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Unidad en la diversidad

Camilo Torres y el Frente Unido del Pueblo

Fundación Colectivo Frente Unido (Cfu) – Corporación Kairos Educativo (Kaired) (Coordinadores)

Proyecto de Articulación Nacional e Internacional “¡Camilo Vive!”

Ediciones

Unidad en la diversidad Camilo Torres y el Frente Unido del Pueblo Fundación Colectivo Frente Unido

Unidad en la diversidad

Camilo Torres y el Frente Unido del Pueblo

Educativo (KairEd) (Coordinadores).

Bogotá, DC, Colombia – Mayo de 2014

Periferia Fondo Editorial www.periferiaprensa.com periferiaprensaalternativa@gmail.com

Corporación Kabisilla

Fundación Colectivo Frente Unido colectivofrenteunido@gmail.com

Fotografía de portada: Guzmán Campos, Germán. (1969). El padre Camilo Torres. México DF, México: Siglo XXI Editores. (En “Anexos”)

ISBN:

Diseño y diagramación: Difundir Ltda.

Carrera 16 Nº 57-57, telf.: 2127397 - 346 6240

Bogotá, D.C. - Colombia

Impresión Linotipia Bolívar

El conocimiento es un bien de la humanidad. Todos los seres humanos deben acceder al saber, cultivarlo es responsabilidad de todos.

Se permite la copia, de uno o más artículos completos de esta obra o del conjunto de la

edición, en cualquier formato, mecánico o digital, siempre y cuando no se modifique

el contenido de los textos, se respete su autoría y esta nota se mantenga.

Índice

Preliminares

11

Camilo Torres, un luchador de nuestro tiempo

13

Un libro colectivo para tiempos de unidad

37

Parte I

65

Plataforma para un Movimiento de Unidad Popular

67

Posibilidades de la izquierda

73

Universidad Nacional

79

99

Coltabaco

104

Villavicencio

116

Consignas

122

Reportaje

124

Unión y organización de la base popular

133

Frente Unido del Pueblo

135

137

Parte II

139

141

166

210

238

Elementos ideológicos en el Frente Unido de Camilo, ayer y

270

El pensamiento y proyecto político de Camilo Torres

279

Parte III

..........................................................................................

297

Sujeto plural, descolonización y nuevo tipo de organización política

(El legado de Camilo Torres)

299

321

Camilo y el camino andado

345

1958-2008: lecciones para la

354

Sobre las ideas de Camilo Torres.

Breves reflexiones para alimentar el debate

385

Invitación

391

393

¡Mil gracias!

La Fundación Colectivo Frente Unido y la Corporación Kairos Educa- tivo (KairEd) agradecemos de manera muy especial el trabajo realizado por la compañera y los compañeros del Colectivo Frente Unido – Investigación Independiente: Lorena López Guzmán, Carlos Andrés Celis Gómez y John Edinson Rodríguez Hernández, y a la compañera Rosita de KairEd quienes desarrollaron todo el proceso de digitalización y revisión de los documentos aquí aparecidos. La revisión general del libro estuvo a cargo del compañero Nicolás Armando Herrera Farfán, también del Colectivo Frente Unido-Investigación Independiente. Junto a ellos, queremos agra- decer al compañero Alberto Santana por haber conservado el afiche de Camilo Torres que va anexo a este libro, y a la compañera Marcela Vega quien hizo todo el proceso de restauración digital. Un agradecimiento especialísimo para los amigos, amigas, continuado- res y allegados de Camilo Torres Restrepo quienes han sabido brindarnos su compañía, apoyo moral, valor ético y perseverancia en la lucha por la memoria. Su ejemplo y cariño nos impulsa a seguir adelante: François Houtart, Gustavo Pérez Ramírez y el Padre Jaime Díaz Castañeda; María Elvira Naranjo; Marta Rodríguez de Silva; Leonor Muñoz; Francisco de Paula Jaramillo; Luis Currea; Vicente Mejía y María Teresa; Manuel Alzate; Francisco Trujillo y María Tila Uribe; el Padre Javier Giraldo Moreno, s.j., y Carlos Álvarez. Reconocemos el proceso incansable de preservación de la memoria de Camilo Torres Restrepo del Colectivo “Camilo Vive” de Medellín; de los equipos llamados “Colectivo Frente Unido” en Barranquilla, Barrancaber- meja y Bogotá; y la participación activa de compañeros y compañeras en Bucaramanga, Cartagena, Popayán, Ibagué y Pasto. Este libro sólo es una muestra tangible de un proceso de tejido, esperanza, compromiso, solidaridad, testimonios y cariño intangible. Sin este tejido hubiera sido imposible que el libro pudiera salir. Por ello, el Colectivo Frente Unido-Investigación Independiente quiere agradecer a todas y cada una de las personas y organizaciones que hicieron posible el viaje de encuentros, articulación y trabajo de archivo adelantado durante el año 2013. Si alguna persona queda fuera sepa que ha sido culpa de nuestra memoria pero no producto del desamor o la ingratitud.

Camilo Torres

En Bogotá: compañeros y compañeras de la USO (Subdirectiva Bogotá, Junta Directiva Nacional y Comisión de Derechos Humanos), especialmen- te a Rodolfo Vecino, Nelson Berrío y Édgar Mojica Vanegas; a los amigos de Cronopios Comunicaciones; a amigos y amigas de KairEd, en cabeza de Fernando, Carlos, Álvaro y Néstor Camilo; a los compañeros y com- pañeras de la Corporación LaMaríaCano, especialmente a su Presidente Juan Carlos Celis; a los Doctores Gabriel Escalante del Archivo Histórico de la Universidad Nacional y Mauricio Tovar del Archivo General de la Nación; a los maestros Lisandro Duque Naranjo, Patricia Ariza, Luis Emiro Valencia y Carlos Sánchez; al profesor Orlando Villanueva Mar- tínez y familia; a la familia de Julio César Cortés; a Ismael, Nora Elsa y Héctor Andrés; a los compañeros Julián, Carolina, Luciana y Violeta; a Lilia Solano, Vladimir Zabala y Sergio B.; a Carlos Arturo V. y a Hernando Gómez Serrano y familia. En Cali: compañeras y compañeros de IAPES-Orlando Fals Borda y su Escuela “Camilo Torres Restrepo”; a los compañeros y compañeras del Congreso de los Pueblos-Valle; a los testigos de aquella época de Camilo:

los maestros Lenin Flórez y Álvaro Sierra, Óscar Julián Arboleda, Vicky Donneys y Fred Kaim. A la complicidad de Chucho y Luchito, y a la hos- pitalidad de Gloria, Carolina, Alejandro, Gustavo, Diego, Alicia y Fuser. En Neiva: Aldemar Macías Tamayo y los protagonistas de la visita de Camilo en 1965; a los muchachos y muchachas del Colectivo Identidad Estudiantil y Tejuntas del Huila; a las compañeras y compañeros de APAC y de las CEBs en el Huila, especialmente a Marta; a la “Revista Lanzas y Letras”; a Susana, Jaime y Claudia. En el norte colombiano: a los hermanos franciscanos de la Provincia de San Pablo Apóstol y los de la casa de formación de los Claretianos Provincia Colombia-Venezuela; a las compañeras de la Red de Mujeres del Caribe; a los compañeros y compañeras de la USO de Bucaramanga y Barrancabermeja; a los amigos y amigas del Congreso de los Pueblos en Bolívar y el Atlántico; a Dioni; a H., Bam Bam y Jorge; a Pedro J. y Estrellita; a Moncho; a Guido, Yuly y Tavo; Diana, Carmen y Liliana; a Sara y el Flako, y a Carlos V. Así mismo, extendemos nuestra gratitud a la oficina del área andina de la Fundación Rosa Luxemburgo por haber apoyado la etapa de investigación y articulación durante el año 2013. Finalmente y, no por eso menos importantes, a todos y todas las que han participado con sus aportes académicos, confianzas y cariños para que el libro pueda ordenarse, diagramarse e imprimirse: los compañeros Carlos

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Medina Gallego, Alejo Vargas Velásquez, Miguel Eduardo Cárdenas Rivera, Atilio Borón, Isabel Rauber y Ana María Jaramillo; gratitudes cósmicas para los que partieron pero que nos dejaron su legado; a las compañeras de la Asamblea de Mujeres por la Paz (Bogotá), los hermanos misioneros Claretianos de la Provincia de Colombia Oriental y Ecuador; a los compa- ñeros y compañeras de: Colectivo EntreRedes (Bogotá), a la Coordinadora Estudiantil Uniandina (Bogotá); a la Asamblea de Trabajadores y Traba- jadoras por la Paz (Barrancabermeja), la Asociación de Institutores del Cauca, Asoinca (Popayán), la Corporación IAPES-Orlando Fals Borda (Cali y Popayán), el Colectivo Identidad Estudiantil (Pasto), el Periódico “El Churo” (Pasto), la Minga Juvenil de Nariño (Pasto), el Proceso Magisterial del Congreso de los Pueblos-Nariño (Pasto), el Grupo de Investigación para la Transformación Kavilando (Medellín) y la Corporación Jurídica Libertad (Medellín). Un enorme agradecimiento por el compromiso, la confianza y el com- pañerismo de las editoriales y organizaciones que han asumido el reto y compromiso de esta obra, y al concurso de sus directivos: Olimpo Cárdenas, Carlos Gutiérrez, Francisco Castillo y Luis Carlos Cote Rojas.

Preliminares

Preliminares Camilo Torres Restrepo en Barrancabermeja. Gira del Frente Unido del Pueblo en 1965. Fuente: Internet.

Camilo Torres Restrepo en Barrancabermeja. Gira del Frente Unido del Pueblo en 1965. Fuente: Internet.

Camilo Torres, un luchador de nuestro tiempo

Por François Houtart*

Cincuenta años después de la muerte de Camilo Torres Restrepo, el mundo ha cambiado. Cayó el muro de Berlín; aparecieron los Zapatistas con sus nuevas concepciones del poder; el medio ambiente se ha degradado aceleradamente; nacieron los Foros Sociales (mundiales, regionales y temá- ticos); surgieron la teología de la liberación y la crítica de la modernidad. No se trata de decir que Camilo previó estos acontecimientos sino de ver cómo su pensamiento y su acción, históricamente situados, tienen hoy en día un valor de anticipación, porque estuvieron fundados sobre valores fundamentales y métodos de análisis rigurosos. Es por eso que Camilo puede inspirar nuestro tiempo. Ejemplo de ello son las negociaciones de paz que se desarrollan actual- mente en Colombia, y que deben ir más allá de un simple cese al fuego. Es un proceso social y político que se inscribe en una larga historia y con una dimensión latinoamericana e internacional. Es evidente que el proyecto de Camilo puede aportar mucho a esta experiencia como inspiración y como referencia. Hubo grandes principios en la acción de Camilo. El primero fue el de la unidad en la diversidad (Plataforma, 1965, punto 1), el cual constituyó la base del Frente Unido. No aceptaba una vanguardia exclusiva, en posesión de toda la verdad. Para él, la realidad era múltiple y la acción revolucionaria debía reunir los diversos componentes de la izquierda. Otro principio era la necesidad de una base popular. Camilo no despreció el trabajo intelectual, pero buena parte de su carisma radicaba en el contacto con los sectores populares urbanos y rurales, para la construcción de una acción coordinada. Finalmente, la importancia de la cultura como elemento clave de la cons- trucción social (Plataforma, 1965, punto 6) fue también una característica de su acción y, en particular, la religión como base de convicción, de ética y de motivación.

Camilo Torres

Teniendo en cuenta estos elementos, y para reflexionar sobre lo que Camilo Torres puede aportar a nuestro tiempo, abordaremos dos temas. Uno de ellos más concreto: el actual proceso de paz en Colombia; el otro más teórico: el cambio de paradigma para salir del capitalismo.

I. El proceso de paz en Colombia a la luz del proyecto de Camilo 1

En lo inmediato, las negociaciones de paz en La Habana entre el Go- bierno Colombiano y las FARC-EP tienen como objetivo poner fin a un conflicto armado iniciado hace muchos, cuyas raíces se remontan hasta principios del siglo XX y, en particular, hasta el Bogotazo del 9 de abril de 1948. Con el paso del tiempo, ningún lado podía ganar por las armas y, cualquiera que fuese la razón que animó el Gobierno a tomar la iniciativa (por presión externa o por convicción) el proceso ha sido positivo. Se debe recordar algo evidente y es que, a largo plazo, la paz se construye sobre la justicia. No hay paz sin reforma agraria; sin reconocer los derechos de los desplazados; sin afrontar la desigualdad social y abrir el acceso de todos a la riqueza nacional; sin acabar con el poder de los paramilitares en la vida política, económica y social; sin un control sobre el sistema financiero hegemónico y alimentado por el narcotráfico; sin un control sobre el capital extranjero y nacional, que destruye el medio ambiente con actividades extractivas y de agronegocios; sin asegurar salarios dignos; sin reconocer los derechos de los pueblos indígenas y afrodescendientes. La paz es un proceso social que se construye, y todos estos objetivos se encontraban casi cincuenta años antes en la Plataforma del Frente Unido del Pueblo 2 .

Una historia de violencia

La construcción social en Colombia se inscribe dentro de una larga histo- ria de luchas sumamente violentas. Las clases dominantes nunca perdieron su dominio sobre la sociedad, aún con sus divisiones internas. Se adaptaron de manera muy inteligente a las circunstancias históricas para reproducir su posición social. Como en la mayoría de los países latinoamericanos,

  • 1 Esta parte se inspira en un texto escrito para un libro de homenaje al profesor Jorge Adolfo Freytter asesinado por los paramilitares en Barranquilla, en 2001.

  • 2 Pueden revisarse las dos versiones existentes de la Plataforma en la primera parte de este libro. [N. de los E.].

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la independencia se realizó según su proyecto de sociedad, a pesar de la participación popular en las luchas de emancipación de España. Fueron capaces de absorber la revolución liberal y lideraron la industrialización, evitando el peligro de una clase obrera bien organizada. Estuvieron en primera línea en la “financiarización” de la economía y utilizaron directa o indirectamente el narcotráfico. Adoptaron el neoliberalismo y ahora no dudan en proponer medidas pos-neoliberales, mientras la burguesía mo- dernizante se pronuncia en favor de la paz. Cuando estas élites empezaban a perder un mínimo de consenso social, por el desarrollo de nuevos movimientos sociales o políticos, utilizaron la violencia, destruyendo la cultura y los valores y conduciendo a excesos de todo tipo, hasta desviar los métodos de la lucha popular y la religión cris- tiana. Asesinaron a líderes sociales y políticos como Jorge Eliecer Gaitán y muchos de sus partidarios. Forzaron a otros a optar por la clandestinidad y la guerrilla, como Camilo Torres. Organizaron las fuerzas paramilitares y se alinearon con el poder imperial de los Estados Unidos. La ola de violencia institucionalizada se acentuó tras el asesinato de Gai- tán y los hechos de abril de 1948, que inauguraron el periodo conocido como “la Violencia”, provocando así millares de muertos. El inicio de la guerrilla organizada en los años 60, especialmente en las zonas rurales, siguió un proceso histórico de manera muy lógica. La lucha tomó progresivamente una forma cercana a la de una guerra civil, lo que resultó siendo una conse- cuencia inevitable. Las víctimas fueron las clases populares, especialmente las rurales y sus “intelectuales orgánicos”, líderes sociales y políticos. Todo ello desembocó en la conformación de un modelo económico capitalista colombiano el cual, en palabras de Uverney Quimbayo, se caracteriza por ser “una economía dependiente, trasnacionalizada, financiera-especulativa, terrateniente-mafiosa y paramilitar, que ha contado con el ejercicio de la guerra, el control y terror paramilitar y la economía subterránea del nar- cotráfico”. (Quimbayo, 2011, p. 59).

Las negociaciones de paz

Por presiones internacionales y por exigencias políticas y éticas locales, se dio inició a un proceso de paz entre las FARC-EP y el gobierno de Co- lombia. Sin embargo, eso no significa el fin de la lucha social, por lo que el análisis desarrollado por Camilo en los años sesenta del siglo pasado sigue siendo válido. Por un lado, las clases en el poder, o buscan instrumentali-

Camilo Torres

zar el proceso de paz para mantener sus posiciones o lo rechazan. Se trata de estrategias diferentes con un mismo fin. Unos más vinculados con la burguesía urbana capitalina trataron de cooptar el movimiento popular, infiltrándose en las marchas por la paz y haciendo creer que ellos eran el origen del proceso. Otros más ligados con la clase media y alta de Medellín, y con una cierta base rural, se opusieron a las negociaciones, estimando que se trataba de una traición. Eran dos estrategias contradictorias para un objetivo similar: crear las condiciones para la reproducción social de las clases dominantes. Como lo decía Camilo: “la minoría en el poder nunca tomará decisiones afectando sus intereses”. (Plataforma, 1965, punto 2). Por otra parte, los sectores populares de diferentes orígenes sociales, siguen sus luchas en el marco de un plan social y político, fuera del con- flicto armado. Lo hacen con fines muy precisos, de manera pluralista y con visiones a largo plazo. Así, los indígenas del Cauca reclaman sus tierras invadidas por multinacionales extractivistas y por bases militares; los cam- pesinos del Catatumbo protestan por mejores condiciones de vida en esta región abandonada hace más de siete décadas por el Estado, exigieron la declaración de una zona de reserva para evitar la profundización del modelo latifundista de las transnacionales y un plan para la sustitución gradual de los cultivos ilícitos. Los mineros artesanales se defienden contra las empre- sas extranjeras. Los estudiantes de los sectores desfavorecidos se organizan contra el proyecto de ley de reforma a las universidades. Al mismo tiempo, las iniciativas en favor de la paz como la Marcha Patriótica o el Congreso de los Pueblos convocan millares de personas de diferentes capas sociales, especialmente jóvenes. En las negociaciones, las FARC-EP ampliaron las perspectivas para llegar a una transición hacia un modelo de país con mayor justicia social y a una posible representación po- lítica. El gobierno aceptó orientaciones relativamente extensas, pero que no ponían en peligro su hegemonía de clase y trató de fragmentar la resistencia armada al no permitir que el ELN se sumase a la mesa de negociación. El punto débil en esta situación sigue siendo la dificultad de los movi- mientos sociales para encontrar una expresión política coherente. Los parti- dos liderados por una pequeña burguesía urbana o por intelectuales se han fragmentado en función de protagonismos personales, todo lo contrario del principio de unidad por el que abogó Camilo Torres. Nuevas formaciones con base popular han tenido dificultades para definir sus objetivos y salir a la luz pública. Un partido político originario de la resistencia armada no se ha podido afirmar todavía y el proyecto se ha visto afectado a causa de la división entre las guerrillas (FARC-EP y ELN), y algunos de sus ante-

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cedentes en materia de violación de derechos humanos y de cercanía con el narcotráfico. Sin embargo, se puede esperar que un sujeto político plural pueda, con el tiempo, concretizar un proyecto popular común, un frente como lo orga- nizó Camilo Torres, donde varias formaciones conserven sus identidades, aceptando un programa de liberación social concreto, tanto para el campo como para las poblaciones marginales urbanas. En este sentido, una síntesis entre las aspiraciones de Jorge Eliecer Gaitán, el sueño de Camilo Torres y los análisis de Orlando Fals Borda, podría llevar al país a un futuro diferente. En la cultura cristiana de Colombia, el proceso de paz significa aplicar la consigna evangélica del amor al prójimo, aún si éste es el enemigo. Significa creer en la posibilidad de la conversión de las personas porque, como lo decía un campesino hondureño, víctima de la violencia de la oligarquía de ese país “ellos también tienen una madre”. Significa llegar al perdón, a la reconciliación, pero no sin condiciones: no hay perdón sin el reconocimiento de la culpa, sin la reparación. En el evangelio, la conversión implica hacer justicia. Recordemos las palabras que Lucas puso en los labios de la Virgen María: “(Dios) deshizo a los soberbios y sus planes. Derribó a los poderosos de sus tronos y exaltó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías”. Por eso, Camilo Torres estaba convencido que se podía (y debía) ser revolucionario porque se era cristiano.

La paz en Colombia en una perspectiva global

Sin embargo, no podemos pensar en un proceso de paz en Colombia por fuera del contexto global. Este punto de vista fue también un aporte de Camilo que incluye dos dimensiones importantes: el continente latino- americano y la alternativa al sistema capitalista mundial. Colombia es un punto clave en el contexto latinoamericano. Su posición geográfica, entre América Central y América del Sur, permite que pueda ser usada como base para el control militar y el trabajo de inteligencia norteamericano para todo el subcontinente. La disposición de siete bases en el país por el ejército de los Estados Unidos no tiene otro sentido más que este, lo cual pone un obstáculo de peso para un proceso de integración latinoamericana sin sumisión al norte. En organismos como UNASUR o la CELAC, la presencia de Colombia puede frenar o acelerar el proceso, de acuerdo a sus nexos con los estadounidenses.

Camilo Torres

Desde el punto de vista económico, el papel que juega el país en la nueva iniciativa de Alianza del Pacifico significa, de hecho, una vinculación más grande con el proyecto norteamericano. Junto con México, Costa Rica, Perú y Chile, este eje representa la orientación neoliberal que se opone a un proyecto de desarrollo pos-neoliberal y que quiere aprovechar de la si- tuación económica de los países del este de Asia para reforzar este modelo. Eso conlleva grandes ventajas para una burguesía deseosa de integrarse a esta iniciativa, con perspectivas de grandes ganancias y la posibilidad de reforzar su carácter comprador, es decir, su papel de intermediario con el capital monopólico internacional. La crisis mundial que explotó en 2008 con la cuestión de los subprimes 3 en los Estados Unidos fue solamente el síntoma de un problema mucho más profundo que afecta el mundo entero, aún si es de manera diferente según el lugar. Se trata no solamente de una crisis cíclica del capitalismo sino de una crisis de sistema. Es la lógica misma del proyecto de desarro- llo humano, prevaleciente desde el Siglo de las Luces y orientado por el capitalismo como motor principal de la construcción socio-económica y política que está puesta en cuestión. En este sentido, se trata de una crisis de sistema, de civilización. Además de ser una crisis económica que afecta los fundamentos de la economía, es decir, no solamente el sistema financiero, sino el empleo, la producción, el consumo y, evidentemente, el crédito, se trata de una crisis de agotamiento de los recursos naturales, que dentro de los próximos diez a cien años van a desaparecer porque no son renovables. Entre ellos se encuentran las fuentes de energía fósil, que tendrán que ser remplazados por otras. La adopción de los agrocombustibles producidos en forma de monocultivos es, en varios aspectos, más dañina para el ambiente que el combustible fósil y no puede ser aceptada como solución real. Esto se com- prueba muy claramente en el Chocó colombiano. A lo anterior se suman también la crisis alimentaria, con sus aspectos coyunturales fruto de la es- peculación y estructurales por la desaparición de la agricultura campesina bajo la penetración del capitalismo agrario. La crisis climática, caracterizada por la destrucción de los ecosistemas, mucho mayor que lo que se piensa, afecta la posibilidad de regeneración

  • 3 Modalidad de crédito del mercado financiero de los Estados Unidos utilizado de manera más generalizada para la adquisición de vivienda y orientado a clientes con escasa solvencia. Se caracteriza principalmente por un nivel de riesgo de impago mayor al promedio de los demás créditos. La crisis de las “hipotecas subprime” fue uno de los factores que desencadenaron la crisis financiera de 2008. [N. de los E.].

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de la tierra y el establecimiento humano en los territorios. Podemos esperar centenares de millones de refugiados climáticos en los cincuenta años que vienen. Es el conjunto de estos factores que hacen concluir que no basta regular el sistema, sino que se deben encontrar alternativas y buscar un cambio de paradigma. Es la condición de la salvación de la madre tierra y de la humanidad (Houtart, 2014, p. 32). Por eso, el proceso colombiano no puede quedarse solamente en las negociaciones de paz. Se debe pensar en el papel que el país puede jugar en el contexto global, para encontrar soluciones que permitan restablecer las condiciones de la producción, reproducción y mejoramiento de la vida en el planeta. Es el gran desafío de todos los movimientos sociales y políticos en el mundo. No se trata de abandonar sus perspectivas particulares (el bien de las mujeres, de los obreros, de los campesinos, de los indígenas, de los estudiantes, de los afro-descendientes, de la nación) sino de entender que cada fin particular tiene que articularse con el bien común de la humanidad, es decir, la vida del planeta y del género humano.

II. El aporte de Camilo a la crítica del paradigma capitalista y a la propuesta de un nuevo paradigma

El pensamiento de Camilo era dinámico y no se le puede limitar a la co- yuntura de su época. Hoy día, Camilo hubiera desarrollado su lógica según las nuevas perspectivas del tiempo, con la crítica del paradigma capitalista y la propuesta de otra perspectiva. El paradigma del desarrollo humano de la modernidad se construye sobre la idea de un progreso material y científico, en un planeta inagotable a disposición exclusiva de los seres humanos, para disfrutar cada vez más libremente de bienes y servicios. Este modo de vida está sustentado por la eficacia de una economía de competencia y está llegando a su agotamiento por el peso de sus propias contradicciones sociales y ecológicas. De ahí la necesidad de un cambio radical para asegurar a largo plazo la continuidad de la vida en la Tierra y de la humanidad. No se trata de retornar a las cavernas, sino de redefinir los fundamentos. El nuevo paradigma plantea, como opción fundamental, una dinámica social equilibrada entre personas, géneros y grupos sociales en armonía con la naturaleza, para promover la vida y asegurar su reproducción. Se trata de vivir bien, de cumplir con el bien común de la humanidad lo que

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implica, como primer paso, el respeto de la integridad de la naturaleza como fuente de vida (la Madre Tierra). Su construcción y sus aplicaciones en los fundamentos de la vida colectiva en el planeta, son un proceso. No es sólo un ejercicio académico sino una elaboración social, donde el pen- samiento tiene un lugar esencial, pero también la experiencia concreta, en particular la de las luchas sociales, que responden cada una de ellas a las fallas del sistema capitalista en el cumplimiento del bien común de la humanidad y en la búsqueda de soluciones a los problemas que la aquejan. Como la globalización destructiva del capitalismo ha hegemonizado las economías, las sociedades y las culturas del mundo entero, pero no las ha eliminado por completo, es tarea de todos, hombres y mujeres, según sus características y sus experiencias históricas, la construcción de un nuevo paradigma que sea consciente del límite vital de los recursos naturales y de la Madre Tierra misma.

Redefinir las relaciones con la naturaleza:

de la explotación al respeto como fuente de vida

La civilización moderna con su control de la naturaleza y su alto grado de urbanización, ha hecho olvidar a los seres humanos que, en última ins- tancia, ellos dependen totalmente de ella para vivir. Los cambios climáticos les recuerdan, a veces con gran brutalidad, esta realidad. Entonces se trata de definir la relación, no como la explotación de la Tierra, en tanto fuente de recursos naturales capaces de ser reducidos al estatuto de mercancía, sino como la fuente de todas las formas de vida, en una actitud de respeto de su capacidad de regeneración física y biológica. Sin duda, eso significa un cambio filosófico radical. Se trata de criticar el carácter puramente utilitario de la relación, que en el capitalismo llega a considerar los daños ecológicos como colaterales pero inevitables, o aún peor, como “externali- dades”, porque no entran en los cálculos del mercado y, por consiguiente, en el proceso de acumulación del capital. Para Carlos Marx, el capitalismo provocó una separación artificial y mecánica entre la naturaleza y el ser humano. La ruptura del equilibrio en el metabolismo, es decir, el intercambio material entre la tierra y la satisfacción de las necesidades de los seres humanos, tal como fueron definidas por el proceso de acumulación del capital, desembocó en esquemas irracionales, despilfarros y destrucciones (El Capital, Vol. 1, 637-38, citado por Delgado, 2011). Por eso se deben reducir los flujos energético-naturales, de manera

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socialmente justa, para incrementar la calidad de la vida. Según Marx, solamente el socialismo podrá restablecer el equilibrio del metabolismo y poner fin a la devastación de la naturaleza. La afirmación de una nueva concepción de las relaciones con la natu- raleza, conlleva muchas consecuencias prácticas. Citaremos algunas de ellas a título de ejemplos, reagrupándolas en tres partes: las prohibiciones o limitaciones, las iniciativas positivas y lo que eso implica para una política de relaciones exteriores. En la primera perspectiva, la aplicación consiste en no aceptar la pro- piedad privada de los llamados recursos naturales, como los minerales, los combustibles fósiles, las selvas. Es lo que Camilo propuso en relación al petróleo en Colombia (Plataforma, 1965, punto 3). Se trata de un patrimo- nio común de la humanidad que no puede ser apropiado por individuos y corporaciones, siguiendo la lógica de la economía de mercado capitalista, es decir, en función de intereses privados, ignorando las externalidades y orientados por la maximización de la ganancia. Un primer paso hacia esta transición consiste en la recuperación de la soberanía de los Estados sobre sus riquezas naturales, pero aún eso no asegura el resultado esperado de una buena relación con la naturaleza. Empresas nacionales actúan a menudo dentro de la misma lógica y, en este sentido, la soberanía estatal tendría que integrar la filosofía del respeto en vez de la explotación. La internacionalización de este sector sería el paso ulterior, condicionado sin embargo por una real democratización de las instituciones de ésta índole (las Naciones Unidas y sus órganos), que en muchos casos están bajo la influencia de los poderes políticos y económicos hegemónicos. Dentro de esta misma perspectiva, la exigencia de introducir los costos ecológicos de toda actividad humana en los cálculos económicos permitiría reducir estos últimos y contrariar la racionalidad instrumental excluyendo las externali- dades, que ha sido unas de las bases del carácter destructivo del capitalismo. Otro aspecto es el rechazo de la mercantilización de los elementos ne- cesarios para la reproducción de la vida, como el agua y las semillas. Son bienes comunes que deben salir de la lógica de la mercancía y entrar en una perspectiva de gestión común según varias modalidades que no implican necesariamente la estatización, sino el control colectivo. De manera todavía más concreta, este principio implicaría poner fin a los monocultivos que preparan las regiones inhabitables del futuro, en particular aquellos dedi- cados a alimentos para el ganado y agrocombustibles. Una tasa sobre los kilómetros recorridos por los productos industriales o agrícolas permitiría

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reducir tanto el uso de energía como la contaminación de los mares. Otras medidas similares podrían ser pensadas también. De manera positiva, las reservas de biodiversidad tendrían que ser exten- didas a más territorios. La promoción de la agricultura orgánica haría parte de este proyecto, como el mejoramiento de la agricultura campesina, más eficaz a largo plazo que la agricultura productivista capitalista. Exigir una prolongación de la esperanza de vida de todos los productos industriales permitiría un ahorro de materias primas, de energía y una disminución de la producción de gases de efecto de invernadero. Finalmente, en el orden de la política internacional, la lucha contra las orientaciones de base de las instituciones financieras que contradicen el prin- cipio del respeto de la naturaleza comporta un gran número de capítulos. Se trata del Banco mundial (BM), del Fondo Monetario Internacional (FMI), de los bancos regionales (el BID, por ejemplo) y también de la regulación de la banca privada, tan poderosa en este tiempo de financiarización de la economía mundial. Las orientaciones de la Organización Mundial del Comercio (OMC) a favor de la liberalización del comercio mundial también tienen sus vertientes ecológicas, porque ella se realiza en mayor parte dentro de la ignorancia de las externalidades. Países miembros de esta organiza- ción internacional tienen una gran responsabilidad en este sector, mientras que las alianzas entre naciones ecológicamente conscientes podrían influir sobre las decisiones dentro de este organismo. La promoción de convenciones internacionales es otro sector de gran importancia. Se puede citar a título de ejemplos, las convenciones sobre el clima (Conferencia de Cancún), la biodiversidad (Conferencias de Bonn y Nagoya), sobre la protección de las aguas (ríos y mares), sobre la pesca, sobre los desechos (en particular nucleares) y varias otras. El grado de sensibilidad a esta dimensión de los nuevos paradigmas sería la base de la eficacia internacional de los Estados progresistas y podría figurar en la agenda de su política exterior. La redefinición del Bien Común de la Humanidad en función de la rela- ción con la naturaleza es una tarea esencial frente a los daños ecológicos y a sus consecuencias sobre la capacidad regeneradora del planeta y el equilibrio climático. Eso es un hecho nuevo en la consciencia colectiva, pero lejos de haber sido compartido por todos los grupos humanos. Las sociedades socialistas no integraron realmente esta dimensión en sus perspectivas y eso se comprueba todavía hoy en el espectacular desarrollo económico de un país como China que se realiza sin dar mucha atención, por lo menos

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inmediata, a las externalidades. Un socialismo del siglo XXI tendrá que integrar esto como un elemento central.

Reorientar la producción de la base de la vida, privilegiando el valor de uso sobre el valor de cambio

El cambio de paradigma en su relación con la economía consiste en privilegiar el valor de uso en lugar del valor de cambio, como lo hace el capitalismo. Se habla de valor de uso cuando un bien o un servicio adquieren una utilidad para satisfacer las necesidades de la vida. Ellos adquieren un valor de cambio cuando son objeto de una transacción. La característica de la economía mercantil es privilegiar el valor de cambio. Para el capitalismo, forma más desarrollada de la producción mercantil, dicho valor de cambio es el único valor. Un bien o un servicio que no se convierte en mercancía no tienen valor, porque no contribuyen a la acu- mulación del capital, fin y motor de la economía. En esta perspectiva, el valor de uso es secundario y, como lo señala Istvan Mészaros, “él puede adquirir el derecho a la existencia si se amolda a los imperativos del valor de cambio”. (2008, p. 49) Aún se pueden producir bienes sin ninguna utili- dad a condición de que sean pagados (la explosión de los gastos militares, por ejemplo, o los elefantes blancos de la cooperación internacional). Se crean necesidades artificiales por la publicidad o también se amplían los servicios financieros en burbujas especulativas. Si, por el contrario, se pusiera el acento sobre el valor de uso se haría del mercado un servidor de las necesidades humanas. Sin duda, el concepto de necesidades es relativo. Cambia con las circuns- tancias históricas y el desarrollo de las fuerzas productivas. El principio es que todos los seres humanos tienen el derecho a satisfacer sus necesidades vitales. Es lo que la Declaración Universal de los Derechos Humanos afirma de manera enfática. Sin embargo, eso no se hace realidad en lo abstracto, sino en circunstancias económicas, sociales y políticas bien determina- das. La relatividad no puede significar desigualdades injustas: los unos teniendo más necesidades que otros en función de su situación de clase, de género o de etnicidad. La satisfacción de las necesidades básicas tiene que ser definida por la comunidad a diversos niveles, dentro de un proceso democrático y por organismos competentes (parlamentos nacionales e in- ternacionales, asambleas representativas, etc.). Es lo que se podría llamar el establecimiento de una economía moral, es decir, sometida a imperativos

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éticos que contradicen el predominio del valor de cambio en tanto fuente de acumulación del capital y fin último de la economía. Eso no es posible sin cuestionar la propiedad privada de los principales medios de producción, lo que Camilo hizo (Quimbayo, 2011, p. 53), porque ella permite el ejercicio de un poder de decisión a favor de aquellos que de- tentan los bienes del capital y una subordinación del trabajo al capital, real (directamente por el salario) o formal (indirectamente por otros mecanismos como políticas monetarias, déficit y deudas de los Estados, especulación sobre los precios de los alimentos y de la energía, privatizaciones de los servicios públicos, etc.). Es el control exclusivo del capital sobre el proceso de producción que también es el origen de la degradación del trabajo mismo (Benstein, 2009, p. 21) y de la no valoración del trabajo de las mujeres, esen- cial, sin embargo, en la reproducción de la vida en todas sus dimensiones. De verdad, la estatización completa como contrapuesta al mercado total no es una solución satisfactoria, como las experiencias socialistas del pasado lo comprobaron. Existen una multitud de formas de control colectivo, desde las cooperativas hasta las asociaciones de ciudadanos. De ahí se desprende una definición totalmente diferente de la econo- mía. No se trata más de producir un valor agregado en beneficio de los propietarios de los bienes de producción o del capital financiero, sino de la actividad colectiva destinada a asegurar las bases de la vida física, cultural y espiritual de todos los seres humanos en el planeta. No se puede aceptar una economía mundial y nacional basada sobre la explotación del trabajo para maximizar la tasa de ganancia, ni una producción de bienes y servicios destinados al 20% de la población mundial que tiene un poder de compra bastante elevado, dejando a los demás excluidos de la repartición, porque no producen un valor agregado y no disponen de ingresos suficientes. Redefinir la economía significa, de esta forma, un cambio fundamental. Evidentemente, privilegiar el valor de uso, lo que implica un desarrollo de las fuerzas productivas, debe realizarse de acuerdo con el primer fundamento, el respeto a la naturaleza y también con los otros dos que abordaremos más adelante: la democracia generalizada y la interculturalidad. No excluye los intercambios, necesarios también para satisfacer nuevos valores de uso, pero a condición de no crear desequilibrios en el acceso local a valores de uso y de incluir las externalidades en el proceso. Crecimiento y desarrollo no son conceptos equivalentes. Es lo que los economistas neoclásicos y aún neokeynesianos parecen olvidar. Se impuso la lógica de la acumulación como sola lógica del desarrollo. Una nueva reflexión ha tenido lugar con varias formas de expresión. Una de ellas fue

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de retomar el concepto de los pueblos indígenas de América Latina‚ el buen vivir (Sumak Kawsay), noción mucho más amplia y que implica no sola- mente lo contrario de un crecimiento como un fin en sí mismo, sino también la armonía con la naturaleza. Ya en la década de 1960, el Club de Roma había propuesto el crecimiento cero como solución a lo que ya se percibía como una vía no sostenible. En la Unión Soviética de los años cincuenta, se publicó un libro bien original titulado “Comunismo sin crecimiento”. La idea fue retomada de manera todavía más radical por Serge Latouche en Francia, quien lanzó en los años noventa el concepto de decrecimiento, lo que inspiró una serie de movimientos, principalmente en las clases me- dias de Europa, para reducir el consumo y respetar el entorno natural. Si el contenido es positivo y si es importante denunciar el mito pretendiendo que el crecimiento resolverá todos los problemas, el concepto no falta de ambigüedad. (Latouche, 2010). La noción de decrecimiento es bastante eurocéntrica y limitada a las clases del consumo. Parece bastante indecente predicar el decrecimiento a poblaciones africanas o aún a los empobrecidos de las sociedades indus- trializadas. Un concepto como el del Buen Vivir tiene una connotación positiva y más amplia. En Bután, bajo la influencia del budismo, es la noción de felicidad que fue adoptada oficialmente como meta política y social. Estos casos son tal vez pequeñas islas dentro del océano del merca- do mundial, pero anuncian el desarrollo de una visión crítica del modelo contemporáneo, con una perspectiva netamente holística. Privilegiar el valor de uso sobre el valor de cambio significa también redescubrir el territorio. La globalización hizo olvidar la proximidad para favorecer los intercambios globales, ignorando las externalidades y dando la prioridad al capital financiero, el más globalizado de los elementos de la economía por su carácter virtual. El territorio como espacio de actividad económica, pero también de responsabilidad política y de intercambio cultural, es el lugar de otra racionalidad. No se trata de reducirlo a la pequeña dimensión, sino de reflexionar en términos de multi-dimensionalidad donde cada elemento, desde la unidad local hasta el globo, tiene su función, sin hundir la una en la otra. De allí los conceptos de soberanía alimentaria o de soberanía energética, que significan que los intercambios son sometidos a un principio superior, la satisfacción de las necesidades a la dimensión del territorio. En la perspectiva del capitalismo, la ley del valor impone la prioridad de la mercantilización y por eso se privilegian, por ejemplo, los cultivos de exportación sobre la producción de alimentos para el consumo local. El

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concepto de seguridad alimentaria no basta, porque puede ser asegurado por intercambios basados sobre la destrucción de las economías locales, la sobre-especialización de ciertos territorios y la globalización del transporte, gran consumidor de energía y contaminador del entorno. En la misma línea la regionalización de las economías a escala mundial es un paso de transición favorable, para desvincularse de un “centro” (ca- pitalista) que transforma el resto del mundo en “periferias” (aún emergen- tes). Eso vale tanto para los intercambios como para el sistema monetario, redibujando así un modelo globalizador. Eso nos lleva a las medidas concretas, que son numerosas y de las cuales daremos solamente algunos ejemplos. Desde un punto de vista negativo, no se puede aceptar la prioridad del capital financiero y por eso se deben abolir los paraísos fiscales en todas sus modalidades (Plataforma, 1965, punto 4) así como el secreto bancario, dos instrumentos poderosos de la lucha de clases. También, el establecer una tasa sobre los flujos financieros internacionales (tasa Tobin) podría reducir el poder del capital financiero. Las deudas odiosas deben ser denunciadas después de realizar auditorías, como se hizo en el Ecuador. No se puede admitir la especulación sobre los alimentos y la energía. Una tasa sobre los kilómetros recorridos por los bienes industriales o agrícolas permitiría reducir los gastos ecológicos de transporte y el abuso de las ventajas comparativas. Alargar la esperanza de vida de los productos industrializados permitiría un gran ahorro de materias primas y de energía y disminuiría la ganancia artificial del capital solamente por la rapidez de su rotación. Desde un punto de vista positivo, se puede dar muchos ejemplos también. La economía social se construye sobre otras bases lógicas distintas a las del capitalismo, lo que Camilo había notado (Plataforma, 1965, punto 2). Es cierto que aún se trata de algo marginal frente a la inmensa concentración del capital oligopólico, pero es posible incentivar varias de sus formas. Lo mismo vale para las cooperativas y el crédito popular (Plataforma, 1965, puntos 1 y 2). Deben ser protegidos contra su destrucción o su absorción por el sistema dominante. Por su parte, las iniciativas económicas regio- nales son medios favorables a una trasformación de la lógica económica a condición de no ser simplemente una adaptación del sistema a nuevas técnicas de producción y así servir de instrumento de integración de las economías nacionales en un conjunto capitalista de nivel superior. La res- tauración de los bienes comunes privatizados por el neoliberalismo es una vía fundamental en muchos dominios: servicios públicos como el agua, la energía, los trasportes, las comunicaciones, la salud (Plataforma, 1965,

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punto 3) la educación, la cultura, todo lo que ahora entra en el sistema de necesidades/capacidades. En la Plataforma, Camilo insistió mucho sobre la importancia de los servicios públicos. Eso no significa llanamente la estati- zación (necesaria en varios casos) sino el establecimiento de muchas formas de control público y ciudadano sobre estas producciones y distribuciones. Redefinir el Bien Común de la Humanidad en función de otra defini- ción de la economía es así una tarea necesaria, frente a la destrucción del patrimonio común, como resultado del olvido de la dimensión colectiva de la producción de la vida y de la exclusividad del individualismo.

Reorganizar la vida colectiva por la generalización de los procesos democráticos en las relaciones sociales y las instituciones

Un tercer eje en la revisión de los fundamentos de la vida colectiva, en función del nuevo paradigma del Bien Común de la Humanidad está cons- tituido por una generalización de los procesos democráticos, no solamente aplicada al sector político, sino también al económico, en las relaciones entre hombres y mujeres y en todas las instituciones, “una democracia radical” decía Camilo Torres (Quimbayo, 2011, pp. 67-68). En otras palabras, la democracia formal, a menudo utilizada como una manera de establecer una igualdad artificial, reproduciendo de hecho desequilibrios sociales no reconocidos, debe transformarse en la formulación política de la solidari- dad. Eso implica, en particular, una revisión del concepto del Estado y una reivindicación de los derechos humanos en todas sus dimensiones, indivi- duales y colectivos. Se trata de hacer de cada ser humano, sin distinción de raza, sexo o clase, un sujeto de la construcción social, revalorizando así la subjetividad de éste. La concepción del Estado es bastante central en este dominio. El modelo de Estado jacobino, que borra todas las diferencias para construir ciudada- nos en principio iguales, no basta para llegar a una verdadera democracia. Sin duda fue un paso adelante frente a las estructuras políticas del antiguo régimen europeo. Hoy día no solamente se deben tener en cuenta las oposi- ciones de clases que permiten, a una o a otra coalición de éstas, apoderarse de los aparatos del Estado para establecer la dominación de sus intereses, sino también las varias nacionalidades que constituyen un territorio y que tienen el derecho de reivindicar sus culturas, sus referencias territoriales, sus instituciones sociales. No se trata de caer en un comunitarismo debilitando

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el Estado, como en ciertos países europeos de la era neoliberal, ni de regresar a un pasado romántico, como ciertos movimientos político-religiosos, ni de aceptar sin crítica el neo-anarquismo de ciertas protestas aún legitimas y masivas, ni de caer en la trampa de los poderes económicos (empresas transnacionales o instituciones financieras internacionales) que prefieren negociar con entidades locales de pequeña dimensión. El objetivo es llegar a un equilibrio entre estas diversas dimensiones de la vida colectiva (inter- nacionales, regionales, locales) reconociendo su existencia e instaurando mecanismos de participación. El papel del Estado no puede ser concebido sin tener en cuenta la si- tuación de los grupos sociales más marginalizados, como los campesinos sin tierra, las castas inferiores y los dalits (fuera de castas en la India), ignorados desde hace milenios; los pueblos indígenas de América y los afrodescendientes, excluidos desde hace más de 500 años y, dentro de éstos las mujeres, a menudo doblemente marginalizadas. Procesos jurídicos, aún constitucionales, no bastan para cambiar la situación, aún si son útiles. El racismo y los prejuicios no desaparecen rápidamente en ninguna sociedad. En este sector el factor cultural tiene una gran importancia y puede ser el objeto de iniciativas específicas. Las políticas sociales, de protección con- tra las agresiones del mercado total y que permitan la satisfacción de las necesidades de base, constituyen un paso importante de la transición, “una integración” según Camilo (Plataforma, 1965, punto 2), a la condición de no ser solamente asistencialistas y desvinculadas de reformas estructurales. Es también importante señalar el hecho de la utilización de un vocabu- lario desviado de su sentido original. Las prácticas discursivas de la derecha son notables en esta materia. Se habla hoy, por ejemplo, de un “capitalismo verde”. Pero aún en los países que quieren un cambio, el uso de conceptos tradicionales, a titulo de filosofía de base de las nuevas orientaciones, como el Sumak Kawsay, por ejemplo, debe ser medido a su sentido real, que puede ser un elemento de una real transición a otro modo de existencia colectiva, pero puede también transformarse en una adaptación del sistema existente. Es el contexto político general que permitirá entenderlo y evaluarlo. La generalización de los procesos democráticos vale también para el diálogo entre las instancias políticas y los movimientos sociales. La or- ganización de instancias de consulta y de diálogo pertenece a la misma concepción, respetando la autonomía mutua. El proyecto de un Consejo de Movimientos Sociales en la arquitectura general de la Alianza Boli- variana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) es una tentativa original en este sentido. El concepto de sociedad civil a menudo utilizado

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a este propósito no deja de ser ambiguo, porque ella es también el lugar de las luchas de clase: existen en realidad una sociedad civil de abajo y una de arriba y, la utilización no calificada del término, permite muchas veces crear la confusión y presentar soluciones sociales que ignoran las diferen- cia de clases 4 . Por otra parte, formas de democracia participativa, como se encuentran en varios países latinoamericanos, entran también en la misma lógica de democracia generalizada. Una independencia real de los diversos poderes ejecutivo, legislativo y judicial es una garantía de funcionamiento democrático normal. Un Estado democrático debe ser también laico, es decir, sin la intervención de instituciones religiosas, mayoritarias o no, en los órganos de poder del Estado, siendo al mismo tiempo la base de la libertad religiosa. Sin embargo, existe una diferencia entre un Estado laico y un Estado laicista, no reconociendo la dimensión pública del factor religioso (la dimensión ética social de la Teología de la Liberación, por ejemplo) ni tampoco, como fue el caso de los países del socialismo real, estableciendo el ateísmo casi como religión de Estado. Otras instituciones son concernidas por el mismo principio. Nada menos democrático que el sistema económico capitalista, con la concentración del poder de decisión en pocas manos. Lo mismo vale para los medios de comunicación social y se aplica también a todas las instituciones sociales, sindicales, culturales, deportivas y religiosas. Asociada a la generalización de los procesos democráticos se encuen- tra, evidentemente, la noción de la no violencia. Los conflictos tienen que resolverse en las comunidades humanas, desde la familia hasta el orden internacional, vía mecanismos no-violentos adecuados, formales o infor- males. Se debe distinguir entre ejercer la fuerza y utilizar la violencia. El concepto de violencia legítima, utilizado por el sociólogo alemán Max Weber, es peligroso, porque lleva a una justificación fácil, por ejemplo, de guerras recientes como en Irak, en Afganistán o en Libia. Sin embargo, si la no-violencia es en principio lo deseable y lo deseado, la situación real es la de un mundo violento. Es lo que ha vivido Camilo, un hombre eminen- temente pacifico, que se ha visto llevado a elegir la guerrilla como medio de acción política. Las razones de la violencia son casi siempre la búsqueda de una he- gemonía económica o política. En la historia moderna, la reproducción del capitalismo como sistema ha sido un factor prepotente, tanto parar la

  • 4 Hace algunos años había una inscripción sobre una pared de un barrio pobre de Bogotá que decía: “Nosotros también tenemos Derechos Humanos”.

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acumulación del capital interno (el complejo militar-industrial), como para asegurar el predominio de una nación sobre otra, o por el control de los recursos naturales (petróleo y otros minerales estratégicos). Los argumentos culturales y religiosos han sido generalmente, de manera consciente o no, legitimaciones ideológicas capaces de motivar pueblos y muchedumbres, en conflictos de naturaleza económica o política. Fueron también armas inmateriales de grupos oprimidos buscando la justicia (teología de la libera- ción). Así como las dictaduras, las guerras son el fracaso de la democracia y significan una ruptura de la búsqueda del Bien Común de la Humanidad. Hoy día, con las tecnologías de muerte disponibles, no existen más guerras justas, sino las resistencias populares de los pueblos que se levantan cuando toda salida democrática ha sido excluida. Solamente un análisis socio- político completo e histórico holístico puede dar cuenta de esta situación. Políticas concretas tanto negativas como positivas resultan de estos princi- pios. Dispositivos para luchar contra el racismo o la discriminación de sexo en varias materias entran en esta orientación. Lo mismo vale para los medios de comunicación de masas, prohibiendo, por ejemplo, que sean propiedad del capital financiero. Reglas de funcionamiento democrático (igualdad de los sexos, alternancias en los cargos, etc.) podrían constituir condiciones de reconocimiento público (y eventualmente de subsidio) de instituciones no estatales, como partidos políticos, organizaciones sociales, Organaciones No Gubernamentales (ONG) e instituciones culturales y religiosas. Para la política internacional, las aplicaciones son múltiples. Se piensa evidentemente en la ONU, donde varios componentes, comenzando por el Consejo de Seguridad, son muy poco democráticos. Lo mismo vale por los órganos de Bretton Woods, en particular el Banco mundial y el Fondo Monetario Internacional. Apoyar los esfuerzos en este sentido puede ser una prioridad para los gobiernos de la periferia. El funcionamiento informal, pero con grandes poderes reales, del G8 o aún del G20, deben ser cuestio- nados. Las Cortes de Justicia para el respeto de los Derechos humanos, que son órganos deseables, tienen que ser sometidas a las mismas normas de democracia, y nuevos campos de aplicación, como los crímenes económicos, las deudas odiosas y los daños a la naturaleza tendrán que ser promovidos. Todas las nuevas instituciones regionales latinoamericanas, como el Banco del Sur, la Moneda Regional (el Sucre), la CELAC, la ALBA, serán objetos de una atención particular en el sentido de generalización de los procesos democráticos y lo mismo vale para los otros continentes. La destrucción de la democracia por el capitalismo, especialmente en su fase neo-liberal, ha sido tal que las sociedades, a todos los niveles, se

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organizan en función de las ventajas de una minoría, provocando un gra- do de desigualdad en el mundo, nunca antes visto en la historia humana. Restablecer un funcionamiento democrático como paradigma universal constituye entonces un pilar del Bien Común de la Humanidad.

Instaurar la interculturalidad en la construcción del Bien Común universal

Dar a todos los saberes, todas las culturas, las filosofías, las espiritua- lidades, la posibilidad de contribuir al Bien Común de la Humanidad, es el objetivo de la revisión de este fundamento cultural. Eso no puede ser el papel exclusivo de la cultura occidental, que en realidad está actualmente identificada con la concepción del desarrollo, eliminando o marginalizando todas las otras perspectivas. Se debe descolonizar el imaginario. Eso implica tanto la lectura de la realidad, su interpretación o su anticipación, como la ética necesaria a la elaboración del Bien Común de la Humanidad, la dimensión afectiva necesaria a la auto-implicación de los actores y las ex- presiones estéticas y artísticas. La pluriculturalidad integra, por supuesto, la adopción de las nuevas orientaciones de los otros tres fundamentos, es decir, la relación con la naturaleza, la producción de las bases de la vida y la organización democrática generalizada. Ella es también importante para la trasmisión de las ideas y valores en los pueblos. Hablar en el lenguaje de cada uno y expresarse en términos culturalmente comprensibles es una exigencia de la democracia. Sin embargo, no basta la multiculturalidad. Se trata de la promoción de una interculturalidad abierta, es decir, de culturas en diálogo (Plataforma, 1965, punto 6) con posibles intercambios. Las culturas no son objetos de museo, sino elementos vivos de una sociedad. Las migraciones internas y externas, vinculadas con el desarrollo de los medios de comunicación, son factores de muchos cambios culturales, evidentemente no todos deseados. Para existir (“coexistir” escribe Camilo, en el sexto punto de su plataforma) las culturas necesitan bases y medios materiales, como un territorio de referencia (bajo diversas modalidades), medios de educación y de comu- nicación, expresiones diversas como fiestas, peregrinajes, rituales, agentes religiosos, edificios, etc. Eso nos lleva a los aspectos prácticos, como la organización del Estado pluricultural, lo que en países como Bolivia o el Ecuador se ha traducido en las constituciones por Estados plurinacionales, no sin dificultades de

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aplicación del concepto en la práctica. La idea central es la obligación del Estado de garantizar las bases de la reproducción cultural de pueblos diferentes y, en particular, asegurar su defensa contra las agresiones de la modernidad económica y de la hegemonía cultural. Por eso, la educación bilingüe es un instrumento privilegiado. Pero la noción de interculturali- dad debe tener también un impacto sobre la educación general, como la enseñanza de la historia y la trasformación de una filosofía educacional orientada por la lógica del mercado. La publicación de libros a precio redu- cido, la organización de ferias del libro, de centros artesanales, de museos interactivos, etc., son instrumentos útiles. Los medios de comunicación son importantes porque trasmiten valores y no solamente informaciones, sin negar ni la pluralidad ni la democracia. Este problema debe ser pensado en su conjunto, para promover las culturas locales, contrabalancear los mono- polios y destrozar la dominación de un puñado de agencias internacionales. También instancias éticas deben tener la posibilidad de expresarse, como organismos de defensa de los derechos humanos, observatorios de diversos tipos, instituciones religiosas, etc. La cultura incluye una dimensión espiritual, propia del ser humano, que lo lleva más allá de lo cotidiano. Este tema es central en un tiempo de crisis de civilización. Existe en el mundo entero una búsqueda de sentido, por la necesidad de redefinir las metas mismas de la vida. La espiritualidad es la fuerza que transciende la materia y da a esta un sentido. Las fuentes de espiritualidad son numerosas y se sitúan siempre al interior de un contexto social, y ellas no pueden existir sin una base física y biológica. El ser humano es uno: su espiritualidad presupone la materia y su materialidad no tiene sentido sin el espíritu. Una visión culturalista de la espiritualidad, ignorando la materialidad del ser humano, es decir, el cuerpo para el individuo y la realidad económico-política para la sociedad, es una desviación conceptual, llevando al reduccionismo (la cultura como único factor de cambio) o a la alienación (la ignorancia de las estructuras sociales). La espiritualidad, sin o con una referencia a una forma o idea sobrenatural, da un sentido a la vida humana en el planeta. Su traducción concreta está condicionada por las relaciones sociales de cada sociedad, pero al mismo tiempo, ella puede dar una orientación a estas últimas. Un cambio de paradigma no se reali- zara sin espiritualidad, según múltiples caminos y numerosas expresiones. La visión del mundo, la lectura de la realidad y su análisis, la ética de la construcción social y política (Camilo habla de la “ética revolucionaria”, Quimbayo, 2011, p. 69), las expresiones estéticas y la auto-implicación de los actores, son partes esenciales de la elaboración de alternativas al modelo

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de desarrollo capitalista y de la civilización que este último trasmite. Ellas forman parte de todas las orientaciones nuevas de los fundamentos en fun- ción del paradigma alternativo, tanto de la relación con la naturaleza como de la producción de las bases de la vida y de la redefinición de la economía y, finalmente, de la manera de concebir la organización colectiva y política de las sociedades. Pueden en sus diversidades contribuir al cambio necesario a la supervivencia de la humanidad y del planeta, a la definición del nuevo paradigma del Bien Común de la Humanidad.

III. Hacia el sueño de Camilo

Eso puede aparecer utópico, en el sentido de que no existe hoy, pero no lo es, porque puede existir mañana. Ya en Colombia, centenares de movi- mientos, asociaciones y grupos luchan por alguno de estos objetivos, tanto para la defensa de la Madre Tierra como para construir otra economía, para una reforma agraria en profundidad (Plataforma, 1965, punto 2) en favor de los derechos de los campesinos, de las mujeres, de los obreros, de los estudiantes, para la democratización de la política, en defensa de la identidad cultural de los pueblos originarios (Plataforma, 1965, puntos 1, 2, 5). Ya existen órganos de coordinación para la paz. El sueño de Camilo de una unidad popular tiene bases en la realidad. Lo que falta es el desarrollo de una perspectiva común para la construcción de un nuevo paradigma, y para definir al nivel colombiano lo que es el Bien Común de la Humanidad, contribuyendo así a su construcción global. Ya Camilo nos decía: “Necesitamos la unión por encima de los grupos”. Cada uno puede definir su lugar en este proceso de conjunto, sin aban- donar sus objetivos. Acciones comunes serán emprendidas, en la línea de las ya existentes, como las iniciativas en favor de la paz. Una visión de conjunto será la base de la visión, en colaboración con movimientos y organizaciones mundiales. Eso es la tarea que le espera al pueblo colombiano. Va a ser necesario definir los pasos concretos de una transición hacia un paradigma pos-capitalista. Esta no puede ser solamente una adaptación del sistema existente a las nuevas demandas ecológicas y sociales, sino pasos para la construcción de una nueva orientación de la vida colectiva de la humanidad en el planeta. Como eso significa un combate donde las diferentes clases sociales no tienen los mismos intereses, el carácter de lucha emancipadora de las clases subalternas tendrá un papel central. La burguesía tiene toda la ventaja en el corto plazo en la continuación del paradigma modernizante

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capitalista, mientras que las clases inferiores, al contrario, serán beneficiadas por el nuevo paradigma. En este sentido, la necesidad de un proceso radical se aproxima de las palabras de Camilo, cuando se declaró revolucionario en tanto que colombiano, sociólogo, cristiano y sacerdote. (Plataforma, 1965, punto 5). Sin embargo, la lucha social en Colombia está condicionada por el proceso de paz, como elemento esencial, aunque insuficiente, de una trans- formación del paradigma. El dialogo no puede ser sino un paso necesario, apoyado por el pueblo colombiano, para construir una nueva sociedad. Existen varias maneras de concebir la manera de realizar el cambio. Para Camilo, solo “un cambio fundamental de las estructuras económicas, sociales y políticas” puede ser revolucionario y eso se realizará por la “toma del poder por las clases populares” (Quimbayo, 2011, p. 53). En la época de Camilo, frente a la rigidez de las estructuras sociales, eso significaba la guerra de guerrillas, tal como fue orientada por el Che, lo que ha dado resultados por ejemplo en Nicaragua. Él no podía pensar en los procesos constitucionales que ofrecieron otras vías a Venezuela, Ecuador y Bolivia. Para Camilo, las perspectivas pensadas siempre tomaron una dimensión concreta. Promoviendo valores revolucionarios, él se preguntaba: ¿cómo aplicarlos y con quién? Él daba la prioridad a la acción, a la unidad dentro de la pluralidad y a la organización. Para el primer aspecto, la convergencia de las diferentes tendencias era central y desgraciadamente es lo que hoy en día hace falta en el campo político de Colombia. Las convergencias de movimientos sociales ofrecen una base mejor, aún si todavía ella tiene que ser más profunda y menos polarizada en función de otras divisiones. La organización es el otro factor esencial, que a menudo falta a los nuevos movimientos sociales (Indigna- dos de España, Occupy Wall Street de Estados Unidos, movimientos de Brasil, etc.). Camilo Torres Restrepo ha sido un personaje histórico para Colombia y para la fuerzas de cambio en el mundo. Su papel no se limita solamente al pasado. Es también un luchador que puede inspirar el presente y el futuro.

Bibliografía

Unidad en la diversidad

Beinstein, Jorge. (2009) El largo crepúsculo del capitalismo, Buenos Aires, Argentina: Cartago. Delgado, Giancarlo. (2011) Metabolismo social y futuro común de la Humanidad. Panamá, Panamá: Ruth Casa Editorial. Houtart, François. (2014) El Bien Común de la Humanidad. Quito, Ecuador:

IAEN. Latouche, Serge. (2010) Sortir de la Société de Consommation. Les Biens qui libèrent. Paris, Francia: Actes Sud Mészáros, István. (2008) El desafio y la carga del tiempo histórico. El socialismo del siglo XXI. Buenos Aires, Argentina: Clacso-Vadell Quimbayo Cabrera, Uverney. (2011) Tras las huellas perdidas. Tres grades revolucionarios latinoamericanos. Neiva, Colombia: Lanzas y Letras. Torres Restrepo, Camilo. (1965) “Plataforma para un movimiento de unidad popular”. En: Primera parte de este libro.

Un libro colectivo para tiempos de unidad

Por Nicolás Armando Herrera Farfán*

“Los más grandes hombres de los que nos habla la historia son aquellos que laborando por el bien general han sabido ennoblecerse a sí mismos [… ya] que el hombre más feliz es el que ha sabido hacer felices a los demás, y la misma religión enseña que el ideal al que todos aspiran

es el de sacrificarse por la humanidad”.

Carlos Marx, Reflexiones de un joven al elegir profesión.

“Toda lucha por los propios intereses de un individuo (el dictador),

de una clase (como la burguesa), de una élite (como los criollos),

de una “tribu” (herederos de antiguos compromisos políticos), son corrupción política”.

Enrique Dussel, 20 tesis de política.

I

Hace 49 años Camilo Torres Restrepo echó a andar la aventura utópica y pluralista del Frente Unido del Pueblo (FUP), y con ella inició su vertigi- noso ascenso político y social. Durante cerca de seis meses (mayo a octubre de 1965) desarrolló una intensa campaña de movilización y agitación por medio de encuentros y concentraciones populares, congregando miles de personas en las plazas públicas, conmocionando a su paso ciudades y pueblos, sacudiendo el Estado de Sitio implantado por el Frente Nacional, inquietando a la Iglesia Católica y remozando las prácticas políticas tradi- cionales (de derechas e izquierdas). Nada quedó inconmovible aunque, en apariencia, nada haya cambiado.

*

Psicólogo de la Universidad Surcolombiana (Colombia) y Candidato a Magíster en Psicología Social Comunitaria de la Universidad de Buenos Aires (Argentina). Es integrante del Colectivo Frente Unido-Investigación Independiente (Argentina) y profesor de la Universidad Nacional de Avellaneda (Argentina).

Camilo Torres

El sentimiento, pensamiento y acción (senti-praxis) de Camilo Torres Restrepo marcó una época en la historia nacional, pero también abrió un

camino –con sus lecciones y enseñanzas– por el cual muchos y muchas hemos transitado a lo largo de estos años desde diversas opciones: la ecle- siástica, la académica, la política, la alfabetizadora, la investigativa o la

armada

y aunque parezca paradójico, muchos y muchas nos encontramos

... en la inspiración de Camilo a pesar de que hayamos optado de manera diferente. Quizás por esto, el camilismo es una corriente dispersa y confusa que requiere filigrana para poder reagrupar y comprender. El reduccionismo histórico de “Cura Guerrillero” del que ha sido objeto Camilo Torres en murales, afiches o diseños, titulares de artículos de libros 5 sólo ha servido para alimentar un mito complejo y confuso mitad mesías mitad violencia, un símbolo mesiánico-militarista. Con el paso de los años, ha achatado su experiencia y vitalidad, su compromiso “hasta las últimas consecuencias”, su manera particular de concebir la ciencia, la investigación, la ética y la política. Uno de los efectos más directos de este tipo de reduccio- nismo ha sido el de construir juicios de valor respecto de su vida señalándola como un fracaso. Al respecto, Antonio Caballero (1987) escribió:

Veintiún años después de muerto su protagonista, lo que queda de su vida y de su obra es algo tan tenue, tan inasible (…) como es el recuerdo de una posibilidad, la nostalgia de una promesa: más da una flor. (…) Porque hay que reconocerlo: el paso ruidoso y fugaz del cura, político y guerrillero Camilo Torres Restrepo por el escenario público colombiano no dejó ninguna huella: ni en lo eclesiástico, ni en lo político, ni en lo militar.(…)

En lo que toca a la izquierda, el fracaso de Camilo Torres como líder político y agitador de masas fue igualmente rotundo. Su Frente Unido, ese engendro político llamado a revolucionar la revolución misma, y a transformar por fin y de una vez por todas la correlación de fuerzas entre el pueblo y la oligarquía, no pasó de ser un remedo lamentable de movimiento revolucionario tironeado por todos los oportunismos y agobiado por todas las improvisaciones, antes de evaporarse sin dejar

  • 5 Aunque el libro biográfico más reconocido sobre Camilo Torres sea el de Walter Joe Broderick, tanto en su versión inglesa (1975) como en sus diversas ediciones en español (desde 1977 hasta 2013), varios proyectos editoriales llevaron el mismo título –valga citar como ejemplos el trabajo de Germán Guzmán Campos (1967) y Norberto Habbeger (1968)– o reiteraron en la idea de unir a Camilo Torres con la figura guerrillera, o unir su condición sacerdotal con su opción armada.

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rastro. (…) Y pasados veintiún años desde su muerte, Camilo Torres ya no es para la izquierda colombiana ni siquiera un pretexto para tirar piedra en los aniversarios. (pp. 301-302).

Si finalmente, pasados ya no 21 sino 48 años de su muerte, la vida y proyecto ético-político-espiritual de Camilo Torres fueron en realidad un fracaso y una huella inasible, será una conclusión que los lectores y lectoras, en solitario o en colectivo, deberán sacar al leer, entre otros materiales, las páginas que siguen. Sin esfuerzos lapidarios o apologéticos, el presente libro expone algunos de sus escritos, acompañados de un conjunto de reflexiones en torno a su senti-praxis que bien servirán de insumos para el debate. Nos corresponde, luego de la lectura y trabajo de este libro, examinar y determi- nar si aún tienen vigencia y validez su pensamiento y su “utopía pluralista”; si su figura se mantendrá para el futuro sólo como un rostro pintado en una pared, o si los análisis y las reflexiones nos permitirán reivindicarlo como un referente político para el porvenir y como un símbolo ético de carácter histórico. Si es un referente fracasado o si fracasamos en el intento, es un riesgo que debemos asumir. Las personas y organizaciones que nos hemos comprometido con la tarea de preparar este libro partimos del convencimiento de que Camilo tiene aún cosas para decirnos, con sus palabras y ejemplo. ¿Cuál sería el ejemplo de Camilo Torres? La capacidad coherente de hilar su pensamiento, discurso y acción en una trama contundente que le permitió desafiar su época y asumir la carga del tiempo histórico 6 . Esta capacidad que poseen algunos seres humanos es descrita por el filósofo marxista húngaro István Mészáros (2009) en una “introducción”. En ella muestra al Che Guevara, Antonio Gramsci y Attila József como ejemplos paradigmáticos:

Porque, contra viento y marea, en indoblegable desafío de las trágicas consecuencias que habían de padecer, afrontaron el reto constante de una época desgarrada por una sucesión de crisis extremas, y so-

  • 6 Como Colectivo Frente Unido, desarrollamos un taller en Buenos Aires (Argentina) titulado “Acercándonos a Camilo Torres”. Una de las actividades consistió en escribir al respaldo de una foto-postal de Camilo Torres una idea que condensara la reflexión personal de lo compartido en el taller. Uno de los participantes escribió: “La dificultad de llevar al lomo una carga tan pesada como el deseo de cambiar el mundo parece no existir en la mirada de Camilo, no por no llevar el peso encima, sino por tener la espalda más grande y fuerte que una persona podría poseer”. Véase: http://www.colombiainforma.info/index.php/ddhh2/1113-en- argentina-recuperan-la-memoria-de-camilo-torres-cultivando-identidad-latinoamericana

Camilo Torres

brellevaron hasta los últimos límites la carga de su tiempo histórico; el tiempo en el que se vieron confinados por las circunstancias más desfavorables, a las que sin embargo fueron capaces de superar gracias a su dedicación ejemplar y al largo alcance de su visión, en dirección a la perspectiva adoptada a conciencia del único futuro viable para la humanidad –el socialismo– que ellos propugnaron apasionadamente. (…) Se dieron cuenta con absoluta claridad de que tan solo la trans- formación social más radical, que instituyera una verdadero cambio epocal, podría ofrecer una salida para la peligrosa sucesión de crisis que caracterizaron al siglo XX en su totalidad. (p. 13).

II

El camino que hemos recorrido para llegar hasta este esfuerzo colectivo en formato de libro no ha sido fácil, ni corto, ni alegre siempre, ni victorio- so. Comenzó desde el mismo momento que Camilo perdió su vida en las selvas del Magdalena Medio. El 18 de octubre de 1965 se fue a la guerrilla y perdió la vida en su primer combate en aquel fatuo 15 de febrero de 1966. Como el poeta-apóstol José Martí partió a la lucha sin más mochila que la academia, la literatura, el arte y la belleza. Lo suyo era la alegre rebeldía, la profunda indignación, la preocupación científica, la necesidad apremiante de realizar el amor al prójimo de manera eficaz. Su única arma era el amor eficaz. Y la guerra tiene sus propias lógicas, secretos, conocimientos y armas. Camilo, como José Martí, no estaba preparado para esas lides. Desde entonces, el amor eficaz sigue vivo, flameando, ardiendo y cues- tionando. En ocasiones emerge como una buena llama mecida al compás del viento histórico, y en otras se hace fueguito diminuto o simple brasa ardiente, imperceptible; a veces crepita con potencia e ilumina procesos maravillosos, y en otras flamea tenuemente como queriendo apagarse. Sin embargo, pasados 48 años, se puede comprobar que esta llama no se ha extinto, y es sabido que una llama puede desencadenar una conflagración; su capacidad de expansión suele ser irrefrenable a veces. Y cuando Camilo murió, o lo murieron, no podía valorar que su brasa volaría tan lejos, tan largo, tan persistente. No habían pasado dos años de su muerte física cuando el Cono Sur se llenó de Camilo. En Argentina, Juan García Elorrio publicaba sus revis- tas “Cristianismo y Revolución” y cambiaba el nombre de su Centro de Estudios “Theilard de Chardin” por el de “Camilo Torres”, mientras su

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paisano Norberto Habegger intentaba descifrar el fuego de Camilo para sus compañeros descamisados del movimiento peronista en un libro titulado “Camilo, el cura guerrillero” (1968). Ese mismo año en Montevideo (Uru- guay) los cristianos-militantes del Río de la Plata organizaron el Encuentro Latinoamericano Camilo Torres con la participación de Isabelita. Al frente del proceso se encontraba García Elorrio junto a su compañera Casiana Ahumada y en aquel evento comenzaron a salir unos acordes finitos, tenues, nostálgicos, esperanzadores de la guitarra de Daniel Viglietti: “Donde cayó Camilo, nació una cruz; pero no de madera, sino de luz”. En Colombia, Germán Guzmán Campos, aún monseñor, publicó en 1967 la primera biografía de Camilo Torres “Camilo, presencia y destino” y luego vinieron las antologías de Medellín y Barranquilla. Y en los años siguientes, como producto de la visita del Papa Pablo VI y la celebración de la Conferencia de Medellín, surgió el movimiento de cristianismo re- volucionario de Golconda bajo el manto tutelar y protector de Monseñor Gerardo Valencia Cano, el “obispo rojo” de Buenaventura; y, ligado a esta experiencia, el Movimiento Educacional Integrado (MEI) de Germán Zabala. Junto a ellos estuvieron vinculadas personas que no pueden de- jarse en el olvido: Leonor Esguerra, René García, Gabriel Díaz, Manuel Alzate, Vicente Mejía, Luis Currea y los tres curas aragoneses que luego se vincularían al Ejército de Liberación Nacional –siguiendo los pasos de Camilo–: Domingo Laín Sánz, José Antonio Jiménez Comín y Manuel Pérez Martínez. Mientras estos procesos ocurrían en la Iglesia, en las universidades se recreaban los comandos del Frente Unido bajo la figura nacional de comandos camilistas y expresiones locales como rebelión en Medellín; en las ciencias sociales Orlando Fals Borda comenzaba a buscar sus propios caminos para hacer ciencia comprometida inspirada en el compromiso de Camilo, y en la vida cotidiana Isabelita intentaba echar a andar la “Fun- dación Científica Camilo Torres” y promover la edición del pensamiento de su hijo en editoriales del mundo. Al finalizar la década Orlando Fals volvía al país para trabajar con La Rosca en medio del movimiento popu- lar y campesino, mientras Germán Guzmán Campos decidía marcharse definitivamente de la Iglesia y del país. El comienzo de la década de 1970 llegó con los curas tercermundistas argentinos con Carlos Mugica –el mártir de las villas– a la cabeza, y casi al mismo tiempo la emergencia del “Comando Camilo Torres” y el “Ma- nifiesto de los Camilos”. En Uruguay se desarrolló el movimiento de curas obreros con el Padre Juan Carlos Zaffaroni a la vanguardia. En Chile se

Camilo Torres

fueron gestando el “Movimiento Camilo Torres”, el proceso de “Cristianos por el Socialismo” y la experiencia ecuménica que acompañaba las luchas mapuches que llegó a nombrar un campamento indígena de resistencia con el nombre “Camilo Torres”. Las articulaciones y vinculaciones de cristianos en el MIR fueron posteriores. En el Brasil Camilo apareció a la sombra de la enorme figura ética de Don Helder Cámara, y luego de Don Pedro Casaldáliga, Frei Betto, Leonardo Boff, y su hermano Clodovis, cuando se peinaba a contrapelo, como lo sugería Walter Benjamin. Y su fuego estuvo presente en la explosión del movimiento de comunidades eclesiales de base, las búsquedas de Paulo Freire, y el alzamiento campesino de los Sin Tierra (MST) que nombró uno de sus primeros campamentos “Camilo Torres”. Y en Bolivia, el MIR asumió a Camilo como bandera para oponerse a los dogmatismos de diversos tonos promulgados por todas las iglesias que rezaban el credo marxista sin crítica, contexto o contemplación. Cuando las nubes de muerte se posaron sobre el Cono Sur y las dictaduras militares comenzaron a cumplir su tanática tarea, los vientos se llevaron la llama de Camilo hasta Centroamérica, Norteamérica y las Antillas. En Panamá (Círculo Camilo Torres) y Dominicana (Comité Revolucionario Camilo Torres, CORECATO) acompañó las luchas por la justicia y la equidad de una parte del movimiento estudiantil y juvenil de la democra- cia cristiana. En Cuernavaca (México) se enraizó en el CIDOC de Iván Illich, llevado de la mano de Guitemie Oliviéri, Óscar Maldonado, Germán Guzmán Campos y Germán Zabala. Allí comenzó a tomar forma de libros preliminares hasta consolidarse en la monumental antología “Cristianismo y Revolución” editada por ERA en 1971. Notables fueron los esfuerzos del jesuita argentino Alejandro del Corro en ese proceso de sistematización y archivo. Durante esta misma década Camilo llegó a Cuba no sólo a través del Ejército de Liberación Nacional o de los exiliados, sino de su propia madre, quien eligió la isla caribeña para pasar sus últimos tiempos al cui- dado cariñoso de La Revolución. Allí se gestó el maravilloso proceso de las Jornadas Continentales Camilo Torres impulsado por los pastores bautistas de La Habana y su Seminario de Matanzas con la figura emblemática de Sergio Arce Martínez como referencia. Este proceso tuvo resultados no sólo en debates y conversatorios sino en místicas, publicaciones y una serie iconográfica que aún están esperando ser analizadas y valoradas por el movimiento popular colombiano. También en la región de El Cangre, Fidel Castro nombraba, en su honor, un semi-internado rural. La década del setenta feneció con el triunfo del sandinismo en Nicaragua y la pro- fundización de la lucha popular en El Salvador de la mano del FMLN. En

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ambas experiencias resultó notable la articulación de cristianos y marxistas, que remitía irremediablemente a Camilo.

Desde mediados de la década de 1970 y hasta la mitad de la década de 1990 la llama y esperanza de Camilo anidó en Colombia en el proceso de las Comunidades Eclesiales de Base con su Boletín Informativo, el impulso de la educación y la teología populares, los primeros esfuerzos de sistematización de la Investigación-Acción Participativa, siendo notables los esfuerzos y resultados de Dimensión Educativa, las revistas Utopía y Solidaridad, y los movimientos sacerdotales y religiosos SAL y ORAL. En el campo sociopolítico el fuego de Camilo encontró aire en el nacimiento de la “nueva izquierda” de la mano de los movimientos Unión Patrióti- ca, Frente Popular y A Luchar (Harnecker, 1989), y los alumbramientos de la unidad en el sindicalismo, el movimiento indígena y la radicalidad del movimiento campesino. Posteriormente vinieron los movimientos de FIRMES y Colombia Unida. Para este proceso fue un aporte importante la versión castellana de la biografía escrita por Walter Joe Broderick, junto a un conjunto de documentos que comenzaron a emerger. En los treinta años siguientes a su muerte (1966-1996) Camilo fue rena- ciendo una y otra vez en plazas, bustos, murales, canciones, movimientos,

poemas, afiches, documentales, libros, cartillas, graffittis

¡Camilo iba y

su

... volvía! Aparecía siempre como un magma insondable e inapagable

... fuego siguió latente. Camilo siguió siendo la semilla rebelde sembrada una y otra vez por la memoria terca de los pueblos. Cuando se empezó a consolidar el neoliberalismo y se hizo el balance completo de las derrotas y los engaños históricos no faltaron las voces que instaron a los sepultureros históricos del capitalismo a sepultar defi- nitivamente la utopía. La década gris trajo consigo un retroceso histórico, y los arrepentimientos y las conversiones se confundieron tanto con los replanteamientos que se volvió difícil distinguir unos de otros. La caída del ominoso muro de Berlín, unido a la derrota electoral del sandinismo, el establecimiento del período especial a la Cuba socialista, la agresión militar a Granada y la invasión a Panamá por parte de los Estados Unidos fueron el coctel más potente que pudiera tenerse. Centroamérica a pesar de la gesta heroica del pueblo y de lo genocidios y asesinatos (entre ellos los de Monseñor Romero y los mártires de la UCA) entró en una pax americana. El espíritu más noble del mundo cayó en desuso y como si fuese una moda, todo se fue borrando. El neoliberalismo comenzó a copar los espacios eco- nómicos y a construir una cultura de consumo que negaba el sujeto mismo; en Colombia, este proceso caminó de la mano de los carteles de la mafia y

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de la ultraderecha sanguinaria paramilitar instalando progresivamente una “cultura del narcotraficante” en los jóvenes quienes dejaron de ver y creer en “el hombre nuevo” como modelo para sustituirlo por el del “Capo”, o “Patrón”. (Aristizábal, 2007) El Che Guevara fue relegado progresivamente a fotografías, camisetas, tazas y demás souvenires que se compran y venden de primera y segunda mano. Mientras los restos del Che Guevara aparecían en 1997, el destino del cadáver de Camilo seguía siendo un misterio, y su memoria abiertamente prohibida, y, como para que no quedaran dudas del propósito, los parami- litares derribaron de un solo tiro de fusil, la cabeza del monumento hecho por los habitantes de Barrancabermeja (con la tía Luisa Piña al frente) en

una plazoleta que lleva su nombre. La semilla y fuego de Camilo siguieron

germinando y flameando desde bien abajo y bien adentro

Y ya ni siquiera

... se volvió a pensar en pedir su cuerpo. La vergonzante década del noventa lo

acható todo

Algunos libros como el de su amigo Gustavo Pérez Ramírez

... (1996/2009) y columnas de opinión, junto a pequeñas reuniones y conme- moraciones de núcleos específicos y comprometidos siguieron avivando esa llama que parecía extinguirse. Con la irrupción de la década de 2000 la llama de Camilo tuvo un nuevo aire y se vivió un renacer lento, atemorizado, lleno de dolor y de ausen- cias. En 2002, durante el período rectoral de Víctor Manuel Moncayo, la Universiad Nacional de Colombia se acordó de la resolución de 1972 en la que el Consejo Superior Universitario instituyó el “Premio Camilo Torres Restrepo” y fue otorgado –por primera y única vez– a François Houtart. Luego vino la conmemoración del 40 aniversario de su muerte (2006) y la reedición facsimilar de los periódicos del Frente Unido. Y seguidamente la promoción de la Cátedra Libre Camilo Torres en la Universidad Nacional con una conferencia inaugural de Franz Himkelammert. Al frente de este proceso se encontraron organizaciones y personas notables como Justicia y Vida, Lilia Solano, Hernando Gómez Serrano, María Elvira Naranjo y el admirado padre Javier Giraldo Moreno. Fue un tiempo de rememorar a Camilo Torres, pero también de valorar a dos de sus más cercanos ami- gos y continuadores: Orlando Fals Borda y Eduardo Umaña Luna. En el campo sociopolítico se gestaba una confluencia de las izquierdas y de los sectores democráticos y progresistas para hacerle frente al neoliberalismo y al guerrerismo que poco a poco se fue apoderando del Estado y que luego se instaló en la Casa de Nariño por ocho años (2002-2010). Son parte de todo este proceso el Frente Social y Político, el Polo Democrático Inde- pendiente, la Alternativa Democrática y finalmente el Polo Democrático

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Alternativo. Se pensaba que Camilo había vuelto de la mano de todas y

todos los luchadores

el renacer de la esperanza.

... El impulso fue tan grande que se llegó a proponer la promoción y desarrollo de una “década camilista” que tuviera como puerto de llegada el 2016, su cincuentenario. Sin embargo, durante el primer lustro de esa década soñada los esfuerzos se dispersaron en tareas más urgentes y vitales, mientras germinaban o se consolidaban iniciativas de investigación-acción en torno a la memoria como el Movice, el Proyecto Memoria y Palabra, la Corporación La MaríaCano, el Proyecto Memoria Histórica y el Colectivo Frente Unido-Investigación Independiente. Cada cual, a su modo, levantó las banderas de la memoria, y unos más que otros, asumieron la memoria de Camilo Torres como tarea principal. En una confluencia de esfuerzos Memoria y Palabra y el Proyecto Memoria Histórica, acompañados de KairEd, impulsaron las más recientes conmemoraciones, siendo Bernardo Arias Figueroa y Eduardo Matyas Camargo los impulsores de la edición anual (2010-2013) de un libro que se lanzara en un acto político-cultural durante cada aniversario para volver a generar debate 7 .

En todas estas décadas debemos resaltar los esfuerzos personales y colectivos que se han adelantado en los campos culturales, académicos o militantes de personas o agrupaciones que han aportado su esfuerzo para mantener viva la llama de Camilo Torres: Francisco Trujillo y María Tila Uribe; Luisa Delia Piña; los hermanos César y Vladimir Zabala; Eduardo Umaña Luna; Orlando Fals Borda y María Cristina Salazar; los cineastas y artistas Marta Rodríguez de Silva, Carlos Álvarez, Lisandro Duque Na- ranjo, Francisco Norden, Pablus Gallinazus, Alí Primera, Fausto Amodei, Víctor Jara, Daniel Viglietti, Chavela Vargas, José de Molina, Carlos Puebla, Judith Reyes, Gloria Martín y Patricia Ariza; los intelectuales y escritores Alejo Vargas Velásquez, Carlos Medina Gallego, Alfredo Molano Bravo, Orlando Villanueva Martínez y Walter Joe Broderick; los religiosos y ex- religiosos Mario Peresson Tonelli, Javier Giraldo Moreno, Jaime García, Everardo Ramírez Toro, así como varios franciscanos y Claretianos ad- heridos a la Teología de la Liberación; los militantes históricos Francisco de Paula Jaramillo, María Elvira Naranjo, Hernando Gómez Serrano, Arnulfo Julio y María Arango Fonnegra; los amigos personales de Camilo, comenzando por su hermano Fernando, Gustavo Pérez Ramírez, François

  • 7 Me refiero a los libros “Camilo: un pensamiento vigente” (2010), “Camilo, mensajes visionarios” (2011), “Cristianismo revolucionario. Camilo, precursor” (2012), “De Camilo a Golconda” (2013). Todos estos títulos estuvieron bajo la cuidadosa tutela, como editor, de Don Bernardo Arias Figueroa.

Camilo Torres

Houtart, Leonor Muñoz y Jaime de Jesús Díaz Castañeda. Vale destacar los diversos movimientos estudiantiles (desde el FER y el FER-SINPER hasta Identidad Estudiantil, Tejuntas y las Redes juveniles distritales); los sindicatos de mineros, petroleros, bancarios y telefónicos; organizaciones no gubernamentales como Utopías, Dimensión Educativa, Kairós y KairEd. ¡Todos cuantos faltan en este recuento deberán ser incluidos progresiva- mente en los balances históricos y de memoria!

III

Este esfuerzo titánico hecho a lo largo de casi medio siglo, y del cual este libro no es sino la continuidad modesta, nos ratifica una vez más que el tiempo de los oprimidos y explotados no puede ser eliminado, a no ser que la eliminación contenga a toda la comunidad humana. Por eso, a pesar de cincuenta años de represión, muertes, torturas, difamaciones, persecu- ciones y silenciamientos, la memoria de Camilo sigue reverdeciendo, y la aspiración de construcción de un nuevo orden social sigue más latente que nunca; intuyendo eso, o sabiéndolo quizás, François Houtart nos dijo en una entrevista: “Con Camilo hubo un silencio que no se puede interpretar como olvido. El tiempo de Camilo ya está en marcha”. El antagonismo existente entre el capitalismo y la historia, para que el primero “eluda” su anacronismo histórico, es evidente. Por eso tiene que atropellarla, anular la memoria, silenciar el pasado, reificar el presente y resignificar relatos que conduzcan a otra parte. (Mézsáros, 2009, pp. 22-23) Era necesario hacer un balance histórico para entender la raíz misma de este documento. No podemos pretender partir de cero, no es responsable ni con nosotros y nosotras mismas, ni con la historia. Eso lo entendía muy bien Rodolfo Walsh (1970) cuando analizó El Cordobazo. Es indispensable hilar este proceso de memoria a los procesos anteriores y tratar de vincular esta experiencia a las búsquedas paralelas, como una de las tantas maneras de romper la ficción de eterno presente (presentista) que nos quiere implantar el capitalismo para eternizar su sistema. Si hacemos esto concienzudamente vamos a dejar de ver al pasado como “la proyección hacia atrás y la justifi- cación ciega del presente establecido” y al futuro como “la extensión eterna del “orden natural” del aquí y el ahora”. (Mészáros, 2009, pp. 18-19) Con alegría podemos decir que el esfuerzo colectivo del presente, que ahora toma la forma de este libro, es la continuidad de estos esfuerzos colectivos e indi- viduales, y se asume como heredero y continuador de este proceso histórico.

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En esta nueva etapa de organización y coordinación para impulsar la llama de Camilo Torres (Proyecto de articulación nacional e internacional “¡Camilo Vive!”) hemos trabajado juiciosamente a lo largo de los últimos cuatro años. Tuvimos la oportunidad de discutir colectivamente este libro:

tema central, título, portada y editores. La referencia fundamental para guiar estas discusiones fue siempre la realidad nacional y continental. Dos preguntas siempre han estado ahí: 1) “¿Cómo construimos unidad hoy?” –fue la misma que nos plantearon los compañeros y compañeras de Kavilando en Medellín en un taller desarrollado por ellos en torno a Camilo Torres en el mes de septiembre de 2013–; y, 2) ¿Cómo construir un proceso nacional que interprete las regiones y supere la tradición centralista de izquierdas y derechas? –que la plantearon los compañeros de la costa caribe colombiana–. Intuimos entre todos y todas que Camilo tenía algo para decirnos, no en clave de pasado, sino en condición de futuro; que las

claves de Camilo no están precisamente en el fusil y el uniforme del Ejército de Liberación Nacional (ELN), sino en su agudo análisis académico, su intachable ejemplo ético y su convicción profunda en el campo político por el cambio social. Detrás de este libro hay todo un proceso de articulación, trabajo, reuniones, visitas, encuentros; consensos y disensos por igual; agrupamientos, distancias y reagrupamientos; verdades absolutas que luego fueron quedando en evidencia como simples prejuicios infundados;

simpatías, antipatías y apatías

un caminar desde la propia experiencia y

... pensamiento de Camilo tratando de impulsar el proceso desde sus propios criterios políticos. Por eso este libro, en parte, es una muestra tangible del proceso intangible que se viene gestando.

IV

El libro está estructurado en tres partes, antecedidas por un prólogo y sucedidas por un cierre. En el prólogo, escrito por François Houtart a petición nuestra, se nos revela a Camilo como un anticipador del cambio de paradigma para salir de la crisis del capitalismo, que comprende como pilar fundamental el “Bien Común de la Humanidad”. (Houtart, 2012). El nuevo paradigma entraña tres procesos: 1) una revisión y redefinición de las relaciones que establecemos con la naturaleza, ya no entendida sim- plemente como fuente de materias primas, a la cual debemos racionalizar y dominar, sino como fuente de toda la vida (“Madre Tierra”); 2) una reorientación de la producción y reproducción de la base de la vida, que

Camilo Torres

privilegie el valor de uso sobre el valor de cambio; y, 3) el establecimiento, profundización y generalización de los procesos democráticos en todos los niveles (relaciones sociales e instituciones locales, regionales y mundiales), tomando como base la instauración de la multiculturalidad. En términos de Boaventura de Sousa Santos (2003, 2009), de lo que se trata es de la promoción de una globalización contrahegemónica, la cual, partiendo de una epistemología “desde abajo” logre confrontar y superar el ecocidio, el genocidio y el epistemicidio, que promueve y desarrolla cotidianamente el modelo de vida capitalista. La primera parte la comprenden discursos y escritos de Camilo Torres dichos o publicados entre el 12 de marzo y el 21 de octubre de 1965. Están las dos versiones conocidas, hasta ahora, de la Plataforma: a) la que circuló mimeografiada luego de la actividad de las Juventudes Conservadoras en Medellín (12 de marzo); y b) la que presentó en la Universidad Nacional (22 de mayo) que luego aparecerá publicada en el periódico Frente Unido (26 de agosto). Se encuentran además dos entrevistas, cuatro discursos y cuatro documentos aparecidos en diferentes números del periódico Frente Unido. Las dos entrevistas son “Posibilidades de la izquierda” (13 de mayo) y “Reportaje” –de Armin Hindrichs y Fernando Foncillas– (6 de octubre). Los cuatro discursos corresponden a sus intervenciones en los actos públicos organizados en el sindicato de la Compañía Colombiana de Tabaco (Col- tabaco) en Medellín (18 de junio), la conferencia dada en la Universidad Nacional en Bogotá (22 de mayo), que aparece en este documento junto a la exposición de ampliación que le solicitaran los estudiantes (2 de junio) y el discurso de Villavicencio (21 de agosto). Finalmente, los cuatro do- cumentos que se tomaron del periódico Frente Unido son “Consignas” (2 de septiembre), “Unión y organización de la base popular” (7 de octubre), “Frente Unido del Pueblo” (14 de octubre) y “Los comandos del Frente Unido” (21 de octubre). Los textos han sido tomados de la antología más completa que se co- noce de la senti-praxis de Camilo Torres Restrepo (1970): “Cristianismo y Revolución”. En todos ellos se encuentran alusiones al proyecto ético-polí- tico-espiritual de Camilo: el Frente Unido del Pueblo, y pueden advertirse categorías claves como “clase popular”, “unidad”, “anticonformismo” y “grupos de presión”; también hay debates, angustias y discrepancias. Para el presente libro, fueron ordenados cronológicamente, de manera intencional, con la esperanza de que los lectores y lectoras encuentren transformaciones, replanteamientos, refinamientos, consolidaciones o contradicciones en la evolución de su pensamiento-acción.

Unidad en la diversidad

La segunda parte la compone una selección de documentos de diversos formatos (conferencias, capítulos de libro o artículos) de algunas personas del ámbito intelectual, militante o científico-militante en los cuales se aborda ampliamente la reflexión o discusión en torno al proyecto del Frente Unido del Pueblo. En total son siete textos escogidos entre 1967 y 2012, por lo cual se intenta ofrecer una mirada general del debate y reflexión a lo largo de 45 años. Al igual que en la primera parte, se han ordenado cronológicamente para que los lectores y lectoras puedan encontrar retroalimentaciones, deba- tes, superaciones y complementariedades. En todos los casos está aclarada a pie de página la fuente del documento empleado. La primera voz que aparece es la de Germán Guzmán Campos que nos acerca desde una perspectiva personal e íntima algunas reflexiones y anécdotas en torno al proyecto utópico de Camilo. Es muy interesante la entrevista de base que él mismo realizó a Jaime Quijano Caballero para conocer el proceso previo a la conformación del Frente Unido: la experiencia del Equipo Colombiano Investigación Socio-Económica (ECISE), luego renombrado como Equipo Colombiano pro Estudio y Progreso (ECEP) impulsados por Camilo en sus años de estudiante de Lovaina (1954-1958). El segundo documento es el producido por Everardo Ramírez Toro que constituye uno de los primeros esfuerzos en el campo académico de arriesgar una caracterización del Frente Unido del Pueblo como “aparato político” (estructura y forma organizativa); la Plataforma como programa mínimo de consenso; la táctica y la estrategia; y los debates sobre los su- jetos, la concepción del poder y la democracia. Muy importante el cierre del trabajo en el cual se establecen por primera vez las “reglas básicas de la metodología camilista”. El tercer aporte es una ponencia presentada por Ana María Jaramillo en el V Congreso Nacional de Sociología, celebrado en Medellín (Antioquia) del 29 al 31 de mayo de 1985. En este trabajo, además de hallarse una notable contextualización y análisis de la Plataforma, la autora rescata los que, a su juicio, son los elementos gramscianos presentes en Camilo y su Frente Unido: 1) el rol de intelectual orgánico; 2) la búsqueda del consenso activo, y 3) el propósito de conformar un Bloque Histórico. El cuarto trabajo pertenece a Gustavo Pérez Ramírez. El escrito parte de un análisis contextual que le permite describir las condiciones en las cuales se desenvuelve Camilo, los grupos políticos que se vinculan al pro- yecto utópico, la esencia del Frente Unido (que va más allá de una simple oposición al Frente Nacional) y su condición de movimiento político de la sociedad civil (de abajo). Posteriormente somete al Frente Unido a un

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análisis desde la sociología de la acción para advertir en él los principios de identidad, oposición y totalidad, y la movilización de recursos. Antes de analizar la Plataforma y la actitud del ELN respecto del Frente Unido, el autor nos provoca con una valoración sobre el logro más importante del Frente Unido: “planteó a la izquierda colombiana el reto de ser más realista, menos ideológica, y más abierta a aceptar un pluralismo en las relaciones”. Finalmente, reflexiona sobre la vigencia de Camilo para los movimientos socio-políticos contemporáneos, se pregunta sobre la validez del Frente Unido en medio de un contexto totalmente distinto al que dio origen al proyecto utópico, y la posibilidad de anticipar un nuevo orden social tomando como referencia la propuesta de Camilo. El quinto documento corresponde a la ponencia presentada por Orlando Fals Borda en el conversatorio “Camilo Vive”, con motivo de la conme- moración del 40 aniversario de la muerte de Camilo Torres Restrepo. Par- tiendo de un análisis contextual y de reconocer en Camilo a un referente del socialismo raizal, el maestro se concentra en analizar las condiciones esenciales del proyecto utópico propuesto por Camilo a través del Frente Unido del Pueblo y su actual vigencia. Tiene el optimismo de encontrar en todos los esfuerzos adelantados por la izquierda a lo largo de la segunda mitad del siglo XX la presencia de Camilo Torres, algunas veces tenue y otras abiertamente presente. Su análisis concluye en la valoración del Polo Democrático Alternativo como la actualización creativa del Frente Unido del Pueblo. El sexto aporte pertenece a Orlando Villanueva Martínez. En este trabajo, el autor analiza el pensamiento de Camilo a la luz de los cuatro elementos centrales de su pensamiento: el catolicismo social, el marxismo, el positivismo y el funcionalismo. A partir de allí, define al camilismo como un nacionalismo popular. Posteriormente, presenta los que serían los “planteamientos políticos” del camilismo (entendido por el autor como el pensamiento-legado de Camilo Torres), para lo cual alude a los cuatro principios esgrimidos por William Ospina Ramírez, complementados por las seis reglas básicas de la metodología camilista propuestas por Everar- do Ramírez Toro. Unido a estos principios y reglas, Villanueva destaca como aporte original del pensamiento de Camilo el esfuerzo por conciliar el cristianismo con el socialismo para fundar sobre estas bases una nueva sociedad, que él llama un “socialismo cristiano de izquierda”. El último trabajo de esta sección es un artículo del profesor Alejo Vargas Velásquez. Parte de un análisis del contexto y de la Plataforma para con-

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centrarse en las que considera las cinco reflexiones útiles para el quehacer político hoy. Para alegría nuestra contamos con la autorización expresa de Gustavo Pérez Ramírez y Orlando Villanueva Martínez y el beneplácito cósmico de Germán Guzmán Campos, Everardo Ramírez Toro y Orlando Fals Borda. Infortunadamente no pudimos establecer un contacto directo con Ana María Jaramillo y Alejo Vargas Velásquez, pero tenemos la esperan- za en que comprenderán el fin noble de esta empresa y sabrán no sentirse ofendidos o violentados. La tercera parte del libro la conforman cinco materiales preparados para esta publicación por intelectuales del continente. Les propusimos que par- tieran de los textos de Camilo (primera parte) y de su experiencia concreta en el campo militante o de su formación científica. El primer documento fue preparado por Isabel Rauber. La autora re- visa la actualidad y pertinencia política del pensamiento y compromiso 8 de Camilo Torres, llegando a la conclusión que éstos dan fundamento a importantes nudos teórico-prácticos de las revoluciones latinoamericanas:

1) la diversidad y pluralidad de los sujetos; 2) la necesidad de articulación social y política; 3) la construcción de un nuevo tipo de organización polí- tica; 4) la descolonización como camino para la construcción de un nuevo pensamiento crítico intercultural; y, 5) la construcción del poder popular como resultado de la interrelación entre el poder constituido y el poder constituyente. Refiriéndose a (1) la diversidad y pluralidad de los sujetos la autora re- salta el reconocimiento que Camilo da a todos y todas en su singularidad y diversidad. Este reconocimiento le permite vislumbrar la convergencia, las similitudes y la complementariedad. De esta manera se llega al encuentro de un sujeto político plural (“clase popular”) –en sí mismo diverso, multicul- tural y plurinacional– que supera la estrechez de la concepción clasista que se limita a identificar únicamente a la “clase obrera” (idealizada) como el

  • 8 Orlando Fals Borda diferencia dos tipos de compromiso: el engagement y el compromis. El primero, idea sartreana, “es la acción o actitud del intelectual que, al tomar conciencia de su pertenencia a la sociedad y al mundo de su tiempo, renuncia a una posición de simple espectador y coloca su pensamiento o su arte al servicio de una causa”; por su parte, el compromis, “implica el transigir, hacer concesiones, arreglos, arbitrajes, entregas o claudicaciones”; es el compromiso-pacto. (Herrera Farfán y López Guzmán, 2013, p. 188) El valor del compromiso (engagement) de Camilo con su tiempo signará la vida de muchos hombres y mujeres. (Para una aproximación más detenida al tema puede verse en Herrera Farfán, 2013, pp. 8-9; y en López Guzmán y Herrera Farfán, 2014).

Camilo Torres

sujeto revolucionario en las sociedades latinoamericanas 9 . La “clase po- pular” de Camilo Torres es lo que en Fidel Castro (1962, 2005) se definirá como “pueblo”, categoría retomada posteriormente por Enrique Dussel (2008/2010) 10 . Camilo logra desnudar la profunda escisión (innecesaria y absurda) promovida por la izquierda transgénica 11 de los contenidos social y político; por eso, el sujeto que plantea es un sujeto sociopolítico integral. Este sujeto sociopolítico integral promoverá (2) la articulación política, por medio de la convergencia en espacios de coordinación y proyección colectivas hacia objetivos comunes, en los cuales se construyen puentes intersecto- riales. Este proceso debe ser horizontal, plural y multidisciplinario 12 . De manera simultánea se va construyendo una nueva representación, que en lugar de suplantar convoque y potencie el protagonismo y la participación popular; y un nuevo modo de dirección que se construya y defina desde abajo para arriba, con la participación de todas y todos 13 . Para la autora, la “llave maestra” que permite abrir las puertas de la convergencia y la articulación, no es otra que la unidad –no uniformidad

  • 9 Otros autores también señalan ese “rasgo” característico del pensamiento revolucionario latinoamericano, principalmente en el caso de Fidel Castro y José Carlos Mariátegui (Borón, 2009), y la centralidad de este debate en la actualidad. (véanse como ejemplos: Borón, 2009; Sousa, 2003; Houtart, 2008).

    • 10 Enrique Dussel define la categoría “pueblo” como aquella “que pueda englobar la unidad de todos esos movimientos, clases, sectores, etc., en lucha política”, convirtiéndose en una categoría estrictamente política. (Dussel, 2008/2010, p. 100) Sin embargo, en un diálogo informal que tuviéramos algunos investigadores del Colectivo Frente Unido-Investigación Independiente con él, Dussel se refirió con interés en la conjunción creativa empleada por Camilo de una categoría económica (clase) con una categoría política (pueblo) para emerger un nuevo concepto (clase popular) que las engloba a ambas. Es una investigación urgente que nos hace falta.

    • 11 Claudia Korol, a propósito de Camilo, hablará de la posibilidad de ser marxista “porque no se repetían aquellos manuales soviéticos de marxismo adulterado, transgénico”. (En: Korol, Peña, Herrera, 2010, pp. 13-14)

    • 12 El principio de horizontalidad, no sólo denota una “lógica” de construcción política sino un compromiso vital: articular la pluralidad “de abajo” sobre bases de equidad y complementariedad. Esta concepción no se propone anular la diversidad, ni busca el achatamiento de la sociedad en una gris unidad de pensamiento; por el contrario, está encaminado hacia “el derecho de todas y todos a existir, pensar y actuar (vivir) acorde con sus identidades y cosmovisiones”, estando a la vez articulado con el conjunto de la sociedad. Por eso es “intercultural”.

    • 13 El principio de dirección colectiva desde abajo, “lejos de fracturar aún más lo social de lo político, (…) los integre, articule y cohesione desde la raíz”, porque es una dirección construida desde las bases que sabe conjugar de manera consciente los protagonismos, identidades, problemáticas y experiencias singulares. Los principios de horizontalidad y dirección colectiva confronta el modo tradicional de representación política del capitalismo (lógica jerárquica, subordinante y verticalista).

Unidad en la diversidad

ni unicidad–, que reconoce la diversidad y pluralidad, y conduce a la cons- trucción de un proceso colectivo integral-integrador. Allí radica el germen de la democracia radical y del poder popular. Sobre esta base se comenzará la construcción de (3) la organización política que garantizará la conducción sociopolítica y el ejercicio ampliado del propio poder a fin de disputar el poder hegemónico del capital. La organización políti- ca tiene una tarea urgente: reunir, articular e integrar lo social-reivindicativo y lo político, interrelacionando de manera horizontal a partidos (sociedad política) y movimientos (sociedad civil) de los oprimidos, sobre nuevas bases; de esta manera se reafirma la comprensión integradora de lo social y lo político. La organización política entraña el paso de lo fragmentado a lo colectivo, abonando el camino para la construcción de una subjetividad colectiva común, que imprime identidad y pertenencia colectiva y, a su vez, transformando el poder-en-sí (poder originario, en estado pasivo) en poder-para- sí (poder organizado, en estado activo) 14 . (Dussel, 2008/2010, pp. 25-36). Esta novedosa mirada sólo puede ser hecha a la luz de (4) un pensamien- to crítico descolonizador. La autora advierte que para Camilo Torres es un error en términos políticos, ideológicos y culturales intentar calcar respuestas de otras realidades y tiempos, pretendiendo luego “aplicarlas” ortopédica- mente a nuestras realidades raizalmente diferentes. Hay que buscar en ellas sus preguntas y no sus respuestas; su manera de problematizar la realidad concreta. Según Rauber, Camilo comprende que la descolonización es rai- zalmente transversal al pensamiento y las prácticas revolucionarias, porque es la necesidad de construir un pensamiento que salga de la raíz del pueblo para que guíe y anime la construcción del “nuevo mundo anclado en la equidad, la solidaridad, la justicia y la paz en la convivencia humana y con la naturaleza”. La descolonización no sólo significa desmarcarse del plano normativo de la realidad (deber ser) sino pensar las prácticas concretas desde y con sus protagonistas (el ser), por eso, además de una tarea intelectual es una exigencia política. Finalmente, está (5) la concepción del poder popular construido desde aba- jo. Camilo supera la contradicción (aparente) entre “construcción” o “toma” del poder, pues no se trata de una u otra, sino de ambas. Él comprendía que para remozar el poder hegemónico constituido por el capital estableciendo un nuevo poder, el sujeto popular plural debe construir un poder constitu-

  • 14 En otras palabras, es la construcción de un poder “instituyente” en la comunidad organizada por medio de la creación de mediaciones (organización heterogénea) para su posible ejercicio y el alcance de fines diferenciados. Es el tránsito de “comunidad indiferenciada” a “comunidad institucionalizada”.

Camilo Torres

yente; si la “clase popular” no construye su propio poder (con su propio aparato político) para disputar el poder opresor del capital, éste no podrá “ser tomado”. Esta concepción del poder, ciertamente se constituye en un antídoto contra el pensamiento mágico que pretende proponer que una vez conquistado el poder institucional del Estado se derrumbará el andamiaje del viejo poder hegemónico; por el contrario, si no se van construyendo nuevas formas, una vez alcanzados los “puestos de dirección”, el poder constituido del capital reabsorberá las experiencias y fagocitará los propósitos. El proceso metabólico del capital no tiene antecedentes. Algunas experiencias al interior de Venezuela y Ecuador parecen dar cuenta de ambas experiencias, casi de manera simultánea. Rauber concluye que la fuerza del pensamiento y ejemplo de Camilo ha logrado sobreponerse al manto de silencio que se le ha pretendido tender, desde la derecha y la izquierda: el poder constituido del capital pretendió borrar su memoria, incluso con la desaparición de su propio cuerpo; por otro lado, la izquierda partidaria-institucional estableció una censura sobre Camilo, no porque fuera un sacerdote, o “poco marxista”; al igual que con Mariátegui, no le perdonaron nunca su heterodoxia y su libertad para pensar a partir de la realidad latinoamericana y no a partir de los manuales. En el aporte del profesor Carlos Medina Gallego se plantea un debate:

la relación entre el pensamiento y acción (praxis) de Camilo y la del mo- vimiento camilista. Parte por reconocer en Camilo su actitud frontal de lucha contra la ortodoxia. Señala que el camilismo, si quiere en realidad interpretarse o asumirse como continuador del camino abierto por Camilo, debe alejarse de una posición de señalamiento, estigmatización y anulación de otras corrientes políticas, priorizando una lucha contra los odios y los sectarismos. Es muy interesante cómo Medina logra ubicar a los maestros Orlando Fals Borda y Eduardo Umaña Luna como los continuadores del pensamiento de Camilo, esto es, “los primeros camilistas”. El autor señala los elementos fundamentales en el pensamiento político de Camilo: 1) el amor eficaz como categoría política, que marca el tránsito en Camilo de sacerdote rebelde a político revolucionario; pensar el amor eficaz como “fin último de la utopía”; 2) el carácter descolonizador de su pensamiento que lo lleva a buscar las “propias teorías que nos permitan explicar, resolver y transformar el orden de nuestras complejas realidades”; 3) el reconocimiento del sujeto plural de la revolución que él llama “Clase Popular”; 4) la comprensión de la unidad como elemento central, esencial y estratégico para adelantar el proceso de cambio social necesario; y, 5) el entendimiento que no se puede proponer un paraíso que resolvería todos

Unidad en la diversidad

los problemas en un tiempo incierto. Es la superación de la idealización del “mundo mejor” etéreo. En la reflexión del compañero Modesto Emilio Guerrero se nos propo- ne como primera exigencia para aproximarnos al pensamiento de Camilo Torres, la necesaria ubicación del personaje en su contexto histórico (un período de auge en las luchas, signado por una dura contienda ideológica en el campo de los oprimidos y la rápida respuesta de los Estados Unidos); su generación de pertenencia (marcada por el triunfo de la revolución cubana a veces idealizada, enfrentada al modelo institucional del Frente Nacional); su formación personal (miembro de la clase media culta y sacerdote de una iglesia reaccionaria que logra elevarse por encima de su propia condición para convertirse en militante social y guerrillero trunco), y las corrientes sociales y políticas que actuaban en el escenario (un variopinto conjunto de organizaciones estando la izquierda imbuida por una cultura política hegemonizante). Son tres los aportes de Camilo al pensamiento político emancipatorio que Guerrero aproxima: 1) la concepción de una propuesta programática unifi- cadora que se va conformando en y desde la acción social en medio de una corriente social masiva (al modo de Gaitán o María Cano 15 ) con un “programa social plebeyo” expresado de manera simple para convocar ampliamente al movimiento social contrahegemónico y los no alienados por medio de una herramienta básica de diálogo 16 ; 2) la comprensión de la condición plural del sujeto histórico y su definición (“clase popular”) que se asemeja mucho a la definición de Gramsci (“clase subalterna”); y, 3) la definición de la unidad como necesidad estratégica del movimiento de los oprimidos, que parece cobrar vigencia en la actual coyuntura política continental. Finalmente, analiza las tres razones por las cuales, a su juicio, la perti- nente y audaz iniciativa del Frente Unido no tenía posibilidades de éxito en el contexto colombiano; y, a renglón seguido, dedica unas líneas a ana-

  • 15 En varias entrevistas nos han señalado a Camilo Torres visto como “continuidad histórica” de una tradición política. Así, Luis Emiro Valencia lo ubica en una formación iniciada con José Antonio Galán, pero que en el siglo XX podría resumirse mediante la siguiente línea histórica: Jorge Eliécer Gaitán – Antonio García Nossa – Camilo Torres Restrepo. Por su parte, María Tila Uribe, hace una línea histórica así: María Cano – Jorge Eliécer Gaitán – Camilo Torres Restrepo.

  • 16 Francisco de Paula Jaramillo (ex-referente nacional del Partido Social Demócrata Cristiano) así nos lo hizo saber en una entrevista realizada en su residencia de Medellín el año anterior. Véase también: Jaramillo, Francisco de Paula. (1970) Camilo. 8 ensayos apasionados. Bogotá, Colombia: Editorial Revista Colombiana. Principalmente el capítulo VI intitulado “El Político” (pp. 85-105).

Camilo Torres

lizar –sin entrar en juicios de valor– la contradicción central en el proceso político emprendido por Camilo Torres. El cuarto trabajo corresponde al aporte del compañero Miguel Eduardo Cárdenas Rivera, que se encuentra dividido en tres partes: 1) un debate en torno a la estrategia de la revolución colombiana a partir de la primera década de 1960 y su influencia posterior (hasta nuestro días); 2) el problema subyacen- te de la incongruencia entre la construcción de una propuesta programática (discurso político) y su concreción en políticas públicas que garanticen una transformación social necesaria; y, 3) una proposición para producir el cambio social esperado como idea moral que de un soplo de vida a la humanidad. En la primera parte, el autor señala a Orlando Fals Borda como el continuador del pensamiento de Camilo Torres en el campo político, como una suerte de “portaestandarte” del ambicioso proyecto utópico del pluralismo, con sus ideas de unidad y transformación radical. Fals Borda trabajó siempre con el convencimiento que el poder popular en Colombia podía potenciarse con una reforma agraria integral y con la promoción y fortalecimiento de la acción organizada de las comunidades (comunalismo), explícito en la Plataforma. La segunda parte está dedicada a un análisis crítico de la experiencia del Polo Democrático Alternativo (PDA), que basa su propuesta progra- mática en dos ideas-fuerza que contradicen el espíritu revolucionario del Frente Unido: por un lado, la idea (liberal) del constitucionalismo, que Cárdenas denuncia como una herramienta del poder político hegemó- nico que busca dar legitimidad a un poder nacido de la usurpación y la degradación; por otro lado, está la idea (capitalista) del desarrollo –en el que cabe “lo popular”–. Apoyado en autores como Aníbal Quijano y Alberto Acosta, Miguel Eduardo afirma que aceptar esta idea significa abandonar la crítica a la lógica voraz de acumulación del capitalismo, porque el desarrollo sólo ha servido para profundizar la desigualdad, la exclusión, la pauperización y la degradación de la vida, yendo en contravía del Bien Común. El autor asigna a la Plataforma del Frente Unido del Pueblo una potente incitación creadora para enfrentar los nuevos retos del capitalismo que no han podido resolverse en el país ni por la vía de las urnas, ni por la vía de las armas. La tercera parte está dedicada a la proposición de una alternativa para salir de la crisis, basado en las ideas de Orlando Fals Borda (continuadoras de las de Camilo). La alternativa sugerida tiene tres términos. En términos jurídicos se hace necesario promulgar una nueva constitución nacional, democrática y ampliamente participativa, que se convierta en un verdadero

Unidad en la diversidad

consenso por abajo; en términos económicos es importante la concreción de una alternativa al desarrollismo (y neodesarrollismo); y, finalmente, en términos administrativos urge la superación del centralismo, promoviendo la conformación de un Estado-Regional Unitario, que concite una Presidencia Colegiada y un Parlamento Nacional que esté en sintonía con las realida- des locales. A juicio del autor, estos tres “términos” deberían comenzar a vislumbrarse tanto en los acuerdos de La Habana (entre el gobierno y las FARC-EP) como en la futura mesa de diálogos con el ELN. Finalmente, en el breve balance hecho por el profesor Atilio Alberto Borón, se destacan tres elementos que, a juicio del autor, vienen a significar la vigencia del pensamiento de Camilo Torres: 1) el pensamiento descoloni- zador, entendido como la forma de pensar los problemas (y las soluciones) desde la propia realidad, unido a la concepción de formas de propiedad social que no se reducirían a la estatización simplista, promoviendo una ruptura con la concepción dominante; 2) la concepción estratégica de la unidad de los revolucionarios y oprimidos; y, 3) la capacidad anticipatoria frente a debates de gran actualidad y vigencia, con la proposición de la categoría “delitos sociales” en la Plataforma, incluyendo en ella aspectos nodales como la salud, el sector farmacéutico, el capital financiero y el poder de los medios de comunicación. El cierre del libro es en realidad una invitación: una Guía Metodológica de lectura-reflexión de los textos consignados en estas páginas, realizada por los compañeros y compañeras del Colectivo Frente Unido-Bogotá. Esta Guía aporta el elemento esencial para que el libro tenga la dimensión pedagógica incorporada. Debemos aclarar que todos los documentos (partes segunda y tercera) se sometieron a una revisión general de estilo y unificación de criterios de cita- ción, manteniéndose las citas originales empleadas por los autores y autoras y, en algunos casos, se agregaron nuevas referencias de carácter aclaratorio o complementario –aclaradas como “notas de los editores” (N. de los E.)–. Hacia el final del documento aparecen unas breves referencias biográficas de cada uno y una de las participantes de este documento.

V

El presente libro sólo aspira a ser un insumo para fortalecer o nutrir el debate del movimiento emancipatorio. El objetivo que buscamos es el mismo que pretendía H. Homberger para el ensayo:

Camilo Torres

no se propone resolver de modo definitivo ningún problema, su ob- jetivo es más bien despertar los espíritus. (…) [N]o busca tanto adoc- trinar cuanto formar, transmitir resultados cuanto incitar a pensar. (…) [N]o se dirige a compañeros de especialidad, sino a profanos, a la iglesia universal de los poseídos por el espíritu.

Por esto, ha sido concebido como un libro-escuela, desde una pers- pectiva descolonizadora y antidogmática. Busca articular la lectura con la escritura, la remembranza con la proyección, el antes y el ahora se encuentran con el aquí y allá, la reflexión se hermana con la acción. Esperamos que sea leído y trabajado desde el lugar de la lucha, de la acción concreta, de la articulación cotidiana. Porque es precisamente ahí, donde cobrará fuerza y valor nuestro trabajo: cuando el movimiento social dinámico intenta acercarse a Camilo para dejar de advertir en él un fetiche divinizado, un rostro momificado en un mural, una condensada frase de cajón; cuando el movimiento desacraliza, desmitifica, cuestiona; cuando Camilo deja de ser lectura del pasado e idea fija y estática, para convertirse en insumo para la acción presente e idea dinámica y creativa. Nuestra expectativa es que podamos aportar, con este libro y proceso, a hacer realidad el sueño del Padre Javier Giraldo (2011):

[Camilo] se fue introduciendo por entre las multitudes. (…) Cansado de perseguirlo, me detuve a mirar la multitud y ésta tomó para mí la forma del cuerpo de Camilo, convertido en un cuerpo gigantesco, que continuó gritando sin fin, exigiendo justicia y dignidad. (p. 87)

Este libro se constituye en el “primer tomo” de una aventura dialéctica, de una experiencia pedagógica que nos ayude a recrear la senti-praxis de Camilo con la realidad que vivimos. Volver a Camilo para encontrarnos en las preguntas y no tratando de encontrar, para repetir, sus respuestas. (Korol, 2010) Faltan por escribirse los textos del presente a partir de las reflexiones hechas desde la resistencia, la lucha, la realidad cotidiana colom- biana. Serán estos escritos aún sin nacer los que constituirán el “segundo tomo” de este libro, producto de una necesidad histórica y una reflexión construida en medio de la acción social y política cotidiana, denunciando y anunciando, mitad clarines y tambores, mitad profetas; mitad ángeles, mitad carbonarios. Desde este lugar tendrá que gestarse la continuación de este primer esfuerzo.

Unidad en la diversidad

Así pues, si queda reducido a anaqueles de bibliotecas o a círculos ce- rrados de reflexión intelectual nos parece que sólo se cumplió parcialmente el objetivo. Los análisis sobre las experiencias concretas en las regiones y desde los propios movimientos son los que nos van a ayudar a superar la corriente visión respecto de los libros y de la lectura, y los que nos dirán a la larga si Camilo cumple o no un rol valioso en la construcción del otro país. La unidad política y social de la clase popular colombiana sigue siendo una imperiosa necesidad. Y a la luz de las declaraciones políticas aparecidas desde mediados de noviembre de 2013 hasta las más recientes de la semana anterior podemos inferir que el proceso va marchando por diversos cami- nos. A su ritmo y estilo y de acuerdo a sus apuestas diversos movimientos y partidos políticos 17 , hermanos indígenas de comunidades ancestrales 18 , movimientos de convergencias sociopolíticas como el Congreso de los Pueblos 19 y la Marcha Patriótica 20 , o en foros y eventos amplios con parti- cipación de diversos sectores de la clase popular colombiana 21 se ha instado a la unidad del movimiento social y político para: “ser alternativa política y de gobierno”, “resistir al neoliberalismo y el extractivismo”, “proyectar un movimiento social y político que exprese la más amplia articulación de las luchas populares en torno a la construcción de un nuevo país”, “la conformación de un bloque de poder contrahegemónico” que junte “las rebeldías para gestar un nuevo contrato social” que pueda “sentar las bases

  • 17 Me refiero a las alianzas de “izquierda” y “centro-izquierda” que dieron como resultado la coalición Alianza Verde para las elecciones de Senado de la República y Cámara de Representantes en 2014 y el acuerdo entre el Polo Democrático Alternativo (PDA) y la Unión Patriótica (UP) para las presidenciales de 2014.

  • 18 Véase la declaración política de la V Cumbre Continental Indígena celebrada en La María- Piendamó (Cauca) cuya declaración fue dada a conocer el 15 de noviembre de 2013. Véase: http://www.cumbrecontinentalindigena.com/declaracion-de-la-maria-piemdamo/

  • 19 Hago alusión a la declaración política de la XIII Comisión Política del Congreso de los Pueblos, celebrada en Bogotá los días 14 y 15 de diciembre de 2013. Véase: http://
    congresodelospueblos.org/index.php/pueblo-en-lucha/ultimas-noticias/49-ultimas- noticias/441-declaracion-de-la-xiii-comision-politica-del-congreso-de-los-pueblos

  • 20 Consúltese la declaración política del Movimiento Social y Político Marcha Patriótica del 11 de febrero de 2014. Véase: http://www.marchapatriotica.org/index.
    php?option=com_content&view=article&id=2084%3Adeclaracion-politica-2014-ano-de-
    la-unidad-organizacion-y-lucha-por-la-asamblea-nacional-constituyente-para-la-paz-y-la- democracia&catid=96&Itemid=472

  • 21 Me refiero a las últimas convocatorias de la clase popular colombiana: “II Encuentro Nacional de Unidad Popular de las organizaciones sociales y políticas de Colombia” celebrado en Bogotá los días 20 y 21 de febrero, la “Cumbre Agraria, étnica y popular” desarrollada en Cali los días 21 y 22 de febrero y el Foro Urbano Social Urbano Alternativo y Popular que se celebró en Medellín del 6 al 9 de abril del presente año.

Camilo Torres

para la paz con justicia social hacia la democracia popular”, y que permita acompañar el “renacer del movimiento popular colombiano”. Esperamos que este libro se convierta en un verdadero insumo para la acción política y una fuente de reflexión permanente (personal y colecti- va) para avanzar y asumir los retos que tenemos por delante como “clase popular colombiana”. Creemos que este libro no ha encontrado un mejor momento histórico y político para alumbrar.

Buenos Aires, Argentina, abril de 2014.

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Unidad en la diversidad

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Parte I

Escritos y discursos de Camilo Torres Restrepo

Parte I Escritos y discursos de Camilo Torres Restrepo Camilo Torres Restrepo en una concentración en

Camilo Torres Restrepo en una concentración en Medellín. Gira del Frente Unido del Pueblo en 1965. Fuente: Internet.

Plataforma para un Movimiento de Unidad Popular *

A todos los colombianos, a la clase popular, a la clase media, a las organizaciones de acción comunal, a los sindicatos, cooperativas, mutua- lidades. ligas campesinas y organizaciones obreras, indígenas, a todos los inconformes, hombres y mujeres, a la juventud, a todos los no alineados en los partidos políticos tradicionales, a los nuevos partidos, presentamos la siguiente plataforma para unificar en objetivos concretos a la clase popular colombiana.

Motivos

  • 1. Actualmente las decisiones necesarias para que la política colom- biana se oriente en beneficio de las mayorías y no de las minorías, tiene que partir de los que detentan el poder.

  • 2. Los que poseen actualmente el poder real constituyen una minoría de carácter económico que produce todas las decisiones fundamentales de la política nacional.

  • 3. Esa minoría nunca producirá decisiones que afecten sus propios intereses.

  • 4. Las decisiones requeridas para un desarrollo socio-económico y político del país en función de las mayorías afectan necesariamente los intereses de la minoría económica.

  • 5. Estas circunstancias hacen indispensable en cambio de la estructura del poder político para que las mayorías organizadas produzcan las decisiones.

  • 6. No existe en Colombia un poder social capaz de darle base a un nuevo poder político por lo cual se requiere su pronta formación.

* Se considera que este texto fue el presentado el 12 de marzo de 1965 en la ciudad de Medellín (Antioquia) durante la cena-homenaje ofrecida a Camilo Torres en la Fonda Antioqueña por parte de las Juventudes Conservadoras de Antioquia. Es una suerte de “pensamiento original del autor” y fue socializada profusamente en mimeo por parte del movimiento popular sin la intención o autorización expresa de Camilo, comenzando en

Medellín. De hecho, esta versión es una copia dactilográfica muy similar a la aparecida en

un folleto en la ciudad de Cúcuta (Colombia). [N. de los E.].

Camilo Torres

  • 7. Actualmente las mayorías rechazan los partidos políticos tradiciona- les y rechazan el sistema vigente pero no tienen un aparato político apto para tomar el poder.

  • 8. El aparato político que debe organizarse debe ser de carácter plu- ralista aprovechando al máximo el apoyo de los nuevos partidos, de los sectores inconformes de los partidos tradicionales, de las organizaciones no políticas y en general de la masa, debe tener una planeación técnica y debe constituirse alrededor de principios de acción más que alrededor de un líder para que se evite el peligro de las camarillas, de la demagogia y del personalismo.

Objetivos

I. Reforma Agraria

La propiedad de la tierra será del que la trabaja directamente. El gobier- no designará inspectores agrarios que entreguen títulos a los campesinos que estén en estas condiciones, pero podrá exigir que la explotación sea por sistemas cooperativos y comunitarios, de acuerdo a un plan agrario nacional, con crédito y asistencia técnica. A nadie se comprará la tierra. La que se considere necesaria para el bien común será expropiada sin indemnización. Se abolirá en forma gradual la agricultura de subsistencia para ser reemplazada por la agricultura de tipo comercial.

II. Reforma Urbana

  • A) La reforma urbana tendrá en cuenta las modalidades y efectos de la

reforma agraria y se coordinará con todos los planes del Instituto de Crédito

Territorial, Banco Central Hipotecario, Sociedades de Arquitectos, Cámara

Colombiana de la Construcción, etc., como también con todas las entidades y empresas encargadas de los servicios públicos.

  • B) Todos los habitantes de casas en las ciudades y poblaciones serán

propietarios de la casa en donde habiten. Las personas que sólo tengan la

renta de una casa como fuente de subsistencia podrán conservarla, aunque no vivan en ella, si prueban esta situación.

  • C) Todo cuarto sin utilización suficiente, a juicio de la dirección de la

reforma urbana, tendrá multa para el propietario, la cual será invertida por

el Estado en sus planes de vivienda.

Unidad en la diversidad

D) Los predios urbanos y suburbanos particulares no edificados serán expropiados por la reforma urbana con destino a los planes de vivienda.

III. Reforma de la empresa

Será abolido el sistema de libre empresa y reemplazado por el sistema de empresa cooperativa y empresa comunitaria. Como un primer paso se esta- blecerá que en las sociedades anónimas las votaciones en las asambleas gene- rales tendrán en cuenta, como votos, a las personas asociadas y no al capital representado por las acciones. Todos los trabajadores podrán ser accionistas de las empresas y participar en igualdad de oportunidades, organizados en sindicatos, en la dirección, administración y utilidades de las empresas. Esta participación de los trabajadores en igualdad de oportunidades con el capital podrá ser directa o indirecta a criterio del propio sindicato. Se propiciará y auspiciará el pluralismo sindical respetando el libre criterio de los trabajadores organizados, y se respetará la libertad sindical conforme a los convenios de la Organización Internacional del Trabajo.

IV. Cooperativismo

Se fomentará por todos los medios el sistema cooperativo en todas sus formas: de crédito y ahorro, de mercadeo, de producción, de construcción, de consumo, etc. El cooperativismo será libre dentro de la planeación democrática indicada por los organismos populares, e institucionalizada por el Estado.

V. Acción Comunal

Se fomentará la acción comunal, como fundamento de la planeación democrática, tanto en los sectores rurales como urbanos. Con base en ella se revitalizará la vida municipal hasta lograr que los municipios, con auto- ridades libremente elegidas por los vecinos, se conviertan en células vivas de la nacionalidad.

VI. Planeación

Se hará un plan de carácter obligatorio tendiente a sustituir importacio- nes, diversificar y aumentar exportaciones. Se buscará a que en un lapso

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corto sólo sean permitidas importaciones de bienes de capital que forzo- samente conduzcan al desarrollo nacional. De todas maneras, la política de comercio estará en relación directa al incremento y desarrollo de la integración latinoamericana.

VII. Política Tributaria

Se cobrará un impuesto progresivo a los que reciban de mil a cinco mil pesos de renta mensual. El excedente de renta, por encima de esos cinco mil pesos (en 1965) que no sea invertido en los sectores señalados por el plan oficial de inversiones pasará íntegramente al Estado. Ninguna institución estará exenta de pagar impuestos. Los salarios hasta de cinco mil pesos mensuales (en 1965) no serán gra- vados si son salarios familiares; de no serlo quedarán sujetos a las normas vigentes.

VIII. Política Monetaria

No se harán emisiones sino para incrementar los sectores de la produc- ción que produzcan transacciones a corto o largo plazo. El medio circulante se reducirá al volumen real de las transacciones. El Estado colombiano defenderá la adopción del patrón oro para las transacciones internacionales.

IX. Nacionalizaciones

1) Los bancos, hospitales, clínicas, laboratorios, droguerías 22* y la explo- tación de los recursos naturales serán del Estado. 2) Los transportes públicos serán explotados por empresas cooperativas y comunitarias, y en su defecto por el Estado. 3) La prensa, la radio, la TV y el cine serán libres pero sometidos al control del Estado en vista del bien común. 4) El Estado dará gratuitamente educación a todos los colombianos, respetando la ideología de los padres de familia hasta finalizar la ense- ñanza secundaria y la ideología del estudiante después de la secundaria. La educación será obligatoria hasta terminar la educación secundaria o técnica. Habrá sanciones penales para los padres que no cumplan con las

  • 22 Farmacias. [N. de los E.].

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obligaciones de hacer educar a sus hijos. La financiación será prevista en el plan de inversiones oficiales por aumento de la tributación. 5) La explotación del petróleo se hará por el Estado colombiano mien- tras sea posible la financiación de la industria. No se harán concesiones petroleras a compañías extranjeras sino en las condiciones siguientes:

  • a) Establecer simultáneamente refinerías en el país.

  • b) Dejar el 80% de las utilidades al Estado colombiano.

  • c) Devolver al Estado la explotación a más tardar a los 10 años.

  • d) Los salarios de los empleados y obreros colombianos serán por lo

menos iguales a los de los extranjeros de la misma categoría.

X. Relaciones Internacionales

Colombia tendrá relaciones diplomáticas y comerciales con todos los países del mundo.

XI. Salud Pública

Todo el personal de las profesiones para la salud será empleado del gobierno. Para comenzar se le asignará a cada profesional un número de familias de acuerdo a la población colombiana y al número de profesionales. El Estado prestará asistencia social a todos los colombianos.

XII. Política Familiar

Habrá sanciones penales para todos los padres de niños abandonados. La protección de la mujer y de los hijos será asegurada por la ley mediante sanciones eficaces.

XIII. Delitos Sociales

Se considerarán como delitos sociales, además de los actualmente ti- pificados en nuestra legislatura penal, y además también del ya señalado abandono del hogar, los siguientes: usura, acaparamiento, especulación, fuga de capitales, contrabando, difamación por la prensa, la radio, la TV o el cine, la desorientación de la opinión pública por medio de falsas noticias, informaciones incompletas o tendenciosas.

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XIV. Fuerzas Armadas

El presupuesto para fines represivos será reducido al mínimo. Todos los colombianos, hombres y mujeres, tendrán obligación de prestar un servicio cívico durante dos años después de los 18 años de edad. Se cambiará en tal forma el servicio militar por el servicio cívico. El objetivo final es la estructuración de un aparato político pluralista capaz de tomar el poder.

  • 1. Es necesario organizar un movimiento de la base hacia arriba que garantice la adhesión personal y de grupos a esta plataforma.

  • 2. Esta plataforma será repartida y explicada para obtener una adhesión individual y social durante los meses de marzo, abril y mayo de 1965 por los militantes de los movimientos que estén de acuerdo con ella.

  • 3. Los que apoyan esta plataforma se agruparán bajo el nombre de FRENTE UNIDO DE MOVIMIENTOS POPULARES que indi- cará la unidad en la acción respetando la ideología y los programas específicos de cada grupo o partido.

  • 4. En cada municipio, o si es del caso en cada vereda y barrio, se for- marán comités de acción con los que hayan adherido a la plataforma eligiendo un jefe y un suplente de cada comité.

  • 5. El 31 de mayo de 1965 se harán reuniones departamentales, comisa- riales e intendenciales de los jefes de los comités locales en la capital de cada departamento, intendencia o comisaría. En estas reuniones se elegirán los delegados a una reunión en Bogotá.

  • 6. Los delegados elegidos en las reuniones departamentales, intenden- ciales y comisariales se reunirán en Bogotá el 20 de julio de 1965 para plantear próximos del Frente Unido y su posición ante las elecciones presidenciales.

  • 7. Se elegirá también en esta asamblea un comité político con repre- sentación de todos los movimientos interesados y de las regiones naturales del país para que coordine las campañas del Frente Unido.

  • 8. Toda realización que se emprenda deberá contar con la iniciativa y el esfuerzo del pueblo organizado en acción comunal, ligas campe- sinas, sindicatos, organismos estudiantiles y profesionales, partidos políticos, etc.

Posibilidades de la izquierda*

Los países subdesarrollados se caracterizan por la falta de industrializa- ción. Ésta supone la división del trabajo, la especialización y la racionali- zación de la actividad humana. Las relaciones que llaman los sociólogos, primarias, es decir, las relaciones cara a cara, de mayor intimidad y pro- fundidad, tales como las relaciones familiares y de amistad, constituyen el factor predominante de la vida social en los países subdesarrollados. El sentimiento y la tradición rigen las instituciones, casi en su mayoría, y dentro de éstas, a las instituciones políticas. La afiliación por programas a las diferentes corrientes políticas es una costumbre mucho menos frecuente que el apoyo a los caudillos. El cambio de agrupación política de una ge- neración a otra, o dentro del transcurso de la vida de una misma persona son considerados como traición. En países clasificados como subdesarrollados pero en donde la forma- ción política está más evolucionada, encontramos una influencia mayor de la ideología y de los elementos racionales. Sin embargo, esta influencia se ejerce en el plano normativo de las teorías especulativas. Los países subde- sarrollados, colonizados por el occidente, por culturas como la española de raigambre filosófica y cartesiana, difícilmente adoptan valores empíricos y positivos. Los países latinoamericanos en general y especialmente los que han tenido al mismo tiempo una inmigración reciente reducida y una población indígena o mestiza relativamente considerable, afrontan el problema de la coexistencia de dos culturas dentro de una misma nacionalidad. Una, típicamente occidental, patrimonio de una clase minoritaria y privilegiada descendiente de los criollos; otra, de tipo sincretista en donde la cantidad de elementos indígenas se mezclan (en proporciones que varían de país a país) con elementos occidentales. El proceso de la aculturación de las masas indígenas o mestizas ha seguido las leyes generales. La aculturación material ha sido impuesta mientras que la aculturación no material ha tenido que contentarse con imponer algunas formas exteriores sin lograr implantar totalmente el contenido. Los latinoame- ricanos hemos recibido las instituciones jurídicas, las instituciones políticas, las instituciones religiosas, las instituciones económicas en sus formas exteriores

*

La Gaceta mensual Tercer Mundo, de Bogotá, pidió esta entrevista a Camilo Torres y la publicó en su número 13 de Mayo de 1965.

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(por lo menos en cuanto a la clase popular se refiere) sin haber asimilado a nuestros valores y patrones de conducta el contenido de estas instituciones. Cuando los criollos tuvieron que afrontar la realidad del movimiento emancipador poseyendo ellos mismos una cultura y una problemática de tipo capitalista, burgués y occidental no pudieron dar respuestas acordes con la realidad de las mayorías sino que produjeron soluciones importadas y desadaptadas para esas mayorías. Un movimiento de origen tan popular como lo fue el de los Comuneros 23 en Colombia, no encontró el apoyo de la burguesía criolla que estaba ocupada en la traducción y difusión de los derechos del hombre, de origen occidental y que luego perdió momentos preciosos para nuestra Independencia debatiéndose en disputas copiadas del extranjero como las del federalismo y del centralismo. La Patria Boba 24

  • 23 El 16 de marzo de 1781, en la ciudad de El Socorro [Santander, Colombia], se dio comienzo a un movimiento popular conocido en la historia de Colombia como “Revolución de los Comuneros”. Sus causas principales fueron los abusos de un visitador enviado por la Corona Española y la imposición de fuertes gravámenes para financiar la guerra contra Inglaterra. La fijación del edicto con los nuevos impuestos provocó la formación de una fuerza compuesta por los “comunes” de las provincias de Vélez y El Socorro cuyo propósito fue el de tomarse a Santa Fe. La Real Audiencia de Santa Fe envió un cuerpo armado para reprimir la rebelión pero fue vencido por los Comuneros en el Puente Real de Vélez el 22 de abril, victoria que acrecienta el entusiasmo y radicaliza las aspiraciones de los rebeldes que exigen, entonces, la libertad de los esclavos, la ocupación de los latifundios, el levantamiento de los indígenas y la proclamación de monarcas aborígenes. El visitador pide a la Junta de Tribunales la suspensión o rebaja de algunos impuestos y nombra una Comisión presidida por el Arzobispo Caballero y Góngora, para que inicie negociaciones conciliatorias e impida la entrada de los sublevados de Santa Fe. Las negociaciones comienzan el 26 de mayo y se recurre a todos los medios para dilatarlas y permitir así el arribo oportuno de las tropas solicitadas a Cartagena. Pese a todas las tretas empleadas, las tropas no llegan antes de la firma de las Capitulaciones, el 7 de junio, y del solemne juramento de cumplirlas. Terminadas, firmadas y juradas las Capitulaciones se ordenó la desmovilización general, realizada sin mayor resistencia. Posteriormente, el arzobispo y un grupo de predicadores salieron para las provincias comprometidas en la sublevación. Son fusilados los principales cabecillas del movimiento; muchos otros fueron enviados al Darién para “fomentar la colonización de dicha costa”, según consejo de uno de los predicadores, padre Finestrad. Finalmente, el 12 de marzo de 1872 se declaran nulas las Capitulaciones. [Puede verse un poco más sobre este particular momento de la historia en: García Nossa, Antonio. (2010) (4 edición) Los comuneros. Antecedentes de la revolución de independencia. Bogotá, Colombia: Ediciones Desde Abajo. (N. de los E.)].

  • 24 Se conoce como Patria Boba al período comprendido entre los años 1810 y 1816 en el cual se identifica una época de “supuesto predominio de personalidades generosas y (…) apegadas a ideales altruistas y románticos, que sus errores se juzgan por anticipado, limpios de todo interés mezquino y se los explica como el producto involuntario de un noble

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que encarna el colonialismo ideológico tradicional en nuestra clase dirigen- te, se ha prolongado en formas menos obvias hasta nuestros tiempos. Los criterios políticos predominantes en los países subdesarrollados son pues: el sentimental y tradicional, el normativo o especulativo y los que emanan de un colonialismo ideológico.

¿Cómo ve usted nuestros partidos políticos?

Los partidos políticos en Colombia han sido un reflejo de los criterios anteriormente enunciados. Copiaron en un principio la denominación y la filosofía de los partidos que se habían creado ya en Europa. Sin embargo, en un principio, se encontraban algunos fundamentos socio-económicos para establecer las diferencias entre liberales y conservadores. Hoy en día, las diferencias ideológicas y religiosas han prácticamente desaparecido; lo mismo ha sucedido con las diferencias socio-económicas. A partir del año 30 25 la competencia partidista se comenzó a concentrar alrededor del botín presupuestal y burocrático, competencia que se agravó por la multi- plicación de la suma presupuestal a raíz de la reforma tributaria de 1936. La supervivencia de los dos partidos tradicionales en Colombia debe ser explicada por factores funcionales de alguna utilidad, tanto para la clase dirigente como para la clase popular. En toda sociedad la pertenencia a un grupo tiene una gran función de seguridad personal. Este fenómeno es aún más notorio en las sociedades de países subdesarrollados en donde las instituciones formales para la seguridad social y personal son deficientes. Pertenecer a uno de los partidos tradicionales es, en Colombia, una forma para adquirir seguridad. Sí, además, el partido es uno de los pocos grupos policlasistas, por no decir el único, en el cual el ciudadano raso encuentra elementos de identificación con miembros de la más alta clase social, la función de seguridad es aún más importante. Aña- damos a esto, el elemento sentimental y tradicional con todas sus secuelas de

idealismo, que no les permitió percibir, a tiempo, la realidad”. En realidad es una suerte de leyenda de “Edad Dorada” de la historia nacional, que sólo ha servido para “revestir, con

una fachada brillante y engañadora, el conflicto entre la oligarquía y el pueblo, conflicto

sobre el cual se tendió, desde 1810, un velo de silencio deliberado. Se quiso así prefigurar

una inexistente armonía social, que no pudo alcanzarse entonces porque los notables

criollos fueron hallados faltos de la grandeza humana y de la generosidad de miras que hubieran sido indispensables para plasmar una temprana unidad nacional”. En: Liévano Aguirre, Indalecio. (1966) (2 edición) Los grandes conflictos sociales y económicos de nuestra historia. Bogotá, Colombia: Antares-Tercer Mundo, p. 619-620. [N. de los E.].

  • 25 Se refiere a 1930. [N. de los E.].

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seguridad psicológica y sociológica y podremos comprender la importancia que tienen los partidos políticos para la clase popular. La clase dirigente constituía una minoría representativa de intereses filosóficos y socio-económicos opuestos entre sí pero que no eran capta- dos por las mayorías sino en sus formas más rudimentarias e irracionales. Cuando hasta esta misma oposición entre las clases dirigentes desapareció, la filiación política constituyó un vínculo de unión de tipo tradicional con la clase popular. Cuando los problemas sociales y económicos se agudizaron en el mundo entero y en Colombia, la problemática liberal conservadora comenzó a transformarse en una problemática de clase. Los partidos políticos, al dividir la sociedad colombiana verticalmente y al agrupar en las luchas electorales a la clase popular en fracciones anta- gónicas por sentimientos y tradiciones opuestos, impidieron la constitución de un partido de clase. La ausencia de este partido aseguraba los privilegios de la clase dirigente y el dominio de ésta sobre la clase mayoritaria y po- pular. Así como el partido político sirve en Colombia para dar seguridad psicológica a la clase popular, sirve al mismo tiempo para dar seguridad socio-económica a la clase dirigente. Además de esto, es necesario anotar que en casi todo grupo policlasista la condición indispensable para el ascenso social es el conformismo. La exigencia del conformismo es el instrumento de control más eficaz de una clase minoritaria privilegiada sobre una clase mayoritaria desvalida. Por esta razón las listas de candidatos para los cuerpos colegiados en Colombia se elaboran de arriba hacia abajo, se imponen por la minoría a la mayoría y el conformismo se exige tanto más estrictamente cuanto más se ascienda en la jerarquía política. El Frente Nacional es el resultado de la racionalización de un conflicto. Conflicto sentimental y conflicto por el manejo del presupuesto y repartición del botín burocrático. Las consecuencias de este conflicto, la violencia y la ineficacia administrativa de un gobierno militar, llevaron a los dirigentes de los partidos tradicionales a poner de un lado los sentimientos y a pactar sobre lo que constituía la manzana de la discordia: presupuesto y burocracia. La alternación y la paridad eran un instrumento de doble efecto, formalizaban el contrato de repartición y garantizaban la continuidad en la división de la clase popular con bases tradicionales y sentimentales. Estos objetivos se lograron a corto plazo; sin embargo, el Frente Nacional 26 que como primer

  • 26 El Frente Nacional fue un pacto de las cúpulas bipartidistas (liberal y conservadora), encabezadas por Alberto Lleras Camargo y Laureano Gómez, firmado en la España

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partido de clase en Colombia constituye un hecho trascendental en nuestra historia política, comenzó a propiciar como reacción la formación de otro partido de clase: el de la clase popular.

¿Qué opina de nuestros movimientos progresistas?

Los criterios políticos predominantes en los países subdesarrollados han condicionado la orientación de los que han sido llamados grupos de izquierda colombianos. Nuestros dirigentes progresistas, en muchas ocasiones, se consti- tuyen en tales por un sentimiento altruista que podemos identificar con el de los socialistas utópicos sin bases científicas y sin tácticas racionalmente establecidas. El tradicionalismo obra en ellos no por acción sino por reacción. Lo tradicional, aunque científicamente aparezca aconsejable, es muchas veces rechazado por resentimiento. El espíritu normativo y especulativo hace que estos mismos dirigentes den más énfasis a los planteamientos teóricos que a las soluciones prácticas de nuestros problemas socio-económicos. Esta orientación está estrechamente ligada al colonialismo ideológico de nuestra izquierda. Se usan slogans y clichés. Se emplea una jerga revolucionaria especializada. Se dan soluciones prefabricadas en el exterior a problemas colombianos. Se hacen manifestaciones públicas de solidaridad con pueblos oprimidos del extranjero y se olvida la situación de los oprimidos nacionales. El sentimentalismo también se traduce en caudillismo personalista y de frus- tración. Mientras la clase dirigente minoritaria pero todopoderosa se une para defender sus intereses, los dirigentes de izquierda se atacan entre sí, producen desconcierto en la clase popular y representan, en forma más fiel, los criterios tradicionales, sentimentales, especulativos y de colonialismo ideológico.

¿Existen posibilidades de una integración popular?

La clase popular colombiana ha logrado sustraerse de los criterios po- líticos predominantes en los países subdesarrollados en forma más acele-

franquista en 1957 y luego refrendado en un Plebiscito Nacional el 1 de diciembre del mismo año para dar visos de respaldo popular a un acuerdo de la oligarquía. Los principales puntos acordados fueron: los dos partidos tendrían participación igual en el Gobierno; durante los 16 años previstos como duración del Frente Nacional, la presidencia de la República será desempeñada por ciudadanos conservadores y liberales en períodos alternados de 4 años; los cuerpos legislativos serán elegidos de listas paritarias que den igual participación a ambos partidos; todos los cargos públicos serán repartidos en número igual para cada partido y por último, no se le dará reconocimiento legal a partidos diferentes.

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rada que los dirigentes de izquierda. Algunas circunstancias históricas de nuestra vida nacional han ido madurando en esta clase las concepciones y actitudes políticas. La violencia determinó en nuestra población de base un rompimiento del aislamiento social, un conflicto del campesinado con la clase dirigente, un rompimiento con nuestros valores sentimentales y tradicionales, una concepción más empírica y positiva de sus problemas y, a través de ellos, de los problemas nacionales; un comienzo de formación de conciencia de clase. El Frente Nacional polarizó el descontento no ya hacia un individuo, hacia un gobierno o hacia un partido sino hacia un sistema y hacia una clase. Los programas de acción comunal oficiales y privados, la asistencia técnica aportada por la reforma agraria y otros programas oficiales y priva- dos han ayudado a despertar, con la conciencia de las propias necesidades, la conciencia de clase. Han creado seguridad en los grupos populares, han comenzado a formar hábitos de organización y autogestión de las comu- nidades obreras y campesinas. La clase popular parece desilusionada de los sistemas democráticos elec- torales y por eso se abstiene en los comicios. No se considera representada por dirigentes de izquierda, cuya problemática aparece desadaptada y cuyos intereses se revelan muchas veces como egoístas. La clase popular, cada vez más, confía en sí misma y desconfía de los elementos de las otras clases. Es necesario que los intelectuales que quieran el bien de esta clase popular tomen conciencia de su responsabilidad en la coyuntura política social del momento. El pueblo necesita objetivos nacionales y concretos de desarrollo socio-económico. El pueblo necesita la unidad en torno a fases técnicas y racionales. El pueblo necesita un equipo de líderes cuya problemática sea esencialmente realista y adaptada a las circunstancias concretas colom- bianas. Líderes que sean capaces de abandonar todo personalismo para la consecución de un ideal científico. Líderes que sean capaces de abandonar todo elemento sentimental y tradicional que no esté justificado por la téc- nica. Líderes que sean capaces de prescindir de los elementos filosóficos y normativos, no en su vida personal ni en sus objetivos últimos, pero sí en cuanto esos representan elementos disociadores entre todos aquellos que buscan una acción concreta y científicamente justificada a favor de las mayorías y a favor del país. Líderes que sean capaces de prescindir de los esquemas teóricos importados y utilicen sus capacidades en buscar los caminos colombianos, para una transformación definitiva y sólida de nuestras instituciones.

Universidad Nacional *

Plan 27

I. Importancia de la revolución y no de la persona

Condiciones de Colombia (Clase dirigente, represión, estado de sitio) Vulnerabilidad Falibilidad (Jorge Enrique Useche) Transitoriedad

II. La unión revolucionaria

Necesidad de la unión por encima de las ideologías Necesidad de la unión por encima de los grupos Necesidad de la unión por encima de las personas Liderazgo estudiantil y profesional.

III. Condiciones de la unión

Objetivos nacionales Entrega total hasta las últimas consecuencias Rompimiento con la limitación de nuestro sistema de vida burgués

* Este documento surge de la unión de dos discursos de Camilo en la Universidad Nacional de Colombia (sede Bogotá). El primero de ellos el 22 de mayo de 1965 con motivo del “Homenaje Nacional” ofrecido por la Federación Universitaria Nacional (FUN) –que normalmente aparece cifrado como “Homenaje Nacional”–. El segundo de ellos fue dictado el 2 de junio de 1965 como una ampliación del primero, a solicitud de los propios estudiantes. Como siguen una misma línea argumental y conceptual decidimos juntarlas en una sola presentación para la presente edición. El segundo aparece con el subtitulo de “Ampliación”. [N. de los E.]. 27 Como no se grabaron los discursos, Camilo, a petición de los estudiantes, reconstruyó su discurso. Dictó el Plan y desarrolló los tres primeros puntos; y en la “ampliación” no sólo complementó los tres primeros sino que abordó elementos de los dos últimos. En el

documento original no aparece el apartado “Plan”; sin embargo, lo hemos puesto con fines

pedagógicos. [N. de los E.].

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IV. Con la alegria de dar

Integración con las masas: ellas nos exigirán, ellas nos enseñarán. Organización de las masas: todos los medios son utilizables. Importancia de la conciencia, actividad y organización. Decreto de guerra a muerte revolucionario.

V. Futuro

Motivos de mi partida (más idiota, más útil porque elegí el sacerdocio, amor al prójimo, más amor al prójimo) Ventajas y desventajas. Volveré dentro de 6 meses Importancia del movimiento de unión La suerte la decidirá la relación de fuerzas Hoy cómo son Tácticas inmediatas

Compañeros

Agradezco profundamente el homenaje que me ofrece hoy la Federación Universitaria Nacional y deseo que la profunda emoción que me produce esta manifestación inmerecida a mi persona, digo inmerecida no por falsa humildad sino por un sincero reconocimiento de mis limitaciones, que esta emoción no impida dar un alcance teórico y científico a este homenaje que se hace hoy extensivo, lamentablemente, a Jorge Enrique Useche 28 , nuestro compañero desaparecido. Sería lastimoso que este homenaje se limitara a las personas. La muerte de Jorge Enrique Useche y mi leve destierro 29 son únicamente episodios en una lucha mayor del pueblo colombiano. En estos momentos no podemos detenernos en episodios. Cuando la clase dirigente, a pesar de seguir detentando el poder con todos sus factores, se ha demostrado incapaz para manejar el país. Cuando estamos abocados a una grave crisis económica. Cuando, ante su propia

  • 28 Estudiante de la Universidad Jorge Tadeo Lozano. La caballería, al invadir los predios de la Universidad, lo hirió de muerte el 19 de mayo de 1965. [N. de los E.].

  • 29 Camilo se refiere a la decisión arzobispal de apartarlo de sus funciones como capellán y docente de la Universidad Nacional de Colombia. Quería tanto su labor en medio de los estudiantes que no encuentra otra manera distinta de expresar su dolor sino con el concepto “destierro”. [N. de los E.].

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incapacidad, esta misma clase tiene que recurrir a la represión contra todo el que propicie un cambio. Cuando se ha tenido que llegar en esa vía hasta declarar el estado de sitio 30 . Cuando ha caído, víctima de la violencia, uno de nuestros compañeros, no podemos detenernos en las personas sino que debemos pensar en la necesidad, para Colombia, de la realización de una auténtica revolución. La palabra “revolución” ha sido desgraciadamente prostituida por nosotros, los que pretendemos ser revolucionarios. Se ha utilizado con ligereza, como una afición, sin un verdadero respeto y sin ver- dadera profundidad. Si este homenaje sirviera más que para hacer resaltar a hechos y a personas, para lograr que hoy plasmáramos la unidad alrededor del ideal revolucionario, yo personalmente creo que todos nosotros nos consideraríamos profundamente satisfechos.

La unión revolucionaria

Tenemos nosotros que lograr la unión revolucionaria por encima de las ideologías que nos separan. Los colombianos hemos sido muy dados a las discusiones filosóficas y a las divergencias especulativas. Nos perdemos en discusiones que, aunque del punto de vista teórico son muy valiosas, en las condiciones actuales del país, resultan completamente bizantinas. Como recordarán algunos de los amigos aquí presentes con quienes trabajamos en la acción comunal universitaria de Tunjuelito, cuando se nos tachaba de que

  • 30 El Estado de Sitio era una figura jurídica contemplada en el Artículo 121 de la Constitución Colombiana de entonces, que permitía, una vez declarada la turbación del orden público, ya fuere por guerra exterior o conmoción interior, al Presidente y sus ministros firmar un régimen temporal y de emergencia y adoptar medidas transitorias y excepcionales de acuerdo a circunstancias objetivas. Sin embargo, lo que ha quedado demostrado históricamente es que la figura del Estado de Sitio, lejos de ser una medida “transitoria” y “excepcional” fue convertida durante el Frente Nacional en una medida “permanente” y “cotidiana”; y pasó de convertirse en una reacción a condiciones objetivas para ser, como diría el expresidente Alfonso López Michelsen, “un instrumento político, a discreción del Gobierno, en que se pierde toda conexión entre las causas que determinaron el Estado de Sitio y las razones para levantarlo. (…) El Estado de Sitio, como institución permanente, como instrumento de lucha política, como medio de propaganda, como recurso para gobernar sin críticas y sin estorbos es un procedimiento que nos asimila al hombre que para participar en una polémica comienza por quitarse la americana de crispar los puños”. [López Michelsen, Alfonso. (1955) Cuestiones colombianas. México, México: Impresiones Modernas, pp. 287-288] Jorge Villegas y Gerardo Rivas afirman que “de los 192 meses de duración del Frente Nacional, 126, o sea, 2 de cada 3 meses, fueron sufridos bajo la siniestra modalidad del Estado de Sitio”. [Villegas, Jorge; Rivas, Gerardo. (1980) (2 edición) El libro negro de la represión, 1958-1980. Bogotá, Colombia: FICA editores. [N. de los E.].

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colaborábamos con comunistas, yo les contestaba a nuestros acusadores que era absurdo pensar que comunistas y cristianos no pudieran trabajar juntos por el bien de la humanidad y que nosotros nos ponemos a discutir sobre si el alma es mortal o inmortal y dejamos sin resolver un punto en que si estamos todos de acuerdo y es que la miseria sí es mortal. Eso nos ha pasado en nuestra orientación revolucionaria. Hay puntos elementales indicados por la técnica social y económica que no tienen implicaciones filosóficas sobre los cuales, los que buscamos una auténtica renovación del país, podemos ponemos de acuerdo, prescindiendo de las diferentes ideologías, no en nuestra vida personal, pero sí en nuestra lucha revolucionaria inmediata. Los problemas ideológicos los resolveremos después de que triunfe la revolución. Necesitamos la unión por encima de los grupos. Es lastimoso el espectá- culo que da la izquierda colombiana. Mientras la clase dirigente se unifica, mientras la minoría que tiene todos los poderes en su mano logra superar las diferencias filosóficas y políticas para defender sus intereses, la clase popular que no cuenta sino con la superioridad numérica es pulverizada por los dirigentes de los diferentes grupos progresistas que, muchas veces, ponen más énfasis en las peleas que tienen entre sí que en su lucha contra la clase dirigente. La línea soviética del partido comunista ataca más a la línea china, la línea blanda del MRL a la línea dura, el MOEC al FUAR, de lo que cada uno de esos grupos ataca a la oligarquía. Es necesario que asumamos una actitud rotundamente positiva ante todos los grupos revolucionarios. Es absurdo ser anticomunista, porque en el comunismo nosotros encontramos elementos auténticamente revo- lucionarios, como es absurdo estar contra el MRL, contra lo que tenga de revolucionario la Democracia Cristiana, o contra Vanguardia del MRL, o contra el MOEC, o contra Vanguardia Nacionalista Popular, Juventudes del MRL o cualquier otro grupo que tenga algo de revolucionario. De la misma manera que el Libertador Simón Bolívar promulgó su decreto de guerra a muerte en la lucha emancipadora, nosotros debemos promulgar hoy también un decreto de guerra a muerte, aceptando todo lo que sea revolucionario, venga de donde viniere y combatiendo todo lo quesea an- tirrevolucionario, venga también de donde viniere. La unión debe hacerse por encima de las ambiciones personales. Es necesario que los jefes sepan que no podrán llegar a servir lealmente a la revolución si no es mediante un sacrificio personal, por ese ideal, hasta las últimas consecuencias. Dentro de los universitarios y los profesionales se encuentran casos de idealismo auténtico, sin embargo, muchas veces, se

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utiliza la revolución como un escalón para ascender socialmente y no como un fin de servicio al país y a la humanidad. En un país subdesarrollado en donde menos del 2% de la población, como es el caso de Colombia, son profesionales y estudiantes universitarios, nosotros constituimos un grupo privilegiado. Estos últimos tienen asegurado su ascenso social durante los años de estudio sin tener que pagar la cuota de conformismo que se impone al resto de los miembros de nuestra sociedad para ascender. Esto, por lo menos, en las universidades en donde no se ha establecido el delito de opinión y en donde los inconformes no son expulsados por lo que piensan o por lo que defienden. Como grupo privilegiado, nosotros debemos restituir al pueblo colombiano los esfuerzos que ha hecho para que podamos ser una élite cultural. Los universitarios de los países subdesarrollados tienen un papel político irremplazable y se encuentran diariamente ante el drama de lograr una formación técnica indispensable para consolidar la revolución y la necesidad de intervenir en el proceso de cambio, descuidando muchas veces sus tareas diarias de formación y aprendizaje. Somos un grupo insustituible del cual esperan mucho las mayorías de nuestro país. Desgraciadamente hemos traicionado muchas veces los intereses de la revolución colombiana al servicio de nuestros mezquinos intereses personales. Mientras no haya un grupo de estudiantes y profesionales resueltos a sufrir todas las consecuencias de la represión que les impondrá un sistema que está organizado contra los que quieren cambiar el estado de cosas en Colombia, no habrá en nuestro país un verdadero liderazgo revolucionario.

Condiciones de la unión

Necesitamos algunas condiciones indispensables para realizar la unión. La revolución es un ideal que debe fijarse de una manera muy determinada y precisa. No podemos unimos a base de ilusiones vagas. Ante todo necesi- tamos objetivos nacionales que encaucen nuestras energías y las energías de todo el pueblo colombiano. Con grupos de jóvenes, universitarios de todo el país, pertenecientes a movimientos revolucionarios o independientemente de estos, hemos venido elaborando y planteando una plataforma que resume los objetivos a largo plazo de una acción revolucionaria. No basta la decisión íntima de entregarse hasta las últimas consecuencias. La revolución es una tarea demasiado ardua para que las simples intenciones basten para realizarla. De lo contrario sería inconcebible que no se hubiere llevado a efecto dado el descontento general que existe en el país.

Camilo Torres

El inconformismo de los universitarios es algo evidente. Sin embargo, después de los primeros años de estudio pasa la euforia revolucionaria. Al terminar la carrera se comienzan a buscar los vínculos con las estructuras vigentes. Sería mal visto por los futuros socios, empleadores, patronos y palancas que el nuevo profesional tuviera el mote de “comunista”, adjetivo que emplea la clase dirigente para descalificar a los inconformes. Al terminar la carrera el inconformismo decae totalmente, salvo algunas pocas excepciones. Después, los que fueron más aguerridos revolucionarios durante los estudios, en muchas ocasiones, comienzan a hacerse perdonar de las oligarquías sus devaneos juveniles. Por eso, frecuentemente los es- tudiantes más revoltosos se convierten en los profesionales que defienden con más ahínco los privilegios, los símbolos de prestigio y aún las formas exteriores de vida de las clases dirigentes. En el apego a esos símbolos de prestigio creo yo que en gran parte está la trampa para caer en el aburguesamiento. La sociedad es una sociedad burguesa. Los estudiantes participan subconscientemente de los valores de esta sociedad, aunque conscientemente los repudien. Una forma de repudio exterior de esos valores se manifiesta en los vestidos pobres y raros, en la barba y en las costumbres anti-tradicionales de muchos universitarios. Sin embargo, la imagen de lo que debe ser un profesional sigue siendo una ima- gen burguesa. El profesional, el doctor debe estar bien vestido, vivir en una casa o un departamento más o menos bien amueblado, tener automóvil, y vivir en un barrio residencial; tener oficina con máquinas, sala de espera y secretaria. Y como todo esto cuesta dinero, es necesaria una remuneración “adecuada” al nivel profesional. Desgraciadamente, las remuneraciones “adecuadas” las controla la oligarquía y entonces hay que venderse, hay que renunciar al inconformismo. Mientras no seamos capaces de abandonar nuestro sistema de vida burgués no podremos ser revolucionarios. El inconformismo cuesta y cuesta caro. Cuesta descenso en el nivel de vida, cuesta destituciones de los empleos, cambiar y descender de ocupa- ción, cambiar de barrio y de vestido. Puede ser que implique el paso a una actividad puramente manual. El paso de la ciudad al campo o al monte. El arquitecto inconformista debe estar dispuesto a trabajar como albañil, si ese es el precio que le exige la estructura vigente para subsistir sin traicionarse. Desgraciadamente, a esto no estamos decididos y buscamos en el subconsciente una especie de componenda en la cual podamos decir que luchamos contra el sistema y usufructuamos al mismo tiempo de él. En el mejor de los casos nos convertimos en revolucionarios de cafés, sitios en donde podemos hablar sin comprometernos. Creo yo que esta es la íntima

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explicación de que los universitarios y aún más, los profesionales, nunca logren una colaboración eficaz con la revolución. Convenzámonos que, como dice el Evangelio “hay más alegría en dar que en recibir”. Al sacrificar todos esos impedimentos burgueses seremos mucho más felices, más libres, más auténticos con nosotros mismos. Esta- remos dispuestos a afrontarlo todo. Hasta ahora no parece que el pueblo haya reconocido en los jefes esa entrega. El pueblo tiene suficiente olfato como para descubrir quien lo busca para servirlo o para utilizarlo… Sin embargo, para eso, es necesario que comencemos ya. Que nos mez- clemos con las masas, que vivamos, no solamente para los pobres, sino con los pobres y como pobres. La integración con las masas es un elemento esencial a la revolución y a la unión. Estas no son patrimonio nuestro sino de los obreros y campesinos de Colombia. Ellos serán los que nos traigan la pauta, los que nos exijan, los que impongan la unión por encima de gru- pos y de personalismos caudillistas. Para los que conocen íntimamente a nuestra gente la frase de Gaitán de que “en Colombia el pueblo es superior a sus dirigentes” no es una frase demagógica sino absolutamente real. Yo creo que solamente la dinámica de los hechos impondrá la unión y estos hechos los tendrá que realizar la masa. Nadie puede ser verdaderamente revolucionario si no confía en los va- lores del pueblo. Es lo único que nos puede librar del paternalismo práctico de que adolecen aun nuestros dirigentes de izquierda. Debemos saber que cuando vamos a la base de nuestro pueblo es mucho más para aprender que para enseñar. Puede ser que esa base tenga más dificultad para comunicar sus valores. En esa comunicación nosotros debemos esforzarnos para poder aprovechar lo que nos enseñe el pueblo. En él existen necesidades comu- nes, sufrimientos comunes, aspiraciones comunes. Por eso será, en última instancia, el pueblo el que nos enseñará cómo debemos realizar la unión. Los universitarios e intelectuales tenemos sin embargo algo que apor- tar a esas masas. No como jefes, sino como colaboradores, debemos dar una conciencia nacional que unifique el inconformismo de nuestras clases populares. Además de conciencia común, nosotros podemos estimular los valores que existen en nuestro pueblo siempre y cuando, como lo dije antes, confiemos en él. Nuestras gentes han vivido en condiciones de inferioridad, han sido frustradas muchas veces por las circunstancias, por los líderes y por el sistema. Son fatalistas y desconfían del resultado de su acción indivi- dual o colectiva. Nosotros debemos reconstruir la confianza que el pueblo debe tener en sí mismo. Debemos ayudarlo a que encuentre seguridad en la acción, por pequeños triunfos de acción colectiva al principio que, poco

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a poco, se convertirán en acciones cada vez de mayor trascendencia. Así, nuestro pueblo adquirirá una actitud activa ante sus propios problemas, condición indispensable para poderlos resolver por sí mismo. Con todo, la conciencia y la actividad no bastan para realizar una revolu- ción. La actividad anárquica puede resultar estéril y, por lo tanto, fuente de nuevas frustraciones. Se necesita la organización, organización que supone planificación, liderazgo, coordinación, control. La conciencia, actividad y organización que nosotros debemos promover en la clase popular nos exigen tener unidad de conciencia, unidad de actividad y unidad de organización entre nosotros mismos. Las rencillas de grupos y los personalismos des- conciertan a esa masa. Este desconcierto que esteriliza la lucha debe ser para nosotros el más poderoso acicate para buscar la unión y no traicionar a nuestro pueblo y a nuestra misión histórica.

Ampliación

En el homenaje que ustedes me ofrecieron el sábado hizo ocho días no me pude extender en muchos puntos que necesariamente fueron enunciados, algu- nos creyeron que podría ser útil profundizarlos y concretizarlos un poco más. En muchas charlas que he tenido con sectores seguramente aquí presentes hemos tratado de analizar en conjunto el problema del subdesarrollo y creo que hemos llegado a la conclusión de que el problema del subdesarrollo y sus cuestiones técnicas han sido estudiadas por toda clase de científicos, capitalistas, socialistas, no alineados, que han dado soluciones que se pueden elaborar muchísimo más aún, que se pueden documentar, que se pueden precisar pero que seguramente estarán al alcance de nosotros cuando seamos capaces de aplicarlas. Por eso el punto central y el círculo vicioso que puede determinar, describir el problema del subdesarrollo es el círculo vicioso cultural político. Porque esas determinaciones sabemos cuáles son; lo que es necesario es tener el poder gubernamental para aplicarlas. Las decisiones gubernamentales hasta este momento en nuestro país como en los países, en muchos países subdesarrollados que no se han logrado liberar de la presión de las clases minoritarias o de la influencia del imperialismo de los Estados Unidos, las decisiones gubernamentales se hacen para las minorías. Esas decisiones gubernamentales se hacen para las minorías porque los grupos de presión son minoritarios. En esto también sería interesante profundizar un poco más. Se habla mucho de grupos de presión pero es importante determinar qué son grupos

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de presión. Sabemos que los grupos de presión están constituidos por indi- viduos que aunque no sean los funcionarios y administradores, son los que determinan las decisiones gubernamentales, o sea, los que tienen el poder real porque determinan las decisiones. Los grupos de presión, pueden ser mayoritarios o minoritarios, y precisamente uno de los defectos, el defecto principal en nuestro país, es que estos grupos de presión son minoritarios y están todos constituidos como instrumentos o como integrantes de la minoría económica. Creo que las estadísticas son muy abundantes para comprobar que en Colombia existe una minoría económica. Tenemos los estudios de la Cepal, los del Padre Lebret, los estudios un poco superficia- les que ha hecho sobre ingreso la oficina de planeación pero que en todo caso nos indican la concentración del ingreso nacional en pocas manos; se dice que un 4% de la población tiene el 56% del ingreso; en el informe de la Superintendencia de Sociedades Anónimas de 1961 se mostraba que 24 familias controlaban las sociedades anónimas, es decir, las grandes empre- sas colombianas; la repartición de la tierra es más o menos parecida a la repartición del ingreso, de manera que las estadísticas son suficientemente abundantes si no queremos atenernos a una observación directa de lo que sucede en nuestro país. Alrededor de esa minoría económica está también concentrado el poder cultural, si tomamos la cultura en un sentido formal, o sea de instrucción. Con un analfabetismo del 41% registrado en los censos, con todas las im- perfecciones con que se registran estos datos porque se toma un analfabe- tismo puramente material –de saber dibujar la firma y leer algunas pocas palabras-, con un analfabetismo funcional muy superior, la capacidad de poder recibir y transmitir ideas por escrito, que es lo que precisamente nos interesa porque es lo que constituye el elemento de la alfabetización como promoción social, que tiene que subir del 60% o 70% según los sondeos que han hecho algunas instituciones de alfabetización. El hecho de que sola- mente el 7% de los colombianos haya terminado la educación secundaria, nos muestra que hay concentración de la cultura en muy pocas personas en Colombia. Y esto por factores económicos y por factores políticos. Es- pecialmente por factores políticos puesto que la orientación de la política general del gobierno no es hacia la educación. La educación es algo que puede poner en peligro el sistema y precisamente por eso no concentra los esfuerzos de los que tienen el poder político hacia la educación, hacia la alfabetización, sino a sectores que le aseguren mucho más la estabilidad del gobierno como es el de las fuerzas armadas. Encontramos entonces que poco porcentaje está dedicado a la educación, que la educación privada,

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que, como ustedes saben, la educación es un servicio, es un servicio onero- so, y que si hay privados que se meten a hacer educación generalmente lo hacen por negocio. Y tenemos una educación privada que es una empresa comercial y por lo cual la mayoría de los colombianos no pueden acceder a la educación por falta de recursos económicos, fuera del lucro cesante que implica la educación para familias de nivel bajo. Además de que el sacri- ficio que implicaría el sacrificar mano de obra familiar para que se pueda estudiar –cosa especialmente sensible en ambientes campesinos– sería un poco justificable sí tuviéramos una calidad de magisterio que respondiera a éste, pero esto es otro de los efectos de la falta de presupuesto, otro de los efectos del descuido de esta materia, que los maestros más calificados se pasan a otras ocupaciones, los siguientes se quedan en las ciudades y encontramos un 80% del magisterio rural que no tienen ningún grado y ahí como ustedes saben, las estadísticas lo muestran, los estudios también de muchas instituciones de alfabetización, que en Colombia hay 126 maestros analfabetos. Yo recuerdo en 1959 el director de Ministerio que era Aris- tóbulo Pardo me contó que le había llegado una carta de un cura párroco pidiéndole que lo apoyara para organizar un curso de alfabetización para maestros en su parroquia. De manera que esto significa que la calidad no va a justificar sacrificios de ninguna especie para enviar a los hijos a la escuela, sacrificio que es evidente entre niveles educacionales muy bajos, dentro de los niveles económicos muy bajos como son los niveles de la población colombiana, de manera que la cultura es nuestro país depende del factor económico muy especialmente y del factor político. Encontramos también en el factor político la dependencia estrecha con el grupo económico minoritario. La estructura política de Colombia con dos partidos policlasistas explica perfectamente cómo estos partidos poli- clasistas, los partidos tradicionales liberal y conservador, son instrumentos de control de la clase económica minoritaria sobre la clase popular. Los partidos políticos están formados en bases sentimentales y tradicionalistas, no tienen programas económicos, sociales y políticos diversos. Uno no distingue una plataforma liberal de una plataforma del partido conservador sino por las firmas que hay debajo, de manera que solamente los elementos sentimentales y tradicionales dividen a los partidos. Esto tiene una función social respecto de las mayorías; las mayorías sienten una cierta seguridad de pertenecer a un grupo, más si ese grupo es el único, o uno de los únicos en Colombia que conecta a la base con la clase dirigente. Esa cierta solida- ridad que implica que cuando matan a un campesino supongamos, proba- blemente la clase dirigente no se conmueve, pero si publican que mataron

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a un liberal o a un conservador hay cierta, por lo menos, explotación de la clase dirigente, explotación política de este hecho, le da una cierta seguridad por desgracia únicamente psicológica a la clase popular de pertenecer a un grupo y esa seguridad la protocoliza la clase dirigente creando inseguri- dad a cualquier persona que se trate de salir de ese grupo y por eso tienen todos los instrumentos para perseguir a cualquier persona, ya sea desde el punto de vista social, ya sea económico, ya sea político, para perseguir a la persona que se salga de esos dos grupos. Se le tilda de comunista para ponerlo más o menos fuera de la ley, fuera de la sociedad; se explota toda clase de recursos; se crea más inseguridad para aquellos que salen del grupo para que tenga esa función respecto de la clase popular, la función de darle una cierta seguridad. Ustedes saben que pertenecer a un grupo, cualquiera que sea, siempre es un elemento de seguridad, mucho más en los países subdesarrollados donde no hay seguridades institucionales respetadas, hay que buscar estas seguridades informales que dan los grupos políticos en este caso. Como retribución de esa seguridad económica, porque mientras la clase popular esté dividida en bases sentimentales y tradicionales, no habrá peligro de que se unifique con bases técnicas, con bases económicas que esas sí pondrían en peligro la estabilidad de la clase dirigente. Por lo tanto el bipartidismo con partidos policlasistas es un instrumento de control de la clase dirigente por medio de la división en bases sentimentales y tradi- cionales de la clase popular. Para ascender en esa jerarquía, en la jerarquía política, podríamos considerar tres requisitos: el requisito económico, nosotros sabemos que, especialmente en la escala local, la persona que tenga cierto dinero tiene facilidad de ascender, de llegar a ser concejal, diputado, etc.; el requisito cultural, también, se necesitan ciertas condiciones culturales de expresión, de instrucción, menos en la escala local que en la escala regional, menos en la escala regional que en la escala nacional; y, por último, el requisito, que en otros países puede funcionar, que es el de carisma de dirigente sometido, en nuestra estructura de partidos verticales policlasistas, al conformismo. Es muy difícil ascender en la jerarquía política sin conformismo con la clase económica. Y esto es tanto más fuerte cuanto más se asciende en la escala local, en la escala regional y más todavía en la escala nacional. A un dirigente se le pueden permitir ciertas manifestaciones en contra de la oligarquía, en pro de la repartición de tierras, de la repartición del ingreso, de estar en movimientos sindicales en la escala local y puede ser que todavía lo pongan en listas de concejo, mucho más difícil que lo pongan en listas de diputado si sigue con el mismo tono de inconformismo y nunca podría

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llegar a ser aceptado por las direcciones nacionales, liberal y conservadora, en el caso de que su inconformismo sea realmente abierto, para ponerlo en la escala de parlamentario o de ministro. De manera que el conformismo es el filtro por el cual puede ascender en la jerarquía política, conformismo con la minoría económica. En la escala burocrática tenemos el mismo conformismo. Sabemos que los criterios para el ascenso no son criterios objetivos de idoneidad profesio- nal sino que son criterios subjetivos de palancas, como decimos nosotros, de amistades y especialmente de afinidad política. No se puede ascender en la escala burocrática si no se cuenta con el apoyo de los superiores; en ese ascenso un apoyo totalmente subjetivo y un apoyo que en la cima de la escala burocrática tiene que estar basado en el conformismo con la minoría económica. Si un subalterno emplea, aún lo más inferior, a alguien que tenga reputación de comunista, sabemos que inmediatamente su propio puesto se pone en peligro; si nosotros sabemos que el epíteto de comunista se emplea generalmente para los inconformistas para crear este estereotipo que lo descalifica ante la sociedad, por eso pongo ese ejemplo. Así, pues, el ascenso por la escala burocrática es imposible sin el conformismo con esa clase económica dirigente. Lo mismo sucede en la escala militar, En la escala militar, tanto por los ascensos y por la diferencia económica grande que hay entre oficiales y sub- oficiales, como por el carácter eminentemente conformista de la institución. Sabemos que las fuerzas armadas en nuestros países no sirven tanto para la defensa del exterior, en la cual no se presentan ya muchos problemas ni pro- blemas reales, como para la defensa del orden público como se llama, para la defensa del orden constituido. En esto también hay un servicio recíproco de la clase económica y las fuerzas armadas. Las fuerzas armadas garantizan la fuerza que muchas veces reemplaza la popularidad, generalmente reemplaza la popularidad para mantener a nuestros gobiernos y nuestros gobiernos le dan una cuota de poder y le dan presupuesto y facilidades económicas, en cambio de este servicio prestado a la clase dirigente. Cuando la clase política falla y no es suficientemente eficaz para el servicio de la clase económica minoritaria entonces es cuando se produce el golpe de Estado para reemplazar un equipo que parece incapaz de ser- vir eficazmente los intereses de la clase económica por otro equipo que, aunque parezca también un poco incapaz, puede manejarse mejor por la clase económica y sobre todo facilitar el relevo de personal sin tener que esperarse al proceso democrático. Sino se usa el proceso democrático que también es controlado por la minoría económica, el proceso de las eleccio-

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nes mejor dicho. Tenemos también que este otro factor de poder, el factor militar, está al servicio del factor económico, o directamente cuando está ejerciendo el poder, en caso de un gobierno militar, o indirectamente por intermedio del poder político. Dentro del poder eclesiástico sucede más o menos lo mismo, con la dife- rencia de que la Iglesia, en nuestro país, no es un instrumento solamente de la clase económica sino que participa de esa misma clase económica por los bienes económicos que tiene y también por el poder político, tanto formal que le conceden las leyes del Concordato, etc., como informal que ejercen, como ustedes saben, los sacerdotes por medio de su influencia dentro de las masas. De manera que la Iglesia en Colombia, por tener poder político, poder económico es, o instrumento, o cómplice de la clase económica. Creo que con este análisis rápido podemos afirmar que ésta no es una aseveración demagógica el decir que los grupos de presión son minoritarios y están controlados por el grupo económico. Y por qué no analizamos un poco por qué hay esta concentración de los factores del poder y para eso qué requisitos habría para formar núcleos de presión en las mayorías y por qué las mayorías nuestras no forman grupos de presión. Como lo decíamos el sábado, es inconcebible que con el descontento que existe y con las fallas de la clase dirigente, el proceso revolucionario está tan atrasado en Colombia. En primer lugar, creo que se necesita una conciencia común, una con- ciencia común no solamente latente como la encuentra uno hoy en día dentro de los colombianos sino mucho más explícita, más tecnificada, más determinada y para eso creo que la plataforma que se presentó y que ha estado circulando podría ser ante todo un instrumento de politización en bases mucho más concretas, más explícitas de orientación de un incon- formismo general que existe en el país, dentro de ciertas bases concretas. Además de la falta de conciencia tenemos la falta de una actividad y de una seguridad del pueblo en sí mismo. Sabemos que los grupos campe- sinos que han pasado por la violencia, que los grupos que han realizado invasiones, que los grupos que han tenido algunos éxitos en obras de ac- ción comunal, de cooperativismo, en reivindicaciones sindicales, han ido adquiriendo cierta confianza en sí mismos, requisito indispensable para poder tener una actitud activa y decidida ante el cambio y para poder ejer- cer presión. Sin embargo, esta conciencia y esta confianza todavía no son de tipo, no son de nivel nacional. Y por eso todavía nuestras mayorías no constituyen un grupo de presión. El último elemento es la organización. Los objetivos comunes, una conciencia común, una confianza en la clase popular como clase, todo esto

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sería nada si no hay una organización que sistematice, que planifique, que fije objetivos a corto, mediano y largo plazo, que establezca un liderazgo racional, un liderazgo –hasta donde sea posible– científico, que tenga sus equipos de estudio y de planeación, todo lo que implica una organización. Y es en este punto donde creo que los universitarios y los profesionales pueden intervenir, precisamente, para romper este círculo vicioso porque creo que las decisiones gubernamentales son para la minoría porque los grupos de presión son minoritarios, los grupos de presión son minoritarios porque falta conciencia, actividad y organización en las mayorías porque falta educación, educación no solamente de tipo formal sino educación política, educación cívica, educación sindical, educación comunitaria, todo tipo de educación falta, pero esa educación falta porque la política general educacional es para las minorías, la política educacional es para las minorías porque las decisiones gubernamentales son para las minorías. Es un círculo vicioso que se puede romper. Se puede romper precisamente formando conciencia en el sentido que lo decíamos: dándole seguridad a las mayorías y dándole una organización de tipo nacional a las mayorías. Y ahí viene el papel de los universitarios. Los universitarios, como tam- bién lo hemos estudiado con muchos de ustedes, tienen un inconformismo innegable. Con el tema de hoy, de la revolución en Colombia, hemos reu- nido toda esa asamblea, se ve que hay un inconformismo y es un tema que realmente puede atraer a mucha gente y se considera de buen tono asistir a una conferencia en la cual se habla de revolución, es una cosa que está de moda entre los universitarios. Pero, vamos a ver en concreto, en donde y en qué forma funciona el inconformismo de los universitarios. En alguna otra charla habíamos tratado de clasificar el inconformismo universitario en un inconformismo sentimental. Algún sector tiene un incon- formismo sentimental: aquellas personas que se dan cuenta de la miseria que existe en Colombia, de la necesidad de cambio, de las injusticias y sienten una inclinación en buscar reformas y es inconforme con un sistema que no las permite. Este es el inconformismo sentimental. Encontramos también el inconformismo por frustración: gracias a la reforma universitaria, en las universidades oficiales se ha permitido el ingreso de muchos estudiantes de clase obrera o de clase media, lo que antes no sucedía. Estas personas que vienen del campo, con muchísimos esfuerzos de parte de sus familias, a vivir muchas veces –como sé que viven los universitarios– con grandes privaciones económicas, comparando su propio ambiente con el ambiente de la ciudad, con el ambiente de otras clases sociales económicas más altas, empieza un sentimiento de frustración porque les toca vivir en su propia

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carne todas las deficiencias del sistema. Se llega también a un inconformis- mo que podríamos llamar científico: puede estar basado en los otros dos, o en alguno de los dos o puede ser puramente científico –lo que no es lo normal– pero este inconformismo no será científico si no está basado en un análisis de nuestra realidad, en un convencimiento profundo de que se necesitan cambios fundamentales en el país. En el momento en que el estudiante empieza a vislumbrar que ese incon- formismo está en oposición a sus intereses, es decir, cuando se acerca al grado, al momento en que tiene que insertarse dentro de las estructuras vigentes, el inconformismo sentimental comienza a declinar y generalmente cae total- mente en el momento del grado. Lo mismo sucede con el inconformismo por frustración, porque cesan los motivos de frustración, hay posibilidad de que se le diga doctor, de tener automóvil, cierto nivel de vida y ya no tiene la frustración. Viene el otro inconformismo racional, técnico, el inconformismo científico, y tampoco ese da todas las garantías. Encontramos entre los pro- fesionales muchísimas personas que les hacen a ustedes análisis magníficos de la sociedad colombiana y les demuestran con a más b la necesidad de la revolución y no mueven un dedo para hacerla. De manera que no basta la convicción científica. Se necesita algo más y sobre eso me insistieron extenderme un poco respecto a lo que hablamos el sábado pasado: sobre el compromiso revolucionario de los universitarios. Una de las condiciones del compromiso revolucionario de los universi- tarios, el que va a garantizar que las convicciones que se adquieran van a perdurar cuando sean profesionales, es, en primer lugar, una gran confianza en nuestro pueblo. Es a veces escandaloso cando uno oye hablar a muchos dirigentes de izquierda o dirigentes revolucionarios que, ya en la intimidad consideran que la masa es algo que se debe manejar, que la masa es algo más o menos despreciable, que la gente no entiende, que no tiene valores; y eso no lo dirán nunca en público porque eso es impopular pero, en rea- lidad muchas veces existe paternalismo en los dirigentes revolucionarios. Porque no conocen a nuestra masa. Es cierto que hay muchas dificultades de comunicación, que la forma de expresarse de nuestro pueblo campesino y obrero es a veces difícil, diferente de la forma de expresarnos nosotros; que hay muchísimas reservas de ese pueblo respecto de los universitarios porque los consideran de otra cultura, de otro ambiente, los miran con recelo y más o menos clasificándonos, a los que hemos estado en universidades, dentro de la clase dirigente. Y, a pesar de ser universitarios y de que haya una cierta simpatía, hay muchos recelos y eso nos impide a nosotros descubrir los verdaderos valores de nuestro pueblo. Y creo que esta frase, a veces til-

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dada de demagógica, no es demagógica, esa frase que decía Gaitán de que nuestro pueblo es superior a sus dirigentes. Si uno va a tratar de investigar, de estar con él, de convivir, de descubrir los valores de nuestro pueblo, se convence de que esto es cierto. Es importantísimo, entonces, el compromiso con la gente, pero con esa convicción del valor que tiene nuestro pueblo y con la convicción absoluta de que es a él que le pertenece la revolución. Nosotros, los universitarios, los intelectuales, solamente podemos ayudar. El que hace la revolución es el pueblo. ¿Por qué es el pueblo? Porque la revolución no se hace a base de conversaciones sino de hechos y los hechos los pone el pueblo. Nosotros solamente podemos dirigir, ilustrar, estimular, colaborar, pero los hechos fundamentales no los vamos a poner las minorías que constituyen los intelectuales, los universitarios. Es muy importante tener esta convicción profunda de que los mayores valores revolucionarios tanto del punto de vista conceptual, aunque no lo manifiesten en una for- ma conveniente para nosotros, como desde el punto de vista de la acción, la creación de los hechos, los elementos revolucionarios principales están en el pueblo. Es importante también reevaluar el idealismo. Se ha hablado tanto de técnica revolucionaria, de preparación de cuadros, de la forma- ción científica, de la formación económica, de la formación social –todo eso es muy importante– pero, a veces, se ha dejado descuidar la mística revolucionaria, es decir, de considerar la revolución colombiana como un ideal al cual hay que entregarse totalmente, sin discriminación y creo que ese fenómeno ha surgido de los grupos. Se considera solamente la línea china, la línea del MRL, la línea blanda, toda la cantidad de las líneas sin pensar en la meta y que si nos unificamos muy fuertemente en el ideal, todas esas líneas irán desapareciendo y vamos adaptándonos a una línea colombiana, auténtica, buscada científicamente, producida por la dialéctica de los hechos y no por nuestras especulaciones de café. En cuanto al liderazgo tenemos que ser sinceros con nosotros mismos. Vamos a tomar a la revolución como un escalón para poder ascender en nuestra escala política, social o económica, o vamos a considerar a la revo- lución como un objetivo al cual vamos a entregarle aún nuestras ambiciones personales. Eso es lo que decidirá en gran parte la suerte de la revolución colombiana. Si los estudiantes, donde uno considera que hay más acopio de idealismo porque hay menos compromisos, tratan de usufructuar la re- volución y no consideran que es necesario aplastar las propias ambiciones y están en conflicto con los intereses revolucionarios, no lograremos nunca esa revolución en Colombia.

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De ahí la importancia del sacrificio de los grupos y del sacrificio de las personas por el ideal revolucionario. Como decíamos la vez pasada, esto se presta muchas veces a que digan: ¿pero éstos qué están buscando? Como a todos los idealistas se les considerará un poco alocados, un poco descentrados, pero es importante correr con todas estas consecuencias, que lo consideren a uno, como decíamos el sábado pasado, idiota útil. Todo eso es necesario. Solamente esos, a quienes todos consideran idiotas útiles pero que son útiles para la revolución, son los que van a poder realizarla y son las únicas bases de poder efectuar propiamente una revolución. Entonces, ese compromiso tiene que ser total, esa entrega, absoluta. Compromiso naturalmente con la base, con los campesinos, con los obre- ros, para la formación de esta conciencia cuya importancia recalcamos antes. Y esta plataforma, o cualquier otra, puede ser el instrumento para ir formando conciencia. El lunes pasado se realizó una reunión que tengo la esperanza de que sea histórica, en la cual estuvo el MRL, las juventudes del MRL, Vanguardia del MRL, el Partido Comunista, las Juventudes del Partido Comunista, la Democracia Cristiana, las Juventudes Demócratas Cristianas, el MOEC, el Movimiento de Vanguardia Nacionalista Popular, un grupo llamado Inte- gración de Profesionales e Industriales Jóvenes. Se comenzó a establecer un acuerdo, un comité de coordinación alrededor de esta plataforma. Natural- mente que este comité y estas personas suscitarán muchas resistencias entre personas que no quieren alinearse dentro de algunos de estos movimientos y que, sin embargo, quieren colaborar a la revolución colombiana. Sería un gran instrumento el que los universitarios alineados o no alineados dentro de estos movimientos trataran de ir a la base a dar esa conciencia. A dar esta conciencia mucho más explícita que podría presentar la plataforma. Los universitarios deben además tratar de comprometerse en los hechos de nuestro pueblo. En las acciones revolucionarias de nuestro pueblo. Que se comprometan con él, no como jefes, sino como colaboradores. Si no vamos con esta mentalidad realmente seremos rechazados. Y se debe empezar, se podría comenzar un esbozo de organización alrededor de estos principios, organización que podría ser entre gente no alineada y que podría tener como objetivo primordial la divulgación de esas ideas y la politización, por lo tanto, de la masa. Pero, para esto, los universitarios deben estar listos a romper con su sistema de vida burgués, como lo dijimos también el sábado pero creo que nunca es demasiado insistir sobre este particular. Al analizar por qué claudica este inconformismo universitario, en última instancia, llegamos a este punto: los universitarios como tales, los estudian-

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tes, muchas veces reaccionan contra los símbolos de prestigio, símbolos de prestigio de tipo burgués. Si encontramos que, como estudiantes, visten en forma pobre y rara, hacen lecturas y toman costumbres antitradicionales, se dejan la barba, todo esto es reacción contra la burguesía, contra las formas exteriores de vida burguesa; pero es importante darse cuenta de que todas estas manifestaciones exteriores, casi un ritualismo antiburgués que adopta muchas veces el estudiante puede quedarse en el rito solamente. El dejarse la barba, el vestir distinto, el leer a Sartre, o muchas veces, ni siquiera leer sino andar con libros existencialistas debajo del brazo, en todas estas cosas que son símbolos antiburgueses, creo –y es una cosa curiosa– que en el subconsciente, dentro de todos los estudiantes perseveran y perduran los símbolos burgueses para el profesional. Es decir, puede ser que la persona esté vestida con sandalias, suéter largo, barbas, sin peinarse y con libros existencialistas debajo del brazo, pero al mismo tiempo, piense que él, como biólogo, como médico, tendrá que andar con automóvil, paraguas y som- brero encocado. Y creo que este análisis no es superficial, aunque parezca un poco cómico, es una realidad; la persona sigue con un estereotipo de lo que debe ser el profesional, de los símbolos de prestigio y, en el momento de salir de la Universidad, de recibir el grado, si le dicen: “¿Usted, como economista, podría ayudar a llevar la contabilidad de un partido en que le pagan 100 pesos?” la contestación será: “Ah no, pues, si un economista gana en Colombia más o menos 2500, 3000 pesos, yo no puedo hacer eso por menos de esa plata”. No, porque necesita este dinero para lograr estos símbolos de prestigio que son costosos, y para lograrlos necesita una remu- neración elevada y las remuneraciones elevadas están bajo el control de la oligarquía. Tenemos que realizar eso con realismo y sin tapujo. Pensemos en el caso de los estudiantes que salen y se casan: el nivel de vida de la señora, los colegios de los hijos ya que no pueden ir a escuelas públicas aunque haya sido un revolucionario, un marxista convencido, si uno le propone que ponga a su hijo con el hijo de la sirvienta va a sufrir el rechazo más grande, entonces, ¿qué es? Somos burgueses, estamos en un plan de vida burgués, si no queremos romper con este sistema de vida burgués vamos a tener que ser conformistas porque la burguesía cuesta, es costoso el sistema de vida burgués, y no podremos seguirlo sin claudicación. Debemos entonces decidir que ese inconformismo que debe ser científico, que debe ser racional, que debe ser técnico, esté ligado a una decisión de romper con este sistema de vida; de saber que por llevar este inconformismo hasta las últimas consecuencias, o nos bajarán de puesto, o nos quitarán el empleo, o tendremos que cambiar de ocupación, o iremos pasar de una

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ocupación intelectual a una ocupación manual, o tendremos que irnos de la ciudad al campo o al monte, no sabemos a donde, pero estar dispuestos a todo eso por el ideal revolucionario, de lo contrario, lo demás es teoría. ¡Si vemos lo que sucede con personas que después siguen con conviccio- nes revolucionarias y tratan en el subconsciente de hacer la componenda, de sostener ideas revolucionarias y vivir una vida burgués! Y por eso la cantidad de revolucionarios de cafés que tenemos, que discuten en sitios donde no se comprometen y siguen viviendo su sistema de vida y la revo- lución no se hace en Colombia. Tenemos fundamentalmente que ser sinceros con nosotros mismos y ver si estamos decididos a ir hasta este punto. Y esto lo tenemos que realizar desde ya, tenemos que comenzar a ver si podemos vivir con los pobres, en los mismos niveles de vida, para hacernos solidarios de ellos. En las ciudades podríamos hacer una estadística de cuántos estudiantes viven con los cam- pesinos en las vacaciones, cuántos estudiantes emplean sus tiempos libres en ir, no en una forma paternalista, a enseñar a las clases populares, sino a aprender de ellas muchas cosas, convivir con ellas. Es muy importante que ese inconformismo universitario, estudiantil, se plasme en esos hechos, desde la misma Universidad. Preferible que ninguno de ellos tuviera barba pero que vivieran en barrios obreros, preferible que no vistieran distinto por gusto sino que muchas veces por necesidad se vistieran como los obreros por no haber podido encontrar un empleo debido a sus ideas revoluciona- rias. Eso sería mucho más importante. Y eso lo tenemos que afrontar si no nunca vamos a hacer nosotros la transformación. Ahora, tratemos de aprovechar las vacaciones en esta labor de divulga- ción política. Es posible que dentro de la coyuntura actual del país hubiera algunos estudiantes que sacrificaran temporalmente su carrera por entregar- se totalmente a la revolución. Esto no está descartado dentro de la coyuntura actual. Sin embargo, no puede ser el caso general, no solamente porque cada uno tiene una vocación distinta y la generosidad tiene grados distintos, sino porque la revolución necesita de técnicos y no podemos desocupar inmediatamente las universidades y dedicarnos únicamente al activismo, sin garantizar también el equipo de técnicos necesarios para la revolución. Entonces se podría considerar este grupo como un grupo aparte, de gente más entregada o de gente con una vocación especial, pero tenemos, para el grupo de los que queden en las universidades, la necesidad de ocupar las vacaciones no en forma paternalista, decíamos, visitando una región, sino viviendo y conviviendo y trabajando con los campesinos. Convenzá- monos que no vamos a trabajar para los pobres, para los campesinos, para

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los obreros sino que vamos a trabajar con ellos, es decir, que ellos van a ser una parte de la comunidad en donde nosotros estemos integrados en los tiempos libres de la semana. Claro que esto de los tiempos libres de la semana tiene mucho más riesgo de paternalismo, puede asimilarse a las visitas que hacen los de una institución caritativa, repartir mercados; a veces podemos caer en ese peligro aunque vayamos en un plan revolucionario, pero, sin embargo, lo que importa más es la actitud interior de ir primero a conocer, a convivir, a comprender y después con ellos empezar a politizar. En esto, como lo decíamos el sábado pasado, todos los medios son buenos. Lo que diferencia las formas de contactos es la persona que los emplea, como decíamos en una reunión parcial que tuvimos. Muchas veces en un plan revolucionario se puede llegar en alguna forma paternalista enseñándoles a los obreros y a los campesinos cómo se debe hacer la revolución, cuando ellos deben enseñar a nosotros. Es decir que en un plan revolucionario, en un mitin revolucionario se puede ser paternalista. Repartiendo leche de Caritas, supongamos, se puede ser revolucionario, mostrándoles en qué le puede ayudar eso a cambiar el país, si eso le soluciona su pobreza y eso es una reforma fundamental, de manera que lo que cuenta no son los instru- mentos sino quien los emplea. Si nosotros estamos decididos a romper con nuestro sistema de vida burgués, a entregarnos totalmente a la revolución por encima de los grupos, por encima de nuestras ambiciones personales y si estamos dispuestos a entregarnos a estas comunidades desde ahora, creo yo que comenzará, al fin, en la Universidad Nacional, una orientación auténticamente revolu- cionaria y combativa que es precisamente lo que el momento actual esta pidiendo de nosotros.

Plataforma del Frente Unido del Pueblo Colombiano *

A todos los colombianos, a los sectores populares, a las organizaciones de acción comunal, a los sindicatos, cooperativas, mutualidades, ligas campesinas, comunidades indígenas y organizaciones obreras, a todos los inconformes, a todos los NO ALINEADOS EN LOS PARTIDOS POLÍTICOS TRADICIONALES, presentamos la siguiente plataforma para unificar en objetivos concretos a los sectores populares colombianos.

Motivos

  • 1. Las decisiones necesarias para que la política colombiana se oriente en beneficio de las mayorías y no de las minorías, deberán partir de los que tengan el poder.

  • 2. Los que poseen actualmente el poder real constituyen una minoría de carácter económico que produce todas las decisiones fundamentales de la política nacional.

  • 3. Esta minoría nunca producirá decisiones que afecten sus propios intereses ni los intereses extranjeros a los cuales está ligada.

  • 4. Las decisiones requeridas para un desarrollo socio-económico del país en función de las mayorías y por la vía de la independencia na- cional afectan necesariamente los intereses de la minoría económica.

  • 5. Esas circunstancias hacen indispensable un cambio de la estructura del poder político para que las mayorías produzcan las decisiones.

  • 6. Actualmente las mayorías rechazan los partidos políticos y rechazan el sistema vigente, pero no tienen un aparato político apto para tomar el poder.

  • 7. El aparato político que se organice debe buscar al máximo el apoyo de las masas, debe tener una planeación técnica y debe constituirse

* El sacerdote jesuita argentino Alejandro del Corro asevera que revisó en el Cidoc (Cuernavaca) una veintena de versiones de la plataforma; sin embargo, hasta ahora, en el curso de nuestra investigación sólo hemos podido tener acceso a dos. La primera de ellas, presentada como documento inicial de este libro, y la segunda, la que sigue en las siguientes páginas, publicada en el Semanario Frente Unido (Nº. 1, 26 de agosto de 1965, pp. 4-6), como el resultado de un amplio proceso de discusión de la primera versión. [N. de los E.].

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alrededor de los principios de acción más que alrededor de un líder para que se evite el peligro de las camarillas, la demagogia y el personalismo.

Objetivos

I. Reforma Agraria

La propiedad de la tierra será del que la esté trabajando directamente. El gobierno designará inspectores agrarios que entreguen títulos a los campesinos que estén en estas condiciones, pero procurará que la explota- ción sea por sistemas cooperativos y comunitarios, de acuerdo a un plan agrario nacional, con crédito y asistencia técnica. No se comprará la tierra a nadie. La que se considere necesaria para el bien común será expropiada sin indemnización. Los cabildos indígenas entrarán en posesión real de las tierras que les pertenecen. Se promoverá el desarrollo y fortalecimiento de las comuni- dades indígenas.

II. La Reforma Urbana

  • a) Todos los habitantes de casas en las ciudades y pueblos serán propie-

tarios de la casa donde habitan. Las personas que no tengan sino la renta de una casa como fuente de subsistencia podrán conservarla, aunque no vivan en ella, si prueban esta situación.

  • b) Toda habitación sin utilización suficiente a juicio del gobierno, tendrá

multa para el propietario, la cual será invertida por el estado en sus planes

de vivienda.

III. Planificación

Se hará un plan de carácter obligatorio, tendiente a sustituir importacio- nes, aumentar las exportaciones e industrializar el país. Toda inversión pública o privada tendrá que someterse al plan nacional de inversiones. Las operaciones en monedas extranjeras serán hechas ex- clusivamente por el Estado.

IV. Política Tributaria

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Se cobrará un impuesto progresivo a los que reciban rentas superiores a las requeridas por una familia colombiana promedio para vivir decoro- samente (por ejemplo, cinco mil pesos de renta en 1965). El excedente de renta por encima de este límite que no sea invertido en los sectores señalados por el plan oficial de inversiones pasará íntegramente al Estado. Ninguna institución estará exenta de pagar impuesto. Los salarios, hasta cierto límite (por ejemplo, cinco mil pesos mensuales en 1965) no serán gravados.

V. Nacionalizaciones

  • 1. Los bancos, compañías de seguros, hospitales, clínicas, centros de fabricación y distribución de drogas 31 , los transportes públicos, la radio y la televisión y la explotación de los recursos naturales, serán del Estado.

  • 2. El Estado dará gratuitamente educación a todos los colombianos, respetando la ideología de los padres de familia hasta finalizar la enseñanza secundaria, y la ideología del estudiante después de la secundaria.

  • 3. La educación será obligatoria hasta finalizar la educación secundaria o técnica. Habrá sanciones penales para los padres que no cumplan con la obligación de hacer educar a sus hijos. La financiación será prevista en el plan de inversiones oficial por aumento de la tribu- tación.

  • 4. La propiedad del subsuelo será del Estado y la explotación del petró- leo se hará por su cuenta para fines de servir a la economía nacional.

  • 5. No se darán concesiones petroleras a compañías extranjeras sino con las condiciones siguientes:

    • (a) Que la participación del Estado no sea inferior al 70%.

    • (b) Que la refinación, distribución y producción de los combustibles

sean servicios públicos bajo su control.

  • (c) Devolución al Estado de las empresas, equipos e instalaciones,

gratuitamente, a más tardar a los veinticinco (25) años.

  • (d) Los salarios de obreros y empleados colombianos serán por lo

menos iguales a los de los extranjeros de la misma categoría.

  • 31 Se refiere a los medicamentos. [N. de los E.].

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VI. Relaciones Internacionales

Colombia tendrá relaciones con todos los países del mundo e inter- cambios de comercio y de cultura en condiciones de equidad y de mutuo beneficio.

VII. Seguridad Social y Salud Pública

El estado implantará un plan integral y progresivo de seguridad social que garantice gratuitamente a la población el derecho a la salud y a la atención médica (sin perjuicio del ejercicio privado de la profesión) y contemple todos los aspectos relacionados con desempleo, invalidez, vejez y muerte. Todo el personal de las profesiones para la salud será funcionario del gobierno y será pagado de acuerdo con el número de familias (hasta un límite que la ley fijará) que soliciten estar bajo su cuidado.

VIII. Política Familiar

Habrá sanciones para los padres de niños abandonados. La protección de la mujer y de los hijos será asegurada por la ley mediante sanciones eficaces.

IX. Fuerzas Armadas

El presupuesto de las fuerzas armadas será adecuado a su misión sin afectar las necesidades de salud y de educación de los colombianos. La defensa de la soberanía nacional estará a cargo de todo el pueblo colom- biano. Las mujeres tendrán obligación de prestar un servicio cívico después de 18 años de edad.

X. Derechos de la Mujer

La mujer participará en pié de igualdad con el hombre, en las actividades económicas, políticas y sociales del país.

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Esta plataforma fue discutida, aprobada y ampliada por los sectores populares interesados en ella después de haber sido presentada públicamente por el P. Camilo Torres el 22 de mayo de 1965, día en que la FUN le ofreció un homenaje en la Ciudad Universitaria de Bogotá.

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El P. Camilo Torres ha declarado que es revolucionario como colom- biano, como sociólogo, como cristiano y como sacerdote. COMO COLOMBIANO, porque no puede estar ajeno a las luchas de su pueblo. COMO SOCIÓLOGO, porque gracias al conocimiento científico que tiene de la realidad ha llegado al convencimiento de que las soluciones técnicas y eficaces no se logran sin una revolución. COMO CRISTIANO, porque la esencia del cristianismo es el amor al prójimo y solamente por la revolución puede lograrse el bien de la mayoría. COMO SACERDOTE, porque la entrega al prójimo que exige la re- volución es un requisito de unidad fraterna indispensable para lograr el cabal cumplimiento de su misión.

Coltabaco *

Compañeros trabajadores, compañeros estudiantes, intelectuales, pro- fesionales, gente de clase media, creo que es importante que después de haber planteado la necesidad de la revolución, tema que hoy podremos resumir y recalcar un poco más, si nosotros tomamos bien los derroteros para solidificar la posición revolucionaria colombiana y para solidificar este movimiento, como lo decíamos ayer, es muy importante que nos demos

cuenta cómo las reivindicaciones del pueblo, las reivindicaciones de todos los sectores de los colombianos, deben ser solamente instrumentos para un objetivo final. Es importante hacer la claridad sobre este aspecto para la toma del poder por la clase popular. … es cierto que las soluciones técnicas son importante, es cierto que hay muchas fórmulas para realizar una reforma agraria, que hay muchas téc- nicas diferentes para hacer una reforma urbana, para industrializar el país, para hacer las obras de infraestructura, es decir las carreteras, los distritos de riego, para estabilizar la moneda, para lograr un comercio internacional equitativo, pero todas estas fórmulas dependen de decisiones guberna-

mentales

sabemos que para ocupar un puesto político, para ocupar un

... puesto en la burocracia, para ocupar un puesto aun en las organizaciones universitarias y culturales, para ocupar un puesto en la jerarquía militar, un puesto directivo en la jerarquía eclesiástica, se necesita ser conformista. Sabemos que dentro de nuestros ministerios, en nuestra junta directiva y en las juntas directivas de las diferentes instituciones descentralizadas, en las gerencias de estos institutos, en todos esos puestos directivos grandes del país, de las corporaciones financieras, no cabría una persona que quisiera transformar la estructura económica, y que si intentara algo o lo hiciera, indefectiblemente sería descalificada de comunista. Tenemos que adquirir cada vez más esa conciencia de por qué se tilda a la gente de comunista, y que cada vez nosotros, especialmente las personas desprevenidas, no nos dejemos descrestar con la forma como la oligarquía utiliza este término de comunista para descalificar a la gente. En otras ocasiones hemos hecho este análisis y si hiciéramos una encuesta, una estadística, si estudiáramos los casos en que las personas son tildadas de

*

Discurso pronunciado por Camilo Torres en la sede del sindicato de la Compañía Colombiana de Tabaco (Coltabaco) en Medellín. [N. de los E.].

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comunistas, veríamos que al ciento por ciento se les tilda de comunistas no por haber defendido una filosofía imperialista, ni por haber defendido una clase de ciencia especial, ni siquiera por haber dicho que es ateo, sino por haber lesionado intereses económicas de las minorías, con su palabra o con sus acciones. Debemos tratar entonces de acabar con ese tabú y por eso es importante, como se ha venido planteando, que este movimiento revolucionario no sea anti-nada, porque aunque fueran comunistas, si son personas que quieren el bien del pueblo, nos vamos a unir en aquellos puntos que todos tenemos en común para buscar el bien de las mayorías sin ningún prejuicio, con los brazos abiertos, en favor de todos los colombianos. Es un movimiento que no puede ser anti-democratacristiano, que no puede ser anti-MRL, que no puede ser anti-nada, que tiene también que aglutinar a todos aquellos inconformistas que ya no se identifican con los partidos tradicionales, porque saben que los partidos tradicionales también son un instrumento de la clase dirigente para dividir a la clase popular. Porque cuando los liberales y conservadores peleaban, cuando la clase po- pular se dividía en liberal y conservadora, se estaba dividiendo por razones puramente tradicionales y sentimentales. Nosotros decíamos que éramos liberales y conservadores, porque nuestros padres lo habían sido, porque habíamos sufrido una persecución, pero nada de eso tiene un contenido racional, técnico, económico o político. Todo son factores sentimentales. Y mientras la clase dirigente tenga la garantía de que nuestra clase popular se está orientando políticamente en bases sentimentales y tradicionales, y que por ese sentimiento y esa tradición se dividen, entonces nuestra clase dirigente estará tranquila porque no se formará un partido de clase, porque no se formará un movimiento que reúna a la clase popular, un movimiento con objetivos racionales y técnicos que superen el sentimentalismo y el tradi- cionalismo, y así la estabilidad de la clase dirigente no se pondrá en peligro. Pero cuando logremos reunir a todos los colombianos por encima de los partidos tradicionales liberal y conservador, por encima de las diferentes filosofías e ideologías, por cuanto es importante que cada uno de nosotros tenga una ideología, y tanto lo considero yo así, que tengo un uniforme que representa una filosofía y una religión, por eso considero que es importante que nosotros tengamos una concepción total de la vida, cualquiera que sea, y que la profesemos profundamente hasta las últimas consecuencias. Pero si esa filosofía, esa mística que nos tiene que dar nuestra creencia nos impulsa principalmente al servicio de los demás, como creo yo que es un elemento común entre la filosofía cristiana y la filosofía marxista, nos im- pulsa profundamente a sacrificarnos por los demás, a entregarnos por los

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demás, vivamos intensamente cada uno ese amor al prójimo, pero que esa filosofía nos lleve precisamente a buscar la eficacia en el amor al prójimo, y al buscar esa eficacia no puede ser sino mediante la unión como lo hemos dicho muchas veces. La única fuerza que tiene la clase popular superior a la clase dirigentes es el número de miembros con que cuenta. Ya hemos analizado en otras ocasiones que la clase popular indudablemente es más ignorante, por lo menos en los estudios regulares, porque muchas veces creo yo que campe- sinos analfabetos y que obreros analfabetos tienen mucho sentido común y tienen mucho que enseñarnos como ahora trataré de demostrar. Pero, en cuanto a cultura formal, en cuanto a estudios, tenemos que comprender que como aquí, en Colombia, los estudios dependen del dinero, de la clase minoritaria, la clase económica, la clase privilegiada tiene superioridad sobre la clase popular. Y también sabemos que ellos tienen el dominio de las armas, y tienen también prensa, y el aparato gubernamental, que ellos controlan todo, lo único que nosotros tenemos de más es que somos

la mayoría y entonces es un delito, es una actitud tan anti-revolucionaria, el tratar de dividir a la clase popular, ya sea a base de partidos, a base de religión, a base de grupos, a base de sindicatos que sean divisionistas, a

base de cualquier instrumento que no esté procurando la unión

... amigos de todos los revolucionarios vengan de donde vengan, y somos enemigos de todos los antirrevolucionarios vengan de donde vengan. Por eso, frente a la realidad de una clase popular que está dividida y por eso no puede tomarse el poder, el objetivo primordial, lo que tenemos que buscar ante todo, es la unión. Y precisamente la plataforma que ha venido circulando y que muchos de ustedes conocen, lo que plantea es la unión, la unión en base a principios, no en base a ideologías, sino en base a ciertos principios técnicos concretos, principios en los cuales no entran diferencias ideológicas, en los cuales so- lamente se procura el bien de las mayorías, claro que a veces sacrificando intereses de las minorías, porque el bien común está por encima del bien particular. Y es importante, si estamos decididos, que le demos toda la importancia a la plataforma, no tanto por su contenido, como que es im- portante, sino por ser un instrumento de unión que prescinde de personas, de unión que prescinde de grupos, de unión que prescinde de ideologías. Es instrumento de unión eficaz si nosotros le damos toda la importancia a estudiar la plataforma y le damos toda la importancia a divulgarla, a hacerla estudiar y conocer y divulgar por los demás.

somos

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Ustedes comprenden que para mí es lo más halagador que he podido recibir, o de las cosas más halagadoras que he podido recibir en mi vida, el ver que hay elementos de la clase popular que me alaban, que creen en mí, que piensan que yo puedo dirigir un movimiento restaurador. No es que yo no considere esto halagador, pero desde el punto de vista revolucionario es peligroso. Ustedes saben lo que pasó con Uribe Uribe 32 , lo que pasó con Gaitán 33 y entonces no vamos a repetir los errores que ya se cometieron. Yo estoy dispuesto a seguir la revolución hasta las últimas consecuencias, es decir, aspiro a que ustedes me exijan, me lleven y que, si llego a tener momentos de cobardía, de desfallecimiento, ustedes me empujen. No quiero que ustedes entiendan que es porque yo quiero echarme para atrás ni desfa- llecer. Yo quiero ir adelante y si es necesario correr la misma suerte de los

  • 32 El General Rafael Uribe Uribe participó activamente como figura prominente en las luchas políticas y militares que agitaron al país a finales del siglo XIX, principalmente la guerra civil de los Mil Días (1899-1902) en la que comandó el ejército del liberalismo. Después de la guerra, comprendió la urgencia de unir al pueblo colombiano por encima de consideraciones políticas y religiosas en búsqueda de un sistema social benéfico para las mayorías. Demostró que una de las causas de la división entre liberalismo y conservatismo, los principios religiosos, no tenía ningún fundamento real. Planteó las tesis de un socialismo de Estado. Murió asesinado por el establecimiento colombiano el 15 de octubre de 1914 a pocos metros del Capitolio Nacional, a la edad de 55 años.

  • 33 Jorge Eliécer Gaitán nació en Bogotá el 23 de enero de 1898 y murió asesinado el 9 de abril de 1948, provocando un levantamiento popular que ha recibido el nombre de “Bogotazo”. Su vida de conductor de masas se inicia en 1928, como representante a la Cámara. En 1933 funda una organización política de orientación socialista, con el nombre de Unión Izquierdista Revolucionaria (Unir) que provoca una profunda división en el Partido Liberal. Ordena, en 1934, la abstención electoral como medio de crear conciencia para una revolución total. A mediados de 1936 acepta la Alcaldía de Bogotá, que desempeña durante ocho meses. En los años siguientes ejerce su profesión de abogado. Vuelve a la lucha política en 1941 para oponerse a la reelección presidencial de Alfonso López. Desde el periódico Jornada, que funda por esta época, emprende una campaña contra las oligarquías y a favor de la unidad del pueblo. Se le proclama candidato popular a la Presidencia de la República (1945) contrariando a la oligarquía liberal que le opone el nombre de Gabriel Turbay, lo que facilita la elección, mayo de 1946, del candidato conservador. Se recupera de esta derrota en las elecciones de marzo del año siguiente al lograr amplias mayorías en el Congreso y Asambleas Departamentales. En octubre, en las elecciones de Concejos Municipales, su victoria es indiscutible en 800 municipios. El pueblo lo apoya sin diferencias de partido. El 7 de febrero de 1948 preside la más impresionante concentración popular que se recuerde en Colombia: la Manifestación del Silencio contra la violencia del gobierno y pronuncia su famosa “Oración por la Paz”, ante una multitud enlutada y silenciosa. [Véanse los libros: Gaitán, Jorge Eliécer (1968) Antología de su pensamiento social y económico. Bogotá, Colombia: Suramérica; Jordán Jiménez, Ricardo. (1968) Dos viernes trágicos. Bogotá, Colombia: Horizontes; y, Valencia, Luis Emiro. (Comp.) (2012) Gaitán. Antología de su pensamiento social y económico. Bogotá, Colombia: Ediciones Desde Abajo]. [N. de los E.].

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anteriores, la corro; pero no me gustaría que, si llego a morir, esa muerte sea infructuosa para la revolución. Por eso es importante que tratemos de mirar cada vez más al aparato político, a las ideas, a los equipos de gente, a las publicaciones; que se cree una realidad independiente de mi persona, para que si me descartan a mí esté otro, y si descartan a ese otro, esté otro y tengamos un relevo contra el cual nada podrá hacer la clase dirigente. Entonces lo importante ahora es estructurar esa unión –como lo decía ayer Heliodoro Agudelo, dirigente sindical, en la reunión de sindicatos– es necesario que nosotros lo meditemos, hay que estructurar el movimiento y eso es mucho menos agradable que las reuniones públicas en que gritamos, nos entusiasmamos, salimos convencidos de la revolución y, después, eso se acaba como espuma. Estructurémonos, unámonos, organicémonos y que no esté girando el movimiento en torno a una persona, aunque esa persona sea de total confianza. Ninguna persona es de total confianza si el pueblo no lo está empujando, nadie, por favor, les ruego que ustedes estén vigilando, exigiendo, y, para eso, se necesita un aparato también; para que los líderes no desfallezcan, porque en muchas ocasiones uno encuentra muchas disculpas para justificar su cobardía; pero si el pueblo está al lado, con organizaciones, con presiones, con buena voluntad, entonces habrá garantías. Yo mismo sé que soy débil, ahora que se está desencadenando la reacción contra mí, estoy muy valiente, estoy diciendo que voy hasta la muerte, pero no sabemos después, no sabemos cuando me entre el momento de debilidad y entonces ustedes me tienen que exigir, pero no me pueden exigir si no están organizados y si no hay un aparato necesario que se esté moviendo que esté en contacto con la clase popular y al mismo tiempo en contacto con ese equipo que tienen que ir dirigiendo. Ojalá surgieran una serie de personas y ojalá surgiera una persona más importante que yo, no me importa, lo que importa es que tengamos un equipo. Al equipo sí es muy difícil eliminarlo, y un equipo constituido por gente de Medellín, de Cali, de Bogotá, de Popayán, de Villavicencio, de Soga- moso, de Tunja, de la Costa Atlántico, de todas partes, sería muy difícil que acabaran, que terminaran con ese equipo y nosotros tenemos que constituirlo. Cada sector de la población tiene su misión. Empecemos a tratar de fijar la misión de cada uno de ellos, partiendo de los menos importantes para la revolución que son los burgueses. En la clase burguesa es posible que haya elementos que defienda a la revolución, pero como decíamos en otras ocasiones, es importante probar a estos elementos, porque echar discursos es muy fácil, porque escribir es muy fácil, el papel lo aguanta todo, pero lo importante es que esos burgueses que quieran servir a la revolución sean personas que sacrifiquen su nivel de vida,

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que sacrifiquen bienes materiales, que sacrifiquen su seguridad personal, que sacrifiquen todo lo que tengan, de lo contrario, no los admitan ustedes como colaboradores a la revolución. Tenemos también a los profesionales, a los intelectuales. En los profe- sionales y en los intelectuales que no son estudiantes, puede ser que haya también algunos, y les vamos a exigir que entren con las mismas condiciones. Y también a los estudiantes. Sabemos que los estudiantes están cons- tituyendo ahora un núcleo unido nacional que no debemos tratar con superficialidad, porque actualmente ellos han llevado la vanguardia de un movimiento político nacional, ha sido el movimiento que ha estado poniéndose para protestar contra el imperialismo norteamericano en Santo Domingo y por ese hecho político ha sido objeto de represión, de manera que esto es crear hechos políticos y, por eso mismo, la población universitaria nacional está en la vanguardia de este movimiento político. Pero creo que ellos son conscientes, y si no lo son, lo deben ser, que, a pesar de que ellos hayan iniciado este movimiento –y ellos saben como soy yo de solidario con ellos y que por eso me atrevo a decir también los defectos que pueden tener– que, a pesar de todo eso, es importante que estén convencidos de que la revolución no es un patrimonio de los estudiantes, de que la revolución no es un patrimonio de los intelectuales y de los burgueses, sino que la revolución es un patrimonio, primero de Colombia y especialmente es un patrimonio de la clase popular colombiana, porque ella es la clase que está sufriendo el impacto del sistema, es la clase que siente las necesidades, es la clase que está luchando no solamente por un ideal abstracto sino por un ideal de su propia familia, por un ideal de su propio pueblo, por un ideal personal. Sabe que la revolución no es una acción, que la revolución es su propia vida y por eso es la clase en la que hay que confiar. Y vamos a encontrar que los universitarios solamente corresponderán a esto que ellos han iniciado, porque son más o menos los que me han ido elevando y empujando y ayudando, la Federación Universitaria Nacional, pero es necesario también que no se queden a medio camino, que ellos tam- bién vayan hasta el final, que logren también liberarse de su sistema de vida burgués, que logren meterse dentro de los campesinos, dentro de los obreros y que sepan aprende de los campesinos y de los obreros y que les puedan enseñar lo poco o lo mucho que sepan, pero que se vayan siempre en plan de hermanos y en plan de aprendices de los obreros y de los campesinos, aprendices de la revolución, porque los que saben en qué debe consistir la revolución, aunque no lo tengan formulado muy claramente, aunque no nos puedan hacer un gran discurso sobre la revolución, en ellos. Vamos a

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una casa campesina, vivamos con ellos durante tres meses o más ojalá y veremos cómo nos enseñan ellos en qué debe consistir la revolución. Vemos pues que los universitarios tienen una gran labor. Muchos de ellos ojalá si sienten el ánimo revolucionario de abandonar totalmente sus estudios e irse a trabajar de tiempo completo en esto, si consideran que la coyuntura lo hace necesario, ojalá lo hicieran. Porque, aunque ellos sacri- fiquen dos o tres años de estudio, aunque sacrifiquen su carrera, les están asegurando la carrera a sus hijos, les están asegurando la carrera a las futuras generaciones colombianas aunque no tengan dinero, entonces están dejando una herencia. Si dejamos la revolución en marcha, le estamos dejando una herencia a nuestros hijos y a las futuras generaciones, más importante que dejarles una cuenta bancaria, o una finca, o casa, acciones, porque les esta- mos dejando un sistema según el cual ellos podrán educarse, podrán tener vivienda, podrán tener una formación profesional y aunque los ingresos al principio del movimiento revolucionario sean bajos, por lo menos se sabe que se irá construyendo un país para las futuras generaciones. Tenemos entonces que los universitarios sí pueden colaborar. Los que no pueden de tiempo completo, que vayan en sus tiempos libres, que dediquen sus vacaciones. Y en esto yo creo que los obreros tienen que ayudarles a los universitarios. Los universitarios tienen un complejo de inferioridad, aunque ustedes no lo crean, no se atreven a hablar con los obreros, entonces ellos tienen que atraerlos, pero no en una forma blandengue, sino formarlos, hablarles claro, llevarlos a que estén con ustedes. Uno también nota que los obreros no imponen bien su sistema de vida cuando va un burgués que quiere ser revolucionario y no le exigen suficientemente que se baje. Me acuerdo de una vez en un pueblito perdido del Atlántico, llegué yo a una reunión de un sindicato de campesinos, allá al borde del Canal del Dique, y me dijeron que si quería tomarme un trago, y yo les dije que sí quería, me dijeron que qué clase de trago, les dije ron blanco, y resulta que en la casa donde estaban haciendo la reunión, no tenían ron blanco sino whisky; los obreros, los campesinos querían darme whisky, les dije no, ustedes tienen aquí un trago que es magnífico que es ron blanco, tomemos ron blanco; son detalles, pero que muestran cómo muchas veces los obreros cuando tienen contacto con los burgueses y con gente que quiere ser revolucionaria, no la bajan, no le hacen comer lo que comen ellos, ni vivir como viven ellos, no les exigen que se bajen de su nivel burgués y vivan como obreros; esa exigencia la tienen que hacer los obreros y campesinos. Cuando llega un burgués se avergüenzan de su sistema de vida cuando los que nos debíamos avergonzar somos los burgueses que hemos usufructuado de este sistema a

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costa de ustedes. Es importante entonces que vean la cama pobre, la casa oscura, que coman lo que ustedes comen, pero ustedes tienen que exigirles

y que ellos vean la realidad

...

pero no adaptándose a ellos, sino que ellos

se adapten a ustedes. Y tenemos también la clase obrera, el sindicalismo urbano, el cual es importante también y sobre el cual hay que hacer muchas consideraciones. Como lo decíamos ayer se ha tratado de presentar muchas veces al sindica- lismo urbano como los oligarcas de la clase proletaria. Ustedes saben que esto tiene algo de razón pero es importante que seamos justos y veamos dos cosas: que hay situaciones que han cambiado, primero, que eso nos indica que hay situaciones que son susceptibles de cambiar. Consideremos en primer lugar los obreros de los sindicatos menores, de los sindicatos pequeños, esos, evidentemente, son obreros y muestran una decisión revolucionario muy definida. Vemos otros obreros de sindicatos grandes, pero de empresas que no son monopolistas, es decir de empresas que no son las que controlan totalmente el mercado, y que, generalmente viven en niveles de vida bastantes bajos. Tenemos otra clase de obreros, que son los obreros de empresas que no tienen capital norteamericano, de las cuales no se dan sino muy pocas en el país como ustedes saben, esos obreros también tienen por lo menos un enfoque antiimperialista, o de obreros que pertenecen a centrales que no tienen que ver nada con los Estados Unidos como el caso de los petroleros y que también pueden realizar una lucha antiimperialista. Tenemos otra clase de sindicatos que son los de los monopolios naciona- les. Los sindicalizados, los obreros de esas empresas tienen en general niveles de vida bastante altos porque participan de los privilegios del monopolista y entonces, en una primera fase de nuestra lucha sindical vimos cómo esos sindicatos eran los sindicatos más reaccionarios, eran los sindicatos que estaban más unidos a sus patrones que a la clase popular. Sin embargo, la situación ha venido evolucionando y hemos visto que esas personas, aunque tengan niveles de vida altos, a veces les han servido para instruirse, para educarse, y una persona educada e instruida en un país subdesarrollado se vuelve revolucionaria si tiene algo de buena fe y no podríamos suponer que en esta cantidad de gente de clase obrera, aunque fuera de clase obrera alta, no habría nadie que tuviera buena fe. Y por eso hemos ido viendo la evolución de estos sindicatos. Pido perdón si no cito todos los casos, ero allá en Bogotá no conozco ningún caso, en Medellín ví el de Coltejer, el de las Empresas Municipales que, a pesar de ser sindicatos fuertes, hasta ahora, por los contactos que he tenido, he visto cómo esos sindicatos han

Camilo Torres

mostrado más su espíritu revolucionario y progresista, cómo han tratado de ir solidarizándose con la otra clase obrera, a pesar de que tengan niveles de vida altos. Creo entonces que la labor de los obreros es muy importante porque los obreros tienen mucha más cohesión, tienen mucha más organización, y por esto creo que el aparato organizativo urbano tiene que estar a cargo de los obreros. Los estudiantes asesorando esto, pero ustedes saben que los estudiantes tienen seis años de carrera y después pasan y, es posible, aunque si tenemos una reacción puede ser que logremos conservar ahora un poco más el inconformismo en los profesionales, pero es posible que cuando lleguen los profesionales se vuelvan totalmente conformistas como ha sucedido tantas veces. Y como necesitamos una organización más estable, tienen que ser los obreros en las ciudades el punto permanente, lo mismo que los profesores en la Universidad, porque los profesores, sí permanecen; tienen que ser los que constituyan un aparato permanente de personas que estén dedicadas a este trabajo revolucionario. También, como decíamos ayer, es un sistema muy interesante el de hacer pasar el dinero de la clase minoritaria a la clase popular, y a la lucha revolucionaria, es un instrumento formidable el de los sindicatos ricos y el de los sindicatos de las empresas monopolistas, si tienen la suficiente generosidad de transferir muchas de sus ganancias, dejando de aspirar a sistemas de vida burgués, limitando también su posibilidad de ascenso económico y tratando de vivir austeramente, para la revolución. Creo que el cargo de conciencia que pueden tener los sindicatos ricos de estar reci- biendo eso a base de los buenos salarios, o relativamente buenos salarios, es decir relativamente a los otros que tienen peores, si ellos pueden, deberían cumplir con ese deber, podrían apaciguar la mala conciencia que eso les diera, entregando esas ganancias a la revolución, para la financiación de muchas cosas que se necesitan para hacer una revolución. Porque, desgraciadamente, éste es uno de los círculos viciosos difíciles para los revolucionarios que, en general, los revolucionarios son los pobres y la revolución es una cosa costosísima, entonces generalmente es un círculo vicioso y por eso no se da, y como los que podrían financiarla son los de la clase burguesa, es muy difícil encontrar burgueses que quieran financiar un movimiento que va a acabar con su propia clase. Esta encrucijada la pueden entonces resolver los sindicatos ricos, la pueden resolver los obre- ros que están con nivel de vida un poco más alto, siempre y cuando ellos puedan someterse a una cierta austeridad, aumentar las cotizaciones a sus sindicatos, y el sindicato resolver, con buenas directivas controladas desde

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la base y presionadas desde la base, todas las decisiones necesarias de cómo, cuándo se va a contribuir a la revolución. Vemos así como al presionar constantemente por elevar los salarios, por elevar las prestaciones y esas prestaciones pasando por el canal de las cotizaciones, de unas cotizaciones más abundantes, al sindicato y, por el sindicato, pasando a la revolución, hacemos que la clase burguesa financie la revolución colombiana. Por ejemplo, la necesidad de editar la plataforma, eso es una cosa costosa, la necesidad que en un futuro próximo tendremos de hacer un periódico de gente no alineada, pero que no sea anti-nada, un periódico que no esté en contra de nada, pero un periódico que represente a todos los que estamos de acuerdo en los puntos de la plataforma y que sea un órgano de expresión para que llegue al pueblo, para que llegue a todas partes y no tengamos que estar sometidos a las mentiras de la gran prensa. Estas cosas las tenemos que pensar y las tenemos que concretar. Pensemos ahora en cuál es la labor del campesinado, donde creo realmen- te que está la vanguardia de la revolución. No porque los de la retaguardia no seamos importantes. Si no hay abastecimiento para los de la vanguardia, los de la vanguardia no podrán hacer nada, pero los campesinos han pasado 19 años de violencia, los campesinos han visto el fracaso del partido liberal, el fracaso del partido conservador y el fracaso del Frente Nacional. Los campesinos son los que tienen los menores ingresos, son los que tienen el nivel de vida más bajo, el nivel educacional más bajo, es decir, son los que sufren el impacto directo de todas las estructuras colombianas, en la forma más penosa y, al mismo tiempo, los campesinos están recibiendo comuni- cación, todos tienen su radio transistor y saben comparar. Los campesinos han tenido al ejército y a la policía recorriendo sus campos haciendo ini- quidades, ya se han dado cuenta, han vivido en su propia carne lo que es el sistema de manera que en los campesinos encontramos actualmente un nivel de conciencia revolucionaria muy alto porque ellos han tenido el peso del sistema y además han tenido últimamente los medios de comunicación para poder tener conciencia revolucionaria de lo que está sucediendo, tener conciencia de su estado lamentable y por eso hasta la oligarquía se ha dado cuenta de que el campesinado es un elemento revolucionario de vanguardia y por eso también hizo la ley de Reforma Agraria para tratar de apaciguarlo. Sin embargo, el campesinado es la fuerza de más conciencia, es una fuerza decidida pero es una fuerza dispersa; hay una conciencia latente en todo el campesinado y en él encontramos algo que en parte también existe en la clase obrera, que es una conciencia negativa, es decir, hay un descontento negativo. Se sabe qué es lo que está mal, pero no sabemos qué es lo que

Camilo Torres

queremos, qué vamos a construir, y se me hace tan curioso, o no se me hace curioso, porque es un arma que usa la oligarquía siempre, que esté diciendo que estoy tratando de invitar a la destrucción, a la destrucción está invitando el pueblo, porque sabe que lo que existe no sirve. Yo estoy invitando a la construcción para que después de que acabemos con eso, nosotros podamos hacer algo en favor de la masa. Lo importante entonces es unificar esta conciencia campesina, organizar al campesinado que es la labor más difícil. Y es preciso apoyar las luchas campesinas hasta las últimas consecuencias. Tenemos pues que todo el pueblo colombiano puede colaborar a la revo- lución. Cada uno desde su puesto, pero todos tienen que hacer sacrificios. Cada uno desde su puesto, pero todos tienen que hacer sacrificios. Todos tenemos que hacer sacrificios. Y es necesario que despersonalicemos al máximo. Yo quería contarles que ya se están constituyendo los comités de los partidos políticos para apoyar esto, pero también los comités de gen- tes no alineadas. En Bogotá hay un comité que está constituido por Julio Cortés, el estudiante que ustedes probablemente muchos conocen, que fue presidente de la FUN, por una profesora de la Universidad Nacional y

sería importante incorporarle algún obrero, algún campesino

el comité

... de personas no alineadas en ningún grupo ni en ningún partido político, que tratarán de dirigir la labor dentro de los sectores no alineados que son las mayorías del país, gente que ya no no se reconoce liberal, que ya no se reconoce conservadora, que no es de ninguno de los grupos pero que quiere la revolución. Esa gente hay que agruparla, hay que informarla, tenerla unida y tenerla unida a un frente unido revolucionario que será consti- tuido por todos los movimientos revolucionarios, que serán Democracia Cristiana, Partido Comunista de las dos líneas, el MRL línea blanda, línea dura, Vanguardia del MRL, Juventudes del MRL, Vanguardia Nacionalista Popular, Movimiento Obrero Estudiantil Campesino, la Alianza Nacional Popula, ANAPO, todos esos van a constituir un frente unido político de gente alineada. Pero se constituirá un movimiento de gente no alineada para ir divulgando esto entre las gentes que no quieren participar en ningún grupo pero que quieren participar en la revolución por cualquier medio. Tenemos entonces que organizar el aparato, tenemos que tener nuestro periódico, tenemos que divulgar, tenemos que tener comités, tenemos que hacer una organización indestructible para que la burguesía, la clase privilegiada no sea capaz de destruirla destruyendo al jefe. No es que sea totalmente accidental si yo estoy o no estoy, sino que lo importante es que esté la organización, un aparato poderoso con una conciencia sólida con

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una mística de ir hasta las últimas consecuencias, con unos dirigentes que sean servidores y capaces de consagrarse al trabajo revolucionario sacri- ficando vida, persona, familia, bienes. Con un aparato así estoy seguro que nosotros realizaremos la revolución colombiana por los medios que el pueblo edifique y cuando el pueblo diga.

Camilo Torres

Villavicencio *

No… no se trata tampoco de un movimiento electoral, no se trata de reunirse alrededor de un caudillo como ya traté de exponerlo en las horas de la tarde en el estadio, se trata de que ahora comencemos con un movi- miento que sea realmente un movimiento de masas, un movimiento popular y por eso, este movimiento tiene que considerarme a mí, así como a Julio Cortés, así como a todos los que estamos en el comité organizador como elementos provisionales dentro de un movimiento de la clase popular de organización de base. No podemos considerar a este movimiento como a un movimiento cau- dillista que depende de una persona, ni siquiera que depende de un equipo que sea impuesto de arriba hacia abajo. La base de este movimiento será la unidad popular alrededor de una serie de principios, principios que he tratado de presentar en la plataforma de unión popular a la clase popular colombiana para que esa clase los discuta, los modifique, los amplíe si quiere y los vaya a aplicar cuando la clase popular esté en el poder. Pero como no se puede llegar al poder únicamente con el deseo, ni se puede llegar al poder únicamente con la unidad, tenemos que entrar a una organización muy disciplinada y muy fuerte. Es posible que muchos hayan quedado un poco defraudados de la concentración de hoy por la tarde. Tal vez ustedes esperaban oír a un gran orador, yo desgraciadamente no soy un gran orador, lo único que he sido hasta ahora en mi vida es profesor, es maestro, profesor de la Universidad y profesor como aquí, como a muchos les consta, de campesinos, de obreros, de profesionales de nivel medio y por eso creo que la mayor labor que yo pueda hacer es enseñar a la clase popular. Mucho más que un discurso que haga saltar las lágrimas, saltar los gritos, yo prefiero que queden ideas en la cabeza de la gente, ideas que tarde o temprano tendrán que germinar. Una idea en la cabeza de un hombre es peor que una bomba atómica de peligrosa, porque una idea en la cabeza de un hombre es capaz de crecer, es capaz de producir acciones, es capaz de producir renunciamiento, necesidad de entrega, es capaz de producir el heroísmo y los sacrificios. Si nosotros dejamos algunas ideas en la cabeza de los colombianos, la idea de la unidad popular por encima de los partidos tradicionales, por encima de los grupos

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de oposición, sin ir contra ninguno de los grupos pero tratando de insistir en lo que hay de común, prescindiendo de lo que los separan; si logramos hacer una unión en objetivos técnicos que no tengan implicaciones religio- sas, objetivos como el del hambre, como el del analfabetismo, como el de la

falta de viviendas, como el de la falta de planificación de la economía, todo

lo que no tiene que ver nada con religiones

Nos podemos juntar alrededor

... de todo lo que nos une y unirnos entonces en esos objetivos pero, como decíamos, dada esta unión en general, unión alrededor de una plataforma. Es necesario que nosotros lleguemos a la organización. Es mucho más agradable hacer una reunión con muy bonitas palabras, con muy bonitos discursos. Es muy agradable también reunirnos aquí, en comunidad, para ver a un padrecito sin sotana, algo que puede llamar la atención. Todo eso es transitorio, todo eso pasa, lo único fundamental es la organización de la clase popular. La organización desde la base y por eso he planteado como principal consigna –antes que cualquier cosa electoral, antes de cualquier organización por la cima de comités– la organización de diez en diez, de cinco en cinco en todas la veredas colombianas, en todos los barrios, en todas las fábricas, en todos los colegios y universidades, en cada manzana, en cada rincón de Colombia con objetivos concretos y unitarios. El primer objetivo, es discutir la plataforma y divulgarla ya sea en imprenta, o en mimeógrafo, o a máquina, o a mano. O recitada, o leída al oído de un compañero que no sepa leer. Vamos a tratar de divulgar esa plataforma por todos los rincones de Colombia porque creo que esta plataforma puede unificar a la clase popular colombiana, por encima de las diferencias religiosas, por encima de las diferencias de partido, por encima de los grupos, por encima de los caudillos. Eso ya comienza a ser una organización. Después vamos a tratar de repartir el periódico de la revolución que se llamará Frente Unido y que el próximo jueves 26 de agosto comenzará a circular por todo el país. Pero como ese periódico no podrá ser repartido por la oligarquía, ni podrá ser financiado por la oligarquía, porque está destinado precisamente a atacar esa oligarquía, tendrá que ser distribuido y financiado por la clase popular y, además, ese mismo periódico costará un peso, el peso semanal de la revolución porque va a ser un semanario. Se va a pagar algo menos de una cerveza, se va a pagar algo más de lo que vale porque vale menos de un peso y se va a vender a un peso para lograr financiarlo y para lograr una cotización pequeña de muchos colombianos pobres porque nosotros sabemos que no tendremos cotizaciones grandes de los pocos colombia- nos ricos. Y necesitamos muchas cotizaciones de los muchos pobres pero

Camilo Torres

que serán pequeñas cotizaciones para montar el aparato gubernamental indispensable para la toma del poder. Por lo tanto, ese periódico va a ser también el periódico que vaya a uni- ficar todos esos comités de diez o de cinco, los cuales, desde esta noche, hemos debido comenzar a organizar. Y esos comités elegirán después a los jefes, no al más rico, ni al más instruido sino al más revolucionario, al más servicial, al más entregado a la causa popular; lo elegirán como su coordi- nador y después se nombrará a coordinadores veredales, es decir, comandos, un comando veredal o un comando municipal; ya después pasaremos a los comandos departamentales y vamos a preparar en tres o en cuatro meses, rápidamente, una convención en Bogotá de todos estos representantes de comandos. No importa que sean analfabetas, lo que importa es que sean leales a la causa de la revolución. Ahora no vamos a hacer como tradicionalmente se ha hecho una orga- nización que salga de Bogotá, vaya después a las capitales de los departa- mentos y por último a las veredas y los barrios. Nosotros, los que hemos venido de Bogotá, los que somos de la clase burguesa, yo que vengo de la posición del sacerdocio, nosotros no somos sino servidores de ese Frente Unido, porque a nosotros nadie nos ha elegido, nosotros no nos justificamos como revolucionarios sino en la medida en que seamos capaces de organizar a la clase popular colombiana y en la medida en que ayudemos a que esa clase popular colombiana elija a los propios jefes que ella quiera, mediante elección de abajo hacia arriba y una organización de base. Después de haber elegido un comando nacional, vamos a seguir una serie de consignas. Ya se ha propuesto la consigna para que la discutan ustedes, para que la discuta la clase popular colombiana, se ha propuesto una consigna que es la de no volver a comprar el periódico El Tiempo, du- rante una semana, del 6 al 12 de octubre, es decir, tenemos todavía mes y medio para preparar el bloqueo a El Tiempo porque a ellos cuando se baja la circulación entonces les tocamos lo que más les duele a los oligarcas que es el bolsillo. Mucho mejor que ir a pedrear un edificio, vamos a tratar de bajarle la circulación, no comprando El Tiempo durante una semana y destruyendo cualquier ejemplar que nosotros veamos de ese periódico, naturalmente no comprado, sino cualquier ejemplar que caiga en nuestras manos. Y así vamos a hacer una serie de consignas, nosotros sabemos que la toma del poder, para mí personalmente, no se va a hacer por las eleccio- nes, la toma del poder va a ser por la conquista y el control que el pueblo tendrá sobre las diferentes instituciones colombianas. Yo no creo que no- sotros podamos tomarnos el poder nombrando a unos parlamentarios que,

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aunque tengan buena voluntad, como son algunos de la oposición, no van allá sino a perder el tiempo y a devengar el sueldo de la nación; no creo que nosotros vamos a ganar el poder utilizando el sistema controlado por la oligarquía, este sistema que, partiendo del presidente, pasando por los ministros y los gobernadores y los alcaldes, llega hasta las urnas y lo que es más grave es un sistema que va a contar los votos no tanto en las urnas sino en las oficinas, a puerta cerrada, de los lacayos de la oligarquía que son los miembros del gobierno nacional; no creo que en esa forma podamos conquistar el poder. Aunque admito que en el Frente Unido puedan entrar todas las corrientes que estés de acuerdo con la plataforma revolucionaria, aunque quieran ir al poder por medio de las elecciones, porque yo no quiero dividir al pueblo entre los que son abstencionistas y los que quieren ir a elecciones, lo importante es que nos unifiquemos en algo, aunque sea muy poco y creo que la plataforma puede ser la base de unificación de los que quieran ir por elecciones y de los que queramos ir de otra manera al poder, diferente a las elecciones. Algunos me han propuesto como un agente de la violencia, en esto la gran prensa ha tenido una gran habilidad, primero, en una forma calumniosa ha presentado que la revolución que yo predico es una revolución violenta, después ha presentado hechos calumniosos en Casanare según los cuales amigos míos han provocado violencias, han dicho que yo he presentado que Simacota 34 es lo principal, como el ejemplo que debe seguir toda Co- lombia, han mostrado también en la gran prensa que en Medellín se había apuñalado en una reunión que yo presidía a un soldado y todo esto lo han creído muchos, que todavía le creen a la gran prensa. Pero todo esto son calumnias y por eso es importante cobrarles esas calumnias a la prensa de la oligarquía. Y se la vamos a cobrar por ahora deteniendo su circulación mientras tomamos el poder y logramos que los periódicos los maneje el pueblo y no los manejen las minorías. Nosotros no predicamos la revolución violenta, nosotros creemos que la revolución es fundamentalmente el cambio de la estructura de la propiedad, de la propiedad de la tierra, de la propiedad de las casas, que es el cambio de la política de inversiones, que ya no podrán salir capitales del país sino tendrán que ser invertidos en aquellos sectores que produzcan trabajo para el pueblo, que se tendrán que abrir las relaciones internacionales con todos

34 Se refiere a la “Toma” militar del municipio de Simacota (Santander) realizada por el Ejército de Liberación Nacional (ELN) el 7 de enero de 1965, como acción de aparición pública. Era una forma de señalar a Camilo como “promotor” de la lucha armada insurgente y así deslegitimar sus argumentos ante el pueblo. [N. de los E.].

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los países del mundo, que las fuerzas armadas serán bien remuneradas pero que serán consagradas a trabajos de progreso socio-económico y no se les obligará a matar a sus compatriotas. De manera que en eso consiste la revo- lución. Pero nosotros sabemos que esas medidas a favor de las mayorías no las va a adoptar el gobierno si el gobierno está manejado por una minoría como lo es actualmente, entonces estamos convencidos que la base de la revolución es el cambio del poder: que pase de manos de una minoría a manos de la clase popular. Por eso, el objetivo que se ha planteado para ese movimiento es la toma del poder y nosotros, los que queremos ser solidarios con la clase popular colombiana, vamos a tomarnos ese poder cueste lo que cueste. Si la clase oligárquica nos lo quiere entregar por las buenas, nos tomaremos el poder por las buenas, pero si la clase oligárquica no lo quiere entregar sino por las malas, el pueblo se tomará el poder por las malas. De manera que lo que es importante es descartar ideas de que ese es un movimiento electoral, de que yo me presento como caudillo, de que yo me presento en nombre de un partido. Yo no quiero formar un partido político, yo lo que quiero formar es un Frente Unido de todos los grupos de oposición con todas las personas que quieran la revolución. Yo no quiero que se haga a favor de una persona y por eso he presentado primero una plataforma antes de presentarme yo personalmente porque creo que un pueblo organizado y realmente revolucionario no debe seguir a un caudillo sino lo que debe seguir es programas y creo también firmemente que nosotros no podemos confiarle a un hombre la obra de un pueblo y el pueblo colombiano tendrá la responsabilidad de la revolución en el momento en que logre liberarse del caudillismo, del personalismo y en el momento en que va a hacer su movimiento, su revolución, su acción, en la base del campesino raso, del obrero raso, de aquellos que hasta ahora no han tenido forma de expresarse, de actuar sino a través de la burguesía, de los intelectuales, o de los gamonales de vereda, de barrio, de municipio o de departamento. Es el campesino raso el que tiene ahora la palabra, ellos son los que tienen la responsabilidad, ellos serán los que van a encabezar la revolución colombiana, porque ellos son los que tienen las necesidades, ellos van a arriesgar la cabeza, porque saben que una cabeza que hasta ahora no ha soportado sino humillaciones no vale la pena de ser mantenida sobre los hombros y por eso, como muchos lo han dicho, es preferible morir de pie que vivir arrodillado. Pero los que han vivido arrodillados son los miembros de la clase popular, por eso en ellos, ate todo, debemos confiar, ellos serán los responsables de la revolución. Y nosotros los jefes en cualquier sentido, ya sea de vereda, ya sea de barrio,

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de fábrica, de sindicato, de municipio, de partido, tenemos que confiar plenamente en el pueblo colombiano. Yo no creo en un revolucionario que íntimamente no crea que el cam- pesino analfabeto tiene valores inmensos y que es él el que nos dará los recursos humanos, morales y también los recursos para la lucha necesarios para hacer la revolución. Únicamente los revolucionarios que crean en su pueblo son los revolucionarios verdaderos. Si no cree en su pueblo es que es caudillista, si no cree en su pueblo es que no trata de apoyarse en la masa y en la voluntad popular. Esos son los planteamientos principales que he venido haciendo, pero me gustaría mucho, precisamente por la confianza que tengo en el pueblo, que cualquiera, aunque se exprese mal o crea expresarse mal, venga aquí y diga las dudas que tiene, y manifieste sus dudas. No me interesan tanto las dudas que tienen los intelectuales, las dudas que tengan los burgueses, las dudas que tenga la gente de la clase media, me interesan mucho más las dudas de la clase popular, de los artesanos, de los pequeños empleados, de los campesinos, de los obreros, porque a ellos va dirigido este mensaje de unión y creo que los demás, en tanto serán revolucionarios en cuanto estén alineados con la clase popular colombiana y no por sí mismos, sino por esa clase, van a hacer la revolución. Yo mismo no me siento revolucionario por mi familia de origen que es de origen burgués, ni por ser sacerdote porque desgraciadamente el clero ha sido hasta ahora un aliado de la oligarquía. Me considero revolucionario en cuanto me acepte la clase popular y en tanto yo defienda los intereses de la clase popular colombiana. Por lo tanto les pido el favor, no es que yo les dé un derecho, sino que ustedes tienen el derecho de manejar la revolución, por lo tanto tienen la palabra.

Camilo Torres

Consignas *

Consideramos como principal objetivo de la lucha revolucionaria la unión y la organización de la clase popular colombiana para la toma del poder. Apoyamos la unión en torno al espíritu y a las líneas generales de la plataforma del Frente Unido del Pueblo. Propugnamos por una organiza- ción popular de abajo hacia arriba: de la vereda hacia el pueblo, del barrio hacia el centro, del campo a la ciudad. Para esto es necesario organizar a toda la clase popular colombiana en grupos de 5 ó 10, sin distinción entre alineados en partidos o movimientos de oposición y no alineados en estos grupos y movimientos, con la única condición de que acepten las líneas generales de la plataforma del Frente Unido del Pueblo. La primera consigna para estos comandos de Frente Unido será la de discutir y divulgar la plataforma. La plataforma no ha sido entregada a los colombianos como un dogma o como un programa definitivo. Es una propuesta para ser discutida por la clase popular colombiana, para que esta lo discuta, la transforme, la amplíe ya que va a ser ella la que la aplicará cuando esté en el poder. La segunda consigna es divulgar la plataforma por todos los medios:

mandándola imprimir, por mimeógrafo, a maquina, a mano, gritándola por los campos y calles de Colombia leyéndomela al oído del compatriota analfabeta. La tercera consigna es organizar la distribución y financiación del perió- dico Frente Unido. La oligarquía no financiara ni distribuirá una publicación que esta destinada a acabar con ella, En un periódico revolucionario son más importantes las numerosas y pequeñas contribuciones de los pobres que los aportes impuros y sospechosos de los ricos. El periódico cuesta un peso: el peso semanal de la revolución, algo menos que el valor de una cerveza, que se consagra no solamente a la financiación de la edición sino en la del aparato político mínimo y necesario para la toma del poder por parte de la clase popular. El Frente Unido será como el hilo que unifique los comandos populares y cree una gran red que sustente toda la organización de la clase obrera y campesina.

* El siguiente documento constituye las líneas de acción planteadas por Camilo para la militancia del Frente Unido y publicadas originalmente en el periódico Frente Unido (Nº. 2, septiembre de 1965). [N de los E].

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La cuarta consigna será la de elegir los jefes de los comandos de veredas, comandos de fábricas, comandos de barrios, de municipios y de departa- mentos para que, al finalizar el año, podamos reunir una gran convención popular en Bogotá que elija un comando nacional de la revolución y deter- minar las tácticas a seguir para el asalto definitivo al poder. A esta convención no deberán asistir los más poderosos, ni los más ricos, ni los más instruidos, ni lo de mejor familia, ni los caciques y gamonales tradicionales. A esta convención asistirán los débiles, los ignorantes, los imprudentes –según la oligarquía–, los que no son bien nacidos, los ham- brientos, los mal vestidos, pero los que tienen el ideal de la revolución en sus conciencias y el fuego de la lucha por sus hermanos en sus corazones y en sus brazos. Por ahora los comandos municipales, regionales y departamentales que se elijan serán comandos provisionales. En ellos participarán sin discrimi- nación todos los colombianos a título eminentemente personal. Pueden ser representantes de gremios obreros, campesinos y estudiantiles, pueden ser del grupo de los no alineados. En los comandos provisionales del Frente Unido nadie será tenido en cuenta por lo que representa sino por lo que trabaje por la revolución. Por ahora la eficacia en la organización será probada con consignas emanadas del comité provisional que funciona a nivel nacional. Cuando esté constituido el comando nacional del Frente Unido, como resultado de la convención popular en Bogotá, éste dará las consignas re- volucionarias y determinará los pasos tácticos hacia la toma del poder por parte de la clase popular. La toma del poder podrá ser repentina o progresiva. Todo depende de la unidad y organización de la clase popular por un lado y de la actitud beli- gerante o no de la oligarquía. La clase popular no decide sobre la vía para la toma del poder, ella ya ha decidido que lo ha de tomar tarde o temprano; la oligarquía es la que debe decidir como lo va a entregar. Si lo entrega pacíficamente, la clase popular lo tomará pacíficamente. Si no lo quiere entregar sino por las malas, la clase popular lo tomará por las malas.

Por la unión de la clase popular, hasta la muerte. Por la organización de la clase popular, hasta la muerte. Por la toma del poder para la clase popular, hasta la muerte.

Camilo Torres

Reportaje *

La oligarquía expuso que usted servía a los intereses del comunismo, ¿qué dice usted de eso?

Como todo el mundo sabe, en cada época de la historia se ha adoptado un adjetivo para colocar fuera de la ley a los individuos. Me parece que así como en la primera época de nuestra era se decía cristiano a una persona que se quería poner en contra de la ley, aunque no fuera cristiano, hoy en día se usa el adjetivo comunista para poner fuera de la ley a aquellos que son inconformes. De manera que me parece que es una forma que tiene cada grupo privilegiado de cada época de la historia para defenderse, y aquí la oligarquía lo aplica con tanta profusión que ya ha perdido un poco su significado y eficacia, para descartar a las personas que están en contra de la estructura vigente.

¿Qué quiere usted decir con la palabra clase popular?

Con la palabra clase popular yo quiero dar a entender los pobres de Co- lombia. Naturalmente que desde el punto de vista estrictamente sociológico yo comprendo que es una expresión bastante vaga, pero es la expresión que el pueblo entiende. Yo no creo que en Colombia los pobres tengan una conciencia de clase. Y en mi concepto, tener la conciencia de clase es uno de los elementos importantes para constituir una clase, pero para designar a los pobres, y para no referirnos únicamente a los obreros, sino también a los campesinos, he utilizado esa expresión de clase popular.

¿Es cierto que desde que inició usted su movimiento revolucionario hace 4 me- ses, ha logrado mover ya más de medio millón de colombianos, constituyendo así el movimiento político que más rápidamente se ha integrado en Colombia en los últimos tiempos?

Según los cálculos de las personas que han salido a las plazas, sí es cierto

que hay más de medio millón que han salido a oírme. Naturalmente que esto no necesariamente significa que el más de medio millón de personas que han

* Esta entrevista fue concedida para una revista alemana los periodistas Armin Hindrichs y Fernando Foncillas. No se sabe si se publicó. Esta versión es la que se produjo en mimeógrafo la Universidad Incca de Bogotá, donde se realizó la entrevista, y publicada en CyR. Normalmente aparece titulada “Reportaje de Armin Hindrichs y Fernando Foncillas”. [N. de los E.].

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salido a oírme, estén de acuerdo conmigo, pero de todas maneras, no creo que los otros políticos hayan logrado algo semejante. Y sí creo que es un movimiento político de gran celeridad. Y lo más importante, es que al lado de cada una de estas reuniones se han constituido varios comandos organi- zativos, lo cual para mí es más importante, la organización que la cantidad.

¿Cómo se explica usted que su semanario Frente Unido se agote cada semana que sale?

Yo creo que el pueblo colombiano tiene una gran inconformidad. Una inconformidad que se ha visto frustrada. Creo que una de las grandes frus- traciones que ha tenido nuestro pueblo ha sido el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en el año de 1948, cuando El Bogotazo. Después de esto, el pueblo siempre ha seguido anhelando una guía para transformar las instituciones del país. Y esa guía no se le ha mostrado en una forma que responda total- mente a ese anhelo. Pero me parece que ahora comienza a ver una forma de solución. Una forma de encauzar su descontento, no solamente dentro de un partido, dentro de una ideología, sino en una forma amplia alrededor de algunos principios concretos de carácter más positivo que especulativo.

El Cardenal ha dicho que su posición política está reñida con los principios de la política social de la Iglesia Católica. ¿Cómo defiende usted su posición sacerdotal y re- volucionaria en donde sin duda se encuentran muchos elementos marxistas y leninistas?

El Cardenal ha hecho una afirmación bastante vaga. Ha dicho que algunos de los puntos de la plataforma son inconciliables con la doctrina de la Iglesia. Sin embargo, a pesar de que yo se lo he pedido en público y en privado, nunca ha querido precisar cuáles son esos puntos, ni ha querido probar por qué están en oposición con la doctrina social de la Iglesia. Por el contrario, ante publicaciones de otros sacerdotes, tanto colombianos como extranjeros, tampoco ha tenido nada que contestar. Publicaciones en las cuales ellos demuestran que no hay oposición entre mis planteamientos y la doctrina social de la Iglesia. Yo me explico y creo que las personas que viven en Colombia, en Latinoamérica en general, pero en Colombia en particular, se explican fácilmente mi posición como sacerdote y como revolucionario. Yo vengo de una familia que no era prácticamente, más bien de libre pensadores. Y encontré el cristianismo como una forma de vivir el amor al prójimo, el amor a los semejantes. Al ver la importancia que tiene esto, resolví dedicarme al amor al prójimo de tiempo completo, y por eso me hice sacerdote. Cuando vi que la caridad, el amor, para ser sincero y verdadero

Camilo Torres

era necesario que fuera eficaz, entonces vi que era necesario unirlo a la cien- cia, y por eso me hice sociólogo. Pero al estudiar la sociología, me di cuenta que para darle de comer a las mayorías, no bastaba con la beneficencia del paternalismo, sino que había que organizar a nuestra sociedad en una for- ma diferente. Por todos los modos traté de que esto lo conocieran los laicos católicos, para que realizaran es transformación estructural en Colombia, en beneficio de mis hermanos. Sin embargo, vi que no se quería hacer, o no se podía hacer, y después de haber ensayado por muchos medios, de recurrir a los políticos de la oposición, me resolví yo mismo plantearlo al pueblo directamente. Plantearle una solución y esa solución ha sido acogida por diversos motivos. Entonces yo estoy ante la alternativa de dejar al pueblo de Dios por seguir una disciplina externa, sacrificar no la disciplina, porque creo que la disciplina no la he sacrificado, sino las formas externas de mi sacerdocio por dedicarme al pueblo de Dios que yo creo que es una labor también sacerdotal, aunque no de culto, pero sí de acuerdo con la concepción teológica del sacerdocio, es un requisito indispensable para poder ofrecer el sacrificio de la misa, el sacrificio eucarístico; lograr que el pueblo de Dios se ofrezca antes a sus semejantes, y lograr que el pueblo de Dios se unifique en torno al amor, para después entregarse a Dios.

En varias reuniones con estudiantes, y la última en la Universidad INCCA,

usted nos dijo que el fin del Frente Unido era la toma del poder por la clase popular. Pero tomar el poder no es un fin sino un instrumento de su política. ¿Cuál es el fin principal de su movimiento?

El fin principal del movimiento naturalmente está en las transforma- ciones económicas, sociales y políticas necesarias para el bienestar de las mayorías. Esas transformaciones yo he tratado de plantearlas en la plata- forma de lucha del pueblo, del Frente Unido, y creo que el fin es lograr esas transformaciones. Transformaciones que sean justificables desde el punto de vista técnico y encaminado al bienestar de las mayorías colombianas.

¿Qué entiende usted por socialismo?

Creo que la palabra socialismo tiene diversas acepciones. Puede tener un contenido filosófico, filosófico-político, digamos de tipo normativo, es decir, una concepción de la sociedad en la cual la propiedad privada no debe existir, la propiedad privada de los medios de producción. Como norma general, en la cual, por lo menos en la etapa socialista de acuerdo con los marxistas, el Estado debe tener una gran injerencia como representante de una clase. Pero creo que el socialismo puede ser también una concepción estrictamente

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técnica, es decir, el socialismo puede ser un sistema en el cual prevalezcan los intereses de la sociedad sobre los intereses del individuo. Puede ser un sistema en el cual la propiedad privada se organice en tal forma que corresponda a ese principio, es decir, que nunca se vaya a sacrificar a la sociedad por los individuos en particular, y por lo tanto, una organización económica, política y social en base a estos principios muy generales que tendrían sus aplicaciones técnicas de acuerdo con la coyuntura económica, social y política de cada país y de acuerdo con los recursos y con las características de cada pueblo.

Fidel Castro durante su campaña revolucionaria siempre negó que fuese comu- nista, pero después dijo que él había sido siempre marxista-leninista, lo que muchos de sus correligionarios han negado, y sólo se lo explican dentro de la dinámica de una revolución que no podía contar con el apoyo de los Estados Unidos, y como tal,

para salvar esa revolución era necesario que algún país la ayudase económicamente. Este país o países no pueden ser en estos momentos más que Rusia, China o Cuba, porque ningún país capitalista estará dispuesto a ayudar a Colombia en el caso de que usted tome el poder.

No me parece que la declaración de Fidel Castro tuvo un carácter mucho más político que ideológico, porque esto de ser marxista-leninista puede ser interpretado en muchísimos aspectos. Porque uno puede ser marxista- leninista si adopta la metodología del marxismo-leninismo, o si adopta el enfoque de la realidad del marxismo-leninismo, o si se toma como un sis- tema dialéctico, o si se toma como una metafísica, aunque a los marxistas no les guste que los llamen metafísicos, pero es decir, si se toma como un enfoque de la realidad, y como una explicación de la realidad del mundo y de sus hombres. De manera que esto de decir que es marxista-leninista tiene una gran amplitud, y me parece que en el momento en que Fidel Castro lo dijo era porque tenía que decidirse en sus compromisos internacionales. Creo yo, naturalmente, que para lograr la liberación de Colombia, como de Latinoamérica, como de los países del Tercer Mundo, es importante contar con los enemigos de nuestros enemigos. Yo considero a los Estados Unidos como enemigos del pueblo colombiano, no el pueblo de los Estados Unidos, sino el sistema de los grandes de los Estados Unidos y el gobierno como un instrumento de los capitalistas norteamericanos. Y por eso como sucedió cuando la Independencia de Colombia que los latinoamericanos tuvieron que unirse con los enemigos de España para luchar contra España, así, en esta época, nosotros tendremos que unimos con los enemigos de los Estados Unidos para luchar por nuestra liberación. Sin embargo, creo yo, que depende de los mismos Estados Unidos y depende de otros países

Camilo Torres

no comunistas, ya sean neutralistas, ya sean del bloque capitalista, el que Latinoamérica no caiga totalmente en manos del otro bloque. Yo personalmente soy partidario del neutralismo, como el egipcio, como el yugoslavo, como el hindú. Pero que ese neutralismo naturalmente que depende no solamente del deseo de los países latinoamericanos sino de las circunstancias concretas. Si nosotros tratamos de hacer una lucha de liberación del imperialismo norteamericano y de las fuerzas reaccionarias colombianas, pero para caer totalmente dentro del bloque socialista, yo creo que esto no sería conducente. Si nosotros logramos hacer una revolución socialista pero de carácter nacionalista, y logramos mantener un neutralismo jugando con la competencia de los grandes en favor de los pequeños, creo que esto sería el ideal. Pero naturalmente, como lo decía antes, esto depen- de no solamente de nosotros, sino de la inteligencia con que las grandes potencias manejen las luchas de liberación latinoamericanas.

Hace poco usted tuvo una discusión con líderes sindicales en la que usted expli- caba su definición de imperialismo que usted comprende como fenómeno puramente económico. ¿Cuál es su posición frente a las empresas extranjeras?

Ante las empresas extranjeras yo creo que hay que tener la posición precisamente de equidad y de igualdad con las empresas nacionales. Es decir que yo no creo que por el hecho de ser extranjeras, nosotros tengamos que negarles algunos derechos, y tampoco, concederles algunos derechos especiales. En la plataforma de lucha del Frente Unido se establece que es necesario tener relaciones con todos los países del mundo, en términos de igualdad y equidad. Si esas empresas vienen únicamente para favorecer a los colombianos, y yo creo que sería utópico pensar que se establecieran empresas que únicamente favorecieran a los colombianos, en términos de equidad y de justicia, se da una forma de evitar el imperialismo. El imperialismo, al fin y al cabo, es una forma de dominación en base a una superioridad económica. Si esa forma de dominación se logra controlar, entonces ya no habría imperialismo.

¿Es decir que usted no llegaría tan lejos como la revolución cubana de expropiar a todas las empresas extranjeras?

No en el caso de que eso no fuera necesario para la liberación colombia- na. En el caso de que no quedara otro remedio, habría que hacerlo. Por eso yo digo que nuestras relaciones internacionales no dependerán solamente de nuestra posición, sino de la inteligencia con que reacción en las potencias extranjeras y las empresas extranjeras.

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En las últimas declaraciones que el Cardenal hizo sobre su persona dijo que usted

no era ya sacerdote. Por otra parte, en la manifestación del día 1º de octubre, un sacerdote nos dijo que usted se guía siendo sacerdote hasta que el Vaticano decidiese el asunto. ¿Se sigue usted considerando sacerdote, recibió alguna comunicación del Vaticano a este respecto?

Bueno, yo creo que el Cardenal realmente nunca ha afirmado que yo haya dejado de ser sacerdote, sino que he dejado de pertenecer al estado clerical porque a pesar de que el Cardenal ha tenido algunas imprecisiones desde el punto de vista del derecho canónico, yo creo que el Cardenal no puede afirmar una cosa que la teología católica sostiene: y es que el sacramento del sacerdocio imprime carácter. Y por lo tanto, yo creo que seré sacerdote hasta la eternidad. Las comunicaciones de Roma que se han recibido de acuerdo a las in- formaciones que me ha dado la Curia de Bogotá, fueron en primer lugar:

pedir que se dialogara más conmigo. Cuando yo pedí que se me concediera la reducción al estado laical, ellos mandaron a Roma un telegrama pidiendo un rescripto por el cual se estableciera con qué condiciones se me daba esta reducción. Cuáles eran los derechos y los deberes respecto de los cuales ya no tenía obligaciones ni tenía derechos. Y Roma contestó que se dialogara más conmigo. Después, de la Curia mandaron una carta explicando cómo habían sido las relaciones, las conversaciones que habían tenido conmigo. Después de eso, no ha habido respuesta, por lo cual la actitud del Cardenal no ha sido ni confirmada ni tampoco desautorizada. Pero realmente, en Roma no se han pronunciado.

¿Cómo está organizado su movimiento? ¿Está basado esencialmente en la Uni- versidad, o tiene también fuertes raíces en los sectores campesino y obrero?

Este movimiento partió de la Universidad como tantos movimientos en Latinoamérica. Sin embargo, yo desde hace seis años he tenido muchas relaciones a través de los programas de desarrollo de la comunidad y de los cursos sindicales con los campesinos y los obreros. Y el movimiento está orientado principalmente hacia campesinos y obreros. A organizarlos en la base. Y de la base hacia arriba. Por lo tanto, yo creo que sí tiene una gran base campesina y obrera. Una gran base popular.

¿Goza usted de influencia en las clases burguesas no oligárquicas?

Desgraciadamente en Colombia hay muy pocos elementos de la burgue- sía que no sean oligárquicos. En gran parte porque en Colombia hay muy poca burguesía nacionalista. El fenómeno colombiano desde el punto de

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vista económico es que la mayoría de los capitalistas colombianos están asociados a los capitales extranjeros. Tanto en los Estados Unidos como aquí mismo, las grandes empresas que llevan el nombre de colombianas en general, tienen mayoría de capital norteamericano, como sucede con Avianca, con Colmotores, como sucede con Celanese, con Peldar, como sucede con Icollantas y con muchísimas empresas inclusive la industria antioqueña, que se había considerado una industria más nacionalista, ya está prácticamente pignorada a los Estados Unidos. Por lo tanto, aquí existe una mezcla. Siempre ha habido una tendencia extranjerizante en nuestra burguesía. Los burgueses nuestros tienen como un timbre de orgullo el no usar las cosas nacionales. Tienen como timbre de orgullo el educarse en el extranjero, el usar modismos extranjeros, el tener una cultura extranjera, el despreciar lo autóctono. De manera que aquí realmente no hay una burguesía nacionalista. Por otra parte, casi toda la burguesía está aliada a la oligarquía que realmente es la que tiene el poder. Hay algunos sectores de pequeña burguesía naturalmente que vienen a veces de clases altas. Fa- milias que han perdido sus bienes económicos, pero dentro de esas gentes me parece que existe una influencia, ya que yo también procedo de una clase burguesa.

Con motivo de la crisis dominicana el ex-vicepresidente de los Estados Unidos

Nixon, declaró que el próximo país maduro para una revolución de tipo marxista o comunista iba a ser Colombia. En aquella ocasión se habló mucho de la presencia de Che Guevara por las costas colombianas. ¿Cree usted que será Colombia el próximo país en donde se produzca una revolución de este tipo?

Yo creo que para Nixon y para otros individuos tan retrógrados como Nixon, o más, por ejemplo el presidente Johnson, la revolución dominicana fue una revolución comunista, y en contra a todos los informes de las Na- ciones Unidas, de los demócratas cristianos, de la República Dominicana y del mundo entero de personas insospechables. Colombia sí está muy lista para iniciar un proceso revolucionario no Comunista, sino nacionalista, como creo que fue el proceso revolucionario dominicano. Ahora, respecto a la presencia del Che Guevara, a no ser que mis com- pañeros revolucionarios no me hayan informado nada, lo que hubiera sido por lo menos una falta de cortesía, yo no tengo ninguna noticia de que haya estado por aquí, aunque me parece que su asesoría técnica podría ser de gran valor en algunos aspectos tácticos, pero desgraciadamente no lo hemos visto por aquí.

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¿Cómo ve usted la revolución en libertad de la democracia cristiana chilena?

Que a mí me parece que toda revolución es una revolución para la liber- tad. Lo que es importante determinar es para quién va a ser esa libertad. Si la libertad de las minorías se opone a la libertad de las mayorías, yo creo que hay que sacrificar la libertad de las minorías por la libertad de las ma- yorías. De manera que el insistir tanto en la revolución en libertad, podría significar que se quiere dar una libertad absoluta para todos, inclusive los explotadores, cosa que a largo plazo puede ser peligrosa para el presidente Frei, o por lo menos paralizante. Lo que sería lo más grave para el gobierno chileno sería que no mostrara un neto cambio y una aceleración de trans- formaciones, mediante su gobierno. Por lo tanto, tenemos que esperar un poco para ver quiénes son los que van a tener libertad en Chile.

¿Qué grupos políticos más o menos tradicionales dentro del ámbito político colom-

biano apoyan al Frente Unido, aparte de los nuevos elementos que lo han formado?

Dentro de esos grupos políticos está el MRL (Movimiento Revoluciona- rio Liberal) en su factor de la línea dura. Está la Vanguardia Nacionalista Popular, grupo de obreros y estudiantes más bien reducido. Está el Movi- miento Obrero Estudiantil Campesino. Está también el Partido Comunista, en sus dos líneas. Está también Vanguardia del MRL, Juventudes del MRL. Creo que estos son todos los grupos organizados.

¿La Democracia Cristiana no apoya su movimiento?

Ah, perdón. La Democracia Cristiana ha tenido hasta ahora un apoyo en general del movimiento. Algunos de sus altos jefes se han retirado, pero continúan varios sindicatos controlados por la Democracia Cristiana y continúa la base estudiantil.

¿Cómo se financia su movimiento?

Pues en primer lugar, creo que se financia muy mal. Pero de todas ma-

neras, se ha buscado como fuente de financiación el periódico, cosa que no es muy tradicional, pero que creo está dando resultados, porque se está vendiendo a un precio que no solamente implica la compra de un periódico, sino una forma de cotización para el movimiento. Naturalmente que recoger estas cotizaciones es bastante difícil, y estamos apenas sobreaguando para mantener una organización.

¿Del exterior recibe usted ayuda?

No, ninguna.

Camilo Torres

¿O quiere ayuda?

Sí, quererla sí. Sí la recibiría de cualquier sector, pero desgraciadamente

aún no nos ha llegado.

En caso de llegar al poder, ¿qué forma de gobierno establecería usted para la clase popular?

He insistido bastante en que la forma externa no es tan necesaria. Lo que es más importante es que nosotros logremos que las mayorías se organicen, se unifiquen y puedan presionar para obtener las decisiones necesarias a favor de los intereses mayoritarios. Es importante distinguir entre lo que es el poder formal y el poder real. El poder formal es la forma externa, como monarquía, o democracia representativa, u oligarquía, o cualquier forma de gobierno externo. Pero lo que es más importante es ver quienes son los que determinan las decisiones gubernamentales. Actualmente, los únicos que determinan las decisiones gubernamentales en Colombia son los que pertenecen a una minoría de grandes intereses económicos. El día que lo- gremos nosotros que las mayorías se unifiquen, se organicen con objetivos concretos, y produzcan las decisiones, ese día tendremos una auténtica democracia. Es la finalidad que creo entender. Las formas externas, si es por medio de un hombre, por medio de una dirección colectiva, por medio de los tres órganos tradicionales del poder, Legislativo, Ejecutivo y Judicial. Eso se podrá decidir en función de las necesidades. Lo fundamental es que la clase popular se unifique, se organice y decida.

¿Tiene su movimiento cuadros técnicos preparados para, en el caso de que ocu- pasen el poder, realizar la revolución?

Colombia no tiene cuadros técnicos preparados. Mucho menos el movi- miento. Aquí no hay cuadros técnicos preparados, porque no se ha organizado la educación ni la sociedad para que existan esos cuadros y, por otra parte, uno de los grandes obstáculos para organizar la educación, la sociedad, es la falta de cuadros técnicos preparados. Como éste es un círculo vicioso hay que romperlo por algún lado y pienso que vamos a romperlo con lo que haya y después, como se dice vulgarmente en Colombia, por el camino arreglaremos las cargas. Con pocos técnicos, tratando de prepararlos en la práctica, con gente que tenga práctica, y aunque no tenga niveles académicos altos, creo que se puede ir construyendo un país, pero naturalmente, con gran énfasis en la educación a todos los niveles.

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Unión y organización de la base popular *

La unión de la clase popular en la base es un asunto simple. Los que tienen hambre, desocupación, inestabilidad, bajos ingresos, falta de educación, se identifican fácilmente en objetivos políticos concretos y, especialmente, en el objetivo máximo que es el de la toma del poder para la clase popular colombiana. La organización de la clase popular en la base ha resultado mucho más fácil y más rápida de lo que se pensaba. Los precedentes organizativos de- jados por el sindicalismo, el cooperativismo, la acción comunal, etc., han ayudado. Pero lo fundamental es el sentimiento del pueblo de que debe organizarse. “La necesidad crea el órgano”. El pueblo se ha dado cuenta de que la organización es la base del movimiento revolucionario: por eso ha logrado superar sentimientos de inferioridad, timideces y apatía. Los campesinos y los obreros han comenzado a sentirse responsables directos de la Revolución y por eso han comenzado, sin esperar directivas de arriba, a organizarse en grupos de 3, de 5 o de 10, o de más. La organización de la base es un hecho y un hecho que crece con una celeridad insospechada. Dentro de los jefes y de los intelectuales, el asunto es a otro precio. Las reservas y prevenciones entre las personas y los grupos surgen por todas partes. Afortunadamente, mientras la “intelectualidad revolucionaria” se devana los sesos buscando “la fórmula exacta” de la revolución colombiana, entre los anaqueles de sus bibliotecas, el pueblo la ha encontrado en medio de su sufrimiento, de su conciencia de ser explotado, perseguido y humillado. El Frente Unido del Pueblo está constituido por los movimientos políti- cos organizados que hayan aprobado la plataforma de lucha y por todos los colombianos (liberales, conservadores, anapistas, lopistas, MRL línea dura, comunistas expulsados o no, organizados o no, demócratas cristianos, na- cionalistas, independientes, etc., etc.) que aprueben esa misma plataforma. Necesitamos unir a los oprimidos contra los opresores. Pero en Colombia, la mayoría de los oprimidos no pertenecen a los grupos políticos organizados. Son los “no alineados” que quieren, en su mayoría, la Revolución pero no están organizados.

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El siguiente documento apareció originalmente en el periódico Frente Unido (Nº. 7, octubre 7 de 1965) a manera de Editorial. [N de los E].

Camilo Torres

¿Cuál es entonces el principal deber de los revolucionarios más cons- cientes, más organizados, más alineados no tanto en su grupo sino en la revolución colombiana? Organizar a los “no alineados”. Por eso, la preocupación primordial del Frente Unido debe ser la de organizar a los “no alineados”. Hacer que se alineen. Para eso (podemos preguntarnos) ¿es necesario que se vuelvan demócratas cristianos, comunistas, emerrelistas, anapistas? ¿Lo principal no es que se alineen en la revolución colombiana? ¿Si no desean alinearse dentro de los grupos oposicionistas existentes, vamos a prohibirles que participen en la Revolución? ¿Con qué derecho? ¿Con el de las mayorías? En ninguna forma, porque ellos son las mayorías. ¿Con el de estar mejor formados? Eso no se puede juzgar sino a través de los hechos, no a través del carnet, ni de las declaraciones. Eso lo juzgará la historia. Por ahora respetémonos mutuamente y en lugar de pedir honores y preeminencias en la jerarquía revolucionaria, dediquémonos a hacer la Revolución. Dedi- quémonos a organizar a los que no están organizados. Llamémoslos como ellos se quieran llamar. “No alineados”, “Alineados en el Frente Unido”, “Revolucionarios”. Aunque yo no estoy de acuerdo con un caudillismo que esté por encima de toda consideración organizativa, si está subordinado al ideal de la organización, podemos aceptarlo por ahora. Si el pueblo se quiere llamar “camilista” dejémoslo, con la condición de que se organice. No se trata de un partido nuevo, ni de un movimiento nuevo. Se trata de una nueva organización de los no organizados para que se alineen en el Frente Unido y en la Revolución pero no los obliguemos a adoptar títulos nuevos si no quieren. Es lógico que “a alto nivel” se presenten diferencias. No nos afanemos y sigamos adelante con la Revolución. El pueblo será el que decida sobre el nombre de los “no alineados”. Él será el que decida si, en el futuro, va a construir otro partido. Por ahora la tarea es de convencerlos de que hagan una nueva organización que forme parte del Frente Unido. En la tarea de hacer esa organización debe estar comprendido todo buen revolucionario y todo integrante del Frente Unido del Pueblo.

Frente Unido del Pueblo *

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El Frente Unido del Pueblo es el resultado de varios años de experiencias y de reflexión. El intento de unión entre los grupos políticos oposicionistas y los demás descontentos colombianos tenían que afrontar dos problemas principales:

El primero, la falta de amplitud suficiente y el segundo, la falta de una definición clara. La amplitud fácilmente se habría podido limitar por mo- tivos religiosos, por motivos de política tradicional, por sentimientos de grupo o por sentimientos caudillistas. Era necesario plantear una unión alrededor de objetivos concretos que unificaran a todos los colombianos sin distinción de credos religiosos, afiliación política, grupo o caudillo. La plataforma de lucha del Frente Unido del Pueblo no puede ser realizada sino después de que éste se tome el poder. Su única novedad consiste en que busca los puntos comunes de carácter revolucionario, sin entrar en diferencias religiosas, ni partidistas. Puede ser aceptada por católicos y no católicos, por liberales pobres y conservadores pobres, por los elementos revolucionarios del MRL, el Partido Comunista, la Anapo, la Democracia Cristiana, etc., y especialmente por los elementos revolucionarios de los no alineados en estos grupos. Sin embargo, es necesario definir que esta plataforma tiende al establecimiento de un Estado socialista, con la con- dición de que el “socialismo” lo entendamos en un sentido únicamente técnico y positivo sin ninguna mezcla con elementos ideológicos. Se trata de un socialismo práctico y no teórico. Al hablar de una plataforma revolucionaria se consiguen muchos adep- tos. Sin embargo, al precisar que la revolución consiste en una reorganiza- ción fundamenta del Estado con aplicación de la técnica y la ciencia para lograr reformas en favor de las mayorías, hay muchos que se retiran. La plataforma no habla de tácticas para la toma del poder. Sin embargo, algunos estiman, como el Dr. Alfonso López Michelsen, que esta plataforma no sirve para una lucha electoral inmediata. Además la plataforma se ha venido asociando al nombre de Camilo Torres y yo he planteado claramente las razones por las cuales no concurriré a las elecciones. Aunque estas razo- nes no justifiquen en ninguna forma que yo vaya a atacar a los otros grupos

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El siguiente documento apareció originalmente en el periódico Frente Unido (Nº. 8, octubre 14 de 1965) a manera de Editorial. [N de los E].

Camilo Torres

oposicionistas, sean revolucionarios o no, de hecho los grupos electores se alejan de la plataforma con cualquier excusa. Por otra parte, los seguidores de la plataforma, al plantearnos la toma del poder político como condición indispensable para aplicarla, tenemos necesariamente que plantearnos una decisión táctica: la de ir hasta las ultimas consecuencias y la de utilizar cual- quier vía que la oligarquía deje abierta para esta toma del poder. Esta actitud tiene grandes consecuencias ideológicas porque la Iglesia mis- ma ha establecido las condiciones de una guerra justa. Sin embargo, de hecho, muchos “revolucionarios” no quieren ir hasta las últimas consecuencias. Una plataforma que plantea un tipo de Estado socialista y la liberación de Colombia del imperialismo norteamericano no puede ser indiferente ante los movimientos que tiendan hacia un socialismo y que planteen la liberación del imperialismo. Aunque estos movimientos tengan elementos ideológicos de discrepancia, en el aspecto científico, positivo y práctico, son los más cercanos a nosotros. Esta solidaridad, en la práctica, aleja a muchos “revolucionarios” timoratos que insisten más en la ideología que en la revolución. Hay un hecho evidente en el movimiento del Frente Unido y es que constituye el movimiento de masas que se ha formado en menos tiempo. Por eso los recién llegados son abundantes. Los motivos de su llegada son diversos. Algunos se presentaron para adquirir curules y salieron defrau- dados. Otros creyeron que se trataba de un partido nuevo y también se alejaron en la misma forma como vinieron: muy rápidamente. Mientras la línea revolucionaria del Frente Unido vaya determinándose en una forma cada vez más definitiva y tajante, los “compañeros” de la revolución irán quedándose a la orilla del camino para volverse a su lugar de origen o para esperar que la revolución la hagamos los demás y después juntarse a ella. Lo importante es que la clase popular colombiana siga siempre adelante sin dar un paso atrás, a pesar de las defecciones, a pesar de los rumores, a pesar de las traiciones. La decisión de los pobres que no quieren que sus hijos los acusen en el futuro de haber traicionado su vocación histórica y revolucionaria, será la que defina la situación. Ellos pueden saber que yo iré hasta las últimas consecuencias y que, si solamente queda conmigo un puñado de hombres decididos, con ellos seguiremos la lucha. Aunque ésta vaya a ser una lucha prolongada, lo que importa es que todo el que se decida a incorporarse a ella, se decida también a continuar hasta el fin.

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Los Comandos del Frente Unido *

La fase agitacional del proceso revolucionario que ha venido acelerando el Frente Unido está prácticamente terminada. La organización, aunque muy generalizada en todo el país, es aún rudimentaria. El trabajo de ex- tensión es necesario complementarlo con una acción de profundidad. Los comandos provisionales del Frente Unido están constituidos, prácticamente, en todo el país. Estos comandos tienen tres formas diferentes:

Primera: comandos homogéneos de los grupos organizados que partici- pan, formal o informalmente, del frente Unido (MOEC, partido Comunista, Vanguardia Nacionalista Popular, MRL, Anapo, Democracia Cristiana, etc.). Segunda: comandos mixtos constituidos con elementos de los grupos anteriores y por elementos no alineados. Tercera: comandos homogéneos de no alineados en otros grupos.

De estas tres clases de comandos del Frente Unido, la más generalizada es la segunda. El grupo que tiene menos organización es el grupo de los no alineados. El Frente Unido ha establecido como tarea primordial la organización de los no alineados. Esta denominación parece demasiado negativa ya que los no alineados en grupos constituidos ansían vehemen- temente alinearse en el Frente Unido y en la revolución colombiana. Mu- chos de ellos, en la base, dicen que son del Frente Unido, pero esto resulta equívoco ya que el frente unido está constituido además por otros grupos a los cuales ellos no han querido hasta ahora pertenecer, ni se puede obligar a que pertenezcan. Algunos han expresado la necesidad de constituir un nuevo partido, con los no alineados, para que entren así a formar parte del Frente Unido. Sin embargo, los no alineados no tienen una filosofía común; están unidos por la plataforma, por la persona de Camilo Torres, por la táctica de la abstención beligerante, y por la decisión inquebrantable de tomarse el poder para la clase popular. Estos elementos darían fundamento para la constitución, no de un partido pero sí de un movimiento que permita

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El siguiente documento apareció originalmente en el periódico Frente Unido (Nº. 9, octubre 21 de 1965) a manera de Editorial. [N de los E].

Camilo Torres

reunir orgánicamente a los no alineados para que participen así del Frente Unido. De ahí la tarea esencial de constituir comandos de no alineados y de fortalecer el grupo de los no alineados en los comandos mixtos. La decisión final sobre la forma de organización de los no alineados, la tendrán dar los mismos no alineados, previa a la convención del Frente Unido. En cualquier circunstancia lo esencial actualmente es consolidar los co- mandos existentes. Los comandos que no son de base (de campesinos rasos y de obreros rasos) se han llamado comandos provisionales. Su principal tarea es la de organizar comandos de base y hacer que elijan comandos definitivos de barrio, vereda, fábrica, municipio, departamento. Además de las consignas especiales que los comandos provisionales deben sugerir, de acuerdo con las necesidades de cada localidad hay consignas generales que deben cumplirse en todo el país tal como la anteriormente anotada de organizar comandos de base y la no menos importante de estimular y apoyar las asociaciones gremiales (obreras, campesinas y estudiantiles) en todas sus luchas reivindicativas, tratándolas de orientar a la lucha definitiva por la toma del poder para la clase popular. Todos los comandos deben consagrarse inmediatamente a la formación de los dirigentes de base por medio de cursos especiales, por reuniones de comandos, por el estudio y la ampliación de la plataforma. En este momento tenemos que sacrificar la cantidad a la calidad. Es preferible, para el cumplimiento de las consignas, un buen comando en una manzana, un barrio o una fábrica que muchos comandos malos. La fisonomía popular de la revolución colombiana no surgirá simple- mente de las manifestaciones multitudinarias. Cada colombiano revolu- cionario debe pensar en un grupo de amigos, vecinos, o compañeros de trabajo para formar un comando con los objetivos anteriormente anotados, sin necesidad de esperar instrucciones de arriba. El Frente Unido adquirirá así vida propia, independientemente de las actitudes que asuman los jefes provisionales. Las actitudes de estos jefes deberán acomodarse a la voluntad de las masas. A fines de este año, o principios del entrante los auténticos representantes del pueblo elegirán en una gran convención popular al co- mando nacional del Frente Unido que fijará las tácticas ante las elecciones y para la toma del poder.

Parte II

Reflexiones intelectuales y militantes

(Voces editadas)

Parte II Reflexiones intelectuales y militantes (Voces editadas) Camilo Torres en Barranquilla en la gira del

Camilo Torres en Barranquilla en la gira del Frente Unido. El fotógrafo Acuña captó esta instantánea de Camilo a su llegada a Barranquilla. Fuente: Diario El Caribe, Barranquilla, Nº. 2960, p. 1, Viernes 6 de agosto de 1965.

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La Plataforma del Frente Unido *

Por Germán Guzmán Campos**

Soñar… No todos los sueños se esfuman. Quedan algunos que al con- tinuar aguijoneando la esperanza, determinan su realización cuando se presentan circunstancias objetivas favorables. ¿Desde cuándo anhelaba Camilo integrar un equipo con base en una Plataforma? En relación con esta inquietud de Camilo, me dirigí al doctor Jaime Quijano-Caballero, profesor universitario que conoció muy de cerca el proceso de la acción de Camilo Torres, pues medió entre ellos una amistad de diez años y un íntimo conocimiento mutuo. Transcribo el concepto de Quijano-Caballero, como respuesta al punto que yo deseaba investigar:

A fines de 1954, se fundó, bajo la inmediata influencia de Camilo, por un grupo de colombianos estudiantes de la Universidad de Lovaina, un equipo que lanzó desde entonces la invitación a la unión de todos los colombianos deseosos de poner al servicio del país su preparación intelectual. La primera formulación pública de los ideales de ese grupo se dio a conocer en Lovaina, en el mes de junio de 1956, cuando se había configurado inicialmente un grupo denominado “Equipo Colombiano de Investigación Socio-Económica, E.C.I.S.E.”. Entonces se anunciaron ideas como las siguientes:

“La Unión por encima de nuestras divergencias partidistas o ideológicas, el prescindir de los factores que nos separan, para centralizar la atención en lo que tenemos en común”.

Y se subrayaba el hecho de que la juventud colombiana no quería malgastar sus energías y preparación científica en luchas sectarias.

* El presente texto es tomado de Guzmán Campos, Germán. (1967) Camilo, Presencia y

Destino. Bogotá, Colombia: Servicios Especiales de Prensa, pp. 65-77; 82-88. ** (Chaparral, Colombia, 1912 – México DF, México, 1987). Exsacerdote y exobispo católico. Ordenado sacerdote del Seminario de Ibagué. Junto con Eduardo Umaña Luna y Orlando

Fals Borda publicó en 1962 y 1964 los dos tomos de “La violencia en Colombia”.

Camilo Torres

Predominaba el “propósito de que todos los miembros de ese equipo concordaban en la idea de un “previo examen de la realidad del país”, para lo cual y por el cual, ese grupo quería “organizar un equipo de investigación, severamente objetivo”, que informara a la opinión pública. Estas ideas se consignaron en un documento que se conoció como Boletín N° 1 de dicho equipo, del mes de junio de 1956. Desde entonces se trazaron como ideales: la necesidad de adquirir una técnica aplicable a la realidad de la nación; la necesidad de una mística en el servicio desinteresado del país por medio de los conocimientos cien- tíficos; la necesidad de trabajar en equipo para investigar las realidades y proponer soluciones concretas, y la necesidad de formar los “cuadros” de científicos y técnicos que vendrían a secundar esos propósitos. Camilo, alma viajera, a mi juicio, en diversos viajes hechos por él y por otros miembros del equipo, buscó el contacto con varios núcleos de estudiantes colombianos, pensando en la extensión de un movi- miento. Muchas personalidades, entonces estudiantes y actualmente dirigentes en diversas posiciones en el país, recuerdan que se formaron secciones en Roma, París, Londres, Madrid, se efectuaron reuniones de información en Berlín, Bonn y Ginebra. Y se fundó, en septiembre de 1956, la Sección de Bogotá. Entonces se habían propuesto definitivamente tres postulados claves de ese equipo, que se formularon así:

“1) el desinterés; 2) el trabajo en equipo; 3) la objetividad científica”. Fue precisamente el 18 de septiembre de 1956, cuando Camilo orga- nizó, previas unas conversaciones que por primera vez me pusieron en contacto con él, y previa una escogencia del lugar, que yo siempre agradecí, pero nunca supe a qué se debió, cuando organizó en mi casa una reunión de la cual surgió aquella Sección de Bogotá. En noviembre de 1956, se publicó el II Boletín Informativo de ese Equipo ECISE. En él se reseñaron lo que se llamó cuatro aconteci- mientos principales: reuniones en Bogotá; reunión en París; reunión en Londres, y reunión en Lovaina. Por esa época, hacía más de un año que yo había fundado el en- tonces llamado Instituto Colombiano de Ciencias Administrativas, I.N.C.C.A., entidad autónoma, cuna y origen de la Universidad INCCA. Quizá fue esta la razón determinante para que de allí, y de esta reunión, surgiera un Comité Ejecutivo del Equipo ECISE com- puesto por Fernando Gaviria, economista de Harvard, profesor de las Universidades Javeriana y de los Andes, entonces jefe de la Oficina de

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Investigaciones Económicas del Banco de la República; César Garcés Vernaza, arquitecto, entonces director interino del Centro Interameri- cano de Vivienda, CINVA: Miguel Triana Uribe, sacerdote, licenciado en Teología de la Universidad Gregoriana, entonces director espiritual de la Escuela Apostólica de San Benito; Lucía Holguín Pardo, entonces secretaria del Centro de Información de las Naciones Unidas en Bo- gotá, y luego esposa del actual embajador Alfredo Vásquez Carrizosa, ante la Organización de Estados Americanos. Yo resulté presidiendo ese honroso Comité, y en consecuencia el Equipo Colombiano de Investigación Socio-Económica en ese Comité Central de Bogotá. Se observa que desde un principio estaba en la mente del sacerdote Camilo Torres Restrepo la idea de prescindir de los factores que nos separan, para centralizar la atención en lo que tenemos de común. Es decir, de unirse alrededor de las cuestiones convergentes, evitando que lo divergente desuniera. Puedo afirmar que en este punto consistió el meollo del ideal de integrar un equipo con base en una plataforma. En cuanto a la reunión en París, esta se realizó el domingo 30 de sep- tiembre de 1956, y allí también se eligió un Comité Ejecutivo. Entre los nombres integrantes d ese Comité pueden recordarse a Fausto Rentería, a Rafael Rivas, ambos doctores en Derecho; a Rita Restre- po, bacterióloga, luego esposa de Hernando Agudelo Villa, a Ramiro Delgado, doctor en Medicina, vinculado actualmente a la Universidad del Valle, y un eminente promotor de los problemas de población, y a Flavio Cruz, igualmente doctor en Derecho. En cuanto a la reunión en Londres, que se efectuó a fines de octubre de ese año, aglutinó a algunos estudiantes de la London School of Economics entre los cuales se destacaba Jaime García Parra. En el Boletín N° 2, a que me estoy refiriendo, se hace luego una re- ferencia a la reunión en Lovaina. El texto de ese Boletín Informativo fue producido y publicado en Lovaina. Vale la pena recoger algunas ideas que, según la constancia de ese Boletín, se discutieron entre los miembros del equipo de Lovaina, que daba las pautas, y al cual pertenecían como orientadores preponderan- tes Camilo y el sacerdote Gustavo Pérez Ramírez, entre otros. En las siguientes ideas está contenida una filosofía que, quizá indica toda una tendencia que luego siguió Camilo en su proceso de acción. O mejor, que al seguirlo, marcó un derrotero de sus paulatinas rectificaciones progresivas, como lo demuestran objetivamente lo que, según creo, son

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sus últimas declaraciones públicas conocidas, y que están contenidas, por una curiosa coincidencia del destino, en la Conferencia que dictó el Padre Camilo Torres en la Universidad INCCA de Colombia el 21 de septiembre de 1965. Y en el texto de una entrevista concedida por él, en una visita que hiciera a la Universidad INCCA el 6 de octubre de 1965, para una revista alemana, y concedida a los señores Armin Hin- drichs, M.A., como miembro de la Fundación Federico Ebert de Bonn; y Fernando Foncillas, como miembro del Instituto A. Bergstrasser, de Friburgo, Alemania Occidental. A estos documentos haré referencia más adelante para concluir la respuesta a la pregunta que me ha formulado Monseñor Germán Guzmán. En aquella reunión de Lovaina, dice el Boletín N° 2:

“Se reiteró el deseo de que el movimiento siguiera centrado sobre la investigación y el estudio científico de la realidad nacional, como medio indispensable de cualquier actuación real y objetiva, y como base de unión entre elementos de ideología diferentes”.

Y luego,

“Sobre estas investigaciones se precisarán los problemas para darles solución de carácter estrictamente científico. Las soluciones serían discutidas en equipo, con especialistas en ciencias especulativas. Sin excluir la posibilidad de una diversidad de ideologías, no se puede negar la existencia de ciertos puntos comunes, alrededor de los cuales podría realizarse la unión”.

Y el Boletín continuaba:

“Sin esta unión de todos los elementos nacionales constructivos, no se llegará a una solución duradera de los problemas. Estos puntos comunes tienen que existir, tanto respecto de hechos constatados, como ante soluciones científicas objetivas, respecto de las cuales toda ideología tiene que justificarse y dar orientación”.

Y luego agrega:

“La orientación de las soluciones científicas, en aquellos campos en que un acuerdo se haga imposible, se dejaría a las diferentes corrientes, sin

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mengua de la unión en lo que queda de común. El movimiento como tal, no se haría responsable sino de lo que se haga de común acuerdo”. Finalmente, en este segundo Boletín se informaba que después de ter- minar sus estudios dos miembros del equipo, Leonor Martínez, luego señora de Rocha, y Leticia Velásquez, habían llegado de Lovaina a Bogotá. Y que uno de los miembros del movimiento, el doctor Jorge Méndez Munévar, entonces decano de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes, y quien luego fuera junto con Hernando Agudelo Vila, uno de los miembros del llamado Equipo de los Siete Sabios, de la Alianza para el Progreso, había promovido entonces, en 1956, hacia fines del año, la creación de un Instituto de Investigaciones Económicas que empezaría a funcionar en dicha Universidad. Es de anotar que las bases arriba transcritas, sirven como un hilo rojo, a mi juicio, para identificar las dos grandes preocupaciones de Camilo en ese proceso de acción de los años que corrieron entre 1956 y 1965: organización de equipos y unión alrededor de lo que se tuviera en común, evitando que lo divergente desuniera. El mencionado equipo, en su próximo paso, dejó en cuanto a acti- vidades realizadas en Europa, una huella con el llamado “Primer Congreso de Estudiantes Colombianos en Europa”, que se anunció desde diciembre de 1957, en el Boletín N° 3 del mencionado equipo, y que se reunió en Lovaina el 1° de octubre de 1958 con delegaciones de estudiantes colombianos de Alemania, Inglaterra, Francia, España, Holanda y Bélgica, y bajo la presidencia de Jaime García Parra. Actuó como secretario de dicho Congreso Camilo Torres. Las ponencias allí presentadas reflejan toda una orientación. Jaime García estuvo encargado de “la urgencia del movimiento”. Fausto Rentería, presentó los “ideales fundamentales”, y Camilo Torres los “objetivos inmediatos”. En esta última ponencia, Camilo analizó: 1) Necesidad de una organización; 2) Peligros de una organización; y 3) Condiciones de una organización. En la ponencia de Jaime García se hacía, entre otros, un análisis de la importancia y del papel que juegan en el desarrollo económico las variables “liderato humano” y “técnica”. Se hacía hincapié en la ne- cesidad de tener equipos capaces de transformar y utilizar los avances hechos en el mundo. Se hablaba allí “de cómo el problema grave del país es, no tanto su pobreza, ni su violencia, ni las situaciones diversas que presenta el momento, sino la carencia de un liderato humano, de una clase o grupo de gentes decididas y preparadas para buscarle una

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solución al país”. Se hablaba igualmente del “peligro de la frustración de gentes con nueva mentalidad por falta de aglutinamiento, de cohesión”. Y haciendo alusión a la experiencia del pasado, continuaba el esquema de la ponencia mencionada, en su punto cuarto, aludiendo a “el peligro de que fuerzas y circunstancias provoquen el aislamiento individual de las gentes que piensan de una manera distinta sobre el país”. En consecuencia, se proponía la “urgencia de un movimiento y de una organización que aglutine las fuerzas dispersas de quienes tienen una actitud y una mentalidad realística y técnica de los problemas del país”. Y sigo transcribiendo a continuación el texto que forma parte del punto 5 del esquema de la ponencia encomendada a Jaime García sobre la urgencia de dicho movimiento. Y que dice así, ampliando la motivación de esta urgencia:

“De cómo un movimiento de esta clase es no solamente necesario desde un punto de vista técnico, debido a la escasez de este elemento y de la necesidad de aglutinar la poca técnica disponible, sino también desde un punto de vista personal, para que las barreras, la ignorancia, y los tabúes tradicionales no liquiden, frustren y aíslen a aquellos indi- viduos que han comprendido –por diversas circunstancias– que el país necesita rutas distintas y que han tenido la oportunidad de adquirir una preparación técnica y una visión más amplia de cuáles son los destinos del país”. (ECEP, Boletín Informativo, N° 4, Enero, 1959, página 3).

No se podrá negar que hubo en el planteamiento cierta visión profé- tica en punto a cómo se concebía un movimiento que sirviera, desde un punto de vista personal, de defensa para una “nueva mentalidad” colombiana. En la ponencia que correspondió a Fausto Rentería, sobre ideales fundamentales entre los fines se mencionaba: “3) Promover en todo el territorio de la República, y en todos los núcleos de estudiantes y profesionales… un movimiento de coordinación inter-estudiantil e inter-profesional”, tendiente a establecer entre ellos el compromiso de actuar de manera positiva por el país sobre las bases ya enunciadas de desinterés, trabajo en equipo y objetividad científica. Y en el punto 5) del esquema de la ponencia en cuestión se dice:

“Estudiar los problemas colombianos y presentar soluciones con- cretas sobre cada uno de ellos a los sectores dirigentes y a la opinión

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pública y prestar su colaboración en la realización de las soluciones propuestas”. Para todo lo cual, Camilo Torres en su ponencia trazó “objetivos inmediatos”, concentrándose, como se dijo arriba, sobre necesidad, peligros y condiciones de una organización. Y señaló, en el esquema respectivo, que se transcribe en el ya citado Boletín Informativo N° 4, como peligros en primer lugar, la desconexión de los individuos y de la masa (burocratización).

Con fundamento en las anteriores ideas, puede afirmarse que en mate- ria de organización de equipos, predominaba en este momento la idea de un liderato humano, que representaría una nueva mentalidad, que debía precaverse de que barreras, ignorancia y tabúes tradicionales no liquidaran, frustraran y aislaran a aquellos individuos así representa- tivos; de que esa nueva mentalidad debía buscarse en un movimiento inter-estudiantil e inter-profesional y de que, finalmente, los estudios por estos equipos o individuos realizados presentaran soluciones ante los sectores dirigentes y la opinión pública del país prestándole su colaboración en la realización de dichas soluciones. Quizá por esta razón, viendo las cosas desde arriba se explica el telegra- ma que sobre el I Congreso despachó el entonces embajador de Colom- bia en Bélgica, doctor Juan Uribe Cualla, al Ministerio de Relaciones Exteriores diciéndole en octubre 5 de 1958, entre otras cosas, lo siguiente:

“Comunícoles durante días 1° a 3 corrientes reunióse Lovaina Con- greso estudiantes colombianos residentes Europa con delegaciones procedentes Bélgica, Francia, Alemania, España, Inglaterra, Holan- da –stop– determinaron constituir equipo colombiano pro estudio y progreso bajo sigla “ECEP” tendrá secretariado permanente Lovaina directores responsables diversos centros universitarios Europa stop Magníficas conclusiones adoptaron –stop–”.

Y luego:

“Concurrieron 24 delegados –stop– Anoche ofrecí concurrentes Con- greso recepción Embajada –stop– Congreso Universitarios Colom- bianos constituyó gran suceso intelectual juventud patria dispuesta contribuir eficazmente estudios técnicos serios problemas nacionales. En Colombia Juan Uribe Cualla”.

Camilo Torres

En resumen, se destacaron como ideales propuestos en dicho Congreso la cooperación inter-estudiantil e inter-profesional, la investigación científica y la formación de cuadros. Concretamente, la promoción de cuadros científicos y técnicos facilitando y aumentando el acceso a la especialización de cuanto colombiano reuniera los requisitos mínimos debidos. Y entre otras cosas, el ECEP entre sus objetivos inmediatos, se proponía facilitar, aún económicamente, la formación en Europa de universitarios colombianos y la especialización del mayor número posible de jóvenes y obreros. Pero se hacía la advertencia de que al referirse a Europa, en donde ya existían bases listas para cumplir promesas, sin embargo el ECEP empezaba a conformarse en Estados Unidos. Para lo cual fue comi- sionado por el Congreso precisamente Camilo Torres. En esta etapa el anhelo de Camilo de trabajar con un equipo y con base en una determinada plataforma, aparece bien claro. En el Boletín N° 4 de enero de 1959, publicado por el secretariado general en Europa, Lovaina, Bélgica, Casilla Postal 72, por el “Equi- po Colombiano Pro-Estudio y Progreso” E.C.E.P. del cual he venido tomando las referencias anteriores, se precisaba (pág. 12) que dicho equipo contaba entonces con 8 secciones agrupadas en tres secretarías generales. Para entonces el Secretariado General del ECEP, con sede en Bogotá, figuraba bajo la dirección del Padre Gustavo Pérez Ramírez, compañero de Camilo. Como responsables por la Sección de Bogotá, seguíamos figurando Lucía Holguín y yo. El Secretariado General para Europa, con sede en Lovaina, estaba puesto bajo la dirección de Luis Patiño, antiguo alumno del Gimnasio Moderno de Bogotá como había sido Camilo y como habíamos sido muchos de los que figuramos conectados entonces. No debe olvidarse que los vínculos que Camilo estableció entonces habían nacido de relaciones de juventud plasmadas desde el Gimnasio Moderno, para muchos casos. Figuraban cuatro secciones más en Europa organizadas en Bélgica, Francia, Alemania, Inglaterra. Además de Jaime García y Fausto Ren- tería, figuraban como responsables Jorge Plata en Bélgica y Germán Duque en Alemania. Entre tanto había establecido Camilo un Secretariado General para los Estados Unidos, y se informaba sobre las secciones establecidas en Minneápolis, Chicago y New York, con tres responsables, respec- tivamente.

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Esto en cuanto al Equipo. Y en cuanto a la Plataforma, se transcribía (Boletín citado, pág. 10) un texto de Gustavo Pérez uno de los primeros promotores del Equipo en que se hacía una síntesis de la ideología común. Y se insistía en un contenido mínimo ideológico. Por con- siderarlo de interés especial para entender lo que llamé la tendencia que siguió Camilo en su proceso de acción, quiero transcribir parte de esta síntesis:

“El problema de la organización social está imponiendo que se llegue a un contenido mínimo ideológico que baste para realizar la necesaria integración y fundar la coherencia de la sociedad sin que implique que cada miembro se comprometa en una visión completa del mundo.

Parece que ese contenido se va perfilando en la idea del reconocimien- to del hombre por el hombre. Es un humanismo que se va constitu- yendo en común denominador. Esta filosofía puede ser objeto de un consentimiento universal. El cristiano puede adherirse, aunque para él, el humanismo tenga dimensiones ultraterrenas y ultratemporales.

Esta experiencia histórica –continúa formulando el sacerdote Gustavo Pérez– toma toda su actualidad en el caso colombiano. Debe haber un mínimo ideológico sobre el cual realizar un acuerdo de los colom- bianos en vista del bien común. Aquí se sitúa todo el significado del equipo colombiano. Un humanismo sería ese común denominador. Este polarizaría todas las fuerzas vivas del país”.

Y luego agregaba, insistiendo, sobre la misma constante, que “para lograr la unión y la solución” del problema colombiano, “es necesario dejar a un lado todo aquello que pueda desunir”. Así, y dentro del respeto mutuo de la ideología política y religiosa se pensaba que se lo- graría, al menos en parte, una comunidad de intereses en bien de todos. Lo anterior, es mi opinión personal, presenta ya un tipo de plataforma de una especie de Frente Unido, unido según se creía posible, por lo tanto. Debo confesar que mis perseverantes dudas sobre la eficacia de estas ideas, puestas en acción y puestas a prueba ante la realidad, me des- vincularon lentamente del ECEP. Hacia noviembre de 1958, había ingresado yo como Secretario Admi- nistrativo de la Universidad Nacional. En 1959, se inicia, a mi juicio, una nueva e importante etapa en el proceso de la acción de Camilo

Camilo Torres

Torres. Vinculado él también a la Universidad Nacional, empezó a producirse, especialmente hacia fines del año, un hecho significativo. Junto con Gustavo Pérez, Orlando Fals Borda, Leonor Martínez de Rocha, arriba mencionada, César Garcés, Gerardo Tamayo, otras tres personas y Camilo Torres, fuimos llamados por conducto de nuestro amigo y compañero Nemesio Camacho Rodríguez, Secretario General del Ministerio de Educación Nacional, por iniciativa del doctor Abel Naranjo Villegas, Ministro de Educación, a constituir lo que se llamó el Comité de Promoción de Acción Comunal, primer organismo de esta índole a nivel nacional en Colombia. Entre Orlando Fals, Camilo Torres Gustavo Pérez y yo, redactamos, por encargo del ministro Naranjo un documento que se llamó “Plata- forma de Acción Comunal” y que desde entonces circuló, sin mención de los autores, desde luego, como documento oficial editado por dicho Ministerio en la Imprenta Nacional, para orientar una vasta campaña de promoción de acción comunal en el país. Recuerdo que la campaña nacional se inició con la presentación de todo el grupo, presidido por el Ministro de Educación, ante el país, por conducto de la Televisora Nacional. Esto ocurría en desarrollo del célebre decreto 1761 de 1959 que introdujo el movimiento de acción comunal en Colombia. Recuerdo solo una frase de dicha Plataforma: “el más humilde ciuda- dano es un recurso potencial, no un estorbo”. De esta época, o etapa de acción, en lo que respecta a las actividades de Camilo Torres, trata la iniciación del, por él creado, Movimiento Universitario y Profesional de Organización de la Comunidad MU- NIPROC. En el fondo se trataba de seguir cumpliendo, según lo dice el propio nombre, ideales que se trazaron en aquel mencionado Congreso de Estudiantes en Lovaina que él inspiró. Movimiento inter-estudiantil e inter-profesional. Pero ya no propiamente para que presentaran soluciones ante los sectores dirigentes y la opinión pública del país. Aquí, creo, se produce una rectificación que toma paulatina fuerza. La acción se orientó hacia sectores distintos: hacia las comunidades sub-urbanas, por ejemplo. Y hacia ciertos sectores campesinos. Una de las últimas actividades que cumplí durante mi permanencia en la Universidad Nacional, fue la de organizar y llevar a cabo el I Seminario Interuniversitario de Desarrollo de la Comunidad, en septiembre de 1960. Yo lo había propuesto desde principios del año como una nueva tarea que empeñara a la Universidad Colombiana en nuevas responsabilida-

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des que no habían sido hasta entonces de su incumbencia. Figuramos organizando el Seminario, Orlando Fals, Camilo Torres, Andrew Pearse, entonces profesor visitante de la UNESCO, y yo. En este Seminario, se vieron ya resultados de un vuelco muy considerable, en comparación con aquellas proposiciones que habían surgido a raíz de las experiencias e inquietudes acuñadas por Camilo en la etapa de Lovaina seis años antes. MUNIPROC, entre otras muchas organizaciones e iniciativas, se pre- sentó con su inquietud de organizar gente y de unirla, eso sí, bajo los mismos ideales de dejar a un lado todo aquello que pudiera desunir. Aunque los objetivos para una Plataforma, seguían siendo fundamen- talmente los mismos, los medios, en cambio, para realizar la unión, es decir, el carácter de los equipos de personas, había cambiado. Este proceso, a mi juicio, continuó: los objetivos idénticos. Las personas hacia quienes se orientaba el llamado para la acción, cambiaban. Y cambiaron hasta que Camilo se topó con la base misma del cuerpo. La identidad de los propósitos queda, en mi sentir, comprobada con las textuales palabras que dijera Camilo Torres al iniciar su conferencia del día 21 de septiembre de 1965 en el Aula Máxima de la Universidad INCCA, a donde yo lo había invitado, para que en ejercicio de una libre dialogación, expusiera sus ideas, en la misma forma como me había permitido invitar al doctor Carlos Lleras Restrepo, en su momento, y a raíz de los primeros contratiempos que sufrió en la Universidad Nacional, cuando se le impidió el ejercicio de ese diálogo. Entonces el Padre Camilo Torres, haciendo alusión a mis palabras introductorias, dijo:

“Como decía Jaime Quijano, para mí también es de profunda signifi- cación que ahora después de diez años de habernos reunido en lo que fue la cuna de la Universidad INCCA, un pequeño departamento de Jaime Quijano, y en donde discutimos por primera vez con marxistas, con cristianos, con personas de diferente ideología, la necesidad de plantear la problemática basada sobre la ciencia y sobre la técnica, que se ajustara a las realidades concretas del país en unidad de acción insistiendo en lo que nos unía y prescindiendo de lo que nos separaba, que hoy vea yo ese pequeño departamento en una calle de Bogotá, convertido en una gran Universidad…”

Con lo cual se demuestra la identidad de la línea seguida por Camilo, en cuanto a sus objetivos que condujeron luego a una Plataforma. Y por

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otra parte, al citar la mencionada entrevista del Padre Camilo Torres, de octubre 6 de 1965, concedida, como dije, en nuestra Universidad, se demuestra, a mi juicio, la razón que tuvo para ir progresiva y paula- tinamente rectificando los medios que buscó para realizar sus ideales. Cuando sus interlocutores, en esta entrevista, le preguntan: “¿Goza usted de influencia en las clases burguesas no oligárquicas?”, Camilo contesta:

“Desgraciadamente, en Colombia hay muy pocos elementos de la burguesía que no sean oligárquicos. En gran parte porque en Colom- bia hay muy poca burguesía nacionalista. El fenómeno colombiano desde el punto de vista económico es que la mayoría de los capitales colombianos están asociados a los capitales extranjeros…

“Siempre ha habido una tendencia extranjerizante en nuestra burgue- sía. Los burgueses nuestros tienen como timbre de orgullo el educarse en el extranjero; el no usar las cosas nacionales; el usar modismos extranjeros; el tener una cultura extranjera; el despreciar lo autóctono. De manera que aquí realmente no hay una burguesía nacionalista. Por otra parte, casi toda la burguesía está aliada a la oligarquía que realmente es la que tiene el poder. Hay algunos sectores de pequeña burguesía naturalmente que vienen a veces de clases altas. Familias que han perdido sus bienes económicos, pero dentro de esas gentes me parece que existe una influencia ya que yo también procedo de una clase burguesa”.

Y al preguntársele en ese mismo reportaje: “¿Cómo está organizado su movimiento?, él responde así:

“Este movimiento partió de la Universidad como tantos movimientos en Latinoamérica. Sin embargo, yo desde hace seis años, he tenido muchas relaciones a través de los programas de desarrollo de la comunidad y de los cursos sindicales con los campesinos y con los obreros. Y el mo- vimiento está orientado principalmente hacia campesinos y obreros. A organizarlos en la base. Y de la base hacia arriba. Por lo tanto, yo creo que sí tiene una gran base campesina y obrera. Una gran base popular”.

Finalmente, contestó a la pregunta de “¿Cómo defiende usted su po- sición sacerdotal y revolucionaria en donde sin duda se encuentran muchos elementos marxistas y leninistas?”:

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“… Yo vengo de una familia que no era practicante más bien de libre pensadores. Y encontré el cristianismo como una forma de vivir el amor al prójimo. El amor a los semejantes. Al ver la importancia que tiene esto, resolví dedicarme al amor al prójimo de tiempo completo, y por eso me dice sacerdote. Cuando vi que la caridad, el amor para ser sincero y verdadero era necesario que fuera eficaz, entonces vi que era necesario unirlo a la Ciencia. Y por eso me hice sociólogo. Pero al estudiar la sociología, me di cuenta que para darle de comer a las mayorías, para darle vivienda a las mayorías, para darle educación a las mayorías, no bastaba con la beneficencia del paternalismo. Sino que había que organizar a nuestra sociedad en una forma diferente. Por todos los medios traté de que esto lo hicieran los laicos católicos. Pero que realizaran esa transformación estructural en Colombia, en beneficio de mis hermanos. Sin embargo, vi que o no se quería hacer, o no se podía hacer. Y después de haber ensayado por muchos me- dios, de recurrir a los políticos de la oposición, me resolví yo mismo a plantearlo al pueblo directamente”.

En fin, Camilo anhelaba desde Lovaina, y quizá desde antes, integrar un equipo y organizarlo con base en una plataforma para una acción que debía haber contado con cuadros técnicos preparados. Sobre este importante asunto, el de la organización de cuadros técnicos, importa sin embargo transcribir lo que fue seguramente su último concepto público, consignado en este reportaje, cuando contestó a la siguiente pregunta de los señores Hindrichs y Foncillas: “¿Tiene su movimiento cuadros técnicos preparados para el caso de que ocupasen el poder al realizar la revolución?”. Y Camilo responde:

“Yo creo que Colombia no tiene cuadros técnicos preparados. Mu- cho menos el movimiento. Pero como este es un círculo vicioso, hay que romperlo por algún lado. Yo creo que aquí no hay cuadros técnicos preparados, porque no se ha organizado la educación ni la sociedad para que existan esos cuadros. Y por otra parte, uno de los grandes obstáculos para organizar la educación, la sociedad, es la falta de cuadros técnicos preparados. Como este círculo vicioso hay que romperlo por algún lado, yo pienso que vamos a romperlo con lo que haya. Y después, como se dice vulgarmente en Colombia por el camino arreglaremos las cargas. Con pocos técnicos, tratando de prepararlos en la práctica, con gente que tenga práctica y aunque no

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tenga niveles académicos altos, yo creo que se puede ir construyendo un país, pero naturalmente con gran énfasis en la educación a todos los niveles”.

Así pasó Camilo, en mi sentir, como queda dicho, por varias etapas de rectificaciones paulatinas y sucesivas, descendiendo desde lo alto hasta la base misma del pueblo. El ECEP había quedado atrás. Sin embargo, siguió fiel a sus objetivos, en la forma y condición como los concibió. Aunque escogiendo un método de imposibles convergencias. Cuando quizá lo mandado y lo debido, hubiera sido, a mi juicio también, el buscar la entraña de aquello que motiva en la realidad las divergencias que hacen imposible la pretendida unión.

Hasta aquí he transcrito el concepto que emitió el profesor doctor Jaime Quijano Caballero como respuesta a mi interrogación. Mientras ECEP (Equipo Colombiano Pro-Estudio y Progreso) trabaja a nivel de clases dominantes, recibe solo encomios y se producen los grandes mensajes; pero cuando Camilo obra a nivel de clases populares, le llueven denuestos y maldiciones. Era que en los planteamientos iniciales no se tocaban las estructuras. Por lo anterior se ve que la Plataforma y el Frente Unido, tienen an- tecedentes en cuanto a principios y operatoria, en el ensayo de Lovaina. ¿Cómo nace, entonces, el programa para un movimiento de unidad popular que presenta Camilo en 1965? No todos los sueños se esfuman… Nos situamos en los meses finales de 1964. Ante el desconcierto nacional de ese momento, frente a la urgencia de una política coherente en muchos órdenes, las gentes inquieren por qué la izquierda permanece en silencio, por qué no actúa. Sorpresivamente alguien pregunta a Camilo:

¿Qué es la izquierda colombiana?, ¿Quiénes la representan?, ¿Cuál es la revolución que postulan?, ¿Valdría la pena conocer los elementos repre- sentativos y oírlos?, ¿Por qué no promueves un encuentro de los sectores de avanzada? Al punto Camilo anota nombres, llama por teléfono, sugiere la conve- niencia de una reunión, fija fecha, hora y lugar. La respuesta es positiva. Llegado el día, voceros de La Nueva Prensa piden a Camilo una en- trevista previa.

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En el apartamento del director de dicha revista se conversa sobre objeti- vos, conveniencias, posiciones, momento político, para sacar en limpio que los cinco concurrentes están de acuerdo con Camilo en lo fundamental, pero no participan en la reunión general por motivos personales. Por la noche, concurren a casa de Camilo los más prestantes dirigentes políticos de las distintas tendencias progresistas y se entabla un amplio diálogo acerca de la ubicación doctrinaria de cada grupo y de la posibilidad de establecer una base mínima de entendimiento para posteriores acciones conjuntas de tipo revolucionario, por las vías de la legalidad. Se concluye que es indicado trabajar con fundamento en esta premisa:

hacer énfasis en lo que cohesiona y no insistir en factores de desunión.

Se encuentran tres puntos en los que todos están acordes: Antiimperia- lismo, relaciones internacionales de tipo comercial con todos los países del mundo, necesidad de un pronunciamiento frente al hecho cubano. Camilo viaja después a Europa, invitado al Congreso Internacional del Movimiento Pro Mundi Vita. A comienzos de 1965 se buscan nuevos contactos y otros motivos que sirvan de aglutinante y se realiza un encuentro más con asistencia de gran número de participantes significativos de los sectores de avanzada. Camilo insiste en que, para proceder con espíritu revolucionario, se deben abandonar las “posiciones anti” y limar los criterios excluyentes derivados del egoísmo de grupo. Partiendo del análisis de la realidad colombiana, habla luego de la con- veniencia de llegar a un consenso con base en los temas siguientes, que son entregados a los participantes y discutidos en líneas generales:

Neutralismo y autodeterminación (respeto a la independencia). Relaciones internacionales. Posición ante Cuba. Nacionalizaciones. Industrialización.

Reforma Agraria. Reforma Urbana. Reforma de la empresa. Reforma tributaria. Política monetaria. Distribución del presupuesto. Política de inversiones. Planificación.

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Cooperativismo. Costo de vida. Desempleo. Sindicalismo.

Acción Comunal.

Seguridad Social.

Salud Pública.

Violencia. Delitos Sociales. Partidos Políticos (macartismo). Política Familiar. Fuerzas Armadas. Educación (Universidad). Problema de la Justicia. Libertad de prensa. Libertad de cultos.

• • Liberación de la Mujer.

De inmediato se constituyen comités para estudiar cada tema y elaborar un trabajo en no más de diez pliegos, tamaño oficio, mecanografiados a doble espacio. Cada estudio debe intercambiarse entre los comités para someterlo a crítica, revisión y redacción definitiva. Se conviene en editar un libro contentivo de los trabajos elaborados, el cual terminaría con un manifiesto o plataforma, suscrita por gentes repre- sentativas de las distintas tendencias. Camilo es comisionado para redactar esta parte, labor que inicia días después. En marzo, va a Medellín, invitado por las Juventudes Conservadoras Independientes. Durante una reunión, muestra a algún amigo el proyecto de Plataforma, se lo arrebatan y lo obligan a leerlo. Cae como una bomba y de inmediato la Plataforma se convierte en bandera de los grupos progresistas y en declaratoria de guerra contra Ca- milo Torres. Son dos fuerzas que de nuevo se enfrentan: avanzada y tradicionalismo. Al regresar a Bogotá se desarrolla este diálogo:

- Camilo: “¡Estalló la bomba! La Plataforma se conoció en Medellín. Produjo un impacto brutal. Se la llevaron y ya la están difundiendo. ¿Qué opinas?”

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  • - Interlocutor: “Que es un error. Lo que hiciste adolece de falta de táctica, y de precipitación. Además, se trata apenas de un borrador,

de algo demasiado esquemático”.

  • - Camilo: “Como quien dice, ¿una metida de pata?”

  • - Interlocutor: “Sí. El plan previsto queda anulado”.

  • - Camilo: “Era una locura que había que cometer algún día. Solo dos Comités han elaborado el trabajo convenido. En todo caso, ya es un hecho y no hay quien lo ataje”.

  • - Interlocutor: ¿Qué día sucedió eso?

  • - Camilo: “El 12…”

El 17 de marzo de 1965 sale a luz pública la Plataforma para un Mo- vimiento de Unidad Popular 35 . Como se ve, Camilo solo toca 14 puntos de los 30 que estaban en estudio. Los grupos universitarios y obreros simpatizantes con las ideas de Ca- milo, difunden por millares la Plataforma.

La reacción de los distintos sectores puede sintetizarse así:

Sector Dirigente: Reacción negativa. Puesta en guardia. Sector Oligárquico: Hostilidad total. Sector ClericaL: Reacción condenatoria en la estructura jerárquica y parte del clero. De simpatía, en sectores jóvenes y en elementos del clero rural. Sector Oficial: Reacción adversa manifestada en consignar de espionaje y actitudes de entorpecimiento. Sector Militar: En los altos círculos, rechazo de plano por considerar que la plataforma contenía tesis comunistas. En grados inferiores de la oficialidad se observó una posición más amplia. Sector Minoritario con Poder Decisorio: Reacción de absoluto rechazo y oposición frontal. SECTOR PROGRESISTA: Reacción de respaldo y decisión de lucha. Sector No Alineado Políticamente: Decisión de compromiso en unos; de expectativa en otros. Sector Estudiantil: Reacción de adhesión absoluta en la mayoría. Sector Obrero: Acogida total en estratos independientes y en grupos politizados.

  • 35 Véase dicha plataforma en la primera sección del presente libro. [N. de los E.].

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Sector Campesino: Simpatía y expectación. Sector Popular: Apoyo de tipo multitudinario. Sector De La Gran Prensa: Condenación de Camilo y repudio de sus tesis mediante campañas cuidadosamente planeadas.

La plataforma era presentada a los colombianos para que la estudien, la discutan, la adicionen, la corrijan. Sin embargo, de inmediato se le da categoría de valor absoluto y es convertida en aforismo o tema indiscutible por unos, en tesis intocable por otros y en clarinada de somatén por los corifeos de la reacción. El pensamiento de Camilo es absolutamente explícito al respecto:

“Es un documento de trabajo, dice, que debe ser discutido por cientí- ficos y perfeccionado. Desgraciadamente hasta ahora, fuera de los círculos realmente pro- gresistas, en los sectores que se sienten afectados, la plataforma ha producido una reacción sentimental, a veces un poco emocional, pero no ha producido una reacción de crítica seria acerca de los puntos técnicos que pueden adolecer de defectos. Un planteamiento que ha suscitado tantas reacciones, debe contener algo de respetable” 36 .

En el actual momento colombiano cualquier plataforma que contradiga las fallas del sistema, toque los intereses del predominio norteamericano o los del capitalismo burocrático, es anatematizada y condenada por los sectores regresivos. La Plataforma de Camilo produce un impacto formidable. Encarna la protesta del pueblo, el descontento y el anhelo de justicia ocultos en la urgencia de un cambio necesario. Por eso, a iniciativa de obreros y campe- sinos y con sus escasos recursos, es reproducida en forma impresionante a través de todo el país. Este hecho fue el primer apoyo multitudinario, a escala nacional, a las tesis de Camilo. Además, está respaldada por la avasalladora personalidad de Camilo y por su carácter sacerdotal. Es el líder esperado, tanto más descollante cuanto que es un “cura” con valor temerario para desafiar a las oligarquías y al sistema.

  • 36 Diario “La República”, 23 de junio de 1965.

Unidad en la diversidad

Camilo surge como un gran escándalo y el pueblo lo sigue porque en él se siente interpretado. Sin millonadas consumidas en propaganda; sin muros de toda ciudad y villorrio empapelados con el retrato del jefe de turno; sin sondeos técnicos de opinión adelantados por especialistas foráneos; sin cadenas radiales contratadas a alto precio, Camilo es el hombre que mayor volumen de masas ha movido en los últimos tiempos. Por una razón sencillísima:

Existía una correlación adecuada entre su honestidad política y la ho- nestidad del pueblo. Cierto día, al regresar de Cali, un amigo le pregunta:

  • - Interlocutor: “¿Cómo te fue en Cali?”.

  • - Camilo: “Pues mejor de lo que esperaba, replica Camilo. No me

quedó un minuto libre en tres días que estuve allí. La concentración

más grande que hasta ahora he visto fue la de Cali”.

  • - Interlocutor: “Camilo, ¿y tú que dijiste?”.

  • - Camilo: “El mismo discurso de siempre porque no tengo otro por ahora,

respondió con sonrisa picaresca. Son cosas que hay que estar repitiendo. El pueblo tiene la seguridad de que no lo engaño. Soy un convencido y estoy convencido de que el pueblo algún día va a salir adelante”.

Camilo no es el político que vive inventando trucos en difícil parto de especulaciones demagógicas para engañar a las masas. Plantea cosas actua- les, pero no para un inmediatismo transitorio sino para la eficaz y limpia construcción de un futuro inevitable. La plataforma cobra significación de bandera. La inmensa ola creciente de adhesión a los programas de Camilo hace temblar a los detentadores de todo poderío. Temblaron también los fariseos que predican amor al pueblo sin amarlo; los que dicen trabajar por él, pero lo explotan; los que palpan su miseria pero no aducen soluciones eficaces para erradicarla. Todo, porque les da miedo: ¡Miedo al pueblo! Miedo a que el pueblo diga: ¡Basta ya! Miedo de que rompa sus cadenas. Miedo de que intervenga, actúe y decida. Miedo a que despierte. Miedo y temor y pavura de los dirigentes inhumanos ante la perspectiva de perder su privilegio de caciques. Camilo quiere que cada hombre del pueblo aprenda esto:

Camilo Torres

El que te diga que no te incorpores a una lucha por la justicia, ese es cacique. El que te obligue a callar tu rebeldía, ese es cacique. El que se empeñe en impedirte que te liberes, ese es cacique. El que te insinúe que odies a quien lucha por ti, ese es cacique. El que te induzca a perseguir a tus hermanos por divergencias de opinión política o religiosa, ese es cacique y criminal. El que te dé sermón y falsa enseñanza contra tu reivindicación justa, ese es cacique. El que afirme que cualquier actitud progresista tuya atenta contra la Iglesia, ese es cacique. El que te diga que por ser cristiano no debes irte por estremecidos ca- minos de justicia, ese es cacique.

¡Rompe las máscaras! ¡Pisotea las máscaras! La lucha no es contra la fe sino en función de tu fe. No es contra Cristo sino para implantar la enseñanza de Cristo en la justicia y el amor eficaz. Tu lucha no es contra la verdad sino por la Verdad, que es Cristo, Hijo de Dios, Verdad esencial. De la ausencia de solidaridad y de unión deriva la tragedia de la infraes- tructura colombiana y es así como siendo ella el conglomerado más nume- roso, resulta a la postre el más débil, el más abandonado y el más explotado. El pueblo no ha comprendido todavía esta consigna:

Unión es libertad

Toda persona posee dignidad y derechos inalienables. Es indigno que un ser humano esté en la miseria, muera de hambre o de desnutrición, no tenga acceso a la cultura o sea explotado.

¡No! La miseria no es cristiana. ¡No! El hambre no es cristiana. ¡No! La explotación del hombre por el hombre no es cristiana. ¡No! Ningún colonialismo, ningún imperialismo, es cristiano. ¡No! Ninguna opresión es cristiana.

Toda criatura de Dios tiene derecho a medios de producción para vivir, a techo para guarecerse y a tierra para trabajar.

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No se trata de reducir la propiedad al uso restringido de los bienes. Se trata de que la propiedad cumpla su finalidad social en función del bien común. De la situación de esclavitud hay que llegar a la libertad. De la situación de miseria se tiene derecho a lograr una situación de no miseria. Hay que pasar de la explotación de la persona humana al libre ejercicio de los valores totales del hombre. Y pasar del conformismo al inconfor- mismo constructivo. Están de por medio la justicia y la caridad: La Justicia, porque todo hombre tiene derecho a que se le reconozca lo que en justicia le pertenece. La caridad, porque ella salvaguarda la dignidad del hombre como persona humana y como hijo de Dios, dentro de un contexto cristiano. Ambas constituyen los fundamentos del bien común. Pero, ¿qué es el bien común? La respuesta exige que se parta de este postulado de Juan XXIII: “En toda humana convivencia bien organizada y fecunda hay que colocar como fundamento el principio de que todo ser humano es “persona”, es decir, una naturaleza dotada de inteligencia y voluntad libres, y que, por tanto, de esa misma naturaleza directamente nacen al mismo tiempo derechos y deberes que al ser universales, son también absolutamente inalienables”. 37 El mismo Juan el Bueno, define el bien común en la Mater et Magistra así: “Es el conjunto de condiciones sociales que permiten y favorecen en los seres humanos el desarrollo integral de su persona”. Entre otros elementos que exige el bien común cabe enumerar los si- guientes:

I. Condiciones sociales externas propicias:

El ser humano necesita condiciones apropiadas para que logre su bienestar y desarrollo en todos los aspectos: material, físico, técnico, cultural, moral y religioso. Los Pontífices indican tres condiciones indispensables: paz, seguridad y libertad sociales. Si las situaciones sociales sólo benefician a unos pocos o a un grupo, no hay bien común en una sociedad. Aun cuando los grupos privile- giados prosperen, el progreso será aparente y parcial.

  • 37 AA.VV. (1963) Comentarios a la Pacem in Terris. Madrid, España: Biblioteca de autores cristianos, p. 162.

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II. UN CONJUNTO DE BIENES DE TODA ÍNDOLE, es decir, bienes del espíritu, del cuerpo y bienes materiales.

III. Una justa distribución de tales bienes:

No basta que una minoría posea, disfrute y usufructúe esos bienes para que se realice el bien común. Es necesaria una equitativa dis- tribución de ellos entre todos los miembros de la sociedad. 38

¿Cuál era el contenido social de los puntos que adujo Camilo en su Plataforma? ¿Eran totalmente condenables? ¿Esencialmente censurables? ¿Rebasaban la actual realidad colombiana? Hay un hecho significativo: El pueblo respondió, evidenciando una mayor concientización por cuyo influjo creciente se movilizará cada día menos en planos politiqueros y más hacia formulaciones y metas de contenido social. La Plataforma tenía como finalidad específica sentar las bases para un Frente Unido del Pueblo. Pero, ¿cómo enfoca Camilo la Plataforma misma y el Frente Unido?

“El Frente Unido del Pueblo –dice– es el resultado de varios años de experiencias y de reflexión. El intento de unión entre los grupos políticos oposicionistas y los demás descontentos colombianos tenía que afrontar dos problemas principales:

El primero, la falta de amplitud suficiente; y el segundo, la falta de una definición clara. La amplitud fácilmente se habría podido limitar por motivos religiosos, por motivos de política tradicional, por sentimientos de grupo o por sentimientos caudillistas. Era necesario plantear una unión alrededor de objetivos concretos que unificaran a todos los co- lombianos sin distinción de credos religiosos, afiliación política, grupo o caudillo. La plataforma de lucha del Frente Unido del Pueblo no puede ser realizada sino después de que este se tome el poder. Su única novedad consiste en que busca los puntos comunes de carácter revolucionario, sin entrar en diferencias religiosas ni partidistas. Puede ser aceptada por católicos y no católicos, por liberales pobres y conservadores pobres, por los elementos revolucionarios del M.R.L., el Partido Comunista, la ANAPO, la Democracia Cristiana, etc., y especialmente por los elemen- tos revolucionarios de los no alineados en estos grupos. Sin embargo, es necesario definir que esta plataforma tiende al establecimiento de un Estado socialista, con la condición de que el “socialismo” lo entendamos

  • 38 Londoño R., Adán, s.j. (1964) Ética Social. Bogotá, Colombia, p. 70.

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en un sentido únicamente técnico y positivo sin ninguna mezcla con elementos ideológicos. Se trata de un socialismo práctico y no teórico. Al hablar de una plataforma revolucionaria se consiguen muchos adeptos. Sin embargo, al precisar que la revolución consistía en una reorganización fundamental del Estado con aplicación de la técnica y la ciencia para lograr reformas en favor de las mayorías, hay muchos que se retiran. Los seguidores de la plataforma, al plantearnos la toma del poder político como condición indispensable para aplicarla, tenemos nece- sariamente que plantearnos una decisión táctica:

La de ir hasta las últimas consecuencias y la de utilizar cualquier vía que la oligarquía deje abierta para esta toma del poder. Esta actitud tampoco tiene grandes consecuencias ideológicas porque la Iglesia misma ha establecido las condiciones de una guerra. Sin embargo, de hecho, muchos “revolucionarios” no quieren ir hasta las últimas consecuencias. Una plataforma que plantea un tipo de estado socialista y la liberación de Colombia del imperialismo norteamericano no puede ser indiferente ante los movimientos que tiendan hacia un socialismo y que planteen la liberación del imperialismo. Aunque estos movimientos tengan ele- mentos ideológicos de discrepancia, en el aspecto científico, positivo y práctico, son los más cercanos a nosotros. Esta solidaridad, en la práctica aleja a muchos “revolucionarios” timoratos que insisten más en la ideología que en la revolución. Hay un hecho evidente en el movimiento del Frente Unido y es que constituye el movimiento de masas que se ha formado en menos tiempo. Por eso los recién llegados son abundantes. Los motivos de su llegada son diversos. Algunos se presentaron para adquirir curules y salieron defraudados. Otros creyeron que se trataba de un partido nuevo y también se alejaron en la misma forma como vinieron: muy rápidamente. Mientras la línea revolucionaria del Frente Unido vaya determinándose en una forma cada vez más definitiva y tajante, los “compañeros” de la revolución irán quedándose a la orilla del camino para volverse a su lugar de origen o para esperar que la revolución la hagamos los demás y después juntarse a ella. Lo importante es que la clase popular colombiana siga siempre adelante sin dar un paso atrás, a pesar de las defecciones, a pesar de los falsos rumores, a pesar de las traiciones. La decisión de los pobres que no quieren que sus hijos los acusen en el futuro de haber traicionado su

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vocación histórica y revolucionaria, será la que defina la situación. Ellos pueden saber que yo iré hasta las últimas consecuencias y que, si solamente queda conmigo un puñado de hombres decididos, con ellos seguiré la lucha.

Aunque esta vaya a ser una lucha prolongada, lo que importa es que todo el que se decida a incorporarse a ella, se decida también a continuar hasta el fin”. 39

Nunca en la historia de Colombia arraigó tan veloz y fuertemente una plataforma política ni su traducción en movimiento organizado fue tan en- deble. El Frente Unido, justamente, sorprendió a seguidores y a adversarios. Camilo no alcanzó a atender a la urgencia de la organización militante, pues su gabinete de trabajo se convirtió en cuartel general, en comando donde se trabajaba día y noche recibiendo y contestando correspondencia, planeando mítines, entrevistas, diálogos, encuentros, giras por las principa- les ciudades del país que lo reclamaban en multitudinarios despliegues de banderas rojas, con la consigna de ¡Unidad! ¡Unidad! Estas jornadas agotadoras robustecieron las fuerzas populares y revita- lizaron las esperanzas de redención social y a la vez alertaron al enemigo. El movimiento político del Frente Unido del Pueblo, como lo había predicho el sacerdote líder, llegó al clímax y se tomó las plazas. Coaliga- dos todos los sectores políticos de avanzada vieron próximos sus anhelos y depusieron momentáneamente sus largas e internas discrepancias. Era necesario dar el paso subsiguiente: organizar el movimiento de manera unitaria a través de Comités para conformar los equipos humanos capaces de proseguir la agitación, consolidar la organización y educar al pueblo. Es aquí donde surgen los primeros obstáculos: carencia de dirigentes de base y falta de una concepción clara acerca de quiénes debían ser la fuerza orientadora capaz de llevar las cosas fortunosamente hasta el fin. Se pro- ducen varios fenómenos: La organización no avanza, pero el adversario sí; los actos políticos en Bogotá y otras ciudades del país son violentamente reprimidos; el Jefe, varias veces sitiado y golpeado; la multitud dispersada a poder de culata y bombas lacrimógenas. Se evidencia que la unidad no era férrea, imbatible, en los sectores pro- gresistas: dentro de ellos, seguían causando estrago mezquinas posiciones de grupo cuyas divergencias se agudizaban a la sombra amable del nuevo conductor, empeñado en unir la izquierda con el sector no alineado que, como mayoría nacional debía ser incorporado al gran torrente revolucio-

  • 39 Periódico Frente Unido, Nº. 8, octubre 14 de 1965, p. 8.

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nario que se iniciaba en alegres multitudes populares. Los obreros, sector consciente de las fuerzas de base en las grandes ciudades, lo daban todo, al lado de los estudiantes, siempre decididos a continuar la marcha que el jefe anunciaba sería larga, muy larga. Vinieron luego las deserciones: La del partido demócrata cristiano, apenas en formación; el ataque frontal de las huestes en ascenso del ex- general Rojas Pinilla; el aislamiento discreto de los jefes del Movimiento Revolucionario Liberal (M.R.L.). Camilo empezó a conocer mejor la sinuosidad política y a sufrir las diatribas de sus mismos compañeros de diálogo fraternal. Este proceder divisionista constituyó un error máximo; un lamentable error. Quienes lo cometieron, olvidaron –como escribe Stefan Zweig– que en la historia, el deplorar lo sucedido no hace retroceder el tiempo y no bastan mil años para recuperar lo que se pierde en una sola hora. 40 La revolución que patrocinara Camilo, la de la izquierda progresista, retrocedió decenios, para caer de nuevo en la manida fábula de “revolución a la colombiana”. Siguiendo atentamente esta trayectoria, se saca en claro que Camilo se fundamentaba en la convergencia y pedía que se evitara la divergencia. ¡Podía presentirse que, al partir de los grupos dirigentes y después de reco- rrer todos los estratos, tendría que acabar unido a las escuadras guerrilleras!

  • 40 Zweig, Stefan. (1958) Momentos Estelares de la Humanidad (La Conquista de Bizancio). Barcelona, España: Editorial Juventud, p. 56.

El pensamiento político de Camilo Torres *

Por Everardo Ramírez Toro**

Condiciones para que se dé un proceso político de carácter popular

Camilo, en diversas oportunidades se esforzó por esclarecer cuáles eran los factores que harían posible la revolución colombiana. Acerca de esta cuestión nos dejo algunas sugerencias importantes. Podríamos catalogar los factores negativos y positivos. Los factores NEGATIVOS que crean las condiciones de la revolución son:

  • a) El descontento popular, la convicción en el pueblo de que el sistema

no tiene nada que ofrecerle: “Descontento no solamente con el Frente Nacional, sino también con el sistema” 41 ;

  • b) el otro factor negativo, sería la incapacidad del sistema de ofrecer

soluciones para el pueblo y de controlar la situación.

Los factores POSITIVOS son múltiples, pero los principales serían éstos:

  • a) “La creación de una conciencia nacional sobre objetivos revolucio-

narios concretos” 42 . “El Pueblo necesita objetivos nacionales y concretos

de desarrollo socio-económico” 43 .

“Una de las primeras condiciones es lograr que la clase popular tenga una conciencia común. Si nosotros no tenemos objetivos comunes nos vamos a dividir. Acuérdense ustedes de ese cuadrito que les muestran

* El presente texto, es tomado de Ramírez Toro, Everardo. (1984) (2 ed.) Camilo. Su vida, su proyección política. Bogotá, Colombia: Pregrafic Ltda., pp. 94-143. ** Filósofo, Teólogo,Sacerdote, Profesor del Inem Cartagena (Autor de la letra del Himno del Inem),

  • 41 Torres Restrepo, Camilo. (1970) Cristianismo y revolución. México DF, México: Ediciones Era. [Prólogo y selección de Óscar Maldonado, Guitemie Oliviéri y Germán Zabala], p. 398.

  • 42 Idem.

  • 43 Ibíd., p. 385.

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a uno en el cual hay dos burritos tratando de comerse un montón de pasto cada uno y cada cual halando para su lado y ninguno de los dos puede comerse el montón hasta que se pongan de acuerdo en el obje- tivo. Si nosotros no nos ponemos de acuerdo en los objetivos vamos a marchar dispersos, cada uno por nuestro lado; vamos a marchar divi- didos los católicos de los no católicos, divididos los izquierdistas de los derechistas, el pueblo liberal del pueblo conservador, los campesinos de los obreros; divididos los de una central sindical en contra de otra central sindical. Por eso tenemos que tener un Plataforma mínima, en la cuál estemos de acuerdo y por lo cuál vayamos a luchar”. 44

  • b) “La organización de los sectores populares a escala regional y

nacional” 45 .

  • c) “La unidad en torno a bases técnicas y racionales” 46 . Según Camilo,

pretender la unión por la vía del sentimiento romántico es cosa vana: “La revolución es un ideal que debe fijarse de una manera muy determinada y precisa. No podemos unirnos a base de ilusiones vagas”. 47

  • d) Formación de

“un equipo de líderes cuya problemática se esencialmente realista y adaptada a las circunstancias concretas colombianas. Líderes que sean capaces de abandonar todo personalismo para la consecución de un ideal científico. Líderes que sean capaces de abandonar todo elemento sentimental y tradicional que no esté justificado por la técnica. Líderes que sean capaces de prescindir de los elementos filosóficos y normativos, no en su vida personal y en sus objetivos últimos, pero sí en cuanto esos representen elementos disociadores entre todos aquellos que buscan una acción concreta y científica- mente justificada en favor de las mayorías y a favor del país. Líderes que sean capaces de prescindir de esquemas teóricos importados y utilicen sus capacidades en buscar los caminos colombianos, para una transformación definitiva y sólida de nuestras instituciones”. 48

  • 44 Ibíd., p. 484.

  • 45 Ibíd., p. 398.

  • 46 Ibíd., p. 385.

  • 47 Ibíd., p. 453.

  • 48 Ibíd., p. 385.

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  • e) Crear un poder social capaz de darle base a un poder político. En Co-

lombia existen las clases sociales (la oligarquía, los obreros, los campesino, etc.). Pero no todas tienen conciencia de clase, ni menos están organizadas como clase. La única que tiene clara conciencia de clase, y está organizada como tal, es la minoritaria, la clase dominante. Es necesario, pues, constituir a los obreros, campesinos, etc., en clase; unificarlos y organizarlos como clase opuesta a la dominante, en un poder social con objetivos propios. Esto fue lo que quiso decir Camilo cuando en el motivo 6 de la Plataforma expresó: “No existe en Colombia un poder social capaz de darle base a un nuevo poder político por lo cual se requiere su pronta formación”. 49

También lo expresó en el siguiente texto:

“Los sectores populares no tienen todavía las características de una clase social, porque se encuentran aún muy dispersos y divididos en torno a los partidos tradicionales, que no se oponen por razones ideológicas, sino solamente sentimentales e históricas. También están divididos los sectores populares en pequeños grupos de izquierda, nin- guno de los cuales constituye un movimiento de masas. Estos grupos gastan, a veces, más energías en las disputas que tienen entre sí, que las energías en las disputas que tienen entre sí, que las energías que emplean haciendo oposición. La gran mayoría del pueblo colombiano está compuesto de gente disconforme, en una forma un poco confusa, pero revolucionaria que necesita urgentemente un cambio, pero que no ha encontrado un canal para realizarlo”. 50

  • f) Crear un aparato político. Entiéndase que para Camilo un aparato

político no es necesariamente un partido político. El prefería un movimiento político al estilo del Frente Unido, que era la confluencia de los movimientos y organizaciones ya existentes. En el motivo 7 de la Plataforma, expreso esta idea de la siguiente manera: “Actualmente las mayorías rechazan el sistema vigente pero no tienen un aparato político apto para tomar el poder” 51 .

  • 49 Ibíd., p. 515.

  • 50 Ibíd., p. 410.

  • 51 Ibíd., p. 515.

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Características del aparato político del pueblo

En el motivo 8 de la Plataforma, describe Camilo las características que debe tener el aparato político del Pueblo, apto para la toma del poder:

“El aparato político que debe organizarse debe ser de carácter plura- lista aprovechando al máximo el apoyo de los nuevos partidos, de los sectores inconformes de los partidos tradicionales, de las organizacio- nes no políticas y en general de la masa, debe tener una planeación técnica y debe constituirse alrededor de principios de acción más que alrededor de un líder para que se evite el peligro de las camarillas, de la demagogia y del personalismo”. 52

a) Aparato Pluralista

El aparato político debe ser, en primer lugar, pluralista. Esto quiere decir que no debe ser excluyente, que debe ser apto para que dentro de él coexistan diferentes tendencias. Pluralismo, en este caso, no significa un saco en donde quepa todo indiscriminadamente, sino un lugar de confluencia de fuerzas diferentes, pero que tienen direcciones comunes. El pluralismo implica amplitud; pero implica, a la vez, exigencias y compromisos. He aquí cómo lo explica Camilo:

“Contamos con todos los elementos que quieran colaborar. S hay sacerdotes que colaboren con la revolución, vamos a probarlos, que sacrifiquen algo, que sacrifiquen cosas personales y los aceptaremos en la revolución. Se vemos que hay burgueses que quieran colaborar, no vamos a contentarnos con sus bonitos discursos ni con sus bonitas palabras, vamos a exigirles también que sacrifiquen bienes económicos y entonces sí los aceptaremos en la revolución. Aceptaremos la cola- boración de los estudiantes pero siempre y cuando su inconformismo no sea solamente de gritos y solamente de algunos años de estudio, que ellos también como profesionales sacrifiquen su sistema de vida, sus sistemas de vida burgués, sacrifiquen sus oportunidades, que sean perseguidos por la justicia, entonces sí los aceptaremos como revolu- cionarios. Aceptaremos también a los militares. Nosotros sabemos que los soldados todos son de la clase popular porque en Colombia los ricos

  • 52 Ibíd., p. 516.

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no prestan el servicio militar, sabemos que la tercera parte del presu- puesto se va para las fuerzas armadas, pero que ese presupuesto se va principalmente para comprar cañones viejos, aviones viejos…pero que muy poco de ese presupuesto se va para pagar el personal. Sabemos que aún los generales son explotados en cierta manera y también podemos creer en ellos porque, si muchas veces se han entregado al servicio del ejército, es porque creen que así están sirviendo a la patria. Pero cuando vean una clase popular unificada, una clase popular que es de cerca del 85 por ciento de los colombianos, se dirán: aquí está la patria; ellos seguramente verán que la patria no está en las veinticuatro familias que están defendiendo ahora sino en el pueblo colombiano que tiene derecho a ellos. Aceptaremos entonces a los militares que quieran no tomarse ellos el poder para que el pueblo los apoye, sino que el pueblo se tome el poder con el apoyo de los militares. Sabemos que los golpes de Estado también son manejados por la oligarquía y por eso no queremos otros golpes de Estado. Sabemos que la única garantía de la revolución es que la clase popular organizada y unificada se tome el poder”. 53

Cualquier movimiento político que como la Iglesia medieval afirme dogmáticamente: “fuera de la Iglesia no hay salvación”, “sólo yo tengo la verdad”, “sólo yo tengo la llave del cambio”, está condenado al fracaso en nuestro medio. La revolución, según la concepción de Camilo, sólo es posible en nuestro medio según la ayuda de todos aquellos que repudian el sistema actual y se unen con base en los puntos comunes, aunque tengan discrepancias ideológicas y tácticas en los demás puntos. Que nadie en particular, pues, declare la revolución como feudo o patrimon