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El papel político de las ciencias sociales y humanas

Delfín Ignacio Grueso, Ph.D.
Universidad del Valle
Cali, Colombia

Lo que hayamos de entender como el papel político (real o ideal) de las ciencias
sociales y humanas, depende de lo que ya entendamos sobre lo que puede hacer
el conocimiento en la dinámica de defensa o cuestionamiento de posiciones,
estructuras sociales e intereses, esto es, en la política. Aquí me permito identificar
tres entendimientos generales sobre esa potencialidad del conocimiento y, por
ende, sobre la relación entre las ciencias sociales y humanas y la política: dos
cuya deseabilidad está en creciente cuestionamiento y un tercero que, aunque
deseable, no está siendo favorecido por la realidad de la política en nuestros
países, ni por las tendencias académicas que se están imponiendo en las
universidades latinoamericanas.
El primer entendimiento, que incuba con facilidad en el seno de la política,
especialmente la que está en el poder, favorece la instrumentalización de las
ciencias sociales y humanas. Urgida siempre de legitimarse a través de todo
aquello que constituye el sentir general (religiones, tradiciones, estereotipos,
tendencias culturales), en los últimos tiempos, en Occidente, le ha sido útil a la
política aprestigiarse a través de las ciencias y, en especial, de las sociales y
humanas. Es un hecho que en las sociedades modernas un discurso político pasa
por más sólido cuanto mejor haya logrado articularse a través de los lenguajes
propios de la economía, la sociología o la disciplina jurídica; mientras mejor se
sintonice, así sea a modo de maquillaje, con las tendencias intelectuales de moda.
Esto se explica, parcialmente, porque política y ciencias sociales y humanas
tienen en el moderno Occidente un cierto parentesco (como en otras partes lo
tienen religión y política). Fue en los últimos siglos que estas disciplinas se
desgajaron de los discursos emancipadores del ser humano y las reflexiones
críticas e informadas sobre la vida del hombre en sociedad; discursos y reflexiones
que todavía siguen inspirando la política que, al menos en ciertas democracias,
todavía sigue incorporando, al menos en su dimensión discursiva, mucho de

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En la medida en que hemos aceptado esto. el terreno de la política como. ciertamente. Estos se esfuerzan en levantar barreras. es un desprecio por la política. ya no aspiramos a que el saber organice totalmente el mundo social.filosofía. Pero el conocimiento útil no es la verdad. metodologías y protocolos de validación y en presentar sus productos en un lenguaje técnico expurgado de connotaciones ideológicas. un deseo de someter las pasiones y las imperfecciones humanas al imperio de una racionalidad que se pretende instalada en La Verdad. Desde esta tradición y desde esa necesidad de legitimación. Esto a veces es bien correspondido por cientiestas sociales y humanistas que no ven ningún problema en poner su conocimiento al servicio de las causas políticas. lo pretendía la ciencia del marxismo. 2 . será siempre una amenaza que la política traspase la frontera e invada el terreno de las ciencias sociales. Lo que en el fondo (al menos en su más radical versión platónica) siempre ha estado allí. No es más que lo que Hannah Arendt llamaba “el síndrome de Platón”: la pretensión de que el orden político se someta al imperio de la verdad. Ya casi nadie aspira a la opción contraria: la amenaza de las ciencias sociales y humanas de traspasar la frontera e invadir. por ejemplo. con hegemónica pretensión cientista. evidencian siempre un afán por domesticar los saberes y las conclusiones de las ciencias sociales a partir de sus propios postulados. las posiciones en el poder. Pero la verdad ha sido siempre incapaz de domesticar la política. clarificar campos epistémicos. requiere del conocimiento y lo toma donde lo encuentre y en la medida en que le pueda servir. Ese viejo sueño es tal vez la más gris de nuestras fallidas esperanzas y viene desde mucho más atrás: de hecho ha acompañado el crecimiento del pensamiento occidental. y en sintonía con la cultura científica moderna. La política. en cambio. ni la verdad es la vocación de la política. Otros. reclaman independencia con respecto a las ideologías y ponderan la objetividad científica como una virtud cardinal. de moral y de discurso igualitario y libertario. Para ellos. desde Platón hasta Hegel. y las que se aprestan a acceder a él.

la falta de vocación de información. Conocemos ya las más obvias razones para este pesimismo. la no apertura de los espacios de opinión. lo que debemos destacar aquí. consiste en poner las ciencias sociales y humanas al servicio de la actividad política de una manera menos instrumentalista por parte de los políticos y menos paternalista por parte de los académicos. las discusiones públicas una mediada influencia en la construcción de las agendas académicas. una capacidad de incidencia mediada por la dinámica que imponen los movimientos sociales. como dijera Rawls. las ONGs. Por muy ciertas que esas razones sean. los académicos tendrían una mediada incidencia en la formación de la voluntad política y. capaz de apropiarse de ese saber y de devolver preguntas a las ciencias sociales y a los humanistas. Requeriría. Es preocupante. la gran prensa. es que al interior de las universidades también se está afectando la posibilidad de establecer esta relación de doble vía entre la política y las disciplinas de que venimos hablando. Ponderando esta tercera opción desde la situación imperante en la academia latinoamericana. Sería una relación de doble vía entre las discusiones públicas y los centros académicos. sin ignorar todos los matices que en ella existen. la filosofía al servicio de la democracia. de una opinión pública educada. su vocación profesionalizante y 3 . son todavía insuficientes pues le pasan toda la cuenta de cobro a la (inexistente) esfera pública. Un poner. sin poner en cuestión el sistema universitario y la actitud propia de quienes desarollan las ciencias sociales y humanas. Lo que no hay que olvidar. Esto requeriría que los académicos fueran capaces de construir su agenda investigativa en estrecha cercanía con las discusiones públicas. no parece haber mucho margen para su realización. la dinámica que ha tomado el proceso de consolidación disciplinar de las ciencias sociales. a este respecto. la tercera. además.Una opción más modesta. a su vez. Sin pretender caer en una expertocracia. Me imagino que podemos comenzar por repetir aquello de que no contamos con la esfera pública necesaria para esa posibilidad y ligar a ello el bajo nivel académico de las discusiones.

como la crítica literaria. está centrado muy juiciosamente en un trabajo disciplinar cada vez más especializado: uno para el cual los protocolos de validación no pasan por la opinión pública. pero que no le dicen nada al hombre y a la mujer común y corriente. informados e impecablemente presentados para el gusto de estos journals. regidas por los parámetros de una comparatividad internacional de los saberes bastante más útil para las ingenierías. que los grupos y movimientos sociales no pueden fácilmente apropiar en beneficio de su clarificación política. más general. Por el contrario. Saberes que todavía pueden moverse en esos campos. las ciencias exactas. nadie que quiera pasar por serio en su quehacer académico en estas disciplinas quiere volver a ese pasado. a mi modo de ver. de las ciencias sociales sobre las ciencias humanas o. afrontan dificultades para acreditarse seriamente ante esta mirada hegemónica. Atrás quedaron las etapas de un intelectualismo más militante o de la investigación-acción. las naturales y las biomédicas que para éstas de las que aquí nos ocupamos. Las tendencias que van imponiendo estos órganos rectores. la publicación de artículos científicos en revistas indexadas. 4 . exigir. en el seno de éstas. sino por los estándares trazados por los órganos rectores de la investigación académica y aplicados celosamente por un reducido circuito de especialistas. nos ofrecen más de lo mismo: desestimar la producción en periódicos y revistas no indexadas. en cambio. sobre las humanidades. Papers muy sesudos. los libros y los ensayos. Al parecer. Todo esto crea un rígido marco de validación por fuera del cual resulta difícil acreditar la madurez de nuestros trabajos.su distanciamiento con respecto a su pasado humanístico e intelectual. Pero no tendría que ser necesariamente como se está dando en la mayoría de las universidades latinoamericanas: una tiranía de las ciencias naturales y exactas sobre las ciencias sociales y humanas y. Bien puede ser cierto que el tránsito de discursos emancipadores a saberes científicos hagan indispensables esta rigidez y este rigor. como algunas variables de la antropología o de la sociología. o tener esos sellos distintivos.

los diálogos transversales entre las disciplinas y con los problemas nacionales. que la salida a esta situación es la transdisciplinariedad. Creo. Tal vez sea la cuenta de cobro tardía por esa otra aberración. sino en la más hegemónica y pedante. Althusser o Foucault. según la cual toda la filosofía tenía que ser militante para ser filosofía. la filosofía se fragmenta en varios campos que se desencuentran. que también nos invadió en el pasado. Nada fácil: al economista o al lingüista que lleva décadas encerrado dentro de un marco de problemas y lenguajes muy especializados. En algunas academias. se ha entendido que la filosofía es más seria en cuanto más se independiza de los temas políticos. finalmente. además. ella no será otra cosa que una torre de Babel. Adicionalmente. Esto ocurre sobre todo en algunas escuelas de filosofía homogenizadas hoy por la filosofía analítica. incluso. los periódicos y los auditorios políticos. en no pocas escuelas de filosofía se está desterrando un pensar más crítico y más creativo y los filósofos políticos han tenido que irse con su música a otra parte: a los departamentos de estudios políticos. Por largo tiempo.La filosofía no se ha escapado. al menos con relación a ciertos temas. para esta transdisciplinariedad. Tal vez tengamos que volvernos a los lenguajes que se hablan en nuestras precarias esferas públicas para volver a encontrar un lenguaje que nos comunique a unos con los otros en la academia. de derecho o de sociología. alejado de las cámaras. ha de ser el lenguaje de la política el que desenrede este nudo gordiano que ha entrabado el 5 . Y cada vez me convenzo más de que. antes de que se de una reeducación. donde tampoco son bienvenidos cuando no se circunscriben a agendas cerradas que tienen que dar cuenta de convencionales objetos de conocimiento. de nuevo. incluso dolorosa. ya no por oposiciones entre escuelas sino por separación e incomunicación entre líneas de desarrollo. no sólo le queda difícil hablar con académicos de otras disciplinas sino. Los filósofos de academia ya no están interesados ni son capaces de esa figuración pública que tuvieran en París pensadores como Sartre. con otros economistas u otros lingüistas. Su referente es el actual profesional de la filosofía en los Estados Unidos. no en su más refrescante y rigurosa versión. Como sea.

paradójicamente. 6 .diálogo académico. de lo que pueda hacer la política en el plano del conocimiento. Si así fuere. el papel político de las ciencias sociales dependería.