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POLITICA

I

30 años después

Jueves 9 de febrero de 2012

El diferendo con Gran Bretaña

Malvinas: buscan involucrar a EE.UU.
El Gobierno planteará hoy el reclamo sobre la “militarización” a la enviada de Obama, que ayer bregó por un diálogo diplomático
MARIANA VERON
LA NACION
El Gobierno aprovechará la primera visita al país de la enviada
de Barack Obama, Roberta Jacobson, para conseguir apoyos ante la
decisión de la presidenta Cristina
Kirchner de denunciar al Reino
Unido por la “militarización” en la
zona de las islas Malvinas.
En esa política de seducción, la
jefa del Estado ordenó darle relevancia a la presencia de la secretaria
de Estado adjunta para Asuntos del
Hemisferio Occidental.
Además del canciller Héctor Timerman, que la recibirá a las 8.30,
anoche reacomodaban las agendas
para que también pudiera reunirse
con la funcionaria de Estados Unidos el jefe de Gabinete, Juan Manuel
Abal Medina.
“El tema Malvinas estará al tope

de nuestra agenda con Estados Unidos”, sostuvo una fuente oficial.
La Casa Rosada tomó ayer con
satisfacción las declaraciones que
desde Lima, Perú, había hecho Jacobson sobre el conflicto. Tal como
había indicado el Departamento
de Estado de los Estados Unidos el
20 de enero pasado, la funcionaria
de Obama reiteró su pedido para
que los dos países “negocien una
solución diplomática”.
Sin hacer mención a la cuestión
de la soberanía sobre las islas (y
aunque se haya reconocido al gobierno actual de las islas), la sola
idea de que desde Washington se
inste al diálogo es celebrada por
Balcarce 50.
Tras la presentación que hará el
Gobierno ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas por
considerar que existe una “militarización” del Reino Unido en el

Atlántico Sur, la postura que asuma
Estados Unidos es clave, por ser uno
de los cinco miembros permanentes
de ese órgano, además de Gran Bretaña, que gozan de derecho a veto.
“Esperábamos que se mantuviera
en esa postura. Eso ya es un logro”,
sostuvo un funcionario sobre las
declaraciones de Jacobson.

Supuesta neutralidad
Estados Unidos había reconocido
hace dos semanas “la administración de facto de la islas por parte de
Gran Bretaña” y había aclarado en
un comunicado: “No tomamos posición con respecto a la soberanía”.
Jacobson mantuvo ayer esa posición. “Preferimos que los dos países
negocien una solución diplomática
en esa área”, consideró.
La funcionaria reemplazó a Arturo Valenzuela, que había recibido fuertes críticas de la Casa

Rosada en su primera visita al país.
La apuesta de Cristina Kirchner es
conseguir un nuevo pronunciamiento en la Cumbre de las Américas,
que se realizará entre el 14 y el 15 de
abril en Cartagena, Colombia.
Según pudo saber LA NACION, Timerman le agradecerá a Jacobson
la posición del Departamento de
Estado.
La estrategia de la Casa Rosada es
plantear con todo enviado extranjero
la problemática sobre la soberanía
en las islas a menos de dos meses de
cumplirse los 30 años de la guerra,
y en medio de la nueva escalada
diplomática con Inglaterra.
Más allá de la intención oficial, la
enviada de Obama tiene su propia
agenda. El interés de la Casa Blanca
estará puesto es insistir en el pedido
para que el Gobierno resuelva sus
juicios ante el Ciadi y los acreedores
externos.

Cristina Kirchner necesita la influencia que pueda ejercer Estados
Unidos para conseguir que avance
la denuncia en el Consejo de Seguridad de la ONU, hoy ocupado con la
situación en Siria, en alianza nada
menos que con Gran Bretaña. Además, tendrá que mover influencias
en China, Rusia y Francia, también
con sillas permanentes.
Tras la presentación de la denuncia, para lo que antes la Casa
Rosada deberá nombrar un nuevo
embajador en el organismo luego del
pase de Jorge Argüello a la embajada
norteamericana, el Gobierno se concentrará en los miembros rotativos
del Consejo de Seguridad.
Allí están Colombia y Guatemala,
por la región, además de Azerbaiján, Marruecos, Paquistán y Togo
(hasta 2013) y Alemania, India,
Portugal y Sudáfrica (durante todo
este año).

“Si vienen a
la Argentina
nos vamos
a defender”
Puricelli planteó
una hipótesis bélica
MARIANO OBARRIO
LA NACION
Luego de que la presidenta Cristina Kirchner anunció anteayer que
denunciará ante la ONU la “militarización” del Atlántico Sur por parte
de Gran Bretaña y de que exhortó al
primer ministro de ese país, David
Cameron, a darle una “oportunidad
a la paz”, el ministro de Defensa,
Arturo Puricelli, advirtió en forma
sorpresiva que si las fuerzas armadas
británicas “llegan a venir al territorio
argentino” la Argentina va a ejercer
“el legítimo derecho a defensa”.
En la Casa Rosada y en la Cancillería nadie pudo explicar el sentido de
esos dichos. “No sabemos qué quiso
decir Puricelli”, se disculpó a LA
NACION un funcionario oficial.
Un miembro de la diplomacia conjeturó que “quizás habló más hacia
adentro de las Fuerzas Armadas”.
Nadie pudo confirmar si la Presidenta
le recriminó o no a Puricelli su frase.
Pero lo cierto es que se respiraba
cierta desorientación en la Casa Rosada porque el concepto contradecía
a las claras la línea antibélica de la
jefa del Estado.
“Los toleramos en Malvinas. Pero
si llega a venir al territorio argentino
cualquier fuerza armada inglesa, no
tenga la menor duda que nosotros
vamos a ejercer nuestro legítimo
derecho de defensa, y tenemos capacidades y con qué hacerlo”, dijo
el ministro de Defensa. Mencionó
un escenario totalmente impensable
para la jefa del Estado.
“Quieren que caigamos en la tentación de llevar el conflicto al terreno
de las armas”, añadió Puricelli.
En declaraciones a las radios La
Red y El Mundo, Puricelli consideró
que la “militarización” es “una bravuconada” de Gran Bretaña y ratificó
que la Argentina no responderá a ese
tipo de “provocaciones”.
Según aseguró, el ministro, David
Cameron respondió con la “militarización” del conflicto debido a lo
que consideró un acorralamiento
diplomático de la Argentina al lograr
apoyos de todos los países del Mercosur para que los buques con bandera
de las islas no puedan ingresar en
sus puertos. Y atribuyó a eso el viaje
a las islas del príncipe Guillermo,
el envío de un buque destructor y
las versiones sobre la llegada de un
submarino nuclear.
En el Gobierno se percibe cierto
optimismo de que antes de 2015 el
Reino Unido ceda por presión internacional al reclamo argentino, cosa
que por ahora parece lejana.
Según fuentes de la Cancillería, la
Argentina “tiene suficientes pruebas
de militarización tanto en la retórica
como en las decisiones concretas”
para denunciar ante la ONU. Se referían no sólo a los movimientos
militares británicos, sino a su difusión ostensible por los medios. Y
agregaron que esa denuncia irá en
un plano diferente que el reclamo
por la soberanía.
La denuncia sobre “militarización” se presentará ante el Consejo
de Seguridad de la ONU, aún sin
fecha prevista; es el organismo que
se ocupa de las amenazas a la paz
global. Mientras que la presión a
Londres para que acepte negociar la
soberanía se hará, como es habitual,
ante la Asamblea General y ante el
Comité de Descolonización.
Esta reunión será el 14 de junio
y Chile será el país que presentará
una resolución para exhortar a las
dos partes a negociar.

FOTOS DE MAURO V. RIZZI / ENVIADO ESPECIAL

PODER MILITAR. La base de Mount Pleasant, a una hora de la capital de las islas, alberga a más de 2000 personas, en su mayoría militares. Por la
presencia del príncipe Guillermo se reforzaron los controles para ingresar y se suspendieron las visitas de periodistas.

Mount Pleasant, la fortaleza
británica para blindar las islas
En la base donde se entrena el príncipe hay modernos aviones, helicópteros y baterías misilísticas
GABRIEL SUED
ENVIADO ESPECIAL
PUERTO ARGENTINO.– En sólo
media hora, el militar vestido con
ropa de camuflaje tiene que salir
cinco veces de la pequeña cabina
color crema que lo protege de la
lluvia fina que cae de a ratos en
el mediodía. El viento, incesante,
mantiene siempre extendida la
bandera británica que flamea en
el mástil, justo al lado de la barrera
que el guardián levanta a mano para
permitir el paso de los vehículos autorizados. La base militar de Mount
Pleasant, la fortaleza construida
aquí por Gran Bretaña tres años
después de la Guerra de las Mavinas,
está en plena actividad.
Desde el punto más alto de la ruta
de ripio que lleva al aeropuerto,
ubicado en un extremo de la base,
puede verse la entrada y salida de
tanquetas y camiones militares,
color verde oscuro, que recorren
la isla pero que rara vez circulan
por el pueblo. El complejo de Mount
Pleasant es, en sí mismo, una ciudad.
Levantado en la región más llana de
la isla Soledad, con acceso fácil al
mar y sin obstáculos para el movimiento de aviones y helicópteros,
allí habitan más de 2000 personas,
de ellas, 1500 militares. La población
total de la isla, sin contar la base,
apenas supera las 3000 personas.
El más famoso de los habitantes
actuales de Mount Pleasant es el
príncipe Guillermo, el segundo
en la línea sucesoria de la corona
británica; llegó aquí el jueves pasado para un entrenamiento de seis
semanas como piloto de helicópteros
de búsqueda y rescate. Después de
la llegada del príncipe, el comandante de las fuerzas británicas en
las islas, Bill Aldridge, restringió
el acceso de periodistas a la base
y suspendió las entrevistas. En la
última que concedió al periódico local, Penguin News, confirmó que el
Reino Unido reforzará la seguridad

en el archipiélago en coincidencia
con el 30° aniversario de la guerra y
dejó en claro cuál es su misión aquí.
“La amenaza [de la Argentina] no es
un asunto militar por el momento,
pero por supuesto que estamos aquí
para hacer lo que sea necesario para
defender las islas”, dijo.

La flota
La dotación permanente de la
base, ubicada a 700 kilómetros de
la costa de Santa Cruz, cuenta con
dos barcos de guerra de la Real
Navy: un HMS Clyde y un HMS
Montrose. Este último será reemplazado a fines del mes próximo
por el HMS Dauntless, uno de los
más sofisticados buques de guerra
británicos, cuyo envío, anunciado
por el gobierno del primer ministro
David Cameron, el 31 de enero, lle-

vó a la presidenta Cristina Kirchner
a denunciar al Reino Unido ante las
Naciones Unidas por la “militarización” del Atlántico Sur.
En la zona también realiza patrullajes el HMS Protector, un barco
científico destinado a la Antártida.
De todos modos, el principal aporte
a la fortaleza de Mount Pleasant,
sede de las fuerzas británicas para
las Malvinas y para el resto de los
territorios bajo su poder en el Atlántico Sur, lo hace la Royal Air Force,
donde revista el príncipe.
En la base, hay un Hércules C130
que dos veces por semana une este
lugar con la isla de Ascensión y
con Londres, un avión de cuatro
hélices, dos helicópteros Sea King,
cuatro aviones caza Tornado y uno
de carga combustible aérea. La
fortaleza se completa con más de 30

DIARIO DE VIAJE

Secretos de la noche malvinense
PUERTO ARGENTINO (De un enviado
especial).– Cuando el reloj marca
las 22.45, Carlos Fajardo, el chileno
que maneja el Narrows, uno de los
seis pubs de la ciudad, hace sonar la
campana que tiene justo encima de
la barra. La señal se repite dos veces
por noche. La primera, a las 21, sirve
para anunciar que se está por cerrar
la cocina. La última, para que los
clientes pidan sus últimos tragos.
Los viernes y sábados, el umbral se
corre hasta las 23.30. Los domingos, todo termina a las 22. Para ese
último pedido no hay límites, por
lo que son muchos los que después
de la campanada final vuelven a sus
mesas con paquetes enteros de seis
latas de cerveza de medio litro.
Esa bebida es por lejos la más
popular de la isla. Se consumen,
preferentemente, marcas inglesas,
como la Boodington. También se
toma mucho whisky. Las marcas

argentinas no están disponibles.
Pero Fajardo muestra con orgullo
un Fernet Branca que se hizo traer
desde Buenos Aires.
El Narrows, ubicado en el extremo oeste de la ciudad, es el más
familiar de los pubs: es el único que
permite que los clientes ingresen
con sus niños, aunque sólo hasta las
21. También tiene vedada la entrada
un grupo de cuatro isleños que
tuvieron problemas con el alcohol,
registrados en un listado que el
gobierno distribuye en los bares.
Con un solo restaurante, sin cines
ni teatros, los pubs son la única
opción de vida nocturna en la isla.
El más popular es Globe Tavern, en
el centro del pueblo. El Victory tiene
una fama especial. Las referencias
indican que allí se reúnen los más
pendencieros. “Ni se les ocurra entrar”, es el consejo que dan algunos
isleños a los periodistas argentinos.

baterías tierra-aire fijas, de misiles
Rapier, los mismos que se usaron en
1982. Esos cohetes pueden alcanzar
objetivos distantes hasta ocho kilómetros.
Junto a los grandes galpones de
chapa verdes, que ocupan la mayor
parte de los cerca de 3 kilómetros
cuadrados que tiene la base, pueden
verse estacionadas 52 tanquetas
Land Rover y 6 camiones, todos
con acoplado cubierto con lona
verde oscuro.
A las 12.07, uno de esos camiones
obliga al guardián de la entrada a
salir a la lluvia para levantarle la
barrera. Al lado, un letrero dice:
“Usted está ingresando en zona
militar. Deténgase”.
Entre los 1500 militares, hay una
compañía de infantería, de unas
120 personas, que se renueva cada
cuatro meses. La mayor parte de
los soldados británicos llegan aquí
para realizar entrenamientos de
combate. Desde la ruta también
puede verse el helicóptero Sea King
amarillo, que anteayer aterrizó al
lado del hospital de la ciudad para
dejar un turista enfermo y provocó
revuelo entre los lugareños. Los
que se acercaron para saludar a
los tripulantes y sacarles fotos se
preguntaban si al mando de la nave
estaba el príncipe, una incógnita que
las fuerzas británicas y el gobierno
local prefirieron no despejar.
Pero no es trabajo en la base.
Junto a un grupo de casas prefabricadas de tejas plásticas marrones,
donde viven unos 500 civiles, se ve
el Music Club, donde los efectivos
apostados en este lugar pueden disfrutar de los conciertos de la banda
de la isla. También hay un complejo
con cines y bares, una cancha de
fútbol, con el césped algo pelado, y
otra de rugby.
Todos los años, la base le cuesta
al gobierno británico más de 150
millones de dólares. La cifra es
similar al PBI de 165 millones de
dólares que tienen las islas.

OPINION

Ante el
riesgo de
pagar un
costo inútil
JUAN GABRIEL TOKATLIAN
PARA LA NACION
La presidenta Cristina Fernández
(CFK) ratificó en su último discurso
las líneas fundamentales de lo que
ha sido la política exterior hacia
Malvinas desde 2003: una diplomacia
de alto perfil; una preferencia por
el multilateralismo ante el estancamiento de los contactos bilaterales;
un mayor hincapié en los foros regionales como ámbitos preponderantes
para “rodear” políticamente a un
Londres cada vez más obstinado en
lo militar; un énfasis en la voluntad
negociadora del país; una vinculación
estrecha entre la cuestión Malvinas,
la situación del Atlántico Sur y la
existencia de recursos estratégicos en área y la construcción de un
lenguaje más integral en el que se
entrelazan soberanía-democraciapaz-Latinoamérica. No hubo grandes
anuncios sino la reafirmación de una
estrategia, un estilo y un lenguaje.
Sin embargo, sí se produjo una
novedad importante: la Presidenta
anunció que la Argentina presentará
una protesta al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas por “una
nueva militarización del Atlántico
Sur”. Esto merece una evaluación
cuidadosa.
No es claro, ante la ausencia de
precisiones, qué quiere hacer el
Gobierno en esta materia. ¿Pretende
informarle al secretario general, Ban
Ki-moon, mediante una comunicación detallada y firme, acerca del
envío de naves británicas a una zona
en la que se libró una guerra hace
30 años y que hoy puede derivar en
incidentes indeseables? ¿Busca que
el plenario del Consejo se aboque

Es posible que Gran
Bretaña salga airosa
si el tema llega
precipitadamente al
Consejo de Seguridad
a un debate sobre el tema debido a
que, según palabras de la Presidenta,
el accionar británico “implica un
grave riesgo para la seguridad internacional”? Lo primero no es muy
ambicioso (visto desde el plano de la
política interna), pero sí es sensato
(en términos de política exterior) y
se inscribiría en una estratagema
prudente y paciente que se orienta
a hacer más visible para el mundo
el diferendo existente.
Lo segundo puede ser muy atractivo (en lo doméstico), pero poco
conveniente (en lo internacional).
Hay varios interrogantes. Primero,
la mayoría de los países evita llevar
su caso (una crisis interna derivada
de un conflicto armado, una disputa
territorial, una pugna ideológica con
una superpotencia, una amenaza
derivada de fenómenos como el narcotráfico) al Consejo pues es sabido
que una vez se introduce un caso, el
país afectado pierde control sobre
los acontecimientos y se impone la
dinámica del juego estratégico de las
cinco naciones con poder de veto.
Segundo, el ingreso de un tema
sensible para un actor periférico al
Consejo de Seguridad no significa
siempre una solución pronta ni incruenta y, en la medida que los problemas no se resuelven en ese ámbito
clave para la paz internacional, éstos
tienden a degradarse. Tercero, no es
tan claro que en la presente coyuntura, en la que los casos particulares de
Siria, Palestina/Israel e Irán ponen en
entredicho la paz mundial y concentran los intereses y la preocupación de
las grandes potencias, haya un clima
propicio para tratar una hipotética
petición argentina de agregar a la
agenda del Consejo el tema Malvinas.
Cuarto, no es tampoco evidente cuál
sería para el Gobierno el papel que
podrían o deberían desempeñar Colombia y Guatemala, los dos actuales
miembros latinoamericanos en ese
órgano: ¿se tramitará bilateralmente,
vía Unasur o Celac, el que esos países
encabecen el tratamiento del tema
Malvinas en favor de la Argentina?
Puede ser tentadora la creencia
de que ya es hora de incrementar la
presión sobre Gran Bretaña y presentarla como un país hostil e irracional.
Pero es probable que Londres salga
hoy demasiado airosa si la cuestión
Malvinas llega precipitadamente al
Consejo. Hasta ahora la Argentina no
ha tenido ninguna derrota política,
pero si resultara fallida la táctica de
llevar el tema a ese foro se podría
pagar un costo inútil.