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¿Se puede ser humano en clase?

En este texto, Rogers nos expone la importancia de cambiar el enfoque de enseñanza
por el de facilitación del aprendizaje, en el que el docente debe abandonar su pedestal
de bronce, como figura autoritaria y dueña del conocimiento, a un ser humano que
aportará a los estudiantes los elementos necesarios para que ellos mismos gestionen lo
que quieren aprender.
Como argumento principal usa su propia experiencia, algo que se me hace muy
interesante porque siempre hay escepticismo acerca de la validez de alguna teoría o
perspectiva de trabajo magisterial, sobre todo cuando el que la aporta no se ha parado
nunca a dar clase o su trabajo es observar a los profesores en campo como un
científico mira a sus animales de laboratorio. El autor expresa cómo para él mismo fue
un verdadero reto encontrar la manera de poner en práctica el acercamiento a sus
alumnos, acostumbrados a la mecánica tradicional del profesor y desconfiados de
cualquier modificación del comportamiento de quien esperan autoritarismo, cerrazón y
distanciamiento.
Todos estamos acostumbrados a maestros que dominan su clase (enciclopedismo), se
hacen respetar a través de la intimidación con gestos iracundos y promesas de
reprobación a quienes no se sujeten a sus mandatos, así como una conducta en el
salón similar a la de un grupo en el ejército: sumisión total y nulo cuestionamiento. En
ese ambiente señalar los errores del profesor es la máxima falla, no se admiten críticas
de ningún tipo, ni siquiera un comentario que podría mejorar el desempeño. A todos nos
tocó por lo menos un profesor así… y cuánto lo detestábamos. Paradójicamente,
cuando nosotros nos encontramos enfrente del alumnado, comenzamos a poner en
práctica los mismos vicios que nos causaban enfado, aburrimiento, miedo y frustración.
Es la única forma que conocemos para “controlar” al grupo, mantener la disciplina, en
resumen, para llevar la fiesta en paz.
Haciendo un análisis crítico de los resultados de ese sistema, sabemos que ha
contribuido a la gran cantidad de conocimientos que en realidad se han terminado
perdiendo en el olvido. Seamos honestos, el principal objetivo de numerosos
estudiantes es pasar, el de los docentes, terminar el curso con un índice de reprobados
aceptable y un promedio razonable (dependiendo la dificultad asociada a la materia).
Por tanto nos enfrentamos a versiones acartonadas, pero bien arraigadas, de lo que un
maestro y un estudiante deben ser. Incluso a pesar de reconocer las deficiencias que
eso conlleva, nos aferramos al mismo sistema: unos hacen que “enseñan” y otros
hacen que “aprenden”. Encontrar la solución es, aparentemente, algo prácticamente
imposible.
Rogers nos contradice, pero nos advierte que no es tarea sencilla, años nos ha llevado
acostumbrarnos a ese modelo, primero como alumnos y ahora como docentes;
desarraigarnos puede llevar otro tiempo, afortunadamente no tan prolongado. De
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cuestionamientos y objeciones.nuestro compromiso depende que logremos la transformación de transmisor de conocimiento a facilitador de aprendizaje. dejando en un papel secundario la calificación que puedan adquirir (porque le dan su verdadero valor en su jerarquía personal de prioridades. reducen hasta eliminar sus barreras psicológicas y deciden participar para aprender de verdad. Invito a todos los compañeros docentes a hacer la prueba y averiguar en propio caso las recomendaciones de Rogers en bien del trabajo en el aula. la honestidad. La falta de congruencia inmediatamente es una muestra de hipocresía que regresa a la desconfianza y el desconcierto iniciales. el apoyo psicoterapéutico. hasta la población mundial. según nos relata. el sobreponernos al miedo que provoca salir de nuestra rutina y afrontar el reto de mejorar nuestra labor. sin menospreciar su lugar dentro de la burocracia implícita en el paso por la escuela). Por ello Rogers nos invita a seguir intentando con entusiasmo y aprender de los errores. Así ellos se vinculan gradualmente. análisis. críticas. desde su entorno inmediato dentro de la comunidad en que vive. 2 . cambiando la atmósfera de disciplina autoritaria al de libertad responsable. De ese modo apreciará estéticamente sus contribuciones y entenderá que deben ser siempre aplicadas en nuestro beneficio sin deteriorar la naturaleza. Esmero y paciencia contribuyen a mejorar nuestra intención de aumentar la empatía y el acercamiento. Por ello es tan importante retomar la humanidad en nuestra labor docente. la retroalimentación en el aula y con otros colegas (para la propagación de estas prácticas y obtener comentarios útiles). nos ayuda una vez más el autor. Demostrar nuestro lado humano no es signo de debilidad o pérdida de autoridad. el respeto y el buen ejemplo. Pero nada sería posible si los estudiantes no perciben la honestidad. Este esfuerzo debe ir acompañado. el reconocimiento de nuestras debilidades y fortalezas. El resultado. La meta tan anhelada del aprendizaje continuo y prolongado se vuelve una realidad. Otra parte clave es el involucramiento de los estudiantes. la paciencia para alcanzar objetivos razonables en tiempos adecuados y el darnos la oportunidad de sentir entusiasmo en cada logro (sin caer en la egolatría o la arrogancia). Incluso a pesar de la rigidez de los planes de estudio o de la dificultad de adaptar los contenidos a la cotidianidad de los alumnos. debemos ser parte de las herramientas y recursos a su alcance para que surja en ellos una auténtica disposición por seguir adquiriendo saberes que transformarán su mente y los harán más conscientes del papel ético de todas las ciencias y las tecnologías en las búsqueda del bienestar del ser humano. que implica tomar en cuenta sus comentarios. por elementos como el autoconocimiento. es precisamente que esas personas son capaces de volver significativa la experiencia y la pueden mantener por el resto de su vida. porque el mismo autor nos indica que genera resistencias que aparentan sugerir esa conclusión simplista y precipitada.