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Por Humberto Salazar

El “quille” del Cardenal 23 de enero de 2014
Las declaraciones de ayer del Cardenal López Rodríguez, por fin aclararon, 21 días después, el porque
de su ausencia en la misa de Año Nuevo, la cual contó con la presencia del presidente Danilo Medina y
las principales autoridades de la nación.
Lo lógico hubiera sido, que si López Rodríguez estaba afectado de un estado gripal, fuera sustituido por
uno de los sacerdotes conocidos y con jerarquía, sin embargo, sorpresivamente, la misa fue oficiada por
un sacerdote desconocido.
Al parecer al jerarca de la iglesia católica le “soplaron” que a la salida de la celebración católica, Danilo
asistiría al acto de la los protestantes en el Estadio Olímpico, por lo que la ausencia fue un acto de
protesta por la apertura del mandatario hacia otras denominaciones cristianas.
Ezequiel Molina en los altares
Desde niño, quien escribe, se acostumbró a escuchar los domingos en la tarde al pastor Ezequiel Molina
y su programa “La Batalla de la Fé”, ya que mi madre era una de sus fieles oyentes, aunque para la
mayoría de los dominicanos ese nombre podría no significarle nada.
Ahora, la presencia del presidente de la República en la tradicional concentración de Año Nuevo de ese
programa, sin dudas fue un gesto que demuestra el profundo conocimiento que tiene Danilo de nuestra
sociedad, ya que abrió los brazos a una parte muy importante de nuestros ciudadanos que no practican
el rito católico, y que hasta ese momento parecían ser tratados como dominicanos de segunda clase.
En la República Dominicana, como en gran parte del mundo cristiano, se ha producido un avance
importante de los seguidores de la iglesia protestante en sus diferentes denominaciones y matices;
se calcula que alrededor del 25% de los dominicanos y dominicana pertenecen a los evangélicos, con
tendencia hacia el crecimiento.
Ya es imposible para cualquier gobierno dar la espalda a la existencia de iglesias diferentes a la Católica
Apostólica y Romana, cuyos pastores incluso ya están siendo autorizados a oficiar matrimonios
legalmente aceptados.
La forma en que se refirió al tema el Cardenal López Rodríguez, manifiesta la molestia que tiene por
dentro: “dígale a Ezequiel Molina que se deje de boberías y que hable directamente con el presidente
Danilo Medina sobre la eliminación del Concordato”.

1 http://impactodigital.com.do/?p=28355

Un Estado laico
La Constitución de la República Dominicana en diversos artículos es clara en que existe una separación
entre las iglesias y el Estado, siendo un derecho fundamental la libertad de creencias y la libertad
de conciencia.
Artículo 39. Derecho a la Igualdad. Todas las personas nacen libres e iguales ante la ley,
reciben la misma protección y trato de las instituciones, autoridades y demás personas, y gozan de los
mismos derechos libertades y oportunidades, sin ninguna discriminación por razones de género, color,
edad, discapacidad, nacionalidad, vínculos afiliares, lengua, religión, opinión política o filosófica,
condición social o personal.
Artículo 45. Libertad de conciencia y de cultos. El Estado garantiza la libertad de conciencia
y de cultos, con sujeción al orden público y respeto a las buenas costumbres.
Estos dos artículos garantizan a cada dominicano y dominicana la pertenencia a la confesión religiosa
que sea de su preferencia y lo que hizo nuestro presidente el pasado día de Año Nuevo, fue un
reconocimiento a una parte de la sociedad, que no es de confesión católica y que merecen
constitucionalmente el mismo trato que los creyentes en la fe católica.
El Concordato debe revisarse
El Concordato entre la Iglesia Católica y el gobierno dominicano, no es más que un contrato que firmaron
el Generalísimo Rafael Leonidas Trujillo Molina, en representación de la República y Monseñor
Domenico Tardini representando a la Santa Sede, que data del año 1954.
Este acuerdo, otorga a la iglesia católica dominicana, toda una serie de privilegios económicos, de
propiedad y exclusividad, que a nuestro juicio, no son compatibles con la Constitución vigente.
El artículo uno de este acuerdo entre Estados, es una clara violación al principio de la separación entre el
estado dominicano y la iglesia, cuando dice textualmente: “La religión Católica, Apostólica y Romana,
sigue siendo la de la Nación Dominicana y gozará de los derechos y privilegios que le corresponden de
acuerdo a la Ley Divina y el Derecho Canónico”.
La sola existencia de esta declaración cuestiona el resto del contenido del documento, ya que, no
corresponde a ninguna autoridad del Estado dominicano el reconocer la existencia de una religión oficial,
garantizando privilegios exclusivos en una sociedad que, constitucionalmente, declara la libertad de
creencias y de cultos, por lo tanto igualdad de trato para todos.
Por racionalidad, antes de enojarse, el Cardenal López Rodríguez, como máxima figura de la iglesia
católica dominicana, debería ser quien encabece el pedido de actualizar, renovar o anular un tratado
entre gobiernos que va a cumplir 60 años de existencia y es una herencia de la dictadura de Trujillo.

Dentro de tantos escándalos que afectan la credibilidad de la iglesia dominicana en estos momentos,
creemos sería lo más saludable, antes que abrirse otro frente con Ezequiel Molina y los pastores
evangélicos.