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FEMINISM AND PSYCHOANALYTIC THEORY

Nancy J. Chodorow
Introduction: Feminism and Psychoanalytic Theory

Traducción: Constanza Rangel Núñez, Ms C


Febrero del 2003

En el período temprano del movimiento feminista contemporáneo, las feministas


han buscado una gran teoría. Esta causa única, o factor dominante dentro de esta teoría,
podría explicar la desigualdad sexual, la jerarquía y la dominación que estuvieron
omnipresentes y que definieron y circunscribieron enteramente la experiencia y la
organización del género y la sexualidad. Para algunas teóricas la opresión de género es
inherente a las relaciones de trabajo y explotación capitalistas, en el Estado o en la
familia, en las divisiones entre mujeres o alianzas entre hombres, o en la violencia
masculina y el control de las capacidades reproductivas y sexuales de las mujeres. Para
otras, las mujeres estuvieron atrapadas en su propia anatomía reproductiva, en la
objetivación de sus cuerpos, la relación de maternaje o la relación de matrimonio, la
heterosexualidad compulsiva, la construcción cultural o ideológica de “la mujer”, su
localización en la espera doméstica, o su asociación con la naturaleza.

Para aquellas pertenecientes a la subcultura feminista que se


desarrolló fuera de la Nueva Izquierda, el Marxismo presentó la opción
teórica hegemónica para explicar la opresión. Aún como lo reflexioné
durante finales de los 60s, desde los registros históricos y entre culturas,
parecía claro que la opresión de las mujeres precedía la sociedad de clases y
que sus dinámicas no provienen exclusiva o predominantemente de las
relaciones materiales de trabajo. Giré hacia la antropología psicológica
como una alternativa frente a la explicación Marxista de la opresión de las
mujeres que podría todavía privilegiar las relaciones sociales actuales, como
una explicación underpinning subyacente. Concluí, como lo argumento en
capítulo I, que el ejercicio de la maternidad exclusivo para las mujeres, en
forma más o menos universal, generó una identidad masculina defensiva en
los hombres y una psicología e ideología de superioridad masculina
compensatoria.

Siguiendo este enfoque psicológico, y apoyada por el supuesto


feminista temprano de que lo personal es político, viré hacia el psicoanálisis
como una base para la teoría feminista. Esta selección teórica obedece a mi
historia académica y de entrenamiento durante los años 60 y 70. Como
estudiante de antropología me entrené inicialmente con Beatrice y John W.
M. Whiting en una antropología cultural y de personalidad que si bien era
prefeminista, era sensible al género. Me vi posteriormente influenciada
como estudiante de sociología por la sociología protofeminista de Philip
Slater, quien me dijo después de leer la versión original del capítulo I, que
nunca comprendería la personalidad si me enfocaba exclusivamente en el
fenómeno consciente. “La Gloria de Hera” de Slater, a su vez influenciada
por Whiting and Whiting, constituye uno de los aportes más poderosos que
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tenemos sobre la psicodinámicas del temor masculino a las mujeres y su
institucionalización cultural. Estas aproximaciones indican la profundidad
psicológica de las actitudes culturales, implicando que debemos siembre
investigar los componentes emocionales en conflicto en las categorías y
prácticas culturales.

Las ventajas de una aproximación feminista psicoanalítica fueron


substanciales. En la teoría psicoanalítica, así como en la antropología
psicológica y en la teoría de kinship antropológica, la atención explícita al
sexo y el género, aun no desde una perspectiva feminista, ha sido básico y
central tanto para la teoría como para la práctica. Sería muy difícil para una
psicoanalista ignorar completamente la sexualidad o el género de un
analizando, o argüir que una teoría de sexualidad o género resulta
irrelevante para ese campo.

Afirmo que esta centralidad del sexo y del género en las categorías del
psicoanálisis, unida con la tenacidad, centralidad emocional, y poder fluido
en nuestras vidas de nuestro sentido de self con género, hace al
psicoanálisis particularmente fundamental como un recurso para la
teorización feminista. Sugiero que nuestras experiencias como hombres y
mujeres, provienen de muy dentro de tanto nuestro pasado y, de las
estructuras profundas de significación inconsciente y de las relaciones
emocionalmente más fundamentales que ayudan a constituir nuestras vidas
cotidianas. He mostrado que los “selfs” de hombres y mujeres tienden a ser
construidos en forma diferente: el self de las mujeres más en relación e
involucrado con la negociación de límites, separación y conexión, y el de los
hombres más distanciado y basado en límites defensivamente firmes y
negaciones de las conexiones entre el self y los otros.

El feminismo psicoanalítico tiene una historia compleja y a veces


subterránea, una prehistoria que el trabajo reciente sobre las mujeres
pioneras en psicoanálisis, nos está ayudando a desenterrar. Localizo sus
orígenes teóricos y políticos con Karen Horney, una analista de segunda
generación cuyos primeros ensayos sobre feminidad desafiaron
forzosamente a Freud. Horney presenta un modelo de mujeres con
cualidades femeninas primarias positivas y auto – valoración, frente al
modelo de la mujer de Freud como defectuosa y limitada por siempre, y ella
ata su crítica tanto de la teoría psicoanalíticas y de la psicología de las
mujeres, a su reconocimiento de una sociedad y una cultura de dominación
masculina. Las teoría de Horney, así como los primeros debates
psicoanalíticos sobre feminidad, no parecen haber generado un mayor
impacto sobre la corriente dominante psicoanalítica por muchos años;
aunque el reciente reavivamiento del interés en la psicología femenina del
movimiento feminista. Sin embargo, sus teorías forman las bases,
reconocidas o no, de muchas de las revisiones de la comprensión
psicoanalítica del género, así como de la mayoría de la disidencia
psicoanalítica sobre la cuestión del género en el período temprano también.

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El trabajo de Melanie Klein es otra fuente del feminismo psicoanalítico,
aunque más teórico que político. Klein giró el psicoanálisis de una psicología
de la relación del niño con el padre, a una psicología de la relación con la
madre en los niños (personas) de ambos sexos. Para Klein las reacciones
intensas de y los miedos infantiles hacia sus madres, su pecho, sus
interiores, y sus poderes, delinea la vida emocional subsiguiente, llevando a
la construcción del self y el otro, y a las preocupaciones morales hacia los
otros (culposas o reparativas). La contribución Kleiniana, como feminismo,
es aún menos explícita que los debates de los 20s y 30s sobre feminidad,
pero introduce, tanto en sus contenidos y en el debate generado por éstos,
una crudeza pasional e incluso dolorosa y inmediacy al discurso
psicoanalítico sobre el género, y más específicamente, acerca de las madres.
La teoría Kleiniana en sí misma, y cómo ésta ha sido traducida por los
teóricos de las relaciones objetales, ofrece una lectura de la psique no tan
directamente apegada al género cultural como en la teoría Freudiana. Pero
pone más atención, de una forma no tan mediata, a las emociones y
conflictos que las relaciones enraizadas en el género evocan en el niño y en
el niño dentro del adulto.

El feminismo psicoanalítico contemporáneo comienza como su


oposición, como un desafío, escoriación, crítica. Muchas feministas veían al
psicoanálisis freudiano como un gran enemigo, y consecuentemente, los
escritos más tempranos, independientemente de su argumento específico,
gastaban buena cantidad de tiempo argumentando directamente la
inutilidad de los aportes psicoanalíticos para el feminismo.

Como todas las aproximaciones teóricas dentro del proyecto feminista,


el feminismo psicoanalítico hace ciertas cosas específicas, y otras no.
Primero, como la teoría de la cual se deriva, no es fácil ni frecuentemente
específica en lo histórico, lo social, o lo cultural. Tiende hacia un
universalismo, e incluso podría leerse como implicando de que existe una
similitud psicológica entre todas las mujeres y todos los hombres. El
feminismo psicoanalítico no ha tratado suficientemente de capturar la
variedad, las particulares organizaciones de género y sexualidad en los
diferentes tiempos y lugares, ni ha hecho de las dinámicas de cambio, un
punto central. El léxico teórico dominante del psicoanálisis incluye el
género, pero no clase, raza o etnia. Consecuentemente, el feminismo
psicoanalítico no ha estado sensibilizado hacia las diferencias entre las
mujeres – las variaciones raciales, de clase y étnicas en la experiencia,
identidad o posición en las relaciones y las prácticas sociales

Junio del 2005.


Cap. 6: Beyond Drive Theory: Objects Relations and the limits of Radical
Individualism

En el mundo del psicoanálisis crítico social y la teoría cultural, ha habido resistencia a


ir más allá de Freud. El debate mayor está en el estatus de las pulsiones. Comenzando
con Wilhelm Reich, y continuando hasta el presente, la crítica social, la teoría liberadora
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y utópica, así como las prácticas terapéuticas populares, o liberación sexual, como sus
bases. Las teorías psicoanalíticas sociales críticas de Norman O. Brown y Herbertt
Marcuse, especialmente en Life angainst Death y Eros y Civilización, representan la
posición de rechazo a cualquier intento de cuestionar la teoría de la pulsión y arguyen que
la teoría psicoanalítica post-freudiana, especialmente la neo-freudiana, y una psicología
del yo y sus derivaciones, eliminan el centro radical del descubrimiento psicoanalítico
sobre las pulsiones, la represión y el icc. Indico problemas cruciales en una
interpretación de Freud que enfatiza la metapsicología pulsional y la dinámica pulsión-
represión, sugiero que una interpretación desde la teoría de la pulsión del psicoanálisis,
resulta in el ofrecimiento de Brown y Marcuse de teorías sociales profundamente
limitadas, así como visiones de liberación, individualismo radical que ven toda
socialidad como limitación, y que no ven –a diferencia de Freud- lo social como
necesario o deseable. Nos dejan poca comprensión de cómo nuevas relaciones humanas
podrían ser construidas o cómo las personas podrían participar en lazos sociales o
actividad políticas. Así mismo sus visiones y teorías involucran una perspectiva
particularmente problemática de las mujeres, relaciones de género y generación.
Concluyo sugiriendo que la teoría de las relaciones objetales proveen bases más
adecuadas para una teoría psicoanalítica crítico social y una visión social.

... (desarrollos de Brown y Marcuse)

Freud’s dual theory

El malestar en la cultura sobre el que se basan estos dos autores, como la fuente de la
teoría de la sociedad de pulsión – represión , es un recuento de observaciones clínicas y
de relaciones objetales. Freud nos da ahí una descripción rica de las complejas
conexiones sociales formadas a través de la represión – conexiones que forman trabajo,
amor, sexo, amistad, política (aunque Freud todavía asume que estos lazos sociales son
derivados y que se pagan con infelicidad humana). Más aún ofrece tanto motivaciones de
relaciones objetales, tanto como de pulsiones para el desarrollo.

La agresión en el Malestar de la Cultura, es en primera instancia una pulsión


inexorable, y una amenaza básica a la sociedad. Al mismo tiempo, conforme Freud
describe su transformación en formación del Súper Yo, la agresión emerge en relación
con los padres y con el miedo a la pérdida de amor. Freud también afirma en un
argumento sobre los orígenes pulsionales de la agresión, que la severidad del Syo no es
directamente proporcional a lo estricto que sean los padres, sino a la fuerza sino a la
fuerza del amor del niño. Estas descripciones no emergen de la metapsicología pulsional,
sino de su experiencia clínica y observaciones de la vida humana.

El malestar en la cultura y Psicología de las masas y análisis del Yo, sus últimas
afirmaciones sobre la sociedad, ejemplifican un dualismo encontrado a lo largo de su
obra; una oscilación entre lo clínico y lo metapsicológico, en la cual él frecuentemente
presenta lo clínico en detalle, y entonces postula las pulsiones y la metapsicología para
“explicar” los hallazgos clínicos. Lo metapsicológico no emerge de lo clínico, sino de las
concepciones psicobiológicas de Freud.
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(No hay que perder de vista el estatus de lo clínico)

La teoría del funcionamiento mental icc. que inicialmente F desarrolló a partir de su


experiencia clínica y auto analítica, describe y requiere un sujeto actuante (case creativo)
quien reprime, resiste, condensa, simboliza, desplaza, sustituye, transforma pulsiones y
representaciones de pulsión, y se compromete en defensas del yo diversas. Este sujeto
hace algo tanto con las pulsiones como con las experiencias sociales.

La teoría estructural final de F, como la teoría de los procesos mentales inconsciente, se


enfoca sobre la complejidad psicológica y agency (intervención). En la última teoría de
la ansiedad, argumenta que ésta no es simplemente una reacción física directa de una
represión pulsional, más bien, el Yo experimenta ansiedad, llevándolo a instituir la
represión de las pulsiones. La persona ya no reacciona pasivamente a la represión de las
pulsiones, sino que el o ella es un agente que experimenta algo.

La descripción de la formación del Syo a través del Complejo de Edipo, enfatiza


influencias relacionales concretas. El complejo de Edipo emerge no sólo del temor al
padre, sino del amor por él y la madre también, y F implica que el niño quiere una
relación con el padre por su propio bien, y no simplemente para protegerse de su furia.
Es difícil mirar este amor por los padres como un fenómeno original y puramente
pulsional (esto puede ser más veraz sobre el amor por el padre, más que aquel por la
madre, desde F se puede argüir que el último aparece por la necesidad de alimento). La
formación del Syo y del ideal del yo ocurre en relación al P.

Pero la teoría estructural de F es más que una descripción del ello, Yo y Syo. La teoría
del narcisismo alude fuertemente a la naturaleza relacional y la construcción compleja del
Yo también. El Yo genera catexias objetales, se modifica y construye a sí mismo para
incorporar relaciones, y se representa y experimenta a sí mismo en relaciones con otros
internas y externas. Aquí, la experiencia y la estructura psíquica llegan a ser una
constelación interna del sí – mismo en relación con los demás, el Yo se construye a sí
mismo por medio de sus afectos objetales. Aún en Psicología de las masas, la “libido
narcisista” que se une al líder y a otros miembros de la comunidad tienen un componente
basado en un objeto.

La teoría del narcisismo sostiene la perspectiva de que todos nosotros somos


incorporaciones y extensiones de –aspectos tomados y ofrecidos- uno a otro. La teoría
del narcisismo no es la base para un nuevo individualismo, sino una visión de comunidad
y relaciones mutuas (internas y ex ternas), en las cuales como dice Joan Riviere “somos
miembros unos de los otros”.
F: riqueza y complejidad de los procesos mentales.
La experiencia mental básica incluye un Yo (incluso un yo no formado aún), con poder
de intervención, la capacidad para experimentar ansiedad y formas para hacer algo de las
relaciones. Así como estos procesos hablan de la complejidad del desarrollo psicológico
y la experiencia, indicando un actor quien se compromete en procesos mentales y
experiencias, y en relaciones, la teoría estructural indica que el resultado del desarrollo no
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es simplemente una represión monolítica instituida por una solo función del Syo, la cual
es la internalización del padre. El producto del desarrollo consiste en un self constituido
por internalizaciones y transformaciones múltiples de las relaciones experimentadas.

La teoría de las relaciones objetales, como una base para una Teoría Psicoanalítica
Social

La Teoría de F es entonces una teoría dual, comenzando desde pulsiones y desde


relaciones objetales. Este dualismo permite y ha permitido una descripción rica y
compleja del funcionamiento psicológico y la intervención que describe una persona en
relación intra psíquica e interpersonal.

La teoría de las relaciones objetales, enraizada en la clínica, requiere por definición


atención al compromiso históricamente situado con los otros como sujetos, una atención
a los procesos de transferencia y contra transferencia que constituyen la situación clínica
y lo hacen así gracias a que traen la historia de la persona a la misma. Esta teoría
argumenta, por medio del ejemplo clínico, que las personas son fundamentalmente
sociales, aún más que existe una “necesidad” social fundamental.

Para Alice y Michael Balint, el “amor primario”, no narcisismo primario, es el estado


infantil original; para Fairbairn la libido es buscadora de objeto más que buscadora de
placer. Las personas manipulan y transforman las pulsiones en los procesos de
relacionarse con los demás, más que desear en primera instancia el reducir la tensión de
pulsiones. ¿Pero para qué se busca a los otros, si no es para satisfacer pulsiones o
derivados de pulsión?. Esta teoría argumenta clínicamente, que donde encontramos
narcisismo, anti – sociabilidad, separación insistente, preocupación por gratificación
pulsional por el propio bien, lo explicamos como defensas, en relación con la historia de
vida del individuo, más que en términos de naturaleza humana universal.

La Teoría de Relaciones Objetales desarrolla su descripción de la sociabilidad primaria


describiendo la construcción relacional del self, tanto en desarrollo como en la vida
diaria. Debido a sus bases clínicas, no necesita apelar a Eros como una fuerza para la
unidad vagamente definida, extra – individual, insustancial. Extendiendo la Teoría
Estructural y del Narcisismo de F, con la descripción de Melanie Klein de los objetos
internos, esta caracteriza el Yo relacional como consistente de representaciones de
relaciones experimentadas afectivamente cargadas y sentidos de auto – relación. El
ambiente personal y la cualidad del cuidado experimentado en el desarrollo individual –
no pulsiones innatas, preformadas experimentadas en una secuencia de desarrollo
universal- proveen el contexto y material desde el cual el individuo forma y delinea su
psique. Entonces, imágenes de experiencias tempranas con los cuidadores primarios y
relaciones tempranas llegan a ser parte del self, aún si estas representaciones pueden estar
más o menos integradas. Si una persona se va a desarrollar, el self debe incluir lo que
originalmente fueron aspectos del otro y la relación con el otro. La perspectiva permite,
incluso requiere, una imagen del desarrollo psicológico como una concomitante necesaria
del vivir en el mundo.

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Nosotros llegamos a convertirnos en personas, entonces, en relación interna con el
mundo social. Este mundo social, aún el peor, no es únicamente restrictivo (la presencia
de la madre mitiga la ansiedad más que producirla), no puede eliminar completamente al
individuo. Las personas inevitablemente se incorporan unas a otras; nuestra sociabilidad
está construida dentro de nuestra estructura psíquica y no existe separación fácil de
individuo y sociedad o posibilidad de lo individual fuera de lo social.

La Teoría de las Relaciones Objetales nos pide repensar no sólo nuestra


conceptualización de la estructura psíquica., sino también la de las pulsiones. Así como
no hay self prístino asocial, sino sólo un Yo potencial que se desarrolla en relación, así no
hay pulsiones prístinas que son o no son reprimidas. Desde el punto de vista de
Jacobson, el infante nace con potenciales indiferenciados de pulsión que son
transformados y usados en el proceso de desarrollo, en el interés de relaciones internas y
externas, para llegar a ser pulsiones agresivas y libidinales. (Jacobson The Self and the
Object World, fue parte de un grupo de psicoanalistas de izquierda: ver Russell Jacoby,
The repression of Psychoanalysis (New York, Basic Books, 1983). Su teoría en la cual
las pulsiones son delineadas fundamentalmente por un actor activo en un mundo social,
puede ser un producto de sus orígenes marxistas. Ver también Fairbairn, “Revised
psycopathology” en su libro Una Teoría de Relaciones Objetales. ) Los potenciales
pulsionales son estructurados en la experiencia temprana, volviéndose parte de una
constelación interna self-objeto. El infante puede ser una colección de energías
pulsionales desintegradas, pero no puede ir más allá de la infancia sin una organización y
estructuración de las pulsiones. La organización pulsional es inevitable, y está
intrínsecamente ligada a la organización self-objeto.

Clínica y teóricamente, los escritores de relaciones objetales examinan las formas en


que la sexualidad, erotismo, ira, y represión son experimentados y estructuran la
experiencia intrapsíquica e interpersonal desde la infancia más temprana.

Sin embargo, como otras tradiciones post-freudianas en el psicoanálisis (de momento la


psicología del yo) no privilegian esas experiencias pulsionales sobre otras experiencias
mentales fundamentales, tales como la construcción del self, la naturaleza del mundo
objetal-interno, y la elección de las defensas del yo.

Esta perspectiva no elude la evaluación del rol de la sexualidad y la agresión en la


psique individual, o en la organización psíquica de miembros típicos de una sociedad.
Pero esta evaluación, o debe darse en términos de toda la estructura psíquica y con la
caracterización de los procesos mentales dominantes, en los cuales la pulsión juega solo
una parte integral.

La teoría de las relaciones objetales nos lleva a enfocarnos sobre un criterio alternativo
de crítica social y una visión alterna de una vida social liberadora., ... la evaluación debe
ser más en términos relativos que absolutos.

La teoría de relaciones objetales ha confrontado las limitaciones del modelo de energía


hidráulica implícito en la teoría pulsional original.; nos aporta criterios para evaluar el rol
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de las pulsiones, no en términos de su represión global, sino en qué tan insistente o
aisladas son las expresiones pulsionales y las demandan pulsionales, qué tan
desintegradas están de el resto de la vida psíquica.

Esta perspectiva remueve a la represión de un único rol central entre las defensas y
procesos del yo. Más aún, la represión afecta no sólo pulsiones inmutables, sino aspectos
repudiados de la experiencia objetal relacional y aspectos del yo inaceptables o que
generan temor, ambos aspectos cargados afectivamente y cargados con significados
(derivados de pulsión) agresivos o sexuales. Dado que un gran monto de la vida psíquica
inconsciente de una persona está ocupada con mantener estas represiones, tal represión
se tomaría ciertamente como problemática. Sin embargo, como la represión concierne a
aspectos diferenciados de la identidad y estructura psíquicas emocionalmente cargadas
esto debe comprenderse en términos de la complejidad de la estructura psíquica y la vida
emocional como un todo, y no puede medirse en ninguna forma unidimensional.

A diferencia de la teoría pulsional, esta perspectiva de la vida psicológica permite una


aproximación compleja a los miembros de una sociedad particular. Las evaluaciones
pueden hacerse en términos no de una represión o liberación monolíticas, sino de la
tenacidad de la represión, junto con la mayor o menor integración de las internalizaciones
y representaciones inconscientes tempranas, la calidad de las relaciones, la más o menos
medida de su fragmentación de las mismas, el grado de sentido de continuidad y
autenticidad del self, el. Grado de iniciativa (agency) como opuesta a sentir reactividad.
Ninguna de estas es una medida absoluta, puesto en el proceso de desarrollo alguna
represión, alguna división, alguna discontinuidad, algún sentimiento actuado, son
inevitables. Más aún, como la vida psicológica es una totalidad, ninguno de estos
elementos puede ser completamente evaluado sin referencia a los otros.

Esta teoría permite incorporar más la subjetividad, pues dirige la atención a las
interrelaciones de la individualidad y colectividad o comunidad. Refuta las alternativas
de individualismo salvaje o fusión extrema que se convierte en un solipsismo.

Apunta también a una teoría social que incluye a las mujeres. Su enfoque en el
desarrollo preedípico significa un foco en la relación madre – hijo, aunque se requiere
una re interpretación para hacer de esta madre un sujeto.

Finalmente esta teoría sugiere posibilidades alternativas para una interpretación


psicoanalítica de la cultura y creatividad. Winnicott sugiere una concepción relacional
completa, describe el objeto transicional, tanto presente físicamente en el mundo objetivo
(un objeto percibido objetivamente), y en su significación, creada por el niño (un objeto
“subjetivamente concebido por”), y el “espacio transicional” – esa área entre la madre y
el niño, la cual, conforme el niño se desarrollo, no es yo ni no-yo, donde no han
separación emergente ni insistente. El objeto transicional entonces habita un espacio
transicional donde los límites son y no son, donde el mundo es tanto subjetivo como
objetivo, donde madre e hijo aceptan esta falta de definición.

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El espacio transicional pasa de ser primero la arena del juego, y luego la “locación de la
experiencia cultural”, a la cual cada participante brinda una historia, conocimiento, e
identidad, que pueden ser usadas creativamente en el desarrollo posterior mutuo de
historias, conocimiento e identidades. La cultura y la creatividad emergen a través de la
habilidad imaginativa para tanto entran en el mundo del otro, o del observado, en el
espacio transicional, y también para evaluar la propia experiencia en la total confianza del
“Yo” o “sí mismo”. Con esto Winnicott también muestra como la experiencia infantil y
el mundo subjetivo infantil vienen a ser integrados en la vida creativa del adulto y la
cultura como una totalidad sin mirar la creatividad como un simple retorno a los deseos,
fantasías y temores infantiles.153

Crear una teoría psicoanalítica social significa que la forma de la intersubjetividad y el


procesos político y social creando una intersubjetividad particular necesita contar, tanto
con bases individuales como sociales. La intersubjetividad está enraizada en un sentido
de vinculación múltiple interna, de la complejidad de posibilidades psicodinámicas y
procesos mentales, de un actor que es tanto un actor histórico como social y quien es
también (en forma más o menos integrada, más o menos con posibilidad de intervención,
más o menos problemáticamente vinculado o individualizado) un actor psicológico. El
individuo así, no es simplemente un reflejo de la sociedad, el self posee su propia
experiencia psicodinámica y relaciones múltiples con los otros: tanto individuos como
instituciones. Con una noción de sociabilidad primaria e intersubjetividad, con una teoría
que incluye, en adición a la sociabilidad en un sentido general, género, generación y
sexualidad en un sentido histórico específico, con una descripción que vea la vida como
un procesos relacional y de desarrollo, uno puede incluso pensar a imaginar no solo
individuos liberados, sino individuos comprometidos mutuamente en una sociedad
construida sobre formas de vida social liberadas.

Cap 7: Hacia un individualismo relacional: la mediación del self por medio del
psicoanálisis.

(Influencia de Jessica Benjamín, Jane Flax, Evelyn Fox Keller, y Chodorow.)


Carol Gilligan (1982) In a different voice: psychological theory and women´s
development. Cambridge: Harvard University Press

El psicoanálisis comienza con un desafío radical a las nociones tradicionaleds del self
individual: F Lecciones introductorias vol 16 p 285 Copernico, Darwin, Freud
Mina radicalmente nociones sobre autonomía, opción individual, voluntad,
responsabilidad, y racionalidad, mostrando que no controlamos nuestras propias vidas en
el sentido más fundamental. No podemos hablar con desfachatez sobre el individuo.

...

Para F la localización de la totalidad psíquica descansa en un delicado balance entre la


libido de objeto y la narcisista. Para él, el investir exclusivamente el yo sin conexión con
los otros, crea las neurosis narcisistas y las psicosis, el relacionarse es el sine que non de
la salud mental. Al mismo tiempo, advierte contra el peligro opuesto, investidura
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completa en el sí –mismo como en un amor esclavo y no correspondido, que devalúa al
self y le priva de energía.:
“Un fuerte egoísmo es una protección contra el caer enfermo, pero última instancia
debemos comenzar a amar a fin de no enfermar, y estamos destinados a enfermar si, en
consecuencia de frustración, somos incapaces de amar.” (F, 1914 Una introducción sobre
el narcisismo, Vol. 14 p 85)

La teoría de desarrollo que F comienza a describir en el mismo ensayo apunta a una


maduración de la pertenencia o conectividad (tal como lo describe Caroll Gilligan) en
lugar de la autonomía y control del yo. El propone que en su estado libidinal original, el
infante tiene dos objetos de amor: “él mismo y la mujer que lo cuida”, y conceptualiza el
desarrollo en términos de qué ocurre con esos vínculos libidinales: en el mejor caso, un
self merecedor no problemático y carente de auto-castigo en un lado, y “objeto de amor
verdadero”, amar a una persona como un complemento y no como una extensión del self
en el otro.

Tal y como Hartman y otros derivan de la metapsicología freudiana y su teoría de


desarrollo, un énfasis en el yo autónomo y en un Syo irracional, así otros post-freudianos
han expandido esto más allá de la teoría del narcisismo. Los teóricos de las relaciones
objetales conceptualizan el infante en términos de su narcisismo cognitivo y su capacidad
relacional primaria libidinal , esto es, su habilidad para distinguirse sí mismo
conceptualmente de su cuidador primario y otros objetos en el mundo, aún cuando éste se
siente a sí mismo dentro de una relación y obtiene gratificación en la misma. En la
medida en que el narcisismo cognitivo da paso a un sentido de un self limitado, tanto la
internalidad como la externalidad llegan a poseer una realidad cognitiva simple y
compleja. En el nivel físico, el infante llega a ser fácilmente consciente de sus propios
límites y separación. En el nivel afectivo, en la medida en que define su self fuera de la
matriz madre-niño, el flujo temprano de proyecciones e introyecciones asegura que
algunos aspectos de ese self tengan probabilidad de haber sido percibidos o
experimentados originalmente como aspectos de otro primario o los otros, y aspectos del
otro pueden haber sido sentidos originalmente como aspectos del self. En un nivel
psicológico, entonces, inclusive los límites aparentes de el individuo, no separan en
ninguna fomra simple el individuo preciso del resto del mundo.

El núcleo del self, or self –feeling, está también construido relacionalmente. Michael
Balint localiza el sentimiento primario del sí mismo en términos del sentido de
correspondencia (fit) o ausencia de correspondencia con el cuidador primario; Winnicott
caracteriza como “la capacidad para estar solo” un sentido de individualidad y autonomía
que incluye la internalización de la presencia benigna pero no envolvente de la madre. El
desarrollo de la estructura psíquica comienza con este sentimiento del sí mismo, y
estructura del sí-mismo básico, que incluye relación y aspectos del otro. Los desórdenes
psicológicos, el problema del individuo fragmentado, aquí no son vistos en términos de
conflicto y defensas, sino más en términos de relaciones self-otro, las que en sí mismas
constituyen internamente baja autoestima, auto castigo, pérdida de control, y demás.

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Entonces, la perspectiva e relaciones objetales nos da una noción muy diferente de la
construcción de la individualidad que el psicoanálisis clásico. En la descripción clásica,
el mundo interno está concebido en términos de aspectos diferentes de la personalidad
psíquica, y la meta es la reducción del conflicto entre estos. Los aspectos relacionales se
consideran, pero no se les da un lugar central.

El modelo de relaciones objetales, aunque reconoce el rol de las defensas en el


funcionamiento del yo (entendiendo estas defensas como operando en términos de un
sentido interno del self en relación y de objetos internos) y reconoce lo deseable de
esferas del yo libres de conflicto, conceptualiza el sí mismo como inexorablemente social
y conectado intrínsecamente. Ambas visiones desafían la noción tradicional del
individuo prístino, pero una de ellas lo hace sin recurrir al rcurso fundamental del
“mundo externo”. En ninguna visión el self es unitario, pero en la teoría de las relaciones
objetales, tampoco está aparte del otro.

Joan Riviére lo pone así:

“... No existe cosa tal como el ser humano solo, puro y simple, sin mezclarse con otros
seres humanos. Cada personalidad es un mundo en sí misma, una compañía de muchos.
Ese self, la propia vida de uno, que es de hecho tan preciosa

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