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EL ACTO DE VER

Wim Wenders
Para el cineasta alemán, las películas de naturaleza emocional que pretendan nacer con alma -con
identidad-, deben ser precedidas por un sueño: ya sea uno propiamente dicho o una ensoñación diurna. Éste será
la fuente de energía para sostenerla en el tránsito de las escabrosas condiciones de producción y el que unifique
su contenido -a veces dispar- en torno a un tema común y superior.
A modo de ejemplo, describe su proceso personal con una película de su autoría: Hasta el fin del mundo.
Recuerda el impacto de una frase de Rolland Barthes, consignada en su cuaderno de notas, que le permitió
relacionar las ideas de amor, imágenes y visión. Luego, reflexiona que la elección del género de ficción estuvo
dada por las enormes libertades que concede (desaprovechadas a menudo en este tipo de películas). Según él, la
ciencia ficción nos desafía a imaginar el futuro proyectivamente, sin ceder a reproducir en éste los conflictos y
estructuras presentes.
Sus convicciones implicaron en su película: fortalecer el rol activo de la mujer que sale en busca en
lugar de permanecer esperando (historia de amor); la naturalización de los largos viajes que vuelven a la tierra
más pequeña (road movie); pero fundamentalmente la actitud con respecto al trato con las imágenes: su
omnipresencia y su libre disponibilidad que la tecnología permite (ciencia ficción).
Se permite imaginar la utopía: hacer que los ciegos vean. Fruto de una investigación profunda nació una
tesis homónima al presente artículo que describiré sucintamente:
I. Las computadoras serían capaces de leer e interpretar información gráfica.
II. Un camarógrafo grabaría para el ciego imágenes HD acompañadas de sonido: documento objetivo.
En el mismo soporte se grabaría también la actividad cerebral del camarógrafo durante la grabación: el
propio ‘acto de ver’. A este proceso lo llama “primera visión”.
III. Las computadoras estarían en condiciones de interpretar la información gráfica, no así el ‘acto de
ver’ que sería necesario decodificar. Con este fin, el camarógrafo se sometería a un nuevo procedimiento que
consistiría en ver nuevamente las grabaciones conectado a una computadora que registre sus corrientes
cerebrales.
IV. Supuesta esta posibilidad técnica, la computadora estaría en condiciones de enviar estas corrientes
eléctricas a una persona ciega permitiéndole así acceder a una vivencia cercana a la visión. Podría
monitorearse simultáneamente una simulación de aquello que se estuviera transmitiendo.
El guión, sostenido por la teoría de referencia, donde el Dr. Farber, con fines filantrópicos, muestra a su
esposa imágenes a ella vedadas, propone en sí una pregunta ética: ¿Nos es lícito? ¿Qué pasaría con una
tecnología que permitiera, también hipotéticamente, interpretar a partir de corrientes cerebrales imágenes de
nuestros sueños en un monitor? El director refiere que estas preguntas dan lugar al capítulo final de la película
donde concluye que mirar las imágenes más hondas del alma humana sólo puede ser un acto dañino,
profundamente inmoral y narcisista.
Coincido en asignar a la ciencia ficción la potencialidad de expresar nuestros miedos y esperanzas
proyectando imaginativamente el desarrollo hipotético de recursos técnicos o científicos actualmente vigentes.
Intuyo también que el autor brinda claves sobre la actitud -sumamente presente- con respecto al trato con las
imágenes, donde a modo de ciegos hacemos una ‘vivencia’ -cercana a la visión- mediada por la experiencia
subjetiva de un otro y condicionada también por el medio técnico que la soporta.
Quedará para otra ocasión ver Hasta el fin del mundo que brindará densidad a las presentes reflexiones.
Sergio Alejandro Serrese
MaCA 2015