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ABSTINENCIA: Primer Paso Algunas consideraciones sobre la abstinencia y el primer paso Para mí el primer

ABSTINENCIA: Primer Paso

Algunas consideraciones sobre la abstinencia y el primer paso

Para mí el primer paso es dejar de luchar. Dejar de luchar porque la comida, mi obsesión con la comida es más fuerte que yo, y siempre que intente controlar la comida terminaré donde siempre he terminado: en el suelo vencido, derrotado, llorando de rabia presa de la culpabilidad. Mi tragedia era que cuando llevaba una época bien, creía que ya estaba todo hecho, que

había vencido a la comida, mi dueña y señora

....

Pregunta para compartir

¡qué ironía!

1. ¿Puedes dar unos ejemplos breves de cómo luchaste con fuerza de voluntad contra las obsesiones por la comida?

¿Cómo dejo de luchar?

En primer lugar reconociendo que no soy una persona normal en lo que a la comida se refiere, que soy y siempre seré un enfermo y que como enfermo

tengo limitaciones que debo de aceptar y respetar si quiero recuperarme.

¿Cuáles son esas limitaciones? :

No puedo comer entre horas. Otros, que no son comedores compulsivos, pueden. Yo no.

Otro límite es aceptar que No puedo comer la cantidad que me apetezca,

sino la que mi cuerpo necesita. Entre lo que me apetece y lo que mi cuerpo, y mi espiritualidad, exigen puede haber un mundo de diferencia. Tres comidas moderadas al día. Moderadas. No pasarme ni por defecto ni por exceso. Intentar convencerme que esta vez, "sólo esta vez", puedo comer una porción o un trozo más equivale a seguir luchando, quiere decir que no he aceptado que soy impotente ante ciertas cantidades. Las cantidades dependen de mis necesidades, de mi metabolismo. No es un buen criterio "que otro me sirva", "observar lo que comen los demás", etc. Lo que para otro es una comida moderada para mí puede no serlo.

Una parte importante de mi recuperación es asumir la responsabilidad de la misma. Soy yo el que con sinceridad, sin autoengaños, poniendo la

comida y mi adicción a la comida en manos de mi Poder Superior, a base de oración, de intuición, de decírselo en alto a otros miembros y de recurrir a la ley del ensayo y del error, he de dar con las cantidades que a mí me convienen. Es obvio que para los anoréxicos el plan de comidas ha de centrarse en unos mínimos. Comer por debajo de esa cantidad sería recaída. La bulimia no es más que otra manifestación de la común enfermedad de la adicción a la comida. El bulímico, en vez de almacenar parte del exceso de comida en el estómago en forma de grasas, lo que hace es expulsarla fuera. Un comedor normal, que no come en exceso, no tiene ninguna necesidad de "deshacerse " de la comida. Es cuando uno es adicto a la comida, cuando come cantidades que no le convienen, que se plantea el problema de vomitar la comida. Y como adictos a la comida que son, también a ellos les afecta el plan 3-0-1 (tres comidas al día, nada entre horas, sólo el día de hoy). Esto no impide, por supuesto, que la bulimia llegue en muchos casos a transformarse en sí misma en una obsesión, pudiendo muchos bulímicos vomitar sin necesidad de pegarse previamente un atracón. De acuerdo con la experiencia de la recuperación no se consideran comidas las bebidas que no contienen calorías (el agua mineral, las infusiones sin azúcar y sin leche, etc.). Y otro punto, tan importante como los anteriores, y en algunas ocasiones más, puesto que me puede hacer caer en los otros dos, es aceptar que Hay comidas, alimentos, que me producen compulsión.

Pregunta para compartir

1. ¿Cuales son las 3 limitaciones para detener la enfermedad física que plantea la lectura anterior? 2. ¿Cuales serian las limitaciones que yo debo poner en practica para ser responsable de mi recuperación?

¿Qué significa la palabra compulsión? La palabra compulsión viene del verbo compeler. Según el diccionario de la Real Academia compeler significa "Obligar a alguien, con fuerza o por autoridad, a que haga lo que no quiere". Hay comidas que me fuerzan, me empujan, quiera o no, a seguir comiendo.

Quizá haya ocasiones en que, a base de fuerza de voluntad y de una buena dosis de suerte, la cosa no termine en atracón. Pero introducen un desequilibrio en mi organismo que tarde o temprano se saldará con un descontrol en las cantidades. ¡Conozco tanta gente que mientras se negaron a identificar y reconocer cuáles eran las comidas que les provocaban compulsión siguieron recayendo en todo lo demás!

Pregunta para compartir

1. ¿Tengo identificadas mis comidas alérgicas, esas que después me empujan quiera o no a seguir comiendo?

2. ¿Cómo

te

alejas

de

esas

comidas que te obligan

a practicar la

3.

enfermedad? ¿Cuál ha sido el periodo más extenso que te hayas alejado de esas comidas alérgicas?

Lectura Libro Solo por Hoy 8 de Julio

Por la cáscara conoces la nuez. Thomas Fuller

¿Qué forma tomo bajo escrutinio? ¿Es sincera mi propia valoración o caigo en las variaciones sobre el mismo tema: "La delgadez no es buena" o "Las aparien- cias no lo son todo"? ¿Uso las glándulas y el metabolismo como excusas por mi continuo sobrepeso? Esas racionalizaciones y la gimnasia mental que implican, pueden ser las que me mantienen gordo. Si continúo obeso, ¿qué evidencia tiene el recién llegado de que el programa fun- ciona? Necesito enfrentarme a la verdad, empezando por mi definición de abstinencia. Puede que necesite reemplazar un padrino, quien por una equivocada ama- bilidad, me ayuda a mantener el mito de la recuperación espiritual, mientras continúo gordo. Sólo por hoy: Creo en el principio de CCA de que cada persona es el único juez de su peso ideal, pero la honestidad es la honestidad y no está sujeta a interpretaciones. ¿Qué honesto soy?

Pregunta para compartir

1. ¿Hasta que punto he racionalizado la gravedad de mi enfermedad para permitirme patinar y resbalar cuando yo lo disponga? 2. ¿Qué actitudes y pensamientos estoy dispuesto a renunciar y sacrificar para ser obediente, honesto y humilde a un programa de recuperación?

Para mí el verdadero primer paso consiste en reconocer que soy impotente, no sólo ante la comida en abstracto, sino además ante cantidades concretas, alimentos concretos, y el comer entre horas ("picar").

Pero, ¿cómo averiguo qué cantidades y qué productos he de evitar?

Obviamente, para una persona obsesionada con la comida no es una tarea fácil. El autoengaño con sus correspondientes justificaciones, parte integrante de la enfermedad, estará siempre al acecho.

Si la obsesión y el autoengaño son partes integrantes de la enfermedad, ¿qué puedo hacer?

Probablemente, si confío en mis solas fuerzas, en mi inteligencia, en mis conocimientos, en mis recursos, nada.

Pregunta para compartir

1. ¿Cuales instrumentos utilizo para detener mi obsesión por la comida compulsiva? 2. ¿Que beneficios traen la práctica diaria de estos instrumentos?

Dice el Libro Grande: "Pero el alcohólico actual o potencial, casi sin excepciones, será absolutamente incapaz de dejar de beber basado en el conocimiento".

Pero hay esperanza.

Existe un Poder Superior a mí y a la comida que puede hacer por mí lo

que yo no puedo hacer por mí mismo. Él me puede dar, con la ayuda de mi desesperación, la sinceridad que de forma espontánea no surgiría de mí. Todo consiste en poner la comida en sus manos, en pedirle sinceridad y ayuda para hacer bien el plan de comidas y cumplirlo. Pero ese Poder Superior que puede hacer por mí lo que no puedo hacer por mí mismo, no va a hacer lo que sí que puedo hacer.

No es cómplice de mi pereza y comodidad.

¿Qué es lo que sí puedo hacer?

Puedo hacer una lista aproximativa. En el fondo de mí mismo, sé más acerca de esas cantidades y alimentos concretos de lo que creo.

Cuando mi Poder Superior me libera del autoengaño, recibo intuiciones increíbles. Pedir sinceridad, hacer una lista aproximativa, comprometerme con alguien por teléfono y decirle a esta persona al principio, ¿y por qué no a diario?, lo que voy a comer. Decirle en alto mi plan de comidas es un ejercicio estupendo de sinceridad y humildad.

No hace falta que el que me oiga me dé consejos. Y si no tiene mucha experiencia, si no lleva mucho tiempo abstinente, es mejor para los dos que no me los dé, puesto que estaría hablando de lo que no sabe. Y después le puedo contar las reacciones que experimento, qué efecto me producen dichas comidas.

Teniendo ya claro que debo de evitar ciertas comidas, las que me producen

compulsión,

con

el mismo celo con que un alcohólico

debe de evitar

el

alcohol.

Y conociendo

cuáles

son,

me

hallo

en

el

punto de partida.

Observando mis reacciones siempre puedo corregir y mejorar mi plan de comidas.

¿Qué hacer con las comidas de las que no estoy seguro?

En primer lugar ponerles una interrogación. Que yo sepa, la gente que más años de abstinencia tiene ha seguido dos vías diferentes que conducen al mismo destino. Unos miembros las siguen consumiendo, pero bajo una observación intensa, informando a otros miembros de las reacciones que les producen y rezando pidiéndole a Dios que les dé fuerzas para renunciar a dichos alimentos si se comprobara que les provocan compulsión. Al final, si son sinceros y han puesto su comida en manos de Dios, esto es, han aceptado que van a comer las cantidades y productos que su Poder Superior les diga, no los que les dicte su enfermedad, sabrán cuáles de esos alimentos les producen compulsión y cuáles no. Otros, que no sé si llamar más precavidos o no, hemos preferido seguir la

máxima: "si dudas, no lo hagas" y los hemos excluido en un principio de nuestro plan de comidas. Con el tiempo, cuando nuestra abstinencia estaba más consolidada, y tras un período de oración para saber si nuestro Poder Superior quería que averiguáramos si eran compulsivos o no, y por supuesto, tras haberlo hablado con nuestro padrino o madrina y otros miembros del grupo (no hay cosa más sospechosa que esas urgencias por cambiar inmediatamente, de la noche a la mañana, el plan de comidas introduciendo un producto que habíamos excluido previamente) pasamos a la exploración. Yo, en concreto, cada vez que tomaba el producto sobre el que tenía mis dudas llamaba a alguien y le contaba mis reacciones. Esta persona no comentaba generalmente lo que yo le decía. Como tenía bastantes años de abstinencia me contaba sus experiencias. Tras oírme a mí mismo por teléfono repitiendo lo mismo: "siento como un tirón, un deseo de seguir comiendo. Eso no me pasa con otros alimentos", llegué a la conclusión que ese producto me podía hacer recaer en todo lo demás.

Y lo excluí. ¡Ahhhh!

Y se me olvidaba decir algo muy importante. Hice experimentos con ese producto cuando llevaba ya mucho tiempo abstinente y no lo echaba de menos, no lo "necesitaba". Si lo hubiera echado de menos, hubiera esperado a que se me pasara, llamémosle con su nombre, la obsesión. Éste es el comienzo del paso primero para mí.

Dejo de luchar con la comida y admito y respeto mis límites. Acepto

que voy a comer lo que mi Poder Superior me diga.

Voy sin ideas preconcebidas, ya que esto es un proceso de sinceridad y de capitulación. Que mis necesidades no las creo ni las defino yo, pero soy yo el único que, si soy sincero y pongo la comida en Sus manos, las puedo

identificar,

sin excluir

de

esta

labor, por supuesto,

la

ayuda de

otros

miembros.

Y elaboro el plan de comidas de acuerdo con mis necesidades y limitaciones. Mi objetivo es tener una relación sana con la comida. Si para ello tengo

que pesarla, pues tendré que pesarla. No pasa nada, lo hacen muchos miembros abstinentes. Y hasta que pese la comida mi forma de comer será incorrecta. Y si no me hace falta pesarla, ¿para qué la voy a pesar? No es razón suficiente el que algunos otros miembros lo hagan.

Tengo que encontrar mi propia fórmula.

Y éste es sólo el comienzo. Pongo mi peso en Sus manos. Pongo los resultados en Sus manos y me dejo de preocupar. Si, cuando al pesarme una vez al mes veo que a pesar de sobrarme peso no adelgazo, quiere decir que tengo que reducir cantidades. Si, pese a todo esto, recaigo de vez en cuando, quiere decir que o bien no me pongo en manos de mi Poder Superior, o bien que mi plan de comidas necesita sufrir algunos cambios, que probablemente no he excluido del plan de comidas algún alimento que me desestabiliza. Cuando adquiero la abstinencia, mi abstinencia, lo que para mí y sólo para mí es abstinencia empieza una nueva andadura puesta que la comida es sólo el síntoma de mi triple enfermedad: física, emocional y espiritual.

Me enfrento a las emociones que tapaba con mi "droga", y empiezo a ver

quién soy yo, ese yo del que he huido toda mi vida, y al que ahora, bien asentado en la realidad, puedo hacer frente y procesar con los doce pasos del programa.

Es ahora, abstinente, cuando puede comenzar la curación.

Un adicto a la comida en recuperación. 14 de enero del 1996

Pregunta para compartir

  • 1. El límite de mi recuperación física es hasta el próximo bocado compulsivo. ¿Tengo

confianza

y

fe

en

las

promesas

de

CCA

como

para

comprometerme todos los días a un plan de comidas?

  • 2. Sino me comprometo mi plan de comidas es lógico que confío en mi fuerza de voluntad para detener la obsesión por la comida. ¿La falta de compromiso diario es para permitirme comer como si fuera una persona normal?

  • 3. Tercer Paso:“Decidimos poner nuestra voluntad y nuestra vida al cuidado de Dios como nosotros lo concebimos" ¿Admito mi enfermedad de comer compulsivamente con humildad, sin culpas ni vergüenzas?

¿Tengo la suficiente FE en mi poder superior para que me cuide del próximo bocado compulsivo, alérgico, disparador, anestésico o como yo acostumbre a llamarlo? ¿Recurro a mi poder superior solamente cuando estoy patinando y resbalando por que me siento humillado por mis actos?

En

mi

plan

de

comidas

yo

no

busco

una

cura milagrosa de

adelgazamiento, sino una fórmula para lograr una relación sana con la

comida.

 

Mi plan de comidas puede ser más o menos flexible o más o menos estricto, según cuales sean mis necesidades. No me he de asustar si tengo que optar por la vía de lo estricto, incluso aunque ello suponga eliminar más alimentos de los que quisiera o pesar lo que como. Como tampoco me he de sentir culpable si mis necesidades me conducen a otra vía más flexible. La mejor prueba de que mi plan de comidas funciona es que me siento a gusto con él, estoy abstinente, y me voy liberando, poco a poco, de la obsesión por la comida.

Las recaídas no suceden por casualidad. Si recaigo es porque estoy haciendo algo mal. Y el error puede radicar en que me resisto a aceptar que ciertos alimentos me producen compulsión. Si esto sucede, quiere decir que no he terminado el primer paso, que sigo luchando con la comida.

Por muy estricto que sea mi plan de comidas, nunca será una dieta. En mi plan de comidas yo no busco una cura milagrosa de adelgazamiento, sino una fórmula para lograr una relación sana con la comida.

A menos que tenga problemas graves de salud que me obliguen a un adelgazamiento rápido e inmediato, como lo que para mí es sano y pongo mi peso en manos de un Poder Superior.

Dejo en Sus manos los resultados, mi adelgazamiento. Dejo de controlar el proceso. La relación sana con la comida adquiere preeminencia sobre los resultados medidos en kilos.

Otro motivo por el que no es una dieta es porque aquí mi fuerza de voluntad y mis decisiones tienen poco que ver. Pongo la comida en manos de mi Poder Superior. Dejo que Él me guíe.

Lleno el vacío que hay dentro de mí con su Presencia en vez de con mi droga: la comida. Y es Él el que me da la abstinencia. La comida no es más que el síntoma.

A través de los doce pasos pongo mi comida, mi vida, mi voluntad en Sus manos. Identifico mis resentimientos, miedos y defectos.

Renuncio a mis defectos y le pido a Dios que me los quite. Reparo los daños que he causado, sin olvidarme antes de perdonar a los demás. Salgo de la prisión de la obsesión conmigo mismo ayudando a los que todavía sufren. Y practico estos principios en todos los actos de mi vida. El resultado es abandonar el círculo mortal depresión-euforia- obsesión para nacer, poco a poco, a una vida de serenidad, paz y libertad.

Pregunta para compartir:

Primer Paso: Principio espiritual honestidad y sinceridad

"Admitimos que éramos impotentes ante la comida y que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables."

  • a. ¿He aceptado con humildad y honestidad que mi enfermedad es incontrolable con fuerza de voluntad?

  • b. ¿Admití con humildad que no tengo culpas de ser adicto de tener un deseo vehemente por comida compulsiva?

  • c. ¿Cuántas veces al día la obsesión por la balanza, el peso, las comidas, las calorías, la figura física me generan una inestabilidad emocional tan evidente que las quiero controlar con mi fuerza de voluntad?

  • d. ¿Soy esclavo de los pensamientos obsesivos o no quiero admitir que soy impotente e imperfecto y trato de controlar los resultados?

Extracto de la contraportada del libro En busca de un Sendero Espiritual:

He comido compulsivamente por años debido al temor y a la culpa que heredé de la religión tradicional de mi infancia. Hoy, el Dios tranquilo, el maduro, amante de la paz – el que me llama “cariño” – está siempre a mi lado. Las personas como yo somos afortunadas de que nuestro programa no sea un programa religioso: más bien es un programa espiritual. A diferencia de las personas normales, nosotros los comedores compulsivos tenemos un barómetro tangible: Si quiero saber si estoy haciendo la

voluntad de Dios,

todo

lo

que

debo hacer es observar que

estoy

comiendo.

Se cierra el taller con la oración de las manos:

Yo pongo mis manos sobre las tuyas

Y juntos podemos hacer, lo que nunca hicimos por nosotros mismos. Ya no sentiremos la desesperanza, ya no tendremos que depender de nuestra inestable fuerza de voluntad. Ahora estamos juntos, extendiendo las manos para obtener un poder y una fuerza más grande que nosotros mismos, y juntando nuestras manos, encontraremos el amor y la comprensión que tanto hemos soñado. Sigamos viniendo que juntos podemos y si funciona, ayude a alguien y de mucho amor.