El

CORAZÓN
del

Evangelio

Y Explica que el Evangelio es de Dios Y Y Enseña en que consiste el Evangelio verdadero Y Y Enfatiza los aspectos más importantes del Evangelio Y Y Exhorta a que el Evangelio sea abrazado de todo corazón Y

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El predicar el Evangelio es predicar a Cristo. La palabra “evangelio” significa buenas nuevas. El Evangelio abarca todo lo relacionado con las buenas nuevas de la persona, vida y obra del Señor Jesucristo. Aunque el Evangelio abarca todo lo relacionado con Cristo Jesús, se centra en la muerte y resurrección de Él; es decir, estos dos aspectos de Cristo forman el corazón del Evangelio. “Además os declaro, hermanos, el Evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis...Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez” (1Corintios 15:1-4). La prueba indiscutible de la muerte de Cristo fue su sepultura (Mateo 12:39-40). La prueba indiscutible de su resurrección fue su aparición corporal a mucho mas de 500 testigos (Hechos 1:3). El libro de Romanos manifiesta los dos aspectos principales del Evangelio: “... el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Romanos 4:25). El Evangelio no se entiende claramente hoy en día. El Evangelio ha sido rebajado y mezclado con la religión, con obras humanas, con el bautismo, y con la justicia propia como una manera para salvarse de la ira venidera. El hombre pecador solamente es salvo mediante el Evangelio verdadero sin tomar en cuenta todas las añadiduras humanas. Hallamos en las Escrituras que: • • • • • • • • • El Evangelio es eterno (Apocalipsis 14:6). El Evangelio es único (Gálatas 1:6-9). El Evangelio es poderoso (Romanos 1:16-17). El Evangelio es por gracia1 (Hechos 20:24). El Evangelio es la verdad (Efesios 1:13). El Evangelio es de Dios (Romanos 1:1) El Evangelio es para salvación (Efesios 1:13). El Evangelio trae paz (Efesios 6:15). El Evangelio trae esperanza (Colosenses 1:23).

Por el Evangelio--la muerte y resurrección de Cristo--el santísimo Dios eterno, el Aborrecedor de todo pecado, el Purísimo de ojos que no puede ver el mal, el Juez absolutamente justo que exige la muerte como el único pago del pecado, fue apaciguado2 por la muerte sangrienta de su amado Hijo en la cruz del Calvario. Para poder salvar al hombre pecador y culpable era necesario que Cristo muriera. Solamente por su muerte pudo satisfacer la justicia divina y hacer que Dios perdone al pecador todos sus pecados, declarando al culpable como justo delante de Él mediante la fe. Cristo murió para satisfacer las demandas de la santidad y justicia de su Padres. A la vez Cristo murió por los pecadores para redimirlos3 de sus iniquidades y transgresiones. Es importante que conozcas el Evangelio y que lo abraces como tu única esperanza de vida eterna. No hay dos evangelios. Hay uno solo que ha sido dado por Dios y debe ser creído y recibido por tí. Estudia diligentemente los puntos más basicos del Evangelio de la gracia de Dios hasta que se te hayan grabado y aun más importante hasta que sean la convicción y deleite de tu corazón. CRISTO EL SACRIFICIO ACEPTABLE--El Señor Jesucristo debe ser reconocido como el sacrificio aceptable porque era sin mancha y sin defecto. Ya que era necesario que el sacrificio fuese perfecto, entonces tendría que ser divino; es decir Dios mismo tendría que hacerse sacrificio para redimir3 al hombre. Por esta razón Dios se hizo hombre y nació en un pesebre humilde en Belén. Isaías el profeta manifestó que Cristo “nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca” (Isaías 53:9). El escritor del libro de Hebreos declaró que Cristo “fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Hebreos 4:15). También dijo: “Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos” (Hebreos 7:26). El apóstol Pedro aclaró: “El cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca” (1Pedro 2:22). Agregó el apóstol Juan, diciendo: “Y sabéis que Él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en Él” (1Juan 3:5).

CRISTO EL SACRIFICIO VOLUNTARIO--El sacrificio voluntario de Dios de dar a su Hijo y de su Hijo de ofrecer su cuerpo como sacrificio sobre la cruz resaltan dos cosas de alta importancia: el amor de Dios y también su gracia1. Si el sacrificio del Padre y del Hijo fue voluntario, entonces pudieron haber elegido no hacer el sacrificio y no habría ninguna salvación para el hombre pecador y condenado. Sin el sacrificio voluntario por parte de Dios, nos hubiéramos encontrado en la misma desesperanza y condenación segura de Lucero (el diablo) y de los ángeles caídos (los demonios). La disposición voluntaria de dar a su Hijo como sacrificio, muestra que Dios es el Dios de toda gracia1 (1Pedro 5:10). La disposición del Hijo de dar su vida en la cruenta cruz declara que la salvación es por gracia1 divina y no por decisión humana (Juan 10:15-18). El sacrificio voluntario del Padre y del Hijo resalta también el amor de Dios. De voluntad propia Cristo fue sacrificado. De deseo propio Cristo se sujetó a las intenciones malvadas del hombre y a la vez a la ira castigadora de su Padre. “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas” (Juan 10:11). “Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar” (Juan 10:17). “Nadie me la quita, sino que yo de mi mismo la pongo. Tengo poder para ponerla , y tengo poder para volverla a tomar” (Juan 10:18). “Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante” (Efesios 5:2). “Quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos3 de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras” (Tito 2:14). La prueba más clara del amor desinteresado y verdadero es poner la vida por otro (1Juan 3:16). Cristo voluntariamente puso su vida por sus amigos en la cruz del Calvario (Juan 15:13). Por su sacrificio demostró el gran amor incondicional e inexplicable para con un pueblo que solamente merece el castigo eterno en el lago de fuego del infierno por sus muchas rebeliones contra los mandamientos de Dios. CRISTO EL SACRIFICIO SUSTITUTIVO--El sacrificio de Cristo fue ofrecido en lugar de un pueblo particular. Cristo fue el sustituto4 de un pueblo definido. Cristo no murió en general por todos, sino murió en particular por un pueblo

determinado por Dios. El sacrificio particular y sustitutivo4 de Cristo se comprueba con el ejemplo pleno del sumo sacerdote del Antiguo Testamento cada vez que se celebraba el día de expiación5 en el décimo día del séptimo mes del calendario judio (Levítico 23:26-32). En la celebración anual del día de expiación5, el sumo sacerdote entraba sustitutivamente4 en el tabernáculo, y posteriormente en el templo, por el pueblo de Israel para expiar5 simbólicamente el pecado del mismo. Vemos la naturaleza sustitutiva4 de la obra mediadora del sumo sacerdote--un prototipo (prefigura) del Señor Jesucristo que vendría para hacer un sacrificio una vez para siempre (Hebreos 9:24-28)--al contemplar por quien actuaba en su obra sacerdotal en el tabernáculo. Dios ordenó que el sumo sacerdote se vistiera de un efod. El efod era una vestidura sagrada usada por el sumo sacerdote en el cumplimiento de su servicio del tabernáculo. Había una piedra de ónice sobre cada hombrera grabada con los nombres de las doce tribus de Israel--seis nombres sobre un hombro y seis sobre el otro (Exodo 28:6-12). Además unido al efod por cadenas de oro puro había un pectoral con 12 piedras preciosas, cada una llevaba el nombre de una de las doce tribus de Israel (Exodo 28:15-21). Claramente el sumo sacerdote actuó a favor de los doce nombres escritos en sus hombreras y también los escritos en su pectoral. La obra mediadora del sumo sacerdote no fue general por todas las naciones, sino fue particular a favor del pueblo de Israel. Él obró sustitutivamente4 a favor de un pueblo particular señalado por Dios. El sumo sacerdote no era libre para hacer el sacrificio santo por quien él quisiera, sino por aquellos a quienes Dios determinó que fueran beneficiarios. Dios fijó por quien actuaba el sumo sacerdote. Dios señaló por quienes se había de hacer el sacrificio expiatorio5 cada año en el día de expiación5. Dios estableció a quienes serían los beneficiarios de la muerte sustitutiva4 del cordero y de la aplicación de su sangre. En la misma manera, el Señor Jesucristo como el sumo sacerdote efectuó su obra mediadora y redentora3 en la cruz del Calvario por un pueblo particular determinado de antemano por Dios Padre. Cristo vino no para hacer su propia voluntad, sino la de su Padre. Cristo no murió caprichosamente por quienes Él quisiera, sino por aquellos

escogidos por Dios Padre. Dios el Padre estableció a quienes serían los beneficiarios de la muerte de su amado Hijo y el derramamiento de su sangre. Así Cristo murió sustitutivamente4 por un pueblo particular y determinado por su Padre. Además vemos la naturaleza sustitutiva4 en el sacrificio ofrecido por el sumo sacerdote cada año en el día de expiación5. Ya que el pueblo presentaba dos machos cabríos, el sumo sacerdote realizaba por sí solo la obra mediadora. Un macho cabrío tenía que morir para declarar proféticamente el aspecto expiatorio5 de la muerte de Cristo. El carnero vivo representaba el segundo aspecto de la obra redentora3 de Cristo que Él quitaría el pecado de la presencia de Dios para siempre. Según Levítico 16:16-34, tanto el sacrificio expiatorio5 como el carnero dejado suelto vivo en el desierto se hacían por “las impurezas de los hijos de Israel, de sus rebeliones, y de todos sus pecados” (16:16), por “las inmundicias de los hijos de Israel” (16:19), por “las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados” (16:21), “por sí y por el pueblo” (16:24), “por vosotros....y todos vuestros pecados delante de Jehová” (16:30), “por los sacerdotes y por todo el pueblo de la congregación” (16:33), y “por todos los pecados de Israel” (16:34). El sacrificio del día de expiación5 y el carnero suelto en el desierto eran obras efectuadas no a favor del mundo en general, sino en particular por el pueblo de Israel. El sacrificio del día de expiación5 se efectuó por un pueblo particular, por unos pecados particulares, por unas rebeliones particulares, y por unas iniquidades particulares. Asimismo la muerte de Cristo y su sacrificio redentor3 en la cruz no se llevó a cabo por todos en forma general, sino por un pueblo particular y definido. Cristo murió sustitutivamente4 por todo aquel que habría de creer (Juan 3:16). Cristo murió sustitutivamente4 por todo aquel que vendría a Él (Juan 6:37-39). Cristo murió sustitutivamente4 por todos los que serían las ovejas de su rebaño (Juan 10:11,14-15). Cristo murió sustitutivamente4 por su pueblo (Mateo 1:21; Isaías 53:6,8,11,12). Cristo murió sustitutivamente4 por sus hermanos (Hebreos 2:9-12,17). Cristo murió sustitutivamente4 por todos los que el Padre le dio a su Hijo amado en el pacto de gracia desde la eternidad pasada (Hebreos

2:13-17; Juan 10:27-29, 17:2). Una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo, Cristo pagó y quitó todos los pecados de todo su pueblo en todo el mundo a través de todos los tiempos (Hebreos 10:10-14, 9:11-12,28, 7:23-28). CRISTO EL SACRIFICIO CARGADO--Dios en su santidad y justicia exigió que los pecados del pueblo escogido por Dios fueran expiados5 y castigados. Por lo tanto era necesario que Cristo llevara en sí mismo los pecados (1Pedro 2:24). En la cruz del Calvario los pecados del pueblo por quienes Cristo murió fueron cargados en Él por Jehová Padre (Isaías 53:6,8). Todo pecado tenía que ser tratado. Todo pecado tenía que ser expiado5. Todo pecado tenía que ser pagado. Todo pecado tenía que ser castigado. Dios no pudo pasar por alto ningún pecado de su pueblo que salvaría. Entonces allí en la cruenta cruz, Dios le atribuyó a su Hijo todos los malvados pecados de su pueblo, desde los del primer pecador redimido en el libro de Génesis hasta los del último pecador que habrá de ser salvo antes que venga el fin del mundo. Todos los pecados de todo su pueblo, sin excepción alguna, fueron puestos en Cristo: todos los pensamientos impíos, todas las palabras perversas, todas las intenciones diabólicas, todos los planes malvados, y todos los hechos rebeldes y depravados6. De hecho la Biblia declara que Cristo fue hecho pecado por su pueblo (2Corintios 5:21; Romanos 8:3). El Señor Jesucristo inocentemente llevó nuestros dolores, nuestras rebeliones, y finalmente nuestro castigo (Isaías 53:4-5). Cristo fue el Portador de todos los pecados de todo su pueblo en la cruz del Calvario. CRISTO EL SACRIFICIO PENAL--Habiendo sido cargado por Dios el Padre de todos los pecados de todo su pueblo, fue necesario que el juicio divino cayera sobre Cristo para redimirlos3. El castigo del pecado tenía que ser pagado antes que el pueblo pecador fuese redimido3. ¿Cuál es la paga del pecado? La respuesta bíblica es la muerte (Gálatas 3:10; Romanos 6:23; Ezequiel 18:4,20; Deuteronomio 27:26). Todo pecado, sea grande o insignificante ante los ojos del hombre, tiene que ser pagado con la muerte. “La paga del pecado es la muerte” (Romanos 6:23). “El

alma que pecare, ésa morirá” (Ezequiel 18:4). Esa es la razón porque fue necesario que Cristo padeciera y muriera (Lucas 24:46). Cristo tuvo que morir para redimir3 a su pueblo. Cristo tuvo que efectuar un rescate, es decir, hacer un pago penal7 demandado por la justicia de Dios (Gálatas 4:4-5). Dios envió a su Hijo Cristo Jesús para defender y hacer valer su justicia y santidad mediante su muerte en la cruz del Calvario (Romanos 3:24-26). Cristo fue hecho una propiciación8 por el Padre (Romanos 3:25; 1Juan 4:10). Como una propiciación8, Cristo fue un sacrificio provisto por Dios y castigado por Él mismo para aplacar9 la justicia divina y apaciguar2 su ira contra los pecadores. Gracias a Dios, Cristo fue nuestro sacrificio penal7 en la cruz del Calvario ya que el Padre derramó sobre su propio Hijo todo su enojo, furor, castigo, e ira contra nuestros pecados, haciéndole pagar lo que merecíamos pagar nosotros. Cristo fue hecho una maldición por su pueblo. Esto significa que el Padre maldijo a su Hijo en la cruz para que no tuviera que maldecir eternamente a los creyentes verdaderos en Cristo con el lago que arde con fuego y azufre (Gálatas 3:13). El gran peso del pecado fue puesto sobre Cristo, y debido al mismo, Dios el Padre juzgó a su Hijo amado por causa de nuestras maldades. Tan grandes fueron la congoja10 y agonía de Cristo que manifestó verbalmente en la cruenta cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Marcos 15:34). Cristo fue hecho un sacrificio penal7 para satisfacer la justicia perfecta de Dios y al mismo tiempo expiar5 todos los pecados de su pueblo. El apóstol Pablo explicó el sacrifico penal7 de Cristo, diciendo: “...a fin de que Dios sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús” (Romanos 3:26). CRISTO EL SACRIFICIO EFICAZ--El sacrificio de Cristo fue eficaz. En otras palabras, Cristo alcanzó todos los propósitos divinos sin fallar, por lo que hizo en la cruz del Calvario. La expresión del Nuevo Testamento señala que nuestra salvación ya se efectuó en un tiempo pasado, a saber en la cruz del Calvario. Fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo (Romanos 5:10; Efesios 2:14-16). Él hizo nuestra paz mediante la sangre de su cruz (Colosenses 1:20). Fuimos librados del temor

y de las garras de la muerte por la muerte de Cristo (Hebreos 2:1415). Fuimos librados porque se dio a sí mismo por nuestros pecados (Gálatas 1:4). Nuestros pecados fueron quitados de en medio una vez para siempre por el sacrificio de Cristo (Hebreos 9:26,28). Ya fuimos comprados para Dios por el derramamiento de la sangre de Cristo en la cruz del Calvario (1Corintios 6:20). La eficacia de la muerte de Cristo se ve en las mismas palabras del Redentor: “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera. Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió:” (Juan 6:37-39). “Y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre” (Juan 10:28-29). “Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese” (Juan 17:12). La eficacia de la muerte de Cristo es que cumplió todo lo que le exigió su Padre y además disfrutará todos los beneficios obtenidos por su muerte (Isaías 53:11-12). Todos por los cuales Cristo murió serán últimamente convertidos a Él mediante el arrepentimiento para Dios y la fe en el Señor Jesucristo. CRISTO EL SACRIFICIO APROBADO--En cuanto al sacrificio de Cristo, ¿fue aceptado por su Padre? ¿Fue satisfecho Dios con la muerte sangrienta de su Hijo? ¿Se alcanzaron todos los propósitos determinados por Dios en la muerte de su Hijo? Y la respuesta indiscutible y enfática es: ¡“Mil veces, Sí”! Pero, ¿cómo podemos nosotros hoy en día tener la plena y completa seguridad que Dios el Padre se complació con el sacrificio de Cristo Jesús? Había muchos que dudaban de Cristo, de su misión, y de su plan de redención3. Sin embargo en el tercer día después de su muerte, siendo el primero de la semana (el domingo), Dios el Padre manifestó abiertamente que lo que Cristo hizo en la cruz del Calvario fue totalmente agradable a Él, resucitándole de entre los muertos sin

que jamás volviera a morir. Ya que Dios Padre resucitó a su Hijo muerto

se entiende claramente que su muerte fue enteramente aceptada y aprobada por Él (Hechos 2:22-36, 3:13-15; 1Pedro 2:21; Romanos 6:4,9). Cristo y su sacrificio han sido divinamente aprobados por su resurrección de entre los muertos y por su ascención a la gloria para sentarse a la diestra de Dios (Isaías 52:13). Dios el Padre se contentó con su sacrificio. Cristo de verdad es el camino, la verdad, y la vida, y nadie puede ir al Padre sino por Él (Juan 14:6). Cristo es el único sacrificio agradable y provisto por Dios para la salvación de los pecadores. Si tú no vienes al Padre por medio de Él, no llegarás. Si tienes tu confianza puesta en algo que no sea la obra redentora3 y terminada del Señor Jesucristo, no hallarás entrada a la presencia de Dios. Dios manda que te arrepientas (Hechos 17:30). Ven a Cristo ahora mismo. Él recibe a todos los que vienen a Él en arrepentimiento y fe......confiando en su obra redentora3 en la cruz y no en tus propias obras religiosas. --Hno. Berto Craft

GLOSARIO
1

Gracia: El favor amoroso de Dios dado libre y soberanamente a indignos pecadores quienes merecen

ser castigados eternamente por su rebeldía contra Dios y sus mandamientos. La gracia obra eficazmente llamando al pecador a Cristo en arrepentimiento y fe, perdonando y justificándolo delante de Dios, guardándolo en prueba y tentación, obrando en él una santidad Cristo-céntrica, y finalmente llevándolo a la presencia eterna de Dios. Esta gracia ha sido dada a hombres malos sin que Dios tomara en cuenta lo bueno o lo malo que ellos sean o hagan conforme a la buena voluntad de Dios.
2 3

Apaciguar: Poner en paz; aquietar; pacificar. Redención: El rescate y liberación del pecador de la esclavitud del pecado y del castigo de la ley Sustituir: Poner a alguien o algo en lugar de otra persona. Expiación: El acto de borrar los pecados por medio del sacrificio de Cristo. Por su sacrificio, Dios Depravado:
Desde la planta de su pie hasta su cabeza el hombre pecador está totalmente

divina mediante el sacrificio de Cristo y el derramamiento de su sangre con tal de que el rescatado sirva voluntariamente a su Señor y Salvador Jesucristo.
4 5

el ofendido, quedó enteramente satisfecho y la ofensa fue permanentemente cancelada y removida.
6

corrompido, impío, sin santidad ni justicia. El pecado ha pervertido al hombre en sus pensamientos, en sus sentimientos, y aun en su voluntad. Él está muerto para con Dios en sus delitos y pecados.
7

Penal: En la cruz, el Señor Jesucristo fue sujeto a un castigo especificado y demandado por la ley Propiciación: Cristo fue sacrificado en la cruz para pacificar la ira divina y en el mismo instante Aplacar: Tranquilizar; pacificar; apaciguar; mitigar. Congoja: Desmayo, fatiga, angustia y aflicción del alma.

divina, no por sus propias culpas sino por las del pueblo por quien murió.
8

hacer que Dios sea muy bondadoso para con su pueblo redimido.
9 10

El Evangelio NO es:
• • • • • • • • • • • • • • • • • • • Invitar a Cristo que entre en tu corazón. Dios ayudando a los que se ayudan. Aceptar a Cristo como tu Salvador personal. Entregarle a Cristo tu corazón. Hacer una decisión por Cristo. Repetir la oración del pecador. Pedir a Dios que te perdone. Dar a Dios tu vida o cualquier otra cosa. Pasar al frente del templo después de un mensaje evangelístico. Alzar tu mano en respuesta a una invitación del predicador. Hablar en lenguas manifestando tu llenura del Espíritu Santo. Recibir la sanidad del cuerpo físico. Someterte al bautismo en agua. Invocar el nombre del Señor. Ser bautizado en el Espíritu Santo. Guardar los mandamientos de Dios. Santificar el séptimo día. Unirte con una iglesia evangélica u organización religiosa. Leer y estudiar la Palabra de Dios.

Si estás confiando en cualquiera de estas cosas para ir al cielo, tu confianza está mal puesta. ¡No te engañes! Necesitas ser salvo creyendo en el Evangelio verdadero de Dios.

Este mensaje te llegó por la voluntad de Dios mediante el Ministerio Gracia Abundante. Nuestro ministerio está bajo la autoridad de una iglesia local ubicada en la calle 2a Privada de la Noria #114, Colonia Centro, de la ciudad de Oaxaca. Nuestros cultos públicos se llevan a cabo los martes y jueves a partir de las 7:00 P.M., y los domingos a partir de las 11:00 A.M. terminando aproximadamente a las 4:00 P.M. Nuestros cultos son ordenados conforme a la norma de la Palabra de Dios para la gloria del Único digno de recibir toda la honra y gloria. Deseamos que nuestras reuniones siempre den la preeminencia al Señor Jesucristo y no al hombre. Procuramos estudiar la Palabra de Dios mediante la manifestación del verdadero Evangelio y una sana exposición de las Escrituras. Se le invita cordialmente a todo aquel que quiera aprender de la Palabra de Dios y de seguir en pos del Señor Jesús que nos acompañe.
Impreso en Oaxaca, México

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