MARÍA DE LOURDES ROMERO ÁLVAREZ

historia basándose sólo en una percepción visual, la cual, si se carece de contexto, puede producir una versión simplista y muy alejada de la realidad, tal y como sucedió con mucha de la información que se nos transmitió recientemente, desde Pekín, con motivo de las Olimpiadas de 2008.

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Marco Antonio Cervantes González
A MANERA DE COLOFÓN

El periodista que cubre los hechos noticiosos para la televisión debe estar consciente que las transmisiones en directo permiten, al igual que los otros medios, la manipulación de la información. Esta manipulación depende no solamente del reportero o del camarógrafo que se encuentra en el lugar de los hechos, sino también de las características del equipo que se emplea para la transmisión. Además, no se debe descartar la participación que tienen en este medio los gobiernos de los respectivos países. El camarógrafo y el reportero no trabajan aisladamente, son parte de una gran organización que debe funcionar de determinada manera, si no es así se puede parar el funcionamiento de lo que se ha llamado el cuarto poder: la prensa. Ante esta disyuntiva, surge una pregunta: ¿cuál es el papel del periodista crítico y responsable? Responder esta interrogante no es tarea sencilla; sin embargo, se puede reflexionar al respecto: lo primero que debe hacer quien labora en esta situación es cavilar sobre el lugar que ocupa en el proceso de producción de las noticias y, segundo, adoptar una actitud crítica para ejercer su profesión de manera responsable. Es decir, no sólo debe ser testigo en el sentido de que presencie lo que acontece, sino constituirse -intencionalmente- en un sujeto que vigile e investigue la situación para atestiguar sobre los acontecimientos que observe y pueda dar un panorama lo más amplio y completo sobre el asunto relatado.

ue unjueves de septiembre; todo había ocurrido al amanecer. Años después observo una fotografía de ese terrible día: varios jóvenes leen el titular de "las últimas noticias", el periódico informa sobre lo sucedido horas antes en la ciudad de México. Todos están absortos ante la lectura. Metros adelante de ellos la fotografía muestra una montaña atroz: varillas retorcidas, sábanas hechas jirones, cristales rotos y enormes bloques de concreto cuarteados. Sin embargo, las personas no quieren perder ningún detalle de las líneas que leen. La tragedia (la noticia, pues) los rodea, está junto a ellos. Pero la gente fotografiada necesita leer el periódico que se alza ante sus ojos. Prefieren voltear hacia el texto impreso.

¿QUÉ PASÓ; QUÉ PASA POR EL MUNDO?

¿Qué impulsó a leer a esos jóvenes el periódico antes que observar con ojos propios la tragedia misma? Me aventuro a imaginar que les urgía una respuesta a su persona: "¿Qué pasó?" Pregunta y motivo central de un fenómeno fascinante: la actividad periodística. Desde hace algunos años, la Teoría del Conocimiento ha puesto de cabeza el concepto de verdad. Dentro de las aulas donde se enseña y aprenden ciencias, se expone de manera constante y sistemática que las teorías no son absolutas: son frágiles, revisables; sujetas a discusión. Pese a esa conclusión ya zanjada en muchos
1 Una primera versión de este texto fue leído y discutido por alumnos de la asignatura Géneros Periodísticos III, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Sus atinadas sugerencias enriquecieron de manera notable la versión final del escrito. Mi más sincero agradecimiento a ellos.

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ámbitos, en las aulas donde se reflexiona sobre periodismo pareciera ser un tópico que convoca al debate, al fruncimiento del ceño. La reflexión teórica del periodismo, para muchos, debe estar muy lejos de los futuros periodistas. O de plano, no existir. Una posible explicación de este evidente malestar es resultado de algunos recuerdos de la muy mala educación que con tufos positivistas hemos recibido en nuestra enseñanza básica y media superior. "Mis maestros -dice Juan Villero- no podían estornudar sin recurrir a un 'marco teórico'". Esa actitud, por desmarcarse de lo "teórico", ha hecho que algunos profesores definan al buen periodista como el que "sabe transmitir una noticia siendo objetivo", "el que sale a la calle a cazar noticias", o el que escala el más alto de los muros para obtener y no soltar la primicia. "¿Y después... qué?", se preguntan mirando lo obtenido. Alguna vez escuché a una profesora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales reclamar que se debería dejar de "jugar a la escuelita, para hacer trabajos que tengan que ver con la realidad real, no con la realidad del aula". Me atrevo a señalar que no se ha comprendido que el pensamiento teórico que debemos alentar -primero en las aulas y luego fuera de ellas-, es aquel donde los estudiantes tengan una actitud para observar con detalle todas las posibles aristas y pliegues ocultos del fenómeno periodístico. Las teorías abstraen, responden, preguntan, concluyen y... vuelven a preguntar. Es un proceso crítico. Un círculo virtuoso. Exponer hipótesis o teorías para acercarnos a escuchar de cerca la respiración del periodismo, debe ser tan creativo como hacer cine, como componer música, como alertar sobre el calentamiento de la Tierra. En ese sentido, los egresados de la licenciatura en Ciencias de la Comunicación, a partir de sus conocimientos teóricos, deben plantear y resolver problemas que les genere un desafío intelectual constante. Esto con base en la disposición y la capacidad propias de la investigación científica: creatividad, capacidad de análisis, habilidad para plantear interrogantes y poner a prueba respuestas. Todo esto sin alejarse de la reflexión sobre la práctica y alcances del periodismo en una sociedad como la nuestra y en momentos realmente cruciales. Estimular la discusión teórica debe proponer a investigadores, docentes y alumnos una experiencia intelectual genuina. Una muy buena ocasión para la reflexión y el análisis retrospectivo de la práctica, una indudable oportunidad para generar interrogaciones que nos lleven hacia una exploración vital. El periodismo no es un instrumento técnico que transmite sólo información, la extensión de un teclado acéfalo. El reto de los periodistas de hoy, y de mañana, es transformar la información en conocimiento: de modo que la primera sea el

insumo básico del segundo. Recuerdo un texto de Tomás Eloy Martínez sobre los desafíos del periodismo en el siglo XXI. Martínez comparte que los infinitivos conocer y narrar tienen un origen similar, su origen es una palabra del sánscrito, gná, que significa: conocimiento. A lo largo de nuestras vidas hemos utilizado más y mejor el verbo narrar que el verbo informar.2 Así, el periodismo cobra una vigencia vital; no es la simple redacción de lo hechos, la persecución de la noticia o la escritura urgente. Entender esa notable diferencia entre información y conocimiento es uno de los grandes propósitos de la Teoría del Periodismo. La incipiente Teoría del Periodismo ha puesto en la mesa de discusión más de una pregunta por contestar, pero también nos ha acercado algunas y muy valiosas respuestas. Muchas de esas conclusiones han enriquecido la práctica del periodismo actual y, sin duda, las podemos encontrar en el periodismo que leímos hoy o vamos a leer el día de mañana. Tópicos como la desacralización de la objetividad, lo superficial que resulta actualmente etiquetar géneros de forma rigurosa o la de dudar sobre las fronteras entre interpretación y opinión, no se podrían entender hoy sin la reflexión que le ha impreso la teoría periodística. Sin esa discusión fomentada desde las aulas universitarias, muchos planteamientos seguirían repitiéndose a coro como dogmas intocables.

LOS GÉNEROS PERIODÍSTICOS: ENTRE CENTAUROS Y ORNITORRINCOS

Por ejemplo, la reflexión referente a la enseñanza y el aprendizaje de los géneros periodísticos cobra mucha vitalidad en ese contexto. A mi parecer, hay una actitud academista en entender invariabilidad y aguas siempre en calma en la actividad periodística y sus productos. La reflexión seria y sistemática en torno a la actividad nos ha mostrado en más de una ocasión lo interesante y fascinante que puede ser construir textos que pongan en entredicho a los manuales. La teoría periodística ha justificado, desde una perspectiva histórica y estilística, las formas narrativas innovadoras de diversos autores de diferentes épocas. El impulso de los periodistas norteamericanos (Capote, Wolfe, Mailer) que registraron su talento con el nombre de "Nuevo Periodismo", es una brillante muestra de eso. Sin duda, muchos de nosotros ni siquiera podemos pensar nuestra biografía como lectores sin esos relatos que nos han mantenido en vilo más de una noche.
• Tomás Eloy Martínez, La otra realidad. Antología, México, Fondo de Cultura Económica, 2006, p. 238.

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sos periodistas de la segunda mitad del siglo XX desplazaron lo convencional con • fuerza de su estilo, en ese momento indefinible y sin duda innovador que le dio espalda a la tradición periodística y hasta literaria de entonces. Por eso me parece caduca la actitud de inhibir formas que no se parezcan a lo invencional. El sólo hecho de concebir la tarea de escribir como un recetario es eligroso. En eso hay una actitud positivista riesgosa. A mi parecer, la reflexión i torno a los géneros periodísticos debe ser múltiple. Desde la discusión estilíspa hasta la función social de éstos. Los profesores y los alumnos que precisan su ¡scusión desarrollarán la capacidad de dialogar con más confianza a través de s distintas formas de concebir el periodismo. Visto desde ahí, el debate es una actividad que cobra sentido con la lectura impartida y el intercambio de interpretaciones en torno a diversos textos. La flexión tendría que ser un proceso de idas y vueltas entre el uso del lenguaje ¡riodístico en todas sus formas. Por eso me parece riesgoso descontextualizar quedarse únicamente en un mero ejercicio de reconocimiento y memorización definiciones. Entender cómo se hace un reportaje, una crónica o un ensayo es jcho más que seguir "normas" o recetas invariables. Las características estilísticas que se exigen desde la docencia cuando se piensa un relato periodístico, son fáciles de enumerar: agilidad, claridad, sencillez, .ginalidad. No las puedo contradecir ni mucho menos ponerlas en duda. Pero aestra labor, el clima académico en las aulas, fomentan que nos lleguen escritos i esas características? Es difícil exigir originalidad cuando se imponen corsés 'eros. La agilidad en un escrito se puede encontrar en textos de jóvenes periotas que ven en la escritura un medio idóneo para expresarse y que no le temen i descalificación académica por redactar un párrafo de más de cinco líneas. Sancionar, delimitar, imponer alambres de púas entre los géneros periodísticos ¡alienta la escritura. ¿Cuántas crónicas se estarán dejando de hacer, pues los sibles autores no saben diferenciar entre una crónica interpretativa y una crónica natival ¿Cuántas ideas y argumentos frescos no se podrán leer, pues los autores scuchar la palabra "ensayo" conciben esa forma expresiva como únicamente la irrida tarea de repetir ideas de otros? El periodismo debe aceptar y fomentar lo innovador, la búsqueda constante. Al iprender el fenómeno periodístico, los estudiantes deben encontrar ciertos valores u actividad futura. Por eso, construir una teoría del periodismo desde el escritorio, ala o la sala de redacción, deberá estar cimentada, también, por actitudes. Por lo o, profesores y estudiantes que enseñan y aprenden periodismo deben hacerse puntas sobre el material que leen y escriben, ayudarse, hacerse preguntas sobre

los más variados textos y recompensar a quienes planteen y escriban cuestiones poco comunes pero pertinentes. Es decir, concebir el salón de clases donde se reconozca y fomente la creatividad como cualidades académicas innegables. Evitar el dogmatismo es una actitud científica. Los actores involucrados en el proceso de enseñanza y aprendizaje en torno al periodismo deben entender este fenómeno como un proceso para ampliar la comprensión y no como una verdad inalterable. No hay una sola definición, ni autoridades absolutas. Mucho menos definiciones que nos proporcionen invariablemente respuestas correctas. Es relativamente sencillo encontrar ejemplos que nos ayuden a comprender por qué es riesgoso pintar al fenómeno periodístico de una fachada de respuestas tajantes. Las aguas en calma en nuestro ámbito han sido perturbadas en más de una ocasión. Mencioné a los norteamericanos que impulsaron el "Nuevo Periodismo", pero también en nuestra lengua los estanques se han visto perturbados muchas veces. Desde Alfonso Reyes hasta Juan Villero, de manera antisolemne y antiacademicista, han definido sus textos de manera peculiar. Alfonso Reyes (1889-1959) definió al ensayo como "el centauro de los géneros literarios". Es decir, lo concibió mitad hombre, mitad caballo. Una extraña y mitológica mezcla que no hace caso a cánones predeterminados y definiciones rígidas; no conoce fronteras y en ocasiones éste visita casas ajenas, de las cuales sin más se adueña no habiendo quejas de nadie. Mientras, Juan Villoro (1956) define a la crónica periodística como un ornitorrinco, una mezcla de siete animales en uno: desde novela hasta teatro, desde reportaje hasta ensayo. En su hermosa compilación de crónicas titulada Relatos reales, el periodista y escritor catalán Javier Cercas festeja lo apatrida de las crónicas periodísticas: "Porque, si no me engaño, toda buena crónica aspira a participar de una triple condición: la de poema, la del ensayo y la del relato",3 menciona Cercas. A mi parecer, si procede de un genuino proceso de creación e interpretación de la realidad, es inútil y aburridamente laborioso tratar de etiquetar y revisarle el pasaporte a los textos periodísticos que leemos. ¿Cómo etiquetar los textos publicados por el cubano José Martí (1853-1895) en los periódicos de su época? ¿Como ficción (cuento) o como uno de los mejores ejemplos del periodismo en español de todas las épocas? Recuerdo una crónica durante su estancia en Estados Unidos donde nos relata con una precisión narrativa punzante, casi policial, la cirugía plástica de una mujer alemana. O cómo describía ese invento que haría escuchar los gritos de las moscas al ser aplastadas:
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Javier Cercas, Relatos reales, Barcelona, El Acantilado, 2000, p. 16.

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Merced al micrófono, un químico inglés, ha llegado a demostrar que esas moscas infelices, que miramos sin compasión, que tan a menudo perecen a manos de niños traviesos, sufren tan vivamente como el más sensible de los mortales, y expresan su dolor en gemidos prolongados y angustiosos, que el micrófono transmite directamente al oído.4

¿Cómo clasificar los textos del argentino Martín Caparros?,5 ¿reportaje o relato policiaco? Los textos del argentino se mueven en lo mejor de la tradición detectivesca; en esos relatos hay un afán de recrear situaciones límite. Un periodista que deja para otro día interpretaciones "neutrales y objetivas", y nos hace cómplices del descubrimiento de un detalle, de un escalofriante hallazgo: un paseo por las calles anegadas de lodo, suciedad y chivos muertos, o el terror de ver su habitación de hotel saqueada en Moscú. Escenas que lo dicen todo y que explican por sí solas una realidad compleja y fascinante. ¿Qué etiqueta adherir en las crónicas del chileno Pedro Lemebel, que retratan con filosa ironía los túneles de la falsa moral y la intolerancia en contra de los homosexuales en Santiago de Chile?,6 ¿crónica poética? En la crónica "Las amapolas también tienen espinas", al describir un encuentro homosexual, Lemebel escribe:
Quizás estas crispadas relaciones son el agravante que enluta las aceras donde yiran las locas en busca de un corazón imposible, vampireando la noche por callejones, bajo puentes y parques donde la oscuridad es una sábana noche que ahoga los suspiros

Desde el escritorio o desde el teclado también se puede cazar. Me atrevo a invitar a ir a atrapar seres mitológicos desde la mesa donde se lee, se investiga o se escribe. Una de las posibilidades, en esa travesía, ¿por qué no?, sería atrapar un centauro con cabeza de ornitorrinco. La presa -totalmente fuera de lo común- sería necesario presumirla urgentemente (y en voz alta) en el salón de géneros periodísticos, en la sala de redacción. Esto nos convoca a situarnos lejos de la imagen del periodismo caduco que buscaba alcanzar a toda costa la denominada "objetividad periodística". El periodismo actual y el que se va a publicar en algunos años, debe privilegiar formas renovadas de concebir el hecho noticioso mediante una actitud que ponga el acento en la interpretación y la construcción de la realidad por parte del periodista, formas narrativas que convoquen a un mayor número de lectores. Como lo escribe Tomás Eloy Martínez:
El lenguaje del periodismo futuro no es una simple cuestión de oficio o un desafío estético. Es, ante todo, una solución ética, el periodista no es un agente pasivo que observa la realidad y la comunica; no es una mera polea de transmisión entre las fuentes y el lector sino, ante todo, una voz a través de la cual se puede pensar la realidad, reconocer las emociones y las tensiones secretas de la realidad, entender el porqué y el para qué y el cómo de las cosas con el deslumbramiento de quien las está viendo por primera vez.8

Pero además de lo gráfico y huidizo de los ejemplos citados, los autores proponen distintas tentativas de un escenario invariablemente dinámico. Los estanques se ven muy perturbados por distintos animales que se alejan de formas conocidas que nos salpican y nos despiertan a todos. Posiblemente leyendo estos ejemplos, el estudiante indeciso que quería escribir una crónica o el ensayista que dej ó para otro día la redacción de su texto, se atreva a encender su PC y a escribir urgentemente.
Citado en Susana Rotker, La invención de la crónica, México, FCE, 2005, p. 99. Nacido en Buenos Aires en 1957. Periodista e historiador. Ha publicado una veintena de libros, entre los que se destacan Larga distancia (crónicas) y La Historia (novela). 6 Nace en Santiago de Chile a mediados de la década de los cincuenta. En su ficha biográfica, en el volumen Enviados especiales, se lee: "en Lemebel lo más patente es el carácter posmoderno, empezando por su radical cuestionamiento de la ideología represiva". 7 En Enviados especiales. Antología de nuevo periodismo hispanoamericano, México, Aguilar, 2004, p. 221.
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Esto convocará a lectores, que como lo traté de describir al inicio del texto, sentirán la imperiosa necesidad de leer, de entender, de informarse, de apropiarse de interpretaciones sin que les importe que el mundo se esté cayendo, como ese jueves 19 de septiembre de 1985. Relatos periodísticos que convierten al periodismo en algo más que información que muere al instante. Así, el periodismo debe ser un instrumento de información, una herramienta para pensar, para crear. Para aprender a mirar y no sólo para ver de manera superficial. La invitación a profundizar en estos temas me parece fascinante. La construcción de las hipótesis que traten de esclarecer el fenómeno periodístico depende de todos los involucrados en el tema. Las respuestas, como parte de racionalización científica, deben contener un fuerte componente ético, definido por la honestidad, por la argumentación, rigurosa, así como por el rechazo de las afirmaciones no fundamentadas o la descalificación fácil.
Tomás Eloy Martínez, op.dt.,p. 241.

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La posibilidad de abordar los fenómenos periodísticos a través de una teoría propia, invita a reflexionar sobre un escenario dinámico donde nuestros objetos de estudio se han multiplicado y diversificado. Nuestro reto como docentes (y por supuesto, estudiantes) no debe terminar con "saber lo de nuestra materia", pasa por desarrollar los conocimientos, los valores y las actitudes necesarias para que los alumnos aprendan a aprender. Alumnos alentados a dudar, capaces de preguntar y preguntarse, de buscar información por su cuenta, de identificar y resolver problemas. Jóvenes que tengan un perfil altamente calificado para argumentar, para tomar decisiones; jóvenes que enfrenten de manera crítica la actividad periodística. Donde concibamos que la tarea de escribir es uno de los mejores métodos para pensar. Que aprendan a mirarse en los textos de ellos mismos y de otros. La enseñanza, como el aprendizaje, se debe convertir en una tarea colectiva. Debe ser una labor común definir metas y propósitos por alcanzar en nuestras escuelas, en nuestras universidades. Es fundamental romper con el aislamiento de la labor docente, así como con el individualismo que caracteriza nuestra cotidianidad. Se requieren tiempos y espacios propios para encontrarse e intercambiar, por ejemplo, bibliografía descubierta, antologar textos no convencionales, compartir estrategias de enseñanza y experiencias exitosas de evaluación, intercambiar opiniones de estudiantes de distintos semestres. Estamos subrayando la necesidad de reflexionar en conjunto, de leernos, de discutir, de escribir y reescribir. Así, la tarea de discutir sobre cómo construir una teoría de periodismo tendría elementos más concretos para su análisis. El intercambio de perspectivas es vital para este tipo de planteamientos. Sin duda, esto implica una capacidad mayor para la crítica reflexiva, la disposición para aprender de forma continua, de fomentar la investigación y la curiosidad por saber. Construir una teoría del periodismo nos invita recorrer un trayecto: fincar, cimentar, edificar. En el entendido de que la tarea periodística y, sin duda, la tarea docente no tienen otro eje fundamental más arraigado que la interrogación constante, la duda. Tenemos que dudar y trabajar en torno las preguntas que nos convoca el fenómeno periodístico. Preguntas que nos proponen argumentar muy bien la respuesta. Preguntas como aquellas que un periodista a su manera contestó en ese periódico publicado el jueves 19 de septiembre de 1985 y que todos peleaban por leer para contestar: "¿Qué pasó, qué pasa?"

LA CONSTRUCCIÓN DE LA REALIDAD SOCIAL A TRAVÉS DE LA MEDIACIÓN FEMENINA, UN REPASO HISTÓRICO

Elvira Hernández Carballido

1 eje de este libro parte de una certeza, los medios de comunicación participan en la construcción de la realidad social. Se entiende la construcción de la realidad social como la producción de sentido mediante la acción de prácticas productivas de las mujeres en las publicaciones periodísticas. Estas prácticas las hacen funcionar como mediadoras entre lo que a ellas les ocupa y les preocupa y la manera en que lo procesan para hacerlo del conocimiento público. La mediación debe entenderse como la manera en que construyen a partir de ciertos recursos vivenciales y expresivos. Es así como en el Seminario de Periodismo al que pertenecemos ha debatido y reflexionado en torno a esta idea, pero al hacerlo desde la perspectiva de género pueden hallarse condiciones diferentes. El presente artículo hace un recorrido histórico de la manera en que las mujeres empezaron a fundar publicaciones periodísticas y la forma en que lograron integrarse a diarios de información general como reporteras. Las expresiones femeninas han existido desde siempre. Puede reconocerse a las Tlacuilas mesoamericanas, los escritos durante la conquista (poemas, crónicas, diarios personales, ensayos, recetas variopintas) encontrados en pequeñas botellas junto a los restos de sus propietarias, las monjas coronadas de los conventos que escribían y otras mujeres que escribieron y han escrito siempre, a veces con seudónimos o de manera anónima en diarios o narraciones. Pero en este escrito se recupera el trabajo considerado periodístico, es decir, publicado en un periódico o revista que es presentado por las mismas fundadoras, colaboradoras o reporteras, como un espacio de expresión para dar a conocer relatos o reflexiones en torno a la situación de la vida femenina o sucesos noticiosos. Y ¿cómo son presentadas en esas publicaciones periodísticas las situaciones que se viven en una sociedad? ¿Qué realidad se construye y cuál realidad se intenta

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