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Teoría y práctica en la política de

Fouché

Marina Llobera Vicens

Trabajo de investigación para la obtención del DEA


Tutor: Josep Maria Esquirol i Calaf
Programa de doctorado “Ética, política y racionalidad en la
sociedad global”
Departamento de Filosofía Teorética y Práctica
Universitat de Barcelona
Bienio 2006-2008
“Hay tanta diferencia de cómo se vive
a cómo se debería vivir,
que el que deja el estudio de lo que se hace
para estudiar lo que se debería hacer
aprende más bien lo que debe obrar su ruina
que lo que debe preservarle de ella (…)”

Maquiavelo, El Príncipe, XV
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

ÍNDICE

1. Introducción ________________________________________ 1

2. Biografía política de Fouché ________________________ 5

3. Ideas y prácticas en la política de Fouché


3.1. Primera etapa (1792-1796)

La revolución integral: _________________________ 14

A. Política educativa ________________________ 15

B. Política religiosa _________________________ 22

C. Política social ___________________________ 30

D. Política represiva _________________________ 37

3.2. Segunda etapa (1799- 1815)

La regulación del régimen: ______________________ 45

A. Teoría policial ____________________________ 52

B. Política de equilibrio ___________________________ 62

C. Sobre la opinión, la oposición y la prensa _______ 68

D. Sobre la emigración y la religión _____________ 76

4. Conclusiones ________________________________________ 82

5. Referencias bibliográficas ___________________________ 88


Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

1. Introducción

En este trabajo se presentan los resultados de la investigación realizada


durante el curso 2007-2008, en el segundo año del programa de Doctorado
“Ética, Política y Racionalidad en la sociedad global” de la Universitat de
Barcelona, con el fin de obtener el DEA.
La investigación se centra en la pretensión de sintetizar la teoría
política de un personaje de finales del siglo XVIII y principios del XIX,
Joseph Fouché, principalmente conocido por ser el Ministro de Policía de
Napoleón. La dificultad radica básicamente en que se trata de un político
casi exclusivamente práctico que, a diferencia de muchos de sus
contemporáneos, no escribió ningún tratado teórico, y del que los
historiadores parecen estar de acuerdo en su falta de sistema y en su
oportunismo como base para la acción política.
No consideramos que esta preeminencia de lo práctico en nuestro
autor le reste valor o interés a sus ideas sino al contrario; y ello únicamente
lo inscribe en una tradición realista respecto a la política, herencia de
Aristóteles y de Maquiavelo, con la diferencia fundamental de que si bien
éstos, al no contar con una situación de poder, tenían que limitarse a
escribir sus ideas, Fouché en cambio las podía aplicar efectivamente.
Joseph Fouché es un gran desconocido para la mayoría, pues siempre
ejerció el poder desde cargos secundarios, y más en nuestro país que no es el
suyo, y más en nuestra disciplina, ya que sólo se le da tratamiento como
personaje histórico. Por eso no es de extrañar que cuando casualmente cayó
en nuestras manos el Fouché. Retrat d’un home polític 1 de Stefan Zweig,
nunca hubiésemos oído hablar de él. El libro de Zweig, que es una biografía
novelada, nos contagió la fascinación hacia el personaje (un político atrevido,
intrigante, sin escrúpulos) que deja transmitir el autor, y de ahí salió la idea
de que podría ser interesante estudiar su pensamiento. Al realizar la
primera búsqueda en los fondos bibliográficos de Cataluña, nos dimos

1
ZWEIG, S., Fouché. Retrat d’un home polític; Barcelona, Quaderns Crema, 2004.

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cuenta de que, de su autoría, sólo se disponía de sus Memorias. Después de


una lectura preliminar constatamos que, si bien entre la narración de los
hechos históricos se encontraban algunas reflexiones de carácter teórico,
éstas no eran suficientes para cimentar un trabajo de investigación; además,
y ese era el principal problema, resultó que había dudas sobre la
autenticidad de sus Memorias. 2
Así pues recurrimos inmediatamente a la bibliografía secundaria que
encontramos sobre Fouché, lo cual nos permitió conocer otros textos suyos,
principalmente cartas, decretos e instrucciones, que distintos historiadores
citaban en sus libros. Consideramos como un punto débil de este trabajo no
haber podido obtener estos textos de primera mano, sin intermediarios, pero
el análisis exhaustivo de los archivos franceses (no sólo los de París, sino
también los de distintas provincias) era una tarea que ni por tiempo ni por
medios podíamos asumir. Así que los textos que en este trabajo se examinan
provienen fundamentalmente de las citas con referencia de distintos autores
y de los documentos informatizados de la Biblioteca Nacional Francesa.
Analizando los trabajos monográficos sobre Fouché constatamos que
básicamente son biografías, de las cuales la tesis doctoral de Louis Madelin, 3
publicada en 1901, constituye el estudio más completo y de referencia
obligada para cualquiera que pretenda profundizar en la vida de Fouché y
su contexto histórico. En el prefacio de su tesis, Madelin analiza el motivo
por el cual se ha dejado siempre de lado a Fouché y lo atribuye a la mala
reputación de la que, debido a ciertas opiniones, se vio cubierto el político.
Ésta empezó por los comentarios negativos que hicieron de él sus

2
Las Memorias de Fouché causaron gran revuelo desde su publicación en 1824, cuatro años después de
su muerte, cuando los herederos llevaron a juicio al editor, por considerarlas falsas y lo ganaron. No por
eso se cerró el debate entre sus contemporáneos y entre los historiadores, que no dejaban de ver en el
texto detalles e informaciones de los que sólo Fouché podía tener conocimiento. En este trabajo nos
hemos inclinado por seguir el veredicto de Louis Madelin, considerado la principal autoridad sobre
Fouché, quien cree que las Memorias han sido redactadas por Beauchamp (un colaborador de Fouché en
el Ministerio), llenando los huecos y unificando el trayecto vital, a partir de fragmentos auténticos escritos
por Fouché. Concluye que, si bien el primer tomo es esencialmente de Fouché, en el segundo es donde
más se nota la intervención de Beauchamp, el cual además comete errores de datación. Por todo ello
hemos optado por guardar una distancia prudencial con las Memorias y sólo serán citados,
ocasionalmente, algunos fragmentos del primer tomo y siempre que encontremos ideas afines en sus
textos indudablemente auténticos.
3
MADELIN, L., Fouché (1759-1820); Paris, Librairie Plon, 1913.

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contemporáneos, a los cuales siempre en algún momento engañó, y se acabó


de asentar por los propios contemporáneos de Madelin, los cuales también lo
juzgaban negativamente, cada uno por motivos distintos, según si eran
historiadores monárquicos, católicos, republicanos o napoleónicos. La
posición de Madelin frente al personaje es la que lo describe como un político
inteligente, probablemente desprovisto de sentido moral y, por ello, al
servicio de los intereses antes que de los principios, pero más dispuesto al
bien que al mal.
En las biografías posteriores nos encontramos también con el mismo
hecho de que el historiador siempre se posiciona frente a Fouché: así, por
ejemplo, Jean Savant 4 no puede reprimir la irritación que le causa el
personaje y lo trata de cobarde, de mentiroso, de camaleón; Henry Buisson, 5
en cambio, le es más favorable pero como explica la conducta de Fouché por
la creencia de que era un miembro de la franco-masonería, tiene que obviar
la etapa revolucionaria de éste; Hubert Cole, 6 aunque más medido en sus
palabras, no deja de insistir también en su falta de principios.
En fin, todas estas obras tienen una serie de rasgos comunes: la
valoración moral, ya sea negativa o no tanto, del personaje público (pues
todos están de acuerdo en que su vida privada es modélica); la necesidad
entonces de explicarse, por medio de la psicología, su conducta; la creencia
en su absoluta falta de sistema y principios, ya que el veredicto es que actúa
por puro oportunismo; el cual justifica la falta de unidad durante toda su
carrera política. El resultado de todo ello es que, al sobrevalorar el
personaje, se va en detrimento de sus ideas y su pensamiento político, que es
en lo que pretende centrarse el presente trabajo.
Así pues podríamos decir que la tesis de esta investigación es
defender la existencia, unidad y continuidad de la teoría política de Joseph
Fouché, en la mayoría de los casos puestas en duda. Para ello, dejaremos de
lado toda consideración de orden moral y nos centraremos en el análisis
textual de sus decretos, cartas, informes o actos documentados.

4
SAVANT, J., Así fue Fouché; Barcelona, Editorial A.H.R., 1957
5
BUISSON, H., Qui était Fouché duc d’Otrante ?; Bienne, Editions du Panorama, 1968.
6
COLE, H., Fouché. The Unprincipled Patriot; New York, McCall Publishing Company, 1971.

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Hemos considerado adecuado, antes de empezar con el análisis


propiamente dicho, dedicar un punto del trabajo a una breve biografía
política de Fouché que, cuando menos servirá para situarnos
históricamente, pero también para dejar constancia de la relevancia de su
actuación en la vida pública francesa. A continuación, se encuentra el cuerpo
del trabajo que, siguiendo un criterio cronológico, hemos dividido en dos
partes: en la primera encontramos las ideas del Fouché revolucionario y, en
la segunda, las del Fouché ministro. Entre ambas etapas mediaron tres años
de desgracia política para Fouché y el fin de la Revolución en sentido pleno,
con lo que no es de extrañar que sus ideas evolucionen; sin embargo, se verá
como un conjunto de ideas principales se mantienen.

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2. Biografía política de Fouché

Joseph Fouché (1759-1820) aparece en la vida pública francesa en 1792,


cuando resulta elegido como diputado del departamento del Loira-Inferior a
la Convención Nacional. Hasta ese momento había ejercido como profesor
de física, lógica y matemáticas en distintos colegios de los Oratorianos pero,
aunque había estudiado en el seminario, nunca llegó a hacer los votos
mayores. Por entonces, Fouché se define como representante de una opción
política muy moderada, en consonancia con el ambiente burgués de Nantes,
y junto con otros siete diputados, se traslada a París. Allí va pasando por
distintos comités de la Convención hasta que, a finales de año entra como
miembro activo en el Comité de Instrucción Pública, en el cual trabajará
hasta marzo del año siguiente.
Ideológicamente, se sitúa de buen principio cerca del partido de la
Gironda y se mantiene moderado hasta que, en el proceso de Luís XVI
(enero de 1793), inesperadamente vota a favor de la muerte del rey. Desde
ese momento pasa a sentarse en la parte de la Montaña, pero en su sector
más radical, el de los llamados cordeliers, cuyo líder es Hébert, seguido por
otros personajes célebres como Cloots, Chaumette, Ronsin, Collot…
A partir del marzo del 93 es enviado como representante del pueblo en
misión en distintas provincias. Primeramente, en el departamento del Loira-
Inferior con el fin de tomar medidas para reprimir la contrarrevolución
monárquica y católica que pone en peligro las provincias de Anjou y de
Bretaña. Luego, en junio, se le manda a los departamentos del Oeste y del
Centro, en los cuales su principal tarea es la de reclutar voluntarios para ir
a combatir la insurrección contrarrevolucionaria de la Vendée. No obstante,
ya que su título (comisario de la Convención) le da poderes casi ilimitados,
Fouché no se limita a cumplir su misión, sino que también lo utiliza para
instaurar su programa de reformas revolucionarias.
Mientras tanto, en París, había empezado una lucha interna en la
Convención, de la Montaña contra la Gironda, ganando la primera. En julio,

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la sección hebertista ya era la dominante, habiéndose impuesto a


Robespierre, con lo que Fouché actúa en provincias sabiéndose respaldado
en París, y va pasando por Troyes, Dijon, Nevers, Clamecy, ciudades
conservadoras donde recluta compañías que manda a combatir en la Vendée
y en Lyon, ciudad también sublevada. Durante el mes de septiembre, que
representa para los cordeliers su máximo auge, Fouché, a raíz de la visita
que le hace en Nevers Chaumette (el procurador síndico de la Comuna de
París) empieza a radicalizarse: legisla sobre todas las materias, bautiza,
casa, divorcia, decreta la abolición del celibato, establece medidas contra el
clero, contra la burguesía, contra los moderados…
Mientras, la Revolución ha ganado la guerra en Lyon, y el partido
robespierrista envía como representante a Couthon, el cual inaugura una
política de indulgencia y moderación con los vencidos. Rápidamente, los
cordeliers hacen que el Comité de Salud Pública lo llame a París y mande, a
cambio, a uno de los suyos: Collot d’Herbois, el cual ha propuesto el decreto
siguiente: “Lyon ha hecho la guerra a la libertad, Lyon no existe”, lo que
significa que propone destruir la segunda ciudad de Francia. El 30 de
octubre se decreta que en esta misión lo acompañaran Fouché y Albitte, un
dantonista. Una vez allí, los representantes empiezan con decretos
enfocados al comunismo y al ateísmo, y con un gran despliegue de medidas
represivas; por ejemplo, como el tercio de la población son sospechosos y la
guillotina opera muy lentamente, ensayan los ajusticiamientos con metralla,
lo cual permite matar a decenas de personas de un solo golpe de cañón.
A finales del año 93 se desencadena en la Convención la lucha entre
la facción de Robespierre y la de Hébert, la primera de las cuales, a mitad de
diciembre, ya ha recuperado la libertad de culto. Fouché, previendo la caída
de su partido, empieza a adoptar una postura más moderada, tomando una
serie de medidas enfocadas a cubrirse las espaldas en caso de ser acusado de
radical. El problema es que, paradójicamente, Robespierre se transformará
en el defensor del terror. En los primeros meses de 1794, en París,
Robespierre ya ha conseguido el arresto de los principales componentes del
partido hebertista, y sus opositores van siendo encarcelados o guillotinados.

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Mientras, Fouché sigue con sus políticas moderadas en Lyon, hasta que las
quejas de los jacobinos provocan que en abril el Comité de Salud Pública lo
llame a París para dar explicaciones sobre su comportamiento. Ahí empieza
una disputa entre Fouché, que consigue que lo elijan presidente de la
Sociedad de los Jacobinos, y Robespierre, que controla el resto de órganos
oficiales. Fouché ve peligrar su cabeza y no aparece más en público, pero en
las sombras empieza a trabajar en la conspiración contra el tirano (según el
historiador que se consulte, le da más o menos protagonismo en la intriga).
Fouché no vuelve por la Convención hasta después de la caída de
Robespierre, quedando como uno de los últimos montañeses, pero entonces
empieza un proceso de reacción, provocado por el pacto que se tuvo que
hacer con la derecha para derrocar a Robespierre. Fouché teme que la
reacción lo arrastre y como además no se siente recompensado por su
participación en el golpe, a finales de año empieza a fustigar a los
termidorianos a través de Babeuf y su Tribun du peuple. Este hecho, pues
Fouché admite públicamente haber colaborado con Babeuf, sumado a unas
cuantas revueltas jacobinas en la primavera del 95, hacen que se empiece a
pedir el arresto de Fouché, aunque no hay pruebas de su implicación.
Entonces llegan a la Convención grupos de gente de Nevers, de Clamecy, de
Lyon para acusarlo públicamente de delitos cometidos durante sus misiones.
En agosto se lee su acusación: abuso de poder e impuestos y arrestos
arbitrarios; las masacres no se mencionan, ya que la mayor parte del
tribunal tiene trapos sucios en sus conciencias. En la votación del veredicto
gana por mayoría el arresto de Fouché, aunque hay dudas de que llegue a ir
a la cárcel.
A finales de año, con el final de la Convención Nacional y el inicio del
Directorio, se beneficia de la amnistía otorgada, pero sin embargo queda
apartado de la vida política. Empiezan para él tres años de miseria, de los
que sobrevive gracias a los trabajos sucios que le ofrece Barras, uno de los
directores. Por entonces la reacción monárquica avanzaba deprisa y se
tuvieron que amañar las elecciones de mayo 1797. Fouché tantea el perdón
de Luís XVIII, pero al ser despreciado, se opone a la Restauración y apoya el

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golpe del 18 de fructidor que, por la fuerza militar, depuró el cuerpo


legislativo de realistas y contrarrevolucionarios.
Es el momento en que muchos antiguos revolucionarios pueden entrar
nuevamente en la vida política y Fouché, gracias a la influencia de Barras,
es nombrado en octubre ministro plenipotenciario en Milán. A principios de
1799 vuelve a París y, con el golpe de prairal, los directores Barras y Sièyes,
sus principales protectores, se han hecho con la hegemonía del Directorio,
que ya empieza a agonizar. Por la influencia de aquellos, es nombrado
plenipotenciario en Holanda, donde debe organizar su defensa contra los
ingleses, pero los dos directores, que conspiran (Barras es partidario de la
Restauración, mientras que Sièyes del cesarismo) a los pocos días lo llaman
de nuevo a París para reemplazar a Bourguignon en el cargo de ministro de
la Policía, que ocupa en julio de 1799.
Fouché pronto muestra su independencia respecto a sus protectores y,
nada más empezar, decide acabar con la anarquía reinante e instaurar el
orden. Se pronuncia en contra de las Sociedades populares, cierra el Club de
los Jacobinos, recomienda una ley contra la prensa de oposición y empieza a
trabajar en la radiación de los emigrados, lo que le da cierta popularidad en
la derecha. Aprovechándose de su situación hace fracasar las conversaciones
entre Barras y Luís XVIII (que no le conviene por su pasado regicida) y,
aliándose con Sièyes, se centran en el general Bonaparte para dar un nuevo
rumbo al gobierno. La forma que tendrá Fouché de participar en el golpe del
18 de brumario, es la de no impedirlo, por eso finge sorpresa al enterarse de
que se han trasladado los Consejos a Saint-Cloud y que el mando de París
ha sido puesto en manos de Bonaparte. Fouché cierra las puertas de París y
se mantiene a la espera, pues si el golpe no triunfa sin dudar arrestará a los
conjurados. Pero todo sale según se había planeado y Fouché se mantiene en
el Ministerio. Desde ese momento su principal tarea será la de impedir la
reacción (da esperanzas a todos los partidos pero a la vez los neutraliza) y
restablecer el orden: reorganiza el Ministerio, intenta una amnistía para los
emigrados y pacifica los departamentos del Oeste y el Mediodía, en continuo
conflicto por los chouanes, el reducto de monárquicos rebeldes. Al ser

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descubierta una conspiración realista, Fouché modificará su benevolencia


con la derecha y para compensar las fuerzas políticas pone en libertad a los
últimos seguidores de Babeuf y se muestra hostil a las medidas contra los
antiguos terroristas.
Napoleón desconfía de Fouché, lo que será una constante a lo largo de
toda su carrera política, pero siempre lo acabará conservando porque,
además de ser útil e indispensable, también es temible como adversario ya
que tiene buenas relaciones indistintamente con los jacobinos, con los
realistas, con la antigua aristocracia, con los liberales, con el clero
constitucional…
A finales de 1800, Napoleón sufre un atentado cuando se dirigía a la
ópera y por el modus operandi, una bomba de metralla, el partido reactor lo
atribuye a los jacobinos, ya que unas semanas antes se había descubierto a
uno de ellos preparando una de estas llamadas máquinas infernales.
Inmediatamente piden su destitución, pues suponen su complicidad en el
atentado, pero Fouché afirma que se trata de un complot realista. Napoleón,
como respuesta, hace confeccionar una lista de 130 antiguos terroristas a los
que condena a deportación sin juicio y Fouché, que todavía no ha podido
probar su tesis y que podría haber estado perfectamente en esa lista, la
firma. No obstante, en dos semanas descubre a los culpables, efectivamente
realistas, por lo que se le autoriza a arrestar a los principales jefes
monárquicos de París.
Pasa el tiempo y, en 1802, el partido reactor sigue insistiendo en
hacer de Napoleón Cónsul vitalicio. Fouché se opone y como tiene mucha
influencia en el Senado, lo convence de que Napoleón sólo quiere una
prolongación del mandato, hecho por el cual el Senado, creyéndose muy
generoso, le otorga diez años más de poder. De todas formas, Napoleón se
hace atribuir el título vitalicio por un plebiscito pero, sabiendo que detrás de
la maniobra del Senado estaba Fouché, decide apartarlo. Eso sí, no sin
muchas precauciones pues no lo destituye, sino que simplemente dice
suprimir el Ministerio de la Policía porque, debido a su buena gestión, ya no

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es necesario; además, lo nombra senador y, aparte de las rentas que ello


supone, le da la mitad de los fondos de la policía.
Durante dos años Fouché se centra en su vida privada, de la que todos
los historiadores convergen en describir como moral, virtuosa y humilde;
pero decidido a entrar nuevamente en la política y al notar las ansias de
Napoleón de convertirse en Emperador se pone de su parte. Fouché
convence al Senado y a los republicanos, que suponían el principal
obstáculo, y gracias a su gestión en mayo de 1804 se proclama el Imperio.
En junio vuelve a ocupar su cargo en el Ministerio de Policía y se pone
manos a la obra ya que la situación interna es por entonces delicada: los
republicanos están inquietos por la afrenta que les supone el Imperio, los
monárquicos porque ven alejarse la vuelta de los Borbones, los antiguos
nobles radiados se comportan con soberbia, el clero hace continuos “actos de
intolerancia” con los antiguos revolucionarios y compradores de bienes
nacionales, las conspiraciones provenientes de Londres vuelven a resurgir…
Fouché se constituye pues como el defensor de la Revolución dentro
del Imperio: reprime todo acto de intolerancia, aleja los emigrados de los
altos cargos, palia los actos de insumisión de los jacobinos, hace entrar en el
Senado a miembros del partido republicano, ordena volver a plantar los
árboles de la libertad que habían sido arrancados y combate la restauración
de los títulos nobiliarios. Además, ante las continuas campañas militares de
Napoleón y temiendo por su vida, que significaría el fin del Imperio, Fouché
se convierte en un firme defensor de la paz, aunque también del divorcio,
pues si bien antes la pretendida esterilidad de Josefina le parecía la mejor
garantía para la República, ahora se ha convertido en un obstáculo para la
continuidad del Imperio.
Fouché cada vez adquiere más influencia y por la reorganización de
los Ministerios que lleva a cabo Napoleón en 1807, en la cual Talleyrand,
Portalis y Berthier pierden sus cargos, queda como el político más antiguo y
preponderante del Consejo de Ministros. Llega incluso a controlar dos
carteras ministeriales, pues cuando en abril de 1809 Napoleón parte a la
campaña de Alemania, Cretet, Ministro del Interior, cae enfermo y Fouché

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ocupa también su cargo. A finales de julio llega la noticia de un desembarco


inglés en sus costas y como ni el Ministerio de la Guerra ni el de la Marina
han sabido preparar una armada, Fouché de su propia autoridad hace levar
la guardia nacional en todo el territorio amenazado y, por más osadía, la
pone bajo el mando de Bernadotte, un general caído en desgracia por sus
tensiones con Napoleón. El Consejo de Ministros que no se había atrevido a
actuar sin saber la opinión del Emperador y, consternados por tanta
independencia, le escriben una carta tras otra contando lo sucedido; la
respuesta: Napoleón los regaña por no haber sabido reaccionar. De todas
formas, Fouché no se conforma con haber repelido el ataque y empieza a
generalizar la leva de la guardia nacional en todos los departamentos
costeros, e incluso en París. Napoleón, aunque le hace una dura llamada de
atención, en agosto lo nombra duque de Otranto, pero en octubre, cuando
vuelve a París le retira el Ministerio del Interior, sin embargo lo mantiene
en el de Policía.
En diciembre se consuma el divorcio de Napoleón y Josefina, y
Fouché, partidario de un casamiento con una hermana del Zar, empieza una
campaña contra la Casa de Austria, que son del antiguo régimen y parientes
de Luís XVI. De todos modos, no lo puede evitar y en abril de 1810 Napoleón
se casa con María Luisa de Austria.
Fouché desde 1804 deseaba ardientemente la paz con Inglaterra, que
solo suponía problemas: el bloqueo, la caída de la Bolsa, las continuas
conspiraciones… Y consigue que Napoleón haga un intento de negociación,
pero como éste no quiere ceder en ningún punto, lógicamente fracasa.
Fouché decide continuar por su cuenta con las negociaciones y por un
intermediario llegan incluso a discutir las condiciones de paz, pero entonces
Napoleón se entera y el 3 de junio de 1810 lo vuelve a destituir. Su sustituto
es Savary, el cual le permite a Fouché retrasar su salida tres días para que
le organice y clasifique un poco los documentos; en la práctica lo que hará el
ex ministro será quemar sus archivos particulares.
Napoleón, en mayo de 1813, queriéndolo alejar de París, lo llama a
Dresde para darle una serie de misiones como la de reforzar las alianzas del

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Imperio y lo manda como gobernador a las provincias ilirianas. Éstas


constituían un Estado heterogéneo, mal sumiso y amenazado por Austria e
Inglaterra, con lo que su misión se resumió en proteger la retirada e impedir
toda sublevación antes de la evacuación. Pero los hechos se precipitan; en
agosto, Austria le declara la guerra a Napoleón y éste empieza a perder
batallas. Fouché quiere ir lógicamente hacia París, que es dónde se van a
decidir los asuntos importantes, pero Napoleón le manda quedarse en
Nápoles con la tarea de mantener al rey Murat dentro de la alianza
francesa, lo cual también fracasa.
El 1 de marzo de 1814 Fouché parte hacia París atravesando la
armada austro-napolitana, pero cuando llega el 8 de abril todas las intrigas
ya han terminado: el 31 de marzo París había capitulado, el 1 de abril el
Senado había nombrado el gobierno provisional con Talleyrand a la cabeza
y, el 3, había proclamado rey a Luís XVIII. De todos modos, Talleyrand deja
entrar a Fouché en las deliberaciones del gobierno provisional, pero éste, al
ver que no le hacen caso, se retira a su castillo de Ferrières. Con el paso de
los meses el gobierno monárquico empieza a ir a la deriva y a principios de
marzo 1815 se tiene noticia de que Napoleón ha desembarcado en el
continente; entonces le ofrecen a Fouché el Ministerio pero viendo éste que
no hay nada que hacer lo rechaza. Como sospechan de él el prefecto de
policía se persona en su casa con una orden para detenerle, pero Fouché
hábilmente se escapa y se esconde hasta que el 20 de marzo Napoleón entra
en las Tullerías. Por la noche Fouché ya es de nuevo el Ministro de la
Policía.
Para las elecciones de mayo Fouché trabaja para hacer elegir la
Cámara que le conviene: liberales, republicanos, convencionales; también
contacta con las potencias europeas y lo que parece más favorable es darle el
mando a Luís XVIII. Así que, después de la derrota de Waterloo, Fouché
corre el rumor de que Napoleón quiere disolver la Cámara y hace que ella
pida la abdicación en favor de su hijo. Napoleón se resigna a firmar la
abdicación “espontánea” que Fouché lee ante la Cámara, y allí mismo
propone elegir una comisión de cinco miembros que se encargue de negociar

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con las potencias extranjeras, que avanzan hacia París; pero de Napoleón II
no se dice ni una palabra. Se hace al momento la votación y gana Carnot,
seguido de Fouché y el general Grenier; por su lado, la Cámara de los Pares
nombran a Caulaincourt y a Quinette. Por una maniobra de Fouché, éste se
atribuye la presidencia de esta comisión, que más que un consejo de
regencia, es una comisión de gobierno y se instala en las Tullerías. Fouché
se pone a negociar de espaldas a todos y, con los aliados a las puertas de
París, ésta capitula el 5 de julio. El 7 ya es ministro de Luís XVIII, después
de muchas conversaciones y de haber sugerido que sin él el rey difícilmente
entraría en París.
Sin embargo Fouché, en plena Restauración, todavía pretende ser el
dique de la reacción, pero como el nuevo gobierno reclama cabezas no puede
negarse a firmar listas de proscripción, si bien avisa o deja escapar a sus
antiguos amigos. En agosto se celebran de nuevo elecciones a la Cámara y,
aunque Fouché es elegido diputado por tres departamentos, ésta se llena de
elementos de extrema derecha, por lo que se forma una cruzada contra el
ministro regicida. La llegada de la duquesa de Angulema, hija de Luís XVI,
sirve de pretexto para alejarlo de la vida pública y en un exilio encubierto se
le nombra ministro del rey en Dresde. Fouché se resiste a abandonar la vida
política pero en unos años se resigna, se instala en Trieste donde muere en
diciembre de 1820, no sin antes haber hecho quemar otra parte de sus
papeles.

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3. Ideas y prácticas en la política de Fouché

3.1. Primera etapa (1793-1796)

La revolución integral:

El concepto de révolution integral aparece en la Instruction de Lyon,


firmada por Collot d’Herbois y Fouché en noviembre de 1793, en la que se
anima al pueblo a actuar con energía y realizar la revolución completa, la
revolución integral. Con ello se refieren a hacer la revolución en todos los
campos y hasta las últimas consecuencias, a completarla, pues si bien se ha
acabado con la monarquía y con los privilegios del clero y la nobleza, todo
ello no es suficiente; lo que pretenden es que se cumpla, sobre todo, el
principio d’égalité, en el sentido de la nivelación de ricos y pobres, pero
también, consideramos, en el aspecto de hacer de los ciudadanos un cuerpo
único, con unas mismas creencias, una misma educación, una misma
inclinación política y, en definitiva, una misma opinión. Este parece que
será el objetivo de toda la época revolucionaria de Fouché y, como su
situación de representante del pueblo en misión, le da poderes casi
ilimitados Fouché tendrá libertad para actuar, controlar y legislar sobre
todas las materias, sin restricciones y sin oposición. Es decir, tiene el poder
de llevar a la práctica su programa político en toda su amplitud y sin
condicionamientos, lo cual es algo que no se han podido permitir muchos
teóricos políticos. Si bien se considera a Fouché como un político más
práctico que teórico, sin convicción alguna y con un alto componente de
improvisación, se intentará matizar este punto de vista demostrando como a
sus actuaciones le preceden consideraciones teóricas de carácter general, con
lo que si improvisa es en las aplicaciones concretas de sus directrices
generales, lo que parece inevitable si se está llevando a cabo una práctica
política nueva.

14
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

El contenido de esta revolución integral la hemos separado en cuatro


grandes bloques: política educativa, política religiosa, política social y
política represiva. Sus ideas en materia educativa, si bien podríamos
haberlas incluido en las de materia social, ya que propone una educación
pública pagada por el Estado, o incluso en las de materia religiosa, pues
aboga por un educación laica, al final hemos optado por hacer un apartado
independiente, y que además será el primero en analizar, pues corresponde
a sus primeras manifestaciones políticas, representa una idea original y un
paso más hacia la educación pública y laica, y además nos avanza el
programa de esa revolución integral, que no conceptualizará bajo este
nombre hasta casi el final de su periodo revolucionario.
Así pues, sus escritos sobre materia educativa nos llevan a sus
consideraciones religiosas (que más bien son antirreligiosas), las cuales
hacen de él uno de los pioneros de la descristianización, y también a su
programa social, que nos lo presenta como a un precursor socialista. Para el
cumplimiento de todas esas medidas lógicamente habrá que recurrir a
medidas coactivas y por eso hemos añadido también un apartado dedicado a
la política represiva, donde veremos sus reflexiones sobre la justicia, el
terror y sus creaciones de un nuevo tipo de comité: los comités filantrópicos.

A. Política educativa

A finales de octubre de 1792 Fouché entra como miembro activo en el


Comité de Instrucción Pública de la Convención Nacional, en el cual se
trabaja en la organización general de la instrucción pública del país, ya que
hasta el momento estaba en manos de las distintas congregaciones
religiosas, y cuenta con distinguidos miembros de la posteriormente llamada

15
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

ideología, 7 como Condorcet, Daunou, Lakanal…


Fouché forma parte de un subcomité encargado de revisar la Ley del
18 de agosto de 1792, relativa a la supresión de las congregaciones
seculares. El Rapport et projet de décret 8 presentado por Fouché a
principios de noviembre defiende que, en tanto no se haga la reorganización
educativa definitiva, conviene sostener los establecimientos de instrucción
ya existentes. En definitiva, que la ley concerniente a la supresión de las
congregaciones no afectará a los establecimientos de instrucción, de manera
que la venta de sus bienes continuará siendo suspendida. Pero la discusión
del proyecto se aplaza y no será hasta el 8 de marzo de 1793 que el decreto
sea leído y adoptado en la Convención. Por entonces éste ha evolucionado y
sus disposiciones principales establecen, en primer lugar, que todos los
bienes de los establecimientos de instrucción serán vendidos de la misma
forma que el resto de bienes nacionales, a excepción de los edificios
destinados a la enseñanza y, en segundo lugar, que « le paiement des
professeurs, tant des collèges que de tous les établissements d’instruction
publique, français, seront à la charge de la nation, ainsi que l’entretien des
bâtiments et des titulaires actuels des bourses ou places gratuites. » 9. Esta
segunda disposición, que simplemente trata del tema de la financiación, es
muy importante por lo que se refiere al proceso de la creación de una
educación verdaderamente pública, competencia exclusiva del Estado, que
hasta el momento había sido gestionada por la Iglesia.
En esta misma época Fouché empieza a preparar un texto titulado
Réflexions sur l’éducation publique, 10 que no se hizo público hasta tres
meses después (cuando el partido moderado ya había perdido toda su

7
Ideología no tiene aquí el sentido despectivo o negativo que le dará Napoleón y más tarde el marxismo;
es únicamente el término acuñado por Destutt de Tracy para designar la actividad que llevaban a cabo los
miembros de la segunda clase del Institut, la cual tenía como objeto el conocimiento del hombre basado
en el análisis de sus facultades. Para una ampliación del tema, vid. FERNÁNDEZ, J.M., Política e
instituciones ideológicas durante la Revolución francesa; El Basilisco, (1983)15, p. 71-77, y del mismo
autor, Ideología “brumarista” y Napoleón Bonaparte; El basilisco, (1994)17, p. 37-44.
8
FOUCHÉ, J., Rapport et projet de décret présentés au nom du Comité d’instruction publique ; Paris,
Imprimerie Nationale, 1792.
9
Reimpresión de l’ancien Moniteur; Paris, Plon Frères, 1847, tom XV, p.652.
10
FOUCHÉ, J., Réflexions sur l’éducation publique; Paris, Imprimerie Nationale, 1793.

16
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

influencia), en el que se da un paso más para hacer laica la educación. En


realidad, Fouché está siguiendo los pasos de Condorcet, filósofo y miembro
del Comité de Instrucción, el cual ya desde años atrás abogaba por apartar
de la educación toda influencia sacerdotal, por el evidente obstáculo que ello
suponía para el avance de los ideales ilustrados.
De todos modos, la idea de la necesidad para el Estado de una
educación pública ya la había expresado perfectamente Aristóteles dos mil
años antes y, como veremos lo largo del trabajo, es evidente que Fouché
había leído y le sacaba un buen provecho a la Política de Aristóteles:

“Como el Estado todo sólo tiene un solo y mismo fin, la educación


debe ser necesariamente una e idéntica para todos sus miembros,
de donde se sigue que la educación debe ser objeto de una
vigilancia pública y no particular, por más que este último
sistema haya generalmente prevalecido, y que hoy cada cual
educa a sus hijos en su casa según el método que le parece y en
aquello que le place. Sin embargo, lo que es común debe
aprenderse en común, y es un error grave creer que cada
ciudadano sea dueño de sí mismo, siendo así que todos pertenecen
al Estado, puesto que constituyen sus elementos y que los
cuidados de que son objeto las partes deben concordar con
aquellos de que es objeto el conjunto.” 11

Sigamos ahora la argumentación de Fouché en sus Réflexions sur


l’éducation publique:
“Ce n’est pas pour le plaisir stérile d’imprimer au monde un grand
mouvement que nous avons fait une révolution, nous voulons sur-
tout le perfectionnement & le bonheur de l’espèce humaine, nous
voulons fonder l’empire éternel de la raison ; & persuadés que
l’instruction seule peut nous amener à ce but, nous nous occupons,
au moment même où tous les tyrans se coalisent pour nous
subjuguer, des moyens de former des écoles primaires dans toutes
les parties de la République. (…)
C’est ici le moment de venger la nature des outrages qu’elle a
reçus, de renverser tout ce qui peut étouffer le premier germe de
la raison, cet instinct vierge & sacré, cette lumière pure, qui brille
au fond des cœurs, comme le soleil au sein des mondes.
Si nos écoles s’organisent promptement & selon nos vœux, la plus
heureuse révolution est conformée ; (…) » 12

11
ARISTÓTELES, Política; Madrid, Espasa Calpe, 1997, p. 195.
12
FOUCHÉ, Réflexions sur l’éducation publique; p. 1

17
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

Fouché comparte los principios de la Revolución, que son en gran parte los
de la Ilustración, y afirma, por tanto, que el cometido de la revolución es
fundar el imperio eterno de la razón. Para ello, y Fouché lo sabe ya que lleva
años ejerciendo de profesor, la base está en la educación. Ésta tiene una
enorme importancia, pues constituye la forma de combatir la superstición, la
ignorancia y avanzar hacia el triunfo de la razón y el progreso humano; pero
también, como nos sugiere en el texto, es la forma de perpetuar la revolución
que, al fin y al cabo, es ese imperio de la razón.
Por ese motivo en Francia se ocupan de formar escuelas primarias
mientras Europa se prepara para hacerle la guerra, porque para que triunfe
la revolución tienen que darse dos factores: por un lado, vencer al enemigo
tanto externo como interno, y por otro, que la revolución se institucionalice,
se estabilice. Para ambas cosas hace falta que la sociedad civil se
comprometa con la causa, hacen falta buenos revolucionarios (soldados que
derroten al enemigo, voluntarios para ir al frente, patriotas que señalen al
enemigo interno, que delaten las conspiraciones…) y, sobre todo, se necesita
que los relevos, que las nuevas generaciones crezcan con el espíritu
revolucionario ya interiorizado. Aquí entra en juego la educación, que no
hace falta mencionar que constituye un mecanismo de poder eficaz para
formar la conciencia necesaria (es decir, la que el Estado necesita); véanse
como ejemplos históricos como los regímenes más o menos autoritarios
controlan de muy cerca la enseñanza: la formación del espíritu nacional en
la España franquista, la educación cívica en la Cuba castrista… Pero esta
educación, que debe ser una educación de Estado y competencia exclusiva de
éste, además tiene que estar del todo desligada de la religión, debe ser laica,
ya que si no entrará en conflicto con los intereses de la Revolución.
Veámoslo en palabras de Fouché :

“En vain vous donnerez au peuple des instituteurs, si à côté des


écoles de la philosophie & de la raison vous laissez subsister, vous
salariez les écoles des préjugés & de la superstition. Les salarier,
c’est en consacrer les maximes & les pratiques, c’est les prescrire,
c’est se rendre complice, c’est mettre un obstacle invincible aux

18
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

progrès de la vérité, c’est une prévarication contre la prospérité de


la République, & un crime envers la génération qui s’élève.
Comment, en effet, établir un accord entre les volontés, une
harmonie sociale, tant qu’il n’y aura pas unité de principes &
d’action entre nos institutions politiques ? » 13

En efecto, de nada sirve implantar la nueva educación, si se permite que las


escuelas religiosas sigan enseñando, y peor aún, si lo hacen a costa de la
nación, pues ello implica ser cómplice en el mantenimiento de la
superstición (vemos como Fouché reitera la importancia de la financiación).
El problema principal es que manteniendo dos tipos de educación a la vez, se
está creando una sociedad dividida, e invocando a Rousseau y su contrato
social, Fouché ve imposible el acuerdo si no hay unidad de principios entre
los ciudadanos.
Pero la cuestión va más allá:

“Concevez l’existence douloureuse, le supplice que vous préparez à


vos enfants, en leur donnant deux instituteurs, dont les maximes
se croiseront, se heurteront & dont la morale sera sans cesse, en
opposition ; deux instituteurs qui dirigeront en sens contraire, les
premiers mouvements, les premières affections de leurs cœurs.
L’un, parlant au nom d’un Dieu, dont il se dit l’interprète & le
ministre, présentera sa religion comme la première vérité à
croire& à adorer, comme la base de toute morale, & le seul moyen
qui puisse ouvrir les portes du ciel. Il veut faire de l’homme un
automate, chez qui l’habitude & l’obéissance tiennent lieu de
raison.
L’autre, qui ne connaît que le langage de la vérité, qui veut faire
un homme de son élève, ne lui parlera des religions que pour en
arracher le bandeau qui couvre leur origine ; il lui apprendra a
connaître ses droits, ses devoirs, les règles qu’il doit suivre, pour
faire dans ce monde, & non dans l’autre, son bonheur & celui de
ses semblables. » 14

Lo que nos deja intuir Fouché en este fragmento es que el problema más
grave no es que la Iglesia se encargue de la educación, sino que el problema
es la religión en sí misma. Ello es debido a que las máximas de ambas
doctrinas se contradicen, y existe el peligro de que las directrices que dé la

13
Ibid., p. 2
14
Idem.

19
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

educación estatal (derechos, deberes, reglas a seguir, lo cual constituye la


moral oficial), puedan ser puestas en entredicho por la moral religiosa. Aquí
ya parece adelantarnos (lo cual veremos en el apartado siguiente), que la
solución está no ya solamente en apartar la influencia religiosa del ámbito
educativo, sino en eliminar su influencia de la sociedad en general. Veamos
como se puede llevar a cabo:
“Organisons les institutions sociales, les secours publics,
l’instruction, les contributions & les fêtes nationales. Reléguons
chez les despotes l’avilissante mendicité, l’ignorance barbare, & la
superstition sanguinaire. Que dans toutes les sections de la
République, l’infirmité de la misère trouve un asile, des secours,
des égards dus au malheur, que l’instruction s’offre d’elle-même à
celui qui est dans les ténèbres, qu’une honnête aisance
accompagne l’industrie & le travail modéré, que le superflu seul
de l’opulence expie, en ce moment, par un impôt progressif, par un
emprunt forcé, ses crimes envers la liberté. Voilà les véritables
obligations que le peuple nous a imposées ; voilà les seuls devoirs
religieux qui puissent nous concilier l’estime des nations & la
reconnaissance de la postérité. » 15

La solución para aislar la influencia de la religión es tan fácil como


organizar desde el Estado la instrucción, los hospicios, las fiestas
nacionales… en definitiva, los ámbitos que eran competencia de la Iglesia
hasta entonces.
Este fragmento constituye un resumen básico de su programa social,
que llevará a cabo y desarrollará unos meses después cuando ejerza de
representante en misión en provincias, donde para combatir la desigualdad
económica, establecerá un impuesto progresivo que le quitará al rico lo
superfluo. Y estos, en definitiva, deben ser los únicos deberes religiosos de la
moral republicana. Esta última expresión no debe entenderse como una
metáfora; a la Revolución le hace falta todo un aparato espiritual que
sustituya al antiguo y por eso, dice Fouché, la Convención nacional no puede
reconocer “d’autre religion que celle de la morale, d’autre culte que celui de
la patrie, d’autre dogme que celui de la souveraineté du peuple. » 16
En fin, Fouché concluye sus reflexiones con estas palabras:

15
Ibid., p. 4
16
Ibid., p. 6

20
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

« La politique, ainsi que la philosophie, nous commandent donc de


remplacer promptement de trop longs préjugés, de vieilles
erreurs, par des institutions dignes d’un grand peuple, par des
études qui exercent, qui développent ses facultés, qui étendent ses
idées, ennoblissent ses sentiments ; par des fêtes civiques
célébrées, non avec cette pompe brillant & frivole, mais avec cet
appareil simple, fier & Républicain qui touche l’âme, qui la
remue, qui l’élève toute entière, qui l’intéresse, l’enflamme
d’émulation & de gloire, porte le courage & la vertu au plus haut
degré d’intensité qu’ils puissent avoir ; par des lois morales qui
dirigent tellement ses opinions, ses goûts, ses affections, qu’il
aime la liberté & l’humanité entière, par inclination, par passion,
par nécessité, & qu’il jouisse enfin des innombrables avantages
que la nature lui promet.
Cet heureux résultat de l’éducation publique ne tardera pas à se
réaliser : c’est du moins mon espoir. » 17

Así pues, la política y la filosofía, léase Ilustración, coinciden en lo que hay


que hacer: renovar el viejo mundo con instituciones revolucionarias, con
estudios, con fiestas cívicas (aquí nos adelanta el Culto de la Razón, que
veremos más adelante) que exalten el sentimiento patriótico y con leyes
morales que dirigirán las opiniones del pueblo. Con estas últimas palabras,
Fouché nos deja ver que también en él se da esa contradicción propia de la
Ilustración con respecto al pueblo: admiración por un lado, pero desprecio
por el otro. Ese fuerte componente de preocupación pedagógica que tiene esa
época, a la vez va íntimamente ligado a una cierta condescendencia
paternalista para con el pueblo, al cual se le tiene que indicar qué es lo
bueno y dirigir sus opiniones. Esta creencia se mantendrá constante en
Fouché que, como veremos en la segunda parte del trabajo, le requerirá
muchos esfuerzos en su intento de dirigir la opinión pública.
Recapitulando, en este escrito hemos encontrado fundamentalmente
dos ideas: por un lado, la anticipación de todo su programa revolucionario, y
por el otro, la suposición de que éste no se podrá llevar a cabo si, como base,
no existe una verdadera educación pública.

17
Ibid., p. 10

21
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

B. Política religiosa

Louis Madelin, en su enorme tesis dedicada a Fouché, y respecto a las


Réflexions sur l’éducation publique dice: « Jamais peut-être une si violente
attaque n’avait été rédigée non seulement contre l’enseignement
congréganiste, non seulement contre les prêtes catholiques, mais contre
toute religion. » 18. Y es cierto, bajo esas ideas sobre la educación subyace
toda una teoría respecto a la religión, cuya forma es fundamentalmente
crítica. Quizás Madelin exagere un poco en cuanto a la novedad del ataque a
la religión, pues críticas siempre ha habido, y además, ese anticlericalismo
que se revelará en Francia ciertamente no surge de la nada: en el contexto
de la Revolución tiene que enmarcarse en un proceso evolutivo que empieza
ya con la abolición del régimen feudal en 1789.
Aulard, en su indispensable ensayo Le culte de la raison et le culte de
l’être suprême, 19 empieza por recordar las principales influencias de los
pensadores del s. XVIII que tuvieron los revolucionarios en materia
religiosa, agrupándolas en dos tendencias: una más naturalista y atea,
representada por Voltaire; y la otra, más espiritualista y deísta, con
Rousseau y el abate Mably en sus filas. 20 Estas dos corrientes se
corresponderán respectivamente con el Culto de la Razón y con el Culto del
Ser Supremo 21. Pero respecto a la influencia real de estos filósofos sobre los
políticos de la Revolución, dice Aulard:
« Mais il ne faudrait pas croire que ces textes aient véritablement
inspiré leurs actes, dirigé leur politique, ni que ces hommes
d’action soient entrés dans l’arène pour réaliser les systèmes
qu’ils avaient trouvés dans leurs lectures. Il nous semble qu’ils
18
MADELIN, Fouché; Paris, Librairie Plon, 1913, tom I, p. 49
19
AULARD, Le culte de la raison et le culte de l’être suprême ;(réimpression de l’édition de Paris 1892),
Scienta Verlag Aalen, 1975
20
No podemos estar de acuerdo con la idea de que Voltaire fuera un representante de la
tendencia ateísta, pues aunque era un ferviente defensor de la tolerancia y sus críticas a la
Iglesia y a las doctrinas cristianas eran continuas, en su Tratado de Metafísica expone sus
argumentos a favor de la existencia de Dios. Por ello, si hubiera que considerar a
representantes de la corriente atea, nos inclinaríamos por materialistas como La Mettrie o
D’Holbach.
21
De todos modos se verá un poco más adelante como el Culta de la Razón, al fin y al cabo, también era
fundamentalmente deísta.

22
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

écoutèrent surtout les conseils de l’expérience, de l’impérieuse


nécessité. » 22

Decíamos pues que, desde el inicio de la revolución se desata, como hace


notar Vovelle23, una dinámica de crisis entre religión y revolución que se va
agravando con el paso del tiempo, incluso si oficialmente no había ninguna
pretensión, en principio, de destruir o eliminar la religión. El proceso
empieza en 1789 con la abolición de los privilegios del clero y la venta de sus
bienes, pero como parte de la eliminación del sistema feudal; la
Constituyente, en abril de 1790, declara que su adhesión al culto católico
está fuera de toda duda; en julio, se aprueba la Constitución civil del clero,
a la cual éste tiene que prestar juramento, pero con la intención de
nacionalizar la Iglesia independizándola de Roma. Aulard nos recuerda que
cuando Delacroix, en 1792, propuso en el club de los jacobinos destruir el
culto católico, se declaró la moción inconstitucional; y la Constitución de
junio de 1793 garantiza el libre ejercicio de culto.
La idea de la descristianización, el ataque a la religión y al culto, no
tiene lugar hasta el verano de 1793, cuando la Francia revolucionaria está
en guerra contra La Vendée y contra Europa, y el clero se revela como el
aliado interno de las potencias extranjeras que amenazan la patria. 24 Los
historiadores convergen en afirmar que, si bien Chaumette es reconocido
como el representante del anticlericalismo del grupo hébertista en París, el
movimiento antirreligioso surge primeramente en las provincias, de la mano
de los representantes en misión. Entre ellos encontramos a Fouché, el cual
destacará por su prontitud y por la repercusión que alcanzaran sus decretos,
algunos de los cuales serán incluso adoptados por la Comuna de París.

Analicemos, ahora, los principales actos documentados y decretos de


Fouché relacionados con su política religiosa. Empieza el 22 septiembre de

22
AULARD, Le culte de la raison et le culte de l’être suprême, p. 14
23
VOVELLE, M., La révolution contre l’église. De la raison à l’Être Suprême ; Paris, Editions
Complexe, 1988, p. 29
24
Vovelle en su La révolution contra l’eglise, hace un interesante recorrido a través del
imaginario social plasmado en imágenes (gravados, panfletos, dibujos…): de la imagen del
cura amigo del pueblo, a la del cura enemigo de la patria.

23
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

1793 cuando, aprovechando una visita de Chaumette a Nevers, ambos


organizan una fiesta en honor a Brutus, que se desarrolla como una especie
de procesión pagana, en la que asisten las autoridades y el pueblo, en la cual
se honra a los ancianos y a los pobres. La marcha acaba en la iglesia de
Saint-Cyr, donde Fouché y Chaumette pronuncian discursos exaltando a
Brutus y criticando la religión.
Unos días después, el Directorio departamental, inspirado por
Fouché, decreta lo siguiente:
“Sur la réquisition du citoyen Fouché, représentant du peuple, le
conseil du département, considérant que dans une association
politique tous les membres qui la composent doivent tendre au
bien général ; qu’en s’isolant de la société, on devient
nécessairement indifférent à son bonheur ; que depuis trop
longtemps les prêtres vivent dans le célibat ; qu’ils n’ont rempli
aucun des devoirs du vrai citoyen ; qu’étrangers aux charges
publiques dont, avec les armes de l’imposture, ils ont toujours su
se garantir, ils n’ont jusqu’à ce moment donné que l’exemple d’un
égoïsme dangereux et contraire aux principes d’un régime
républicain ; qu’il est temps que cette caste orgueilleuse, ramenée
à la pureté des principes de la primitive église, rentre dans la
classe des citoyens, renonce à une vie outrageante pour la nature
et toujours favorable à la dépravation des mœurs, s’attache à la
société en remplissant les devoirs et mérite de partager la
protection du gouvernement en en supportant les charges,
Arrête : Que tout ministre du culte ou autre prêtre pensionné par
la nation, résidant dans ce département, sera tenu, dans le délai
d’un mois, à compter du jour de la publication du présent arrêté,
de se marier ou d’adopter un enfant, ou d’entretenir et nourrir à
sa table un vieillard indigent ;
Que faute d’adopter un de ces partis, ils seront censés avoir
renoncé à l’exercice de leurs fonctions, dont ils demeureront
déchus, ainsi que de leurs pensions dont à cette époque ils
cesseront d’être payés. » 25

En resumen, no es suficiente con que el clero haya prestado juramento a la


Constitución civil; para ser miembro de la sociedad (y, por tanto, ser
protegido por el Estado) tiene que someterse al bien general, como hacen el
resto de ciudadanos, lo cual representa la aplicación del protego ergo obligo
de Hobbes. Es decir, antes que sacerdote, hay que ser ciudadano y como tal

25
Arrêté du 25 septembre 1793 (citado por BUISSON, H., Qui était Fouché duc d’Otrante ?; Bienne,
Editions du Panorama, 1968, p. 98)

24
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

cumplir sus deberes; y esta no es la conducta que ha seguido el clero, con lo


que todo el preámbulo al decreto en sí es una especie de reprimenda. Ahora
bien, el contenido positivo del decreto es explícitamente un castigo: como el
clero es una raza orgullosa y egoísta, se le obligará a casarse o a adoptar
hijos, lo cual entra en contradicción con sus principios y lo humilla. La
justificación es que el celibato es un ultraje a la naturaleza.
Al día siguiente, 26 septiembre, se traslada a Moulins y se declara
encargado « de substituer aux cultes superstitieux et hypocrites, auxquels le
peuple tient encore malheureusement, celui de la République et de la
Morale » (aunque su verdadera misión consistía en reclutar ciudadanos para
reprimir a los rebeldes de la Vendée), en una fiesta que se celebra en la
catedral de Nôtre Dame, ya profanada. Allí se leen nuevos decretos,
recuerda la abolición del celibato y encabeza una procesión que se dedica a
destruir todos los signos exteriores de culto y que, como culminación, acaba
con la abjuración del obispo Laurent, seguido por treinta de sus sacerdotes.
Será unas semanas más tarde, el 10 de octubre, cuando aparecerá su
célebre decreto sobre los cementerios, pues fue asumido por los
representantes de los departamentos del suroeste e incluso Chaumette lo
hizo adoptar a la Comuna de París. Dice así:

« Considérant que le peuple français ne peut reconnaître d’autres


signes privilégiés que ceux de la loi, de la justice et de la liberté,
d’autre culte que celui de la Morale universelle, d’autre dogme que
celui de sa souveraineté et de sa toute-puissance ; considérant que
si, au moment où la République vient de déclarer solennellement
qu’elle accorde une protection égale à l’exercice du culte de toutes
les religions, il est permis à tous les sectaires d’établir sur les
places publiques et dans les rues les enseignes de leurs sectes
particulières, d’y célébrer leurs cérémonies religieuses, il
s’ensuivrant de la confusion et du désordre dans la ville,
ARRÊTE :
ART. I – Tous les cultes des diverses religions ne pourront être
exercés que dans leurs temples respectifs.
ART. II – La République ne reconnaissant point de culte
dominant ou privilégié, toutes les enseignes religieuses qui se
trouvent sur les routes, sur les places et généralement dans tous
les lieux publics seront anéanties.

25
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

ART. III – Il est défendu sous peine de réclusion à tous les


ministres, à tous les prêtres de paraître ailleurs que dans leurs
temples avec leurs costumes religieux.
ART. IV – Dans chaque municipalité, tous les citoyens morts, de
quelque secte qu’ils soient, seront conduits, vingt-quatre heures
après le décès, et quarante-huit en cas de mort subite, au lieu
désigné pour la sépulture commune, couverts d’un voile funèbre
sur lequel sera peint le sommeil, accompagnés d’un officier public,
entourés de leurs amis revêtus de deuil et d’un détachement de
leurs frères d’armes.
ART. V – Le lieu commun où leurs cendres reposeront sera isolé
de toute habitation, planté d’arbres, sous l’ombre desquels
s’élèvera une statue représentant le sommeil. Tous les autres
signes seront détruits.
ART. VI- On lira sur la porte de ce champ consacré par un respect
religieux aux mânes des morts cette inscription : « La mort est un
sommeil éternel ».
ART. VII- Tous ceux qui, après leur mort, seront jugés par les
citoyens de leur commune avoir bien mérité de la patrie, auront
sur leurs tombes une pierre figurée en couronne de chêne.
ART. VIII – Le présent arrêté sera imprimé, lu, publié et affiché
dans toute l’étendue du département, adressé à tous les conseils
généraux des communes et aux curés, qui seront responsables du
défaut d’exécution. 26

Si admitimos, con Fouché, que no hay otros signos privilegiados que los de la
ley, la justicia y la libertad; otro culto que el de la moral universal; ni otro
dogma que el de la soberanía del pueblo, entonces nos encontramos ante dos
posibilidades: o bien se habla metafóricamente y no existe religión alguna, o
bien existe una nueva religión, la cual es totalmente política: una religión de
Estado. A lo largo de este apartado se intentará aclarar cuál es la posición
de Fouché acerca de esta cuestión, pero primero analicemos el citado
decreto.
Los artículos I, II y III pretenden remediar el desorden y la confusión
causados por el hecho de que los distintos cultos, ya que la Convención ha
declarado igual protección para todos, celebren sus ceremonias y ubiquen
sus insignias en lugares públicos. Son medidas, a nuestro modo de ver,
perfectamente correctas, pues toda religión lleva en sí misma la convicción
de que es la verdadera y para evitar posibles enfrentamientos si coexisten

26
Arrêté du 9 octubre 1793; en Reimpresión de l’ ancien Moniteur, tom XVIII, p. 137

26
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

en los mismos espacios, Fouché interpreta la protección igual para todos los
cultos como ningún privilegio para cualquier culto. No está prohibiendo el
ejercicio del culto, sino su ejercicio en lugares públicos; de lo que se trata,
por tanto, es de alejar la religión de la vida pública, convertirla en una
cuestión privada y así avanzar hacia el laicismo. Ahora bien, sobre el resto
de artículos, dice Aulard que están inspirados por un espíritu que no es ni el
de la ley, ni el de la Convención:

“Ce qu’il faut signaler, c’est que Fouché imposait au peuple, en


forme de culte public, une opinion philosophique alors rare, et
qu’il voulait le rendre nationale, à l’exclusion des autres doctrines.
C’était là une initiative audacieuse et toute personnelle, que rien
n’avait pu faire prévoir, ni la politique de la Convention, ni même
le philosophisme, assez large, de la Commune de Paris. » 27

Porque lo que el resto de artículos decretan, en definitiva, es que la muerte


es un sueño eterno y ello, aunque de forma poética, revela la creencia en la
no inmortalidad del alma y, por lo tanto, un fuerte componente de
materialismo.
Un tiempo después, Fouché de misión en Lyon seguirá con el saqueo
de iglesias (riquezas que luego manda a la Convención), los bautizos,
casamientos y divorcios civiles y los cambios de nombres de personas o
lugares por otros más “revolucionarios”. Junto con Collot d’Herbois, por
ejemplo, organizará una fiesta conmemorativa de Chalier (un revolucionario
guillotinado por los contrarrevolucionarios), que se desarrolla en una especie
de carnaval antirreligioso, incluyendo un burro adornado con mitra y
crucifijo bebiendo de un cáliz, dedicado a saquear iglesias y a abatir todos
los signos de culto. Y en la Instruction del 16 noviembre, le oímos decir sobre
los sacerdotes:
« Ce sont eux qui, depuis 1300 ans, ont élevé par degrés l’édifice
de notre esclavage, l’ont orné de tous les colifichets sacrés qui
pouvaient en dérober les défauts à l’œil de la raison et à la faux de
la philosophie. Ce sont eux qui ont asservi l’esprit humain sous
leurs imbéciles préjugés et qui, pour comble d’infamie, ont sacrifié
par leurs impostures les erreurs dont ils ont enivré les siècles. Il

27
AULARD, Le culte de la raison et le culte de l’être suprême, p. 29

27
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

est évident que la Révolution, qui est le triomphe des lumières, ne


peut voir qu’avec indignation la trop longue agonie de cette
poignée de menteurs. Leur règne expire et fait place à l’empire du
bon sens et de la raison. » 28

En fin, el posicionamiento de Fouché es decididamente contrario a la


religión, pues juzga a ésta como el principal obstáculo para el desarrollo de
la razón; la cual es la posición que mantienen los principales partidarios de
la sección radical. Fouché va un poco más allá haciendo gala de cierto
materialismo, como se aprecia en su decreto sobre los cementerios; ahora
bien, de ahí a convertirlo en un representante del ateísmo, como nos parece
que deja entender Aulard, va un gran paso. Fouché sabe que la nada no
mueve a las personas, no llena ese espacio vacante que deja Dios y todos sus
ritos, y sería un error no aprovechar ese vacío.
Por eso, a la pregunta que nos hacíamos un poco más arriba, si
Fouché se inclinaba por que no existiera religión alguna o por una religión
confundida con lo político, parece que la segunda respuesta sería la más
plausible. En cierta forma, en ello coincidiría con la idea que defiende
Rousseau en el Contrato social:

“Creo que desarrollando desde este punto de vista los hechos


históricos, se refutarían fácilmente las opiniones opuestas de
Bayle y de Warburton, uno de los cuales pretende que ninguna
religión es útil al cuerpo político, y otro sostiene por el contrario
que el cristianismo es el apoyo más firme. Al primero se le
probaría que jamás se fundó Estado alguno al que la religión no
sirviera de base, y al segundo que la ley cristiana es en el fondo
más perjudicial que útil para la constitución fuerte del Estado.” 29

Fouché recoge de ello la idea de contemplar la religión desde el punto de


vista de la utilidad que pueda tener para el Estado y coincide plenamente en
que si bien algún tipo de religión puede servir para dar unidad al cuerpo
social y hacer respetar las leyes, esa no puede ser tarea del cristianismo ya
que desapega a sus creyentes del mundo terrenal. Ahora bien, esa

28
Instruction du 16 novembre 1793, (citado por MADELIN, Fouché, tom I, p. 130)
29
ROUSSEAU, Del contrato social. Discursos; Madrid, Alianza Editorial, 1985, p. 135

28
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

institución de una religión civil de la que nos habla Rousseau, no creemos


que Fouché la acepte, y menos con esos dogmas que tratan de la existencia
de la divinidad o de la vida más allá de la muerte. Parece que se inclina por
un concepto de religión más laxa, sin rituales fijos, más espontánea y
festiva, como enseguida veremos.
Porque en el contexto de esa descristianización que empieza el verano
del 93, se irá imponiendo el llamado Culto de la Razón. Éste poco a poco irá
suplantando el lugar del catolicismo, hasta copiar fielmente su
funcionamiento: las iglesias quedan convertidas en templos de la razón, las
imágenes representan a las diosas Razón o Libertad, los rezos se convierten
en alabanzas a la Razón… Al final, lo que diferencia el culto antiguo del
nuevo es solamente una cuestión de nombres. Aulard, con acierto, pone en
seria duda que el Culto de la Razón fuera ateo, pues en la mayoría de casos
“la Raison, à laquelle on rend hommage, c’est ou Dieu considéré comme
Raison suprême ou la Raison humaine comme une émanation et un don de
la divinité » 30, y ni siquiera sus representantes más célebres como Cloots,
Chaumette o Hébert hicieron profesión de ateísmo; más bien criticaban la
religión, la Iglesia o el clero, pero no la existencia de un dios. 31 Fouché no se
implicará seriamente en este culto que se ha acabado haciendo oficial, y del
cual Aulard dice que nunca llegó a arraigar seriamente entre el pueblo,
aunque tampoco lo critica; su postura es dirigirlo hacia un tipo de
sentimiento del cual se puede sacar mucho provecho, y más estando en
guerra: el patriotismo. Ya se ha visto que el pueblo siente mucho más fervor
por Marat o Peletier, mártires de la patria, que por Descartes o Rousseau.
Es ese sentimiento, entonces, el que hay que potenciar; en sus textos Fouché
habla indistintamente de crear el imperio de la razón, el culto de la moral
universal, el culto de la república y sentencia que “le républicain n’a d’autre
divinité que sa patrie”. La forma de llevarlo a cabo ya nos la anticipó en sus

30
AULARD, Le culte de la raison et le culte de l’être suprême, p. 121
31
Aulard nos informa sobre casi la única voz crítica respecto al Culto de la Razón desde un
punto de vista filosófico, ateo y serio: los artículos de Salaville en los Annales patriotiques
et littéraires. Defiende que el culto puro de la razón no tiene que personificar seres morales,
ni elevar templos a las virtudes, cambiando el catolicismo por un politeísmo; sino
popularizar los principios metafísicos, “que el pueblo se acostumbre a ver en una estatua
nada más que una piedra”. Resultaría interesante estudiarlo en profundidad.

29
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

Réflexions sur l’éducation publique: aparte de nuevas instituciones y


estudios, hacían falta

« fêtes civiques célébrées, non avec cette pompe brillant & frivole,
mais avec cet appareil simple, fier & Républicain qui touche
l’âme, qui la remue, qui l’élève toute entière, qui l’intéresse,
l’enflamme d’émulation & de gloire, porte le courage & la vertu au
plus haut degré d’intensité qu’ils puissent avoir ; » 32

Estas fiestas son las que Fouché organiza en sus distintas misiones: especies
de carnavales grotescos, la paternidad de los cuales le atribuye Vovelle, 33 (y
no esas ceremonias dignas y pomposas en honor a la Razón que se celebran
en París), donde a la vez que se hace burla al cristianismo, se exalta el
sentimiento patriótico y republicano, que remueve el alma y la hincha de
coraje.

C. Política social

En los textos de Fouché dedicados a la política social, encontramos


básicamente dos temas: el primero, constituye un análisis de la situación y,
el segundo, una serie de medidas para transformarla. Empecemos por el
primero.
En un comunicado a los ciudadanos de Nantes, de los cuáles él es el
representante, y poco después del ajusticiamiento del rey, leemos lo
siguiente:
« L’égoïsme est aujourd’hui le plus dangereux des vices, les plus
puissant obstacle au développement des vertus républicaines.
Vous le savez, c’est lui qui depuis trois ans épuise tous nous
courages, tous nous sentiments, c’est lui qui, pour les modérer,
voudrait persuader que la révolution est faite, que l’égalité est
établie. Hypocrites ! l’égalité établie ? Et nous voyons autour de
nous celui qui a de superflu dédaigner celui qui manque du
nécessaire, l’orgueilleux bourgeois se préférer à l’utile ouvrier et

32
FOUCHÉ, Réflexions sur…, ya citado.
33
VOVELLE, La révolution contre l’église, p. 171

30
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

rejeter dans la révolution tout ce qui n’entre pas dans les


combinaisons de son intérêt particulier. » 34

Fouché está advirtiendo de que la revolución no está terminada, ya que la


igualdad, en sentido económico, todavía no se ha impuesto: hay quien tiene
de superfluo y hay a quien le falta lo necesario, está el burgués y está el
obrero… Pero además está captando en cierta forma el antagonismo de
clases de la época moderna como lo enunciará el marxismo, lo cual queda
aún más claro en el texto siguiente:

« Malgré l’abolition de la noblesse et du clergé, il existe encore


deux classes bien distinctes entre les citoyens : celle des
oppresseurs et celle des opprimés ; les oppresseurs ce sont les
riches égoïstes, les accapareurs, les monopoleurs ; les opprimés
sont les indigents, les vieillards, les infirmes qui constituent la
masse la plus respectable du peuple et néanmoins la plus
souffrante. La mendicité est un effet de cette oppression et je ne
puis concevoir comment, dans un moment où la République ne
professe d’autres principes que l’égalité et où elle a
solennellement déclaré dans la Constitution que tout individu
avait le droit d’être nourri aux dépens de la société, il se trouve
encore des hommes assez insensibles pour voir de sang-froid leurs
semblables journellement livrés aux angoisses de la misère et du
besoin quand ils vivent eux-mêmes au milieu de l’abondance, de la
mollesse et de l’oisiveté. Pour moi, la cupidité, l’égoïsme et
l’aristocratie des riches sont les sources fécondes de tous ces
outrages à la souveraineté du peuple. Il est temps que le riche
n’emploie plus ses richesses contre le peuple et soit forcé de lui
partager son superflu. » 35

En definitiva, después de haber eliminado la nobleza y el clero, subsisten


aún dos clases sociales en oposición: la de los opresores y la de los oprimidos,
la de los ricos y la de los pobres, la de los burgueses y la de los obreros. Y
esta oposición tiene que resolverse, ya que de nada habrá servido la
Revolución si se permite que el lugar dominante que ostentaba la vieja
nobleza, ahora lo ocupe la nueva burguesía. Pues, aunque más adelante
Fouché se dará cuenta que la Revolución la ha hecho la burguesía, por lo
menos y en principio, la Revolución se ha hecho para el pueblo:

34
Fouché aux citoyens de Nantes, 1 février 1793, (citado por MADELIN, Fouché, tom I, p. 58)
35
Arrêté du 26 septembre 1793, (citado por BUISSON, Qui était Fouché ?, p. 99)

31
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

“La Revolució és feta per al poble, però no s’ha d’entendre com a


tal la classe privilegiada per la seva riquesa, que s’ha emparat de
tots els gaudis de la vida i de tots els béns de la societat. El poble
és únicament el conjunt dels ciutadans francesos i, sobretot, la
immensa classe dels pobres que defensen les fronteres de la
nostra pàtria i alimenten la societat amb el seu treball. La
Revolució seria un monstre polític i moral, si es preocupés només
del benestar d’uns quants centenars d’individus i deixés perdurar
la misèria de vint-i-quatre milions. Seria un engany injuriós a la
humanitat, si es volgués parlar en nom de la igualtat mentre
desigualtats tan monstruoses en el benestar continuen separant
les persones.” 36

Así que el principio de igualdad, que tiene un fundamento moral, obliga a


remediar la situación de miseria en la que vive el pueblo, que es sobre todo
la inmensa clase de los trabajadores. Luego la Revolución tiene que
preocuparse del bienestar de la mayoría de sus ciudadanos. Pero para
completarla hace falta que vaya acompañada de una revolución interior,
dentro de cada individuo:
“No us enganyeu: per ser un veritable republicà, cada ciutadà ha
de patir dintre seu una revolució semblant a la que ha canviat la
faç de França. No pot persistir res en comú entre els súbdits dels
tirans i els habitants d’un país lliure. Per això totes les seves
accions, els seus sentiments, els seus costums, han de ser
completament nous. Esteu oprimits i per això heu d’esclafar els
vostres opressors; sou esclaus de la superstició eclesiàstica, per
tant ara no podeu tenir altre culte que el de la llibertat…Tothom
que desconeix aquest entusiasme, que coneix altres alegries i
altres penes diferents de la felicitat del poble, que obre l’ànima a
interessos freds, que calcula els beneficis que li reportaran el seu
honor, la seva posició i el seu talent, i així es deslliga per un
moment de la utilitat general, aquell la sang del qual no bull quan
sent el nom d’opressió i d’opulència, aquell que vessa llàgrimes de
compassió per un enemic del poble i no reserva els seus
sentiments sols per als màrtirs de la llibertat, tots aquests
menteixen si gosen dir-se republicans.” 37

De lo que se trata pues es de depurar las conciencias, de librarse de lo


impuesto por el régimen anterior, para así formar una conciencia

36
Instruction de Lyon, (citado por ZWEIG, Fouché. Retrat d’un home polític, p. 32)
37
Idem.

32
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

verdaderamente revolucionaria: rechazar el prejuicio religioso, los intereses


y beneficios particulares y la compasión por los enemigos del pueblo.
Interesarse solamente por la felicidad del pueblo y la utilidad general. Pero
una vez analizada la situación y advertida la necesidad de transformarla,
Fouché propone y aplica una serie de medidas para actuar en consecuencia.
La primera de ellas y la más importante es establecer « le système le plus
équitable, de l’impôt progressif, dire que celui qui n’a rien doit être pourvu,
que celui qui n’a que le nécessaire le conserve en entier et que le superflu de
l’opulent doit seul supporter les charges de la République » 38. La forma en
que tiene que aplicarse esta medida, la desarrolla Fouché en la Instruction
de Lyon:
“Tot aquell qui posseeix més que no necessita ha de col·laborar en
aquesta prestació d’ajuda extraordinària i la taxa ha de ser
proporcional a les grans exigències de la pàtria: així doncs, primer
de tot heu de comprovar, de manera generosa i realment
revolucionària, quina quantitat ha d’aportar cadascú a la causa
pública. No es tracta d’una verificació matemàtica i tampoc del
mètode angoixós i vacil·lant que sovint s’utilitza en la deducció
d’impostos: aquesta mesura especial s’ha d’atenir a les
circumstàncies. Actueu, doncs, amb generositat i audàcia, preneu
a cada ciutadà tot allò que no necessita, perquè allò superflu és
una infracció palesa dels drets del poble. Perquè tot allò que un
individu té més enllà de les seves necessitats, no pot fer-ho servir
d’una altra manera que fent-ne abús. Deixeu-li, doncs, només allò
que li és estrictament necessari, tota la resta pertany, durant la
guerra, a la República i als seus exèrcits”. 39

Pero la recaudación de este impuesto no debe solamente sufragar los gastos


de guerra de la Républica, sino también y sobre todo utilizarlos para igualar
el bienestar de los ciudadanos, porque : « Si dans cette circonstance où les
citoyens sont tourmentés par tous les fléaux de l’indigence, ce superflu n’est
pas à la soulager, la République a le droit de s’en emparer pour cette
destination. » 40 Y en esta misma línea se orienta el siguiente decreto de
Fouché y Collot d’Herbois, representantes del pueblo en Lyon:

38
Proclamation du 3 de mai 1793, (citado por MADELIN, Fouché, tom I, p. 75)
39
Instruction de Lyon, (citado por ZWEIG, Fouché. Retrat d’un home polític, p. 32)
40
Fouché aux habitants du département de la Nièvre, 25 août 1793 (citado por MADELIN, Fouché, p.
94)

33
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

« I. Tous les citoyens infirmes, vieillards, orphelins, indigents,


seront logés, nourris et vêtus aux dépens des riches de leurs
cantons respectifs. Les signes de la misère seront anéantis.
II. La mendicité et l’oisiveté sont également proscrites ; tout
mendiant ou oisif sera incarcéré.
III. Il sera fourni aux citoyens valides du travail et les objets
nécessaires à l’exercice de leurs métiers et de leur industrie.
IV. Pour cet effet, les autorités constituées, de concert avec les
comités de surveillance, lèveront dans chaque commune, sur les
riches, une taxe révolutionnaire, proportionnée à leur fortune et à
leur incivisme, jusqu’à la concurrence des frais nécessaires pour
l’exécution des arrêtés ci-dessus.
V. Tous les fonds requis seront versés dans une caisse
particulière, entre les mains de chaque municipalité, qui en
tiendra registre, et en fera la répartition sous sa responsabilité.
VI. Ceux qui, dans le délai qui sera fixé, n’auront pas obéi aux
réquisitions pécuniaires qui leur seront faites, seront déclarés
suspects.
VII. Les biens de ceux qui sont reconnus suspects ne pouvant être
que dangereux entre leurs mains, seront séquestrés jusqu’à la
paix, et il ne leur sera laissé que le strict nécessaire pour eux et
pour leur famille. Les scellés seront mis sur leurs papiers, et
inventaire sera fait dans tous leurs domaines. » 41

Así pues, los minusválidos, viejos y huérfanos serán mantenidos con lo


superfluo de los ricos, pero los que tengan capacidad para trabajar, ya que
se les proporcionarán los medios, tendrán que hacerlo, pues la mendicidad y
la ociosidad se convierten en delito. La medida persigue tanto nivelar la
riqueza, como eliminar los símbolos de la miseria, por ejemplo la
mendicidad; pero a la vez es muy efectiva para tener a los ciudadanos
ocupados y productivos, pues cualquiera sabe que de la ociosidad surgen las
conspiraciones.
Pero este decreto, continúa con dos artículos más, que son adoptados
por la Comuna de París, y que hemos querido analizar por separado porque
más que una disposición de carácter general, constituye una medida muy
precisa y con función simbólica: es la del pan de la igualdad.

41
Réimpression de l’ancien Moniteur, tom XVIII, p. 505

34
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

« VIII. La richesse et la pauvreté devant également disparaître du


régime de l’égalité, il ne sera plus composé un pain de fleur de
farine pour le riche, et un pain de son pour le pauvre.
IX. Tous les boulangers seront tenus, sous peine d’incarcération,
de faire une seule et bonne espèce de pain, le pain de l’égalité. » 42

Esta medida simbólica Fouché ya la había aplicado dos meses antes en


Moulins (“J’arrête qu’il ne sera plus fabriqué qu’une seule espèce de pain
dont le prix sera fixé à trois sous. Le pain que vous mangez en ce moment
est de mauvaise qualité parce qu’on extrait la fleur de la farine qui le
compose pour faire du pain pour le riche. Des indemnités seront accordées
aux boulangers proportionnellement à leurs pertes. » 43), igual que la de la
abolición de la mendicidad (« J’arrête que la mendicité est abolie dans le
département de l’Allier. Toutes les autorités constituées établiront des
hospices. Les municipalités lèveront sur les riches un impôt proportionnel
au nombre de mendiants. » 44), lo que nos sirve para atribuirle a Fouché
(pues el decreto está también firmado por Collot) la paternidad de las
medidas.
A modo de conclusión, Madelin en su tesis sobre Fouché y después de
enumerar sus principales medidas, dice:
“On voit quelle incohérence règne dans le système, si système il y
a. Mais à travers ce socialisme sentimental ou ces mesures de
circonstance, on discerne plus qu’un simple essai démagogique,
l’embryon de certaines idées communistes. Celles-ci frappent
assez les esprits pour que, tandis que les représentants du Sud-
Ouest s’emparent des théories religieuses de Fouché, la Commune
de Paris adopte certaines de ses idées sociales.
Certes, lorsqu’en mars 1793 Fouché était envoyé en mission dans
l’Ouest, il n’était d’aucune façon chargé d’appliquer ni même de
propager un programme politique, religieux et social. Lui-même
eût été sans doute embarrassé de le formuler alors. Ses idées se
développèrent, s’inspirant des circonstances, se tempérant ou
s’exaltant suivant les mouvements de la Révolution et les
exigences de la situation. Mais ce programme général d’une
révolution intégrale conçu et développé pendant ses treize mois de
mission était cependant en germe dans ce cerveau, et s’il ne s’y
précisait pas encore en ces formules retentissantes qui firent

42
Idem.
43
Arrêté du 26 septembre 1793, (citado por BUISSON, Qui était Fouché ?, p. 99)
44
Idem.

35
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

l’effroi des populations provinciales et l’admiration de la


Commune de Paris, il était en substance dans la volonté
énergique d’être… ou de paraître toujours à l’avant-garde du parti
révolutionnaire.» 45

No nos queda otro remedio que discrepar respecto a que el sistema de


Fouché sea incoherente; al contrario, nos parece que todas sus directrices de
actuación generales ya se encontraban presentes en su escrito sobre la
educación pública, y que armoniza perfectamente las consideraciones
educativas, religiosas y sociales a favor de la revolución integral. Ahora
bien, en lo que sí coincidimos es en que en su programa sea un precursor de
la ideología comunista: por su penetración en el antagonismo de clases, la
formación de la conciencia revolucionaria y por sus medidas, pues teniendo
presentes las que Marx y Engels proponen en el Manifiesto comunista, a
saber:
“1ª Expropiación de la propiedad inmueble y aplicación de la renta
del suelo a los gastos públicos.
2ª Fuerte impuesto progresivo.
3ª Abolición del derecho de la herencia.
4ª Confiscación de la fortuna de los emigrados y rebeldes.
5ª Centralización del crédito en el Estado por medio de un Banco
nacional con capital del Estado y régimen de monopolio.
6ª Nacionalización de los transportes.
7ª Multiplicación de las fábricas nacionales y de los medios de
producción, roturación y mejora de terrenos con arreglo a un plan
colectivo.
8ª Proclamación del deber general de trabajar; creación de
ejércitos industriales, principalmente en el campo.
9ª Articulación de las explotaciones agrícolas e industriales;
tendencia a ir borrando gradualmente las diferencias entre el
campo y la ciudad.
10ª Educación pública y gratuita para todos los niños. Prohibición
del trabajo infantil en las fábricas en su forma actual. Régimen
combinado de la educación con la producción material.” 46

comprobamos como la 2ª, la 4ª, la 8ª y la 10ª, ya han sido explícitamente


propuestas y aplicadas mediante decreto por Fouché cincuenta años antes.

45
MADELIN, Fouché, tom I, p. 69
46
MARX y ENGELS, Manifiesto comunista, Madrid, Editorial Ayuso, 1975, p. 95

36
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

También es posible que detrás de las consideraciones de tipo político-


moral de Fouché concernientes a la importancia de la utilidad general y de
conseguir el mayor bienestar para la mayoría, como hemos visto más arriba,
esté el utilitarismo de Bentham, el cual no olvidemos, habiendo publicado su
Introducción a los principios de moral y legislación, fue honrado por el
gobierno revolucionario como “ciudadano honorario” en 1792. En fin, por lo
que respecta a las motivaciones de Fouché para aplicar tal programa, si
creía sinceramente en la causa revolucionaria o solamente pretendía
destacar, no son cuestiones que nos interesen de cara al presente estudio.

D. Política represiva

Hablar de política represiva en el contexto de la Revolución francesa, y en la


época en que Fouché está de representante en provincias, es hablar del
Terror. Aulard, que considera que no había un sistema de terror aunque sí
un régimen de terror, nos dice sobre sus causas:

“La Révolution fit peur à ses ennemis dès le début, dès la prise de
la Bastille, qui provoqua la première émigration. Cependant elle
essaya de gouverner par la loi, par la liberté, jusqu’au 10 août
1792. Puis, les forces de résistance du passé s’étant coalisées,
ayant amené une guerre civile et une guerre étrangère où la
nation se sentit frappée par devant et par derrière, et craignit de
périr, alors la Révolution voila, suspendit les principes de 89, et
tourna contre ses ennemis les moyens violents d’ancien régime
qu’ils employaient contre elle. Cette suspension des principes de
89, c’est bien en cela que consiste le Terreur, et cette suspension
devint complète quand le péril fut le plus grand, et surtout quand
Paris eut le plus conscience de ce péril, quand il en souffrit
davantage, c’est-à-dire en août et en septembre 1793. » 47

En esos momentos, en agosto y septiembre del 93, el terror se ha hecho


oficial y en la Convención se habla de “poner el terror a la orden del día”. En
la práctica, esto se traduce por la supresión de toda libertad de prensa, de

47
AULARD, Histoire politique de la révolution française ; Paris, Librairie Armand Colin, 1913, p. 358

37
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

palabra y de pensamiento, por leyes contra los emigrados y con la creación


de tribunales de excepción, más conocidos como tribunales revolucionarios,
encargados de juzgar a los sospechosos. Se impone, en definitiva, salvar la
patria y el método, que implica someter el individuo al interés general
dejando de lado las precauciones, parece sacado de los consejos de
Maquiavelo:

“Esto es algo que merece ser notado e imitado por todo ciudadano
que quiera aconsejar a su patria, pues en las deliberaciones en
que está en juego la salvación de la patria, no se debe guardar
ninguna consideración a lo justo o a lo injusto, lo piadoso o lo
cruel, lo laudable o lo vergonzoso, sino que, dejando de lado
cualquier otro respeto, se ha de seguir aquel camino que salve la
vida de la patria y mantenga su libertad.” 48

Fouché, como miembro del partido hebertista, se mostrará de acuerdo con


esta dinámica y en su jurisdicción, esto es, en los distintos departamentos
donde ejerce como representante del pueblo, aplicará ciertas medidas
encaminadas a reprimir lo que considera los principales focos de peligro: el
clero, la burguesía, los emigrados y, por supuesto también, los moderados.
En cuanto al clero y a la burguesía, ya hemos visto en otro apartado, las
consideraciones de Fouché al respecto, así como sus decretos, que
constituyen en sí mismos medidas represivas: prohibición del culto exterior,
abolición del celibato, impuesto progresivo…
Veamos pues su posicionamiento en lo que respecta a los emigrados.
El 10 de marzo del 93 Fouché presenta un informe a la Convención nacional
alegando que las medidas contra los emigrados deben ser agravadas, a lo
que cuatro días después sale publicado en el Moniteur Universel que « sur le
rapport de Fouché, le décret suivant est rendu : La Convention nationale,
instruite des manœuvres criminelles que les émigrés se proposent
d’employer pour dérober leurs biens à la juste indemnité qui est due à la
nation, et voulant les prévenir, décrète », en resumen, que todos los notarios
tienen el plazo de un día para presentar al directorio de su departamento el
listado de actas públicas que se refieran a la alienación o transmisión de

48
MAQUIAVELO, Discursos sobre la primera década de Tito Livio; Madrid, Alianza, 2000, p. 433

38
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

propiedades para que éstas sean cotejadas por los administradores y así
identificar las de los emigrados. 49
Al fin y al cabo, de lo que se trata aquí es de un conflicto de intereses:
los del individuo y los de la nación, y ese choque sólo puede tener una
solución:
« Les émigrés ont voulu la guerre, dira bientôt l’histoire, et elle les
a dévorés… C’est leur orgueil blessé par l’égalité qui regimbe ! il
faut qu’il pâtisse ; ce sont les intérêts de l’individualité qu’ils ont
distraits de l’intérêt général et qu’ils veulent sauver à son
préjudice, il faut que les intérêts individuels plient et soient
sacrifiés. » 50

Así pues, la solución, que ya habría adelantado Rousseau en su contrato


social, consiste en que esos intereses individuales sean sacrificados en favor
del interés general, y esto Fouché lo aplicará con respecto a los emigrados,
un mes más tarde, cuando llegue a Nantes y encargue a las
administraciones locales las confiscaciones de sus bienes. 51
Por lo que concierne a la moderación política Fouché intentará depurar
las administraciones del personal girondino, los cuales entran en la
categoría de sospechosos, y dirá que es a través de los cuerpos sospechosos
de timidez que hay que pasar las bayonetas. El final de la Instruction de
Lyon, de la que ya hemos visto algunos fragmentos más arriba, expresa muy
bien esta idea:
“Exercirem amb tot el rigor l’autoritat que ens ha estat conferida,
castigarem com a actes d’intenció malèvola tots aquells que, en
altres circumstàncies, potser es considerarien fruit de la
negligència, la debilitat o la lentitud. Però ja ha passat el temps

49
Réimpression de l’ancien Moniteur, tom XV, p. 712
50
Idem.
51
Curiosamente, en sus Memorias, escritas en plena Restauración y en las cuales fundamentalmente
pretende exculparse de los excesos que cometió, respecto al tema de la emigración, vemos como, aunque
cargue a la nación de la responsabilidad del secuestro de bienes y además se excuse en que otras habían
actuado así en tal caso, no por ello deja de tener duras palabras contra los emigrados:
“(…) los disidentes realistas, los contrarrevolucionarios, a falta de elementos
que los apoyasen para plantear la guerra civil, viéndose privados de sus
honores, recurrieron a la emigración, recurso de los débiles. No encontrando
apoyo ninguno en el interior, corrieron a buscarlo en el exterior. A ejemplo de lo
que habían hecho todas las naciones en caso semejante, la nuestra quiso que
las propiedades de los emigrados les sirviese de rehén, tomando como motivo
que los grandes se habían armado contra ella y pretendían armar también a
Europa.” FOUCHÉ, Memorias, p. 28.

39
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

de les mitges mesures i dels miraments. Ajudeu-nos a donar cops


forts o cauran damunt vostre. Llibertat o mort! Vosaltres heu de
triar!” 52

El realismo en política manda que en estado de guerra, y más tratándose de


una revolución, lo que implica una guerra civil, no se permitan las medias
tintas ni la moderación. Fouché parece entenderlo así, se impone la
contundencia y sobre todo un posicionamiento claro respecto al bando
elegido: o libertad o muerte. 53 Esta consigna en sí misma tiene tres sentidos:
uno, a falta de libertad es preferible la muerte; dos, se está dispuesto a
morir para conseguir la libertad; y tres, al que no esté del bando de la
libertad le espera la muerte. Notamos que, para Fouché, el término libertad
es bastante ambiguo. Tomando, para comparar, la definición de libertad
moderna que hace Benjamin Constant 54 unos pocos años después, vemos
como la de éste último, que es la que coincide con el liberalismo moderno,
representa casi exactamente lo contrario de las medidas de Fouché. Así,
para Constant, la libertad no es otra cosa que:

“(…) el derecho de no estar sometido sino a las leyes, no poder ser


detenido, ni preso, ni muerto, ni maltratado de manera alguna por
el efecto de la voluntad arbitraria de uno o de muchos individuos:
es el derecho de decir su opinión, de escoger su industria, de
ejercerla, y de disponer de su propiedad, y aun de abusar si se
quiere, de ir y venir a cualquier parte sin necesidad de obtener
permiso, ni de dar cuenta a nadie de sus motivos o sus pasos: es el
derecho de reunirse con otros individuos, sea para deliberar sobre
sus intereses, sea para llenar los días o las horas de la manera
más conforme a sus inclinaciones y caprichos: es, en fin, para
todos el derecho de influir o en la administración del gobierno, o

52
Instruction de Lyon, (citado por ZWEIG, Fouché. Retrat d’un home polític, p. 32)
53
Nótese que “libertad o muerte” fue también la consigna usada en principio por la
revolución cubana, para ser más tarde sustituida por “patria o muerte”. En definitiva, para
una y otra revolución el término de libertad y patria son intercambiables pues, en
definitiva, el contenido del primer término de la disyunción no se usa en su significado
literal, sino como un concepto que engloba todo lo que representa la revolución. Por otro
lado, esta exigencia de posicionamiento claro no es más que el “con nosotros o contra
nosotros”, que tan familiar nos es en la política de guerra contemporánea.
54
El discurso de B. Constant Sobre la libertad en los antiguos y en los modernos está
motivado por las necesidades del momento, porque la confusión de ambas, en su opinión,
fue la causa de muchos males para la Francia de la Revolución. El error de esos
revolucionarios fue el de querer establecer en la época moderna la libertad propia de la
antigüedad.

40
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

en el nombramiento de algunos o todos los funcionarios, sea por


representaciones, por peticiones o por consultas, que la autoridad
está más o menos obligada a tomar en consideración.” 55

Obviamente, Fouché no podría estar de acuerdo con ello, pues en estado de


guerra esa libertad no favorece para ganarla, aparte de que sus ideas
comunistas no le permitirían aceptar esas nociones sobre la propiedad y el
abuso. La libertad para Fouché, siguiendo el discurso de Constant, es la
libertad de los antiguos, la cual consistía en ejercer colectiva pero
directamente muchas partes de la soberanía entera, en dividir el poder
social entre todos los ciudadanos. Pero esta libertad colectiva tenía un
precio, pues iba unida a una subordinación total del individuo a la
colectividad, mediante una estricta vigilancia de las acciones privadas o
individuales y, para ser soberanos de forma colectiva, tenían que renunciar
a su independencia privada. La cuestión es que este tipo de libertad ni
siquiera está instaurada; pero es la que Fouché persigue.
Porque Fouché, en coherencia con su programa socialista, le concede
la primacía al principio de igualdad y éste se relaciona en cierta forma con el
de libertad. Esta relación es descrita de forma muy clara por Bobbio que dice
que mientras que no tendría ningún sentido decir que sin libertad no hay
igualdad, es perfectamente legítimo afirmar que sin igualdad (respecto del
poder recíproco) no hay libertad. 56 Por eso, añade, la democracia, que es la
forma de gobierno en la que todos tienen o deberían tener igual poder, se
considera comúnmente como una práctica de libertad. Pero el peligro radica
en que “para el igualitario el fin principal es el desarrollo de la comunidad
en su conjunto, aun a costa de disminuir la esfera de la libertad de los
individuos.” 57. Y es en este contexto hay que enmarcar el posicionamiento de
Fouché: la igualdad tiene que ocupar el puesto privilegiado, aunque ello
vaya en detrimento de la libertad individual.
Ahora bien, para hacer efectivo ese principio de igualdad, hace falta
que las medidas se cumplan y, para ello, establecer una serie de

55
CONSTANT, B., Sobre el espíritu de conquista; Madrid, Tecnos, 2002, p. 67
56
BOBBIO, N., Las ideologías y el poder en crisis; Barcelona, Ariel, 1988
57
BOBBIO, N., Liberalismo y democracia; México, FCE, 1989, p. 41

41
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

instituciones coactivas que se encarguen de eso. En una proposición del 21


de marzo del 93, Fouché propone que el terror sea organizado por el
establecimiento de un tribunal revolucionario ambulante en cada
departamento, pero además, y para asegurar el cumplimiento de sus
medidas sociales ordena que:
« …Considérant que la Société doit la subsistance aux citoyens
malheureux, soit en leur procurant du travail, soit en assurer les
moyens d’existence à ceux qui sont hors d’état de travailler… il
sera établi dans chaque chef-lieu un comité philanthropique, qui
est autorisé à lever sur les riches une taxe proportionnée au
nombre d’indigents. » 58

Respecto a estos nuevos comités, Madelin, con toda razón observa:


«(…) le représentant a institué quelque chose d’odieux, les comités
de philanthropie et de surveillance « chargés de s’assurer de la
situation des indigents, de procurer du travail aux valides et de
secours à ceux qui ne le sont pas » (Arrête du 8 octobre 1793).
En apparence, rien de plus touchant ; en réalité, rien de plus
abominablement tyrannique, puisqu’on arme ces comités du droit
de surveiller le civisme des fonctionnaires, de consulter les
administrés sur le plus ou moins de confiance qu’ils méritent, « de
faire des visites domiciliaires, de séquestrer les biens en cas
d’absence du propriétaire, de faire fouiller les châteaux, de réviser
les fortunes, de faire restituer à la République celles qui ne
proviendront que de malversations ou des monopoles usuriers,
d’établir la taxe des riches égoïstes, et de la toucher ». Et rien de
plus redoutable, puisque ces comités ont à leur disposition l’armée
révolutionnaire également organisée par les soins du représentant
à Moulins (Arrête du 25 septembre), puisque enfin Fouché laisse à
ces terribles comités le droit de punir quiconque aura désobéi aux
décrets de la Convention ou aux arrêtés du proconsul par
l’exposition pendant quatre heures « sur l’échafaud, un jour de
marché ». C’était organiser dans deux départements une véritable
terreur sociale. » 59

Aunque, no obstante, lo terrible de estas instituciones está en perfecta


armonía con sus consideraciones sobre lo que debe ser la justicia. Veamos
aquí algunos ejemplos:

58
Arrêté du 19 septembre 1793, (citado por MADELIN, Fouché, tom I, p. 94)
59
MADELIN, Fouché, tom I, p. 102

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Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

« Point d’indulgence, citoyens collègues, point de délai, point de


lenteur dans la punition du crime, si vous voulez produire un effet
salutaire. Les rois punissaient lentement, parce qu’ils étaient
faibles et cruels ; la justice du peuple doit être aussi prompte que
l’expression de sa volonté. Nous avons pris des moyens efficaces
pour marquer sa toute-puissance, de manière à servir de leçons à
tous les rebelles. » 60
O:
« Notre pensée, notre existence tout entière sont fixées sur des
ruines, sur des tombeaux où nous sommes menacés d’être
ensevelis nous-mêmes, et cependant nous éprouvons de secrètes
satisfactions, de solides jouissances ; la nature reprend ses droits,
l’humanité nous semble vengée, la patrie consolée et la république
sauvée, assise sur ses véritables bases, sur les cendres de ses
lâches assassins. (…)
La terreur, la salutaire terreur est vraiment ici à l’ordre du jour ;
elle comprime tous les efforts des méchants, elle dépouille le crime
de ses vêtements et de son or ; (…) » 61

Y también :

« Soyons terribles, pour ne pas craindre de devenir faibles ou


cruels ; anéantissons dans notre colère et d’un seul coup tous les
rebelles, tous les conspirateurs, tous les traîtres, pour nous
épargner la douleur, le long supplice de les punir en rois.
Exerçons la justice à l’exemple de la nature, vengeons-nous en
peuple, frappons comme la foudre, et que la cendre même de nos
ennemis disparaisse du sol de la liberté. » 62

Así pues, la justicia por la que aboga es la justicia del pueblo y ésta está
íntimamente ligada a la venganza: tiene que ser inmediata, terrible, sin
garantías jurídicas que harían el proceso lento. La justicia tradicional no
produciría un efecto saludable: no serviría de lección, no respondería a la
justa impaciencia del pueblo y, al no eliminar de golpe a todos los rebeldes y

60
Carta de Collot y Fouché desde Lyon a la Convención, Réimpression de l’ancien Moniteur,
tom XVIII, p. 564
61
Carta de Albitte, Fouché, Laporte y Collot a la Convención, Réimpression de l’ancien
Moniteur, tom XVIII, p. 680

62
Carta de Fouché a Collot d’Herbois, Réimpression de l’ancien Moniteur, tom XIX, p. 37

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Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

traidores, únicamente estaría favoreciendo las futuras revueltas y


conspiraciones.

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Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

3.2. Segunda etapa (1799-1815)

La regulación del régimen:

La mayor parte de los estudios sobre Fouché no pueden evitar darle una
enorme importancia a sus continuos cambios de partido o de bando y, en
general, no disimulan cierto regocijo al hacer notar que, de revolucionario
radical en sus inicios, acabó siendo duque del Imperio, ministro de Luís
XVIII y una de las principales fortunas de Francia. Dependiendo del grado
de simpatía que el personaje inspira en el autor lo critican fieramente o
intentan justificar su conducta, pero la sentencia en todos ellos es similar:
amoralidad, falta de principios y oportunismo. Este veredicto es
posiblemente el causante de que no se hayan tomado seriamente sus ideas
ya que, desde esa óptica, no pueden tener ningún valor las reflexiones de
quién sólo actúa según su interés. Así, bajo esos juicios de orden moral, al
ser negativos, quedan sepultadas sus ideas políticas.
El presente trabajo intenta corregir esta dinámica para centrarse casi
exclusivamente en su pensamiento; sólo de esta forma podemos apreciar, y
es lo que intentamos demostrar, la unidad y continuidad de sus teorías. Esto
no impide, obviamente, que su pensamiento vaya madurando (lo que le
sucede a cualquier pensador sin que ello de lugar a recriminaciones), y por
este motivo hemos dividido en dos etapas o períodos el estudio sobre sus
ideas. Parece evidente que una vez pasada la fiebre revolucionaria y después
de unos años apartados de la vida pública y en la más absoluta miseria,
haya dado lugar a una nueva orientación en su pensamiento.
Es posible que el hecho de que en esta segunda etapa deje más de lado
la política social y se aparte de sus anteriores pretensiones de cambiar la
sociedad, sea producido por la decepción al darse cuenta de que la
Revolución había sido en realidad una revolución burguesa, como nos parece
indicar en sus Memorias:

45
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

“¿Quién provocó la Revolución y de dónde ha salido? De los


salones de los grandes, de los gabinetes de los ministros; ha sido
llamada, conjurada su aparición, literalmente, por los
parlamentos y agentes del rey, por jóvenes oficiales, por damas de
la corte, por hombres de letras pensionados y protegidos por
duquesas que les servían de portavoces.” 63

De sus experiencias y posteriores reflexiones, Fouché saca unas conclusiones


acerca de la dinámica de los cambios políticos, que apuntan a la
independencia de los acontecimientos políticos respecto de sus actores.
Leemos en una carta dirigida a Napoleón:
« Les révolutions politiques, quels qu’en soient le principe et
l’issue, ne sont point le résultat de la combinaison de quelques
pensées, ni l’œuvre de quelques individus. Ceux qu’elles frappent
en sont souvent les auteurs, ceux qui semblent les diriger ne font
qu’en suivre le mouvement. Tous sont entraînés dans la sphère
qu’elles agitent, tous y prennent part, tous y concourent par des
motifs et des moyens différents. » 64

En sus palabras se puede ver reflejada esta dinámica propia que Fouché le
parece atribuir a los sucesos políticos, y ésta creencia le servirá de base para
construir encima su nueva estrategia de cara a la acción. Al dar por sentado
que ciertos acontecimientos políticos no se pueden controlar, se trata
entonces de adaptarse intentando imponerse a ellos, de dominarlos para no
ser dominado por ellos. Esta idea la podemos ver reflejada en la siguiente
reflexión de por qué Luís XVI perdió el trono: simplemente porque el rey no
supo dirigir la revolución erigiéndose como su mayor representante.
« Louis XVI fut faible, non parce qu’il ne viola pas la garantie
nationale, en essayant de comprimer par la force les orateurs et
les institutions révolutionnaires, mais parce qu’il ne sut pas
s’attacher franchement à cette cause révolutionnaire, dont il avait
pris les couleurs longtemps avant que la cocarde en fût le signe,
parce qu’il ne sut pas accorder une confiance magnanime aux
hommes exaltés, mais patriotes et généreux, qui les premier
s’élancèrent dans une carrière non frayée. » 65

63
FOUCHÉ, Memorias; Barcelona, Editorial Mateu, 1961, p. 24
64
Fouché à l’Empereur 23 avril 1815, (citado por DESPATYS, Un ami de Fouché, Librairie Plon, 1911,
p. 332)
65
Lettre de Fouché à l’Empereur, 2 décembre 1804, (citado por DESPATYS, Un ami de Fouché, Annexe
I, p. 451)

46
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

En esta segunda etapa, su cargo, como anteriormente, le sigue dando


poderes casi ilimitados, con la diferencia fundamental de que ahora, como
ministro de policía, su poder se amplía hasta abarcar el país entero y no sólo
unas cuantas provincias. Fouché se esforzará en dar a su ministerio una
extensión enorme, en lo relativo a sus competencias, lo que llevará a
constantes conflictos con el resto de ministerios que se quejarán de la
intromisión de la policía en sus propias funciones. Esta preponderancia
ministerial, además del monopolio de la información que sólo a él le
corresponde, lo convierte en la práctica en el primer ministro. Fouché hará
valer esta posición privilegiada para llevar a cabo su programa. Pero para
entender su programa es indispensable primero analizar alguna de sus
consideraciones de política general y sobre todo su concepto de Estado:

“Me parecía que dicho sistema [de la Gironda] tenía tendencia a


dividir a Francia amotinándola, por zonas y por provincias, contra
París. Yo presentía en ello un gran peligro, no viendo otra
salvación para el Estado más que en la unidad e indivisibilidad
del cuerpo político.” 66

En esa indivisibilidad del cuerpo político que Fouché proclama ya podemos


apreciar que no es precisamente un defensor del parlamentarismo y he aquí
su opinión sobre los partidos políticos:
« Il est absurde de supposer qu’un parti obtiendrait maintenant
quelque secours du dehors. Si un parti gouverne, des
engagements particuliers plus forts que les engagements
généraux de la monarchie en sont la cause. Ce ne sont plus les
souverains qui maîtrisent la France, c’est alors une faction qui
triomphe de la nation. La guerre civile n’a que changé les places ;
les ultra royalistes sont les vainqueurs, et toute le reste des
Français, les vaincus.
Quel avantage pourrait-on tirer d’abandonner le gouvernement à
un parti ? La tombe se fermerait bientôt sur son gouvernement ;
la terreur même ne pourrait le soutenir, car le terreur s’évanouit
à la première lueur de sécurité. Un autre parti s’élèverait à son
tour, et aurait le dessus : que deviendrait la France, que
deviendrait l’Europe, si nous étions déchirés par des changements
de partis et par leurs victoires passagères ?
Où trouverions-nous la nation dans un tel état de choses ? Il n’y
aurait plus d’intérêt général ; tous les liens de la vie sociale

66
FOUCHÉ, Memorias, p. 31

47
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

seraient rompus ; le cœur de l’État serait blessé, il n’y aurait plus


que l’ombre d’un pays. » 67

Un partido no es más que una parte, una parte de la nación; al dejar el


gobierno en manos de un partido, es evidente que ya no se gobierna para
todos, desaparece el interés general para quedar reducido al interés
particular de los que integran esa parte de la nación, y por lo tanto hay que
impedirlo. Esta es una idea que recupera en el siglo XX Carl Schmitt 68 y
hemos considerado oportuno citar su caracterización de lo que denomina el
Estado clásico europeo por lo acertado de su descripción y por lo que nos
puede ayudar a comprender la relevancia que ha podido desarrollar nuestro
autor en el marco de este tipo de Estado:

“Es sabido que la fórmula “paz, seguridad y orden” constituía la


definición de la policía. En el interior de este tipo de estados lo
que había de hecho era únicamente policía, no política, a no ser
que se consideren política las intrigas palaciegas, las rivalidades,
las frondas y los intentos de rebelión de los descontentos, en una
palabra, las “alteraciones”. (…) La política de gran estilo, la alta
política era entonces únicamente política exterior, y la realizaba
un Estado soberano como tal respecto de otros Estados soberanos
a los que reconocía como tales, actuando sobre la base de este
reconocimiento y en forma de decisiones sobre amistad, hostilidad
o neutralidad recíprocas.” 69

Enseguida veremos que una de las máximas prioridades de Fouché fue, en


efecto, impedir la política interior tal como la concebimos hoy en día; pero
antes quisiéramos hacer notar que esta alta política, la exterior, de la que
habla Schmitt, era en realidad la gran ambición de Fouché. Éste, desde su
ministerio, no dejaba de inmiscuirse en las competencias del Ministerio de
Relaciones Exteriores; su policía se extendía por las principales ciudades
europeas y, muy pronto, Fouché se constituyó como el mayor defensor de la
67
Lettre de Fouché au duc de Wellington, (citado por SAINT-VICTOR, Quelques observations sur la
lettre de Fouché au duc de Wellington, Imprimerie de Le Normant, 1817, p. 90)
68
SCHMITT, C., El concepto de lo político; Madrid, Alianza, 1991, p. 62. Leemos: “La ecuación
política = política de partido se hace posible cuando empieza a perder fuerza la idea de una
unidad política (del “Estado”) capaz de relativizar a todos los partidos que operan en la
política interior, con sus correspondientes rivalidades, con lo cual estas adquieren una
intensidad superior a la de la oposición común, en la política exterior, respecto de otros
Estados.”
69
Ibid., p. 40

48
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

paz, ya que las continuas campañas militares de Napoleón ponían en riesgo


la continuidad del régimen (a falta de sucesor) y la integridad del Estado, en
caso de derrota. Así le escribe:
« Au reste, et quoi qu’il soit, l’Empereur doit être convaincu que
la nation désire la paix, aime la paix et préfère toujours le
pacificateur au guerrier. Les folles idées de domination
universelle peuvent enflammer de jeunes militaires, mais le chef
doit sentir qu’il gouverne, pour elle-même, une nation qui veut
jouir, et non s’éparpiller sur une surface immense. » 70

De todos modos resultaba imposible convencer al Emperador 71 y, su segunda


caída en desgracia, fue a consecuencia de intentar pactar por su cuenta la
paz con Inglaterra. Asimismo, después de la Primera Restauración, al ser
llamado de nuevo al gobierno por Napoleón, pide ocupar el Ministerio de
Exteriores, que le es negado, pero en unos días consigue la autorización para
negociar con el extranjero, aunque lo único que podrá ya hacer será pactar
la capitulación de París.
Teniéndose que conformar pues con el control del interior del país,
podemos afirmar con seguridad que la principal tarea de Fouché durante
sus ministerios, ya bajo el Consulado, bajo el Imperio o bajo la Restauración
fue la de impedir que triunfara algún partido concreto. Pues siguiendo sus
indicaciones: “Cuando se tiene el poder, toda la habilidad consiste en
mantener el régimen conservador. Toda teoría distinta de ésta, cuando brota

70
Lettre de Fouché à l’Empereur 2 décembre 1804, (citado por DESPATYS, Un ami de Fouché, Annexe
I, p. 455)
Vemos en esta carta de Napoleón cómo, harto de las continuas proclamas pacifistas
71

de Fouché, expone su concepción ambigua de la paz:


« A Cambacérès, 18-VI-13
Le ministre de la police, dans ses notes de police, (dont je suis en général très
satisfait par beaucoup de détails qu’elles contiennent, et les preuves fréquentes de
son zèle que j’y trouve), paraît chercher à me rendre pacifique.
Cela ne peut avoir aucun résultat, et me blesse, parce que cela supposerait que je ne
suis pas pacifique. Je veux la paix, mais non une paix qui me remette les armes à la
main trois mois après et qui soit déshonorante. Je sais mieux que lui la situation de
mes finances et de l’Empire ; il n’a donc rien à me dire là-dessus. Faites-lui
comprendre ce que cette manière a d’inconvenant.
Je ne suis pas un rodomont ; je ne fais pas de la guerre un métier, et personne n’est
plus pacifique que moi ; mais le solennité de la paix, le désir qu’elle soit durable et
l’ensemble des circonstances où se trouve mon empire, décideront seuls dans mes
délibérations sur cette matière. » NAPOLÉON, Correspondance, p. 11

49
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

de una revolución, no es más que ingenuidad o hipocresía descarada.” 72


Partiendo de ahí, Fouché se propondrá intentar defender lo que él llama los
logros de la Revolución del continuo proceso de reacción. Su principal lema,
bajo las distintas formas de gobierno, será impedir la reacción, ya sea del
partido republicano, como del bonapartista, el aristocrático o el borbónico.
Obviamente, cada nuevo régimen político en el cual participa, lo aleja más
de los fundamentos revolucionarios, lo que no impide, no obstante, que siga
aferrándose a su idea e intente contener la reacción. Hay que hacer notar
que Fouché de forma hábil hace coincidir sus intereses con el del Estado: los
males que hay que impedir, a saber, el triunfo de la reacción que implicaría
el olvido de las bases de la revolución, el castigo de sus partidarios, el
despojamiento de los compradores de bienes nacionales, etc., son los males
que a él le afectarían. Al final, la reacción lo acaba arrastrando al no poder
ya impedirla; lo paradójico del caso es que él mismo podríamos decir que se
cava su tumba pues, tanto el Imperio como la Restauración, son obra suya (y
es lo que respectivamente en un período anterior ha intentado impedir);
pero el darles impulso en un momento dado es el precio que ha tenido que
pagar para mantenerse en el poder. Su reflexión es que dado que la reacción
no es algo evitable, es mejor que él esté en una situación de poder para
intentar que los males sean menores.
Así pues el principal punto de su programa es evitar la reacción
haciendo desaparecer la política interior y ésta sustituirla por paz,
seguridad y orden. Para hacer estos tres factores efectivos desarrolla una
política de equilibrio, de moderación, inclinada a la clemencia 73 y al perdón,
para conseguir la pacificación interna y alejar la posibilidad de guerra civil.
Además, su idea de Estado como unidad política suprema nos llevará a ver
las consecuentes consideraciones sobre la oposición, la opinión, la prensa, la
religión y la emigración, que tendrán que tener una posición subordinada
respecto a ese Estado casi absoluto.

72
FOUCHÉ, Memorias, p. 45
73
La clemencia no tiene que confundirse con la debilidad, y Fouché lo matiza: « La clémence est une
vertu, mais la faiblesse est un vice qui compromet la garantie sociale: elle est un crime quand elle
s’exerce aux dépens de la sécurité publique. » Le ministre aux commissaires du gouvernement, (citado por
MADELIN, Fouché, p. 311)

50
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

De todos modos, en contra de esta pretendida unidad, consistencia y


continuidad del pensamiento de Fouché, se podría objetar que todo ella se ha
extraído a posteriori o artificialmente analizando sus escritos. Pero de la
misma forma en que en el primer período encontramos de forma condensada
en su primer escrito Réflexions sur l’éducation publique la mayoría de ideas
que después fue aplicando a la práctica, lo cual descartaba la posibilidad de
irreflexión o improvisación, en este segundo período nos encontramos una
situación similar. Entre sus textos hemos encontrado una carta escrita ocho
meses antes de ser nombrado ministro por el Directorio, cuando ejerce como
embajador francés en la república cisalpina, dirigida al directorio ejecutivo
de dicha república. En los consejos que le da a los gobernantes vemos ya en
germen las ideas de la firmeza necesaria del gobierno, la necesidad de la
policía, la independencia de los acontecimientos políticos respecto de sus
actores y a los cuales hay que imponerse, la unidad inalterable de la nación
y la limitación del concepto de libertad, lo cual siempre será una constante
para él.

« Prononcez donc avec fierté son indépendance et la vôtre ;


maintenez avec fermeté les rênes du gouvernement qui vous sont
confiées, sans vous embarrasser des perfides suggestions de la
calomnie ; faites respecter votre autorité par une police vaste et
judicieuse ; résistez à la malignité des passions en développant un
grand caractère, et comprimez toutes les combinaisons de vos
ennemis par une inflexible justice.(…)
Citoyens directeurs, élevez vos âmes avec les événements : soyez
plus grands qu’eux, si vous voulez les dominer ; n’ayez point
d’inquiétude sur l’avenir : la solidité des républiques est dans la
nature des choses ; la victoire et la liberté couvriront le monde.
Recommandez l’union à tous vos concitoyens ; qu’un concert
inaltérable les porte à la défense de leurs droits ; qu’ils mêlent
leur courage, leur intrépidité et leur force pour frapper leurs
ennemis communs.
Cependant réglez leur activité brûlante, afin qu’elle soit féconde ;
dites-leur que la liberté ne dispense pas des devoirs et des
obligations de la société ; qu’ils sachent bien que l’énergie n’est
pas le délire, et qu’être libre ce n’est pas être indépendant pour
faire le mal. » 74

74
Lettre de Fouché au directoire exécutif cisalpin, en Réimpression de l’ancien Moniteur, tom, XXIX, p.
557

51
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

A. Teoría policial

El Directorio, por la ley del 12 nivoso año IV (2 enero 1796) había creado el
Ministerio de Policía general, al cual se le atribuyeron las competencias
siguientes:
« l’exécution des lois relatives à la police, à la sûreté et à la
tranquillité intérieure de la République, la garde nationale
sédentaire, la légion de la police et le service de la gendarmerie
pour tout ce qui était relatif au maintien de l’ordre public, la
police des prisons, maisons d’arrêt, de justice et de réclusion, la
répression de la mendicité et du vagabondage. » 75

Obviamente esta formulación es sobre todo vaga e imprecisa, y deja mucho


lugar a la discusión de qué engloba la seguridad del Estado o el
mantenimiento del orden público. O más bien abre la pregunta de qué
actuación queda legitimada por la seguridad estatal. ¿Es lícito violar las
libertades individuales y las políticas para ello? ¿Y si en lugar de seguridad
del Estado, estamos hablando de mero orden público? Posiblemente las
implicaciones ético-políticas derivadas de estas reflexiones contribuyeron a
la poca duración de los antecesores de Fouché en el cargo de ministro, pero
sobre todo a que el ministerio en sí no adquiriera demasiada relevancia en
esos primeros años que, por cierto, no quedaban nada lejos del período
revolucionario y su retórica entorno al concepto de libertad. Al ponerse
Fouché a la cabeza del Ministerio, no tiene dudas en ese aspecto, ya que su
idea de estado absoluto lo justifica. Visto desde nuestros días, y teniendo en
cuenta las experiencias del llamado socialismo real, no es descabellado
pensar que ello es herencia de su pasado comunista, con el cual sería
consecuente por lo menos en lo que respecta al hecho de la supremacía del
Estado como regulador de todos los ámbitos de la sociedad.

75
Loi du 12 nivôse an IV (citado por MADELIN, Fouché, tom I, p. 450)

52
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

Entre 1799 y 1815 Fouché ocupará el puesto de ministro en cuatro


periodos, 76 que en total suman casi diez años, pero lo más característico de
esta duración es que lo ejerce con el Directorio, con el Consulado, con el
Imperio, en los Cien Días y con Luís XVIII en la Segunda Restauración. No
en vano Fouché siempre considerará el Ministerio como su creación
personal, como su máquina diseñada y construida por él.
Sobre el primer período ministerial de Fouché, Madelin apunta:

« Pendant les trois ans qu’avait duré son premier ministère, il


avait travaillé à vivifier, fortifier, étendre la Police générale, à lui
faire confier, sous prétexte de surveillance générale, la direction
de la vie nationale intérieure tout entière. Il avait voulu,
remontant ainsi aux doubles origines du ministère, réunir dans sa
main les pouvoirs, droits, prérogatives, règles et procédés de la
vieille lieutenance de police du XVIIIe siècle et des Comités de
salut public et de sûreté générale de l’an II. » 77 Madelin, p. 451

Pues, siguiendo a este mismo autor, antes que Fouché, los lugartenientes
del s. XVIII, al lado de la policía administrativa, ya habían organizado una
policía política oculta muy desarrollada al servicio de la casa del rey,
alimentada también por los productos del juego, con una armada irregular
de espías encargados de recoger los rumores públicos o las conversaciones
privadas y de introducir entre el público las noticias que al gobierno le
importaban. De hecho, este sistema funcionaba desde inicios de siglo. Estos
espías se reclutaban entre los caballeros de San Luís, abogados, hijos de
familias arruinadas por el juego y mujeres de mala vida; y sus informes,
junto con los de los agentes oficiales, y los de los empleados del gabinete
negro, conformaban también un boletín cotidiano que el lugarteniente
mandaba al ministro de la casa del rey. Por esto Madelin concluye que
« nous devons constater que, sous plus d’un rapport, Fouché fut,
en matière policière, un restaurateur plus qu’un initiateur ;
l’administration du quai Voltaire ne se distinguait guère en
somme de celle de la rue Neuve-des-Capucines que par le
caractère de grande régularité que Fouché lui avait donné, et

76
Del 29 julio 1799 al 15 septiembre 1802, bajo el Directorio y el Consulado; del 11 julio 1804 al 3 junio
1810, bajo el Imperio; del 21 marzo al 23 junio 1815, durante los Cien Días; y del 8 julio al 15 septiembre
1815, durante la Segunda Restauración.
77
MADELIN, Fouché, tom I, p. 451

53
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

surtout par l’extension considérable que le grand ministre de la


Police donna aux idées des Berryer, des Lenoir et des Sartine, en
les appliquant non plus à la seule ville de Paris, mais à la France,
pour ne pas dire à l’Europe tout entière. » 78

Veamos pues las ideas que tiene Fouché sobre la policía; hay que matizar no
obstante que lo que aquí nos interesa son sus reflexiones generales sobre la
policía (su definición, su cometido), sin entrar en los detalles de los
procedimientos (por ejemplo, cómo llevar a cabo una investigación). Para
empezar Fouché hace notar, y así lo reitera en sus circulares, la proximidad
existente entre la policía y la justicia:

« Les relations qu’ont entre elles l’action de la police et l’action de


la justice se touchent réellement. Elles se pénètrent et semblent
se confondre. Sans cesse, elles concourent aux mêmes actes.
Combien cependant, en général, ce concours est loin d’être un
accord ! » 79

Siguiendo el texto, la policía no perdona a la justicia su lentitud, así como la


justicia no perdona a la policía su rapidez, y estos son reproches que la
sociedad en general le hace a una y otra: la policía inquieta al inocente y, al
haber estado entre las manos de los reyes, pasa a menudo por un
instrumento del despotismo; la justicia en cambio no sabe prevenir el crimen
y, al estar sometida a las leyes, parece estar extraviada entre sus
oscuridades y contradicciones. Pero esta proximidad entre ambas no puede
llevar a confusión y dice Fouché:
« Qu’on porte un œil attentif sur les lieux et sur les moments de
leur action, on pensera que la justice et la police ne peuvent
exister, pour le véritable ordre social, ni l’une sans l’autre, ni
entièrement confondues l’une dans l’autre. Les moments qui
précèdent les arrêts de la justice et les moments qui les suivent,
sont donc deux moments où la justice elle-même ne doit pas agir,
et ces deux moments appartiennent à l’action de la police.
C’est la police qui, ayant partout des regards et des bras, peut
faire arrêter les coupables partout où les crimes peuvent être
commis. » 80

78
Ibid., p. 452
79
Circulaire aux préfets, 21 novembre 1799, (citado por BUISSON, H., Qui était Fouché ?, p.290)
80
Idem.

54
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

De esta forma entonces queda delimitado para Fouché el territorio de la


actuación de ambas ramas; idea que encontramos expresada también en
otros textos:
« L’expérience des peuples qui, en rejetant le joug des despotes,
n’ont voulu confier la sécurité et la paix intérieures qu’aux formes
lentes de la justice, a trop prouvé que la justice et la loi sont
vaines elles-mêmes, lorsqu’elles ne sont pas précédées et
entourées d’une police vigilante et active. » 81

En definitiva: antes, después y alrededor de la justicia, la policía. ¿Significa


esto que, a excepción del pequeño momento de protagonismo del que goza la
justicia, ésta no tiene vigencia en lo que la actuación de la policía se refiere?
La respuesta es presuntamente positiva, a la luz de declaraciones como
estas:

“La police est un service public et magistral qui, outre ses


fonctions particulières, doit s’efforcer par des mesures
irrégulières, mais justes et utiles d’augmenter la force et les
ressources du gouvernement. La publicité des procédés d’un tel
pouvoir en arrête naturellement l’efficacité ; on l’emploie
beaucoup dans les grands objets ; les autres sont perdus dans la
foule, et y échappent. » 82

En este contexto hay que entender el término justes no como un derivado de


justicia, sino como sinónimo de útil para cierto fin (el cual quizás es justo); lo
cual coincide a la perfección con la siguiente afirmación aristotélica: “El bien
en política es la justicia; en otros términos, la utilidad general.” 83 En fin,
teniendo en cuenta este matiz y que, en muchos casos, el ministro dictaba la
reclusión de individuos simplemente sospechosos, o por faltas de pruebas,
hasta nueva orden, nos lleva a pensar que, por lo menos, en lo que a los
asuntos importantes se refiere, la policía actuaba de forma absoluta y sin
trabas legales; por mucho que durante los Cien Días, cuando adquiere
protagonismo la Cámara liberal, Fouché lance proclamas sobre la

81
Instructions aux commissaires généraux et aux préfets des départements, 1800 (citado por
DESPATYS, Un ami de Fouché, p. 32)
82
Lettre de Fouché au duc de Wellington (citado por SAINT-VICTOR, Quelques observations sur la
lettre de Fouché au duc de Wellington, p. 76)
83
ARISTÓTELES, Política, p. 133

55
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

liberalidad de la policía, culpando de su absolutismo a la gestión que ha


hecho de ella la Primera Restauración.
Aclarada ya la posición de la policía respecto de la justicia, veamos
ahora en palabras de Fouché cuál es el objeto y el objetivo de esta policía:

“Elle est une surveillance continuelle de l’ordre dans toutes les


parties de la société. Cette idée que j’en donne, et qui est très
simple, n’énonce et ne caractérise aucun des actes de la police en
particulier, elle les indique et les embrasse tous, elle trace à tous
le caractère et la limite que tous doivent avoir. Il résulte de cette
définition, que la police a dans la nature de ses actes des bornes
assez circonscrites, et qu’elle n’en a point pour les objets sur
lesquels elle s’exerce. Le regard de la police est partout et presque
toujours son action se borne à voir. » 84

Este fragmento de unas instrucciones para los comisarios y prefectos resulta


de lo más interesante pues condensa en pocas palabras muchas ideas.
Primero, la policía queda definida como la vigilancia continua del orden en
todas las partes de la sociedad (lo que justificará, como veremos un poco más
abajo, todo el aparato de policía secreta); segundo, de ello se desprende que
no tiene límites respecto a los objetos sobre los cuales se ejerce (lo que
justifica la absoluta preponderancia del Ministerio de Policía sobre cualquier
otro órgano de gobierno y las continuas injerencias en las funciones del resto
de ministerios); tercero, en cuanto a los actos de la policía estos sí tienen
límites y casi siempre, repito, casi siempre, su actuación se limita a ver, a
mirar, pues la mirada de la policía está por todos lados.
En cuanto a la segunda idea, para ejemplificar que, tal como declara
Fouché, la policía no tiene límites en cuanto a los objetos sobre los cuales se
ejerce, ella, además de observar todo tipo de individuos y colectivos, vigilaba
las costas y las fronteras del Imperio, el contrabando, el bandidaje, la
deserción, los presos de guerra; tenía la competencia de la entrega de
pasaportes, de la radiación de los emigrados así como de su vigilancia;
regulaba la prostitución, vigilaba el juego, las prisiones, los teatros; tenía en

84
Instructions aux commissaires généraux et aux préfets des départements, 1800 (citado por
DESPATYS, Un ami de Fouché, p. 33)

56
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

sus manos la censura dramática, de la prensa, de la imprenta, de las


canciones y a falta de buenas (léase, adeptas al régimen) obras o artículos,
tenía a sueldo poetas y literatos encargados de llenar el vacío. Es en este
sentido que se puede decir que la policía imprimía y suprimía, deshacía y
hacía la opinión, e incluso, según Cobb, creaba acontecimientos:
« But if the Jacobin dictatorship and Thermidor were regimes
polices, in which a multitude of polices fought it out among
themselves (always a happy situation for the ordinary citizen), the
Directory and, above all, the Empire were regimes policiers, in
which a multitude of polices, now in harmony, not only continued
to inform, even more voluminously, but also ruled. A police that
informs will slant its information to the authorities to be
informed, it has to be careful about the choice of its information,
and will generally seek to please; a police that rules can create its
own information, it can even create events.” 85

Respecto a la tercera idea que se desprende de aquella definición de la


policía, esa insistencia en que lo fundamental de la actuación policial es
vigilar, es mirar, nos hace pensar automáticamente en el Panóptico de
Bentham. Años atrás, el 25 de noviembre de 1791, Bentham había dirigido a
la Asamblea Nacional francesa, en la persona del presidente del Tribunal de
Casación, el señor Garran de Coulon, la memoria del Panóptico preparada
por su amigo Dumont y la comisión de legislación ordenó su impresión.
Bentham mandó también el texto a Condorcet, entre otros, el cual poco
después sería colega de Fouché en el Comité de Instrucción Pública. Aunque
existe la posibilidad de que tal memoria hubiera llegado a las manos de
Fouché, por la similitud estructural, hay que decir que no hay ninguna
prueba de ello, ninguna cita ni referencia en sus textos; sin embargo, Fouché
en el diseño y desarrollo de su “máquina” policial parece haber dado vida a
las palabras con las que empieza la obra de Bentham:
“Si hom trobés un mitjà per fer-se senyor de tot allò que pot
esdevenir a un cert nombre d’homes, d’estructurar tot allò que els
envolta, del mètode per obtenir la impressió que hom vol produir,
d’assegurar-se de llurs actes, llurs relacions, totes les
circumstàncies de llur vida, de tal manera que res no pogués

85
COBB, R., The police and the people. French popular protest 1789-1820; Oxford University Press,
1970, p. 17

57
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

escapar-se ni oposar-se a l’efecte desitjat, hom no pot dubtar que


un ressort d’aquest tipus seria un instrument tan enèrgic i tan
profitós que els governs podrien fer-ne ús per a assolir objectius de
la més gran importància.” 86

No importa que Fouché lo hubiera leído o no, sino que la idea que subyace al
Panóptico, siguiendo el análisis de Foucault, es decir, que ese no debe
entenderse como un sistema arquitectónico, sino como una tecnología
política desligada de todo uso específico, como un mecanismo de poder
referido a su forma ideal, es lo que encontramos materializado en la gestión
de Fouché. Porque: “El esquema panóptico es un intensificador para
cualquier aparato de poder: garantiza su economía (en material, en tiempo);
garantiza su eficacia por su poder preventivo, su funcionamiento continuo y
sus mecanismos automáticos.” 87 Esa es la gran ventaja del panoptismo, ya
que como su característica esencial es que el que hace de inspector ve sin ser
visto, al final ya casi ni hace falta vigilar, pues la simple sospecha de ser
observado ya reprime por sí sólo la actuación. En cierta forma, esta
economía, este automatismo lo aprovecha Fouché y nos lo cuenta en sus
Memorias:
“En mi segunda gestión ministerial actué a menudo más por
amenazas, advertencias y temor que por castigos efectivos y
empleo de la fuerza. Hice revivir la antigua máxima de la policía,
a saber, que tres hombres no podían reunirse y hablar
indiscretamente de los negocios públicos sin que al día siguiente
estuviese informado de ello el ministro. Es cierto que tuve la
habilidad de hacer creer a la gente que, de cada tres hombres que
se reunían para hablar, había siempre un policía a mi servicio.
Sin duda que tal creencia contribuía a la corrupción y al
envilecimiento general; pero, por otra parte, ¡cuánto
arrepentimiento, cuántos males y lágrimas no ha evitado esta
medida!” 88

Pero además encontramos otras características del panoptismo recogidas


por el aparato policial de Fouché, como sería el interés por la
individualización. Leemos en Foucault:

86
BENTHAM, J., “Panòptic. Memòria sobre un nou principi per a construir cases d’inspecció, i
especialmente centres penitenciaris”, en El panòptic; Barcelona, Edicions 62, 1985, p. 31
87
FOUCAULT, M., Vigilar y castigar; Madrid, Siglo XXI, 1986, p. 209
88
FOUCHÉ, Memorias, p. 169

58
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

“Pero se encuentra en el programa del Panóptico la preocupación


análoga de la observación individualizadora, de la caracterización
y de la individualización, de la disposición analítica del espacio. El
Panóptico es una colección zoológica real; el animal está
reemplazado por el hombre, por la agrupación específica la
distribución individual, y el rey por la maquinaria de un poder
furtivo. Con esta diferencia: el Panóptico, también, hace obra de
naturalista. Permite establecer las diferencias (…)” 89

Esto se traduce en la práctica por dos obras de las que Fouché siempre
estuvo muy orgulloso, y a las que llamaba “su atlas”; ellas son la topografía
y la biografía chouánica. La topografía chouanica se componía de todos los
documentos relativos al movimiento rebelde realista-borbónico propio sobre
todo de provincias (el cual se mantuvo en lucha desde el triunfo de la
Revolución hasta la Restauración misma) en cuanto a las localidades y
barrios más favorables, los puntos de desembarco conocidos, las rutas y los
alojamientos de espías y bandoleros, los lugares de reagrupación, de
concentración y de ataques. Por el otro lado, la biografía chouánica se
constituía de entre 1000 y 1200 fichas individuales relativas a los
sospechosos de ser chouanes, es decir, antiguos oficiales de la Vendée,
antiguos jefes de bandas, y además sus parientes y amigos, arrendadores y
marineros sospechosos de colaborar. De todos ellos había una detallada
descripción física, incluyendo marcas o defectos de nacimiento por los que se
les podría reconocer aun disfrazados, y los alias o sobrenombres conocidos.
No obstante, aunque evidentemente el interés de Fouché es por lo que
él llama la alta policía, es decir la policía política, no por ello descuidó la
administración y, si el Ministerio con él adquiere extensión, regularidad y
eficacia, es debido a que lo organiza cuidadosamente. Así, el Ministerio
queda constituido de la siguiente manera: la Administración central de la
Policía General se parte en seis divisiones: la primera la dirige el secretario
íntimo del ministro, y trata los asuntos de los que se reserva el conocimiento
exclusivo; la segunda, de seguridad general y de policía secreta, se encarga
de los complots y asuntos secretos, de la policía de prisiones y del espionaje
de los presidiarios; la tercera es la relativa a la (añádase, represión de)

89
FOUCAULT, Vigilar y castigar, p. 206

59
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

libertad individual y la libertad de prensa; la cuarta se encarga de los


emigrados, su radiación y su vigilancia; la quinta se encarga de la
contabilidad y la sexta la constituyen los archivos.
En provincia dispone, bajo sus órdenes de los comisarios generales, los
prefectos, los comisarios especiales y los comisarios particulares, los
primeros de los cuales pueden requerir si la necesitan la guardia nacional y
la gendarmería. El prefecto de policía en París tiene las mismas
prerrogativas que los comisarios generales y, aunque la prefectura tiene
cierta autonomía respecto de la Policía, ya que pertenece a Interior, para los
asuntos policiales le está subordinada, igual como la Gendarmería.
Al lado de la policía administrativa con todos sus agentes, está la
policía secreta, con sus agentes oficiales, pero también con sus agentes
irregulares, llamados indistintamente “correspondientes”, “informadores”,
“observadores” o, como los apela Fouché en sus Memorias, “reguladores de la
opinión”. Al concebir, según ya hemos visto, la policía como la vigilancia de
todas las partes del orden público, tiene que tener informantes en todos los
ámbitos, pues como dice en su primera declaración pública como ministro,
“veiller pour tous, et sur tous, tel est le devoir qui m’est imposé” 90. Así que,
en torno al emperador, en las asambleas, en los ministerios y alrededor de
los ministros, en los ambientes aristocráticos, en los obreros, en las
embajadas extranjeras, entre los realistas, entre el clero, entre el personal
doméstico de los altos funcionarios, entre los jacobinos, entre los chouanes,
en las casas de juego, tiene que haber quien escuche y observe. Pero,
igualmente, en el extranjero: en Hamburgo, en Berlín, Viena, Roma, Nueva
York, Londres, en y detrás de la armada del emperador, entorno a las
embajadas...
Fouché parece tener clara la ecuación de que el monopolio de la
información equivale a poder, por lo que tiene sus fuentes personales de
información (evidentemente pagadas con fondos no personales) y contrasta
de forma crítica sus informes. Por ejemplo, entorno al Emperador tiene a su

90
Proclamation du ministre de la police générale aux citoyens français, 16 thermidor an VII, en
Réimpression de l’ancien Moniteur, tom XXIX, p. 763

60
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

servicio a Josefina, la mujer de Napoleón, y al secretario personal de éste,


conque puede comparar fácilmente la información recibida de uno y del otro
sobre un mismo asunto. Pero además hay que tener en cuenta que es en él
en quien converge toda la información debido a la fuerte centralización de la
policía. Así se expresa en una de sus instrucciones a los lugartenientes, los
cuales tienen que recoger “les faits observés sur tous les points de la
circonférence et en rapporter les résultats à un centre unique » 91, el cual es
él. Además, que todo lo observado en distintos lugares se concentre en un
único punto, le da una ventaja, la de ver la información en su conjunto y el
ministro es muy consciente de ello:

« Je ne demande et ne veux connaître que des faits, des faits


recueillis avec soin, présentés avec exactitude et simplicité,
développés avec tous les détails qui peuvent en faire sentir les
conséquences, en indiquer les rapports, en faciliter le
rapprochement. Vous remarquerez, toutefois, que resserrée dans
d’étroites limites, votre surveillance ne peut juger l’importance
des faits qu’elle observe. Tel événement peu remarquable, en
apparence, dans la sphère d’un département, peut avoir un grand
intérêt dans l’ordre général, par ses liaisons avec des analogues
que vous n’avez pu connaître ; c’est pourquoi je ne dois rien
ignorer de ce qui se passe d’extraordinaire ou selon le cours
habituel des choses.» 92

En definitiva, el ministro es siempre el mejor informado, ya que posee toda


la información en cuanto a cantidad, pero también en cuanto la tiene
contextualizada en su conjunto.

91
Instruction pour les lieutenants de police, 1815 (citado por BUISSON, Qui était Fouché ?, p. 306)
92
Circulaire aux préfets, 31 mars 1815 (citado por ibid. p. 305)

61
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

B. Política de equilibrio

No obstante, la función fundamental que Fouché atribuye a la policía no es


la meramente represiva, sino una más ambiciosa y totalmente relacionada
con la política interior. Leemos:
« Ma doctrine ne pouvait pas convenir à ceux qui voulaient faire
de la police, non pas un département de la magistrature qui
enveloppait sous une protection commune tous les partis qui
s’étaient élevés dans la révolution, et tous ceux qui avaient lutté
contre elle, mais une inquisition qui recevait leurs dénonciations
secrètes. » 93

Así pues la principal tarea de la policía es la de proteger de forma igual a


todos los partidos políticos. Hay que matizar que esta protección no significa
defenderlos de ataques externos o similares; protección quiere decir
reducirlos hasta la inofensividad para que así puedan seguir existiendo. Ya
dijimos más arriba que buena parte del programa de Fouché se basa en
eliminar la política interior, es decir, la política de partidos. Ello responde a
la idea de que los partidos suponen un obstáculo a la consecución del bien
común, que ya la encontramos formulada en Rousseau:

“Pero cuando se forman intrigas, asociaciones parciales a


expensas de la grande, la voluntad de cada una de estas
asociaciones se vuelve general respecto a sus miembros, y
particular respecto al Estado; se puede decir entonces que ya no
hay tantos votantes como hombres, sino solamente tantos como
asociaciones. Las diferencias se hacen menos numerosas y dan un
resultado menos general. Finalmente, cuando una de estas
asociaciones es tan grande que se impone sobre todas las demás,
ya no tenéis por resultado una suma de pequeñas diferencias, sino
una diferencia única; entonces ya no hay voluntad general, y la
opinión que se le impone no es más que una opinión particular.” 94

Así que la solución está, para Rousseau, en impedir que haya sociedades
parciales dentro del Estado. En el contexto de la Revolución francesa esto es
93
Lettre de Fouché au duc de Wellington (citado por SAINT-VICTOR, Quelques observation sur la
lettre de Fouché…, p. 79)
94
ROUSSEAU, Del contrato social, p. 35

62
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

algo imposible; no obstante, el interés de partido sigue siendo un problema


para el interés general. Esta contradicción será resuelta por lo que se
formuló como el principio de no sometimiento a mandato imperativo,
principio que, al menos de forma teórica, sigue vigente en los sistemas
representativos actuales. Según éste, un parlamentario de cualquier partido
que sea, a la hora de gobernar, ya no puede regirse por los intereses de su
partido, sino por los intereses de toda la comunidad. Sièyes, a quien se le
atribuye la teoría, analiza de forma parecida a Rousseau la cuestión de los
intereses:
« Remarquons dans le cœur des hommes trois espèces d’intérêt :
1º. Celui par lequel les Citoyens se ressemblent ; il présente la
juste étendue de l’intérêt commun. 2º. Celui par lequel un
individu s’allie à quelques autres seulement ; c’est l’intérêt de
corps ; et enfin, 3º. Celui par lequel chacun s’isole, ne songeant
qu’à soi ; c’est l’intérêt personnel.
L’intérêt par lequel un homme s’accorde avec tous ses co-associés,
est évidemment l’objet de la volonté de tous, et celui de
l’assemblée commune.
Chaque Votant peut apporter à l’Assemblée ses deux autres
intérêts ; soit. Mais d’abord, l’intérêt personnel n’est point à
craindre ; il est isolé. Chacun a le sien. Sa diversité est son
véritable remède. La grande difficulté vient donc de l’intérêt par
lequel un Citoyen s’accorde avec quelques autres seulement.
Celui-ci permet de se concerter, de se liguer ; par lui se combinent
les projets dangereux pour la communauté ; par lui se forment les
ennemis publics les plus redoutables. » 95

Así pues, el interés común, el interés general, es el que tiene que prevalecer
por encima de todo, y el interés de una parte, de un partido, constituye un
verdadero conflicto en un sistema representativo, en cuanto que hace
peligrar el interés de toda la comunidad. Por ello enuncia Sièyes el remedio:

« Mais ici, les Députés d’un District ne sont pas seulement les
Représentants du Bailliage qui les a nommés, ils sont encore
appelés à représenter la généralité des Citoyens, à voter pour tout
le Royaume. Il faut donc une règle commune, et des conditions,
dussent-elles déplaire à certains Commettants, qui puissent

95
SIÈYES, E-J., Qu’est-ce que le Teirs-état ?; [microforma], Micro Graphix, cop. 1993 (ed. orig. Paris,
1789), p. 159

63
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

rassurer la totalité de la Nation contre le caprice de quelques


Electeurs. » 96

Enseguida veremos como Fouché parece aferrarse a esta teoría, pero además
intentando siempre que no domine ningún partido. El porqué está en que en
Francia, desde la Revolución, se operan continuos cambios de gobierno; a
Fouché no parece importarle mucho la forma de gobierno en sí, sino, y
siguiendo en cierta forma a Aristóteles, lo que le interesa es su duración, su
estabilidad. « El bien para cada cosa es precisamente lo que asegura su
existencia» 97, dice Aristóteles y Fouché lo aplica a la política de su momento.
Pero, si Fouché no le da importancia al hecho de que sea un régimen
representativo, o golpista, o hereditario, o dictatorial; que gobiernen cinco,
tres o un solo individuo; que éste sea un Cónsul, un Emperador o un Rey;
¿qué es lo que pretende que tenga durabilidad? Evidentemente no el
régimen, sino eso que él llama los logros de la Revolución, es decir, un cierto
espíritu, ciertos principios (obviamente, no todos, ni siquiera la mayoría) y
medidas como el patriotismo, el triunfo de la razón, la importancia del
pueblo, la supremacía del Estado sobre la Iglesia, que pueden subsistir sea
cual sea la forma de gobierno. Así lo expresa Fouché en los primeros meses
del Imperio:
« Il ne faut pas penser que parce que le jacobinisme et l’opposition
ont forcé et flétri tous les sentiments, il ne se trouve plus aucune
trace de cet élan de 89 et que les principes salutaires auxquels
toute une génération a été sacrifiée, par la faute de quelques
esprits abusés, soient moins vrais, soient moins nécessaires dans
leur application à la sécurité commune, et moins invoqués dans
ces moments terribles, où les fausses lueurs s’éclipsent, où la
vérité brille et pénètre dans les cachots.» 98

Por lo tanto, después de la Revolución, tienen que perdurar esos logros ya


que « ce n’est pas le couronnement de l’édifice qui constitue sa solidité, ce
sont les fondations que l’on n’aperçoit pas, et le colonnes les plus simples » 99,
y esos logros se han convertido en fundamentos. Olvidar o eliminar esos
96
Ibid., p. 46
97
ARISTÓTELES, Política, p. 69
98
Lettre de Fouché à l’Empereur, 2 décembre 1804, (citado por DESPATYS, Un ami de Fouché, Annexe
I, p. 452)
99
Idem.

64
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

fundamentos sólo puede tener consecuencias negativas: significaría atentar


contra una gran parte de la población que ha luchado por esos principios,
dividiría profundamente la Nación haciendo posible y probable la guerra
civil, y donde hay guerra no puede haber estabilidad. En palabras de
Fouché: « La pacification et la stabilité étaient les seuls moyens de salut : le
contraire de la pacification, c’est la réaction ; le contraire de la stabilité, c’est
de déplacer le trône de ses fondements actuels pour lui en donner
d’autres…» 100
Así que de lo que se trata, y esa fue la principal tarea de Fouché bajo
todos los regímenes que sirvió, es de evitar la reacción ya que « toute
réaction serait un crime politique ; elle serait subversive de la stabilité,
troublerait le repos de l’État en détruisant toute confiance… » 101 Porque la
reacción tiene la doble capacidad de acabar con un Estado; por un lado, al
cambiar los fundamentos, puede hacer enfrentar las dos partes de la
sociedad, y sin estabilidad y paz interior no hay unidad ni Estado; por otro
lado, al querer castigar o reprimir a los partidarios del antiguo estado de
cosas, se cae en la ilegalidad, lo que lleva a la población a la desconfianza
general para con el gobierno, el cual también pierde solidez y estabilidad.
Aristóteles, en su exposición sobre los medios de conservación de las
diferentes formas de gobierno, apunta:

“En todos los Estados bien constituidos, lo primero que debe


cuidarse es de no derogar ni en lo más mínimo la ley, y evitar con
el más escrupuloso esmero el atentar contra ella ni en poco ni en
mucho. La ilegalidad mina sordamente al Estado, al modo que los
pequeños gastos muchas veces repetidos concluyen por minar las
fortunas.” 102

Fouché parece estar de acuerdo en este punto y, justo después de la primera


Restauración, intentando poner diques a las previsibles reacciones, avisa al
Emperador:

100
Le duc d’Otrante à Louis XVIII, 15 septembre 1815, (citado por MADELIN, Fouché, tom II, p. 486)
101
Le duc d’Otrante aux préfets, (citado por ibid., p. 459)
102
ARISTÓTELES, Política, p. 298

65
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

“Que la liberté civile soit trop visiblement attaquée, que l’égalité


de protection ne paraisse pas observée, que quelques individus
soient inquiétés pour des délits qu’on pardonne ou qu’on poursuit
arbitrairement, l’effroi se répand aussitôt dans toutes les classes.
La plus légère violation des principes fait craindre que l’on ne
continue de les enfreindre, on se prive des ressources indéfinies de
l’opinion publique, c’est-à-dire de l’assentiment de tous les gens
sages et éclairés de l’Europe. » 103

Y durante la segunda Restauración, su discurso sobre la seguridad legal


sigue siendo el mismo: « Certes je n’avais pas l’intention de tromper le Roi,
lorsque je le sollicitait d’apaiser les esprits, en tranquillisant chacun sur sa
sûreté personnelle ; c’était le seul moyen de donner de la solidité à l’État, et
de la durée au gouvernement. » 104
Pero además, para convencer al gobernante de turno de lo negativo de
la reacción, Fouché recurre a esa teoría ya mencionada de la independencia
de los acontecimientos respecto de sus actores, propia de las revoluciones,
pero también de las reacciones, que en el fondo son exactamente lo mismo.
« On sait bien où on commence les réactions, on ne sait pas où on
les arrête. Elles entraînent tout, elles entraînent surtout la
puissance souveraine, devant laquelle les résistances ne
deviennent sensibles et visibles qu’à l’instant où elles sont plus
fortes que cette puissance même. » 105

Por lo tanto, la estrategia que se impone es que el gobierno, sea cual sea,
preserve la seguridad personal de todos los individuos; pero también que
asegure la existencia y la tranquilidad a todos los partidos. Ya hemos dicho
más arriba que Fouché se creía encargado de proteger a todos los partidos,
pero dado que éstos sólo representan a una parte de la nación, se trata de
impedir que ninguno adquiera relevancia, que se mantengan todos
equilibrados. Así lo expresa a Luís XVIII:
« Le roi serait tout-puissant si toutes les opinions, tous les intérêts
trouvaient en lui bienveillance et justice, si chaque Français était
assuré de trouver sous son sceptre appui et protection. Il serait
réellement le père des Français, si aucun parti ne pouvait se

103
Fouché à l’Empereur, 23 avril 1815, (citado por DESPATYS, Un ami de Fouché, p. 336)
104
Lettre de Fouché au duc de Wellington, (citado por SAINT-VICTOR, Quelques observations sur la
lettre…, p. 61)
105
Lettre de Fouché au comte de Blacas, (citado por DESPATYS, Un ami de Fouché, p. 297)

66
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

flatter d’une préférence, si tous se croyaient également


garantis. » 106

Y precisamente, por lo que analizaba Sièyes un poco más arriba, porque, en


cuanto partidos, no representan el interés común, por lo que si uno de ellos
obtiene el poder, será problemático para la estabilidad; no en vano ya
advertía Aristóteles en su Política de que era conveniente impedir la
superioridad desproporcionada de cualquier partido, y cómo él se refería
básicamente a los ricos y los pobres, le oponía la clase media, la cual
restablecía el equilibrio. De todos modos, la solución se encaminaba en
“convencer a unos y a otros de que sólo encontrarán seguridad en el
poder” 107, lo cual se adecua muy bien a la retórica de Fouché acerca de la
protección de los partidos. Así que, en definitiva, y zanjando la cuestión del
conflicto de intereses, dice Fouché que « …le gouvernement, quel qu’il soit,
saura vivre quand il maintiendra pour tous, ce que tous les partis n’ont
voulu établir que pour eux. » 108
Pero, si lo que hay que impedir es el triunfo de la reacción, hay que
proponer otra forma de conducirse políticamente, y para Fouché, ella es la
que coincide con la moderación. Hay que hacer notar que esto se corresponde
también con uno de esos consejos que da Aristóteles sobre cómo conservar
los Estados: “Es preciso, sobre todo, guardarse mucho de despreciar lo que
en la actualidad todos los gobiernos corruptos desprecian, que es la
moderación y la mesura en todas las cosas.” 109 Fouché es un firme defensor
de esta opción, ya que conlleva equilibrio y, por tanto, estabilidad; por eso,
cuando habla de moderación, se refiere a « cette modération qui peut être
moins une vertu qu’une politique.» 110
En fin, y recapitulando todo lo dicho, las bases que establece Fouché
para la duración y la estabilidad del Estado son básicamente la pervivencia
del espíritu del 89, la lucha contra la reacción y la preponderancia de

106
Ibid., p. 295
107
ARISTÓTELES, Política, p. 320
108
Lettre de Fouché à l’Empereur, 2 décembre 1804, (citado por DESPATYS, Un ami de Fouché,
Annexe I, p. 452)
109
ARISTÓTELES, Política, p. 304
110
Le duc d’Otrante au préfet du Gard, 25 août 1815, (citado por MADELIN, Fouché, tom II, p. 461)

67
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

cualquier partido, poniendo en su lugar la moderación y la legalidad, y


evitando de esa forma todo conflicto o política interior.

C. Sobre la opinión, la oposición y la prensa

Cobb, en su estudio sobre la policía francesa y el pueblo, nos dice:


“They were obsessed, in particular, with something called esprit
public –not just “public opinion”, not just what could be picked up
and pieced together from snatches of open conversation, café talk,
table talk, Terrasse des Tuileries talk, quai-side talk, market
gossip and rumour, Pont-Neuf complainte or sedition, but also
what people thought, or were supposed to be thinking. They
believed that, with sufficient information, they could penetrate
people’s minds, and they would have liked to have had the powers
of le Passe-Muraille, an oppressed clerk in an insurance office who
accidentally discovered that he could move painlessly through
walls, penetrate the intimacy of locked rooms, and receive, in a
purple-walled bedrooms, les secrets de l’oreiller.” 111

Y en eso acierta, porque desde el principio de la Revolución francesa, el


llamado espíritu público adquiere una especial importancia para el gobierno.
Ello se debe quizás a algo que anunció ya Aristóteles en su tiempo, a saber,
que las costumbres particulares afianzan el sostenimiento del Estado y, de
esta forma, “las costumbres democráticas conservan la democracia, así como
las costumbres oligárquicas conservan la oligarquía, y cuanto más puras son
las costumbres, tanto más se afianza el Estado.” 112 Y dado que la forma de
pensar dirige las costumbres, se revela como prioridad saber cuál es el
estado, digamos, mental del pueblo, ya que para Fouché aquel representa la
fuerza:
« La tranquillité des États ne dépend pas des choses qui
n’affectent que les classes les plus élevées de la société, ou de la
nature des dispositions qu’on y remarque.
L’ambition des grands n’a d’influence politique, que quand elle est
unie avec les intérêts du peuple. Leurs intrigues, leurs

111
COBB, The police and the people, p. 49
112
ARISTÓTELES, Política, p. 195

68
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

conspirations, n’ont de force que lorsque la multitude y a une part


active. » 113

Claro que, aparte de conocer, se impone moldear ese estado mental y la


solución, nos la da también Aristóteles: “El punto más importante entre
todos aquellos de que hemos hablado respecto de la estabilidad de los
Estados, si bien hoy no se hace aprecio de él, es el de acomodar la educación
al principio mismo de la constitución.” 114 Fouché obviamente reconoce la
importancia de este aspecto, ya en su primer periodo defendía, como vimos,
la necesidad de una educación pública que diera unidad de principios (la
interiorización del espíritu revolucionario) entre los ciudadanos y la vigencia
de unas leyes morales que dirigieran las opiniones del pueblo. En ello se
revelaba esa preocupación pedagógica de la que ya hablamos, pero que
llevaba implícita un paternalismo para con el pueblo, lo que constituía una
especie de contradicción porque, si bien el pueblo era considerado como la
parte más importante de la sociedad, sin embargo desde las clases
dirigentes había una total falta de confianza hacia él, en el sentido de creer
que el pueblo no podía saber lo que le convenía a sí mismo, por lo que una
élite con más luces debía guiarlo. En el segundo periodo de Fouché
encontramos en él igualmente esta falta de confianza, esta especie de
desprecio hacia el pueblo llano, sobre todo en lo que respecta al tema de la
opinión. Esto se nota en la distinción que hace entre el concepto de opinión
pública y el de espíritu público. Así, para él :
« L’opinion ne s’attache fortement qu’aux principes et aux
intérêts généraux. C’est elle qui prépare, adopte ou rejette ces
systèmes de morale et de politique auxquels se rallient les
nations. Elle se forme dans le silence et par le temps, se manifeste
rarement par la violence, mais se défend toujours avec
obstination. » 115

Pero además :
« Elle ne se prononce que sur des sujets importants, les détails lui
sont inconnus, elle juge les grands effets, elle les juge sans retour.

113
Lettre de Fouché au duc de Wellington, (citado por SAINT-VICTOR, Quelques observations…, p. 78)
114
ARISTÓTELES, Política, p. 305
115
Instruction pour les lieutenants de police, (citado por BUISSON, Qui était Fouché ?, p. 306)

69
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

On ne la comprime pas, et c’est l’opinion muette qui fait la force


de l’opinion parlée ! L’écho de cette opinion est au fond des cœurs
purs, désintéressés, on la lira toujours avec assez de certitude
dans les notions les plus communes, partant les plus sublimes de
la morale et de l’équité.» 116

Por estas definiciones se puede apreciar que, al fin y al cabo, Fouché no


tiene una consideración negativa respecto a lo que constituye la opinión
pública: la asocia a los intereses generales, a la reflexión y a la moral; pero
quizás debido a que considera que pertenece, o más bien, que emana de
“tous les gens sages et éclairés de l’Europe.”
En cambio,
« L’esprit public appartient plus au moment, il tient plus à des
satisfactions ou à des mécontentements passagers, à des intérêts
plus ou moins personnels ; il s’attache volontiers à des guides, les
suit, s’en dégoûte et les abandonne. Souvent irrespectueux,
toujours irritable, il a plus d’effervescence que d’opiniâtreté, plus
de superficie que de profondeur ; instruisez-moi de ses
fluctuations diverses, qu’elles soient favorables ou contraires au
gouvernement et aux intérêts nationaux, en harmonie ou en
discordance avec la véritable opinion publique. » 117

En las últimas palabras vemos como contrapone este espíritu público


(cargado de connotaciones negativas) a la verdadera opinión pública, lo cual
implica que el primero es una forma inferior de opinión. Pero como ambas
existen, la estrategia general que se impone es de conocerlas sin despreciar
ninguna, si bien la que realmente tiene importancia es la opinión pública
debido a que es la que puede ejercer influencia sobre el gobierno, pues
« L’opinion publique, ingrédient tout à fait nouveau dans l’ordre social, a
acquis tant de considération et de pouvoir, qu’elle est devenue rivale du
gouvernement. » 118 Y como « On ne la domine pas, on ne la comprime, et elle
entraîne » 119, entonces « Loin de la braver, il faut le satisfaire, la devancer si
l’on peut, lui céder, quand elle se prononce.» 120

116
Lettre de Fouché à l’Empereur, 2 décembre 1804, (citado por DESPATYS, Un ami de Fouché,
Annexe I, p. 452)
117
Instruction pour les lieutenants de police, 1815, (citado por BUISSON, Qui était Fouché ?, p. 306)
118
Lettre de Fouché au duc de Wellington, (citado por SAINT-VICTOR, Quelques observations…, p. 74)
119
Instruction pour les lieutenants de police, 1815, (citado por BUISSON, Qui était Fouché ?, p. 306)
120
Lettre de Fouché à l’Empereur, 2 décembre 1804, (citado por DESPATYS, Un ami de Fouché,
Annexe I, p. 452)

70
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

La táctica, como vemos, es la misma que la que, como se vio más


arriba, se imponía con los acontecimientos políticos. Dado que éstos eran
autónomos de los actores, había que adaptarse a ellos para, en cierta forma,
dominarlos, para impedir que lo arrastraran a uno con ellos. Igualmente hay
que hacer respecto a la opinión: anticiparse si se puede, y si no, ceder a ella
y satisfacerla. Porque
« On peut punir la résistance, mais il faut plus de moyens et
d’adresse pour la soumettre. Le pouvoir peut faire exécuter les
ordres, mais le langage de la violence a peu de considération s’il
n’est soutenu par la persuasion et fondé sur la raison. Pour être
étendue des différents partis, il faut entrer dans leurs passions,
parler à chacun sa propre langue. Il n’y a plus d’éloquence
universelle. » 121

Con esto creemos que queda explicada su conducta política, tantas veces
juzgada, relativa a la ambigüedad con la que se movía entre los distintos
partidos: respondía, simplemente, a la necesidad de comunicarse con éxito,
para persuadirlos, con todos los partidos.
Esta opinión pública, como hemos visto, ha adquirido tanta relevancia
que ejerce, junto con los partidos, la función de oposición. Así lo afirma
Fouché, distinguiendo entre dos tipos de oposición:
« En France, l’opposition était de deux sortes, l’une légale, l’autre
arbitraire. L’opposition légale était exercée par les parlements, les
États des provinces, quelquefois par le clergé. L’opposition
arbitraire était dans le corps même de la nation. Il existait au sein
de la nation des notions délicates de justice, d’ordre public,
d’honneur et même de bienséance. Ces notions n’étaient écrites
nulle part, mais elles étaient généralement senties, et elles
avaient engendré une puissance qu’on appelait l’opinion publique,
à laquelle la conduite des dépositaires de l’autorité et celle du
monarque lui-même n’échappaient pas. » 122

Así pues, la opinión pública se correspondería con la oposición arbitraria,


mientras que la legal sería la representada en las Cámaras o en los
Consejos; no obstante una y otra se funden, pues ciertos colectivos, como los

121
Lettre de Fouché au duc de Wellington, (citado por SAINT-VICTOR, Quelques observations…, p. 74)
122
De l’opposition sous le Gouvernement impérial, 1807, (citado por DESPATYS, Un ami de Fouché,
Annexe II, p. 458)

71
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

liberales o los realistas, si bien tienen representación en el Parlamento eso


no impide que ejerzan oposición también en su forma arbitraria. Fouché
reconoce la existencia real de la oposición en Francia y, durante el Imperio,
la clasifica de esta manera:
« Ces éléments d’opposition sont donc : 1º les hommes de lettres en
général ; 2º une portion assez remarquable des bourgeois de
Paris ; 3º les fidèles de la maison des Bourbons. On trouvera
encore des éléments d’opposition dans la secrète inquiétude que
l’ordre civil conçoit de l’armée, et que l’ordre civil et l’armée
conçoivent du clergé. » 123

Pero lo más importante no es el qué y cuál es la oposición, ya que esta


variará según la forma de gobierno del momento, sino de qué forma hay que
actuar con respecto a ella. En el texto De l’opposition sous le Gouvernement
imperial, unas líneas después de la cita anterior, concluye: « Il résulte de ce
qu’on vient de dire qu’il reste en France des hommes de lettres à convertir,
des bourgeois de Paris à ramener, des bourboniens à surveiller, l’ordre civil
à tranquilliser, des philosophes à apaiser. » 124
En ello ya podemos apreciar que de lo que se trata es de dominar la
oposición, de someterla, (no por la fuerza pues ya vimos que el método más
hábil y eficiente era hacerlo por medio de la persuasión) con el objetivo de
restarle toda influencia. Para esa tarea neutralizadora, Fouché se propone a
sí mismo como el más indicado:
« On ne peut se reposer du soin de diriger l’opposition que sur un
ministre, je dis de diriger et non de détruire, car, si l’opposition
n’existait pas, il faudrait en faire une. De tous les ministres, celui
que sa position rend le plus propre à ce dessein est sans contredit
celui de la police. » 125

En efecto, lo que hay que hacer con la oposición, igualmente que con la
opinión y los partidos, es dirigirla, no destruirla, y eso debido a que Fouché
considera necesaria la existencia (que no la influencia) de ciertos elementos
de cara a la estabilidad de la nación. De la misma forma en que hacía falta
que hubiera partidos políticos para que, equilibrándose así las fuerzas,
123
Ibid., p. 460
124
Ibid., p. 462
125
Idem.

72
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

ninguno adquiriera la supremacía, por lo que no correría peligro la unidad


del Estado, también se revela necesaria la oposición para asegurar la
tranquilidad interior:
« Il circule dans les corps politiques, qu’on appelle sociétés, comme
dans les corps humains, une certaine dose d’humeurs qui
s’aigrissent quelquefois et finiraient par corrompre la masse
entière, si un art salutaire ne leur avait à l’avance préparé une
issue. Cette issue est l’opposition, et la tranquillité d’une société
est plus ou moins assurée, dans la proportion de l’adresse avec
laquelle cette opposition a été organisée. » 126

Esta idea de la necesidad de una salida de escape parece que Fouché la haya
sacado de la lectura de Maquiavelo, ya que incluso utiliza la misma
metáfora, pero si bien Maquiavelo la aplica a la importancia de que los
ciudadanos tengan derecho a acusar públicamente, Fouché la adapta a la
oposición política. Citamos a continuación el fragmento de Maquiavelo para
dejar patente la gran similitud entre ambos textos:

“La otra [ventaja de poder acusar es], que se ofrece un camino


para desfogar los humores que, de un modo u otro, crecen en las
repúblicas contra tal o cual ciudadano, y que, si no está previsto
un camino para que se desfoguen, lo hacen por vías
extraordinarias que pueden arruinar la república entera. Y por
esto nada hace tan estable y firme una república como ordenar en
ella la manera en que estas alteraciones de humores que la agitan
tengan una salida prevista por la ley.” 127

En definitiva, se trata de que la oposición exista (para evitar conflictos con


las pretensiones políticas de los partidos) pero de forma organizada, lo que
significa completamente neutralizada. Durante la Primera Restauración, en
la cual Fouché no ejerce ningún cargo, aconseja al rey que una forma de
ganarse el afecto de la opinión es la de propiciar los debates políticos y
legislativos en las Cámaras, pero sin embargo, en la conclusión se muestra
partidario de la misma postura: « Il est impossible qu’il ne se manifeste pas
une opposition dans les Chambres. Je demande que les hommes les plus

126
Ibid., p. 457
127
MAQUIAVELO, Discursos sobre la primera década de Tito Livio, p. 52

73
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

attachés au roi en soient les chefs, afin que toutes les oppositions viennent
expirer entre leurs mains. » 128
En el fondo no es más que una oposición ficticia la que defiende, con
ella se cubre de las apariencias de absolutismo, pero al fin y al cabo se
pretende evitar toda oposición real, así como toda política interior. Todo ello
es admitido por Fouché, pues en ese mismo texto sobre la oposición durante
el Imperio, en que Fouché se proponía como el más idóneo para dirigir la
oposición, argumentaba en su favor los cinco años que llevaba ejerciendo
una política perfecta en ese género. Con gran orgullo, así lo explicaba,
aceptando el cargo de destructor de la política interior y la muestra de que,
como él decía, no existe la elocuencia universal a la hora de tratar con los
partidos:
« A Paris et dans le reste de la France, les Jacobins espérèrent
dans le ministre de la Police ; ils lui adressèrent le résultat de
leur mauvaise humeur, et telle de leurs productions qui eût
incendié dix départements vint s’amortir dans l’intérieur de ses
bureaux. Quelques sacrifices légers entretinrent leur confiance, on
leur laissa le temps et on leur offrit les moyens de mourir avec
grâce.
Cependant, le même ministre forçait les chouans et les émigrés
d’espérer en lui, et plus d’une fois Bourmont et Méhée se sont
frottés l’un contre l’autre dans les défilés de son hôtel. Enfin, en se
prononçant pour les prêtres constitutionnels, il a entretenu leur
zèle qui était nécessaire encore, tranquillisé ces prêtres sur la
rentrée de leurs ennemis, et préparé, pour le gouvernement, le
moment où il serait possible de fondre les uns et les autres dans
une même institution. Ce rôle, manié avec beaucoup d’adresse, a
paru aux hommes clairvoyants un chef-d’œuvre de politique. » 129

Una vez vista la postura de Fouché relativa a los partidos, la opinión y la


oposición, no es difícil imaginarse cuál será su modo de proceder con
respecto a la prensa. Éste queda perfectamente reflejado en una sola frase
suya: “Le mal que les journaux peuvent faire, il est trop tard de le juger
après l’impression. » 130

128
Lettre de Fouché au comte de Blacas, 23 juin 1814 (citado por DESPATYS, Un ami de Fouché, p.
298)
129
De l’opposition sous le Gouvernement impérial, 1807, (citado por DESPATYS, Un ami de Fouché,
Annexe II, p. 459)
130
Compte rendí de l’an VIII, (citado por MADELIN, Fouché, tom I, p. 447)

74
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

Por un decreto de enero de 1800, se estableció que, mientras durara la


guerra, en París sólo podían circular trece periódicos políticos ; lo que
implicaba que fueron suprimidos más de sesenta. Esos trece restantes (de
los cuales sólo subsistían cuatro en 1811) quedaban avisados de que sería
suprimido todo artículo contrario al respeto debido al pacto social, a la
soberanía del pueblo y la armada, así como al gobierno o a las naciones
aliadas; y la vigilancia para que ello se cumpliera correspondía a la oficina
de prensa, instalada en el Ministerio de Policía. Sin embargo, aunque
Fouché tenía carta blanca sobre este asunto, y aun teniendo en cuenta la
opinión que la prensa le merecía, se le puede considerar moderado en
comparación con la postura absolutista de Bonaparte, el cual, como se ve en
su correspondencia, le hace continuos reproches al ministro sobre lo mal
vigilados que están los periódicos. Su intención era que los periódicos se
limitaran a publicar lo mismo que decía el Moniteur, el diario oficial,
además de artículos que o bien acercaran el espíritu público al gobierno, o
bien engañaran a las potencias enemigas en lo relativo a tropas,
movimientos del ejército, armamento…
Ahora bien, esto no impide que Fouché también la utilice para sus
fines: por ejemplo, hasta que fue suprimido, el Journal des hommes libres
estaba subvencionado (con fondos públicos del Ministerio) por Fouché,
escrito por autores por él elegidos y en el cual se hacía hincapié en los
crímenes cometidos por los realistas y en el peligro de la contrarrevolución.
Y es que el ministro usa la prerrogativa de la censura como contribución a
su política de equilibrio: así, si las fuerzas entre los partidos se
descompensaban (lo que ocurría normalmente a favor de los partidos más
propensos a la reacción), Fouché intentaba potenciar al que se debilitaba, y
una de las formas era hacerlo por medio de la prensa o la censura: o bien
haciendo publicar ciertos artículos (a favor o en contra de tal partido), o bien
censurando otros y dándolo a conocer. Por ejemplo, poco después del 18 de
brumario Fouché hace censurar una obra de teatro de corte reaccionario,
pero eso sí, lo hace público, para que de un lado los jacobinos vean que se les

75
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

defiende y, por el otro, para que los realistas sepan que no permitirá la
reacción. Esta es la nota que Fouché hace inserir en el Moniteur:
« La révolution du 18 brumaire, citoyens, ne ressemble à aucune
de celles qui l’ont précédée : elle n’aura point de réaction ; c’est la
résolution du gouvernement. Si les factions persécutent
lorsqu’elles obtiennent l’une sur l’autre quelque léger avantage, la
république, lorsqu’elle les écrase toutes, triomphe avec générosité.
Une pièce intitulée les Mariniers de Saint-Cloud a été jouée sur
votre théâtre : l’intention en est louable, sans doute, mais trop de
détails rappellent amèrement d’anciens souvenirs qu’il faut
effacer. Quant toutes les passions doivent se taire devant la loi,
quand nous devons immoler au désir de la paix intérieure tous
nos ressentiments, et que la volonté de le faire est fortement
exprimée par le peuple et par ses magistrats ; quand ils en
donnent le touchant exemple, il n’est permis à personne de
contrarier ce vœu. Vous y obéirez, citoyens, et j’augure assez bien
de votre patriotisme pour croire que vous ferez, sans que je vous
en donne l’ordre, le sacrifice de votre pièce, puisque la tranquillité
publique vous l’impose. » 131

D. Sobre la emigración y la religión

En este último apartado hemos querido analizar el posicionamiento del


Fouché ministro en lo tocante a dos temas, o más bien a dos problemas, que
ya trató en su primera etapa: la emigración y la religión. Por lo que
respecta a la cuestión de la emigración, Fouché, que unos años atrás la
trataba en unos términos muy duros, se muestra partidario de abrir la
puerta para la vuelta de la mayoría de ellos. Si bien en muchos casos alega
motivos humanitarios, en realidad todo ello responde a razones políticas, ya
que ve la necesidad de acabar con esa fuente de continuos conflictos. Pues,
como explica d’Hauterive:

« Dans une incontestable largeur d’idées, il considère les émigrés


comme plus dangereux au dehors par leurs intrigues qu’ils ne le
seront à l’intérieur, si on les surveille après leur avoir permis d’y

131
Le ministre de la police générale aux administrateurs du théâtre de l’Opéra-Comique national, 24
brumaire an VIII, en Réimpression de l’ancien Moniteur, tom XXIX, p. 908.

76
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

rentrer et si on les écarte, provisoirement du moins, des fonctions


publiques. » 132

Durante el Directorio, a instigación de Fouché, ya se había acordado la


radiación de algunos emigrados; pero es bajo el Consulado que presenta un
proyecto más ambicioso: la reentrada por categorías. Analizando la lista de
los emigrados, que cuenta con 145000 nombres (muchos repetidos, ya que se
había hecho a partir de listas parciales de las autoridades locales), Fouché
señala las categorías que merecen ser radiadas: los representantes,
herederos o hijos de emigrados comprendidos en la ley de proscripción; los
artesanos y cultivadores; las mujeres dependientes del marido en el
momento de la emigración, y los curas deportados por las leyes
revolucionarias. De esta forma, la lista quedaría reducida a 3373 nombres.
Napoleón no lo acepta y sólo admite las radiaciones individuales y,
preocupado por la gran popularidad que incluso éstas le dan a Fouché,
traspasa la competencia al Ministerio de Justicia; aunque sigue siendo
Fouché quien trasmite las propuestas de radiación, por lo que continúa
beneficiándose del reconocimiento.
De todos modos, Fouché insiste en su sistema mandando un informe
tras otro al Primer Cónsul. Pero entonces se entera de que los cónsules
planean adoptar un decreto por el cual en lugar de dejar entrar categorías
considerables de emigrados en nombre de la humanidad, quieren hacer una
comisión que revise individualmente todos los casos. Fouché protesta, con
un nuevo informe, en que hace notar la alta probabilidad de corrupción
entre los funcionarios, la dificultad de que la comisión revise más de cien mil
casos sin que el asunto se eternice y la pérdida de reconocimiento hacia el
gobierno que supondría convertir el perdón en una medida de justicia.
Resumiendo: « L’amnistie a un triple avantage : elle termine rapidement
l’affaire de l’émigration ; elle conserve au gouvernement le mérite de la
clémence et de la générosité ; elle donne à la République une garantie de

132
D’HAUTERIVE, E., Napoléon et sa police; Paris, Flammarion, 1943, p. 79

77
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

plus des dispositions ultérieures des émigrés. » 133 Bonaparte paraliza el


proyecto de los cónsules, pero con el senadoconsulto de 1802, que lo
convierte en Emperador, pronuncia una amnistía plena, bajo condición de
un juramento de fidelidad al gobierno. Incluso, a los que muestran buen
comportamiento, quiere dejarlos participar en política y como él no tiene
antigüedad ni prestigio de linaje no le parece mal rodearse de la antigua
nobleza. Fouché, obviamente, no puede hacer nada para impedirlo siempre
los tiene bajo vigilancia, los aleja sistemáticamente de los consejos generales
y de los estados mayores de la guardia nacional, y se queja siempre que
puede del descontento que crea la entrada a las Tullerías de los nobles del
antiguo régimen, y de las presiones que éstos ejercen sobre los compradores
de bienes nacionalizados.
Este sistema, de guardar una distancia prudencial y de resolver el
problema en beneficio de la utilidad, también lo aplica Fouché a la religión.
Una vez pasada la Revolución y la posterior guerra civil, y calmada la
persecución antirreligiosa, de la cual vimos que Fouché fue uno de los
máximos exponentes, legalmente estaba garantizado en Francia el libre
ejercicio de culto y, por la Constitución Civil del Clero, a la cual había que
prestar juramento, la Iglesia quedó nacionalizada, independiente del poder
de Roma. Fouché, que en su época revolucionaria no se conformaba con ese
juramento, cuando vuelve al poder acepta la Iglesia Constitucional, que ya
está bien establecida, y se centra en la persecución policial de los curas
refractarios. En 1801, a la víspera del Concordato con Roma, que constituye
uno de los artículos del programa de la reacción, se convierte en el defensor
de la Iglesia Constitucional y no deja de esgrimir razones en contra de la
vuelta de la Iglesia Romana, poco favorable por principio a las ideas de la
Revolución. Pero, en fin, Bonaparte inicia negociaciones con el Papa para
preparar un Concordato que se firma el 15 de julio de 1801, con lo que
vuelven a sus funciones los sacerdotes refractarios. Pero al texto Napoleón le
adjunta una serie de artículos orgánicos (de los cuales el Papa dijo no tener

133
Rapport du ministre au Premier Cónsul, 16 brumaire an X, (citado por MADELIN, Fouché, tom I, p.
348)

78
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

conocimiento) por los cuales se asegura la supremacía del gobierno francés


sobre la corte romana en lo que a la dirección de los asuntos religiosos se
refiere, ya que Bonaparte se atribuye la competencia de la nominación de los
obispos. Fouché aprovechará la indiferencia (sobre si el clero es
constitucional o refractario) del Primer Cónsul para nombrar obispos
constitucionales y dará órdenes de dar preferencia a éstos para llenar
puestos vacantes.
Una vez ya establecido el Concordato, Fouché no se preocupa más de
los refractarios sino del clero oficial porque si bien la alta jerarquía
eclesiástica es adepta y sumisa a la Constitución y al Emperador, no así el
bajo clero que, aunque acepta el régimen imperial, fortificado por el viaje del
Papa a París, no acepta ni las ideas ni los principios de la Revolución, que
ven contradictorios con su fe. Esto se traduce en lo que Fouché denuncia en
sus Boletines como “actos de intolerancia”: rechazos de comunión, últimos
sacramentos o sepultura religiosa a los divorciados, a sus hijos, a los
compradores de los antiguos bienes eclesiásticos, sermones inconsiderados
contra la Constitución Civil del clero, contra los artículos orgánicos del
Concordato… Fouché no lo puede tolerar y reprime severamente todo acto
de intolerancia, todo ataque contra el poder laico y la revolución, denuncia a
cientos de sacerdotes al Ministro de los cultos, proscribe procesiones,
erecciones de cruces y celebraciones abolidas por el Concordato;
mostrándose favorable al partido filosófico, el cual desde el Institut, no deja
de señalar como peligroso la resurrección de las cofradías y las casas de
educación. Fouché temía la posible influencia que el clero pudiera ejercer
sobre Napoleón, por lo que siéndole hostil intentaba que el Emperador
compartiera su postura, pero a partir de 1808, que empiezan las tensiones
con el Papa (lo que acabará con la invasión de los Estados Romanos y el
arresto del Papa, seguido de la consecuente excomunión para Napoleón)
Fouché se muestra un poco más benevolente, si bien no deja de mantener al
clero bajo una continua y estricta vigilancia.
La postura de Fouché se puede resumir básicamente en dos puntos, y
con la cual coincide Napoleón: que la Iglesia se subordine a los intereses del

79
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

Estado, y que se respete la igualdad y libertad de culto. Por lo que respecta


al primer punto, vemos como las consideraciones de Fouché han sufrido
pocos cambios desde su periodo revolucionario, en el que identificaba
religión y patria, mientras que ahora, si bien se deja subsistir la religión,
ésta tiene que adaptarse, o más bien, hacer suyos los intereses del Estado, lo
cual viene a ser casi lo mismo. Lo vemos en el siguiente texto:
« Que les temples de toutes les religions soient donc ouverts, que
toutes les consciences soient libres; que tous les cultes soient
également respectés, mais que leurs autels s’élèvent paisiblement
à côté de ceux de la patrie et que la première des vertus
publiques, l’amour de l’Ordre, préside à toutes les cérémonies,
inspire tous les discours et dirige tous les esprits ! » 134

Pues Fouché, no en vano se ha pasado la mitad de su vida en un seminario


como para no saber la gran influencia que puede ejercer la religión sobre las
conciencias y el gran provecho que se le puede sacar si se la orienta a favor
de los intereses generales. De esta forma expresa, en una carta a un obispo,
la complicidad de ambas actuaciones que él desearía:

« Monsieur l’Évêque,
Il y a plus d’un rapport entre vos fonctions et les miennes. Les
vôtres sont de prêcher une religion de paix et d’étouffer dans le
fond des âmes la pensée du crime. Les miennes sont d’empêcher
qu’il y ait des coupables et de maintenir l’ordre au milieu d’un
grand Empire. Notre but commun est de répandre une morale qui,
si elle était suivie, serait à elle seule le meilleur ordre social. » 135

Porque, al fin y al cabo, Fouché únicamente se interesa por la religión por lo


que ella pueda tener de útil, lo que parece influencia de Maquiavelo, y la
relega a una función puramente instrumental: someter a la Constitución,
por medio de la fe, a aquellos que la razón no ha podido persuadir. Esto es
otra forma de materializar aquello que vimos más arriba sobre que, a cada
partido, hay que hablarle en su propio lenguaje.
También sobre el segundo punto, el respeto por la igualdad y libertad
de culto, Fouché sigue concibiéndolo así como lo hacía en su primera etapa,

134
Aux préfets des départements, (citado por DESPATYS, Un ami de Fouché, Annexe IV, p. 470)
135
Lettre à Monsieur l’Évêque, (citado por DESPATYS, Un ami de Fouché, Annexe VII, p. 473)

80
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

es decir, que la protección igual para todos los cultos se debe entender como
ningún privilegio para ninguno. Y ello por una razón muy clara:
« Enfin, Citoyen Préfet, vous ne devez jamais perdre de vue que
c’est la liberté entière des consciences que vous protégez, en
concourant à l’exécution des lois organiques du Concordat. La
majorité de la nation n’a pas le droit d’imposer son culte à la
minorité, le domaine des consciences n’est au pouvoir d’aucune
puissance humaine. » 136

En cierta forma Fouché concibe las distintas religiones como si fueran


partidos, y así como no se podía permitir la preponderancia de uno, pues ello
sería contrario a los intereses generales; tampoco se puede permitir la
supremacía de una religión concreta, que además podría incluso rivalizar
con el gobierno si se lo propusiera.
Para acabar este apartado, no quisiéramos dejar de tener en cuenta
un texto en el que Fouché afirma que ese punto tan importante en su
programa, el de la política de equilibrio, esa idea tan aristotélica del término
medio entre dos excesos, es extensible a todos los géneros, por lo que la
aplica también a la política religiosa. Y según él, en materia religiosa, ese
término medio tiene que ocuparlo el clero concordatario sumiso:
« Prince de l’Église, ce titre vous sera contesté quelque temps
encore et par un petit nombre d’évêques de l’ancien régime, qui
ont abandonné l’union catholique, et par quelques prêtres dont la
Révolution a exalté les passions et n’a pas étendu les lumières. La
prétention des premiers est d’être plus fidèles que vous à la foi de
nos pères, celle des seconds d’appartenir plus que vous à la
Révolution et à ses vrais principes. Votre place est entre des excès
contraires, c’est précisément dans tous les genres, la place de la
sagesse et de la vérité. » 137

136
Le ministre de la police générale aux préfets des départements, 7 juin 1802, (citado por DESPATYS,
Un ami de Fouché, Annexe VI, p. 472)
137
Lettre à Monsieur l’Évêque, (citado por DESPATYS, Un ami de Fouché, Annexe VII, p. 473)

81
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

4. Conclusiones

Una vez llegados a este punto, no nos queda ya más que recapitular para
demostrar en qué medida ha quedado probada la tesis presentada en la
introducción. Se había expresado la pretensión de demostrar la existencia,
unidad y continuidad de la teoría política de Joseph Fouché, que habían sido
puestas en duda en la mayoría de los casos.
Vayamos ahora por partes.
Por un lado, podemos resumir la primera etapa de Fouché como el
intento de hacer cumplir el principio de igualdad en tres sentidos distintos:
igualdad en cuanto al reparto de poder expresada en la soberanía del
pueblo; en cuanto a la nivelación de la riqueza; y en cuanto a la
uniformización del cuerpo social. Todo ello vimos como ya estaba contenido
en su primer escrito Réflexions sur l’éducation publique. Para hacerlo
efectivo, propuso una educación pública al servicio del Estado, donde se
inculcaría la moral oficial, que resultaba incompatible con la religiosa: lo
cual justificaba que la religión quedara relegada al ámbito privado, que la
protección igual al ejercicio de los cultos se interpretara como ningún
privilegio para ninguno de ellos y que éstos, en el ámbito público, fueran
sustituidos por el culto de la República: un culto-instrumento para exaltar el
patriotismo. Además, planteó el establecimiento del impuesto progresivo
para paliar las desigualdades económicas y una serie de medidas represivas
para obligar a que los intereses individuales se plegaran a los generales.
Por otro lado, la segunda etapa de Fouché puede quedar sintetizada
como el intento de asegurar la duración y estabilidad de un Estado que
conserve los logros revolucionarios, sustituyendo la política interior por la
policía (paz, seguridad y orden) y evitando la reacción, mediante el equilibrio
y la moderación. La idea de la urgencia de un gobierno firme, que se
imponga a los acontecimientos, que una el cuerpo social y con necesidad de
una amplia policía, ya está contenido en su carta al Directorio Cisalpino,
escrita ocho meses antes de ser nombrado Ministro de Policía. Para llevar a

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Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

la práctica su programa propone una misma estrategia a seguir tanto con


los partidos políticos, con la opinión, la oposición, la prensa o la religión:
dejar que existan, pero totalmente neutralizados, dirigidos y sometidos al
gobierno.
Se podría concluir que, dejando de lado una serie de diferencias
concretas en el paso de una etapa a la otra, como el abandono de la parte
social de su programa, el cambio de métodos radicales por otros más sutiles,
o el descubrimiento de la importancia de la información, subyacen unos
principios y unas ideas que se mantienen constantes, y que constituyen el
núcleo de su teoría. En ella Fouché defiende la primacía de un Estado (da
igual su forma de gobierno) fuerte, durable y estable, regido únicamente por
los intereses generales y que, por lo tanto, no permita la política interior, al
representar ésta el triunfo de los intereses particulares. Consecuentemente,
este Estado, entendido como la unidad política suprema, tiene que regular e
instrumentalizar, a favor de su conservación, todos los ámbitos de lo social:
educación, expresión, costumbres, religión… Se hace evidente que el
posicionamiento de Fouché es producto de considerar las cuestiones políticas
ex parte principis y no desde el punto de vista de los gobernados, por lo cual
se manifiesta como una constante la infravaloración del concepto de libertad
en sentido moderno, es decir, como libertad individual, ya que juzga la
colectividad como un valor superior.
De todo lo dicho se deduce que Fouché tiene una teoría política,
centrada sobre todo en cómo tiene que ser el Estado y cómo tiene que actuar
políticamente para ser así y continuar siéndolo; que ésta se mantiene en lo
esencial a lo largo de su carrera política; y que ésta precede a la aplicación
práctica, lo que lo demuestra los dos textos citados unas líneas más arriba.
A lo largo del análisis de sus textos hemos comprobado que, al estar
destinados a la actuación, Fouché no hace referencias explícitas a ningún
filósofo o teórico político precedente. No obstante, resulta evidente que en el
pensamiento de Fouché se encuentra una clara influencia de algunos
autores asociados a una tradición de realismo político y de absolutismo. Con
Aristóteles, por ejemplo, tiene en común el interés por conservar el Estado y

83
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

el método considerado más efectivo para ello: la estabilidad; pero también la


importancia que se le atribuye a la educación como forma de prolongarlo.
También son continuos los guiños a Maquiavelo, de quien recoge la
concepción de la política como una técnica de cual importa el resultado
(conseguir el bien común), en detrimento de la moralidad de los medios
usados para ello. Resulta también interesante ver como Fouché parece
suscribir el método de Maquiavelo para saber cómo actuar, lo que se nota en
la gran similitud que hemos encontrado en estos dos fragmentos. El primero
es el método descrito por Maquiavelo:
“Se ve fácilmente, si se consideran las cosas presentes y las
antiguas, que todas las ciudades y todos los pueblos tienen los
mismos deseos y los mismos humores, y así ha sido siempre. De
modo que, a quien examina diligentemente las cosas pasadas, le
es fácil prever las futuras en cualquier república, y aplicar los
remedios empleados por los antiguos, o, si no encuentra ninguno
usado por ellos, pensar unos nuevos teniendo en cuenta la
similitud de las circunstancias.” 138

Y a continuación, el método de Fouché, en un texto donde, hablando de sí


mismo, se proponía como representante al inicio de su carrera política:
« Celle de M. Fouché, nourrie par les lectures sérieuses et des
études solides, a pu trouver dans le spectacle des événements
d’aujourd’hui l’histoire des crimes d’autrefois : il a reconnu que les
passions de l’homme sont de tous les temps, mais que l’art du
politique est de les employer au bien commun, comme la science
du moraliste est de les diriger pour l’avantage individuel. » 139

Pero también encontramos grandes similitudes con otros autores: de Hobbes


aprovecha su concepto de Estado fuerte que protege a cambio de obediencia
y que, por temor, aleja la anarquía; mientras que con el Rousseau del
Contrato social converge en la primacía del interés general sobre el
particular, con la consecuente problemática que conllevan las asociaciones.
En cierta manera, esa forma de asociación que proponía Rousseau, que
implicaba una total absorción del individuo por parte de la sociedad, es la
que intenta poner en práctica Fouché. De todos modos, eso es algo que tiene

138
MAQUIAVELO, Discursos sobre la primera década de Tito Livio, p. 134
139
Manifeste aux électeurs du département de la Loire-Inferieur, (citado por MADELIN, Fouché, tom I,
p. 39)

84
Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

en común con todos estos autores: la supremacía de la colectividad sobre el


individuo, para la conservación del Estado y, por lo tanto, un concepto muy
limitado de libertad. Además, de los tres últimos recoge la idea de la religión
como un instrumento al servicio de los intereses del Estado.
Lo que encontramos de específico en Fouché es que su teoría está
ligada a la práctica en sentido estricto, es decir, el único interés que puede
tener una teoría es en cuanto que tiene una vertiente de aplicación práctica
directa. Así, no entra en el debate de si el hombre es un ser social o del
supuesto origen de la sociedad por medio de un contrato; de lo único sobre lo
que teoriza es sobre aquello que sea susceptible de aplicación, en las dos
posibles interpretaciones del término: en el sentido de que tenga una
consecuencia clara sobre la práctica, y en el sentido de que sea aplicable de
forma realista. Con esta última significación parece haber interiorizado lo
que dice Aristóteles de que “cada cual es dueño de crear hipótesis a su gusto,
pero no deben tocarse los límites de lo imposible.” 140 Igualmente, tampoco
especula sobre la tan discurrida discusión acerca de cuál es la mejor forma
de gobierno, más bien parece inclinarse, ya que no muestra especial
predilección por ninguna, por la que sepa mejor adaptarse a la necesidad del
Estado, en definitiva, la que mejor (más eficazmente) lo estabilice y lo
conserve. Por ello, una vez asentados los fundamentos teórico-prácticos, el
grueso de la obra de Fouché podría compararse a una especie de compendio
de estrategias, o de manual para la acción política, al estilo de, por ejemplo
El príncipe de Maquiavelo, con el principal interés de que, más que consejos,
constituirían métodos comprobados.
Llegados a este punto, nos parece haber cumplido satisfactoriamente
los objetivos que, antes de empezar este trabajo nos habíamos propuesto:
localizar un objeto de estudio, definiendo una tesis, desarrollar su
argumentación seleccionando unas herramientas, que en este caso han sido
el examen bibliográfico y la interpretación de textos, para finalmente,
exponer los resultados obtenidos en estas conclusiones. De todos modos, no
quisiéramos dar por terminado este trabajo, sin antes hacer referencia a una

140
ARISTÓTELES, Política, p. 80

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Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

serie de cuestiones que, derivadas de esta investigación que consideramos


más bien un ejercicio, se nos plantean como conflictos propios del debate
político actual y que podrían ser interesantes de cara a una investigación
futura. Señalamos básicamente tres cuestiones, que podrían ser formuladas
como las siguientes preguntas:

-¿De qué forma sería posible combinar el máximo de libertad con el máximo
de igualdad, sin que una vaya en detrimento de la otra? Pues el concepto de
libertad puede entenderse en el sentido de libertad individual, por lo que
rechaza la injerencia del poder político, o en el sentido de libertad colectiva
que, restándole importancia a la individual, tiene más que ver con la
igualdad política. Por otro lado, la igualdad puede entenderse respecto a la
riqueza, a las oportunidades o a la participación política: respecto a la
riqueza o a las oportunidades requiere la injerencia política y, por tanto,
coarta la libertad individual; la igualdad respecto a la política se relaciona
con la democracia. Por eso el debate se ha hecho comúnmente en términos
de la relación entre liberalismo y democracia pero, sin embargo, el problema
está lejos de resolverse pues, en las democracias liberales actuales vemos
que, si bien la libertad individual es tan amplia como la conservación del
Estado se lo puede permitir, la libertad política, es decir, la igualdad
respecto a la participación parece tener un claro déficit.

-¿Son compatibles los intereses generales con los intereses de partido, sin
que ello perjudique a la nación? Teóricamente sigue vigente el principio de
no sometimiento a mandato imperativo entre los parlamentarios, sin
embargo es discutible hasta qué punto, al formar gobierno, un partido
defiende los intereses de todos y no los de su parte. Pues es evidente que
cada partido defiende una opción y salta a la vista que uno que defiende, por
ejemplo, los intereses de los trabajadores, o los de los empresarios, o los de
una cierta comunidad autónoma, o los del centralismo, obviamente no
representará el interés general al llegar al poder. Otra cuestión relacionada
con ésta es el problema que supone la injerencia del ámbito económico, en

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Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

forma de multinacionales por ejemplo, en las decisiones políticas, pues es de


prever que sea contrario al interés general.

-¿De qué forma sería posible limitar la opacidad que parece llevar implícita
el poder político? Con el Estado absoluto quedaba legitimado el secretismo
en política, la razón de Estado y la restricción informativa de cara a la
ciudadanía. De todos modos, vemos como en la época de las democracias
liberales el problema sigue vigente, y no sólo porque se han conservado
terrenos lícitamente opacos, como el de la seguridad nacional o las
cuestiones económicas, sino también porque los mecanismos de control
social sobre el poder estatal, a la luz de los continuos escándalos y tramas de
corrupción, se han revelado muy débiles.

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Teoría y práctica en la política de Fouché Marina Llobera Vicens

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