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UNA SOCIEDAD INDIFERENTE

Acabar con la indiferencia fue uno de los pedidos de
Monseñor Guillermo Steckling, obispo de Ciudad del
Este, a la feligresía en el inicio de la cuaresma. El obispo
señaló que con la indiferencia una persona puede estar
tranquila pero nada cambia en su entorno. En definitiva,
el silencio cómplice o indiferencia ciudadana es la causa
de muchos males sociales. Es innegable la
responsabilidad de las autoridades de los diferentes
entidades estatales por la falta de soluciones a los
problemas que afectan a nuestra sociedad. Sin embargo,
hay que reconocer que el mayor daño a la sociedad es
provocado por la indiferencia ciudadana. Esa indiferencia
al no denunciar los hechos de corrupción, la mala utilización de bienes públicos, callarse al ver que los
fondos estatales son destinados para beneficios particulares o para privilegiar a amigos o parientes.
La pasividad ante los abusos de autoridades de turno hacen que cada vez más la corrupción y la
inoperancia vayan ganando terreno. Esa misma indiferencia que tienen los abogados ante las
cuestiones de mal de-sempeño de jueces y fiscales o peor aún, formar parte de esa rosca, hace que
cada vez más aumenten los precios de las resoluciones judiciales. La misma indiferencia de los
adultos ante la violación de derechos básicos de los niños, como el acceso a la educación,
alimentación y un techo digno hacen que se tenga un alarmante cifra de desnutrición, y enfermedades
prevenibles de la población juvenil. No se debe ignorar también la indiferencia ante las cuestiones
ambientales. Tal parece que los recursos naturales son inagotables, pues nadie se inmuta ante las
contaminaciones de arroyos, tala indiscriminada, entre otros. En Ciudad del Este y alrededores es
imposible encontrar un cauce libre de contaminación. Esas indiferencias han hecho que cada día, la
sociedad se vaya destruyendo. Porque preferimos permanecer en nuestra zona de confort en vez de
reaccionar y hacer que mejore por lo menos algo en nuestro entorno. Este año más que nunca,
debido al año electoral, se debe tener una actitud más activa ante las diversas cuestiones sociales
que se plantean. Hacer algo para mejorar nuestro entorno, pues con pequeñas acciones se pueden
revertir las nefastas consecuencias de una ciudadanía indiferente. La indiferencia social o colectiva es
por demás peligrosa en una sociedad que aún está aprendiendo a ser democrática. En la medida en
que rompamos con esa indiferencia para comprometernos con lo que pasa en nuestra sociedad,
podremos lograr que por lo menos algunas pequeñas cosas vayan mejorando. Solo cuando
aprendamos a ser menos indiferentes tendremos una sociedad mejor.
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