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¿Qué es enseñar? - Clima de trabajo y motivación en el aprendizaje.

Gran parte de los logros de la enseñanza depende de este aspecto: crear un buen
clima de trabajo y motivar a los estudiantes para el aprendizaje.
Enseñar consiste en hacer que otro aprenda alguna cosa produciendo un cambio en
otras personas. Nos preguntamos desde la perspectiva del estudiante: ¿quieren aprender lo
que les enseñamos?, ¿están interesados en aprender?, ¿por qué están interesados en
aprender? La función del educador, además, de preparar las clases es crear un buen clima de
trabajo y motivar a los estudiantes para el aprendizaje ya que forma parte de las tareas de la
enseñanza.
1. Crear un buen clima de trabajo para el aprendizaje.
El proceso de aprendizaje implica, en primer lugar, una disposición para aprender
de tipo emocional y, en segundo lugar, de un proceso de cambio, de tipo cognitivo.
Esta disposición para aprender puede verse afectada por diversos motivos:
 La situación vital del estudiante.
 La experiencia de sus aprendizajes.
 Su percepción del contexto de aprendizaje.
El clima que se vive en el aula de clases influye en la disposición para aprender
activando ciertos sentimientos por parte del estudiante. Un ámbito de respeto, de buenos
vínculos afectivos, de valores compartidos, de normas de convivencia claras y
consensuadas, de diálogo cultural facilita la disposición para aprender.
La enseñanza es una actividad social e interpersonal y el ambiente en el que se realice
se construye día a día y en forma participativa, por eso deberá redefinirlo y consensuarlo con
cada grupo de estudiantes
2. Estrategias para crear un buen clima en la clase.
 Conocer a los estudiantes y que ellos te conozcan.
La enseñanza es una actividad social e intersicológica. Como actividad social se
comparten tiempos, espacios y tareas con otras personas, por eso, es importante un
conocimiento y confianza mutua entre esas personas.
Se debe estimular este conocimiento mutuo con estrategias y actividades que faciliten a
las personas relacionarse. Un educador debe saber quiénes son sus estudiantes, qué les
pasa, cómo viven, de dónde provienen, por qué sufren o se alegran, qué les interesa entre
otras cosas.
 Conocer el entorno de la comunidad.
La enseñanza es la que debe adaptarse al grupo social teniendo como condición previa
un diálogo cultural entre educador y educando produciéndose un encuentro.
Es el educador es quien debe tener la responsabilidad social de enseñar y es él quien
debe ir hacia donde está el estudiante. Este conocimiento permitirá adaptar los proyectos y
propuestas de aprendizaje al grupo social.
 Establecer un diálogo cultural.
Los educadores pueden no compartir las costumbres o hábitos del grupo social de los
estudiantes. Pero esto no supone tener negar la cultura del otro. Por el contrario, la
enseñanza, como relación interpersonal, debe partir del respeto mutuo. El educador
debe considerar un diálogo cultural, que logre entramar diferentes modos de vida,
siempre respetando las diferencias, con el objetivo de un crecimiento de todos los
estudiantes del proceso.
 Establecer normas y pautas de convivencia claras y consensuadas.
Cuando los estudiantes tienen modos de relacionarse basados en la agresión
física, los gritos, la violencia, hablar todos juntos, no escucharse, el clima de trabajo se

ve deteriorado y se entorpece el aprendizaje. Establecer ciertas normas de convivencia
es una condición indispensable para poder llevar adelante los procesos de enseñanza y
aprendizaje. Normas que permitan anticipar y comprender el comportamiento de las otras
basadas en el respeto mutuo. Estas reglas es parte de un buen clima para el aprendizaje.
Pero es el grupo y cada estudiante quienes deben concientizar la necesidad de esas
normas y llegar a un consenso para establecerlas. Tanto el educador como los estudiantes
deben comprender la necesidad de que existan normas compartidas, y para ello, se debe
trabajar para dialogarlas y consensuarlas, respetarlas y hacerlas respetar.
 Construir una adecuada autoridad del educador.
Para el educador la autoridad no es un derecho adquirido ni una elección. El educador
tiene autoridad y debe asumirla con responsabilidad. Pero el educador que construye su
autoridad a partir del respeto y el diálogo, contribuye no sólo al buen desarrollo de la
enseñanza sino y sobre todo, a un mejor aprendizaje para sus estudiantes.
Si yo respeto a quien me enseña, respeto su saber y su autoridad porque sólo
respetamos a los que nos respetan. Construir una autoridad desde el respeto y el diálogo
contribuye a la creación de un clima favorable para el aprendizaje.
Conocer al otro, conocer su entorno, establecer un diálogo cultural, estimular la creación
de normas de convivencia consensuadas, son factores que inciden en la construcción de una
autoridad legítima y legitimada. El estudiante necesita confiar en el educador y confiar en su
autoridad porque es quien fija las metas para su aprendizaje.
3. Estimular la motivación para aprender.
El aprendizaje implica una disposición para aprender y un proceso cognitivo. Este
proceso cognitivo, el estudiante es el protagonista ya que él es el constructor activo de su
propio aprendizaje. Pero el educador puede facilitar ciertas condiciones externas para que
este proceso se ponga en macha.
¿Cómo hacer para que el estudiante encuentre comprometido a la actividad de
aprendizaje? Encontrarle sentido a la actividad de aprendizaje hace que el estudiante esté
motivado para aprender.
¿Qué quiere decir estar motivado para aprender? En primer lugar, el estudiante debe
sentir el deseo de realizar la tarea propuesta por el educador. Para eso, cada estudiante debe
encontrar el sentido y construir sus propios motivos internos.
La motivación es el proceso psicológico interno por el cual se inicia y orienta la acción,
es este caso el aprendizaje, por parte del estudiante.
Este proceso comienza cuando el sujeto comprende e interpreta la situación que le
propone el educador. Este escenario debe contener un problema o desafío, que la persona
pueda comprender y hacerlos propios. Posteriormente el sujeto debe plantearse sus
propias metas en relación con el problema o desafío, y tenga un motivo real para
intentar alcanzarlas. Para ello, proponemos dos importantes ideas para activar el proceso de
motivación en los estudiantes:
 El estudiante debe comprender el problema que se le plantea. Es decir, el
educador debe proponer una actividad que pueda comprenderse desde los
conocimientos actuales del sujeto.
 El problema o desafío planteado tengan un sentido real para el estudiante, de
manera de conducirlo a proponerse una meta e intentar alcanzarla.
Hacer propio un desafío, plantearse metas y motivos son las condiciones que inician y
orientan sus acciones. Pero puede suceder que frente a los primeros fracasos el estudiante
pierda la confianza en sí mismo o el interés por la actividad, y la motivación inicial va
desapareciendo. Por eso, la tercera condición es su mantenimiento. El mantenimiento de la
motivación está determinado por los logros que el sujeto vaya obteniendo en la tarea que
ha emprendido. Al plantearse ciertas metas propias, el estudiante planifica mentalmente las
acciones que debe realizar para alcanzar los resultados deseados. El educador puede actuar
ayudando al estudiante a plantearse metas factibles. El educador puede brindar ciertas ayudas

y apoyo que permitan a la persona obtener el resultado deseado. Esta ayuda no entorpece el
proceso de aprendizaje sino que contribuye a mantener activa la motivación del
estudiante.
4. Estrategias para motivar a los estudiantes
El educador debe saber trabajar con la desmotivación y desde la desmotivación. Saber
que la motivación no se genera espontáneamente, naturalmente o mecánicamente, sino que
debe ser estimulada en cada estudiante y fortalecida a lo largo del proceso.
En el proceso de motivación de un sujeto influye su disposición para aprender, es decir,
cómo se siente ese día y cómo se siente frente a la situación de aprendizaje, cómo se ve a sí
mismo, su autoimagen y su autoconfianza. También influyen factores cognitivos, es decir, su
comprensión de la actividad de aprendizaje, su experiencia previa en asumir desafíos de
aprendizaje, su capacidad para fijarse metas propias y planificar sus acciones.
La creación de un buen clima de trabajo es la estrategia principal para la
motivación en el aprendizaje. Pero además, hay otras estrategias que tienen que ver con la
organización y presentación de los contenidos, con las intervenciones del docente durante la
clase, con el tipo de actividades, con la forma de evaluar.
 Actividades de autoevaluación en los estudiantes. De esta manera, son ellos
mismos los que evalúen su propio trabajo. Esto los ayudará a entender qué cosas
están haciendo bien y qué otras están haciendo mal.
 Ayudar a que comprendan que sus éxitos se deben a sus propias habilidades. Si
bien el trabajo en colaboración importante, es de utilidad que cada estudiante pueda
considerar que lo hecho por sí mismo tiene una importancia fundamental.
 Buscar grados crecientes de autonomía y responsabilidad. Esto implicará que
cada uno de los estudiantes pueda considerar que su trabajo es significativo.
 Proponer diversas tareas para los diferentes estudiantes. El proponer diversas
tareas para los diferentes estudiantes permite tomar en cuenta la singularidad de cada
uno de ellos.
 La importancia tanto de los procesos como de los productos finales.
Generalmente ponemos el acento sólo en el producto final que genera desmotivación
en aquellos que siguieron correctamente todos los pasos de una tarea pero fallaron en
algún paso al final.
 Elogiar el esfuerzo realizado por sus estudiantes. Los errores no son sólo
equivocaciones, sino que son también parte de la tarea y que se puede aprender de los
errores.
 No manifestar en público los errores individuales ni establecer comparaciones
entre los estudiantes. Esto actúa negativamente sobre la autoestima. Elogiar a los
estudiantes que cometen errores cuando han conseguido resolver correctamente las
tareas favorece esa autoestima.
 Realizar trabajos en grupo. El trabajo que se realiza en colaboración con otros es
fuente de motivación. Además de crear un clima de cooperación y sentirse parte de un
proyecto, permite que quienes temen fracasar se sientan apoyados por sus
compañeros, y por lo tanto más libres para trabajar.
5. Como un buen clima y la motivación favorece a una educación de personas
felices, críticas, autónomas y responsables.
¿A qué modelo educativo aspiramos? ¿Para qué educamos? ¿Qué tipo de personas
estamos formando? Para formar personas felices y comprometidas con lo que las rodea,
debemos fomentar habilidades como el espíritu crítico, la autonomía o la
responsabilidad.
Para responder estas preguntas tenemos que cuestionarnos, en primer lugar, qué modelo
educativo buscamos. La escuela debe ser un espacio de enseñanza en el que se
transmiten conocimientos, valores, habilidades etc. y un buen clima, la confianza y la
motivación de la acción.

Se debe priorizar el protagonismo del estudiante en su aprendizaje, puesto que de
este modo podrá ser autónomo y responsable. Haciendo una analogía con el dilema chino del
pez y la caña (se puede considerar que es más provechoso enseñar a pescar que ofrecer
peces), podemos concluir que la educación debe tender no tanto a la transmisión de
conocimientos, como a la motivación y capacitación del estudiante para el aprendizaje.
5.1. Fomentar un estudiantado feliz: esto significa, a nivel de aula, motivarlo para
aprender, por encontrar interés en las cosas. Con todo, en un escenario a más largo plazo,
una ciudadanía feliz puede ser aquella que valora lo que tiene, y que se implica en cambiar lo
que valora negativamente. Aquella que sabe priorizar la calidad de lo que posee por encima
de la cantidad de lo que tiene.
¿Cómo hacerlo?
 Motivando para aprender. Este hecho está relacionado con la manera de proponerle
al estudiante la adquisición de conocimientos; dicho de otro modo, la metodología de
la enseñanza-aprendizaje que utilizamos condiciona la motivación del
estudiante. Es más fácil motivar a través de una metodología activa, que convierte
al estudiante en protagonista del propio aprendizaje, que hacerlo con una metodología
pasiva, en la que el estudiante puede perder fácilmente el hilo del proceso.
- Velar por dar un ritmo ameno a las sesiones, que responda a la capacidad
de atención del estudiante.
- Efectuar una buena escucha.
- Proponer diversas actividades para profundizar en conocimientos
determinados y garantizar así su interiorización.
- Organizar actividades didácticas desde la interacción social, y aprovechar las
posibilidades de aprendizaje entre iguales.
 Garantizando un clima acogedor, de reconocimiento, estima, confianza y apoyo
mutuo en el aula. A todo adolescente le gusta estar entre iguales, encontrar un buen
clima afectivo será una gran motivación.
- Velar por la formación de grupo: garantizar un buen plan de acogida, hacer
dinámicas grupales en la acción tutorial, crear espacios –a través de
asambleas periódicas- en los que debatir los conflictos y preocupaciones del
grupo, etc.
- Trabajar por una buena convivencia en el centro.
 Valorando en positivo lo que tenemos:
- Favorecer la estima hacia uno mismo y los demás, entre el estudiante y el
equipo docente.
- Reconocer los aspectos positivos de cada estudiante.
- Hacer entender que el valor de las personas no depende de las posesiones
que tienen.
5.2. Educar en la capacidad crítica: para tener una opinión propia de lo que nos rodea,
es necesario tener conocimiento de las cosas y capacidad de análisis para comprender las
causas que las provocan y las consecuencias que de ellas se desprenden. Esta capacidad
puede ayudar a analizar los conflictos (los actores implicados, el proceso del conflicto y sus
causas) tanto a nivel de relación con los compañeros, como a nivel de conflictos sociales, o
incluso de conflictos armados.
¿Cómo hacerlo?
 Enseñando al estudiante a ser capaz de relacionar los nuevos aprendizajes con
otros ya adquiridos y hacerle entender que las cosas, muy a menudo, son
interdependientes y tienen una doble dimensión local y personal, y a la vez global.
 Explicitando los valores desde los que se educa: ningún estudiante, ningún
educador, ni ningún modelo educativo es neutral; cada persona transmite un modo
concreto de percibir y entender el mundo. La educación para la paz reivindica que el

educador se posicione abiertamente de acuerdo con los valores de la escucha: la
comprensión, la cooperación, la estima, el diálogo, el pacifismo o los derechos
humanos. Los valores de la educación para la paz pueden transmitirse tanto a través
de la relación que se establece con otras personas, como a partir de
los contenidos que se imparten, la metodología utilizada, o las estructuras del aula y
el centro educativo.
 Conociendo los distintos puntos de vista: en todo conflicto existen tantas
percepciones como personas implicadas en él. Por ello es importante propiciar un
espíritu abierto, mediante el trabajo de la capacidad de escucha y el conocimiento de
los argumentos de aquellas personas con opiniones diversas a la nuestra. Algunas
técnicas como los diálogos de texto, el barómetro de valores, los debates, o los juegos
de rol, entre otros, son especialmente adecuados para favorecer este punto.
 Haciendo un análisis crítico de los medios: si queremos formar personas críticas,
los medios de comunicación, como poderosa institución de creación de opinión que
son, merecen una atención especial.
- Comparar las distintas versiones de las mismas noticias, a partir de
artículos de periódicos con puntos de vista alejados.
- Analizar cuáles son los temas de los que más se habla, y cuáles son
aquellos que casi nunca son noticia (analizar los valores que transmiten
aquellas personas entrevistadas; contabilizar los datos de un mismo periódico
durante un período determinado y observar si existe alguna desigualdad en
términos de proporción hombres/mujeres; determinar el tipo de salario que
perciben las personas entrevistadas; fijarse en la proporción de noticias que se
refieren a temas de la sociedad civil, etc.)
5.3. Hacer personas autónomas: entendida como la capacidad de las personas de
regirse por sí mismas, puede considerarse desde diversos puntos de vista: la autonomía de
hecho, entendida como aquella facultad de actuar de forma independiente; o la autonomía
moral, es decir, la facultad de tomar decisiones de acuerdo con los propios valores. Las vías
para facilitar la autonomía del estudiante pueden tomar, en consecuencia muchas formas
distintas.
¿Cómo hacerlo?
 Reforzando las habilidades del grupo (prevención), además de las de cada persona
que lo forma, a partir de las propias capacidades: el empoderamiento, entendido
como el reconocimiento de las propias bases de poder, los puntos fuertes de cada
uno, etc.
 Metodológicamente, la autonomía de las personas puede potenciarse utilizando
metodologías participativas mediante las cuales el estudiante ponga en práctica sus
habilidades. Debemos tener presente que la escolarización en el centro conlleva que
el estudiante conviva durante muchas horas, cosa que no podemos desaprovechar
para fomentar el aprendizaje entre iguales.
5.4. Hacer personas responsables: El espíritu crítico también debe aplicarse sobre uno
mismo, y la capacidad de autonomía no nos debe impedir ser conscientes de las
consecuencias de nuestros actos. Cada persona debe preguntarse de qué es responsable, en
qué su actitud y sus hábitos influyen sobre las personas que la rodean, sin olvidar preguntarse
sobre los problemas estructurales mundiales. La responsabilidad puede definirse como el
hecho de tener conciencia de las consecuencias que generan nuestros actos, así como la
capacidad de actuar para minimizar sus efectos negativos.
En el trabajo en equipo, la responsabilidad toma una doble dimensión: por un lado
tenemos que asumir nuestras responsabilidades, y por otro, tenemos que poder confiar en que
el resto de personas asumirán las suyas. La responsabilidad (tanto la nuestra como la del
resto del grupo) se tiene que trabajar en paralelo a la confianza (saber ganarnos la confianza
de las demás personas, y saber confiar en ellas).

¿Cómo hacerlo?
 Utilizando metodologías participativas que promuevan que el estudiante gane
habilidades para ser crítico y responsable.
 Trabajando en equipo con un reparto claro de tareas entre los estudiantes, y sacando
provecho de las metodologías de aprendizaje cooperativo.
 Educando para la acción: vincular la reflexión con el compromiso personal. Para
hacerlo es importante que cada vez que reflexionemos sobre una situación que va
contra nuestros valores (la marginación de un estudiante en el aula, el racismo, los
desequilibrios económicos o los conflictos armados), acabemos la reflexión con, en
primer lugar propuestas sobre qué podemos hacer para cambiar la situación, y en
segundo lugar, una reflexión individual para que cada persona decida cuál será su
compromiso para modificar la situación. Si queremos que el vínculo entre reflexión y
acción sea efectivo, es imprescindible que las propuestas sobre qué hacer estén al
alcance del estudiante/a, a saber, que partan de sus hábitos cotidianos.

Bibliografía:
1. Colección programa internacional de formación de educadores populares, ¿Cómo
se enseña? – Federación internacional Fe y Alegría.
2. Qué podemos hacer para ayudar a los estudiantes a ser personas felices,
críticas, autónomas y responsables?,
http://escolapau.uab.cat/castellano/convivencia/ficha17.php