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LUISA

A
L
de

LUISI

T R A V É S
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de
y

A U T O R E S

EDICIONES DE "NUESTRA AMÉRICA"
BUENOS AIRES. — MCMXXV

DOS PALABRAS AL COMENZAR
A ntis de entregar ni ¡ni Idico los estudios que cumpo/I*)i el presente volumen, me interesa dejar claramente
expresada mi posición espiritual frente a la materia do
qno tratan.
Quiero por lo tanto dejar constancia de la intención
ion que han sido escritos; y declarar ante todo que no
los considero como “juicios'’; y mucho menos como juic/i).- definitivos. He huido expresamente el clasificarlos
con el pomposo y presuntuoso nombre de “ críticas"; por
cuanto el significado que generalmente se asigna a tul
palabra está lejos de traducir mi estado de alma.
Yo no creo en la función directiva qiie se arroga con
más presunción que eficacia la llamada orgullosamente
crítica. Me dolería, pues, que se interpretara este libro
como uno más del género. Sólo he intentado, por pla­
cer, por hondo plact.r estético, acaso tan hondo como él
de escribir versos, — las dos únicas formas de creación

¡.'¿¿rafia que me seducen — traducir mis propios sentí^ fMtas frente a libros que me han interesado vivamenY
en esto principalmente, reconozco ejue no soy críticú (,'uando un libro — que puede, ser tan bueno o aún
Wf jor que otros — no me haca vibrar cem armónicas
Qffa.i/J.udc.s, no me siento capaz de escribir sobre él. Pe­
ro
en cambio la necesidad, — a modo de. imperativo
ineludible — de comentarlo, cuando el llega a tas recóndilfff intimidades de mi pensamiento y de mi corazón.
Uv;n&L sufro más que cuando se me. obliga a dar una opi­
nión /¡obre un libro ejue no siento.
/[(■.uso pues, el reproche más aparentemente justifica­
do fJnC Puc^ a luiccrsc a este libro es ejue sea — como
dirfa Miomandre — un libro más de elogios a los auto­
res; 7/ quC no señede defectos, ni trace rumbos.
A hí sea.
Üentilar defectos, trazar rumbos ejuede para aquellos
/jir, crr.cn como en un dogma, en su propia infalibidad.
mí la crítica no es, ni puedo ser, más que una vpi­
fión persoml. Opinión que se cnriejuccc y valoriza con
//. honradez artística, la. sinceridad, la sensibilidad, la.
¡dlura del “ crítico”; pero que no puede, por eso mismo,
t-.nr.r más V(ll°r que el ejue le otorgan esas mismas cua¡dudes, va nobles con cada temperamento y con cada
paco.
Jjd que para mí tiene de sugestiva seducción esta- cia­
da ensayos, es ejue traduce e.l alma del ensayista y la
rni/ecta sobre la- obra comentada a la manera ejue una
cambiante diversifica y cnriejuccc a veces el cuadro
,H¡ ilumina.
¡•arque cada obra de arte, así la literaria como la mu-

aical o la plástica, es sólo el pretexto sobre el cual borr
da el intérprete, el contemplador o el crítico, los arabes­
cos de su propia sensibilidad.
y en cale ¡¡miido, el cohunlario literario es una ver­
dadera creación. 3' un (jeyi o de. gratitud, por medio del
cual intento retribuir en simpatía., toda la emoción de
belleza que me brindaron los autores con sus obras.
Nada. más.
Tj U ik a

Montevideo. 15)20.

L u is i.

.

de una armonía de estilo que adquiero plasticidades mórbidas. un poco agresivo y polemizador. La doctrina filosófica de nuestro autor. y ar­ monioso al mismo tiempo. NOVELISTA La compleja personalidad de Carlos Reyles. se destaca en la literatura con dos relieves magistrales: como filósofo y como novelista. sólo compara­ ble en intensidad y riqueza a la de Leopoldo Lugones. o mejor dicho. — so completa y . vigoroso como una espada justiciera.CARLOS REYLES. implacable. pero hondo. comenzada en La Muerta del Cisne — libro impetuoso. la más vigorosa acíiso do toda la América latina. esbozada.

en una épo­ ca en que el refinamiento de. un idea­ lismo reflexivo. primero. con un vigor insospechado. L TJ I S A L U I 8 I redondea como una maravillosa cúpula. se sien­ te cxtrcinccido por un impulso nuevo. al latigazo cruel do las privaciones y de los horrores de la guerra. la cm• briaguez dolorosa de los primeros. en donde la serenidad de la madurez inlelcclual pone una hondura. la esperanza y del idealis­ mo.. la civilización. y el espíritu adormecido en su escepticismo. Pero viene la guerra. proclaman la necesidad y la eficacia de un ideal humano. una esperanza grave. v despierta vi­ goroso. brota tímidamonlc. colmando todos los deseos y halagando todos los apelilox. en medio del refinamiento de una so­ ciedad que produjera el A rebou rs de lluysmans. frente a la inanidad de los grandes ideales. descubre como por encanto. de la misma desencantada doctrina de La Muerte del Cisne. dejó en el alma la sequedad estéril. cu los Diálogos Olímpicos. Las Diálogos Olímpicos. la catástro­ fe imprevista que pasa como una ráfaga de tormenla «¡obre la dulzura y la molicie del principio del siglo. . la sacudida brutal. La Muerte del Cisne es la desolada borrasca. pero en la imposibilidad de encontrarlo más allá de la vida.. hondos desengaños. el amargo sabor de una fiesta continua. c invierte todos los valores. fue­ ra de la conciencia propia. Y hete aqxií que la flor de. como la melancólica serenidad de una tarde de otoño. y florece después ma­ ravillosamente.

tic forjarse dentro de sí la razón mis­ ma de vivir. reúne. una faceta diferente. La Raza de Caín. El Terruño. constitu­ yen. novela lambién de lesis. Podríamos «let-ir.vmbienle.ser. sin temor de equivocarnos mucho. y proclama así el triunfo definitivo de Ire­ ne. pintura exacta do nucslro medio rural. La Raza de Caín. para concretarnos a la otra faz. iremos desarrollando estos puntos de vista especiales. la vida.A TRAVES J)E LIBROS Y DE AUTORES dentro del misino . y es al mismo tiempo. y ahora El Embrujo de Sevilla. la última novela. ambiente nacional. Inn interesante aunque no tan profunda. . en maravilloso conjunto las características de todas las demás novelas jimias. Su vigoroso talento. . de tesis. la obra novelesca de Carlos Rcylcs. que es la pri­ mera. Novela de análisis psicológico. la. y de Pandora. de análisis. El Terruño.leí insigne escritor uruguayo. Pero dejemos para otro artículo la grata tarca do desarrollar detalladamente como lo merece. la esperanza. Al Iralar de cada una de ellas en particular. la novela de. presenta en cada uno de estos libros. nunca repetida. novela do. y en menor grado. recientemente publicada. El Embrujo de Se­ villa. la original doctrina filosófica de nuestro autor.ignorada facultad de crear sus ]irupias ilusiunes. cronológicamente. . Deba.

qnc por ser de juventud. ni por E l Terruño. N'o tienen derecho l«>s críticos de considerar forzosamente una obra de juven­ tud. y la que le da nombro eonsagratorio. que ha de culminar en La liaza de Caín. y esa sensación de lo vivido que dan todas las obras de nuestro ilustre com­ patriota.L ü I S L ü I S I I “ BEBA” . pues aun cuando en ella aparezcan ya las mejores cualidades del escritor. que consideraremos como primera obra y brillante éxito de crítica y de librería. pues. cu forma embrionaria todavía: el análisis psicológico. Empecemos. pudo ser dada a la publi­ cidad por inexperiencia del autor. .JSs la primera novela definitiva de Reylcs. un don de observación p oco común. por Ihba. escrita a los veinte y seis años. ya que su autor la ha descalificado.. Nada falta en ella: ni los magistrales cuadros de nuestra campaña. escrita a los diez y ocho nííos y titulada ¡‘or la Vida. con un dominio completo del idioma y de la técnica. para no ser ya sobrepasado. 110 queremos ser más realistas que el rey. Reyles se presenta en esta novela. que casi todos los críticos conside­ ran su obra maestra. y al asegurar esto. no des­ conocemos una tentativa juvenil. ni aún por El Embrujo de Sevilla. ni el análisis psicológico de los per­ sonajes.

sus caballerizas y sus pesebres. al decir de Gustavo Ribero. lodo el entu­ siasmo juvenil que las tareas ganaderas practicadas co­ mo una obra de arte y de inteligencia. En Beba. en una estancia modelo. Pero El Embrión con sus . con la huevta y los tres caminos que a él conducen. y da en cambio a la novela. podemos asegurar que es una nove­ la de ambiente. nuestra novela. Y aun citando su autor no demuestre mayor afición a las largas' descripciones. despertaban en este genllcman-farmer. en el que el estanciero empren­ dedor y progresista.pos­ treros. lime una vida más honda. en la 'que las faenas y la vida del campo. para dar a la ganadería. como en E l Terruño. puesto que es capaz de modelar sus criaturas con arre­ glo a una norma propuesta.A TR AVES DE LIBROS. sin embargo. el literato y el gana­ dero se funden en una sola personalidad. . el apo­ yo y el brillo de la literatura. embelleciéndola y enno­ bleciéndola con una idea de perfeccionamiento que hace del ganadero. concebida como una tarea intelectual. viven a nucsIros ojos con una realidad sorprendente. comparto con el literato una vida admirable de labor y de éxito. casi un dios. y a hacerlos palpitar magistralmonte ante nuestros ojos. Ponjue en el primero puso su autor. más espontánea que El Omb 'i. una novela-psicológica. T DE AU TORES Beba. no es. En El Terruño volverá Reyles más adelante a recoger el mismo cuadro y el mismo ambiento. con sus reproducto­ res de raza y sus sementales linos: Comet y Germinal.

la desconfianza. luchando contra la iner­ cia.si­ quiera. trabajador. al que una vida interior muy honda e intensa. haga un tanto pesado y lento el desenvolvimiento do la acción. es un ca­ rácter entero de hombre: enérgico. A este objeto ha de­ dicado su vida. • En este sentido es Bclm. el apoyo de las citas científicas que. sea el compendio de las mejores cualidades de sus padres. el protagonista de lu obra. u I S A * L V 1 X 1 el ■fundamento grave y la nobleza de una idea que sos­ tiene y defiende. prosigue Ribero su empeño con el entusiasmo de un creador y la voluntad tesonera de un convencido. « • Gustavo Ribero. En va­ no al verse solo. solitaria y sin afectos desde el matrimo­ nio de su sobrina Beba con un joven elegante e inútil de la sociedad montevideana. Este malrimonio ha sido un gran dolor en la vida de Ribero. inteligen­ te. en donde no 'falta . un estudio intere­ santísimo de las faenas ganaderas'. que abandona definitivamente para dedicar­ se por completo a la persecución del objeto de sus afa­ nes* una raza caballar. y la alegría inconsciente con que ella se separó do bu tío labraron en éste un profundo desconsuelo. al mismo tiempo qüc el admirnble cuadro 3e nuestra campaña. la rutina de los hombres. joven aún y en posesión de cuantiosa . ya que un amor escon­ dido. acaso desde ci punto de vista del interés puramente novelesco de la obra. Pacientemente. ha he­ cho encontrar frívola y sin atractivos la sociedad de Montevideo.¿v . que por cruzamiento entre con­ sanguíneos.

que. que ha de ser más adelante el tema fundamental de El Terruño. Rafael Bcnaventc. y quemante ¿1 escozor de su in­ diferencia. llevandp. El alma' lina. en compañía de su esposo y la familia de éste va a pasar unos meses de campo en l.i estancia de Ribero. Y el divorcio de las almas se ha producido. Todo. con e. la educación sincera y abierta de Beba. aunque en otro sentido. romántica y apasionada de Beba no ha podido encontrar la felicidad en el carácter. como el célebre escritor portugués.l ideal de elegancia.. bueno síi pero insignificante e inútil do. Como Ega do Queiro/.A TRAVES DE LIBROS Y DE AUTORES íortrfnn.*’. el entusiasmo creador de tío y sobrina. dará tam- . tan ci­ vilizado. que en sus iinagina«•ioiics do niña consideraba como "una matrona hermo­ so! a y Sensible. el ejemplo de trabajo y energía de Tito. amor estaban cu abierto desacuerdo con la educación frívola y un tanto disimulada. tan artista. Y allí lo encuentra de nuevo su sobrina. a quienes chocaba como una falta. moderación y buen tono do los Benavcntc. siempre fresca en el alma Ja imagen querida. inevitable. su mismo nacimiento originado en una aventura do. quiso' buscar compañera en la capital. nuestro autor tan refinado. Desilusionado de todas. vuelve a El Embrión para dedicar por ente­ ro a su proyecto las ricas energías de su vida. lie aquí ya esbozado el conflicto entre la ciudad y el campo. entre las jóvenes» ilc su clase. su tem­ peramento. su amor al campo y a la naluraloza.

su intensa vida interior y el gusto por los análisis psicológicos. -. del mismo tipo. en la que las amplias perspectivas de los campos ocupan preferente atención y en que el verda­ dero protagonista de la novela.. masculina y femenina. y por en­ cima de esto. de un dominio máximo de lenguaje y de técnica que distinguen a esta última novela — mayor frescura. que han de ser también más adel^ ^ ra s Q (> :<^rácte^tico. fecunda y sa­ na. de un mayor verismo. en los que muchos rasgos apa­ recen. sus ensue­ ños y su amor apasionado por la naturaleza. Pero . más que Beba. • • El hondo amor d¡c Rcylcs por el campo se manifiesta plenamente en estas dos novelas. algunos de sus entusiasmos. su espíritu amplio y refinado. es el trabajo del campo. son dos faces. su carácter enérgico y reservado. de las cuales hay en -Beba — libre de la tesis y do la propaganda que deter­ minan el objeto tic El Terruño. que dió también a Beba. los caracteres llevan ya la marca definitiva de su autor. sus aspiraciones. y a pesar de la madurez intelectual. de Julio Guzmán y de Jacin:C¿cior eii: Él Extraño y La Raza de Caín. sonadora y hueca. más que otra cosa. El amor de Ribero a las tareas de la ganadería. per­ tenecen por entero a Reyles. sus mismas ideas. más que Ribero. de su mismo creador. una novela de ambiente. espontaneidad c'interés en las descripciones.L U I S A L U I S I bien el triunfo a la campaña productora. Ribero y Beba ante todo. sobre la ciudad frívola.-A pesar de sor Beba.

y aún más que diseña­ dos. creen realizar-un productivo negocio con la conquista de una rica heredera. carruaje cuando Reylcs escribía su novela. que lo"ró para siempre un matrimonio de interés. auto­ móvil hoy. La misma situación aunque con caracteres complot ámente diversos. imponente y . aparecen diseñados. con algo de aquel Pacheco que el fino humorista portugués creó'de­ finitivamente.A TR AV ES DE LIBROS . que en este caso os un palco en la ópera. y bueno. Palta. Ramoncilo.vacío. que capaces sólo de llevar elegantemente un t r a je im­ pecable. con excelentes cualidades. sobre la brillante concurrencia que llena el teatro y en la cual el príncipe consorte se complace en estudiar a sus colegas y futuros colegas. [Con mano segura e implacable pinta nuestro autor la situación miserable y ridicula de tantos jóvenes inútiles. cuyo solo seudónimo «le lipán en las crónicas sociales. hin­ chado de vanidad social. de carácter. y de asistir a las reuniones de nuestro primer centro social.. lo pinta de cuerpo «ulero. rju<£json los ojos centrales de la obra. con el ca­ samiento interesado de Julio Guzmán. — ya quo toda la . otros caracteres: Bcnavento. aparece también en La Raza de Caín. pero fi­ nas y sutiles. ausencia de ideales y de energías que ha­ cen vender por un precio irrisorio. y venden así su li­ bertad y su personalidad como Esaú por un plato de lentejas. /trueles. sin embargo. las observaciones que Ramoneito hace des­ de el palco. advirtiendo en ellos los progresos ineludibles de su propio mol. vivos y enteros. Y DE AUTORES junto al tío y a la sobrina.

una epopeya. sus caracteres típicos. se destaca con relieves propios. de la cual no queda ya sino el rccuciii^o en nuestra campaña que. va perdiendo al contacto de la civilización que avanza.Tj v I "8 A L U I H I r i q u e z a : y l a consideración social son moneda falsa para tan valioso tesoro — “ la sana alegría que perdió. y algo caricaturesca la de Benavente. que huyeron al primer encuentro con el sanchismo de don Pascual. Quiñones carece de la sal­ vaje grandeza de don Pantaleón. en el caudillo Pedro Quiñones rasgos que parecen esculpidos en una medalla antigua. Pepa y •3f¿riquita. rudo. jT^unque secundaria la figura de Rainoneito. otro caudillo di­ ferente. se pierden en la insignificancia y la frivoli­ dad que les son propios.. Es el comandante equí­ voco. últimas fig u ra s /. bastante signifi­ cativa. pero en estas breves líneas. que ha de aparecer en M Terruño. Reyles lo retrata en m en os de dos páginas. de una fuerza y un vigor sorprendentes. primitivo. n o b l e s ' aspiraciones. lí-eylcs ha conocido bien a estos caudillos. Más borrosa la de'-Rafael. no empequeñecido aún con el comercio humano y prosa de la vida. espíritu brioso. pero malogrado por l o s Benavente y por r u propia inutilidad. es sin embargo. sano y líbre. que tuvo que enchalecar” . con el mismo vigor y la misma reali­ dad. épico. ella tam­ bién. en cambio. Hay. tiene el re­ . al que se recompensa con una je Tal m ía política sin poder­ se precisar por cuál hazaña. noble y generoso. el hombre (le los servicios turbios al gobierno.

a merced. ni siquiera se ha dado vuelta a im­ pulsos de la corriente. y era por otra parte necesario al desenlace de la novela. ya que la convivencia de su esposo y de Ribero.' Monos interesante para nosotros que los caracteres di­ señados y que la pintura del ambiente es el. l ’cro esle detalle que apenas empa­ ña la perfección de la novela. Natural. Rey]es hace pasar luí día y una noche a Beba y a su tío. do. dado el estado peligrosísimo del río. hasta cierto punió. Tero nos resulta algo violenta la situación. que ha llegado a cubrir los árboles de las orillas^ y. aunque no lo sea tanto. y simpática también la figura de su sobrina. Mientras Ribcrp ocultó con energía y reserva su amor por Beba. Esa larga odi­ sea en una canoa frágil a lo largo del Río Negro desbordado. la canoa no se ha estrellado contra ningún tronco. Y esta circunstancia romántica en grado sumo puedo ser verosímil. argumento mismo de la novela. al colocar a ambos frente a frente.A TR AV ES DE LIBROS Y DE AUTORES trato del caudillo \uui vida intensa y un hondo verismo.del río crecí*. porjiuc está tomado de la realidad viviente. se nos antoja un poco exagerada. Dado el carác­ ter de Ribero sólo una circunstancia excepcional podía determinarlo a confesar su amor. el haber dejado ernl/árcar a Beba sola en una canoa atada por una simple cuerda a la embar­ cación. es insignificante junto a las bellas cualidades que ostenta el libro. permi­ . durante tan largo tiempo. nos fu6 hondamente simpáiti*' co. el sentimiento de Beba al entregarse a su lío. de que se vale el autor para que Ribero confióse sus sentimientos.

Hay en el carácter de Ribero una claudicación que nos dude como una lalla en una obra casi perfecta. más desinteresada en sus. único camino que le quedaba a la infeliz mujer. la enfermedad hereditaria do sus potrillos. El mal cariz que toman los negocios de Ribero.Ribero. A L ü I S I tió^a la sobrina una comparación toda en favor de Tito.' S . acostumbrado a contar sólo consigo mismo y con su elevada conciencia. a nuestro juicio. sin embargo. ideas y supersticiones que no están a la altura de 'su caráctec. no son. enérgico. ni come. siempre agitado por alguna nueva duda o preocupación. el cual la lleva al suici­ dio.L O í* . Cierto es que el fracaso de sus más grandes esperanzas. es más firme.. la deserción de sus colaboradores y la reprobación (pie adivina en cuan­ tos lo rodean. más noble. que el cruza­ miento entre consanguíneos agravó hasta determinar su inservibilidad en el momento en que la venta debia sal­ var a la estancia de las perdidas causadas por el ganado vacuno. motivos (pie jus­ tifiquen el abandono de Beba. todo el día anda de aquí para . agravada de antemano por la desilusión matrimonial do Beba. desinteresado. Ribero noble. son motivos harto suficientes para agriar un ca­ rácter. nos des­ concierta en sus arrebatos y en sus descorazonamientos. Nos sorprende. a quien trabajan hasta hacerlo desgraciado. separada luego de sil esposo. en Ribero — de quien la misma Beba dice a Ramoncito: “ Su vida no es vida. casi al mismo tiempo «lo su unión con Beba. Esta. sentimientos que .'ni descansa.

Yo estoy con el alma en un hilo. todo lo nuestro está maldito” . siempre. como conocía. espe4-. en continuo trajín. sin que Ramoncito ni lieba pudieran evitarlo. Termina la novela con un episodio que hace más im­ presionante el drama de Ribero: Beba da a luz. da muerte a Germinal. sus aspiraciones. después de haber te­ nido por mi momento la intención de suprimirse él mis­ mo: “ Te lo he dicho. . hundiéndola hasta el mango.. V lívido de ira. sacó la filosa daga. en el pecho de Germinal” . ” *— esa ignorancia respecto al estado real de sus potros. co­ nociendo. rando que caiga enfermo de un momento a o t r o . como si quisiera infundirle su aliento a todo lo que lo rodea. y hacer* anidar las cosas tan aprisa como sus deseos. de un golpe. Es la última y defi­ nitiva confirmación del fracaso total de las teorías de Ribero. mientras su tío y amante se dirige a Europa a vender personalmente un lote de ganado fino. sobre la cruza entre consanguíneos. también contra mí.ig-. Este lo. Son significativas del estado anímico de Ribero. una cria­ tura monstruosa que nace muerta. puesto que R«yles ha tenido el buen gusto de no . las palabras que dirige luego a Beba.. desesperado* anto el fra­ caso de todas. exclamando en un arrebato do pasajera locura: “ 'fu. Verás como" yo te arreglo’’. en Mon. la lucha sorda.. la mala voluntad de sus colaboradores.A TR A V E S DE 'LIBROS ¡D E AUTORES allá. Monta a caballo a’ las cua­ tro de la mañana y ya no se'apea hasta las siefe de*la noche. Pero es en cambio impresionante la escena en que. tú también me engañas." tevideo. . la envidia. ñora.

su protagonista ‘con tantns derrotas. . tratado por su autor con visib le 'complacencia y hasta con cariño. tenemos que anularnos. pero Be­ ba’ quo. para reconquistar p\ alma ue su amante.Jj u I ¿> • 4 L ^ 5 1 Agobiar n. de otra manera _ 2G — . más elevación y más lógica consecuencia que en el de s\j'tío. y lograr. ’ ^llajvcn el carácter de Beba.Es mentira y mentira eso que Dios te dé con una mano facultadas pre­ ciosas y con la otra te obligue a sofocarlas. sino por los ojos y los oídos de los hombres. y decide mo*nr antes quc'verse abandonada del todo por llibcro. Yt nos es grato consignar aqui las ideas de noble feminismo que... Esta vez ha puesto Rcylos. al menos el casamiento. si no la felici­ dad. todo el interés de su novela en ja figura de una mujer. en un autor como el que nos ocupa. que matar todo pujo de individualidad. Tara ser mu­ jeres. son más dignas de tomar­ se en cuenta. Dice Reylcs en el diario de Beba: “ . ¡Ali. Y cuidado que está mal hecho el mundo! Como cosa de los hombres. el reducido linc­ eo que te dejan en el mundo. perros! nos idiotizan para dominarnos a su antojo. y no ver ni oir. mayor entere­ za. parece que todo ha sido dispuesto en contra nuestra. como más adelante lo hará con Maipagcla en E l Terruño. no r e s i s t e Al dolor-de su desengaño terrible. ni divina que te obligue a ser víctima silenciosa del egoísmo de los hom­ bres. cifraba sus más ardientes esperanzas ‘en el hijo "por venir. a aceptar sin decir oste ni mosto. a aniquilar­ las. verdaderamente mujeres. no hay ninguna razón humana.

cuando a toda costa procuran atraer inmigrantes y no aprovechan lo que sin costo alguno tienen al al­ cance de la mano. contribuyendo a embellecernos y a anularnos. que se devanan los se­ sos jiara hacer mezquinos ahorros.. preguntándose todas perplejas para qué diablos han venido al mundo?. así y todo-. y toda nuestra educación tiende a esto: a convertirnos en un primoroso juguete dotado de una sensibilidad exquisita y de mil monerías intelectuales. han dejado en la vida.. y no ven las riquezas. poique el matrimonio es el» único. el tesoro que en forma de actividades despreciadas se les escapa por entre los dedos? ¿En qué pensarán esos se­ ñores. que la exprofesa división de nuestra inte­ ligencia da como fruto. la cuna. las que logran anularse no obtienen muchas veces.. es casi seguro que/ no encontrarán quien les diga “ por ahí te pudras” . como petrificado? Será . y como no tenemos más misión que ‘ser­ les agradable^. dicho se está que nos dejadnos idiotizar: ¡qué remedio! Este trabajo d£ desor­ ganización empieza muy temprano. el contingente de la mitad de la po­ blación que permanece quieto. porve­ nir que nos. ¿Pero dónde tie­ nen los ojos estos sabihondos legisladores? (dónde esas águilas de la economía política. liemos ser bonitas y frívolas. y también por no casarse — caso muy frecuente — se encuentran sin objeto en la vida. I}c-. ¡Pobres mujeres! Las que por naturale­ za repugnan'tan bárbaro sacrificio. desde. la felicidad. pues por no tener hijos u otras cau­ sas que aridecen la vida del matrimonio.A TR A V E S 1>E 1JUROS 1' I)E AUTORES no nos quieren.y .

al mismo tiempo.-desde el doble punto de vista de la propia mujer.. Y. el prbblcmá en el mismo sentido.. vuelve a apare­ cer la menor alusión a dicho problema. las Academias. Eslas lí­ neas fueron .” . en efecto.transcrito tan larga página por que es curioso ^iaccr notar cómo el problema de la mujer ha sido ex‘j^estb. para nada absolutamente? Verdad es '"guo\la: dignificación de la mujer no so ha’hecho en ParÜ. por un autor de ideas en gene­ ral conservadoras y enemigo declarado del socialismo que se prccia.' ycomo no se luí hecho en París.escritas el afio 1894. Conio su nombre lo indica. Es necesario hacer resal­ tar. la guerra mundial ha resuelto. son ellas estudios semejan­ tes á los que los pintores y escultores realizan en el ta­ ller/ para adquirir la maestría necesaria a la realización de la obrd^jje arte. II LAS ACADEMIAS Siguen en orden cronológico a Beba.servimos. o casi resuelto. c la ro . Casi treinta años des­ pués. •y.de ser el defensor de la mujer. cada una de las nove­ .de-ja economía social. que en ninguna de las obras pos­ teriores de nuestro ilustre compatriota.

allá por el año . que dirigía lindó. que con El que vendrá. novela ííjíc-' vu.simples coincidencias. y El Sueño de Rapiña en 1898. que bajo el epígrafe de La Vida. y que constituye q1 esbo­ zo de su última novela El Embrujo de Sevilla. íjon. No incluye en ellas el autor.A TR AV ES DE LIBROS' Y DE . Estas repetidas observaciones. aparecido en La Revista Nacional.1897. las Academias: Primitivo. a propósito de estas mismas Academias. aparecido cu El Cuento Ilustrado de Buenos Aires el año 1918. más o menos modificado. dieron justa nombradla al . ni tampoco el Capricho de Coya. uu artículo. inmortal autor de Ariel y de Motivos de Proteo. y sí. que reapa­ rece luego. revelan algo más que . Del cuento aquel no tenemos conocimiento que liaya hecho Reylcs novela alguna. AUTORES las Je llevlcs.1912. El Extraños . E l Extraño es uno de los caracteres más interesantes de La Raza de Caín. fechado en 1896. y Por la Vida. y en El Sueño de Rapiña están en ger­ men las ideas fundamentales de la Metafísica del Oro. un original y hermoso cuento. en la novela. que da ¿i sus libros la autoridad dó' las obras largo «tiempo'ma- . su célebre artículo La. Primitivo se funde casi ínlegro en El Terruño. el cual publicó en ella. el procedimiento deliberar Jámente seguido por nuestro primer novelista. lian sido precedidas por un estudio de carácter.’j. menos solamente Beba. Tampoco se incluye en las Academias. segunda parte de La Muerte del Cisne. asaz diverso al resto de su obra. convertido en su protagonista. publicó nuestro autor en la Revista de América.

— 'absorbidas en la obra posterior del lite­ rato. revelan su'afición decidi­ da por el estudio 'de los'cará'etcres. y lo re-croa vivo y ente­ ro en una de sus Academias. Ellas significan para nos­ otros. de toda la obra de. más que por la ac••ción o’la pintura del ambiente. y profundizadas en honda filosofía y — 30 — . Aparte el programa li' térnrio que lucen a su frente Primitivo y E l Extraño. ingenua. la realización misma de esc programa que sor­ prendió y aún escandalizó a nuestro ambiente. ruda y buena. únicas en esta Academia.nombre es va un símbolo. que no existe. que sorprende en la fealidad un caso interesante. con todas sus excelencias calumniadas y to-« dos sus ¡yalóres negados por una hipocresía sin carácter.J&í u :^ j •/ L V I 8 I (1aradas'. ni la forma simbólica y fantástica. — nos interesan principalmente. Tales. y apenas alterado. a donde'puede ir a buscarlas el crítico para hacer 'su análisis definitivo. poseído y disfrutado en sueños. pero ase mismo himno al oro. por lo que nos descubren del procedimiento seguido en su tarca por nuestro autor. y El Extraño.. puesto que revela la na­ turaleza primiliva. cuyo mis­ mo . De El Sueño de Ji apiña no ha tomado su autor el ca­ rácter. las recoge 'Juego. ni mismo tiempo que. por la novedad que introducía y por el refinamiento de una cultura exefifteional en ese tiempo. aparecerá luego en La Jiastt de Caín. un rasgo peculiar del escritor. mito ol con­ tacto brulal de la vida. que con su mismo nombre de Julio (luzmán. Carlos R-eyles.. que suponían las Academias. Primitivo.. apaito?.

cu su envilecimiento incurable. en la pérdida absoluta de su voluntad de bien y ¿le-trabajo. en seguida. Y DE AUTORES concejil o económico y social. Nada picnic por eso la dramuticidad de la escena. cuya mayor hondura está en la lenta y progresiva degeneración del alma sen­ cilla de Primitivo. constituir la segunda parte de ese libro fuerte y recio. Primitivo.. toda ins­ tinto. y los deja de pie. caracteres vivos. como antecedente valiosí­ simo para comprender su conducta. para utilizarlos cuando el tiempolo requiera. un temperamento excesivo que obligó a su madre. que es además su ahijado. profundo y armonioso que se llama La Muerte del Cisne. crea con ella. Con mayor acierto aún huprime licyles en El Terruño el episodio de la mo­ neda. Apenas el nombre de la mujer. una vez perdido el objeto de. disecadas y . íntegro. y en. com­ pletos y definitivos.van a. la prudente y cauta Mamageln. primitiva.A Til AV E S • DE L IB R O S. Adelina. De Primitivo poco ha sido modificado al incorporarlo. y de la cual se nos da ahora. del gaucho bueno y trabajador.sin vida. a casarla. que se convierte en Celedonia en la novela. y en la nota lile psi- . joven con uno de sus peones de mayor confianza. en El Terruño.*• Se nos antoja que nuestro escritor recoge de inmediato la riqueza psicológica que encuentra a mano. que revelaba un refinamiento de crueldad po­ co en armonía con el alma ruda. ' ’ . y cuyas condiciones de laboriosidad y honradez oran garantía suficiente de felicidad para su hija. ..lugar de conservarla en notas. ella.

y. lástima y respeto hacia el mari­ do burlado que la martirizaba. rostro embrutecido por la embriaguez. cornetilla sin pasión ni sensualismo. la abyección del es­ poso. “ ¡Qué malo debe ser lo que hice!" pensaba vagamen­ te al verlo regresar de la pulpería vacilando. pero por ven­ garse. “ ¿Y todo viene «lo ut/ucllüí’’ interrogábase a continua­ ción. en las recon­ diteces ile su alma. Reconocía su culpa. sin protesta.L U I S A L U ■I S I eología «Je Celedonia.su con­ ciencia oscura el primer destello del remordimiento. las ropas desaliñadas y el.á^a&eptar. sobre todo.. de la afrenta que ella Je había inferido. por debilidad tan sólo. sin duda. un sentimiento indefinible.. las mayores torturas para purgadlo. sobre las piernas. preguntábase: “ ¿Que pasará por su alma ahora? ¿Me estará m aldiciendo?. nacía violento odio contra el aman­ te. ” . y empezaba a percatarse de que allá.y un extraño e inconsciente orgullo de haber producido por su sola influencia tanto cariño y una tan radical trans­ formación on el alma de su esposo. cuyo relajamiento físico y moral seguía espantada paso a paso.. “ Al ver a su esposo silencioso y huraño junto al fogón o debajo «Id ombú.. y la piedad que el despierta: encienden en . Y se asustaba dé sú delito y dispo­ níase .. y juntamente!. es verdad. en la cual el dolor del mal produ­ cido. ■ . .”' y se sentía morir de angustia. extraña mezcla de admiración. pero más que la falta misma la atormentaban las consecuencias de ella: la vida misera­ ble que vino luego.

” Royles acierta maravillosamente en estos . con la total abyección dol alcohólico. Hamsuii. aun­ que confuso sentimiento. con el incendio de la estancia. oscu­ ra mente. que termina ópicamento en el último. revelan en el autor una hondura de observación y de perspicacia. a ternezas inauditas o inclinación amorosa. la influencia des­ moralizadora de la mujer labran en ambos. Esto? dos casos. una desesperada belleza en estos cuadros morales en los que vive la dramática pintura de los novelistas ru ­ sos. sobre todo. Hay una grandeza sombría.A . güquel hombre.‘novelista. Para su duro y cruel. más dolorosamente en el primero. sufre y se envilece.. TRAYJBS}' p p LIBROS Y J>E AUTORES “ La relajación ¿tó. y este hondo. Andreieff.' Nada tiene que envidiarles. daba margen en el alma feme­ nina y nada dura de Celedonia. estudiados en dos indi­ vidualidades y en dos medios diferentes.. a causa do ellas.casos do des­ composición moral. y ya se llame Menelwca en La Raza de Caín y sea un honrado pulpero con visos de periodista’y conductor de pueblos. en cuantó a poder creador de caracteres. antes tan bueno y sano y ahora abyeeipjtfíra obra suya. ya sea el al­ ma rudimentaria del gaucho bueno. un don psicológico. nant o degradación. En!el%caso de . y más. la terrible c i i npi v.-escalpelo no tiene secreto alguno el alma humana. Dostoicwsky. nuestro insigne. Bjoerson. explicable tan sólo considerando que las Evas suelen sentir perversa predilección por el hombre que. áqlo comparable a los de los grandes no­ velistas y dramaturgos del Norte: Ibscn.

sorprende por lo brutal y definitivo. con sus golpes repetidos.L V I 8 A L V 1 S I Primitivo. y de su vida destrozada por las peligrosas . como si del alma ruda hubiera caído de pronto la del­ gada copa de civilización que cubriera el fondo salvaje e instintivo. de la cual se en­ cuentra ya divorciado por su educación y por sus gus­ tos. y lo hubiera entregado. La Raza de Caín ahondará el estudio del carácter. como lo estará también. los internos resortes do ese organismo moral. más adelante. y el dolor de su único amor perdido. la vi­ da. Raza de Caín. Es más bien un antecedente. entretenido en romper los hilos ocultos. se encuentran ya las observaciones primordiales que dan consistencia y personalidad pro­ pias a la figura de Guzmán. Julio Guzmán v iv e. lo han amargado. en El Extraño. han trabajado los sentimientos frívulos y hi despreocupación de El Extraño. esta degradación brusca. y la propia madurez del carácter. pero en E l Extraño. con el análisis implacable y roedor. como Primitivo cu El Terru­ ño. como un in­ servible pelele. uno de los más reales y trágicos do toda l«a obra del escritor. sobre todo. En La. no ha sido. una ver­ dadera Academia. a las fuerzas indisciplinadas y heredita­ rias de sus salvajes antecesores. El Extraño. con su familia materna. en una palabra. un estudio previo de carácter. insertado íntegro en La Raza de Caín. lo convertirá de uendemia en obra completa y definitiva. Pare­ ce como que una mano invisible se hubiera. con la fami­ lia de su esposa.

A pesar de sus culpas y de sus errores. hallaron naturalmente. que el dolor de la vida ha de poner en el Julio Guzmán de La Raza de Caín. todavía. Y se detuvieron. Los que quisieron identificar con Carlos lieylcs. y en exceso egoísta de la academia. bien claro lo decía su autor en el prólo­ go . Nada tiene de raro. porque reconocieron en ellas y sólo en ellas. por que éste lo prestara su refina­ miento artístico y su cultura intelectual. a pesar de su egoísmo estéril. que no ha sufrido. inspira compasión. eso elemento de simpatía que no había puesto tampoco en su protagonista. — amarga consccuoneia do su aventura ton Sara y Cora. el Julio Guzmán de La Raza de Caín. el autor. algo de suavidad. que el eminente crítico es­ pañol don Juan Valora no haya encontrado en él. que lo hacen incapaz de darse a los otros. No así el de E l Extraño. por esa criatura poco simpática. al Julio Guzmáu de la Academia.A TRATES DE LIBROS 7 DE AUTORES experiencias sentimentales. de lástima. que no había sido el intento del novelista entregar semejan­ te carácter a nuestra admiración. — lian abierto una he­ rida dil'ícil de corvar en esa alma atormentada. pues. en ese prólogo tan comentado y tan audaz para cicr- . y de conquistarlos así. Sin embargo. Falta en El Extraño el elementó de simpatía huma-' na. sorprendidos. y que no se ha hu­ manizado. en las últimas páginas. definitivamente. de piedad. por lo tanto. que la par­ te moral del personaje no coincidía con la de su padre espiritual.

natu­ ral movimiento artístico de una juventud briosa y rebo­ sante de energías. Su Unico Rijo. Cervantes. nutriéndose sin cesar del vigoroso realismo con que la robustecieron los Cota.L U I S A L U I S I tos críticos do la época y que se nos antoja hoy. y otras obras de indagación psicológica. cuadros do género de exacta observación. pero locales y epidérmicas. La Fe.Para conseguirlo tomaré colorés*de todas las pa­ tetas» estudiando preferentemente al hombre sacudido por lós'miles y pesares. magní­ ficos paisajes. es actual­ mente. Alemanes. . Hurtado do Mendoza. en su esencia y en sus cualidades castizas — quo no consisten en el estudio de caracteres y pasiones. escenas regocijadas. mucha luz y mucha travesura. que éstos son la mejor pie­ — 36 — ’• . Espineles y Quevedos. /. demasiado epidérmicas para sorprender los estados de alma de la nerviosa generación actual y satis­ facer sú curiosidad del misterio de la‘vida.jjempos: “ A pesar de Fortunata y Jacinta.-. frosi-ura y amenidad del relato — lo que fué en el gran si­ glo XVI y principios del X V II: costumbrista y pica­ resca. por. sino en la pintura «le rnslumhres y en la gracia. cuya confianza en sí mismo no podía menos quo chocar a los eternos filisteos de todos los . la novela española. un procedimiento grande y simple que ha en­ gendrado obras verdaderamente hermosas.

Enrique Bey lo. a las perversiones intelectuales a lo D ’Anmm/. complicado y sutil. que fué siempre ajena a las sutilezas y refinamientos del espíri­ tu. cuyo modelo de carne y hue­ so bien pudo ser para ésto como lo fué para aquél.io o a la trágica grandeza de Tourguencff. l’révost. Y cuando el autor de un ensayo como E l Extraño so loma la molestia de indicar su propósito con frases de una claridad que no deja lugar alguno a la duda o a falsas interpretaciones.. de un intrincado refi­ namiento. . do Iluysmans. y Iluysmans a l. ese conde de Montesquiou de Fézénsac que acaba de morir en Francia. . — 37 — . Gorki o DnstoioAvsky. enamorado de toda manifestación de arte difícil que no esté. cuya vida de enérgico trabajo y do.i cabeza.A TR AVES DE LIBROS Y DE AU TORES dra de toque para descubrir el verdadero metal del al­ m a ... que no se equivo­ caba en su apreciación sobre la novela española. al alcance del vulgo. indica bien a las claras la ascendencia es­ piritual de Julio Guzmán. característicos de los analistas franceses con Bourgct. elegante hasta la exageración. ¿ por qué ocurrírsele a há'die que deba ser su modelo el propio Eeyles. cuando el Des Esseinlcs.. Estos párrafos del prólogo manifiestan bien claramen­ te la posición de espíritu del «autor. a las complejidades y exotismos.voluntad (1) Subrayado por el critico. y do los cuales JL'uó maestro hoy indiseutido. por lo tan­ to. que rimaba versos sabios y da­ ba conferencias sobre elegancia en Nueva York. ” (1).

en ge­ neral. . Caín y en la novela de tesis El Terruño. La fuerte y avasalladora personalidad de Carlos ]?cyles. 110 puede ver­ se defraudado en sus esperanzas. en un magnífico exponente de arte puro.l u i s a l ü i s i indomable. este Embrujo de Sevilla. que ha venido a coronar con su éxito clamoroso.liaza■de. en tal boca. entonces. que acaso esta sola circunstancia haya podido inducir en tal error a lectores poco atentos y menos avisados. son. sólo por­ que muchas vcccs ponga su autor. Se pregunta algún crítico si después de realizadas estas Academias. es un viviente desmentido a tal interpreta­ ción? Tanto daría. arte que luego se ha visto realizado por completo. la ya ro­ busta gloria de su autor. que si aquel ha comprendido bien eso programa. ideas y expresiones que le son caras. Contesto sin vacilar. Con semejante. para que 110 los fueran imputadas las pasiones y defectos de sus protagonistas. el cuño profundo de sus ideas se imprimen. Tanto Primitivo como El Extraño. alribuir al mismo. vigorosas y perdurables ten­ tativas de un-arte moderno. las men­ guadas condiciones del Tocios de El Terruño. y con tanta vehemencia son ex­ puestas. con tanta fuerza. como lo prometía su autor. lo que lo obligaría a 110 pintar sino caracteres elevados y nobles. el lector ha visto cumplido el progra­ ma que a su frente figura. en la novela psicológica La. criterio. ca­ da novelista aparecería retí-atado en sus propias obras. a las cuales completa. en efecto.

todas sus esce­ nas. Po­ j o el ambiente poco influye en la novela. cualquier ciu­ dad sería igualmente buena para albergar a nuestros personajes. El drama. No necesitaba Carlos Reyles agregar a la terrible tra ­ . cobra todo su vigor en esta novela. y entre ellas particularmente en E l Extraño. y el vigor y la eficacia del lenguaje. Buenos Aires. se desarrolla todo entero en el alma y en la conciencia de Guzmán y de Caeio.A TRA.1 amplio telón de fondo de la estancia.San Pctersburgo. La modalidad artística de Rey]es ya aparecida en las Academias. El paisaje queda delega­ do a segundo plano. para mí la más per­ fecta de todas sus novelas. o en los estrechos límites de un salón de Montevideo. en primer término. como nada sobra en ella. Las figuras se destacan vigorosa­ mente sobre c. no sólo por la fuerza del aná­ lisis. sino por Ja composición misma. en la de Men* chaca después. hondo. sino también como imprescindibles. Montevideo. cruelmente sutil. vigoroso. Madrid o . todos Jos detalles aparecen 110 solamente como jus­ tos. El análsis psicológi­ co adquiere aquí finura y minuciosidad sólo compara­ bles a las de un Paul Bourgct.VES DE LIBROS Y JLfJsi jyux III "L A RAZA DE CAÍN" Viene luego La Raza de Caín. Nada falta. la consistencia de su factura.

sus ambicio­ nes desmedidas.^fefuerzo de Cacio por le- . y deja vislumbrar un poco de lástima. El refinamiento psicológico de Dostoiewsky parece en algunas ocasiones disecar el alma atormentada de Cacio.. y la falta. un poco de dolor por esa atormentada conciencia. se. . sin embargo y aún a despecho do sí mismo abre una puerta de redención a su infortunio. pasa violentamente Bófaro estas páginas dolorosos.L • U Zi 8 A L U I 8 I gedia interna de estos personajes. hay en el. que . como si algo del alma sangrante de su autor palpitara en ellas. que como al Tóeles de El Tcrrúfioy lo precipita en los tormentos y las amarguras del fracaso. su falta do voluntad y de energía para sobreponerse a las condiciones deprimentes do su medio. si¿\ embargo. los dos homicidios quo son como la materialización de aquélla. do aptitudes. sacudidas de veracidad y de realismo. uuido a uu sentido ruso de morbosidad anímica..mejante al que dio grandeza al teatro griego. la figura oscura del hijo de Caín.inora más do una vez implaca­ ble con él. Y sin embargo. esa alma no nos mciecc del todo condenación y odio. Cacio no es un malvado. a'pesar do las tinieblas cu que refulge a veces con destellos azufrados. para dar mayor realidad al drama psicológico. y que. Lo hicieron malo los pre­ juicios aristocráticos de sus bienhechores. Un soplo de fatalidad. a pesar do su mismo creador. Algo de piedad nos inunda. que no quisie­ ron ver nunca en él sino al hijo del gringo.

y. ha puesto Reyles en ese retrato. por cierto. dico uno de. que lo hacen. co­ mo cuando pone toda su alegría en el lucimiento de un bastón de ballena con puño de oro. aún sea ella superior a sus facultades. sino más hicn en la sen­ sibilidad exacerbada de su alma. sin embargo. sin embargo.A TR A V E S BE LIBROS Y DE AUTORES yantarse tic su medio. =• . para llegar al éxito. construida. o en el estreno de un traje nuevo/Y. con los prejuicios de las castas y de las fortunas. digámoslo de una voz. estas mismas niñerías pueden tener un* significado más profundo qno el de la simple vanidad. más que con el mérito propio.” Nosotros miramos esta figura con ojos más piadosos. ellos. — ya que este es el móvil fundamental del libro y la lección bien clara. — en su falta absoluta de voluntad y de energía para cum­ plir los designios ambiciosos de sil espíritu. el aspirar a un escalón superior de la arbitraria escala de valores sociales. Por veces sus insanias se nos antojan fútiles vanidades de criatura. que no le permite elegir. “ Odio y desprecio. más dignidad y hastí^algo de grandeza. que encierra. en cicvto modo. superior a Gu¿mán. en el desconocimiento de sus propias limitaciones. El mal de Cacio no está en esa aspiración. Jleyles parece reprocharle el querer salir de su medio. incapaz de soportar los golpes inevitables en la áspera lucha por la vida. el camino conformo a sus aptitudes y a sus debilidades. Algunos críticos han querido ver solamente la parto abyecta del carácter do Cacio.

es que. produce.perí:en Cacio el rasgo apuntado. La diferencia de cultura entre el indivi­ duo y su familia primero.\a i¿ ía Satisfacción infantil que demuestra. y en naturalezas más groseras. falta de carácter — son las buenas cualidades que hu-' bieran nacido de esos mismos defectos. amargado y destruido por el fracaso final. a quien acaba de malograr la falta de simpatía y de calor de sentimiento.iin^espíritul ^®ya<ao)¿0¿a de poner toda su ambición en el vestir j ^ ?¿. fatalmente estos casos de inadaptación y sufrimiento que. la debilidad de su carácter y más que todo su servilismo repugnante)' — consecuencia natural de su. en las natura­ lezas finas y cultivadas. y que busca en el cultivo estéril de su yo. es un acier£tolmés del-notable novelista. y luego entre el mismo y el medio donde le toca actuar. refugio contra las amargu­ ras de la vida. pue­ den convertirse." . que Cacio. Pero lo que hace de Cacio un ser interesante.no. a ser éstos bien encaminados. pol­ lo menos en discretos individuos útiles a la sociedad en — 42 — . a pesar de sus defectos vulgarísimos: la vanidad. .p a ^ o n í^ l’-grado 'de ^estimáción y respeto qué le 'mereced ^ú^perw nvy. la ambición excesiva.olvidem os. determinan un Julio Guzmán.Claro está que . el tipo de Cacio. Porque lo más curioso de es­ tas naturalezas sin refinamiento. por poco que gusten la miel de las satisfacciones de amor propio.. tiene\hambró|:y:! ^ S ^ ^ n á j e r a c i ó n •-social. que intensifica más. si no en destacadas personalidades.

que los Julio Guzmán.fon^j^^ facciones. cometida en un momento de inconsciencia) y que aquellos tienen la nobleza de per­ donar. cuando. Esa misma sed de revancha social de *qii¿ sufren los Cacio. y por lo tanto menos conscientes del mal que hacen. no son tanto sus menguadas condiciones morales. por eso mismo que son menos cultos y menos refinados. lo coloca en una posición de inferioridad. .'* íii cipüeden'. y en este estado de e sp íritu . t¿ generosos. De Cacios más afortunados que el de La Baza de Caín está plagado el universo....‘ por'loinismóNiue^sulG^t^ 6e contentan. Lo que determina el fracaso definitivo de Cacio. La vecindad de los Crooker. de acuerdo con otra voluntad que los sostenga. y son ellos los que aportan el mayor contingente a la triunfante raza de las mediocri­ dades. en primer término. fácil­ mente. : üh elogio basta para 'darles ?pbr todo'. encuentre su lugar y sus circunstancias propicias. y disciplinada en la experien­ cia. cuánto el no haber sabido buscar el medio que le fuera propicio. Y menos responsables también.^ :M m c i¿ é s 7 'h a s-. Son menos peligrosos para la sociedad.. viciados demasiado. Ya su primera falta. para poder ?reaccionar'j tan. puede ser levadura fecunda para impelirlos a rea­ lizar algunos de sus sueños. fatal — 43 — .dice.. lo que no puede ocurrir j ¿ con los otros. un día. iA Mos prim ara”Wmñ^ Jo .. le es funesta. .

Pero para ha­ berlo. ellas apenas alcanzan para soportamos a — 44 — . aunque no lo consigan. sed de perfección y son en cesto superiores. Otro hombre habría ¿brncadó rehabilitarse lejos de esa familia y volver a ella rcon su. en cierto modo. el destello de nobleza que ilu­ mina a veccs el sombrío panorama de su alma. Y luego. Porque tal sufrimiento no es tan solo envidia y amor propio. ticno razón Cacio al asegurar quo sólo en la prueba del dolor se reconoce a las almas.g¿Í7. £par/£ el carácter vanidoso de Cacio. en el su­ frimiento que le roo el corazón y lo redime. sed de virtud.'L 17 I ". lo difícil es serlo cuando dél propio sufrimiento hemos do sacar fuerzas para los otros.. Poco cues­ ta.tiene razón la doctrina cristiana. conciencia limpia de aquella culpa.efecto) ser generosos y buenos.. necesitara de la voluntad. cuando. que es la falla primor­ dial. Desde el punto de vista del mérito y del esfuer­ zo. 'S 1 ■>'■. ■' -Todo el drama de Cacio está en no haberlo reconoci­ do así. y el serlos 110 les produce esfuerzo alguno. ¿n. del paria. que 110 encuentra una alma piadosa que lo comprenda y se apiade do sus penas. de su abyección.-'. del carácter estudiado. cuando la vida nos sonríe y nos colma de dones. a los que na­ cen ibuenos o bellos. que al justo que lo es sin esfuerzo y sin violen­ cia. — que estos sentimientos no son capaces de inspirar un vislumbre siquiera de sim­ patía. Tie­ nen sed de amor. — sino en algo más doloroso y más profundo: el dolor del solitario. quo otorga mayor premió al pecador endurecido que se arrepiente de sus culpas.vÍ>¡f . Y toda su nobleza.

Más aún" — 45 — . de po­ der. . no lo es.A TR A V E S DE LIBROS. acariciabá todas las esperanzas. ate­ soraba mi alma todos los sentimientos nobles y genero­ sos. rico. . por el solo concurso de su nacimiento y de su riqueza. 7 D E '¿AUTORES nosotros mismos. uno de aque­ llos a quienes llama Barres “ les barbares” . A pesar de todo. Como me creía bien dotado. simpático. y es al mismo tiempo. Por eso en lugar de elevar. a cuyo contacto se convierten en odio y en rencor. ’’ Arturo es. en sí. los gérme­ nes de muchas virtudes: “ . la sombra negra y fatídica. nos dice. Her­ moso. Es la suerte misma quien lo muestra a Cacio como una ironía amarga. es en las grandes crisis de dolor cuando las almas muestran el verdadero metal de que están hechas. obtiene sin esfuerzo. en efecto. es decir. 7 sin embargo. fue agostando implacablemente. hasta era un poco romántico. y hubiera sido capaz do cualquier afección desinteresada o de cualquier sacri­ ficio.. los mejores impulsos del alma. de amor. . En la niñez. corrompe. lo que todos los esfuerzos y trabajos de Cacio no han podido conse­ guir. la mala sombra de Cacio. y cuanto más vivía. más rencor acumulaba. como un sol canicular.. implacable­ mente. Me convertí en una criatura rencorosa. cuanto más completamente frustrados eran mis sueños de ventura. Y de todos mis sufrimientos tenía la culpa A rturo. Y mi alma quedó seca y aridecida. delicadas florecí tas que la vida.. Pero es preciso que este dolor sea puro. Cació lleva. De esta manera me volví hostil para los otros. hasta no dejar u n a . . Y el de Cacio.

ylde sus prístinas inten­ cióneseles arrancaremos tu r solo movimiento de simpatía. a ve­ ces ni eso siquiera.-las mejores intenciones. un pasado de experiencias comunas. a pesar de .1una mirada de . comprensivos.ipésar de iodos nuestros esfuerzos. a la mane­ ra de los cuerpos químicos. Son les barbares.® ^ 2emosf encontrado’-álgúná Vez' eñ la" eii^iicia^. los enemigos espirituales. afectuo­ sos. Les falta. las mira­ das. que nos hace vibrar al uní­ sono con iluestros semejantes. buenas. bastan a transformar en desconfían-. Pero les falta para nosotros. Como la funesta aruera. ex-' tienden sobre nuestra alma la sombra maléfica de su alma. agravado con la conciencia de la influencia nefasta de aquél y con la superioridad de la riqueza y . Sentimos que'. de nuestra patria espiritual. de composición y de descomposición. del . un solo latido de comprensión y de afecto. determinan reacciones dife­ rentes. r i todos ‘los movimientos . Pueden ellas ser para sus semejantes. Una sonrisa burlona.*. los ex­ tranjeros irreductibles. Misteriosas afinidades de los almas que. aún antes de hablar. tal vez.espontáneos. los gestos.jamás^^‘a'. Ssas^EHófsonas cuya'sola ^presencia’es süfitáentéí'á:. a que puedan referirse.espín^y ítu S í^ b tó itíb de hielo nos separa de ellos. !da ’lá5nobleza de nuestros^ actos.indiferencia o de desprecio. esa ín­ tima y misteriosa armonía. hasta el sonido de la voz o el corte de los ojos.t¡>:. «j. Tal Arturo para Cacio.

el alma . debería también ser aprovechada por todo educador y aún por todos los padres. en efecto.en una sola línea toda la complicada psicología de su per-i.'tide »ún afecto'inclinado solícito sobre. srn embargo.de”Qacio da. la ^mandi'de. una mujer en esa "vida •' la cálida simpatía de úna her­ mana o de una novia. oimejor^c]^ ser. sin*amor ni siinpatía. esta vida fracasada. por su sensibilidad. Este carácter malogrado. en las breves y expresivas líneas que encabe­ zan el libro. su infancia. todo el drama os­ curo y silencioso. E l mismo lo dice. de esta manera nos explica su autor. para penetrar en las reconditeces todavía inexploradas de . afectuoso . Nadie ha dicho aún. sonaje... todo el dolor escondido por ese extraño pudor de las criatu­ ras.••: Cacio es. con una frase ad­ mirable: “ El cariño que no puede brotar. todas las terribles y ulteriores conse­ cuencias que para él mismo y para los demás. .-jr.” Y. ya que no basta muchas veces la sola guía del cariño. incuba el alma tan frágil y tan misteriosa de los niños. Le ha faltado el riego fecundante’ 7 ' . que una sola palabra basta para replegar sobre ellas mismas y hacerlas impenetrables a los que a ellas no se dirigen cou el poderoso talismán del cariño. se convierte ¡en odio. la psicología .<iÉie^»L]blé. es­ ta terrible lección que el autor dedica a la juventud de su patria. para templar sus frialdades y li­ mar sus asperezas.

a '-A . en un espíritu refinado y artista quo centuplica. el mismo análisis demo­ ledor de sí mismo.: ■L . El carácter de Amelia. que así ha penétrado hasta los últimos secretos del corazón humano. mucho más humanizado que en E l Extraño. pero también. por lo mismo que tiene una edu­ cación superior.- ^infantil. las torturas morales del otro.:. hermoso por su realización y por su intento. quo quiso rehacer por su matrimouio con AinéliájCroóker. equivocación d© su vida. . un espíritu más refinado. La misma abulia. con la visión consciente del propio rebaja­ miento. y un amor abnegado y constante que lo conforta y lo acompaña. dcspiiés do su imperdonable aventura con Sara y Cora.libró. Pero Guzmán es más culpable que Cacio. desinteresado de la-“ Taciturna” debió hacer otro hombre de Guzmán. El amor. Honda y dolorosa y amarga lección la de este i.'eUsufrimiento que destilan sus páginas y por el talento asombroso de su autor. V 1 8 • • •!. . . en E l Extraño ha concluido su obra dé desmoralización. pru­ 48 — . I La figura de Guzmán es la misma de Cacio. por eso mismo. pero en un plano superior del espíritu. por . 'Encontramos en La Raza de Caín un Guzmán mucho más desgraciado. sencillo. la misma sensibilidad exacerbada. La. como el entrevisto amor de Laura 'estaba a punto de realizar el milagro en el alma oscura y/caótica de Cacio.

un avasallador entusiasmo puede arrastrarlos a la consecución de un objeto noble en la vida.aún. el interés pecuniario que la esposa acaba por comprender como único móvil de su marido.un momento dado. Y aún este carácter.. sólo un fuerte. pero estos mismos entusiasmos. Para las al­ mas como Guzmán y como Cacio. mostrándole. Y luego.A TRAVES DE LIBRO S Y DE t AUTORES. Guzmán es más abúlico . ante la primera dificultad que se les presenta. ni la intensidad suficientes para vencer cada día y todos los días. dente. Su refinada cultura. podía com­ prender y soportar a Guzmán. los pequeños obstáculos. no tienen la con­ tinuidad. Y para ellos mis­ mos. si es que ellos lle­ gan alguna vez a florecer en sus almas. ha de cacr también aniquilado poL’ el egoísmo sin grandeza de su amante. un amor que no pide sino el sacrificio. reservado.. definitivo y total. todas las razones que en un sentido y . en forma alguna. de que tanto gustaba Guzmán. y caen con la misma rapidez con que se manifestaron. y por esto mismo más desgracia­ do que éste. no puede sino ahondar la separación cutre ambos. la lentitud natural del tiempo. convenir al analista y complicado de su esposo. só­ lo el alma desinteresada y noble de Sara. Sólo una abnegación absoluta. 110 puede haber excusa para el mal que a su paso derraman. no podía. sin estimación siquiera. el matrimonio efectuado sin amor. de la inteligencia. y que lo cumple luego. en . a pesar de toda la hu­ mana piedad que nos inspiren. un poco alicorto para los vuelos. que Cacio y más analista también..

pero es preciso que ella vaya acompañada de un renunciamiento total a todos los goces materiales. desde que aquilató una vez por to­ das íá inanidad de la humana obra. " Falta además a Guzmán el concepto vital del esfuerzo. — tan sutiles son las paradojas que siabo presentarnos. para no dejar sino el renombre de especialista. delezna­ ble y perecedero. como un espeso muro. .P e in a r frases. todos sus atractivos. Parecen a pri­ mera vista.-. poco trascendental. “ El afán de perfec­ ción y el idealismo intransigente de los solitarios con­ tribuyeron también a cortarle los brazos para toda ta­ rea. porque la más noble le parecía imperfecta. . comparada a ios vuelos de bu espíritu y a las aspiraciones de su alma enamorada de lo absoluto.. qué in n facóntéce. que no obraba ele ninguna manera. un interés profundo. La vida puramente con­ templativa tiene también sus defensores y sus partida­ rios. insig­ nificante. agrega más adelante. — de positivo valer las razones que adu­ ce en defensa de su inacción. cosa. ¡ridículo destino!. Ella . una iliisión ^ í f a ^ ú e dirija su existencia.. que — 50 — .há perdido para'.su inercia. Quería obrar tan perfecta­ mente.detérmi-J .como en.'él .Sj-J. ’’ “ ... en Cacio. sobre todo.. escribir por vanidad.'.'Las antinomias fatales del pensamiento y de la acción se levantaban entre él y la realidad de la vida. *L :v> !■ > á resolverse 9 -no a la acción. vivir cultivando puerilmente la immia reputa­ ción en periódicos y revistas más o menos insignificantes. el sobado ejemplo d e l‘ásnoVdé1 'falta en Guzmán..nan.

que llevan forzosamente al fracaso primero. el trabajo constante y remuncrador. su i m^ ne i ^ ~.jcontento. es. y no existían para Guzmán los que debieran ser su norma y guía. exacerbaron esa su predisposición innata al análi­ sis y a la inercia. sin duda. con la neurastenia de los desocupados. sin duda. Para caracteres así fueron imaginados.las lioras. que 110 le exigía con el apremio de las ne­ cesidades no satisfechas.g r a p ^ ^ ' sin fe. para un país que ne-. solamente la reaUzación . esos refugios monásticos.del esfuerzo diariamente cumplido. y a quien. no deja a la iniciativa de sus miembros la mínima ocasión de manifestarse. Pero también esta humilde satisfacción le fué nogada. cosita todavía más energías vírgenes y primitivas quo frutos tardíos de civilizaciones decadentes. y a la neurastenia después. y del trabajo' . de otro modo interminables de la existencia. son'tor­ mento en lugar de alegría. pueden.no ’seduceáH<la^ la gloria o de la riqueza. ya que si aquellos no responden a la propia vocación. su posición desahogada.siglos pasados. previendo de antemano el empleo de cada hora y de cada minuto del día.llenar. aunque -equivo^^ ne sin embargo. en donde la regla re­ ligiosa. El regla­ mento sustituye a la personalidad humana y la transfor— 51 — . Porque Guzmán. Su cultura demasiado refinada.¿cfe'ptad6 libremente. un poco neurasténico. con dignidad y.

la influencia nefas­ ta de Arturo. la doloroso. A . Si cae vencido. L ü I S I ma en una máquina completamente pasiva. y la voluntad que pone en hacerlo. De naturaleza más eleva­ da. No es en Guzmán. no es sin algo de lucha que 110 existe en Guzmán. llega. como en Cacio. en lo que se refiere a elevación do sentimientos. pero librado a sus propias fuerzas. sola“ ente porque es rico. y el esfuerzo. Cacio nos ins­ pira mayor piedad que aquél. ' Hay también en Cacio una circunstancia que explica algo de su vileza: durante su niñez. conse­ cuencia de una niñez sin afectos lo que producc la amar­ gura y el rencor de su alma. Pero hay en Cacio un elemento superior al primero. y por ella rueda al mismo abismo. y el resultado nefasto de una vida semejante. Guzmán no gusta oír a Cacio reconocerlo como su hermano espiri­ tual.-Y otra vez encontramos en este libro admira­ ble una ^ficaz lección para los educadores. a veces ate­ — 52 — . Reyíes nos muestra uno de estos casos. Pero el ser que carece de la voluntad de resolverse halla una hon­ da satisfacción en que otros piensen y obren por él. sin embargo.I S . el niño rico y adulado de la escuela. con más nobles y superiores condiciones de nacimien­ to y de educación. y no por sus prendas personales. No es pósible calcular las consecuencias. y tiene razón. •determinante definitiva de la corrupción de isa alma. y es el deseo. Y por esto . embrionario siquiera do supe­ rarse.solamente por esto. a la misma pen­ diente.

. con el fin. para determinar el fracaso completo de una vida. júzguese de su influencia. Nunca serán bastante suaves y delicadas las ma­ nos encargadas de manejar esa cosa tan frágil y tan mis­ teriosa que es el almá de un niño.” Lo curioso del caso era que con los demás niños mostrá­ base afable. sin du­ da. Como en el caso de Cacio. por s u carácter de maestros. juguetón y nada camorrista. en apariencia insignificante. las usperezas las reservaba para Cacio. si la de un simple compañero fue suficiente a causar ta­ les estragos. de hacerle purgar debidamente el conato de rebelión del primer día. Y aunque en el caso de que hablamos no parece ha­ ber intervenido el maestro. como si hubiera adivinado la ocul­ ta intención del presente: “ Yo no me llamo guindas. Su instinto de señor feudal lo impulsaba a ser duro e inhumano con los que intentaban escapar a su dominio. • }. de la niñez. y le dijo. comióselas Ar­ turo sin darle las gracias. Transcurrió el tiempo. de aquellos que. y luego le arrójó los carozos a la cabeza. los actos de injusticia o de arbitraria preferencia. francote. son los encargados de distribuir las recom­ pensas morales del esfuerzo. de una sensibilidad extraordinaria. so propuso éste hacerle pagar caro su conato de rebelión. y la mano férrea de Arturo.A TR AV ES DE LIBRO S Y DE AUTORES rradoras que produce en el alma de los ni’os. basta a veces un episodio. Por no haberle reconocido superioridad des­ de el primer día que Arturo se presentó a la escuela. “ Una vez Cacio lo obsequió con guindas.

. . dice Cacio. ‘envileció a su condiscípulo al'.modos la certeza de su propia inferio-f ridad. llegado — 54 — . me amenazó para lia salida. . entre las risas de nues­ tros compañeros: “ Coiné torta.. la figura de Menchaca.. L v 1: : saberlo. y con diferente grado de responsabilidad. ” “ S í. ‘í.a cuya alquimia poderosa no resiste sin descom­ ponerse el oro del alm a. añadió. come t o r t a . pero que nos afligen todavía.TJn día.^feéirÍe\. cuando éste le recuerda una intervención generosa de su p a rte . con melancolía sincera. repitiendo.” Al salir de la escuela y delante de nuestros con­ discípulos nos trabamos en liiclia. diciéndome: “ Yo te voy a enseñar a comer torta. es la descomposición de un carácter. . bajando los ojos: —'Me enseñaste la actitud de los domesticados y a dudar de mis fuerzas. i .Sé"¿úl. pero para serlo. como me negara a comer un pedazo de torta que él había tirado. confiesa que ne­ cesitaste verme vencido y pidiendo misericordia. y nunca he vuelto a tener confianza en mí. y lue­ go.” Junto a estos dos fracasados por distintas razones.i A " ■yj. me arrojó al suelo. contesta más adelante al mis­ mo Arturo.. Tú no lo crccrás. como quien habla de males que ya no tienen remedio. pero te debo grandes dolores.’ y cogiendo un excremento de vaca. me lo refregó sin pie­ dad por los hocicos.. fuiste generoso..

hasta despeñarse al fin definitivamente.y a a ^ . como natural consecuencia de esta falta primera de energía. é l:iu e m ^ ^ |^ g ^ iíi^ o . Por no haber sabido querer.< ¿ Í ^ disasociá la gangrena no.q u e . por tolerar luego. repugna y apiada al mismo . hasta la comida que el amante de Ana le ofrece y a la cual asiste tam­ bién el infeliz Menchaca. por la funesta pen­ diente de las complacencias innobles. los caprichos y las fantasías culpa­ bles de Ana. arruinándose.'det<em^ l a penosa pero imprescindible <o p e ra ci6 n ^ ^ W ^ c á ^ '‘. La última escena.la/ pusilanimidad del primero no sé atrevió a 1. su esposa. de Dostoicwsky.dado. grotesca y terrible como una es­ cena do L ’l'Jterncl man. rodando poco a poco. donde tenía su negocio próspero. a quien sigue en su marcha a la capital. y por fin el conocimiento y la aceptación de b u afrentosa postura. esa vida filé lentamente envileciéndose. antes dé que ésta sé contáiriinarádel todo. hasta la ruina total de su fortuna conseguida a costa do tantos y tan largos sacrificios. la tolerancia de su culpable coquetería. en el abismo de la embriaguez y de la miseria. en donde el marido ultrajado ruega a su esposa de rodillas que no lo confiese la verdad.. pava acceder a un capricho injustificado do la esposa. en un momento .separar de su existencia. ya enamorada de otro hombre. de cruel vesanía.P ara vMcnchaca es Ana. Es realmente admirable la observación del detalle. desde el abandono del pueblo. sobre todo.

amarga.. Hermana de Cacio. silencioso y reservado. . abandonado. la vanidad. cumpliendo sin desfallecimientos ni vacilaciones el deber obscuro de cada día. puesto que al verse abandonada por Arturo. sucio. a quien pareció amar un momento. pero eficaz por lo terrible y por lo amargo. la redimen de su ab­ yección. sacrificando sencillamente a los suyos su placer y — 50 — . cu plena descom­ posición. . Dejemos a Ana. que se ha conocido sana. ninguna cualidad buena.ro hombre cualquiera. pero no lo prostituyen. el lujo y el placer que ambiciona. Del mismo modo que el profesor presenta a sus discípulos una llaga gimgrenada que extiende su infec­ ción por todo el organismo. ni una aspi­ ración tan sólo de mejoramiento. miserráble. quo lo. nos muestra lieyles.: { ^ V . siente el profundo disgusto. No es el amor que puede hacerlo. impla­ cablemente. 110 tiene do éste la honda capacidad de sufrimiento y de amor. terrible. pero acariciando aún la absurda esperanza do re­ conquistar a su esposa. Sólo Crocker. ningún impulso elevado. ejemplo y lección dolorosa. encuentra por la‘ calle. busca cu ol. Cuando Guzmán lo . producida por la falta absoluta de ener­ gía moral. todas las fases de la descomposición moral de un individuo. Ja dolorosa impresión que produce el espectáculo do una personalidad. í s . que 110 es como los otros personajes de la novela. Y es otra lección más. ebrio.p g . conducen al crimen. ni siquiera el deseo de ser mejor. 'olor de la espantosa podredumbre.A L 17 1 s' I ^tiempo’ como el cuerpo del enfermo que despide ya el. La ambición..

ponen un toque de luz en este sombrío cuadro psicológico. gra­ cias a los duros e injustos ataques que por tal ocasión lo fueron dirigidos. Carola y Laura. Dice así: “ Respetuosa y humildemente dedico a la juventud de mi país. IV “ EL T E R R U Ñ O " Es ésta la menos novelesca de todas las novelas'do Rcyles por más que haya en ella muchos episodios de írcal y viva drain. este libro doloroso. y Sara. La dedicatoria que ostenta la página primera del li­ bro explica sin necesidad de mayores comentarios. como no desconoció antes la su­ ma de arte y de talento que reúne La Raza de Caín. lo más claramente posible.-iticidad. El autor pudo comprobarlo directamente. Pero lo que constituye su. por más que ya se per­ filan en la última los rasgos dominadores y altaneros do los Crocker. Ningún crítico imparcial desconoce hoy la eficacia del intento. la amante desgraciada y noble de Guzmán. — juveniles y contentas. la fi­ nalidad perseguida por su autor con la publicación do esta novela y que hornos intentado exponer desde nues­ tro punto de vista.A TR AV ES DE LIBROS Y D É ' AUTORES su descanso. — víctima infeliz de las aberraciones de Cacio.'' Las lecciones amargas no son en general las que más agradan. no tie­ nen personalidad definida aún. pero acaso saludable. .

como en la novela de Egu ■de Quciroz. la explicación de un concep­ to más elevado de los trabajos propios de éste. en la que el autor dará el triunfo total y completo a la campaña. la prédica Apasionada por la explotación de las riquezas rurales. En Beba.' L ' V: s* • • •"'•■ [j. la pintura del campo. A pesar de ello El Terruño es esencialmente distinto de aquélla.J^vpacplógicb. más que el episodio romántico. como en La Rapa de. y más en el Uruguay acaso que en otro alguno. dos sobre una base científica y con métodos razonados. simbo­ lizado por 13cba y por Ribero. la trama novelesca' o^eí sólo anfii.M ¿s íntimamente enlazada se encuen-^ ira con' Beba. la descripción de las faenas camperas. por su salud moral y física.d e Sevilla. toma el ca­ rácter de un verdadero problema económico y social. en csca— 53 — . minas de carbón ni hierro. El conflicto que ya se esbozara entre la ciudad. son. No tenemos. sino con una trascendencia que.' . E l Terruño es todo 61 una obra de tesis . en efecto. en algo.. Parte el novelista de la tácita premisa que la única riqueza. Caín :gj i^ i^ m b rü jo . práctica-. en nuestros países americanos. Pero no solamente. con la que comparte.yór^ad?ra: finalidad no es.A . y el campo. la única industria hasta hoy verdaderamente •explotable en nuestro país es la ganadería. per­ sonificada por la familia Benavente. la verdadera finali­ dad del libro.'.y de propaganda. cobra en El Terruño los relieves de una verdadera oposición y hasta de lucha. y. por lo menos no han sido hasta ahora descu­ biertas y explotadas.

el discurso o el folleto. el artículo perio­ dístico. Hombre de acción y de ener­ gía. esta fuente de riquezas. de la cual no 6e ha contentado con extraer egoistamente su fortuna personal.M É ^ I V T O B E S . Pero no sólo por la novela.'' a c f e ^ l * '^ ^ ’• de la capa de tierra vegetal.'^ ^ .■ • " •• Sentada ideológicamente esta’p r e m i^ con cla-'J rividencia y generosidad poco comunes) ‘intenta persua-. Acaso esta misma circunstancia. que 110 han reconocido suficiente­ mente sus conciudadanos. y de una manera razo­ nada y científica. asociación que tiene por objeto “ reunir en un apretado haz i as energías dispersas o latentes del trabajo rural. dir a sus semejantes de la necesidad y la urgencia do atender y explotar de inmediato. con Una Fuerza Discipli­ nante. se ha consagrado Reyles a esta magna obra. y con toda la obra de acción práctica del Reyles estanciero y político. al decir del malogrado Rodó. . para que adquieran conciencia de sí mis­ mas y desenvuelvan su benéfico influjo en los destinos comunes”. Fundador de la “ Federación Rural* del Uruguay".-. Desde este punto de vista El Terruño se enlaza direc­ tamente con El Ideal Nuevo. su ejemplo y su actuación en la ganadería del país le hacen acreedor al respeto y a la consideración de sus compatriotas. llamada"^Hürai^’■•. UUotlia jLaui**| i^gi^uo sado." acaso debido a I W '^ i f í ^ ^ ^ ^ e V ^ r i ^ ^ á c a ^ d a‘ la desigualdad del clima. todos sus es­ fuerzos se han dirigido siempre a eso fin.

como trascendencia. todas sus esperanzas. y en dramaticidad y hondura psicológica. El Terruño sólo pudo : ser escrito por un uruguayo. La Raza de Caín y sobre todo' E l Embrujo de Sevilla. muy superior.eba.'jque menor éxito popular ha tenido. por un español. de su riquísimo temperamen­ to:. Esta última pudo ser escrita por un autor extran­ jero. sus más caras aspiraciones. dramaticidad psicológica. cultura. sea E l Ten-uño la . vigor de colorido y pro­ fundidad de miras. El Terruño es superior a las de­ más novelas de Reyles. de sú vasta riqueza espiritual: su .í í A[ : . Todas sus ideas. ^x<Mte'. y entre éstos solamente por / Carlos Reyles. El Embrujo. El Embrujo de Sevilla revela otra ten­ dencia. han tenido popularidad . Y. La Raza de Caín es la expresión de una parte. y algo también en T. su afinidad y su amor por el españolismo.algo-de interés a la trama novelesca del libro.L u 1 8 1 ^ u B ic a^ ii toda la obra* novelesca de nuestro compatriota. Tal vez sea ésta la ra­ nzón por la que. Como intención. . aunque le gane en realización artística y en fuerza pasional E l Embrujo de Sevilla. es­ tán contenidas en El Terruño. hay en E l Terruño riqueza de oa rae-1/ teres. Pero E l Terruño será siempre la obra que — 60 — . el : ■objeto mismo de su vida. su violencia pasional. y acaso para él la menos honda. La Raza de Caín. su amor por lo complejo y por lo exótico. sin embargo. como ori­ ginalidad americana. y pesada y lenta. de todas sus novelas. mayores acaso quo en las dos obras citadas. tal vez hereditaria. su refinamiento.

Roy los quiere desentrañarlas de lo más hon­ do e intrínseco de su tierra. de tierra y de pueblo que contiene. el cultivo y el ornamento del espíritu. su significado racial. No otro . y mejor aún . la posibilidad de conquis­ tar los frutos tardíos de la cultura nacional. la ciencia. a las grandes capitales euro­ peas. el arte. la energía. Como el labrador que para obtener sabrosos frutos y encantadoras ñores. el árbol futuro de la civilización y la cultura. sólo vieron.que de raza. predica Reyles el trabajo. no podía renegar de lo que constituye para él. nuestro escritor dirige sus esfuerzos a la campaña. que sólo ñorece sobre una amplia independencia económica. olvidando quo su autor. los críticos de la ciudad. los egoísmos fecundos que lian de darnos. Con los ojos puestos en esc ideal de refinamiento estético e intelectual. la sa­ tisfacción de las necesidades estéticas c intelectuales. que por encontrar demasiado pobres en su patria. con la riqueza. con harta frecuencia. Pero esa flor de civilización y de cultura. lo que a la ciudad y a su cultura se referían. empieza por remover la tierra y arrojar en ella las simientes. por haberlo juzgado solamente desde el punto do . que tanto añoraba Rodó en nuestras primitivas sociedades americanas. de su autor. va a bus­ car. en cuya riqueza ha de asentar sus raíces.A TR AV ES DE LIBRO S DÉ AUTORES arranca de lojnás hondo y de lo más castizo.vista novelesco y psicológico. la especulación desinteresada del espíritu. atractivo y razón de la existencia: el progreso material y moral. Por no haber comprendido esta ulterior trascendencia de la obra.

como cuando dicc Tóeles. En Reyles. voluntad de dominación que diría Nietzsche.. utilidad inmediata. como todas las cosas del universo y el universo mismo. es la inteligencia. es deseo de poder que diría Hobbes. y lo más humano del hombre. así físicos como morales. en efecto. en efecto. es egoísmo integral. Hijo de aquella divinidad terrible. se conoce al mismo ftiempo su vida toda. que. si no.* La Muerto del ^lá cual 'se ^enlaza en-cierto modo la. del cual acaso. y por lo tanto lo más egoísta. con más floja trabazón a eso núcleo íntimo y profundo de su personalidad. solamente La Baza de Caín y E l Embrujo de Sevilla revelan fa­ cetas más independientes. La fuerza es Dios: todo sale de ella y a ella vuelve. pensó un día mientras repuntaba la majada. dé ‘t rabajador.'‘tódo el resto de su obra de propagandis­ t a y. -modo de ver. como digo yo. en una palabra. novela ‘qu cM in $ to 7 y . el hom­ bre por naturaleza tiende a dominar. sus ideas genérales y su actuación política. indicio del común origen es el carácter guerrero de todos los fenómenos. Ellos están tan íntimamente ligados unos a otros que forman un todo único. armónico y definitivo. de igual modo que lo — 62 — . por cjem: pío: “ Yo. que traducen el mismo estado de espíritu que el que dió nacimiento a La Muerte del Cisne. Tiene E l Terruño párrafos enteros. criatura viviente y animal razonable. egoísmo. soy una sutil encarnación de las fuerzas siderales. no es posible cómprénder el significado profundo de su obra comple­ ja. interés puro.

Pero lo curioso del caso es que en E l Terruño no es Mamagela.más social de >la/sociedad■jc'^^‘^ag^^. por caso peregrino. “ Las modernas civilizaciones. relaciones En este tono discurre largamente' Tóeles. que los . que. que lian dado ft la primera y a su familia el bienestar material y la satisfacción de una vida de trabajo y de tranquili­ dad. en el fondo. sean. sino Tóeles. densación más pérfecta de'áq^eTfég^^^ Vaquel i n ­ terés. can raetafísieamente. como buena cristiana vieja que era.^ O E ^ ^ ^ ^ fl|[^ ^ n tra J ^ . ya que todos suelen hacer lo contrario de lo que piensan. la utilitaria Mamagcla defendió las doc­ trinas del desinterés. K Í ^ o n ^ ^ Í 6 s '’!Íi<mbi^r. y entonces. exponiendo en El Terruño las mismas ideas.y/ekpli-.n-. rebatiólo a su manera. de aquella -ü tiU d a d . eran también conquista y dominación económica. casi con las' mismas fra­ ses. en el fondo. como sólo lo tuvieron en la lucha y dominio religioso o guerrero. que en La Muerte del Cisne habían constituido ya la Filosofía de la Fuerza del mismo escritor. aunque frecuente. Cada hombre es — 63 — . Los idealismos y doctrinas des­ interesadas en eso remataron siempre. quien expone las teorías utilitarias. El mismo autor lo dice: “ H arta al fin (Mamagela) de tanta novedad filosófica y descreimiento. dice el mismo Tóeles en otra ocasión.p^'2ser'¡la'co. y el lírico Tóeles los intereses materiales y las inó­ rales egoístas".flá negación rotunda de las m o r d ^ } j|^ d ^ É ^ é r ^ . no tienen otro terruño donde echar raíces.

. la virtud por exce­ lencia. despiertan sin satis­ fa c e r.s A . que rematan en puro y desinteresado idealis­ mo. la más grande originalidad de nuestro compa­ triota. no destruirlo o amenguarlo. que encontramos en E l Ten-uño. que vale tanto como decir el alma de las criaturas. etc". ■ — 64 — . digan lo que digan. la virtud más virtuosa es la de acaparar y pro­ ducir. si sólo esa gimnasia permite las más soberbias expansio­ nes de la cultura y pone en juego y afina todas las fa­ cultades humanas. En estos tiempos.J 1. Ya se esboza en él. y lo que . Do este modo continúa Tóeles exponiendo la doc­ trina filosófica de La Muerte del Cisne. un egoísmo irreduc­ tible. qtie. una gravitación sobre sí.. podríamos decir. que la religión. urge a mi entender.' u 1 s 1 iiina especie de maravilloso substratum de la energía . estas reminiscencias filosóficas. Qué mu­ cho quo lo primordial sea la producción de riquezas.universal. las doctrinas utilitarias del libro anterior. la idea madre que ha de dar más adelante la original filosofía de Los Diálogos Olímpicos. el esposo de Mamagela. reconocida y aplaudida ampliamente por toda la crítica afrancesa.es.. en el episodio atribuido a Papagoyo. Y esto. es disciplinar ese egoísmo. He ahí la forma actual del deseo de poder.. mejo­ res que los otros. amén de abrevar la sed de vivir. la filosofía y el arte. Pero no son sólo. porque sería amen­ guar y destruir la vida misma. está. encerrado todo entero. aunque de una manera simbólica y apenas diferenciada.

y habían apa­ recido pocos días antes. armados ambos y montados en sus respectivos fletes.> T B A Y E S DE LIBRO S Y DE AU T O R E S. mozos jóvenes y garridos. Foroso intenta volvéis^ atrás. constituye la posesión de El Ombú. para incorporarse a la partida revolucionaria de este caudillo.A . En compañía de su criado Foroso. So veía alcanzado. y pasado a cuchillo. les pareció escuchar rumor de cascos de caballos. Las sombras espesas los circundan por todas partes. que buscaban también in­ corporarse a sus correligionarios. Pa- . y fuerza les fue retroceder hacia las casas. el temor hizo presa de sus áni­ mos. Go­ yo. ya cercano a los sesenta años. A poco de seguir andando. se alejan del almacén quo junto a la cabaña. pues las fuerzas del comandante Carranca. y en carrera desesperada. Sigilosamente se alejan de las casas. pisadas de caballos en todo su alrededor. • Eli plena revolución. oyeron más claras y dis­ tintas. y cuando habían andado ya algunas leguas. Y sin darle paz al rebenque y la espuela. Pero al sentirse ro­ deados por todos lados. abandona su casa por la noche. encomendábase precipitadamente a todos los santos. y por compromisos partidarios y personales con el caudillo nacionalista Pantaleón. andaban por los alrededores. “ La idea de que podían cortarles la retirada iba to­ mando cada vez más cuerpo en la mente de Foroso. enemigo mortal de Pantaleón. pretendieron burlar a sus perseguidores. rodeado. a hurto de Mamagela. volteado del caballo. los cadáveres de tres nacionalis­ tas.

Imposible era desviarse. . hubo curado la herida.¿i&paáre. poco antes de amanecer. cerrándoles el . . “ Lo primero que divisó fue el overo ensillado aún y — cc — .. y de la venganza que el hecho no podía dejar de atraerles. •. y casi simultáneamente el lamento sordo del pulpero. — Es un par de bolazos — aseguró gravemente Foroso” . notaron sobre la piel blanquísima dos manchas grandes y amoratadas como dos alcauci­ les. a pesar de las fatigas de la noche se levantó cautelosamente y salió al campo. Oyóse un alarido formidable y desgarrador. pusieron a Papagoyo en la cama... cpn bríos. y arremetió.un jinete se plantó delante de ellos.cuando ya. V. pomo el de un gigante al desplomarse con las entrañas rotas. Mador observó la lauza que estaba tinta en sangre hasta la media luna. a quien la idea del cristiano muerto inse­ pulto. que ei^aqu^iasí^^ lo k ~“ Muy .se creían saivps¿. impedía dormir. Pero en medio de la noche.menos retroceder. Cuando el pulpero con árnica y agua sedativa.cerca de las casas. y Papagoyo refirió nuevamente la aventura. susto.‘ . ” Después de recogido por la gente de la casa y luego del consiguiente alboroto.. “ y descubierto el pecho.paso. a la virgen. . y relato del par­ do que contó la aventura guerrera del patrón. Mamagela. Papagoyo se encomendó. le desabrocharon las ropas. Todos la examinaron a su vez y admiraron al héroe de tan grande hazaña. que Foroso vió rodar por tierra y quedar tendido boca arrib a .

. ocultando cuidado­ samente a todos y especialmente a su esposo. ^ ^ c o lm fis^ le jo s el borrico .>’ y a cosa de diez centímetros. la\?ÍuOTlaJ|m^'ytperd del sal­ vaje ^cuLto. Pero en lugar de comunicar al héroe su descubrimien­ to.p^£mdojtr^qimamente(. con pasmo.•B¿com ^ ja|cfflW:i«¿itodas direccionés y nada. Así fomentada y cultivada por Mamagela. pero lo admiramos sin reservas” . El cabaUi^ con el cuello tendido y ”ÍaÍ9''p a t c » . lleno de rubor. le dijo a su criado al tiempo que hacían desaparecer el cuerpo del animal — y convencido de que cu el monte queda enterrado. muerto. la verdade­ ra significación de su hazaña. silenciosos pero expresivos apretones de manos de aquellos amigos que. j B h b i ^úiia..*de'#’ las pasadas. hizo enterrar al burro en secreto. y por qué éste había caído del caballo con dos bolazos en el pecho” .a * él y pudo cerciorarse.'que estaba. . do mil modos parecían decirle: “ Respetamos su si­ lencio. Papagoyo recibía. se divulgó y extendió la le— 67 — . la señora viéñdolo"\tan<. Así no volverá más a las andadas. ¿adivinas?” “ La proeza de Papagoyo se divulgó presto entre sus correligionarios y dió margen a muchas invenciones y comentos. otras dos pequeñas y poco profundas. en el mismo degolladero tenía' abM¿^:'rai^~-<8mc^\'l&erida. “ Es preciso que Goyo siga creyendo en la muerte del salvaje./Ái -rastros.''i i m o v il^ ^ r o ^ '. Mamagela comprendió por qué la lanza de Papagoyo tenía en la media luna algunos pelitos.

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1
8 / 1
■•••yenda; .Papagoyo so sentía feliz. Todos los mañanas,
al: abrir el almacén, dirigíale desde la puerta una furti;va mirada al monte de sauces, y su conciencia de partidarió quedaba tranquila y gozosa” .
Más adelante, cuando Tóeles, víctima de sus atribu­
lados pensamientos, víctima sobre todo de su inadaptabilidad a las circunstancias materiales y prosaicas del
trabajo diario, mezquino y sin aliciente, se entrega ante
Mamagela a sus perpetuas cavilaciones, cuando en bra­
zos de su descorazonamiento y su análisis perturbador,
exclama: “ El alma de los muertos y la voluntad de los
vivos, luchando encarnizadamente dentro do nosotros,
nos empujan de aquí y de allá, nos traca y nos llevan,
nos suben y nos bajan; instintos animales y virtudes
adquiridas, intereses y sentimientos, apetitos y aspira­
ciones atribuíannos y marean; los sentidos nos engañan
a porfía, y deslumbran las fantasmagorías del mundo
y. la razón misma, esa facultad de la que tanto se ufana
el hombre, no hace otra cosa que crear espejismos, tras
los críales, desatentados, correm os...” casi con las mis­
mas' palabras con que se ha de expresar Dionisos en los
Diálogos Olímpicos — Mamagela, por cuya boca habla
la experiencia de siglos y la razón de todos los días;
Mamagela, la sabiduría popular, a quien le está enco­
mendado el culto del hogar y de los intereses primordia­
les, ha do contestar sabiamente, expresando ya en em­
brión todá la teoría filosófica de los Diálogos, después
de relatarle la verdad completa sobre la belicosa hazaña
— 68 —

'TR ATE S

DE

LIBRO S,

r

AUTORES

de Papagoyo: “ De tejas arriba, Dios; do tejas abajo, la
famiíiai Para cumplir cristianamente mis deberes do es­
posa y | de ñíadre y fortalecerme en mi empeño, aparto
do mig oraciones, me decía: j qué sería, Angela, de Goyo
y do tus hijos, sin ti ? Eres lá providencia de los tuyos;
abro el ojo, mira donde pones el pie, vela por ellos nocho y día; tú eres responsable de esas vidas” , y el pen­
sar así,1me hacía económica, trabajadora, precavida, y,
además,1dichosa. Tú, que no tienes religión, ni crees en
nada, (y por eso andas como bola siu manija, dicho sea
entro paréntesis).me dirás que era víctima de un enga­
ño, do una ilusión. A eso respondo que esa ilusión me
hacía y me hace vivir. Era y es mi salvaje muerto. Y,
créeme, Tóeles; cree a esta vieja que tiene menos letras,
pero más ciencia del mundo que t ú : para vivir es preciso
que cada uno tenga su burro enterrado. ¿Qué importa
que sea un burro y no un salvaje como Goyo cree ? Para
él y para todos, y buen cuidado he tenido yo de que así
sea, es un salvaje, lo cual vale decir: deber cumplido,
tranquilidad de conciencia, tributo pagado a la causa de
los muertos, y en resumen, la seguridad mía de que no’
abandonará insensatamente familia y hacienda, y se irá
a la guerra. Ya ves si tiene importancia lo del burrito” .
; He aquí, pues, esbozado en el símbolo de un burro, y
por boca de la pintoresca Mamagela, el papel de la ilu­
sión, a que dará Reyles, en los Diálogos, la misión filo­
sófica más alta. La inteligencia se forja sus propios es­
pejismos, tras loa cuales corro luego, en una iuinterrum-

8 ' A'
'L A U ’: < L ^ l8 \ A l ,
' • ' . v.
•pida carrera hacia la muerte; pero estos mismos espe*'
•físmos soh la única razón de la existencia. .En la de M * ’
vmagela.se llamaré, religión, amor a la familia, interés'
inmediato y material. Y por no tener la fuerza impul­
siva. y .consoladora de ésíos, el idealismo vacilante de
Tóeles no es suficiente a dar interés y color a su exis­
tencia. Tóeles sabe que son espejismos, ilusiones que
cada cual se forja en relación a las necesidades de su
espíritu y de su vida, y de este conocimiento y de este
desencanto nacc su infelicidad. Y así se lo dice a Ma­
magela: “ jY no le parece triste, doña Angela, que la
felicidad humana tenga por cimiento, cosa tan deleznable
y pasajera como lo es una superchería?... Por otra par­
te le diré que hny dos clases de criaturas: unas que na­
cen para enterrar al burro; otras para desenterrarlo.
Las primeras constituyen la generalidad; las segundas
marcan la excepción; aquéllas triunfan y gozan; éstas
luchan y padecen sin triunfar; pero sus torturas son, si
bien se mira, altamento estimulantes y útiles para el
mundo; desenterrando burros podridos lo obligan á ma­
tar y enterrar otros nuevos, y así se remudan y están
siempre frescas las ilusiones. Comprendo cuán necesa­
ria es la mentira, lo que los filósofos llaman ahora la
ilusión v ital; pero no puedo vivir en ella. . . ”

El carácter de Tóeles, complejo y contradictorio co­
mo la vida misma, desconcierta y sorprende en su mis— 70 —

nificación qué va' más'allá. ‘d é ^ n f ^
nlficación que va más allá dé ;-M ^ ^ ^ ^ b o lÍ8 m p .7 E ^ i
dudablemente, la cultura sin raícés\¿h!’la Vida, la as­
piración desordenada sin el cimiento ' de ‘una ; sólida; ap­
titud, el idealismo huero y declamador ,sin. el contrapeso
de las realidades positivas. Es también el producto des­
centrado de una falsa cultura universitaria, que tiene
por delante un muro de libros que la separa de la vida;
es, por último, la vanidad desmedida; y, como dice Ro­
dó j “ la especulación nebulosa y estéril, la retórica va­
cua; la semiciencia hinchada de pedantería, la sensuali­
dad del aplauso y de la fama, el radicalismo quimérico
y declamador; todos los vicios de la degeneración da
la cultura de universidad y ateneo, arrebatando una ca­
beza vana, donde porfían la insuficiencia de la facultad
y la exorbitancia de la vocación".
Pero si no fuera Tóeles nada más que esto, el perso­
naje de El Ten-uño, no sería sino una caricatura,
un remedo sin importancia de la realidad, bueno
tan sólo para producir un momento de expansión o un
mero encogimiento de hombros. Pero en toda criatura
humana, aún en la más abyecta, hay un elemento de sim­
patía que la eleva por sobre su misma abyección, cuan­
do es sincero el dolor. Y Tóeles sufre. Sufre hondamen­
te y sinceramente. Y así acaba por reconocerlo la mis- .
ma Mamagela: “ Mamagela comprendió que no eran

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V

1

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I

;dengosidades, sino ,penas hondas las que afligían a To­
neles, y trató de consolarlo” .
•:’ Es que la vida y la experiencia del trabajo, operaron
un hondo cambio en esa mente atormentada. Lo que al
principio de la novela es, en el profesor, retórica vara,
discursos y frases literarias sin arraigo verdadero en el
alma, se truecan en dolor, legítimo y real, ante el iracaso do la propia vida, y su experiencia negativa del
trabajo del campo. Es el dolor de los inadaptados, do
los que constatan un abismo entre su visión del mundo
y la de los que lo rodean; los que se sienten extranje­
ros, extraviados y todo, en medio de sus semejantes; los
que han equivocado su camino, y ya 110 pueden volver
atrás. Son los solitarios, los incomprcndidos, los que,
“ al partir, erraron la pista, y constituyen el círculo de
los fracasados, el más terrible de los círculos infernales
de Dante” , al decir del mismo autor. Son los Julio Guz­
mán, los Jacinto Cacio, y aún en cierto modo los Cuen­
ca de E l Embrujo de Sevilla; cada uuo en uu medio di­
ferente, con una cultura y aspiraciones distintas, pero
hermanos todos en su doloroso aislamiento de la reali­
dad,, y en su disolvente amor al análisis. Todos tienen
algo que repugna a la sensata mentalidad del común do
las gentes: la ineptitud y falta de carácter que termina
en falta de dignidad y de hombría en Guzmán; la vul­
garidad mediocre y vanidosa de Cacio; la suficiencia
pedante y grandilocuente de Tóeles. Acaso Cuenca es el
único que se salva de estas taras originales. Pero a to­

a la edu­ cación geucral que atiborra de conocimientos las cabe­ zas estudiantiles. Tocios se levanta. las abiertas ucusacioues quo hicreu a su criatura. Sus acerbas y. un secreto sentimiento de piedad. Reyles no ha recargado. aún sea él. de simple y vulgar caricatura. a las vcccs mordaces saetas. -D E AU TORES dos.Á \ TR A V E S DE LIBRO S Y . los levanta por sobre sus propias inferioridades e insuficiencias. De haberlo hecho . esa misma cultura. corno decía más arriba. y por veces en el autor mismo. de personaje despreciable y mísero. Pero la intención verdadera del autor. van a herir a todo el sistema actual do cultura universitaria. do intento. a su protagonista. sin embargo. y desdeña los caracteres y las volun­ tades que abandona por completo a sí mismas. la oquedad de su cultura. con las negras tintas de la antipatía. y después de atravesarla. porque no es él mismo responsable del propio fracaso. que despierta en el lector. a víctima indefensa de un equivocado sistema de enseñanza. sin pre­ ocuparse para nada do su cultura. puede únicamente afianzar el éxito. es más profuuda quo la mera pintura de un ca­ rácter. la equivocación fatal de su juventud. producto do los propios errores. cou Cacio. La piedad que despierta todo sufrimiento. Y Tóeles paga generosamente con esa moneda. Y por esta iutención oculta. su mal comprendido idealismo y desinterés.' como lo hizo en La Raza de Caín. un soplo de dolor hondo y humano. y sobre los cuales. van más lejos que ella. y más que todo.

. 1 *^ j ^ ^ n t r a r i o . Y si en Tóeles la cabeza absorbió todas las energías de su cuerpo endeble y enfermizo. se levanta por *fi¿» ’ -gracias. Por ella ha querido representar el autor. la figura de Tóeles. con 500. desproporción entre ésta y la vo­ luntad. de una cabeza a su vez demasiado grande para un cuerpo demasiado pe­ queño.:^MÍ. y entre el último. por una educación equivocada. desviados pero no destruí-. destruida des­ pués. No es todo imbecili­ dad e ilusión en el carácter de Tóeles: es. Y no es ésta. que ha sido descuidada primero. la despropor­ ción real. con respecto a las extremidades inferiores.impulsos vitales. se liberta al cabo de larga y dolorosa lucha. que la vida con sus exigencias y sus necesidades. simple casualidad. es decir. y una campaña pobre. sobre la misma falsedad de su cultura. y una cabeza demasiado pequeña. de todas las malezas intelec­ tuales que pretendieron ahogarla. y no simbólica.000 habitantes de población. el fenómeno se repite de nuevo en nuestro país en donde — 74 — . europeizada y culta.por-fin a su medio. por fin. Es la misma des­ proporción simbólica entre una frente demasiado gran­ de.-|lmHera quedado limitádo a una sola criátiira^él. gracias al sacrificio final de.a sus. sobre todo. desmedrado cuerpo para tan grande cabeza. falsedad de cultura.con el triunfo del hombre trabajador y adaptado . con todos los adelantos de la ciencia y todas las comodidades del progreso.' dos. fproceso5dé todo un sistema de cultura.sus aspiraciones de cultura superior.. y termina la ■nóvela . entre la capital.

•Ías. devolviendo a la campiña. quo E l Terru­ ño simboliza. mientras la ilusión amorosa veló sus defectos — 75 — . impidiendo que ellas se esterilicen en un vanó em­ peño de inútil cultura. Pe­ ro más ingenua. de la falsa cultura. y a más de unq habrá tocado encontrarlo alguna vez en su vida. más simple que su marido. la oposición real entre la ciudad y el campo. Amabí es apenas una caricatura de su es­ poso. sobre una criatura esta vez sencilla y sana. no es una mera fantasía del autor: él existe verdaderamente entre nosotros. y sin siquie­ ra la personalidad que absorbe y hace suyas las ideas adquiridas.. un sano y urgente egoís­ mo. hacia las fuentes de la riqueza. a la discípula.deja iuegp'> w i^ Toda la prédica de a volver a su equilibrio lá'ioiuá )di|fóbúaón':'de Jtojmiuv. gías. Es para dirigir a la juventud vacilante. tomado de la realidad viva. descarrilada por huecas declamaciones litera­ rias. legítimas-fuerzas qué le corresponden. el carácter de Tóeles. discípula y esposa de Tocios. „ La misma acción disolvente. la misma pedantesca e insoportble suficiencia del profesor. está personifica­ da en Amabí. AUTORES la ciudad absorbe1para sí todas de la cam­ paña a la que. hecha a ima­ gen y semejanza suya. pasa­ ron. la misma hueca y declamatoria palabrería. Así.i. con sus ideas y sus enseñanzas. del trabajo y de la energía encerradas en nuestra campaña. Por otra parte. al cuerpo. aunque por veces exagere. La misma descarriada vocación.

Esto mismo al ser constatado por el infeliz Tóeles. y éste en la inteligencia y clara comprensión do Amábí. Lo que en la de Tóeles era al fin. como un espejo deformante. como que hijo do la sensata y ra- . en el genio de su profesor y esposo.ásí que la realidad cotidiana despojó a ambos do sus ficti“cios prestigios. que es aun sano y sencillo. en el cual se veía diariamente el profesor. enfadaban a ésto por parecerle remedo e ironía de los suyos. avivaba su descon­ tento. sólo es artificiosidad y remedo en la de la hija de Mamagela. pudo creer la ilusa maes­ tra. Cuando la infatuada maestra decía con el dedo me­ ñique en alto a guisa do cola gatuua: “ La belleza es eterna’'. se vieron en la fealdad y pobreza rea­ les do sus propias almas. y senti­ mientos levantados de que hacía alardo. Pero por eso mismo quo en Amabí los des­ plantes literarios y aficiones a empresas nobles y desin­ teresadas tienen más do postizo que do real: como en eUaóla ponzoña literaria no ha llegado al fondo. mala y todo. quo en el accionar como en el decir. y producía la exasperación de su ánimo. lo había tomado los puntos a su marido. Era el alma de su esposa. también lo sa­ caba de quicio y hasta los gestos y ademanes protocolares de la profesora.>u i s a l u i :a i y la mezquindad de su carácter. pero. sustancia propia. con sus rasgos más acusados aún dentro de su imperfección: “ El lenguaje conceptuoso de la latiniparla aprendido de él. impulsos sentía Tóeles do arrancárselo de una dentellada. y ella des­ piadado espejo en el que él se veía en caricatura.

de que carecen en ge­ neral nuestros nativos. tales actitudes chocan más aún que én Tóeles 7 la hacen más desagradable 7 fastidiosa. al primer choque . decepciona­ dos y duramente castigados. como floja vestidura.A : TR AV ES DE LIBRO S Y DE AU TORES zoñable Mamagela. enérgica. se levanta serena. indolente. sencilla. siempre con el mate en una mano y la calde­ ra en la otra. cuan­ do la maternidad y la vida del campo. firme. quo a su vigilante y activa compañera. tiene de ellos el gusto del trabajo y de la prosperidad. Lleva en la sangre un pasado de civilización y de trabajo que la levantan por sobre la incuria y el abandono do la criolla nativa. segura de sí misma. antes de someterse a las duras exigencias de la necesidad. la vuelven a la realidad de su naturaleza propia. animosa. Ainabí vuel­ ve a ser la mujer trabajadora. arraigado en la debilidad de su es­ poso y en sus éxitos continuos. mientras Tóeles. sufre y se debate largo tiempo. más se­ mejante a Papagoyo. la figura de Ma­ magela. Si Tóeles 110 es toda la ciudad.con la realidad dura 7 sana del campo. Frente a estas dos víctimas de la cul­ tura equivocada. Y este convencimiento. Hi­ ja de españoles venidos a menos. — 77 — . doña Angela está lejos de ser toda la campaña. enemigo de todo esfuerzo. débil. sensata. Hay en esta circunstancia un nuevo acierto do Reyles. le dan la energía y la seguridad de que carece Tóeles. Una gran confianza en sus dotes naturales la hace considerarse centro y providencia de los suyos. enve­ nenado hasta en las últimas fibras. pe­ ro caen en cambio. frente a estos dos ilusos.

e imprevisores. a haberlo hecho su autor puramente criollo. el carácter do Mamagela. la que perfora la tierra en busca de agua y pone la nota alegre de los molinos sobre la aridez desolada de los campos. el. No hubiera tenido esc sabor do realidad. amor á la vegetación nacida del esfuerzo. los pastizales amarillentos. el idealismo vago de Tóeles. A ellos se deben las plan­ taciones de árboles. sino a la nueva raza que se. alicorto pero clarividen­ te y justo. y las ideas generales. que hizo de Sancho Panza una figura tan real y verdadera como la de don Quijote. las agrias cuchillas.£que son genérjalméiítB. do ambas figuras inmortales.' ^incnltofl . esa naturalidad espontánea. primera generación que arrair> ^gV'én\el7$rriuio sus raíces propias. de su padre. que transforma los áridos y desolados campos. el cultivo razonado. ¿Y 110 son aca­ so. los refranes oportunos. la dig­ nidad y la entereza del carácter.-for^ riiaj 'ínjáfde extranjeros. en el verde y alegre paisaje do ciertas localidades.pero que trae de sus.. sin la nobleza del hidalgo inan- . De su tío cura tiene la afición a la lectura. y ese sentido común. esa vitalidad asombrosa. la cría metódi­ ca. y cambia los mi­ serables y sucios ranchos de paja y do terrón en con­ fortables viviendas de ladrillo y cal.•-ni^ a'iíticstros criollos nativos. y el deseo sa-v no y necesario de enriquecerse. hidalgo venido a menos. avatares criollos. De España le vienen la alegría retozona. -'ascendientes los hábitos do disciplina y de trabajo.

con la llegada dé un plan­ tel de borregas finas: “ El progreso de nuestro amado país pende del progreso de la campaña. en progreso y grande­ za de la patria.iá V T R A Y É S S fD E ^ U B B Ó S ^ Z M D E 'm XJTO BES.-además. hasta los niños: — 79 — .encarna. de los egoísmos bien enté^dQ^\^q^íe'^TO n defendidpa ya en La Muerte del Cisne. acabán por rematar en ge­ nerosidad. se afian­ za en ella y resiste los vientos huracanados de la adver­ sidad y el infortunio. y la sensatez más razonable ~y desinteresada de Mamagela. Al hundir sus raíces vigorosas en la tierra. la . y a ^ su mal comprendida cultura .fecunda.encarnación.én la novela de Rey­ les. lo dicc terminantemente la castellana de El Onibú. víctima sin cul­ pa do los errores ajenos. lo único que puede ser salvado: la criatura inocente. al inaugurar la cabaña. en que acaba de trans­ formar la primitiva pulpería.V . en desinterés. Lo que era espíritu de familia. interés por las ganancias. con sus consejos. la campaña sana y . salva del naufragio. y lo vuelve. y que al . superior en esto al^ (Mcuderof Pero ésta¡no. m. en altruismo. y en su fracaso. •' . se trans­ forma en protección a los allegados.arraigarse en la rea­ lidad inmediata-y concreta. solfunentó/. En un discurso cuya verosimilitud pone en duda al­ gún crítico. esfuerzos interesados. f • ’*:V*Wí etiego. a la realidad de las cosas y convierte las riquezas adquiridas en posi­ bilidad y ejercicio de la caridad. como cuando inten­ ta Mamagela reconstruir el hogar destrozado de Primi­ tivo. o cuando ampara a T ocIqs en su pobreza. frente a la ciudad.

pan en la casa del pobre.se ccha en la tierra brotan las casitas blancas como palomas. mientras en las ciudades discursean y tragan viento o papan moscas. las ciudades. A 'L U I '8 - 1 de teta lo saben. de donde parte. ocupémonos nosotros en doblarle el vellón a las ovejas y el peso a las vácas. para levantarse a un generoso desinterés. desde el Presidente de la Re­ pública. el egoísmo social que parte del trabajo rural. sus dos grandes prédicas. la encarnación del egoísmo individual." Así.Ly 17 I ' S . y a un mismo tiempo. in­ teligencia. humo que va a las nubes y deja vacías las manos. y es tambiéu. Sí. y el bienestar do las fam ilias. los rodeos de mil cabezas. abono del mundo. Y bien. los palacios. Y más adelante agrega: ^ . lo segundo es labor. son las únicas cosas serias del país” . remunerador y concreto. los ferrocarriles. si . y conciencia tranquila en la casa de todos. señores. paK' — 80 — . quo no quiero llevarme a la tumba. Es Mamagela. es la vaca lechera de la nación. ni pudrirme con él: los rodeos y las majadas. que pueden reducirse a una sola.. palabras embusteras que en­ tran por un oído y salen por el otro. es también plata en el banco. coneilia y fundo Reyles en esta novela... semi­ lla de prosperidad. hasta el último gaucho.m ás: un discur­ so de cuarenta horas o un carnero^de'jcüarenta libras? Lo primero es puro viento. Voy a revelarles un secreto. abundancia en la casa del rico. La campaña. . aunque no lo digan los doctores. to­ dos nos nutrimos de ella. los bosques.quédalo.

de propaganda filosófica y social. un novelista de garra poderosa. la muerte de Pantaleón. que es un trozo vivo de nuestra historia nacio­ nal: todo el episodio del Pasó del Parque cu la revolu­ ción de 1904. a pesar de ello. Tal. y más que nada. el colorido tan real. y como éste tiene también. el Río Negro. que se apoderan del lector. su fisonomía inconfundible. Pero a pesar do todo. nace la fuer­ za de su actuación en la novela. que adquiero a ratos. son de una fuer- . la fuerza dramática.A .. que hacen de él. Eligió Reyles la forma de no­ vela. El paso de las carrcL. Y por su tono y por su intención E l Terru­ ño es hermano carnal de La Muerte del Cisne. está allí descrito con un vigor y una efi­ cacia tan maravillosas. TR A V E S DE LIBRO S Y DE AUTORES ra elevarse al progreso y a la civilización del país. y de enseñanza eficaz. De este oculto sentido de su principal. la des­ cripción tan exacta. que parece estarse viviendo la con­ creta realidad de los hechos. el capítulo IV todo entero. la vehemencia de la prédica y a ratos la profundidad de la filosofía. y le hacen vivir la dramática lucha que un pequeño desta­ camento nacionalista sostiene heroicamente para distraer las fuerzas del Gobierno. a veces. es en cier­ tas episodios. pevo conserva el libro. figura. mientras los úl­ timos combatientes perecen bajo fuerzas superiores. tan vigorosa.. y puso en ella el vigor analítico y la fuerza crea­ dora de personajes. y permitir que el parque pue­ da incorporarse al grueso del ejército revolucionario. las exageraciones propias de los libros de combate.

fuerte. El estilo. la len­ gua. el novelista injustamente olvidado antes de tiempo. o mejor aún. Hay en todo este libro. Reyles no ha ensayado aún. qué “ reclaman."y un análisis demasiado minucioso en sus nove­ las. y que no nos parece su fuerte. que no . es seguro que obtendría éxito clamoro­ so y justo. son varias las nove­ las que en ella coexisten y compenetran su interés. Lo prueba suficientemente. inusitado en nuestro autor. acaso demasiado fuer­ tes para nuestro gusto. al decir de Rodó. su li­ gero toque. y la nota cómica. Un sentido cómico. tal la novela histórica de Pan­ taleón.rrf'\r "r ’&. tal el episodio de Primitivo. deberían releer este capítulo. las apenas esbozadas de Celedonia y el Sacristán.■**?> £'. castizo.’. pone de vez en cuando. pe­ ro de intentarlo. y la indolente y débil de Pa­ pagoyo ponen su nota de interés complementario. sino para varias novelas. musculoso. un narrador dramático y colorista. inconfundible. Estas. -y. Alrededor de estas figuras.' . de primera fuerza. se esmalta en esta novela de algunas crudezas de expresión. el capítulo de que hablábamos. que dió renombre seguro a Eduardo Acevedo Díaz. esta última elase de novela.'oxidada y los ásperos metros de un cantar de gestaM/'ÍLos que reprocharon a Reyles el exceso'de subjetivisrho.} •' :. en el que se destaca. moderno y viril. materia. no para una.':'■&{ } • ' ' ' ^ • '-■•:■"V.S za ^épica tal. y al mismo tiempo.

wrf .hecho. v. Un soneto. no agrega. qué con otra':cÓm-' posición de la misma índole. derroche Reyles de su conocimiento d é 'la lengua y dé' la riqueza de su léxico. de corte y sabor arcajcos. a la obra recia.w. ha.las. ' Luce 'JBZ Terruño -a''su' dirigida a José Enrique Eo'd6.•>son lo que .de . V “ EL EMBRUJO DE SEVILLA" l-Iénos aquí en un ambiente.• . ¿Por qué lo hizo al tratarse de E l Terruño? No lo sabemos. profunda y originalísima de . Es de notar que sea El Terruño la única obra de Reyles que lleva prólogo dé otro escritor. Carlos Reyles.j. * ‘• :1 <¿ '. constituyen toda la pro­ ducción poética del autor de Ariel. y con "una trama comple­ tamente distintas de la novela anterior.el sentido ^ascendente .. cinco años fecun­ . clasicismo. Cinco años se­ paran su aparición de la desaquella.que. precede al prólogo do aquel.« . La altivez solitaria y esquiva del autor de La Raza de Caín no buscó nunca padrino o rodrigón pa­ ra sus hijos intelectuales. -' se -alienen' < ¿011.v^ní‘\3ntU6>ide}másipuro.la obra. f r . aún sea éste de tan alto talento como el de Rodó. ni puede agregar valor alguno. ^n .menos iiós agradafde’^ ^ v ' ¿ ' f . que encabeza la obra. Pero es necesario afirmar que un prólogo.

De 1918 data la publicación de su es­ bozo. con su embriaguez cons­ tante y su exaltación de la vida. En clin las fuerzas instintivas y pa­ sionales. el alma apasionada y romántica de la ciudad andaluza ejer­ ció su constante atracción sobre el espíritu del novelis­ ta. Sevilla — bruja. con sus colores.■Í¡y. publicó El cuento Ilustrado do Buenos Aires. ü . El verdadero protagonista de la obvn. y en medio de la formidable contienda europea. I 8 I dos sin embargo. aprisionó haco años ya a nuestro autor. El Embrujo no tiene ninguna de las características de las otras no­ velas de Reyles. Es toda ella. con su sensuali­ dad y su misticismo. reteniéndolo preso de su encanto siete meses en lugar de siete días.: Sevi­ lla con su ciclo de luz. es Sevilla. esbozó y realizó Reyle9 su obra más original y más honda. en la forma de un decidido empeño de escribir su novela sevillana. toma una amplia y decidida revancha sobre el análisis psicológico que domina en las otras. entre sus mujeres y sus toreros. llevaban a Carlos . que bajo el título de Capricho de Goya. una novela de pasión y de embrujo. La educación clásica y el amor. Y desde entonces. quo entre sus calles y sus torres. entre sus rejas y sus flo­ res. la subconciencia. en los cuales des­ arrolla y remata en forma personalísima la esbozada teoría filosófica do La Muerte del Cisne. con sus corridas de toros y sus procesiones de Semana Santa.: 'TJ ! I S~ A L . durante los cuales. que acaba de ser am­ pliamente consagrada por toda la crítica europea: loa dos tomos de los Diálogos Olímpicos. por las cosas españolas.

de arte.DE LIBROS Y DE AUTORES /Reyles. sin embargo. sus trajes de luces. y otros. y el aere sabor de sus tablaos. que no aparezcan alguna vez las características propias de su temperamento. de Enrique Larreta. sus donosuras. palpita. el más Heno de vida y de co­ lor de todos los de nuestro compatriota. “ En estos días el sol reverbera en las paredes blan­ cas y arde en los tejados. Embrujo de sol. sufre y ama en las páginas ma­ gistrales de Reyles. las casas cantan. En plena madurez de su vida. como ciertas medallas. a escribir esta novela que es . un soplo de pasión y de tragedia primitivas Jo levantan en la inconsciente vertiginosidad de sus alas. y que ha sido con­ siderada obra maestra.el más grande y . y frente al áureo redondel. el analista minucioso de Beba. El autor de E l Terruño ha olvidado bajo la gloria del sol. y sobre todo de La Raza de Caín. de gloria. clamoroso éxito de su vida literaria. como en E l Terruño y en La Muerte del Cisne. las hembras de- . aunque no tanto. las ventanas florecen. Sevilla vive. de amor. la preocupación cons­ tante de su vida. Pero no es en ella el ferviente propagandista de la energía. vi­ gorosamente representadas por los dos lienzos del pin­ tor Cuenca: “ Arriba y abajo” . todas las fiebres de la existencia palpitan en las páginas de este libro. quo ostentan. el filósofo nietzscheano. con sus miserias. la manzanilla corre a ríos. por escritores de la talla de Ra­ món Pérez de Ayala. el más apasionado. dos fases antitéticas.

un^Mtró* perfumado. La ciudad énterá'iu^j
i/:íe’í/vinó, a claveles, a ropa blanca de mujer.1 Suenan
■^por "todas partes guitarras, castañuelas y organillos. :Lbs•
Jbotpnés,.las yemas, los capullos, las coplas revientan ,en
■slos patios, y en las bocas de las mocitas estallan los
besos.-- ■
•>£
“ Por las noches las rejas hablan. La primavera, car-,.
gadade aromas y cantares viene de los jardines, las
huertas y los campos; alegra los tugurios sombríos, las
sórdidas callejuelas, y transforma con sus artes mági­
cas, la fealdad y la miseria, en donosura y esplendor.
El añil del cielo tórnase azul rabioso. Los azulejos ful­
guran. La luz viste la Giralda de sangre y fuego, reani­
ma los reboques muertos de la Torre de Oro y del Al­
cázar, y hace del Guadalquivir moreno, un río de pla­
ta viva. Las gentes ebrias de sol, circulan sin reposo pol­
las calles sonoras; ríen, bromean, requiebran a las guchís de polleras almidonadas, que pasan derramando sal,
y entran en las tabernas” .
En ninguna de' las anteriores novelas de Iteyles, en­
contramos una descripción tan llena de luz y de color,
como ésta que acabamos de transcribir. La primavera de
Sevilla fulgura ante nuestros ojos con su cuádruple em­
briaguez de sol, de flores, de amor y de vino. Tiene la
misma fuerza, el mismo colorido, el mismo vigor que la
página primera del libro, en donde se describe el café de
“ El Tronío": “ Este ocupa un vetusto edificio de te­
cho de teja, cubierto de jaramagos y jardín, balconada

?dé^erío,iy;¿ ancho
í.táidq'^d'edesvanecidos'a^ejo^
«déjar. En el centro del patiotríe^^
mármol' también, róde¿Üal(d e .* ft^
rrito do agua retozón surge -d e^l^ifó éñ te,^ab ^^'jján ,.
metro de .altura y cae como una .U uvijT& j^
el tazón sonoro. La luz entra por rüna:r^ ra b o ^ & ^
tales coloreados, cerrada en invierno, abierta e intercepr.
tada con un toldo, que imita una manta jerezana;;endos
rigores de la canícula; por ese arte el patio se conser­
vaba luminoso y tibio en la estación fría, velado y fres­
co en el verano. Y: en el ancho, patio de paredes enjal­
begadas de cal, bajo los corredores que forman abajo,
las galerías altas y frente a frente, se hacen guiños y
prestan mutua y eficaz ayuda, el tablao y el mostrador,
la gracia y el negocio".
Es en este marco, sobre el tablao, que ha do aparecer
la Trianera, la bailadora que condensa en su cuerpo
magnífico, todas las gracias, todos lo.s perfumes, toda
la sensualidad de la ciudad andaluza; y en su alma, la
pasión, el instinto, las fuerzas ciegas e irresistibles que
han de armar su brazo contra el amante, hondamente
querido, sin embargo. “ Por su provocativa belleza, pi­
cante gracia, ojos gachones y presumidos andares, a .los
parroquianos se les antojaba aquella primorosa muñeca,
la encarnación viviente, no ya de la maja graciosa y bra­
va, sino de la mismísima Andalucía".
Tal es la protagonista de El Embrujo, cuyo baile fia-

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meneo ha dé encarnar para Sevilla, el alma misma de
Andalucía. Ella y Sevilla, Sevilla y ella son toda la
novela. ¿Es la ciudad quien presta su encanto y su em:
brujo a la Trianera, o ésta quien da a Sevilla uno de
sus mayores encantos? Una y otra so compenetran de
tal modo, son de .tal manera, alma y cuerpo de un mis­
mo pueblo, que éste adora en la mujer, — a quien com­
pleta luego el torero, — su propia idiosincrasia. Porquo
la Pura es algo más que una de tantas artista de tablao.
Tiene una personalidad que le es propia, su ambición
personal, su cJialaúra en fin, sin la cual, al dccir del
autor, ni hombres ni pueblos pueden vivir. Su contacto
con pintores y artistas en general, lia afinado su sensi­
bilidad y dado forma al instinto oscuro del baile, quo
existía en ella. Su niñez desamparada, su aventura do­
lorosa con el Pitoche han puesto cit su alma el deseo de
una amplia y ruidosa revancha-, su desilusión en amo­
res, es la levadura que la lleva a realizar grandes cosas.
Ha liccho del baile andaluz su arte, y aspira con él, a
conquistar el mundo.
Su belleza y su gracia le han dado ya, fortuna y nom­
bre; pero esto no es sino el escalón necesario para as­
cender a la región más alta de la gloria. Quiere tradu­
cir el alma de Sevilla, desentrañarla de las canciones
populares, con que se acompaña en sus bailes. Así so lo
dice a Paco: “ Quiero hacer de cada baile un cuadro, lo
que llaman por allá, un balé, y de cada cante, una in­
terpretación coreográfica, con su decorado propio y mú­
— SS —

TRAVES

DE

LIBROS

Y

DE

AÜ T0RQ 8

sica típica: ¿Chanelas? . .. Imagina lo que sería inter­
pretar, bailando, el alma de la saeta, mientras desfilan;
por las calles oscuras de Seviya los Pasos, los Nazarenos,
las muchedumbres; mimar la malagueña en un patio an­
daluz; la soleá en la cocina de un cortijo; la seguiriya
en una barraca de gitanos; calcula lo quo podrían ser
las decoraciones, los trajes y la música... ”
No es un alma vulgar la que tiene tales aspiraciones,
y un concepto tan elevado de su arte, aún sea esto, arto
de tablao popular. Y es que Reyles no puede pintar en
sus novelas, almas vulgares. Hay algo en todos sus per­
sonajes, que los levanta sobre la vulgaridad y la chatura. Hasta cuando intenta expresamente, darnos seres in­
feriores, pone en ellos un soplo, una intención de trage­
dia o de dolor, que los nimba con un halo propio. Todos
llevan, como marca inconfundible, la garra poderosa dosu autor.
Hija del pueblo, con sangre gitana y pasiones gitanas,
la Pura es, sin embargo, una criatura excepcional, na­
cida para el amor y la tragedia, para los destinos san­
grientos o sublimes pero jamás vulgares. El encuentro
de una criatura así con Paco Quiñones, el mozo crudo
que, descendiente de familia noble, tuvo el arresto de
hacerse torero c imponer su gesto al respeto y a la con­
sideración do sus iguales, no podía sino producir la
chispa violenta de la pasión. Y ésta estalla en efecto,
Aunque espiritualizada por el alma ennoblecida de la.

i > ■>.•"■.1^Ví j’’-■■■- ’. .

^bSiadóral hárta'^de los jamores carnales :y !del :.bajo; mar
^enaltémo de loa hombres.
.,
í^vY^he aquí lo.curioso: Paco Quiñones, que ¿uyo -pbr
.jiovia a una niña.de su misma, condición, a.£UÍ<mX'P&
sár dc la ruptura, sigue queriendo, c'onstata,'con expli­
cable sorpresa q u e:“ Pastora, la niña, sólo me inspira
Ahora, deseos carnales, y ésta, la gachí de tronío, amor,
puro” . El torero y .la bailadora se quieren .con tocia el
.alma. Juntos, después de una noche de juerga, y desde
la gótica mole de la catedral, contemplando a sus pies
«l apretado caserío de la ciudad andaluza: “ los Alcáza­
res tan pobres y ceñudos por fuera, tan ricos y risueños
por dentro; la Lonja, reservada, adusta, como una viu­
d a vestida a la inglesa; la Fábrica de Tabacos, San Telmo, el puente de Triana. . . y los horriquiyos c/iic van y
vienen cargados de todo; la torre de Santa Ana, el rojo
frontis de San Jacinto, rojo de vergüenza de verso tan
feo, y allá a lo lejos, Coria, Gclvcs, San Juan de Aznalfarache, Castilloja de la C u e s ta ...” , se juraron amor,
y se prometieron conquistar a Sevilla ni más ni menos
que lo hubiera hecho el Cid Campeador con la ciudad
del Oso y del Madroño.
“ Tú, torero célebre, yo bailadora de rumbo! Seviya
•es nuestra, Paquiyo. Tendida ahí, nos abre los brazos.
Vamos a conquistarla, a hacerla vibrar como una cuerda
■de violín, a quitarle las mordazas que no la dejan decir
lo que quiere, a embriagarla y a emborracharnos con
los propios zumos de ella” . Y Paco, contagiado por la
— 00 —

^los toreros. con los ojos llenos de lágrimas y el pecho agi­ tado: “ Paco de mi vida! Seviya de mi a lm a . Puriya.. amor y arte. de amor —. con un alma un poco elevada. el ansia do dominación — esta Vez perfumado. barbaridades gordas. ¡cuántas cosas I. Tienes razón. abandonándola luego. y uno acaba siempre por devorar al otro. embellecido. los conquistadores.too deseo loco de dómiñióvyv. los majos. Puriya” . Aquí oró Colón. allí murió Hernán Cor­ tés. . vamos a conquistarla. amor y arte: ¿quién. Tú también eres un embrujo. las sóleáres'.'estas >«|lt«aras/¿<»^flpQj^-’^ ^ ^ M . en donde reviven otra vez.Pedro. don J u a n . El Pitoche. en aquel sitio escribió Cervantes El Quijote. por un sueño más suave. Gloria y amor.mi\s• . Puriya.’"los clave­ les..: don"'. Tríanera.. en horas de miseria y amargura. no lo ha tenido alguna vez? Pero en la novela.. más allá está enterrado Guzmán el Bueno.v -:v r ^ K ’•• exaltación de . vela el destino con la figura del Pitoche.. son demasiado absorbentes para rei­ nar unidos. A las espaldas de Pura.otro habitó Santa T eresa.ámór_V?vvMirándola'coh- 'itígo desde . como en la rea­ lidad. íá mánzaniya.Seviya nos tien­ de los brazos. -los Sultanes.cosas. — la desea otra vez.de(.^bo^ó^unca. los Reyes. .lá. las ambi­ ciones caros a su autor: el deseo de poder. primer amante de la Trianera.!” Sueño enorme.* .. en aquel.. apasiona­ — 91 — . — y el hombre que la perdió. i Cuántas .en éL 'el.r'siente aué* arde .¿I% •vi. ’Y ella. A tu lado me aco­ meten ímpetus de hacer cosas grandes.

y remachá. como no deja <Je hacérselo sentir el Pitoche. a quien aborrece ahora la bailadora. arrebata a éste su daga. Empieza entonces el trágico huir a. a su ex-amantc. Pura. y la clava en la espalda del hombre a quien adora. El Pitoche. cuando próxima a partir con Paco. en don­ de las fuerzas oscuras del alma de la Trianera y acaso también de todo el pueblo.e inconsciente dominio. Despierta la Trianera de su pasajera alucinación do locura. de su conciencia. viendo a su ex-amantc próximo a expirar bajo la mano de Paco.través de las calles oscurasde . termina el Capricho de Coya. como aquella terrible divinidad que llamaron los griegos Ananlcé. sobre la memo­ ria oscura do su carne. se encuentra con la doble y terrible consecuencia dé su acto: su amor perdido. y aún de su mismo amor. un secreto. Y por esto. . en el tablado de “ El Tronío’V con el doble prestigio de sus joyas y de su fama. Con este trágico episodio. y acuciado por su rival Arguello para que suprima al torero. se intercepta al paso de ellos el cantaor cegado de ira y de celos. conserva a pesar do ella mis­ ma.P ' ■' U- I S A L ü I S I damente. cuando después de tres años de ausencia vuel­ ve a aparecer ante él. dán­ dole mayor vigor y más honda trascendencia humana en la turbada conciencia de la Pura.la ciudad-bruja. toda en­ tregada a su nuevo amor. El Embrujo continúa y desenvuelve el drama. y las frecuentes estaciones en las. triunfan de su voluntad.

Pero aquí solamente comienza la verdadera tragedia. lleva a un paso de la lo­ cura. en donde el alcohol y las coplas adormecen las penas. la tragedia íntima de la Pura... que todos atribuyen a Ar­ guello. Pura obtieno al fin el perdón de su amante. y la circunstancia de ¿cr la navaja del mismo. y permiten olvidar. que odia cada vez más al cantador y a quien el roedor remordimiento. encon­ trados en los bolsillos del cadáver. Paco salva de su herida. . no ha preguntado una sola vez por Pura. aparecido muerto en el puente de Triana por su propio suegro. además del ambiente — 93 — . del cual. Durante toda la larga postración de Paco y du­ rante su convalecencia. que no ahoga su pasión por el torero. el crimen come­ tido. y salvar a la bailadora de la mala posición en que hubiera quedado. hasta que la amplia confesión de ésta conmueve a Cuenca y le hace prometer que intcrccdrrá por ella. La cartera y el reloj de Paco. y permite así. el matrimonio de aquel con Pastora. es su refugio y su con­ suelo. el pintor amigo. Cuenca. Y esto ■desconcierta al pintor y desespera a la bailadora. que esgrimiera el Pitoche. re­ forzado todo con la posterior declaración do Paco. como una expiación de su culpa.% \ TR AV ES DE LIBROS Y DE AUTORÉS -tabernas. sin embargo se aleja. Lo más notable de esta novela. ni permite que su amigo la miente. que abandona su casa paterna para ir a cuidar de su novio. ante el noble arresto de ella. a que consientejpor fin el ganadero. bas­ tan y sobran para atribuir al muerto.

quien armara el brazo homicida de la bailadora.que obran fuerzas inconscientes é *•i r r é ^ .••i'ífAüiw *•'^'!?x¡. Desentrañar esa complejidad y esa contradicción del alma. y cuando la sacuden pasiones violentas. vislumbra una luz que parccc iluminarla. al dejar en la oscuridad completa.: . cuando enterada de los hechos por boca de su mismo novio. los móviles desconocidos para la misma autora del drama.j^diviva ante el peligro que'éste^." Las andaluzas y las mujeres todas. en una notable observación del alma femenina. Esa^edh^p*! ■tradiccíón .. El alma humana es demasiado compleja para poder ordenar cada acto en su respectivo casillero. de un crimen vulgar. mujer también.viviento entre su amor y su crimen. Sólo Pastora. y aún todos los hombres.írw í ■•. exclama: “ Quizá te quería de­ masiado. qué complicados abis­ mos del espíritu. í rtib le s ”es un verdadero acierto: En el Capricho deQo-'-fi*] ya dejaba entender el autor-que fuera la pasión por'.su. el gesto ^ ^impulsivo en el .^ corría. en una más hondn tra ­ gedia. es lo quo da tan hondo sabor de tragedia.v.ex amante. tiene una vaga sospecha. de súbito. se revuelve y trastorna como un vaso en donde los líquidos no obedecen ya a la ley de sus densidades. de do- .. Las andaluzas tenemos una manera de que­ rer muy enrevesada.. y también enamorada del torero. í En -EZ Embrujo de Sevilla el hecho cobra mucha mayor ' ' fuerza y se trueca. .« •pn 'sí^iibtabilísiido/ cs la psicología de la Pura. en un soplo de misterio psicológico que viene de quién sabe qué profundos redaños.

sino en casi todas las demás mani­ festaciones de su vida.W ^ T R lV E S '* 'W É -fW £ ÍB R 0 'Mx'-: W É . las imágenes de Cristo y de la Virgen.' Hay. el alma sedienta de emo­ ciones del pueblo andaluz.' induda­ blemente. la saeta. y sobre todo ello.■AUTORES i: v V . por católica que ella sea. cubiertas de jo­ yas y deslumbrantes de lujo y de riqueza. sos. que ya tiene de por sí mucho de teatral en esas cálidas regiones meridionales.i'§e^ . la muchedumbre.* la' págjnatáK yez ‘más1emocio­ nante de toda la obra de Carlos Reyles. las joyas. portadores de sendos blandones encendidos. desfilan en­ tre dos filas de nazarenos encapuchados.. lo que ha­ bía comenzado por ser emoción heroica en el redondel— 95 — . más impresionante del culto.cá<^¿m qdg. .v ' ~ v’ ’**' ! ' ' •" lor. de réialidád h w n tᣠv a 'ffi Tioyélistas r a . ' .en. y en las que.y* . critor. Las luces. . Y este s e n t i d o u i i vigoroso talento descriptivo que ya séñaláfamos^^en 'Él Terruño. cobra más salientes relieves' en la. mucho de carnavalesco y de teatral en esas procesiones efectuadas durante la noche. no solamente en su religión. como un mosto lo haría en otra forma. que aún conservan mucho del sensualismo árabe. impone con su deslumbrante aparatosidad y concluye en emoción religiosa. embriaga de religión. Pero es indudable. a los cuales. que todo ello cncicndc el misticismo. el canto religioso popular que horada la atmósfera y parte como una flecha lírica para clavarse en la Virgen a quien va generalmente dedicado.e*. más sensual. es Ift forma más violenta. ■déscnpéión de la Se­ mana' Santa cié Sevilla. v .

apa­ sionados. inofensivos y bondadosos. El mismo metal con quo fueron forjados el Cid y los conquistadores. y pre­ senciar el espectáculo uno mismo. su valor indomable. Unos y otras se atraen y se complementan. sombríos. exagerado. violentos. A . v p . Pizarro y los grandes capita­ nes. y su desprecio incomprensible por el traba­ jo y el progreso. valor exaltado. el pueblo todo español. Santa Teresa y Hernán Cortés. De este pueblo sorprendente. a Torqucmada.. — el espectáculo nacional por excelencia. . El pueblo andaluz. forjó también a Ignacio de Loyola. es esencialmente emotivo.i :. sin los toros y sin las procesiones de Semana Santa.. que carecen en el de términos medios. o bandolerismo. sensuales. y aún cultos e instruidos.. . a las mujeres y a los desvalidos. Exalta y exagera los sentimientos. místicos. y en general. . se­ gún la leyenda. en el arte y en la vida. hermano espiritual de las procesiones y del canto y baile flamencos. que crueldad. Alma compleja y riquísima. que no llegan a comprender los demás pueblos de Europa. misticismo. Rodrigo de Vivai*. caballe­ rosidad. quo atrae y subyuga con su orgullo y su miseria. Lo mismo es heroísmo. I S . £f I No se concebiría al pueblo andaluz. para comprender cómo hombres y aún mujeres. violencia. Busto Tavcra y Don Juan Te­ norio. Sería preciso estar allí. pasión. L V I. llegan a amar semejantes alardes de . y a los bandidos que en la Sie­ rra Morena asaltaban a los transeúntes y respetaban. es trasunto fiel la corrida de toros. o heroicos. El Greco y Zurbarán: todos exaltados.

de su misma tierra de origen.embriaguez de sol. Pero sea ello lo que fuere. sufrido al presenciar una corrida. el mareo de colores y de luz que contribuye a anestesiar los sentimientos natu­ rales de piedad. y ya lo ha hecho casi completamente. La descripción que hace Reyles de las corridas. no tiene secretos para 61. E l arte taurino. la exaltación contagiosa del público. ello no implica en modo alguno. en las'trágicas jor­ nadas de la Guerra. y hasta tolerable en ciertas regiones de España que esgrimen la tradición como arma de po­ lémica. degenerado en el tiempo. y de conmiseración para las pobres bes­ tias sacrificadas inútilmente. que haya sido tal la intención que algunos críticos han que­ rido ver en la notable novela de nuestro compatriota. últimos resabios de un pasado grandioso. desgraciadamente. nos decía sin em­ bargo el hechizo invencible. emocionante. Asombra el conocimiento que de . Un compatriota nuestro. como pocas. co­ loreada. el le­ gendario bandolerismo. es viva. como des­ aparecerán también. crueldad y de valor. Embriaguez de peligro.explica­ do como se quiera. que ellas han de desaparecer dentro de no mucho tiempo. que mucho más que el frío convencimiento. ni creemos remotamente. la . decidido impugnador de tan salvaje diversión.A : TR AV ES DE LIBROS T DE . en un inútil alarde de va­ lor.. de sangre. AUTORES >. de heroísmo. Creemos más. su posible im­ plantación en otros medios. y pasado. como ya lo hace esperar la campaña emprendida allí mismo por un grupo decidido de valientes intelectuales. al fin. hizo tantos héroes. las pintorescas Procesiones.

-muchas .. ciertamente. poro que se pierden estériles. Pero. lo •-? repetimos. 7 también de toreros. "Él mismo ardor que pusiera otrora en la defensa de sus teorías filosóficas. con el alarde de va­ lor. to­ das cualidades no despreciables. según su peculiar idiosincracia. . de las cuales desentraña. con la gra­ cia. que posee él . El mis­ mo lo reconoce así. del.. únicamente. el machismo.española. 7 que hizo decir a Sanín Cano. ar­ — 93 — .^hace derroche. el elemento trascendente 7 oculto. no creemos eñ una intención de propaganda. la virilidad. Reyles. un hombre providencial.compatriota. aunque no de reses bravas.ma. Lo ol­ vida para embriagarse. con el crimen vulgar. aunque su misma condición! ¿o d ^gaina^ero. Reyles ve las corridas de toros. de los cuales — esta­ dística roja — so alistan los nombres de los sacrificados en estos últimos años. . Olvida la inutilidad cruel del sacrificio de caba­ llos y toros./.': . que es­ capa a la generalidad de los hombres. . en el áureo redon. Suscitar entusiasmos. Por boca de don Gaspar asegura: “ Paco a su manera. fiebres. es como ella. es un estimulante de euergía. y el rumbo del torero. que posee un riquísimo sentido esotérico. con la emoción sangrienta del peligro.de las cualidades 7 de los defectos del al-.esa afición. apasionado 7 violento. con pavorosa abundancia.. de tomarse en cuenta para explicar. pone I107 en su amor por las co­ sas españolas.' de parte de nuestro .í t^Uaifte. sino perjudiciales. cuando no se prolongan en las tabernas y epilogan el gusto acre de la sangre. es antecedente digno. con ojos de artista y de fi­ lósofo. múmo.

Yo crco. su pasión. como la Pu­ ra lo es de su femenidad. macho. que encarna en El Embrujo la personalidad refinada.•4 ¡V TRAVES . el espectáculo español por ex­ celencia. que ha obtenido la obra cu todas las clases sociales. en la cual ha condcnsado su autor todo el embrujo de la capital andaluza. culta y artista. a la Sevilla que todos llevábamos en la imaginación. reconozcamos que : Reyles. T)E. ^ ^ j m ^ ó n '^ U á t í ^ ^ n é j tales energías. Pero sin discutir la eficacia o. y al qué encomienda Reyles la expresión de . es el aspecto varonil. Uno y otra son toda Sevilla y aún toda Anda­ lucía. sin precedentes en la novela americana. valiente.:^ B R f ] ^ ^ ¡ jp E AUTORES dores. la explica su autor. trasunto del mis­ mo autor. con Enri­ que Larreta. como no lo ha hecho has-* ta ahora ningún español. solamente. De ahí su hondo significado y el embrujo irre­ sistible de la novela. desenfadado. nacen ym ueren •(romo^fuégos f á t u ^ plaza de toros. El éxito re­ sonante. Mo­ destia de autor. mejor. con sus tintas alegres y tristes.000 ejemplares.b a í ^ U s-^rrt^ponfo encauzar esas f u e r ^ . . diciendo que ha acertado a pintar. su belleza y su gracia. la figu­ ra del pintor Cuenca. como lo dice el autor.. Hemos dejado expresamente para lo último. ha pintado con mano maestra. gra­ cioso y despreocupado del pueblo andaluz. rió ha sido nunca 1 ^ a .lá legiti­ midad de tales espectáculos. y de la cual se está tirando ahora en Madrid una edición de 20. y que Paco Quiñones.. que Reyles “ parece ignorar el milagro de arte que él mismo ha realizado” .

de luz y do colores: filósofo al fin. En sus conversaciones de arte y do fi­ losofía encontramos los rostros. llena de vida. Ar­ tista do talento.L ■U I 8 A . del pueblo español. el ganadero de reses bravas. Cuenca es la figura más interesante do la novela. Y como tal rio se contenta con escribir una novela interesantísima. como más de una vez ha acontecido con el pro­ pio Reyles. a la que le está encomendado el “ encauzar y dirigir las energías que el torero despierta y exalta en la Plaza". padre de Pastora y de Pepe. Por­ que Reyles. menos Reyles que en sus demás novelas. el alma misma del pueblo. la encarnación do la clase intelectual. y a él entrega las fuer­ zas de su alma. ha dado nuestro autor a Cuenca algunas de sus características perso­ nales. y aún las ideas comple­ tas de bu autor. con la teoría filosófica de los Diálogos. Su arte es su vida. según lo observamos ya también en El Terruño. no deja por eso de serlo del todo. como lo es más intensamente en E l Terruño que en ninguna otra. L V I S I sus propios pensamientos. Es el elemento culto. que aparecen también en don Antonio Miguez. pone en sus cuadros una trascendencia y un sentido esotérico que escapan a los críticos y a los jurados. Como en el Ribero de Beba y en el Guzmán de La Baza de Caín. sin empleo en su soledad de hombre sin familia y sin amores. crítico. y en La Baza de Caín y Beba con La Muerte del Cisne. rol'inado. de pasión. y filósofo siempre. busca en la ma­ gia de la ciudad andaluza. . aún siendo en El Embrujo.

“ Un pueblo que — 10 1 — .TR A V E S DE LIBROS 7 DE AUTORES le preocupa su presente inferior á sus condiciones rea­ les y a su mismo pasado. logramos obtener el hechizo. el que llora. bebe y come. si es mejor hacerlo pasando las de Caín y aprisa. que buscan y no siempre logran las grandes capitales. unos azulejos. Otros fabrican locomotoras. o lenta y alegremente. canta. Con unas rejas. puesto que no existe pleito. sería cosa de averiguar. So­ mos diferentes. “ Nuestra manera de entender la vida. y cuesta muy caro producir. ¿Crees tú que es más útil y noble crear riquezas que engendrar go­ ces?. Aquí el que bebe una ca­ ña de Jérez. y muy guapamente. ¿Que así no se puede vivir 1 Infundios. el que trabaja. Andalucía es la cigarra española que canta. nosotros. " Es el eterno pleito entre la cigarra y la hormiga. pe­ ro nos da la gracia. Dios no nos da*la ciencia. pero sabemos divertirnos.es uu perpetuo deleite. goza. el que sufre. en­ tre el artista y el industrial. su ciencia y su riqueza. y unas macotas de flores. pero no inferiores a los demás hom­ bres. Pleito insoluble. su futuro incierto y oscuro. y como todos nos encaminamos al sepulcro. que nuestro artista falla esta vez en beneficio de los primeros. que en otras partes se busca apasionadamente. así vamos viviendo. . juega. Cada uno a'lo suyo. bebe y ama su eterno vera­ no de luz y de color. con la aparatosa ostentación de su trabajo. no sabemos trabajar. . ya quo unos y otros son igualmente nece­ sarios a la vida. cas­ tañuelas. Cada uno a lo suyo.

el milagroso edificio de la Alhambra. y dieron el gusto del españolismo a los demás pueblos europeos.valentía. la riqueza -y íei^Bab^^S ^ámaiel. y el de más opuestas tendencias. no en baldo es hoy un americano.. el alma intensa del pueblo andaluz. K. do los egoísmos fecundos^ quien tan cxactamento haya sabido comprender y ira1^ ducir el alma andaluza. curioso del c^o.1deprecia el pellejo.jtóSj : demás eii este picaro mundo’r. para no bastardearnos. quien descubre y manifiesta en una obra inmortal. el autor de E l Teri'uño y dé'Laj Muerte del Cisne. luego quienes inmortalizaron el tipo de la chula. Lo. quien inejor penetró el sentido último y el hondo valor psicológico de la obra maestra de la literatura española. el trabajo. pueblo-cigarra. Bajo la frivolidad aparen­ te de esa alma busca y desentraña Reyles el manan­ tial fecundo de las virtudes raciales: “ Somos un pue­ blo macho y necesitamos emociones fuertes.Jís" que sea Carlos Reyles. Acaso el contraste entre' sus-. el fervoroso propagandista del itra^i bajo. trágico o imprevisor. se lo ha­ ya hecho amar como es. la gracia y. No en balde fué el inglés Irving quien salvó de una ruina inminente. tronío. propios ideales y la frivolidad de este pueblo. de la energía creadora. apasio­ nado. primero. no en balde fué el alemán Heine. para no caer. no en balde fueron los franceses Merimée y Gautiev. el goce. no. y Barrés. Si las viejas virtudes es— 102 — . artista. abandonada y a medio destruir por la incuria ignoran­ te de sus propios poseedores.

último florón de aquella espléndida corona colonial que nos legaron los Reyes Católicos. la han hccho los maestros del pincel. Caballéro del ideal — y aquí volve­ mos a encontrar a Reyles.-desplantes donjuanescos. el torero andaluz por excelencia. . obra de ma­ chos cogotudos. el cogote tiésó/lá sai y la pimienta dé la raza". -la bravúía. . “ La verdadera psicolo­ gía del alma española. obligados a cultivar nuestro propio jardín. más reposado. quizás sabremos hacer otra vez obra de varones. más culto. ye las cosas con mayor alcanco. el de los Diálogos Olímpicos y de E l Terruño — no desdeñes — 103 — . dice. dice Paco Quiñones.podemos poner ■en'la industria y el c o m e rc i^ riño. Y en otra ocasión agrega: ‘‘No eB el quijotismo. no es "lo que dicen los perio­ distas."*los. el tronío. sino la gallardía del pagado. el más viril y ‘ftrrógéútetde pueblo adora en el ruedo. los maestros de la pluma. más hondo penetraron en la en­ traña del pueblo” . el que nos ha llevado a la pérdida de Cuba. Reducidos a nosotros mis­ mos . el verdadero Reyles. Cuenca.ni&jerajque no. que con la novela picaresca.’zá -por •qiié'lá'^magia^ol '*redo^ serva. y así mismo. más instruido.la. La bizarría y. tiene una educación y un refinamiento de que carecen en general las gentes de coleta. que por haber sido criado en la nobleza de quo formaba parte. sino el sanchopancismo. Acaso es un bien.

que. ¿Cómo encauzar sin menoscabo. con la grande esperanza do libertad. A mí. las viejas energías do la raza en los canales de la actividad moderna? ¿Cómo ser modernos sin de­ ja r do ser españoles castizo s?. más fiel servidor de la grande esperanza del' hombre en que esos ideales so congregan y funden. 1/ 8 /I.JJ. nos lo parece. y en se­ guida indagar en qué y en qué no concuerda nuestro instinto de dominio y nuestra ilusión vital.L V' I. por prosaica. cada doctor resuelvo a bu manera.el. “ Contra la miseria. contra la igno­ rancia. por lo menos. por que éste lleva en sí la enjundia de muchos ideales. “ Hay mucha miseria. a nosotros. afirman los comensales del pintor. Ivcyles le da la solución. contra el orgullo. la ilu­ sión vital del hombre.. lo que legitima sus aspiraciones superiores. ¿Pero qué camino seguir? ¿Quó métodos emplear? Las divergen­ cias de parecer son múltiples y grandes. v iajar” . lo que lo hace vivir humanamen­ te. como dice Cuen­ ca. trab ajo .. mucha ignorancia. triplica bus fuerzas y lo incita a bregar sin descanso bajo la gre­ ña do sol. justicia y amor que es por excelencia. L . Cada doctor propone una pócima diferente. Pero el — 10 4 — . que si no fuera la verdadera.. aprender. la moderna aventura del trabajo. y es." Planteado el problema español. mucho orgullo”. aunque simple y pecador. sin bastar­ dearnos. los grandes resortes do la vida intensa. '8 A /. se me ocurro que lo primero será conocernos. saber lo que somos y lo que pretendemos ser..

Inútil es echarlo la culpa de nuestra decadencia a los Austrias. expuesto y resuelto. Paco. cada cual en lo sayo. Los pintores desentierran ai Greco y a Valdez Leal. “ está hecho para la juer­ ga. veníamos preparando la pérdida do Cuba. pues. en lo suyo. re­ naco el admirable arte do los rejeros. renaco la moda mudejar de tallar el ladrillo con el mismo primor quo la piedra... Ya hay barruntos de ese deseo de abrir pozos hondos y sa­ car a luz el material castizo. Y aquí está la Pura. con su interpretación coreográfica de la malagueña. ocultas y sin empleo. bailado­ ra de buten. hacer pozos muy hondos.“'El trabajo es juerga. Hacc siglos que todos. hacía lo su yo . los ar­ quitectos empiezan a ver al enigmático Churriguera. cuando se trabaja con gusto. . asegura el pintor. ni pen­ sar que la triaca del mal está en la monarquía. por que nadie. He aquí. Empleémosla en producir las riquezas materiales y espirituales. a los Borboncs. Más energías derrochamos nosotros en bailar.% f¡ T R A B E S DE LIBROS Y ■ DE AUTORES andaluz. y todos a sentir lo español. Rcnacc lu uzulejería. en la República o el socialismo. . — 105 — . y sacar afuera el material propio. los cátiitorcs a Góngora y a Gracián. Eso de nuestra ingénita pereza es cuento. he ahí lo que nos hace falta. sólo que están en las entrañas de la tierra. Descubrir filones. no para el trab ajo ".. una faceta del alma andaluza". que nos va a descubrir ahora mismo. que otros en majar el hierro. en esta larga cita. según afirma Paco. a los malos Gobiernos. doctora del tablao.

Esta conse­ cuencia consigo mismo. a todas las opiniones. esta conformidad completa. que deja eii li^ bertad a todas las creencias. y pone en toda cllft. la más movida. de suá. La jerga andalu­ za se mezcla pintorescamente al lenguaje castizo. fuerte.polític'ós y/. sin embargo. El Embrujo de Sevilla. el sello inconfundible de su personalidad.:se|j gura de triunfo. es la más novelesca. y en él a cada uno . la menos filosófica de todas las novelas de Rey— 10 6 — . en esta novela. se nos antoja la forma más real y inds . da ¡un precio inestimable a toda su obra.vi . he ahí la fórmula mágica que ha de ha-’ cer del trabajo una juerga perpetua. Buscar su verdad.fo rn a •óriginaV^y'nTié^p que "por apartarse de los viejos pleitos . y con­ tribuye a darle un sabor peculiar de regionalismo.?c b ^ i cretárse al pueblo mismo. El estilo de este libro. hasta apropiarse como suyas las expresiones popula­ res. He ahí esbozado todo úñ tratadci''de^ pedagogía social. felicidad personal y la grandeza y la prosperidad del ‘ pueblo. a ella vuelve a pesar do la novela misma. con 61 se ha compenetrado. quo ha de dar la. a jto^ dos los partidos políticos.!^ ^ r $ í m a ^ e v ¡ ^ o l / en nná . llcyles no ha olvidado su verdad. Su autor lia penetrado hondamente en el alma del pueblo que pinta: enamorado de él. diferente al de las demás novelas de nuestro autor. y . y confór^ marse a ella. recio. individual -y política. vigoroso. como todo el estilo de Reyles es.individuos.

ficulta. lo qué se llama un autor" difícil.iés'^'y'estové¿píi<^’tai vez'fla^enpme-cÜOT ruidoso de la ' obra/ ya :qtie 'fueran* acaso. que alcanzan rá ­ pidamente otros autores.filosófico. que. cuya producción se encuen­ tra. 1922. Montevideo. más al alcance del público lec­ tor.¿impedimento a la popularidad de otras. es más personal aún y más notable su obra do filósofo. la popularidad. los hace difíciles para eí*pul)ÍW n o ‘’p r é p á r á d o ‘ gustarlas. casi siempre.'di-. en efecto. Y esto que es timbre honrosísimo de’ gloria'. que estudiaremos más adelante. basta para colo­ carlo a la cabeza de los escritores americanos. por su inferioridad. . en otro ar­ tículo . Pocos escritores en América pueden ostentar un ba­ gaje literario tan original y profundo como el de nues­ tro compatriota. ■: '!-bX r‘':yíy'ífi*?! Carlos Reyles es. Su obra de novelista. y sin em­ bargo. vel /contenido .

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con un volumen de versos. en la literatura. como tantos otros. P a­ rece quo la poesía. por su aparente facilidad. fuera al­ go así como una antesala obligatoria en el vasto y com­ plejo edificio de las letras1. No requiere una dedicación asidua al trabajo. una novela o un estudio de crítica. Un tomito de versos correctos es más fácil de escri­ bir que un correcto tomo de cuentos.ADOLFO MONTIEL BALLESTEROS I Adolfo Montiel Ballesteros se inició. ni un caudal siquiera mediano de conocí- .

cuanto más alto se asciende por la áspera cuesta. íy . se puede lle: y gar a ser un poeta discreto. de haráganoría. de algunos .: • 0 A... sufre. Todo lo contrarío. para singularizarse. comprende jque .. en esta dolorosa etapa de su ruta. pasar adelante. por lo menos. al decir.rI ^ ^ U ' . el que sabe y siente. sin apartarse demasiado de los reglas de la retóri.:■■ •* V. para el verdadero poeta. a cuya cumbro es necesario lle­ gar. una ignorancia supina ¿s garantía^! de originalidad. : 8 A -L. y cree haber llegado a las cumbres mismas de la poesía. labra de la moda.^ sobre todo. . muy árduo. en poesía. un gran poeta. la más penosa de to­ das. se estudia. sin embargo. El mediocre se satisface en su mediocridad. o bien despreciándolas abiertamente. Sólo después de haber llegado a la etapa de la dis­ creción. ungido por los dioses. se aleja cada vez. El que tiene talento real se busca.4 ca. un nombre. la intuición es la última'pá. Con decir lo que se sien-f:: te. y aún.'• Cuentos. Sólo de tiempo en tiempo. en ocasiones. que. La aparen­ te facilidad de la poesía se convierte en una áspera cues­ ta de dolorosa ascensión.-J. puesto que empiezan a disminuir los ciegos entu­ siasmos juveniles y se vislumbra por la vez primera la posibilidad del fracaso que tan bellamente describió Cansinos Assens.. para ser un poe­ ta de verdad. va a aumen— lio — . muy rara vez en el largo transcurso de los siglos. entre la multitud anodina y mediocre de los poetas. es muy difícil.

u n a .[4 ^ $ A V 0 r :. en una poesía sin ritmo y sin rima. Pero él comprendió antes que nadie que. . Primavera.. y publicó Savia. descorazona­ dos al ver quo sus esfuerzos no los llevan más allá de cierto —i |y cuán mezquino I —r éxito. • Entonces. fácil. Sus primeros poemas. en donde. espeptativacon. de loa Leopárdi.Acoso sea ésta la razón de esa como. ser él mismo. y L I B R p S ^ f r J Ü B ^ p T p 'R É fy .^v . sus versos no podían traducir su verdadero y o . en procura de más certeros y profi­ cuos triunfos. con una como suspensión del juicio definitivo. sencillo. aún siendo como fueron. según los lla­ mó.. Montiel Ballesteros pertenece a esta última catego­ ría.. | Cuántos. antes de haber encontrado su verdadera senda. juvenil. quo se acoge cada nuevo tomo de poesías. abandonan su tentativa de literatura. tar ^'privilegiada falange de los'Byron. intentó. . Pero aquellos que llevan dentro de sí el fuego sagra­ do.^¿^v. reconocen pronto que habían errado su camino ini­ cial y tratan de orientarse en el complicado laberinto de las letras. — 111 — .co-/ mo billete de entrada. faltos de una vocación verda­ deramente firme.v'¿áster la estación literaria definitiva. emotivo. “ poemas desnudos". fres­ co. tal vez antes que nadie entre nosotros.iespera. trató de realizar la aspiración de los novísimos. reve­ laron a un poeta discreto. . dentro de la poesía misma. como.DÉ . Emoción. de los Hugo. bien acogidos por la crítica. de los Vigny. o pasaporte para viajar..

L U I S' A L U If 8 I Pero hasta que Montiel no ensayara el cuento. necesidad económica. acaso por convencimiento. bebida con avidez en las fuentes mismas del arte y de la ciencia. do la tierra sana y primitiva que vió transcurrir sus años in­ fantiles. su sensibilidad de hombre ameri­ cano. los amplios horizon­ tes de la cultura que. se aguzaba. se clavaron en su alma los primeros dardos de la añoranza y la nostalgia. que habían de darle de pronto. Así nacieron los Cuentos Th-uguayos. abrió en su alma de artista nato. Y. Y mien­ tras so enriquecía fabulosamente el tesoro de su cul­ tura. so afinaba. en el dolor de la ausencia. tal vez por una bienaventurada . y donde se abrió por vez primera la flor de su intelecto y de su corazón. la fama que le regateara. entrevemos apenas. su nueva vida pro­ dujo en él dos efectos en cierto modo antagónicos. se pulía. avara. la poe­ sía'. para formar su acabada personali­ dad de cuentista. no ha­ bía de darse cuenta de su verdadera vocación. Nombrado cónsul de nuestro país en Florencia. El contacto con la vieja civilización y el arte refinado y complejo de Florencia la divina. Fué un sentimiento de alegría. desde nuestra joven y ruda Amé­ rica. al alejarlo de golpe de sus cariños nativos. que se fundieron luego. nuestro (compa­ triota empezó a escribir narraciones cortas. el que reflejó la crí­ tica a su aparición. Por in­ tuición acaso. por el convencimiento de que nuestro escritor acababa do entrar definitivamente en la senda — 112 — .

de Zola. las inseguridades. más civilizado. cu un arranque de fraterno entusiasmo. el amor hondo por las cosas del terruño y ese perfume salvaje de las brisas y de los pastos nativos. más cosmopolita. antes que nadie. para revelarse de pronto. diremos así. José Pedro Bellán. y se perfuman de exotismo. lo reconocieron como herma­ no. por los temas psicoló­ gicos. de la alucinada fantasía de Poc. acaso cuando ya-no se la es­ pera. Terminaban los tanteos. realis­ ta y algo morboso en los casos que elige. se orienta definitivamente ha­ — 113 — .Viana. Otto Miguel Cionc. y que integran entre otros. los extraños asuntos que se complican de más allá. Con los Cuentos Uruguayos Montiel Ballesteros que­ dó definitivamente incorporado a la escasa falange de nuestros cuentistas. o mejor. Montiel Ballesteros se emparenta más directa­ mente con Viana. la penosa búsqueda de la luz interior. en efecto. Salaverri que triunfara como cuentista con su Cuen­ tos del Rio de la Plata. Porque. que no moriría ya sin sucesor. Ellos. a su triunfo. José Pe­ dro Bellán y Vicente A. del que tiene la insuperable maestría. fué seducido como Horacio Quiroga. que durante tanto tiempo se niega a algunos. con una como reminiscencia a veces. que capitanea Javier de. Salaverri.A TR AV ES DE LIBROS Y DE AUTORES que hábía de lIevarlo»al triunfo. es una mezcla de Maupassant. de todos nuestros cuen­ tistas. Cione. y pudo entonces exclamar el primero de todos.

. épocas . y el en­ vilecimiento del gusto popular que acabó así de corrom­ perse por completo. He aquí un género que intentó traducir en lite­ ratura.Medina Bcntancort se dedicó a pintar! la vida de la ciúdad pobre y sus tipos de barrio: la costurerita. tan faltas de per­ sonalidad y rasgos típicos.cia la novela.. el material pronto agotado de esa vena lite­ raria. pasadas. especializado en cuen­ tos muy encomiablcs dentro del género. Los tipos nada simpáticos del compadre de ciu­ dad. Ya lmbín descubierto ese aspecto el poeta del suburbio. ex­ plotados a causa de su fácil caractcrÍ7. . por el teatro nacional. que pusiera tanto ainor en sus versos sencillos y tier­ nos. en revistas de Montevideo y Buenos Aires. a donde fueron llevados con un éxito popular sorprendente. ruso o vasco. la única parte pintoresca y original de nuestras ciudades tan monótonas. ■De los demás escritores que cultivaron este género'cn. que trajo como consecuencia final. y'los por demás caricaturescos del extranjero: ita­ liano. el enriquecimiento de algunos autores. — 114 — .ación en escena. habían de arrastrar a su ruina. toda la flora del conventillo) en ese mundo de arrabal que había de tener su cueritis-'1 ta acabado en Santiago Dallegri. el compadre. ' . publicados du­ rante varios anos. Por desgracia no había de culminar en ninguna obra maestra. tan grises. de más aliento y ma^or complicáci^ qjje el cuento. el malogrado Carriego.

Pérez Petit abandonó esa^rama de la literatura. Arreguine. histo­ riador de mérito o concienzudo profesor. Antuñn. Crosa.lióáestíá^|a|t^ticá :*yjp^.uruguaya. Ferreirn. etc. etc. en el drama. y -01Ó que. cunl político de fuste. que había enriquecido con sus Cuentos del Pa­ yo y sus Camperas y Serranas. el cuento criollo. acabado y completo. abandonó la li­ teratura. cual noble periodista. y últimamente en la novela. La pintura de nuestras costumbres del campo.' to pintoresco' de nuestra una enfermedad de ella. para dedicarse por com­ pleto a la diplomacia. Varzi. y una c ó r í^ c i6 n ^ á é Í { f r ^ |^ De los demás cultivadores del cuento en décadas S É sadas. que Barto­ lomé Hidalgo inició a una vida literaria autóctona. premiada en un reciente concurso por el diario montevideano E l Plata. Benjamín Fer­ nández y Medina que pudo reivindicar. con un poco de . Con el Caramurú de Magariños Cervantes. había de dar a la literatu­ ra . para triunfar con éxito completo en la crítica. poco.. casi ninguno ha realizado lo que promejían^súa.. hubiera pbdidorser^un ¿ispéc-.. con su hermosísima obra Entre los Pastos. brillantes comienzos. ha­ bía seducido ya a poetas y noveladores de la pasada centuria. naccn a la vida del arte los personajes típicos que hb— 11 5 — .. de alma y de gusto. son. con Víctor Arre­ guine. Sólo Javier de Viana. la paternidad del cuento criollo. consagrando su amor y su ta­ lento a las cosas del campo.

En ellas.. viajero infatigable... El sabor original. El cuento criollo había de obtener con este au­ tor. Roma. el hombre es siempre el mismo. siempre semejantes a sí mismas en el verdor uniforme de su alfombra. La vida de las ciudades americanas so parece a la de todas las ciudades del mundo sin el atrac­ tivo que prestan a las otras. frente a las llanuras onduladas de nuestra campaüa. pero sin sus interesantísimas características. fiera c indomable de los charrúas al mezclarse a la hidalga y caballeresca de los — llü — . interrumpido sólo por las manchas os­ curas del ganado. son copias más o menos fieles de París. bajo su monótono uniforme de americana o de fr a c . y sólo alcanzaron su perfección definitiva con Javier do Viana.fueron traducidos sino por pocos. un éxito sin precedentes. su cultura y su arte o bien las viejas y derruidas civilizaciones exóticas. Buenos Aires. salvaje. a orillas de las cañadas y de los arroyos en donde se escucha el grito agudo de los teros y el quejido mo­ nótono de las torcaces. Río Janeiro. En la difícil sínte­ sis del cuento.. en los ranchos de terróu y paja brava. se encuentra solamente en nues­ tras cuchillas.. L U I 8 I bían de alcanzar los magistrales relieves de exactitud y de epopeya en las novelas históricas de Acevedo Díaz y en las realistas de Carlos Royles. Londres o Madrid. al decir de Gómez Carrillo. o bien en los montes bajos y espino: sos. n o . 17 1 S -A . Es fácil de comprender que así fuera. Montevideo o Santiago.L . La raza primitiva.

el amor sentimental por la guitarra y el fiero em­ puje guerrero de los Almorávides. como cada uno do ellos. por nadie fueron mejor aprisionados en una frase. indios del Perú y Ecuador o cowboys del Far-Wcst. rotos de Chile. la nueva raza pudo diferenciar­ se suficientemente de sus antecesoras para cobrar ca­ racteres propios y originales. en un adjetivo solo por veces.A TR AV ES DE LIBROS Y DE AUTORES conquistadores. tanto sabor original. rasgos inconfundibles que la diversifican de los otros. tan exacta visión . por lodos conceptos. Por más que so haya querido ver similitudes pro­ fundas entre la vida do nuestros gauchos y la de los llaneros de Venezuela. Con la cruza indígena y varios siglas de existencia en comarcas de suelo geográfico y clima harto distinto del de los conquistadores. Estos rasgos. en un gesto. lo está de los demá. estas características que lo individualizan con perfiles propios y que yacen se­ pultadas muchas veces bajo engañosas apariencias. a veces sutiles. a pesar de la semejanza que. ella conserva.s. di­ fíciles de coger en la monotonía de los cuidadores de ganado. había de dar nacimiento a nuestro gau­ cho que heredó de la ascendencia árabe de los invaso­ res. Na­ die como Javier de Viána puso cu las breves páginas do un cuento. líasta con el gaucho de la Argentina. guarda diferen­ cias el nuestro. como por nuestro insuperado cuentista de la campaña. sin embargo. emparenta estrechamente nuestra vida a la de nuestras hermanos argentinos.

de nuestra campaña.. el recuerdo estili­ zado de sus propias aventuras. eon el perfume agreste del trébol y de la grámilla* bon! el mate cebado a la sombra de la enramada. . viril. Allí. en la vida de la estancia y del pueblo. la vida que pinta es. El azar de su adolescen­ cia y de su juventud. en donde vivió la vida ruda. '• ‘ ^ . no'pudo llamarse de otro modo.'camperos. .'entre dós: galopes del caballo. Qaucho él mismo. . con la visión de las cuchilláis vio-' letns y del sol calcinante. ^ntre compañeros rudos y compañeros re­ finados. en el contacto di­ recto con la naturaleza. bajo la sombra espinosa de los montes. inmortalizó en ¿usiljbros. ios tipos dio la china. ' •• *■■'Campo. en ocasiones.to d o * ^ . del gaucho y <3e gus" gvrises.cómo él. aprendió nuestro escritor a amar y a conocer el carácter del gaucho.la‘réalid&d j jBadi?. II Montiel Ballesteros.. Luego vino la capital. muchas vcccs. pin­ toresca. — ns — . Es . lo llevó a través de varios otros departamentos. nació y se crió en uno de nues­ tros departamentos del norte. o en la celestina complicidad del maizal/ en idilios sensuales y violentos.

^ ' dizado..un tomo . Viana. en cambio. . poeta todavía. avivando oón nostai^sisV'afiO'v ranzas el amor al terruño. luego para Florencia.. Leña Seca. etc. los cuentos de Mon­ tiel llevan un sello de arte que. Montiel. las dolorosas miserias de la campaña.primoroso. ya hecho.gllqi .ÍTÉ A yE . ' 'S W S E ^ L I B B d s W Y ^ M É m A V X O U m 7$ v¿réos leídos1 en. por un afim (de c i ñ t ^ a ^ d e ^"#rapera<aón*:^íf^ti .6... por tem­ peramento y por la ausencia. la ausencia. se apodera directamente del asunto. de los cuentos de Montiel Balleste­ ros..... palpitante y desnudo so­ bre las blancas cuartillas de papel. Después.. Ccrca de veinte años separan los cuentos mejores..?Á \.. lo aprisiona en sus garras potentes. en donde.ennoblecido. qué rápida. Ghiri. deben al espíritu quintaesencia— 119 — . ccha un velo de nostal­ gia y de melancolía sobre las crudas realidades. ¡en’ cálidádVde 'óóiüuí. Escritos en Florencia la divina.. y lo vuelca.. cultivada que lo alentó: ^V ld:séci|Jid. vertiginosa transformación de nuestra campaña! ...to^o . | cuántos cam­ bios.' él ’ compáñéri# inteligente y.^y^* la partida.. los cuentos de juventud de Javier de Viana: Campo. y doblemente poeta. por sobre lo nuestro de alma y del paisaje.. había de precipitar en él la eclosión de su latente temperamento de cuéntista de las cosas nativas. Y en este transcurso de tiempo.

el paisaje tan exacto como puede serlo descri­ bo por quien lo contempló toda su vida. un perfume. los temas de la ciudad. una preocupación de fini. pero por sobre todo esto. Pero Montiel no encontró tampoco de una sola vez su ruta definitiva en el cuento. más sensible. más vigoroso el primero. tan legítimamente gauchesco como en Viana. Cuentos TJnigúayos. el empuje. do los que no tienen. más amargo. una perfección en el detalle.por todo esto los cuen­ tos de Montiel no se confunden con los de Viana. violenta. pintoresca. sufrió vacilaciones y tanteos. los — 120 — . como a Salaverri. Viana es más potente. más nostálgico. el segundo. hay en los cuentos de Montiel un dejo. a un refinado artista.do de la ciudad de Lorenzo de Médicis y de Leonardo dé Vinci. Montiel más artista. En su primer volumen. los caracteres tan reales como que toma­ dos directamente de la realidad viva. brutal. además de un amante de las cosas na­ tivas. en cambio. semicivilizada por la huella de la segunda conquista europea. más de­ licado. Montiel la campaña nostálgica ya de las cosas que pierde. Y. que revelan en ellos. la conquista del trabajo pacífico y de los métodos científicos en las tarcas rurales. También dentro de él. el violento sabor de su crudeza. mas rudo. Viana es la campaña misma. los temas tan pintorescos. le seducen como a Cionc. un matiz que los hace inconfundibles. como a Bellán. Es aquello. ct vigor.

querido es tener un caballo' de valor. al estanciero que quiere ganar la carrera a toda costa. de nostalgia por todo lo que cede el paso al' nuevo esta­ do de adelanto. y hasta exóticos. como en los cuentos que llevan por tí­ tulo: “ No es plata todo lo que vale” . los cuentos todos de Alma Nuestra. A U TORES ¿osos psicológicos y patológicos. cuyo sueño m ás. como pintor magistral del terruño. al lado de Javier de Viana. tradicio— 121 — . D E LIBRO S’ Y DE . que parece verse desfilar por sus páginas al oorrentino disimula­ do. el mejor flete del pago. Ya apuntan en este cuento las mejores condiciones de Montiel. con­ diciones que en Los Gurvses. con el que había de conquistar su puesto definitivo. como van a ser­ lo después. de hondo amor a las cosas del terruño. no era todavía el Montiet de Alma Nuestra. tan completa. de una obser­ vación tan fina.A TRAVES . más tiernas. pero si era ya el Montiel de los Cuentos Uruguayos. más nostálgicas. la despedida dolorosa a todo lo nuestro que se va: costumbres pintorescas. no por el premio. En todos ellos hay una honda tristeza. Ya asomaban en el primer volumen. pu­ ramente imaginativos. ' La influencia del alejamiento se siente palpable en los cuentos criollos del primer volumen. sino por el honor gaucho. tan acabada. pseudo^científicos. El tomo fué muy bien acogido por la crítica. se han de hacer más emo­ cionadas. para ser el primero en todo. al paisano Avclino Maidana. que saludó en él a un nuevo maestro del género. las cualidades de emotividad.

pájaro humano que levan­ ta un vuelo azorado y dolorido frente a las innovacionss modernas que no dejan lugar para las cosas inútilles y ociosas. el último payador. Ese “ Chingolo". de Alma Nuestra es. publicado en 1920. y por tan­ to inferior a Alma Nuestra. un. y mucre en la melancolía dolorosa de las cosas que definitivamente se van. heredero de Martín Fierro. pájaro humano. la última carreta de bue­ yes. últimos vestigios de una raza que cede. 3saboy„J e originalidad. que ■encontrara abrigo y alimento en las cocinas de todas las estancias de viejo cuño. Chingolo huma­ no. . nacido y a en otros tiempos... y descendiente del Tabaré de Zo­ rrilla. con ^ L a Carreta". que nada sabe del tra ­ bajo y de sus rudas disciplinas. Este último. es desigual. Los ver- _122_ .^ ^ ajivas. la última patriarcal carretil que cede el paso al camión-automóvil. “ Chingolo".v . y lo dejó cantar libremente en las Tuedas emocionadas de los paisanos. al «rgontactó de la núeyaVcivilización que llega en forma rde •'procedimientosmás Científicos en todas las faenas •ganaderas.r ■. es más pun­ zante en Alma Nuestra que en Cuentos Uruguayos. “ Chingolo". nacido para cantar y volar.í--í . que se esfuma. que puso su co­ razón en la guitarra. Es un hermano menor del Gurí de Viana. datado en 1922.. Este sentido patético de lo que termina.verdadero símbolo de este estado de transitoriedad p^r que pasamos. ante el avance de las nuevas gentes.'v . . que debió refugiarse y ha­ cer nido en “ La Oriéntala". un hermano mejor.

E s té . la inercia. perdidas cscuelitas. soledad espantosa del alma que res­ piró la atmósfera intelectual del estudio en lo capital. Je dan. ahí retratada fielmente una de esas vidas terriblemente monótonas) ese naufragio en lo uniformemente gpis.. los que se oponen a su tesonero trabajo de cada día: la falta de asistencia de los alum­ nos. cabccitas obscuras. es dec-jina realidad que oprime el corazón. de las azules y risueñas esperanzas de la joven maestra que comien­ za. su exacto valor. daderos cuentos ^criollos ’cíel )pn^ero. Sacrificio cruento de esas humildísimas — ¡y cuán va­ lientes! — sembradoras de progreso en las míseras. Porque son obstáculos a veces irrisorios. y que se ahoga en el interminable desfile de los horas que nada traen — nada — a la impaciencia y al deseo que se agostan antes de haber florecido en realidad. y presagian ya el Alma^fuestra. el dolor de las existencias marchitas sin que uno solo se abra de los botones primorosos de la ilusión. primero. el mejor Libro de Montiel. “ La Maestrita’Y*un o de . en las cuales es una honda sa­ tisfacción el encender lu chispa de la inteligencia. después. Lenta agonía del espíritu que se atrofia lentamente en un medio inculto. solitarias. pero siempre insalvables.los mejores’éhtrc los que componen los Cuentos^üi^guayos. hostiles. Y el desaliento. van este— 123 — . y que permanecen cerradas. porque los traba­ jos del campo roban el tiempo destinado a las clases.T '^ D É ^U T O fB E S . que no les reportan si­ quiera la satisfacción del rcsultndo intelectual de su lab o r.

Llega: la estancia es un campo inculto en donde pacen a su antojo las reses del ganado. con ese sacrificio estéril. el maestro es el crisol donde se funde el al­ ma de la nacionalidad” . unos ombúes extien­ den su fresca sombra. con la cabeza llena de proyectos y el alma de aspiraciones y energías. vencida en esa lucha desigual contra la incuria y la indiferencia de todos. que se dirige a la estancia de un amigo de su padre con áni­ mo de ¿mprénder grandes reformas y cosechar fructífe­ ras ganancias. y viven. en amena y cordial com­ pañía. las gallinas hacen allí su nido. . indiferente n las pe­ queñas vidas humildes que restaban a su vera silen­ ciosas. muertas. la maestrita repetía co­ mo en una obsesión los párrafos del discurso del Mi­ nistro que enseñara a recitar a uno de sus alumnos: “ Señores. mirando — con los ojos em­ pañados en lágrimas — mirando aquel camino que pro­ ducía la sensación de pasar ciego.LJ T J 1 S A L ■' V 1 S I rilizañdo poco a poco la "vida que soñó ser útil y ser buena. ” La misma disolvente acción do la campaña sobre las almas llenas de iniciativas y de proyectos. otro hermosísimo cuento del primer volumen: lie aquí a un joven agró­ nomo recién egresado de la Escuela. Y como contraste irónico con esa vida estan­ cada. . fren­ te a la vieja y semiderruída casa. estancadas. impotente. Nuestro novel reformador ve d e un golpe todas las reformas qué sería necesario emprender para v o l v e r . con el gato y los fierros. y que se marchita. encontra­ mos en “ La sombra del Ombu” .

Nuestro Valdivieso quiere reaccionar.. mientras su dueño. y nace y crece la prole numerosa. Castro. el vientre rebosando sobre el cinto de cuero.A TR Á V E S DE LIBROS Y DE AUTORES habitable la vivienda. esperando hallarse con un triunfador: gordo. vencer la inercia de los que lo rodean.. en cordial compañía con los perros y las gallinas.” Y lo invita con el amargo. y en esa jerga. luego la caña para asentar el amar­ go . desde tiem­ po inmemorial. apaga los entusiasmos y adormece las energías. engorda a la sombra adormecedora de voluntades de los fatídicos ombuses. a semejanza de la sombra de la arucra. Pero éste no tiene prisa alguna.. Ya es una luclm enorme sacudir la pereza. heredará la estancia del suegro a la muerte de éste y continuará la vida de despreocupación y de incuria frente al caño roto que deja escapar el agua de las lluvias sobre la fachada de las casas. quiere luchar. 1c dice mirándolo de soslayo: —“ Entaum o homen quer travalhar. los fatídicos ombúcs cuya sonibru. Así lo encontrará su compañero de estudios.. — 125 — . mezcla de español y portugués que se habla en nuestros depar­ tamentos del norte. mirándolo. Pero cuando loa primeros fracasos dan la razón al brasilero. cuando en jira por la campaña llega a la estancia de Don Valdivio. Toco Andrade. nuestro agrónomo ya está vencido. en camiseta. e intenta hablar de ello con el brasilero irónico. sucia y descui­ dada. dueño de la estancia. Muíto b c n . olvidado de sus pro­ yectos de reforma y de sus planes de trabajo. y después la siesta bajo los ombúes. Se casará con una de las brasileritas que so dormía.

.... ” Muere el patrón. que andan en sulky por el camino. de la yerba. ni enlazar una res brava.¿ .. más turbadora la poca diferencia de edades entre el patrón y el hijo gaucho: “ Pero esos mozos nuevos. ¡. frente a las nuevas empresas . .: • . la derrota de las viejas costumbres y. que'•: no' construye una casa. — morochita joven y querendona .. de la fnriña que le envían de las casas. i Én “ El hijo gaucho” vuelve a aparecer. sino que llegan a insultarlo en su más caro afec­ to. “ Ustedes son los que mandan — grita una vez fuera de sí. “ mocitos que no saben montar a caballo.. y a las iniciativas modernas: el gaucho protegido por eL patrón. que hace..píó-'^ cura de agua. piensa a vcccs el gaucho.. y pretenden cambiarlo y refor­ marlo todo. con la misma. — ha­ gan y deshagan. son tan dia­ blos. . .de': las antiguas tradiciones... al verse desposeído de aquellas prerro­ gativas que eran... pero i cuidado con salirse de la güeya! .abarid6ñ6^dé : l á ^ ^ tancia.e n 'u ñ a mano y la botella 'de caña ni lado. y que caducan porque nada escrito las justifica. no sólo se salen de la güeya. raptándole la hija. ” Pero cuando los nuevos dueños... fín a te . tal vez por una inconfesadá paternidad.. inercia fatalista del paisano que no planta un árbol.?''éí‘también i¿'-jerga ábrásiierada de sú‘8Úcgro^y*' enlla~misina antiquísima miseria y^. más que un dcrcclio. y sus herederos arriendan el campo a dos mozos de la ciudad. por tradición.• í . que no perfora la tierra en. que vive de la carne.ta^ ^M^d6.

Luego puso al galope su caballería. in­ formes y sangrientos. su mujer rumbo al Brasil. El episodio de “ El hijo gaucho” tiene algo de la épica grandeza que cu “ El Terruño'’ pone Reyles en la muerte de Pantaleón.ha i<|o" á lidiar '. viTojia sü' jndignaeión. en la única car^m íai^ne^éyav todo su pobre equipaje. y los cuerpos. toda su cólera. En ningún otro de sus cuentas llega Montiel a tan dramático relieve comoen éste.*-.'tódoél‘d olor'déf'ra y de padre.. Pocas veces la pluma de Montiel alcanza tan trágica fuerza narrativa. rego­ — 127 — . '■ i^'sCyV?#». vertiginosa dispa­ rada .más. rebotaban sobre las piedras o se levantaban por los aires en una loca.— el viejo no puede contenerse . . Nota picaresca. como si enlazara un toro bravo. Tiene en cambio un dejo regocijado y picaresco “ La Trampa” . y él queda en espera ^é-ira m ó l^ : que bajaron a bañarse a la laguna. estalla en sangrienta y salvaje . ni la perversa finura de los franceses. que encontraremos otra vez. Y en un trágico impulso. en el que un comisario criollo burla al gringo zapatero aprovechando la afición de éste a la pesca. de medio cuerpo. para soplarle la dama. y e n g a i ^ ^ n ^ ^ ) . marchar jaraneando” . “ Los vióísaHrídél baño. los enlazó a los dos. y con certera puntería. subir al sulky. sino más bien la irónica y juguetona sen­ sualidad de Bocaccio. . les echó el lazo con brazo firme y seguro.robre!^ :^ ^ i M ^ ^ ^ V trón. que no tiene la crudeza de algunos españoles. qué .

no constituyen. porque aunque muy estimables todos ellos. Pasa. un género en donde sobresalga nítidamente nuestro escri­ tor. la picardía.L- U 'I ' . en donde udquicre nuestro cuentista. relieves do inconfundible personalidad. de escritor esti— 128 — . a nuestro modo de ver. III Hermoso libro todo él: honrado. que en Alma Nuestra alcan­ za la perfección completa de su arte. definitivamente.L . y con una seguridad asombrosa de técnica y do psicología. la gracia. Con “ La Picada Asombrada” y “ Co­ mo los Horncritos" forman éstos los cuentos criollos del primer yolumen de Montiel Ballesteros. Con él adquiere Montiel su más justo título a la posteridad.en “ La China Gorda" y en “ La Cuentita ’ de Alma Nuestra. fiiiamcnte trabajado. en las “quo alcanza el aiitor ver­ dadera maestría en el difícil arte de ser fina y correcta­ mente picaresco. La ternura. U ' • í ' 8 A . sincero.i 8 I cijada y veristá. '. el dolor de nuestras cosas están magistralmcnte reflejados en los cuentos crio­ llos de nuestro compatriota. Lo que avalora singularmente los Cuentos Urugua­ yos — y así lo ha comprendido su autor — son los cuen­ tos genuinamente criollos. Nada queremos decir de los demás cuentos que com­ pletan esc primer libro.

Con toda justicia. indudablemente. que no ha sido aún recogida y estudia­ da metódica y completamente por ninguno de nuestros críticos. y algo también hemos sugerido de “ La Cuentita” y do “ La China Gorda” . si­ quiera uua laguna. Entretanto. que están pi­ diendo a gritos nuestros anales intelectuales.A TR A V E S D E . en el que hemos intentado ser lo más justos y lo más serenos posible. pues. continentales. cuando se escriba esa historia de nuestra literatura. Los veintiún cuentos que lo informan. y con toda serenidad. Rica ma­ teria. Los dos primeros sintetizan. no va­ cilamos en colocar u Alma Nuestra.. pero no hay niugimo que se pueda considerar indigno de formar parte del libro. sobro todo. LIBRO S 7 DE. ante las demás literaturas. no son. Hemos hablado ya de “ Chingolo” y de “ La Carreta”. para mostrar­ se. de promesa brillante. ese soaiiiniento de tristeza y de nostalgia por todo lo que en nuestra tierra cede el paso a las modernas transformaciones que le imprime el arribo de los nuevos tiempos. y que espera la mente firme y la pluma autori­ zada de uu escritor desapasionado y culto. Más igual que Cuentos Uruguayos. todos del mismo valor. entre los dos o tres volúmenes de cuentos de los quo puede enorgullecerse cualquier país. AUTORES máble. y que constituye la más evidente característica del volumen. la nuestra. a maestro consagrado qüo no será posible olvidar ya. sin enrojecer. Alma Nuestra al— 129 — . salvemos con nuestro modesto estudio. completa y serena.

el elévage sistematizado. Acevedo Díaz y Javier de Viana. centauro indomable'en “ Las Piedras”. como en “ Los toros finos. la cruza científica. la estancia nueva. doloroso vencido en “ El Exodo". el gaucho tupamaro. va a presentamos conflictos desconocidos .cimza a veces. la metódica cría del ganado.hasta entonces. los albores de nuestra raza en formación. las aguadas.to£ res finos. . más aún el primero que el se­ gundo. el clásico gaucho de los pe­ ricones de “ La Criolla” . pintaron la campaña primitiva. La campaña transformada ¿pro! fundamente por el cuidado científico del ganado. la separación racional de los di­ versos mestizajes: todo el complicado aparato de la ga­ nadería moderna.. la cabaña con sus boxes. los potreros construi­ dos con intención lógica. forjador de nuestra nacionalidad. vestido de chiripá y botas de potro. aparece en nuestra literatura. sus luchas a veces cruentas con el ambiente hostil y lós prejuicios de la ignorancia. Tal es el drama de nuestra empaña actual. con la larga cabellera sujeta por una vincha de color. hpñda< mente herida en sus viejos costumbres -por laanúevas prácticas a que obliga la introducción de los repródüc. — 13 0 — . inesperados episodios en este forzoso ■desnivel entre la nueva ganadería y los viejos gauchos destina­ dos a llevarla adelante. Con la Beba de Reyles. y ascendiente directo del caudillo revolucionario. los molinos. i y eií homíí^^ 'álturasT¿ 'que difícilmente volverá á llegar Moñtiei en'flus futura3 :producciones.

como que en ello va su vida.qww/jseíen^ mentó' Vivo y exacto’'de vcsta ción..Viv^w . Ese profundo desequilibrio entre el hombre de campo y sus nuevas faenas ganaderas. y el hombre” . del León. como que nacida en alma de artista. es la civilización y el progre­ so que vencen al paisano atrasado y rutinario. en “ Los to­ ros finos. estanciero éi ’m ism . el elemento viejo lucha siempre. Salaverri. y lo arras­ tran a la venganza ciega y a la inútil destrucción. sajón. enemigos de todo progreso y de toda nue­ va labor. produce fatalmente los conflic­ tos dramáticos como el del mejor cuento de Alma Núesbus — 13 1 — . Montiel Ballesteros no asiste a la lucha misma entre los nuevos tiempos.. pero misera­ bles e incultos. las prácticas moder­ nas. casi todos. .'vpm&’<. las nuevas ideas.c o n ^ ^ rc m ': realismo la vida de transición de nuestra campaña y y eü novelas..' ei É lMjo. esta última y definitiva derrota del criollismo frente al avance triunfal de las iniciativas y los progresos de origen. contra el moderno estan­ ciero que ha realizado sus estudios en Europa o en los Estados Unidos.M T W V É W ^ D B ^ im pftl . . ásperamen­ te. la incuria y la miseria acaban por vencer y se sobre­ ponen a las sanas intenciones de Valdivieso. •’.es ’Salávérri. ___ _____ n -------------------------------------. Si en “ La sombra de los ombúes" de Cuentos Urugua­ yos.— ~ ■___ T. y los resabios originales y pintorescos. Pero constata con un poco de melancolía.Jlr w .

8 A: tra. tales las faenas. seguridad del brazo y de la vista. tales los instrumeutos de trabajo. y el estar a caballo mejor aún quo sobre las propias piernas. El gaucho y el trabajo del campo se habían modelado de tal manera el uno sobre el otro. quo el primero era un reflejo del segundo. viven en armónica convivencia. Sobrio. el ca­ ballo y el facón. que requerían ante to­ do. y son am­ bos dos aspectos equivalentes do la misma y fatalista na­ turaleza. la esquila: el lazo. El gaucho torpe. la doma. Y el clioquo debió producirse forzosamente.L U I . taimado. El mate y el churrasco para uno. con parecidas necesidades e instintos primordiales. introducidos por el — 13 2 — . el hombre y el animal criados juntos y casi de la misma manera. no se diferencian en mucho. lento. La yerra. sencillos y violentos. bajo la misma protección somera de la naturaleza. terco y hueno uno y otro. Pero he aquí. quo los toros finos. y éste una copia del primero. enemigo de toda iniciativa. audacia. sufrido. violento y cruel en más de una ocasión. En tal ambiente resultó más sencillo introducir el gana­ do fino y efectuar las construcciones y reformas necesa­ rias en los edificios de las estancias. era el elémento adecuado a las antiguas fae­ nas. que modificar la mentalidad y las costumbres de las peones encargados de realizar las nuevas faenas adecuadas. bravura. primitivas como él. En la estancia primitiva. violentas e inter­ mitentes. el pasto y-la aguada para el otro. como él rudas.

000 cada anim al!. tiene que cuidarlo. ai­ reada. con los huesos molidos. El piso tenía estudiados de­ clives. Tal vez las cosas hubieran permaneci­ do así largo tiempo. lustrosa. prepararles la cómoda satisfacción de sus am ores. y la rebe­ lión consiguiente. antes de que la mente obscura del peón forjara la idea clara de su inferioridad. " Ya está preparado el drama que cualquier chispa ha de hacer estallar. “ hacerles cama a los cuatro personajes. —. más joven. — la del joven gringo que llegó expresamente a construir la caBaña — no hu— 133 — . cam­ biárselas de mañana. inclinando la balanza en sentido opuesto al del hombre. con lu que comparte las fa­ tigas y la saua y libre vida de la naturaleza. seca." Y costaba $ 5. cavilaba largo rato. si el contacto con otra mentalidad más nueva. He aquí que el primero se ha convertido en el servidor del segun­ do. sacarlos a pasear. Entraba bien la luz.. le pesaban los años — salía de la cabaña limpia y cómoda y al ir. como de terciopelo sedoso. y des­ pués vigilarlos. a tirarse en su rincón.. más abierta. Los pesebres y los bebederos eran p ráctico s. El peón pasa a ser menos que un animal.... Los cuatro Hereford “ eran magníficas. inqui­ sidor. Ya no es el hombre el compañero de la bestia. . cansado.A TR A V E S D E * LIBRO S Y '■DE AUTORES mayordomo en la vetusta estancia. . el pensamiento inquieto. Se había construido expresa­ mente para ellos una cabaña especial. A veces el agregado. vienen a romper ese patriarcal equilibrio entre hombres y bestias. lavarlos. con su piel lisa. cómoda.. atormentado.

•' ■■S= bicra.1a. Para su mentalidad primitiva. el oquilibrio se resta blecería. Todo esto no llegaba a cuajarse en ideas.Via roja floración deLdeUto/. ninguna reflexión em­ pañan la lucidez brutal del episodio. ” Nada más. preparado el terreno . magníficamente des­ crito.pesa. Con unos mancadores ase­ guró bien los toros finos. el mayordomo a quien. Se chupó la sangre salada y caliente. Se sentía desgraciado. Salió del galpón. . Ningún comentario.í > h \ . incrépa ^o-^ jentaméñte al viejo Benitez|‘ cuándo ^enferma'uño''frelos* valiosos personajes. ‘ ■:r>>. Y éste se produce cuando. instintivamente. : . cuando los animales perdieran lo que tan pre­ ciosos los hacía: su facultad de reproducción. Aullaban los perros. . • . Los capó. De la cabaña venía un concierto de mugidos roncos. Obscura­ mente. E l conflicto dramático entre el ganado fino y el — 13 4 — . Una amargura terrible y fatalista le agrió la boca: “Es ansí”. despedido de la estancia por culpa de los preciosos intrusos. cruda y dolorosa an­ te los ojos del infeliz peón: ‘‘Menos que un animal. Probó el filo del facón contra el dedo.: :. sentía que una vez inútiles para esa función ya no valdrían más que cualquier buey viejo de la estancia. v L a realidad se presentó entonces. arrojado. Llamó a los perros y los ató. y “ el fierro hambriento se le metió en la carne. Alineó los cuatro despojos sangrientos delante de la puerta del mayordomo. y : V-'{¿. diJ¿á^respohsal)ilidad de las preciosas vidas.

de estancia’ nos deja ■largamente’ pensativos.valores. de constancia. los modernos empujes de progreso. Y 'la^ punzantó y peón . está destinada a ‘desaparecer. algo de la . son. de origen extranjero. como el ga­ nado mestizado. Y una honda me­ lancolía se apodera de nuestro espíritu. . si otros cuentos.P - $ | | M -Á /A X JÍÓ É m ! gancho inculto. será una raza que.sei agolpa a j a m. aunque no de tanta enjudia y completa realización.como el ganado. como decía más arriba. aunque asiente sus raíces en el rico terruño de nuestra patria. pero que no será nuestro gaucho nativo. Aparte “ Chingolo’’ y “ La Carreta". de iniciativa. de paciente y lúcida perse­ verancia.eu-.i ] f ^ ^ ti^ é t|G Í d a ) n i-dolorosa realidad y toda su oculta trascendentíia¿en J a -enjundia:poderosa del cuento." No es que Montiel le dé una . te "del lector.. 110 avaloraran el libro hasta darle carácter de obra maestra. con el final del. que tiene. y es que el gaucho nativo. incapaz de evolucionar. por la homo­ geneidad de süs . que ya hemos — 135 — . cuento. Este solo cuento de Montiel bastaría para dar valor indiscutible al tomo entero. la raza indígena.. tomará del extranjero sus mejores cua­ lidades de trabajo. . Pero una dolorosa con­ vicción se abre paso en nuestra mente. Las nuevas tendencias. absurdaen sí misma.terrible fa­ talidad de las fuerzas naturales. las fecundas iniciati­ vas. Un mundo de reflexiones .solución. El gaucho ver­ dadero es incapaz de tesón. Y pensamos tristemen­ te que la nueva raza que ha de conquistar en-el futuro nuestra riqueza nacional.

I 'S . En ellos se revela Montiel. “ Pero si es que nunca v'haber nada. el yuyero. aparte “ La Cuentita” y “ La China Gor­ da” qúe le dan el matiz regocijado y picaresco de cuen­ tos del Decameron.L / 17. como “ La Huésped” y “ Peón do Confianza". Hace años que la esperaba” .. entre curandero y brujo.. ” O el otro. A : L U ' t 8 l analizado. como. siempre an­ . tomados del na­ tural y transplantados. cuan­ do. por otra parte en to­ dos sus cuentos. vivos. me han embromao. psicólogo perspicaz y retratista de ta­ lento. la inuti­ lidad de aquélla. y que resumen la nota nostálgica. otras cuerdas vibran en la amplia lira sentimental quo as el alma de Montiel Ballesteros. . deja escapar su secreto tanto tiempo guardado: “ Junameutc! Entonces todo es al ñ u d o . y que. la ley contra el ejercicio ilegal de la medicina lo lleva por linos días a la cárcel. capaz de apoderarso del detalle revelador y centra­ lizar en él todo un carácter. la más poé­ tica del libro. que sabe hacer . . compadro. “ Don González” y “ El Yuycro” son dos típicos re­ tratos do nuestros personajes camperos. y al sospechar por fin. no encuentra más razonamien­ to que éste: “ Estos puebleros son el diablo.. Así ese Don González. teniente de los blancos. que ocul­ ta celosamente sus galones en espera de uua próxima re­ volución que nunca llega. a las páginas del libro.. que se emparentan directamente con “ La Trampa" de Cuentos Uruguayos.o deshacer un daño: que es hábil para quebrar torceduras o para curar un animal abichado.

En “ La Piona” aparece otra vez ese sentido punzante de la mísera condición de nuestros gauchos. está en la estancia. ha de coser su ropa y remendar la ajena. y por si aún aconteciera el milagro de que­ darlo un rato disponible. en el llanto silencioso do la infe- . Desde la mañana hasta la noche ha de cocinar. es la condición de miserable esclavitud en quo aún vive la mujer. del que primero llegue a robar las primicias de su cuerpo.. lo que constituyo la medula do la narración. E n el primero de estos dos cuentos. en muchas estancias. quo consti­ tuye lo más humano y lo más noble de “ Los toros finos. Dejelón a uno vender sus yuyos. con las cosas criollas”. Y cuando la juventud pone frescura en su cuerpo vir­ gen do chinita sana. y que ca­ rece hasta del sentido moral más elcmeutal. una noche en que dormía rendida por el trabajo diurno. Nosotros los criollos. ir por agua. o a tomarlas como algo que por derecho lo pertenece. que aún ejerce. por su inferioridad mental. recogida como sirvienta a quien no so da salario alguno. un inicuo derecho de pernada. cuánta a m a r g u ra . ha de servir también para satis­ facer los brutales apetitos del joven hijo del patrón. ordeñar.. fregar. ¡Cuánta desolada resigna­ ción. como en el Medioevo. tal vez del patrón mismo. y el hombre” .. atar los ter­ neros. lavar. H ija tal vez del mismo patrón.A TRATES DE LIBROS Y DE AUTORES dan ardillando pa embromar al prójimo.. al permitir su presencia como peona cu el propio hogar del padre.

es bu dolorosa filosofía. más convincente argúmen-. -• '!'‘-Hiay inás honda sugestión. el Arte ha de quedar por encima de las pasiones partidarias y de las luchas de cla­ se o de religión.■ • .callar I. sin intención alguna de polémica. que el problema de las miserias humanas no tie— 138 — . Todo lo no­ bilísima que pueda ser la intención del autor en estos cuentos. al hacerlo intervenir en la can­ dente lucha social. y por más que nuestras simpatías afectivas vayan siempre hacia los débiles y los oprimidos. la buena trabajadora. juzgar de la justicia o injusticia de una causa. y ella sabe ya que debe . si pretende conservar su fuerza íntegra. ni puede ser nuestra intención. >. Más arriba que todo interés. .a.. el juicio sereno no puede dejarse influenciar por argumentos sentimentales. o en “ La Huelga” . tó. que en aquellos otros en que un tendencioso afán dé propaganda disminuye la eficacia del arte y del veris­ mo. No es. . hace sospechar a más de uno. sin la ventaja de un incontrovertible argumento. en la suprema región de la serenidad. ya visible.• “ 14 ^ ’ " ' • ‘ ‘ ' *T^'Tií*. ella quita al arte mismo. quién es el culpable de ja falta'.^ cuando la patrona indaga. una parte de su sere­ nidad y de su pureza.' tolerante por no'perder' „.^.'de prédica en estos ¿uentos que pintan descarnadatien^V te la dolorosa realidad. co­ mo en “ La Máquina".en el mundo entero.Vi'*-Pi¿tá'''pa« . que es su reino. al decir ésto. iodo/. en un momen­ to en que la confusión y complejidad de las cuestiones que se debaten .

' * ' ' 2Í Más-cruda' irijusticia)'m&í r‘dofrorosofi^ip^R ^r^^ l^ T T í la vida mancillada y sin dignidád. la •ig n o ^ m ^ ^ e r im ^ . y de la criminal inconsciencia de los otros. somete a la condición de animales a los seres humanos. un poco de corazón.*. que el frío engra­ naje de la máquina social. los males de nuestra inculta población rural. Siglos hace ya que la humanidad busca el medio. rebaje hasta la justicia y la piedad la concepción todavía feudal de muchos dueños de estancia.'. fatal.''.'. tienen un fermento na-.. Más difícil es el remedio a los problemas sociales de clase.m/iM miserable piona pa todo. triturando entre sus ruedas a las víctimas infelices de su funcionamiento hasta cierto punto.'.-. de poner fin a la explotación del hombre por el hombre. ó en. V que Ven$tó^ artificial y preparada del Prudencio d¿'-‘ Y porque en los dos primeros cuentos/una irritónte^ su­ perioridad arbitraria y cruel.enítez de ‘‘Los toros finos.. una educación que ilumine siquiera sea débilmente las obscuras profun­ didades de las conciencias dormidas de unos. y al tiempo que eleve a condición humana las míseras bes­ tias de trabajo y de lujuria. a la redención de los sufrimientos injustos y de los do­ . de B..tar linos u'otráí'. En las primeros. pudieran remediar en algo. yor y más eficaz de humana piedad. haciéndolos servir de ins­ trumentos al interés o al apetito.

Hay. surge una inesperada y mayor complicación social. fuera do las concepciones teóricas. a nues­ tro modo de ver..L■ Z7 • I -8' 'A'. en apariencia por lo menos. con la escueta expo­ sición de los hechos. el autor de “ Los sin patria” . Desde Jesús hasta Marx. aquella 110 ha dado resultado apreciablc cu el segundo caso. Se dirá que el problema de nuestra campaña no es sino una parte del otro más complejo que presenta Mon­ tiel en “ La Huelga” . a los infelices que no tienen si­ quiera conciencia de sí mismos. francés . La cuestión del capitalismo 110 puede solucionarse por una mayor educación de los pue­ blos. indudablemente en el proble­ ma. aunque algo influya. una diferencia fundamental: al paso que el primero alcanza casi toda su solución por la edu­ cación de la campaña. pasando por Jaurés y Barbosse. desde Budha hasta Lenin. al paso que es casi por entero.'. como factor que a él se agrega. U l S l lores y los miserias humanas. o en “ La Máquina". es el problema sociológico que plantea. Menos trascendental. pues una véz solucionado parcialmente un pro­ blema. Es la historia de todas los inmigrantes enriquecidos do nues­ tras tierras de América: la historia del italiano. cuestión de educación el elevar a la catego­ ría de seres humanos. el resultado de una nueva organización total de la sociedad no ha dado resultado. L .

'A' 1T R A V E S DE LIBRO S 7 DE AUTORES ó español que deja su vieja patria. con su laboriosidad. las legendarias pro­ mesas de Cipango y del C atay. y poco a poco. hasta que una noche.... con innatas dispo­ siciones para el comercio. con su perseverancia. del contrabando. casi completamente abandonado por su dueño. Mal atendido de su herida leve — el médico tarda dos días en venir — don Manequiño. diligcute. vuelta para él inhós­ pita.' y al buscar refugio más propicio. les traen el fecundo riego de su su­ dor laborioso. pone un poco de orden en ese maremagnum que el “ El Mundo” . a fin de que atienda el negocio. en una de ellas. don Manequiño se dedica apasionadamente a sus aventuras del contrabando. el peón que toma Don Manuel Rodríguez. — 141 — . ya consumido por el. cae herido por el plomo de la autoridad. El empleado trabajador. logra sacar adelante el negocio en una dorada prospci’idad. es decir. hace viajes frecuentes al pueblo en procura de mercaderías con que surtir el al­ macén completamente desprovisto. dueño de “ El Mundo”. Es apenas un gallcguito adolescente. para entregarse al más lucrativo y más entretenido de los lechuzones. un boli­ che perdido en los rincones que forman loá departamen­ tos de Salto y de Tacuarembó. con el ahincado tesón de su raza paciente e incansable. y transforman en áurea realidad. Entretanto. visita las estancias vecinas en busca de clientes. por el esfuerzo maravilloso de sus brazos. en las promisoras campiñas del nuevo mundo aún llenas de las doradas leyendas de antaño.

galleguito. Ambos habitan en la capital. el. Solo por completo. para la escuela. Generoso y opulento. 5l $ f¡g ¡g fá jfefroV ' cerca . para los pobres. aségúra.. do donde partiera un día con el solo caudal de sus brazos. á l. da para la igle­ sia. y-antes de extinguirse para siempre. Y cuando. vive recóndita en el alma del inmigrante.. en el otoño de su vida y disfrutando del fruto de cuarenta años de incansable-labor. una madrugada retorna a sus lugares nativos en busca do una ilusión quo el regreso ha de tronchar defintivamente. convertido en Don Hermida.] con ¿1 matrimonio de su hija y el español. al cabo de seis meses de vivir en su pueblo tanto tiempo añorado. es fácil presa de las ambiciones.porvenir :déf ‘ésta'y -la prosperidad de su empicado. rico.-dueño del almacén de “ El Mundo" y casado con la hija de su patrón. crecen sus dos hijos y van a Montevideo a estudiar. He aquí por fin su aldea natal. la nostalgia de su tierra nativa y el deseo creciente de volver a clin. Y cuando. Nada ha cambiado. para la carretera.de’•?£ a su dependiente ifiel íylrtra^ ibajádor. no puedo dudar ya de la nueva — 14 2 — . aquí/ pues.P . su hijo ha terminado sus estudios. . convence por fin a su compañera de que lo acompañe en su regreso a la patria. Ensancha con su laboriosidad '¿1 ■ comercio y a medida que pasan los años. El da. Su hija se casa. Encuentra aún algunos compatriotas que lo conocieron de niño y que hoy son ancianos. \ • He . fallece aqué­ lla de uqa antigua dolencia.

después de haber saludado a sus hijos en Montevideo. no pasó inad­ vertida la presencia del antiguo patrón. no pudiendo ya resistir unos y otros. con el pecha oprimido.sacar proyecho. en su aislamiento sin calor de afectos de su propia patria perdida ya para él definitivamente. No fué poca la sor­ presa del gerente y de los empleados al verle llegar.■'. . ” “ El hombre no pudo contestarles nada. en donde los indiecitos lo saludaban con el eterno “ Cómo tcim pasado?.qiie 'dru:aii-*„’ te cuarenta ¿ños. este cuento sentido y tier— 143 — . volvió en bus­ ca de aquellos. en donde no quiso quedarse..tieraa^Jiip^^tál9rM^. Y como la enramada estaba llena de caballos enjaezados..I & g l| verdad las ¡cuánto inás'éxtráñjérb'iéií éFptiebio’qüe'íó5había visto nacer. riqueza y explotaron bu buen corazón. soló.oto«i. vió día tras.d ía'jeL ^ su labor \ . Un impulso de colectivo entusiasmo estalló de pronto: “ Viva Don Herm id a. Decía que plantea un problema sociológico.vieron en él solamente al indiano y trataron de.en medio de la frialdad de los intereses y la mezquindad de los egoís­ mos. llegó al viejo almacén de “ El Mundo". Solo y extranjeroentre quiénes . Hasta quo un día. que en aquella . los ojos llenos de lágrimas” . en la es­ cueta narración de los hechos... y la clientela era numerosa y bullanguera. Era domingo cuando. ” y donde encontrará de nuevo el afecto y el reconocimien­ to de sus nuevos compatriotas.de su :.. a la patria adoptiva.

'hondos pensamientos ha sido siempre el remediar en algo. esos extranjeros que aportan a nuestros países nuevos el vigor de sus brazos. en las que el desolado panorama de una Europa vencida por bu propios erro­ res ha de rejuvenecerse en amplios cuadros do libertad y de progreso? ¿No son.de incorporarlo definitivamente a nuestras sociehalago de la ciudadanía que lo haga miem­ bro . acaso.ésta situación anormal del extranjero. el amor a la tarea. ¿ No son acaso. Preocupación do estadistas y políticos de largas vistas y.q ué. el fe­ cundo deseo do riqueza que convierto nuestras estériles campañas cu verdes campos de labor. los humildes y tesoneros artífices de nuestras sociedades del futuro. conservándoles sin ^embargo. Penosa situación. Y sin embargo. ya que nos per­ tenecen por el período más eficaz y constructivo de sus vidas. y mucho tiene aún que espe­ ra r de ellos. que no han resucito toda­ vía. en efecto. por su vida. es^^*{l»^¿njéfos '.activo de la vida política de ella. . buscar el ráftó. los pueblos americanos. ios sin patria: extranjeros. nuestros. en la tierra dé -origen.. el lazo de unión con sus patrias de ori\ — 14 4 — . los fundadores reales ^¿'nuestras*patrias.H L u i ' s i fno'fd^Wütá' trascendencia. y hace surgir las fábricas y los comercios en los más apartados rincones de nuestra tierra? Mucho les debe América. ni los pueblos europeos.'traeii a nuestras nuevas comarcas Jáj^qñeza fecunda de su labor. son los eternos desarraiga­ d a .

para que esa realidad ños aports en su seno fecundo todos los magnos problemas. to5ss las trascendentes cuestiones de orden /moral y soós3. Pero nada pueden hacer. sin la cual se quebrarían en fe soledad y la ausencia.A TR A V E S DE LIBROS Y DE AÜT0BB8 gen. en ésta. Y el problema surge ahora con más definidos caracte­ res. como lo prueban. José y Ordóñez. por bien intencionados que ellos sean. por cuanto. del retorno. encaren con nueras teorías internacionales la solución más urgente del psoblcma. aisladamente. los trabajos y En­ ditadas conferencias del Dr. ya no pueden aquellos mirar con la indiferencia que gri­ tes. naciones poderosas de inmigración. a fin de mantener viva en sus almas la reconforta dora ilusión. las voluntades maravillosas qas levantan el edificio de su prosperidad y de la nuestra al calor de esa dulce y tenaz esperanza. A esto se debe quo la Argentina y el Urugusy. como lo h«jt Montiel -Ballesteros. como consecuencia de la grande guerra. Juan Carlos Garay en surcf11a. la emigración de los brazos encargados de reccciitruirlos. y los nuevos proyectos de ley del Sr. — 145 — . entre otros. Porque no hay como convertirse en sincero y fiel ob­ servador de la realidad que nos rodea. los gobiernos americanos. si uzz reciprocidad de tratados europeos no contribuye a tzí acuerdo necesario para definir por completo la situacwa política del extranjero en nuestras sociedades nuev£*. al cambiar la situación económica de I'jj países europeos.

ta n ''hondo ~'có^0 ! nido social -los cuentos todos de Montiel Ballesteros . 1923.iy¿ ppr/que ellos son una imagen verdadera de la vida. . acaso. un elogio'mayor? Montevideo. todas las fecundas sugerencias 'de Vida.!ras-!J :tréariiósven ellos.P o r esoHiélen -tan' humano fe rm e n tó . i Cabe.

SALAVERRI Vicente A. sin temor de equi­ vocarse. artículos de costum­ bres. cuentos metropolitanos. Si de alguno de nuestros escritores puede decirse.VICENTE A. de Vicente A. en el que manifiesta una nueva modalidad de su espíritu polifacetado. en todo acierta el talentoso escritor. polémica. que no es unilateral ni monótono. es sin duda alguna. Ensayo. entre los cuales acaso no sea únicamente el de es- . no­ vela rural. Salaverri. Su personalidad característica presenta múltiples aspee.' tos. Salaverri acaba de publicar un nuevo libro: Cuentos del Río de la Plata. Y no sola­ mente como escritor es Salaverri multiforme y complejo.

y por más quo haya recibido ya el bautismo negro de las ingratitudes. además. y aun así le queda tiempo para otras muchas fecundas actividades del espíritu.L U I S A L U I S I critor el más interesante: por más que su vocación lite­ raria haya hecho de él. on el que los autores consagrados. en plena juventud. un autor ya consagrado. Convengamos en que. siempre dispuesto a tender su mano a los colegas. corresponsal literario de revistas y diarios de Buenos Aires. Su pluma pe­ riodística en más de una ocasión ha contribuido a for­ mar reputaciones y a revelar talentos ignorados. cuya obra fecunda y vasta alcanzaría para llenar toda una vida. sin ba­ jas envidias ni viles adulaciones. entre nosotros. dan apenas a la imprenta un volu­ men cada tres o cuatro años. Perio­ dista infatigable. Pero es Salaverri. pocos son los escritores que puedan enorgullecerse de una vida tan llena do nobles y fecun­ das actividades. amigo generoso. En nuestro país. que contrasta-con la especie de inercia que ador­ mece a nuestro ambiente. y con todo esto aún el objeto total de su vida no está lleno: acaba de demostrarse ganadero inteligente y activo cu Treinta y Tres. sin temor — 14 8 — . Sorprende ante todo en Salaverri una actividad asom■"brosa. estu­ dia concienzudamente cuantos problemas importantes se refieren a esta clase de tareas. es do los pocos llegados que ayudan al que se inicia. Salaverri publica hasta dos en un mismo año. y amorosamente dirige él mismo la educación de sus hijitos.

A

TR A V E S

DE

LIBRO S

Y

DE

AUTORES

de que el recién venido pueda un día darle sombra, co­
mo sucede, desgraciadamente, con tantos escritores cuya
alma no está a la altura de su talento. Es por esta causa
que Salaverri es entre nosotros el escritor que tal vez
cuente con mayor número de amigos sinceros... y tam­
bién de enemigos: prueba más de su valía.
Con los Cuentos del Río de la Plata se presenta Salavcrri como excelente cultivador del género, forma lite­
raria acaso la más difícil de todas por el poder de sín­
tesis que implica.
Pocos son entre nosotros los autores que cultivan el
cuento, acaso por esta misma dificultad que encierra.
Aparte Javier de Viana, cuya maestría es insuperable
en el cuento campero; aparte Otto Miguel Cione que
acierta lo mismo en el cuento exótico que en el rural
o en el ciudadano; aparte también Medina Betancour
que sólo nos dió una muestra de esta clase do talento
en sus Cuentos al Corazón, vivo trozo sangrante de la
urbe, sólo recuerdo en este momento a Montiel Balles­
teros que acaba de triunfar con sus Cuentos Uruguayos,
acaso más que como poeta y al que le está reservado un
brillante porvenir en este género; y a José Pedro Bellán,
el hondo autor de Dios te Salve, que ha realizado la di­
fícil tarea de dar un tomo de cuentos infantiles, todos
interesantes y todos al alcance de los niños.
Y no cuento en este grupo a Horacio Quiroga, expre­
samente; a pesar de ser el maestro consumado en este
género, por la variedad de asuntos elegidos, por la pin-

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tura*' magistral d e l' ambiente, • por 4 a -h o n d a ‘p^i¿oÍ(^i^
de sus personajes y el realismo viviente de su 'obra^-'pljr^
cine aunque uruguayo de nacimiento:'habiéndose!üejaáo¿
muy joven-de su patria, su literatura se desenvuelve.?
3n medios^ajenos al nuestro; y ningún lazo-lo.úneVjS'íi^
luestras ‘létras. T como Salaverri, a pesar de su naci^
niento, es un autor uruguayo, Quiroga, uruguayo dejína^
Amiento, no lo es ya literariamente, como no lo fué tam­
poco Isidoro Ducasse, ese Conde de Lautréaumont, que
ma novísima escuela literaria se empeña en reconocer ,
•orno su precursor; como no fué Heredia un escritor
•abano a pesar de su nacimiento. Que no basta esta sola
•ircunstancia^ara determinar la nacionalidad literaria
le un escritor.
Pero volvamos a Salaverri y a sus Cuentos del Río de
i Plata. Decía que pocos son entre nosotros los autores
ue cultivan el cuento literario. Mucho más numeroso
i el grupo de nuestros novelistas, en el que Carlos Reys, Acevedo Díaz, Magariños Solsona, Magariños Borja,
íscuellan con op-,-actores inconfundibles, y entre los cua.s el mismo Salaverri y Cione ocupan también puesto
aportante. EL corazón de María y Este era un país. ..
jn la valiosa contribución del primero a este género
terario, de las cuales Este era un p a ís .. . es indiscutiemente superior.
Salaverri viene, pues, con su nueva obra, a engrosar
s filas algo escasas de los cuentistas uruguayos, y se
•loca ya en lugar destacado. Al revés de sus dos ho— 150 —

1

3

¡í^yíir*¿-.

■>». AU TORES.«

veías que transcurrén' ambas en & .campo, los cuentos de.
Salaverri tienen.todos u n . ambiente común, <el.;de .ciudad,
, salvo/ solamente - ‘‘La ^visita/dei.:‘m é<&$^
en uña estancia..
'••- '' ■•••• •••.•.'Áv-•;
Fuera de esta circunstancia común," ¿ñ nada ;se pare-,
cen unos cuentos a otros. E n muchos, sin embargo, apa­
rece un recurso muy caro a Salaverri f el indispensable
viaje a Europa, común también a sus dos novelas E l co­
razón de María- y Este era un país. . •
E l autor tiene una marcada predilección, muy expli­
cable por cierto, por los artistas; puesto que, artista él
también, conoce perfectamente sus modalidades. Escul­
tor, pintor o literato, su héroe es siempre el alma ena-.
morada de su arte que lucha con el medio deletéreo de
una sociedad frívola e incomprensiva que ahoga sus im­
pulsos más nobles y más íntimos. Pero hay también, al
lado de éstos, personajes de gran relieve, ajenos al me­
dio artístico.
En “ La H uelga” , por ejemplo, tal vez el más hondo
de todos los cuentos, por la trágica realidad del asunto
presentado, por el doloroso conflicto casi insoluble y tan
humano, entre los intereses colectivos del gremio y los
intereses particulares de la familia, el alma de Juan Lanús y el alma de Raquel Cardoso viven con una vida
intensa y propia.
En “ El hombre que quiso redim ir” aparece la misma
fatalidad trágica del destino, el Ananké terrible que
transforma en dolor y en amargura los más nobles y
— 15 1 —

L.

V

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' A. .

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1

S

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generosos impulso de la criatura humana. También en
este cuento, uno de los más bellos, están admirablemente
pintados los caracteres. Salaverri tiene un notable po­
der de síntesis, que sorprende por la justeza de las si­
tuaciones definidas con dos o tres palabras. Nuestro
-autor no es de los que se pierden en inútiles disquisicio­
nes. Antes bien, a vcccs desearíamos un desarrollo algo
más extenso de ciertos procesos psicológicos que quedan
escuetamente indicados.
He aquí, en este cuento, una madre amantísima, im
hijo bueno y desinteresado y una víctima infeliz de la
sociedad y de los hombres que la arrojaron, honesta c
indefensa, a los lodazales de la prostitución. Tres seres
buenos, generosos, honrados, cada uno dentro de sus
ideas y sus conceptos del bien y la virtud; tres seros
impulsados por sentimientos de abnegación y de altruis­
mo: el hijo que intenta salvar a la muchacha buena, re­
dimiéndola de su calvario por el matrimonio; la madre
que intenta salvar a su hijo do lo que ella considera su
perdición; y la joven que comprende el dolor de la ma­
dre y presiente para el hombre que adora consecuencias
funestas de su generosidad, y que vuelve a su calvario
para evitarle desgracias y humillaciones ¡ la implacable
venganza con que la sociedad condena al que intenta
romper sus moldes viejos de virtud. Ante el abandono
de su novia, Boque Barroeta se pega uu tiro. Salaverri
no dice nada más. Pero el drama, como en muchas pie­
zas de teatro, como en muchas novelas, empieza cuando

A

TRAVES

DE

LIBROS

Y

DE

AUTORES

el autor lo da por terminado. El drama está en el dolor
de la madre que agradecía al Altísimo por haber enter­
necido el pecho de una pecadora y que siente pesar so­
bre sí misma la muerte de su hijo y el calvario de la
esclava: el drama está en el terrible sacrificio de Luisa,
consumado inútilmente; en el irreparable dolor que para
estos tres seres ha nacido de la casualidad de su en­
cuentro y la generosidad de sus corazones.
Otro cuento interesante, esta vez por la fineza y la
sutilidad de su observación y hasta por su vaga ironía,
es “ El hombre que nació optimista”, que tiene toda la
sal de un cuento de Anatole Franco. La bonhomie, la
bondad inalterable, la superior serenidad de Don Tiburcio Gorja, y hasta su desgracia conyugal, nos recuerdan
más de una vez al finísimo, ático filósofo que retrata en
muchos circunstancias, bajo la figura insignificante de
M. Bcrgcret, a su padre espiritual.
^
Pero hay en este libro de Salaverri un sentimientoque aparece en más do una ocasióu con caracteres de
verdadera originalidad. Y es el sentimiento de la pa­
ternidad llevado en “ Almas sin cuerpo y cuerpos sin
alma” hasta la pasión artística.
Én efecto, Roger, el protagonista de este cuento, su­
bordina su vida, su matrimonio y aun a su esposa misma
al hijo que ha de venir; el que, aun antes de tener si­
quiera novia, descuenta con toda certeza que debe ser
vjarón. Con estas ideas Roger no se casa por amor, ni
siquiera por conveniencia: menos aún por interés. Como— 153 —

descartada de antemano^ ltt cuestión-interés. garbosa. pardos. ^¿jjjsíderaban el casamiento desde el punto de v ista fd flj Juiras. Boger no elige la mujer más buena. X»cro el acierto psicológico de Salaverri esta en el f-outraste que presenta este sentimiento en el hombre y. tante avidez de figurar. un poco1frío. deliberadamente.-. con la cons.' ' ¿ r X i t ' m ?*»■ " > ■ u y i íiígrfrí . y tiene razón Salaverri al concrolar en los hijos la obra de perfección de toda vida humana.' poco inteligente. pagada de su hermosura. ni aun aquella que pueda tener m6s a fin iá a a | qqji ga carácter y con sus ideas. sereno. busca en la esposa la arcilla manipulable para su futura obra maestral N oim porta que Carolina Mendoza sea una criatura frivola. rítmica-.■'■-■‘ "' ^ ü íc n ’selecciona la raza. el rostro muy. a semejanza de los -g*^eVo. Fríámente. almen­ drados. han de dar al hijo toda la hermosura ¿lo la madre y todo el talento del padre. este afán de paternidad es muy noble. diríamos pasivo quo Roger atribuye a su esposa al considerarla únicam0iitc como materia prima. No importa que haya entre lós. puesto que 61 es lo suficientemente^ t j c o P ara hacerlo. la boca fresca y encendida como un clavel gadi­ tano: puesto que las leyes de la herencia. j ’cro aparte el papel insignificante. como todo lo perfecto. los ojos grandes. ni la% ásH? S r tgjjgente. y s i e i ^ pre en vista del hijo que ha de nacer.^u«: . Para «cr la madre de su hijo le basta a Roger que sea alta.. — 16 4 — .: c a r a c te r e s ele ambos un antagonismo profundo. muy elevado. que 61 arre­ gla a ku capricho.

daría mate­ rial para una honda novela psicológica. La mujer nace m adre: el hombre se hace padre. como si no se tra ta ra de un ser humano.. ” Porque la paternidad del escultor es un sentimiento más artístico que humano. y en esta diferencia radical de psicología estriba muchas ve­ ces el antagonismo de los sexos. mejor desarrollado. esposa. de haberlo formado con su sangre y con su vida..1a cólera y el dolor de la leona a quien le roban sus cachorros. y arrancando el cuerpo del jorobadito de las manos criminales del padre. e s ta lla en . y a p esu de . madre a pésár de su inteligencia limitada. Era mi h ijo !. indife­ rente. se siente realmente madre.si^pré^u< áoñtt..15 5 . ya que su originalidad puede tentarlo. r . El hombre no experimenta en la generalidad de los casos este sentimiento. en tanto que la madre. hasta que la criatura empieza a dar manifestaciones de inteligen­ cia. el hombre se siente extraño. de su carácter inferior. por el hecho de haberlo llevado en su se­ no. Salaverri de­ bería escribirla.’ sólo acierta en su cruer^d&éngafio’ a 'supri-' ■mir al hijo. Ante el paquete de cintas y puntillas que sólo $abe llorar y mamar. en tanto que la madre.. los planes de Boger.al^el^r . lie ahí un tema que. aun antes de que haya nacido. sólo obtiene un m q ijs^ ál ^defraudado en todos' sus (¿lcüíosf1’e^gtmá!^^^ esperanzas.«n' la mujer/ Cuándo’:la ’fataÚdad desbarata todos. exclama desesperada: “ Era mi h ijo !..

cuya atención despierta está siempre fija sobre sus mayores para copiar sus gestos y sufrir por sus actitudes. sin tra­ ducirse. mano. No nos hemos detenido aún a espiar. y demasiada despreocupación tratamos diariamente a esos pequeños testigos y pequeños jueces de nuestros menores actos. El alma de los niños es aún para nosotros un misterio.• \'L '• U I '8 I • pues hasta ahora pocos autores han intentado describir estos sentimientos. como se agigantan en la sombra pro­ yectada sobre un muro los gestos insignificantes do la. impresiones que no saben o no pueden traducir a nuestro espíritu. claras y definidas. Con demasiada inconsciencia. . al exterior. del que los se­ para toda la distancia de los años recorridos: impre­ siones nacidas muchas veces de nuestras palabras y do nuestros actos. el misterio de su personalidad. impresiones que duermen en lo hondo de sus con­ ciencias para despertar un día en actos o reflexionesque nos sorprenden y nos desconciertan.jguardan en lo más recóndito. sin embargo. esta vez infantil. Ellos . cuyas consecuencias no nos hemos dete­ nido nunca a calcular y que se agigantan en el alma de las criaturas. pero 110 menos activas ni menos vividas por eso. para desentra­ ñarlo. o viven una vida misteriosa y profunda. y esta falta de importancia que les atribuimos es la causa do tantos ca­ racteres malogradas y de tantas vidas fracasadas. “ La envidia del niño ciego” es otro caso perfecta­ mente estudiado de psicología. — 15G — ..L ■K" I 8 A.

que hemos descifrado ya muchos problemas psicológicos. realizamos un poco a ciegas y otro poco a tientas. no del todo exenta todavía de preocupaciones y frivolidades mundanas. para nosotros. Y este misterio de las almas infantiles es aún más trágico en los pequeños ciegos: las únicas ventanas de cuyas almas han quedado cerradas para siempre. que. y en el cual está per­ fectamente representado el ambiente de la escuela. Y el drama que se desenvuelve detrás de sus párpados vela­ dos nos deja por esto en una ignorancia aún más com­ pleja. seria. nacido de una sensibilidad agudizada. no por haber sido su novio y haber pensado seriamente en hacerla su esposa. que se ve un día entregada. con la complicidad de las circunstancias. tal vez preparadas voluntariamente. el problema más complicado. humano estudio psicológico. He ahí una mujer honrada. el pudor salvaje de las almas infantiles que se repliegan sobre sí mismas en un orgu­ llo doloroso. a la cobardía y el apetito do un hombre. su compañera de toda la vida y madre — 15 7 — . Otro hondo. aunque esto no lo diga claramente el autor. “ La venganza del niño ciego" es un cuento que obliga a reflexionar hondamente. más grave y más trascen­ dente al mismo tiempo. que. en el mejor de los casos. incapaz de una imprudencia. es “ La ven­ ganza". Gra­ ve responsabilidad es la educación de las criaturas.A TR A V E S DE LIBRO S Y DE AUTORES El alma de los niños es hoy todavía. Nadie ha dicho aún con aná­ lisis bastante clarividente.

a quien la sociedad tolera benévola— 15 8 — . Ante estas narraciones. como ante los hechos que la realidad pone a veces ante nuestra vista. y esa solidaridad del sexo que ciega a tantos. no le impide a él reconocer toda la bajeza que encierran ciertas almas masculinas. que lo misino la entre­ ga a la infamia y a Ja miseria una ve/. Pedro Ureola es el tipo perfecto del canalla infame. deformidad que aparece a veces aun en los mejores cuando de este tópico se. y la . El autor lo comprende también así. nos preguntamos dolorosa­ mente sorprendidos y Iristemenlo desilusionados. Iralu. los intereses. transforma en una querida que abandona luego p ara realizar un matrimonio ventajoso. tanto más cuanto que se las sabe copiadas fielmente de la realidad. como le confía luego en el papel de esposa. las aspiraciones más caras y aún el porvenir de los hijos. Y la mu­ jer no comprende. Salaverri toca en este cuento otro grave problema so­ ciológico. ni llegará a comprender nunca. que lia cumplido su objeto.L V I S A L U I S L de bus hijos. Iíay en este y en otros libros de Salaverri figuras como esta de Ureola que horrorizan moralmente. qué clase de animal es el hombro. la vida. Porque hay una monstruosa deformidad en la moral de ciertos hombres. hace mirar a la mujer 1:m sólo como un instrumento de placer. sabe deponer sus instintos bestiales. cómo el hombre puede susfcnlar el amor sobre ese sentimien­ to de menospreció que le. surgidas de la pluma de un hombre. y si tiene realmente sen­ tido moral.

muchas generaciones han de ser educadas diversamente.. Poca vale para ciertos hombres la vida y el alma de una mu­ jer. como en este caso. la ino­ cencia de la criatura que va a sacrificar trueca en ansia materna la sugestión del crimen. cuando loca de dolor y de desespe­ ración. para estrechar sobre su seno al hijo de su verdugo. aporte. Mucho falta aún.A 'MAYES 1)E L ililí OS Y DE AU TO R ES mentó. elige la cárcel para satisfacer antes su venganza en el hijo pequeño. significativo a esta obra do redención humana?). con todas sus deficiencias y todos sus peligros. La familia Gutiérrez apare­ ce. con una sonrisa para sus infamias. víctima inocente del crimen de su padre. educación del niño lo mismo que de la mujer. niños y niñas. para que la m ujer ocupe su lugar de ser consciente y respetado al lado de su compañero natural. en el momento de cumplir su venganza. tan superiores. y esta educación que ya han emprendido muchos cerebros comprensivos (¿acaso no son estos mismos cuentos. 3' culmina con trágica generosidad al final del cucnlo. y Rafaela deja caer inctaeto el frasco de vitriolo. rectifican­ — 15 9 — . más merecedodoras que el crimen. viendo ante ella dos únicos caminos abiertos: la mancebía y la cárcel. Pero sobre el umbral del apo­ sento. (le las mazmorras de la cárcel. ha de dar al fin a unos la conciencia de sus deberes. que en otra obra nacional de valiente acusador a nuestro medio. a sus viles y de­ gradadas conciencias. El alma de Rafaela se manifiesta con loda su grandeza y todo su heroísmo en cada acto de su vida de mártir.

diferente en esto de muchas profesionales beaulies que sólo existen para su belleza. Y esta alma es lo quo sus admi­ radores no ven. trabajo. el sufrimiento de la mujer consciente.L Ü I S A L ü I S I do el falso concepto de su impunidad. para la satisfacción de su vanidad. aun­ que dejando siempre amplio margen a la imaginación . fronte al materialismo de los hombres. un alma delicada. al rango de personalidad completa. Y esta alma es lo que Paulina se empeña en mostrar para que la quieran de un modo espiritual. y como per­ sona aspira a que se la tenga en cuenta. sus padres en la vejez. Es una persona y no una hermosa besliczuela. que tiene solo por misión lucir su belleza cu todas las fiestas y efectuar un casamiento rico para ase­ gurar con él la tranquilidad financiera de. Cuando Paulina — 16 0 — . cegados por la belleza material de su cuerpo. “ La sunibra del laurel” es uno de los cuen­ tos en que mejor acierta su autor en la psicología fe­ menina. Paulina líoea es una belleza de salón. para el homenaje casi siempre impuro de sus adoradores. Salaverri ha escrito también admirablemente. esta vez en otra esfera s o c ia l. de sus padres que sólo ven en ella la her­ mosura coliza ble en la venta disfrazada de un contrato matrimonial. suave. una profesional bcuuty. y a las otras una conciencia más clara de su propia dignidad realzada por el._del lector. Paulina lloea tiene un alma. Pero Paulina. cnoantadoramente espiritual. para el mezqui­ no triunfo de humillar a sus amigas y rivales.

Paulina Roca llama a su primo Jorge. o en la bo­ ca. lastimada por la brutalidad inconsciente de sus adoradores. sor­ prende su mirada brillante fija en sú cuello. Herida.. en cuenta la posición económica. y más aún si la mujer es hermosa. sobre sí misma. Y Paulina se repliega. ¡Absurda pretensión!. o bien en su laxitud desesperada. Para muchos hombres toda­ vía la mujer es un ser a quien se le discute como en el célebre concilio la existencia de un alma. deja libre rienda a sus ensueños. absortos en la contemplación material de sus prendas físicas. con prescindeneia com­ pleta de las condiciones morales que solas pueden ci­ mentar la felicidad . dice sus aspiraciones. que no la han oído siquiera.. a fin do que su belleza no oculte por más tiempo el alma quo sufre ignorada tras de ella. o en su descole de soirée y advierte que no la han escuchado. pero en el momento en que cree estar realmente en comunión espiritual con uno de ellos. alejado por la familia como un serio — íci — . que la insultan con la brutalidad de su cínico ho­ menaje.A TRAVES DE LIBRO S Y DE AUTORES conversa con sus admiradores. hosca. de los cuales sus padres sólo tienen. habla con entusiasmo de sus ideales. de arrancarles esos ojos (pie la ofenden en su pu­ dor.de su hija. En este caso sólo debe vivir 2Jara y por su belleza. con unos deseos hondos y criminales de abofetear a sus cortejan­ tes. ansia al des­ pertar y mirarse al espejo unas viruelas o unas her­ pes (pie desfiguren su rostro demasiado bello.

que en nada se detiene con tal de verse satisfe­ cho.. mortaja esplendida de su alma. en el primero de ellos. ni aún en el casamiento de la mujer amada con un extraño. in­ feliz abandonada que pide ver a su ex amante antes de morir. antes que la muerte. no va. La figura de Olota. es una ver­ dadera joya. a pesar de toda la re­ beldía de su pasión que la impulsa a gritar a la des­ graciada que en nombre de la hermana moribunda. Y al constatar también en él el mismo deseo puramente ma­ terial.l u i s a l u i a i peligro a cansa de su pobreza. más que.. La belleza no pu­ do soportar el peso mortal de su hermosura. Alma esencialmente buena. “ La novia blanca” . mucho más hermosa todavía. es mío." Y al día siguiente. ante la consternación desesperada de sus indignos padres. su cuerpo escultural aparece colgado en la rama más fir­ me de un copudo laurel de su jardín. “ La m á rtir” . viene a buscar a su novio a su propia casa de novia pura e inmaculada: “ No. pero en el cual cree ella encontrar esas prendas de inteligencia y de carácter que busca en vano en sus demás pretendientes. — 162 — .f’ puede más que su amor. son también cuentos de gran valor psicológico y literario.. tú? Eres tan mi­ serable como los o tr o s í. la ingénita mansedumbre de su alma. la generosidad es­ pontánea de su corazón. su dignidad ofendida. “ El destino” . y alcanza al novio su sombre­ ro para que llegue más pronto. a pesar de los celos perfectamente explicables. estalla indignada: “ Poeta. rnío..

A TR A V E S DE LIBRO S 7 DE AU TO R ES a llevar un poco de paz y ele consuelo a la desgraciada agonizante. de puro entron­ que castellano. sin embargo. u n gran poder de sugestión. Oíros muchos cuentos reúnen también preciosas ob­ servaciones psicológicas. Es una filigrana que podría perfecta­ mente figurar en una antología al lado de cualquier trozo clásico. valor propio. “ La incógnita” . al hacerlo completar y desarrollar los procesos quo bu querido solamente sugerir. se vuelve fluí— 16 3 — . lo que no les resta por eso. tienen el mismo valor litera­ rio. sin embargo. en cambio. nos recuerdan anécdotas ya conocidas. que obliga al lector a una actitud algo más que pasiva frente al cuadro que se va desarrollan­ do ante sus ojos. pero le exige una estrecha colabora­ ción con el autor. El estilo de Salaverri conciso a veces hasta la telegrafía y que nos sugiere en más de una ocasión la imagen de comprimidos ideológicos. y sobre todo. ya que lanío o más que el asunto vale el modo de desarrollarlo y lo que de su propia personalidad pone en él el escritor. E l lec­ tor va escribiendo los temas en su imaginación al mis­ mo tiempo que el escritor y esta colaboración exigida es acaso uno de los encantos mayores de los cuentos de Salaverri. es para mí el trozo más literario. “ El senador son­ ríe ’’. más castizo. No todos. “ El muy romántico caballero” . se suaviza aquí en períodos más redondos. “ La Mascota". por el carácter de su protagonista y por la fuerza de su lengua.

Pe­ ro estes. al idealizar de este modo a la mujer. siuo también en sus novelas El corazón de María y Este era un -país. Alguna que otra rompe esta regla casi general. o bien aquella Gcnrgina y aquella vieja dama de Es­ te era. todas son solo corazou y sacrificio. bo­ rrosas. cuya irreal idealidad ha cautivado tantos cerebros femeninos con su romanticismo agudo. con tonos y matices de mayor suavidad castiza.. . Salaverri iminificstu en ellas un verdadero culto a la mujer. figuras. son a veces indefinidas. El alma misma del romántico caballero trasun­ ta al lengaaje con dulzuras rítmicas muy españolas. un paU ..L U I S A L U I S I do. Todas o casi todas sus figuras femeninas se caracterizan por un hondo espíritu de sacrificio y do abnegación. Pero on general. no sólo en sus Cítenlos del Jilo <7c la Plata.i excepción: tal esa Cíala Albín que abandona al liijo moribundo para asistir a un bai­ le. que no son ciertamente modelos do hermana ni de madre. desde la Lucía do “ El amor do Ja histérica” hasta esa romántica y absurda protagonista de E l corazón de María.. además. Acaso peque Salaverri. pasando por la muy huma­ na Rafaela de “ La venganza” . y parecen . notemos una particularidad de Salaverri. Y antes de terminar. casi musical. sin carácter ni personalidad propios. por falta de psicología femenina. ya que tanto ella como el hombre distan mucho de ser perfectos. aca­ so para confirmarla con I.

No es extraño. pues. ia ausencia absoluta de camara­ dería y da amistad desinteresada entre ambos sexos. es más palpable en E l corazón de María. en cambio. Sus figuras masculinas. Los escritores hombres sólo conocen bien ci alma de ios demás hombres: la de las mujeres queda casi siempre ajena a ellos. que nada sabe ni lo interesa de las ideas y do los sentimientos femeninos. Esto defecto. La escasa sociabilidad. a mi modo de ver. en el que nada sabemos de la protagonista. se agitan. únicamente. la literatura. o quiere ser. en las que la mujer no tiene trato espiritual alguno con el hombre. que es. como casi todas — 165 — . es fuente también de muchos desengaños entre esposos. fuera <lc la realidad. liada do lo que piensa. sin embargo. viven.A TR AV ES DE LIBRO S Y DE AUTORES moverso en muchas ocasiones. se mueven. Y por esta razón. si es (pie tieno conciencia de su propio sentir. e impide la fusióu espiritual indispensable para el cono­ cimiento previo de ambos caracteres. nada do lo que siente. Por otra parte. sobre todo en ostns países americanos que conservan aún muy cla­ ros vestigios de las costumbres musulmanas importadas por los árabes a España. cu un plano espectral ajcuo a nuestro ambiento. como gentes de carne y hueso que son. Y esto se explica claramente. pequeño frente a las positivas cualida­ des del autor. la obra más débil de Salaverri. si os que en algo piensa. es El corazón de María. el centro do la obra. que en este ambiente los escritores tengan tanta dificultad para pintar caracteres femeninos con absoluta fidelidad.

algunas mujeres de 1alento. la ya falsa figura femenina.L . Desdémo11a. doña Inés. entre las mujeres. tan clara. acaso para halagar de esta ma­ nera la vanidad masculina: Ofelia. las observacio­ nes exteriores que han podido obtener. De ahí ese lugar común tan socorrido y tan falso del misterio del alma femenina. o como ellos han 'deseado que fuera. uno o va­ rios tipos literarios de mujer. ha sido hasta ahora campo reservado casi exclusivamente ni sexo masculino. Beatriz. Celimcna. en la realidad. Y hasta la mujer vampiro de las películas norteamericanas modernas han surgido luego en la realdad como una imitación de. e independizándose del prejuicio li­ terario. esos tres o cuatro tipos lilcrarios. Sólo tal vez esa admirable Portia do El mercader de Ycnccia no ha lenido aceptación. es que luego la mujer ha puesto todos sus esfuerzos en copiar. tan lógica y tan natural como el alma masculina. por lo mismo que los hombres no han sa­ bido reconocer la nobleza y Ja hermosura de su alma. mujeres como Bachilde y Marcelle Tynaire en Francia. novelistas in­ signes. llasta que. Pero lo más curioso del caso. tal como ellos la han ima­ ginado. y lo que ha hecho que obtuvieran curso libre todas las patrañas literarias que a la m ujer se refieren. y co­ mo tal han creado ellos dentro de ese campo. ü I 8 A L U 1 8 '• / Jas actividades del espíritu. concer­ tando con estos deseos c imaginaciones. que es la de ellas. Emilia — 166 — . perfectamente conocedoras del alma femenina. tanto o más fuerte tal vez que el social.

si cabe. los Cuentos del Río de la Plata es un li­ bro muy superior a E l corazón de María. .. cualidades que ya el autor había demostrado bri­ llantemente en Este era un país. . por 110 hablar sino de los países latinos en donde m/is defor­ mada está la figura literaria de la mujer. la vuelvan a su realidad de carne y hueso de que la ha excluido has­ ta hoy una literatura exclusivamente masculina.A TRAVES DE LIB R O S 7 DE AU TO RES Pardo Bazán en España. Matilde Scrno en Italia. superior a Jos anteriores. 192-1. Monlevideo. La comedia de la vida y los artículos de costumbres en nada des­ merecen junto a esta nueva modalidad del escritor. Cada nuevo libro de Salaverri es. aunque. por la acabada observación psicológica y el hondo realismo de todos ellos. En resumen. según mi modo de ver.

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hacia la tragedia de su vida de mujer joven y bella. los que no le otorgan el título de primera poetisa de América. en estos últimos tiempos sobre todo. Al contrario. — 169 — . después de un eclipso pasajero que se inició ca­ si a raíz de su muerte. ni porque se le desconozcan méritos. es para mí.ini. Porque es una admiración desviada de la fuente prístina de su poesía. No porque se la baya olvi­ dado.LA POESIA DE DELMIRA AGUSTINI Escribir sobre Dclmira Agu. un movimiento a su favor parece acentuarse cada vez más. más irritante bajo su^apariencia de general admiración. Pocos son. Pero la injusticia existe a pesar de todo. una ver­ dadera necesidad anímica.st. en efecto.

manera con que algún crítico argentino ha pretendido catalogarla fisiológicamente por debajo de lo normal. des­ apasionadamente. Acaso. y aún sin acaso. apartando deliberadamente de su pluma. la persona y el juicio que merece la obra. Una y otra se compenetran gene­ ralmente de tal modo que es precisa la perspectiva del tiempo para separarlas definitivamente. La tragedia de Delmira. F alta entre ellos quien. estudie profundamente. Acaso dentro de algunos años o de algunos siglos. al atraer sobre sí la atención unánime y la sim­ patía general. y esta vida y esta muerte de Delmira. La leyenda va en camino de borrar la jjoesía. el caso de estos seres supernormales será tratado con la familiaridad con que tratamos hoy a los normales. Vibran a nuestro alrededor llamados ca­ da vez más perceptibles del Misterio. un ser anímicamente nor­ mal. son un caso tal vez de mexianismo. Del mira no fué. porque la obra de esta — 170 — . digua de más lionda refle­ xión. No a la. la obra de la genial poeta.L U I S A L U I 8 I Ilay una oscura influencia. están cometiendo sus mismos panegiristas. tal la injusticia que. sino biológicamente por encima de lo normal. sin quererlo. Y digo biológicamente. pero éste es ya un aspecto del problema que 110 me atre­ vo a afrontar. entre el halago que inspira. robó a su obra lo que de derecho le per­ tenecía.. en efeelo. el prematuro fin. cuan­ do sean desvelados por completo los secretos cada vez más acorralados hoy de la Psicología y de la Biología. tal obra estuviera condicionada a tal fin.

La poesía de Delmira Agustini encierra en sí. para que posea como consecuencia. como si cada uno de los que la han estudiado sólo hubiera percibido un único aspecto de los múltiples y complejos que posee. es.Vida-. Si no es posible darle — 171 — . Si. y el cerebro un acumulador. cerebral. por lo menos uno de los primeros poetas de América. como lo piensa Maeterlink. cuando en realidad los reúne todos en un haz magnífico y completo que es. todas las potencialidades de la vida. Pero dejemos de lado toda explicación. si no el primero. la corriente nerviosa que anima el organismo humano no es más que una for­ ma de la energía eléctrica cuyo depósito general es la tierra. que por pre­ tender explicar es ya audacia y presunción. — supongamos sola­ mente que un cerebro cualquiera reciba una carga ma­ yor de energía.A TRAVES DE LIB R O S Y DE AU TO RES poeta se caracteriza ante todo por una potencialidad tal de vida. como en ningún otro poeta. Se la ha denominado pasional. Delmira Agustini no es solamente la prim era poetisa de América. sensual. una potencialidad máxima en todas o por lo menos en algu­ nas de las actividades humanas. para limi­ ta mus al estudio de esta poesía que se ha llamado genial para dar siquiera un nombre a lo que lie denominado antes supernormal. a un grado máximo. imagina­ tiva. toda la. que su producción no es sino el desbordamiento lógico de un torrente que no cabía en el cauce normal de las formas sociales.

jComprendéis mi norma?—Forma es materia. Acaso Berg— 172 — . Porque esos tesoros in­ valorables.. de la cual están muy lejos de haber sido extraídos aún todos los tesoros. es porque en ella la for­ ma cedió al impulso incontenible de su fondo. y sus fuerzas dionisíacas hubieran sido disci­ plinadas por el estudio y la cultura. quo la forma se rompe en ocasiones. fuera de la lógica simple de su vulgar existencia de muchacha burguesa. el ama to d o . estaban más allá de su propia inteligencia. la materia lodo.L U I S A L U I S I sin discusión el preciado título. de cuyo precio no pudo ella misma darse cuenta.. sería trabajo esté­ ril y.—La esencia es alma. pero no habría producido esa poesía suya des­ melenada e impetuosa como un torrente. Desdeñad la for­ m a !. Si Delmira hubiera nacido en un medio in­ telectual. avasalladora y deslumbrante. Estos casos geniales desmienten vic­ toriosamente la teoría simplista de Taine. un talento cla­ ro que se hubiera destacado en cualquier actividad inte­ lectual. en un mundo en el que se movía como una alucinada.. El fondo es tal. . presuntuoso. ■•Buscar en.. habría sido acaso una cabeza luminosa y bien organizada. dejando derramar su contenido. — la esencia vida. de una riqueza tan varia y tan enorme. ” El tiempo confirmó cu su obra esla aspiración.su familia antecedentes. lilla mis­ ma lo ha dicho en uno do sus poemas de adolescencia: “ La forma es un pretexto..

Delmira no hubiera sido acaso la poetisa genial. Desde luego. Es un ejem­ plar notable de mujer en toda su prístina pureza. con la que tiene más de una analogía. distinta. (. felizmente. y busquemos. las diversas facetas de su personalidad poética. con todos los atracti­ vos peligrosos y nhteinndores del Misterio.'on otra familia. un Misterio. í Tnel¡liémonos reverentes ante lo que es para nosotros todavía. que hubiera divi­ dido entre mayor número de hermanas las complacencias maternas. en el impulso de todos sus instintos en libertad. Su misma falta de cultura le dió audacias de inconsciencia para mostrarse tal cual era. a lo que parece. fon otra posición económica que la obligara a la disciplina del trabajo y de las normas. hubiera sido de todos modos una mujer cuya riqueza vital no cabía en las normas socia­ les. bajo la tiranía de sus vestidos. como han perdi— 173 — . de desentrañar en la poesía de Delmira. pero a qué buscarla. más numerosa. con su nueva teoría filosófica. si Delmira 110 hubiera poseído la válvula de escupe de la poesía. Tal vez su vitalidad excesiva la hubiera llevado por los senderos de Teresa Willms o de María Baskircheff.A TRAVES DE LIBROS Y DE AUTORES son nos diera hoy.. y todas las maravillosas intuiciones de su intelecto de privilegio. modestamente.. en el mag­ nífico espectáculo de su ser integral. la cla­ ve de osle enigma. de su personalidad familiar y social. sin las deformaciones que la sociedad y la cultura imprimen a los míseros ejemplares de la raza humana cuyo cuerpo ha perdido la naturalidad admirable de su color y de sus líneas.

cabalgando ebria sobre el corcel . esa falta de cultura y de disciplina famir que dejó en libertad completa la fogosidad desboca. su alma ¡cil a todo llamado. encarcelados en I09 estroos vestidos del prejuicio y de la tradición. más pro­ — 174 — . su intuición despierta a toda sustión de realidad o de misterio. Pero el instinto safecbo 110 podía calmar esa sed más honda. deslumido. y su fantasía. por el cauce que menor resistencia le oponía. abismo y cumTodo en ella vive con una intensidad que asombra y usta: sus sentidos abiertos a toda solicitación. en la libertad luinosa de sus instintos y de sus sentimientos. íntegra de todas las potencias su vida. el predominio avasallador del instinto sexual. yó satisfacerla en el desbordamiento pasional vivido cantado en estrofas inmortales. la admirable es■ntaucidad de cus impulsos. instinto e idea. en sii ra. Y acaso esté en esto mismo su tragedia. y fué toda ella. carne alma. Sé entregó por completo a la vida que la solicitaba con los sus reclamos de barro y luz. pasmosa desbocada fantasía. Pero en una mujer así. los caminos que el intelecto pudo indarle. Eniada ella misma por la fuerza interior de su vitalidad. do su genio. Delmira -justini es un soberbio tipo de mujer. sombra y luz. hizo posible al mismo tiempo.V I S A L U I 8 I • su inteligencia y sus sentimientos.joso do la imagen. 151 torrente apasionado de su vida se lanzó. tovía sin desbrozar.

sed de Misterio. lie aquí el otro aspecto admirable de su poesía. dolor y muerte. Tal vez lo sintiera así. Y entonces fué su soneto magnífico. sin calor y sin palpitación. — no es ni carne ni mármol: una pasta de estrella — sin sangre. Acaso ella mis­ ma 110 sospechó su propia tragedia. Pero el amor no podía darle más de lo que"le dió: ilusión y placer. sólo vió un amor mezquino frente al Amor infinito que. Nada más equivocado. soñaba. todos los instintivos dolores ancestrales que la humanidad ha ca­ — 175 — . aca­ so la más soberbia presea del innúmero tesoro de sus. . Su sexualismo exacerbado no fué más que un espíritualismo equivo­ cado. presa suma para mi garra bella. . Porque el goce carnal no podía acallar su hambre infinita de más allá. sed de sab er.de la peque­ ña burguesa.** Alguna vez presintió aún más claramente su terrible equivocación. llega como una marea avasalladora la Intuición. Acaso en la desilu­ sión. sumergiendo en sus olas soberbias el pobre razonamiento . atravesando quien sabe qué recónditos caminos. . inconscientemente. o mejor dicho. a mi modo de ver. versos: “ Lo Inefable” ... para la que no existe linfa colmadora: sed de in­ finito. en la amargura que sus propios amores le dejaron.A ■TR A V E S DE LIBRO S Y DE AU TO R ES funda. en donde pedía al instinto lo que éste es incapaz de otorgar: “ Y desde entonces muer­ do soñando un corazón — de estátua. cuando es­ cribió “ Fiera de Amor". Se ha dicho que es cerebral. Toda la filosofía. Desde las raíces ancestrales de su alma.

la simiente — de otra Eslirpo sublimemente J u c a .. incapace. el se— 176 — . para reivindicar a Delmira de la estúpida acusación de inmoralidad con que han pretendido estigmatizarla los que. siente pasar a través de su espíritu maravillado. En nuestra trágica uruguaya.e l surco ardiente — donde. despiertan con el mismo ímpetu incontenible en el alma visionaria ¿a la poetisa.. avasallada por una inanalizable fuerza superior a todo razonamiento. En nadie el acto sexual adquiere tan filosófica trascen­ dencia. . como cu esta señorita de la dase media que se siente: “ . Es preciso decirlo de una vez por todas.Sus visiones toman formas incons­ cientemente metafísicas y ve aparecer ante sus ojos esa raza futura. sólo pudieron apresar de su obra magnífica lo que estaba al alcance do su materialismo vulgar y ramplón. Y entonces en los momentos de genial inspira­ ción. <!¿ ¡se­ guirla en el vuelo victorioso de sus alas. ungidos de mis­ terio y de milagro.. como en algunas de sus imitadoras. el objeto áo-sn poesía. abriéndose paso por entre sus menguados conocimientos.L U I S A L ü I S I nalizado en filosofía a través de los siglos. puede nutrirse. Porque el sexualismo desnudo y audaz do Delmira es­ tá lejos de ser. como la voz de una divinidad que está dentro de ella. los versos trascendentes..” Porque este sexualismo de Delmira — y 110 digo sen­ sualismo porque hay en ello una diferencia fundamen­ tal — está muy lejos de ser el torpe instinto que han visto con ojos torpes sus menguados comentadores. que sueña nacida de una larva de estatuas..

" . en Ja finura excesiva do sus nervios.^ .» 3. siente Delmira. natural. el credo revelador «le. Bajo la influencia sut’l y cnervadora. en una extraña alucinación. llay entre mis poemas de la adolescencia. está la nobleza verdadera de su poesía.enton­ ces sospecha que haya en los sueños “ mis realidad vi­ vientes que en la v id a".A TR AV ES :¿ E TAUROS Y DE AUTORES suali^mo es el cauce natural de su genio. pero sí tal vez obligada por con­ tingencias. el anhelo inconscien-te de su alma superior. irán. como la expresión — no acaso. lin a composición tí­ pica: ‘‘Xardos” . la sexualidad. En los versos flojos asoma ya la inquietud inconsciente de su genio. Y. que desvió' hacia su cauce el loríente magnífico de su poesía. lis curioso seguir en el proceso de desenvolvimiento de su obra. "cosas tan raras y hondas. la inluicióu maravillosa que'la hace derrochar en sus versos honduras de pensamiento y abismo do visiones que aún a ella misma asustaron. arbitrarias — de su naturaleza misma. lía jo el influjo narcótico de su perfu­ me enervador. la dominan.» ¿odean.semejante al mundo hipnótico. la j. . vertiendo llama y lumbre. cambiarse la realidad envolvente.i .. tan difusas — en el fondo de sombras de la sala — que he llegado a pen­ sarme un gran vidente — que leyera en la calma de las cosas — formidables secretos de la V id a . para el cual la rea— 177 — . desfilan por su imagi­ nación. del perfume. Los sueños y las visio’ie. transportándola a un mundo muy .. Fuera y por encima de esto sexualismo exacerbado y exaltado en una equivocada ruta de su exceso vital. que se derra­ ma por él.

la in¡ición que debió lót/icamenlc. No idría. una profétiea visión de su proio destino. como diría Vaz Ferreira. pues... a pcr de Ja debilidad de sus dos últimos versos.ü \ I & A L U I a. pero el "desasosiego de su espírii.mhlc por los sentidos c. “ La siem•a” que es una extraña. obra maestra do. la entrega entonces a la corriente conladora del Arte.s1á lejos de. Ella n o 'h a encon­ ado toda vid* su ru ta. ya maduro. •tente. esa sed inconsciente de su alma que la trabaja en lo curo de su ser. liacha de cumbres” ..No conozco sus cuadros.. Estamos en los prime­ as pasos de ese proceso maravilloso que lia de culminar i la obra magnífica de la pool isa. r escrita después. Acaso ilvía a Ja pintura cuando Ja rigidez de las palabras no facilitara la ancha puerta que ella necesitaba para ■sbordarsc toda entera en sentimiento y lu z . nada conozco de ella sino la ¿agnífica estela que con sus versos dejó c ji el mundo. “ Misterio. Pinla y eseri\. ser nlimen• suficiente para su necesidad. v e n . En casi todo “ Jíl Libro Juaneo” palpila ese anhelo ic se busca sin encontrar aún el cauce abierto por doii• derramarse en ímpetu victorioso. ” que encierra acaso la ejor exégesis de su propia obra. decir si en Ja pintura encontró el refugio isiado para el anhelo incontenible de su alma. . I lnd apre. “ Jja estatua” . son composiciones en — 17S — . en la que encuentra engañador alivio ira su torturadora ansia de In fin ito . y su sacudir de alas presiente ya el vuelo triun:dor: “ Mis ídolosv .. y no anlcs que sus poemas de amor.a sed’'.. El espíritu palpita. “ J.

c inocente. horizontes infinitos. — y nada de más grande ja ­ más han de ofrecerte. avasalladora que ia revelación del amor había de producirlo-. carente aún del • conocimiento sexual. Está lodavía en los dominios de la imaginación. Ella soñaba ya con un amor tan-grande. que es como el pre­ ludio de la magnífica orquestación de su vida y de su obra. titulado “ Amor” que aparece entre las últimas composiciones del “ Libro Illanco” : “ Yo lo soñó impeluoso.A TRAVES '. abren “ Los Cálices vacíos’’ con una ofrenda a Bros que preside c inspira toda la producción ulterior. y tam­ bién diría. formidable y ardiente.. mares de libertad y estepas sin límites. “ El Intruso” . la impresión profun­ da. naturalmente. — hablaba el impreciso lenguaje del torrente. por donde su al-^ — 179 — . “ Desde lejos” . tan enorme que no podía. las que ya está présenle el genio poético. pero apasionado ya co­ mo el alma candente de la poetisa. La reve­ lación maravillosa descorre ahora ante sus ojos asom­ brados!. — rodando por la vida como un eterno riego’’.. Y lo describe en un soneto soberbio. perspectivas desconocidas. ” Con esto termina el primer ciclo. en donde definió para siem­ pre el carácter absoluto del amor: “ Yo puse entre tus manos pálidas mi destino. toda la vida posterior de Delmira..DE L IB R O S 7 DE AU TORES. caber en la tierra. Y así “ Intim a” . •So. Es admirable en esta*niüa«genial. Su amor es puro aún.. — era un mar desbordado de locura y de fuego.

y los ver­ sos realistas también de “ Para tus manos” . “ Nocturno” “ Con tu retrato” . son can­ tos do apnstasía. su li­ bertador. como si dijéramos. el sutil desen­ canto. porque.L U :I -S A L U I S I 'nía ebria ha de galopar sin brida ni freno. em­ piezan a aparecer en sus últimos poemas. esc turbio “ El cisne” . equivocación.. en la realidad. “ con alma fúlgida y carne som bría... “ En silencio” . (pie es.“ Otra es­ tirpe” . “ Tu boca” “ . en donde. maravillosa de su suciío. absolutamente. Pasada la embriagues. Y a él se entrega completa­ mente. la arrcbaló a la “ divina labor sobre la roca creciente de su Orgullo. Marean estas versos la culminación del sexualismo exa­ cerbado de Delmira.. hay visiones de i: . “ Primavera” .” ..¡ginativa y realidades de apasionada. ” Si 110 abiertamente. sino también. “ Boca a bo­ ca” . “ En tus ojos” . perdida en su búsqueda estéril de Infini­ to. mientras surge triunfante y domina­ dor. maldice.. etc. desde lo íntimo do su ser. * ¿ Aún perduran los acentos encendidos en el fuego do — ISO — . ” Y es entonces el himno ardiente. el himno amoroso en todas sus audacias. el paradigma do esta clase de poesía.. cu el delirio no sólo de su carne.y sobre todo. la amargura oculta. el íntimo dolor de su trág ica. presa cu el enga­ ñoso espejismo de infiuilo. de su alma.delirante. las horas (pie no des­ tinó al amor.. el himno a vasa liádme­ la adoración ingenua hacia aquel a quien ella cree. desde “ Visión” . basta las cru­ das realidades de aquel soneto ya nombrado..Mis a la s .

Rosario do Eros” . poro 1Mil .. . con sus fantásticas cuentas de mármol. “ Boca a boca” es posterior a “ Los Cálices va­ cíos” . más firmes acaso. lodo ese episodio turbio del divorcio. fuente. pero “ Mis amo­ res ” .. arroyoj torrente-ym a r.. y su alma deslumbrada en el vuelo radiante.... acaso más implacables.ol fuego vivo\dc la rea­ lidad con el fuego fatuo de la quimera. lian pasado ya al dominio abstracto de la fantqsía. No tienen la candente rcaiidad do su sexualismo ante­ rior. que la tragedia material cortó definiti­ vamente de raíz. so desvanecían en el de­ sierto de su sed como espejismos del ¡Sahara. “ Mi alma es un fangal” dice más de esta ínti­ ma y secreta tragedia. Llegó a darse cuenta Delmira de que su instinto lá ha­ bía traicionado.? 101 mismo extraño y oscuro secreto de su vida. en un esfnerzo se­ guramente inconsciente.. de sombra y . no se­ ría ya ol desconcertado anhelo de recuperar una rula <¡ue se le perdía. V Aquellas maravillosas perspectivas que el amor des­ plegó ante sus ojos visionarios.A TRAVES DE LIBRO S Y DE AUTORES la carne. encontraba de nuevo. El “ Diario espiritual” inicia una íntima tra­ gedia anímica.. suplít*. los transparen­ tes cristales de su jaula que le mintieron perspectivas in­ finitas. Hay un grito de alma herida en uno do sus últimos poemas..de luz. que muchos versos y que muchas quejas---— m — . y la'imaginación intenta ahora. “ Mi alma es un fangal” — dicc_=r después de haber sido lago.

Su labio lo pronuncia sin que llene su corazón. con más calor de fraternidad a la doliente Gabriela que a la genial Delmira. dejándola trunca do emociones reales y de sangrantes suTrimicnlos. en electo. El dolor.. la obra de otra mujer. Acaso por esto. quú poesía micro y extraña que empezara a realizarse en ese turbador “ Mi P linto” . Inútil es que invoque el nombre de Dios. había de m adurar a fuccjo y luz el genio malogrado de Delmira.. Dos alas para Hogar al infinito.l propio ins­ tinto. en dolor y en misticismo. el hondo. pero que ha fructificado en cam­ bio.y sin dolor de fe ____ Porque la Vida la envolvió con tal fuerza en su co¡riente.? Acaso este maravilloso elemento que faltó por lo menos en la con­ ciencia de la genial poetisa. ni un vestigio siquiera del problema religioso. el humilde. ha ganado más hondamen­ te los corazones americanos y aún españoles. Porque no hay en toda la obra «le la genial poda. en el riego fecundanle del d o lo r. porque creyó en los cand­ ios del amor humano y carnal para llegar al infinito. y amamos hoy. Ijas dos alas que faltaron a la Irágioa uruguaya. fal­ ló en la obra magnífica. el humano dolor de la criatura. y suena frío como xm llamado sin i'e---. que no tiene sin embargo el genio intuitivo de Delmira. que so­ bre ellas hubiera escalado definitivamente ol firmamen­ to. to­ — 1S 2 _ . Dolor y misticismo. hubiera destilado el alma traicionada por o.L U I S A L U I S I De haber vivido Delmira. porque con tan impetuosa vehemencia se entre­ gó a las olas ensordecedoras.

libre de remordimientos y de fangos. 110 co­ noció tampoco ol dolor sin grandeza dol descenso. — 18 3 — . por senderos olvida­ dos de caridad y abnegación. Nada sabemos de los móviles que impulsaron la tra ­ gedia de su muerte. si cayó abatida autos de culminar su trayceloria. como todos los que han pedido y obtenido lodos los goces que ella es capaz de otorgar. la estrelló implacable contra los arrecifes monstruosos de su lí­ m ite . Delmira hubiera vuelto. Si 110 llegó a la cumbre más alta de sus designios.A TRAVES DE LIB R O S Y DE AUTORES do otro camino se borró de su existencia. como volvió Darío. le hizo acaso la suprema caridad de arreba­ tarla en piona juvenlud. Corno los grandes pecadores. Y como era mujer.. No sabemos si ella le fué impuesta por la mano celosa del esposo. el alma apa­ sionada y torrencial de la poetisa. y en lodo corazón de mujer hay ancho campo para la piedad. Acaso esta última hipótesis esté en más íntima conso­ nancia con el temperamento excesivo y la trágica cons­ titución de Delmira. y la vida al arrebatarla en sus ondas turbias y pote til es. por la oscuridad del más a llá . en ol triunfo absoluto de su belleza y de su tá­ lenlo.. con ol corazón vacío y la boca amarga. la amar­ gura sin luz de la caída. acaso no hubiera sufrido el terror amargo y cobarde de Darío.. o consentida y aún pro­ vocada por la tremenda desilusión que empezaba ya a os­ curecer con manto de negruras insondables.. La Vida a quien todo pidió.

quiso renovar Ja decepcionante tentativa.. el licor alucinante que. trá­ gica poetisa. realidad o misterio. No sería extraño. y desilusionada en el fundo de su ser por el hondo dolor de haber perdido la pureza de su alma sin obtener la sobrehumana felicidad que espe­ raba. cada ve z que. la Especio pudo renovar en la. se le alejaron «le. Sea ello I9 que fuere. oscilara en un vaivén monstruoso. Conseguido su fin. el despertar de la sabia comedia que la Naturaleza . los labios. vislumbró el espantoso.sus anhelos. el alma atormentada de Delmira. el delirio de sus sue­ ños.juega en cada criatura para alcanzar su fin. había de ser una tremen­ da. Se habla de otros amores. el placer carnal y el deliquio de los senti­ dos. pero la embriaguez luminosa. quo entre su sexualismo que conocía ya las rutas Jel placer. y su anhelo de vis io n e s infinitas.L U I S A L U I 8 I Para quien todo lo cifró en el Amor. toda su sed aturmentadora de Infinito sobre una frente amada. para quien como ella sintió un momento do su vida eoneenírarse todos . colgada entre dos abismos con­ tradictorios.sueños enormes. lodos sus . el terrible malentendido de su vida. hipótesis o fantasía.. Acaso inculpó de ello aí menguado esposo. Si ellos fueron ciertos. creyó beber para satisfacer en el su s e d inextin­ guible. la tragedia de Delmira cobraría dantescas proporciones. su alma loca de luz y de en­ sueños. la obra de Delmira está impregnada de un per- . pues. una formidable decepción.

imágenes que tie­ nen la fabulosa riqueza de los cuentos orientales. o cae con suntuosidades de pesado brocato . Su sensibilidad. descubre relaciones insospechadas. y la canción sobrehumana de sus océanos embravecidos. do tan hondas profundidades y de tan altas dulas. sería obra de más do un volumen. de una oscuridad de tra­ gedia tan sugeridor. la genial intuición de la poetisa derrocha ideas y conceptos en un sorprendente dominio de los últimos secretos me­ ta físicos. es empresa coronada siempre de magnos y auríferos tesoros. que bajar a sus abismos o remontarse a sus cumbres. flota imprecisa y su­ geridora como tul cambiante.DE LIBROS Y DE AUTORES fume de enigma tan violento. hiere. rígida y precisa. Contemplamos el espectáculo de esta alma con el re­ ligioso respeto y la piadosa admiración con que los pri­ mitivos habitantes de la 1ierra debieron contemplar los antiguos dramas cósmicos de las tormentas. a la manera de Valéry. Analizar las imágenes de Delmira. Hay veces en que el sentido de la imagen es tan re­ cóndito que el verso resulta oscuro. Mu cada una de ellas. relampaguea. con sus fil­ iólos de ciclón. los deslumbramientos de sus rayos. en pliegues de majestuosa riqueza.A TR A V E S . so dobla como acero templado. — 1S5 — . su torturada sensibilidad. el más puro simbolista entre los modernos simbolis­ tas. su extraña. y la palabra. penetra hasta el último sentido de las cosas. se curva entre sus manos como tela flexible.

” ¿Son los co­ razones humanos. llay en él una visión oscura de su propio porvenir literario. .L U I S A L JJ I S I “ Mi P linto ” es una típica composición de éstas. Eslos versos de Delmira son algo más que una imagen soberbia. Toda ella es un símbolo cuyo ooullo sen 1ido es difícil de des­ entrañar. Pero volvamos al “ Plinlo” .. con muchas piedras vivas. .. " E s creciente. esas manos retorcidas y negras que van labrando — IS G — . ’’ Delmira siente esa influencia misteriosa que le viene no sabe de qué profundidades enigmáticas de su s e r . Ya lo dijo otra vez: “ Yo te­ nía dos a la s .. ? Más fácil es creer esto último. i Lo vió Delmira con la claridad de nn pro­ pósito definido. alimentada de infinito jior raíces siderales o ultralcrr'enas. ” Si hubiera sido religiosa las hubiera llamado D io s. — Dos alas. y un recóndito sentido de su propia ascensión. Pero ella 110 podía dar un nombre tan simple ni una explicación tan ingenua a esla oscura influencia que se ejercía sobre ella como un mandato al mismo tiempo que como una fuente de vida.. acaso la más turbadora de lodas sus poesías: “ Lábranlo muchas manos — retorci­ das y negras. o de los espacios siderales. con todo el os­ curo fatalismo de una imposición.. .. o surgió así de su alma. — que del A zur vivían co­ mo dos siderales — raíces. son los espíritus de mezquindad y en­ vidia. .. — Muchas os­ curas piedras — crecientes como la rv a s. dilíase que tiene una infinita raíz ultraterren a.. Son todo el signifi­ cado de su alma.

. lodas las generaciones que la precedieron y a través de las cuales fué ella as­ cendiendo.. hay en es1e más zumo embriagador de misterio y de profundi­ dad. como ebrias — de un ve­ neno de arañ-as.. : “ Ya me embriaga un glorio­ so — aliento de palm eras. “ Boca a boca” es un verdadero deslumbramiento de imágenes a las que el ardor sexual presta magnificen­ cias insospechadas: “ Verja de abismos es tu dentadu­ r a ” ..ro de nn ahna es la boca del amante enamorado.A TR A V E S DE LIB R O S Y DE AUTORES n través de los años.... son acaso los corazones que la comprenden. la van le­ vantando lentamente. . basln que siente una celeste serenidad de estrella. esas oscuras piedras. fuego en vaina de em­ beleso: tijera ardiente de glaciales lirios. tenaces. y que cu la oscuridad del amor que le profesan. el plinto creciente de su g lo ria. joya de sangre y luna. " “ Ya siento una celeste-se­ renidad de estrella. ? ¿O es acaso toda su oscura ascendencia. estuche de en­ cendidos terciopelos. ” ? Tal vez más que en ningún otro de todos los enormes poemas de Delmira... como un cáncer ro­ s a ” . ? Y esas piedras vivas. hecha de carne sombría y de esjtíritu ardiente. ascendiendo . “ Tu beso mo come en sueños. crecientes co­ mo larvas. ” “ Ya mo abrazan los bra­ zos de viento de la s ie rra . Sc.. y toda esta estrofa la más ardiente y realista en la poesía ardiente y realista de Delmira: “ Pi­ co rojo del buitre del deseo — que hubiste sangre y al­ — 1S 7 — . puñal de.

que aumenta nuestra perplejidad ante el misterio eslavo de su alma. la más amarga crítica que se haya hecho jamás en menos palabras a toda la filosofía y a todo el a rte ? . plantas gijjanles. Asusta en esta’.1en plena juventud. Taiul>i¿n "Setene’’ es un derrocho «le i ni ágenos quo 110 alcanzan sin embargo. una forma más — 188 — . o traga amargos hongos de soledad” . ' ‘Las dulces mallas tm u ras” do las cari­ cias del amante. Otra vez dice: "Abrojo do oro y sombra”. — ilc tu largo y sonante picoteo — brotó una llaga como flor de roca’’. hablando de su destino. el la­ zo — esencial de los troncos discordantes — del placer y el dolor.niña. Esc gran huevo infecundo ¿no es acaso b más terri­ ble. Tú” encontramos imágenes do un sentido tan hondo y de tan largas resonancias. Al Amor dice: "Porque tu cuerpo es la raíz. su cuerpo es "u n a torre tic silencio y de espera — que so siente de mármol y se sueña de ce­ ra ” . la fuerza de expresión que las anteriores.L U I S A L U 1 S I ma entro mi boca. en otra imagen. toda la ciencia de la psico­ logía: "Las culebras azules de sus venas — se nutren do milagro en mi cerebro” . ¿Ilay acaso. o traga amargos — hongos «lo soledad” . He aquí. " En "Olí. una visión tan amarga y tan verdadera de la esterilidad perenne de to­ da investigación humana.. " Eter­ namente incuba nn gran huevo infecundo — incrustadas las raras pupilas más allá) — o caza las arañas del 1cdio. que: "caza las arañas del te­ dio..

es el perfume. I«rotan de los siderales rotees do su alma. En Delmira se siente que f:dta toda la larga cadena de raciocinios.1 TR AV ES DE LIBRO S Y DE AUTORES bella y más clava tic explicar lo que tantos menguadas profesores malograrían con una pedantesca definición de la imaginación. eslabones de un conocimiento ad­ quirido. y florecen al exterior como maravillosas co­ rolas que nos llegaran de países desconocidos del enten­ dimiento. síntesis maravillosa de to­ dos los zumos de la tierra.. de sus imágenes. al leerlas. se las sienle brolar sin esfuer­ zo. lo que me inclina a afirmar que la poesía de Delmira no es intclectualista.ro lo que hay en ellas de más sorprendente. naturalmente. Lo que. Y es este carácter mismo do naturales. y que se ignoran ellas mis­ mas. descubrimos on ellas de savia inl/!' vinal. la forma de las mágicas corolas.. on ellas oslá condensada la esencia fuerlu y misteriosa de.. IV.seguir. espontáneo de un co­ nocimiento superior <iuc 110 ha ¡tunado por el crisol analishi de su inlilitjiitrio.. y por lo tanto anti-poétiro. su alma. que las hubiera des­ pojado de su fuerza de expresión al transformarlas en lenguaje científico. el color.. como el lenguaje. Esta raíz tan honda — yo 110 encuentro palabra más significativa que la empleada por la misma Delmira — esta raíz sideral. ? Las imágenes de Delmira son 1oda su poesía. de anticientíficas. de síntesis transformada. de la más pura y prístina intuición. hoy. al ignorar el proceso que han debido atravesar. es que. nos llevaría a seguir — ISO — . ? Poro ¿a qué . sino todo lo contrario.

^ Se ha querido ver en él. y en la exaltación rayana casi en delirio incontenible del espíritu. que ella misma ignoró toda su vida que pudiera sor una mística pasión. con la turbadora complejidad lie su' germánica ascendencia m aterna. La pa­ sión de Teresa es pasión carnal y humana extraviada en senderos místicos. La hu­ manidad. Explicación simplista a mi modo de ver. mezcla de dos sangres antagónicas: la claridad latina dé' su sangre paterna. psicológico. ellas solamente. en nuestras costas rioplatenscs. Las raíces siderales del alma malograda fueron perceptibles en más de una ocasión para el ma­ ravilloso inicíenlo desaparecido. Delmira. En el milagro. el resultado imprevisto de la . Acaso en ese aspeclo de milagro radique la semejanza que se ha querido ver entre ella y Teresa de Cepeda y Avila. a pesar do todas sus aspiraciones y de todos — 190 — . al contrario. esas cruzas de razas tan diversas: el caso de Delmira es único en los anales de nuestra literatura. Son tan frecuentes que lindan ya con la normalidad. Hay demasiados misterios que envuelven como otro mundo de más espesa atmósfera nuestro pcqucíio mun­ do cognoscible. extravió en sene deros humanos su mística pasión. alimentaron con savia sobrehumana la poesía insupcrada de Delmira. Para mí es ésta una semejanza por antítesis.L ü- I 8 A L 77 1 rastreando ^sus orígenes hasta quién sábc qué abismos dé ’ misterio. y ellas.

necesitará siempre de los dos contradictorios elementos de su naturaleza: espiritualidad y. nun­ ca alcanzado felizmente. La lucha. como la de Delmira. La grandeza inalcanzable de Jesús está precisamente. en la menguada pro­ porción de cada ser. 1SI triunfo del esplritualismo nos daría santos. la lucha sola. con el cándenle humanismo de las almas. Delmira y Teresa son grandes por lo mismo. es una mutilación humana. en el sentido de que deja de pertenecer a la humanidad.m ateria-. consistirán siempre en el absurdo de su apár ­ rente escisión. demasiado por debajo de nosotros para lomarlas en cuenta. produce bes­ tias. quien no ex­ perimenta ya sus luchas ni sufre sus caídas. . dema­ siado por encima de nosotros para que podamos compren­ derlas y amarlos. en sus — 19 1 — . drama repetido indefinidamente en cada criatura. lismo. AU TO RES sus errores. No es posible a ningún humano que aspire a la integridad de su perfección. como lo comprendieron los mismos evangelistas. •••. en la lu­ cha desesperada de sus dos naturalezas. '?'■ Las grandes tragedias anímicas. concluye el drama. La religiosidad absoluta. la de' Teresa. 101 triunfo completo de una de estas dos fuerzas. el triunfo de la materia. E l más intenso drama ha producido siempre el más gran­ de ejemplar humano: tal Jesús de Nazarcth. y termina por lo tanto. el misti­ cismo perfecto.. separarlos uno de otro.A TRAVES DE LIBROS '•UT&tyÉ ':J. hace grandes a los hombres. ni negar a ninguno.

más grande aún que en la cruz. Y es grande por su lucha. ni la otra. y grande la tragedia de las almas en peligro constante do sucumbir. Ni la una cu su exacerbado misticismo que la derra­ mó cándenle y apasionada a los pies de Jesús en rapios do alucinador histerismo como a los pies tío un amanto de carne y hueso. y se magnifica do su luminosa equivocación. porque la lu- . Y la tragedia de ambas so agiganta de su propia inconsciunoia. mutiladas ambas en la realización unilateral de sus vidas. Sólo la lucha es gratule. El reposo anímico de Tugo re en la seguridad do su misticismo realizado no puede sernos tampoco un Ideal. el sensual error de Delmira. derramada en olas «le pa­ sión que se creyó carnal y que era místico en los brams do un hombre fogosamente amado. realizaron la incons­ ciente aspiración do sus almas. No es negando la materia. Jesús es gran­ de realmontc en el Monte do los Olivos. lns acercan a través do los siglos. Ni el equilibrio porfcHo de un (j'octhe nos atrae con sugestiones de imitación. ni esclavizando el espíritu que se llega más alto en la ascensión obligada do la hu­ manidad. en la grandeza so­ berbia do sus almas. para formar con ambos una sola magnífica imagen do mujer. para transformar en luz do poesía .L U I S A L V 1 8 1 dos contradictorios y trágicos triunfos aparentes. El Arle recoge ese choque continuo de fuerzas. EL mís­ tico error de Teresa.lns chispas arrancadas al golpear continuo del espíritu en la carne.

más que ningún poeta. y por eso. más nutrida «le savia misteriosa. más hondo y rico el inte­ lecto. Delmira llega de nuevo. aní­ micamente. físicamente. llegamos olra ve/ a nuestra definición primera: La poesía de Delmira encierra en sí toda la Vida. Tu­ vo más finos que nadie los sentidos por los que apresó cuanto a su alrededor existía. 1925. los conceptos audaces. las imágenes pro­ fundas. Y por eso también. el reposo»del triun­ fo definitivo es la Muerte. la riqueza avasalladora do sus instintos en li­ bertad. y por nuevos caminos a significar. . biológicamente considerada. toda la Vida.A TRAVES DE LIBROS Y DE AUTORES cha es movimiento. Vida. Do vuelta do esto viajo a través de las modalidades do sil alma. el alma levantada en ascensión perpetua sobre todos los misterios que nos forman una oculta y magnífica resonancia interior. fuera de la poesía. por sus dos raí­ ces siderales. Y todo ello en el sorprendente estuche de una joven burguesa a quien hubieran asustado seguramente. por que la lucha es vida.

.

— 19 5 — . dos joyitas engarzadas en la joya de arte que es es­ te libro. protagonista de la novela.“ EL HERMANO A S N O ” NOVELA DE EDUARDO BARRIOS . Mario cu la vida munda­ na. un poco gris de esta novela: el de fray Rufino. dos pequeñas obras maestras de cin­ cel. como las dos figuras principales de un bajo re­ lieve. quo atrae y cautiva desde el principio la atención. y el del hermano Lázaro.Dos caracteres nítidamente delineados se destacan cla­ ramente. Son dos estudios magis­ trales de psicología. sobre ol fondo un poco deslustrado. con fuerza subyuga­ dora.

idealistas. acabadas. dos. su autor declara no ser necesaria para juzgar su obra de conjunto). triunfa. fuera — 19 o — . en efecto. Eduardo Barrios es un gran psicólogo. quo consolidó su fama y consa­ gró definitivamente su nombre de novelista. lo mismo con el procedimiento de la escuela de Mcdán. de un sabor do romanticismo elevado. en el que 110 existe intriga. a la realidad brutal. en donde nada pasa. por otra parte. un fino obser­ vador. otras afinidades. espirituales. de tal modo que no parece escrita por la misma mano que las dos pri­ meras . Sobre tres de sus novelas (no conocemos “ Del natural". Pero tanto cu una como cu otras. al paso quo “ tía perdido” . es este “ Hermano Asno” . co­ mo decíamos más arriba. “ El hermano Asno" y “ El niño que enloqueció de amor” son dos jo■yas artísticas perfectas. que. el hondo psicólogo. que en el poema novelesco a lo D ’Anntinzio. difiere en el procedimiento. pero es sobre todo y más que lodo un gran artis­ ta. a veces. además. la que comentamos y “ El niño que enloqueció de amor” . cu la arquitec­ tura. entre las cuales hay. Si “ lín perdido” . de “ Un perdido” . de recia contextura. Poema novelesco. y hasta en el semblante general. es una no­ vela en toda la extensión de la palabra. loman la forma del Diario. de una delicadeza su­ til. finísimas. más quo novela en la ver­ dadera acepción de la palabra. en contraposición al amargo verismo.L U I S A L U I S I Eduardo Barrios tiene predilección por la forma del Diario íntimo. sen­ timentales.

Sut'ro.. por la bolle/a infinita quo lia croado con la mu­ sicalidad inimitable de su estilo.. Salgo en pocos minutos más. Sin embargo. prosta... fluido. sencillo como agua corriente. pero Tú sabrás porqué lo lias hecho a s í. ni loncos í Kecumlo aquella tarde. estoy enfer­ mo y sufro. Yo oslaré un poco dosoncaUtado.. Mírame. Y por esto también volvemos a llamarlo artista. Señor. — 19 7 — .A TR AV ES DE LIBROS Y DE AU TORES del inesperado episodio que termina la novela. un encanto tan íntimo y tan sugeridor: “ Tú sabes.." “ ¿Tiene. anoche yo e sp erab a.. ” o bien: “ Yo esperaba. indícamela. Señor.. Señor. cuando a mí venía?. para escribir un libro tan cautivador como el suyo. Pecador sentimiento! Bien lo s é . Dime si no lograré alcanzarte. olla la culpa. lo ho querido. en el quo la repetición bus­ cada de frases o do simples palabras. a otro que no fuera Eduar­ do Barrios. ella la culpa? ¿lia venido a cortar ella la blanca senda de tu gracia. " “ En fin. M “ Pecador sentimiento de última hora! Todo está pron­ to. Ten piedad do til siervo. ¿Tiene. en don­ de la gris sucesión do loa días. como fray ' Rufino. ” “ Ha venido ella a la misa de siete. quo la v i. en un convento francisca­ no do Santiago... Yo la sabré seguir. no daría tema. por­ qué lo lias hecho así. Si más baja es mi ru ­ ta. Señor. Tro a ese pueblo.. etc. por la vía de la beatitud. Se­ ñor. Poeta. estoy enfermo. transparente.. la segunda ve/. Está viniendo ha­ ce días a la misa de siete"...

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. Hemos tomado estos .ejemplos al azar. Muchos otros
podríamos citar como éstos, en los que la repetición de
la misma frase da al estilo la cadencia poética y el per­
fume de un elevado misticismo. Parece, en ocasiones, un
trozo del Kempis, o un pasaje de los Evangelios, por la
mística unción de que están impregnados. Tienen una
gran belleza, una gran fuerza evocadora estos “ ritornellos” , que, en los monólogos de fray Lázaro adquieren
la humilde dulzura de una plegaria o semejan el susurro
apaciguante de una confesión. Aunque pudiera parecer
monótono el recurso, está empleado con tal maestría, con
tal mesura y tal oportunidad calculado, que, lejos de apa­
recer monótono el poema, adquiere por csle medio un
fuerte sabor de poesía. Adviértase al mismo tiempo que
polo es empleado cuando el motivo lemálico (los monó­
logos del hermano Lázaro), do por sí melancólico y do­
lido, requiere la cadencia monorrílmica, como el balbu­
ceo que el sufrimiento pone en nueslros labios hasta con­
vertirlo en el constante repetir de una misma q u e ja ...
“ mamá, m am á... ”
Fray Lázaro ha vivido demasiado, o su dolor no es
bastante intenso para arrancarle un mismo nombre que­
rido; pero la repetición un poco resignada, la conformi­
dad a los santos preceptos 1c hace invocar a cada ¡lisian­
te el nombre del Señor en su constante diálogo con él :
“ Tú sabes, Señor, porqué lo has hecho así.
Pero el cautivador encanto de este estilo no radica so­
lamente en el empleo de tan conocido recurso. Es el “ to­
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LIBRO S

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no", tono menor, en que está escrito todo el libro; el sen­
timiento de unción, de místico deseo, de melancólica re­
signación o de profundo desaliento por que pasa el alniá
torturada de fray Lázaro; esa conformación estricta, esa
armonía entro el estilo, las palabras, la música de lá
frase y la atmósfera de humildad, de pobreza, de senci­
llez que envuelve al convento franciscano; esa armonía,
esa conformidad es la clave última de la sugerente be­
lleza de “ El hermano Asno’'. El autor parece haberse
embebido, compenetrado, antes de escribirlo, con las
“ FJorccillas” del Beato de Assis, y haberlo robado su
místico perfume para impregnar con el las páginas de
su novela.
El convento ha sido estudiado con honda penetración
psicológica; el autor conoce bien su vida íntima, que ta n ­
to parecido tiene a la vida de toda sociedad, yíi que son
los misinos hombres Jos ejue lo pueblan; y do esa obser­
vación serena, imparcial, sin segunda intención de polé­
mica o de propaganda, que hubiera malogrado la nove­
la, lia surgido la obra de arle perfecta, ecuánime, con
lodas sus bellezas y todos sus matices. Ignoramos las
ideas religiosas del autor; pero cualesquiera sean ellas
no so transparentan en la diáfana claridad de su es­
tilo.
Ilay en esa comunidad de hombres, sostenidos casi to-1"dos por un gran anhelo de perfección, hermosas, grandes
caracteres, como el de fray Rufino, torturado por su pro­
pio deseo de humildad; temperamentos pasionales, ator— 199 —

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amentados, violentos, como el del protagonista; serenos,
justos, fuertes, como el del Padre Guardián, cuya única
debilidad consisto en la blancura aristocrática de sus
manos episcopales; sutiles, "benévolos, indulgentes y sua­
vemente irónicos, como el del padre Bernardo, a quien
•bastaba, para amar a. sus semejantes, imaginar, en voz
do sus actuales rostros, el rustro desaparecido do la in­
fancia: “ Si maravilla, fray Lázaro, la infinita candidez
do los hombres. Las más de las veres actúan como cria­
turas inocentes, lan irresponsables de sus faltas como do
sus buenas acciones. Obsérvelos. No precisa siquiera el
esfuerzo mental de cambiar sus rostros. Continúan ni­
ños cu sus alanés. Caminan do aquí para allá, sin cesar
se mueven, realizan cosas cncantadoramcnte inútiles...
o bien analizan, con la misma seriedad ingenua y curiosa
con que desarmábamos, cuando chicos, el reloj de nues­
tro abuelo... para no saber reconstruirlo después...*',
lo que le da una enorme y uu pnr>o desdeñosa piedad pa­
ra todos los humanas; y, por último, mezquinos, envidio­
sos, pequeños de alma y grandes de vanidad, como eso
fray lülías a quien molesta lo mismo la santidad humilde
de fray Rufino que la mundana perspicacia de Lázaro, y
que está tan lejos de la mística beatitud del primero co­
mo del torturado anhelo del segundo.
Todos son, sin embargo, sinceros en su. fe, y a todos
mueve un noble deseo de perfección. Aparte fray Elias,
no hay en este convento modelo ninguna de esas tan co­
munes figuras que buscau en la religión solamente un

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TR A V E S

DE

LIBROS

Y

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oficio, un medio como otro cualquiera de ganarse la vi­
da, sin un fermento de misticismo que los purifique y
los eleve; y cuando la masa anónima del convento se opo­
ne a los milagros de fray Rufino, no lo hace por impie­
dad, sino por un equivocado deseo de prosperidad ma­
terial y de orden para la comunidad.
¡Cuánta verdad, cuánta íntima amargura hay en este
carácter de fray Rufino, el santo del convento, todo hu­
mildad, todo beatitud, verdadero hijo espiritual del pobrecito de Assis, a cuya orden pertenece, y cuya vida
ejemplar do fraile menor, todo amor a las criaturas del
Señor, ¿.«ierc resucitar en el modesto convento do San­
tiago. . .!
Sus luchas entre ol bien, tal como él lo concibo, sin ter­
giversaciones ni adaptaciones acomodaticias, puro y ab­
soluto en el amor y en la bondad j y los intereses vitales
de la comunidad: el orden, la disciplina, la limpieza, son
mayiilralc:! observaciones do Barrios. Ilay, entre ellos,
un episodio que nio h'-'.n reflexionar h&iuuiuuiúu, y quo
es uno do los momentos mas felices del libro, ricn sin
embargo cu magistrales aciertos. Fray Rufino, practi­
cando us, .......o".¡c:i caridad uo su patrono, consigue al
fin el milagro do hacer comer en la misma escudilla a los
más ewvirnizados enemigos naturales: el gato y los ra­
tones del convento. A l':icr:-::i. de paciencia, de manse­
dumbre, ih inagotable piedad, ha reconciliado a los das
tradicionales enemigos, y todos los hermanos, sorpren­

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didos y edificados, predican el milagro. Fray Rufino
exulta.
Pero he aquí la inesperada consecuencia del milagro,
del que el hermano despensero se queja luego al Padre
Guardián. Los ratones, perdido todo temor a su más en­
carnizado perseguidor, han invadido la despensa, saquea­
do los víveres y llenado de inmundicias los pocos que
han dejado. La invasión de los ratones amenaza la tran ­
quilidad del convento. Y, ante la gravedad del caso, el
Padre Guardián, impulsado por los frailes, entre los cua­
les pone fray Elias su antipática nota, el ecuánime fray
Luis increpa duramente al frailecillo, sin perjuicio de
arrepentirse luego de su injusta dureza, auto una sola
leve insinuación de fray Lázaro, que se indigna interior­
mente del contrasentido, y que cuando fray Rufino se
aleja, dolorido y perplejo ante las consecuencias de sus
actos, tiene para él una palabra de alecto y de consue­
lo. Tal, también, el episodio de las polillas. El humilde
franciscano 110 puede arrojar impunemente a los nocivos
bichillos de la imagen do la Virgen, cuyas vestiduras y
cuerpo mismo están destruyendo en su voracidad, y lia­
ra indemnizarlas del destierro a que las obliga la santi­
dad de la reliquia, les busca unas tablas olorosas en las
que puedan satis la cor impunemente su apetito. Tal el
episodio del traje, preparado por la comunidad para el
Judas que ha de quemarse en la plaza de San Francisco
de Mostazal, en conmemoración de la Semana Santa.
“ Pues, «Señor, hoy buscan el traje y no lo encuentran.

— 202 —

nos ha recordado la for­ midable sátira del ruso genial contra el convencional con­ cepto del Bien y del M al. Lo interrogan. En más de una ocasión el bendito fray Kufino. El Provincial. y . . Andaba casi des­ nudo. . una invencible ter­ nura . " ]le aquí. Con quó vehemencia se lo pu­ so! Porque el traje era espléndido. fray Bernardo y yo sentimos. mordido el labio y los ojos midiendo al frailecillo. con el rostro simple bañado en júbilo. y el otoño empieza. Lo mismo el monje de “ El her­ mano Asno” . admirablemente observadas y descritas algunas de esas terribles contradicciones entre los pre­ ceptos del Bien cuya comprensión tantu espantaba al viejo diablo do Amlrcioff. . con las inesperadas consecuencias de sus actos inspirados en el más puro amor a las criaturas. como un niño qué re­ velara una feliz ocurrencia: “ Yo se lo di a u n pobre. fla m a n te . Señor. Sólo fray Luis. en medio do nuestro risueño asombro. cuando preguntaba desespe­ rado a su Maestro si era bueno o malo malar una mosca..61. Hubieran visto el gustazo del infeliz.Á ' TRAVES DE LIBRO S 7 DE AU T O R E S ¿Quién lo tomó? ¿Dónde lo han puesto? ¿Qué tiene na­ die. pues. que meterse en la Guardianía ? . ¡Cuánta pregunta de celda en celda 1 Por fin aparece fray Rufino. Unos ríen. cu cualquiera de aquellos episodios. Eegistros y cavilaciones. Gruñe fray Jacobo. que (Ti"héroe de la “ Conversión del Diablo” cuando deja ase­ sinar a la madre y al hijo cumpliendo el terrible prcecp— 203 — ... balancea la ca­ beza.

L U I S A L U I S I to del Sacerdote: “ No te opongas al mal” plantean el insoluble problema del absoluto Bien. partidos ambos de polos tan diamclralmcnto opuestos. con la misma sed de perfección y el mismo vital anhelo do santidad. frente al objeto terrible de sus dudas. en osa perpleji­ dad semejante. arrastrado por su anhelo de humildad y perfección al brutal atentado que termina trágicamente la novela. Llamados a dilucidar nosotros tan terrible dilema. cu esa obscuridad igual para ambos. Viejo y endurecido diablo el segundo. y refugiado. 110 la Perfección inalcan­ zable. no vacilaríamos en salvar a uno y a otro. Es el primero. sino el sincero deseo de Perfección. eu e s a misma terrible c insoluble duda: “ ¿O ó iu Io está el Bien?” No nos dice el ruso si fué salvado al fin. antítesis completa uno del otro. ni el chileno pone luz cu nuestras almas sobre la salvación definitiva o la condena eterna do su monje. en una obscura iglesia de Florencia en donde so empeña tenaz­ mente en aprender a practicar el bien bajo la piadosa tutela de un sacerdote quo pone toda su alma cu esta conversión. . se encuentran s in embargo en un punto do sus rutas. ya que no el P»ien mismo sino el ansia del Bien. aburrido y asqueado del infierno cu donde pa­ sara hasta entonces su vida. humilde y puro franciscano eu sonda de beatitud. . enmohecido cu el desván do su iglesia de Florencia. Pero. al fin. hacen buena y . de su tortura el caviloso y erudito diablo.

que le arranque «. el desme­ dido castigo que a su propia vanidad impusiera el mis­ mo fray Kulino. humillado por el mundo recobrará. escarnecido. perderse. El inesperado final de la novela de Barrios es. olvidaron el es­ píritu y la actitud del protagonista. Tal es. y pertenece por completo al dogma. de la más absoluta lógica. su serenidad y so elevará a los ojos de Dios. j-a que los otros nos escapan.sa au­ reola de santidad quo él cree usurpada en un ansia do perfección. Aclare­ mos.A TR A V E S DE LIBROS Y DE AU TO RES perfecta — hasta donde es posible — a la criatura. Siente que solamente al verse desprecia­ do. su espí­ ritu que se complace en el mayor de los pecados en que puede caer un fraile franciscano: el pecado de orgullo. sin embargo. Al verse elevado por la credulidad un poco simple de los c r e y e n te s a objeto do veneración quo él juzga inmere­ cida. quiere castigar su vanidad satisfecha. . Y busca un acto que lo humille.Siente agudamente que perdurar en esa apa­ riencia de santo es perder su salvación futura. al verse considerado i-omo santo del que se esperan milagros. sin embargo. apartarso . de la Gracia. en definitiva. un propósito de propaganda anticatólica. y quiere castigar bu pecado de orgullo con un acto que lo rebaje y lo es­ carnezca ante las gentes mismas que veneraron su pre­ sunta santidad. y no supieron o no quisieron ver la terrible lección de humildad. por otra — 203 — . un punto que cae dentro de nuestras facultades. Pe­ ro los designios de Dios nos son desconocidos. Los que eu ello han vislo una intención antcrrilegiosa.. .

. y 61 so preguntaba diariamente qué acto había de cometer para ímmillarsc como lo quería su misterioso consejero. oye un grito ahoga­ do que pugna por escapar de una garganta comprimida. al tiempo que la infeliz joven clama deses­ perada: “ ¡Bestia. ” Ya está consumada la expiación. Es esta.L V I 8 A L U H 8\ I parte. lia sido absurdo. le había di•lio el Capuchino durante sus visiones nocturnas. .... humillación.. tal vez.. la parte mus interesante y también la inás discutida de la novela del insigne escritor chileno.. una mañana en el locuto­ rio donde lo espera María Mercedes.. lo que le sugiere continuamente el Capuchino en . conducido a su — 20 G — . ” “ Escena de manicomio". el inmundo. “ Humillación. Cuando fray Lázaro penetra. lia cometido la “ pública vileza" que había de rebajar­ lo a los ojos del mundo. Que todos io sep a n !.. y un cuerpo llega rodando hasta sus pies. A mí me faltan las fuerzas. Ya pueden es•upirm e". trágico y grotesco". etc.. rumor de lucha y forcejeo.. Llame!. la califica fray Lázaro: “ lia sido absurdo.. María Mercedes huye con las ropas <‘n desorden... que personifica la lu ju r ia . Vo. Pero una vez cometido el acto repugnante. H a sido trá­ gico. mientras fray R ufino: “ Sí. . anota en su cuaderno de apuntes. y el infeliz fray Rufino.us nocturnas alucinaciones. . Yo. Grite..... las fuerzas lo traicionan. l*Yay Rufino ha inan•hado su aureola de santidad con el crimen repugnante.. bestia! . el “ hermano a s n o " . para elevarlo a los ojos de Dios. P regónelo!. grite!. humillación” .

. rriblc. expira de debilidad.los brazos robustos del hermano Lázaro. L á­ zaro de que. de ayunos. por el insomnio. convirtiéndolo para al­ gunos sectarios antirreligiosos. de extenuación. . de flügelos.A TBAYES DE L IB R O S . — 207 — . Todo el proceso de la locura de fray Rufino. por la noche lo atormen­ ta el “ hermano asno’'. el Capuchino que remeda la voz de una conciencia y que le exige noche a noche la humillación de su propia santidad. por los cilicios que a ocultas del Padre Guardián lleva bajo los hábitos. y cede . Un pinito que complica la psicología del per­ sonaje lia inducido en error a algunos críticos. celda como un mísero pelele roto.::t^ ^ E ^ A jjT f)B E 8 . en un monstruo vulgar. fray Lázaro” . Pero el franciscano se queja a fray. "Penas sucias. nombre quo daba San Francisco de Assis al propio cuerpo.al peso infamante del propio castigo. La expiación ha sido tan té-. hemiano. por. que el cuerpo no la ha podido soportar. cuando no ayuna. Bajezas del "hermano as­ iló". Y esta intromisión del "hermano asno". El padre Luis ha prohibido al monje franciscano el ayuno que lo extenúa y lo predispone a las alucinacio­ nes morbosas. que atormen­ ta a fray Rufino con "penas sucias'' resta claridad a Ja magistral psicología del monje. está magistralmente descrito por la pluma maravillosa del novelista chileno: las alucinacio­ nes. "p o r la mucha grosería con que a él y a sus compañeros solía perjudicarlos en la vid a ". cuyo sis­ tema nervioso agotado por el ayuno.

por el cual sufras cruelísima tortura y gran menospre­ cio do tus engañados. ¿Conservas cu la memoria la parábola do la per­ fecta alegría? Enseña cu ella F r a n c is c o . Las palabras dol Capuchino lo torturan: “ Oh! si consiguie­ se. Más tuerte. que la sugestión do las torturas noc­ turnas de lray Rufino está la claridad meridiana de las palabras del Capuchino: “ To humillarás ante ellos con actos visibles. — dice más adelante. y nosotros lo hayamos sufrido con júbilo y buen amor. Un ejemplo has de dar. cas­ tigado por mi Guardián. Pero si hay alguna obscuridad en esta personalidad del franciscano ella queda ampliamen­ te compensada por el fermento de humanidad y de realismo que esa misma obscuridad presta a la figura del monje. además. en­ tonces. la explicación y la justificación dol aclo mons­ truoso que terminó con la vida del monje alucinado. Pero no concibo siquiera un . — verme apedreado por los quo en mí fiaron. pisado en la lengua por la comunidad. negarás la santidad que les mintió tu insuficiencia. pues.L U I S A L U I S I violador de doncellas. una interpretación semejante. di que aquí. en esto. “ Y cuando en­ colerizados nos rechacen como a bribones. Por la Belleza-y por el Arte que hay en abundancia cu todo el libro. lie aquí. con injurias y golpes y nos hayan apaleado y revolcado en la nieve. apoyada eu la autoridad del Polnccillo do Assis. nosotros no hubiéramos podido dar al epi­ sodio final de la novela. castigarás tu orgullo. reside la perfecta alegría” . y aun do todos tus hermanos do la Orden.

de visiones místicas. después de larga vida do continuos pe­ cados. ¿No le es. yendo a expiar sus culpas al desierto. torturado. ¿Qué de extraño. Y con un recurso magistral de arte dejó en los espíritus una duda. el acto repugnante de fray Rufino? ¿O . alucinado. antecedente his­ tórico. la psi­ cología de fray Rufino sevía clara como el día. que. ¿Fué deliberado. pues. me deja de su mano y me abandona a la angustia. la vida.bien. fué víctima a la vez. en la semi-incouseicneia do su locura. y sin recursos para pagar el óbolo destinado al barquero que había de pasarla a la otra orilla del río. neurótico. y el sistema nervioso. no obedeció de prouto a la voluntad — 209 — . Nada po­ san a su lado la felicidad. como precio del pasaje? Dentro de la moral católica. aquella María Egipcíaca. en beneficio de su propia salvación? Pero el autor 110 quiso darnos la evidencia.A TR A V E S DE LIBROS Y DE AUTORES acto para que así me traten.. de su misti­ cismo y de su bestialidad? Disfrazó el instinto comprimi­ do. la salvación de la propia alma es el negocio más importante de la vida. la necesidad apremiante. relajado por la vida de excesivas pri­ vaciones y trabajos.. acaso. ni aún la salvación eterna de las otras criaturas: “ Abandonarás a tu padre y a tu madre" dicen los Evangelios. on vista de su salvación futura. premeditado. consciente. entrega a éste su propio cuerpo. Y no nos sería difícil demostrar que cae perfectamente dentro de Jos cánones cristianos. " Sin las alusiones del autor al “ hermano asno” . Dios 110 me ilumina. que fray Rufino sacrifique a la infeliz María Mer­ cedes.

la va­ guedad. Como el Saehka Yegulev del genial raso. ya que nunca las acciones humanas obedecen a la unilateralidad de un motivo único que las solicita. debía ser absolutamente paro para poder m atar. de asta obscuridad psicológica nace un interés mayor.L ü I S A L V 1 S I y a la coifciencia? Eduardo Barrios no lo dice. de Arte. Y. Pero sea de ello lo que fuere. La complejidad. toda intención de propaganda o de polémica. l’onpic ha vivido ea el mundo. y llega al convento con la herida sangrien­ ta de su alma traicionada. Y de es­ ta duda. Frente al magistral estadio de fray KaTiao palidece hasta la atormentada figura de ira y Lázaro. la ingenuidad del perfecto fraile menor. no tiene ya la simplicidad. resalla profundamente religioso y dolorosamente humano. descartada por absurda la interpretación del acto como puramente instintivo y bestial. la obscuridad de los móviles de la conducta hu­ mana es un factor inapreciable de sugestiones y por lo tanto. más humano. sin embargo. queda descartada. y sil Tro intensa­ mente al no poder sentir sobre sí el hálito divino de la — 210 — . más vivo. Tal la naeva interpretación dol pecado. Felicitémonos de que el escritor chileno haya sido bas­ tante artista para comprenderlo así. un problema más cautivante. lis este. en razón del arte. más real f|ae el moajo ea torturas de santidad.

. soy un pasional! Siempre lo sentí cuando mundano. había bajado cierta exaltación de la subconscien­ cia. y ahora. ¿Por qué mi alma su derrumbó de nuevo? Yo esperaba. “ Procuró reconstruir el mismo es-*"tado que un ra tj anlcs casi me arrebatara encendido a tu r e in o . Mo vi a punto de alcanzar el místico contacto. cuánto en él viertes. Proviene de un desengaño en vez de provenir de una vocación.se tiende como un arco para alcan­ zar el éxtasis que. lina firme voluntad de creer lo mantiene en el con­ vento en espera do esa Gracia que para él no 1lejía. Y DE AUTORES Gracia. en este ambiente de reposo y elevación." Pero las condiciones exteriores 110 bastan — 211 — . más feliz." Toda su voluntad . . Se­ ñor. por uu ins­ tante. la sencillez no vuelven ja ­ más al alma que han abandonado. y es tortura doblemente insufrible el sentirse alejado de la dulzura inefable de la comunión espiritual: “ Deja. que también a Tí le vea. Anoche. Y por más que ruega a Dios: “ Hazme. en lugar de exaltar y dirigir mi fuerza de corazón hacia esa fe­ liz subconsciencia donde se realizan los contactos mís­ ticos con Dios..Señor. un buen fraile m enor".. porque el análisis corrosivo 110 les permite ya la entrada. Señor.A TRAVES DE L IB R O S . 1110 veo a punto de resbalar en pasionci­ llas feas” . Anoche yo e sp e ra b a . reconoce que la humildad. “ Ah! Señor.. se agria?’'L a fe de fray Lázaro trae su vicio de nacimiento. santa Teresa gozaba como de un placer carnal. “ ¿Será — se pregunta — que sucio el vaso.

y este caer encharcado cu el desaliento.L U I S A L ü I S I a encender el espíritu. franciscano sincero. bas­ tante fuerte para hacerlo permanecer eu el claustro en donde. des­ pués que la escena de lVay Rufino con el mastín ha en­ cendido pasajeramente sus esperanzas en el “ místico contacto". como la otra vez. complican más y más el alma ya atormentada do fray Lázaro. y es idéntica la posición dol cuerpo. quiere apartarse de él. sin embargo.. Mis nervios se habían en Criado nuevamente. Sobre este fondo de tortura diaria. “ . Hágase tu santa voluntad’’. Un día escribo desalentado en su estéril esfuerzo. en vano la luz queda a la espal­ da.. Uasta. nada. vano es repe­ tir las mismas plegarias con iguales intenciones de sú­ plica y elevación. y sólo he conseguido. El romanticis­ mo de una. y el sufrir viendo cómo. al meditar. nad-t piule o b te n e r. la llamarada aún viva de la pasión antigua.. . Señor. y de nada valen los empiuamicntos excesivos. no basta para cortar de raíz las peligrosas seducciones de esa amistad . Ca­ da cual tiene su talla espiritual. El advierte el peligro. y. aun no ha profesado. la hermana de la novia tan amada. el ardor mundano 110 ex­ tinguido del otro.. el fondo pasional. Me reservarás. Yerta la emoción.'' La tortura se renueva diariamente en la tensión de la voluntad para alcanzar la Gracia. Pero su voluntad. este cansancio. Señor. No debo esforzarme así. otro ca­ mino. ha de venir a pren­ der un nuevo tormento el encuentro con María Merce­ des. . “ P e ro . mi fe vacila y so achica en la razón.

. por más que se aferró a su voluntad do civisr y se sugestione en sus designios de religión: “ Pero im suplantará Minio a este padre Lázaro que duranto m-lm años vengo edificando sobre las ruinas de mi ealá.. fe.. llenos do |. — 213 — . La madiir<v.. mia i..A TR A V E S DE LIBROS Y DE AUTO II Hy equívoca. he pensado.mi lor cómo ya mi color cede y so mancha. cunmunida.. y a este cambín . . « pues".sionatla. mundano '¡ '" '¡ ''v 'n !:e iü a q » a iv . y sil aspocli» i|M salud y am able.j. aptitudes reales do fray Lázaro. Y por más que se dirija a Dios: “ Sálvaim» y sálvala ” . :v>. este corazón que ya sólo a Tí tu p.lilla me i¡i'n¡.. pone a la piel un polvo de ceniza. f.. y osa equivocada aspiraci/’. como los de ella. tencce” . ol traicionero encanto del amor so l’illm <.i. mi aspecto tan a s í. aunque mucho haya de sangrar.¿IY¡hii. no obstante. pecador aún. clavado cnln.ií.!o .. . sus grandes ojos pardos. derme al fin la gracia de ser un buen Iraile menor... Pero lo más do loruso de esta Incluí tan humana y | (... con mi frescura ya rendida.a juvciiin . su alma ap.| de eso hombro. j color si ¡rué otro do facciones pronto. tus pies a la Cruz. . y sus cabellos brunos-. Dios y Señor mío.o i.í/ frecuente ¡ay! es esa falla Jo correspondencia en Ir».. Si esta es la prueba a quo ine sometes para com e. con sugestiones profanas: .. nos tonsuradas.Mn. |M acepto. Yo dominaré el espectro pasado.ji. hecho para el amor y los triunfos mundanos. l'ío vis.

y cúmplanse los designios del Inexorable. — 2 14 — . Nadie so enterará del brutal hecho y quedará en pie. lo arrastrara hasta el claustro. acepta aparecer ól como autor dol monstruoso atentado y partir. en expiación. para salvar la honra comprometida del conven­ io y restituir a fray llufino sil vacilante aureola de san­ tidad. conquistada otra vez su calma pasajera. volverá de nuevo al ante­ rior martirio de la conquista de su fe. La vida de fray Lázaro. sólo dirige una pregunta al JYoviiicial que le co­ munica su inflexible resol U fió n : “ /.V olla. que es demasiado tarde para volver a trá s! . . l ’ero. irremediablemente. a una lejana provin­ cia. sin embargo. padre. Y cuando. por el cruel sacrificio de su honor. Fray Lázaro partirá para una provincia lejana." El prestigio de la Orden queda salvo. No lo abandona. “ en honra y provecho para Nuestra Santa Madre Iglesia".L V I S A L V I B I la vida religiosa que. con\plctó él recalcando el pero. Terrible marti­ rio de las almas que han equivocado su punto de parti­ da y que sienten. en honra y provecho para Nuestra . qué dijo? — Ella aceptó. quién sabe con qué falaces pro­ mesas. El libro se cierra sobre el sacrificio de fray Lázaro.Santa Madre Ig le sia . . intacta. — Vuelva cada cual los o jo s a su destino. la lama de santidad de fray Rufino. la esperanza de alcan­ zar esa Gracia que es ya el único objeto de su vida.

el de p a rtir. amarguras. L lB R O S J jX /^ p E . Ya estoy. ha terminado. Hasta ese amanecer. de un noble y del i-. . y me habrás hecho. complicaciones sentimentales y torturas de la fe. Pero. al fin. otra vez. Espero un día.. El arte maravilloso del escritor chileno lo envuelvo todo: tristezas.sq.il lo. en que habrás acogido el sacrifico. en la magia de un estilo espiritualizado.1 acto mons­ truoso sus místicas exaltaciones de beato. cado romanticismo. sólo a tus pies. Señor. ' ' Todo es triste en este libro.. un buen fraile. y la do María Mercedes. al colocar su amor donde mayores dolores y más complicaciones había de causar. ane­ gándose de noche. pero de una tristeza dul­ ce y resignada. Y al paso que “ Un perdido” nos deja la sensación dolorosa de una amargura un poco tur— 215 — . la de fray Lázaro.. ¿Ves cómo también este sentimiento sería triste? ¿Ves cómo también ésta se fué? Ya estoy otrty vez. la de Gracia quo equi­ voca su vida cu un casamiento quo lia do producir su desgracia y la de Mario. ni siquiera un libro pesimista. Señor. a ella y a los d em ás. como ahora mi celda. menor. a pesar do todo. no resulta un libro amargo. por fin. naufragando al fin en c. estará minuto a minuto.A TRAVES DE . ^ W R E iS con estas melancólicas y desencantadas palabra^: “ To­ do. vidas fracasadas todas: la de fray Tíufino. mi vida. aquel. Vidas erradas. torturando su corazón y sil conciencia en pro­ cura do una fe quo no consigno. y otro día.

el de un refi­ nado. Pero.novelista potente y psicólogo profundo. Eduardo Barrios agrega con él. por sobro todas sus condiciones..L U I S A :.L U I S 2 bia. “ El hermano Asno" sólo da un sabor de melancó­ lica resignación. “ El hermano Asno” es un libro do un arte y una belleza incompara­ bles. . de dolido fatalismo. a su renombro do . 1923... quintaesenciado artista.

la agradecida reveren­ d a de mi corazón para este gran poeta. la posición literaria de un poeta. que yo no lie venido aquí a juzgar. ni a dictaminar. el homenaje más caro a un poeta: la admi­ ración ferviente. ni a otorgar valores. que os perteuccedesde hace algo más de un año.LA POESIA DE ENRIQUE GONZALEZ MARTINEZ (Confertnchi pronuncia J j en t i Club Argentino J e A flic ta . Je B utnot . ti 22 Je Julio Je 1923/" Quiero deciros ante todo. desde las costas azules de mi Montevideo. por el más grave título — 2 17 — .'IfVíJ. el hondo cariño. Ven­ go a traeros solamente. desde lo ¡tito de la cátedra.

Yo traigo solamente. y es. el derecho de juzgar. en el vasto Olim­ po de las letras americanas. orco que la misión superior de. valores definitivos. en mis ma­ nos de viajera curiosa y comprensiva. la poesía consiste en esa comunión espiritual cutre el alma del poeta. sin hallar la expresión adecuada y eter­ na en que encarnar para los olios” . la obra de los otros.. pues. ni cuál es su técnica.J j :. toda superioridad es poca. pues. Un ilustrado amigo mío. caprichosa la fama. este gran mexicano. de ingenua. pero que constituye el más rico de los tesoros del alma. para cada uno do nosotros. Para adjudi­ car así. Como Amado Ñervo. ü I S ■A * JJ de todos: la fraternidad en la hospitalidad. y sujeta a cir­ cunstancias arbitrarias la gloria. conciencia. que os diga qué sitial ocupa. con Amado Ñervo: “ Jíl más grande do todos los poetas será. decía 110 ha mucho. que desviste las almas de los hombres de sus obscuros ropajes de pasiones y afa­ nes. y las muestra en toda Ja limpidez. ya que hace nuestra. No me pertenece. en las columnas de un . el caudal de lina admiración que alguno tachará tal ve/. y el alma de sus lectores. y la suma a la propia. aquel que haya acertado a formular con mayor sagacidad y piecisión nuestros estados de. una nueva forma de religión humana. por otra parte. traduciendo en versos puros y nobles. primordial de sus valores. Digo.. ni a qué escuela pertenece. en un deslumbrador tesoro de rique­ zas. novelista chileno ■de garra. aquello quo palpitaba dentro de nuestro espíritu. No espe­ réis. por el amor.

respecto a los continuadores de Rubén Darío. sin lá­ grimas casi y sin lamentos. Debió cumplir. porque sin gritos... las libras más sutiles del alma. que. la belleza juvenil. nos acerca a los labios del alma el dolor incolmaclo de la suya. el valor definitivo de la poesía.. es el encanto. de las manos sacri­ legas de los imitadores. Y porque Enrique González Martínez trae en su poekíu. porque corre bajo l. P ara juzgar del valor de una poesía. la reconditez de las fibras humanas que toca. la profundidad del sentimiento. que Ja gra­ cia de la Venus de Médicis. y hi frescura ingenua. en este punto. salvar por segunda vez a la poesía. alm a. el encanto. para él. ¡Dulce. Yo discrepo. totalmente. Cumplió en ella Ja cruzada renovadora que había do. la misma misión salva­ — 21!) — . y abreva sin engañarla con falsas seguridades. porque loca con mano impalpable.A TRAVÉS DE ¿jítiROS T DE AUTORES diario bonaerense. con mi estimado amigo Eduardo Barrios. mido el grado de amor que esa poesía es capaz de despertar en nu estra. la facultad maravillosa de hacerse amar. para nuestros cansados espíritus de mortales! Pero siempre amaré con más hondura el ímpetu trunco de Ja Victoria de Samotracia. y bien­ aventurada sea la gracia. el más grande poeta de América.i tersura impecable de sus versos.. el agua subterránea de su pro­ pio corazón. y consoladora. sin estridencias. para mí. el profundo humanismo de la Pictá de Miguel Angel. nuestra sed de misterio. que el encanto sensual y turbador de una Bacante de Clodión. es hoy.

. y el helenismo literario do sus Castalias. que limpiara la poesía.. sujeta eternamente a la enfermedad del ritmo. el cisne cantor do Nicaragua. con la cari. si es posible llamarla así. Bendita fué la acción del gran poeta nicaragüen­ se. necesaria y urgente la nueva renova­ ción. los Gallego y los Díaz Mirón. sino contra los que mancharon y de for­ maron su obra de perfecta belleza. y pasada y ven­ cida la necesidad apremiante de la renovación poética. pues. los Ovuela.L U I S A . y con la grácil frivolidad de su Eulalia. y la artifieiosidad encantadora de su Vcrsailles y sus midinettes.. sin medida. como diría nuestro Va/ Re­ freirá! Y. de toda asa hueca o insincera retórica de nuevo cuño. la abrumadora invasión de la frivolidad. sus faunos y sus ninfas. escrito.. Era. volvió por sus fueros de hombre.. L U I S I dora. no contra el maravilloso cantor d^ Nicaragua. del virtuosismo retórico de los imitadores externos del Maestro. de la insinceri­ dad. y lloró su propia an­ gustia en sus magistrales “ Cantos de Vida y Esperan­ za” . sin embargo. sintió la falsedad do su propia poesía. como lo dijo él mismo en sil celebro soneto. que había cumplió aquél respecto a los román­ ticos. quo puso un cisne por represa al desmelenado torrento de los vacuos y oratorios poetas del romanticismo. Y fue Enrique González Martínez quien había de “ tor­ cerle el cuello al cisne". canalizó las fuerzas estérilmente derrocha­ das de los Quintana. Y comenzó entonces.iluiesca imitación de los versificadores sin honradez artística. ¡Pobre humanidad. del artificio.

su paz frente al Misterio. ¡Dichosos ellos a quienes han do florecer rosas todas las espinas. ¿qué pudo contra ellos. y llegar al final de su carrera. nada nuevo aportó a las ansias do esta hora profundamente mística y pagana al mismo tiempo. no podían abrevar la sed urgente de una humanidad que volvía ya del positivismo ateo. el misticismo cristia­ no y brahmán ico do Ama Jo Ñervo? Sil ..serenidad. guiados por la más bella de las ilusiones. desgarrada diariamente por ese anhe­ lo de espiritualidad cu contraposición a las raíces posi­ tivas de su educación! Los que alcanzaron la plena flo­ ración de su existencia en ese enorme siglo XfX. _ 221_ . ésta de la generación (pío hundo sus raíces en las postrimerías cienlii’icistas del siglo XIX.su esplritualismo ávido. transformado en cristianismo en sus últimos años. la do esta sod pro­ funda del alma. en la tranquilidad de su disolu­ ción definitiva. ni la renovadora de Clon/ále'/.. Su misl¡cismo. y para quienes todos los caminos llevan a la ansiada Jcrusalcn!. pu­ dieron satisfacerse en la ilusión de su ateísmo. en el mis­ ticismo naciente dol siglo XX! Tragedia quo nadie ha expresado aún 011 toda su grandeza.A TR AV ES DE LIBROS Y DE AUTORES Porque. y no se satisface más con los antiguos velos engañadores de Tsis. quo no encuentra la expresión definitiva do sus anhelos eu ninguna religión positiva del momento. La poesía do Amado N'crvo no Invo la virtud revolucionaria do Darío. cruzaron por la vida. Martínez. Los que aún conservaban intacto el te­ soro de su fe. ¡Tragedia enorme. y abre la copa do .

serena.. 11 Para este estado del espíritu. Ñervo demasiado ortodoxo. Nosotros hemos nacido de­ masiado temprano. el verdadero y •I espiritual. sin embargo. un estado de alma semejante. ¿No fué. ¿Y no fué también la culpa de los De Musset y de los ü yron el haber nacido h op iard dons un monde irop vicu x. ni recubrirla con un solo velo. ? Nosotros no.. amante leí silencia y de la profundidad. nosotros. los que liemos de pasar toda la vida desganados por los dos siglos enemigos. Darío fué demasiado ■util'icioso y demasiado frívolo. .Martínez absorbió dentro de sí la ansiedad multánimo le la hora. Nadie ha dicho mejor .L V I S A V I S ' ~ :J Pero nosotros. todo resonante de su vida interior. recóndita ‘spiritualidad la de este poeta recogido todo dentro de á mismo. Espiritualidad dolorosa. Lugoñus demasiado ob­ jetivo y demasiado complicado.. sin que la fuerza positiva de uno sea capaz de vencer a la mís­ tica del otro. como nuestro llorrcra y Rcissig. el que constituyó también la tragedia anímica de los primero» románticos?. el hondo. y fué el sincero. acaso. para un mundo demasiado nuevo. Sólo González . no podemos negar a Isis.

de una poesía que ha pasado ya com­ pletamente. no escuches sino el vasto silencio de tu alma1'. Este soneto.. Silencio . • . De lo contrario.r “■ “ Y callar..... al acento lejano corresponde otro acento. con tan profunda calmar que absorto en la infinita soledad de ti mismo.. el v ie n to ? . da él solo toda la posi­ ción anímica del poeta..Y besarás el garfio del espino y el sedeño ropaje de las dalias. El supremo egoísmo de aquella aelitud na­ da tiene que ver con esta amplia y fraterna concepción de la vida y de las cosas: “ Atan hebras sutiles a las cosas distantes. des­ deñosa y aislada. ¿Sabes tú a dónde lleva los suspiros.' Y quitarás piadoso tus sandalias por no herir a las piedras del camino”. . No es la torre de marfil.. en dónde se gestan todas las posibilidades. cuando han agotado ya todas sus. dice el poeta: “ Te engañas..A T R A V É S ■ Í>E ^ L I ^ Ó S T ^ t M ÉS^ que él la fecundidad inmensa del silencio.que es potencia y que es fuerza.fuer­ zas los huecos sonidos de la vocinglería. ¿Sabes tú si son almas las estrellas e rra n te s ? .. no has vivido” .” “ . “ In tu s” . mas tan hondo.

humano.Y regresó a la tienda de su paz interior” . el raudal de su talento cu la política. El vivo cutre los hombres. Médico. guarda para el solo la 'piadosa-soledad de su vida interior: “ . que íiota. transforma y renueva mi alma. alojador de las lu­ chas de la vida. del combate diario.-is. dice en uno de sus poemas. hunde el cortante filo de tu cincel. está muy lejos do la torre de mar­ fil de lós herméticos. luminoso. No. abierto a todos los seres y a todas las casas: “ Busca en todas las cosas -u n alma y un sentido — ocultos” . muestra al poeta tierno. como se ve. hecha la parto de la vida. característica actitud moderna. tan probado.L V I 8 A /. ni les niega el consuelo de su ciencia y el alivio que les brinda su profesión. la más quemante y la más fecunda de las actividades humanas. . L V I 8 I Esto. Lú quo sabes dar forma al bronce de un impulso y al mármol do una idea” . él no huye do la vida para refugiarse eu una torre de m arfil: “ Y le digo a la vida: no vaciles. . Pero.. la ejerce durante diez y siete años. Pero no se contenta con esta contemplación franciscana y este panteísmo místico. Un hondo panteísmo. golpea. v no rehuye su contacto. por sobre las páginas de “ Los Senderos Ocul­ tos” . y pono la mano en las llagas y el bálsamo sobre las hcrid.. Ni niega a su país.

suprema del alma. que eternamente baña mi sol que prende luces y que revienta flores.A TR AV ES DE LIBROS Y DE AU TORES *‘Oh! mi divina gruta de goces interiores en que la vida adquiere intensidad extraña.. " “ Y pasa con tu suave serenidad. Como esa raza estoica del Japón. alu ¡r..1riom-ia de serenidad. con el envilecedor acento del gemido. pero advertido y presto a recoger d-:l polvo con desdeñoso gesto la fimbria de tu veste y el bordo de tu manto” . que recuerda cu muchos do sus con­ ceptos de la vida. n o . y do la f. mas cristaliza ol fango y purifica el ludo.. os impasibilidad. que sólo yo conozco.. es todo nobleza y todo elevación: “ Puedes hundir la mam' eu aguas pantanosas.. ” IVi-o oslo asilo supremo do la paz interior. el poe­ ta piensa que es uu crimen contra la diclui ajena.j¿ -. a la serena majo de Grecia.’lt’i do olo'r-'noia rl* Nulo .\r. esa altivo/. supremo pudor «le hombro. esc vasto silencio de las almas. distinción do alma quo su­ fre la falta do dignidad de toda queja. y el santo repaso do til espíritu. osa generosidad que no admite el turbar dichas ojonas. Y su elegancia de espíritu. . ¡Su nos dejemos eiigaiuu. Más que serenidad os fortaleza. el conturbarla con una queja. no os frialdad do corazón..r.

.. esa “ lágrima mía. corazón. ” La característica de esta poesía es su dignidad y su nobleza. Los que nunía lloraron ponen toda su alma en una lágrima. Y entonces el poeta estalla en “ A larido": “ Grita. — que si su enigma penetrar pudiera — en secreto pavor. Mañana ya no será hora. corazón.L U I S A L U I \S I su noble dignidad a quien ofende el grito destemplado. en la vida como en la literatura. grita. Grita.. Es el único instante. Es el único instante. el tumulto de una vida sin rumbo y sin normas.. Y lo más in- . Grita al mar y a la tierra y al cielo. Que tu alarido suene y el gran silencio rompa. y que el ciclo y el mar y la tierra te oigan... mía de tal modo. ” Pero hay momen­ tos en que la marea interior golpea rudamente las pa­ redes del pecho y pretende avasallarlo todo.. no lo dijera — ni a tí tal vez a quien lo dije to d o . revela un dolor mucho más profundo..unidas a una gran espiritualidad. quo en todo sollozo teatral y en todo llanto afeminado... y la sola ocasión en que estallo.. en el leve temblor de sus pestañas... grita.

se sienta arrastrado al fin. Esa honda espiritualidad de su poesía. es su actitud frente al Mis­ terio. como Amado Ñervo. La savia absorbida por su educación en el positivismo ateo del siglo X IX . en donde éste asegura que “ se acabaron los quién s a b e . que la musa de este poeta se nos muestra sin fe religiosa. recuerda a la del catalán Fernando Maristany. magnífico poemá. Y esta sed religiosa. en el prólogo de uno de sus libros. y escribe a Amado Ñervo. rechaza la fácil solución de una religión posi­ tiva. La dificultad estriba en man­ tenerse místico. tcresante.. por la co­ rriente del ncocristianismo. ni en el seii¿. y mucho menos el goce pasajero que prestan a nuestros sentidos.f:cn “ U h ‘ . sualismo. aunque este último.A TRATES DE LIBRO S Y DE AU TORES. 110 1c permile ser un sensualista o un pagano feliz de la vida sencilla de las cosas. El no quiere la dilucida­ ción definitiva del gran poblema. a la preocupación por todo problema de más allá. pero el anhelo espiritualista del siglo XX. En “ La P u erta” . que es al mismo tiempo su mayor nobleza. Yo ljamo sed religiosa. que no es otra cosa que el neomisticismo del siglo XX. Dice Alfonso Reyes.. y 110 la aparien­ cia . Ama en las cosas el alma. pero también sin sed religiosa. sin caer 111 en la religión. en el que reside el in ­ terés y la poesía máxima de la existencia. y que revela bien su conformidad con la in ­ quietud mística de la hora. se revela a cada paso en los versos de este gran poeta." : “ La esfinge sin enigma es un monstruo absurdo” . al comentar uno de sus libros. 811 panteísmo mismo es religioso y 110 sensual.

Los maltratados nudos do las manos ya sangran.mhclo del alma. un rumor do la lejana extensión nos anima. ¡Olí.o nos responde.. . El. Eu la mañana la ilusión de la noche desparece. adquiere toda su serena amplitud. y aln'ütimo rincón de la guarida penetre la codicia de los ojos.. ¡oh... triste golpear!. Mas llegará la hora eu que la herida mano rompa el orín de los cerrojos. problema de la muerte lo atrae con fuerza invencible.. ol co. Y este cómbale. pero la educación combate el .. mudos huéspedes sin piedad y sin oído! A ’ veces. está con­ tenido lodo él.. el ansia crece. lian corrido eon el tiempo las lágrim as. Largo lla m a rI.. Hu la desierta inmensidad.L U I S A L U I 8 I Fantasma” . en “ La Puerta’’: “ Los dos llamamos a la misma pucrla para saber un día lo que esconde la lóbrega m ansión. quo analizó magistralmente (ínamuno en uno de sus mojo res libros. esta actitud de sinceridad y de nobleza. Quisiera creer en la vida...de-ultratumba.

una culmina en la tranquilidad.. González Martínez y Anuido Ñervo. con (pie la razón responde al ansia infinita del alma! Se mo antoja que esta composición está estrecha­ mente ligada con aquella disputa cariñosa quo el poeta sostuviera un día con su fraternal amigo Amado Ñervo. o mejor. . in­ dudablemente sinceras y nobles las dos. “ Los dos llamamos a una misma puer­ t a . No se podrá dudar. la inanidad de una mansión desierta. de la terrible solución (pie da al magno problema: “ sa­ brá nuestro dolor que hemos llamado ante el umbral cíe una mansión desierta” ." De estas dos actitudes. después del largo ambular por todas Jas filosofías 7 to­ das las religiones. el otro gran mcxie:'". como no es posible dudar ile la dolorosa consecuencia. penoso te­ mor. lis como una soberbia terminación de dulzura en el poniente do esa vida (píe1se extinguió entro .. " .?d de su fe: “ Por esa puer­ ta lia de volver un d í a . . a propósito del “ se acabaron los quién sabe’’ del autor de “ Serenidad”. Si. de la preocupación del pocla frente al Misterio. IVro si el primero sólo vislumbró después do su llamado. en la paz do una consoladora religión..<' «scribió aquella olra herniosísima “ Puer­ ta " on donde afirma la real:d.A TR A T E S DE LIBROS Y DE AU TORES Y cuando ceda al fin el oxidado gonce que afianza la cerrada puerta sabrá nuestro dolor que hemos llamado ante el umbral de una mansión desierta.\ios d o s /.. Dolorosa duda. ante la claridad del símbolo. .

y torna mensajero del mensaje que aguarda el orbe e n te ro . resucitado una vez más por ú genio insondable de Andreiefff: “ Eíl hombre que volvía de la Muerte se llegó a m í. más grandeza. lira sin voz como la p ie d ra . ¿No será.. Pero hay. . más sufrimiento íntimo. Y el alma quedó fría.. trémula y m u d a . acaso... más dolorosa fortaleza. en la lucha que no termina.. se nclaron en mi boca las pregunta. Su visicitud lo pone un día frente a frente a un “ Fan­ tasma”... el Lázaro de las Escrituras.*..i misma suerlo estaba mudo el hombre que volvía de la M uerte. Mas poco n poco.. y su faz y mi faz quedaron juntas... . frente al azul horizonte de nuestras playas. en un apacible amanecer de otoño. . Pero había en su mirar ensimismado el solemne pavor del que ha mirado un gran enigma. que vuelve de la muerte..L U I S A L ü I 8 I nosotros. y me subió del corazón un loco afán de in terro g ar. del otro.. El hombre mudo se posó a mi lado. De l.

se agudiza de tal percepción de inma­ terialidad. en extraño volar de su habitáculo. sino al llamado poético de otra — 231 — . gemido de huracán. que habla a nuevas potencias del alma. paso a paso. que huye... ¿Qué sutiles fibras del espíritu se ponen en comunicación unas con otras. perdióse en la penumbra del ocaso. El escucha voces y recibe extrañas confidencias.. y que perciben sólo los sentidos aliñados del alma. tiene voz osa ultra vida que. Se espiritualiza ésta de tal modo. palpita alrededor do nosotros.. le da un sentido tan fino a las cosas. tal como lo pretenden los nuevos religiosos. honda preocupación religiosa. groseras y sensuales palabras que nos hablan do la vida mezquina de los hombres. /'■*‘ No.A TRAVES DE LIB R O S Y DE AU TO R ES Se estremeció la tarde con un fuerte. mas no por vir­ tud de sugestión extraña. ¿Pero es posible negar sed de mis­ terio. Es un lenguaje nuevo. el enigma no será desvelado hasta que cada uno de nosotros penetre definitivamente en el hortus conclusus de la muerte. al poeta que escribe tales rimas? ik Esta alta y honda espiritualidad. que se lo vuelven inteligibles el lenguaje y los mensajes recónditos del más allá. para quo el poeta pueda decirnos esas mara­ villosas palabras. Para él. henchidas de sentido divino? Alil 110 son las palabras humanas. El hombre que volvía de la Muerte. Y. transpuesta por un monstruoso antropomorfismo a la vida del más allá.

aún inédita. tal como fue vidente el alma que los escribió.. que esta actitud profunda­ mente espiritualista se va generalizando más y más en­ tre los poetas de ambas márgenes «leí Plata. y tornan vidente al alma que en sí misma los recoge.fisí nos sabe elevar sobre la carne. tradu­ cida en la cólera de la impotencia. Señalemos. cuyo tormento. no ha perdido por eso. y su “ Imprecación a Dios” . ha adquirido un nuevo y más punzante sentido humano. entre los uruguayos. tiene toda la fuerza de la rebelión de Prometeo. frente al silencio se­ cular del Cosmos.. IÍI lis curioso notar ahora. Loa versos ejercen su religiosa función. Sus “ Poemas del Hombre” llevan la espiritualidad mística hasta la violencia. a Sábat Ereasly co­ mo el que ha llevado a su máxima exaltación esa extra­ ña videncia del alma. contrastando abiertamente con la actitud opuesta do las mujeres. (Noble virtud la del poeta que. principal­ mente. frente a los enigmas que se hacen cada vez más punzantes. en vez de sumergirnos cii las engañosas seducciones de la sensua­ lid a d !.L U I S A L ü I S I alma. El siente el dolor de la inteligencia. hoy metafísico. antes bien. detenida en bu vuelo audaz por la materia opaca. Como Sábat .

Este sensualismo la hace amar todas las cosus buenas de Francia. como . menos meta tísico. más humano tal vez en su dolor. ha do ser en breve tiempo uno de los más grandes de loi Argentina. si así se mo permito llamar a este sentimiento. por más quealgunos poetas sientan acaso con mayor equilibrio y sere­ nidad el mismo dolor cósmico de la chispa "divina apri­ sionada en la materia obscura. se hace sentido profundo y anímico al relacionarse eon la vida real dol sentimiento. las mujeres han recogido ese sensualismo abandonado eu poesía por los hombres y han triunfado con 61 como bandera.a condesa de Noailles. F. Lo notable dol caso es que frente a esta espiritualidad masculina. acaso el mayor poeta actual de Francia. por lo poco que de él lie leído. No conozco sino pequeña parte de la obra de este poe­ ta que tengo para mí. me parece. divina. cuya bíblica tristeza. so agranda de misterio y de espiritualidad. no conozco ningún otro en América. de una hondura. que no puede transformarse ya en re­ ligión positiva. Tal. Arturo Capdovila. por la fuerza expresiva y los arranquen genia­ les. de una espiritualidad que la hacen verdaderamente. animándola de una nobleza. entre los argcutinosr Fernán Félix do Amador. como la de la enorme chilena Gabriela Mistral.A TRAVES VE LIBROS 7 DE AU TO RES Ercasty. quo si bien tiene sus raíces en el pensamiento. El neomist¡cismo. entendiendo por sensualismo ol predo­ minio de lus sentidos sobro el espíritu. pe¡u. diré. es exacerbadamente sen­ sual y erótica.ira profundamente en la poesía mo­ derna.

Ilúlenc Vacarcsco. del prestigio y la aten­ ción de que habían gozado hasta ahora casi exclusiva­ mente las flores). a propósito de esto. Extrañas analogías de tem­ peramento y do realización. señalar el desplaza­ miento. Del­ mira Agustini y Juana de Ibarbourou. indudablemente. lo mismo la flor que el fruto (y per­ mítaseme. cu el sentido más arriba indicado. a la manera de la Condesa de Noaillcs. el sentido recóndito. pero pan­ teísmo puramente sensual. Sólo la grande Gabriela Mistral se subs­ trae victoriosamente a la corriente sensualista que ha invadido también a las que apenas se inician. son francamente «ensílales y eróticas. Lucie Delarue Mardrus. cu donde el poco sagaz sólo creería ver una imi­ tación. por lo menos sorprendente de las mujeres-poetas. hasta el punto de que una llega a parecer en oca­ siones remedo de la otra. Nadie lia hecho resal­ tar hasta ahora la analogía cstredia entre estas dos poe­ tisas. dos grandes poetisas del Uruguay. que busca en las cosas. más sen­ sual la segunda. Más erótica la primera. no des­ miente esta . con algo de retoricismo y moda literaria cu sus versos. Y Alfonsina Storni cutre los argentinos. Panteísmo. el alma. Y como la Condesa de Noaillcs. y ha triu n ­ — 231 — . Rcnée Vivicn.actitud. poético hacia los frutos. en contraposición al panteís­ mo místico o religioso de los poetas espirituales. a pesar de la distancia y del idioma.X V 1 8 A L ü 2 S 2 ■ella misma lo dice. y su -significado anímico. Y en América. cuando sólo hay una estrecha conformidad aní­ mica.

lo alejan del mist icismo cristiano de Ama­ . acaso. Ya florecerá también. en sus. La elegancia nativa de su espíri­ tu. este anhelo de espiritualidad. con mayor perfección (pie ningún otro. . La espiritualidad masculina es flor de inten­ so y prolongado cultivo. su educación positivista’ acaso también sus" estudios de medicina.cn favor'dé aquellos que sostienen la inferioridad mental de la'm u jer? -Yo no lo creo. Jo aleja del dolor más humano de Capdevila. perfecta como una pa­ rábola geométrica. en donde se abre la mística flor del cristianismo.A TRAVES DE LIBRO S Y DE A U TO R ES fado maravillosamente con su verso listado de sangre y hiel. lo aleja de la desesperación intelectual de Sábat Ercasty. y el ejercicio de su profesión que lo ha hecho seguir de cerca la evolución y la disolución de la materia. como ella lo define. la flo r‘refinada y sutil del esplritualismo poético. IV Enrique González Martínez realiza. ¿Será éste. Su vida serena. cu tierra intelectual trabajada •de siglos. a mi modo de ver. colmada.tierras cultivadas por el estudio y hon­ damente abiertas por la reja del dolor. un argumento. El sensualismo poético de las mujeres es flor ■espontánea de rico terreno en barbecho. . quo lio señalado como la característica mayor de su poesía.

que no licita lmsta la expresión concreta sino en contadas ocasiones. ya por la combinación siempre feliz de muiros diversos. cu una música más comploja y más moderna. ya que no so reduce solamente a una fría perfección de la forma. el gran poeta mexicano realiza un clasicismo que llamaré interno. — están escritos en moldes clásicos. transforman la fácil melodía. Por el equilibrio perfecto de sus facultades mentales y anímicas. en las que esta armonía se fundo con un alueina- — 236— . Realiza mejor que ningún otro ese ideal de equilibrio que señalara Torrcndell como meta a al­ canzar por los poetas de hoy.Martíucz. moderni­ za de sensibilidad actual esta poesía profundamente sin­ cera y humana. tanto como de la religión po­ sitiva do Amado Ñervo. y menos con la rima cara siempre a González. Todos los versos de su primera época. “ Ventura carmina” . entre la perfección del cíacisismo y la potencialidad sentimental del romanticismo. apa­ rece” una mayor libertad. Una corriente. una mayor flexibilidad di: ritmo. on especial los de “ Los senderos ocultos” — la obra preferida del poe­ ta. por la sensibilidad de­ licadísima del poeta. de cálido sentimiento. ya por el desplazamiento do los acentos. una resonancia íntima y recón­ dita. 'Palos por ejemplo: “ El Minu­ to Incierto” . más en su fondo (pie en sil forma. modernizados. Pero ya en “ La Palabra del Viento” .L U I S A L U I S I dor y de Gabriela Mistral. Vina mu­ sicalidad en armónicos. “ La ciudad aban­ ta ”. sin romper con la métrica. rica con frecuencia y jamás forzada.

'j. en composiciones de arte mayor. perfumado de mo­ dernidad: ■• . distinto del común lenguaje poé­ tico. a voces de dos sílabas solamente. de cua­ tro.Los versos de eartece se combinan eu la poesía del mejicano. sin embargo. como lus endecasílabos de la segunda. estas composiciones. da a las poesías de González Martínez una fisonomía carai-U-i-íslica.pv!ntiu clásico. Pero donde el . Nadie confundirá. a causa del senti­ miento y do la idea que traducen.inconfun­ dible do su autor. . yo no sé qué sabor arcaico. de una manera felicísima. El léxico de Gon­ zález Martínez. que las transforma en composiciones definitivas. de cuatro y do doce. a causa de la . aparece también por voz primera una'nostálgica melancolía que florecerá luego completamente en su úl­ tima obra “ El Komero alucinado". con las dol puro claeisismo. y tiene a veces. al tiempo quo las enrique­ ce de una armonía compleja y diversa. cuino perfecta es la rima. diverso del habitual.. al romper la mo­ notonía fatigosa.sensibilidad modernísima quo las po­ ncha y vivifica.. imprimiendo en ollas el sello .A TR AV ES DE LIBROS Y DE AUTORES miento turbador. Tanto los alejandrinos de la primera. Eu tales magníficas poesías.<!<. el ritmo del verso es per­ fílelo. En “-Casa con dos puertas". con los do uuce. a causa también del lenguaje usado en ellas. de una trivialidad abrumadora. pertenece al más puro castellano. de un simbolismo felicí­ simo. . Esía inclusión de versos cortos. parecen adquirir un ritmo nuevo.

más espiritual. del actual autor de “ La jcunc parque” . que es pre­ ciso conocer. “ La pe-. sadillji” . con que el autorvela solamente. Porque en González Martínez. el más característico tal. La forma aquí se flexibilizá de ta l modo. que está lejos. es en su último 1k bro: “ El Romero alucinado” . fina. de tal modo se afina y se agudiza la sensibilidad. de pesadilla y hasta de ex-. sin enmascararla por completo. — 23S — .. se emparenta así estrechamente con “ La Intrn-.*‘£ sello de modernidad se imprime con mayor fuerza en to-j da la obra de este maravilloso poeta. el símbolo ad­ quiere. o en este espeluznante “ G uía” . y capta como una antena los más sutiles ondas aními-. sa” del poeta belga. hasta “ El puñal” . el símbolo se hace el modo de expresión habitual al poeta. más moderna que esta. este poeta su expresión más acabada y perfecta. cas. He aquí ahora “ El G uía” . vez de toda su obra. que “ La Ciudad Absorta” . la dolorosa ypúdica desnudez de su alma. que pocas veces hemos encontrado una poesía más.. Des­ de esa maravillosa “ P u e rta ” . mezcla de alucinación y desímbolo. sin embargo. por el que atraviesa algo» de ese calosfrío de misterio. florentina. Pero es nn símbolo claro siempre ytransparente. que os he leído al comen­ zar. como enropaje de gasas y no cu espesa capucha. fino y cincelado como un arma.-aa u í o A L U I ' 8 . profundamente artístico. de ser. un enorme papel en su poesía. y pertenece a la misma categoría. La filosofía sutilísima de Mactcrlinck encuentra en.-Tin poeta simbolista a la manera de Hallarme o.

la piadosa mano que con gesto sencillo por la insondable ruta del arcano nos lleva cuino al ciego el lazarillo.' “ La moneda amarilla de la luna angustiada cae como limosna en la escudilla vacía de la tierra amedrentada. Y estabas loco.. Noche de horror y decisivo in stan te. ” El horror de esta marcha.. es parien­ te cercano de aquel otro horror de “ Los ciegos” de Mae- . la poesía de este gran mejicano de.hora presente* *• . Mil caminos abiertos... llevados de la mano p o r un loco al través de las sombras del paisaje. De pronto el guía.la. hermano. y mudo el caminante frente de la maraña alucinante de los rumbos inciertos.A TRAVES DE LIBRO S Y [ DE AU TqÉÉ^ traña locara.. fantasma conductor de mi aventura al través de las sombras del paisaje.. que salpimcnta y le da tan hondo sabor a.. Pero 110 me enteró de tu locura sino llegado al término del v ia je .

ciegos a quienes un loco conduce do la mano por entro el horror de la sclvu oseara? — es tan íntimo y tan profundo ol sentido. con quien ya había señalado la afinidad aní­ mica y el sentido semojante de lo trágico cotidiano. aparece como una vaga vislumbro ultraísta. r f'ir ■ Millones de estrellas lejanas repiten a un tiempo 'e l nocturno radiograma del lucero. Pero dondo la modernidad del poeta se hace más agu­ da. o de ‘Gerardo Diego: “ Una estrella canta cu el ciclo su sonata de luz. En la realidad y en el símbolo — ¿no somos acaso todos.L V 1 S A L U I S I terlinck. cuyo título nos sugiero la idea de un poema de Guillermo de Torro. y silencio. (pie estamos ten­ tados do sacudírnoslo. Y la antena fina y alta que es el alma del Romero .. al decir de Papini. Tal por ejemplo: “ Radiograma” . es en la parte titulada “ Las sonrisas dol tránsito” . como nos sacudiríamos una pe­ sada e importuna idea que nos persigue como un remor­ dimiento.. en las (pie a las veces.

” Si la sensibilidad exquisita del pauta no pusiera en el poema. “ La mosca” . También en González Mar­ tínez vuelve de nuevo a sonar la unta profunda. como sil mismo título lo indica. como que el alma es demasiado grave para re¡l* largamente del espectáculo do los sores pequeños. sin embarco.i. “ La. pareja” . cae la profunda melancolía del des— 241 — . “ La niña do la escuela”. y viene cu esto momento a mi memoria. “ Danza elefantina” . re­ velan esla nueva modalidad del poeta múltiple quo no os.A TR AV ES DE LIBROS Y DE AU TO RES' siento y capta los giros concóntríeos que le mandan las lumínicas ondas del silencio. al cambiante ropaje do esta poesía multiforme.no fina y alta de . “ lias ranas” . Una nostalgia agrega su fino y transparentó tul.su alma.ido'’ se cierra robre la añoranza de las montañas y las costas nativas. Juan lí. creeríamos encontrarnos fronte a un poeta ullr. líu finísimo sentido de ironía. Jiménez. un atemperado humorismo. la unle.iíst. y “ E l Ro­ mero alu ::’. el humorismo de ciertos retratos cn¡ la obra del más grande lírico español de la hora presento. “ Lilipul” . más que ningún olio. sino la sonrisa pasajera quo asoma a flor de alma frente a al­ gunos seres y a algunas cosas. pono sil nota nueva en esta parte dol libro. Sobro la melancolía clel otoño de su vida. Todos los grandes poe­ tas la lian tenido alguna voz en su vida. y.

tínez... nadie ha definido mejor la. Quien lea 110 se asombre de . que hace más humana aún y más interesante.* la'..hallar en mis poemas la integridad do un hombro siu nada que no sea profundamente humano. — 242 — .■•í-v' t. flaquezas y caídas. No teme la mirada aviesa de los hombres..' Por otra parte. La frase salta u veces palpitante y desnuda.' fisonomía de este poeta. escribir estos versos para un libro futuro: Este libro es mi v id a . ni se'cansa.. otrus. con el ropaje dol símbolo se escuda de viles suspicacias. ni envejece: se transforma. que el propio González Mar-. no conforta. Aquel a quien cxlraíie este pudor del símbolo. no hay en sus hojas nada que no sea la frágil urdimbre de oirás vidas: ímpetus y fervores. . y la inquietud que esconde es solamente mía. 1 S A L U tierro.L . mas en mis versos fióla.ví •■!.poesía de Enrique González Martínez. Este libro 110 enseña. ni guía. que al decir de un criticó ar­ gentino.. con estos versos que son la más exacta1exégesis de su obra: “ Quiero con mano firme y aliento puro.':. diafanidad o arcano. que 110 lo desentrañe. V .. Terminemos nuestra conversación sobre el magnífico poeta.” 19 2 3 . la yida fjuc es do todos.

. el grupo más compacto. Magnífico espectáculo el que presenta hoy a los ojos de América el paisaje lírico del Uruguay. fué tan rico el momento. Sin alicientes. de realidades y promesas. LA PROFUNDIDAD * ( C o n ftrtn d a pronunciada en la (JnloeulJaJ Je Monteotjco. más armonioso y de más po­ sitivo valer de . la juventud poética de nuestra tierra puede presentar a los ojos atónitos de las demás nacio­ nes. LO PIN­ TORESCO. y aún con sacrificios cruen­ tos muchas veces.TRES ASPECTOS DE LA POESIA URUGUAYA CONTEMPORANEA: LA GRACIA.toda América . sin estímulos. sin ventajas de ninguna clase. Nunca en la historia de nuestra literatura.

el espíritu atormentado de quintaesencia de Herrera y Reissig. como hoy. a quien saludara Francisco García Calderón como el más grande lírico americano de la hora presen­ tero la autóctona de Santos Chocano. con armonías sorprendentes: la alondra herida de Delmira.de que perduren en ella. el cetro americano. pero nun­ ca una pléyade tan completa y tan homogénea en sus vaíores. ninguno reúne él solo. acallada la voz magistral de Rubén Darío. Pero cuando vibran multísonas las voces juveniles de nuestro Uruguay.. la armonía de valores completos que hagá^jie. desinteresadas.mulüforme do un Shakespeare o de un Goethe. com­ plejo *y uno. 1 S Á . gracioso y hondo. Scguramento ninguno de nuestros jóvenes aedas.el genio. es atísurdo hablar de decadencia lírica en Amé­ rica. conquistó ya para sí mismo.éfvel poeta por excelencia: fuerte y dulce. con toda la variedad infi­ nita de matices que culmina una vez en cada tierra. la épica voz de Zorrilla de San M artín. Péró ninguna poesía de América reúno hoy en su con­ — 2U — . L ü I 8 I Voces aisladas se levantaron en décadas pasadas. El desconocimiento de nuestra poética pudo permitir a im Salatiel Rosales hablar de decadencia lírica en Amé­ rica. con . teatral y anacrónica do nuestros hermanos d&ljPcrú. puras y nobles como ningunas. la espiritual de González Martínez.. y la armoniosa de Guillermo Valencia. ni a la.L JJ. y a pe­ sar .. ya que no pueden aspirar a la áurea consa­ gración de un Municipio como nuestros vecinos de la Ar­ gentina...

ló • — 245 — . como la nuestra. fué quien con mayor in­ dependencia supo buscar dentro de sí el ropaje lírico que convenía a su alma. Sólo de tres voy a hablaros hoy: serán los tres que personifiquen. más personal. ". mayor originalidad. América unáni­ me fué por demasiado tiempo versallesca y frívola. compleja y varia. Eli­ jamos. n o ^ . A No será posible hablaros hoy de todas. canta hoy con variada y compleja armonía de voces.más ti­ ránica tal vez que otra ninguna. ama­ nerada y exótica.A TR A V E S DE LIBROS Y . Y su alma. Imitadora y servil. tres as­ pectos característicos de nüestra poesía: la Gracia. entre todas. imponiendo a la poesía eso sello do imitación servil que la reduce a llanura monótona bajo la potencia de una fuerza extran­ jera. hasta quo se alzaron las testas indomadas de los que habían de con­ quistar con su propia indiosincrasia la altura do\las ci­ mas incontaminadas. aquellas que dan una. mayor riqueza de matices. Acaso el Uruguay. rica de todas las almas que se fundieron para darle vida. predominan algunas con acentos más cálidos. más vibrantes o más hondos. pasada esa moda tiránica. sino en el do todos los can­ tores americanos. por demasiado tiempo. el yugo divino de Rubén Darío. y que so destacan no solamente en el coro' de sus hermanos uruguayos. sobre su cerviz doblada. junto.DE AUTORES. Ninguna in­ fluencia lia podido avasallar el estro propio. pues. mayor perfección dentro de cada matiz. América sufrió. mayor diversidad en la obra de cada poeta. Como en el con­ cierto matutino de nuestras selvas. mejor que los otros.

. Y.. Nuestro mundo occidental.á7 J u ^ foíkíore.. Ju an a apareció en el es­ cenario lírico de América. me permiten tal vez m ejor que a nadie...parecido otros poetas. ..a. lo p ri­ mitivo y rudo. encarnan con vigor. poética.!.. sin embargo.. en el instante propicio que necesitara su triunfo. el único que consideramos en nuestrp egoísmo. lo cálido y fra ­ terno..... J u a n á d e Ibarbourou es demasiado conocida para que necesite haceros su presentación. lo cultivado y cerebral. pero nin­ guno..' poesía es . salía apenas de la pe­ sadilla de la Gran Tragedia... como existente. acaso los de mayor valor. ..lo. '"• Aun quedan otros aspectos do nuestra poesía que.sm\)aombriuf. Carlos. ío místico o lo sentimental... descubriros esos matices..a-... Fresca...con mayor pureza y con más firmes relieves que los tres que acabo de nombrar. Sábát Ercásty. aún es ignorada en ciertos matices do su alma. por conocida que ella sea en alguna de sus composiciones. nombrar.’ lo pinf. . v4-. encantadora.4* ^ i ^ i @ o ^ á ¿ ^ o ^ c U d á d . intoxicado de — 246 — . juvenil. ^ m o^q ue. aca­ so. •' No ^necesito ^de^ijos^om^: ÍJrés'. E l espíritu. que hacen de Ju an a algo más que la ninfa bella y despreocupada de sus poesías más conocidas.. Otros serán lo épico. Intimos y afectuosos lazos de amistad que a ella me ligan.

¡. la reacción violen­ ta de la post-gucrra. Los hombres se rebelaron tenazmente a pensar y a sentir. que alejados del escenario de la tragedia teníamos un poco más de serenidad. sibilidad. el terrible castigo del Jehby^'im tado contra los humanos.v .más exacerbada 'de'. La tormenta bíblica.. sedienta de placer. abocada a la locura de la “ Bisa R oja". = cificadora de Yersalles.sombra pa-. de desequilibrio. La humanidad. E ra entonces. de los dancings y de los cinemas. sus grandes preocupaciones trascendentales. decía. vencida.. de frivolidad.lrá$m^^^ '¿olpr/"mpral x . en que vi­ mos nosotros. quemó alegremente cn.piismó’dclá'isángFe^yílá?devastación?f^i ____ _ .' vimos a los inválidos olvidar sus heridás para bailar gro. de olvido. Epoca de desquiciamiento.f¿¡ipo. en una salvadora reacción de su sén-. vimos.: dreiefí ¡y "de Leónará perada/la ffescá voz dé'ag^a $ e V ^ mada. extra­ ñamente sorprendidos. so alejaba ya bajo la. o al embotamiento de los egoísmos desatados. ante la Imaginación deslumbrante y engañadora. a las viudas recientes aligerar pus velos y acortar sus faldas para danzar más librem ente. y la Idea. se inclinó. Fuó el reino de la novela de aventuras. grave y profunda. •do a la. de alondra matutina.Jos ú lti­ mos rescoldos de la guerra. cuyos acentos Labía ol\adado ya entre el fragor de las ametraUadórÍM-y^iá^&^dálwaí''*' irrespirable de los gases asfixiantes. — 247 — .

-: 8 A .-:S- tescamente en un doloroso espectáculo de heroísmo ridi­ culizado. de Juana de Ibarbourou. La salvadora reacción de la sen­ sibilidad la conservó. reir en su danza frenética'alrededor de la hoguera en donde termi­ naba de consumirse una civilización magnífica..■L-s l .correr de las horas y de los d ía s. a Europa enloquecida.. antes de pe­ recer. estupefacta. El mismo frenesí de las pasiones desatadas. y. . . le hizo olvidar el rá­ pido . cada espíritu se afianzó en una raíz diversa. y ávida de se­ renidad.. 'A iiádio sorprendió más quo a ella misma ese triunfo 248 — .este perdido rincón de América. . esta chicuela yenida .. L : V V t -. Tal era el estado espiritual del mundo de Occidente. se oyó la fres­ ca y dulce voz. América escuchó suspensa y. El placer no podía colmar el vacío enorme que dejara en las almas el fracaso de todo ideal.de Helo por los azares de un patrimonio ju ­ venil. Como uua voz dé lá^Naturaleza que nada sabe de sí misma. había do aquietarlas otra vez. y en don­ de echaban todavía fulgores deslumbrantes. vimos. de rectitud y de des­ interés . . de paz y de alegría. En una humanidad profundamente sa­ cudida.. ignorante e inconsciente de su pro­ pia oportunidad. cuando en . cantó su verso. como el rui­ señor del monje de Valle Inclán. se levantó la nueva fe del misticismo de post-guerra. el cantar de esa alondra que. como monstruoso tentáculo que quisiera agarrarse del cielo’ pava no cacr. los últimos ideales de pureza. reír. y aun la afinó.

i Qué hubiera sido de ella y de su obra futura. su voluntad se templó en la soledad. y a en­ salzarlo y a patrocinarlo. con mi buena amiga. Mu­ chas veces hemos conversado largamente. que so acostó una noche desconocida. como gaje do solidaridad es­ piritual. y amaneció gloriosa. con su perfume de­ masiado capitoso. que habían vuelto los ojos a este continente. D E ' LIBROS ' Y DE AU TO RES sin precedentes én la literatura americana. Un artículo de “ Caras y Caretas” dió la vuelta a América. por voz primera. si el destino. Bien pudo decir entonces la milagrosa criatura. la amargura de las ingratitudes. La Editorial “ Cervantes” coronó la obra con la inclusión de Juana entre los mejores poetas del mundo. Sola. Juana piuLó.V T R A T E S .. para transportarla cruelmente a la aridez y la desolación de Santa Clara de O lim ar?. verbalmcntc y por carta. la falsedad interesada de ció vtas ala­ banzas. en busca de una amistad que desdeñaran durante tanto tiempo. no la hubiera arrebatado de pronto a esa atmósfera enervante de los éxitos prematuros. Su re­ trato apareció en todas las revistas. su alma se encontró ella misma frente a la realidad verdadera de su propio valer. la envolvió. alejada del bullicio y de la'ficticia atmósfera de la adulación. so apresuraron a recoger este nuevo valor literario. la fragilidad y la inconsistencia de la gloria. T en esa amarga revisión de sus afectos — 249 — . previsor una vez más.. y España y Francia. Su espíritu niño maduró de golpe a la temperatura cruel del dolor. la marcó. Un coro de alabanzas encendidos la rodeó como en una nubo de incienso. de este trágico contras­ te.

ciiánta sinceridad. en “ Campo de Pied ra” . en “ Rebelión” . Esta es la Juana que quiero haceros conocer. y saciarán su sed de humana sim— 250 — . volvió engrandecida de sufrimiento y de vigor: . ya no amante solamente... mujer. en “ F u g itiv a” . su sensualidad impaciente en “ La H ora” y en “ Ofrenda” . Ya no la buscarán los que sólo deseen el olvido pasajero de sus penas en el placer sensual de sus primeras poesías. . • . y sabe "dé amores más hondos que el amor de . sin unirnos más que con vana apariencia pasajera. que sábe de sacrificios y de deberes.’/ . Porque sólo el dolor nos acerca verdaderamente. en “ La Can­ ción” en “ Tregua” .y de sus amigos.^e-m árj^asi'.la carne. en “ Cementerio Campesino” ! . .. hay en “ La C isterna” . Nada ha perdido de su gracia. cuan­ do ofrecía a la imaginación de sus lectores.s'A :. pero ¿sta se ha hecho más grave. sus ansias de enamorada en “ La Espera” . y de renunciación. el marfil do bu cuerpo en “ La C ita” .en el crisol reformante 'de la v id a ‘'^qué sab 'e. . que es en ella don del ciclo. Pero la amarán con más honda ternura los que busquen su alma bajo la belleza pasajera de su rostro. Si en “ Las Lenguas de Diam ante” la nota del dolor sonaba falsa. a la verdadera J u a n a .. que sabo de placeres más austeros que la gloria. cuánto dolor. con una melancolía dolorosa que la hace amar por más humana. mujer dolorosa y^nueva/renacida. •• ‘"H e aquí a Juana. y el placer nos separa. su gracia fresca y campesina en “ Salvaje” .

*‘Raíz Salvaje” . por ejemplo. la acerca demasiado a la condesa de Noailles. de su. de su visión maravillada. no conocía a la poetisa francer • . . oído' áte&to^de' su tacto voluptuoso sobre la carne aterciopelada . es la misma desesperación que traduce Juana en “ Vida Gar­ fio” .de/la • fruta o sobre las mejillas fragantes de su hijo. rra . las hace desear a las dos transformarse en flor p ara' no renunciar definitivamente a su belleza. por la brevedad de la vida. de sus seiátidosffréwbV ^ agudos. : ■ Juana.de •de.-.patía i --------------.2 5 1 - ••• . su sensualismo primitivo de niño ávido ante el espectáculo maravilloso denlas co­ sas. que es predominio de sus sentidos sobre las preócü-] paciones abstractas de la Idea. y es curioso comprobar que ambas hayan pensado en los lirios.por la tie^l.tiene cüeñtra en sus últimas có m p o acio n és^ y voy a definir de una vez más se interpretó en otra ocasión — su s e ró a a Ú i^ predominio de su vida física. El mismo panteísmo sensua­ lista. su s¿nsu¿T< lidad. sin embargo. gración total de la materia. con la frialdad y la desinte-. de la poetisa francesa. para que encontremos en Juana toda la personalidad original que hubiéramos deseado. • ’ “ Nocturno". para perpetuar su tránsito.-i Bolada^tristeza A de‘‘‘‘ OemeDLteno|C^p^i^^^. ■’La otra. y el contraste desolador de la juventud y la belleza. j u n ­ ios lirios morados.. la Juana .

No hay.no lee siquiera el francés. el mismo estremecimiento de la materia al llamado de la primavera. a vcccs contradictoria. la misma complaciente delectación en su belleza. más transparente y más se­ rena. Su amplia cultura se trasparenta en numerosas alusioues. y hasta de realización.. la expe­ riencia do la condesa de Noaillcs. pues. Tieno. la misma erótica violencia a las sugestiones voluptuosas do verano. más fresca.. se complica con mil citas literarias. Ambas tienen tan honda la sensación do la Naturaleza que experimentan idéntica necesidad do compenetrarse con ella. pero igualmen­ te apasionada y erótica. y su frenesí.L U . sin embargo. aunque en sus versos sea la imagen generalmente. el mismo amoroso cuidado por su cuerpo.. el menor asomo de una posible imitación. la fuerza lírica. ni puedo haber. Do Delmira Agustini. Más cultivada la francesa. es también más complicada. la sabiduría. Hay sí. más agudo. más ingénua. En las dos existe el mismo sensualismo exacerbado quo liaco desear a la francesa “ morder al verano como sabroso fruto” . Juana do Ibarbourou. que no se puede leer a Juana sin recordar de inmediato a la condesa de Noai­ lles. una tal semejanza de tempe­ ramentos. tiene Juana el erotismo franco. más afiebrado que el do Juana. como la nuestra. no tie­ ne. 1 S A L V 1 8 1 sa. y esto es lo sorprendente. . más refinada también. a la quo mezcla el olor do las frutas y la dulzura de las coro­ la s .

falto de toda atmósfera de ideas y sugestiones. en Delmira. que es ya asombroso quo a esa edad fuera posible. suplo pata tan­ tos individuos la sistematización de la cu ltu ra!. que hizo afir­ mar a Vaz Ferro ira. que en las grandes capitales. Y afirma como argumento. esa especio de mandato..A TR AVES DE LIBROS 7 DE AU TORES aunque también más sano. alejadas d<> la Capilal en la época en que so gesta y madura el espíritu.. pudo surgir tan honda concepción filosófica. un domon. sin cultura literaria ni científica. Hay analogías profundas entre estas dos mujeres. un genio. sin lectura casi.. pero ni siquie­ ra comprenderlos ? . . por lo monos descon­ certante. más fresco y más ingénuo. tal profundidad de pensamiento. que le dicta. ante casos como los do estas dos mujeres sin antecedentes familiares de ninguna tradición poética. 110 ya escribir tales versos. y que el poeta obedece como a la voz de un imperioso deber: tal como el médium a las sugestio­ nes de su hipnotizador. sino aquellos. Lo que sorprende ante todo en ambas. de fuerza superior quo lo obliga a escribir. ¿Cómo. es ese fenómeno de mediumnidad de quo habla Maeterlinck como explica­ ción del tranco de inspiración poética. Y cómo so siente uno tentado do dar su aquiescencia a la seductora teoría. Para ol filósofo belga el poeta no expresa sus propios estados do concien­ cia. a pesar do sí mismo. una musa como la llama el lenguaje po­ pular.. por más que ellas no sean las que acostumbran a señalar con de­ masiada frecuencia los críticos.

la frescura.. Silva Valdés tomó lo pintoresco. un poco rudo y esencialmente original de nuestras cosas. y la viste con imágenes de una ele­ gancia tan fresca y tan graciosa ? . oyendo hablar el pésimo. I S vr'X ’A C[ ¿Y cómo. que limpia su estrofa de todo lugar común. en la lejana ciudad de Meló.. Fernán Silva Valdés.L U. es el aspecto vi­ ril de nuestra poesía propia. esc gusto se­ guro. lenguaje de nuestra campaña y hasta el do nuestra orgüllp^a Capital. que de la naturaleza. de una pureza verbal y de una riqueza de léxico admirables. puede Juana do Ibarbourou ■escribir sus versos impecables. Más ccrca del hombre. ena­ morado de nuestra naturaleza y del alma pintoresca do nuestra campaña. Silva can­ — 254 — . preciso. ][ Agreste como nuestra alondra poética. de nuestra poesía del cam­ po. Si Juana tomó de ellos la primavera.. Lo mismo es confesar nuestra ignorancia y nuestra incapacidad frente al Mi. sin embargo. 7 ¿ Qué'demon le dicta al oído esas expresiones de una sen­ cillez y de una claridad de agua de fuente. de toda vulgaridad..síeiio. o bien considerar al poeta como una fuerza más que brota de la Naturaleza con la misma misteriosa vitalidad de las otras fuerzas. como ella. el perfume. de un casticismo. Es preciso aceptar la explicación de Matcrlinck.

A ^T R A V E S DE LIB R O S : 7 DE AU TORES ta las costumbres. por lo me­ nos. es Silva Valdés dignificando en poesía noble los temas y los aspectos puramente regionales quo cantaran Elias Regules y “ El viejo Pancho” . finalmente. es Eduardo Fabini. que hasta hoy había te­ nido como únicos representantes en los americanos del trópico. en nues­ tra tierra había nacido. las cosas. pa­ ra pasearlos. elevadas al rango de música sabia. el floldoris-'"' mo de los cuentos del venezolano Archcpoll. Americanismo de buena cepa. libres de prejuicios literarios. Ya. cuando nuestros artistas levantan por fin los ojos de los libros que los tuvieron por tanto tiempo encadenados. si no una realidad conquistada. el romanticismo de “ María” de Jorge Isaac. imponiendo con su “ Campo” las melodías folk-lorianas. para la novela. la vida agreste de las plantas y la suya propia. Esta voz de payador “ civilizado". llegó en momento''opor­ tuno. Es red ro Figari conquistando de un golpe la fama ante compatriotas y extranjeros. el auge de lo autóctono. el costumbrismo poético de Luis Carlos López. sin embargo. con — 255 — . Ese americanismo tan mano­ seado por políticos y literatos. empieza solamente hoy. c-ou sus cuadros do costumbres nativas. un anhelo hondo de todos los que piensan con amor en el porvenir de América. cuando nuestra independencia intelectual de la vie­ ja Europa es. por el paisa­ je magnífico que los rudea. Si a Juana seduce antes que nada. Silva se ena­ mora del gaucho y canta su vida pintoresca y original. Es. los aspectos “ humanos” de nuestra campaña.

Como los ultraístas. de Carlos Reyles y do Javier do Viaua. de quien tiene también nuestro poeta. La poesía. En sus ver­ sos centellea con deslumbramientos de gema. y ñas aturde con la variedad infinita y siempre certera de sus matices. Silva Valdés tiene el genio de la imagen. de Blanes Viale. naturalmente. Silva no pertenece. la Tuerza evocadora y el amor por las cosas nativas. lo asimila a las nuevas escuelas literarias de las que tiene el amor un poco des­ ordenado por la imagen. Nadie piuta mejor que él en una imagen. Este predominio de la imagen sobro la idea y el senti­ miento. Pero su forma libre de lodo ritmo monótono y do toda rima easeabalcantc. se prodiga. de Baz/. nos recuerdo a veces a Santos Chocano. se independizó la pintura por el talento de Cúneo.urro.L U I S A L U I S ■ I el vigoroso talento de Acevcdo Díaz. Es un maravilloso pin­ tor do nuestros campos y de nuestros hombres. a los que. un agudo observador de matices y de relieves característicos. y descontando. y la libertad absoluta de la forma. “ la cinta cc— 25G — . la poesía puramente regional del Martín Fierro. Antes que ellas. es cerebral y objetivo. quedaron atrás. al diferen­ ciarlo por completo del peruano. como la música. con una riqueza que ciega y encanta. de Arzadun. y de algunos otros. sin embargo. Es sugestionante el hecho de que aparezcan al mismo tiempo el poeta y el músico do nuestros campos. un colo­ rista do primera fuerza.

un sentido humano que las universa liza. por hermosa que sea. el arroyo que es bueno. pero (pío ya anima sus paisa­ jes con una palpitación que antes no tenían. ” Una carreta pasa. pero que 110 conmueve. Y esta personificaein. demasiado objetivas.A TR AV ES DE LÍBEOS Y DE AUTORES leste del arroyo.. un poco frías. Las descripciones de su “ Agua dol Tiempo". Bajo el ' ‘co­ lor local” un poco forzado. el poeta descubre el sentido recóndito y la melancolía quo hacen de Montiel un cuentista tan nuestro y tan humano. una tropilla de potros. un alma en pona. el sauce es el affiche de la melancolía. Vemos brillar el candelabro encendido en borlitas de sol. va asomando una ternura nue­ va. se afina de sensibilidad aún oculta y como bajo tierra. la poesía. Bajo su apa­ riencia pintoresca. del .. un nido es una flor con petalos de plumas. con su propia agua herida le va colgando flecos. pero ya el sentido humano se hace visible y el poeta personifica al árbol. En “ El Espinillo” lu imagen centellea siempre con oportunidad y con certeza. dotándolo de un alma: “ envidiable destino ser cada vez mejor!. Silva Val­ dés gana en profundidad. van cobrando eu sus últimas composiciones. una emoción que no tenían. dema­ siado vestidas de imágenes. tiene una impasibilidad que admira. el tiento torcido del sendero. es lo que la unlversaliza y la eleva.” Sin esta transfusión de alma a las cosas que nos rodean. esta identificacin del poeta con todos los seres y to­ das las cosas. Silva los mira pa­ sar y en él so enciende el alma perdida do nuestras cosas. demasiado pintorescas. etc.

El primero. como realidad..U I 8 * Á L • Z7 Jr ': .i tierra extranjera. ¡Qué queza do poesía. a una concepción míis mplia y universal. se resintió hasta hora de una falsedad de visión que la impidió alcanzar :i desarrollo total. Nuesr-a literatura. con poco ue hubiera consentido en salir de su torre para m irar on ojos propios el paisaje. Desde H errera y Iteissig hasta Lcrea Acevcdo. Acaso por eso mismo. el poeta mira con los ojos do sus autores faoriios. qué maravillosa riqueza de poesía nos tibiera legado nuestro malogrado compatriota. izo abominar de la cultura a quienes quisieron por ese amino equivocado. como base donde asentar la planta antes de •mar el impulso definitivo hacia la universalidad.. como punto do par­ da para llegar por medio de 61.0 que despierta por vez prim era al maravilloso cspcc— 25S — .8 ^ j ¿trecho regionalismo. por un prodigio dH talento pudo scribir sus “ Sonetos vascos" sin haber puesto la planta . . ' creyeron que la ingenuidad de la visión. a la amplia esfera de la httmaidad. la inconcicnia de los sentidos. Pero sólo como punto de partida. en especial la poética. las cosas verdaderas y los se* es de carne y hueso que lo rodeaban! . Ese contacto directo del poeta con su paisaje propio. co10 iniciación. sólo por la evocación de sus lcetuus en su hermética “ Torre de los Panoramas” . que hacen del verdadero poeta un ni. la reacción siempre exagerada. . es necesario y hasta indispenible como sinceridad. conquistar su propia personalidad.e regionalismo “ vivido” .

Nunca se quiere más la propia morada que cuando hemos estado ausentes de ella. es seguramente. Profundo error. y en la atormentadamente com­ plicada del renacimiento italian o !. o inconsciente exageración. confundiéndola con la in­ cultura. |>oro ¡qué dife­ rencia de expresión.. las ro ­ sas' maravillosas de la originalidad!. fundamentalmente los mismos.. pu­ diera ser. cultura funesta. como si el más cerril de nuestros troperos. Los sentimientos humanos podrán ser on todos los hombres. Culi ara que no se transform a en sangre y carne del espíritu. Poro bendita sea la cultura que es abo­ no indispensable para que puedan brotar de 61.. nunca se avaloran más las bellezas de nuestro cie­ lo. por eso mismo. que puso de moda la originalidad. virginidad comple­ ta del espíritu frente al panorama cada día renovado del universo.. sabemos distinguir mejor los matices característi­ cos de nuestros paisajes nativos.A ' TR A V E S DE LIB R O S Y PE AUTORES táculo de la naturaleza. que aboga to ­ da personalidad. que cuando hemos contemplado ajenos ciclos.. — 259 — . al decir del filósofo. no es mirarlas con ojos de ignorante.. M irar con ojos propios nuestras propias cosas. Jam ás el primero escalará las cumbres magníficas del arte. entre el tirito instintivo del salvaje y la perfección de una obra lírica e te rn a !... que floreció prodigiosamente en la atmósfera prodigiosamen­ te cultivada de Grecia. se alcanzaba Bolamente por la ignorancia absoluta. el más grande de nuestros poe­ tas ! . Abiertos a todos los p a i­ sajes.

intoxicado de ciudad y de literatura. que supo “ ver y sentir” nuestras co­ sas después de haberse perdido eu las complicaciones de las cosas extrañas. y lo apresó por ve/. al jjaisaje nativo. las fragancias di: las brisas y de los pastos. redescubicH o . el rancho y la carreta. como si por primera vez.'I — 2i. sin que ella penetrara en su alma más que cu las viejas costumbres adquiridas. por el conI ■. . Niño.L U I S A L U I 8 I Silva Valdés cumplió también su peregrinaje litera­ rio . “ ve” nuestros campos a través del prisma rectificador del contraste. lío aquí que Silva Valdés. No llegaron a sus primeros ver­ sus. so abrie­ ran a la maravilla del paisaje. el libre relinchar de los potros. fué necesario a la gestación del poeta fuerte y original. primera eon sus pupilas nuevas. el espinilLo y el arroyo. por haber sido manchados por la vulgaridad de las ciu­ dades y el veneno de las literaturas. el brioso clarineo de los gallos.- . volvió sus ojos en­ candilados de visiones exóticas.-. volvió ya hombre a restaurar su cuerpo y su alma eu la rudeza de nuestros aires campesinos. para felicidad de las letras nacionales. eu nuestras claras mañanas de sol. y después de perderse cu los exotismos y las deeadeneias de una literatura artificial. Bendito veneno.■asiu e«m la pasada vida ciudadana.o . Sus ojos so hacen nuevos. Más cuando. el poeta habitó la campaña. sus ojos contem­ plaron con asombro. que hizo brotar del alma prematuramente agostada -.1)1 de­ cadentismo falso do “ Humo de Incienso” y do “ Anfo­ ras de barro” .

como en los poetas subjetivos. se hace “ alma” . en­ tre los cuales es preciso colocar a ¡Silva Valdés. como cu los poetas objetivos. y en el afanar de sus ta ­ rcas. la frescura límpida y tersa de su “ Agua del Tiempo” . riego fecundo para nuestra litoratura aride­ cida ! . cobra una realidad más viva en el recuerdo. la campiña florecida. III Ningún lazo de afinidad espiritual uno a Sábat Ur­ cas ty con estos dos poetas nuestros por su amor a las cosas dol terruño. Por dos caminos puede llegarse a la originalidad. o bien ahondando en el espíritu propio hasta encontrar su raíz universal. Señalemos el más común. sentimiento. por dos caminos puede llegarse a la universalidad. El poeta vuelve a la ciudad. hu­ manidad. y la vida sana y primitiva. Este ivnnino es tal vez el más penoso. Asi se enriquecen las eomposicones posterio­ res.A TRAVES DE LIBROS Y DE AUTORES poeta... para desentrañar de él el alma pro­ pia y la del universo. a causa de los formidables escollos do está erizado. Sábat Ereasty pudiera lo mismo sor uruguayo quo hindú. francés quo persa. la amplia libertad de sus cielos. de ese humanismo que les faltaba. Partien­ do dol región a lis mo. que es la — 2(51 — . entre los cualos os necesario colocar al último.

a quienes cantan todos los malos poetas.F.' S I vulgaridad. de apariencias do oro. la muerte. el que con ojos nuevos y alma experienlc mira dentro de sí. No llegará indudablemente. con estos solos guías. los más impersonales: ol amor. obscuro. acaso. el hondo abismo de una conciencia compleja y — 2G2 — .. Kl poeta objetivo por lo mismo que no reedita las vulga­ ridades conocidas. Camino subterráneo éste. A flor dé alma están.p ara esta clase de poesía. y por lo mismo. i-A' L ü . quien no lleve dentro de sí la cantera de rico molal. Pero quien desdeñando por falso el metal que se re­ viste. esc. los sentimientos más uni­ versales. propicios a todas las manos que a ellos se tiendan. una primera etapa de superioridad. C antar lo objetivo es y a. la fraternidad universal. por donde se extravía el que no va provisto de una brújula que no engaña: Ja sinceridad. baja a la cantera viva de bu a lm a para arrancar del bloque sangrante el metal precioso: el que bajo los acentos conocidos arranca la HÍnceridad de su propia alma con un acento que nos sue­ na a nunca oído. y allí elijo el metal verdadero. el dolor. y de una luz quo no se apaga: la honra­ dez artística. está más cerca todavía de la universalidad.L . vis­ tiéndolos con el ropaje gastado de los lugares comunes de la literatu ra. es ya muy digno de que se le tome en cuenta. porque ha partido de lo más profundo de bu individualidad. desdeñando el falso. lleno de bifurcaciones. la ausencia. ziszagueanto. el que nos da más honda el agua do hu propia fuente.

y de todas las vidas. exhala su queja eterna. tan sangrantes de un dolor que no es ya personal. es sufrimien­ to. en donde se trenzan. con el lento rodar de las horas.Y TRAVES DE LIBRO S Y DE ATJTORES múltiple. su sed incolmada. que mitiga. su in­ finito anhelo de elevación y de absoluto. el más am­ plio. por donde toda la humanidad antigua y pre­ sente. que por ella ha­ blan los poetas de todos los tiempos y de todas las ra­ zas. que cantan. por sus ■■frutos. el verso compacto y opulento. •' Tal. el sufrimiento cósmico que es el vital impulso de toda energía que existe. en intrincado nudo. sino de toda la humanidad. Pero su enormidad no radica solamente en la in­ trincada selva de pensamientos que hacen inclinar como una rama demasiado pesada. y se aviva en la marcha vertiginosa de los años y de los siglos. Es un dolor tan antiguo. y que por existir. el Tiempo que todo lo suaviza y apla­ ca. Su universalidad abarca el más vasto. y que crcce con los días. el infinito horizonte de toda vida. Este dolor no es si­ quiera un dolor de presente. Sus “ Poemas del H om bre” 'son tan frondosos de íntimos y profundos pensamientos. Sábat Ereasty. Su enormidad está eu las raíces mismas de su dolor. las raíces de todas las almas. que al leerlos nos sobrecoge el tu r­ bador sentimiento de que no es un hombre. en lo recóndito de sus abismos d conciencia. Es la chispa . La voz de este poeta es tan enorme. tan remoto y ta n eterno corno la misma conciencia. sino todos los hombres a la vez.

son diferencias todavía fundamentales las quo alejan al autor de “ Les Forcos Tumultué uses’'. de nuestro compatriota. con la obra cosmogónica del nuestro. como en és­ to. y su obra admirable vive en la realidad cambiante de la vida. a las más altas cum­ bres del pensamiento abstracto. I S A L 77 I S 1 divina de Prometeo que ha incendiado la selva de esa alma que. con quien indudablemente tiene mayor afinidad Sábat. y aun superficial. Una semejanza de forma. cuyos rostros diversos y siempre nuevos ha cantado el belga prodigioso con el corazón y los nervios de su época. de vida activa y física del épico poeta del trabajo. Mrcasly. Una es­ — Sc-i — .77 \-. Pov lo vasto y profundo de su obra se ha querido ha­ cer derivar a este poeta. arranca res­ plandores quo deslumbran y ciegan. de presento. puede hacer confundir al lector poco versado. al quemarse en el fuego sagrado. es tan rica de pensamiento y tan copiosa di> forma como la del uruguayo. la obra tqda de actualidad. Para Sábat Fréasly no existen ciudades tentaeulares que cantar. La amplitud de su visión ha traspuesto to­ dos los horizontes concretos para levantarse de un gol­ pe. en donde la razón ex­ perimenta el vértigo do su propia debilidad. Si la espesa y formidable producción dol belga. La filosofía do la vida no ha echado en aquél sus raíces en los hondos abismos metafísieos tic la conciencia última. en alas de su inspiración ebria. de otros dos gránelos poetas modernos: el nórdico AValt Whitman y el belga Emilio Vcrhaercn.

Ilay algo de extrahumano en su poesía.A TR AV ES DE LIBROS Y DE AU TO R ES pecie de delirio sagrado lo posee. y 110 es ya él mismo quien escribe. algo que no es fácilmente explicable. La inspiración divina se apodera de la razón del poe­ ta. sino el genio invisible de una civilización y de una raza secular. sentimos a través de su poesía el genio ordenador y calmo que la presido como la mú­ sica numérica de Pitágoras. incapaz de detener la marcha vertiginosa del pen­ samiento a través de los abismos de luz y de sombra. y por su intermedio. Confieso que a voces este poeto me asusta un poco. grandes. Cuando loemos ¡i otros poetas. por los que a voces atraviesa una adivinación maravillo­ sa y por veces se presiente el naufragio doloroso de la conciencia enceguecida. Este gran niño de ojos azules no se da cuenta él mismo del terrible poder de su poesía. todo desapa­ rece ante la fuerza tumultuosa c indomable que se apo­ dera do él mismo. El mismo me ha asegurado que queda muchas voces extenuado al salir do eslos trances poéticos. magníficos poetas de la antigüedad. y muchas veces me he pre­ guntado sorprendida. quó oculta potencia lo domina pa­ ra dar a su verso la fuerza delirante. de nosotros. y todo lo avasalla. y todo lo arrastra cu el torrente de sü propia grauúc¿a. En estos momentos de exaltación poé­ — 2C5 — . tan semejantes al delirio sagrado quo so apoderaba do la Pitonisa cuando había de predecir lo futuro en el santuario de Dclfos. el soplo magnífi­ co que lo levanta a cúspides tan altas y tan solas. En este poeta.

Su grito será un grito do júbilo dionisíaco.:I 8 A. lo levanta y lo abate como el viento trágico de la grandeza y de la pe­ quenez humana. Un soplo de locura. que se encrespan de furor y de espuma contra los negros pcfuiscos que se le oponen tenazmente. En ninguno de sus libros esta fuerza exaltada llega u una violencia tal como en “ Los poemas del hombre” . Un delirio de la voluntad. al danzar sobre las olas. se siente á la razón “ que pierde pie en el misterio” y nos arrastra a las simas vertiginosas en donde arries­ ga cada día su integridad. y 6us nervios y rus músculos. de locura divina. a pesar ¡ie todas las limitaciones y de todos los obstáculos. y confundirse con el mar en la alegría violenta de sus olas. Sus voces múl­ — 2G(j — . de “ ser” . L U %\ 8 I tica. lo arroja en mía violenta rebeldía contra los muios quo se oponen a la marcha victoriosa de la inteligencia. y au simbolismo profundo nos sorprenderá por la inmensidad de su con­ cepción. un ímpetu exaltado de afianzarse en sí mismo. Podrá de nuevo el poeta perderse en la em­ briaguez do su propia inspiración. Ya no alcanzará el poeta los trágicos acón tos de es­ tos magníficos poemas. le arrancan esos gritos impetuosos en los que la vida más alia se escapa en la desesperación intelectual de la impotencia humana. “ ]íl libro del m ar” continuará el enorme plan que se trazó el autor.¿ V \y . para rní el libro capital de este poeta. tendidos hasta romperse en un acto de voluntad espiritual. la danza frenética y creadora del peligro y de la ascensión.

y aun de todos los de América. le da esa fuerza inigualada en tío nosotros. desesperación del espíritu. a modo de . desde la gestación de toda vida. y la más bella de las obras. pondrán en la música compleja. y su misma enormidad quo asusta a los loe lores frívolos. e ir ascendiendo en audacias de símbolo hasta la concepción final. del -versó. como los asusta la enormidad de la “ Divina Comedia” o del “ Paraíso perdido” . cu donde se gesta la más grande. que se desenvuelve den­ tro del gran pensamiento que la informa y la ilumina con dos tollos de sabiduría profótiea. El poeta va recobrándose y se­ renándose a través de su obra. y de ella surgirá la creación magnificada y soberbia por la obra grandiosa. esa vastedad en el plan. en efecto. En ninguno encon­ tramos. esa loetf. Pero aquella exaltación apasionada y amarga. puramente metafísica de “ En la suprema ola” . se han ido apaciguando pn una visión más amplia. que hace do Sábat Ercasty el más hondo y el más rico de todas nuestros poe­ tas. esa profundidad insondable en el esp íritu . esa unidad en la obra. hasta hacer­ se sentimiento avasallador en “ La altísima o la” .A TRAVES DE L IB R O S ^ Y DE AU TORES tiples.. El océano es creador de formas y de seres cu la “ Sinfonía del m ar” . Toda la luz y toda la sombra están en ellos. empiezan a ordenaríe las aguas y a surgir la vida. wagneriano. lie aquí que de ese magnífico caos revuelto. que es el espíritu del poeta en este libro. la armonía maravillosa de las ag u as. “ Los Poemas del Hombre” tienen toda la trágica grandeza dol caos.

— lecho profundo dol sol y de la tierra. nave do llam as. todo el miste­ rio trágico sobro el cual navega. — te entibió la entraña.. — to besó la espuma.” • Y las formas se condensan en el so no dol mar.. de vida en la “ Primavera del M ar” . — condensador di­ vino de la fuerza viva. hasta que aparece al fin el hombre. ebrias. el alma del hombre. — útero cósmico de la primera célula. su grandeza. los mitos y los viajes” . con toda su sed de infinito. — hijo de las fuerzas estremecida» y violentas — en los alumbramientos primordiales del planeta— ” lie aquí que de él nace la vida organizada. escultor. en “ La altísima ola” . — Cruza el alba suprema — 2(i8 — . los puertos y los barcos. — donde la luz de Dios se abrazó a sus aguas. y os su origen primero. Es la “ Ola de las Form as” que danzan ya. le mordió las olas.. to llenó do fo r m a s !. — filtro de las delicadas gelatinas.-joyero. pobre barca perdida. entonces: “ Matriz de vida — coagulador primordial del protoplasma. forma suprema do bis formas todas. “ Nave do llamas — vuelve a las grandes aguas del infinito océano. que la» va plasmando hasta llenar el mundo de tierras y do se­ res: “ Tú esperabas la orilla caliente de ciudades.L U I S Á> L U I ' S I letanía prodigiosa: “ Mar de las guerras geológicas — modelador.. Y el mar es ahora el espíritu humano mismo. — gran abuelo inicial do todos los seres.. su amor)su inteligencia. su destino último. — hermano gue­ rrero de las llamas. y el mar es. arquitecto..

!:j'adas. No hay futuro. una probabilidad do pasar más iu'. — Ya no se grita. — Es Dios? Ah. “ Parece que la som- . y es ahora el océano infinito de la Muerte.. — No hay pasado. noche mía! — Con qué frío tan largo me muerdes las entrañas!.supremamente an­ helada y tantas veces vislumbrada en sus transportes vi­ sionarios.A. océano...” El espíritu del poeta tras esta amargura profunda de su derrota.. in­ franqueable. Ya está su espíritu entregado a la embriaguez del término. D io s!. — La muerte es una sombra.. Toda sed es inútil. — El tiempo es una sombra — La vida es una sombra.'2(59 — . a fuerza de intensidad.muerte. se estrella contra “ E l lím ite” que $1? opone el muro insondable de su propia materia: “ Séptima noche del pensamiento. estrellado contra el límite que se opone. siente sin embar­ go que hay todavía una posibilidad de vencerlo. — Sólo queda una cosa de rencor. noche. al vér­ tigo de las conclusiones . — lias ideas se hacen sin palabras — La intuición de la nada descuaja los sentidos.. En “ La suprema ola” ha de Hogar a ella. No hay presento. — De punta a pimía el alma mi­ de lodo el. El alma presiente más allá de ella la c l a r i d a d . — Ah. a la audacia de su vuelo.A TR AV ES DE LIBRO S Y DE AUTORES hasta confundirte cu ella!" Pero esto anhelo doloroso. vida mía.á. — ISl hombro se hace bueno. MI océano se ha íraí: j!'-¡.mado en el transcurso del li­ bro. — Acaso es también sombra 3. Ya 110 so puede más.. — La verdad y el deseo — tiene la dimensión sin fin do la tiniebla.

” . que concibe a todos los seres como a sí mismo. definiti­ vamente en el alma del poeta el gran pensamiento do la religión hindú que informa su último libro.. — Alma! Alma mía}. Al mismo tiempo que en su obra.. para que aparezca claro su significado profundo. 1— Parece que la noche rompe su nudo. — Pa­ rece que el Universo se va haciendo alma. supremo del océano. C cf o 1*• b fi. — Parece que Dios no tiene lími­ tes. lian nacido todas las. — ul mor inmenso de la última alegría! — Ay. Y la realización suprema cuaja al fin. “ Vidas”. Eu el prólogo magnífico de esta obra.s * I U 1" S ^ T bra seVabrpV/A^rar&é'que el abismo desgarra su ne­ grura. — Parece que caes en la Vmúsica. completamente apaciguado al fin. oculLo en la magnitud de sus múltiples aspectos: “ Aquel quo se ve a sí mismo en todos los seres. se va realizando en el poeta una lenta transfiguración. conoce la verdad. en el concierto infinito de los astros.— Parece que la ceniza es un camino. y qiu* es eomo la coronación magnífica de esta obra enorme.. — Parece que entrarás al mar inmenso. formas y todos los seres del sím­ bolo. — qué profundo era el mar. — Parece que el espíritu vencerá a la muerte. este enorme pensamiento de la más grande de las reli­ giones humanas.Sábat Ercasty realiza en su último libro. La tierra danza su danza eterna alrededor del sol. alcanza la . ¿:Á' .. que ha de necesitar un día la exógesis do los comentadores. alma mía. el poeta. qué lejos va la olal.v" • Ü f f & S 8 . El Universo ha sido creado una vez más por su intelecto privilegiado.

Entonces toqué las fuentes infinitas de Dios” . del amor y de la gra­ cia. I)c pensar en medio de las ciudades.'A g r a v e s de l i b r o s *"'y . me desprendí hasta no ser mío en mí mis­ mo. enloquecido por el vertigi­ noso contacto de lodos sus hijos. le pedí muchas veces el don divino de vivir con todos sus seres. Las fuen­ tes de Dios están cernidas . Ah. Apretando mi espíritu a la totalidad de los seres. ... cuando todos se han ochado en la ola do la aeeión. Por minutos. Desaprensivo. lns tremendas caídas.. desvanecí los colores livianos. desplazándome en mi esfuerzo divino. oprimiéndome al encendimiento del astro. — “ Avanza mi amor a osa plenitud de vida. Los golpes vehe­ mentes. Por allí he mirado. Son ellos los que están ante mis ojos como pucrtaB de la luz. Abrazado a la Tierra. Con sus sci cs de pasión y de vida se incorpora este astro hasta lograr la elevación de la palabra." VI. íntegramente.o r e s suprema sabiduría. d e >¡j x v t .^e-'su es­ píritu en una fórmula de amor y compenetración abso­ luta : “ I. los escalamientos celestes. me han doblado hacia los amores de la Tierra. goce puro! .a mi sed. libre. Por instantes abracé el espectáculo inmenso.df íK^üz’v q u e son todos los seres. llega a la paz definitiva. Los cuerpo» y los árboles han equilibrado mi pensamiento. he visto cada vida en el lugar de su gracia. y por “ Las puerfas. Por allí he creído ver la verdad inmensa desprendiéndose más allá de las imá­ genes. sin la cadena de los breves deseos. he abierto el velo de al­ gunos sueños.

.sil propia nulidad.L Z7-. palabras Sábat Ercasty traduce el gran. I S A L U I Sf J Casi con-las mismas. afinada en lodos los sufrimientos y agudizada en todas las filosofías. vuelve los ojos a la gran madre de la ra­ za. el dolor tío concluir. y bebe en las fuentes do los aryas la más profunda poesía. de 110 ser más. que inventó las religiones para consolarse de . Porque 110 de los poetas modernos. empapada eu el más grande de todos los dolores humanos. sino de aquellos enor­ mes poetas del Ramayana y dol Baghavad-Cíita. . que 0011 sensibilidad moderna. pensamiento'filosófico del panteísmo hindú.ei dolor de pasar. proce­ de nuestro compatriota.

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