12.3. REINADO DE ALFONSO XII: EL SISTEMA CANOVISTA Y LA CONSTITUCIÓN DE 1876.

Tras el golpe del general Pavía y la disolución de las Cortes, en enero de 1874, se estableció un gobierno provisional. En teoría, seguía vigente la República, pero en la práctica fue una dictadura militar del general Serrano, mientras todo se preparaba para el retorno de los Borbones. Así, el 1 de diciembre el príncipe Alfonso había firmado el Manifiesto de Sandhurst, en el que garantizaba una monarquía constitucional y democrática, aceptando buena parte de los avances políticos del Sexenio. El texto había sido ideado por Cánovas del Castillo, que preparaba la vuelta de la monarquía de forma pacífica y sin intervención militar. Pero los generales Jovellar y Martínez Campos se adelantaron y se pronunciaron el 29 de diciembre de 1875 en Sagunto a favor de la monarquía. Ya no quedó más remedio que preparar la proclamación del rey, mientras Cánovas procedía a nombrar nuevos gobernadores y alcaldes, instaurando la censura y decretando el cierre de periódicos republicanos. En realidad, se estaban dando los primeros pasos para aplicar un nuevo sistema político, ideado por el propio Cánovas, que manipuló los resultados de las elecciones de diciembre para asegurar una amplia mayoría a los candidatos del gobierno. El citado sistema se basaba en tres pilares fundamentales: un modelo parlamentario basado en la monarquía y en la alternancia de dos partidos políticos en el poder, el falseamiento del funcionamiento constitucional y una nueva Constitución. a) LA CONSTITUCIÓN DE 1876.

La Constitución de 1876 es un texto flexible, con el objeto de permitir gobernar de manera estable a los particos que acepten el sistema. Sin embargo, su inspiración es doctrinaria y conservadora. Respecto a los poderes del Estado, la Constitución vuelve al principio de soberanía compartida, puesto que la potestad de hacer las leyes pertenece a las “Cortes con el Rey”. Las Cortes seguían el modelo bicameral de Congreso y Senado. a) El Congreso - la legislatura duraba cinco años y las Cortes podían ser disueltas y suspendidas por el rey, quien tenía tres meses para convocar otras nuevas. b) El Senado - estaba constituido por tres tipos de senadores: Los senadores por derecho propio - hijos del Rey, Grandes de España, altos cargos del Ejército....; por designación real - Presidentes de Academias, catedráticos... y los mayores contribuyentes. En cuanto al poder ejecutivo, los ministros tienen que contar con la aprobación conjunta del monarca y las Cortes. Una votación adversa tenía como consecuencia la disolución de las Cortes o la dimisión del gobierno. La cuestión religiosa se resuelve mediante el reconocimiento de la confesionalidad católica del país y la garantía del sostenimiento del culto y clero. b) FUNDAMENTOS POLÍTICOS.

El primer objetivo del sistema canovista fue asentar firmemente la monarquía, que debía compartir la soberanía con las cortes. Este sistema, además, debía acoger a los partidos burgueses, con la única condición de aceptar la monarquía y la alternancia en el gobierno. De esta forma, se apostaba por un régimen estable, marcado por el civilismo. Esto es, el ejército debía volver a los cuarteles y cumplir su misión constitucional, acatando la figura del monarca su absoluto superior. En este sentido, su protagonismo en la lucha contra los carlistas y el carácter de rey-soldado, con formación militar, favorecieron el cumplimiento de esta idea. El modelo ideal de parlamentarismo era el británico, basado en la existencia de dos grandes partidos que aceptaban turnarse en el poder, con el fin de evitar la disgregación parlamentaria en pequeños grupos y garantizar las mayorías. Ambos debían aceptar pasar a la oposición según el turno o si perdían la confianza regia.

C) EL FALSEAMIENTO DEL SISTEMA: EL CACIQUISMO Y CORRUPCIÓN ELECTORAL. En este modelo teórico había dos partidos: el Conservador, dirigido por el propio Cánovas, que defendía tres ideas básicas: espíritu moderno, orden público y monarquía; y el Liberal, que no existirá hasta 1880, dirigido por Mateo Práxedes Sagasta, que apostaba por un carácter más democrático en sus actuaciones, aun aceptando la Constitución de 1876. Pero en la práctica este sistema electoral fue adulterado constantemente por sus propios defensores. Así, el procedimiento de relevo en el turno de gobierno seguía un camino inverso a lo que debía suceder en una democracia. Cuando un partido experimentaba el desgaste de su gestión o los líderes consideraban que era necesario el relevo, se sugería a la Corona el nombramiento de un nuevo gobierno. El monarca, entonces disolvía las Cortes, convocaba elecciones y nombraba ya al nuevo Presidente del Gobierno. Entonces actuaba el recién nombrado Ministro de la Gobernación que preparaba los resultados de las elecciones adjudicando votos y escaños a los candidatos antes de celebrarse los sufragios. Esto se realizaba rellenando las casillas de las actas electorales en el Ministerio, según los acuerdos pactados por la oposición. De ahí el nombre que también recibía este modo de actuar: “encasillado” A continuación se procedía a amañar los resultados, comunicando los resultados a los gobernadores civiles y luego a los caiques y autoridades repartidos por todo el país. Éstos, con el poder y la influencia que ejercían en los ámbitos locales conseguían, inevitablemente, la mayoría para el partido que iba a gobernar. El régimen tuvo al principio un amplio respaldo, incluso después de la temprana muerte de Alfonso XII, en 1885. Pero con el paso de los años empezaron a aparecer fisuras en aquellos lugares que escapaban al control de los caciques, como era el caso de las ciudades. Y lo mismo ocurriría en regiones periféricas, donde los dos partidos no tenían tanta influencia como los nuevos nacionalismo.