Prof.

Francisco Díaz Montilla

MUNDOS POSIBLES

1. Introducción

La noción de mundos posibles ha sido usada de manera efectiva en áreas diversas: modelación de lenguajes naturales, análisis de

contrafácticos, entorno de programación, etc. Sin embargo, no pocos son los autores que le han deparado profundas críticas. Entre la más significativa está la que pone en duda la relevancia de esta noción señalando que el único acceso que se tiene de los mundos posibles es conceptual y que, epistemológicamente hablando, nada tienen que hacer en cadenas causales. Si esta objeción fuera suficiente para rechazar los mundos posibles, entonces también debería serlo para rechazar toda la matemática pura, ya que la única forma de llegar hasta las más abstractas estructuras matemáticas es conceptualmente. Además, dado que la matemática no tiene relevancia empírica alguna, se puede decir igualmente que nada tiene que hacer en cadenas causales. No siempre el discurso que usamos para dar cuenta de lo que hay es transparente: intensionalización del lenguaje. Así, pues, además del discurso extensional, cuyas condiciones de verdad han sido formuladas

de manera rigurosa, tenemos que hacer uso del discurso intensional, modal, opaco, para dar cuenta no de lo que hay, sino de lo que pudiera haber en un momento determinado (ser posible). Hay un hecho que no podemos negar: los humanos piensan gran parte del tiempo en términos de posibilidades. Dada las limitaciones que han exhibido las concepciones tradicionales de la modalidad (lógica modal proposicional, por ejemplo) el recurso a los mundos posibles ha sido realmente efectivo, ya que los lenguajes construidos desde esta perspectiva tienen mayor poder expresivo que los lenguajes estándares. En las líneas que siguen haremos una breve presentación de los mundos posibles en su formulación semántica. Aunque mencionaremos varias concepciones de los mundos posibles, nuestra presentación seguirá básicamente el modelo kripkeano. Entenderemos, pues, por mundo posible una estructura de modelo, es decir como un triplo

ordenado <G, K, R> y asumiremos la interpretación de dicha estructura ofrecida por éste. De acuerdo a esta interpretación, G es un conjunto de mundos posibles, K es el mundo actual y R es una relación de accesibilidad en G.

2. Un poco de historia

Al hablar de identidad transmundana y mundos posibles estamos hablando de discurso modal. Aunque el discurso modal es en la actualidad analizado básicamente desde la perspectiva semántica

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(semántica de los mundos posibles), ya desde Aristóteles hay un interés manifiesto por éste. Efectivamente, el estagirita se vio envuelto en una dificultad cuando se preguntaba si el principio lógico del tercero excluido era aplicable a los enunciados futuros (problema de los futuros contingentes). Consideremos el siguiente enunciado: (1)Mañana estaré en Chitré a las nueve de la mañana. ¿Es ese enunciado verdadero o falso? Para determinar si lo es, necesitaríamos dar un seguimiento al curso de los acontecimientos y esperar hasta el día siguiente1. Pero ello implicaría que hasta que sean las nueve de la mañana de mañana no podremos decir si (1) es verdadero o falso. Pareciera –y Aristóteles defiende esta idea- que el principio lógico del tercero excluido no se puede aplicar a los enunciados que se refieren al futuro. El problema de fondo aquí es en realidad el problema del determinismo. Pues si (1) fuera verdadero entonces habría de serlo necesariamente y si fuera falso, entonces lo sería necesariamente. Es decir, en ambos casos la verdad o falsedad del enunciado sería una consecuencia necesaria del normal desenvolvimiento de los

acontecimientos.

En realidad el problema es algo más complicado. La palabra “mañana” es una expresión indexada. Es decir, por sí misma no significa nada a menos que tomemos un día específico como referencia. Por ello, para dar cuentas del fenómeno temporal necesitaríamos extender la maquinaria lógica introduciendo una variable de tiempo y una relación de orden entre instantes de tiempo.
1

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Para dar cuentas del problema del determinismo, el lógico y filósofo polaco Jan Łukasiewicz desarrolló un sistema de lógica modal trivalente en el cual a los clásicos valores “verdadero” (= 1) y “falso” (= 0) se agrega el valor “posible” (= ½). Así, el valor de verdad de (1) sería ½. Pero en cuanto a la noción de mundo posible se refiere, encontramos en Leibniz su gran exponente. Leibniz es uno de los más conspicuos representantes del optimismo moderno. Justamente, parte de su optimismo está relacionada con la creencia de que al crear al mundo, de entre las múltiples opciones que tenía, Dios eligió la mejor. El mundo actual con sus virtudes y sus defectos es el mejor de los mundos posibles. No puede ser de otra manera, dado que Dios por definición es bueno y sabio, y al serlo no puede sino elegir la mejor opción. 3. Enfoques La idea leibniziana de los mundos posibles no es precisamente un modelo de claridad. De hecho, parte de la discusión actual de los mundos posibles tiene que ver justamente con qué significa esta expresión. Caracterizaremos al menos tres enfoques: A. Enfoque lingüístico: Interpreta el hablar acerca de los mundos posibles como hablar acerca de los conjuntos de oraciones máximamente consistentes .2 Un conjunto máximamente consistente de fórmulas es un conjunto consistente que
2

Hintikka, J. (1969) Models for Modalities, Reidel.

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no es incompleto.3 Supongamos el conjunto  a, a ⇒ b, c . No podríamos añadir consistentemente a′ a este conjunto, porque entonces tendríamos  a, a′ , a ⇒ b, c . y dado que ├ (a ∧ a′ ∧ (a ⇒ b) ∧ c),

entonces este conjunto resultaría inconsistente. Nótese que, en cambio, sí podemos añadir a dicho conjunto los elementos d, e o la negación de éstos aunque no ambos, o un número infinito de otras que fuesen adecuadamente seleccionadas. Procediendo de esta manera tendríamos un conjunto consistente pero incompleto dado que con la selección adecuada podríamos asignar nuevos elementos al conjunto en cuestión. Esto no es posible en el caso de los conjuntos máximamente consistentes, ya que cualquier fórmula que no aparezca en él, si se añadiese, haría que el conjunto se volviese inconsistente. Hay una relación obvia entre la noción de mundo posible entendida desde esta perspectiva y la noción carnapiana de descripción de estado (state description).4 La descripción de estado se refiere a un conjunto de enunciados por medio del cual damos cuenta del mundo. Este conjunto es ciertamente único aunque no podemos decir que lo conocemos de plano. Justamente, la investigación científica día a día incrementa la cardinalidad de este conjunto. El problema radica en saber si la cardinalidad del conjunto es finita o infinita. Si fuera finita pero astronómicamente grande, de forma tal que supere nuestras capacidades de conocimiento no sólo de manera individual sino como
Ver, por ejemplo, Hughes y Cresswel (1968) Introducción a la lógica modal, Tecnos, Madrid. 4 Carnap (1947) Meaning and Necessity, University of Chicago Press.
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especie que se desplaza en el tiempo, podría –sin embargo- ser conocida por una mente como la de Dios. Así, lo que es incompleto para nosotros los humanos, sería completo para Dios. Ahora, si la cardinalidad fuera infinita, entonces sería inevitablemente incompleto y no podría ser conocido por ser alguno, Dios incluido, aunque dado que de acuerdo a la teología clásica éste es omnisciente, habría bases para afirmar que Dios sabe que no se puede saber todo. No hay razón para pensar que exista sólo un mundo posible, o una descripción de estado. Todo lo que requerimos es un conjunto de fórmulas, distribuirlas y garantizar el criterio de consistencia máxima mediante los métodos de construcción adecuados. Desde esta

perspectiva, la única connotación metafísica que tendrían los mundos posibles radicaría, justamente, en que pasarían a engrosar la llamada clase de entidades abstractas: un mundo posible es un conjunto de cierta clase. B. Enfoque conceptualista Este enfoque interpreta el hablar de los mundos posibles como hablar acerca de los diferentes modos en que podríamos concebir el mundo.5 Los mundos posibles más que entidades abstractas de cierto tipo están relacionados con las formas en que hablamos de las cosas. En este sentido, se puede decir que los mundos posibles son hipostasiados por las formas en que usamos el lenguaje. Es preciso tener en cuenta
Kripke (1972) “Naming and Necessity” en Harman y Davidson: Semantics of Natural Language, Reidel.
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que las maneras en que hablamos de las cosas no siempre son extensionales o transparentes. No siempre nos referimos a las cosas en términos de lo que son, sino en términos de lo que podrían haber sido o pudieran ser. Como cuando decimos, por ejemplo:

(2) Endara pudo haber sido el actual presidente de Panamá.

En una proposición como esta no sólo reconocemos que las cosas pudieron haber sido de otra manera, sino que debemos asumir el hecho de que las condiciones veritativas (condiciones de verdad) de esta

expresión no se pueden entender como funciones de verdad debido a su naturaleza intensional. Lo más conveniente en este caso sería recurrir a la noción de mundo posible para dilucidar la semántica de tales enunciados. El problema de la interpretación de este enunciado bajo el aparato conceptual de la semántica de los mundos posibles en muy simple: existe un mundo posible en el cual Endara es el presidente de Panamá y no Martín Torrijos. El mundo posible en cuestión se hubiera realizado si Endara hubiera obtenido más votos que los obtenidos por el actual presidente. C. Enfoque realista Considera el hablar acerca de los mundos posibles en su significado literal como hablar acerca de entidades abstractas reales

independientes del lenguaje y del pensamiento6.
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Lewis, D. K. (1973) Counterfactuals, Blackwell.

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Si consideramos el enfoque lingüístico entonces los mundos posibles serán inconcebibles al margen del lenguaje. El hecho de que hablemos de mundos posibles en el sentido de conjunto máximamente consistente sugiere que todo lo que necesitamos es un lenguaje lo suficientemente sutil en cuanto a las reglas de formación o gramática que permitan generar expresiones de la forma “es posible que...” o “es necesario que...”. Desde esta perspectiva los mundos posibles serán lingüístico dependientes y su naturaleza de alguna manera estará determinada por el lenguaje en el cual son estructurados. Este hecho es atenuado por la concepción o enfoque

conceptualista en el cual no se puede obviar el carácter lingüístico de los mundos posibles, ya que tal carácter no se puede desvincular de las formas en que los hablantes se refieren a las cosas. Es decir, no se puede sustraer el lenguaje de sus usuarios. Los mundos posibles son introducidos por los propios hablantes al referirse a las cosas. No es posible entonces desvincular los mundos posibles de las formas de pensamiento de los hablantes que son, después de todo, agentes racionales. Todo esto es de plano rechazado por el enfoque realista: los mundos posibles son reales, y su realidad va más allá del lenguaje y del pensamiento. Nótese aquí el gran paralelismo existente entre estos tres enfoques y los actores protagonistas de la discusión en el terreno de la

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filosofía de las matemáticas con respecto al estatus de los números. Los formalistas (que serían equivalentes a los defensores del enfoque lingüístico) señalaban que los números se reducen a un conjunto de símbolos sin significado alguno que pueden interpretarse de diversas maneras. Al fin de cuentas lo que esa interpretación requeriría es coherencia para que las teoría construidas a partir de esa interpretación lo sean. Desde el punto de vista intuicionista (enfoque conceptualista) los números son construcciones mentales y una proposición es admisible en un sistema siempre y cuando se tenga una construcción (prueba) de ésta. Por su parte, los logicistas (enfoque realista) altamente influidos por Platón relegaban los números a un mundo de entidades ideales que existe independientemente de la mente del matemático. La analogía es particularmente ilustrativa dado que tarde o temprano tendremos que habérnoslas con la crucial pregunta: ¿qué

quiere decir “existe(n)” en “existe (n) (un) mundo(s) posible(s) tal(es) que...”? Desde el punto de vista lingüístico y conceptualista no sería tan difícil responder: en el primer caso, se respondería diciendo que se está hablando de un conjunto máximamente consistente de fórmulas. Y que, en consecuencia, si el “existe” como plantea Quine remitiera a algún tipo de compromiso ontológico, entonces el compromiso recaería en las clases o conjuntos, con lo cual todo el aire de misterio que en principio rodea a la noción de mundo posible se disiparía. Desde el punto de vista conceptualista se podría responder diciendo que el “existe” remite a una

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construcción que el agente racional o hablante ha elaborado para referirse a las cosas. Desde esta perspectiva no tiene sentido hablar de existencia a menos que se posea una construcción, con lo cual el problema del compromiso ontológico no surge. El problema permanece, sí, cuando se asume el enfoque realista: dado que los mundos posibles existen independientemente del lenguaje y del pensamiento, surge la pregunta ¿cómo llegamos a ellos? O ¿cómo los conocemos? Platón ofreció una explicación coherente en su sistema acerca de cómo tenemos un conocimiento de las formas puras. La duda aquí es si el realista desempolvará a Platón para ofrecer una explicación parecida en cuanto a los mundos posibles se refiere. Asumir un enfoque realista plantea problemas adicionales.

Veamos: Para diferenciar los mundos posibles es necesario introducir índices. Si esos índices los interpretamos numéricamente entonces el conjunto de los mundos posibles tendría una cardinalidad infinita. Y entonces, al menos lógicamente, se pagaría un precio bastante alto: Supongamos un dominio infinito de objetos D; para probar por ejemplo que “Px ∨ ¬Px“ , tendríamos que considerar todos los elementos de D. Dado que se trata de una disyunción basta con que probemos que un disyunto de la expresión es verdadero, pero para ello tendríamos que evaluar todos los elementos del dominio, lo cual es imposible pues D es infinito. Así, ya que en contextos infinitos no podemos probar “Px ∨ ¬Px“, entonces el principio del tercero excluido pierde su estatus de principio

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lógico. Si en lugar de D tuviéramos K y en lugar de x tuviéramos m, entonces no podríamos probar que “Pm ∨ ¬Pm”. Así, si los mundos posibles son infinitos entonces el principio del tercero excluido colapsa. Los intuicionistas, por supuesto, rechazan el principio del tercero excluido y abogan por una concepción constructiva del infinito. Es decir, a la idea de infinito actual de los logicistas anteponen la idea de infinito potencial. Hilbert, el creador de la escuela formalista, si embargo trató de tender un puente entre el enfoque intuicionista y el de la lógica clásica aceptando que una teoría formalizada expuesta en lenguaje objeto se gobernase por los principios de la lógica clásica, pero a condición de que se la sometiera a un análisis crítico, elaborado desde un metalenguaje informal e intuitivo, que demostrase su consistencia por métodos constructivos. Así, mientras el intuicionista se deshace del principio del tercero excluido a la vez que propugna por una concepción constructiva del infinito, el formalista recurre al método finitista como parte de una estrategia metodológica. Esto sugiere que después de todo hay afinidades, algo forzadas tal vez, entre los enfoques lingüístico y conceptualista. Estas afinidades podemos expresarlas más específicamente en los siguientes términos: Un hablante no puede expresar sus concepciones de las cosas o de la realidad sino mediante un lenguaje. Justamente, el recurso al lenguaje sugiere que el conjunto de expresiones por medio del cual las cosas son

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caracterizadas ha de ser consistente a fin de que el oyente potencial pueda interpretarlas razonablemente. Ahora bien, ese conjunto no tiene por qué ser máximamente consistente, a menos que tengamos un sentido harto restrictivo de los mundos posibles: los mundos posibles estándar. 4. Caracterización formal de los mundos posibles

El hecho de que tengamos enfoques tan divergentes acerca de los mundos posibles (hay otros además de los presentados) pudiera ser un signo de las dificultades que hay para la articulación de un discurso unitario con respecto a qué es un mundo posible. Aunque en este punto se podría pensar que las divergencias en cuestión se refieren a las ideas que se tienen acerca de...pero que bajo ningún punto de vista se pueden tomar estas divergencias para desestimar o renunciar a los mundos posibles como recurso para dar cuenta de una gama de fenómenos lingüísticos que se manifiestan no sólo en el uso corriente del lenguaje sino en los más encumbrados usos del lenguaje científico. Al margen de las discusiones con respecto a los enfoques, caracterizaremos siguientes7: la noción de mundo posible en los términos

Seguiremos a Susan Haack (1978) The Philosphy of Logics, Cambridge University Press.
7

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Una estructura de modelo es un triplo ordenado <G, K, R>, donde G ∈ K y R es una relación en K. R puede ser reflexiva, transitiva o simétrica dependiendo de qué sistema tengamos. Una estructura de modelo cuantificada es un par ordenado en el cual el primer miembro es una estructura de modelo en el sentido descrito, y el segundo una función Ψ (m) que asigna a cada m en K un conjunto de individuos. En cada miembro m de K se especifican las condiciones para la evaluación de las fórmulas; entonces a partir de esta sencilla formulación de teoría de conjuntos se obtiene una definición de fórmula válida para cada uno de los sistemas tratados: una fórmula A es válida en un sistema S si y sólo si la evaluación de A es verdadera para todo m de K en la estructura de modelo cuantificada. La idea de Kripke es interpretar K como un conjunto de mundos posibles m1...mn,G como el mundo real y R como la relación de

accesibilidad que se da entre m1 y m2 cuando m1 es posible respecto a m2 y Ψ (mi) como el conjunto de individuos que existen en el mundo posible wi. De acuerdo a esta interpretación “necesariamente p” es verdadera (formalmente (T(Np)) solamente en el caso de que “p” sea verdadera en todos los mundos posibles y “posiblemente p” es

verdadera (formalmente (T(Pp)) en el caso de que “p” sea verdadera en algún mundo posible. Para interpretar una fórmula modal es preciso:

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i. Definir el universo del discurso K y su clasificación en mundos o dominios parciales. ii. Definir una relación binaria R entre los mundos de K. iii. Definir un conjunto de interpretaciones I que asignen significado a las proposiciones y predicados básicos en cada uno de los mundos. En base a esta terna  K, R, I , para evaluar una fórmula precedida de un operador modal en un determinado mundo mi se actúa de la siguiente forma: i. Si la fórmula a evaluar es del tipo NA se le asigna el significado verdad si A lo es en todos los mk que satisfacen R(mi, mk); en caso contrario se interpreta como falsa. ii. Si la fórmula a evaluar es del tipo PA se le asigna el significado verdad si A lo es en algún mk que satisfacen R(mi, mk); en caso contrario se interpreta como falsa. Veamos un sencillo ejemplo: Mundo m1 m2 m3 m4 m5 m6 p T F T F T T q T T F T T F r F T F T T T s V F F F T T

Lo que el cuadro nos dice es que, por ejemplo, las proposiciones p, q y s son verdaderas en m1; q, r y s son falsas en m3, etc. Definamos ahora la relación R como sigue:  Mundos accesibles desde m1: m1, m2, m3, m6. 42

    

Mundos accesibles desde m2: m2, m3, m4. Mundos accesibles desde m3: m3. Mundos posibles desde m4: m5. Mundos posibles accesibles desde m5: m5, m2. Mundos posibles accesibles desde m6: m6.

Supongamos ahora que: p ⇌ Sócrates es filósofo8. q ⇌ Sócrates es carpintero. r ⇌ Sócrates es el maestro de Platón. s ⇌ Sócrates bebe la cicuta. Con la excepción de q, las demás proposiciones son verdaderas en el mundo real. Así, si construimos una conjunción de ellas con la negación de q, encontraremos que ningún mundo que aparece en la tabla se puede tomar como modelo del mundo real, ya que siempre serán falsas. Pero esto no es lo que nos interesa mostrar. Si dijéramos, por ejemplo que, (N(p))m1, (p es necesaria en m1) estaríamos declarando una proposición falsa, ya que p es falsa en m2 accesible desde m1. La proposición en cuestión es, sin embargo, necesaria en m3 y m6 dado que estos mundos sólo son accesibles desde sí mismos. Nótese por otro lado que r es necesaria en m5 y s es necesaria en m6. Si se quiere saber qué proposición es posible, hay que verificar en qué
Con “Sócrates” nos referimos al célebre filósofo griego, no al jugador de fútbol brasileño de los años 80.
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mundo no es necesaria. Dado que (N(p))m1 es falsa, entonces se sigue que es posible en tal mundo.

5. Identidad transmundana

Hemos dicho queΨ (mi) se interpreta como el conjunto de individuos que existen en el mundo posible mi. De hecho para interpretar las proposiciones de la tabla anterior requerimos por un lado un individuo (Sócrates) y por el otro un conjunto de predicados que aplicados a tal individuo dieran como resultado proposiciones verdaderas o falsas en los mundos evaluados. Pues bien, ya que hablamos de mundos posibles entonces nos comprometemos de acuerdo al criterio de compromiso ontológico de Quine con entidades de cierta clase: los mundos posibles. Este compromiso per se no tiene por qué encerrar una dificultad seria, a menos que seamos realistas. La dificultad seria surge cuando tratamos de definir o caracterizar criterios de identidad para los pobladores de los mundos en cuestión. Este problema, conocido en el argot de la metafísica de los mundos posibles como el problema de la identidad transmundana, consiste en explicar cuándo se consideran idénticos los individuos posibles en los diferentes mundos posibles. Consideremos la siguiente proposición: (3)Sócrates podría haber sido carpintero. 44

La condición de verdad de este enunciado se puede expresar como: hay un mundo posible en el que Sócrates es carpintero. Podemos proponer m1, m2, m4 o m5 como marco de referencia para interpretar (3). Pero ya que además tenemos r y s las preguntas que surgen son: ¿cómo identificar como idéntico a un individuo en los diferentes mundos posibles? Y en el caso particular de Sócrates: ¿qué es lo que determina qué individuo es Sócrates en otro mundo posible? Estas preguntas no han sido respondidas unívocamente. A continuación presentamos algunas formas de abordar el problema: 1. Algunas propiedades del individuo se consideran esenciales para que sea tal individuo, y el criterio para que un individuo sea el mismo individuo en otro mundo posible es que posea esas propiedades. (Burge 9 y Kneale10.) 2. El peso de los predicados se traslada de los predicados a los nombres. Kripke (op. Cit), por ejemplo, niega que los nombres propios de individuos sean equivalentes en sentido estricto a cualquier conjunto de sus denotata. Los nombres propios son designadores rígidos que denotan el mismo individuo en todos los mundos posibles; la respuesta correcta a la cuestión de qué individuo es Sócrates en otro mundo posible es simplemente “Sócrates”, ese individuo.

Burge, T. (1973) “Reference and proper names”, Journal of Philosophy, 70.. Kneale, W. C. (1962) “Universality and Necessity”, British Journal for the Philosophy of Science.
9 10

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3. Se rechazan los términos de la dificultad original. Para que tenga sentido decir que los individuos son uno y el mismo en diferentes mundos, se niega que sea necesario proporcionar los criterios mediante los cuales se pueda identificar qué individuo es el mismo en otro mundo que un individuo dado en este mundo. Es imposible e indeseable exigir que se dé el requisito de los “criterios de identidad”. Como ha observado Plantinga11, tiene sentido decir que Pascal fue en otro tiempo un niño precoz, aún cuando fuéramos completamente incapaces de “localizar” o “identificar” a ese niño, o de especificar qué propiedades debe tener un individuo específicamente para ser el niño Pascal. 4. No existe tal problema, pues el mismo individuo no puede existir en diferentes mundos posibles. Leibniz, por ejemplo, pensaba que cada individuo existe solamente en un mundo posible. Esta es la posición que defiende Lewis12. Éste, sin embargo, desarrolla su teoría con lo que él denomina la “teoría de las copias”. Según esta teoría, cada individuo existe solamente en un mundo posible pero tiene copias en otros mundos posibles; y la verdad de aserciones tales como (3) depende ahora no de si hay un mundo posible en el que Sócrates es carpintero, sino de si hay un mundo posible en el que la copia de Sócrates carpintero. Las cuatro respuestas ameritan ser comentadas brevemente. La primera se apoya en la distinción entre propiedades esenciales y
Plantinga, A. (1974) The Nature of Necessity, Oxford University Press. Lewis, D. (1968) “Counterpart Theory and Quantified Modal Logic”, Journal of Philosophy 65.
11 12

es

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propiedades accidentales. Ahora bien, ¿qué se considerará esencial y qué accidental? Ciertamente, no consideramos esencial a un individuo su estatus social, ni su contextura física, ni su altura, ni su timbre de voz, ni su constitución genética, etc. Pero si estas propiedades que consideraríamos normalmente relevantes para la caracterización de un individuo no son esenciales, entonces ¿qué propiedades lo serán? Dado que toda propiedad empíricamente relevante para la caracterización de un individuo es contingente, tendríamos que recurrir, entonces, a propiedades triviales como ser idéntico a sí mismo. Pero si esto es así, entonces, todo lo que se tendría que garantizar en los diversos mundos donde encontramos a x es que x = x. La segunda respuesta se centra en los nombres. Los nombres son designadores rígidos, esto es designan al mismo individuo en todos los mundos posibles. Esta alternativa podría enfrentar dos objeciones. La primera sería argumentar con Quine que los nombres propios pueden eliminarse mediante predicados y descripciones, de forma tal que (3) se podría parafrasear como: (4) El x que socratea podría haber sido carpintero.

La otra objeción, sin dudas menos artificial que la primera, se podría formular en la línea de Katz. La idea de Katz es que los nombres como “sócrates”, “platón”, “aristóteles” se pueden entender como clases o conjuntos. Los miembros del conjunto sócrates serían todos aquellos 47

individuos llamados “Sócrates”. Los nombres, entonces, contrario a lo que Kripke sugiere no designan rígidamente. En todo caso la

designación rígida recaería en los índices que tendríamos que asignar al nombre: Sócrates’, Sócrates’’, Sócrates’’’, etc. y no en el nombre per se. La cuarta respuesta elimina el problema original aunque introduce otros. Si los individuos existen solamente en un mundo posible como sugiere Leibniz, entonces difícilmente podríamos analizar proposiciones como (3) apelando a los mundos posibles. La teoría de los mundos posibles no tendría relevancia alguna desde el punto de vista explicativo o interpretativo. Y en el caso de la teoría de las copias, la dificultad sería la siguiente: al interpretar una proposición como (3) en los términos en que Lewis sugiere, ya no estaríamos hablando de Sócrates sino de su copia. Desde el punto de vista pragmático, sin embargo, proferencias como (3) se hacen para decir algo acerca de Sócrates. La teoría de Lewis, por lo tanto, no tiene asidero pragmático. La tercera respuesta es más sobria que las demás, ya que considera que no es necesario proporcionar criterio de identidad alguno para hablar de los mismos individuos en distintos contextos. Pues bien, la pregunta que surge es ¿cómo lo hacemos? En este punto quisiera remitirme a una idea que encontramos en Robert Stalnaker, no sin antes puntualizar lo siguiente. Tal vez parte del problema analizado en esta sección tiene que ver no tanto con la noción de identidad propiamente, sino con la noción de individuo.

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La pregunta obligada sería, entonces, ¿qué es un individuo? Es, me parece, un error responder a esta pregunta apelando ya a nombres (un individuo es un objeto designado por un nombre), ya a propiedades (un individuo es aquello que satisface un conjunto de propiedades). En ambos casos la noción de individuo es sustancialmente entendida: en el primero se trata de una entidad que es nombrada, en el segundo se trata de una entidad a la cual se le adscriben ciertos atributos. Stalnaker13 señala que “un individuo no es un tipo particular de cosa; es un rol particular que las cosas pueden jugar: el rol de sujeto de la predicación”. Con la idea de Stalnaker en mente podemos explotar algunos aspectos de las respuestas comentadas. Por ejemplo, podríamos asumir que al hablar de identidad en distintos mundos posibles todo lo que en principio podríamos decir de x en los diversos mundos posibles en que se pudiera encontrar es que x = x. Pero, igualmente podríamos adscribir a x otros predicados sin que ello plantee el problema de la identidad (al fin de cuentas tal posibilidad se fundamenta en el rol de x). Las proposiciones resultantes serían consecuencias directas de ciertas reglas de formación: Por ejemplo: si x y P son términos, entonces P(x) es una oración. De esta forma, aplicando reglas como la anterior podemos decir cuanto queramos de x sin preocuparnos de si es el mismo x. 6. Mundos posibles y temporalidad
Stalnaker, R. (1984) Inquire, The MIT Press, Cambridge, citado por Kolář, P (2000): “Clothing Bare Individuals” en Ondrej Majer (ed.) Topics in Conceptual Analysis and Modelling, Filosofía,.
13

49

. En esta sección nos detendremos a considerar la utilidad de la noción de mundos posibles en el análisis de algunos problemas metafísicos tradicionales. Uno de estos problemas tiene justamente que ver con el problema de la sucesión de los estados del mundo (tiempo). Para la comprensión de este problema es difícil proceder usando lenguajes de primer orden en su versión estándar., pues estos lenguajes no tienen una capacidad expresiva comparable al de la semántica de los mundos posibles. ¿Es el mundo actual necesario o contingente? Si es contingente, ¿es la contingencia contingente o necesaria? Si es necesario, ¿es la necesidad necesaria o contingente? Estas preguntas son centrales en la metafísica y las respuestas dadas se han expuesto de diversas maneras. En aras del rigor, sin embargo, nos parece que la mejor manera de exponer estas cuestiones es remitiéndose a la semántica de mundos posibles. Ante problemas de este tipo, Meredith y Prior han enriquecido el sistema de lógica modal S5, a fin de (re)construir una lógica de la

sucesión de los estados del mundo y darle un tratamiento riguroso a un problema que la metafísica tradicional ha tratado sin precisar,

originando más interrogantes que respuestas. En el proceso de construcción los autores se remiten a la afirmación de Wittgenstein: expresada en el Tractatus: “el mundo es

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todo lo que acaece”. Es posible pues construir una valorización de esta obra que va más allá de las cuestiones lógicas y filosóficas habituales. La posibilidad de una “lógica de la sucesión de los estados del mundo” se erige, precisamente, cuando a S5, que es el sistema de lógica modal clásica más fuerte que existe., se adicionan algunos axiomas, se modifican otros y se introducen variables de tiempo. La pregunta que surge en este punto es por qué S5, y no S3 o S4, por ejemplo. Hemos dicho que S5 es más fuerte. Esa fortaleza se manifiesta, por un lado, en el hecho de que este sistema implica cada uno de sus predecesores y porque definida una relación binaria de accesibilidad en el sentido de Kripke desde cada uno de los mundos que constituyen un universo, la relación es total, es decir todos los mundos se suponen accesibles desde cualquier mundo, a diferencia de los otros sistemas en los que la relación es sólo reflexiva o transitiva, como sucede en S4. En S5 se cumplen los mismos axiomas que S4, es decir: A1 ├ A2 ├ A ⇒ A (A ⇒ B) ⇒ ( ¬A A ∀x A(x) (fórmula de Barcan).14 A ⇒ B)

A3 ├ ◊ A ⇒ ¬ A4 ├ A ⇒ A(x) ⇒

A5 ├ ∀x

14

Véase: José Cuena. Lógica Informática, Alianza Editorial, Madrid, 1985.

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Se mantiene, asimismo, la regla de necesidad, es decir: ├ A , ├

A

, los axiomas del cálculo de proposiciones, del cálculo de predicados y se introduce un nuevo axioma: A6├◊ A ⇒ ◊ A.

Este axioma señala que si una proposición es posible entonces es necesariamente posible y garantiza, precisamente, la relación de accesibilidad desde todos los mundos posibles de un universo. Como hemos dicho, Meredith y Prior parten su análisis

considerando el dictum wittgensteiniano “el mundo es todo lo que acaece”. Lo que cabría plantearse es si ese mundo que “es todo lo que acaece” es necesario o posible. Meredith y Prior han introducido –como se ha aseverado yanuevos axiomas a la axiomática de S5. El primero de ellos hace referencia precisamente a la primera afirmación del Tractatus y se enuncia así:

w y que se lee, “el mundo acaece”.

El segundo axioma nos dice que dada una proposición, es necesario que el estado del mundo implique dicha proposición, es decir: p⇒ (w ⇒ p), o de manera equivalente: ◊ (w ∧ p) ⇒ p.

El tercer axioma nos dice que: el mundo no es necesario, o simbólicamente: ¬ w. Surge, entonces, un problema importante. Ya que S5 admite la regla├A , ├ A (regla de necesidad), decir que ├w , ├ w es una contradicción,

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con el último axioma introducido, puesto que obtendríamos “

w ∧ ¬

w”; es decir: el mundo es necesario y el mundo no es necesario. Se tiene, entonces, un sistema inconsistente15. Se ha optado, por ello, por rechazar la aplicación de dicha regla. Mediante dicha restricción, la regla en cuestión se aplicará solamente a las expresiones “A”, donde no aparezca la constante proposicional w. Yendo más allá, Nicolás Rescher y Alasdair Urquhart han sugerido un axioma que reemplaza al primero y tercero de Meredith – Prior y que afirma lo siguiente: El mundo es a la vez posible y contingente, simbólicamente: ◊ w ∧ ¬◊ w. Si atendemos el segundo axioma, es obvio que se puede derivar el ser de la posibilidad; en efecto, si ◊ (w ∧ p) ⇒ p, sustituyendo w por p, entonces ◊ (w ∧ w) ⇒ w, es decir ◊ w ⇒ w. Quiere decir, luego, que no es necesario postular que el mundo acaece; sino, simplemente, que es posible, de lo cual se deduce que acaece. El axioma de Rescher – Urquhart, por otro lado, garantiza que el mundo es real, es decir, que acaece, y que es, también, contingente, que son, precisamente, lo que afirman el primer y tercer axioma Meredith – Prior. Cabe llamar la atención en que la posibilidad del acaecer del mundo es, sin embargo, necesaria, y esto responde las interrogantes formuladas en líneas anteriores. En efecto, puesto que ├p ⇒ ◊
15

p ; al

Cabría, no obstante, la posibilidad de recurrir a un análisis de esta situación por medio de las denominadas lógicas paraconsistentes

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sustituir p por w, tendríamos que:├ w ⇒ ◊

w,

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o lo que es lo mismo:

Si el mundo acaece entonces necesariamente es posible que el mundo acaezca. No estamos atendiendo en este contexto a la necesidad del mundo –se ha dicho ya que el mundo no es necesario-, estamos, sí, atendiendo a la necesidad de la posibilidad. Esto último es fácilmente demostrable. Veamos, (1) (2) (3) (4) w supuesto w ⇒ ◊ w T.1├ A⇒ ◊A ◊w⇒ ◊w A5 ◊A ⇒ w ⇒ ◊ w S.h. 2 – 3.

◊A

Pero llegados a este punto, cabe plantearse de qué manera se relaciona cuanto se ha dicho con la sucesión de los estados del mundo. Introduzcamos símbolos con índice variable e introduzcamos una constante que designe la totalidad de los acontecimientos del mundo. De esta manera tal que: (a) Considerados los estados instantáneos del mundo, “wt”, “designará la conjunción de la serie probablemente infinita de todos los acontecimientos que se producen en el mundo en el instante t” y (b) Considerados los estados históricos del mundo “wt”

“designará el estado de la historia universal en el instante t, que incluye todos los acontecimientos que se han producido antes o se producen en el instante t.”17
16

Véase, Jean Louis Gardies (1979). Lógica del Tiempo, Paraninfo. J.L. Gardies, ibid, p. 108.

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Lo siguiente es traducir los axiomas que ya han sido tratados: ◊ wt ∧ ◊ ¬ wt ◊ (wt ∧ p) ⇒ Tt (p)18 Hay que hacer aquí una aclaración importante. Puesto que las dos condiciones que se han citado refieren a lógicas distintas –estados instantáneos del mundo y estados históricos del mundo- es necesario prestar atención a la forma en que se interpreta la variable “p”. En la lógica de los estados instantáneos, la regla de sustitución se restringe a aquellas proposiciones que no están ya afectados por una indicación temporal; de esta manera, no cualquier proposición puede ser sustituida por la variable “p”, pues hacerlo puede llevarnos a una

lógica de los estados históricos. Tal cual sucedería si sustituyéramos la variable “p” por la proposición: (4) Panamá se separó se Colombia el 3 de noviembre de 1903. En efecto, ya que Tt(p) se puede aplicar cualquiera que sea el instante t, a todo acontecimiento de la historia, podemos, pues, aseverar lo siguiente: sucede en un instante cualquiera que Panamá se ha separado de Colombia el 3 de noviembre de 1903. Rescher y Urquhart han sugerido, por un lado, un axioma relacionado con la identidad de los instantes indiscernibles, y por otro, la admisión del postulado del acontecimiento reloj. El primero nos dice lo siguiente: Sean t y t’ dos instantes cualesquiera, si la conjunción de
Recuérdese que se puede prescindir de wt y ¬ wt , que equivaldrían a w y ¬ w respectivamente
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todas las proposiciones características de los acontecimientos del instante t es equivalente a la conjunción de todas las proposiciones características del instante t’, entonces t es idéntico a t’,

simbólicamente: ∀t, ∀t’ [(wt ⇔ wt’) ⇒ (t = t’)]; lo cual permite aseverar lo siguiente: si t es diferente de t’, entonces existe un acontecimiento tal que ha tenido lugar en t y no ha tenido lugar en t’, o bien en t’ y no en t; o lo que es lo mismo: existen al menos dos instantes distintos, es decir: ∃ t ∃ t’ (t ≠ t’). El postulado del acontecimiento reloj, por otro lado, sugiere que existe en cada instante t un acontecimiento que no se vuelve a encontrar en ningún otro instante; la historia, pues, es irrepetible. Dicho postulado afirma ni más ni menos que: Cualquiera que sea el instante t, existe un acontecimiento p (característico de ese instante) tal que, para todo instante t’, no se vuelve a encontrar en t’ y más que si t y t’ no se distinguen, es decir si son iguales; formalmente: ∀t ∃ p ∀t’ [Tt’(p) ⇔ (t = t’)]. En principio, pues, hay una relación entre los instantes

indiscernibles y el postulado del acontecimiento reloj. Ya que si la conjunción de todas las proposiciones de un acontecimiento en el instante t (incluyendo los acontecimientos característicos de dicho instante) es equivalente a la conjunción de todas las proposiciones de un acontecimiento en el instante t’, entonces t y t’ son iguales. De lo cual,

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se infiere cada instante es único, ya que si se supone la existencia de otro en el que la conjunción de proposiciones del acontecimiento en dicho instante resultara equivalente, se estaría hablando del mismo instante. Estos resultados tienen consecuencias importantes. Por ejemplo, nos permiten aseverar que no es posible lo expresado por la idea del eterno retorno: los acontecimientos son siempre nuevos y discurren en instantes que al estar mediados por la relación de precedencia (antes o después) son siempre distintos.

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