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UNIDAD II: LA JURISDICCIÓN

1. Concepto y Acepciones.
La palabra jurisdicción viene de las voces latinas “juris” y “dictio”, que significa declarar el derecho, en
consecuencia en sentido etimológico, jurisdicción es sinónimo de declarar el derecho, en este aspecto
sería una facultad o atribución perteneciente tanto al poder judicial como al legislativo; el primero
declararía el derecho en los casos particulares o concretos que se le presenten y el segundo en términos
generales, sin relación a un conflicto determinado.

Conceptos de autores extranjeros.
Eduardo Couture: “Función pública realizada por órganos competentes del Estado, con las formas
requeridas por la ley, en virtud de la cual, por acto de juicio, se determina el derecho de las partes con el
objeto de dirimir sus conflictos y controversias de relevancia jurídica, mediante decisiones con autoridad
de cosa juzgada, eventualmente factibles de ejecución.”

Ugo Rocco: “Actividad con que el Estado a través de los órganos jurisdiccionales, interviniendo por
requerimiento de los particulares, sujetos de intereses jurídicamente protegidos, se sustituye a ellos en la
actuación de la norma que tutela aquellos intereses, declarando en lugar de ellos si existe y cuál es la
tutela que una norma concede a un determinado interés, imponiendo al obligado , en lugar del derecho-
habiente, la observancia de la norma y realizando mediante el uso de la fuerza coactiva, en vez del
derecho-habiente, directamente aquellos intereses cuya tutela legalmente se ha declarado cierta”.

José Chiovenda: “Consiste en la actuación de la ley mediante la sustitución de la actividad de los
órganos públicos a la actividad ajena, ya sea afirmando la existencia de una voluntad de ley, ya sea
poniéndola posteriormente en práctica.”

Francesco Carnelutti: “Actividad destinada a obtener el arreglo de un conflicto e intereses mediante la
justa composición de una litis contendida en una sentencia.”

Jaime Guasp: “Función específica estatal que tiende a la satisfacción de pretensiones.”

Conceptos de autores nacionales
Francisco Hoyos: “Es un poder deber del estado que, ejercido con sujeción a las formas del debido
proceso de derecho, tiene por objeto resolver litigios, con eficacia de cosa juzgada y eventual posibilidad
de ejecución”.

Hugo Pereira: “La potestad pública ejercida privativamente por los jueces, mediante el debido proceso,
para dirimir en justicia conflictos jurídicos actuales o eventuales, con aplicación de normas y principios
de derecho o la equidad natural, en sentencia con autoridad de cosa juzgada, susceptible, según su
contenido, de ejecución”.

Juan Colombo: “Es el poder – deber que tienen los tribunales para conocer y resolver, por medio del
proceso y con efecto de cosa juzgada, los conflictos de intereses de relevancia jurídica que se

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promueven en el orden temporal, dentro del territorio de la república y en cuya solución les corresponde
intervenir”.

Mario Mosquera: “Es el poder deber del estado, radicado preferentemente en los tribunales de justicia,
para que como órganos imparciales, resuelvan de manera definitiva e inalterable con posibilidad de
ejecución, los conflictos de intereses de relevancia jurídica suscitados entre las partes o que surjan de
una violación del ordenamiento jurídico social, en el orden temporal y dentro del territorio de la
República”

Cristian Maturana: “Es el poder deber del estado, radicado exclusivamente en los tribunales
establecidos en la ley, para que éstos, dentro de sus atribuciones y como órganos imparciales, por medio
de un debido proceso, iniciado generalmente a requerimiento de parte y a desarrollarse según las normas
de un justo y racional procedimiento, resuelvan con eficacia de cosa juzgada y eventual posibilidad de
ejecución, los conflictos de intereses, de relevancia jurídica que se promuevan en el orden temporal y
dentro del territorio República”.

Una idea que resulta concordante en las definiciones de jurisdicción que hacen los autores nacionales, es
que la identifican como un “poder-deber”, resulta lógico entonces preguntarse a que se refieren los
autores con ello.
Se dice que la jurisdicción es un poder por que la función jurisdiccional está radicada exclusivamente en
los órganos del estado, quienes para un actuar valido es necesario que lo hagan dentro de sus
competencias y en la formas que la propia ley establece, debiendo además los funcionarios que integran
dichos órganos estar investidos regularmente en sus funciones (art. 7 CPR); aclarado este primer punto
en el sentido que la función jurisdiccional es ejercida por el estado debemos saber cuál es el órgano que
la ejerce, solución que da el art. 76 de la CPR, al señalar que “La facultad de conocer las causas civiles y
criminales, de resolverlas y de hacer ejecutar lo juzgado, pertenece exclusivamente a los tribunales
establecidos por la ley.”, idea corroborada además por el art. 1 del COT; por lo dicho decimos que la
jurisdicción es un poder.

Ahora decimos que la jurisdicción es un deber, pues reclamado el ejercicio de la función jurisdiccional
al órgano del estado que la ejerce (Tribunales de Justicia), este no puede eludir el ejercicio de su función
bajo ninguna circunstancia ni pretexto, tal idea está también consagrada en el artículo 76 de la CPR que
en su inciso 2° señala que “Reclamada su intervención (la de los tribunales) en forma legal y en
negocios de su competencia, no podrán excusarse de ejercer su autoridad, ni aun por falta de ley que
resuelva la contienda o asunto sometidos a su decisión”, idea corroborada en el art. 10 del COT, este es
lo que se conoce como el principio de inexcusabilidad; corresponde preguntarse aquí ¿si no hay ley que
resuelva un conflicto, cómo han de resolver los tribunales?, tal respuesta nos la da el artículo 170 N° 5
del CPC que señala que a falta de ley se debe resolver un conflicto en base a los principios de equidad.
Una última idea que se ha de tener presente es que ante la violación del principio de inexcusabilidad
origina para los jueces una serie de responsabilidades tanto de carácter criminal, política y
administrativa.

Respecto de las acepciones de jurisdicción, citaremos al profesor Jaime Guasp que en su obra “Derecho
Procesal Civil”, señala: Puesto que el proceso se define como una institución jurídica destinada a la

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satisfacción de pretensiones, que han de verificar órganos específicos del estado, resulta evidente que es
básica en todo proceso la intervención de un cierto órgano estatal. Dicha intervención se conoce, como
ya fue indicado, con el nombre de jurisdicción. La jurisdicción puede concebirse tanto desde un punto de
vista subjetivo (conjunto de órganos estatales que intervienen en el proceso), como desde un punto de
vista objetivo (conjunto de materias procesales en las que intervienen los órganos del estado), como
desde un punto de vista de la actividad (conjunto de actos realizados por los órganos estatales al
intervenir en el proceso).
Pero, al fijar el concepto de jurisdicción, conviene superar estas acepciones parciales y referirse a una
idea más amplia, la idea de función, en virtud del cual la jurisdicción o administración de justicia en
sentido estricto, se define como la función específica estatal por la cual el poder público satisface
pretensiones.

Naturaleza de la jurisdicción.

Definida la jurisdicción como una función estatal de satisfacción de pretensiones, la fijación de su
naturaleza ha de verificarse de dos distintos ámbitos, el derecho político y el derecho procesal.
Para el derecho político la jurisdicción ha sido durante largo tiempo, uno de los poderes básicos del
estado, el llamado poder judicial, teóricamente equiparado a los restantes, pero prácticamente inferior a
ellos, porque entre otros rasgos carecía de la potestad de ponerse en marcha espontáneamente y de
paralizar el ejercicio de los otros.
Al margen de la doctrina de separación de poderes, la jurisdicción pasa a considerarse una función
pública, atribuida normalmente al estado, lo que explica la inclusión de las normas básicas a ella en los
textos constitucionales de cada país.
Suele considerarse a la función jurisdiccional como independiente en el sentido de que su ejercicio se
halla sometido tan sólo a la ley. Más esta nota de independencia , reflejo de la teoría de separación de
poderes, no hace más que traducir en un término equívoco la naturaleza de la jurisdicción como
institución específica, esto es, no dedicada típicamente sino a la realización del fin que le es propio. La
especificidad de la jurisdicción supone de un lado que la potestad de juzgar y ejecutar lo juzgado
corresponde privativamente a los órganos jurisdiccionales, y determina de otro, que tales órganos no
verifiquen tareas distintas a aquellas que le están atribuidas expresamente por ley.

La jurisdicción se perfila así como una función única y exclusiva, características, ambas, que garantizan
su imparcialidad.
Para el derecho procesal, la jurisdicción constituye un verdadero requisito del proceso, cuya falta impide
entrar en el examen de fondo de la pretensión formulada. Dada la importancia de este requisito, su
existencia o inexistencia puede y debe ser tenida en cuenta de oficio al comenzar el proceso o después
de comenzado, con ineficacia en este caso de todos los actos anteriores; al litigante por su parte, le cabe
denunciar el defecto de jurisdicción en el tramite destinado normalmente a la invocación de la falta de
requisitos procesales, pero su consentimiento o su silencio no convalidan un posible vicio en ese sentido
ya que la jurisdicción no es prorrogable.
Entre los requisitos del proceso, la jurisdicción ocupa el primer puesto y debe examinarse, por ello en
primer lugar; faltando la jurisdicción no puede practicarse válidamente ninguna de las restantes
actividades procesales.

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2. Elementos y características de la jurisdicción.
Características.
1° Tiene consagración constitucional.
Específicamente en el art. 76 de la CPR, que señala, “La facultad de conocer de las causas civiles y
criminales, de resolverlas y de hacer ejecutar lo juzgado, pertenece exclusivamente a los tribunales
establecidos por la ley. Ni el Presidente de la República ni el Congreso pueden, en caso alguno, ejercer
funciones judiciales, avocarse causas pendientes, revisar los fundamentos o contenidos de sus
resoluciones o hacer revivir procesos fenecidos.

Reclamada su intervención en forma legal y en negocios de su competencia, no podrán excusarse de
ejercer su autoridad, ni aun por falta de ley que resuelva la contienda o asunto sometidos a su decisión.”

2° La jurisdicción es una función pública.
La jurisdicción es una expresión de la soberanía y corresponde al Estado delegando el ejercicio de ella, a
través de sus órganos, particularmente el poder judicial, sin perjuicio de lo cual existen otros órganos
públicos que también ejercen jurisdicción, a modo ejemplar El Senado en el juicio político, el Tribunal
Constitucional, el S.I.I.

Es pública además porque su organización y funcionamiento se rige por las normas de derecho público.

3° La jurisdicción es un concepto unitario.
La jurisdicción es una e indivisible, es la facultad de conocer, resolver y ejecutar las contiendas
sometidas a la decisión de un órgano jurisdiccional.
Sólo es divisible la competencia y la jurisdicción no contenciosa no es tal, son funciones administrativas
entregadas a los órganos judiciales.

Según Hoyos la jurisdicción civil y penal, es idéntica en la, esencia pero es un árbol que se separa en
varas. Por ello existen tribunales de jurisdicción común y pueden insertarse acciones civiles en un
proceso penal.
En consecuencia y más allá de las diversas ramas de las que puede componerse, el concepto de
jurisdicción como facultad de “decir el derecho” es unitario.

4° El ejercicio de la jurisdicción es eventual.
Nos referimos a que la jurisdicción se ejercerá sólo en el caso del incumplimiento de los mandatos
contenidos en las normas jurídicas que deben tender a cumplirse espontáneamente.
El ejercicio de la jurisdicción se condiciona a la trasgresión de la ley y del ordenamiento jurídico, ella se
hace efectiva cuando se trasgrede la norma y el órgano jurisdiccional tiene conocimiento de ello.

5° El ejercicio de la jurisdicción corresponde exclusivamente a los tribunales establecidos en la ley.
Los órganos que la ejercen son los tribunales de justicia que establece la ley (art. 1 COT y 76 CPR).
Tribunal es todo órgano que ejerce la función jurisdiccional para resolver conflictos jurídicos, aunque no
pertenezca al poder judicial.

6° La jurisdicción es indelegable y privativa de los tribunales de justicia.

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En efecto, un Juez no puede delegar la función jurisdiccional a otro órgano, particular o público, desde
que el Tribunal ha sido instalado.

Art. 7º CPR: Los órganos del Estado actúan válidamente previa investidura regular de sus integrantes,
dentro de su competencia y en la forma que prescriba la ley. Ninguna magistratura, ninguna persona ni
grupo de personas pueden atribuirse, ni aun a pretexto de circunstancias extraordinarias, otra autoridad o
derechos que los que expresamente se les hayan conferido en virtud de la Constitución o las leyes.
Todo acto en contravención a este artículo es nulo y originará las responsabilidades y sanciones que la
ley señale.

Art. 35 NCPP, sanciona con nulidad la delegación de funciones en empleados del Tribunal en aquellos
actos en que la ley requiere la intervención del Juez.
Por otro lado la Jurisdicción pertenece exclusivamente a los tribunales que establece la ley, agrega que
no corresponde al Presidente de la República ni al Congreso funciones jurisdiccionales que no le
competen.
Al órgano al que la ley le encomiende el ejercicio de la jurisdicción, tendrá el carácter de tribunal de
justicia; es la función la que le otorga el carácter al órgano, sin perjuicio de lo cual ese mismo órgano
puede tener también funciones distintas a la jurisdiccional; por otro lado pueden existir órganos de
carácter administrativo que ejerzan función jurisdiccional.
Así las cosas y en virtud de los argumentos dados podemos decir que la jurisdicción es exclusiva y
excluyente de los órganos que la ejercen.

7° La jurisdicción es improrrogable.
Las partes involucradas en el conflicto no tienen la facultad de someter su conocimiento a una autoridad
distinta a la señalada en la norma legal. Lo que sí es prorrogable es la competencia, según las normas de
los arts. 181 y ss. del COT. (Ello respecto de asuntos contenciosos civiles, ante tribunales de primera
instancia y solo con relación al elemento territorio).
En el caso de los tribunales arbitrales es la ley la que permite delegarles el conocimiento de ciertos
asuntos a ellos por parte de los involucrados en un conflicto.

8° La parte de la jurisdicción que corresponde a cada juez o tribunal, constituye su competencia.
La competencia es la medida de la jurisdicción entregada a cada juez; la competencia es la medida de
distribución de la jurisdicción entre los diferentes órganos jurisdiccionales.

9° La jurisdicción se ejerce por medio de actos procesales.
La jurisdicción se ejerce por medio de actos jurídicos procesales, que tienen por objeto hacer posible el
proceso de conocer, juzgar y hacer ejecutar lo juzgado. Los actos procesales conforman el
procedimiento.

10° La jurisdicción resuelve conflictos a través de sentencias que tienen eficacia de cosa juzgada.
La cosa juzgada es el efecto característico de las sentencias definitivas e interlocutorias ejecutoriadas y
consiste en que ellas son inamovibles o inmodificables, no pueden discutirse

ATRIBUTOS DE LA JURISDICCIÓN.

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Los atributos de la jurisdicción representan el desenvolvimiento del ejercicio de la función jurisdiccional
a través del proceso; en Chile se hace a través del procedimiento que la ley establece, o
excepcionalmente las partes o el juez.
El ejercicio de la función jurisdiccional se realiza en tres fases, el conocimiento, el juzgamiento y la
ejecución, ellas se plasman en el concepto de jurisdicción del art. 1 del COT y 76 del CPR.

Lo anterior corresponde más o menos lógicamente a lo que es un proceso intelectual para enfrentar un
conflicto, pues lo que debe hacer quien se enfrenta a la tarea de solucionar un conflicto es, en primer
lugar, conocer los hechos, para posteriormente juzgarlo o resolverlo y en definitiva ejecutar o hacer
ejecutar aquello que ha determinado.

El Conocimiento: “Nadie puede ser juzgado sin ser oído”, se conoce para juzgar, en esta etapa el juez
conoce el conflicto con trascendencia jurídica.
El juez conoce los elementos fácticos que componen el conflicto sometido a su decisión y los
fundamentos de derecho en los que las partes apoyan sus pretensiones y contrapretensiones.

En el proceso civil, la primera etapa del conocimiento viene dada por los escritos de demanda,
contestación, réplica y duplica; mientras que en el NCPP el período de conocimiento está dado por la
acusación que sostiene el Misterio Público, y la acusación particular que sustenta el querellante, si lo
hubiere, y la contestación a esa acusación que efectúa el imputado a través de su defensa.
Una segunda etapa dentro del conocimiento es la prueba de los hechos fundantes de las pretensiones y
contrapretensiones de las partes, prueba que puede rendirse por propia iniciativa de las partes o por
medio de la iniciativa del Juez (ej. medida para mejor resolver). Por ello, es evidente que el momento
jurisdiccional del conocimiento está claramente integrado por dos elementos relevantes, cuales son los
períodos de discusión y el período de prueba.

En esta fase cobran importancia dos principios; el principio de legalidad del procedimiento en cuya
virtud el conocimiento se realiza de acuerdo a las normas preestablecidas y que conforman el
procedimiento, es la ley la que establece la forma de conocer el conflicto; la inobservancia de tales
normas puedan acarrear sanciones como la nulidad de lo obrado; y el principio dispositivo, en cuya
virtud los jueces actúan a petición de parte, son las partes las que exponen y prueban los hechos.

El Juzgamiento: Es la etapa esencial de la jurisdicción, por ello la etapa más importante y constituye el
juicio propiamente tal, a través del cual el juez resuelve el conflicto, determinando si los hechos
alegados y probados por las partes coinciden o no con el supuesto general y abstracto que establece la
norma jurídica invocada para el caso concreto.

En esta etapa el tribunal declara el derecho aplicable al caso concreto o excepcionalmente falla de
acuerdo a la equidad (art. 170 N° 5 CPC y 10 COT), por medio de un acto procesal denominado
sentencia que es generalmente definitivo (tras el periodo de impugnación).

La Ejecución: El art.1 del COT, habla de “hacer ejecutar lo juzgado”, si el litigante que pierde un juicio,
es decir se ha determinado que está gravado con una obligación de realizar una determinada prestación a
favor del que ha obtenido en juicio, se allana y cumple lo ordenado por el tribunal, finaliza en este acto
la jurisdicción, pues se ha cumplido el mandato legal. Pero, si el obligado persiste en su pasividad ante

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el cumplimiento, el conflicto permanece y se necesitará convertir la sentencia en actos, en esta fase la
promesa de coercibilidad se transforma en coerción concreta y real.

La facultad de hacer cumplir coactivamente una resolución judicial por parte de un tribunal, se conoce
también como IMPERIO, y su consagración constitucional se materializa en el art. 76 inciso tercero, y
se reproduce la misma idea en el artículo 11 del COT. Es más, ante el litigante condenado a cumplir que
se resiste al cumplimiento el tribunal que ha de hacer cumplir la sentencia, puede pedir el auxilio de la
fuerza pública para lograr el cumplimiento, es decir se puede ayudar de la fuerza policial que en ningún
caso puede calificar el fundamento ni la legalidad de la sentencia que se trata de cumplir.

Por otro lado y en lo que respecta a la ejecución de la sentencia, la forma de hacerlo depende de la clase
de proceso y la naturaleza de la norma trasgredida, puede por ej. Pedirse el cumplimiento por naturaleza
o por equivalencia.
Finalmente debemos tener presente que hay resoluciones judiciales que no son susceptibles de
ejecución, ej. Las meramente declarativas o constitutivas (sentencia que recae en un juicio de divorcio);
también hay sentencia que pese a ser de condena, se cumplen en sede administrativa, ej. Las sentencias
que condenan al fisco, la ejecución penal también se realiza en sede administrativa.

Debemos recordar que alguna parte de la doctrina ha cuestionado el carácter jurisdiccional a esta fase,
debido al contenido administrativo que suele atribuírsele, pero es actualmente compartido por la
inmensa mayoría de la doctrina y aún por la jurisprudencia de nuestra Corte Suprema el que este
momento jurisdiccional forma parte inherente de la jurisdicción, pues de faltar este momento, la
jurisdicción se quedaría en la mera declaración del derecho, sin que se pudiere éste hacer efectivo a
través de aquellos actos, incluso compulsivos que son necesarios para imponer el derecho.

DIVERSOS TIPOS DE GARANTIA JURISDICCIONAL O DE TUTELA JURISDICCIONAL.

Puesto que la finalidad última a la cual tiende la garantía jurisdiccional es la de operar en la vida de las
relaciones humanas como una forma de conseguir, prescindiendo de la voluntad del obligado, el mismo
resultado práctico (o un resultado equivalente) al que se habría obtenido sí la norma jurídica hubiere sido
observada voluntariamente, es natural que los medios prácticos con que la jurisdicción actúa se adapten
y se conformen al diverso contenido de las norma jurídicas, de las que, caso por caso, se trata de
garantizar la observancia, y de los intereses que, caso por caso, buscan, en la observancia de tales
normas jurídicas, su satisfacción. Es sin embargo, posible reducir estos medios a algunos tipos
fundamentales de garantía jurisdiccional (otros hablan de tipos de sanción o de formas de la tutela
jurisdiccional).

Garantía o Tutela Jurisdiccional contra la trasgresión de un precepto

La forma más evidente de inobservancia del derecho es la que consiste en que la persona respecto del
cual nace, de una norma jurídica, un concreto precepto individualizado, que le ordena tener un cierto
comportamiento positivo o negativo, se comporte de un modo diverso al prescrito por la norma; no hace
aquello que debería hacer, hace aquello que ésta prohibido hacer. Se puede hablar en este caso, en
sentido estricto, de trasgresión o violación o inejecución del precepto jurídico.

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Debemos tener presente que antes de poner en obra cualquier medida dirigida a reintegrar el derecho, el
estado exige que respecto de la ya verificada inobservancia concreta del derecho, se obtenga
preventivamente la certeza oficial; la coacción jurisdiccional no puede ser ejercitada, sino previa
declaración de certeza del derecho en garantía del cual la misma es exigida.

En consecuencia es necesario primeramente un juicio y una decisión, mediante la cual la autoridad
judicial individualizará el concreto precepto jurídico nacido de la norma, establecerá la certeza acerca de
cuál ha sido y cual habrá debido ser el comportamiento del obligado, y determinará, como consecuencia,
los medios prácticos para restablecer en concreto la observancia del derecho violado (condena); pero
esta declaración de certeza, obtenible a través de una declaración judicial, no es en este caso fin en sí
misma, sino solamente una necesaria preparación para poner en práctica los medios de coacción.

Garantía o Tutela Jurisdiccional contra la falta de certeza del derecho

El mantenimiento de la legalidad puede ser puesto en peligro no sólo por la trasgresión de un mandato
ya cierto sino también por la falta de certeza de un mandato todavía no trasgredido, puede ocurrir que
por no ser clara o por ser demasiado vaga la formulación de la norma jurídica, o por la dificultad de
encasillar las circunstancias de hecho de un supuesto específico legal preciso, se produzca entre los
miembros de la sociedad un estado de falta de certeza en torno a la existencia o a la extensión de un
determinado precepto, de modo que, aún no habiendo llegado todavía el momento de hacerlo valer, sea
desde ya previsible que, precisamente como consecuencia de esta falta de certeza, resultará aumentado,
cuando el momento llegue, el peligro de trasgresión.

Como vimos, para actuar en contra de la trasgresión de un precepto se requiere una declaración
jurisdiccional que no es un fin en sí mismo, sino que actúa como un puente de paso hacia la acción
(obtención de condena); pues bien en el presente caso, es decir, cuando se trata solamente de eliminar
una falta de certeza jurídica, la cual, aun no habiendo dado lugar todavía a trasgresiones, constituye , sin
embargo, ya en sí misma un daño (porque destruye entre los miembros de la sociedad el sentido de
seguridad y de libertad que surge del conocimiento preciso de los propios derechos y de los propios
deberes), entonces la declaración oficial de certeza del derecho incierto se convierte en una garantía en
sí misma, que tiene por objeto la producción de la certeza jurídica considerada como un bien tutelable en
sí mismo; y se habla en estos caso de declaración de mera certeza o de declaración de simple certeza.
El Estado considera en estos casos la certeza del derecho como un momento necesario de la observancia
del mismo, y considera la eliminación preventiva de la falta jurídica de certeza, como una parte de las
funciones jurisdiccionales, pues la falta de certeza del derecho constituye una potencial inobservancia
del mismo.

Garantía o Tutela Jurisdiccional con finalidad constitutiva.

También esta garantía de finalidad constitutiva supone la inobservancia del derecho, pero en un sentido
diverso al de la garantía ante la trasgresión de un precepto. En este aspecto la garantía jurisdiccional de
finalidad constitutiva responde a la siguiente finalidad: a que el cambio de ciertas relaciones o estados
jurídicos no puede ocurrir sino previa declaración jurisdiccional de certeza del cumplimiento de los
requisitos que la ley exige a fin de que ese cambio pueda producirse.

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Acá la intervención del Estado, a través del órgano jurisdiccional, trata de garantizar la observancia del
derecho, pero de un modo diverso al de la trasgresión del derecho, en el caso de trasgresión el Estado
interviene para satisfacer el interés individual protegido por el derecho, sólo porque el obligado no ha
observado voluntariamente aquella conducta conforme a la ley que habría sido suficiente para
satisfacerlo sin necesidad de hacer intervenir a la jurisdicción; aquí el Estado interviene para satisfacer el
interés individual de quien reclama la modificación porque la única vía para obtener la satisfacción de
ese interés, es por ley, a través del pronunciamiento del juez.

En este caso el Estado, antes de prestarse a satisfacer el interés individual, ordenando el cambio jurídico
exigido por el interesado, quiere controlar a priori, mediante la declaración jurisdiccional de certeza, si
existen los requisitos exigidos por la ley para poder ordenarlo.

Este fin jurisdiccional se asocia a lo que se denomina la jurisdicción voluntaria, cuya importancia va
creciendo con la extensión del control del Estado sobre diversos campos de la vida social.

Garantía o Tutela Jurisdiccional con finalidad cautelar

Para agotar el cuadro de las garantías jurisdiccionales, es necesario hacer referencia aquí también a la
actividad cautelar, la cual no se pude considerar en estricto rigor un cuarto género de garantía
jurisdiccional, susceptible de ser colocado en el mismo plano de los otros tres tipos de garantía.

En realidad esta garantía por los modos en que se realiza, se podría hacer entrar según los casos, en uno
de los tres tipos de garantía vistos. Lo que distingue a la actividad cautelar y permite hacer de ella un
tipo especial, es que ella anuncia y prepara la puesta en práctica de las otras garantías jurisdiccionales
(especialmente la garantía ante la trasgresión), pues la actividad cautelar quiere asegurar
anticipadamente el más eficaz rendimiento práctico de las otras garantías jurisdiccionales.

A fin de que la reintegración del derecho obtenido por vía jurisdiccional pudiera resultar de igual
eficacia y oportunidad que la ejecución voluntaria, sería necesario que la declaración de certeza y la
puesta en práctica de los medios de coacción, actuasen instantáneamente de manera que tomasen la
situación de hecho como era en el momento en que, de la norma abstracta nació el precepto
individualizado; pero esta instantaneidad del acto jurisdiccional no es posible, porque el desarrollo de las
actividades necesarias para llegar a la declaración de certeza y después a la coacción, exige casi siempre
un tiempo largo, de suerte que existe el peligro de que mientras los órganos jurisdiccionales se ponen en
movimiento, la situación de hecho se altere de un modo tal que haga resultar ineficaces e ilusorias sus
providencias, destinadas así a llegar demasiado tarde, cuando el daño sea ya irremediable.

Con el fin de evitar que el daño producido por la inobservancia del derecho resulte agravado por este
inevitable retardo del remedio jurisdiccional, está preordenada precisamente la actividad cautelar, la cual
mientras se esperan las providencias definitivas destinadas a hacer observar el derecho, provee a
anticipar provisoriamente sus previsibles efectos.

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Así la garantía cautelar aparece como puesta al servicio de la ulterior actividad jurisdiccional que deberá
reestablecer de un modo definitivo la observancia del derecho, la misma está destinada, más que a hacer
justicia, a dar tiempo a la justicia de cumplir eficazmente su obra.

Debemos precisar que estos diversos tipos de garantía o tutela jurisdiccional, cada cual con sus diversos
fines, dan lugar a diversos tipos de acciones, a saber:
Acciones declarativas - Meramente declarativas. Ej. Posesión o de Cognición: efectiva.
- Constitutivas. Ej. Divorcio.
- De condena. Ej. Indemnización de perjuicios.
Acciones ejecutivas: Juicio ejecutivo. (Cumplimiento de sentencia recaída en acción de condena, o de
otro derecho que consta algún título ejecutivo)
Acciones cautelares: Ej. Medidas precautorias.

LOS DOS MOMENTOS DE LA JURISDICCIÓN.
Para poner en práctica las garantías jurisdiccionales que acabamos de estudiar, se requiere el ejercicio de
una actividad continuativa, en la cual se pueden distinguir dos momentos: la cognición y la ejecución
forzada. La cognición se dirige a la declaración de certeza de un mandato individualizado y se expresa
en una decisión; la ejecución forzada trata de hacer que el mandato individualizado, declarado cierto
mediante la decisión sea ejecutado en la práctica.

3. Jurisdicción, legislación y administración.

FUNCIÓN JURISDICCIONAL Y FUNCIÓN LEGISLATIVA

La función legislativa tiene por objeto producir o generar normas jurídicas generales (aplicables a todos
lo que se encuentren en una determinada situación) y abstractas (no ligadas a personas, lugares ni tiempo
determinado). En tanto la función jurisdiccional se dedica a satisfacer pretensiones de personas
determinadas, comparándolas generalmente con la descripción abstracta contemplada en normas
preexistentes.

Las principales diferencias entre una y otra son:
1. Desde el punto de vista de la obligatoriedad:
Obligatoriedad general, la función legislativa declara, crea e interpreta el derecho de modo general.
Obligatoriedad relativa, la función judicial declara, crea e interpreta el derecho sólo de manera concreta
y sus resoluciones afectan sólo a las parte del litigio (art. 3 C.C.)

2. Desde el punto de vista del interés comprometido:
Intereses generales, la función legislativa concierne a los interesas generales de la comunidad, o al
menos, de un grupo o localidad dentro de ella Interés de las partes.
la función judicial concierne al interés de las partes litigantes que componen el conflicto jurídico que se
habrá de resolver.

3. Desde el punto de vista de la iniciativa o el impulso para ejercer la función:
Impulso de oficio, la función legislativa se ejerce de oficio.
Impulso a petición de parte, la función judicial se ejerce a petición de parte (art. 10 COT)

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4. Desde el punto de vista del resultado final que resulta del ejercicio de cada función:
Crea una ley, la función legislativa da origen a una fuente de derecho denominada ley
Crea resoluciones judiciales, la función judicial crea resoluciones judiciales.

5. Punto de vista de la modificación del resultado:
Actuación modificable, las leyes pueden ser modificadas y/o revocadas.
Las sentencias judiciales firmes y ejecutoriadas son inamovibles ya que producen autoridad de cosa
juzgada.

LA FUNCIÓN JURISDICCIONAL Y LA FUNCIÓN EJECUTIVA

Según Guasp la función jurisdiccional se basa en la dualidad de quienes piden que se satisfaga una
pretensión procesal, y de quienes la conceden; la función administrativa no gira en torno al problema de
la satisfacción de una pretensión procesal, sino que en la satisfacción de las necesidades públicas.

En tal sentido, el criterio del órgano que la ejerce no es determinante, ya que existen casos en que un
órgano de la administración ejerza funciones jurisdiccionales o un órgano judicial ejerza funciones
administrativas ej. Jurisdicción no contenciosa, ej. Reclamos tributarios ante el SII.

Como diferencias entre una y otra función podemos indicar:
1. Desde el punto de vista del rol de quien ejerce la función:
En la función jurisdiccional el juez es un tercero, en un conflicto la función judicial interesa a las partes,
el juez es un tercero imparcial.
En la función ejecutiva el Estado es parte interesada, en el caso de la función administrativa, sus actos
interesan a las partes y al Estado que es sujeto y parte interesada.

2. Desde el punto de vista del interés comprometido en el ejercicio de la función:
La función judicial concierne a los intereses particulares.
La función administrativa concierne a intereses generales.

3. Desde el punto de vista para del impulso para ejercicio de la función:
La función judicial opera en La función administrativa por lo virtud de requerimiento de parte, principio
de pasividad (art. 10 COT) general opera de oficio o sin necesidad de requerimiento.

4. Desde el punto de vista de la posibilidad de modificación de las decisiones que se toman en ejercicio
de la función:
Las resoluciones de la función judicial son inamovibles y producen cosa juzgada.
Las resoluciones de la función administrativa son modificables.

5. Desde el punto de vista del principio que inspira la función:
La función judicial se construye en base al principio de unidad, ella es una sola.
La función administrativa se construye en base al principio de pluralidad.

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Sin embargo, se producen relaciones entre ambas funciones, ya que la función administrativa
proporciona medios materiales necesarios para que la función judicial opere, a su vez la función judicial
califica la actividad administrativa.

4. Limites internos y externos de la jurisdicción.
Para el profesor Gonzalo Calvo el supuesto de este problema es la existencia de la pluralidad de jueces,
todos con jurisdicción, surgiendo así el conflicto de determinar quién debe conocer de una determinada
controversia, los límites de la jurisdicción nos ayudan a resolver este problema.
Por su parte el profesor Hoyos señala, que la jurisdicción se ejerce en el tiempo y en el espacio de
manera que estos elementos son los que determinan su ejercicio, es decir sus límites.

Podemos realizar el siguiente esquema respecto de los límites de la función jurisdiccional:
A. En el tiempo: Perpetuidad. Temporalidad.

B. En el espacio: 1. Externos: Internacional.
Constitucional.
2. Internos: Competencia.

Límites Temporales.
La regla general es que el órgano jurisdiccional se integre por funcionarios perpetuos, en tal sentido, el
art. 80 de CPR y el 247 del COT, consagran la inamovilidad de los jueces durante su buen
comportamiento, por lo que podemos decir que la permanencia de la jurisdicción es la regla general.
Sólo existe jurisdicción temporal en el caso de los árbitros, quienes duran en su cargo lo que las partes
pacten en el instrumento de nombramiento (234 n° 4 COT) o a falta de designación, dos años desde la
aceptación del cargo (art. 235 COT); también es temporal la jurisdicción de los tribunales excepcionales
o accidentales (art. 50 y ss. COT).

Límites Espaciales.
Límites Externos: Son los elementos que demarcan la vigencia y aplicación de la jurisdicción
externamente.
Límite Internacional: La función judicial es parte del ejercicio de la soberanía de un Estado y ella se
ejerce dentro del territorio nacional, ya que se limita por la función de la jurisdicción de otros Estados
que ejercen sus facultades soberanas en esos territorios. Este límite está expresamente consagrado en el
art. 5 i 1° del COT, que reza “A los tribunales mencionados en este artículo corresponde el conocimiento
de todos los asuntos judiciales que se promuevan dentro del territorio de la República cualquiera sea
naturaleza o calidad de las personas que en ellos intervengan, sin perjuicio de las excepciones que
establezcan la Constitución y la leyes.”.

Excepcionalmente se consagra la extraterritorialidad de la ley en materia penal, en donde se atribuye
competencia a los tribunales para juzgar en Chile delitos cometidos en el extranjero (art. 6 COT); esto es
una excepción al límite internacional y obedece a la naturaleza de los delitos y las personas que
participan en él.

Límite Constitucional: La jurisdicción se limita por el ámbito de de atribuciones de los demás poderes
públicos, este límite tiene una doble perspectiva: EXCLUSIVO: Al poder judicial le está prohibido

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arrogarse funciones que pertenecen a otros poderes del Estado (art. 4 COT). EXCLUYENTE: Los otros
poderes no pueden avocarse al conocimiento de los asuntos que se le entreguen al poder judicial, el
artículo 12 COT indica en este sentido, que el Poder Judicial es independiente de toda autoridad en el
ejercicio de sus funciones; tal idea tiene consagración a nivel constitucional (art. 76 CPR) y se refuerza
por el principio de legalidad y competencia consagrados en los arts. 6 y 7 de la CPR.

Límites Internos: La competencia. Este límite mira a la función jurisdiccional en sí misma, con
prescindencia de la soberanía de otro Estado, o de los poderes del mismo Estado que ejercen otras
funciones soberanas. De esta manera surge la noción de competencia, que determina y delimita el
ejercicio de la función jurisdiccional dentro del poder judicial; Las reglas de competencia distribuyen el
ejercicio de la función jurisdiccional entre los distintos tribunales, la competencia es la medida de la
jurisdicción.

CONFLICTOS DE JURISDICCIÓN.
Este tema se relaciona con los límites externos de la jurisdicción, ya que los límites internos dan origen a
controversias de competencia.

Límite Internacional: El conflicto se produce entre tribunales de distintos Estados, quienes se atribuyen
el conocimiento de un determinado conflicto, esta situación la resuelve el derecho internacional privado,
particularmente en Chile se aplica el Código de Bustamante.

Límite Constitucional: Se suscita entre órganos jurisdiccionales nacionales y otros órganos del Estado,
autoridades políticas, administrativas y/o legislativas; entran en conflicto dos o más poderes del Estado
con ocasión de sus atribuciones.

Son dos las autoridades que son llamadas a solucionar estos conflictos. Es atribución exclusiva del
Senado conocer las contiendas de competencia que se suscitan entre las autoridades políticas o
administrativas y los tribunales superiores de justicia (art. 53 N° 3 CPR). Por su parte la Corte Suprema
conoce de las contiendas de competencia que se suscitan entre las autoridades políticas y administrativas
y los tribunales de justicia, que no corresponden al Senado (art. 191 COT y 79 i 2 CPR).

Límite Interno: Surge entre órganos que ejercen jurisdicción, entre los tribunales de justicia, son
conflictos de competencia que ejercen una misma jurisdicción, es un problema de distribución de
jurisdicción. Según como se promuevan, pueden ser cuestiones de competencia (promovida por las
partes) o contiendas de competencia (promovida por los propios órganos).

Finalmente debemos tener presente que la falta de jurisdicción es más grave que la de competencia,
mientras la primera da origen a la inexistencia procesal, la segunda da origen a la nulidad procesal; la
primera se promueve y alega a través de una excepción de fondo, la segunda se promueva y alega a
través de una excepción de forma.

LOS EQUIVALENTES JURISDICCIONALES

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Dentro de este punto cuarto del programa estudiaremos lo que se conoce como los equivalentes
jurisdiccionales, que en ningún caso constituyen un límite a dicha función, en el sentido estudiado, pero
remplazan a la función jurisdiccional provocando los mismos efectos que esta.

Quien introdujo este concepto fue el profesor Carnelutti, quien definía los equivalentes jurisdiccionales
como: aquellos medios diversos a la jurisdicción aptos para la legítima composición de un litigio.
El conflicto entonces no se resuelve a través del ejercicio de la función jurisdiccional sino por otro
medio, debemos tener presente que bajo este título se comprenden instituciones de distinta índole, pero
coincidentes en su función y finalidad. Sólo puede decirse que pertenecen a un género y que tienen el
mismo objeto pero no una misma naturaleza jurídica.

Clasificación:
Según el momento en que se realizan: preprocesales o procesales.
Atendiendo a si pertenecen o no al proceso: intraprocesal o extraprocesales.
Atendiendo a la obligatoriedad para llevarlos a efecto: necesarios o voluntarios.

I La sentencia extranjera
Se refiere a los fallos dictados en procesos tramitados y resueltos por jueces de otros Estados, que hayan
ejercido su potestad jurisdiccional. La sentencia extranjera es equivalente jurisdiccional porque no
emana de un tribunal nacional y, sin embargo, la legislación nacional la equipara a los fallos dictados en
nuestro país, es decir las homologa, o las “nacionaliza”, en la medida que cumplan con los requisitos de
los artículos 242 y siguientes del C.P.C., en donde se debe distinguir:

- La existencia de tratados internacionales que autoricen su aplicación, los cuales habría que observar.
(Art. 242 CPC)

- Si no existen dichos tratados, se aplica el denominado principio de la reciprocidad, por el cual se les
dará a las sentencias extranjeras en Chile la misma fuerza que se les conceda a las sentencia Chilenas en
el país en el que se dictó la sentencia (Art. 243 CPC) (Art. 244 CPC)

- Si no pueden aplicarse las normas anteriores, se aplican los denominados “principios de regularidad
internacional” (Art. 245 CPC), que significa que las sentencias tendrán la misma fuerza que aquellas
dictadas por Tribunales nacionales, con tal que reúnan las circunstancias siguientes:
(1ª Que no contengan nada contrario a las leyes de la República. Pero no se tomarán en consideración
las leyes de procedimiento a que haya debido sujetarse en Chile la substanciación del juicio;
2ª Que tampoco se opongan a la jurisdicción nacional;
3ª Que la parte en contra de la cual se invoca la sentencia haya sido debidamente notificada de la acción.
Con todo, podrá ella probar que, por otros motivos, estuvo impedida de hacer valer sus medios de
defensa;
4ª Que estén ejecutoriadas en conformidad a las leyes del país en que hayan sido pronunciadas).

Cuando se cumple con tal procedimiento, la Corte Suprema dicta un exequátur, que es la resolución que
resuelve que el fallo extranjero cumple con los requisitos que autorizan a su cumplimiento en Chile,
como si fuese dictada por un tribunal nacional, nace así el equivalente jurisdiccional.

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Procede la ejecución de la sentencia extranjera de acuerdo al artículo 434 N° 1 o 251, ambos del C.P.C.;
debemos tener presente que lo que se ejecuta es el fallo extranjero, no el nacional que lo reconoce
(exequátur). En efecto, en este caso hay dos fallos, el extranjero y el nacional, este último fruto de la
jurisdicción nacional no tiene por objeto resolver el conflicto, pues ya ha sido resuelto por la sentencia
extranjera, sino que determinar si se cumplen los requisitos para homologar el fallo que lo resolvió, es
decir tiene un fin constitutivo.

Si no existe exequátur, puede oponerse la excepción del 434 N° 7 CPC a la ejecución, ya que falta un
requisito legal al título, pues este título es perfecto en la medida que exista una sentencia extranjera
homologada por una sentencia nacional.
Finalmente y en lo que se refiere a materia penal también es pertinente realizar el trámite del exequátur,
sin perjuicio de lo cual el art. 13 del CPP, indica que tienen valor en Chile las sentencias penales
extranjeras, sean condenatorias o absolutorias; en consecuencia, nadie puede ser juzgado ni condenado
por un delito por el cual ya hubiere sido condenado o absuelto por una sentencia firme de acuerdo a la
ley y al procedimiento considerados en el país extranjero.

Excepcionalmente, una persona juzgada y condenada o absuelta en país extranjero puede ser
nuevamente juzgada en Chile, si el propósito del juzgamiento en dicho país hubiere obedecido al
propósito de sustraer al sujeto de su responsabilidad penal por delito de la competencia de los tribunales
nacionales. Lo mismo ocurre cuando el imputado lo solicitare expresamente, si el proceso respectivo no
hubiere sido instruido de conformidad a las garantías de un justo y racional proceso, o lo hubiere sido en
condiciones que revelaran el ánimo de no juzgarlo seriamente, en estos casos, la pena que se haya
impuesto por la sentencia extranjera se imputará a aquella que se imponga en Chile, si son de similar
naturaleza o se rebajará proporcionalmente, en caso contrario.

II La transacción.
Sin perjuicio de que nos remitimos a lo dicho respecto de la transacción al estudiar las formas de
solucionar conflicto, recordemos que el art. 2446 del CC señala que la transacción es un contrato en que
las partes terminan extrajudicialmente un litigio pendiente o precaven uno eventual.
Se critica esta definición, pues es incompleta pues adolece del defecto de omitir un elemento esencial
del contrato, las concesiones recíprocas de las partes que la doctrina señala como tal de manera
uniforme.
Para el CC hay litigio pendiente desde que la demanda ha sido totalmente notificada, es decir desde que
se traba la litis, tal idea se confirma en base a los arts. 1551 (requerimiento judicial para constituir en
mora), 1911 inciso 2º (desde cuando se entiende litigiosos un derecho para efectos sucesorios), 2455 (la
transacción es nula estando resuelto un litigio con fallo que produce cosa juzgada), y 2503 (interrupción
de la prescripción).
Finalmente el art. 2460 del C.C señala que la transacción produce el efecto de cosa juzgada en última
instancia; de ello deriva su carácter de equivalente jurisdiccional, pero ella no necesariamente tiene el
carácter de título ejecutivo o mérito ejecutivo, salvo que conste en escritura pública.

III El avenimiento.
El avenimiento es un acto jurídico bilateral que tiende a poner fin a un juicio sin intervención directa del
juez. En el avenimiento el acuerdo de voluntades tiene lugar dentro del proceso, distinto a la transacción
que es extrajudicial.

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En el avenimiento el juez no tiene una injerencia directa en su generación, pero el acta de avenimiento
“pasa” ante él, lo tiene presente, es decir el juez participa en su efecto.
La legislación nacional no trata orgánicamente esta figura, sólo el art. 434 N° 3 del CPC dice, que el acta
de avenimiento pasada ante el tribunal competente y autorizada por un ministro de fe o dos testigos de
actuación, tiene mérito ejecutivo.
En la práctica el avenimiento se hace por escrito redactado y firmado por las partes y no en un acta;
luego el Secretario del Tribunal u otro ministro de fe autoriza las firmas, y luego el juez lo tiene
presente, no lo aprueba.

IV La conciliación.
La conciliación es un acto jurídico procesal por el cual las partes ponen fin a un proceso total o
parcialmente, a partir de las bases de arreglo propuestas por el juez.
En este equivalente el juez tiene una injerencia mayor, cita a las partes a una audiencia de conciliación y
les propone las bases de un acuerdo, lo que no lo inhabilita para seguir conociendo del juicio.

La conciliación es un acto jurídico netamente procesal, se realiza dentro del proceso y está destinado a
producir efectos en él, concluir el juicio. En caso de ser fructífera la conciliación, se debe levantar un
acta en donde se consignan las bases específicas del arreglo, la suscriben las partes que lo deseen, el
Juez de la causa y el secretario del tribunal; esta acta se estimará como sentencia ejecutoriada para todos
los efectos legales (art. 267 CPC), de este artículo deriva entonces su carácter de equivalente
jurisdiccional.

La diferencia de la conciliación con el avenimiento están en la activa participación del juez y en que la
primera produce los efectos de un fallo ejecutoriado, no sólo es título ejecutivo, sino que produce acción
y excepción de cosa juzgada (art. 175 CPC).

V La sentencia de tribunal arbitral.
Para la mayoría de las doctrinas la sentencia de un tribunal arbitral no es un equivalente jurisdiccional,
ya que el árbitro es un órgano jurisdiccional especial, pero órgano jurisdiccional al fin y al cabo; así lo
establece el art. 5 del COT y el 222 del COT, el cual dispone expresamente que son jueces.

En tal sentido, si son jueces, ejercen jurisdicción y sus decisiones son fallos, de modo que no serían
equivalentes jurisdiccionales, sino que jurisdicción propiamente tal. Sin embargo, para algunos autores
no son tribunales permanentes y carecen de imperio, es decir, para cumplir sus resoluciones los
tribunales arbitrales deben concurrir a la justicia ordinaria, cuando ellas exijan procedimientos de
apremio, medidas compulsivas o que afecten a terceros que no sean partes del compromiso (art. 635
CPC).

VI El desistimiento de la demanda
Es un acto jurídico procesal declarativo por el cual el actor manifiesta su voluntad de no continuar con el
proceso tras la notificación válida de la demanda al demandado.
Si el demandado no ha sido notificado en forma legal, el demandante puede retirar materialmente su
demanda, la que se considera como no presentada, no siendo equivalente jurisdiccional; el desistimiento

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opera tras la notificación de la demanda y se tramita como un incidente dejando la resolución en torno a
la aceptación o no del desistimiento en manos del juez de la causa.

El desistimiento es equivalente jurisdiccional en la medida que sea acogido por el tribunal, toda vez que
en este caso extingue las acciones a que se refiera el desistimiento, en relación a las partes litigantes y a
todas las que habría afectado la sentencia del juicio al que le pone fin (art. 150 CPC); es decir produce
acción y excepción de cosa juzgada.
Algunos autores niegan el carácter de equivalente jurisdiccional, señalando que en definitiva es el juez
mediante una resolución (sentencia interlocutoria) declara el desistimiento, es decir, habría ejercicio de
función jurisdiccional; se controvierte este argumento señalando que el juez no resuelve la controversia,
objeto principal del pleito, sino que se limita a resolver si se acoge o no el desistimiento.

VII La Renuncia.
Como dijimos, se puede renunciar a un derecho material o pretensión extraprocesal que se tiene o que se
cree tener de acuerdo a lo establecido en el art. 12 del CC.
Para saber si la renuncia es un equivalente jurisdiccional debemos distinguir el momento de la renuncia.
Si la renuncia ocurre antes del juicio, no es equivalente jurisdiccional, porque no se ha producido el
conflicto, ej. Renuncia a acción de saneamiento por vicios redhibitorios (1836 CC), en este caso no se
resuelve un conflicto, sólo es un no ejercicio de un supuesto derecho. Ahora si ocurre durante el proceso,
tras la notificación de la demanda, es decir trabada la litis, estamos frente a un desistimiento.

VII El Allanamiento.
El allanamiento es la aceptación de la pretensión contenida en la demanda (art. 313 del CPC).
No es equivalente jurisdiccional porque el demandado allanado, no resuelve el conflicto, el juez sólo
omite la etapa de prueba, pero igualmente debe resolver la controversia a través de la dictación de la
correspondiente sentencia.

¿Podríamos encontrar nuevos equivalentes jurisdiccionales a propósito del nuevo proceso penal? Entre
los ya vistos y explicados modos de resolución de conflictos autónomos es posible discutir la calidad de
equivalente jurisdiccional de la Suspensión Condicional del Procedimiento y del Acuerdo Reparatorio.

5. Facultades anexas a la jurisdicción.
Son aquellas atribuciones vinculadas con el ejercicio de la función jurisdiccional que se radican en los
tribunales, por mandato de la constitución o de la ley; tales atribuciones están consagradas en el art. 3
del COT que señala, “Los tribunales tienen, además, las facultades conservadoras, disciplinarias y
económicas que a cada uno de ellos se asignan en los respectivos títulos de este Código”.

Facultades Conservadoras: Son las que tiene los tribunales de justicia para velar por que todos los
poderes públicos actúen dentro de la órbita de sus atribuciones y, en especial, velar para que las
garantías constitucionales individuales sean respetadas.

Son manifestaciones de estas facultades conservadoras:

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I. Recurso contra la privación o desconocimiento de la nacionalidad chilena, lo establece el art. 12 de la
CPR, conoce la C. Suprema como jurado y se recurre contra una resolución o acto de autoridad
administrativa, suspendiendo los efectos del acto.
II. Resolución de las contiendas de competencia que se susciten entre las autoridades políticas o
administrativas y los tribunales inferiores de justicia; artículo 191 COT en relación con el artículo 49
No. 3 de la CPR.
III. Recurso de Protección; establecido en el art. 20 de la CPR y regulado en un auto acordado, procede
contra los actos u omisiones ilegales o arbitrarios que priven, amenacen o perturben las garantías
establecidas en el art. 19 de la CPR, no todas pero si la mayoría; conoce la C. Apelaciones y en segunda
instancia la C. Suprema.
IV. Recurso de amparo, establecido en el artículo 21 de la CPR y el Amparo ante el Juez de garantía del
artículo 95 del NCPP;

Facultades Económicas: Es la facultad de los tribunales de justicia para regular el funcionamiento
interno de los mismos, con el objeto de lograr una más pronta y cumplida administración de justicia.

No olvidemos que por expreso mandato constitucional (art. 81), la Corte Suprema tiene la
superintendencia directiva, correccional y económica de todos los tribunales de la nación con excepción
del tribunal constitucional, calificador de elecciones, electoral regional y militares en tiempos de guerra
Los tribunales superiores de justicia tienen la facultad de dictar medidas generales tendientes a ese
mismo fin. Dentro de los instrumentos que poseen los indicados tribunales, para ejercer este fin se
destacan los autos acordados, que se pueden conceptualizar como aquellos emanados de los tribunales
superiores de justicia y que imponen directrices para obtener una mejor administración de justicia, en lo
demás nos remitimos a lo ya estudiado.
Otros instrumentos para ejercer la facultad económica son las circulares (recomendaciones de la C.
Suprema para el funcionamiento de los tribunales, y las instrucciones que pueden emanar de cualquier
tribunal y determinan la forma de su funcionamiento interno.

Facultades Disciplinarias: Son aquellas que tienen los tribunales de justicia para tomar medidas y
aplicar sanciones, con el objeto de que los debates judiciales se desenvuelvan con la debida compostura
y que los funcionarios judiciales cumplan con las medidas que regulan su conducta ministerial.

El objeto de estas facultades es lograr un buen comportamiento tanto de quienes integren los tribunales,
tanto de los auxiliares de la administración de justicia, como también de aquellos que concurren ante los
tribunales sea a litigar o por alguna comparecencia; el buen comportamiento se logra a través de
un ejercicio adecuado de los derechos que se reclaman, cumplir los deberes impuestos y abstenerse de
incurrir en las prohibiciones que la ley establece.

La fuente legal de esta facultad emana del artículo 81 de la CPR, el 3 del COT y el título XVI de ese
mismo cuerpo legal, dentro de las facultades disciplinarias y sus formas de aplicación se puede
distinguir:

I Aplicación de oficio
a. Por el Juez de Letras: Arts. 530, 531 y 532 COT.

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b. Por el Juez de Garantías, según art. 71 NCPP y del Presidente del Tribunal del Juicio Oral en Lo
Penal, según Art. 292 NCPP.
c. Por las Cortes de Apelaciones (535 y ss. COT)
d. Por la Corte Suprema (Art. 540 y ss. COT)

II Aplicación a petición de parte:
La Queja Disciplinaria, reguladas en arts. 544, 547 y 551 COT; que se deduce no por faltas o abusos
cometidos en resoluciones judiciales, sino que dice relación con la conducta Ministerial de los Jueces y
demás funcionarios judiciales.

El recurso de queja, de los arts. 545, 548 y 549 COT, por el cual se recurre contra el Juez o Jueces que
dictaron una resolución con flagrante falta o abuso; se puede deducir sólo cuando concurran los
siguientes requisitos:
- Se trate de resoluciones de carácter jurisdiccional;
- Se trate de sentencias definitivas o interlocutorias, siempre que ella ponga término al juicio o haga
imposible su continuación; y
- La resolución no debe ser susceptible de recurso alguno;
Otra manifestación de las facultades disciplinarias lo constituyen las sanciones a los abogados, de los
artículos 546 COT y 286 NCPP
Finalmente, hay también medios indirectos de ejercicio de esta misma facultad, cuales son
esencialmente las Visitas a los Tribunales, ordinarias o extraordinarias.
Aquellas denominadas ordinarias están reguladas en los artículos 555 a 558 COT y las
Extraordinarias, en los arts. 559 y ss., siendo el artículo 560 el que indica los casos en que procede una
Visita Extraordinaria. Lea y aprenda el alumno los artículos 530 a 552 del COT.
6. Actos judiciales no contenciosos.
Tradicionalmente, se ha señalado que el contenido de la jurisdicción es amplio y comprende la
jurisdicción contenciosa; voluntaria; disciplinaria, económica y conservadora; y la especial. Ahora bien
y en lo que respecta a la jurisdicción disciplinaria, económica y conservadora, no es propiamente
jurisdicción en el sentido estudiado, sino facultades de los tribunales de justicia.

Según el artículo 2 del COT “También corresponde a los tribunales intervenir en todos aquellos actos no
contenciosos en que una ley expresa requiere su intervención”; relacionando el 2 del COT con el art. 817
del CPC podemos decir que “son actos judiciales no contenciosos aquellos que según la ley requieren la
intervención del juez y en que no se promueve contienda alguna entre partes”.

A la luz de los conceptos vertidos dos precisiones debemos hacer, primero no es jurisdicción, toda vez
que no hay conflicto jurídico a resolver ello debido a que no existe una controversia, no hay partes ni
contrapartes. Sólo si alguien se opone a la petición del interesado podría plantearse una controversia,
pero mudaría en un acto de jurisdicción contenciosa. Y segundo, tampoco es voluntaria, pues la propia
ley establece la obligatoriedad de un pronunciamiento judicial para la realización de ciertos actos.

Entonces es preferible hablar de jurisdicción no contenciosa la que doctrinariamente se define como
aquella que ejercen los tribunales en los casos en que la ley requiere expresamente su intervención y en
que no se promueve contienda alguna entre partes.

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Existen muchas razones que justifican la existencia de la jurisdicción no contenciosa, la principal, es que
se constituye como una garantía a los solicitantes, toda vez que el poder judicial es un órgano
independiente y dotado de conocimientos especializados, que le permiten intervenir en estos asuntos que
en muchas ocasiones no sólo afectan intereses privados; por otro lado hay una razón práctica pues
muchos de estos casos son susceptibles de transformarse en asuntos contenciosos, en la medida que haya
oposición de un interesado, de modo que resulta conveniente que conozca de estos asuntos el mismo
órgano que eventualmente conocerá de la controversia.

CARACTERISTICAS.
1. Son actuaciones administrativas entregadas al poder judicial.
2. Su tramitación se somete principalmente a los procedimientos del Libro IV del CPC, también se
pueden encontrar en otros cuerpos legales ej. Pago por consignación regulado en el CC.
3. Requiere ley expresa para la intervención del tribunal (2 COT y 817 CPC), de modo que no opera el
principio de inexcusabilidad.
4. Se refiere a derechos indisponibles, por lo tanto no opera el artículo 12 del CC.
5. Sus resoluciones sólo producen cosa juzgada en la medida que sean resoluciones positivas y se han
cumplido, en consecuencia no la produce si son negativas o si son positivas y no se han cumplido.
6. No existe conflicto, no se promueve una pretensión procesal frente a una pretensión material resistida,
por ello no existen partes ni contrapartes, sino interesados y solicitantes.

CRITERIOS PARA DISTINGUIR JURISDICCIÓN CONTENCIOSA Y NO CONTENCIOSA.

I. Romanista: La jurisdicción contenciosa se desarrolla con conocimiento de causa, lo que implica que el
juez debe recabar la mayor cantidad posible de antecedentes; en tanto la voluntaria se ejerce sin
conocimiento de causa. Se critica, porque en ambos casos actúa con conocimiento de causa (ver art. 820
CPC), la diferencia está en la falta de formalidades para rendir prueba, en la jurisdicción voluntaria se a
hace a través de informaciones sumarias, sin contradicción y sin término probatorio.

II. De la voluntad de las partes: La jurisdicción contenciosa es “inter invitos”, es decir, previa citación;
la no contenciosa es “inter volentes”, o sea por espontánea actuación de los interesados. Se critica este
criterio pues hay casos de jurisdicción contenciosa que opera “inter volentes”, ej. Juicios arbitrales; y en
los casos de jurisdicción no contenciosa es necesario realizar la gestión que establece la ley para que se
produzcan los efectos deseados, aunque sea voluntario realizar el acto de derecho sustantivo que este
tras ella ej. Compra venta de inmueble a un incapaz, no es obligatorio, pero si es necesaria la
autorización del incapaz para efectuarla.

III. De los efectos del acto: Si el acto produce cosa juzgada es contencioso, si no los produce, es
voluntaria. Tal distinción no es absoluta ej. Medida precautoria ej. Resoluciones no contenciosas
afirmativas cumplidas.

IV. Criterio Clásico: En la jurisdicción contenciosa existe contradictor, en la voluntaria no. Se critica ya
que en los juicios que se siguen en rebeldía o en los que hay allanamiento del derecho, que son
contenciosos no hay contradictor. Este el criterio aceptado por nuestra legislación (817 CPC).

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V. Criterio Moderno: Atiende la finalidad de cada uno, la jurisdicción contenciosa se refiere a una
relación jurídica ya determinada o existente; la voluntaria tiene por objeto cooperar al nacimiento de una
relación jurídica nueva, es decir, tiene una finalidad constitutiva.

Sin embargo es necesario diferenciar a la jurisdicción no contenciosa de la finalidad constitutiva de la
jurisdicción contenciosa, esta última se lleva a efecto por que existe un conflicto jurídico, en la no
contenciosa no hay conflicto sino que se recurre ante el juez porque es la ley lo que lo ordena respecto
de determinados trámites y formalidades.

NATURALEZA DE LOS ACTOS DE JURISDICCION NO CONTENCIOSA
Para Calamandrei, Chiovenda y Rocco son actos de naturaleza administrativa. Para Casarino, son actos
sui generis, ya que el acto administrativo crea una relación entre la administración y el administrado, y
el jurisdiccional voluntario no crea tal relación en cuanto al asunto sometido a su conocimiento.

CLASIFICACION DE LOS ACTOS DE JURISDICCIÓN NO CONTENCIOSA
A. Tendientes a la protección de los incapaces: Se protege justamente a estas personas incapaces ya sea
en razón de su edad, condición jurídica o mental; ejs. Habilitación del incapaz para comparecer en
juicio; autorización judicial para repudiar la legitimación de un interdicto; nombramiento de tutores o
curadores; autorización para enajenar, arrendar, gravar por largo tiempo inmuebles de incapaces.

B. Tendientes a obtener declaraciones solemnes de ciertos actos y derechos que produzcan
consecuencias jurídicas: La ley reconoce ciertos derechos, pero establece la obligación de comprobar la
concurrencia de ciertos requisitos que permitan su ejercicio; ejs. Concesión de posesión efectiva de la
herencia testada; declaración de herencia yacente; declaración de posesión provisoria o definitiva de los
bienes en el caso de la muerte presunta.
C. Tendientes a dar autenticidad a ciertos actos: como la apertura y protocolización de testamentos;
confección de inventarios solemnes; tasaciones.

D. Tendientes a evitar la comisión de fraudes legales: como la insinuación de donaciones; guarda de
muebles y aposición de sellos.

DIFERENCIAS ENTRE LA JURISDICCIÓN NO CONTENCIOSA Y LA
CONTENCIOSA
La jurisdicción no contenciosa
1. El juez tiene la obligación de intervenir siempre que se requiera su intervención y en negocios de su
competencia.
2. La prueba se rinde en la forma y a través de los medios que establece la ley
3. Produce acción y excepción de cosa juzgada.

La jurisdicción contenciosa
1. La ley debe establecer expresamente la posibilidad de intervención judicial.
2. La forma de rendir prueba es a través de la información sumaria.
3. Sólo las resoluciones afirmativas cumplidas producen cosa juzgada.

7. Bases Generales de la Administración de Justicia

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(Bases de la función jurisdiccional)

Por base de la función jurisdiccional del Estado, se entiende aquel conjunto de principios y condiciones
indispensables para que esta función cumpla justa y eficazmente su cometido.
Si bien todo órgano o actividad debe regirse por ciertos principios o enunciados para cumplir su fin,
aquellos por los que se rige la función jurisdiccional cobran especial importancia por la delicada e
importante misión que le corresponde realizar, a saber, la satisfacción de pretensiones jurídicas y la de
ser garantía de los derechos individuales.

Al tratar esta materia se hace imposible dar una enumeración taxativa de las llamadas bases de la
función jurisdiccional ya que, por ser principios abstractos y generales unos y meramente prácticos
otros, su consideración dependerá del modo en que se aprecie el problema; no todos estos principios son
esenciales a la correcta y eficiente administración de justicia, ej. Sedentariedad, territorialidad.

I. Legalidad.
La legalidad es un principio orientador de todos los órganos del Estado, ergo, también del poder judicial,
en consecuencia toda actividad judicial debe ceñirse a la ley. Este principio se encuentra establecido y
reconocido en los arts. 6 y 7 de la CPR.

En el caso del poder judicial, la ley es la que determina el órgano, su organización y estructura; también
sus atribuciones, el funcionamiento y conducta debe ceñirse a la ley, tanto en su comportamiento
personal como en el ejercicio de funciones; y en el procedimiento también debe observarse la ley tanto
en la forma (competencia y ritualidades), como en el fondo (juzgamiento).

La legalidad del órgano judicial emana de los arts. 76 y 19 N° 3 de la CPR, de los cuales se puede
concluir que los tribunales deben estar establecidos por la ley (Orgánica Constitucional) y deben estar
establecidos con anterioridad al conocimiento y juzgamiento de un asunto determinado, encontramos en
el CPP una alteración a esta regla pues en su art. 2 indica que el tribunal debe estar establecido con
anterioridad al hecho que se pretende juzgar.

La legalidad de la organización y atribuciones emana, como dijimos de los arts. 6 y 7 de la CPR. En
cuanto a la legalidad del procedimiento nace del 19 N° 3 de la CPR “Toda sentencia de un órgano que
ejerza jurisdicción debe fundarse en un proceso previo, legalmente tramitado.

En cuanto a la observancia y aplicación de la leyes de fondo en la dictación de fallos, no existe un
reconocimiento legal tan expreso, pero, como sabemos es de la esencia de la jurisdicción aplicar la leyes
para resolver un conflicto sometido a su decisión, podemos afirmar que tal reconocimiento se encuentra
en el numeral 5 del art. 170 del CPC, que dentro de las consideraciones que debe tener una sentencia, se
encuentra la obligación por parte del juez de hacer una enunciación de las leyes o principios de equidad
en que se funda el fallo; sirve para sostener lo dicho la circunstancia de que el CP (Código Penal)
establece como delito el hecho de que los jueces fallen a sabiendas contra ley expresa y vigente en causa
criminal o civil (art. 223), entonces implícitamente, se reconoce que los jueces deben respetar el
principio de legalidad al momento de pronunciarse sobre el fondo de un asunto sometido a su decisión.

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Sin perjuicio de lo dicho nos encontramos con que existen excepciones al principio de legalidad respecto
de la resolución de los asuntos sometidos a la decisión de un tribunal, en efecto, en virtud del art. 10 del
COT, el juez debe siempre fallar una controversia sometida a su decisión, aun cuando no exista ley que
resuelva el conflicto específico, caso en el cual debe fallar conforme a los principios de equidad.
Por otro lado el legislador permite prescindir de la ley, cuando le permite al juez apreciar la prueba en
conciencia o fallar en conciencia, o de acuerdo a la prudencia o equidad, o de acuerdo a las reglas de la
sana critica, ej. Juicios del trabajo, juicios de familia, juicios de policía local, juicio arbitral, etc.

II. Independencia.
Consiste en que el órgano jurisdiccional no debe estar sometido a otro en su actuar; si bien este es un
principio común a todo órgano del Estado, reviste una mayor importancia en el poder judicial dada la
imparcialidad y objetividad con que debe ejercer su función.

Este principio se puede observar desde una doble perspectiva, la primera de ellas relativa a la
independencia del poder judicial con los demás órganos del Estado, y la segunda de la independencia de
tribunales de justicia entre sí. Independencia respecto de otros poderes.

El art. 12 del COT señala que “El poder judicial es independiente de toda otra autoridad en el ejercicio
de sus funciones”, idea que se complementa con lo establecido en el art. 76 de la CPR en orden a que ni
el Presidente de la República ni el Congreso pueden ejercer funciones judiciales, ni avocarse al
conocimiento de causas pendientes, ni hacer revivir procesos fenecidos; a este respecto es preciso tener
presente que el art. 222 del CP que sanciona como delito el ejercicio de funciones judiciales por
autoridades administrativas (usurpación de atribuciones).

Reforzando este principio, en el sentido estudiado, se establecen incompatibilidades en el ejercicio de la
función judicial con otras funciones públicas, (ver arts.57 CPR, 257 y 261 del COT).

Entonces podemos sostener, de acuerdo a lo estudiado, que ningún órgano del Estado puede atribuirse el
ejercicio de las funciones propias del poder judicial, pero la ley también impone una prohibición al
poder judicial, en efecto, el art. 4 del COT señala, “Es prohibido al poder judicial mezclarse en las
atribuciones de otros poderes públicos y en general ejercer otras funciones que las determinadas en los
artículos precedentes”, en el mismo orden de ideas el art. 222 i 1° del CP, sanciona a las funcionarios del
orden judicial que ejercieran atribuciones distintas a las encomendadas por le ley.

De acuerdo a lo expuesto la doctrina sostiene que la independencia tiene una doble faz, positiva: en el
sentido que el poder judicial, es libre de los otros órganos públicos; y negativa: en el sentido de que le
está vedado al poder judicial inmiscuirse en el ejercicio de las atribuciones de otros órganos del Estado.
Otro elemento que nos sirve para sostener el principio de la independencia del poder judicial es la
relativa autogeneración de los miembros que lo componen, sin perjuicio de que algunos de los cargos
son en definitiva nombrados por el P de la R. Independencia entre los órganos jurisdiccionales.

Acá el principio es observado en un plano interno, entre los distintos tribunales que componen el poder
judicial, ellos son totalmente independientes entre sí desde la perspectiva del ejercicio de su función
jurisdiccional. La consagración del principio así planteado posibilita un actuar sin temor, sin coerción y
sin presiones indebidas por parte de sus pares y superiores.

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Esta independencia funcional está consagrada en el art. 8 del COT, que indica “Ningún tribunal puede
avocarse al conocimiento de causas o negocios pendientes ante otro tribunal, a menos que la ley le
conceda expresamente esa facultad”.

Finalmente otra perspectiva desde la cual se puede abordar la independencia, es desde el punto de vista
de los funcionarios que ejercen función jurisdiccional, en este sentido se establecen las implicancias y
recusaciones (arts. 194 a 205), la prohibición del 320 del COT, y las obligaciones de los arts. 323 a 323
ter del COT.

III. Inamovilidad.
Es la garantía consagrada en beneficio de los magistrados judiciales, en cuya virtud no pueden ser
removidos de su cargo, mientras observen el buen comportamiento exigido por la constitución y las
leyes.
Este principio es una garantía del de independencia, pues sin la inamovilidad la independencia sería una
quimera, toda vez que eventualmente se pueden cometer abusos y presiones por parte de un superior
jerárquico quien podría remover a discreción a un juez que no se adecua a sus requerimientos.

Este principio se encuentra consagrado en la CPR (art. 80), que señala que los jueces permanecerán en
sus cargos durante su buen comportamiento. Es de la esencia de la inamovilidad que el juez sólo pueda
ser removido de su cargo, en virtud de causa legal determinada previo proceso legalmente tramitado.

La inamovilidad reconoce como excepciones:
i. Remoción: La decreta la C. Suprema por mayoría total de sus miembros, a requerimiento del P de la
R, de la parte interesada o de oficio, y previo informe de la CAP y del interesado, y en razón de no haber
tenido el juez un buen comportamiento (art. 80 i 3 CPR y 332 N° 3 COT).

ii. Mala calificación: “El funcionario que figure en lista deficiente o, por segundo año consecutivo, en
lista condicional, una vez firme la calificación respectiva, quedará removido de su cargo por el solo
ministerio de la ley.” (art. 278 bis COT)

iii. Juicio de Amovilidad: (332 N° 4 COT) Son procesos que instruyen los tribunales superiores de
justicia a requerimiento del fiscal judicial, de oficio, o del agraviado. Estos juicios se tramitan
sumariamente y la apreciación de la prueba es en libertad, respetando los principios de la lógica, las
máximas de experiencia y el conocimiento científicamente afianzado. (338 y 339 COT).

iv. Responsabilidad civil o criminal: (332 n° 9 COT) Por haber sido declarado responsable criminal o
civilmente por delito cometido en razón de sus actos ministeriales.

v. Juicio Político: (333 COT) Los magistrados de los tribunales superiores de justicia cesan, además, en
sus funciones por la declaración de culpabilidad hecha por el Senado, por notable abandono de sus
deberes, en conformidad a los artículos 52 y 53 de la CPR.

vi. Incapacidad legal sobreviniente: 332 n° 1 relación 256 COT.

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vii: Edad: art. 80 i 2° de la CPR.

IV. Responsabilidad.
La responsabilidad complementa los principios de independencia e inamovilidad, pues garantiza que el
juez independiente e inamovible se sujete a las leyes en el ejercicio de sus funciones, so pena de incurrir
en las responsabilidades que establece la ley.

Este principio está consagrado en el art. 79 de la CPR y 324 COT, que señala que “Los jueces son
personalmente responsables de los delitos de cohecho, falta de observancia en materia sustancial de las
leyes que reglan el procedimiento, denegación y torcida administración de justicia, y en general de toda
prevaricación en que incurran en el desempeño de sus funciones...” y se complementa con el artículo 13
del COT que indica “Las decisiones o decretos que los jueces expidan en los negocios de que conozcan
no les impondrán responsabilidades sino en los casos expresamente determinados por la ley”.

De acuerdo con lo dicho, no es posible hacer efectiva la responsabilidad de juez que desempeña
correctamente su función, como tampoco respecto del juez que de buena fe se equivoca en su fallo; lo
que se pretende es establecer la responsabilidad de los jueces en el caso que cometan delito o falta
disciplinaria.
La responsabilidad de los jueces se regula en el Título X párrafo 8 del COT, artículos 324 y siguientes;
también la CPR se refiere a un tipo de responsabilidad. Podemos distinguir entonces,

a) Responsabilidad Política: Que afecta a los magistrados de los tribunales superiores de justicia por
notable abandono de sus deberes, y se hace efectiva a través del juicio político regulado en la CPR (art.
52 y 53).
Distintos conceptos tratan de definir el notable abandono de deberes; un concepto restringido, asevera
que se trata de la infracción de deberes meramente adjetivos o procesales, y se fundamenta en la
circunstancia de que el Congreso no puede analizar el fundamento de los fallos ni la naturaleza de las
resoluciones que se dicten.
El fundamento de esta posición es naturalmente el respaldo a la base del ejercicio de la jurisdicción de
la independencia. Por otro lado un concepto amplio es aquel que considera el notable abandono de
deberes como un delito de rango constitucional y de contenido más o menos amplio, que comprende por
tanto el cumplimiento de deberes procesales, pero también sustantivos.

b. Responsabilidad disciplinaria: Que se comete en el desarrollo de la función ministerial y se relaciona
con las facultades disciplinarias que corresponden a los tribunales de justicia (engrana con la
jurisdicción disciplinaria).

c. Responsabilidad penal: Aquella que se origina cuando le juez en el ejercicio de su cargo cometa algún
delito, esto genéricamente se denomina prevaricación, figuras delictivas que se regulan en el
CP. Al respecto debemos tener presente que tanto la CPR como el COT eximen de responsabilidad a los
magistrados de los tribunales superiores de justicia en lo relativo a la falta de observancia de las leyes
que reglan el procedimiento y en cuanto a la denegación y torcida administración de justicia.

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Finalmente, para hacer efectiva la responsabilidad de los jueces es necesario una especie de antejuicio
que se conoce como Querella de Capítulos y que esta regulado en el Título V del Libro Cuarto del
Código Procesal Penal, antejuicio que tiene por objeto determinar si es admisible o no la acusación en
contra del juez que realice un fiscal del Ministerio Público, se busca con este procedimiento rodear de
garantías al juez y proteger su independencia de posibles venganzas, tal situación se reconoce en el art.
328 del COT.

d. Responsabilidad Civil: 325 y ss. COT, “Todo juez delincuente será, además, civilmente responsable
de los daños estimables en dinero que con su delito hubiere irrogado a cualesquiera personas o
corporaciones”

Finalmente y en lo que se refiere a este principio debemos tener presente lo establecido en el art. 331 del
COT, que señala que “Ni en el caso de responsabilidad criminal ni en el caso de responsabilidad civil la
sentencia pronunciada en el juicio de responsabilidad alterará la sentencia firme. Se trata de una opción
que efectuó nuestro legislador, entre la responsabilidad de los jueces y la cosa juzgada, habiéndose
optado por ésta última.
El único correctivo que se ha establecido para esta situación es el denominado recurso de revisión, que
veremos en su oportunidad.

V. Pasividad.
Principio consagrado en el artículo 10 i 1° del COT “Los tribunales no podrán ejercer su ministerio sino
a petición de parte, salvo en los casos en que la ley los faculte para proceder de oficio.”.

De la norma referida podemos señalar que existen dos formas de actuación de los tribunales de justicia;
a petición de parte, en donde el tribunal actúa previa solicitud o a requerimiento de la parte interesada, y
de oficio, que es sinónimo de proceder por iniciativa propia sin que sea necesaria requerimiento o
solicitud de persona alguna.

Antes de la entrada en vigencia del nuevo sistema de enjuiciamiento criminal se decía que en materia
civil la regla general era la actuación a requerimiento de parte (principio dispositivo), y en materia penal
en tanto, la regla general era la actuación de oficio por parte del tribunal (principio inquisitivo). Tras la
entrada en vigencia del Código Procesal Penal, esta diferencia se ha diluido o atenuado, toda vez que
tanto el juez de garantía y mayormente el Tribunal Oral en lo Penal, actúan a requerimiento de partes.

Otra concreción de este principio, en sede civil, lo encontramos en el artículo 160 del CPC, que al
referirse a la sentencia señala que esta debe pronunciarse conforme al mérito del proceso y no podrá
extenderse a puntos que no hayan sido expresamente sometidos a juicio por las partes, salvo en cuanto
las leyes manden o permitan proceder de oficio. Si el juez vulnera esta norma está incurriendo en un
vicio de casación en la forma (ultra petita) que permitiría anular una sentencia.

En materia civil, encontramos como excepciones a la pasividad, es decir, el juez puede proceder de
oficio, entre otros, en los siguientes casos:

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1°. Declaración de nulidad absoluta que aparezca de manifiesto en un acto o contrato (art. 1.683 CC).
2°. Medidas para mejor resolver (art. 159 CPC).
3°. Impulso de oficio del juicio un vez que ha precluido un término para ejercer un derecho o realizar
una actuación en él (art.64 CPC)
4°. Declaración de implicancia de los jueces (art. 200 COT)
5°. En materia de recursos la declaración de inadmisibilidad de apelación (213 CPC) y casación (781
CPC); casación en la forma y fondo de oficio (776 y 785 CPC).
6°. Declaración de nulidad procesal (83 CPC).
7°. El juez de oficio puede no dar curso a una demanda que no contenga las tres primeras menciones del
artículo 254 del CPC.(256 CPC)
8°. El Juez puede denegar la ejecución si el título ejecutivo que se le presenta tiene más de tres años
contados desde que la obligación se hizo exigible (442 CPC);
9°. El juez puede de oficio adoptar todas aquellas medidas que estime necesarias para la corrección de
los actos del procedimiento (84 CPC).

VI. Inexcusabilidad.
Consiste en la obligación de los jueces de ejercer su ministerio cuando sean requeridos legalmente, su
consagración la encontramos en el art. 10 i 2° del COT “Reclamada su intervención en forma legal y en
negocios de su competencia, no podrán excusarse de ejercer su autoridad ni aún por falta de ley que
resulta la contienda sometida a su decisión”; ante el evento de la inexistencia de ley fallan conforme a
los principios de equidad.

VII. Inavocabilidad.
Si un tribunal competente ha comenzado a conocer de un determinado asunto, ningún otro tribunal
puede conocer simultáneamente de ese mismo asunto; principio consagrado en el art. 8 COT “Ningún
tribunal puede avocarse el conocimiento de causas o negocios pendientes ante otro tribunal, a menos que
la ley confiera expresamente dicha facultad”.
Encontramos como excepciones a este principio:
1°. Las visitas de Ministros de Corte: Nos referimos a los Ministros en Visita Extraordinaria (560 y 561
COT), ministros que se eliminan dentro del sistema del nuevo proceso penal.
2°. Acumulación de autos o expedientes.
3°. El sometimiento a arbitraje, cuando éste se produce con relación a una causa pendiente ante los
tribunales ordinarios de justicia.

VIII. Publicidad.
Este principio busca garantizar el correcto funcionamiento de los tribunales de justicia y la correcta
administración de ella, a través de una fiscalización de los propios intervinientes en un juicio, logrando
así una mayor transparencia del poder judicial.

Por otro lado permite que terceros que puedan ser afectados por resoluciones judiciales, puedan conocer
los actos del proceso que les afecta.

Este principio está consagrado en el art. 9 COT que indica que “los actos de los tribunales son públicos,
salvo las excepciones establecidas por la ley”, es decir, cualquier persona puede imponerse libremente

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de los actos judiciales. Tal idea está conformada por el art. 380 n° 3 del COT, que impone a los
secretarios del tribunal dar conocimiento a cualquier persona de los procesos que tengan en sus oficinas.

En lo que respecta a las excepciones a este principio, la doctrina distingue entre secreto absoluto (la
prohibición de acceso a un expediente o actuación judicial, afecta a cualquier persona, sean partes o
terceros); y secreto relativo (la prohibición de acceso a expedientes o actuaciones judiciales sólo afecta a
terceros ajenos al juicio).

Casos de secreto absoluto en nuestra legislación:

1°. En el antiguo proceso penal, la etapa de sumario criminal (investigación) por crimen o simple delito
de acción penal público, era secreto art. 78 CPP.
2°. En el nuevo proceso penal, y en la etapa de investigación a cargo del ministerio público, la regla
general es el secreto relativo de la investigación, mientras que respecto del imputado y demás
intervinientes la regla general es la de la publicidad, sin perjuicio de que excepcionalmente el Fiscal
puede disponer del secreto de determinadas actuaciones, registros o documentos por un plazo no
superior al de 40 días. Sin embargo, este secreto no se puede decretar respecto de ciertas actuaciones,
que están descritas en el artículo 182 del NCPP y que son las declaraciones del imputado; cualquier otra
actuación en que haya intervenido el imputado o haya tenido derecho a intervenir; las actuaciones en que
participare el Tribunal y los informes evacuados por peritos respecto del propio imputado o de su
defensor.
3°. Los acuerdos en los tribunales colegiados (81 y 103 COT), que son privados, sin perjuicio de poder
invitar a Relatores u otros funcionarios.

Casos de secreto relativo en nuestro país:
1°. Causas de nulidad de matrimonio, divorcio y separación judicial, el Art. 86 de la Ley de Matrimonio
Civil dispone que estos procesos serán reservados, salvo que por resolución fundada y a petición expresa
de las partes el Juez disponga lo contrario.
2°. Diligencias probatorias en el plenario criminal (CPP) cuando ellas pudieren afectar las buenas
costumbres. En el NCPP la regla general es la publicidad de las diligencias y del juicio completo, sin
perjuicio de poder disponer el Tribunal de Juicio Oral en lo Penal, a petición de parte y por resolución
fundada, algunas medidas que tiendan al secreto de determinadas actuaciones, como por ejemplo, la
salida de una o más personas de la sala en la que se verifica la audiencia; impedir el acceso del público
en general; prohibir a los intervinientes el efectuar declaraciones a los medios de comunicación social,
etc. (289 NCPP).
3° Libro de distribución de causas: 176 COT: En los lugares de asiento de Corte en que hubiere más de
un juez de letras en lo civil, deberá presentarse a la secretaría de la Corte toda demanda o gestión
judicial que se iniciare y que deba conocer alguno de dichos jueces, a fin de que se designe el juez a
quien corresponda su conocimiento. Inciso segundo: Esta designación se hará por el presidente del
tribunal, previa cuenta dada por el secretario, asignando a cada causa un número de orden, según su
naturaleza, y dejando constancia de ella en un libro llevado al efecto que no podrá ser examinado sin
orden del tribunal.
4°. Libro de jurisdicción disciplinaria: (531 No. 2 COT) El libro no puede ser examinado sin orden del
tribunal.
5°. Sesiones de Tribunales colegiados para la calificación de funcionarios. (274 y 276 COT).

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6°. Adopciones: Todos los trámites, tanto judiciales como administrativos y la guarda de documentos a
que dé lugar la adopción, serán reservadas, salvo que los interesados en la adopción hayan requerido lo
contrario.

IX. Imparcialidad.
Consiste en el tratamiento igualitario que el juez debe conceder a las partes litigantes en un conflicto
sometido a su conocimiento. Se dice que la contradictoriedad permite la imparcialidad, ya que escuchar
a ambas partes deja al juez en una posición neutral; se manifiesta por ej. en el orden de votación de los
jueces colegiados (art. 84 COT) y en las implicancias y recusaciones.

X. Gratuidad.
Reproduciremos respecto de este principio lo dicho por el profesor Casarino en su Manual de Derecho
Procesal (T I). “Este principio fundamental consiste en que la administración de justicia debe ser
esencialmente gratuita.

Sin embargo, su aplicación práctica da origen a diversas cuestiones: ¿la función judicial debe ser gratuita
o remunerada?, y en caso de ser remunerada, ¿esta remuneración debe soportarla el Estado o, por el
contrario, las personas que piden se ponga en movimiento la función judicial, o sea por los propios
litigantes?
Acerca del primer problema, esto es, si la función judicial debe ser gratuita o remunerada, la doctrina
totalmente acorde contesta esta interrogante, en el sentido de que la función de administrar justicia debe
ser remunerada, porque si así no lo fuere, su ejercicio sería sólo patrimonio de los ricos; a lo que cabe
agregar que si en la sociedad actual toda función pública debe ser remunerada, con mayor razón debe
serlo la judicial, de por si técnica, pesada y compleja.

Resuelta la primera cuestión, en cuanto que la función judicial debe ser remunerada, nace de inmediato
la segunda, o sea, quien debe soportar los gastos de esta remuneración, si el Estado o los litigantes. La
doctrina también se ha uniformado en el sentido de que debe soportarlos el Estado, porque la función
judicial se ejerce en su nombre, con miras al interés público, y de ser remunerados los jueces por los
litigantes, se atentaría contra su decoro y serviría de magnífico pretexto para sospechar de su indiscutible
imparcialidad.

Sin embargo, establecido que el Estado debe soportar la remuneración de los jueces, cabe aun
preguntarse si esta remuneración debe correr a cargo de la totalidad de los contribuyentes o sólo de
aquellos contribuyentes litigantes.
Tres teorías o doctrinas se han diseñado sobre el particular. Una, sostiene que la remuneración de la
magistratura debe ser soportada por la totalidad de los contribuyentes, porque sería injusto hacerla recaer
sólo sobre los contribuyentes litigantes, puesto que si recurren a los tribunales de justicia es en atención
a que atraviesan, precisamente, por un periodo de apremio económico en sus vidas.

Otra, agrega que la remuneración de la magistratura debe ser soportada exclusivamente por los
contribuyentes litigantes, porque es la única manera de poner atajo a la manía de litigar y de evitar las
demandas temerarias y de mala fe.
Una tercera, por fin, estima que la remuneración de la magistratura, en principio, debe soportarla el
Estado, ya que se ejerce en su nombre y con miras al interés público; pero como en último término el

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beneficiario es el litigante, deben imponerse a éste cargas tributarias, aunque moderadas, que sirvan en
parte al Estado para sobrellevar los pesados gastos de la administración de justicia demandada.

En Chile, en esta materia, se ha seguido más bien la tercera doctrina, llamada también ecléctica, la cual
sostiene que la función judicial debe ser remunerada por el Estado, pero que puede resarcirse de esta
carga imponiendo tributos a los contribuyentes litigantes.

En efecto, en nuestro país, los jueces son verdaderos funcionarios públicos, y como tales son
remunerados con los fondos generales de la nación; pero los litigantes, a su vez, deben soportar cargas
tributarias moderadas, las cuales van a beneficiar a determinados funcionarios auxiliares de la
administración de justicia (ej. derechos de los receptores, notarios, conservadores, archiveros etc.), y
honorarios de los abogados, todo ello sin perjuicio de lo que resuelva el tribunal, en definitiva, en
materia de costas.

Por excepción, hay litigantes que están exentos de soportar estas cargas tributarias y son aquellos que
gozan del privilegio de pobreza, el cual puede revestir dos formas, legal o judicial dependiendo de su
fuente u origen”.
La consagración de este principio la encontramos en el art. 19 N° 3 de la CPR que señala “Que toda
persona tiene derecho a defensa jurídica en la forma que la ley señale. La ley arbitrara los medios para
otorgar asesoramiento y defensa jurídica a quienes no pueden procurársela por sí mismos”.

Ahora bien en el entendido que de el ejercicio de la función jurisdiccional es gratis para quienes la
reclaman, los litigantes deben soportar ciertos gastos, de los que eventualmente están eximidos, por
ejemplo a través del privilegio de pobreza, los abogados de turnos, las Corporaciones de Asistencia y la
Defensoría Penal Pública, en algunos casos.

XI. Territorialidad.
Por una razón de organización la ley divide el ejercicio de la jurisdicción entre los distintos tribunales
que ella misma crea, asignándole a cada uno el conocimiento de ciertos asuntos dentro de cierto
territorio, esto es lo que se denomina competencia.

Este principio está consagrado en el art. 7 i 1° del COT “Los tribunales sólo podrán ejercer su potestad
en los negocios y dentro del territorio que la ley les hubiera expresamente asignado”.

Encontramos como excepción a este principio:
1. Actuaciones de los jueces civiles de la región metropolitana, que pueden verificar actuaciones en
todas las comunas de la jurisdicción, independientemente de la circunstancia de habérseles asignado
territorios jurisdiccionales (art. 43 i 3° COT).
2. Inspecciones personales del tribunal, que pueden verificarse en cualquier territorio jurisdiccional.
(403 Inc. 2º CPC)
3. Sistema de exhortos, que son las comunicaciones escritas que un tribunal exhortante remite a otro
tribunal exhortado, para que éste último practique una determinada actuación dentro de su territorio,
delegándole la competencia correspondiente para ese solo efecto.

XII. Sedentariedad.

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Los tribunales deben ejercer su ministerio en un lugar fijo y determinado. No existen, en términos
generales, jueces ambulantes.
Los arts. 28 a 40; 54 y 94 COT establecen el lugar de asiento de los tribunales del país.
El artículo 311 del COT establece el deber de residencia de los jueces: Los jueces están obligados a
residir constantemente en la ciudad o población donde tenga asiento el tribunal en que deban prestar
sus servicios.
Sin embargo, las Cortes de Apelaciones podrán, en casos calificados, autorizar transitoriamente a los
jueces de su territorio jurisdiccional para que residan en un lugar distinto al del asiento del tribunal.
Art. 1º Nº 61 d)

La excepción la constituyen los Tribunales de Juicio Oral en lo Penal que pueden desplazarse a
localidades situadas fuera de su lugar de asiento, cuando sea necesario para facilitar la aplicación
oportuna de la justicia penal, de acuerdo a criterios de distancia, acceso físico y dificultades de traslado
de quienes intervienen en el proceso.

XII. Grado o gradualidad.
Se funda en el reconocimiento y en la intención de evitar o reducir el error judicial por parte de los
tribunales de justicia; de modo que lo que resuelve un juez puede ser revisado por un juez de graduación
superior, que se supone que esta cualitativa y cuantitativamente más idónea o preparado.

Esta revisión del proceso se logra a través del establecimiento de la doble instancia, es decir, el
conocimiento de una pretensión procesal puede ser conocida y fallada por dos tribunales, uno inferior en
primer lugar, y luego, el superior que revisa el acertado juzgamiento del primero.

La instancia es cada uno de los grados jurisdiccionales que la ley establece a fin de que un tribunal que
conoce de un asunto sometido a su decisión, tiene facultades soberanas para pronunciarse acerca de
todas las cuestiones de hecho y de derecho que en él se plantean. Lo que distingue a la instancia de otras
etapas procesales es que esta permite el conocimiento de los hechos y del derecho.

Entonces, con lo expuesto podemos señalar que la gradualidad supone que un asunto determinado puede
ser conocido, tanto en los hechos como en el derecho, sucesivamente por dos tribunales, el segundo
superior jerárquico del primero. Ahora bien el medio a través del cual se logra este conocimiento por
parte del superior es el recurso de apelación.

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