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"La vida de Jesucristo":


Lecciones 5 y 6

Lección 5
DIGNIFICANDO LA VIDA

(Lectura: Evangelio de San Juan capítulo 4)

1. El Don de Dios (vv. 1 al 14). Los judíos no se relacionaban con los samaritanos,
pues existía entre ambas razas una enemistad muy acentuada que separaba a los
dos pueblos, por cuanto estos últimos habían mezclado el verdadero culto a Dios con
prácticas procedentes de religiones paganas y, por otra parte, sólo admitían los escritos del
Pentateuco, o sea, los cinco libros de Moisés. Pero Jesús había venido para salvar al
mundo, sin distinción de razas ni clases sociales, y allí había una pobre mujer perdida en
sus pecados que necesitaba ser redimida y cuyo corazón Dios había preparado para recibir
el mensaje de salvación. Es interesante observar que el Señor se muestra, a través de su
conversación con la samaritana, como profundo conocedor de las necesidades espirituales
del alma humana y todosuficiente para satisfacerlas.
Cristo da el agua de vida; recibirle a Él es recibir también el don del Espíritu Santo, y
recibir el Espíritu Santo es disfrutar de la vida eterna. De ahí que el agua espiritual que el
Señor ofrece a todos y que introduce como una fuente interna dentro del corazón del
creyente, apaga plenamente la sed del alma, no se agota jamás y es manantial de vida
abundante y verdadera (v. 10).

2. La adoración a Dios (vv. 15 al 30). Jesús sabía que aquella mujer, a pesar de su
vida inmoral, tenía sed de realidades, y cuando la samaritana hubo pedido el agua
viva, Cristo, cual hábil cirujano, hurgó en su alma utilizando el bisturí de la verdad para
penetrar en los rincones oscuros de su conciencia hasta enfrentarla con el mal que allí
anidaba, pues es imposible disfrutar de las bendiciones que Él pone a nuestra disposición si
antes no le confesamos nuestros pecados. Al principio ella se mostró muy respondona y
trató de eludir la cuestión buscando una controversia religiosa acerca del lugar más
apropiado para la adoración, ya que los judíos tenían un templo en Jerusalén y los
samaritanos un santuario rival sobre el monte Gerizim, muy cerca de Sicar.
Sin embargo, Jesús no se dejó enredar en una discusión, sino que elevó el tema a un
plano mucho más alto, poniendo de relieve puntos de capitalísima importancia sobre en qué
consiste la verdadera adoración:
a) El objeto supremo y único de la adoración es Dios, y adorar de otra manera y tributar
culto a otros seres, es contrario a la voluntad de Dios.
b) El lugar en donde hay que adorar ya no es de vital importancia, sino el espíritu en que
se le rinde adoración, pues desde que Dios envió su Espíritu Santo y lo dio a todos los
creyentes, en cualquier lugar el Padre es directamente accesible a sus hijos.
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LA VIDA DE JESUCRISTO Lección 5

c) La manera de adorar: todo culto exterior debe ser expresión de nuestro ser más íntimo
y, por lo tanto, obra del Espíritu mismo; y tal adoración debe tributarse no solamente en
sinceridad, sino también en conformidad a la verdad, o sea, la voluntad de Dios revelada en
su Palabra. La conversión llega a su punto culminante cuando Jesús se revela a sí mismo
como el Mesías, y el impacto es tal que la mujer, cuya vida acababa de ser dignificada por el
poder del Señor, corre a la ciudad para testificar de Cristo.

3. El servicio a Dios (vv. 31 al 42). El cristianismo es actividad, su fe es una fe


dinámica y, en consecuencia, el cristiano verdadero es uno que habiendo
despertado a su responsabilidad personal —y sabiendo que el Espíritu de Dios obra en los
corazones de los hombres— se goza en ganar a otros para Cristo. El Señor utiliza aquí la
figura de la siega como símbolo para enseñarnos algunas lecciones no menos importantes
acerca del servicio que Dios pide de nosotros.
El cumplimiento de la voluntad de Dios es más importante que cualquier prioridad
material (v. 34); la tarea de testimonio que el Señor nos confía es urgente, porque las
oportunidades abundan a nuestro alrededor (v. 35); no hay ninguna actividad que
proporcione tanta satisfacción al creyente como servir al Señor que le ha redimido, porque
se garantizan el galardón y el éxito (v. 36); y es un trabajo de colaboración, pues cada
cristiano tiene una parte que hacer (vv. 37-38).

4. Probando la calidad de la fe (vv. 43 al 54). Este oficial del rey nos da un


magnífico ejemplo de fe frente a la autoridad soberana del Señor. La fe de aquel
hombre había de fundarse en la palabra y la persona de Jesucristo, y no en algún rito
mágico. Los hombres siempre quieren ver primero y creer después, pero este cortesano
tuvo que creer para ver. La verdadera fe no pide señales ni milagros: su confianza en la
Palabra del Señor es suficiente.

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LA VIDA DE JESUCRISTO Lección 6

Lección 6
COMPLETANDO LA VIDA

(Lectura: Evangelio de San Juan capítulo 5)

1. El poder del Hijo (vv. 1 al 18). ¡Cuán triste era el caso de este pobre enfermo! El
hombre había estado postrado en la invalidez durante 38 largos años —¡casi toda
una vida!— esperando siempre angustiado una oportunidad de ser sanado. Esta porción nos
revela la naturaleza de la obra salvífica que el Hijo de Dios vino a hacer: curar de la parálisis
espiritual y dar poder para que el pecador no vuelva a vivir en el pecado. El milagro tiene,
pues, implicaciones morales a fin de completar la vida humana en su verdadero sentido. El
hombre, al empezar a andar en obediencia al mandato de su Sanador, encuentra la
oposición del mundo.
Ya desde el primer capítulo de este Evangelio hallamos la lucha entre la luz y las
tinieblas. Notemos que en esta ocasión los judíos, con una actitud legalista negativa, se
oponían a Jesús por tres motivos:
a) Porque había quebrantado el sábado sagrado sanando en ese día al infeliz
paralítico, pues para ellos esta acción equivalía a trabajar, lo cual estaba prohibido en día de
descanso.
b) Porque había autorizado al hombre curado a cargar con su lecho, lo que se
consideraba también como una profanación del día santo de reposo; y
c) Porque «se hacía igual a Dios, diciendo que... Dios era su propio Padre».
El estudiante debe observar que la fe verdadera trae responsabilidad, porque toda
conversión genuina engendra obras. La fe sin obras es muerta. Pero no son las obras las
que hacen al cristiano, sino que es el cristiano quien hace las obras, las cuales son el
producto natural de la fe.

2. La autoridad del Hijo (vv. 19 al 29). Aquí se nos enseña la grandeza de la


persona de Cristo y la relación íntima que le une con Dios, sugiriendo claramente la
igualdad que existe entre los dos. Se destacan:
a) La dependencia perfecta de Jesús al Padre. Voluntariamente, el Hijo eterno de Dios
se sujetó en obediencia al Padre, de ahí que por su comunión perfecta con Él sólo podía
hacer lo que aprendía directamente del Padre.
b) La autoridad del Hijo para juzgar. El Padre ha decretado que toda la facultad de
juzgar esté en las manos de su Hijo. Pero esto no significa que el Hijo obra
independientemente del Padre. Como el Hijo del Hombre —título que subraya su perfecta
identificación con la raza humana— Cristo es el único que posee las llaves de la Vida y de la
Muerte.
c) Igualdad de honor. El Padre y el Hijo están tan unidos en honra y gloria, que es
imposible honrar al Padre sin honrar al Hijo, aunque hay algunos que equivocadamente
tratan de hacerlo. Pero aquel que no rinde igual honor y obediencia al Hijo, deshonra al
Padre que le envió, pues solo por el Hijo se da a conocer el Padre. Por eso Jesús reclama
para sí el honor supremo que se tributa solo a Dios.

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LA VIDA DE JESUCRISTO Lección 6

3. Las credenciales del Hijo (vv. 30 al 47). Según las leyes judaicas eran
necesarios dos testigos para que hubiera evidencia sólida en cualquier causa. Por
eso, Jesús pasa a rebatir las objeciones de los judíos citando, en su defensa, cuatro
testimonios que hablan en su favor y que le acreditan:
• Juan el Bautista. Era como una antorcha que ardía y alumbraba; en efecto, aunque
su testimonio fue de corta duración; observemos que era ardiente por su vida
abnegada y luminoso por sus palabras.
• Las obras, o sea, los milagros. Constituían una evidencia poderosa para convencer
a cualquier hombre sincero, pues demostraban su origen divino.
• El Padre. Tres veces, durante su ministerio público, fue el Señor acreditado por la voz
del Padre: en su bautismo (Lucas 3:22), en la transfiguración (Lucas 9:35) y después
de la visita de los griegos (Juan 12:28), manifestando así el Padre su complacencia en
el Hijo.
• Las Escrituras del Antiguo Testamento. La persona de Jesús es la clave y el tema
central de toda la Escritura —la cual era leída y estudiada todos los sábados en las
sinagogas— pero los judíos no se dieron cuenta de que los escritos sagrados
hablaban de Él, ya que su nacimiento, vida y obras cumplían las profecías mesiánicas
del Antiguo Testamento. Aquí encontramos una base firme para nuestra fe: el fin
principal del estudio de la Biblia es ponernos en contacto con Cristo, el poderoso
Salvador, para que por su poder seamos salvos del pecado