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INDUSTRIA EUROPEA Y POLÍTICA MONETARIA.

El rol del Banco Europeo de Inversiones.


Mikel Antón Zarragoitia

Director de Asuntos Europeos.

Gobierno Vasco

Agradecimientos

Como es preceptivo deseo empezar por felicitar a los


organizadores CESE y EKAI center. Igualmente agradezco la
oportunidad que brindan al Gobierno Vasco de participar en la
misma.

Es muy posible que, si durante el verano de 2007 no se hubiese


producido el episodio o crisis de las hipotecas subprime en los
Estados Unidos, hoy no nos encontráramos aquí tratando de
hacer que la economía real se reactive. Posiblemente si, como
escuché en otoño de 2007, nadie hubiese abierto la lata para
ver si realmente contenía algo, hoy seguiríamos haciendo como
si realmente estuviésemos produciendo tanta riqueza como
consumiríamos. Al fin y al cabo se trata de una cuestión de
confianza, que no otra cosa es el dinero.
Aquella crisis de las hipotecas subprime tardó algún tiempo en
contagiarse al resto del sistema; de hecho, tras el colapso de
Lehman Brothers se oyó decir con fuerza que el sistema
financiero europeo era muy sólido y que nada había que temer.

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Por desgracia, la crisis financiera se extendió afectando a todo
el sistema bancario, mutando en crisis económica y, por fin, en
una crisis de deuda soberana (en Europa) que puso de
manifiesto la endeblez del sistema económico y monetario
europeo, al tiempo que descubríamos el formidable volumen
alcanzado por la economía especulativa.
Ciñéndonos a Europa, hoy podemos constatar que la crisis de
deuda soberana de mayo de 2010 estuvo a punto de dar al
traste con el símbolo y herramienta de integración más
importante con el que contamos, el euro. De hecho, el euro o la
política económica y monetaria de la Unión Europea es la
parcela política que más ha evolucionado en los últimos años o
en cuya integración más se ha avanzado. Desde la adopción del
Tratado del euro (donde se establecían medidas para garantizar
el cumplimiento de los parámetros fiscales del pacto de
estabilidad y crecimiento, incluyendo su transposición a derecho
interno vía Constitución) pasando por los avances
experimentados en la Unión bancaria (verdaderas cesiones de
soberanía a través del ámbito privado) o por la creación y
mutación del Mecanismo Europeo de Estabilidad Financiera
(embrión de un futuro tesoro público europeo) hasta las
políticas expansivas y el quantitative easing del BCE, han sido
diversos y significativos los pasos dados en favor de una política
monetaria integrada.

Sin embargo, si bien es cierto que se ha logrado cierta


estabilidad en torno a la moneda, no lo es menos que el
anhelado crecimiento económico está lejos de ser una realidad,
al menos de forma sostenible. Las cuantiosas barras de liquidez

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proporcionadas por el Banco Central Europeo apenas han
revertido en la economía productiva, apenas han servido para
reactivar la economía real. De hecho se estima que un 25% de
la financiación puesta a disposición del sistema financiero ha
sido utilizada para el propio saneamiento, en parte exigido por
las normas de Basilea, de las instituciones llamadas a
canalizarla. No es sólo que las entidades financieras tuvieran
aversión por el riesgo, lo que es el colmo, sino que ellas
mismas se convirtieron en un fin en sí mismo.

Urge por lo tanto canalizar la extraordinaria masa monetaria en


circulación hacia la economía real, la economía productiva. En
este sentido el Banco Europeo de Inversiones está llamado a
jugar un papel fundamental en la esperada recuperación
económica de la Unión Europea.

En los últimos tiempos se perciben algunas señales en la


realización de políticas públicas por parte de las instituciones
europeas que invitan a un moderado optimismo. Entre otras,
destaca el impulso dado a las estrategias de especialización
inteligente, obligatorias para ser beneficiarios de los fondos de
cohesión e inversión europeos. En este campo, el RIS3 de
Euskadi ha sido tomado como modelo a seguir por parte de la
Comisión Europea. De la misma manera, ante las limitaciones
presupuestarias públicas, las posibilidades de combinar la
utilización de los fondos estructurales con fondos procedentes
de programas europeos como los dedicados a la investigación,
el desarrollo y la innovación así como con la utilización de
instrumentos financieros abren nuevas posibilidades para la

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realización de inversiones productivas adecuadamente
enfocadas.

En este contexto son varias las posibilidades al alcance del BEI.


a) Continuar con la línea de trabajo desarrollada en los
últimos años mediante la realización de operaciones de
préstamo, participaciones en capital, etc., de manera, si
cabe, más decidida dado el protagonismo que está
adquiriendo para las instituciones comunitarias; de la
experiencia habida en Euskadi les hablará el Viceconsejero
de Hacienda y Finanzas esta misma mañana;

b) Sin perjuicio de lo anterior, el BEI está llamado a jugar un


papel fundamental en la ejecución y desarrollo del
denominado Plan Juncker; este plan pretende recuperar la
confianza de los inversores a través de la puesta en
común de garantías públicas (Fondo Europeo de
Inversiones Estratégicas) que serían gestionadas por el
Banco; se pretende alcanzar en tres años una cifra de
inversión de 315.000 millones de € que palíen los 430.000
millones de € en que se estima el descenso en la inversión
entre 2007 y 2014. Como digo, el BEI, reforzado en su
autoridad y capacidad, está en disposición de aportar su
capacidad y saber hacer a la hora de seleccionar y avalar
proyectos viables pero de alto riesgo, alineados con los
objetivos de la Unión (que de una u otra manera miran a
la economía productiva) sin poner en riesgo su alta
calificación crediticia.

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c) Una tercera línea de trabajo, más innovadora por cuanto
supone de disrupción en sus estatutos y naturaleza,
consistiría en reforzar la colaboración en la ejecución de
las políticas de expansión monetaria entre el eurosistema y
las entidades especializadas en el crédito al sector privado
lo cual podría materializarse a través de préstamos del
eurosistema al BEI, la toma de participación de aquél en
valores emitidos por el BEI o la gestión de un hipotético
fondo de titularidad del BCE;

Deseo subrayar la importancia que la vuelta a la economía


productiva tiene para el proyecto europeo. Abandonar la
trampa de la deuda requiere, entre otras muchas medidas,
apostar por la economía real, lo cual exige financiar y trabajar
por la mejora de la productividad, la innovación y la creatividad
de manera sostenible y teniendo en cuenta a los agentes
económicos y sociales, que más allá de las grandes entidades
financieras, son también agentes activos de la economía. Así,
las pymes, las empresas de mediana capitalización deben tener
también acceso al mercado financiero en condiciones
razonables.
No me cabe ninguna duda de que el Banco Europeo de
Inversiones acaparará en los próximos años un gran
protagonismo en esta recuperación.
Agradeciendo nuevamente al Comité Económico y Social
Europeo y a EKAI Center esta iniciativa y a ustedes por su
presencia y participación sólo me queda desearles que esta

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jornada de trabajo les resulte de interés y sirva para que
afloren nuevas ideas que contribuyan al objetivo recogido en el
título de esta jornada: una mayor coherencia entre la política
monetaria y la industrial.

Eskerrik asko.