JUNTO A LOS PATRIOTAS ESPAÑOLES EN LA GUERRA CONTRA EL FASCISMO

Memorias de los soviéticos participantes en la guerra civil de España. Editorial de la Agencia de Prensa Nóvosti, Moscú, 1986

INDICE Introducción Solidaridad e internacionalismo La ayuda de los trabajadores de la Unión Soviética a la República española La guerra nacional-revolucionaria del pueblo español y la Unión Soviética Junto a los marinos españoles en la guerra nacional-revolucionaria El gran entusiasmo revolucionario español La artillería de la España republicana Los combates en la defensa de Madrid En el primer combate contra el fascismo Visto por un patriota español Conclusión

INTRODUCCIÓN Se cumple medio siglo del comienzo de la guerra nacional-revolucionaria del pueblo español (1936-1939). Cinco décadas son, simultáneamente, un plazo grande y breve; podría parecer que durante los años transcurridos las heridas que causó la guerra civil en España tendrían que estar ya cicatrizadas y curadas del todo. Sin embargo, ello dista de ser así. De hecho, esas heridas siguen siendo dolorosas y delicadas; la guerra ha dejado profunda huella en la realidad española, en la vida cotidiana del pueblo, causando no solamente una comprensible amargura, sino también despertando y agitando la memoria.

Efectivamente, es imposible olvidar los incontables ejemplos de heroica resistencia de la España revolucionaria, que puso de relieve auténticos modelos de proezas, tenacidad y decisión inquebrantable de defender las conquistas democráticas y la independencia nacional en la lucha contra el entonces naciente fascismo. El abnegado combate de los demócratas y patriotas españoles contra la invasión fascista, en la que tomaron parte las fuerzas de la reacción imperialista y del fascismo locales y foráneas, ejerció una potente influencia movilizadora en los sectores progresistas del mundo entero, activó sus acciones en años posteriores,

cuando la Alemania nazi desencadenó la Segunda Guerra Mundial. En España surgió por primera vez un frente antifascista real, que rebasó las fronteras nacionales. La línea del frente que dividía a España en dos partes, al mismo tiempo pasaba por muchos otros países, dividiendo a todo el mundo en partidarios de la España democrática, por un lado, y enemigos de ésta o promotores de la España reaccionaria, por otro. En aquellos años apareció un potente y amplio movimiento de solidaridad de las fuerzas democráticas de todo el mundo con la España republicana y el campo de batalla contra el fascismo allí se hizo una verdadera escuela de guerra por la que pasaron muchos pueblos, partidos políticos, estadistas. Si ese primer baluarte de la lucha contra el fascismo hubiese caído sin combate, si las fuerzas antifascistas no hubiesen adquirido allí una inapreciable experiencia de lucha, el destino de Europa y del mundo habría podido desarrollarse por otras vías, tal vez más dolorosas para las fuerzas del progreso social y de la democracia.

La experiencia de la guerra nacional-revolucionaria española demostró la notable importancia de la solidaridad del movimiento obrero y de todas las fuerzas democráticas a escala internacional en la lucha contra el fascismo. La ayuda moral, política y material que prestaron a la España antifascista la democracia internacional y el movimiento obrero y comunista fue un potente estímulo para los defensores de la República frente a la invasión fascista. A la turbia ola del fascismo y del chovinismo se oponían las fuerzas del internacionalismo proletario; amplios sectores democráticos se levantaron a la lucha antifascista, creció la voluntad de las masas de resistir ante una eventual agresión fascista, el movimiento antifascista cobró gran auge en todo el planeta.

Al defender la España democrática, los patriotas y los demócratas, en primer lugar los comunistas, al mismo tiempo defendían del peligro fascista a sus pueblos. Llegaron a mostrar que eran una gran fuerza internacional, consolidaron su prestigio e influencia entre las masas no sólo en España, sino también en muchos otros países. Ello tuvo una extraordinaria importancia en vísperas de la contienda mundial, ya a punto de estallar, contra la fiera fascista.

El ejemplo, más brillante de la solidaridad de los pueblos amantes de la libertad con la España antifascista fue la creación de las brigadas internacionales. La nobleza de su contribución a la defensa de las conquistas revolucionarias del pueblo español no puede ser impugnada ni siquiera por los más furiosos enemigos de la democracia y del progreso social. La proeza de los combatientes internacionalistas, de los "voluntarios de la libertad", quedará para siempre en la memoria de los pueblos como símbolo de solidaridad y hermandad, como ejemplo de valentía de hombres que combatieron, muchos de ellos murieron, en la tierra española por el triunfo de los ideales humanos. Hay que reconocer que la larga lucha del pueblo español contra la reacción interior y exterior no hubiese sido posible en aquellos años sin la ayuda activa y el apoyo de la Unión Soviética. Esta ayuda fue muy variada, amplia y bastante eficaz, Sin las armas y el material de guerra soviéticos, sin los asesores y los expertos que llegaron de la Unión Soviética, las fuerzas revolucionarias españolas hubiesen sido derrotadas mucho antes de marzo de 1939. Precisamente la ayuda de la Unión Soviética permitió que la República española crease un ejército cuyo heroísmo, firmeza y capacidad de combate hizo posible contrarrestar durante 32 meses al

ejército de los sublevados e invasores. Esta ayuda y apoyo moral, político y diplomático soviético jugó un papel decisivo.

Veamos este aspecto más detalladamente.

La Unión Soviética, ya en los primeros días de comenzadas las operaciones militares, demostró su solidaridad con la España republicana. En la carta que los dirigentes soviéticos mandaron a Francisco Largo Caballero, Presidente del Gobierno español, se subrayaba que los comunistas y los trabajadores de la Unión Soviética consideraban como un deber ayudar, en la medida de sus posibilidades, al Gobierno español que encabezaba la lucha de todos los trabajadores españoles, de toda la democracia española contra la camarilla militar fascista, agente de las fuerzas fascistas internacionales. El telegrama del dirigente soviético J. Stalin al Secretario General del Partido Comunista de España, José Díaz, tuvo gran repercusión en todo el mundo. En éste se decía que "los trabajadores de la Unión Soviética no hacen más que cumplir con su deber al prestar, con arreglo a sus posibilidades, ayuda a las masas revolucionarias de España. Ellos comprenden bien que la liberación de España de la opresión de los reaccionarios fascistas no es sólo causa de los españoles, es causa de toda la humanidad avanzada y progresista".

Los extractos de memorias de soviéticos que participaron activamente en los sucesos de España incluidos en esta recopilación, reflejan el ambiente de aquellos tiempos, los sentimientos de los soviéticos que se apresuraron a ayudar al pueblo español en su lucha contra el fascismo. A pesar de que estos textos tienen un carácter particular, al mismo tiempo ofrecen un cuadro general de aquellos difíciles días de resistencia al fascismo.

El diplomático fue uno de los más importantes frentes de lucha en defensa de la República española; el académico I. Maiski, a la sazón embajador soviético en Londres, cuenta los acontecimientos en ese terreno. Cuando en agosto de 1936 las potencias occidentales, bajo la bandera de "no intervención", intentaron poner a España en manos de los agresores fascistas, la Unión Soviética, uniéndose al Acuerdo de No Intervención, frustró los planes de los partidarios de "apaciguar" a la Alemania hitleriana y a la Italia fascista, que cercaron a la España revolucionaria en un anillo de fuego. La participación de la Unión Soviética en el Comité londinense de No Intervención impidió que la guerra civil española derivase en un amplio conflicto internacional, ayudó a limitar la intervención ítalo-alemana en los asuntos internos de la República.

La Unión Soviética utilizó el Comité de Londres, así lo demuestra I. Maiski de una manera convincente, como una tribuna para desenmascarar la intervención ítaloalemana y a los que la amparaban. El Gobierno soviético preparaba una u otra acción diplomática en el marco del comité sin dejar de comunicárselo al Gobierno republicano español, concordando con éste sus iniciativas internacionales. El representante soviético en el Comité de Londres reiteradamente subrayaba que, siendo miembro del Comité de No Intervención, la URSS no estaba dispuesta a contemplar impasiblemente cómo iban estrangulando las potencias fascistas y los conformistas del comité al pueblo español tapándose con la hoja de parra de la "no intervención". La Unión Soviética exigía que todos los participantes del acuerdo cumpliesen al pie de la letra las condiciones convenidas sobre la "no intervención",

dejando a los españoles, sin intervención foránea, decidir por sí mismos el resultado de las operaciones militares. Las acciones en apoyo de la República española que emprendió la Unión Soviética en el ámbito internacional crearon serios impedimentos a los esfuerzos de las potencias fascistas y de los "apaciguadores" anglo-franceses orientados a sofocar la resistencia de la República española.

Cuando la Unión Soviética comprendió que la política de "no intervención" tan sólo encubría una verdadera intervención fascista, inmediatamente declaró que en adelante se consideraba libre de las obligaciones que se desprendían del Acuerdo de No Intervención.

Durante nido el período de operaciones militares la Unión Soviética prestó una considerable ayuda moral, política y material a la España republicana. En esta recopilación se habla detalladamente de esto, se muestra el papel de las organizaciones y de los representantes soviéticos en esta ayuda. Esta fraternal ayuda suscitó en los trabajadores de España una repercusión muy cordial. El lector conocerá las manifestaciones de esta amistad y simpatía de los españoles hacia la Unión Soviética a través de las memorias de los participantes soviéticos en las brigadas internacionales, de los consejeros militares y de otros representantes oficiales.

En la recopilación se relata cómo se realizaron en la Unión Soviética las colectas de medios, alimentos, medicinas, ropa. El Consejo Central de los Sindicatos Soviéticos abrió con tal motivo una cuenta especial; a finales de octubre de 1936 en ésta ya había más de 47,5 millones de rublos. Con este dinero se compró y se mandó a España decenas de toneladas de harina, azúcar, mantequilla, millones de latas de conservas, ropa, medicamentos. En total de 1936 a 1939 el Fondo de Ayuda al pueblo español recogió más de 274 millones de rublos.

La República española recibió de la Unión Soviética la materia prima que necesitaba, petróleo y derivados, madera, algodón, máquinas y bienes de equipo para la industria de defensa que se creaba con la ayuda de los expertos soviéticos, carne, trigo, otros comestibles. Daremos aquí solamente unas cifras generales: en 1936 las exportaciones soviéticas a España fueron de 194.662 toneladas por una suma de 23,8 millones de rublos; en 1937, 520.143 toneladas por una suma de 81,09 millones de rublos; en 1938, 697.978 toneladas por una suma de 109,8 millones de rublos y a comienzos de 1939, 6.810 toneladas por una suma de 1,6 millones de rublos.

La Unión Soviética también suministró a la República española material de guerra, armas de fuego, municiones y otros equipos militares que tanta falta le hacían y que no podía adquirir libremente en el mercado mundial. Durante los 32 meses de la guerra los republicanos recibieron de la URSS 648 aviones, 347 tanques, 60 carros blindados, 1.186 cañones, 20.486 ametralladoras, 497.813 fusiles, una considerable cantidad de balas, granadas, bombas de aviación, torpedos y otros pertrechos.

Todos estos suministros se hacían por mar en medio de la piratería declarada por

parte de la flota y de la aviación fascistas en las rutas mercantes del Mediterráneo. Al transportar el material de guerra se tomaban las necesarias medidas de seguridad. La carga se hacía en los puertos de Sebastópol, Odesa, Kerch, Feodosia, Leningrado, Murmansk. Para asegurar el paso de los barcos sin obstáculos se cambiaba su silueta exterior, en las bordas se ponían otros nombres, los puntos de carga se camuflaban escrupulosamente, etc. Como resultado, de 56 "y griegas" (el código de esos barcos) sólo se hundió una de ellas y dos no pudieron pasar el bloqueo. La flota republicana jugó un significativo papel en materia de garantizar la seguridad del transporte de las cargas militares. Esto lo relata muy bien en sus memorias el almirante N. Kuznetsov.

Los amplios suministros de armamentos soviéticos hicieron que el Gobierno español solicitara el envío de asesores militares soviéticos para ayudar a los republicanos a dominar este material de guerra. La llegada de los asesores militares soviéticos también ayudó a solucionar el problema de la escasez de oficiales en el ejército republicano (la mayoría de los oficiales españoles viejos se pasó al campo de los franquistas). Los jefes de las Milicias Populares españolas prácticamente no tenían experiencia de conducir operaciones militares. Todo esto motivó que el Gobierno de Largo Caballero dirigiese al Gobierno soviético la insistente petición de mandar a España expertos y asesores de elevada calificación que pudiesen encargarse de tareas de responsabilidad como prestar ayuda a la República para formar un ejército regular, enseñar a su personal de mando la táctica del combate, la dirección de las unidades y secciones militares, la organización de los estados y las planas mayores, entre otras.

Los voluntarios soviéticos sentían una gran y emotiva simpatía por el pueblo español y un gran odio al fascismo, estaban dispuestos a dar a la causa de la República todos sus conocimientos y experiencia militar y, si fuese necesario, también su vida. En la URSS los comisariados militares y las organizaciones del partido recibían decenas de miles de solicitudes para ir a España a luchar contra el fascismo. Por eso se seleccionaban los mejores entre los mejores. Durante todo el período de las operaciones militares en España estuvieron y combatieron cerca de tres mil expertos militares y civiles soviéticos. Todos ellos tenían rigurosas instrucciones de no sobrepasar en sus actividades la calidad de asesores. En las memorias de los consejeros militares soviéticos incluidas en esta recopilación se ven fácilmente las grandes relaciones amistosas que se establecieron entre los jefes militares soviéticos que combatían en España y los efectivos de las Fuerzas Armadas republicanas.

Los asesores militares soviéticos jugaron un notable papel en la preparación y la instrucción de las unidades del ejército popular español, en la organización de los estados y las planas mayores y los servicios de la retaguardia, en la creación de escuelas y cursos militares tan necesarios para el nuevo ejército popular. En este libro se puede apreciar la actuación abnegada, calificada y oportuna de tales jefes soviéticos como los consejeros militares principales Ya. Berzin (1936-1937), G. Shtern (1937-1938), K. Kachánov (1938-1939); los consejeros en el Estado Mayor Central K. Meretskov, B. Símonov; los consejeros en el comisariado militar general I. Nesterenok, D. Kolésnikov; los consejeros de aviación A. Bergólts, Ya. Smushkévich, E. Ptujin y otros; los consejeros de artillería N. Vóronov, V. Goffe y otros; los Consejeros de la Marina de Guerra N. Kuznetsov, N. Píterski, V. Alafuzov y otros.

Con la ayuda de los asesores que llegaron a España, en el país se creó un sistema de escuelas militares y diferentes cursos que permitió, hasta cierto punto, liquidar la aguda falta de especialistas militares entre los mismos españoles. Además, a petición del Gobierno republicano, a principios de 1937 en la Unión Soviética comenzó a prepararse personal español como aviadores, navegantes aéreos, técnicos de aviación; se instruyeron numerosos militares de estas especialidades. Los especialistas militares soviéticos prestaron gran ayuda en la creación y en la organización de la industria de guerra española. En la propia España se organizó la reparación y la producción de aviones, tanques, carros blindados y también de reflectores, proyectiles, bombas de aviación, municiones.

El heroísmo, la firmeza y la abnegación que mostraron los soviéticos en España quedarán para siempre inscritos en la historia de la lucha contra el fascismo. La proeza de los soviéticos en España, ha dicho Dolores Ibárruri, estará siempre en la memoria del pueblo español con un sentimiento de profundo agradecimiento. Nuestro país respaldó al pueblo español en todo lo que pudo, desde el apoyo diplomático y la ayuda económica hasta la aportación personal de los voluntarios soviéticos que estuvieron hasta el último día junto a los españoles defendiendo Barcelona y Madrid en las barricadas.

La guerra civil española hizo surgir a las brigadas internacionales, ejemplo de la amplitud y de la eficacia que puede tener la solidaridad internacional de los trabajadores.

La extensión del movimiento de solidaridad con España superó en mucho a todo lo que había existido en ese sentido hasta entonces: a la Península Ibérica llegaron "voluntarios de la libertad" de 54 países. Los primeros combatientes de otros países que se pusieron del lado de los antifascistas españoles contra los franquistas y los intervencionistas extranjeros fueron los deportistas obreros que llegaron a mediados de julio de 1936 a la olimpiada obrera de Barcelona y también muchos exiliados antifascistas entonces residentes en España. Todos estos formaron algunas unidades militares que combatieron en muchos frentes. Al principio este movimiento voluntario tuvo un carácter espontáneo y esporádico, pero más tarde se consiguió introducir en él elementos de organización y disciplina. La dirección de la Komintern consideró necesario comenzar la creación de brigadas internacionales antifascistas integradas por personas con experiencia militar. El Presidente del Gobierno español, Francisco Largo Caballero, después de las conversaciones correspondientes, dio su conformidad para que se formaran las brigadas internacionales como unidades independientes con su propio mando.

La fecha oficial del nacimiento de las brigadas internacionales se considera el 14 de octubre de 1936, cuando el primer numeroso grupo de voluntarios extranjeros llegó a Albacete, donde más tarde se estableciera el centro de formación de las unidades militares internacionales. El 20 de octubre tuvo lugar la apertura oficial de la base de Albacete; los representantes del mando de los internacionalistas acordaron con el Presidente Largo Caballero los principios fundamentales de la creación de las brigadas internacionales. El 22 de octubre el ministro de Guerra de la República española dio la orden de crear las brigadas internacionales. El 25 de octubre en la base de Albacete comenzó la formación de la primera brigada. A principios de

noviembre éste llegó al Frente de Madrid y poco después llegaron tres brigadas más.

Esta recopilación testimonia que las brigadas internacionales, que fueron un importantísimo elemento del ejército republicano, hicieron un gran aporte a la causa de la lucha contra la invasión fascista. Al mismo tiempo, se hizo todo lo necesario para no permitir ninguna contraposición de éstas con otras unidades del ejército republicano. Las brigadas internacionales no tenían un carácter de partido único, sino que se apoyaban en los principios de un frente popular. Esa fue una forma de colaboración militar armada de las masas de trabajadores y de las fuerzas antifascistas en la lucha contra e fascismo. Las brigadas aglutinaban a todos los antifascistas.

Los combatientes de las brigadas internacionales se cubrieron de gloria en los frentes de la España republicana, elevaron, según la expresión de Dolores Ibárruri, la bandera del internacionalismo proletario hasta las más altas cúspides del heroísmo y de la abnegación.

Esta recopilación persigue el propósito de mostrar el heroísmo y el sacrificio de los soviéticos que combatieron junto a los republicanos españoles por sus ideales, de confirmar la nobleza de la Unión Soviética en el papel que jugó en los acontecimientos españoles.

SOLIDARIDAD E INTERNACIONALISMO [1] Todo el modo de vida de la sociedad inculcó y afianzó en el pueblo soviético el espíritu de solidaridad proletaria y de internacionalismo. Los soviéticos seguían con gran atención las batallas de clases en los países capitalistas y la lucha de los trabajadores contra la reacción y el fascismo, sintiéndose consternados por sus reveses y alegrándose de sus éxitos.

Moscú pasó a ser la segunda Patria para los perseguidos por las camisas negras en Italia y por los nazis en Alemania, así como para los revolucionarios que se vieron obligados a huir de Bulgaria, Polonia, Grecia y otros países en que existían regímenes fascistas. A comienzos de 1934, los luchadores de los Schutzbund austríacos, participantes en los combates antifascistas de Viena, fueron acogidos fraternalmente en la URSS y encontraron asilo en ella. En octubre del mismo año, cuando la reacción española ahogó en sangre la insurrección armada de los mineros asturianos, alzados a la lucha contra la amenaza fascista, una ola de solidaridad con ellos se extendió por todo el País soviético. Las obreras del complejo textil moscovita "Triojgórnaya Manufactura" (Las Tres Montañas) (que lleva el nombre de Félix Dzerzhinski) acordaron destinar medio día de jornal al Fondo de Ayuda a los mineros asturianos. Secundando su iniciativa, los trabajadores de la Unión Soviética reunieron tres millones de pesetas para las familias de las víctimas del terror fascista. Numerosos participantes en la insurrección, pertenecientes a distintos partidos, encontraron asilo político en la URSS.

En la primavera de 1936, la mayoría del pueblo español votó a favor del Frente Popular en las elecciones de diputados a Cortes. Después de esta victoria, los luchadores asturianos regresaron a su Patria, declarando en una carta de despedida al pueblo soviético: "Los revolucionarios españoles emigrados en la URSS nos disponemos a abandonar este país. Nuestra estancia en él nos ha proporcionado muchísimos conocimientos y experiencia gracias a la hospitalidad fraternal del proletariado soviético, que nos ha hecho más llevadera la amargura de la emigración".

Pero no habían pasado seis meses cuando las fuerzas reaccionarias de España lanzaron un reto armado a la República.

La sublevación militar fascista en España, iniciada el 18 de julio de 1936, y la connivencia de los Estados fascistas con los insurgentes suscitaron en la Unión Soviética una airada protesta. El 2 de agosto se celebraron en numerosas empresas mítines de solidaridad con el pueblo español. Por ejemplo, en la resolución aprobada en un mitin de los obreros de la fábrica electromecánica "Ordzhonikidze", de Moscú, se decía: "Enviamos nuestro saludo fraternal a los trabajadores de España, que luchan heroicamente bajo la dirección de su Gobierno por la libertad, por la República democrática, contra el fascismo, contra los sublevados, contra los traidores a la Patria. ¡Muera el fascismo! ¡Viva la victoria del pueblo español!".

Al día siguiente, la Plaza Roja de Moscú y las calles adyacentes se llenaron de gente. Los manifestantes portaban carteles en los que se decía: "¡La causa del pueblo español es nuestra propia causa!", "¡Tendamos la mano de ayuda al pueblo español!", "¡Abajo los sublevados fascistas y sus inspiradores!".

Abrió el mitin Nikolái Shvérnik, secretario del Consejo Central de los Sindicatos de la URSS. Tanto él como los demás oradores —P. Makárov, obrero de la fábrica "Serp i molot" (Hoz y Martillo); E. Bystrova, obrera de la fábrica "Krásnaya zariá" (Aurora roja); A. Fadéiev, escritor, y A. Fersman, académico— hablaron de la solidaridad del pueblo soviético con la justa lucha de' la República española contra los facciosos. Los asistentes al mitin —más de 120.000 personas— aprobaron un mensaje al Presidente de la República española, Manuel Azaña, y al Presidente del Consejo de Ministros, José Giral, y exhortaron a los trabajadores de la Unión Soviética a recaudar dinero para el Fondo de Ayuda a la España republicana. Aquel mismo día se celebró otro gran mitin de solidaridad con los antifascistas españoles en la Plaza de Palacio, de Leningrado, al que acudieron 100.000 personas. Después tuvieron lugar manifestaciones multitudinarias de solidaridad en Rostov del Don, Dniepropetrovsk, Kíev, Novosibirsk, Omsk, Ivánovo, Odesa, cuenca hullera del Donéts y en otros muchos lugares. En todas partes, los trabajadores acordaron por unanimidad hacer colectas y recoger ropa, efectos y víveres para el Fondo de Ayuda a los antifascistas españoles.

En septiembre se publicó en los periódicos una carta de las obreras del complejo textil "Triojgórnaya Manufactura", dirigida a las obreras, campesinas, empleadas y amas de casa de la URSS, en la que proponían organizar la ayuda con víveres a las mujeres y los niños de España. Este llamamiento encontró eco en todos los sectores de la población de la Unión Soviética: entre los obreros, empleados,

koljosianos e intelectuales. Destacadas figuras de la ciencia, el arte y la literatura hicieron al Fondo de Ayuda cuantiosos donativos. "Aplaudo la magnífica iniciativa de los obreros —escribió V. Kachálov, Artista del Pueblo de la URSS. Entrego mil rublos al Fondo de Ayuda al heroico pueblo español e invito a todos mis camaradas, los trabajadores del arte, a seguir el ejemplo de las principales fábricas de Moscú". Los pintores 1. Grabar y A. Guerásimov, el escultor M. Manízer donaron obras suyas para el Fondo de Ayuda a España.

"Cada día comienza con un pensamiento: ¿qué hay de nuevo en España? —dijo el poeta Nikolái Tíjonov en el diario Leningrádskaya Pravda—. En estos días difíciles seguidnos con gran cariño la lucha de los héroes que pelean por una humanidad nueva y les deseamos una victoria rápida y completa".

Después de visitar la URSS a Comienzos de 1937, el conocido poeta español Rafael Alberti dijo en un artículo titulado "Mi Moscú" que. al entrar en cualquier casa veía en la pared un mapa de España, que Moscú y los moscovitas vivían al unísono con la vida del pueblo español, en impulso único con él. El Moscú de 1937, agregaba, es la ciudad del amor fraternal a mi Patria.

Ni siquiera los niños quedaron al margen del impulso solidario de todo el pueblo. Aniuta Sosniná, del lejano I)aguestún, escribió a un periódico: "Mamá y papá me han dicho que los niños pequeños pasan ahora hambre en Espar ñu... lle decidido entregar el dinero que tengo en la hucha (16 rublos y 20 kopeks) en ayuda de los niños del pueblo español. Había ahorrado este dinero para comprarme un regalo, pero he resuelto esperar por ahora". Las redacciones de los periódicos juveniles e infantiles recibieron entonces miles de cartas como ésta.

El 6 de agosto de 1936, en la cuenta corriente del Fondo de Ayuda a la España republicana, abierta por el Consejo Central de los Sindicatos de la URSS, había ya 12.145.000 rublos, y a fines de octubre del mismo año, 47.595.000 rublos.

Con el dinero recaudado por los soviéticos se compraron y enviaron a España productos alimenticios y ropa. El 18 de septiembre de 1936 zarpó de Odesa el primer buque, el "Neva", con víveres; le siguieron los barcos "Kubán", "Zyrianin", de nuevo el "Neva" y "Turksib". Llevaron a España cerca de 1.000 Tm de mantequilla, más de 4.200 Tm de azúcar, 300 Tm de margarina, 250 Tm de artículos de confitería, 4.130 Tm de trigo, 3.500 Tm de harina, 2.600 Tm de pescado ahumado, 300 Tm de tocino y carnes ahumadas, cerca de 2.000.000 de latas de conservas, 125.000 botes de leche, café y cacao condensados, 1.000 cajones de huevos y 10.000 juegos de ropa, principalmente para niños. Estos envíos fueron seguidos de decenas de otros semejantes.

La ayuda material y el apoyo moral de los soviéticos al pueblo español no cesó durante toda la guerra. En julio de 1938, el segundo aniversario del comienzo de la guerra antifascista del pueblo español se conmemoró en toda la URSS con reuniones de los trabajadores y una intensificación de la recogida de recursos en ayuda de España.

En diciembre del mismo año se comunicó que los sindicatos y diversas organizaciones habían recaudado otros 14.000.000 de rublos, con los cuales se habían comprado víveres para España.

Los periódicos, la radio, el cine y el teatro participaron activamente en el movimiento de solidaridad. La radio transmitía a diario los partes de guerra del mando republicano y los periódicos publicaban resúmenes de las operaciones en los frentes. Las corresponsalías de Ilyá Ehrenburg, Ovadi Sávich y, sobre todo, de Mijaíl Koltsov, así como los reportajes cinematográficos enviados desde España por R. Karmén y B. Makaséiev sumergían a los lectores y espectadores en la atmósfera en que vivían la República española y en que combatían sus defensores.

Escribieron a España cartas de amistad miles de empresas, diversas organizaciones sociales, famosos obreros y koljosianos —como, por ejemplo, el minero innovador Alexéi Stajánov, la koljosiana María Démchenko y la tractorista Pasha Anguélina—, escritores y artistas, veteranos de la revolución y escolares. Muchas de estas cartas y las respuestas a ellas vieron la luz en la prensa soviética y española.

Las visitas a la URSS de delegaciones de trabajadores españoles y combatientes del ejército popular y sus entrevistas con los trabajadores soviéticos se transformaban en emocionantes manifestaciones de solidaridad.

El País de los Soviets acogió con auténtica solicitud paternal a los niños españoles. En la primavera de 1937 llegó el primer barco. Trajo a bordo niños y niñas de tres a dieciséis años procedentes de Asturias, aislada por los frentes de guerra del resto del territorio republicano. En noviembre de 1938 había en la Unión Soviética 2.848 niños españoles. Se organizaron para ellos escuelas-internados, en las que se les enseñaban en su lengua materna. Todos los niños españoles llegados a la URSS recibieron enseñanza general y profesional, y una parte considerable, enseñanza superior. En los años de la Gran Guerra Patria, muchos de ellos se incorporaron voluntarios al Ejército Rojo y, al lado de sus camaradas mayores que habían encontrado asilo político en la URSS, defendieron con las armas en la mano su segunda Patria.

La opinión pública soviética, los sindicatos, las organizaciones femeninas y juveniles, la Cruz Roja, el Socorro Rojo Internacional, científicos y demás intelectuales tomaron parte activa en la convocación y celebración de congresos y entrevistas internacionales contra la guerra y el peligro fascista y en ayuda del pueblo español.

El prestigio internacional del Estado soviético y del Partido Comunista de la URSS y el ejemplo de la ayuda del pueblo soviético contribuyeron a extender el movimiento internacional de solidaridad con la España republicana. Para las fuerzas progresistas del mundo entero fueron como un lema y un llamamiento a acudir en ayuda del pueblo español las palabras del telegrama remitido por J. Stalin, Secretario General del del PC(b) de la URSS, a José Díaz, Secretario General del (1' del PCE: "Liberar a España de la opresión de los reaccionarios fascistas no es asunto privado de los españoles, sino la causa común de toda la humanidad avanzada y progresiva".

La ayuda fraternal del País de los Soviets suscitó entre las masas populares de España frenéticas manifestaciones de simpatía por el pueblo soviético. El 14 de octubre de 1936, cuando llegó a Barcelona el buque "Zyrianin", casi toda la población de la ciudad se echó a la calle: en el muelle se congregaron más de 200.000 personas. En otras ciudades portuarias —Cartagena, Valencia, Alicante, etc.-- se registraron manifestaciones semejantes.

Los acontecimientos posteriores y los años de prueba de la guerra profundizaron la confianza y la estimación de los trabajadores españoles al País de los Soviets y la gratitud por su constante ayuda múltiple. "El pueblo... vinculaba su salvación al Estado soviético", escribió el historiador español A. Ramos Oliveira.

Poetas tan famosos como Antonio Machado y Miguel Hernández dedicaron inspiradas estrofas al País de los Soviets. En un mensaje poético consagrado al XX aniversario del Ejército Rojo, Rafael Alberti decía:

Yo quisiera esta noche, presentes y lejanos guardas de las pacíficas labores de los hombres, haciendo de mi voz pulmón de todo un pueblo, en vuestro aniversario de orden y luz deciros: ¡Que el corazón de España viva siempre en vosotros!

El sentimiento de afinidad singular de los dos pueblos veíase acentuado por la semejanza de la situación militar y política en que se encontraba el pueblo español y de la que hubieron de vivir los trabajadores soviéticos en los años de lucha armada contra los guardias blancos y los intervencionistas extranjeros. La victoria del pueblo soviético en la guerra civil era ejemplo inspirador para los defensores de la República española y afianzaba su fe en el éxito.

El 20 de octubre de 1936, en vísperas de los combates decisivos por la capital española, José Díaz recalcó la semejanza existente entre la guerra en España y la guerra civil en Rusia, entre la defensa de Madrid y la defensa de Petrogrado en 1918, y lanzó esta consigna: "Haremos de Madrid el Petrogrado de España". Los combatientes del ejército republicano extrajeron enseñanzas de firmeza revolucionaria de películas soviéticas como "Chapáiev", "Los marinos de Cronstadt", "El diputado del Báltico" y "El acorazado 'Potiomkin' ". En el glorioso 5° regimiento de las Milicias Populares había unidades denominadas "Leningrado" y "Los marinos de Cronstadt".

Se organizaron por doquier Asociaciones de Amigos de la Unión Soviética. Se dio el nombre de Lenin a diversas calles y escuelas de España. A pesar de las dificultades derivadas de la guerra, en la República se aprovechó en gran escala la experiencia de la Unión Soviética en el terreno de la instrucción pública: se organizaron facultades obreras, universidades nocturnas, etc. Entre los obreros industriales se extendieron la emulación en el trabajo y el movimiento stajanovista.

Comunistas, socialistas, republicanos e incluso anarquistas hablaban entonces de la Unión Soviética como del mejor amigo y el mejor ejemplo digno de imitación. "Como socialistas y españoles —decía el 5 de noviembre de 1937 el diario socialista Adelante—, admiramos y estamos agradecidos a este gran pueblo, que ha hecho realidad nuestros sueños. Rusia es la hermana mayor que muestra el camino al proletariado de todo el mundo".

A. Esbert, catedrático de la Universidad de Barcelona, que presidía una delegación española, dijo en un mitin celebrado en Moscú: "El pueblo soviético nos ha tendido su mano de solidaridad porque comprende que nuestra lucha es la causa de toda la humanidad progresiva... Declaramos que siguiremos vuestro gran ejemplo y siguiéndolo, venceremos".

La sublevación militar fascista y la intervención de los Estados fascistas colocaron a la República española en una situación muy difícil.

Cuando estalló la rebelión, el Gobierno de la República estaba convencido de que las "democracias occidentales" —Inglaterra, EE.UU. y, sobre todo, Francia— le prestarían la ayuda necesaria para restablecer la legalidad y el orden republicanos.

Pero ocurrió otra cosa. El Gobierno de Francia, presionado por el Gobierno conservador de Inglaterra y por los medios reaccionarios franceses, que ansiaban concluir una alianza con el fascismo, se negó a vender a la República española aviones y otro armamento y prohibió la exportación incluso del material de guerra que estaba ya pagado y en espera de ser embarcado para España. Simultáneamente, el primer ministro francés, el socialista León Blum, propuso a los gobiernos de los Estados europeos, incluida la Unión Soviética, firmar un acuerdo que obligase a abstenerse de toda ayuda militar a ambas partes beligerantes en la guerra española.

La URSS y la República española no tenían entonces relaciones diplomáticas. Los contactos iniciados en 1933 entre ambos países, interrumpidos por el Gobierno reaccionario de Lerroux al subir al poder en el otoño de dicho año, no fueron reanudados más tarde por los gobiernos democráticos de Azaña y Casares Quiroga.

Sin embargo, la Unión Soviética determinó su actitud ante la propuesta de no intervención basándose en los intereses del pueblo español y de su Gobierno legítimo. El Gobierno soviético subrayó en todo momento cuán injusto era enfocar el problema de la guerra española de tal modo que se restringiesen al Gobierno legítimo del país sus derechos soberanos y se le colocase en idéntica situación que a los facciosos. Al mismo tiempo, la defensa de la democracia española y de la paz internacional exigía de la Unión Soviética no permanecer al margen del Acuerdo de No Intervención. Este acuerdo, al que se habían adherido 27 Estados europeos, era apoyado por el propio Gobierno español y acogido favorablemente por vastos sectores democráticos de numerosos países, que entonces creían aún en la sinceridad de los propósitos de León Blum de cortar la intervención ítalo-alemana.

Al adherirse al Acuerdo de No Intervención, el Gobierno soviético presentó dos condiciones indefectibles: 1) que Portugal se adhiriese también obligatoriamente a dicho acuerdo; 2) que cesase inmediatamente la ayuda que prestaban a los rebeldes ciertos Estados. Estas condiciones determinaron la línea de conducta de la diplomacia soviética en la lucha por la causa de la República española con posterioridad, cuando se constituyó en Londres el Comité de No Intervención con participación de todos los países que habían suscrito el acuerdo.

Los representantes soviéticos en el Comité de Londres denunciaron infatigablemente el verdadero carácter y los resortes secretos de la hipócrita política de "no intervención", cuyos organizadores propugnaban de palabra la neutralidad, pero, de hecho, ayudaban a los invasores fascistas. Desde la tribuna del Comité de Londres, la delegación soviética dio a la publicidad sistemáticamente y puso en conocimiento de la opinión pública internacional los hechos probatorios de la agresión de los Estados fascistas en España y de sus crímenes contra el pueblo español. Por consiguiente, la labor de la diplomacia soviética en el Comité de Londres, representada por el embajador de la URSS en Inglaterra, Iván Maiski, fue un sector del frente de solidaridad internacional con el pueblo español.

Casi al mismo tiempo que entraba en funciones el Comité de Londres, España y la Unión Soviética establecieron relaciones diplomáticas. El 29 de agosto de 1936, el representante plenipotenciario soviético M. Rozenberg hizo entrega de sus cartas credenciales al Presidente de la República española, Manuel Azaña. V. AntónovOvséienko fue nombrado cónsul de la URSS en Barcelona. Este hecho tuvo gran importancia para el desarrollo ulterior de la lucha liberadora del pueblo español y echó por tierra los planes de los Estados fascistas de aislar a la República española en el ámbito de la política exterior.

El pueblo de Madrid recibió jubilosamente a los primeros emisarios del País de los Soviets.

La Unión Soviética aprovechó todas las posibilidades para apoyar la justa causa del pueblo español. Desde la tribuna de la Sociedad de las Naciones, en distintas conferencias internacionales y a través de las vías diplomáticas habituales, el Gobierno soviético defendió el legítimo derecho del pueblo español a decidir por sí mismo sus destinos, sin ninguna ingerencia extranjera. Cuando la descarada intervención armada de las potencias fascistas llevó a la República al borde de la muerte y movió al Gobierno español a pedir ayuda militar a la Unión Soviética, esta última la prestó.

La parte soviética en el Comité de No Intervención, tras repetidos e infructuosos intentos de moverle a adoptar alguna medida contra la creciente intervención italoalemana, declaró en las sesiones del 7, 23 y 30 de octubre de 1936 que el Gobierno soviético sólo veía una salida de la situación creada —devolver al Gobierno de España el derecho de comprar armas fuera del país— y no se consideraba ligado por el acuerdo en mayor medida que los gobiernos que aprovisionaban a los rebeldes a pesar del acuerdo.

La firme posición de principios de la Unión Soviética fue aplaudida por los hombres avanzados del mundo entero. El 10 de octubre de 1936, Romain Rolland, Pablo Picasso, Luis Aragón y el físico famoso Paul Langevin dirigieron una carta a M. Litvínov, Comisario del Pueblo de Negocios Extranjeros de la URSS, en la cual decían que en dos ocasiones importantes, en las que estaba en juego la suerte de la justicia y del derecho de los pueblos..., a propósito de Abisinia y España, la URSS había insistido en que fuera escuchada la voz de la conciencia mundial. Los intelectuales —agregaban— expresan su gratitud a la URSS por haber salvaguardado, en el caos y el oscurantismo actuales, los principios indestructibles de la justicia, de la dignidad y de la paz. Numerosos intelect uales de Europa y América se adhirieron a esta carta.

La opinión pública de la España republicana acogió con aprobación la firme actitud de la Unión Soviética. El diario socialista Claridad decía, refiriéndose a la declaración hecha por la parte soviética en la sesión del 7 de octubre del Comité de Londres: "La 'nota del Gobierno soviético arranca la careta a los Estados fascistas; la Unión Soviética --170 millones de personas— está resueltamente a nuestro lado". "La comedia ha terminado. Rusia ha declarado públicamente que no se considera obligada. La posición de la Unión Soviética rebosa dignidad. La URSS ha dado una merecida lección a los demás países", declaró el periódico anarquista Solidaridad Obrera. "Es la primera voz que ha sonado fuera de nuestro país en defensa de las libertades españolas, amenazadas por el fascismo", recalcó El Liberal.

En aquellos días se difundió también la siguiente declaración del líder anarcosindicalista García Oliver: "Si los fascistas atacan algún día a la Unión Soviética, iré a defenderla. Soy anarquista. Dejaré a un lado todos los programas e iré allí como combatiente, como soldado, como soldado rojo".

A todo lo largo de la guerra, la diplomacia soviética defendió infatigablemente los intereses de la República española. Entre los numerosos episodios de esta batalla incruenta tuvieron una importancia singular la lucha por poner fin a los actos de piratería de los submarinos y los aviones italianos en el Mediterráneo y la tenaz resistencia de la URSS a que, se reconociera al "gobierno" faccioso del general Franco los derechos de parte beligerante.

Los gobiernos de la Unión Soviética y de España establecieron las más cordiales relaciones de amistad y colaboración. Están impregnadas de un espíritu de sinceridad y confianza las cartas que cruzaron en diciembre de 1936 y enero de 1937 los dirigentes de la URSS (K. Voroshílov, V. Mólotov y J. Stalin) con el primer ministro de la República española, Francisco Largo Caballero.

En la carta de los dirigentes soviéticos se decía, entre otras cosas: "Hemos juzgado y seguimos juzgando que es nuestro deber, en los límites de nuestras posibilidades, el acudir en ayuda del Gobierno español, que encabeza la lucha de todos los trabajadores, de toda la democracia española, contra la camarilla militar-fascista, agente de las fuerzas fascistas internacionales.

"La revolución española se abre caminos que, en muchos aspectos, difieren del camino recorrido por Rusia... "Con todo, creemos que nuestra experiencia, sobre todo la experiencia de nuestra guerra civil, debidamente aplicada a las condiciones particulares de la lucha revolucionaria española, puede tener determinado valor para España. Partiendo de ello y en vista de sus insistentes ruegos, que a su debido tiempo nos ha transmitido el camarada Rozenberg, accedimos a poner a su disposición una serie de especialistas militares, a quienes dimos instrucciones de aconsejar en el terreno militar a aquellos oficiales españoles en ayuda de los cuales debían ser destinados por ustedes. "Se les advirtió de modo terminante que no perdieran de vista que, con toda la conciencia de solidaridad de que hoy están penetrados el pueblo español y los pueblos de la URSS, el especialista soviético, por ser extranjero en España, no puede ser realmente útil sino a condición de atenerse rigurosamente a la función de consejero y sólo de consejero. "Creemos que precisamente así utiliza usted a nuestros camaradas militares. "Le rogamos que nos comunique en pie de amistad en qué medida nuestros camaradas militares saben cumplir la misión que usted les confía, ya que, naturalmente, sólo si usted juzga positivo su trabajo puede ser oportuno que sigan en España".

Más adelante, los dirigentes soviéticos recomendaban la adopción de medidas en provecho de los campesinos y de la burguesía, pequeña y media, así como para proteger la propiedad de los ciudadanos de los países que no apoyaban a los facciosos.

En la carta de respuesta, fechada el 12 de enero de 1937, Largo Caballero decía:

"La ayuda que prestan ustedes al pueblo español... nos ha sido y continúa siendo de gran beneficio. Estén ustedes seguros de que la estimamos en su justo valor. "Del fondo del corazón, y en nombre de España y muy especialmente de los trabajadores españoles, se lo agradecemos; esperamos que en lo subsiguiente, como hasta ahora, su ayuda y sus consejos no nos han de faltar... "Los camaradas que, pedidos por nosotros, han venido a ayudarnos, nos prestan un gran servicio. Su gran experiencia nos es muy útil y contribuye de una manera eficaz a la defensa de España en su lucha contra el fascismo. Puede asegurarles que desempeñan sus cargos con verdadero entusiasmo y con una valentía extraordinaria... Les estoy muy agradecido por los consejos de amigo que contiene el final de, s carta. Los estimo como una prueba de su cordial amistad y de su interés por el mejor éxito de nuestra lucha".

Las relaciones soviético-españolas siguieron siendo invariablemente amistosas hasta el final de la guerra nacional-revolucionaria. Después de la dimisión del Gobierno Largo Caballero, en. mayo de 1937, el primer ministro de España, el socialista Juan Negrín, declaró al representante plenipotendiario soviético que era partidario ferviente del acercamiento multilateral entre España y la URSS tanto en el terreno económico como en el político y militar.

La Unión Soviética ayudó a la República española a romper el bloqueo económico y financiero. En 1937, la URSS facilitó a la España republicana 457.904 Tm de mercancías diversas por valor de 92.444.000 rublos. El transporte de estas cargas no se parecía en nada a las travesías comerciales corrientes.

Cada buque bajo el pabellón de la URSS o de la República española podía ser agredido por los submarinos o los aviones fascistas y ser hundido o apresado para los franquistas. Desde el comienzo de la guerra en España hasta el 4 de mayo de 1937 se cometieron 86 agresiones contra barcos soviéticos, fueron hundidos los buques "Komsomol", "Timiriázev" y "Blagóev" y llevados por la fuerza a puertos que ocupaban los fascistas los mercantes "Petrovski", "Vtoraya Piatiletka", "Soyuz Vódnikov" y "Smidóvich". Los fascistas atacaban y hundían los buques de cualquier pabellón nacional si sospechaban que llevaban cargas de los puertos soviéticos a la España republicana. Según datos de la Agencia de Prensa Stefani (agencia oficiosa italiana), la aviación militar italiana atacó desde 1936 hasta 1938 a 224 buques de distintas naciones. En esta situación, el comercio entre la URSS y España se redujo en los primeros siete meses de 1938, en comparación con el primer semestre de 1937, en más de la mitad en lo que respecta al tonelaje y en cerca de tres cuartas partes en cuanto al valor.

Movido por el deseo de eludir el bloqueo financiero (las autoridades francesas secuestraron el oro español consignado en París), el Gobierno español depositó en el Banco de Estado de la URSS una parte de sus reservas de oro, de las cuales pagaba sus compras tanto en la Unión Soviética como en otros países. Cuando se agotó este fondo, el Gobierno soviético concedió a España (en el otoño de 1938) un crédito de 85 millones de dólares. Los últimos suministros de armamento soviético se efectuaron también a crédito. El general Ignacio Hidalgo de Cisneros, que en nombre del Gobierno español firmó en Moscú el convenio acerca de estos suministros, dice que tiene el derecho de "asegurar ante todo el mundo que la ayuda de la URSS fue completamente desinteresada y que a los soviéticos esta ayuda les costó muchos sacrificios...".

Desde los primeros días de la sublevación fascista comenzó a llegar a las organizaciones sociales y a las instituciones gubernamentales de la URSS un verdadero torrente de solicitudes de ciudadanos soviéticos que deseaban marchar a España para participar en las operaciones militares al lado del pueblo. El Acuerdo de No Intervención no prohibía la salida de voluntarios, y algunos de ellos vieron realizado su deseo en septiembre de 1936. Fueron los pilotos de caza L. Kopéts, E. Erlykin y A. Kovalevski; los pilotos y observadores de la aviación de bombardeo E. Shajt, Z. Zajaríev (Garánov), G. Túpikov, G. Tjor, V. Jolzunov, P. Gibelli, I. Proskúrov, G. Prokófiev y A. Jevesi, y los ingenieros Z. loffe y Ya. Zalesski.

Al llegar a España se incorporaron, junto con los voluntarios de otros países, a las unidades internacionales de aviación mandadas por oficiales españoles. Los pocos aviones de que disponían estas unidades eran de tipos anticuados y no podían compararse con los alemanes e italianos que actuaban al lado de los sublevados. A pesar de la desigualdad de fuerzas, los pilotos republicanos —incluidos los voluntarios soviéticos— entablaban combate intrépidamente con los aviones fascistas y bombardeaban los aeródromos, las concentraciones de material y las posiciones del enemigo.

La aviación de los intervencionistas, aprovechando la superioridad en el aire, abría a las .divisiones fascistas el camino de la capital. El núcleo de estas divisiones lo constituían las unidades de la Legión Extranjera, bien armadas y entrenadas, y los fanáticos mercenarios de las tribus marroquíes. Frente a ellos no pudieron resistir en campo abierto las tropas leales al Gobierno republicano, formadas por destacamentos voluntarios autónomos de las Milicias Populares, armadas mucho peor que el enemigo y carentes casi en absoluto de instrucción militar. A finales de octubre, la línea del frente se acercó al propio Madrid.

El Gobierno y los partidos del frente popular, especialmente el Partido Comunista, hicieron esfuerzos gigantescos para formar unidades militares regulares con los destacamentos inconexos de las Milicias Populares. Mas para cumplir esta tarea hacían falta dos condiciones: tiempo y armas. El tiempo lo concedieron los heroicos defensores de Madrid al parar al enemigo ante los muros de la ciudad. Las armas llegaron de la Unión Soviética. Constituyeron la base material de la defensa de la capital y de la abnegada hazaña de sus defensores: los patriotas españoles y sus amigos, los voluntarios internacionales.

Los buques con el material de guerra adquirido en la Unión Soviética empezaron a llegar a los puertos españoles a mediados de octubre. Los barcos "Komsomol", "Stari Bolshevik", "KIM", "Volgolés", "Lenin" y "Andréiev" llevaron 50 tanques y 100 aviones, además de autos blindados, fusiles, cañones, ametralladoras pesadas y ligeras, lanzagranadas y municiones de tipos diversos.

Sin perder tiempo, el mando republicano, con la ayuda de los voluntarios soviéticos, lanzó al combate por Madrid todo este material a finales de octubre y comienzos de noviembre. La guerra entró en una nueva fase.

Durante el otoño de 1936 y el invierno de 1936-1937, de los puertos del Mar Negro zarparon para España 23 transportes con material de guerra, armamento y munición. Esto permitió formar y pertrechar las brigadas y divisiones regulares del ejército popular, defender Madrid, ganar la batalla del Jarama y derrotar en marzo de 1937 en Guadalajara al cuerpo expedicionario italiano. Al mismo tiempo que el material de guerra, llegaron de la Unión Soviética varios grupos de voluntarios: aviadores, tanquistas y otros especialistas militares.

La aparición en el cielo de Madrid de los cazas republicanos tipo I-15 e I-16 procedentes de la Unión Soviética y pilotados por voluntarios soviéticos, es una de las páginas más brillantes de la épica defensa de Madrid. El jefe de la aviación de la República, Hidalgo de Cisneros, la recuerda así en sus Memorias:

"Durante aquellos críticos días, la aviación enemiga, tanto en los frentes como sobre la capital, trabajaba a placer, pues la nuestra había sido prácticamente anulada... "El 6 de noviembre por la mañana hicieron su aparición los `Junkers' de bombardeo alemanes, acompañados por una escuadrilla de cazas 'Fiat' italianos... como tenían por costumbre... En aquel momento, y antes de que las sirenas

terminaran de dar la alarma, un grupo de aviones con los emblemas rojos de la aviación republicana surgen en el cielo de Madrid y se lanzan rápidos, ágiles y potentes, contra los aparatos fascistas. "No puedo, y lo confieso, describir, aún ahora, mis reacciones ante aquello. Estaba tan excitado, que lo raro fue que no me estallase el corazón. "El espectáculo que pudieron ver los madrileños aquella mañana fue algo grandioso, de los que no se olvidan jamás... "La gente abandona los refugios, se lanza a la calle y, sin acordarse del peligro de las bombas, aquel pueblo que había estado sufriendo día tras día, sin poderse defender, los terribles bombardeos enemigos, presencia con emoción inenarrable la primera batalla aérea en defensa de su ciudad. "Entre las acrobacias de los combates y el ruido de las ráfagas de las ametralladoras, los madrileños vieron cómo los aviones republicanos derribaban, uno tras otro, nueve aviones enemigos, mientras el resto de las escuadrillas fascistas salían huyendo, cada uno por su lado, perseguidos por los cazas de la República. "Los madrileños, locos de alegría, con lágrimas en los ojos, daban vivas a la aviación republicana. Y lo que verdaderamente me sorprendió, pues creía que habíamos guardado muy bien el secreto de la llegada de aviones soviéticos, fue que también vitoreaban a la Unión Soviética con un entusiasmo y un júbilo imposibles de describir. "Desde aquel día y durante cierto tiempo cambió la correlación de fuerzas en el aire...".

A lo largo de todos los meses de la encarnizada batalla por Madrid, casi cada día — y, con frecuencia, varias veces al día— se libraron combates en el cielo, que no cesaban incluso cuando en la tierra se producía una breve pausa en las hostilidades.

El agregado militar de la URSS en Madrid, V. Górev, dijo acerca de los voluntarios soviéticos: "Es imposible describir el heroísmo de los aviadores, que entraban en combate con fuerzas enemigas superiores en número, perdían hombres y aparatos y entablaban los combates siguientes con un heroísmo y una tenacidad mayores aún... La aviación de caza, a pesar de que cedía en número a la del enemigo, supo proteger la ciudad".

Los límites de un artículo impiden recordar aquí los nombres de todos los voluntarios soviéticos héroes de estos combates aéreos y mencionar personalmente a los ingenieros, peritos y obreros que montaron en plazos brevísimos los aviones llegados de la Unión Soviética y aseguraron su constante preparación para lanzarse al combate. De los 160 aviadores que participaron en la defensa de Madrid citaremos solamente a los altos mandos de aviación y a los jefes de unidades: Ya. Smushkévich (Douglas), consejero principal de aviación; P. Pumpur, consejero del grupo de cazas; S. Denísov, P. Rychagov, S. Tárjov y K. Kolésnikov, jefes de escuadrilla; N. Balánov, V. Bocharov, G. Zajárov, L Kopéts, 1. Lakéiev y S. Chernij, jefes de patrulla.

A comienzos de noviembre entraron en acción los bombarderos rápidos (BR) soviéticos, que eran entonces los más modernos y perfectos en su clase. Los BR, que superaban en velocidad a todos los aviones de caza fascistas, podían cumplir misiones de combate sin protección de los cazas. Bajo la dirección general de A.

Zlatotsvétov, las escuadrillas de I. Proskúrov, V. Jolzunov y E. Shajt bombardearon aeródromos y objetivos estratégicos de los fascistas tanto en la profunda retaguardia —en las provincias de Burgos, Salamanca, Sevilla, Cádiz, etc.— como en la zona del frente.

Una tercera variedad de la aviación republicana la constituía el grupo de aviones de asalto (SSS), que mandaba K. Gúsev.

En la batalla aérea por Madrid, los aviadores voluntarios soviéticos perdieron a 21 camaradas, entre los que figuraban V. Bocharov, P. Gibelli, K. Kovtun, S. Tárjov e I. Jovanski, galardonados con el título de Héroe de la Unión Soviética.

Las pérdidas de los intervencionistas fueron incomparablemente mayores. En noviembre y diciembre, los pilotos republicanos derribaron 70 aviones fascistas. Pero el balance principal de la batalla aérea por Madrid consistió en que se puso fin al dominio de la aviación ítalo-alemana en el cielo de Madrid. Con ello se frustró el plan de la estrategia fascista: tomar la capital sobre la marcha, empleando la táctica de "la aviación barre todos los obstáculos y la infantería ocupa el territorio ya limpio". A los piratas aéreos fascistas sólo les quedaba descargar su cólera en vuelos nocturnos, destruyendo las barriadas de vivienda de la ciudad y matando a la población civil, a las mujeres y a los niños.

Todas las tentativas de los generales fascistas de irrumpir en las calles de Madrid fueron rechazadas enérgicamente por sus defensores. Franco se vio obligado a renunciar al asalto frontal de la ciudad e intentó tomarla con una maniobra envolvente. Después de completar sus tropas y recibir abundantes refuerzos de los intervencionistas, emprendió la ofensiva al Noroeste de la capital (en enero de 1937); después, al Sudeste, en el río Jarama (en febrero) y, por último, al Nordeste, a lo largo de la carretera Zaragoza—Guadalajara—Madrid (en marzo). Mas también estas tres campañas fracasaron.

Resultaron vanas las esperanzas del mando fascista de que los defensores de la República tendrían menos capacidad combativa y firmeza en campo abierto, que tras los muros de Madrid. A comienzos de 1937, a diferencia de septiembre y octubre de 1936, los fascistas no encontraron en su camino destacamentos inconexos de las Milicias Populares, sino brigadas y divisiones regulares de las tropas leales, subordinadas a un mando único, apoyadas en el combate por los tanques y la artillería y protegidas desde el aire por la aviación, que los patriotas españoles denominaban con orgullo "La Gloriosa".

Durante la batalla de febrero de 1937 en el Jarama, en el aire se registraron grandes batallas, en las que participaron simultáneamente hasta ochenta aviones. Pero el cielo quedaba siempre en poder de la aviación republicana. El general Vicente Rojo, entonces jefe del Estado Mayor del Frente de Madrid, habla en su libro "España heroica" del comportamiento de los aviadores en el sector del Jarama: "La aviación colaboró con las tropas de tierra de manera que en algunos momentos fue decisiva... El coraje que ponían nuestros aviadores en atacar y derribar aviones enemigos producía en tierra un saludable efecto de emulación. Los servicios dados por los aviadores superaban todos los cálculos; piloto hubo que

realizó en una sola jornada siete servicios, todos con combate, pues las circunstancias en que se luchaba exigían una verdadera congestión de trabajo y de esfuerzo". Al citar estas palabras de Vicente Rojo, Hidalgo de Cisneros señala en sus Memorias: "Debo ser justo y dejar bien sentado que, por entonces, en la aviación republicana estaban en mayoría los pilotos soviéticos".

Los fascistas sintieron más aún en su propia pelleja la fuerza de la aviación republicana en el sector de Guadalajara, donde a comienzos de marzo, sólo ocho días después de la batalla del Jarama, 50.000 italianos del cuerpo expedicionario pasaron súbitamente a la ofensiva en dirección a Madrid y rompieron la línea de las tropas gubernamentales, débilmente fortificada.

El mando republicano lanzó toda la aviación disponible contra las columnas motorizadas de los intervencionistas, que se extendía por la carretera una decena de kilómetros. Bajo los golpes que se les asestó desde el aire, fuerzas considerables del enemigo fueron dispersadas o desmoralizadas antes ya de llegar al campo de batalla. Las unidades de reserva del Frente del Centro pararon a las vanguardias del cuerpo expedicionario italiano, que habían avanzado treinta kilómetros. Después, el contraataque de la infantería y los tanques republicanos hicieron huir a los camisas negras.

La revista militar francesa Revue de 1'Armée de l'Air dijo :cerca de esta derrota de los agresores italianos: "Mas indiscutible parece la maestría misma de las unidades aeronáuticas gubernamentales que han participado en esta batalla. Sus escuadrillas han mostrado que tienen capacidad de maniobra, son mandadas con energía y están bien entrenadas para los ataques en vuelo rasante. El mando de la aviación ha aprovechado magníficamente la imprudencia increíble de los Estados Mayores fascistas, acostumbrados a combatir en Abisinia contra un adversario totalmente privado de aviación".

Para completar el cuadro es preciso agregar que el mal tiempo en la zona de Guadalajara (lluvia, aguanieve y nubes bajas) era tan inadecuado para aplicarle el concepto de "favorable para volar" que la aviación agregada al cuerpo italiano (cerca de cien aviones) no se atrevió aquellos días a despegar.

La maestría táctica del mando de la aviación republicana y de los voluntarios soviéticos se patentizó también con toda brillantez en la operación de Zaragoza, en el Frente de Aragón, durante el verano y el otoño de 1937. Un relevante episodio, que tuvo gran repercusión en la prensa militar internacional de aquellos años, fue el ataque de los cazas a una base de aviación fascista. Al amanecer del 25 de septiembre, la escuadrilla de A. Serov, apoyada por las escuadrillas de A. Gúsev y G. Pléschenko, bajo el mando general de I. Eriómenko, atacó el aeródromo de Garrapinillos, cerca de Zaragoza, en el que había más de sesenta aviones. El golpe fue súbito. Ni un solo avión fascista logró despegar. Las baterías antiaéreas fueron reducidas por el fuego de los cazas. Hicieron explosión ocho bombarderos cargados de bombas. Casi todos los aviones enemigos ardieron tocados por balas incendiarias.

Después de las pérdidas sufridas en el Jarama y en Guadalajara, los

intervencionistas italo-alemanes aumentaron el volumen de los suministros de material a los rebeldes, sobre todo de aviones y artillería antiaérea. Al mismo tiempo, llegaron a España nuevas unidades de la aviación regular italiana y de la "Legión Cóndor" alemana. "Mussolini e Hitler han enviado a España no sólo materiales de aviación o de artillería antiaérea para armar las unidades españolas, sino formaciones constituidas", afirmó la revista francesa Revue militaire générale.

Simultáneamente aumentaron en grado considerable los obstáculos con que tropezaba el suministro de armamento soviético. Varios transportes de la Unión Soviética con armas, aviones y tanques fueron hundidos por submarinos italianos.

Los intervencionistas trataron de superar a la aviación republicana también en el aspecto técnico, A mediados de 1937 aparecieron en España modernísimos aviones alemanes, el caza "Messerschmitt-109" y el bombardero "Heinkel-111", y el bombardero italiano "Savoia-79". En algunos aspectos no eran inferiores a los aviones soviéticos e incluso los aventajaban. En estas condiciones, durante el segundo y el tercer año de guerra se manifestaron en primer plano, con mayor brillantez aún, las cualidades personales de los voluntarios soviéticos y de todos los aviadores republicanos, cualidades que los fascistas jamás pudieron superar.

Los especialistas militares extranjeros destacaron que la aviación republicana poseía un factor que equilibraba la desigualdad numérica e incluso técnica en aviones: su elevada moral. El general francés Armengaud dijo después de visitar los frentes de guerra en España: "Suele ocurrir que una sola escuadrilla de `Moscas' obligue a tres escuadrillas de `Fiat' a abstenerse de atacar... Los `Moscas' inspiran temor a sus adversarios tanto por su velocidad como por el arrojo de los pilotos que los utilizan... Los `Chatos' han abatido `Messerschmitt' alemanes: tan grande es la confianza de los pilotos republicanos en la maniobrabilidad de su aparato".

La audacia y valentía de los defensores de la República, ya fuesen voluntarios soviéticos, aviadores españoles o amigos internacionales, tenían su origen en el convencimiento de que luchaban por una causa justa. El combate contra fuerzas enemigas superiores en número no fue una excepción para los voluntarios soviéticos ni para toda la aviación republicana, sino una regla a todo lo largo de la guerra. Con una particularidad: los fascistas sufrieron casi siempre pérdidas mayores que los republicanos. Citaremos sólo dos ejemplos.

Todo Madrid observó el 18 de julio de 1937 cómo atacaron 20 cazas republicanos a 40 "Fiat" que aparecieron sobre la Ciudad Universitaria en lo más álgido de la batalla de Brunete. Se entabló un combate, en el que intervinieron también ocho "Messerschmitt". El enemigo perdió seis aviones, en tanto que todos los aparatos soviéticos regresaron indemnes a su aeródromo.

Un año después, en agosto de 1938 y en los meses posteriores, durante la batalla en la orilla derecha del Ebro —la más importante librada en los dos primeros años de guerra—, los pilotos republicanos sostuvieron victoriosamente combates aéreos con fuerzas enemigas superiores. He aquí unas cuantas cifras: el 14 de agosto, los republicanos derribaron 19 aviones fascistas y perdieron uno; el 24 de agosto

abatieron sieteaviones y perdieron dos. Un despacho de la Agencia Havas (francesa) informaba el 29 de agosto que los pilotos republicanos habían derribado en 25 días de combates en el Ebro 93 aviones enemigos, perdiendo 15 propios. Estos datos reflejaban fielmente la superioridad de los aviadores republicanos sobre los mercenarios fascistas. Importa señalar que cuando se libró la batalla del Ebro había sido renovado por completo el contingente de voluntarios soviéticos; sin embargo, los nuevos pilotos de las escuadrillas de P. Korobkov, S. Gritsevéts y N. Guerásimov pelearon con la misma valentía y abnegación que los primeros defensores del cielo de Madrid.

Para aquel entonces, la mayoría de los pilotos de la República eran jóvenes patriotas españoles al mando de los jefes de escuadrilla Arias, Bravo, Morquillas, Pereira, Zarauza y otros, instruidos en las escuelas de aviación soviéticas y templados en los combates ala a ala con los amigos soviéticos.

Pero ni la gran maestría combativa, ni la valentía e intrepidez de los pilotos republicanos ni sus victorias tácticas en las batallas aéreas pudieron mantener el dominio de la aviación republicana en el aire. Ya en la operación de Teruel (diciembre de 1937—febrero de 1938), los intervencionistas y los rebeldes dispusieron de cinco a seis veces más aviones que los republicanos. Esta desproporción aumentó en el transcurso de 1938. Al proteger a sus bombarderos o rechazar las incursiones de los fascistas, los pilotos republicanos asestaron sensibles golpes a los "Fiat", "Messerschmitt" y "Heinkel", pero no pudieron limpiar de ellos por completo el cielo: les faltaban aviones. Y entretanto, los aviones procedentes de la Unión Soviética, embalados en cajones, ¡se cubrían de polvo en cualquier puerto o depósito ferroviario de Francia en nombre de la "no intervención"!

Al comenzar la guerra, en el ejército republicano no existían, prácticamente, unidades de tanques. El primer grado de tanquistas soviéticos llegó a España al mismo tiempo que los tanques T-26, adquiridos por el Gobierno republicano en la URSS, y constaba de 80 voluntarios encabezados por S. Krivoshéin. Su primera misión consistió en preparar cuadros españoles para formar unidades de tanques republicanas. Con este fin, el Ministerio de Guerra organizó en Archena un centro de instrucción mandado por el coronel Paredes. Sin embargo, la situación en el frente exigió que los tanques entraran en combate y los voluntarios soviéticos participaran en la batalla por Madrid antes de que estuviesen preparadas las tripulaciones españolas de los tanques.

El primer combate se libró en los accesos meridionales de Madrid, en el sector de Ceceña, el 29 de octubre de 1936. En él, los tanquistas de la compañía mandada por el capitán Paul Armand (15 carros, tripulados por 34 soviéticos y 11 españoles) revelaron valentía excepcional, causaron grandes pérdidas al enemigo y frustraron su ofensiva en dicho sector. Desde aquel día, los tanquistas soviéticos y españoles que tripulaban los T-26 no abandonaron ni una sola hora la línea del frente durante las varias semanas en que se decidió la suerte de la capital. Fueron la única fuerza móvil de choque dispuesta en todo momento, cumpliendo las órdenes del mando del Frente de Madrid, a atacar al enemigo en el sector amenazado del frente y apoyar a la infantería. Dolores Ibárruri recuerda: "Luchaban los tanquistas todo el día, la mayor parte del tiempo sin apoyo de la infantería.., sorprendiendo al enemigo, destruyendo sus baterías, sembrando el pánico en sus filas. Actuaban

limpiando los accesos de la ciudad, de la mañana a la tarde. Volvían al anochecer. Por la noche arreglaban los tanques y contra toda norma técnica y humana, ya que la resistencia de los hombres y del material tiene un límite, volvían al combate a la mañana siguiente. Muchos de estos héroes eran tanquistas soviéticos..."

La intensa participación en los combates dio lugar a que a fines de noviembre de 1936 estuvieran averiados una gran parte de los tanques y requiriesen serias reparaciones. Habían muerto en combate N. Selitski, S. Bystrov, D. Mózylev y P. Kupriánov, y a consecuencia de las heridas recibidas, S.Osadchi. Cayeron también, peleando en la retaguardia del enemigo, A. Klímov, I. Lóbach y el mecánicoconductor P. Mikólich. Muchos tanquistas resultaron heridos.

Las bajas sufridas en los combates fueron repuestas a fines de noviembre de 1936 con el segundo grupo de tanquistas voluntarios. El Gobierno español nombró a su dirigente, D. Pávlov, jefe de la la brigada de tanques. Fue equipada con carros T-26 y, en lo sucesivo, completada con otros de esta clase adquiridos en la Unión Soviética. Con carros de otro tipo —los rápidos BT, llegados a España en el verano de 1937— se formó un regimiento internacional de tanques al mando de S. Kondrátiev.

Los tanquistas voluntarios soviéticos tomaron parte en todas las grandes batallas libradas desde el otoño de 1936 hasta la primavera de 1938. Sin el apoyo de los tanques era inconcebible ni un sola operación ofensiva o defensiva de las tropas republicanas. La Unión Soviética proporcionó a la República los tanques armados de cañón que utilizaba entonces el Ejército Rojo y que eran los mejores en aquellos tiempos. Las calidades tácticas y técnicas de estos carros de combate siguieron siendo insuperables hasta el final mismo de la guerra en España. La Revue militaire générale francesa corroboró en 1938 "el fracaso de los carros alemanes e italianos empleados en España". A esta misma conclusión llegaron también especialistas militares de otros países.

Los tanques republicanos tuvieron que hacer frente, sobre todo en las operaciones ofensivas, a un enemigo serio: no a los tanques de los facciosos, sino a su artillería, que los intervencionistas suministraban en abundancia al general Franco. Pero en la defensa activa, en los contraataques, los tanques republicanos asestaban al enemigo golpes demoledores. Así ocurrió, por ejemplo, en enero de 1937 al Noroeste de Madrid y, especialmente, en las tres semanas que duró la sangrienta batalla del Jarama, en la que, como dice el general Vicente Rojo, los tanques jugaron especialmente un papel extraordinariamente útil. Bajo el mando de M. Petrov e 1. Urban, jefes de batallón, y de G. Sklezniov, D. Pogodin y V. Baránov, jefes de compañía, los tanquistas salvaron allí la situación más de una vez, y rechazando y aniquilando a los grupos de moros y legionarios que pugnaban por cortar la carretera de Madrid a Valencia.

Los voluntarios soviéticos y sus compañeros de armas españoles emplearon con éxito la experiencia adquirida en estos combates en las batallas de Guadalajara y de Brunete, así como en todas las operaciones posteriores. Al recibirse las primeras noticias de la ofensiva de los intervencionistas en la dirección de Guadalajara, se envió allí una compañía de siete tanques, con la misión de cerrar el paso a la vanguardia motorizada del cuerpo italiano. La atacó con audacia y durante todo el 8

de marzo de 1937, junto con un batallón de infantería, contuvo el avance del enemigo. Más tarde, cuando llegaron reservas del Frente del Centro, toda la brigada de tanques al mando de D. Pávlov participó en la victoriosa contraofensiva de las tropas republicanas contra los fascistas italianos, abriendo paso a la infantería. En la ofensiva de Brunete, los tanquistas, sufriendo grandes pérdidas, atacaron los nudos fortificados de la defensa fascista —Quijorna, Villanueva y Los Llanos—, con lo que ayudaron a las brigadas de asalto republicanas a tomarlos y a defender después las posiciones conquistadas.

Citaremos algunos de los numerosos ejemplos de elevado espíritu combativo de los voluntarios soviéticos. En el Jarama, el jefe de tanque Vasili Nóvikov rechazó al enemigo durante todo un día en un carro averiado por un proyectil entre las posiciones republicanas y las fascistas. El y el mecánico-conductor estaban heridos. El tirador había muerto. Pese a ello, Nóvikov no abandonó el tanque hasta que, al hacerse de noche, no llegó ayuda y el carro fue remolcado a una zona fuera de peligro. En el hospital se descubrió que Nóvikov tenía trece heridas.

Idéntica firmeza reveló P. Tsaplin, jefe de una compañía de blindados, durante un combate librado junto a Teruel en enero de 1937. Herido, y con el tanque averiado, disparó contra el enemigo durante ocho horas y luego se abrió paso hasta el dispositivo de su unidad. En aquel mismo combate, el jefe de tanque K. Bilibin saltó a tierra bajo el fuego enemigo de artillería y ametralladora, reparó una oruga estropeada y condujo de nuevo el tanque al ataque. Más tarde, en el Jarama, murió al salvar a los tripulantes de un tanque averiado.

Los tanquistas soviéticos y españoles no cedían unos a otros en heroísmo. Cerca de Guadalajara, la sección de tanques de Ernesto Ferrero ametralló desde una emboscada cerca de veinte "Ansaldo" italianos y una columna de camiones con infantería. Allí también, el voluntario A. Abramóvich y su sección condujeron al ataque a una compañía de infantería republicana y capturaron cuatro piezas de artillería, ametralladoras y numerosos fusiles. Abramóvich pereció el 10 de julio durante un ataque en Brunete. En un combate en Majadahonda (al Noroeste de Madrid), G. Sklezniov, jefe de una compañía de blindados, se acercó a rastras a un tanque en llamas abandonado por sus tripulantes heridos y lo puso a salvo del fuego enemigo. En febrero de 1937 contraatacó con su compañía a los moros, que se habían abierto paso hacia el Puente Pindoque, en el Jarama, y los rechazó. Al día siguiente murió durante un segundo contraataque. La hazaña de Sklezniov fue repetida por el suboficial Víktor Nóvikov. El 13 de octubre de 1937, durante un combate ofensivo en Fuentes de Ebro —que fue para los tanquistas el más duro y sangriento de toda la guerra—, Víktor Nóvikov resultó herido y recibió graves quemaduras, pese a lo cual sacó del combate su tanque en llamas. Otros muchos tanquistas —voluntarios soviéticos, españoles y combatientes de las brigadas internacionales— dieron aquel día pruebas de excepcional valor y estoicismo. Los jefes de tanque S. Laputin y P. Semiónov, cercados por el enemigo, dispararon hasta el último proyectil y el último cartucho y lograron llevar a los combatientes heridos de sus tripulaciones hasta las posiciones republicanas. Los tanquistas soviéticos perdieron en Fuentes de Ebro a 16 de sus camaradas.

La preparación de tanquistas españoles en el centro de instrucción de Archena, bajo la dirección de instructores soviéticos, continuó con todo éxito. Y en el otoño de 1937, todas las tripulaciones de los tanques T-26 (y en el verano de 1938, todas

las de los BT) estaban formadas por soldados y oficiales españoles. Sólo unos cuantos tanquistas soviéticos siguieron en España, desempeñando hasta el fin de la guerra funciones de instructores y consejeros en las brigadas de blindados.

La Marina de Guerra española ocupaba un lugar importante en los planes de los sublevados fascistas. La inmensa mayoría de sus oficiales, que formaba en España una casta singularmente privilegiada y cerrada, estaban complicados en el complot contra la República. Pero al producirse la sublevación, la conciencia política y la vigilancia de los marinos y suboficiales permitieron reducir a la impotencia a los conjurados. La mayoría de los buques permanecieron fieles a la República, aunque quedaron privados de casi toda la oficialidad. "La escuadra la mandan los cabos", se decía entonces de la marina republicana.

Los marinos soviéticos invitados por el Gobierno español como consejeros (N. Kuznetsov, V. Alafúzov, N. Basisti, N. Abrámov, N. Píterski, S. Sapózhnikov, G. Zhúkov y otros) centraron su atención principal en ayudar al mando republicano a asegurar la llegada de cargas militares por vía marítima. De acuerdo con un plan exacto confeccionado especialmente en cada caso concreto, los buques de guerra recibían en alta mar, al salir de las aguas territoriales del Norte de Africa, a los transportes procedentes de la Unión Soviética y los escoltaban hasta los puertos españoles del Mediterráneo. Además, los consejeros ayudaron al mando de la flota y de algunos buques a resolver otros problemas relacionados con las operaciones navales. Un grupo de marinos soviéticos —A. Golovkó, V. Drozd, S. Ramishvili y otros— trabajó en los Estados Mayores de la Marina de Guerra, en la base naval de Cartagena. En los buques mismos actuaron I. Eliséiev, V. Bogdenko y otros especialistas.

Algunos marinos voluntarios fueron nombrados capitanes de submarinos y lanchas torpederas. 1. Burmístrov, I. Grachov, N. Eguipko, V. Egórov, G. Kuzmín y S. Lisin mandaron en distinto tiempo submarinos; A. Batrakov, V. Lijoliótov, S. Osipov y otros, lanchas torpederas, cuyas tripulaciones estaban formadas en su mayoría por voluntarios soviéticos, debido a la falta en España de personal preparado.

1. Burmístrov y N. Eguipko se cubrieron de gloria por la dificilísima travesía de sus submarinos desde Francia, donde estaban en reparación, hasta Cartagena a lo largo de la costa atlántica de la Península Ibérica y a través del Estrecho de Gibraltar, es decir, por una ruta que los fascistas controlaban en casi toda su extensión.

Los consejeros soviéticos de las distintas armas hicieron una aportación sustancial a la defensa de la República y a la organización del ejército republicano. En contra de lo que decían los infundios de la propaganda hostil a la República española, los consejeros no desempeñaron ni podían desempeñar en el ejército republicano ningún papel dominante. Observaron estrictamente a todos los niveles el principio de "ayudar, pero no mandar" y se atuvieron con la misma consecuencia a las reglas de la colaboración eficiente con todos los oficiales republicanos, independientemente del partido a que perteneciesen.

Basándose en su experiencia y en la confianza que tenían en la Unión Soviética los

oficiales fieles a la República, los consejeros contribuyeron a mejorar la organización del ejército, los métodos de dirección de las tropas y la elaboración de los planes de operaciones en los frentes. Bajo la influencia de los consejeros, en cierto grado, se cambió la táctica de defensa pasiva de los primeros meses de guerra por la táctica de defensa activa, de aprovechamiento de todos los medios y posibilidades para asestar golpes a los facciosos y los intervencionistas. Los consejeros ayudaron al mando español y a los Estados Mayores a emplear con acierto el nuevo material de guerra soviético. Prestaron ayuda a los Estados Mayores al confeccionar los reglamentos, disposiciones y ordenanzas de la instrucción de las tropas y del uso de distintos tipos de armas.

El Gobierno de la URSS recomendó como consejeros a expertos jefes militares. Desempeñaron sucesivamente el cargo de consejero principal Ya. Berzin (19361937), G. Shtern (1937-1938) y K. Kachánov (1938-1939).

Diversos especialistas militares soviéticos trabajaron como consejeros en el aparato central de las Fuerzas Armadas de la República: P. Ivanov, K. Meretskov, B. Símonov y V. Butyrski (en el Estado Mayor Central); I. Nesterenko y D. Kolésnikov (en el Comisariado General de Guerra); A. Bergólts, Ya. Smushkévich, I. Gáltsev, V. Lopatin, E. Ptujin, A. Agaltsov, A. Andréiev, F. Arzhanujin, A. Sharápov, V. Kotrov, A. Repin, Z. Yoffe e I. Práchek (en el Estado Mayor de aviación); N. Vóronov, M. Klich, Y. Goffe y M. Dmítriev (en el Estado Mayor de artillería); Ya. Tykin y N. Nagorni (en el Estado Mayor de la defensa contra aeronaves), y los médicos I. Kliuss, R. Rougauz y A. Veliki (en la Dirección de Sanidad Militar).

En los Estados Mayores y el mando de los frentes actuaron como consejeros: R. Malinovski, M. Shumílov, P.Bátov, I. Kulik, I. Maxímov, A. Mokroúsov, I. Chúsov, V. Yushkévich, N. Ivanov, P. Vechni, V. Kolpakchí, V. Kumelán, V. Frolov, D. Kovaliov, P. Liapin, E. Toikko y M. Nedelin.

Los consejeros adjuntos al mando de los cuerpos de ejército, divisiones y brigadas (N. Biriukov, N. Liaschenko, V. Máslov, P. Nóvikov, A. Pomóshnikov, E. Trotsenko, M. Jvátov (Járchenko), S. Churílov y otros), así como los instructores soviéticos voluntarios qué actuaron bajo su dirección, ayudaron a los oficiales y soldados españoles y de las brigadas internacionales a dominar el manejo de las armas soviéticas y a preparar en el aspecto táctico a las unidades para las distintas formas de combate.

En los períodos de tregua entre las grandes operaciones, todo el ejército republicano se transformaba en una escuela inmensa: estudiaban los oficiales y los soldados. Había gran escasez de instructores. En las brigadas eran contados los oficiales españoles que tenían instrucción militar. Por eso, el mando republicano aceptó con gratitud la ayuda de los consejeros e instructores soviéticos.

Las dificultades originadas por su desconocimiento del español fueron superadas con la ayuda de intérpretes, en su mayoría educandos de los centros de enseñanza superior de Moscú y Leningrado. Todos ellos marcharon voluntarios a España y cumplieron valientemente con su deber.

En la primera línea, bajo el fuego del enemigo, cumplieron también abnegadamente su misión los instructores de ametralladoras y artillería: A. Rodímtsev, N. Gúriev, D. Tsiurupa, 1. Tatárinov, Ya. Ischenko, Ya. Izvékov, I. Semiónov, V. Podgoretski, N. Boiko, N. Pidorenko, M. Pliujin, N. Liaschenko, P. Nóvikov y otros. Los consejeros e instructores de los destacamentos guerrilleros (J. Mamsúrov, I. Stárinov, A. Sproguis, V. Troián, K. Orlovski y otros) hicieron frecuentes exploraciones en la retaguardia del enemigo, cumpliendo importantes misiones del mando y dando ejemplo de audacia, ingeniosidad y valentía.

Entre los caídos en los combates en tierra española figuran los instructores N. Boiko, V. Dmítriev y V. Tsvetkov, así como los consejeros V. Busjín, I. Pidgola, I. Skalko y A. Fomín.

Un grupo de ingenieros y obreros soviéticos prestó ayuda a la República en la organización de la industria de guerra. En Madrid, Valencia, Barcelona, Sagunto, Murcia, Cartagena y Sabadell se organizó la producción de armas de infantería, artillería y munición, la reparación fabril de tanques y aviones y la fabricación de autos blindados e, incluso, aunque en pequeñas proporciones, de aviones de caza. La Unión Soviética facilitó la documentación técnica necesaria para ello.

A medida que los jefes y los Estados Mayores españoles fueron adquiriendo experiencia de organización, operativa y táctica, el Gobierno soviético retiró paulatinamente a los consejeros e instructores.

Los pilotos y otros especialistas voluntarios salieron de España en septiembre y octubre de 1938 después de la decisión del Gobierno republicano de retirar del frente a los extranjeros. En febrero de 1939 sólo quedaba allí un pequeño grupo — treinta hombres— de consejeros y personal auxiliar, que después del golpe capitulador del coronel Segismundo Casado abandonó también España. En su tierra quedaron para siempre 165 voluntarios soviéticos. Uno de cada seis tanquistas y aviadores voluntarios no regresó a la Patria.

Los patriotas y demócratas españoles han valorado así en la "Historia del Partido Comunista de España" la hazaña de los voluntarios soviéticos: "En la gran ayuda moral y material del país del socialismo a nuestro pueblo destaca con inmarcesible y emocionante recuerdo la de los heroicos voluntarios soviéticos que llegaron a España para enseñar a nuestros soldados y a los jóvenes comandantes de nuestro ejército popular el manejo del moderno material de guerra y el arte militar contemporáneo. Derrochando modestia y valor, ellos mostraron cómo se debía combatir en el aire, desde los tanques modernos y contra ellos. Los voluntarios soviéticos merecen ocupar un puesto de honor en la historia de nuestra guerra".

En publicaciones occidentales se pueden encontrar cifras fantásticamente exageradas sobre la participación de los soviéticos en las operaciones militares en España. La realidad es que durante toda la guerra española combatieron y pelearon al lado de la República unos 3.000 voluntarios soviéticos, de ellos, 772 aviadores, 351 tanquistas, 222 consejeros e instructores de diversas armas, 77 marinos de guerra, 100 artilleros, 52 militares de otras especialidades, 130 obreros e

ingenieros de las fábricas de aviación, 156 radiotelegrafistas y otros trabajadores de transmisiones y 204 intérpretes. Con una particularidad: en España jamás estuvieron al mismo tiempo más de 600 u 800 soviéticos. Tales fueron la "intervención soviética" y las "divisiones soviéticas" sobre las que tanto gritó la propaganda fascista y que utilizaron como pretexto los hipócritas "apaciguadores" del fascismo en los medios gobernantes de París y Londres para colocar al mismo nivel la ayuda del pueblo soviético a la República española y la invasión masiva de España, al lado de los rebeldes, de centenares de miles de soldados y oficiales de los ejércitos regulares italiano y alemán.

El volumen global de los suministros de material de guerra soviético se ve expresado en las cifras siguientes: desde la Unión Soviética se envió al Gobierno español 806 aviones de combate (principalmente cazas), 362 tanques, 120 autos blindados, 1.555 piezas de artillería, cerca de 500.000 fusiles, 340 lanzagranadas, 15.113 ametralladoras, más de 110.000 bombas de aviación, cerca de 3.400.000 proyectiles de artillería, 500.000 bombas de mano, 826 millones de cartuchos, 1.500 Tm de pólvora, lanchas torpederas, estaciones de reflectores para la defensa antiaérea, camiones, emisoras de radio, torpedos y combustible. No todos estos pertrechos bélicos llegaron a su lugar de destino, pues, como hemos señalado ya, algunos buques soviéticos y buques de otros países fletados al efecto fueron hundidos por los piratas italianos o conducidos a puertos que se hallaban en poder de los facciosos.

Las cargas militares soviéticas llegaban a España por dos caminos: por mar a los puertos españoles del Mediterráneo y a través de Francia. Ambos caminos eran inseguros en extremo. El Gobierno francés dejaba pasar por su territorio sólo de cuando en cuando, y no por completo, el material de guerra, que permanecía meses y meses en Francia. Desde el otoño de 1937 hasta la primavera de 1938, la frontera pirenaica estuvo cerrada herméticamente para el armamento soviético. La última gran remesa de material de guerra soviético enviada a Francia comenzó a llegar a través de la frontera franco-española sólo a fines de enero de 1939, cuando gran parte de Cataluña había sido ocupada por los fascistas y no existían ya aeródromos para el montaje de los aviones.

La lucha contra el fascismo en España fue una lucha por la paz. La derrota de la República española, de la que son responsables en mucho los "apaciguadores" del fascismo en los gobiernos de París, Londres y Washington, abrió el camino de la guerra. Tan sólo seis meses después de caer la República española, la Alemania fascista desencadenó la guerra mundial. Embriagado por sus fáciles victorias sobre Francia y otros países capitalistas de Europa, Hitler agredió pérfidamente a la URSS en 1941. Todo el pueblo soviético, encabezado por el Partido Comunista, se alzó a la lucha a muerte contra el fascismo.

Más de 700 republicanos españoles que hallaron en la URSS su segunda Patria, combatieron durante la Segunda Guerra Mundial junto con los soviéticos en los destacamentos guerrilleros y unidades regulares del Ejército Soviético (de ellos 140 eran aviadores). 200 antifascistas españoles yacen en tierra soviética.

En los combates en las afueras de Moscú, Stalingrado y Kursk, sin precedente en la historia por la cantidad de hombres y material que participaron en ellos, las Fuerzas

Armadas soviéticas partieron el espinazo a la fiera fascista. "De los 13.600.000 hombres a que llega el total de bajas de la Alemania fascista, en el frente soviéticoalemán perdió diez millones entre muertos, heridos y prisioneros; tres cuartas partes de las pérdidas totales de la aviación fascista y más de la mitad de las pérdidas de las unidades de artillería y tanques corresponden también al frente soviético-alemán".

Después de expulsar al enemigo de los límites de la URSS, los combatientes soviéticos, cumpliendo con su deber internacionalista, llevaron la libertad a los pueblos de Europa Oriental, Sudoriental y Central.

Para los voluntarios soviéticos del ejército republicano español, la Gran Guerra Patria fue la continuación de la lucha contra el fascismo comenzada en la tierra y el cielo de España.

Cualesquiera que fueran los puestos que ocupasen en esta guerra —jefes de frente o de batallón—, todos llevaron al campo de batalla contra los invasores hitlerianos la experiencia adquirida en España, el ferviente patriotismo, el internacionalismo y el odio al fascismo.

La España de 1936 a 1939 fue el campo de batalla en que se libraron los combates de vanguardia entre las fuerzas de la democracia y las del fascismo. La gran victoria de las fuerzas de la coalición antihitleriana, encabezada por la Unión Soviética, coronó dignamente la heroica lucha contra el enemigo a muerte de todos los pueblos: el fascismo.

LA AYUDA DE LOS TRABAJADORES DE LA UNIÓN SOVIÉTICA A LA REPÚBLICA ESPAÑOLA Llamamiento del mitin de solidaridad con el pueblo español: Los trabajadores de la ciudad de Moscú, capital de la Unión Soviética, reunidos en un mitin multitudinario en el que participan 120 mil personas, expresamos nuestros sentimientos de solidaridad con el pueblo español que en estos momentos defiende heroicamente la República democrática y la independencia de su Patria contra la sublevación de los generales fascistas, enemigos resueltos del pueblo español, agentes del fascismo italiano y alemán. Los trabajadores de Moscú expresamos nuestra plena seguridad de que, al consolidar su frente popular único, el pueblo español saldrá completamente victorioso en su heroica y noble lucha contra los monstruos fascistas y sus protectores extranjeros. Los trabajadores de Moscú exhortamos a los trabajadores de la Unión Soviética a organizar una colecta de medios para el Fondo de Ayuda a los combatientes de España, que con las armas en la mano están defendiendo la República democrática española. ¡Viva la libertad y la independencia de España! ¡Viva la República democrática española!

¡Abajo el sangriento fascismo! Presidente del mitin: Nikolái Shvérnik (Consejo Central de los Sindicatos Soviéticos) Miembros de la presidencia del mitin: Piotr Makárov (fábrica "Serp i mólot"), Emilia Bystrova (fábrica "Nóvaya zariá"), Aleksandr Fadéiev (Unión de Escritores de la URSS), Aleksandr Fersman (Academia de Ciencias de la URSS) "Pravda", 4 de agosto de 1936

Ayer en las fábricas y empresas de Moscú y Leningrado se celebraron mítines de solidaridad con el pueblo español que está luchando contra los sublevados fascistas. Los asesinos mercenarios fascistas y sus inspiradores alemanes e italianos intentan ahogar en sangre la libertad del pueblo español. ¡Gloria a los defensores de la España libre y democrática! "Pravda", 3 de agosto de 1936 Los medios reunidos en el Fondo de Ayuda a los combatientes españoles republicanos a raíz del llamamiento del Consejo Central de los Sindicatos Soviéticos, han llegado a la suma de 12.145.000 rublos. El primer secretario del Consejo Central de los Sindicatos de la URSS, el camarada Shvérnik, ingresó esta suma en el Banco Nacional y propuso a éste poner a disposición del Gobierno español la suma correspondiente en francos franceses, o sea, 36 millones 435 mil francos... "Pravda", 6 de agosto de 1936

El Consejo Central de los Sindicatos Soviéticos comunica que la colecta de medios a favor de los niños y de las mujeres de la España republicana que realizan los trabajadores de la URSS ha llegado... el 27 de octubre a 47.595.318 rublos 31 kopeks... Con los medios recogidos los sindicatos han comprado y mandado lo siguiente: Con el barco "Neva": 30.000 puds [2] de mantequilla, 95.000 puds de azúcar, 17.000 puds de conservas, 18.000 puds de margarina, 12.000 puds de artículos de confitería. Con el barco "Kubán": 30.000 puds de harina, 27.000 puds de mantequilla, 61.000 puds de azúcar, 11.000 puds de pescado ahumado, 250.000 latas de conservas y 1.000 cajones de huevos. Con el barco "Zyrianin": 135.000 puds de trigo, 40.500 puds de azúcar, 375.000 latas de conservas de carne y 125.000 latas de leche condensada, café y cacao. Con el barco "Neva" (segunda travesía): 117.000 puds de trigo, 18.500 puds de tocino y víveres ahumados, 2.900 puds de mantequilla y 235.000 latas de conservas. Con el barco "Turksib": 180.000 puds de harina, 60.000 puds de azúcar, cerca de 5.000 puds de bacalao ahumado, 3.000 puds de caramelos y galletas, 200.000 latas de conservas, 10.000 juegos de ropa y calzado, entre éstos, abrigos y botas de niño, trajes, vestidos y pijamas de niño, etc. Continúa la colecta de medios a favor de los niños y las mujeres de los trabajadores de España. "Izvestia", 27 de octubre de 1936

Del telegrama del Comité Central del Partido Comunista de España (...) Nuestro pueblo, que sacrifica la vida en la lucha contra el fascismo, quiere que ustedes sepan que su fraternal ayuda ha aumentado nuestro entusiasmo, ha

dado nuevas energías a los combatientes y ha reforzado nuestra fe en la victoria. "Pravda", 16 de octubre de 1936

LA GUERRA NACIONAL-REVOLUCIONARIA DEL PUEBLO ESPAÑOL Y LA UNIÓN SOVIÉTICA Académico I. MAISKI [3] (...)La principal cuestión que debía resolver ahora el Gobierno español era cómo conseguir el armamento necesario.

Esta cuestión era muy complicada. En el primer período, en el invierno de los años 1936-1937, el armamento llegaba de tres fuentes principales. La primera: mediante enormes esfuerzos, por fin comenzó a funcionar la producción interior de fusiles, ametralladoras y otras armas de fuego ligeras. La segunda: al principio de la guerra el mecanismo de "no intervención" aún estaba creándose, en el mercado mundial todavía quedaban ciertos canales por los cuales la República podía adquirir, aunque a precios altísimos, armamentos y municiones en los países capitalistas. Y, por fin, la tercera: de la URSS llegaban armamentos en una cantidad relativamente grande. Desde octubre de 1936 hasta septiembre de 1937 la URSS mandó a la República española, por el Mar Mediterráneo, 23 cargueros con armamentos.

Más tarde el suministro desde los países capitalistas se terminó casi por completo. Quedaron solamente la producción interior y el abastecimiento de armamentos por parte de la Unión Soviética, pero ésta también tenía sus restricciones. La base principal de la producción interior era la industria de Cataluña, donde los anarcosindicalistas tenían una influencia decisiva. Como resultado, una parte considerable del armamento que se producía en Cataluña no llegaba al frente, sino que no salía de allí, de los arsenales "particulares" de los grupos anarquistas que en vez de combatir activamente a Franco sé preocupaban más de luchar contra el Gobierno central.

En lo que se refiere a la Unión Soviética, el volumen de los suministros de armamentos se limitaba por las dificultades del transporte. En el otoño de 1937 hubo que poner fin al transporte a través del Mar Mediterráneo puesto que los submarinos y aviones de "países desconocidos" (principalmente italianos) comenzaron a hundir a los barcos con armamento destinado a la República española. Entonces, los suministros de armamento soviético empezaron a efectuarse por el Norte: el Báltico, el Canal de la Mancha, Francia; pues, por motivos que no estoy en condiciones de explicar aquí, Francia desde mediados de 1937 hasta mediados de 1938 se vio obligada a mantener abierta la frontera franco-española. No obstante, la Unión Soviética también se enfrentaba con el sabotaje de los gobiernos franceses de aquel tiempo que no querían estropear sus relaciones con Hitler por "esos españoles". El siguiente hecho testimonia muy bien hasta qué punto llegó la enemistad del París oficial hacia la República española. En vísperas del último combate decisivo por Cataluña, a finales de 1938 y comienzos de 1939, en la parte francesa de la frontera franco-española había 500-600 aviones, mucha artillería, 30 lanchas torpederas y otro material de guerra. Todo esto, con grandísimas dificultades, lo compró en el extranjero el Gobierno

republicano durante varios meses; si eso hubiese llegado oportunamente a su disposición, el término de los combates por Cataluña y todo el sucesivo curso de los acontecimientos, probablemente, habrían tenido completamente otro signo. Pero el Gobierno francés de Daladier, que se esforzaba por ahogar lo antes posible a la República española, se negó a permitir pasar el armamento mencionado a su dueño legítimo y así facilitó la victoria de Franco y los intervencionistas.

Al hacer un repaso retrospectivo a toda la historia de la guerra española puede afirmarse con pleno fundamento que el motivo principal de la derrota fue la permanente "hambre de armamentos".

A la República española le dio muchas fuerzas la simpatía general que ella tenía entre los sectores democráticos en todos los confines de la Tierra.

Ya el día 3 de agosto de 1936, dos semanas después de comenzada la sublevación, en la Plaza Roja de Moscú hubo un multitudinario mitin presidido por el dirigente del Consejo Central de los Sindicatos Soviéticos, N. Shvérnik.

En aquellos días hubo mítines análogos en Leningrado, Kíev, Tbilisi y otras grandes ciudades. El llamamiento hecho en la Plaza Roja fue secundado por millones de obreros, campesinos e intelectuales de la Unión Soviética; en la colecta comenzaron a ingresar medios de todos los rincones del país.

El 26 de septiembre llegó a Alicante el primer barco soviético, el "Neva", que llevó diversos productos. Después del "Neva" a los puertos de la República española arribaron los barcos soviéticos "Kubán", "Zyrianin" y otros. La llegada de cada barco soviético hacía surgir un enorme entusiasmo entre la población local, pues para el pueblo español estos barcos no sólo eran una fuente de abastecimiento de productos muy necesarios, también eran un símbolo que les animaba, un símbolo de que el pueblo español no estaba solo en su difícil lucha contra el fascismo, de que millones de trabajadores de la Unión Soviética con gran simpatía eran solidarios con él.

La prensa soviética también se pronunciaba en apoyo del pueblo español. El 5 de agosto de 1936, el editorial de Pravda, titulado "En defensa del pueblo español, contra los asesinos fascistas y los intervencionistas", decía lo siguiente:

"Millones de trabajadores de la Unión Soviética ya han levantado su voz de indignación y protesta contra los intervencionistas fascistas. En sus mítines mandan fraternales saludos al pueblo español y le desean la victoria en la lucha contra los traidores a su Patria e incendiarios de la guerra, por la paz y la libertad".

En el discurso que hizo el 6 de noviembre de 1936 en ocasión del aniversario de la Revolución de Octubre, M. Kalinin dijo:

"Los pueblos de la Unión Soviética han tendido su mano fraternal a los trabajadores

de España... Nuestra diplomacia lucha incansablemente por que las partes beligerantes se encuentren en iguales condiciones, aunque sea en poder adquirir pertrechos en otros países. Como se sabe, la diplomacia soviética choca en esto con una enorme resistencia, y no solamente por parte de los países fascistas (lo que es natural), sino también por parte de los democrático-burgueses... La importancia de la lucha del pueblo español rebasa en mucho los límites de las fronteras de España".

También jugaron un notable papel los periodistas y escritores soviéticos. En particular, los nombres de Mijaíl Koltsov e Ilyá Ehrenburg están estrechamente ligados a la lucha del pueblo español. Sus reportes desde Madrid, el Frente de Aragón y otros frentes eran siempre esperados por la prensa mundial. El "Diario español" de Koltsov, hoy Por hoy, continúa siendo un brillante bosquejo de grandes y pequeños acontecimientos de la guerra española, de los heroicos defensores de la República, de sus sentimientos y de su espíritu...

La expresión de simpatía hacia la República española no se daba solamente en las fronteras de la URSS. En Londres, París, Estocolmo, México y otras capitales tuvieron lugar grandes mítines de protesta contra la intervención fascista. Eminentes científicos, escritores, personalidades del arte y de la cultura de diferentes naciones hacían llamamientos antifascistas. En los cinco continentes comenzaron colectas de dinero a favor de los trabajadores españoles. Desde la URSS, Inglaterra, Francia salieron barcos con comestibles y diversos artículos de uso y consumo con destino a la República española...

Todo esto y mucho más demostró que el pueblo español no estaba solo en su heroica lucha, que tenía en el extranjero numerosos amigos, que el mundo veía en él la vanguardia de la democracia preparada para afrontar a las negras fuerzas del fascismo.

JUNTO A LOS MARINOS ESPAÑOLES EN LA GUERRA NACIONALREVOLUCIONARIA N. KUZNETSOVI [4] (Héroe de la Unión Soviética) Las tropas de los sublevados, que a finales de octubre de 1936 avanzaron hacia Madrid, estaban pertrechadas con armas y artillería italianas y alemanas, a éstas les abrían el camino los tanques y los aviones de esos países. Se hizo evidente que los generales sublevados, apoyándose en la manifiesta agresión armada de las potencias fascistas, consiguieron convertir la sublevación en una guerra grande. El destino de la República y la libertad del pueblo español ahora dependían de la rapidez de la organización y del armamento de las unidades del nuevo ejército regular y de la creación de una aviación republicana. Pero se opusieron los gobiernos de Francia, Inglaterra y EE.UU., bajo el falso rótulo de "no intervención" privando al Gobierno español de su derecho legítimo de adquirir armamentos.

En ese momento crítico para el pueblo español acudió en su ayuda la Unión Soviética. A partir de entonces la garantía de la seguridad de los cargueros

marítimos, y en primer lugar de los procedentes de la Unión Soviética, devino la principal tarea a cumplir por la Marina de Guerra republicana.

Sin duda, la más valiosa contribución de la flota republicana en la guerra nacionalrevolucionaria del pueblo español fue asegurar las comunicaciones marítimas. Esa labor se notaba poco entre las masas, pues por lo común no se acompañaba de acontecimientos de gran resonancia y de operaciones que llegasen al conocimiento de todos.

En aquellos años el transporte de armamentos y otras cargas de importancia vital para la República se realizaba sobre todo por mar, de los puertos soviéticos del Mar Negro a los puertos españoles del Mediterráneo, en primer lugar, a Cartagena. Los franquistas y también los fascistas italianos y alemanes hacían todo lo posible (incluyendo el bombardeo y el torpedeo de los barcos) por perturbar las comunicaciones entre la URSS y España. Y en esos momentos aparecía en escena la Marina de Guerra republicana y en cualquier circunstancia acompañaba a los barcos que llevaban tan preciadas cargas a España. Hay que decir que a pesar de todas las dificultades internas la flota republicana cumplió esta tarea. Hasta septiembre de 1937 de la Unión Soviética a España llegaron más de 20 grandes cargueros y la piratería de los barcos de la flota italiana perturbó las comunicaciones marítimas con Oriente sólo a finales de 1937. Yo quisiera contar aquí algo sobre esta gloriosa página de la historia de la Marina de Guerra republicana.

Ya en septiembre de 1936 los barcos soviéticos "Neva" y "Kubán" llevaron de Odesa a Alicante comestibles y ropa para las mujeres y los niños españoles, donados por los sindicatos soviéticos. Desde octubre comenzaron a arribar barcos con armamentos y municiones. El primero de éstos fue el "Komsomol", que transportó tanques, camiones y algunos cañones. Como el "Neva" y el "Kubán", el "Komsomol" hizo la travesía sin ningún aseguramiento por parte de los barcos de guerra republicanos, solamente le recibió una lancha de motor del piloto para indicarle el lugar de anclaje en el puerto. El capitán del carguero era G. Mézentsev. En el barco también llegaron tanquistas voluntarios bajo el mando de S. Krivoshéin.

Cuando el "Komsomol" echó anclas en el puerto de Cartagena fui allí en una lancha de motor. Me puse pronto de acuerdo con el capitán a pesar de que antes no nos conocíamos. Con los tanquistas la cosa resultó más dificil. S. Krivoshéin, que era el responsable, me exigió documentos que respaldasen mi derecho a disponer de la carga del barco. Entonces, ni yo ni ningún otro podía tener tales documentos. Sólo él sabía qué carga y en qué cantidad había llegado. Lo único que sabía yo es que esa carga había que mandarla lo antes posible' a Madrid. En aquel momento el representante del Ministerio de Guerra no estaba en Cartagena, pero tampoco se podía perder tiempo, había que descargar el barco: en cualquier momento podía aparecer la aviación franquista. En las condiciones de Cartagena mantenerlo en secreto era imposible y yo intentaba convencer a los tanquistas de la conveniencia de comenzar inmediatamente la descarga. Mientras que G. Mézentsev atracaba el barco, llegó al arsenal un oficial tanquista al que Krivoshéin dio crédito a pesar de que tampoco tenía mandato alguno.

La primera partida de tanques ya estaba en el arsenal detrás de una alta tapia,

pero ya toda la ciudad conocía este hecho y lo comentaba vivamente. Cuando los tanques se dirigían a través de la ciudad a Murcia y luego a Archena, en donde tenían que prepararse rápidamente para los combates por Madrid, el júbilo de la población no tenía límites.

—¡Viva Rusia! ¡Viva! —gritaba la gente y lanzaba al aire los sombreros.

Desde Madrid nos apresuraban, hacían mucha falta las armas que descargamos. El general franquista Queipo de Llano, cuando supo que llegó una partida de armamentos para los republicanos, comenzó a amenazar por radio con destruir Cartagena.

En noviembre de 1936 el Gobierno se trasladó de Madrid a Valencia. En Madrid se sostenían grandes combates. En el Mar Negro se cargaban barcos españoles con destino a Cartagena. Después de los primeros fallos y lentas descargas se tomaron medidas para ampliar el puerto, construir refugios y seleccionar mejor el personal.

En estas travesías se utilizaron grandes barcos españoles de 20 mil toneladas de desplazamiento. Poco a poco se complicaba más la organización del encuentro con ellos en el mar, pero se garantizaba con hombres y con los medios de comunicación necesarios. Cada mes llegaban a la flota marinos voluntarios. A principios de noviembre llegaron S. Ramishvili y V. Drozd. Yo los conocía bastante bien, les recibí con gran alegría y les presenté al mando de la flota y de la base. S. Ramishvili hablaba bien el francés, lo cual le ayudó mucho desde los primeros días de su estancia en España. El jefe de la base, Antonio Ruiz, le pidió que se quedase en la base en calidad de asesor y él accedió gustoso. Pasaron tres o cuatro meses y Ramishvili ya hablaba el español con bastante soltura, puso muchas energías para mejorar la organización del trabajo de la base y, en particular, para efectuar más rápido la descarga de los barcos.

V. Drozd (don Ramón) fue destinado a la flotilla de destructores que mandaba Vicente Ramírez.

Burmístrov servía en los submarinos y hacía todo lo posible para conseguir éxitos en las operaciones militares de éstos, cumpliendo las funciones de capitán de submarino del tipo "C".

Yo tuve que establecer una comunicación directa y segura con Moscú y con los cargueros que se dirigían a España. Las operaciones del encuentro de las "y griegas" solían comenzar con los datos que yo recibía sobre la probable fecha de salida, a base de los cuales calculaba el tiempo de llegada al lugar del encuentro. Eso se coordinaba con Moscú y se confirmaba. Después de que el carguero pasaba por determinados puntos, Cartagena se ponía en comunicación directa con éste y seguía su curso. En la medida que el carguero se acercaba se precisaba la situación militar en el mar y el comandante en jefe de la flota decidía el aseguramiento que hacía falta para éste. Por regla general, cuando en Gibraltar o en la Isla de Mallorca había cruceros de los sublevados, el comandante en jefe mandaba para proteger las comunicaciones uno o dos cruceros y varios destructores. Partiendo de esa

misma situación se establecía el lugar del encuentro. Al principio se solía comenzar el acompañamiento de los cargueros cerca de Cartagena, en algún sitio próximo al Cabo de Ténés en Africa, pero después la escuadra tenía que salir más lejos hacia el Oriente. Los meses de invierno (noches oscuras y tempestades), por una parte facilitaban la protección de los cargueros, pero por otra hacían muy difíciles las salidas, sobre todo para los destructores. Algunas veces, después de haber soportado una gran tempestad, los barcos regresaban con las bordas deterioradas pero, generalmente, continuaban en servicio. La solidez de los barcos españoles y los hábitos marinos del personal eran una gran garantía.

Así pasó el invierno de 1936-1937. Ha quedado en la memoria el mes de febrero que fue muy difícil. La escuadra estaba permanentemente ocupada en las salidas al mar y ya necesitaba reparaciones. En este momento, tan inoportuno para la flota republicana, los sublevados comenzaron la ofensiva sobre Málaga. La operación terrestre de los fascistas estaba apoyada no sólo por los cruceros de los sublevados "Canarias" y "Baleares", sino también por los barcos de guerra italianos que maniobraban haciendo exploraciones y observaciones. A las operaciones bien preparadas y coordina-das de los fascistas los republicanos no pudieron contraponer una defensa fuerte y bien organizada. En parte se debió a que en la región de Málaga predominaban los anarquistas. En la flota se conoció con demora el comienzo de la operación. La flota salió al mar y repetidamente se enfrentaba con los cruceros italianos a los que, por confusión, tomaba por los buques de los sublevados, y cuando empezaba a maniobrar para el combate los italianos la esquivaban mostrando la bandera neutral.

Hay que reconocer que las acciones de la flota republicana hubiesen podido tener más éxito, pero la mala preparación de las operaciones no permitió realizar una ofensiva sobre los barcos de los sublevados. En particular hubiesen podido tener gran éxito los ataques nocturnos de los destructores.

Los marinos españoles sintieron profundamente la pérdida de Málaga, lo que tuvo grandes consecuencias para toda la España republicana y sirvió de motivo para acelerar el reforzamiento del ejército regular.

Llegó la primavera del 37.

El ejército popular español, con la ayuda de la Unión Soviética y de los voluntarios de las brigadas internacionales, paró la ofensiva fascista sobre Madrid, derrotó a los sublevados y a los italianos en Guadalajara y se estaba preparando para iniciar una contraofensiva. En el Gobierno hubo cambios y mejoras. Aparecieron nuevas esperanzas de acabar la guerra con éxito. El problema de los armamentos tenía importancia decisiva.

En Cartagena terminó una etapa del suministro de cargas militares a España. Después comenzó la segunda etapa: todo lo recibido había que descargarlo urgentemente y mandarlo a diferentes puntos en los que se formaban unidades del ejército.

Los aviones se mandaban a los aeródromos vecinos. Allí, dispersados por todo el campo, e incluso por la carretera, se les preparaba para los combates aéreos. En los aeródromos a veces la intranquilidad era aún mayor que en nuestra ciudad. Cuando en Cartagena no había barcos los franquistas pasaban los ataques aéreos a los aeródromos. En éstos vivían muchos compañeros nuestros ocupados en el montaje de los aviones. En sus ratos libres les gustaba visitar Cartagena y tomarse una tacita de café o una copa de coñac.

Teníamos gran amistad con los aviadores españoles y con nuestros compañeros que trabajaban en los aeródromos cercanos a la ciudad. Los bombarderos actuaban en el mar apoyando a los barcos o atacaban los puertos y los buques de guerra de los fascistas. La flota disponía de un reducido número de aviones y cuando la situación lo exigía le pedíamos al general Douglas poner temporalmente a nuestra disposición un par de escuadrillas, a lo que el general corrientemente accedía, si la situación en los frentes se lo permitía.

I. Proskúrov y N. Ostriakov encabezaban la unidad de bombarderos destinados a la flota y su actividad estaba estrechamente enlazada con la flota republicana. Después de una incursión a los cruceros del enemigo, en la que no consiguieron ningún éxito, los dos se rompían la cabeza pensando cómo maniobrar mejor y adónde apuntar mejor para hacer mayor daño al buque enemigo, y entonces llegaron a la base y, tras examinar buques semejantes a sus blancos en escala natural, elaboraron su táctica para las operaciones futuras. Eran excelentes personas y valientes aviadores. En cualesquiera condiciones del tiempo y a largas distancias salían estos pilotos al mar en escuadrillas o aviones separados y se afligían mucho cuando creían que sus bombas habían dado en el blanco, y el crucero enemigo se escapaba sin deterioros. N. Ostriakov, cuando regresó a la Patria, fue jefe de la aviación de la flota del Mar Negro y pereció en Sebastópol durante la Gran Guerra Patria.

Los tanquistas frecuentaban Cartagena. Después de llegar con una "y griega" o después de recibir los tanques en el puerto, cruzaban la ciudad con estruendo y a menudo pasaban desde la marcha al combate en algún sitio cerca de Madrid. En su mayoría eran voluntarios soviéticos que, después de los grandes combates, consideraban que los días pasados en Cartagena eran días de descanso y otra vez se iban a sus unidades.

Todos los voluntarios, aviadores, tanquistas y marinos, cumplían con honor su deber. Entonces mucho se hacía en secreto, los voluntarios usaban otros nombres y apellidos. Con un cuidado bastante exagerado llegaban por mar o por tierra hasta la frontera española, absteniéndose de decir una palabra de más. Después, poniéndose con gallardía una boina española, aprendían las primeras palabras españolas, las más necesarias, y se sentían seguros en su nuevo puesto de lucha.

EL GRAN ENTUSIASMO REVOLUCIONARIO ESPAÑOL

R. MALINOVSKI [5] (Mariscal de la Unión Soviética, dos veces Héroe de la Unión Soviética) Toda mi generación recuerda aquellos alarmantes días de julio de 1936 en que por todo nuestro país se difundió la noticia de la sublevación fascista en España... Allí, a miles de kilómetros de la Unión Soviética, bajo el cálido cielo de los Pirineos, estalló la guerra y la España republicana se levantó contra las fuerzas negras del fascismo.

Aquella era en esencia la primera prueba de las fuerzas militares del fascismo, llamada de forma muy precisa el combate de exploración, el preludio de la Segunda Guerra Mundial.

Llegué a París, el punto de mi ruta desde el cual pasaría a España. Me presenté en nuestra embajada. En uno de los despachos varios funcionarios soviéticos conversaban con gran interés con un hombre enjuto, de frente alta, vestido de civil. Por su planta se podía adivinar que era militar.

— ¿Quién es? —le pregunté a mi acompañante. — ¿Quiere que se lo presente? Es el capitán Armand, acaba de llegar de allí.

"De allí" significaba de España. En fin, yo ya había oído hablar de Armand pues bajo su dirección actuaban en Madrid con notable heroísmo nuestros tanquistas. Yo conocía, a través de las informaciones que mandaba Mijaíl Koltsov a Pravda, el valor que mostró el propio Armand en esos combates, a pesar de que en los reportes de prensa, por motivos comprensibles, a Armand le llamaban sencillamente "el capitán". También sabía que Armand había sido galardonado con nuestra más alta condecoración militar, el título de Héroe de la Unión Soviética. No es extraño que al cabo de un minuto ya estuviésemos dándonos un fuerte apretón de manos y el famoso tanquista comenzó a ponerme al tanto de los acontecimientos españoles. Existe una gran diferencia entre las fuentes oficiales y el relato de una persona que lo ha visto y 10 ha sentido todd. Capté muy bien las imágenes de las proezas de los combatientes de la Primera brigada internacional, mandada por Kleber y compuesta por los batallones alemán, polaco y francés, del valor de nuestros gloriosos tanquistas y aviadores, de la valentía de los milicianos del famoso Quinto Regimiento, creado por el Partido Comunista de España.

La conversación con Armand me convenció una vez más de que era una vana fanfarronería la frasecita del general traidor Mola, que dijo: "Cuatro columnas avanzan conmigo hacia la capital y mi quinta columna ya se encuentra en Madrid". Los ataques de los secuaces fascistas de Mola fueron rechazados y la "quinta columna" fue aplastada por las milicias obreras. Fue inútil el celo de los lacayos de Franco, que le prepararon un caballo blanco para la ceremonial entrada en el Madrid vencido el 7 de noviembre de 1936. Madrid resistió, no fue conquistado por los sublevados el 7 de noviembre, los fascistas no consiguieron profanar el día de nuestra gran revolución. No lo tomaron hasta el final de un combate que duró casi tres años. Madrid, como símbolo del alto espíritu patriótico de los republicanos, no fue vencido nunca, eso es, ¡nunca!

Hay que recordar también a las heroicas mujeres soviéticas que trabajaban

aquellos días de traductoras con nuestros asesores. Entre ellas estaban María Fortus, Elizaveta Tíjonova, Lida Lébedeva, Lialia Konstantinóvskaya y muchas otras. No puedo aguantarme la sonrisa cuando me viene a la memoria un caso curioso.

En un sector del frente los republicanos no pudieron contener los ataques y comenzaron a retirarse en una completa desbandada. María Fortus, que estaba allí, decidió parar a los combatientes dominados por el pánico. Pero, ¿cómo? Entonces le ayudó el conocimiento del idioma español o, más bien, del carácter español, a pesar de que tuvo que rebasar los límites del pudor femenino. En el alboroto, de repente los combatientes oyeron la sonora voz de María Fortus:

—¿Quién os ha capado? —¿Cómo que quién nos ha capado? —decían parándose los combatientes sorprendidos. —¡Pues sí! ¡Si no estuviéseis capados, seríais hombres y no os escaparíais del campo de batalla!

Y así los combatientes, ofendidos y rojos de vergüenza, junto con María vuelven atrás y arremeten al ataque contra el enemigo. La osada acción de María Fortus permitió restablecer la situación en este sector del frente.

Guadalajara... Con razón se hizo símbolo de la firmeza y del valor de los combatientes republicanos. Los italianos, embriagados por sus fáciles victorias en Abisinia y en el Frente de Málaga, pensaron que aquella operación iba a ser un paseo por la carretera de Zaragoza. El alto mando italiano, confiando en la potencia de su cuerpo de ejército, no dio importancia a tales "menudencias" corno el enorme entusiasmo patriótico de los combatientes republicanos, decididos a morir que a entregar Madrid a los intervencionistas. Tampoco tomó en cuenta el hecho evidente de que la formación del cuerpo para el combate y las condiciones del terreno permitían a los republicanos crear una defensa fuerte y acercar rápidamente las reservas.

Los intervencionistas de nuevo tenían fuerzas superiores. Pero ya un día después llegó la l la brigada internacional con una compañía de tanques T-26. Maniobrando y haciendo emboscadas los carros de combate recibieron a los intervencionistas con un fuego intenso. Al otro día entraron en combate la 2a brigada española y la 12a internacional. Durante tres días de ofensiva los fascistas pudieron avanzar 30 kilómetros en lugar de los 25 diarios que pensaban. El 12 de marzo en la parte republicana ya actuaban tres divisiones y dos batallones de tanques bajo el mando del general D. Pávlov. Simultáneamente atacaron al enemigo los aviadores republicanos con aparatos soviéticos. Destrozaron las reservas cercanas de los intervencionistas con permanentes bombardeos y fuego de ametralladoras.

Aquello fue un triunfo de la aviación republicana. Los aviadores salían a cumplir las tareas en grandes grupos bajo el mando de combatientes experimentados, de altos jefes de aviación, incluyendo a Ignacio Hidalgo de Cisneros, el comandante en jefe de la aviación republicana. La familia De Cisneros prefirió participar en la dura lucha por la libertad de la querida España a todos sus privilegios hereditarios. El jefe de la aviación republicana tenía todas las cualidades de un verdadero combatiente y

personalmente salía con sus subordinados en los vuelos más difíciles. También encomendaba semejantes tareas a su asesor, el magnífico aviador soviético Yákov Smushkévich. Así sucedió también en los días que estamos describiendo.

La iniciativa pronto pasó a la parte republicana y el 18 de marzo comenzó una gran ofensiva. La velocidad del movimiento de las unidades del cuerpo italiano en efecto alcanzó los 25 kilómetros al día, pero no hacia delante, sino hacia atrás, a lo largo de aquella misma carretera de Zaragoza. Pasaron algunos días y el cuerpo expedicionario italiano dejó de existir.

*** Un buen día de junio de 1937 me llamó el general Rojo, jefe del Estado Mayor del ejército republicano. Tuve que verlo varias veces y siempre me quedó la impresión de que era un jefe militar serio, inteligente y valiente. Igual que algunos otros oficiales de carrera fieles a la República, fue una feliz exclusión entre los mediocres y también, aunque no todos, traidores directos de los intereses del pueblo español, cuya influencia hacía tanto daño a la defensa de la República. Vicente Rojo era de origen pobre, se dedicó al arte militar, superando el estancamiento y la rutina del viejo ejército, estudió la estrategia, la táctica, la historia del arte militar e incluso llegó a dar clases de táctica en la Escuela Militar de Cadetes. Cuando estalló la sublevación fascista se puso sin vacilar del lado de la República, luchó con valentía encabezando las columnas de las Milicias Populares en los accesos a Madrid, combatió a aquellos mismos hijos de la nobleza a los que había inculcado la ciencia militar que ellos empleaban contra su propio pueblo. Era natural que el general Rojo, profesor de la Escuela Militar de Cadetes, se hiciera un gran jefe militar republicano y, siendo jefe del Estado Mayor (bajo el mando del ignominioso Miaja), fue en esencia el que encabezó la heroica defensa de Madrid.

Nosotros, los especialistas militares, recibimos con enorme satisfacción en mayo de 1937, la noticia de que Vicente Rojo había sido nombrado jefe del Estado Mayor Central. Pronto sentimos que en el timón de ese "cerebro" del ejército republicano estaba un hombre sensato y muy necesario para España.

*** La toma del Norte republicano puso en manos de los franquistas enormes ventajas: Franco pudo trasladar las tropas que combatían allí a otros frentes sin sentir la amenaza que hasta entonces tenía en su retaguardia; los sublevados ya disponían de los puertos marítimos del Norte a los cuales llegaba el ferrocarril (Bilbao, Santander, Gijón), accesibles para los buques de los intervencionistas. Además, en el Norte, la traición de ciertos representantes del alto mando militar republicano llevó a que de las regiones de Bilbao y Santander no se evacuara mucho material militar y éste cayó en poder del enemigo.

En estas desfavorables condiciones el ejército republicano realizó la operación de Teruel, emprendida con el fin de frustrar una gran ofensiva de los sublevados y los intervencionistas sobre Madrid y hacer desviar grandes fuerzas enemigas de la dirección de Guadalajara. Esta idea se pudo cumplir brillantemente debido a los fallos tácticos cometidos por los franquistas (por enésima vez). Pero, a pesar de

todo, la operación de Teruel tampoco obtuvo un digno desarrollo. El enemigo, habiendo trasladado sus tropas de la dirección de Guadalajara, se lanzó sobre la defensa republicana con fuerzas varias veces superiores. El enemigo no sólo liquidó todo el éxito que tuvieron los republicanos, sino que a la postre les puso en una situación operativa desventajosa, consiguió libertad de acción para preparar una gran operación en Aragón.

A fines de 1937 concluyó mi segundo plazo de estancia en España. Y de nuevo me enfrenté a un dilema: regresar a la Unión Soviética, dejando a mis compañeros de armas en vísperas de nuevas y duras pruebas, o quedarme, quedarme cumpliendo un deber, quedarme por propia voluntad, pero sabiendo de antemano que eso provocaría la insatisfacción de mis jefes.

Escogí lo segundo.

En los primeros días de abril la España republicana se encontraba en una situación particularmente dura. Los sublevados y los intervencionistas tomaron Lérida y Gandesa. Le tocaba el turno a Morella, después de lo cual el enemigo podía pretender salir al mar. Un gran peligro amenazaba a Cataluña. Por lo extenuadas que estaban, era difícil llamar unidades militares a las unidades del ejército de Oriente que la defendían.

El 5° cuerpo de ejército de Modesto estaba extremadamente agotado. Cada una de sus brigadas no era mayor que un batallón, igual que las unidades del 22° cuerpo de ejército que actuaba en dirección a Morelia. Estos dos cuerpos retenían una fiera ofensiva de once divisiones perfectamente armadas de los sublevados y de los intervencionistas.

Comenzaron también días negros para la aviación republicana. Perdió todos los aeródromos. La construcción de nuevas pistas de aterrizaje, que se inició con urgencia en las cercanías de Barcelona, Figueras y Ripoll, difícilmente culminaría a tiempo. Cataluña es una región montañosa. Continuar la retirada por parte de los republicanos hubiese hecho necesario evacuar los aviones a la zona central de la España republicana, lo cual equivalía a retirarlos de las operaciones militares.

En aquel momento toda la atención del alto mando se centraba en salvar Cataluña, hubo que admitirse la posibilidad de que los sublevados y los intervencionistas salieran al mar.

El sentido común, el cálculo de las fuerzas y los medios de que disponía la República muestran que incluso en este momento catastrófico todavía se podía mantener el territorio que ocupaban los republicanos. Los acontecimientos posteriores, los grandes combates en los campos de Levante, cuando resultó imposible para los intervencionistas y los sublevados avanzar hacia Valencia, demostraron claramente la fuerza de la resistencia de que era capaz el pueblo español.

En aquellos días, tan duros para España, me plantearon por tercera vez regresar a la Unión Soviética.

Fue muy triste la despedida con el coronel Menéndez, con el comandante Ciutat, con todos los que fueron para mí tan queridos y cercanos.

—¿Nos puede hacer un favor? —me preguntó Ciutat cuando nos abrazamos por última vez. —Todo lo que usted quiera.

Y entonces, con lágrimas en los ojos, me dijo:

—Transmita al pueblo soviético que España no se doblegará —y levantó el puño bien apretado—: ¡No pasarán!

LA ARTILLERÍA DE LA ESPAÑA REPUBLICANA N. VORONOV [6] (Mariscal Principal de Artillería) Entonces el Gobierno español solicitó ayuda a la Unión Soviética. ¿Acaso el País de los Soviets, su Gobierno, todos nosotros, los soviéticos, hubiésemos podido permanecer indiferentes ante el llamado de un Gobierno legítimo elegido por el pueblo? Nosotros comprendíamos y sentíamos profundamente la desgracia del pueblo español que cayó víctima de una agresión traidora de la reacción interior y de los intervencionistas extranjeros. Y aunque no conocíamos mucho sobre el lejano pueblo español, teníamos una idea bien clara de lo que era el fascismo y de sus planes de guerras anexionistas. Por eso, desde los primeros días de la sublevación de los generales fascistas, por todo el País soviético se levantó una ola de gran simpatía hacia el pueblo español y de deseo de ayudarlo. El Gobierno soviético acogió favorablemente la solicitud de España y, junto con el suministro de material de guerra, accedió también a que fuese allí un reducido número de voluntarios, tanquistas, aviadores, artilleros y de otras especialidades militares, que ardían en deseos de ayudar al joven ejército revolucionario a dominar el material de guerra.

Los destinos de la República española y de la causa de la paz y la democracia en toda Europa dependían de si llegaba a tiempo o no nuestra ayuda, es decir, nuestras armas y asesores. Por eso, nosotros, los voluntarios soviéticos, nos esforzábamos por llegar cuanto antes a España y a su corazón, Madrid.

En esa grave situación el Gobierno republicano se vio obligado a crear un nuevo ejército regular. Se aprobaron decretos por los cuales los combatientes y los jefes de las Milicias Populares desde el 10 de octubre pasaban al régimen de ejército regular.

A mediados de octubre el Gobierno de la España republicana, a exigencia del Partido Comunista y de otras organizaciones democráticas, tomó la decisión de formar las seis primeras brigadas de infantería de tipo regular. La primera de ellas se creó con las columnas que mandaba el comunista Enrique Líster, jefe del 5* regimiento. Las otras cinco brigadas se formaron en un corto plazo con voluntarios de las Milicias Populares.

A Albacete, donde éstas se formaban, llegó la directriz pertinente del Ministerio de Guerra. Allí llegamos los voluntarios soviéticos K. Meretskov, B. Símonov y yo para prestar ayuda a la plana mayor local en el urgente cumplimiento de tan importante decisión del Gobierno. En este caso la demora era peligrosísima pues el enemigo se aproximaba a la capital y el Gobierno, aparte de estas futuras brigadas, no disponía de ninguna otra reserva.

Al llegar vimos que no se hacía nada para formar las brigadas; elaboramos urgentemente los proyectos de los documentos necesarios para el caso: la orden de formar las unidades, el proyecto de las plantillas y del personal de las brigadas, las instrucciones del abastecimiento, etc. Los oficiales españoles de la plana mayor aprobaron nuestro trabajo, lo cual nos alegró. Inmediatamente comenzaron a traducir los documentos al español. Al amanecer, ya estaban preparados. Los examinamos y quedamos completamente satisfechos. No obstante, Kiril Afanásievich Meretskov se encontraba inquieto por el destino de éstos y le propuso a B. Símonov ir a la plana mayor para interesarse por la forma en que habían salido estos papeles a las unidades. Al poco tiempo regresó con cara triste y muy excitado. ¿Qué había pasado? Resultó que habían preparado todos los papeles en dos ejemplares, uno nos lo dieron a nosotros y el otro lo archivaron. A su destino no había llegado ninguna clase de orden preliminar. Para nosotros, que acabábamos de llegar, nos era muy difícil comprender qué pasaba allí: si era aquello un sabotaje consciente o sencillamente la inercia burocrática de los funcionarios. En lo sucesivo también chocamos con fenómenos semejantes. Comenzamos a ayudar a la plana mayor de Albacete a cumplir en su totalidad las decisiones del Gobierno republicano.

La formación de las brigadas de infantería afrontaba grandes dificultades. Faltaba todo menos los voluntarios. El mando de las brigadas solía conseguir allí mismo algunos uniformes, equipos, calzado e incluso armas. Por regla general, los primeros días el personal de las brigadas se abastecía con comestibles de los medios locales.

En los primeros días de noviembre, cuando el frente ya estaba en las cercanías de la capital, las brigadas 2, 3, 4, 5 y 6 que se formaron y se armaron urgentemente, fueron trasladadas a Madrid. Allí, junto con dos brigadas internacionales, rechazaron la ofensiva del enemigo. Muchas veces hemos recordado nuestra tan oportuna participación en la creación del nuevo ejército regular republicano.

A finales de octubre llegó la ayuda soviética, los tanques y los aviones. El sentido común y la necesidad operativa exigían emplearlos junto con otras clases de material de guerra que llegaba de la URSS, o sea, con la artillería, la aviación y

asimismo con la introducción en los combates de grupos de choque de las brigadas que se habían formado. Pero la situación en el frente exigía acciones resueltas.

Hubo que elaborar proyectos de planes de empleo de la artillería en los combates, órdenes militares, reglamentos de tiro, instrucciones, breves manuales de combate.

Todo esto exigía traducciones precisas al español, en lo que nos prestaron una ayuda inapreciable los intérpretes, la mayoría de los cuales eran mujeres soviéticas. Con su abnegado trabajo, su inteligente iniciativa y sus conocimientos prestaron un gran servicio a la República española. Entre ellas quisiera destacar a M. Fortus, N. Chegodáieva, A. Petrova, L. Konstantinóvskaya, M. Záitseva, A. Shvarts, L. Samsónova y otras.

Me han quedado para siempre muy buenos recuerdos de mis compañeros de armas, los artilleros voluntarios soviéticos que junto conmigo trabajaron de asesores en la artillería republicana. Hablo de A. Fomín, Y. Dimitrov, N. Klich, Y. Goffe, E. Toiko, N. Gúriev, Ya. Izvékov y P. Lampel. Todos fueron magníficos compañeros, excelentes asesores que trabajaron mucho y a conciencia en el frente y en la retaguardia. Participaron en la formación de unidades, en la preparación de oficiales de artillería, del personal de las baterías, daban clases de táctica, en los polígonos y en los combates enseñaban a llevar el fuego de cañón, mantener la interacción con la infantería y los tanques. Los combatientes voluntarios soviéticos, con sus vastos conocimientos, su rica experiencia y tenacidad en el trabajo, con la valentía que arrojaron en los combates, hicieron una gran contribución a la noble causa de la lucha nacional-revolucionaria del pueblo español.

LOS COMBATES EN LA DEFENSA DE MADRID P. BATOV [7] (Dos veces Héroe de la Unión Soviética) En mi archivo personal tengo un mapa de España ya bastante oscurecido por el tiempo. En éste con una línea roja está marcada la ruta de las operaciones militares que hizo la 12a brigada internacional, en cuyas filas combatí contra los fascistas en 1936.

Esta línea comienza en Albacete. Allí se formó nuestra brigada. Hombres que ayer todavía no se conocían se colocaban en una formación militar general. Llegaron a España de más de 50 países donde cada uno había tenido un oficio pacífico. Representantes de los más diversos sectores de la clase obrera mundial, una clase internacionalista por su esencia y naturaleza, ellos no pudieron menos que acudir en ayuda de sus hermanos españoles en el momento difícil, cuando la horda franquista de bandoleros, apoyándose en los fascistas de Italia y Alemania, alentados por los gobiernos reaccionarios de otros países, se sublevó contra el Gobierno legal de la República.

Miro el mapa y tengo la sensación de como si caminara otra vez por una carretera,

a través de los campos de olivos, en dirección al frente, al encuentro de los combates con los fascistas. Cual un juramento que se da ante el combate, en nuestra columna se escucha un himno, solemne y fuerte, en 17 idiomas y al mismo tiempo en la lengua de la solidaridad de clase comprensible para todos, se escucha "La Internacional", nuestro himno proletario. Esto consolidaba a los combatientes en un invencible monolito, les inspiraba a realizar proezas, les fortalecía la tenacidad y el valor.

Yo llegué a Madrid en la segunda mitad de octubre de 1936. Aquel fue uno de los períodos más difíciles de la guerra civil. Los periódicos de todo el mundo escribían que solamente un "milagro" podía salvar a Madrid. Los sublevados, apoyados por la Italia y la Alemania fascistas, avanzaban con éxito a lo largo del valle del río Tajo en dirección a la capital de España. Después de tomar Toledo y acercar las reservas, el 15 de octubre comenzaron su primera ofensiva sobre Madrid. Las principales fuerzas del ejército de Franco estaban concentradas en el flanco derecho y dirigidas a las afueras sudoeste de Madrid. Los franquistas, que tenían superioridad en material de guerra, y sobre todo en aviones, rompieron el frente de los republicanos y el 25 de octubre avanzaron 40 kilómetros.

Los variados destacamentos y columnas de las milicias populares, que no tenían mando único ni abastecimiento centralizado, no pudieron aguantar los ataques del ejército regular de los generales fascistas y tuvieron que retroceder.

La España trabajadora se enfrentó a un peligro mortal.

Todo el mundo se conmovió y surgió un potente movimiento de solidaridad con la República española. El pueblo soviético se puso en las primeras filas de los defensores de la democracia española frente a la amenaza del dominio fascista. Los trabajadores de la URSS, el Comité Central del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, el Gobierno soviético consideraron que la lucha de la República española contra la agresión fascista no era una causa particular de los españoles, sino "causa común de toda la humanidad avanzada y progresista", escribía el periódico Pravda el 16 de octubre de 1936.

A mí, como a todos los jefes militares soviéticos, educados por el Partido Comunista en el espíritu del internacionalismo proletario, me conmovieron hasta lo más profundo de mi alma los acontecimientos de España.

En aquellos días en las unidades del Ejército Rojo fueron presentadas miles de solicitudes en las que cada uno pedía que le mandaran como voluntario a España, a los lejanos Pirineos, para colocarse en las filas de luchadores por la justa causa del pueblo español y hacer frente al fascismo belicoso.

Mi petición al principio no encontró apoyo, pero después me comunicaron que mi solicitud fue aceptada y que yo estaba incluido en el grupo de asesores militares. Se me confió participar en la lucha de la España revolucionaria contra las fuerzas negras de la reacción, combatir al fascismo en las filas de los mejores hombres del mundo, de los verdaderos caballeros del movimiento proletario mundial.

En los primeros días de mi estancia en España conversé con el consejero principal de artillería, N. Vóronov, y con el agregado militar, V. Górev. Ellos me explicaron mis obligaciones, la disposición de las fuerzas en la retaguardia y en el frente, me caracterizaron el proceso de creación del ejército regular popular. Me recomendaron ir lo antes posible al Estado Mayor del 5° regimiento, que necesitaba ayuda urgente para formar la primera unidad regular del ejército republicano, y salir con ésta al frente.

El 6 de noviembre comenzaron los combates en los accesos a Madrid. Ese mismo día, estando en la la brigada, recibí un nuevo destino: la 12a brigada internacional que se formaba en Albacete.

Mi nuevo destino tenía una relación directa con los dramáticos sucesos de aquellos días, con razón llamados días críticos de la defensa de Madrid.

El Gobierno de la República española se trasladó a Valencia. La evacuación del Gobierno de la zona cercana al frente a la retaguardia en aquellas circunstancias era completamente necesaria ya que desde la profundidad del país se podía dirigir el Estado y continuar la lucha con más eficacia. No obstante, la evacuación se debió haber preparada escrupulosamente y efectuarla por etapas. Pero el jefe del Gobierno, Francisco Largo Caballero, se fue a Valencia y de hecho abandonó Madrid, dejándolo a su propia suerte. Le siguieron el Ministerio de Guerra y el Estado Mayor del frente.

Oficialmente la defensa de Madrid fue encomendada a una junta encabezada por el general Miaja. En realidad se negó el apoyo a las fuerzas que quedaron allí y se les propuso dejar Madrid y ocupar una línea de defensa a cierta distancia de la ciudad. Además la cosa se complicaba a causa de que en la noche del 6 de noviembre se pasaron al enemigo cinco oficiales del Estado Mayor del frente encabezados por el jefe de la sección de operaciones.

La radio de Sevilla, loca de alegría, comunicó a todo el mundo: "¡Franco entra en Madrid! Ha ordenado a los habitantes de la capital no salir de sus casas durante 48 horas hasta que se restablezca el orden". De América del Sur a Madrid, a las señas del Ministerio de Asuntos Exteriores, llegó un telegrama de felicitación a nombre de "El césar, el emperador Franco"...

En miles de casas esa noche la gente no se acostó. Pero no sucedió lo que habían previsto los enemigos, los alarmistas, los traidores.

Los comunistas españoles movilizaron a toda la población trabajadora capaz de combatir en la capital y sus cercanías. Por iniciativa de los comunistas y de acuerdo con el Gobierno se creó el Comité de Defensa de Madrid, que asumió todo el poder y la responsabilidad por la defensa de la ciudad. De 25 mil comunistas de la capital, 21 mil ocuparon las posiciones más avanzadas en el sector del frente de Madrid. El Partido Comunista lanzó el llamamiento: "¡Madrid está en peligro!". Los titulares de

los periódicos de la tarde salieron llenos de exhortaciones: "¡Estamos en un momento decisivo para Madrid!", "¡Madrid será un Verdún rojo!". En las calles por todos los sitios se veían consignas: "¡No pasarán!", "¡Es mejor morir de pie que vivir de rodillas!", "¡Madrid, como Petrogrado, nunca será conquistado por el enemigo!", "¡Madrid será la tumba del fascismo!". Las apasionadas palabras que salían del corazón repercutían en el alma de cada madrileño como una inspiración y un deber.

El armamento que llegaba de la Unión Soviética se hacía la base material cada vez más importante de la defensa de Madrid. Las primeras partidas de tanques soviéticos que entraron en combate a finales de octubre en los accesos a la capital, desde el primer momento mostraron que eran una singular fuerza de choque.

Había que ver cómo cambió de raíz la moral de los españoles en el frente y en la retaguardia cuando a principios de noviembre en el cielo de Madrid aparecieron los aviones de caza republicanos I-15 y I-16 pilotados por voluntarios soviéticos y los sublevados sufrieron las primeras derrotas aéreas. Se puso fin a la impunidad de los piratas aéreos fascistas.

Franco se esforzaba por obligar a los defensores de la República española a ponerse de rodillas en un día de importancia histórica mundial, el 7 de noviembre de 1936, el día del aniversario de la Gran Revolución Socialista de Octubre. La reacción mundial, que personificaba las fuerzas más oscuras del fascismo, calculaba con este acto no sólo conseguir su victoria y derrotar la democracia popular en España, también se proponía borrar de la memoria de las masas el recuerdo mismo de esta fecha inmortal.

Yo pasé el aniversario de la Revolución de Octubre en Albacete, que más bien parecía un campamento militar que una ciudad. Para los internacionalistas, los voluntarios de la libertad, gente de diversas profesiones, opiniones políticas, creencias religiosas y nacionalidades Albacete en aquellos días se hizo una especie de Meca. A ellos les unía un sentimiento humano común, el odio al fascismo, a la reacción imperialista. Esta, como decían los españoles, era la mejor gente de la Tierra. Yo soy feliz de que me hayan confiado la alta misión de ser su instructor militar en una de las unidades y de que me dieran la posibilidad de combatir junto con ellos por la libertad del pueblo español.

Cuando yo llegué adonde se formaban las reservas, la 128 brigada internacional ya comenzaba a completarse y a recibir la instrucción militar supervisada por nuestro asesor Kolpakchá. Al cabo de dos días llegó y tomó el mando de la brigada el comunista Mate Zalka, escritor y héroe de la guerra civil en la URSS.

La 128 brigada internacional estaba compuesta por tres batallones y una batería de cañones de 77 mm.

Entre el mando de la brigada estaban Karlo Lukanov, jefe de la plana mayor, y Ferdinand Kozovski, segundo jefe de brigada, ambos búlgaros. Al puesto de comisario político fue destinado el conocido comunista italiano Luigi Longo. La

mayoría de los combatientes eran jóvenes obreros, pero también había bastantes intelectuales, así como representantes de las clases pudientes como, por ejemplo, Esmond Romilly, sobrino de Winston Churchill, David Mackenzie, hijo menor del almirante de la flota inglesa. Hay que confirmar que el valor con que combatían podría provocar envidia de sus célebres antepasados.

La guerra civil española comenzaba a tomar un carácter completamente diferente. Al primer plano pasaban las fuerzas intervencionistas de la Italia y la Alemania fascistas. La España republicana entró en una etapa de lucha nacionalrevolucionaria contra la invasión extranjera. Hacía falta seguir consolidando las masas populares, reorganizar la economía para asegurar las necesidades de la guerra, crear un gran ejército regular con mando centralizado.

Los combates de Madrid conmovieron a todo el país, inspiraron al pueblo la fe en sus propias fuerzas y mostraron evidentemente que Franco se mantenía tan sólo a costa de la generosa ayuda de los gobiernos fascistas de Italia y Alemania.

En la defensa de Madrid el Partido Comunista de España fue una fuerza inspiradora y aglutinadora. Los comunistas españoles estaban en las primeras filas en la lucha por la libertad y la independencia de su Patria. Junto a los internacionalistas crearon una potente barrera que detuvo a los sublevados en sus ambiciones de poder y mostraron en el primer importante combate contra el fascismo un gran valor y firmeza.

Las batallas en la defensa de Madrid en el otoño de 1936 templaron a los combatientes republicanos que en la práctica se convencieron de que se podía derrotar a los generales fascistas. En las encarnizadas batallas por la capital el pueblo español, que durante muchas décadas no había tenido guerras, comprendió que tenía un enemigo pérfido y cruel y que el destino de todo el pueblo y el país se encontraba ante un peligro mortal.

El ejército republicano pasó su primera prueba de fuego, maduró y se hizo más resistente.

EN EL PRIMER COMBATE CONTRA EL FASCISMO M. YAKUSHIN [8] Teniente general de aviación Uno de los primeros días de julio de 1937 nuestra escuadrilla salió hacia un aeródromo del frente que estaba al Noreste de Madrid. Yo volaba como. derecho guiado en la patrulla de Anatoli Serov. El jefe de mi patrulla era un hombre de valentía ilimitada. Sus notables cualidades de piloto, su inagotable energía y su indomable deseo de enfrentarse lo antes posible con el enemigo y "romperle la jeta", como él solía decir, destacaban notablemente a Serov de los demás aviadores.

Pronto aparecieron en el horizonte las montañas de la Sierra de Guadarrama. Madrid tenía que estar cerca, en la llanura de la meseta castellana. Al fin, abajo a la izquierda, vimos la ciudad. Nosotros ya habíamos estado en algunas ciudades españolas, pero Madrid, el corazón de la República española, nos conmovía profundamente. Madrid era una ciudad que combatía y sufría. Los bombardeos aéreos de Madrid, que comenzaron en la segunda mitad de agosto de 1936, aumentaban cada día. La indefensa población de la ciudad resultó el principal objetivo de los bombarderos italianos y alemanes. Madrid experimentó durante varios meses más horrores y tuvo más destrucciones que cualquier ciudad de los Estados beligerantes en toda la Primera Guerra Mundial. En uno de los últimos días de octubre de 1936 los madrileños, estando en sus ocupaciones corrientes, oyeron las sirenas. Al mismo tiempo sobre la ciudad apareció un numeroso grupo de bombarderos que arrojaron sus bombas en uno de los parques donde habían muchas mujeres y niños. Siguiendo al primer grupo aparecieron otros que continuaron destruyendo barrios residenciales. Sólo en un día Madrid tuvo más de mil víctimas entre muertos y heridos.

Estas bárbaras acciones de la aviación fascista contra la población civil de las ciudades españolas, en particular contra tales ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia, Cartagena, Bilbao, tenían como principal objetivo influir en la moral del pueblo español, doblegar su voluntad de lucha. Pero los fascistas no pudieron conseguirlo. Pronto se acabó con. esos actos impunes de los piratas fascistas. A finales de octubre los republicanos recibieron aviones de caza y bombarderos modernos y veloces. Junto a los pilotos españoles fieles al Gobierno republicano en esos aviones combatían aviadores voluntarios de muchos países Pegados a España. Entre ellos también había aviadores soviéticos, a los que estábamos tan agradecidos. por la ayuda que nos prestaron durante la preparación en un aeródromo de la retaguardia.

Anatoli Serov fue el iniciador y organizador de las acciones nocturnas de los aviones de caza. Comenzó a seleccionar a pilotos con experiencia de vuelos nocturnos. En nuestra escuadrilla había varios. La dificultad, no obstante, consistía en que entre los pilotos con experiencia había que escoger a voluntarios, puesto que los vuelos nocturnos eran un trabajo complementario a los vuelos diurnos, lo que de por sí ya era una carga muy dura. Pero lo principal era convencer a los pilotos de que esa "fantasía nocturna" podía resultar una cosa real. Es natural que, al principio, muchos no creyeron en esa empresa puesto que no teníamos instalaciones de reflectores, los aeródromos no disponían incluso de equipos elementales para asegurar los vuelos nocturnos y, ni hablar, de medios de mando y guiado. Todos comprendíamos lo dificil que era eso y que exigiría grandes esfuerzos adicionales. Y, a pesar de todo, varios pilotos apoyaron la idea de Serov y dieron su conformidad para participar en los vuelos nocturnos. Ahora todo dependía del acuerdo del alto mando el que, teniendo en cuenta la falta de un sistema de seguridad y la dirección de los aviones de caza en los vuelos nocturnos, dudaba seriamente de la eficacia de esta empresa. Pero Serov no era de los que se paran a medio camino. Estaba convencido de que el plan que había elaborado era factible.

No se sabe en qué habría acabado todo esto, si no hubiesen intervenido Filip Agaltsov, que entonces era el comisario del grupo de los aviadores voluntarios soviéticos y Evgueni Ptujin, el jefe del grupo de los aviadores de caza. Ellos apoyaron decididamente la iniciativa de Serov. También tenía fe en el éxito de los

vuelos nocturnos de los aviones de caza el comandante en jefe de las fuerzas militares aéreas de la República española, Hidalgo de Cisneros, el cual prometió hacer todo lo posible para organizar y asegurar con los medios necesarios los vuelos nocturnos.

Para comenzar, de todos los que se presentaron para los vuelos nocturnos, fueron seleccionados varios pilotos: Serov, Ribkin, Antónov y yo. Nosotros, redoblando las energías, comenzamos la preparación y la organización de los turnos de noche. En primer lugar se seleccionaron los mejores aviones y los mejores mecánicos. Se encontró un proyector para alumbrar la pista de aterrizaje, se alargó un teléfono desde el puesto de mando hasta el lugar donde estaban los aviones. Para toda esta sencilla organización de las acciones militares nocturnas hicieron falta solamente varias horas. De aviso. servía la propia aparición de los aviones enemigos sobre el aeródromo. El servicio de guardia lo hacíamos en el aeródromo de Alcalá, donde aterrizábamos cada tarde al acabar los vuelos diurnos.

El enemigo, sin sospechar "males intenciones" de ninguna clase por parte nuestra, continuaba bombardeando nuestros aeródromos escrupulosa y regularmente. Ya varias noches volábamos en la oscuridad del cielo esperando encontrar aunque fuese un bombardero.

Pero, ¿cómo descubrirlo? Volaban sin luces, la luna alumbraba el cielo tan débilmente que parecía aún más gris y lleno de un velo opaco. Las bombas continuaban cayendo y estallando, pero ahora ya lo veíamos desde el aire. ¡Qué lástima! Los aviones del enemigo estaban cerca y no los podíamos ver.

Comenzábamos a dudar de la eficacia de nuestra empresa e incluso algunos compañeros de la escuadrilla aconsejaban cesar los vuelos nocturnos antes de que alguien se estrellase. Serov no quería ni oír semejantes consejos y nosotros continuábamos los vuelos. La situación se complicaba por tener que despegar y aterrizar en un aeródromo que estaba sometido a bombardeos casi permanentemente. Además deterioraron el único reflector que había para alumbrar los aterrizajes y hubo que reemplazarle con faros de automóvil.

La quinta o la sexta noche me encontraba a una altura de 3 mil metros y de pronto vi una serie de bombas que explotaron en la tierra. Examiné el espacio con mucha atención y, por fin, noté sobre mí la silueta de un bombardero pesado. Sin pensarlo mucho lancé el avión al ataque desde abajo, sin ocupar, incluso, la distancia necesaria. El ataque resultó desde abajo casi vertical, muy pronto tuve que abrir fuego al bombardero puesto que la distancia hasta ésta disminuía con rapidez. Vi como un haz de balas trazadoras cosió de parte a parte el "Junkers-53" de tres motores pero éste no se incendió y continuó volando sin cambiar la dirección. Para evitar el choque salí del ataque y de nuevo lo repetí sin perder de vista al avión. El segundo ataque fue igual que el primero, pero esta vez yo continué haciendo fuego hasta que perdí la velocidad y mi avión entró en barrena. Mientras salí de la barrena perdí al bombardero. Después del aterrizaje informé sobre mi fracaso, lo que entristeció a todos, pero al mismo tiempo dio algunas esperanzas. Eso demostró que por la noche se pueden descubrir los aviones enemigos, atacarles y, también, derribarles.

Después de este ataque los bombarderos de los sublevados interrumpieron sus vuelos. Durante tres noches estuvimos en los aviones sin hacer nada esperando las visitas nocturnas. Seguramente sospecharon algo.

Llegamos al aeródromo Anatoli Serov y yo el 26 de junio de 1937 al turno de la noche cansados y sombríos. Ocupamos el puesto en nuestros aviones. Durante el día habíamos sostenido varios combates aéreos. A pesar de que los aviones de caza republicanos continuaban con éxito la lucha contra la aviación fascista, ésta se hacía cada día más dificil pues el enemigo constantemente introducía en los combates nuevas fuerzas. Los pilotos ya comenzaban a notar el cansancio acumulado por la extraordinariamente grande carga de trabajo que tenían, por la falta de sueño y por el calor extenuante.

A eso de las 12 de la noche nos llamaron por teléfono y nos comunicaron que la aviación de los sublevados estaba bombardeando las tropas republicanas en las cercanías del Escorial. Serov y yo despegamos y tomamos rumbo al frente. Era la primera vez que volábamos de noche a la línea del frente. Los incendios nos ayudaron a encontrar la zona de patrullaje. Serov se quedó a una altura de 2 mil metros y yo me elevé unos mil metros. Otra vez tuve suerte: al cabo de unos 10 minutos vi en el curso opuesto un bombardero enemigo. ¡Ahora no se escapará! Ya sabía el motivo del fracaso en el combate anterior y estaba decidido a no repetirlo. Dejé pasar al bombardero, di una vuelta de 180 grados y por detrás comencé a acercarme a él casi a una misma altura por su derecha. Sabíamos que el tanque de combustible estaba en la junta del ala derecha y el fuselaje. Me coloqué bastante cerca, igualé la velocidad, apunté y abrí fuego. En la parte derecha del fuselaje de repente apareció una llama. Casi simultáneamente el tirador aéreo abrió fuego contra mi avión,. pero ya era tarde: el bombardero en llamas comenzó a caer. Yo seguí su caída hasta que chocó con la tierra. Todavía teníamos tiempo para continuar la patrulla, pero las ganas de volver al aeródromo para compartir con los compañeros nuestra alegría eran enormes. En cuanto salí de la cabina del avión caí en los fuertes abrazos de Serov que estaba aún más contento que yo. Era el triunfo de su idea. Al poco tiempo el comandante en jefe de las Fuerzas Aéreas me felicitó por teléfono con motivo del primer avión del mundo derribado por la noche.

Al día siguiente nos llamaron a Madrid donde el Gobierno republicano nos felicitó por el triunfo y el jefe del Gobierno, Juan Negrín, nos galardonó a cada uno con un reloj con el nombre grabado y un automóvil.

Antes del encuentro con los ministros del Gobierno republicano nos llamaron a la plana mayor del grupo de aviación. El jefe de la plana mayor, Pável Kótov, nos enseñó el mapa del piloto navegador del avión derribado la noche anterior, Ese mapa tenía varios agujeros hechos con balas. Al desplegarlo resultó completamente cosido a balazos y tenía un aspecto poco atractivo. P. Kótov se puso a examinar el mapa con una lupa y dijo en broma: "¡Admírense de su trabajo! ¿Es qué acaso no se podía hacer fuego con más cuidado para no estropear los mapas y otros documentos?". Nosotros también en broma le prometimos cumplir su petición y la noche siguiente Anatoli Serov incendió a un pirata nocturno "con tanto cuidado" que de cinco miembros de la tripulación, cuatro quedaron vivos y fueron tomados prisioneros. Los ases fascistas estaban perplejos y desconcertados. Sus declaraciones añadieron muchas cosas a lo que no podían decir los mudos mapas.

Varios días después los amigos nos felicitaban a Serov y a mí con motivo de que el Gobierno soviético nos condecoró con la orden de la "Bandera Roja".

Así se confirmó por completo que los aviones de caza también por la noche son una terrible arma contra los bombarderos. Después de eso la aviación fascista en el frente central interrumpió sus acciones temporalmente. En lo sucesivo los aviones de caza republicanos actuaban con éxito por las noches contra los bombarderos fascistas en todos los sitios donde éstos aparecían. Eriómenko en Zaragoza, Stepánov y Finn en Barcelona, los aviadores españoles en Barcelona y Valencia repetían y confirmaban la "fantasía nocturna" de Serov.

VISTO POR UN PATRIOTA ESPAÑOL Ignacio Hidalgo de Cisneros [9] Y ahora, sin intentar hacer propaganda y agitación, quiero decir unas palabras sobre la ejemplar actitud de la Unión Soviética con el Gobierno legítimo de España, en los momentos en que las demás naciones, llamadas democráticas, nos hacían toda clase de canalladas.

Los gobiernos del tiempo de la monarquía en España se habían negado siempre a reconocer la existencia de la Unión Soviética. Cuando se proclamó la República, los gobiernos republicanos continuaron estúpidamente la política de la monarquía y siguieron ignorando la existencia de aquel país.

Es decir, que cuando comenzó la sublevación, la República española no tenía relaciones diplomáticas con la URSS. Esto, que ya de por sí hubiera sido una grave ofensa para cualquier país, la Unión Soviética nunca lo tomó en cuenta, y estableció relaciones diplomáticas con la República en cuanto se lo propuso el Gobierno español.

Desde aquel momento, la Unión Soviética, de acuerdo con el Gobierno español, defendió a la España republicana en todas las reuniones internacionales, pidiendo y exigiendo a los representantes de los países democráticos que respetasen el Derecho Internacional en relación con España.

La Unión Soviética desenmascaró la hipocresía de los sostenedores de la política de no intervención. Y cuando se hizo evidente que esta política sólo servía para cubrir la ayuda exterior al franquismo, declaró solemnemente que recababa el derecho de prestar ayuda al Gobierno republicano. Efectivamente, en la retaguardia y en los frentes el pueblo español halló pruebas concretas de esa ayuda.

La promesa de ayudarnos hecha por la Unión Soviética no se hizo esperar para los aviadores.

En aquellos días, tan decisivos, de (males de octubre de 1936, llegaban al puerto de Cartagena los primeros pilotos y aviones soviéticos que el Gobierno de la URSS nos enviaba para que el pueblo español pudiera, defenderse.

Me es muy difícil describir mi emoción y entusiasmo. El material soviético superaba en mucho, por sus características, mis cálculos más optimistas.

La descarga se realizó con el máximo secreto. Los soviéticos lo traían todo perfectamente preparado para no perder tiempo y para exponernos lo menos posible a un bombardeo durante el desembarco. Como detalle recuerdo que el desembarco de los tanques, que también venían en aquel barco, se hacía con la tripulación dentro y el motor en marcha, de modo que en cuanto tocaban tierra salían andando por sus propios medios.

Los trabajadores españoles que ayudaron en la descarga de este precioso material se portaron admirablemente, empleando todas sus fuerzas y sin querer descansar hasta que no dieron fin a su tarea.

El montaje de los aparatos se hizo en Los Alcázares. Nuestros mecánicos y montadores, ayudados por algunos soviéticos, realizaron milagros. Los treinta primeros aviones fueron montados en un tiempo de verdadero record. No se suspendió el trabajo ni una sola vez, hasta que pudimos probar el último de los aparatos en el aire.

El Gobierno soviético había mandado no solamente material de primerísima calidad, sino todo lo que en aquellos momentos necesitábamos: pilotos, personal técnico de tierra, armamento, municiones, bombas, etc., etc.

Mi primera entrevista con los camaradas soviéticos tuvo lugar el mismo día de su llegada. Durante una sencilla pero emocionante reunión, el agregado aéreo de la embajada, coronel Boris, que mientras estuvo en España fue un magnífico colaborador y un buen amigo mío, me presentó como el jefe de la aviación republicana, subrayando que desde aquel momento yo era también el jefe del personal soviético de aviación enviado a España para ayudarnos. Así fue, en efecto, durante toda la guerra, sin que jamás hubiese la menor falta de disciplina, ni tuviese el más insignificante disgusto con ninguno de ellos.

El objetivo principal de Franco, desde que comenzó la guerra hasta la batalla de Guadalajara, en el mes de marzo de 1937, fue la toma de Madrid.

Hitler y Mussolini alentaban y ayudaban a Franco en esta empresa, prometiéndole reconocer su Gobierno en cuanto entrase en Madrid y aumentando los envíos de toda clase de material de guerra y personal militar.

En estas condiciones, un ejército armado con el material bélico más moderno y

compuesto por grandes efectivos avanzaba rápidamente sobre la ciudad, llegando a sus alrededores. Durante aquellos críticos días, la aviación enemiga, tanto en los frentes como sobre la capital, trabajaba a placer, pues la nuestra había sido prácticamente anulada. Los aviones fascistas podían pasearse con toda tranquilidad, dueños absolutos del aire; bombardeando y ametrallando con unas impunidad completa. (Ya he referido antes lo de mi orden de "que salga el caza".)

Cuatro columnas enemigas bien provistas de material, con abundante artillería y apoyadas por una potente y numerosa fuerza aérea, se disponían a entrar en la capital de España. Fue por entonces cuando el general Mola hizo a un corresponsal extranjero sus célebres declaraciones, diciendo que Madrid sería conquistado por una "quinta columna" del ejército nacional que atacaría a .los rojos en su parte más vulnerable. Desde entonces se emplea en el mundo el término "quinta columna" para designar a un enemigo interior.

En casi todo el mundo se daba por perdido Madrid. Los fascistas estaban seguros de que caería en la fecha prevista por Franco. Hasta tal punto estaban convencidos del triunfo a plazo fijo, que ocurrieron hechos como los siguientes.

Aunque los combates de Madrid prosiguieron con gran intensidad durante todo el mes de noviembre, y más tarde se reprodujeron en diversas ofensivas, la verdadera batalla de la defensa de Madrid fue ganada en la primera decena de noviembre. Hasta el fin de la guerra, Madrid permaneció en manos de los defensores de la República.

La aviación republicana tuvo una participación muy destacada en aquellos históricos combates.

Creo que fue el 5 de noviembre cuando la primera escuadrilla de cazas que nos había enviado la URSS, puesta a punto, emprendió el vuelo desde Albacete en dirección de Alcalá de Henares. Llegaron a este aeródromo al anochecer y se prepararon para realizar al día siguiente su primer servicio. Yo fui a Madrid para presenciarlo.

El 6 de noviembre por la mañana hicieron su aparición los "Junkers" de bombardeo alemanes; acompañados por una escuadrilla de cazas "Fiat" italianos. Sin la menor preocupación se dispusieron, como tenían por costumbre, a bombardear y ametrallar, con toda impunidad, los frentes de Madrid y la capital. En aquel momento, y antes de que las sirenas terminasen de dar la alarma, un grupo. de aviones con los emblemas rojos de la aviación republicana, surgen en el cielo de Madrid y se lanzan rápidos, ágiles y potentes, contra los aparatos fascistas.

No puedo, y lo confieso, describir, aún ahora, mis reacciones ante aquello. Estaba tan excitado, que lo raro fue que no me estallase el corazón.

El espectáculo que pudieron ver los madrileños aquella mañana fue algo grandioso, de los que no se olvidan jamás. Los continuos e impresionantes zumbidos de los

motores, cuando los pilotos se lanzaban contra los "Junkers" en un picado casi vertical, y el. que los fascistas no tirasen sus bombas, hicieron comprender al pueblo de Madrid que algo nuevo, alguna cosa inesperada estaba ocurriendo.

La gente abandona los refugios, se lanza a la calle y, sin acordarse del peligro de las bombas, aquel pueblo que había estado sufriendo día tras día, sin poderse defender, los terribles bombardeos enemigos, presencia con emoción inenarrable la primera batalla aérea en defensa de su ciudad.

Entre las acrobacias de los combates y el ruido de las ráfagas de las ametralladoras, los madrileños vieron cómo los aviones republicanos derribaban, uno tras otro, nueve aviones enemigos, mientras el resto de las escuadrillas fascistas salían huyendo, cada uno por su lado, perseguidos por los cazas de la República.

Los madrileños, locos de alegría, con lágrimas en los ojos, daban vivas a la aviación republicana. Y lo que verdaderamente me sorprendió, pues creía que habíamos guardado muy bien el secreto de la llegada de aviones soviéticos, fue que también vitoreaban a la Unión Soviética con un entusiasmo y un júbilo imposibles de describir.

Desde aquel día y durante cierto tiempo cambió la correlación de fuerzas en el aire. A los fascistas se les acabaron sus fáciles bombardeos. En adelante realizaban sus servicios con una fuerte protección de cazas y tomaron toda una serie de precauciones.

El pueblo de Madrid, aquel día bautizó a los nuevos cazas (1-15) con el nombre de "chatos".

En la batalla de Brunete ocurrió un hecho de inmensa importancia en aviación. Por primera vez en la historia, un avión de caza derribó, en combate nocturno, a uno de bombardeo. Expondré brevemente las circunstancias en que se produjo este caso sin precedente.

La situación de las fuerzas de tierra republicanas era verdaderamente crítica, Los fascistas, que habían recibido grandes refuerzos, iniciaron una tenaz ofensiva para recuperar los pueblos y el terreno conquistados por nuestras unidades. Se luchaba intensamente durante todo el día. Por la noche, cuando las tropas republicanas intentaban descansar para reponerse de aquellos agotadores combates, los trimotores alemanes emprendían bombardeos que se prolongaban hasta el amanecer. Los pilotos de la "Legión Cóndor" realizaban estos bombardeos y ametrallamientos casi impunemente, merced a la carencia de artillería antiaérea en el campo republicano.

Los jefes de aviación tuvimos una reunión con los jefes de las tropas terrestres, en la que nos dieron a conocer esta penosa situación en que se encontraban nuestras fuerzas.

Era indudable que había que hacer algo, pero la cosa era peliaguda: la aviación republicana no tenía aparatos de caza de noche, tampoco teníamos reflectores ni servicios de localización.

Fui al aeródromo de las escuadrillas de "chatos", reuní al personal y expuse con toda crudeza la situación, pidiendo que me dijesen con franqueza su opinión. Hubo un instante de silencio. Pero inmediatamente pidió la palabra un piloto soviético llamado Serov y se ofreció para volar de noche con sus "chatos" e intentar el combate nocturno. Sin dejarle casi terminar, con un entusiasmo admirable, los demás pilotos, como si se tratase de ir a una fiesta, hicieron suya la propuesta de Serov. Allí mismo fueron designados cinco pilotos y, con los escasos medios de que disponíamos, se prepararon provisionalmente cinco "chatos" para volar de noche y realizar rápidamente la primera prueba.

Cuando los aviones fascistas, como tenían por costumbre, comenzaron la noche siguiente su misión de impedir que nuestras fuerzas descansasen, salieron en su busca dos de nuestros improvisados cazas nocturnos, pilotados por dos soviéticos, Yakushin y Serov (que en España se llamaban Carlos Castejón y Rodrigo Mateo).

Era una noche estrellada. Yakushin fue el primero que vio, en las sombras del cielo, la silueta de un aparato enemigo, se acercó a él y disparó sus ametralladoras. Todo el ejército republicano del Frente de Brunete presenció, con un júbilo fácil de comprender, cómo caía, envuelto en llamas, el trimotor alemán, que fue a estrellarse contra el suelo.

Durante tres noches consecutivas, nuestras tropas pudieron descansar, pues los fascistas no dieron señales de vida.

Al cuarto día, ante un nuevo intento enemigo de bombardear a nuestras tropas, se repitió la gran hazaña. Esta vez el héroe fue Serov.

Copio a continuación una parte del informe en que dio cuenta de su vuelo: "Era muy dificil —escribía Serovbuscar en la oscuridad de la noche los aviones enemigos. Finalmente tuve suerte. De repente veo un reflejo de luna en las alas de un avión. Me acerco y veo que es un `Junkers-52'. Abro fuego. Los fascistas me responden inmediatamente, pero yo volaba más bajo que ellos y no me veían. Me aproximé al avión por la derecha y, desde abajo, a unos treinta metros, abrí fuego con las cuatro ametralladoras, alcanzando el depósito de gasolina. Veo las llamas. Era un blanco magnífico. Disparé otra ráfaga y vi al "Junkers' picar de morro y estrellarse contra el suelo".

Esta fue la última tentativa de los fascistas de bombardear nuestras líneas durante la noche.

Gracias al heroísmo de los pilotos soviéticos Yakushin y Serov, autores de aquella

histórica proeza, los soldados de la República pudieron descansar y combatir en mejores condiciones contra las fuerzas fascistas.

CONCLUSIÓN Al repasar estas gloriosas páginas del heroico pasado, cuando España fue la primera en interceptar el camino a las hordas fascistas que amenazaban al mundo, al recordar la historia de la amistad y la colaboración tradicionales para los pueblos de España y de la Unión Soviética, nosotros, claro está, debemos decir que con su heroísmo masivo los republicanos españoles y los firmes combatientes de las brigadas internacionales se granjearon una profunda simpatía y respeto de todas las fuerzas progresistas, de toda la humanidad progresista.

Aquí es oportuno hablar de otro ejemplo de solidaridad internacional de los trabajadores. Cuando los hitlerianos atacaron pérfidamente al País soviético en junio de 1941, españoles patriotas y demócratas, verdaderos internacionalistas, obedeciendo al llamamiento de su conciencia y conservando en sus acciones las mejores tradiciones de la solidaridad internacional, sin ninguna duda y vacilación, se fueron al frente soviético-alemán a defender su segunda Patria, el primer país del socialismo, hombro a hombro con los soviéticos que les recibieron después de que los fascistas vencieron en España.

Muchos jóvenes españoles, movidos e inspirados por los ideales generales de la lucha contra los agresores y la reacción, por el progreso social, la paz y el socialismo, lucharon abnegadamente contra los fascistas alemanes en las filas del Ejército Soviético y en los destacamentos de guerrilleros en los frentes de Moscú y Leningrado, en las orillas del Volga, defendiendo Stalingrado, en Bielorrusia y en Ucrania y después en Hungría y Checoslovaquia, en Polonia y la propia Alemania.

Junto a los héroes soviéticos, a los voluntarios de la libertad que cayeron en los combates de la guerra nacional-revolucionaria española, nosotros rendimos homenaje al héroe Rubén Ibárruri, hijo de la valerosa Pasionaria, a otros héroes españoles que combatieron y ofrendaron sus vidas en la lucha contra el fascismo en los campos de batalla de la Gran Guerra Patria. Es imposible olvidar todo esto...

La editorial y el compilador expresan su más profundo reconocimiento y gratitud a los veteranos soviéticos que participaron en la guerra nacional-revolucionaria española A. Osipenko, V. Aleksandróvskaya, A. Kruchnij y V. Novak por sus valiosos consejos y consultas durante la preparación de estas memorias.

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[1] Tomado del libro "La solidaridad de los pueblos con la República Española (1936-1939)", Ed. Progreso. Moscú, 1974.

[2] Pud, medida rusa de peso, equivale a 16,3 kg.

[3] Iván MAISKI (1884-1975), notable diplomático soviético e historiador, miembro efectivo de la Academia de Ciencias de la URSS. Comenzó su trabajo diplomático en 1922, al ser designado jefe del departamento de prensa del Comisariado del Pueblo (Ministerio) de Negocios Extranjeros. De 1925 a 1929 fue consejero del representante plenipotenciario en Inglaterra y Japón; de 1929 a 1932, representante plenipotenciario de la URSS en Finlandia; de 1932 a 1943, embajador de la URSS en Gran Bretaña. De 1943 a 1946 fue vicecomisario del pueblo (viceministro) de Negocios Extranjeros.

[4] Nikolái KUZNETSOV (1902-1974), almirante, Héroe de la Unión Soviética, desde 1919 sirvió en la Marina de Guerra. Terminó Academia Naval Militar. En 1936 y 1937 fue agregado naval militar y principal consejero marítimo militar en España, luego, segundo comandante general y comandante general de la Flota del Océano Pacífico; de 1939 a 1946, Comisario del Pueblo (ministro) de la Marina de Guerra y comandante en jefe de la Marina de Guerra; desde 1947 ocupó diferentes puestos de mando en la Marina de Guerra de la URSS, incluyendo el de ministro de la Marina de Guerra de la URSS y viceministro de Defensa de la URSS.

[5] Rodión MALINOVSKI (1898-1967), Mariscal de la Unión Soviética, dos veces Héroe de la Unión Soviética. Durante la Gran Guerra Patria se reveló como un gran jefe militar en el puesto de comandante en jefe de uno de los frentes, de 1957 a 1967 fue ministro de Defensa de la URSS.

[6] Nikolái VORONOV (1899-1968), Mariscal Principal de Artillería, Héroe de la Unión Soviética, de 1937 a 1940 fue jefe de la artillería del Ejército Rojo, durante la Gran Guerra Patria dirigió las operaciones militares de la artillería, luego ocupó puestos de alto mando en las Fuerzas Armadas de la URSS. Desde 1950 fue presidente de la Academia de Artillería.

[7] Pável BATOV (1897-1985), general de Ejército, dos veces Héroe de la Unión Soviética. Participó en la Gran Guerra Patria (mandó un cuerpo de infantería y después el 65 ejército). Después de la guerra fue jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas Unificadas de los Estados signatarios del Tratado de Varsovia (1962-1965), presidente del Comité Soviético de los Veteranos de la Guerra (19701981).

[8] Mijail YAKUSHIN, teniente general de aviación, nacido en 1910. Piloto militar desde 1934; de 1941 a 1942 fue segundo jefe del cuerpo de aviación de la defensa antiaérea de Moscú; después, jefe de departamento y jefe de una división de aviación en el frente. En 1948 terminó la Academia del Estado Mayor General del Ministerio de Defensa. En 1949 es nombrado segundo comandante en jefe de las Fuerzas Aéreas de la región militar de Moscú; desde 1951, comandante en jefe de

las Fuerzas Aéreas de la región militar del Cáucaso del Norte y después, hasta 1970, ocupó diferentes puestos de mando en las Fuerzas Aéreas soviéticas. Desde 1971 está en reserva por antigüedad.

[9] Ignacio Hidalgo de Cisneros, destacado jefe militar, comandante en jefe de la aviación de la República española en la guerra civil de 1936-1939.