Revista Teórica Trimestral

Enero Febrero Marzo 2006

Por un Nuevo Modelo de Economía Mixta para la Competitividad y la Equidad Social dentro del Entorno Mundial Parte I
Movimiento Ciudadano Metropolitano-Agrupación Política Nacional (MCM-APN)
Consideraciones Fundamentales: 1.- Lo que hoy se denomina Neoliberalismo económico está conformado por un conjunto de teorías económicas articuladas con sustancias comunes sustentadas en dos grandes pilares: a) una concepción filosófica compartida en el ámbito del individuo, la sociedad, los procesos políticos y las relaciones internacionales, y b) una praxis social apoyada en las concepciones antes referidas que han cristalizado en un proyecto político de conducción estatal y social, planes y programas de gobierno con relaciones nacionales externas que expresan el discurso político-ideológico dominante, involucrando en el mismo temáticas relativas muy amplias que comprenden desde lo epistemológico hasta el crecimiento económico, el bienestar social, la convivencia política entre ciudadanos, de la sociedad con el Estado y las vinculaciones entre Estados. En tal sentido, estamos ante una concepción completa del mundo y la sociedad, pero cuyos cimientos esenciales, sostenemos, fueron construidos para realidades sociohistóricas distintas a la nuestra, lo cual hace necesario contraponer una concepción alternativa propia, un proyecto y discurso político-ideológico también alternativo y un modelo de organización económica con asiento en nuestra particular realidad nacional, que asuma plenamente nuestras prioridades, sin omitir la articulación con los procesos económicos mundiales como parte ineludible de la realidad contemporánea. Por tanto, que supere ordenada y progresivamente en el mediano y largo plazo todos aquellos aspectos de la dinámica económica nacional que hoy han demostrado en el último cuarto de siglo una manifiesta inviabilidad, concretados en variables del modelo económico que están muy lejos de cubrir las expectativas de una problemática realidad nacional que requiere de urgente atención, como son: el crecimiento económico, la oferta de empleo formal y bien remunerado, el bienestar generalizado y el combate frontal a la extrema pobreza con miras a su erradicación, no a la justificación o mejor administración del fenómeno. 2.-Un modelo económico debe ser evaluado en su pertinencia histórica mediante una doble operación analítica y valorativa: a) por su

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viabilidad en el largo plazo y b) por sus resultados en los asuntos clave de una sociedad nacional. En tales ámbitos, el actual modelo tiene poco que ofrecer como lo señalan con toda seriedad los más diversos estudios: no hay crecimiento de la riqueza y mucho menos distribución de la misma, no hay mayor gravitación de nuestro país en la economía mundial y al contrario, los indicadores sobre ello son cada vez de perfil más negativo. Lo que en otros momentos fueron factores económicos ventajosos (como el costo relativo menor de la mano de obra, las abultadas exenciones fiscales a la gran empresa exportadora, los acuerdos de integración económica sub-regional, por ejemplo) hoy sucumben ante nuevas realidades nacionales y mundiales sin que haya sustitutos de corto plazo que reviertan la deteriorada situación. Es evidente, por otro lado, que en todo modelo económico, hay un conjunto de factores de orden interno y externo que determinan su dinámica esencial, sus ritmos, orientaciones y las características de sus procesos básicos, las fuerzas sociales que actúan sobre el mismo y los grupos con intereses definidos que ventilan su lucha política en torno a él, así como los parámetros de lo que puede considerarse -dentro de él-, éxitos y fracasos conforme a sus postulados y objetivos. Todo, en el contexto de determinados lineamientos ideológicos e institucionales que sirven de soporte social a los procesos. Pero son los factores de orden estructural los que determinan su viabilidad de mediano y largo plazo, que evidentemente se expresan de distintas formas en las coyunturas, pero que tienen un peso fundamental en el conjunto del desempeño de dicho modelo, y son esenciales en su valoración y evaluación global. En el caso mexicano, los saldos negativos del modelo de

industrialización por sustitución de importaciones y las debilidades y nuevos problemas estructurales originados por el neoliberalismo económico, han conformado un híbrido estructural que es la base de nuestra inserción pasiva en la globalización económica, y por lo tanto, el referente fundamental de nuestro bajo nivel de éxito en la misma, así como el alto nivel de cuestionamiento que dicho modelo tiene hoy dentro de nuestra sociedad. Podríamos afirmar que hay un gran consenso sobre su vulnerabilidad, fallas y problemáticas, sobre su disfuncionalidad como modelo de desarrollo nacional, pero no con relación al camino alternativo que podemos y debemos seguir. El modelo de economía neoliberal en su versión mexicana ha producido, valorándolo en retrospectiva histórica y ubicándonos en la realidad presente, un modelo de equilibrio macroeconómico con baja inflación, baja inversión y competitividad regresiva, con estancamiento económico, amplia polarización social y una inequidad social profundizada, en un contexto general de pérdida de soberanía en la política económica, la cual es urgente recuperar. 3.- Respecto a nuestro contexto mundial, consideramos que la globalización económica, como nueva fase estructural de la internacionalización del capital no conforma procesos o territorios neutrales (sostener algo similar, es un planteamiento más de falsificación ideológica, sin fundamento técnicoeconómico) en donde todos los participantes actúan en condiciones de igualdad, y por tanto, pueden obtener beneficios simétricos, pero es al contrario: estamos al interior de un escenario y en un ámbito de acción profundamente desigual y desventajoso, claramente adverso para la empresa de menor tamaño que busca sobrevivir y tener oportunidad

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de crecer y mejor posicionarse. Pero es el entorno mundial existente y debemos observar ese dato con objetividad y actuar en consecuencia, pero desde nuestras propias prioridades nacionales, estrategias y programas. En el caso de México, con la adopción de las políticas de estabilización y ajuste estructural promovidas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial (en el contexto de la grave crisis financiera de 1982), así como con el ingreso al GATT y posteriormente, con la firma del TLCAN, el grupo entonces dirigente en el Estado y el gobierno (las administraciones de los presidentes Miguel de la Madrid y Carlos Salinas), efectuó una doble opción estratégica: por un modelo concreto de inserción en la globalización que es pasivo e ineficiente, de muy baja rentabilidad para el país, y por una regionalización de la economía nacional orientada hacia América del Norte, lo cual ha provocado, entre otros, tres resultados concretos: a) una profundización de la vinculación estructural con el ciclo económico de EUA, abrumadoramente, pero también, recientemente –aunque en mucho menor medida-, con el de Canadá, convirtiéndose ambas economías –dentro de esa estructura asimétrica- en los motores de impulso externo fundamentales de la economía mexicana, ante la carencia de motores dinamizadores de orden interno, autónomos y estructuralmente sustentables, y dada la baja gravitación de otros espacios económicos externos como el europeo, el latinoamericano y el asiático; b) lo anterior ha incorporado en el orden estructural también, una enorme vulnerabilidad proveniente de estos factores del exterior a la economía mexicana que se han convertido en los referentes sustanciales de su movimiento; y c) todo lo anterior, ha repercutido en que nuestra economía sea una de las más abiertas e integradas regionalmente en el

planeta, pero de aquellas con ganancias transitorias y luego declinantes en la economía mundial. En tal sentido, nuestra apuesta por la globalización y la regionalización con los socios de Norteamérica ha fracasado si nos atenemos a los datos duros: crecimiento del PIB, generación de empleos, ingreso per cápita, competitividad sustentable, bienestar generalizado, flujos de inmigración. 4.- La lucha de nuestro movimiento en este terreno es por la conformación de un nuevo modelo económico, dado que el actual ha sido profundamente cuestionado en su viabilidad estructural por la academia, las organizaciones empresariales, la intelectualidad progresista del país y por importantes personalidades y organismos internacionales, así como por muy importantes y cada vez mayores sectores de la ciudadanía de nuestra nación debido a los magros resultados que presenta a la fecha, las severas debilidades que posee y su incapacidad para afrontar exitosamente los grandes problemas de la vida económico social de México. En tal sentido, afirmamos que dicho modelo ha entrado en una profunda crisis expresada en su inviabilidad de mediano y largo plazo, dado que su instrumental económico es incapaz de subsanar sus vulnerabilidades y deficiencias presentes. La superación y cambio del modelo económico actual es posible, porque todos los modelos económicos tienen una vigencia de carácter histórica, nunca ha habido un modelo perene, sino aspectos económicos específicos de unos modelos que sobreviven y se adaptan a la dinámica de otros que los sustituyen, y que por ello modifican su gravitación, función e importancia dentro de un conjunto distinto. Sostener que no hay alternativa al modelo económico actual es una falsificación ideológica acerca de los procesos histórico-económicos que rechazamos plenamente.

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Estratégicamente, situamos la lucha y obtención de un nuevo modelo económico que ataque a fondo la desigualdad social, la pobreza y la pobreza extrema y la polarización empresarial, la desintegración industrial, la baja competitividad agrícola y el rezago científico y tecnológico, como parte inherente de la lucha por la democracia integral para México, la cual deberá desembocar en la consecución de una nueva realidad económico social, dado que concebimos dicha lucha democrática en la dimensión socioeconómica que ella tiene. 5.Las variables estructurales importantes que aparecen como determinantes de la crisis del modelo presente de economía son, en términos agregados, pero de sustancia, las siguientes
a) El agotamiento del modelo

d)

e)

neoliberal de inserción regionalizada en la globalización, que tiene distintas vertientes, pero dos fundamentales: carencia de bases internas sólidas de crecimiento y amplia vulnerabilidad externa. b) La continuidad en esencia y de largo plazo de las políticas económicas bajo el mandato y supervisión del FMI que subordinan al combate inflacionario cualquier otra variable económica, es decir, las vuelven funcionales a aquellas. c) El bloqueo de los motores endógenos del crecimiento económico (inversión privada y exportaciones), que no permite avanzar en la generación de valor agregado de la oferta exportable dada la incidencia de variables de restricción externa que los vulneran, a lo que se agrega la enorme dependencia de las importaciones para poder

f)

g)

exportar (incluyendo la maquila). La existencia de finanzas públicas no funcionales a los objetivos de crecimiento competitivo y equidad social, dada la gravitación que en ellas tiene la vulnerabilidad e ineficiencia recaudatoria, la ausencia de mecanismos distributivos precisos y el centralismos tributario que contribuye a ampliar las desigualdades regionales. La des-industrialización creciente de la planta productiva bajo el efecto combinado del predominio del sector comercial, la disminución del mercado interno, la desintegración de las cadenas productivas sectoriales, la reducida competitividad, la retracción de la inversión pública, el peso del sector maquilador poco imbricado con el resto de la planta industrial, y la recesión económica reciente que detuvo la reconversión tecnológica, aumentando los niveles de obsolescencia industrial. El desgaste severo de los factores de competitividad que permitieron al modelo avanzar parcialmente en la década más reciente dentro del TLCAN, pero que no fueron sustituidas en tiempo y han ocasionado un retroceso considerable en las perspectivas del propio modelo hacia el futuro inmediato y mediato, agudizado por el concurso de nuevas potencias exportadoras (China y la India, señaladamente) frente a las cuales se pierde mercado progresivamente en diferentes mercados, pero especialmente, en el propio y en el estadounidense. La conversión de nuestro sector agrícola en un sector

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importador de alimentos y ampliamente polarizado, con altos indicadores de marginalidad productiva y social, debido a la dicotomía entre una agricultura de exportación transnacional y otra inmersa en la exclusión económica, en el cual lo que constituye una prioridad para otras economías, que es la soberanía alimenticia, ha quedado relegada y subordinada a las necesidades del abaratamiento de los costos de abasto mediante importaciones masivas (ventaja comparativa), y a los compromisos internacionales signados con carácter de irreversibles. Lo anterior conlleva a la conclusión de que en el modelo actual, no ha sido posible compatibilizar plenamente y en el largo plazo: crecimiento del PIB que genere empleos suficientes y bien remunerados, que conduzcan a la obtención de mayores niveles de bienestar social general. II. El avance y la profundización del desarrollo industrial con la conformación de un modelo exportador competitivo que se apoye en ventajas dinámicas y sustentables. III. El ejercicio equilibrado de las finanzas públicas con la expansión de la inversión pública en infraestructura de calidad que favorezca la competitividad de la planta empresarial, que detone la inversión privada sectorial y regionalmente, y que esto se enmarque en el diseño e instrumentación de planes de desarrollo por ramas en el mediano plazo, que también potencien la competitividad nacional.
I. El control inflacionario con el

IV. La reducción significativa del

costo de la administración pública para la sociedad mexicana, con una real profesionalización del servicio público, de mayor calificación en tales funciones y que no obedezca consignas políticas de ninguna naturaleza, junto con un combate multifacético y eficiente de la corrupción, que libere recursos masivamente para el desarrollo económico y social conforme a las prioridades nacionales socialmente consensuadas. V. La consecución de un nuevo Pacto Social y el reforzamiento de las responsabilidades sociales del Estado con el bienestar social y el combate frontal a la pobreza con vistas a su erradicación, sin incurrir en prácticas populistas ni en manipulaciones con fines políticos, pero sí con una orientación y compromiso preciso, incluyendo el de la propia reforma del Estado para ampliar y profundizar la democracia y el reconocimiento de la más amplia diversidad y pluralidad étnica y social, pero desde las bases mismas de la sociedad, lo cual articula las demandas de cambio económico con las de integración de un realmente nuevo Estado nacional, de un nuevo sistema político y de representación étnico social para México y los mexicanos. 6.- Un tema central dentro de la concepción económica aún dominante es el de la participación del Estado en la economía. Al respecto consideramos en esencia lo siguiente: en principio, rechazamos la falsificación ideológica que de ello han hecho los teóricos e ideólogos del neoliberalismo, al establecer una disyuntiva artificial entre la propiedad privada de los activos empresariales como sinónimo

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directo de eficiencia, competitividad y rentabilidad, y la propiedad pública de aquellos como sinónimo de todo lo contrario. Al extender este argumento a las políticas públicas actuales, se plantean éstas como políticas únicas, basadas en el concepto de gobierno corporativo cuya esencia es la privatización cuasi-completa de la esfera pública, contrapuestas solamente con las políticas propias del Estado depredador de las finanzas públicas y el equilibrio macroeconómico comúnmente llamadas populistas. En este último caso también, falsificando el uso y acepción de una categoría de análisis remitida a un contexto histórico radicalmente distinto al actual. Por lo tanto, nos pronunciamos categóricamente por un nuevo modelo económico que involucre el diseño de políticas públicas distintas y nuevos programas, pero que conserven de manera fundamental: a) los equilibrios macroeconómicos centrales y el control de la inflación, los cuales consideramos logros muy importantes del modelo actual. Aunque, por otro lado, rechazamos con fuerza el estancamiento económico de largo plazo como una constante en nuestra nación, como destino para nuestra sociedad, y consideramos que revertir esta nefasta condición es tarea prioritario del modelo alternativo que llamamos a construir, como proyecto y como realidad. En consecuencia, ni el tipo de la propiedad de los activos es sinónimo de nada, ni las políticas públicas instrumentadas hoy son únicas, ni tampoco la alternativa a ellas es la erosión financiera del Estado nacional, su debilitamiento por esa vía, o la manipulación política de los programas sociales. Rechazamos todo ello en conjunto. 7.-Nos pronunciamos, en cambio, por una versión renovada de economía mixta que conlleve un nuevo activismo estatal racionalizado, acotado y

socialmente pactado para el desarrollo competitivo y la equidad social, en el cual se establezcan nuevos equilibrios entre el capital privado y la inversión pública, entre las empresas privadas, incluidas las de capital transnacional, y las empresas del Estado, bajo la égida de programas de gobierno y proyectos económicos comunes y coincidentes de claro interés nacional, que delimiten con precisión las áreas de responsabilidad mutua, determinando el carácter de la propiedad de los activos, no sobre bases ideológicas, sino de carácter técnico y conveniencia pública para el desarrollo nacional. Además, es necesario abrir mayores espacios de oportunidad a las empresas sociales y al sector cooperativo en aquellas ramas de actividad económica en donde puedan ser técnicamente viables y socialmente convenientes, dotándoles de todos los apoyos apropiados para ello. Igualmente, como una política de orientación nacional no prejuzgada, ni ideologizada, sino analizada y consensuada. En los distintos casos mencionados, tales formas económicas y de propiedad deberán mantenerse plenamente garantizadas al interior de nuestro marco constitucional. Cambio de mediante un ordenado. Modelo proceso Económico gradual y

8.- La transformación ordenada, gradual pero progresiva del modelo de economía neoliberal puede ser iniciada con la toma del poder político del Estado mexicano por un nuevo bloque histórico de fuerzas que se planteen como uno de sus objetivos programáticos centrales la superación del mismo, proceso en el cual nuestro movimiento ciudadano (MCM-APN) participa activa y convergentemente con todas las fuerzas empeñadas en ello, haciendo su propia aportación a tal concepción y a su práctica

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realización. Sin embargo, es necesario destacar nuevamente, que uno de los principios que postulamos en este ámbito es el no regreso a modelos precedentes que en nuestro país y otras latitudes generaron graves desequilibrios macroeconómicos por el rol específico y erróneo que le asignaron a variables económicas como el gasto público, el endeudamiento externo, el crecimiento artificial del producto y el ingreso. Aunque igualmente, no aceptamos que el cuestionamiento al modelo actual y la voluntad de superación del mismo, represente automáticamente un deseo de vuelta a experiencias negativas y muy costosas del pasado, lo cual consideramos un argumento ideológico falaz y una forma de estigmatizar la lucha por un cambio económico, ignorando o pretendiendo ignorar el fracaso evidente del modelo actual en diferentes temáticas vitales para el país, como las arriba mencionadas. 9.-Dado que en el actual modelo económico la base para el bienestar social y la elevación de los niveles de vida están orgánicamente vinculadas a la expectativa de un proceso de generación de empleos suficientes y bien remunerados, dicho bienestar se concibe como el éxito personal de una búsqueda individual a través de los mecanismos del mercado (el Estado ha renunciado, por consecuencia, a la promoción directa de niveles de bienestar generalizados con el argumento de no incurrir en prácticas populistas). Pero debido a que en la oferta prometida de empleos necesarios y de calidad, y debido también, a que los programas sociales del gobierno –limitados, aunque válidos-, se concentran en los segmentos de la población más necesitada -, ubicando ambos factores en el contexto de una capacitación y calificación muy restringida de la mano de obra-, el modelo actual y sus administradores tienen en estos espacios de la realidad nacional algunos de sus fracasos más evidentes

y contundentes. Esta realidad requiere transformarse a la brevedad posible. 10.-Lo anterior explica, en buena medida, el perfil y contenido de la política económica : a) la prioridad en el combate a la inflación por encima del crecimiento (sin subestimar la gran importancia de una inflación decreciente al nivel actual), b) la apertura de mercados internacionales (firma de acuerdos de libre comercio multi-regionales), c) la apreciación del tipo de cambio y el control de la oferta monetaria, d) la elevación periódica de la tasa de interés, e) las restricciones recurrentes de la demanda nacional, f) el ejercicio del gasto público equilibrado y g) los estímulos diversos al flujo de la inversión privada extranjera de corto plazo lo más rentable posible, todo lo cual exhibe la ausencia de una política eficiente de competitividad comercial y fortalecimiento de las finanzas públicas mediante una reforma fiscal con consenso social. Habría que agregar, que el capital transnacional (de origen mexicano y extranjero, o el capital asociado) es el privilegiado del modelo actual, porque es quien posee mejores atributos (fortalezas) para actuar en escenarios tan complejos, competidos y difíciles, incluso excluyentes, como los que produce la integración de mercados y la globalización de los flujos de mercancías, servicios y capitales. Lo cual, igualmente, rechazamos de manera categórica.

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Planteamientos Propositivos Generales. En consecuencia, algunas de las tareas urgentes que acometerá el nuevo modelo de economía mixta para la competitividad y la equidad social dentro de un contexto nacional de innovación institucional eficiente, y materializadas en un perfil distinto de políticas públicas y programas de gobierno, son las siguientes: a) Instrumentar programas económico-sociales de corto plazo que inicien ya la detención y luego la reversión del grave deterioro social y del bienestar de la inmensa mayoría de las familias mexicanas, la severa polarización económica de la planta empresarial industrial y agrícola del país, así como el agudo debilitamiento de la competitividad de los productos mexicanos en el exterior, preparando las condiciones necesarias para su enfrentamiento con medidas de mediano y largo plazo que vayan al fondo estructural de sus problemáticas, dotando así de bases internas sólidas al nuevo modelo de organización económica. Rechazamos, en este sentido, los “blindajes económicos”, al conjunto de la economía nacional o a los sectores de la misma por considerarlos una expresión de la incapacidad del modelo actual y de sus administradores para atacar con perspectiva de futuro tales temáticas, sustituyendo ésta por un manejo coyuntural de los mismos, dejando intactos los problemas reales existentes. b) Favorecer la más amplia equidad social posible, enfrentando la actual polarización social con políticas públicas de cobertura social eficiente, no deficitarias y con un enfoque regionalizado atacando los nuevos factores de incubación y proliferación de la desigualdad y extensión de la pobreza extrema, con recursos públicos auto generados para el efecto. c) Enfrentar también decididamente la polarización empresarial, tanto en las ciudades como en el campo, entre formas y organizaciones productivas avanzadas y aquellas que conforman la inmensa mayoría situadas en el atraso, la sobre vivencia permanente y la marginación relativa, con políticas de fomento competitivo para el mercado interno y la exportación, generando una verdadera transformación estructural productiva cuyos ejes sean las pequeñas y medianas empresas. Sin dejar de favorecer un desarrollo superior al conseguido hasta hoy por parte de la gran empresa, pero sin políticas o medidas exclusivas de privilegio. d) El combate a la informalidad económica, con el tipo de políticas antes mencionadas, pero también, con los incentivos necesarios para su inclusión progresiva en la economía formal, contando con la clara aceptación de los grandes grupos sociales que adoptaron esa informalidad como un camino de sobre vivencia ante la posibilidad ofrecida por el clientelismo, el corporativismo, incluso, la corrupción, pero también, ante la agresividad de las políticas económicas instrumentadas desde el poder público en las últimas dos décadas y media que propician la polarización social y la concentración del ingreso en grupos muy reducidos de la población. e) La realización de cambios estructurales en distintas áreas de la economía, los cuales converjan en una nueva fase de competitividad nacional, en el reforzamiento de la capacidad financiera del Estado, y en una nueva articulación, activa y eficiente, con el entorno mundial, como serían los relativos a:

i.

Una reforma fiscal integral con cuatro columnas de soporte: a) que los costos de la misma no sean absorbidos, ni por las clases medias (en ninguno

de sus segmentos) ni por los sectores de bajos ingresos, sino por los defraudadores y privilegiados fiscales de hoy, esencialmente, b)que amplíe considerablemente la base de tributación mediante el combate frontal a la evasión, c) que reduzca progresivamente y con celeridad la dependencia estructural de los ingresos petroleros, y d) que genere una relación eficiente entre los impuestos directos y los indirectos, evadiendo la falsa disyuntiva en este momento de elegir entre recaudar principalmente por el lado de uno u otro tipo de impuestos (aunque es verdad que el monto anual de la tributación directa se afecta considerablemente por los rubros de exenciones y devoluciones). Para que todo lo anterior redunde en una relación recaudación tributaria /PIB sensiblemente más elevada en los próximos cinco años (siendo deseable un nivel superior al 20%, sólo de carga fiscal, sin ingresos por concepto de la seguridad social y otros), reduciendo el costo para las finanzas públicas de los estímulos fiscales actuales a la mitad, principalmente en actividades de exportación de las ALTEX (las devoluciones por ISR y de saldos a favor por concepto de IVA sumaron en general $105,620 millones de pesos durante los primeros 9 meses del año 2005), elevando al máximo el costo de la evasión fiscal (estimada en 40% del total de la recaudación impositiva, que suma, grosso modo, $750,000 millones de pesos anuales). Necesariamente, deberá erradicarse también la eventualidad de que las multas, adeudos y recargos sean condonados a favor de los medianos y grandes contribuyentes (recientemente se denunció un monto de ingresos no percibido por estos conceptos que asciende a poco más de $11,500 millones de pesos para este año). Otorgando también, mayores instrumentos de fiscalización al Sistema Tributario Mexicano (SAT) y dotándolo de autonomía completa para desarrollar sus funciones. En el mediano y largo plazo, debemos orientar al sistema tributario a que vaya imponiendo la tendencia hacia una recaudación que gire fundamentalmente en torno a la tributación directa sobre los ingresos. Pero el nivel actual de la renta per cápita en México, las deficiencias recaudatorias, los problemas de coordinación fiscal, etc., así como la necesidad de los consensos políticos, no lo hace factible. La reforma mencionada deberá incluir necesariamente y en forma sustancial también: las bases para un nuevo federalismo descentralizado, en lo recaudatorio y lo distributivo, en forma progresiva, así como un impuesto especial bajo, pero de carácter generalizado y permanente, para el combate de fondo a la pobreza, previa conformación de un Plan programado y consensuado socialmente, del IFAI y supervisado por una Contraloría Ciudadana de alto nivel y transparentando su recaudación y uso bajo el monitoreo la ONU, mediante su agencia especializada. Esta reforma deberá dar atención particular, en cuanto a programas y medidas, a la informalidad económica (representa un 12.5% del PIB, es decir, unos $663,104 millones de pesos) para convertir su inclusión en la formalidad en uno de los factores coadyuvantes de la funcionalidad y eficiencia recaudatoria del sistema fiscal mexicano (los avances en la recaudación durante 2005, apenas son de 0.5%). Será una contribución fundamental a al conformación de una estructura y funcionamiento de las finanzas públicas en México plenamente funcionales al desarrollo económico con equidad social.

ii.

El robustecimiento de las finanzas públicas, además de los componentes antes mencionados, se nutrirá de una reprogramación de los adeudos contraídos en el proceso de rescate bancario, sin demérito de los resultados que pueda arrojar una nueva auditoria a dicho proceso -en la cual deberán incluirse destacados ciudadanos con la solvencia moral y profesional necesaria-, no hablamos de su cancelación, sino de una nueva

estructura razonablemente aceptable para las partes, pero que tenga mandato de ley, cuya orientación central sea la de reducir en el corto y mediano plazo, la carga financiera respectiva, plenamente liquidable en el largo plazo, cuando los cambios en la estructura fiscal, y en general, en el sector público, se hayan modificado favorablemente. La estructura existente de esa deuda en las condiciones actuales representa una sangría inaceptable de valiosos recursos, un factor de erosión financiera –no él único- que bloquea la consecución de unas finanzas públicas funcionales al desarrollo económico y social, las cuales requerimos de manera urgente, por lo que esta situación general y particular debe empezar a revertirse en el corto plazo.

iii.

Un Plan y Programa de Política Industrial de corto, mediano y largo plazo que aborde como ejes sustanciales los encadenamientos productivos, sectoriales y regionales, con orientación estratégica hacia los objetivos de recomponer la generación de valor agregado, rehacer el desarrollo industrial y una competitividad sustentable, no transitoria, en donde se dé prioridad a la especialización productiva dentro de las nuevas cadenas industriales de vanguardia, industrial y tecnológica, para ganar un lugar destacado en ellas, revirtiendo la ineficiencia relativa de nuestra planta actual y desbloqueando así y reconvirtiendo dos de los motores económicos del crecimiento y el bienestar como son: la inversión privada y las exportaciones competitivas. Los complementos indispensables deben ser: una nueva política de investigación y desarrollo científica y tecnológica de carácter mixto, compartida plenamente y convergente entre el sector público y el privado, pero que fortalezca y amplíe la disponibilidad de recursos públicos para el efecto, funcional a los objetivos industriales estratégicos antes mencionados y que en términos de recursos destinados a ello adopte los estándares internacionales, teniendo como centro de ello, el fortalecimiento de las instituciones públicas de educación superior, la estrecha vinculación con los centros privados universitarios y no universitarios de investigación, los cuales son responsabilidad privada en términos de su reforzamiento financiero y operativo. Es una prioridad económica y nacional. Y por otro lado, vincular estímulos económicos a las empresas de bienes y servicios sobre todo medianas y grandes, nacionales y extranjeras (como exenciones o devoluciones fiscales y otros) a la vigencia y aplicación de programas permanentes de capacitación y calificación de la mano de obra, como fuentes dinamizadoras de la productividad industrial y de la competitividad sectorial, uno de los pre-requisitos para ascender hacia una nueva etapa de competitividad nacional. La política salarial vigente de actualización de su poder adquisitivo conforme a la tasa de inflación esperada aplicada esencialmente a los salarios mínimos, pero con repercusiones para el resto de las revisiones del salario y los sueldos en el país, en el contexto de un crecimiento raquítico del PIB y de expansión limitada o de retrocesos en el gasto social, se ha convertido en uno de los factores de propagación de la desigualdad social y de concentración del ingreso, así como de la disminución progresiva de la participación del salario en la renta nacional, pero también en una de las limitantes más severas del crecimiento del mercado interno, del mantenimiento de una demanda global reprimida, de la expansión de las empresas y del avance más acelerado del crecimiento económico, al estar regida por la concepción dogmatizada de que los salarios crecientes son inflacionarios si no quedan estrechamente ligados a los incrementos de la productividad, considerados por empresa y por rama de actividad. Se trata de

iv.

otra falsificación ideológica de la praxis social neoliberal, que toma como base formulaciones de la teoría economía. En un modelo económico de baja inversión, competitividad regresiva, frágil oferta de empleo y crecimiento débil del PIB como el actual, que no favorecen la rentabilidad empresarial por esas vías, los salarios y sueldos están condenados a una dinámica de sobre vivencia y precarización generalizada y progresiva, más aún, cuando el control de la inflación prácticamente concluyó y es poco lo que puede aportar en tal sentido (aunque es esencial, por supuesto, conservar la estabilidad monetaria y los equilibrios macroeconómicos para evitar su deterioro desde estos procesos). Los enemigos reales de la recuperación salarial y de su transformación en un instrumento adicional de combate a la iniquidad social, al deterioro del bienestar y a la no expansión del mercado interno, son los factores mencionados que caracterizan la dinámica de la economía de hoy inmersa en un proceso de estabilización permanente, y no –como se nos quiere hacer creer- las bajas tasas de aumento de la productividad, que han tenido etapas muy intensas de crecimiento en las últimas dos décadas. En tal contexto económico, el salario está entrampado: se le ofrece conservación de los puestos de trabajo existentes mal remunerados a cambio de mantener esa remuneración precaria y no cancelar más puestos de trabajo. Sólo el cambio de modelo económico puede romper este círculo perverso para los salarios al plantear nuevas interrelaciones entre las variables económicas que lo determinan.

v.

Cambio de la economía agropecuaria actual poniendo en el centro de ello, la obtención de la soberanía alimenticia. Por lo tanto, en general, pero sobre todo en temas de prioridad nacional, rechazamos la concepción económica que privilegia la importación de productos frente al fomento productivo nacional, el diferencial de costos ante la ruina masiva de productores y la expulsión creciente de personas sumidas en la miseria. La economía agrícola mundial se ha transformado también de manera significativa: en sus patrones de producción, tecnologías, demanda y consumo bajo el perfil occidental, así como en las modalidades de provisión, magnitud y uso de recursos en políticas de fomento no competitivo (subsidios) y competitivo, en la gestión empresarial, etc. Por otro lado, el gobierno estadounidense creó el programa más grande de subsidios agrícolas de su historia (Farm Bill 2002 a 10 años), y la Unión Europea, que tiene desde hace tiempo programas de muy altos subsidios a su agricultura, ha beneficiado de ellos ya a sus 10 nuevos miembros que resultan así poderosos rivales comerciales agrícolas de México en esa zona económica. Y con Japón, se logró abrir también la altamente subsidiada agricultura nipona. Finalmente, en la reciente ronda de negociaciones de la OMC en Singapur, se llegó al acuerdo de seguir subsidiando la producción agrícola hasta el año 2014, de tal manera, que en ese entorno mundial, la agricultura mexicana, determinada en buena medida por el Capítulo IV agropecuario del TLCAN y el contexto mundial indicado, se ha convertido esencialmente en una economía sectorial altamente importadora de alimentos, competitiva en algunos productos, pero jamás con un volumen y calidad de recursos e instituciones apropiadas para su desarrollo abierto, con una polarización social y productiva profundizada ante la ruina de cientos de miles de productores ejidales y minifundistas privados empobrecidos ante la avalancha importadora, carencias agudas de innovación institucional y con espacios muy amplios de pobreza y pobreza extrema entre su población (especialmente de origen indígena), así como crecientes flujos de inmigración hacia los EUA, en una coyuntura en la cual se ha reforzado allá la concepción criminal y anti-inmigrante de tales flujos de personas. De tal

  

manera, que es uno de los espacios de urgente transformación, a pesar de que en los últimos años observa un crecimiento superior al del PIB global y de que mejoró la transferencia de recursos luego de un periodo de excesiva austeridad financiera hacia el campo. En consecuencia, se requiere un Programa Agrícola de Emergencia Nacional para los próximos 6 años, consensuado y que tenga cuatro direcciones fundamentales acometidas mediante otros tantos sub-programas: para la generación y expansión de infraestructura agrícola con capital privado y público, que apoye los cultivos de exportación, incluso nuevos, pero destacadamente los alimenticios para el abasto interno. Los cultivos de alimentos serán sustentados con mayores flujos de subsidios y apoyos financieros diversos que constituyan (ampliando y optimizando nuestras capacidades) los más grandes de nuestra historia; para el desarrollo de la infraestructura carretera y de telecomunicaciones funcional a los objetivos globales y regionales planteados; para la mejora general sustancial en los servicios de salud y educación, y para generar con lo anterior y otros aspectos adicionales (como el de empleos temporales, apertura de nuevos cultivos, etc.) una oferta expansiva de empleo dignamente remunerado. El nuevo activismo estatal, racionalizado y acotado que proponemos como soporte de la nueva economía mixta para la competitividad y la equidad social tiene tres tareas-objetivos primordiales: a) contener el deterioro financiero, liberar recursos y allegarse nuevos fondos para acometer sus nuevas prioridades ya mencionadas, los cuales provendrían de cinco fuentes principales:  la reestructuración por mandato de ley de los pasivos derivados del rescate bancario en condiciones aceptables para las partes, a lo cual deberá agregarse la reestructuración o liquidación, según el caso, de los pasivos externos con fuentes privadas, particularmente de aquellos con vencimiento y pago de servicio durante los próximos 5 años, igualmente, en condiciones apropiadas para las partes involucradas, y liquidación de los pasivos con el FMI como una forma de retomar plenamente la iniciativa económica nacional conforme a nuestro nuevo orden de prioridades.  una reforma pensionaria que vincule los mayores esfuerzos de cotización de los trabajadores, de las empresas y el Estado a la elevación sustancial del ahorro interno, así como a la mayor disponibilidad de recursos y su canalización a fines productivos de orden prioritario;  la contratación de nueva deuda en mejores condiciones , si fuera necesario, respecto de la deuda internacional reestructurada o liquidada (excepto con el FMI), mediante procedimientos competitivos entre las instituciones interesadas;  participación del capital extranjero en un máximo de 20% del capital social de las empresas energéticas del Estado mexicano, con opción de recompra en un plazo de 12 años, decidida mediante una consulta nacional a la ciudadanía debidamente estructurada, promovida y procesada con niveles adecuados de flujos de información.  una reforma fiscal integral que: a) efectúe un doble ataque frontal: a la evasión fiscal mediante procedimientos legales idóneos firmes pero no persecutorios (salvo en el caso del contrabando de productos

vi.

provenientes del exterior), y a la informalidad económica, b) que haga mucho más eficiente la recaudación y la coordinación fiscal mediante la descentralización recaudatoria y distributiva, c) que otorgue mayores instrumentos de fiscalización y autonomía al SAT, pero no perpetuación en sus cargos a los funcionarios y establezca la Procuraduría fiscal, d) que instituya un Consejo Fiscal Ciudadano con notables de la sociedad civil y a la vez especialistas, con atribuciones de supervisión y remoción de funcionarios, e) y que implante dos nuevos impuestos: el patrimonial y el especial para el combate a la pobreza, f) más la ampliación de facultades a los Estados para desarrollar su propia recaudación en un mínimo del 25% y sus actividades punitivas en la materia, y que implante también un impuesto progresivo al consumo, luego de determinados niveles.

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Sobre las empresas energéticas del Estado, debemos buscar una reforma que se oriente a un doble objetivo prioritario: la obtención de la autosuficiencia energética y la autonomía de gestión para la competitividad y la rentabilidad, y que les libere progresivamente de los candados tributarios en materia fiscal, que les impiden su adecuada capitalización y el manejo propio de la rentabilidad de sus operaciones, y por tanto, de la reinversión de la misma, propiciando el rezago tecnológico y la disminución de sus ventajas comparativas. En esta materia, consideramos un complemento esencial: la reforma legal que abra la factibilidad de desarrollar con amplitud todo tipo de negocios asociados con sus contrapartes en el mundo y en el país, sobre la base del cambio acotado en la estructura de la propiedad antes propuesta. En el entendido, de que el daño que se ha hecho a PEMEX y a la CFE por conducto del secuestro fiscal de su autonomía financiera y de gestión, la corrupción, y el contratismo privado y sindical desenfrenados, y que los efectos negativos en tales empresas requieren reformas de distinto tipo que las pongan al día en el entorno mundial y en cuanto a su elevada función para coadyuvar al desarrollo nacional y al bienestar social. Consideramos que los lineamientos antes establecidos, se ubican en dicha dirección. Mantener la autonomía del Banco de México y su carácter rector en cuanto a la lucha contra la inflación, pero devolviéndole sus facultades para promover el crecimiento económico con medios, medidas e instrumentos de equilibrio no recesivos ni artificiales. Mantener la actual acotación de sus facultades al sólo control inflacionario, por un lado, significaría la aceptación de otra falsificación ideológica de la concepción y praxis económica neoliberal, que es la incompatibilidad entre ambas variables dentro de un modelo económico, y no su sana retroalimentación. Y por otro, prolongar el estancamiento económico haciendo peligrar la estabilidad socio política relativa de hoy. Por ello planteamos su indispensable modificación. Diversificación estratégica de nuestra inserción en los procesos de la globalización económica y de regionalización, con la finalidad de: a) ampliar los términos de nuestra regionalización actual evitando el alineamiento estratégico único con norte América y b) articularnos plenamente a la dinámica de las nuevas potencias económicas emergentes con la finalidad de introducir cambios en la geografía del orden económico actual, por lo cual proponemos integrar un nuevo bloque económico y comercial para el cambio de la geografía económica del orden actual con

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México, Brasil, Argentina, China, la Federación Rusa y la India, bloque económico asiático-latinoamericano que articule los esfuerzos de esos seis países al seno de la globalización y por su gravitación específica y progresiva en la economía mundial, esté en posibilidad, en el mediano y largo plazo, de impulsar con éxito reformas al orden mundial, hecho y para beneficio, en lo fundamental, de la alianza de los grandes y poderosos intereses representados por las naciones del atlántico norte, a pesar de que compitan entre sí para lograr la supremacía económica de sus respectivos bloques económicos regionales, lo cual permitiría también una diversificación y ampliación del margen de acción y maniobra de nuestra política exterior, ante el endurecimiento de la política de nuestro poderoso vecino del norte del continente en distintos ámbitos.

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En todos los casos, pensamos en el diseño de políticas de perfil convergente, consensuadas y de mediano y largo plazo, con participación de la ciudadanía organizada de distintas maneras, que pongan por encima de todo los intereses superiores de la República, y que vayan al fondo estructural de los problemas, y no a la administración de los mismos para evitar su desbordamiento o a salidas coyunturales que los dejen intactos para su permanencia y agudización en el mediano y largo plazo. Acometer la tarea de modificar ordenada y gradualmente el modelo actual de economía, dotando a las propuestas de la viabilidad técnica necesaria, conlleva, en un segundo momento, generar las condiciones para su adecuado y factible procesamiento político, lo cual vigoriza las bases necesarias para encarar la impostergable Reforma del Estado, la concreción de un nuevo Pacto Social para la conformación de un nuevo régimen político, porque le da un soporte nacional de estabilidad mediante los consensos económicos, lo que no significa que dicha reforma deba esperar a la puesta en práctica de los mismos, sino a que el enfoque político y programático de ambos grandes procesos, debe ser integral e integrador.

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Por el MCM-APN : Su Presidente Nacional Carlos Falcón Proyectista: L.E. y M. F. Jorge Retana Yarto Ciudad de México D . F.

18 de Enero de 2006.