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MADRID 4.1.

2016
SR. DIRECTOR DEL DIARIO EL MUNDO:

En virtud del Derecho de Rectificación y sin perjuicio de ejercer las acciones
legales que me correspondan le solicito que publique esta carta, con los
mismos caracteres tipográficos y espacio en que fue publicada la noticia del
día 2 del presente que alude a mi persona, por parte del periodista Fernando
Lázaro, bajo el título: El 'caso López Madrid' salpica a comisarios de la
Policía, referenciable en la dirección:
http://www.elmundo.es/espana/2016/01/02/5686e18f22601d6a4f8b45ed.ht
ml
Resulta falso y mendaz y de lo más tendencioso que el tal Lázaro, escriba
que en “las investigaciones sobre el denominado caso López Madrid
salpican a altos mandos de la Policía”, utilizando equívocamente el término
salpicar, connotando el contenido de la noticia, predisponiendo al lector,
como si de verdad existiera una suerte de implicación delictiva, que
afectara a altos mandos policiales.
Existen numerosas formas de mentir e intoxicar y sin duda la empleada por
el tal Lázaro es la más despreciable al obviar intencionadamente los datos
más básicos, con lo que se le impide al lector disponer de información
objetiva y por ende, se le sustrae la opción de conocer los hechos y con ello,
tener opinión veraz de los mismos.
De ningún modo hace constar que el informe que equívocamente menciona,
lo aportó la Guardia Civil al principio de iniciarse sus pesquisas, esto es hace
casi un año y que en el mismo, solo se menciona que el tal Lopez Madrid
mantuvo contactos con mandos policiales, sin que se derivara de dicho
informe ninguna sospecha por tal motivo.
La referencia genérica sin especificar identidades, de que el tal L. Madrid
mantuvo contactos con “varios mandos policiales, tres pertenecientes a la
Comisaría de Policía Judicial de Madrid y otros dos, de la Comisaría General
de Información”, insinúa que la razón para dichos contactos se hizo con
algún fin ilícito, arroja una sospecha de extrema gravedad contra el Cuerpo
de la Policía, simplemente por calumniar.
El que el tal Lázaro, mencione un solo nombre, el mío, evidencia que utiliza
su medio como una suerte de venganza impenitente, por el mero hecho de
señalarlo en su día como un periodista “amable”, que cobraba del “fondo de
reptiles” del Ministerio de Interior y que cuando se acabó dicho fondo,
inventaron una suerte de premio para así poder abonarle “abiertamente” la
nada despreciable cifra de 6.000 €, bajo la excusa de que era “como premio
por hablar bien de la Policía”.
Persiste en la mentira el tal Lázaro, al mezclar mi nombre con los otros
mandos que hace un año mencionó la Guardia Civil, oculta, a pesar de
saberlo perfectamente, que mi nombre se introdujo subrepticiamente por un
funcionario policial, en una actuación totalmente ajena a dicho informe.
Funcionario, suspendido de empleo y sueldo por ello y por otra conducta
asociada y ahora sujeto a acciones disciplinarias e incluso penales.

Miente a sabiendas el tal Lázaro cuando afirma que estoy aún pendiente de
que se concrete una rueda de reconocimiento sobre mi persona, ya que fue
suspendida en dos ocasiones a petición mía, al estar fuera de España en
misiones de trabajo.

El tal Lázaro sabe que el único día que alegue estar en el extranjero
realizando mis funciones sobre terrorismo internacional y crimen
organizado, fue el día 16 de julio de 2015, en un trabajo relacionado con el
secuestro de unos periodistas españoles, como quedó acreditado
fehacientemente por mis superiores.
El 3 de septiembre de 2015 no tuve necesidad de alegar nada, ya que fue
su Señoría quien, a la vista de las actuaciones, decidió anular mi
comparecencia judicial para ese día, circunstancias en ambos casos que el
tal Lázaro conoce perfectamente pero que no quiso mencionar, para no
“estropear” el sentido predeterminado de su artículo.
El tal Lázaro ha ocultado tendenciosamente, que en el momento actual, el
cúmulo de actuaciones realizadas tanto por la Guardia Civil como por la
Policía Nacional, han demostrado fehacientemente que la tal Pinto fingió
todo lo que denunció y que llegó incluso a utilizar a su hijo de 10 años para
falsificar unos escritos que aportó como supuestos anónimos contra su
persona.
Qué raro que esto al tal Lázaro no le parezca noticioso, algo tan grave como
que la tal Pinto implicara a su hijo menor en su psicópata y delictiva
conducta.
Por tanto, el tal Lázaro sabe y lo ha ocultado deliberadamente, que no estoy
pendiente de ninguna rueda de reconocimiento, más bien estoy pendiente
de ejercer la acción ofrecida por el gravísimo agravio sufrido, por lo que
acusaré a la falsa denunciante de, acusación y denuncia falsa, simulación de
delito y falsificación de documentos entre otros delitos cometidos.
Igualmente ejerceré acciones contra determinados funcionarios policiales
que en su momento le asesoraron y/o fueron cómplices y encubridores de
sus delitos, así como terceras personas que a sabiendas de las falsedades,
divulgaron las mentiras y no tuvieron reparos en calumniar y vilipendiar
gratuitamente, entre las que por supuesto se encuentra entre otros el tal
Lázaro.
El objeto principal de un periodista es la de informar y el tal Lázaro no lo
hace, en su lugar utiliza una terminología nada inocente, solo con el ánimo
de embaucar al lector, para así intentar hacerlo cómplice de una versión
sesgada y/o falsa de los hechos.
Conociendo la verdad, en lugar de contarla, opta por extraer un dato para
convertirlo en noticioso de manera dolosa, con el ánimo de querer saldar
rencores personales, empleando como arma “su manera muy particular de
interpretar las cosas”.

Usa la cabecera del medio donde trabaja, para vengar sus rencillas,
aprovechándose de la impunidad que goza como periodista. Aquí no
hablamos de ejercer la libertad de expresión, hablamos de otra cosa mucho
más despreciable.
Lamento Sr. Director, que su medio, en otro tiempo, referente de periodismo
valiente y veraz, se pueda terminar convirtiendo en la plataforma de
venganza de sujetos que blanden espíritus calumniadores, sin duda poco
edificantes.
Espero por ello que publique el contenido de esta carta de rectificación.
Atentamente
José M. Villarejo. Comisario del CNP