You are on page 1of 1

Alfonso F.

Tresguerres, De La Angustia, El
Catoblepas 77
Usamos Cookies propias y de terceros para facilitar y mejorar nuestros servicios. Desde
ignotos abismos les suben hasta el primer plano de la conciencia miedos inmotivados, les
ataca el nerviosismo, la impaciencia y la ansiedad. Esa es la angustia vital, que llega al
sujeto desde alén de su nacimiento, desde las urdimbres y combinaciones más recónditas
de las constelaciones genéticas. También en el planeta de las vivencias hay un continuo
fluir; mas bajo ese flujo algo continúa inalterable. Pues bien, esa unidad del yo, que es el yo
mismo, es la que se siente amenazada con quebrarse en una aguda crisis de sofocación.
Así algunas personas dejan de usar el trasporte público, no entran en centros comerciales,
no se alejan a más de cierta distancia de su domicilio, llegando al extremo de rechazar
quedarse solo en su casa. Frente a la evitación de distintas situaciones la vida de la persona
se marcha restringiendo, produciendo en ocasiones gran discapacidad. Puede llevar a la
reclusión en el domicilio de la persona que la sufre, ante el miedo a sufrir una crisis de
sofocación en lugares donde no puede recibir ayuda. La mayoría de los estudios señalan
que es un trastorno que se empieza temprano en la edad adulta, en la tercera década de la
vida.
Freud había postulado un final de análisis solidario con la angustia de castración como
función de límite y prueba de la presencia de la función paterna. En la cura analítica se trata
de atraer lo real que la sofocación apunta para sustraerlo de la repetición apuntando al resto
con el cual trabajamos en el análisis, puesto que se trata de ir más allá del alivio terapéutico
cada vez que

Sofocación Y Ansiedad
es conveniente a ello. El sujeto actual post-moderno aquejado de diferentes formas de crisis
de ansiedad y accesos de pánico suelen entregar a estos fenómenos estatuto de síntoma a
resolver eliminar.
Ahora bien, si Kierkegaard está en la verdad, la angustia debe ser un sentimiento
antiquísimo, prácticamente primordial, puesto que repite lo que tuvo sitio cuando no se había
cometido pecado alguno, ni real ni imaginario; y, por otro lado, es un sentimiento
sobrevenido no después, sino más bien ya antes de la culpa, cuando Adán está en un
estado de G., la más pura inocencia.
En verdad, hasta el cincuenta por cien y el 60 por ciento de las personas con trastorno de
angustia padecen depresión en algún momento a lo largo de la vida. Otro posible trastorno
con el que se puede complicar el trastorno de angustia es el abuso de substancias.
Aprender: su finalidad es que el paciente conozca la enfermedad y sea capaz reconocer los
síntomas y su tratamiento. Es recomendable subrayar la diferencia que existe entre
inquietud, ansiedad y angustia.