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Boletín Informativo semanal, “EL ABRAZO”. Año 1, Nº 43. Asunción, 13 de junio de 2015.

LA CONVERSIÓN DE TODOS
Leíamos en estos días el interesante
artículo de la periodista Susana
Oviedo en el Diario Última Hora, en
entrevista a Andrés Beltramo
Álvarez,
periodista
argentino
acreditado ante el Vaticano y autor de
algunos libros sobre el Papa
Francisco.
Señalaba Beltramo que la velocidad
que imprime Francisco a su
pontificado no es porque sabe que
este será breve, como él mismo ha
expresado, sino porque “su gran
obsesión es la pérdida de fieles”. Un
hecho que precisa de una revolución
cultural dentro de la propia Iglesia,
según analiza el vaticanista.
Sobre este punto, justamente, es
interesante comprender el alcance de
lo que significa “revolución cultural”,
ya que esta es una de las expresiones
más manipuladas ideológicamente
por los grupos de poder que pretenden
llevar agua a su molino mediante las
interpretaciones tergiversadas de las
expresiones del Papa.
En primer lugar, es evidente que
Francisco es un hombre de Dios,
inquieto
y
saludablemente
inconforme con el “status quo”. Es un
Papa que sale mucho de libreto
burocrático y protocolar, pero como
hombre de fe y de formación jesuita,
también es un gran conocedor y
respetuoso de las verdades esenciales
y de la tradición de la Iglesia. En
realidad, es un guía que sigue las
huellas de sus grandes antecesores
“revolucionarios” tales como san Juan
XXIII, beato Pablo VI, Juan Pablo I,
san Juan Pablo II y Benedicto XVI.
No olvidemos esta continuidad para
comprender menor la figura de
Francisco.
Tal cual ocurre en cada cambio de
época, El Señor mismo coloca en los
puntos estratégicos de la Iglesia y en
los tiempos oportunos a personas que
pueden llevar adelante los cambios
necesarios para cumplir la única gran

misión de la Iglesia: Hacer que todos
los hombres tengan la posibilidad
cierta y cercana de tener un encuentro
con Dios Padre, a través de Cristo, y
que ninguno se pierda la oportunidad
de conocer y gustar del amor gratuito
de su Creador.
Este encuentro –y no la moral o el
voluntarismo– es la base del
cristianismo, tal como lo escribiera
magistralmente el Papa Sabio,
Benedicto XVI, en su encíclica Deus
Cáritas Est. Francisco apunta a lo
mismo, con un toque personal que
está conquistando a muchos.
En su descripción de la situación, el
periodista
Beltramo
mencionó
también el drama del clero cuando
dijo que "en el mundo católico todos
conocemos
que
hay
buenos
sacerdotes y malos sacerdotes, y que
el daño que producen los segundos es
inconmensurable. Entonces lo que
este Papa quiere es valorar la figura
del buen sacerdote y controlar o
evitar los daños de los malos
sacerdotes".
¡Cómo nos interpela esta expresión a
los que fuimos ungidos por Dios para
esta misión! ¿Cómo pretenderíamos
los curas lograr que nuestros
feligreses se conviertan y vuelvan a
Dios, si nosotros mismos estamos
perdidos y contaminados con cientos
de distracciones y pecados que ni
confesamos,
o
porque
nos
escandalizan o porque ya no nos
interesan,
muchas
veces?
La
conversión del clero es una necesidad
enorme, pero no solo porque nuestra
“cerrazón y prejuicios” alejan a los
fieles más pequeños o más débiles,
sino porque con toda la carga
administrativa y hasta moralista que
nos autoasignamos, y muchas veces
por nuestra comodidad y amor al
dinero, al buen pasar, estamos atados
y lejos no solo de las periferias
existenciales de nuestros feligreses,
sino del centro de nosotros mismos,

que ya no experimentamos más la
belleza de nuestra vocación cristiana.
“El Papa Francisco predica que lo
primero es la persona”, explicaba
Beltramo. ¿Y nosotros los curas y los
“intelectuales” del catolicismo qué
predicamos
primero?
Porque
ciertamente hoy las ovejas del rebaño
de Cristo precisan de un nuevo inicio,
de una conversión en la que sus
pastores les “primereen”, como diría
el Papa.
¿Cuánta fe, esperanza y caridad
albergan nuestro corazón y nuestros
gestos?... Es que, la gran revolución
es en el fondo, como diría el
Monseñor Luigi Giussani, la del
corazón porque la fuerza que mueve
la historia es la misma que mueve
nuestro corazón.
Revolución cultural no es cambiar
normas para que comulguen los
excomulgados o que se admitan
ciertas
conductas
sexuales…
Revolución cultural es que la Iglesia
sea el espacio donde todo “se da”
para que Cristo se encuentre con sus
hermanos, sobre todo con los que
sufren y están viviendo hoy en las
periferias existenciales. ¡Esta es la
obsesión de Francisco!
Carolina Cuenca

“En nuestra visita ‘ad limina’ donde
el Papa Benedicto XVI –recordó-,
su primera pregunta fue:
¿dónde están los puntos de
contacto entre la Iglesia Católica y
los centros en los cuales se forma
la cultura de hoy?
Esta pregunta del Papa Ratzinger es
verdad y necesita encontrarse la
respuesta, porque estamos frente a
una revolución cultural.
La derrota de los principios
cristianos es la catástrofe de la
humanidad”.

Cardenal Pietro Parolin.
Secretario de Estado Vaticano.