad.

Los recovecos de la calle Lynch con sus almacenes ya no son los mismos, han sido invadidos por
construcciones nuevas. Busqué reconocer contornos de la calle Vivar con Tarapacá. Hay muchas
construcciones de la época que se esconden tras la nueva urbanización.
Me senté en la Plaza Brasil a rescatar mi niñez y ahí estuve tristemente varias horas. Busqué no
sentirme abandonado, sólo quise mirar el entorno. Vi deambular niños de este tiempo y sentí que por
mis venas corría el pasado, fuerte e histórico, que no podrá ser acallado mientras exista el verbo y la
palabra. Me fui a la costa a respirar el mismo mar de la década del 60. La juventud, los muchachos y
muchachas sobre las rocas, en las orillas de playa, me dijeron en silencio que estábamos en otro
Iquique, aunque la historia hace la vida y a la inversa. Quise retornar a mi Iquique sin que nadie se
percatara. La verdad, la página del tiempo se encargó de eso.

Pero atrás está el inmenso cerro de la Cordillera de la Costa, el Cerro El Dragón con su arena eterna,
rodeado de casas pero aun vivos. Ellos han sido los que han observado la historia en silencio. Son
ellos los que parecen guiñar un ojo, como diciendo que todo lo sufrido queda y que toda alegría se
canta.

Me pregunté si Iquique no es el mismo o yo no soy el de antes. Y tomé mi avión de retorno a Santiago
estudiando esta pregunta.

1.- Vista de la actual caleta de Iquique (atrás los cerros Cordillera de la Costa)
2.- El Edificio Colectivo de la calle Patricio Lynch.
3.- Frontis del actual Palacio Astoreca (ex Intendencia Regional).
4.- Entrando al avión rumbo a Santiago, en el aeropuerto Diego Aracena.
5.- Frontis de la abandonada Escuela Santa María.
6.- Parte trasera de la escuela, frente al monolito a los obreros mártires
De la tradición de Oliver Welden
Por Rolando Gabrielli

El poeta Oliver Welden, desde Málaga, cumple con su ritual para estas fechas en que febrero, es
natalicio y el esplendor del verano tropical. Desde Málaga, su tercera patria en estos exilios de dos
siglos, Welden me convierte por unos instantes en poeta bilingüe y traducido a la lengua del singular y
enigmático Shakespeare, rey de los poetas y dramaturgos británicos.
Llega su misiva electrónica, amical, lacónica, precisa, en la simple tradición de la amistad y las
palabras. Amistad, un viejo ejercicio que practicábamos por allá en los años sesenta en la antigua
capitanía de Chile, la fértil provincia que se nos escurrió como sal entre los dedos, de Norte a Sur y en
toda la cardinalidad de sus puntos.
Gracias Oliver, las fechas, son las fechas, para llegar y partir. Brindemos por uno más, en el azar de
los tiempos, por esta vieja amistad a prueba de olvidos. Salud a tu poesía, a tus días españoles, más
bien andaluces. Y que el tiempo nos siga agarrando confesados, ya confesos en la poesía.

Mis mejores deseos,
Rolando

DOS POEMAS DE ROLANDO GABRIELLI
EN TRADUCCIÓN DE OLIVER WELDEN

Un cisne Frutos del mar
Un cisne Frutos del mar,
aun después de muerto frutos de la tierra,
siempre tú y yo,
será un cisne somos
peces de un mismo barro.
A Swan
Fruits of the Ocean
A swan
even after death Fruits of the ocean,
will always fruits of the earth,
remain a swan you and I,
are
fishes of the same mire.

Mi Querido Rolando: Parece que esto se hace tradición. Aquí van dos traducciones de tus poemas
para tu cumpleaños. Apio verde tu llu (un día antes). Oliver.
EDITORIAL CINOSARGO ©