VASALLAJE Y CABALLERÍA EN LA PENÍNSULA IBÉRICA SIGLO XI.

En la Edad Media, en el siglo XI, las funciones desempeñadas por los caballeros significaron una revolución en las fuerzas militares de los reinos de la época.[1] Estos caballeros -como movimiento ó sociedad- no se desarrollaron por igual en toda Europa, por ejemplo en la Península Ibérica encontramos una importante ejemplificación de la caballería a través de las hazañas de expansión del cristianismo hacia el sur de la Península, ante un invasor con el cual los cristianos habían convivido durante más de tres siglos: los musulmanes.[2] El ensayo no pretende hablar de la presencia de los musulmanes en la Península sino de los valores que el Cantar del Mío Cid tiene como paradigma de los vínculos del vasallaje; y de la relación que aquel vasallaje tiene con la caballería. En otras palabras los vínculos de vasallaje y los valores de caballería en los reinos hispanos del siglo XI se encuentran perfectamente ejemplificados en las relaciones que protagonizó Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, junto con sus caballeros y con su majestad el rey Alfonso VI; del mismo modo, son numerosos los ejemplos que encontramos a lo largo del poema. Es elemental ubicarse en el contexto histórico donde se desarrollaron aquellos vínculos de vasallaje. ¿Qué situación había en la península ibérica para que los caballeros cristianos se motivaran a luchar contra los moros y reconquistar los territorios sureños? Alfonso VI subió al trono de Castilla en 1072, sometió a su hermano que reinaba en Galicia. Con la unión de los reinos de Castilla y León, Alfonso dirigió toda su atención al reino Taifa de Toledo. Eran varios los factores que hacían de Toledo un objetivo lógico de la expansión territorial cristiana. Existía una gran masa popular mozárabe y una larga tradición de revueltas contra los émires y califas de Córdoba. Dominaba el valle del río Tajo y la ganadería trashumante cristiana de este siglo había colonizado, lenta pero incesantemente, las tierras esteparias situadas entre la línea del Duero, frontera en el siglo X, y el Tajo.[3] El reino taifa de Toledo era uno de los 27 reinos en los que se encontraba dividido el califato de Córdoba, al igual que los otros reinos taifas Toledo se mostró sumiso hacia los dirigentes cristianos, a los que entregaban unos tributos llamados parias. Mientras tanto, el avance de la reconquista cristiana culminó con la conquista de Toledo en el 1085.[4] La España cristiana estaba en expansión tanto demográfica como militar. Sus caudillos confiaban en su nueva fuerza, y ambicionaban adquirir riquezas y tener poder.[5] Así, con la representación anterior, el Poema ó Cantar del Mío Cid significa una justificación para resaltar el panorama político en el reino perteneciente a Alfonso VI:

Pero es evidente que los monarcas cristianos sentían la tentación, derivada de su propia superioridad militar y de la creciente presión de los pequeños campesinos, pastores y clérigos ansiosos de una Cruzada, de extenderse hacia el sur, y sustituir, en último término, el sistema tributario por la conquista directa. Una ilustración de todos estos problemas nos viene dada por a vida de las dos personalidades mas sobresalientes y de las que tenemos una información más detallada: la del rey Alfonso VI y la de su aún más famoso vasallo, Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid...[6]

Aquí, la relación del poema del Mío Cid con la Historia medieval de España se trata de una referencia histórica, cuyos personajes el rey Alfonso y el Cid, son destacados por separado, en su propia actuación. Después de ubicarnos en el contexto histórico, pasemos a profundizar en los términos de vasallaje y de caballería. ¿Cuáles son las características de estos dos términos (vasallaje y caballería) para justificar el estudio de las relaciones que encontramos en el Cantar del Mío Cid? -Vasallaje. La magnitud del vínculo que adquiría el vasallo con su señor era tal que al recibir al vasallo como su « hombre », el señor se encontraba respecto a él en una situación de padre adoptivo o de hermano mayor (señor, ‘mayor’). Por tanto, del contrato vasallático derivaba una obligación de fidelidad recíproca, absoluta y perpetua.[7] Así mismo, cualesquiera que fuesen, los servicios vasalláticos eran debidos en su origen sin ningún tipo de limitaciones, a simple requerimiento (o semonce) del señor: la aplicación del vasallo debía ser, a imagen de su fidelidad, absoluta. Pero muy pronto el número y la amplitud de las prestaciones debidas eran proporcionales al valor del feudo recibido. Además, desde finales del siglo XI, esos servicios quedaron limitados (sobre todo, el servicio de hueste) en el tiempo y en el espacio. [8] Por ejemplo, en Castilla, el vasallo estaba obligado a realizar el servicio de hueste durante tres meses, sólo si recibía de su señor la soldada (forma de retribuir al vasallo más frecuente en el área castellano que la concesión de tierras). Además, desde mediados del siglo XIV, el tipo de servicio prestado variaba a tenor de la soldada recibida (un tercio, los dos tercios...). En Aragón, los vasallos del rey que no habían recibido honores reales sólo estaban obligados a combatir a sus propias expensas durante tres días.[9] En suma, el vasallaje con la evolución del siglo XI se volvió compromiso que adquirió ciertas libertades: La consideración de los servicios como algo rescatable.[10] -Caballería Por otra parte, en los servicios vasalláticos la ayuda consistía fundamentalmente en una ayuda de tipo militar. Esta ayuda de tipo militar fue llevada a cabo en sus riendas por los caballeros.

La Caballería como toda sociedad tuvo su origen y evolución. Durante los primeros siglos altomedievales, los caballeros fueron frecuentemente meros hombres de rapiña y que causaban violencias locales que eran censurados por la Iglesia y los poderes seculares. Precisamente, a partir del siglo XI el ardor guerrero de estos personajes, que solían provenir de la nobleza y que no contemplaban otro modo de vida que la violencia y la caza intentó ser reconducido hacia otros objetivos mejor vistos por la moral de la época.[11] Con el sentimiento de cruzada, el espíritu guerrero caballeresco se enfocó a la conquista o recuperación de santos lugares o territorios perdidos por la Cristiandad o simplemente a guerrear contra los infieles.[12] Uno de los hechos que resalta el espíritu caballeresco se encuentra en la peninsula Ibérica. ¿Cómo se desarrolló la caballería en la península Ibérica? En los reinos hispánicos, desde fecha relativamente temprana, los milites quedarían asimilados a la nobleza de linaje y, junto con ella, formarían una nobleza de segunda categoría, netamente diferente de la alta nobleza o nobleza de servicio constituida por magnates y barones: ya en el siglo X, en el reino asturleonés eran considerados nobles de linaje los milites y caballarii; y, a finales de la misma centuria, se aplicó en el condado de Castilla la condición jurídica de infanzones a los hombres libres que poseyesen caballo. Como símbolo de esta fusión entre nobleza y caballería, la nobleza de linaje era calificada en la Castilla bajomedieval con los nombres de caballeros infanzones o caballeros fijosdalgo. Ahora bien, junto a esta nobleza de segunda categoría, donde confluían nobleza de sangre y caballería, las características especiales de la sociedad castellana fronteriza con el Islam trajeron consigo la formación de un grupo social –los caballeros villanos- que no se definía por el linaje ni por el ingreso, mediante la caballería, en las filas nobiliarias. Desde el siglo X, las necesidades defensivas y las peculiaridades de la repoblación fronteriza hicieron que algunos propietarios territoriales de condición libre y lo suficientemente acomodados como para mantener un equipo de caballero, recibiesen importantes privilegios y exenciones, formando una auténtica caballería popular o villana.[13] Volviendo a las características generales de los caballeros, el surgimiento de la sociedad caballeresca tuvo sus motivos, entre los caballeros se desarrolló un sentimiento de solidaridad y camaradería por compartir un modelo de vida y conjunto de valores, una sensación de ser "caballeros y hermanos", incluso cuando luchaban entre sí a muerte.[14] Los caballeros vivían casi siempre en estrecho contacto unos con otros, por ejemplo en las campañas bélicas, en las guardias de los castillos o en los torneos, donde las acciones bélicas simuladas eran con frecuencia tan violentas como en la guerra real.[15] Dentro de los ideales de los caballeros, encontramos los siguientes:

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Valor: Debían soportar sacrificios personales para servir a los demás, y mantenían la verdad sobre toda costa. Defensa: Juraban defender a sus señores y señoras, a sus familias, a su nación, a las viudas y a los huérfanos, y a la Iglesia. Fe: Tenían una fuerte fe en Dios que les permitía llevar a cabo toda una vida de sacrificios. Humildad: Eran los primeros en felicitar a otros por una gran actuación. Esperaban ser felicitados solo por sus propios hechos, los que le entregaba a Dios. Justicia: Buscaban la verdad sobre todo, nunca su beneficio personal. Generosidad: Contradiciendo la debilidad de la avaricia, entregaban al resto cuantos recursos tuvieran. Templanza: Estaban acostumbrados a comer y beber con moderación, a no tener más riquezas de las necesarias y a controlar su vida sexual. Lealtad: Juraban defender sus ideales, a la Iglesia y a sus señores, con la vida. Nobleza: Eran corteses, honrados, estimables, generosos y equitativos. Un ejemplo a seguir.[16]

En contraste con lo anterior, a lo largo del Cantar del Mío Cid se destacan modelos de caballeros y vasallos que cumplen con el ideal caballeresco. Por ejemplo cuando el Cid recibió a Don Martín, resaltó su lealtad como caballero y prometió pagarle por sus servicios prestados: “! Bienvenido don Martín, mi fiel y leal vasallo! Confío en que llegue el día en que pagarte con algo.”[17] En este caso de vasallaje, por muy avanzada que se encontraba la evolución del compromiso vasallático de que el feudo estaba por encima del servicio,[18] este servicio de don Martín estuvo por encima de la concesión del feudo. El Cid, en pleno destierro se encuentra en Cardeña con unos hombres que voluntariamente se hacen sus vasallos. En el verso que habla de los caballeros que llegaron donde el Cid para acompañarlo, se distinguen estos valores: nobleza, justicia, humildad y valor:
Cuando tuvo tal noticia Mío Cid el de Vivar de crecer su compañía que más y más le valdrá, muy de prisa cabalgando, a recibirlos se va. Al tenerlos en presencia, la bienvenida les da, y todos los caballeros van sus manos a besar.[19]

La compañía que le brindaron estos hombres al Cid es un ejemplo de la nobleza que los caracterizaba como caballeros, porque aquella compañía significaba para el Cid un compromiso que adquiría con sus vasallos para conceder bienes (bienes en su mayoría obtenidos de la recuperación de territorios cristianos).

La compañía que tanto agradó al Cid, como fue mencionado anteriormente, no era una obligación, los hombres reunidos con el Cid eran una compañía voluntaria.[20] También el Cid gozaba que entre sus vasallos hubiera un buen consejero como Minaya que, en la toma de Castejón, le aconsejó entregarle doscientos hombres para luchar con él en la vanguardia.[21] El Cid por supuesto aceptó la propuesta de Minaya. Los resultados de la toma de Castejón fueron tan óptimos que Minaya no quiso hacer parte del botín que el Cid repartió entre sus vasallos después de la toma de Castejón. En el personaje de Alvar Fáñez Minaya se destacan otras características caballerescas, además de la generosidad, el vínculo tan estrecho de vasallaje que tenía con el Cid porque cuando le llevó al rey Alfonso el presente proveniente del Cid, el rey le perdonó pero no perdono al Cid. Minaya a través de su presencia está a salvo ante el rey Alfonso, mientras el Cid por el presente que le mandó todavía no había sido perdonado.[22] La envidia que sentían por el Cid, aquellos allegados al rey que formularon la enemistad del rey con su vasallo es el propósito de desmeritar aquellos logros que el Cid hasta el momento de su destierro tuvo como vasallo del rey Alfonso VI. La nobleza del Cid ante el rey estuvo en juego en aquel entonces.[23] El mismo Campeador motivaba a sus caballeros para obtener el botín y después repartirlo entre todos. A excepción de los Infantes de Carrión, el Cid nunca se sintió humillado por los vasallos que lo acompañaron en el destierro, cuando el Cid tomó Castejón, motivó a sus caballeros a pelear para obtener un buen botín, lo cual destacó la buena defensa de los caballeros.[24] En el repartimiento del botín se destacaron la generosidad y la equidad.[25] Así mismo en la persona de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, se enfatiza la humildad con la que trató a sus caballeros, entre ellos un pariente, cuando los felicitó y destacó sus logros en la toma de los territorios de Alcocer:
¡Bella lucha sin igual sobre su flamante arzón la de don Ruy el de Vivar, el buen Cid Campeador! También Minaya Alvar Fáñez, el que en Zorita mandó, y don Martín Antolinez, aquel burgalés de pro. Junto a él, Muño Gustioz, criado como el mejor. Después, don Martín Múñoz, que mandó en Montemayor. Alvar Salvadórez fue tan bravo como Alvaroz o don Galindo García, caballero de Aragón, y Félez Muñoz, sobrino de Mío Cid Campeador.[26]

Después de la venta de Alcocer, por supuesto no faltó la equilibrio al repartir la ganancia entre sus vasallos “haciendo a los caballeros y a los peones tan ricos que ya no queda entre aquellos nadie de caudal mezquino.”[27] El Cid siempre se destacó por repartir las ganancias (el botín), generadas por las tomas, entre sus caballeros en partes iguales sin que nadie saliera perjudicado por la repartición de bienes.

La fe en Dios que aplicaron en la toma para recuperar los territorios cristianos, es otro de los valores del Mío Cid y sus vasallos:
A grandes voces les dice el que en buena hora nació: “Heridlos, mis caballeros, por gracia del Creador! [...] mandó volver la bandera y que aprisa espolearan: “¡Heridlos, mis caballeros, sin dudar, con vuestras lanzas, que con la ayuda de Dios, nuestra será la ganancia!”[28]

Durante su destierro el Cid contó con la ayuda de sus caballeros para recuperar territorios del sur, más aún, gozó de la lealtad, el apoyo y la ayuda de los mismos. El consejo de Minaya y las actuaciones de Múñoz, Salvadórez, Gustioz y García, son un ejemplo de ello. En conclusión, en el Cantar del Cid encontramos características relacionadas con la caballería como la compañía, la concesión de bienes, consejos, la lealtad y los honores, que fueron características determinadas por el estudio del comportamiento de aquellos caballeros que acompañaron al Cid. Estos valores mencionados anteriormente, tuvieron que efectuar los caballeros para lograr esa expansión cristiana que tanto buscó el rey Alfonso VI. Ciertamente la obra de La vida y el poema del Mío Cid ha sido una fuente interesante para indagar sobre estos valores que ocuparon el ideario de la sociedad medieval. Queda por inquirir sobre los temas de caballería y vasallaje en otras obras de literatura, ó también, sobre otro tema como la expansión de la cristiandad en aquella parte de Europa occidental.

BIBLIOGRAFÍA Anónimo. Vida y Poema de Mío Cid. 152 p. Arteguias. Caballería Medieval (online). Introducción a la Caballería Medieval. Última actualización Diciembre de 2007 <http://www.arteguias.com/caballeriamedieval.htm> última visita enero 25 de 2008. Bonnassie, Pierre. Vocabulario básico de la historia medieval. Barcelona. Crítica, 1988, 243 p. Jackson, Gabriel. Introducción a la España medieval. Madrid. Alianza editorial, 1993, 166 p. Ocaña, Juan Carlos. Centro Nacional de Información y Comunicación Informativa. Gobierno de España Ministerio de Educación y Ciencia (online). La crisis del siglo XI: los reinos de los Taifas. Historia de España. Copyright © 2005. <http://www.historiasiglo20.org/HE/2c.htm> última visita enero 25 de 2008. Profesor Gibeth y Profesora Román. Escuela Naval Arturo Prat. Chile. Órdenes de Caballería (Microsoft Word). Cátedra de Lenguaje y Comunicación. Cátedra de Historia. < http://209.85.207.104/search? q=cache:jfsihm7N43wJ:www.geocities.com/imart99/doc/caballeros.doc+O RDENES+DE+CABALLER %C3%8DA+ESCUELA+NAVAL+ARTURO+PRAT&hl=es&ct=clnk&cd=8&gl= co&lr=lang_es> última visita 27 de enero.

[1] Arteguias. Caballería Medieval (online). Introducción a la Caballería Medieval. Última actualización Diciembre de 2007 <http://www.arteguias.com/caballeriamedieval.htm> última visita enero 25 de 2008. [2] Jackson, Gabriel. Los siglos de dominación islámica. Introducción a la España medieval. Madrid. Alianza editorial, 1993, p 11. [3] Jackson, Gabriel. La consolidación de la España cristiana. Introducción a la España medieval. Madrid. Alianza editorial, 1993, p 55. [4] Ocaña, Juan Carlos. Centro Nacional de Información y Comunicación Informativa. Gobierno de España Ministerio de Educación y Ciencia (online). La crisis del siglo XI: los reinos de los Taifas. Historia de España. Copyright © 2005. http://www.historiasiglo20.org/HE/2c.htm última visita enero 25 de 2008.

[5] Jackson, Gabriel. La consolidación de la España cristiana. Introducción a la España medieval. Madrid. Alianza editorial, 1993, p 58. [6] Ibid, p 53. [7] Bonnassie, Pierre. Vasallaje. Vocabulario básico de la historia medieval. Barcelona. Crítica, 1988, p 224. [8] Bonnassie, Pierre. Vasallaje. Vocabulario básico de la historia medieval. Barcelona. Crítica, 1988, p 227. [9] Ibid. [10] Ibid. [11] Arteguias. Caballería Medieval (online). Introducción a la Caballería Medieval. Última actualización Diciembre de 2007 <http://www.arteguias.com/caballeriamedieval.htm> última visita enero 25 de 2008 [12] Ibid. [13] Bonnassie, Pierre. Caballería. Vocabulario básico de la historia medieval. Barcelona. Crítica, 1988, p 40-41. [14] Arteguias. Caballería Medieval (online). Introducción a la Caballería Medieval. Última actualización Diciembre de 2007 <http://www.arteguias.com/caballeriamedieval.htm> última visita enero 25 de 2008 [15] Ibid [16] Profesor Gibeth y Profesora Román. Escuela Naval Arturo Prat. Chile. Órdenes de Caballería (Microsoft Word). Cátedra de Lenguaje y Comunicación. Cátedra de Historia. <http://209.85.207.104/search? q=cache:jfsihm7N43wJ:www.geocities.com/imart99/doc/caballeros.doc+O RDENES+DE+CABALLER %C3%8DA+ESCUELA+NAVAL+ARTURO+PRAT&hl=es&ct=clnk&cd=8&gl= co&lr=lang_es> última visita 27 de enero. [17] Anónimo. Cantar primero: Destierro del Cid. Vida y Poema de Mío Cid, p 31. [18] Bonnassie, Pierre. Vasallaje. Vocabulario básico de la historia medieval. Barcelona. Crítica, 1988, p 225. [19] Anónimo. Cantar primero: Destierro del Cid. Vida y Poema de Mío Cid, p 34. [20] Ibid, p 25.

[21] Ibid, p 38. [22] Ibid, p 51. [23] Ibid, p 24. [24] Ibid, p 38. [25] Ibid, p 38-39. [26] Ibid, p 46. [27] Ibid, p 50. [28] Ibid, p 42.

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