LA INQUIETUD DE LO COTIDIANO

Si existe un escritor norteamericano que haya sido copiado en estilo y espíritu ese podría ser Raymond Carver. Desde los años setenta, Carver se ha convertido en un símbolo, en un ídolo para los jóvenes escritores. Todos querían y quieren convertirse en Carver, en las universidades norteamericanas, en los talleres de escritura se estudian y diseccionan sus textos en busca de su secreto. Con su estilo agorero y derrotista representa la imagen mítica del escritor norteamericano que escribe en un lenguaje claro, simple y directo, hablando sobre temas que todo el mundo entiende, contando historias de las que todo el mundo ha oído hablar o simplemente ha vivido. Su literatura habla de otras cosas, de una nación diferente a la glamourosa y rica América. Con Carver los anónimos, los desamparados, los marginados encuentran una imagen digna en la literatura, una imagen en la que los sueños se hacen inalcanzables y los sentimientos evidentes. Maestro indiscutible del relato corto, es aclamado por muchos como un genio de la percepción y de la prosa descarnada. Pero, ¿quién fue realmente Raymond Carver?, ¿en qué se basó para escribir esas historias llenas de desasosiego?, ¿de dónde provenía su famoso pesimismo? Para resolver estas dudas, nada mejor que echar un vistazo a la trayectoria vital de este norteamericano aparentemente abrumado por la derrota y el desconcierto. Sirvan estas líneas para iluminar tenuemente una vida compleja y trágica.

RAYMOND CARVER
Por Roberto Goñi
EL ESTIGMA DE LA POBREZA Raymond Carver nacía un veinticinco de mayo de 1939 en Clatskanie, un pueblecito de setecientos habitantes en el estado de Oregón, aunque creció en Yakima, una ciudad situada en el valle fértil oriental de las cascadas. ”Junior” – así le llamaban- era hijo de Clevie Raymond Carver y de Ella Beatrice Casey. El hogar de los Carver siempre estuvo marcado por la carencia de medios económicos (su madre debía
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contribuir al sustento familiar trabajando como dependienta y camarera, y el padre viajaba continuamente en busca de trabajo como afilador de serrería). Son los años de prosperidad de la posguerra y sin embargo la familia Carver sufre grandes privaciones. El padre de Carver es un alcohólico declarado (morirá a los 53 años como consecuencia de la bebida) y en casa se carece de lo más básico (no tenían ni retrete). Ya desde la infancia, Raymond tiene ocasión de conocer la vida

marginal en la América de los sueños. Mantiene contacto con personajes sin futuro que, sin lugar a dudas, servirán como materia prima de futuras historias, poemas y relatos. Hablando de los jornaleros y trabajadores dirá: “ellos son mi gente”. En 1957, sucede un hecho de capital importancia en la vida del joven Carver: se casa con Maryann Burk, una chica de dieciséis años. Ese mismo año su padre sufre una crisis psíquica y física y debe ser hospitalizado. El dos de diciembre nace su primera hija, Chistine LaRae, en el mismo hospital en el que está ingresado su abuelo. Esta dramática situación marcará el devenir vital de Carver. Por un lado reconoce que su paternidad será la mayor influencia recibida en lo que a su arte se refiere, aunque también es cierto que el peso de la responsabilidad por tener que hacerse cargo de toda una familia a tan corta edad, lo empujan a un deambular por los más diversos y penosos trabajos. En 1958 nace su segundo hijo, Vance Lindsay. Sólo tiene veinte años y ya son dos hijos. No hay salida, cualquier trabajo es bueno: vigilante de noche, portero, bombero, mensajero… Bebe ya como un poseso, a jornada completa, aunque también, de tanto en tanto, escribe. El mismo año en que nace su segundo hijo, Carver se desplaza junto a su familia de Yakima a Paradise donde ingresa en la Chico State College. Será en esta institución en donde comenzará realmente su aprendizaje literario. En las clases de escritura creativa tiene a John Gardner como profesor, el primer escritor de verdad que conoce. Gran cantidad de los conceptos y valores aprendidos en esta época los mantendrá durante el resto de sus días como escritor. Bajo la órbita de Gardner comienza Carver a escribir sus primeros relatos. Éstos, ampliamente revisados, quedarán recogidos en los volúmenes “Will you please be quiet,

please?” (1976) y “Furious seasons and other stories” (1977). Entre sus mentores literarios, entre sus grandes influencias, se encuentran figuras de la literatura norteamericana como Sherwood Anderson, Ernest Hemingway, y John Cheever, aunque si debemos atenernos a las propias palabras del propio Carver, el escritor que verdaderamente marcó su forma de escribir fue Antov Chejov. Al escribir, Raymond Carver sigue a rajatabla los principios chejovianos: no a las efusiones verbales, rechazo de la metáfora, objetividad, veracidad y realismo en las descripciones, rechazo de las descripciones elaboradas y brevedad extrema.

REINVENTOR DEL RELATO CORTO; REY EN UN MUNDO DE ANTIHEROES Nos encontramos en los años sesenta y, en literatura, el interés está centrado en la ficción. Las historias realistas se consideran pasadas de moda. Pero Carver no hace caso de modas ni tendencias, hace lo que sabe hacer, o al menos hace lo que quiere hacer. Será en las historias “The hair” (1963) y “The ducks” (1964), en las que relata con su estilo más chejoviano, donde verdaderamente Carver encontrará su registro. De sus textos llegaría a decirse que tienen una claridad chejoviana pero una kafkiana sensación de que algo va terriblemente mal. De esta forma reinventa el relato corto, tomando como base los preceptos de Chejov, y sienta las bases para la recuperación del realismo en los años ochenta. Para Carver, Chejov es el mayor escritor de relatos cortos que jamás haya existido. De esta forma, Carver se convierte en el más chejoviano de los escritores contemporáneos.
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En 1967, Raymond Carver acepta su primer trabajo verdaderamente especializado: editor de textos en San Francisco. Esta nueva ocupación y el ambiente que lo rodea influenciarán en gran medida su forma de escribir; su estilo se hace más sofisticado y cortante. En 1970, gracias al finiquito obtenido por su trabajo de editor de textos, el subsidio de desempleo y el dinero obtenido en un premio, consigue dedicarse a escribir full-time. Es entonces cuando comienza a verse a sí mismo como escritor. Y será a partir de entonces cuando Carver tome verdadero control del medio y defina con detalle sus obsesiones. Su universo literario se conforma alrededor de vidas simples, terribles y ordinarias. Es el antihéroe el personaje que a él le interesa. Su punto de atención se concentra en los momentos en los que la identidad social del individuo se tambalea. Él mismo diría: “El mundo es una amenaza para muchos de los personajes de mis historias. La gente que elijo para escribir siente una amenaza, y creo que la mayoría de la gente siente al mundo como un lugar amenazante”. Poco a poco, siguiendo los consejos de sus mentores Gardner, Richard C. Day (otro profesor de Carver) y Gordon Lish (editor de la revista ”Esquire”) Raymond refina su estilo, haciendo de la consigna “menos es mas” su estandarte. Su prosa se convierte en un ejemplo de minimalismo, descarnamiento y laconismo. Es en estos años cuando aparece su primera recopilación de relatos (“Will you please be quiet, please?”), la cual le lanza a un público mucho más amplio.
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Su éxito es considerable y obtiene una nominación en 1977 para el National Book Award. Ese mismo año aparece su segunda colección de relatos ”Furious seasons”.

EL RENACER TRAS EL INFIERNO Pero lo que parecía ser el inicio del éxito profesional se ve empañado por el fantasma del fracaso personal. Enemistado con su mujer y sus hijos, fue ingresado cuatro veces por alcoholismo en los años setenta y seis y setenta y siete. El infierno familiar enterrado bajo un aparente éxito mediático. Sin razón aparente, el dos de junio de 1977, Carver deja de beber. Él mismo nunca supo explicarse un cambio tan radical y milagroso: “Me imagino que simplemente pretendía vivir”. Comienza a partir de entonces su nueva vida, una vida en la que no caerá en los mismos errores. En 1982, Raymond y su primera esposa se divorcian legalmente. Tras el divorcio su ex esposa se casa con Larry Girard, un canadiense, aunque Carver sigue pasándole la pensión mensual acordada. Durante los siguientes años Carver publica sus libros “What we talk about when we talk about love” (1981); “Fires” (donde incluye relatos que describen sus últimas luchas con la vida, “Alcohol”, “Marriage”) “Catedral” (1983) y “If it please you” (1984). Carver se replantea en todos ellos su estilo. Sus obras se convierten en referentes de influencia capital para toda una generación de escritores. En todos estos textos se observa una evolución; todos los preceptos heredados de sus mentores (Lish, Chejov, Hemingway…) se entremezclan con sus propias

averiguaciones estilísticas, creando el estilo propio de Carver. LA SEGUNDA VIDA DE CARVER

posterior al abandono del alcohol) Carver regresará a Chejov, al Oeste y a la poesía. UNA SALUD DEMASIADO INJUSTA

Según él mismo dijo: “Realmente creo que he tenido dos vidas diferentes”. El punto de inflexión es junio de 1977, mes en el que Carver deja de beber. El cambio es milagroso. Se divorcia de su primera mujer, conoce a la escritora Tess Gallagher y establece con ella un noviazgo en que se mezcla el amor y la admiración por la literatura. Sus relatos, en este período (años ochenta) adquieren un tono más positivo y optimista frente a los tintes escépticos y pesimistas de sus historias anteriores. Su prosa se hace más humana. “Catedral” le proporciona a Raymond nominaciones para el Pulitzer y el National Book Critics Award. En esta obra observamos el minimalismo carveriano más refinado. Ya ha concluido su proceso de aprendizaje y él mismo se configura como maestro de escritores. Sólo le quedan cinco años de vida, años en los que sus únicas influencias serán las de Chejov, su verdadero maestro, y Tess Gallagher, la mujer que dará estabilidad a la vida personal de Carver. En 1983, gana uno de los primeros Mildred and Harold Strauss Awards. Este premio le proporciona independencia económica así como gran popularidad (apareció en la New York Time Magazine, en Vanity Fair e incluso en People). Pero el escritor no está acostumbrado a la presión de los medios de comunicación y se ve obligado a huir a la nueva casa de Tess en Port Los Angeles. Entre las paredes de cristal del estudio de Tess se siente renovado, escribe de manera más pausada, crea poemas menos pulidos pero más íntimos. Es el optimismo que gana la batalla. En esta segunda vida (la

Carver tenía problemas de salud, eso no era desconocido para él; también sabía que ya se había ganado un lugar entre los maestros del relato americano; y sin embargo seguía pensando que sus mejores obras estaban por venir. Incluso sus magistrales obras finales, relatos como ”Elephant”, “Boxes” o “Errand”, son consideradas por él mismo como obras de tránsito. Pero el tiempo no estaba de su parte. En septiembre de 1987 Carver se descubre escupiendo sangre. En octubre dos tercios de su pulmón izquierdo son extirpados. Durante los siguientes nueve meses se embarca en una lucha valiente aunque inútil contra el cáncer. En marzo de 1988 el cáncer se había extendido por su cerebro. En junio el cáncer reaparece en sus pulmones y el diagnóstico médico es el de una irremediable sentencia a muerte. Chejov, habiendo recibido un diagnostico similar tres años antes de su muerte se casó con la actriz Olga Knipper. Carver, a este respecto, supera a su mentor y se casa con su compañera y colaboradora durante sus últimos diez años, Tess Gallager, el diecisiete de junio de ese mismo año. Habiendo alcanzado al fin la paz espiritual y el equilibrio personal, Carver se queja al verse abandonar la vida y cuando le preguntan sobre si es religioso, responde lo siguiente: “No, pero ahora tengo que creer en milagros y en la posibilidad de la resurrección”. Abandonado a los cuidados de su mujer, Carver pasa la última tarde de su vida en el porche de su nueva casa, mirando las rosas desde lo alto. A las seis y veinte de la mañana siguiente
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(dos de agosto de 1988) muere mientras dormía a los cincuenta años de edad. Incluso en su propia muerte, Carver rinde un homenaje a su maestro y mentor, Chejov. Ambos mantuvieron siempre vidas paralelas, tanto en su condición de hombres como en la de escritores. Los dos mueren prematuramente bajo los efectos de una enfermedad (Chejov a los 44 años por la tuberculosis y Carver, a los 50 por un cáncer del pulmón). No es de extrañar que el escritor norteamericano rindiera un justo tributo al maestro ruso dedicándole su último trabajo, el relato ”Tres rosas amarillas” en el que relata los últimos instantes de Chejov.

una piedra, un arete de mujer- un poder inmenso, incluso perturbador. Es posible escribir una línea de un aparentemente inofensivo diálogo, y transmitir un escalofrío a lo largo de la columna vertebral del lector. Esa es la clase de literatura que me interesa”. Uno de los recursos empleados por Carver para provocar esta sensación es el uso de su experiencia. Sus historias se nutren de hechos que él ha escuchado, de personajes que ha conocido, o de situaciones que ha vivido. En los relatos de Carver hay humor, desesperación, cinismo, ternura, violencia; juega con todos los aspectos de la condición humana. Sus personajes son gente corriente, proletarios con sueños frustrados, personas que miran pasar la vida, tomando cervezas o simplemente conversando con alguien sobre algo aparentemente intrascendente. Pero en todas sus historias existe implícita la promesa de un cambio, un cambio de repercusiones insospechadas. Dentro de sus historias se desvanece la imagen mítica de América. Ya no nos encontramos ante la espléndida Norteamérica en la que los sueños de riqueza y poder se hacen realidad cada día, sino que nos enfrentamos a una impostora que se pierde por la boca, que no cumple nada de lo que promete. Los personajes de Carver deambulan en esta América como simples sombras cargadas de desesperanza. Y es esa sociedad que hace aguas la que verdaderamente engrandece a Raymond Carver. En este ambiente decadente y lleno de frustración se mueve el escritor como pez en el agua y de él se vale para mostrar tímido sus

LA RAZON DE SU ÉXITO Todavía es considerado por muchos como el mejor escritor americano de historias cortas desde Hemingway e incluso, en sus oficios fúnebres se le describió como “héroe de la percepción”. Su lenguaje es claro y engañosamente simple. Los relatos de Carver provocan una respuesta empática en el lector, debido en parte a su obsesión por el detalle, por lo común y ordinario, por las pequeñas cosas que cada día nos ocurren imperceptiblemente. A través de sus textos nos enfrentamos al eco de nuestra propia vida. Y lo verdaderamente interesante de todo es que no es fácil encontrar los recursos que provocan esa sensación; las historias simplemente nos envuelven con su espíritu de permanente desasosiego, con la sensación de que algo terrible está a punto de ocurrir. “Es posible, en un poema o en un cuento, escribir sobre cosas y objetos comunes y corrientes usando un lenguaje común y corriente pero preciso, e impartirles a esas cosas –una silla, una cortina, un tenedor,
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mensajes ácidos, mensajes en absoluto inmediatos que son absorbidos por ósmosis tras una lectura entregada. En muchas ocasiones se le critica a Carver la ausencia de finales nítidos en sus relatos. ¿Pero no es ese acaso uno de los atractivos fundamentales de su forma de literatura? En sus escritos no se encuentra el trinomio básico de Planteamiento, Nudo y Desenlace. Lo

mis historias como “Vecinos” fueron tres veces más largas en sus primeros borradores. Me gusta realmente el proceso de rescribir”. Se le ha tratado a menudo de ”minimalista”, aunque él mismo siempre se negó a considerarse como tal. En cuanto a los objetos incluidos en las escenas de sus relatos, Carver nos comenta: ”No quiero decir que deberían cobrar vida propia, sino que deberían hacer sentir su presencia. Si uno va a describir una cuchara o una silla o un televisor, no hay que poner estos objetos en una escena y luego abandonarlos”. Es indudable que su estilo sufrió una evolución. Para muchos se descafeinó. El pesimismo recalcitrante de su primera etapa (la previa a su abandono de la bebida) se suaviza en sus últimos años de vida. Con la estabilidad emocional y personal, llegó un cierto optimismo que quizá se reflejó en sus últimos trabajos. Se trataba de un intento por modificar su propia forma de narrar, un estilo claramente marcado por las circunstancias vitales que le rodearon la mayor parte de su vida. Pero Carver, a diferencia de otros escritores de su generación, a menudo englobados en la misma corriente pesimista o mal llamada sucia (Bukowski, Miller…) siempre luchó por ser una persona normal. Como aquellos, reniega del romanticismo de la vida y del ideal del sueño americano, pero a diferencia de ellos, no tiene escrúpulos a la hora de aceptar el éxito y la felicidad personal con los brazos abiertos. El pesimismo y la negatividad que rezuman sus textos surgen de su más íntima convicción: la de que la literatura debe estar ligada a la vida y ésta, la mayoría de las veces, para la mayoría de los mortales, no es sino un sendero plagado de obstáculos.

único que le interesa a este genial escritor es el alma herida de sus personajes y para ello se vale de fotogramas, de situaciones a través de las cuales poder mostrar los sentimientos que dominan a los personajes. Recrea ambientes grises, haciendo un uso intenso de la tensión. Sus historias no se leen simplemente sino que se viven como experiencias. Otro de los elementos propios y justificativos de la calidad literaria de Carver es el de su economía. Cada elemento lingüístico en sus relatos es esencial para el sentido total del mismo y es resultado de un proceso largo de reescritura y selección. “Todo es importante en un relato, cada palabra, cada signo de puntuación. Creo mucho en la economía dentro de la ficción. Algunas de

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OBRAS DE RAYMOND CARVER PUBLICADAS EN CASTELLANO

¿Quieres hacer el favor de callerte, por favor? De qué hablamos cuando hablamos de amor Catedral Tres rosas amarillas Si me necesitas, llámame Bajo una luz marina Un sendero nuevo a la cascada Short cuts

Anagrama 2001- Relatos Anagrama 1987- Relatos Anagrama 1986 – Relatos Anagrama 1989 – Relatos Anagrama 2001 – Relatos Visor 1990 – Poemas Visor 1993 – Poemas Anagrama – Relatos

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