You are on page 1of 520

SIEGFRIED OBERMEIER Nacido en 1936

en Munich, su dedicaci¢n a la literatura se inici¢ hace m s de
veinte a¤os. En el curso de estos a¤os ha escrito numerosos
cuentos, ensayos, novelas, glosas y otras obras de diversa ¡ndole.
Al mismo tiempo ha colaborado de forma habitual en la
realizaci¢n de programas de radio, as¡ como en peri¢dicos y
revistas.
Muchos de los textos de su autor¡a han sido incluidos en los
libros de lengua alemana y de arte para su utilizaci¢n en las
escuelas superiores.
En 1986 le fue concedido el premio cultural de Schlebbeim.
Cal¡gula, el joven inteligente y ambicioso que supo jugar sus
bazas en el seno de la familia imperial, conseguir llegar a la
cumbre del poder haciendo uso de una crueldad legendaria
y una total ausencia de escr£pulos. Primero emperador, y
luego dios, nada se resiste ante la voluntad caprichosa de
este hombre que sembr¢ su trayectoria de cr¡menes
dif¡cilmente imaginables, y que en pocos a¤os se granje¢ el
odio de sus contempor neos. Entre ellos el de Cornelio
Sabino, un joven de buena familia que, junto con su amigo
el centuri¢n Querea, participar en la conspiraci¢n que
pondr fin al desgraciado gobierno de Cal¡gula.
SALVAT - HISTORIAS DE GRECIA Y ROMA

CALÖGULA
EL DIOS CRUEL
(I)

SALVAT - HISTORIAS DE GRECIA Y ROMA

SIEGFRIED OBERMEiER
CAL¡GULA
EL DIOS CRUEL

SALVAT
Titulo original: Cal¡gula. Der grausame Gott
Traducci¢n: Basilio Losada
Traducci¢n cedida por Editorial Edhasa
Dise¤o de cubierta: BaseBCN

¸ 1998 Salvat Editores, S.A. (De la presente edici¢n)
¸ 1990 by nymphenburger in der F.A. Herbig Verlagsbuchhandlung
GmbH, M£nchen
¸ 1995 Basilio Losada (De la traducci¢n)
1995 Edhasa
ISBN: 84-345-9851-5 (Obra completa)
ISBN: 84-345-9862-O (Volumen 11)
Dep¢sito Legal: B-36.850-1998
Publicada por Salvat Editores, S.A., Barcelona
Impresa por CAYFOSA - Santa Perp‚tua de Mogoda (Barcelona)
Printed in Spain - Impreso en Espa¤a
PREFACIO

Sobre los montes Sabinos se estaba formando una tormenta. Era una
hora m s de la medianoche. Los £ltimos d¡as de septiembre hab¡an
sido excepcionalmente calurosos y pesaban sobre Roma como un techo ardiente. Pero aquella noche, un viento procedente del Adri tico
barr¡a el pa¡s, amontonaba nubes pre¤adas de tormenta que ahora
quedaban prendidas de las cumbres hasta que las r fagas huracanadas
las ahuyentaron hasta el Valle del T¡ber. El lejano retumbar del trueno se iba acercando ensordecedor y los rayos lam¡an con lenguas de
fuego el monte Pincio.
El emperador se despert¢ sobresaltado. Hab¡a pasado hasta la medianoche sin encontrar el momento de acostarse. Se qued¢, al fin,
dormido, completamente borracho, pero ahora, con el fulgor deslumbrante de los rayos y el estr‚pito de los truenos, se despert¢. Nada
pod¡a contra su miedo a las tormentas, por mucho que se dijera una y
otra vez que aqu¡, en su palacio del monte Palatino, estaba tan seguro

como en el Olimpo. Aunque cayera un rayo en el tejado, por todas
partes hab¡a templos y palacios donde hubiera podido refugiarse.
Se hab¡a incorporado y, tembloroso, se agarraba a la s bana de seda.
-Guardia! -chill¢ con voz destemplada.
La puerta se abri¢ bruscamente, y saludaron dos pretorianos.
-S¢lo quer¡a ver si hab¡ais escapado aterrorizados por la tormenta -intent¢ bromear el emperador.
-Pero, imperator...
-Ya est bien. Se acab¢! Fuera!
Aquellos eran los £nicos en los que segu¡a confiando. Sab¡a que en
los c¡rculos del Senado se tramaban conjuras. Yen el talante servil con
que todos se le acercaban, sent¡a el odio que lo rodeaba. L‚mures!
9
L.
r
M scaras tras las cuales acechaba el crimen. A docenas los hab¡a hecho ejecutar, hab¡a sofocado las conjuras en su origen, hab¡a hecho
torturar y matar, hab¡a poblado con ellos las canteras, pero volv¡an a
crecer como las cabezas de la hidra. ¨Qu‚ pod¡a hacer? Y pens¢, como
hab¡a hecho en tantas ocasiones, que si Roma entera tuviera un solo
cuello no dudar¡a en cortarlo de un tajo. Pero en esta Roma, en esta
fruta podrida y hedionda del rbol del Imperio, hab¡a muchos cuel¡os, muchas cabezas. Cabezas en las que a menudo pod¡a -con ayuda
de los dioses- leer pensamientos sombr¡os encaminados s¢lo a aniquilarle, a aniquilarle a ‚l, el augusto, el divino, el emperador Cayo
Julio C‚sar Germ nico, gemelo de J£piter, amo del mundo, a quien,
sin el debido respeto pero desde ni¤o, llamaban ~Zai¡gula, porque en
su infancia usaba siempre c ligas o sandalias militares. Y permit¡a que
lo hicieran porque le pusieron este apodo los soldados en un tiempo
que ‚l consideraba el m s feliz de su vida.
En las largas noches en que el sue¤o hu¡a de ‚l como de un leproso, trataba de consolarse y calmarse con im genes del pasado. Nadie
pod¡a quitarle estos recuerdos: eran su tesoro m s preciado, su regazo
c lido y acogedor en el que se reclu¡a, y en el que, por pocas horas, se
sent¡a seguro y protegido.
Empezaba a caer la lluvia. La tormenta se iba alejando. Se reclin¢
en las almohadas y volvieron a ‚l las familiares im genes del pasado.
Ven¡an de un tiempo muy lejano, cuando s¢lo ten¡a tres a¤os. Su padre, Germ nico, jefe militar supremo de Germania, y vencedor de
Arminio, pr¡ncipe de los queruscos en dos batallas, restaurando as¡ el
honor de las armas romanas. Y‚l, ni¤o de tres a¤os, hab¡a estado all¡.
El y sus hermanos. Un d¡a, el peque¤o Cayo quiso tener tambi‚n sandalias como las que llevaban los oficiales romanos, y su padre -siempre dado a las bromas- mand¢ que le hicieran unas. Eran id‚nticas a
las de los legados y tribunos, pero eran min£sculas, hechas a la medida de un ni¤o de tres a¤os. Los legionarios se re¡an al verle ir y venir
con sus hermosas c ligas por el campamento.

-Mirad, ah¡ viene Cal¡gula -exclamaban los soldados-. Ya es
todo un legionario!
El padre le dejaba hacer, orgulloso de este hijo en quien ve¡a ya a
un futuro jefe del ej‚rcito.
Cal¡gula sonre¡a y pensaba: "No te he decepcionado, padre. No
s¢lo soy jefe del ej‚rcito, tambi‚n soy emperador. S¡, emperador y
dios, azote de senadores, omnipotente, imortal, £nico, genial...~.
Ahora ya no aguantaba m s la cama. Como al pensar en su condici¢n divina le ocurr¡a con frecuencia, se hab¡a puesto de buen humor.
Aquellos pensamientos le daban alas para cualquier actividad. Y ahora
quer¡a bailar, bailar de alegr¡a. Salt¢ de la cama y palmote¢.
'o
Entraron inmediatamente los pretorianos, pero ‚l orden¢:
-No os necesito a vosotros. Despertad a los m£sicos! Quiero oir
flautas y tambores!
Y necesitaba a su p£blico! Su prodigiosa memoria hab¡a almacenado muchos nombres, y, en seguida, record¢ a tres antiguos c¢nsules que siempre hab¡an ovacionado sus danzas con especial entusiasmo. Orden¢ que los trajeran a su presencia. Entretanto, se visti¢ a
toda prisa con una t£nica y un manto oriental con flecos. Se puso las
sandalias adornadas con campanillas. Los adormilados m£sicos miraron sorprendidos, y Cal¡gula los increp¢:
-No mir‚is as¡, como gallinas decapitadas! Entonad los cantos
de los templos egipcios; ya sab‚is lo que quiero...
Empez¢ el canto, marc¢ el comp s y se adelant¢ en direcci¢n a la
sala de audiencias. All¡ empez¢ a hacer piruetas: brincaba, pateaba
para que las campanillas sonaran con fuerza. S¡, esto es! Encontr¢ el
comp s correcto y se sinti¢ feliz. Un aut‚ntico baile de dioses! Aparecieron en la puerta los tres patricios, adormilados y temblorosos. Cal¡gula orden¢ que les acercaran unos asientos. Hizo una se¤al a
los m£sicos y empez¢ a bailar, entregado al son de las flautas y de los
tambores. Vuelta a la izquierda, vuelta a la derecha, un giro r pido,
salt ndose dos compases, los brazos levantados, y vuelta a empezar,
hasta que sinti¢ que le fallaba la respiraci¢n y se detuvo. Los patricios
aplaud¡an.
-. Un baile divino, imperator! Nuestra m s fervorosa gratitud por
habernos permitido asistir a esta maravilla. Placer, por cierto, que desear¡amos poder disfrutar con mayor frecuencia...
El divino emperador permaneci¢ callado, y callado se alej¢ danzando. Los tres hombres suspiraron aliviados. Por esta vez hab¡an sobrevivido al capricho del emperador...
Satisfecho y maravillosamente fatigado, Cal¡gula volvi¢ a meterse
en la cama. Sin duda su t¡o, su padre adoptivo, el inmortal emperador
Tiberio, le hab¡a subestimado. El, Cal¡gula, no necesitaba esconderse
en tina isla. El permanec¡a aqu¡ en Roma, y los desafiaba a todos, porque sab¡a leer sus pensamientos. Trataba con los dioses como si fuera
uno de ellos, y vivir¡a eternamente, eternamente, eternamente, eternamente.
En este momento, le quedaban a Cal¡gula exactamente tres meses

y veintis‚is d¡as de vida.
L
11
U
1

Casio Querea era natural de la regi¢n de Preneste, ciudad famosa por
su templo dedicado a la diosa Fortuna. Sus padres eran campesinos
arrendatarios y pertenec¡an a la clientela del latifundista Casio B bulo, cuyo nombre -como era costumbre- hab¡an a¤adido al suyo.
Querea recordaba haberle o¡do decir a su padre:
-No hay duda de que es un honor, pero tambi‚n una carga. Es
cierto que somos personas libres y ciudadanos romanos, pero, en el
fondo, llevamos una existencia de esclavos. S¢lo nos quedar¡a una posibilidad: dejar las tierras arrendadas, irnos a Roma, formar parte de
la plebe y que nos alimente el emperador. Yo, por mi parte, prefiero
seguir al servicio de B bulo, aunque nos haga trabajar hasta deslomarnos.
Tendr¡a entonces Querea tinos quince a¤os y empezaba a hacerse
sus reflexiones. Era el segundog‚nito, y aunque no ten¡a muy claro lo
que quer¡a, de una cosa s¡ estaba seguro: no seguir¡a siendo un labriego atado de por vida a una tierra que pertenec¡a a otro. En esto, su
padre ten¡a toda la raz¢n, porque era un hombre libre pero, a todos
los efectos, era un esclavo. Adem s, era a su hermano mayor a quien
corresponder¡a en su d¡a hacerse cargo de las tierras.
-Entonces solo te queda tina soluci¢n -le aconsej¢ su padre-,
enrolarte en el ej‚rcito, aunque gente de nuestro nivel social no suele
pasar de centuri¢n, pero algo es algo. Cuando ya no sirvas para la
guerra, ser s un emeritus o veterano, te dar n un trozo de tierra, podr s comprar un par de esclavos y ser s tu propio due¤o.
-Eso en el supuesto de que llegue a veterano...
-Claro, para eso tambi‚n has de tener suerte. La suerte se necesita para todo, pero t£ naciste bajo la influencia de la diosa Fortuna.
L
13
Antes de irte a Roma, peregrinar s a Preneste para hacerle una ofrenda a la diosa.
Querea sigt¡i¢ el consejo de su padre y, realmente, hasta ahora la
diosa Fortuna se hab¡a mostrado ben‚vola con ‚l. Con apenas veinte
a¤os, va era centuri¢n y ten¡a excelentes perspectivas de seguir ascen-

diendo. Todo hab¡a ocurrido as¡:
Tras la muerte del emperador Augusto se amotinaron las legiones
del Rin. Hab¡an llegado noticias de que Tiberio, hijo adoptivo del
gran Augusto, iba a sucederle, pero los legionarios prefer¡an a su amado Germ nico, que era entoncesjefe supremo de las legiones del Rin.
Aquellos soldadotes bonachones e ingenuos ten¡an raz¢n, y sus superiores lo sab¡an. Pero lo m s importante en un ej‚rcito es el mantenimiento de la disciplina y, ante esto, el que la tropa tenga o no tenga
raz¢n resulta secundario. Pero ~qui‚n deb¡a restablecer el orden?
Esto, como todo lo que en el ej‚rcito hab¡a de desagradable, era funci¢n de los centuriones, y ellos fueron tambi‚n el blanco primero del
mot¡n. Al alba, los soldados se lanzaron sobre las tiendas de los centuriones con las espadas desenvainadas.
Querea lo hab¡a previsto y se enfrent¢ a ellos con la coraza y las
armas a punto. Su figura atl‚tica impon¡a, pero la soldadesca parec¡a
haber perdido la cabeza y se lanz¢ sobre ‚l como una manada de lobos. Espada en mano, y tomando la iniciativa, mat¢ a uno e hiri¢ a
varios m s hasta que consigui¢ abrirse paso. Por aquel entonces prestaba sus servicios en la legi¢n vig‚sima primera, y ‚sta, como se comprob¢ m s tarde, perdi¢ en el mot¡n cincuenta y uno de sus sesenta
centuriones. La furiosajaur¡a los descuartiz¢ y ech¢ al Rin sus cuerpos
mutilados. Querea consigui¢ llegar hasta la tienda del tribuno, cuya
guardia siria permaneci¢ leal. Inform¢ de lo ocurrido y, all¡ mismo
recibi¢ honores y alabanzas por su valor.
La siniaci¢n tard¢ a£n varios d¡as en estabilizarse. Doce de los cabecillas fueron ejecutados en el acto, y as¡ concluy¢ el mot¡n, pero el
deseo de la tropa de ver a Germ nico convertido en emperador segu¡a vivo. Los soldados enviaron una delegaci¢n a Germ nico inst ndole a que derrocara a Tiberio y se dec larara emperador. Germ nico,
no obstante, se mantuvo firme. Con ayuda de las legiones del Rin hubiera podido marchar a Roma y hacerse cargo del Imperio, pero el
divino Augusto hab¡a determinado que s¢lo tras la muerte de Tiberio
-quien le hab¡a adoptado- estaba previsto como sucesor. Ya esto se
aten¡a. Esta decisi¢n apenas rrierm¢ su popularidad, pues los legionarios valoraron muy positivamente su lealtad para con ellos, aunque
se opusiera a sus intenciones. Para quien no fuera soldado, esto era
algo dificil de entender, pero la fidelidad, el concepto defides, era algo
muy excelso entre la tropa, y por ello se personificaba y veneraba
como diosa. En cualquier caso, Casio Querea lo comprend¡a y, en su
lealtad, se hubiera dejado cortar una mano por German¡co.
Semanas despu‚s del mot¡n, y a petici¢n de su tribuno, le fue concedida a Querea una condecoraci¢n por su valor. Si estaba cerca, a
Julio C‚sar Germ nico le gustaba protagonizar estos homenajes~ porque valoraba el contacto directo con sus soldados. Y ‚sta era tina de
las razones por la que ellos lo distingu¡an, no s¢lo con su lealtad, sino
tambi‚n con su afecto.
Germ nico recibi¢ a la entrada de su tienda a los hombres que
iban a ser condecorados. Llevaba de la mano a Cal¡gula, de cuatro
a¤os, un ni¤o vivaracho con cara de pilluelo, que hac¡a cucamonas a
los soldados y les sacaba la lengua. Se merece una buena azotaina,

pensaba Querea, pero la guardia de Germ nico se divert¡a con ‚l. Por
lo visto, encontraban graciosa cualquier travesura de aquel diablillo.
Pero Germ nico se dio cuenta sin duda, mir¢ a su hijo, le tir¢ de las
orejas y, de un empell¢n, lo devolvi¢ a la tienda. Despu‚s, recorri¢
las filas de la tropa, cambi¢ algunas palabras con los que iban a ser
condecorados, y, personalmente, les impuso las insignias. Querea recibi¢ la medalla de plata, en la que aparece la personificaci¢n del
valor, la Virtus, en forma de mujer con yelmo que apoya su pie sobre
un arn‚s.
A primera vista, el hermoso rostro viril de Germ nico, con ~u boca
suave y ojos so¤adores, se asemejaba poco al de un soldado. Pelo esta
impresi¢n enga¤aba. Germ nico ten¡a una voluntad de hierro y, en
situaciones de peligro, demostraba valor y decisi¢n. Sin embargo, hab¡a tambi‚n otro matiz en su forma de ser: escrib¡a tratados eruditos,
compon¡a poemas en lengua griega y ten¡a fama de ser un brillante
orador.
-A£n eres muy joven, centuri¢n. ¨De d¢nde eres?
-De Preneste, general.
Germ nico sonri¢:
-Entonces, sin duda, la Fortuna est contigo. Sigue as¡, y' no te
quedar s en cenrurion.
-Quiz s hasta llegue a convertirse en emperador -exchim¢ el
peque¤o Cal¡gula, que hab¡a salido de la tienda a hurtadillas y se re¡a.
Germ nico le propin¢ un cachete:
-Al menos, yo estoy seguro de que t£ no llegar s a serlo. Vuelve a
la tienda ahora mismo!
El peque¤o volvi¢, lloriqueando y frot ndose la mejilla. Los hombres esbozaban una sonrisa ben‚vola.
14
15
Durante los meses siguientes comenzaron las expediciones contra los
n~arsos y los c teros. Germ nico aprovech¢ la ocasi¢n para visitar el
lugar donde Arminio, jefe de los queruscos, hab¡a vencido siete
a¤os antes al general romano Varo. Despu‚s dirigi¢ una breve arenga
a sus soldados.
-Aquella verg£enza sigue manchando el honor militar romano.
Fueron tres las legiones aniquiladas entonces, y ahora nuestra misi¢n
es lavar esta mancha y borrar de la faz de la tierra a Arminio y a sus
guerreros.
Esto era m s f cil de decir que de hacer. Pero, finalmente, Ar~i¤nio fue acorralado y vencido en el extremo norte de Germania,
en la llanura de Idistaviso, aunque ‚l, personalmente, consigui¢ escapar.
Entonces, el emperador Tiberio fue lo suficientemente razonable
como para renunciar a aquella parte de Germania. A la larga, aquella
tierra fr¡a e inh¢spita, pa¡s de largos inviernos y rebeldes e indomables
habitantes, no representaba ning£n beneficio para Roma. Su decisi¢n
se precipit¢ porque en el oto¤o la flota romana de transporte se hundi¢ casi enteramente en el Mar del Norte a causa de una tempestad.
Germ nico fue relevado de su cargo de jefe supremo del ej‚rcito del
Rin y trasladado al este del Imperio.

En los a¤os siguientes, Casio Querea ascendi¢ a centuri¢n de primera
clase, sigui¢ prestando sus servicios en Germania y en las Galias y no
volvi¢ a ver nunca m s a Germ nico. Pero no consegu¡a olvidarlo,
aunque s¢lo fuera porque el posterior desarrollo de los acontecimientos relativos a la vida de su hijo Cal¡gula fue tan distinto y le desmostrani cumplidamente que ‚ste no hab¡a heredado ni el m s m¡nimo rasgo del car cter de su padre.
Tras la pacificaci¢n de Armenia y Capadocia, Germ nico inici¢ un
viaje de estudios a Egipto para el que -como hubiera sido su obligaci¢n- no solic¡t¢ la autorizaci¢n del emperador. Desde Augusto,
Egipto era propiedad particular del emperador y, como granero del
Imperio, estaba sometido a la administraci¢n personal del pr¡ncipe.
,como un alzamiento pol¡tico en Egipto hubiera representado un grave peligro para Roma, los caballeros, senadores o miembros de la casa
reinante ten¡an que solicitar al mismo emperador la autorizaci¢n
para el viaje.
Germ nico no lo hizo, y nadie sabe por qu‚. Quiz fuera porque
realizaba el viaje como particular y no se sent¡a afectado por las reglas
que reg¡an para los hombres de Estado. Y permiti¢ tambi‚n que su
hijo Cal¡gula, de siete a¤os, le acompa¤ara a Alejandr¡a, ruidosa y
16
r
muy poblada ciudad, no mucho menor que Roma. Pero all¡ a£n no se
percib¡a nada de Egipto, del viejo Egipto cuya cultura contaba tres mil
a¤os de existencia. Como hab¡a ocurrido con tantas otras ciudades,
Alejandro Magno hab¡a fundado Alejandr¡a atendiendo a motivos estrat‚gicos, y la dinast¡a de los Ptolomeos hab¡a gobernado all¡ durante
trescientos a¤os, hasta que Roma venci¢ a Cleopatra y asumi¢ la soberan¡a sobre Egipto, explic¢ Germ nico a su hijo.
Hicieron los dos una visita de cortes¡a al prefecto romano, que
-administraba el pa¡s en nombre del emperador y que s¢lo respond¡a
ante ‚l. Al final de la intrascendente conversaci¢n, el prefecto pregunt¢ con cautela:
-Noble C‚sar Germ nico, supongo que habr s informado de tu
viaje a tu padre, el emperador Tiberio.
-¨Deber¡a haberlo hecho? -pregunt¢ Germ nico con aire mocen te.
El prefecto carraspe¢ desconcertado:
-Bien, C‚sar, seguramente conocer s las reglas. Los caballeros,
senadores y miembros de la casa imperial deber¡an...
-No, qu‚ va! -le interrumpi¢ Germ nico-. No soy senador ni
viajo por el pa¡s en calidad de pr¡ncipe imperial, sino como simple
particular que quiere ampliar su formaci¢n. Mis tropas se han quedado en Siria, viajo s¢lo en compa¤¡a de mi hijo y de algunos sirvientes.
No vale la pena ni comentarlo siquiera. Silo exigen tus obligaciones,
puedes informar a Roma de mi viaje, y hasta te ruego que lo hagas.
Cuando haya regresado, yo mismo ver‚ al emperador y asumir‚ mi

responsabilidad.
D¡as m s tarde, Germ nico inici¢ el viaje hacia el sur desde el puerto
de Canope, en el Nilo. Pero antes visit¢ con su hijo el sepulcro del
gran Alejandro, en el centro de la ciudad. Los Ptolomeos hab¡an dispuesto sus tumbas en torno al sepulcro real, pero Germ nico declin¢
con un adem n el ofrecimiento de los gu¡as, empe¤ados en ense¤arle
los sarc¢fagos de aquellos reyes griegos.
-No, amigo, los sepulcros de los griegos no significan nada para
m¡. Quiero rendirle honores a Alejandro, y s¢lo a ‚l.
El rey macedonio, conquistador del mundo, yac¡a embalsamado
en un sarc¢fago de oro cuya tapa estaba formada por finas l minas
de cristal. Respetuosos, se fueron acercando. Cal¡gula cogi¢ la mano de
su padre y ya no la solt¢ mientras permanecieron en aquel recinto
con la atm¢sfera muy cargada e iluminado con antorchas. A trav‚s del
cristal empa¤ado, apenas se distingu¡a la faz del rey muerto, pero el
rostro hundido y ceniciento irradiaba una dignidad m gica. Su cuer17

L
PO estaba cubierto por una coraza de oro: la parte inferior y los pies
estaban envueltos en un pa¤o de p£rpura.
Como ofrenda, Germ nico deposir¢ una corona de laurel de oro
ante el sepulcro. Se inclin¢ hasta Cal¡gula y susurro:
-Los egipcios lo han convertido en un dios, los griegos lo veneran,
el mundo entero lo adora. Pero piensa tambi‚n que todo es pasajero,
efimero, perecedero. Alejandro Magno est muerto y descansa aqu¡
eternamente en su sarc¢fago, y la mayor¡a de los paises conquistados
por ‚l pertenecen ahora al Imperio romano. Tambi‚n Grecia y Egipto.
Pero la coraza de oro con sus hermosas im genes le gust¢ tanto a
Cal¡gula que pregunt¢ a su padre:
-Si ahora todo lo que entonces era de Alejandro pertenece a
Roma, ¨su coraza de oro tambi‚n nos pertenece a nosotros? ¨No puedes quit rsela?
Germ nico mir¢ a su hijo y vio qtie la codicia brillaba en los ojos
del muchacho. "Tonter¡as de ni¤o¯, pens¢. Pero aquella pregunta le
decepcion¢, y respondi¢ indignado:
-Esto es una blasfemia, Cayo. Un hombre noble no puede pensar
eso. Pero eres a£n un ni¤o, y olvidar‚ tt¡s palabras.
No obstante Cal¡gula no olvid¢ la hermosa coraza de oro labrado.
Viajaron en un barco por el Nilo hasta la ciudad de Menfis, antigua capital del reino egipcio. Pero a medida que Alejandr¡a hab¡a
ido creciendo hasta convertirse en una ciudad inmensa, con millones
de habitantes, Menfis se hab¡a ido reduciendo y degradando. La
mayor¡a de los templos y palacios, anta¤o suntuosos, hab¡an quedado
reducidos a ruinas. No obstante, el gran templo de Ptah segu¡a en pie,
y se manten¡a a£n el culto al buey Apis. Visitaron el cercado donde se

hallaba el buey sagrado, que era considerado "alma viviente¯ del dios
creador Prah, que segu¡a siendo venerado por muchos creyentes.
-¨Y dicen que eso es un dios? -pregunt¢ Cal¡gula decepcionado, se¤alando, con sonrisa jocosa, al buey negro moteado de blanco.
-No hay que burlarse de la religi¢n de otros pueblos, hijo. El
buey Apis ya era venerado mil a¤os antes de que existiese Roma. Cada
pueblo tiene sus dioses, y no est bien bt¡rlarse de otras formas de fe.
Continuaron viaje en una barcaza por el Nilo desde Menfis hasta Tebas, que fue tambi‚n, durante mucho tiempo, capital y residencia de
los reyes egipcios. Un sacerdote los gui¢ por los amplios templos, y
una y otra vez el sacerdote mencion¢ el nombre del fara¢n Rams‚s.
-Los reyes del viejo Egipto eran dioses -explic¢ el sacerdote-,
seres sagrados, intangibles, colocados muy por encima de los hombres. Sol¡an casarse casi siempre con sus hermanas para no manchar
r
su sangre divina. Su palabra era ley, y ni el pueblo ni el Consejo sacerdotal pod¡an limitar su poder. Sus t¡tulos eran "Dios absoluto e hijo
del Sol", y quien se atreviera a tocarlos era ejecutado en el acto.
Cal¡gula era a£n demasiado peque¤o para comprenderlo todo,
pero aquellas palabras dejaron una profunda huella en su esp¡ritu.
Antes de que comenzara el calor del verano, abandonaron Egipto y
regresaron a Siria, donde se hallaba el resto de la familia. Ah¡ surgieron dificultades con el gobernador Calpurnio Pis¢n, que sent¡a celos
de Germ nico y hab¡a entorpecido y vetado el cumplimiento de muchas de sus disposiciones. Pronto surgi¢ una fuerte enemistad entre
ambos hombres, una guerra a muerte, hasta el punto de que, mutuamente, procuraban evitarse. De manera imprevista, Pis¢n parti¢ de
viaje, e inmediatamente despu‚s C‚sar Germ nico cay¢ gravemente
enfermo. Los m‚dicos no consegu¡an encontrar la causa de la enfermedad, pero Germ nico sosten¡a que Pis¢n le hab¡a administrado un
veneno de efecto retardado, y que, a continuaci¢n, hab¡a partido de
viaje para no despertar sospechas. Al menos, eso era lo que cre¡a Agripina, su esposa.
En octubre muri¢ Julio C‚sar Germ nico, echando espumarajos
sanguinolentos por la boca y el cuerpo cubierto de manchas extra¤as.
Cuando despu‚s de la incineraci¢n se recogieron las cenizas, se encontr¢ su coraz¢n intacto entre los huesos calcinados. Movieron entonces los m‚dicos dubitativamente sus sabias cabezas y dieron a entender a su viuda que semejante fen¢meno aparec¡a a veces en los
casos de personas muertas por efecto de un veneno. No era necesaria
esta explicaci¢n: la vengativa Agripina acus¢ inmediatamente a Pis¢n
del asesinato de su esposo. En el transcurso del proceso, Pis¢n se suic¡d¢; otros dec¡an que Tiberio hab¡a ordenado que lo eliminaran antes
de que el caso trascendiera.
La muerte de su padre puso punto final a la feliz infancia de Cayo
C‚sar Cal¡gula. De ahora en adelante vivir¡a con sus hermanos -dos
hermanos y tres hermanas- en casa de su madre. Pero era aquella
una existencia mortecina, exenta de alegr¡a. Agripina era dominante

tienen que estar sentados all¡. el derecho. Entonces el muchacho de quince a¤os se relajaba al comentarle. por semejante ridiculez. Yno s¢lo esto. As¡. Y no hay que olvidar qt¡e se trataba de una acusaci¢n de haber participado en la conjuraci¢n de Catilina. escuchaba prendado de los labios del maestro y pronto pudo recitar de memoria los m s importantes discursos de Cicer¢n. de la que. y un orador como Cicer¢n consigue limpiarlo de toda culpa y lograr su absoluci¢n. Ciertamente. s¢lo hac¡a uso cuando lo cre¡a conveniente. El discurso que m s le gustaba era la defensa de Marco Celio Rufo. los engatus¢ e influy¢ en su sentencia. con los ojos brillantes. m s eficaz que cualquier medicina. no obstante. no obstante. por favor. y viv¡a adem s enteramente entregada a su venganza. pese a haber fiestas y estar los dem s en la celebraci¢n de las mismas. era intenci¢n de Cicer¢n minimizar la actuaci¢n de Celio. a su maestro: -El inicio del discurso de Cicer¢n es ya admirable. Llam¢ a los mejores maestros para que formaran a los ni¤os en el conocimiento de la historia. lo hasjuzgado correctamente. El car cter de Celio era conocido por todos. admirado maestro. los dej¢ encandilados.e iracunda. mi joven amigo. tampoco es del todo as¡. veamos. compadeci‚ndose de los jueces que. Para Agripina. no olvides que los jueces eran viejos sesudos y experimentados que no se dejaban enga¤ar f cilmente por la astucia de los abogados. t¡n ad£ltero y un pol¡tico de temeridad incluso punible. de entrada. Pis¢n era s¢lo un instrumento de Tiberio. A m¡ eso me da que pensar. que ni siquiera qued¢ satisfecha tras la muerte de Pis¢n. m s peligrosa que cualquier veneno. aunque en ese caso deber¡a ser ‚l quien fuese moralmente con- . -Tienes raz¢n. que la oratoria es un arma. la geografia. En este sentido se pronunci¢ abiertamente y sin tapujos. y pose¡a una excelente memoria. 18 19 Cal¡gula aprend¡a con facilidad y rapidez. como si quisiera poner a prueba la paciencia de su suegro el emperador. riendo. Pero hab¡a algo que nadie podr¡a reprocharle nunca: que descuidara la educaci¢n de sus hijos. Realmente. un arma mas afilada que cualquier espada. convirtiendo a los acusadores en fantoches que act£an de forma irresponsable y ego¡sta. Un h bil orador puede convertirse en asesino de inocentes y rehabilitar a culpables. Pero. Cayo. Cal¡gula golpe¢ el rollo con la mano: -Y. la teor¡a del Estado y la literatura. incluso atenuarla hasta convertirla en un disculpable pecadillo de juventud. Los jueves absolvieron a Celio cuando todo el mt¡ndo sabia que era un in£til. Durante algunos meses Agripina contrat¢ a un maestro de ret¢rica y estil¡stica. en quien ve¡a al verdadero culpable de la muerte de su esposo. pero Cal¡gula. A m¡ me parece. sino que se esforzaba por analizar con sentido cr¡tico la oratoria del insigne estadista. el caso queda ya desprovisto de severidad. Nada mas empezar deja reducida a una nimiedad la acusaci¢n. Sus hermanos se aburr¡an durante estas lecciones. El maestro levant¢ las manos en se¤al de advertencia: -Pero.

¨Hab¡a escuchado las observaciones de su maestror 20 Ii r Pasado un rato. Cal¡gula lo cort¢ con un adem n: -Mis hermanos son unos imb‚ciles.. Cal¡gula se ech¢ a re¡r y dijo: -¨Acaso suena mejor en labios de un adulto? El maestro temblaba de escalofr¡os. boca fina y obstinada y bella nariz de osada curvatura. rostro p lido y aspecto envejecido. Agripina estaba sentada ante la ventana. leyendo un escrito que dej¢ de lado al ver entrar a su hijo. pues su misi¢n es s¢lo avndar a la inocencia y sacar a la Itiz p£blica la culpabilidad. nunca. Imperturbable. fingir. confes¢: -Tus. no resultaba atractivo. Hab¡a pasado ya la treintena. -Esa es una observaci¢n c¡nica. sabia adular. dijo en voz baja y con el rostro vuelto en otra direcci¢n: -¨Moral? A fin de cuentas ¨qu‚ es la moral? Lo £nico que cuenta es la fuerza. Indefenso. que suena mal en labios de un muchacho. Aquel muchacho alto y espigado de piernas delgaduchas y peludas.. Sus ojos hundidos. pero jam s descubr¡a ante nadie sus verdaderos deseos. halagar.denado.. y un h bil orador puede ser m s fuerte que una legi¢n entera. con ojos de brillo agresivo. ¨A£n no te has dado cuenta. precisamente. ordenaba siempre. lo ve¡an todo. pero nadie lo . que no dejaban traslucir enioci¢n alguna.. No rogaba nunca. Su rostro arrogante. parec¡a no tener edad. pero nada se reflejaba. Ten¡a qt¡e hablar con ‚l. admirado maestro? 21 JI Vipsana Agripina llam¢ a su hijo Cal¡gula. Los ojos at¢nitos de Cal¡gula brillaban intensamente. Cal¡gula ten¡a ahora dieciseis anos. nada penetraba en ellos. Cayo. Tus hermanos no dir¡an eso nunca.

a ‚l y a algunos m s. -Alg£n d¡a tu espera te costar la cabeza. Una parte de estos hilos los manejaba Lucio Sejano. . Cayo. antes de llamarme cobarde. Desde hac¡a tiempo. No le haces honor a tu padre. pero no te pierde de vista. los dioses! Lo mejor es que cada uno se encargue de su propio destino.. tampoco se notaba que hab¡a parido nueve hijos. -Yo tampoco a ‚l. por orden del emperador. sus nietos son a£n menores de edad. Le gustar¡a asesinarnos a todos. hijo m¡o. a ti y a tus hermanos.. madre. temblaba ante ‚l y lo adulaba desvergonzadamente. persiga a tus hermanos Ner¢n Druso? Nada! Absolutamente nada! -Tal vez ni siquiera lo sepa -opin¢ Cal¡gula. madre.advert¡a. A ti. a m¡. Con Tiberio no se juega. madre. aquel asesino cobarde seguir¡a vivo a£n hoy. -De momento. nada mas. Su £nico hijo est muerto. protegido del emperador. Cal¡gula se volvi¢. Sejano codicia el trono. El pa¡s necesita a un emperador. demasiados . Cobarde! Si yo hubiera antepuesto mi vida a mi venganza contra Pis¢n. Era all¡ donde ahora lat¡a el coraz¢n del Imperio romano. envenen¢ a tu padre.. mientras el Senado. el emperador pasaba todo el a¤o en Capr¡. Este a¤o cumple los setenta ese viejo monstruo. a su amado sobrino en segundo grado. ejecutaba en Roma las ¢rdenes del emperador. Cuidate de stms intrigas! Capri es un nido de v¡boras. Tem¡a que su rostro le traicionara y su madre viera basta qu‚ punto le afectaba este reproche. ¨Qu‚ les ha importado a los dioses cuando Calpurnio Pis¢n. en su af n de venganza. -Los dioses. aunque ya no todos. -Ojal llegue a saber lo que realmente piensas. donde se hab¡a construido la suntuosa Villa de J£piter en una elevada colina situada en el extremo nordeste de la isla.Es que hace algo para impedir que su protegido Sejano. -Que los dioses te protejan. Como prefecto casi omnipotente de los pretorianos. Sejano a£n no te tiene en la lista negra. impotente y constantemente humillado. m s amado por el pueblo de lo que fue nunca aquel viejo libertino de Capr¡? El emperador odia a nuestra familia. all¡ donde converg¡an los hilos. Hay que esperar. En voz baja dijo: -Hay que mantenerse con vida para poderse vengar. y hay que ser astuto y paciente. -A£n parece tener buena salud. por ser el m s joven. Tiberio lo ha empapado como una esponja en sangre de sus adversarios. Cal¡gula no se dej¢ impresionar. pero seria insensato que le hici‚ramos notar que nos damos cuenta. y todos los d¡as rezo para que de una vez se vaya al Averno. hay que esperar.. Deber¡as tenerlo en cuenta. -No quiere saberlo. -murnutr¢ Cal¡gula como saludo. Le deja mano libre a Sejano. -. lo £nico que quiero es seguir vivo. querido. pero ahora surge una ocasi¢n para hac‚rselo saber. un hombre en la flor de la vida. Cal¡gula esboz¢ una sonrisa sombr¡a. Quiere volver a verte a ti. Ya no exist¡an adversarios abiertos.

. -El pueblo te echa de menos. La gente no habla de otra cosa. ¨Qu‚ se dice en Roma de mi? SAma el pueblo a su emperador como es debido? Cal¡gula hizo caso omiso de la ironma. naturalmente. como de costumbre. pero andaba muy encorvado y su cabeza casi calva temblaba levemente.hab¡an perdido la cabeza. Agripina intervino en la conversacmon. -Ordenes que. Con esto da¤a cada d¡a m s ni reputaci¢n. ¨Est is al servicio de un hombre o de una gallina? 22 23 El pretoriano prefiri¢ no hacer caso de semejantes palabras. con lo que su apariencia resultaba grotesca. y debajo de ‚l hab¡a una mesa de ‚bano con marqueter¡a de marfil. -Quitame las manos de encima! -gruli¢ Agripina dirigi‚ndose al pretoriano-. Tiberio. Los abscesos que desde hacia a¤os aparec¡an con frecuencia en su rostro. . un baldaquino de seda azul cubr¡a parte del patio. Ptiedo fiarme de que Sejano no se atrever¡a a atentar.. una maravilla arquitect¢nica. No tendr el emperador miedo a una mujer. El emperador los recibi¢ en el peristilo oval. va no s‚ ni c¢mo defenderme. con grandes ojos y nariz bien dibujada sobre una boca con las comisuras marcadamente ca¡das. Agripina? Ella no se desconcert¢: -Sejano se pasea por Roma como un lobo vido por encontrar una presa. no le has dado. que. -Sigues creciendo. y ejecuta todas sus vilezas en tu nombre. Vigilarlo d¡a y noche. Agripina y Cal¡gula fueron sometidos a un largo y exhaustivo registro por si llevaban consigo armas u otros objetos sospechosos. Lo m s sensato ser¡a hacerlo vigilar por gente de confianza. pero hace va mucho tiempo que no te veo. naturalmente. se¤or. Cayo. No le he dado ninguna orden en este sentido! ~Has venido para provocarme. Las columnas se hab¡an labrado con distintos tipos de precmoso m rmol. contra un miembro de nuestra ffimilia. estaban cubiertos de emplastos. y sabr n defenderse. cosa que le result¢ dificil a causa de los emplastos. Tiberio era alto.. -No! -dijo Tiberio con voz cortante-. -Ner¢n es un hombre hecho y derecho. siempre dice que cumple ¢rdenes tuyas. Lo oir s decir a menudo. -Adem s estamos hartos de ser vapuleados por Sejano. Salud¢ fugazmente a Agripina y despu‚s se dirigi¢ a Cal¡gula. El Senado entero lo halaga como si fuera ‚l y no t£ quien ocupa el trono de los C‚sares. pues su rostro era de corte noble. El emperador frunci¢ el entrecejo. Druso tambi‚n. sin orden expresa. Hacia m s (le medio a¤o que Cal¡gula no ve¡a a su t¡o abuelo y lo encontr¢ mu~ envejecido. Persigtme a mis hijos Ner¢n y Druso. aunque supongo que estar s exagerando.. Le dar¡as una alegr¡a muy especial si vinieras m s a menudo a Roma. Como casi todos los miembros masculinos de la estirpe Julia Claudia.

1D‚jala! Tampoco a ti te sienta bien la fruta. una especie de rag£ en una salsa de pimienta. pero ahora ya s‚ m s. Estas manzanas verdes seguro que te dan dolor de est¢mago. y. Se levant¢ y cogi¢ a Cal¡gula del brazo: -Caminemos un poco. -Al menos. Entonces lo tom‚ a broma. Pero. Se sirvi¢ fais n asado. morena en salsa de mostaza y Ofelli Ostienses. salvo que tu fruta no nos sienta bien. y s¢lo bebi¢ del agua con que Tiberio mezclaba su falerno. Cobarde! -sise¢ Agripina. cuida tu lengua. por eso me quedar‚ aqu¡. 25 Cuan do se alejaron lo suficiente para que ella no pudiera o¡rlos. Los compra a todos. adem s. pero se la ofreci¢ a Agripina. Ten¡a un aire relajado y divertido. t£. El emperador dej¢ a Agripina sentada. uvas y tajadas de mel¢n ba¤adas en miel. pero ‚l compra a los que t£ pones para vigilarlo. Tiberio se dirigi¢ a ‚l: ~Qu‚ opinas t£ de esto. -¨Llamas cobarde a tu hijo por decir la verdad? La verdad. uno tras otro. -No creo nada. A continuaci¢n sirvieron fruta: manzanas. Basta ya! No quiero o¡r nada m s de Roma ni de Sejano.-Ya lo estoy haciendo. Agripina solt¢ una risa dura e ir¢nica. Tiberio se reclin¢ y se ri¢ en voz baja. ¨Por qu‚ no tomas algo? -Mi est¢mago no la tolera muy bien. Cal¡gula hab¡a escuchado la conversaci¢n con rostro herm‚tico. como si ya no existiera. -S¢lo he hecho servir la fruta por ti. Se abstuvo de tomar vino. -Roma me da asco. Ya en Roma hablaste una vez de tus sospechas. porque s‚ que te gusta. Cal¡gula alarg¢ la mano para coger una manzana. la verdad! S¢lo dice lo que t£ quieres o¡r. Cada palabra tuya es un delito de lesa majestad. Tiberio dirigi¢ una mirada extra¤a a su nuera: -No creer s que. cosa muy rara en ‚l. Tibe- . A mi.. El emperador rechaz¢ la fruta. Sejano no me ha hecho nada. 24 -Claro que lo est s haciendo. ilustre emperador. quiero hablar un rato contigo. ahora s‚ por qui‚n me tomas. Ve a Roma y ver s la verdad con tus propios ojos.. Agripina s¢lo tom¢ platos de los que com¡a el emperador. la comida no le importaba gran cosa. hasta ahora. ya he comido bastante. y no tengo derecho a opinar. Tiberio. Incluso a los setenta a¤os me gusta aprender cosas nuevas. Cayo? -A£n llevo la pretexta de los muchachos. hijita. Dio unas palmadas: Traed la comida! La mesa de Tiberio no era espl‚ndida.

despu‚s ‚l!". incluso hab¡a pensado en renunciar. Puede que mi madre tenga raz¢n al decir que la gente lo adula demasiado. Pero. Empez¢ a rondar a Claudia. Claudia era boba. Y estaba dispimesto a pagar este precio. nadie sabia eso mejor que Sejano. pero ‚l daba gracias a los dioses porque lo fuera. Mientras sub¡an por una estrechisima escalera de caracol. Cal¡gula pensaba: ~Toda Roma se alegrar¡a sm se muriera de una vez. y ella se sent¡a abandonada. Al principio. pero quiz s amplia demasiado su esfera de poder. paso a paso. Tampoco los emperadores pueden elegir a sus hijos. cosas distintas. se¤or. y no tard¢ mucho en tener acceso a la cama de Claudia. Hacia algunos a¤os que Lucio Elio Sejano ten¡a una sola meta: quer¡a llegar a ser emperador~ pero la fecundidad de la familia Julia Claudia le dificultaba el acceso al poder. Al fin y al cabo. pero no puedo creer que Sejano me enga¤e. Pero tu madre se pasa. No fue ning£n placer especial. pero se sent¡a fuerte y saludable. pues era primo. la esposa del pr¡ncipe. en condiciones de hacer frente a cualquier eventualidad. tanto m s cuanto que Druso se iba convirtiendo cada vez m s en un borrach¡n prostibulario. Cay¢ en la trampa de sus descaradas zalamer¡as. hermano y sobrino de c¢nsules y estaba emparentado con las m s ilustres familias de la vieja Roma. Hab¡a traspasado ya la frontera de los cuarenta. el hijo carnal de Tiberio y su indiscutido sucesor al trono. dej‚moslo ya! Ahora quiero ense¤arte las hermosas vistas de que uno goza desde aqu¡ arriba. Primero Sejano. El obst culo m s fuerte hab¡a sidojulio C‚sar Druso. a menudo. La verdad es que no me fo de nadie! Lo que tmno dice y lo que piensa. Tiberio ya hab¡a cumplido los cincuenta y seis cuando accedi¢ a la dignidad imperial.r¡o pregunt¢: -¨Hay algo de cierto en lo que afirma tu madre? Nattmralmente s‚ que no me entero de todo lo que ocurre en Roma. Sejano pens¢ que ten¡a que actuar. y la ech¢ de casa a ella y a sus dos hijos. -No creas que confio del todo en ‚l. Pens¢ que su propia mujer. y la atrajo cautelosamente a su c¡rculo. pasando por encima de alg£n cad ver. resulta dificil entenderse con ella. Pero el ansia de poder era en ‚l tan dominante qtme siempre volv¡a a encontrar un camino para acercarse a esa meta. No todos merecen la confianza qtme uno deposita en ellos. muchas veces. Lo digo en un sentido general. y se sent¡a perfectamente capaz de tomar el relevo de la casa tilia Claudia. Cal¡gula se pens¢ muy bien la respuesta: -Seguro que no te enga¤a. Cuando el emperador confiri¢ a Druso la dignidad de tribuno. conviene que siga con vida. hab¡a que eliminar a tanta gente que. Para lograr esta meta. Desde que muri¢ tu padre. para alcanzar su meta: Lucius Aelius Sejaflus Imperator Augustus. Mentalmente saboreaba su nombre con su futura dignidad. pero mmentras Sejano tenga el poder. ella se . era un obst culo considerable para sus intenciones. Apicata. pens¢ satisfecho. son. El poder tiene un precio.

¨Acaso queda alguna mujer en Roma con la que no te hayas acostado? Druso se le acerc¢ con semblante amenazador: -~Est s buscando pelea o pretendes distraerme con ese ardid para que me olvide de umestros coqueteos? Sin mi padre serias un cero a la izquierda. la primera mujer del Imperio. querida. de alcoba en alcoba. adem s. pescadero o tabernero en la Subura. Despu‚s. Mi amor por ti vencer todas las dificultades. Hubo algo que no le perdon¢ jam s a aquel tipo. y si yo estuviera casado con la mujer del sucesor al trono. s¢lo es una hip¢tesis. eso no. y no quiero ser objeto de habladur¡as. y. Por consmderaciones de clase no podr divorciarse aunque quiera.. Dirigi¢ la mirada a Sejano: -Tendr¡a que parecer un suicidio.. Sejano la ayud¢: 26 27 -Soy el segundo hombre en lajerarquia del Imperio. -Deja que me ocupe yo de eso. pero no estaba en condiciones de hacer frente a una ciudad como Roma. Si muriese y Druso ya no estuviera vivo. En el mejor de los casos.. fingi¢ ante Claudia una pasi¢n ardiente. Soy c¢nsul. y las mujeres galantes de Roma se lo pasaban de um¡a a otra.. Adem s. tu marido. como soldado. el hijo mimado del emperador. Druso. Sejano se frot¢ la mejilla. Tu marido no tiene ning£n . la acechaba en todo momento y le dijo que si estuviera libre se casar¡a con ella en el acto. pero aquella bobalicona perdi¢ pronto toda continencia.. la idea pas¢ por la cabecita hueca de Clat¡dia. pi‚nsalo!. S¢lo Claudia pod¡a ser tan tonta: -No. Cierto que. Ser emperatriz!. los dos estamos casados. adem s. A fin de cuentas. Apicata ha parido tres hijos tuyos y no dejar voluntariamente su sitio.hacia la vergonzosa y manten¡a ciertas distancias. Sejano. y Tiberio es viejo. en el campo de batalla estuvo a la altura de las circunstancias e interpret¢ bien el papel de h‚roe. Druso le dio un bofet¢n que Sejano a£n sent¡a arder en su mejil¡a. Y aquel Druso. En su cara est£pida se notaba el esfuerzo que hacia para pensar. Sejano esboz¢ una sonrisa maliciosa: -Menos mal que te acuerdas. -Tambi‚n t£ sigues casado. al menos en parte. Cuando Druso estaba ejerciendo su segundo consulado tuvo una discusi¢n con Sejano a causa de Claudia: -En el futuro te prohibo que en los simposios te quedes mirando a mi mujer como un doctrino a su primer amor. ¨qu‚ le ofrec¡a Druso? Desde el nacimiento de Julia evitaba su cama. Sejano. no ser¡as nadie! -Yt£ no serias c¢nsul. Os hac‚is gui¤os como si fuerais una pareja de enamorados. Sejano hizo un gesto negativo con la cabeza. pues le deber¡a el trono a ella.. X aquel Sejano estar¡a atado de por vida. el barrio de las putas. el emperador se lo prohibir¡a. un emperador no se divorcia. y acab¢ chillando y gimiendo como una marrana bajo el verraco. precisamente. para esto se necesitaban otras cualidades. Nuestro gran problema es Druso. Augusta! Se le aceler¢ la respiraci¢n.

Entonces no le result¢ muy dificil convencer al emperador Ti- . Ay. hija m¡a! Al fin y al cabo. dec¡a s¢lo una cosa: ®No te lies con Claudia. administrado poco a poco. y ella se pasaba todo el d¡a con cara de haber llorado. un liberto que sent¡a pasi¢n por ella. Pero ah¡ se presentaba igualmente un obst culo: tambi‚n Julia llevaba tres a¤os casada. S¢lo hab¡a sido su instrumento. El sucesor del trono enferm¢. con muchas palabras. pero ‚l se limit¢ a sonre¡r y le pas¢ el dedo por el cuello. un pescado en mal estado. Tiberio contest¢ con una larga y amistosa carta en la que. Un d¡a. Sejano quer¡a contraer un matrimonio que lo acercara lo m s posible al trono. Sin embargo. El praegustator (el esclavo encargado de probar antes los manjares) fue sobornado y accedi¢ a colaborar. casada con Ner¢n C‚sar. eres 28 J ir ya un poco vieja. era demasiado inteligente como para hac‚rselo notar. Claudia amenaz¢ a Sejano con revelar el asesinato. um-m plato de setas. Una cabecita tan hermosa.. a£n viv¡a en Roma. ¨Qu‚ pod¡a hacer? Sent¡a apego por la vida.. A partir de entonces cambi¢ el comportamiento de Sejano para con Claudia. sobre todo el marido de Julia. El viejo representaba un estorbo mientras permaneciera en Roma. Envi¢ una carta a Tiberio. hijo de German¡co. Una vez que Claudia se hubo decidido por este camino. y poco a poco empez¢ a alejarse de Claudia. Con fingido entusiasmo hablaba de boda y de un futuro brillante. Sab¡a exactamente c¢mno iba a reaccionar el emperador. y ahora ten¡a que ver desesperada c¢mo Sejano cortejaba a su hija Julia. y. tengo otros proyectos para ti y para ella". Cal¡gula a£n era un muchacho. A la saz¢n. pero con lo trag¢n y bebedor que es. pues se atribt¡ia a su luto por Druso.. ahora. tienes que comprenderlo. prepar¢ un veneno que. daba toda la apariencia de una enfermedad consuntiva. una ostra podrida. Por el momento... Su m‚dico Et¡demo. pero nadie lo tom¢ muy en serio. La trataba con brusquedad e indiferencia. Pero la "enfermedad" sigui¢ su intencionado curso mortal. s¢lo tienes treinta y cinco a¤os. Los hijos de Germ nico! Sejano sabia que no pod¡a eludirlos. Naturalmente.. pero los otros dos. pidi‚ndole la mano de Claudia. y esto no llamaba la atenci¢n. tendr¡a que liberarse de ella.motivo para suicidarse. -Seria una verdadera l stima. resultaba imposible continuar su obra de persecuci¢n bajo la mirada del emperador. eso s¡ seria m s f cil de creer.. actu¢ de prisa. pero para morir eres demasiado joven. Para mi. iba todos los d¡as a la Ctmria y parec¡a no estar muy preocupado. Sejano hab¡a dado un buen paso a stm meta. tampoco el emperador. Era la nieta del emperador. pod¡a olvidarlo.

de todas formas. en la Curia. ya que.iaorgullosa. En Capr¡ se rodear¡a de algunos amigos. adonde invitaba con frecuencia a Tiberio. Todo ocurr¡a por orden del emperador. donde su difunto marido gozaba a£n de un respeto general. pensar en aquella camarilla de la corte. en sus numerosos parientes que siempre quer¡an algo! Sejano ten¡a raz¢n! Al menos. a quien estimaba sobremanera y que sent¡a por Roma la misma animadversi¢n que ‚l. Desde Capri recibi¢ la indicaci¢n de que pod¡a proceder como quisiera. Tiberio no hab¡a olvidado ni perdonado el comportamiento de Agripina en aquella comida. a si misma y a sus hijos. ten¡a un talante impulsivo y salvaje. Cal¡gula invocaba su toga praete la. . Tambi‚n se dijo que hab¡a considerado la posibilidad de presentarse en el Foro en un d¡a de mucha aglomeraci¢n para implorar all¡ ayuda al pueblo y al Senado. se manten¡a en un segundo plano yjam s se traicion¢ ante nadie. sabia perfectamente que antes de humillarse de este modo ir¡a al pat¡bulo con la cabeza muy alta. Druso. Difundi¢ el rumor de qtme se estaba considerando una acusaci¢n contra Agripina por alta traici¢n. (le irmodo que los asustadizos y los prt¡dentes empezaron a esquivarla. Sejano estaba embriagado por sus ‚xitos. En el decimotercer a¤o de su reinado. Quien conociera a la orgullosa Agripina. aquella mujer consideraba al emperador un vulgar envenenador. Hizo que la espiaran d¡a y noche a ella y a sus dos hijos mayores. 29 Para desvirtuar el reproche de arbitrariedad. hab¡a manifestado su intenci¢n de ponerse. al fln-aI. Por lo visto. y tampoco ‚l gustaba a los habitantes de la capital. y empez¢ por aniquilar a la persona que menos gustaba al emperador: Vipsania Agripina. podr¡a intentarlo.berio de las ventajas de una residencia m s lejana. Hacia mucho tiempo que conoc¡a la isla de Capri. No le gustaban los romanos. Pero Sejano intent¢ atemorizar a los amigos de Agripina. As¡ el prefecto ten¡a el camino libre y se propon¡a ahora eliminar a los hijos de Agripina y del difunto Germanmco. pues al emperador Augusto le encantaba pasar temporadas en su villa estival. la vengativa y dominante madre de Ner¢n. de Druso el Joven y de Cal¡gula. La idea le iba resultando cada vez m s atractiva. Sejano retmni¢ ®pruebas" contra Agripina. bajo la protecci¢n del ej‚rcito del Rin. El apacible Ner¢n estaba tan confundido que no sab¡a qu‚ decir. apasionada e irreflexiva Agripina se qued¢ comnpletamente sola. todo era legal. en los senadores. en quien confiaba como en nadie. Naturalmente. que no quer¡a ni a su madre ni a sus hermanos. y los dos hijos adultos no le eran de ninguna ayuda. Qu‚ horror. como su maestro Trasilo. el emperador Tiberio traslad¢ su residencia a Capri y dej¢ Roma en manos de Lucio Sejano. Estaba harto de aquella Roma. qu‚ pensar o c¢mo comportarse. Hacia tiempo que Sejano sabia que Tiberio no sent¡a mucha simpat¡a por aquella familia. y anotaba en un libro todas sus palabras. de las que era informado en secreto. As¡.

pero no hizo nada para protegerlos. entre otras cosas. D¡as m s tarde hizo detener a Ner¢n.por lo que Sejano s¢lo esperaba que cometiera un error. como viuda del divinizado emperador Augusto. Siempre. No obstante. y se defendi¢ como un gato acorralado hasta el punto c¡e que qued¢ muy malparada y perdi¢ un ojo en el forcejeo. pese a ser su madre. de tina especial veneraci¢n y no sent¡a el menor 30 j temor ni ante Sejano ni ante su hijo adoptivo Tiberio. presiento d¡as sombr¡os para Roma. admirada Livia. De aquella mujer siempre se pod¡a aprender algo. pero Sejano opin¢ que la culpa hab¡a sido suya y s¢lo suya. que gozaba. Tambi‚n ‚l caer . desde que ten¡a uso de raz¢n. Metido ya de lleno en el asunto. Lo mejor seria que cayera antes de que muera Tiberio. . Cal¡gula hab¡a visto venir a los pretorianos y escap¢ r pidamemmte por la puerta trasera. y. . Ya le hab¡a extra¤ado que Sejano -o Tiberiotardaran tanto en detenerla. se la dio mil veces. el hijo mayor de Agripina.Me oves? De lo contrario. ¨c¢mo crees que podr¡a caer Sejano? Antes de capturarlo. -Pero. S¢lo all¡ estar s seguro mientras el emperador proteja a ese Sejano. En cuanto a Cal¡gula. con su temblorosa voz de anciana. Agripina s¢lo hubiera representado un estorbo. Ahora Sejano actu¢ con presteza. e hizo saber al Senado. y luego m rchate a Capri con Tiberio. y creo que no va a tardar mucho en hacerlo. se la concedi¢ complacida. sino que muchos lo admiran de verdad. Al conocerse estas acusaciommes el pueblo se congreg¢ em¡ el Foro. hab¡a apreciado y admirado su buen juicio. basada. Hizo detener a Agripina por sus pretorialmos. y. Desaprobaba aquella persecuci¢n contra Agripina y sus hijos. En el caso de Agripina consider¢ que ya hab¡a llegado la hora. le dio un consejo: -Qu‚date aqu¡ hasta que haya pasado el peligro. en haber acusado a Tiberio de em¡venenador. La mujer profiri¢ graves invectivas e insultos contra el emperador.resultaban siempre verdaderos. y a Druso lo hizo poner bajo arresto domiciliario. pero manten¡a un vivo inter‚s por todo. Sejano hizo tabla rasa. ‚ste hizo lo £nico adecuado: se refugi¢ en brazos de su bisabuela Livia. No s¢lo est rodeado de aduladores. por medio de portavoces. hasta el punto de ver en ella una especie de pitia. El no quer¡a saber nada de aquello. cuyos or culos -atmnque oscuros a veces. habr¡a que llevar a media Roma al pat¡bulo. aunque ya apenas se inmiscu¡a en los asuntos de Estado. cuando Cal¡gula acudi¢ a su casa en busca de protecci¢n. El Senado formnul¢ contra ella la acusaci¢n de lesa majestad. Livia ten¡a casi noventa a¤os. para sus futuros planes. Cal¡gula le dio la raz¢n a Livia. que el emuperador hab¡a siclo enga¤ado por falsas acusaciones. rode¢ la Curia con aclamaciones al emperador.

S¢lo espero tina cosa y rezo a los dioses que me dejen vivir hasta que haya sido derrocado Sejano y descubierta su tramcmomi. Cal¡gula bes¢ respetuosamente la mano de la anciana y dijo: -Comparto ttm deseo. con ayuda de Sejano. y desde all¡ hab¡a decidido actuar contra Roma. pero si sigue intentando actuar como una carcoma para penetrar en el seno de nuestra familia. los pretorianos de Roma no son nada. la sentencia era segura: destierro de por vida a Pandateria. lo dem s caer por su propio peso. En cambio. En el caso de Sejano no es tan evidente. tras un breve juicio. la des‚rtica y alejada isla del Tirreno. El rostro arrugado de la anciana se¤ora no mostr¢ la menor emoci¢n. A ‚l. pero aun asi es un imb‚cil. tres o cinco a¤os mase 31 Cal¡gula no estaba seguro de que la mueca que se dibuj¢ en el rostro arrugado de Livia significara una sonrmsa. . menos trabajo sucio me quedar a m¡ por hacer. su hijo primog‚nito Ner¢n se vio agraciado con la misma sentencia. en consecuencia. Tiberio no es m s que una oscura sombra que pesa sobre Roma y que. y no sienten ninguna simpat¡a por los usurpadores. y ctmantos m s miembros de mi familia elimine Sejano. Los procuradores y los legados de las provincias son orgullosos y leales servidores del Estado. desaparecer pronto. como tampoco la sienten los prefectos y tribunos de las legiones. Sejano piensa: si tengo de mi parte a la ciudad de Roma. porque entonces Octavio hab¡a afirmado ya su legitimidad. casi sin excepci¢n. -Pero ¨qu‚ pasar si consigue mantenerse dos. Sejano hab¡a dado con esto un paso importante . cuyo brillo le daba a£n un aire joven. -Esio es lo que parece. caer Roma en tus manos. y tanto m s r pido ser mi camino hacia el poder". dejaban adivinar el esp¡ritu gil y desinhibido en aquel cuerpo amojamado. Frente a ellos. Todo esto es tan seguro como que ma¤ana saldr el sol. No hay que olvidar que proviene de la peque¤a nobleza provinciana. Cayo. -¨Qu‚ habr¡a pasado si Antonio hubiera vencido a mi Octavio? Nada. cr‚eme. pero Roma no es el Imperio. lo enviaron a las islas Pomitinas. La cosa sigui¢ as¡ hasta que el impetuoso Druso empez¢ a comportarse tan torpemente que acab¢ encerrado en el Palatino. se octmp¢ personalmnente Sejano. porque no es capaz de ver la realidad. Entonces. Pero es exactamente lo contrario. ir socavando al mismo tiempo su pretensi¢n de legitimidad y traicionar a Roma. Puede que Sejano sea astuto. Durante algunos meses lo dej¢ en paz y hasta le daba esperanzas de compartir el poder. Poco desptm‚s. Octavio no lo olvid¢ jam s. s¢lo entonces. es incapaz de valorar la situaci¢n real y. Estaba apoltronado en el trono egipcio. En Roma se hab¡a abierto el proceso contra Agripina y.Para ellos. admirada Livia. Dificilmente habr¡a llegado a ser nuestro ilustre Augusto si no hubiera vencido antes a sus adversarios en las provincias. del ind¢mito y arrogante Druso.-Y pens¢: "Mi deseo es sobreviviros a los dos. S¢lo sus ojos. fracasar . valiente y decidido. y contra ella nada pod¡a Antonio. junto a su Cleopatra. s¢lo un min£sculo cuerpo militar urbano que ser barrido con rapidez. para someterse luego al Senado.

y en lineas m s pobres y en otras m s ricas. descend¡a de una l¡nea familiar de menor importancia que. que legalmente. hijo menor de Agripina. era su abuelo. un linaje que se remontaba hasta muy lejos en los tiempos republicanos. Fugazmente. Cal¡gula. que. no daba ni c¢nsules ni generales. A ‚stos . se acord¢ Sejano de que segu¡a libre Cal¡gula. Estaba de acuerdo con que se prometieran en secreto. y esta vez no quiso pedirle permiso a Tiberio. y se puso bajo la protecci¢n de su t¡o abuelo Tiberio. ten¡an que ser alimentados y alojados. Cortej¢ tenazmente a la muchacha. no ten¡a muchas posibilidades de hacer fortuna siendo escritor o erudito. porque no todos los adversarios hab¡an quedado a£n fuera de combate. sigui¢ el consejo de su bisabuela. de momento. Cornelio Celso. 32 III Cornelio Sabino proced¡a de la rama patricia de una familia de la vieja Roma que ten¡a tras si una nada desde¤able serie de c¢nsules. la mujer del desterrado Ner¢n. pero pens¢ que era s¢lo un ni¤o y. no representaba ning£n peligro. Decidi¢ emplear como copistas a viejos maestros en dificultades econ¢micas y a estudiantes que necesitaban ganarse algo y a secretarios malpagados que precisaban un ingreso adicional para mantener a sus familias. de veintid¢s a¤os. adem s. Hacia va tiempo qtme la chica. eruditos y poetas. en cambio. Publicar su propia obra le pareci¢ demasiado caro e inseguro. comprando esclavos letrados y copistas. se hab¡a cansado de su aburrid¡simo marido y admiraba en silencio al astuto y poderoso Sejano. que eran muy caros y. senadores y generales. era ahora su verdadera meta. Su padre. los Cornelios se hab¡an ido ramificando en lineas secundarias y principales.para acercarse a stm mneta.Julia. sino s¢lo terratenientes. No tom¢ para ello el camino habitual. hab¡a qtmedado ahora libre para ‚l. desde hacia varias generaciones. Celso vivi¢ dedicado a sus estudios hasta que se agot¢ la herencma. Julia. nieta carnal del emperador. y decidi¢ ser librero y editor. debido a haber adoptado a Germ nico. Esta err¢nea conclusi¢n tendr¡a fatales consecuencias para Sejano. En el transcurso de los siglos. pero ni siquiera habr¡a sido necesario semejante esfuerzo. Realmente.

le iba especialmente destinada a ella y s¢lo a ella. El mero irecho de que hubieran canabiado de sitio un arc¢n o de que apareciera en la casa un mueble nuevo consegu¡an sacarlo de quicio.no ten¡a que vest¡rlos ni que alimentarlos. Pero lo cierto era lo contrario. Cornelio Celso consigui¢ reunir as¡ en pocos a¤os una considerairle fortuna. editaba tambi‚n obras de autores vivos. Celso daba empleo a sesenta y hasta a cien copistas. que hab¡a publicado ya dos tragedias. De este modo y de acuerdo con los pedidos en marcha. que dedicaba al emperador Tiberio. en todo. ten¡a ya una experiencia sexual que otros no consiguen ca toda una vida. Por su propio riesgo publicaba s¢lo textos de salida f cil. o editaba un ciclo de leyendas griegas. mientras qtme Sabino. porque no quer¡an perder aquel empleo bien remunerado. modentras que su hijo amaba el cambio constante. su hijo. Esa mirada iba dedicada a todas las mujeres de Roma. A partir de entonces persegu¡a a todas las mujeres y a los dieciocho. aunque m s bien por comodidad. Crispo. de mediana estatura y hab¡a heredado de su madre cl cabello casta¤o y los o azules. Escritores. Celso apreciaba una confortable vida de erudito. Aveces. y se miraban el uno al otro moviendo extra¤ados la cabeza. Catulo y Cicer¢n. de Italia. Virgilio. y cada una cre¡a que aquella mirada. tan grande fue so sorpresa. Era delgado. todos ellos trabajaban duro. Ovidio. Al contrario de algunos esclavos. poetas y eru- . volvian a sus casas sin causarle proh¡ema alguno. Parec¡a que se hubiera propuesto hacer. se escap¢ por primera vez a los catorce a¤os. y nunca m s volvimos a saber de ‚l. que se las gastaba del mismo calibre. en cambio. Las mujeres quedaban prendadas de su sonrisa l nguida. con comidas regulares. Sabino se fue convirtiendo en un adolescente de buena planta. se acost¢ con una vieja lavandera ~ae casi ni se enter¢ de lo que le estaba ocurriendo. aparte de unos tratados de moral. al final de la jornada laboral. de modo que su £nico hijo Sabino se cri¢ en un ambiente de gente acomodada. no! -dijo Celso con firmeza. de las provincias. de un azul intenso. -De mi. -¨De qui‚n habr heredado esto? -se preguntaban sus padres. A los veinte a¤os march¢ a Hispania. Celso apenas hab¡a traspasado los montos de Roma. aunque s¢lo lleg¢ hasta Ostia. y. hermano de mi padre. del mundo entero. Sabino se cri¢ en un ambiente intelectual. aquel azul hab¡a adoptado tates de una intensidad inquietante. y aventur¢-: Hubo un t¡o. como los de Plat¢n. Celso era un marmdo fiel. como las avispas de la miel. como Lucio Anneo S‚neca. coando apenas ten¡a doce a¤os. nervudo. un ordenado transcurso del d¡a y el menor n£mero posible de cambios. lo contrario de su padre. Todo el mundo sabia que estas leyendas constitu¡an la lectura preferida del 33 mperador y lo mucho que apoyaba su divulgaci¢n entre el pueblo. En ‚l.

del grupo de los Verdes. ayudaba a su padre a atar los vol£menes de pergamino. y era el ojito derecho de su madre Valeria que. y as¡ compareci¢ a la hora segunda de la ma¤ana ante el sorprendido Cornelio Celso y le pidi¢ que le diera un trabajo. padre. hijo. En casa. como si nada de aquello tuviera que ver con ‚l. no les daba demasiada importancia. 34 35 Su padre esper¢ pacientemente: -Si ha concluido tu introducci¢n te¢rica. y ve¡a en cada uno de sus raros arrebatos de trabajo un comienzo de mejora. distra¡do e indulgente-. la ciencia y el arte. Tambi‚n para ‚l soplar n otros vientos cuando sea mayor¯. adoptaba una actitud displicente. Aceptaba el car cter inconstante de su hijo como una carga recibida de los dioses. no s¢lo sabia mucho de mujeres. Sabino se hab¡a levantado. presum¡a en ocasiones de sus conocimientos.* y luego atarlo todo en el umbilicus (palo de madera). las conversaciones giraban en torno ala literatura. una esperanza de que al fin estuviera llegando a la madurez. lo s‚ hacer casi todo: pegar el papiro. Con fingida desesperaci¢n. Quer¡a darle una alegr¡a a su padre -amaba a aquel hombre generoso. Sabino. como nuestro Catulo dice en la primera de sus canciones: anda modo pu mice expolitum. -Como bien sabes. Sol¡a decir con indulgencia: ®Tiene que desbravarse y hace bien en disfrutar de su juventud. All¡ hablaba con entusiasmo de las carreras de caballos del Circo M ximo. y llevaba la toga vi¤lis. Pero aqu‚l era el mundo de su padre. puedes comenzar ya el . porque el negligente hijo de un librero se ha olvidado del indice! * Que la seca piedra p¢mez ha alisado con precislon. Sabino se golpe¢ la frente: -Por las nueve musas a las que debemos nuestro pan: el titulo! Seria realmente grave que nuestro vanidoso S‚neca fuera a una biblioteca y no encontrara nada bajo la letra '5'. el rollo carecer¡a de titulo y seria dificil de encontrar en una biblioteca. Viv¡a al d¡a. en cambio. no obstante. aunque esto no se ajustaba del todo a la verdad. sino que hubiera podido [ronunciar un discurso de tres horas sobre la literatura de la era de Augusto. y ‚l hac¡a ver que le aburr¡a profundamente. tras haber descansado m s de lo suficiente. De lo contrario. y. Esta ma¤ana. -Si. en el circulo de sus amistades. alisar el pergamino con piedra p¢mez. Lo m s importante: en la punta del umbilicus hay que colocar el ¡ndice. recortar los frontis (la primera y la £ltima p gina). si bien no ignoraba sus debilidades.ditos entraban y sal¡an de su casa. y se dispon¡a a vivir un d¡a £til. Ahora Sabino hab¡a cumplido los diecinueve. ¨He olvidado algo? Celso sonre¡a. que ten¡a una memorma prodigiosa. y a£n segu¡a sin saber lo que quer¡a hacer en la vida. de los Blancos y de los Rojos de los £ltimos tres anos. Cuando se sent¡a con ganas de hacer algo. y sabia de memoria los nombres de los ganadores de los Auzzles.

que. De postre. que son tan pr cticos? Cabe mucho m s texto y las hojas se pueden pasar c¢modamente en vez de tener que sostener el rollo con las dos manos. con grandes jardines y casas se¤oriales. mejillones y medusas. cilantro. Sabino se puso en seguida a trabajar. en las raras ocasmones en que su hijo se encontraba en casa. y.. era tres veces m s grande. Cambios de este tipo requieren su tiempo. rosquillas de sart‚n .trabajo pr ctico. y s¢lo hab¡a quedado la noble y vetusta casa. preparada con puerros. el jardinero y una adolescente. Valeria le hab¡a hecho preparar uno de sus platos preferidos. La casa de Cornelio Celso estaba situada en los alrededores de la colina Viminal. que hac¡a de ®muchacha¯ para todo. -Padre. ni ‚l ni Valeria se lo hac¡an notar. de repente. -Soy un desastre: perd¢name. Como casm siempre. Si encuentran en la librer¡a dos ediciones de Catulo: una encuadernada y la otra enrollada. Los dioses no te han hecho precisamente un favor al darte un hijo tan in£til. Sabino le mir¢ con destellos de iron¡a en sus ojos azules.. y las dos cuestan lo mismo. Pero era incapaz de estarse callado mucho tiempo. Cuando acab¢ este trabajo. y adem s. Celso hab¡a ido vendiendo poco a poco la propiedad heredada. Como hacia buen tiempo. ya me has hecho la misma pregunta un mont¢n de veces -le interrumpi¢ su padre-.. se fueron ambos a comer. aunque en una mesa aparte. Sus bostezos se iban haciendo cada vez m s persistentes. Todos los d¡as se presentan clientes que se quejan de que los insectos han carcomido sus libros. -¨Qui‚n sabe. Esta vez era un Minu tal maninum. Sabino sinti¢ que se apoderaba de ‚l una fuerte sensaci¢n de aburrimiento. seguida de un peque¤o y cuidado jard¡n.? -exclam¢ Celso esperanzado. la cocinera. pero la mayor¡a de nuestros clientes son conservadores. com¡an con sus se¤ores. comprobaba la posici¢n del sol y finalmente se levant¢. originariamente. y s¢lo puedo repetir una y otra vez: tienes raz¢n. Valeria hab¡a hecho poner la mesa en ‚l. -Media hora m s -pidi¢ Celso-.. padre. y le pas¢ un mont¢n de papiros. As¡ transcurrieron las horas. levistico y pimienta. una mezcla de pescado. ¨por qu‚ no utilizamos m s a menudo los Codices membranei (libros encuadernados). -Sabino. la mayor¡a escoge el rollo. miraba el reloj de arena. tarareando en voz baja una canci¢n. un barrio elegante y muy apreciado. Tengo un hambre de perros. Siguiendo la tradici¢n de la antigua Roma. El hecho de que fueran es36 ir clavos no ten¡a ninguna importancia en casa de Cornelio Celso. Tendr¡as todav¡a que untar con aceite de cedro el Arte de amar de Ovidio. se desperez¢ y dijo: -Creo que ya es mediod¡a. or‚gano.

Iban y ven¡an mensajeros y esclavos cargados de pesados bultos. como era de costumbre entre militares. y daba sus ¢rdenes con voz aguda. Los pretorianos eran te¢ricamente la guardia del emperador. Se trataba de los ejercicios de armas en el Campo de Marte. el centuri¢n dej¢ que sus hombres se retiraran. salt¢ hecha pedazos la espada de su adversario. como supon¡a Sabino. donde Sejano les hab¡a levantado un extenso campamento. con ataques fulminantes. se iba acercando vacilante. pero Sabino odiaba tales juegos en grupo. ven¡an del otro lado del Viminal. a£n tengo trabajo para ti -dijo Celso. pimienta y miel. Era un esgrimista de enorme habilidad. Era un solitario convencido y solo hacia siempre aquello que en aquel preciso momento le apetec¡a. Sabino se limpi¢ los labios. luchaban y practicaban la esgrima. De pronto. y con su ayuda esperaba acceder al supremo poder alg£n d¡a. eran los hombres de Sejano. entre sudorosos soldados rasos (gregat-ii) que realizaban sus pr cticas? Naturalmente. algunos pretorianos atravesaban las calles al trote de sus caballos. Luego se alej¢ con paso r pido en direcci¢n a las termas de Agripa. manten¡a la serenidad y la concentraci¢n. nueces.que realizaba los ejercicios con su pelot¢n sin que. sino que dio la vuelta al peque¤o . Su rostro. por dos veces. pi¤ones. mi due¤o y se¤or! Incluso al mediod¡a. a amenazas o a gesticulaciones de loco. saltaban. recurriera a gritos. y ahora sabia ya cu l era su meta. se hab¡a aficionado especialmente. es bueno para la digesti¢n. cruz¢ la calle Mayor (Vicus Longus) y la calle Alta (Alta Semita). revuelto en sal y luego frito. Tras el ejercicio. -Ahora voy a dar una vuelta.a base de d tiles. pues se habiajurado que no iba a llevar las cosas demasiado lejos. desde hacia alg£n tiempo. ¨Por qu‚. de aspecto ligeramente 37 campesino. ‚l mmsmo se quit¢ el casco y la coraza y se puso una toga. El centuri¢n media m s de seis pies y ten¡a la musculosa figura de un luchador. no era esta la £nica actividad en el Campo de Marte: grupos de j¢venes practicaban all¡ sus ejercicios deportivos. -Comprendido. satisfecho. se sent¡a atra¡do por el Campo de Marte? Semanas antes hab¡a estado paseando por all¡ y hab¡a asistido a los ejercicios pr cticos de un grupo de pretorianos. surgi¢ en Sabino el deseo de emularle. y defenderse con el mismo vigor. a la que. nadaban. Entonces le llam¢ la atenci¢n un hombre -llevaba los distintivos de centuri¢n de clase superior. Sabino mir¢ a su padre con a¡re ingenuo. ¨Qu‚ buscaba all¡ el hijo del rico librero y editor Cornelio Celso. -No tardes. No quiso seguirle directamente. corr¡an. pero. Sabino paseaba de aqu¡ para all . asaltos sorprendentes y golpes tan vigorosos que. entonces. Tambi‚n ‚l quer¡a ser tan r pido y h bil. a los que. la ciudad segu¡a estando muy animada. no obstante. en realidad.

ofrec¡an ba¤os de vapor. naturalmente. le permitiera pagar a ‚l. y as¡ lleg¢ dando un rodeo a las termas. -¨Me equivoco o te he visto antes practicar la esgrima en el camPO de pr cticas? Llevabas un penacho de centuri¢n. pagando. -Esto de manejar la espada es algo que se puede aprender. Estas instalaciones. Al salir el centuri¢n. Querea declin¢ la invitaci¢n con un gesto: rs -No tengo tiempo. aunque. Sabino le sigui¢. atraves¢ el callej¢n entre el teatro Pompeyo y el Hecatostylum. y Sabino se enter¢ de que Querea ten¡a ya treinta y cinco a¤os. Luego le tendi¢ la mano y dijo su nombre: -Casio Querea. realmente. me llamo Cornelio Sabino.jardines. -¨Estar¡as dispuesto a darme clases? Naturalmente. porque nuestra morada nos resulta ya peque¤a. as¡ no tengo que andar mucho hasta el cuartel. centuri¢n de la guardia de los pretorianos. en cambio. a las que tambi‚n hubiera podido ir por un camino directo. era yo. al menos. . construidas veinte a¤os antes por Marco Agripa. y se tir¢ de cabeza a la piscina de agua fr¡a Jrigidarium. un lago artificial.). refectorios y otros servicios para comodidad de los clientes. Hab¡a ido ya cuatro veces a practicar con Querea. amigo de Augusto. Por cierto. y esto me ha permitido fundar aqu¡ una familia. Pero dos o tres veces por semana me puedes encontrar en el Campo de Marte y. podr¡a ense¤arte un par de golpes. entre los pretorianos. All¡ estaban desnudos la mayor¡a de los hombres. s¢lo estuve un rato observ ndote y. llevaba un estrecho taparrabos. grandes piscinas de agua fr¡a y caliente. A continuaci¢n. Llevo cinco a¤os casado y tengo dos hijos. Dar¡a cualquier cosa por saber manejar la espada como t£. -Si. se sent¢ cerca de ‚l y esper¢ a que el aire recalentado le hiciera brotar el sudor por los poros de la piel. me has impresionado. salas de reposo. En los ba¤os de vapor Sabino encontr¢ al hombre al que buscaba. un ni¤o y una ni¤a. El otro sonri¢ halagado. nadie te impide intentarlo. Sabino acept¢ la oferta. Sejano no nos deja ni respirar. -No te preocupes. iban a las termas y Sabino puso como condici¢n que. el centuri¢n. Yno queremos m s. que hab¡a participado en varias campa¤as en Germania y que llevaba seis a¤os en Roma. Vivimos en una casa de alquiler cerca del Quirinal. y se disculp¢ ampulosamente al subir a la superficie. no. En la sala de reposo charlaron en voz baja. despu‚s de los ejercicios. ¨Perteneces a un grupo juvenil? -No. Sabino se hab¡a zambullido adrede muy cerca de ‚l. Eres joven y fuerte. Hay cosas peores que este par de salpicaduras -dijo el otro.templo de Neptuno. -El sueldo es m s alto que en las legiones de las fronteras. s¢lo con espada de madera.

tengo que pedirte algo. En una ocasi¢n. poco a poco. Sabino percib¡a los t¡picos sonidos familiares: el choque agudo de las espadas y el sordo retumbar al golpear contra los escudos. Al fin. Y cuando se jubilara del servicio como em‚rito. se hab¡an ido contando las circunstancias de sus vidas. viv¡a en un mundo de obligaciones y deberes a los que se somet¡a de buen grado. no con una desastrada. No me gustaban ni cuando a£n estaba soltero. tan joven a£n.prostitutas les estaba vetada la entrada. pero. Este del campo era un mundo de hombres. tengo una hora para ir a las termas. que se hab¡a ido quedando cada vez m s peque¤o por las construcciones de las £ltimas d‚cadas. Ahora el campo estaba rodeado por un circulo de templos. p¢rticos y peristilos. donde ahora su hermano trabajaba unas tierras arrendadas por sus padres. Querea titube¢ un rato. Desde el principio. -No soy partidario de las juergas y de las org¡as. desde luego. A las . Tambi‚n en lo referente a su vida amorosa ten¡a las ideas muy claras. .A Marc¡a le gustar¡a tener una casita al otro lado del T¡ber. entretanto. pero era muy raro encontrar all¡ a alguna. La tropa era su patria. que esbozaba una sonrisa contenida. y Sabino notaba que aquel hombre era exactamente lo contrario de ‚l mismo. y las pocas que por all¡ se acercaban sol¡an llevar velo. Con una as¡ lo £nico que se consigue son peleas y enfados que le amargan a uno la vida. 38 39 Hab¡a llegado. serenamente y con claridad. Entonces no quise aceptar dinero. Querea ya se hab¡a cambiado de ropa y parec¡a alegrarse del encuentro. Si. dijo: -Tengo que hacerte una pregunta. Ya no me queda tiempo para practicar.Salve Sabino! Pensaba que no ibas a venir hoy. realmente. Pero lo que Sabino no sab¡a es lo que el otro pod¡a encontrar en ‚l. la certeza con que Casio Querea encauzaba su vida. he hecho una buena elecci¢n. ninguna ley prohib¡a la presencia de mujeres. una mano se pos¢ atr s en su hombro. Aunque. Querea hab¡a planeado su vida. mejor dicho. Ya desde lejos. Pese a tener temperamentos tan diferentes. Sabino apreciaba la serena seguridad. quisiste pagarme el entrenamiento de armas. Sabino busc¢ con los ojos la familiar y maciza figura de su amigo. y su fidelidad a las virtudes caracteristicas de la antigua Roma. Es mejor ir ahorrando todo lo que se pueda para casarse lo antes posible con una mujer laboriosa. Sabino se dio la vuelta y vio el rostro sereno de Querea. . As¡. Mientras permanec¡an sudorosos sentados en los ba¤os de vapor. Con Marcia. Se pierden fuerza y dinero. se comprar¡a tierras en Preneste. Esto era todo lo que Sabino sabia hasta ahora de su nuevo amigo. al campo de pr cticas. antes de descubrirlo. situado entre el monte Capitolino y el Esquilmo. Sejano ha dado orden de que todos los mandos de los pretorianos se presenten esta noche para una reuni¢n. porque all¡ las viviendas son m s asequibles. la familia su casa. en sus pensamientos ya lo llamaba as¡. y tampoco lo quiero ahora. ten¡an que permanecer en un barrio de mala reputaci¢n llamado Subura.

pero he aprendido s¢lo a dibujar las letras. pero empez¢ a aburrirse. Querea. Sabino puso la mano en el brazo de Querea: -Ser un placer. de todas formas. esto es algo que se exige en mi posici¢n.. Me imagino la cara de Marcia cuando. si te parece bien. que liber¢ en su testamento a todos sus esclavos. Con mucho gusto. ¨comprendes? No es que lo necesite. y se acord¢ de Lidia. no me rl hab¡a atrevido a ped¡rselo a nadie. pero estoy empezando a cansarme de las burlas de gente m sjoven que yo. cuando ya sepa leer y escribir. Los maridos murieron pronto y le dejaron una bonita herencia. Si puedo hacer algo por ti. Vivo en una gran morada en el Viminal. Sabino hizo un gesto negativo con la cabeza. pasado ma¤ana volver‚ aqu¡. no muyjoven y ya dos veces viuda. sent¡a claramente la necesidad de estar con una mujer. hasta ahora. esto no me parece adecuado. Vendr s a mi casa y no se hable m s. Lo £nico que pasa es que. s¢lo me ascender n si s‚ leer y escribir.me he propuesto aprenderlo. no le hubiera podido pagar. Si puedo. tambi‚n lo ser un hombre de treinta. pero ahora tengo que darme prisa. En casa. es decir. no hay espacio. Adem s. . Querea. Pens¢ cu l de sus amigas viv¡a m s cerca. no le gusta esperar. amigo m¡o. entonces hablaremos de los detalles. Sabino. -No. Lo cierto es que s‚ garabatear mi nombre. y. y no s‚ lo que significan. Lidia se hab¡a casado dos veces con hombres mucho mayores que ella. adem s. me basto y me sobro yo mismo. y lo har‚. Si un ni¤o de ocho a¤os es capaz de aprenderlo. El mundo de la palabra escrita ama la tranquilidad. Querea se acerc¢ a ‚l y dijo en voz baja: -Quiero aprender a escribir. no puede ser. ¨Y d¢nde quieres que te d‚ las clases? ¨En tu casa? ¨En las termas? ¨En el campo de pr cticas? Querea se ech¢ a re¡r: -~ Por C stor y P¢lux! Para tomarme el pelo. Pero no creas que es tan f cil! -F cil o no -dijo Querea con determinaci¢n. -Ya nos las arreglaremos -dijo Sabino confiado-. que proviene de familias adineradas y pudo permitirse tener un maestro.. As¡. quiz incluso me asciendan a tribuno. Y a un maestro. Despu‚s. Hab¡a sido cocinera de un rico comerciante de cereales. Tengo dos habitaciones para mi solo. A nuestro comandante. Era una griega liberta.Cu ndo? -Cuando haya llegado el momento.. -.pero podr¡as mostrarme tu gratitud de otro modo. Sejano. la reclusi¢n. que ya somos viejos conocidos. Podr¡amos ir a alg£n lugar al aire libre. -Te lo agradezco.. Sabino permaneci¢ en las termas una hora m s. y mis padres estar n encantados de tenerme m s a menudo en casa. La curiosidad de Sabino se despert¢: -Desembucha. lo har‚.

-La tercera vez -dec¡a ella. mientras no encuentre el adecuado. Por el ambiente tranqui. -Las termas dan sue¤o. pens¢ Sabino. -T£ llamas a las cosas por su nombre. si no quieres que me vuelva a marchar -dijo Sabino con una sonrisa divertida. Puedes agasajar a tu querido hu‚sped.Que hombre tan caro de ver! ¨Qu‚ ocurre para que asomes otra vez las narices por aqu¡? Por cierto. -Eres una reencarnaci¢n de Juno. que eran en su mayor¡a trabajadores de alguno de los numerosos templos que all¡ hab¡a. pero a medida que iba m s a menudo al Campo de Marte. de cuatro pisos. -Vaya. -Comer y beber s¢lo da a los hombres fatiga y lasitud. que la mujer llevaba recogido en un mo¤o. . vaya. sue¤o y sed. -Agasajar ¨con qu‚? -Con vino... mi cama no se debe enfriar. y la apart¢ para entrar en casa. ®Ya es hora de que me deje ver por all¡®. pan. Claro que. -. patrona de Roma. Pu es ya te puedes ir! -le espet¢ ella con un centelleo furioso de sus ojos color gris pizarra. nueces. y se puso en marcha hacia el Capitolio viejo. de 40 41 los que ella ten¡a alquilados tres. . queso. La puerta que daba al peque¤o jard¡n estaba abierta. con lo que tengas a mano.. ¨recuerdas a£n mi nombre? -Guarda bien tu lengua. lo del barrio y la cercan¡a del Quirinal apenas ten¡a problemas con sus inquilinos. Y algo m s. Lidia se hab¡a calmado y mir¢ cari¤osamente a Sabino. Quien te abraza. y le solt¢ el cabello.puedo permitirme el lujo de casarme con un hombre m sjoven. hermosa griega.. en cuyas inmediaciones se encontraba la casa de Lidia. frutos secos. y tampoco es necesario que sea rico. Le ayud¢ a desprenderse de su ropa y le rode¢ el sexo suavemente con las manos. Hasta hacia unas semanas. siente el aliento de la divinidad. Atrajo a la regordeta griega a su regazo. Luego dej¢ caer despreocupadamente la t£nica. Eso es lo que m s me gusta de ti. -No seas tan redicho! Se nota que tu padre trata con libros y con poetas. Era un edificio algo antiguo. Te dar‚ un poco de vino que avive el fuego de tu entrepierna. negro como el azabache. Sabino se sent¢ en el banco cubierto de cojines y bostez¢ con fuerza. mi casta Lidia -brome¢ Sabino. Sabino se babia ocupado de esto. menos frecuentes se iban haciendo sus visitas. Era muy severa en el cobro de los alquileres y no toleraba tonter¡as en su casa. Lidiase escap¢ de sus manos y corri¢ las cortinas de la ventana y las de las puertas. descarada. que le llegaba hasta los tobillos. -Esto es precisamente lo que no voy a hacer.

. acerados por la lucha con las armas. y me lo voy a creer. -Si. No hab¡a nadie a quien Tiberio hubiera nombrado sucesor. y. 1 42 43 Iv El prefecto de los pretorianos. realmente era la amante ideal. En su £ltima visita a Capr¡ ni siquiera recibi¢ a Sejano. nieta carnal del emperador. desde hace semanas vivo en castidad. apretaron su cuerpo gordonzuelo como si quisiera ahogar¡a. y volvi¢ a Roma muy pensativo. despacio. y conven¡a averiguar qu‚ era. Hab¡a eliminado a la familia de Germ nico. -jade¢ Lidia-. y Sabino sinti¢ su disponibilidad.Jam s hasta entonces Sejano se hab¡a visto tratado de ese modo. no ten¡a ahora muy claro c¢mo seguir. Tiberio le mand¢ sus disculpas. el emperador guardaba silencio. s¢lo tuya. . r Lidia rompi¢ a re¡r a carcajadas. si. y sus brazos. Si. Pero tampoco era ‚ste el motivo por el que Sabino la visitaba. Cayeron sobre la cama.. sobre este punto. Guarda un poco para despu‚s. mi cabritillo? Se le nota bien repleto. La penetr¢ con fuerza. pero su estado actual no le permit¡a someterse a conversaciones prolongadas. sin embargo. ten¡a la sensaci¢n de estar muy pr¢ximo a su meta. querido. All¡ hab¡a algo sospechoso. -Lo he guardado todo para ti.-¨Seguro que todo sigue en su sitio. Mi fuerza viril es toda tuya.. conviv¡a con Julia. -Despacio.. aunque algo zafia e incapaz de sostener una conversaci¢n de cierta altura. Lucio Elio Sejano.

junto al emperador. Esto pensaba Sejano. y fundar¡a la casa imperialJulia A‚lica. sue¤os cuya realizaci¢n estaba ahora ya tocando con la mano. pero ya se sabe que el camino hacia el poder est lleno de cad veres. -pensaba Sejano-.¯ Sejano volvi¢ a recuperar el terreno. -¨Y d¢nde est ahora? -En Capri. y volvi¢ a perderse en sus viejos sue¤os de hacerse proclamar emperador. Entonces quedar¡a s¢lo uno bloqueando el camino hacia el trono: el propio Cal¡gula. Sus diez cohortes de pretorianos s¢lo esperaban una se¤al en su campamento junto al Virinal. -Seria a£n mejor que no existiera. seria un buen camino: organizar la sucesi¢n al trono de Cal¡gula y lograr que este eliminara al peque¤o Tiberio. Sejano se qued¢ de piedra. hijo de Druso y Livia. El nombre de Lucio Elio Sejano. Aquel silencioso y poco llamativo Cayo C‚sar no era adversario serio. su cumplea¤os se celebraba oficialmente. y lo proteger¡an con sus cuerpos como un muro viviente. 44 J Y Cal¡gula ya hab¡a dejado de ser un ni¤o. S¢lo hab¡ aque mirar atr s! ~C¢mo hab¡a tratado Octavio a sus adversarios antes de convertirse en soberano £nico bajo el nombre de Augusto? Hab¡a pa- . Desde hacia algunos a¤os. y suspir¢. En Capri.. el £ltimo de los hijos de Germ nico que segu¡a en libertad. su obstinada y sangrienta aproximaci¢n al poder a lo largo de tantos a¤os. y en todas partes de la ciudad hab¡a estatuas suyas de tama¤o natural. y pronto el primero! Hab¡a valido la pena. adularlo y engatusarlo. tendr¡a ahora unos diecisiete o dieciocho a¤os. Pero hacia ya mucho tiempo que incluso esto hab¡a dejado de ser necesario. pero seria posible incluirlo en las £ltimas jugadas de esta partida de juego de damas por el poder. Ahora ten¡a que introducirlo en su circulo de amigos m s ¡ntimos. inalcanzable para sus esbirros y sus esp¡as.. en Roma ya era soberano indiscutible. -exclam¢ alguien. y era nieto adoptivo de Tiberio. El pueblo lo veneraba porque manten¡a a raya al Senado y a los patricios.Sejano coment¢ la situaci¢n con sus amigos m s ¡ntimos y les pregunt¢: ¨Qui‚n sigue teniendo derechos leg¡timos a la sucesi¢n al trono? -Ya queda s¢lo el peque¤o Tiberio Gemelo. Esto significaba: en un lugar seguro. -Pero no tiene m s que diez a¤os -objet¢ Sejano. Lucius Aelius Sejanus Augustus Imperator como tercer emperador del Imperio Romano se grabar¡a en las p ginas de la Historia con letras de oro. -S¡. ®El segundo hombre de Estado. Es nieto carnal del emperador. ¯Lo he perdido de vista -pens¢ Sejano-. Todos sus planes. De todos modos. ¨iba a fracasar por culpa de un nifio? Ciudado! Tambi‚n quedaba Cayo Cal¡gula. Y tendr¡a hijos con Julia.

se presentara ante su puerta un centuri¢n de los pretorianos con un mensaje de Sejano. si me pasa algo. Sejano se dirigi¢ a ‚l y exclam¢: -Dejad sitio a Cayo C‚sar. Con los brazos abiertos. sencillamente. Gracias a ti. Cal¡gula pidi¢ ser recibido por Livia.¯ Sejano sent¡a c¢mo crec¡a algo en su pecho. se estremeci¢. mi hu‚sped de honor para la fiesta del setecientos ochenta y tres aniversario de la fundaci¢n de Roma.sado por las armas a medio Senado. 45 -Cayo C‚sar. Cayo Cal¡gula segu¡a viviendo a£n en casa de su bisabuela Livia. No le sorprendi¢ el hecho de que. el prefecto Sejano me ha invitado a las fiestas conmemorativas de la fundaci¢n de Roma. Cal¡gula reflexion¢ r pidamente. Inmediatamente. no me quedan muchas fuerzas. -Perdona. que guardaba cama desde hac¡a algunas semanas. hijito. ¨Se tratar¡a de una trampa? Al a¤o siguiente llevar¡a la toga viril y se convertir¡a en un serio adversario para Sejano. hasta que qued¢ libre el camino. y se despidi¢ respetuosamente. venerable Augusta. He aceptado su invitaci¢n. Cayo. c¢mo sal¡a a la luz el futuro Augusto Sejano. un buen d¡a. indulgente y justo. pero me be acostumbrado a pedir tu consejo antes de tomar decisiones de importancia. C‚sar. -Has hecho bien. el prefecto te invita. Cal¡gula bes¢ fugazmente la piel apergaminada de la mano de la anciana. Se limitaba a perdonarlos. C¢mo le repugnaba aquella momia! ¨No se morir¡a de una vez? Ahora no la necesitaba ya. a celebrar con ‚l y sus amigos la fiesta conmemorativa de la fundaci¢n de la ciudad. Ahora. de la estirpe Julia Claudia. dej ndolos as¡ en rid¡culo ante todo el mundo. pero quiero que. . Le comunic¢ que se trataba de un asunto de m xima urgencia y la anciana le recibi¢ diciendo con Noz d‚bil: -S‚ breve. pues ya no ten¡a necesidad de pactar con posibles adversarios. sepas d¢nde estoy. como el cuerpo de una serpiente que muda su piel vieja y con ella los viejos errores y pecados. dile al prefecto que ir‚ con mucho gusto. Acepta de buen grado sus proposiciones y trasl date inmediatamente despu‚s a Capri para ponerte bajo la protecci¢n del emperador. Cal¡gula vio cruzar una sonrisa por aquel rostro arrugado. observaba exactamente lo que ocurr¡a y esperaba. si te apetece. Ve a la fiesta e intenta averiguar en una conversaci¢n a solas lo que Sejano se propone. -S¡. Despu‚s hab¡a podido permitirse el lujo de ser un soberano excelente y popular. Una vez fuera. Si intenta hacerte apetecible la sucesi¢n al trono imperial. centuri¢n. este jubileo se convierte en una fiesta. eso significa que el peligro es may£sculo.

vigilad la puerta y no dej‚is entrar a nadie. quiz incluso antes. -Con tu ayuda. Cal¡gula fingi¢ no entender. ensalz¢ su beneficiosa influencia sobre Roma. -Lo sabe todo. Te ruego que me acompanes. se reunir dentro de pocos a¤os.¯ -Puestos ya a discutir estas cosas. Sej ano se levant¢. Pero ¨qui‚n ser su sucesor? ¨Qui‚n? Cal¡gula pens¢ para sus adentros: ®Esto es exactamente lo que no . todos lo saben. All¡ se siguen practicando las virtudes de la antigua Roma. C‚sar. mi venerad¡simo abuelo. -Tus palabras expresan exactamente lo que yo siento. m s de lo que pensamos. ¨Quieres un trago de vino. con sus divinos antepasados. Aqu¡ hay demasiado ruido y nos oye demasiada gente. debe de ser un placer gobernar y regentar un imperio. El augusto emperador Tiberio ha sobrepasado con creces su s‚ptima d‚cada y. -Pero la naturaleza nos ha dado la raz¢n. Sejano se ech¢ a re¡r: -¨C¢mo se encuentra la augusta se¤ora? -Est en todo. -Exactamente. lo confieso abiertamente. admirado Cayo C‚sar. -As¡ que ella sabe que est s aqu¡. y con ‚l sus dos guardias. Cayo C‚sar. Pero vamos a hablar de otra cosa.. no lo quiera el gran J£piter.que intenta hacerlo lo mejor que sabe. Cal¡gula le sigui¢ a una peque¤a estancia contigua.. -dijo Sejano m s bien para s¡ mismo. -No soy m s que un simple soldado -dijo Sejano con fingida modestia. -Vosotros. a no ser que aparezca en persona el emperador. no. Un hombre como ‚l deber¡a gobernar a£n durante muchas d‚cadas. -La £nica pena es que nuestro emperador tenga ya una edad tan avanzada. y me ha pedido expresamente que celebre contigo la conmemoraci¢n de la fundaci¢n de la ciudad. Pero contra la naturaleza nada podemos hacer. ¨qu‚ precauciones? ®Si ‚ste llega a emperador alg£n d¡a -pens¢ Sejano-. normalmente. de acuerdo con la ley de vida. vivo demasiado recluido. elogi¢ su fidelidad al emperador que. C‚sar? -No. Roma se hunde en un par de a¤os. Adul¢ a Sejano. convendr¡a hacerlo a fondo. En casa de la admirada Livia Augusta se vive de un modo muy sobrio. No estoy acostumbrado a beber tanto. As¡ es como lo ve tambi‚n nuestro egregio emperador. Soy ambicioso. bien. daba gracias todos los d¡as a los dioses por haberle dado un colaborador tan leal. -Bien. Porque. a la que todos estamos sometidos. admirado Sejano. y ‚sta nos capacha para tomar ciertas precauciones. ilustre Sejano. Me gustan las cosas claras. sin duda. y quiero seguir siendo tambi‚n prefecto de los pretorianos tras la muerte del veneradisimo emperador. -¨Precauciones?.Cal¡gula dio las gracias con palabras cordiales y procur¢ hacerse el ingenuo.

y si durante los pr¢ximos a£os su abuelo deja el trono libre. ®Cal¡gula. encajaba bien en los planes de Sejano que. es tambi‚n adecuado para una regencia. porque quer¡a creerle. aunque no pod¡an demostrarlo. Pero tras esta conversaci¢n. que se preparaba por entero para este plan. yo interceder¡a en tu favor. -pens¢ Sejano satisfecho-.~-¨Y por qu‚ no? Conozco suficientemente bien la historia de Roma como para saber que debe su grandeza a hombres capacitados. El ej‚rcito y el pueblo deb¡an saber que a£n segu¡a existiendo un sucesor masculino de la familia de Germanico. Naturalmente. ¨Qui‚n no se acordar¡a deiLgi-acioso ®Cal¡gula¯. Sejano no hab¡a contado con semejante respuesta. voy con frecuencia al teatro y estoy planeando escribir una biografia de mi padre. leo mucho. como simple soldado. ello no hab¡a quedado oculto para Sejano. por otra parte. ~Me alegra que no5 entendamos tan bien. ~No s‚ si soy el adecuado para ello. realmente. al menos. no les ha beneficiado precisamente. Cayo? -pregunt¢ Sejano abiertamente. pero quieres que yo te abra el camino hacia el trono imperial¯.. C‚sar Cayo.. Yo prefiero una vida tranquila. Una actividad como ‚sta me seduce m s que un cargo p£blico. en cambio. Yo. Especialmente Cal¡gula demostr¢ ser un maestro del fingimiento. Probablemente soy m s parecido a mi t¡o Claudio. s¢lo tendr¡as que asumir la regencia por cuatro o cinco anos. Sejano. pero le daba poca importancia. Cal¡gula se limitaba a dar se¤ales de vida.quieres seguir siendo. con eljoven C‚sar Tiberio como menor de edad. sino que. -Eres demasiado modesto. ~¨Y t£. a quienes su ambici¢n. Tampoco fue tomado en serio por sus esp¡as. prefecto. Por otra parte. Tiberio C‚sar tiene ahora once a¤os. ¨Qui‚n va a querer empeorar su posici¢n cuando las circunstancias cambien? Yo lo veo muy sencillo: podr¡as asumir la regencia por el peque¤o Tiberio C‚sar hasta su mayor¡a de edad. ~No soy tan ambicioso como mis hermanos.. . le hab¡a empezado a gustar tanto la idea de una regencia. Quien dirige casi por si solo los destinos de Roma desde hace m s de una d‚cada. Cal¡gula no se sent¡a en absoluto atra¡do por el poder. contemplativa. al que su padre sol¡a llevar consigo a todas partes? El destinO de Agripina y de sus hijos mayores hab¡a causado indignaci¢n en mucha gente. No viv¡a ni mucho menos tan recluido como hab¡a querido dar a entender al prefecto. 46 47 ~Lo comprendo. aunque no ambi- . Sejano le crey¢. En cuanto a m¡. que est escribiendo en estos momentos una historia del Imperio. al contrario. en princi~ hab¡a querido preparar a Cal¡gula como sucesor al trono. En esta conversaci¢n. tendr que compartir tarde o temprano el destino de sus hermanos. maldito zorro. Los finos labios de Cal¡gula esbozaron una sonrisa. A hombres como t£. hab¡a aprovechado los £ltimos tiempos para establecer contactos con los a£n numerosos amigos y seguidores de su difunto padre. Parec¡a que. prefecto Sejano. los dos hab¡an estado mintiendo a conciencia.

La posteridad honrar mi memoria lo suficiente.¯ As¡ quedar¡a eliminado el obst culo principal. y el pueblo encontrar¡a otro ¡dolo al que venerar. para el viejo Trasilio. rodeado de algunos amigos. pero desde que Sejano iba ganando en poder e influencia y envenenaba el aire los absur48 49 dos ®procesos de lesa majestad¯. ‚stas las estatuas m s admirables y duraderas! Porque los retratos que se hacen en piedra son destruidos como las l pidas si el juicio de la posteridad se convierte en odio. La imagen que el emperador quer¡a dar de s¡ mismo al pueblo se mostraba en las frecuentes cartas que enviaba a los senadores. pero tampoco los invitaba a participar en ellos. Estos ser n los templos que edificar‚ en vuestros corazones. en los primeros a¤os tras su ascenso al trono. Un emperador as¡ hab¡a existido. La vida de Tiberio Augusto correspond¡a as¡ a tres aspectos: en primer lugar el emperador y el estadista. Ante sus amigos m s ¡ntimos. a qu‚ efebo conced¡a sus favores. y. Cartas como ‚sta: ®Senadores!: ®Admito ante vosotros y deseo que tambi‚n la posteridad lo mantenga en la memoria. el hombre recluido en su vida privada. esta imagen del emperador ya no era m s que una quimera. cu ndo dorm¡a. hacia mucho tiempo que esta imagen hab¡a dejado de corresponderse con la realidad. De todos modos. para que. y cuanto m s viejo se hacia m s vicioso era. El emperador Tiberio llevaba tres a¤os viviendo en la isla de Capri. estos vicios no ten¡an importancia. la familia de Germ nico. y hasta el momento no hab¡a sentido ning£n deseo de volver a Roma. sino porque eran demasiados los ojos que observaban todo lo que hac¡a: lo que com¡a. No es que se avergonzara de serlo. pero no le gustaba que el pueblo lo supiera y se empa¤ara as¡ la imagen de una majestad hecha a la imagen de un dios. que en los peligros he sido intr‚pido e imp vido en la lucha por el bienestar p£blico. los que viv¡an con ‚l en Capri. Era un hombre vicioso. no ocultaba sus vicios. a los pueblos amigos y a los mismos dioses: que me concedan hasta el final de mi vida un esp¡ritu sereno capaz de reconocer ante ellos y ante los hombres lo que es justo. No s¢lo porque en la gran ciudad se cre¡a rodeado de enemigos y traidores. s¡ cree de m¡ que fui digno de mis antepasados y que he cuidado solicito de vuestros asuntos. cuando yo haya abandonado la vida. y con su intimo amigo Coceyo Nerva. a qu‚ vicios se entregaba. que soy un hombre que cumple con sus obligaciones de hombre y se conforma con ocupar su lugar de pr¡ncipe. Tiberio se hab¡a cansado de esto.¯ Lamentablemente.cione el poder. el libertino . todo era tergiversado y comentado hasta la saciedad. s¢lo hablaba de literatura y de filosofia. con qui‚n trataba en privado. su antiguo maestro y actual astr¢logo. despu‚s. se dediquen elogios a mis actos y se rinda homenaje a mi memoria. Por esto dirijo mi ruego a los conciudadanos. y m s que suficientemente. antiguo c¢nsul. por fin.

pero lo que la plebe pensaba o dec¡a de ‚l. esparcidos por todas partes como al azar. Le gustaban los vinos fuertes y arom ticos. atleta mudo e incondicional del emperador. Ello se hacia patente en los persistentes eccemas que desfiguraban su rostro y que reventaban constantemente en abscesos exudantes. El emperador le dirigi¢ una mirada interrogativa. y que era un extraordinario honor poder vivir y trabajar en su corte. y no era raro que sus sirvientes tuvieran que cargar con ‚l a cuestas para llevarlo a la cama. y de algunos llegaba incluso la noticia de que hab¡an tenido un accidente mortal en su trabajo. el pueblo lo llamaba ®el Borracho¯ (Biberius). En la vejez Tiberio se entregaba desenfrenadamente al alcoholismo. y Crit¢n esboz¢ una sonrisa. donde se agrupaban en torno al ba¤o particular del emperador algunos recintos retirados a los que s¢lo se pod¡a acceder por un £nico pasadizo. Al fondo se encontraba una oscura ornacina con un sill¢n c¢modo en el que Tiberio tom¢ asiento. s¢lo manten¡a conversaciones m s prolongadas en su circulo de amigos ¡ntimos. No se permit¡an visitas en Capri. A ‚l le daba igual. No le afectaba el hecho de que. porque no volv¡an a saber nada de sus hijos. el emperador sali¢ y ahuyent¢ con un brusco adem n a algunos sirvientes que quisieron acerc rsele. entr¢ silenciosamente en la peque¤a sala de lectura. con el tiempo. constantemente vigilado. pues evitaba toda palabra superflua. una multitud sin nombre y sin rostro. La peque¤a . la gente hab¡a empezado a desconfiar. Se intentaba tranquilizar a la gente diciendo que el emperador buscaba nuevo personal de servicio. Pero. Para prevenir que sus fuerzas viriles fallaran. Lleno de curiosidad. no ten¡a ninguna importancia para el emperador Tiberio. su m‚dico de c mara Candes le preparaba diversos afrodisiacos que no dejaban de tener efecto. para poderle ayudar en cualquier momento si daba un traspi‚ o si alguien osaba acerc rsele espont neamente. Quer¡a amortiguar su miedo a su pr¢xima muerte. pero que poco a poco iban envenenando la sangre del emperador. con Trasilio. un liberto griego. necesitaba juventud para deleitarse con juegos lascivos en los que ‚l mismo muy limitadamente pod¡a participar. Lo hizo en silencio. pero Tiberio le cort¢ impaciente. por ejemplo. El mayor de estos recintos estaba repleto de cojines forrados de piel.que. Crit¢n segu¡a a corta distancia a su se¤or. al que hab¡a puesto freno de m s joven. El mudo le ayud¢ a levantarse del sill¢n y luego volvi¢ a colocarse en la puerta. Una estrecha escalera llevaba a la parte inferior del extenso complejo de la villa. Poco importaban al emperador semejantes nimiedades. Hizo unos cuantos gestos explicativos. A sus espaldas. faltaran unos cuantos. capturados en las inmediaciones por sus esbirros y arrebatados a sus padres con numerosos pretextos. en su lascivia senil se mostraba desmedido y exigente. Encorvado y cojeando levemente. de aquella multitud de all fuera. Eran bellos adolescentes. a quien acuciaba con cuestiones de astrolog¡a. Cr¡t¢n. era detenido pir los guardias y ejecutado inmediatamente. y para ello necesitaba el sexo. y si alguien intentaba poner clandestinamente pie en la isla. Tiberio esperaba ahora la pr¢xima ®remesa¯.

Re¡d.caminata le hab¡a fatigado tanto que no paraba de jadear y sent¡a una fuerte sensaci¢n de v‚rtigo. Se hizo servir una copa de vino arom tico caliente. Puesto que para las mujeres resulta pr cticamente imposible forzar a un hombre contra su voluntad. Hacia . demostrad que sab‚is hacer! -grit¢ Tiberio anim ndolas. Ci¤eron sus cuerpos a los de los muchachos. que apur¢ con avidez. para agradar al emperador. En la playa esperaban hogueras preparadas para quemar sus cuerpos. Los cuatro spintriae desnudos -las dos chicas y los dos muchachos. se balancearon de arriba abajo y exclamaban: ®Hop. les abrieron las piernas a la fuerza y las violaron entre sonoros gemidos y exclamaciones obscenas. Trajeros a dos muchachas y a otros dos muchachos de edades que oscilaban entre los catorce y los diecis‚is a¤os. Pero Tiberio no perd¡a su tiempo pensando en esto. Eran ‚stos la tristemente c‚lebre cohorte de efebos y prostitutas que practicaban todo g‚nero de lascivias. Los adolescentes arrastraron a las muchachas. ~Qu‚ os pasa? -exclam¢ el emperador desde su oscura hornacina-. No est is aqu¡ para ser torturados sino para mi placer y para el vuestro. hijos m¡os. o estaban demasiado asustados como para esbozar una sonrisa. Se limitaron a mirar aterrorizados hacia el lugar de donde proced¡a la ronca voz del anciano. Para que nada trascendiera. -~Desbravad a estos potrillos rebeldes. vestidos con t£nicas que les llegaban hasta la rodilla. Una sonrisa c¡nica cruz¢ su rostro estragado. hop. Cuando se cansaba de ver sus rostros lascivos y torpes. Uno de los guardianes blandi¢ su l tigo y lo hizo restallar sobre las piernas desnudas de los jov‚nes. el emperador los hac¡a cambiar por otros. se hizo llenar la copa de nuevo. quiero ver caras alegres! O no lo entendieron. como le gustaba al emperador. corrieron de ac para all hasta que el emperador exclam¢: -Basta ya! Habr tiempo despu‚s. se sentaron sobre sus cuerpos. al instante. ve¡a en ellos un mero instrumento para su placer y cuando resultaban in£tiles. los eliminaba como si fueran basura. los besaron. muchachos! ni¤as. Se les notaba un aire t¡mido y se apretaban unos a otros como ovejas camino del matadero. las spint¤ae femeninas desarrollaban otros m‚todos. los acariciaron e intentaron despertar con h biles gestos sus fl ccidos falos. las muchachas hicieron caer a los adolescentes sobre los cojines. los Adelante. hop! Suavemente. Sus cenizas se arrojaban lue50 51 1 go a paladas al mar. hasta los cojines esparcidos por el local y les arrancaron la ropa. por m s que se resistieron. y. Traed ahora a los spintriae. Estaban adiestrados para ello y tan embotados en su inteligencia que obedec¡an las ¢rdenes inmediatamente sin pesta¤ear.se ocuparon inmediatamente de los reci‚n llegados. hop!¯. Estos gritaron. esclavos mudos los llevaban hasta lo alto de los acantilados y desde all¡ los despe¤aban. desfigurado por los sarpullidos. Dio unas palmadas. lo ahora.

puede que sea cierto. porque se negaba a creer lo que personas leales le contaban de Sejano y ped¡a constantemente nuevas noticias.. pero no para ti. jam s me has mentido.. Me consta que t£ no me has enga¤ado jam s. Trasilo levant¢ las manos para aplacar al emperador: -Esto puede ser cierto para otros. Se retir¢ malhumorado y mand¢ buscar a Trasilo. mi erudito amigo. la £nica persona en la que confiaba. Luego inclin¢ la cabeza y se qued¢ dormido. Tiberio desconfi¢ de inmediato. Su viejo y fl ccido sexo no daba se¤ales de vida. nadie sabe por qu‚ has vivido. Tiberio iba apurando copa tras copa. No quiero creerlo. Y ahora quiero oir tu opini¢n. se¤or. cuando mueres. T£ has continuado con vigor y habilidad la obra del divino Augusto conservando al Imperio en paz y bienestar. Y ahora dime una cosa.mucho tiempo que circulaba el rumor de que su desaprobaci¢n significaba la muerte. pero no puedo creer que ambicione mi trono. ¨Y c¢mo me lo agradecen? El tres veces maldito Senado conspira a mis espaldas. Cuando naces. Gracias sean dadas a J£piter! -susurr¢ Trasilo en voz baja-. Parece que Sejano no tiene m s que enemigos en Roma. ya tienes la sombra de la muerte a tus espaldas. imperator!Me alegro sinceramente de encontrarte con un aspecto tan saludable. Si. E hizo lo £nico adecuado: volver a casa de Livia con el pretexto de que iba s¢lo a despedirse. di. acompa¤ado por un sirviente. -balbuce¢ Tiberio-. y all¡ tom¢ un velero r pido hasta Capri. Cal¡gula hab¡a sacado las conclusiones acertadas de la conversaci¢n que mantuvo con Sejano. S‚ que es ambicioso.. orden¢: -Toma una copa conmigo. r El emperador se pas¢ la mano por la cara como para espantar un mal pensamiento. -¨Y por qu‚? ¨Creias que ibas a encontrar a un moribundo? . -Paz y bienestar. -Salve. ‚l no era m s que una figura de la que aqu‚l se servia y a la que eliminar¡a tan pronto resultara in£til o se convirtiera incluso en un obst culo para ‚l. -. y pronto se cans¢ de los juegos de sus spintriae. Sali¢ luego a caballo para Ostia. -Cayo! Tu llegada es muy oportuna. pero hoy no se sabe por qu‚. y £ltimamente me est n llegando rumores de todo tipo sobre Sejano. Para el prefecto. La inteligencia aguda e intensa de Cal¡gula se hab¡a dado cuenta de las intenciones de Sejano. dime. Cal¡gula ocult¢ su estupor por el aspecto del emperador tras su expresi¢n impenetrable. Su t¡o lo recibi¢ con sorprendente amabilidad. me entra p nico.. Con la lengua pastosa por el vino. pero lo curioso es que quien menos lo sabe eres t£ mismo. y dime por qu‚ la vida es una mierda tan grande. no consegu¡a animarse. Pero no quiero aburrirte con pol¡tica. sabio observador de las estrellas. y. Cuando Tiberio se empe¤a en saber la verdad. si.

pero. Has alimentado a una v¡bora en tu pecho. Tengo incluso intenci¢n de elevarlo pr¢ximamente al consulado. Tengo la impresi¢n de que fue demasiado d‚bil para resistirse al atractivo del poder y ha rebasado con mucho los l¡mites de su cargo. -¨Rumores? ¨Qu‚ tipo de rumores? Dime la verdad. Arranc¢ un emplasto y lo tir¢ al suelo. s¢lo puedo decirte la verdad que conozco. lo ha hecho pretencioso e indulgente. a mi lado.. ¨No sabes nada de esto? Se crisp¢ el rostro del emperador. pero en Roma corren rumores. Sus cartas ten¡an un tono inofensivo y modesto. Toda Roma habla de que fue Claudia quien envenen¢ a Druso por orden de Sejano. El emperador permaneci¢ callado. Sejano es un hombre eficiente. Todo encaja perfectamente. no tengo mejores noticias. Sejano gobierna Roma como un dictador y da todas sus ¢rdenes en tu nombre. Despu‚s pos¢ en Cal¡gula sus opacos ojos de anciano. Quiero que se sienta seguro. pero no dej¢ ninguna duda sobre sus intenciones. Confio en ti. nada corriente en ‚l. Cayo. confirma las sospechas de amigos en quienes confio. Por lo dem s. Por prometido en secreto con Julia? Cuando t£ cierto. Pero el gozar de tu favor. Que contin£e alg£n tiempo m s con sus deslealtades. S¢lo as¡ podr‚ probar al final su culpabilidad. Esto har que cometa imprudencias. Hace ya tiempo que ha roto con Claudia. -¨Dices que envenen¢ a mi hijo? No puede ser verdad. a£n menor de edad. de esto no hay duda. Parece ser que el prefecto supone que no vas a vivir mucho.. parece que es la triste verdad. De nuestra conversaci¢n te informar‚ con mucho gusto. y yo le hubiera otorgado mi confianza plena. Cayo. la verdad tal como yo la conozco. due¤o de mi confianza y de mi favor. actuar‚. Quiz recibas de otros noticias m s agradables. Lamento tener que decirtelo. -No. no lo creo! -Tal vez sea s¢lo un rumor. Cayo. No es que me haya dicho esto a la cara. estuve hace dos d¡as hablando con Sejano. y. pero no me compromet¡ a nada. te lo ordeno! -Por los manes de nuestra familia y por todo lo que me es sagrado. por lo que s‚. Igual que estoy ahora sentado frente a ti. Ni una sola palabra de lo que te he dicho . entonces. y se ve como futuro regente de tu nieto C‚sar Tiberio. Lo aniquilar‚ a ‚l y a todos sus amigos y seguidores.. y a toda su familia. lo aplastar‚ como a una serpiente. Majestad. -No era m s que una artima¤a.. -Deber¡a haberlo pensado -dijo Tiberio-. y lo que me has contado. ¨sabes que est mueras. me 52 53 pidi¢ que le permitiera casarse con Claudia. pero no hago m s que cumplir tu orden de decirte toda la verdad. porque ya no la necesita. No obstante. quiere casarse con tu nieta y sentarse en el trono con ayuda de sus pretorianos. rasc ndose los eccemas de su cara.-No precisamente esto. de momento no me parece sensato inquietar a Sejano. Le di largas al asunto. igual que has hecho t£.

¨Te paga bien. Sabino le pas¢ a Querea una tablilla. no perdamos m s tiempo. Durante demasiado tiempo sin duda! Cal¡gula estaba exultante. Cornelio Sabino comunic¢ con breves palabras a su padre que. llegar¡a su hora. varias veces por semana. tampoco lo necesitan. en la que. acudir¡a a su casa. un centuri¢n de los pretorianos para recibir lecciones de escritura y lectura. est casado y tiene dos hijos. -No -dijo Sabino pacientemente-. a costa nuestra. mi querido antepasado. que incluso sabes ya escribir. Celso movi¢ la cabeza desesperado. hijo mio. no se trata de ninguna travesura de mozalbetes que usan tu casa como protecci¢n. -Al final he acabado por decirselo a Marcia. La mayor¡a de los romanos no saben hacerlo y. Todo se desarrollaba de acuerdo con sus deseos. Por cierto. quiz por influencia de Apolo. Siempre ser mejor eso a que pierdas el tiempo corriendo tras cualquier falda por ah¡ fuera. Ven. le puso un punz¢n o estilete en la mano y le invit¢ a escribir su nombre. los pretorianos perciben buenos salarios. y. De ella puedo fiarme. pero este orgullo lo guardaba para s¡. ¨Y a santo de qu‚ iban a entrar y salir s¢lo eruditos y poetas en nuestra casa? Seguro que el firme paso de Marte no perjudicar para nada nuestra casa.debe salir de aqu¡! T£ eres sangre de mi sangre. -Mi hijo. Casio Querea se present¢ tan pronto como se vio libre de servicio. -Es muy bonito lo que acabas de decir. Querea quiere ascender. y para ello tiene que saber leer y escribir perfectamente. Despacio y con gran es- . la hora de Cayo C‚sar a quien todo el mundo llamaba Cal¡gula. Querea es bastante mayor que yo. y cuando Sejano se viera despojado del poder. El valiente guerrero no paga nada. -Bien. no le dir nada a nadie. Celso sali¢ moviendo la cabeza. te doy por una vez la raz¢n con toda mi alma. Como puedes ver. ‚l tambi‚n me ha hecho un gran favor. os doblar el espinazo¯. al menos. por lo visto. Al d¡a siguiente. con veinte a¤os. En primer lugar es amigo mio. En su fuego interno estaba orgulloso de Sabino. en segundo. y. Querea. De aquel hijo siempre se pod¡a esperar una sorpresa. antes de que os hay is dado cuenta de lo que os est ocurriendo. A fin de cuentas ha de saber d¢nde estoy y lo que estoy haciendo. Sabino se hab¡a propuesto empezar sus clases con unas nociones generales. y esa c liga. si‚ntate aqu¡. -No es ninguna verg¤enza no saber escribir. naturalmente. Cal¡gula se re¡a para sus adentros: ~El Cal¡gula se convertir r pidamente en una c liga. -Comenzaremos por tu propio nombre. reina un ambiente demasiado blando. bien. en este caso. de ahora en adelante. en quien he confiado durante tanto tiempo. desconcertado. y esto cuenta m s que los planes de ese ambicioso arribista. ese valiente guerrero? Por lo que se dice. juega a ser maestro antes de haber aprendido nada. no voy a meterme donde no me llaman.

O el nombre de Cicer¢n. Aunque pronto sabr s escribir las veinticuatro por separado. igual que Casio. Y. Con semejantes ejemplos Sabino intentaba hacerle ver a su amigo que toda la lengua latina. Pero hay que tener en cuenta que la ®C¯. y como uno est ahora en condiciones de leerlos. Es la misma letra. en geografia. podr s averiguar r pidamente cu ndo y d¢nde naci¢ un legionario. la cosa funciona! Es como un milagro! Ah¡ hay un par de rayas. Querea. c¢mo se port¢. -~ Sabino. Querea. se oye cada letra por separado. Quien tiene dinero. el momento en que ya sabia leer breves palabras. y esta palabra empieza tambi‚n por ®C¯. con miles de palabras. Querea se mostr¢ sorprendido: ~De verdad. se pronuncia de diferente modo ante ®i> y "e¯. C-a-s-i-o. 54 55 -All¡ est escrito: Casio Querea. las listas con los nombres de los legionarios. ya no se necesita maestro para seguir los estudios posteriores. vuestras distinciones. no quieres ser ni erudito ni poeta. ten¡a s¢lo veinticuatro letras. vuestros a¤os de servicio. al fin. Querea aprend¡a despacio. ¨Conoces otros nombres que empiecen por ®C¯? Querea reflexiono: -Por ejemplo tu apellido: Cornelio. s¢lo son veinticuatro? Yo pensaba que serian cientos. y me cost¢ medio a¤o aprender a leer y escribir m s o menos bien. a trompicones. Fui a la escuela durante cuatro a¤os. Cuando lleg¢. te costar mucho tiempo formar con ellas palabras y leerlas de corrido. esto es algo que uno comprueba d¡a a d¡a. otros hacen uso de bibliotecas p£blicas. Cuando te asciendan. pero tambi‚n los delitos y las penas. Pero no adelantemos acontecimientos. historia. filosofia y en otras disciplinas. pero cambia su pronunciaci¢n. la tercera letra del alfabeto. Con la de jabalinas que he visto. todo est recogido en alg£n lugar. O el del antiguo c¢nsul Coceyo. yo las miro y leo pilum. el famoso orador. Necesitas la escritura s¢lo para su utilizaci¢n pr ctica. pero sin ayuda de nadie. Querea garabate¢ las dos palabras. Los reglamentos militares. Las materias de ense¤anza est n recogidas en libros.fuerzo. se levant¢ de un salto y le dio a Sabino una palmada tan fuerte en la espalda que estuvo a punto de tirarlo al suelo. y todo esto sin tener que pregunt rselo a ‚l mismo. -¨Medio a¤o? ¨Y qu‚ hiciste durante los otros tres a¤os y medio? -Durante este tiempo uno emplea sus conocimientos para seguir form ndose. durante cu nto tiempo y en qu‚ unidad estuvo sirviendo. pero . Saber es poder. T£ eres un centuri¢n. -Bien. Sabino se echo a reir: -Pero no te creas que es tan f cil. pero con empe¤o y paciencia. se forma su propia biblioteca. adem s. Sabino hizo un gesto afirmativo con la cabeza. literatura. tendr s acceso a esas listas. Si pronuncio despacio tu nombre.

-Dame tiempo. nombres de dioses. pero all¡ estaba el otro. mi mujer empieza a desconfiar. pues admiraba a los viejos griegos y apreciaba las pr cticas atl‚ticas. tambi‚n sus padres sab¡an de qu‚ modo Querea pagaba sus clases y Celso reaccion¢ con sentimientos encontrados. padre. o. Entretanto. Al igual que Querea. ante quien hubiera tenido que ayergonzarse. Sabino. gracias a su tenacidad y perseverancia. Le he hablado mucho de ti. . por vig‚simo primera. ®Venus¯. Y m s tarde o m s temprano acertaba en el blanco. Es un trueque entre amigos. aunque no siempre en el centro. Sabino comparti¢ la alegr¡a de su amigo. Por otro. tambi‚n Sabino mostraba su alegr¡a por cada paso adelante que consegu¡a en las artes marciales. realmente se hab¡an hecho muy amigos en estas semanas dedicados al empe¤o de instruirse mutuamente. y resulta imposible mantener con ella una conversaci¢n razonable. Ya ha dejado caer un par de veces. La juventud debe medir sus fuerzas. Yah¡ est escrito ®Marte¯. un negocio del que Celso esperaba que se hiciera cargo alg£n d¡a. segu¡a colocando la flecha.nunca he sabido leer la palabra. Celso conoci¢ tambi‚n a Marcia. As¡ uno aprende del otro lo que no sabe. Cuando llego tarde a casa despu‚s de nuestras clases. aunque en broma. y yo los leo como si nada! Oh. Todo llegar . el amigo. su hijo hab¡a dejado de dedicarse por completo al negocio. pero creo que sospecha que eres una mujer. Pero. Fue cuando su amigo le dijo: -Sabino. Por un lado. le advert¡a a ‚l. ®H‚rcules¯. Si Sabino erraba el blanco con el arco veinte veces. precisamente en los £ltimos tiempos. si hac¡a falta. cuando tenga tu edad. hubiera preferido que se dedicara m s al negocio. hombre experto en literatura. has hecho de m¡ otra persona!Jam s te lo podr‚ pagar con aquellos sencillos ejercicios de esgrima. la voz de Cicer¢n: Ofallacem hominum spem!* * Cu n traidora es la esperanza de los hombres! 57 56 Un d¡a. -Ya lo creo que podr s! Tambi‚n hemos practicado ya el tiro con arco y el lanzamiento dejabalina. y saca su lengua viperina hasta burlarse de mi llam ndome seriptor o lit¡eratus. y no puedo tom rselo a mal. ya ser demasiado tarde. hasta por trig‚sima vez en la cuerda. se alegraba de que su hijo hiciera ejercicios fisicos. y mucho menos escribirla. y lleg¢ un momento en que ya era normal que la quinta o sexta flecha diera en el disco. S¢lo le quedaba la esperanza. la esposa de Querea. Sabino no sol¡a distinguirse precisamente por una dedicaci¢n excesiva.y t£ bien sabes lo tarde que terminamos aveces!. ¨Qu‚ iba a contestar Celso a esto? No era hombre que impusiera sus deseos a la fuerza y que se comportara como un patriarca airado. aunque se le hubiera cansado ya el brazo. que . S¡. me mira de un modo extra¤o. aunque en este sentido.

-Puede que tengas raz¢n... no se hable m s. escribir o manejar las armas? -Es muy sencillo: para ti resultan m s dificiles los ejercicios de armas. Lo grave es cuando se favorece a una persona incapaz o indigna. Seguramente ya habr s o¡do hablar de ‚l. Escribe pues: Varium el. Querea rompio a reir: -S¢lo faltar¡a que un imberbe como t£ le diera de palos a un centuri¢n. -Como quieras. Sabino asinti¢ con la cabeza. Al fin y al cabo. Cornelio L‚ntulo es t¡o mio. Si yo. podr¡a echarte una mano en esto. acost£mbrate a no llamar trastos a los instrumentos de escritura. mientras que para mi. pero. ll malo orgullo de plebeyo. Querea.. -En semper falta la £ltima letra y tienes que conseguir una ®m¯ m s bonita. Antes de terminar.. es muy dificil manejar estos trastos. porque. pero yo quiero deber mis ascensos a m¡ mismo.mi maestro m s bien parec¡a ser una maestra. de mi paciencia como maestro. no vuelvas a decirme esto nunca m s! No quiero deber mi ascenso a la protecci¢n de un patricio~ aunque sea t¡o de un amigo. Por cierto. Yno lo hubiera hecho si no fuera porque creo que es mejor dejar el servicio activo siendo tribuno.. -M s adelante tendr s que aprender a escribir con mayor rapidez -dijo Sabino ri¤‚ndole a su modo.. Querea se enfad¢. las mujeres -dijo adoptando un tono de experto.* Pero eso es algo que no hace falta ser poeta para saberlo.. pero ahora dime de verdad. podemos sentirnos orgullosos: yo. -Pero Querea. esperamos que sean la clave de tu ascenso. No! Si te importa algo nuestra amistad. 1 luego legado en Germania. mi aplicado alumno. Querea suspir¢. El mismo Virgilio no tuvo m s remedio que decir: Varzum et mu¡ahde semperftmina. -Vale. Adem s. ¨qu‚ te parece m s dificil. Si quieres. adem s..nunca se sabe qu‚ pensar de ellas. en nuestra relaci¢n queda compensado. y tras estas bromas intuyo una seria sospecha. -Si. en el Campo de Marte el alumno eres tu. Y. pero cogi¢ obediente el punz¢n y se li¢ con la frase. s¡. de tu celo como alumno. vamos a trabajar sobre esta frase. visto como lo hac¡as cuando empezamos. Sabino esboz¢ una sonrisa ir¢nica. Yni una sola vez he tenido que emplear la vara. y revis¢ el resultado. t£ al menos has empezado a tiempo. Hace cuatro a¤os fue c¢nsul y * Las mujeres son caprichosas y variables. ¨Y cu ndo quieres que aclare mi verdadero sexo a tu desconfiada mujercita? . y t£. muy satisfecho de su experiencia. no es ninguna verg£enza si es una persona eficiente la que se beneficia de ella. -Sin duda tienes raz¢n. Deber¡as venir a vernos alg£n d¡a. Yno hablemos m s del asunto. y para mi la escritura. como hombre ya mayor. Pero. por favor. como hasta ahora.

En vez de desterrar al campo a los delincuentes. Si quieres. Tiberio tambi‚n se las hubiera arreglado solo. La anciana declin¢ con un adem n d‚bil.. consigui¢ pronto tener el pueblo a su lado. -Ya lo s‚. el d¡a en que Augusto quiso acompa¤ar a su hijo adoptivo. ahora que el mundo terrenal iba sumergi‚ndose a su alrededor. y durante cuatro d‚cadas lo hizo como esposa del emperador Augusto. El. 58 59 De nuevo cay¢ en un sopor. Atracaron en Capri. en cuyo honor las provincias ya hab¡an levantado templos en vida de Augusto y cuya sencilla y modesta forma de vivir se convirti¢ pronto en leyenda. qu‚ contento se puso cuando pasaron en barco procedente . La isla est situada mar adentro y siempre sopla una brisa fresquita. pero aqu¡ en tierra se sent¡a mejor. -Augusta. pasamos la clase a la ma¤ana y despu‚s te invito a comer. Pero. la mejor medicina es la muerte. en una parte de su camino hasta Iliria. el arist¢crata. habr¡a que condenarlos a pasar el mes de agosto en Roma. que dio al mundo la Pax Romana. Sub¡an a los acantilados agarrados del brazo. el patricio. y contemplaban desde lo alto el mar moteado de abigarradas velas. Tiberio. Por los sagrados dioses!. pudiera sufrir alg£n da¤o en este viaje. y Augusto la apreciaba sobremanera. querida. Se quedaron en Capr¡ cuatro d¡as. Ahora que Livia estaba a punto de entrar en los Campos El¡seos. -Ya no necesito nada. no olvides que ya no eres tan joven. No era precisamente una mujer complaciente que aprobara todo lo que su esposo y se¤or hiciera y decidiera. -Luz! Luz! Aqu¡ puedo respirar de nuevo. y volvi¢ a verse en el barco. el pueblo lo considera inmediatamente como ejemplo de moralidad p£blica. La casi nonagenaria Livia Augusta se estaba muriendo.. se sent¡a m s pr¢xima a su esposo de lo que a veces se hab¡a sentido en vida de ‚l. Apret¢ el brazo de Livia y la mir¢ con cari¤o. No siempre fue f cil para ella la vida con el emperador. Me encuentro bien y estoy contento de que estemos aqu¡. de setenta y siete a¤os. Una voz la llam¢ para devolverla al presente. Desde hacia casi setenta a¤os viv¡a en una modesta casa junto al Palatino. En el barco hab¡a padecido una fuerte diarrea. Cuando alguien desayuna un pu¤ado de pasas y un vaso de agua. precisamente en agosto Capr¡ es muy recomendable. Pero volv¡an a reconcil¡arse siempre. que nos libera de la carga de la vida. -No deber¡amos haber hecho el viaje en pleno verano -se quejo Livia-. el m‚dico te ha recetado una nueva medicina. Pero tampoco para el emperador fue f cil vivir con Livia Augusta.-Pasado ma¤ana tengo el d¡a libre. refulgiendo bajo el sol. porque Octavio amaba aquella isla y pose¡a all¡ una bonita residencia estival. como las gentes sencillas. se desvaneci¢ al momento. La preocupaci¢n de que su esposo.

aclam ndolo. Octaviano. ‚l. Augusta.. ~Abora s¢lo le queda este Cal¡gula¯. una vez m s. Livia lo ve¡a rejuvenecer durante estos d¡as.. Anteayer se despidi¢ de ti... sino que contemplaba a los j¢venes en sus competiciones atl‚ticas.de Alejandr¡a ante la bah¡a de Put‚oli y la tripulaci¢n de un buque que acababa de entrar en el puerto form¢ en su honor en cubierta.. traed a Cal¡gula. que os chupar la sangre sin saciarse jam s. Agripina. dormir. interponi‚ndose entre ellos.? Pero se es- . pens¢ con maliciosa alegr¡a. una v¡bora que abrir sus fauces y os engullir a todos. -¨Un deseo? No. pero la vieja y experimentada conocedora de seres humanaos no se hab¡a dejado enga¤ar por su aire silencioso y cort‚s. en medio del mar de un azul zafiro. y com¡a luego con ellos en animada conversaci¢n. el hijo que ella aport¢ al matrimonio y que Augusto hab¡a adoptado. tan poco exigente cuando se trataba de su propia persona. Livia despert¢ a la existencia terrenal. Augusta? -oy¢ preguntar a alguien. Capri donde Tiberio ha anidado como en una madriguera de zorro.. Hab¡an vivido un tiempo uno al lado del otro.. Livia y Cal¡gula. pero ay de ti si llegas a entronizar a esa v¡bora!. resonaban en ella las palabras. Hizo repartir dinero y regalos y se mostr¢ en cubierta durante largo rato. Tampoco en Capri vivia recluido ni mucho menos. lo engatusar y acabar por dominarlo. -Cayo C‚sar ha partido para Capr¡. como en una isla. -¨Deseas alguna cosa. -. Hubo ocasiones en que ni ‚l fue capaz de dominar la expresi¢n de su rostro. pod¡a sentirse muy generoso. recompensaba a los ganadores. estaba all¡ con su hijo.. la alegre ciudad extendida bajo el Vesubio que.. y ahora s¢lo le queda un nieto de doce a¤os y ese Cayo Cal¡gula que lo encantar ..¯ El pensar hab¡a fatigado tanto a Livia que se dej¢ caer de nuevo en el pasado. Realmente. Ahora quiero dormir. Las im genes on¡ricas se volv¡an difusas. despu‚s de haber eliminado a toda su parentela con ayuda del ambicioso Sajano: Druso. desde hacia tiempos inmemoriales. porque de all¡ las im genes surg¡an solas.. los dos hijos de ‚stas -muertos o desterrados-. ocasiones en las que incluso ‚l se hab¡a traicionado. ten¡a que ahuyentar constantemente la idea de que tal vez fuera el £ltimo regalo de los dioses antes de llev rselo al reino de las sombras. s¢lo deseo que me dejen en paz.. ®Pobre Roma -pens¢ Livia-.Para Capri? Ah. ¨No se hallaba de pie en el barco ba¤ado por el sol. hab¡a conservado y administrado honradamente la herencia recibida. La voz sonaba muy baja y la percib¡a como desde una gran lejan¡a. pero desde que era emperador~ algo innombrable los distanciaba. Y no os quedar m s remedio que aplastarla.. Livia cerr¢ los ojos. estallar s en j£bilo y bailar s cuando Cal¡gula pronuncie el discurso f£nebre de Tiberio. pero aun as¡. quiero verlo. Parti¢ para Capri. Ah si. eso est bien. En estas ocasiones. un barco sin velas.. se mostraba pac¡fica y exhalaba s¢lo una fina e inofensiva nube de humo. La siguiente escala fue N poles.

casi transfigurado. y fuerte. silenciosa y sin remeros. con un rostro embellecido. -Augusta! Livia Augusta! El m‚dico le cogi¢ la mu¤eca y le tom¢ el pulso. se sent¡a reconfortada y protegida en sus fuertes brazos. quiero que vean en ‚l a esa Roma joven y fuerte. ba¤ada de luz.taba acercando. El no se encontraba en la cubierta de un barco. S¢lo toleraba dos retratos de su persona: el retrato de juventud. La barca atrac¢. Nunca se hizo hacer un retrato que lo mostrara viejo. -Livia Augusta ha cambiado la vida terrenal por los Campos El¡seos -dijo solemne. sencilla. Una blanquisima toga. Y se alej¢. lleno de gracia. hacia la radiante figura de Augusto. sino en una peque¤a isla ba¤ada por el sol. su rostro no ten¡a edad. cipreses y pinos esbeltos. Su barca se iba acercando a la orilla. y ¨por qu‚ han de tener la impresi¢n de que Roma haya envejecido? Soy viejo. adornaba los temp¡os. es verdad. si. Su ayudante le tendi¢ un peque¤o espejo de metal que el m‚dico coloc¢ largo rato ante la boca y la nariz de la anciana. y ‚l hablaba. como le gustaba a ‚l. Divino Augusto! Dentro de las fronteras de su Imperio prohibi¢ tajantemente que lo veneraran como dios. era majestuoso. y ‚l la levant¢ en brazos como si fuera una pluma. y Octavio saludaba con la mano. Hizo un gesto negativo con la cabeza. sin rayas de p£rpura. Despu‚s se labraron bustos que lo mostraban como un hombre vigoroso. un rostro que ahora. ni me ver n.. con palmeras. vio su hermoso rostro con su fina nariz. o ella se estaba acercando a ‚l. Y cuando los ciudadanos miren mi rostro de m rmol. Su rostro. en aquella soleada isla verde. Ahora Livia se hallaba de pie sobre una barca que se dirig¡a. y no se puede ocultar. eternamente joven. y as¡ ten¡an que reflejarlo los escultores. y poderosa. Pero identifican Roma con mi persona. pero ella no o¡a su voz. . pero sin edad. Lo mantuvo aproximadamente hasta que llevaba veinte a¤os en el poder. por un mar oscuro y quieto. que lo mostraba a la edad de veinte o treinta a¤os y que pod¡a verse en todo el Imperio y las provincias en miles de copias de m rmol o bronce. Percibi¢ su olor familiar. ya en su radiante majestad.. y la figura se iba haciendo m s clara. No o¡a su voz pero vio su boca formando su nombre: Livia. y lo razonaba asi: 60 61 -La mayor¡a de los romanos no me han vistojam s en persona. que sobresal¡a osada. aunque s¢lo los de las provincias. pero Roma sigue siendo joven.

pero este se¤or sol¡a estar invisible casi siempre. supervisores y supervisoras. el se¤or que lo dirig¡a todo. algunas de ellas de mayor duraci¢n. ten¡a que averiguar qu‚ hab¡a sido de ellos. Elogi¢ el aspecto saludable y la lozan¡a del astr¢logo. Y no se pod¡a saber si algunas de sus decisiones eran fruto de un determinado estado emocional o si lo eran de una larga y profunda reflexi¢n. y ahora le sorprendi¢ encontrar all¡ s¢lo a Trasilo. ya al cabo de pocos d¡as se dio cuenta de una cosa: Tiberio era completamente imprevisible. que ya hab¡a sobrepasado los ochenta a¤os. Se las arregl¢ para dar un peque¤o paseo con Trasilo. La verdad es que en su mayor¡a se trataba de hombres de edad avanzada. Una contemplaci¢n superficial pod¡a dar la impresi¢n de que all¡ se viv¡a como en la villa de un terrateniente. pero Cal¡gula no se qued¢ tranquilo. pero no era propio de Cayo Cal¡gula contentarse con esto. y pregunt¢ como de pasada: -¨Y qu‚ ha sido de los otros viejos amigos de mi t¡o? Echo en falta a Vesculario Flaco y ajulio Marino. lo £nico que no encajaba en esta imagen eran los pretorianos. Hab¡a esclavos. Y estaba ‚l. el circulo de los amigos m s ¡ntimos del emperador. tampoco he vuelto a ver a Coceyo Nerva. sirvientes de diferentes rangos.62 y Al cabo de pocos d¡as de estancia en Capri. a quien todo pertenec¡a. Esta era la imagen que se obten¡a tras una contemplaci¢n superficial. No quise pregunt rselo personalmente al emperador. Cal¡gula conoc¡a de anteriores visitas. la aguda y r pida inteligencia de Cal¡gula hab¡a comprendido los entresijos de la Corte de su abuelo. a quien todos obedec¡an. Sobre todo. un mayordomo. podr¡a .

El viejo Trasilo se pas¢ la mano por su barba de fil¢sofo y dijo: -Has hecho bien. Fue pena. -¨A ambos? -pregunt¢ el emperador sorprendido. es mejor no preguntarle por ellos. Yyo le repliqu‚: -Si. bien. bueno. entonces. les dijo el motivo de su suicidio.. Dos a¤os atr s. pero a todos los que lo visitaron en su lecho de muerte. seg£n voy descubriendo. y dej¢ de comer y de beber hasta que muri¢. como siempre. Y Nerva. Cal¡gula no sab¡a si aquel viejo zorro hab¡a dicho la verdad. se¤or. Sent¡ especialmente su muerte. tambi‚n a ti te amenaza inmediatamente despu‚s una desgracia. y te puedo decir por qu‚. Si a mi me alcanzara la muerte. Trasilo no se lo tom¢ a mal. Pero como el emperador me tiene en gran estima como astr¢logo. le anuncie: -Oh. pero aun as¡ . Segu¡a gozando del favor del emperador. -Si. Se meti¢ en cama. -¨Y. Lo hice. nos espera a ambos un gran peligro. Cayo. Los hilos de nuestros destinos est n ligados de manera extra¤a. y pena. ¨Por qu‚ lo hizo? ¨Se sospechaba de ‚l o fue acusado de alg£n delito? ¨Le esperaba un procedimiento judicial? Trasilo movi¢ la cabeza negativamente. Se propal¢ que lo hab¡a calumniado y que lo hab¡a puesto en rid¡culo. Ah¢rrame detalles. Flaco y Marino fueron ejecutados por alta traici¢n. -Pero ¨por qu‚? -pregunt¢ Cal¡gula-... -se le escap¢ a Cal¡gula. quiso probarme por £ltima vez y me pidi¢ que comprobara meticulosamente el pron¢stico actual de nuestros hor¢scopos. 63 L Lleno de expectaci¢n. permaneci¢ callado. pena por la situaci¢n del Imperio. Efectivamente. por ejemplo a mi. y tambi‚n el emperador demostr¢ lamentarla. pues Nerva se dio muerte ‚l mismo. parece que principalmente por los viejos amigos a los que Tiberio conoc¡a en parte ya de sus tiempos de Rodas. pues muchos otros lo saben tambi‚n.ser que. Cal¡gula admiraba a aquel viejo. Cay o. Tiberio decidi¢ mi muerte por una nimiedad. No puedo expresarte cu nto me entristece el que los astros unan mi desgracia a la tuya... a ninguno de los dos os ocurri¢ nada malo? -Ya lo ves -dijo Trasilo con una sonrisa satisfecha. -Pero t£ sigues con vida. sobre todo por los dos que has nombrado en primer lugar. -Nada de esto. yo sigo a£n vivo. Trasilo permaneci¢ callado. y con voz triste. porque la astucia y la sutileza eran las caracter¡sticas humanas que m s le impresionaban. pena por el gran n£mero de hombres y mujeres inocentes que Sejano ha llevado a la muerte. -Por motivos evidentes no me vas a decir la verdad.. qu‚ s‚ yo! No se necesita precisamente gran cosa para caer en manos del verdugo.

trabaja con tu boquita. y se comport¢ de un modo tan desvergonzadamente senil como si no tuviera testigos. todo el mundo te lo reconoce sin envidia. quiz resulte que no te gusta tanto. Otra prueba consisti¢ en iniciar a su nieto en sus depravadas diversiones. Los ni¤os pasaron buceando entre sus flacos muslos. y por lo tanto se trataba de seguir con vida aqu¡. se volvi¢ hacia Cal¡gula. se acerco nadando. yjugaba y chapoteaba con ellos como si fueran sus hijos. Le mostr¢ a sus prostitutas y efebos preferidos. -Es un juego divertido. desfigurado por los eccemas. no seas melindroso. pero era algo que ten¡a que aceptar como mal menor.. -Espera un poco. Una inocente pregunta sobre tal cosa o tal otra. Cal¡gula se ech¢ a re¡r y pregunt¢ si pod¡a participar tambi‚n.. no perdi¢ de vista a Cal¡gula. Contra su voluntad. con aire distra¡do. pero en astrolog¡a lo que cuenta es la correcta interpretaci¢n. apreciado nieto? Ah. lo acariciaron y lo frotaron hasta que se alz¢ ligeramente. ah. -Ahora te toca a ti. Hizo una se¤al a los muchachos y se puso de pie en el agua con las piernas abiertas. y luego escuchaba la respuesta como de pasada. 64 65 1 Mientras tanto. y tocando juguetonamente su falo. Se meti¢ en la piscina de su peque¤o tepidarzum* con unos cuantos muchachos de unos ocho a¤os. -Bien. -Algo as¡ estaba escrito en las estrellas. sonri¢ al emperador. -Yen esto eres un maestro. querido Trasilo. De todo aquello Cal¡gula sac¢ la conclusi¢n de que tampoco en Capri su vida estaba completamente segura. Invitame . y aunque hubiera sobrevivido no quer¡a ser el sucesor del segundo hombre del Estado. * Ba¤o de agua tibia. pero hermosisimo. Despu‚s ech¢ fuera a los ni¤os y se hizo secar por un esclavo. En Roma habr¡a sido v¡ctima de Sejano. Fauno. qu‚ agradable! S¡. ¨o ves. Todo el poder emanaba de esta peque¤a isla. sigue Fauno. El rostro del emperador. pero Cal¡gula sent¡a que lo registraba todo y que no olvidaba nada. mi cerdito rollizo.te pregunto: ¨realmente le¡ste este pron¢stico en el hor¢scopo o s¢lo quer¡as sobrevivir? Trasilo se coloc¢ el dedo indice en la nariz. buce¢ e intent¢ atrapar como un pez el miembro semierecto. Tambi‚n me podr¡a gustar a m¡. ¨te ha gustado? Cal¡gula asinti¢ con rostro impasible. pececito mio. Cal¡gula notaba c¢mo a veces el emperador lo pon¡a a prueba. Cayo. sino del primero. ven aqu¡! Un muchacho algo gordezuelo. eljueguecito a£n no ha terminado.

Cal¡gula hizo un adem n de disgusto. Majestad. Roma bailar y alabar al emperador.. -Ellos tambi‚n tienen sus jueguecitos. para que toda Roma se encuentre a la ma¤ana siguiente ante los hechos consumados. Silos senadores me vieran as¡. y se dio cuenta de que hab¡a vuelto a pasar un examen. Re£ne a tus mejores hombres. Tenemos que actuar inmediatamente. y lo hac¡a abusando de tu nombre. Ya ti. Cal¡gula movi¢ sorprendido la cabeza: -¨Y c¢mo se podr¡a ver de otro modo? -Siempre hay alg£n palurdo moralista a quien le gustar¡a hacer lo mismo. Su desmedido orgullo repele a mucha gente. Te van a interesar. -Desgraciadamente es as¡. -Cayo. Cal¡gula se frot¢ las manos. aunque ‚l diga lo contrario. Era a£n joven y gozaba de la plena confianza del emperador. Ultimamente. y toma ma¤ana un velero hasta Roma. Te dar‚ un escrito de mi pu¤o y letra que te autoriza a detener a Sejano. -El prefecto Sejano est a punto de preparar un golpe de Estado. Macr¢n. -Los soberbios tienen los pies de barro -asever¢ el emperador citando el viejo refr n popular-. pero siempre estoy dispuesto a aprender algo nuevo. -Desde hace a¤os no hace m s que prepararse para eso -observ¢ Cal¡gula. ¨Qu‚ perjuicio puede representar para el Imperio romano el que su emperador se divierta? Quien se divierte est satisfecho. te vestir‚ con la toga . pero que es demasiado cobarde para intentarlo. Nadie quiere a Sejano. Lo detendr‚ de noche.. Tiberio le hizo llamar para que asistiera a la entrevista. S¢lo tienes que abrirte de piernas. El emperador asinti¢. Otra carta informar a los senadores. -Me alegro de que lo veas as¡. -Roma estallar de j£bilo. Augusto. y un pr¡ncipe satisfecho es una bendici¢n para su pueblo. todo lo que hacia era en su propio beneficio. liberar s a no pocos de una carga insoportable. Cal¡gula lo sabia y lo trataba con especial respeto. En Roma no ten¡a ocasi¢n. Y he sido enga¤ado y burlado de la peor manera posible. pero que sean muchos. -Esos son los peores -dijo Cal¡gula. Con este acto. escucha las informaciones que trae Macr¢n. ¨Existe la posibilidad de que sus pretorianos se subleven? -De esto me cuidar‚ yo.la pr¢xima vez a participar en ‚l. Unos d¡as despu‚s regres¢ de Roma Sertorio Macr¢n. prefecto de los vigiles. Sejano se est comportando £ltimamente de manera imprudente. Cal¡gula. la guardia personal del emperador. Pero ahora se acab¢. -No hay mucho que aprender. cada uno busca su placer donde lo encuentra. Cayo. existen pruebas inequ¡vocas de que es as¡.

Un asomo de brillo apareci¢ en los apagados y fr¡os ojos de Cal¡gula. ya desde lejos. en direcci¢n al Campo de Marte. al fin. -No fue nada f cil encontrar tu casa -le salud¢ Sabino-. Sabino ya hab¡a recorrido gran parte de su ciudad natal. los barrios donde hab¡a termas. -Con mucho gusto participar‚ en este acto de justicia. se hall¢ ante la casa de cinco pisos. Sabino siempre hab¡a ido hacia el oeste. como suelen hacer los j¢venes.viril y te dar‚ el cargo de Quaestor. Si quieres. Espero no llegar tarde. Pocos d¡as despu‚s. Pero Sabino no se paraba a pensar en estas cosas. crecido y muerto all¡ generaciones de patricios. Preguntaba a todo bicho viviente. los propietarios abandonaban sus casas uno tras otro. como corresponde a un buen funcionario romano. prefer¡a aquellos barrios que ofrec¡an posibilidades de diversi¢n. En realidad. y. pero las altas casas de alquiler les quitaban la luz y el aire. y no result¢ f cil. s¢lo el Vi cus longus le separaba del barrio donde vivia su amigo Querea. tiendas. no. En consecuencia. la casa hab¡a desaparecido. Algunas se hab¡an mantenido a£n como viejos guerreros rodeados de enemigos. alzarse las espantosas moles de viviendas a las que poco a poco iban cediendo las viejas villas con sus hermosos jardines. Apenas los propietarios de una de estas villas la hab¡an abandonado. pues los constructores pagaban precios elevad¡simos por los terrenos. se equivoc¢ un par de veces de camino. -No. anfiteatros. Con las casas mor¡a tambi‚n el recuerdo. puedes acompa¤ar a Macr¢n en esta misiva que le encomiendo. pero. porque ten¡a que encontrar el camino de la casa de Querea. ya cont bamos con que te ibas a retrasar un poco. Mira a tu alrededor! ¨Es ‚ste un barrio para que viva en ‚l el futuro tribuno Casio Querea? . Y la verdad es que resultaba muy rentable deshacerse aqu¡ de una vieja casa. 66 67 \JI En el transcurso de su corta vida. y ya nadie se acordaba de que hab¡an nacido. y con el dinero obtenido por la venta los antiguos propietarios pod¡an construirse hermosas residencias con grandes jardines en T£sculo o Tibur. aparec¡a un ej‚rcito de obreros de la construcci¢n con pesados mazos y picos. hip¢dromos o tabernas. pero desde all¡. Ahora se dirig¡a al nordeste y vio. donde Quereaya le estaba esperando en la entrada.

Estas condiciones resultar n nuevas para ti. mientras iban subiendo por la estrecha y empinada escalera-. vivimos en el primer piso. habituales en las familias de buena posici¢n. y a la inversa fue lo mismo. Somos amigos. -Si. Por suerte. pues se disculp¢ apresuradamente y corri¢ a la puerta. Si ahora s‚ manejar las armas discretamente. -Salve. Espero que Marc¡a no se haya tomado demasiadas molestias por mi culpa. una larga mesa. la diosa Fortuna se mostr¢ m s ben‚vola conmigo. pero cuando hay invitados.. Aveces llegu‚ a sospechar que fueras un fantasmay que mi Querea. Entraron en el piso donde se percib¡a un prometedor olor a asado de ave. as¡ no hay que recorrer tanto camino cuando se tiene que ir a la letrina. a¤adi¢ agua. se lo debo £nicamente a ‚l. Querea llen¢ las copas hasta la mitad y. ni soy un fantasma ni una magistra. . sillas y dos grandes armarios. -Un joven vino sabino para mi Sabino. Cierra la boca! -dijo Sabino amablemente. comemos en la cocina.. luego.y por falta de espacio. Bueno. apreciada Marc¡a. y a antiguos esclavos en terratenientes o ricos comerciantes.. Me alegro de conocer al fin al amigo y maestro de mi esposo. y yo le he ense¤ado a tu esposo algo que va a necesitar. -Me alegro de verdad de que seas mi invitado. -Estamos un poco apretados aqu¡ -se disculp¢ Querea. Sabino la cort¢ con un adem n.-No. No es frecuente que un patricio se pierda en este barrio de plebeyos. el sal¢n tiene que hacer tambi‚n las veces de comedor. bueno. abarrotado de arcones. Levantaron sus copas para brindar. Sabino. Querea condujo a su invitado al sal¢n. Normalmente. Fortuna es caprichosa. ya se sabe c¢mo se las gastan los hombres fuera de casa. -Dejemos ya de hablar de maestro y alumno. pues en su casa ten¡an un gran triclinio con lechos para comer. y sobre todo si es un Cornelio. se sec¢ cuidadosamente las manos y salud¢ a su hu‚sped con una leve inclinaci¢n. y se miraron con afecto.. realmente mereces algo mejor. Marcia sali¢ de la cocina. -Y no tardar‚ mucho en tenerlo -dijo Querea.. y a menudo ha convertido a patricios en gente pobre.. y le propin¢ una palmada en el hombro a su amigo-. Sabino se ech¢ a re¡r. y sus ojos azules centellearon tan alegres que Marcia sent¡a c¢mo se le iba ablandando el corazon. Cornelio Sabino.. Estos lechos estaban dispues68 69 tos en forma de herradura alrededor de tina gran mesa. precisamente. -Como puedes ver.. si‚ntate ya y tomemos un trago de bienvenida A Sabino le resultaba desacostumbrado estar sentado para comer. Marc¡a pareci¢ oir un ruido en la cocina. -Aunque para ser maestro eres a£n muy joven. -.

De fuera lleg¢ un resonar de fuertes pisadas y el tintineo de armas. -Mejor que no nos acompa¤es. Marc¡a. Sabino qu‚date un rato y hazle compa¤¡a a Marc¡a. en seguida la traigo. Marcia parec¡a m s bien insignificante. pero alegre. No te olvides de que a£n queda el postre. completamente uniformados y saludaron militarmente. A primera vista. Si no. porque. Proced¡a de una familia de artesanos romanos y parec¡a una mu¤eca al lado de aquel gigant¢n de Querea. Sabino suspir¢: -Estoy tan harto que apenas puedo moverme. parecer que te han detenido. reci‚n hecho. Perd¢name. Su cabello corto y rizado enmarcaba un rostro redondo y amable. -Los hemos llevado a casa de los abuelos para no estar demasiado apretados en el piso. no estar¡a bien. Esperad fuera. -Pues la pr¢xima vez quiero verlos -dijo Sabino. la miel vuelve a solidificarse. . Lo sirvi¢ con una salsa de hierbas. Marcia se sonroj¢. -De esto podr¡a comer hasta morirme -dijo Querea-. En honor a su invitado. porque el asado de aves era su plato preferido. se ofreci¢ un fino pan de trigo sin aditivos de centeno o cebada. Hay dulcia domestica.Fueron interrumpidos por Marcia. ah¡ queda a£n un ala apetitosa y crujiente.. Nos veremos pasado ma¤ana en tu casa.. preparada con miel y garo. -Salve. -Gracias. En aquel momento Marc¡a abri¢ la puerta y dijo asustada: 70 -Dos pretorianos. que entr¢ con el pato asado. Yte agradezco la exquisita comida. Entraron en la estancia. centuri¢n! Orden del emperador. -No. Un bocado de dioses! Pero no pudieron disfrutar de aquel placer. transmitida por el prefecto Sertorio Macr¢n: todos los tribunos y centuriones han de presentarse inmediatamente en el cuartel de los pretorianos. ahora mismo voy. Tambi‚n ‚l quiere siempre algo dulce para acabar la comida.. de lo contrario. -¨Y d¢nde est n hoy vuestros hijos? -pregunt¢. con una fina nariz y ojos de mirada algo t¡mida. Querea. orgullosa. -Quiz entonces estemos ya en nuestra propia casa. Hay que deshuesar d tiles secos y rellenarlos de nueces y pimienta molida. Pero sirvete. de la que realmente disfrut¢. Querea se hab¡a levantado. Luego se revuelven en sal.. se fr¡en en miel. -Si es algo dulce. Incluso la he preparado yo mismo. Sabino. Marc¡a se ech¢ a re¡r: -Hablas como mi esposo. En las mesas de los patricios no se come mejor. pero quiero acompa¤ar a Querea. Sabino alab¢ la comida. soldados. y se sirven calientes. -Pero todav¡a queda el postre -dijo Marc¡a t¡midamente.

pues dicen que el emperador ya no le tiene tanta simpat¡a. no hab¡a aglomeraciones. -No estar¡a nada mal tener una casa all¡. y pese a serlo. En una ocasi¢n. Pero no result¢ nada f cil establecer comunicaci¢n con aquel oficial parco en palabras. porque no es un charlat n y porque ejecuta mis 71 j ¢rdenes sin vacilar. Macr¢n era ambicioso. el emperador le hab¡a dicho a Cal¡gula: -¨Sabes por qu‚ aprecio tanto a ese Macr¢n? Porque no hace preguntas super~1uas. Estaban de pie en cubierta. como si quisiera dar a entender que ni siquiera consideraba aceptable semejante posi- . Siempre que pod¡a. ¡ntegra y parca en palabras. Si una orden no ha quedado claramente definida. propia de un soldado.. -Tambi‚n Germ nico fue soldado. para tranquilizarse.Sabino estaba preocupado. ¨Qui‚n puede saber lo que pasa por la cabeza de uno de estos soldadotes? La £ltima frase hab¡a sonado tan despectiva que Sabino crey¢ que deb¡a defender a su amigo. Macr¢n se limit¢ a encogerse de hombros.. Cal¡gula no perdi¢ de vista al prefecto Macr¢n. Yno es tonto. Su padre dijo: -Quiz Sejano se haya puesto nervioso. ha convocado un ejercicio extraordinario. trataba de entablar conversaci¢n con ‚l e intentaba tirarle de la lengua como fuera. no se percib¡a nada anormal. -Lo digo en general -lo tranquiliz¢ su padre. En su casa tampoco se sabia nada. Quiz .. Lo ocultaba inteligentemente tras su forma de ser. Durante el viaje de Capr¡ a Roma. no hab¡a gente discutiendo. se da cuenta en seguida y pide aclaraciones con preguntas certeras. -dijo Cal¡gula como hablando consigo mismo. ni mucho menos. No olvides que Querea ha aprendido a leer y escribir en medio ano.. no se barruntaban aires de mot¡n. y miraban en silencio la cercana costa. Un hombre aprovechable. donde las fastuosas villas de Baul¡ y Baia brillaban como motas blancas entre el verde de los pinos y de las palmeras. ¨Qu‚ habr¡a ocurrido para que a Querea se le ordenara presentarse en el cuartel en su d¡a libre? En la ciudad. escribi¢ comedias en griego. -No todos son tan tontos como crees. Pero Cal¡gula not¢ inmediatamente una cosa. pero Cal¡gula ten¡a un fino olfato para descubrir a las personas que pretend¡an llegar a lo m s alto.

Al menos puedes estar seguro de que yo interceder‚ en tu favor. ®Pero tambi‚n ‚l tiene su precio -pens¢ Macr¢n con realismo-. pero no me gusta perder mi tiempo pensando en algo tan inalcanzable. hab¡a conseguido aquello con lo que muchos romanos -incluso los de las familias m s elegantes.s¢lo sue¤an durante toda una vida: le hab¡a sido otorgado el consulado. Cayo C‚sar. el emperador cumplir su septuag‚simo tercer a¤o de vida. pero no es como prefecto de los pretorianos como se hace uno rico.. -No me digas que te resultar¡a desagradable tener all¡ una casa de verano. aunque con mi venerado abuelo hay que esperar siempre cualquier sorpresa. -repiti¢ inseguro. El prefecto reflexion¢ largo rato sobre esta conversaci¢n y lleg¢ a la conclusi¢n de que Cayo C‚sar sent¡a afecto por ‚l. De las provincias s¡ se puede sacar algo siempre. -Su sucesor. -Pero no soy patricio! Estas palabras se le hab¡an escapado sin querer.. -El emperador es viejo. no somos ilusos ninguno de los dos. No le hab¡a pasado inadvertido a Cal¡gula el breve brillo de los peque¤os y hundidos ojos de Macr¢n al escuchar estas palabras.¯ -Claro que me gustar¡a.. -Esto no es ning£n problema! Ano tras a¤o se asciende en su rango a hombres que han demostrado sus m‚ritos. Cal¡gula not¢ con satisfacci¢n que el r¡gido e inexpresivo rostro del oficial se hab¡a animado.. y alg£n d¡a sabr‚ a cu nto asciende. Quienes se hacen ricos son los c¢nsules si tras dejar su cargo ocupan un puesto de gobernador. que pase de los cien. Cal¡gula lo mir¢ sorprendido. Macr¢n permaneci¢ callado. Por m¡. Mira a tu alrededor! ¨Qui‚n de tus amigos o conocidos ha alcan'zado una edad como ‚sta? S¢lo quiero decir con esto que hemos de contar en los pr¢ximos a¤os con un cambio de persona en la m xima magistratura.bilidad. Le deseo con toda el alma una larga vida a mi abuelo. pero la naturaleza nos ense¤a que esto ocurre muy raramente. conjuntamente con el emperador Tibe- .¯ Lucio Elio Sejano.. t£ a£n eresjoven. ahora he dado en el clavo. -¨Y por qu‚ no vas a poder llegar a c¢nsul un d¡a? Procedes de una familia respetada. ®Aj -pens¢ Cal¡gula-. -Pero el emperador hace uso muy pocas veces de esta prerrogativa. En noviembre.. Lo que Tiberio ha dejado de hacer lo puede hacer su sucesor. Cal¡gula hizo un gesto de confirmaci¢n con la cabeza y se dirigi¢ a la c mara bajo cubierta. -No precisamente desagradable. el todopoderoso prefecto de los pretorianos. -Pero Macr¢n. -¨Inalcanzable? ¨Por qu‚? Supongo que el emperador te toma en consideraci¢n como sucesor de Sejano.

Bostez¢ y tom¢ un £ltimo trago de vino. sin ning£n miramiento. Ella se ri¢ en voz baja. as¡ la llamaba ‚l. s¢lo puede referirse a ti. ~valdria a£n la pena ir a ver ajulia? La idea de su futuro poder le hab¡a excitado tambi‚n sexualmente. ten¡a la impresi¢n de ser el £nico en quien Tiberio confiaba y a quien tal vez tomaba incluso en consideraci¢n para su sucesi¢n. A fin de cuentas.Julia. -Pronto nos casaremos. ¨Qu‚ te parece. yJulia sabia muy bien qu‚ ambig£edad encerraban estas palabras. Para tal ocasi¢n. En su momento ya ver¡a cu l era la soluci¢n adecuada. Fundaremos una nueva estirpe. y con ella fundar¡a una nueva dinast¡a imperial. Se ver¡a obligado a desterrar a su anterior esposa Apicata y a sus tres hijos. prepar ndose en sus sue¤os para un futuro brillante-. ¨Sabia que Sejano estaba comprometido en secreto con Julia? En cualquier caso. el 16 de noviembre? Justo dentro de un mes -reflexion¢ Sejano-. lo que pasa es que a£n no lo sabe. para no poner en peligro a la dinast¡a. en realidad. Sejano revist¢ la guardia ante la villa. un amante perseverante. cambi¢ unas palabras amables con los hombres.rio. por consideraci¢n al Estado. pero a Julia poco le importaba su destino. Julia a£n estaba despierta. ¨O seria incluso mejor incoar contra ella un procedimiento por alta traici¢n? Sejano apart¢ estos 72 73 pensamientos de su mente. Hab¡a cosas m s importantes en qu‚ pensar. yo ya no voy a soltar el poder. Dice que pretende establecer una relaci¢n de parentesco conmigo. lo contrario de Ner¢n C‚sar. Julia representaba el £ltimo pelda¤o en su camino hasta el trono. Pero Sejano era un hombre como a ella le gustaban: fuerte. que eres su nieta. al decir esto. tesoro m¡o? -¨Est el emperador de acuerdo? -Lo parece. Ya has le¡do su carta. Sejano se quit¢ la t£nica y se desliz¢ en la cama junto a ella. ¨Vivir el emperador para celebrar su pr¢ximo cumplea¤os. un emperador en la sombra. Ese viejo de Capri es ya s¢lo. No perdamos tiempo! Era un aut‚ntico soldado que no se andaba con remilgos.. Corr¡an rumores de que Sejano le hab¡a dejado morir de hambre en su lugar de destierro. de un parentesco que pretend¡a establecer con Sejano. Estaba contenta de haberse librado de ‚l. ®Parece que lo he hecho todo como deb¡a -pensaba Sejano satisfecho. el emperador le hab¡a escrito una carta muy amable en la que hablaba incluso. tendr‚ que hacerte un mont¢n de hijos. ®Mi m s valioso tesoro. No era . ci¤¢ el cintur¢n con la espada corta y se fue a la habitaci¢n de Julia. su primer marido. una sucesi¢n legitimada mediante el matrimonio con su nieta Julia. Bes¢ sus pechos.. -Entonces empieza ya.¯. La cuarta hora de la noche. pero por mi que viva uno o dos a¤os m s.¯ Sejano mir¢ la clepsidra labrada en bronce. Luego se levant¢. con palabras sugerentes. y volvi¢ a la casa.

La puerta se abri¢ de golpe. tendr s que rebatir. -Salve. El motivo'd tu detenci¢n es un escrito del emperador en el que se refiere a ti en~ t‚rminos muy cr¡ticos. a quien dejaste morir de hambre en el destierro. y su m‚dico Eudemo. p. -¨No oyes nada? Julia neg¢ perezosamente con la cabeza. pero un ce: nela se qued¢ apostado ante su puerta. como una gata cuando el macho la monta. tergiversando expresamente sus ¢rdenes y.¢n preventiva. Sejano salt¢ de la cama. El emperador mismo orden¢ tu detenci. ella estaba siempre dispuesta desde el mismo momento en que entraba ‚l en su habitaci¢n. -Habla s¢lo cuando te pregunten. Cal¡gula y Macr¢n hab¡an tomado asiento en u: sillaS. Con esto te he citado s¢lo los puntos principales de la acusaci¢n. la . Despu‚s permanecieron tumbados uno al lado del otro. Sejano empez¢ a maldecir.jadeantes y exhaustos. Livia. A esto se a¤ade adem s que durante a¤os has traicionadQ al emperador. se puso r pidamente la t£nica y ech¢ mano de su espada. y algunos vigiles de la guardia personal del emperador rodearon al aterrado Sejano. Con todas sus fuerzas. Pero me temo que te va a resultar dificil. Julia hab¡a puesto su mano en se¤al de posesi¢n sobre el sexo de su amante. si eres inocente. pero luego prolong¢ durante largo rato el agradable juego hasta que Julia profiri¢ un sonoro grito gutural. y se habr ca¡do al suelo una espada o una lanza. La agarr¢ como un luchador. el asesinato de Druso. como ha quedado ahora denimostrado. Adem s. tenemos c detenerte. En el atrio. que bloqueaban tu camino al poder y a quienes has llevado a los tribunales abusando descaradamente de la confianza del emperacLor. De repente. uno de los vigiles le golpe¢ en la boca con la empu¤adura de su da. Se acercaban voces y un tintineo de armas. Le quitaron su espada y se lo llevaron fuera. por £ltirmo. -S¡. Ytambi‚n por el asesinato de mi hermano Ner¢n C‚sar. destroz ndole algunos dientes y cort ndole los labios. en su mayor¡a de familias patricias. Sejano intentaba mantener la entereza. Nadie hab¡a prestado atenci¢n a Julia. Disculpa nuestra visitla una hora tan intempestiva. un escrito que fue le¡do ayer ante los sena dores. Llam¢ a sus pretorianos. la tom¢ con rapidez y brutalidad. Si eres inocente. conspiraci¢n contra la vida del emperador. col‚rico. por asesinato de numerosos hombres y mujeres. ya se demostrar en el juicio. Entretiianto. por orden del Senado. -~Asesinato? -balbuce¢ Sejano entre sus maltrechos labios. Y con Julia tampoco le hac¡an falta. puntos que. Sejano se incorpor¢ y aguz¢ el o¡do. hijo del emperador.amigo de largos proleg¢menos. cuya dignidad pretend¡as alcanzar a trav‚s de Julia. ya se han hecho p£blicos algunos cargos de la acusaci¢n: alta tuiraici¢n y asesinato. Sejano! -lo salud¢ Cal¡gula-. con ayuda dela esposa de ‚ste. pero. -¨Qu‚ va a ser? La guardia hace la ronda en torno de la casa.

era un liberto. un joven y hermoso eunuco. que. C‚sar! -dijo Macr¢n con concisi¢n militar. hay que aclarar sin dejar lugar a dudas la muerte de mi hermano Ner¢n. los informaran de que ten¡an que permanecer en estado de alerta. Cuando algianos veteranos preguntaron por Sejano. tengo que presentar a un culpable. que hab¡a preparado el veneno. 74 75 -¨Por qu‚ esperar hasta la tarde. lo s‚ desde que ten¡a tres a¤os. casi con seguridad. ya que estos casos est n bastante claros.dignidad y la compostura. En primer lugar se cuidaron del m‚dico Eudemo. pero que por la tarde se les dar¡an noticias m s precisas. primero habl¢ con los pretorianos.. Ligdo. Cal¡gula se dirigi¢ a ‚l. habr que torturar a su m‚dico. se les dijo que tambi‚n el prefecto se estaba ocupando de este asunto. pero cuando me dirija ma¤ana a los pretorianos. C‚sar? Los soldados est n acostumbrados a recibir ¢rdenes durante la formaci¢n de la ma¤ana. Dijo que Livia le hab¡a confesado que Dru-~ so era un peligro para el Imperio y que el deseo secreto del empe-~< . pero cuando el verdugo emple¢ efr £ltimo recurso. y del praegustator Ligdo que se lo hab¡a administrado a Druso. A la ma¤ana siguiente... Es decir: hay que tomarle declaraci¢n a Livia. -Voy. Prepara para ma¤ana las listas con los nombres de los tribunos y centuriones que han prestado servicio en Roma bajo las ¢rdenes de Sejano. hab¡a conseguido riqueza y respeto y ten¡a mucho que perder. que.. a un hombre cuya culpabilidad ha quedado demostrada sin la menor duda. -A la orden. -Llev oslo! -orden¢ Macr¢n. -Guarda tus fuerzas para el proceso -dijo Cal¡gula. Pero necesitamos a£n algunas pruebas para poder demostrar la culpabilidad de Sejano. Espero que nos baste la ma¤ana para hacerlo. Escupi¢ sangre y algunas esquirlas de sus dientes... Por la tarde hablar‚ Con ellos y les informar‚ de la nueva situacion. hay que interrogar y. A los dem s nos dedicaremos m s tarde. la confesi¢n sali¢ a~ borbotones de sus labios. Cal¡gula lo mir¢ con frialdad. pero era evidente que no le resultaba nada f cil. Cal¡gula hizo que algunos de sus oficiales. Entretanto los m s h biles torturadores se esforzaron para conseguir a la fuerza las confesiones de algunos hombres y mujeres. El m‚dico Eudemo result¢ ser m s resistente. No permitir‚. Ni el l tigo ni la m quina descoyuntadora consiguieron soltarle la lengua.. voy a encontrar testigos que declaren en favor de mi inocencia.. -Ahora me voy a dormir un par de horas.. los m s conocidos y populares. porque exist¡a un plan para atentar contra el emperador. -No es preciso que me digas eso a mi. confes¢ de plano al primer latigazo que lacer¢ sus finas espaldas. las placas candentes de hierro. y se levant¢.

en cualquier caso.rador era que fuera eliminado. Todo parece indicar que vuestro prefecto Lucio Elio Sejano fue el instigador de semejante conspiraci¢n. Manifest¢ que Sejano no s¢lo le hab¡a prometido matrimonio sino que. En alguna ocasi¢n. Con Claudia Livia. y como tal. pues. Sejano. era ahora el £nico que segu¡a interponi‚ndose entre ‚l y el trono. Con esto. aunque. pero Macr¢n levant¢ la mano. Cal¡gula se mostr¢ satisfecho.' aunque atribuy‚ndole al prefecto Sejano la mayor parte de culpa. no le daba demasiada importancia. pero el emperador no hab¡a dado orden de ponerlo en libertad. se adelant¢ Macr¢n. Ella confes¢ voluntariamente su participaci¢n en el crimen. Estaba contento de que su hermano estuviera muerto. y entre ellos estaba tambi‚n Casio Querea. en breve. con cuya ayuda ha descubierto una conspiraci¢n dirigida contra ‚l y contra el Estado. Como sab‚is. poco le importaba c¢mo hab¡a encontrado la muerte su hermano Ner¢n en las islas Pontinas. Ese Druso. ya ten¡a bastante. -S‚ cu nto os afecta esta noticia. en aquel d¡a lluvioso y ya algo fresco de octubre. hab¡a afirmado que el emperador deseaba en secreto la muerte de su hijo y que s¢lo a ‚l. flanque ndolos. detr s los centuriones y a ambos lados los veteranos. tal vez. Una conspiraci¢n que. formados. no nos vamos a limitar a este breve comunicado. Tiberio Augusto es nuestro jefe supremo. a quien todo el mundo llamada el Menor para distinguirlo del hijo del emperador. tendr que asumir su responsabilidad. Estas palabras provocaron cierta inquietud. al tratarse del hijo del emperador. pues conoc¡a bien el ej‚rcito y sab¡a la influencia que ejercen estos viejos espadones sobre los soldados m s j¢venes. cosa que a Cal¡gula le quitaba un peso de encima. ejecuta la voluntad de los dioses. y as¡ quedaba demostrada la culpabilidad de Sejano como verdadero instigador del crimen. Druso C‚sar. Esta declaraci¢n coincid¡a con la del m‚dico. Cayo C‚sar os explicar los . el emperador hab¡a insinuado que. la viuda de Druso. la presencia de una docena de los veteranos de mayor edad. Pero. Cal¡gula hab¡a interpretado esta observaci¢n como una advertencia. no fue necesario recurrir a la tortura. hubiera podido provocar una sangrienta guerra civil. en el patio del cuartel: delante los tribunos. Cal¡gula hab¡a ordenado. y. tal vez. Primero. nadie deb¡a saber nada y ten¡a que parecer que Druso se iba con~ sumiendo poco a poco hasta morir. Su segundo hermano en edad. a las que hab¡a sido desterrado. a£n quedaba Druso C‚sar y que estaba contento de saberle a salvo en la c rcel. adem s. Lleg¢ el d¡a en que se convoc¢ a todos los oficiales pretorianos. -Pretorianos! Os hemos hecho llamar para informaros de determinados cambios que ha ordenado el emperador. le hab¡a hecho participe de estos deseos. r adem s. Estaban. y desde entonces consideraba a su hermano como un peligro. segu¡a consumi‚ndose todav¡a en la mazmorra palatina. en consecuencia. y.

pretorianos! !¡. era elogiado y confirmado ex1 samente. lo que las o ~ calmaba. . B8iBastaria esto para condenarle a muerte. Bajo la presi¢n de las pruebas. Mt te! Cien veces muerte! No hubo manifestaciixir¡ones de j£bilo. por instigaci i3ci¢n de Sejano y con conocimiento de I~ Todos. creyeron en su d¡a q su muerte hab¡a sido co o?onsecuencia fatal de una enfermedad. Por otra parte. madre ha sido desrerrad~Lla.detalles 76 77 Cal¡gula se adelanr¢. A~ jovenzuelo sabia exacram-¡nnente lo que impresionaba a las gentes.lo lentamente hace ocho a¤os a Druso. no ha confesado su crimc~nen. sino que. otra cosa. 15. el in. .nnteligente Cal¡gula. por el L~l contrario. me cri‚ en un campamento. hijo emperador. pero se percibieron claraITI re algunos murmullos aflilifirmarivos. Era vuestro superior. Su honor comofmo soldados leales y cumplidores no se PC en duda. proce. levant¢ la mano y exclam¢: -Salve. pero culpa no recae sobre vo~o~osotros. como di postre. ha incurrido delito de alta traici¢n. Es decir. sin consideraci¢n y de manera inju contra la familia de mi pa. soldados y sab‚is que vu~uesrra virtud m xima es la lealtad. Con esto. -Ahora vais a escuch sfzhar de qu‚ se acusa a Sejano y en qu‚ se la declaraci¢n de culpab¡ icibilidad. ix ahora conocemos la trist~. ¨Por qu‚ motivo Sejano repu su mujer y tom¢ por amasnante primero a Livia y despu‚s a Julia? Es algo que se ve clarament~I te si se conocen sus intenciones: quer¡a dei car al venerado Tiberio y-y y usurpar el trono. Pero se g~ guard¢ este detalle para el final. y a mi hermano Ner¢n se le dio muerte un modo que a£n est pcnoor aclarar.~edi¢. y por esto agradeceros en nombre ~ e del emperador vuestra constante lean vuestro cumplimiento de~lxlel deber. Macr¢n qued¢ asombrado. Como sab‚is. contra mi propia familia. £nicamente sobre Cal¡gula ten¡a un fincxDÖiao olfato y not¢ el alivio que cundi¢ entre hombres. y no es misi¢n de subordinados preguntar ~ ir por el sentido y la correcci¢n de las ¢rden Ahora sabemos que ha ~ abusado de vosotros para sus fines. lo las conmov¡a.te verdad. ~ra. Tambi‚n quiero daros las gra por haber cumplido con non precisi¢n y sin vacilaciones las ¢rdenes vuestro antiguo prefecto. que hab¡a crecido eni soldados. Esta ma¤ana dos hombres han coi sado haber envenenado l. incluso vuestro v~'rvenerado emperador. sin expreso consentiml to del emperador.s! Sois el puntal del Imperio. se hab¡a ganadebido ya a la mayor¡a de ellos. Pero Cal¡gula noc¡a tambi‚n los marice ~res m s sutiles y sabia que a£n ten¡a que tr quilizar a aquellos que e~ estaban a punto de ascender o de retirars~ que ahora tem¡an que toclcidas las disposiciones de Sejano hubieranaj dado anuladas.o~o. sino sobre ‚l. Por eso nozco de antemano la sei~aentencia que dictar¡ais contra Sejano. Y sabia hablar! Cal¡gula esper¢ hasta iiia que se calmaron los murmullos.soadre Germ nico.

Pronto su j£bilo o a m¡ como emperador¯. y gozaba ahora de la simpat¡a del pueblo. esto es algo pone en duda. hijo de Germ nico! A nuestro lo conoce toda la ciudad! lalmente. hizo averigua>bre silos interesados estaban ya comprometidos. el mismo emperador los hab¡a declarado enemigos p£blicos. no le faltar¡an motivos. adem s. Vosotros no vais a pagar por el hecho de que usado de su poder. de repente. todos los romanos conoc¡an los nombres de los ide la familia imperial. solide retirada y otras. As¡ es como qued¢ solo Cal¡gula. cuyos nombres comunic¢ a Ca>pta las medidas necesarias cuando vayas a Roma a ver a tus is. Durante varios Là las listas de las familias nobles o senatoriales. Si el emperador lo hab¡a introducido en su c¡rculo m s ¡ntimo en Capri. pa¤ado por cuatro pretorianos se dirigi¢ a pie al Palatino y cte ver que la gente lo reconoc¡a. y se oyeron con claridad gritos e. adem s hay que mobre las instancias que contienen peticiones de traslado. y por esto adivino tambi‚n vuestra preocuL‚ sucede con las disposiciones pendientes de Sejano que lo en el aire? l hab¡a hecho ya las listas de los ascensos s aqu¡ y all ha a¤adido alguna observaci¢n.To. pasada por ricluso denegada por el mero hecho de que Sejano las haya ~. He comprobado la situaci¢n de esos tres. otros se encargaban de aclararle su identidad. la he aprobado y ue los matrimonios se celebren con prontitud. ahora un j£bilo clamoroso. tom¢ la decisi¢n conven¡a que estas muchachas hu‚rfanas se vieran bajo la n de un esposo. pero el destino de los hijos de Ger~ segu¡a con especial inter‚s. El prefecto era un superior capaz y eficiente. y si a la postre las cosas se as. y. quiso ponerla en pr ctica r pidamente.de las hermanas de Cal¡gula. No sent¡a ma‚s por las vidas de sus hermanas. En amplios c¡rculos se daba las supuestas atrocidades propaladas por Sejano sobre los 78 79 y hermanos de Cal¡gula. pensaba la gente. se dijo. Si su rostro resultaba desco>ara alguien. como pr¡ncipe que ninguna de estas peticiones ser olvidada. comprob¢ la o la prosperidad de los posibles candidatos. si es Cayo C‚sar. un matrimonio se podr¡a anular f cilmente. ula se guard¢ muy mucho de contradecirle. hombre. Cal¡gula! Viva el emperador! su j£bilo va dirigido a m¡ y al emperador. UltimaTiberio hab¡a empezado a hablar cada vez con mayor fre. Como siempre que alguna idea se le met¡a ~za. y as¡ Cal¡gula se convirti¢ de pronto en el preferido de los ro- . Os prometo por mi honor. . y.como vosotros. y encontro candidatos al matrimonio. que ejecutar adem s otra orden del emperador.

le beneficiaba.y s‚ cuidar de mi mismo. El rostro de Livila permaneci¢ inalterado. Para Drusila ha escogido a Casio Longino. Esto. Cal¡gula levant¢ las manos. Se trata de una decisi¢n del emperador. de diecis‚is a¤os. queridas hermanas. pues m s adelante le ahorrar¡a muchos esfuerzos. la testaruda y silenciosa. Cal¡gula interrumpi¢ su discurso con una sonrisa c¡nica. sin hab‚rselo ganado ni hecho m‚rito alguno para ello. Estar‚is al frente de un hogar.. -Cuando nos vimos por £ltima vez. para Livila a Marco Vinicio. por lo tanto. -Soy un hombre -respondi¢ Cal¡gula son acritud. -No me ech‚is la culpa a m¡. pero creo que est bien tomada. pero pueden sentirse muy orgullosos de establecer v¡nculos familiares con la familia imperial. haciendo ver que la cosa no iba con ella. Todos son herederos de las mejores familias. No era un palacio en el sentido habitual. seg£n la ley. y Drusila. Las hermanas de Cal¡gula viv¡an en el Palatino en el palacio conocido como la Domus Augustiana. sino tambi‚n la spera belleza de su madre. algunas muy viejas. con habitaciones peque¤as y sinuosos jardines. -Con esto hemos llegado ya al motivo de mi visita. Cal¡gula? ¨No ha escogido Tiberio esposa para ti? Agripina hizo esta peregrina pregunta. Nuestro venerado emperador ha tenido la bondad de buscar esposos adecuados para vosotras. Drusila. Tiberio es viejo. Hab¡a anunciado su visita. -¨Y qu‚ pasa contigo. Hasta ahora el emperador no se ha pronunciado al respecto. en definitiva. . y ahora re encuentro convertida en una mujer. Cal¡gula sabore¢ su sorpresa con fr¡o placer. y estaban ya las tres presentes: Agripina. Est s muy guapa. -¨Qu‚ esposo? -pregunt¢ Drusila sin comprender. sino un acogedor espacio de mansiones desordenadas. Con fingida inocencia. y quiere saber que est is bien atendidas y cuidadas. mir ndole con aire ir¢nico.. aunque a veces resulte dificil doblegarse a sus deseos. vais a parir hijos. para su familia y para algunos parientes sin recursos. frunciendo las narices con desprecio. l adopr¢ a nuestro padre. Agripina adopr¢ un aire orgulloso y testarudo. Le debemos obediencia. ®C¢mo pudo un gran hombre vivir de un modo tan miserable!¯. es vuestro abuelo. Vuestra adolescencia ha terminado. que no s¢lo hab¡a heredado el nombre. eras a£n una ni¤a. cuyo aspecto sorprendi¢ a Cal¡gula. pero ninguna parec¡a alegrarse. Se trataba de todo un complejo de edificios que el emperador Augusto hab¡a ido adquiriendo poco a poco para crear un hogar para s¡ mismo. y para Agripina a Domicio Enobarbo. tu futuro esposo puede estar contento. pero sus ojos chispeaban furiosos. pens¢ Cal¡gula. Un brillo c lido apareci¢ en sus ojos fr¡os y muertos.manos. No le hab¡a pasado inadvertido que cada una de sus hermanas reaccion¢ de un modo distinto. Livila. mientras que el rostro juvenil de Drusila reflejaba espanro y rechazo.

mujeres y hombres. el verdugo le cort¢ la cabeza y su cuerpo desnudo fue arrastrado hasta la escalinata Gemonia (la escalinata del monte Aventino. Ahora si resultaba mortal ser considerado su amigo o su c¢mplice. y si resultaba evidente que alguien lo era lo achacaba a las circunstancias. Sus hijos eran los £nicos supervivientes de la familia de Sejano.' j¢venes y viejos.' Ambos fueron estrangulados y arrojados a las Gemonias. tuvo que ser v¡olada~. Quien no pose¡a casa de campo o tard¢ demasiado en marcharse. Ahora nadie quer¡a haber sido amigo del antiguo prefecto. Pero no permaneci¢ mucho tiempo solo. -Habr¡a sido mortal enemisrarse con Sejano. pese a lo tard¡o de la estaci¢n.. y al final incluso ni¤os. D¡a tras d¡a les segu¡an otros. Con relaci¢n a Sejano la decisi¢n fue r pida. cerca del Capitolio). Cuando no qued¢ ya espacio en la Puerta Gem¢nica arrojaron los cuerpos de los ejecutados al T¡ber. y muchos romanos corrieron a refugiarse en sus casas de campo. Tres d¡as despu‚s de su detenci¢n. y s¢lo muy pocos lograron volver a salir de ella sin haber sufrido alg£n da¤o. se vio arrastrado r pidamente por la peligrosa corriente. . pero un tribunal con excesivo celo crey¢ hacerle un favor al emperador entreg ndolos al verdugo. recibi¢ la compa¤¡a de otros cad veres decapitados. -se o¡a decir en todas partes. y al cabo de dos d¡as los muertos formaban verdaderos montones all¡. Horas despu‚s. La ni¤a. donde lo dejaron tirado para que sirviera de advertencia. que no contaba m s de once a¤os.80 81 1 VII La detenci¢n de Sejano trajo consigo una ola de arrestos. y quieras que no era la pura verdad..

Le hab¡a visto llegar a ocupar el mismo cargo que habia tenido su padre. Un temor supersticioso lo manten¡a alejado de la ciudad. como jefe de las cohortes pretorianas y vi que m~s tarde obten¡a cargos administrativos. haber ambicionado convertirme en su amigo y cuando llegu‚ a serlo. C‚sar. Tiberio no rechaz¢ la propuesta en redondo. Hemos venerado a tu yerno. not¢ en seguida que no seria sensato practicar m~5 detenciones. Pues no era un Sejano cualquiera aquel a quien vener bamos. no se pod¡ak 82 ejecutar a una virgen. quien estaba enemistado con ‚l. porque. a tu co-c¢nsul. 83 1 Dos d¡as m s tarde. puesto que terminaron para nosotros el mismo d¡a que terminaron para ti. y tampoco esta vez se decidi¢ a realizar una visita a la capital. tanto mejor considerado era tambi‚n por el emperador. Un discur- . peru se mostro vacilante. que concluy¢ con estas palabras: -Pero la amistad y las atenciones para con Sejano deber¡an quedar impunes. a la que hab¡a accedido por v¡a matrimonial. seg£n una vieja tradici¢n. sino intentar por mi exclusivo riesgo defender a todos aquellos que no tuvimos participaci¢n en su £ltimo atentado. Con palabras prudentes advirti¢ al emperador. La opini¢n general era que la ver~ganza contra Sejano y sus secuaces hab¡a sido ya ejecutada y que no ten¡a sentido castigar a todo aquel que en alguna ocasi¢n hubiera h ablado con ‚l o le hubiera pedido un favor. Tiberio ten¡a el discurso en sus manos. acusado de haber sido amigo de Sejano y expr~so ante los senadores lo que muchos pensaban. sino a un miembro de la familia Julia Claudia. que en esta ‚poca realizaba frecuentes viajes en tre Roma y Capri. En cambio.. Marco Terencio. Cuanto mayor era la familiaridad que uno ten¡a con Sejano.antes por un esbirro. No quiero nombrar a nadie.. tanto municipales como militares. Fue un espect culo miserable que Qaus¢ indignaci¢n entre el pueblo. quiero confesar haber sido amigo de Sejano. En aquellos d¡as. ten¡a que luchar con el temor y la pobreza. Cal¡gula. Pero cualquiera que sea el final de ~sre asunto. -Puede que para mi destino sea menos ventajoso admitir la acusaci¢n que negarla. imploir ndole a la vez que aprovechara la ocasi¢n y se presentara personalmente en el Senado. compareci¢ en el Senado un noble romano. haberme ~éegrado de ello. Sus parientes y familiares se vieron elevados a puestos de honor. Esto y m s dijo Terencio en un largo y valiente discurso. a tu representante en la direcci¢n de los asuntos del Estado.

me contar¡a los mejores chistes para que me riera hasta morirme. re dir‚ que se trata de una persona que puede ponerse todas las m scaras hasta resultar irreconocible. Pero no se lo digas a nadie. fueron detenidos y cayeron ahora en la fosa que hab¡an preparado para ‚l. Un a¤o antes. necesito a alquien que me ayude a vaciar esa jarra. Es notable su capacidad para penetrar r pidamente en las intenciones de los dem s. por ejemplo. Terencio fue puesto en libertad. si no. S¢lo hab¡a una persona en su entorno m s intimo a quien de tiempo en tiempo abr¡a su coraz¢n. -De este modo podr¡as matarme. y Trasil o supo en seguida que esta era la introducci¢n a una conversaci¢n seria. Pero ¨qu‚ hay detr s de todo esto? ¨Cu l es su verdadera forma de ser? Tiberio levant¢ la copa y se encogi¢ de hombros.so bien fundamentado y valeroso ten¡a las m ximas posibilidades de merecer la comprensi¢n de Tiberio. hombre * El vino es la leche dc los ancianos. ni siquiera habr¡a considerado la posibilidad de pensar en Cal¡gula como sucesor suyo. sinti¢ de repente la imperiosa necesidad de hablar abiertamente de Cal¡gula con su amigo. sin mezcla. Cayo C‚sar hab¡a logrado en este tiempo hacerse tan indispensable para el emperador que incluso aquel Tiberio suspicaz y patol¢gicamente desconfiado le hab¡a ido otorgando poco a poco su confianza. y as¡ se dio por concluida la persecuci¢n contra los amigos de Sejano. A veces uno cree ver tras la m scara. Sus palabras provocaron en Tiberio tal ataque de risa que a punto estuvo de ahogarse. Es. Aquellos que hab¡an llevado a Terencio al banquillo de los acusados. cuando el emperador hab¡a vaciado ya unas cuantas copas de vino puro. y esta persona era Trasilo. -Si‚nrare conmigo. -Su verdadera forma de ser es el disimulo. me resulta dificil contestarte. Una noche. su antiguo maestro y ahora astr¢logo. de aguda inteligencia y un buen orador. Tiberio. pero s¢lo consigue descubrir otra m s. Si llegara a ser mi sucesor y tener el poder en las manos. Necesitaba delatores y falsos testigos para sus procesos de lesa majestad. ¨Qu‚ impresi¢n re causa a ti? Trasilo acarici¢ pensativo su barba de fil¢sofo. -Si te he de ser sincero. Cal¡gula. al menos por el momento. pero los despreciaba. pero ahora esta idea hab¡a penetrado ya seriamente en su cabeza. Dio unos golpeciros en lajarra de vino medio vac¡a. sin duda. -Vin'um lac senum*~dijo el astr¢logo bromeando. y. No es f cil calar las intenciones de Cal¡gula. Detr s de esto no se distingue nada m s. no quisiera asumir yo la responsabilidad de afirmar que va a utilizarlo con sensatez y con justicia. si he de expresar una impresi¢n. Trasilo. El amigo le dio unas fuertes palmadas en la espalda hasta que la ros remiti¢. Tiberio se reclin¢ e intent¢ recuperar el aliento. y ahora ten¡a la posibilidad de demostr rselo. alguien seria capaz de intentarlo. A veces .

Pero primero voy a buscarle esposa. Tiberio suspir¢. pero ¨d¢nde est ‚l mismo? ¨Qui‚n es ‚l en realidad? Varias veces he intentado llegar al fondo de su car cter. -Los astros ni advierten ni aconsejan. que ya le hab¡an sido formuladas en otras ocasiones. Tal vez ella consiga encontrar un camino hacia su corazon. Puede que yo haya cometido muchos errores. y . Trasilo? D¡melo sinceramente . Hubiera preferido seguir siendo un hombre con una vida privada y nada m s. pero. una v¡bora que alg£n d¡a envenenar a todo el Imperio. -Dej‚moslo estar. tiene una visi¢n aguda. -Conoces mi opini¢n sobre esto. Si Cal¡gula revelara algo m s de su forma de ser. Trasilo.. ser¡a m s f cil para ti tomar tu dec¡sion Tiberio asinti¢ con la cabeza. y no se la tomaba a mal. es tu reclusi¢n. 84 85 1 como nos advierte el lenguaje popular: no hay que comprar el pa¤o cuando est en el arca. instruido. t£ sabes como nadie que yo no ambicion‚ este cargo. Conoc¡a la opini¢n de su viejo amigo. un cargo en el que tenga que demostrar su val¡a. y lo comprendo. tu responsabilidad frente al pueblo re hace dudar. la considerado equivocada. pero fue ‚sta la voluntad del gran Augusto. ¨Qu‚ poder quiere impedirmelo y parece prevenirme contra semejante decisi¢n? T£ crees tan poco como yo en los dioses del Olimpo. si nunca te hubieras marchado de all¡. Respeto tu decisi¢n. pero nadie puede reprocharme que le haya causado da¤o al Imperio romano. Tu propia desconfianza re hace volverte prudente. ¨He administrado mal su herencia. incluso la entiendo. Mejor dicho: algo me hace dudar. pero dudo mucho antes de disponerlo as¡ en mi testamento. Quiz as¡ llegues a conocerle mejor. Y eso cuando apenas tiene veinte anos. Lo qt¡e te reprocho. pens¢ Trasilo para si. es un brillante orador que sabe convencer.. -La propuesta no es mala. s¢lo indican un posible camino. Cayo es inteligente.¨me he mostrado indigno? El astr¢logo conoc¡a estas preguntas. lo has visto con claridad. ¨Son acaso los astros los que me advierten? Trasilo neg¢ sonriente con la cabeza. Rem involutam emere. -Eso es. aun as¡. a£n mejor. Mi opini¢n es que Augusto no hubiera podido encontrar ning£n sucesor m s digno.Jam s Sejano hubiera podido abusar de su poder como lo hizo si re hubieras dejado ver de tiempo en tiempo en Roma. pero este hombre no se quita la m scara. Pero ¨qu‚ me aconsejas con respecto a Cal¡gula? Poco a poco voy pensando en ‚l como el sucesor id¢neo. Tiberio. Trasilo. y le obedec¡. algo me retiene antes de dar este paso. o.tengo la impresi¢n de estar educando a una v¡bora para el pueblo romano. y conmigo muchos romanos. Trasilo. "Esto es en el caso de que tenga coraz¢n¯. escog¡ este camino y tendr‚ que seguirlo hasta el final. Hay que verlo primero. -Deber¡as conferirle alguna responsabilidad.

Los legionarios. y poco a poco la hab¡a ido abandonando su valor. Hab¡a nacido bajo el signo de Virgo y ten¡a a Saturno como ascendente. Agripina viv¡a sola en la choza semiderruida. Por este sendero caminaban los hombres. hab¡an dejado su rostro demacrado y cubierto de arrugas. a unas cuarenta millas de distancia de tierra firme.el prefecto de los pretorianos que ambicionaba cada vez mayor poder. Su esperanza de que el viejo emperador falleciera no se hab¡a cumplido a£n. El ojo que perdi¢ durante su detenci¢n. la que un d¡a fue esposa de Germ nico. amargados por su servicio forzoso. descargaban de vez en cuando su . un destierro cuyo responsable fue -como todos cre¡an. su traslado forzoso. y por doce soldados de guardia que expiaban aqu¡. Sejano se convirti¢ ahora en el chivo expiatorio de todos los delitos. era demasiado viejo para perderse en reflexiones sobre el futuro de Cal¡gula. Eran muy pocos los que sab¡an que fue el emperador quien quiso quitarse de encima a su dominante e insolente nuera. bajo el mando de un centuri¢n. para impedir la huida de la orgullosa y callada mujer. S¢lo pod¡a abandonar la casa seguida de una fuerte vigilancia. Una sirvienta hab¡a seguido voluntariamente a su se¤ora al destierro. Era un hor¢scopo como el de una persona cualquiera. Tras la ca¡da de Sejano. noche tras noche. pero tambi‚n permite enga¤ar y perjudicar a otros.. morir¡a antes que ella. que ten¡a ahora serenray cinco. una huida que de todos modos dificilmente hubiera sido posible.sorbi¢ con deleite el magnifico vino de C‚cuba.. Con sus cuarenta y seis a¤os pod¡a suponer que el emperador. los pocos amigos que a£n le quedaban a Agripina esperaban la inmediata anulaci¢n de su destierro. desde hacia casi cuatro a¤os. pero no hab¡a all¡ muchas posibilidades de pasear. Todo ten¡a su lado negativo y su lado positivo. y la p‚sima e insuficiente alimentaci¢n. batida por los fuertes oleajes. Ahora. sin ninguna isla vecina y habitada s¢lo por cabras. Un empinado e inc¢modo sendero bajaba hasta el mar. La peque¤a isla rocosa de Pandareria estaba situada en mar abierto. sus perros guardianes. pero la larga espera hab¡a mermado sus fuerzas y se sent¡a desalentada. al menos. y s¢lo indicaba la existencia de un car cter inteligente y due¤o de si. Era una isla rida. Trasilo se prohibi¢ a si mismo m s especulaciones. El signo del zod¡aco dominado por Mercurio indicaba gran inteligencia. d¡a tras d¡a. pero hab¡a muerto meses antes por haber comido algo en mal estado. se hab¡a vuelto vieja y fea. Una aguda inteligencia puede ser utilizada en beneficio del pa¡s. aunque Saturno. Su misi¢n era vigilar a una prisionera que habitaba en el norte de la isla en una caba¤a de madera medio derruida y desvencijada por el viento. El. A petici¢n del emperador hab¡a consultado el hor¢scopo de Cal¡gula. En estos a¤os. pero ni siquiera ah¡ se percib¡a nada importante. en compa¤¡a de ratas y murci‚lagos. otro daba una amplia vuelta a la caba¤a. conejos y algunos pescadores. de los propios y de los del emperador.

pues. Pensaba en Druso C‚sar. Horas m s tarde le fall¢ la respiraci¢n. para humillar¡a. hasta que. Hac¡a ya tiempo que hab¡a dejado de sentir hambre. El centuri¢n aull¢. la prisionera deber ser alimentada a la fuerza. Lo tengo por escrito. Su regreso se retraso debido a vientos contrarios. Dos d¡as antes hab¡a arrojado ante la puerta el pan enmohecido y el pescado podrido. el centuri¢n orden¢: -Sujeradle las manos y los pies! 86 87 Con una sonrisa ir¢nica. volvi¢ a reperirse el intento varias veces m s. Al ver que de este modo no se iba a conseguir nada. Su £ltimo pensamiento fue una maldici¢n dedicada a Tiberio y una jaculatoria implorando a los dioses que dieran a uno de sus hijos la posibilidad de vengar su muerte. pero sin el menor ‚xito. Al d¡a siguiente. No pens¢ para nada en Cal¡gula. Obedece. Y realmente lo consigui¢. y come! Agripina aparr¢ la cabeza y apret¢ los dientes. la dejaron en paz. y el centuri¢n intent¢ abrir a la fuerza la boca de Agripina para introducirle una parte del asado. P lida y demacrada yac¡a la mujer sobre su lecho desastrado esperando la muerte. pues no sab¡a que llevaba tres a¤os encarcelado en el Palatino. Agripina logr¢ atraparle la mano e hincar en ella sus dientes. Con sus £ltimas fuerzas. o no? El emperador ordena que comas. y. se lo coloc¢ ante la nariz y dijo: -¨Huele bien. los legionarios cumplieron la orden.rabia en ella. pero ella volvi¢ a escupirlo en el acto. mientras los soldados sonre¡an maliciosamente. dejaban que el pan se enmoheciera y el vino se agriara. al fin. que mimaba. con cuatro de sus hombres a la casa de Agripina. El centuri¢n hab¡a hecho asar un pollo. situado a una distancia de cincuenta millas. El centuri¢n estaba perplejo. Ya s¢lo le quedaba su orgullo. Agripina escup¡a en el acto todo lo que consegu¡an meterle en la boca. y as¡ le cost¢ menos tomar la decisi¢n de poner fin a aquella vida sin sentido. para recabar instrucciones para este caso especial. Se aferraba a este orgullo. La orden del emperador dec¡a: si no hay m s remedio. Agripina se encontraba ya muy debilitada y desfallecida. El centuri¢n blasfem¢ y le propin¢ unos bofetones. Durante los pr¢ximos d¡as. . cuidaba y conservaba como si fuera su tesoro m s preciado. ¨Qu‚ deb¡a hacer? Mand¢ un velero r pido a Capr¡. y el olor del po¡¡o asado s¢lo le provocaba n useas. y cuando al fin lleg¢. pues. cay¢ en un profundo desvanecimiento. su segundog‚nito. porque de este hijo no esperaba nada. prohibi‚ndole durante d¡as que saliera de casa. El centuri¢n se dirigi¢.

La mujer era veinte a¤os m s joven que ‚l. la £nica nieta carnal del emperador. 88 ®Esto ha de cambiar. Con aquella salud suya. Transmiridle la noticia a Cayo C‚sar -a¤adi¢ y se distrajo en leer sus escritos. porque yo te necesito igual que t£ vas a necesitarme a m¡ alg£n d¡a. Macr¢n era la clave del poder. A primera vista. y la oportunidad que se le presentaba no parec¡a desagradable en absoluto. Desde que era prefecto de los pretorianos. incluso para si misma. tambi‚n mi paciencia tiene limites. Hac¡a pocos a¤os que Macr¢n se hab¡a casado con ella. -Esa mujer era un estorbo. se la com¡a con los ojos. a causa de qu‚? El pretoriano se puso firme.¯ A partir de entonces. ten¡a que planearlo todo con paciencia y sistem ticamente. y una y otra vez se acord¢ de un hombre: Macr¢n. mucho m s de lo que lo ha hecho hasta ahora. junto al Viminal. ¨Esperar otros diez o quince a¤os? No y no! Pero no quer¡a precipitar los acontecimientos. ®Tengo que estimular su ambici¢n. la acechaba. y al fin logr¢ atraerla a su lecho. El emperador tom¢ nota de ella sin mostrar ninguna emoci¢n..D¡as m s tarde lleg¢ a Capri la noticia de la muerte de Agripina. su madre. Se dice que muri¢ de hambre. se mostraba muy fr¡o con Cal¡gula. ¨Muerta. Cal¡gula empez¢ a cortejar a la esposa del prefecto. C‚sar. Cal¡gula tom¢ la decisi¢n de adelantar el fallecimiento natural de su t¡o. El prefecto se hab¡a hecho cargo de la casa de Sejano. ®¨Por qu‚ ese viejo monstruo seguir con vida? -pens¢ furioso-. Nevia parec¡a ser solamente una guapa bobalicona. la casa pertenec¡a a Julia. el viejo pod¡a llegar a los ochenta y cinco o incluso a los noventa. Nev¡a ve¡a poco a su esposo. algo caprichosa. Voluntariamente. coqueta y no reacia a una aventura extramatrimonial. -¨Muerta? -pregunt¢ Cal¡gula-. Tiberio Lo hab¡a nombrado sucesor de Sejano. Livia. Durante largo rato pens¢ y repens¢ cu l seria la mejor manera de intentarlo. -Voluntariamente.¯ Como en estos momentos Macr¢n resultaba inaccesible.. -No lo s‚ con exactitud. pero le molesr¢ que fuera Tiberio el causante. Ennia Nevia. Vaya! El destino de su madre apenas lo conmovi¢. Se fing¡a enamorado. porque el emperador tem¡a entablar un proceso contra su nieta. Era una de las contad¡simas personas que hab¡an sobrevivido a la ca¡da de su amante. y hasta ahora el matrimonio no hab¡a tenido ning£n hijo. Sertorio Macr¢n. hab¡a sido ejecutada como . que ya hab¡a visto c¢mo su padre era asesinado por Sejano.¯ A partir de ese d¡a. Cal¡gula decidi¢ influir en ‚l a trav‚s de su esposa. ¨por qu‚ los dioses no lo empujan de una vez al Averno? No voy a esperar mucho m s. tengo que conseguir que sue¤e con el poder y la riqueza. En realidad. Como el servicio agotador de Macr¢n lo manten¡a constantemente a caballo entre Roma y Capri.

ten¡a que vigilar a la guardia pretoriana. pero Tiberio reconoci¢ a Julia como heredera de sus padres. Al fin y al cabo no era ninguna mujerzuela dispuesta a mererse en cualquier cama. Cuando Macr¢n estaba de servicio en Capr¡. Tiberio quer¡a tener a su lado a su sobrino. hab¡a rechazado todos los honores que el Senado hab¡a solicitado para ‚l. y de que. . empleaba su capacidad casi m gica para el fingimiento. Hizo un gesto de sorpresa. y resid¡a ahora en el antiguo nido de amor del derrocado Sejano. e intu¡a la imagen que ella quer¡a de ‚l. y en sus palabras y en sus gestos hab¡a una pasion que no sent¡a pero que fing¡a a la perfeccion. A Macr¢n le bastaba ser prefecto de los pretorianos. aunque fuera de alta nobleza.principal culpable. Hab¡a logrado imponer sus deseos de trasladarse a Roma. de mirada fija. Le horrorizaban sus ojos fr¡os. como si le extra¤ara algo que no pod¡a comprender. en ausencia de Macr¢n. no le gustaba gran 89 cosa. tras la ca¡da de su antecesor. pero. en los montes Albanos. Venus es testigo de que el verte me causaba un profundo trastorno. pese a que ‚l era algunos a¤os m s joven que ella. Macr¢n parec¡a poco adecuado para estos sue¤os. y. Cal¡gula se quedaba en la capital. ni mucho menos. y viv¡a ahora desterrada en una de sus propiedades rurales. pues. Un c lido brillo se apoderaba de su mirada fija cuando se dirig¡a a ella. Ennia Nevia odiaba la estrechez de Capr¡ y el vivir encerrada en la corre del emperador. Desgraciadamente. Cal¡gula notaba su instintivo rechazo. Nevia sent¡a una satisfacci¢n evidente. la mano derecha del emperador. Cal¡gula ya hab¡a visitado en varias ocasiones a Nevia en la peque¤a ~illa junto al Viminal con el pretexto de que. un pr¡ncipe imperial. Nevia proced¡a de una adinerada familia plebeya y so¤aba con ascender alg£n d¡a a los c¡rculos patricios. -No te habr pasado inadvertido el hecho de que en Capri yo no tuviera ojos para ninguna otra mujer que no fueras t£. Conoc¡a a Cal¡gula de Capri. Compart¡a una caracter¡stica con la anterior propietaria: era desmesuradamente ambiciosa y no cre¡a. que el final de su carrera fuera su ascenso a esposa del prefecto de los pretorianos. he hecho el amor contigo muchas m s veces de las que tu esposo lo haya hecho a lo largo de todo vuestro matrimonio. como hombre. en consecuencia. Result¢ muy provechoso para esta relaci¢n el hecho de que el viejo emperador quisiera tener siempre cerca de s¡ a uno de sus dos confidentes mientras el otro supervisaba lo que ocurr¡a en Roma. y con ello. de momento no quer¡a comprometer su honor. en mi iinaginacion. y cuando el prefecto conviv¡a con sus pretorianos. y sobre todo le repel¡a su aspecto de viejo. Ahora que la cortejaba Cayo C‚sar.

O has escondido tus sentimientos con much¡sima habilidad. la imagen de un emperador que.Los grandes y h£medos ojos bovinos de Nevia miraban conmovidos. Sejano y su c¡rculo de amigos hab¡an sido aniquilados. el . a ti. No mostraba la menor consideraci¢n con su cuerpo. pod¡a sentir c¢mo se desvanec¡a aquella mohosa atm¢sfera de ancianidad y dejaba su lugar auna maravillosa impresi¢n de frescor. fuiste un refugio de juventud y de hernosura. com¡a y beb¡a lo que le apetec¡a. inexpresivos. El emperador Tiberio Augusto permanec¡a en Capri como una ara¤a que acecha incansablemente a sus v¡ctimas y no suelta a ninguna que se haya enredado en su telara¤a. Tiberio. gozaba de una salud perfecta. y una y otra vez se trataba de ®delitos de lesa majestad¯. una observaci¢n imprudente. Quien compon¡a un panfleto contra ‚l. era ejecutado. no! En Capri fue tu belleza para mi un rayo de luz en medio de todos aquellos ancianos que rodean a mi venerado r¡o. en cambio. Entretanto toda Roma sabia que Tiberio ve¡a en ‚l a su sucesor. para someterlos al hacha del verdugo. bastaba a menudo una simple sospecha. vigilados por soldados que deten¡an a todo aquel que se lamentaba en voz alta o a quien inrentara llevarse el cuerpo de un amigo o pariente para enterrarlo debidamente. en realidad. Nevia. se hab¡a hecho odioso ahora para el pueblo. como lo era un buf¢n que hacia re¡r al populacho con una farsa inocente sobre el emperador. Ahora. -No. y esto fue lo decisivo. era un aut‚ntico pr¡ncipe imperial. porque hab¡a una cosa que ‚l. En la Puerta Gem¢nica volv¡an a amonronarse los cad veres. En secreto he ofrecido sacrificios aj£piter para que cambie tu forma de pensar y te atraiga a Roma. Cuando entrabas en una habitaci¢n. un rechazo que en realidad era s¢lo fingido. Al fin y al cabo. Y mejor hoy que ma¤ana. y encontraba ahora excitante su cuerpo cubierto de vello viril. o me est s mintiendo ahora. y no pocos hubieran deseado ver convertido en emperador al hijo menor de Germ nico. no era un hombre malvado. pero sus excesos a lo largo de los a¤os empezaban ahora a cobrarse. De vez en cuando. Nevia no habr¡a sido mujer si estos y parecidos halagos no hubietai~ su rechazo. pero las persecuciones continuaban en vez de disminuir. Las prostitutas y los efebos eran sustituidos cada vez con mayor frecuencia. el pueblo mimaba la imagen del emperador enga¤ado y burlado. y me siento a punto de estallar de alegr¡a. consum¡a fuertes estimulantes para avivar su fuerza viril. Cayo C‚sar. AJ~ora estas aqu¡. pero se mostr¢ arrogante: -No he notado nada de esto. no podr¡a mentirte jam s. Mientras fue posible suponer que Sejano falsificaba las ¢rdenes imperiales o que persegu¡a a sus adversarios por af n de poder. una denuncia an¢nima. Pese a estar pr¢ximo a la octava d‚cada de su vida. Los OJOS fijos. en cambio. de Cal¡gula ya no le daban miedo. los cad veres en descomposici¢n eran arrojados al T¡ber para dejar espacio a nuevos cuerpos. Entre los patricios. Este delito inclu¡a cualquier cosa que irritara de alguna manera al emperador. pero sin ‚xito. no se absten¡a de nada.

pues. Aguanr¢ diez d¡as. El vino le hacia senrirse cansado. que normalmente no sol¡a mostrarse dispuesto a aceptar este remedio. ~D‚jare de tonter¡as. mientras su hermoso rostro oscuro segu¡a serio y concentrado. Hab¡a bebido ya algunas copas de vino ar¢matico caliente. Ten¡a. Quiz la pr¢xima vez todo funcione mejor. y s¢lo algunos consiguieron aparearse torpemente. y dio la se¤al de comenzar los juegos er¢ticos. Los adolescentes sab¡an lo que se esperaba de ellos. El emperador se sent¢ en un espacio sombreado de aquel recinto en forma de gruta. Ni siquiera conoc¡a su verda- . Con gran esfuerzo volvi¢ a subir las escaleras y se recluy¢ en sus estancias privadas. el todopoderoso. grandes esperanzas. Su m‚dico le aconsej¢ que inrentara una abstinencia m s prolongada.amo del mundo. estir¢. apret ndose unos contra otros. sigui¢ su consejo. Trae a la nubia! -orden¢ al sirviente. Estos intentos divirtieron al principio al emperador. adelante! El guardi n dio unas palmadas. y el emperador. entr¢ en la habitaci¢n la esclava negra. pero estaban inquietos e intimidados. seguid! -exclam¢ dirigi‚ndose a los j¢venes-. Hoy quiero un masaje de arriba abajo. El decimoprimero baj¢ a los recintos ocultos donde estaban alojados los spintriae. ni siquiera ten¡a ya fuerzas para enfadarse. Gir¢ el cuerpo viejo y fl ccido en distintas posturas. ~Adelanre. 90 91 Cuando un asustado grupiro de muchachos y muchachas desnudos entr¢ en la sala. Jomad ejemplo de aquellos! El hombre se¤al¢ cuatro grupos de figuras de tama¤o natural colocados sobre pedestalesjunto a las paredes: un fauno copulaba por detr s con su ninfa. Se arrodill¢ ante el emperador y bes¢ la costura de su toga. ®¨Qu‚ edad tendr ?¯. y sent¡a c¢mo por la entrepierna le ascend¡a un calorcillo ameno. pero luego le aburrieron. Nig-ra. Deber¡a haberse quedado con algunos de sus experimentados efebos. -Cada uno de los muchachos coge a una chica. pens¢ Tiberio. Hab¡a ordenado a los guardianes que cambiaran a toda aquella canalla: quer¡a ver caras nuevas. vestida £nicamente con un taparrabos. no pod¡a hacer: enga¤ar o sobornar a la naturaleza. que sab¡an mejor que nadie lo que de ellos esperaba. frot¢ y lo masaje¢ m£sculo por m£sculo. agarra cada m£sculo por separado y dale a fondo. que se divierte. 1Seguid. pero Tiberio subray¢ sus deseos con expresivos gestos. La mujer lo desvisti¢ con rapidez y habilidad y empez¢ por las pantorrillas. Con gran destreza golpe¢. La nubia apenas entend¡a el lat¡n. Tiberio se arrepinti¢ de su orden. ya nos conocemos. Silenciosa como una gata. Se levant¢ jadeando. el emperador quiere ver a unajuvenrud alegre. y bostez¢ largamente. otra se sentaba a horcajadas sobre el cuerpo peludo del dios del bosque.

Muy bien! Ahora puedes continuar. Tras vacilar brevemente. Tiberio cay¢ en un profundo sue¤o del que se despert¢ tres horas despu‚s. y muy emprendedor. Nigra par¢ y se ech¢ a re¡r con todas sus ganas. otra vez. que se hab¡a convertido en una carga. El emperador pens¢ con enardecida aprobaci¢n: ®Qu‚ gracia y qu‚ naturalidad tiene al hacerlo. Apenas hab¡a despertado cuando se apod. ella se desprendi¢ de su taparrabos. su oscura voz que resonaba a£n en sus o¡dos. Nunca contestaba a una pregunta: se limitaba a sonre¡r amablemente. De repente el emperador se dio cuenta de que jam s hab¡a o¡do su voz. Inmediatamente ella rerir¢ las manos y lo mir¢ interrogante. Otra vez la mujer se limir¢ a sonre¡r. sin est£pidas risitas y aspavientos. pues con sus artes le resultaba demasiado valiosa. negra. Nigra.dero nombre. el emperador se sinti¢ excitado por su aspecto.¯ Pero desech¢ la idea. Esta ma¤ana se apoder¢ de ‚l con todas sus fuerzas un deseo ocasional que nunca hab¡a tomado muy en serio. de su avanzada edad. Nigra? r Los oscuros ojos lo miraron. Ahora ella entendi¢. moviendo afirmativamente la cabeza. un asco de si mismo. Nigra -repiti¢. El d¡a. cualquier cosa. el deseo de abandonar aquella vida. -Nigra -dijo Tiberio. con rodo. lo limpi¢ y continu¢ con su tratamiento como si nada hubiera ocurrido. Qu‚ edad tienes. Se sent¡a de maravilla. su olor. fresco como un jovencillo. como quien se desprende de un abrigo que pesa y apesta a suciedad. y parec¡a no tener edad. Tiberio hizo como si nada hubiera ocurrido. se¤alando su bien trazada boca-. Nigra. De pronto. Al verlo. Quer¡a intentarlo de otro modo. aunque sea en tu idioma. s¢lo suavemente. quiso esperar su reacci¢n. Con un suave contoneo de sus caderas ella lo condujo lentamente y con gran deleite al cl¡max. como si fuera la cosa m s natural del mundo¯. Despu‚s fue a buscar un pa¤o h£medo. ®Tal vez deber¡a hacerla azotar una vez -pens¢ Tiberio-. y una leve sonrisa cruz¢ su rostro. de sus vicios incorregibles. Con un adem n le orden¢ que parara. desde siempre la hab¡a llamado Nigra. dijo iracundo: 92 93 . con m s intensidad y determinaci¢n-: Nigra! -~ Bien! -la elogi¢ el emperador-. hab¡a empezado mal.er¢ de ‚l un asco general. de su af n de venganza. y ella empez¢ a trabajar sus muslos. Se coloc¢ boca arriba. Cuando su secretario pregunt¢ si ten¡a ¢rdenes o consultas para el Senado. Su falo se levant¢. como una estatua de marfil. de su entorno. Su nervudo cuerpo felino ol¡a a clavo y a canela. se subi¢ a la cama y dej¢ que el falo la penetrara. y. -Di algo. para oir su voz. -Nigra -escuch¢ el emperador su voz oscura. tras una entra¤able sonrisa.

-Siempre a tu disposici¢n. siempre que permanec¡a en Capr¡. que los dioses me hagan reventar de un modo m s miserable del que ahora mismo ya me siento reventar d¡a tras d¡a.. El emperador mir¢ detenidamente a su sobrino. costara lo que costara. venerado r¡o. -Semejante hechizo exige un contrahechizo! -murmur¢ lleno de odio. no habr¡a sido necesaria. se dijo. es una magn¡fica elecci¢n. Que lo interpreten como les plazca! Pese a todo. las rengo. pues Cal¡gula. estilete en ristre. p‚trea. Y decidi¢ hacer participe de sus intenciones a Macr¢n. ~Lo antes posible! -dijo brevemente y a¤adi¢-: Esto es todo. -¨Est cerca mi amado sobrino? Esta pregunta. imb‚cil? Hoy no rengo nada m s que decirles a los padres venerables. ahora no se arrepent¡a de haber dirigido estas desesperadas l¡neas al Senado. el secretario puso una cara imperturbable. Env¡ales el siguiente mensaje: ®¨Qu‚ quer‚is que os escriba. Cal¡gula fue a las .¯.. Cayo. Pero en su fuero interno ard¡a en ira. Vamos a ver si consigo sacarle hoy de sus casillas. senadores. Hoy el viejo monstruo parec¡a tan fresco y juvenil como si hubiera tomado alg£n embrujo. Cal¡gula fingi¢ alegr¡a.. -Ya insinuaste algo en este sentido. esper¢. ®Aunque tenga que promererle todo el oro del mundo ~pens¢-. ¨En qu‚ mujer ha reca¡do tu elecci¢n? ®No hay quien logre perturbar a mi se¤or sobrino¯.¯ -He decidido casarte. y a¤adi¢ en voz alta: -He pensado en la hija mayor de Marco Silano.-S¡. Al o¡r estas frases. Cuando Tiberio call¢. o qu‚ es lo que en este momento no debo escribir? Si lo s‚.¯ Agradablemente excitado por estos pensamientos. estaba constantemente en la inmediata cercan¡a del emperador. o c¢mo he de escribirlo. enjunia Claudia. -Si‚nrare. Cal¡gula se inclin¢ profundamente. con este aire de ¡ntegra respetabilidad perfectamente fingido -pens¢ con involuntaria admiraci¢n-.Cu ndo ser la boda? El emperador se sent¡a algo molesto por no haber conseguido tampoco hoy despertar en Cal¡gula alg£n sentimiento perceptible. . Ahora. ¨Quiz s aspire a ser senador o proc¢nsul? Todo el mundo tiene un precio. pero el emperador se levant¢ de repente y grit¢: -¨A qu‚ esperas. quiero descansar. Sonre¡a al imaginar c¢mo se quemar¡an los sesos intentando descubrir el sentido oculto de su mensaje. pero no le incumb¡a a ‚l comentar las palabras del emperador.. y este precio no Siempre tiene que ser en dinero. habr alg£n se¤uelo que le haga reaccionar. ®No hay quien lo imite. -Sin la menor duda. una continuaci¢n. impregnada de iron¡a.

Se le hac¡a cuesta arriba reivindicar simplemente su autoridad paterna y prohibir sin m s. Vivir aventuras.termas y se ba¤¢ parsimoniosamente. Hab¡a pedido. ya . y su £ltimo pensamiento antes de dormirse. que viniera aver¡es su t¡o Cornelio Calvo que apreciaba a Sabino y se sent¡a muy prox¡mo a ‚l. Los nuevos planes de su hijo le parecieron tan descabellados que apenas encontr¢ argumentos en contra. Cornelio Celso no sabia ya qu‚ hacer. pero nada apropiado se le ocurri¢. Por morivos dificilmenre comprensibles sent¡a desde hac¡a a¤os un gran afecto por su sobrino nieto. Un muchacho que se sabe medio C rulo de memoria. Calvo pertenec¡a a la rama adinerada de los Cornelios. pero el destino lo hab¡a tratado con gran dureza. donde. -¨Cu nto tiempo m s vas a poder mantener tu villa? En los alrededores se est n levantando casas de alquiler. Era un hombre de casi setenta a¤os. y se daba por seguro que en ‚l ve¡a a su heredero. En consecuencia. Puedo entenderle perfectamente. su mujer falleci¢ a consecuencia de un mal parto. pues. Despu‚s se fue a la cama.. Calvo. Amargado. trabajaba en una extensa historia de la familia de los Cornelios. No puede conformarse a su edad con un futuro de editor y librero. -No tengo intenci¢n de marcharme de aqu¡. en realidad. Desde hace alg£n tiempo tiene amistad con un centuri¢n. De todas formas. sigui¢ semanas despu‚s a su madre a la tumba. Calvo dej¢ vagar la mirada por el jard¡n hasta llegar a los cipreses altos y esbeltos. pero su rostro severo y herm‚tico trasluc¡a inteligencia y bondad. Calvo se hab¡a recluido en el campo. Tras un breve y feliz matrimonio. que le ha impresionado de tal modo con el tintineo de sus armas que ahora la espada y el escudo se le antojan la m xima gala viril. Quiere emplear sus fuerzas. flaco y ligeramente encorvado.. lo que quer¡a es que me dieras un consejo. Celso se descolg¢ con las siguientes palabras: -Sabino quiere entrar a formar parte de los pretorianos. seg£n rumores. mal construidas: una ofensa para nuestra hermosa Roma. especialmente 94 95 1 cuando se trata de tu sobrino preferido. de dos a¤os. Pensativo. Pero. El otro hijo. a Celso se le hab¡a ocurrido pedir su consejo. quiere ahora hacerse soldado! ¨Qu‚ dices a esto? Calvo movi¢ la cabeza. -Sabino es joven y tiene fantas¡a. feas. Quer¡a convencer con razones. Celso suspir¢: -Tienes un coraz¢n muy comprensivo. fue. como desde hacia tiempo. Tras el primer trago de vino. quince a¤os mayor que ‚l. el fervoroso deseo de que Tiberio no sobreviviera a aquella noche.

-~YSabino. -Claro que si! Insisrir‚. los vientos del Egeo tienen fama de traidores en invierno. y tal vez consigas que siente la cabeza. Sabino se mostr¢ en seguida entusiasmado. En contra de lo esperado. Sabino habla siempre de largos viajes que deber¡a hacer para continuar su formaci¢n. y he decidido marcharme a Epidauro. habr sido al menos un bonito viaje.. De aquel lugar se cuentan verdaderos milagros. -dijo Calvo vacilante. De todas formas. lamentablemente. Los negocios no van mal. Si no se produce una mejora. r¡o. -Tu propuesta es buena. ya ver s c¢mo tu entusiasmo desaparece cuando veas lo que es viajar con un viejo enfermo. y seguramente all¡ se acabar n tus jaquecas. -Entonces me queda tiempo suficiente para prepararlo todo . Calvo abraz¢ a su sobrino. Hablaron de la fecha del viaje. -Epidauro! Grecia! Se cumple mi sue¤o dorado. Sabino podr¡a acompa¤arme hasta all¡. Sabino se ech¢ a re¡r alegremente. y con esto basta. y me puedo permitir perfectamente esta casa. Mi amigo Querea se va a llevar una sorpresa. -Pero. lo aceptaba y esperaba una mejor¡a.he vendido la mitad del parque. podr¡a darte mil abrazos! Calvo estaba visiblemente emocionado por la alegr¡a espont nea de su sobrino. Como estoico.. querr vivir aqu¡? -Este cambia de opini¢n de semana en semana.. Contigo. qu‚dare al menos a tomar una copa de vino. -¨Viejo y enfermo? Todav¡a les das mil vueltas a muchos j¢venes. esta mejor¡a no se ha producido. yo podr¡a hacer una propuesta. Pero. -Adelante. Celso y Calvo fueron lo suficientemente inteligentes como para no insistir en este tema. Pero volvamos al tema. incluso muy buena. -La pregunta es si querr hacer el viaje. Celso se sinti¢ aliviado. incluso en casos sin esperanza.. dilo ya! -Sabes que desde hace a¤os padezco jaquecas e insomnio. Celso se puso tenso. La mejor ‚poca ser entre mediados y finales de mayo. Es lo que ‚l siempre hab¡a querido. Nos dar la posibilidad de hablar de muchas cosas. Ahora va a hacer lo que desde hace tanto tiempo deseaba. y ‚l podr disranciarse de la vida que ha llevado hasta ahora. Oh. -A£n es demasiado pronto. -Quiz re canses pronto de mi compa¤¡a cuando oigas lo que vamos a proponerte. r¡o! ¨Ahora que yo llego quieres marcharte? Vienes raras veces a vernos. ¨Qu‚ he de hacer con el muchacho? -Realmente. ~Quiero. lo dejo en buenas manos. Al fin podr‚ emplear en serio mis conocimientos de griego. Calvo se dispon¡a a partir cuando Sabino lleg¢ a casa.

este hijo. Querea.. Me alegro de que puedas ver mundo. en realidad. Omnia leTfl momento pendent.. Tambi‚n puedo entrar a formar parte de los pretorianos medio a¤o m s tarde. Por Marte y J£piter! No creer s en serio que re envidio este viaje! Pronto re dar s cuenta de que un viaje tan largo no es una sucesi¢n de placeres. le solt¢ la noticia: -Me marcho a Epidauro. -De esto hablaremos cuando hayas vuelto.. pero. Como soldado! -Pero has visto otros paises y has tenido experiencias por ah¡ fuera. Sabino vio la decepci¢n en el rostro de su amigo e intent¢ apaciguarle. En cualquier caso espero que no hagas nada sin mi consentimiento. A fin de cuentas. quer¡as pedirle a tu padre que te inscribiera entre los pretorianos. -murmuro con un movimiento dubitativo de cabeza. imaginare! Un viaje por mar de varias semanas! Fiaremos escala en diferentes puertos: en N poles. y ya ver s c¢mo consigo convencerle. A mi regreso vamos a hablar nuevamente de este asunto. ¨Sabes t£ lo que ser de nosotros ma¤ana? . Hasta ahora siempre he conseguido lo que me he pro96 97 puesto.. Tambi‚n en mayo hay tempestades en el mar. padre! ¨Qu‚ es lo que piensas de mi? -se defendi¢ Sabino.. -Y sigo pensando lo mismo! Aunque deber¡as haber o¡do a mi padre cuando le comuniqu‚ mi plan. Querea. Lo hemos visto con Sejano: por la noclw se acost¢ con su amante convencido de ser el segundo hombre del Estado. y horas despu‚s lo llevaron preso como criminal peligroso. estuviste en la Galia y en Germania. Pero no pod¡a dejar escapar este viaje. Ahora no me envidies a mi este placer! Querea se echo a re¡r. y despu‚s. tenias otros planes. para! -le interrumpi¢ Querea-. apenas vio a su amigo. Se puso furioso.-asinti¢ Calvo. Ocurrir lo que tenga que ocurrir. y cuando lleves d¡as sin poder dejar de vomitar. Sabino dijo: -No importan unos meses m s o menos. y cuando dec¡as esto sonaba como si re murieras de impaciencia por coger las armas.. Cuando Calvo se hubo marchado.* Creo que fue Livio quien lo dijo en una ocasi¢n. -Claro que no.. Jam s han conseguido impresionarme los pron¢sticos de futuras desgracias. Sabino no pudo contenerse y. Celso suspir¢. -Este hijo. indignado. -Para. t£ tambi‚n has visto mundo. -D‚jalo ya. quiz incluso en algunas islas del mar Egeo. en Mesina. las diosas del destino no dejan ver sus cartas..

** Querea esboz¢ una sonrisa triste. y deseas que se vayan de una vez al Averno! -La intenci¢n de estos consejos es s¢lo simb¢lica. -¨Yno se r¡a mejor que mi primo. ¨Crees que ser aprobada tu solicitud de ascenso? Por los a¤os de servicio y por tu capacidad hace va tiempo que tendr¡as que ser tribuno. amigo mio. Entre las virtudes de un soldado se cuenta ante todo la paciencia. ahora. pero que tambi‚n podr¡a desollarte. Se ha ganado muchas simpat¡as por no haber accedido a las adulaciones del Senado. mejor seria cortarse las venas sin pens rselo m s. . aunque fueran pretorianos.. A fin de cuentas no hay que pensar siempre que nos puede alcanzar una desgracia en el pr¢ximo instante. Querea esboz¢ una sonrisa: -Ya s‚ que t£ deseas para mi ese rango. tal vez valdr¡a la pena. el senador Cornelio. ¨Qu‚ tal Sertorio Macr¢n. o cortarte los cojones de un tajo? En situaciones as¡ empiezas a sudar.. Nadie lament¢ que se condenara a muerte a algunos de los compinches de Sejano. Fuiste t£ quien empez¢ a prevenirme de posibles peligros del viaje. vuestro nuevo prefecto? * Todo pende de un hilo.. tiene fama de ser muy generoso. Querea se encogi¢ de hombros. -Precisamente esto es lo que me gusta. Sabino rompi¢ a re¡r. Ah¡ s¢lo vale lo que un hombre logra por sus propios medios. -¨Lo ves? Ahora t£ mismo has llegado al punto clave. ¨Sabes lo que Virgilio dijo sobre esto? Tu ne cede malis. -Est bien. otra cosa. Gente as¡ no se hace nunca popular entre la tropa. sed contra audentior ito. Pese a todo no nos vamos a desalentar. -Lo hace lo mejor que puede. Sabino. Naturalmente. eso es algo que no se puede cambiar. Querea. Se dice que Cal¡gula comprueba las peticiones una por una. La vida es peligrosa. Querea. sino enfrentarse valientemente a ella.? -No! Eso no! Basta con que me hayas ense¤ado a leer y escribir.. y s¢lo los muy imb‚ciles cierran los ojos ante esto. ¨Acaso el Virgilio ese atraves¢ alguna vez los bosques de Germania con el miedo de que tras cualquier arbusto acechara un gigant¢n rubio y sanguinario que. Est n sentados en su c¢modo sal¢n y dan sabios consejos. a m¡. y. s¢lo pensaba que si re dejaran de lado injusramenre. Para esto. de Marcia? -Deja ya de filosofar. No quiero nada m s de los Cornelios. ** No hay que resignarse ante la desgracia. por lo visto. se contentar¡a con degollarre.¨De ti. como cualquier persona razonable. -Esperemos a ver qu‚ pasa. s¢lo porque hab¡an tratado superficialmente a Sejano. Pero. -Los poetas lo tienen f cil. Tambi‚n se le tuvo muy en cuenta el que impidiera que se ajusriciara a la gente sin m s. con suerte. como hijo de librero. de m¡. me vuelven siempre a la mente las palabras de nuestros poetas. triunfante. y maldices a todos los poetas juntos.

Y. pero no lo olvides: no se trata de m¡. esto en el caso de que su rechazo de los honores propuestos por el Senado haya sido sincero y no s¢lo fruto de su prudencia. rog ndote que no reveles absolutamente nada de esto. apelo a ti como a mi sucesor en potencia y a mi nieto adoptivo. Se trata de Macr¢n. volv¡a a sentirse mejor. non dei* y como tales estamos expuestos a ciertas tentaciones. Tiberio fingi¢ creer sus argumentos y decidi¢ hacer vigilar a Macr¢n por Cal¡gula y a ‚ste por Macr¢n. tiene que quedar entre nosotros. el tono que su entorno conoc¡a y tem¡a en ‚l. pero Tiberio le orden¢: -No. Yo he vivido ya mi vida. Macr¢n no parece ambicioso. disfrutaba del a¡re fresco de los primeros d¡as de primavera y hab¡a vuelto a encontrar su tono cortante. s‚ que puedo fiarme y rengo confianza en ‚l. Este es un hecho que precisamente un soberano ha de tener Siempre muy presente.sucumbir¡a poco a poco a las tentaciones hasta abusar del cargo de confianza. -Lo que te voy a decir. por cierro. Tambi‚n habr¡a que considerar esta posibilidad. S‚ que me romas por un viejo desconfiado y excesivamente prudente. Su sobrino intentaba quitarle importancia a este hecho. que tampoco se deten¡a ante sus allegados. Tiberio sospechaba que Macr¢n -a quien hab¡a otorgado los plenos poderes de que gozaba su antecesor. agudo e iron¡co. Vaya esto por delante: sigo estando contento del prefecto. sino del Imperio. como si se hubiera quitado un peso de encima. Tampoco le agradaba el que Cal¡gula fuera adquiriendo una popularidad creciente entre el pueblo. Pero siempre tengo tambi‚n presentes estas palabras: Homines su mus. llevo veinte a¤os como . re lo digo tambi‚n en tu propio inter‚s. Cayo. Cal¡gula levant¢ la mano como si quisiera poner alguna objeci¢n. Com¡a con gran apetito. no digas nada ahora y esc£chame con atenci¢n. diciendo que su popularidad se deb¡a £nicamente a su parentesco con el emperador y no a unos m‚ritos de los que no pod¡a alardear en absoluto.98 99 1 VIII Desde el d¡a en que el emperador envi¢ al Senado su escrito marcado por la desesperaci¢n y la melancol¡a propias de la edad. Con el bienestar fisico y ps¡quico aumentaba su desconfianza siempre despierta.

¨cu l es la mejor manera de serte £til? -De ahora en adelante quiero que pases siempre unos d¡as con Macr¢n en Roma. sin formar y algo impaciente. imperator. Macr¢n? ¨Qu‚ me aconsejas? -Es un honor para mi que me pidas consejo. y hace poco emple¢ ante mi palabras similares a las que t£ acabas de pronunciar. eres hombre maduro. y. y olvida que eres prefecto. Pero temo cometer alg£n error. Quiero ahorrarle decepciones a mi sobrino y evitar que saque conclusiones equivocadas y que. ¨Qu‚ es lo que esperas de m¡?. como t£. y sus finos labios esbozaron una sonrisa maliciosa. no dioses. -Yo har¡a lo mismo. pero procura que no empiece a desconfiar. en consecuencia. y har‚ todo lo que est‚ en mi mano para apoyarte. e insisti¢ en que apreciaba mucho m s tu confianza. incluso me alegra. S¢lo de esto se trata. T£ le llevas al menos dos decenios. Macr¢n recibi¢ orden de presentarse ante el emperador. El prefecto se puso firme. Necesito tu consejo. acabas de cometer un gran error. Se trata de Cayo C‚sar. act£e de un modo inadecuado. imperator! -Ponre c¢modo. ~Qu‚ sincero y qu‚ honrado suena todo esto!. El caso de Sejano me ha ense¤ado mucho. ¨Qu‚ he de hacer. Es repugnante!¯ Pero ninguno de estos pensamientos se reflejaba en el rostro de Cal¡gula. por lo dem s. Le deseo el aplauso de todo coraz¢n. En este caso. No le concede mayor importancia. mi impresi¢n es que Cayo valora correctamente su popularidad entre el pueblo. observa sus reacciones. aun as¡. experimentado y sabes tan bien como yo que el * Somos humanos. Pero tengo que ser cauto. 100 101 aplauso del populacho vale muy poco. pero mientras viva. El viejo se aferra a la vida como una lapa y est medio loco de miedo y de desconfianza. ma¤ana a otro. Dijo incluso que ‚l mismo . Con una c lida comprensi¢n miraba a los ojos de su t¡o. No rengo nada que reprocharle.¯ Estaba de rin humor excelente. Macr¢n. No ha de tener la sensaci¢n de estar vigilado. Creo que dijo m s o menos que el favor del pueblo es una moneda peque¤a que se gasta r pidamente. Qu‚date tranquilo. Pero una cosa me preocupa: su creciente popularidad entre la plebe. Obs‚rvalo un poco. no podr‚ descargar en nadie esta responsabilidad. ~Salve. Quiero hablar contigo como con un amigo. D¡as despu‚s. pero temo que pueda provocar sentimientos equivocados en ‚l. y.emperador. tal vez tu ayuda. de mi confianza plena. ¯Las cosas empiezan a ponerse en marcha -pens¢ Cal¡gula-. Hoy dedican su j£bilo a ‚ste. Es joven. hazle preguntas con cara de inocente. querido r¡o. venerado r¡o. No me interpretes mal. Ya re lo he dicho: sigue gozando de mi confianza. no le creo ni una palabra -pens¢ Cal¡gula-. ‚l goza. pero dudo de poder serte £til. o nada.

que no es sensato despertar la desconfianza del emperador e ins¡n£ale que se mantenga en un segundo plano y no siga pronunciando discursos en p£blico. Si me confio ahora a ti. se hab¡a abierto a ella. en nuestro futuro. ¯Segt¡ramenre ella misma se cree en este instante lo que est diciendo¯. al que no amaba. Tiberio. me pongo completamente en rus manos. -Puedes confiar en m¡. Desde aqu¡ podr¡as ir a ver directamente al emperador y. Ennia Nevia estaba fascinada. finalmente. Y el futuro se llama Cal¡gula! Dichoso aquel que se haya dado cuenta a tiempo. En Macr¢n se empezaban ya a notar las insinuaciones de su esposa. Poco a poco fue abandonando sus reservas ante Cal¡gula.. Se la com¡a con los ojos. querido. y la luz vacilante de las l mparas de aceite iluminaba sus ojos duros y muertos con un brillo apasionado. siempre encuentras las palabras adecuadas. y. Dale a entender. ella le animo: -A ti te preocupa algo. -Esto me alegra. pero no disipa ni mucho menos mis dudas. Supongo que esta indicaci¢n ser suficiente. Cal¡gula. un¡a su destino al de ella. Al principio hizo ver que le costaba mucho empezar. Ma¤ana mismo puede ocupar tu puesto. su esposo. y sobre su rostro se extend¡a un brillo transfigurado. El hizo como si tuviera que vencer cierta reservas. Para Nevia. quiero que seas mi mujer. Macr¢n. querida. -Si alguna vez revelara yo lo que ahora me vas a confiar. en su imaginaci¢n. este camino iba a ascender verticalmente hasta lo m s alto. La £ltima vez que estuvieron juntos. Pero pens¢ para sus adentros: ®Me guardar‚ muy mucho de denigrar a Cayo C‚sar ante ti. Normalmente. querida Nevia. y como re amo y confio ciegamente en ti. en cambio. Nevia cogi¢ un esbelto pu¤al y lo coloc¢ en sus manos. Piensa en tu futuro. -S¡ empiezo ahora a hablar. Puso una cara emocionada y dijo con aire solemne: -Te creo. Anda. imperator. m tame con este pu¤al! . pens¢ Cal¡gula. y haz ver que se trata de tu opini¢n. Cal¡gula -seg£n cre¡a ella. pongo mi destino en tus manos. cr‚eme. Por fin. era un instrumento que deb¡a allanarle el camino. Macr¢n adoraba a su joven esposa y ten¡a en gran estima sus consejos.se dar¡a muerte si la perdiera. porque re quiero hasta la locura.. -No est‚s tan apegado a un viejo que ma¤ana puede estar muerto. dilo ya.hab¡a dejado caer su m scara.Ni los sufrimientos de la rortura me arrancar¡an una confesi¢n! Sus ojos bovinos chispeaban. revel ndole sus verdaderos planes. Titubeaba y evitaba su mirada hasta que. te recompensar¡a generosamente si le revelaras los planes de Cayo C‚sar. Lo hago solamente porque te quiero. que le aconsejaba encarecidamente que aposrara por Cal¡gula. y sabr valorar a quien se haya mostrado leal con ‚l¯. Naturalmente no en seguida~ pues antes tene- . se confiaba a ella.

tambi‚n ‚l ha descubierto ahora su ambici¢n y no quiere seguir siendo siempre prefecto: quiere ascender a senador o a gobernador. a mi esposa y al emperador. Cal¡gula asinti¢ solemnemente con la cabeza.. Tal vez deber¡a intentar convencer al emperador de que viaje a Roma. -¨Yqu‚ oct¡rre con junia Claudia? Hace s¢lo unas semanas que te casaste con ella. Un divorcio es algo cotidiano. pero no soy irreflexivo. Cal¡gula asinti¢ con expresi¢n seria. lo que los dos necesitamos es paciencia. Los ojos de Nevia brillaban febriles. ¯Jam s -susurr¢ en ella una voz baja-. y los susurros se acallaron en ella. -No har‚ ni lo m s m¡nimo sin tu consentimiento. ¨yo ser‚ emperatriz? -pregunt¢ Nevia con voz fr gil y dubitativa. paso a paso.. nadie pensar en una muerte violenta. Ennia Nevia. Nuestros hijos y nietos gobernar n el mundo. -Yyo. En este momento. Despu‚s no se ha de poder culpar de nada a la pareja imperial.. a la que nos aproximaremos pruden remente. y fundaremos una nueva estirpe. Vas hacia el abismo. ‚sta ser tu futura dignidad. . Soy a£n joven. No. por orden del emperador. Ahora s¢lo es cuesti¢n de esperar una ocasi¢n propicia. Ante el Senado y el pueblo ha de dar la impresi¢n de que todo ha transcurrido por sus cauces normales.¯ Entonces volvi¢ a o¡r la voz de Cal¡gula. Pod¡a fiarse de ‚l. elaboraba sus planes minuciosamente y con prudencia. s¢lo la tenacidad y la paciencia conducen a la meta. aquel hombre no era ning£n cazaforrunas que intentaba deslumbrar¡a con promesas vacias. -Eso est bien.mos que eliminar tres obst culos: a tu esposo. Nevia. -Que tuve que casarme. Entonces tendr¡amos que acompa¤arle los dos. consultar‚ contigo cualquier nimiedad. irrevocablemente. hemos de estar fuera de toda sospecha. Estoy consiguiendo atraer a Macr¢n a mi lado. eso no podr ser 102 103 jam s.. En aquel momento. y cuando sea emperador no me costar m s que un plumazo. -Julia Ennia Nevia Augusta. trat ndose de una persona de casi ochenta a¤os. Macr¢n y yo. querida. un breve rel mpago de clarividencia la deslumbr¢. -Esta ser nuestra meta. Cal¡gula s¢lo quiere cegarre para que le sirvas de instrumento. paciencia y paciencia Las palabras objetivas y sensatas de Cal¡gula volvieron a afirmar la fe de Nevia en el futuro. Yeso a pesar de qr¡e ahora vuelve a senrirse como un jovenzuelo. Fortuna re ha destinado para ser mi esposa. por los tiempos de los tiempos. Nevia.

Cal¡gula esboz¢ una parca sonnsa. o. Esta vez Cal¡gula pensaba realmente lo que estaba diciendo. Tambi‚n yo mantuve una conversaci¢n con el emperador. algo que el emperador considera un secreto entre ‚l y yo. En nuestra £ltima entrevista el emperador me pidi¢ que te espiara. y esto ha de redundar en beneficio de ambos. Nosotros dos lo hemos demostrado. Estoy faltando a mi palabra. Esto demuestra que el emperador desconfia de los dos. Si en el futuro no actuamos de acuerdo. en calidad de futuro emperador. si quieres. y quiero corresponder con la misma franqueza. Cal¡gula mantuvo una conversaci¢n confidencial con Macr¢n -Quiero que sepas una cosa. Cayo C‚sar. No s¢lo existen la suspicacia. Le preocupa tu popularidad entre el pueblo y la tropa. sino tambi‚n la tuya. c¢nsul o gobernador. me emplear‚ a fondo para hacerle apetecible a Tiberio un viaje a Roma. Tienes mi palabra. Teme que el caso Sejano pueda reperirse y toma sus precauciones. Primero quiero hacer constar una cosa: si. Ser s senador. Escucha. pero por ahora s¢lo a ti y a mi. -Entonces. por lealtad mal interpretada. Supongo que imaginas por qu‚ quiere que yo haga esto: empieza a desconfiar de ti. que me fije en tus palabras y en tus actos y que le informe de cualquier detalle por peque¤o que sea. -Yo tambi‚n lo veo as¡. la desconfianza y la perfidia. -Confio en ti. Pero su edad avanzada y su desconfianza patol¢gica le han vuelto ciego para otros aspectos de la naturaleza humana. nimiedades. habla. y t£ lo har s de m¡. -Me alegro de que re hayas dado cuenta. naturalmente. -Te agradezco tu franqueza. pues t£ representas el futuro. la confianza y la sinceridad. C‚sar.Poco despu‚s. podr s ocupar estos cargos uno tras otro. Macr¢n. pues. de que voy a recompensar tu lealtad con generosidad principesca. pero he de hacerlo. Cal¡gula asinti¢ con un movimiento de cabeza. Quiere que busque en Roma tu compa¤¡a. le comunicaras algo de todo esto al emperador. no s¢lo caer mi cabeza. C‚sar. Quiere que te impida pronunciar discursos en p£blico y que re aconseje que te mantengas en un segundo plano y con mayor reserva. y quiere que nos espiemos mutuamente. Y ahora ¨qu‚ propones? ¨Qu‚ hemos de hacer? -Obedecer al emperador. un secreto que te afecta a ti. Yo le informar‚ de ti. Me ha dicho que te hable de esto como si se tratase de mi propia opini¢n. por el futuro de los dos. tambi‚n existen la franqueza. permanecieron vac¡os e inexpresivos ~S¢lo nos afecta a nosotros dos? -Afecta a todo el Imperio romano. Si no lo consiguie- . nos arruinar a ambos. ¨Quieres saberlo o prefieres que me calle? Los ojos peque¤os y hundidos de Macr¢n buscaron la mirada de Cal¡gula como si quisiera comprobar si pod¡a fiarse de ‚l. Pero aquellos ojos fr¡os y severos no revelaban nada. Aparte de esto.

era una manera cara de viajar. Horas antes de la partida se enfrasc¢ en la lectura de su amado Horacio. ya he pensado tambi‚n en esto.ra.¯ -Esto no cambiar nada. transportaban tambi‚n pasajeros.. r¡o y sobrino subieron a un velero r pido perfectamente construido. una comida mejor. pero nadie en el barrio palatino o¡a sus d‚biles y desesperados gritos desde la profundidad de la mazmorra. -~Ysi entretanto el emperador muriera de muerte natural? ¨Son v lidas tambi‚n entonces rus promesas? ®Zorro astuto -pens¢ Cal¡gula-. C‚sar. Quedaba as¡ dictada la sentencia de muerte para Druso C‚sar. -Otra cosa. Ahora s¢lo uno de los hijos de Germ nico segu¡a con vida: Cayo Julio C‚sar Germ nico. desde luego. y el Senado. Pero Cornelio Calvo segu¡a las ense¤anzas de los estoicos. El pr¡nclpe puede morir en cualquier momento. tendr¡amos que encontrar otro camino. -Si. en su mayor¡a. segundog‚nito de Agripina y Germ nico. considerar la posibilidad de que Druso sea su sucesor. aire. En su desesperaci¢n. Druso. ¡omo m¡nimo. La verdad es que los pesados y lentos . y no hab¡a nada que pudiera perturbarle. piensas en todas las posibilidades. ®En tiempos dificiles intenta conservar siempre la serenidad. mi palabra vale para cualquier caso. masticaba la paja de su colch¢n. ¨Es esto viable? -Se podr arreglar. Sabino ard¡a en deseos de que llegara el d¡a de la partida y rezaba diariamente a los dioses para que su r¡o no cayera enfermo o se muriera.. y en tiempos bonacibles un coraz¢n que sepa dominar con sensatez la loca alegr¡a. y si el emperador pregunta por ‚l. Necesitar¡a luz. No hay que Olvidar que es tu hermano mayor.. Esta. ¨Sigue Druso con buena salud? 104 105 -No est demasiado bien. pues la ruta de Grecia la cubr¡an numerosos buques de carga que. Quiero aprovechar la ocasi¢n para recordarte que tu hermano Druso sigue todav¡a encarcelado en la mazmorra palatina. como si ya estuviera muerto. Macr¢n hizo eliminar en silencio su cad ver y los guardianes fueron ascendidos y trasladados a provincias lejanas.. pero habr¡a que resolver este asunto de un modo o de otro. dices justamente que acaba de morir. Hasta ahora el emperador no ha dictado ninguna disposici¢n. llamado Cal¡gula. Despu‚s cambias la guardia. Que sus guardianes lo omitan en el reparto de la comida. hambriento. -Olvidaos de ‚l sencillamente. Pero Calvo dec¡a que no quer¡a dormir junto a unas apestosas nforas de aceite y fardos de pescado salado.¯ En compa¤¡a de tres criados.

junto al muro del puerto. los ligeros veleros iban de puerto en puerto. mientras que Sabino permanec¡a en cubierta con otros viajeros. aunque el viaje se prolongue un poco. quien quisiera. Ah¡ se extend¡an toldos por la ma¤ana. En esta ‚poca sol¡an soplar los vientos esresios o del norte. En esta ‚poca. cogio dos patas del toro y desapareci¢. pod¡a pasar a cubierto las horas de sol hasta la ca¡da de la tarde. el mar j¢nico es tan pac¡fico como el lago Nemi en un . Sabino. donde fueron quemados. y salieron despu‚s por tres o cuatro d¡as a mar abierto. otros se pasaban el d¡a entero en cubierta. -Es poco probable que en mayo nos sorprenda una tempestad. como llamaban a los augurios. de construcci¢n ligera. y tuvo que quirarse de encima a un par de prostitutas medio adormiladas que lo agarraron de la toga en su camino de regreso. por motivos de seguridad. entre ellos tambi‚n algunas mujeres. Murmur¢ algo sobre buenas omina.cargueros tomaban una ruta directa por mar abierto. sentados en silencio mirando al mar. Calvo ten¡a en la vieja ciudad griega un buen amigo. S¢lo Calvo permaneci¢ sereno. con sus amplias columnatas. y Sabino abandon¢ con su t¡o el barco. nadie hab¡a estornudado al subir al barco ni tampoco se hab¡a posado ninguna corneja ni ninguna urraca en el m stil o en la vela. de modo que. alz¢ la mirada hasta los frontispicios de los enormes templos. Pasaron la noche siguiente en Mesiana. pues el gubernator s¢lo se hac¡a cargo del transporte. en cuya casa pasaron la noche. de modo que el barco avanzaba r pidamente. Por suerte. mientras que. Antes incluso de caer la noche atracaron en N poles. Un d¡a soleado y ventoso de mediados de mayo partieron de Ostia. lo dem s no le incumb¡a. y los viajeros pod¡an dormir y cenar en tierra casi todos los d¡as. Visit¢ el magn¡fico Forum. todo el mundo esperaba esta parte del viaje con preocupaci¢n. emprend¡an el viaje a Epidauro. los pulmones y el coraz¢n y los llevaba al ara de los sacrificios. junto al estrecho de Sicilia. Calvo se hab¡a asegurado una de las tres cabinas. y los pasajeros. Algunos apenas pod¡an caminar. Sabino se hizo despertar media hora antes del amanecer y aprovech¢ el tiempo del alba para dar una apresurada vuelta por la ciudad. Hab¡a muchos otros malos presagios posibles. pues poco despu‚s de la salida del sol continuar¡a el viaje. pues el velero. El sacerdote cortaba a machetazos con ayuda de un auxiliar el h¡gado. y hubiera sido necesario realizar una nueva ofrenda. ya lo ver s. Catorce viajeros ricos y elegantes. -Y esto tiene sus ventajas. De esta ofrenda se hicieron cargo a partes iguales el gubernator o capit n del buque. De lo contrario. Todos iban acompa¤ados por tres o m s criados que se ocupaban de la comida y de las bebidas. de modo que s¢lo se viajaba de d¡a. no sin antes haber ofrendado por la ma¤ana un toro a Neptuno. y los supersticiosos marineros comprobaban estrictamente que ninguno se manifesrara. no estaba en condiciones de hacer frente a las fuertes tempestades como pod¡a hacerlo un pesado carguero. el viaje se habr¡a aplazado.

e hizo ver que no sab¡a nada. Pero desde entonces la ciudad hab¡a iniciado un florecimiento notable. en £ltimo t‚rmino. especialmente el Forum con la vasta Bas¡licaJulia. Corinto debe su riqueza en gran parte a los dos puertos y al diolkos. con lo que Sabino se reconc¡li¢ con la poblaci¢n. en definitiva. Entretanto vamos a aprovechar el tiempo para hacerle una visita al viejo Corinto. una v¡a deslizante que llevaba de un puerto al otro. adem s. sobre el diolkos. hac¡a mucho tiempo que el ®viejo Corinto¯ del que hablaba Calvo hab¡a dejado de existir. la bella isla citada por Homero. Ciento ochenta a¤os antes. Pero Sabino se sent¡a decepcionado. contemplando siempre las ori106 107 l¡as a ambos lados. No obstante. y. pero Julio C‚sar la reconstruy¢. y sobre ellos se movi¢ el barco. Pero no quiso quitarle la ilusi¢n. A partir de all¡. -Lo £nico que nuestros piadosos legionarios han dejado en pie es el antiguo templo dedicado a Apolo -dijo Calvo. Arrastaron al velero a una fina ranura donde sujetaron unos barrotes de hierro a la quilla como si fueran patines de trineo. Calvo observ¢: -Se dice que. En el otro lado se halla Cencreas. En la tarde del tercer d¡a apareci¢ Zanre. creo que en ning£n lugar existe nada parecido. Las tasas por su utilizaci¢n eran muy elevadas. y desde all¡ continuaremos nuestro viaje a Epidauro. Sabino supo en seguida a qu‚ se refer¡a su r¡o. Naturalmente. era una forma de griego que apenas entend¡a.tranquilo d¡a de verano. Calvo dijo: -Pronto vas a experimentar una sensaci¢n muy extra¤a. Corinto hubiera sido una ciudad griega. Y Calvo ten¡a raz¢n. Y. Cuando avistaron el puerto de Lequea. el viaje ya s¢lo era un paseo a trav‚s del estrecho de Corinto. un edificio dedicado a sede del tribunal que databa de los tiempos del emperador Augusto. originariamente. los romanos hab¡an destruido completamente la ciudad. Por lo dem s un fuerte viento no nos vendr¡a nada mal. pasaron a£n unas cuantas horas hasta que unas docenas de pesados bueyes de carga fueron uncidos ante el barco. porque acortar¡a nuestro viaje. Sin embargo. que antes hab¡a sido descargado completamente. pese a que sabia leer a Homero y Safo en su lengua original. la gente en la calle hablaba en griego. Nada recordaba que. -Es un griego muy extra¤o el que habla la gente de aqu¡ -mamfesr¢ Sabino. Calvo se ech¢ a re¡r: . Sin embargo. pues los ge¢grafos lo hab¡an descrito reiteradamente. era la primera vez que lo ve¡a con sus propios ojos. Todo parec¡a tan romano.

pues ptontO el barco lleg¢ a Cencreas. S¢focles o Esquilo. Son consejeros municipales yjam s permitir¡an la apertura del canal. porque lo exige el bienestar de todos. no plantear¡a ning£n problema tecnico. Ahora. Hasta ahora le ha ido muy bien asi. Los sirvientes volvieron a cargar el equipaje. se sinti¢ desanimado. Desde hac¡a cuatro o cinco siglos era un lugar consagrado a Apolo y a Esculapio que era visitado por enfermos de todo el mundo por sus milagrosas curaciones. alg£n d¡a se har -dijo Sabino-. Los propietarios de los almacenes y de las tiendas de los puerros son ricos y. Cornelio Sabino se sent¡a decepcionado por el desarrollo del viaje hasta aquel momento. un paseo por Roma le parec¡a m s excitante que el viaje a Epidauro. No obstante. Cuando se dirig¡an al santuario montados en mulos y Sabino se vio rodeado de viejos. Cornelio Calvo sonri¢ al escuchar las palabras de su sobrino. Estaba situado en la costa este de la Arg¢lida. -Alg£n d¡a. Calculo que tendr¡a unas cuatro millas de longitud. que concediera una r pida 108 109 .-Por tus labios habla el hijo de un editor. El Imperio romano no se inmiscuye nunca en los asuntos internos de las ciudades griegas. Desde luego. el puerro del lado oriental del istmo donde fue botado de nuevo al agua. pues el diolkosy los dos puerros son una constante fuente de dinero. con una jaculatoria a Esculapio. influyentes. tienes raz¢n. cualquier corintio medianamente culto entender tu griego. y todos continuaron viaje. -Y. que ten¡a una verdadera tarea y una vida a pleno placer. -Para vosotros. Con nostalgia pens¢ en su amigo Querea. Ellos hablan de cosas cotidianas. No tuvieron mucho tiempo para vagar por la ciudad. todos enfermos y achacosos. S¢lo hay que querer. sin embargo. los j¢venes. y ya est . El viaje a Epidauro s¢lo dur¢ unas horas. el idioma se va empobreciendo y se convierte en dialecto que. ciertamente. con ello. Implor¢. nada es un problema. pero unas cuantas millas tierra adentro. con el tiempo. y. Pero ¨qui‚n lo va a pagar? Corinto no ve motivo para ello. pero ahora se le antojaba igual que cuando en Roma se sub¡a a una silla de manos y se hacia llevar al Forum o al Campo de Marte. Lo hab¡a imaginado m s variado y lleno de aventuras. tiene tambi‚n sus propias reglas. No me parece que plantee ning£n problema de importancia. No has de olvidar que estas gentes de la calle no hablan como Homero. -Hubiera sido m s sencillo construir un canal entre ambos puertos. no obstante.

un caleno o un sorrento. un faustino. C¢mo se retorc¡an! C¢mo temblaban en espera de cada una de sus cartas! Se calumniaban. No ten¡a trastornos serios. pero notaba sus sentidos cada vez m s embotados. A Cayo C‚sar. siempre lo hab¡a sido. Poco despu‚s. lo consideraba perfectamente capaz de una traici¢n. nada era capaz de regalar su paladar. Tiberio lo prob¢ e hizo una mueca. Segu¡a conservando a sus spint¤ae. un soldado leal que no hacia otra cosa que cumplir con su deber. y su sentido del gusto hab¡a disminuido hasta tal punto que apenas distingu¡a ya los alimentos y las bebidas. Los informes de estos espias tampoco aportaron ninguna novedad. en cambio. Llevaba d¡as pensando en c¢mo podr¡a atraer a los dos a una trampa. acusaban y se incriminaban mutuamente. parec¡a que nada pod¡a con su f‚rrea salud. Otra vez volv¡a Tiberio a sentir sus anos como una pesada carga. a veces el castigo alcanzaba al calumniador. Ve¡a y o¡a mal. sus rezos imploraban lo contrario. pero sus apetencias eran tan escasas que hab¡an pasado ya algr¡nas semanas sin que los hubiera ido a ver. y con sus palabras asust¢ al sirviente que tra¡a lajarra de vino. El emperador se ri¢ maliciosamente para sus adentros. todos ten¡an para ‚l el mismo aroma. Adem s. Pero todo ocurri¢ de un modo muy distinto a como Sabino hab¡a imaginado. no tra¡an informes negativos el uno sobre el otro. Pero ‚l ten¡a que ser m s listo. po¡¡o o ternera. -¨Qu‚ es esto? -El vino.curaci¢n a su r¡o para que as¡ la estancia en Epidauro fuera lo m s breve posible. Tr eme otro! ~Un sorrenro! El emperador empezaba a desconfiar en vista de que Cayo y Macr¢n. que deb¡an vigilarse mutuamente. y Macr¢n result¢ ser un excelente cazador. un falerno. Bien fuera cerdo. el vino que mandaste traer. Pero ocurr¡a como con la hidra: en cuanto se cortaba una cabeza. -El bodeguero parece haber abierto la espita de un barril de vinagre. cosa que para Tiberio era prueba de que Cayo y Macr¢n se comportaban con gran habilidad. cordero. se¤or. ATendr que esperar a£n mucho tiempo! Estoy sano como un . Su £nico placer consist¡a en la caza de delincuentes de lesa majestad. Pero tal vez Macr¢n era realmente inocente. Ycon la comida ocurr¡a lo propio. todo sabia igual. y envi¢ a dos espias para vigilarlos. -Pero siempre alcanza a quien lo merece! -dijo el emperador en voz alta. hacia ya a¤os que estaba a la espera de su muerte. Se despert¢ inmediatamente su recelo. pues cada d¡a que pasaba aqu¡ le parec¡a un regalo del alado mensajero del amor. hijo de Venus y de Marte. otras al inculpado. porque ahora estaba absolutamente convencido de que se tra¡an algo entre manos. volv¡an a crecer inmediatamente otras dos. Daba lo mismo que bebiera vino r‚rico. desde hacia unos meses era pr cticamente impotente.

La idea le entusiasm¢. y cambiarlos por hombres honrados. pero ¨d¢nde hay gente as¡? Apenas tienen un cargo.jovenzuelo. Cal¡gula va a dar saltos de alegr¡a.. ¨Qu‚ hacer? ¨Qu‚ hacer? Entonces apareci¢ ante ‚l la soluci¢n como un rel mpago. Luego hizo llamar a Trasilo. Ir a Roma! Ten¡a que ir inmediatamente a Roma. -Amigo miv. un viaje? -balbuce¢. y ya quieren m s. Ir a Roma! Aquel era exactamente el momento adecuado. -Voy a Roma para ver si todo est en orden. ¨Ser que todo el Senado se ha puesto ya de parte de Cayo y de sus partidarios?¯ Tiberio empez¢ a temblar y sinti¢ que se apoderaba de ‚l un temor g‚lido.¯ Pero inmediatamente consider¢ que este pensamiento era indecoroso. Ahora llega nuestra hora. ¨Estar¡an ya los asesinos de camino? Bebi¢ r pidamente tres copas del sorrenro y comprob¢ que tambi‚n ‚ste sabia a vinagre. He ido aplazando el viaje durante mucho tiempo. La sorpresa de Trasilo fue tan grande que no pudo articular palabra. -As¡ se har . -Y haz que Cayo venga de Roma! Durante el viaje quiero teneros a los dos a mi lado. pero suspirar de alivio. ¨Hab‚is olvidado vosotros que despu‚s del incendio del Mons Caelius indemnic‚ a todos los afectados de mi propio bolsillo? Vuestro emperador est siempre a vuestro servicio cuando lo necesit is¯. -Una buena idea. con Macr¢n y Cayo incluidos. pero ahora ha llegado el momento.. pens¢ Tiberio satisfecho. As¡ hablar¡a al pueblo. ®Si no hubiera hecho siempre lo adecuado en el momento adecuado. ya no estar¡a vivo¯. Seguramente le apetecer¡a una conversaci¢n erudita. estoy vivo y no os he olvidado. P¤nceps! Trasilo se dio cuenta inmediatamente de que su amigo imperial estaba de excelente humor. apenas les doy mi confianza y ya me enga¤an. ¨Quieres que re acompa¤e? 110 111 -Naturalmente! No voy a viajar sin mi astr¢logo. Astrologus! . Luego hizo llamar a Macr¢n y le dio instrucciones. Quiz seria mejor enviar al Averno a toda la corte. echa tu sabia mirada al cielo y dime si los pr¢ximos d¡as son favorables para un viaje. para presentarse luego ante el Senado y exigir responsabilidades. imperator! ®Al fin -pens¢ Macr¢n con alivio-. -Salve. Tiberio asinti¢ alegremente. En seguida me pongo a trabajar. yo. se¤or. -¨Un.. Entonces no tardar¡an los lobos en separarse de las ovejas. Un Cayo C‚sar no da ning£n salto de alegr¡a. al fin se pone en marcha y deja este lugar. mostrarse ante el pueblo y gritar: ¯Aqui estoy. vuestro emperador y se¤or.Salve. .

Pero ahora mostraba mucha prisa. -Al fin. animalo con palabras convincentes! Es la gran ocasi¢n. y Cal¡gula se limitaba a breves visitas de cortes¡a en largos intervalos. Vigilaba personalmente los preparativos y dio una serie de ¢rdenes in£tiles y superfluas de las que luego ni se acordaba.En Roma. pero con quien no quer¡a indisponerse antes de haber alcanzado su mera. pero ante las puertas de la ciudad dio la vuelta. Para su esposa. con seguridad. El mismo le daba de comer lagartos y ratones y cuidaha minuciosamente su bienestar. C‚sar! Est completamente decidido a 1 emprender el viaje. Trasilo le hab¡a regalado aquella v¡bora que ‚l mimaba y amaba como mascota. Nadie contaba ya con que abandonara Capri dada su avanzada edad. Cayo C‚sar. no habr ninguna mejor. -Caben todas las posibilidades. Estuvo a punto de dar un salto de alegr¡a. Tiberio asinti¢ impaciente. re acompa¤o inmediatamente en el viaje de vuelta. pero la visitaba cada vez con menor frecuencia. Es una ‚poca neutra y. Ya estaba a punto de perder la paciencia. -Est bien. Y aqu¡ le encontr¢ el mensajero llegado de Capr¡. que tambi‚n le aburr¡a desde hacia tiempo. Tras la boda se hab¡a acostado un par de veces con ella. Le ley¢ las breves l¡neas de Macr¢n: ®El emperador desea tu presencia. sin explicar sus motivos. Tambi‚n yo tendr‚ el honor de acompa¤arle con un destacamento¯. Aparte de un £nico intento. Macr¢n lo atrajo hacia un rinc¢n. Claudia estaba embarazada. Ahora. En sus c lculos astrol¢gicos. En voz baja le dijo: -Ha llegado el momento. -Y no olvid‚is la Vipera! No puedo viajar sin ella. aunque tampoco nada indicaba que la ‚poca fuera especialmente favorable para viajar. Estaba tan decidido a partir que una informaci¢n desfavorable tampoco le habr¡a impedido realizar el viaje. Cal¡gula encontr¢ la Villa Jovis completamente alborotada. Cal¡gula resid¡a siempre en la Domus Augustiana. Junia Claudia. Si dudara. cumpliendo un deber y sin gran deseo. se¤or. Tambi‚n en aquella ocasi¢n el destino iba a ser Roma. Cuando lleg¢ Cal¡gula. al fin. el emperador jam s hab¡a abandonado la isla. Pasaba la mayor parre de su tiempo con Ennia Nevia. Macr¢n. . hab¡a hecho ampliar y arreglar un ala. no hay ning£n motivo para aplazar el viaje. Trasilo no hab¡a descubierto ning£n peligro. pues quiere hacer un viaje a Roma. pero no pod¡a descubrirse ante el mensajero. pues sus hermanas hab¡an abandonado la casa tras contraer matrimonio.

®Desde hace a¤os el pueblo est deseando que revientes de una vez¯. -Aunque llegara a Roma. -Realmente. naturalmente. -Me parece que lo mejor es que no hagamos ning£n plan. el emperador era odiado por igual por el Senado. All¡ tiene el Senado a sus pies y todo se complicar¡a mucho m s. es ya hora. el pue- . Aquella ma¤ana el emperador estuvo a punto de perder por completo sus ganas de viajar. El viaje durar varios d¡as. Macr¢n. almirante. pero el sol ten¡a ya suficiente fuerza para calentar el aire fresco. -Otra cosa m s: de ning£n modo debe llegar a Roma. no voy a correr este riesgo. Pero no me quedar‚ all¡. anunci¢ que la flota imperial estaba lista para hacerse a la mar. No quiero ser tenido por ladr¢n del trono. profundamente azul y algo agitado. realmente es ya hora. Nosotros. pero. Ha llegado el momento. El mar. -Te implorar n que te quedes por m s tiempo. Macr¢n asinti¢. De todas formas. A la ma¤ana siguiente. -Sin duda tienes raz¢n. eres t£ quien debe tomar la decisi¢n. Macr¢n le cort¢ con un adem n. y se arrepinti¢ de su decisi¢n juzg ndola precipitada. refulg¡a bajo el sol matinal como ba¤ado en oro. el Praefectus Classis. amigos m¡os. seria algo que pesar¡a sobre mi futura dignidad. no deb‚is darle esperanzas al pueblo en este sent¡112 113 do. en cualquier situaci¢n? -Tienes mi palabra. su nimo volvi¢ a alegrarse. al pisar los tablones del barco. Cuando Cayo y Macr¢n se acercaron a ‚l dici‚ndole que en toda Roma reinaba un nimo festivo y que su llegada se convertir¡a en un d¡a de fiesta. los soldados. El pueblo lo odia tanto que te elevar¡an a emperador en plena calle si as¡ lo quisieras. y levant¢ las manos como lament ndose. -Estoy de acuerdo. Entretanto. -No. ¨Verdad que puedo contar contigo. siempre confiamos demasiado en nuestras armas. Cal¡gula asinti¢. Yyo re apoyar¡a con mis hombres. Todo tiene que hacerse en secreto. Aquel fr¡o d¡a de marzo soplaba un viento fuerte del norte. Macr¢n y Cal¡gula llevaban meses preparando la situaci¢n. el Senado se alegrar de que me vuelva a Capri tras una breve estancia en Roma.Macr¢n ech¢ una mirada cautelosa a su alrededor. En Roma. -A pesar de todo es la decisi¢n adecuada -murmur¢ Tiberio. Macr¢n. pens¢ Cal¡gula. y ya encontraremos la ocasi¢n m s propicia.

blo y el ej‚rcito. Entre nosotros. Ambas cosas cuestan dinero. espejo de avaros. por otra. constantemente amenazados por nuevos procesos de lesa majestad. Lo garantiza Cayo C‚sar. Casio Querea ten¡a otro motivo m s para sentirse impaciente. con el total consentimiento de Cayo C‚sar. -Salve. al fin y al cabo. Tu expediente es intachable. Por una parre. como hab¡a sido costumbre en la ‚poca de Augusto. Mi honor de soldado me proh¡be decir nada m s sobre este punto. denegaba en una orden expresa la retirada de los veteranos antes de haber cumplido los cincuenta y cinco a¤os. porque quer¡a ahorrarse las indemnizaciones que hab¡a que pagar. pregunt¢ cort‚smente a su superior si se le reprochaba algo o si hab¡a alguna otra cosa que objetar contra ‚l. y. ¨verdad? -Si. Senado y ej‚rcito esperaban impacientes la muerte de aquel viejo asqueroso. s¢lo a rega¤adientes confirma las jubilaciones y los ascensos. Macr¢n alimenr¢ con habilidad el creciente descontento. Aquel emperador. muy al contrario de su sobrino y presunto sucesor Cayo C‚sar. Era un consuelo. que llevaba ya cuatro a¤os esperando su ascenso. prefecto! -No obstante. Hab¡a pedido un cr‚dito de elevada cuantia para. El emperador es un hombre ahorrativo. Tiberio no iba a vivir eternamente. Praefectus! -No re puedo tomar a mal. ni repart¡a regalos ni organizaba combates de animales ni luchas de gladiadores. y ‚ste es un tema delicado para nuestro imp erator. Centuria! Querea se puso firme. Querea: Hoy mismo re ascender¡a a tribuno. y t£ sabes muy bien cu n pr¢ximo se siente a las tropas. que est‚s descontento. lo comprendes. Los senadores. Tampoco se celebraban desfiles suntuosos o cualquier tipo de fiestas presididas personalmente por el emperador. Querea. al fin. -Salve. pues. que permanec¡a aposentado en Capr¡ como un sapo adiposo sin mostrar la menor disposici¢n a renunciar a su cargo. y pronto corri¢ la voz de que el viejo emperador ya no sent¡a ning£n inter‚s por su ej‚rcito. pero las disposiciones del emperador son contrarias. As¡. centuria. puedo darte la seguridad de que t£ y varios otros ser‚is ascendidos inmediatamente tras el fallecimiento del emperador. se deb¡a a varios motivos. por cierro. poderse trasladar . Era como si no existiera aquel viejo ro¤oso. y. y el pueblo estaba cansado de un soberano que no hacia ni lo m s m¡nimo para divertirlo. Las mismas esperanzas que Macr¢n hab¡a dado al centuri¢n Querea se las dio tambi‚n a muchos otros. desde hacia ya a¤os que no se repart¡an legados. El que entretanto se hubiera hecho ran~ibi‚n impopular entre el ej‚rcito. Ya comprobamos tu caso el a¤o pasado. Casio Querea. ten¡an sus buenos motivos para sentir aversi¢n por el emperador. y tambi‚n se hizo anotar en ‚l que has aprendido a leer y escribir perfectamente. y a ellas hemos de atener nos. pueblo. Macr¢n lo hizo llamar.

hab¡a tenido lugar el traslado. hab¡a provocado que el mar estuviera muy agitado. de todas formas. no consideraba digno de ‚l utilizar un simple velero. el £ltimo asentamiento de este pueblo que hab¡a aceptado la sumisi¢n a la soberan¡a romana. y los mascarones de sus barcos se expon¡an todav¡a en el Forum. ten¡a letrina propia. Bajo el emperador Augusto. Se trataba de Ancio. pues los volscos fueron vencidos en una batalla naval. la peque¤a ciudad mar¡tima se hab¡a ido convirtiendo en un apreciado lugar de residencia estival de los ricos y elegantes romanos. fundada por los volscos y. Su alegr¡a y la de sus hijos compensaba a Querea de las preocupaciones que el cr‚dito le provocaban. no agradaban los viajes en barco. Entretanto. veinticinco a¤os antes hab¡a venido al mundo . una de las m s hermosas pertenec¡a a la familia imperial Julia Claudia. pues odiaba la curiosidad del populacho y le repugnaban las aglomeraciones y el gent¡o. gracias a una disposici¢n imperial. Pero era una vida completamente distinta. Cualquier escolar conoc¡a su nombre. adornado profusamente con tallas y dorados. Por otra parte.orden¢ que atracaran en el pr¢ximo puerro. por cierro. los intereses no eran demasiado elevados. En la vela p£rpura estaba bordada la loba romana con hilos de oro. Su nave de Estado era un hermoso trirreme. 114 115 Ix El emperador Tiberio no quiso que su viaje llamara la atenci¢n. en los que iban pretorianos. La casa estaba conectada con un acueducto. adem s de algunas lechugas y otras verduras. y Marc¡a se sent¡a muy orgullosa de la peque¤a casita en el Trast‚vere. Cicer¢n. Aqu¡. L£culo y Mecenas ten¡an aqu¡ suntuosas villas. Cuatro veleros r pidos. por lo que Tiberio -a quien.del bloque de viviendas de alquiler a una casa propia. El fuerte viento. acompa¤aban al pomposo barco imperial. que soplaba ya desde hacia d¡as. y Marc¡a pod¡a cultivar en su propio huerto sus hierbas de cocina. la antiqu¡sima ciudad. pero todo el mundo hab¡a olvidado ya que esta ventaja se deb¡a al odiado imperator. aunque el huerto fuera m¡nimo y las deudas tan elevadas que Querea ten¡a a veces la sensaci¢n de estar oyendo crujir los cabrios bajo su carga. Ciertamente.

e intentaba disimularlo con bromas lastimosas. Pero no quer¡a que se notara su estado. encorvado. Conven¡a disponer de varios testigos de confianza que podr¡an atestiguar m s adelante el mal estado de salud del emperador. salieron al jard¡n y se alejaron hasta un lugar donde nadie pudiera o¡rles. -Se trata de una estancia breve e imprevista. ‚l mismo se llen¢ la copa de vino. El emperador no se encuentra bien.Cayo C‚sar. 116 Cal¡gula pregunt¢ preocupado: -¨Quieres descansar un poco aqu¡. Luego fue a buscar a Macr¢n. abandon¢ el barco. y lo consigui¢ sin que apenas le temblara la mano. -Ya es la cuarta copa -le advirti¢ Candes-. . pero Cal¡gula lo tranquiliz¢. El viejo esboz¢ una ancha sonrisa. Al mayordomo de la villa imperial se le cay¢ el cielo encima al ver llegar al emperador con su s‚quito. Nada estaba preparado. y ahora consideraba un buen presagio el que atracaran en este lugar. Tiberio se recuper¢ r pidamente y brome¢ con Trasilo y con su m‚dico Candes. -Quiero continuar viaje desde aqu¡ por tierra. y ma¤ana por la ma¤ana partiremos para Roma. pues la confianza de Cayo C‚sar representaba para ‚l un gran honor. para un hombre de casi ochenta a¤os este viaje ha sido demasiado. Cuando ‚ste quiso tomarle el pulso. Trasilo esboz¢ una sonrisa. por simple h bito. * Candes se ech¢ a re¡r. en cambio. p lido y con gotas de sudor perl ndole la frente. Con un vaso de vino. se hab¡a limitado a preparar el terreno. re lo puedo decir: el princeps se encuentra mal. Y no necesito a ning£n m‚dico! Para demostrar lo bien que se encontraba. como viejo sirviente de confianza. quiero recordarte el dicho: Praesente medico nihil nocet. -Pero. honorable padre? Cuando hab¡a otros escuchando. no conviene que nadie lo sepa. y Cal¡gula sigui¢ mirando con fingida preocupaci¢n al emperador. Pasaremos aqu¡ la noche. Quiz deber¡as mostrarte hoy algo m s comedido. vacilante. Cal¡gula. A ti. Por lo dem s. el emperador le increp¢: -No me pasa nada! Ahora me encuentro bastante bien. El emperador se encontraba visiblemente mal. no soporto la agitaci¢n del mar. y una copa de vino jam s me ha hecho da¤o. ¨por qu‚? Me encuentro bien. Pero gu rdalo para ti. y por eso hemos interrumpido aqu¡ el viaje en barco. Apoyado en el brazo de Macr¢n. a Cal¡gula le gustaba dirigirse a su r¡o y abuelo adoptivo con la palabra familiar ®padre¯. para demostrar as¡ su estrecha uni¢n.

Los dioses ~aien advertirme! Esto mismo me ocurrir a mi si entro en Roma. le queda poca vida al emperador. All¡ estaba la v¡bora. Demos la vuelta! Quiero regresar inmediatamente a Cap:. -. de repente. y con las nimeras luces de la ma¤ana subi¢ a una c¢moda silla de manos. Los robustos nubios que portaban la silla de manos corr¡an al troav se turnaban de trecho en trecho. Cree que la recuperaci¢n es s¢lo apar~nr. ma¤ana onhauaremos viaje a Roma. Volvamos ahora mismo! l¡gula y Macr¢n se miraron.D¢nde est mi Vipera? Hace ya d¡as que no le he dado de coraeTraedme la cesta! Iii cesta en que guardaba a la serpiente se encontraba perdida mt: el equipaje. Ninguno de los dos se sent¡a des- . labian llegado a la V¡a Apia y pasaban en aquel instante el s‚ptinnrrniliario cuando. Aun as¡.Esa. adheridas a ella en graales y bulliciosos montones. ireriquilar n. \Jacr¢n iba a caballo junto a la silla de manos y oy¢ un grito contenlo. insisti¢ en continuar viaje. Tiberio la abri¢. nada hace da¤o. -. -lodo saldr bien. el emperador orden¢ que se detnn~ran. nerta. pero a la ma¤ana siguiente se smnircansado y sin fuerzas. -!mperator! S:ape¢ y se inclin¢ sobre la silla de manos. medio devorada ya por las hormigas. pero la encontraron pronto.. hcr¢n rompi¢ a re¡r: -¨Eres supersticioso? ¨T£? No nos queda mucho tiempo. -Ele hablado con Candes.Por qu‚ correr un riesgo si la naturaleza hace el trabajo en nurro lugar? -Acepto tu opini¢n. Tiberio se¤ai el interior de la cesta con mano temblorosa. tiene una naturaleza de caballo. ya lo ver s. Aqu¡ no quiro hace nada. -. 117 j -Vuelve a estar mejor. pues ‚sta es m¡ casa natal. en realidad.Quieres decir que es mejor esperar? -. hasta se olvid¢ de dar de comer a su ~ibca. de modo que la procesi¢n inprrial avanzaba con rapidez. esa es la se¤al! Hade¢ Tiberio.. ~arrfa como ausente y distra¡do. pero mantengo mis dudas. œ1 operador pas¢ la noche tranquilo.. P lido y mudo. excitado-.* En presencia del m‚dico.

pues. Cal¡gula le dijo: -Todos estamos muy contentos de que re sientas mejor. y dijo riendo: -Entonces preparar‚ algunas copas para m¡. y por esto re pido que no pongas de nuevo en peligro tu salud bebiendo vino puro. tal vez necesite tu ayuda.. es ‚poca de lozan¡a y de vida. No quiero y no puedo esperar m s. A Cal¡gula todo aquello le pareci¢ una pesadilla de la que esperaba despertar pronto. Candes dijo a Cal¡gula en voz baja: -Creo que se aproxima el final. pidi¢ que lo llevaran a la cama. Cayo. Con fuerza incre¡ble. Con cari¤osa preocupaci¢n. de modo que el emperador sigui¢ bebiendo sin ninguna preocupaci¢n. l. una peque¤a ciudad de la costa. Pararon en Astura. Pero el viaje por mar le sent¢ tan mal que tuvieron que atracar en una ca¡a y el emperador fue llevado a tierra y alojado en la primera villa que hab¡a en el camino. hasta que el cansancio se apoder¢ de ‚l. venerado padre.. Cal¡gula cogi¢ Lajarra de agua y llen¢ la copa medio vac¡a hasta el borde. Previamente. no quer¡a descender ahora al Averno. Sent¡a p nico quiz de no llegar vivo a Capr¡. el viaje continn¢ por v¡a terrestre. ahora que los d¡as se alargan y los campos recobran su verdor. y subieron todos alu~arcos. Tiberio se aferraba a la vida. lo har‚ solo. Como el emperador se neg¢ a subir a un barco. de ahora en adelante dejar‚ de beberlo puro. No re alejes.® Su f‚rrea voluntad logr¢ lo que Candes hab¡a considerado improbable: Tiberio se recuper¢ tan bien que se tom¢ la decisi¢n de continuar viaje. -Est bien. El emperador los apremiaba. pues. Cal¡gula tom¢ lajarra de agua. ®La primavera no es ‚poca apropiada para morir -pens¢-. L procesi¢n regres¢. a¤ dele agua. sino seguir viendo la luz del sol durante un tiempo mas. a toda prisa a Ancio. Tras haber tomado otras tres copas de vino aguado.conaato por la marcha de los acontecimientos. Como siempre que el emperador se sent¡a mejor. el vino hab¡a sido probado por el degustator. 118 119 . tom¢ tras la cena una copa tras otra de vino puro. Quiz vuelva a recuperarse una vez m s. Le dijo a Macr¢n: -Esto tiene que acabar. El emperador se mostr¢ condescendiente y de excelente humor. pero su tiempo ha terminado. Es s¢lo cuesti¢n de d¡as. Yya tengo un plan. -¨Y en qu‚ consiste? -En principio. sin mezcla. que ya se hab¡a sentido a menudo cansado de su existencia. para pasar all¡ la noche.

a mi no se me habr¡a ocurrido. ®Muy listo -pens¢ con admiraci¢n-. de momento. venerado padre. en consecuencia. donde se hallaba parre de la flora romana. ¨Por qu‚ no se cumplen mis ¢rdenes? -Te has puesto enfermo. se levant¢ y la arroj¢ con todas sus fuerzas. como m ximo. Los herederos del general y gran go'urmet se la hab¡an vendido a la casa imperial. en vano. sabia todo el mundo d¢nde se hallaba. -¨En Asrura? ¨D¢nde est eso? -En la costa. El tercer d¡a se despert¢ por la tarde de un sue¤o ligero y pidi¢ ver a Trasilo. Este hecho. y el viejo imperatorse preparo . Tiberio se recuperaba r pidamente. Ma120 cr¢n. Avanzaron hasta Circe. hablaba a trompicones y a veces parec¡a no saber d¢nde se hallaba. pero ahora vas camino de mejorar. -Candes no es qui‚n para permitir nada! -se encoleriz¢ el emperador-. La siguiente parada fue Miseno. continuaremos viaje. entre Roma y N poles. pero el esfuerzo hab¡a sido excesivo. Aqu¡ el emperador se aloj¢. El emperador estaba cada d¡a m s d‚bil. Le dio a un verraco en el flanco. y le recer¢ descanso absoluto. fue de mal en peor. Candes le pidi¢. ¨verdad? -pregunt¢. Tan pronto como Candes lo permita. Majestad -dijo el sirviente-. y que ahora ‚l mismo se cuidaba de eliminar las pruebas. de modo que Tiberio resid¡a ahora en su propia casa. Candes le administraba reconstituyentes.¯ Aquella noche Tiberio se puso gravemente enfermo y. Cal¡gula y Macr¢n no perd¡an de vista al emperador.El perspicaz Macr¢n se dio cuenta en seguida de que Cal¡gula hab¡a utilizado el agua para su crimen. que no se sometiera a semejante esfuerzo. -¨Y por qu‚ no estamos a£n all¡? Yo di la orden de regresar. Con un gemido de dolor. como comprob¢ de inmediato el m‚dico. Cuando celebraban combates con animales y los hombres luchaban contra los jabal¡es. y all¡ el emperador se encontraba tan restablecido que quiso asistir a unas competiciones de los pretorianos organizadas en su honor. Trasilo y Candes. El emperador le mir¢ sin comprender. Ma¤ana seguir‚ viaje! Ma¤ana mismo! Yasi sucedi¢. situado a una distancia de un d¡a. a Tiberio se le meti¢ en la cabeza tener que demostrar que estaba sano y con vida. no se pod¡a pensar en continuar viaje. el emperador pidi¢ una lanza. en la suntuosa villa de L£culo. seguimos todav¡a en Astura. en compa¤¡a de Cal¡gula. l¡vido como un muerto y con el pulso aceleradisimo. de Capri -dijo Cal¡gula. A partir de este momento. y la circunstancia de que s¢lo le separaba de Capr¡ un corto viaje por mar. Ahora que en toda la costa. cay¢ en su sill¢n. y ya no ten¡a prisa por volver. -Ya estamos en Capr¡. pero segu¡a d‚bil. aumentaron su sensaci¢n de seguridad. -No.

-Este es el final -dijo Candes. beb¡a much¡simo. y le orden¢ reposo absoluto. desped¡a a cada uno de los invitados de pie. como petrificado. el moribundo empez¢ a respirar fatigosamente y a mostrarse inquieto. Durante los simposios enga¤¢ a sus hu‚spedes haciendo ver que com¡a con buen apetito. Tiberio abri¢ de repente los ojos y. con voz d‚bil. . -~Devu‚lveme el anillo! Todav¡a no es tuyo.para representar su £ltimo papel ante el mundo. Como si hubiera sentido que con este acto simb¢licamente se le quitaba su poder. Al s‚ptimo d¡a ya no pod¡a levantarse de su lecho sin ayuda de alguien. y Cal¡gula consigui¢ varias veces administrarle con el agua algo del veneno de efecto lento. Los criados ten¡an que sostenerlo y. En aquel momento se abri¢ la puerta y un sirviente quiso entrar. cogi¢ una almohada y la apret¢ contra la cara del emperador. Inmediatamente. pero claramente perceptibles. ardiendo de fiebre. El mensaje dec¡a que el emperador. que permanec¡a de pie.. Recib¡a delegaciones de las ciudades circundantes y casi todas las noches daba cenas en las que. Cal¡gula le hizo retroceder de un empell¢n y grit¢ a los pretorianos que hac¡an guardia fuera: -Matad inmediatamente a este hombre! Quiso robarle al emperador. llam¢ a su sirviente. pero todos pod¡an ver que apenas probaba bocado. Por la tarde. 121 J Macr¢n rerir¢ la almohada y conrempl¢.. Luego cerr¢ cuidadosamente sus ojos a£n medio abiertos. o conjuntamente con Macr¢n. Tiberio a£n bebi¢ dos copas de vino. basta ya! Con pasos r pidos. -Ahora. Pas¢ una noche inquieta. Cal¡gula velaba junto a su cama. con una sonrisa fingida. Por la noche. Cal¡gula hizo un gesto afirmativo en direcci¢n a Macr¢n y quit¢ su sello del dedo del emperador. coment¢ que ya se sab¡a que los huesos de un viejo son algo d‚biles. Candes comprob¢ que ten¡a una fiebre muy alta. Cayo C‚sar. Entonces sus ojos empa¤ados por la fiebre reconocieron a su sobrino. Pero el emperador segu¡a todav¡a con vida. Estas palabras no eran m s que un susurro. En cambio. con el anillo en la mano. el prefecto se acerc¢ a la cama. le hab¡a nombrado sucesor a ‚l. siguiendo la tradici¢n. Turn ndose. tambi‚n Macr¢n las hab¡a o¡do. y hacia la madrugada cay¢ en un sue¤o similar a la muerte. en su lecho de muerte. aquel rostro hundido y desfigurado por los eccemas. Cal¡gula hizo enviar correos r pidos a Roma y a los legados de las diferentes legiones. moviendo negativamente la cabeza.

tal como todos dese bamos y esper bamos. y no a los que han sido denunciados. Y despu‚s se rompi¢ la disciplina militar. siendo ya emperador. En el futuro. una larga vida le sea dada a nuestro Cal¡gula! Finalmente exclamaron todos: -Vivat Cal¡gula! Vivat Cal¡g'u la! No le molesr¢ que ahora. el difunto emperador Tiberio. a quienes se perseguir en primer lugar. donde yac¡a a£n el cad ver del sirviente asesinado. el de las peque¤as c ligas. -Se har inmediatamente. esto se ha acabado. el emperador volver a residir en Roma. y en sus ojos fijos y fr¡os apareci¢ algo de vida. En su £ltima hora nombr¢ sucesor a Cayo Julio C‚sar. Durante los £ltimos a¤os ya no le fue dado administrar la herencia de Augusto de acuerdo con la voluntad de ‚ste. prefecto. Sali¢ fuera. que los dioses lo acojan con clemencia. ~Quirad de en medio esta basura! Despu‚s. Tal vez. Creo que lo mejor seria que hicieras que rus pretorianos juraran fidelidad al nuevo emperador. en nombre del Senado y del pueblo de Roma! -juramos! -resonaron las voces. y pens¢ que no estaba mal que continuaran d ndole ese nombre. amigos m¡os! De ahora en adelante. La tensi¢n de tantos d¡as hab¡a desaparecido del rostro de Cal¡gula. Disfrut is del privilegio de ser los primeros en jurarle lealtad. Hubo errores e injusticias. y ser a ellos. Lo consideraba un apelativo de honor. -El emperador Tiberio ha muerto. por J£piter y Marte. Por los manes de Tiberio. y dicho sea con respeto. los denunciantes ser n tratados como si fueran delincuentes. ~Amigos m¡os! Ciudadanos del Imperio romano! Los dioses han concedido una edad avanzada a mi venerado r¡o. Cal¡gula pronunci¢ uno de sus discursos espont neos. Macr¢n exclam¢: Atenci¢n! Todos se pusieron firmes y dirigieron sus miradas a su nuevo senor. y llevaba el sello en el ¡ndice. como exige de un . de lo pasado vamos a olvidarnos. y de tiempo en tiempo rendir las necesarias cuentas ante el Senado.-Ave Imperator GajusJulius CaesarAugustus! -salud¢ al nuevo emperador. -Gracias. -Salve. Ante ellos. Ahora. Se hab¡a colocado la toga de p£rpura de su r¡o. Pero esto regir s¢lo para el futuro. junto a su pueblo. emperador Cayo C‚sar. todos lo sabemos. imperator. otorgado por legionarios en el campamento. Durante los siguientes d¡as llegaron mensajeros y felicitaciones de rodos los puntos del Imperio. siguieran llam ndole por el viejo apodo de Gal¡gu la. espada en alto. Macr¢n asinti¢. incluso una edad demasiado avanzada. que todos los pretorianos formen fuera en filas! Cal¡gula sali¢ entonces de la casa.

mu¤equiro. Cal¡gula. se volvi¢ ben‚volo y justo. A ‚l. y sent¡a c¢mo estos prop¢sitos convert¡an en calor su vacio interior y su dureza. S¢lo era temido y odiado. ®Deber¡a haber enviado antes al viejo al Averno -pens¢ Cal¡gula-. Eran palabras que correspond¡an a lo que realmente sent¡a Cal¡gula. se notaba en su rostro y en sus gestos c¢mo gozaba con las aclamaciones de la multitud. con los condenados! Arrojad su cad ver a las Gemonias! Todos esperaban con ardiente impaciencia la llegada del joven emperador que. aparre del ya popular Cal¡gula. gallito. En su fuero interno se alegraba de que nadie pareciera apenado por la muerte de su antecesor. e intentaba emular su vida y sus actos. sino una alegr¡a general. Juntos acompa¤aremos al difunto Tiberio a Roma. Este cortejo f£nebre se convirti¢ en una marcha triunfal para Cal¡gula. Sus palabras se vieron recompensadas por una entusiasta aprobaci¢n.¯ . no suscir¢ tristeza ni mucho menos. durante aquellos d¡as ten¡a la sincera intenci¢n de interpretarlo bien. Hac¡a ya mucho tiempo que Tiberio hab¡a dejado de tener amigos y seguidores. Se ve¡a ahora como sucesor directo del gran Augusto. No fue consciente de que tambi‚n esta vez estaba representando s¢lo un papel que no sabia si podr¡a dominar. por la noche portadores de antorchas se turnaban en las aceras. en cambio. Junto a los caminos. lo llamaban chiquito. y all¡ lo enterraremos. lo colmaban de apodos cari¤osos. Aunque iba vestido de luto y adoptaba un alre serio y resignado. Lo mismo quer¡a hacer ‚l. acompa¤aba al cad ver de su antecesor en un cortejo f£nebre desde Miseno a Roma. para iniciar un futuro mejor. Al menos. y el pueblo lo idolatraba. Cuando la noticia de la muerte del viejo emperador lleg¢ a Roma. notaba c¢mo las futuras tareas le estimulaban y le daban alas. a trav‚s de los gritos de j£bilo escuchaba incluso maldiciones dedicadas al fallecido. No los ten¡a ni entre el pueblo ni en el Senado. en estos momentos. ¨Acaso Augusto no hab¡a perseguido y eliminado con dureza cruel a sus adversarios cuando a£n se llamaba Octavio? Pero cuando fue soberano indiscutido y el Senado le concedi¢ el nombre honor¡fico de Augusto. las ciudades lo recib¡an con arcos de triunfo levantados a 122 123 toda prisa y ornados con laurel.pr¡ncipe una vieja tradici¢n romana. Las gentes saltaban y danzaban por las calles gritando: -~Al T¡ber con Tiberio! Al Averno. pero hacia ver que no las o¡a. las gentes hab¡an levantado altares adornados de flores. as¡ me hubiera ahorrado a mi y al pueblo unos dolorosos a¤os de espera.

sino que nombraba s¢lo herederos a parres iguales a Tiberio C‚sar.* pues no se conced¡a descanso alguno como primer servidor que era del Estado. Cal¡gula confi¢ a Macr¢n la lectura del testamento de Tiberio. y casi de inmediato se hizo el silencio. Inmediatamente. aunque s¢lo sea en ‚sta. hizo un esfuerzo para tener un gesto generoso: concedi¢ a su primo. y. Precisamente por el hecho de ser Tiberio tan impopular. inici¢ su discurso f£nebre dedicado al emperador Tiberio. Entonces levant¢ la mano. descuidando su £ltimamente ya muy quebrantada salud. y a Cal¡gula. El pueblo estaba fascinado. Para ‚l no era v lida la frase de Cicer¢n: jucundi acti labores. All¡ el gent¡o casi lo habr¡a aplastado si no hubiesen formado los pretorianos de Macr¢n un callej¢n por el cual eljoven emperador se encamin¢ hacia la tribuna de oradores. y lo adopr¢. de dieciocho a¤os. incansablemente. traslado o . la toga viril. Macr¢n hizo lo que se le hab¡a ordenado y dio lectura al testamento ante los honorables padres all¡ reunidos. como exig¡an la tradici¢n y la piedad. Macr¢n ten¡a que poner al d¡a un mont¢n de trabajo arrasado.. Durante los pr¢ximos meses nada hacia pensar que pudiera ocurrir de un modo muy distinto. consigui¢ incluso derramar l grimas sinceras. se pasaron por alto los derechos del joven Tiberio y se le concedi¢ a Cayo la totalidad de la herencia. * Quien bien trabaj¢. Ten¡a la sospecha de que Cal¡gula quer¡a escudarse en ‚l. y durante los d¡as siguientes Macr¢n cumpli¢ las promesas que hab¡a hecho a tantos de ellos. nieto del difunto emperador. Con voz poderosa. La comitiva cruz¢ la Porta Appia y camin¢ por la Via T¤umphalis en direcci¢n al Foro. con un aire impenetrable. el perfecto actor. que llegaba hasta los puntos m s alejados. y ‚l. Pero como Cal¡gula era desde hacia tiempo el sucesor deseado. Esto fue lo que Cal¡gula hab¡a querido conseguir. Cal¡gula hab¡a envuelto h bilmente sus criticas contra Tiberio en un elogio y hab¡a dado a entender de este modo que no tolerar¡a ®procesos de lesa majestad¯ ni persecuciones. de ramos floridos. Permaneci¢ en silencio all¡ arriba. pero el prefecto no se mostr¢ nada entusiasmado con este encargo. Ya no ten¡a necesidad de comprobar las instancias de ascenso. Entretanto. La gente hab¡a saqueado los jardines y hab¡a reunido montones de flores. de abedules y de laureles para adornar las calles. Qu‚ hombre! Con el debido respeto deplor¢ la p‚rdida de su r¡o y antecesor. tras la llegada de Cal¡gula a Roma. se valor¢ m s en Cal¡gula el que rindiera al fallecido los debidos honores: -Aunque durante los £ltimos a¤os el difunto se convirti¢ en un extra¤o para vosotros. Quiero emularle en esta caracter¡stica. hemos de estarle agradecidos por haber dedicado toda su preocupaci¢n al bienestar del Imperio. Se abr¡a una edad de oro. en consecuencia.. esperando que la multitud se calmara. y parec¡a que iban a volver los tiempos de justicia y paz de Augusto.Su entrada en Roma se convirti¢ en una fiesta popular. El pueblo entendi¢. pues el testamento no citaba a ning£n sucesor. los prerorianos juraron fidelidad al emperador. mejor descans¢.

eres ahora la esposa de un tribuno de los pretorianos. De este modo cientos de veteranos con un largo servicio a sus espaldas obtuvieron una honrosajubilaci¢n con un premio en dinero o tierras. escribi¢ una sola carta hace ya mucho. Cuantos m s sean los hombres que re juren fidelidad por primera vez a ti. Anteayer el emperador orden¢ que se suspendieran todos los procesos de la ‚poca de Tiberio y que se quemaran p£blicamente las diligencias. Cal¡gula hab¡a repartido premios entre los pretorianos. Querea depos¡t¢ a su esposa en el suelo y prosigui¢-: No s‚ lo que le ha pasado a este muchacho. Querea se encontr¢ en condiciones de devolver la mayor parte de su cr‚dito de una sola vez.. salvo en los nuevos casos..retiro. fueron estimados casi todos los ascensos. Macr¢n entreg¢ la plaquira de bronce. -dijo Marcia vacilante-. mejor. que acreditaba documentalmente su ascenso y dijo: -El emperador ha comprobado tu caso y ha dado su aprobaci¢n a tu ascenso. Cal¡gula hab¡a dicho: -Quiero sangre joven entre mis pretorianos! Cualquiera de los veteranos que desee marcharse. Y t£. Con pocas excepciones. -Comparto tu idea de todo coraz¢n. pero es preciso hacerlo. le premiar‚ esta opci¢n con un hermoso obsequio. y no s¢lo para nosotros. A sus padres no les gustaba . Marc¡a. Esto representar un gasto elevado.. ~Ahora empieza una nueva ‚poca! -le dijo entusiasmado a Marcia-. y desde entonces no ha roto su silencio. aunque con la condici¢n de a¤adir a cada acto la coletilla: ®por orden de Cayo Julio C‚sar Augusto¯.. y era el £nico de ellos que proced¡a de una familia plebeya. y. que lo haga. -Ahora.! -Con cuidado. seg£n los a¤os de servicio y su rango. al iniciar su gobierno. As¡. Hace ya casi un a¤o que se march¢. Cal¡gula le hab¡a dejado mano libre. En un acto solemne fue ascendido a tribuno. y con su sueldo de tribuno podr¡a costear f cilmente el resto de pagos mensuales. Macr¢n asinti¢ contento. Para muchos habr terminado una pesadilla. No es poca cosa! La levant¢ y dio unas vueltas con ella en brazos. Viva Cayo Julio C‚sar Augusto! -Viva el emperador! 124 125 Como exig¡a la tradici¢n. tendr¡a que estar aqu¡ Sabino! Creo que se alistar¡a inmediatamente entre los pretorianos con un emperador como ‚ste. a esto se a¤ad¡an adem s los legados del testamento de Tiberio. ¨T£ cre es que deber¡a preguntar a su padre por ‚l? -No s‚. grabada y pulida. adem s. Con esto tambi‚n el centuri¢n Casio Querea logr¢ la mera de su vida. conjuntamente con algunos m s.

Durante el d¡a.. Quien venia desde lejos. El templo impresionaba menos por su tama¤o que por la suntuosidad de sus adornos. y Sabino tuvo la impresi¢n de que este era el sacrificio preferido por los sacerdotes de Esculapio. Si no supieras leer y escribir. Su segundo s¡mbolo. M s tarde dijo: -No tiene sentido hacer las cosas a medias. Con este peregrinaje comenzaba el ritual de estricto cumplimiento para todos aquellos que aqu¡ buscaban la curaci¢n. est s contento y feliz de poder contestar por ti mismo las cartas de tu amigo. Los peregrinos sin recursos pod¡an ofrendar frutas. sin gritos. y la izquierda descansaba sobre la cabeza erguida de una serpiente. supongo. pero ‚sta no lleg¢ a su destino porque el buque de carga se estrell‚ contra los acantilados en una tempestad cerca de Sicilia. habitualmente esc‚ptico. sin prisas. El barbudo dios ten¡a en su mano derecha una vara. Sabino pudo acompa¤ar a su r¡o hasta la ofrenda del sacrificio. pod¡a dar dinero. el peregrino ten¡a que exponer sus ruegos y purificarse a continuaci¢n en la fuente sagrada. Sabino ten¡a la impresi¢n de haber entrado en un mundo diferente. semanas despu‚s de su primera carta.mucho que se tratara contigo. ocas o gallos. realizaba estos actos. tiene que aceptar y cumplir con el venerable ritual.. Una de las obligaciones m s importantes era la ofrenda del sacrificio. Se trataba de largas con- . pan o dulces. un perro. Aqu¡. En la semioscura capilla. Lo que segu¡a era £nicamente cosa del enfermo. desconcertado. No. No le habr sucedido nada malo.. -Porque tem¡an que pudiera alisrarse en la tropa. corderos. a Cornelio Sabino no le hab¡a ocurrido nada malo. adem s. Adem s. al menos nada que pusiera en peligro su integridad f¡sica o su vida. era ‚sta una situaci¢n casi angustiosa para un romano. -dijo Querea. labrada en oro y marfil. Quien lo encuentre rid¡culo que se quede en su casa. cabras. si es verdad. yac¡a a sus pies. -Te est s olvidando de que Sabino re ha convertido a ti en un chupatintas. jam s hubieras llegado a tribuno. Hab¡a acompa¤ado a su t¡o por la V¡a Sacra hasta el templo. -Bueno. hab¡a enviado una segunda a Querea. en penumbra~ se hallaba la estatua de gran tama¤o del m‚dico Esculapio. Lo que quiere Cornelio Celso es convertir a su hijo en un chupatintas. -Las cartas! S¢lo ha escrito una. en cuya elaboraci¢n hab¡an participado muchos renombrados artistas.. Como si esa fuera profesi¢n para un hombre! Marc¡a sonre¡a. -Y. Durante las primeras semanas en Epidauro. que sol¡a consistir en animales: bueyes. Quien viene a Epidauro en busca de curaci¢n. Todo transcurr¡a con calma y mesura solemnes. A Sabino le sorprendi¢ ver con qu‚ seriedad su t¡o. el temP¡o estaba abierto para todo el mundo.

El idioma que utilizaban entre ellos era el griego. y pod¡a s~guir aprovechando la variada serie de ofertas para entretenimiento de los peregrinos. iba al gimnasio. Aqu¡ actuaban famosos artistas. Los romanos eran minoria. ni siquiera entre los romanos. la mayor¡a de los enfermos prefer¡a entretenimientos pasivos. en su mayor¡a parientes o amigos de gente que hab¡a venido en busca de curaci¢n. que duraba d¡as. . donde la juventud se desfogaba con carreras. saltos. en el lado norte del templo. autos solemnes dedicados a Apolo y Esculapio. Para este fin serv¡a ante todo el colosal teatro. de las islas del Egeo o de las grandes ciudades de Grecia. donde sacerdotes con formaci¢n especial supervisaban los ejercicios. el lat¡n se consideraba vulgar y apenas empleado. El teatro gozaba de fama mundial por su extensi¢n -ten¡a un aforo de doce mil asientos. y el programa de actuaciones abarcaba comedias griegas cl sicas. Esparta o Calcis. entretenimiento adecuado para todos los gusros. con el lanzamiento de disco y de jabalina. Palestina y Africa. desde albergues sencill¡simos. ten¡an que alojarse fuera de las instalaciones. como Atenas. sobre todo del Asia Menor. Hab¡a tambi‚n peregrinos procedentes de Siria. los que hab¡an venido en busca de curaci¢n se alojaban en el interior de las instalaciones del templo y dorm¡an en el santuario. como todos los que no buscaban curaci¢n. que intentaban averiguar de este modo d¢nde radicaba la ra¡z del mal.y por su excelente ac£stica. pues. Hab¡a. pero escrupulosamente pulcros. Los acompa¤antes de los enfermos. bailes y recitales. y de otras provincias del Imperio. levantado tres mil a¤os antes por el famoso arquitecto Policlero. No obstante. deportes. iba al estadio. Quien quer¡a quedarse despu‚s por m s tiempo. y estos j¢venes empleaban su tiempo en simposios. Los amantes de la m£sica frecuentaban el peque¤o Ode¢n donde se ofrec¡an cantos corales. a fin de preparar la curaci¢n. y quien quer¡a moverse por s¡ mismo. ten¡a que buscarse un alojamiento fuera. pero tambi‚n farsas ligeras de autores romanos. Durante el largo ceremonial. Cornelio Sabino entr¢ a formar parte de un grupo de j¢venes. Hab¡a diferentes tipos de alojamiento. hasta villas lujosas equipadas con todas las comodidades y situadas en las suaves laderas arboladas del monte Kynortion. aunque no se representaban tragedias por consideraci¢n con los enfermos. 126 127 Quien quer¡a dedicarse a actividades deportivas. En el hip¢dromo se pod¡a alquilar un caballo y dar unas vueltas al galope. Los j¢venes con quienes se relacionaba Sabino proced¡an de todo el mundo grecorromano. excursiones y visitas mutuas.versaciones confidenciales con los sacerdotes. Corinto.

cuando estaban a solas. pero no le permit¡an entrar en su lecho. el viaje de regreso. y la mayor¡a de las j¢venes griegas eran demasiado pudibundas. exist¡a otra. r¡o Calvo no se pronunciaba sobre la duraci¢n prevista de la estancia. las termas quedaban reservadas en exclusiva a las mujeres. Eso fue as¡. Sabino hab¡a iniciado de inmediato varias relaciones amorosas. Los griegos no eran ni mucho menos pudibundos. parec¡a disfrutar de los d¡as que paraba en Epidauro. en su mayor¡a joven. y admiraban en el estadio sus proezas en el lanzamiento dejabalina. prefer¡a los ba¤os mixtos y contemplaba con deleite el elemento femenino. contaba los d¡as que faltaban para el viaje de regreso y se divert¡a lo mejor que pod¡a. muy pronto. . de dimensiones mucho mayores. y durante otros dos d¡as a ba¤os mixtos. mientras que casi todos los hombres se contentaban con un escueto taparrabos. y hab¡a encontrado algunos contrincantes fijos para su amado ludus latrunculorum. y la mayor¡a acced¡a a dejarse besar. En el norte.Y estaba Helena de Efeso. todas sin excepci¢n llevaban t£nicas corras que alcanzaban a tapar sus muslos. fuera del recinto sagrado. durante otros dos a los hombres. utilizaba diligentemente la extensa biblioteca. y de este modo se convirti¢ en el punto de encuentro de losj¢venes tras un ejercicio deportivo en el estadio o simplemente para pasar el raro. Tambi‚n ellas miraban con placer los ojos azules de Sabino. Todo el mundo pod¡a acceder libremente a esta piscina. que hab¡a sido construida por los romanos. que chispeaban alegres. No es que su sobrino Sabino se aburriera. A Sabino no le importaba gran cosa. a quien aburr¡an la mayor¡a de los hombres con sus est£pidas habladur¡as. Como para mujeres y muchachas se consideraba indecente mostrar el pecho. No obstante. Como era costumbre en ‚l. Al principio. Dentro del santuario hab¡a una peque¤a y lujosa piscina para los peregrinos. mientras que las mujeres o los hombres. Durante dos d¡as. Sus jaquecas hab¡an mejorado visiblemente. muchacha griega de dieciocho a¤os que hab¡a llegado acompa¤ando a su madre a Epidauro. El padre de Helena era un acaudalado naviero. Asist¡a con regularidad a las representaciones de teatro. pero no habr¡a lamentado en absoluto que iniciaran pronto. Sabino. pod¡an meterse desnudos en el agua. una especie dejuego de ajedrez. situada al lado mismo del templo de Esculapio. la pareja se fue pronto. y consegu¡a tambi‚n dormir toda la noche sin despertarse. y su esposa buscaba curaci¢n de una extra¤a enfermedad del pecho. aquel d¡a especial que Sabino no olvidar¡a ya nunca. hasta el d¡a en que conoci¢ a Helena de Efeso. Aquel d¡a. pero aqu¡ no avanzaba tan deprisa como en la fr¡vola Roma. Finalmente fue la joven esposa de un peregrino enfermo quien busc¢ y encontr¢ en Sabino aquellas alegr¡as que desde hacia mucho tiempo echaba de menos en su matrimonio. pero con la imposici¢n preceptiva de llevar un taparrabos o una t£nica corta. pero ciertos sucesos hab¡an motivado que la administraci¢n dividiera los ba¤os tres veces en intervalos de dos d¡as.

Se sent¡a como si unas corrientes c lidas procedentes del vientre se agolparan en su pecho. Su cabeza ard¡a.. Sabino. Vergonzosa. pero ante los atractivos femeninos soy un hombre indefenso. al fin! Te hemos estado buscando por todas partes.. si mis miradas te han molestado. Helena se levant¢. pues. luego fue al jard¡n colindante para dejarse secar al sol.. Helena. S¢lo las tontas se sienten ofendidas por un cumplido. Sabino se acerc¢ unos pasos. o quieres que me quite la t£nica? Esto re ahorrar¡a tener que desnudarme con la mirada. Despu‚s. de Efeso. su garganta se secaba. sinti¢ demasiado calor -eran ya los £ltimos d¡as dejunio-~y se fue a la piscina. Durante largo raro nad¢ con deleite en el frigidanum. su cabello oscuro enmarcaba un rostro fino y serio con gran- . bell¡sima. -Claro que re lo permito. si me permites este comentario. hab¡a extendido una toalla sobre sus muslos para no ofrecer ning£n punto de ataque a las miradas lascivas. estaba pegada a su esbelto cuerpo y mostraba con bastante plasticidad los peque¤os y firmes pechos. que ya hab¡a visto desnudas a muchas mujeres. -Me llamo Helena y soy de Efeso. -Disculpa. Trag¢ varias veces saliva antes de articular palabra: -Ah. Los tres se acercaron riendo a Helena y una de las chicas exclam¢: -Ah¡ est s. 128 129 Bajo un arbusto estaba sentada una joven pein ndose el cabello a£n mojado.. Sabino mir¢ a Helena y sinti¢ una sensaci¢n extra¤a. miserablemente d‚bil e indefenso.. y la toalla se desliz¢ de sus muslos. Ella se sacudi¢ el pelo mojado.. Me llamo Casio Sabino. pero ha de ser sincero. En aquel momento una voz aguda lo arranc¢ de sus meditaciones: -¨Ya has visto bastante. -Te has quedado sin habla -dijo Helena en tono ir¢nico... Era alta y esbelta. Soy de Roma y he acompa¤ado hasta aqu¡ a mi t¡o. Pero ya lo dije antes. Eres bell¡sima. Hay una carrera. Helena de Efeso. clav¢ la mirada en el pecho de la muchacha y estaba pensando qu‚ resultaba m s atractivo en las mujeres: un pecho desnudo o escasamente tapado. Y los tuyos son encantos considerables. sus o¡dos se llenaban de misteriosas resonancias. bueno. desconocida hasta entonces para ‚l. Sabino hab¡a recuperado el dominio de si mismo: -La belleza puede provocar perfectamente este tipo de reacci¢n.hab¡a comido con su t¡o Calvo y fue despu‚s al estadio para lanzar sin ganas un par de jabalinas. hermosa ninfa. El se inclin¢: -Te lo juro por Eros y Afrodita. En aquel momento fueron interrumpidos por dos muchachas y un muchacho. de color azul celeste. La fina r£nica. Vamos al hip¢dromo.

Sabino mir¢ con des nimo la pista polvorienta. junto a la rampa. Gritaba algo a los jinetes. pero tambi‚n por el peligro de accidentes de los que ‚l hubiera tenido que asumir la responsabilidad. -Pero no lo vas a conseguir si te limitas a mirarle las piernas en Silencio A m¡ me interesa Helena. Sabino se acerc¢ y le dio una palmada en el hombro. Para alegr¡a del arrendatario.des ojos algo rasgados de color mbar. y sinti¢ fr¡o. Mira su trasero redondo e impertinente. algo m s alta que ‚l. Se dirigi¢~ pues. pero Sabino se coloc¢ el dedo en la boca y lo apart¢ a un lado. sabia perfectamente qu‚ lugar le atra¡a. Se mostraba indeciso. El otro se gir¢ de mala gana. el estadio es para todos -contest¢ ella en tono algo arrogante. -Si me permit¡s acompa¤aros. Tal vez podr¡amos hacer algo conjUntamente 130 131 -¨La flaca? Quiero decir. -dijo con voz d‚bil. y conoce gente. ¨Qu‚ hab¡a sido aquello? ¨Por qu‚ aquella criatura flaca le hab¡a impresionado de esta manera? Era demasiado flaca y. -¨Tienes intenciones respecto a ellas? El muchacho esboz¢ una sonrisa y se¤al¢ con la barbilla el grupo de chicas. a causa del precio. Con sus largos y delgados brazos rodeaba la cintura de sus dos amigas.. Ya se me pasar . Hab¡a pocos espectadores.. Se visti¢ y pase¢ por delante de la stoa y el peque¤o templo dedicado a Afrodita hasta llegar a la cisterna. Le hab¡a costado muy caro comprar al templo el derecho de alquilar caballos. tal vez me qued‚ demasiado tiempo al sol. Movi¢ la cabeza con un gesto de negaci¢n. No est mal la chica. sin embargo. -No re lo puedo prohibir. me gustar¡a hacerlo bailar un rato. que llevaba ahora una r£nica blanca de manga corta que le cubr¡a las rodillas. la esbelta Helena. que clavaba su mirada en las piernas de las muchachas. Tambi‚n Sabino se levant¢. . Los otros se echaron a re¡r y arrastraron a Helena con ellos. y. y no quer¡a arriesgar esta mina de oro.. -Ya me gustar¡a llevarme a la cama a la peque¤a Nike. descubri¢ a Helena. seria una exageraci¢n. pero el avispado griego no ten¡a la menor intenci¢n de comprar caballos veloces y fogosos: en principio. en direcci¢n este y entr¢ en el hip¢dromo. Tras ellas se hallaba de pie el muchacho de antes. Uno anda por aqu¡ y por all . pero en primera fila. adem s. como si estuviera so¤ando. En la pisra compet¡an un par de muchachos con caballos alquilados intentando poner al galope a los viejos corceles. siempre hab¡a algunos que organizaban carreras por aburrimiento. pese al abrasador sol de junio.. esto es lo que quieres! Tanto como conocerlas. Sabino permaneci¢ de pie. -¨Conoces a las tres muchachas? -Ah.

¨c¢mo re llamas? -Me llamo Le¢n y soy de la isla de Andros. La peque¤a y descocada Nike mir¢ a Le¢n al decir esto. no hay nada que hacer. Sabino neg¢ con un gesto de cabeza. Me llamo Sabino y soy de Roma. Mi hermano mayor padece epilepsia. de pie.. ¨verdad? -Pues a ver si vosotros nos mostr is algo mejor. Ahora Helena se ech¢ a re¡r: -Quiz re pida pronto que cumplas tus promesas.pero me parece algo inaccesible. dijo al fin: -Lo hablaremos y os daremos la respuesta a la hora de la cena. -Ya he intentado algo parecido.. Podremos nadar. Helena la secund¢ inmediatamente: -Puede resultar incluso muy divertido verlos caerse del caballo en la primera curva. Pero entonces no valdr n excusas! -Ninguna! Me encontrar s dispuesto.. -Buena idea.. Ma¤ana o pasado ma¤ana. Alquilamos unos mulos y vamos hasta la costa a la salida del sol. -No fue nada especial la carrera. ¨Est s de acuerdo? Le¢n neg¢ resignado con la cabeza. lo acompa¤o para. Cuidan su reputaci¢n. ¨Y qu‚ haremos con la tercera? Sobra una. que se dispon¡an en aquel momento a marcharse. a una distancia aproximada de un d¡a de aqu¡. pero ¨qu‚ ves en esa criatura larga y ... se oyen demasiadas aqu¡.. Alquilamos unos mulos. y las invitamos a un simposio esta noche. -Si eso es lo que te divierte. y luego resultan todo lo contrario. nadamos un poco. Nike. cuando os parezca. ¨Lo intentamos. lo har¡a con mucho gusto -dijo Sabino solicito. -Pues s¡. amigo mio.. -Una que sobra es siempre un obst culo. ahora que somos dos. Tengo otra propuesta m s f cil. Invitemos a las muchachas a una excursi¢n por tierra siguiendo la costa. Con esa. Sabino sonri¢ con expresi¢n de superioridad. Las muchachas se miraron. pues? Le¢n asinti¢ y se fueron a ver a las mozas. montamos hasta la costa. tumbado. Si no hay m s remedio. tengo experiencia en este sentido. Y ahora vamos a ver a esas muchachas. la silenciosa. por lo visto.. -Se llama Ismene. que venga con nosotros. -T£ sabr s. con su rostro redondo e infantil y la peque¤a naricira chata de ni¤a traviesa. Le¢n. Le¢n movi¢ dubitativamente la cabeza: -No me lo tomes a mal. de todos modos. Pero ¨qu‚ hacemos hasta entonces? Tenemos una propuesta Le¢n y yo. ah¢rrame las historias de enfermos. Tras la puesta del sol no hay quien las haga salir de sus madrigueras. comer.. beber vino. comemos y bebemos. Se marcharon cuchicheando. -Por favor. -A menudo lo parecen. -¨Caerte del caballo? -Lo que t£ quieras: montar del rev‚s.

El profundo dolor del emperador era respetado y admirado y le dio a Cal¡gula una popularidad a£n mayor que aquella de la que ya gozaba. En la cubierta se hab¡an colocado en un lugar bien visible las dos valiosas urnas de m rmol. se arriesg¢. donde estaban enterrados ya los emperadores Augusto y Tiberio as¡ como otros miembros de la familia. su familia hab¡a pasado a centrar el inter‚s general. el padre de Cal¡gula. permaneci¢ de pie en la cubierta del barco imperial cuando ech¢ anclas en el puerro de Ostia. Este momento estaba tan infinitamente lejano. amigo mio. tan . entre ellos tambi‚n Germ nico. atrac¢ el barco en Roma junto al puente Fabricio. En las orillas hab¡a mucha gente que lo ve¡a pasar en silencio. Hacia el mediod¡a. mientras Cal¡gula permanec¡a sentado delante de ellas. te has enamorado. Inmediatamente reprimi¢ estos pensamientos. aqu¡ y all se o¡an lamentaciones. -Ni yo mismo lo s‚ -dijo Sabino desvalido-. Delegaciones de todas las familias patricias recibieron al emperador y llevaron las urnas en una solemne comitiva f£nebre hasta el mausoleo de la familiaJulia Claudia. Cuando dos nobles romanos colocaron las urnas en sus nichos. a Cal¡gula se le pas¢ fugazmente por la cabeza que alg£n d¡a tambi‚n sus cenizas encontrar¡an descanso aqu¡. 132 133 x Desde que Cal¡gula era emperador. que Tiberio hab¡a deseado y causado la ca¡da de la familia. Le¢n asinti¢ con gesto comprensivo: -Un caso muy claro. mostrando una profunda aflicci¢n. Cal¡gula. con su fino olfato para actuaciones que causaran efecto. Consigui¢ convertir este acto en una especie de consagraci¢n solemne. pese al tempestuoso tiempo de abril. Desde all¡ viaj¢ en una barcaza T¡ber arriba hasta Roma. vigiladas por dos pretorianos. sin tapujos. Vestido de luto. Se lamentaba la tr gica muerte de sus padres y de sus dos hermanos y se dijo abiertamente.escuchimizada? Es m s alta que nosotros dos. a realizar un viaje a las islas Ponrinas para rescatar de all¡ personalmente las cenizas de su madre Agripina y de su hermano Ner¢n. pero cuando la miro se me doblan las piernas.

no para honrar a Claudio. el tortuoso palacio de Augusto con habitaciones en su mayor¡a reducidas. pero era espacioso y m s adecuado que el otro para fines de representacion.har‚ salones de banquetes para seiscientos invitados y no s¢lo para unas docenas. La familia imperial com¡a en un triclinio sobre un estrado elevado. se le contra¡a el rostro en unos rictus espasm¢dicos. por esto os invit‚ a vosotras y a vuestros esposos. Estaban all¡ las tres hermanas de Cal¡gula. pero los especialistas lo apreciaban como autor de interesantes obras de historia. el emperador hab¡a fijado una cena homenaje a la que hab¡a invitado a lo m s selecto de la sociedad romana. Este trato preferente resultaba tan evidente que Agripina. que no val¡a la pena de pararse a pensar en ‚l. algo de esfinge. observ¢ con su car cter impetuoso: -Tambi‚n nosotras existimos. que todos conoc¡an por Domus Tiberiana. y permitia con una sonrisa ambigua que ‚l la sirviera personalmente. . ¨o es que el habernos invitado fue una equivocaci¢n? 134 135 Cal¡gula no se desconcerr¢: -Lo hice por sentido del deber. -Cuando yo empiece a construir edificios -dijo el emperador a un empleado de la corte. resultaba muy dif¡cil mantener una conversaci¢n con ‚l. resultaba poco presentable. El emperador planeaba incluso nombrarlo c¢nsul pr¢ximamente. Agripina. Cal¡gula complet¢ personalmente la lista. Ella resist¡a con serenidad la mirada de sus ojos duros y fr¡os. pues cojeaba y.alejado en el futuro. Realmente. Ya ahora disfrutaba al imaginar las caras estupefactas y ofendidas de los senadores. de casi cincuenta a¤os. Para la noche. situado a poca distancia. y su car cter coqueto y caprichoso ejerc¡a sobre Cal¡gula un extra¤o encanto. Cal¡gula no le prestaba mayor atenci¢n. especialmente sobre los imperios extinguidos de los etruscos y de los cartagineses. Se trataba de un escogido grupo de unas sesenta personas que fueron elegidas por el maestro de ceremonias. de dieciocho a¤os. y el tan poco conocido t¡o Claudio. Cal¡gula s¢lo ten¡a ojos para su hermana Drusila. que llenara su copa y que l~e pusiera los mejores bocados en su plato. erudito. Su hermoso rostro ten¡a algo misterioso. Aquella noche. El palacio resultaba algo fr¡o y excesivamente sobrio. la hermana mayor. Tiberio hab¡a hecho construir este palacio en los primeros a¤os de su gobierno. su sobrino Tiberio C‚sar. apreciado hermano. resultaba inadecuado para la celebraci¢n. ofrec¡a suficiente espacio. Este personaje. que llevaba una vida muy recluida. pero no dejaba de pertenecer a la familia y no se le pod¡a dejar de lado en una comida f£nebre. La mayor¡a de la gente lo consideraba un chiflado inofensivo. sino para humillar al Senado al conferir el segundo cargo en importancia del Imperio a un chiflado tartamudo. Debido a su tartamudeo. pero el palacio de Tiberio. de tiempo en tiempo.

Con una mirada severa. -No es m‚rito suyo. Ya son diecis‚is los que la han pedido. Livila. Desde que Cal¡gula le hab¡a restituido el patrimonio confiscado por Tiberio. -¨Qu‚ tal re sienta el matrimonio con Longino? Cada d¡a est s m s guapa. y de este modo hab¡a conseguido. Me aburres. -Me aburres. Ella trataba con fr¡o desprecio a su esposo. viejo! -le cort¢ Cal¡gula bruscamente. Y. que les hab¡an sido impuestos por Tiberio. -Puedes pedir el divorcio. Drusila asinti¢ sonriente como si Cal¡gula le hubiera hecho un cumplido. El no la hab¡a querido a ella. dispon¡a de los medios necesarios.. el iniciador del estoicismo. sentados a un nivel inferior. una obra que crec¡a constantemente..El matrimonio de Agripina con el libertino y borracho Domicio Enobarbo no era feliz. Drusila dirigi¢ a su hermano una sonrisa hechicera. pero el maestro de ceremonias le llam¢ la atenci¢n diciendo que as¡ lo exig¡a la antigua tradici¢n romana. Marco Vinicio. tienes raz¢n. al menos. mientras que Agripina adopt¢ un aire arrogante de rechazo. Drusila cambi¢ una mirada divertida con su hermano. ni siquiera quiso invitar a los esposos de sus hermanas. marcadas por el esp¡ritu de Zen¢n. su esposo. haciendo cada uno su propia vida.. pues Livila se llevaba a la cama . Con un vago adem n se¤al¢ a los invitados. ni ella a ‚l. y en la que apreciaba tanto sus dramas al modo griego como las obras filos¢ficas. tampoco se le pregunt¢ a ‚l si me quer¡a a m¡ por esposa. Al principio. que le llevaba un buen n£mero de a¤os. Haz que esa manada de borregos empiece a desfilar. sol¡a comentar que hab¡a tenido mucha suerte en su matrimonio.. algunos viejos patricios de grandes m‚ritos desean ser o¡dos como era ya costumbre bajo el divino Augusto. Con especial inter‚s segu¡a la obra de Lucio Anneo S‚neca. Ahora se encontraba en avanzado estado de gestaci¢n. -Es una estupenda idea -dijo en voz alta y bien perceptible para todo el mundo.. pero. Livila se hab¡a entregado a la literatura y estaba formando sistem ticamente una biblioteca de autores griegos y romanos. que su odiado marido no pudiera tocarla. En ocasiones. Debido a su estado. Era una estoica. y soportaba a su esposo con impasibilidad. -¨Y no perjudicar¡a esto la reputaci¢n de nuestra familia? Cal¡gula se inclin¢ y le musir¢ al o¡do: -Tambi‚n puedo darle un cargo que lo aleje de Roma. por cierro. pero convivian sin molestarse.-. Cal¡gula trat¢ a su hermana mayor con indulgencia. naturalmente. la silenciosa y testaruda Livila no hab¡a tomado parte en la conversaci¢n hasta aquel momento.. el maestro de ceremonias se inclin¢ ante Cal¡gula: -Ahora deber¡as conceder una breve audiencia a algunos de los presentes. y sus vicios eran de dominio p£blico.

Pronto descubri¢ su cabeza alargada y aguda de pensador. Mientras el emperador conced¡a sus audiencias y dirig¡a palabras condescendientes o a menudo burlonas a unas espaldas profundamente inclinadas. Lo dijo en un tono tan ambiguo que Agripina frunci¢ el ce¤o y estuvo a punto de decir algo. -Vaya! Quien lo hubiera dicho! Nuestra Livila tiene voz! Hasta ahora re ten¡a por muda. Que los dioses re concedan una larga vida para que puedas multiplicar tu obra. pero Livila se le adelant¢. Augusto! -Salve Lucio Anneo. -Basta! -dijo Cal¡gula-. la mirada de Livila buscaba a S‚neca. Conozco cada una de las lineas que has escrito. . de quien sabia que hab¡a sido invitado.. ahora no recibo a nadie m s. pues conozco la indiferencia de los fil¢sofos estoicos frente al poder estatal. S‚neca parec¡a dudar. -Omne nimium nocet!* -dijo Cal¡gula. y no quer¡a molestarte. No soy yo quien quiere verte y hablar contigo. querida hermana. no quisiera renunciar a ninguna. Su mirada se dirigi¢ a Drusila. Tal vez en otra ocasi¢n. ¨qu‚? Cal¡gula cedi¢ e~ hizo una se¤al al maestro de ceremonias. El poeta no prestaba atenci¢n al gentio qr¡e se apretujaba en torno a la mesa de Cal¡gula. se lav¢ cuidadosamente las manos en el lebrillo que le ofrecieron y se encamin¢ despacio hacia la tribuna.libros y no amantes. S‚neca. -Quiero que recibas a S‚neca. sino que se entregaba con dedicaci¢n a una gran langosta que part¡a con estilo y engull¡a con visible deleite. Conozco su obra y quiero verlo de cerca. el poeta. con las m£ltiples arrugas en la frente y la abundante cabellera algo desali¤ada. -Salve. Se trata del deseo de mi hermana Livila 136 137 S‚neca se inclin¢ ante ella y dijo: -¨Qu‚ ser¡a de la poes¡a s¡ no existieran las numerosas lectoras que estudian nuestras obras con pasi¢n.. -Nos vamos a retirar ahora. pero al fm se levant¢. pero es exactamente as¡. -En esto rengo que darle la raz¢n a nuestro pr¡ncipe. mientras sus esposos se dedican fuera del hogar a cosas m s prosaicas? Livila sonri¢: -Tus palabras suenan bastante ir¢nicas. Las burlas de su hermano dejaron impasible a Livila: -Entonces. Es mejor poco y bueno que mucho y malo. para sostener una conversaci¢n familiar.

Como emperador ten¡a que cuidar su buen nombre: el pueblo se mostraba muy exigente con el primer hombre del Estado. sus planes no hab¡an sido anulados. y falta a la palabra que re dio. Si se prescinde de la cal. Cal¡gula estall¢ en una sonora carcajada: -Por todas las musas! Qu‚ f cil resulta para un poeta hacer feliz a alguien! Un emperador tiene que esforzarse mucho m s. -Ya ha conseguido lo que quer¡a. aunque la mayor¡a est n basados en obras de los antiguos griegos. Si antes hab¡a incitado a su esposo contra Tiberio. ahora intentaba incitarle contra el emperador. Sigues siendo lo mismo que con Tiberio: prefecto de los pretorianos. La argamasa se compone de cal y arena. S‚neca miraba a Livila y se sinti¢ atra¡do por su belleza serena y contenida. se sinti¢ enga¤ado al no recibir recompensa alguna por su crimen. y le hab¡a instigado a tomar parre por Cal¡gula. te har‚ llegar cada una de mis obras con una dedicatoria. Por lo dem s. Con la £nica diferencia de que Tiberio era odiado. Desde que Cal¡gula era emperador. tu influencia va disminuyendo. Pero tus versos. y pregunt¢ con curiosidad: -¨C¢mo hay que interpretar esta met fora. Sertorio Macr¢n.-Tambi‚n yo conozco parte de tus escritos. -Una comparaci¢n fascinante! Y muchas gracias por la indicaci¢n. S‚neca no pareci¢ ofendido. Su mirada se dirig¡a a Drusila. pues cre¡a haber actuado correctamente en el momento decisivo al ahogar con una almohada al moribundo Tiberio. sin insinuar siquiera cu ndo y c¢mo pensaba recompensar su actuaci¢n. sino solamente aplazados. -Me haces feliz. Pero la ambiciosa Nevia no se conformaba con esta vaga promesa. y un brillo lascivo asom¢ en sus ojos fr¡os e inexpresivos. tus versos los tengo por argamasa sin cal. No menos decepcionada se sent¡a la esposa de Macr¢n. si nos referimos a un poema. pronto el emperador re cesar y re sustituir por . Ennia Nevia. Cal¡gula le hab¡a dado a entender que ahora ya no resultaba adecuado que se siguieran viendo. Lo que queda es una masa confusa de piedras. Y Macr¢n no insist¡a. hasta que se hubiera acostumbrado a su nuevo cargo. Comparo un poema con una casa cuyas paredes se mantienen unidas gracias a la argamasa. Macr¢n. la argamasa no fragua y la casa se desmorona. en lo sucesivo me esmerar‚ en a¤adir m s cal. -De ahora en adelante. Yt£ est s bajo su sombra. Mientras pronunciaba estas palabras. porque quer¡a dar algunos meses de tiempo al joven emperador. mientras que a Cal¡gula lo idolatran. * Cualquier cosa en exceso es da¤ina. pr¡ncipe? -Muy sencillo. o de palabras. trataba a Macr¢n con una condescendencia altanera. Tus dramas son impresionantes y llenos de fuerza. El prefecto de los pretorianos. que siguiera esperando. noble Livila.

En el fondo le daba la raz¢n a su esposa. c¢nsul. alguien que tiene que temblar cuando le rinde cuentas a s£ se¤or.otro m s joven. el astuto Cal¡gula te ha ascendido en apariencia. -Ya lo s‚ -grit¢ Macr¢n. tampoco quiero insistir. re promet¡ que serias senador. y quiero confiarte un alto cargo: te nombro gobernador de Egipto. En sus o¡dos a£n resonaban las palabras de Cal¡gula: ®Cuando yo ocupe el trono... Macr¢n se inclin¢. Voy a resistir. una cosa tras otra. Los ojos duros y fr¡os de Cal¡gula posaron su mirada en Macr¢n y dijo: -No lo he olvidado Macr¢n. porque no sabe si las va a aceptar o no. esta provincia estaba sometida directa y £nicarnente al emperador y. y su £nica obligaci¢n frente al Senado consist¡a en recaudar una determinada cantidad como impuestos. cuando Cal¡gula sol¡a estar de buen humor. y tal vez pueda llegar despu‚s a senador. y si llego a rechazar su nombramiento. lo que desees¯. y esta excepci¢n era Egipto. furioso-. En sus dominios. Macr¢n. El peso de mi cargo me deja poco tiempo. gobernador. emperador. se trataba de un cargo peligroso. en consecuencia. El cargo de gobernador de una provincia romana sol¡a ser codiciado. y no ten¡a derecho a llamarse proc¢nsul. pero ¨qu‚ pod¡a hacer yo? ¨Rechazar el cargo? Cal¡gula no admite bromas. . No eres m s que un administrador de su patrimonio. c¢nsul o gobernador o todo. podr s tener el cargo que quieras: senador. para preguntarle: -No exijo nada. En resumidas cuentas. Nevia estuvo a punto de estallar de ira: -Para esto re podr¡a haber nombrado directamente director de la c rcel! Cualquier senador obtiene de su cargo m s ventajas que el prefecto de Egipto. el gobernador de Egipto estaba obligado a determinadas normas. Debido a su importancia para la subsistencia de Roma. aguanrar‚. pues en Alejandr¡a estallaban constantemente motines. pero en realidad re ha arrinconado. pues era respetado y muy rentable. y a menudo hab¡a que hacer intervenir a las tres legiones estacionadas all¡. Bien. -No lo creo. Nos ha enga¤ado. balbuce¢ unas palabras de gratitud. -dijo Macr¢n d‚bilmente. y no sabia muy bien si deb¡a alegrarse o enfurecerse. Egipto es propiedad personal del emperador. hab¡a una excepci¢n. Me has servido con lealtad. Macr¢n esper¢ un tiempo m s y aprovech¢ un d¡a a las horas del anochecer. No obstante. pero desear¡a recordarte las posibilidades que me hab¡as ofrecido. sino s¢lo prefecto. ver¡as c¢mo acababa. el proc¢nsul ten¡a mano libre para hacer y 138 139 deshacer. Pero ¨qu‚ pod¡a hacer? Cal¡gula era popular y estaba asentado en el trono con tanta seguridad como lo estuvo anta¤o el venerado Augusto. pero re agradezco que me lo recuerdes.

Pocos d¡as despu‚s de hacerse p£blicos los ascensos. -Bien dicho. preguntando si podr¡a recibirle y cu ndo.¯ Sus pensamientos se perd¡an en diversas especulaciones. Casio Querea se contaba entre los muchos que se sentian felices y satisfechos con el cambio. no lo olvidar jam s y trasladar a ti la lealtad que sent¡a hacia ‚l. Envi¢ una carta formal a Livila. mencionaba a su esposo. sabia que su matrimonio fue forzado por Tiberio. La respuesta lleg¢ de inmediato. Como buena romana. Le cost¢ un esfuerzo reprimir un comentario ir¢nico al oir la voz aflautada del atl‚tico Querea. despu‚s! -se burl¢ Nevia. Se alegrar¡a de su visita. Lucio Anneo S‚nea no consegu¡a olvidar su encuentro con Livila. -Quien tuvo la suerte de poder servir bajo Germ nico. ®Le entregar‚ el escrito personalmente. pero no pod¡a confesar la proi?nesa que Cal¡gula le hab¡a hecho a ella. Un H‚rcules con voz de un reci‚n nacido. y ning£n buen artesano descuidar sus herramientas. y se fue preparando para una conversaci¢n aburrida y . -Durante bastante tiempo perteneciste a una de las legiones de mi padre. que hab¡a estudiado detenidamente las listas. entonces podremos charlar un rato. tanto a ella como a su esposo.. Cal¡gula se hizo presentar a los nuevos centuriones y tribunos. y tal vez. No conoc¡a personalmente a Marco Vinicio. S‚neca acababa de terminar su tratado De Tranquillitate (De la tranquilidad del alma) y qr¡iso enviar una de las primeras copias a Livila. su vida depend¡a de la lealtad de estos hombres. Como patricio y senador. Guardo un buen recuerdo de tu nombre. le resultar¡a siempre grata. Con qu‚ facilidad sal¡an las mentiras de sus labios! Pero necesitaba a estos hombres como instrumentos d£ctiles. supo en seguida que se trataba de un soldado de origen plebeyo con largos a¤os de servicio. Al contrario de Macr¢n y de su esposa. pens¢ Cal¡gula. en determinadas circunstancias. pues quer¡a hacerle entrega de un ejemplar de su £ltima obra. Ahora no ten¡a m s remedio que seguir al lado de su despreciado esposo y esperar tiempos mejores. y ahora la ve¡a como una criatura suave y graciosa que hab¡a sido entregada a alguien indigno de ella. y se dirigi¢ al siguiente. y ya hab¡a tenido ocasi¢n de encontrarse cara a cara con ‚l. Casio Querea. pero luego cambi¢ de idea. y ya entonces demostraste una enorme eficacia.-Despu‚s. y no quer¡a desaprovechar ninguna ocasi¢n para ganarse su simpat¡a. Sabia que. Encontr¢ palabras elogiosas para cada uno de ellos. Cal¡gula. s¢lo sabia que proced¡a de una familia de nobles que ten¡an sus propiedades en alg£n lugar de cualquier provincia. pero su esp¡ritu claro y sobrio volvi¢ pronto a la realidad. y cuando Querea se inclin¢ ante ‚l. Un emperador puede felicirarse si tiene hombres como t£. S‚neca sonri¢ con amargura.. S‚neca anunci¢ su visita para dos d¡as despu‚s. Querea se hubiera hecho matar por el joven emperador. una visita que.

una mujer casada ha de evitar el trato con hombres que no sean parientes. es un hombre tratable y considerado. Con una inclinaci¢n. -¨Tambi‚n para las mujeres? ¨O lo has escrito exclusivamente para hombres? -Soy hombre y s¢lo puedo sentir como tal. -¨Qu‚ puede hacer una mujer? Siempre son los hombres quienes configuran la vida y determinan al mismo tiempo nuestro destino. El mayordomo condujo a S‚neca al arrio de la hermosa y amplia casa. ofrecen grandes ventajas. hablar no es m s que pura charlataner¡a. mi hermano siempre se burla de m¡ por eso. -La filosofia ense¤a a actuar. no a charlar. Soy silenciosa por hastio. pero espero que resulte provechoso tambi‚n para las mujeres. All¡ Livila lo recibi¢ con una cordial sonrisa. Para la lectura. me impuso este . pero. -La he hecho coser y encuadernar. Pero las cosas ocurrieron de otro modo. Livila iba delante. se dice en uno de mis libros. Tengo fama de ser callada. S‚neca sinti¢ que una gran alegr¡a se apoderaba de ‚l. ¨verdad? No puedo quejarme de mi esposo. mi libro puede ser una ayuda. el de las mujeres. y se sentaron en una terraza cubierta desde donde se pod¡a ver el jard¡n peque¤o y cuidado. Es as¡. S‚neca. le entreg¢ a Livila su £ltima obra. Desde que te conoc¡ en la comida f£nebre. Un hombre. ahora se empieza a preferir este tipo de libros a los antiguos vol£menes. Seg£n ellas. -S¡. no quiso perderse un importante Simposio. al menos. -Me gustas. -Mi esposo te pide disculpas. nada en com£n. el emperador Tiberio. para muchos. pues donde no hay nada que decir. Quiz no sea una respuesta v lida para todo el mundo. y esta visita cambiar¡a su vida. Tal vez hable con demasiada franqueza para tu gusto y no me comporte de acuerdo con las severas reglas de la antigua Roma. a veces estos simposios pueden ser muy importantes. pero no tenemos nada que decirnos. 140 141 -Yo me aclaro tambi‚n con los vol£menes -dijo Livila y empez¢ a leer-: ®¨C¢mo conseguir un estado de nimo constante y saludable? ¨C¢mo valorarnos justamente a nosotros mismos. c¢mo contemplar con deleite nuestra propia obra sin volver a destruir la alegr¡a que tal contemplaci¢n nos ha proporcionado? ¨C¢mo conservar esta placidez sin ser altaneros o deprimidos?¯. S‚neca. a no ser que su marido est‚ presente. Livila levant¢ la vista y dirigi¢ una mirada interrogante a S‚neca: -¨Has encontrado la respuesta a estas preguntas? -Lo espero.banal con Marco Vinicio. no s¢lo me interesa la obra sino tambi‚n el autor.

matrimonio, y s¢lo un hombre, mi hermano, el emperador, puede
anularlo.
-Tambi‚n t£ puedes actuar, Livila: puedes crearte un mundo
propio.
-Esto es lo que he hecho; mi mundo son los libros.
-Un mundo de pergamino...
-¨Y esto lo dices t£, poeta y fil¢sofo?
Algo indujo a S‚neca a no seguir contestando con palabras, sino
con actos. Se inclin¢ hacia Livila, cogi¢ su cabeza con ambas manos y
la bes¢ con ardor.
Livila se deshizo de su abrazo:
-No ahora, y no aqu¡, amigo m¡o.
-¨Es una promesa?
-Puedes tomarlo como quieras. Y ahora ven, voy a ense¤arte mi
biblioteca.
Aquella noche, en el palacio de Tiberio, Cal¡gula hab¡a seguido con la
mirada a S‚neca, que se retiraba. Le hab¡a dicho lo que pensaba, y se
sent¡a orgulloso de aquello de la argamasa sin cal. Y, sin embargo,
no se sent¡a satisfecho. Aquel individuo no hab¡a dicho ni hecho
nada que se pudiera interpretar como ambiguo o como una falta de
respeto, pero hab¡a un tono en su voz... Cal¡gula no dedic¢ m s
tiempo a este pensamiento. Apur¢ una copa de vino y sinti¢ c¢mo la
embriaguez empezaba a envolverle. Satisfecho, mir¢ a sus invitados,
y se deleitaba con la idea de que con una sola palabra podr¡a cambiar su destino. A aquel le pod¡a cortar la cabeza, a aquel otro hacerlo senador, a este podr¡a desrerrarlo de por vida o arrebatarle a la
esposa.
-Seg£n me plazca, seg£n me plazca -dijo en voz alta, y solt¢ una
sonora carcajada.
T¡o Claudio comparti¢ su risa y balbuce¢:
-Me, me al-alegro de que-que re enc-encuentres ta-tan bien,
Cavo.
-Si, me encuentro bien, apreciado r¡o, y para que tambi‚n t£ tengas una alegr¡a, el a¤o que viene re nombrar‚ c¢nsul, tal vez conjuntamente conmigo.
La mirada de Claudio demostraba desconcierto, y su aspecto resultaba tan lastimero que Cal¡gula lo se¤al¢ con una carcajada.
-~Mirad a nuestro Claudio! Le prometo el segundo cargo en importancia del Estado, y ‚l pone una cara como una carpa fuera del
agua.
-Gr-gracias, p-principe -balbuce¢ el erudito.
-¨Ya mi qu‚ me das, en vista de que te sientes con un nimo tan
generoso? -pregunt¢ Drusila.
-¨Qu‚ es lo que deseas?
-Quiero marcharme de aqu¡.
Cal¡gula se levant¢:
-Entonces re pasa como a mi. Hace tiempo que estoy harto. Ven
conmigo, re conducir‚ por el palacio del divino Tiberio.

El emperador levant¢ la mano, y en el acto se acallaron los murmullos de los invitados.
-Me voy a retirar, amigos m¡os. Quedaos el tiempo que os plazca.
Comed y bebed...
142

143

Arrastr¢ a Drusila consigo, cogi‚ndola de la mano, y desapareci¢.
Cuando, ya fuera, dos pretorianos quisieron acompa¤arle, orden¢:
-Quedaos donde est is! ¨Qui‚n me iba a hacer da¤o a mi? Todos me aman...
Cal¡gula llev¢ a su hermana entre nobles estancias vacias, con columnas de ricos m rmoles y paredes decoradas con frescos que representaban en animadas escenas los trabajos de H‚rcules y otras f bulas
m¡tol¢gicas.
-Esa es la sala peque¤a de audiencias, y aqu¡... -abri¢ una puerta no visible desde fuera-, aqu¡ Tiberio se hab¡a preparado su nidito
de amor. S¡, toda su vida fue un libertino, aunque aqu¡, en Roma,
¡nrerpretara el papel de puritano.
Una gran cama ocupaba casi la mitad de la peque¤a habitaci¢n; la
cama estaba cubierta con una colcha de p£rpura y, encima, hab¡a cojines negros.
Cal¡gula coloc¢ el candelabro en una cornisa y se¤al¢ una hornacina.
-¨Sabes qui‚n es?
Drusila mir¢ la alt¡sima estatua de oro de una diosa. En la cabeza
llevaba una cornamenta de vaca con un disco solar, en la mano una
espiga y flores de loto; sus pies descansaban sobre una luna en cuarto
creciente de plata.
-Es una divinidad extranjera, ¨tal vez de Siria o Egipto?
Cal¡gula aplaudi¢:
-S¡, si! La has reconocido, es la divina Isis! Est casada con su
hermano, el dios Osiris. El hijo de ambos se llama Horus y es tambi‚n
venerado en forma de halc¢n. Ante ellos vamos a celebrar nuestra
boda, t£, mi esposa-hermana, y yo, tu divino novio.
Drusila no sinti¢ miedo; o¡a las palabras de su hermano, aunque
no entend¡a del todo su sentido. ¨Celebrar una boda? Seria sin duda
una boda m¡stica, simb¢lica, en honor de los dioses egipcios que Cal¡gula veneraba desde hac¡a mucho tiempo, seg£n sabia toda la familia.
Cal¡gula, no obstante, empez¢ a desvestir¡a parsimoniosamente.
Le quit¢ la toga y la estola y solt¢ el cintur¢n de su r£nica cuando
Drusila cruz¢ las manos sobre el pecho.
-¨Qu‚ est s haciendo? Eres mi hermano...
-S¡, tambi‚n soy tu hermano. Los reyes egipcios s¢lo se pod¡an
casar con sus hermanas, para no manchar su sangre divina. Tambi‚n

yo contraer‚ contigo mi primer matrimonio como emperador. Mi
sangre arde en deseos de poseer tu cuerpo, Drusila, divina hermana.
Isis, Venus y Luna se confunden en ti en una sola figura...
Con manos febriles le pas¢ la t£nica por la cabeza y conrempl¢ su
cuerpo desnudo.
-Eres hermosa, hermosa como una diosa.
Toc¢ las puntas de sus pechos.
-Eres realmente de carne y hueso!
Se arranc¢ bruscamente la ropa y apret¢ su cuerpo peludo contra
el de ella, la abraz¢ fuertemente con ambas manos y la arroj¢ sobre la
cama. En sus ojos ard¡a un fuego fr¡o; con su falo erecto y el pecho
cubierto de vello tupido, a Drusila le parec¡a Fauno, el dios de los
bosques. Ella abandon¢ su resistencia y se sinti¢ inflamada, y as¡ recibi¢ a su divino hermano, le ofreci¢ su cuerpo como un sacrificio que
se ofrece a un dios. La voluptuosidad lat¡a en todo su cuerpo, y se
aprer¢ contra su hermano, gimiendo y jadeando. Cruz¢ entonces
como un rel mpago por su cabeza la idea de que aquello no era un
sacrificio sino una entrega voluptuosa.
-A partir de ahora eres mi esposa, y levantar‚ un templo en honor de la diosa Isis -dijo Cal¡gula m s tarde.
-¨Y mi esposo? ¨Qu‚ ser de Longino?
Cal¡gula sonri¢ sarc stico:
-En este mismo instante has quedado divorciada de ‚l. El pobre
estar tumbado en su cama, ¨o seguir todav¡a sentado en el triclinio?
No importa, acabo de divorciaros. Ante Roma, que primero tiene que
adquirir la suficiente madurez para aceptar un imperio divino, ante
Roma interpretaremos una comedia. Te casas pro forma con mi amigo
Emilio L‚pido, que no se atrever a tocarte. As¡ te habr s librado de
Longino y me pertenecer s solamente a m¡. Si alg£n d¡a yo me casara
con una mujer seg£n el derecho romano, no olvides una cosa: m¡
verdadera y divina esposa eres t£, por los tiempos de los tiempos!
®¨Cu ndo voy a despertar de este extra¤o sue¤o?¯, pens¢ Drusila,
y se relaj¢ cansada. Las luces se hab¡an apagado, y desde lejos o¡a
fuera los pasos de la guardia. Se qued¢ dormida y despert¢ antes de
que saliera el sol.
®F£e un sue¤o¯, pens¢ divertida, y se dio la vuelta. Ah¡ yac¡a en la
penumbra, medio de costado, roncando levemente, un cuerpo masculino, velludo. Drusila se asusr¢. Se puso en pie.
®Por lo visto no ha sido un sue¤o.¯ Sin embargo, no sinti¢ ni verg£enza ni arrepentimiento. Incluso le result¢ agradable que la realidad fuera ‚sta.
144
XI

145

Cornelio Sabino esperaba impaciente que llegara la noche. El refectorio de la pensi¢n se encontraba en parte bajo una arcada y en parte al
aire libre. Durante el d¡a, a causa del calor, se tend¡an toldos sobre las
mesas y los bancos. Los toldos volv¡an a retirarse por la noche.
Le¢n deglut¡a con hambre canina un rag£ de codornices, h¡gado
de cerdo y verduras, mientras que Sabino remov¡a inapetente su plato de pescado.
-Hoy nada me sabe bien, aunque durante el d¡a apenas he tomado bocado.
Le¢n se ech¢ a re¡r y dijo con la boca llena:
-Lo que re pasa es que est s enamorado, y los enamorados buscan alimento para el coraz¢n, no para el est¢mago. Pero ya se te pasara.
-¨Qu‚ les habr pasado para que a£n no hayan venido? Quedamos en que nos dar¡an su respuesta a la hora de la cena.
-Tranquilo, amigo! Las mujeres son imprevisibles. Quiz lo que
quieren es que nos pongamos nerviosos y hacen ver que no se acuerdan de nada.
-Pero Nike nos promerio...
Le¢n le cort¢ con un adem n:
-Nike es una bruja caprichosa; no se puede uno fiar de ella. Pero
me gusta. Demonios, la adoro! Tiene que ser m¡a, aunque haya que
poner paras arriba todo Epidauro.
-Por lo que se ve, no est s t£ mejor que yo.
-Quiz en mi caso no es m s que un reto, ¨qui‚n sabe? Oh, all¡
vienen!
Pero era Ismene, la silenciosa, la que ®sobraba¯.
-Me mandan deciros Helena y Nike que os esperar n pasado ma¤ana en los propileos. Dicen que os encargu‚is vosotros de los mulos
y de las bebidas. Ellas traer n la comida.
-¨Y t£, Ismene? ¨Qu‚ pasa contigo?
-Tengo otras obligaciones -dijo malhumorada, y se march¢ a
toda prisa.
-Otras obligaciones! No me hagas re¡r! Lo que le pasa es que
est enfadada por no tener a nadie.
-Y no es nada fea -dijo Sabino.
-Es igual. Ma¤ana nos ocuparemos de los mulos. El due¤o de
este restaurante vende vino de Andros; nos llevaremos una jarra.
-¨No es demasiado amargo? Sabes que las mozas prefieren vino
dulce.
-Soy de all¡ y conozco el vino. Nos llevaremos un tarro de miel,
as¡ podr n endulzarlo si quieren.
Los dos d¡as de dolorosa espera se les hac¡an muy largos. El reloj
de arena parec¡a estar lleno de barro, tan lento resultaba el goteo del

tiempo. El segundo d¡a, Sabino se qued¢ perplejo cuando su r¡o Calvo
le dijo, como de pasada, que era hora de ir pensando en el regreso.
-¨Ya re quieres marchar? Pero si acabamos de llegar!
Calvo mir¢ de reojo a su sobrino:
-Llevamos aqu¡ m s de seis semanas. La mayor¡a de la gente no
est m s de una semana en Epidauro. Adem s, hace poco me preguntaste a£n cu ndo nos ¡bamos de una vez.
-Si, eso era antes...
Calvo se detuvo.
-¨Qu‚ quieres decir con ®si, eso era antes'>? Empiezas a hablar
con enigmas, Sabino. ¨Qu‚ re retiene aqu¡?
-Una muchacha! -dijo trabajosamente Sabino-. Una muchacha incre¡ble. Se llama Helena, es de Efeso y es..., es...
-Bien, dime -Calvo mir¢ con curiosidad a su sobrino-. ¨Qu‚ le
sucede?
Sabi¤o levant¢ las manos, desvalido:
-No sigas preguntando, ni yo mismo lo s‚. Pero re lo pido de todo
coraz¢n: dame unas semanas, o regresa t£ solo si no aguantas mas
aqu¡.
Calvo se ech¢ a re¡r.
-Claro que aguanto! En comparaci¢n con Roma, el clima de
aqu¡ resulta en verano muy sano y soportable. Si quieres, podemos
pasar aqu¡ julio y agosto, pero despu‚s tengo que regresar.
Sabino abraz¢ fuertemente a Calvo:
-Eres el mejor t¡o de todo el Imperio! Dentro de poco te presentar‚ a Helena, quiz entonces me entiendas mejor.
146

147

Los nervios despertaron a Sabino dos horas antes de la salida del sol.
No consegu¡a conciliar el sue¤o; se pas¢ el tiempo dando vueltas en el
lecho pensando sin cesar en Helena. Yse dio cuenta de que no hab¡a
pensado ni una sola vez en acostarse con ella, como si fuera una imagen de ensue¡io, y no una muchacha de carne y hueso, con brazos,
piernas, pechos, muslos y una dulce y h£meda entrepierna. En sus
relaciones amorosas, estas cosas sol¡an representar la meta a la que
aspiraba desde el principio, pero ahora...
Suspir¢ hondo y se incorpor¢. ¨En qu‚ l¡o se hab¡a metido? Sabino no se reconoc¡a a s¡ mismo. Ten¡a la sensaci¢n de que un extra¤o estuviera sentado en su cama. Se levant¢, se puso su t£nica y
sali¢ fuera, esa direcci¢n a los lavatorios. All¡ se ech¢ un cubo de agua
fr¡a en la cabeza, y luego otro.
Entregado a sus pensamientos, olvid¢ vesrirse y volvi¢ a su habitaci¢n, desnudo, con la t£nica bajo el brazo y chorreando agua. Una
moza de cocina, que hab¡a ido a buscar agua, se qued¢ parada con la
boca abierta, mirando a Sabino fijamente, con el estupor reflejado en
los ojos, cono si viera un fantasma. Sabino salud¢ amablemente a la
chica, y s¢lo despu‚s se dio cuenta de que estaba desnudo.
Naturahuente, Sabino fue el primero en llegar al lugar acordado,

luego vino el mulero y poco despu‚s apareci¢ Le¢n.
-Las damas se hacen esperar, pero yo ya contaba con eso. Lo
hacen para que nos enfademos, pero no les vamos a hacer este
favor.
-¨Enfadarnos? ¨Por qu‚ ¡bamos a enfadarnos? -pregunt¢ Sabino distra¡do.
El sol ya hab¡a traspasado m s de medio palmo la l¡nea del horizonte cuando aparecieron las dos, acompa¤adas por un criado que
llevaba dos cestas de mimbre. Cargaron las cestas y lajarra de vino en
el asno y subieron a las mulas.
-El honbre ese ha dicho que son muy mansas -grit¢ Sabino a
sus acompa¤antes cuando trotaban en hilera hacia la costa.
Pese a redo, la mu¡a de Helena empez¢ a corcovear, se par¢ en
seco, dio unos coletazos y arranc¢ de nuevo al trote tan bruscamente
que la muchacha estuvo a punto de caerse.
-¨Quieres que cambiemos? -le ofreci¢ Sabino-. Lo digo con la
mejor intenrion.
Helena se encogi¢ de hombros, indecisa, pero Sabino ya hab¡a
desmonrador baj¢ en brazos a la muchacha. Al percibir su aroma y al
sentir el roce de los cabellos de ella en el rostro, flaquearon las piernas de Sabino. La deposir¢ en el suelo, aunque sin soltarla.
-Oh Helena, ojal pudiera sujerarre siempre as¡!
La muchacha se deshizo de su abrazo.
-Eso quisieras, pero no re hagas ilusi¢nes. Y, adem s, no necesito
ayuda para bajar de una mu¡a.
-Tienes que comprenderlo -dijo Nike con su lengua afilada-,
‚stos aprovechan cualquier oportunidad para tocarnos, por esto se
fingen serviciales caballeros.
-No es fingido -la contradijo Sabino pacientemente-. Lo hacemos de coraz¢n.
Pronto se abri¢ ante ellos la panor mica del mar, y siguieron un
tramo de la costa hasta que encontraron una peque¤a ca¡a con un par
de pinos umbrosos.
-Esto es! -excam¢ Le¢n encantado-, un lugar sombreado con
vistas al mar, arena y acantilados...
-De todas formas ya me duele el trasero -se quej¢ Nike.
-¨Ser posible que algo tan encantador pueda doler? -dijo
Le¢n sorprendido.
Helena baj¢ de la mu¡a y se desperezo.
-En feso, las damas no montan, s¢lo usamos sillas de manos.
-Propongo que nos demos un ba¤o refrescante antes de sacar las
exquisiteces que hemos tra¡do.
-Si prerend‚is andar desnudos por aqu¡, voy a pedir socorro
-dijo Nike con fingido temor.
Le¢n se echo a reir:
-Nadie re oir ; est is completamente a nuestra merced.
-Entonces voy a seguir la propuesta de Le¢n -dijo Helena de
repente, y se pas¢ su blanca r£nica por encima de la cabeza.
Boquiabiertos, los dem s la contemplaron, pero debajo llevaba su
t£nica azul para el ba¤o.

-En casa no puedo hacerlo -exclam¢ en direcci¢n a los otros, y
se fue corriendo al agua.
Sabino se levant¢ de un salto, se deshizo de su ropa y la sigui¢
corriendo.
-R pido como el rayo! -dijo Le¢n mirando a Nike, que no sabia muy bien c¢mo comportarse.
A Helena, el agua le llegaba ya hasta las rodillas cuando Sabino
la alcanz¢. La muchacha vacil¢, pero ‚l tom¢ su delicada mano y la
arrastr¢ suavemente.
-No me lleves a lo hondo -le pidi¢-, no s‚ nadar.
-En el agua del mar no es necesario, te aguanta sola.
Sabino se ech¢ sobre las olas, se sumergi¢, nad¢ un trayecto y regres¢.
-Ven, Helena! -exclam¢-. Deja que tambi‚n los peces puedan disfrutar de tu belleza. Quiz hasta Poseid¢n se sienta atra¡do y
aparezca.
148

149

Helena avanz¢ valientemente hasta que el agua le lleg¢ hasta los
hombros.
-Te ense¤ar‚ a nadar -dijo Sabino, y coloc¢ una mano bajo su
espalda mientras con la otra sosten¡a la cabeza.
-Tienes que hacer como las ranas, limitare a remar con brazos
y piernas.
El contacto de su cuerpo le produjo un dulce estremecimiento,
y sinti¢ c¢mo su falo se levantaba.
Helena se agitaba desvalida y se solt¢ de las manos de Sabino para
volver a ponerse de pie. Resoplaba, re¡a y se echaba hacia atr s el cabello mojado. Sus ojos ambarinos centelleaban alegres al mirar al muchacho.
-As¡ no lo voy a aprender jam s. Ven, volvamos adonde est n los
otros.
pero Sabino ten¡a una erecci¢n tan poderosa que no se atrev¡a a
salir del agua.
-En seguida voy -exclam¢ tras ella, y nad¢ con fuertes brazadas
hacia el mar abierto. Sigui¢ nadando hasta que sinti¢ que su excitaci¢n iba declinando. En la orilla, s¢lo encontr¢ a Helena, que estaba
preparando la comida. Sobre una gran s bana iba colocando dos pol¡os fritos, pan blanco, hinojo fresco y algunos frutos secos.
-Ya s¢lo re queda hacer de escanciador -lo recibi¢.
-¨D¢nde est n los otros? -pregunt¢ Sabino.
-Se han marchado a cualquier lugar -dijo ella con fingida indiferencia.
Sabino mir¢ a su alrededor:
-¨Se han ido as¡, por las buenas? Pero si quer¡amos...
-Si‚nrare ya; seguro que esos dos no se han perdido.

Sabino se puso su t£nica y contempl¢ el fino perfil de la hermosa
lidia.
Tuvo que dominarse para no lanzarse sobre ella como un lobo y
pens¢: ®En comparaci¢n con ella, nuestras romanas tienen cara de
campesinas. Esto debe ser lo que sienten los soldados, cuando han
tomado al asalto una ciudad y la han conquistado para, despu‚s, lanzarse como vencedores voraces sobre las mujeres¯. Hizo un esfuerzo
por dominarse y dijo en voz baja:
-Helena, te amo. S¡, re amo de verdad, ahora estoy seguro. Te
amo...
Ella le mir¢ fijamente a los ojos.
-¨Est s completamente seguro? -pregunt¢-. Si apenas nos
conocemos. No digas tonter¡as, Sabino, el calor re ha turbado los sentidos.
Sabino susp¡r¢ y se levant¢.
-Ojal tuvieras raz¢n.
La tom¢ de las manos y la oblig¢ a ponerse de pie. Realmente era
m s alta que ‚l, pero no le import¢.
-¨Puedo besarre, Helena?
Ella neg¢ con la cabeza.
-Tengo que besarre!
Tom¢ su cabeza y la atrajo hacia si. Apenas ofreci¢ resistencia
cuando ‚l apret¢ los labios contra los suyos, hasta que se abrieron
vacilantes. Ol¡a a sal y a mar y a mujer y estaba a£n h£meda. Sabino
bes¢ sus hombros, su cuello, sus mejillas, cubri¢ su cara de besos hasta
que ella lo aparr¢ de un empell¢n.
-Sabino, Sabino, por favor! No estamos solos.
Cogidos de la mano, se acercaron Le¢n y Nike.
-Me parece que estamos molestando -dijo en tono ir¢nico.
Helena ech¢ hacia atr s sus cabellos h£medos.
-No, no molest is! La comida est ya preparada, ya os est bamos
esperando.
-¨Qu‚ hay de bueno? -pregunt¢ Le¢n, y se sent¢ en la arena-.
El amor abre el apetito -dijo con una sonrisa, y alarg¢ la mano para
tomar el po¡¡o asado.
La habitualmente tan descocada y despreocupada Nike dijo azorada:
-No dices m s que tonter¡as; s¢lo hemos estado dando un paseo.
-Hasta el jard¡n de Venus -complet¢ Le¢n, masticando.
Sabino abri¢ lajarra de vino y llen¢ dos copas de estano.
-S¢lo tenemos dos, pero espero que las damas nos permitan beber de las suyas.
Los po¡¡os asados desaparecieron r pidamente, y tambi‚n el vino
se acababa. El calor del mediod¡a los hab¡a fatigado y se quedaron en
silencio.
-Podr¡amos dormir un poco a la sombra -propuso Le¢n.
Nike bostez¢:
-Es una buena p~opuesra. Al fin y al cabo, no perdemos nada.
Helena protest¢:
-Ahora no me apetece dormir. Amo la hora de Pan.

Sabino acogi¢ la idea:
-Paseemos un poco por la playa, quiz nos encontremos con el
cornudo.
-Tal vez... -dijo Helena y esboz¢ una sonrisa.
-¨No re importa el sol? -pregunt¢ Sabino cari¤osamente y con
cierta preocupaci¢n.
-Amo el calor del mediod¡a, cuando la naturaleza se queda petrificada bajo el sop¡o ardiente. Es entonces cuando los pinos despren150

151

den su aroma m s fuerte, las cigarras permanecen calladas y hasta las
serpientes se recluyen en sus agujeros. Es la hora de Pan. ¨Lo has visto
alguna vez?
-No, no lo he visto, pero lo he intuido.
Siguieron paseando, pero la arena dorada se hab¡a calentado tanro que se escaparon a la sombra.
Sabino se detuvo y atrajo a Helena contra si. Acarici¢ sus muslos
frescos y esbeltos y explor¢ cuidadosamente su entrepierna, pero ella
apart¢ su mano.
-T£ no eres Pan, Sabino, y yo no soy ninguna ninfa.
Tom¢ su mano y la coloc¢ sobre su tieso falo.
-¨Lo sientes? Te deseo, Helena, re amo, quiero poseerte!
Ella se solt¢ y sali¢ corriendo. Sabino la sigui¢, pero ella saltaba en
zigzag como una liebre hasta que tropez¢ y cay¢ en la arena ardiente.
Sabino se ech¢ encima de ella, coloc¢ a la fuerza sus rodillas entre sus
muslos, agarr¢ sus pechos y busc¢ su boca.
-No, Sabino, no!
Ella aprer¢ los muslos y se deshizo de sus brazos.
Sabino desisti¢:
-No quiero forzarre a nada; jam s he tomado una mujer a la
fuerza.
-Eso espero! -dijo Helena en tono severo, y sacudi¢ la arena de
su r£nica. Regresaron uno al lado del otro, pero a una distancia decorosa. Nike y Le¢n segu¡an durmiendo, fuertemente abrazados.
-Esos dos ya se han encontrado -d~jo Sabino lleno de envidia.
Helena se ri¢ en voz baja:
-¨Se han encontrado? ¨Por cu nto tiempo? ¨Por unas horas, por
d¡as, por a¤os, para siempre?
-¨Es eso lo importante? El amor no pregunta por el tiempo. Una
hora puede significar una eternidad y diez a¤os un solo instante.
Las cuatro mulas y el asno permanec¡an a la sombra y contemplaban
el ajetreo de las personas con miradas perezosas y bobaliconas. Disfrutaban de la hora de tranquilidad en que ninguna carga pesaba en
sus lomos y nadie les ped¡a nada.

XII

Roma, el centro del mundo zumbaba como una colmena. El ahorrativo emperador Tiberio hab¡a reunido un inmenso erario, y su sucesor,
Cayo C‚sar Augusto, se dedicaba a gastarlo. En el monte Palatino se
hallaban verdaderas masas de arquitectos, de constructores, de escultores y de tallistas, y todos ten¡an una expresi¢n alegre, porque hab¡a
pedidos para todos.
Se termin¢ la construcci¢n del templo de Augusto y del teatro de
Pompeyo, ambos iniciados bajo Tiberio; y se emprendi¢ la edificaci¢n
de un nuevo acueducto desde Tibur hasta Roma.
Ciertamente, Cal¡gula pensaba tambi‚n en su propio placer y en
sus obligaciones de representaci¢n como emperador. Encarg¢ la
construcci¢n de un ostentoso barco, de un lujo como hasta entonces
no se hab¡a visto jam s. No ten¡a que resistir los viajes por alta mar ni
ser muy r pido, pero, en cambio, ten¡a que ofrecer tanto lujo y comodidad como un palacio. El emperador exig¡a ba¤os, jardines, p¢rticos, salas de banquetes, y llev¢ casi a la desesperaci¢n a una docena
de navieros. Y s¢lo pod¡an emplearse los materiales m s valiosos. Las
velas se hicieron de seda bordada, y como, por motivos de peso, para
los p¢rticos s¢lo se pod¡an emplear soportales de madera, hab¡a que
darles un ba¤o de oro y adornarlos con piedras preciosas. Todo pura
Ostentaci¢n.
Pero la gente no reprochaba al emperador su tendencia al despilfarro, y apenas se suscitaron criticas. A£n es joven, dec¡an, y quiere desfogarse. Adem s estos proyectos daban pan y trabajo a verdaderos ej‚rcitos de empresarios y artesanos. El emperador se mostraba
muy impaciente y preguntaba una y otra vez si esto o aquello estaba
listo al fin.
152

153

Su primer encargo, pocos d¡as despu‚s de iniciar su mandato, fue
para los mejores arquitectos de Roma, y consist¡a en una complera
transformaci¢n del palacio de Tiberio. Significaba, ante todo, duplicar su anterior extensi¢n.
Cal¡gula se pasaba horas sentado con los arquitectos ante mesas
de dibujo, y estos especialistas intentaban convertir sus propuestas de
profano en planes concretos. No se pod¡a construir libremente en el

pero yo. Su predilecci¢n por las divinidades egipcias era tanta que mand¢ a Macr¢n a Egipto con el encargo de buscar all¡ algunos obeliscos de considerable tama¤o y de enviarlos por barco a Roma. a mi r pida actuaci¢n en un momento de peligro. No obstante. en direcci¢n nordeste se cre¢ un espacio libre. Cal¡gula resolvi¢ este problema a su manera e hizo comprar a un elevado precio todos los edificios privados que representaban un obst culo para su palacio. beb¡a ahora de aburrimiento y de hastio. Macr¢n. que siempre se hab¡a mostrado moderado con el vino. As¡. pues Cal¡gula no le exig¡a ning£n servicio y lo exclu¡a sencillamente de sus c¡rculos... el emperador se reservaba el cumplimienro de la orden.Palatino sin tropezar inmediatamente con templos.. Cal¡gula lo hizo derrocar y sustituir por una nueva edificaci¢n mucho mayor. Cal¡gula no se atrevi¢ a derribar el templo y acab¢ convirti‚ndolo en vest¡bulo del nuevo palacio. p¢rticos o casas particulares. estaba transformando la faz de la capital tan odiada por ‚l. y el palacio fue ampliado hasta el Foro situado m s abajo. Pero Iadie se atrev¡a a fijar precios demasiado altos para no tener que hacer despu‚s frente al reproche de haber querido perjudicar al emperador. por motivos inexplicables. Macr¢n descarg¢ todo su enfado: -Si no le hubiera dado mi palabra a Cal¡gula de mantener silencio. En el rea del monte Quirinal exist¡a ya desde tiempos de la Rep£bica un peque¤o templo dedicado a Serapis. Una noche. os podr¡a contar cosas que. temerosamente guardado. Hab¡a sido relevado de su cargo de prefecto de los pretorianos. para que los soldados que proced¡an de Egipto pudieran venerar al dios que les era familiar. Ojal hubiera podido despertar a la vida a su antecesor s¢lo por una hora para ense¤arle c¢mo su tesoro. Con un adem n m s propio de un borracho. se hallaba el templo de los divinos gemelos C stor y P¢lux. yo corr¡ el riesgo y cargu‚ con todo para . -No quiero que nadie se vea perjudicado por mi culpa -v orden¢ a sus secretarios pagar a los propietarios lo que pidieran. Lo que hice. Cal¡gula se frotaba las manos al ver que la construcci¢n crec¡a e iba tomando forma. y no se le dejaba tomar posesi¢n de su nuevo cargo como gobernador. empez¢ a hacer comentarios imprudentes en su circulo de amigos y de conocidos. El. o un hermano por su hermano. dificilmente lo har¡a un hijo por su padre. que de todos modos se sent¡a profundamente decepcionado por el comportamiento de Cal¡gula. el nuevo gobernador a£n no hab¡a partido para Egipto. Al cabo de un rato volvi¢ a empezar: -Si ahora ocupa el trono nuestro Cal¡gula. en un simposio con algunos senadores y tribunos amigos suyos. yo. hijos de Zeus y de Leda. sin embargo. me lo debe exclusivamente a mi. All¡. dedicada ahora a Isis y a Serapis.. cort¢ su propia verborrea. y tras haber vaciado ya la segunda jarra de vino. Si.

Se hace celebrar por el pueblo como gran liberador. Hice bien en retenerlo aqu¡ de momento. -Est s entre amigos. En mi nuevo imperio ya no hay sirio para ‚l. Solt¢ una risa de borracho. Dinos lo que re preocupa. incluso alta traici¢n. que ha arriesgado su vida. quedaron olvidados. y veremos lo que se puede hacer. Cal¡gula pens¢ c¢mo podr¡a terminar con Macr¢n y con su esposa sin provocar un esc ndalo.. arroces jaquecas y accesos de fiebre que hac¡an arder su cuerpo. no hubo ocasi¢n. y Macr¢n se lo agradec¡a calumni ndole ahora. Cal¡gula. Pero Macr¢n a£n no estaba lo suficientemente borracho para bajar del todo la guardia. no se acuerda de que su lecho est manchado de sangre. y puede resultar peligroso. -Pero ‚l. Y empez¢ Cal¡gula a difundir el rumor de que Macr¢n le deb¡a a ‚l el seguir con vida. Ellos gritan hasta desgarrarse las gargantas para celebrar a su mu¤equiro. el est£pido e ingenuo Macr¢n. ¨Ha hecho venir ya a Avilio Flaco de Alejandr¡a? ¨Ten‚is noticias de que lo haya hecho? Nadie sabia nada. ¨Qui‚n sabe lo que este ambicioso podr¡a hacer en Egipto? Me resulta una carga. 154 155 ®Se siente postergado -pens¢ Cal¡gula-. pues el antiguo prefecto ten¡a amigos y seguidores en el Senado y en la corre. como fundador de una nueva era. El. quiere conseguir a la fuerza una mayor recompensa. Sus ojos hundidos centelleaban con astucia. pues en los £ltimos tiempos Tiberio proyectaba eliminarle.¯ Y todos los buenos prop¢sitos de seguir los pasos de Augusto. Era un comportamiento que tambi‚n podr¡a ser llamado traici¢n. protegi¢ a su amigo. En todo el pa¡s se ofrendaron sa- . A£n no. tanto aqu¡ como en Egipro. Pero. y la mayor¡a de ellos escuchaba con rostro impasible su sombr¡o discurso. Pero quiz abra la boca pronto si me sigue marginando as¡. Pero en este simposio hab¡a un sopl¢n que inform¢ al emperador de las sorprendentes palabras de Macron. mientras Macr¢n. pero la conversaci¢n entre los dem s se hab¡a acallado.. No sigui¢ hablando. que ha puesto en peligro su cabeza. porque tiene cosas m s importantes que hacer. de momento. nuestro joven y excelso emperador. que haya olvidado lo que hubo entre nosotros. Padec¡a v¢mitos. Macr¢n. -¨Reprochar? ¨Qu‚ voy a tener que reprocharle? Pero me ofende que ya no busque mi consejo. Hab¡a que eliminar a Macr¢n. -No -dijo Macr¢n-.que despu‚s pudi‚ramos recoger los frutos conjuntamente. porque en oto¤o Cal¡gula enferm¢ gravemente. una vez asumido el poder. -¨Yno quieres decirnos qu‚ fue lo que hubo? -pregunt¢ uno de los invitados. lo que le reprochas al emperador.

Cornelio Sabino experimentaba todos los altibajos de un enamorado. pero que no deb¡a tocarla. Ahora se hab¡a librado de ella. con sus esposos. y sinti¢ su honor restablecido. Quedaba. las hermanas. ten¡a fama de hedonista y de c¡nico.crificios a los dioses y se hicieron promesas por el r pido restablecimiento del amado soberano. Adem s. ®El pensamiento es libre -pens¢ L‚pido-~ y pongamos por caso que por alg£n motivo Cal¡gula es derrocado. pues. a quien su abuelo hab¡a nombrado heredero conjuntamente con Cal¡gula. el dulce y amable Vinicio. quedaba descartado. aproximadamente de su misma edad. adem s. Marco Emilio L‚pido. y no se cansaba de medirlo en todas sus posibles variantes. Desde que Cal¡gula admit¡a abiertamente que Drusila compartia su mesa y su lecho. sin embargo. El marido de Agripina. el emperador es tan querido y popular como s¢lo antes lo fue Augusto. Adem s. Descend¡a de una muy antigua familia de patricios que gozaba de gran prestigio y hab¡a dado a Roma una larga serie de c¢nsules y senadores. el erudito tartamudo y cojo? Impensable! Quedaban. Enobarbo. lo elevaban a los Campos El¡seos. bebedor y libertino. pues Cal¡gula est vivo y Tiberio C‚sar tambi‚n lo est . se sinti¢ extraordinariamente honrado cuando Cal¡gula le orden¢ lac¢nicamente que ten¡a que casarse con Drusila. una cita a la que ella no acudiera o una expresi¢n de . pues. su familia no proced¡a de Roma. No quer¡a arriesgar su reputaci¢n de intachable ciudadano romano. Pero el caso era que el muchacho no ten¡a familia y. como hermana-esposa. En su fuero interno. a Lepido. Y pod¡a ofrecer una l¡nea familiar de antepasados brillantes como muy pocas familias romanas. El esposo de Livila. Emilio L‚pido. ¨Claudio C‚sar. seg£n ®sagrado rito egipcio¯. ¨Qui‚n seria entonces su sucesor?¯ Probablemente Tiberio C‚sar. considerado desde hacia tiempo amigo del emperador. El matrimonio con la hermana preferida del emperador aumentar¡a a£n m s sus posibilidades. Pero pronto tendr¡a ocasi¢n de considerar sus reflexiones no s¢lo como mero ejercicio meditativo. El compinche del emperador. ®Pero se trata de vanas reflexiones -se dec¡a L‚pido-. s¢lo ‚l. Pero no todos ten¡an un sentido del honor tan sensible. pero en ‚l ard¡a una ambici¢n oculta que no quer¡a conformarse con ser s¢lo amigo del emperador. un beso que le conced¡a. Una palabra amable de ella. M s de uno se maldijo tiempo despu‚s por no haber implorado entonces de los dioses la muerte de Cal¡gula. Casio Longino sinti¢ un gran alivio cuando se le comunic¢ que el emperador hab¡a disuelto su matrimonio con Drusila.¯ Este razonamiento fascinaba. sus amigos compadec¡an a Longino por haber sido agasajado por Fortuna con semejante esposa. era todav¡a demasiado joven. no ten¡a ambici¢n ni resultaba adecuado para semejante cargo.

Ella mostr¢ una acritud ejemplar. Es cort‚s. Di que me perdonas. . Pero. noble Cor~3eliO Calvo. Disp¢n de mi! Tal vez ahora re parezca rid¡culo. pero no puedo evitarlo. aunque contestaba con respuestas vagas a sus preguntas a veces muy directas. tal vez entonces hablar¡as de mi de otra manera. He estado enamorado muchas veces. mendigando de ti una palabra amable -le pregunt¢ Calvo bromeando. A ‚ste. a tus ojos soy s¢lo un fantoche.enfado le provocaban suplicios de T ntalo. abofer‚ame. p‚game. lo soy enteramente. Tal como hab¡a prometido a su r¡o Calvo. Pero esto es un asunto que vosotros ten‚is que arreglar solos. y en Roma siempre he tenido alguna amante. -Significa mucho para mi. pese a que la pregunta fue hecha en broma. con rus ojos azules. Yo no me meto. No me lo perdonar¡a nunca si entonces re hubiera forzado. ¨Por qu‚ no re buscas una puta y te la llevas a la cama? Las hay a montones! T£. Sabino estaba furioso. una palabra malhumorada o algo fr¡a lo volv¡a a hundir inmediatamente en las profundidades de la m s negra desesperaci¢n. Helena. con sus fieles ojos azules. ni tendr s que pagar. aunque a veces ten¡a la impresi¢n de que no le era del todo indiferente. d‚jame en paz de ahora en adelante! Sabino se arrepinti¢ inmediatamente de sus palabras. -Soy tu esclavo. eso es lo que re importa. -¨Es que mi sobrino no significa nada para ti? Miralo. Por favor. un imb‚cil a quien la se¤ora utiliza para distraerse. increp¢ a Helena: -Por lo visto. s¢lo eso! Tus palabras me demuestran que no me amas como aseguras constantemente. 156 157 Calvo hizo una mueca: -Creo que esto es exactamente lo que Sabino no quer¡a oir. Helena. d¡melo! -Lev ntate! -dijo Helena en tono desabrido-. por favor. cr‚eme: lo que estoy pensando es justo lo contrario. pero no me abandones. a m¡. escuch¢ sus palabras con respeto. Los ojos de mbar de Helena chispeaban de indignaci¢n: -Ah. le present¢ a Helena. atento y considerado. una muchacha joven que se precie no podr¡a desear nada mejor que conocer a Sabino. y Sabino se sinti¢ avergonzado. Helena no manifestaba si amaba a Sabino. Se arrodill¢ y abraz¢ sus esbeltas piernas: -No quise decir eso. sino que ves en mi s¢lo un trozo de carne que no sirve para nada m s que para satisfacer tu lascivia. No es muy agradable ver a unjoven patricio romano retorci‚ndose por el suelo como un esclavo apaleado. Aprecio su compa¤¡a en las termas y tambi‚n en las excursiones. En el camino de vuelta. Ahora me arrepiento de no haberte forzado aquella vez en la playa. perd¢name! C¢rrame la lengua.

Sabino. de la que se dec¡a que era uno de los lugares donde habitaban Zeus y Hera. Unas palabras amables. y nuestros padres nos prometieron hace a¤os. Yen Roma. ¨por qu‚ no me lo dijiste al principio. l estuch¢ atentamente y permaneci¢ callado. unos escarceos en la cama y. tuvo que inclinarse un poco. nada m s? Dime la verdad ahora.. lo bes¢ apasionada. pero Helena no abri¢ la boca. ¨y qu‚ m s. Helena lo abraz¢ sin pronunciar una sola palabra. luego. se prendi¢ de sus labios como un vamplro. no tengo otra. Sabino y tambi‚n te valoro demasiado a ti. amar de verdad. ¨lo entiendes? Sin duda. Lo que dar¡a por poder despertar en ti los mismos sentimientos! Pero resulta que me aprecias s¢lo como compa¤¡a para tomar un ba¤o! ¨Nada m s. Sabino permaneci¢ de pie con los brazos colgando.. o. A mi regreso se celebrar la boda. Conozco a Petr¢n desde que era ni¤a. Para hacerlo. tal como me encuentro ante ti. ‚l quiere que seas virgen. silo prefieres. me marcho a feso contigo o. -Si.. todo olvidado. realmente no me eres indiferente. ¨es distinto all¡? ¨Es que all¡ tambi‚n las mujeres se desfogan antes y aportan hijos al matrimonio? En nuestro caso. un romano pensar¡a igual. pero ¨para qu‚ te sirvo? Dimelo! Yate lo he dicho un mont¢n de veces: me casar¡a ahora mismo contigo. -Tienes raz¢n -dijo Sabino con voz entrecortada-. -Sabino. tu prometido. No habr¡a cambiado nada. Tarde o temprano tenias que saberlo. -Si. Helena. -Pero. pero. m s pronto. Claro. no existe ninguna otra. El se desfoga antes del matrimonio.. pero pronto volvi¢ a deshacerse del abrazo. al menos. esta es la costumbre en mi pa¡s. ¨Por qu‚ iba a estropear tu alegr¡a? No me vi con fuerzas para hacerlo. prometida o no. Hace mucho tiempo que he sido prometida a un hombre joven. -¨No puede haberla? -No. Y por esto tampoco quiero que ocurra entre nosotros lo que ocurre entre Nike y Le¢n. porque estoy prometida. re llevo conmigo a Roma. el desfogarse sue- . ser cliente habitual de todos los burdeles de Efeso. Me valoro demasiado para esto. re lo ruego! Helena hab¡a apartado la vista y miraba la lejana monta¤a de Aracnaion. Helena? Para esto me aprecias demasiado. hablo de las mujeres. Sus padres son amigos de los m¡os. no consegu¡a formular ning£n pensamiento claro. No puede haberla. y t£ tienes que esperarlo manteni‚ndote casta. sin duda. Y mi futuro esposo quiere tener una virgen en la cama. Est s malgastando tu pasi¢n con una mujer que no puede corresponder a ella. son socios en los negocios. -Esta es mi respuesta.pero amar. Sabino estaba petrificado.? -~Habria esto cambiado algo? Soy y sigo siendo Helena. no lo he hecho nunca hasta que re conoc¡. mientras ‚l. como ya lo fueron antes nuestros abuelos. porque esperaba que ella a¤adiera algo m s. amor.

Ma¤ana ser otro d¡a. y s¢lo quer¡a mostrarte un camino.* Actuar! Por ejemplo. y si no estuviera prometida. Helena. El futuro es nuestro. -¨Qu‚ otra cosa puedo hacer? No te voy a dejar. ¨qui‚n sabe si los dos.. Helena. y en estos casos. si a£n lo deseas. ¨por qu‚ no? -Pero no tiene por qu‚ haber consecuencias -dijo Sabino con obsrinaci¢n. Nadie est solo en el mundo. de esto. -Los dioses.. Lo sabes. No debemos pensar s¢lo en nosotros. pues me callo. s¢lo que lo comparo con el incesto. tuyo y m¡o! -Oh Sabino. podr¡amos huir! ¨Por qu‚ no? Mis padres son ricos y re recibir¡an con los brazos abiertos..le tener a menudo consecuencias. quiero decir. -No para los amantes! Afrodita pone su mano sobre ellos. mo? At¢nita. Tengo fr¡o. non dicere. Lo siento much¡simo.. t£ no sabes nada... . otras obligaciones. -No es que lo llame as¡. Claro que.. -Pero yo re quiero. Helena neg¢ con la cabeza: -Pero ¨qu‚ est s diciendo. rus apasionadas palabras no pueden convencerme.. S¢lo te dejar‚ en paz cuando est‚ muerto.. No quiero saber nada de eso! S¢lo mi futuro marido podr hablar conmigo de estas cosas. nosotros dos. porque existen ciertos medios.. un matrimonio as¡ es casi un incesto. Por ejemplo. y tenemos que conformarnos co¡i ella. 158 159 -No! -le interrumpi¢ ella-. Sabino. Los amigos de juventud se cr¡an casi como hermano y hermana... Si a esto lo llamas incesto. Tendr¡as que leer a nuestro S‚neca! En una ocasi¢n dijo: Facen' docet philosophia. pero esta es la verdad.. Sabino vio un rayo de esperanza. quiero decir si no hubiera consecuencias? -Contigo si. parientes y amigos. les echamos la culpa a los dioses. -¨Desgraciadamente? ¨Entonces te gustar¡a. Entonces ¨tambi‚n re afecta a ti? ¨Tambi‚n a ti re cuesta? -Me gustas. es decir cuando el hombre. Esto lo sabe todo el mundo. desgraciadamente.. -Ahora recurres t£ tambi‚n a los dioses. Sabino. el coitus interruptus. Empecemos desde cero.? Pero los dioses lo han determinado de otro modo. -¨Hemos de conformarnos? Lo has dicho refiri‚ndore a los dos. sino tambi‚n en nuestros padres. ¨Y ahora qu‚? -Nos iremos de aqu¡ dentro de nueve o diez d¡as. Helena. Con un amigo de juventud no llegar s a ser feliz. Bueno. los dioses -refunfu¤¢ Sabino-. hace ya tiempo que el sol se ha puesto. Sabino? No tiene nada de raro que los padres prometan a sus hijos siendo ‚stos unos ni¤os.. existen otras consideraciones.. Cuando no parece haber una salida.. no puedo. Olvidare de este Perr¢n y ven conmigo a Roma.. y hemos de aceptarlo. Mi madre ya ha reservado dos plazas en el barco. re amo. y seguiremos hablando.

al cabo de un rato algo lo empujaba a marcharse. Sabino lo sinti¢ como si recibiera una bofetada. en compa¤¡a de algunas cachondas. corri¢ a los bosques de pinos al pie del monte T¡rrhion. ¨quiz se dejar¡a arrastrar por ella? Al ver que. ya nada me retiene aqu¡. Hizo llamar a Emilio L‚pido.Por qu‚ hab¡a llorado? ¨Era aquello un indicio de esperanza? Tal vez pensar¡a en su propuesta. Cal¡gula o¡a de tiempo en tiempo un extra¤o rumor que no venia desde fuera. Los ojos fr¡os y duros de Cal¡gula se clavaron en un punto en el vacio. sino -o as¡ le parec¡a. Casi siempre sol¡a desaparecer al cabo de poco rato. A mi.. donde naci¢ Esculapio en tiempos remotos. Le dijeron que se hab¡an marchado al d¡a siguiente de su £ltima conversacion. decide t£ cu ndo quieres que nos marchemos. -Tengo ganas de emprender algo esta noche... y eso que fuera la temperatura es suave. Y se limit¢ a asentir en silencio. Sabino pregunt¢ por ella. . Sabino sinti¢ unas l grimas resbalar por sus mejillas. Helena no aparec¡a ni dio se¤ales de vida la ma¤ana del tercer d¡a. Cal¡gula sent¡a entonces necesidad de gritar en voz alta para que los dem s lo entendieran. ¨verdad? 160 161 . ella le grit¢ desde lejos: * La filosof¡a ense¤a a actuar. y de noche no pod¡a conciliar el sue¤o. r¡o Calvo. Cuando ya iba alej ndose. Hay algo en mi cabeza que zumba y alborora. -No lo s‚ muy bien. sin detenerse en el amigo. A la vez. Calvo quiso iniciar una pregunta. pero se dio cuenta de que no era el momento oportuno. No pod¡a permanecer mucho tiempo en el mismo lugar. padec¡a una extra¤a inquietud. como si una pared lo separara del mundo.Helena le cerr¢ la boca con un beso y se alej¢. Como un perseguido. lo hac¡a ir durante todo el d¡a de un lugar a otro.del interior de su cabeza. como si quisiera salir a la luz. Tengo fr¡o y calor al mismo tiempo. Ya estamos en octubre. -Ma¤ana tengo que dedicarle el d¡a entero a m¡ madre. ¨Qu‚ te parece? L‚pido esboz¢ una sonrisa: -Es una buena idea.. me cuesta pensar. Dos d¡as antes de caer enfermo. al d¡a siguiente. Se escondi¢ como un animal herido y llor¢ hasta que se qued¢ sin l grimas. ¨Te apetece una ronda por los lupanares? ¨O quieres que act£e un grupo de baile? Tambi‚n podr¡amos pasarnos la noche bebiendo. se present¢ con el rostro petrificado ante su r¡o y dijo con voz d‚bil: -Lo dejo a tu libre albedr¡o. Al d¡a siguiente. pero una vez persisti¢ durante varias horas. no hace ni fr¡o ni calor. Le segu¡a una extra¤a sensaci¢n de sordera. Nos veremos dentro de dos o tres d¡as. Hoy.... no a perorar.

-dijo Cal¡gula. movi¢ la cabeza: * Ba¤o de vapor. iban siempre acompa¤ados por un pelot¢n de pretorianos. L‚pido besaba absorto las puntas de sus dedos. distra¡do. ¨qu‚ os apetece? ¨Vino?.junto al Circo M ximo hay un nuevo lupanar de lujo. Emilio L‚pido lo vio con satisfacci¢n. La habitaci¢n estaba aromatizada por especias finas. Tiene un laconicum* y un frigidarium para que uno pueda quitarse toda la porquer¡a de las putas.. disfrazados. La noche de octubre era ya bastante fresca. como ya lo hemos hecho otras veces. el propietario tiene una bodega. pero ‚stos ten¡an que guardar cierta distancia para que nadie sospechara. Cuando estaba borracho. se¤ores. sin excepcion. Asombrado. Es extra¤o. En una ocasi¢n. L‚p ido dirigi¢ una mirada interrogante a Cal¡gula. Adem s. pero otra vez podr¡an llegar demasiado tarde. -¨Salir? ¨A d¢nde? -A la ciudad. L‚pido llam¢ a la portezuela. Cuanto m s a menudo realizaba estas correr¡as de inc¢gnito. -Voy a un lupanar como cualquier ciudadano. ¨un ba¤o? ¨Por qu‚ orden? -Primero una jarra de aquel viejo sorrento que prob‚ la £ltima vez. -Bienvenidos. ¨muchachas?. Este asinti¢ con la cabeza. Por cierto. Fui a verlo. guapas y muy limpias. La puerta se abri¢ inmediatamente. -Bien. y se pusieron ambos unas capas de lana parda y se hicieron llevar en sillas de manos hasta las inmediaciones del burdel. Cal¡gula se dej¢ caer sobre los cojines. T£ . Creo que deber¡as salir. Cayo... -Visto que. y se levant¢. despu‚s ya veremos. A sus espaldas se o¡a el paso de marcha de los pretorianos. y alz¢ en el aire una moneda de oro. iluminada con una luz mortecina. cuando podr¡a tener a cualquier mujer de todo el Imperio. Un hombrejoven y maquillado se inclin¢ profundamente. Fueron conducidos a una peque¤a habitaci¢n. desde hace tres d¡as. se acaloraba y se comportaba de manera impertinente. ¨verdad? -No. as¡ te distraer s. Los pretorianos descuartizaron a aquel hombre. no es extra¤o. un gladiador borracho lo derrib¢ de un pu¤etazo. Cal¡gula se mostraba pendenciero.-S¡. no tenemos nada mejor que hacer. de todos modos.. Desde luego. tanto m s se iba haciendo a la idea de que alg£n noct mbulo borracho lo matara en una discusi¢n. Todas las chicas son j¢venes. ¨una comida deliciosa?. Es el atractivo de lo secreto y de lo oculto. Los £ltimos pasos los recorrieron a pie.

sino de una mujer elegante que paseara meditabunda por su propia casa. Espera. -Bueno. otra andaba con pasos solemnes como una reina. ¨Qu‚ otras artes dominas? 162 163 Ella esboz¢ una sonrisa: -Depende. tambi‚n eso es cierto.. contoneando las caderas y adoptando un aire de aparente indiferencia. Deber¡a traerme al pregustador.siempre has disfrutado de eso. Una pasaba despacio y desenvuelta. Marco Emilio L‚pido. De pronto. -P¡ralis. P¡ralis. La llam¢ con una se¤al de la mano: -~C¢mo te ha as. Puedo darte un masaje en la nuca. Cal¡gula estuvo a punto de estallar de risa. orgulloso. aunque s¢lo sea porque contigo uno puede re¡rse a gusto. Llam¢ su atenci¢n porque no ten¡a aspecto de prostituta.. no se pod¡a decir que la muchacha fuera una belleza. P¡ralis. Cal¡gula sinti¢ que le sub¡a una oleada de calor hasta casi cortarle la respiraci¢n. -Trae tu la£d y t¢canos algo. L‚pido jam s le hab¡a O¡do re¡rse tan libremente y tan a gusto. Cal¡gula se sinti¢ ya bastante bien. Me gustas.. Esto indujo a L‚pido a creer que hab¡a acertado con el gusto del emperador. s‚ tocar el la£d y la flauta. unos ojos verdes. Apur‚ de golpe varias copas del vino fr¡o de la bodega. hermosa~ La muchacha se s nt¢ sin temor en un coj¡n al lado de Cal¡gula. En realidad. y les presentaron unas cuantas meretrices. N poles sigue siendo a£n hoy una ciudad casi griega. . y a¤adi¢-: Seguro que eres un senador. Cada una ten¡a un modo distinto de pregonar sus cualidades ante los hombres. Ten¡a tui rostro agradable.. -T£ tambi‚n me gustas -dijo al cabo de un rato.¯ Esta idea le divirtio. ya ver s cuando vengan las muchachas. -Te nombro mi pregustador. y en ella se qued¢ prendada la mirada de Cal¡gula. ~Qu‚ f cil seria envenenarme en una ocasi¢n semejante -pens¢-. -~Eres griega? -Mi padre era de N poles. Cal¡gula convers¢ tan animadamente con la muchacha que se olvid¢ completamente del motivo por el que estaban all¡. El calor remiti¢ tan r pido como hab¡a venido. -¨Tal vez eres un militar? ~Un tribuno? -En cierto modo. puedo acariciarre las plantas de los pies. algo spero. una nariz fina y arrogante y una boca suave bien trazada que amortiguaba la severidad de su rostro. pero por hoy ya has cumplido con tu deber. ¨D¢nde est n las mozas? L‚pido dio unas palmadas. otra bailoteaba moviendo las ancas seductora. t£ vales el dinero que cuestas.

Los grandes ojos de mirada fija. Aquel hombre dijo que no era senador. mea Lesbia.. Piralis supo que no se hab¡a equivocado al identificar a su hu‚sped. es libre y puede marcharse cuando quiera. a los pre. Se fij¢ con m s detenimiento en la imagen del emperador. pero algo parecido. . con su la£d en los brazos. Regres¢ Piralis y se sent¢. Yo tampoco s‚ por qu‚ se gana la vida haciendo de prostituta. Cal¡gula aplaudi¢.Ella se levant¢ y sali¢. se retorci¢. se desplom¢ al suelo. los se¤ores elegantes la aprecian por su cultura y su car cter alegre. deinde centum... aull¢ y apenas fue capaz de balbucear: -Trae a los. pero no sab¡a por qu‚. se¤or. Pero. -¨No est n contentos los se¤ores? -S¡. s¡. Trabaja en mi casa. vomit¢ el vino. L‚pido corri¢ afuera. pens¢ Piralis sin excirarse en demas¡a. Tras sus ojos fr¡os asomaba una profunda vulnerabilidad y algo parecido a la tristeza. -Ojal en nuestros d¡as tuvi‚ramos un nuevo C rulo! Aqu‚l si que sab¡a hacer versos. El due¤o del burdel se desliz¢ hacia el interior. P¡ralis permaneci¢ de pie en la puerta. Hacia medio a¤o que Lucio Anneo S‚neca se hab¡a separado de su . empezaron los zumbidos en su cabeza y fueron aumentando hasta converrirse en una tempestad que lo desgarraba. Afin¢ su la£d y cant¢: Vivamus. llam¢ con un gesto a los portadores de las sillas de manos y volvi¢ a toda prisa. Lo sacaron cuidadosamente y lo depositaron en la silla de manos. Adem s. ®Era Cal¡gula". nariz. aquel hombre le hab¡a dado pena.. pues nunca la hab¡a impresionado excesivamente el rango de un hombre. A' A£n antes de levantarse. much¡simo. por as¡ decirlo. Gimiendo.. -Ella no es esclava. precisamente. la boca estrecha y apretada. Cal¡gula tom¢ a P¡ralis de la mano: -D‚janos poner en pr ctica lo que C tulo propone: Da mi basia mille. En cierto modo.. atque amemus rumores que senum severtorum. en alquiler. a su lado S‚neca y su pandilla son verdaderos somn¡feros. Con esta Piralis re has agenciado un tesoro. Cuando el pelot¢n de los pretorianos rode¢ la silla de manos como un baluarte. la noticia de la grave enfermedad del emperador conmocion¢ a toda la ciudad. el due¤o del burdel dijo: -Debe de ser un pez muy gordo! P¡ralis permaneci¢ callada mirando el reci‚n acu¤ado ureo que L‚pido le dio en el £ltimo momento. Cuando. contemplando la escena.. la vigorosa * Dame mil y luego otros cien besos mas. Cuando hubo terminado. El emperador yac¡a encorvado en el suelo y apenas se mov¡a. la guardia de pretorianos.. al d¡a siguiente.

es como si uno saliera desde una profunda mazmorra a la naturaleza libre. incluso su cargo pol¡tico. y. ¨Estaba S‚neca enfadado porque Cal¡gula hab¡a tachado sus poemas de ®argamasa sin cal"? Como pensador sistem tico y libre de prejuicios. Se desprender¡a sin dudarlo. por dos motivos. como sabes. Necesitaba paz y tranquilidad para su trabajo. En la f¢rmula oficial de juramento. ribeteada de p£rpura. y nos ha transmitido tambi‚n algo de este sentimiento a Agripina y a m¡. aunque. desde la que uno asciende a la luz y al aire libre. y sri aversi¢n hab¡a ido en aumento desde que se encontr¢ frente a ‚l en aquella breve audiencia. desde que mi hermano ocupa el trono imperial. pero hab¡a llegado a la conclusi¢n de que la cr¡tica de Cal¡gula no le afectaba. y todos los informes oficiales comienzan ahora con la f¢rmula: A la salud de Cayo C‚sar y de sus hermanas. -As¡ es como lo siento yo a veces.mujer. ¨Por qu‚ no re quedas aqu¡ para siempre? -No puedo abandonar mi casa de Roma. y a esto ten¡a que quedar supeditado todo lo dem s. pero tem¡a encontrarse con su mujer y tener que escuchar sus reproches y sus peloteras. . No obstante. De tiempo en tiempo visitaba a sus dos hijos. si en alg£n momento se convirtiera en una carga para ‚l. herencia de su padre. que viv¡an en casa de sus abuelos. con su madre. de su toga de senador. encuentro tu comparaci¢n muy acertada: Roma como profunda mazmorra. aprecio el estrecho contacto con mi editor Cornelio Celso. reci‚n fallecido. soy tambi‚n senador. El idolarra a Drusila. A veces echaba de menos a sus hijos. en direcci¢n oeste. ‚l mismo se hab¡a hecho a veces esta pregunta. Con el rigor m ximo de las formas. para ello hay que poder demostrar que se dispone de domicilio en la urbe. se haya convertido en mi jaula de oro. desde cuyo jard¡n se distinguian a£n a lo lejos. En primer lugar. elogi¢ la magn¡fica situaci¢n de la villa. el matrimonio se hab¡a convertido para ‚l en una jaula de la que ten¡a necesidad de escapar. en segundo lugar. S‚neca hab¡a invitado a Livila a su finca r£stica en Tibur. los palacios y los templos de la extensa Roma. se han de citar nuestros nombres. Livila pareci¢ husmear algo: 164 165 -Aqu¡ arriba el aire es completamente otro. S‚neca era uno de los pocos que no sent¡an simpat¡a por el nuevo emperador. y la aceptaci¢n por parte de la mayor¡a de los verdaderos conocedores de la literatura le importaba m s que la palabra de un pr¡ncipe joven y veleidoso. En su amable respuesta la mujer le comunic¢ que aceptaba gustosa la invitaci¢n y que le har¡a saber a tiempo cu ndo ir¡a a verle. l mismo antepon¡a sus tratados filos¢ficos a sus trabajos dram ticos y l¡ricos. Apareci¢ un hermoso y dorado d¡a de oto¤o a finales de septiembre.

Fue un sue¤o de adolescente. vinagre. re o¡ recitar rus poemas en el ode¢n. huevos. creo incluso que est orgulloso de lo que se dice. -Eres un so¤ador. cebolla y garo. Livila. S‚neca le hab¡a tomado la mano.. cuya complicada preparaci¢n hab¡a durado toda la tarde.A mi me resulta embarazoso. una vez rellenados. or‚gano. cebolla. hubo congrio aderezado con comino. pues va corren los rumores m s extra¤os. langostas hervidas y asadas con numerosas salsas. Especialmente orgulloso se sent¡a S‚neca de los calamares rellenos. Livila conrempl¢ el jard¡n bajo la luz vespertina.. pues. cuando Marco Vinicio cumpli¢ en m¡ sus obligaciones de esposo. Estaba a punto de pedirte que re quedaras conmigo esta noche. He esperado este momento desde que. Claro que estas disposiciones s¢lo est n destinadas al honor de su Drusila. Entre plato y plato se sirvieron tres diferentes tipos de mejillones en distintas salsas arom ticas. Una comida que se compon¡a £nicamente de diversos tipos de mariscos. y as¡ se hab¡a enterado de su preferencia por todo tipo de animales marinos. y as¡ pude superar aquella noche y muchas otras. que me acompa¤¢ siempre. A trav‚s del vino hay que saborear el sol. incluso hasta mi fr¡a cama nupcial. los calamares se cos¡an. se la comer¡a. pimienta. como colof¢n. alb¢ndigas y pimientos. canela. pero no le importa. -Ahora nos vuelve a sonre¡r la diosa Fortuna. S‚neca conrempl¢ su fino y gracioso perfil y cuando quiso abrazar cari¤osamente su cabeza. a la edad de diecis‚is a¤os. -Todos los poetas lo somos. Livila dijo: -Quiero acostarme contigo. si pudiera. puro y sin aromatizar.Lo sabe Cal¡gula? -Naturalmente. pero un sueno que jam s se desvaneci¢. pimienta u otros aditivos. Al contrario. -Te has adelantado a mi con tu deseo. la tierra. imagin‚ que me encontraba en rus brazos. Se sirvieron. S‚neca hab¡a hecho preparar una comida opulenta para su invitada. y. S‚neca se ech¢ a re¡r. Lucio Anneo S‚neca. seguro que miraba para otro lado. Entretanto circulan ya versos sat¡ricos en los que se dice que Cal¡gula se acuesta con las tres a la vez. Anneo S‚neca. . Despu‚s tomaron un ligero vino r‚rico. despu‚s hab¡a rodaballo en una salsa de miel. -No me gusta que se estropeen los buenos vinos a¤adi‚ndoles miel. huevos. -No lo tomes en serio! Ya sabes c¢mo son nuestros romanos. S‚neca lo prob¢ y asinti¢ con un gesto afirmativo de la cabeza. El relleno consist¡a en una mezcla de sesos de ternera. . Antes hab¡a hecho preguntar en secreto a su cocinero. el viento. La gr cil Livila com¡a tales cantidades que S‚neca pens¢ que no tardar¡a en reventar. La roja bola del sol pend¡a entre las negras siluetas de cipreses y pinos. que acarici¢ suavemente. Parec¡a que no iba a hartarse jam s. pero cuando los dos pronunciamos nuestros votos matrimoniales. frutos secos y vino tinto. por la que est tan loco que.

-Vamos a imaginarnos que estamos completamente a solas en la casa. gritaba algunas palabras sin sentido hasta que segu¡a una breve fase de sue¤o intranquilo. e incluso los voceadores de mercado se limitaban a se¤alar su mercanc¡a s¢lo con gestos. y la trataron aplic ndole cataplasmas y remedios para bajar la fiebre. Un envenenamiento quedaba descartado. XIII El emperador llevaba ya tres d¡as gravemente enfermo postrado en cama.* * 166 167 Antiguas denominaciones de los desposados. una joven pareja que espera anhelante su primera noche de amor. la llamaron encefalitis acompa¤ada de fiebre. daba vueltas. Nos hemos encontrado. . y d¡selo tambi‚n a los dem s. pero despu‚s volv¡a a recaer en sus delirios febriles. S‚neca la llev¢ de la mano al dormitorio.-Nunca lo hace por mucho tiempo. Para m¡ no cuenta lo que hubo antes. como de puntillas. para calmar el dolor de cabeza. De tiempo en tiempo remit¡an los ardientes brotes de fiebre. no tengo que fingir nada -dijo Livila-. Cal¡gula ten¡a breves momentos de lucidez en que reconoc¡a a rodo el mundo y llamaba a cada uno por su nombre. Dos m‚dicos velaban de d¡a y de noche a la cabecera de su cama. Rufo. Hoy ya no voy a necesitar nada. le administraron de vez en cuando una bebida a base de opio. lo ves en nosotros. S‚neca bes¢ a Livila en el cuello. inquiero. vete a dormir si quieres. porque estaba determinado as¡. El pueblo de Roma daba vueltas. Todos hablaban en voz baja. ego Gaia. -Para esto. El mayordomo carraspe¢ y entr¢ en la habitaci¢n. pero ninguno sabia a ciencia cierta qu‚ nombre deb¡a darse a la enfermedad del emperador. mientras Livila pronunciaba en voz baja las palabras de los votos matrimoniales: Ubi tu Gajus. sobre su lecho. entonces Cal¡gula despertaba y miraba a su alrededor con ojos apagados. se¤or? -No. en torno al monte Palatino. pues no hab¡a ning£n indicio que hiciera pensar en semejante contingencia. -¨Quiere que haga encender las luces. Como Cal¡gula se quejaba de constantes cefaleas. en los labios y en las mejillas.

Majestad. su primo. y ahora est durmiendo. las mezcl¢ con un poco de vino y se lo puso en los . -¨Qu‚ hace?. dejaba caer su mirada burlona sobre ‚l. no lo aguanto m s. el emperador soy yo! En aquel momento. ¨Volver‚ a estar sano? El viejo m‚dico esboz¢ una sonrisa tranquilizadora: -Claro que s¡. -Esto es lo que les dije a ellos. y Cal¡gula dio unos pasos adelante. o es que sigue el viejo con vida?" Los pretorianos lo arrastraron afuera tir ndole de los cabellos y de nuevo unos dolores infernales contra¡an su cabeza. la figura inanimada se levant¢. -All¡! Mira all¡ arriba! Aquel es el emperador! Est sentado all¡ arriba y te va a Juzgar. y Tiberio C‚sar. y a£n tardar s tiempo en curarte.El nombre de Tiberio aparec¡a como una constante amenaza en sus fantas¡as febriles. como una estatua. estaba sentado. a la cabeza de los senadores. Entonces. ¨Quieres que haga llamar a un pretoriano. mi cabeza -empez¢ Cal¡gula a quejarse de nuevo. su tio Tiberio. est bien. Cayo C‚sar Augusto. -~Esr muerto! -exclam¢ Cal¡gula-. Cal¡gula despertaba de sus delirios. Majestad. Sent¡a c¢mo los pretorianos lo arrastraban de la cama hasta el Senado. pese a que ‚l no dejaba de gritar: ¯El emperador soy yo! El emperador soy yo!¯. -Mi cabeza. parec¡a no respirar. era yo quien ten¡a raz¢n! ¨Y qu‚ ocurre con Tiberio C‚sar? -Tu hijo adoptivo est vivo y sano. inm¢vil. aqu‚l de all¡ arriba o yo. Los prerorianos tiraban a Cal¡gula de los cabellos hasta que gritaba de dolor. Ysi ‚l est muerto. -Y. Soltad mis cabellos. Los finos labios se torcieron para esbozar una sonrisa triunfante. -No lo s‚. Pero en la Curia. se hab¡a transformado de repente. su boca entreabierta. mi cabeza. desde hace ya medio a¤o. ahora. o quieres ver a alg£n amigo? -~D¢nd~ est Drusila? -Se ha pasado veinte horas velando junto a tu cama. ¨d¢nde est ? El m‚dico mir¢ inseguro. y s¢lo yo tengo derecho al trono! ¯¨Qui‚n es ahora realmente el pr¡ncipe -pens¢ Cal¡gula desconcertado-. me hac‚is da¤o! Se volvi¢ hacia el m‚dico que velaba al lado de su cama: -¨Qui‚n eres t£? -Tu m‚dico. Pero la enfermedad es grave. Inconfundiblemente era el viejo Tiberio con sus repulsivos eccemas en la cara. dime la verdad. pero sus ojos estaban semicerrados. El m‚dico tom¢ una copa de plata y ech¢ en ella unas gotas de un frasquiro de cristal. Majestad. -Yo soy el nieto del emperador. llorando: -Mi cabeza. Despu‚s lo soltaron. -Est bien. ¨qui‚n es actualmente el emperador del Imperio romano? -T£ mismo.

¨cu ndo regresamos? -Ya me he informado. los padres de ambos son amigos. y este comportamiento no me parece ni cobarde ni deshonroso. Sus £ltimos pensamientos claros fueron: ®Son los dioses quienes env¡an los sue¤os. yJ£piter quiso darme una se¤al a mi.. su representante en la tierra. -Me ha enga¤ado -replic¢ Sabino. -Seguro -asinti¢ Calvo-. y volvi¢ inmediatamente a su tema-. y si muero. r¡o Calvo. t£ no eres enemigo de Helena. -Ha huido! -le interrumpi¢ Sabino indignado-. pero ella antepuso a esta situaci¢n el deber para con su familia. Est prometida. una indicaci¢n. completamente amargado. -Pero yo era un elemento perturbador que pon¡a en peligro sus hermosos planes para el futuro. Pero no me conformar‚ tan f cilmente con los hechos. hijo mio -intent¢ Calvo consolarle-. no puedo entenderlo! Estuvo llorando cuando nos despedimos. Prometida desde su infancia. mi hijo. No entiendo que Helena se avenga a algo as¡. una advertencia. -La comparaci¢n cojea un poco. -No me voy a morir! -dijo Cal¡gula con voz claramente perceptible. y as¡ ha. -Ella quiso que fuera m s f cil para ti.labios al emperador. m s ligero. el matrimonio se convierte en un miserable negocio. Cambiemos de tema. En estos casos. tan poco honrosa como la huida de un soldado ante el enemigo. mi sucesor. Pero no voy a morir!¯. Hace ya tiempo que terminaste tu cura. Al fin y al cabo. -Bien. Los dos estaban sentados sobre un banco a la sombra. Tambi‚n en Roma los hijos han de someterse a los deseos de sus padres. Decide. en unjardin que colindaba con la casa de hu‚spedes y se extend¡a casi hasta el teatro. para finales de agosto quedan unas plazas libres en el barco.. se dio la vuelta y se qued¢ dormido. bien -dijo Sabino distra¡do. -Ahora las cosas son como son. as¡ que no puedo haberle resultado indiferente. Si piensa . Una huida cobarde. 168 169 Cal¡gula sent¡a remitir poco a poco los dolores y notaba que su cuerpo se tornaba m s ligero. No creo en eso de ®ojos que no ven. contra Tiberio C‚sar. Calvo sonr¡o. Sabino se encogi¢ de hombros. y socios. coraz¢n que no siente¯. est obligada frente a sus padres. no todos tienen un padre tan condescendiente como t£. y dirigi¢ a su r¡o una mirada tan llena de reproche como si ‚l tuviera la culpa del comportamiento de Helena.

se limir¢ s¢lo a hacer un gesto afirmativo con la cabeza cuando le dije que padec¡a insomnios y frecuentes y fuertes jaquecas. pienso que seria lo m s l¢gico. pues: ¯Despu‚s de haberse uno ba¤ado y de haber hecho la ofrenda. Tuve que esperar bastante tiempo. -Hace ya mucho tiempo que me interesa saber qu‚ es lo que los sacerdotes hacen con los enfermos. interrumpidos por lecturas del miro de Esculapio. Transcurrieron los siguientes d¡as en compa¤¡a de otros enfermos. o nos dedic bamos a escuchar a un coro de himnos que cantaba las viejas canciones sagradas. La vida cotidiana se va alejando cada vez m s. Lo m s probable es que me aliste en el ej‚rcito. Lo extra¤o es que apenas parec¡a interesarse por mi enfermedad. la mayor¡a se atendr a ello. Ahora que he recobrado el distanciamiento necesario de los hechos. se ha equivocado conmigo. pero ahora vamos a hablar realmente de otra cosa. Y as¡ tambi‚n a mi me instaron tras ocho o . -Pero tambi‚n podr¡as entrar en el negocio de tu padre. se ha equivocado de pies a cabeza! -¨Qu‚ piensas hacer? -pregunt¢ Calvo pacientemente. tengo que superarlo a mi manera. el sacerdore de Esculapio me recibi¢ en un locutorio. -Es algo que me cuesta imaginar trat ndose de ti -objet¢ Sabino. -Te comprendo. Los sacerdotes deben de haber observado con atenci¢n a cada uno. Por lo visto. Yyo s¢lo re lo cuento a ti. fue as¡.Para mantener conversaciones sobre las bellas letras con meditabundos y aburridisimos poetas? No. Tal vez m s adelante. -. no me parece menos extra¤o que a ti. y uno entra en un estado en que los pensamientos absurdos re parecen l¢gicos y los l¢gicos absurdos. Compr‚ndeme. Me pregunt¢ por mi infancia y por mis padres hasta que la conver~aci¢n conduy¢ despu‚s de que le hablara de la muerte de mi mujer y de-mi hijo. hizo preguntas. pero. porque de vez en cuando algunos de nosotros desaparec¡an y se nos juntaban otros nuevos. Los sacerdores no lo prohiben expresamente. no quiso saber nada de lo que pas¢ despu‚s.esto. All¡ me distraere. El tercer d¡a por la ma¤ana. habl¢ mux' poco. No hay que ser creyente para adentrarse poco a poco en un estado on¡rico e irreal. y cien veces no! Ahora no seria capaz de hacerlo. a fin de no irritar al dios. sin duda. Quisiera contarte c¢mo me libr‚ de mis jaquecas. r¡o Calvo. Sabino. pues en esta ‚poca del a¤o es cuando vienen m s peregrinos. los sacerdotes conciertan una cita para una conversaci¢n confidencial. ¨Quieres o¡rlo? Sabino hizo un esfuerzo por mostrarse atento. escuch¢ atentamente y tom¢ notas. -Porque no se deben dar. pero. 170 171 -Y. Nadie cuenta detalles. Hac¡amos suaves ejercicios gimn sticos. -A£n no lo s‚. por lo dem s. Escucha. no obstante. Me dej¢ hablar a mi.

vi algunas figuras pasearse entre los enfermos all¡ acostados. y. como si aquellos animales sagrados se hubieran llevado una parte de mi. me despertaron suavemente. Claro que hay reca¡das. propia de una ceremonia.. con la otra sujetaba de una corta correa a un perro. En plena noche. y ante mi se encontraba de pie un sacerdote con una vestidura talar. Pues bien. no s‚ cu nto tiempo llevaba ya durmiendo. Hay que hacer notar que aquella bebida sabia s¢lo parcialmente a vino y estaba mezclada con algunas medicinas. ¯En el Adyton se puede pasar la noche de distintas maneras. cre¡ percibir una voz en los silbidos. por mi parte. Parece que en el piso superior existen tambi‚n habitaciones individuales. Desde entonces llevo esperando pacientemente la decisi¢n que adoptar mi sobrino. r¡o Calvo -dijo Sabino avergonzado-. medio dormido. Yo. Sertorio Macr¢n esper¢ a ver qu‚ curso tomar¡a la enfermedad del . uno pierde la noci¢n del tiempo. La sala estaba iluminada por una media luz azulada. abri¢ la cesta. desgraciadamente enamorado. Sabino hizo varios intentos. me dieron el alta del tratamiento. -Perdona. En la parte inferior hay un gran dormitorio donde los enfermos descansan a una distancia de unas ocho a diez varas sobre sencillas y duras literas. no lo recuerdo con exactitud. aunque re r¡as ahora de mi. Sabino. De ahora en adelante no pienso seguir molesr ndore con mis preocupaciones. El animal puso sus patas sobre mi cuerpo y me lami¢ brevemente la cara. un trozo de pan blanco y una copa de vino. a presentarme al d¡a siguiente para el sue¤o curativo. Pero el dolor no apareci¢. pero sabr s que los enamorados. pero. y el sacerdote dijo en voz baja unas palabras al perro. Volv¡ a dormirme en el acto y. Despu‚s cerraron la cesta. finalmente. Me exhortaron a permanecer en ayunas durante el d¡a. se trata de la extensa sala de reposo en el lado norte del templo.. Me incorpor‚. no lo s‚. vi una culebra de Esculapio que levantaba su cabeza con suaves silbidos y. Lo dem s lo sabes t£ mismo: misjaquecas han desaparecido. este viaje haya sido un ‚xito. al d¡a siguiente.nueve d¡as. una voz que me hablaba con tono tranquilizador y reconfortante. y las palpitaciones remitieron. y de d¡a en d¡a duermo mejor. me acost‚ en la gran sala y me qued‚ dormido con tanta rapidez como nunca me hab¡a pasado. s¢lo fue capaz de balbucear: -No. y me alegro de que. pero no sabr¡a repetirte ni una sola de sus palabras. -¨No crees que lo enfocas mal? ¨Hubieras preferido no haber encontrado a Helena? Era ‚sta una pregunta dificil de contestar. muestran poca consideraci¢n con los que les rodean. por ejemplo anoche sent¡ la leve y sorda tirantez que precede al dolor de cabeza. Se arrodill¢ junto a m¡. s¢lo por la noche nos dieron en el Adyton. al menos para ti. Entonces me sent¡ extra¤amente vac¡o. tanto si su amor es afortunado como si es des graciado. le di las gracias a aquel dios con un exvoto y un donativo en met lico. En una mano llevaba una cesta. a la vez que aflojaba la correa.

Tiberio mir¢ al suelo. pero. adem s. Su desgraciada infancia estaba adherida a ‚l como un estigma. 172 173 -Podr¡a haber espias entre ellos -consider¢ Macr¢n. Tal vez no lo sepas. Naturalmente. -Yno ha pasado tanto tiempo -dijo vacilante. y ahora ya llevas la toga viril. Fue a ver a Tiberio C‚sar que habitaba. y cuando.~icr¢n. que no mirara a nadie a los ojos y que prefiriera jugar con sus perros. sus £nicosamigos. Macr¢n mir¢ a su alrededor. pero no ten¡a ning£n cargo. pero. superfluo. Desconfiado. La adopci¢n apenas hab¡a cambiado su s¡ruacion. eras a£n un muchacho. all¡ ya se ve desde lejos a cualquiera que prerenda escuchar. acababa de cumplir cuatro a¤os. Cuando su padre muri¢ a causa de la perfidia de Sejano. pero ten¡a que correr este riesgo. por lo visto. se cuenta con su muerte. aunque Cal¡gula no lo oculta para nada: la ha nombrado su un¡ca heredera. En efecto.emperador. Mejor que salgamos aljardin. actu¢ con rapidez. apenas se le ten¡a en cuenta. el Senado tendr que confirmarre lo quieras o no lo quieras. Ten¡a poca ambici¢n. Tiberio interpretaba el papel del abuelo amante e hizo traer a su nieto a Capr¡. nieto carnal del difunto emperador. Eres su hijo adoptivo. su madre fue ejecutada por asesinato de su marido. junto con un par de sirvientes. era un muchacho que apenas hab¡a cumplido los doce. Aunque pague unos cientos de sestercios a cada uno de los soldados y unos . Yasi no era extra¤o que hubiera desarrollado un car cter t¡mido y apocado. pero se le dejaba sentir que resultaba molesto y. ninguna influencia. fuera de esto. y abri¢ la puerta-. ninguna funci¢n. la casa demasiado grande de sus difunros padres. Viv¡a con sus preceptores en una de las doce villas imperiales que estaban diseminadas por la isla. Cal¡gula est enfermo. y empez¢ en voz baja: -Tiberio. -Cuando te vi por £ltima vez en Capri. y. Nadie lo dice abiertamente. Jam s hab¡a superado este golpe. soy soldado y no me gusta andarme por las ramas. y ‚l parec¡a notarlo. al depravado Emilio L‚pido. Tiberio era una figura sin relieve. no le gustaba hablar en p£blico y ten¡a pocos amigos. -¨Y los criados? -Est n en alg£n lugar de la casa. se le tributaba el respeto protocolario. Se quedaron parados bajo un pino. Tiberio C‚sar. No hay ninguna duda de que es a ti a quien corresponde la sucesi¢n. Cuando oy¢ de c¡rculos de la corte que Cal¡gula estaba muy mal. Macr¢n sabia que su visita no pasar¡a inadvertida. Sertorio M. Ser¡a posible que los pretorianos se dejaran comprar y proclamaran emperador a su esposo. Ahora pod¡a hacerse llamar hijo del emperador.. -¨Puede o¡rnos alguien aqu¡? -No. incluso muy enfermo.. Pero est Drusila. por orden de Tiberio. s¢lo vivo en compa¤¡a de mis perros. pero nunca quiso verlo. en realidad.

El joven pr¡ncipe llam¢ con un silbido a uno de sus perros y le acarici¢ cari¤osamente la cabeza. Tengo que ver su cad ver! S¢lo entonces aceprar‚ gustoso tu ayuda como prefecto de los pretorianos. Macr¢n esboz¢ una sonrisa sombr¡a. -Ojal hubiera nacido hijo de un panadero o de un carpintero -musit¢ Tiberio al o¡do de su perro. Tiberio. Estoy dispuesto a volver a asumir mi viejo cargo y a apoyarte con mis pretorianos. el emperador no ha nombrado un nuevo jefe de los pretorianos. Te ofrezco mi ayuda. pese a que Cal¡gula ya ha despilfarrado una parte de la fortuna familiar. mientras que la del esposo de Drusila podr¡a provocar una guerra civil. ella no ser mucho m s pobre. Se dirigi¢ a su padre.cuantos miles a los oficiales. La decisi¢n no tardar en producirse. Sabino dirigi¢ una mirada cari¤osa a su madre. Has vuelto a hacer desgraciadas a una serie de muchachas. Tiberio sigui¢ con la mirada a su visita. Ninguno de los soldados levantar una mano en favor de aquella prostituta incestuosa. -Ya me lo imagino -dijo Valeria-. -Un pr¡ncipe imperial tiene obligaciones -dijo Macr¢n en tono severo-. ¨Qu‚ piensas al respecto? -No me importa gran cosa ser emperador -dijo Tiberio en voz baja. pero no har‚ valer mis derechos hasta que me encuentre ante el f‚retro de Cal¡gula. y esto es precisamente lo que yo quiero evitar. Tiberio C‚sar. Actualmente. y este lo mir¢ con tanto cari¤o y comprensi¢n como si lo hubiera entendido todo. Hasta la fecha. En cualquier caso. Al editor y librero Cornelio Celso se le notaba el alivio que sent¡a al poder abrazar de nuevo a su hijo. lo quiera uno o no. esta vez fue distinto. No. Pero Drusila es mujer. Hay cosas que se tienen que hacer. -A no ser que una bolsita llena de sestercios lo anime a hacerlo. -Exactamente. -Es que me han pasado algunas cosas. y su mirada pasaba de largo sin detenerse en Macron. Luego os lo contar‚. de modo que basta con recogerlas. tu entronizaci¢n es l¢gica. pero ahora no quisiera hablar de eso. -¨C¢mo van los negocios? ¨C¢mo est n nuestros poetas? ¨Has descubierto alg£n genio in‚dito? -Desgraciadamente los poetas no crecen como las manzanas en los rboles. pareces m s serio y m s hombre que antes de tu partida -dijo. pero primero tengo que superarlo. S‚neca . que arraves¢ el jard¡n con paso firme y castrense. y as¡ rus derechos prevalecen. -¨Por qu‚ dices que las he hecho desgraciadas? Normalmente suelo hacerlas felices. pues L‚pido tiene muchos enemigos. -Bien -dijo Macr¢n l conicamenre-. -No deseo una guerra civil. -Hijo.

pues le venia bien cualquier trabajo que le impidiera pensar. all¡ se tienen otras preocupaciones. Cal¡gula alz¢ la vista hasta el hermoso artesonado en el techo de su alcoba. Celso se ech¢ a re¡r. Es como un barril repleto a rebosar. En la observaci¢n de su padre. el emperador pas¢ la noche tranquilo. Es un ferviente admirador de nuestro joven emperad¢r. All¡ arriba hab¡a aparecido el rostro majestuoso del padre de los dioses y hab¡a mantenido largos di logos con ‚l.no trabaja mucho. Pero. y hay que esperar de ‚l muchas ideas y genialidades. -Lo que est s haciendo ah¡ en la Tierra est en total consonancia con mis planes e intenciones -le hab¡a explicado el lanzador de rayos. La enfermedad hab¡a purificado a Cal¡gula convirri‚ndolo en dios. -Puede ser. No le sorprendi¢ el haber superado la enfermedad. no el amante. Tambi‚n es necesario desde hace tiempo realizar una revisi¢n y hacer un listado de nuestros viejos fondos. la gente no suele ocuparse de pol¡tica. Pero la gente habla mucho. ten¡a intenci¢n de contratar proximamenre a otro copista m s. pero a mi me interesa el poeta S‚neca. -En Epidauro. -¨Ya hemos llegado a tu tema preferido? Creo que S‚neca no tiene necesidad de esto. primero tengo que volver a aclimatarme. Sabino percibi¢ la temerosa pregunta de si no habr¡a renunciado finalmente a sus planes de convertirse en soldado. pues en sus sue¤os febriles se le apareci¢ un par de veces J£piter. Al o¡r estas palabras. -A veces una cosa es causa de la otra. 174 175 -Habr tiempo para todo. -Todo se har ! -dijo Sabino en‚rgicamente. -Las habladur¡as suelen tener un fondo de verdad. tu amigo Querea re lo contar rodo. y por la ma¤ana estaba casi sin fiebre. El s‚ptimo d¡a despu‚s de haber ca¡do enfermo. quien le dio a entender que Cayo C‚sar y ‚l formaban una unidad desdoblada en dos seres: como J£piter en el Olimpo y como emperador en la Tierra. a quien toda Roma ama y adora como si fuera un regalo de los dioses. lo que antes no era m s que una intuici¢n. se hab¡a convertido . -¨Ha preguntado por mi Casio Querea? -Vino a vernos una vez. -Ya lo creo! De todas formas. Pero ya habr s o¡do hablar de esto. Supongo que piensas ir a verlo pronto. se dice que tiene un amor¡o con Livila. -Bien. en aquellos momentos. ¨Tienes trabajo para mi? Celso respir¢ aliviado. Sabino no estaba en condiciones de hablar de estos temas. la hermana menor del emperador.

Entonces tambi‚n hay que tratarlos como a gusanos: a algunos hay que aplastarlos. se dio la vuelta y se qued¢ dormido. Los vuelos maravillosos de su fantas¡a hab¡an fatigado a Cal¡gula. Se cuadraron. otros se refugian en las profundidades de la tierra. Fuera. nombres de muertos. Cal¡gula sent¡a algo parecido a la felicidad. semejante a los dioses. al pasado. aqu¡ en la Tierra. en realidad. -A£n no saben que ya est n muertos: Tiberio. gobernaba en la Tierra. Roma y el orbe estaban salvadas. ten¡a la vida y la muerte en sus manos y pod¡a recompensar o castigar a su libre albedr¡o. pero un doble enviado a la Tierra por J£piter pod¡a o incluso deb¡a comportarse como un dios siendo emperador.en certeza. pues. un dios cruel. Pese a ser un dios. Bostez¢. sino que deber¡a ser considerado y aprobado como un acto divino. Sent¡a que de todas partes aflu¡an a ‚l fuerzas misteriosas. Hab¡a encontrado su verdadera naturaleza. Tiberio C‚sar! Macr¢n! Ennia Nevia! Cal¡gula pronunci¢ estos nombres y se ri¢ en voz baja. el pollito. estaban ya muertas. contra su naturaleza. se hallaba en paz consigo mismo. omnisciente. Nevia. y le recorr¡a como un elixir la sensaci¢n de tener unas posibilidades ilimitadas. en fila. Sus decisiones eran inescrutables y se sustra¡an a la valoraci¢n por parte de los humanos. y a otros uno los caprura. se estaba recuperando. muy por encima de los seres humanos que estaban pegados a la tierra como gusanos. Por primera vez en su vida. Sus actos pod¡an ser todo lo caprichosos o arbitrarios como lo eran desde siempre los actos de los que habitaban el Olimpo. como dios. el emperador recibi¢ a los tribunos de los pretorianos. nacido para soberano o elegido por el pueblo. ten¡a que subordinarse a ciertas leyes. los encierra ylos rortura para divertirse. y en la Tierra ten¡a que arreglar ahora unas cuantas cosas. P lido y con el rostro demacrado. Cal¡gula se estremeci¢ ante este abismo de posibilidades. en las calles. este acto no tendr¡a nada que ver con el derecho a lajusricia. Si ma¤ana decidiera hacer ejecutar a todo el Senado. Macr¢n. lo s‚. al futuro. Pod¡a elevar y degradar. por ser un pr¡ncipe bueno yjusro hab¡a muerto. Pero hab¡a una cosa que la gente no sabia. Un hombre. all¡ esperan ya las urnas para acoger un monronciro de blancas cenizas. Muchos otros nombres pasaron por la cabeza de Cal¡gula. y sobre miles de altares se ofrec¡an sacrificios en acci¢n de gracias. ard¡an las fogatas en se¤al de alegr¡a. All¡ arden ya las hogueras. siempre para divertirse. Naturalmente. yo. el Cal¡gula. nombres de personas que a£n estaban vivas. que sanaba. urbi et orbi. sent¡a volar sus pensamientos. nadie pod¡a preguntar por lo divino en su forma pura ni pretender comprenderlo. pero que. y su lugar lo ocupaba un dios. El mu¤equito. preveo el futuro. que a£n no sab¡a: un emperador que se esforzaba. Cal¡gula sent¡a florecer su cuerpo. y Cal¡gula los contempl¢ . y su naturaleza humana se le antojaba ya s¢lo un necesario camuflaje.

sino por su valor. -Comprendido. Cal¡gula pase¢ la mirada por aquellos hombres que rodeaban el trono como un baluarte viviente con sus yelmos adornados con plumas. -Tribunos! Vuestro emperador y el pueblo de Roma os miran con orgullo! Mientras una enfermedad sagrada me alejaba de vuestros ojos. tribuno? Siento una gran simpat¡a por los hombres que alcanzan un alto cargo. ¨Tienes alguna pregunta? Querea salud¢ militarmente. y os recompensar‚ por vuestra fidelidad. resulta algo delicada. pero retuvo a Querea. su obstinaci¢n y su fidelidad. con sus espinilleras y sus c ligas atadas con cordones de cuero. re doy la orden siguiente: elige un centuri¢n y un par de pretorianos. cuya voz aguda y aflautada recordaba todav¡a. Querea.. Os doy las gracias! Los hombres no sab¡an muy bien qu‚ deb¡an pensar de aquellas palabras. como renace el F‚nix de sus cenizas. pero se sent¡an honrados y elogiados. no por su nacimiento. que se manten¡a en posici¢n de firme. emperador! -Retirare! En su vida de soldado. como si quisiera contemplarlo mejor desde todos los ngulos.ha cometido un delito de alta traici¢n durante mi enfermedad. Y por eso te he elegido a ti por encima de los otros para ejecutar una orden imperial que resulta. Si se muestra demasiado cobarde. estuvisteis de servicio con lealtad inquebrantable y con f‚rrea disciplina.. pero el caso es que tengo pruebas. Querea hab¡a matado a muchas personas. -¨Qu‚ tal re sienta tu nuevo rango. aquellos desertores ser n erradicados como una camada de serpientes venenosas. En consecuencia. Mi primo Tiberio -ahora ya no puedo llamarle hijo.. Cal¡gula se levant¢ y dio vueltas alrededor del gigante. ve a casa del traidor y le transmites mi orden personal de que ponga fin a su ignominiosa existencia. Su mirada se clav¢ en Casio Querea que sacaba la cabeza a la mayor¡a de sus camaradas. con sus corazas refulgentes. Ah¢rrame los detalles. con excepci¢n de sus dos gigantescos guardias germ nicos. cara . por deshonrosos intentos de alejaros de vuestro emperador. S‚ que 176 177 me sois fieles. Los m s fieles de los fieles! Sus instrumentos! Su voz fr¡a y. Con una se¤al de la mano orden¢ que los hombres se retiraran. y un largo clamor de j£bilo sigui¢ a las palabras del emperador. Cal¡gula ten¡a una excelente memoria Y se acord¢ inmediatamente del nombre de aquel gigant¢n. ay£dale a cumplir mi orden. Puesto que he renacido fuerte y rejuvenecido de la fiebre y de la enfermedad.largo rato en silencio. ech¢ fuera a los criados.dura a£n no hab¡a recuperado su antigua fuerza. pero llenaba f cilmenre~ la peque¤a sala de recepci¢n. y no os hab‚is dejado confundir por insinuaciones traidoras.

pero luego record¢ las palabras del emperador. Tiberio C‚sar. Tiberio dio unas palmadas. -Salve. Ll‚vame hasta ‚l! Se dirigi¢ al centuri¢n: -Y t£ vigila la casa con rus hombres! Tiberio estaba sentado en eljardin cepillando a uno de sus perros. y el viejo mayordomo apareci¢ con aire preocupado. tribuno. -¨Qu‚ quer‚is de ‚l. Querea hizo llamar a un centuri¢n conocido suyo y le orden¢: -Elige seis hombres y pres‚nrare ante m¡ con ellos listos para partir! El camino no era largo. que ya hab¡a servido bajo Druso y Claudia Livia. -No llores. Quien recib¡a una orden de ‚l. Querea carraspe¢ y mir¢ al suelo. tribuno. la casa se hallaba entre el Palatino y el Celio. contin£a. Pero esto le importa poco. como si estuviera a punto de cometer un acto no del todo honroso. pero Tiberio dijo sereno: -Adelante. Querea salud¢ militarmente. -Ll‚vare a los perros dentro de casa -orden¢ al mayordomo. M s tarde o m s temprano ten¡a que ocurrir. Quiero que sean quemados conmigo. -Haz que mare¤ a los perros -orden¢ Tiberio-. -He dicho lo que hay que decir. y aquello le parec¡a correcto y honroso. espada contra espada. y ni tengo amigos ni seguidores. se reflej¢ un profundo espanto cuando Querea pidi¢ ser conducido ante Tiberio C‚sar. pese a que apenas abandono esta casa. Tiberio puso su mano en el hombro del Sirviente para consolarle. -¨Esto es lo que espera de mi mi primo Cal¡gula? Por lo visto. que empezaron inmediatamente a ladrar..a cara. Entonces el viejo supo cu l era el mensaje que el tribuno hab¡a transmitido. y el emperador espera de ti que obres en consecuencia.. Aquellas palabras no parecieron asustar al joven. de que hubiera cometido un delito de alta traici¢n. pero aquel individuo era casi un ni¤o. pero de manera que no se enteren. sigue consider ndome peligroso. del pr¡ncipe. para mm. se¤or? -Se lo dir‚ personalmente. pues Cal¡gula ha puesto sus manos sobre . Rompi¢ a llorar. creo conocer ya tu mensaje. pero jam s hab¡a ejecutado una orden semejante. -Debes. Y. sal ahora y espera con rus hombres ante la casa hasta que el mayordomo os informe. amigo. Soy el tribuno Casio Querea y te traigo un mensaje del emperador. Querea vacil¢. Se ha demostrado que eres culpable de alta traici¢n. del emperador. Sinti¢ un leve malestar. del Augusto. prep rame un ba¤o. No puedo dejaros gran cosa. y se alej¢.. ¨verdad? Una orden es una orden. En los ojos del viejo mayordomo. quedaba justificado ante todo el mundo. No dud¢ ni lo m s m¡nimo de que estuviera probada la culpabilidad de Tiberio C‚sar. Tiberio se levant¢ y dijo con la dignidad de un pr¡ncipe imperial: -Entonces..

Despu‚s. Los criados hab¡an acostado a Tiberio sobre su lecho en el cubiculum. pues la traici¢n ama lo inadvertido. Pero ahora ha dejado de existir. Tiberio se volvi¢ y entr¢ en la casa. con sus hombres. . -¨Se neg¢?. Volvieron a esperar en silencio hasta que el mayordomo les abri¢ la puerta. El joven pr¡ncipe yac¡a all¡. -Entonces es que no ten¡a la conciencia limpia. el centuri¢n dijo: -¨Y si pese a todo huye? En las casas antiguas existen a veces pasos subterr neos u otros caminos secretos para huir. muy r pido. -Estoy contento contigo. estar alerta al menor detalle. as¡ no! -grit¢ el mayordomo sollozando. Querea. -Pero tambi‚n una mayor responsabilidad. En el suelo estaban los dos perros. No queda nada m s que hacer. ¨Te apetece servir como tribuno en la guardia de palacio? El sueldo es mejor y el servicio m s varmado. lo oculto. Cualquier otra disposici¢n os ser notificada. todo fue muy r pido. Con tu estatura impresionar s a mis germanos. Me cuidar‚ de que sea menos r pido en el futuro en casos de alta traici¢n. El metal no qued¢ empa¤ado. Adi¢s. d¡a y noche. -Pod‚is quemar a vuestro se¤or y enterrarlo. Cal¡gula estaba ansioso por conocer todos los detalles. Querea esperaba en silencio. ¨llor¢?. has servido fielmente a mi familia. Buenos motivos tendr¡a para ello! ¨Yno dijo nada m s? -No. Fuera. En un momento dado. p lido y con los ojos cerrados. Querea le coloc¢ la hoja de su pu¤al ante la boca y la nariz. -Gracias. Esto no pareci¢ gustarle al emperador. M s bien tuve la impresi¢n de que esperaba la sentencia. -No quiero la libertad. al mejor de los emperadores? Los ojos duros y fr¡os de Cal¡gula se posaron ben‚volos en Querea. ¨implor¢ clemencia?. Estaba fr¡a.tribuno! Aqu¡ hay que estar atento.mi herencia. Despu‚s toc¢ la mano que yac¡a sobre la cama. de repente. Cal¡gula se mostr¢ amable. Desde hace algunos meses los documentos de manumi178 179 si¢n para ti y los dem s est n depositados en el despacho de un caus¡dico. . emperador. -¨Muy r pido? Vaya. y eres libre. ten¡a las mu¤ecas vendadas. El mismo d¡a inform¢ al emperador. Ser‚is hombres libres. emperador! Es para mi un gran honor poder estar tan cerca de ti. -¨Qui‚n podr traicionarte a ti. ¨grit¢? -Nada de eso. Querea y el centuri¢n entraron en la casa. degollados. -AA d¢nde va a huir un Tiberio? Toda Roma lo conoce. vaya.

mayor y m s maduro. Todos se quedar¡an parados. pues s¢lo hubiera conseguido un indulgente asentimiento con la cabeza. ve¡a a los invitados a la boda reunirse en su casa y al sacerdote sacrificando un cordero. pod¡a esperar comprensi¢n. Fuera. se decidir¡a a acompa¤ar al esposo. Pero ella se fingir¡a temerosa. Dos portadores de antorchas ir¡an delante. Y. De ‚l. la m s dolorosa para ‚l. los novios pronunciar¡an su promesa matrimonial. y se har¡a el silencio. seria entregada la esposa por las doncellas de honor. fue a ver a Querea. Ve¡a a Helena de novia. A Cornelio Sabino le cost¢ m s de lo esperado superar lo ocurrido en Epidauro. A continuaci¢n. ahogando unas risitas de complicidad. la alcoba donde. mientras arrojaban dinero y dulces a los espectadores. y s¢lo tras una medrosa vacilaci¢n. Con br¡o propio del ritual. . mientras en el interior el esposo le soltar¡a a su esposa el cintur¢n. pero no servia de nada. Ante el altar. Entretanto. porque en el lecho nupcial esperaba un esposo que no era ‚l. como ya hab¡a vivido algunas.-Ojal todos pensaran como t£. Pero desgraciadamente no es as¡. se retirar¡a al cubiculum. se las llevar¡a a casa como talism n. ya lo ver s. los invitados cantar¡an canciones nupciales. Pero esta vez no. imaginaba la £ltima fase. vestida de fiesta. puestas as¡ las cosas. Les seguir¡a una animada marcha nupcial con m£sica y viejas canciones. Se imaginaba c¢mo seria la boda de Helena con Perr¢n. Naturalmente pensaba en una boda romana. despu‚s dar¡a comienzo el banquete nupcial con m£sica y baile hasta muy avanzada la noche. a quien correspond¡a en justicia ocupar aquel lugar. con el velo en la cabeza. En alg£n momento de la noche. El nombre del famoso santuario de Esculapio encerraba para ‚l todo lo que hab¡a vivido con Helena. Con especial claridad. Cornelio Sabino. de sus amigos tem¡a la burla. lo que hab¡a sentido por ella. unos amigos del novio la levantar¡an en brazos y atravesar¡an con ella el umbral de la casa que ahora tambi‚n era la suya. hasta llegar a la casa del novio. amigo mio. 180 181 Sabino se dec¡a una y otra vez que esta idea era est£pida e infantil. Despu‚s. los el‚menros m s importantes del hogar. se refugiar¡a en los brazos de su madre. y siempre le hab¡a parecido la cosa m s natural del mundo. la novia ungir¡a con aceite la jamba de la puerta y cruzar¡a la entrada con una cinta de lana. con husos y ruecas en las manos para recordar la venerable actividad de un ama de casa romana. Entonces el esposo ofrecer¡a a la esposa un recipiente con carb¢n candente y otro con agua. se levantar¡a el joven esposo para llevar a casa a su flamante y joven esposa. poco despu‚s. y tambi‚n Sabino lo sabia. D¡a tras d¡a le mortificaba esa idea que poblaba sus sue¤os nocturnos como un fantasma. No quer¡a lamentarse ante sus padres. Les seguir¡an las doncellas de honor. se arrojar¡an ahora muy lejos las antorchas y quien consiguiera atraparlas. Todo el mundo sab¡a lo que venia despu‚s.

s¢lo tengo que pedirte un poco de paciencia.. pero no podemos cambiar las leyes. -No s‚ qu‚ decirte. y as¡ no tendr‚ que reprocharme m s adelante haber renunciado a Helena sin luchar. Vienes de una conocida familia patricia. Lo importante es que hay que hacer algo. confirmar‚ con mucho gusto que re he instruido a fondo en el manejo de las armas. muchos j¢venes como t£ han empezado su carrera en el ej‚rcito. incluso la £nica posibilidad. Rera a duelo a su esposo. Si hiciera falta. Hizo un gesto negativo con la cabeza. a quien la tristeza de su hijo preocupaba honda- .. el tribuno Casio Querea. Querea pens¢ un instante. S¢lo quiero decir que has de ser activo. Aunque para la cuestura soy a£n demasiadojoven. su bondadoso rostro s¢lo reflejaba la alegr¡a del reencuentro. Con tus relaciones. Si tienes alguna posibilidad de hacerlo. -Para llegar a serlo he necesitado yo media vida. -Qu‚ har¡a yo sin ti! Lo que has sugerido. haz algo! Sabino no hubiera cre¡do capaz de semejantes propuestas al apacible Querea. As¡ tuvo conocimiento Querea de lo ocurrido en Epidauro y de los vanos intentos de su amigo por superarlo. yo. Solicitar‚. Pero me da la sensaci¢n de que re ocurre como a una planta de maceta a la que se le quita el agua. Sabino abraz¢ fuertemente a su amigo. que no es justo. -Ya lo s‚. pero ¨c¢mo he de hacerlo? Mi padre perder la paciencia conmigo si me vuelvo a marchar. sino adelante.? Querea le coloc¢ su vigorosa manaza en el brazo. -¨Tanto se me nota? Entonces no es necesario que ande por las ramas. viaja a feso y conrempla la felicidad del hogar de Helena. al ataque. no re resultar dificil. Has de hacer algo para superarlo. se me antoja la mejor. pero en ellas no resonaba ni envidia ni reproches. -No tomes al pie de la letra lo que re be aconsejado. -S‚ muy bien. -¨Quieres decir que debo. pues este constante estar sentado cavilando acabar por llevarte a la tumba.. -Te aconsejo lo siguiente: lleva a la pr ctica tu viejo plan y sol¡cita un puesto en el ej‚rcito. Sus palabras sonaron algo amargas. pero no le pas¢ inadvertida la cara ser¡a y marcada por las cavilaciones de su joven amigo. un puesto de tribuno.. -¨Qu‚ re sucede? Pareces un campesino a quien el granizo le ha echado a perder la cosecha. Querea. pues la edad m¡nima son los treinta a¤os. Pide que re trasladen all¡. Como soldado re aconsejar¡a no mirar atr s con cobard¡a y lamentarse como una pla¤idera. En Asia hay tres legiones. pues. Cornelio Celso. una de ellas est estacionada en Efeso.Hacia mucho que no se ve¡an. secuestra a Helena. pero Querea no le hizo reproches.

de enfrenrarse a cualquier tarea. Se trataba del liberto Calixto. En cualquier caso. pese a que segu¡a sin aprobar que iniciara una carrera militar. 182 183 Calixto no s¢lo dominaba los signos abreviados de los amanuenses que hab¡a desarrollado Tulio Tir¢n. Calixto asesoraba al emperador en cuestiones financieras. ¨Qu‚ iba a contestar Celso? Se limir¢ a suspirar y murmuro: -Este hijo! Este hijo! Hab¡a un hombre que iba ocupando cada vez m s un primer plano en la corte imperial. As¡. Quien lo conoc¡a. pero a Calixto no se le escapaba ni una sola palabra y le¡a el texto sin cometer falta alguna. Nadie pod¡a reprocharle que fuera venal. y si hab¡a fundadas esperanzas de poder encontrar alguna soluci¢n. Esta capacidad resultaba muy beneficiosa para la prisa e impaciencia del emperador. capaz -como se demostr¢ m s tarde. aceptaba dinero y regalos. un hombre extraordinariamente inteligente. y Calixto daba las gracias y hacia saber que los obsequios no eran realmente necesarios. -No es mi intenci¢n quedarme en las legiones. Cuando el asunto hab¡a quedado resuelto. y quien quer¡a llegar hasta ‚l ten¡a que empezar hablando con Calixto. y precisamente era a estas horas cuando el emperador lo necesitaba con frecuencia. naturalmente. Calixto dec¡a que no pod¡a prometer nada. incluso de noche. no es extra¤o ni deshonroso que un Cornelio sirva a Roma como soldado. Hombre polifac‚tico. Calixto estaba sien¡pre disponible. Su aspecto era m s bien insignificante. Entonces se sent¡a impulsado a hacer algo. algo torpe. callado y leal. y en esta ocasi¢n se le ocurri¢ escribirle a Avilio Flaco una carta que . pero se mostraba complaciente y amable con todo el mundo. el peticionario le enviaba dinero o regalos. M s de una vez Cal¡gula se hab¡a divertido dict ndole tan de prisa como era capaz de hablar. pero que har¡a lo que estuviera en su mano. pues Cal¡gula ten¡a el sue¤o inquiero y se despertaba varias veces durante la noche. padre. organizaba representaciones teatrales y banquetes y hasta era el confidente y secretario privado de Cal¡gula. lo hacia de otro modo: le expon¡a sus problemas. se hizo pronto imprescindible para el emperador. negociaba con los arquitectos como si fuera uno de ellos. Quien se presentaba ante Calixto y le ofrec¡a una determinada cantidad a cambio de una audiencia con el emperador era expulsado de all¡ a cajas destempladas. era peque¤o. gordo. sino que lo hab¡a perfeccionado y hab¡a creado un sistema propio.mente. pese a que. respir¢ aliviado. que ya hab¡a hecho azorar a amanuenses que le resultaban demasiado lentos. en poco tiempo se hizo inmensamente rico sin robar a nadie y sin ganarse enemistades. te lo prometo.

Calixto lo dijo con toda seriedad. Se le ocurri¢ otra cosa. -La pregunta tiene f cil respuesta. s¢lo a ti. El emperador bostezo. ¯ El emperador hizo una pausa.. acu‚state.. algo por su emperador. Para conferir a la construcci¢n una especial solemnidad. de momento. -¨Esto es todo? -Si. apenas pod¡a ya cerrar el manto. pues. -El caso es que ahora existen dos prefectos de Egipto -observ¢ Calixto. por as¡ decirlo. pero sus pensamientos segu¡an trabajando incansablemente. y Calixto alz¢ la mirada. sino que razonara sus opiniones con l¢gica aplastante. Adem s deseo que visites la tumba del gran Alejandro. Calixto. Majestad. Paga el precio que corresponde y apela a mi si los sacerdotes no quieren entregarla. Sea lo que fuere. que haga. y sus palabras sonaban a una comprobaci¢n neutral. pues. pues: <~.. -A tu servicio. El rey lleva una coraza de oro. Toma tu estilete. necesito una hermosa estatua antigua de la diosa. pese a que estaba ya amaneciendo. ahora. Deseo que pr¢ximamente env¡es al menos uno de ellos a Roma de la manera m s r pida. ¨Has seguido los avances de la construcci¢n del templo de Isis en el campo de Marte? Calixto asinti¢. Mi actitud hacia ti seguir siendo ben‚vola si cumples estos encargos a mi plena sarisfaccion¯. Calixto. Debe ser de piedra noble -p¢rfido o m rmol verde. -Bien. -Correcto -dijo Cal¡gula sonriendo maliciosamente-. ¨c¢mo sigue? ¨Me quedar‚ con el original de la coraza o me conformar‚ con la copia? No hab¡a manera de perturbar a Calixto. quiero adornar algunos lugares con obeliscos egipcios. y me envias el original.. en reserva por si le ocurre algo al otro. haz construir uno adecuado. Al muerto no le importa llevar una copia sobre su cuerpo. Majestad! El emperador llevaba un manto de seda de color violeta bordado con flecos dorados y jerogl¡ficos egipcios. llamar a Calixto. Cal¡gula sonri¢ halagado. El emperador se ech¢ sobre la cama. interrogante. Dentro de dos o tres meses estar terminado. pues hab¡a engordado considerablemente. He dado orden de levantar en el campo de Marte un segundo templo dedicado a Isis. Desde que sufriera aquella enfermedad. -Y. La coraza de oro te corresponde a ti. Hizo. ahora lo eres t£. Le gustaba que Calixto no le adulara de manera servil. -Progresa con rapidez.hab¡a querido escribirle mucho antes. divino Augusto. Uno est . Hizo lla- .y debe medir al menos diez varas de alto. y escribe: ®Para embellecer Roma y para subrayar su rango como centro del mundo. Alejandro fue en su d¡a el amo del mundo. Calixto. La haces copiar por el mejor orfebre de Alejandr¡a y me la env¡as. En caso de que la carga resultara demasiado pesada para los barcos comunes. -Sigue. Flaco sigue ejerciendo el cargo. -Te deseo buenas noches.

y no pas¢ mucho tiempo hasta que Sabino fue convocado a comparecer ante una comisi¢n militar. -¨Nada m s? -Nada m s! Calixto se rerir¢. hab¡a sido c¢nsul en tiempo de Tiberio y se contaba ahora entre los senadores m s antiguos de la Curia. 184 185 XLV Una vez que Cornelio Sabino hab¡a tomado la decisi¢n de entrar en la legi¢n. activaba su solicitud con insistencia y aprovechaba todas sus relaciones. Calixto carec¡a de conciencia. Con el mejor humor subi¢ a la silla de manos para ir a ver a Sertorio Macron. un pariente suyo..mar de nuevo a Calixto. No le puedo enviar a un mensajero cualquiera. Su cansancio desapareci¢.. el incansable secretario renunci¢ a volver a acostarse. alcanz¢ a£n a oir que uno de los hombres dec¡a: -Esperemos que no sea otro de estos nobles imb‚ciles que apenas saben manejar la espada. pero como para entonces el sol de la ma¤ana se reflejaba ya en el m rmol de las casas. se lo debo a su antiguo rango. Cuando Sabino entr¢ en la sala. y creo que ahora ocurrir lo que antes insinu‚. el secretario se acerc¢ a la cama. Hizo como si no hubiera o¡do nada y se puso firme ante los tres oficiales. un alto y respetado rango militar. sin gran esfuerzo. Sin muestra de cansancio o de irritaci¢n.. se hizo rapar la barba y desayun¢ copiosamente.. -¨Majestad? -Hay que arreglar otro asunto. pues se acumulaban las solicitudes de hijos de patricios que quer¡an alcanzar de este modo. Ve t£ a verle y comun¡cale que dentro de tres d¡as ser acusado de alta traici¢n. Sabes que hace unos d¡as he hecho poner bajo arresto domiciliario a Macr¢n. A uno de los dos prefectos de Egipto le va a pasar algo. Dirigi¢ la solicitud por los cauces adecuados. Se trata de una situaci¢n provisional. y en eso resid¡a su fuerza. Cornelio Casio. . esto le hacia semejante a su se¤or. Tom¢ un ba¤o. de los templos y de los palacios. Fue el emperador Augusto quien cre¢ estas comisiones examinadoras.

Uno de los oficiales. Sabino sent¡a c¢mo remit¡a su inquietud y c¢mo recobraba su capacidad de re¡r y alegrarse. se hubiera casado por tercera vez. ¨Qu‚ otra cosa puede significar la guardia ah¡ fuera? Nevia lo pregunt¢ en un tono muy tranquilo. ®No -se dijo a si mismo-. El primer paso estaba dado. Querea es un soldado. -Parece que no es a Alejandr¡a a donde quiere mandarte. podemos hacer por ti. se¤or! -dijo Sabino. ¨Deb¡a ir a casa de Lidia. y no tenemos motivo de dudar de sus palabras. desde su regreso de Epidauro. Querea hab¡a aconsejado a Sabino que no contradijera jam s a los superiores militares y que. dijera siempre ®Si. hijo de Cornelio Celso y de Valeria. Sabino sinti¢ que su falo despertaba. a feso. Sin duda. porque todos los hombres del mundo est n de acuerdo en que con una prostituta uno no puede enga¤ar a una mujer decente. veintis‚is a¤os de edad. no hab¡a establecido contacto con ninguno de sus amigos y se hab¡a encerrado por entero con su pena. Ante Nevia se guard¢ para si su opini¢n. Cuando la guardia tom¢ posiciones ante la casa de Macr¢n. ¨Tres meses? ¨Cuatro meses? Para lo que era normal en ‚l. sol¡cita el cargo de tribuno militar y desea ser destinado a una de las legiones estacionadas en Asia. pero tambi‚n ella sacaba sus conclusiones. El tribuno Casio Querea nos confirma que instruido a fondo en el uso de todas las armas. patricio. aquello era un tiempo increiblemente largo. Con s¢lo pensar en una muchacha. Querea estaba de servicio. entretanto.Un escribiente empez¢ a leer: -Cornelio Sabino. Retirare! fuera. De todos modos ya es hora de Cornelio sirva al Estado con las armas. -As¡ que el joven se¤or desea ser destinado a Asia. exclam¢ ir¢nicamente. un veterano con el rostro cosido de cicatrices y un parche negro en el ojo. -dijo Sabino con rostro impasible. el antiguo prefecto de los pretorianos supo que sus posibilidades de sobrevivir al reinado de Cal¡gula hab¡an quedado muy reducidas. se¤or¯. . suspir¢ aliviado. has sido lo que rompieron a re¡r. no voy a enga¤ar a Helena hasta que me encuentre cara a cara con ella en Efeso. porque all¡ est n las prostitutas m s hermosas.¯ Sabino se decidi¢. pues. Ahora quer¡a hablar con alguien. pero. sino a la c rcel. su vieja amiga? Quiz . pero Sertorio Macr¢n vio llamear el miedo en los ojos bovinos de su esposa. por el lupanar. ¨Cu nto tiempo hacia que no hab¡a estado con una mujer? Hizo una mueca dubitativa. en caso de duda. as¡ que le qued¢ solamente la posibilidad de ir a las termas o a un lupanar. y era lo suficientemente realista como para saber que s¢lo tem¡a por su propia vida. es sincero.

mi esposa? Al menos. despu‚s de ser decapitado. sus informaciones son falsas! Calixto rompi¢ a re¡r con placer. En el caso de que hubiera testigos. se ha demostrado que eres culpable de alta traici¢n. has conspirado con Tiberio C‚sar mientras nuestro bondadoso pr¡ncipe guardaba cama enfermo y desvalido. entonces se refiere un¡camente a mi. Nevia estuvo a punto de confesarle su antigua relaci¢n con Cal¡gula para que viera que no s¢lo ‚l hab¡a sido enga¤ado y burlado por el emperador. veo que est s impaciente. Quiz . Hasta se podr¡a sentar uno en el jard¡n. -De momento. -Desgraciadamente. Calixto no se dej¢ perturbar. Al ver que no hab¡a reacci¢n. pero sin demostrarlo. -Para esto est n los tribunales. con fingido pesar. el confidente intimo y secretario del emperador. Pero pronto tambi‚n yacer s t£ en las Gemonias. pues. pero reprimi¢ este impulso y decidi¢ esperar. pues todav¡a segu¡a amando a su esposa. Hay testigos! Tendr s que rendir cuentas ante el Senado. supongo que a ella la dejar n en paz. Macr¢n hab¡a sentido antipat¡a por ‚l. y Calixto correspond¡a a esta aversi¢n. -¨Qu‚ ocurre con Ennia Nevia. no. no hay nada m s que decir. pues Cal¡gula no es menos desconfiado que su antecesor. No quiso pregunt rselo. breves. t£ no tienes nada que ver en esto. prefecto! Hoy tenemos un d¡a hermosisimo. No parece de invierno. Si su presencia significara alg£n peligro. Al d¡a siguiente.Desde que se encontraba inmovilizado en Roma se hab¡a dado cuenta de que no significaba nada para Nevia. de que sus esperanzas y sus ambiciones apuntaban en otra direcci¢n. -Salve. . ¨no? Calixto neg¢ con la cabeza. Su orgullo de soldado le prohib¡a corresponder a semejante charlataner¡a. y tendr que asumir sus responsabilidades conjuntamente contigo.. -Entonces desaparece! Fuera de aqu¡! No entiendo c¢mo el emperador es capaz de soportar d¡a tras d¡a tu cara gordinflona y arrogante. -¨Acaso est prohibido hablar con alguien? El emperador convierte una breve visita de cortes¡a en una conspiraci¢n. 186 187 -¨Los guardias fuera? S¢lo puede trararse de una medida de precauci¢n. A veces los soldados se muestran impacientes cuando se trata de su honor. Cal¡gula hubiera conservado un resto de gratitud y la dejaba al margen de todo. a no ser que prefieras no esperar al proceso. seamos. En general. le parec¡a conveniente ocultar sus sentimientos. apareci¢ Calixto. -¨Esto es todo? Calixto asinti¢.. Desde el principio. todo quedar aclarado. sigui¢ hablando: -El emperador ha tenido a bien confiarme esta misi¢n. pese a todo. Sertorio Macr¢n permaneci¢ callado. Ella es tu c¢mplice. El emperador es justo. Macr¢n entendi¢ la indirecta.

Pero Nevia ya se hab¡a levantado y apareci¢ sin dilaci¢n. Deber¡a haberme dado cuenta de sus intenciones. El trono habr¡a sido ocupado por el d‚bil y bondadoso nieto del emperador Tiberio C‚sar. Macr¢n. -¨Y qu‚ piensas hacer? Al fin y al cabo tienes un mont¢n de ami- . Pero ¨c¢mo iba a decirselo a Nevia? Sin duda estar¡a a£n en la cama. An¡qtmilar. y ‚l. -¨A ti? De. Macr¢n se dirigi¢ a la ventana y mir¢ fuera. pero no perd¡an la casa de vista.. ¯Ni siquiera has cumplido los cuarenta -pens¢-. No hay que olvidar que su r¡o fue el mejor maestro imaginable. No. y tu vida ha llegado a su fin. se fue al atrio y se sent¢ en un banco. charlaban. ahora empieza 188 189 a poner las cosas en orden. Dio unas palmadas y orden¢ al criado que despertara a su senora. Macr¢n grit¢ una maldici¢n tras ‚l. El espanto hizo que a Nevia le fallara la voz. Cuando el viejo emperador le pidi¢ que vigilara a su sobrino. los hombres se re¡an. -¨Tuviste una visita? -Una visita muy desagradable: Calixto. Nevia. Has llegado lejos. derribar a algunos hombres hasta caer ‚l mismo en la lucha. -Pero no. vas antes -dijo con sarcasmo. hasta que nadie pueda recordarle nada. All¡ estaba la guardia. Pero ahora es demasiado tarde. Van a acusarme de alta traici¢n. aniquilar hasta que ya no tenga que deberle gratitud a nadie. -En cualquier caso.Calixto no dej¢ traslucir si estas palabras hab¡an llegado a afecrarle. podr¡a haberle denigrado y aniquilado. Podr¡a correr espada en alto.. Dio un fuerte pu¤etazo en el banco. con la espada. Sertorio Macr¢n. pero no lo suficientemente lejos para estar seguro de la venganza del joven pr¡ncipe. con veneno o abrirse las venas en el ba¤o? ¨Y Nevia? Ni siquiera ella se salvaba. Y tras una leve inclinaci¢n. tuve que ponerme de lado de Cal¡gula y ayudarle adem s a asesinar al viejo. podr¡a haber representado el papel de hombre fuerte que se mantiene a la sombra. ¨Por qu‚ iba a atacar a los pobres soldados que all¡ fuera no hac¡an otra cosa que obedecer ¢rdenes? Ten¡a que haber otra posibilidad. abandon¢ la estancia. -¨Pensabas que los guardias apostados ante nuestra casa eran tina broma? ¨O crees que Tiberio C‚sar se ha suicidado voluntariamente? Hemos subestimado a nuestro Cal¡gula. el secretario del emperador. Hab¡a cometido aquel error £nico y decisivo cuando tom¢ en su momento partido por Cal¡gula contra Tiberio. ¨C¢mo deb¡a hacerlo? ¨Con el pu¤al.

todos quer¡amos librarnos de aquel cabr¢n viejo.¯ . Quiere borrar todo lo que le recuerde aquella ‚poca turbia. sabes demasiado.. Nevia. Macr¢n la cort¢ con adem n cansino. lo hice. pero no ahora. un valioso regalo del emperador Tiberio. En las escaleras de las Gemonias pronto volver n a amonronarse los cad veres. aunque ahora ya da lo mismo... Se re acusa de complicidad. sab¡a cu n in£til resultaba semejante idea. No nos quedar m s remedio que suicidamos. ¯No merece acabar de este modo -pens¢-. A fin de cuentas. har¡a. Y as¡ nos lo agradece! Macr¢n solt¢ una risa sarc stica. Ahora comprendo por qu‚ quiere eliminarre tambi‚n a ti. y se dio cuenta de que a£n la segu¡a amando... y tampoco lo deseo para ti. que permanec¡a acurrucada en su sill¢n con las piernas encogidas como una ni¤a que tiene miedo de algo. tonta de m¡. y brotaron de sus ojos bovinos l grimas de ira. -Pero eso es. pero Cal¡gula quiere aniquilarte tambi‚n a ti. Calixto ha hablado expresamente de un proceso contra los dos. De un modo o de otro acabar¡anios bajo el hacha del verdugo. Macr¢n se dirigi¢ a la mesa sobre la que se hallaba su espada. -Pero.. Y. La cara de Nevia enrojec¡a de indignaci¢n. -¨Estamos? -pregunt¢ Nevia furiosa-. ¨Qu‚ quieres decir con ®estamos¯? Yo no tengo nada que ver con todo eso. A sus ojos.. -Quisiera pod‚rrelo evitar. lascivo y asesino. har¡a.gos.y a£n s‚ m s! Aquel sapo peludo me arrastr¢ hasta su cama para que influyera en ti. Es mejor que afrontes la realidad. no pienso darle esta alegr¡a. Estamos perdidos. -En este instante o dentro de una hora o ma¤ana por la ma¤ana. que hab¡a recuperado la calma. Iba observando a Nevia. -¨As¡ que no quieres esperar al proceso? -pregunt¢ Nevia.. pese a todo. Pero no la tom¢. Una fuerte compasi¢n se apoder¢ de ‚l. eso es. por ti. Como soldado. espada en mano. No sigui¢ hablando. ¨d¢nde est la diferencia? Una ira s£bita se apoder¢ de ‚l.. Nevia dirigi¢ a Macr¢n una mirada que reflejaba el espanto que le atenazaba. tambi‚n entre los senadores. -S¡! -grit¢ Nevia... haz frente al proceso y proclama la verdad. No lo voy a permitir. No pienso interpretar el papel de protagonista en esta mala comedia. Arri‚sgate. por mi.. sino que ech¢ mano al pu¤al que llevaba siempre encima. -Cal¡gula no opina lo mismo. -Si pudiera enfrentarme a ‚l. -¨La verdad? ¨A qui‚n siguen interesando estas viejas historias? Docenas de testigos jurar n lo contrario para congraciarse con el emperador.. pero no puedo dejarla atr s y entregarla a la venganza de Cal¡gula. -No. -¨Eres realmente tan ingenua como para esperar gratitud de Cal¡gula? El hecho de que hayas subido a su cama m s bien agrava el asunto. -balbuce¢. tambi‚n por ‚l.

A m s tardar... los humanos. ¨crees que soy un dios? -Irradias algo divino. y desde atr s coloc¢ las manos en los peque¤os y firmes pechos de Drusila. -Era un tipo del que uno siempre se pod¡a fiar -dijo con una mal disimulada sonrisa a Calixto-. hombre seco y realista. los oigo cuchichear. pero en mi interior siento el fuego divino. Calixto. y entonces se lo 190 191 anunciar‚ a todo el mundo. Calixto. -Dediqu‚monos ahora a cosas m s importantes. bebo. Las voces son cada vez m s claras. . indicaciones. Se precisa de un esclarecimiento. en mis miembros. y algunos lo notar n. ¨C¢mo van los trabajos de construcci¢n del templo de Isis? -Est n pr cticamente terminados. -S¡.. ¨Podemos esperar que tu apocalipsis nos ser revelado a tiempo? Entonces el pueblo re amar a£n m s que ahora. Calixto. pero no permiti¢ que se notara. No me deja dormir. El emperador se dirigi¢ a sus aposentos privados. En los ojos duros y fr¡os de Cal¡gula asom¢ una expresi¢n acechante cuando pregunt¢: -Calixto. Calixto. me despierta por la noche... Pocas horas despu‚s. Y de noche. -Soy un dios! Lo s‚ desde hace alg£n tiempo. si. una y otra vez. Lo siento arder y bramar dentro de mi. cualquiera lo nota. la agarr¢ del cabello. en mi cabeza. Majestad. me visto. Cal¡gula recibi¢ la noticia de la muerte de Sertorio Macr¢n y de su esposa Ennia Nevia. Pero resulta dificil hac‚rselo entender a mi entorno. -Lo divino no es reconocible inmediatamente y sin m s por nosotros. sinti¢ que le recorr¡a un h lito g‚lido. el templo podr ser inaugurado. a veces escucho mi nombre.. Ahora mismo est n colocando un techo de madera en la capilla donde estar la estatua de la diosa. Ahora me ha librado de su molesta presencia. cuando reina el silencio m s absoluto. -Dar‚ las instrucciones pertinentes. Quiero que los dos tengan un entierro decente. ¨Acaso es propio de un ser humano dormir s¢lo tres o cuatro horas? Se dice que los dioses no necesitan dormir.. me hace abandonar la cama. ya lo sabr n. y tendr n que construir templos en mi honor.. tir¢ la cabeza hacia atr s y la degoll¢. en mi pecho. tom¢ su espada y se coloc¢ la punta a la altura del coraz¢n.Tom¢ el pu¤al. Quiero que la divina Isis tenga en Roma un hogar digno de ella. Su £ltimo pensamiento fue el ruego dirigido a las diosas de la venganza para que Cal¡gula pagara por sus actos. Hizo a las esclavas una se¤al para que se marcharan. donde encontr¢ a Drusila visri‚ndose.. dentro de diez d¡as. se acerc¢ desde atr s a Nevia. Mi aspecto externo es el de un ser humano: como. espero poder hablar pronto con ellos como ahora estoy hablando contigo. -Pensar‚ en algo especial para la inauguraci¢n.. Despu‚s dej¢ caer el arma. conversar.

querido. -Ahora has perdido las ganas. Ella gimi¢ quedamente. Cal¡gula la atrajo bruscamente hacia si. tendr¡a que estar muerto. ¨comprendes? Hemos de ser inteligentes! Ante el mundo.-Dentro de pocos d¡as el templo de Isis estar terminado. a£n puedo ver lo suficienre de ti. Intent¢ arrapar¡a. como tu hermana divina. a las Vestales y a las mujeres m s hermosas de Roma. pero ella lo esquiv¢. con un vestido de color azul bordado con estrellas doradas. se estir¢ sobre la cama y extendi¢ los . Un brillo h£medo asom¢ a sus ojos fr¡os e imperturbables. le levant¢ la t£nica y extendi¢ la mano hacia su entrepierna como se extiende la mano para tomar una fruta. ante todo el mundo. Pero esto no tiene nada que ver con nosotros dos. re conviertes en Luna. De repente. Cal¡gula estaba exultante. Los dioses nos han predestinado el uno para el otro.. Cal¡gula hab¡a recuperado el aliento. y realmente re pareces a su estatua en el templo del Avenr¡no. para que hasta el £ltimo esclavo sepa que eres mi divina esposa.. y la voy a inaugurar con una fiesta para las mujeres. Conforme iba hablando aumentaba su entusiasmo. y en la cabeza la plateada luna en cuarto creciente. -Como a un dios. Somos una pareja divina. -Jam s pierdo las ganas de tenerte a ti. a Livila. y si dieras a luz a un ni¤o. Mi esposa divina es como deber n llamarte. -Lo sabes perfectamente. Ser una fiesta para las mujeres. porque alg£n d¡a voy a tener que casarme con una mujer humana. coloc¢ los brazos alrededor de las caderas de Cal¡gula y sinti¢ su miembro duro. Quiero que en las festividades de inauguraci¢n aparezcas a la manera de la diosa Luna. Drusila. Emilio L‚pido es considerado tu esposo. -Es una hermosa idea. ¨verdad? -pregunt¢ Drusila en tono burl¢n. -Yo me presentar‚ vestido de mujer. las mujeres de Roma re glorificar n como a un dios. Bes¢ su nuca.. ser¡a de ‚l. las invitar‚ a todas: a Agripina. sus orejas y le aprer¢ con tanta fuerza los pechos que Drusila se estremeci¢ de dolor. atraves¢ el recinto y se escondi¢ tras una de las columnas de p¢rfido. all¡ pueden comer al menos quinientas personas a la vez. por los tiempos de los tiempos. Cualquier otro hombre me habr¡a causado horror. oliendo a mbar. Cal¡gula exclam¢ riendo: -La columna es m s esbelta que t£. salt¢ sobre la cama y lo hizo correr de un lado a otro hasta que Cal¡gula se par¢ con la respiraci¢n agitada. por motivos pol¡ticos. Tal vez deber¡amos celebrar all¡ nuestra boda.. Drusila se quit¢ la r£nica. Drusila. Ya re veo caminando solemnemente. solamente a mi? Ella esboz¢ su cautivadora sonrisa de bruja. Cuando yaces de noche a mi lado. si! Con esta fiesta quiero celebrar a dos diosas: a Isis y a ti. levant¢ su indice y lo dobl¢ repentinamente hacia abajo. -¨Qu‚ re parece? La nueva sala de fiestas est terminada. -¨Verdad que me perteneces a mi. Drusila se solt¢.

brazos. pero estas cosas no le importaban mucho. luego el legado de mi legi¢n y los tribunos con m s a¤os de servicio. de momento. al menos. -Este es un vino para ocasiones especiales! -dijo Sabino entu- . no en vano fuiste uno de ellos durante mucho tiempo. cosa que se esperaba para la primavera. Sabino era considerado ahora un tribuno que. Querea levant¢ la copa.. Sabino esboz¢ una sonrisa mordaz: -T£ lo sabr s. Cal¡gula le sonri¢ y. estaba de vacaciones. Pidi¢ a Casio que celebrara con ‚l el nombramiento. esto ha quedado atr s. Llevaban m s de dos horas comiendo en la taberna. -Pero no un negrero. y como empiezas siendo tribuno. Pod¡a llevar yelmo con penacho. 192 193 Sabino esboz¢ una sonrisa divertida. -Pero tambi‚n tengo un superior: por ejemplo. de vez en cuando. espada y armadura en los d¡as de fiesta. -¨Qu‚ importa eso? F¡sicamente. Su servicio iba a comenzar cuando quedara disponible un puesto de tribuno en Asia. -No se puede comparar con la situaci¢n de un simple legionario que ha de obedecer a un centuri¢n. -Brindemos por lo que hemos conseguido. Estaban sentados en una elegante rabernajunto al puente de Agr¡pa y contemplaban el T¡ber con la crecida invernal. dejabas tu espada un poco suelta para darme una alegr¡a. sirves maravillosamente para ser soldado. Las aguas parduzcas se encrespaban alrededor de los pilones del puente. -Entonces ven y demn‚stramelo. -Al fin y al cabo no es ninguna mentira calificarte de soldado perfectamente adiestrado. y a principios del nuevo a¤o le fue comunicado su nombramiento de tribuno. M s de una vez has hecho saltar mi espada por los aires. no te fastidiar n las ¢rdenes est£pidas de los superiores. As¡. La influencia y el prestigio de los Cornelios consiguieron un trato preferente para Sabino. nombramiento al que. en opini¢n de Sabino. hab¡a contribuido con su dictamen. Hasta yo he estado a veces a punto de perder las ganas de seguir la carrera de las armas por culpa de semejantes ¢rdenes. adem s. y. por un momento. el proc¢nsul de Asia. A veces son aut‚nticos negreros. su rostro inexpresivo se anim¢ y parec¡a casi amable. y ahora estaban vaciando una jarra de excelente vino de Falerno. Querea le cort¢ con un ademan.. -Hasta hoy sigo sin saber si s¢lo fue m‚rito mio o si.

Ten¡a necesidad de sincerarme con alguien. le entr¢ la risa. puesto que ahora formas parre de la guardia de palacio y ves al emperador casi a diario. se arraganr¢ y. Y que. los pretorianos le ayudar n a hacerlo? No me corresponde a mi criticar una orden imperial. Al fin y al cabo. -No re rompas la cabeza. -Tienes raz¢n. Sabino estaba bebiendo. que en aquel momento estaba jugando con sus perros. -Si. -Esto mismo me digo yo. pero la mayor¡a lo ve¡a como un asunto de familia que no ata¤e a nadie m s. Es el emperador quien ha de asumir la responsabilidad. despues. su antiguo suegro. luego media docena de senadores que no se mostraron demasiado entusiasmados al ver que Cal¡gula se convert¡a en el sucesor de Tibero. -¨Te refieres a Tiberio C‚sar? Toda Roma ha hablado de eso. Tiberio era hijo adoptivo del emperador. ¨Encuentras envidiable que el emperador te env¡e con un centuri¢n a ver a su propio hijo. El emperador dec¡a que era una oveja de oro con la que hay que acabar. Tal vez aquellos hombres eran realmente enemigos del Estado. y entretanto se han ido acumulando unos cuantos casos: Macr¢n y su esposa Ennia. Pero no encuentro tan descabellado que algunas personas pensaran en la sucesi¢n durante la grave enfermedad del emperador. Luego sus amigos lo hicieron callar. Pero la verdad es que lo que se le reproch¢ a Silano suena algo rid¡culo: que no hubiera acompa¤ado a Cal¡gula al mar tempestuoso cuando reparri¢ las cenizas de su madre y de su hermano. aquello no es ni mucho menos una conspiraci¢n. intent¢ recuperar el aliento. un viejo soldado no debe volverse sensiblero. Y si entonces Macr¢n le pregunt¢ si estar¡a dispuesto a asumir la sucesi¢n tras la muerte de Cal¡gula. Por cierto. era completamente inofensivo. Querea. hubiera querido aprovechar la ausencia del emperador para usurpar el poder. Un puesto envidiable. En un simposio oi decir a un oficial medio bebido: lo que pasa es qr¡e Silano era demasiado rico. pero tambi‚n hay motivo para celebrar tu ‚xito. -Tampoco seria aconsejable. -¨Envidiable? Seg£n como se mire. tambi‚n se puede ver as¡.. -No s‚ m s que t£. Entre oficiales no se habla de estas cosas. al que has de anunciar que aquel mismo d¡a ha de suicidarse o. un muchacho de diecinueve a¤os.¨de qu‚ sirve esta enumeraci¢n? Ninguno de los dos sabemos lo que ocurre entre bastidores. y s¢lo puedo hacerlo contigo. pero tuve la impresi¢n de que aquel muchacho. pero le debes obediencia al emperador.. ¨conoces los detalles del suicidio de Marco Silano? Era un hombre absolutamente inofensivo y apol¡tico. Marco Silano. pero uno no puede evitar pensar aunque no quiera. y es mejor deshacerse de ellos al principio que arriesgar una guerra civil. -Querea. ¨o no? Querea neg¢ con la cabeza. tosiendo. El que re hagas rus propias reflexiones es algo que re honra. adem s. Querea le dio un manotazo en la .siasmado-. Querea -lo interrumpi¢ Sabino. y ‚l es el £nico que ha de asumir la responsabilidad. Pero Querea no correspondi¢ a aquella muestra de alegr¡a. de lo contrario.

Calixto. y ‚l merece este afecto. Pero dej‚moslo.espalda. Calixto. y. son cosas que hay que tener en cuenta. y su novia tiene fama de ser muy hermosa. algo coqueta. no dio un consejo terminante. invit¢ tambi‚n al emperador. Su r¡o Pis¢n hab¡a mantenido una estrecha amistad con el emperador Tiberio. Cal¡gula recib¡a a diario invitaciones a fiestas. aparte de los primeros ciudadanos de la ciudad. Su elecci¢n recay¢ en Livia Orestilla. -Al menos una re est negada. -¨Te parece que debo aceptar la invitaci¢n. En el caso del emperador Augusto fue tambi‚n as¡: despu‚s de haber eliminado a sus enemigos. Pero ‚ste no era el motivo decisivo para que Pis¢n la pretendiera. -Sobre todo si se le compara con Tiberio. Querea asinti¢ a disgusto. El patricio romano Calpurnio Pis¢n ya hab¡a traspasado la treintena cuando. y eso me aburre. Las puedo tener a todas. La muchacha hab¡a quedado hu‚rfana en la m s temprana edad. Era unajoven alegre. viejo y enfermo. como £nica heredera. Calixto hab¡a hablado adoptando un tono sosegado. Tambi‚n yo creo que Cal¡gula recobrar el buen sentido cuando haya eliminado a todos sus verdaderos y presuntos adversarios. El dinero hay que gastarlo. El pueblo idolarra al emperador. decidi¢ casarse. 194 195 -Brindemos por esto! Sabino levant¢ la copa. y bebieron a la salud del emperador Cayo Julio Augusto Germ nico. una pariente lejana. aportaba al matrimonio una considerable forruna. a todas. que se hab¡a vuelto gordo y pesado. pues pasado ma¤ana se casar con Calpurnio Pis¢n. que disfrutaba haciendo alarde de su belleza y que no bajaba la mirada cuando la miraba un hombre. aquel taca¤o. -Ah. eso lo sabe todo el mundo. cediendo a la insistencia de su padre. -Perdona que me haya entrado la risa. y ‚ste lo hab¡a nombrado prefecto de Roma. y casi todas considerar¡an un honor entrar en m¡ cama. pero eran muy pocas aquellas a las que distingu¡a con su presencia. Pis¢n se sentia obligado frente a su antigua y respetada familia a organizar una boda pomposa a la que. embellece Roma con sus edificaciones. gobern¢ con clemencia y justicia. Las invitaciones respond¡an siempre a lo mismo: que algunas personas quer¡an conseguir algo de ‚l. pero eso suena a cuento de terror. Frecuentemente organiza juegos gratuitos. Majestad: Livia Oresrila. hay montones de mujeres hermosas en Roma. Calpurnio Pis¢n pertenece a una de las m s importantes y antiguas familias patricias. pero sabia . el hombre de confianza. no ha establecido nuevos impuestos. -Aparte de muchos motivos para no ir. Calixto? Como siempre. hay dos para aceptar la invitaci¢n.

Calpurnio Pis¢n acompa¤¢ al ilustre invitado hasta su asiento decorado para la ocasi¢n. que tuviera paciencia. si no. todos esperaban que dijera algo. Dijo que no se encontraba bien. Calixto hizo.. pero en r pida sucesi¢n se ech¢ al gaznate varias copas de vino. No prob¢ los alimentos que le ofrecieron. saber al novio que pod¡a contar con la llegada del emperador. -Tienes suerte de haber citado tambi‚n a los senadores. Inmediatamente se despert¢ la oposici¢n de Cal¡gula: -Al emperador todo le tiene que estar permitido! Este derecho divino coloca al Augusto muy por encima de todos los hombres.. El emperador est por encima de estas cosas. de un signo divino. Las fiestas estaban ya en pleno auge cuando fuera sonaron las fanfarrias y la silla de manos imperial apareci¢ en medio de una decuria de pretorianos a caballo.c¢mo irritaba al emperador el hecho de que algo resultara inaccesible para ‚l. Es algo absolutamente l¢gico. porque en los £ltimos d¡as Drusila le hab¡a negado varias veces su cama. -Est bien. le dirigi¢ una mirada atrevida e intencionada y os¢ esbozar una leve y audaz sonrisa. ellos mismos. Cal¡gula. tendr¡a que hab‚rrelo recordado. sino que hay que verla en posesi¢n de un destino m s elevado. Pero yo soy el gu¡a de la manada m s importante que existe: la del g‚nero humano. El silencio se hab¡a extendido entre los asistentes a la fiesta. por qu‚ incluso c¢nsules o reyes de provincias no son m s que miserables esclavos comparados conmigo? Te lo voy a explicar: los pastores de reba¤os de animales no son. que en otra ocasi¢n. ni cabras. La muchacha no vio ning£n motivo para bajar los ojos ante el emperador. Cal¡gula estaba de mal humor. aunque el pr¡ncipe se limitar¡a a hacerles una visita muy breve. Cal¡gula pensaba que se trataba de excusas y estaba molesto. ¨Sabes por qu‚ estoy tan por encima de los hombres. ni ovejas. -S¢lo has expresado lo que pienso yo. Majestad! Ya sabes que hago todo lo que est‚ en mi mano para alejarte de las banalidades terrenales. los funcionarios. Cal¡gula se ech¢ a re¡r. sino hombres a los que la suerte ha disringuido con un destino superior. asisrir‚ a la boda. los secretarios y los senadores. Para esto est n los esclavos. ¨Lo admires? -Naturalmente. pues. unas cuantas palabras amables. Ahora estaba encogido en un sitial con expresi¢n sombr¡a. y cualquier ni¤o es capaz de comprenderlo. -~Mu‚strame a tu novia. lo que pensamos todos. Calpurnio Pis¢n! El hombre a quien se hab¡a dirigido tom¢ a Oresrila de la mano y la condujo hasta Cal¡gula. ni terneros. una felicitaci¢n. le . mientras los comensales celebraban con vivas al emperador. pues todos los ojos estaban puestos en el emperador. pero muy brevemente. por lo tanto mi naturaleza no debe ser considerada semejante a la de los humanos. Cal¡gula asinti¢ con indulgencia. acostumbrado a espaldas inclinadas y miradas bajas. los criados.

y as¡. qr¡e no estaba dispuesto a malquistarse con el emperador. un poder que no le negaba nada y que se lo permit¡a rodo. Majestad. Vaya sorpresa. Ahora ser‚ yo quien se haga cargo de los gastos de la fiesta. todo! Drusila conoc¡a a Cal¡gula como nadie y sab¡a lo que deb¡a pensar de esta elecci¢n de novia. y lo hizo casi contra su voluntad. ¨Qu‚ remedio les quedaba? La novia de Pis¢n se hab¡a convertido en Oresrila Augusta. -Mi enhorabuena. Quien traraba as¡ a los patricios se merec¡a el aplauso. Tambi‚n ella hab¡a tomado a broma las palabras del emperador. Era suficiente motivo para estallar en j£bilo. -. y ahora toda la congregaci¢n festiva contuvo la respiraci¢n. y mir¢ m s detenidamente a la novia. La atrevida sonrisa de la novia se hab¡a esfumado. Pero ahora vamos a escuchar la opini¢n de Oresrila. La plebe lo encontraba magnifico. Nada de eso! Me gustas y re voy a convertir en emperatriz. Temo decepcionarte. estaba muy por encima de ellos. que eran a menudo burdas y siempre ridiculizaban a los demas. mi venerado hermano lo quiere todo muy r pido. correspondi¢ inmediatamente a las palabras de ‚ste. -De un patricio romano no esperaba otra actitud. Ella apenas opuso resistencia. ¨verdad? Si. se apoder¢ de ‚l la embriagadora conciencia de un poder ilimitado. le gustaba incluso mucho. Como siempre que quer¡a poseer algo. Tom¢ la mano de Oresrila y la arrastr¢ hasta su sitial. Pis¢n. pero tengo que darte las gracias. Las gentes sal¡an de sus casas atra¡das por la estrepitosa marcha nupcial. -No re acerques tanto a mi esposa -dijo Cal¡gula con una sonrisa mal‚vola y a¤adi¢-: Como ves. Y digo ascendido porque valoro mucho m s el honor de haberte presentado a una esposa de tu gusto que poseerla yo mismo. y la noticia recorri¢ Roma como un viento huracanado. Todos oyeron estas palabras dichas en voz alta. Calpurnio Pis¢n. ~7 Drusila esboz¢ una sonrisa hechicera cuando Cal¡gula le present¢ a la novia.devolvi¢ la sonrisa. y ruego a los venerables invitados que me acompa¤en a mi y a la novia al Palatino. -Pero si casi no me conoces. fabuloso. £nico. Le gustaba. Orestila. El emperador Cayo Augusto le hab¡a arrebatado la novia a Calpurnio Pis¢n.. porque acabas de darle una emperatriz a Roma. Y todos volvieron a estallar en j£bilo. .. Se inclin¢ profundamente y dijo: -De este modo una palabra imperial me ha ascendido de novio a padrino de boda. tu boda queda en nada. S¢lo pod¡a trararse de una de las bromas de Cal¡gula. Cal¡gula le cort¢ con un ademan. Cal¡gula asinti¢ satisfecho. Su enfado se 196 197 disip¢. y apenas se atrev¡a a creer que las hubiera dicho en serio. como primera dama del Imperio romano.

ten¡a prisa. El apodo secreto del emperador era ®el chivo¯. si -balbuce¢ la muchacha y vio bajo la luz titilante de las l mparas de aceite c¢mo un monstruo peludo iba apareciendo bajo sus ropas. -El emperador act£a como le viene en gana! No te llegaba ni a la suela de los zapatos. Orestila. y la desconcertada Orestila apenas sabia ya c¢mo seguir adelante con su vida. arrastr¢ a Oresrila a su alcoba y la tir¢ sobre el lecho. y ella rode¢ posesiva con la mano su falo a medida que se iba levantando. Fue una mera comprobaci¢n. Me has mimado en la cama. Eres joven y re queda mucho tiempo. pero ella no pensaba que esta denominaci¢n fuera tan acertada. pero en su voz no hab¡a ning£n reproche. -No te portaste bien con la muchacha -observ¢ Drusila. el emperador la mand¢ de vuelta a su casa con la orden expresa de que nunca m s en la vida deber¡a unirse a un hombre. Tras otro coito fugaz. y despu‚s. Al d¡a siguiente. ¨t£ tambi‚n? -Si. Estoy impaciente. en cambio. ha sido consagrada y enaltecida de un modo que parecer¡a un sacrilegio el que otro la rocara. Cal¡gula ya hab¡a perdido el inter‚s por su ®esposa¯. La aterrada Oresrila vivi¢ algo as¡ como una violaci¢n que la hizo gritar de dolor. cuando aquel monstruo peludo dorm¡a a su lado.Cal¡gula. Me has hecho inservible para el matrimonio. roncando y despidiendo un tufo a vino. Y me tienes a m¡. Drusila. y ahora mido a todas las mujeres compar ndolas contigo. -Ya veremos. Tenlo presente! Aquello no fue ninguna broma. Cal¡gula la bes¢ en el cuello. s¢lo qued¢ el asco... -Quien fue la esposa del emperador. -Vamos a anticipar la noche de bodas. 198 199 xv . Para el acto oficial queda tiempo despu‚s. aunque s¢lo fuera por unos d¡as.

m£sicos y bailarines. Las segu¡a un grupo de mujeres y hombres con antorchas. El vestido de Drusila. construido con la £nica finalidad de transportar el gigantesco obelisco desde Heli¢polis. rayo que iluminas las almas! Te saludamos. Acudieron cantantes. llegaron en primavera. pero trabajar realmente con dedicaci¢n y esmero exige su tiempo. sacerdotes y sacerdotisas vestidas de blanco se apearon de sus sillas de manos. Lo que m s me importa es la inauguraci¢n del templo de Isis. elementos que pretend¡an hacer alusi¢n a Isis como se¤ora de los astros. ¨Cu ndo puede celebrarse? -Todo est preparado para la gran procesi¢n. ¨D¢nde hay que colocarlo? -No corre prisa. Cal¡gula estuvo a punto de estallar en c¢lera al oir la noticia. ataviados con largas vesti- . Majestad. flautas y tambores el canto del coro formado por muchachos y muchachas. ofrec¡an jarras llenas de vino y dispersaban sustancias olorosas. Lo m s probable es que haga ampliar el peque¤o circo que est junto a los jardines del Vaticano y lo har‚ colocar all¡. Delante iban muchachas con coronas de flores. horror de los malos esp¡ritus! Te saludamos. Flaco lo pag¢ de su propio bolsillo.Los barcos procedentes de Alejandr¡a. Los sacerdotes egipcios del viejo santuario al Sol protestaron cuando Avilio Flaco les comunic¢ que el emperador quer¡a tener el obelisco en Roma. l mparas y velas. en primavera~ es la mejor ‚poca para una celebraci¢n dedicada a Isis. espantas a los enemigos! Te saludamos. Un grupo de m£sicos acompa¤aba con tubas. Estas muchachas portaban cestas de las que arrojaban p‚talos. La procesi¢n se congreg¢ en el campo de Marte. porque es cuando despierta la naturaleza. estrella que alumbras y precedes al sol! Te saludamos. cual trueno. pero un regalo en dinero dobleg¢ su voluntad. a ti que traes la alegr¡a a todos los humanos! Unos sacerdotes con las cabezas rapadas. Se iba formando la comitiva. que Cal¡gula esperaba con impaciencia. adem s de dos esfinges de alabastro. una figura de Serapis de tama¤o natural. y muchas otras cosas que podr¡an servir para adornar el templo de la diosa. con las estrellas doradas. a ti que. puente que conduces de la tierra al cielo! Te saludamos. a ti que llenas las redes de los pescadores! Te saludamos. pero Calixto lo tranquilizo. de piedra negra. El segundo barco conten¡a la deseada estatua de Isis. Pero nunca hubiera contado con que el gran obelisco llegara tan de prisa. Los sacerdotes egipcios dicen que ahora. Flaco escribi¢ que no hab¡a sido posible fabricar en tan poco tiempo la coraza de oro que llegar¡a con uno de los pr¢ximos barcos. -Lo comprendo. Se enronaron las viejas melod¡as sagradas en honor a la diosa: Te saludamos. pues sabia lo inseguro que estaba su cargo de prefecto y quer¡a ganarse la benevolencia del emperador. hacia el efecto de un cuerpo extra¤o en aquel mar blanco. Uno era un buque de carga de inmensas dimensiones.

Tras las deidades. s¢lo los sacerdotes pasaron al interior. Calixto. Nadie dijo una palabra. -Bien. una mano izquierda hecha de madera. A los espectadores romanos apostados a ambos lados del camino poco les importaba. que se haga lo antes posible. una palma de oro. cubierta por un tupido velo. que manrendr‚ hasta la medianoche. a Serapis con su rostro barbudo llevando el celem¡n en la cabeza. en la otra la copa de plata. Se inici¢ un t¡mido aplauso. pues siempre hay una v¡ctima. incensarios. y para la fiesta de hoy he adoptado la figura de Isis. Calixto. Para ellos era un espect culo agradable que interrump¡a la monoton¡a de la vida cotidiana. Se pod¡a ver a Anubis con su cabeza de chacal. que se hab¡a convertido en un hombre riqu¡simo. Los sacerdotes iban acompa¤ados por muchachas y mozos que agitaban sistros y hac¡an sonar incansablemente sus instrumentos de oro. A ambos lados caminaban hombres con 200 201 cuando se reanuda la navegaci¢n y el sol asciende de d¡a en d¡a hasta un punto m s alto en el firmamento. un bieldo y unajarra de agua. ®¨Qui‚n ser el perjudicado esta vez?¯. y algunos murmuraron: . caminaba sola. Durante los £ltimos siglos hab¡a ido ocupando el lugar del dios de la muerte Osiris. pens¢ Calixto con malestar. empez¢ a pensar por primera vez en la posibilidad de que alg£n d¡a tambi‚n ‚l podr¡a ser la v¡ctima de las ®bromas¯ del emperador. Este grupo estaba encabezado por Drusila vestida de Luna. y apareci¢ el rostro del emperador. de modo que la procesi¢n avanzaba envuelta en una nube olorosa. Le segu¡a a gran distancia un grupo de sacerdotes y sacerdotisas disfrazados de dioses. pues la religi¢n egipcia no conoc¡a ninguna diosa lunar. hasta que Cal¡gula anuncio: -Las deidades tienen capacidad para rransformarse. Ante el nuevo templo. la procesi¢n se disolvi¢. portaban los s¡mbolos sagrados de Isis: una l mpara en forma de barco. con paso majestuoso. un recipiente de oro en forma de pecho femenino. En aquella ‚poca. Pero se jur¢ a si mismo que har¡a lo que fuera para evitarlo. en una mano el sistro de oro. y tambi‚n a los romanos les resultaba familiar. la diosa Isis se desprend¡a ahora de su corona y de su velo. pero esto era contrario a toda tradici¢n. Estos s¡mbolos deb¡an ilustrar el poder de la diosa que abarca la tierra y el cielo. de plata y de bronce. la diosa en persona. a Arn¢n con su cabeza de carnero. un alado caduceo. Se me ha ocurrido algo especial para la ocasion. peque¤os altares de madera sobredorada. A gran distancia la acompa¤aban a ambos lados dos sacerdotes con las insignias principales de la diosa: la cesta de oro con la Luna en cuarto creciente y la serpiente y el jarr¢n con agua del Nilo.duras blancas. en la cabeza el disco solar engarzado en la cornamenta liriforme. Para sorpresa de todos.

Cal¡gula estuvo confeccionando la lista de invitadas. como era tradici¢n. hermano mio. pero como he creado un hogar aqu¡ en Roma para Isis. Se entusiasm¢ con la idea y le dijo a Drusila: -Siempre los simposios y banquetes han sido s¢lo para hombres. la hab¡a elegido a ella.Vas a ser una buena pieza! Un hijo de nosotros dos s¢lo puede acabar siendo un monstruo. como compensaci¢n. pero luego cay¢ sobre mi el rayo divino. Le dieron el nombre de Claudio Ner¢n. para este d¡a. ¨Qu‚ re parecer -Es magnifico. al lado de su hermano disfrazado que cog¡a lajarra de vino con movimientos amanerados y resultaba muy extra¤o en su man¡a de comporrarse de un modo femenino. compareci¢ y permaneci¢ sentada. tiene que estar presente. porque era lo que esperaba de ella como madre de su hijo. consultaron adem s con Emilio L‚pido. y demuestra lo sensible. Drusila hab¡a comprendido y aprobado lo que produc¡a su cabeza incansablemente activa. antes de caer yo enfermo. al que s¢lo hab¡a invitado a mujeres. La £nica que no acudi¢ fue Agripina. en cambio. se estaba muriendo. en un . Si. pregunt¢: -¨Qui‚n es ‚sa? -~Tienes mala memoria! Aquella noche en el lupanar. De este modo. La Virgo Vestalis Maxima* estaba sentada a corta distancia. invitala. En honor a la diosa Isis se hab¡a convocado para la noche un banquete en el nuevo palacio. eres ya el ¡dolo de las mujeres romanas. Como siempre. pues su esposo. los invitados del emperador -qr¡e segu¡a llevando a£n ropa de mujer. se hab¡a re¡do en su borrachera diciendo: -. el vividor y libertino Domicio Enobarbo. -Ahora me acuerdo: es aquella hermosajoven griega. Cal¡gula hab¡a ideado m s sorpresas. De todos modos. considerado y polifac‚tico que eres. Cal¡gula esboz¢ una sonrisa c¡nica. quiero honrar su sexo todos los a¤os con un gran fest¡n.-Una ocurrencia divina.. ¨Te acuerdas de Piralis? L‚pido reflexion¢ y despu‚s de gran esfuerzo.. que tambi‚n a¤adi¢ algunas sugerencias. Ahora se me ocurre algo! Si invito a la superiora de las virgenes. con ayuda de su secretario Calixto. la encantadora diosa. Durante d¡as. Cuando. -Esa vieja casta encontrar poco placer en semejante fiesta. Pero. Luego. y su esposa permaneci¢ a su lado. para no olvidar a ninguna romana importante. pero con esto te erigir s un monumento entre ellas. -No re olvides de la sacerdotisa de las Vestales -le record¢ al emperador. con rostro de piedra. tras el parto. Livila. con manos temblorosas. sacerdotisas y princesas imperiales.eran patricias romanas. pero tienes raz¢n. tambi‚n tiene que estar presente. y vosotros me trajisteis de vuelta a casa. una prostituta. Enobarbo lleg¢ a casa y levant¢ a su hijo. sentadas codo con codo con prostitutas. una deliciosa innovaci¢n.

El emperador observ¢ exactamente la reacci¢n de los comensales. La consecuencia fue que quien no hacia una mueca de asco intentaba apagar el fuego en la garganta con grandes cantidades de vino. a algunos se les hab¡a vuelto a colocar su plumaje original. Los que parec¡an hechos de oro. 202 203 daba horror una vuelta a la vida terrenal. pues entre las jarras de vino aut‚ntico de Falerno.lugar de honor. Cal¡gula se conform¢ con la alegr¡a de haberla molestado. y dentro de dos podr¡a abandonar el servicio entre las Vestales iniciado cuando contaba tan s¢lo ocho a¤os. palomas y codornices que un cocinero anunci¢ como: ®aves rellenas de higos y nueces¯. se hab¡a cerciorado de que sus sugerencias se hubieran puesto en pr ctica con exactitud. pues la mayor¡a de estos animales hab¡an sido moldeados en madera o en barro y s¢lo recubiertos de una crujiente piel. despidi‚ndose del emperador s¢lo con una leve inclinaci¢n de cabeza. Las nueces resultaban ser cagarrutas de liebre. Drusila se ri¢. corderos. y otros ten¡an el aspecto que un asado ha de tener: tostados y crujientes. ocas. Pero quien intent¢ cortar un trozo. Hab¡a altas bandejas con pilas de cochinillos asados. y contemplaba con apenas disimulada repugnancia el extra¤o traj¡n. hab¡an alargado la mano para tomar el dulce de miel con distintas clases de nueces de aspecto inofensivo. Cuarenta y dos cocineros con m s de cien ayudantes llevaban desde primeras horas de la ma¤ana preparando una larga y complicada sucesi¢n de platos. se hizo traer una palangana de oro y vomir¢ repetidamente. y este enga¤o inofensivo provoc¢ a£n cierta diversi¢n. y los higos vainas rellenas de pimienta picante. Abandon¢ la sala con la cabeza muy erguida. Cal¡gula com¡a y beb¡a ingentes cantidades. pero su her- . A¤oraba su tranquila morada en el temP¡o y decidi¢ abandonar la fiesta lo antes posible. en cambio. aquello cambi¢ cuando sirvieron a las invitadas faisanes. con un suspiro de alivio. grullas. tambi‚n las hab¡a que conten¡an vinagre o vino en mal estado. Ten¡a ahora treinta y seis a¤os. se vio decepcionado. Con las nueces de verdad se hab¡an entremezclado piedras de id‚ntico aspecto. en persona. Como no pod¡a hacerle da¤o alguno a aquella sacerdotisa sacrosanta. Llevaba la ¡nfula frontal adornada con cintas. No obstante. Se atiborraba de comida y de bebida como si hubiera ayunado hasta casi morir de hambre. la Virgo Vestalis Maxima se hab¡a retirado. una parte de estos animales llevaba una capa de pan de oro. y el regodeo hizo aparecer un c lido brillo en sus ojos fr¡os e inexpresivos. Cuando sinti¢ n useas. y algunas de las mujeres las mordieron con tanta fuerza que sus muelas saltaron hechas trizas. cuando tra¡an ya los alimentos. palomas y codornices. Entretanto. Se alegraba especialmente con las muecas de dolor de aquellas invitadas que. esperaba anhelante ver los rostros asombrados de sus invitadas. le daba horror este emperador y sus bromas blasfemas. Cal¡gula. y ahora. Tambi‚n all¡ se pod¡a ver mala suerte. Pero le * La m s anciana de las Vestales. eran los aut‚nticos. sorrenrino o de vino de M sico.

estoy harto de la compa¤¡a de mujeres. pens¢ Querea. a su alrededor. mientras su sirviente le puso la toga-.. ¨Cu nto tiempo va a durar esto?>' 204 205 Cal¡gula lo recibi¢ con impaciencia. -En la mesa de tu amigo S‚neca las maneras ser n m s finas. A fin de cuentas. Haz traer al palacio a L‚pido. ¨Acaso no hab¡a nada para entretener a una mujer? ¨Qu‚ es lo que anhela una mujer cuando la soledad y el vacio llenan su corazon? A un hombre! Cal¡gula sofoc¢ unas risitas y llam¢ con voz aguda y afectada a un oficial. a mi amigo del alma. de una broma para burlarse a su manera de las mujeres¯. por primera vez. Quiere que me acompa¤es ahora mismo hasta all¡. un hombre ha de cuidar de su dignidad. Hala. No tardaron en encontrar a L‚pido. -Pero no ante todas estas damas de alta posici¢n y tan respetables. ¨verdad? Con tu voz de pito no cantar¡as nada mal. ¨O eres inmune al veneno y al pu¤al? En sus grandes y fr¡os ojos centelleaba un odio implacable y. que quer¡a estar disponib]e para cuando Cal¡gula lo hiciera llamar de vez en cuando. ‚l era una mujer. querido. ¨lo sabes? Que no se sienta tan seguro! Dale este recado de parte del emperador! -T£ tampoco eres inmortal -dijo Livila. por fin llegas! Ll‚vame a otro lugar. Querea. -Oh.mana Livila se apart¢ asqueada. erucr¢ y se dirigi¢ a Livila. o no? Incluso puedo imaginar que un esclavo de exquisita instrucci¢n acompa¤ar la comida recitando versos de tu amante. Cal¡gula la sigui¢ con la mirada y empez¢ a aburrirse. patricio! El emperador re pide que acudas a su fiesta de mujeres. Pero luego se dijo a s¡ mismo: ®El muchacho es a£n joven y lo quiere probar todo.. como Livila comprob¢ satisfecha. Cuida tu lengr¡a! Livila sali¢ sin decir palabra. y se levant¢-. int‚nralo! Querea mir¢. ®Ya s¢lo me necesita para estupideces -pens¢ L‚pido. empez¢ a dudar de que Cal¡gula estuviera bien de la cabeza. cosa que en los £ltimos meses hab¡a ocurrido con poca frecuencia. ¨Es as¡. ¨verdad? All¡ no se traga sino que se come y no se empina el codo sino que uno se moja los labios con vino mezclado con agua. bombonc¡ro mio? ~C¢mo te sientes entre tantas mujeres? Como el gallo en el gallinero. Cal¡gula pellizc¢ el brazo de L‚pido y chill¢ entusiasmado: . -Si. Emilio L‚pido. y. ®Yo tampoco¯. -Si hace falta. azorado. -Oh. este odio estaba mezclado con una buena dosis de miedo. Se trata de un capricho. quiero sentir los m£sculos de un hombre. ¨re ha tocado a ti estar de servicio hoy. A£n no ha visto nunca a su emperador vestido de mujer. tienes raz¢n. r Cal¡gula se enjuag¢ la boca. -Salve. Este S‚neca me da asco. no s¢lo tengo una isla para ti sino tambi‚n el hacha de un verdugo.

azoramiento.. L‚pido. Cuando estuvieron a solas. hasta entonces. en cambio. toca: un hombre de verdad.que ‚ste lanz¢ un sofocado grito. cay¢ al suelo. y. retir‚monos. con frecuencia. el resto contemplaba la escena con asco. Piralis. -Vi¢lame. Pellizc¢ con tanta fuerza en el brazo a L‚pido -al fin y al cabo. regalos. gate¢ a cuatro paras hasta la cama y levant¢ en alto su p lido y peludo trasero. haz conmigo lo que quieras. amado? Ven. expresi¢n divertida o con indiferencia. capaz de protegernos a nosotras. un h‚rcules. Drusila se re¡a. L‚pido crey¢ que Cal¡gula dejar¡a ahora de interpretar su papel para pasar la noche de juerga con ‚l en alg£n lugar. y t£ re quedas ah¡ parado con tu pilila colgando como una lombriz muerta. c¢mo re envidio este hombre! Ll‚varelo r pidamente de aqu¡. -As¡ que no funciona. A cambio de esto. y luego dijo en voz alta-: Querido. ®Qu‚ desgraciado ha de sentirse este hombre para comporrarse de este modo¯. fue la £nica que sent¡a compasi¢n por el emperador. Casi la mitad de las invitadas se hab¡an marchado ya.. En cambio. la hermosa y cuidada prostituta. soy tuyo. aquel monstruo peludo. Como la mayor¡a de los libertinos romanos. pens¢ y dese¢ que se le hubiera permitido a ella acompa¤arlo. hermanita. ya lo hab¡a intentado tambi‚n con muchachos. en cambio. Cal¡gula se incorpor¢. Hazme feliz. las mujeres ya se lo est n comiendo con los ojos. le hubieran rendido honores hasta a un cerdo. Cal¡gula fue en busca del pu¤al que ten¡a siempre a mano junto a . Ser¡a igual que re la cortaran ¨no? Uno ha de querer sin duda librarse de algo t~in muerto y tan in£til. era su esposo. -Para que re des cuenta de que yo tambi‚n existo -le musit¢ al o¡do. Cal¡gula era una mujer. Se desprendi¢ de su ropa de mujer. Pero las bolas de bronce de la clepsidra a£n no hab¡an dado la medianoche. La voz de Cal¡gula sonaba pesada de embriaguez. pero aquel trasero peludo no le excir¢. A ver: m‚remela! L‚pido se desprendi¢ despacio de su ropa. pero ahora al menos puedes hacerlo de verdad. pero s¢lo le salieron unos sonidos estrepitosos. -Cal¡gula volvi¢ la cabeza y grit¢ a L‚pido-: Ven de una vez y l meme el culo! No ser la primera vez. pero aquellos eran criaturas con redondeces de piel lisa. El emperador les daba una paga doble y. me convierto expresamente en mujer. Cal¡gula intent¢ componer una risita chispeante.-Qu‚ fuerte eres! Ven. -¨Por qu‚ no eres cari¤oso conmigo? -le susurr¢ a L‚pido-. querido. ¨verdad? Mi divinidad re invita a una fusi¢n m¡stica. Los guardias germanos siguieron a la pareja con rostros impasibles. y con la terquedad de un borracho quiso interpretar hasta el final su papel de mujer. -¨Has o¡do esto. el hombre adecuado para las d‚biles mujeres. Drusila.

la bola de bronce de la clepsidra cay¢ con un suave tintineo en el recipiente de metal. Livila acudi¢ a la biblioteca. fil¢sofos y oradores romanos y griegos. Livila se sent¢ a su lado y le roz¢ con suavidad el brazo.¯ Mientras estaba pensando esto. Cal¡gula. y en el mismo insranre se le pas¢ una idea como un rel mpago por la cabeza: ®Has ido demasiado lejos. A eso del mediod¡a. devolvi¢ el pu¤al a su sitio y dijo: -Ahora vuelvo a ser un hombre! Fortuna se mostr¢ ben‚vola contigo. En la sala principal estaba instalada una estatua colosal de Apolo que ten¡a los rasgos de Augusto. S‚neca bes¢ a Livila en la boca y en las mejillas. con el rostro cubierto por un velo y acompa¤ada por una criada. estaban colocadas figuras de m rmol de famosos poetas. En las salas los autores le¡an fragmentos de sus obras m s recientes. Al d¡a siguiente a la <>fiesta de las mujeres¯. Y L‚pido sinti¢ c¢mo penetraba en su cuerpo. pero. --¨Hay alguna sala libre? El hombre asinti¢ y pregunt¢: -¨Para una horar --S¡. El emperador Augusto hab¡a donado la biblioteca y la hab¡a hecho a¤adir al templo de Apolo Musagetes. y esto te costar la vida¯. Arrastr¢ al desnudo L‚pido a la cama y orden¢: -Echate boca abajo! L‚pido a£n se sinti¢ tan paralizado por la amenaza del pu¤al que obedeci¢ d¢cilmente. En hornacinas. 206 207 S‚neca estaba ya sentado ante una de las mesas entregado al estudio absorbente de uno de los rollos. se criticaba y. El guardi n cerr¢ la puerta. -Aqu¡ no -dijo en voz baja. Y. inmediatamente. puesto que ahora soy un hombre. ahora tendr s que aguantarme como hombre. y se dirigi¢ a L‚pido. hago saltar el pu¤al por los aires y lo estrangulo. aqu¡ se cerraban tambi‚n los contratos con los editores. Cal¡gula aguz¢ el o¡do. se levant¢ y le puso un par de sestercios en la mano a uno de los guardianes. * El que gu¡a a las musas. en la pared.la cama. ®Si me pone la mano encima. Livila envi¢ una misiva a S‚neca y le pidi¢ que se encontrara con ella en la biblioteca de Augusto. se discut¡a. a menudo. L‚pido. .* junto al monte Palatino. es suficiente. coloc¢ un dedo sobre la boca. Luego oy¢ la voz de Cal¡gula: -No me quisiste como mujer. vamos a acabar de interpretar el papel. S‚neca asinti¢ con la cabeza.

S‚neca estaba exultante. Mis pulmones est n destrozados. resulta incomprensible para nuestro entendimiento. tengo miedo de perderte. Ayer Cal¡gula hizo un comentario que no hay que tomar a la ligera. ya tuve ocasi¢n de comprobarlo en el Senado. S‚neca. Mi amigo Sereno me ofreci¢ el otro d¡a su villa en Bayas. Estoy preocupada por ti. pues ‚l quiere pasar el verano en Rodas. -Claro que lo s‚. Te odia. pero creo en un poder divino que est en todo. a veces hasta escupo sangre al toser. Es verdad. hace mucho que lo s‚. -¨No crees en los dioses? -No. hazlo! M rchate inmediatamente. Me pidi¢ que re dijera que no te sientas demasiado seguro. me quede aqu¡. Su expresi¢n seria y pensativa se relaj¢. independientemente el uno del otro. pero hasta ahora nunca lo hab¡a visto tan claro. S‚neca. tu esposo ha sido nombrado proc¢nsul de Asia. Podr s imaginar cu n a gusto me doblego esta vez a sus deseos. de momento. Uno habl¢ de una tisis incipiente y me aconsej¢ que me marchara al sur. Si quieres. S‚neca le tom¢ la mano y la acarici¢ cari¤osamente.---> Qu‚ es esto tan importante que dices que ocurre? --Est s en peligro. Estoy realmente enfermo. . Est rodeado de gente miserable y servil que Jurar¡a cualquier cosa para conseguir su favor. Cal¡gula quiere que. yo te seguir‚ en mayo o en junio. --Te agradezco la advertencia y la tomo en serio. pero como no creo. del que todo est imbuido: los humanos. -S‚neca. -¨Es que no lo sabes t£ como senador? S‚neca se golpe¢ la frente. han coincidido en el diagn¢stico. un poder que. me lanza miradas venenosas como si preguntase: ®¨A£n est s vivo?¯. Qu‚date all¡ hasta que su b£squeda de nuevas victimas le haya hecho olvidarte. no me tiene ninguna simpat¡a. y en Roma me buscar¡an en vano. lo acepto s¢lo como una providencia del destino. ---Y la verdad es que no representar¡a ning£n problema -dijo S‚neca-. M rchate antes de que los pretorianos rodeen tu casa. Podr¡a vivir all¡ bajo un nombre falso. --No tengo que simular nada -dijo S‚neca con expresi¢n seria-. Pero ¨qu‚ puedo hacer? --Simula que est s enfermo y m rchare a alg£n lugar lejano. los animales y las plantas. amado. -Si pudiera creer en los dioses dir¡a ahora que Apolo pone su mano protectora sobre m¡. no lo vas a acompa¤ar? -No. S‚neca -dijo Livila suplic ndole-. se trata de tu vida! En Roma re acechan dos peligros: Cal¡gula y el aire viciado. y buscar cualquier nimiedad para acusarre. Cada vez que aparece. -Hazlo. Dos m‚dicos. Pero no quiero irme de Roma. no obstante. Lo conozco. -Pero ¨y tu esposo? ¨Qu‚ dice a esto Marco Vinicio? Livila se ech¢ a re¡r. Ha quedado demostrado que hay que ponderar cada palabra de tu hermano.

Livila. cias a la fuerza de los esclavos remeros. En Grecia. Al fin y al cabo. as¡ lo haremos. Helena no era una esclava que uno pod¡a comprar a su amo. Viajaban en un barco de cinco remos de buena l¡nea que s¢lo desplegaba sus dos grandes velas cuando el viento era especialmente favorable. sino miembro de una rica familia de patricios de su ciudad.-Pese a todo. El motivo de este viaje era llevar a Efeso al reci‚n nombrado proc¢nsul de Asia. -Los dioses. Cornelio Sabino tuvo la suerte de poder viajar a Asia en uno de los excelentes barcos de la flota romana. S‚neca. un numeroso grupo de esclavos. No llevaban carga in£til. pero que hab¡a conquistado a los romanos por su cultura. funcionarios y. voy a ofrecerle un sacrificio a la diosa Fortuna. Sabino era el m s joven entre los oficiales. -Est bien. Pero Sabino ten¡a edad suficiente para despertar inmediatamente de aquellos sue¤os de adolescente. o porque lo quiere su se¤or pap . y que no s‚ a d¢nde has ido.* dice Virgilio. era impulsado gra* 208 209 El amor lo supera todo. que hab¡a sido ocupada por Roma. Y entonces su raz¢n le dec¡a que. del tiempo y de las corrientes marinas. resultaba pr cticamente imposible secuestrar a la mujer de un comerciante griego sin exponerse a una inmediata acci¢n penal. Nadie se lo dijo a la cara. no se hac¡an paradas impuestas por el propietario del buque para cargar o descargar mercanc¡as. quien sea. dios. por aburrimiento. Omnia vincit amor. -Vamos a enga¤ar a Cal¡gula. no dudes m s. naruralmen te. que hab¡an acabado por hacer . para un tribuno romano. normalmente. Livila. te amo! La mujer le sonri¢. pero que. y no le pasaba inadvertido que algunos de estos viejos soldados frunc¡an ir¢nicamente sus rostros llenos de cicatrices cuando ‚l se presentaba. le dir‚ que re has marchado a un balneario por consejo de rus m‚dicos. Si Cal¡gula pregunrara por ti. Este verano ser nuestro. y con ‚l viajaban oficiales. y yo creo en sus palabras. Ponte a salvo. tuyo y mio. juega durante un tiempo a tribuno. Te amo. Sus pensamientos se le adelantaban volando hasta Efeso. pero Sabino sospechaba lo que pensaban de ‚l: un hijo mimado de un patricio que. Livila. los dioses siempre ayudan a los que se aman. Pero Sabino no hac¡a caso de estas opiniones. donde Helena viv¡a con su esposo y no pod¡a sospechar que Sabino le segu¡a la pista. el destino. Se propuso acosar¡a hasta que escapara de aquel matrimonio impuesto y comenzara una nueva vida a su lado. independientemente del vienro.

resulta verdaderamente extra¤o. y.. los militares actuaban con especial prudencia. las peque¤as barcas de los comerciantes de cabotaje y de los pescadores de la costa. La piel de su espalda estaba totalmente l¡ena de cicatrices a las que se a¤ad¡an los verdugones ensangrentados de los latigazos recientes.® S‚neca le hab¡a contado la historia y. las cavilaciones terminaron de golpe. y a su lado. la de los m£ltiples pechos. sillas de manos y porteadores para conducir al proc¢nsul y su s‚quito a Efeso. mientras su impaciencia iba creciendo. Naturalmente sabia todo esto. Sabino esboz¢ una estrategia sutil para aproximarse a Helena. Al cabo de unos anos. En los d¡as de mar en calma. bien protegido. pero cuando avistaron Efeso. y el banco de remos se convert¡a en lecho de muerte. aun as¡. Durante el breve viaje hasta el puerto. su duro trabajo siguiendo los cadenciosos y firmes martillazos del capataz que marcaba el ritmo. esbeltos veleros r pidos con complicadas jarcias. Efeso no formaba parte de la antigua H‚lade. Pero desconoc¡a las condiciones en que ella viv¡a y as¡ qued¢ en el aire m s de una pregunta. En estas condiciones. esos de all abajo tienen el mismo amor a la vida que nosotros. . Hab¡a pasado mucho tiempo desde el rapto de las sabinas. la fuerza de estos esclavos estaba agotada. Sabino conoc¡a el extenso puerto de su ciudad natal. Resulta realmente extrano. apenas se distingu¡a la ciudad. pues Efeso se recostaba en una amplia depresi¢n entre los montes Pi¢n y Koressos. -Los sufrimientos de ‚ste ya han terminado -dijo uno de los marineros sonriendo ir¢nicamente. En sentido estricto. Entre ellos se apretujaban como p jaros abigarrados los barcos de los peregrinos con sus velas coloradas. encadenados. su padre hab¡a editado las famosas recetas culinarias de Apicio en forma de libro. y cuando. Los barcos se alineaban uno al lado del otro. un tribuno romano que ofendiera a una familia griega seria repatriado a Roma. situado en el interior. Sabino fue casualmente testigo del final de uno de estos esclavos: lo arrastraron hasta cubierta y tiraron el cuerpo al agua. Pesados lanchones de carga con velas de m£ltiples remiendos. pero no dejaba de ser una ciudad griega. Una vez. pero lo que ve¡a aqu¡ superaba con mucho a Ostia. por un ancho canal. encadenado y sometido ajuicio. tres. una de las m s grandes y m s brillantes del Imperio romano. como siempre.tambi‚n suya.y. Se llegaba al imponente puerto. Hab¡a ganado as¡ mucho dinero. la raz¢n se impuso a sus suenos exuberantes.. ®Si -pens¢ Sabino-. barcos que ven¡an de todos los rincones del Imperio para rendir culto a la gran Artemisa de Efeso. o¡a los gemidos de los remeros que realizaban. siguiendo su consejo. Estos pensamientos pasaron repetidamente por la cabeza de Sabino durante el largo y mon¢tono viaje. galeras con dos. asnos. En el muelle esperaban mulos. adem s. Estos apaleados remeros se aferran a su existencia sin esperanza mientras que el rico vividor Marco Gav¡o Apicio opr¢ por la copa de veneno al ver que s¢lo le quedaban seis millones de sestercios de su parr¡mon¡o. cuatro y cinco lineas de remos.

Bajo su mando ten¡a diez destacamentos de ochenta legionarios cada uno~ a la cabeza de cada destacamento se encontraba un centuri¢n. pues porque resulta ins¢lito. El mozo se llamaba Marinos. yya durante los primeros d¡as de su servicio. . ®Resu]ra m s f cil entenderse con los que tienen la misma posici¢n que con los centuriones. El legado era un hombre mayor y distra¡do que contaba los d¡as que le faltaban hasta terminar su servicio y dejar a los tribunos al mando de sus legiones. y su bondadosa cara campesina esbozaba una constante sonrisa. 210 211 -¨Qu‚ edad tienes? -le pregunt¢ Sabino. El era su superior. Sabino y algunos otros oficiales bajaron a lomos de mulos media milla en direcci¢n sur. y dijo que para ese cargo Sabino era ®bastante joven". -Ya os ir‚is acostumbrando. Los seis tribunos de la und‚cima legi¢n se alojaban en amplias casas situadas fuera del cuartel. tribuno. le hab¡a dicho Querea. . Dos esclavos se ocupaban de la casa y del jard¡n. Por lo tanto. y se dominaban. Para el legado y los seis tribunos se dispon¡a de un refectorio especial donde com¡an todos juntos. con un trabajo que dur¢ a¤os. Sabino ten¡a a sus ¢rdenes diez centuriones. pero ante todo. Sabino se dio por vencido. se hallaban los cuarteles de la und‚cima legi¢n. hablaba una mezcla de griego y lat¡n dificilmente inteligible. porque. embelleci¢ y fortific¢ la ciudad. -¨C¢mo rengo que entender esto? -le pregunt¢ Sabino-. el tribuno de rango m s elevado. treinta. finalmente. ahora destrnido.~Eh~ -¨Qu‚ edad. quiero decir cu ntos a¤os tienes? -No lo s‚. pues son la verdadera espina dorsal de la legi¢n". -~Pero tienes que saber qu‚ edad tienes! ¨Veinte.. uno no pudo contenerse. ¨Se trata de una cr¡tica o de un reproche? La vejez y la juventud no son m‚ritos sino cursos biol¢gicos a los que todo el mundo est sometido. Sabino los hab¡a invitado a su casa a tomar unas copas de vino para conocerlos m s de cerca. que hab¡a muerto de unas fiebres tras un breve servicio. cuarenta? -Tal vez treinta.. Sabino comprob¢ lo oportuna que era esta observaci¢n..donde le esperaba una magn¡fica mansion. s¢lo fue un comentario. a su sustituto. A Sabino le fue asignado el asistente de su predecesor. cerca del muro de Lis¡maco. Aquel general del gran Alejandro se hab¡a apoderado de Efeso y. donde. al pie del monte Koressos. pero. -Disculpa. Ocho de ellos eran soldados veteranos que miraban a su nuevo tribuno con un escepticismo mal disimulado.

se cuida mucho de ocultarlo. que proced¡a de una familia principesca y manejaba la espada como un artista su instrumento. -No necesito prepararme. o le fallen las piernas. La inactividad va corrompiendo aqu¡ poco a poco a los hombres. alg£n tiempo hasta que los hombres lo aceptaran de verdad. pero re faltan detalles. naturalmente. tribuno. -Como quieras. Descubre su debilidad. Sabino pidi¢ al legado permiso para un duelo con espadas romas. sin embargo. y pidi¢ al mejor espadachin de entre los tribunos que lo entrenara. -¨Qu‚ dices? ¨Ma¤ana ya? Deber¡amos concedernos alg£n tiempo. Uno de los centuriones. o vea mal. Cornelio Sabino. quiz dos o tres d¡as. tribuno. Pese a que por su severidad el viejo centuri¢n no era muy popular. Quiz ya no sea tan r pido. -Pues vas a tener que entrenarte a fondo. la mayor¡a esperaba que fuese ‚l el ganador. -Es una buena idea. El legado hab¡a aceptado hacer de rbitro. Naturalmente acudieron todos los soldados libres de servicio. no dejaba de criticar las ¢rdenes del nuevo tribuno y las desobedec¡a o las cambiaba seg£n le venia en gana. cinco d¡as. Lo importante es. 1-lace d‚cadas que la paz reina en Asia. una buena idea. diez d¡as? Sabino sonri¢ amablemente. Entonces dentro de tres d¡as en el campo de pr cticas. Al cabo de una hora hab¡a hecho saltar tres veces por los aires el arma de Sabino. Pese a todo. un veterano con cuarenta y ocho a¤os de servicio a sus espaldas. Era un sirio flexible. Espero que tengas pr ctica en la lucha con espada. el viejo guerrero esboz¢ una sonrisa impertinente. ¨Cu nto tiempo necesitas: tres d¡as. y esto no ocurri¢ m s que despu‚s de un duelo. Un veterano tiene siempre alg£n punto d‚bil aunque. -No eres malo. ante todo. y la misi¢n de nuestra legi¢n es meramente decorativa. descubrir r pidamente la debilidad del contrario. pues! Demuestra a los legionarios de lo que es capaz un joven tribuno. de cabello negro. Lo hizo entre otros motivos porque le im212 213 u s¢lo conoce una verdadera lucha por los relatos de los veteranos. pero no perd¡a la paciencia. Adelante. Esto tampoco le pareci¢ bien al viejo. La mayor¡a de ellos ya Sabino transmiti¢ su reto al centuri¢n. permiso que le fue concedido en el acto. quiso prepararse. Si quieres podemos enfrentarnos ma¤ana mismo.Tard¢. y tendr s media batalla ganada. aunque s¢lo fuera porque resultaba m s divertido ver derrotado a un alto oficial. ¨es as¡? .

en desventaja. y . Todos se mostraron satisfechos con esta soluci¢n. Las viejas espadas romanas entrechocaban con tanta fuerza que el ruido resonaba muy lejos. porque tambi‚n ‚l hab¡a tenido que imponerse a los centuriones a lo largo de sus a¤os de servicio. el esposo de Agripina. en consecuencia. El centuri¢n fue lanzando ataques repetidos contra Sabino hasta que saltaron chispas. Ya no seria una lucha limpia. Naturalmente. Entonces Sabino se concentr¢ en el punto m s d‚bil de su adversario y le oblig¢ una y otra vez a girarse y volverse hasta que dio un traspi‚s y cay¢ de costado. y no hay ni vencedor ni vencido. portaba la reputaci¢n de sus oficiales y quer¡a suspender la lucha antes de tiempo si llegaba a ser preciso. cosidas a cicatrices. Pronto. y los hombres aclamaron a los dos: al joven tribuno y al viejo centuri¢n. se hab¡a desplazado al balneario de Pyrgi. Quiso reanudar inmediatamente la lucha. -No. En la ca¡da se lesion¢ levemente con la espada. mientras que el otro iba tensando sus enormes m£sculos y segu¡a golpeando con la misma vehemencia. Pero su cuerpo estaba tan destrozado por la intemperancia en la bebida. Pero Sabino iba aguantando. El centuri¢n est herido y. y lo hacia retrocediendo una y otra vez para mitigar la vehemencia de los golpes. la simpat¡a del legado estaba de parte del joven oficial. No puedo permitir esto. Sabino not¢ que su brazo empezaba a cansarse. sin embargo. surgieron problemas que preocuparon mucho m s a Sabino que su servicio en la legi¢n. La lucha ha terminado honrosamente y el resultado es un empate.-No se preocupe. No tard¢ en descubrir el punto d‚bil del veterano: sus piernas. Se notaba que eran algo r¡gidas y torpes y ya no obedec¡an con presteza a la voluntad del soldado. xv' Siguiendo los consejos de su m‚dico. amigos. pero el legado levant¢ la mano. he pasado por una dura escuela. Sabino ya no volvi¢ a tener problemas con sus centuriones. el borracho y libertino Domicio Enobarbo. legado. A partir de aquel momento. La lucha oscil¢ largo rato a favor de uno o de otro. por la comida fuertemente condimentada. cada uno a su manera. Lo respetaban y ‚l no se met¡a en sr¡s asuntos mientras cumplieran minuciosamente las ¢rdenes. Los dos os hab‚is batido magn¡ficamente. para recuperar su salud en las termas. situado unas millas al norte de Roma.

La comitiva f£nebre la abr¡an m£sicos que con tubas. Detr s de ellos caminaban los actores con la cara cubierta con m scaras de cera 214 215 con los rasgos de algunos venerables antepasados del difunto. con ofrendas de parientes y amigos: jarrones que conten¡an valiosos aceites. de a¤o y medio de edad. hojas de pergamino y exvotos. Les segu¡an portadores de antorchas y pla¤ideras. levant¢ el brazo del ni¤o como si quisiera decir un £ltimo adi¢s a su padre. lam¡an el f‚retro y segu¡an ascendiendo. Agripina caminaba detr s del f‚retro. Este era tambi‚n el caso del mausoleo de los Domicios. a las que hab¡a remunerado siempre con generosidad. Con rostro impasible. A su lado se alzaba la pira de madera de pino y de s ndalo. Todos hab¡an sido convocados para recibir en el m s all a su £ltimo v stago. Se trataba de una construcci¢n en forma de torre octogonal revestida con m rmol de Paros. acompa¤ada por la nodriza. tambores y flautas hac¡an m s ruido que m£sica. legados. que llevaba en brazos a Claudio Ner¢n. La madera impregnada en resma empez¢ a arder por las cuatro esquinas. era el hijo del difunto quien ten¡a que dar la se¤al para encender la hoguera. proc¢nsules. absorb¡an la grasa y el agua de la carne achicharrada. a veces. La comitiva f£nebre pas¢ por la V¡a Apia hasta las tumbas de los nobles. . coronas de laurel. de modo que su cuerpo no se pod¡a arrojar sencillamente al desolladero. Agripina tom¢ de la mano al peque¤o Ner¢n. aves sacrificadas. Seg£n la vieja tradici¢n.por el frecuente uso de afrodisiacos. Luego. y ahora quer¡a emplear todas sus fuerzas para que su hijo no se convirtiera en el vivo retrato de aquel hombre cuyo cuerpo los enterradores colocaban en aquel instante sobre la pira funeraria. cuyos chillidos y lamentos se entremezclaban con la ®m£sica¯ hasta producir un estruendo horr¡sono. Agripina hab¡a anhelado este d¡a como ning£n otro para ser libre. el libertino y holgaz n Domicio Enobarbo. Hab¡a generales. de un senador y c¢nsul. por fin libre. que se alzaban a ambos lados de la calzada y que. S¢lo lo echaban en falta algunas prostitutas. se incrustaban en el cuerpo podrido e hinchado. que contemplaba aquel desacostumbrado traj¡n con ojos muy abiertos. cuyos nombres y haza¤as se recordaban junto a los de Julio C‚sar y Augusto. hac¡an hervir el cerebro y reventaban los ojos e iban convirtiendo poco a poco aquella repelente envoltura en cenizas blancas y limpias. las llamas ascend¡an r pidamente. superaban con creces las dimensiones de los edificios destinados a viviendas. flores. frutas. sino que hab¡a que enterrarlo con todos los honores. se aferraban a la vestimenta del cad ver. Pero se trataba de un patricio. que muri¢ al cabo de pocos d¡as sin que nadie lamenrara su muerte.

Siguiendo la tradici¢n, Agripina busc¢ en compa¤¡a de algunos
parientes los restos de huesos entre las cenizas, los roci¢ con vino y los
coloc¢ en una urna de plata.
Por orden del emperador, Emilio L‚pido tuvo que acompa¤ar a la
comitiva f£nebre.
-Como esposo de Drusila formas parte de la familia imperial,
¨verdad? Y, en consecuencia, re encargo el honor de representarme
en el entierro del viejo libertino. Pero hazlo con dignidad, L‚pido,
con dignidad, pues, aunque sea para poco tiempo, eres mi representante.
La expresi¢n maliciosa en el rostro r¡gido de Cal¡gula, y sus palabras ir¢nicas, molestaron tan desmedidamente a L‚pido que tuvo
que volver la cara por un instante para no traicionarse. L‚pido nunca
se hab¡a sentido amigo de Cal¡gula, m s bien un compa¤ero de fechor¡as, un compinche para beber y para ir a los lupanares, pero desde
aquella noche en la que el buco peludo y lascivo se hab¡a abalanzado
sobre ‚l, desde aquella noche lo odiaba. No obstante, L‚pido era demasiado inteligente como para malgastar en salvas la fuerza que anidaba en su odio. Drusila, su esposa ficticia, era una criatura de Cal¡gula que resultaba in£til para L‚pido, al igual que la inteligente Livila,
que se consum¡a en amor por su poetastro. Pero ahora quedaba libre
Agripina, la hermana mayor del emperador. Era orgullosa y ambiciosa, y despreciaba a su hermano.
L‚pido pensaba que tendr¡a que unir la ambici¢n de ambos, el
odio de ambos, para preparar conjuntamente el hundimiento de
aquel megal¢mano.
Agripina coloc¢ la urna en el monumento f£nebre. La comitiva
se iba disolviendo. Cuando se dispon¡a a subirse a una silla doble
de manos, junto con su hijo y la nodriza, L‚pido se dirigi¢ a ella diciendo:
-Si necesitas alguna ayuda, Agripina, puedes contar conmigo,
con mi apoyo y con m¡ consejo.
El rostro orgulloso, de spera belleza, se volvi¢ hacia ‚l:
-Te lo agradezco, amigo mio. Si, habr que comentar algunas
cosas. Si tu tiempo lo permite, ven a yerme uno de los pr¢ximos d¡as.
-Lo har‚, lo har‚, Agripina, y no est‚s demasiado triste.
La mujer esboz¢ una sonrisa fugaz.
-Sabr‚ soportarlo.
L‚pido sigui¢ con la vista la silla de manos y pens¢ que Agripina
era ahora una de las mujeres m s ricas de Roma, pues toda la fortuna
de los Domicios hab¡a reca¡do sobre ella y sobre su hijo.
Durante los primeros meses de gobierno, Cal¡gula hab¡a mostrado
a£n un inter‚s superficial por los asuntos de Estado, pero desde que
sinti¢ en si su naturaleza divina consideraba impropio dedicarse a semejantes banalidades. Para esto estaba el Senado, los dos c¢nsules y,
en las provincias, los gobernadores con su plana mayor de funcionarios. Augusto, creador del Imperio romano, hab¡a ido construyendo a
lo largo de muchos a¤os este engranaje de precisi¢n, una maquinaria

ajustada hasta el £ltimo detalle para que pudiera funcionar incluso
sin el pr¡ncipe.
El joven emperador, en constante lucha con el aburrimiento, se
esforzaba por encontrar la manera de que ‚l, y, en ocasiones, tambi‚n
el pueblo, pasaran el tiempo del modo m s agradable posible.
El Circo M ximo, a cuyo palco imperial se pod¡a acceder directamente desde palacio, servia desde hacia siglos para juegos de toda clase.
En primer lugar para las carreras de caballos; Cal¡gula era un fan tico
seguidor del partido de los Verdes, y hacia fabulosos regalos a Eurico,
su auriga. El segundo lugar en importancia lo ocupaban las luchas de
animales y los juegos de gladiadores, y en d¡as especiales de fiesta, se
suced¡an los espect culos diversos.
216 217
Habr¡a sido contrario a la naturaleza de Cal¡gula organizar juegos
gratuitos para el pueblo, como hab¡an hecho otros emperadores o
altos dignatarios. Esto lo encontraba demasiado f cil y poco excitante.
Para cada una de sus representaciones ideaba una ¯broma¯ especial, y
as¡ ocurri¢ tambi‚n en esta ocasi¢n.
Habitualmente, los asientos m s pr¢ximos a la arena estaban reservados a los nobles y a los senadores, mientras que los asientos gratuitos
para el pueblo sencillo, estaban en el grader¡o superior. Para humillar a
la odiada nobleza romana, Cal¡gula hizo repartir pases gratuitos para los
asientos inferiores. Cuando los nobles, que insist¡an en su derecho, encontraron sus asientos ocupados, estallaron graves enfrentamientos en
los que encontraron la muerte varias docenas de hombres. Para Cal¡gula, aquello era un magnifico comienzo. Su rostro estaba ligeramente
enrojecido por el entusiasmo, sus fr¡os ojos centelleaban.
-Estos son juegos de otro tipo -coment¢ orgulloso a Calixto-.
En los de mis antecesores s¢lo hab¡a muertos en la arena; conmigo,
en cambio, los hay tambi‚n entre los espectadores. Magn¡fico, ¨verdad? Se me ha ocurrido otra cosa. Recordar s que durante mi enfermedad hubo quien hizo promesas para mi restablecimiento. Uno
quer¡a luchar contra los gladiadores en el circo; otro ofreci¢ sri vida.
Bien, vuelvo a estar sano y salvo, y no se debe enga¤ar a los dioses.
Localiza a los dos; han de cumplir sus promesas en el circo.
Cuando el emperador apareci¢ en la tribuna, fue recibido por
aplausos atronadores, unos aplausos que, sin embargo, proven¡an
principalmente de la plebe, pues los nobles y los senadores se sent¡an
ofendidos por no haber sido respetadas sus prerrogativas.
La representaci¢n comenz¢ con actuaciones art¡sticas. Hab¡a un
grupo que saltaba sobre caballos al galope y pasaba por debajo del
vientre de los animales que segu¡an su carrera enloquecida, hasta que
volv¡a a saltar al suelo gilmente y sin da¤o. Actuaron tragadores
de fuego, acr¢batas y fun mbulos, pero el pueblo romano era dificil de
contentar, y pronto empez¢ a aburrirse.
~Queremos sangre! -se oy¢ una voz procedente de las filas su-

periores; otros se hicieron eco de la exclamaci¢n, y acab¢ oy‚ndose
en todo el anfiteatro.
~Qu‚ pasa con las luchas de animales? Sangre, sangre!
Cal¡gula frunci¢ el ce¤o.
>Por qu‚ el populacho ser tan sanguinario? -pregunt¢ a Drusila-. A veces me entran ganas de coger a unos cuantos de esos alborotadores y hacerlos luchar entre si. Pero, naturalmente, no es su propia sangre la que quieren ver.
~Pues, hazlo! -le exhorr¢ Drusila, y esboz¢ una sonrisa hechicera-. Para algo eres el emperador.
Cal¡gula hizo una se¤al a un pretoriano.
-En compa¤¡a de un par de hombres re das una vuelta por el
circo y detienes a los que griten m s fuerte.
Los espectadores empezaban a impacientarse, pues a£n segu¡an
actuando unos acr¢batas cuando el siguiente n£mero era la esperada
>~comida de las fieras¯. En este espect culo, unos condenados a muerte, armados con espadas de madera y garrotes se enfrentaban a fieras
hambrientas: leones, tigres y osos.
Cuando los pretorianos llevaban cazados a una veintena de alborotadores, Cal¡gula hizo anunciar que hoy el programa hab¡a sido
modificado y que los gladiadores se enfrentar¡an a ¯volunrarios¯ de
entre el p£blico. Los veinte hombres fueron equipados con redes,
yelmos y espadas y salieron a la arena empujados por los pretorianos, que sonre¡an maliciosamente. Naturalmente, los experimentados gladiadores profesionales los vencieron con facilidad, y los descuartizaron despu‚s de haberse divertido acos ndolos durante un
rato.
Cal¡gula se levant¢ de un salto y exclam¢ a la multitud:
-Ahora corre la sangre! Miradlo bien! Quien se comporte indebidamente en el futuro, podr deleirarse all¡ abajo viendo correr su
propia sangre.
No todos entendieron sus palabras en el inmenso espacio alargado del Circo M ximo, pero se corri¢ la voz, y el pueblo empez¢ a protestar.
-Tienes que intentar tranquilizarlos -exclam¢ Drusila-. No es
sensato pasarse.
Cal¡gula era incapaz de negarle a Drusila ning£n deseo, y dio la
se¤al para que se iniciara la lucha de animales. La multitud alborotaba y chillaba cuando un le¢n arrancaba el brazo a una de las v¡ctimas,
que agitaba desvalida la espada de madera, o cuando la agarraba de la
cabeza y la arrastraba por la arena.
Cal¡gula bostez¢.
-No s‚ qu‚ ven en todo esto. En el fondo es de mal gusto. Otra
cosa es una ejecuci¢n refinada que se prolonga durante horas, pero
esto es demasiado r pido: no tiene ning£n inter‚s...
Entretanto, hab¡a llegado la hora del mediod¡a, y tendieron toldos de
lino sobre las gradas para protegerlas del sol. Habitualmente, se hacia
una pausa de dos horas, en la que los espectadores com¡an los alimen-

tos que llevaban, pues nadie quer¡a abandonar su asiento antes de
que finalizaran los espect culos. El emperador se retir¢ con su s‚quito
para tomar un ba¤o refrescante antes de la comida. Eran los £ltimos
218

219

d¡as de mayo, y en esta ‚poca los d¡as eran ya muy calurosos en Roma y
anunciaban la llegada del verano.
Durante la comida, Cal¡gula dijo a Drusila:
-Si sigue haciendo este calor tendremos que marcharnos pronto
a nuestra villa de Baules. Las reformas han terminado hace poco, creo
que te gustar .
Drusila se desperez¢ placenteramente.
-A m¡ no me importa el calor, y me gustar¡a seguir aqu¡ hasta los
idus de junio.
-Como quieras, amada. Ya me encargar‚ de que tampoco nos
aburramos aqu¡.
Hacia la ocrava hora del d¡a, es decir, a las dos de la tarde, el sol ca¡a
con tanta fuerza que parec¡a que quisiera echar a las gentes de la calle. Tambi‚n empezaba a senrirse el sofoco bajo los toldos del circo.
Cal¡gula interpretaba el papel del soberano preocupado por sus s£bditos e hizo distribuir zumos de fruta a todo el inundo, un gesto que le
vali¢ algunas aclamaciones ben‚volas. Pero despu‚s sigui¢ la siguiente ®broma¯: retiraron los toldos y los pretorianos ocuparon las salidas
armados hasta los dientes. Un grito al un¡sono de indignaci¢n se elev¢ hasta el palco imperial. Las gentes se cubr¡an las cabezas con sus
togas para proregerse de los rayos abrasadores, mientras Cal¡gula daba la se¤al para la siguiente actuaci¢n. Se trataba de una cuadrilla de
gladiadores viejos y lisiados que se golpeaban mutuamente sin fuerza
con palos y con espadas rotas. Entre ellos pululaban enanos, tullidos y
animales inofensivos como ovejas, perros viejos, monos y bueyes de
mirada est£pida. Pero los espectadores se re¡an en vez de enfadarse, y
Cal¡gula se levant¢ de un salto, indignado.
-. Mi intenci¢n no era diverrirlos! -exclam¢ furioso.
Drusila se r¡o.
-¨Quer¡as molestarlos? Pues la pr¢xima vez tendr s que pensar
algo mejor.
Anneo S‚neca hab¡a tomado muy en serio el consejo de Livila, pero
era senador romano y no pod¡a desaparecer sencillamente sin que
nadie lo advirtiera. Le comunic¢, pues, al Senado en la forma habitual que su mal estado de salud le obligaba a pedir durante medio a¤o
la excedencia de su cargo.
Cuando se encontraba en plenos preparativos para el viaje, se present¢ un mensajero del Palatino comunic ndole que Calixto, secretario del emperador, ped¡a que fuera a verle.

S‚neca era un estoico y se hab¡a acostumbrado a permanecer impasible en cualquier situaci¢n de la vida; no obstante, no pudo evitar
que esta noticia le sobresaltara. ®Cal¡gula se ha enterado de mi petici¢n y ahora alarga las garras hacia mi. Lo har como lo ha hecho con
los otros: me amenazar con acusarme de un delito de lesa majestad,
pero, gracias a su generosidad y a su indulgencia, se me permitir
eliminarme a mi mismo. -S‚neca se desperez¢-: Aunque as¡ sea, el
Cal¡gula ese no conseguir jam s intimidar a Anneo S‚neca!¯ Se obligo, pues, a si mismo a acabar de comer con toda calma, le comunic¢ a
su mayordomo d¢nde estaba depositado su testamento y se encam¡n¢
al Palatino.
Calixto le recibi¢ en su despacho oficial, cort‚s, amable y respetuoso.
-Salve, senador! Es un honor para mi que hayas aceptado mi
invitaci¢n con tanta celeridad. Toma asiento!
Un esclavo trajo vino, agua, frutos secos, nueces y pastas. Un repentino ataque de ros sacudi¢ con tanta fuerza a S‚neca que la frente
se le cubri¢ de sudor.
Calixto le dirigi¢ una mirada preocupada:
-S‚ lo enfermo que est s y no re voy a entretener mucho tiempo.
Nuestro divino emperador ha tomado nora de tu petici¢n y me ha
pedido que re comunique que su espada llega hasta las provincias m s
lejanas y que observar minuciosamente tu comportamiento futuro.
Esto es todo.
-¨A qu‚ se refiere el pr¡ncipe al hablar de las provincias m s lejaiias? Siguiendo el consejo de mi m‚dico, pasar‚ el verano en la zona
de N poles. Y por lo dem s, ignoro por qu‚ emplea la palabra ®espada¯. No soy consciente de haber cometido delito alguno.
-Lo ignoro igual que t£, venerado senador -dijo el obeso Calixto
y se encogi¢ de hombros con tanta fuerza que su voluminosa barriga se
estremeci¢. Despu‚s, mezcl¢ un vaso de vino, tom¢ un d til, lo mastic¢,
lo trag¢ y dej¢ el hueso cuidadosamente en una bandeja.
-Esto es, por as¡ decirlo, la parre oficial de nuestra conversacion.
Pese a su corpulencia, se levant¢ con agilidad, abri¢ la puerta y
mir¢ fuera. Luego, en voz baja, dijo:
-Y, ahora, unas palabras en privado a S‚neca, a quien yo, como
cualquier romano instruido, admiro como poeta y como fil¢sofo.
-Pues la opini¢n de tu emperador es muy distinta. El compara
mis poemas con argamasa sin cal.
-Eso es asunto suyo -dijo Calixto impasible-. No permito que
nadie me imponga a qu‚ poetas rengo que apreciar y a qui‚nes no.
®¨Se trata de una trampa? -reflexion¢ S‚neca-, ¨o me quiere
orientar en una direcci¢n determinada?¯
220 221
Entonces Calixto continu¢:
-Para que nos entendamos: soy un fiel servidor de mi se¤or y
cumplir‚ estrictamente todas sus ¢rdenes, mientras est‚ vivo. Quiero
decir que tambi‚n un joven emperador puede morir repentinamen-

te, como estuvo a punto de ocurrir hace medio a¤o. Y como soy un
hombre precavido, pienso tambi‚n en el despu‚s. Es decir que, en
caso de sobrevivir yo al emperador, no quiero que nadie pueda reprocharme que haya abusado de mi cargo o que, arbitrariamente, haya
causado la desgracia de alguna persona. Ejecuto la voluntad del pr¡ncipe, me gusten o no sus decisiones, pero no quiero que nadie pueda
decir de mi que he aprovechado mi posici¢n para una venganza personal. Y como re rengo mucho aprecio, voy a darte un consejo muy
meditado: est‚s donde est‚s, en Roma o en esa casa de campo junto a
N poles, cuidare de que los mensajeros del emperador te encuentren
en la cama. Ten un m‚dico en casa que se encuentre junto a tu lecho
de enfermo cuando los pretorianos irrumpan en tu alcoba. No re digo
que forzosamente tenga que ocurrir as¡, pero el emperador es veleidoso y podr¡a sentir unas repentinas ganas de vengarse de S‚neca por el
simple hecho de que escribe con mejor estilo que ‚l.
-¨Y esto lo dices t£, la mano derecha del emperador, su instrumento siempre leal?
Calixto sonri¢ con amargura.
-Oh, S‚neca, ¨qu‚ sabes t£, qu‚ saben los dem s de mis dificultades? ¨Crees que resulta tan f cil adaprarse a los caprichos de un... de
un dios? El se da perfecta cuenta de cu ndo uno le lleva demasiado la
corriente; en ocasiones quiere realmente escuchar un consejo, una
opini¢n. Pero no se re ocurra ser demasiado categ¢rico, pues entonces se pone furioso y se siente tutelado. Macr¢n y algunos otros han
pagado este error con su vida. Si, me considera su amigo, y me siento
orgulloso de que as¡ sea. Pero puede llegar el d¡a en que esta amistad
se convierta en un peligro, y no soy de los que sacrifican su vida por
otro.
-Son palabras sinceras, Calixto, pero ¨las dices tambi‚n sinceramente?
-No re tomo a mal que desconfies de mi; sin duda yo, en tu lugar,
har¡a lo mismo. Pero re aprecio, S‚neca, te aprecio de verdad. Adem s no puedo evitar pensar siempre que cualquier escolar conoce el
nombre y las obras de un Homero, pero nadie, ni siquiera los erudiros, sabr¡an nombrar un solo soberano de aquella lejana ‚poca. Tambi‚n entonces exist¡an pr¡ncipes, tiranos y reyes. Sus nombres se han
desvanecido como humo, mientras que Homero sigue tan vivo, incluso en nuestros d¡as, como si hubiera vivido en la ‚poca de Tiberio.
¨Entiendes lo que quiero decir?
-Creo que si y seguir‚ tu consejo.
Calixto asinti¢ satisfecho.
-Es lo m s inteligente que puedes hacer, S‚neca. Tal vez en alguna ocasi¢n nos encontremos frente a frente en circunstancias m s
agradables, ¨qui‚n sabe? Y otra cosa: esta conversaci¢n jam s ha tenido lugar. Si por cualquier motivo afirmaras que, aparte de la advertencia del emperador, yo re comuniqu‚ alguna otra cosa, lo negar‚, y
encontrar‚ testigos que lo confirmen.
-He comprendido, Calixto; la claridad bien entendida empieza
por uno mismo.
Calixto se levant¢ y se acarici¢ la doble papada.

-T£ naciste en cuna dorada, S‚neca, pero mi padre fue un esclavo. Si un liberto como yo logra respeto y riqueza, no la arriesga. Supongo que lo entender s. Me importa de verdad que lo entiendas.
-Te comprendo, re respeto y re doy las gracias, Calixto. Yo, como
t£, espero que tengamos ocasi¢n de proseguir alguna vez nuestra conversaci¢n en circunstancias m s favorables.
-Yo tambi‚n lo espero! -dijo el secretario, y abri¢ la puerta a su
visitante.
Una vez fuera, S‚neca tom¢ una silla de manos y se hizo llevar a la
seh ola medicorum.* Su propio m‚dico de cabecera era viejo y ten¡a muchos pacientes en Roma. Adem s, era un pedante y un charlat n. S‚neca explic¢ con exactitud al administrador lo que buscaba. Deb¡a
trararse de un m‚dico joven y eficaz que a£n no tuviera su propia
consulta, que tuviera ganas de viajar y fuera independiente.
-El asunto es urgente -recalc¢ S‚neca-, los interesados pueden venir a yerme hoy mismo.
Y, realmente, aquel mismo d¡a se presentaron dos, pero ninguno
de ellos le gust¢ a S‚neca. Otros tres comparecieron a la ma¤ana siguiente, y S‚neca se decidi¢ por Eusebio, que hab¡a sido durante tres
a¤os ayudante de un conocido m‚dico romano, muerto hac¡a poco
tiempo. Su rostro inteligente y abierto y su cuidado aspecto gustaron
en seguida a S‚neca.
-Hay una cosa que tienes que tener clara desde el principio, Eusebio. Jam s deber s poner en duda el diagn¢stico de mi m‚dico de
cabecera. Padezco una tisis pulmonar y estoy enfermo de muerte. Incluso si llegaras a otra conclusi¢n, una vez que me hayas examinado,
has de confirmar este diagn¢stico si alguien re lo pregunta. No quiero
herir tu dignidad de m‚dico, pero tengo motivos de peso, motivos
vitales, para imponer esta condici¢n.
-¨Puedo examinarte a pesar de todo?
*

Colegio de m‚dicos.
222 223

S‚neca se desprendi¢ de la parte superior de su vestimenta. Eusebio golpe¢ y auscult¢ el pecho y la espalda, pidi¢ que respirara de
prisa y despacio, lo que provoc¢ un ataque de ros. S‚neca se rap¢ la
boca con un pa¤uelo hasta recuperar el aliento. El m‚dico tom¢ el
pa¤uelo y dijo:
-Hay sangre. S¢lo puedo confirmar el diagn¢stico de tu m‚dico
de cabecera.
-Bien, nos entendemos. Pasado ma¤ana tomaremos un velero de
cabotaje para ir a Baules.
Emilio L‚pido esper¢ los tres d¡as que exig¡a el decoro hasta que
anunci¢ a Agripina su visita para aquella tarde. Como esposo de su
hermana, era considerado un pariente, y en consecuencia su aparici¢n no pod¡a despertar ninguna sospecha. La casa de Agripina estaba

sometida a vigilancia, pero L‚pido no se preocup¢ por esto. En los
c¡rculos de la corte hab¡a mencionado varias veces su intenci¢n de
visitar a Agripina y no dudaba de que Cal¡gula se hab¡a enterado.
Agripina recibi¢ a L‚pido vestida de luto y, mientras la servidumbre pod¡a escuchar, interpret¢ el papel de afligida esposa. En cuanto
estuvieron a solas, dej¢ caer la m scara.
-Resulta indigno, pero la casa est llena de espias. No qr¡iero que
nadie pueda decir de mi que no haya cumplido escrupulosamente
mis obligaciones como esposa de un patricio romano.
-Pero, pese a todo, re sientes aliviada, y yo re lo noto. Espero que
Cal¡gula no haya urdido ya nuevos planes de matrimonio para ti.
-En cualquier caso, insistir‚ en el a¤o de luto. Qui‚n sabe lo que
pasar luego...!
-S¡, Agripina, eso s¢lo los dioses lo saben. Pero tambi‚n nosotros,
los humanos, tenemos la posibilidad de tomar nuestras precauciones
y de hacer proyectos. Las personas como t£ y como yo no somos
capaces de esperar en un rinc¢n tranquilo lo que el destino vaya a
decidir.
Estas palabras despertaron la atenci¢n de Agripina.
-Te doy la raz¢n, pero ¨c¢mo tengo que entender rus palabras?
-¨Est esta habitaci¢n protegida contra escuchas?
-Si hablas en voz baja, s¡.
-No soy ning£n cobarde, Agripina, pero temo por nuestras vidas.
-Especialmente por la tuya, ¨verdad?
-Agripina, lo digo en serio. Claro que, en primer lugar, me preocupo de mi propio bienestar, pues no tengo hijos y Drusila s¢lo es mi
esposa de nombre. Pero hay personas por las que siento afecto y cuya
ca¡da quiero evitar. T£, Agripina, eres una de esas personas.
La mujer esboz¢ una sonrisa iron¡ca.
-Deja ya de hablar con vaguedades. Si no me equivoco, ni t£ ni yo
corremos en estos momentos un peligro inmediato.
-Eso puede cambiar r pidamente, Agripina. Yo trato a Cal¡gula
m s que t£, y te digo que cada d¡a resulta m s imprevisible. Sus ®bromas'> rondan £ltimamente la locura. Ning£n estadista inteligente ha
osado jam s contrariar al pueblo, pero ‚l provoca y molesta a todos: a
los senadores, a los patricios, a los plebeyos, hasta al vulgo de la calle,
al que regala primero entradas gratuitas y luego los hace encerrar en
el circo y asarse al sol. A£n goza de popularidad, a£n lo aclaman,
pero los senadores tiemblan ante ‚l, y muchos patricios se han retirado a sus alejadas casas de campo. Se a¤ade, adem s, que mes tras mes
despilfarra millones de sestercios. S‚ por economistas de la corte que
el erario p£blico estar agorado dentro de medio a¤o. Y ¨qu‚ pasar
entonces? Tendr que aumentar los impuestos, se convertir en heredero de acaudalados romanos a los que un Senado d¢cil condenar a
muerte. Sabemos que no tiene ninguna consideraci¢n con sus parientes. Ahora eres rica, Agripina, y tambi‚n mi patrimonio es considerable. Piensa tambi‚n en tu hijo! Tendremos que tomar precauciones.
Lo que L‚pido no dijo abiertamente era el desenfrenado odio que
sent¡a por Cal¡gula, que hab¡a abusado de su amistad y lo hab¡a degradado a la condici¢n de efebo. Ten¡a aquello clavado en su carne

como una llaga ulcerada, y cuando pensaba en aquella escena se apoderaba de ‚l tal sed de venganza que le temblaban las manos.
Agripina volvi¢ hacia ‚l su rostro atractivo, tan parecido al de su
madre. Pero tambi‚n hab¡a heredado el car cter de la difunta: era
orgullosa, altiva, ambiciosa y -si hacia falta- astuta como una vulpeja. Para ella, los hombres s¢lo eran un medio para conseguir un fin, y
si se acostaba con alguno no lo hacia por placer, sino por conseguir
un objetivo que ella ten¡a muy claro. Corr¡an rumores de que en una
ocasi¢n Cal¡gula se la hab¡a llevado a la cama, pero que su frialdad le
hab¡a servido de escarmiento y no volvi¢ a insistir.
-¨Precauciones? ¨Qu‚ quieres decir?
-Primero, conr‚srame a una pregunta, pero, por favor, con absolura sinceridad: ¨quieres a Cal¡gula como a un hermano?
-No! -dijo Agripina con firmeza-, quiero y aprecio a mi hermana Livila, pero a ‚l lo desprecio, y no eres el £nico a quien se lo
digo. El mismo ha tenido ocasi¢n de escucharlo varias veces de mis
propios labios.
-Pero ¨no te sientes amenazada por ‚l?
-Antes quiz no, pero, desde que naci¢ mi hijo, tengo mis dudas.
Cal¡gula ve una amenaza en todo pariente masculino. Es algo sobradamente conocido.
224 225
-Y ninguno sigue con vida, salvo r¡o Claudio, a quien nadie toma
en serio.
-Te has olvidado de mi hijo, L‚pido. Mientras Cal¡gula no tenga
hijos propios ve en cualquier reto¤o masculino de nuestra familia a
un futuro rival, a alguien que puede arrebatarle el trono.
-S‚ que tienes raz¢n. Por lo que a m¡ respecta, no temo nada
mientras siga compartiendo su lecho con Drusila. Si llega el momento
en que se cansa de ella o prefiere a otra mujer, entonces tambi‚n yo
veo un peligro. Tal vez no deber¡amos permitir que esto ocurriera...
Agripina neg¢ con la cabeza.
-Drusila, esa bruja, lo domina de un modo dificilmenre comprensible. Conozco a los dos y re puedo asegurar que ninguna otra
mujer podr retenerlo durante m s de un par de d¡as mientras Drusila viva. S¢lo quiero recordarte el caso de Oresrila.
-Oh Agripina! Ojal Tiberio me hubiera casado contigo! Las
cosas habr¡an sucedido de un modo nvuy distinto.
-Te hubiera preferido mil veces a Enobarbo, re lo aseguro.
L‚pido se inclin¢.
-Me alegra oir esto. Pero a£n no es demasiado tarde; por suerte,
muchas cosas a£n se pueden recuperar.
Agripina, que ve¡a en L‚pido a una posible ayuda y un aliado, intent¢ componer una sonrisa c lida.
-Todav¡a no nos amenaza ning£n peligro inmediato, y durante
mi ‚poca de luto no quiero que nadie pueda decir nada de mi. Pero
me gustas, L‚pido, y rus palabras francas me han impresionado y me
han dado esperanza; quiero decir esperanzas de que las cosas puedan

cambiar.
-Eres hermosa, Agripina, ¨lo sabes? Si ‚sta no fuera una casa en la
que se est de luto, podr¡a...
Agripina le tap¢ la boca con un dedo.
-~C llare! Por hoy es suficiente.
Roz¢ sus labios para darle un beso fraternal y apart¢ sus manos,
que quisieron agarrarla en seguida.
-Cada cosa en su momento, L‚pido, tenemos que tener paciencia, por mucho que nos cueste.
L‚pido consider¢ un ‚xito esta visita. Ahora hab¡a que esperar
hasta que el odio de Cal¡gula se fuera extendiendo. Tendr¡an que ser
tantos que no pudiera aplastarlos, sino que fuera ‚l el aplastado por la
masa de sus adversarios.
Cornelio Sabino se hab¡a acostumbrado r pidamente a su servicio,
que apenas le exig¡a esfuerzo mental y que consist¡a principalmente
en una serie de rutinas invariables. Hab¡a que hacer formar a los man¡pulos, inspeccionar el armamento, comprobar s£plicas y peticiones,
comentar con el legado los ascensos y algunas cosas m s que, a los ojos
de Sabino, ten¡an escasa importancia. De vez en cuando, llegaban a
feso romanos de alto rango, y ten¡an que ser saludados por un tribuno y acompa¤ados a la ciudad por una decuria de soldados a caballo.
Resumiendo, Sabino realizaba su servicio meticulosamente pero sin
participar interiormente. Pero se encontraba en Efeso, y esto era lo
£nico que le importaba.
Dedic¢ su primer d¡a libre a visitar a fondo la ciudad. Su centro, el
gora, se compon¡a de una parte superior y otra inferior y estaba situada exactamente en el centro de una hondonada. Las casas de la ciudad, que hab¡an experimentado un considerable crecimiento en los
£ltimos decenios, escalaban las laderas de los montes Pi¢n y Koressos
hasta donde los roquedales casi verticales imped¡an toda posibilidad
de construir.
Para los comerciantes, Efeso era un para¡so. Cientos de tiendas se
alineaban bajo los soportales umbrosos entre la zona del templo y el
gran teatro, cuyo inmenso semic¡rculo se recostaba en la ladera occidental del monte Pi¢n. All¡ cab¡an m s de veinte mil personas, yen los
d¡as de fiesta de Artemisa, no quedaba ni un solo asiento libre, como
le dijo con orgullo un habitante de Efeso.
Tras una primera visita fugaz, Sabino se sinti¢ atra¡do hacia la calle
del puerto, que descend¡a casi media milla suavemente desde el teatro hasta las d rsenas. A ambos lados estaba jalonada de galer¡as bajo
los soportales, en los que las tiendas mejores y m s caras de la ciudad ofrec¡an todo aquello que un exigente p£blico de una gran ciudad
ped¡a y esperaba.
Pero Sabino no ten¡a ojos para los fardos de seda de brillantes
colores, las vajillas de cer mica, los trabajos art¡sticos en madera noble, las joyas, los aceites arom ticos y todo lo dem s que hacia que esta
rica ciudad fuera un emporio de riqueza.
Toda una serie de tiendas se dedicaba exclusivamente a la venta
de recuerdos religiosos y ofrendas. La mundialmente famosa figura
de Artemisa Polimastros, ®la de los m£ltiples pechos<>, se pod¡a encon-

. hay algunos mas. en m rmol o en bronce. Seg£n el modelo tradicional. proced¡a de una familia de constructores de navios. junto a los diques secos. se puso sus mejores ropas y se hizo llevar en una cara silla de manos a la administraci¢n del puerto. re puedo. grifos y sirenas. el tres veces maldito Perr¢n!. pero soy nuevo aqu¡.¯ Cuando tuvo de nuevo un d¡a de asueto. ¨Por d¢nde pod¡a empezar. ®Ahora s‚ tanto como antes -pens¢ Sabino-. hasta figuras de enorme tama¤o. erguida. ciervos. -¨Petr¢n? Que yo sepa. leones. al fin y al cabo. s¢lo aquel Petr¢n con el que estaba casada ahora. y se abri¢ paso a trav‚s de la multitud hasta llegar al lado sur del puerto. no se hab¡a acordado de preguntarle por el nombre de su padre. -¨Se llama Petr¢n uno de los propietarios? El barbudo se limir¢ a negar con la cabeza. y. cangrejos. se aparr¢ unos cuantos pasos y grit¢ algo a uno de los obreros. y me gustar¡a saber cu ntos astilleros hay. en Epidauro. porque a ‚l le atra¡a m s el puerto. bendiciendo. siguiendo el canal.. Sin pens rselo m s. Sabino entr¢ en una de las agencias navales y pregunt¢ si conoc¡an all¡ al propietario de unos astilleros llamado Perr¢n. Sabino se dirigi¢ al supervisor. En la cabeza llevaba una alta corona que representaba a Efeso y a su famoso templo. pues? Sin duda habr¡a miles de Helenas en Efeso. Su ajustado vestido llegaba hasta los pies y mos226 227 traba en seis filas im genes de abejas. Todo lo que sabia de Helena y de su familia era su relaci¢n con los barcos. la diosa estaba representada en actitud r¡gida. Sin despegar la vista de sus obreros. dos.. tendr‚ que enfocarlo de otra manera. hechos de madera o barro. el hombre barbudo refunfu¤¢: -Aqu¡ en el puerto.trar en im genes que iban desde simples ejemplares de un palmo. Le quedaba. En el dique seco estaban carenando un velero. pero si necesitas un pasaje para un barco. no pod¡a pasearse por las instalaciones portuarias y preguntar por un naviero cuya hija se llamaba Helena. Los astilleros se hallan all¡ enfrente en el otro lado. Sabino se apresur¢ a abandonar la tienda. y con una triple fila de rebosantes pechos que cubr¡an la parte superior de su cuerpo. Sabino estaba furioso porque all¡. con las manos levantadas. -Perdona que te moleste en tu trabajo. partiendo de la base de que le hab¡a dicho la verdad. no. M s abajo. Pregunta all¡. Obreros medio desnudos arrancaban con rasquetas la capa de lapas y de algas del casco del barco. pues. otros serraban y martilleaban en cubierta. Sabino s¢lo dedic¢ una mirada fugaz a la extra¤a diosa. Hab¡a mencionado que su padre era naviero y que su futuro esposo.

se¤or? -V‚ndeme un trozo de pergamino y una pluma. vamos. rengo intenci¢n de comprar un velero aqu¡. Se lo dio a Cle¢n. -Bien. jornaleros y ociosos estaban sentados ante sus jarras. 228 229 -En el puerro hay dos astilleros y unos cuantos m s siguiendo el . dobl¢ el papel y lo hizo sellar con cera por el escribiente. Sabino escribi¢ el primer verso de Catulo que le vino a la memoria. -¨Perr¢n? Ninguno de los propietarios de astilleros de nuestra ciudad se llama as¡. -¨Qu‚ puedo hacer por ti. Alguien me habl¢ de un tal Petr¢n. Mis competencias abarcan las rasas portuarias y aduaneras. Lo mejor ser que vayas personalmente a los astilleros y expongas all¡ rus deseos. comiendo. y jam s he salido de feso. -¨A qui‚n puedo anunciar. lament ndose. Cle¢n esboz¢ una sonrisa iron¡ca.Con aire displicente dijo al portero que ten¡a que hablar urgentemente con el prefecto. Sabino se dirigi¢ al tabernero. donde marineros. Ya fuera. superviso la carga y descarga de los barcos en determinados fondeadores. ¨Puedes recomendarme a uno de rus parroquianos? El tabernero ech¢ un vistazo al interior de la taberna y llam¢: -C¡e¢n! Levanta el trasero de ah¡ y ven! Un joven esbelto se levant¢ sin prisa y se acerc¢ a paso lento. Entr¢ en una de las raberuas. -¨Conoces bien la ciudad? -pregunt¢ Sabino. -Me remo no ser la persona que pueda ayudarte. ¨No habr s entendido mal el nombre? Sabino dio las gracias y se march¢. -Necesito un mensajero. Fuera. pens‚ que tal vez podr¡as recomendarme a alg£n constructor naval. y le tir¢ una moneda. charlando o simplemente observando el variopinro traj¡n del puerto. Sabino pregunt¢: -¨Hay amanuenses en la ciudad? Cle¢n asinti¢ y se adelanr¢. de eso estoy seguro. Los escribientes esperaban a los clientes en peque¤os cobertizos de madera. se¤or? -A Tito Cesrio de Roma. -Bien. El prefecto del puerro lo recibi¢ en el acto y levant¢ las manos. o algo parecido. se le ocurri¢ de repente la idea salvadora. -Nac¡ aqu¡. -El se¤or tiene un encargo para ti.

-Entendido. Acu‚rdate bien del nombre: Perr¢n. se nota por el olor. -Puedo emplear en eso mucho tiempo. se¤or? Hace mucho tiempo que me habr¡a muerto de hambre si no hubiera cumplido siempre mis encargos con discreci¢n y puntualidad. '<Tambi‚n t£ mereces tener una alegr¡a¯. El es el destinatario de mi escrito. llegas primero a dos grandes almacenes. el vino se pod¡a tomar perfectamente. Sabino regres¢ lentamente a la taberna. pero este asunto requiere su tiempo. hay un tal Petr¢n. Se hizo traer una segunda jarra y contempl¢ los barcos. Hab¡a un par de mesas al aire libre. pero hay que hacerlo de manera que no llame la atenci¢n. -Eres realmente generoso. sobre todo si rengo que buscar a lo largo del canal. ¨Qu‚ es lo que . Ahora me sentar¡a bien una copa. tal vez tres d¡as. y all¡ parece trabajar ese Perr¢n. no s‚ en cu l. en el dique hay una gabarra medio terminada. Bien. No dejes de preguntar hasta haberlo encontrado. Este lo arrap¢ h bilmente y lo engull¢ con avidez. tal vez m s. aceptaron inmediatamente tu carta. a vaciar lajarra y a esperar. al menos. Entonces apareci¢ Cle¢n corriendo. cinco d¡as. se dijo Sabino. -Orden cumplida! Tu carta ha llegado a buenas manos. Tendr s que soltar cinco sestercios. Sabino le pas¢ lajarra. La empresa pertenece a un tal Polibio. se¤or. Quiero aver¡guar algunas cosas sobre ese Perr¢n. si sigues el canal. -A£n est casi llena. Inmediatamente despu‚s llegas a un peque¤o astillero. ¨A cu nto asciende tu sueldo de mensajero? Cle¢n esboz¢ una sonrisa taimada. -Has hecho un buen trabajo. pidi¢ una salchicha con ajo y unajarra de vino. y as¡ se dedic¢ a dar de comer al perro. El tiempo transcurri¢ con cruel lentitud. Puedes confiar en mi. luego a un edificio bajo donde secan y ah£man pescado. situados a muy poca distancia uno de otro. Luego movi¢ el rabo medio pelado en espera de m s. y pidi¢ un par m s. se¤or. -Bien. Ahora mismo me pongo en marcha. Cle¢n. A£n podr s ganarte m s dinero a condici¢n de que sigas mostr ndote tan h bil. ¨Te crees capaz de conseguirlo? ¨Qu‚ me respondes? El rostro taimado de Cle¢n se abri¢ en una ancha sonrisa. all¡ se sent¢ y esper¢. cuyos m stiles se mov¡an con el leve oleaje como bailarines. aqu¡ tienes. ¨no? En uno. La salchicha estaba tan fuertemente condimentada que s¢lo trag¢ a duras penas un bocado y ech¢ el resto a un perro vagabundo. y se dej¢ caer en una silla con la respiraci¢n entrecortada. Esperar‚ tu vuelta all¡ enfrente. -¨Qu‚ piensas.canal. pues rengo que saber d¢nde has encontrado a ese Petr¢n. En contra de lo esperado. ¨D¢nde la has entregado? Cle¢n sonri¢ y fror¢ el dedo pulgar contra el indice. Sabino asinti¢. Sabino le desliz¢ un denario que desapareci¢ en un santiam‚n. y entonces re dar‚ otros cinco. lo sabr s. en tu taberna.

bordearon el ventoso cabo de Circe y echaron anclas en Anxur. le parec¡a la ‚poca m s feliz de su vida. se¤or. Una princesa imperial tiene que cuidar de su reputaci¢n. -No lo entiendes. La antigua ciudad de los volscos se hab¡a convertido en una elegante ciu- .quieres averiguar sobre este Petr¢n? -Todo.. Cle¢n se llev¢ lajarra a la boca y tom¢ un buen trago. -Bien. -Ah. ¨Puedes estar nuevamente aqu¡ dentro de tres d¡as? Sabino reflexion¢. Ella es mi hermana-esposa. ‚sta es la forma m s sagrada de una uni¢n matrimonial. ¨para qu‚ vamos a pelearnos? A mi no me incumbe. y si quieres. Cal¡gula permaneci¢ extra¤amente sereno. -Si.. -¨Qu‚ es lo que quieres decir con eso? -No s‚ si resulta muy favorable para su reputaci¢n el que comparta el lecho con su hermano. Hab¡a estado pensando durante mucho tiempo si deb¡a emprender este viaje de inc¢gnito. s¢lo quiero. espero que al menos se trate de gente correcta. y t£ pagas. -No soy curioso. Por cierto. y re costar otros tres denarios. sino el emperador romano. Cal¡gula dirigi¢ su mirada fija a la hermana.. -Como Drusila. donde pasaron la noche. S¢lo se trata de dos cosas: quiero saber d¢nde vive y con qui‚n est casado. en fin. Si. ¨Me das el barco o no? -Toma uno. Inform¢ a Cal¡gula y pidi¢ un velero. 230 231 -T£ no eres un rey egipcio. te lo agradezco. -De acuerdo.. aproximadamente una hora antes de la puesta del sol. o mejor no. Sabino se levant¢. Son los dioses los que han querido nuestra uni¢n. no tengo malas intenciones. pero ten¡a demasiado orgul¡o para hacerlo as¡. nadie lo entiende. toda la flota. Lo que hagas con mis informaciones es asunto tuyo. Pasaron por delante de Ancio. -Vale. Pero. entonces hasta dentro de tres d¡as. La hermana del emperador no debe viajar como una persona cualquiera. -dijo Livila en tono mordaz. Cal¡gula. se puede hacer. -Uno me basta. Los reyes egipcios lo hicieron as¡ durante m s de tres milenios. Yo suministro. En un espl‚ndido d¡a de principios de verano subi¢ al r pido y esbelto barco. esto sienta bien. -As¡ que vas a ir a ver a unos amigos en Baules. Cuando Livila recordaba m s tarde este verano. pero no hasta la noche.

capit n. pero ella lo rechaz¢. . -Lo comprendo perfectamente -dijo Livila. El lugar se hab¡a ensanchado hasta formar una piscina natural. ‚l no nos molestar . -Aqu¡ estamos completamente solos. -¨Te ha dejado Cal¡gula escapar de su rurela? ¨Hasta cu ndo podr s quedarte? -Todo el tiempo que quiera. -No. Livila mir¢ a su alrededor. -El agua baja de las monta¤as y est helada. pero es muy adecuada para quirarse la sal tras un ba¤o en el mar. nuestra madre se cuid¢ de que hici‚ramos ejercicios gimn sticos tambi‚n las mujeres. quiero mostrarte una cosa. querida. no quiero llamar la atenci¢n.y deber¡amos estarle agradecidos por haber puesto a nuestra disposici¢n un nidito tan hermoso para este verano. Voy a visitar a unos amigos en Bayas. Aqu¡ se podr¡an edificar f cilmente cuatro o seis casas en forma escalonada. -Nunca hubiera pensado que en el abarrotado Bayas quedara un rinc¢n tan tranquilo. ¨Sabes nadar? Livila se ech¢ a re¡r. los especuladores no le dejan en paz. bordeado de cipreses y rododendros. Los pocos criados no molestan. donde estaba anclada parte de la flota romana. Pero mi amigo es rico y le tiene mucho cari¤o a este lugar. En dos hornacinas se hallaban las figuras de m rmol de tama¤o natural de una ninfa y de un sileno. El sendero desembocaba en unas escaleras de m rmol que conduc¡an a una peque¤a fuente consagrada a las ninfas y un estrecho arroyo se desplomaba por los acantilados al mar. donde pas¢ parre de su infancia. Por la tarde del d¡a siguiente bordearon el cabo de Miseno. pero ten¡a la ventaja de disponer de un gran jard¡n. y poco despu‚s entraron en el peque¤o y protegido puerro de Bayas. Se llama Eusebio.dad de veraneo. pero se beneficiaba de ser r pida y c¢modamente accesible desde Roma. S‚neca estaba exultante. Sereno. La casa era algo antigua y parec¡a m s bien modesta. Bajaron hasta la ca¡a por el sendero serpenteante. oculto a las miradas. -Claro que si! Nuestro padre era un gran deportista y. tras su muerte. si bien no tan distinguida como Bayas o Baules. Acompa¤ada por sus dos damas de compa¤¡a. y quiero que mi visita se realice con sigilo. y en las rocas se hab¡a abierto una gruta. Por precauci¢n me he tra¡do a un joven m‚dico que permanecer junto a mi lecho de enfermo por si los pretorianos intentaran sacarme de aqu¡. la hubiera podido vender por varios millones de sestercios. El capit n del barco quiso informar a la administraci¢n del puerto para preparar una debida recepci¢n para Livila. -Hace mucho tiempo que la villa es propiedad de la familia. subi¢ en el puerto a una silla de manos y se hizo llevar a la villa de Sereno. La tom¢ del brazo. como terrazas. La finca estaba cercada por arroyos y terminaba en una min£scula ca¡a bordeada por altos acantilados. -Ven. si quisiera. A los tres a¤os sabia nadar como una nereida.

El silencio inflamado por el sol vespertino s¢lo era inrerrumpido por la leve respiraci¢n del mar y el lejano canto de los grillos. quiz ya est‚ tejiendo sus hilos mortales. vamos a hacer una carrera. y cerr¢ la boca de Livila con un largo beso. 232 233 -No. S‚neca tom¢ un pa¤o y la sec¢ no sin besarla largamente en los hombros y en la nuca. sucia y hedionda. gritando. Se detuvieron. y se amaron en la peque¤a y silenciosa ca¡a mientras el mar alcanzaba sus cuerpos con sus largos brazos. realmente. ven. Livila se ech¢ a re¡r. -No me extra¤ar¡a que ahora la ninfa y el sileno salieran de sus hornacinas -dijo Livila en voz baja.-Me gustar¡a verlo! -exclam¢ S‚neca-. Pero la ninfa podr¡a ganar el concurso. . Desde atr s. -Ni una palabra de Cal¡gula. -Se nota que sabes muy bien lo que una mujer quiere escuchar. No merece ser nombrado en este lugar tan hermoso. y. Livila sacudi¢ su larga cabellera suelta que se le pegaba al pecho y a la espalda. Entonces se despert¢ su deseo y acost¢ a la amada en la c lida arena. le acarici¢ suavemente los pechos. -Yo pensaba que estabas enfermo de muerte. La condujo a la peque¤a playa bordeada por oscuros acantilados que parec¡an garras empe¤adas en sujetarla. S‚neca la mir¢ con expresi¢n de sorpresa. -A£n no puedo creer que re tenga en mis brazos. uno se olvida aqu¡ de que existe una Roma ruidosa. Tambi‚n ella estaba dispuesta. Buce¢ por debajo de ‚l como si formara parre del s‚quito de Neptuno que surca los mares con sus tritones y nereidas. -Estaba pensando exactamente lo mismo. esa voraz ara¤a. Livila le rap¢ la boca. Que sea la £ltima vez que escuche aqu¡ su nombre. S‚neca se desprendi¢ de sus ropas y atrajo a Livila hacia s¡. primero rengo que contemplarte con calma. que nos pertenezcamos el uno al otro. Despu‚s fueron a la gruta y se sumergieron. -El m‚dico me ha ordenado que me ba¤e regularmente en el mar. en el agua g‚lida de la fuente. S‚neca rompi¢ a re¡r.. si fuera yo quien tuviera que tomar la dec¡sion. mientras Cal¡gula. ~Nadamos mar adentro? -No -dijo S‚neca-. Despu‚s nadaron. se salpicaron y volvieron a salir r pidamente. Livila era m s h bil que S‚neca... y se desprendi¢ de su ropa-. -Tienes raz¢n -dijo S‚neca. Odia a las personas felices. Ahora s‚ por qu‚ la ninfa se queda en su hornacina! Teme tener que medirse con tu belleza. cogidos del brazo.. En cualquier caso. -Yo lo he olvidado ya -dijo Livila.

-Est n hechos para mis manos. fing¡a no ser capaz de recordar nada. como se esperaba de ‚l. retra¡do y olvidadizo. envidiosos como son. se ajustan a ellas como hechos a medida. -S¢lo quiero a¤adir a rus palabras que yo misma me he sentido como un dios en la uni¢n contigo. Nos unimos y nos convertimos en un solo cuerpo. por dos veces los nobles romanos lo hab¡an elegido portavoz. el t¡o del emperador. As¡. pero no lo hizo para honrar a Claudio. Livila se puso su t£nica. han limitado a contados momentos esta sensacion. Al ver que Cal¡gula lo trataba con maldad y sin respeto. en voluminosas obras hist¢ricas. Ahora nos vamos a casa. -Como debe ser entre hombre y mujer. en la Campania. Claudio valoraba correctamente su dificil situaci¢n y hacia todo lo posible para reforzar su imagen de tartamudo. mi vulva pide tu falo. Este regalo nos lo han hecho los seres del Olimpo para proporcionarnos la idea de la divinidad. -X esto lo dices t£. Se manten¡a en lo posible alejado de Roma y trabajaba en su quinta. as¡ lo han querido los dioses. Pero. confund¡a nombres y acontecimientos e interpretaba en la corte de Cal¡gula el papel de buf¢n. Mientras dos personas se amen sinceramente. Inmediatamente despu‚s de tomar posesi¢n de su cargo. -Me est s disputando mi rango de poeta -dijo S‚neca con una sonrisa. nos sen tamos en la terraza y celebramos la puesta del sol con una copa de vino de Sorrenro. y ten¡a que cumplir con ciertas obligaciones oficiales. mi boca tu beso. No obstante. sabia que le resultar¡a muy dificil permanecer vivo durante el reinado de su sobrino. El que guardaba en su memoria bibliotecas enteras de Historia. 234 XVII Claudio C‚sar. Cal¡gula lo nombr¢ c¢nsul. Pero era un pr¡ncipe imperial. alabados sean. sino m s bien para desprestigiar a los senadores. que no crees en los dioses! -Creo en lo divino sin preguntar de d¢nde viene. la corre lo emulaba . Mis pechos piden rus manos. era miembro extraordinario del colegio de los sacerdotes de Augusto y desempe¤aba toda una larga serie de cargos honor¡ficos. cada uno no es m s que medio cuerpo.

Claudio aparec¡a frecuenremenre el £ltimo. todos esperaban ilusionados su aparici¢n. . Tambi‚n Claudio ten¡a amigos que lo tomaban en serio y que se daban cuenta de que aquel papel de buf¢n era fingido. Hacia mucho tiempo que sabia que Plaucia Urgulanila lo enga¤aba con frecuencia. sobre todo entre la nobleza. poco a poco. por instinto de auroconservaci¢n. todos fing¡an no haber tenido nada que ver y Cal¡gula preguntaba: -Bien. Eran estos amigos los que a veces le insinuaban que los d¡as de Cal¡gula estaban contados y que pon¡an grandes esperanzas en ‚l como Claudio C‚sar emperador. apreciado r¡o.Al menos.. Claudio C‚sar llevaba dos existencias distintas: la del buf¢n y tartamudo. y los presentes se divert¡an enormemente movi‚ndose de aqu¡ para all en sus sitiales para que tuviera que cojear largo tiempo de un lado a otro hasta encontrar un sirio. y resultaba imposible deducir de su desvalido tartamudeo si hab¡a entendido la insinuaci¢n.. y no se le pasaba por alto que. pero esto hab¡a dejado de preocuparle. As¡. Si se despertaba. jam s tartamudeaba. y la del erudito que investigaba en su aislada villa la historia de los pueblos con ayuda de una inmensa biblioteca. Si Claudio estaba invitado a la mesa imperial. pues aquel bobo tartamudo que no dejaba de hacer muecas promet¡a siempre converrirse en una diversi¢n no esperada. Por distracci¢n -¨o era intencionado?. desde luego. En estas ocasiones. ¨con qu‚ has estado so¤ando? ¨Quiz con las aventuras de tu esposa Plaucia? ¨Eres el £nico que no sabe que se acuesta con media Roma? Pero esto ocurre a menudo. sobre el mediod¡a le entraba el sue¤o y frecuentemente se quedaba dormido despu‚s de la 235 L comida. Los comensales se desternillaban de risa. Cal¡gula iba perdiendo popularidad. y uno exclam¢: . Si no lo dejaban en paz contestaba como si se hubiera tratado de una broma o como si hubiera entendido mal.en este trato. Y. v¡ctima de una precaria inteligencia. y sordo por a¤adidura. Tras su m scara de buf¢n. Para la camarilla de la corte esto era un motivo m s para utilizarlo como blanco para sus huesos de aceitunas y de d tiles. el esposo suele ser el £ltimo en enterarse. Como Claudio trabajaba hasta muy avanzada la noche. segu¡a siendo un observador inteligente y despierto. ahora lo sabe! Claudio fing¡a oir mal y no respond¡a nunca a estas alusiones. ni hac¡a muecas rid¡culas cuando daba ¢rdenes a los esclavos de su casa. su rostro se contra¡a con especial virulencia. Pero era lo suficientemente inteligente como para hacerse el sordo.

Con motivo de esta alegre fiesta popular se celebraba una comperici¢n de pesca en el T¡ber. Con regodeo. Cal¡gula observaba que algunas caras se retorc¡an al probar el vino y que el vinagre era escupido acompa¤ado de obscenas maldiciones. se detuvo al ver a unos artistas callejeros que pon¡an en escena una farsa. y el de possenus. para diversi¢n de Cal¡gula.En raras ocasiones Cal¡gula se atrev¡a ya a salir a la calle disfrazado. que terminaba con un gran banquete a base de pescado. Cal¡gula le oy¢ decir: . 236 j F Pero un d¡a le entraron ganas de participar en los Ludi Piscatorii* en las nonas dejunio** sin ser reconocido. Por doquier. Pero se trataba de un temor infundado. la pesca result¢ regular. pues. gracias a donativos que llegaron de todas parres. Cal¡gula. frente a la creciente enemistad de los c¡rculos nobles. la comida fue incluso opulenta. empezaron a estacazos. pero. Y. el fanfarr¢n y charlar n. Y le perdonaban r pidamente sus ®bromas¯ porque una y otra vez volv¡a a engatusarlos con pan y juegos. seg£n la tradici¢n. La fiesta transcurrio con normalidad. ya quisiera yo poder beber todos los d¡as un vino como ‚ste! ~Pues pru‚balo! -dijo el otro y le ech¢ el vinagre a la cara a su oponente. protestaba: -Nunca est is contentos con nada. en el que. a una ®inocentada¯. bajo sus togas. que era realmente excelente. Se visti¢ a si mismo y a sus pretorianos al estilo de los sencillos ciudadanos romanos. pero. Uno de los motivos por los que Cal¡gula quer¡a participar era porque su donativo de vino iba unido. el de bu cro. Los personajes representaban el papel de maccus o tonto. su popularidad se manten¡a inquebrantable entre el vulgo. Bucco iba disfrazado de emperador y llevaba un manto de color rojo chill¢n y una corona de laurel. juglares y bufones se entremezclaban entre los que participaban en la comilona. y podrido adem s! Pero el otro. porque uno reprochaba a otro que no sabia apreciar el vino del emperador. Esto es vinagre. -~ Llamas vino a esto? O el emperador nos ha tomado el pelo o le han enga¤ado sus bodegueros. Aqu¡ y all estallaban disputas. sus acompa¤antes llevaban sus afiladas espadas. el ratero y estafador. naturalmente. ya de regreso al Palatino. dedicada al dios Vulcano. cuya copa mostraba un vino excelente. pues tem¡a ser reconocido y caer v¡ctima de la ira popular. el emperador pagaba el vino. Hab¡a dado orden de mezclar los barriles de buen vino del pa¡s con otros que conten¡an vinagre en mal estado y agua putrefacta.

abandonaba la escena. S¡ por ejemplo se interpretaba la historia de Acte¢n. aplaudi¢ muy divertido y orden¢ a un pretoriano que llevara un donativo en dinero a los int‚rpretes. Nos construimos un nidito. encontr¢ una soluci¢n que le pareci¢ magn¡fica. Para dar mayor vivacidad a las representaciones. se le empujaba a la arena y era despedazado por perros hambrientos. y como castigo fue convertido en ciervo y despedazado por los perros. un actor de verdad representaba al desgraciado hasta el punto critico y. El emperador reflexion¢ durante un tiempo sobre qu‚ respuesta podr¡a dar a las farsas.Soy el Botitas y grito: arre. Cal¡gula orden¢ que las escenas sangrientas no fueran fingidas: al p£blico hab¡a que ofrecerle algo aut‚ntico. -Averigna qui‚n ha escrito la farsa -le susurr¢ el emperador en voz baja. ** El 5 de junio. ¨no resulta encantador? Monto a la herman ita gritando arre. 237 L Y mi hermanita salta a mi cama. El soldado volvi¢ con la informaci¢n: -El mismo la ha escrito. que hab¡a sorprendido en secreto a Artemisa mientras la diosa se ba¤aba. Cal¡gula se ri¢. a continuaci¢n. arre! Voy montado en un burrito y me hago llamar dios! * Competici¢n de pescadores. le hago un beb‚ bonito que es un peque¤o dios. . As¡ corr¡a sangre de verdad y los gritos de la v¡ctima no eran fingidos. Finalmente. Una parte de las piezas de teatro la constitu¡an leyendas griegas que eran representadas por actores. arre. Entonces se disfrazaba de ciervo a un condenado a muerte. -Derenedlo y encerradlo! -orden¢ Cal¡gula.

Estaba ya sentado ante la taberna. le pusieron a la fuerza una camisa empapada en resma y aceite a la que prendieron fuego.. H‚rcules quiere ofrecer su sacrificio.. pues he tenido que untar a unos cuantos. se revolc¢ como loco. Pide que re traigan una copa. a tal fin. su esposa. Los organizadores hab¡an recurrido a la imaginaci¢n para dar vivacidad a la escena. Con esta vestimenta. se¤or. se quema en ella bajo horrorosos sufrimientos. Entonces podr s. Es una l stima que no se le pueda volver a utilizar en otra ocasion. Envuelto en llamas. El hombre reflexion¢ y se dio cuenta de su espeluznante condena a muerte. A ver si uno no va poder echar un trago.. En una de las siguientes funciones teatrales se representaron los trabajos de H‚rcules. Pero a ‚l no le fue dado como a H‚rcules ascender despu‚s como dios al cielo. al fin. el infehz corri¢ gritando por la arena. El vulgo estaba orgulloso de tener un emperador con tanto amor por el arte y una tan profunda afici¢n al teatro. dominare.. volvi¢ a levanrarse de un salto. S¢lo que los tres denarios que hab¡amos acordado no ser n suficientes. ahora. aunque viejo y desdentado. Despu‚s de superar con ‚xito los doce trabajos que le han sido encomendados. la hidra era una aut‚ntica serpiente gigante. Sin embargo. y el toro de Creta con su macizo esplendor provoc¢ el asombro y el aplauso del p£blico. . Cal¡gula estall¢ en una sonora carcajada y dijo a sus acompa¤antes: -Su £ltima farsa es la que interpret¢ con mayor realismo. Cornelio Sabino lleg¢ puntualmente a la cita con su esp¡a Cle¢n. cay¢ al suelo. H‚rcules prepara un gran sacrificio en acci¢n de gracias. se desplom¢. siente unos celos locos de la hermosa lola y env¡a a su esposo una r£nica empapada en la sangre del centauro Neso. -Esc£chame bien -le interrumpi¢ Sabino impaciente-. Cle¢n esboz¢ una sonrisa de borracho: -El pacto se ha cumplido. El p£blico aplaudi¢ con j£bilo la representaci¢n. sino en que me proporciones noticias. nuestro pacto no consiste en que te emborraches a mi costa. -Te pagar‚ los gastos que hayas tenido. pero cuando se la pone. El le¢n de Nemea era un le¢n de verdad. aunque s¢lo en el £ltimo acto. Su cad ver carbonizado fue sacado a rastras de la arena acompa¤ado de exclamaciones burlescas. y en este j£bilo se entremezclaban vivas a Cal¡gula.Cal¡gula mand¢ un emisario a la c rcel para comunicar al autor de la farsa que tendr¡a el honor de representar a H‚rcules. pero. levant¢ la copa y dijo con voz titubeanre: -Me he tomado la libertad de pedir una jarra para beberla a tu salud. Deyanira. se tambale¢ gimiendo y humeante hasra que. El desgraciado autor de la farsa ten¡a que interpretar ahora este papel final y.

que se llama Boidas. al grano. Claro. acudi¢ una vez llorando a su suegro. Tengo que saber adem s d¢nde est la casa de Petr¢n. -¨Por qu‚ no? Ser mejor que yo no entre personalmente en escena. se¤or. farfullas una disculpa y desapareces. ¨Yahora qu‚ dices. y no tendr‚ m s remedio que hacer el papel de un ratero a quien han cogido con las manos en la masa. a la mesa del capataz.y al grano! Con gesto decidido. no le gusta el trabajo y le da muchos quebraderos de cabeza al viejo. entonces. ¨Quieres que siga investigando para ti? Sabino reflexion¢. te has olvidado de lo m s importante. pero no es capaz de llevar el negocio. se¤or. Esto que re estoy contando en pocas palabras me ha costado mis buenos dos d¡as de pesquisas. al menos de momento. -Para! -exclam¢ Sabino-. Sabino le gui¤¢ un ojo: -Supongo que ya habr s salido airoso de situaciones m s dific¡les. Presum¡ bastante.. ten¡a un hijo que en su d¡a se hiciera cargo del negocio. dijo Boidas. dije que hab¡a ganado jugando a los dados y le invit‚ a una jarra del mejor vino. Eso no va a ser dificil. Pues. digo yo. se¤or? Perr¢n y Helena. -Algo arriesgado es. mientras que el resto de los empleados del astillero son esclavos:-El mayor de los dos tiene familia y se va casi todas las noches a su casa. Si consigues encontrar su casa. pero s¢lo debes entreg rselas a Helena en persona. pues. como podr s imaginar. cuando tenga la responsabilidad de una familia. m s no pude averiguar. pues Helena. e inici‚ una conversaci¢n con ‚l. Pero si ya est casado!. ¨Cu nto re debo hasta ahora? . -Bueno. exclam¢ Boidas y dio un golpe en la mesa. Cle¢n alej¢ lajarra del alcance de su mano y se desperez¢: -Bien. es Petr¢n. le pregunt‚ si Polibio. suger¡. Voy a escribir unas cuantas lineas. y yo no pod¡a pregunt rselo directamente. me enter‚ de los nombres de los capataces. Si ahora lo sumo todo. Como la gente del astillero ya me hab¡a visto. le ped¡ detalles y. mientras que el m s joven es a£n soltero y come casi todos los d¡as aqu¡ en el puerto. tendr que casarlo. Preguntando aqu¡ y all . Me cost¢ caro.. vamos. finalmente.. insiste en que sea ella misma la que reciba la carta. me detenga. Ayer me sent‚. sin llamar la atenci¢n. ‚stos eran los nombres que quer¡as saber. su esposa.. ambos son hombres libres. Dijo algo de ®cerca de la acr¢polis¯. seguro que cambiar . Cle¢n se qued¢ un poco cortado. ni el mismo Boidas lo sabia con exactitud. Pero hay algo raro en ese individuo. -¨Y si su esposo est en casa? ¨Qu‚ excusa tengo que inventarme? -Hazlo de la siguiente manera: pregunta primero por Petr¢n y si el portero dice que el se¤or est en casa. el due¤o del astillero. para quejarse de Perr¢n. no quise despertar su curiosidad y enfoqu‚ el pro238 239 blema de otro modo. quiz alguien me persiga. Mostr‚ inter‚s por su trabajo.

. cinco. le ar¢ un cordel. Pero si aceptaba la cita. Pienso a menudo en los d¡as en Epidauro. pues. pues. Petr¢n trabaja en la empresa de su padre. Sabino se sent¡a muy animado por las noticias que hab¡a conseguido averiguar hasta la fecha. Pero tambi‚n es posible que necesite m s tiempo. Por cierto.-Con cinco denarios mis gastos quedar¡an cubiertos. por la respuesta de Helena se ver¡a cu l era la situaci¢n. ¨Quiz estaban los dos tan enamorados que Perr¢n rehu¡a su trabajo para poder pasar m s tiempo con su esposa? Las l grimas en el rostro de Helena pod¡an tener otra causa. yo tambi‚n quiero serlo. espera la respuesta. Sabino le dio a Cle¢n una palmada en el hombro: -Eres un viejo zorro. -Lo que faltaba -exclam¢ Cle¢n con fingida desesperaci¢n. Si me resulta m s caro. Sabino apenas se atrevi¢ a seguir urdiendo sus pen240 241 . Prefiero fiarme de mi mismo. ¨no? En cualquier caso. oral o por escrito. Por lo visto. para el siguiente encargo. la esposa de Perr¢n: Un viejo amigo est en feso y desea verte. aunque. -Te ofrezco otros tres denarios. En fin. Comunicame cu ndo y c¢mo podr hacerlo.. durante el d¡a no es probable que est‚ en casa. Pero la verdad es que eres bastante h bil. a esta hora? -Bien. Se sirvi¢ otra copa y se march¢. Como hasta ahora re has mostrado siempre generoso. -~Hermes re acompa¤e y te proteja! Cle¢n le cort¢ con un adem n. -Los dioses no son muy de fiar. ¨Cu ndo volveremos a encontrarnos? -¨Dentro de cuatro d¡as. y re creo capaz de entregar mi escrito. Voy a cumplir el encargo por tres denarios. pero re agradezco los buenos deseos. ech¢ unas gotas de cera y esramp¢ sobre ellas su sello.¯ Sabino dobl¢ el papel var¡as veces. no le quedar¡a m s remedio que renunciar a ella. y ni uno m s!. entonces es asunto m¡o. C. Si no daba respuesta o ‚sta era negativa.. y escribi¢ en un trozo de pergamino: ®Salud para Helena. Con el c lamo diluy¢ la tinta. -Bien. Pres‚nrare a £ltima hora de la ma¤ana y no habr problemas. Sabino sac¢ su recado de escribir y ech¢ un poco de agua en el 1 tintero. Sabino los puso sobre la mesa.S.. ¨Acaso el capataz no hab¡a dicho que Petr¢n era un in£til? Pero aquellas palabras tambi‚n pod¡an tener otro sentido. -Vale.

al menos. en presencia de testigos: -Antes de volver a nombrar c¢nsul al imb‚cil de Claudio. o. pero su malestar se acrecentaba cuando. estaba ya empezando a invertir su dinero a nombre de un lejano pariente. En una ocasi¢n. pero a veces hacia cerrar la pisra y conduc¡a una cuadriga en vertiginosa carrera alrededor de la espina que divid¡a como una espina dorsal en dos mitades el ovalado Circo M ximo. nombrar‚ a Incitatus. Apenas hubo pensado esto sinti¢ verguenza y se rerracr¢. Lo mejor seria que a Petr¢n se le cayera en la cabeza el m stil de un barco. aparentaba serlo. pero despu‚s volv¡a a su afici¢n.samientos. ¨Me permitir s entonces que re pida dinero prestado? Esta manera de hablar no le gustaba nada al secretario y. Si. y durante d¡as enteros no se alejaba de la pisra. -dijo Sabino Tiene haber ~ con que otra ~ lidad. el emperador mismo parec¡a disponer a£n de recursos inagotables.. No obstante. A menudo pasaba semanas enteras sin ocuparse de los caballos ni de las carreras de carros. porque lo doy todo al pueblo para formarlo y entrerenerlo. a los Blancos y a los Rojos. incluso dorm¡a en el local social de los Verdes.¯ El mismo no temblaba a£n. de noche se le proteg¡a con mantas de brocado. Para su valioso caballo de carreras Incitatus. entonces Helena volver¡a a ser libre y podr¡a comenzar una nueva vida con ‚l. ®¨Por qu‚ no lo nombras directamente tu sucesor? -pens¢ Calixto-. dio un enorme banquete al auriga Eurico. -Yo soy cada d¡a m s pobre. cada vez m s a menudo. ¨por qu‚ no? Su cabeza tiene mejor juicio que la de mi t¡o y las de todos esos viejos del Senado. banquete al . Consideraba incompatible con su dignidad imperial participar personalmente en una competici¢n. Pero ya ahora sabia que no seria capaz de renunciar a ella. pasara lo que pasara. hizo construir entre el palacio y el circo una cuadra de m rmol noble con un pesebre de marfil y de ‚bano. bajo ning£n concepto. le susurr¢ una voz al o¡do. de ti se dice que adquiriste recientemente en una subasta por m s de un mill¢n de sestercios la finca del endeudado Tulio. Pronto ser s m s rico que yo. Unos d¡as antes del previsto viaje a Baules para pasar all¡ el verano. sus arreos eran de oro y de piedras preciosas.. jam s. Con Cal¡gula no se pod¡a saber nunca. Esclavos estaban siempre a su disposici¢n para atenderlo. En cambio. el emperador alud¡a a su riqueza. Se hab¡a integrado en este partido y persegu¡a con odio a los Azules. Cal¡gula era un fan tico de los caballos. apreciado Calixto. Cal¡gula incluso lleg¢ a decir a su orondo secretario Calixto. ni aunque estuviera felizmente casada. tras tu muerte. muchos ya no tendr n motivos para temblar. por lo ®r pido¯ que era en las carreras. por precauci¢n. entonces. ®Pero no dejar¡a de ser una buena soluci¢n¯.

que herv¡a a borbotones. a las lenguas de alondras y de ruise¤ores. Eutico? El nervudo auriga. divertido con aquella gente. cientos de personas a la sala imperial. -¨A d¢nde quieres que vaya. amigo mio. -S¢lo que me temo que no sabr n apreciar tu generosidad y yomirar n la mayor parre por las esquinas de las callejuelas. Pero tambi‚n t£ necesitas un descanso. de verduras. pues. envi¢ al maestro de ceremonias a recorrer las filas con la estricta indicaci¢n de que el emperador tomaba como una ofensa personal el que se rechazaran sus platos. y s¢lo en los d¡as de fiesta pon¡an en su mesa un sencillo asado o un pescado. que pod¡an traer tambi‚n a sus amigos y parientes. Cal¡gula observ¢ con aparente placer a sus invitados. pechos desnudos y cola de pez. -Siempre has dado lo mejor de ti. pero que. Eurico. al rag£ de sesos de pavo y de fais n. Pero cuando se dio cuenta de que algunos no tomaban de los platos sino que se limitaban a comer pan y a beber vino. 242 243 Cal¡gula se encogi¢ de hombros. No quiero que tengas que avergonzarte de los Verdes. cuya suntuosidad quit¢ el habla a los normalmente ruidosos fan ticos de los caballos. Tuvieron tambi‚n que meter la mano en la gran olla de bronce. que dar buena cuenta de la comida y abrir sus bocas reticentes a las grullas rellenas de jengibre. Era el favorito del emperador y pod¡a permis¡rse alg£n comentario. En su mayor¡a. esboz¢ una sonrisa ir¢nica. el auriga. por lo dem s. Tuvieron. que entend¡a mucho de espl‚ndidos corceles y de carreras de carros. colocada sobre una gran bandeja de plata. otro remov¡a con rostro p lido en un moje de pimienta. trajeron a una aut‚ntica sirena de agraciado rostro. no ten¡a mayores exigencias. -Entonces lo saborear n los perros. se ech¢ a re¡r. pues. que se afanaban con aquellos inusitados alimentos. miel. de los que ni siquiera conoc¡an el nombre. y que en realidad tampoco gustaban a la mayor¡a. Cuando. Acudieron. ¨Te quedar s en Roma durante el verano. era gente sencilla y ruda. Uno masticaba asustado y con caurela un muscardino adobado en miel. tostado por el sol. y en la que flotaban vaginas estofadas de terneras y de marranas. para finalizar. aquel prodigio de h biles cocineros fue saludado por murmullos sorprendidos y asustados. vinagre y d tiles en el que flotaban criadillas de soro y de cordero. Esta gente sol¡a alimenrarse de papillas de trigo. Cal¡gula asinti¢ satisfecho. Majestad? ¨Qu‚ posibilidades tiene un modesto auriga de tener una casa de veraneo? Adem s. Cal¡gula apenas com¡a. de fruta. -. Te voy a regalar una villa en los montes Al- . quiero entrenar unos cuantos caballos para las carreras de oto¤o.que invit¢ a todos los seguidores de los Verdes. Ha sido una comida muy lograda! Por fin esos pobres mozos de cuadra han tenido ocasi¢n de comer como un emperador. Y ahora se ve¡an colmados con un torrente de platos raros.

Hab¡a pasado el d¡a con Cal¡gula junto al lago de Nem¡. con los esclavos y el ganado. Cuando se iban acercando a Roma. . La corte imperial llevaba d¡as preparando la partida para Baules cuando. estuviera enferma de muerte. Consultaron sus libros para encontrar remedios que a£n no conocieran para bajar la fiebre. cuando empezaban los escalofr¡os. Pero Drusila vomitaba lo que le administraban y era incapaz de retener nada. Inquiero. Cal¡gula neg¢ vehemente con la cabeza. apartaba a empellones a los esclavos. no dirig¡a ni siquiera una sola mirada a Calixto. donde inauguraron con una fiesta uno de los dos barcos de gran pompa que el emperador hacia construir all¡. y sus ojos de bruja mostraban un brillo h£medo a causa de la alt¡sima fiebre que la consum¡a. Realmente. Se dieron instrucciones al tesorero para poner a nombre del auriga Eutico una de las fincas r£sticas del emperador. Envolvieron el cuerpo ardiente de Drusila en pa¤os refrescantes y. Con sus campos. Sus dientes casta¤eteaban. Pagar‚ tu regalo con un doble esfuerzo. Los m‚dicos opinaban que primero habr¡a que esperar a que se manifestaran m s n¡tidos otros s¡ntomas de la enfermedad. pero no hab¡a m s s¡ntoma que la fiebre. Drusila sinti¢ unos s£bitos escalofr¡os. Estos intervalos sol¡an durar aproximadamente una hora.banos. -¨Voy a morir? -le pregunt¢ en uno de aquellos enga¤osos descansos. para volver a prometerles de inmediato fincas e inmensas cantidades de dinero. tierras. lo envolv¡an en mantas de lana previamente calentadas. que beb¡a con gran avidez entre los accesos de la fiebre. que sub¡a y bajaba bruscamente y que congelaba durante horas el cuerpo de Drusila para hacerlo arder despu‚s con tanta fuerza que la enferma arrojaba la manta que la cubr¡a y gritaba: -Estoy ardiendo! Ayudadme. Drusila cay¢ repentinamente enferma. aunque cada vez m s d‚bil. Eutico se arrodill¢ y bes¢ la mano del emperador. bosques. la finca representaba un valor de unos dos millones de sestercios. y entonces daba casi la sensaci¢n de que la enfermedad la hubiera abandonado. los m‚dicos lo intentaron todo para dominar la fiebre. se estremec¡a constantemente. me estoy quemando! Cal¡gula estaba desesperado. En sus ojos se reflejaba el p nico y una inmensa ira por su impotencia. sosten¡a su mano fresca y seca y apenas pod¡a creer que Drusila. Desde all¡ podr s hacer el viaje montado hasta Roma en un par de horas para comprobar c¢mo est n tus caballos. Majestad. me ahogo. salvo agua. y Drusila conversaba con voz serena. iba de un lado a otro de su palacio. la £nica persona a la que amaba de verdad. ni caliente ni fr¡o. Su cuerpo yac¡a relajado. Cal¡gula permanec¡a sentado junto a su cama. hac¡a llamar constantemente a nuevos medicos a quienes amenazaba con la tortura o con la muerte. -Mis m s devoras gracias. una noche.

Te prohibo que me abandones. -No -dijo Cal¡gula con obstinaci¢n-. pero s¢lo logr¢ esbozar una mueca. corderos y cabras. la diosa de la noche.. . Drusila intent¢ componer una d‚bil sonrisa. Cuando ‚sta se hizo m s pausada y suave. AA despuntar el alba del s‚ptimo d¡a de su enfermedad. El emperador se hab¡a hecho preparar un lecho junto a su cama y hab¡a pasado la noche entera escuchando la pesada respiraci¢n de su hermana. tenemos toda la vida por delante. no podr escap rseme. Ante los sacerdotes reunidos. El gemelo del Olimpo result¢ ser m s fuerte. Para predisponerlo a su favor. -Julia Drusila ha ascendido al reino de los dioses -dijo el joven m‚dico temblando de miedo. Drusila va no despert¢ de su sueno. hasta que me haya dormido. sino aqu¡..¯ Cal¡gula intu¡a que en esta lucha era el m s d‚bil. acabar¡a por demostrar que era el m s fuerte. no lo permitir‚. su hermano geme244 245 lo. y basta! Drusila cerr¢ los ojos. tengo que permanecer despierto y cuidar de que no se vaya. Se desliz¢ en su cama y puso suavemente una mano sobre aquel cuerpo enflaquecido. -Echare a mi lado. y velar‚ por ti hasta que volvamos a unirnos en el Olimpo. Esto es lo que me han explicado los m‚dicos. y no veo ning£n motivo para dudar de su palabra. el emperador hizo degollar en los altares manadas enteras de toros. Los dioses no pueden querer esto. S¢lo tienes que tener paciencia. que tal vez. tambi‚n Cal¡gula se qued¢ dormido hasta que uno de los m‚dicos lo despert¢ cuidadosamente. Hab¡a abandonado la lucha y s¢lo quer¡a dormir. una vez hubiera Drusila superado la enfermedad. ®Si la mantengo agarrada -pens¢ desesperado-. De d¡a y de noche ard¡an lentamente las piras de los sacrificios. y toda la ciudad apestaba a carne achicharrada. queridisima. Pero todo fue in£til. Cal¡gula hizo la solemne promesa de que. al igual que una piedra se desmorona cuando es calentada varias ve ces y luego se le vierte agua fr¡a encima... -Aunque muera seguir‚ a tu lado. Mi voluntad divina la ata a la tierra.-No. pues arriba entre las estrellas estaba sentado en su trono el otro. Cal¡gula. La fiebre persistir durante unos d¡as m s. el barbudo lanzador de rayos. donde celebraremos fiestas eternas conjuntamente con los gloriosos dioses. a ‚l y a los otros dioses. Soy Luna. A£n somos j¢venes. no quiero tenerte en el Olimpo. sobre la estival Roma se extend¡a una nube de humo grasiento. y la enfermedad terminar con un sue¤o largo y salut¡fero. dormir. Te lo prohibo. querido. por la muerte o por otros peligros. dormir. pese a todo. unas fiestas no empa¤adas por la enfermedad. har¡a derribar el templo de Esculapio en la isla del T¡ber para volver a edificar otro tres veces mayor. Su cuerpo estaba agotado por los accesos de fr¡o y de calor. despu‚s remitir lentamente.

Cal¡gula le pas¢ la mano suavemente por los pechos. acarici¢ los muslos lisos y frescos y dijo: -Nunca sol¡as permanecer tan quieta. -Quiero que el cuerpo de Drusila sea conservado. Desde hacia siglos en Roma s¢lo se practicaba la cremaci¢n.Cal¡gula se incorpor¢ como si le hubiera mordido una serpiente. -Ahora. ba¤arse. Aparr¢ la manta. y solloz¢ con tanta fuerza que un soldado de guardia abri¢ suavemente la puerta. los heraldos anunciaron la muerte de la ®div¡najulia Drusila¯ y comunicaron las ¢rdenes del emperador referentes a este acontecimiento. Luego convoc¢ de repente a un consejo de m‚dicos. Al ver lo que ocurr¡a. la cruel verdad le conmocion¢ con tal fuerza que se desplom¢ llorando sobre ella. volvi¢ a cerrarla cuidadosamente. En sus labios quedaba a£n un resto de su sonrisa hechicera. Cal¡gula conte¡npl¢ durante mucho tiempo a su esposa-hermana. Ba¤¢ el cuerpo muerto con sus l grimas. Adem s. debe de haber muerto hace s¢lo unos instantes. Cuando se inclin¢ sobre su cara. hacerla enterrar a la manera egipcia. Con un suspiro de alivio. amada. que empezaba a tener una apariencia c‚rea y a hundirse. tus pezones se endurec¡an. Se arrodill¢ y cubri¢ el cuerpo desnudo de cari¤osos besos.¯ Como perseguido por las furias. daba ¢rdenes inconexas. Se fue corriendo a la cama de Drusila. cuando mi mano se paseaba por tu cuerpo divino. tras un minucioso embalsamamiento. todav¡a hermoso. A la ma¤ana siguiente. tu c lida entrepierna se mostraba h£meda y dispuesta. todo el comercio quedar paralizado. He decidido. Cal¡gula corr¡a por su gran palacio. El portavoz de los m‚dicos carraspe¢ y dijo azorado: -Majestad. todav¡a adorable. -Si. me desgarra el coraz¢n la idea de entregar ese cuerpo divino a las llamas. pues. -Pero si a£n est caliente -dijo. por el vientre y la entrepierna. tu vientre se apretaba contra mi cuerpo. creo que la ciencia de embalsamar se ha ido perdiendo. no omiti¢ ni un solo punto. d‚janos solos. se cerrar n las termas y durante los pr¢ximos tres d¡as en los templos s¢lo se podr n ofrecer sacrificios dedicados a los manes de Drusila. Hasta en Egipto ocurre as¡. celebrar bodas u otras festividades y organizar simposios. por lo que rengo entendido. . de modo que ya nadie dominaba el arte del embalsamamiento. y all¡ yac¡a su cuerpo en su desnudez. revocaba las ¢rdenes para volver a darlas de nuevo. Incr‚dulo. Los m‚dicos se dirigieron miradas desconcertadas. All¡ yac¡a la muchacha como si estuviera profundamente dormida. le pas¢ la mano por la mejilla. Aquellas fueron las primeras l grimas que brotaron de los fr¡os ojos de Cal¡gula desde que llevaba la toga viril. el m‚dico se retir¢. y serian las £ltimas hasta su muerte. ®A partir de esta misma hora. Entonces re animabas en seguida. est prohibido re¡rse.

como primog‚nita. Beb¡a hasta desplomarse sin sentido. pero una cosa tras otra. sino como particular. ella era m s. y cuando Calixto le pregunt¢ cu ndo deber¡a celebrarse la ceremonia f£nebre. como si estuviera reflexionando profundamente. elegidos por su fuerza. Que no se escatime nada. quiero una ceremonia como Julia Drusila merece. ahora parec¡a mirar a trav‚s de los dem s o su mirada pasaba de largo sin detenerse en ellos. o con 246 247 los que se encontraba en su camino. -dijo en voz baja-. luego. El emperador permaneci¢ callado. y armados hasta los dientes.. Desde la muerte de Drusila. tendr‚.. la mirada fija de Cal¡gula se volvi¢ titubeante e inquieta.. se ech¢ a temblar al ver al emperador deambular de noche vestido con sus abigarradas vestimentas orientales y conversando largo raro con las estatuas de los dioses en sus hornacinas. Que la quemen. que antes era capaz de mirar fijamente con sus ojos fr¡os y duros a una persona hasta que le entraba un sudor fr¡o.. No puedo. M s de uno de los pretorianos. Yo me retirar‚ a mi Albano. la princesa Livila no est en Roma.. tendr¡a que. permaneci¢ con aire sombr¡o sentado en su sill¢n.. No asisti¢ a la incineraci¢n de Drusila.. no puedo.. es m s adecuada. no quiero que contestes en tu calidad de secretario del emperador. Cal¡gula empez¢ a tiritar como si. -En estos momentos.se hubiera tenido que empezar inmediatame¤re tras la. re lo pregunto. -Dar‚ las instrucciones pertinentes -confirm¢ Calixto. Agripina. Ya ha transcurrido demasiado tiempo.. que presida ella la ceremonia f£nebre. tras la conversi¢n de Julia Drusila en diosa. Luego dijo: -Calixto. si. lo s‚. de repente.. es igual. -De todos modos. s¢lo beb¡a vino. ¨por qu‚ los dioses me han hecho esto? ¨Por qu‚ me han . De todos modos.. y empezaba a hacerlo ya a primeras horas de la ma¤ana. Yo no asisrir‚. Emilio L‚pido pronunciar el serm¢n f£nebre. Durante la noche. Durante los d¡as siguientes Cal¡gula no tom¢ ning£n alimento. los guardias lo ve¡an errar por los p¢rticos y por los atrios de su gigantesco palacio conversando con seres invisibles que lo acompa¤aban.. ya lo he acordado con ‚l. -¨La ceremonia f£nebre? Si. Ella era m s. dorm¡a un par de horas y volv¡a a empezar a beber. puro sin mezcla.. ahora quiero escuchar tu opini¢n personal. Cal¡gula no contest¢. que Agripina o Livila representen a la casa imperial. con todos los honores y con toda la pompa que se debe a una princesa imperial. El.. sintiera fr¡o.. quiz ma¤ana mismo. No quiero que seas cort‚s ni que me adules. ¨Por qu‚?. frunciendo el ce¤o.. desde que su esposo ha partido para Asia anda liada desvergonzadamente con su amante. ¨me oyes?. -Si. nada! Pero yo abandonar‚ Roma. pues.

todo aquello no deja de resultarle extra¤o. Hab¡a visitado ya en varias ocasiones la capital de Sicilia y le hab¡a tomado un extra¤o afecto. Lo deduzco tambi‚n por la manera como murio: sin dolor. esto es algo que tampoco te corresponder¡a.. Las gentes jubilosas vieron a un Cal¡gula muy cambiado en su aspecto externo. Pero no aguanr¢ mucho tiempo all¡ y siguio viaje de un lugar a otro: a Ancio. que est s mucho m s pr¢ximo a los dioses que cualquier hombre en la Tierra. todo el sufrimiento que la vida depara a un ser humano a lo largo de su existencia. a£n casi una ni¤a? Nada ocurre sin motivo. el dolor por Drusila fue un fiel acompa¤ante para ‚l. Cal¡gula parti¢ para el lago Nem¡. Miseno y Pur‚oli. Tambi‚n se dice: ®los dioses hacen morir j¢venes a aquellos a quienes aman¯. se lo he preguntado. S¢lo quiero oir tu opini¢n como ser humano. ¨Qu‚ opinas t£. que re has acercado much¡simo a la verdad. Por orden suya fueron reconstruidos los templos medio derruidos y restaurados el teatro griego y las murallas de la ciudad. Asrura. A una persona como yo.quitado a Drusila. lo imagino de la siguiente manera: los dioses se sintieron tan encantados por el car cter de Drusila que decidieron acogerla entre ellos. Dos d¡as despu‚s. en se¤al de un luto que no sent¡a necesidad de fingir porque era muy real. cuando ni t£ mismo recibes una respuesta clara? -Me entiendes mal. el emperador ya se encontraba lejos de Roma. amigo m¡o? Calixto levant¢ las manos con un gesto solemne: -¨Y esto me lo preguntas a m¡. En este viaje. Cuando esto ocurri¢. en largas conversaciones nocturnas. en cuyas inmediaciones se hab¡a hecho construir una magn¡fica villa. Permaneci¢ durante nueve d¡as en N poles y desde all¡ fue a Siracusa. pues desde la muerte de Drusila se hab¡a dejado crecer el cabello y la barba. Agripina y Claudio C‚sar encabezaban el cortejo f£nebre que llevaba la urna de Drusila al mausoleo de Augusto. Con especial frecuencia lo hostigaba una idea que no era capaz de ahuyentar con nada: era el momento en que el hermoso cuerpo de Drusila se encontraba colocado en la pira y las llamas lo lam¡an primero como acarici ndolo para envolverlo despu‚s en una llamarada y convertirlo en cenizas. No exijo que penetres en los c¡rculos de los dioses. Se ha quedado dormida tras una breve enfermedad. No quiero suponer que s¢lo sea un capricho de los dioses. Oh s¡. -Eres un hombre inteligente. pero me reh£yen. -Veamos. creo que re has acercado a la verdad. a un insignificante liberto? ¨Me lo preguntas a m¡ cuando t£. ¨He dicho enfermedad? Los m‚dicos no fueron capaces de descubrir nada que fuera un indicio de una de las enfermedades habituales. Calixto. donde estaban enterrados . Cal¡gula hab¡a escuchado con la cabeza baja. Calixto -dijo el emperador con desacostumbrada paciencia-. Seguramente esto quiere decir que le ahorran todas las molestias de la vejez.. y no pasaba una hora sin pensar en ella.

Get£lico estaba en la lista de los condenados a muerte por Cayo C‚sar. £nicamente Agripina. adem s le envidia su popularidad entre . y esto ser¡a un mal comienzo. Tenido por amigo y confidente de Cal¡gula. Puesto que ella misma no pod¡a suceder a su hermano. pertenec¡a ya a la casa imperial debido a su matrimonio con Drusila. sin duda. Desde entonces Cal¡gula lo mira con gran desconfianza. con toda la prisa que permitan las circunstancias. A sus ojos. papel que. el legado de la Germania superior. pues. al menos. Tras un abrazo fugaz. que se case quiz con una de ellas y que engendre un hijo con ella. ]e confi¢ sus futuros planes. hija mayor de Germ nico. y Livila y su impopular esposo quedaban descartados de antemano. Entonces no s¢lo tendr¡amos que eliminarle a ‚l sino a toda una familia. En primera fila caminaba tambi‚n el ®esposo¯ de Drusila. orgullosa y dominante como su madre. La ventaja consiste en que Cal¡gula ya no podr urdir m s planes con su amiguita de cama. dijo: -La muerte de Drusila resulta beneficiosa para nosotros. Y odia al emperador! Desde hace semanas mantengo una correspondencia secreta con ‚l. Asia o Africa lleguen a saber lo que ha ocurrido. pues. ya tenernos aqu¡ el poder en la mano. Cuando. Emilio L‚pido. tener muchas posibilidades de ‚xito. pero tambi‚n entra¤a peligros. El chiflado de Claudio no era tenido en cuenta para la sucesi¢n. Cuando la ca¡da de Sejano. de actuar con prisas o. sino ambici¢n. pero no fue ni afecto ni pasi¢n lo que hab¡a unido a estas dos personas. Sus soldados idolatran a Get£lico y su cu¤ado es comandante de otras cuatro legiones en la Germania inferior. ten¡an las mejores posibilidades de realizar su sueno. odio y un objetivo com£n: estaban de acuerdo en que hab¡a que eliminar a Cal¡gula. Era un plan atrevido y ambicioso que parec¡a. L‚pido fue a ver a Agripina. y para esto creo haber encontrado al hombre adecuado: L‚ntulo Get£lico. no obstante. S¡. que ten¡a que interpretar ahora el papel de afligido viudo. Pero el inconveniente podr¡a consistir en que se acerque ahora a otras mujeres. Emilio L‚pido era el m s adecuado.todos los miembros de la casa imperial. unos d¡as despu‚s de la ceremonia f£nebre. Qued¢. Antes de que en Siria. pero la condici¢n mas importante era granjearse el apoyo de una parte considerable del ej‚rcito. 248 249 Hac¡a ya unas cuantas semanas que era el amante de Agripina. necesitaba a un hombre de una de las mejores familias romanas. por cierto. aparte de la mala influencia que ella ejerc¡a sobre ‚l. y la mcta de Agripina era convertir se en emperatriz al lado de L‚pido para asegurar la sucesi¢n a su hijo Ner¢n. y ahora s‚ tambi‚n por qu‚ lo odia. dotada de una ardiente ambici¢n. cumpli¢ decorosamente. ~Son nada menos que cuatro legiones! Y lo que es a£n m s importante: se desplazan a Roma en menos tiempo que las legiones de otras provincias. Se trata. Pero primero necesitamos un apoyo en el ej‚rcito. y s¢lo su familiaridad con el emperador Tiberio le salv¢ la vida. S¢lo as¡ le ser¡a posible a L‚pido conseguir el poder tras la muerte de Cal¡gula.

Por cierto. nunca me ha gustado el papel de esposo ficticio de Drusila. . Aprovechar‚ la ausencia del emperador y partir‚ en los pr¢ximos d¡as para Germania. Aquel zorro c¡nico y redomadamente astuto ha sabido castrar literalmente al Senado. pero no me fo de ning£n romano. algo spero. Como Drusila ha muerto. Excluyo a Livila. Eso me podr¡a haber convertido r pidamente en una figura rid¡cula. Agripina hab¡a estado escuchando con gran inter‚s. -Resulta muy extra¤o que t£. Agripina se ech¢ a reir. te hayas convertido en su ac‚rrimo adversario. Ella esboz¢ una sonrisa ir¢nica: -¨Quieres decir que vayamos a la cama? No tengo nada que obje. no debes precipitar las cosas. Su rostro hermoso. ¨quieres que confie nuestros planes a Livila? Ella siente por Cal¡gula tan poca simpat¡a como nosotros. Cal¡gula despilfarra desenfrenadamente el erario p£blico. y valoraba su energ¡a y su decisi¢n.. estaba ligeramente enrojecido por la excitaci¢n. No quiero esperar hasta que sea demasiado tarde. Te aceptar n a ti como emperador igual que han aceptado a Cal¡gula si tienes el apoyo de una parte importante del ej‚rcito.. y veo ya al verdugo afilando el hacha para mi cuello. ya ha terminado mi papel. De d¢nde quieres que su sucesor saque el dinero para regalos? No nos queda mucho tiempo. -No hasta que haya regresado de Germania. -Este es otro punto importante. aunque entonces tambi‚n corr¡a la sangre y aun m s que hoy. Y el pueblo es f cil de entusiasmar con regalos. -Para nuestros planes esto resulta m s beneficioso. y pronto estos fondos estar n agotados. Me basta estar apoyado por las legiones germanicas. ¨por qu‚ lo odias tanto? -Tengo mis motivos -dijo L‚pido eludiendo la pregunta-. Cualquiera que se una a nosotros puede ser un traidor. los que est n dispuestos a defender su piel. Cuanto m s amplios sean los c¡rculos de una conspiraci¢n. -Me gustan los hombres decididos. Agripina. Pero ¨c¢mo pod¡a defenderme? Cal¡gula ahoga cualquier resistencia en sangre. 250 251 r Atrajo a Agripina hacia si y la bes¢: -Hablemos ahora de otra cosa. a¤ora una los tiempos de la Rep£blica. m s fuerte resulta. he cumplido mi cometido. -Pese a todo. Nuestro Cal¡gula lo tiene as¡ muy f cil. ¨D¢nde est n los hombres de Roma? Aveces. Dime. amigo de juventud y compinche de borracheras de Cal¡gula. Ahora sab¡a que con L‚pido hab¡a apostado por el hombre adecuado. Por lo dem s. Tambi‚n nuestro Senado se compone ya s¢lo de un mont¢n de ovejas temblorosas a las que Cal¡gula va matando una tras otra.XVIII tar. -La culpa de la situaci¢n actual la tiene el emperador Tiberio. lo sabes t£ tan bien como yo. pero tambi‚n aumentan los peligros.la tropa.

pero consideraba conveniente atarlo tambi‚n fisicamente. Siempre encontraba alguna soluci¢n. entre bromas y risas.No deseaba a este hombre -tampoco a ning£n otro. Era un excelente amante. Querea apenas hab¡a tenido contacto con su familia. que no estaba para conversaciones y ten¡a un aire sombr¡o. Querea! Como tribuno de mi guardia personal puedes invocar mi nombre si ese terrateniente trata de manera injusta a tu cu¤ada. se¤or. ®S¡ una gallina deja de poner huevos. El emperador. Son ovejas a las que esquilar‚ en su momento. -Se trata de problemas familiares. En este caso. se hab¡a limitado a asentir con la cabeza. -¨Un caso de muerte? -pregunt¢ distra¡do. y en aquella ‚poca Cal¡gula a£n no cometia el error dejugarse su devoci¢n con burlas y cinismo. como le hab¡a ocurrido con el libertino de Enobarbo. Poco antes de la partida de Cal¡gula. pes¢ divertida al recordarlo. del mismo nombre. Era de dominio p£blico que Cal¡gula se preocupaba mucho por el bienestar de su guardia personal. y si uno de sus arrendatarios suministraba durante dos o tres a¤os menos de lo habitual. Querea consider¢ conveniente presentarse como tribuno del emperador acompa¤ado de algunos de sus pretorianos. Casio Querea le hab¡a pedido vacaciones por motivos personales. Su hijo. fallecido a¤os antes. se¤or. 252 253 Desde la muerte de sus padres. y ahora su viuda tiene problemas con el propietario de las tierras. y muchas gracias. era su . As¡ se aseguraba la lealtad de los hombres que le rodeaban. -No toleres injusticias. ®Que sus cenizas descansen en paz¯. y en sus brazos se sent¡a mujer y no un trozo de carne del que se abusa. Se ha permitido que los latifundistas aumenten descaradamente sus riquezas y su poder. administraba los latifundios exclusivamente seg£n el principio de rentabilidad. Hace poco muri¢ mi hermano mayor. En el rostro p lido de Cal¡gula asom¢ un destello de curiosidad. no consideraba que eso fuese motivo para echarlo junto con su familia. hay que matarla¯. El terrateniente Casio B bulo aplicaba criterios muy distintos a los de su padre. -Si. Los hombres agradec¡an este cambio en la monoton¡a diaria y. Pero ahora hab¡a muerto su hermano mayor dejando viuda y tres hijos. Quisiera ocuparme personalmente de este asunto. y todos estaban contenros. ascend¡an a los montes Albanos por la V¡a Prenestina a lomos de sus caballos. Sin su protecci¢n se hubiera sentido desnudo. y abri¢ sus muslos bajo el firme y dominador abrazo de Emilio L‚pido. B bulo el Mayor hab¡a ejercido el papel de patriarca. en cambio.

ese B bulo no os va a degradar al nivel de la chusma de las calles de Roma. Porcia..f‚rrea ley. y B bulo pensaba que le iba a ser f cil expulsarlos de las tierras. a ella y a su prole. era va tan fuerte como un hombre adulto. Su hijo mayor. La extensi¢n de los barracones de los esclavos daba una idea exacta de la gran riqueza de Casio B bulo. su cu¤ada. Seguro que lo encontrar s. Dijo que el emperador alimenta a miles de personas con donativos y que no importar¡an unos cuantos mas. Quiere que le entreguemos la cosecha de este verano. Porcia recibi¢ a su cu¤ado con alegr¡a y alivio. Pero antes deber¡ais tomar algo para recuperar las fuerzas. si no estuvi‚ramos con el agua al cuello. ¨Est ese se¤orito en casa ahora? Porcia asinti¢. y cerca de la casa segu¡a murmurando el arroyo junto al cual se hab¡a pasado horas acechando la presa con su primitiva ca¤a de pescar. All¡ en la encrucijada estaba el avellano con cuya madera hab¡a tallado sus flautas de pastor. de quince a¤os.. era una mujer ajada y consumida por el trabajo. La finca de B bulo estaba situada sobre una loma desde la cual se distingu¡a perfectamente Prenesre. que tem¡a ahora que la echaran a la calle. con su gran templo dedicado a la diosa Fortuna. furioso: -Me parece que lo ha calculado sin contar con el tabernero. que era uno de los mayores terratenientes de la zona situada entre T£sculo y Preueste. -No re habr¡a pedido ayuda. A£n queda una jarra de vino. pan reciente y algo de queso. pero no fue culpa nuestra! Tu hermano estuvo mucho tiempo enfermo y ya no pod¡a trabajar. Querea. que eso tampoco seria ninguna verg£enza. . Nuestra suerte no le preocupa. Y algunos de sus arrendatarios hab¡an sufrido ya las amargas consecuencias de sus normas. -El verano lo pasa siempre aqu¡. Es cierto que llev bamos un retraso en los censos. Despu‚s. No sin emoci¢n. Querea se sent¢ con sus hombres a la sombra de una encina. caliente a£n del horno. ¨Cu ndo quiere que os march‚is? -Lo tiene muy bien pensado. Querea se reencontr¢ con el paisaje de su infancia pr cticamente intacto. Ya me ha dicho que vayamos a pedir limosna a Roma. -Lo aceptamos con mucho gusto. Tomaron el vino mezclado con agua fresca del manantial y comieron con deleite el pan crujiente. pero a£n no hab¡a alcanzado la mayor¡a de edad. y los dos veranos de sequ¡a tambi‚n han contribuido a qr¡e nos vi‚ramos incapaces de pagarlos sin morirnos de hambre. ya no quiere vernos m s por aqu¡. B bulo quiere ahora que sus esclavos exploten la finca y cree que as¡ las cosas ir n mejor para ‚l. Querea se ech¢ a re¡r. -Mientras yo exista. Querea neg¢ con la cabeza.

las tierras y el pan a una viuda con tres hijos! -Mi casa. 254 255 -Bueno. y as¡. Mientras yo est‚ con B bulo. se¤or. Hazme. de mediana edad. Mi padre era campesino arrendatario de tu padre. que nadie entre ni salga. Casio. y la quiero comprar con suficientes tierras como para que su familia pueda vivir de ellas. Por cierto. antes de que el emperador partiera para el sur. Inmediatamente! -Si. y les he pedido que se busquen la vida en otro lugar. .El portero abandon¢ extra¤ado su cobertizo al ver hombres armados. vosotros vigil is la entrada. que irrumpa de este modo en tu casa. Voy directamente contigo. B bulo. Por lo visto quieres echar a Porcia con sus tres hijos. incluso cuando la cosecha sea mala. Pero esto lo digo s¢lo de pasada. ¨Es as¡? B bulo se movi¢ inquieto. re expresas en t‚rminos muy refinados. -objet¢ B bulo timidamenre. . y el presupuesto del Estado cuesta ingentes cantidades de dinero. -Perdona. tuve tina larga conversaci¢n con ‚l. Dijo que los latifundistas se han hecho demasiado ricos y que habr¡a que vigilarlos m s de cerca. pues. en seguida re anunciare. entretanto. a£n es tu casa. Quiero comprarte la finca que le tienes arrendada a mi cu¤ada. -El tribuno de los pretorianos Querea pide hablar con Casio B bulo. sino romanos libres. de momento. -~Casio. -Si. Pero Porcia y sus hijos no son rus esclavos. falleci¢. Que Porcia se quede en la finca. que estaba ya bastante intimidado por el comportamiento de Querea. -Si. pero mi tiempo es limitado y muy urgente lo que te rengo que decir.? -balbuce¢ el terrateniente. Se dirigi¢ a sus hombres y orden¢ en tono brusco: -Y. dedicado a la lectura.Quieres quitarle la casa.. aunque dependan de ti.. mi hermano mayor. Querea se ape¢ del caballo: -Ah¢rrare la molestia.. a¤adimos vuestro nombre al nuestro. Llevan un retraso en la entrega de los censos. B bulo. B bulo. cuyo esposo. seg£n la costumbre y la tradici¢n. En aquel momento estaba acostado en su lecho de descanso en el jard¡n. Pero el resultado es el mismo. como bien sabes. El emperador responde del bienestar p£blico. Querea estall¢ en una sonora carcajada: -Buscar la vida en otro lugar. Ahora se trata de mi cu¤ada Porcia. yo no lo dir¡a de un modo tan rudo. Casio B bulo era un hombre elegante y cuidado. y soy tribuno de los pretorianos de la guardia del emperador. -Pero yo no quiero venderla. Me llamo Casio Querea. el nombre de tu venerada familia. intent¢ protestar. una oferta.. El Imperio necesita dinero.

le sentaba bien poderse vengar un poco con personas como B bulo. y tal vez hasta entonces las ratas habr n acabado ya contigo. me callar‚. Me niegas un deseo justificado. pero hab¡a dejado de reflexionar sobre las ¢rdenes del emperador. Para los dem s aquel cargo s¢lo representaba un escal¢n hacia posiciones m s elevadas. pero. Al fin. Se dej¢ caer en un taburete al lado de Sabino y cogi¢ la jarra de vino. Entonces. Fuera est n mis pretorianos. Cada uno de estos soldados profesionales se sent¡a plenamente responsable de su destacamento de setenta u ochenta hombres y no s¢lo sabia el nombre de cada uno de sus hombres. De los oficiales ni se exig¡a ni se esperaba esto. pero el emperador era generoso y recompensaba encargos delicados con dinero y con regalos. -Pero. y basta una palabra m¡a para hacerte detener por un delito de lesa majestad. Cornelio Sabino y los otros legados de la legi¢n und‚cima no estaban sometidos a un horario fijo de servicio. Se esperaba de ellos que estuvieran disponibles por la manana. un escal¢n por el que se pasaba de prisa y a paso ligero. pero no quiero venderla. prolongaci¢n de su brazo. . Gracias a la negligencia del legado. -Oh. pero igualmente se desprend¡a por la tarde de su armadura y se pon¡a la acostumbrada ropa de paisano. su situaci¢n familiar y la del registro penal. y esto equivale a un insulto. al fin y al cabo ¢rdenes son ¢rdenes. s¢lo dos eran veteranos. Con su sueldo de tribuno. Sabino cumpl¡a a gusto con sus deberes. Ya mucho antes de la hora acordada iba y venia por el puerro. Vendi¢ la finca a un precio muy favorable. apareci¢ Cle¢n. despu‚s. pod¡an hacer lo que quisieran. El d¡a de su cita con Cle¢n le cost¢ trabajo dominar su impaciencia. lo que le hab¡an ordenado que hiciera-. De los seis tribunos. Querea no se hubiera podido permitir la compra. Cuando estaba trinchando el ave. B bulo. -No a ‚l en persona.. no me lo pones f cil. se sent¢ a una mesa y pidi¢ un po¡¡o asado y una jarra de vino. que volvi¢ a fingirse fatigado y jadeante.. sin perder de vista la taberna.. a los descargadores de barcos. sino tambi‚n su edad. pero si yo no he ofendido al emperador. B bulo se dio por vencido. bastaba con que informaran a los centuriones. ¨Quieres ver por dentro las mazmorras de Roma? Pueden pasar meses hasta que el emperador regrese. contemplaba. En otras palabras: se trataba de un cargo que no se tomaba muy en serio. y durante el resto del d¡a. pero a m¡. como soldado privilegiado y apreciado por el emperador.. La verdad era que a Querea no le gustaba nada recordar todo lo que hab¡a tenido que hacer -es decir. Los centuriones estaban m s que contentos con esta situaci¢n.Bien. Querea sonri¢ y sinti¢ la embriagadora sensaci¢n de tener poder sobre otros.. Aun as¡ quedaba un aguij¢n que le dol¡a a veces remotamenre. y Querea hizo inscribirla a partes iguales a nombre de Porcia y de ‚l. har‚ la vista gorda.

Muchas preguntas de una sola vez. rompi¢ el sello y ley¢ con el ce¤o fruncido. se¤or. Est al este del teatro. Al lado mismo hay una escalera que lleva a las casas situadas m s arriba. criado me llev¢ al ~'esribulo y as¡ pude entregarle tu escrito a Heel lena. me pregunt¢: ®¨Conoces a Cornelio Sabino? . Luego su cara mostr¢ el mismo asombro de la de un ni¤o que lleva horas pidiendo una galleta de miel y recibe de repente una cesta llena. De este modo me enter‚ tambi‚n de tu nombre. Cle¢n dirigi¢ a Sabino una mirada que buscaba su aprobaci¢n. lo meti¢ entre dos rebanadas de pan y lo mordi¢ con apetito. porque hace poco tiempo que vive all¡ con su esposa.¨no? Se llev¢ la jarra a los labios. -Si. que hasta la fecha no me lo has dicho. al pie de la ladera del monte Pi¢n. Nadie conoc¡a la casa de un tal Perr¢n. Petr¢n no estaba en casa. Le dije que yo era un simple mensajero y que ten¡a que esperar la respuesta. Sabino ley¢: ®Por la ma¤ana. -¨Es que tengo que arrancarte cada palabra con tenazas? ¨Conseguiste una respuesta? Cle¢n se limpi¢ la boca. te creo. Luego Cle¢n volvi¢ a posar lajarra en la mesa y eruct¢. -Naturalmente. Cle¢n bostez¢ y se¤al¢ el pollo. Y ¨qu‚ m s? -Ocurri¢ lo que los dos supon¡amos. -No comes nada. s¡. pero detesto la mentira y la exageracion.D¢nde vive? . -¨C¢mo fue eso? -pregunt¢ Sabino asombrado. La dificultad era encontrar la casa. en el mercado situado junto a la par- . 256 257 1 -Acaba tu informe antes de hincarle el diente.-Puedo . se¤or. Sabino dio un pu¤etazo en la mesa. Lo mejor es preguntar por la ®casa del sacerdore¯ pues antes vivi¢ all¡ un sacerdote de Serapis. y durante un rato s¢lo se oyeron sus jadeos y sus tragos.Cu ndo tiempo lleva aqu¡? ¨Qu‚ hace en Efeso?¯. Tal vez vaya en detrimento de mi reputaci¢n si cuento lo sencillo que result¢ el asunto. Aqu¡ lo tienes. ¨Es que no tienes hambre? ¨Puedo servirme un trozo? Sabino arranc¢ un muslo y se lo ofreci¢. -Me has hecho correr bastante. -Cuando Helena termin¢ la lectura. y no pude contesrar a ninguna. Sigui¢ un silencio significativo por parre de Cle¢n que tom¢ otro trozo de po¡¡o sin pedir permiso. Tom¢ tu escrito y garabate¢ algo en el dorso. -Deja que re cuente primero c¢mo Helena acogi¢ tus lineas: arranc¢ el cordel. ¨Entregaste mi carta? Pero Cle¢n masticaba va con avidez y asinti¢ con la boca llena.

y Sabino se dio cuenta de que no le cre¡a ni una palabra. -¨Cu ntos d¡as necesitas. Quiz yo encuentre una soluci¢n. Aqu¡ tienes rus tres denarios y otro m s para que re olvides de todo. cuatro d¡as. Si no es mog£n secreto re ruego que me digas en qu‚ consiste su mensaje. o bien ir al mercadillo s¢lo en los d¡as que estaba libre de servicio. me has ayudado mucho. -No entiendo. -En la nota indica un punto de encuentro y la hora. pero no el d¡a. Que re aproveche el po¡¡o y el vino! Adi¢s! Cle¢n sonrio: -No re conozco. y la administraci¢n municipal controlaba estrictamente que s¢lo se ofrecieran all¡ las mercanc¡as mas selectas. El legado se limir¢ a esbozar una sonrisa ir¢nica. En el centro se alzaba sobre un podio de m rmol el gran reloj de sol y de agua. r ®Por la ma¤ana. que se pod¡a ver desde lejos.re inferior del gora¯. se¤or. tribuno? -Tres o cuatro. All¡ se pod¡a leer la hora del d¡a con una exactitud de un cuarto de hora m s o menos. solo y sin recursos. -No. se¤or.. viejo. Levant¢ lajarra y la agit¢ como despedida. suplas a otros que rengan dificultades semejantes. -Bien. La fruta y la verdura esraban en perfecto estado. La parte inferior del gora con sus dobles p¢rticos de trescientas varas de longitud. Precisamente la ma¤ana era el peor momento para Sabino. Quien buscara por ejemplo violetas escarchadas u hojas de rosal.. Como su impaciencia no le permit¡a esperar m s. pues. O con las prisas se olvid¢ de indicarte el d¡a. ley¢ Sabino. pues tendr¡a que pedirle permiso urgente al legado para abandonar sus obligaciones. En la parte inferior del gora hay por las ma¤anas un mercado de verduras. invent¢ una historia de un lejano pariente que viv¡a en Efeso. o ella hace all¡ a diario sus compras. pasado ma¤ana. Tambi‚n servia a mucha gente de punto de encuentro. Cle¢n. pescados poco frecuentes o caza selecta. es posible. en caso de necesidad. y tambi‚n montan all¡ sus tenderetes algunos panaderos y carniceros. -S¢lo existen dos posibilidades. Dej¢ caer las manos que sosten¡an el papel e hizo un gesto negatiyo con la cabeza. Helena se hab¡a olvidado de decir cu ndo: ~ma¤ana. Pero espero que. dentro de tres d¡as? -¨No dijo ninguna fecha? -pregunt¢ a Cle¢n. Sabino lo prometi¢. y se puso en marcha nada m s despuntar el d¡a siguiente. no te he visto jamas. gozaba de cierta fama. en el mercado situado junto a la parre inferior del gora¯. S¢lo me dio la nota sin decir nada m s.. y cada uno de los carniceros ten¡a por lo menos un esclavo que se ocupaba de alejar las moscas de las mercan- . -Si.. aqu¡ pod¡a encontrarlo. y que necesitaba su ayuda y apoyo para regresar a Roma. A ambos lados de las arcadas hab¡a tiendas y puestos cubiertos.

se abri¢ paso con impaciencia entre la espesa multitud y el resultado fue encontrarse con un rostro desconocido. arraves¢ una y otra vez la sala dedicada a la venta de verduras.bajaba al mercado. pas¢ por delante de las panader¡as y tampoco perdi¢ de vista a los carniceros. Livila y S‚neca llevaban su existencia buc¢lica en la villa de Sereno. Sobre el mediod¡a. su compra diaria en el mercado. Por lo visto Caligula est muy apenado y se ha ido de viaje: nadie sabe exactamente a . y puedes estar seguro de que no re hubiera molestado si la noticia no fuera grave. aqu¡ en el mercado no hac¡a m s que perder el tiempo. Lo m s probable era que s¢lo hubiera pensado en lo m s inmediato. todo era aqu¡ mucho m s caro. En aquel momento le vino a la mente una idea como una iluminaci¢n: resultaba facil¡simo! S¢lo tendr¡a que vigilar su casa durante las primeras horas de la ma¤ana. y. 258 259 Al ver a aquella multitud. Pero un d¡a el mayordomo se dirigi¢ a su se¤or: -Se¤or. Con el ce¤o fruncido. creyendo que all¡ seria f cil encontrarla. Sabino no acab¢ el potaje y sali¢. pues. Sabino comprob¢ el armamento de los hombres. de los cuales algunos miles pululaban por la parte inferior del gora y los puestos del mercado. Naturalmente. Los viejos soldados quedaron tan sorprendidos de la diligencia de su tribuno que obedecieron sin rechistar y sin hacer comentarios mordaces. pero Efeso estaba lleno a rebosar de gente rica. Por dos veces pens¢ haber divisado su esbelta figura.c¡as pulcrarn ente expuestas. sin preocuparse de los acontecimientos que ten¡an lugar fuera del protegido jard¡n. Efeso ten¡a m s de un cuarto de mill¢n de habitantes. en consecuencia. Se propuso. s‚ que quieres que re dejen en paz aqu¡. cuando ella -sin duda acompa¤ada por una criada. ¨Quer¡a Helena burlarse de ‚l? ¨Hab¡a propuesto este lugar de encuentro para evitar que se encontraran. ¨C¢mo iba a encon trar aqu¡ a Helena? Incluso contando con los cuatro d¡as de que dispon¡a. revis¢ las listas de bajas por enfermedad e impuso unos cuantos castigos leves. seria una casualidad. En este caso hubiera bastado con escribir: ®D‚jame en paz¯. ha muerto. hizo llamar a sus centuriones y orden¢ una revista especial. Sabino fue a una de las abarrotadas tabernas del mercado y tom¢ de pie un potaje de verdura con carne. pero pronto Sabino dej¢ caer la cuchara. Livia Drusila. y as¡ ninguno de los mercaderes se quedaba sin vender su mercancia. hacerse el encontradizo. los mercaderes cerraban sus tiendas y el gent¡o disminuy¢ sensiblemente entre las columnas del gora. Pens¢ en la indicaci¢n de Cle¢n de que ella tendr¡a que comprar las cosas necesarias para su hogar. Regres¢ al cuartel. Sabino se desan¡m¢. Ten¡a que enfocarlo de otra manera. Todo para que el tiempo pasara m s de prisa. El plato era realmente exquisito. hermana del emperador. para darle largas? No pod¡a creerlo.

. se vengar en todos los que se aman y que son felices.. -La peque¤a Drusila. muri¢ de repente. -Tenemos que ser prudentes -a¤adi¢ S‚neca. 260 261 -¨Ser prudentes? Para esto tendr¡amos que desaparecer de la faz de la Tierra. en Hispania. inmaculado. en Bayas. un asno.. Ya era especial de ni¤a. Mir¢ a S‚neca y sus ojos estaban ba¤ados en l grimas. -Esto no le importa a la muerte: alarga la mano a su gusto. pero perfectamente accesible a argumentos racionales. Si el emperador apareciera por aqu¡. se dejaron secar al sol y subieron a la villa para tomar una comida ligera. ¨Qu‚ es lo que sientes por Drusila? ¨La desprecias por la vida que lleva. nadie sabe a d¢nde se dirige. Y ella adoraba su poder.d¢nde.. se ha marchado a otro mundo. Nunca quiso participar en los juegos de las ni¤as. y sus palabras parec¡an palabras huecas y sin sentido. ni ‚l de ella.. . Cal¡gula se vengar por este golpe del destino. -¨Por qu‚ dices ®le gustaba¯? ¨Es que lo ha abandonado? -Tambi‚n seria una manera de decirlo. se ha marchado. Drusila me da l stima al pensar que tiene que acosrarse con este monstruo grasiento. en Africa.. un perro. S¡. en Germania. Est muerta. Los castigos y las reprimendas serv¡an de poco con ella. pero Dm. avisame. -Te agradezco la noticia. alegre.y me vas a leer algunos fragmentos en voz alta. la encuentra en Roma. en Asia o en tu pa¡s. un poder que la ten¡a tan fascinada como la serpiente al rat¢n. Tiraba sus mu¤ecas en secreto a la cloaca.. un sue¤o puro.pero antes rengo que hacerte una pregunta. la odias o sigues queri‚ndola? -¨A qu‚ viene esta pregunta? Hemos acordado que excluir¡amos Roma de nuestro para¡so. -La ha destruido. Agripina era orgullosa. yo era dulce y d¢cil para que me dejaran en paz. Se dice que Cal¡gula se ha marchado de Roma y que se encuentra camino del sur.. -Quiz le gustaba hacerlo.. medio calvo y de piernas como palillos. Livila. -Soy muy bueno -dijo S‚neca. peludo.. la ha aniquilado.. amigo mio.La encuentra! .. y s¢lo eran capaces de so¤arlo estando uno en brazos del otro. Tal vez ambos so¤aban el sue¤o de la infancia. Prefer¡a algo vivo.. S‚neca reflexion¢ si deb¡a callar la noticia de la muerte de Drusila para no enturbiar la alegr¡a de Livila en sus vacaciones. No era capaz de deshacerse de ‚l. pero luego [ pens¢ que era mejor informarla.. -¨Muerta? ¨Drusila? Pero si era tan joven. -Ahora vas a ser muy bueno -pidi¢ Livila.. Tambi‚n era dificil de dominar.. A £ltima hora de la ma¤ana nadaron en la bah¡a. Cuando Cal¡gula quiere destruir a una persona.

S‚neca neg¢ con la cabeza.
-Cuando digo que hemos de ser prudentes no me refiero a que
tengamos que huir. Aparte de nosotros, hay otras personas que se
sienten amenazadas por ‚l, y de d¡a en d¡a son m s. Estas personas
tienen miedo, y el miedo es una fuerza que no hay que subestimar.
Mientras el miedo se dirige hacia el interior, nos destruye a nosotros
mismos, pero cuando se vuelve demasiado poderoso puede actuar hacia fuera y aniquilar a quien haya sido el causenre de ‚l.
-Si, yo tambi‚n he pensado en esto. Hay que provocar su miedo,
hacerle sentir que no queda un lugar donde pueda senrirse seguro.
-Ya ahora est atemorizado. Su protecci¢n se reduce a unos germanos que no hablan ni una palabra de lat¡n y lo rodean como un
muro. Les paga como si fueran pr¡ncipes y sabe que se delarian matar
por ‚l. Hace poco incluso nombr¢ tribuno a uno de esos germanos: al
atl‚tico D‚xter, que le sigue a todas partes como un perro faldero.
Livila hab¡a dejado de escuchar sus palabras. Sent¡a la amenaza
que emanaba de su terrible hermano, la sent¡a como si fuera un hacha que pendiera de un hilo sobre sus cabezas: sobre S‚neca, sobre
sus amigos, sobre Agripina y sobre ella misma. Este peligro, y tambi‚n
la muerte de Drusila, avivaron en ella el anhelo de vivir, un deseo de
amor, de abrazos, de sol y de mar: en una palabra, el deseo de un
hombre.
-S‚neca, quiero hacer el amor contigo, ahora mismo, fuera, al
aire libre.
S‚neca comprendi¢ lo que la agitaba y se dej¢ arrastrar por sus
ganas de enfrenrarse a la muerte y al peligro con el viejo juego que
provoca el ‚xtasis, que hace que el tiempo se detenga, que ahuyenra al
miedo y crea vida, vida una y otra vez.
Entre risas y lloros cay¢ en sus brazos, dej¢ llevarse ardiente de
deseo. Cogidos del brazo, bajaron al mar, se echaron desnudos en la
arena, se amaron bajo el sol y el viento, siguiendo el ritmo del mar, se
sent¡an fuertes e invulnerables, vencedores sobre el peligro y la amenaza; dominadores de la muerte.
Cal¡gula ofrec¡a un aspecto espantoso. Como, para demostrar su tristeza al pueblo, abandonaba adrede su fisico, causaba en algunos la
impresi¢n de un ser salido del T rtaro. Su cabello fino, de color casta¤o negruzco, colgaba sobre los hombros, largo y grasiento, con lo cual
262
subrayaba a£n m s su progresiva calvicie. Se hacia afeitar la barba
cada tres o cuatro d¡as, y bajo la barba aparec¡a un rostro l¡vido como
la muerte, hinchado, fl ccido, en el que los ojos, inm¢viles y fr¡os, s¢lo
cobraban un poco de vida cuando hac¡a una de sus ®bromas¯ c¡nicas.
La pena por Drusila no le hab¡a quitado en absoluto el apetito. Por el
contrario, se atiborraba varias veces al d¡a de alimentos tan fuertemente condimentados que le abrasaban el paladar y la garganta. Apagaba el ardor con vino puro sin mezcla, pero s¢lo en raras ocasiones
se emborrachaba desenfrenadamente. La mayor parte del tiempo se

encontraba en un estado de irritaci¢n tal que sus esclavos se echaban
a temblar en cuanto lo ve¡an acercarse.
El jubiloso recibimiento de Siracusa mejor¢ su estado de nimo. Desde que hab¡a donado unos cuantos millones de sestercios para la reconstrucci¢n del templo, del teatro y de las instalaciones p£blicas, era
considerado un benefactor y ciudadano de honor de la ciudad. Para
celebrar su presencia, se organizaron juegos, y Cal¡gula se declar¢ inmediatamente dispuesto a correr con los gastos. Adem s orden¢ la
implantaci¢n de nuevos juegos en memoria de la fallecida, la divinizada Drusila.
Casi a diario se pod¡a encontrar al emperador en uno de los dos
grandes anfiteatros, donde se celebraban alternativamente luchas de
gladiadores y de animales, y en los teatros donde se representaban
piezas de repertorio cl sico, mientras juglares y acr¢batas entrerenian
al p£blico en los intermedios.
En estas ocasiones, Cal¡gula se presentaba ante el pueblo con diferentes atavios. Una vez, el pueblo pudo admirarlo vestido de jefe militar, con la coraza de oro de Alejandro, pero las espinilleras en sus
flaquisimas piernas de ara¤a se bamboleaban con un efecto rid¡culo.
Otra vez se present¢ con un manto de p£rpura con bordados de oro
que envolv¡a majestuosamente su cuerpo regordete mientras la corona urea de laureles cubr¡a la desnuda frente. La gente s¢lo lo ve¡a
de lejos, y as¡ les causaba una impresi¢n fascinante. A veces, entre las
aclamaciones se distingu¡an gritos de ®Divus Augustus!<', y esto despertaba la indulgencia de Cal¡gula.
Empezaban ahora las gentes a comprender poco a poco su condici¢n divina, y quiso facilitarles la manera de rendirle culto. As¡, estando a£n en Siracusa, se le ocurri¢ la idea de hacer levantar templos
dedicados a su propia divinidad. Esta idea se le antoj¢ genial, y su
pronta realizaci¢n le pareci¢ tan importante que orden¢ partir inmediatamente para Roma y ponerla en pr ctica.
263
h.
1
El tiempo desfavorable oblig¢ a la flota a atracar en Mesina. Al amanecer del segundo d¡a, la tempestad ya hab¡a amainado, pero el Etna,
que hasta entonces se hab¡a mostrado tranquilo, empez¢ a emitir de
repente gruesas columnas de humo y unos amenazadores bramidos
indicaban la inminente erupci¢n. El p nico hizo que Cal¡gula se refugiara en su barco, que tuvo que desplegar velas a toda prisa.
®Los dioses me advierten...¯, murmur¢ el emperador para sus
adentros.
Con viento favorable, la flota sigui¢ navegando y entr¢ a mediados
de septiembre en el puerro de Ostia. Cal¡gula se reuni¢ inmediata-

mente con su secretario Calixto y elabor¢ varias resoluciones que el
Senado deber¡a promulgar despu‚s como suyas.
En primer lugar, se trataba de Drusila; Cal¡gula sent¡a cierta verg£enza por haberse escapado de Roma con ocasi¢n de su muerte. En
consecuencia propuso al Senado:
1.0
Consagraci¢n de Julia Drusila como Panrea, diosa omnipotente.
2.® Erecci¢n de la estatua de Drusila en el templo de Venus Genetrix,
y designaci¢n de sus propias sacerdotisas.
3~o Declaraci¢n del cumplea¤os de Drusila como fiesta oficial.
4~o De ahora en adelante, todas las mujeres han de invocar a Pantea
en sus juramentos solemnes.
Antes de anunciar su propia deificaci¢n, Cal¡gula quiso poner en
pr ctica otro plan: hab¡a decidido hacer traer de Grecia a Roma las
m s hermosas estatuas de los dioses griegos, pensando que s¢lo aqu¡,
donde gobernaba el hermano gemelo de J£piter, podr¡an recibir la
debida veneraci¢n. Sus ¢rdenes dec¡an expresamente que se buscaran en las ciudades griegas las m s valiosas estatuas de Zeus, que ‚l,
viva imagen del lanzador de rayos, cambiar¡a su cabeza por la del dios
sobre los cuerpos de estas estatuas. Esta decisi¢n puso a Cal¡gula de
buen humor.
-Ser la mejor manera -le comenr¢ a Calixto- de que el pueblo comprenda lo que ha ocurrido y en qu‚ gran ‚poca est viviendo.
Las estatuas de J£piter se colocar n en los templos junto al Foro, en la
V¡a Sacra y ante los edificios p£blicos. Y como ahora llevar n mi cara,
la gente se ir acostumbrando a que l y yo somos un solo dios. De
modo que, cuando lo hayan entendido, dar‚ orden de construir un
templo dedicado a Cayo-J£piter. Hay que ir poco a poco! No quiero
exigir demasiado de estos imb‚ciles. Hay que tratarles como a ni¤os
que no pueden entenderlo todo de una vez.
-Ese es el £nico camino adecuado! -asinti¢ Calixto, pero en su
interior sinti¢ una leve sensaci¢n de horror.
264
j
r
®¨Cu l seria la £ltima consecuencia de esta deificaci¢n?¯ Se prohibi¢ a si mismo llevar este pensamiento hasta el final y se consol¢ pensando que aquello nunca iba a ocurrir. Adem s, hab¡a preocupaciones m s inmediatas. Dentro de pocos meses, los recursos financieros
del Estado estar¡an agorados. Por otra parte, no era probable que el
emperador redujera sus gastos. Calixto sent¡a terror al pensar en lo
que le esperaba a ‚l y a otros como ‚l. No bastar¡a s¢lo con un aumento de los impuestos. ®Habr que explotar otras fuentes de ingreso
-pens¢ inquieto-, y a Cal¡gula se le ocurrir la l¢gica idea de apropiarse del patrimonio de los romanos ricos por los que no siente ninguna simpat¡a; y lo har con mi ayuda, naturalmente.¯
Calixto empez¢ a sudar. No eran escr£pulos lo que le atormentaba, nada de eso, pero pensaba en si mismo, pensaba en los tiempos
que vendr¡an despu‚s. Su intenci¢n era sobrevivir al gobierno de este

loco, y s¢lo lo lograr¡a si luego nadie le pudiera reprochar nada. Ya
ahora apostaba por Claudio C‚sar, con quien hab¡a mantenido recientemente una conversaci¢n. Fue tras una de esas bochornosas comidas en las que Claudio hab¡a tenido que interpretar nuevamente el
papel de buf¢n para Cal¡gula y sus aduladores.
Se encontraron por casualidad en un peque¤o atrio, que todav¡a se
conservaba del palacio original, y donde se o¡a el rumor de una fuente
de marm¢reos delfines entre laureles y cipreses enanos.
Calixto se inclin¢ profundamente.
-;Salve, Claudio C‚sar! ¨Tomando un poco el aire tras la prolongada comida? Sabemos que nuestro emperador cultiva una hospitalidad especialmente pr¢diga.
Claudio C‚sar se olvid¢ de toda precauci¢n y mostr¢ su enfado.
-Hos-hospiralidad! Si, tambi‚n se pue-puede llamar as¡. ¨Por
qu‚ no se busca un buf¢n para su corte? Siempre me roca ami aguanaguantar sus bromas! Que me de-deje en paz de una vez!
Se sent¢ en el banco junto a la fuente, y Calixto pregunt¢ cort‚smente si pod¡a senrarse a su lado. Claudio asinuo.
-S‚ lo que ocurre en estas comidas, y me parece lamentable que
re moleste de este modo a ti, un pr¡ncipe imperial. A veces se le ocurren a uno ideas extra¤as y empieza a sonar con otros tiempos, con
otras circunstancias...
Claudio levant¢ la mirada. Su rostro poblado de arrugas se contrajo violentamente:
-¨Qu‚ qui-quieres de-decir?
-Tampoco yo me siento muy feliz en mi cargo, en contra de lo
que cualquiera podr¡a pensar, venerado C‚sar. El emperador me exi265
1
ge mucho, y rengo que hacer cosas de las que me averg£enzo. Aunque, realmente, no deber¡a tener ning£n motivo para avergonzarme,
puesto que las ¢rdenes del pr¡ncipe son siempre necesarias y correctas. A veces sue¤o, perdona que lo diga, que t£ ocupas su lugar. Naturalmente, no es m s que un sue¤o, y, adem s, un sue¤o indebido,
pues ¨qui‚n podr¡a sustituirle a ‚l, al divino Cal¡gula?
Claudio le hab¡a entendido muy bien y se sinti¢ aliviado de que
tambi‚n hubiera otros que, aunque veladamenre y con toda prudencia, manifestaban su indignaci¢n por el comportamiento de Cal¡gula.
-Tenemos que es-esperar, Calixto. Fortuna ro-toma y da. A veveces, las circunstancias cambian de forma re-repentina, ya nos lo onense¤a la historia.
Calixto pensaba insistir de vez en cuando en esta conversaci¢n
para tener as¡ el apoyo de Claudio si alguna vez fuera necesario.
Emilio L‚pido informaba constantemente a Agripina de sus negociaciones con el pretor L‚ntulo Get£lico que estaba al mando de las tropas romanas en la Germania superior. Enviaba sus cartas a uno de sus

libertos que ten¡a un negocio de verduras en la Subura. Y ‚ste mandaba a un esclavo para que le entregara las cartas a Agripina. Como toda
aquella gente no sabia leer, no exist¡a peligro de una traici¢n o de que
descubrieran algo.
En su primera carta, Agripina ley¢:
®En primer lugar, mi reverencia y salud.
¯Ya durante mi viaje sent¡ a¤oranza de volver a estar contigo, de
volver a Roma, a nuestras acostumbradas comodidades. Lo que aqu¡
llaman verano consiste en unos cuantos d¡as frescos y lluviosos, interrumpidos brevemente por unas horas de un sol acuoso que apenas es
capaz de secar nuestras mojadas ropas.
¯Ahora me encuentro en Maguncia, campamento central del ej‚rcito de nuestras legiones en la Germania superior. El lugar est convirri‚ndose en una estructura parecida a una ciudad. L‚nrulo Ger£lico reside en el Pretorio, el edificio m s vistoso del lugar, y ha puesto
algunas habitaciones a mi disposici¢n. Durante estos a¤os, Get£lico
ha cambiado mucho, y no precisamente para mejor. Ha sobrepasado
los cuarenta, pero se podr¡a pensar f cilmente que ronda los sesenta.
Parece aburrirse en su puesto, escribe poemas y epigramas er¢ticos, e
incluso insinu¢ estar trabajando en una obra hist¢rica. Pero dijo que
para esto necesitaba desplazarse urgentemente a Roma para poder
utilizar las grandes bibliotecas. En su opini¢n, Cal¡gula lo mantiene
adrede alejado de Roma y s¢lo est esperando un momento favorable
F
para acabar con ‚l. Si en la conversaci¢n surge el tema de los tiempos
de Tiberio se pone sentimental y tiene que reprimir las l grimas. Dice
que aqu‚l fue realmente un emperador, que pon¡a todo su esfuerzo al
servicio del Estado y del pueblo, un verdadero pr¡ncipe. Claro que no
vivi¢ los £ltimos a¤os de gobierno de Tiberio, de modo que el viejo
emperador mantiene una imagen intachable en su recuerdo, tanto
m s cuanto que Tiberio lo salv¢ en su d¡a de la persecuci¢n de Cal¡gula. Esta actitud suya nos viene muy bien. Tambi‚n yo habl‚ con entusiasmo de Tiberio y le cont‚ algunas de las '~bromas" de nuestro Cal¡gula. En general se mostr¢ tan indignado que se levant¢ de un salto,
gritando: "¨Por qu‚ nadie se planta ante este monstruo y le clava el
pu¤al en el pecho? ¨Es que ya no quedan hombres en Roma?". Le dije
que muchos pondr¡an con mucho gusto en pr ctica su idea, pero que
Cal¡gula lo sabe y se rodea de un muro de germanos fortachones
que le son est£pidamente leales.
¯~'Asi que, encima, es cobarde -dijo Ger£lico con desprecio-,
pues si que ha llegado lejos nuestra vieja y orgullosa Roma, gobernada
ahora por un muchacho loco." Me ech‚ a re¡r y dije que no se pod¡a
hablar de "gobernar", pues otros lo hacen por ‚l; que Cal¡gula vive
dedicado exc¡r¡sivamenre a sus placeres y a sus vicios, y que se gasta
millones de sestercios s¢lo en comilonas.
®Puse bastante furioso al bueno de Ger£lico, y al cabo de pocos
d¡as lo ten¡a ya donde quer¡a tenerlo. Con cuidado le expuse nuestro
plan, le habl‚ de que tanto t£ como Livila estabais de acuerdo, cit‚
nombres que ‚l conoc¡a y apreciaba y, al fin, a¤ad¡ que, sin ‚l y sin sus

legiones, nuestro plan estaba abocado al fracaso. Ger£lico se ri¢ furioso y dijo: "¨Hasta ah¡ hab‚is llegado? ¨Sin mi y las legiones germ nicas
nada se puede hacer?"
¯Conrest‚ afirmativamente a sus preguntas y dije para finalizar
que ahora todo depend¡a de ‚l, pero que ninguno de nosotros le tomar¡a a mal una respuesta negativa en su calidad de soldado. No obstante, en este caso tendr¡a que contar con la posibilidad de estar entre
las victimas inmediatas del emperador. El viejo soldado tom¢ su espada y grit¢ que entonces habr¡a que darle la vuelta a la tortilla y llevar a
Cal¡gula al matadero. "Que la pr¢xima v¡ctima sea ‚l! Y tiene que
serlo si queremos que la decencia siga existiendo en Roma".
¯Como ves, querida, no fue dificil convencer a Ger£lico. Sobre la
realizaci¢n del plan a£n no conseguimos ponernos de acuerdo. Ger£lico opina que habr¡a que atraer a Cal¡gula a Germania y acabar con ‚l
aqu¡. Despu‚s, podr¡amos marchar todos a Roma, en compa¤¡a de sus
leales legiones, para hacernos cargo del poder. Le pareci¢ muy bien
que, seg£n nuestros planes, fu‚ramos t£ y yo los que asumi‚ramos el
poder.
266 267
7'

®El plan tiene sus ventajas, pese a que yo sigo pensando que habr¡a
que eliminar a Cal¡gula en Roma. En este caso, el Senado no tendr¡a
tiempo para reflexiones, y se le podr¡a hacer jurar inmediatamente
lealtad a m¡ como nuevo Princeps. Pasar n semanas hasta que Ger£lico
aparezca en Roma con sus tropas, e incluso podr¡a estallar entretanto
Una guerra civil. Adem s, sigue estando ese Claudio, y no pocos querr n que, como £nico miembro a£n vivo de la familia imperial, el
sucesor sea ‚l. En cualquier caso, no debemos precipitarnos, y no dehemos hacer nada que ponga en peligro nuestro plan.
¯Ten cuidado tambi‚n t£, querida; no re fies de nadie, y destruye
esta carta en cuanto la hayas le¡do.¯
Sin embargo, Agripina no fue capaz de tomar esta decisi¢n. Volvi¢
a releerla una y otra vez, porque le hacia imaginarse el futuro y ya se
ve¡a caminando como emperatriz por la V¡a Sacra, al lado de Emilio
L‚pido Augusto, entre el j£bilo del pueblo, envuelta en nubes de incienso y acompa¤ada por las bendiciones de los sacerdotes.
En su segundo d¡a libre, Sabino se hizo despertar por su asistente antes de que saliera el sol y se fue a la ciudad.
Resultaba f cil no perder de vista la casa de Petr¢n, ya que dispon¡a de un £nico acceso a la calle. Sabino deambul¢ por el lugar, sigui¢
con la mirada a las esclavas que iban a hacer sus compras, pero en
ning£n momento se alej¢ demasiado de la casa.
®Aqu¡ estoy yo, todo un tribuno romano -pens¢-, medio divertido medio avergonzado, dando vueltas como un mozalbete alrededor

de la casa de mi adorada.¯ Omnis amans amens,* se consol¢ Sabino, y
choc¢ sin querer con un muchacho que pasaba a su lado. Mientras
gritaba una maldici¢n, vio con el rabillo del ojo un movimiento en la
casa. Se dio media vuelta y vio salir a la calle a un hombre joven, bien
vestido, acompa¤ado de un criado. ®Ese tiene que ser Perr¢n¯, pens¢
Sabino, y sigui¢ a los dos con la mirada. Aproximadamente una hora
despu‚s apareci¢ una mujer gordezuela y ya de cierta edad, en compa¤¡a de un mozo que le llevaba la cesta.
®Esa es la cocinera con el pinche de cocina¯, supuso Sabino, y
disminuyeron sus esperanzas de ver aquel d¡a a Helena. El sol ya se
encontraba alto en el firmamento, y Sabino, que se hab¡a colocado a
la sombra de una fuente, estuvo a punto de desistir, cuando un perr¡to peludo sali¢ de la casa ladrando y dando saltos, se acerc¢ a ‚l, lo
husme¢ y volvi¢ atr s. Atr s con Helena, que sal¡a en aquel momento.
*

Los enamorados son necios.

268
r
De nuevo, el perro corri¢ jadeando hasta rozar sus piernas. Sin pens rselo dos veces, Sabino agarr¢ a aquella criarurilla ladradora y paraleanre para llev rsela a su due¤a. Se inclin¢.
-He encontrado algo que supongo que re pertenece, hermosa
se¤ora de la casa.
Helena tom¢ el perro y palideci¢ desconcertada.
-Sabino, Sabino -se limir¢ a decir, y mir¢ cautelosamente a su
alrededor. Luego susurr¢-: No puedes quedarte. Todo el mundo me
conoce en este barrio. Ven pasado ma¤ana a esta hora al templo de
Artemisa. Me encontrar s en las tiendas donde venden el incienso, a
la derecha de la entrada.
Sigui¢ su camino r pidamente, como si s¢lo hubiera dado una
escueta informaci¢n a un desconocido.
Sabino se sinti¢ a punto de estallar de j£bilo cuando sus ojos de
mbar se posaron en ‚l, y al oir la voz familiar cuando tendi¢ sus largos y esbeltos brazos para recoger al perrillo.
Hizo el camino de vuelta como un son mbulo. Ahora no quer¡a
compartir la comida con los otros, quer¡a estar solo y pensar. Envi¢,
pues, a su mozo a buscar unajarra de vino y frutos secos y le dio permiso para vagar a su aire el resto del d¡a. De repente se acord¢ de que le
quedaba libre el d¡a siguiente, pero inmediatamente despu‚s ten¡a
que reincorporarse al servicio. Se levant¢ de un salto y descendi¢ a
grandes zancadas el camino hasta la casa de comidas. En aquel momento sal¡a el legado en compa¤¡a de dos tribunos. Dirigi¢ una mirada enojada a Sabino.
-Cre¡ que tenias unas obligaciones perentorias, y ahora resulta
que re paseas tranquilamente por el campamento. Tambi‚n estuviste
aqu¡ ayer para meter en vereda a rus hombres: bien, no rengo nada
que objetar, pero para esto no hubiera hecho falta que me pidieras
permiso.

Sabino se disculp¢ con profusi¢n de palabras y pidi¢ que le dejaran entrar de servicio al d¡a siguiente; en cambio un d¡a despu‚s...
-;Vaya con el muchacho! -exclam¢ el legado, enojado-. A ver
si re enteras de que esto no es una asociaci¢n de ociosos, sino una
legi¢n del Imperio romano. Tendr¡as que haber elegido otra profesi¢n, amigo m¡o; por lo visto, esto te resulta demasiado dificil de
aguantar...
-Comprendo tu enfado, legado -dijo Sabino con voz sumisa-,
pero s¢lo necesito un d¡a m s, pasado ma¤ana, para arreglarlo todo.
Despu‚s presrar‚ servicio seguido todo el tiempo que quieras.
El legado se ech¢ a re¡r. Hab¡a mostrado su autoridad, y ahora
pod¡a ser indulgente.
269
L.
-De acuerdo, pero despu‚s se habr n acabado por un tiempo los
permisos extraordinarios.
El Artemision estaba situado a una distancia de aproximadamente
milla y media al sureste de Efeso, en un lugar que, como aseguraban
los entendidos, era sagrado desde tiempo inmemorial. Con sus ciento
veintisiete columnas, el templo ten¡a fama de ser el mayor del mundo.
Ya hab¡a sido destruido siete veces, y hab¡a sido reconstruido cada vez
con m s riqueza. El templo ten¡a s¢lo una peque¤a celia o santuario y
parec¡a un inmenso bosque de columnas. La antiqu¡sima in¡agen de
la diosa, imagen que, seg£n la leyenda, hab¡a ca¡do del cielo, s¢lo se
mostraba desde lejos al pueblo en las festividades solemnes. Media
s¢lo unas dos varas de alto y estaba tallada de madera de cipr‚s sin
alardes art¡sticos. Habiendo sido ungida durante siglos con ¢leos sanros, el rostro, las manos y los pies de la diosa ten¡an un tinte negruzco.
Su cuerpo estaba envuelto en valiosas vestimentas, adornadas con oro
y joyas, que srL servidumbre limpiaba y cambiaba varias veces al a¤o.
Sabino se hab¡a presentado ya a primera hora de la ma¤ana y contrat¢
a un gu¡a para que le explicara todo detalladamente. As¡ se enrer¢ de
que estaban a disposici¢n de la diosa m s de cien sacerdotes y sirvientes del templo. En la buena ‚poca del a¤o, las masas de peregrinos
obligaban a contratar auxiliares. El templo estaba rodeado por un
gran semic¡rculo de tenderetes y vendedores que extend¡an en el suelo sus mercader¡as: figuritas de Artemisa, de un palmo de alto -Sabino ya las hab¡a visto en la ciudad-, hechas de arcilla, piedra, bronce,
plata y oro. Los artesanos las forjaban all¡ mismo, de tal modo que en
torno al templo se les o¡a martillear y pulir.
El gu¡a hablaba sin parar, citaba cifras, hablaba de insignes visitantes y de los muchos milagros que Artemisa hab¡a hecho. Pero, ahora,
Sabino quer¡a quit rselo de encima, pues hab¡a llegado la £ltima hora
de la ma¤ana. Le puso unas cuantas monedas de bronce en la mano y

cruz¢ el recinto hasta llegar a los puestos de los vendedores de incienso que ofrec¡an la resma olorosa en polvo, en granos y en bloques
enteros. En aquel momento hab¡a all¡ tales aglomeraciones y apreturas que Sabino apenas ve¡a nada. La calurosa estaci¢n del a¤o se hacia
notar en los m s variados olores. Desde alg£n lugar llegaba la pestilencia de los restos de los animales sacrificados, se confund¡a con un leve
aroma a incienso procedente del interior del templo, y se mezclaba
con un olor a vino, ajo y fritangas de las tabernas situadas tras los
puestos de venta.
Sabino se dejaba empujar de un lugar a otro, miraba en todas las
direcciones en busca de la figura esbelta y familiar. Luego retrocedi¢
para tener una visi¢n de conjunto. Y, de repente, la vio, a una distancia de pocas varas de ‚l, con el rostro medio cubierto por un velo,
mirando en todas direcciones. Le toc¢ el brazo.
-Helena!
La muchacha se sobresalt¢ y volvi¢ hacia ‚l su rostro, del que ‚l
s¢lo ve¡a los ojos, sus grandes ojos ambarinos.
-Sabino...
La tom¢ del codo y la hizo salir del gentio llev ndola hasta los
pelda¤os del templo.
-Estoy conrenrisimo de haberte encontrado. ¨C¢mo est s, Helena?
-¨Qu‚ haces t£ aqu¡, en feso? ¨Has venido por m¡?
-Si, por ti. Soy tribuno de la legi¢n und‚cima y he pedido el traslado a feso para verte.
Ella miraba inquiera a su alrededor:
-Por aqu¡ pasa mucha gente, vayamos a otro sitio.
-Si, y podremos tomar algo en una de las tabernas y hablar mientras comemos.
Helena asinti¢. Pasaron por delante de los tenderetes hasta llegar
a la calle donde se encontraban las tabernas. Hab¡a all¡, en aquellos
momentos, un gran bullicio, propio del mediod¡a. En grandes tablones de madera estaban escritos los precios de las comidas y de las bebidas; adem s hab¡a pregoneros que anunciaban a gritos sus ofertas, a
cu l m s estridente.
-Una comida complera por s¢lo cinco sestercios! Sopa, carne,
vino y pan, todo lo que se is capaces de comer! S¢lo seis sestercios!
Las tabernas baratas se hallaban delanre,junro a la calle polvorienra, con mesas apretadas, en medio del ruido y los hedores. En cambio,
m s atr s hab¡a tabernas tranquilas donde se com¡a a la sombra de los
rboles, pero, naturalmente, hab¡a que pagar m s de cinco sestercios.
Sabino escogi¢ una mesa medio oculta y le ofreci¢ una silla a Helena. Se sent¢ frente a ella, le tom¢ la mano y dijo:
-He estado esperando este momento desde que me abandonaste
en Epidauro.
Helena dirigi¢ una mirada desconfiada a su alrededor y se levant¢
el velo. R pidamente retir¢ su mano.
-No re hubiera cre¡do capaz de esto, Sabino. Me has sorprendido. Pero ¨qu‚ es lo que esperas de mi? Hace medio a¤o que estoy
casada; Perr¢n es muy celoso, y me temo que ‚ste ser nuestro prime-

ro y £ltimo encuentro. Por cierro, ¨c¢mo conseguiste encontrarme?
-Te he encontrado porque ten¡a que encontrarte, y tampoco
creo que ‚ste vaya a ser nuestro £ltimo encuentro. Helena, re amo!
Te lo juro aqu¡, por la gran Artemisa de Efeso, re amo y te amar‚
270 271
mientras viva! No es posible que seas feliz con ese Perr¢n ,no lopuedo creer!
Les interrumpi¢ el mozo de la taberna que les pregunt¢ qu‚ deseaban comer y se puso inmediatamente a recitar todo el men£ del
d¡a.
-Pinchos de palomas, ri¤ones de cordero asados, cochinillo, pol¡o, codillo de jabal¡...
Sabino dirigi¢ una mirada interrogante a Helena, que se encogi¢
de hombros.
-Tal vez unas palomas...
-Pincho de palomas, pues, y, para mi, cochinillo, vino y agua.
El mozo desaparecio.
-Y ahora dime, ¨qu‚ vamos a hacer? -pregunt¢ Sabino.
-¨Me lo preguntas a m¡? Pues nada! No s‚ qu‚ has imaginado.
Estoy casada...
-Si, lo s‚. Pero cualquier situaci¢n puede cambiar. Te pregunt‚
antes si eres feliz con Perr¢n. Dime, ¨lo eres?
Sus ojos de mbar centellearon furiosos:
-Feliz, feliz, al fin y al cabo, ¨qu‚ significa ser feliz? Una se casa,
tiene hijos, ocupa el lugar de sus padres, m s no se puede esperar de
la vida, ¨no es as¡?
Sabino se ech¢ a re¡r:
-¨Nada m s? Eres muy modesta! As¡ que ya llev is m s de medio
a¤o casados. Bien, ¨y qu‚ hay de los hijos? Tu cuerpo est esbelto
como el de una s¡lfide; espero que hayas implorado fecundidad a Arremisa, pues concederla es una de sus competencias.
-¨Ya ti qu‚ te importa? -pregunt¢ Helena furiosa-. ¨Por qu‚ re
inmiscuyes en mi vida? ¨Qu‚ re importa a ti s¡ estoy o no esperando un
hijo? ¨Qu‚ te imaginas? Vienes a Efeso, me localizas y crees que s¢lo
he estado esper ndore. Eres muy vanidoso, Sabino.
-Es posible, pero mi amor me da derecho a comportarme as¡.
-Tu amor! ¨Yyo qu‚? Una pareja de enamorados la forman dos,
pero t£ est s solo, Sabino, solo con tu amor al que no puedo corresponder, al que no debo corresponder. Olvid‚monos de esto! T£ regresas a tu legi¢n y yo a mi casa. Esto es Epidauro, amigo mio; aqu¡ las
costumbres son distintas. Dicen que en Roma el matrimonio no se
suele tomar muy en serio. Pero esto no es Roma, aqu¡ rigen a£n las
viejas costumbres. Estoy casada, Sabino, y seguir‚ est ndolo.
Sabino suspir¢:
-Sin duda hice mal al soltarte as¡ de entrada mis intenciones. He
o¡do que tu suegro no est muy contento con su hijo. Dicen que Petr¢n anda por ah¡ de picos pardos, que huye del trabajo; al menos,
esto es lo que se dice en el puerro.
Helena se qued¢ de piedra.
-¨C¢mo lo sabes? ¨Es verdad que la gente del puerro habla as¡

el romano. incluso tiene sus cualidades. -¨Y yo? -pregunt¢ Helena obstinada-. es mi nodriza. . No es el hombre que t£ esperabas. ¨Es que mis deseos no cuentan? Ni s‚ siquiera si quiero que seas mio. mis parientes. Sabino tom¢ un trago de vino. en este lugar sagrado. Est bamos prometidos desde la infancia. puedes encontrarme aqu¡. no dispongo de muchos d¡as libres. Helena.. Helena: no eres feliz con Petr¢n. -No cambiar -se le escap¢ a Helena. el griego. Mientras se secaba las manos con la servilleta de lino. Tom¢ un trozo de lim¢n y se limpi¢ con ‚l cada uno de los dedos. Trajeron la comida y empezaron ambos a comer en silencio. sino Petr¢n. y quiero seguir si‚ndolo. Soy Sabino. dijo: -Ya te lo expliqu‚ detalladamente en Epidauro. pero es. Entonces todo seria perfecto. Pero hay algo que si s‚. desear¡a que no fueras Cornelio Sabino el romano. Sabino se levant¢. con los ojos de mbar. mis amigos? ¨C¢mo lo imaginas. No digas nada ahora. Helena permaneci¢ callada. y es mejor que no me 272 273 1 acompa¤es. Sabino se ech¢ a re¡r. pero s‚ que tengo raz¢n. Pero re voy a ser sincera: imaginaba el matrimonio de otra manera.. ¨Y Perr¢n? ¨Quieres que lo estrangule o que lo envenene? ¨Ymi familia.de ‚l? -¨C¢mo podr¡a saberlo si no me lo hubieran dicho? Pero tu esposo es a£n joven y puede cambiar... y tambi‚n s‚ que vamos a encontrar una salida. ¨Puedo escribirre? -Si. -Para Artemisa. la griega. es. Si quieres.. Te amo tal como eres: Helena. la grande y poderosa! -murmur¢ y se levant¢-. no ahora. pues. -No ser f cil. nos queda mucho tiempo. -Oh Sabino. Cornelio Sabino? ¨Son ‚stas las costumbres romanas? No es de extra¤ar. -Me has hecho de una sola vez una docena de preguntas.. aqu¡. que muchos griegos murmuren de vosotros y digan que sois unos b rbaros. Sabino le tom¢ la mano cari¤osamente: -No tienes que decirmelo todo: o al menos. re juro por la gran Artemisa de Efeso que no descansar‚ hasta que seas m¡a. De vez en cuando vengo aqu¡ para ofrecerle un sacrificio a Artemisa. -Ciertamente es un cumplido para mi. pero estos deseos no llevan a ninguna parre. tom¢ lajarra y ech¢ unas gotas a tierra. Mi criada me espera junto al templo. y re horroriza la idea de tener que pasar con ‚l toda la vida. y. -¨Lo amas? ¨O s¢lo obedeciste a rus padres que quer¡an unir vuestras familias? Helena se lav¢ minuciosamente los dedos en el peque¤o taz¢n de barro. pero haz que entreguen tus cartas a Clonia. Te enviar‚ antes una nota al campamento. y a la mayor¡a de ellas no puedo contestar. Petr¢n no es malo.

-Lo has adivinado. Se trataba de un asunto en el que ten¡a que arregl rselas solo. nada de bichos! El otro esboz¢ una sonrisa burlona. Necesitaban un lugar donde encontrarse a solas sin que nadie los molesrara. pero los clientes cambiaban con frecuencia. para los adinerados se alquilaban casas enteras. Huertos y vergeles jalonaban sus orillas.. y que alquilaba un par de habitaciones a peregrinos porque la casa resultaba demasiado grande.S¢lo en ella rengo plena confianza. empez¢ de nuevo y. Seria posible encontrar razones de peso. podr‚ hacerte un buen precio. -~Tambi‚n las alquilas por d¡as? -pregunt¢ Sabino. Dijo que viv¡a all¡ solo. en compa¤¡a de unos cuantos mozos y criadas. -¨Y si alquilo la habitaci¢n permanentemente? -¨Permanentemente? ¨Cu nto tiempo es permanentemente? -Tal vez medio ano. Si . El propietario. dijo: -Si pagas en el acto. Pero la habitaci¢n tiene que estar limpia! ~Nada de suciedad. los hab¡a caros y baratos.. El propietario empez¢ a hacer c lculos ayud ndose con los dedos. Hab¡a tambi‚n algunos pisos desocupados. Pero ¨de qu‚ iba a vivir? T¡o Calvo le ayudar¡a. Sabino pase¢ por el barrio y se hizo mostrar algunas habitaciones. Sabino le puso las dos monedas de plata en la mesa y sali¢ fuera. la habitaci¢n daba al este con vistas sobre un peque¤o prado vallado donde pastaban unos caballos. -¨Por qu‚ no? Pero entonces es m s caro. Pero no quer¡a molestar a su familia. Una le gust¢ especialmente. La sigui¢ con la mirada hasta que desapareci¢ tras los rboles. El otro se encogi¢ de hombros. al fin. -Por lo visto vas a recibir una visita femenina. -~Veinricinco! -Veintid¢s. Te dar‚ dos denarios en el acto y los otros veinte cuando vuelva por aqu¡. Sabino. Si fuera necesario. neg¢ con la cabeza. murmur¢ algo. camin¢ por senderos angostos entre vi¤edos y olivares hasta llegar al r¡o Caistro. Pag¢ la cuenta y rode¢ el templo para dirigirse hacia el norte. 274 F -¨Es que me tienes por un potentado? -pregunt¢ Sabino en tono ir¢nico-.. Digamos veinte. todas aquellas tierras f‚rtiles pertenec¡an al templo de Artemisa. Adi¢s. Casi todas estaban ya alquiladas. quiz tambi‚n su padre.. Treinta denanos por medio a¤o. ¨C¢mo iban a seguir? No siempre iba a poder encontrarse con Helena en una taberna. renunciar¡a a su cargo en la legi¢n. Era una gran estancia en una casa de campo algo abandonada. sin duda. fingi¢ indiferencia. En un amplio radio alrededor del templo se encontraban los albergues para los peregrinos. casi un anciano.

hab¡a alquilado la habitaci¢n en vano. por consiguiente habr¡a que encontrar otro camino.Helena se negaba a venir aqu¡. En cualquier caso no ten¡a intenci¢n de darse por vencido. 275 L Ir XIX .

La c¢lera hizo que Cal¡gula recuperara la voz: 1Vuelve a correrlas. Sus rayos penetraban por una rendija en los pesados cortinajes de p£rpura y hac¡an refulgir el dorado capitel de bronce de una de las columnas de p¢rfido. pero s¢lo fue capaz de emitir unos graznidos sofocados. Luego tom¢ unos tragos y not¢ c¢mo ----su maltratado est¢mago se retorc¡a con un eructo cido.a un banquete. que ten¡a la impresi¢n de que el sol quer¡a molestarlo. Les hizo servir las m s refinadas comidas y los mejores vinos. El sol ya se encontraba alto en el firmamento.¯ -~Fue la sentencia del Senado! -exclam¢ Cal¡gula como para disculparse-. pens¢ Cal¡gula con amargura. intent¢ decir algo. aunque ahora tu cad ver viviente sea un invitado m s a la mesa imperial. imb‚cil! No quiero sol ahora! Se reclin¢ gimiendo. Un antiguo senador -seguramente un incorregible republicano. Y lo quiso poner inmediatamenre a prueba. un hermano y dos hermanas. -Una jarra de vino con hierbas arom ticas y con un poco de agua! Se enjuag¢ la boca y escupi¢. con la voz ronca y los miembros doloridos. y Cal¡gula. que hab¡a sido informado de estos comentanos. Y es que Cal¡gula hab¡a llegado a la conc¡nsi¢n de que la lealtad para con el emperador ten¡a que estar por encima de cualquier otro sentimiento humano. una jarra de vino. ¨Acaso el pr¡ncipe debe saltarse una resoluci¢n de los . Este fulgor irrir¢ a Cal¡gula. con un sabor a cloaca en la boca. Alarg¢ la mano para tomar la campanilla de plata. ®El cuerpo humano se rebela contra los placeres en cuanto se le dan en demasia®. Al d¡a siguienre.hab¡a hecho comentarios despectivos sobre la dignidad imperial en general. ¨Por qu‚ su gemelo divino no le hab¡a dotado con fuerzas mayores? Un banquete. ®Tambi‚n t£ est s muerto -pens¢ Cal¡gula maliciosamente-. El sonido apenas perceptible provoc¢ la aparici¢n de su criado. Cal¡gula invit¢ a los supervivientes de su familia -la esposa y madre de los ejecutados. El criado interpret¢ mal la indicaci¢n y descorri¢ las cortinas. y al emperador no se le pas¢ por alto que el hijo superviviente ten¡a que hacer grandes esfuerzos por reprimir su odio. los aplic¢ a su persona. y tampoco desaparec¡a de su boca el sabor a carro¤a. se le permitiera preceder a su padre y poner antes que ‚l su cabeza bajo el hacha del verdugo. los consol¢ por la p‚rdida que hab¡an sufrido e hizo unas cuantas bromas para hacerlos re¡r. Y eso a pesar de que la de la noche anterior hab¡a sido una velada relativamente divertida. Cal¡gula se¤al¢ furioso la cortina. El hombre fue condenado a muerte inmediatamente. Pero sus invitados permanec¡an sentados con rostros petrificados. apenas com¡an ni beb¡an. pero su mano temblorosa la ech¢ por tierra. y ya empezaba a vengarse ese recalcitrante pedazo de carne: con dolores de cabeza y de est¢mago.Cal¡gula se despert¢ ba¤ado en sudor y con dolor de cabeza. lo cual no fue ¢bice para que cuando su hijo mayor protest¢ contra esta sentencia. En su boca anidaba un sabor putrefacto como si hubiera comido carro¤a. El dolor martilleaba sordamente su cabeza.

Llevaba ya dos d¡as en estado de 276 277 1 abstinencia sexual. por las vestales. tuvieron que levantar sus copas a la salud de los dos c¢nsules. Y as¡. Valerio Asi tico estaba entre los invitados. que se escond¡a tras las espaldas de su esposo. pero la creciente embriaguez se lo impidi¢. Despu‚s alcanz¢ tal grado de embriaguez que sus recuerdos se le borraban de la mente. una de las hermanas del ejecutado solt¢ una risita. porque se dio cuenta de que ella hacia todo lo posible por pasar inadvertida. Su esposo hizo . a algunos nobles romanos con fama de tener esposas especialmente bellas. por las hermanas del emperador. Volvi¢ a enmudecer en el acto cuando su madre le dirigi¢ una mirada llena de aflicci¢n. pues. porque no era capaz de decidir a cu l de las muchas entrepiernas deb¡a hacer feliz su falo. Desde la esclava de doce a¤os hasta la noble matrona. intenraba¡¡ colocarse en un primer plano y hac¡an todo lo posible por despertar su atenci¢n. al fin. Claudio tartamudeaba lastimosamente. Fue poco despu‚s de su regreso de Sicilia. como a un esclavo instruido. ®Todav¡a estoy a tiempo de hacerlo¯. su intenci¢n hab¡a sido llevarse a la cama a la m s guapa de las dos hermanas. Otras. Drusila se hab¡a convertido definitivamente en Panrea. -Al final he conseguido hacer re¡r a alguien! -dijo con voz triunfante. hombre conocido por su riqueza. qui‚n se esconde y no quiere permitir al emperador que disfrute vi‚ndola. Cal¡gula se levant¢ e hizo salir a Valeria. Las pod¡a tener a todas. y Cal¡gula sinti¢ que se apoderaban de ‚l unas inmensas ganas de estar con una mujer. Su esposa ejerc¡a la m xima atracci¢n sobre Cal¡gula. pero Cal¡gula se puso a aplaudir. mira. Consider¢ indigno acostarse con la primera esclava. por el bobo de Claudio C‚sar y una y otra vez por ‚l mismo. le dirig¡an miradas l nguidas. y sinti¢ que la sangre se le agolpaba en las ingles. en cambio. Cal¡gula lo hizo buscar. por sus chistes ingeniosos y por su falta absoluta de ambici¢n. pens¢ Cal¡gula. Como Claudio se encontraba en Roma.padres venerables? ~Seria contrario a la tradici¢n! Aunque no quer¡an comer. a todas! No pudo reprimir una carcajada al pensar en los rostros desconcertados de ciertos senores. las f‚minas romanas s¢lo estaban esperando una se¤al de su mano. los pod¡a obligar a beber. y. En realidad. As¡ podr¡a elegir tranquilamente. En esta ocasi¢n. -Mira. Invit¢. el emperador Cayo Augusto. lo present¢ a sus invitados y le hizo recitar versos griegos. despu‚s por los dioses en el Olimpo. Valeria se sonroj¢ hasta las orejas y baj¢ la cabeza. Pero en este d¡a quer¡a hacer feliz a la esposa de su amigo Valerio Asi tico.

El.. disculp ndose. En el inmenso palacio de Cal¡gula hab¡a dos piscinas: una se encontraba al aire libre y se usaba s¢lo en verano. Te queda mucho por aprender! Animado por estos agradables recuerdos. la cuidada y elegante cortesana. Calixto reprimi¢ un suspiro. Cal¡gula levant¢ la colcha de seda y salt¢ de la cama. -Descorrer las cortinas! ¨Est caliente el ba¤o? Que venga Calixto! El criado not¢ el buen humor del emperador y arriesg¢ una t¡mida sonrisa. le tendi¢ a Cal¡gula algunos rollos de pergamino. la acompa¤¢ de vuelta al triclinio. Augusto! Se trata de algunas importantes resoluciones. -~Te la devuelvo. que jam s olvidaba un nombre. Hac¡a tiempo que hab¡a tomado su ba¤o. R¡gida y fr¡a yac¡a inm¢vil bajo su cuerpo. se inclin¢ y. Ella estaba presente cuando se apoder¢ de ‚l la enfermedad sagrada. -Todo est preparado. diciendo: r -El emperador recompensa incluso los malos servicios! Aunque s¢lo con monedas de cobre. ®Suerte para ‚l -pens¢ Cal¡gula-. no dijo ni una palabra y esper¢ a ver qu‚ iba a ocurrir. Calixto. pero ahora no le quedaba m s remedio que hacerlo otra vez. pero el bueno de Valerio me conoce y sabe hasta d¢nde puede llegar. sus ojos verdosos y su brillante cabello casta¤o. En aquel mismo instante entr¢ el secretario. ¨De qu‚ sirve un rostro hermoso si la entrepierna es tan fr¡a y r¡gida como la de una muerta? Las caras turbadas de los dem s divirtieron tanto a Cal¡gula que mand¢ a un criado a buscar una bolsita llena de sestercios. Se la ech¢ en el regazo a la mujer de la que hab¡a abusado. Cal¡gula no -~disfrur¢ en absoluto. Le dio un empell¢n hasta que qued¢ de pie al lado de su esposo. Y no la hab¡a tocado nunca. recordaba muy bien su figura esbelta y noble. La joven patricia era hermosa. seguro que necesitas un ba¤o.. furioso y decepcionado. Bostez¢ a placer y agarr¢ la campanilla. Cuando encima se ech¢ a llorar como si le hubiera pegado. Valerio! Es hora de que le ense¤es a complacer aun hombre. pues no vales ni oro ni plata. fue testigo de este importante acontecimiento. Calixto ya estaba esperando que re despertaras. -Ave. Esas no se quedan petrificadas ni de miedo ni de respero y hacen bailar tan alegremente el trasero que es un verdadero placer. Hay algo cierto cuando se dice de las prostitutas que son las mejores amantes. ahora no! Acomp ¤ame a las termas. para la ‚poca m s fr¡a del a¤o se dispon¡a de otra m s peque¤a que se calentaba m s deprisa y a . -No.¯ Luego llev¢ a la mujer recalcitrante a un aposento contiguo. Entonces se acord¢ de Piralis. querida. pero se comporr¢ como una de las virgenes vestales.como si aquello fuera la cosa m s natural del mundo.

de todo hay en abundancia. ni con absolutamente nada. ni con animales.. -Osos. tigres. a participar en el derrocamiento. pues con solo que hubiera entre ellos un cobarde o un ambicioso podr¡a traicionarlos y estropearlo todo. Calixto. lobos. No hab¡a conseguido ponerse de acuerdo con Ger£lico sobre el lugar donde deber¡a realizarse el atentado. el pueblo espera de mi que organice unos juegos circenses. Y tambi‚n L‚pido ten¡a motivos de peso para dejar de momento en suspenso la cuesti¢n de la fecha. -¨Y comida para las bestias? ¨Carne humana? -Las c rceles est n llenas a rebosar. ¨Se dispone de suficiente material? Calixto acarici¢ su cuerpo rollizo. o lo m s para una representaci¢n. cuyos hijos o padres hab¡an acabado en las Gemonias desnudos y decapitados. pero hab¡a que elegirlos con mucho tiento. camorristas. Siempre despiertan en mi la sospecha de que o est n enfermos o son taca¤os. -A esos les haremos un bien. usureros. Cal¡gula se ri¢ placenteramente. No tenemos necesidad de ahorrar.. al mando de las legiones situadas en la Germania inferior. Se pod¡a esperar con toda seguridad que la creciente obsesi¢n asesina de Cal¡gula le ocasionar¡a nuevas enemistades exasperadas.la que se descend¡a desde la alcoba o cubiculum por una escalera de caracol. Aunque los condenados a muerte no ser n suficientes. presa de odio. El legado no quiso hacerlo porque antes quer¡a intentar ganar para la conspiraci¢n a su suegro Apronio. Ninguno de los dos quiso fijar tampoco una fecha determinada.. y se sent¡an animados por un solo deseo: vengarse de Cal¡gula. -No me gusta la gente delgada -dijo Calixto-. ni con seres humanos. Se trataba de formar con estos hombres un circulo de conspiradores. Quer¡a intentar acercarse de nuevo al emperador. Ponles una espada en las manos y d‚jalos luchar. 278 279 1 -El verano ha terminado. con los otros no se pierde nada. Los dem s son peque¤os rateros. emitiendo unos gru¤idos placenteros. Emilio L‚pido regres¢ a Roma euf¢rico. El emperador se ech¢ a re¡r y dijo: -~O ambas cosas! Desliz¢ su cuerpo peludo e hinchado en el agua. leones. elefantes. Roma parece un enorme vientre que est pariendo d¡a tras d¡a cientos de nuevos tunantes. Quienes sobrevivan ser n libres. -Estamos engordando -dijo Cal¡gula cuando se desprendieron de sus ropas y se metieron despacio en el agua caliente. Para si mismo L‚pido hab¡a planeado una estrategia especial. ganarse su confian- . pero consideraba un ‚xito decisivo la incondicional disponibilidad del legado. Ahora hab¡a ya muchos romanos..

Desde que tiene amistad con S‚neca reme por su vida. sin intuir nada. Cal¡gula se mostr¢ accesible. pero ahora pienso que realmente cree serlo. y era un maestro en el fingimiento. igual que los dioses. cuando hab¡a ya dado ¢rdenes a los esbirros para que acabasen con ‚l. Bajo nombre falso alquil¢ un piso aparrado. era su manera de enfocar las cosas. para refugiarse en ‚l al menor indicio de peligro. acercarse todo lo que fuese posible. sino a capricho. pero jam s. Al r d¡a siguiente se repon¡an conjuntamente en las termas. Y Cal¡gula daba una justificaci¢n para su forma de actuar. Pod¡a ocurrirle lo que a un miembro de este circulo de amigos. y se hab¡an convertido en cenizas no pocos que. Dec¡a que correspond¡a a la forma de ser de los dioses. A veces casi me da pena. para poder sacar las conclusiones pertinentes de sus comentarios o de sus insinuaciones. hab¡an estado participando en comilonas con ‚l hasta el £ltimo momento. tras una noche de borrachera conjunra. -Son palabras claras -dijo L‚pido satisfecho-. ¨hablaste con Livila? Agripina asinti¢: -La he tanteado con cuidado. ma¤ana mismo o dentro de una hora.¯ En la medida de lo posible hab¡a tomado sus precauciones. Por cierto. Su bello y altivo rostro se encendi¢ de ira: -~Esr loco! Durante un tiempo pens‚ que s¢lo interpretaba el papel de dios. y continn¢ su anterior vida licenciosa.za como amigo y confidente. ¨Cu l es la actitud de Claudio? ¨Lo conoces bien? . Ahora Cal¡gula ya no tiene apoyo en su familia. Me dijo que si alguien se convierte en un peligro p£blico. L‚pido inform¢ a Agripina de estas palabras de Cal¡gula. estamos obligados a neurralizarlo. Cal¡gula hab¡a hecho ver hasta el final que ese hombre era para ‚l un querido amigo e incluso le hab¡a gritado desde lejos: ®Hasta ma¤ana!¯. Segu¡an con vida hombres a los que meses antes hab¡a vaticinado su muerte inmediata. aunque sea un hermano. L‚pido se encoleriz¢: -¨Tener compasi¢n de este asesino? Ese hombre se est convirtiendo en verdugo de todo el patriciado romano. volvi¢ a acoger a L‚pido en su circulo m s ¡ntimo. sino que act£an seg£n les viene en gana o seg£n razones m s elevadas a las que los humanos no tienen acceso. ®Esto tambi‚n me puede ocurrir a mi -pens¢ L‚pido-. De nuevo hubo interminables borracheras y correr¡as por los lupanares de Roma. Los dioses no anunciaban sus decisiones. Esta actitud despert¢ su prudencia y desconfianza. iban a las carreras de caballos y a las representaciones teatrales. Cal¡gula no dejaba respirar a los que le rodeaban. ®Si la diosa Fortuna oj£pirer no anuncian previamente sus decisiones. que volvi¢ confiado a su casa y all¡ lo detuvo un pelot¢n de pretorianos. Cal¡gula lo odia y busca un pretexto para eliminarlo.jam s el emperador hablaba de las cosas que hubieran interesado vivamente a L‚pido. Yno asesina siguiendo un sistema. no rengo por qu‚ hacerlo yo¯.

Algunos dudan a£n y se dir n entonces: si son cientos los que est n contra ‚l. Esta gente se vende por unos denarios. pens¢ L‚pido. En caso de duda est . pues Cal¡gula lo provoca y humilla de una manera que a otro va le habr¡a llevado al suicidio. lo hab¡a dejado sin terminar. De ‚l ni nos amenaza ning£n peligro ni podemos esperar ayuda. desgraciadamente. Pensando en esto no s‚ qu‚ es mejor: si mantener el c¡rculo de los conspiradores lo m s reducido posible para descartar semejante peligro o si extenderlo al m ximo para dar a todos una sensaci¢n de seguridad. -Si tu padre se hubiera convertido en emperador. No quiero que te ocurra nada. Cuanto mas semejante a un dios se crea. Nc obstante. Agripina. neg¢ con la cabeza: -No debemos contar con esto. querido. sino en lo que ser . Tal vez salga alg£n d¡a a la calle porque los otros dioses le hayan susurrado al o¡do que se ha convertido en inmortal. Es un buen conocedor de los humanos. y su recelo. como Augusto decidi¢ y esperaba. en lo que tiene que ser! Fortuna no es amiga de los vacilantes y dudo- . con cada una de sus ®bromas'<. Con cada una de sus infames sentencias. L‚pido tom¢ la mano de Agripina y conrempl¢ el camafeo con la imagen de German¡co. no quiero exc¡n¡rme. Cuando llegues a ser emperador. Cuando consideraba a alguien especialmente corro de luces sol¡a decir: "Ese es a£n m s tonto que mi hijo Claudio¯.280 281 1 Agripina esboz¢ una sonrisa ir¢nica. ®Porque entonces tambi‚n tus planes se ver¡an truicados¯. -As¡ que nuestros planes tienen posibilidades. siempre despierto. pero lo que expres¢ fue: -Lo que necesitamos ahora es paciencia. -Ambas posibilidades tienen sus ventajas. esc‚ptica. ¨Sabes lo que su propia madre dijo de ‚l? Que la naturaleza lo hab¡a comenzado pero que. -El bueno de r¡o Claudio. no tendr¡amos ahora que arriesgar nuestras vidas para eliminar a su reto¤o enfermo. de nuestra parte. queda un factor de inseguridad: puede ocurrir que alguie¡ se una a nosotros. Hay que tener cuidado con los que dicen: estoy con vosotros si me dais dinero o un cargo o si se me incluye en la lista de los notables. yo aconsejar¡a limitar los c¢mplices a una docena como m ximo ~a hacer participes de nuestros planes s¢lo a gente que sea totalmente fiable. -No pienses en lo que hubiera podido ser. y con esto le haces el m ximo favor. naturalmente. No obstante. m s imprudente se volver . lo han convertido en un ser obsesivamente prudente. aumenta el n£mero de adversarios como las cabezas de la hidra. Ahora suelves a estar cerca de ‚l. y su desconfianza patol¢gica. a menudo morrales. Nuestro mayor error seria subestimarlo. Entonces lo tendremos f cil. m¡ralo detenidamente! Te dar s cuenta de que su buena memoria y su aguda inteligencia no se han visto mermadas por s¡ locura. que despu‚s le entre el miedo y nos traicione. El trabajo principal lo har nuestro Cal¡gula por si solo. te limitas sencillamente a desrerrarlo a su casa de campo. presa de odio y de rabia.

Mi orden a la legi¢n und‚cima es la siguiente: la comisi¢n enviada desde Roma tiene que ser apoyada. Pero. Lo m s sencillo hubiera sido encontrarse con ella despu‚s de la hora en que finalizaba su servicio. Iban a encontrarse en el templo de Artemisa. Mand¢ a su mozo Marino a buscar una jarra de vino. protegida y vigilada en el cumplimiento de su misi¢n. hasta casi acabar lajarra. algo se interpuso. ¨Consideras sensato despojar de sus santuarios a una ciudad que mantiene con Roma lazos de profunda amistad? ¨Es que en Roma no existen suficientes estatuas de J£piter o escultores que puedan esculpir¡as? El viejo legado carraspe¢ azorado: -Lamentablemente no podemos someter a discusi¢n lo que yo considere sensato o improcedente. legado. y Sabino not¢ en su propia carne que en Roma hab¡a un emperador cuya locura y voluntad llegaba hasta las provincias m s lejanas. y no nos corresponde a nosotros discutir sobre estos motivos. As¡. Esto significa prohibici¢n de permisos para toda la legi¢n durante los pr¢ximos diez d¡as. entonces. El emperador tendr sus motivos para dar una orden semejante. Por orden de nuestro ven erado emperador CayoJulio C‚sar Augusto Germ nico. A Cornelio Sabino le resultaba dificil sincronizar con Helena sus d¡as libres. me acaba de llegar una disposici¢n de Roma. pero nadie escuch¢ con atenci¢n. Con letra temblorosa le comunic¢ que un acontecimiento imprevisto le imped¡a . como la primera vez. Ni siquiera los dioses serian capaces de cambiar algo que ya ha sido. pero a ella le resultaba imposible abandonar la casa por la noche sin despertar sospechas. Luego bebi¢ una copa tras otra. cerr¢ la puerta y maldijo primero profusamente al emperador y sus ¢rdenes demenciales. El legado hizo llamar a todos los tribunos de la legi¢n und‚cima y les anunci¢: -Compa¤eros. el futuro est en nuestras manos. L‚pido. Se ocupar n de ello nuestros dos tribunos m s j¢venes. Los dem s permaneceremos a disposici¢n de quien nos necesite. El tribuno con m s anrig£edad pidi¢ la palabra: -Perdona. Luego sigui¢ una enumeraci¢n de las localidades. 282 283 con dos centuriones y un man¡pulo cada uno. y Sabino esperaba anhelante este d¡a como un escolar el inicio de las vacaciones. se¤ores! 1 Fue un golpe duro para Sabino. en Efeso se deber n desalojar las estatuas del diosJ£piter de los siguientes templos e instalaciones p£blicas y enviarlas por barco a Roma.sos o de los que a¤oran el pasado. y fue entonces cuando se acord¢ de que tendr¡a que informar a Helena de la nueva situaci¢n. Esto es todo. se cruzaron algunas cartas hasta que encontraron un d¡a adecuado. que formule algunas preguntas sobre esa disposici¢n. Recibimos una orden y la cumplimos. Pero el futuro.

Para sacar de all¡ a aquella figura de tama¤o colosal no s¢lo habr¡a sido necesario derribar el santuario donde se encontraba la estatua. Sabino form¢ con sus legionarios un baluarte y pidi¢ a los dioses que Helena no fuera testigo casual de su inrervencion.Maldiro sea. furioso. De la multitud surgieron exclamaciones insolentes y agresivas: -Todo el mundo sabe que Roma roba a sus provincias. Pese a ser mujer. . desgraciado. habr que aplazar el asunto y pedir a Roma ¢rdenes m s precisas. y de esta manera s¢lo ‚l ser¡a el perj£dicado. Realmente la misi¢n no resultaba nada agradable. que a veces sol¡a resultar bastante eficaz. ni ‚l mismo lograba comprenderlo! ¨Qu‚ le importaban a ‚l las estatuas de J£piter? ¨Por qu‚ ten¡a que apoyar este saqueo espada en mano? ®Porque eres tribuno de la legi¢n und‚cima¯..> Pos¢ en la mesa la pluma. despu‚s rob is los dioses! Sabino no les presr¢ atenci¢n. Cuando aparecieron. pero en su fuero interno daba la raz¢n a aquella gente. Ten¡a que hacer un esfuerzo! Tambi‚n se castigaba a los tribunos insumisos.acudir a la cita. Largaos. y los trabajadores empezaron a rodear con cuerdas la estatua de Zeus. cuya entrada estaba ornada con estatuas especialmente hermosas de Zeus y de Hera. hab¡a llegado el pesado carro tirado por doce bueyes. no hay nada que hacer. que habr¡a resultado in£til y peligrosa. sino secreta. -Si la orden imperial no menciona nada sobre el derribo de templos. decidieron pedir consejo a Sabino. en el centro de la ciudad. desesperado. Mientras tanto. Los comisionados deliberaron largamente sin llegar a ninguna soluci¢n. cuya veneradisima estatua sedente del padre de los dioses planre¢ a la comisi¢n un problema insoluble. . En feso corri¢ con rapidez la voz sobre las intenciones del emperador y empez¢ a aflorar un movimiento de resistencia. Todos le dieron la raz¢n. 284 r edificio donde se conservaban los penates p£blicos.. Hizo que sus hombres alejaran al gent¡o del gora. no una resistencia directa. El primer lugar en la lista lo ocupaba el venerable templo de Zeus. y siguieron camino hacia el Pritaneo. se contest¢ Cornelio Sabino a si mismo. ®Se trata de una orden que viene de lo m s alto. ten¡a que comprender que las ¢rdenes eran ¢rdenes.. Naturalmente. Me siento triste. Finalmente. querida. Primero nos rob is a nosotros. pero dio la orden expresa de no desenvainar las espadas. pero ¨tambi‚n nos vais a robar los dioses? -. se form¢ inmediatamente una aglomeraci¢n de gente. romanos de mierda! -. d¡ficil de descubrir. sino incluso una parre del templo.

junto a muchas otras estatuas de dioses. El jefe de la comisi¢n. se pretend¡a saquear o. mientras que sus hermanos Poseid¢n y Hades segu¡an en sus puestos. y muchos tem¡an la ira de la diosa si se permit¡a que su templo fuera expoliado por extranos.volvieron a surgir extra¤as dificultades. empez¢ a blasfemar y sali¢ corriendo hacia la casa del sacerdote enfermo y lo amenaz¢ con acusarle de un delito de lesa majestad. Sabino deliber¢ con el otro tribuno x' con el jefe de la comisi¢n. y la comisi¢n se rerir¢. El. En el siguiente templo -se trataba de un peque¤o santuario de Poseid¢n. del mar y del submundo infernal. con aprobaci¢n del legado. No obstante. La noticia no era otra que. como es bien sabido. a£n joven. se hab¡a hecho de noche. con ayuda de legionarios romanos. los se¤ores del cielo y de la tierra. a rerirarse y hallaron en el legado pleno apoyo a . Sabino mand¢ derribar la pesada puerta de bronce que daba a la celia. hija de un tit n. hab¡a engendrado a los gemelos Artemisa y Apolo con Latona. El otro tribuno dijo que. tambi‚n hab¡a. Pero su m‚dico y sus criados juraron que no hab¡a abandonado la cama desde hacia d¡as. flanqueado por sus hermanos Zeus y Hades. al menos. en el mundialmente famoso templo de Artemisa. y su sustituto estaba enfermo en cama y no sabia nada de nada. Entretanto. El sumo sacerdote se encontraba de viaje. en definitiva. profanar el popular templo. no quer¡a asumir la responsabilidad de un ba¤o de sangre. En la celia se hallaba la imagen del barbudo dios del mar. y no s¢lo a aquellos que viv¡an del templo. Como patrona de Efeso. pues. A la ma¤ana siguiente. Esta noticia afecr¢ a los habitantes de la grande y rica ciudad en lo m s profundo de su al ma. y nadie sabia d¢nde estaba la llave de la celia.Pasaron horas hasta que el marm¢reo padre de los dioses qued¢ colocado cuidadosamente en un lecho de paja y el carro de bueyes descendi¢ con estr‚pito bajo la amenaza constante de la aguijada en direcci¢n al puerto. no estaban en guerra contra Efeso y que no har¡a nada sin orden expresa de llegar a las estatuas pasando sobre una alfombra de cad veres. Artemisa era venerada y respetada por rodos. Entraron en el recinto en penumbra. encendieron antorchas y comprobaron que el z¢calo de la estatua de Zeus estaba vacio. como dec¡an los habitantes de Efeso. algunas de Zeus que. la tarea m s delicada quedaba a£n por hacer. un alto funcionario. Miles de personas rodearon el templo formando una muralla viviente con intenci¢n de no ceder ante el uso de las armas y se enfrentaron a los ciento cincuenta legionarios. En el mayor santuario de la ciudad. Volvieron. 285 L La noticia se extendi¢ como la p¢lvora. El templo s¢lo estaba abierto en d¡as festivos. Pero no tuvo que pens rselo mucho.

-Ir‚ a ver. coloc¢ la cama en un rinc¢n oscuro para que no llamara tanto la atenci¢n. Oc£pare. Un po¡¡o se asa de prisa. fruta y asado fr¡o. Estoy convencido de que hemos actuado de acuerdo con sus deseos. Todas hab¡an sido acu¤adas a£n en ‚poca de Tiberio. Vino hay en abundancia. Sabino asinti¢. a ver. acerc¢ la mesa m s a la ventana y calz¢ con una moneda de cobre una pata de la que cojeaba. y se puso en seguida en camino hacia aquella estancia alquilada. Al fin. a quien. quiero flores en la habitaci¢n! Algo habr florecido ya en tu jard¡n.. -Para ma¤ana espero una visita. cuyo perfil severo adornaba las monedas de plata. Inmediatamente. Estas palabras s¢lo demostraban lo mal que el legado conoc¡a a su emperador. Y otra cosa. envi¢ una misiva a Helena y aquel mismo d¡a recibi¢ una respuesta afirmativa. El propietario hab¡a limpiado y adecentado la habitaci¢n. le dieron una semana de permiso especial por su comportamiento valeroso y sensato. -Depende de lo que quieras. 1 -Pero si podr¡a esperar al menos que una silla no se desmorone con s¢lo rozarla. fruta y nueces. El alto funcionario pronunci¢ unas amenazas vagas que. el camino de regreso con un bot¡n muy exiguo. en cuyas laderas aterrazadas se cultivaba la vid. como ya le hab¡a ocurrido la primera vez. si‚ntare ah¡. pero Sabino cambi¢ algunos muebles. Sabino sonri¢ y sac¢ la bolsita con los veinte denarios. me lo tienes que pagar aparte. El otro tom¢ la silla sin mediar palabra y se la llev¢.. de nuevo. hasta la peque¤a lona en forma de cono. El legado dijo: -No creo que el emperador sea tan insensato como para aprobar un ba¤o de sangre en Efeso por unas cuantas estatuas. -Aqu¡ tienes la silla! Espero que ahora est‚s contento. Sabino se¤al¢ uno de los dos taburetes. causaron poca impresi¢n. Vaci¢ su contenido sobre la mesa y se sent¢. ®Toda moneda tiene sus dos caras~>.. pues. por cierto. vino. de que haya pan. -No espero que me regales nada. le encanr¢ la vista sobre el prado verde acotado por arbustos. y sin necesidad de solicirarlo. tambi‚n hay conejos. tienes que avisar antes. Si quieres carne. queso. tambi‚n puedo darte pan. Supongo que ese dinero es para mi. -¨Puedes suministrar tambi‚n vino y comidas? El hombre se encogi¢ de hombros. -Tampoco los pido.su decisi¢n.. no obstante. -Por veintid¢s denarios por medio a¤o no puedes esperar m s lujos -dijo. La comisi¢n romana tuvo que emprender. -Por supuesto. pues. Sabino fue a la ventana y.. admiraba sinceramente.. El propietario de la casa lo observaba con aire malhumorado. pens¢ satisfecho. Sabino pudo respirar aliviado. donde . Sabino pas¢ el resto del d¡a en las instalaciones del templo.

En la celia se colocar una estatua de tama¤o natural. que me adore. -Lo imagino as¡ -explic¢ Cal¡gula a Calixto. Todos trabajaban seg£n un modelo que Cal¡gula hab¡a aprobado personalmente. Para ello hubo que derribar algunos edificios antiguos al norte de la colina palatina para crear un acceso desde el Foro. Para los escultores romanos se inici¢ una ‚poca urea. Has vuelto a acertar. Si me permites una sugerencia. ¨Qu‚ re parece J£piter G‚mino? Calixto carraspe¢. Las m s hermosas de ellas serian colocadas en un templo con el que pensaba obsequiar a <~sus romanos¯. 286 287 Cal¡gula se ocup¢ personalmente de la colocaci¢n de las estatuas. En todos los talleres los artistas cincelaban. Neptuno. Cronos o Heracles y llegaron a Roma como J£piter. como J£piter Tonante. que llevar mis rasgos. J£piter existe con diversas advocaciones: como J£piter àptimo M ximo. quiero que el pueblo me venere como J£piter Lariaris. El templo tendr su propio colegio sacerdotal que ser financiado por donativos voluntarios. En su patria griega hab¡an sido veneradas como Zeus. Como sabemos. con tu discernimiento y tu perspicacia. Desde todas las provincias del Imperio llegaban barcos con las expoliadas estatuas de los dioses. que escuchaba respetuosamente-. pul¡an y fund¡an d¡a y noche para colocar en cientos de estatuas de m rmol y de bronce la cabeza del emperador. Pero tendremos que encontrar un nombre adecuado. pero me temo que el pueblo no entender una relaci¢n tan profunda. Muchas fueron cargadas en barcazas y llevadas por el T¡ber hasta Roma.como el divino Cayo Augusto. pero se trataba siempre de trabajos elegidos por su belleza. ~Gemelo deJ£pire¡'? Suena muy bien y corresponde a la realidad. del dios que le es familiar al pueblo romano. En el transcurso de su viaje todas las estatuas sufrieron una extra¤a metamorfosis. Por la noche prob¢ el vino de su patr¢n y lo encontr¢ bastante aceptable. Poseid¢n. ¨por qu‚ no adoptas el nombre deJ£pirer Latiaris? Se tratar¡a del ®J£piter latino¯. y no se necesitan largas explicaciones. -J£piter Latiaris -repiti¢ Cal¡gula pensariyo-.el tiempo se le pas¢ volando. Todo estaba. pues. de oro puro. Yo optar¡a por una denominaci¢n m s gen‚rica y m s f cil de comprender. este rostro apenas se parec¡a . preparado para la visita de Helena. Sin embargo. Todo el mundo sabe a lo que se quiere hacer referencia. Saturno y H‚rcules para despu‚s resucitar todas -desprovistas de sus cabezas. como J£piter Fulgor o lanzador de rayos. pues no dejaba de contemplar el animado traj¡n. Tambi‚n hab¡a im genes de otros dioses o h‚roes. que me ofrezca sacrificios. S¡. Para una estatua de J£piter procedente de Atenas no se encontr¢ ning£n barco adecuado y se construy¢ expresamente un largo carro de bueyes de diecis‚is ruedas que llev¢ la figura de diez varas de alto a paso de tortuga hasta Roma.

fabricadas en serie. patricio. Ahora. y la fina boca de gesto forzado resultaba m s llena y m s noble. es decir ante el Foro de Augusto. -Medio a¤o. Yo creo que no deber¡amos esperar tanto. vigilaban el hip¢dromo y el circo y adornaban las termas p£blicas. quien peor se comporra es el Senado. y s¢lo mantuvo en su sirio las del divino Augusto que se encontraban en lugares relacionados con su nombre. lo s‚ de fuente fidedigna. -Hazlo pasar! El mensajero se inclin¢ y dijo con respiraci¢n entrecortada: -El emperador quiere verte inmediatamente. en medio a¤o pueden cambiar muchas cosas. L‚pido le acarici¢ el brazo. pero tendr que pasar alg£n tiempo hasta que estas nuevas medidas surtan efecto. y jalonaba la V¡a Sacra desde el templo de Roma hasta el arco de Augusto.ya al Cal¡gula viviente. Entretanto. Casi a diario se discuten nuevas instancias para ver qu‚ otros t¡tulos y honores se le pueden rendir. Las estatuas de sus predecesores iban desapareciendo poco a poco de la ciudad. sus recursos financieros esran agotados y tiene que explotar otros nuevos para sus desmesurados (lespilfarros. Desconcierta al pueblo con su pretendida divinidad. y pronto se cansar n de este desmesurado narcisismo. querida.. El a¤o que viene. vigilaba en tama¤o colosal la Curia. por m s estatuas suyas que coloque en todas las letrinas. pero los romanos tienen los pies en la tierra. -Te veo muy confiado -dijo Agripina-. Cal¡gula se arruina a si mismo -dijo a Agripina una tarde en que hab¡a ido a verla-. Las figuras de calidad inferior. En ‚l no hab¡a ni rastro de la progresiva calvicie. se¤ora. se distribuyeron en los barrios m s pobres de la ciudad. Como siempre. es decir. -Con esto. pero un mensajero del emperador quiere hablar con Emilio L‚pido. Cal¡gula sol¡a decir: -A quien no lleva a Augusto en el coraz¢n tampoco le ayudar la imagen suya en bronce o piedra. Entr¢ el mayordomo. dentro de dos meses. Fuera est . ante el mausoleo de Augusto y ante su antigua residencia. Cal¡gula hab¡a hecho retirar las estatuas de Tiberio inmediatamente despu‚s de tomar posesi¢n de su cargo. entrar n en vigor las nuevas disposiciones que nos acercaran notablemente a nnestro objetivo. Emilio L‚pido observaba con satisfacci¢n la evoluci¢n de los acontecimientos. A un emperador que aumenta los impuestos. -Perdona. este divinizado Cal¡gula observaba desde los templos y las instalaciones p£blicas al pueblo romano. los ojos grandes y fijos miraban con majestuosa serenidad hacia divinas lejan¡as. No debemos arriesgar el ‚xito de la empresa con nuestra impaciencia. el pueblo lo odiar .. de modo que todo senador que entraba ve¡a primero al emperador.

como lluvia dorada y tambi‚n como figura humana. -Entonces recomendaste el buen vino que sirven all¡. la coimozco tan bien como tu. Cal¡gula movi¢ la cabeza con un gesto de asombro. luego se pusieron los dos en marcha.. A Como si yo tuviera imecesidad de esto! Un dios en un lupanar! ~<U¡¡ dios -pens¢ L‚pido lleno de odio-.D¢nde est Piralis? -pregunt¢ Cal¡gula impaciente. Sabia que esto no era posible. L‚pido se disculp¢ profusamente.. Desde que se hab¡a embarcado en la conspiraci¢n no se presentaba ante Cal¡gula tan despreocupadamente sino que luchaba coja el absurdo temor de que aquellos ojos g‚lidos pudieran ver en su interior y descubrir all¡ la traici¢n. L‚pido! -lo recibi¢ Cal¡gula de buen humor-. como cisne. -Es una idea tiiscinanre. ¨Deseas que mande a buscarla? .. L‚pido. A cu ntas mujeres mortales hizo tel¡zJ£pirer bajo las m s variadas apariencias: como toro. Hoy me he pasado toda La tarde durmiendo. -Es una mujer libre y viene cuando le parece. como s tiro. Podr¡amos reavivar viejos recuerdos y empezar de nuevo donde terminamos el a¤o pasado: en el lupanar que est junto al Circo M ximo. ¨te acuerdas de nuestras juergas? L‚pido evit¢ la mirada de Cal¡gula y se oblig¢ a demostrar entusiasmo. atormentado por sus temores y su desconfianza. -No tienes necesidad de darme una lecci¢n de mitolog¡a. L‚pido ocult¢ su sobresalto. se 288 289 ocultaba un ser humano alevoso. bell¡simas las muchachas. sabia que. Como en los viejos tiempos. mi emperador. algo que lo elevaba muy por encima de todos los dem s y que le conferia facultades y propiedades que no pose¡a. un ser humano que de noche apenas pod¡a conciliar el sue¤o. los vinos eran deliciosos. -Y las selectas meretrices. -Un dios desciende hasta los humanos sin ser reconocido. Cal¡gula frunci¢ el ce¤o y pos¢ sus grandes ojos fr¡os en el amigo. mi divino Caligula. pero faltaba precisamente aquella. ~..esperando ya una silla de manos. pronto ver s hasta qu‚ punto eres mortal. pero el brillo m gico de la dignidad imperial conced¡a un fulgor sobrenatural incluso a la persona m s miserable. y tengo ganas de convertir la noche en d¡a.>< Esboz¢ una sonrisa que era una prueba de devocion. aunque los seres terrenales sientan un estremecimiento cuando se acerca a ellos. -~ Sal~'e. Sabia todo esto. na(la hab¡a cambiado. que sent¡a p nico ante las tormentas y al que el aburrimiento y el hast¡o empujaban a extra¤as decisiones. tras la pretendida divinidad de Cal¡gula. En un lupanar.

®¨Por qu‚ no me reconoce ese imb‚cil? Miles de im genes m¡as labradas en m rmol y bronce adornan los templos y las calles. no dej¢ traslucir ninguna sospecha. Luego eligieron a otras muchachas. se o¡a a menudo su voz tajante y . muy buenos amigos del emperador. Anneo S‚neca volvi¢ a presentarse en el Senado. La ‚srrecha sala de altos techos carec¡a de todo ornamento. -¨El emperador? Supongo que los se¤ores estar n bromeando. un sitial de m rmol. L‚pido le gui¤¢ un ojo a Cal¡gula. Pero Cal¡gula olvid¢ que su actual aspecto no se parec¡a en nada a las estatuas idealizadas. y bebieron. para el Consejo y para otros senadores que desempe¤aban altos cargos. Todo el mundo llamaba el edificio del Senado la <'Curia Julia®. Durante el gobierno de Tiberio. y se corri¢ la voz de que a S‚neca no le quedaba mucho tiempo de vida. ni las frecuentes visitas a casa de Agripina. Somos amigos del emperador y te transmitimos una orden suya. este asiento sol¡a quedar vacio. Cal¡gula sonre¡a ir¢nicamente. parece confiar en mi igual que anres. y los senadores se sentaban en simples sillas de madera. ®Todo como en los viejos tiempos -pens¢ L‚pido-. en quien ten¡a plena confianza.. pero desde que el elocuente Cal¡gula actuaba en el Senado. estaba reservado al emperador.-No -dijo Cal¡gula sonriendo-. Cal¡gula. maestro en el fingimiento. pero dile que el emperador la espera en el Palatino. uno de los cuales presid¡a siempre el Senado. pens¢.. El engalanado due¤o del burdel vacil¢ y esboz¢ una t¡mida sonrisa. Pero su hilaridad se mezcl¢ con un leve enojo. -Somos incluso muy. 290 291 xx A principios de octubre. En la parte frontal se alzaba un podio para los dos c¢nsules. comieron y fornicaron hasta el amanecer.® Pero se equivocaba. El asiento m s elevado. En el transcurso de aquella noche trat¢ incluso a L‚pido de amigo m s querido. se¤or de las bell¡simas estrellas de la noche. y este tonto se comporta como si yo fuera un hombre cualquiera¯. -De ninguna manera. porque Julio C‚sar hab¡a restaurado y ampliado completamente el viejo edificio republicano. pues a los omnipresentes espias de Cal¡gula no les hab¡a pasado inadvertido ni su viaje al Rin ni su encuentro con Ger£lico. Su m‚dico Eusebio lo acompa¤¢ hasta la puerta de la Curia.

Mis asesores me han informado recientemente que en nuestro pa¡s sigue habiendo muchas cosas que no est n gravadas con impuestos. dicho sea sin exageraci¢n. Hay que sacudir a Roma y hacerla despertar de su inercia. bajo la que todos se encog¡an. sentados en silencio. APero no! Su ideal consiste en ir de prostitutas. porque entonces no os sent¡s tan controlados. Incluso los viejos y enfermos vinieron apoyados en sus esclavos. Al emperador le gustaba hacer esperar al Senado. pero en esta ocasion apareci¢ a£n antes de que los £ltimos hubieran ocupado sus asientos. . Y vosotros. Todo el mundo. Hoy ten go que exponer a la venerada asamblea algo importante.estridente. En el plazo de diez d¡as espero propuestas v lidas para una nueva tributaci¢n. y vuestra misi¢n es volver a llenar las arcas. con sus togas con ribetes de p£rpura y los tradicionales zapatos rojos con hebillas plateadas. afecta a la continuidad del Imperio romano. algo que. no os pierde de vista. y examin¢ con sus ojos inexpreslvos a los hombres. a ninguno de vosotros. pues una amarga experiencia hab¡a ense¤ado al Senado qr¡e el emperador recordaba cada uno de los asientos vacantes. emborracharse. Pero el emperador conoce vuestra forma de ser. no me gusta que a la nobleza romana se la vea s¢lo en el circo o en el teatro y que no recuerde sus obligaciones. En resumidas cuentas: el tesoro p£blico est agorado. tuvo que iniciar poco despu‚s el camino dif¡cil hacia la mazmorra o el pat¡bulo. contempl is tranquilamente este comportamiento! A vosotros os conviene que en Roma se imponga la indolencia. y alguno que no hab¡a querido hacer el c¢modo camino hasta la Curia. cascadas de palabras que ca¡an sobre los senadores como una granizada. bienestar y unos negocios tranquilos. su voz se abati¢ sobre ellos como rin latigazo: -Por otra parte. cuando deber¡a servir de ejemplo a la plebe con su vida frugal y laboriosa. senadores. me he dejado arrastrar excesivamente en los £ltimos meses por la generosidad que me es propia. Hizo una breve pausa efectista. que dice de Roma: Verum haec tantum alias inter caput extulil urbes. todo el mundo est obligado a contribuir a la prosperidad del Estado que lo protege y que le asegura paz. no he vacilado en sacrificarlo todo por el bienestar del pueblo y por la prosperidad de nuestra ciudad. celebrar comilonas y fiestas y no dejar que se enfrie su asiento en el teatro o en el hip¢dromo. Tambi‚n para este d¡a se hab¡a anunciado un discurso del emperador. y en beneficio del Estado quiero resucitarla. Despu‚s. ni a uno solo. tiene que recobrar la conciencia de su inmensa importancia. Otra cosa m s: desde los tiempos del divino Augusto fue una buena costumbre de hombres adinerados legar en sus testamentos su fortuna al emperador. repito. Parece que poco a poco esta costumbre se est olvidando. Leed m s a menudo a Virgilio. una preocupaci¢n que jam s desfallece. En mi preocupaci¢n por el bienestar p£blico. y ninguno de los senadores se atrevi¢ a faltar a la Curia. -Paires conseriphi~ -empez¢ Cal¡gula su discurso con voz suave y respetuosa-.

El otro lo tom¢ del brazo. hablando de las exigencias del pr¡ncipe en tono apagado y con voces bajas por el miedo y el respeto. Valerio no ocultaba su aversi¢n hacia Cal¡gula. Quien se suicidaba obedientemente y le dejaba al emperador la mitad de su patrimonio. y ahora espera que los ciudadanos romanos financien su vida crapulosa. Por lo que se ve. todo su patrimonio quedaba ¡ntegramente para el Estado. Sus absurdas francachelas le cuestan m s dinero del que le ha dejado su taca¤o t¡o.O es que ves por ah¡ a alguno de los venerables padres? -No. ahora necesito aire fresco. inclin¢ levemente la cabeza y se fue. 292 293 Tras estas palabras. pero hay espias en todas parres. S‚neca enarc¢ las cejas y esboz¢ una leve sonrisa. Por todas las musas. salvaba a su familia de la ruina. Las mentiras de este fantoche lamentable que se hace llamar emperador han envenenado el ambiente. Fueron paseando hasta el Vi cus Lugaris. -Bien. encima ese par sito rastrero cita a nuestro Virgilio! S‚neca mir¢ a su alrededor: -Habla m s bajo. Ech¢ un vistazo a su alrededor. -Salgamos. Al lado de S‚neca permanec¡a en silencio el antiguo c¢nsul Valerio Asi tico. Y sabia que S‚neca la compart¡a. S‚neca.Quanta lenta solen¡ mier viburna eupressi. Ahora el Cal¡gula ese quiere proceder de acuerdo con esta receta. -Es para quitarme el mal sabor de boca que me ha dejado ese discurso. nuestro Cal¡gula se encuentra en apuros econ¢micos. Los dos se conoc¡an bien. ** Ella que entre las ciudades ha lexan¡ado su cabeza corno li>s altos cipreses entre los d‚biles arbustos. el emperador se levant¢. . Desde este mismo momento aconsejo a todo romano acaudalado que ponga de alg£n modo su patrimonio a buen recaudo. Valerio.** * Senadores. la calle donde hab¡a un par de excelentes tabernas. Valerio pidi¢ unajarra de vino de C‚cuba y yaci¢ la taza de un trago. en voz baja. como conspiradores. no estamos solos. S‚neca echaba chispas. pues. Siento curiosidad por ver qu‚ impuestos inventan nuestros expertos. una moral a la que ‚l mismo no se atiene en absoluro®. Ya conocemos eso desde los tiempos de Tiberio con sus procesos de lesa majestad. All¡ permanec¡an reunidos los venerables padres con su calzado de p£rpura. hablemos. En el caso de los condenados y ajusticiados. ®Ese licencioso borracho y prostibulario predica para nosotros una r¡gida moral. y ante gente de su confianza. El otro se limir¢ a esbozar una sonrisa iron¡ca: -Pero nadie sabe de qui‚n estoy hablando. Y encima quiere heredar. Sus miradas se encontraron. Si .

m s all . Resultaba muy raro que a primeras horas de la ma¤ana alguien se metiera voluntariamente en . ¨o no? El criado sonr¡o con expresi¢n de no entenderle y se¤al¢ en una determinada direcci¢n. -¨Por cu nto tiempo? -pregunt¢ Valerio. Sabino se desprendi¢ de la t£nica y se meti¢ en la cuba. junto a ‚l. Espero que tu respetuoso deseo no haya llegado a su divino o¡do. 294 295 -Me llamo Sabino y soy el nuevo inquilino -se presento. un pil¢n de piedra. pero en secreto todo el mundo cree que a ‚l no le afectar . El hombre contest¢ en un dialecto apenas inteligible que aqu¡ la gente se lavaba s¢lo una vez por semana y que ese d¡a no tocaba. -Esta esperanza puede resultar enga¤osa. y. y Sabino vio a los trabajadores dispersarse con sus cestos por la colina. en el gran patio interior. Pregunt¢ a un criado d¢nde podr¡a lavarse. -Tal vez el tiempo suficiente para sobrevivirle. Ahora el sol matinal inundaba su habitaci¢n que daba al este y. algo abandonado. -QueJ£piter re oiga! -dijo Valerio. dio vueltas sobre su lecho para ofrecer todos los lados de su cuerpo al c lido y halagador abrazo del sol. sin duda. La criada descubri¢ al joven desnudo en la ventana y lo salud¢ alegremente con la mano. Al cabo de un rato. yo soy Venus -dijo Valerio ri‚ndose. Mir¢ a Sabino boquiabierta. empezaba la vendimia. All¡ se encontraba en aquellos momentos la criada dando de beber al mulo. placenteramente. En el peque¤o prado pastaban un mulo y un caballo. y se llen¢ otra copa. hizo una se¤al hacia arriba. esc‚ptico. Pero no somos demasiado ricos. -Ultimamente se cree J£piter Latiaris. A Sabino le despert¢ un rayo de sol que le ilumin¢ la cara. mientras ese aborto adiposo se gasta nuestro dinero. se levant¢ y fue a la ventana. Creo que t£ y yo somos los primeros de la lista. La criada solt¢ una risita picarona y arrastr¢ al mulo consigo. En efecto. -Pero tendr‚is un pozo. hab¡a un pozo con mecanismo de palanca y. -Si ese monstruo esJ£piter. Se lav¢ cuidadosamente de la cabeza a los pies. Disfrur¢ de la pac¡fica imagen hasta que en el prado apareci¢ una criada para llevarse al mulo. en los vi¤edos. la servidumbre se qued¢ parada y mir¢ con horrorizado asombro a aquel extra¤o. y esto tal vez nos salve la vida. S‚neca as¡ntio: -Acabas de decir lo que muchos piensan. Se ech¢ una t£nica encima y sali¢ fuera. Incluso a finales de septiembre los d¡as eran a£n tan calurosos que se hab¡a olvidado de cerrar las contraventanas. todo el Senado acabar en las Gemonias.permitimos que este hombre siga tres a¤os m s en el trono. sonriendo. S‚neca se encogi¢ de hombros: -En lo que a m¡ respecta. Sabino se ech¢ a re¡r y se rerir¢ al interior de la habitaci¢n.

el agua fr¡a. Acompa¤¢ su ofrenda con unas palabras rituales. -¨Qu‚ quieres decir? -He alquilado una peque¤a estancia en las inmediaciones del templo. incienso.a criada era de mediana edad y lo mir¢ con desconfianza. Helena llevaba velo. I. -A casa! -dijo Sabino con aire misterioso. y tuvo que emplear todas sus fuerzas para dominarse y no . ¨C¢mo iba a tener sitio un hijo en ese cuerpo? Yse alegr¢ de que aquel tres veces maldito Petr¢n no hubiera conseguido engendrar uno. Junto al templo ya hab¡a una gran animaci¢n.y ‚ste es el motivo por el que puedo venir al templo cada cuatro d¡as. Su figura esbelta estaba apoyada levemente contra el borde de m rmol. Helena lo esperaba en la fuente. y el familiar olor a carro¤a. Vendr a recogerme aqu¡ a £ltima hora de la tarde. se dirigi¢ a Sabino. hizo una leve inclinaci¢n con la cabeza dirigida a Sabino. Fueron a uno de los puestos de venta y adquirieron un saquito de incienso del que hab¡a ocho variedades distintas. y a Sabino le conmovi¢ su figura esbelta de aspecto fr gil. -Pero Helena. y.. -¨A d¢nde vamos esta vez? -pregunt¢ Helena. tras ella se hallaba una criada que miraba con curiosidad a su alrededor. se encontr¢ con el propietario de la finca. vi¤edos. Y nosotros vamos a ofrecerle ahora un sacrificio a Artemisa. Helena reparti¢ los granos de incienso en tres copas de ofrenda de las que se levant¢ inmediatamente una humareda olorosa de color gris azulado. -Todo tiene que estar listo para el mediod¡a! -Silo pagas -dijo el otro malhumorado-. volvi¢ a su habitaci¢n. sudor y carne asada recibi¢ a Sabino. y Sabino le record¢ el adorno floral y la comida que le hab¡a pedido. -No voy! No estar¡a bien que acompa¤ara a un hombre extra¤o a su residencia. se pein¢ cuidadosamente y se puso una t£nica ligera. Sabino se desentendi¢ de la gente. Uno de los criados dijo que quiz el desconocido hab¡a hecho una promesa que estaba cumpliendo ahora aqr¡¡ para ganarse la benevolencia de Artemisa. Sabino not¢ que se apoderaba de ‚l un estremecimiento lleno de ternura.. luego. -Le pido un hijo a Artemisa -dijo en voz baja. tal como hab¡an acordado. y sus brillantes ojos ambarinos se posaron en ‚l. Al abandonar la casa. Salieron fuera. -¨A casa? Helena se par¢. Ante la celia hab¡a una serie de copas para las ofrendas. con carb¢n vegetal encendido que unos empleados del templo avivaban con peque¤os abanicos. levant¢ ambas manos. En esta ocasi¢n no tuvo que buscar mucho tiempo. ¨Quieres ofenderme? Helena levant¢ el velo. -Esta es mi nodriza Clonia. se ech¢ unas gotas de una sustancia olorosa en las axilas. hasta re consigo un elefante. rez¢ un rato en silencio. no soy ning£n extra¤o para ti. Desde all¡ se divisa un prado con caballos.

La mesa estaba puesta con una vajilla sencilla. ¨Sabes lo que cuentan? Que incluso quiso atentar contra el Zeus del Olimpo. como soldado romano! ¨Sabes que vuestro emperador acaha de expoliar nuestros templos? Y. Hablemos de otra cosa. no quiero ofenderre. Tesalia y Asia ha hecho arrancar las im genes de los dioses de los templos como si fueran suyas. Hacia bastante calor.abrazar a Helena. ¨C¢mo va Perr¢n? ¨Ya lo ha echado su padre? -Ahora no quiero hablar de esto. El rostro de Helena se encendi¢ repentinamente de ira: -Si. ¨Qu‚ dices t£. -He o¡do decirlo. y la casa estaba sumida en silencio. ¨Falta mucho hasta tu casa? -Unos pasos m s y habremos llegado. En Acaya. -No. un romano. Sencillamenre. Cal¡gula aprecia el arte griego como la mayor¡a de los romanos. como t£. Un macetero de barro con geranios en flor adornaba la ventana. Sabino se sinti¢ conmovido y encantado: -Sabes muy bien que s¢lo estoy en Efeso por ti. Pero a mi. y daba la sensa296 297 ci¢n de que el inteligente animal siguiera el juego s¢lo por cortes¡a durante un rato. las fuentes y bandejas estaban repletas de frutas en conserva y leche agr¡a como acompa¤amiento de aves fr¡as trinchadas. y en una vieja jarra de vino con el asa rora hab¡a algunas flores. Sabino llen¢ las copas de agua y de vino. Helena volvi¢ a dejar caer su velo. Es el mismo emperador quien tiene que asumir la responsabilidad. Estoy muy contenta de que hayas venido. pero lo considero un rumor infundado. Sabino. En el suelo hab¡a una cesta con pan reci‚n salido del horno y una esbelta jarra de vino. El propietario de la casa hab¡a cumplido su promesa. -En Epidauro no imaginarias esto. ¨verdad? -pregunt¢ con una . Sabino se frot¢ las manos: -¨Qu‚ dices ante tanto esplendor? ¨Tienes hambre? Helena ech¢ un vistazo a su alrededor: -Ha sido una buena idea. no me corresponde protestar contra esta forma de actuar. Cuando se encontraron en la gran finca en medio de campos y frutales. -Comparto tu indignaci¢n y pienso que es un sacrilegio. por lo visto. de verdad que no. Sabino. como tribuno romano. -Se dice que en Roma hace decapitar las estatuas para sustituir las cabezas por la suya propia. de este sacrilegio? Sabino levant¢ las manos. pero que result¢ imposible mover de sri sirio la imagen del dios. y no tengo que estar mirando todo el rato desconfiada a mi alrededor por si me descubre un conocido. Una ni¤a peque¤a persegu¡a al viejo can de la casa haci‚ndole correr alrededor del pozo. no s¢lo los nuestros. Se fue a la mesa y empez¢ a servir la comida. Aqu¡ podemos conversar con calma.

. s¡.sonrisa satisfecha. Sabino le pas¢ una copa.. pero las mujeres le repugnan. Helena hizo de tripas coraz¢n: -¨Por qu‚ no ibas a saberlo? Al fin y al cabo no soy yo quien tiene que senrirse avergonzada. -¨A qu‚ re refieres~ -Que un d¡a comer¡as conmigo en Efeso. Bien. como mi invitada. Ahora que has venido hasta aqu¡ por mi. -Esto no cambia en nada el hecho de que estoy casada y que... Sabino le quit¢ el pan de la mano y la atrajo hacia si. Pens‚. Es in£til. Sencillamente.. finalmente. Casi todas las noches se emborracha con su circulo de amigos y se hacen servir por herairas y efebos. Pero Helena se resisti¢ y lo apart¢. todo est muy bien. ¨Es impotente? ~Es que lo han convertido en eunuco? Helena sonri¢ con amargura. no tengo hambre. bebe algo.. pero mi sacrificio es in£til.. -Quieres tener un hijo. porque. Sabino la solt¢: -Comamos primero.. Sabino le acarici¢ el cabello. -Bien. Despu‚s te sentir s aliviada. Sabino com¡a a dos carrillos y. Obediente. -Si.. -¨No re gusta la comida? -S¡. Desmigajaba el pan entre los dedos. Parece ser que Petr¢n presta su atenci¢n m s bien a ‚stos. dime. acaba de cont rmelo. -comenz¢ vacilante. acerc¢ la copa a los labios y tom¢ un trago con el que no hizo m s que refrescar la boca. mordisqueaba sin apetito un ala.. es in£til pedirle fecundidad a la diosa si el esposo no es capaz de engendrar un hijo. Helena baj¢ la cabeza y empez¢ a llorar en silencio. y tambi‚n re dije el motivo. soy inalcanzable para ti.. -No. Entonces no tom‚ tu cortejo tan en serio como se merec¡a. -¨In£til? ¨C¢mo tengo que entender eso? ¨Eres est‚ril? -Espero que no. -Ahora que ya has empezado. por lo tanto. -Conozco a algunos romanos que prefieren tambi‚n a los mu- . este muchacho utiliza sus ojos azules como cebo para las chicas y toma lo que se le cruza en el camino. se dio cuenta de lo poco que com¡a Helena. al menos. -Tengo que decirte una cosa. Sabino hizo un gesto negativo con la cabeza. Sabino. -¨Que no es capaz? -repiti¢ Sabino at¢nito-. tengo que pedirte perd¢n. -intent¢ animarla. pero pronto volvi¢ a dejarlo en el plato.. -Fuiste testigo de mi ofrenda a Artemisa. Pero a Helena no parec¡a gustarle la comida. -Tengo que confesarte algo. Sabino se limpi¢ los labios. -Entonces. tom¢ al fin un bulbo de hinojo y lo mordi¢.. Sabino frunci¢ el ce¤o. porque.

miran primero mi vientre y s¢lo despu‚s me miran a la cara. acarici¢ suavemente sus pechos. que al principio estaba r¡gido. puede marcharse y arregl rselas solo. ahora.. pero la diosa Fortuna al fin se ha mostrado ben‚vola contigo. Pero ¨qu‚ pod¡a hacer yo? En £ltimo caso. Sabino estall¢ en una sonora carcajada. -Perdona. esper¢ pacientemente a que su cuerpo despertara. al menos. el brillo de sus ojos muy abiertos. Se arrodill¢ y cubri¢ su cuerpo desnudo de leves y tiernos besos. Pero ¨qu‚ puede hacer una muchacha? S¢lo tiene dos posibilidades: obedecer o prosriruirse. Se separ¢ de ella. no la oblig¢ a nada. Helena.. sinti¢ c¢mo se estremec¡a levemente. cuando voy a verlos. y ella devolvi¢ el beso con pasi¢n. Sabino. mir¢ largo rato a Sabino y dijo en voz baja: 298 299 -Tenias raz¢n cuando dijiste en Epidauro que una no debe casarse con un amigo de juventud. He estado pensando en dec¡rselo a su padre. mientras lo hacia. Cuando toc¢ su entrepierna.. Sabino cerr¢ los postigos. sino de toda esta situaci¢n tan confusa. tosi¢ y yaci¢ su copa. pero el resultado fue muy poca cosa. pero no deber¡a haberse casado. todos me echan la culpa a mi. Naturalmente. -La ventana. su vientre h£medo y c lido se aprer¢ contra ‚l. sinti¢ una resistencia instintiva. bebi¢ apresuradamente el vino de su copa. que lo miraban serenamente y todo su cuerpo encendido se estremeci¢ de esperanza y de impaciencia. apenas perceptible. Pero se tom¢ su tiempo. La muchacha susurro: -Quiero tenerte. pero se oblig¢ a conservar la calma.. -M s o menos.. se distend¡a y ced¡a. Helena suspir¢: -Lo ha intentado. y la habitaci¢n se sumergi¢ en la c lida penumbra vespertina. Que era como tomar por esposo a un hermano. Siempre. vio su cuerpo esbelto de piel clara.. y la bes¢. y algunas veces lo he maldecido. lo quiero. no hab¡a tocado a . pero no fui capaz. y ahora tengo que oir que vives a su lado siendo virgen. no me r¡o de ti. Cuando Sabino se acosrumbr¢ a la oscuridad. Sabino hab¡a vivido en espera de este momento. -le record¢ Helena. al principio. un hombre joven lo puede tirar todo por la borda si sus padres quieren obligarlo a algo. ahora. Sabino not¢ c¢mo su cuerpo. -Tienes raz¢n. Helena le ech¢ los brazos al cuello. le ard¡an las mejillas. murmuraba: -Si.. De repente. y ya no aguanro m s las miradas de sus padres y de los m¡os. Atrajo sobre su regazo a la muchacha. hasta que fue ella misma quien se acerc¢ a ‚l. En secreto he envidiado a Perr¢n. Perr¢n no es mala persona. me permite muchas libertades. Sus labios suaves se abrieron. se atraganr¢. que se resisti¢ ligeramente.. cari¤o. -Se trata de una situaci¢n que puede cambiar. Desde que estaba en Efeso. Helena permaneci¢ callada. so¤ando con ‚l y manteni‚ndose casto. Helena. ahora lo quiero. pues ahora me tienes a mi. Helena misma se desprendi¢ de su ropa y.chachos y auh as¡ han engendrado hijos. fue a la puerta y ech¢ el cerrojo.

Helena toc¢ t¡midamente su miembro fl ccido. as¡ es como puede ser. -As¡ est el suyo siempre.. se separaron el uno del otro.ninguna mujer. su cuerpo nervudo y brillante de sudor. ahora le pareci¢ algo tan natural como comer y beber. mi adorada. -No deber¡a haberse casado contigo. SaNno se ech¢ a re¡r en voz baja: -Lo he guardado todo para ti. Sabino se ech¢ a reir: -Por suerte. -Pero antes estuvo olfateando y sin duda pensar¡a: ®Aqu¡ huele a amor humano. satisfecho y deliciosamente cansado. la mirada de sus alegres ojos azules. incapaz de pensar en el futuro. plenamente satisfecha. querida. -S¡. y. a la que Sabino hizo mujer aquella tarde. Helena estaba tumbada a su lado. un olor repugnante. Tambi‚n Helena se ech¢ a reir: -El caballo se sinti¢ indignado al ver en plena tarde lo que vio. no obstante. mir¢ por la ventana y se ech¢ a re¡r a carcajadas. Olfare¢ el interior de la habitaci¢n. El penetrante olor de su semen vertido. El caballo que pastaba en el prado hab¡a empezado a aburrirse y hab¡a abierto con la cabeza la contraventana que estaba s¢lo entornada. entregada a aquel momento. -Petr¢n es un pusil nime. Sabino se incorpor¢ indignado. Se lo puedes dedicar a la diosa Artemisa. Hoy vamos a celebrar varias veces m s nuestro sacrificio de amor. De repente una luz cegadora inund¢ la habitaci¢n. Jadeando profundamente. Ahora ya sabes de lo que re priva. y no lo hizo con un gesto posesivo. -A cada cual seg£n su gusto. Helena. y no cambia jam s. y en m s de una ocasi¢n hab¡a sido v¡ctima de las burlas de los oficiales por este motivo. Sabino cerr¢ las contraventanas y las asegur¢ con un pasador. Prefiero mil veces el olor de un gara¤¢n¯. Aunque contento de poseerla. y sus palabras casi ten¡an un tono alegre.. por suerte. -As¡ que esto es as¡. todo se le antoj¢ de repente tan familiar como si formara parte de su vida desde hacia tiempo. querida. Por eso hizo ese gesto con la cabeza. un licencioso -comprob¢ Helena. un esruprador de muchachos. era nuevo para ella. No quisiera compartirte con ning£n hombre. Su semen fluy¢ tan copiosamente en Helena que una parte de ‚l se desparram¢ por su vientre y sus muslos. . se sent¡a en consonancia con la naturaleza. Sabino le bes¢ el hombro. como dormir y estar despierta. su paciente ternura. Has tenido que esperarlo durante mucho tiempo. relajada y sonriente. -dijo perezosa y satisfecha. hizo un gesto como si negara con la cabeza y se alej¢. Lo que ese Sabino hab¡a hecho con su cuerpo. y espero que la cosa no se acabe aqu¡. Sabino dej¢ descansar una mano sobre el h£medo y brillante vientre de la muchacha. se sent¡a distendido.

pero. me entender . podemos hacer cosas mejores en vez de hablar de los seres del Olimpo. abri¢ la puerta y grit¢ hacia fuera. no quiero hacer esperar a Clonia. y yo estar‚ ah¡. Te quiero. La verdad es que es mi esposo ante la ley. Yas¡ nos ha juntado como corresponde a su condici¢n de diosa del amor y de la fecundidad. Sabino. Dime. y deber¡amos aprovechar el tiempo. Helena. Quiz sea la respuesta de Artemisa a mis ofrendas. en estos momentos eres el £nico hombre por quien siento verdadero afecto. carpe diem!* Helena se incorpor¢. Las mujeres y muchachas de * F Goza del d¡a presente (Horacio). ella sabe que es imposible que pueda quedar embarazada con Perr¢n. Sabino? -No ha hecho m s que empezar. -¨Qu‚ hora ser ? -Quiz falten dos horas para la puesta del sol. Perr¢n no es un hombre capaz de amar a una mujer. antes de que le ofrecieras tus sacrificios a la diosa. Naturalmente. ¨crees t£ en los dioses? -Querida. rengo que averiguarlo primero. -¨Cu ndo volver s. Ahora le reprochar¡a a mi padre haberme entregado a Perr¢n. -Entonces tengo que irme. aunque le sacrificara un toro todos los d¡as. pero ella es mujer. ha parido hijos. . ¨D¢nde puedo lavarme? Sabino esboz¢ una sonrisa burlona. Sabino la abri¢ un palmo y entr¢ la jarra en la habitaci¢n. Es cuando empiezan los preparativos para la fiesta de oto¤o de Artemisa. ha amado hombres. ¨Verdad que tu nodriza es de fiar? 300 301 -Clonia est de mi parre. En cualquier caso. -~C¢mo va a acabar todo esto. Seguir s ofreciendo tus sacrificios a la diosa Artemisa. -¨Me amas. Pens ndolo bien. me gustas mucho. -Pasado ma¤ana podr‚ venir. de acuerdo con la voluntad de los dioses. Sabino. Necesitamos agua! Una granjarra! Pas¢ alg£n tiempo hasta que llamaron a la puerta. Tambi‚n esta hermosa tarde se acaba. Entre los criados encontrar s agradecidos espectadores. -Fuera. Lo cierto es que desaprueba lo que estoy haciendo. Se ech¢ su r£nica encima. -Dame tiempo. ~Qu‚ sabr s t£ de Artemisa! Es grande y poderosa y conoce los corazones de los humanos. Helena? Ella cerr¢ los ojos como si estuviera intentando pensar. lo eres t£. Sabino neg¢ con la cabeza: -Te has olvidado de una cosa: nos conoc¡amos ya antes de que t£ re hubieras casado. Con cuidado y ternura fror¢ a Helena de la cabeza a los pies con un pa¤o h£medo mientras ella intentaba arreglarse el cabello con ayuda de un espejo de mano deslustrado.-T£ est s hecha a mi gusto. en el pozo. Es mi £nica confidente en la casa. Helena? Me quedan a£n cinco d¡as libres.

-Un tribuno de la guardia imperial no puede vivir como un peque¤o artesano -dijo Querea a su mujer Marcia-. -Pero Marc¡a -intent¢ tranquilizarla-. porque no quer¡a mostrarle hasta qu‚ punto anhelaba ese d¡a. sobre todo en las laderas del Janiculo. Tambi‚n tendremos ahora invitados m s a menudo si correspondemos a las invitaciones de los otros oficiales. Casio Querea utiliz¢ sus ingresos.. En una parre de aquellos campos. Aqu‚lla ser un d¡a tu residencia de viuda. El Trasr‚vere. Por otra parre.. reaccion¢ con inesperada vehemencia. interrumpidos apenas por peque¤as casas de campo.. y por esto Querea se decidi¢ sin pens rselo mucho. -dijo Helena con tono vago. bueno. rengo intenci¢n de construir una casa de campo en el terreno cerca de Prenesre que le compr‚ a B br¡lo. para comprar una finca vecina a£n sin edificar. no quiero ser viuda. m rchare si quieres. y luego re la leer‚ a ti. re llevo casi quince a¤os. De todas formas tengo trabajos m s importantes que comentar contigo. Hizo a¤adir un ala a su casa y construy¢ un cobertizo junto a la choza de los aperos de jardiner¡a. que el emperador Augusto convirti¢ en un nuevo barrio de la ciudad. -Y nosotros le ofreceremos un nuevo sacrificio de amor -dijo Sabino riendo y bes¢ a Helena en ambas mejillas. Primero voy a le‚rmela con tranquilidad. su imagen se cubre con un nuevo manto. ¨verdad? Pues. -No! No quiero seguir hablando de eso.. -Ya veremos. -Lo que quieres es comprobar si todo lo que dice lo puedo saber yo. Pero ella lo aparto.feso adornan su templo con flores y frutos del campo. pens¢ Querea emocionado. pero Marcia. -Por cierto. Querea tom¢ el paqueriro sellado y lo desat¢.. Eso ni mencionarlo siquiera! Con palabras como ‚stas s¢lo provocas la ira de los dioses. y los antiguos prados y los campos de cultivo se convert¡an en barrios residenciales. desde Efeso. que eran ahora bastante elevados. Querea s¢lo hab¡a querido hacer una broma.. y la bes¢ r pidamente en ambas mejillas. un correo de postas ha tra¡do una carta para ti. 302 303 Marc¡a sonri¢. Los precios de los terrenos aumentaban casi de mes en mes. ®Esta es su manera de decirme que me quiere¯. y es muy normal. -Es de Cornelio Sabino. El coloso de Querea ech¢ desde lo alto sobre su mujer una mirada . hab¡a sido hasta poco antes s¢lo campos de cultivo. se establec¡a ahora la gente menos adinerada distribuyendo la tierra en peque¤as parcelas.. Aqu¡ se conservaba a£n la villa de Julio C‚sar. adem s. Y. Ya era hora de que ese muchacho diera se¤ales de vida. se alzaban tambi‚n villas se¤oriales con sr¡ntuososjardines. -.. habitualmente tan dulce. En otras partes. en la que se hab¡a alojado Cleopatra durante su estancia en Roma.

S‚ que t£ defiendes a capa y espada a nuestro emperador. Bien. Es una verdadera metr¢poli. esto s¢lo sea v lido para ella y para mi. Querea. sin duda. tal vez Cal¡gula fue s¢lo v¡ctima de las sugerencias de algunos malos consejeros. pero sin la instrucci¢n que t£ me diste hubiera sido un desastre. que constaba de una docena de hojas escritas con letra menuda. Helena est casada con un tres veces maldito maric¢n. Sabes muy bien que no tengo nada contra los homosexuales -tambi‚n hay algunos entre los Corneliospero no deber¡an casarse.como las que suelen dirigir los perros hacia sus amos. pero aquello fue realmente una chiquillada. naturalmente. y ella se ha convertido en mi mujer aunque. Pero ahora se fing¡a el ofendido y se rerir¢ gru¤endo. porque nuestro legado est a punto dejubilarse y ya no se altera por nada. Toda su parentela est m s o menos enterada. Leer le costaba mucho menos a Querea que escribir. Desde hace muchos siglos se venera aqu¡ a la diosa Artemisa. Ni a Augusto ni a Tiberio se les hubiera ocurrido semejante idea. pero todos miran con reproche a Helena porque su vientre no se redondea. A los otros tribunos s¢lo los veo durante el servicio. fig£rare.* Pero ¨qui‚n se muestra soberbio en Efeso? La gente se dedica a sus negocios. y se dice que aqu¡ viven unas doscientas cincuenta mil personas sin contar a los esclavos. He encontrado a Helena. pues siempre se atuvieron a la vieja m xima romana: parcere subiectis et debellare superbis. y su templo . La cosa acab¢ sin pena ni gloria. y. 304 que la plebe romana se pueda llenar la panza. Por suerte. enviada por Cal¡gula desde Roma para desembarazar los templos de algunas estatuas superfluas. tendr sus cualidades. agradece a los dioses la pax romana y paga sin rechistar los elevados tributos para * Hay que mos¡rarse ben‚volo con los sometidos Y castigar a los soberbios. Yo. Su ama es la £nica que est enterada de lo nuestro. ¯Alg£n revuelo levant¢ la comisi¢n especial. la gente de aqu¡ siente un gran cari¤o por las estatuas de los dioses que le son familiares. y se enfrasc¢ con placer en la carta. tras medio a¤o de estar casada! ®El servicio aqu¡ no resulta demasiado dificil. hay algunos a los que t£ rechazar¡as de plano: perfumados hijitos de su mam para los que este cargo s¢lo representa un pelda¤o necesario en su carrera. inadecuada y. La quer¡a much¡simo y hubiera hecho cualquier cosa por ella. Querea. Segu¡a siendo virgen. Como es natural. al menos. Me llevo bien con los centuriones desde que me bat¡ en duelo con uno de ellos. Pero dejemos este tema. esto es algo que pr¢ximamente podr¡a cambiar. la disciplina no es muy severa. y se arm¢ una trifulca monumental. adem s poco h bil. quiero agradecerte tu buen consejo de venir con la tropa a Efeso. tendr¡a much¡simo cuidado en no irritar precisamente a Efeso. ®Salud y mis reverencias en primer lugar. y nos resulta muy dificil encontrar tiempo para estar juntos. querido amigo: ®Antes de nada. que no sine para nada en los negocios y se pasa las noches revolc ndose con efebos.

de modo que los artesanos qt¡e se dedican a confeccionar exvotos son tan ricos como en otros lugares los propietarios de talleres artesanos o los terratenientes. se ampli¢ el teatro y algunos templos. ®T£ has visto mucho mundo. la gente trae cestas llenas de aves alborotadoras. Augusto la amaba particularmente e hizo levantar muchas de las edificaciones que le dan su actt¡al esplendor. ya sabes. m s entra¤ables en su trato reciproco. Los habitantes de Efeso son de una refinada cortes¡a. a veces. A£n recuerdo las risas sofocadas de toda la clase cuando el maestro la calificaba lleno de unci¢n como "casta cazadora" o como "se¤ora de los animales". hasta el m s t¡mido joven perder¡a r pidamente su virginidad. y he tardado mucho tiempo en acostumbrarme al lenguaje coloqt¡ial y a entenderlo. Aqu¡ puedes pedir cr‚ditos. y recuerda todo menos una casta cazadora. los habitantes de Efeso me parecen m s cultivados. la ®Gran Madre¯ asi tica. m s reservados y. Aqu¡ no impera el tono ruidoso y desconsiderado con que el populacho romano impone su presencia en las calles. y aqu¡ st¡s competencias se centran ante todo en el matrimonio. pero en su forma actual. ¯La mayor¡a de los habitantes de Efeso son de origen jonio. Aqu¡ nadie sabe lat¡n. de ovejas. donde me encuentro con Helena. Bien. Se dice que es id‚ntica a Cibeles. Aun as¡ el ambiente de la ciudad es enteramente griego. hipotecar tus propiedades. sacerdotisas. El actual es tan grande como tina peque¤a ciudad. ®La gran diosa de feso tiene poco en com£n con la Artemisa venerada en el resto de Grecia ni con nuestra Diana romana. Los hombres son s¢lo personajes sect¡ndarios. m£sicos y at¡xiliares est n a su servicio. la fecundidad y el nacimiento. no obstante. tampoco aqu¡ nadie habla ya el griego de un Homero o de t¡n Et¡ripides. estoy atendido y no miro a otras mujeres. Por aqu¡ pasan miles de peregrinos. necesarios en todo caso para pagar las ofrendas de sus esposas est‚riles. . y cientos de sacerdotes. exvotos. la de m£ltiples pechos. por no hablar ya de los donativos menos llamativos. y hasta los m s pobres dejan alg£n beneficio. Querea. pero tambi‚n invertir tu dinero a un buen inter‚s. La Arremisa c¡e aqu¡ se la representa como Polimastros. de cabras y de corderos. los romanos. Naturalmente. la ciudad es romana. Como se sabe. recurren a sus precarias nociones de griego para no parecer incultos. El templo es a la vez una inmensa empresa bancaria. Pero aqu¡ no se puede hablar de b rbaros en sentido peyorativo. e incluso nuestros 305 oficiales imbuidos de su orgullo romano. He alquilado cerca del templo tina vivienda retirada. con cierta raz¢n. en severa forma estatuaria. En aquella ‚poca se restauraron con gran suntuosidad los dos foros. y sabes con qu‚ rapidez nosotros. bailarines. pero te digo tina cosa: ante esta enorme oferta de encantadoras f‚minas que piden hijos.se ha ido levantando cada vez con tina suntuosidad mayor. La l¢gica consecuencia es que dos tercios de los peregrinos son de sexo femenino y de edad joven. incienso y dinero. tendemos a calificar de b rbaros a otros pueblos. Vaya espect ct¡lo que se puede observar aqu¡! Todas las ma¤anas aparecen reba¤os de terneros. y.

No deja de ser una idea seductora. la diosa de tu ciudad natal. un destino favorable para mi. -No me gustar¡a estar en su piel -dijo Querea pensativo. aunque los adornemos con otros nombres. Roma era a£n un pueblo de campesinos cuando aqu¡ exist¡a ya vida urbana. pero su amigo se encontraba en una situaci¢n fatal. Entiendo perfectamente que. Ypor lo dem s. quiera tener un verdadero hombre en la cama.. tiene raz¢n. Querea quiso contestar cuanto antes. En el fondo s¢lo vivo pendiente del siguiente encuentro con ella y reprimo cualquier pensamiento en un futuro m s lejano.. no consigues librarte de la sensaci¢n de que aqu¡ somos los romanos los que hacemos el papel de b rbaros. con lo que. Claro que siempre quedaba alguna salida. saluda de mi parte a tu graciosa esposa y dile que no se olvide del todo de Vuestro Sabino' Quereajunr¢ las hojas y se sumi¢ en reflexiones.y aunque nadie lo diga. Si todo aquello ocurriera en Roma. Pero un tribuno romano en Efeso ten¡a que mostrar la misma consideraci¢n que la griega Helena. Querea hubiera vuelto a recomendar la ®v¡a castrense¯: enfrenrarse al enemigo! Poner en evidencia al esposo. De momento. y en cierto modo hay que darles la raz¢n. pedir el divorcio. Pero me puedo poner en el lugar de Helena y evitar¡a rodo lo que perjudicara a mi familia. como esposa de un amante de efebos. en parte. pero aconsejar a enamorados es tarea delicada. desde la primera hasta la £ltima frase. Despu‚s le pregunt¢: -¨Qu‚ har¡as t£ en el lugar de Sabino: -No soy hombre. ni haga la menor insinuaci¢n a ello. A menudo desear¡a tenerte a mi lado para que me ayudaras con tus sensatos consejos. la patria. necesitaba todo el d¡a libre. el de Querea. que pensaba sobre todo en la reputaci¢n de su familia. y escribe pronto. Fue a ver a Marc¡a y le ley¢ la carta. los amigos. pero soy demasiado realista para entregarme a semejantes ilusiones. ®No s‚ lo que va a ser de miv de Helena. Est demasiado arraigada en feso y en su circulo familiar. Deseaba su consejo. no enctientra ning£n eco mi propuesta a Helena para que se separe de su esposo. pero una frase llam¢ su atenci¢n: ®. de la carta no se desprende si ella lo quiere a ‚l como ‚l a ella. y empez¢ a cavilar qu‚ consejo podr¡a dar al amigo. ®Pide a la diosa Fortuna. pero no creo que lo vaya a dejar todo por Sabino: la familia.No s‚ lo que va a ser de mi y de Helena!¯. Tal vez quiera que me quede en Efeso para esperar pacientemente que su esposo homosexual se siga emborrachando hasta matarse o que se lo cargue uno de sus efebos. y cualquier ni¤o sabe que hemos tomado de los griegos todos nuestros dioses. 306 307 -~ r xx' . seria mejor que fueras t£ quien respondiera a esta pregunta. y se imagina Roma como una incivilizada guarida de ladrones. pero escribir era una ardua tarea para ‚l. ®Espero que Marcia y los ni¤os est‚n bien. La carta sonaba alegre y animada.

. En la carrera parricipa un caballo de cada uno de los barrios romanos. -No es gran cosa. que luchar n en diferentes competiciones para conseguir el cr neo del caballo.. pues ‚l. -Memmio R‚gulo est en Roma. -Lolia Paulina. -Si. ¨Qu‚ m s hay? Calixto hoje¢ algunas peticiones y se¤al¢ un nombre. y el d¡a no promet¡a m s que un paralizante aburrimiento. ¨No tienes nada mejor para m¡? Quieres que anule tu aceptaci¢n. ¨en qu‚ consiste? -pregunt¢ Cal¡gula a su secretario. R‚gulo es un hombre con suerte. En el hip¢dromo se levant¢ a toda prisa una tribuna que se adorn¢ para la fiesta con hojas de roble y ramas de laurel. Basta que oiga que R‚gulo ha tomado por esposa a una famosa belleza de la ciudad. procede de una familia humilde. Despu‚s. Los diferentes barrios de la ciudad organizaban la fiesta. -Hasta ahora nunca he asistido a esta fiesta. Majestad -dijo Calixto-. as¡ que esas tenemos.Todos los a¤os se celebraba en Roma en el Campo de Marte una fiesta popular. Sol¡cita una audiencia para despedirse. Majestad? -S¡. Cal¡gula bostez¢: -Me aburrir‚ mortalmente. El ganador lo clava en un edificio p£blico de su barrio. esto es todo. Como no ten¡a otros asuntos previstos. su padre. se mata al ganador. Es un hombre muy eficiente. que era tan antigua que ya nadie sab¡a cu l era su sentido. En realidad. ®. env¡a en mi lugar a Claudio. El pueblo atribuye un efecto m gico a su sangre. y ya . Macedonia y Acaya. Es el gobernador de Mesia. Previamente se hab¡a presentado una delegaci¢n en el Palatino para invitar formalmente al emperador a participar en la fiesta. y ella ha heredado una fortuna. t£ mismo lo has confirmado varias veces en su cargo. Por cierto. por su parte. se ha vuelto a casar y dentro de pocos d¡as partir para Acaya. y que traiga tambi‚n a su esposa. Merece ser recibido. -repiti¢ Cal¡gula pensativo. A continuaci¢n se sacan a suerte dos barrios de la ciudad. Es uno de los pocos gobernadores de cuyas provincias no se reciben quejas. que comenzaba con una carrera de caballos en el hip¢dromo del Campo de Marre. Hace poco que falleci¢ su esposa. La mujer es bastante m s joven que ‚l y procede de una buena familia de c¢nsules. ha tomado por esposa a una famosa belleza: Lolia Paulina.Aj ! -pens¢ Calixto-. as¡ la gente tendr motivo para reirse. -Aun as¡ es un hombre eficaz que presr¢ grandes servicios en el proceso contra Sejano. Marco Lolio muri¢ hace algunos a¤os. Cal¡gula acept¢.

lo vio con satisfacci¢n. con stt rostro ovalado y los oscuros ojos ligeramente rasgados. pero sin violencia y sin llamar la atenci¢n. al fin y al cabo. he visto que R‚gulo sigue gozando de tu favor. pero Cal¡gula se sinti¢ profundamente afectado por su gran parecido con Drusila. y no quisiera disgustar¡a. Lo cierro es que parte de esta ilusi¢n se debi¢ a la pronta ca¡da de la noche x' a la luz vacilante de las l mparas de aceite. R‚gulo apenas crear¡a problemas. Hacia la media noche.¯ Calixto suspir¢ quedamente y envi¢ de inmediato un escrito al gobernador en el que lo invitaba a ‚l y a su esposa a cenar aquella misma noche. a cualquier precio.. s¢lo deseo tener a su esposa. Bien. Cal¡gula se despidi¢ cort‚smente y con extremada benevolencia del gobernador y de su esposa. Ella es algo. Paulina qued¢ prendada de sus labios. Las mujeres bellas abundan en Roma. se levant¢ de la mesa. que cre¡a estar so¤ando. Ciertamente era una belleza. evit¢ hacer chistes obscenos o de mal gusto. quiz se habr¡a ganado a otro conspirador. de momento no sucedi¢ nada. nada de fuerza. 308 309 No obstante. pues. Fascinada. Si Cal¡gula le arrebataba la esposa. As¡ no! R‚gulo es un hombre eficiente. pues Cal¡gula s¢lo hab¡a invitado a un reducido n£mero de amigos. y su risa suave y melodiosa como la de Drusila ten¡a algo misterioso. ¨C¢mo debo hacerlo? -Bien. pero Cal¡gula se sinti¢ de inmediato embelesado. -Podr¡as obligar a los dos a que se divorciaran. y alegr¢ a Cal¡gula con preguntas inteligentes y sensatas. tal vez le guste al emperador o se conforme con "probarla" en la estancia contigua. -Calixto conoc¡a a su se¤or y no le deseaba nada malo a R‚gulo-. Cal¡gula parec¡a esforzarse por causar en Paulina la mejor impresi¢n. insustituible. algo especial. y se pas¢ casi la noche entera hablando s¢lo con ella. -Necesito tu consejo. Parec¡a ronronear como un gato al calor del fuego. Sus ojos centelleaban atrevidos y hechiceros. Memmio R‚gulo fue saludado con gran benevolencia. Incluso los amigos del emperador hab¡an asistido en pocas ocasiones a una velada tan grata y armoniosa. pero al ver a Lolia Paulina. dificil de interpretar.. Emilio L‚pido. nada de violencia. ¨Quieres conservarle sus cargos? ¨No existe ninguna acusaci¢n? -No. La cena se sirvi¢ en el peque¤o thclinium. . Brill¢ en lo que mejor dominaba: su oratoria chispeante y pulida. Pidi¢ a Paulina que se senrara a su lado y le sirvi¢ personalmente los mejores bocados.se la envidia y quiere verla. Paulina tiene que ser m¡a. -No -insisti¢ Cal¡gula obstinado-. L‚pido -dijo Cal¡gula malhumorado-. Contra toda costumbre.. el emperador se qued¢ sin habla. que estuvo tambi‚n presente. El emperador retuvo a L‚pido. No quiero perjudicarle en nada. L‚pido. quiere conservar sus rentables cargos.

. R‚gulo confirma ante el juez que en su d¡a fue el amante de la madre de Paulina y que hasta ahora no se hab¡a dado cuenta de su gran parecido con ‚l. Que los dioses lo bendigan! Cal¡gula le tendi¢ la mano a L‚pido para que se la besara.. -No.. L‚pido! Yque quede entre nosotros. Con esto el matrimonio resulta inv lido! ¨Puedes ponerlo en marcha. perd¢n. Hab¡a tenido que tragar y aceptar muchas cosas y no conoc¡a el obstinado orgullo de un patricio. Si ese R‚gulo ten¡a una pizca de orgullo. tendr¡a que odiar a muerte al destructor de su matrimonio. y ya ahora quiero desearte mucha suerte para tu futuro matrimonio. muy due¤o de si. L‚pido levant¢ las manos: . Pero temo que esto s¢lo ser posible a costa de R‚gulo. en mi nombre? Con placer.. mi Cal¡gula -pens¢ L‚pido. -Vengo por orden del emperador. Majestad! -A solas puedes volver a llamarme Cayo. hab¡a necesitado media vida para ascender a la posici¢n que ocupaba ahora. Nos conocemos desde hace mucho tiempo. -Sea lo que sea lo que mi emperador desee de mi. Se trata de un asunto delicado. R‚gulo tendr¡a que confirmar que es su padre. Cal¡gula estaba radiante: 1Eso es. no s‚ ni c¢mo empezar.. Emilio L‚pido se fror¢ las manos. me halla dispuesto. -Lolia Par¡lina Augusta. Mir¢ a L‚pido con serenidad. entonces habr¡a que encontrar algo que invalidara el matrimonio. R‚gulo era un hombre que sabia dominarse. en el campo. ®S¡. ¨Qu‚ otros motivos podr¡a haber? -Hemos sabido esta noche que la madre de Paulina vive a£n.-Bien. Le lleva casi veinte a¤os y podr¡a muy bien ser posible. He demostrado en distintas ocasiones que esto no son palabras vacias. Y ‚l har¡a todo lo posible por fomentar ese odio. presa irresistible del odio que le atenazaba-. Alguien tendr¡a que testificar que ya est casado en secreto o jurar que no puede consumar el marr¡momo.. Incluso en la ‚poca de Tiberio. Se hizo el misterioso y fingi¢ senrirse azorado. Pero lo que pienso maquinar pr¢ximamente se har sin que t£ re enteres.. y reside en alg£n lugar. Con este prop¢sito se present¢ a la ma¤ana siguiente ante R‚gulo. esto lo pondr¡a en rid¡culo o le deshonrar¡a.. aunque re roque interpretar el papel de proragon¡sta. no suena nada mal. Durante toda su vida se hab¡a visto obligado a hacer concesiones y estaba dispuesto a seguir haci‚ndolas. Cayo. Cayo. Supongo que es conocido el hecho de que bajo Sejano yo encabezaba la lista de los condenados a muerte. y hemos compartido muchas experiencias.¯ 310 Se inclin¢ sonriente: -Lo har‚ con mucho placer.

Este lameculos no es hombre adecuado para conspirador. L‚pido se sinti¢ decepcionado. hay testigos. Su pasi¢n es m s fuerte que toda raz¢n. ~Yqu‚ se me da a cambio? -Ahora nos entendemos. El emperador re confirma por cinco anos m s en tu cargo como gobernador de Mesia. y me ha encargado que re presente propuestas adecuadas. -Pero. que hab¡a sido ampliado por C‚sar . trat ndose del emperador. s¢lo resultar¡a dificil si fuera un cualquiera quien quisiera arrebatarte a Paulina. y a£n ayer me dio a entender que las cosas ir¡an mejor en el Imperio romano si tuviera m s funcionarios como t£. -S¢lo pregunto por inter‚s personal. Entre el pueblo sencillo.. Ha decidido que Lolia Paulina es tu hija. l¢gicamente. a condici¢n de que est‚s dispuesto a dejar libre a Paulina. de modo que en poco tiempo ser s a£n mucho m s rico. ¨D¢nde est tu orgullo de romano libre? -Mi orgullo radica en servir en todo lo posible al emperador. uno no puede casarse con la propia hija. El Senado era su instrumento d¢cil que pon¡a r pidamente en pr ctica todas las ®sugerencias¯ que el emperador formulaba en tono autoritario. -Claro que puede ser.¯ A Lolia Paulina. Cal¡gula segu¡a gozando del mismo prestigio. firmados y sellados. el Senado. As¡ de sencillo resulta todo. Nuestro pr¡ncipe se ha encaprichado de tu esposa hasta el punto de que quiere convertirla en emperatriz. j 311 R‚gulo trag¢ saliva: -¨Paulina. Nueve d¡as despu‚s se deposit¢ el contrato de matrimonio en el Capitolio en el templo de J£piter Optimo Maximo.. y. S¢lo tienes que aprovechar la ocasion. Ya encontraremos otro. -Pero. -Eso es lo que har‚! -dijo R‚gulo decidido. pedir el divorcio? ¨Qu‚ motivo podr¡a tener? Comprendo. Es un dios. mi hija? Pero no puede ser. El emperador valora tus m‚ritos. la nobleza romana lo miraba con creciente desconfianza y constante temor. la cosa es distinta. en cambio.. Para rus provincias establece unos impuestos muy bajos. Traigo los documentos. naturalmente. de las leyes.. El segundo a¤o de gobierno del emperador CayoJulio C‚sar Augusto tocaba a su fin. y ahora eres su padre. que no es dificil enamorarse de Paulina. R‚gulo. Hace dieciocho a¤os mantuviste una relaci¢n amorosa con su madre. Sin embargo. ahora bien. pero al fin y al cabo existe un contrato de matrimonio. Macedonia y Acaya. Y como tal se la concedes al emperador como esposa. Los documentos de la boda ser n destruidos en secreto. R‚gulo hab¡a contado con todo.. Desde muy antiguo. se encuentra muy por encima de los humanos. no se le pidi¢ su opini¢n. pero no con esto. ®La cosa ha salido mal -pens¢ L‚pido-..-Te defiendes sin haber sido atacado. ¨como? ¨Debo repudiarla..

cada esclavo. parto de la idea de que cada persona. frecuentemente enemistados entre ellos. diezmar al Senado pas¢ a formar parre de las tareas cotidianas de los pretorianos. y. y desde Tiberio. Para ello. animales y . Estos homines novi (lo que equival¡a a decir que no descend¡an de familia noble pero que echaban as¡ los cimientos de su nobleza) eran tratados con la mayor desconfianza. pero su destacada personalidad se impuso sin m s. pero poco a poco el puesto en el Senado se hab¡a ido convirtiendo en un cargo hereditario en el que el hijo suced¡a al padre o a un pariente masculino sin descendencia. que le eran incondicionalmente leales. Los senadores. Cal¡gula mir¢ a sus criaturas con ojos de hielo. En el nuevo a¤o. Originariamente los nuevos miembros eran elegidos por censores. Todo el mundo goza de una vida pac¡fica y protegida. formaban sin embargo un frente cerrado cuando el emperador nombraba senador a un hombre de su confianza. pues desde los tiempos de Augusto un senador ten¡a que demostrar un patrimonio m¡nimo de un mill¢n de sestercios. de los cuales el m s influyente era el de las familias consulares de rancia nobleza. Todos eran ricos y respetados. El emperador Augusto siempre hab¡a insistido en el poder y la importancia del Senado y lo hab¡a respetado. y se les consideraba de modo gen‚rico espias del emperador. y apenas importaba ya que estas familias fueran de origen noble o plebeyo. esta ventaja se la garantiza un Estado fuerte. pues ten¡a tras de si a un ej‚rcito de diez mil pretorianos. Y as¡. jam s hago las cosas a medias. cada acto. A ella pertenec¡an sus secretarios Calixto y Helic¢n. creada por ‚l. sobre todo si proced¡an de familias desconocidas en las que jam s hab¡an existido senadores. y a algunos de ellos se les vio estremecerse bajo esta mirada. se compon¡a de patricios y plebeyos. tambi‚n esta reforma fiscal ser m s amplia que cualquiera de las que se acometieron en tiempos de la Rep£blica o bajo mis predecesores. su sucesor Tiberio pudo convertir al Senado en un instrumenro a su antojo. Cal¡gula se hizo cargo de uno de los consulados y asumi¢ la presidencia de la comisi¢n encargada de la tributaci¢n. y si el ciudadano romano puede actuar y moverse libremente. Lo mismo se refiere a sus posesiones en seres humanos. cada objeto en el Imperio romano ser gravado con impuestos en su correspondiente medida. As¡ hab¡a familias ¯senatoriales¯ que ocupaban un puesto en el Senado desde la ‚poca de la Rep£blica. a un posible traidor o conspirador. 312 Cal¡gula consideraba a todo el Senado como su enemigo declarado y ve¡a en cada uno de los senadores.hasta alcanzar los novecientos miembros. cada acontecimiento. -Como los dioses. Luego su aguda y afilada voz se abati¢ sobre ellos. ya fueran de origen plebeyo o patricio. cosa para la que estaba facultado. Dentro del Senado hab¡a diferentes grupos. Cal¡gula se aprovech¢ de esta circunstancia. algunos libertos que se hab¡an mostrado eficaces como recaudadores de impuestos y un par de senadores nombrados por el emperador y afectos ciegamente a su persona. cuando muri¢.

y si hasta ahora he podido dar la impresi¢n de que s¢lo se ver afectada la gente sencilla. senatoriales y consulares. las termas privadas. Naturalmente. mosaicos. Es muy justo que en el futuro se pague al fisco un cuarenta por ciento de la cuant¡a en litigio. vuelvo a repetirlo. Cal¡gula call¢ y mir¢ a su alrededor. que para hacerlo haga uso del Estado pero que s¢lo pague a su abogado. que tambi‚n se ver n afectados los matrimonios. o que sean sobrese¡dos. estimulo y a la vez advertencia para otros. Aiecrar igualmente a las familias nobles. Cal¡gula sigui¢ hablando: -Cada uno de vosotros recibir una copia de mi reforma fiscal. esto es todo. el culpable ser ejecutado y sus familias convertidas en esclavos. se confiscar n los bienes en su totalidad. nadie podr escapar de la tupida red de nuestra reforma fiscal. trabajos de orfebrer¡a y de plata. . como pinturas. Pero soy amigo de la justicia. tendr n que contar como pena m¡nima con el destierro y la confiscaci¢n de la mitad de su patrimonio. ya se trate del simple hecho de vivir o del ganado y de los alimentos que vendan los campesinos. Los hombres permanec¡an sentados en sus sillas. Vayamos ahora a la parte pr ctica. y escuchaban las palabras del emperador con la cabeza baja. silenciosos. se¤ores. tambi‚n ha habido impuestos hasta la fecha. Silos delitos son graves. Nadie. pero me parece comprobar cierta arbitrariedad en el hecho de que ‚stos afectaran a uno si y a otro no. Quien quiera conservar su apellido noble. Yse ver afectado todo lo que acontece aqu¡.cosas. para sus funcionarios. y espero vuestras sugerencias sobre c¢mo deber ser puesta en pr ctica en cada caso. para finalizar. Hasta aqu¡. quien tenga la suerte de poder vivir y trabajar en Roma. Pero los ricos que infrinjan las nuevas leyes. algunas palabras sobre las penas: en el caso de la plebe bastar n unos cuantos latigazos. los jornaleros tendr n que pagar una octava parte de sus ingresos. para el resplandor que ha de extender para ser ejemplo. Pero un Estado fuerte necesita dinero para sus tropas. Esto ser v lido tambi‚n para los pleitos en que se llegue a un acuerdo amistoso. se trata de las bases te¢ricas de nuestra reforma. Y. Voy a 313 j 7 poner algunos ejemplos: de ahora en adelante no s¢lo las prostitutas y los proxenetas tendr n que pagar su ¢bolo. tendr que pagar en el futuro una elevada tasa para no ser borrado de las listas de la nobleza. Cada esclavo que compren ser gravado con un impuesto de lujo. puesto que el da¤o que causen al fisco tambi‚n ser reducido. Despu‚s. En el futuro. tambi‚n el coito ser gravado con impuestos. Ahora afectar n a todos. se trata de un error. vasijas ticas. por as¡ decirlo. las instalaciones de nuevos jardines y la compra de obras de arte. De ahora en adelante. es decir. Veo un acto de especial injusticia en el hecho de que aqu¡ pueda pleitear cualquiera seg£n le venga en gana. etc‚tera. tendr que pagar por ello. y lo mismo regir para las villas. petrificados. y tambi‚n los mendigos. De momento. estatuas.

Pero quien ten¡a un cargo y proced¡a de una familia tan rica que cualquier ni¤o conoc¡a su nombre. encubridores y mendigos. hizo lo m s razonable en su caso: se dirigi¢ a Calixto. los jornaleros. a veces. quien no se mostraba lo bastante h bil como para sustraer al fisco parte de su patrimonio. La verdad es que la reforma fiscal ten¡a. se encontraba en una situaci¢n comprometida. pues odiaba los viajes y las incomodidades que estos conllevaban. de los proxenetas y de las prostitutas. pero ahora ten¡a mano libre para proceder legalmente contra los ricos infractores fiscales. cuando se enteraron de sus obligaciones fiscales. pues. Pompeyo le expuso abiertamente su situaci¢n. El caso de Sexto Pompeyo demostr¢ que incluso as¡ pod¡an salir mal las cuentas. All¡ se creaban magnificas residencias de campo en las que el interesado sol¡a vivir bajo nombre falso. anunciando p£blicamente por medio de un abogado que el emperador participaba en un tercio o en la mitad de la herencia. pues a un hombre tan rico no se le hac¡a esperar. pero tambi‚n eran populares los paises orientales. entre los afectados: los artesanos. Por lo tanto. hab¡a sobrepasado los sesenta y hab¡a sobrevivido a su esposa y a sus dos hijos. sabia que no se podr¡a obtener gran cosa de los peque¤os comerciantes. Sobre Roma se extendi¢ una sombra sangrienta. el baile y la m£sica y hab¡a ido formando una importante biblioteca.Cuando en el transcurso del nuevo a¤o la reforma se hizo p£blica y se puso en pr ctica. lo ten¡a relativamente f cil. Algunos hicieron testamento para intentar sustraerse a la garra mortal. solo. como Armenia y Mesopotamia. Con todo sigilo se sacaban del pa¡s inmensas fortunas que eran llevadas a las provincias m s lejanas. y la mayor¡a de estos recaudadores eran sobornables. con su vida. ten¡a salud. pero esto suced¡a raramente. que al principio. inmensamente rico. los recaudadores de impuestos lo localizaban. Pero las disposiciones fueron clavadas en tablones por toda la ciudad. no quer¡an cre‚rselo. Este hombre. Naturalmente. y si alguien no sabia leer otros se ocupaban de informarle. Tampoco quer¡a marcharse de Roma. As¡ las cosas. y entre la chusma que reh£ye la luz compuesta por proxenetas. situada muy lejos en direcci¢n oeste. o. Lo £nico que deseaba era poder disfrutar tranquilamente de todo esto y morir con placidez en la cama cuando llegara su hora. los comerciantes. mejor dicho. lo pagaba con sus propiedades y. Quien era solamente rico pero no desempe¤aba ning£n cargo p£blico. por ejemplo a Lusitania. empez¢ a disminuir la popularidad de Cal¡gula entre el pueblo. apreciaba la buena mesa. Se encontraba. -~Pero esto resulta de lo m s sencillo! -exclam¢ Calixto anima- . esperando sobrevivir all¡ al r‚gimen de terror de Cal¡gula. 314 315 7 El influyente secretario lo recibi¢ en el acto. como todo lo ideado por Cal¡gula. Las familias adineradas y respetadas empezaron a adoptar contramedidas. una segunda intenci¢n. A alguno de estos huidos.

De pasada. S¢lo rengo que llamar a mis pretorianos. por lo que Pompeyo le parec¡a s¢lo un inmenso saco de dinero.. y le dices que no podr¡as imaginar ning£n destino mejor para tu patrimonio que leg rselo a ‚l. Nadie echar¡a de menos a Pompeyo. ¨Tienes intenci¢n de volver a casarte. Este patrimonio ascend¡a a unos trescientos millones de sestercios. Calixto le gui¤¢ el ojo.. -No..do-. Pompeyo fue recibido con gran benevolencia por Cal¡gula e invitado a senrarse a su mesa. Semanas despu‚s. re¡a. -No. Despu‚s.. Te consigo una audiencia con ‚l. ¨Y crees que entonces el emperador me dejar en paz? Quiero decir: ¨esperar hasta. -No lo he o¡do. un par de millones de sestercios tal vez. Cal¡gula se hab¡a hecho informar por Calixto sobre el patrimonio de su invitado. zas! Cal¡gula pas¢ el indice por el flaco pescuezo de Pompeyo. sin decirlo. -Naturalmente. Cal¡gula estall¢ en una sonora carcajada. incluso. tambi‚n puedes dejar caer que no andas demasiado bien de salud y que los m‚dicos re cuestan una fortuna. mi salud deja mucho que desear. y. espera lo que re voy a aconsejar ahora. naturalmente el emperador lo sabe y. y quisiera pasar mis £ltimos a¤os retirado y dedicado a estudios hist¢ricos. ¨por qu‚. pues. lleno a rebosar. no quedar¡a nada mal que le hicieras ya ahora un peque¤o regalo. hasta que haya llegado mi hora? Calixto sonri¢: -Pero ¨por qui‚n tomas a nuestro pr¡ncipe? ¨Por un chantajista o. mir¢ a sus invitados y ri¢ alegremente. menciona las obligaciones de un romano digno frente a su pr¡ncipe. El emperador se mostr¢ muy campechano. ¨Por qu‚ iba a hacerlo? Un hombre que quiere dejarle todo su patrimonio al emperador merece todo el . Pompeyo lo mir¢ sobresaltado. amigo mio. -¨Qu‚ es lo que re divierte tanto. que se sustra¡a a su alcance mientras nviera. por todos los dioses. no lo voy a hacer. esperar? De repente. y no s‚ cu nto tiempo de vida me van a conceder los dioses.. por un asesino? Pompeyo palideci¢. -Para un hombre de sesenta a¤os est s muy bien conservado. el testamento estaba hecho y hab¡a sido depositado. s¢lo vivo entregado a los recuerdos.. Adem s. claro que no! Lo dije sin pensar.. bromeaba y pregunt¢ varias veces por la salud de Pompeyo. Reviste tu deseo de palabras complacientes. No tienes que tener consideraci¢n con ninguna familia. o no? Por lo dem s... resalta que se trata de tu libre y sincera voluntad. Cayo C‚sar? -La idea de que te puedo hacer cortar la cabeza en cualquier momento. he sido muy irreflexivo. -¨Es as¡. -Eso no me importar¡a -dijo Pompeyo-.

Quer¡a que el legado comprendiera que aumen316 317 taba el peligro de verse arrastrado por el remolino mortal de Cal¡gula. por los gloriosos dioses y por tu salud! Pompeyo no encontr¢ que el vino fuera tan bueno. y sus fieles oficiales le confirmaron lo que desde hacia mucho tiempo sospechaba: se trataba de espias que ten¡an por misi¢n acecharle constantemente para comunicar a Roma cuanto hiciera y dijera. Cal¡gula llam¢ a la guardia: . Hab¡a que saber aguantar una broma fuerte. que le¡a todas las cartas a Agripina antes de destruirlas. podr¡a ganarse as¡ una fama gloriosa como general. para no asustar a Cal¡gula. Manten¡a correspondencia secreta con el general L‚ntulo Ger£lico. sin duda. hijo del popular Germ nico. Se dirigi¢ al escanciador: -Otra jarra de vino de Falerno. Cal¡gula le sirvi¢ personalmente. pero se fue formando su propio plan. al menos. pero hab¡a que insinuar la posibilidad de que el emperador. -Este vino tiene m s de diez a¤os! Es una bebida de despedida para invitados especiales. Se sinti¢ como si de repente hubiera recibido un golpe en el est¢mago. y despu‚s tendr s que disculparme. esto era todo. Adem s. La peligrosa correspondencia entre los dos conspiradores se manten¡a a trav‚s de un cliente libre de toda sospecha. Un sofocante ardor le hizo gemir. Pompeyo respir¢ aliviado. No deb¡a presentar este levantamiento como algo peligroso. pues Ger£lico hab¡a tenido que aceptar en sus legiones a una serie de tribunos nombrados personalmente por el emperador. Ten¡a que atraer al emperador al Rin. Se desplom¢ sobre el triclinio. El. Estas indicaciones no eran realmente necesarias. Pompeyo? ¨No te sienta bien el vino? Pompeyo ya no oy¢ las £ltimas palabras. pero Cal¡gula resultaba muy tratable. ¨verdad? Ahora vamos a beber otra copa. la copa se le cay¢ de la mano.Llev oslo! Me parece que la comida no le ha sentado bien. ten¡a un extra¤o sabor met lico. Que los m‚dicos se ocupen de ‚l. Tal vez se haya ahogado con un hueso. de la cosecha especial. Los enfermos m s bien merecen compasi¢n. Brindemos por Roma.respeto del mundo. de L‚pido. cay¢ al suelo. su cuerpo se retorc¡a como bajo la tortura y su respiraci¢n estert¢rea se apag¢. no era ning£n monstruo. No dejaba traslucir nada. En Roma se dec¡an muchas cosas. -¨Qu‚ sucede. t£ mismo has dicho que no andas muy bien de salud. y desde lejos oy¢ la imprecisa voz del emperador. Emilio L‚pido registraba exactamente estos acontecimientos. Al d¡a siguiente se hizo p£blico que el noble Sexto Pompeyo se hab¡a ahogado con una espina durante una comida a la que hab¡a sido invitado en el palacio imperial. . hab¡a tomado otros mejores. a quien informaba de todo. y. tal vez bajo el pretexto de una posible insurrecci¢n de los germanos a la que hab¡a que anticiparse.

pero tenemos que evitar cualquier riesgo. s¢lo habla en tercera persona. Pod‚is. Ahora voy a leerte lo m s importante de la carta. a pesar de todo esto he llegado a la conclusi¢n de que seria mejor llevar a cabo la acci¢n lejos de Roma. entonces tiene que ocurrir all¡. si se recibe aqu¡ la noticia fidedigna de su muerte. adoptar s a Ner¢n y lo designar s tu sucesor. pues. Tras nuestra boda. y este mismo a¤o podr¡amos alcanzar nuestro objetivo. Pero si se queda en Roma. se manten¡a tambaleante sobre sus pierneciras rollizas y combadas. Por cierto. pues. intentaba mantener el equilibrio con sus braciros cortos. Se despidi¢ del peque¤o con un sonoro beso y esper¢ hasta que la esclava se alej¢.. ¨Qui‚n sabe? -Tienes raz¢n. es inofensiva y no escucha nuestras palabras. libre. Espero tu se¤al y me mantengo dispuesro. pero no traer m s de ochocientos o de mil. tambi‚n con las cinco de mi suegro Apronio. Agripina se puso un dedo en la boca recomendando silencio. jam s menciona el nombre de Cal¡gula. pues: ®. La fecha m s favorable ser¡a a principios del verano. -Bien. pero sus ojos brillaban como bajo el efecto de la fiebre. en esta ‚poca podr¡a cruzar r pidamente los Alpes con mis tropas. Ger£lico ha vuelto a escribirme. m xime si conseguimos atraerle hacia aqu¡ bajo cualquier pretexto. Lo acompa¤ar n sus pre318 rorianos. tenemos que pensar en todo. Pero no olvides nuestro acuerdo. ciaba sus primeros pasos. El ni¤o. Mi suegro se muestra prudente en exceso y no se decide a prestar sus legiones para el derrocamiento del libertino. El camino est . encantador y mofletudo. ¨Qu‚ dices? El severo y hermoso rostro de Agripina no dejaba traslucir sus sentimientos. contar con mis cinco legiones y. L‚pido sonri¢: -Salve. No se desalienta y proseguir sus intentos hasta mantenerse firme sobre las piernas. y dirigi¢ una mirada a la ni¤era. Es posible que le pregunten si se cit¢ a menudo en mi casa el nombre de Ger£lico. querida. Esta es mi condici¢n! -Esto est m s que acordado.~ L‚pido dej¢ caer el rollo y dirigi¢ una mirada interrogativa a Agripina. El peque¤o se levantaba una y otra vez. -Naturalmente. Escucha. Agripina! Tambi‚n nosotros tenemos que mostrarnos tan renaces como ese peque¤o hombrecito.. Manus manurn lavat!* Y por otra . pero me ha jurado por Marte que re apoyar si se trata de la sucesion. y volv¡a a caerse tras unos cuantos pasos inseguros.Cuando L‚pido entr¢. Agripina estaba ocup ndose de sri peque¤o Ner¢n. -No me arrever‚ a alegrarme hasta que ese monstruo se encuentre sobre la pira y los pretorianos hayan jurado lealtad a Emilio L‚pido Augusto.

Yc¢mo se ri¢ de coraz¢n cuando ella lo tom¢ por un senador! La verdad es que aqu‚lla era su f¢rmula habitual para clientes distinguidos. ¨Qu‚ deb¡a ella pensar de esta invitaci¢n? S¢lo una vez hab¡an coincidido. hab¡a cre¡do ver. aunque los veraneantes en N poles hablaban de sus caprichos y bromas m s bien como algo inofensivo y original. s¢lo capaz de gasrarse el dinero conjuntamente con Cal¡gula. Estaba descansada y sent¡a ganas de hacer cosas. La cortesana Piralis hab¡a pasado el verano en N poles en compa¤¡a de un rico cliente. Se mostr¢ agradecido porque le hab¡a hecho re¡r. solo y viudo desde hacia poco tiempo. pues el cliente * Una mano lava la otra. Tiempo atr s lo hab¡a tenido por un cortesano ab£lico y adulador. sino porque re amo. y despu‚s hab¡a dicho: ¯Me gustas. tras aquella r¡gida m scara.parte quiero que seas m¡ esposa. meo Lesbia~. Correspondiendo a su deseo. lo hacia por ‚l. Pero su coraz¢n pertenec¡a £nicamente a su hijo. Sus ojos extra¤amente fijos la hab¡an examinado brevemente. pues rodos se sent¡an halagados si se les tomaba por un senador. un tribuno?¯. P¡ralis<'. fue un asunto m s bien sin importancia. preguntando: ¯¨Un general. éltimamente no se o¡a nada bueno sobre el emperador. y ella hab¡a subido un poco m s el rango. Y entonces ‚l le hab¡a tomado la mano diciendo que pusieran en pr ctica la sugerencia de Catulo. a su regreso. no lo olvides nunca! Agripina mir¢ a su amante a la cara. Agripina lo respetaba y estaba dispuesta a legitimarle mediante el matrimonio como sucesor de Cal¡gula. por un instrumento de su hermano. y aunque con su comportamiento no se hab¡a ganado su coraz¢n. Por favor. Sabia que arriesgaba su cabeza. sin voluntad propia. X ella hab¡a contestado espont neamente: ¯T£ me gustas tambi‚n¯. un rostro no carente de belleza pero marcado por los m£ltiples excesos. y todo lo que hacia. pero Piralis recordaba todos los detalles. de modo que a ¡iadie se le pas¢ por la cabeza la idea de que hubiera alquilado los servicios de una cortesana. Se hab¡a equivocado. 319 A era un amable viejecito. hab¡a ido a buscar su la£d y le hab¡a cantado la canci¢n de Catulo ~'«vamos. Pero lo que la at¡ ajo entonces no fue su fisico. y. Ella hab¡a seguido con la . hab¡a dicho. por su futuro. a tin ser humano desgraciado y vulnerable. Pero no llegaron a hacerlo. no s¢lo porque resulta lo m s pr ctico para nuestros planes. lo £nico que quer¡a era exhibirse en su lugar de veraneo al lado de una mujer hermosa y cuidada. ¯Algo parecido si soy¯. pues L‚pido mostraba valor y prudencia en los planes de derrocamiento del emperador. encontr¢ la invitaci¢n del emperador. porque ‚l se desplom¢ y se lo llevaron a toda prisa.

Que decidan ellos. En cualquier caso puedes anunciarle al emperador que he estado aqu¡. pero ninguno de ellos se atrev¡a a tomar una dec¡sion. Piralis lo hizo a la ma¤ana siguiente. ®Estos eternos intentos de penetrar en palacio!¯ Yen la mayor¡a de los casos eran mujeres que abrigaban la absurda esperanza de llegar de este modo hasta la cama del emperador. Algunas conoc¡an efectivamente al emperador de alg£n encuentro fugaz. llegaba la invitaci¢n de presenrarse en el Palatino. Calixto aparr¢ los papeles.. ~Conoces personalmente al emperador? -Si. -Me ha ordenado que. No s‚ nada m s. Pero Piralis se mantuvo tenaz: -¨Una broma? No lo creo. pero Cal¡gula no deseaba ser molestado con semejantes hanalidades. Su nombre fue a parar a una lista con peticiones e instancias dirigidas a Calixto. cuya mirada se qued¢ prendida en la nora: "Afirma conocer al emperador y dice que debe presenrarse en palacio¯. y la dejaron marchar. pero ‚ste s¢lo supo repetir lo que va le hab¡a dicho. Su jornada de trabajo duraba doce.mirada la silla de manos rodeada por gente armada y se hab¡a quedado contemplando la pieza de oro (1ue sim acompa¤ante le meti¢ r pidamente en la mano. Calixto gimi¢ en voz baja. Al fin y al cabo conozco personalmente al emperador. M s tarde la hab¡a invitado a la fiesta de mujeres. El oficial de guardia la miro suspicaz: -¨Qu‚ significa esto? ¨Qui‚n te ha llevado esta misiva y cu ndo? -He estado de viaje. Papelajos! ¨Por qu‚ todo ten¡a que acabar en su mesa? Al fin y al cabo hab¡a una docena de escribientes y secretarios. pero en aquella ocasi¢n s¢lo lo vio de lejos. Y entonces comprendi¢ que era el emperador quien hab¡a sido su hu‚sped. Olvidala y sigue tu camino. Tambi‚n fui invitada a la fiesta que se dio para inaugurar el templo de Isis. La verdad es que no quer¡a otra cosa. y no me he enterado hasta ahora. a veces incluso quince horas. X~ ahora. 320 El oficial estall¢ en una sonora carcajada. nada menos que al emperador! ¨Por qu‚ no a los dioses? Pero. El joven oficial ya no sabia qu‚ pensar. en serio: alguien se ha permitido una broma contigo. "¨Otra fiesta?¯. No s‚ qui‚n puede haber sido.. re diga que te presentes en el palacio. . pero precisamente en esto estribaba su poder: en estar informado de todo. ¨D¢nde se re puede localizar? P¡ralis se lo dijo. -Voy a anotar tu nombre y lo paso a secretaria. en cuanto te vea. pregunt¢ al due¤o del lupanar. en decidir lo que ten¡a que llegar al emperador y lo que no. mantuvimos una breve conversaci¢n en el lupanar. Ah.

S¡ dec¡a que diez d¡as m s tarde quer¡a comer con la esposa del prefecto de la ciudad. Su esposa Lolia Paulina lo hab¡a decepcionado profundamente. A Cal¡gula le encantaban estos gestos de humildad. -Me vuelvo a olvidar una y otra vez de que estoy tratando con humanos. Cal¡gula estaba de un humor de perros. y Calixto los dominaba a la perfecci¢n. Te est s volviendo negligente. hechicero y enigm tico de Drusila. caprichoso. sino que tend¡a a todo lo contrario: se las daba de solemne. Calixto! 321 j 7 El orondo secretario se desinfl¢ como si quisiera hacerse invisible. Pero lo que Cal¡gula apreciaba especialmente em¡ Drusila era lo imponderable. Al principio hab¡a abrigado la esperanza de encontrar a una segunda Drusila. No s¢lo carec¡a del car cter espont neo. Oc£pare de que esa P¡ralis sea invitada a cenar esta noche. Majestad. grandiosas actuaciones en el teatro. No era ‚xactamenre mojigata. la hab¡a mimado desmesuradamente y la hab¡a colmado de regalos. alocado. Tras una breve b£squeda encontr¢ el nombre. divino. sus estados cambiantes de nimo. Inn¡ediatamente enviar‚ una misiva a la dama. Ahora que era emperatriz. perdona! Tu memoria sobrenatural ha retenido un nombre que a mi se me antojaha carente de importancia. solemnes visitas al templo. pero he estado esperando precisamente a esta mujer. pero si una remilgada. razonable y due¤a de si. . su humor brillante que sabia co¡werrir una tarde aburrida en unas horas inolvidables.. y no sab¡a muy bien qu‚ hacer con ella. -¨Por qu‚ no se me ha comunicado? D¡a tras d¡a me llenas los o¡dos con docenas de nombres que no me interesan. El p lido rostro de Cal¡gula enrojeci¢ y sus ojos echaron chispas asesinas. lo peor era el comportamiento de Paulina en la cama. tardes ceremoniosas en compa¤¡a de las santas Vestales. En seguida lo comprobar‚. simplemente. Calixto rirube¢.Se qued¢ bastante sorprendido cuando d¡as despu‚s el mismo emperador empez¢ a hablar del asunto: ~Ha pedido £ltimamente una audiencia una tal P¡ralis? Hace tiempo que deber¡a haberse presentado. -No soy m s que una d‚bil criatura. T£ pones todo tu af n en lo que haces. no le gustaban. Calixto. quer¡a llevar tambi‚n una vida de emperatriz: suntuosas recepciones. Sin embargo. -¨P¡ralis? Perdona. lo sorprendente. La tormenta se disip¢. pero son tantos los nombres. se trataba de una decisi¢n tan inamovible como la roca Tarpeya. pero su forma de ser y su manera de comportarse no se ajustaban en absoluto al gusto de Cal¡gula. y muchas cosas no quer¡a hacerlas porque.. lo s‚.

Mn‚srer es una persona que se hace querer. Conoc¡a a los hombres por dentro y por fuera. ajena a ‚l. ~No hay otras mujeres. lo es. sino una peque¤a cena entre amigos. Le parec¡a incomprensible que hubiera personas que no se aburrieran. Piralis quiso arrodillarse para besarle la mano. que no estallaran furiosas. se apoder¢ de ella una sensaci¢n . no rengo muy claro si al bueno de Mn‚srer se le debe calificar de hombre. como quien dice. Piralis hab¡a echado aceite al fuego. Sin duda. el bailarin Mn‚srer y el auriga Eurico. toda Roma habla de esto. 322 P¡ralis apareci¢ en palacio puntualmente. pero Cal¡gula orden¢: D ‚jalo! Esta no es una recepci¢n de Estado. lo es -dijo Piralis. Piralis irradiaba tambi‚n en su presencia una calma y una seguridad como si no fuera el emperador quien la hab¡a invitado a comer. que no desearan cada vez m s y siempre algo nuevo. y desde siempre le hab¡a atra¡do ir al fondo de semejante actitud. Valerio Asi tico. sino ella al emperador. Piralis. al verlo. Se le considera m¡ amante. Piralis esboz¢ una sonrisa refinada. En esta ocasi¢n encontr¢ todas las puertas abiertas. empezaba su d¡a con el alba. que no fueran ni crueles ni se regocijaran con el dolor ajeno. pero. Piralis los examin¢ detenidamente. Inrerprera los papeles femeninos de manera tan convincente que uno no sabe con exactitud a qu‚ atenerse con ‚l. Quiero aprovechar la ocasi¢n para presentarte a mis amigos. con la agenda en la mano. Cal¡gula llevaba ya semanas sin acostarse con ella. est n invitados Emilio L‚pido. A ‚l ya lo hab¡a conocido en aquella otra ocasi¢n. Paulina floreci¢ como una rosa. Con estas palabras. Y adem s es un gran artista! Recientemente yo mismo azot‚ a un noble porque hizo ruido durante una pantomima. -Si. s¢lo t£. -Y aunque as¡ fuera. El primero en aparecer fue L‚pido. y esto precisamente parec¡a sentarle muy bien. Aparre de ti. no pienso hacerlo! Deja eso. no quiero andar ma¤ana cubierta de cardenales! Yasi continuamente. Cuando todos los invitados estuvieron reunidos.-No. Sin embargo. Majestad? -No. L‚pido ya re conoce de nuestro primer encuentro. pero no es verdad. y mir¢ con curiosidad a su alrededor. Mn‚ster es genial! -Si. esto es de animales. y su joven y eficaz secretario ten¡a que correr constantemente tras ella. El emperador la recibi¢ en el peque¤o comedor que s¢lo conoc¡an sus confidentes m s ¡ntimos. una hora despu‚s de la puesta del sol. y en la mayor¡a de los casos le bastaba ver a un hombre entrar en la estancia para valorarlo adecuadamente. Cal¡gula not¢ que esta mujer era un ser equilibrado y satisfecho.

hab¡a perdido una de las £ltimas carreras. entr¢ en el triclinio 323 1 precediendo al auriga. cuando le presentaron a Piralis. seguramente por casualidad. creo que nadie en el Imperio romano deber¡a ser m s rico que el emperador. O quiz sea mejor que re enfrentes directamente con un le¢n hambriento. -Pero deber¡a hacerlo. Pese a que Asi tico. su inclinaci¢n no result¢ demasiado profunda. pero esto formaba parte de los privilegios del genial artista. Majestad? Ni siquiera Enr¡co puede ganar todas las carreras. puedes disponer de todo. Eso resulta sencillamente inadmisible! -¨Qui‚n puede ser m s rico que t£. junto con Eurico. trataran al emperador con gran respeto. . y se le notaba claramente cualquier emocion. su rostro hermoso y viril parec¡a due¤o de si y no dejaba traslucir nada de sus sentimientos. Entico esboz¢ una sonrisa est£pida cuando le presentaron a P¡ralis. Bien. Majestad? De todas formas.extra¤a. Seguro de si mismo y erguido. El senador Valerio Asi tico apareci¢. Tras sus rasgos marcados por los excesos. A la larga no es aceptable un auriga que perjudica la fama de los Verdes. esboz¢ una sonrisa dulce. sin reprimir su inclinaci¢n a los chistes c¡nicos. tuvo que escuchar: -Estoy considerando la posibilidad de prepararte para gladiador. le bes¢ la mano al emperador con un inacabable gesto entra¤able. Por muy bien que supiera dominar su expresi¢n sobre un escenario. al parecer. P¡ralis not¢ en ambos un leve desprecio. y entr¢ en la estancia como un animal olfateando. tuvo que oir de boca del emperador: -En general. Eutico. ~Qu‚ re parece? Eurico se puso p lido como un pa¤o de lino reci‚n lavado. hizo una mueca de remoto asco. como tambi‚n L‚pido. Mn‚srer apareci¢ con algo de retraso. Trag¢ saliva varias veces para tartamudear despu‚s: -Se tra-trata de u-una broma. dejemos que el le¢n pase a£n un poco de hambre y esperemos las pr¢ximas carreras. El tono desenfadado y amigable no era capaz de enga¤arla. pues de todas formas no sirves para gladiador. Ten¡a la mirada aguda y atenta de un zorro. por lo visto. y se dio cuenta de que aquellos dos hombres no eran amigos tan leales como una mirada superficial pudiera indicar. amigo mio. salud¢ a los dem s con ademanes afectados y. Murmur¢ algo sin importancia. Entonces la cosa va m s deprisa. ~yerdad. Cal¡gula se mostr¢ amable. reconoci¢ fuerza y decisi¢n. Le llevar¡a unos diez a¤os al emperador. Danzaba de un lado a otro como si estuviera pisando un escenario. x Piralis not¢ que no se sent¡a demasiado a gusto fuera de la pista. no era capaz de hacerlo en la vida privada. que. era muy rico. Valerio Asi tico que.

Haznos. Lo dem s est invertido en casas. apareci¢ una pareja de cantantes de Numidia. M s tarde actuaron unosjuglares. todo el mundo comprendi¢ de qu‚ se trataba. Estos ser n los primeros de quienes nos vamos a ocupar.. comprob¢ cuidadosamente su rostro y se coloc¢ ante su reducido p£blico. pasi¢n. -Es posible. ¨no re apetecer¡a presentarnos algo en peque¤o circulo para poner un final digno a esta velada? Mn‚ster se hizo de rogar. que nadie entend¡a. -Al menos t£ tienes una gran familia. -Querido. Mn‚ster sabia que ‚sta era una de las piezas preferidas del emperador.. Dificilmenre pod¡a negarse Mn‚srer a un deseo de su emperador.. lamenr~hl~ ~ no se lo que ~ ~-. con gestos afectados. amigos m¡os.~SP ~Eso es ~ Pero. alis¢ los pliegues de su toga.. De gustibus non est disputandum!* Pero en nosotros encontrar s agradecidos admiradores.. cuadras de caballos. Cal¡gula entendi¢ inmediatamente a qui‚n se refer¡a. y todo lo que Fortuna depar¢ a los enamorados: separaci¢n. reencuentro feliz. ¨A cu nto asciende el tuyo. el hijo de Apolo que fund¢ el * 325 -I Sobre gustos no se discute. Mn‚srer que Enrico encuentre m s delicioso el batir de los cascos y los relinchos de sus caballos que tu arte esc‚nico. manos y de sus cabezas se deduc¡a c¢mo la pareja de que trataba su canci¢n se enamor¢. aunque tal vez s¢lo porque ‚l era bailarin. se levant¢. Los cuerpos de ambos acompa¤aron la canci¢n y de los movimientos de piernas. Que entre la m£sica y los cantantes! Entre otros. Estall¢ en una sonora carcajada y dio la raz¢n al bailarin. celos. c~ue est n sentados sobre su dinero como la gallina sobre sus huevos. Mis arcas est n vac¡as: soy m s pobre que algunos liberros. a la realidad. sac¢ como por arre de magia un peque¤o espejo de mano. este favor. mir¢ a Eurico y dijo en tono mordaz: -No estoy seguro de que todos aqu¡ sepan apreciar mi arte como t£. hombre y mujer. as¡ pues. Pero servios. Dio unas palmadas. Incluso Mn‚srer aplaudi¢ condescendiente a sus colegas. Estoy pensando ya en la posibilidad de implantar un nuevo im324 puesto que reduzca a la mitad todo patrimonio que exceda de un mill¢n de sestercios. Cantaron una canci¢n de amor en el lenguaje de su patria. Majestad. sin hijos. pero no cantante. Asi tico? -En dinero en efectivo. pero hay un par de viejos ricachones sin esposa. pues. se convirti¢ en Ciniras. actor y mimo. . a unos cientos de miles. pues. con rostros oscuros y nobles. perd¢n. pero eran tan malos que Cal¡gula bostez¢ y se dirigi¢ a Mn‚srer. -Voy a presentar una versi¢n abreviada de la pantomima tr gica C¡niras y jVlirra. campos. y no obstante. no vamos a aburrir a la hermosa Piralis con conversaciones tan serias. ira.

Cal¡gula le dirigi¢ tina mirada l nguida e hizo un afectado gesto al estilo femenino. 326 -. -Veamos. Majestad -coment¢ Piralis. dios de la fecundidad. Querea reflexion¢ si aqu‚lla hab¡a sido una broma inofensiva o una ofensa. Pero a Mn‚ster no le hac¡a falta este apoyo. -Creo que has ofendido al tribuno. ~Quiere ponerme a prueba -penso-. Bien.¯ -Puede que tengas raz¢n. tom¢ a Piralis del brazo y arraves¢ con ella los amplios salones del palacio hasta la alcoba. qr¡iere averiguar lo que pienso de su divinidad. se puso firme y pidi¢ la consigna para aquella noche. Con los movimientos de su cuerpo y su m¡mica logr¢ la mayor expresividad y todos lo entendieron. -¨Que lo he ofendido? Un dios no puede ofender a nadie. los germanos no hab¡an entendido nada. lo tiene que aceptar el hombre con humildad. bomboncito con voz de eunuco. El tribuno de servicio. apreciaba el arre esc‚nico. normalmente. engendr¢ un ni¤o con su propia hija. Querea decidi¢. pues Priapo. y se suicid¢ al darse cuenta del incesto. imperator! Cal¡gula desapareci¢ con Piralis en la alcoba. Tras ellos se o¡a el paso de marcha de la guardia germ ¡iica. Mn‚srer interpret¢ los dos papeles. Querea se mantuvo imperturbable y repiti¢ al estilo militar: -Priapo. Yno s¢lo en Roma! He dado orden de levantar templos y .culto de Afrodita en Pafos donde desempe¤aba el cargo de sacerdote. no senrirse ofendido y reanud¢ su ronda nocturna por el palacio. y tal vez por parte del emperador fue una alusi¢n a la muchacha que compartir¡a esta noche su cama. tinos cantantes sol¡an dar m s vida a la representaci¢n. que bostezaba con disimulo y segu¡a la interpretaci¢n de Mn‚srer con ojos muy abiertos. Entico. Nos hemos repartido el universo: ‚l gobierna el cielo y yo la tierra. que la observaban estrechamente. tanto si es bueno como si es malo. Lo que procede de los dioses. Majestad. ¨qu‚ escogemos hoy? El emperador baj¢ la mirada como una muchacha avergonzada y silb¢: -Priapo. pues soy hermano gemelo de J£piter. mientras que. lo que demostraba una falta total de comprensi¢n. De repente. con paciencia y sin quejarse. porque quer¡a que Mn‚ster viera que tambi‚n ‚l. En realidad CayoJ£piter. El pueblo tiene derecho a conocer el rostro de su dios. pues. Cal¡gula se hizo el sorprendido. acompa¤ado s¢lo por una suave m£sica. Desn£date! Y ll mame Cayo. con su falo descomunal no resultaba apropiado como consigna. Por eso en Roma todas las estatuas de J£piter llevan mi rostro. excepto. Naturalmente se uni¢ al aplauso. Cal¡gula hizo levantar la mesa. el auriga. tal vez. Debido a un tr gico error. P¡ralis vio una peligrosa mirada acechante en sus ojos fr¡os y duros. Casio Querea.

pues Pan era el dios del bosque. rengo fr¡o -le interrumpi¢ Piralis. -¨Fr¡o? Yo nunca rengo fr¡o! El fuego divino me da calor. pronto dejar de estar vacio.¨verdad? Piralis se hab¡a desnudado y permanec¡a desnuda junto a la cama. pero Calixto no lo consider¢ adecuado. de verdad! ¨Sabes c¢mo me llaman en griego? Zeus Epiphanes Neos Gaios. Cayo J£piter. pues la mayor parre de la ciudad hab¡a ofrecido regularmente sus sacrificios ante este altar. pero el emperador no le prestaba atenci¢n alguna. Cal¡gula se sinti¢ abrazado cori pasi¢n y animado vivamente a esforzarse. hablaba mientras se met¡a en la cama junto a la mujer. y Piralis s¢lo se entregaba voluntariamente. Piralis abraz¢ su cuerpo fofo como una esponja. incluso para un dios. obeso. Piralis. la religi¢n est por encima de todo. -Cayo. en no s‚ qu‚ ciudad. Un altar dedicado ami!. Es un pueblo terco e insubordinado. ‚l ya lo hab¡a advertido cuando la vio por primera vez. destrozaron un altar dedicado al emperador. ‚l se ten¡a por un dios. mi estatua !. ¨te imaginas. peludo y con el aliento oliendo a vino. Zeus en su nueva apariencia como Cayo. empalar. La gente lo hace a gusto. Para ellos. As¡ he dado orden a Publio Petronio. de colocar la estatua de Zeus Epiphanes Neos Gaios. Los sacr¡legos fueron empalados y quemados seguidamente a fuego lento. -Es un castigo justo. arde en mi d¡a y noche y a menudo ni me deja dormir. decapitar antes de ceder un pice. Hablaba mientras se quitaba la ropa. Los humanos necesitan dormir de siete a ocho horas: a mi me bastan tres o cuatro. not¢ el fuerte vello. Las noches son largas. Recientemente. Calixto recibi¢ la queja de que all¡. y los jud¡os tendr n a qui‚n adorar. muy largas. Se dejan crucificar. ve acost ndore.enel templo de Jerusal‚n. Dijo que J£piter s¢lo deber¡a castigar a los causantes. Sin pudor. Todo el pueblo jud¡o tiene que saber qui‚n es su se¤or. Piralis. Pero sabr‚ imponerme tambi‚n a ellos. re das cuenta! Mi primer impulso fue borrar a toda la ciudad de la faz de la Tierra por semejante sacrilegio. No sent¡a asco de nin327 j y g£n hombre con quien se acostara voluntariamente. Si. y esto daba alas a su imaginaci¢n. Daba largos pasos de arriba abajo entre las columnas de p¢rfido del cubiculum y no dejaha de hablar. suena bien . pero no sinti¢ asco. dispuesta y entregada . La idea la excir¢. Piralis. ced¡. Como se pudo detener a algunos de los autores. Cal¡gula sonri¢ satisfecho al imaginar la escena. -S¢lo los jud¡os plantean dificultades. un templo vacio? Solt¢ una risita maliciosa. En este templo absurdo que no contiene ninguna imagen de un dios. ¨verdad? Pero no quedar en esto. -Bien. a qui‚n tiene que obedecer. Al fin y al cabo. En su desbordada fantas¡a imaginaba que Pan la hab¡a atra¡do a su cueva y que ahora la estaba seduciendo. el legado de Siria. Esa Piralis era una amante maravillosa.estatuas en todas las provincias al J£piter viviente.

En 1986 le fue concedido el premio cultural de Schlehbeim. La atrajo contra su ct¡erpo. su dedicación a la literatura se inició hace más de veinte años. ser muy r pido. Si va fui el primer pr¡ncipe que se caso con su hermana. me casar‚ contigo. Precisamente ella que se acuesta con un poetastro! Prefiero a una prostituta. y Piralis pens¢: ¯En el fondo sigue siendo un ni¤o. Al mismo tiempo ha colaborado de forma habitual en la realización de programas de radio. Y no hablemos de la expresi¢n de mis hermanas! Ya las estoy viendo a las dos en nuestro banquete nupcial. espada en mano. -S¡. 328 SIEGFRIED OBERMEiER Nacido en 1936 en Munich.ya ahora estoy esperando la reacci¢n de los dem s. -Y todo sin proceso. así como en periódicos y revistas. la vida tiene que ser ins¢lita y amena. Es una idea fant stica. y. Piralis. ven. Si un dios gobierna el Imperio romano. tambi‚n ser‚ el primero en casarme con una prostituta. glosas y otras obras de diversa índole. rengo verdadera hambre de ti. Ser¡a un mal ejemplo para el pueblo que el pr¡ncipe fuera b¡gamo. Cavo. prostituta no: busquemos una denominaci¢n m s adecuada: con tina noctiluca. estimulante y eficaz. Algo as¡ s¢lo lo puede conseguir un dios: una hetaira se mere en su cama y sale de ella convertida en emperatriz. despu‚s.correspond¡a a sus deseos. pero no al modo de una esclava sumisa. pero antes tienes que divorciarre. Ya sabes que el populacho lo imita todo. A Cal¡gula le apasion¢ esta idea. Y¡~o digamos el Senado! Los venerables padres se arrastrar n por el po¡vo ante ti como perriros que mueven el rabo mendigando tu permiso para besarte la mano. M s tarde le dijo: -Me voy a divorciar de Paulina. Cal¡gula se incorpor¢ y dijo: -Mandar‚ llamar ahora mismo a Calixto para que redacte el contrato matrimonial. ensayos. ah. No. Piralis. sino alegremente y llena de imaginaci¢n. novelas. -D‚jalo dormir. . En el curso de estos años ha escrito numerosos cuentos. de todas formas va ten¡a intenci¢n de hacerlo. Piralis. una meretriz. Yav de quien se burle! Las jaulas del Circo M ximo est n llenas de animales hambrientos! Los burlones se reencontrar n r pidamente en la arena. frente a un le¢n rugiente. Una cosa tras otra. Pero vamos a anticipar va nrmesrra noche de bodas. La altiva Agripina arrugando la nariz y la peque¤a Livila haciendo un gesto desde¤oso con la cabeza. un gran ni¤o cruel e imprevisible¯. Muchos de los textos de su autoría han sido incluidos en los libros de lengua alemana y de arte para su utilización en las escuelas superiores. tienes raz¢n. Entonces podremos organizar jr¡egos cada dos d¡as.

Primero emperador. nada se resiste ante la voluntad caprichosa de este hombre que sembró su trayectoria de crímenes difícilmente imaginables. Entre ellos el de Cornelio Sabino.Calígula. conseguirá llegar a la cumbre del poder haciendo uso de una crueldad legendaria y una total ausencia de escrúpulos. junto con su amigo el centurión Querea. un joven de buena familia que. el joven inteligente y ambicioso que supo jugar sus bazas en el seno de la familia imperial. Der grausame Gatt Traducción: Basilio Losada Traducción cedida por Editorial Edhasa Diseño de cubierta: BaseBCN .HISTORIAS DE GRECIA Y ROMA Título original: Calígula.HISTORIAS DE GRECIA Y ROMA CALÍGULA EL DIOS CRUEL (II) SALVAT . y que en pocos años se granjeó el odio de sus contemporáneos. y luego dios. participará en la conspiración que pondrá fin al desgraciado gobierno de Calígula. SALVAT .

de modo que casi acudían sólo al templo las gentes de la ciudad con sus súplicas.851-1998 Publicada por Salvat Editores.. el veterano centurión con el que se había batido en duelo se había convertido en su amigo y confidente. el calendario de fiestas no registraba en Efeso celebraciones especiales dedicadas a la Artemisa.A. pues el mar. (De la presente edición) © 1990 by nymphenburger in der F. -Ahora tengo que tener mucho más cuidado. pequeñas o grandes. aunque no sin recibir a cambio diversas contraprestaciones de Sabino. Múnchen © 1995 Basilio Losada (De la traducción) © 1995 Edhasa ISBN: 84-345-9851-5 (Obra completa) ISBN: 84-345-9863-9 (Volumen 12) Depósito Legal: B-36. y aumenta el peligro de que 329 L . La mayoría de los comerciantes había desaparecido y. pero esta estación del año.Impreso en España Cornelio Sabino se sentía tan dichoso como los bienaventurados dioses del Olimpo. e imploraba a la diosa Fortuna que mantuviera este estado el mayor tiempo posible. resultó desfavorable para Helena. Entretanto. S. las tabernas estaban cerradas. paralizaba en gran parte la navegación. A veces pensaba. sin embargo. Estas consistían ante todo en meterse lo menos posible en sus decisiones y pagarle (le vez en cuando una jarra de vino. Había encontrado una manera para ver regularmente a Helena sin entrar en conflicto con su servicio. Entretanto había llegado el invierno.A. y así Sabino podía desaparecer en cualquier momelito. Barcelona Impresa por CAYFOSA . Durante esta época. impidiendo la afluencia de peregrinos.A. Herbig Verlagsbuchhandlung GmbH.© 1998 Salvat Editores. que era una felicidad excesiva. Era una época tranquila y pacífica que. porque el viejo gtierrero le cubría las espaldas. Para el templo de Artemisa habían comenzado también días tranqtíilos. a excepcióíí de dos o tres. Casi todos los que vienen al templo son gente de Efeso. avergonzado. a veces tempestuoso en noviembre y diciembre. S. que en Roma era a veces bastante fría -en ocasiones hasta nevabarestíltó ser aquí agradablemente suave.Santa Perpetua de Mogoda (Barcelona) Printed in Spain .

Helena. ¿no es cierto? Helena se sentó. de algún lugar llegaba un persistente arrullo de palomas. El único que ha hablado de amor has sido tú. sin dignarse volverse siquiera. al fin. los pulmones de Sabino volvieron a recibir aire suficiente. En stís ojos de color de miel aparecio una mirada extrañamente inquisitiva que hizo que Sabino pregtintara con un deje de inseguridad: -Querida. Helena? Por favor. y ahora yo sobro. Su respuesta se hizo esperar. Naturalmente la cosa nunca pasa del intento. pero no seria dificil convencerle de que el hijo es suyo. dimelo. ¿verdad? La familia feliz se agrupa en torno a la cuna del ansiado heredero. Helena negó con la cabeza. intentó varias veces decir algo. Tomó lajarra de vino y se echó el contenido entre pecho y 330 espalda. sino porque me amas.Es que Petrón ha empezado a sospechar? ¿Alguien te ha visto aquí? Helena se levantó y fue hasta la ventana. ~qué te ocurre? ¿En qué ha cambiado tu situación? . Sabino se levantó despacio y fue a la ventana como aturdido. Helena sigtíió hablando con evidentes muestras de intranquilidad. Sus grandes y hermosos ojos de color de miel estaban anegados en lágrimas. Petrón se preguntará quién ha engendrado este hijo. pero lo complica todo para nosotros. -Tienes que huir conmigo -insistió Sabino-. y entonces ya no tendré ningún motivo para venir aquí. -¿Qué ha pasado. Además. A Sabino se le hizo un nudo en la garganta y con la respiración entrecortada. sin aliento y con la cara roja.Ajá!. y el maricón de Petrón celebra con sus amigotes la paternidad. Ya he tenido dos faltas en los días de mi purificación.XXII entre ellos haya algún conocido. y entonces intenta algo parecido a un coito. -No lo hará. le dio la espalda a Sabino y dijo. -Es la cosa más sencilla del mundo. Ocasionalmente viene a mi cama casi siempre borracho. -Pronto ya no se podrá octíltar. El sol del ocaso lanzaba su brillo sobre los campos resecos. pero no logró articular palabra. Tomó a Helena suavemente por los hombros y la obligó a girarse. y le provocó una tos tan espantosa que pensó que iba a ahogarse. Todo empezó a dar vueltas en la cabeza de Sabino. . No veo otra salida. Estoy embarazada. mi situación ha cambiado. Esto no puede ser. Helena le dio golpes en la espalda hasta que. Una parte se le fue por el esófago. mi amor. -Pronto ya no podré venir más. -. -Sólo he dicho que me gustas. ¡Nos amamos! No has estado viniendo aquí todo este tiempo sólo para que te hiciera un hijo.

¿Fue sólo lujuria o simulación? ¿O pensaste desde el principio en un plan para aumentar la familia? No me costaría nada estropear estos hermosos planes informando a Petrón de nuestros encuentros. seguramente. -¿Tu hijo? ¡Nuestro hijo! ¡No lo olvides! Helena le dirigió una mirada afectuosa.. y ten. siento un gran cariño por ti. . y. 331 L -Ahora también tú hablas de amor. y luego dijo con voz ronca y titubeante: -De acuerdo. Tú serás expulsado de la legión. pero me lo has demostrado una buena docena de veces. ¿Quieres que. Pero Petrón utilizará precisamente mi embarazo a su favor. pero dentro de unos años tú misma creerás que Petrón es el padre. dices que sólo yo he hablado de amor. -¿Cómo iba a olvidarlo? No lo olvidaré jamás. el imbécil de Sabino será olvidado rápidame~te. y las promesas del matrimonio forman parte de ellas. luego. después ya veremos. no saben nada de mi existencia? ¿Cómo lo imaginas? Hay leyes que rigen en todo el Imperio romano. no sollozaba. ante el tribunal. Déjame primero que traiga a mi hijo al mundo. con todo y con eso. -¿Qué tengo que hacer? -dijo en voz baja-. pero.. y ni siquiera tus padres. Quizá es verdad: no has dicho nunca que me quieres. Pero si admito que el hijo es tuyo. se resistía a abandonar a Helena sin luchar. y entonces el clan seguirá esperando que venga el hijo. o de tu familia. pueden desear que se eternice la desgracia de su hija. los dos seremos considerados adúlteros. Tal vez sea un~ niña. ¡Quizá entonces volverás a . Todo el mundo sabe que Petrón es homosexual. desposeído de todos los honores. si te quieren. embarazada como estoy.Carraspeó repetidamente. los jueces no se mostrarán clementes. y pasarás el resto de tu vida picando piedras o manejando el remo de una galera. .-No te odio. El padre de Petrón es un hombre respetadisimo. y luego me cortarán la cabeza. Engendrado con placer y con amor. -Lo sé. pero las lágrimas resbalaban por sus mejillas.drás que buscarte un nuevo semental. Es verdad que ha dado el heredero a vuestra estirpe. ¿Qué harías tú entonces? Helena se había sentado en una silla y permanecía quieta y silenciosa. -Podrías pedir el divorcio. y hasta ahora lo he saboreado amargamente. a los brazos de tus padres que no me conocen y que.-No lo suficiente como para arriesgarte. Nadie puede calificar de matrimonio la unión con un homosexual. huya contigo a Roma. Prefieres ocultarte en el sen. yo ni siquiera podría negar que ha cohabitado conmigo. por negarse tu marido a cumplir con sus deberes conyugales. ¿Quieres que acabemos ante los tribunales como notorios adúlteros? Supongo qtíe sabes qtíé castigos se imponen por este delito. Me dejarán parir tu hijo. Sabino. aunque el resultado haya sido más que miserable. ¿Puedes permitir que esto ocurra si de verdad me quíeres~ Sabino sabía que la muchacha tenía razón y que no le quedaba más salida que claudicar. ateniéndote estrictamente a las leyes.

. querido.. me be alistado en las legi ones contra la voluntad de mis padres. Pero no del~emos insultarnos. ~abino la besó apasionadamente hasta que Helena se zafó y se encauxisinó sola al atrio del templo donde. Sabino vio un remoto rayo de esperanza. si.nos encontraremos dentro de tres días a la hora hab. A Sabino se le cayó un peso de encima. ¿lo volverás a pensar? -Claro que lo haré.. estaba a punto de engañarlo. -He ordenado toda mi vida pensando en ti. ¿Crees qu~. EHelena se detuvo y tapó la boca a Sabino... Esta noche le diré a P 'etrón que estoy embarazada. «Con estas palabras me da a e~tender a su manera que me quíere«. dedicada al dios Saturno. pensó. con esto no conseguimos nada. que quieres. tal vez sin quererlo. Esta antiquísima fiesta de la siembra. -Así que deseas..aco rdarte del tonto de Cornelio Sabino! . A partir de entonces se suspendían todos los negocios. ~Sabino acompañó a Helena de vuelta al templo. Además ya es hora de irme. podemos vernos unas veces más. Puedes creer que me horroriza la idea de segluiiir casada durante otros diez o veinte años con Petrón.Ahora estás diciendo tonterías! -dijo Helena furiosa-. ¡Y todo esto sólo por ti! CuandQ un hombre se ~ntera de que todo ha sido en vano y que sólo se le ha utilizado . ¿nos vemos hoy por última vez? -preguntó Sabino corli peligrosa calma.-Entonces. y que le debo algunos sacrificios de ~icción de gracias a Artemisa. como de costumbre. . esperaba su aama. tanto los priva- . y. IiMientras Sabino volvía al cuartel a lomos de su caballo..itual? -Si no recibes noticias mías. .. todo esto resulta fácil? Gestar y parir tío hijo no es mugurua diversión. para mí. --Si quieres. '~' desapareció su des~speración. había adoptado en el ámbito tírbano formas que ya no tenían nada que ver con su significado originario.. ligeras dudas. no obstante. Roma se estaba preparando para las Saturnales. -Entonces. quizá no conscientemente. -No digas tonterías -dijo con cariñosa indulgencia.. tras largos esfuerzos. De aquí a entonces tu ira se habrá ido disipando y podremos reflexionar tranquilamente sobre nuestro futrLilro. Le quedaron... La fiesta dtiraba siete días y empezaba ante el templo de Saturno con un solemne sacrificio ofrecido por el emperador y su familia. pensó de nue-vo en su situación y no consiguió librarse de la sospecha de que 332 U Helena. consigcx ser destinado a Efeso.

que siempre estaba ideando cambios. a lo largo de los cuales se trataban en pie de igualdad con sti señores. los dos cónsules y una docena de respetados senadores. e hi7o así algo con lo que se ganó el aplauso de todo el pueblo: prolongó la fiesta un día mas. a los presos se les quitaban las cadenas. adoptado por los romanos y equiparado al Cronos griego. por rico que fuera o por rancio que fuese su nobleza.dos como los públicos. quiso imponer su sello también a las Saturnales. Llevaba tin manto de púrpura ornado con orlas y flecos de oro. seguido de Agripina y de Livila. y la comitiva avanzaba muy despacio para que el pueblo pudiera captar algo del grandioso aspecto tras la muralla protectora de los pretorianos. cuyo rostro marcado por las cavilaciones se contraía de vez en cuando de manera preocupante. ofrecían un aspecto amenazador. en los que abundaban los desmanes. que se levantaba sobre un zócalo en la parte oeste de la Vía Sacra. y su pálido rostro. y Calígula. en la que apenas eran visibles los labios finos y descoloridos. Saturno era un viejo dios campesino etrusco. La encabezaba el colegio sacerdotal. cónsules y senadores hasta el templo. Calígula sentía poca afición por esta fiesta. seguido de las Vestales. colocada con tanta 333 L habilidad que ocultaba casi por entero la progresiva calvicie de Calígula. Las Saturnales empezaban en la mañana del diecisiete de diciembre con la solemne ofrenda ante el templo de Saturno. su cabeza estaba adornada con una corona áurea de laurel. al subir al altar de los sacrificios. las hundidas sienes. Desde el Palatino eran sólo unos cuantos pasos. y los esclavos podían disfrtítar de una libertad ficticia durante siete días. Luego. pties le repugnaba la idea de que los esclavos ptídieran gastar bromas a sus señores. precisamente de las viejas familias se esperaba un estricto cumplimiento de los ritos de las Sattirnales. podía sustraerse a esa costumbre. que capitaneaba al populacho durante estos disparatados días. Tras él cojeaba el viejo tío Claudio. la puerta del santuario estaba abierta de par en par. En Roma se había convertido en una costtímbre que la plebe eligiera por sorteo un rey. La mirada sombría del emperador. padre de Zeus. compartían su mesa y eran incítíso servidos por éstos. La gente se regalaba mutuamente velas y sigillaña o pequeñas figuras de barro y pasaba el tiempo con juegos. Pero él. Se aburría miserablemente y no dejaba de enfurecerse por tener que ceder a las exigencias de aquel espectáculo ridículo en el que no ocurría nada que él pudiera amenizar con sus «bromas». pudo distinguir al . En este día de fiesta. al que llamaban Saturnaliciusprínceps. Ningún romano. que llevaban en sus manos ramilletes de flores como ofrendas a Saturno. Toda la familia imperial avanzaba en procesion en compañia de sacerdotes. había un espacio vacio que el divino CayoJulio César exigía para sí solo. los ojos fríos y la boca apretada. aunque como príncipe apenas se veía afectado.

sus pies estaban envueltos en vendas de lana roja que los sacerdotes le quitaban ahora con gesto solemne. se juró entonces que no descansaría hasta acabar con aquel depravado. antiguo cónsul.» Pero todos sabían que Valerio quería vengarse por una ofensa que le infligió Calígula cuando. El obeso secretario tuvo que confeccionar una lista de todos los romanos ricos que no tenían ni hijos ni esposa. alusión a la cosecha de cereales. Agripina y Livila fueron las primeras en llegar. Esta venganza daba sentido y contenido a su vida sin sentido. a los locales de tina agencia naviera de su propiedad. pero. la relación no resultó muy larga. entre otros. Bajo el reinado del emperador Tiberio. recitó tan de prisa las oraciones preceptivas que nadie las entendió. «ojalá cobraras vida. El tío de Cornelio Sabino era uno de los objetivos de Calígula: era rico y no tenía ni esposa ni hijos. Valerio. Uno de los viejos senadores susurró a otro: -Por lo visto. -Precisamente está empeñado en llenarlas -dijo el otro. Antes les dijo a los sacerdotes: -En las restantes ceremonias me representará el príncipe Claudio César. qtíe administraba uno de sus libertos. Pero Saturno no era uno de los grandes dioses como Júpiter. No descubría del todo sus motivos. ¿Cómo pretende Roma ser tomada en serio por sus provincias. Calígula cumplió sus obligaciones con desgana. En su mano alzada el dios mostraba una hoz. Neptuno o Marte. si un loco y vicioso asesino crapuloso mancha el trono imperial? Tenemos que devolver stí dignidad a Roma.fondo del recinto sin ventanas la estatua iluminada por antorchas. era una vergúenza. sino que se limitaba a hablar una y otra vez de que Calígula. primo Saturno y blandieras tu hoz sobre el Senado para que cayeran las cabezas como tallos de trigo». ante los ojos de todos los invitados al banquete. Emilio Lépido quiso aprovechar la época alegre y despreocupada de las Saturnales para comentar con algunos amigos los siguientes pasos de la conjura. y la violó. tras un Atígtísto e incluso tras un Tiberio. habían viajado juntas hasta Ostia en tina barca por el Tíber. furioso. como patrono de la agricultura. y esto le habrá hecho recordar que las cámaras están casi vacías. y se marchó al cabo de poco tiempo en dirección al Palatino con su guardia germánica. de los vergeles y de los viñedos. estaba en ella el nombre de Cornelio Calvo. Los invitó a Ostia. y mticho menos por sus enemigos. Como casi todo el mundo tenía familia. se le ofrendaban trigo. frutas y mosto de la reciente vendimia. el «trabajo de gobierno» de Calígula consistía en estos días en descubrir nuevas fuentes de recaudar dinero. como representante de Roma. me reclaman asuntos urgentes. que seguía siendo considerado valido del emperador. Calígula ha pensado que en el templo de Saturno se guarda el tesoro del Estado. Ambas sabían que hacía va tiempo que Lépido había ganado para sus planes a Valerio Asiático. que lo . A él. Calígula pensó. un acaudalado senador. arrastró a su mujer a una habitación contigtía como ganado conducido al matadero. Efectivamente.

pero desde que Getúlico se ha puesto las insignias de mando. historiador. no sin darle un fondo musical a su aparición. -Todos queremos lo mejor para Roma. que mostraba poco sus sentimientos pero de quien se sabia qtíe odiaba a Caligtíla y que. no nos mantengas en vilo por mucho tiempo. de finos rasgos. legado de la Germania Superior. con ojos algo melancólicos. y Valerio. cuarentón. no era ningún traidor. . Agregó a las palabras del amigo: -Ultimamente he tenido serias dudas sobre si el servicio a Roma y a su emperador merecía realmente la pena de qtre descuidara a mis amigos. También aquí se había elegido a un «rey de los esclavos» a quien stís «súbditos» llevaban ahora por las calles entre gritos y risas alborotadoras en una silla de manos descubierta. bostezó y preguntó curioso: -Para hoy nos has prometido una sorpresa. había llegado a la dignidad de consul y a otros cargos importantes. ya no tiene tiempo para sus amigos. entretanto. al que unían el ruido de sus «canciones». poeta. lo más importante para nosotros: acérrimo enemigo de Calígula. La «orquesta« la formaban muchachos de la calle que tocaban de oídas flautas pastoriles y con palos golpeaban tinas abolladas calderas de cobre. revelaba un carácter reflexivo. pero. La mayoría de los esclavos liberados de su trabajo llevaban jarras de vino. los esclavos se desahogan ahí fuera.apreciaba como amigo personal. de mediana estatura. El legado era un hombre macizo. adecuados para llenar su vida. -Hoy tenrnos que servirnos nosotros mismos.Esperaba cualquier cosa menos verte aquí hoy! Se dirigió a los demás: -La verdad es que nos conocemos desde hace mucho tiempo. ciertaníente.ivila conocían a aquel hombre delgado y distinguido. Su rostro sensible. Pero Calígula lo había privado de toda influecia. Agripina y I. carente del aire marcial de un soldado. sabia que estaba en la lista de posibles «enemigos del Estado» qtíe debían ser eliminados en un futuro próximo. ese Calígula ha resubado ser de lo más funesto -dijo Lépido. y. En las calles de Ostia reinaba un jaleo tremendo en medio de un ambiente abigarrado y estridente. -¡Por Cástor y Pólux! . Valerio Asático se dejó caer sobre un lecho triclinar. y podían 334 335 manifestar todo el rencor y la ira sorda actímulada a lo largo del año. Lépido desapareció en la estancia contigua y volvió con un hombre a quien presentó: -Cornelio Léntulo Getúlico. Durante siete días al año eran personas libres. Valerio se lexantó y abrazó al legado. se tambaleaban chillando por las calles y desahogaban así el odio que sentían por su lamentable existencia. por algunos confidentes. Emilio Lépido condujo a sus invitados al interior de la casa. Precisamente por esto he fijado nuestro encuentro en estos días.

-No puedo aprobar que se mate a mi propio hermano. Dices que queremos servirnos de sus mismos métodos. Livila bajó la cabeza y permaneció callada. Las preguntas son cómo y cuándo. mejor. ¿No será peor servirse de sus mismos métodos? Agripina soltó una risa más que estridente. Valerio aplaudió eíi silencio. pues 336 L lo único que aún mantiene en pie a esa triste figura es la púrpura. y hay que aplaudirías. -¿Me consideras tan ingenuo. no en último lugar.y antes de que podamos ponerle a Roma otras nuevas hay que eliminar las viejas. apreciadaJtíliaAgripina -dijo Getailico. princesa. Ptíes no dudo de que todos ntíestros nombres se encuentran ya en su lista de futuras victimas. y str guardia germana se dejaría desped~tzar por él. princesa! Estas han sido palabras claras. -Con estonos llevas de lleno a nuestro tema. lo hacemos para evitar en el futuro actos semejantes.Conoce el emperador tu presencia en Roma? Getúlico se fingió ofendido. -¡ Bravo. para salvarnos a nosotros misnios. En un solo día de adelanto se salvará la vida a mujeres y hombres respetables. Léntulo Getúlico carraspeó y dijo: -Volvamos a las preguntas sobre el cómo y el cuándo. -¿Cómo lo imaginas? Se esconde tras un muro de fieles pretorianos. ~Ylo sabe! No se elimina a una rata encerrándola en la jaula y dándole de comer. Pero ¿cómo? -Obligándole a abdicar -dijo Livila tomando la palabra. ~Exactamente! Pero no lo hacemos para llenarnos los bolsillos asesinando a inocentes. ¿por qué iba a callarlo?. Y cuanto antes se haga esto. pero nos hallamos sobre el suelo (le Roma y no sobre los tablones de un escenario de comicastros. -¿Abdicar? Los ojos de Agripina echaban chispas. Un hombre como Calígula no abdica. como para venir aquí en secreto? Pareces valorar equivocadamente la dignidad de legado. El . Tal vez en una obra teatral el caso podría resolverse de otro modo menos doloroso. Livila negó obstinada con la cabeza. sino matándola. Su muerte librará a Roma de tín grave mal. como hermana mayor qtíe soy. fieles porque están muy bien pagados. hermana? ¿O es la influencia de ese poeta con quien haces excursiones etí el caballo Pegaso hasta alturas que nos están vedadas a los simples mortales? Ptíes permíteme. Pero Livila lo interrtimpió. tirarte de las piernas y devolverte al suelo de la realidad. -Pero las cáligas están firmemente ajustadas -contintió Valerio Asiático. y lo hacemos. -.-Tendrenos que buscar otra pequeña cáliga para Roma -agregó Agripina. -¿Es que los dioses te han robado la clara razón.

pero ¿por qué ha de ser tan complicado? ¿Es que ninguno de vosotros es suficiente hombre para plantarse ante él y clavarle el puñal en el pecho? En definitiva. Además. aunque ya debería estar acostumbrado a verlos por los de su guardia personal. Y. no está nada mal. Estoy aquí de forma absolutamente oficial para informar al emperador. y se notaba que ese estallido de ira provocó irritación en ella. -¡Es un hermoso plan! -exclamó Agripina en voz alta y excitada. En tiempos de César. pero al emperador se lo pintaré de manera diferente. ¡zas! Getúlico se pasó el indice por su musculoso cuello.ejército observa y comenta cada uno de mis pasos. apelaré a su conciencia de soldado y le recordaré que su padre gozaba de gran respeto entre 337 la tropa y que no hax' que olvidar a qué debió su nombre de Germaníco. Quiere que todo el mundo se . con la esperanza de que nuestro Calígula caiga en la lucha? Todos se echaron a reír. hasta ahí no es más que la mitad del plan. -Al fin y al cabo tú no tienes que hacerlo -dijo-. Getúlico miró a los demás uno por uno. Quizá hasta consiga hacerle apetecible la conquista de Britania. sólo se atrexe a salir de palacio si sus germanos lo rodean como un muro viviente. sabes tan bien como todos nosotros que Calígula. Le diré que los legionarios quieren ver al fin a su emperador. para ti. Y.jugaremos un poco a la vida militar. centro mis esperanzas en este informe. quizá ignores que recientemente prohibió cualquier aproximación a su sagrada persona. precisamente. ¿qué pasará cuando lo tengamos allí? ¿Quieres incitar a los pacíficos germanos a tina guerra. Si hay una manera de lanzarle un cebo a Calígula es ésa. estas cosas se resolvían en el Senado. Tan pronto como Calígula se encuentre en Germania. Getúlico levantó la mano: -Tenéis razón. Allí sólo hay tiendas y no palacios. Le diré que algunas de las tribus germánicas reclaman autonomía y que se vislumbran claros signos precursores de una sublevación. y le diré: además. al contrario de César. además. Una cosa antes que nada: toda Germania se encuentra en calma y pacífica como un taller de costura. Y. -En cuanto ~'ea al primer guerrero germano. ¡ante los ojos de todo el mundo! Livila miró de reojo a su ftíriosa hermana. supongamos que logras atraer al emperador hasta Germania. ¿qu& os parece mi planr -No está mal -dijo Emilio Lépido-. se te ofrece la posibilidad de ganar gloria militar. -Bien. Pero tu plan adolece de un grave error: no lo has pensado hasta el final. entonces. y me cuidaré de sustituir -al menos en determinadas ocasiones. todos sois soldados o lo habéis sido. por n¿ hablar de los numerosos espías de Calígula.a su guardia germánica por gente propia. por los motivos que sean. Bien. allí visitará ciudadelas y campamentos de legionarios. Calígula se meará por las patas abajo -dijo Valerio Asiático con una divertida sonrisa-.

-¡Basta ya! Guardaos vuestras peleas de mujeres para después. más vulnerable será. -Si Calígula. a no ser que convenzamos a su médico de que le administre un veneno. Agripina. Dejarse aclamar por las tropas en Germania. y cuanto más alejado de Roma se encuentre Calígula. -Es demasiado cobarde para emprender semejante expedición militar. y no pareció ofendida en absoluto. abraza ya sólo a actores. sabemos desde hace mucho tiempo: en Roma no hay manera de acercarse a Calígula. pues. Emilio Lépido. Permíteme. como dices. ¿Es que no sabes que a todos los que están con él en la misma estancia se les quitan las armas? Hasta a los amigos más íntimos.eche al suelo ante él. Dices qtíe debería alguien plantarse ante él con el puñal. y también a los generales que le traen informes. no siente precisamente simpatía por el emperador. cayó al suelo con estrépito. con la cabeza. sólo tenemos que tener la paciencia suficiente para encontrarlo. si. que cuando se presente la ocasión hables con él de Germania y también de la necesidad de anexionar de una vez Britania al Imperio romano para concluir lo que César empezó. Lépido negó.. esto le encantaría. tu chulo? Por lo que sé. -Tiene razón. también tú. Getúlico dio tal golpe en la mesa que volcó una copa de vino y. escéptico. Es verdad lo que acaba de decir -dijo Getúlico. Te pido. Agripina. Así que has vuelto a decir otra tontería. Ya sólo abraza a sus actores preferidos.. rodando. 338 339 -Existe sin duda tín camino para acercarse a Calígula. Hace ya mucho tiempo que no lo recibe. como se hacía con los faraones. . Dórale la píldora diciendo que entonces superará incluso la fama de Julio César. que te haga ver que estás diciendo tonterías. Teme el puñal que sus guardias pueden no haber visto durante la audiencia. No dejan de ser algo parecido. y quien tiene mayor influencia. ¿No seria ésta una misión para ese Séneca. a todos los demás los mantiene alejados. después os informaré de mi entrevista. eres quien trata con él más a menudo. y no sólo por su pretendida divinidad. aborrece todo lo que suponga peligro y esfuerzo. en cambio. Livila ha dicho lo que todos nosotros. Agripina se levantó de un salto. Livila la cortó con absoluta calma sin levantar la voz: -Mientras yo hable de Emilio Lépido como de tu amigo. Tengo orden de presentarme en el Palatino pasado mañana. tal vez esta preferencia sea válida también para los poetas. rodando. Entonces apareció una expresión hostil en el rostro de Agripina. Tú. Se trata de una posibilidad que considero poco probable y muy peligrosa. pues. Por lo demás.. como ahora Getúlico. exijo que llames mi amigo a Lucio Anneo Séneca y que no le apliques expresiones propias de la chusma. con el rostro rojo de ira: -No permito que tu me. Agripina se limitó a esbozar una sonrisa indulgente.. Agripina. y ya es sólo cuestión de tiempo el que le envíe los pretorianos a su casa. lo conozco muy bien. Tenemos que lograr que la araña salga de su tela. Séneca está en la lista negra de Calígula.

por el contrario y no sin cierta amargura. -¿O eres un eunuco? ¿Cuándo te cortaron los huevos? La voz se les vuelve muy finita. desfigurado. como le ocurría a menudo últiínamente. Pero Calígula estaba de un humor de perros. En el cuerpo de atleta de Casio Querea moraba un alma sensible. emperador -balbuceó Querea y se esforzó por no perder el dominio de si mismo. Querea? Dile la verdad a tu emperador. en una mueca cínica. y. por la mañana. apareció en la puerta de su estancia privada. No podía hacerlo con su esposa Marcia. mi cariñito quiere la consigna. y por esto aquellas pullas constantes le afectaban profundamente. Calígula se rió. Todo lo que era y lo que poseía se lo debía a Cayo Julio César. Se recogió la toga como una muchacha melindrosa y susurró: . ahora. que se había convertido en el blanco constante de las burlas del emperador. porqtíe sentía vergúenza y porque jamás había hablado con ella de problemas del servicio... para colmo. sti gratitud. y lo único que le servia de alivio era herir o htímillar a los demás. Su incondicional devoción. Dos días antes. lo desaprobaban en silencio. quien. hacia últimamente todo lo posible por perder el afecto de su tribuno más veterano de los pretorianos. y vio con una claridad brutal el rostro hinchado. veo el rastrojo de tu barba: realmente eres un hombre. y para aquel día no quedó nada más que comentar. Calígula se acercó muchísimo. Y. consideraría stis htímillantes ~bromas~' como chanzas inofensivas que un soldado debía saber aguantar. había pedido temeroso la consigna. y no podía hacerlo con sus camaradas. al levantarse.. -¡Vaya. a Qtierea le había vuelto a corresponder el mando sobre la gtiardia del palacio. Pero no es posible. ¿verdad? Lo he pensado mucho y. porqtie ya lo sabían y. dio un paso atrás y dijo con voz meliflua y exageradamente aguda. Por lo demás. al no poder sincerarse con nadie.. estaba borracho. de modo que todos lo oyeran: -Y. y Querea notó el agrio aliento a vino. Calígula aún se inclinó más hacia él. el emperador parecía seguir teniendo plena confianza en él y. y el tribuno esperaba de todo corazón que un día dejara de hacerlo para siempre. No serás maricón. vaya. Si Querea creyó entonces que la obscena consigna fue fruto de un capricho momentáneo. al menos la mayoría de ellos.Todos se vieron obligados a asentir. Pero no era una cuestión para andar de boca en boca. Pensaba en ello al dormirse y. tuvo que comprobar. apoyado en un criado. -No. Era una tortura. incluso su amor por el emperador se veían cuestionados y cada vez con más fuerza. sin duda. ¡uy!. pues el emperador estaba por encima de toda crítica. Casio Querea se encontraba en un grave conflicto. Esto roía su alma como la carcoma. No siempre el emperador se burlaba de él. mi valeroso Qtierea! El hércules con voz de ninfa. se me ha ocurrido algo precioso. sin embargo. Tambaleándose.

y pareció sentir poco interés por las quejas de su tribuno. además. era rabia y decepción. Precisamente esto le causaba una pena especial a Querea. con estas burlas afeminadas e impropias de un soldado. Qué orgullo sintió él. Pero era y seguía siendo plebeyo. Clemente bostezó. su único amigo verdadero! Todo había salido de un modo mm distinto de lo que él había esperado. sé lo mucho que te aprecia. ¡Qué no habría dado Querea por poder comentar su situación fatal con Sabino. Arrecino Clemente. lo notaba doblemente fuera de las horas de servicio ctíando a nadie se le ocurría imitar a Querea a un simposio. Rabia por la injusticia de burlarse de él. no le iba a hacer caso. No le hubiera importado nada un sarcasmo rudo y fuerte como se acostumbraba en el ejército. prefecto -se limitó a decir Querea. Clemente había restado importancia al caso. Casio Querea! Todos sabemos que al emperador le encanta burlarse de la gente. el hombre que venia de lo más bajo. tenía que realizar ahora el trabajo de un recaudador de impuestos? Cada vez con mayor frecuencia recibía encargos del emperador o de su omnipotente secretario Calixto para que convenciera con la fuerza de las armas a deudores fiscales morosos o poco dispuestos a pagar. Lo cierto era que no echaba de menos aquellas borracheras nocturnas. el legionario leal con tantos años de servicio. el método resultaba eficaz y el tribuno encargado de esta misión podía embolsarse el diez por ciento para sí mismo y para sus hombres. por otra parte. Si algo sentía. el prefecto de los pretorianos. ¿Acaso no te ha confiado ya muchas misiones difíciles y secretas? -Si. Se le añadía la decepción que provocaba el joven emperador. pero. ¿Por qué él. de todos modos. bien vista por el salario extra con que podían contar. protegido del emperador. Pero no esto. ptíes sentía una devoción servil por Calígula y ejecutaba fielmente todas sus órdenes y. Pero habría podido imaginar que ese débil y servil sucesor de Macrón.-¡Amor! Querea repítio: -La consigna del emperador para este día es: ¡amor! Calígula lo midió con una mirada lánguida y se alejó dando saltitos y riendo con una risita chillona. En la mayoría de los casos. a quien Querea debía su ascenso de rango y en quien no sólo él había puesto las máximas esperanzas y las más audaces ilusiones. 340 341 Con esto Calígula había desarrollado un sistema pérfido que convertía la recaudación de impuestos en una tarea impopular entre los pretorianos. gracias al esfuerzo de haber aprendido a escribir. por su nuevo rango como tribuno. y. y se fue. Querea se quedó petrificado. y qué orgullo sintió también por haber logrado todo esto por sus propios medios. prefería . también algunas que no eran competencia de los pretorianos. por desgracia. que durante toda su vida fue soldado. Aunque los oficiales nobles apenas se lo hacían notar en los encuentros entre camaradas. ¿qué hay de raro en todo esto? A otros les pasa lo mismo. -¡Déjate de bobadas. Naturalmente. últimamente. el plebeyo. Querea se quejó a su superior.

Todas las instalaciones del palacio estaban iluminadas. y el aliento de los hom342 343 bres que marchaban por las tranquilas calles formaba nubecillas en el aire helado. El concepto de obligación es para él un extranjerismo. te lo haré saber inmediatamente. porque Calígula no tenía el menor interés en concentrarse en los negocios de Estado. Al menor peligro que intuya para nuestra empresa. Ya se había acostado cuando unos pretorianos que entrechocaban sus armas lo sacaron de la cama. colgando o de pie. ¿O es que me hace esperar porque ya ha empezado a sospechar? Comienzo a abstenerme de ir a ver a parientes y amigos para evitar que sobre ellos recaiga alguna sospecha. ¡si supieras cuánto te necesitaría ahora! XXIII Ya había comenzado el nuevo año. Una y otra vez se aplazaba la fecha del encuentro. vienen a interrogarme!». e igual qtne tú han tenido que esperar durante meses otros enviados con asuntos importantes. -Sabino. Pero le dijeron que. había encontrado el emperador un momento para recibir al legado y que le invitaba a una cena a esas altas horas de la noche.pasar su tienapo libre con Marcia y los niños. al fin. Getúlico. Pocos días después de esta conversación. Y no era esto lo que le decepcionaba en el servicio. eran las constantes ofensas por parte del emperador y los abusos de Calígula con aqtiella tropa selecta. Era una noche de febrero bastante fresca. aunque a una hora muy avanzada. que difundían con su fulgor un calor . Pero Lépido lo tranquilizó: -Ni se habla de ti en la corte ni he notado nada sospechoso. Calígula es extremadamente voluble e incongruente. como si Calígula se propusiera mantener a Getúlico el máximo tiempo posible en Roma. Su primer pensamiento fue: «¡Nuestro plan ha sido descubierto. Sabino -murmuró Querea en voz baja-. pero Calígula se tomó su tiempo para recibir al legado Léntulo Getúlico. bellamente labradas en bronce. Getúlico fue recibido por el emperador. En todas partes había lámparas de aceite. -¿Es que quiere que me sienta inseguro? -preguntó el legado a sus amigos-. Así que no tienes por qué preocuparte.

Dice que las condiciones creadas en Britania por Julio César han cambiado fundamentalmente. aunque para todo lo denás sea un zoquete. unos beneficios anuales de varios cientos de millones de sestercios. . y. mi querido Getúlico. medianamente honrado. -Ya me lo ha comentado mi tío Claudio. -¿Dices que sólo con el estalio se obtendrían cientos de millones de sestercios. tiene conocimientos de historia nada desdeñahies. Todo esto se puede leer en los escritos del divino César. Las legiones germánicas te añoran. una insurrección que rápidamente seria sofocada. legado? Los tributos procedentes de paises tan primitivos no pueden ser mu' elevados.» Así que dijo: -'Tienes toda la razón. y no le resultó dificil a Getélico intercalar sus sugerencias. además. El emperador lo recibió con gran amabilidad y mostró un vivo interés. pero algunos expertos en la nateria me han dicho que Britania posee una extraordinaria riqueza en el subsuelo. Pero ¿realmente se puede sacar algo de allí. divino emperador. Pero ahora ta no queda allí ni un solo romano. no es nada de importancia. su hijo. La mayoría de los legionarios conocieron a tu padre y han trasladado a ti. sólo con esto. y no hay que olvidar que él conocía Britania de haberla visitado personalmente. Hasta me atrevo a decir que estos hombres tienen derecho a demostrarte su devoción. De momento. En su día. aún no me atrevo a hablar de una expedición militar. hizo varias preguntas con aire distraído. divino César. y todo ha vuelto a caer en su anterior estado de barbarie. concediéndoles a cambio la ayuda de las armas contra sus enemigos. hace mucho que los tribtítos han dejado de percibirse. las necesidades del estaño del Imperio romano son extremadamente elevadas. César pudo someter a una parte de aquellos reyes bárbaros y obligarles a pagar tributos. No los decepciones. podría obtener para ti. pequeños levantamientos esporádicos. que. seguramente son tan modestos que no bastarían para financiar uno solo de tus banquetes. escaramuzas inofensivas. y te prometo que no tomaré la decisión a la ligera. visitaras personalmente a nuestras legiones germánicas. El legado se inclinó. Este no es el cebo adecuado para que pique.agradable. «No -pensó Getúlico-. En el sudoeste existen muy abundantes yacimientes de estaño. y un arrendatario hábil. filones de plomo con alto contenido de plata. sin contar todo lo demás? Se trata de ingresos que hay que tonar muy en serio. por no hablar de las rentas derivadas del plomo y de la plata. -'Te agradezco la promesa de centrar tu atención en mis sugerencias. Por lo demás. Britania tiene un suelo fértil y cosechas regulares y abundantes. esto daría cierto vigor a nuestra empresa. Pero me temo que pueda convertirse en algo más si no le ponemos freno a tiempo. Y entonces he pensado que si tú. su lealtad incondicional. Calígula se quedó pensativo. Como sabes. El tema de Britania hizo que Calígula aguzara el oído. Hay que añadir ciertos disturbios en Germania y Galia.

tambaleándose. atravesaron columnatas. En sus ojos duros y fríos apareció un brillo febril. y de él dependerá en gran parte la decisión que tome yo. Caminaron sobre valiosos pavimentos de mármol. Calígula les ordenó que siguieran apostados en la puerta y que no dejaran salir a ningún invitado hasta que él regresara.emperador. Calígula acarició las esbeltas columnas de rojo mármol egipcio con dorados capiteles de bronce. Los dioses me lo han revelado: soy el hermano gemelo de Júpiter en la Tierra para traeros a los humanos un reflejo del Olimpo. sólo lo mejor! Acudieron corriendo unos esclavos adormilados .¿o eran sacerdotes del culto fundado por Calígula y dedicado a su divina persona? El emperador los alejó. Calígula esbozó una sonrisa astuta: -Llevas mucho tiempo viviendo en una provincia. su viva imagen que gobierna en la Tierra. convertido en emperador. y le convenció el argumento de que los legionarios del general. Calígula se levantó. y perdona que. Getúlico miró con . -¡Oh. quiero enseñarte una cosa. me haya atrevido a darles ciertas esperanzas antes de mi partida. A Getúlico se le había advertido sobre la locura de Calígula. antaño tan popular. Pero se trata de planes muy complejos que precisan una discusión a fondo. Pero se limitó a hacer una leve señal con la mano en dirección a ellos y exclamó: 344 345 -Seguid comiendo y bebiendo todo el tiempo que os plazca. El recuerdo de su padre era sagrado para Calígula. que creyeron que el emperador iba a levantar la mesa. y su rostro reflejó su inmensa perplejidad. mi hermano gemelo. en su resplandeciente armadura de pretorianos. altos como pinos. Calígula hizo llevarle inmediatamente a Calixto el rollo con las propuestas fijadas por escrito. e inmediatamente se levantaron también los pocos invitados. -~Sólo se ha empleado lo mejor. Se los confiaré también ajúpiter. atrios y jardines hasta que se encontraron ante un pequeño templo levantado poco tiempo antes en el borde de las instalaciones de palacio. Dos de los germanos tuvieron que acompañarle a él y al legado como portadores de antorchas. en los próximos días quiero comentar estos planes con él. Getúlico. el legado y yo tenemos que comentar un asunto. Después volvió a dirigirse a Getúlico: -Has oído mi orden y te prometo que no dejaré de lado tus sugerencias. y por esto tu ignorancia te será perdonada. pero no estaba preparado para ese grado de sobrevaloración de su propia persona. y exclamó cuando el sirviente se alejaba: -Y dile que las lea detenidamente. El inteligente Getúlico había encontrado el tono adecuado. quisieran conocer a su hijo. es tan dificil proporcionaros a los humanos una idea de lo divino! Ven conmigo. ascendió a toda prisa las escaleras y pidió a los portadores de antorchas que iluminaran la estatua. sin consultarte. Ante la puerta vigilaban los germanos.

elaborados con ópalo y ónice. columnatas yjardines. elJúpiter del Capitolio. pero esta vez el camino ascendía constantemente hasta que llegaron a una azotea. Esa imagen de culto. oía la voz de Júpiter. De nuevo atravesaron atrios. -Porque soy un ser humano -dijo Getúlico con modestia. pero.Júpiter Latiaris.ojos desorbitados la estatua de oro de tamaño natural del emperador como . Quería que los humanos lo vieran y lo veneraran asi. con todos los respetos. puedo susurrar mis palabras al oído del dios. ¡soy igual a ellos! Y hablo con ellos todos los días. Calígula tomó a Getúlico por la toga y lo arrastró hasta una estructura de madera. Así podré visitar en cualquier momento. Es el inicio de un viaducto de madera que comunicará mi palacio con el Capitolio pasando por encima del templo de Augusto. pensó Getúlico. amigo. y te puedo decir que afecta tanto a asuntos personales como a negocios de Estado. -De noche no puedes verlo. miraban por encima de ellos. sin vacilar. el cuerpo esbelto. en qué consiste vuestra conversación o se trata de un secreto entre tú y tu divino hermano gemelo? -¿Por qué quieres saberlo? -preguntó Calígula desconfiado. Mantenemos largas conversaciones.y porque sencillamente tengo curiosidad por saber lo que los dioses hablan entre si. En su radiante divinidad. Calígula respondió a su pregunta. legado. A Getúlico le costaba trabajo seguirlos. todas las veces y siempre que quiera. oh excelso. ~Ven conmigo! De nuevo Calígula precedía al legado con la toga balancéandose al aire. La imagen era una expresión de lo que a Calígula le hubiera gustado ser. transfigurado por lo divino. irradiaba una dulzura majestuosa. Como Getúlico permanecía callado. pues no quiero que nadie oiga lo que hablamos. «Espero no haberme pasado en mi atrevimiento». -Entonces. lo que me he hecho construir aquí. llevaba el rostro de Calígula que. De vez en cuando. la abundante cabellera y la boca bellamente arqueada no correspondían en nada al original viviente. pero te explicaré su finalidad. pues su voz es sólo un rumor imperceptible. flanqueado por los portadores de antorchas. Calígula insistió: -¿Qué. a todas horas. . Realmente. Calígula se inclinó hacia delante. pero yo percibo su eco en mi cabeza. Yo soy el único en oir su respuesta. -Lo comprendo. Getúlico vio los destellos de locura en los grandes y sobresaltados ojos de Calígula y notó que el emperador decía la verdad. Los gloriosos dioses sí. a mi hermano gemelo. He hecho construir una escalera que sube hasta su oreja. Los grandes ojos. legado. como ahora estoy haciendo contigo. y así puedo tomar precauciones. te has quedado sin habla? Pero esto es sólo un reflejo de lo que siento. hecha por los mejores escultores. lejos de las miradas profanas.Júpiter me dice quiénes son mis enemigos y quiénes mis amigos. -¿Puedo preguntarte. -Mira.

Por cierto. notó un cambio. cuando estaba rapándole la barba a Sabino con la navaja de afeitar y abundantes sustancias olorosas. has dejado de beber. El pueblo te adora como al dios que eres realmente. sacó a relucir el tema. y cuando haya llegado el momento. El inteligente Getúlico. Todo funcionaba. otros no. sin despedirse siquiera. pese a su juventud. algunos lo saben. te tragas la comida sin rechistar.. que por lo general era dueño de si mismo. Qué gusto daba antes oírte despotricar de la bazofia que nos dan de comer. que entretanto había llegado a conocer bien a su señor.». asestaré el golpe. afortunada Roma. y los patricios. y seguiré haciéndolo. Calígula cortó su discurso con un brusco ademán. Sólo su mozo Marinos. Una manana. ¡Oh. Calígula permaneció callado y contempló durante largo rato el rostro de Getúlico. legado. el ejército te apoya como un solo hombre. Has dejado de reír. los labios finos y las mejillas fláccidas. y nadie parecía darse cuenta de nada. señor.. todo seguía su curso normal. -Ya no eres como antes. Júpiter también me da indicaciones sobre conspiraciones amenazadoras. pero a veces me da la sensación de que eres un muerto en vida.. No me quedó más remedio que intervenir con toda dureza. una sombra que ha regresado del Hades. Marinos limpió la navaja cuidadosamente en un trapo. -Señor. Cornelio Sabino seguía cumpliendo su servicio. existe una conspiración y yo estoy metido de lleno en ella. estuvo a punto de flaquear y de echarse a los pies del emperador para 346 347 balbucear una confesión: «Si. ¿puedo preguntarte una cosa~ -Mientras la consecuencia no sea que me cortes la nariz. -¿Enemigos. Sobre numerosas cabezas de senadores pende ya el hacha del verdugo. pero lo hacía maquinalmente. Su cara hinchada... Tiene que haber ocurrido algo que te quita la alegría de vivir. tu divino emperador te será conservado durante mucho tiempo para el bien de todos nosotros! -¡Para muchos puede también significar una desgracia! -siseó el emperador y desapareció con uno de los portadores de antorchas.Getúlico se esforzó por hablar con mucha calma. a contribuir a los gastos del Estado e intentan engañarme como pueden. . Se niegan. Sólo tengo que esperar. sencillamente. causaba a la luz vacilante de las antorchas de resma el efecto de un rostro demoníaco. -Los patricios temen por sus sacas de dinero y me mandarían al Averno si pudieran.. Se obligó a esbozar una sonrisa y dijo con voz risuena: -~Es envidiable! Les llevas una gran ventaja a otros príncipes que sólo pueden protegerse contra las conspiraciones con medios muy insuficientes. divino. excelso? No sé quién podría ser enemigo tuyo. Pero Léntulo Getúlico era un estoico y no creía ni en demonios ni en estatuas parlantes de Júpiter. con las sienes hundidas. ¿y ahora? Perdona que te lo diga.

Marinos. -Suena como si tuvieras alguna experiencia en estas cosas. esto pasará de prisa y pronto encontrarás a otra. con capucha... Por consiguiente.. Sabino lo detuvo con un ademan. Sabino había reflexionado largo tiempo sobre si aún tenía sentido exponerse a este horroroso tormento. furioso.. Sabino rió con amargura.Sólo un -Pues menos mal que no es nada serio. tenía que estar allí él como único refugio para Helena. Allí se decía: A morís vulnus idem sanat. Para no ser visto por nadie. Hacía ya mucho tiempo que estaba acostumbrado a estos rápidos cambios de indumentaria. No era cierto. tomó el camino más próximo a la muralla occidental por prados y barbechos hasta llegar a la Vía de los peregrinos. -¡Espera. Iba a ser su último encuentro con ella. que había tenido que copiar para su padre. Helena llegó antes que él.-Vaya. Si. Marinos suspiró. Ahora tengo que ir al puerto para escoltar por la ciudad a un alto invitado. 348 J -Esto puede esperar hasta mañana. y dirigió su caballo hacia el norte. crecía la afluencia de peregrinos. Miró a su al- . dejando lucir un manto marrón. Tras un arbusto se quitó el yelmo y la coraza. amigo mío? Se trata de una mujer.. Lo que has dicho no es nada estúpido. pero ¿qué importancia tenía eso? Sabino informó al centurión que estaba de servicio. y se levanto. Este día quería Helena ofrecer su sacrificio de acción de gracias a Artemisa. donde había ofrecido su sacrificio. -¡Yo no soy todo el mundo! -dijo Sabino. señor! Aún no he acabado con el cuello.* En él estaba viva la desesperada ilusión de que algo podría haber sucedido para cambiar la opinión de Helena. aliviado. Quizá Petrón hubiera sospechado algo y había echado a Helena de casa. y sonrío: . -Pero si esto lo sabe todo el mundo. ~Por qué no ibas a saberlo. Como el invierno había pasado ya. De esto ya había sido encargado otro tribuno. desde donde se encaminó hacia el este. de lana. a mujer? Señor. pero ¿qué enamorado pregunta por el sentido y por la razón? Sabino se acordó de un libro con las máximas del poeta Polibio. quifacit. realmente se me puede comparar con un muerto viviente. que lo hacía irreconocible. pues Sabino la vio salir en aquel momento del templo.. y todas las tiendas y tabernas habían vuelto a abrir sus puertas. casi encuentras palabras eruditas para definir mí estado. y nunca había tenido dificultades.

Sabino se unió a las mujeres sin llamar la atención.. Helena permaneció callada. -¿Es que no te das cuenta de que todo eso no es más que una comedia? Un homosexual no cambia jamás. ¿Quieres que abandone a Petrón ahora que por primera vez en nuestro matrimonio se comporta decentemente? ¡No puedo. al menos.rededor como buscando a alguien. Le habría gustado ser un estoico como su tío Calvo. pero seguramente para esto era necesario tener más edad. -¿Helena? ¿has.¿todo ha terminado? -preguntó con voz apagada. Helena se lanzó a sus brazos. estas. ¿Y qué será de mi? -No grites tanto. Una absurda esperanza se apoderó de él. -Pero precisamente está haciéndolo -dijo Helena con voz entrecortada y asustada-. y ya verás cómo reanuda su vida de antes. Se apoderaron de él unas absurdas ganas de quebrar con sus puños aquel cuerpo frágil para que no pudiera pertenecer a ningún otro. Había sido él quien había poseido a Helena. Ahora Sabino manifestó a voz en grito su rabia y su decepción. -¿O es que se te ocurre alguna solución? Sabino miró su figura esbelta e inclinada que aún no mostraba ningún síntoma del embarazo. y ambos se alejaron despacio del templo. Pero lo cierto era que no pertenecía a ningún otro. nuestro hijo. Ya no sabía qué decir ni qué hacer. así que ahora cree tener que interpretar el papel de esposo preocupado. 349 Ella negó en silencio con la cabeza. haya nacido. se le acercó su ama Clonia y las dos mujeres se encaminaron despacio a los puestos de los vendedores de incienso.. Ahora va a sentar cabeza. que acudirá toda la gente de la casa.. Si ha engendrado un hijo. pues Petrón no sabia realmente qué hacer con su esposa. dirán. y se acordará de las obligaciones de un esposo. -Así que cree que el niño es suyo -dijo Sabino con voz tan peligrosamente baja que era un susurro-. -¡Puro fingimiento! Ahora ese afeminado huele la ocasión propicia. vas a marcharte de casa? * Las heridas del amor sólo las puede sanar quien las causa. está esforzándose en cambiar. Su voz iba aumentando de volumen. Desde que sabe lo de mi embarazo se muestra tan carínoso y preocupado que apenas sale ya. y a Sabino le costó trabajo creer que aquella iba a ser la última vez.... la familia le perdonará su comportamiento anterior. -Petrón está completamente cambiado -dijo sollozando-. su cuerpo era el reci- .. Helena lo reconoció. realmente no puedo! Sabino jadeó como si le faltara el aire e hizo un movimiento negativo con la cabeza. Todo era como antes. mientras le caían las lágrimas por el rostro... -Entonces .. resulta conmovedor ver cómo cuida de mí.. Espera que tu. Recorrieron en silencio el camino hasta la casa y cuando Sabino cerró la puerta y echó el cerrojo. hizo un gesto con la cabeza dirigido a Clonia.

No sólo algunos individuos. Vitelio. nuestro hijo. A Calígula le encantaba poner a prueba a los que le rodeaban y ¡ay de quien no pasara esta prueba! Entonces dependía de la rapidez y de la habilidad de la respuesta. Yde hoy en adelante. no será posible más que esto. Días antes. -Nuestro hijo. Apeles. A la pregunta de por qué se había reído contestó con la arrogancia de un artesano libre: -Porque todo esto me parece una sandez. -Sí. la verdad es que tu voz suena bien hasta cuando gritas. Cuando haya nacido mi hijo. Helena se secó las lágrimas y sonrió tímidamente. y desde aquel momento se integró en el circulo de amigos íntimos de Calígula. . veremos. Helena se incorporó y volvió hacia él su rostro bañado en lágrimas. dócil cortesano de aguda inteligencia. vaciló. simplemente no puedo. En una cena. Esta indulgencia se había acabado ahora. pero no a hablar sin guión. sino todo el pueblo tuvo que comprender hasta qué punto tomaba Calígula en serio su divinidad. se inclinó profundamente y dijo respetuoso: -Sólo a vosotros. el emperador preguntó al senador Lucio Vitelio si había visto que acababa de intercambiar unas palabras con la diosa Luna. Soltad a este hombre. -Los dos estamos vivos. también él tendrá que aprender la verdad.piente para su hijo. y durante un tiempo. pues Calígula era un maestro en la retórica y poseía un fino olfato para las reticencias. Pero no nos resulta útil ni a ti ni a mí el que nos encontremos fugazmente en algún lugar. el romano. y no por Petrón. los dioses. El emperador consideró que había dudado demasiado e hizo azotar a Apeles cruelmente. que estaba acostumbrado a repetir textos estudiados. y va a continuar. Esta respuesta dio un gran prestigio al inteligente senador. os es dado veros y oiros mutuamente. Con satisfacción escuchaba Calígula los gritos de la victima y exclamó: -Apeles. Calígula empezó a poner ahora mayor atención para comprobar hasta qué punto tomaban en serio su divinidad. No puedo hacerme a la idea de no volver a verte nunca más. un hijo engendrado por Cornelio Sabino. Con menos rapidez reaccionó el actor Apeles cuando Calígula le preguntó ante la estatua deJúpiter a quién consideraba más grande: a él o a Júpiter. el griego homosexual. Hasta Calígula se rió al oir estas palabras y dijo a sus acompanantes: -Mi divinidad aún no ha llegado hasta los zapateros. la guardia había detenido a un zapatero galo porque se echó a reír a carcajadas al ver aparecer al emperador vestido deJúpiter. -¿Cómo va a continuar esto? -preguntó Sabino.

Más bien se le podía calificar de acompañante del emperador. Majestad. Esto ocurrió en el Esquilmo. estrictamente monoteístas. ¿Acaso los judíos alejandrinos no han ofrecido los mayores estipendios con motivo de tu entronización. se produjeron choques y altercados. ya se tratara de una visita a las termas. En todas partes donde se intentó esto. Los emperadores Augusto y Tiberio fueron lo bastante inteligentes como para respetar la particularidad religiosa de este pueblo. a cuya habilidad se debió que consiguieran una audiencia al cabo de largo tiempo. Y lo peor ocurrió en Alejandría. era un grave sacrilegio para los judíos. La legación judía estaba encabezada por el famoso filósofo Filón. Todo esto ocurrió sin el menor problema. pues era Calixto quien realizaba el trabajo principal. de montar a caballo o de probarse una toga nueva. me consta. enviaron a Roma una legación que durante mucho tiempo intentó en vano ser recibida por el emperador. -Tenemos el valor y la confianza de súbditos fieles a la ley. muy apreciado por Calígula. se implantó también en las provincias el culto al emperador. pero habéis omitido tina cosa: no habéis rendido culto a mi divinidad. unos estipendios que sobrepasaron con creces los tributos legales? -Si. Filón no se dejó desconcertar. pero Calígula insistió en colocar estatuas suyas también en las sinagogas. A nadie. esto no se puede negar. vivían también griegos y egipcios que insistían ahora en que no se hicieran excepciones con los israelitas. de una partida de dados. pues sólo unos suicidas se atreverían a presentarse ante mí con semejantes e impertinentes exigencias. Lo evitaba el secretario Helicón. 352 . Desesperados. donde Calígula estaba en aquel momento inspeccionando la decoración de una nueva villa imperial de reciente construcción. de tu enfermedad y en otras ocasiones. y poco después ya no quedaba ninguna ciudad mínimamente grande desde Hispania hasta Asia y desde Nórica hasta Egipto 350 351 r donde no se pudiera encontrar una o más estatuas del divino Cavo César en el templo o en el foro. la populosa ciudad en la que. Helicón procedía de Alejandría y odiaba a los judíos.Por orden suya. Filón se acercó con una profunda inclinación y fue saludado por el emperador con estas palabras: -¿Así que vosotros sois esos miserables que dudan de mi divinidad? Tenéis valor. un acompañante que estaba disponible siempre que Calígula sentía ganas de emprender algo. Sólo era secretario de nombre. Pero lo que para aquellos sólo era un dios más entre muchos. pues a nadie le importaba venerar a un dios más o echar en los días de fiesta oficial un puñado de incienso al fuego ante su estatua. al lado de miles de judíos. salvo a los judíos.

Sé que no lo hacéis con mala intención. Filón habló de las leyes religiosas. El procurador Herennio Capito comunicó el sacrilegio inmediatamente a Roma. de lo contrario reconoceríais en milo que soy: ¡un dios! Los judíos se alejaron sin haber conseguido nada. finalmente. sino que siguió su camino.Sin esperar una respuesta. Sólo una vez más se dirigió a los tenaces peticionarios. un hombre más bien pequeño. y pienso inmediatamente en Jerusalén. De repente. -¿Por qué no coméis carne de cerdo? Explicamelo. pero Calígula no le escuchó. de mirada inquieta y voz bien timbrada. Ningún extraño puede entrar en él. un altar dedicado al emperador. Es la ciudad de sus antiguos reyes y profetas y también la ciudad con su mayor santuario. dijo en el acto: -Primero tenemos que comprobar qué es lo más sagrado para los judíos. -No puedo ayudaros. dio instrucciones por doquier y no se preocupó más de la legación que corría tras él. Filón. -Tenemos que pensar qué es lo que les afecta más. conjuntamente con Helicón. y Calígula se enfureció. avivó aún más esta ira. Probablemente Calígula no habría vuelto a insistir en el asunto si unos exaltados judíos no hubieran destrozado en Jamnia. sino que es más bien la insensatez lo que os induce a ello. 353 L -~Ya lo tengo! Sólo hay una manera de hacerlo. mientras Calígula media con exactitud la separación de las columnas del atrio y ordenaba la colocación de placas de cristal pulido en las ventanas. de modo que el emperador decidió que para este acto extraordinario también debería ser extraordinario el castigo. Una profanación de este templo afectaría en lo más profundo de su alma a los judíos de todo el mundo. Su amigo Helicón. el emperador maquinó. se le quebró en sus finos y descoloridos labios una astuta sonrisa. e incluso Helicón. como todos los demás. otras medidas de castigo. la antigua ciudad filistea. aplicaban las leyes con tanta laxitud que al final ya nadie se preocupaba de que en las sinagogas hubiera o no imágenes del emperador. las autoridades romanas de Alejandría. le desaconsejaron la destrucción de la ciudad. Calígula se quedó pensativo y. por sensatez y para conservar la paz. Tú conoces bien las características de este pueblo. piensa algo. pero. Helicón. De nuevo el desgraciado grupo de judíos corrió tras él. Como Calixto. y su interior sólo es accesible a los sumos sacerdotes. Calígula continuó su ronda por la villa. tenéis que someteros a las leyes. Helicón. por suerte. se volvió. Daré orden de . vivaz como una comadreja. lo que les hará sufrir más. que odiaba a losjudios. el templo construido por Herodes.

Quería y tenía que salvar lo que se había ganado a espaldas del gobierno de Calígula. y Calixto consideraba perfectamente posible queel puñal o el veneno encontraran muy pronto su camino hasta Calígula. porque todos lo tomaban por un leal e insobornable servidor del emperador. Había adquirido libertad. Calixto no sentía sed de venganza. En este sentido Calixto no sentía temor alguno. como era costumbre desde muy antiguo. Calígula añadió un par de líneas en las que resaltaba los méritos del legado en el reinado de Tiberio y le hacía saber. Helicón.de al menos quince varas de alto. contra el empraclor. Y así. no le había pasado inadvertido que en el circulo de amigos de las hermanas del emperador. legado de Siria. pero Calixto no tenía la menor intención de interferir o de deíuííciar estos círculos de conspiradores mientras no le invitaran a participar eu la conjura. influencia y su patrimonio gracias a su aplicación. algo que no iba dirigido contra él. si era necesario a la fuerza. pese a los pregustadores de vinos y manjares y pese a los pretorianos. Para estar mejor infoimado que los demás. Así los jtídíos se verán obligados a venerarnos a la vez a mi y aJúpiser. pese a la guardia persoinal. ni odio. Toda su fuerza. en el gran templo de Jerusalén. se estaba tramando algo. entre elogios y amenazas. Eso enseñará a este pueblo a respetar a Roma y a tu sagrada persona. con la figura deJúpihr. la arbitrariedad y la desconsiderada crueldad de su señor imperial resultarían insoportables y le costarían a Calígula la cabeza. en la que se le exhonaba a hacer labrar una estatua del emperador. sino. Su inteligencia le necia que llegaría un momento en que la imaginaria divinidad.colocar en el interior ele este templo una estatua colosal de Júpiter con mis rages. a su inteligencia. Por todas partes le contaban detalles que reforzaban esta sospecha. y colocarla después. El emperador asintió satisfecho. Calixto había creado una eficaz red de espias qie sólo dependía de él y a quienes pagaba de su propio peculio. a su férrea discreción y a su astuta táctica. -Tú teencarganis. Como liberrode Calígula. el todopoderoso secretario. -. Sólo era ya cuestión de tiempo. con participación de Emilio Lépido y Valerio Asiitico. CayoJulio Calixto había añadido al suyo los nombres de si señor. Es ma idea divina! -exclamó Helicón entusiasmado-. de que mi orden sea cumplida sin pretextos u ei~cíísas. Helicón envié una carta a Publio Petronio. Aun asi. ni era rencoroso. su inteligencia y su habilidad estaban enfocadas únicamente a no crearse en Roma nin- . con toda seguridad. YCalixto lo era.jamás hubiera evitado una conspiración que tuviera por fin eliminar a Calígula. que esperaba un estricto cumplimiento de su orden. y le importaba ser considerado incluso después como un hombre de honor. Pero Calixto no tenía ni la menor intención de hundirse junto con el emperador.

es tan desvalido y torpe ante la vida. vivaz y algo coqueta. Envió a una serie de amenazados cartas anónimas de advertencia. caía una fuerte lluvia de pri- . y éste se pronunció sobre ella de manera muy elogiosa. con cierto peligro. Calixto había redoblado sus esfuerzos. Calixto amaba a su hija. pero era lo bastante realista para saber que no podría ni debía evitarlo si Calígula encontraba gusto en ella y quería llevársela a la cama. Resultaba inmensamente dificil. al emperador. cuyas copias mantenía celosamente escondidas en una alejada finca rústica. la amistad con Claudio César. intentaba por diversos medios salvar para la familia una parte del patrimonio. asombro asociado a una cierta desconfianza. Si Calixto sentía tanto afecto por ese viejo imbécil. En los últimos tiempos había surgido por sorpresa la posibilidad de un tercer apoyo. y Calixto sabia que para »después» tenía ya un intercesor a quien no se debía subestimar. para asombro de Calígula. a quien nada se le escapaba. Majestad. que le interrogó sobre el porqué de tanto afecto por el zopeinco de Claudio: -Tu tío. Con esto acumulaba para »después» un tesoro que debía salvarle la vida y su patrimonio. y Calígula. que despierta ini compasión y quiero ayudarle. de manera cada vez más desvergonzada. Dos eran los apoyos principales que. Fuera. Ninfidia no era ninguna belleza. había insistido en introducir a la muchacha en la corte y en que le fuera presentada. Calígula llevaba ante los tribunales a acaudalados patricios o los obligaba a suicidarse. Desde que. advertía a los amenazados. Si podía hacerlo sin correr peligro. allá él. El orondo secretario del emperador hizo un esfuerzo por alejar estos preocupantes pensamientos. a quien hacia todos los favores posibles y a quien protegía en lo que estaba en su mano de las burlas y ofensas. Unos meses antes se 354 355 había celebrado con una gran fiesta el decimocuarto cumpleaños de la muchacha. Sé que no sirve para nada más que para su labor de erudito. Por una parte. pues. pero hasta el momento había conseguido mantener en el fiel de la balanza estos dos poíos en realidad incompatibles. Se trataba de Ninfidia. De vez en cuando. aunque no sabia si era sensato para el »después». Se la presentaron. aun así. su hija. Calixto contestó a la recelosa pregunta de Calígula. El segundo ~~O~() de Calixto consistía en su subrepticia ayuda a las victimas de Calígula o a las familias de estas victimas. pero sí una muchacha bien formada en cuerpo y espíritu. Las palabras »no sirve para nada más que para su labor de erudito» volvieron a adormecer la desconfianza de Calígula. y si el mal resultaba inevitable. Calixto no tenía claro si para él y su familia seria más fácil salir con bien de las garras de Calígula si Ninfidia se convertía en la amante del emperador. pero Calixto no podía prever hasta qué punto resultaría seguro. había levantado Calixto para "después». podía acelerar el proceso. Claudio César mostraba de manera torpe sin gratitud. a servir los deseos de Calígula. a Calígula aquello no le importaba.gún enemigo y. Pero si quería. pero en este campo ha hecho un buen trabajo.

El inteligente y erudito Diótimos. Calixto tomó un papiro en blanco. a reordenar su biblioteca. y conocía ya de niño a los más importantes autores vivos. sobre la hora séptima. A esta hora del día.mavera sobre los tejados del complejo arquitectónico del Palatino. y si de repente apareciera el emperador. su intención fue dejarle sus tesoros en libros a su sobrino Sabino. -No sé qué le habrá pasado a este muchacho -continuó sus reflexiones en voz alta-. que normalmente solían divisarse por la ventana norte. cerca de la Puerta Salaria. como su . lo abrió. no se le molestaba. pero desde que éste desapareció y se marchó a Efeso como tribuno. rodeado de libros. y de repente se echa en brazos de Marte como si todo esto de los libros fuera una cosa baladí. puso un peso sobre el extremo y hundió el calamus en el tintero de bronce. Iba criándose en el negocio familiar. 356 xxw Cornelio Calvo vivía recluido en la periferia de la ciudad. e incluso el templo de Júpiter Capitolino con sus seis esbeltas columnatas. Calixto sacó la lista fatal en la que estaban anotados los nombres de los acaudalados patricios que no tenían ni esposa ni hijos. Calvo se había propuesto reconsiderar su decísion. Con un suspiro. que había crecido considerablemente. Se dedicaba. va de edad madura. con ayuda de su liberto griego Diótimos. En principio. se ocultaha tras una espesa cortina de lluvia. como hijo de un editor. un servidor de confianza le avisaría.

Calvo balanceó su cabeza. Con el joven esclavo que traía lajarra de agua y una palangana de bronce. Eres un erudito. Era un papiro barato que se podía comprar en cualquier lugar. algún día volverá a los libros. entró el mayordomo. del templo de Artemisa y de las multitudes de peregrinos. Allí rompió el precinto que no llevaba sello ni marca personal. -No hay quien entienda a ese muchacho. al haberse criado entre libros y poetas. Las frases habían sido escritas sin faltas y con una letra fluida. ¡Destruye inmediatamente esta carta!" Calvo dio la vuelta al rollo. un amigo bien intencionado te da el apremiante consejo de abandonar Roma durante un tiempo prolongado. cuidate de que los pretorianos encuentren tu casa vacía. Se limitó a decir que había recibido el encargo de un desconocido. Calvo se secó escrupulosamente las manos. y de ninguna se desprende que la vida castrense le entusíasme. He recibido algunas cartas de él. de experto. Sabino se siente atraído ahora en otra dirección completamente opuesta.señor. señor. e hizo traer agua para lavarse las manos. en su lugar. así pues. La gente joven quiere saborear la vida. ¿Un peligro que venia de «lo más alto»? Además. Te amenaza un peligro que viene de lo más alto. y tu vida podría estar en juego. habla en numerosas páginas de la peculiaridad de Éfeso. estaba la referencia a los pretorianos. -Acaba de llegar una carta para ti. Lo que no contó a Diótimos fue una breve alusión de su sobrino a que Amor lo trataba como a un esclavo desobediente a quien había que castigar una y otra vez. tomó el rollo y se retiró a sus aposentos particulares. acarició pensativo su barba de filósofo. y el precinto desprovisto de sello tampoco facilitaba ninguna indicación. Lo hace con tanta habilidad que a veces pienso que ha copiado las escrituras de Herodoto. precisamente. Calvo negó con la cabeza. pero luego comprendo que no es asi. 357 Calvo suspiró y abrió un rollo cubierto de polvo. -Dejémoslo por hoy. señor. y leyó: "Honorable Cornelio Calvo. completamente pasada de moda. se lo calla y. Simplemente. pero esta alusión también podía ser una broma. Créeme. Calvo asintió con la cabeza. ya no aguanto más el polvo de los libros -dijo Calvo. Si. realmente tu vida pende de un hilo. -¿De dónde venia el mensajero? -No sabía nada. por lo que me permito recordarte una expresión de nuestro Ovidio que define esta situación como "pendere filo". Sólo podía tratarse del . Esto es lo que decía en su última carta. quiere ver qué cosas diferentes hay en el mundo. -Yo diría que.

inquieto. -¡Pero en mi caso ha de tratarse de un error! No tengo trato con ningún político en activo. -Si hablas en voz baja nadie nos oye.. ¿Quién puede reprocharme algo? -Eres muy rico. lo más alejado posible de Roma. Mi época de senador queda muy atrás: después de la muerte de Augusto dimití voluntariamente. pero quería saber lo que se estaba tramando. Viaja con nombre falso a un balneario. un comentario irreflexivo estuvo a punto de costarle la vida. Nadie sabe de dónde vienen. Su primo Balbo era senador y quizá pudiera aclarárselo.Senado o del emperador. Sé de dos que no siguieron el consejo y acabaron en las Gemonias. si. y quédate allí hasta que el aire de Roma sea más respirable. Miró a su alrededor y preguntó en un stisurro: -Yuedes fiarte de tus esclavos? ¿No nos oye nadie aquí? Calvo negó con la cabeza. estos días la diosa Fortuna es muy caprichosa. Entonces podía bordear la costa con su barco. pero tampoco a él le había pasado inadvertido que últimamente eran cada vez más frecuentes los procesos de lesa majestad. Aíioraba el verano. puesto que el peligro anunciado casi siempre ha resultado real. Dos días después recibió a su pariente. y que a veces afectaban a hombres a los que él había conocido y a los que creía incapaces de cometer un delito. Balbo era un hombre pequeño. Calvo apenas participaba ya en la vida política. que parecía muy ajetreado y preguntó tres veces a los porteadores de su silla de manos si realmente nadie les había seguido. Cuando Calvo le pasó el escrito.* De nuevo Calígula luchaba con su peor enemigo: el aburrimiento. Calvo -dijo el senador mesuradamente. pero su autor debe de estar bien informado. Pero no tenía nada que reprocharse.. Calvo había sobrepasado ya en algunos años los setenta y era un convencido estoico. Calvo se echó a reír: -~Y esto es un delito? -Para Calígula. lo leyó de una rápida ojeada y luego lo dejó caer como si le quemara los dedos. de inteligencia rápida y lenguaje mordaz. -No lo pienses demasiado. siguió la misma vida que antes y se consolaba con las palabras de Virgilio en la Eneida: Stat sua cuique dies. y no pareció preocuparse. desde entonces se había vuelto prudente en exceso. me mantengo al margen de todo. ni lo más mínimo. Calvo decidió no tomar el asunto en serio y se quedó en Roma. Tras una profunda reflexión. . Así que no sintió preocupación alguna. ¿Qué pasa? -Ya he visto varios de estos escritos de advertencia. Yo y muchos otros esperamos que esto no tarde demasiado en ocurrir. Bajo Tiberio. Balbo se asustó de sus propias palabras y agregó inmediatamente: -Olvida lo que te he dicho y sigue el consejo. -Me lo pensaré -dijo Calvo.

Calígula. que fuera una mezcla de alegría con la desgracia ajena. Como no se le ocurrió nada inmediatamente. cuando Calígula apareció. Esto es desesperante! Helicón. Pero no le disgustaba a Calígula que de vez en cuando no acudiera de inmediato o saliera según le viniera en gana. -Y ¡iú. tal vez incluso en toda Roma. ninguna catástrofe. Pero estoy seguro de que tu divina persona no tardará en encontrar una salida y sorprenderá al mundo con ocurrencias fascinantes. Y así los dos fueron obligados a azotarse mutuamente hasta que quedaron con las espaldas ensangrentadas. La cortesana no pudo por menos que soltar una risita que parecía el tintineo de una campanilla. no hay epidemias. hizo azotar a dos esclavos encargados de los baños que se divertían tan apasionadamente en el vestuario de las termas que. 358 359 Es que no ocurre absolutamente nada! -se quejó días antes a Helicón. sorprendente. no hay incendios. pero ¿qué ocurre ahora? No hay guerras. Mi falo te reclama a gritos. aclamado por el pueblo que acudía en masa para verle. y juntos fueron al dormitoñum donde se encontraba la pomposa cama del emperador. para distraerse. deberíamos estarle agradecidos. -Ya que sabéis hacerlo tan bien el uno con el otro. Calígula deseaba que ocurrieran acontecimientos excitantes. se enfadó y. que últimamente moraba en unas habitaciones de palacio para estar siempre disponible si el emperador lo deseaba. No soportaba a las mujeres serviles y aburridas. podréis continuar de otra manera. se dio cuenta después de que. fueron sorprendidos y no cesaron a tiempo en sus juegos amorosos. Esto. no hay hambre. sabes hacer los cumplidos más halagadores. Bajo Augusto ocurrió la derrota de Varo. Pero en esta ocasión acudió Píralis sin dilación. excitó los apetitos de Calígula y antes de la cena hizo venir a Piralis. Majestad. bajo Tiberio. grandioso. su amigo del alma-. que al principio no sabía si estas quejas iban en serio. no hay terremotos. por aburrimiento.. también. La gente vive demasiado bien. en cambio.visitar sus nuevas villas entre Ancio y Putéoli. el hundimiento de la tribuna cerca de Fidenae. Aunque . sobrecargada de oro y cubierta con pieles de oseznos. y en ellas le encantaba lo que no apreciaba en absoluto en los hombres: una cierta rebeldía. Todos ienemos que morir algún día. Cayo. porque no la amenaza ningún peligro.. se sintió estimulado por estas palabras a idear personalmente algo. Piralis! Eres ahora la única mujer de verdad en todo el Palatino. que tenía en gran estima a Helicón. -La fortuna pone su mano sobre ti y sobre Roma. algo nunca visto. dramático y.

Abrazó por detrás sus pechos y los apretó. algo sorprendente e impresionante. atraerías a tu cama a las mujeres más hermosas. -Ahora me has hecho un cumplido. -Piralis Augusta. y. Sólo soy una noctiluca. Píralis. -Necesito tu consejo. Calígula se rió con estruendo: -Entonces. ¡para fastidiar a toda Roma! -~Y Lolia Paulina? -Hace ya mucho tiempo que tendría que haberme divorciado de ella. Calígula sonrió halagado.. aunque un cumplido algo extratio. -Al final acabaré casándome contigo. bruto más que bruto. sintió la caricia de las pieles. Se contempló preocupada. También en el acto del amor Calígula era cruel. ¿por qué no? Pero una emperatriz tiene también obligaciones.. y exclamó con un arrullo: -. mejor panadero o herrero. dijo mi amigo: "Si tuviera muchísimo dinero. -Mira lo que me has hecho. Esto sería realmente algo sorprendente y nunca visto. -O senador.. porque sólo encontraba satisfacción torturando. pero esa mujer me es tan indiferente que apenas dedico ya un pensamiento a su persona.. Nada de lo que le decía Píralis era capaz de ofenderle. el contacto con él la excitó. como siempre. Se volvió. una mariposa de la noche. y de nuevo se sintió dichoso de haberla encontrado. Su desollada entrepierna brillaba enrojecida cuando se zafó de los brazos (le Calígula. como si fuera una herida. -Un gigantesco puente. con tus palabras. ¿Qué harías si se esperara de ti algo muy especial. No lo pienses mucho. -bromeó Píralis. Calígula había dejado de escuchar. ven. tómame ya! Calígula la tomó con tanta vehemencia como un legionario que estuviera violando a una cautiva. Piralis se había acostumbrado a no mostrarse nunca quejumbrosa. Pero en el transcurso de su vida. tómaine.. no consigo imaginarlo. pondría en comunicación las dos orillas con un inmenso puente~~. Piralis se recostó y cruzó los brazos tras la cabeza. besó sus pezones y notó su duro pene apretándose contra su vientre.. Cayo. Se dejó caer sobre el pomposo lecho. 360 361 -Un hombre que me mantuvo durante unos meses viajó conmigo a su finca rústica en Sicilia. e incluso encontraba placer en aquellas caricias brutales. Píralis sintió su cuerpo velludo. date prisa. y no creo ser adecuada para cumplirlas.. -Al fin y al cabo llevas también el título de Pon t~fex maximus. y se hundió en sus entrafias como si quisiera penetrar hasta lo más profundo de su cuerpo. su espíritu versátil había saltado ya a otro tema. el . Cuando cruzamos en barco de Rhegium a Mesina. algo nunca visto.Ve n.. di lo que se te ocurra. Herrero panadero. -repitió Calígula pensativo.no fueras más que un herrero o un panadero. Un cálido brillo apareció en los ojos inexpresivos de Calígula.. Los ojos verdes de Piralis le miraban traviesos.

junto con otros dioses. Calígula quedó absorto. que ya estaba otra vez medio borracho. y se comportaba como si fuera el emperador en persona. Tenía los suyos propios y. los tribunos tuvieron que escuchar: -Bajo mi predecesor.. pero con corrección y apenas abandonaba el recinto del cuartel. A la undécima legión había sido destinado un nuevo legado.gran constructor de puentes. se recluía con una jarra de vino en su habitacmon. cada vez más a menudo. que. Si nuestro divino emperador considerara alguna vez la posibilidad de viajar a la provincia de Asia. y tuvo la sensación de que no le afectaba 362 r para nada. las suplencias o cualquier otra cosa que afecte al plan de servicio. Las bajas por enfermedad. pues la mayoría creía que esto servia sólo para intimidar a los bárbaros de las provincias. oyó el enjundioso discurso como en la lejanía. si bien algunas debían parecerles extrañas a los legionarios. sin duda. incluso en el de la gran Artemisa. se tarda demasiado en hacerlos. como nosotros nos sentimos orgullosos de nuestro divino emperador Cayo Julio César Augusto Germánico.. se me presentarán sin excepción alguna para que yo las apruebe. si se refiere a los tribunos y a los centuriones. por encima del mar. ¡Sí. se le . -Un gran puente. Era un hombre joven de una de las mejores familias romanas. de quien se oían decir muchas cosas admirables en la tropa. algo como una renuncia definitiva a Helena.. -Haré comunicar mis villas de Baules y Putéoli con un puente de más de tres millas de largo. De repente se incorporó y saltó de la cama. los permisos especiales. Sin embargo. sino con una legión de la que pueda sentirse orgulloso. pero aceptado en general. tendría sus méritos. En su tiempo libre jugaba con los otros oficiales a algún juego de tablero carente de ingenio. a Calígula en su condición de Júpiter.. se tenía que venerar ahora. También él amaba al joven emperador. a Sabino estos problemas no le afectaban. como a todos los enamorados sin esperanza. sin participar íntimamente. no quiero que en Efeso se encuentre con un tipo de indisciplina. En su primer discurso. Que un emperador se hiciera rendir honores divinos en vida era algo nuevo.. será un puente formado por barcos. Hacerlo le hubiera parecido un mal augurio. o. Seguía cumpliendo su servicio con desgana. esto es lo que voy a hacer! Pero no un puente de piedra o de madera. se ha extendido una cierta desidia que no estoy dispuesto a tolerar.. No sin ironía se había tomado nota en la undécima legión del hecho de que en los templos de Efeso.. Cornelio Sabino no dejó la habitación que tenía cerca del templo de Artemisa. algo nunca visto.. Sabino.

saca mi toga. ¿Por qué desanimarse?. No. quiero estar sereno.. -Marinos. señor. y Sabino siguió el amistoso consejo al menos durante unos días. que se lo debía a él.. ¿O quieres que te acompañe a la ciudad? Sabino negó testarudo con la cabeza y balbuceó: -No. -¡No me mires con este aire de reproche. Pero su sobriedad le hizo ver con doble clarividencia que había perdido a Helena para siempre. Marinos miró a su señor. quie. Cuando lajarra quedó vacía. los otros oficiales. estoy bien así.. ¡Para siempre! ¡Para siempre! Era incapaz de pronunciar estas palabras sin que los ojos se le llenaran de lágrimas. Otros van al burdel o se gastan su dinero jugando a los dados. Marinos! Al fin y al cabo es mi día libre y puedo hacer lo que me dé la gana..antojaban inmensos y de importancia universal. compadecía a Helena y al mismo tiempo se sentía furioso imaginando el cuadro idílico familiar presidido por Petrón... me acompañe para lo que voy a hacer. miraba a un lado y a otro en busca de la esbelta y familiar figura de la amante abandonada. Sus compañeros. e imploró: 363 L -Toma primero un baño frío. Con expresión preocupada. Al fin y al cabo. Sin meta fija. entregó su caballo a uno de los guardianes y dijo que volvería pronto. como si quisiera decir: ~¡No bebas tanto! ". había anidado una absurda esperanza en su cabeza.. que se tambaleaba por la habitación. le aconsejaban la conveniencia de dejar de beber hasta que hubiera amainado el celo del nuevo legado... Sabino aguantó durante seis días. ni el legado más diligente podía impedirle a un oficial que se emborrachara en su tiempo libre. Marinos puso lajarra sobre la mesa y dirigió tina mirada implorante a sti senor. Sentía pena de sí mismo. Yo me dedico a beber. Ahora siente ganas de hacer algo. Marinos! No necesito que nadie me.. paseó entre la multitud del mercado. se dijo. ¡Lárgate. trastabillando y chocando con la gente. a Cornelio Sabino. Era un día libre e intentó convencerse a si mismo de que con esto no perjudicaba a nadie. ¡Al fin y al cabo era un soldado! ¿No le había aconsejado siempre su amigo Querea que los problemas se debían afrontar sin titubeos? ¡A desenvainar la espada y adelante! Tal vez Helena hubiera cambiado ya de opinión. Estaba tan seguro de . voy a la ciudad. pero no tenía posibilidad de ponerse en contacto con él. eso te refrescará y te devolverá la serenidad. Sabino cabalgó hasta el mercado. en la mañana del séptimo empezó de nuevo a beber.

Estamos haciendo la compra para tu gallardo esposo Petrón. Con pocos pasos la alcanzó y le cerró el paso. También ha escuchado mi deseo de tener un hijo. . Sus pensamientos retornaron a la realidad.. Pero no te vox' a dejar en paz. mientras Clonia tiraba de la toga de Sabino con cara de pocos amigos. -Esta noche tendremos pullum numidicum con salsa de piñones. sus ojos de color de miel centellearon llenos de desprecio. -Pegar a una mujer embarazada. qtie pronunció estas palabras con una sonrisa tan irónica que Sabino le dio una sonora bofetada para borrar esta sonrisa. que no tiene ni idea de que en tu seno está creciendo un huevo de cuco? -Sabino soltó una risa que manifestaba bien a las claras su estado de embriaguez-. comino y miel. Con un marica que añora los culos lisos de sus muchachitos. -¡ Suéltame y lárgate! -exclamó Helena furiosa. ¿Cómo ha conseguido eso el muy mancar Sabino puso la mano en su vientre y notó un leve movimiento. Helena señalaba un saco tras otro mientras el ágil comerciante vaciaba un vaso graduado en su cesta. Algunos se pararon a ver cómo continuaría la escena. sí. ¡y. -Hubiera podido casarse con un tribuno romano -dijo en voz alta. que él quedaba excluido y que Petrón gozaba de una felicidad que se la debía a él. ¡jamás! -Entonces le pediré a Artemisa qtíe me libre de ti. su embriaguez le hizo figurarse durante unos instantes que era para su propia familia para quien Helena estaba haciendo la compra. ¿verdad? Que desaparezca de tu vida para que puedas vivir en paz con tu huevo de cuco. además. esto es lo que sabes hacer. Sintió sus finos huesos y le clavó los dedos en la carne hasta que ella soltó un grito. pronunciadas en voz alta. ¿eh? ¿Qué hay de esto? ¿O quieres que le cuente yo la verdad? Sus palabras. al tribuno romano Cornelio Sabino. ¡Te gustará! Cuando se apartó de la tienda. Tan enojada estaba Helena. -Eso es lo que quieres. dátiles. En su imaginación le pareció oír su voz. Clonia pidió socorro a voz en grito y Helena se frotó la mejilla. Es que tu pequeño maricón se cree todavía que fue él quien te dejó embarazada. -Salve. . habían despertado la atención de la gente que rondaba por el mercado. Sabía que Helena compraba para su familia. los romanos. y ahora tiene que interpretar el papel de padre de familia porque la esposa lleva un hijo en sus entrañas. pero él la tomó del brazo y la retuvo. ante los sacos de un comerciante de nueces y frutos secos. esto es mux propio de vosotros. Sabino se había detenido y contemplaba embelesado aquella escena de mercado.y ahora lo está con un marica griego..encontrarla hoy allí que no le sorprendió ni lo más mínimo cuando descubrió a Helena con su ama y unajoven esclava a una distancia de pocos pasos. hermosa Helena. Helena permaneció callada e intentó pasar al lado de Sabino. pimienta. La discusión subió tanto de tono que atrajo a dos guardias del mercado. Sabino vio su vientre abombado ya considerablemente bajo el manto suelto.

medio desmayado. Sabino recuperó el conocimiento y se palpó el gran chichón de la cabeza.. era única. los ojos color miel. fue llamado a presentarse ante el legado. pero esto no te da derecho a molestar a una dama y a abofetearla. era absolutamente desconocida para mi. Dos días después. todo le daba lo mismo.-Aquí no se molesta a las damas -advirtió uno de ellos mientras el otro preguntaba a Helena. miles de muchachas así. Me llamo Cornelio Sabino. ¡Había muchas otras mujeres hermosas! ¡El mundo estaba lleno de ellas! A fin de cuentas. Entonces los dos cortaron por lo sano. que Helena. Has ofendido en pleno mercado a una mujer en avanzado estado de gestación. la boca de piñón. Tal vez me recordara a una ramera con la que me peleé en una ocasión. En la casa del supervisor del mercado. lo cogieron por las axilas y se lo llevaron.Es este hombre tu ~5~O5O o un pariente? Helena negó vivamente con la cabeza. El legado se echó a reír. -. Sabino salió tambaleándose. Ahora. su Helena. luego. que hacia tiempo había decidido no causarle problemas a Helena. y todo esto en estado de embriaguez.. -¿Por qué? ¿Conocías a esta mujer? Sabino. -¿Tribuno Cornelio Sabino? Veamos. ¿Es cierto este informe del supervisor del mercado o tienes algo que alegar? -El informe es correcto. Supongo que eres tribuno en la legión undécima. -Habéis apaleado a un tribuno romano. sólo quiero rectificar que no le impedí que siguiera su camino y que los golpes se limitaron a una ligera bofetada. le has impedido seguir su camino. no lo sé. Uno golpeó a Sabino con un palo largo de madera en la cabeza. cuyos padres y suegros pertenecen a las familias más importan- . -¡Una ramera! ¡Vaya gracia! Se trata de Helena. -Esto es precisamente lo que iba a preguntarte. el fino rostro. En Roma podría encontrar cientos. 364 365 1 Pensaba esto. legado. la has abofeteado. eso os costará caro. ¡Mejor! Entonces no tendría que pedir su cese él mismo. pero al mismo tiempo sabia que no era verdad. exclamó: -No. esposa de Petrón. El obeso supervisor del mercado sonrió muy orondo. supongo que sabes de qué se trata. Aún medio aturdido. Daré parte a tu legado. Bien. Pero ¿qué le retenía va allí? Ha completo las ganas de seguir en Efeso: tenía que volver a Roma y hacer todo lo posible por olvidar a Helena. incluso que lo echaran de la legión. Su decisión de abandonar el ejército bía perdido por fue repentina... Las arrogantes autoridades municipales griegas trabajaron con rapidez y no se dejaron impresionar por el alto rango militar de Sabino. ¿qué tenía de especial esa Helena? El cuerpo esbelto. Sin duda estaba más que borracho.

Si me das tu palabra de honor de que no vas a intentar huir. El joven legado examinó a Sabino con una mirada arrogante. sin duda. legado! 366 367 xxv A finales de mayo. a mi este caso me resulta demasiado delicado. -Quiero aprovechar la ocasión para pedir mi cese en la legión. -Cornelio Sabino. Na- . seguramente para poner de relieve su buena armonía con Roma. como jefe supremo. Por motivos que no logro entender. Este deseo es fruto de una profunda reflexión. con esa dama. Sin la menor consideración por las consecuencias. Calígula tomó la decisión de viajar al sur en su barco de recreo para hacer realidad la idea de un gigantesco puente entre Baules y Putéoli. ¿como expiación? -Por motivos personales. El legado reflexionó. ¿De acuerdo? -¡De acuerdo. pues los Cornelios sois gente influyente en Roma. ¡no te esfuerces. -¿Viven tus padres? -Si. entre ellos también un gran número de los cargueros de cereales. y se le notó su desconcierto. y. por motivos personales. ¿verdad? -No. y quién sabe lo que piensa tu padre de todo esto. y no tiene nada que ver con He. hizo requisar todos los buques de carga disponibles. unos tributos sin los cuales no podríamos mantener unido nuestro gran Imperio.. Que decidan allí lo que conviene hacer contigo. -¿Aprueba él tu petición de cese y está enterado de tu solicitud? r -No. ni Helena ni su esposo han presentado querella criminal. No quiero estropear mi carrera. quien decida sobre el alcance de tu castigo. -¿Cese? ¿Cómo he de entender eso? ¿Por arrepentimiento?. puedes castigarme y después disponer mi cese. -¡Ajá!.». pero supongo que esperan que seas castigado. Es gente que paga sus impuestos puntual y escrupulosamente.. No puedo cesarte en la legión. Ojalá hubiera sido una ramera: esto nos hubiera ahorrado muchas molestias. Mostraba una enorme diligencia y tenía ocupada a una docena de secretarios con órdenes estrictas y edictos imperiosos. Que sea el emperador. te dejo viajar a Roma sin vigilancia. legado.tes de Efeso... Con esto no contaba el legado. y tienen motivo para esperarlo. tan importantes para Roma. también para eludir el castigo. Mi padre es el editor Cornelio Celso. como si quisiera decir: «A mi no me harás cambiar de opinión. y de su expresión malhumorada se deducía que esta solución le causaba algún serio problema.. te lo digo con toda franqueza.

participara en el gran espectáculo. César y Craso. ¿por qué el Estado tiene que alimentar a estos miserables holgazanes? Me pregunto quién implantaría esta costumbre. vamos a dejar que pasen hambre durante tinos días estos holgazanes romanos para que vayan acostumbrándose a épocas de vacas flacas. . Un dios no tiene necesidad de hacer esto. ningún cónsul ni ningún triunviro hubiera osado enfrentarse al pueblo de este modo. el populacho puede mostrarse bastante agresivo. -Y como es así. republicano de corazón. habría que pensar en una solución para este engorroso problema. De un modo u otro volverá a hacerlo una y otra vez. Calígula deseaba ser acompañado por su familia en su totalidad y por todos sus amigos. De todas formas. no existe ninguna ley que le pida responsabilidades o que le obligue a solicitar un consejo. Calígula quiso que también tío Claudio participara y. Yo también considero nocivos los donativos estatales de cereales. -Se convirtió en ley bajo el triunvirato de Pompeyo. Sólo Calixto hizo algunas objeciones. -¡Y sé muy bien por qué! En la época de la República los señores pretendían comprarse votos de este modo. Los ojos de Calígula chispearon maliciosos. Lolia Paulina. a mi me ha elegido el Olimpo. pero ya antes había donativos privados y estatales de cereales. Por lo demás. Majestad. Majestad. las dos hermanas del emperador. Habían sido invitados también Léntulo Getúlico. El emperador quiso que incluso Séneca. naturalmente. es que la plebe no sea capaz de comprender tu divina idea. En la época de la República. Calígula le cortó con un ademan: -Pasar un poco de hambre no les vendrá nada mal a estos parasítos. pero al fin y al cabo representan una ley vigente desde hace cien anos. -Precisamente esto es lo que induce a mi hermano a saltársela a la torera. mi apreciado Calixto. Séneca. 368 j -Así es. aunque tuvo que compartir su papel con la cortesana Piralis. la esposa ya casi olvidada de Calígula. En realidad. el legado de Germania. el odiado poeta. pudo volver ajugar durante un breve espacio de tiempo a emperatriz.die se atrevió a objetar nada y menos a contradecirle. Si los donativos de cereales cesan. y Valerio Asiático. pero revistiendo sus dudas con un aire ironico: -Lo único que temo. Soy independiente del populacho. pero estas cosas no se pueden cambiar de la noche a la manana. dijo a Livila: -~Y éstas son las bendiciones del Principado! El emperador se lo puede permitir todo.

. El barco era tan grande que le costaba avanzar.-Quizá se pase en alguna ocasion. interrumpidas por plantaciones hábilmente intercaladas con arbustos y ramajes. en medio. Llevó a Píralis al entrepuente. En algunos puntos se estaba desconchando el dorado de las columnas de madera. decorada con profusión de ornamentos de oro. -Lamento no poder contestar a esta pregunta. había sido dorado y adornado con piedras preciosas. velas de todos los colores ondeaban suavemente al viento primax'eral. el emperador condujo a su amante Piralis por las cubiertas del barco. También aquí el trabajo apresurado había provocado que los abigarrados mosaicos empezaran ya a agrietarse. Se movilizó toda la flota estatal para acompañar al sur al legendario barco de lujo del emperador. pero se utilizaba sólo para el cabotaje. pero algunos detalles parecían más bien un escenario de teatro levantado con prisas para la interpretación de una pieza que luego va a ser desmantelado. de los techos y de las paredes. se habían empleado los materiales más valiosos. Su timón de popa. pero. de distinto tamano. Los barcos de escolta. -¿No es esto un reflejo del Olimpo? -preguntó Calígula orgulloso. pero Calígula no parecía darse cuenta de nada. -Esto es lo que esperamos -dijo Livila en voz tan baja que Séneca no la entendió. A Calígula le encantaba esa lengua suelta e irrespetuosa y no pa- . muy alzado sobre el nivel de las aguas. donde había pequeñas termas con las habituales piscinas de agua fría. iban desde el simple barco de transporte hasta el pentarreme. El impaciente emperador había azuzado a los artesanos para que trabajaran con la máxima rapidez. Los frescos con temas de la mitología griega que adornaban el gran comedor habían sido realizados por los mejores pintores. estimulándolos con premios y regalos. y podía atracar rápidamente en cualquier puerto. Los muebles estaban labrados en maderas preciosas con incrustaciones de marfil y herrajes de bronce. tibia y caliente.. 369 Orgulloso como un muchacho que enseña su juguete. habían sido pintados con tanta premura que a veces fallaba la perspectiva o se había prescindido de ciertos detalles. en lo alto de la galera imperial. ondeaba el estandarte púrpura con el águila romana. por falta de tiempo. En la cubierta principal se agrupaban pequeñas y grandes salas para banquetes en torno a una hilera de arcadas. una galera dotada de cientos de esclavos remeros. De este modo. pues nunca he estado allí -dijo Piralis con cierta insolencia. pero incluso la asombrada Piralis se dio cuenta del escaso cuidado con que estaba confeccionado todo lo demás. y. gráciles fuentes de bronce y de mármol. Todos los barcos iban empavesados para la solemne ocasión.

En la caía están las calderas para las termas y la cocina. -Siempre sabes quedar bien. quiero presentarte a mi invitada de honor: mi amiga Piralis. ¿qué te parece? La mujer más aburrida e íntegra de Roma al lado de mi inteligente y fogosa amante. Seguro que no hay en todo el mundo otro barco como éste. Lépido se acerco. . Lo dijo en un tono de amarga ironía sin mirar a Piralis. Piralis. Piensa en algo. Tomó a Lépido del brazo y se alejó. Creo que has superado con creces a los famosos barcos de Cleopatra que recorrían el delta del Nilo. La miró amablemente. -Y tú. sobre soportes de hierro descansaban pequeñas ánforas panzudas con los vinos más selectos. a ver si se te ocurre algo: quiero preparar una sorpresa para esa gente. porque nací allí. con quien me hubiera casado hace ya mucho tiempo si ella hubiera querido. percibió el tono implorante y ufano de muchachito orgulloso de su juguete. Le apretó el brazo y dijo: -No sé cómo decirlo. Augusta? -No sólo puedes. Calígula tomó asiento en una cama plegable y ordenó a Lolia Paulina que se sentara a su derecha. Entre ellas. y exclamó con ironía: -Paulina. no te apartes. Pero esto no ha de interesarnos. Piralis. Al emperador no le pasó inadvertido este gesto. pero antes quiero preguntarte una cosa. -Lo has expresado con palabras muy hermosas. amigo mio. ¿verdad? Emocionada. Allí había cómodas camas plegables bajo blancos toldos.reció darse cuenta de su ironía. Píralis permaneció sentada sobre la cama plegable al lado de Paulina y preguntó respetuosamente: -¿Puedo marcharme. -¿Buena o mala? -Buena. naturalmente. El mundo seria aburridisimo si no existieran estos contrastes. sino que deseo que lo hagas. querida. que se encontraba a un paso de ellos. Calígula bostezó y se levantó. También Lolia Paulina se apartó al ver a Piralis. mi ciudad natal. -Pero te gusta. Veamos ahora la cubierta superior. Majestad. Ésta bajó en silencio la cabeza y quedó a la expectativa. Lépido. -Incluso así es bastante aburrido. sobre gráciles mesitas se amontonaban fuentes repletas de frutas y de nueces. Mañana atracaremos en Ancio. siéntate a mi izquierda. pero también yo creo haber superado a Cleopatra. Después se dirigió a Emilio Lépido. -Bien. Los invitados retrocedieron cuando el emperador apareció con Piralis. el emperador que aúna los contrastes con su divina presencia. Es inmenso mi asombro y mi entusiasmo. En los ojos fríos y duros de Calígula apareció un brillo cálido. y todo el mundo se inclinó respetuosamente ante la divina Majestad.

»Y yo me cuidaré de que con ocasión de esta expedición militar te corten el cuello». un día el emperador mandó llamar al legado Léntulo Getúlico. Piralis abandonó la cubierta superior. es una persona tímida y apocada. Augusta -dijo Piralis con cierta amabilidad-. Durante este viaje por mar. atracaron en Putéoli. quien ocultó su repentino sobresalto: Calígula no se dio cuenta de nada. El emperador parecía estar de excelente humor: -He hablado con mi hermano gemelo.. Augusta. r . más tarde conquistaré Britania. Tras esta conversacion entre dioses. pero consideré más conveniente disuadirle de esta idea. o son sólo artes de ramera. cuyo puerto ya estaba abarrotado de barcos de los más diversos calados. tal vez hasta le amo. pensó Getúlico. Piralis se levantó y se inclinó. de las que yo no entiendo nada? -Ni lo uno ni lo otro. ¿Es que te hace regalos? -Regalos sin importancia. -Tal vez. Paulina se volvió bruscamente y miró perpleja a Piralis. Muestro interés por sus peculiaridades y estoy disponible siempre que me necesita. pero tampoco puedo rechazar al emperador. No quiero desplazarte. Al cabo de un rato dijo con un gesto conciliador: -Ahora puedes marcharte. No deberías odiarle.. 370 371 -RAmas a ese hombre? -preguntó atónita.. Pero siento cariño por el emperador. -No lo comprendo. Me paga como se paga a las rameras. -¿Encuentras correcto que te prefiera a su esposar -Eso no depende de mi. mientras elogiaba con palabras emocionadas la decisión del emperador.-¿Cómo haces para conseguir que el emperador esté tan alegre y sienta tanto afecto por ti? ¿Es que le echas un filtro de amor en el vino. ahora mi decisión está tomada irrevocablemente: voy a emprender una expedición militar a Germania. -No debes odiarlo.Júpiter Máximo. Para los próximos días estaba planeado el gran espectáculo. Ya me ha pedido dos veces que me case con él. pues Calígula no tenía paciencia para esperar una hora más de lo absolutamente necesario. lo aprecio. que hizo participar en el diálogo también a Marte. Augusta. Sin esperar una respuesta.. Con un magnifico tiempo de principios de verano. En cualquier caso. y él parece notarlo. Paulina movía la cabeza sin cesar. ¿Qué motivo tendría para hacerlo? Paulina había vuelto a apartar la cabeza y permaneció callada. El círculo de conspiradores se había mantenido expresamente muy reducido para evitar posibles contingencias.

¿Qué pretende el emperador con esto? Como todos los pueblos sometidos a Roma. El emperador Tiberio lo apreciaba mucho como funcionario fiel e insobornable. y yo mismo me encargaré de que. también los judíos rezan en sus templos por el bien del emperador. respetables padres. conocía bien al pueblo judío como para saber el conflicto que entrañaba esta orden absurda. Era un soldado veterano y un hábil político que jamás había abusado de sus altos cargos. Esto significa que en vuestro templo de Jerusalén tendréis que colocar una estatua del emperador y que la veneraréis en el futuro con ofrendas de incienso y sacrificios de animales. Pasó un tiempo considerablemente largo hasta que se presentó ante él la delegación de sacerdotes judíos. También el fisico de Petronio correspondía a esta imagen. Su rostro flaco. que se reunía enjerusalén y al que incluso los romanos seguían respetando. el sumo sacerdote.Publio Petronio. hasta que RebJehuda. esperó unas semanas antes de hacer llamar a Antioquía a los altos mandatarios de los judíos de Jerusalén. escribas y sabios. señor. estaba horrorizado por la orden del emperador. del que el voluble e imprevisible Calígula no le parecía un representante demasiado adecuado. por lo demás. Como antiguo prefecto de Egipto y procónsul de Asia. tras recibir la absurda y peligrosa orden. Pero como unos judíos destruyeron en la ciudad de Jamnia el altar dedicado al emperador. legado de Siria. cosa que. Pagamos nuestros tributos. y en todo momento nos hemos atenido al pie de la letra a las disposiciones. Así. Hizo Llamar a los tres hombres más importantes: un rabino. dijo en voz baja: 372 373 -Dios no lo permita. sea colocada en el templo de Jerusalén. Los barbudos miraron al suelo y permanecieron callados. Petronio ofreció asiento a aquellos hombres barbudos envueltos en sus largos mantos. pero cuyo contenido viene a ser la obligación de colocar en el templo de Jerusalén una estatua de gran tamaño del emperador en su advocación de Zeus Epiphanes Neos Gaios. Se está labrando ya la estatua colosal del emperador en un taller de escultura en la ciudad de Sidón. Estuvieron así largo rato. y anunció: -El emperador Cayo Julio César Augusto me ha transmitido una orden que no os voy a reproducir textualmente a vosotros. al igual que sus predecesores. el Consejo de los judíos. surcado de arrugas. Por encima de la lealtad al emperador estaba para él la lealtad al Imperio. leyes y acuerdos del Imperio. un anciano de la ciudad y un juez de gran erudición. Hasta ahora. Los tres pertenecían al sanedrín. Los predecesores del ve- . recordaba los bustos de los prohombres republicanos que se podían encontrar aún en las casas de las antiguas familias. ha respetado las particularidades de vuestra religión. una vez terminada. que es nuestro supremo señor terrenal. y siempre había dicho de él que era «un romano de los de antes». el príncipe se ve obligado a suprimir la tolerancia que hasta ahora se ha tenido con vosotros. si bien pasará aún algún tiempo. Eso no puede ser. ya se ha hecho en todo el Imperio romano en los templos más importantes. el emperador.

tendrá para vosotros una ventaja: no tendréis que rezarle a vuestro dios por el bien del emperador. pero él mismo sentía un gran interés por no tener que ejecutar la funesta y. así. que él es el único Dios. se trata de un castigo por el sacrilegio de jamnia. igual a un dios en su advocación jupiterína. Tal vez éste sea un camino. pensó Petronio. RebJehuda. y los apreciaba como pueblo trabajador que proporcionaba a Roma altos ingresos eíí imptíestos. podría mostrarse accesible a este argumento. -Pretendía hacer una gracia. -¿Por qué se castiga por ello a los judíos de Jerusalén? -No lo sé. desastrosa orden. Y. pero no como dios. Reb Jehuda replicó: -Dios mismo le dijo a Moisés: «Yo soy el Señor tu dios. sino que podréis dirigir vuestros rezos directamente a él. Petronio quiso despedirse de sus invitados con un chiste reconciliador. y no os desanímeis. sino ejecutarlas. pero no acertó en absoluto: -Si algún día se coloca en vuestro templo la estatua del emperador. Pero no os hagáis demasiadas ilusiones. como autoridad estatal. Yavéb quiso darnos a entender que no 374 -J r tolera a otros dioses a su lado. sólo nos está permitido venerar al emperador como persona. y no es mi misión interpretar las órdenes del emperador. que era desmesuradamente despilfarrador. ¿Por qué este emperador exige ahora algo que los judíos no podemos concederle? -Lo acabo de mencionar hace un rato. Petronio vio asomar un rayo de esperanza.nerable Cayo Julio César Augusto han hecho lo mismo a su vez. Tenía a los judíos por gente que cumplía formalmente los contratos. aunque este emperador veleidoso e imprevisible no parecía ser precisamente un prodigio de inteligencia política. a Cavo. señores. Petronio levantó las manos como para disculparse. no tendrás otro dios más que a mi. «También esto tenía que decirse". ni de lo que hay arriba en el cielo. Calígula. Id en paz. pero ya veo que vuestra religión no soporta las bromas. no todo en el mundo es venal. Seria muy poco inteligente malquistarse con ellos. el juez. No te harás escultura ni imagen. . sin duda. ni de lo que hax abajo en la tierra. ni de lo que hay en el agua". -~Podríamos librarnos del castigo pagando a cambio una determinada cantidad? -preguntó Mi ben Simón. Con esto. ¿Por qué no si la mayoría de los problemas se pueden solucionar con dinero? -Trasladaré vuestra petición al emperador.

por orden de Calígula. atándolos con cuerdas y cadenas. se hizo vestir con la púrpura imperial y se colocó la corona de roble. y este espectáculo contradictorio le causó una extraña satisfacción. por sus parientes y por la corte imperial. pensaba: «Si Calígula fuera un sátrapa cruel y caprichoso. En los últimos tiempos se había enfriado la relación de Séneca con Livila. Lucio Anneo Séneca caminaba entre el circulo de los senadores. y así Layo. se creará más enemigos y tardará menos en ser eliminado». y el emperador se verá obligado a llenar su bolsa con medidas cada vez más desconsideradas e impopulares. Día tras día. avanzó hacia Putéoli por esta vía de más de tres millas de longitud formada por barcos.Día y noche miles de marineros. que con otros tres tribunos marchaba detrás del . Tampoco ahora Séneca permitió que este gigantesco espectáculo de mal gusto desviara su atención del drama que estaba escribiendo. dios del mar. veleros de cabotaje y trirremes. De las extrañas insinuaciones de Livila en el sentido de que próximamente habría algunos cambios. Acompañado por su guardia pretoriana al completo. Luego se puso la coraza de oro de Alejandro Magno. Sus encuentros se espaciaban más y más y no terminaban siempre en la cama. de este modo. soldados y esclavos trabajaban andando un inmenso número de cargueros. y en cuya redacción trabajaba todos los días. Yocasta y Polibio. sino un trabajo que centraba todas sus energías y su dedicación. Como estoico convencido no mostraba sus sentimientos. pero habituado a reflexionar. no se podría prever un final de su gobierno. de modo que sólo en esto se gastaron millones de sestercios. Pero cuanto más despilfarre. pero ahorrador. que administrara con prudencia las rentas del Imperio. tenía que limitar o romper su trato con él. Pero no lo hizo. figuras de su drama. y no fueron ni el orgullo ni el desinterés lo que se lo impidió. Al fin llegó el momento. Naturalmente no le había pasado inadvertido que a ella le hubiera gustado contarle más detalles si él se hubiera mostrado más curioso y hubiera seguido indagando. Estaba escribiendo una 375 L nueva versión del drama de Edipo. Sobre las cubiertas se colocaban pasarelas de madera para poder ir de barco en barco y se cubrían con losas para simular que aquello era una vía imperial. Calígula comprobaba el avance de los trabajos. prometía premios en dinero y regalos. antes se agotarán las arcas del Estado. y que iba cobrando forma en su cabeza escena por escena. se interponían entre él y su entorno. Séneca había concluido que. Casio Querea. Era el undécimo día y Calígula ofreció un sacrificio en el muelle de Baules a Neptuno. Y.

y durante este tiempo también se veía libre de tener que realizar misiones delicadas. disfrutaba ingenuamente de este magnífico espectáculo. La verdad es que no tenía ningún motivo personal para odiar al emperador. Por lo demás. Calígula. Por lo demás. pero había sido por su libre voluntad y había sentido placer. como hijo del popular Germánico. A Lépido no le resultaba dificil mantener vivo su odio. Getúlico tenía que desarrollar planes concretos sobre el modo más rápido y seguro para conseguir el objetivo de la conjura. medio calvo. siempre se sentía rodeado de espias de Calígula. además. y hasta qué punto envidiaba su popularidad entre las legiones del Rin. Lépido estaba firmemente convencido de que Calígula era completamente inepto como príncipe y una verguenza para el Imperio romano. vestido con su uniforme de gala en medio de la guardia germánica. quien pensaba constantemente en que debería ser él quien. porque suponía que también alguno de ellos podría comunicar a Roma sus palabras a su antojo. se sentía feliz de poderse librar por tinas semanas del servicio de palacio. seguían sus amigos más íntimos y los pocos parientes vivos que quedaban. Lépido sabía por Calixto cuánto había costado este espectáculo hibrido e indigno de un emperador y cuánto habían sufrido el co- . de 376 piernas de araña. y. e incluso una vergúeflza. pero no se le escapaba lo mucho que Calígula recelaba de él. envuelto en la púrpura imperial y montado en su caballo. marchaba en el cortejo tras el emperador. una vergúenza para el Senado y una verguenza para la propia familia. y no ese monstruo hinchado. En ocasiones. Nada podía hacer vacilar la firme decisión de Léntulo Getúlico de derribar a aquella caricatura de emperador. para cualquier legionario veterano. de modo que va empezaba a desconfiar hasta de sus oficiales más veteranos. A sus cincuenta años tenía ya el aspecto de un anciano para quien la existencia se hubiera convertido en una carga y que hiciera va constantes muecas de asco. Aquí al emperador le faltaba el tiempo y la ocasión para sus pullas terribles.emperador. Claudio César cojeaba con esfuerzo tras Livila y Agripina. pues jamás conseguía olvidar aquel momento vergonzoso en que fue violado como una mujer por Calígula. también él había mantenido relaciones sexuales con muchachos o con hombres. Ahora que el príncipe había tomado la decisión de realizar la campaña. pero sus pensamientos estaban muy lejos de Puréoli y de la gigantesca autoconsagración de Calígula. había resultado una decepción. Al caballo del emperador. Era una situación insostenible y a la larga perjudicial para su reputación entre la tropa. atravesara aquel puente formado por barcos. Estuviera donde estuviera. suntuosamente enjaezado. jefe superior de las legiones de Germania Superior. Léntulo Getúlico. al que un destino inescrutable había hecho ascender a la dignidad imperial. Detrás de Agripina caminaba su amante Emilio Lépido.

sus ojos inexpresivos cobraron vida. Calígula se dejó agasajar como si fuera un dios. Desde siempre. cuyo protagonista era él. mientras Getúlico. el rey. sino un Estado amigo. y luego se retiró a su lujosa villa sobre el golfo de Putéoli. como gobernantes. vestido sólo con una breve túnica. El problema principal estaba en los pretorianos. Ademas. y esto supuso un paso importante para los conspiradores. tanto más dificil resultaría sanear el presupuesto del Estado. Cuanto más tiempo se tolerara a ese parásito en el trono. que había sido construido de modo que nadie pudiera ver sus piernas ridículamente delgadas. Para el segundo día estaba previsto el viaje de regreso a Baules. se pondría inmediatamente en marcha con sus tropas en dirección a Italia. había enrojecido su rostro pálido. el joven príncipe de los partos que vivía en Roma desde tiempos de Tiberio como rehén. y ni siquiera los obstinados germanos se iban a cerrar a este argumento. Con el apoyo de Agripina. permanecía de pie como auriga sobre el carro. el dinero había sido el argumento más convincente. Delante de él caminaba el príncipe Darío. casi siempre estos príncipes se integraban en la cultura y costumbres de Roma. pues la conspiración preveía que él se encargara de preparar en Roma el cambio de ocupante del trono. En el puerto de Putéoli. En esta ocasión no había instrucciones expresas 377 sobre quién debía participar en el viaje. de modo que. no se levantara jamás contra el Imperio. acompañado por Darío. Calígula. El espectáculo. Así. pero Agripina dijo estar dispuesta a emplear considerables cantidades de dinero para doblegar la voluntad de los pretorianos y de sus oficiales. así. Así. Y. el príncipe Darío no se sintió en absoluto avergonzado por te- . y en ellos resplandeció el triunfo de una divinidad que había hecho un regalo al pueblo. Había corrido la voz de que el emperador estaba preparando una expedición militar. seguían siendo fieles aliados de su segunda patria.mercio y la economía por la requisa de tantos barcos. Lépido quería hacer todo lo que estuviera en su mano para no tener que participar directamente en la campaña. sobre un carro de guerra tirado por dos caballos. mientras que el general Getúlico y el amigo del emperador Lépido lo acompañaron también en el viaje de regreso. Agripina y Livila no se unieron al grupo. Sus gritos apenas permitían percibir el griteno de las fanfarrias con que los padres de la ciudad daban la bienvenida al alto invitado. Permitió que la multitud contemplara a su divina persona durante media hora. vestido con suntuosas vestimentas exóticas. tras la muerte de Calígula. y los adversarios de Calígula habían acordado coínportarse de modo que no pudiera sospechar nada. no sería demasiado diificil poner de su parte al Senado. cosa que garantizaba que su padre. desde tiempos de Augusto se había convertido en costumbre que el príncipe heredero viniera a Roma como rehén ~' que fuera educado y formado en la capital. la solemne comitiva fue recibida por una multitud que la aclamaba. Partia no era una provincia de Roma.

~Para mostrarse aquí en su resplandor divino? No. habían recibido sust~ ciosos donativos en metálico. Calígula invitó a todos los presentes a un quete que se estaba preparando en cinco de los barcos de may tamano. pero que era tan imposible para Cayo convertirse en emperador. Aproxiníadainente en el centro del puente se había alzado sobre la cubierta de un barco una tribuna revestida de paños de púrpura. mi antecesor. U. Calígula prosiguió un rato más su discurso. tenéis la suerte de vivir en una época en que un dios de carne y hueso vive entre vosotros. habló de grandes tie pos. la historia de la profecía de Trasilo había sido inventada. Emilio Lépido y Léntulo Getúlico lo oyeron con satisfacción. ése soy yo. Como sabéis. Pocos anos antes cíe su muerte preguntó a su astrólogo Trasilo a quién destinarían los astros como su sucesor. por la mañana. . se esforzaba acrecentar día a día. amigos míos.on este espectáculo he demostrado la confianza que merece la astrología y que no son los astros sino los dioses los que determinan el destino ríe los hombres. Aquí se detuvo Calígula e improvisó un breve discurso: «Os preguntaréis qué es lo que ha inducido al César a tender un puente de casi tres millas de longitud sobre el mar. en parte sobre ligeras cuadrigas y tras ellos los amigos y la corte. 378 -J Estallaron unos aplausos atronadores que provenían princip mente de los pretorianos que. quise desvirtuar la cuestionabilidad de ciertos adivinos. creía firmemente en la astrología. Cayo Júpiter. como imposible era para él cruzar a caballo el estrecho de Bayas. Al carro de Calígula le seguía la guardia pretoriana. pues Calígula no podía anunciar públicamente que fue tina ramera quien le inspiro la idea de construir el puente. todo el puente de barcos se iluminó para la fiesta. el emperador. Al ra estaba decidido y lo había anunciado: el lobo caería en la tramj Al final de su discurso. Vosotros. y el viejo charlatán dijo que no lo sabia con exactitud.ner qtíe servir de elemento decorativo oriental al emperador romano en este ostentoso cortelo. del esplendor de Roma que él. en parte a pie. y también mencionó la expedición militar pre~ ta para el próximo otoño para «anexionar al Imperio el país bárba de Britania y castigar a los germanos». Al anochecer. mi abuelo el emperador Tiberio. como emperador del Imperio romano." Naturalmente. y c comienzo una de aquellas francachelas que Calígula apreciaba sobi manera. amigos míos.

Los mejores co neros estaban trabajando desde la mañana. pimienta y orégano. un Cale~ de Campania. aderezado todo c 379 u 1 una salsa de vino. Pero Asiático no se dejó desconcertar. A la larga. miel. el lugar y el tipo de comida han sido un acierto absoluto. Sólo Calígula descansaba sobre un lecho dorado. Los tordos asados rellenos de higos. barbos asados y hervidos. aceite. igual que la caza de monte. con esto quiero decir que echamos en falta tus bromas. las palom los patos salvajes.La orden perentoria del emperador había logrado reunir todo que era bueno y caro o simplemente extravagante. esto molestó al emperador. jabalíes. Mirad a esas dos! Las mujeres se pasan la vida pegándose y reconciliándose. su rostro se distendió: . como algo improvisado. mu les. pero inmensamer variados. Se sirvieron unos veinte platos. Calígula frunció el ceño y dirigió su mirada a Asiático. Por falta de espacio. flanqueado por Lolia Paulina y Piralis. estrag¿ hinojo y miel. las codornices. fueron servidos los pes dos y mariscos más raros. le hicieron sitio. no se utilizaron lechos para comer sino sillas plegables. los ragú patés. los cocineros habían tenido sur cuidado de emplear sólo animales salvajes para los asados. un Setino o cualquiera de los grandes vinos réticos. y Calígula dijo: -.. y 1 trasegaban a jarras de plata. que comenzó p lirones enanos en una salsa de pimienta picada. Calígula se echó a reír.. un vino del monte Másico. cilantro. corzas y ci vos. y así ningún hombre sabe nunca a qué atenerse. morenas. liebres. banquete en el barco se organizó como si se tratara de una excursí campestre. Pero falta algo. Así se dio satisfacción a cualquier gusto incluso el más exigente entendido encontró el vino de su preferenc ya fuera un Falerno. más bien algo basto. pues en la mesa imperial Calígula s¿ toleraba el oro y la plata. puerros. Puesto que se comía en medio del mar. -Falta una pizca de pimienta. piñones. que hemos aprendido a apreciar tanto y con las que habitualmente sueles aderezar tus banquetes. que no le hicieron el favor de pelearse. y continuó con conejos. un Faustino. sino que conversaron como viejas amigas. y sólo nos cabe felicitarnos por haber podido participar en este banquete. Respetuosamente. Asiático preguntó: -Divino César. y así pasó a la mesa de sus amigos Emilio Lépido y Valerio Asiático. los flamencos y las grullas fueron servidos siguien el orden de su tamaño. Aparte de doradas. -¿Qué se supone que falta? -preguntó con un tono peligrosamente tranquilo. y por esto los platos no se of cían con un barniz dorado o envueltos en un refinado revestimieni sino al estilo campesino. hubo también medusas en un ra preparado con siete diferentes clases de pescado. anguilas. ejércitos enteros de esc vos traían ánforas cubiertas de polvo con viejos y selectos vinos. Los amigos se echaron a reír.

la gente debería aprender a nadar -dijo Calígula en tono irónico. pero ya se habían ahogado cuarenta y siete invitados. y se llamaba Helena. en dirección a Batíles o Putéoli. la conexión con el puerto. -Como se ve. y.-Si es eso. se abogó. ya sólo bebía en su tiempo libre y se prohibió cualquier pensamiento dedicado a Helena. El legado parecía haber olvidado lo que le había dicho. quien no sabia nadar. jugaba y fornicaba en compañía de ellos. pese a sus gritos de socorro. ahítos de comida y vino. Días después aún se divertía recordando su graciosa «broma». pero cada vez era más fuerte su añoranza de Roma. A la salida del sol. r XXVI Cornelio Sabino creyó que iba a ser enviado a casa en uno de los barcos que anunciaban su inmediata salida. Vomitaron en el mar y luego caminaron por el puente de barcos. como compañero sociable e incansable. pero el camino hacia tierra firme estaba bloqueado. se restableció la conexión con tierra. puedo tranquilizarte. y sus camaradas lo tenían en gran estima en toda las diversiones. Muchos de los invitados habían venido de las localidades y las fincas de los alrededores y la mayoría de ellos. retirando los últimos barcos de cada extremo. ahora a oscuras. quisieron regresar a medianoche a sus camas. dijo: -La explicación es sencilla. parte de ellos cayó al agua. porque faltaba el último barco. pero Sabino encontró un sistema de distracciones que le facilitaban lo que se había propuesto. pues también esto está previsto. y Sabino seguía cumpliendo su servicio como antes. Por despecho y amargura se había acostumbrado a llamar a todas las rameras por el nombre de Helena. Se unió a un grupo de jóvenes oficiales: montaba a caballo. Pero no os lo voy a revelar. Los comensales de la pequeña mesa se dirigieron miradas preocupadas. bebía. pues nadie sabia a ciencia cierta a costa de quién iría esta vez aquella «sorpresa». Hubo una mujer a la que amé por encima de todo. Era más fácil decirlo que hacerlo. Se equivocó. Calígula había dado orden de apagar a medianoche toda la iluminación de la fiesta y de convertir en una isla el puente sobre el mar. Cuando resultó que prefirió a . y cuando le preguntaron el motivo. practicaba la esgríma. Con esta estratagema. quiero que sea una sorpresa. Se había impuesto una severa disciplina. Calígula había prohibido estrictamente a sus marineros que salvaran a los que cayeran al agua.

Cuando el sobresaltado director de la prisión quiso presentar la lista de los condenados a muerte.. no se te ocurre nada referente a este tema. había carne suficiente para dar de comer a ~as fieras durante semanas. No sé cómo vamos a financiar los ires meses que quedan hasta finales de año. y el dinero que aún está pendiente de cobro está pignorado. la nombré ramera mayor de Efeso. Se hizo acompañar por sus pretorianos a la mayor cárcel de la ciudad. pero veo en esto una parte de tu merecido castigo. Estaba harto de la legión. Cornelio Sabino. a no ser. -Esta es mi respuesta -gritó con furia-.... a no ser. . no puedo ser ahorrativo. el emperador reaccionó inmediatamente. pidió una entrevista con el legado. te hago prolongar el servicio durante unos meses más. tus argumentos son contundentes. Se propuso firmemente empezar una nueva vida en Roma y dedicarse a la profesión de su padre. Calixto también se había quejado de que ni siquiera había dinero suficiente para reunir la carne para dar de comer a las fieras destinadas a los juegos. y puedes estar seguro: a mí se me ocurrirá algo. y éste es el motivo por el que doy su nombre a todas las prostitutas. Puesto que soy emperador y.. y en él hay un sitio reservado para ti. Calígula le cortó con un ademan. Precisamente porque quieres regresar a Roma y abandonar la tropa. El emperador se echó a reír ~ exclamó: -~Qué haría yo sin ti. pero nuestras cajas están vacias.Lo entiendes? Calixto se inclinó humildemente: -Naturalmente. seré yo quien se ocupe de encontrar nuevas fuentes de dinero. Majestad. siento tener que molestarte con esto. donde. corno dijo en tono desenfadado. estaba harto también de una griega llamada Helena que lo había decepcionado x~ engañado tan amargamente. La exaltación que Calígula había sentido en Putéoli se desvaneció rápidamente en Roma cuando Calixto lo recibió con las siguientes palabras: -Majestad. .un maricón antes que a mi. -No te he olvidado. Ante esto. evidentemente. Se han gastado todos los ingresos que se han recaudado en impuestos durante este año. Como el verano estaba tocando a su fin y Sabino seguía sin recibir la orden de partir para Roma. casi no me atrevo a decirlo: a no ser que reduzcas tus gastos. Y acuérdate bien de una cosa: hay que ser o ahorrativo o emperador. Calígula tomó impulso y asestó una sonora bofetada al orondo secretario. apreciado Calixto? Ya que. un dios. 380 381 Sabino saludó militarmente y se retiró. Pero puedes estar tranquilo: a mediados de septiembre uno de nuestros trirremes saldrá para Ostia. además..

A una serie de ellos. rateros y una docena de detenidos inocentes tuvieron el dudoso placer de poder expirar en la are382 na en inútil lucha con leones. estafadores. muchos se refirieron a mi propia crítica del emperador Tiberio. Al hacerlo. y cumpliendo con la justicia. los animales están hambrientos. Así. No sólo senadores. asesinos. condenados y ejecutados. osos y lobos. ladrones. Calígula le cortó con un ademán despectivo. de momento. En Roma se ha convertido en una costumbre calumniar el recuerdo de mi apreciado abuelo y antecesor. hoy se sabe que La mayoría de los crímenes que se le achacan a él fueron cometidos por altos funcionarios y por senadores para imputárselos luego a Tiberio. tigres.. Mayor será. pues. diciendo que aquél era el método más sencillo y barato de vaciar las cárceles y de tener siempre suficiente «material» para las populares luchas con animales. Calígula les envió los pretorianos a casa para inducirlos. llevaos. Difícilmente Roma los echará en falta. será acusado de un delito de lesa majestad. no les está periinitido a sus súbditos.-Ahora no hay tiempo para esto.. en contra de lo esperado. el emperador apareció de repente en el Senado sin haber anunciado su visita y pronunció un discurso: «Venerables Padres. la insistencia con que nos ocuparemos de los demás. Yo mismo me ocuparé de que así sea. Entre ellos se encontraba también Cornelio Calvo. Algunos hasta elogiaron al emperador por esta ocurrencia. a cien de estos exaltados. Empezó con la condena de un joven senador que se había tomado la libertad de preguntar cómo se podían reanudar los procesos de Tiberio si el emperador había destruido los expedientes en cuestión tras la toma de posesión de su gobierno. he dado orden de reanudar todos los procesos suspendidos tras la muerte de Tiberio. bajo amenazas. que reprochó al Senado que su manera de hablar no coincidía con su manera de pensar. No todos los que estaban en la lista negra fueron acusados formalmente. Lo mismo le sucedió al valeroso Ticio Rufo.» Fue éste el inicio de una larga y cruel serie de procesos y de ejecuciones. Esto tiene que terminar. Por otra parte. el emperador Tiberio Augusto. Por lo demás. a suici- . Cuando Calixto se lo comunicó a su señor. tío del tribuno Sabino. se comprobó que no dejaba ningún patrimonio. No obstante. Quien siga enlodando la excelente y cuidadosa gestión de mi apreciado antecesor. tras la ejecución del pretor junio Prisco. Prisco me engañó y murió en vano. me dirijo hoy a vosotros para aclarar algunos malentendidos. y no permitiré que ningún jurista se interfiera en mis decisiones. también funcionarios de distinto grado y acaudalados particulares se incorporaron a la danza de la muerte organizada por Calígula. -Siempre puede salir una avellana vana. Dos días después. pero lo que un príncipe puede criticar.

De repente se le había ocurrido una solución. y ahora sabia que no sería capaz de mirarle nunca más a los ojos si ejecutaba esa orden. y aun tenían que mostrarse agradecidos por la «indulgencia». que se encontraba de camino al cuartel de los pretoriaríos. tribuno. muchísimas gracias! Me honra y me alegra que el emperador haya pensado en mi para este encargo lucrativo. Pero ahora era otra cosa: Querea le debía mucho a su amigo. pero un hábil abogado logró suspender el asunto. Los sustanciosos premios hacían el resto para sofocar posibles dudas. a fondo para hacerle apetecible la copa de cicuta. Quedaba. resultaba imposible. se detuvo. Negarse. Tenía que ser algo sólido. Querea se retiró e intentó aclarar sus pensamientos. Empléate. ¡Debía empujar a la muerte a Cornelio Calvo. Hasta ahora. esto lo empeoraría todo aún mucho mas y afectaría también a Marcia y a los niños. Uno de esos días el prefecto de los pretorianos.383 L darse. -Tengo un encargo para ti. un encargo que también puede resultarte bastante rentable. pues. un impedimento que le obligara a quedarse en casa y en la cama. Esto seria posible. prefecto. Si. A cambio podían salvar parte de su patrimonio para su familia. También esto resultaba demasiado arriesgado. ahora tenía que simular entusiasmo. pues. Clemente asintió satisfecho: -Ahora vuelves a ver cuánto te aprecia el príncipe y lo poco que significan sus inofensivas pullas. hizo llamar a su subordinado. apoyando su ruego con dinero. Pero ~qué hacer? Al menos. A Querea le costó mucho trabajo disimular su sobresalto. y el engaño se descubriría. pero el hombre le preguntaría por el motivo y utilizaría más tarde el caso en su contra. -¡Gracias. Arrecino Clemente. el tribuno Casio Querea. Mañana por la mañana deberás ir a ver al antiguo senador Cornelio Calvo que habita una gran casajunro a la Vía Salaria. Le enviarían a casa al médico de la tropa. pero lo conocía por los relatos de su amigo y sabia también que Sabino era su heredero. y después te informaré. Tal vez podría convencer a otro tribuno para que cumpliera la orden en su lugar. así podía hacerse. 384 Querea. ¡únicamente así! . algo irrefutable. tío de su mejor amigo! Nunca había visto a este hombre. Querea había obedecido a ciegas y había ejecutado cada uno de estos encargos con la conciencia de que el emperador debía saber por qué lo hacia y de que él era el único responsable. Se ha descubierto que Calvo va había sido acusado en tiempo del emperador Tiberio. Pero dificilmente podría meterse en cama y afirmar que estaba enfermo. Es un hombre riquísimo y no tiene ni esposa ni hijos. I~o ejecutaré estrictamente. únicamente una enfermedad.

El ricachón ese no tiene ni esposa ni hijos. y se hubiera dejado despedazar por ellos. o tal vez lo he olvidado. Puedes estar contento de . pero no fue ascendido. centurión! Mañana iremos a hacer una visita a cierto señor y le sugeriremos que un buen baño caliente con las venas abiertas es el camino más agradable para irse al otro mundo. Marcía negó con la cabeza. porque era sencillamente demasiado tonto para un rango superior. Luego le dijo a Marcía: -Durante los próximos días estaré poco en casa. será un placer cumplir tus órdenes. ¿cómo estás? -. ¿Puedo elegir a mis hombres o quieres. El pastel tenía un sabor harinoso y demasiada pimienta. un inválido a quien Querea conocía de su época de servicio en Germania. Querea cabalgó hasta su casa. Pese a su simpleza tenía una ventaja: su fidelidad 385 1 hacia la faníilia de Querea era inquebrantable. Pero tengo que hablar de otras cosas con él. así que cobraremos unos premios más que sustanciosos. -No. en la que vivía Aulo.. Querea lo había acogido. cuajado de arbustos y frutales. y se puso firme. estaba dividido por un seto de cipreses. y ahora era algo semejante al guardián de la casa: supervisaba al escaso número de esclavos y se ocupaba del huerto. -¡Ocúpate tú mismo! Elige a individuos de confianza y sin demasiados escrúpulos. Se levantó. deja va el tono militar. -Gracias. En la zona posterior había una casita rodeada de planteles. viejo amigo. Querea sonrío: -Vamos. tribuno! -¡Salve. -¡Salve. Cuando en una escaramuza perdió su mano derecha. saludó a Marcia. Dijiste que había una gotera por la que se fibra la lluvia en la alcoba. besó a Marcia en ambas mejillas y salió fuera. Y que vale más esto que ser estrangulado o decapitado en la mazmorra. El huerto. Por la tarde. -Hace ya tiempo que Aulo se ocupó de arreglarla.. -Xulo. revisó los deberes escolares de su hijo y comió con fingido entusiasmo el pastel preparado por su hija de seis años. Salve. Aulo había sido un eficiente soldado. tribuno! ¡No hax ninguna novedad digna de mención! -dijo dando el parte al estilo militar.En el cuartel hizo llamar a un centurión. Aulo. tribuno. le pagaron una indemnización mínima y lo dieron de baja en la legión. Los ojos del centurión centellearon. ¿No lo sabias? Querea se hizo el sorprendido.? Querea hizo un ademán negativo. y por esto quiero ver ahora los daños del tejado.

-No. y grita con todas tus fuerzas: <>Querea se ha caído de la escalera!». como tribuno. exactamente en el punto entre los dos tablones. -Ahora llévame fuera. -~Te ha visto Marcia? Aulo negó eií silencio con la cabeza y miró temeroso a su viejo camarada. Querea suspiró.enrendido? Aulo esbozó una sonrisa. Arilo. hasta la escalera. pues la pierna rota se bamboleaba en el aire y le dolía a rabiar. así que métete el tribuno donde te quepa. Ahora vas a salir. El golpe produjo un crujido sordo. Aulo no se movio. un tribuno era algo así como un ser superior. es una orden. Tomó dos de los tablones (le madera que Aulo utilizaba para cercar los planteles y regresó a la casa. tribuno.. -Ahora envuelve el martillo en un trapo para no dañar la piel. ~~Qííe no puedes? -gritó Querea-. Querea salió y níiró a su alrededor. Para él. mientras Querea se mordía los labios hasta dejarlos ensangrentados para no gritar. Escúchame bien. Somos viejos camaradas. La orden consiguió lo que Aulo no hubiera sido capaz de hacer de otro modo. coges la escalera y la apoyas en la parte posterior de la casa contra el tejado. tribuno. Aulo lo hizo y miró pasmado a Querea. Pero tiempo (lespués apareció Aulo con el martillo. así no te- . . se le escapó un jadeo sordo. Aulo lo colocó cuidadosamente junto a la escalera.haberlo dejado atrás. ¿ oves? -Si. pero estaba decidido a aguantar. Si nos encontramos con Marcia.. pero no me pegues con fuerza. Querea se sento en el suelo y colocó stí pierna izquierda sobre los dos tablones en el suelo. tribuno! -dijo Arilo imperturbable. Luego vuelves con tu martillo. -Ahora ve a casa. ~Desgracíadamente no es ninguna broma.. -No entiendo esta broma. y tienes que hacerlo en el acto! Aulo guiñó stís pequeños ojos de mentecato. Una orden clara le convencía.Qué ocurre? -preguntó Querea impaciente.. pero no podía perder tiempo. Querea necesitó todas sus fuerzas para reprimir los gemidos.. Aulo levantó a su señor. no puedo. A pesar de todo. Levantó el tnartillo y golpeó con ftíerza sobre el punto indicado. No te puedo explicar los detalles. No sin esfuerzo. aunque fuera un amigo intimo qríien llevara las insignias de oficial. junto a Marcía. ¡Tienes que romperme una pierna. -Tengo un problema. Entonces. dame un martillazo. y lo llevó a la parte trasera de la casa. . -~A la orden. -Y ahora me destrozas la pierna. de gran estatura y considerable peso.Enrendido? -Entendido. ~. te callas y me dejas hablar a mí. tribuno. El seto de cipreses lo ocultaba de las miradas de Marcía.

has quedado fuera de servicio para las próximas ocho semanas. Querea se íncorporó e interrumpió al veterano con voz forzada: -Lo cuentas mal. Aún llevaba su delantal y sus manos pringadas de grasa y enharinadas. hubiera tenido que llevarte al hospital militar. oh. me haces llamar inmediatamente. El médico asintió: -Si. yo tomé el martillo y. Hizo una señal a su ayudante y le dio instrucciones. Contra su voluntad. tribuno. Marcia salió a toda prisa. quien bajó la cabeza y adoptó un aire de culpabilidad. Dos esclavos y Aulo sujetaron a Querea mientras el médico enderezaba la pierna.. Te pedí un martillo y tu quisiste darmelo cuando yo me encontraba subido en la escalera. esto estaba claro. El medicus envolvió la pierna firmemente con algodón y colocó las tablillas. señora. Aulo. ¿o no? Aulo se irguió y exclamó aliviado: -¡Si. Pero esto lo puedo arreglar aquí mismo... ¿qué ha sucedido? -Me. En cualquier caso. tribuno! Pese a sus dolores. pero ya está. -Fue así. En los juicios. Valía la pena pagar este precio para poderse presentar ante Sabino con la conciencia tranquila. -Una fractura simplex. Con gran cuidado metieron a Querea en casa y lo tendieron sobre un lecho. Querea se sintió invadido por una sensación de inmensa felicidad. vinieron corriendo los dos niños. esto duele muchísimo.. al menos. disminuido considerablemente. Fue exactamente así. El médico asintió: -Me ocuparé de hacerlo. querido.. tal vez esté rota. su gratitud frente al amigo tenía prioridad absoluta. Dos horas más tarde se presentó el medicus militar¿s y palpó la pierna. que fueran otros los que lo hicieran. cualquier senador podía actuar también como aboga- . pero. que venga inmediatamente. aunque no se presenten complicaciones. y dirigió una mirada de reproche a Aulo. Al inclinarme hacia abajo. aún has tenido suerte. Si mañana los dolores no han remitido o. en este caso. -No hagas ningún movimiento durante los próximos tres días. mi pierna! Me duele horrores. perdí el equilibrio y me caí.. ya que para el día siguiente tenía un servicio importante.. ¡Oh. Querea apretó los dientes. me he caído de la escalera. Tras ella. tribuno. yo. -Querea. Envía a un esclavo a buscar al médico de la tropa. Querea pidió al médico que sin dilación diera parte de su accidente al prefecto. 386 387 -¿Cómo pudo ocurrir esto? -preguntó Marcia cuando se marchó el médico. Si se tratara de una fractura abierta o astillada.nía que reflexionar.. Una orden hay que cumplirla. al atormentado Querea se le escapó un grito.

El emperador estaba enormemente furioso por tu discurso procesal. Séneca hizo lo único acertado: aquel mismo día pidió una entrevista con Calixto. Séneca esperó otra semana para comentar con Eusebio la elección del balneario. tú mismo ya estuviste en Egipto a causa de tu enfermedad. Luego decapitaron una gallina. entonces que parra pronto para el Averno.do.Pensáis molestar a un moribundo. no intentes convencerme de que estoy seriamente enfermno. Toses con demasiada fre- . empapado de sudor. Sí el emperador te deja en paz durante los próximos días. se presentaron los pretorianos. aunque en algunos casos. ¿No os habéis dejado engañar? -No. no dejaba de entrañar un considerable peligro. márchate a un balnearío. El tribuno de los pretorianos dio parte al emperador. he visto trapos manchados de sangre. -. y. Algunos recomiendan el aire del mar. Calígula frunció el ceño. Además. Calígula escuchó dos tercios del discurso y abandonó luego la sala maldiciendo x profiriendo amenazas. -Pero estás muy lejos de estar sano. muy lejos de Roma. además. Había sido acusado de fraude fiscal. Hizo venir al joven médico Eusebio y le contó la verdad. Se cree un gran orador porque le aplauden un par de necios senadores. Séneca. dices que has tenido una hemorragia y te metes inmediatamente en cama. Séneca siguió su consejo. mancharon algunos trapos con sangre y los esparcieron junto al lecho del enfermo. Ve a casa. -Ya he oído eso un montón de veces: este Séneca se está muriendo constantemente. Séneca reunió pruebas para demostrar la inocencia del acusado y logró lavar de toda culpa a su mandante con un largo y pulido discurso procesal. imperator -afirmó el tribuno-. -Ya ha llegado a mis oídos. o tenéis ganas de contagiaros? Séneca se encuentra en el último grado de tuberculosis y podrá sentirse satisfecho si sobrevive a este otono. -En lo referente al tratamiento de la tisis. Eusebio se colocó ante la cama. y otros confían en el clima de montaña. cuando la acusación había sido formulada por el mismo emperador. Este le administró sudoríficos. Dos días después. He fingido para salvar la vida. Un lejano pariente le había pedido este servicio a Séneca. Séneca vacía en su lecho. -Bien. El orondo secretario lo recibió con aire apenado. pero él afirmaba que uno de sus libertos mantuvo a sus espaldas negociaciones por iniciativa propia y que también falsificó documentos para enriquecerse. Y la verdad es que no dice más que vaciedades. los médicos no están completamente de acuerdo. -Eusebio.

cuencia.. Séneca: estamos luchando por nuestras vidas. quizá soy realmente cobarde -reflexionó Séneca-. Ella le dirigió una sonrisa melancólica. pero no puedo trabajar con la amenaza de muerte sobre mi cabeza. Ymi trabajo está por encima de todo lo demas. ¿Quieres qríe te acompañe? -No estaría mal. Un sobrino nieto había heredado los famosos jardines del escritor y estadista Crispo . Séneca fue a ver a Livila. un gran parque que colindaba en la parte oeste de la Vía Salaria con los Harti Salustiani. me rechazas diciendo que hay cosas más importantes por hacer. tenemos que hacer algo. Sólo quería decirte adiós. y el aire es puro y sano.» Cornelio Calvo había pasado un día apacible y tranquilo. -¿No será que eres demasiado cobarde? -Estoy enfermo y no quiero discutir contigo. ¿Qué te parece Taormina? Allí los inviernos son especialmente suaves. 388 389 1 -Es un verdadero milagro que sigas con vida. Siguiendo el consejo de mi médico. te pones a discutir. En el rostro de Livila apareció una dulce expresión: -Tienes que entenderme. en ocasiones tienes algo de fiebre. «Ahora se parece a su hermana Agripina -pensó Séneca-. Séneca sonrió. pero esto puede cambiar de un día para otro. y ha de ser muy pronto! Séneca replicó como ya lo había hecho en conversaciones anteriores: -No tengo madera de conspirador. El frío y el aire húmedo son veneno para la enfermedad que padeces. Soy poeta y filósofo. te cansas rápidamente y te quejas de falta de apetito. -Sí. Todos estos son indicios inequívocos de la enfermedad. por si me localizan allí. ¡Unete a nosotros. ¿O pretendes dejarte llevar al matadero como una oveja? A veces vas demasiado lejos con tu estoicismo. me iré pasado mañana a las montañas. y el 1w gar está situado a gran altura. temo que la llegada del invierno te perjudique. Su riqueza le permitía mantener. que todos nosotros sigamos con vida. no son tan distintas como parece.. Y no sólo tú y yo. hay toda una serie de personas que no están dispuestas a dejarse matar por un sátrapa demente. cuando quiero besarte. -No es el invierno húmedo lo que amenaza mi vida. sólo seria una carga para vosotros. Eusebio asintió: -Bien. «Sí. Podría estar allí dentro de pocos días. Dos días antes de sri partida. ¿por qué no haces nada? -le increpó Livila-. -Entonces. arínque todavía no haya brotado con toda fuerza.» -Nos hemos amado -dijo Séneca-. Séneca. ¿y en qué se ha convertido este amor? Cuando nos vemos. pese a los elevados precios de los terrenos en la zona que rodeaba el Quirinal. Ante todo.

lo encontrarás todo en este escrito. Bien. te doy las gracias. -Ahora no. -Así es. . Se hablaba de un delito fiscal. Calvo había pasado el día al aire libre.. cuyo autor era Claudio César. El tribunal imperial ha redactado un escrito de acusación del que te hago entrega en este acto. todo tu patrimonio pasará íntegramente al Estado. de calutnnias dirigidas contra la familia imperial y de otras cosas mas.. Te haré llamar más tarde.. se acercó el viejo mayordomo. En mis tiempos. mientras que. pero le tienes que dejar dos tercios al emperador. de una acusación en suspenso que databa de la época de Tiberio. r Se encontraba aún en plena cena cuando llegaron los soldados.. He recibido orden de decirte de palabra que su divina majestad no quiere llamar la atención y te concede dos días para elegir un camino distinto del juicio público. y nunca más he vuelto a aparecer en público. las cosas se hacían de otra manera. -Señor. sorprendido. mientras sus hombres se quedaban esperando en el vestíbulo. Calvo rompió el sello y desenrolló el escrito. señor. y ahora Calvo vivía muro contra muro con el emperador que.Salustio. al borde de su piscina en la que nadaba todos los días un rato por motivos de salud. -¿Así que ya estoy presor -Te encuentras bajo arresto domiciliario. Calvo se esforzó por sonreír. Lo que estaba leyendo parecía referirse a otra persona. Después tenía previsto enfrascarse en la recientemente aparecida Historia de los cartagineses. tribuno? Ya bajo Tiberio me retiré de mis cargos. aparecía por allí en contadas ocasiones. Supongo que me estará permitido consultar con un abogado. se refiere únicamente a ti. que haré vigilar a partir de ahora. Calvo tomó el rollo y lo contempló moviendo sorprendido la cabeza. de modo que Calvo tomó su cena frugal tras la caída de la tarde en el atrio al aire libre. El mayordomo llevó al tribuno de los pretorianos al atrio. Cornelio Calvo. pero éste al morir sin hijos había legado la propiedad a Tiberio. no obstante. -Así que he sido condenado antes de que se abra el proceso. amigo. Cuando el tribuno salió. ¿Qué ocurre? ¿Es algo que tenga que ver con mi sobrino Sabino~ -No.. -Esto no es asunto mio. -SEres tú el venerable Cornelio Calvo. el antiguo senador? Calvo levantó la mirada. dentro de esta casa. tras una condena. y le haré saber oportunamente mi decisión al tribunal. Los días de las postrimerías del verano eran aún calurosos. tribuno. Pero sólo aquí. De él había pasado a Calígula. verdad? El tribuno se encogió de hombros: -Si lo consideras necesario. Podrás también legar libremente un tercio de tu herencia.. -¿Qué significa esto.

Inconscientemente. un hombre alto. Se presentó el abogado. Pues va no hay nada terrible en la vida para aquel que ha comprendido en lo más profundo que no es horrible la no existencia. seguían existiendo la justicia y la ley en el Imperio romano. Calvo se dijo que debía de haber un error. Calvo envió un mensajero a un abogado que trabajaba desde hacía mucho tiempo para los Cornelios. Los Cornelios eran una estirpe fecunda. tantas vueltas que dar a nado en la piscina. y. que hablaba con voz tranquila y pausada y que. Resulta absurdo que alguien diga que no teme a la muerte porque cuando sobrevenga traerá dolor. Creía recordar vagamente que unos años antes de la muerte del emperador Tiberio un pariente de igual nombre se había visto envuelto en una acusación. mientras vivimos. Hacia ya años . no porque le añada un tiempo infinito. Luego se acostó. Lo que no nos conmociona cuando la muerte aparece. Por esto sólo el verdadero conocimiento de que la muerte no nos puede hacer ningún daño nos proporciona el placer de la transitoriedad de la vida. se enfrascó en su desgastado rollo con las cartas de Epicuro. somos nosotros quienes ya no existimos. y en su interior sintió una inmensa avidez por vivir. ~<Suena bastante convincente. sólo crea en la espera una verdadera zozobra. además. la muerte no existe. y. Pues todo lo bueno y lo malo se encuentra en los sentidos. pues. somos nosotros quienes ya no existimos. el más terrible de los males. y era fácil que se produjeran confusiones. pero se había dicho a si mismo que algo de razón habría. Naturalmente tampoco a él le había pasado inadvertido que en los últimos meses los procesos y las ejecuciones eran cada vez más frecuentes. pero. En vez de eso. cuando la muerte llega. muy extendida. Tal vez habían confundido a aquel 390 391 1 Cornelio Calvo con él. y.:mn~~ tantos acusados en aquellos días. ¡Quedaban tantos libros por leer. y le pidió que se presentara urgentemente a la mañana siguiente. Calvo era un estoico tan ejercitado que pronto se quedó dormido y no se despertó hasta el amanecer. no son más que sofismas». cuando la muerte llega. Calvo dejó caer el libro y repitió: -Mientras vivimos. pero sin tocar la Historia de los cartagineses. tantas cosas que comentar con su sobrino Sabino! No obstante. sino porque anula la añoranza de la inmortalidad. encontraba siempre una salida. a la idea de que la muerte no nos puede hacer ningún daño. pensó Calvo. la muerte. en la muerte. sino porque el mero presentimiento de ella ya causa dolor. buscó el punto en el que el filósofo griego reflexiona sobre la muerte. los sentidos quedan anulados. aun así. por seguir viviendo. Al fin y al cabo. corpulento. «Acostúmbrate. Así. como había quedado demostrado frecuentemente. no puede causarnos ningún daño: pues. la muerte no existe.

-Habla con franqueza -pidió Calvo-. Me conoces lo suficiente para saber que nada de lo que me digas va a salir de estas paredes. Testigos comprados confirníarán todo lo que está escrito en este documento.. Serás condenado. Este lo leyó con el ceño fruncido. pero no sé si este Calvo sigue vivo ni qué ha sido del caso. Le entregó al abogado el escrito de acusación. -Quiero decir que estas acusaciones. levantó la mirada. La arbitrariedad del tribunal imperial pesa terriblemente sobre Roma. que estuvo acusado de algún delito. pero me temo que eso no va a servir de nada ante el tribunal imperial. -~Si me suicido? El abogado asintió. Tal vez en tu tranquila celda no te hayas enterado. afectan ante todo a hombres ricos sin familia. y tu patrimonio pasará al emperador. Cornelio Calvo. y lo obtiene de esta manera increíble. -¿Hay algo de verdad en todo estor -Nada -dijo Calvo con voz firme-. un pariente lejano. cada vez más frecuentes. y lo leyó por segunda vez. ¿quieres cambiar tu testamento?. no hay ninguna mujer. -Entonces ¿íío tengo ninguna posibilidad de salir bien librado de este asunto? ¿Y si me arriesgo a un proceso? El otro sonrió con amargura: -Eso es precisamente lo que esperan. Es una arbitrariedad metódica. -Bien. amigo mío.392 r 1 que Calvo había depositado su testamento en el despacho de este abogado. Luego enumeró una serie de procesos y de condenas. Podrías salvar una tercera parte sí. El abogado suspiró: -Es algo que se podría averiguar. pero estamos viviendo una época horrorosa. Nada de lo que ahí dice corresponde a la verdad. -Por lo que me consta a mi. Calvo. .. ¿tal vez a favor de una mujer? Calvo sonrio: -No. todos estos hombres eran tan inocentes como tú. y quien quiere cambiar mi testamento es otro. El emperador necesita dinero. a hombres como tú. Calvo. Bajo Tiberio hubo otro Cornelio Calvo. y también a otros.

Hacia ya años que había muerto su madre. -Esto lo dicen siempre todos los padres.. y Calígula está impaciente. Luego.. A los esclavos los dejaré en libertad. Mientras tanto yo y a escribir una carta a mi sobrino. -¿Todo lo necesario? Ya tiene más de quince años. El abogado inclinó la cabeza y sacó de un cofrecillo de piel varias hojas de pergamino. Majestad. de modo que. ¿o no? -Naturalmente. Calígula tenía una excelente memoria. pues. y comeremos juntos. tenía siempre todos los datos a mano. Calixto conocía a su señor y había visto venir esta hora. Calvo se retiró a su escritorio y escribió sin ninguna prisa una breve carta a su sobrino Cornelio Sabino. Como es sabido. desde entonces ni la veo ni tengo noticias de ella. no conviene perder de vista a las hijas. Pero esta vía oficial exige tiempo. -Aún es una niña -dijo humildemente. -¿Y suele cumplirla? -Hasta ahora si. no dudó en preparar a Ninfidia para lo que le esperaba. Así. 393 A esto se debe la oferta que te ha transmitido verbalmente de legarle dos tercios para salvar un tercio. por lo que recuerdo. Pero impongo una condición: esta casa y el jardín tienen que ser para mi sobrino. y es hora de que conozca los placeres y las artes del amor. que variaban de día en dia. De modo que preguntó un día a Calixto: -Hace unos meses me presentaste a tu hija. Calixto tenía buena relación con su inteligente hija y hablaba con ella como una persona adulta. Tráela uno de los próximos días al palacio. pero Calixto no recordaba haber mantenido jamás conversaciones tan inteligentes con ella. Supongo que seguirá en Roma. El emperador tampoco se había olvidado de la joven Ninfidia. -Como quieras. Cambia mi testamento en ese sentido. y todo tu patrimonio será embargado. y les pagaré un premio por su fidelidad. que cada uno decida por sí mismo. Jamás olvidaba nombres y acontecimientos. -Bien. Pese a su versatilidad y sus caprichos. El emperador esbozó una sonrisa. He contratado a un maestro particular que le enseña todo lo necesario. incluso sin guión escrito. . Hábiles funcionanos calcularán tus deudas fiscales.-¿Y qué ocurrirá si dejo mi testamento tal como está y no le lego nada al emperador? -Entonces se apoderará de todos tus bienes. en sus discursos en la Curia. Majestad. pero es una muchacha guapa. Te ruego que la guardes hasta que Sabino regrese.

Así se cansará pronto de ti. Quizá te deje en paz. pero Cayo César es aún joven. incluso con lo peor.. para cuidar de que no te ocurra nada malo. pero tenemos que contar con la posibilidad de que te ordene que compartas su cama. y no debemos hacer nada para perder su favor. Quiere verte próximamente. y poco podemos hacer contra sus caprichos.. Su rostro de adolescente no dejaba traslucir sus pensamientos. y seremos tan ricos que ya no necesitaremos ningún amo. -Que siga gobernando durante mucho tiempo más. Aguántalo y quiero que sepas que yo estaré siempre aquí para protegerte. esto. hay que esperar. Tenemos que pasar este tiempo juntos sea como sea. y precisamente esto es lo que no queremos: hacer un elefante de una mosca. créeme. yyo me encargaré de que toda Roma se entere de que tuviste que sacrificarle tu virginidad contra tu voluntad. No se deja disuadir. hijita! Verbisparvam rem magnamfacere. querida. . -¿Y. pues. Saldremos bien librados de estos tiempos. pues. Es joven.. -Lo resistiremos -dijo confiada. ¡Animo. Ninfidia había escuchado con atención. Oculta tu asco. Ninfidia besó a su padre en ambas mejillas. Ninfidia. y no olvida nada.. No se necesita gran cosa para acostarse con un hombre. pero no nos guardará rencor ni a ti ni a mi. Vendrá un tiempo nuevo cuando él caiga. * 395 Hacer una montaña de un grano de arena. en consecuencia. tenemos que contar con todo. qué sería? -preguntó la muchacha con curiosidad. -Es cierto. y. pero no demasiado. cede. Calixto se inclinó hasta la oreja de su hija. -Hablas del emperador como si pronto fuera a dimitir. silo exige y muéstrate lo más torpe posible. y no tiene ningún sentido intentar disuadirlo o esperar que lo olvide. creeme.394 r -Todos estamos en su mano. Entonces podrás elegir a un hombre que te guste.* dice un dicho popular. pero tiene muchos enemigos. Ya te he explicado todo lo que sucede entre hombre y mujer.

Su único lujo fueron los poetas.II XXVII El legado cumplió su promesa: a principios de septiembre Cornelio Sabino embarcó en Efeso en un trirreme y apenas dos semanas después atracó en el puerto de Ostia.. pero si aún le envié una carta. El abogado se detuvo y dejó vagar la mirada por la ventana como ensimismado.. -¿Ha muerto por su propia mano? ¡Pero eso no encaja con su forma de ser! Era un auténtico estoico que tomaba la vida como es. -¿Por qué decidió matarse? El abogado se volvió con un gesto brusco. pese a su riqueza.. pero Sabino notó que le ocultaban algo. ~Cuándo murió? Celso miró a Valeria. Cuando el criado se marchó. Eligió el suicidio. dijo: -Sabino. ha ocurrido algo muy triste: tu tío Calvo ya no vive. . Poseía aún las virtudes de la antigua Roma y. pero no estaba enfermo. además tienes que ir a verlo por lo del testamento. La mujer exclamó: -Hace unas tres semanas. Fueron a los aposentos privados y Cornelio Celso hizo traer tina jarra de vino. y desde el puerto fue en él por la Vía Ostiense hasta Roma. Con un gesto desvalido levantó las manos y dijo con su voz ronca y tranquila: -Es una pena inmensa el que este hombre nos haya abandonado. En sus rostros se reflejaba una gran pena. Había llevado también en el barco a su caballo. le hizo olvidar todo lo demás. pero la muerte de su tío. la intención de Sabino fue hacer su primera visita a Querea. a quien había amado y apreciado como a un segundo padre. -Su abogado será quien mejor te pueda informar sobre los detalles. no comprendo nada de todo esto. y Sabino preguntó: -¿Qué os sucede? ¿Ha ocurrido algo? Su padre asintió.. r En principio. El alto y corpulento abogado lo recibió con aire triste. llevaba una vida modesta. Sus padres lo recibieron con alegría. Sabino tragó saliva: -Pero si.

Desgraciadamente. como paralizado.. 396 397 Sabino permaneció sentado. para la Política económica del emperador. el jardín. ha huido de Roma hace ya tiempo. la biblioteca. era muy rico. El emperador ha dejado vacias las arcas del Estado. Como no creo que tú vayas a denunciarme. Esto significa que tu tío le deja dos tercios de sus propiedades al emperador y un tercio te lo deja a ti. incluso entonces. se levantó y fue a la ventana. ¡No puedo creerlo! -Tendrás que creerlo si te quedas a vivir aquí durante algún tiempo. Sabino estaba horrorizado: -¡Pero no es posible! ¡No puede existir nada semejante! ¿Dónde está la justicia? ¿Por qtíé mi tío no se dirigió directamente al emperador? El abogado suspiró: -Ya se ve que llevas más de un año lejos de Roma. Tu tío no tenía esposa ni hijos. También bajo Tiberio reinó la justicia. sólo se eliminaba a quien representaba un obstáculo para su ansia de poder. puedes leerla..-¿Preguntas por qué? ¡No le dejaron otra opción! El tribunal impenal le envió a los pretorianos a su casa con un acta de acusación. si el emperador es popular y muy amado por todos. los muebles.. Por diversión o por capricho se envía a patricios romanos a la arena como gladiadores. Ahora se lanza sobre los romanos ricos. la he hecho copiar por mi escribano. digámoslo de manera muy prudente. tú mismo podrás hacerte una idea. te aconsejo que aceptes el testamento de tu tío y que vayas a vivir a su casa. hasta que Sejano se instaló en Roma. con ello. además. o el suicidio y un testamento como el que tienes ante ti. pero. las estatuas. La tropa lo idolatra. después las cosas sucedieron de la forma habitual: o un proceso y una deshonrosa ejecución con confiscación del patrimonio en su totalidad. e intentó en vano ordenar sus pensamientos. No me incumbe a mi criticar al tribunal. y. no se preve ningún final y quien tenía ocasión de huir.. remueve antiguas diligencias judiciales de la época de Tiberio o envía sencillamente a sus pretorianos a casa del afectado y hace confiscar todo su patrimonio con cualquier pretexto. es decir. unas arcas que le dejó Tiberio bien repletas. con la cláusula de que la villa de la Vía Salaría con todo lo que forma parte de ella. una víctima ideal. todo es para ti. pero.. lo hubieran echado de la ciudad. Bien. Pero la arbitrariedad ahora nos afecta a todos y a cada uno. Sabino le oyó decir en voz baja: -Si bajo Augusto hubiera profetizado alguien que sólo treinta años después de su muerte todo lo que este gran emperador logró y creó estaría patas arriba. imagina crímenes. Quizá pronto llegue una época en la que vuelvan a regir la justicia y las leyes y no una. ni el considerable aumento de los viejos. Por de pronto... las pinturas.. Próculo fue llevado a . han sido capaces de solucionar el problema. -Pero. Ni siquiera la imposición de numerosos tributos nuevos. El abogado se apartó. quiero aclararte brevemente la situación actual. una.

. estaré vivo. quizá. o quizá tú. pero opción. tengo que entregarte una cosa. Sabino.. No elijo la muerte de manera totalmente decirte los motivos. he sólo me marcho lamentando no haberte vuelto a ver y no haber podido leer aún algunos libros. "Sea como fuere. mi querido Sabino. y. Lo atravesó. no se sabe nada de la naturaleza del alma. Mañana puedo ser yo la víctima. y de repente se encontró en el puente Emilio.. Te he descrito la situación tal como es. si desaparece en el Averno. esperar a Querea. pues Calígula está ya casi calvo. Y Querea tendría que contarle la . otros fueron arrojados a las fieras porque se atrevieron a hacer un comentario burlón o un poema irónico sobre su divina majestad.» Como un acosado. pues te será fácil averiguarlos explicará mi testamento.. y que siempre nos has aconsejado y apoyado con tu recta conciencia y tu buen saber. -Es una carta de tu tío. preguntar por las novedades y. Para ti y tu familia estoy siempre disponible. su pronta liberación de toda arbitrariedad. tu padre. Sabino rompió el sello y desenrolló el rollo de papiro: 1 398 ~1<jjjj~1jjjjjh~~e para mi querido sobrino Cornelio Sabino. Sabino vagó sin rumbo por las calles de Roma.. porteadores de cargas. Bien. -Si no supiera que eras el abogado de mi familia incluso antes de que yo naciera. <~No sé a dónde voy. "Lamento hablarte desde el reino de las sombras. Tendió a Sabino la carta de despedida de Cornelio Calvo. La lista ya es interminable.la muerte sólo por ser un hombre apuesto. No puedo darte otro consejo. pensaría que tu mente está trastornada. Como dijo Lucrecio en uno de sus poemas: '~De todas formas. pero podría saludar a Marcía. Al otro lado del puente comenzaba el barrio del Trastévere y ahora Sabino tenía una meta. a Roma. Mientras mi recuerdo siga vivo en tu corazón. tienes que creerme -completó sus palabras el abogado-. pasado mañana. con una cabellera abundante. porque el emperador envidia incluso tu herencia recortada. apretujado entre carros. -. Pero así. seguidas por esclavas cargadas con sus cestas. y cada día lo es más. Vuelve a Efeso y espera allí a que vengan tiempos mejores. no se sabe si entra en nosotros al nacer o si se forma sólo entonces y si se disuelve en la muerte conjuntamente con el cuerpo. y nadie lo sabrá antes de su final. vendedores de pan y damas tapadas con sus velos. y ahora eres tú quien tiene que decidir qué vas a hacer. -¿Puedo leerla aquí mismo? -Naturalmente. te deseo a ti toda la suerte del imíndo. Y. además. a esta hora Querea no estaría en casa. hijo mío. Naturalmente.. El abogado se retiró. de los asesinatos y de toda opresión. lamentablemente. de toda violación de los derechos.

estirada sobre un taburete. pero ninguno de los dos la oyó. cuántas veces hemos hablado de ti. -~Está tu señor en casar -¿Qué es lo que quieres? -preguntó Aulo con voz bronca. ¿Ya has ido a ver a tu tío? -Calvo ha mtíerto.verdad. que ejercía también el cargo de portero. -Ahora os dejaré solos -dijo Marcía. eljardinero. Marcia lo esperó en la puerta de casa y lo abrazó espontáneamente. Querea estaba sentado en el atrio. Sabino? Entre amigos se dice la verdad. quizá en la historia de tío Calvo había realmente algo que ocultar. rechoncho y bonachón. Esto fue.esto se quedó en el Rin. Su rostro. -Te has convertido en tín auténtico hombre -le chinchó Querea. ~Está Querea en casa? Aulo asintió: 399 L -Voy a anunciar tu visita. El veía al emperador casi todos los días. ¿Para qué nos vamos a engañar. -En seguida sabrás que no fue así. Estaba recogiendo un melón. -Ytú te has convertido en un inválido que no tardará en ser jtíbilado. pero no soy ningún esclavo.. viejo soldadote! Se chocaron la mano con tanta fuerza que Querea estuvo a punto de caerse del sillón. toda la verdad. . apoyado en unos cojines.. ... Y tú ¿quién eres? -El tribuno Cornelio Sabino. precisamente estos últimos días. soy un veterano de las legiones germánicas. pues ahora pasaba por delante de la casita de Aulo. Mira que caerte de la escalera como si fueras un muchachito robando manzanas. Aulo sonrió satisfecho: -Puede ser. No encontró inmediatamente la entrada. Tenía la pierna envuelta en un grueso vendaje. ¿No lo sabias? -No. Sabino. El rostro de Querea adoptó un aire serio. se cayó de la escalera y se ha roto la pierna. desde que Querea está enfermo! -¿Enfermo? -Si. -¡Ya era hora de que volvieras a asomar las narices por aquí. 10h. cuando Sabino se dirigió a él. ¡No darás crédito a tus ojos. -mostró su muñón-. . y Sabino le devolvió la cariñosa broma. -Los esclavos no hacen preguntas: las responden. se deshizo en una inmensa sonrisa. . pero hubiera podido imaginarlo. y tal vez entonces obtendría otra imagen.

quizá Calígula sólo esté de mal humor ahora. las numerosas ejecuciones. donde se les permite defenderse con espadas de madera ante leones y tigres hambrientos. de verdad que si pudiera. por la «clemencia» del suicidio. Puedes pedir el traslado. y pregunta a todos si notan que tienen ante si a un dios. Eres un patricio. tal vez allí sepan algo más. Hay algo que no encaja. El emperador ya sólo llama a los pretorianos para recaudar impuestos o para inducir a alguien al suicidio bajo amenazas. Querea. lo dejaría todo ahora mismo. y no lo dejará en paz basta hacerlo cambiar. los asesinatos '~ suicidios? Querea parecía incómodo. -No dejará de hacerlo. de Isis y de Luna. y mañana deje de hacerlo. Con esto quedaba dicho lo que Querea ni siquiera se atrevía a contarle a su Marcía. ¿qué quieres que te diga yo? Yo no sé responder a estas preguntas. o . ¡No habrás creído que te guardaría rencor por cumplir una orden! El responsable es quien la da.cuando pienso lo que el emperador exige últimamente de nosotros. ¡Ay de ti si no encuentras en seguida la respuesta adecuada! Puedes considerarte afortunado si acabas en un banco de remeros o en una mina. -Si todas estas personas son realmente culpables. representa un desafio para él. ni se elecutó a nadie por un delito fiscal. Por eso mismo hizo matar a palos por su guardia germana a un apuesto joven sólo porque otros elogiaban su hermosa cabellera. -Ya no estoy tan seguro de esto -dijo Querea.. No soy ni senador ni abogado. me pregunto cómo es posible que los romanos hayan cambiado tanto en pocas décadas. Querea. -¿Que se burla de ti? ¿Cómo tengo que entender eso? Querea Le hizo una señal a su amigo para que se acercara y le dijo en voz baja: -Se pitorrea continuamente de mí por mi voz chillona. Durante los cuarenta años de gobierno de Augusto no hubo ni «procesos de lesa majestad». Y. ¿es verdad lo que me han contado hace poco? ¿Lo de las acusaciones inventadas. De noche.. para colmo. No conoces a ese hombre. Querea negó con la cabeza. de Venus.. danza por palacio disfrazado de Júpiter. ¿verdad? El ancho rostro de Querea ofrecía uíia imagen lastimosa. -¡Por Cástor y Pólux! Te dejaste destrozar la pierna por Aulo sólo para. Querea. Pregunta en tu familia. -No seas irreflexivo. -¿Cómo quieres que yo sepa distinguir si alguien es o no culpable? El emperador rebusca en sus papeles y constantemente saca a la luz nuevas acusaciones. los pretorianos. y nadie se veía obligado a dejarle casi todo su patrimonio al emperador.Y así Querea informó de su encargo y de cómo logró eludirlo. -Yo mismo no sé qué puedo hacer. Cualquiera que le cause la impresión de ser feliz o estar satisfecho. no quien la ej ecuta. me lo agradece burlándose de mí. La mayoría de sus victimas acaban en la arena. -Entonces. elige consignas insultantes y obscenas para ponerme en ridículo ante los demás. me acusa de ser una mezcla de Hércules y de Venus.

lo más probable es que si. Me ha costado mucho tiempo creerlo. -Cornelio Sabino. y revisaba regularmente las listas. a ti. El castigo está pendiente. y calificó este espectácuLo como un estimulo que abría el apetito. Pero bueno. Calígula. Calvo se encontraba bajo acusación y dejó la vida voluntariamente. La plebe aún sigue aclamándole. Majestad. ¿Cómo acabará todo esto?. encima. ¿Quieres ahora abandonar la tropa? -Si. aunque no le hayan servido de nada al pobre Calvo.los matan los gladiadores como si fueran ganado. Tal vez me encuentre pronto ante el emperador en persona. Para demostrar su gratitud por no haber sido detenido en el acto. Querea le puso una mano en el brazo. siempre podrás contar conmigo. sentía predilección por todo lo relacionado con los castigos. Y Sabino contó la historia de Helena. El oficial a cuyo servicio estaba. Después. Sabino se presentó en el plazo de una semana en el cuartel de los pretorianos. te agradezco otra vez tu valor y tu amistad. recibirás noticias nuestras. Tratándose de sumarios que se refirieran a un patricio. Ocurra lo que ocurra. Compasivo. ese ricachón a quien desplumé recientemente. y la atacó de obra. que. aunque tampoco con ella muestre ya ninguna consideración. te dejó dos tercios de su . ¿qué tenemos aquí? Su indice se quedó prendado de un nombre. Todos nosotros servimos a un tirano cruel y demente que tantas veces como se presente la ocasión dice: «No me importa que me odien con tal de que me teman». Y. Sabino. se ocupaba muy poco de los asuntos de gobierno. el emperador solía decidir personalmente~ o pasaba el asunto al Senado. -Has sufrido lo tuyo. Siguiendo las órdenes del legado. mi legado ha querido que sea él quien tome la decísion. en avanzado estado de gestación. pobre. -A ver. que ofendió en Efeso a la patricia Helena. ¿qué hemos de hacer? 400 401 -No lo sé -replicó Sabino con voz apagada-. a una patricia. Hace tres días mandó decapitar durante un convite a doce delincuentes. -Yo no lo diría con esas palabras. Presentaré tu caso a una comisión imperial. Calígula se dirigió a Calixto. ¿quién te has creído que eres para hacer eso? Y. -¿Tiene este Cornelio Sabino algo que ver con nuestro Calvo? Ya sabes. -Has molestado y pegado a una mujer embarazada en pleno mercado. pero ahora lo sé: Calígula está loco. hojeó los documentos. Primero voy a esperar a ver como acaba mi caso. Quiere abandonar voluntariamente el servicio de las armas. por lo demás.

-Es una pena. no necesito tu consejo. que contaba con tener que presentarse ante un tribunal militar. pensaré en el castigo. no me gusta tocar con el estómago vacio. se vistió de paisano. poetastros de su clase hay más que de sobra. se sorprendió no poco al recibir la invitación para compartir la mesa imperial. Entretanto. Puesto que se trataba de evidenciar que ya se consideraba excluido del ejército. y dificilmente os puede interesar. ¿qué tal tu poetastro? ¿Se marchó ya al Averno? Livíla permaneció impasible. sino una noche de insomnio que he pasado en vela trabajando por el bien del Imperio. Bostezó abiertamente. Livila contempló al azorado Sabino. ¿Verdad que no es humano poder pasar con tres o cuatro horas de sueño? ¿Cuántas horas duermes tú. los que me hacéis bostezar. -Deja que de esto me ocupe yo misma. Tendrás que buscarte otro. Sabino. Séneca ha ido a los Apeninos. Dio unas palmadas. aparte de Sabino. queridisima. Calígula se presentó tarde y con aspecto de acabar de salir de la cama. no quiero imponerte nada. el emperador sólo había invitado a mujeres. entre ellas a Piralis.. -Siguiendo el consejo de su médico. Calígula sonrió satisfecho: -Perdona. hermanita. Se dirigió a Livila. a Livila y a una sacerdotisa de Isis. Pero existen pocas esperanzas.. Invitale los próximos días al prandium. -¡Ya lo habéis oído! Ya sólo por esto tenéis que reconocer mi naturaleza divina. aún podría haber ofrecido muchos libros al mundo. Calígula dirigió una mirada de triunfo a sus invitados. a quien lego también mi casa en la Vía Salaría. a ver si así el aire de la alta montaña puede salvarle. ¿tienes ganas de tocarnos una piececita en tu laúd? -No. Majestad. Calígula se echó a reír como si hubiera contado el mejor chiste.patrimonio.. Cayo -dijo la cortesana con tono insolente-. Quiero ver a ese individuo. Calixto desdobló el testamento y leyó: -Quiero que un tercio lo reciba mi sobrino nieto Cornelio Sabino. -Y un tercio a algún lejano pariente. pero en seguida se justificó: -No sois vosotros. -Hace mucho que no te veo. pues le gustaron sobre todo su abundosa cabellera castaña y sus ojos azules de agua 402 403 . También los dioses se cansan a veces. las mujeres. e inmediatamente se sirvió la comida. -~Es él! -exclamó el emperador-. Obedeciendo a un capricho. Pero esto no os incumbe a vosotras. Cornelio Sabino? -De ocho a nueve horas. Píralis. Haz traer el expediente. queridos invitados. de manera informal.. Entretanto. Pero bueno. Sabino es tribuno de la legión undécima en Asia. y su legado lo envía a Roma para que sea castigado aquí.

Se dirigió a Sabino. Sin embargo. No se olvidó de su emperador. ¿Es cierto? -Atacar no me parece la palabra adecuada. -Me quedé por deseo tuyo. tribuno: atacaste a una mujer embarazada en el mercado de Efeso. por lo visto. aun así. -Veamos pues. Está casada.. me gusta la gente insolente y desvergonzada. desvergúenza. . Sabino se sentía a gusto en aquel ambiente tan relajado. Piralis tomó su laúd y cantó un par de picantes canciones de amor como las que se escuchan en los lupanares. antiguos romanos. aunque sólo cuando esa insolencia no se dirige contra mi. no le ha ocurrido nada más a esa griega. de pie tras el sitial del emperador... a cuya perspicacia nada se escapaba. Mientras Livila se levantaba quedamente~ iba mirando a Sabino. y expió su delito mediante su muerte voluntaria. Fue en ese instante cuando Cornelio Sabino se dio cuenta de que aquel hombre estaba arruinando a Roma. Nada valoro más en mí que mi propia adiatrepisa. al estilo de los * En griego. aunque menos por las obras que por los autores. acordándose de él en su testamento. pero. Cayo. y casi se olvidó de que estaba sentado a la mesa con el hombre que había mandado a su tío a la muerte. Quise decirle algo. y él creyó leer algo parecido a una invitación en su mirada. permanecieron inmóviles. Tras la comida.marina. lo de que hablarían a solas no fue cierto. -Ten cuidado con Livila. advirtió el largo cruce de miradas. pero era imposible. -¡Un dios jamás olvida nada! -se encolerizó Calígula.~ No le echaba muchos más años de los que ella misma tenía. No se detendría ante nada para descubrir cada vez nuevas fuentes de dinero. se le nota que tiene experiencia con las mujeres. pareces haberlo olvidado. En cualquier caso. era un hombre de honor. Calígula. quedas eximido de castigo. sin dejar de engullir una pechuga de codorniz. Soltó una risa estridente y amenazo en broma con el dedo a su hermana.* Cuido en extremo y mimo este voluptuoso vegetal pantanoso y lo aprecio como mi mayor virtud. Jiene algo de adolescente y de inocencia -pensó-. Sus miradas se encontraron y ni él ni Livila bajaron los ojos. El emperador le cortó con un ademán: -No necesitas inventar ninguna excusa. y este macabro juego asesino no terminaría hasta que se hubiera eliminado al monstruo. altos como pinos. ¿Te has hecho cargo ya de la herencia de tu tío? A su manera. ella ha preferido quedarse en Roma porque se interesa por la literatura. Calígula aplaudió y exclamó: -. pues nadie llegaba a tribuno a los veintidós años.. Sólo espero que su ejemplo encuentre muchos imitadores. y luego. lo que pasa es que he enviado a su esposo al extranjero. tribuno. pues dos guardias germanos. La comida ha terminado! Tengo que hablar a solas con Sabino.

. conquistaré Britania y concluiré de este modo lo que Julio César empezó. cantantes. Aquellos ojos fríos y duros como el cristal lo examinaron como a un objeto raro. había que llevar todos los 404 405 documento del porqUe calígUla ~ te rija la mentfl iri~ gobierno~ a. para estar cerca de tu divina persona. Como su ausencia de Roma duraría presumiblemente más de un año. -balbuceó Sabino. a partir de ahora sólo deseo servirte a ti. sobrecargada de anillos. pues todos habían contado con que el emperador esperaría la llegada de la primavera.'. perdona. a retirarse tropas auxiliares y a hacer acopio de inmensas cantidades de provisiones. -Sólo es porque me siento dichoso. y se sintió como un actor en el escenario. Majestad. A finales de septiembre emprenderé una expedición militar.. comandante en jefe de que confiaba ponaturaímen~ erior del Riri. Sabino. dor viajaban su~ dos hermanas. prostitutas y gladiadores. esta actitud no es digna de un tribuno. -¿Y por qué no? Hace ya mucho tiempo que no hay ningún Cornelio entre mis oficiales. escribanos y ayudantes. imperator. pues no contaba con esta respuesta. como muestra de mi gratitud por haberme conservado parte de mi herencia. tu divina presencia trastorna mis sentidos. lo representaban los dos cónsuíes~ pero todo el mundo sabía que este cargo había perdido prácticamente toda la importancia desde los tiempos de Augusto. En el al)undante séquito entraban bailarines. LmiCon el empera Léntulo Getúlico. Ya desde el verano se estaba reclutando a hombres. -¡Oh. varias carretadas de documentos de los que se cuidaban una docena de secretarios. -Te he hecho una pregunta. Sólo la parte reservada al emperador ocupaba una longitud de más de media milla y comprendía. Lépido~ . su confidente. La partida tuvo lugar de manera imprevista. Entretanto. ¿Podrías repetirme la pregunta? -¿Todavía quieres abandonar la milicia? -Sí. Sabino se echó a los pies del emperador y besó su mano fofa. como pretoriano. aparte de sus enseres personales. se retirarán en breve dos tribunos por motivos de edad. hazte inscribir en la lista de oficiales de los pretorianos. además. -Levántate. Oficialm tención de delegar su poder ni durante un solo di ente. Calígula pareció sorprendido.Ahora comprendía que Querea había dicho la verdad y que tampoco había mentido el abogado. -Te incorporarás a tu servicio cuando yo haya regresado de Germanía.

Así fue como sobornó con gratV a funcionarios del emperador hasta que ély es de Cahígrila.ho Lépido y. la situación proco . Calígula se sintió tan encantado cori la idea de haber engendrado a uri descendiente que se llevó de vi~je a la mujer en anzado estado de ges y repetidia q se casafla cori ella ancióti 1~uWnte íe ta manifestÓ Sólo en muy contadas ocasiones los conspiradores tenían ocasión tes de que diera a Ini. ba en Roma a Lolia Paulina. la misma edad del emperador~ que se tenía. No conoz estos hombres. se llevaba a Cesonía. está aquella legión africana que Calígula le ha arrebatado al nsuí y a la que ha ~~~~ojurarle fidelidad a cambio de elevadas recompensas. bio. lo lamentó. pero no se 5 esto demostraba que el emperador nO quería renunciar a sti cotripaíziía. ha de las cosas. Cuando lleguemos al Rin. su nueva amante. Aquella misma noche la convirtió en su amante. caprich~~a. la ~enuperatríi .. Milonio era guarnicionero jabrí patOs~ bolsos. dejándola embaralada. adame cante de za la había arrebatado a su esposo. NliloníO un importante des cantidades de dinero Cesonia fueron irivitad~s a uno de los banquet persona pare recibió pedidO~ pero se quedó sri esposa. sin ser molestados. Calígula se dio cuenta de que era una cida a él: sesu dienta de placer~ desmesura . cada vez sabido que Calígula ha manten fiado se mostraba preocupado por la marc más descol ~TodO esto no me gusta un pelo~ Ile enviado al Rin tropas mas lejanas y ue se ha ganado de las proviticías a ninguno de a algunos oficiales cori espléndidos regalos. una mujer no muy joven~ pueS aprO%im rite. En cam Calígula deja. de er una conversación Ge túlico. de la parte sup intió inquieto~ pues legiones las derse quedar en Ron~a. sillas de arreo5 y se había propuesto obtener al menos por una vez pedido de la legión.~ cruel y desconsiderada.

el emperador quiere conquistar Britania. pero cuando se trata de su vida. puedes retirarte! -dijo Getúlico con voz cortante. A principios de octubre llegaron a Maguncia. Calígula no es ningún dios. que había sido la residencia de Getúlico durante los últimos nueve años. tal vez ya no demasiado ~iritCri~ tranquííí nús fieles le~íoriarioS. kl fin y al cabo. El oficial desapareció. y pa~ eso ue~esita a todos los hombres. Majestad? ¿Por qué mis legiones han . amigo mio. -~Dónde están mis tropas.. tendremos que actuar con celeridad para no perder el control. Puede que todo sea pura casualidad. nuestro hermano desarrolla una perspicacia que no debemos infravalorar. No le dio la bienvenida ninguno de sus oficiales de confianza. -¡Tenemos que romperla! -replicó Lépido con voz firme-. y todo ser humano. Get~í~mo~o le un lado a otro la cabeza 406 -No lo creo. Entró un tribuno que saludó al estilo militar. emperador o esclavo. el palacio del legado. El emperador le dijo: -No será por mucho tiempo. El emperador se estableció en el único gran edificio de piedra de Maguncia. -¡Está bien. -Creo que Getúlico tiene razón -dijo Agripina-. sus propias legiones habían sido trasladadas Rin arriba a Borbetomagus. es demasiado cobarde. Y yo sigo creyendo que lo lograremos.encuentre allí a priede haber cambiado por completo.. tribuno. . es mortal. y Livila se atrevió a decir en voz baja: -¡Tengo miedo! Calígula es como una araña que nos observa constantemente hasta que nos enredemos en su malla. Ante la tienda se empezaron a oir voces. Noto que algo se está tramando. sucedió: se encontró con tropas que no conocía de nada. ¿No os habéis dado cuenta de que no se expone lo más mínimo? Viaja en una silla de manos completamente cerrada y va siempre rodeado por su guardia personal que forma como un muro a su alrededor. Dentro de pocas semanas pienso cruzar el Rin y podrás volver a establecerte en tu resíden cia.4'hO deberíamos preocuparnos jarle Lepido. Tras nuestra llegada. era como si estuviera pisando suelo extraño. la localidad principal de la provincia de la Germania superior que en las décadas pasadas se había ido convirtiendo de un campamento romano en una pequeña ciudad. -Se ruega a las princesas Agripina y Livila que compartan la cena con el emperador. Lo que Getúlico había temido. Calígula no nos pierde de vista a mi y a Livila y hace constantes alusiones que no me gustan.

donde se había levantado una gigantesca ciudad de tiendas. Si desaparecía en aqtíel preciso momento. jtíglares. volvio a sentir algo gélido en aquella mirada. estrechamente cercada por campamentos de comerciantes. Getúlico se decidió por esta última opción. en el análisis de la situación previsto para el día siguiente. tal vez. junto a ellos se había plantado el estandarte de general. Volvió a la orilla del Rin. . quien. Getúlico se acercó cautelosamente a su tienda. Calígula esbozó una leve sonrisa sarcastica: -¿Preocupados? ¿Por qué iban a estar preocupados? Todo el mundo sabe que al lado del emperador estás bien protegido.sido trasladadas? Calígula posó su fría mirada en Getúlico. Se acercó. o esperar a que el emperador le dejara marchar. charlando. pero creía en un poder superior y se consoló pensando: "No es posible que el des* La ciudad dc Worms. Los mantendría Calígula adrede alejados de él? Tal vez va los habría arrestado. Majestad. prostitutas. después podrás marcharte. sin embargo. Getúlico dudaba entre dos decisiones: o montar ahora mismo sobre su caballo e ir Rin arriba hasta el Castrum Rorbetomagus>~> para poner en marcha contra Calígula a las tropas qtíe le eran leales. legado! Tranquilizado en parte. le hizo desconfiar el hecho de que no pudiera llegar hasta Lépido ni hasta las hermanas del emperador. legado! -ROs ha llamado la atención alguna otra cosa~ -¡No. Jamás había visto a nadie 407 1 con ojos tan fríos e insensibles. quisiera comprobar antes en Borbetomagus si todo está en orden. Espera unos días más hasta que nos hayamos establecido aquí. No obstante. pero nada sospechoso llamó su atención. y los dos hombres se pusieron firmes: -~Ha preguntado alguien por mi? -¡No. en parte también porque. Tal vez el emperador fuera realmente un dios. se abrirían nuevas perspectivas. No es que fuera un hombre especialmente religioso. Mañana al mediodía analizaré la situación con los oficiales. Mis oficiales estarán preocupados. Los dos guardias se hallaban de pie ante la entrada. -Si me lo permites.. podrás volver a traer a tus amadas legiones. una vez más. Siempre se decía que no podían ausentarse y que tuviera paciencia. Getúlico tomó dos copas de vino y se acostó. Hubo que hacer sitio para las tropas que llegaron de fuera. Cuando nos marchemos de aquí. dentro de pocos días regresaría con sus tropas de manera medio oficial. equivalía a dar la señal de alarma y los soldados del emperador intentarían capttírarlo. Sé puntual.. -No podemos conquistar Britania con dos legiones. acróbatas y tabernas.

y así no sé qué impresión causan en las mujeres los hombres fatigados. Nosotros lo tenemos más fácil. -Calígula soltó una carcajada estridente y añadió-: ¡Son pecados de juventud! No ha pasado mucho tiempo desde entonces. No era posible estrangular al odiado con las manos. necesitan tiempo para arreglarse tras el largo viaje. desde que habían llegado a Maguncia. y Lépido pensó: »Son ojos de araña que acechan con infinita paciencia y ansias asesinas hasta que llegue el momento». e incluso es posible que estas fatigas hasta aumenten su atractivo. e hizo ver que este tema no le afectaba especialmente. y una sensación de inquitud se apoderó de Lépido. -No soy mujer. Lépido se sintió invadido por una ira cada vez más intensa. Isis y Neptuno. pues toda divinidad es un ser andrógino. Con esto se despertó su desconfianza. ¿x>erdad? Ni las duras fatigas hacen que un hombre se vuelva más feo. pues al fondo se encontraba la guardia germana. Para no decir nada inadecuado. -Pese a lo sucedido. pues. sus ojos saltones tenían un extraño brillo. y le confiaba constantemente encargos que cualquier esclavo hubiera podido realizar.. . Lépido perma409 Aid neció callado y a la espera. pero ni consiguió hablar con el legado. ¿Por qué hablaba Calígula de aquello precisamente ahora? -Pero no tardaste en transformarte otra vez en lo que realmente eres -dijo con tono confiado. -Si. acuéstate. Por hoy va no te necesito. Como si el emperador intuyera sus preocupaciones. intercambiamos los papeles. le dijo como quien no quiere la cosa: -Tienes que disculpar a las damas. A esto se debe también mi constante transfiguración: ya me habéis visto presentarme como Luna. Cayo.408 tino quiera que ese licencioso y corruptor de Roma siga mancillando por más tiempo el trono imperial». Júpiter. Calígula lo miró un instante. Si en estos momentos hubiera tenido un puñal a mano. ¿Te acuerdas de aquella fiesta de mujeres? En aquella ocasión fui una mujer entre mujeres. sólo uno no quiso admitirlo. y se propuso comentarlo en la primera ocasión con Getúlico. el emperador no le permitía que se alejara de su lado. ni ponerse en contacto con Agripina o con Livíla. pero ahora tenemos cosas más importantes que hacer. seguimos siendo amigos. Yo volví a ser un hombre. y tú me ofreciste tu trasero como una perra en celo. -Yo lo sé! Como dios. Lépido. Calígula le dio una leve palmada en el hombro. mis sentimientos son andróginos. Le pedía consejo en las cosas más banales. o tal vez precisamente por eso.. Calígula no le perdía de vista. L A Emilio Lépido le resultaba realmente imposible ausentarse.

la amante del emperador. -Te amo. -Es igual. marcado por el vicio y la molicie. naciera un niño. Por doqtíier se oía un ronquido o un susurro. Cesonia cedió a su deseo con una carcajada sonora y ronca. tenía en aquel instante una expresión tranquila y distendida. -Seguro que permitirá que yo le moleste -repuso Lépido con voz firme y decidida. abrazó sus pechos. Pronto se extendió el silencio nocturno sobre la ciudad de tiendas de campaña. Cesonia -gimió-. Por eso me casaré contigo antes de que . más tarde. estaba va acostada cuando Calígula entró en el doi-mitorium. de momento. r -~No me mires como si quisieras comerme! Calígula se desprendió de su ropa. sus grandes ojos negros no ocultaban sus sentimientos. -El legado está durmiendo y no desea ser molestado. bien podría ser que la familia Julia Claudia reciba un heredero masculino. -Puesto que a tu anterior marido le pariste tres niñas. sin embargo. Su oscura cabellera se dispersaba por la almohada. en avanzado estado de gestación. ¿No sería posible rajar el vientre para averiguar el sexo del niño? Después podrían volver a coserlo y no quedaría más que una cicatriz. su rostro. y no sé por qué.Lépido abandonó el palacio del legado y se dirigió al campamento. Él saldría mañana y anunciaría a su tropa: >~He decidido darle un hijo y heredero a Roma ~ al orbe'>. Retiró bruscamente la manta y se pasó la mano por el vientre abombado. y. -Aquí duerme el futuro de Roma -dijo-y espero que los dioses te den un hijo. Milonia Cesonia. los guardias cruzaron sus lanzas. no eres hermosa. No eres joven. ¿Era todo aquello un mero juego del gato y el ratón. eres la primera mujer a la que quiero realmente después de Drusila. Pero no importa. ¿verdad? Calígula con ternpló con perversa voluptuosidad su ctíerpo hinchado. Calígula la penetró con desacostumbrada suavidad. las tabernas y los comerciantes tenían que cerrar. puedo esperar hasta mañana. Todos admirarían su divina previsión cuando. Los ojos negros de Cesonia centellearon agresivos: -Pero no lo hacemos sólo por esto. pero los guardias no hicieron el menor gesto de apartarse. acompañado de maldiciones o de risas. o hubo en sus palabras una amenaza oculta? Ante la tienda del general. pesados ya por la leche. En contraste con los de Calígula. a veces resonaba algún pedo sonoro. espero que los dos juntos engendremos aún mas hijos. se echaba a las prostitutas y a los juglares. me gustas más por atrás. Sintió que la voluptuosidad se agolpaba en él como una nube pesada y dulce. -Date la vuelta. y los masajeó con fuerza. Una hora antes de la medianoche. Lépido estaba tan cansado que cedió. como le gustaba a Calígula.

para sus caprichos. y. Al fin podía dedicarse tranquilamente y sin ser molestado a sus trabajos históricos. para sus cínicas crueldades. espionajes y favores. Calixto aprovechó la prolongada ausencia de Roma del emperador para extender más su tupida red de rumores.nazca el niño. siguiendo el principio de manus manum lavatÁ' El papel central lo representaba el cojo Claudio César. naturalmente. Conjuntamente con el prefecto de los pretorianos. Los dos hombres. Muchos se alegrarán. 410 411 XXVIII Calixto se había quedado en Roma como administrador fiel del emperador. que no paraba de hacer muecas y suspirar aliviado cuando. Arrecino Clemente. Claudio se retiró a una propiedad campestre situada en los montes Albanos. aproximadamente de la misma edad. Como príncipe imperial. Tras una pausa Calígula dijo con voz perezosa y lánguida: -Ya tengo ganas de ver mañana las caras de mis oficiales. pero de esto los dos solían ocuparse también cuando el emperador estaba en la ciudad. llevaba los asuntos del gobierno. horrorizado. se entendían bastante bien. tenía acceso al archivo de su familia. pues Calígula entendía su cargo única y exclusivamente como fuente de incitaciones para su placer. En un lluvioso y frío día de finales de noviembre. tanto más cuanto que el obeso secretariojamás ahorró muestras de respeto y una no fingida veneración hacia el histo * Una mano Java la otra. se marchó de Roma. de tiempo en tiempo tenía que desplazarse a Roma para buscarse el material necesario en las bibliotecas y en los archivos. La soltó. Calixto era informado de sus visitas. otros quedarán sorprendidos. conservado en los amplios sótanos del palacio. el emperador. el pesado de su sobrino. en cada ocasión. ¡Esos hombres han vuelto a olvidarse otra vez de que soy un dios! -Se echó a reír y agregó bromeando-: A veces hasta yo mismo lo olvido. Calixto aprovechó una de estas ocasiones para pedir que Claudio César le fuera a ver. y Cesonia se recostó distendida y con los muslos muy abiertos. Aun así. más de uno. y. . al fin.

que. y.¿verdad? Para decirlo sencilla y llanamente. Pero ¿no puedo resultar peligroso para ti? 413 . -Pero. -Bueno. va a trascender más allá de estas paredes. Calixto suspiró.412 -j riador. que se contraía sin que él pudiera dominarlo. naturalmente... -Si yo me marchara.. provocaba una y otra vez la burla de su sobrino el emperador. también yo he podido quitarme de encima un montón de trabajo atrasado desde que el imperator está ausente. Claudio César.. Calixto vacilaba: -Si fuera tan fácil.... -Es un verdadero placer poder hablar contigo sin tener que contar con la posibilidad de que Calígula entre en el momento menos pensado y nos haga objeto de una de sus estúpidas »bromas».. -Soy prudente en exceso.. -Tienes mucha razón. -Te tengo por un hombre razonable. sin quererlo.. ¿Tengo razón? -Si. por supuesto.. pero no quiero en modo alguno que haya testigos. absolutamente nada. Puedes ahorrártelo. se trata también de ti. no faltaba mas. y te creo. Calixto notó cómo se esforzaba. No haré nada. si yo te. Hace años que me une a ti una amistad que me permite hablarte con mayor franqueza que a muchos otros. había ido adoptando una expresión cada vez más temerosa. es esto . pero tengo que hacerlo antes de que regrese el emperador.Ya quién te refieres al decir "se ha pensado en mi»? -Verdaderamente. pero. -¿Y quién debe ocuparse de los pasos necesarios? -Me temo que se ha pensado en mi.. bueno. doy por supuesto que nada. ¿Y qué piensas hacer? Calixto levantó las manos. Calixto fue hasta la puerta y la abrió bruscamente. no.. Claudio César. En este caso. Calixto -exigió con una brusquedad desacostumbrada en él. -Nada. algo fuera de lo normal. Calixto reconocía tras aquellas muecas nerviosas al erudito de portentosa cultura. Y encontraré argumentos convincentes para mi inactividad.. príncipe Claudio. Calixto se encerró en un desvalido silencio. Pero no se trata ahora de eso. Bien. aproximadamente es asi. He dudado mucho tiempo en confiarme a ti. El arrugado rostro de Claudio César. ¡créeme! Claudio se echó a reír y lo hizo con unas muecas espantosas. dilo ya. -. se me ha dado a entender que para mi podría resultar rentable o beneficioso que tú.. quieren asesinarme para que ese desgraciado de mi sobrino ya no se sienta molestado.. ¿tengo que decirlo? -No.

Pero aquél pensó satisfecho: »es así como se gana tino a las personas». y comprenderéis que. ~v tú te atreves a hablar de un emperador amable y compasivo? Sabino tuvo que dominarse para no abrazar a su padre. Tal vez r Calígula se muestre demasiado duro con ellos. A Cornelio Calvo los ntievos planes de su hijo le resultaron incomprensibles. y si el peligro amenazara de otro lado.L 1 -Seria más peligroso obedecer la indicación. Claudio se despidió emocionado por el interés y la cálida simpatía de Calixto. en su desesperación. En cualquier caso.. A tu sobrino. -Siempre hay gente descontenta y siempre hay traidores. te advertiré. y sólo lo insinué como tina posibilidad. Claudio César era su más valiosa garantía para el >~después». Pero no debía transparentar nada si quería seguir adelante en el camino que había escogido. no pude decir que no. aparte del gran aprecio que siento por ti. cuando me ofreció permanecer cerca de él como tribuno de los pretorianos. -El emperador lamenta de todo corazón que. pronto le podría ocurrir algo. pasara cuentas con los dóciles peones del tirano. y se me aseguró qtíe los escritos de acusación fueron redactados por una comisión imparcial. pronto. Lo único que deseo es que me dejen en paz para poder dedicarme tranquilamente a mi trabajo.. . Pero todo cambió cuando Sabino volvió tras ser invitado por el emperador.. pero esto cambiará cuando esté asentado más firmemente en el trono.. tío Calvo haya optado por la muerte. ¿me entiendes? Hax' accidentes de todo tipo. y entonces tú serás el único de la familia imperial que quedará con vida. Claudio César.. -Lo entiendo muy bien. y también ganas. El habitualmente apacible Celso dio un puñetazo en la mesa. que estaba harto y que tenía intención de dedicarse a la vida civil por el resto de sus días. y en ti se basan no sólo mis esperanzas. príncipe Claudio. fuera quien fuera. Mis ambiciones se centran en este campo. Calígula se mostró amable y compasivo. Qué alegría habían sentido él y Valeria cuando Sabino regresó de Efeso y anunció a voz en grito que la vida castrense se había acabado definitivamente para él. que tanta razón tenía. -¡Maldito sea! ¡Eres un imbécil! ¡Estuviste demasiado tiempo lejos de Roma como para saber lo que sucede aquí! En el Carcer Tul/lanus tuvieron que contratar a dos nuevos verdugos. -Me falta ambición para convertirme en príncipe. porque los dos que había no daban abasto con las torturas y las cabezas cortadas. En las Gemonias se amontonaii los cadáveres. de mí no has de temer ningún peligro. cuando el sucesor de Calígula.

Sabino. -Lo que me cuentas de Calígula no es nuevo para mi. sabré siempre de antemano quién será el próximo afectado y tal vez pueda evitar muchas cosas. quiero decir. Sabino. allí se dice: nemo praesurnitur ?nalus nisiprobetur. Tal vez yo quiera ser tribuno de los pretorianos sólo para reconocer los peligros a tiempo. Pero el hombre no se dejó perturbar. Pero si presto servicio en la guardia de palacio.. Celso carraspeó y empezó a decir a trompicones y con voz sofocada: * No es Ja sospecha lo que cuenta. Para esto.uego. solamente para salvar algo para ti. Calvo eligió la muerte. Sabino decidió descubrirles parte de la verdad. para él cuenta únicamente la sospecha y las denuncias.. ¿Crees.. Sabino. Me pareció un reproche. como si dijera que nuestra famiha quiere eludir ciertas obligaciones.. . a esto se debe mi celo. Lo que te propones es perfectamente honorable. casi hubiera preferido que siguieras prestando servicio en Efeso. ¿Es que las enseñanzas de nuestros poetas y filósofos no han hecho mella en ti? Abre sencillamente el ius romanum. se dio un golpe en los puños. silo hubieras dicho desde el principio. -¡ Celso! ¡Así no se habla del emperador! -lo reprendió Valeria. I. y sólo puedo deciros que. -Tengo que abrirle los ojos a nuestro hijo antes de que cometa el mayor error de su vida. y. Para tranquilizar a sus padres.. ni de lejos. Sus padres se miraron y permanecieron callados durante un rato. Estás a punto de entrar al servicio de un notorio ladrón y asesino. Este es el motivo por el que intento ganarme la simpatía del tirano. Celso se dirigió a su esposa. claro que si.* Pues Calígula le ha dado la vuelta. Calígula muy bien podría suponer que todavía era posible sacar algo más de los Cornelio. ¿No lo comprendéis? -Si..Desesperado. -Quise guardarlo para mi a fin de no poneros en peligro. sino la prueba. padre. Yme pareció también que quería darme a entender otra cosa: que prácticamente tenía yo que ganarme mi parte de la herencia de tío Calvo con mi buen comportamiento. furioso. Querea me lo ha confirmado. el emperador quiso apropiarse de su patrimonio. no sabíamos nada de todo esto.. según el principio de que donde hay mucho siempre puede haber más. bien. -¡Escucha esto! Quizá tú consigas hacer comprender a tu hijo que no se puede servir a un tirano sin denigrarse uno moralmente. ¿Crees en serio que Calvo era culpable? De este modo. pero es también muy peligroso. El emperador me insinuó con cierto malestar que hace ya mucho tiempo que ningún Cornelio sirve en la guardia de palacio. que yo podría quedarme tranquilo viendo cómo los pretorianos te sacan a rastras de tu casa? El emperador ya ha entregado al verdugo a gente más pobre que tú. 414 415 1 -Bien.. Por lo demás. lo sabéis todo. pues con el mismo placer se apropia de cien mil sestercios que de un millón.

no! -le interrumpió Lucilo vivamente-. El viejo lo condujo por la casa. Ahora depende de ti si qtíieres que te sigan sirviendo a cambio de un salario. -Como es costtímbre entre las buenas personas. ante todo. pues Calígula estará siempre en apuros económicos y no descansará hasta haber matado a todos los patricios ricos. -Quien habla de la muerte. -Ya veremos. Somos una familia patricia.. El viejo sonrió: -El destino no se deja desconcertar. -Pero esto es espantoso. dejó en libertad a los esclavos. No hubo manera de sonsacarle más a Sabino. y somos nosotros quienes más tenemos que soportar estos desmanes. Algunos no paran de hablar de la muerte y llegan a los ochenta. y de ellos si quieren quedarse. como Epicuro. He vivido durante tanto tiempo en esta casa que preferiría morir en ella. pero también contra los tiranos existen remedios adecuados.. Era hijo de un liberto griego y se llamaba Lucilo. tras su muerte. así. y se llevó las manos a la cara. es espantoso. y. a los que tanto odia. y por esto quiero que sepas lo que yo . Sabino puso una maiío en el braLo del viejo. en una tejeduría de paños y. yo estox de acuerdo. la herencia consistía en participaciones en una alfarería. de si vas a recibir invitados a menudo. esta conversación no resultó muy adectíada para tranquilizar a sus padres.. otros la ignoran o niegan incluso su existencia. y primero a los senadores. madre. Celso se sobresaltó y preguntó excitado: -¿Qué quieres decírr -Nada en concreto.. ¿puedes contarme detalles acerca de la muerte de mi tío? El rostro del mayordomo se ensombreció. También depende de si tienes intención de fundar una familia.. Sabino mantuvo una larga conversación con el mayordomo de su difunto tío.. Si te apetece seguir en tu cargo. -Si. sólo estox' apuntando una posibilidad. en tina empresa de transportes. ntíestro senor. -Te quería como a un hijo. pero si por motivos de edad. en tina gran finca campestre entre Cortona y el lago Trasimeno. Sabino se había hecho inscribir en la lista de oficiales y aprovechaba ahora el tiempo libre para poner en orden su herencia. y mueren jóvenes. -susurró Valeria. dedicada principalmente a la producción de vino y de cereales. la llama. Aparte de la casa en la Vía Salaría. -Puesto que hemos iniciado el tema.-No puedo cerrar los ojos ante estas atrQcidades y hacer ver que no me afectan para nada. 416 -J r -¡No.

. entonces espera unos diez minutos y luego ven a la habitacióií. Le di la vuelta al reloj de arena y. un cocinero y un mozo para los recados. -dijo Sabino vagamente. Sabino. El efecto del veneno debió de ser muy rápido. Me trasladaré a vivir aquí en las próximas semanas. Arregla el asunto de los libertos según te parezca. sino más bien de un atractivo juego de pensamientos que iba más allá de la muerte de Calígula. Quien no sea necesario. cómo me sentía yo. A mi me dijo: »Tomaré esta bebida mortal durante las próximas horas. No te puedo decir cuánto tardó en oírse. debió de agenciarse un fuerte veneno que sacó y diluyó en una copa de vino. y con voz tranquila y serena. Mientras viva solo aquí. y me limité a asentir en silencio. Lo cierto era que aún no se trataba de ningún plan concreto o de un firme propósito. Yo lo conocía lo suficiente como para saber que no toleraría ninguna réplica. -Entonces volverá a haber vida en la casa -dijo Lucilo contento. su cabeza descansaba sobre la escribanía. tu tío dio sus instrucciones. pero estaba ya muerto. Antes de vaciar la copa. su intención había sido fundar una familia tras su regreso. una idea que al principio intentaba reprimir. con lágrimas en los ojos. como si estuviera comentando conmigo la próxima comida o la poda de los setos en eljardin.. Después de que nuestro señor recibiera al abogado. Si no estuviera muerto. Quemamos su cadáver en el parque y colocamos la urna en el sepulcro familiar. 417 Realmente. recibirían abundantes regalos y se les otorgarían sobrenombres honoríficos. Tiempo atrás. A mi. me bastan algunosjardineros. -Tal vez tengas razón. cuando murieron su esposa y su hijo. me ahogas con una almohada o me abres las venas». Esta idea se imponía sobre todo lo demás y se iba haciendo cada vez más clara: era el deseo de matar a Calígula. -Te agradezco tu informe. al menos. recibirá una buena indemnización. diciendo que lo había arreglado todo para que ni a mi ni a los demás les faltara nada. Le toqué el hombro.sé. Lucilo.Cómo celebraría Roma al asesino o a los asesinos del tirano? Se levantarían estatuas en su honor. y desapareció en su estancia de lectura. Y Sabino imaginaba lo fácil que seria sí uno se encontraba tan cerca de él como un tribuno de la guardia de palacio. Tu tío estaba sentado ante su mesa de trabajo. Me informó sobre la situación y me pidió que le ayudara. Pero desde que su tío Calvo fue víctima de la avaricia del emperador. me pareció demasiado pronto. en los templos se ofrecerían sacrificios por su bienestar. pero que volvía a aparecer una y otra vez como un dolor crónico. Pero ¿cuándo empezó este juego de pensamientos? Tal vez fue en . Me acurruqué en el suelo ante la puerta y esperé la señal de la campanilla. al cabo de diez minutos.. me hizo llamar. se había apoderado de él una idea. por despecho ante la negativa de Helena y para olvidarla definitivamente. Sonriente. tocaré la campanilla. '>Podrás figurarte. entré en la habitación. Me apretó la mano.

Se dice. Piensa en lo que ha ocurrido durante los dos últimos años. Durante este tiempo Calígula ha hecho asesinar a cientos de personas. habría que aguantarle durante otros trece anos. hizo construir un establo del mármol más caro? El caballo come en un pesebre de marfil. sus arreos están sobrecargados de piedras preciosas. que amenazó al Senado con nombrar cónsul a Incitatus el año que viene. alimenta las arenas con ganado humano que hace reunir sencillamente en algún lugar. estoy harto. y dificilmente abandonará su vida de despilfarro. Por esto no sólo apretaba el tornillo de los impuestos e impoilia tributos a las actividades más absurdas. tanto en dinero como en vidas humanas. y una docena de esclavos están a su servicio para atenderlo. y que sólo te habías alistado por Helena. Sabino supo que estaba sentado frente a un asesino. Calígula tenía ahora veintisiete años. Hay que financiar su inútil expedición militar. Mes tras mes. Incitatus. -Es verdad. Si un príncipe guerreaba para conservar su imperio o para evitar disturbios y hambrunas. Sabino comprendía que eran necesarios los sacrificios. y tal vez exista la posibilidad de evitar o de atenuar sus locas decisiones. como en el caso de mi tío. incluso. Sabino había comentado recientemente este cálculo con Querea. entre ellas a gentes anónimas a las que apenas se conoce y que son olvidadas rápidamente. comunicándole a la vez que. también mi padre está horrorizado de que quiera continuar. Pero le he explicado el porqué y ahora también 4~ 8 r te lo digo a ti: lo hago por tina especie de legítima defensa. ¿Cómo va a continuar todo esto? Cuando Calígula regrese. ¿Sabes que para su caballo preferido. estabas definitivamente harto de las legiones. Pero Calígula gobernaba un Imperio pacífico y pacificado desde tiempos de Augtísto. Hay que añadir a los acaudalados de familias patricias y plebeyas a los que lleva a la muerte con falsos procesos o a los que. sino que llegaba al asesinato como un salteador de caminos que echa mano al puñal cuando pasa un rico comerciante. entraría a formar parte de la guardia pretoriana. Sabino tampoco había olvídacio la observación cínica del emperador con respecto al suicidio de Cornelio Calvo: »Sólo espero que su ejemplo encuentre muchos imitadores». y su insaciable avidez de dinero se debía únicamente a sus desmesurados despilfarros.el convite cuando Calígula dirigió a él sus ojos fríos y cínicos y anunció que su mayor virtud era la desvergúenza y que la apreciaba por encima cíe todo. una vez que ha cambiado su testamento. concede indulgentemente el suicidio. necesitará más dinero que nunca. por deseo personal del emperador. En ese momento. después de lo de Éfeso. Querea se incorporó pasmado: -¿Lo has pensado bien? ~Qué es lo que pretendes con esto? Yo pensaba que. Aunque sólo alcanzara la mitad de la edad que alcanzó su antecesor Tiberio. Si estoy cerca del emperador podré enterarme a tiempo de algunas cosas. El ancho rostro bonachón de Querea esbozó una sonrisa de dolor .

todo lo que dices lo sé muy bien! ¿Crees que a mi me gusta toda esta situación? Pero ¿qué puedo hacer? 419 L ¿Obligar al emperador. Getúlico y Lépido ftíeron llevados bajo vigilancia desde sus tiendas a la sala de deliberación. pero vuestra reputación entre la población romana ya no es la misma de antes. pero acuérdate de cómo te trata. Pero ambos se dieron ctienta de la amenaza y de su desvalida situación.al cambiar de sitio su pierna entablillada. Querea se señaló la frente con los dedos. Lo único que se puede decir para justificar al emperador es que le hemos jurado fidelidad. Querea resopló incómodo. Tal vez fue precisamente por este valioso establo por lo que murió mi tío. espada en mano. donde tomaron asiento. pues la sala no era grande. -¡Por el rabo de un fauno. y que sigue gozando de popularidad entre el ejército. -Pero esto no son más que chiquilladas. Por banquetes nocturnos que cuestan millones de sestercios. Sólo qtíedaba que algún día diera stí fruto. que seguramente no habrá sido aún pagado. -¿Llamas chiquilladas a esto? -Saltó Sabino-. a llevar una vida mejor o asesinarlo? -Si -dijo Sabino en voz baja-. ganas tu buen dinero. Estaban sentados a gran distancia el uno del otro.. La mayoría de los tribunos y los centuriones de mayor antigúedad estaban va sentados en sillas de campaña. Perdona silo digo con tanta franqueza. pero la simiente estaba echada. sencillamente. los pretorianos como verdugos y recaudadores de impuestos. -Porque no le conocen. En la pared frontal se había levantado una especie de tribuna sobre la que habían sido dispuestos un sillón tallado y dos sitiales sencillos. Getúlico y Lépido ftíeron conducidos por stís vigilantes a la primera fila. por el mentecato del auriga Entico. muy apretados. y a eso llamas tú. -¡Estás loco! Mejor seria que pensaras en algo más sensato. y porque soborna constantemente a los oficiales. Trabajando para él. tonterías. que el emperador había hecho rodear desde primeras horas de la mañana con tina triple fila de hombres de su guardia personal. Te desacredita constantemente ante los ojos de tus camaradas y abusa de vosotros. ésta sería la mejor solución. esto lo tengo claro. y no podían comtínicarse iii mediante palabras ni con miradas. Y para ello se asesina día tras día a personas cuyo meñique del pie vale mil veces más que ese monstruo gordinflón y calvorota que encima se califica de dios. Sabino dejó de hablar del tema. El análisis de la situación tuvo lugar en el palacio del legado de Maguncia. -No digo que no tengas razón. No .. a quien Calígula regaló dos millones. por el puente de barcos en Putéoli.

Contaba con reproches y con acusaciones. ¡Levantaos! Adelantaos dos pasos para que todo el mundo pueda contemplaros detenidamente. hermanastro de Cesonia. cónsul. dirigiéndose a la sala: -Antes de discutir la situación. Hizo una señal a stís pretorianos.tengo una serie de cartas que demuestran de forma clara y contundente su culpabilidad. A una señal de Calígula se levantó el cónsul Domicio Córbulo y exclamó. con estas palabras les invito a hacerlo. Antes de llegar. no sin motivo. -¡Quien calla otorga! Si alguien de vosotros piensa que la conjura ha sido descubierta ahora mismo. antiguo cónsul y gobernador. tapándose la ancha frente con una láurea de oro. El emperador soltó una carcajada estridente. y a la izquierda Sulpicio Galba. -¡Ahí están sentados. honorables oficiales de mi ejército. son demasiado cobardes los dos. conjuntamente con Getúlico. Emilio Lépido. ¿Es cierto lo que estoy diciendo. Por si tuvieran el valor cíe adelantarse voluntariamente. -¡ Encadenadlos! El emperador se levantó y dijo: -A vosotros. mantengo alejadas de aquí. El emperador cortó el saludo con un ademán de indiferencia y se sentó en el trono. vestido de militar con las insignias del mando supremo. a los archítraidores. nadie se movía. porque. cada uno con la mano derecha en la empuñadura de su puñal. Ya en Roma los hice vigilar a los dos. 420 En la sala reinaba un silencio sepulcral. Después apareció Calígula. a la derecha Domicio Córbulo. pero no había pruebas. lamentablemente. os debo una explicación. con coraza y botas rojas. y aquí -señaló una pequeña mesa. están entremezcladas de infames que esperaban. temblando por su vida! Emilio Lépido y Léntulo Getúlico. a vosotros. Este se limitó a esbozar una sonrisa irónica y dijo: -Ahórrate los esfuerzos. se trata de probar la culpabilidad de dos traidores que están sentados entre vosotros. puedo tranquilizarle. Se trata de cartas de Getúlico a Lépido y de Lépido a . todos tenían la mirada clavada en el emperador. ¡no podía haberlas! El emperador se hizo esperar largo rato. que tenía fama de funcionario leal e insobornable. como un muro de hierro. pues el traidor Getúlico fue hasta hoy legado de las dos legiones de la Germania superior a las que. Lépido? ¿O estoy exponiendo sólo una sospecha indemostrable? Lépido permaneció callado y bajó la cabeza. envuelto el cuerpo obeso e hinchado en un manto de púrpura. el cónsul del año. Tras él permanecía en pie la guardia germana. ocuparon las dos sillas junto al asiento del trono. Con el brazo extendido señaló la primera fila de sillas. Todos se levantaron y saludaron al estilo militar. a Emilio Lépido le quedaba vivo un resto de esperanza.obstante. poderme eliminar y elevar en mi lugar al trono de imperator al otro architraidor.

os prometo que las barreré en breve con escoba de hierro. se escucharon gritos como: «¡Muerte a los traidores!». Al parecer. entonces hay que ver las cosas del revés y llevar al matadero a Calígula». está implicada en esta vergonzosa conjtíra. al fin. cité nombres que él conocía y apreciaba y. venerable imperator! Se oyeron aplausos atronadores y. a lo que (así está escrito en esta carta) éste replico: «.. que. El traidor escribió la carta aproximadamente hace un año a Agripina. Calígula ordenó silencio. yo mismo os leeré algunos fragmentos de la correspondencia de los conspiradores. No quiero seguir aburriéndoos durante más tiempo con los chismes de los traidores. pero éste demostró ser leal y no manifestó ninguna intención de usar a sus legiones de la Germania inferior en una conspiración. Quiero añadir que Getúlico esperaba encontrar apoyo en su suegro Lucio Apronio. Seré como Hércules que limpió el establo de Augias. conjuntamente con mis dos hermanas. pues daré a conocer toda la correspondencia. dije que sin él y sus legiones nuestro plan estaba abocado al fracaso». Calígula tomó tino de los pequeños rollos de pergamino y levantó la mano.. se levantó y dijo con laconismo militar: -¡Te agradeceré este ascenso con entrega y lealtad. luego Lépido le metió en la cabeza que en Roma se estaba preparando una acusación contra él. al igual que Livila. Después entregaré las dos legiones a su nuevo legado Sulpicio Galba. Así. tal como cayó en mis manos. cuando estaba aquí en compañía de Getúlíco: »Y así también yo hablé con entusiasmo de Tiberio y le conté algunas de las bromas de nuestro Calígula. Pero no vamos a condenar a estos dos hombres hasta que cada uno de vosotros conozca la gravedad de su traición. Por lo que respecta a las dos legiones del traidor Getúlico. El general se mostró tan indignado que se levantó de un salto y exclamó: "¿Por qué nadie se planta ante ese monstruo y le clava el puñal en el pecho?"». Calígula hizo una pausa y escuchó con satisfacción los Inurmullos de indignación. que estaba sentado a la izquierda del emperador. -Escuchad. cuyo objetivo era eliminarme y elevar a Lépido a la categoría de príncipe? ¿Corres- . Agripina era la amante de Lépido y esperaba convertirse a su lado en emperatriz. -Emilio Lépido y Léntulo Getúlico. entre los aplausos. aún falta lo mejor. el emperador ordenó silencio. Aquí: "Le expuse ctíidadosamente nuestro plan. mi herman