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La Sagrada Escritura Ante El PsicoanÁlisis

Cuando hablamos de forma coloquial utilizamos indistintamente las palabras sofocación,
temor y pánico, mas, realmente, no son lo mismo.

Psicologia Granollers
maniobra psicoanalítica debe ser mover la angustia para que del síntoma del sujeto brote su
pregunta dirigida al Otro. La sofocación no debe ser suprimida de entrada ya que tiene su
punto fructífero para el análisis del sujeto del inconsciente. Por servirnos de un ejemplo en
sujetos impetuoso con tendencia a la actuación preguntarles por que no aceptan un poco de
angustia genera un efecto de apaciguamiento. Plantear una cierta espera des del
psicoanalista supone el hacerse depositario de la sofocación para provocar el trabajo
asociativo en el analizante. Cuando experimentamos miedo sabemos qué lo genera, en
cambio en la sofocación eso que la produce permanece oculto, alejado y siempre y en toda
circunstancia en cierne.
Monitorización: a través de un diario el paciente registra las crisis de angustia y las
situaciones que provocan ansiedad. Respiración: aprender técnicas de relajación a través de
el control de la respiración para los instantes de las crisis de angustia. En la inquietud
prevalece la sensación física, sin que, no obstante, se genere ahogo o bien opresión.
Además, la inquietud es tan solo una sensación, sin llegar a ser un sentimiento; no llega,
puesto que, a trastocar el sistema cariñoso.
Así pues, Kierkegaard define la angustia como la realidad de la libertad como posibilidad ya
antes de la posibilidad” (op. La libertad está, puesto que, originaria y estrechamente ligada a
la experiencia de la angustia e inspira sentimientos paradójicos (antipatía simpatética y
simpatía antipatética”) que la transforman en una sensación sumamente ambigua.
Desde desconocidos abismos les suben hasta el primer plano de la conciencia miedos
injustificados, les ataca el nerviosismo, la impaciencia y la ansiedad. Esa es la sofocación
vital, que llega al sujeto desde alén de su nacimiento, desde las urdimbres y combinaciones
más remotas de las constelaciones genéticas. También en el mundo de las experiencias hay
un continuo fluir; mas debajo de ese flujo algo permanece inalterable. Pues bien, esa unidad
del yo, que es el yo mismo, es la que se siente amenazada con quebrarse en una aguda
crisis de angustia.
La tradición bíblica acepta como explicación de este episodio la tesis de que la prohibición
despertó el deseo de A., que un deseo de la libertad; pero, nuevamente, para probar el
deseo de emplear la libertad es necesario conocerla, advierte Kierkegaard. Y ya antes, Dios
ha introducido en su criatura aquello que esta ignoraba: la posibilidad angustiosa de poder.